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¿Quién está en su barca?

Publicado en 1 de Mayo, 2014 por Steve Nutzman


Cuando los vientos de una tormenta peguen fuerte, no se enfoque en las olas de
agua que azotan su barca, sino en su fe.
Una multitud se había congregado en la ribera del mar de Galilea
para escuchar las enseñanzas que Jesucristo impartía desde un
pequeño barco pesquero anclado cerca de la orilla. Había sido otro
día largo para el Salvador, pero muy fructífero. Su predicación
concluyó cuando comenzaba a anochecer, y les pidió a sus
discípulos que cruzaran el lago para ir a otro lugar. A medida que
su barca navegaba, parte de la multitud quedó atrás y algunos los
siguieron en sus botes. Era ya de noche y un momento oportuno
para que Jesucristo durmiese un poco, por lo que se recostó en un
cojín en la parte trasera de la barca (Lucas 8:22-23, Marcos 4:35-
38).

El mar de Galilea es bien conocido por sus violentas tempestades.


En cierto momento durante aquella noche, y sin advertencia
previa, se desencadenó una fuerte tormenta sobre el lago. El
viento soplaba implacablemente, creando grandes olas. La
pequeña nave y su tripulación, compuesta de Jesús y sus
discípulos, corrían gran peligro de naufragar. Interminables olas
azotaban los lados de la barca, que comenzaba a llenarse de agua.
A bordo iban dos pares de hermanos —Pedro y Andrés, y Santiago
y Juan—, navegantes muy experimentados que sabían bien el
inminente peligro que corrían. Su bote podía hundirse en cosa de
minutos, en cuyo caso ellos se ahogarían.

Sin embargo, en medio de este aterrador escenario, ¡Cristo estaba


profundamente dormido en la popa de la barca! Puede que los
discípulos se hayan preguntado: “¿Cómo puede nuestro amigo,
Jesús, dormir en un momento como este? ¿Acaso no le importa
nuestra seguridad?”

Tres de los evangelios describen claramente cuán desesperados


estaban los discípulos frente a esta emergencia. Los siguientes
pasajes bíblicos revelan lo que le dijeron a Cristo:

- Mateo 8:25 registra un llamado de ayuda: “¡Señor, sálvanos,


que perecemos!”
- Marcos 4:38 registra el reproche de uno o más de los
discípulos por la supuesta indiferencia de Jesús: “Maestro, ¿no
tienes cuidado que perecemos?”

- Lucas 8:24 registra una declaración fatalista: “¡Maestro,


Maestro, que perecemos!”

Esto hizo que Jesús despertara bruscamente. Sin duda vio las olas
que azotaban la barca y el agua que había entrado. Entonces, con
voz calmada y autoritaria, Jesús le dijo al mar: “Calla, enmudece.
Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza” (Marcos 4:39).

¿Quién está en su barca?


Normalmente toma cierto tiempo para que las olas se aquieten
después de que el viento cesa. Sin embargo, el agua del lago se
volvió instantáneamente lisa, como un espejo. Lucas 8:25 registra
lo sucedido cuando el peligro ya había pasado: “Y [Jesús] les dijo:
¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se
decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las
aguas manda, y le obedecen?”

Jesús reprochó gentilmente a los discípulos por su falta de fe, que


los había llevado a sentir temor y hasta pánico. Esta fue una
“oportunidad de aprendizaje” para todos los discípulos. Aquella
experiencia dramática y angustiosa les enseñó una lección, o al
menos les hizo ver la importancia de algo que desconocían.

La falta de fe en Cristo que mostraron los discípulos esa noche


dejó al descubierto su estado espiritual — aún no poseían el
Espíritu Santo de Dios. Como apóstoles en entrenamiento, eran
“una obra en construcción”.

Los discípulos no pudieron relacionar la presencia de Jesús en la


barca con la fe que debían tener en él para que interviniese en sus
vidas cuando las cosas se volvieran tempestuosas. “¿Dónde está
vuestra fe?”, les preguntó. Su respuesta fue básicamente “No
sabemos cómo va a terminar esto, así que dejémonos dominar por
el pánico”. Esta respuesta es humana y normal, pero también
revela la carencia de una fe absoluta en Dios.
¿Cree usted que Jesucristo está en la misma barca con usted?
Dicho de otra manera, ¿está usted en su barca? Y aún más, ¿tiene
fe en que él está a la cabeza de su Iglesia? ¿Tiene fe para permitirle
estar a la cabeza de su vida?

