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La transferencia psicoanalítica

La transferencia fue descubierta por el psicoanalista austríaco Sigmund


Freud (hacia 1920). Preocupado por saber cómo tratar a sus pacientes
histéricos, Freud utilizó la hipnosis para que pudieran recordar. Buscando
revivir esas emociones desagradables que se encontraban en el origen de su
trastorno, se dio cuenta de la importancia de la relación con sus pacientes.

Estos últimos parecían proyectar en su analista las figuras y las imágenes


de su infancia. “Define la transferencia como un desplazamiento del afecto
de una persona a otra”. Freud la utilizará para hacer que fluyan las
emociones del pasado y la transformará en uno de los pilares del
psicoanálisis.

Las virtudes de la transferencia


psicoanalítica
De gran importancia en la obra de Freud, la transferencia promueve la
vuelta al trauma pasado y las virtudes terapéuticas de esta relación especial
que se instaura entre paciente y analista, más allá de la misma
interpretación psicoanalítica.
El analista desempeña un papel de verdadero agente terapéutico. “Una
presencia activa del terapeuta puede alimentar de manera positiva la
transferencia para que el paciente pueda descubrirse, conocerse mejor y
llegar a curarse”. Las cuatro nociones principales de la transferencia son el
amor, el deseo, el odio y la angustia, que son los más presentes en el marco
de la cura.

El exceso de transferencia psicoanalítica


Tras la transferencia, llega la revelación del objeto. Aunque la transferencia
facilita el desarrollo correcto de la cura y alivia a la persona, puede
aparecer rápidamente otro problema: el exceso de transferencia. El
psicoanalista despertará en el paciente determinadas emociones, a las que
podemos un afecto real, el sentimiento amoroso e incluso el deseo. La
transferencia supone entonces un problema. El hecho de que un paciente se
enamore de su analista pone de manifiesto que la transferencia ha sido mal
gestionada: se trata de una hipertrofia de la relación, lo cual no es deseable.
Será el terapeuta el encargado de poner fin a una transferencia de
naturaleza amorosa o erótica. La buena gestión de la transferencia es una de
las tareas principales del terapeuta que debe ser consciente de esta singular
relación y tener cuidado de no avivar un sentimiento. Una relación
paciente/analista orientada hacia una relación amorosa, una relación sexual
o de odio, representa un gran obstáculo en el camino de la curación.
En realidad, la transferencia es el centro de toda relación paciente/médico,
sean cuales sean las nuevas formas que adopta hoy la terapia. “Por esta
razón, la supervisión, representa una valiosa red de la que deberían
disponer todos los equilibristas de la psique”