Vous êtes sur la page 1sur 86

HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DESDE LA


ANTIGÜEDAD TARDÍA A LA ÉPOCA INDUSTRIAL
1 ARQUEOLOGÍA MEDIEVAL Y LA INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA DE LA
ANTIGÜEDAD TARDÍA Y LA ALTA EDAD MEDIA. PROBLEMAS DE NOMENGLATURA Y
SITUACIÓN DE LA DISCIPLINA EN EL ÁMBITO EUROPEO OCCIDENTAL

Para una definición de la arqueología medieval

A pesar de que la Arqueología Medieval cuenta con una tradición de estudios muy reciente, los
precedentes y antecedentes son seculares. De hecho, al menos de forma parcial el espacio actualmente
ocupado por la Arqueología Medieval ha sido el campo de acción de otras “arqueologías” temáticas y
cronológicas que se solapan en ocasiones entre sí.
Las mayores divergencias se concentran en el período altomedieval, campo que la Arqueología
tradicional ha considerado como punto de llegada de la disciplina.
Así se observan diferencias terminológicas, que en el fondo también son conceptuales, en la
periodización cronológica con la que se aborda el estudio arqueológico de los siglos comprendidos entre
la caída del Imperio Romano y el año 1000. Hay autores que siguen estableciendo una división entre la
Arqueología de la Antigüedad Tardía y la de la Alta Edad Media, implantando en su caso el límite en el s.
VII o VIII, mientras que en otros casos se utiliza de forma más amplia la categoría de Alta Edad Media,
comprendiendo los siglos V-X.
Es un hecho que en los últimos 2 decenios se ha asistido a un acercamiento entre los arqueólogos
medievalistas y clásicos en torno a una serie de siglos intermedios.
Otro aspecto que hay que considerar brevemente es el papel jugado por la denominada
Arqueología cristiana o incluso las Arqueologías germánicas. En España esta especialización
arqueológica fue una de las vías con las que P. de Palol llevó a cabo durante los años 50-70 la apertura de
los tradicionales límites de la arqueología hacia los siglos de la Alta Edad Media.
La tendencia a mantener los nombres pero modificar los contenidos es bastante general en la
evolución reciente de la Arqueología Cristiana. En 1982 se propugnó la ampliación de sus ámbitos de
estudio para convertirse solamente en una arqueología de período, la Arqueología de la Antigüedad
Tardía, que de esta manera tendría en el s. VI otro límite cronológico. Poco después, el XI Congreso
Internacional de Arqueología Cristiana, insistía no solamente en la ampliación del ámbito de estudio, sino
especialmente sobre la necesidad de renovar la metodología de análisis. A pesar de los llamamientos a
transformar la disciplina para adecuarse a las nuevas investigaciones, no se ha producido una evolución
real.
En síntesis, a pesar de que la denominada Arqueología Cristiana o paleocristiana tenga su
relevancia en términos historiográficos, ha dejado de tener sentido en términos conceptuales e
importancia en términos científicos, de tal manera que no puede ser considerada en la actualidad ni
siquiera una arqueología de período.

La historia y la arqueología medieval

La relación tan compleja que existe entre la Historia Medieval y la Arqueología Medieval reside
en la existencia de toda una serie de circunstancias que han determinado la evolución de ambas
disciplinas y especialmente, en los problemas que plantea la construcción del registro material y textual.
Esta relación está a su vez mediatizada por 2 condicionantes previos. Por un lado, el notable
crecimiento del número de fuentes documentales disponibles para analizar la evolución de la sociedad
que tiene lugar a partir del s. XI en Occidente, obliga al arqueólogo a utilizar de forma crítica este
complejo y a la vez difícil registro informativo. Por otro lado, es innegable que desde un punto de vista
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 1
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

disciplinar la historia de las sociedades medievales hecha con fuentes escritas, cuenta con una tradición de
estudio y con una infraestructura científica muy superior respecto a la que dispone la Arqueología
Medieval.
A la luz de estas consideraciones no resulta extraño que hayan surgido en el curso de los últimos
años debates sobre estos argumentos. Hay que partir de una consideración importante: el registro material
y el documental son difícilmente complementarios ya que las informaciones que podremos obtener de
cada uno de los registros es distinta.
En rigor, se trata de un debate sobre cómo utilizar 2 registros distintos. Pero si los “historiadores
documentalistas” no emplean los restos materiales o los conocimientos arqueológicos más que de forma
marginal, no se debe solamente a que la lectura de una memoria arqueológica es con frecuencia tediosa, o
que existen pocos trabajos publicados.
Una segunda cuestión del problema es la dimensión técnica y teórica que comporta la
construcción de los registros. El pasado no existe, y las cosas que se han conservado no son sino objetos
del presente. Transformarlos en fuentes del pasado desde nuestra posición actual requiere un proceso de
lectura para que puedan ser comprendidos e interpretados. De esta forma, un arqueólogo no solamente
identifica y clasifica a partir de una serie de técnicas y de tipologías los objetos, sino que les otorga un
significado en función de toda una serie de planteamientos teóricos y de conocimientos previos.
La construcción del registro arqueológico constituye un aspecto fundamental del desarrollo actual
y futuro de la Arqueología Medieval. La cuestión que hay que plantearse es, pues, cómo se construye el
relato histórico a partir de registros informativos de distinta naturaleza, como son los documentales y los
materiales. El empleo de ambos registros informativos requiere una notable reflexión crítica.
Una primera aproximación es aquélla que supedita el registro arqueológico a las premisas y los
problemas planteados por la documentación escrita y por la historiografía del mundo medieval, otra es la
que construye el documento arqueológico de forma autónoma. Por lo tanto, ¿cómo construir nuestros
registros y cómo elaborar un discurso riguroso?
Seguramente la propuesta más interesante sea la de seguir una estrategia análoga a las vías del
tren, donde los carriles discurren de forma paralela y autónoma aunque las traviesas y la red electrificada
garantizan el funcionamiento y la homogeneidad del sistema. De vez en cuando, los cruces garantizan los
contactos entre las vías, permitiendo variar el rumbo.

La historia medieval y la arqueología medieval en España

Se pueden deducir algunas características generales sobre la evolución reciente de la Arqueología


Medieval en Europa:
- Su práctica es reciente, aunque cuenta con precedentes desde el s. XIX.
- Las bases teóricas de la Arqueología Medieval europea occidental están estrechamente
vinculadas al desarrollo de la Historia Medieval.
- Respecto a la Arqueología Clásica, la Arqueología Medieval rompió desde el principio
con la Historia del Arte, tomando caminos separados.

1. Historiografía de la arqueología medieval en España.


A pesar de que los antecedentes de la Arqueología Medieval en España se puedan rastrear
al menos desde el s. XIX, solamente a partir de los años 80 del s. XX podemos hablar de
desarrollo en términos actuales. Hay que tener en cuenta que las distintas escuelas que surgieron
han tenido un peso relevante en la construcción disciplinar. De forma general deberemos
considerar la existencia de al menos 3 líneas principales que han influido en la formación de la
disciplina.
1. Está vinculada al estudio arqueológico de la Alta Edad Media, entendida como un
estudio monumental de las evidencias materiales, o como un análisis arqueológico de los
“pueblos germánicos”.
Además de esta corriente monumentalista, el estudio arqueológico se ha desarrollado
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 2
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

desde la perspectiva de la “arqueología visigoda”. Fue durante los años 30 y el franquismo


cuando se promovió el desarrollo de una arqueología de los godos en España. Pero si estos
autores filogermánicos remarcaban los vínculos de la Historia de España con los pueblos
germánicos, otros, reivindicaban el substrato clásico bajoimperial del mundo visigodo.
A mediados de los años 40, los estudiosos filogermánicos empiezan a dar paso, poco a
poco, a nuevos estudios. Desde planteamientos más conservadores se introduce el concepto de
Arte Hispanovisigodo, a partir del cual se desarrollan nuevas síntesis y estudios que limitan la
presencia de los “visigodos” a un espacio concreto de la Península.
2. El estudio del registro material andalusí. Las primeras investigaciones arqueológicas
realizadas muestran una clara atención hacia evidencias materiales de carácter monumental. Ya
desde el ámbito de la rehabilitación, durante el s. XX se han proseguido intervenciones en
conjuntos palatinos (Alhambra) o grandes arquitecturas (Mezquita de Córdoba).
3. La actividad realizada a partir de los años 60 fuera de los círculos académicos,
principalmente en Museos. Son varias las figuras que han incluido algunas de las temáticas que
se estaban empezando a trabajar en Europa. Pero solamente a partir de los años 80 se producirá
una verdadera explosión y desarrollo de la Arqueología Medieval en España, creándose sus
bases.
Hay que señalar, además, que en estos mismos años se aprobó la Ley de Patrimonio
Histórico (1985) que, transfiriendo la gestión del Patrimonio a las Comunidades Autónomas,
permitió el desarrollo de un nuevo modelo de gestión de la Arqueología. Esto se ha traducido en
una multiplicación enorme durante los últimos años del número de intervenciones. Pero
paradójicamente este crecimiento de la práctica arqueológica en yacimientos medievales no
comportó una consolidación de la disciplina por varias razones:
- No se ha logrado una consolidación a nivel académico de la Arqueología
Medieval. Todavía el número de docentes es muy limitado.
- Tampoco la Asociación de Arqueología Medieval Española logró convertirse en
un elemento polarizador que dinamizase la nueva situación, quedando reducida a una
presencia marginal a partir de los años 90.
Durante la segunda década de los años 80, cuando se crearon las bases de la actual
Arqueología Medieval, se trabajó sustancialmente en la creación de instrumentos de datación y de
análisis a la vez que se han explorado nuevos campos de trabajo y estudio. Quizás son los estudios
sobre la Alta Edad Media los que conocieron una renovación más profunda en este período.
Pero es a partir de los años 90 cuando se produce un crecimiento notable de la práctica
arqueológica en contextos medievales, y gracias a ellos se ha producido una renovación profunda
de la disciplina.
Una de las temáticas que ha alcanzado un mayor desarrollo en estos años ha sido la
Arqueología Urbana. Las excavaciones realizadas han permitido conocer las profundas
transformaciones sufridas por los centros urbanos durante la Alta Edad Media y las bases sobre las
que se produjo la renovación o la gestación de una nueva red urbana al final de este período.
También durante los años 80 y 90 se realizaron las primeras excavaciones en asentamientos
rurales, aunque desde planteamientos muy disociados de lo que era el problema de los
despoblados tal y como se había definido en Europa.
Los años 90 han sido igualmente el momento en el que se han multiplicado las
intervenciones en iglesias y conjuntos monumentales en contextos de rehabilitación monumental.
Una aportación cualitativamente significativa ha sido la introducción y el desarrollo de la
denominada “Arqueología de la Arquitectura”.
La arqueología de los castillos no llegó a generar una arqueología del incastellamento o de
los poderes territoriales, sino que con frecuencia terminó confirmándose a una arqueología del
monumento, salvo excepciones puntuales.
Pero sin duda ha sido la arqueología andalusí la que ha experimentado un desarrollo
más significativo durante los años 90. Si hasta los años 70-80 los estudios se centraban sobre
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 3
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

monumentos, cerámicas decoradas, epigrafía y numismática, a partir de este momento la situación


va a cambiar gracias a la datación de las primeras cerámicas emirales del Sur y Sureste de al-
Andalus. Con estos instrumentos, la Arqueología ha contribuido a reconceptualizar las sociedades
islámicas y a estudiar fenómenos complejos como el proceso de configuración de la formación
social islámica o a explicar los paisajes andalusíes.
Los avances realizados sobre la cultura material, los despoblados rurales, las redes
hidráulicas, los conjuntos monumentales (Madinat al-Zahra, la ciudad brillante) y la estructura
territorial andalusí, han permitido conocer la estructura del poblamiento rural andalusí, de los
Husun o castrillo, así como el papel del estado y de las formaciones tribales en la configuración
de los paisajes.
Con la llegada del nuevo milenio se ha mantenido parcialmente las tendencias ya
documentadas, aunque también hay algunas novedades.
Uno de los fenómenos nuevos que caracteriza estos últimos años ha sido el desarrollo de
una verdadera arqueología del campesinado medieval mediante la excavación integral de
yacimientos rurales, que han permitido superar la división existente entre la arqueología de las
viviendas y la de los espacios de producción, para analizar arqueológicamente los paisajes de
forma más integral. El estudio de fenómenos como el fin de las villas romanas, la creación de las
redes de aldeas o la organización del territorio andalusí o bajomedieval, articulan buena parte de la
investigación. La arqueología de las fortificaciones es, asimismo, otra temática que está
conociendo un desarrollo notable. Tanto las fortificaciones andalusíes como las feudales adquieren
un nuevo significado como centros de articulación territorial.
Otros 2 ámbitos en los que se están produciendo aportaciones importantes son las ciudades
y el ritual funerario.
Gestionar los resultados de la Arqueología Urbana sigue siendo una asignatura pendiente
de toda la Arqueología europea. En los últimos años se están produciendo algunos pasos
importantes, y de hecho, especialistas en al-Andalus están rediscutiendo activamente el papel de
las ciudades en las formaciones sociales islámicas.
Por lo que se refiere al estudio de los cementerios y las necrópolis, se están dando pasos
para superar los planteamientos historicistas que han llevado a seguir interpretando como
visigodos los enterramientos con un determinado ritual o ajuar.
Sigue en cambio pendiente la integración a nivel académico de los resultados obtenidos
por la Arqueología Medieval.

2 DE ROMA A EUROPA. CLAVES PARA UN ANÁLISIS ARQUEOLÓGICO DE LAS


TRANSFORMACIONES ACAECIDAS EN EL TRÁNSITO ENTRE LA ANTIGÜEDAD Y LA
EDAD MEDIA

Introducción

La Alta Edad Media es el periodo comprendido entre la caída del I. Romano y el año 1000. Las
teorías sobre cómo se produce el tránsito de la Antigüedad a la Edad Media son:
- Catastrofista. Sitúa el cambio dentro del proceso de las invasiones germánicas y de la
disolución política del Imperio.
- Continuista. Defiende que hubo una etapa de continuidad durante el periodo que abarca
desde la caída del I. Romano hasta la época del I. Carolingio, en base a la continuidad cultural y a
las morfologías antiguas que se aprecian en las estructuras altomedievales.
- Henry Pirenne. Defiende la existencia de una fractura neta entre la Antigüedad y la Edad
Media en el s. VII. Afirma que las migraciones germanas no supusieron el fin de la sociedad
romana puesto que los bárbaros preservaron el aparato institucional del imperio tardorromano y
también la organización económica. Tan solo se produjo el cambio en los grupos dirigentes. La
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 4
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

civilización romana se transformó y evolucionó pero no se fragmentó. Para Pirenne, la fractura


llegó como consecuencia de la invasión islámica del s. VII, que trajo la división del Mediterráneo
en 2 unidades culturales diferenciadas, el fin del comercio a larga distancia, la disolución de los
mercados y de la estructura económica que reposa sobre las ciudades. Consecuencia de todo ello
fue que Europa se replegó sobre sí misma y se crearon las bases para el nacimiento del I.
Carolingio, primera estructura política claramente medieval.