Los discípulos reprobaron esta lección de fe, pero a nosotros —


como miembros convertidos del Cuerpo de Jesucristo— no
debería pasarnos lo mismo. ¿De quién es la Iglesia? Todos
sabemos la respuesta: Jesucristo es quien está a cargo, y ésta es su
Iglesia. Cristo dio su vida para que aquéllos que son llamados a la
salvación por su Padre (que eventualmente será toda la
humanidad) tuviesen un hogar: su Iglesia (Colosenses 1:18-20).

¿Cómo pudieron los discípulos dudar que el Creador de todas las


cosas (Colosenses 1:16-17) estuviera completamente al tanto de la
condición de su pequeña barca esa noche, y de que tuviera en
mente su bienestar? Simplemente, porque su fe era débil. La fe es
más que una teoría. La fe comprende creer verdaderamente en
Dios y luego poner en práctica esa confianza. Hebreos 11:6 nos
recuerda: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es
necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es
galardonador de los que le buscan”. La fe verdadera implica creer
que Jesucristo es la cabeza que lidera la Iglesia de Dios y que está
a cargo de ella.

Cuando la fe es débil da cabida al temor, porque por lo general


este sentimiento se encuentra donde no existe la fe. La fe elimina
el temor: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino
de poder, de amor y de dominio propio” (2nd Timoteo 1:7).

Sin embargo, es fácil olvidarse de estas verdades cuando las


tempestades de la vida nos agobian o cuando algo ocurre dentro
de la Iglesia que nos impacta fuertemente. Un conocido eslogan
dice “Así es la vida”, pero es en tales circunstancias cuando más
que nunca debemos preguntarnos “¿quién está en mi barca?”
Cuando lo hacemos —cuando acudimos a Dios en oración, estudio
bíblico y ayuno— los vientos de la vida comienzan a disiparse y las
furiosas aguas que tenemos por delante se tranquilizan. Al
acercarnos a Dios podemos ver a través de la oscuridad de la
tormenta y nos damos cuenta de que Jesucristo está en la popa de
la barca, llevándonos a puerto seguro (Romanos 8:28).
Las tormentas de la vida
Es natural buscar soluciones humanas durante los temporales de
la vida. Es difícil confiar completamente en Dios cuando se está en
medio de una espantosa tormenta, porque no siempre sabemos a
dónde nos está llevando nuestro Creador o cuál es su plan para
nosotros en ese momento. En vista de ello, desarrollamos nuestro
propio plan de escape, pero éste nunca nos lleva a puerto seguro.
Cuando los discípulos se enfocaron en la tormenta, su situación
parecía no tener esperanza. Su solución fue gritar o mostrar
confusión, y es posible que algunos incluso se hayan enojado con
Cristo y se hayan preguntado: “¿Es que no le importa lo que nos
está pasando? ¿Dónde está él mientras pasamos por esta prueba?”

Cuando reflexiono sobre los años que llevo en la Iglesia, me doy


cuenta de que realmente no sabía cuánto sería probada mi fe con
el transcurso del tiempo. Yo sé que muchos hermanos en la Iglesia
dirían lo mismo. Éramos tiernos bebés en Cristo cuando fuimos
bautizados, pero con el correr de los años, y a medida que nos
enfrentamos a varias tempestades que pusieron a prueba nuestra
fe, comenzamos a someter nuestras vidas más y más al Espíritu
Santo de Dios. Como “veteranos de las tormentas” que somos,
ojalá hayamos aprendido la importancia de recordar quién está en
nuestra barca con nosotros. Esta lección es sumamente
importante si queremos ser verdaderos discípulos de Jesucristo y,
de hecho, puede determinar si llegaremos a puerto seguro o no.

Lamentablemente, algunas personas no han aguantado las


tormentas. Los rumores, tal como el viento en una tempestad,
pueden desviar nuestra barca de la ruta correcta. Proverbios
18:13 advierte: “Precipitarse a responder antes de escuchar los
hechos es a la vez necio y vergonzoso” (Nueva Traducción
Viviente). A través de los siglos, ¿cuántas personas dedicadas a
Dios,se han dejado llevar por vientos de rumores que las han
zarandeado de un lado a otro?

El apóstol Pablo nos exhorta a no permitir que los vientos de las


disputas doctrinales nos aparten de nuestro camino ni causen
confusión entre nosotros: “… hasta que todos lleguemos a la
unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios, a un varón
perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para
que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo
viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar
emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:13-14).

La fe es fundamental
Jesucristo espera que sus hermanos y hermanas menores tengan
fe; se alegra cuando ésta se manifiesta, y se entristece cuando
tambalea. La falta de confianza en nuestro Salvador no solo
deshonra a Dios el Padre y a Jesucristo, sino que además es
dañina para la unidad entre hermanos y hermanas en Cristo. Sin
duda, la fe es algo fundamental para aquéllos que buscan ser
seguidores de Dios.

