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Aníbal A.

Ruiz Armijo
Juicio es todo pensamiento
del que puede decirse que
es verdadero o falso, y
que contiene una relación
enunciativa entre
conceptos.
Se llega a él a través del
razonamiento inductivo
llamado silogismo, compuesto
por una premisa mayor de
carácter general, una premisa
menor de carácter singular y
una conclusión, que constituye
el juicio.
Según su calidad
-Juicio afirmativo (Juan
es comodatario).
-Juicio negativo (Juan
no es comodatario).
Según su cantidad
-Juicio universal (todo vendedor
se obliga a entregar posesión
de la cosa vendida al
comprador).
-Juicio singular (Raúl debe la
posesión de la finca X a Mario).
Según su modalidad
-Juicio apodíctico [o forzoso] (moriré
algún día).
-Juicio asertórico [o libre] (José está a
la derecha de Óscar).
-Juicio problemático [o probable]
(Róger podría ser el padre biológico
de Alberto).
Según su relación
-Juicio condicional (la venta es
válida, si el vendedor es el dueño).
-Juicio disyuntivo (el interés del
mutuo se fija libremente, o tiene un
máximo fijado por la ley).
-Juicio incondicional (el ser humano
es libre).
El juicio que sobre la capacidad del
otorgante emite el notario previo a la
autorización de la escritura pública es:
• Afirmativo (asevera la capacidad de obrar
del otorgante),
• Singular (se refiere a una persona concreta
y determinada),
• Problemático (establece una probabilidad
de que el otorgante sea capaz)
• Condicional (está sujeto a que
efectivamente el otorgante sea capaz).
Art. 28 párr. 2° in principi L. del N.
[...]
No podrá procederse a extender un
instrumento cuando las partes no
tengan capacidad legal para
obligarse o no estén
competentemente autorizadas para
el efecto, pena de nulidad.
[...]»
Art. 43 num. 2° L. del N.
Se prohíbe a los notarios:
[...]
2° Autorizar contratos de
personas incapaces según el
Código Civil.
[...].
Inexplicablemente, las reglas
generales que rigen la
cuestión de la capacidad
jurídica se encuentran ahora
en el Código de Familia
(Arts. 21, 22 y 23 CF;
Arts. 301, 302, 304 CF)
Art. 1032 C.:
El notario que intervenga en cualquier
testamento debe conocer al testador, o
identificar su persona con dos testigos que
le conozcan, y sean a su vez conocidos por
el notario, y además asegurarse que el
testador tiene la capacidad legal
necesaria para otorgar el testamento.
Bastará que el notario haga constar estas
circunstancias.
Art. 23 num. 3° L. del N.
La introducción debe contener y expresar:
[...]
3° Si [los otorgantes] proceden por sí o en
representación de otro, insertando en este último
caso los comprobantes de la capacidad [¿?] o
haciendo referencia a ellos [...]
En caso de que el poder o documento que
acredita la capacidad para representar estuviere
inscrito [...]
[...]
Art. 23 num. 6° L. del N.
La introducción debe contener y expresar:
[...]
6° [...]
En el caso de que el cartulario no conozca a
las partes ni puedan estar presentes testigos
de conocimiento, lo hará constar así en la
escritura especificando, en su caso, los
documentos que le hubieren exhibido como
comprobantes de su identidad y capacidad
[¿?].
“Yo, el notario, doy fe [...]
de que a mi juicio los
otorgantes tienen
capacidad para obligarse
y contratar, y en especial
la requerida para ejecutar
este acto...”
La capacidad tiene dos aspectos:

• Capacidad jurídica
[aptitud para ser titular de derechos y
obligaciones].

• Capacidad de ejercicio
[aptitud para ejercitar por sí mismo los propios
derechos y de contraer por sí mismo
obligaciones].
Capacidad Jurídica
«Aptitud general de la persona
[moral o física] para ser titular de
derechos y obligaciones en la
esfera del Derecho Privado [Civil
(familia, obligaciones, sucesiones,
derechos reales), o Mercantil]».
La persona moral adquiere
capacidad jurídica cuando ha sido
constituida conforme a las leyes
de la materia en que actúan
[pública o privada; civil o
mercantil], y pueden desde ese
momento adquirir derechos o
contraer obligaciones.