Mahoma y Carlomagno: reinterpretación arqueológica de las teorías de Pirenne

La principal contribución de la arqueología altomedieval es replantear desde nuevas bases, con


nuevos datos y nuevos modelos interpretativos el tránsito entre la Antigüedad y la Edad Media,
confrontándolos con la tesis de Pirenne.
Los resultados de los estudios arqueológicos realizados en los últimos 30 años han permitido
reformular sobre nuevas bases una propuesta interpretativa paralela a la de Pirenne. Esta propuesta ha
sido elaborada a partir del análisis de toda una serie de indicadores o registros arqueológicos que han
permitido observar los procesos de transformación de las sociedades antiguas y la génesis de las
medievales.
Entre los principales indicadores arqueológicos que se han utilizado y sistematizado en estos
decenios, que serán objeto de análisis en estos temas, hay que señalar esencialmente 3:
- La circulación de mercancías, y de forma más concreta el estudio de la cerámica como
indicador de la existencia de una red de intercambios comerciales y de formas de producción que
caracterizan el mundo antiguo y que se van a agotar o a transformar profundamente en época
medieval.
- La jerarquía social y de poder que emana de las ciudades como elemento básico de
organización de la sociedad romana, que se modificará de forma muy profunda en época
medieval.
- Las formas de organización del poblamiento rural y las actividades agrícolas y ganaderas.
Frente a la idea de crisis profunda (catastrofista), o el concepto de transición diluida en el tiempo
(continuista), muchos autores tienden a definir el tránsito entre ambos períodos en términos de
transformaciones que se desarrollaron de forma muy compleja en el tiempo, aunque sufrieron en un
determinado momento una aceleración que desencadenó un cambio profundo.
En un reciente trabajo C. Wickham ha señalado 4 factores principales que han influido en la
transformación de la estructura socioeconómica de cada sector del Imperio:
- La guerra. Las invasiones germánicas han tenido efectos distintos en cada territorio. En
algunos casos ha comportado la mera sustitución de las clases dirigentes; en otras ocasiones los
conflictos generados entre estos nuevos estados frente a Bizancio han tenido efectos muy
relevantes en la transformación global de las estructuras socioeconómicas.
- La capacidad de supervivencia de la infraestructura estatal y de mantener un eficaz
sistema fiscal. Los grandes propietarios que aspiraban a alcanzar o mantener una posición
relevante en términos sociales lo conseguían a través de la ocupación de cargos relevantes en el
marco de la administración estatal del Imperio.
Sin embargo, en los últimos siglos del I. Romano las reformas institucionales se tradujeron
en un crecimiento notable de la presión fiscal. La máquina imperial precisaba siempre de más
impuestos, tensando la cuerda de forma progresiva. La creciente presión fiscal existente ya en la
fase final del Imperio aumentó, y los principales propietarios pretendieron evadir el pago de
impuestos.
Aunque el estado visigodo, intentó mantener en pie el sistema fiscal romano, no fue capaz
tras el 650 aprox. La tierra se convirtió en el poder en sí mismo. Así el debilitamiento del poder
centralizado favoreció el desarrollo de poderes locales.
Las luchas entre la nobleza y la monarquía que debilitaron el estado visigodo en el marco
del proceso de feudalización durante la segunda mitad del s. VII e inicios del s. VIII forman parte
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 5
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

de este proceso. La base del poder de la monarquía estaba definida por la existencia de un
patrimonio de tierras de las que disponía el rey. Y era con tierras como se pagaban los servicios de
todo tipo y las fidelidades a la monarquía. El poder ya no estaba representado por la
participación en las tareas estatales de los mayores propietarios de tierra, el poder era la
tierra misma, y por ese motivo quien tenía la tierra decidió abandonar al estado.
- La estructura de la gran propiedad-rural. Por su parte el campesinado, vinculado
esencialmente al pago de rentas por la explotación de las tierras de estos grandes propietarios, no
tenía ningún interés en defender las bases del poder estatal. Siendo igualmente hostil a las
tendencias feudalizantes.
La tensión que se genera entre los distintos modelos sociales y entre las distintas clases
sociales explica, de hecho, los principales procesos que caracterizan las transformaciones que
tuvieron lugar durante estos siglos.
- La integración en el sistema económico del Mediterráneo. El estado romano
garantizaba el comercio de larga distancia a través del Mediterráneo. La circulación de cerámica
constituye un buen indicador para comprender la estructura económica del mundo romano durante
estos siglos. Los estudios más recientes han mostrado que fue durante la segunda mitad del s. VII
cuando dejaron de comercializarse las cerámicas a larga distancia.
Teniendo en cuenta estos criterios se ha observado que estos procesos se han desarrollado con
cronologías muy diferentes en los distintos territorios. Así, mientras que en Italia los factores de la crisis
se detectan en el curso del s. VI, en Hispania será únicamente en el s. VII cuando se observen los
indicadores de una verdadera crisis o fractura, que en algunas ocasiones se prolongará hasta el siglo
siguiente. En otros territorios, como la Galia, las cronologías y los procesos de cambio son asimismo
diferentes.

La circulación de mercancías en la Antigüedad Tardía y el periodo altomedieval

Uno de los elementos más característicos de la estructura socioeconómica del Imperio estaba
constituido por la existencia de una compleja red de intercambios entre las provincias. Esta red va a ser
sustituida por un sistema de producción y de intercambio mucho menos sofisticado y más regionalizado,
de carácter plenamente medieval.
Los arqueólogos han estudiado este fenómeno esencialmente a través de la circulación de la
cerámica. Hay que tener presente que la producción de cerámica constituye una actividad artesanal muy
difundida en época preindustrial, por lo que su estudio constituye un indicador preciso de la consistencia
y la vitalidad de las redes de intercambio.
En los últimos 30 años los arqueólogos han sistematizado y elaborado tipologías de las principales
producciones cerámicas utilizadas durante los últimos siglos del Imperio y del período altomedieval, lo
que ha permitido reconocer las redes de intercambio entre los distintos sectores del mundo romano y su
impacto.
Así p.e. el predominio que alcanzaron las importaciones itálicas en el territorio romano en época
tardorepublicana y altoimperial, sustituidas en época medioimperial esencialmente por las producciones
provinciales occidentales (Galia e Hispania), constituyen un indicador preciso de las relaciones
comerciales, políticas y sociales del Imperio. A partir del s. II, Italia empieza a depender de las provincias.
La llegada masiva de producciones cerámicas provinciales nos muestra como Italia ha dejado de ser el
principal centro de producción para convertirse en el mayor centro de consumo.
A partir del s. III aprox. se inicia la hegemonía productiva de las provincias africanas, tal y como
testimonia la abundante presencia a partir de este siglo de cerámicas africanas en la práctica totalidad del
mundo romano.
La circulación de algunas producciones cerámicas de mesa o determinados tipos de ánforas han
constituido los principales indicadores para analizar estos intercambios. Sin embargo, en los últimos años
se ha prestado una atención especial a las cerámicas comunes.
Fue en el curso del s. VII cuando dejaron de circular en el ámbito mediterráneo las cerámicas de
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 6
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

mesa, lo que indica en términos generales, que cesaron los intercambios comerciales entre las distintas
áreas del mundo romano. Sin embargo, esto debe matizarse.
Así pues, aunque con cronologías y con características diferentes, los siglos V-VII representan una
fractura significativa del modelo de distribución y consumo propia del ámbito romano. El sistema basado
en pocos centros capaces de producir volúmenes significativos de cerámicas que alcanzan una notable
distribución gracias a una eficaz red de comercialización, va a ser sustituido por un modelo mucho más
fragmentado y regionalizado.
Por otro lado se produjo una transformación muy relevante en el repertorio cerámico. A partir del
s. VI-VIII dejaron de producirse y de utilizarse cerámicas de mesa, cuya función fue delegada a formas
realizadas con otros productos como la madera, mientras que alcanzaron un notable protagonismo las
formas cerradas destinadas a los usos culinarios y a la conservación de líquidos y alimentos (marmitas,
ollas, tinajas, jarros, etc.).
El repertorio de formas es normalmente reducido y se observa un bajo nivel de estandarización,
interpretado esto como índice de las existencia de fábricas profesionales o semiprofesionales aisladas y de
producciones de carácter doméstico y autárquico.
Únicamente a partir de los siglos IX y X se produjo una nueva modificación en el repertorio
formal que se tradujo en el ámbito islámico en la reaparición de la cerámica de mesa y en la aparición de
nuevas formas (ataifores, cazuelas, orzas, barreños, tannur, arcaduz, etc.), y en el ámbito feudal en una
mayor diversificación y especialización del repertorio, y una tendencia a la estandardización de las
formas. La aparición de nuevos talleres organizados en torno a polos productivos urbanos o en centros
rurales especializados, preanuncia una estructura artesanal que se desarrollará con formas más complejas
a partir del año 1000.

Nuestro punto de partida estará constituido por la circulación de mercancías en la fase final del I.
Romano. El cuadro de la Península Ibérica se presenta muy variado ya en los siglos IV-V, cuando las
producciones africanas alcanzaron una notable difusión en algunos sectores de la Península (Bética,
sector mediterráneo y valle del Ebro), pero aparentemente su grado de difusión es más contenido en la
meseta y en el sector septentrional. En estas zonas y en el Ebro dominan esencialmente las producciones
hispánicas y, de forma subsidiaria, las gálicas.
Pero las diferencias se acentúan progresivamente a partir del s. V, cuando se hace más evidente la
tendencia a la regionalización, que se traduce en la existencia de diferencias entre las distintas áreas
geográficas. Concretamente debemos considerar 3 áreas diferenciadas:
1. El sector mediterráneo y la costa atlántica meridional, donde la presencia de materiales
importados es relevante y perdura hasta el s. VII. Se inserta plenamente en las redes mercantiles
mediterráneas más articuladas. Durante los siglos V y VII las cerámicas africanas alcanzan de forma
regular los centros urbanos situados en el litoral, hasta el completo cese de su circulación durante este
último siglo.
Un buen ejemplo es Tarragona. A través el análisis de varias excavaciones realizada en
contextos de los siglos IV y VII, ha sido posible definir 4 períodos que permiten analizar cómo
decrecen las importaciones a favor de producciones locales:
- La presencia de cerámica común norteafricana es muy notable ya desde la fase final del s.
IV, de tal manera que representa el 70-80% del total.
- A partir del s. V se producen algunas modificaciones en las redes comerciales. Aumenta la
presencia de ánforas respecto al período anterior, lo que podría indicar la necesidad de un mayor
aprovisionamiento externo. En cambio, la cerámica común norteafricana empieza a ser sustituida por
producciones de ámbito local o regional.
- Entre la fase final del s. V y mediados del s. VI se mantiene un predominio de los materiales
africanos. Quizás el aspecto más significativo es la contracción de la cerámica común de cocina
africana y su sustitución por cerámicas locales, iniciándose un proceso irreversible de
regionalización.
- En la segunda mitad del s. VI y durante el s. VII desaparecerán paulatinamente las sigillatas
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 7
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

africanas. La cerámica común producida en el ámbito local es la más frecuente.


Es decir, durante los siglos IV-VII es muy notable la presencia de materiales importados en
esta ciudad, a pesar de que es evidente una progresiva disminución de los mismos a favor de las
producciones locales, especialmente en el último siglo. A partir de este momento se generalizarán
otras clases de producción realizadas en el ámbito local o subregional, con técnicas siempre menos
complejas y con repertorios morfológicos menos variados. Concretamente, las cerámicas
realizadas a mano o a torno lento se convertirán en las producciones predominantes en los siglos
VIII-IX en muchos sectores de la Península Ibérica.
Este cuadro es similar al que podemos hallar en otras ciudades en el sector mediterráneo o
en el sur de la costa atlántica.
Es igualmente muy frecuente el hallazgo de materiales importados durante los siglos V-VI
en el territorio rural. Pero mientras que aún en el s. VI se constata una cierta circulación de
importaciones en algunas villae o en algunos yacimientos interiores, a partir de la primera mitad
del s. VII se produce una notable contracción de estas producciones, llegando a desaparecer
completamente en el curso de este siglo.
La primera producción que alcanzará una cierta difusión en Cataluña en época medieval
son las cerámicas espatuladas, documentadas en los siglos IX-XI.
Es preciso señalar la particularidad del valle del Guadalquivir y del territorio que estuvo
sometido al dominio bizantino (554-625). Pese a la importancia que tendrán aquí las
importaciones y las producciones locales de cerámicas realizada a torno, a partir del s. V empieza
a documentarse en los registros arqueológicos la presencia de cerámicas realizadas a mano y a
torno lento.
En las fases de ocupación de los siglos VI-VII se advierte la tendencia general hacia una
creciente regionalización de las producciones y al autoabastecimiento, aunque se observan
diferencias entre los territorios rurales y los centros urbanos.
Así p.e. en el caso de Tolmo de Minateda se ha podido observar que las cerámicas
mayoritariamente utilizadas en el s. VII son producciones realizadas a torno, y en menor medida a
mano. Las importaciones mediterráneas tienen un peso cuantitativo marginal, pero indican que la
ciudad se encontraba dentro de una cierta estructura comercial y de intercambio.
Son mucho más complejas las informaciones proporcionadas por la ciudad de Cartagena,
pues estuvo en el centro de una compleja red de intercambios, lo que explica que en sus
yacimientos se hayan localizado asimismo abundantes cerámicas comunes de proveniencia balcar,
del sur de Italia, del Mediterráneo oriental y del norte de África. A inicios del s. VII desciende el
número de las importaciones.
Estos ejemplos nos muestran que si bien el s. VII representa una cesura en la circulación de
mercancías con otras zonas del Mediterráneo, aún perdura una estructura comercial y productiva
compleja que gravita en torno a las ciudades.
Bajo dominio emiral parece que las ciudades siguen manteniendo en este sector un cierto
dinamismo, aunque desaparecen las importaciones de ámbito mediterráneo.
No obstante, será a partir de mediados del s. IX cuando se documenta la reconstrucción de
un tejido productivo más complejo y articulado basado en la existencia de polos productivos
especializados, que cuentan con una mayor capacidad de comercialización. Aspectos relevantes
serán la estandardización de las formas, la aparición de nuevas tecnologías productivas de mejor
calidad como el vidriado, y el surgimiento de una red de distribución más eficaz.
En el caso del valle del Guadalquivir durante el s. VI la circulación de cerámica importada
fue muy notable. Los trabajos más recientes han mostrado que en los siglos de dominio visigodo,
una vez que desaparecieron las importaciones, se mantuvo una producción de cerámica a torno,
con frecuencia espatulada, que alcanzó una distribución bastante notable en el mundo rural.
Únicamente tras la invasión islámica se produjo el colapso de este sistema productivo y la
generalización de un repertorio formal más reducido y caracterizado por la polifuncionalidad. Esto
se mantendrá hasta finales del s. IX e inicios del s. X.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 8
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