Sabemos que la fe solo puede provenir de Dios; ninguno de


nosotros puede pedir fe “prestada” a otra persona.
Afortunadamente, Dios es un Dios generoso. Está ansioso de
darnos cada vez más fe a sus hijos e hijas a medida que
maduramos y buscamos hacer su voluntad en nuestras vidas.
Frecuentemente, nuestra fe aumenta durante las tempestades de
la vida.

Hace dos mil años Jesucristo les hizo una pregunta a sus
discípulos, y es la misma pregunta que les hace a sus discípulos en
la actualidad: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe
en la tierra?” (Lucas 18:8).

La preocupación puede ser el resultado de la falta de fe y está


basada en la posibilidad hipotética de que vaya a haber
problemas, como “¿Y qué tal si me hundo junto con el bote? Dios
no desea que juguemos el juego de “y qué tal si”, como hicieron los
discípulos. En vez, debemos recordar que el Capitán de nuestra
salvación está a la cabeza: “Porque convenía a aquel por cuya
causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten,
que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por
aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica
y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se
avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:10-11).

Puerto seguro
Cuando confiamos en nuestro Capitán, Jesucristo, la neblina se
disipa, los vientos amainan y el mar se calma. Así es como actúa la
fe en nuestras vidas, específicamente la fe en quien está a la
cabeza. A pesar del temor y la incredulidad de los discípulos, la
barca no se hundió, la tormenta se detuvo y todos llegaron a tierra
sanos y salvos. De estos hombres, 11 crecieron inmensamente en
fe y confiaron en su Capitán para liderar su Iglesia.

El relato de la tempestad que fue apaciguada es una alegoría de


cómo Jesucristo guía a su pueblo hacia él y de cómo nos anima a
vivir teniendo fe en su liderazgo. Él no criticó las habilidades de
navegación de estos 12 hombres, pero sí los criticó por su falta de
fe en su poder.

Cuando los vientos de una tormenta peguen fuerte, no se enfoque


en las olas de agua que azotan su barca, sino en su fe, y
pregúntese: “¿Quién está en mi barca?” Si seguimos la voluntad de
Dios en nuestras vidas y nos sometemos a él con fe absoluta,
veremos las aguas calmarse y llegaremos a nuestro destino de
forma intacta, y eventualmente encontraremos el mejor y más
seguro de todos los puertos: el Reino de Dios.
4 marcas de un verdadero
discípulo
DISCIPULADO mayo 30, 2018 2 Comments SHARE

Es fácil ocuparnos en cosas como predicar, aconsejar, y discipular. Nuestra


misión es hacer discípulos de Jesús (Mat. 28:18-20). Pero si no tenemos claro
cuál es el telos, el fin de lo que hacemos, los discípulos que haremos serán
deficientes.

Pablo nos presenta claramente ese fin en Colosenses 1:29. Él obraba “a fin de
poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo”. Lo que anhelamos ver en
los discípulos que hacemos no son copias de nosotros mismos, ni copias de
nuestra filosofía ministerial o iglesias. Anhelamos ver personas que se
parezcan a Cristo. A fin de cuentas, estamos haciendo discípulos de Jesús, no
discípulos de nosotros.

Lo que anhelamos ver en los


discípulos que hacemos no son
copias de nosotros mismos, sino
que anhelamos ver personas que
se parezcan a Cristo.
Con eso establecido, vale la pena preguntarnos: ¿en qué consiste ser un
discípulo de Jesús?

La palabra que se usa para discípulos en el Nuevo Testamento, se trata de un


aprendiz que sigue a su maestro. Se usaba en el contexto de los Rabís, quienes
invitaban a alumnos a seguirlos y aprender de ellos. En ese sentido, el
discípulo de Jesús es un aprendiz de Jesús. Es un seguidor que, al seguir a
Cristo, sigue aprendiendo de Él.

Estas son cuatro características de lo que significa ser un discípulo:


1. Un discípulo cree en Jesús
Creemos que alguien entra a una relación con Jesús arrepintiéndose de su
propio pecado y poniendo su fe en la obra de Cristo Jesús. Esto debe ser
seguido por el bautismo, ya que el bautismo es la señal o imagen pública de
que alguien se identifica con Cristo.

2. Un discípulo crece en Jesús


Después de haber creído en Jesús, el discípulo entra a un proceso de crecer en
Él. Uno nunca llega al punto donde avanza más allá de Jesús. La misma gracia
que nos salva es la gracia que nos empodera para vivir toda la vida cristiana.
Como dice Pablo en Colosenses 2:6-7, “de la manera que recibieron a Cristo
Jesús el Señor, así anden en El”.

