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TRABAJO FIN DE GRADO

GRADO EN DERECHO
CURSO ACADÉMICO 2017/2018
CONVOCATORIA JUNIO

TÍTULO:
EL IMPACTO DE LA ECONOMÍA COLABORATIVA EN EL ÁMBITO
LABORAL.

APELLIDOS/NOMBRE ESTUDIANTE: BEATRIZ GÓMEZ MARTÍNEZ


DNI: 50468928-M
GRADO: DERECHO

APELLIDOS/NOMBRE TUTOR:
GONZÁLEZ GARCÍA, SERGIO

Fecha:__________________
El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN 4

CAPÍTULO I
LA HUIDA DEL DERECHO DEL TRABAJO

I. Un nuevo modelo de negocio 6


1. Tipos de relación laboral 6
2. Presente y futuro de las relaciones laborales. 8
II. Económica distribuida 12

CAPÍTULO II
LOS TRABAJADORES COLABORATIVOS

I. La desprotección del trabajador 18


1. Trabajador por cuenta propia y por cuenta ajena 18
2. El trabajador colaborativo de UBER 23
II. Propuestas de cambio 27

CONCLUSIÓN 30
BIBLIOGRAFÍA 32

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

ABREVIATURAS

ET Estatuto de los Trabajadores


ETA Estatuto del Trabajador Autónomo
CE Comisión Europea
TJUE Tribunal de Justicia de la Unión Europea

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

INTRODUCCIÓN

El gran protagonismo que las nuevas tecnologías y los nuevos medios de información
y comunicación están adquiriendo en la sociedad actual, y la mayoría de los ámbitos en los
que están presentes, hace necesario un análisis de sus consecuencias y de las modificaciones
que ciertos aspectos de la vida en sociedad han sufrido debido a aquellas. Este planteamiento
alcanza su cenit cuando el estudio se realiza en el seno de la influencia que la revolución
digital ha tenido, tiene y tendrá en la ciencia encargada de regular las relaciones entre los
miembros de una sociedad, es decir, el derecho. Como señalaba el filósofo y jurista Christian
THOMASIUS: “​Extra societatem non est ius, in omni societate ius este”, es decir, no puede
haber sociedad sin derecho ni derecho sin sociedad. El derecho, como ciencia, no es estático
ni inmutable, sino que, al contrario, evoluciona y se adapta a las nuevas necesidades y
exigencias de la sociedad que regula. Hay que advertir que el ritmo de transformación de la
sociedad y las nuevas relaciones que surgen en la misma es, a menudo, más rápido que la
adecuación del ordenamiento jurídico para dar cabida a aquellas. Por este motivo, en la
práctica, se dan situaciones perfectamente implementadas a nivel social que no encuentran
una regulación jurídica específica pero que sí necesitan de la misma.
El objeto de este estudio es, precisamente, incidir en la necesidad de una renovación
del ordenamiento jurídico para dar cabida a los nuevos modelos de negocio surgidos por la
proliferación de nuevas relaciones económicas y sociales a través de la economía
colaborativa. En concreto, el análisis estará encaminado al ámbito laboral y en cómo,
relaciones que antes eran fácilmente incorporables dentro de los márgenes de lo que se
considera relación laboral a los efectos de la regulación del Estatuto de los Trabajadores (en
adelante ET), tras la inclusión de las nuevas tecnologías en las mismas, la tarea se ve
entorpecida. La adecuación del derecho a las nuevas relaciones y negocios nacidos en torno a
este tipo de economía no se ha llevado a cabo de forma plena. Esto produce un escenario de
inseguridad jurídica que perjudica tanto a los agentes de estas relaciones como a aquellos que,
sirviéndose de situaciones perfectamente reguladas, se ven afectados por la aparente libertad
que la ausencia de regulación otorga a los primeros.
El termino “consumo colaborativo” fue acuñado por primera vez en el año 2007 por
Ray Algar, especialista en la industria del Fitness en Europa, en un artículo titulado
1
Collaborative Consumption ​donde habla de un fenómeno a nivel global en el que los
consumidores de bienes colaboran entre sí intercambiado aquellos a través de paginas web
como Ebay o aportando información acerca de sus experiencias en determinados servicios en
Trip Advisor, por ejemplo. Este término fue expandiéndose hasta llegar a configurar un
modelo de economía llamada colaborativa o de consumo colaborativo en el que los agentes
participan de manera activa colaborando los unos con los otros a través del intercambio de
bienes o servicios o el consumo de esto de manera participativa. De este modo el concepto de
economía claborativa recoge un abanico de relaciones entre particulares que intercambian
bienes y servicios, de los cuales son titulares, por estar estos sin uso o destino a través de la
creación de aplicaciones o plataformas facilitando este intercambio. Es decir, recoge un
modelo de negocio que permite, normalmente a través de las nuevas tecnologías, poner en
contacto a particulares con voluntades interrelacionadas para establecer una relación que les
permita a ambos satisfacer su interés (BIRGILLITO, 2017, pág. 2). Por ejemplo, podemos
imaginarnos un particular que tiene la propiedad de un segundo inmueble al que solo da uso

1
https://www.oxygen-consulting.co.uk/insights/collaborative-consumption/

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

un mes al año, a saber, una residencia vacacional; y, de otro lado, otro particular que necesita
un arrendamiento de corta duración para disfrutarlo durante una estancia en la ciudad para
unas reuniones de trabajo. La economía colaborativa ha propiciado que estas situaciones
encuentren un camino rápido, fácil y satisfactorio para ambos sin necesidad de acudir a
negocios jurídicos que no harían más que ser demasiados enrevesados en contraposición a la
simplicidad de la relación que van a amparar. ​AirBnb,​ es una plataforma informática que pone
en contacto a particulares que se encuentran en las situaciones antes mencionadas y les
permite formalizar la relación de intercambio de una manera ágil y poco costosa.
Como el citado ejemplo podemos encontrar otras muchas aplicaciones que, englobadas
dentro de la conocida como economía colaborativa, suponen un reto para legisladores,
usuarios y personas encargadas de aplicar el derecho; puesto que, la ausencia de regulación
sobre las mismas producen un clima de inseguridad jurídica donde algunos se ven
perjudicados y otros aprovechan para realizar actuaciones al margen de la legalidad vigente.
Queda así perfectamente justificada la necesidad de un estudio sobre este tipo de
negocios y su incidencia en ámbitos como el derecho laboral ya que se requiere una respuesta
del ordenamiento jurídico a nuevas formas de relacionarse y de intercambiar bienes y
servicios que incluya mecanismos de arreglo de controversias o de distinción con negocios
preexistentes, perfectamente regulados jurídicamente, que entran en colisión con los recientes
y modernos modelos de negocio surgidos al amparo de la economía participativa. Establecida
la necesidad teórica de este estudio procede centrar su objeto. Las nuevas relaciones surgidas
por medio de esta nueva economía en la que prima la colaboración -en principio, entre
particulares-, provocan un escenario en el que la persona que presta el servicio se encuentra
desamparada en cuanto a lo que calificación de su situación jurídica se refiere. Se trata por
tanto de establecer si pueden ser incluidas dentro del ámbito laboral o, por el contrario, cabe
una regulación distinta e innovadora para las mismas.
Para dar respuesta a la anterior pregunta se analizarán, en primer lugar, las distintas
categorías laborales recogidas en el ET y el ETA para así definir de forma concreta que puede
y no incluirse dentro de ellas y se hará un repaso de la evolución de estas relaciones y sus
transformaciones y adaptaciones a las necesidades de la sociedad. Una vez situado el
panorama laboral actual y las previsiones de futuro del mismo se reducirá el ámbito de estudio
a las relaciones establecidas por el surgimiento de una nueva forma de negocio que responde
al consumo o economía colaborativa y su posible adaptación a la regulación social actual o,
de otra forma, observar que no existe necesidad de su definición como laboral ya que
responde a otro tipo de calificación. Por último y para concluir el análisis antes de establecer
conclusiones y respuestas, se pondrá el foco sobre una empresa concreta, ​Uber,​ que, aunque
se define como un simple intermediario entre los conductores que utilizan su aplicación y los
usuarios, es uno de los primeros negocios en los que se han observado indicios de laboralidad
y contradicciones respecto al modo en que afirma relacionarse con sus colaboradores y la
realidad de la relación negocial.
Se analizará también la jurisprudencia reciente en torno a este modelo de negocio para
poder establecer cuál es la situación legal que ocupan y facilitar la tarea de definirlos y
adecuar la situación de sus colaboradores a las especificaciones establecidas por los
tribunales. Finalmente se tratará de establecer propuestas de cambio de la normativa vigente
de tal forma que estos operadores puedan ser englobados de manera certera en una categoría
jurídica​.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

CAPÍTULO I
LA HUIDA DEL DERECHO DEL TRABAJO
I. Un nuevo modelo de negocio
En el ámbito laboral, el ET, regula las relaciones de trabajo por cuenta ajena,
relaciones excluidas del ámbito laboral y relaciones laborales especiales; por su parte, el
Estatuto del Trabajador Autónomo (en adelante ETA) las relaciones del trabajador por cuenta
propia. Sin embargo, aún no se ha legislado ni se ha introducido en la normativa vigente una
regulación que incluya y ordene las nuevas conexiones derivadas de este nuevo modelo de
negocio donde prima la colaboración surgido gracias a la revolución digital. Las actuales
tecnologías han inundado casi la totalidad de las relaciones. En cuanto a las estrictamente
personales, que los particulares utilizan para relacionarse entre sí a nivel emocional o familiar,
no presentan un problema. En cambio, aquellas relaciones que traspasan la frontera de las
relaciones personales para gestionar relaciones económicas o laborales intentando esquivar o
quedar al margen de la regulación vigente, suponen un reto para el legislador y los operadores
jurídicos. Esto es así porque, aparentemente, se basan en una prestación de servicios por parte
de un particular, es decir, sin un empresario del que depender, pero dejando en evidencia
ciertos rastros o huellas de lo que podría ser calificada como una relación laboral.
Las nuevas relaciones en el marco de la economía colaborativa fuerzan los márgenes
de las citadas categorías incluidas en el ET y el ETA llegando a desvirtualizarlos, lo que
implica la imposibilidad de introducirlas en uno de los subtipos existentes, emergiendo la
necesidad de una nueva regulación que los incluya o los excluya del ámbito laboral. Se da,
por tanto, una situación de inseguridad jurídica que sitúa a los sujetos protagonistas de estas
relaciones en una posición nada deseable.
1. Tipos de relación laboral
Previo al análisis de las distintas formas que adoptan los negocios incluidos en la
economía colaborativa, es preciso realizar un estudio de los tipos de relación laboral que
preexisten en nuestro ordenamiento y que puede servir de base para englobar en alguno de
ellos a los primeros o, por el contrario, descartar su incorporación y observar la necesidad de
crear nuevas regulaciones que los comprendan.
Como se ha adelantado, el ET, aprobado por el Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23
de octubre, recoge en su artículo 1 el ámbito de aplicación. Se considera trabajador por cuenta
ajena aquel que presta servicios para otro y bajo su ámbito de dirección y organización a
cambio de una retribución económica, más conocida como, salario. La persona para la que el
trabajador presta los servicios es conocida como empleador o empresario. Prosiguiendo
dentro del mismo artículo, en el número 3, se recogen una serie de relaciones que se entienden
excluidas de lo que se considera trabajo por cuenta ajena o asalariado. Además, el Estatuto,
realiza una enumeración en su artículo 2 de aquellas relaciones que, siendo laborales, se
engloban en una categoría distinta por tener la categoría de especial al concurrir en ellas
singularidades y características que les son propias y que precisan de una regulación
específica.
Se trata ahora de hacer un desglose más exhaustivo de estas tres categorías para
establecer una idea clara de lo que puede y no puede ser incluido en cada una de ellas.
Comenzaremos hablando de las relaciones excluidas de calificación como trabajo por cuenta
ajena de modo que, mediante una teoría negativa y estableciendo lo que no es trabajo
asalariado, nos permita acercarnos a una más concreta definición de lo que se conoce como

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

trabajo dependiente. Entre la enumeración realizada por el apartado tercero del artículo 1 del
ET, encontramos, en primer lugar, la relación de servicio de los funcionarios públicos o el
personal al servicio de la Administración Pública puesto que cuentan con su propio Estatuto
Básico del Empleado Público, aprobado por Real Decreto Legislativo 5/2015 de 30 de
octubre.
Seguidamente, se descartan las prestaciones personales obligatorias. Deben entenderse
como tal aquellas que se realizan de modo obligatorio por un mandato del ordenamiento
jurídico. Antiguamente, se encontraban dentro de este tipo de relaciones, el servicio militar
obligatorio o la prestación social sustitutoria, pero, actualmente, engloba supuestos como el
participar en una mesa electoral o ser miembro del Tribunal del Jurado.
Quedan exceptuadas también del ámbito del ET aquellas prestaciones realizadas por
consejeros o miembros de los órganos de administración de una sociedad mientras su relación
con aquellas se limite exclusivamente al desempeño de estas funciones. No se encuentran
incluidos puesto que no realizan su prestación con ajenidad al empresario. Tampoco se
encuentran incluidas en el ámbito del trabajo por cuenta ajena aquellos trabajos realizados a
título gratuito por amistad o benevolencia. Se puede citar como ejemplo una persona que
arregla el ordenador a un familiar o amigo. Siguiendo con aquellos trabajos en el ámbito de
una relación familiar, quedan excluidos del ámbito de aplicación del ET aquellas prestaciones
realizadas por un pariente del empresario por consanguinidad, afinidad o adopción hasta el
segundo grado incluido siempre que convivan con aquel y no se demuestre que estos tienen
condición de asalariado.
Tampoco se incluye dentro de la regulación del trabajo dependiente a los
intermediarios mercantiles, es decir, aquellos que trabajan para uno o más empresarios
respondiendo del buen fin asumiendo el riesgo de la operación. Por último, la letra g) del
artículo 1 apartado 3º del ET excluye de su ámbito de aplicación todas aquellas relaciones que
se lleven a cabo con requisitos o características distintas de lo que se considera trabajador por
cuenta ajena. Esto nos permite, hacer, por fin, un estudio de lo que se considera trabajo
asalariado según el artículo 1 del ET.
Se considera trabajador por cuenta ajena a aquel que presta sus servicios para otra
persona o institución a cambio de una retribución económica o salario y que realiza esta
prestación bajo su ámbito de organización y dirección. Como trabajo dependiente debe existir
una persona física o jurídica, comúnmente denominada como “jefe” o empleador, que
establece direcciones e instrucciones al trabajador sobre cómo realizar la prestación
estableciéndose una relación de dependencia de este último del empresario. De este modo, el
trabajador presta un servicio para el empleador a cambio de una retribución económica y una
serie de derechos, pero el producto o servicio final será propiedad del empresario y podrá, por
lo tanto, dirigir, seleccionar e incluso reprimir al trabajador si no se ajusta a las condiciones
pactadas. En otras palabras, son trabajadores independientes aquellos en los que concurren
cinco características que vamos a entrar a analizar:
La primera de ellas es la ajenidad, que debe ser entendida en base a dos extremos. En
primer lugar, se considera que existe ajenidad cuando el prestador de servicios no asume los
riesgos de la actividad, es decir, cuando es el empleador y no el trabajador quien concibe
como propios los riesgos surgidos en el seno de la prestación de servicios; y, en segundo
lugar, cuando concurre ajenidad en los frutos, es decir, que el prestador de servicios no tiene
la propiedad de lo que se obtiene por su trabajo, sino que esto pertenecerá al empresario del
que depende.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