Por su misma naturaleza de
ficción legal, la persona moral
carecerá siempre de
capacidad de ejercicio, y
deberá actuar a través de
representantes legales,
convencionales u orgánicos.
Toda persona física, por
el hecho de existir, tiene
capacidad jurídica, que
se adquiere con el hecho
del nacimiento y se
pierde con el hecho de
la muerte.
Para tener capacidad de ejercicio
la persona física debe ser
-mayor de edad
o
-emancipado
-mayorizado
lo que permite al menor adulto
actuar por sí mismo como mayor de
edad.
Art. 1833 C.
«La capacidad para obligarse
se presume siempre, mientras
no se prueben los hechos o
circunstancias por los cuales
niegue la ley esa capacidad».
Existen casos en que, pese
ser mayor de edad, el
individuo carece de
capacidad de ejercicio.
Esta incapacidad puede ser
legal o natural
Incapacidad legal: el Derecho
declara que el sujeto no puede
actuar por sí mismo.
Incapacidad natural: su propia
condición humana impide al
sujeto actuar por sí mismo.
Puede permanente o
transitoria.
No siempre el defecto
de capacidad natural
conlleva la falta de
capacidad de
ejercicio:
Art. 31 L. del N.
«Si alguno de los otorgantes no sabe
firmar o es ciego, o tiene algún
defecto que haga dudosa su
habilidad [para firmar] se indicará
esta circunstancia en el instrumento, y
uno de los testigos instrumentales, u
otra persona llevada por el
interesado, firmará por él».
Art. 1038 C.
«El que fuere enteramente sordo
deberá leer por sí solo su
testamento, y si no sabe o no
puede, designará dos personas
que lo lean en su nombre, siempre
en presencia de los testigos y del
Notario».
Art. 1039 C.
«Cuando sea ciego el testador se
dará lectura del testamento dos
veces: una por el Notario, y otra, en
igual forma, por uno de los testigos u
otra persona que el testador
designe. De esta circunstancia se
hará mención especial en el
testamento, pena de nulidad».
Art. 1056 C.
«No pueden hacer
testamento cerrado
los ciegos».
Modelo: Art. 708 C.
español
«No pueden hacer
testamento cerrado los
ciegos y los que no sepan o
no puedan leer».
Art. 1057 C.
«Los ciegos [¿?] los sordomudos
y los que no puedan hablar
[mudos], pero sí escribir, podrán
otorgar testamento cerrado
observándose lo siguiente:
[...]»
Modelo: Art. 709 C. español
«Los sordomudos y los que no
puedan hablar, pero sí escribir,
podrán otorgar testamento
cerrado observándose lo
siguiente:
[...]».
Para que el acto o negocio jurídico
instrumentado sea eficaz, se requiere
indispensablemente que las
declaraciones de voluntad que le dan
origen sean exteriorizadas por
individuos que puedan comprender los
efectos del mismo, es decir, que estén
en uso de la razón en medida
suficiente para saber lo que quieren.
Por ello, el notario debe constatar
que el otorgante no está bajo la
influencia del alcohol, sustancias
prohibidas o medicamentos, o
cualquier otra circunstancia que
inhiba su aptitud para tomar
decisiones juiciosas.
Si tal fuere el caso, debe denegar
la intervención solicitada.
Art. 979 num. 3° C.
«No son hábiles para testar:
[...]
3° El que actualmente no
estuviere en su juicio por
ebriedad u otra causa.
[...]».
Si la persona carece de
discernimiento al momento de
concertar el acto, no está apta
para medir los efectos jurídicos del
acto o negocio que quiere
concertar, ni tampoco de
autogobernarse, no habrá entonces
manifestación de voluntad válida y
eficaz.
La sola intervención del notario en
la autorización del acto o negocio
jurídico lo dota de certidumbre,
por el deber que tiene de
apreciar que los otorgantes
tengan suficiente capacidad de
querer y entender lo que quieren
pactar.