El proceso de crecimiento de un cristiano es profundizar en Cristo, depender


de Él, sujetarse a Él, y confiar solo en Él. Es un proceso de crecimiento en
intimidad, conociéndolo más, y pasando tiempo con Él. Si nuestra meta es ser
como Jesús, eso implica que tenemos que pasar mucho tiempo con Jesús.

El proceso de crecimiento de un
cristiano es profundizar en
Cristo, depender de Él, sujetarse
a Él, y confiar solo en Él.
3. Un discípulo obedece a Jesús
Un resultado de pasar tiempo con Jesús y sujetarnos a Él será obedecerlo. A
medida que crecemos en amor a Jesús, querremos hacer lo que Él demanda de
nosotros (Jn. 14:15). Desearemos obedecer no solo porque Él nos pide eso,
sino también porque confiamos en que Él sabe cómo ordenar nuestra vida
mejor que nosotros.

Esto implica conocer lo que la Biblia demanda de nuestras vidas y ponerlo en


práctica. Cuando no obedecemos, nos arrepentimos y volvemos una vez más
al mensaje del evangelio, encontrando gracia para seguir adelante.
Esto es un elemento importante en la Gran Comisión. Si cuando hacemos
discípulos solo los llevamos a la conversión y a tener un tiempo devocional
diario, no estamos cumpliendo con nuestra tarea. La Gran Comisión en Mateo
28 nos habla que debemos enseñar a los discípulos de Jesús a guardar todo lo
que Él nos ha mandado a hacer.

La Gran Comisión en Mateo 28


nos habla que debemos enseñar
a los discípulos de Jesús a
guardar todo lo que Él nos ha
mandado a hacer.
4. Los discípulos son como Jesús
Esta es la meta a la que el Espíritu Santo nos está llevando. Romanos 8:29 nos
explica que Dios nos ha justificado con el fin de conformarnos a la imagen de
Cristo. Colosenses 3:10 nos explica cómo estamos siendo renovados a esa
imagen.

Cuando hacemos discípulos, por tanto, anhelamos ver a personas siendo


conformadas más y más a la imagen de Cristo. Nuestra tarea es ver a más
personas viviendo como Jesús viviría en su trabajo, colegio, y ciudad.

Esto nos recuerda que la tarea de hacer discípulos es una de las maneras en las
que más claramente somos discípulos, porque Cristo mismo hizo discípulos.
Viendo su ministerio podemos aprender a hacer lo que Él hizo. La única
diferencia es que nosotros no hacemos discípulos de nosotros; hacemos
discípulos de Él.

Por lo tanto, a medida que haces discípulos, deberías considerar que un


discípulo es alguien que cree en Jesús, crece en Él, y lo obedece para ser como
Él.
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CARACTERISTICAS DEL VERDADERO DISCIPULO**
El propósito de este módulo, es descubrir las marcas del verdadero hombre de Dios y
cómo puede llegar a serlo con el tiempo.