Íntimamente ligada a la anterior debe darse la dependencia, es decir, que la prestación


sea realizada por el trabajador siguiendo las directrices dadas por el empresario. El trabajador
dependiente se encuentra bajo el mando de dirección del empleador que, a su vez, establece la
forma en la que deben prestarse los servicios, el horario, las instrucciones a seguir, etc.
Además, esta nota característica implica, normalmente, la asistencia a un centro de trabajo,
propiedad del empresario al que acude el trabajador a realizar su prestación, por lo que, es el
empresario el que dispone los medios necesarios para que la prestación pueda darse y no el
trabajador.
Además de estas dos grandes notas características del trabajo por cuenta ajena deben
darse la voluntariedad, que implica que la prestación se haga de forma voluntaria por el
trabajador y no de manera forzosa, es decir, debe darse una relación de voluntad entre el
trabajador y el empresario de modo que no queda duda de que la prestación de servicios se
realiza de forma libre sin que concurra ningún tipo de amenaza o coacción del empresario al
empleado para conseguir su realización; el carácter retribuido, a saber, la compensación
económica a través de un salario y que nace como contraprestación al servicio prestado por el
trabajador; y que esta prestación de servicios se realice a título personal, es decir, se requiere
que el trabajador sea seleccionado para hacer ese trabajo lo que implica que no pueda darse la
sustitución novatoria en el puesto, lo que suele implicar la existencia de unos elementos
requeridos para ocupación del puesto o un proceso selectivo, entrevistas, etc. que corroboren
la adecuación del trabajador al cargo que pretende ocupar.
Ahora bien, establecido lo que se considera trabajo dependiente a los efectos de la
regulación establecida en el ET y las relaciones que quedan excluidas de aquel, queda hacer
mención a una serie de supuestos que, estando incluidos dentro del ámbito del trabajo por
cuenta ajena, ostentan una serie de especialidades que implican su regulación en leyes
especiales quedando el ET como norma subsidiaria cuando las anteriores no lleguen a regular
un determinado extremo de estos trabajos. La enumeración de estas relaciones especiales se
establece en el artículo 2 del ET que, no siendo ​numerus clausus​, recoge algunas prestaciones
que necesitan de un régimen específico ya sea por el tipo de actividad, por las condiciones de
trabajo o por otras circunstancias. Se puede hacer mención, a modo ejemplificativo, a alguna
de ellas, a saber: el servicio del hogar familiar, artistas en espectáculos públicos, estibadores
portuarios o deportistas profesionales, entre otros.
Dejando de lado, por el momento, la regulación del ET, nos ocuparemos ahora del ya
mencionado ETA que, en su artículo 1, dispone que será de aplicación para aquellas personas
físicas que realizan una actividad económica o profesional a título lucrativo por cuenta propia
y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona. Es decir, se aplica a los
conocidos como trabajadores autónomos que, sin ser empresarios, realizan una actividad por
cuenta propia pudiendo tener o no trabajadores a su cargo. También hace mención, el citado
artículo, a aquellas relaciones de familiares por consanguinidad, afinidad o adopción del
empresario, excluidas del ámbito del ET.
Llegados a este punto del estudio y tras haber analizado las distintas modalidades de
prestación de servicios incluidas en el ámbito del ET y del ETA debemos tener en cuenta que
de la misma forma en que la sociedad se ha transformado, también lo han hecho las distintas
modalidades laborales que se acaban de enumerar y existen relaciones laborales que no se
ajustan estrictamente a las características analizadas anteriormente. El derecho del trabajo ha
ido evolucionado desde su creación y se ha ido flexibilizando para posibilitar que, actividades
que no cumplen de manera estricta algunas de las condiciones de la relación laboral, puedan
ser incorporadas al ámbito de aplicación de la regulación del trabajo dependiente procurando
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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

siempre la protección del trabajador. Una de esas relaciones con sospecha de laboralidad que
se aleja del modo exacto en el que el trabajo por cuenta ajena se define es aquella establecida
por la empresa propietaria de una plataforma digital de intercambio colaborativo y el
particular que presta los servicios a través de aquella. De esta manera, entrando a examinar las
nuevas relaciones surgidas por la proliferación de plataformas digitales, se da un paso más
hacia el objeto de este estudio y se analizarán estas relaciones creadas bajo la denominada
economía colaborativa para poder establecer su inserción o exclusión del ámbito de aplicación
de las categorías recogidas en el ET o el ET.

2. Presente y futuro de las relaciones laborales


Conocidas las distintas modalidades de trabajo subordinado reguladas por el derecho
laboral y aún presentes en multitud de modelos de negocio que persisten, a pesar del
surgimiento de novedosos sistemas organizativos, es preciso apuntar cómo se originan y
actúan estos. Los nuevos modelos de negocio que crean el desafío al derecho del trabajo de
adecuarse al nuevo panorama social donde han surgido infinidad de relaciones con sospecha
de laboralidad son estructuras donde prima la innovación tecnología y que basan su
funcionamiento en un sistema donde destaca la simplicidad. Conocer su naturaleza
conllevaría realizar un estudio individual de cada una de las empresas englobadas en esta
categoría, ya que dedican su actividad a ámbitos muy diversos del mercado, pero realizar un
análisis general de sus características como modelo de negocio ayudará a lograr una
aproximación del significado y alcance de estos sistemas emergentes.
La llamada economía colaborativa o economía participativa aprovecha el impacto de
las nuevas tecnologías, el desarrollo de internet y la aparición de novedosas infraestructuras
para desarrollar nuevos modelos de negocio. La principal diferencia con los modelos ya
establecidos con anterioridad es la posibilidad que otorgan estos novedosos negocios, nacidos
en el seno de la mencionada economía, de hacer uso de un determinado bien o servicio sin
necesidad de adquirir la propiedad del mismo. Basan su estructura en la puesta a disposición
del usuario o consumidor de determinados bienes para que hagan uso de estos, pero sin la
exigencia de tener que adquirir su propiedad y a sus colaboradores la oportunidad de ganar
dinero a cambio de prestar un determinado servicio o ceder el uso de un bien de su propiedad.
Podríamos definir a este tipo de negocios de manera que se permitiera identificar con
facilidad uno de los mismos, como aquellas estructuras que, sirviéndose de las nuevas
tecnologías, promueven y propician un tipo de consumo en el que son los propios usuarios
quienes de manera participativa satisfacen sus necesidades gracias a la demanda y oferta de
servicios o bienes para un consumo colaborativo.
Sin embargo, es necesario establecer que, en base al modelo anteriormente
establecido, no cabe englobar cualquier tipo de negocio que se sirva de las nuevas tecnologías
para su funcionamiento, sino que, se requiere, que se dé la efectiva colaboración o
intercambio de bienes entre los usuarios. Cabe establecer, por tanto, como característica
definitoria principal de este tipo de economía, la confianza y participación de los agentes
usuarios y no tanto el intercambio de dinero de los mismos. Este tipo de modelos nacen de
ideas encaminadas a facilitar el acceso a servicios o bienes para que se encuentren disponibles
para quienes los precisen o para que aquellos que puedan prestar dichos servicios u ofrecer
sus bienes para el consumo colaborativo. Se puede apreciar, por lo tanto, que el modelo es
sencillo y busca siempre la simplicidad tanto en funcionamiento como en forma de
organización.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

Esta economía ha sido introducida de manera efectiva en un gran número de sectores y


se prevé que, por el progreso y asentamiento que está experimentando en la sociedad actual,
su crecimiento y desarrollo tiendan al auge y no al estancamiento. Engloba modelos de
negocio que están siendo calurosamente acogidos por los usuarios y que, salvo por su
necesidad de regulación específica, encuentran una facilidad de asentamiento en multitud de
sectores. El secreto de este éxito y su facilidad para crecer en un mercado que no se encuentra
en uno de sus momentos más álgidos es, aparte de innovación y sencillez, su propia
aportación positiva al crecimiento de la economía (CHAMORRO DOMÍNGUEZ, 2017, pág.
1). Los llamados colaboradores de estas plataformas en las que las empresas basan sus
modelos organizativos encuentran en este servicio un empleo y una fuente de ingresos. Esto a
su vez fomenta el consumo en otros sectores al haber más gente con mayor disponibilidad
económica y su propuesta de precios bajos para los servicios que prestan. Como se apuntó,
son modelos en los que se busca el consumo colaborativo o compartido lo que implica
ventajas adicionales de los mismos por contribuir a la sostenibilidad. Compartir coche, oficina
o facilitar el acceso a bienes sin adquirir su propiedad fomentan comportamientos que ayudan
a reducir la contaminación y la reutilización y reciclaje.
Otra característica definitoria de estos modelos de negocio es su especialización
operando de modo exclusivo en el marco de un sector concreto, es decir, su actividad está
destinada a la oferta de un servicio determinado sin que compongan su objeto social varios
negocios o actividades. Así, encontramos empresas dedicadas al servicio de transporte, otras
al alquiler vacacional o temporal de inmuebles, algunas que ofrecen el acceso a cursos de
formación, etc. Mediante esta reducción del ámbito al que se encuentran destinadas las
empresas buscan favorecer su implantación en el mercado y pretender conseguir un
monopolio. Su objetivo principal es reunir dentro de su servicio al mayor número posible de
colaboradores prestadores del servicio que ofrece de tal modo que se consiga eliminar casi por
completo la competencia en ese sector. De este modo, si una empresa dedicada a ofrecer
servicios de transporte consigue reunir en su plataforma a la gran parte de los transportistas
que existen en su ámbito de actuación, se convertirán en la única opción disponible para los
usuarios que precisen de ese tipo de servicio.
Para acercarse un poco más a conocer estos nuevos modelos comerciales y asegurar
con mayor grado de profundidad cuál de ellos requiere de una regulación en el ámbito laboral,
es indispensable realizar una distinción entre “economía bajo demanda” y “crowdsourcing”,
ya que no todas las empresas que presentan las anteriores características plantean la necesidad
de una respuesta normativa sino que únicamente que presenten sospechas de laboralidad en
las relaciones que poseen con las personas que utilizan sus servicios para llevar a cabo su
prestación.
Así encontramos dentro de la denominada “economía colaborativa” empresas que,
sirviéndose de una plataforma virtual ponen en contacto a personas que disponen de un bien,
ya sea una habitación, una oficina o un vehículo del que no hacen uso con otras personas que
necesitan del mismo (TODOLI SIGNE, 2016, pág. 4). Este tipo de empresas, son únicamente
intermediarios entre estos dos agentes y ninguno de estos mantienen una relación laboral o
con sospecha de esta calificación con la empresa. Se trata de plataformas donde los usuarios
comparten sus bienes, dando sentido a la denominación de economía colaborativa o
participativa. Aquí, los propietarios de los bienes que son ofrecidos y demandados, como se
ha dicho, no presentan ningún tipo de nota de laboralidad en la forma en la que se relacionan
con la empresa propietaria de la aplicación digital instrumento del intercambio, sino que,
simplemente hacen uso de la herramienta para lograr un intercambio con los usuarios que

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

demanden el bien que poseen. El negocio se centra por tanto en el bien compartido y no en el
servicio que se realiza entre los usuarios que consumen y ofertan dicho bien.
Un ejemplo típico de este tipo de empresas, que puede englobarse bajo el concepto de
economía bajo demanda, es la empresa ​Airbnb, dedicada a buscar enlaces entre propietarios
de bienes inmuebles que quieren alquilar su uso o el disfrute de alguna de sus habitaciones y
de aquellos usuarios que requieren de una habitación o casa donde alojarse durante su estancia
en la ciudad donde estas estén ubicadas. Se puede observar, por tanto, que se trata de
empresas que no centran su objeto en la prestación de un servicio, sino que tratan únicamente
de ser un agente mediador o comunicador entre usuarios y colaboradores con necesidades
interrelacionadas. Concluyendo que, como se ha establecido, las empresas englobadas en la
definición realizada de “economía colaborativa” no suponen un reto para el legislador laboral
por no existir una relación que adolezca de una regulación por parte de aquel. Por este motivo,
quedarán fuera del grueso de este estudio y se harán mención de ellas únicamente porque deba
notarse la diferencia con aquellas otras que, definidas a continuación, si plantean un reto al
ordenamiento jurídico.
El llamado “crowdsourcing” supone reconducir la forma en la que un servicio es
prestado de tal forma que, cuando normalmente este servicio es realizado por un trabajador a
cargo de una empresa, bajo este tipo de actuación, se dirige hacia una variedad de prestadores
para que se encarguen de su prestación (TODOLI SIGNE, 2016, pág. 4), es decir, la empresa
no basa su objeto en la contratación de trabajadores que cumplan con la prestación de un
servicio, sino que, ofrecen un medio, su plataforma digital, para que aquellas personas
dispuesta a ofrecer el servicio concreto hagan uso de la misma estableciendo con ellos, ​a
priori,​ una relación de colaboración y no de trabajo. Estas empresas, basadas en el
crowdsourcing,​ pretenden eludir entablar una relación laboral con los mencionados
prestadores y no pasar así a ser un empresario con trabajadores a su cargo con los efectos que
esto supone: no tener que dar de alta al colaborador en la seguridad social, esquivar la
normativa laboral en sus relaciones con este o desocuparse de cuestiones relativas a derechos
relacionados con la seguridad, vacaciones, seguros, etc. que de ser considerado trabajador
tendría que asumir el prestador del servicio. El beneficio que estas empresas obtienen de
realizar un trabajo de enlace o conexión entre ofertantes y demandantes de un determinado
servicio es una cuota o porcentaje del precio del mismo. El servicio que estas empresas hacen,
en principio, es el de recopilación de prestadores de un servicio en una herramienta,
normalmente una página web o aplicación de telefonía móvil, creando así un listado accesible
para aquellos particulares o empresas que requieran de esa determinada prestación. sin
embargo es notable la sospecha de laboralidad que presenta la relación entre la empresa y el
colaborador que presta servicios a través de los medio que aquella ofrece.
Hay que distinguir, de esta manera, aquellas plataformas que potencian el consumo
colaborativo de determinados bienes en las que únicamente se crea una base de datos a
disposición de usuarios que sirviéndose de ella establecen relaciones de colaboración creando
un sistema de consumo participativo sin que se establezca con la empresa propietaria una
relación laboral de ningún tipo. Estas no requieren de un estudio sobre su regulación mientras
que, de otro lado, aquellas plataformas en las que existen tres partes diferenciadas, la
propietaria de la plataforma, prestadores y usuarios, siendo la primera de ellas un empleador
respecto de los segundos estableciendo directrices e instrucciones que incluyen al prestador
del servicio bajo su ámbito de dependencia y subordinación sí que precisan de un estudio para
establecer una normativa que las regule.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

