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RESEÑA CRÍTICA

Sofia González Simancas. Santiago de Cali, 23 de septiembre del 2015

Le Breton, D. (1999). Las pasiones ordinarias: Antropología de las emociones. Buenos Aires:
Nueva visión.

La modificación por parte del hombre a su simbólica corporal hace adoptar diferentes caminos
que muestran la relación humana con el mundo, como el nacer de un niño el cual debe terminar de
modelarse en su totalidad, no solo físicamente sino también psicológico, social, cultural, este
también debido a su carácter prematuro, no dispone de una comprensión de lo que lo rodea para
defenderse de diferentes adversidades por ende está destinado a morir en caso de abandono. A
comparación del animal que nace con las condiciones futuras ya inscritas en su programación
genética.

Al integrar al niño a una sociedad particular, la educación desarrolla ese universo de


posibilidades en relación con el mundo del cual se apropia a partir de su carácter ya que el fin de
la educación es brindar condiciones propicias para la interacción con ese orden simbólico
(lenguaje, gestualidad, expresión, percepción, entre otras). No obstante, existe cierto número de
casos de niños que sobrevivieron al aislamiento de una comunidad, que al pasar del tiempo
lograron recuperar una posición en el vínculo social, esto se debe a dos diferentes orígenes:

 Quienes fueron recogidos y protegidos por un animal, que modelaron su comportamiento


de acuerdo a este.
 Niños abandonados por la negligencia de sus padres, cuyo único recurso es una educación
tenue e insuficiente para asegurar su supervivencia.

Los niños recogidos por animales

Los animales que acogen a los bebes son principalmente lobos, seguidos por los monos, osos,
ovejas, leopardos, etc. La expresión corporal de estos niños se inscribe en lo que nos enseña la
sociedad. Esto confirma que nuestras sensaciones más íntimas dependen del medio social donde
nos desarrollemos, en la India hasta el comienzo de siglo XX miles de niños eran devorados por
lobos pero otros eran cuidados por estos, como en el caso de Amala y Kamala, donde las niñas
acogieron el comportamiento del lobo, ya que los primeros años de vida el niño es un reflejo fiel
de quienes lo rodean, además las diferencias físicas se borran metafóricamente, esto quiere decir
que se adueña de su medio ambiente de acuerdo a las modalidades puestas por el animal. Estos
niños aparentemente no conocen emociones más allá de la cólera o impaciencia pero su retorno a
la sociabilidad es rico en torno a las enseñanzas de la cultura corporal, se adaptan relativamente
rápido a su nuevo grupo aunque lamentablemente la mayoría de los niños “salvajes” que son
arrancados de su medio adoptivo mueren prematuramente.
Los niños aislados

Estos niños no están desprovisto en su totalidad de recursos, esto quiere decir, que gracias a sus
adquisiciones de una socialización anterior aseguraron su existencia a pesar de las adversidades,
aunque esta base fue borrada por la falta de un contacto social constante, que también les hizo
perder el lenguaje oral pero no el lenguaje gestual y la experiencia corporal para así adaptarse a un
nuevo medio normalmente hostil.

En este caso los niños presentan una sensibilidad o apego hacia las personas que los cuidan,
además de la hiperactividad del niño al no poderse enfocar en un solo punto, un olfato indiferente
a distintos olores como perfumes o putrefacción, carencia de emociones y de sensibilidad a las
altas temperaturas, déficit intelectual, etc… Lo último se debe a que han sido privados de un
medio social y cultural preciso, falta de simbolismos y significados de una comunidad ya que de
otra forma estos no pueden obtenerlos, también denotan un rápido cambio en sus capacidades
desarrollando así la atención y memoria con lo cual pueden comparar, juzgar y aplicar.

La necesidad del prójimo

Estos pocos casos nos enseñan que las disposiciones corporales están dictadas dentro de la
sociedad en su totalidad, ilustran el papel fundamental de la educación en el dominio de la vida
que son exceptas a influencias exteriores tales como los sentimientos, emociones y percepciones
sensoriales.

Gracias a sus tutores logran una adaptación ya sea de mayor o menor éxito respecto a su
afectividad o gustos alimenticios, afinación del sentido de la escucha o del tacto, pero pese a los
esfuerzos el niño lo hablara jamás debido al prolongado aislamiento y la edad, ya que este no
tendrá la misma flexibilidad que un niño prematuro. Los tutores ofrecen una ampliación de la
relación del niño con el mundo tales como los signos, conocimientos, necesidades y órdenes o
deberes para un libre intercambio de ideas, para así lamentablemente convertirse en un joven como
los demás.

El hombre sin el otro

La resistencia del cuerpo en estos niños sufre unas transformaciones al igual que las
singularidades sensoriales o afectivas que van ligadas con la duración de aislamiento y la presión
del medio en la cual estos niños llamados “salvajes” se encuentren, resultado de una capacidad de
adaptación. Solo un carácter poco común junto al largo aislamiento hizo que sus disposiciones
corporales siguieran caminos tan insólitos. Pocos logran una posición plena dentro su entorno
social ya que el uso de la palabra implica un uso del mundo según los códigos de la sociedad y
solo algunos logran el dominio carente del habla, así se reconoce la importancia del lenguaje en el
desarrollo de un pensamiento coherente.