INTRODUCCIÓN
No siempre lo que viene a la mente del hombre, es de Dios. Mucha gente habla de
visiones, que en gran parte han repercutido en sectas. Tiene que ser visión (proyección
despierto, es decir, consciente de la vida) de discípulo. Él nos llama y es un llamamiento
de arriba. Ahora, el llamamiento que viene de arriba, primero tiene que ser para ser
discípulo. Los apóstoles antes de ser apóstoles tuvieron que ser discípulos. Dicho sea de
paso, es importante aclarar, que hoy en día, ya no hay apóstoles de oficio, fue algo para el
fundamento de la iglesia. “…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas,
siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,…” (Efesios 2.20)
Por lo que se hace importante aclarar, que sí debemos ser discípulos. Un médico primero
debe ser estudiante y después médico. Un general, primero tiene que ser soldado, para
luego ser general. El Señor Jesucristo, para estar sentado en su trono, tuvo que pasar
primero por la cruz, antes de ser reconocido; es mejor si eres ignorado, para que Dios sea
exaltado en tu vida.
**EL VERDADERO DISCIPULO**
Para la mayoría de las personas, es fácil reconocer la figura típica del cacique, en esta
querida América Latina; producto del entorno social y cultural, en el que se ha venido
desarrollando este continente hispanohablante.
El cacique es un personaje típico y folclórico; que acapara todo, dicta órdenes y se
perpetúa en el poder, controlando la política, los negocios, las finanzas y hasta la religión.
Cuando este personaje, ve amenazado su control por algún líder predispuesto a quitarle el
poder; lo hace desaparecer, porque para él, existe un solo objetivo: continuar en el poder y
no compartirlo con nadie.
Lamentablemente, la iglesia ha imitado este patrón cultural. Éste, se ha manifestado en
muchas áreas de la misma, convirtiéndose en una carga terrible que recae sobre los miles
de líderes en potencia que comienzan a destacar en nuestros países latinos. Por esta
razón, para formar líderes es necesario cambiar la mentalidad de cacique y aplicar los
principios del liderazgo cristiano según el modelo practicado por nuestro líder que fue, es y
será Jesucristo.
El propósito en esta lección, es enfocar la necesidad de que cada líder, presente y futuro;
tenga una visión clara, de lo que Dios puede hacer, cuando una vida se pone en sus
manos. Además, cada líder que emerge, siguiendo el modelo de Cristo, tendrá la
aprobación de Dios, para continuar la obra que Él le ha encomendado.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi
yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11.28-
30)
A. LOS CANDIDATOS A SER LÍDERES, EN LA IGLESIA ACTUAL.
Del llamamiento de Isaías, a través de la visión de la gloria y majestad de Dios; se
desprenden verdades, que cambian cualquier vida. Como en este caso, el profeta Isaías;
era un hombre común, que habitaba rodeado de una sociedad pecadora e inmunda, llena
de maldad. No era un campesino, ni tampoco un santo; simplemente un hombre ordinario:
«… ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en
medio de un pueblo que tiene labios inmundos...» (Isaías 6.5).
Así era el entorno social de este líder, que Dios estaba llamando; cualquier parecido con la
realidad presente, es una mera coincidencia. Tenía un hablar muy vulgar: «...de la
abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6.45). Sus labios expelían pecado, todo su
ser estaba en la misma condición. Era necesario, que el carbón encendido tocara sus
labios, su corazón y su vida. Sólo por el toque de Dios, fue quitada su culpa y fue limpio de
sus pecados. Qué maravilloso que Jesucristo derramó su sangre en la cruz del calvario,
para limpiar los pecados de todo el que le recibe, como Señor y Salvador; perdonar las
culpas y preparar a los candidatos, que van a ser llamados por el Señor Jesucristo, para
trabajar en su obra. «Después oí la voz del Señor, que decía ¿A quién enviaré, y quién irá
por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6.8).
B. LA CLAVE PARA FORMAR LÍDERES.
Dios no comienza su programa, con una organización impersonal; sino, con el hombre.
«Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan» (Juan 1.6). «Y busqué entre
ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la
tierra, para que yo no la destruyese» (Ezequiel 22.30).
Una persona transformada, es el instrumento que Dios necesita, para bendecir a otros. El
líder espiritual, es el método de Dios; para evangelizar al mundo, formar líderes y guiar a la
iglesia, a hacer Su santa voluntad, en la tierra.
Dios empieza su programa, con un líder espiritual sensible a su Espíritu y a su Palabra. El
ser humano, es el objeto y a la vez, el portador de su gracia. Dios busca líderes
espirituales, que permitan que él los prepare, obedientes a su voz, con un amor
sobrenatural por su obra, humildes —producto de estar en su presencia— y con una fe
inquebrantable. La relación es una interdependencia: Dios busca al hombre y éste necesita
a Dios.
C. EL RIESGO DE FORMAR LÍDERES.
Cuando el apóstol Pablo, fue llevado a Damasco, recién convertido al Señor Jesús; se
recluyó en la casa de Judas, en la calle derecha. Allí fue instruido por Ananías, un
discípulo que vivía en la ciudad. Éste fue enviado por el Señor, para enfrentar al hombre
feroz que tenía fama de perseguir a los cristianos, torturarlos y matarlos. “Había entonces
en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él
respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama
Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,
y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima
para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca
de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene
autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El
Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en
presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto
le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y
poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en
el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del
Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la
vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y
estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.”
Él mismo Saulo, había aprobado la orden de apedrear a Esteban: “Y Saulo consentía en
su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en
Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los
apóstoles.” (Hechos 81) “…y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo
mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los
que le mataban.” (Hechos 22.20).
El discípulo de Damasco, Ananías; tenía que correr el riesgo, de comprobar si realmente
Saulo de Tarso, era un cristiano verdadero. La orden del Señor fue: «Levántate, y ve... y
busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto
en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que
recobre la vista» (Hechos 9.11-12).
Después de oír ese nombre, un mar de dudas pudo preocupar a Ananías; pudo haber
vivido algunos temores. ¿Si habría cambiado realmente? ¿Se trataría de una estrategia,
para prender a los discípulos de Damasco? ¿Sería una trampa, para tomarlo preso allí
mismo? «Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus
santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad...» (Hechos 9.13-14). Pero el Señor le
respondió: «Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre...»
(Hechos 9.15).
Pero, a pesar de sus dudas; Ananías se levantó y fue, como el Señor le había ordenado.
De ese encuentro salió el líder más grande de la iglesia cristiana, el apóstol de los gentiles,
dotado de una pasión sin precedentes, para predicar el evangelio a todo el mundo.
Ananías fue un discípulo anónimo, sensible al Espíritu Santo y a la Palabra del Señor, que
oyó la voz de Dios, estuvo dispuesto a correr el riesgo y obedeció la orden con precisión.
Líderes como él, son los que el Señor busca cada día; para llevar adelante su plan de
establecer su reino y consolidar su iglesia en la tierra.
Hoy más que nunca, la iglesia cristiana necesita líderes como: Isaías y Pablo. Es la gran
responsabilidad que tiene cada líder formado ante Dios, para mirar a su alrededor; buscar
en las iglesias y tratar de identificar a los líderes en potencia, que quizás estén sentados