La forma en que la empresa ​Uber o​ pera ​responde a las características de este tipo de
empresa por ello supone un desafío su implantación en el mercado nacional ya que afecta a
miles de personas que, utilizando la plataforma que esta ofrece, se convierten en sus
colaboradores y no en sus empleados, aunque la relación que mantengan presente muchas
similitudes con lo que se considera una relación laboral. Sin embargo, como se explicará
posteriormente, en 2014 a nivel nacional, ​Uber ​dejó de prestar el servicio de esta manera
estableciendo relaciones únicamente con conductores profesionales que poseen licencia VTC.
el cambio de funcionamiento se debió a una serie de denuncias judiciales que surgieron por
asociaciones de los principales competidores que se comentarán en un momento más avando
de este estudio. Aún así, el estudio del ​Uber que sigue operando a nivel internacional y que
permite que conductores particulares presten servicios a través de su plataforma resulta
interesante para poder establecer conclusiones y respuestas que puedan ser de aplicación
futura a otras empresas en situación similar. (CHAMORRO DOMÍNGUEZ, 2017, pág. 14)

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

II. Económica distribuida


Los empresarios, en el pasado y aún en la actualidad, confiaban la producción de sus
establecimientos en la idea de que, un trabajador dependiente resulta más efectivo en términos
de costes de gestión que un trabajador que actuara por su cuenta y riesgo. El principal motivo
de esta convicción empresarial residía en la tangible dificultad que trabajar con personas
ajenas a la esfera laboral de la empresa presentaba: mayores impedimentos para la
comunicación, aumento de costes en los controles posteriores, etc​. ​Debido a lo anterior, se
llegó al convencimiento de que la efectividad encontraba su lugar de manera más sencilla
cuando los trabajadores de la empresa se encontraban a cargo de esta. Es decir, el margen de
beneficios y el nivel de productividad eran mayores si se contrataba de forma fija a todos los
trabajadores necesarios y no se acudía a contratos puntuales en determinados momentos. Para
el empresario era preferible acarrear con los costes de contratación de sus empleados y cubrir
con estos todas las necesidades que su modelo de negocio requiriese, que contratar
externamente cada uno de los servicios de los que precisase y obtener, a cambio, unos
elevados costes de control de la actividad prestada por esta actividad exterior.
No debemos confundir este extremo con la necesidad real de cualquier empresa de
acudir a servicios ajenos a los propios de su estructura organizativa porque les resulte más
rentable que establecer una sección de este tipo dentro de su organigrama. Piénsese, por
ejemplo, en una empresa que contando con quince trabajadores en su plantilla necesite litigar
con una empresa competidora en un momento puntual. Previsiblemente esta situación le
llevará a contratar de otra de empresa los servicios jurídicos antes que contar con un letrado
en plantilla ya que le supondría un coste muy alto en relación con el número de ocasiones en
las que va a precisar de sus servicios.
El fenómeno anteriormente descrito responde a lo que se conoce como centralización,
es decir, agrupar en un centro común distintos factores de producción y prestadores de
diferentes servicios con especialización de cada uno de ellos en un ámbito concreto de los que
afectan a la empresa. Así, una empresa que cuenta en su plantilla con todo el personal del que
precisa para llevar a cabo su objeto social y proveer a sus clientes o usuarios del producto o
servicio que ofrece, evita la dependencia de otros profesionales ajenos que comprometen la
efectividad de su producción con tiempos de espera, costes añadidos o problemas de
implementación. Esto permitía, además, que el empresario pudiera formar a todo su personal
en una misma línea de trabajo lo que conlleva un alcance más sencillo de los objetivos y la
calidad del producto final que era lanzado al mercado.
Esto dejó de ser tan determinante cuando los costes de gestión externos, mencionados
ya, se redujeron notablemente con la llegada de las nuevas tecnologías. La ventaja de tener
presente en una misma estructura organizativa a todo el material humano del que se precisara
para la obtención del producto o servicio final ya no era tal. Se comenzó a contratar
externamente ciertos servicios y se llegó a la conclusión de que era, precisamente por la
facilidad que ofrecían las nuevas tecnologías, más rentable la especialización dentro de un
ámbito concreto que mantener una compleja organización empresarial. Si se observa el
panorama laboral reciente se pueden observar fenómenos que responden a este planteamiento
donde las empresas mantienen una plantilla imprescindible y arriendan los servicios de otras
empresas para cuestiones no cubiertas con su propio personal, por ejemplo, para realizar una
auditoría de cuentas o asesoramiento legal.
Parece interesante realizar una descripción de cuál ha sido la evolución del trabajo
para comprender cómo su transformación ha ido afectando a la regulación y corroborar la

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

necesidad de adaptación de la regulación para hacer frente a los cambios que han ido
surgiendo en el entorno laboral. No se pretende aquí, realizar un estudio exhaustivo de la
evolución del fenómeno social del trabajo sino un simple resumen de la misma que permita
comprender la transformación experimentada en este ámbito. Se deja de lado la época en la
que el trabajo estaba prestado por esclavos, ya que no se considera trabajo sino explotación a
una relación en la que únicamente es el empleado el que realiza la prestación sin que recibiera
nada a cambio salvo quizá, algo que comer. Posteriormente, Si nos remontamos al inicio de
las primeras relaciones laborales, se observa que, el trabajo era llevado a cabo por los
artesanos, que se apropiaban de los frutos que producían, se especializaban en un oficio
concreto y no dependían de un superior para llevar a cabo su prestación. No existía, por ende,
la figura del empresario, sino que el propio artesano fijaba su horario de trabajo en función de
sus necesidades y de la demanda del mismo, tampoco existía por tanto una dirección marcada,
sino que existía libertad de ejecución.
Tras la revolución industrial, donde surge el trabajo en las cadenas de montaje, el
trabajador dependiente era aquel que prestaba sus servicios para un empresario con una
posición de poder consolidada que requería de mano de obra para conseguir unos
determinados niveles de producción. Las condiciones del trabajador estaban predispuestas por
su contrato de trabajo que, además de ser un negocio bilateral en el que el empleado tenía
poco, e incluso nulo, poder de negociación se proponía una jornada laboral sin apenas
descansos y en la que los ritmos de trabajo y la forma en la que este debía ser desempeñado se
encontraban fijados de una manera poco flexible.
Las condiciones del trabajador, que vivía largas jornadas laborales y que presentaba
muchos menos derechos sociales de los que en la actualidad se reconocen a cualquier
trabajador, inició una ola de protestas obreras mediante las cuales los empleados
reivindicaban mejores condiciones de trabajo y una regulación que les protegiera del
desequilibrio existente con el empresario. La sociedad ha ido sufriendo transformaciones y
con ellas también han ido surgiendo nuevas formas de trabajo o de prestación de servicios que
han dejado atrás ese tipo de trabajo tan extremo. Estos nuevos tipos de actividades y trabajos
daban respuesta a los cambios que socialmente se experimentaban: la economía pasó de ser
industrial para llegar a ser mucho más flexible dando cabida a nuevos tipos de relaciones
enmarcadas en un ámbito donde priman los trabajos del sector servicios y donde confluye la
proliferación de nuevas modalidades laborales. Se pasa entonces a un sistema donde junto a
los grandes empleadores o empresarios, que tenían a su cargo a miles de trabajadores, surgen
nuevos modelos empresariales que requieren menos empleados y que crean estructuras de
trabajo más descentralizadas. El trabajador presta sus servicios por cuenta ajena, ya no es solo
el que se ofrecía como mano de obra para un empresario en una industria, sino que surgen
infinidad de nuevos tipos de empleo que cubren las necesidades de la sociedad evolucionada.
Además, el conjunto de derechos de los trabajadores aumenta y se regula su situación fiscal y
personal.
Recientemente, la revolución digital y la inclusión de las nuevas tecnologías al ámbito
laboral han permitido una modificación de la manera en la que el trabajo se lleva a cabo,
creándose nuevos modelos de prestación de servicios. El trabajador cuenta con mayor
flexibilidad puesto que se posibilita la realización de tareas sin acudir al centro de trabajo y se
facilita el modo en el que la prestación es realizada. A pesar de ello, las modalidades de
empleo surgidas seguían siendo perfectamente reguladas por la normativa vigente, no ofrecían
un reto especial al legislador ni al resto de operadores, y eran perfectamente encajables dentro
de lo que se considera trabajo dependiente. Aunque el número de trabajos existentes es cada

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

vez mayor según la sociedad avanza y evoluciona, siempre se ha dado respuesta a posibles
discordancias o situaciones abstractas. Visto lo cual, se puede comprobar cómo, en cuanto a
evolución del trabajo, se ha pasado de un sistema bastante puro donde la definición de
trabajador era sencilla y fácilmente identificable a uno en el que, dada la multitud de
modalidades y la infinidad de formas de prestación laboral surgidas, se precisa realizar un
estudio exhaustivo de las mismas para poder confirmarlas o excluirlas como relaciones
laborales.
La implantación de la tecnología al ámbito laboral no es algo novedoso y que haya
surgido en la actualidad. Desde la revolución industrial e incluso antes, el empleo se ha
servido de maquinarias más o menos complejas para conseguir su fin. Puede pensarse en un
herrero que se sirviera de un yunque o un carpintero que utilizara herramientas específicas en
su trabajo. De una manera más clara, se observa cómo, tras la revolución industrial, la
máquina se convierte en una prolongación del trabajo a la hora de realizar su prestación ya
que las fábricas estaban compuestas de maquinaria que requería de una persona para poder
realizar su función. El problema que se está tratando, surge cuando estas tecnologías no
precisan de una persona para su funcionamiento, sino que pueden llegar incluso a realizar el
trabajo por sí solas y suprimir la figura del trabajador. Si, gracias a las nuevas tecnologías y
la creación de maquinaria o tecnologías inteligentes, un trabajo que antes era realizado por
una persona puede ser prestado por aquellas, se produce una alerta para los trabajadores ya
que es fácilmente comprensible que un empresario prefiera contar con una máquina precisa y
que no requiere de atenciones como reconocimiento de derechos o toma de descansos que
contratar a una persona que, posiblemente pueda cometer errores en su prestación o requerir
sustitución por bajas laborales.
Debemos remontarnos a mitad del siglo XX para que la irrupción de la nueva era
digital comenzara a infundir el temor entre los trabajadores de ser sustituidos en su puesto de
trabajo por una de las emergentes maquinarias. Era de esperar que este pensamiento se
expandiera con facilidad puesto que, el hecho de que una máquina fuera capaz de hacer el
mismo trabajo en un menor periodo de tiempo era cada vez más realizable y dejaba de ser
únicamente una quimera. Si se piensa en trabajos menos especializados en los que presiden la
repetición y la baja cualificación del empleado, no es difícil concluir que la sustitución de este
último por una máquina que realice el trabajo de manera más rápida e incluso de modo más
efectivo era un suceso con probabilidad muy alta de acaecer. Lo que era más extraño de
sospechar era que, la temida sustitución del trabajador por la maquinaria, no se diera
únicamente y de una manera tan drástica en este ámbito, sino que afectara también, e incluso
de un modo más directo, en ámbitos laborales menos imaginables.
Esto desencadenó un escenario en el que el trabajador veía peligrar su puesto de
trabajo o las garantías que este debía poseer, por la inclusión de las tecnologías de la
información en el ámbito de sus respectivos empleos. Alguno de los problemas que se
presentaban estaban relacionados con el derecho a la intimidad, por cuanto el uso de un
ordenador, que podía ser controlado por la empresa; cámaras en el centro de trabajo, la
aparición del sistema GPS, que provoca un control total de la ubicación del trabajador; la
interceptación de las redes sociales usadas por el trabajador en el puesto de trabajo; etc.
También se extendían estas complicaciones a momentos excluidos del horario laboral con el
aumento de la carga laboral por el traspaso del trabajo al ámbito personal mediante e-mails o
la creación del teletrabajo (TODOLI SIGNE, 2016, pág. 2).
Ciertamente, se ha experimentado una incorporación fácilmente perceptible de las
nuevas tecnologías en varios sectores laborales. Puede pensarse en la facilidad de realizar
15
El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

trámites bancarios a través de internet, los numerosos establecimientos de televenta o