2. La Meseta presenta diferencias muy significativas respecto a los modelos productivos y


de consumo que se han analizado en el ámbito Mediterráneo y Bético. Por un lado, las cerámicas
africanas y en general, de proveniencia mediterránea, solamente aparecen de forma muy contenida
en algunos yacimientos concretos. Predominan, en cambio, las producciones hispánicas y las
producciones gálicas. Resulta evidente la existencia de una clara diferenciación entre los
asentamientos rurales, que a partir del s. V utilizan esencialmente cerámica realizada a mano o a
torno, frente a los pocos centros urbanos que perduran y en los que se hallan todavía materiales
importados. Pero en general, a partir del s. VI, desaparecen los materiales importados de carácter
plenamente romano y se generalizan modelos productivos menos especializados. Hay que llamar
la atención sobre las denominadas “imitaciones de sigillatas” o “cerámica común imitación de
sigillata”, que han constituido probablemente hasta el s. VII el principal indicador de la existencia
de un modelo de producción articulado en torno a algunos centros de fábrica principales. Se trata
de producciones que han tenido una difusión significativa en sectores de la meseta.
Pero indudablemente los estudios más recientes muestran que a partir del s. V se ha
afirmado una clara tendencia a la regionalización de las producciones en un contexto comercial y
productivo muy fragmentado. La propia desarticulación de la red urbana del centro peninsular y la
afirmación de los poderes locales periféricos deben haber indudablemente influido en este tipo de
desarrollo.
Aunque no contamos aún con muchos modelos territoriales sobre el desarrollo de la
cerámica altomedieval, es posible analizar algunos casos concretos que ilustren las variaciones que
se suceden durante estos siglos.
Así p.e. en el caso del yacimiento madrileño de Gózquez de Arriba, un asentamiento
campesino fundado en el s. VI y que perdura hasta el período emiral, el registro cerámico nos
muestra cambios muy significativos en cada uno de los siglos analizados. En este yacimiento se ha
identificado un único fragmento de sigillata africana fechado en la fase final del s. VI, aunque la
gran parte de los materiales cerámicos han sido realizados en el ámbito local o regional.
En cambio en la ciudad de Mérida se ha recuperado un número muy reducido de
importaciones cerámicas, generalmente africanas, durante los siglos VI y VII. La composición de
la vajilla utilizada estaba compuesta esencialmente por cerámica común caracterizada por un
repertorio de formas reducido y sin estandardizar. Desde un punto de vista técnico se han
reconocido 2 grupos principales:
- Cerámicas realizadas a torno.
- Cerámicas realizadas a mano o retocadas con torno.
Existe también una diferencia sustancial en las formas de cocción, ya que son mucho más
regulares y controladas en el caso de las primeras que de las segundas.
En los contextos del s. VI predominan las cerámicas a torno, aunque es también
significativa la presencia de las cerámicas realizadas a mano. De hecho este grupo pasa a ser
dominante en el s. VII.
Así pues, se observa como en el transcurso de estos siglos se hace creciente la importancia
del segundo grupo, que ha sido identificado con un modelo productivo de carácter doméstico y la
inexistencia de alfareros profesionales.
Este panorama se modifica sustancialmente a partir del s. VIII, en época emiral. En este
momento se observa que se vuelve a imponer una actividad alfarera profesionalizada, de tal
manera que se produce una estandarización de las formas.
Estos 2 ejemplos ilustran la complejidad del fenómeno de transformación que ha puesto de
manifiesto las notables diferencias territoriales existentes.
El hallazgo en solo algunas aldeas de hornos de producción cerámica, ha llevado a pensar
que nos encontraríamos en presencia de talleres estables de uso intermitente en función de la
demanda, quizás por parte de alfareros semiprofesionales que de forma itinerante producirían estas
cerámicas. Esto explicaría la existencia de verdaderas “culturas productivas” en la cuenca del
Duero o del Tajo, que no obstante cuentan con cierta homogeneidad espacial, cubriendo amplios
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 9
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

sectores territoriales. En algunos lugares centrales, como Mérida, Coca o Recópolis, se mantuvo
una producción de calidad y llegaron algunas importaciones del Mediterráneo. En cambio, su
número es muy exiguo o inexistente en las aldeas rurales.
El colapso de las redes de aldeas en la cuenca del Duero hacia el 750 parece que tuvo
consecuencias en este conjunto de “culturas productivas” cerámicas de los siglos VI y VII. Y
aunque contamos con muy pocos contextos bien fechados en este período, en amplios sectores
meseteños y del Ebro se produjo una reestructuración de las redes de intercambios y los
mecanismos de organización del artesanado.
Así p.e. en la cuenca del Zadorra, en el alto Ebro, a partir del s. VII se observa la
consolidación de una nueva estructura artesanal que pivota sobre las nuevas redes de aldeas que se
fundan en este periodo.
Como en el caso catalán, también en el ámbito castellano se ha podido observar cómo a
partir del s. IX se difunden algunas producciones cerámicas que permiten concluir que existen
fábricas más estructuradas que realizan cerámicas que alcanzan una cierta difusión territorial. En
este mismo siglo se ha podido observar que aparecen en contextos vascos grandes contenedores
realizados con pastas depuradas. No obstante, será en el s. X cuando se diversifique el repertorio
morfológico y funcional. Así pues, durante los últimos siglos de la Alta Edad Media se configuran
en el País Vasco un nuevo tejido artesanal basado en polos productivos especializados que produce
cerámicas que alcanzan una difusión comarcal y que está directamente relacionado con la génesis
de la red aldeana.

3. El sector cantábrico y en general todo el norte peninsular, presenta paralelos con la


meseta. También en este caso son las producciones hispánicas y gálicas los materiales más
frecuentes en los contextos de los siglos V y VI, aunque también se han identificado materiales
importados. Las características son similares a otros conjuntos excavados en las costas inglesas,
galesas y aquitanas, lo que prueba la integración durante estos siglos de estos sectores en la red
comercial atlántica tardoantigua. Pero también en esta ocasión el s. VI representa el momento en
el que desaparecen de las estratigrafías los materiales importados de mesa y los contendores de
transporte.
Uno de los ejemplos mejor estudiados está constituido por la ciudad de Gijón. Las
excavaciones realizadas han mostrado que la ciudad participaba en los siglos V y VI en una
compleja red de intercambios. De hecho se han identificado 3 grupos principales: cerámicas
norteafricanas (Túnez septentrional), ánforas y cerámicas microasiáticas (Focea y Antioquía) y
cerámicas aquitanas, en el entorno de Burdeos.
Este modelo se ha identificado en otros yacimientos cantábricos, tanto costeros como del
interior. Pero a partir del s. VI desaparecen las importaciones y se desarrolla un sistema productivo
similar al de la Meseta.
Aun no siendo muy abundantes, los contextos de los siglos VII-X del norte peninsular se
componen de un repertorio de formas muy reducido. Se ha argumentado que estaríamos en
presencia de un sistema artesanal muy compartimentado, con talleres muy localizados y un ámbito
de producción subregional.
En el caso de las aldeas vascas existe una verdadera diferenciación entre los materiales
cerámicos del período visigodo y de los siglos VIII-X. En los contextos de los siglos VI o VII
encontramos exclusivamente formas cerradas modeladas a mano o a torno lento, con pastas tiernas
que prácticamente se deshacen en la mano. A partir del s. VIII avanzado o inicios del s. IX se
observa una transformación relevante en la estructura alfarera. Empiezan a aparecer piezas
realizadas a torno lento y cocidas irregularmente, pero que destacan por la calidad de las pastas,
que son muy finas y resistentes. Estas producciones han sido asociadas a la existencia de nuevos
talleres especializados en el sector oriental del País Vasco, en contraste con el sector occidental,
donde predominarían las producciones domésticas.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 10


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

¿Cómo interpretar todos estos procesos descritos? El tránsito de formas de producción,


distribución y consumo complejas y altamente especializadas como las documentadas en época
tardorromana hacia modelos de carácter doméstico nos muestra la existencia de una estructura económica
mucho menos sofisticada, reflejo de un nuevo orden social.
Resulta evidente que materialmente son siglos más simples y pobres, pero esto no nos puede llevar
a expresar los denominados “siglos oscuros” en términos despectivos. Si algo ha pretendido la
arqueología altomedieval reciente ha sido explicar las características de la cultura material de estos siglos
en función de las características de su sociedad.
Desde este punto de vista, la fragmentación del comercio a larga distancia entre las provincias que
supuso la propia crisis y desaparición del Imperio, y que se refleja en el final de las importaciones
cerámicas, dio paso a un modelo de organización de la producción muy distinto: técnicas de producción
menos sofisticada, simplificación de repertorios, menor capacidad de control de las formas de cocción,
etc. Esto nos muestra esencialmente un contexto de producción muy distinto. Estamos en presencia de
productos semiprofesionales, con estructuras productivas menos complejas y con redes de distribución
poco eficaces.
Es paradigmático, por otro lado, que estas cerámicas se asemejen a las prerromanas.
Estas cerámicas toscas se generalizarán hasta convertirse casi en exclusivas durante los siglos
VI/VII-X e incluso después. No obstante, sería un error pensar que se trata de una realidad uniforme e
invariada en todo este período, ya que este modelo se complementa, a partir del s. IX, con otro en el que
operan alfareros profesionales. De hecho, a partir del último cuarto del s. X, la cerámica vuelve a adquirir
un papel relevante como indicador de la existencia de relaciones comerciales en el marco del
Mediterráneo, en esta ocasión bajo la hegemonía islámica.
Podemos decir que los distintos modos de producir, consumir y distribuir, en realidad son los que
mejor se adecuan a las características de la estructura socioeconómica de cada momento. Las
producciones cerámicas toscas y realizadas a mano, lo que nos plantean es la presencia de pequeñas
comunidades campesinas con un alto grado de autosuficiencia y la inexistencia de polos productivos
especializados vinculados a redes comerciales amplias.
En un período como la Alta Edad Media de simplificación de la estructura económica, es
indudable que las informaciones que nos ofrece el registro cerámico son del máximo interés para conocer
las formas de organización social que caracteriza el tránsito de la Antigüedad a la Edad Media.

El urbanismo en la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media

Otro elemento característico de la Antigüedad está constituido por el tejido urbano, que constituía
un elemento básico de la organización social, política y económica de Roma.
Ahora bien, resulta muy frecuente que se haga referencia a la decadencia de las ciudades en la Alta
Edad Media. De hecho, si analizamos la génesis de las ciudades de época medieval y moderna nos
daremos cuenta de que una parte significativa ha surgido en época romana o incluso con anterioridad. No
obstante, otro grupo sustancial está formado por nuevas fundaciones durante la Alta Edad Media o en
época bajomedieval.
Pero frente a esta concepción regresiva de la vida urbana y a un planteamiento que concibe el
urbanismo medieval como un resurgir sobre nuevas bases, la arqueología de las ciudades, ha permitido
analizar desde una nueva óptica las transformaciones que se produjeron en las ciudades en la fase final del
I. Romano y el inicio de la Edad Media. Las excavaciones y estudios realizados han permitido observar la
naturaleza de los cambios que tuvieron lugar en las ciudades peninsulares en este período.
Resulta indudable que las ciudades tardorromanas o altomedievales se parecían muy poco a las del
período de Augusto. La propia ciudad de Roma se transformó. Se produjo una reducción muy notable del
área habitada y del número de habitantes: 500000 en el s. V a 25000-40000 en los siglos VII-VIII. Esta
Roma estaba formada por núcleos generalmente de dimensiones reducidas y agrupados en torno a
iglesias, separados entre sí por ruinas y espacios vacíos. No obstante, nadie puede poner en duda el
carácter urbano de Roma durante estos siglos, ya que tanto en términos económicos, administrativos,
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 11
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

religiosos y políticos su status era sustancialmente diferente al de los espacios rurales.


En el caso de Hispania, las numerosas excavaciones realizadas desde los años 80 han permitido
observar la naturaleza de las transformaciones que se produjeron en la red urbana.
Hay que tener en cuenta que algunas transformaciones importantes se desarrollaron ya a partir del
período alto imperial. Sin embargo, es a partir del período tardorromano cuando se observan las
transformaciones más significativas y se abandonan algunas ciudades.
Un ejemplo paradigmático está representado por la ciudad de Clunia (Burgos). Capital de un
convento jurídico y fundada como municipio en época Julio-Claudia en proximidad de una urbe
celtibérica, las excavaciones arqueológicas han detectado la existencia de una importante serie de
destrucciones en las proximidades del foro a finales del s. III. No obstante, las reconstrucciones de
viviendas documentadas ya en los siglos IV y V en el propio foro o la construcción de una basílica y de
otras edificaciones han llevado a pensar en la existencia de un verdadero renacer de la ciudad en los
últimos siglos del Imperio. Sin embargo, a partir del s. VI y durante el s. VII, en el entorno del foro se
instala una necrópolis y quizás un templo aún desconocido. Es muy probable que se mantuviese algún
tipo de población hasta el s. XI, cuando se abandona de forma definitiva a favor de la cercana localidad de
Coruña del Conde.
En Castulo (Jaén), una de las ciudades más importantes del Guadalquivir, la decadencia y
transformación de la urbe se inicia en el s. V. De las 64 hectáreas del recinto amurallado imperial, en la
segunda mitad del s. VII únicamente estaba ocupada media hectárea, cuya ocupación perduró hasta época
califal.

Planta de la ciudad de Clunia.

Estos ejemplos, como el de otras ciudades, son un caso extremo en el que se produce el abandono
total o su transformación en una simple aldea. Aunque las investigaciones realizadas en los últimos años
han mostrado la existencia de una continuidad ocupacional en numerosos casos, también es evidente que
en la Alta Edad Media se ha producido una profunda transformación del modelo urbano. Y aunque la
historia de cada ciudad es diferente, se han podido identificar algunas tendencias principales:
- En algunas ciudades se produjo una reducción del área ocupada. Hay otros casos de
centros urbanos que se reducen a centros episcopales aunque carezcan de características que
podamos considerar como verdaderamente urbanísticas. Incluso en casos extremos vemos que
algunas ciudades romanas terminan convirtiéndose en pequeños asentamientos rurales.
- La fortificación de las ciudades, especialmente en Lusitania y en el norte de la
Península, es otro factor que caracteriza el urbanismo de los últimos siglos del Imperio Romano.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 12


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Un caso paradigmático está constituido por la ciudad de Gijón.