en una banca, por falta de oportunidades.
Es muy motivador, desempeñar el papel de Ananías. Dios está esperando a muchas
personas, que deseen convertirse en líderes para su causa. No será muy difícil
identificarlos, pues ya se conoce el perfil que Él busca en ellos: personas comunes y
corrientes; pero espirituales, pasados por la prueba del carbón encendido, como Isaías y
llenos de humildad; para hacer la voluntad, de Dios. Personas transformadas, dispuestas a
ser líderes espirituales; con un corazón de soldado, listo(a) para morir por la causa del
Señor.
D. UN DISCIPULO, RESPONDE AL LLAMA-DO DE SU SEÑOR.
Entonces responderán a ese llamado, los que cumplan los siguientes requisitos:
Tener interés en las personas.
Sentir compasión por las almas.
Desarrollar una verdadera humildad.
Ser un verdadero estudiante del Señor.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo
11.28)
Además de lo anterior, se debe atender las siguientes recomendaciones:
1. El discípulo, debe responder a: “Yo os escogí…” (Juan 15.16)
2. Así que, la posición de discípulo, no es una decisión personal; sino, la del Señor.
3. El discípulo, es uno que ha sido llamado (arrastrado): “Ninguno puede venir a mí, si el
Padre que me envió no le trajere;...“ (Juan 6.44)
4. La seguridad, de ser hijo del Rey, implica sujeción también: “Mas a todos los que le
recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;…”
(Jn 1.12) “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;…”
(Colosenses 2.6) “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” (1 Juan
2.6)
E. EL DISCIPULO, ACEPTA LAS CONDICIO-NES DE SU FORMACIÓN.
El sujetarse a la disciplina, en la formación de un futuro líder; implica aceptar las
condiciones que esto demanda: “Llevad mi yugo sobre vosotros,…” (Mateo 11.29)
Por lo que se desprenden, dos consideraciones muy importantes:
El yugo está bien diseñado y se ajusta a cada persona, de manera precisa.
Solo existen dos reinos, el de la LUZ y el de las tinieblas.
También es importante, considerar dos aspectos aquí:
Adán, es un ejemplo portentoso de esto…
Hay animales, que han sido creados, para llevar yugos.
F. EL DISCIPULO, TIENE LA DISPOSICIÓN PARA APRENDER.
No todos los que se hacen llamar líderes, tienen la disposición para aprender; debido, a
que algunos pretenden haberlo alcanzado todo y se infatúan de sí mismos. Manifiestan
saberlo todo y no estudian o no aprenden de otros. El líder jamás deja de aprender y el
verdadero líder, comienza desde abajo; por lo que debe considerar estas tres cosas:
Un líder es un discípulo y un aprendiz.
Hoy el líder debe aprovechar el tiempo, la tecnología y todo aquello que le provea un
permanente aprendizaje.
Cuidar las tres manifestaciones, más delicadas del comportamiento.
Asumir el rol de líder, no es una tarea fácil; requiere de actitud y personalidad espirituales;
por lo que:
1. El discípulo, no puede esconder la cabeza.
2. Debe ser enseñable y esto tiene una fuerte implicación al carácter; debe estar en
continuo progreso.
3. Un cuerpo vivo, crece naturalmente.
4. Así que, aprender es lógico, normal y es humildad.
5. El conocimiento termina, donde comienza la actitud del verdadero discípulo.
6. Ser sabios para actuar.
7. Saber, que la fuerza de la identidad que posee, es de Dios.
8. Saber, amar al enemigo.
“…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para
vuestras almas;…” (Mateo 11.29)
G. EL DISCIPULO, DEBE SER COMO SU SEÑOR.
El Señor nos dejó la mejor lección de vida y es servir a todos, sin discriminación alguna.
“…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;…” (Mateo 11.29)
Esta es la regla de oro del Reino del Señor Jesucristo y tiene dos hermosos postulados:
Él fue un siervo. Debemos ser imitadores.
Él para eso vino: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y
para dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10.45).
Estos postulados, generan unos principios, que hacen diferencia; entre el hombre natural y
el hombre espiritual:
1. Existe una gran diferencia, entre prestar un servicio y ser un servidor.
2. Jesucristo, lavó los pies de sus discípulos.
3. La grandeza del hombre, se relaciona con el servicio. Llamarse “siervo” hoy día, ha
llegado a ser símbolo de grandeza y esto refleja crisis espiritual.
4. Jesucristo se humilló, para que otros sobresalieran: “Haya, pues, en vosotros este sentir
que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual
a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de
siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a
sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios
también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que
en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y
debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios
Padre.” (Filipenses. 2.5-11). “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo,
que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza
fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8.9) Dios, puso a un lado todas sus prerrogativas.
5. Jesucristo, se negó a sus privilegios, para que otros gozaran.
6. Él buscó a los perdidos: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se
había perdido.” (Lucas 19.10)
7. Toda su vida, estuvo envuelta, en la pasión de la misión.
H. EL DISCIPULO, DEBE EXPERIMENTAR EL PODER DE DIOS.
El poder de Dios, se manifiesta en nuestra debilidad; por lo que se hace necesario,
depender siempre de ÉL. Moisés expresó: “Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir
conmigo, no nos saques de aquí.” (Éxodo 33.15) “…porque mi yugo es fácil, y ligera mi
carga.” (Mateo 11.30) Y aquí nace la siguiente enseñanza, que expresa dos elementos
muy importantes, en todo líder:
El yugo…
Cristo dice, que su yugo es fácil.
Con relación al yugo, se puede decir:
1. Su historia: surge por la necesidad de sujetar algo o a alguien, que no se deja llevar
libremente.
2. El objetivo: para realizar una actividad o una producción.
3. Humanamente, cuando se analiza esta palabra; se concluye que, ningún yugo será fácil;
porque:
a. Puede lastimar físicamente.
b. Al tratar de vencerlo o deshacerse de él, ocasionaría mucho sacrificio y daños físicos.
c. Existe una gran diferencia, entre toros y bueyes.
1. Los toros los hace Dios.
2. Los bueyes, los hace el hombre.
3. Los bueyes, llevan el yugo; los toros no.
En cuanto a la afirmación del Señor Jesucristo, de que su yugo es fácil de llevar; es
porque:
1. Porque fuimos diseñados, para estar en yugo con Él.
2. Es la manera de disfrutar su compañía.
3. Él es la fuente del poder divino.
4. Se lleva su testimonio.
5. Hay que tener disposición.
6. A través de Él, se recibe la armadura de Dios:
a. Pablo lo confirma: “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial,…”
(Hechos 26.19)
b. Se generan consecuencias, ya sea por la obediencia o por la desobediencia.
H. LAS DISCIPLINAS BÁSICAS.
Todo lo que demande esfuerzo, dedicación y preparación; requiere de disciplinas
correctas, las cuales se enuncian a continuación:
1. El estudio bíblico.
2. La meditación.
3. La oración.
4. El ayunar.
5. El servicio.
6. La Soledad.
7. El estudiar
8. La sumisión.
9. El perdón.
10. El adorar.
11. La dirección.
12. La celebración.
Además, todo buen líder debe aplicar las tres reglas doradas del éxito, en su trabajo:
No olvide, usted debe ser una persona disciplinada.
Escriba su estrategia, téngala en mente, nunca la olvide, aliméntela y cultívela.
Cuando alguien le pida información compártala. No sea egoísta; compartir, es la clave para
motivar.
10 CUALIDADES DE UN DISCÍPULO
Hace varios años nos reunimos como equipo para hablar sobre el futuro de nuestra iglesia
y como podíamos guiar a las personas y familias que Dios nos trajo a la vida que Él tiene
para ellos. De esa conversación nos dimos cuenta de que lo más importante que podíamos
hacer como líderes era seguir las instrucciones de Jesús en Mateo 28, “Id y
Haced Discípulos”. Así nacieron 10 Cualidades de un Discípulo. Desde ese momento, la
travesía de hacer que las personas pasen de ser un creyente para convertirse en un
discípulo plenamente comprometido se ha convertido en el mensaje más importante de
nuestra iglesia. Estas 10 cualidades son algunos de los mensajes más vivificantes y
transformadores de la Biblia.