autoservicio en sectores como el de los transportes (autopistas de peaje, venta de billetes de
metro o tren) o el de restauración (máquinas de televenta de bebidas y comida presentes en
numerosos lugares) o no precisar de dependiente para el pago en los supermercados con las
nuevas cajas de autocobro. El matiz consiste en que la forma en la que las nuevas tecnologías
y máquinas han ido sustituyendo puestos de trabajo no ha sido la esperada. Es decir, la
incorporación al ámbito laboral de las nuevas tecnologías no se ha producido de la misma
manera en todos los sectores y, por lo tanto, la manera en que ha afectado a cada uno de ellos
también ha sido diferente.
El modo en la que la irrupción de la era digital en el ámbito laboral ha afectado a las
propias relaciones laborales alcanza su culmen cuando estas sustituyen o deforman la figura
del trabajador dependiente y por cuenta ajena para comenzar la proliferación de estructuras
organizativas que prescinden de este tipo de empleado y lo reemplazan por un servicio de
mediación entre los usuarios o clientes y la persona que puede prestar u ofertar el producto o
servicio requerido por aquellos. Por un lado, la inclusión de estas herramientas en algunos
sectores ha facilitado el modo en el que el trabajo era realizado; en cambio, en algunos
puestos de trabajo, las nuevas tecnologías han provocado que estos queden desconfigurados y
precisen de un estudio para su efectiva regulación. Estamos hablando de los puestos de trabajo
que basan toda su estructura en una plataforma digital de tal modo que no existe un centro de
trabajo al acudir o un lugar donde el trabajador deba prestar los servicios, sino que,
precisamente, es dicha aplicación digital el centro desde donde se establecen direcciones y se
reparte la carga de trabajo.
Lo cierto es que, a pesar de que se temía que las máquinas acabaran por sustituir
completamente al trabajador y el servicio por este prestado, no se ha producido tal sustitución,
sino que se ha implementado un sistema en el que las nuevas tecnologías han venido a
sustituir o tratar de desfigurar la figura del empresario tal y como se concebía hasta ahora. Los
nuevos “empresarios” que, amparándose en nuevas tecnologías y el uso de aplicaciones
informáticas, tratan de desligarse de esta figura cuya función era la de dirigir al trabajador en
su prestación, pretenden no tener trabajadores dependientes de ellos si no socios o
colaboradores que presten servicios de manera privada para clientes. Así, la única función que
realizan estos “pseudoempresarios” no es otra que gestionar la plataforma donde sus
colaboradores y sus clientes puedan ponerse en contacto lo que implicaría desprender a dichos
socios de la condición de trabajadores al amparo de la regulación establecida en el ET.
Sin embargo, como se ha establecido en el apartado anterior, no todas las situaciones
que la economía colaborativa ha hecho surgir y las empresas que se basan en las mismas para
llevar a cabo su objeto responden a ese modelo de mero intermediario entre usuarios; sino que
algunas de ellas mantienen relaciones con su colaboradores con peculiaridades y huellas de
los que podría ser considerado una relación laboral creando un nuevo panorama donde
podrían llegar a desaparecer profesiones tradicionales como el comercial inmobiliario, por
ejemplo, o surgir nuevas categorías laborales que precisarán de regulación específica.
Estos nuevos modelos de negocio establecidos bajo lo que se considera economía
colaborativa o distribuida han visto favorecida su implantación en el sistema económico
actual y, aunque requieren aún de una regulación específica, operan en multitud de sectores y
ostentan expectativas de auge altas. Las características que presentan estas empresas que
operan a través de una plataforma digital y basadas en la economía bajo demanda o
distribuida merecen un análisis dentro de este estudio por resultar útiles a la hora de establecer

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

una definitiva regulación de esos prestadores de servicios que se encuentran en un limbo en


cuanto a su calificación.
En estos modelos se observa una menor presencia de la dependencia en la relación
laboral. La dirección e instrucciones que el empresario ofrecía al trabajador para el desarrollo
de su prestación laboral se han desvirtualizado quedando en un segundo plano incluso
desapareciendo. Aunque es cierto que en ocasiones esta dependencia está camuflada bajo
estructuras catalogadas como ajenas a ese control que el empresario, la realidad deja entrever
que la dependencia de estos trabajadores frente al empresario es menor, pero existe, aunque
no se presente de una forma tan clara como lo hace en otro tipo de relaciones laborales más
tradicionales. Estas empresas basan el control de sus trabajadores en las llamadas
“evaluaciones” que el cliente realiza sobre el prestador del servicio en la propia plataforma
donde aquel se ofrece. Una vez prestado el servicio el usuario tiene la posibilidad de valorar al
prestador a través de la aplicación que usó para encontrarlo. Se trata de un sistema de
reputación que permite al usuario conocer las valoraciones de otros consumidores anteriores
sobre la persona que va a prestar el servicio con prioridad a que la prestación efectivamente se
dé. Además, al empresario le permite conocer qué trabajadores reciben mejores valoraciones
y cuáles presentan una potencial amenaza para el negocio por estar recibiendo puntuaciones
bajas (CHAMORRO DOMÍNGUEZ, 2017, pág. 3). Esta práctica evita la necesidad de
realizar exámenes previos y posteriores a la contratación del trabajador, prescindiendo de
procesos de selección y de vigilancia exhaustiva ante posibles despidos o sanciones
disciplinarias, ya que por medio de este sistema de reputación el empresario puede conocer el
modo en el que el colaborador realiza la prestación y tomar medidas al respecto de aquellos
que no se ajusten a las condiciones que su plataforma establece.
La clave detrás de esta reducción de la dependencia se encuentra en la delegación de
esta competencia en el cliente que va a pasar a ser un inspector particular del trabajo
desempeñado por el prestador valorándole mediante un sistema de puntuaciones implantado
en la propia plataforma donde el servicio es operado. Este extremo supone al mismo tiempo
un descenso de la subordinación del trabajador al empresario que le proporciona una aparente
mayor libertad a la hora de realizar su trabajo. Podríamos, incluso, establecer un traspaso de
poder del empresario al cliente en materia de control del modo en que el servicio es prestado,
pues es aquel el que con sus valoraciones va a determinar las insuficiencias del trabajador o,
por el contrario, los méritos de este; dejando despreocupado de esta labor al empresario.
También se reducen los costes de formación ya que, para llegar a ser aceptado como
prestador de servicios en estas plataformas se requiere la existencia de una formación concreta
de tal modo que el trabajador, si quisiera formar parte de las mismas y entrar a prestar
servicios o ceder el disfrute de sus bienes sirviéndose de estas estructuras, deberá poseer la
preparación exigida para tal cometido. Aunque la petición de formación previa pudiera
suponer un impedimento para el acceso de estos prestadores a este tipo de modelos de
negocios, no es esto reflejo de la realidad establecida. Este tipo de empresas basan su bajo
nivel de instrucciones y la mínima presencia de subordinación al empresario en la
acumulación de un gran número de trabajadores y usuarios dentro de su estructura. Cuantos
más trabajadores registrados existan, mayor garantía de servicio continuo obtienen. Se hacen
innecesarias actuaciones como la fijación de horarios o turnos de trabajo puesto que se
aseguran que siempre haya trabajadores prestando los servicios que oferta la plataforma y
evitando que un cliente o usuario vea insatisfecho su interés o pretensión en el uso de esta.
Este es el motivo por el que este tipo de modelo tiende al monopolio. La existencia de varias
empresas con dedicaciones similares o idénticas dificulta esta exigencia de acaparar al mayor

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

número posible de usuarios, tanto prestadores como demandantes, al repartirse estos entre las
distintas alternativas.
Se trata de modelos de negocio que, por su estructura, no presentan dificultades para
su expansión a nivel global. Al basar su funcionamiento en una plataforma digital,
normalmente una página web o una aplicación para el teléfono móvil, su traslado a cualquier
parte del mundo no parece complicado ni supone unos costes elevados puesto que únicamente
tendrían que habilitar este sistema para que se encuentre disponible en ese lugar concreto.
Debido a esta facilidad de internacionalización, suelen ser negocios que pueden establecerse
sin problemas ni costes añadidos a nivel internacional, aunque finalmente operen a nivel local.
Esto les reporta la ventaja de consolidarse como una marca global lo que supone un punto
añadido de confianza en los clientes al visualizarse como un negocio desarrollado y
consolidado. Así bien, aun tratándose en muchos casos de empresas establecidas en varias de
las principales ciudades del planeta, están estructuradas de manera que los agentes que se
sirven de la misma van a encontrar respuestas a sus demandas a nivel local, es decir, aunque
Cabify​, por ejemplo, opere en varias partes del mundo un usuario de su plataforma que se
encuentre en Perú, por ejemplo, va a encontrar a conductores que presten sus servicios en ese
mismo punto geográfico.
Se ha podido advertir ya, por las características expuestas anteriormente, el modo en el
que estos negocios ponen en funcionamiento su sistema operativo: a través de internet. Se
sirven de un portal de internet para llevar a cabo su objeto: poner en contacto a prestadores de
un servicio con las personas que necesitan de este. Esto implica la necesidad de acudir a la
distinción anteriormente establecida entre empresas que únicamente ofrecen un listado de
clientes y prestadores y aquellas que usan la plataforma precisamente para prestar un servicio,
es decir, aquellas empresas que responde a la economía colaborativa y aquellas que lo hacen
al denominado crowdsourcing ​(TODOLI SIGNE, 2016, pág. 4). Si la empresa creadora de la
aplicación la utiliza para la creación de un punto de encuentro no sería responsable de las
injerencias o problemas que se ocasionen en esta; mientras que si la plataforma es una simple
herramienta para que el negocio se lleve a cabo y la empresa presta sus servicios a través de
ella cualquier circunstancia surgida debido a su uso será una responsabilidad que asumir por
la creadora. La posibilidad de crear una empresa cuyo negocio es la creación de una base de
datos para ayudar a que se lleve a cabo una determinada prestación de servicios, como se
planteó en el anterior punto, otorga la ventaja de esquivar la normativa aplicable al sector
correspondiente ya que el objeto de aquella no es la prestación en sí misma, sino el poner en
contacto a los agentes participantes de esta. Lo que se trata de averiguar en este estudio es si,
precisamente, los nuevos modelos de negocio que son objetos de este se engloban dentro de
este grupo de empresa o, por el contrario, camufladas en estas plataformas, son verdaderas
prestadoras del servicio y, por lo tanto, deben cumplir con la normativa vigente.
Conviene recordar llegados a este punto, que la empresa en la que posteriormente
centraremos el foco de atención para la completud de este análisis, ​Uber​, se engloba dentro de
las empresas que se sirven de la plataforma para prestar un servicio, aunque, a priori, pudiera
parecer que se trata simplemente de una base de datos que reúne a prestadores y usuarios. Así
2
lo determinó un Tribunal de EE. UU ya que consideró que Uber intervenía en la prestación
del servicio de sus colaboradores y no se mantenía al margen haciendo únicamente una labor
de intermediario. Realizan un control de acceso a sus colaboradores que podría equipararse a
un auténtico proceso de selección, el mencionado sistema de valoración del cliente al

2
http://www.elmundo.es/internacional/2015/09/02/55e73c4f22601d79368b459c.html

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

prestador del servicio o propietario del bien que han usado, y además obtiene sus ingresos no
por el acceso al listado de conductores sino por el trayecto efectivamente realizado por estos.
Sin embargo, estos son asuntos que reservamos para su tratamiento posterior en este estudio.
Otra cuestión por discutir, desde el punto de vista del derecho laboral, está relacionada
con los derechos que todo trabajador por cuenta ajena tiene y que ha de asumir el empresario
del que dependen como las vacaciones retribuidas, el alta en la Seguridad Social o el derecho
a un salario mínimo garantizado. El excluir regular a los trabajadores colaborativos a través
del ET permite a los empresarios eludir el cumplimiento de la normativa laboral y los
derechos que su aplicación otorga al trabajador dependiente. Aunque es cierto que se requiere
un estudio sobre si estos prestadores de servicios mediante plataformas propiedad de una
empresa se ajustan o no a la figura del trabajador subordinado es fácil advertir que concurren
en ellos características que implican laboralidad y, por lo tanto, tampoco se puede aventurar
una definición como autónomos sin observar cómo operan respecto a protección social o
reconocimiento de derechos estatutarios.
Se debe observar, por ejemplo, si quien asume la carga de la contribución con la
Seguridad Social es el propio trabajador, o si, por el contrario, corre por cuenta del empresario
propietario de la plataforma o si el trabajador sigue siendo retribuido por la empresa en
periodos en los que no preste servicio como vacaciones o bajas laborales por enfermedad,
maternidad o paternidad. En principio, estas empresas no realizan esta serie de pagos, sino
que es el trabajador el que asume sus obligaciones fiscales o la reducción de ingresos si
decide no trabajar por ocio o por enfermedad. La no clasificación del colaborador como
trabajador dependiente implica también, en relación con los derechos sociales, la ausencia de
reconocimiento de derechos tan importantes como la negociación colectiva o la posibilidad de
emplear acciones de manera conjunta con otros trabajadores en su misma situación.
El reto que se le presenta al legislador de cara a estas relaciones creadas por la
revolución digital, que rompen con la manera tradicional de clasificar el trabajo y que
requieren de una especial atención por parte de los operadores jurídicos para evitar situaciones
injustas o abusivas, se aprecia de forma más clara tras este análisis del panorama surgido por
estas nuevas formas de relacionarse de manera colaborativa económicamente. El clima de
inseguridad jurídica es cada vez más generalizado y afecta a tantos sectores y agentes que ha
3
provocado que el Parlamento Europeo pidiera en el año 2017 a los Estados Miembros una
normativa clara que permita esclarecer la situación de relaciones surgidas por la economía
colaborativa y que no suponga una vulneración de los derechos sociales o de la justa
competencia. La tarea no es sencilla y la necesidad es inmediata hasta el punto en que la
respuesta ya llega de manera tardía por lo que un estudio sobre este trabajador colaborativo o
simple prestador de servicios independiente se requiere de manera urgente para evitar la
creación de situaciones jurídicamente equivocadas y consecuencias injustas para particulares
y empresas.

http://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20170609IPR77014/economia-colaborativa-el-parlamento-e
uropeo-pide-reglas-claras

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

CAPÍTULO II
LOS TRABAJADORES COLABORATIVOS

I. La desprotección del trabajador


La ausencia de clasificación a efectos de laboralidad de estos prestadores de servicios
mediante plataformas digitales propiedad de una empresa que pretende definirse como
colaboradora de aquellos y no una entidad de la que dependen laboralmente con lo que eso
implicaría, supone un problema de seguridad de jurídica para todos los operadores
relacionados con el servicio prestado. El propio empresario propietario de la aplicación
colaborativa, los usuarios y consumidores que la usan para satisfacer su demanda y el resto de
empresas competidoras por identidad de objeto y destinatarios de la oferta se ven afectados de
un modo u otro por esta insuficiente regulación de la figura de un trabajador que no es
considerado dependiente pero tampoco es definido dentro de otros ámbitos concretos; pero el
mayor perjudicado, precisamente, es el particular que presta un servicio concurriendo en él
muchos aspectos que permiten establecer, al menos, una duda sobre la posible laboralidad de
la relación que mantiene con la empresa que organiza la plataforma pero que no encuentra aún
una regulación en la que ampararse para reclamar sus derechos o conocer cuál es su precisa
clasificación jurídica.
Se precisa, entonces, siguiendo la línea establecida para este estudio, intentar ajustar
esta relación dentro de algunas de las categorías mencionadas en el capítulo anterior para
formular una posible respuesta a cómo el legislador debería adaptar el ordenamiento jurídico
actual para incluir a estos colaboradores o, de modo contrario, establecer una nueva categoría
para ellos si no fuera posible clasificarlos dentro de las ya existentes.
1. Trabajador por cuenta propia y por cuenta ajena
La discusión doctrinal sobre qué relaciones deben incluirse o excluirse de la
regulación del ET y, por lo tanto, pasar a ser consideradas o no trabajo por cuenta ajena es una
cuestión recurrente a causa de la proliferación de nuevas actividades dentro del mercado
productivo que, debido a que presentan nuevas y diferentes características de las ya
establecidas, dificultan la tarea de su delimitación. El planteamiento realizado en el capítulo
anterior sobre la normativa existente actualmente, servirá de base para la siguiente
argumentación.
En un primer momento, conviene realizar una comparativa que permita diferenciar de
una manera clara las actuales figuras laborales, de un lado, el trabajador subordinado o
dependiente y, de otro, la persona que presta sus servicios fuera del ámbito de organización de
un empresario o trabajador por cuenta propia. Es fácil advertir que la principal divergencia
entre estas dos formas de prestar servicios es la sujeción o no a la dirección e instrucción de
un tercero, el empresario. Mientras el trabajador subordinado, cuya normativa aplicable es el
ET, ofrece sus servicios a un empresario que le dirige y da instrucciones y, por lo tanto,
conforma el modo en el que aquel debe realizar su prestación; el trabajador autónomo
presenta una organización y dirección propia por lo que, aunque preste sus servicios a uno o
varios empresarios, lo hace en una posición de paridad sin que estos puedan convenir la forma
en la que la prestación se lleva a cabo. La nota diferenciadora es, en consecuencia, la
dependencia, que va a determinar, según esté presente o no en la relación, la calificación del
trabajador como autónomo o dependiente.