Todas las modificaciones que se efectúan para la sobrevivencia ilustran el sorpréndete poder de
la adaptación, plasticidad y fuerza de resistencia que dispone el ser humano. La socialización de
la simbólica corporal exige la presencia de otros esto quiere decir que la simbólica corporal es una
memoria que hay que mantener con el reflejo de una comunidad ya que el hombre sometido a un
aislamiento duradero reelabora su mundo, la ausencia del otro transforma la percepción de su
propio cuerpo. Por lo tanto el otro es la condición de durabilidad de la simbólica que utiliza para
su comunicación.

Palabras claves

 Niños llamados “salvajes”.


 Vinculo social.
 La educación y cultura como modelación del hombre.
 Capacidad de adaptación, aculturación.

Idea central

La aparición de los niños “salvajes” enseñaron la importancia de los vínculos sociales y


culturales que ayudan en la construcción del cuerpo, el ser humano necesita de los otros lo
reconozcan para poderse plantear como sujeto parte de una comunidad ya que la naturaleza del
hombre se realiza en la cultura en la cual se desarrolla, es dentro del vínculo social donde el niño
realiza el aprendizaje del hecho de vivir debido a que un mundo sin otros es un mundo sin vínculos,
condenados a dispersión y la soledad, donde la simbólica le hace cuerpo y ayuda a comprender las
modalidades corporales de los otros y a informarse así mismo de las suyas.

Argumentos principales

El autor se basa en hechos documentados en libros de diferentes personajes sobre los niños
“salvajes”, como ellos por falta de un vínculo social humano sus cuerpos sufrieron adaptaciones
sobre el ambiente, sin un medio cultural no obtenía el espejo de sí mismo en los demás por ende
sus expresiones faciales de una sonrisa eran nulas y predominaban las emociones de cólera e
impaciencia. Los escritos que el autor hace mención son:

 Cassirer, E. (1975). Las ciencias de la cultura. México: Fondos de cultura económica.


 Singh. J. A. L., Zingg. R. M. (1942). Wolf-Children and Feral Man. New York: Harper &
Brothers.
 Malson. L. (1964). Wolf Children. London: New Left Books.
 Tournier, M. (1972). Vendredi ou les limbes du Pacifique. Paris: Folio.
 Le Breton, D. (1992). La sociología del cuerpo. Buenos Aires: Nueva visión.

Evaluación critica personal

Este libro nos hace reflexionar acerca de lo importante que es el medio en el cual nos
desarrollamos, nuestro medio cultural nos influye indirectamente moldeándonos y llenando
nuestro universo de posibilidades a unas específicas, de alguna manera inconscientemente
cargamos con los límites de la cultura. Nacemos como una tabla rasa, sin pensamientos concretos,
sin metas o aspiraciones, sin un pensamiento a futuro… Lentamente vamos pasando a ser
conscientes de todo aquello que nos rodea, aquello que antes no tenía un significado importante,
la sociedad misma nos hace conscientes de que somos sujetos de una comunidad, que somos parte
de ella. La culturalidad de una sociedad nos dicta cómo debemos comportarnos ante ella, como
debemos caminar, hablar, sonreír, comer, etc. ¿Pero qué pasa cuando esto no es así? Cuando la
sociedad que nos moldea ya no está presente y nos encontramos en la infinita nada.

Este es el caso de los niños “salvajes” para mi punto de vista no deberían ser llamados así, sino
niños sobrevivientes, niños que hicieron lo inexplicable para poder sobrevivir en un medio hostil,
tal vez con temperaturas extremas, ellos que pudieron salirse de los límites de su cuerpo para así
de alguna manera lograr una conexión con su medio, muchas personas los catalogaron de salvajes
solo por no tener un parámetro “normal” del humano, por no caminar o expresar sus emociones
acorde como la sociedad lo hace. “Solo una voluntad tenaz hace posible la adaptación progresiva
a la situación extrema” (Le Breton, 1999, p.32).

Pero estos niños colmados de inocencia, sorprendidos por un nuevo mundo que se les
presentaba al conocer un reflejo parecido a ellos, hicieron todo en ellos para adaptarse de nuevo a
otro medio, aprender a caminar erguido, expresar emociones más allá de las básicas y aprender el
lenguaje, toda una aculturación se avecinaba para la complacencia de la ciencia, tal vez era bueno
para expandir el universo de posibilidades que se encontraba limitada. Pero ¿qué pasa si ellos
quisieran seguir como estaba antes? No lo sabremos, por que muy pocos se detuvieron a pensar en
lo que realmente querían estos niños, solo seguimos lo que creímos que era lo mejor para ellos,
juzgamos desde nuestro punto que estaría bien y que estaría mal, lentamente los volvimos parte de
la sociedad. Le Breton (1999) afirma: “Cada niño elabora un modo personal de relacionarse con
su medio, de acuerdo con su historia y sus propias disposiciones” (p.27)