- Se produjo un cambio de funcionalidad de espacios y edificios públicos a favor de
nuevas actividades y dedicaciones. P.e. las excavaciones del teatro de Cartagena han mostrado
cómo a mediados del s. V se implanta sobre el mismo un mercado. Tras su abandono, a mediados
del s. VI se implanta un barrio comercial.
Asimismo es frecuente la realización de basureros excavados en espacios públicos. Es
también común la presencia de zonas monumentales públicas ocupadas por viviendas o por
necrópolis. No obstante, la aparición de necrópolis dentro de las ciudades vivas no se va a
producir de forma generalizada hasta el s. VI.
- También se modificó la morfología de las viviendas urbanas. En Cartagena se ha
podido observar cómo a partir del s. V la tradicional casa de atrio y peristilo se modifica mediante
la compartimentación de los espacios ajardinados internos que se convierten en viviendas
multifamiliares. Un único patio irregular actúa de distribuidor entre varias viviendas distribuidas a
su alrededor.
Hay que relacionar estas modificaciones en las tipologías arquitectónicas con la existencia
de cambios profundos en las formas de construir. En los siglos IV y V se van a utilizar técnicas
edilicias mucho más sencillas.
Es significativo la reutilización de materiales, tal y como se ha observado en numerosos
edificios o en fortificaciones realizadas entre los siglos IV-VI.

Barrio bizantino instalado sobre los restos del Teatro Romano (1997).

- También se produjeron cambios muy importantes en la gestión de los residuos


urbanos y en el propio gobierno y administración del espacio urbano. Ya se ha hecho
referencia a la existencia de basureros dentro de las urbes, pero también podrían mencionarse el
abandono y colmatación de las redes de alcantarillado.
Estos cambios morfológicos, así como la ocupación por parte de privados del suelo urbano,
denota una quiebra en la gestión y la capacidad de control del espacio urbano. A este propósito es
importante señalar el peso hegemónico que ha adquirido el papel del obispo durante los siglos V y
VI, que asume progresivamente competencias civiles crecientes.
- Con todo, la presencia del poder episcopal tuvo importantes consecuencias en la

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 13


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

ordenación del espacio urbano, de manera que con frecuencia se produjo el desplazamiento del
centro de gravedad desde los foros de la ciudad, que fueron abandonados o transformados hacia
otros sectores marginales donde se instalaron los complejos episcopales (palacio, catedral,
baptisterio) o centros de culto importantes.
La construcción de nuevos centros de culto cristiano se convirtió en un factor de
transformación urbanística y social de las ciudades. Este fenómeno está relacionado con los
cambios que tuvieron lugar en los ritos funerarios. Si en el período anterior las necrópolis estaban
ubicadas en el exterior de las ciudades romanas, a partir de estos siglos observamos como tienden
a ubicarse en proximidad de las murallas y de las vías de acceso. En un segundo momento, a partir
del s. VII, las necrópolis se hallan dentro del propio tejido de las ciudades, sin que ello suponga el
abandono de las exteriores.
Con frecuencia estas tumbas se localizan en proximidad a las basílicas o centros
episcopales que empiezan a fundarse, pero también formando pequeños grupos distribuidos en el
interior del centro urbano. De hecho, el acercamiento entre el pueblo de los muertos y el de los
vivos, precoz en las ciudades, constituye otro indicador significativo del nuevo urbanismo que
caracteriza los paisajes urbanos tardíos.
Resulta extremadamente significativo señalar, p.e. la realización en la primera mitad del s.
VI de un cementerio intramuros delimitado por un recinto en el lugar del martirio de San Vicente,
en el área episcopal de la ciudad de Valencia. Los estudios antropológicos realizados han mostrado
que los personajes que ocupan esta necrópolis pertenecerían a una clase social privilegiada.
Otro espacio episcopal recientemente estudiado es el de Égara (Terrasa).

Planta de la sede episcopal de Égara (Terrasa).

- Por último, los estudios de la circulación de mercancías, de estructuración de los espacios

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 14


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

rurales y las transformaciones ambientales, muestran como la integración del mundo urbano y
rural sobre la que se habían fundado las ciudades romanas decayó, de manera que la sociedad rural
desarrolló modelos económicos y de organización social autónomos. Esta pérdida de influencia de
las ciudades se puede constatar a partir de varios registros.
Los análisis arqueomorfológicos realizados en el litoral catalán a partir del análisis de las
redes viarias y los parcelarios han mostrado las transformaciones que han tenido lugar en la
estructuración de los espacios dependientes de las ciudades. Así se ha podido observar que una
estructuración del paisaje agrario, basado en un parcelario centuriado que basculaba en torno a las
ciudades, va a ser sustituido por una organización de los espacios agrarios en los que la ciudad ha
perdido su centralidad.

Estos indicadores nos muestran una profunda transformación del modelo urbanístico de los siglos
IV al VIII. Estamos en presencia de una ciudad menos monumental y ruralizada.
No obstante, hay que tener en cuenta que cada ciudad presenta un desarrollo específico y que
resulta muy difícil establecer modelos de evolución urbana que se puedan generalizar.
Ahora bien, el problema surge a la hora de interpretar estos cambios en su globalidad. Los
cambios materiales son tan evidentes y la discontinuidad de la red urbana es de tal volumen, que incluso
muchos autores han llegado a preguntarse hasta qué punto estos centros siguen manteniendo su carácter
urbano. De hecho, algunos han defendido la existencia de una verdadera crisis o agotamiento del
fenómeno urbano, de tal manera que habría que hablar de un verdadero renacimiento de las ciudades a
partir de la fase final de la Alta Edad Media. En cambio, otros han defendido la continuidad en el marco
de las transformaciones.
Resulta indudable que el reino visigodo basó su estructuración política y administrativa en las
ciudades; también los musulmanes en el s. VIII. De hecho, sabemos que el reino visigodo quiso reforzar
desde los primeros momentos la red urbana, como se ha podido ver en Mérida, donde el puente sobre el
Guadiana y las murallas fueron reparadas por el regente Eurico en el 483. Otros indicadores relevantes
son las 78 sedes episcopales de época visigoda conocidas a través de las fuentes escritas.
De hecho, cuando Leovigildo en la segunda mitad del s. VI decide llevar a cabo una política de
reforzamiento del estado visigodo centralizado potenciando la estructura fiscal en detrimento de la Iglesia
y de la aristocracia fundará nuevas ciudades como Victoriaco o Recópolis, que se complementará con la
creación en el 621 de Ologicus por parte de Recaredo II, o las reformas identificadas en otros centros
durante la segunda mitad del s. VI, indican el impulso que el estado visigodo y bizantino (en el caso de
Cartagena) dará a la red urbana en la Península.
La ciudad de Recópolis, fundada en el año 578 por Leovigildo, ha sido objeto de excavaciones
arqueológicas y constituye un referente fundamental para el análisis de este tipo de centros urbanos. La
ciudad, de unas 30 hectáreas de extensión, estuvo ocupada entre el s. VI e inicios del s. IX y en ella se han
identificado 2 fases visigodas y 3 islámicas.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 15


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Planta de la primera fase de la ciudad de Recópolis (Guadalajara).


En su primera fase de ocupación, fechada en la segunda mitad del s. VI, se ha podido observar la
existencia de una estructura urbanística planificada, con un trazado regular y una clara jerarquización del
espacio. Se ha podido reconocer la existencia de una basílica dedicada a Santa María. Toda la ciudad
aparece delimitada por una muralla y contaba asimismo con un acueducto que abastecía de agua la
ciudad.
A lo largo de la primera mitad del s. VII se produjeron algunas reformas y se realizaron nuevas
construcciones. También se produjo una potenciación del sector artesanal.
Ya en la segunda fase del s. VII se observa como se produce una profunda transformación de la
ciudad, lo que comporta el fin del modelo urbanístico regular y panificado con el que fue construida y la
modificación de la funcionalidad de algunas de las construcciones. Así se observa como los edificios
comerciales y productivos se convierten ahora en espacios habitacionales.
Estas modificaciones se han puesto en relación con la fase recesiva del Estado visigodo que se
desarrolla durante la segunda mitad del s. VII y los inicios del s. VIII, en el contexto del conflicto social
abierto entre los defensores del modelo estatal y una sociedad de carácter plenamente feudal. Las
continuas luchas aristocráticas que tuvieron un efecto tan relevante en la estabilidad de la monarquía
visigoda en su fase final, constituyen un indicador fundamental de la desarticulación de los últimos
elementos que caracterizaban la sociedad antigua y que anunciaban la afirmación de la Edad Media.
En cambio, la conquista bizantina del Sureste peninsular ha comportado una reactivación de los
centros urbanos y de los ejes comerciales a larga distancia. Las excavaciones realizadas en lugares como
Cartagena, capital de la provincia de Spania, o el Tolmo de Minateda (Albacete) han evidenciado el
importante desarrollo de estos centros bajo el dominio bizantino.
En el momento en el que se produjo la ocupación islámica, los invasores encontraron una
estructura urbana que desempeñaba, al menos parcialmente, una función organizadora del territorio. A
este propósito es significativo subrayar el documento conocido como Pacto de Teodomiro, en el que un

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 16


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

noble local establece un pacto de sometimiento con las nuevas autoridades islámicas y en el que se
mencionan las 7 ciudades (Orihuela, Lorca, Alicante, La Alcudia, Begastri, Mula y Tolmo de Minateda) a
él sujetas en el Sureste en el año 713, lo que permite deducir que las ciudades seguían siendo puntos de
referencia en la organización.
Con todo, si bien las ciudades perduraron aún como focos de interés para los conquistadores, la
red urbana que se consolidará en al-Andalus se construirá en buena medida de nueva planta en el marco
del proceso de islamización.
Pero además de los aspectos materiales, el aspecto más relevante que hay que tener en cuenta a la
hora de evaluar el fenómeno urbano durante estos siglos es el de analizar la capacidad de control que
mantuvo la ciudad respecto al territorio. Desde este punto de vista, salvo algunas excepciones, la unidad
entre el campo y la ciudad se rompió en la fase final del período visigodo, de tal manera que el territorio
rural asumió una organización militar, económica y social autónomas respecto a la red urbana. De todas
formas, la recomposición del tejido urbanístico medieval en términos de centros de poder y de control del
territorio hubo de realizarse desde nuevas bases ya en los albores del año 1000.

El resurgir de las ciudades en el sector septentrional de la Península Ibérica se produjo


esencialmente a partir del s. IX-XI. En realidad es aún muy poco lo que conocemos de ciudades como
Oviedo, Compostela o Pamplona en los siglos VIII-X para comprender el proceso formativo de estos
núcleos. Asimismo las fuentes escritas son muy poco explícitas.
El mejor ejemplo conocido es el de la ciudad de León. Fundada en época alto imperial como
campamento militar, adquirió progresivamente un carácter urbano en los siglos posteriores. A inicios del
s. X la ciudad se convirtió en la capital del reino astur-leonés, lo que ha favorecido que se conserve un
importante número de documentos escritos que permiten aproximarnos a la realidad material urbana y de
la corte. La documentación arqueológica, sin embargo, parece contradecir parcialmente la imagen de las
fuentes escritas. La notable presencia de “tierras negras”, silos y agujeros, plantea una realidad mucho
menos “gloriosa” que la planteada por las fuentes escritas, que podríamos definir como ciudad organizada
en islas con amplios espacios vacíos y con una especialización funcional en relación con la ubicación de
los distintos centros de poder.
En el caso de Cataluña, únicamente Barcelona y Girona pueden considerarse como centros
urbanos durante el s. IX y, sobre todo, el s. X, a pesar de que la documentación mencione la existencia de
varias civitates.
En torno al año 1000 Girona ocupaba una extensión de 8 hectáreas y contaba con unos 1000
habitantes. Diversos indicios permiten pensar que esta ciudad en época carolingia mantuvo elementos
sustanciales del urbanismo tardoantiguo. Tanto los ejes viarios como el recinto amurallado de inicios del
s. IV constituían el entramado principal de la ciudad en el s. VIII. En el sector septentrional surgía
igualmente una necrópolis. Como resultado de la ocupación carolingia se produjo una expansión del área
urbana en el sector noroeste mediante la ampliación del recinto amurallado en torno al año 850, asociada
a la construcción del castillo de Gironella.
La extensión de Barcelona es mayor, ya que alcanza las 12 hectáreas, por lo que se ha calculado
que su población llegaría a los 1500 habitantes. Con todo, la documentación escrita en el s. X nos muestra
una ciudad aún dotada de un recinto amurallado, donde hay amplios espacios vacíos, que se concentran
sobre todo en torno a la catedral y al palacio condal.
En síntesis, el tejido urbano medieval de la Península se consolida esencialmente en los siglos IX-
XII en el marco de los procesos de feudalización en el norte y de islamización en el centro y sur, sobre
bases sociales muy distintas a las que habían caracterizado las morfologías urbanas del período
altomedieval.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 17


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

3 TERRITORIO Y SOCIEDAD DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA. EL PAISAJE DE LOS


SIGLOS V A VII

Introducción

La dificultad de realizar una síntesis sobre este periodo radica tanto en la extrema regionalización
que caracteriza los procesos de transformación del espacio rural como en las características del registro
arqueológico, en el que abundan estructuras realizadas en materiales perecederos y asentamientos
carentes de connotaciones monumentales.
Durante los siglos IV-VII se modificó profundamente el paisaje antiguo, lo que se tradujo en el
surgimiento de morfologías espaciales muy diferenciadas. Se trata de un periodo de contraste entre
distintos modos de producción que conviven y que en la Península Ibérica se salda con el
derrumbamiento de la fiscalidad visigoda y del sistema tributario.
Entre los siglos VII y VIII aparecieron los elementos propios del paisaje medieval. Se tendió a una
estructura espacial mucho más uniforme y estable, de tal manera que algunos de los elementos que
aparecen en este periodo han perdurado prácticamente hasta nuestros días.

El paisaje postimperial de los siglos V-VII

En el curso de los siglos V-VII se han podido observar algunas tendencias que de forma reiterada
caracterizan los espacios rurales de Occidente.
Entre los principales fenómenos generales están:
- El fin de las villae y de otros asentamientos menores.
- La ocupación de alturas y la creación de nuevos centros jerárquicos.
- La ocupación de espacios “marginales”.
- La creación de aldeas.