20
El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

La importancia de esta delimitación reside en que, una vez superadas las posibles
dudas sobre la inclusión de una determinada relación en una u otra categoría, se facilitará la
definición de los trabajadores que prestan sus servicios a través de una plataforma digital. Por
consiguiente, esta tarea proporcionará mayor seguridad a la hora de establecer qué norma es
más propicia para dar cabida a estas nuevas relaciones surgidas en el ámbito de la economía
colaborativa o, si la regulación existente es insuficiente, excluir la aplicación de tales
normativas para este ámbito y precisar la exigencia de una modificación o ampliación del
ordenamiento para que se adapte a las nuevas realidades. Es relevante, además, la distinción,
ya que si en una relación el prestador de los servicios es considerado trabajador dependiente
se va a ver respaldado por una regulación, la del ET, que le ampara y protege ante la
desigualdad de condiciones con la otra parte, el empresario. El trabajador por cuenta ajena
cuenta con una protección especial que no posee un trabajador autónomo que, además de la
normativa del ETA, basa sus condiciones en el contrato que celebre con el empresario o socio,
gozando de una situación de protección menor, al tratarse de contratos civiles, mercantiles o
administrativos y no de un contrato de trabajo.
Tradicionalmente, para considerar que un trabajador prestaba sus servicios por cuenta
ajena, se observaba la presencia de una subordinación al empresario que, además, disponía la
manera en que el empleado debía realizar el trabajo estableciendo horarios e instrucciones y
adquiriendo la titularidad de los frutos de dicho puesto de trabajo así como los riesgos de este.
Esta potestad del empresario se extendía también a la posibilidad de sancionar al trabajador si
no se ajustaba a las indicaciones ofrecidas bajo su ámbito de organización y al
aprovechamiento que, como factor de producción, está facultado a hacer del empleado. Está
idea básica sobre la dependencia existente en el trabajador por cuenta ajena respecto del
empresario supone la principal barrera delimitadora entre los dos tipos de trabajadores que
estamos estudiando.
Considerando la definición de trabajador dependiente, resulta más sencillo comprender
qué es un trabajador autónomo y que lo convierte en tal, en principio, realizando una
definición negativa del concepto: es trabajador no subordinado o autónomo aquél en el que no
opera la dependencia respecto de otro. Para ser considerado trabajador por cuenta propia se
requiere que se tenga un ámbito de organización, es decir, que se trabaje de manera
independiente sin que haya un superior que indique cómo debe realizarse la prestación. Esto
implica que el trabajador autónomo decide sus horarios y su jornada estableciendo con total
libertad el tiempo dedicado al servicio y decidiendo por si mismo qué prestaciones llevar a
cabo y cuáles no. Así, mientras que un trabajador dependiente tiene asignadas tareas con las
que debe cumplir y un horario en el que debe ocupar su puesto; un trabajador autónomo tiene
plena disposición de su tiempo y poder para decidir que encargos o trabajos lleva a cabo y
cuáles no. Asimismo, el trabajador independiente, cuenta con medios de producción propios
sin que un empresario o superior ponga a su disposición materias primas o instrumentos
requeridos para llevar a cabo la prestación. Esta distinción, mencionada con anterioridad en
este estudio, es la llamada “ajenidad en los medios” que, estando presente, convierte a un
trabajador en dependiente ya que es un empresario el que aporta los medios necesarios para la
realización del trabajo mientras que, si es el propio prestador el que se acopia de la
maquinaria o herramientas precisas, se le considera autónomo. Además de los medios, y en
cuanto a ajenidad se refiere, se atiende también a los frutos derivados de la prestación. Si la
titularidad de los mismos y el riesgo de la actividad es asumida por el empresario, el
trabajador será dependiente, y no lo será, es decir, no se encontrará bajo la dirección de
ningún otro, si asume él mismo el riesgo de la prestación.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

Aunque, ​a priori, l​ a delimitación parezca clara, cuando se está frente a un supuesto


concreto, la definición de los márgenes se dificulta y la frontera entre ambas figuras se
enturbia entorpeciendo la calificación. La realidad deja ver cómo muchos puestos de trabajo
no encajan de una forma estricta en los moldes de una u otra regulación sino que se producen
situaciones en las que las notas características del puesto de trabajo concreto se presentan de
un modo desvirtuado. La dependencia, nota que permite crear la línea divisoria entre la figura
del trabajador por cuenta ajena y el trabajador autónomo, debido a que no se encuentra
presente en la segunda figura, no es una nota que opere de la misma forma en todas las
relaciones de trabajo subordinado. De hecho, el nivel de dependencia obedecerá a factores
como el puesto de trabajo, la cualificación del trabajador y el sector en el que se opere
existiendo relaciones laborales en las que esta nota característica tiene una presencia mínima.
La jurisprudencia trata alguno de los supuestos donde la dependencia se presenta de formas
diversas ofreciendo a los operadores una casuística que facilite la engorrosa tarea de adivinar
qué regulación se ajusta más correctamente al tipo de relación concreta.
Pues bien, viendo la dificultad de la presente tarea consistente en delimitar las
fronteras de lo que se considera relación laboral, trabajador por cuenta propia o, incluso, la
exclusión de una determinada prestación de ambas definiciones, es procedente el estudio de
algunos aspectos clave en estas relaciones que permitan establecer un escenario más claro en
el que poder tratar las relaciones de los trabajadores en el ámbito de la economía participativa.
El primero de los contenidos a analizar es el modo en el que el empresario realiza la
supervisión a un trabajador que se encuentre bajo su ámbito de control. Tradicionalmente,
como se ha anunciado anteriormente, el empresario trataba este asunto estableciendo sistemas
de formación para su personal de tal modo que este conocía el modo exacto en el que el
primero pretendía que el trabajo fuera realizado. Adicionalmente se creaba un sistema de
vigilancia que asegurara la eficacia de estas formaciones y el cumplimiento y adecuación del
trabajador con las directrices e instrucciones aportadas por el empresario. con las
transformaciones experimentadas por la sociedad y el mercado de factores de producción
unidas a la proliferación de nuevos tipos y modalidades de relaciones de trabajo este sistema
de control, aunque persiste en algunos sectores, se ha ido adaptando a las circunstancias y ha
sido modificado. En el ámbito de la economía colaborativa, el control es delegado por el
empresario en los clientes de tal modo que, reduciendo la cantidad de instrucciones y nivel de
dirección por el primero, asegurar la eficacia y calidad del trabajo prestado por el empleado
queda en manos del cliente o usuario del propio servicio. Se ha hecho mención ya al sistema
de valoración introducido por empresas que operan a través de una plataforma digital para que
los clientes, a través de un sistema de puntuación, proporcionen información al empresario
acerca del modo en el que el trabajador presta los servicios que la propia entidad ofrece. Esta
información puede ser posteriormente utilizada por el empresario para actuar conforme a la
misma e imponer unas consecuencias al colaborador.
Las empresas que operan a través de una plataforma digital y que ponen en contacto a
prestadores de servicios y demandantes de los mismo suelen ampararse para afirman ser un
mero intermediario y no un empresario en que no distribuyen instrucciones a sus
colaboradores sino que simplemente se limitan a establecer una serie de recomendaciones o
sugerencias sobre el modo en el que el servicio debe ser realizado. En efecto, bajo este marco,
las posibles consecuencias que el socio tuviera que soportar por una mala valoración o
puntuación por parte de los usuarios de los servicios que la plataforma ofrece, quedarían
amparadas en una simple decisión de la empresa de no contar entre sus colaboradores con
alguien que opere de ese modo, alejándose de la idea de existencia de un régimen sancionador

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

englobado dentro de los poderes de dirección y control del empresario. Pero este es un
argumento muy controvertido puesto que, como se precisó inicialmente, la menor presencia
de dependencia en una determinada relación no excluye su laboralidad y, además, existen
otros indicadores que dificultan la exclusión de estos conductores del trabajo subordinado. La
dependencia es un concepto que puede operar de distintas maneras y, aunque el control final
del servicio sea prestado por clientes y no por la empresa, existen otros indicios de su
presencia en este tipo de relaciones. Aunque no exista un control sobre el modo en el que la
prestación se realiza sí que existe un control final por parte del empresario siendo el último en
tomar una decisión sobre los profesionales inscritos en su plataforma.
Esta ausencia de control continuo por parte de la empresa no supone la inexistencia de
la nota de dependencia en la relación, puesto que, la aparente flexibilidad en el modo de
prestación del servicio concreto no implica la no subordinación de los colaboradores al
empresario sino simplemente supone un cambio en la forma de control tradicionalmente
constituida. De este modo, que un colaborador tenga un alto margen de decisión sobre el
número y el tiempo dedicado a prestar el servicio o la duración del arrendamiento del bien de
su propiedad, no supone por sí mismo la exclusión de estos del ámbito laboral, sino que es
una consecuencia directa del modo en el que operan estas empresas. El uso de una plataforma
digital que utiliza tecnología informática e internet para llevar a cabo su objeto ha facilitado el
modo en el que el control o supervisión pueden ser ejercidos. La ausencia de presencia en la
relación entre trabajador y empresario o colaborador y empresa propietaria de la aplicación
informática no exceptúa la posibilidad de control y dependencia de la misma ya que, incluso,
estas características se encuentran reforzadas gracias a la posibilidad que estas nuevas
tecnologías en las que se basan ofrecen: control de ubicación, conteo de trabajos realizados y
rechazados, horas de actividad, etc. Sería, por lo tanto, prudente inspeccionar si la empresa
realmente elimina su posibilidad de control y dirección o si simplemente se lo reserva para un
uso posterior o para utilizarlo únicamente respecto del sistema de producción, estableciendo el
proceso en el que debe darse el servicio.
Otra cuestión relevante es la posición que adoptan ambos operadores en la relación de
tal modo que, originalmente, si esta era desigual y dejaba desprotegido al profesional frente a
una condición de poder de la empresa, se englobaría dentro de la regulación del ET que ofrece
una protección especial al trabajador. Efectivamente, el ET nació de la idea de ofrecer al
trabajador una normativa que velara por sus intereses al encontrarse en una situación
desfavorecida por la situación en la que se encontraba respecto del empresario tradicional, que
le llevaba a aceptar condiciones de trabajo establecidas de manera unilateral por aquel sin
posibilidad de negociación. No obstante, la realidad actual, pese a la crisis económica,
responde a otras circunstancias en cuanto el contrato de trabajo ha dejado de precisar una
protección especial exclusivamente por la situación socioeconómica del sujeto titular y no
debe primar, consecuentemente, este factor sino la situación de debilidad en general del
mismo frente al dominio o autoridad del empresario. Por este motivo, la aplicación o no del
contrato de trabajo a un supuesto concreto no debe venir determinada únicamente por una
desigualdad económica, sino por cualquier circunstancia que sitúe a ambos operadores,
trabajador y empresario, en una situación de superioridad del segundo respecto del primero, al
margen de que la prestación que el contrato recoge se encuentre sometida a la dependencia del
profesional al productor, teniendo en cuenta, de esta manera, la existencia de discrepancia en
el poder negociador de ambos.
La concurrencia de la nota de dependencia o por el contrario la ausencia de esta puede
determinarse también atendiendo a la falta o concurrencia de una estructura organizativa