«No sólo se requiere capacidad jurídica,
sino su dimensión dinámica, su
potencialidad para ejercitar per se los
derechos, lo cual en doctrina se le ha
dado el nombre de capacidad de obrar,
o ejercicio de la capacidad jurídica».
PÉREZ GALLARDO, Leonardo B.
«Diez Interrogantes Sobre El Juicio
Notarial De Capacidad...», en Estudios
Varios De Derecho Notarial, p. 99
El juicio de capacidad «[...] es la declaración que
realiza el notario en todas las escrituras y en algunas
actas, normalmente al final de la comparecencia y
antes de la calificación del acto, por la cual expresa
su creencia de que los otorgantes tienen las
condiciones personales de aptitud e idoneidad con
arreglo a la Ley para que el acto o negocio
documentado produzca sus efectos normales».
TORRES ESCAMEZ, Salvador
«Un Estudio Sobre El Juicio De Capacidad», Revista
Jurídica Del Notariado No. 34, pp. 211-212.
«[La trascendencia del juicio de
capacidad] radica en que ésta [la
capacidad] es el soporte del
consentimiento, que a su vez constituye
la esencia del negocio jurídico».
TORRES ESCAMEZ, Salvador
«Un Estudio Sobre El Juicio De
Capacidad», Revista Jurídica Del
Notariado No. 34, pp. 211-212.
«En vista de la conversación que el Notario mantiene
con un cliente desconocido para él hasta ese
momento, o gracias a un examen médico previo,
llega a la convicción de que, muy probablemente, es
capaz, ya que se expresa normalmente, no revela
ningún dato que haga sospechar, se da cuenta del
negocio que va a firmar conociendo sus
consecuencias prácticas…»
BALLARÍN MARCIAL, Alberto,
“Naturaleza Y Clases De ‘Juicios’ Del Notario”,
Anales De La Academia Matritense Del Notariado,
Tomo XXXV, Madrid, 1996, pp. 539-543.
El notario no tiene herramientas especializadas
para dar el juicio de capacidad, solo dispone
“en principio, con su sentido común y con su
experiencia –tanto personal como profesional–
[...] En efecto, el notario no es un técnico, como
podría serlo el médico o el psicólogo. Se debe
fiar, sin más, de su propio criterio”.
GÓMEZ TABOADA, Jesús,
“Capacidad Del Otorgante Y Vicios Del
Consentimiento”, en Derecho Notarial, tomo II,
2007, p. 334.
“El examen por el Notario, mediante una
conversación de cierta envergadura con el
interesado, bastará en la mayoría de los casos
para cerciorarse de que sabe lo que va a
firmar y conoce sus consecuencias jurídicas y
prácticas, que es […] como debe medirse la
capacidad”.
BALLARÍN MARCIAL, Alberto,
“Naturaleza Y Clases De ‘Juicios’ Del Notario”,
Anales De La Academia Matritense Del Notariado,
tomo XXXV, Madrid, 1996, pp. 532.
“El Notario […] para emitir válidamente un juicio
de capacidad debe atenerse a los principios de
inmediación, de investigación y responsabilidad
personal, de donde se infiere que, para formar
criterio sobre este particular, sólo pueda
apoyarse en su propio examen, personal y
directo, del interesado [...] por lo que un juicio
adverso o favorable respecto de la capacidad
de una persona no puede confundirse con un
dictamen médico ni psiquiátrico”.
MARTÍNEZ DIE, Rafael,
“El Juicio Notarial De Capacidad En Su Dimensión
Negativa: Régimen Jurídico Y Consecuencias”, en
La Notaría, No. 2, mayo 2002, p. 65.
“En definitiva, el juicio notarial de capacidad
debe sujetarse a los principios de inmediación,
de legalidad y de responsabilidad, que
permitan construir los cimientos sobre los que
deben sustentarse cuantos análisis se hagan
sobre esta materia”.
MARTÍNEZ DIE, Rafael,
“El Juicio Notarial De Capacidad En Su
Dimensión Negativa: Régimen Jurídico Y
Consecuencias”, en La Notaría, No. 2, mayo
2002, p. 65.
Error en la
apreciación de
la capacidad
Puesto que el notario no es perito
psiquiatra se justifica, dentro de
los límites de la permisiblidad
racional, el error en la
apreciación de la capacidad de
ejercicio de la persona, cuando
posteriormente se acredita que
carecía de ella.