1. El fin de las villae y de otros asentamientos menores.


En Hispania, como en gran parte del Mediterráneo occidental, las villae eran las cabeceras
jerárquicas del poblamiento rural de época romana, de las que dependían otras granjas y
asentamientos menores.
A partir del s. III se constata una primera reestructuración del poblamiento rural que se
tradujo en el abandono de una parte importante de las villae y de las entidades poblacionales
menores y en nuevas fundaciones.
En algunos establecimientos, sobre todo del este y sur de Hispania, se produjo una
transformación funcional de los espacios residenciales de las villae, utilizados ahora como áreas
de carácter productivo.
Otras villae fueron renovadas o incluso reconstruidas de forma monumental, destacando
las explotaciones de la Meseta, un área en la que la crisis de la ciudad fue más pronunciada que en
otros sectores peninsulares.
Por último, la concentración de la propiedad en pocas manos favoreció la reestructuración
de la red de villae hispánicas.
En los s. IV y V los cambios más profundos hicieron que muchas villae desapareciesen.
El primer proceso que se ha detectado es una reestructuración de las jerarquías del
poblamiento rural.
En algunas villae, la construcción o transformación en edificios de culto ocasionó que
precisamente estos centros de culto convivieran con el uso residencial de las villae, como en la
Villa Fortunatus de Huesca, donde a inicios del s. V se construyó en un sector residencial de la
villa una basílica con triple cabecera. Se trataría, en este y otros casos, de oratorios privados
construidos por las élites propietarias, que se convierten de esta manera en un factor de
cristianización del mundo rural.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 18
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Otro fenómeno es la aparición de espacios funerarios en proximidad de las villae o


amortizando las propias estructuras residenciales, que en ocasiones aparecen asociadas a los
centros de culto. En el caso tarraconense de Els Munts se han excavado 170 tumbas que
amortizan el área productiva altoimperial, desplazando al anterior sector residencial.

Villa romana de Els Munts (Tarragona).

En algunos yacimientos se observa una continuidad espacial, pero no funcional, entre


villae romanas y los asentamientos medievales y modernos. En la comarca del Maresme muchas
villae alojan una capilla o un asentamiento rural (masia).
Otras villae experimentaron la reocupación de los espacios residenciales de carácter
monumental en ruinas por grupos de campesinos que construyeron estructuras y viviendas con
materiales poco consistentes, como la tierra o la madera.
Todas estas transformaciones indican que en los siglos IV y V se reestructuraron las
grandes propiedades rurales en Hispania. Las nuevas villae de amplios espacios residenciales eran
utilizadas de forma estacional por el propietario, que vivía en la ciudad. A partir del s. V los
sectores monumentales se dedicarán a otras funciones.
En conclusión, en los años 450-550 se agotó en Hispania el modelo de villa como
forma de gestión de la gran propiedad. Esto no supuso el fin de la gran propiedad, que se
articuló ahora desde las ciudades o desde nuevos centros de poder rural como los castros o
residencias denominadas igualmente villas por las fuentes.
Se ha querido vincular con las fuerzas desintegradoras y alternativas al modelo estatal el
palacio de Pla de Nadal, en Ribarroja del Turia, fundado en la segunda mitad del s. VII. Se trata
de un yacimiento único en su género en el panorama peninsular, ya que constituye un ejemplo de
residencia rural de las élites aristocráticas. El edificio principal excavado es un palacio con galería
y torres angulares abiertas sobre un peristilo. La estructura fue abandonada y destruida por un

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 19


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

incendio en el s. VIII.

Villa de Pla de Nadal en Ribarroja del Turia (Valencia).

Posibles causas del declive de las villae:


- La posesión de las villae está directamente relacionada con el concepto cultural e
ideológico de romanidad, por lo que su abandono supondría un cambio en los modelos
culturales y en las formas de representación social.
- Otra teoría apunta a la militarización de la sociedad, con el consiguiente interés de
los grupos dirigentes por los espacios fortificados u ocupaciones de altura.

2. Los “castillos de primera generación”, siglos V-VII.


En los siglos IV-V, las nuevas formas de articulación del territorio van a caracterizar el
tránsito del paisaje antiguo al medieval, ocupándose espacios ecológicos hasta entonces poco
utilizados, como resultado de la implantación de nuevas dinámicas sociales y orientaciones
productivas.
Uno de los fenómenos que caracteriza las transformaciones del poblamiento rural durante
los siglos IV-VIII en Hispania y en otras partes de Occidente es la creación de asentamientos de
altura fortificados en lugares donde en ocasiones se localizaban los asentamientos prerromanos.
Con frecuencia estos asentamientos están dotados de recintos amurallados en mampostería. Los
castros mayores han sido realizados de forma similar a los contemporáneos cierres amurallados
urbanos.
Las excavaciones realizadas en el castro de Puig Rom, en Rosas, han mostrado que la
colina fue delimitada por un recinto amurallado de 2 m de espesor realizado en mampostería o con
una técnica de espina de pez. En el interior de la fortificación se han localizado media docena de
viviendas hechas con zócalos de mampostería y alzado de tapial, así como silos para el
almacenamiento de cereales, numerosos materiales cerámicos y vidrios importados que muestran

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 20


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

cómo este asentamiento se insertaba en una compleja red comercial.


El contexto de muchos de estos castros y fortificaciones es la militarización del territorio
que caracteriza el periodo final del Imperio y el dominio visigodo, por lo que se podrían atribuir a
la presencia estatal.
En el norte de la Meseta, donde más ciudades sufren abandono, es también donde existen
más asentamientos fortificados en altura. Castellanos y Martín Viso han mostrado que en los siglos
V-X se produjo una compleja interacción entre numerosas formas de poder local arraigadas en el
campo respecto a los poderes centralizados que pugnaron por implantar un dominio en forma de
estado en la Península. Estos poderes locales se articularían a través de estos asentamientos, en
algunos de los cuales se han localizado cecas, pizarras de época visigoda, materiales arqueológicos
importados e incluso sedes episcopales.

3. La ocupación de los “espacios marginales”.


Durante los siglos V-IX se pueblan espacios de montaña o de valles que no habían sido
ocupados de forma sistemática en el periodo romano. Lo que pretenden los habitantes de estos
asentamientos es alejarse de los terratenientes que explotan los llanos y de la jerarquía articulada
en torno a las ciudades, de tal manera que este tipo de ocupaciones sería el reflejo de iniciativas
campesinas y de nuevas dinámicas en la caracterización social del espacio.
El fenómeno de las ocupaciones rupestres se ha documentado sobre todo en el norte y la
zona mediterránea. Los materiales hallados en las cuevas son muy semejantes a los presentes en
otros asentamientos coetáneos, lo que demuestra su indudable carácter habitacional. Parece que a
partir del s. VIII hay una inflexión, aunque hay casos que muestran la perduración de este tipo de
ocupación “marginal” pasada la Plena Edad Media.
En las zonas de pasto y lugares de altura se forman comunidades independientes de los
grandes propietarios en un marco económico tendente a la autarquía. Un caso significativo puede
estar representado por el yacimiento de El Zambo, en el valle del Vinalopó. Se trata de un cerro
alargado a más de 400 m sobre el nivel del mar donde se han recuperado los restos de algunos
edificios realizados en mampostería así como restos de posibles estructuras rupestres. En el
asentamiento, que carece de recintos fortificados, se han hallado materiales importados de
procedencia africana.
Parece que se cultivaban cereales panificables y que había una importante actividad
ganadera propia de una comunidad rural autosuficiente.
Con frecuencia los asentamientos en altura de la Meseta son de duración limitada, con
origen en la huida del campesinado ante la presión de los grandes propietarios y cuyo efecto fue la
aparición de nuevas lógicas productivas orientadas a la explotación de recursos forestales y
ganaderos.

4. Aldeas y granjas.
Las investigaciones más recientes han mostrado que los asentamientos campesinos
concentrados han constituido la forma de ocupación más extendida durante los siglos de dominio
visigodo en la Península Ibérica.
La aparición de estructuras aldeanas ha sido muy precoz respecto a Italia y Francia, ya que
están documentadas desde el s. VI. Su existencia nos muestra la presencia de nuevas formas de
sociabilidad campesina.
El asentamiento de El Bovalar (Serós, Lérida) se concentra en el alto de un terraplén
próximo al Segre y se organiza en torno a una plaza central. Un primer núcleo de población está
conformado por la presencia de silos para el almacenaje de grano y otras estructuras. Hacia el s. V
se construye una iglesia dotada de necrópolis en torno a la cual se establece un amplio poblado.
Este asentamiento se mantendrá hasta los últimos años del reino de Toledo, de forma que su
destrucción coincide con la ocupación islámica.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 21


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Planta del asentamiento rural de El Bovalar (Serós, Lérida).

En los últimos años se han excavado en la Meseta docenas de aldeas de grandes


dimensiones datadas en los siglos VI-VII, asociadas a granjas y que forman redes muy densas de
asentamientos rurales estables. Se caracterizan por la agrupación de unidades residenciales
aparentemente autónomas y separadas que constituyen aldeas compuestas por elementos
disociados. De hecho, la distribución de las distintas estructuras domésticas indica que su densidad
es muy baja.
Las construcciones de carácter doméstico han sido realizadas, por lo general, con
materiales constructivos como la madera o el barro, reservándose el empleo de la piedra para
edificios o elementos específicos.
En algunos yacimientos se han identificado estructuras artesanales, lo que indica que
muchas actividades productivas se desarrollaban en el ámbito doméstico. Son pues esencialmente
aldeas campesinas, aunque en ocasiones se cuenta con indicadores que hacen pensar en una forma
de control señorial de las mismas.
El asentamiento de Gózquez, en San Martín de la Vega, está dispuesto a los pies de una
colina donde se ha localizado una necrópolis alineada coetánea. Fue fundado a inicios del s. VI y
estaba compuesto por distintas agrupaciones (edificios, cabañas, silos,...) separadas por amplios
espacios vacíos.
La creación de una red tan densa de asentamientos campesinos en cortos periodos de
tiempo, en competición por las áreas de explotación y por los recursos, no puede explicarse al
margen de la acción de grupos dirigentes y de formas de gobierno del territorio eficaces. Sólo allí
donde se articularon poderes más fuertes fue posible la aparición de este tipo de aldeas. La
orientación económica que caracteriza algunas aldeas, como Gózquez, muestra niveles de
especialización productiva que superan el ámbito de la aldea (producción masiva de aceite,
abundancia de équidos, etc.).
Las aldeas meseteñas se abandonaron a mediados del s. VIII, tras la ocupación islámica.
Por lo tanto, estas aldeas no constituirán el esqueleto sobre el que se construirá el paisaje
medieval.
En síntesis, la transformación del poblamiento rural en los siglos V-VIII muestra numerosas

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 22


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

variantes y diferencias territoriales que reflejan los profundos cambios sociales que tuvieron lugar durante
este periodo. La ciudad romana pierde progresivamente su capacidad de influencia y allí donde la crisis
urbana es más importante, como en la Meseta, se multiplican los asentamientos en altura fortificados que
probablemente dan el relevo a la ciudad como elemento centralizador.
Algunos elementos del mundo antiguo, como las haciendas y otras entidades de poblamiento,
perduraron algunos siglos, transformando sus expectativas productivas y comerciales, lo que influyó
asimismo en las formas de organización social del espacio.

4 LA CONSTRUCCIÓN DE LOS PAISAJES MEDIEVALES (SIGLOS VIII-X)

Introducción

Las investigaciones arqueológicas más recientes han demostrado que la génesis del paisaje
medieval tuvo lugar mucho antes del s. X como resultado de la desmembración del paisaje antiguo y la
génesis de nuevas formas de socialización y de organización social del territorio. La aparición de nuevos
patrones de poblamiento acaeció en torno a los siglos VII-IX y fue el marco en el que se crearon los
poderes locales y las nuevas fórmulas de dependencia que generaron formas de organización social feudal
islámica.
Los elementos más característicos del paisaje medieval van a ser:
- La creación de nuevas redes de aldeas muy densas, que perdurarán durante toda la Edad
Media.
- El desarrollo de nuevas formas de poder local.

Las aldeas de los siglos VIII-X

En los s. VIII-X surgirá la morfología de poblamiento más característica de toda la Edad Media: la
aldea. En Inglaterra, p.e. el Domesday Book, redactado en la segunda mitad del s. XI, refleja una
sociedad plenamente estructurada en aldeas estables que han llegado prácticamente hasta nuestros días.
En el noroeste de Europa, a partir de la segunda mitad del s. VII se generalizaron las aldeas
planificadas y se transformaron notablemente las existentes mediante el desarrollo de nuevas formas de
poder local, lo que se tradujo en cambios morfológicos significativos. Se produjo una reorganización del
urbanismo de las aldeas, que en adelante van a presentar una estructura planificada. Esta disposición se
vio asimismo reflejada en el surgimiento de nuevos modelos edilicios. Concretamente, la aparición de
grandes cabañas alargadas construidas sobre postes de madera (longhouses), con divisiones funcionales
internas claramente establecidas, constituye un indicador preciso de los cambios que tuvieron lugar en la
arquitectura y en la organización urbanística de las aldeas de este periodo.

La longhouse o “casa alargada”.

Asimismo, las aldeas se insertaron en circuitos comerciales complejos que hacían referencia a
centros rurales especializados o protourbanos.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 23


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

En el caso de Italia, tras la grave crisis social, económica y política del s. VI y la primera mitad del
VII, fueron las comunidades campesinas las que promovieron la aparición de asentamientos concentrados
y estables, con frecuencia en altura, destinados a perdurar en el tiempo.
El asentamiento de Poggio Imperiale se fundó durante el periodo tardoantiguo, probablemente
como hábitat dependiente de una villa o hacienda y con una vocación agrícola y ganadera. Fue en los
siglos VII-VIII cuando se convirtió en una aldea concentrada, formada por pequeñas cabañas de madera y
tierra semiexcavadas, que desarrollaba una economía silvopastoril basada en la cría de cerdos y cabras.
El asentamiento se trasformó parcialmente en la segunda mitad del s. VIII, mediante la realización
de nuevas construcciones en torno a un espacio abierto vallado. Las cabañas semiexcavadas fueron
sustituidas por construcciones circulares, elípticas o rectangulares realizadas a nivel del suelo.
La transformación más importante, en el s. IX, se atribuye a la creación de un centro dominical,
resultado de la aparición de nuevos poderes locales en el seno de la aldea. El indicador más preciso de
este nuevo poder es la longhouse, dotada de un almacén para alimentos y de la que parte un camino a
cuyos lados se disponen construcciones destinadas a estructuras artesanales y un granero para el
almacenaje de rentas.
Estos cambios en la morfología de los asentamientos reflejan los profundos cambios sociales que
estaban teniendo lugar en este periodo.

Evolución del yacimiento de Poggio Imperiale (Siena, Italia).