23
El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

propia. Si bien, un trabajador dependiente no contará con una organización empresarial creada
por su cuenta si no que prestara su servicio a través y dentro de la estructura empresarial de la
entidad de la que depende, el empresario; el trabajador no subordinado se caracteriza por la
existencia de una organización creada por él para llevar a cabo su prestación. Esto excluye de
la regulación del ET y convierte a un trabajador en autónomo cuando no se integra en la
estructura organizativa de un empresario, sino que, al contrario, posee una organización
propia y trabaja siguiendo sus propias reglas y asumiendo, él mismo, los riesgos y beneficios
que reporte su actividad. En el tipo de empresa objeto de este estudio, aquella creada bajo el
marco de la economía colaborativa o ​crowdsourcing,​ es fácilmente deducible que la estructura
organizativa está compuesta por la aplicación o página web desde donde se gestiona la
prestación del trabajador. en efecto, es la plataforma la que establece las reglas de este tipo de
prestación y el instrumento que dispone el modo en el que se ejecuta esta. El prestador que
utiliza este tipo de herramienta asume las condiciones que la misma ofrece: modo de contactar
con el cliente, forma de cobro del servicio, rango de precios o tarifa establecida, etc. El
trabajador no puede negociar con el cliente las condiciones puesto que se encuentran
determinadas previamente por la propia aplicación por lo que solo puede decidir aceptarlas o
no trabajar mediante aquella. Por supuesto, estas normas dispuestas por la plataforma son obra
de la empresa propietaria de la misma de tal modo que, es el empresario el que cuenta con una
estructura organizativa y no el trabajador por lo que estaríamos ante un trabajador dependiente
y no uno autónomo. Esto se debe a que el contrato de trabajo supone un conjunto de cláusulas
imperativas que no permiten negociación por parte del trabajador evidenciando el
desequilibrio existente entre ambos tal y como se ha dispuesto previamente.
A parte de lo establecido hasta el momento, puede entenderse con facilidad que el
trabajador autónomo pretende desarrollarse y ampliar su negocio, mientras que un trabajador
dependiente únicamente es un factor de producción más dentro de una estructura empresarial
más o menos compleja. El subordinado únicamente aporta su trabajo a la empresa, mientras
que el trabajador por cuenta propia aporta conocimientos nuevos o distintos de los ya
existentes a los empresarios con los que trabaja. De esta manera, se deduce que los
colaboradores de las empresas que funcionan a través de una plataforma digital no podrían ser
considerados autónomos en cuanto no aportan ninguna formación extra o técnicas diferentes a
las existente en la empresa propietaria, sino que simplemente actúan aportando su trabajo. El
modo en el que se opera y las características que distinguen a la empresa de otras similares o
del mismo sector no es aportado por los colaboradores, sino que más bien es la empresa la que
aporta estos conocimientos a través de sus recomendaciones o modos en los que la plataforma
opera. El trabajador por cuenta ajena no necesita contar con clientes para realizar su
prestación ya que la realiza para la satisfacción de los clientes de la empresa que le ha
contratado; por su parte, el trabajador no subordinado o por cuenta propia suele contar con
una cartera de clientes ganada gracias a la forma en la que él mismo presta sus servicios. De
esta manera y moviéndonos en torno a la nota de ajenidad se puede observar como mientras
un trabajador por cuenta propia aporta material físico o intelectual imprescindible para la
efectividad de su contrato, el trabajador dependiente no tiene esta exigencia ya que los medios
suelen ser aportados por el empresario. Así, en una empresa que opera a través de las nuevas
tecnologías, donde la herramienta básica es la aplicación o página web que pone en contacto a
prestadores y usuarios, el principal medio o instrumento es precisamente la plataforma que
requiere una gran inversión por la complejidad de la misma y permite concluir que el
prestador, aunque asuma algunos gastos (como la adquisición de un vehículo o mantenimiento
de un inmueble), en muchas ocasiones no asuma ningún coste (aplicaciones colaborativas
consistentes en que propietarios de plazas de aparcamiento privadas las alquilan a usuarios

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

que precisan estacionar su vehículo en la zona), y, además, es ajeno a cualquier riesgo


derivado del negocio.
En definitiva, tras la comparativa realizada y su aplicación a las empresas que operan
dentro del sistema introducido por la economía colaborativa, se podría, en un primer momento
rechazar la incorporación de los trabajadores que hacen uso de la misma para realizar su
prestación, de la regulación que establece el ETA ya que, debido a las características
analizadas anteriormente, se acercan más a la figura tradicional de trabajador dependiente y
no concurren en ellos requisitos esenciales del trabajador no subordinado. Asimismo, es
preciso apuntar la flexibilidad que el concepto de trabajador por cuenta ajena ha ido
experimentando debido a los cambios sociales que han afectado a su propia regulación. De
este modo, se permite considerar trabajadores subordinados a prestadores de servicios que no
presentan con firmeza las notas características de este tipo de relación recogidas en el ET pero
que, gracias a la adaptación del contrato de trabajo a las nuevas realidades sociales, no supone
un impedimento para su definición conforme al mismo.
2. El trabajador colaborativo de UBER
El modelo de negocio de ​Uber responde al de prestación de servicios por medio de una
plataforma digital. Se trata de una empresa que no solo ofrece una base de datos con listados
de prestadores y usuarios de un servicio -a través de una aplicación o página web-; el
verdadero objeto se sitúa en la propiedad de una plataforma digital o aplicación donde se pone
en contacto a personas (prestación de servicios) dispuestas a prestar un servicio de transporte
de pasajeros y usuarios que requieren del mismo. Su funcionamiento es bastante sencillo, a
través de una aplicación para un teléfono móvil, tanto los conductores como los futuros
clientes acceden para ofertar sus servicios o encontrar un listado de nombres de las personas
más cercanas dispuestas a prestarles el servicio de transporte, respectivamente. Aunque, en
principio, esto responda más a un modelo de empresa cuya función es únicamente de
intermediario entres las dos partes mencionadas el caso ​Uber merece un análisis más
exhaustivo sobre su funcionamiento y características antes de aventurarnos a establecer una
definición concreta de su naturaleza.
La relación entre la empresa y los conductores no se da por la contratación de la
primera a estos, sino que son considerados socios que colaboran con la empresa ofreciéndose
para que les incluyan en la lista de proveedores y los clientes que acceden a la plataforma
operada por ​Uber l​ os encuentren y puedan acceder a los servicios que estos ofertan. Es decir,
los conductores no están contratados por ​Uber,​ sino que simplemente la empresa los incluye
en una enumeración de transportistas de pasajeros y a cambio cobrará un porcentaje de cada
servicio que estos presten sirviéndose de su aplicación. Estos socios, que realizan el servicio
de transporte, se benefician de la demanda realizada por los usuarios que descargan y utilizan
la plataforma para encontrar un conductor en su zona dispuesto a trasladarle a otro punto de la
ciudad. ​Uber,​ como empresa, no ostenta la propiedad de los vehículos utilizados por los
colaboradores que prestan el servicio, sino que son estos los que utilizan su automóvil privado
para hacer efectivo su trabajo. Es decir, no posee una flota de automóviles que cede como
herramienta de trabajo a los conductores listados en su plataforma si no que ofrece unas
recomendaciones sobre qué automóviles se recomiendan para prestar el servicio a través de
aplicación. En España, la página web de la empresa establece los requisitos con los que deben
contar los vehículos de los conductores que posean licencia VTC cuya enumeración es la que
sigue: contar con un mínimo de cinco puertas, una antigüedad máxima de 6 años y no tener
más de 350.000 kilómetros, que se encuentre en perfecto estado y sea de color negro.
Respecto al color, para el caso de que el vehículo difiera del negro, recomiendan ponerse en
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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

contacto con uno de sus agentes antes de registrarse como conductor. Además, para aquellos
conductores que quieran entrar a operar con ellos y no dispongan de la mencionada licencia
ofrecen la oportunidad de unirse a lo que ellos llaman “flota” y se les prestara un vehículo
para que pueda realizar la efectiva prestación del servicio. Se trata de colaboradores ya
existentes de la empresa que, cuentan con un número determinado de coches y contratan a
gente para conducirlos. El contrato se produce entre el conductor y el colaborador de ​Uber s​ in
intervenir esta última en el citado acuerdo.
Hasta aquí, nada parece indicar que ​Uber a​ ctúe como un empresario respecto a los
conductores y, por lo tanto, deberíamos inclinarnos hacia la posición de no considerarlos
trabajadores dependientes, sin embargo, quedan muchos asuntos que analizar antes de
aventurarnos hacia un camino u otro. Uber, a​ unque opera bajo la regla antes establecida de
cuantos más colaboradores mejor, es previsora sobre la posibilidad de aceptar a conductores
no deseados estableciendo un proceso que todos ellos deben superar. Es decir, aunque, en
principio, cualquier persona que disponga de un vehículo pareciera ser un candidato apto para
participar en el intercambio llevado a cabo por esta empresa; esta, ha creado un sistema de
requisitos que deben cumplirse antes de autorizar ser uno de sus socios. Además de que el
coche con el que pretenden dar respuesta a las demandas de los usuarios de la plataforma
reúna las características anteriormente descritas, los conductores, deben proporcionar datos
como la licencia de conductor, si la poseen, el registro del coche y el seguro de este. También
puede solicitarse un examen sobre conocimiento del lugar donde van a operar o superar una
entrevista.
En cuanto al precio del servicio, no es negociable por parte del conductor o del
usuario, sino que viene fijado con anterioridad a que este se efectúe. Es ​Uber quien se encarga
de fijarlo y ofrece en su propia página web una calculadora de la tarifa que tiene en cuenta
parámetros como la distancia del trayecto para ofrecer al cliente una estimación del precio que
tendría. Las propinas al conductor no están permitidas y, como ya se ha indicado, la empresa
obtiene su beneficio por viaje realizado llevándose, según datos de su propia página web, un
4
25% del precio final del trayecto . Además, cuenta con diferentes servicios con características
diversas para que el usuario se acoja al que mas de adapte a sus necesidades. Los llaman tipos
de viaje y su denominación es: ​económico,​ ​premium,​ ​accesibilidad y ​compartir coche.​ La
diferencia entre los dos primeros es, lógicamente, el precio de este que será superior en el
premium y el coche contará con mejores requisitos ya que están destinados a viajes de placer
o negocios y catalogados por la propia empresa como “de lujo”. Por otro lado, el tipo de viaje
llamado ​accesibilidad está destinado para personas con problemas de movilidad o familias
que viajen con niños y requieran de sillas homologadas para aquellos. los coches que presten
este servicio estarán adaptados para estos grupos de personas y sus necesidades. El tipo de
viaje denominado ​compartir coche está pensado para viajeros que decidan compartir vehículo
y gastos con otras personas que se dirijan al mismo destino. Dentro de los tres primeros tipos
de viaje mencionados hay distintos subgrupos con características específicas por lo que ​Uber
ofrece bajo un mismo servicio distintas modalidades para que el cliente se adapte a uno u otro
en función de sus exigencias.
En cuanto a la relación existente entre la empresa y los conductores hay que hacer
mención de unas cuestiones que van a ser determinantes para poder calificar su naturaleza de
una manera apropiada. Como se ha venido aclarando en puntos anteriores de este estudio,
Uber utiliza un sistema de valoraciones de sus conductores por parte de los clientes así,

4
https://www.uber.com/es-AR/drive/buenos-aires/resources/preguntas-frecuentes/.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

cuando un usuario finaliza su viaje, puede valorar al chofer (MERCADER UGUINA, 2017,
pág. 6). Además, esto permite que la persona que entra en la aplicación para solicitar el
servicio pueda observar las valoraciones de los prestadores disponibles y elegir de acuerdo
con estas. Este sistema de reputación permite a la empresa conocer cuáles de sus socios
reciben valoraciones negativas y puede actuar en consecuencia con este hecho. Asimismo, si
un conductor recibe puntuaciones bajas en repetidas ocasiones ​Uber puede desautorizar su
acceso a la aplicación y no permitirle seguir siendo un colaborador ni prestar el servicio a
través de su plataforma. El conductor, por su parte, tiene plena libertad para elegir cuando
presta el servicio y cuando no, ajustándose sus propios horarios y reservándose la posibilidad
de aceptar o no el encargo de realizar un determinado trayecto. La empresa programa
promociones especiales para socios que cumplan unas determinadas exigencias, por ejemplo,
conducir un número determinado de horas en puntos altos de demanda o en días festivos. Se
trata de incentivos para que los colaboradores presten el servicio en momentos en los que,
dado el carácter flexible de la aceptación de trayectos, podría darse la situación de tener pocos
5
conductores activos cuando la demanda, por el contrario, se dispara .
Además de estos incentivos o promociones, ​Uber ​establece un “Manual del
conductor” que, aunque no es de aplicación obligatoria para el conductor, le ofrece un listado
de comportamientos recomendados. Algunas de estas sugerencias son “vestir de forma
profesional, que la radio esté apagada o con música suave de Jazz, abrir la puerta al cliente
para que entre en el vehículo y que se tenga preparado un paraguas en caso de lluvia para que
el cliente no se moje al entrar o salir del vehículo” (TODOLI SIGNE, 2016, pág. 5). Además,
en el citado manual, se propone a los conductores que acepten todos los servicios que se le
soliciten y que, se podrá desautorizar al socio en la aplicación si rechaza demasiados viajes.
Asimismo, si un conductor no realiza ningún servicio durante un periodo de tiempo, podrá ser
desactivado de la plataforma con la salvedad de que solo necesitará su reactivación para
volver a encontrar en activo. Estas propuestas presentadas por la empresa a los conductores
que colaboran con ella, como se ha señalado, no vinculan al conductor de manera imperativa,
pero sugieren su cumplimiento si se pretende seguir prestando servicios sirviéndose de la
plataforma propiedad de ​Uber. La inhabilitación del conductor para trabajar por medio de esta
herramienta podría ser equiparada a un despido o una sanción disciplinaria y nos acercaríamos
a la posibilidad de determinar que la propietaria de la infraestructura es empresario respecto
de los conductores y estos, por tanto, trabajadores ya que a través de esta manual de conducta
se les están ofreciendo instrucciones sobre cómo realizar la prestación y consecuencias de que
no se lleve a cabo del modo que en el mismo se establece.
Otra característica de la relación entre los conductores y ​Uber es la de determinar
quién asume las cargas fiscales y otros gastos. En principio, si se tratara de trabajadores
dependientes los gastos relacionados con tributaciones de los prestadores, con herramientas de
trabajo y otras contingencias ocasionadas en el puesto de trabajo deberían correr a cargo del
empresario; por el contrario, si la empresa propietaria de la plataforma se dedicará únicamente
a hacer una función de intermediario serían los usuarios y colaboradores quienes deberían
hacer frente a estos gastos. En el caso que nos ocupa, centrado ahora en la empres ​Uber​, es el
conductor quien debe asumir gastos relacionados con el servicio realizado, es decir, los gastos
relacionados con su medio de trabajo, el vehículo, o los relativos a su contribución con la
Seguridad Social. Pues bien, el chofer debe hacerse cargo del cuidado del automóvil,
revisiones que precise, gastos de gasolina, pago de impuestos como el de vehículos de
tracción mecánica y el contrato de un seguro. Parece indicar lo anterior que no existen

