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Centro Universitario Regional Zona Atlántica

Carrera: Ciencia Política

Asignatura: Ética Política

Año: 2019

Profesora: Medvedev, Eliana

Alumno: Berraz Oroño, Leandro


ETICA A NICOMACO
Guía de lectura
Libro I
1) Cuál es el fin de las acciones humanas?
2) En que consiste la felicidad verdadera?
3) En que consiste la virtud? Virtudes éticas y dianoéticas.
4) Que es el bien?
5) Que tipos de fines existen para Aristóteles?
6) Para que deseamos cosas?
7) Cuál es la relación entre la felicidad de la polis y la de los hombres?
Libro II
8) En que consiste el estudio de la ética?

9) Cuál es la naturaleza de las virtudes dianoéticas y de las virtudes éticas.

10) Cuál es la relación entre virtud ética y el término medio aristotélico?


11) Cuál es la relación entre la virtud y los otros tipos de saber?
Libro VI
12) Cuál es la relación entre las virtudes dianoéticas y la Sabiduría –ciencia,
saber teórico- y con el saber práctico -arte y prudencia-
Libro VIII
13) Que considera acerca de la Amistad?
14) Cuáles son las distintas clases de amistad?
15) Cuál es la relación entre las mismas y los distintos regímenes políticos.
Libro I

1) El fin al que se empeña uno en llegar mediante la acción es el “bien supremo” o “sumo
bien”, que, para Aristóteles, es “hacia lo cual tienden todas las cosas”. Aún habiendo una
serie de fines a los que se busca arribar, no es menos cierto que aquellos sean tales con
arreglo a un fin superior, que les da sentido y que justifica nuestra búsqueda porque,
precisamente, nuestro objetivo no es amalgamar ad infinitum una serie de cosas con vistas
a otras mejores y así, sino que la fortaleza de nuestros actos reside en el bien per se.

2) La felicidad, en Aristóteles, es aquel bien supremo que pretende ser obtenido mediante
el obrar y, en efecto, vivir bien. En rigor de verdad, el estagirita se opone a Platón y
rechaza la trascendencia de un bien en sí y, en ese sentido, su supuesta universalidad.

De esa manera, antes que procurar el bien en sí, el individuo busca el bien propio. El bien
y el fin (telos) coinciden entre sí. Sin embargo, también es válido decir que en cada acción
nos proponemos cosas mayores según de qué se trate, revistiendo cada propósito de una
importancia superior o inferior llegado el caso. Por eso es por lo que existen fines de
mayor y menor importancia.

El orden lo encontraremos en, de hecho, un “fin último”, bajo el cual todos los demás
fines deben quedar subordinados. La felicidad (eudaimon) será ese “fin de fines”, el
absoluta y auténticamente querible e impostergable por sí mismo.

Sin embargo, ¿cómo se llega a la tan anhelada felicidad? Hay visiones disimiles sobre
esto. Por eso es por lo que, para la mayoría, la felicidad puede ser alcanzada mediante tres
cosas: las riquezas, los honores y los placeres. Aristóteles niega que estos sean verdaderos
caminos hacia el telos, indicando que cada una de estas cosas son tan solo instrumentos
(medios) para otros fines.
La cuestión está entonces en preguntarse qué es lo propio del hombre, en vistas a la
excelencia o perfección de la actividad propia de cada cosa y que en griego se dice areté
(virtud). Para Aristóteles, el hombre logrará ser feliz si acciona bajo los parámetros de la
virtud, conforme con la razón. De ahí que “la felicidad es una actividad del alma con
arreglo a la virtud”.

3) Ahora bien, la idea de vivir conforme a la razón puede entenderse de dos maneras
distintas, teniendo en cuenta primero en qué consiste la virtud y, luego, los tipos de
virtudes que distingue Aristóteles. Estas son: las virtudes éticas y dianoéticas.