En la Península Ibérica apenas se han excavado en extensión los yacimientos de este periodo.
Para la zona de Asturias se ha señalado que el desplazamiento de la territorialidad castreña a la
aldeana está estrechamente relacionado con la intensificación de la dedicación agrícola y en particular de
la cerealista.
Este proceso habría tenido lugar en un momento impreciso comprendido entre los siglos VII y IX,
cuando las nuevas aldeas ya aparecen en la documentación escrita.
La génesis de las primeras aldeas medievales se produjo en un contexto en el que se habían roto
todas las jerarquías de poblamiento y formas de organización del espacio que caracterizaban el periodo
anterior. Y esta desarticulación solamente puede ser explicada en relación con la capacidad de las
aristocracias de mantener su influencia en el territorio. Aún durante los siglos VIII-X los aristócratas
dominaron las aldeas sólo de forma parcial y con frecuencia desde el exterior, pero a partir del cambio de
milenio se construyeron nuevas formas de control y de dominio plenamente feudales.
En la aldea excavada en Vitoria el primer asentamiento estable presente en la colina en la que
surgirá posteriormente la villa medieval está constituido por una agrupación de cabañas y fondos de
cabaña cuya cronología inicial se puede situar en el s. VIII. Ya en los siglos IX-X comienzan a aparecer
signos de jerarquización y diferenciación social. Entre éstos está la presencia de una estructura alargada
reconstruida en varias ocasiones mediante el empleo de zócalos de piedra y alzado de madera y arcilla
siempre en el mismo lugar. Únicamente en torno al año 1000 se observa una trasformación radical de la
organización espacial del asentamiento mediante la construcción de una nueva calle en torno a la cual se
disponen nuevas viviendas, con una estructura urbanística distinta de las fases anteriores.
En los siglos XI y XII se producirá una nueva transformación del espacio urbano mediante la
construcción de un recinto amurallado y de una iglesia probablemente dedicada a Santa María.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 24
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Este modelo se está documentando en los últimos años en otras aldeas alavesas cercanas, de forma
que se puede situar el proceso de formación de la red aldeana en torno al 700 y la aparición de formas de
diferenciación a partir de los siglos IX y X.
Un ejemplo paradigmático de poblado concentrado en altura se encuentra en el yacimiento de
Caulares en Gerona. Sobre una cima a una altura de 260 m, el poblado medieval, compuesto por una
decena de viviendas, fue fundado en el s. VIII sobre las ruinas de una torre tardorromana y aparece en la
documentación a partir del s. X.
Por su parte, el poblamiento disperso es característico del paisaje medieval catalán. La granja de
Vilaclara (Castellfollit, Barcelona) marca una separación respecto a modelos antiguos. Este poblado, que
se funda en el s. VII sobre las ruinas de uno ibérico y perdura hasta el s. VIII, constituye un antecedente
de los mas que se documentan a partir del s. IX. Se trata de un ejemplo de poblamiento disperso formado
por pequeñas comunidades (3 viviendas adosadas). El asentamiento está organizado en 3 espacios
dispuestos de forma lineal y articulados en torno a patios abiertos.
Este asentamiento constituye el antecedente de la formación de las explotaciones rurales dispersas
conocidas con el nombre catalán de mas (derivado del latín mansus), que se difunden a partir del periodo
carolingio en algunos sectores del prepirineo catalán.
El Cerro de Peñaflor en Jaén es una aldea sobre una colina formada por unas 30 casas de gran
tamaño dotadas de amplios patios en torno a los cuales se ordenan de 2 a 4 habitaciones rectangulares
realizadas con zócalos de mampostería, alzado de tapial y cubierta vegetal. La presencia de grandes patios
y la abundancia de sal en su proximidad han permitido pensar que estamos en presencia de una aldea
ganadera. Estuvo ocupada desde finales del s. VIII hasta el primer cuarto del X.

“Los castillos de segunda generación”

Las formas de poder que empiezan a detectarse a partir del s. IX en el seno de las aldeas son
legibles a través de las estructuras de carácter monumental, como las iglesias y los castillos.
Las excavaciones de centros dominicales, fortalezas, monasterios o iglesias han permitido mostrar
las bases sobre las que se construyeron las nuevas formas de poder local en la Alta Edad Media.
Excavaciones realizadas en Europa de viviendas de las élites de los siglos VIII-XI presentan
características materiales que no permiten diferenciarlas de las casas campesinas del mismo periodo, por
lo que la presencia del poder se hace evidente en otro tipo de yacimientos como las fortalezas. En algunos
casos se ha podido determinar que se trata de torres aisladas que se destinaron a la vigilancia de zonas
fronterizas, como el torreón de Valdezate en Burgos, del s. X, o bien sirvieron de refugio para
comunidades campesinas. Pero seguramente la mayoría de estas fortificaciones están relacionadas con la
presencia de poderes aristocráticos vinculados a la monarquía.
El castillo de Curiel (Peñaferruz, Gijón), fue fundado entre los siglos VIII y X como una pequeña
fortificación delimitada por un recinto amurallado ovalado realizado con grandes bloques calizos apenas
desbastados. En torno al cambio de milenio la fortificación fue notablemente transformada mediante la
realización de un gran torreón rectangular en el tramo sur y la reforma del recinto amurallado. En el
interior se han identificado algunos edificios realizados con zócalo de piedra, alzado de madera y cubierta
de teja entre los que se ha reconocido una posible área artesanal.
En la Meseta será a partir de la segunda mitad del s. IX cuando se constate la presencia de
conjuntos de fortificaciones que articulan el proceso de integración y de apropiación de espacios en el
seno de la nueva formación estatal.
En el ámbito leonés muchas fortificaciones se establecieron sobre antiguos castros. Hay que tener
en cuenta, sin embargo, que los condes y delegados regios residían en los principales centros territoriales,
coincidentes en ocasiones con las ciudades o centros de nueva planta (León, Astorga, Cea).

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 25


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Reconstrucción del castillo de Peñaferruz (Gijón).

El castillo de Alba, levantado hacia el 874 y destruido en el s. XII por Alfonso VIII de Castilla, es
una fortificación formada por un recinto rectangular en cuyo interior se encontraban 2 torres rectangulares
a cada lado. El área residencial, en el centro, contaba con una cisterna.
En Castilla hubo numerosas fortificaciones y ocupaciones de altura que no fueron creadas
directamente por el condado o el reino, sino por las propias élites locales como centros de gestión de su
patrimonio e intereses. En cambio, en Cataluña la facultad de fortificar aparece estrechamente vinculada a
los poderes públicos.
Seguramente estas élites dirigentes residían en la proximidad de las aldeas o incluso en su interior.
Aunque aún no ha sido detectado arqueológicamente este tipo de residencias señoriales, algunas de ellas
aparecen en la documentación escrita.
Se conocen algunos casos de castillos-refugio propiedad de las comunidades campesinas, como el
castillo de Ribes.
En resumen, a partir de los siglos VIII-IX cristaliza un nuevo modelo jerárquico desarrollado de
forma paralela a la configuración de las nuevas estructuras de poder. La presencia de estas jerarquías
supone la plasmación de un orden territorial que evidencia el papel jugado por la emergente aristocracia
que va remodelando el paisaje medieval. La aparición de estos signos de poder en el territorio muestra de
forma tangible el avance de estos grupos.

Las prácticas agrícolas y ganaderas

Para lograr analizar de forma adecuada los cambios que se produjeron en la morfología del
poblamiento rural y en la estructura social de la Alta Edad Media habrá que considerar asimismo el tipo
de estrategias y orientaciones productivas agrícolas y ganaderas que se han desarrollado durante estos
siglos y la capacidad que han tenido los grupos dirigentes a la hora de influir e incidir en las
explotaciones.
Una primera constatación es que las investigaciones paleobotánicas han concluido que en algunas
regiones de la Península Ibérica, la Alta Edad Media se caracteriza por una mayor aridez y por un régimen
climático en el que se suceden importantes sequías.
Asimismo se han podido observar otros cambios de carácter paleoambiental, como la variación de
algunos cauces fluviales o desembocaduras y cambios en la línea de costa, que avanzó respecto al período
antiguo.
Ahora bien, aún reconociendo el efecto que un cambio climático ha tenido en los ciclos
socioeconómicos de larga duración durante la Alta Edad Media, estas transformaciones han de ser
explicadas esencialmente a la luz de la capacidad de control y de gobierno del paisaje por parte de la
organización social y política del período.
Desde un punto de vista tecnológico hay que considerar que durante la Alta Edad Media no se
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 26
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

produjo una regresión de la economía agrícola respecto al período anterior. Es cierto que varios estudios
han mostrado que se produjeron importantes transformaciones en las formas de explotación de los
recursos agrícolas y ganaderos. De hecho, en algunos sectores europeos se advierte la existencia de una
disminución del cultivo de cereales a favor de una actividad orientada esencialmente hacia la ganadería y
la agricultura extensiva.
De igual manera se ha comprobado que tras la caída del Imperio se produjo una profunda
redistribución de las dedicaciones agrícolas y ganaderas en relación con las transformaciones de las
formas de ocupación del territorio. Sin embargo, esta conclusión tampoco se puede generalizar.
En principio, las lógicas productivas que caracterizan las comunidades campesinas se basan en la
diversificación de la producción como estrategia básica para reducir los riesgos que comportaría una
especialización excesiva.
Estos son algunos indicadores arqueológicos de estas transformaciones en las prácticas
productivas de las comunidades campesinas durante la Alta Edad Media.
1. El estudio de restos faunísticos ha mostrado que entre el final de la Antigüedad y la Baja
Edad Media se produjo una sensible disminución de la talla de las principales especies animales
domesticadas.
Además se ha observado que bóvidos y caprinos presentan edades de sacrificio elevadas, lo
que muestra que ambos han sido utilizados antes para producción.
La tendencia predominante es la ausencia de prácticas ganaderas especializadas en las
aldeas altomedievales peninsulares, y que los animales se exploten prioritariamente como
animales de tiro o para la producción de productos secundarios.
2. Los estudios de los macrorestos vegetales también permiten comprender las distintas
prácticas agrarias utilizadas por las comunidades campesinas. En general, muestran que la
agricultura altomedieval se caracteriza por la diversificación productiva y la integración entre los
cereales de invierno con los de primavera o ciclo corto, leguminosas y otros cultivos. Así, las
comunidades campesinas corren menos riesgos y se abastecen de una amplia variedad de
productos. Igualmente el empleo de silos como sistema de almacenaje de cereales para hacer
frente a las malas cosechas forma parte de esta misma estrategia. Se evitan las especializaciones
productivas, que precisarían de mercados de intercambio de productos agrícolas.
3. La creación de los terrazgos aldeanos se ha podido documentar asimismo en el noroeste
peninsular. Los datos disponibles en la actualidad, que se refieren a varias aldeas, indican de forma
provisional la importancia que tuvieron los siglos VII-IX en la configuración de los terrazgos
gallegos y en la implantación de una estrategia intensiva de explotación agraria.
No parece que se trate de un caso aislado, también en el País Vasco o en Asturias se están
estudiando arqueológicamente sistemas agrarios aterrazados.
Todos estos datos nos permiten pensar que durante los siglos V-VI se produjo un cambio
significativo en las formas de explotación de los recursos agrícolas y ganaderos, lo que dota de
significado los cambios en las pautas de ocupación y localización de los asentamientos así como su
morfología. Esta reorientación de las actividades productivas muestra la existencia de una nueva
estructura socioeconómica menos sofisticada tal y como refleja el hecho de que gran parte de las
actividades artesanales se desarrollan en el ámbito de las propias comunidades campesinas.
La estructura agrícola romana basada en la villae, que explotaban los fundus con criterios
intensivos y lógicas comerciales orientadas a la explotación de productos, va a ser sustituida por un
modelo productivo menos comercializado, aunque no autárquico.
En síntesis, el colapso de la estructura económica tardorromana no supuso una regresión de la
producción agrícola y ganadera, sino una adaptación a un nuevo contexto social.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 27


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

5 LA ARQUEOLOGÍA FUNERARIA DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA Y LA ALTA EDAD


MEDIA

Los poblados de los muertos

Frente a las lecturas más tradicionales del mundo funerario se han afirmado en los últimos años
nuevas orientaciones que han puesto el acento sobre la relación entre las necrópolis y la organización
social del espacio, así como las transformaciones del ritual funerario en el contexto del tránsito de la
Antigüedad a la Edad Media. Esto ha servido para que se ampliara el ámbito de observación cronológico,
superando las limitaciones que imponía el final de las necrópolis con ajuares, de la misma manera que se
han incrementado las temáticas analizadas. Los estudios más recientes prestan mayor atención a los restos
humanos inhumados, al ritual funerario, a la lectura social de los enterramientos, a la organización y
composición del cementerio o la ubicación del cementerio en relación con las áreas de residencia.
A partir del s. V los enterramientos aparecen dentro de las ciudades, sobre los asentamientos
romanos abandonados y próximos a los altomedievales, y no será hasta los s. VI-VIII cuando las
necrópolis se transformen en cementerios aldeanos.
Todas las transformaciones en el ritual funerario están estrechamente relacionadas con los cambios
que tuvieron lugar en la estructura social del periodo, puesto que los propios cementerios han contribuido
a fijar y estructurar el paisaje y el orden social medieval.