5
​https://www.uber.com/es-AR/drive/buenos-aires/resources/preguntas-frecuentes/​.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

ajenidad en los medios, pues es el “presunto trabajador dependiente” que asume la realización
de estos y quien debe proveerse de que la herramienta de trabajo se encuentre operativa. Cabe
señalar que ​Uber facilita una de estas tareas ofreciendo al conductor un seguro a un precio
más bajo que el de mercado gracias al convenio que mantiene con una aseguradora (TODOLI
SIGNE, 2016, pág. 6).
Antes de determinar cuál es la efectiva naturaleza de ​Uber r​ especto de sus socios
conductores y afirmar o desmentir que funcionen como un empresario y que, por lo tanto, los
colaboradores presentan en su prestación de servicios con ella todas las notas características
de lo que debería considerarse un trabajador independiente conviene hacer una precisión
respecto a la situación actual de ​Uber e​ n España. Se ha advertido en un momento anterior que
esta empresa que opera a través de una plataforma digital cuenta con distintos modos de viaje
que no son sino distintas modalidades de prestación del servicio de transporte de personas.
Uno de los servicios que ofrece es el conocido como ​Uber​, que fue con el que esta empresa
entró en el mercado español en el año 2014. Tras una batalla legal provocada por las quejas
que los profesionales del sector del taxi vertieron, este servicio dejó de estar operativo en
nuestro país. En 2016, ​Uber,​ emergió de nuevo en nuestro territorio a través del servicio
UberX que opera con conductores profesionales que cuentan con licencia VTC. El primero de
los servicios, considerado ilegal por no encontrar una regulación aplicable en nuestro país, es
el que se sirve de conductores particulares que ofrecen la prestación de un servicio de
transporte de personas con su propio vehículo mientras que el segundo de ellos, ​UberX,
cuenta con conductores profesionales que se dedican al servicio de transportes y cuentan con
una licencia VTC o incluso una flota de vehículos con los que poder contratar trabajadores
para prestar el servicio. Es el caso de ​UberPop el que aquí se estudia, puesto que es el que
supone un reto para el legislador y demás operadores jurídicos y para particulares.
A pesar del riesgo de alejarse del objeto de este trabajo, o sea, la economía
colaborativa desde el punto de vista del derecho del trabajo, conviene realizar un pequeño
análisis de cómo afecta a la competencia la instrusión en el mercado de este tipo de empresas
y si incurren en un acto de competencia desleal. ​UberPop n​ o se ajusta a ninguna de las dos
posibilidades que ofrece la legislación nacional para prestar el servicio de transporte de
personas; es decir, no ofrecía el servicio de transporte mediante una licencia de taxi ni una
VTC por lo que estaba incurriendo en un acto de competencia desleal por infringir las normas
que regulan una determinada actividad tal y como estipula el artículo 15.2 de la Ley de
Competencia Desleal (CHAMORRO DOMÍNGUEZ, 2017, pág. 7). Esta situación alertó a los
competidores más directos, los taxistas, que reclamaron que los tribunales españoles
determinaran que la forma en la que esta empresa estaba operando eran contraría a la
normativa que regula este tipo de servicio de transporte de viajeros. La posibilidad de solicitar
licencias de arrendamiento de vehículos con conductor o VTC empezó a ser un tema
controvertido cuando empresas como las aquí estudiadas empezaron a solicitarlas y el sector
del taxi empezó a ver comprometida su situación al ver como su posición dominante en el
mercado de transporte de viajeros se estaba viendo afectada. Como un intento de recuperar
cierta proporcionalidad entre el sector del taxi y los nuevos operadores colaborativos que
prestan el servicio mediante las denominadas licencias VTC se promulgó el Real Decreto
1057/2015, de 20 de noviembre, por el que se modifica el Reglamento de la Ley de
Ordenación de los Transportes Terrestres. Este decreto introdujo una serie de limitaciones
como la restricción de la concesión de licencias de arrendamiento de vehículos con conductor
a un ratio de una por cada 30 licencias de taxi otorgadas, el establecimiento de un mínimo de
7 vehículos para constituir una flota, determinadas condiciones a cumplir por los vehículos

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

sobre los que se otorga la autorización como la capacidad máxima de 9 plazas, un tamaño
mínimo establecido o no superar una vida útil de 10 años. Existen otras restricciones
relacionadas con la forma en la que el servicio debe ser operado estableciendo, además de una
exigencia de que la prestación esté previamente solicitada por el viajero no pudiendo recoger
a clientes a pie de calle de manera espontánea, un requisito adicional respecto al lugar donde
el trayecto ocurre. De esta manera se exige que los conductores con licencia VTC deban
realizar trayectos en los cuales al menos un 80% del mismo transcurra dentro de la
Comunidad Autónoma o población en que hayan adquirido su autorización.
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (en adelante CNMC)
observó que esta norma establecía restricciones a las empresas colaborativas que operan con
licencias VTC que no se imponen a los conductores del sector del taxi e interpuso un recurso
ante la Sala Tercera del Tribunal Supremo que ha dado lugar a una sentencia en la que se
avalan las restricciones establecidas en el Real Decreto. Se trata de la sentencia 921/2018 de 4
de junio de 2018 que en su fundamento de derecho sexto resume de la siguiente manera los
motivos alegados contra el citado decreto por parte de la CNMC y el resto de recurrentes: “a)
su falta de justificación al no estar amparadas por una razón imperiosa de interés general; b) el
carácter desproporcionado o discriminatorio de las mismas; y c) su carácter económico o su
finalidad de ordenación o planificación de un sector”. Para la CNMC el servicio prestado por
taxistas y conductores con licencia VTC es el mismo y por lo tanto no hay justificación
posible a la disposición de restricciones distintas para los últimos sino la intención de proteger
económicamente al sector del taxi permitiendo que su situación de monopolio no se vea
afectada por la entrada de nuevos competidores. La respuesta otorgada por el Supremo no es
otra que advertir que, a pesar de que los servicios prestados por los taxistas no han sido nunca
considerados un servicio público, se trata de un servicio considerado tradicionalmente de
interés general y de un sector en el que existe muy numerosa regulación en relación con
tarifas y limitación del número de licencias a conceder. Toda esta normativa en relación con
el servicio de transporte prestado por taxis, aunque tiene como finalidad proteger la calidad
del servicio y su forma de organización, ha provocado que se incremente el coste a asumir por
el conductor. De este modo, la supuesta discriminación establecida por el RD 1057/2015 no
es tal sino una protección para evitar que los conductores colaborativos, cuya prestación, en
principio, no es tan costosa, acaparen la mayoría de los servicios al serles posible ofrecerlos a
un precio más rentable que al taxi.
Además de justificar las restricciones a la cantidad de licencias VTC a conceder y
otras limitaciones impuestas a los prestadores del servicio de transporte, la citada sentencia se
ocupa de determinar que los recurrentes no se oponen a la necesidad de obtener una
autorización administrativa para operar en este mercado. La importancia de este asunto reside
en la distinción, ya establecida, entre empresas prestadoras de servicios y aquellas destinadas
a realizar un papel de mediadora. La cuestión de la exigencia de obtener una licencia que
habilite para la prestación del servicio de transporte mediante el arrendamiento de un vehículo
con conductor diferenciándolo de manera tajante de aquellos servicios en los que no se alquila
un coche o se demanda a un chofer sino que únicamente se comparte de manera colaborativa
el uso de un vehículo quedó zanjada por la ​sentencia del TSJUE de 20 de diciembre de 2017,
C-434/15, Asunto Asociación Profesional Élite Taxi y Uber Systems Spain S.L. en ella se
resuelven cuestiones prejudiciales planteadas por el Juzgado de lo Mercantil número 3 de
Barcelona a raíz de un asunto en el que se cuestionaba la necesidad de que ​Uberpop ​requiriese
o no de una licencia administrativa para realizar sus servicios, al igual que el tradicional taxi,
o si, de otra manera, el servicio prestado por esta empresa no era de transporte sino de medio

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

de información y publicidad para sus usuarios y colaboradores de tal modo que no suponían
una competencia para las empresas que venían prestando el servicio de transporte de personas
sino un simple medio para que prestadores y clientes pudieran tener un punto de encuentro
(SÁNCHEZ-URÁN AZAÑA, 2018, pág. 8).
Esta sentencia supuso un punto de inflexión determinante a la hora de establecer qué
conductores debían contar con una autorización para poder prestar el servicio de acuerdo a la
normativa y cuales no precisaban de licencia por no prestar un servicio de transporte ya que
únicamente ofrecen, a cambio de compartir los gastos del viaje, las plazas libres de su
vehículo para otros usuarios que vayan a realizar el mismo trayecto. Estamos, por lo tanto,
ante la disyuntiva creada por empresas como ​Uber y​ ​Blablacar q​ ue, operando ambas en el
ámbito de la economía colaborativa, presentan condiciones distintas aunque en torno a una
actividad semejante. El TSJUE establece una serie de condiciones que permiten trazar una
frontera entre aquellas empresas que ofrecen un verdadero servicio de transporte y aquellas
que únicamente ofrecen una información a cerca de conductores dispuestos a compartir su
coche. La clave para establecer la distinción se encuentra en si se trata de una empresa que
ofrece únicamente un servicio de la sociedad de la información o, si por el contrario, también
es responsable del servicio que finalmente se lleva a cabo a través de su plataforma digital. La
forma de establecer por tanto esa vinculación con el servicio prestado puede venir establecida
por el control y dirección ejercidos por la empresa a los prestadores debiendo examinar
detalles como si se encarga de la fijación del precio del servicio, si establece requisitos sobre
las condiciones que debe reunir el vehículo o la exigencia de otros requisitos para poder
trabajar a través de su aplicación (CHAMORRO DOMÍNGUEZ, 2017, pág. 10). De este
modo, los transportistas que operen por medio de una empresa que responda a estos
esquemas, estarán realizando un transporte terrestre de viajeros con una normativa específica
que les obliga a obtener previamente una licencia.
El funcionamiento de la estructura manejada por la empresa nacida en Francia​, ​difiere
en bastantes cuestiones del definido anteriormente propio de ​Uber. ​La diferencia esencial
entre ambas radica en la distinción anterior de tal modo que mientras que la primera se basa
en el consumo colaborativo de un automóvil, la segunda ofrece un servicio de transporte en el
que el principal fin es el lucrativo. La interfaz presentada por ​Blablacar, ​pretende recordar,
según sus propias consignas publicitarias, a una red social en la que sus usuarios encuentren
formas de compartir gastos en un viaje adquiriendo las posiciones de propietario del vehículo
y pasajeros pero sin la intención del que primero esté prestando un servicio de transporte
respecto de los últimos sino que su objetivo es el de interrelacionar necesidades
complementarias y reducir, compartiéndolos, los costes del viaje. No es la finalidad de esta
empresa la de ofrecer un servicio de transporte o poner a disposición del usuario un servicio
de conductores, sino el poner en contacto a usuarios que vayan a realizar trayectos iguales
para que puedan asumir los gastos de manera participativa. De este modo no presenta
condiciones de sospecha de laboralidad como en el caso de ​Uber donde el conductor realiza el
viaje solo porque el cliente así lo solicita y no lo haría si no tuviera que prestar ese servicio, el
conductor de consumo colaborativo va a realizar el trayecto encuentre compañeros de gastos o
no, lo que le aleja de ser un conductor profesional. Los efectivos conductores de un viaje
organizado a través de ​Blablacar ​no están realizando ningún servicio y por lo tanto, no
precisan de una autorización para ello ni mantienen una relación de carácter laboral con la
empresa. Todo esto permite englobar a esta empresa dentro de lo que se han definido
anteriormente como consumo colaborativo mientras que ​Uber r​ esponde al denominado
crowdsourcing.​

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

Sin embargo, esta empresa de servicios de transporte, no es la única que adopta una
posición competidora con el sector del taxi ya que ​Cabify es otra empresa que, establecida
bajo la economía colaborativa, se dedica al mismo ámbito y presenta muchas más similitudes
que ​Blablacar. ​Esto es debido a que, como se ha explicado, el servicio que actualmente está
prestando en España ​Uber cuenta con conductores que deben disponer de una licencia para
poder realizar la prestación y ha abandonado la fórmula que permitía que cualquier conductor
prestara el servicio​. Ambas sociedades basan su modelo de negocio en la innovación
tecnológica y es su aplicación la base de todo su funcionamiento debido a que es a través de
ella cómo consiguen satisfacer a los usuarios ofreciéndoles un listado de los conductores de la
empresa que se encuentren más cercanos a su ubicación. Ambas establecen requisitos a
cumplir por el vehículo con el que se pretende prestar el servicio, además de la posesión de la
licencia VTC; ambas establecen de un modo u otro recomendaciones sobre calidad a cumplir
por los conductores; fijan el precio del servicio aunque lo hacen de manera distinta, mientras
que ​Uber cobra en función de los minutos y de los kilómetros, ​Cabify lo hace solo en función
de los kilómetros recorridos cobrando un precio inferior para los 20 primeros y aumentando la
tarifa si el trayecto excede de esa distancia. El precio del viaje es cobrado directamente por la
empresas que reciben una comisión por cada trayecto e ingresan el porcentaje restante al
prestador.
En cuanto a la situación ​de ​Uber e​ n España queda configurada de la siguiente manera:
habiendo dejado de prestar un servicio en el que cualquier particular sin autorización
administrativa podía prestar un servicio de transporte a otro particular mediante su aplicación
y operando desde 2016 como una empresa que ofrece a conductores profesionales con
licencia VTC para el transporte terrestre de sus clientes o usuarios, parece quedar zanjado que
se ha posicionado como un competidor directo, junto a otras empresas como ​Cabify, ​para el
sector del taxi. Esto produjo un clima de irritación ya que ​los bajos precios que estas dos
empresas disponían para los trayectos supuso un duro golpe para el consolidado sector que
debido a las especialidades que presenta en cuanto a regulación no era capaz de competir con
ellos. ​Por ello se interpusieron reclamaciones judiciales para que los tribunales se
pronunciaran sobre la determinación jurídica de estas empresas y, más tarde, sobre la
exigencia de restricciones que impidieran que la competencia se configurara de una forma leal
y de acuerdo a la normativa. A la vista de lo determinado por estas dos sentencias se ha dado
un paso más en la configuración del el panorama actual en cuanto al servicio de transporte
urbano se refiere.
La sentencia 921/2018 del TS ha zanjado la polémica existente respecto a esta
actividad afirmando y respaldando las limitaciones impuestas por el RD 1057/2015 a los
conductores que operan con licencia VTC. Sin embargo, las restricciones en la concesión de
autorizaciones, aunque en principio benefician a los taxistas y no tanto a estas empresas
colaborativas, suponen un acotamiento del mercado estableciendo una barrera de entrada que
favorece también a operadores como ​Uber. La limitación a la hora de conceder licencia VTC
permite a estas empresas posicionarse dentro del mercado con la confianza de que la entrada
de nuevos competidores afecte a su cuota de mercado y este es el motivo por el que el único
agente a quien no convence la resolución judicial sea la CNMC puesto que encuentra en las
restricciones un veto a la entrada de nuevos operadores y un cierre de la competencia.Por su
parte, la sentencia del TSJUE ayuda a la distinción entre empresas que prestan un verdadero
servicio de intermediación de aquellas que además son responsables del servicio que
finalmente se presta mediante su aplicación informática.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