Ya aclaramos que la virtud es la excelencia de la actividad propia de cada cosa; las


virtudes éticas, por un lado, que resultan de la aplicación de la razón en los actos de la
vida (del conducirse razonablemente) y, por el otro, las virtudes dianoéticas (de dianoia,
que significa inteligencia), referidas a la vida dedicada a la razón (virtudes intelectuales).
Así, la sabiduría, la inteligencia y la prudencia están ligadas estrictamente con las virtudes
dianoéticas, mientras que la moderación y la generosidad, por ejemplo, son propias de las
virtudes éticas.

4) El bien, como ha sido dicho, es hacia lo que tienden todas las cosas.

5) Algunos de los fines mencionados por Aristóteles son los placeres, los honores y la
inteligencia, los cuales pareciera que tendemos a procurar por sí mismos, pero que, sin
embargo, pretendemos en última instancia porque consideramos que, mediante ellos,
seremos felices.

6) Lo mismo que ocurre con la felicidad sucede con la autosuficiencia (autarquía), dice
Aristóteles, entendiéndola como aquello que “vuelve deseable la vida y que no requiere
ser completado por nada”, lugar que vendría a ocupar aquí la felicidad.

7) La felicidad de la Polis y la de los hombres es indivisible, puesto que solo los hombres
autosuficientes pueden llevar a cabo la felicidad en la Polis mediante el ejercicio de su
virtud como hombres libres que persiguen tal fin a través de la Política. A través de la
Política los hombres se encargarán de ordenar el tipo de ciencias convenientes a las
ciudades, por lo que deben ser aprendidas por los ciudadanos que la conformen.

Por eso es que Aristóteles aclara que la autosuficiencia no debe ser comprendida como si
se tratara de hombres separados entre sí y solitarios, sino en constante relación con su
familia (padres, hijos, mujer), amigos y otros ciudadanos, dado que “el hombre es un
zoion politikon (animal político).

En este sentido las virtudes éticas son fundamentales, puesto que sirven para la realización
del orden de la vida del Estado -la justicia, la amistad, el valor, etc.-.

Libro II

8) Puesto que la ética es algo así como la doctrina de las costumbres, se podría decir que
su estudio consiste en saber si una acción, una virtud o un modo de ser son o no éticos.

9) Según Aristóteles, las virtudes dianoéticas se originan e incrementan por medio de la


doctrina y la enseñanza, por lo que es requisito necesario para ello la experiencia y el
tiempo. En cambio, las virtudes éticas no tienen precisamente una naturaleza, sino que
proceden de las costumbres.
10) La relación entre las virtudes éticas y el justo medio aristotélico es bastante clara, si
se reconoce que la virtud ética remite a las pasiones y acciones, las cuales pueden estar
caracterizadas según si en ellas hay exceso, defecto o término medio.

La virtud es un hábito, y -en el hábito- se debe uno dirigir hacia el término de las buenas
disposiciones según aquello que sea atinente a lo virtuoso. Así, la virtud del hombre
residirá precisamente en los hábitos de este mediante los cuales se hará bueno realizando
correspondientemente sus funciones propias.

La guía del hombre será dada por la naturaleza propia de la virtud, de la cual se puede
desprender un término medio entre lo excesivo y lo defectuoso, entendiendo al término
medio como aquello que dista de ambos extremos ya mencionados. El conocedor, para
Aristóteles, tenderá a evitar toda clase de excesos y defectos, buscando el justo medio
relativo al nosotros.

La excelencia de las obras humanas dependerá, de esa manera, de que toda ciencia cumpla
bien su función, si entendemos que dicha función debe conducirse sobre la base del
término medio.

El término medio, en definitiva, corresponde a la virtud, mientras que el exceso y el


defecto pertenecen al vicio.

El justo medio es un modo de ser electivo, dice Aristóteles, al estar determinado por la
razón y por lo que decidirá prudentemente el hombre.

11) Como bien dice Aristóteles, “las cosas no ocurren del mismo modo en las artes que
en las virtudes”, debido a que las primeras poseen en sí mismas su bien, con lo que basta
que una vez llevadas a cabo hayan cumplido con una serie de condiciones previas.

En lo que respecta a las acciones llevadas a cabo con arreglo a las virtudes, estas no serán
precisamente justas o moderadas una vez realizadas, sino que es condición sine qua non
para ello que quien las lleve a cabo esté dispuesto de algún modo para hacerlo.