1. Las necrópolis de los siglos VI y VII.


Durante este periodo confluyen en el occidente romano los ritos cristianos, la ideología
germánica de la muerte y la persistencia de tradiciones paganas.
Tras la aparición de las necrópolis suburbanas y los centros martiriales, en una segunda
fase las necrópolis se localizan en el interior del recinto urbano, tanto agrupadas en torno a las
iglesias como dispersas.
En el mundo rural as necrópolis alineadas están consideradas como la expresión más
significativa de la presencia de grupos germánicos en el territorio del Imperio. Durante la Alta
Edad Media el lugar de enterramiento dependió de la familia, de forma que en algunos territorios
coexistieron diversos rituales funerarios.
En la Península Ibérica se constatan varios tipos de prácticas funerarias:
- Necrópolis que ocupan asentamientos y villae romanas. En ocasiones se ha observado
la presencia de tumbas aisladas, mientras que en otros casos se han hallado amplias necrópolis
formadas por centenares de tumbas. La mayor parte de las necrópolis conocidas ocupan ruinas y
estructuras ya amortizadas y a veces están asociadas a centros de culto. Al principio las tumbas
suelen realizarse con tégulas y ánforas y al final del periodo aparecen delimitadas por losas y
muros de piedra. Una característica propia de muchas necrópolis de la Meseta es la de presentar
ricos ajuares que incluyen herramientas y armas, recipientes de bronce, broches y hebillas,
cerámicas,...
- La mayor parte de los depósitos funerarios de la Península se han atribuido a
“tumbas aisladas”. Se han localizado algunos enterramientos individuales o pequeños grupos
aislados que han sido interpretados con frecuencia como el reflejo de un poblamiento rural
disperso y fragmentado. Hay casos aislados de granjas relacionadas con este tipo de tumbas, como
en fuente de Mora, en Madrid, donde se ha localizado una necrópolis familiar formada por media
docena de tumbas.
- Un tercer grupo estaría constituido por aquellas necrópolis asociadas a iglesias
rurales. Se han hallado enterramientos en las inmediaciones de muchas iglesias paleocristianas,
siendo frecuentes las tumbas en su interior. En ciertas iglesias meseteñas se ha constatado la
presencia de tumbas construidas en su interior que podrían identificarse con los promotores de las
fábricas (tumbas aristocráticas).
- Un cuarto grupo de necrópolis son los cementerios comunitarios asociados a las
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 28
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

aldeas que se crean en este periodo. Lo más frecuente es que se dispongan agrupadas y
espacialmente delimitadas en proximidad de una aldea. Son necrópolis amplias, formadas por más
de un centenar de tumbas y dispuestas en una altura cercana y visible del asentamiento. El
cementerio de Gózquez, formado por 350 tumbas, se encuentra sobre un cerro dispuesto en el
centro del asentamiento.
Los ejemplos de que disponemos permiten concluir que cualquier cementerio comunitario
altomedieval forma parte de una aldea estable cercana. Estos enterramientos comunitarios han sido
definidos por los arqueólogos alemanes como necrópolis alineadas debido a la disposición de sus
tumbas.
La presencia de ricos ajuares atribuidos a los distintos pueblos germánicos ha sido utilizada
como guía para estudiar el fenómeno de las invasiones y determinar el proceso de fusión
progresiva entre invasores e invadidos.
En la Península Ibérica se han localizado entre los valles del Duero y del Tajo (área
caracterizada por la escasa presencia de centros urbanos, pero con grandes villae tardorromanas),
en la Bética y en la Lusitania. Se disponen en zonas elevadas y en proximidad de una vía de
comunicación y presentan una morfología muy específica: las tumbas se presentan alineadas entre
sí, generalmente formando grupos sociales o familiares entre los que se encuentran espacios libres
o de circulación intermedia. Los estudios realizados han mostrado que en un principio estos
grupos reflejarían un sistema de parentela para dejar paso progresivamente a sepulturas regidas
por una estructura familiar unicelular.
En los conjuntos peninsulares más conocidos, teniendo en cuenta las reutilizaciones de los
enterramientos, se ha calculado que cada necrópolis se correspondería con una población de entre
600 y 1000 individuos.
Una parte de las sepulturas presentan elementos de adorno personal, pertenecientes en su
mayoría a la indumentaria femenina. Si bien los materiales de los siglos V y VI han sido atribuidos
a una tradición germánica y en parte romana, hasta el s. VII se observa una mayor influencia
bizantina y latina.

Plano de la necrópolis de El Carpio de Tajo (Torrijos, Toledo).

La necrópolis de El Carpio de Tajo (Torrijos, Toledo) constituye el conjunto funerario


excavado más amplio de la Península. Se recuperaron un total de 300 objetos utilizados como
ajuares entre los que se incluyen monedas de bronce romanas, fíbulas, broches de cinturón,... que
han permitido establecer su cronología entre finales del s. V y el s. VII. El cementerio se encuentra
situado en la cima de una colina alargada, siguiendo un patrón frecuente en necrópolis de estas
características. Se desconoce la ubicación de la aldea. Las tumbas están perfectamente orientadas
en dirección este-oeste, forman grupos más o menos regulares y no se distinguen entre sí, por lo
que el cementerio estaría regido por una organización de tipo familiar y social.
Para algunos autores estas necrópolis no muestran una dualidad étnica entre visigodos e
hispanorromanos, sino una organización social común y la integración en una práctica ritual con
antecedentes en un periodo anterior.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 29


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

En la Francia merovingia, a partir de finales del s. V se observa un aumento en la riqueza y


variedad de los objetos presentes en las tumbas.
Hacia la segunda mitad del siglo siguiente comienza a descender el número de tumbas
ricas, lo que ha llevado a algunos autores a sugerir que se produjo una afirmación de las élites
locales.
Guy Halsall ha señalado que la deposición de los ajuares en las tumbas se convirtió en una
estrategia de competición por mantener el prestigio y la posición en el seno de las comunidades
locales. Según Sootdley, la razón última de estos cultos funerarios está relacionada con la
necesidad de afirmar y reconstruir la legitimidad del orden social que se habría debilitado en el
contexto de las invasiones germánicas. En este contexto de relativa inestabilidad social, la muerte
de un individuo constituye un momento de crisis potencial para el grupo familiar y su status. Por
este motivo era preciso demostrar mediante la deposición de objetos preciosos la posición social
del fallecido y sus allegados. En las necrópolis de Italia y Francia era frecuente que formasen parte
de estos ajuares las armas, de forma que un elemento militar constituía un elemento importante en
la retórica del ritual funerario.
Por su parte, las necrópolis del centro peninsular constituyen un indicador de las
diferencias existentes en el seno de las aldeas. Los individuos enterrados tienen patologías propias
de la actividad campesina y los rituales funerarios permiten reconocer un escenario de
representación y competición por mantener el prestigio y la posición en el seno de las
comunidades aldeanas.
La destrucción pública y permanente de riquezas para afirmar y reivindicar una situación
de privilegio se documenta tanto en necrópolis de amplias comunidades como en enterramientos
de prestigio. En las tumbas reales de Sutton Hoo, en Suffolk, se distinguen 19 túmulos y unos 40
enterramientos asociados, destacando la presencia de un barco anglosajón empleado como tumba.
En el enterramiento en barco del túmulo 1 se han encontrado objetos importados y en los restantes
40 enterramientos se han hallado individuos decapitados. Para Martin Carver la realización de este
tipo de enterramientos se debe relacionar con el surgimiento del reino de East England a finales
del s. VI. El recurso a rituales funerarios empleados en Escandinavia y a los sacrificios rituales
adquiere todo su significado en el contexto de la autonomía ideológica y política de la nueva
formación.

2. Los cementerios de los siglos VIII-X.


A partir del s. VIII aparecerán los cementerios ubicados dentro de las nacientes aldeas
medievales asociadas a centros de culto. En el nuevo paisaje medieval las necrópolis dejan de ser
el ámbito de competición por el prestigio de las comunidades locales y será en la fundación de
iglesias y en las donaciones a las instituciones eclesiásticas donde se afirme la posición de las
aristocracias medievales.
A partir del final de la Alta Edad Media se produce una uniformización de los ritos, ya que
únicamente se documentarán enterramientos en el interior de las aldeas. El cementerio adquiere un
papel central en la construcción de una memoria social que pasa a través de la cohesión de la
comunidad aldeana.
Las iglesias, que se convertirán en elementos básicos de la ordenación del espacio aldeano
y de la creación de identidades territoriales, acogerán con exclusividad todos los enterramientos.
El ritual funerario se transformará en un acto privado e intimista en una sociedad que cuenta cada
vez con límites sociales mejor afirmados y establecidos que en la fase anterior. La sustitución de
las necrópolis comunitarias por los cementerios asociados a iglesias constituirá un elemento
común de los paisajes europeos que perdurará al menos hasta el s. XIX.
En los siglos IX-X nacen los cementerios concentrados y estables en torno a las iglesias
prerrománicas, sirviendo como indicadores de los procesos de configuración de la red aldeana
medieval. En estas necrópolis se observa la existencia de arquitecturas funerarias muy variadas
(fosa simple, fosas talladas en la roca, sepulcros exentos,...) y la pérdida completa de la identidad
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 30
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

de las sepulturas. Ya no es importante la identidad del difunto y de hecho se abandonan las estelas
y otros signos de reconocimiento.
La aldea de Cuyacabras (Quintanar de la Sierra, Burgos) fue fundada hacia el s. IX y
probablemente pronto se dotó de una iglesia que parece tener un papel muy destacado en la
estructura urbanística del poblado. Las sepulturas se disponen en torno al edificio religioso de
forma que las más antiguas son las más próximas. Los enterramientos más antiguos han sido
excavados en la roca y presentan una morfología de “bañera”, conviviendo posteriormente con
otras sepulturas antropomorfas.

En síntesis, si la primera fase de la Alta Edad Media se caracteriza por la heterogeneidad de los
ritos funerarios y las formas de enterramiento, la sociedad medieval se basa en una integración social,
física e ideológica de la muerte con la cotidianeidad.

CONSTRUCCIONES RELIGIOSAS Y DOMÉSTICAS DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA


Y LA ALTA EDAD MEDIA

Los edificios religiosos altomedievales

En el tránsito del mundo antiguo al medieval, la Iglesia como institución y las iglesias como
elementos del paisaje constituyen un puente entre ambos periodos.
Entre las problemáticas a estudiar en el periodo, las iglesias ofrecen una información muy valiosa
desde varios puntos:
- Relaciones con el campesinado.
- Como centros de poder local.
- Como forma de representación social por parte de los grupos dirigentes.
- Vínculos con las necrópolis.
- Técnicas de construcción.

1. Centro de culto cristiano en los siglos VI-VII.


Sólo se cuenta con restos de los primeros edificios cristianos a partir del s. IV. En este
periodo la religión cristiana pasará de ser minoritaria a convertirse en la religión oficial del
Imperio. Frente al carácter funerario de los primeros edificios, a partir del s. V las nuevas
construcciones tendrán otras funciones religiosas.
En el mundo rural las primeras construcciones son del s. VI.
Los primeros edificios paleocristianos tienen rasgos constructivos comunes: plantas
basilicales, aparejos de mampostería y cubiertas con armaduras de madera.
En el proceso formativo de estas construcciones eclesiásticas destacan:
- Las asociadas a “castella” o estructuras de poblamiento concentrado y las
asociadas a castillos y centros de poder territorial.
- Las aparentemente aisladas en el territorio.
- Las realizadas en proximidad de las villae romanas y más concretamente en los
mausoleos o tumbas de los propietarios.
Las iglesias rurales de los siglos VI y VII, denominadas “iglesias visigodas”, son pequeñas
construcciones que carecen de baptisterios y que en su interior o en el entorno han aparecido un
número reducido de enterramientos. Se consideran manifestaciones de los grupos de poder del
estado visigodo.
Los estudiosos que han analizado la arquitectura religiosa de este período han distinguido
la existencia de 2 grupos constructivos principales.
1. El primer grupo estaría compuesto por aquellos edificios “de tradición
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 31
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

paleocristiana” caracterizados por presentar una planta basilical, generalmente de 3 naves y


cabecera tripartita. Con frecuencia están dotados de un baptisterio a los pies, lo que obliga a
colocar en un lateral el ingreso. Desde un punto de vista constructivo, estos edificios han sido
realizados con técnicas de albañilería similares a las utilizadas en otras construcciones civiles
contemporáneas, con frecuencia reutilizando materiales de época romana. Presentan una cubierta
de madera, carecen de mosaicos pavimentales y el aparato decorativo es muy escueto.
Componen este grupo edificios distribuidos por casi toda la Península Ibérica.
Un ejemplo de este grupo está representado por Santa María de Mijangos
(Burgos), que ha sido objeto de excavaciones durante los años 90.
2. El segundo grupo está formado por las tradicionalmente denominadas
“iglesias visigodas”, que se caracterizarían por el empleo de técnicas constructivas
altamente especializadas prácticamente desconocidas durante estos siglos en Italia o en
Francia. Tipológicamente son muy diferentes del grupo anterior, lo que ha planteado
problemas de atribución cronológica, tal y como se verá más adelante.
Se trata de un reducido número de edificios de pequeñas dimensiones realizados
con plantas centrales u organizados con espacios independientes y diferenciados. Un
elemento característico de estos edificios está representado por las cubiertas abovedadas de
la totalidad de sus espacios. Desde un punto de vista constructivo recurren a técnicas de
cantería de gran calidad. El aparejo utilizado es de sillería, en ocasiones reutilizada y salvo
excepciones, no perfectamente encuadrada y asentada a seco. Asimismo carecen
prácticamente de cimentación.
El rico aparato decorativo presente en estas construcciones es escultórico, ya que
carece de mosaicos o de revestimientos ornamentales. De hecho, se han reconocido en la
Península Ibérica un conjunto de talleres escultóricos que durante los siglos VI y VII
gravitaron en torno a centros urbanos individuales o a espacios más amplios (Mérida,
Toledo, Levante y Bética), aunque debieron de existir otros talleres itinerantes activos en el
ámbito rural asociados a estas iglesias. Se trata de artesanos altamente especializados y
carentes de una sede estable debido a la carencia de una demanda sostenida y continua.
Este modelo productivo caracterizaría el tipo de talleres activo durante estos siglos en la
actividad edilicia.
Los edificios religiosos que forman parte de este conjunto son iglesias situadas
esencialmente en el sector central y occidental Peninsular (San Juan de Baños, San Pedro
de la Nave, Santa Comba de Bande, Quintanilla de las Viñas, San Fructuoso de Montelios,
Santa María del Melque, cripta de San Antolín de Palencia, etc.).
La basílica de San Juan de Baños (Palencia) se ha convertido en el modelo de
referencia para este tipo de arquitectura, debido a que conserva una inscripción fundacional
de la misma fechada en el año 661.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 32


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Planta de la iglesia de Santa María Iglesia de San Juan de Baños (Palencia).


de Mijangos (Burgos).

En síntesis, estas construcciones han sido interpretadas como manifestaciones de los


grupos de poder en el complejo contexto histórico que caracterizan la formación y la
desarticulación del estado visigodo durante siglos VI y VII .
Ahora bien, hay que tener en cuenta que no todos los autores aceptan la datación de estas
iglesias. De hecho, muchos de estos edificios presentan problemas de datación, y sobre todo
aquellos pertenecientes al segundo grupo.