«La fe pública ampara la creencia del notario de que el
otorgante es capaz, pero no la realidad de que lo sea,
por tratarse de una apreciación psíquica y no un hecho
que se exteriorice siempre por signos perceptibles por el
jurista, pues, para constatar la veracidad de estos casos,
suelen ser precisos conocimientos científicos propios del
psiquiatra, y así la afirmación por el fedatario de que, a
su juicio, es capaz el compareciente ante él, constituye
una presunción ‘iuris tantum’ de exactitud, que los
tribunales pueden y deben revisar mediante prueba
suficiente en contrario».
TRIBUNAL SUPREMO (España)
Sentencia 21 de marzo de 1972
El error del notario en la
valoración de la capacidad,
conduce a la nulidad absoluta
del acto o negocio jurídico
(arts. 2201 num. 3°, 2447 num.
1° y 2448 párr. 1° C.)
Ausencia de
mención del
juicio de
capacidad
En el Derecho
nicaragüense, el juicio de
capacidad es requisito de
solemnidad para todo
otorgamiento de
instrumento público
(escritura pública o acta
notarial).
La mención auténtica de haber
realizado el juicio de capacidad ha
de constar en todo instrumento público
protocolizable, sin excepción, y ella
hace certero o indubitado no el juicio
de capacidad mismo, sino el hecho de
haber el notario apreciado o
valorado la capacidad natural o
volitiva del sujeto.
Para no es indispensable
usar ciertas palabras o
frases sacramentales
para consignar en el
instrumento público el
juicio de capacidad.
La ausencia de mención del juicio
de capacidad en el instrumento
público conduce a la nulidad
insubsanable del mismo, a la luz de
lo dispuesto en los arts. 28 párr. 2°
y 43 num. 2° L. del N., situación
solo posible de enmendar con la
autorización de nuevo instrumento
público, si fuera posible.
Dolo en la
apreciación de
la capacidad
El notario incurre en una conducta típica
cuando:
• Afirma haber realizado el juicio de
capacidad (haber controlado la
capacidad volitiva del otorgante), cuando
no lo ha hecho.
• Falsea la verdad apreciando capacidad
de obrar en un individuo a sabiendas que
carece discernimiento para el
otorgamiento.
Ambos supuestos pueden
subsumirse en el art. 285 CP, que
incluye en el tipo penal de
falsedad ideológica la actuación
del agente consistente en insertar
en un instrumento público
declaraciones falsas,
concernientes a un hecho que el
documento deba probar.
“[...] la apreciación notarial de la capacidad
lleva consigo un juicio sobre la capacidad
natural del otorgante, una calificación jurídica
referida a su capacidad de obrar y legal y
una dación de fe en cuanto a la propia
actividad del notario a ese respecto”.
TORRES ESCAMEZ, Salvador,
“Un estudio sobre el juicio de capacidad”,
Revista Jurídica del Notariado, No. 34, Madrid,
2000, p. 222.
«Funda [...] la recurrente su recurso en la
causal 2ª del Artículo 2057 Pr., y señala
como violados los artículos del Código
Civil referente al consentimiento y al
precio, alegando estar probada la
nulidad y la falsedad de la escritura de
compraventa [...] Al respecto, es
conveniente conocer las consideraciones
de la Honorable Sala al dictar su
sentencia. Dice así: [...]»
«[...] “Se pide la nulidad de la escritura de
venta [...], en primer término, porque a juicio
de la demandante faltó el consentimiento
del vendedor. La prueba que ha traído a los
autos consiste principalmente en la prueba
pericial; de tal prueba se ve que los señores
Médicos declararon solamente que la
uremia pone loco al paciente, y el que la
padece, como el señor Felipe Benavides, no
pudo estar apto para contratar [...]”».
«[...] Sobre este particular esta Sala ha
declarado en varias sentencias, que para
destruir la declaración del Notario sobre la
capacidad del testador, es necesario e
indispensable que se demuestre que tal
incapacidad la tuvo el otorgante en el
momento mismo del otorgamiento. Como se
ve, entre lo exigido como prueba para
acreditar esa circunstancia y la prueba
fundamental de peritos que se ha rendido, no
hay nada parecido”».