Por lo que, en primer lugar, antes de actuar el responsable deberá tener conocimiento
sobre lo que va a hacer; segundo, la voluntad al elegir es fundamental, así como también
será importante la elección en relación al fin de aquellas; por último, la firmeza y la
constancia deben ir aunadas para la consecución de un objetivo común.

El conocimiento basta en las artes, mientras que el mero conocimiento de las virtudes no
es relevante en términos de su adquisición, ya que lo verdaderamente importante es el
ejercicio constante en las acciones justas y moderadas.

Libro VI
12) Antes de mencionar las relaciones que hay entre las virtudes dianoéticas y el saber
teórico y el saber práctico, es cosa necesaria poner de relieve que la buena acción existe
en tanto que hay una combinación buena de intelecto y carácter. Dicho intelecto,
siguiendo a Aristóteles, “desencadena el movimiento que se encamina hacia un fin que
es práctico, ya que regula la acción (…)”.

En su “Enumeración de las virtudes intelectuales”, el estagirita enuncia cinco cosas por


las que, en plena afirmación o negación, el alma llega a la verdad. Estas son: el arte, la
ciencia, la sabiduría, la prudencia y el intelecto.

En cuanto a la ciencia, cabe señalar que, en cualquiera de sus vertientes, aquella es


“susceptible de ser enseñada”, puesto que todo lo que puede ser sabido también puede ser
enseñado.

Respecto a la sabiduría, hay que decir que es la ciencia perfecta, encontrándose por
encima de las demás. El sabio no solo es capaz de entender aquello inferido acerca de los
principios1, puesto que, además, está apto para conocer precisamente tales principios.
Hasta aquí el saber teórico.

En tanto que saber práctico hay que destacar, del arte, su proveniencia evidentemente
constructiva, según la cual se infiere que hay allí una disposición racional para el hacer,
siendo lógico que tanto el arte como la disposición para el hacer sean conformes a la
“verdadera razón”.

El arte es un saber práctico en tanto que “todo arte” estará aplicado indefectiblemente a
producir y concebir cómo pueden crearse ciertas cosas que pueden, a su vez, ser y no ser,
lo que estará determinado según quien se encargue de hacerlo, y no en el contenido de lo
hecho per se.

Sobre la prudencia, por último, es válido afirmar que reside en aquellos hombres que
deliberan sobre las cosas que son buenas y útiles para sí, según qué cosas sean realmente
importantes para vivir prósperamente. Para Aristóteles, la prueba de ello es que son
justamente los hombres prudentes los mas aptos para dar razones certeras en cuanto a un
fin bueno.
La prudencia no es una ciencia ni tampoco un arte, afirma nuestro autor. En cuanto a que
no es ciencia, hay que decir que no lo es porque, en cuanto a los temas que suscitan dicha
prudencia, pueden ser de una u otra manera. Y no es un arte porque el actuar y el hacer
obedecen a bases distintas.

Por ejemplo, Aristóteles juzga como prudentes a hombres como Pericles, puesto que
tienen la capacidad para considerar con alto grado de certeza lo que conviene tanto a sí

1
Hay que recordar con Aristóteles que “toda ciencia (…) procede primeramente de cosas ya conocidas,
unas por medio de la inducción (…). Lo que es posible conocer por medio de la inducción son los primeros
principios, lo universal”.
mismos como a sus pares. Esta cualidad sería, así, propia de los gobernantes y de los
políticos.

Libro VIII

13) Para Aristóteles, la amistad, si no es una virtud, al menos estará acompaña de virtud,
siendo necesaria para la vida dado que implica una relación íntegra que ninguno de todos
los bienes -sin importar su abundancia- puede reemplazar. El bien se ejercita con los
amigos, tanto para legislar como para atender a los viejos que por su debilitación no
pueden ejercer correctamente sus funciones.

Además, no solo es necesaria la amistad, sino que también está considerada cosa digna.
Tanto así que se ha llegado a identificar la bondad de los hombres con la amistad, aunque
se discuta mucho sobre las especies de amistad existentes y cuáles son las más valederas.