CUALIDAD 1
Apasionadamente Comprometido con Jesús
Dios lo está llamando a acercarse y a aprender de Él. Uno de los indicadores principales
que usted se ha convertido en discípulo es cuando su pasión cambia de los deseos
mundanos a Jesús.
Lucas 14:25 “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, y mujer e hijos, y
hermanos y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo.”
CUALIDAD 2
Amor Extraordinario por las Personas
Jesús demostró amor extraordinario por todas las personas, y vino a enseñarnos como
hacer lo mismo. Él vino a derribar las barreras que nos separan. Estamos destinados a
ser una luz para el mundo, demostrando el corazón del Padre para que todos puedan
reconciliarse con Él.
Juan 13:34-35 “Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen unos a otros como yo os
he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. En esto conocerán todos
que son mis discípulos.”
CUALIDAD 3
El Corazón de un Siervo
La verdadera grandeza comienza con la humildad. La Biblia nos dice que para ser grandes
hay que servir a los demás. Y la humildad es el centro del corazón de un siervo. Debemos
decrecer para que el carácter de Cristo pueda aumentar en nosotros.
Mateo 23:11 El más grande entre vosotros será vuestro siervo

CUALIDAD 4
Sensible y Sometido al Espíritu Santo
Cuanto más conectado está al Espíritu Santo más conectado está con Dios. Él es la
presencia, el poder y la unción de Dios. Cuando usted recibe a Jesús como su Señor, Su
Espíritu viene a vivir dentro de usted, para limpiarlo de su pasado y darle una nueva vida.
Juan 14:16-17 “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con
vosotros para siempre. El Espíritu de verdad a quién el mundo no puede aceptar, porque
no lo ve ni lo conoce, pero vosotros si lo conocen porque mora con vosotros y estará en
vosotros.”