«[...] Estima esta Corte Suprema que
tienen completo fundamento legal las
argumentaciones de la Honorable Sala
para haber dictado su sentencia, la cual
no viola los artículos mencionados por la
recurrente, y respondiendo las
argumentaciones a la realidad de las
pruebas rendidas ante el Juzgado, no
cabe casar la sentencia por dichas
razones».
«[...] En el instrumento autorizado por el notario
doctor Chávez Martínez y en el acto de ejercer
sus actividades de funcionario público, dio fe
de que el compareciente testador tenía, en el
acto mismo de expresar su última voluntad, la
capacidad necesaria para obligarse y
contratar “y especialmente para este acto”. De
manera que esa verdad sobre la capacidad
legal del testador expresada por el Notario,
en virtud de su fe pública debe ser mantenida,
hasta tanto no se demuestre lo contrario, en
cuanto ella se presume de Derecho. [...]
«Y aunque es verdad que conforme el Arto 979 N° 3º no es hábil para
testar el que actualmente no se hallare en su juicio por ebriedad u otra
causa, también lo es que, de acuerdo con el Art. 330 C., ninguna
persona será tenida por demente, loco o imbécil para los efectos que en
el Código Civil se determinen, sin que la demencia, locura o imbecilidad
sean previamente verificadas y declaradas por el Juez, con pleno
conocimiento de causa, declaración y verificación que no podrán hacerse
sino después de un examen de facultativos entre los cuales figurará el
Médico Forense, y si se quisiera argüir que el testador se hallaba bajo
interdicción por causa de demencia, además de que no se demostró, ni
intentó demostrarse tal hecho, es lo cierto que el Art. 346 id. dispone
que después de la muerte de una persona, los actos realizados por ella
misma, no podrán impugnarse por demencia, sino cuando la interdicción
ha sido intentada, antes de su muerte o que la prueba de la demencia
resulte del mismo acto que se impugna. En virtud de lo que se acaba de
decir, la fe pública del Notario prevalece en el presente caso y no ha
podido ser destruida por la prueba rendida, sea por su impertinencia,
sea por su ineficacia. [...]
«El señor Rafael Núñez Lagos, notario de Madrid en su obra
Estudios Sobre el Valor Jurídico del Documento Notarial, expresa lo
siguiente: “El Notario [...], tiene obligación de cerciorarse de que la
conciencia, libertad, voluntad, discernimiento y seriedad de los
contratantes son, a su juicio, los requeridos por la ley para formalizar
el acto o contrato. La fórmula notarial cubre por tanto un baluarte
muy difícil de saltar con la prueba no auténtica y así lo reconoce la
sentencia del Tribunal Supremo de 26 de Marzo de 1923 al afirmar
que ‘si bien es exacto que el demandante ha sufrido trastornos
mentales que no llegaron a constituirle en incapacidad, no se ha
demostrado que al solemnizar las escrituras se hallase en estado de
demencia, puesto que el Notario autorizante da fe de su capacidad y
esta declaración no se desvirtúa por los documentos unidos a la
demanda. Este hecho de la capacidad natural es objeto, además, de
una calificación por parte del Notario y engendra la presunción juris
tantum de la capacidad jurídica’. [...]
«[...] Y el Tribunal Supremo de Madrid, en sentencia de 23
de Marzo y de 10 de Abril de 1944, ha dicho lo que
sigue: ‘En materia de testamentifacción activa, la
capacidad intelectual del testador es inicialmente
apreciada por el Notario y los testigos, y la aseveración
notarial adquiere especial relevancia de certidumbre, por
lo cual es preciso pasar por ella, mientras no sea sometida
a revisión en vía judicial y se demuestre cumplidamente la
incapacidad, destruyendo la enérgica presunción iuris
tantum que revela el acta de otorgamiento’”. (Obra
citada, pág. 76 y Boletín Judicial, págs. 267 y 710). En
consecuencia de lo dicho, no puede aceptarse que hayan
sido violadas las disposiciones que al respecto cita el
recurrente».