14) Hay, básicamente, tres tipos de amistad que Aristóteles especifica breve y
correctamente, que son: aquellas que se fundan en la utilidad de uno respecto del otro; las
que existen a causa del placer y, por último, la amistad perfecta es la que se da entre los
hombres buenos y los que presentan ciertas semejanzas en cuanto a sus virtudes.
En cuanto a la primera especie de amistad, esta solo tendrá sentido por el bien o el
provecho que pueda resultar de ella para alguno de los dos pertenecientes a dicha relación.
Aquí, la afección de quienes aman por algún interés responde solamente a su propio bien,
individual y egoísta.

El placer en la amistad está dado por aquellos que buscan el deleite personal y no el del
otro, por lo que hay alguien que parecería no ser digno de ser amado, salvo en cuanto
sirva como mero instrumento para un objetivo particular más allá de la propia relación.
Las dos primeras, para Aristóteles, existen por accidente, porque el que dice ser amado,
querido como amigo no lo es ciertamente como debería serlo, según cuanto lo merezca.
La extracción de un provecho mediante la amistad distorsiona el fin mismo de la amistad,
lo cual la vuelve efímera, vacua y endeble debido a que, cuando ya no representan
material fructífero alguno, los involucrados indefectiblemente dan fin a este “accidente”.

En cambio, la amistad perfecta se da solo entre quienes se desean el bien en igualdad de


condiciones y procuran lograrlo mediante grandes y equivalentes acciones. Esta amistad
es la mas duradera, y su duración depende también de la bondad de los hombres
involucrados. Es la virtud la que hace posible la perpetuación temporal de la amistad,
dado que los hombres se vuelven provechosos los unos con los otros, manteniendo un
clima de apacibilidad y agrado notables.
Sin embargo, es cosa extraña encontrar amistad idéntica a la última especie mencionada,
puesto que son pocos los hombres con una naturaleza así de excelsa. Además, la amistad
conlleva no solo el factor temporal, sino también el comunicacional, puesto que un trato
tal requerirá de un conocimiento y una confianza maduras entre el uno y el otro.

15) Para Aristóteles existen tres formas de gobierno: la monarquía, la aristocracia y la


república. Luego, hay desviaciones de cada una, y son: la tiranía, la oligarquía y la
democracia respectivamente.

Al parecer, la amistad puede adaptarse a cada una de las formas de gobierno mencionadas.
Así, entre el rey y los vasallos hay una amistad consistente en los beneficios dados a sus
súbditos; el monarca, según Aristóteles, tiene la responsabilidad de hacer el bien a sus
vasallos para que puedan prosperar.
La naturaleza de la amistad descripta es similar a la existente en la amistad de tipo
paternal, dado que el padre es quien genera la existencia de sus hijos, además de nutrirlos
mediante la comida y también instruirlos en las doctrinas. De la misma manera que el rey
ejerce el gobierno sobre sus súbditos, el padre lo hace con el hijo y el abuelo con su nieto.
Esa clase de amistad se basa en la superioridad según la dignidad de cada uno, con lo cual
los padres son honrados. Es la misma especie de amistad que rige entre el marido y la
mujer, como así también sucede en las republicas gobernadas por hombres virtuosos, que
tienen la denominación de aristocracia. En una aristocracia, a quienes son superiores
según sus virtudes se les otorga el mayor bien.

La amistad entre los hermanos es distinta, ya que son iguales y de similar edad,
encontrándose así con costumbres e intereses bastante cercanos. Esta clase de amistad es
análoga a la forma de gobierno llamada timocracia, ya que en aquella los hombres que la
integran se empeñan en ser iguales y virtuosos, turnándose en el ejercicio del gobierno.
En cambio, en las formas desviadas de gobierno las amistades son más débiles.
En la tiranía, por ejemplo, no existe ninguna amistad, debido a la incomunicación entre
el que toma las decisiones y el que las acata. En las democracias esto es distinto, siendo
que, en esa ultima forma de gobierno, los ciudadanos tienden a tener muchas cosas en
común, al tender a ser iguales.