II. Propuestas de cambio


Ahora sí, habiendo aclarado cómo es la relación del conductor con la empresa ​Uber, ​se
puede tratar de dar una respuesta a su naturaleza jurídica. Tras lo visto hasta ahora, no
parecería extraño que se calificara la relación mantenida entre ​Uber y sus colaboradores como
la propia entre un empresario y sus trabajadores puesto que presentan en mayor o menor
medida muchas de las notas definitorias de un trabajador dependiente, sin embargo, otras
características les aleja de la definición tradicional de trabajador dependiente a los efectos de
la definición establecida en el ET ya que presentan especialidades que requieren de una
regulación más específica que se ajuste a estas particularidades.
El futuro de Uber viene marcado por el cambio. Los pronunciamientos judiciales que
se han llevado a cabo hasta la fecha suelen responder a realidades que están en proceso de
cambio. Esto es, se está estudiando una situación del pasado que nada tiene que ver con el
futuro ya que debe advertirse que, sentencias como las analizadas, no presentan ya un interés
jurídico para la situación de ​Uber ​en España debido a que, como ya se ha advertido, cambió
su forma de funcionamiento de una plataforma en la que cualquier conductor podía prestar
servicios a una en la que solo se permite realizar esta prestación a transportistas que cuenten
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con licencia VTC o propietarios de flotas de vehículos que posean dicha licencia .
Con todo, aunque la STJUE de 20 de diciembre de 2017 no establece una definición y
clasificación jurídica de los negocios establecidos bajo el amparo de la denominada economía
bajo demanda y, en consecuencia, no aclara la situación que ocupan los colaboradores que
realizan una prestación a través de los servicios que estas ofrecen, si que aclara algunos
extremos sobre la empresa Uber en concreto respecto a su valoración y naturaleza jurídica que
pueden ser, además, en algunos supuestos, extrapolables a otros negocios (SÁNCHEZ-URÁN
AZAÑA, 2018, pág. 9).
El TJUE concluye en su apartado 38 que ​Uber, además de hacer de mediador entre
prestadores y usuarios, ofrece a través de su plataforma digital un servicio de transporte
siendo, por lo tanto, no solo propietario del primero sino también de este último. Esto implica
que, el creador de la oferta del servicio de transporte es la propia empresa y no el colaborador
individual que finalmente realiza la prestación por lo que sería un trabajador a cargo de ​Uber
y no un simple colaborador. Lo anterior, unido a lo establecido en el punto anterior de este
estudio, hace responsable a la empresa en cuanto al ámbito laboral se refiere, de los que ella
llama sus colaboradores y, a su vez, implica que está esquivando la normativa laboral al no
aplicar una regulación que le es de aplicación al ser un empresario con trabajadores a su cargo
y no una empresa que reúne a otras entidades o particulares independientes sin ningún tipo de
relación laboral entre ellos.
La sentencia destaca tres aspectos presentes en la configuración de ​Uber ​que ayudan a
inclinarse hacia su laboralidad y no la simple cooperación entre empresarios o agentes: la
existencia del mencionado proceso de selección de conductores que es claramente un proceso
de selección que no se encontraría presente en una empresa que simplemente base su objeto
en la formación de una base de datos de transportistas; el servicio de transporte se da
exclusivamente gracias a la aplicación ofertada por ​Uber de tal modo que le convierte en
responsable directo del servicio prestado a través de esta plataforma que no es otro que el
transporte en sí que no podría tener lugar si no existiera ese medio; y, por último, este servicio

http://www.abc.es/economia/abci-uber-sentencia-tjue-no-tiene-ninguna-implicacion-practica-porque-negocio-var
io-2016-201712201414_noticia.html

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

de transporte es organizado en cuanto a funcionamiento y modo de realización por esta


empresa sin que puedan los propios prestadores cambiar la forma en la que este es llevado a
cabo o tomar decisiones sobre el precio o la calidad del vehículo utilizado por ser aspectos
que ​Uber ​regula previamente.
El TJUE, arroja algo de luz sobre el supuesto concreto de ​Uber acercando su
definición a la laboralidad como se ha venido haciendo en este presente análisis pero,
habiendo, en el punto anterior, descartado la clasificación dentro de las categorías de
trabajador dependiente básico y trabajador por cuenta propia, la solución por la que nos
inclinamos y la propuesta a la que se llega tras este estudio es a la calificación de la relación
entre ​Uberpop y los conductores que realizan una prestación por medio de su aplicación
como una relación laboral especial. La jurisprudencia y el legislador tienden a realizar una
interpretación extensiva del ET de tal modo que, relaciones con sospecha de laboralidad
siempre que reúnan ciertas características básicas sean definidas preferiblemente como laboral
antes que propiciar su exclusión del ámbito de regulación del derecho del trabajo.
Al principio del capítulo anterior de este estudio se hizo referencia a las relaciones
laborales especiales estableciendo que el artículo 2 del ET, que establece una enumeración
ejemplificativa de las mismas, está creado para responder a la necesidad que algunos vínculos
laborales experimentan por su especialidad de una regulación específica al margen del propio
ET. Esto supone que, salvo de manera subsidiaria en defecto de regulación concreta, la
regulación contenida en la norma laboral básica no les es de aplicación directa, sino que se
aplica una normativa creada específicamente para la determinada actividad considerada
especial. Incluir a ​Uber ​y el servicio de transporte que ofrece de manera digital implicaría
dotarla de laboralidad y, consecuentemente, convertir el contrato que une a los transportistas
que prestan el servicio en laboral y no mercantil. Si los conductores pasan a ser considerados
trabajadores su situación sería radicalmente diferente a la que ahora ocupan.
Los antiguos colaboradores, que una vez creada la nueva normativa respecto a Uber
pasarían a ser trabajadores a cargo de esta empresa, gozarían de una situación laboral
configurada por la nueva regulación requerida que, siguiendo al profesor Todolí Signe en su
artículo El trabajador en la «Uber economy»: ni dependiente ni autónomo, sino todo lo
contrario, debería pronunciarse sobre una serie de cuestiones que los diferenciaría de un
trabajador dependiente ordinario y que se analizarán seguidamente.
La primera de ellas estaría íntimamente ligada a la dependencia y versaría sobre las
instrucciones dirigidas al modo en el que el servicio debe ser prestado. Para delimitar cuando
un trabajador que realiza una prestación por medio de una plataforma digital operada por otra
empresa debe ser considera trabajador dependiente o trabajador dependiente en protección
especial deberá explicitarse en la normativa que regule el estatuto de este último tipo la
imposibilidad de dictar directrices salvo aquellas imprescindibles. De este modo, cuando una
empresa a cargo de un tipo de estas aplicaciones digitales dirija instrucciones precisas sobre el
modo de prestación del servicio, en el caso de ​Uber ​de transporte, estará manteniendo una
relación con el colaborador que se ajusta a la figura del trabajador subordinado; mientras que,
aquellas que permitan al conductor o colaborador, en general, realizar la prestación en los
horarios y en la forma que ellos mismos dispongan, se encontrarán dentro del ámbito de
aplicación de esta nueva normativa que se requiere si se acepta al tesis de crear un nuevo tipo
de relación laboral en protección especial.
Al faltar la subordinación al menos de una manera completa se producirían dos efectos
que deberán estar contenidos en la redacción de esta normativa. El primero de ellos sería la

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

descarga de responsabilidad del empresario de aquellos daños cometidos por el colaborador


de la plataforma o trabajador en protección especial durante la prestación del servicio que
pasaría a ser un aspecto asumir por este último. Así, el conductor de ​Uber sería responsable
de los daños producidos por un accidente durante un servicio o daños sufridos por la propia
plataforma por conductas inapropiadas del conductor. El segundo de los efectos supondría la
necesidad de permitir al conductor trabajar con varias plataformas con objeto similar. Esto se
debe a que, como se estableció al describir este tipo de empresas, tienden al monopolio lo que
implicaría que, si pudieran firmar clausulas de exclusividad con los trabajadores podría
acumular a la totalidad del mercado eliminando la competencia. Por este motivo parece
aconsejable permitir en esta normativa que los conductores, o cualquier otro trabajador bajo
demanda, pudieran trabajar con una o varias plataformas a su antojo y sin restricciones por
ninguna de ellas y, por lo tanto, incidir en la innecesaria dependencia en cuanto a fijación de
horario y jornada puesto que el trabajador debe estar en disposición de distribuir su tiempo
entre plataformas libremente. Si bien, como bien apunta el profesor Todolí, deberá fijarse
unas horas máximas de duración de la jornada laboral para no facilitar un exceso en la carga
de trabajo individual y permitir un reparto más equitativo de los servicios solicitados por los
usuarios.
Por último, además de esa regulación máxima sobre la duración de la jornada se
establece una controversia sobre si se deberá establecer un mínimo salarial para estos
trabajadores. Mientras que al no existir dependencia en cuanto a los ritmos y carga de trabajo
respecto de la empresa, el establecer un salario mínimo podría estar premiando a trabajadores
que pueden libremente decidir no realizar ningún tipo de prestación y aún así se benefician de
una salario establecido; es cierto que, el estar a disposición de un empresario que basa su éxito
en la confianza que los usuarios depositan de saciar sus necesidades respecto a un servicio de
forma segura mediante el uso de su aplicación, debería estar recompensado de alguna manera
aunque la carga de trabajo no sea grande a pesar de estar en activo. Esta duda sobre la
procedencia de establecer un salario mínino a este tipo de trabajadores debe ser zanjada por la
normativa que se cree para regular su situación jurídica respecto a la empresa para la que
prestan servicios.
En el caso concreto de ​Uber, que ha protagonizado este estudio, podrían añadirse
además de las anteriores otras notas a la norma que se encargue de regular la situación de los
prestadores del servicio de transporte a través de plataformas digitales con el empresario que
opera estas. Una de las necesidades en relación a lo anterior sería la de introducir una clara
definición de lo que se considerará transporte participativo, en el que un conductor particular
cede el uso puntual de su vehículo para compartir trayecto, y que se encontraría al margen de
la regulación concreta por no crearse relaciones de carácter laboral con la propietaria de la
plataforma; y aquellos otros transportes realizados por conductores profesionales que no
realizan ningún consumo colaborativo sino que son verdaderos prestadores de servicios y si
presentan rasgos de laboralidad en la relación con la empresa que dispone la plataforma
digital de la que hacen uso. Esta normativa deberá ser clara y sentar unos parámetros
fácilmente identificables que estén presentes en una y otra categoría para poder excluir de la
calificación de laborales a relaciones que sí deberían ser consideradas tal.
Cuestión distinta es determinar cuál es la línea que separa estas dos modalidades de
prestación del servicio de transporte que mantienen un gran auge en el mercado y que están
encontrando un lugar en el que no solo mantenerse sino reafirmarse como dominante. Una
forma de dibujar esa frontera podría ser acudir a fórmulas de limitación de los servicios
estableciendo un número mínimo de prestaciones para pasar a ser considerado profesional y

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

poder ampararse en esta nueva regulación, es decir, si el conductor realiza más de un número
predeterminado de servicios dejará de ser considerado un conductor colaborativo y pasará a
ser un conductor profesional (VELASCO SAN PEDRO, 2015, pág. 6).

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

CONCLUSIÓN

A la vista del estudio realizado partiendo de las relaciones de trabajo en general,


pasando por los nuevos modelos empresariales establecidos en el mercado nacional gracias al
auge experimentado por la nuevas tecnologías y su implantación en la gran mayoría de los
sectores de las sociedad y terminando con un ejemplo concreto, el de ​Uber,​ se ha establecido
una serie de posibles soluciones al problema que se planteó al principio de este comentario, es
decir, el limbo jurídico en el que se encuentran los colaboradores de aquellas empresas que
tratan de ser un simple intermediario entre usuarios y prestadores de un servicio pero que, sin
embargo, establecen una relación colmada de rasgos laborales con los propios colaboradores.
La justicia está realizando una ardua tarea para tratar de solucionar esta situación de
incertidumbre que afecta a un gran número de operadores y que produce un contexto de
inseguridad jurídica en infinidad de sectores y ámbitos de la sociedad y que propone un reto al
legislador para adaptar el ordenamiento jurídico o ampliarlo para dar cabida a las nuevas
relaciones surgidas en esta revolución digital. Esta labor, no está sucediendo únicamente a
nivel nacional, sino que, como se ha señalado, se produce también a nivel europeo e
internacional. Cuando se asiente la reciente jurisprudencia en la materia, tal vez debería ser el
legislador quien de un paso adelante y ajuste la normativa vigente a las nuevas realidades que
se derivan de la economía colaborativa.
En este estudio se plantean posibles definiciones de las relaciones derivadas de esta
nueva forma de economía y se realiza un análisis comparativo entre la normativa española
vigente y las características presentes en los vínculos existentes entre las empresas
intermediarias y los colaboradores que prestan servicios a través del instrumento ofrecido por
las primeras. Aunque existan similitudes con la definición de los trabajadores dependientes y
con aquellos denominados como autónomos, parece más apropiado, habría que valorar si, en
casos como el de ​Uber, habría que incluir una nueva relación laboral especial en el artículo 2
del ET.
El estudio de la situación de ​Uber puede trasladarse a todas aquellas empresas que
presenten sospechas de posible laboralidad y, entonces, podría llegar a determinarse si se
requiere de normativas distintas y especiales para cada sector o empresas según como se
plante su relación los sujetos que hacen uso de sus servicios o si una única norma o ley podría
recoger una regulación aplicable a todas aquellas empresas que, presentando rasgos
definitorios similares o idénticos, quedarían englobados en un único apartado del artículo que
enumera las relaciones laborales especiales.
En suma, la necesidad de una regulación específica para las nuevas relaciones surgidas
por la irrupción de las nuevas tecnologías en sectores que estaban anteriormente definidos
como laborales, es una realidad y requiere de atención inminente por parte de los operadores
jurídicos debido a la situación de inestabilidad que supone la ausencia de una definición
satisfactoria para aquellas. De esta manera, una vez que se elimine el clima de inestabilidad
que invade relaciones que, antes de la entrada de las tecnologías digitales en ellas, se podrá
acabar con conflictos existentes entre distintos operadores relacionados con estos servicios.

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El impacto de la economía colaborativa en el ámbito laboral.​Gómez Martínez, Beatriz.

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