CUALIDAD 5
Gobernado por la Autoridad de la Palabra de Dios
La palabra de Dios es verdad. Los discípulos han decidido que deben elevar la Palabra
por encima de sus sentimientos, incluso cuando sea difícil. Actuando según sus
instrucciones libera la unción sobre nuestras vidas y nos lleva a otra dimensión en nuestra
relación con Él.
Juan 8:31-32 “Entonces Jesús les dijo a los Judíos que habían creído en Él: si se
mantienen fieles a Mi Palabra serán realmente mis discípulos, y conocerán la verdad, y la
verdad os hará libres.”
CUALIDAD 6
Vive Moralmente Puro
Debido a que Dios es un buen Padre, Él nos invita a compartir su carácter. Como
seguidores de Jesús, hemos sido perdonados y santificados. Pero debido a que Dios es
Santo y estamos hechos a su imagen, también estamos llamados a vivir como Él.
1 Pedro 1:15-16 Sino como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en
todo lo que hagan; porque está escrito: “Sed santos, porque yo soy Santo.”

CUALIDAD 7
Evangelísticamente Audaz
Cuando recibimos a Cristo, Su Espíritu Santo viene a vivir dentro de nosotros. Muchas
personas en el mundo están buscando – necesitan a alguien que sea lo suficientemente
audaz como para compartir su fe y mostrarles el amor del Padre. Ahora es el momento de
sobresalir y ser diferente – ¡Para compartir las grandes nuevas sobre Jesús!
Marcos 16:15 Él les dijo, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda la creación.”

CUALIDAD 8
Se Involucra en la Comunidad Bíblica
Dios dijo que no es bueno que el hombre esté solo. Él nos programó para funcionar mejor
en el contexto de la comunidad bíblica. Somos la familia de Dios a través de la fe en Jesús,
así que no tenemos que correr la carrera solos.
Hechos 2:42 “Pasaron su tiempo aprendiendo de los apóstoles, y fueron como familia el
uno para el otro. Partiendo el pan y orando juntos.”
CUALIDAD 9
Justo y Generoso
En lo que ponemos nuestra esperanza y confianza guía nuestros pensamientos y
decisiones. Cuando el dinero nos gobierna, roba nuestros corazones y afectos y nos
distancia del Padre. Dios no está interesado en lo que adquirimos para nosotros mismos.
Lo que le importa a Él es lo que hacemos que tiene significado eterno.
Mateo 6:24 “Nadie puede servir a dos amos. Porque odiarás a uno y amarás a otro; te
consagrarás a uno y despreciarás al otro. No puedes servir a Dios y ser esclavo del
dinero.”

CUALIDAD 10
Vive con un Propósito
La única forma de conocer tu propósito es conocer a Dios. Apóyate en Él y Él te equipará
para cumplir la misma tarea que Él te ha llamado a completar.
Efesios 1:11-12 Es en Cristo que descubrimos quienes somos, y para que vivimos. Mucho
antes de oír hablar por primera vez de Cristo y abrigamos nuestras esperanzas, Él había
puesto sus ojos sobre nosotros, nos había diseñado para una vida gloriosa, parte del
propósito general que está trabajando en todo y en todos.