2. Las iglesias de los siglos VIII-X.


Las iglesias levantadas en estos siglos van a jugar un papel muy relevante en la
configuración del paisaje medieval, especialmente en aquellos lugares en que el poblamiento era
muy disperso, donde las iglesias se convertirán en polos de agregación.
En muchas ocasiones la propia evolución arquitectónica de estos edificios religiosos,
ampliándose o reduciéndose, refleja las transformaciones de las aldeas donde se ubican.
Iglesias y poblamiento en los siglos VIII-X.
Resulta indudable que las iglesias que se van a construir en este período tuvieron un papel
muy relevante en la estructuración del poblamiento campesino. De hecho, se ha subrayado la
existencia de una estrecha relación entre las iglesias y monasterios con la génesis de la estructura
aldeana.
Durante bastante tiempo historiadores y arqueólogos han considerado que la construcción
de estas iglesias ha tenido un papel muy significativo en la concentración y fijación del
poblamiento disperso e inestable altomedieval. Sin embargo, los estudios más recientes han
mostrado que el fenómeno ha sido más complejo, puesto que en muchos sectores europeos el
poblamiento altomedieval ya se encontraba concentrado y estabilizado antes de que se
construyesen las iglesias.
De hecho, sin negar la importancia que puedan haber tenido en algunos casos las iglesias
en la articulación del poblamiento, numerosos ejemplos nos muestran que la construcción del
centro de culto tuvo lugar en el corazón de la aldea ya existente.
Aparentemente muchas de las iglesias documentadas en la Alta Edad Media se fundan en
los márgenes o en proximidad de las aldeas que se están configurando en el norte peninsular desde
el s. VIII. Sólo en un segundo momento, que podemos situar a partir de los siglos IX-XI, se
observa cómo las iglesias se disponen en el interior de las aldeas, llegando a convertirse en su

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 33


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

centro social, espacial e ideológico.


Las iglesias como centros de poder local.
La interpretación en términos sociales de la arquitectura del período altomedieval resulta
muy problemática, ya que la cultura de la exhibición arquitectónica desapareció y no resurgirá
hasta después del año 1000.
Varios estudiosos han señalado que a partir del s. VIII las fundaciones piadosas de centros
de culto constituyeron una de las formas de ostentación y diferenciación social más frecuente
utilizadas por estos grupos emergentes. Quien quería afirmar su propio estatus social construía una
iglesia. Y aunque hay otras muchas razones que explican la gran cantidad de fundaciones de
edificios religiosos realizadas en estos siglos, los documentos del período nos hablan de reyes,
abades, obispos, nobles, presbíteros, etc.
Es indudable que las numerosas “iglesias propias” o fundaciones promovidas por las élites
del momento han constituido centros de poder local en el territorio. Aparecen asociadas a grandes
propiedades y bienes donados por los propios fundadores, y a través del dominio de estas
instituciones las élites locales lograron dominar más y mejor el campesinado y establecer vínculos
sociales con otras instituciones externas, laicas y eclesiásticas, transcendiendo de esta manera el
ámbito local.
Pero además, estas “iglesias propias” se convirtieron en el lugar de enterramiento de un
grupo familiar, que de esta manera afirmaba su identidad y estatus. Asimismo se generan
complejas relaciones y vínculos sociales, tanto entre los fundadores y los poderes superiores,
como con los campesinos y dependientes.
Arqueológicamente son construcciones de pequeñas dimensiones aunque se caracterizan,
con frecuencia, por utilizar técnicas constructivas complejas que denotan la presencia de artesanos
especializados y una alta capacidad de inversión. Un ejemplo significativo es la iglesia de San
Salvador de Valdedios (Villaviciosa, Asturias), promovida por Alfonso III.
Pero no solamente los reyes tuvieron acceso a técnicas de tal complejidad. Otros grupos
eminentes promueven la construcción de “iglesias propias” realizadas igualmente con técnicas
complejas. Este puede ser el caso del monasterio de San Román de Tobillas, en Álava. Fundado en
el año 822 por el abad Avito sobre una aldea ya existente.
No obstante, no siempre resulta sencillo reconocer a los promotores de las construcciones
durante los siglos IX y X. Obispos, grandes propietarios, pero también grupos campesinos
promueven la construcción de estos templos.
Respecto a las “iglesias propias”, muchas han sido realizadas con técnicas de albañilería,
siguiendo tradiciones constructivas locales.
No obstante, a partir del año 1000 estas iglesias acabaron en manos de monasterios,
señoríos eclesiásticos o de las propias sedes episcopales, que llevaron a cabo un profundo proceso
de reorganización social de la red eclesiástica en el marco del feudalismo.
En síntesis, a partir de los siglos VIII y IX se ha fundado un número muy relevante de
iglesias, denominadas “prerrománicas” por los historiadores del arte, que tendrán un efecto muy
relevante en la organización del territorio. Bajo esta categoría unificadora (“prerrománico”) se
esconden procesos sociales muy distintos y transformaciones del poblamiento que han llevado a la
configuración de un paisaje plenamente medieval.

La arquitectura doméstica

Una característica común que presenta la arquitectura doméstica de la Alta Edad Media es la
escasa calidad técnica y constructiva, comparada con los edificios del periodo romano. En la villa romana
de El Val, en Alcalá de Henares, una de las principales habitaciones del conjunto decorada con un
mosaico del s. IV se transforma durante el s. V en una cabaña de madera alargada. Las nuevas
fundaciones, como la aldea de Gózquez, están formadas por cabañas de madera y agujeros de varias
funcionalidades excavados en el suelo. El gusto por el ornato y la exteriorización va a desparecer
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 34
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

prácticamente de la arquitectura doméstica.


Los últimos estudios realizados en la Península Ibérica han mostrado la existencia de una notable
variedad tipológica y técnica que refleja dinámicas sociales muy variadas en las distintas regiones.
La arquitectura doméstica y residencial de los siglos V-VII se caracteriza por su extrema
heterogeneidad en las soluciones constructivas y en las características tipológicas empleadas. La ausencia
de una arquitectura residencial de calidad será la consecuencia de un cambio en la organización del
artesanado, lo que se observa a través de la casi total desaparición de las técnicas de cantería y de otras
técnicas decorativas que habían caracterizado la romanización.
Un ejemplo de estos cambios en las ciudades se encuentra en el barrio de Morerías de Mérida,
donde se han excavado 13 casas que fueron destruidas en el s. V y se reocuparon en los siglos posteriores
en condiciones muy distintas. Cada domus se compartimentó en varias viviendas menores y los peristilos
se convirtieron en casas menores. Las nuevas construcciones se ejecutaron con muros de mala calidad,
con mampostería y piedras reutilizadas trabajadas con cal o tierra.
Los edificios de nueva planta se erigieron con técnicas toscas, como en Tolmo de Minateda,
Albacete, donde se han identificado 2 edificios realizados con mampostería irregular trabada con tierra. El
pavimento era de tierra apisonada con cal y la cubierta era probablemente de tejas.

Vivienda de época visigoda de Tolmo de Minateda (Albacete).

Los paralelos técnicos y morfológicos más cercanos de estas viviendas urbanas se sitúan en los
contemporáneos asentamientos rurales.
El modelo de vivienda formado por habitaciones articuladas en torno a un espacio abierto o
dispuestas en uno de sus laterales, con zócalos de piedra y alzados de tapial o de adobe está documentado
en la Península durante los siglos VI-VII en numerosos asentamientos rurales de nueva planta. En la aldea
de El Bovalar, adosada a la iglesia basilical se ha identificado una serie de construcciones residenciales
constituidas por habitaciones sencillas organizadas en torno a amplios espacios abiertos identificables
como patios.
Otro modelo arquitectónico se ha documentado en la Meseta. En la Dehesa del Cañal (Pelayos,
Salamanca) se ha hallado una aldea constituida por la agregación de una decena de unidades
habitacionales autónomas delimitadas por un muro perimetral. Las viviendas se construyeron con cantos
rodados y bloques de cuarcita trabados con tierra formando un zócalo de menos de un metro. El alzado
era probablemente de adobes y cubierta vegetal.
También hubo poblados realizados únicamente con materiales efímeros (tierra y madera) que se
han identificado tanto en villas romanas transformadas como en aldeas de nueva fundación.
Las últimas aldeas de época visigoda excavadas en la Meseta son asentamientos aparentemente
caóticos, constituidos por estructuras semiexcavadas, generalmente de pequeñas dimensiones, ejecutadas

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 35


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

en plantas ovaladas o cuadrangulares. Un primer grupo de construcciones, el más frecuente, estaría


constituido por pequeñas estructuras ovaladas con agujeros para postes y muros en el interior de los
fondos de cabaña. El segundo grupo se caracterizaría por presentar una tipología cuadrangular y una
cubierta a 2 aguas realizada con materiales perecederos.
En el caso de Gózquez se ha planteado la existencia de una evolución diacrónica, desde las
estructuras en materiales perecederos a construcciones semiexcavadas realizadas con zócalos en piedra,
alzado en tapial y cubierta de teja en un momento avanzado del s. VII.
En síntesis, la arquitectura doméstica de los siglos VI-VII permite observar por un lado la
existencia de una diversidad de culturas constructivas y de distintos niveles arquitectónicos que varían
desde las aldeas campesinas de cabañas de madera y tierra a las más sólidas construcciones identificadas
en los asentamientos de altura fortificados. En general son construcciones sencillas, realizadas por grupos
artesanales locales que recurren a técnicas arraigadas en el territorio y que en ocasiones encuentran
paralelos con los asentamientos prerromanos.
A partir del s. VIII las construcciones conocidas en el norte peninsular de época carolingia y
asturiana presentan diferencias significativas respecto a los modelos anteriores. Aparecen nuevos tipos
constructivos, circulares y ovalados, y se recurre casi de forma exclusiva a la madera y a otros materiales
efímeros, mientras que son raros los ejemplos de construcciones domésticas realizadas con técnicas de
albañilería.
En Gasteiz las primeras estructuras constructivas son íntegramente lígneas, con cubiertas en
materiales perecederos y alzados articulados a base de entramados de madera que se recubren con arcilla.
Las casas se realizan a nivel del suelo, siendo raras las construcciones semiexcavadas.
Cuando se consolida la estructura social y material de las aldeas se generalizan nuevos tipos
constructivos, desapareciendo casi por completo las construcciones realizadas exclusivamente en material
lígneo o en tierra.
Agujeros de poste (longhouse) de la ocupación altomedieval de Aistra (Álava).
Hay casos de edificios construidos adosándose al resguardo de una peña mediante un entramado
de madera y un apoyo de mampostería. En otros casos se construyen edificios exentos, con zócalos de
piedra y alzados de madera. A partir del s. X se pueden fechar los primeros mas catalanes realizados
enteramente en piedra.
La arquitectura doméstica de los siglos IX y X representa, pues, un tránsito entre la
arquitectura de la madera y de la piedra.
¿Por qué motivo se produjo esta regresión tan profunda en las formas de las viviendas y, en última
instancia, en las formas materiales cotidianas de los habitantes de la Alta Edad Media?
La sencillez de las producciones cerámicas y arquitectónicas de los siglos altomedievales refleja
una menor capacidad de control de las clases dirigentes, así como un cambio en la retórica de las
construcciones como elemento de representación y de creación de identidades sociales.
La desarticulación de las estructuras políticas y económicas vinculadas al engranaje estatal
romano trajo como consecuencia la desestructuración de los sistemas productivos edilicios. En gran parte
del Mediterráneo Occidental se cerraron las principales canteras y despareció el comercio y la producción
de materiales constructivos como consecuencia del colapso de la autoridad central. El resultado fue la
adaptación de la actividad artesanal a una nueva realidad productiva con un mínimo grado de
especialización.
Aunque hubo espacio para artesanos especializados con complejos conocimientos técnicos, tal y
como demuestra la construcción y conservación de estructuras monumentales como las iglesias, no hubo
una demanda sostenida de arquitectura de calidad por parte de los grupos dirigentes como para justificar
la existencia de canteros, decoradores y artesanos especializados estables en centros urbanos o de poder.
La realización de cabañas y edificaciones simples es la que mejor se adapta a un medio social
constituido por comunidades campesinas o estructuras familiares donde no hay una jerarquización social.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la tecnología de la madera puede llegar a ser tan
compleja como la de la piedra. De hecho se conoce la existencia de artesanos especializados que realizan
estructuras con materiales efímeros de forma serial en la llanura padana.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 36
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

La arquitectura en materiales perecederos, así como las construcciones basadas en la reutilización


de materiales, es la que mejor se adapta a un contexto productivo y social concreto en el que la estructura
de la producción y la especialización del artesanado cambian con la evolución de las relaciones de poder
y, en última instancia, con las formas de control del campesinado.

7 LA CONSTRUCCIÓN DE LOS TERRITORIOS Y LOS PAISAJES MEDIEVALES

El incastellamento

El término incastellamento ha sido utilizado por el historiador francés Pierre Toubert con el fin de
definir las transformaciones que tuvieron lugar en la organización del territorio como resultado de la
implantación del feudalismo. El término, que literalmente hace referencia a la acción de construir un
castillo o transformar una estructura precedente fortificándola, se ha ido dotando de significados cada vez
más complejos en función de las investigaciones.
Se distinguen 4 procesos históricos:
- El incastellamento en sentido propio o fortificación del poblamiento.
- La concentración del poblamiento en el interior de estas fortificaciones, bien por la nueva
formación de nuevos pueblos o mediante la agregación de otros ya existentes, lo que da lugar a la
aparición de aldeas fortificadas.
- La formación de territorios castellanos vinculados a estos centros como resultado de la
fragmentación política y jurisdiccional.
- La reorganización de los espacios y las estrategias productivas.
Los castillos se erigieron en algunas partes de Europa como una forma de encuadramiento
político, económico y social del campesinado por parte de los señores que lograron suplantar las formas
de poder precedentes. Los grandes propietarios se definieron en términos de aristocracia militar, de tal
manera que los castillos constituyeron elementos políticos e ideológicos básicos en la retórica de la nueva
sociedad señorial.
Aquellas aldeas que se convirtieron en “aldeas fortificadas” o “aldeas castrales” y lograron
agrupar una parte o la totalidad de los campesinos constituyeron límites territoriales (parroquiales,
señoriales y aldeanos) que en algunos lugares han perdurado casi hasta nuestros días.

1. El incastellamento en Europa.
Las aldeas fortificadas en Italia no fueron la única forma de ocupación, pese a lo que
afirmaba Toubert, sino que existieron otras morfologías de castillos que no se asemejaban a
aquéllas. Algunas investigaciones han evidenciado el papel jugado por el campesinado en el
proceso de reorganización de la red de poblamiento, que en muchas ocasiones no fue precisamente
pasivo.
El castillo de Rocca San Silvestro (Livorno) es una aldea fortificada fundada en torno al
año 1000 en un área rica en recursos mineros. El castillo fue fundado a finales del s. X por
iniciativa de un grupo señorial interesado en explotar las minas de plata y la comercialización de
los minerales hacia las cercanas cecas urbanas, de tal manera que establecieron un sistema de
aprovechamiento de estos recursos que preveía la concentración de los mineros en un
asentamiento fortificado. La aldea estaba circundada por un recinto amurallado, con un espacio
señorial en lo alto de la colina ocupado por una torre y un conjunto de residencias con una cisterna
aneja. En su proximidad, la iglesia acompañada de un cementerio. Las casas, edificadas en las
pendientes, son edificios sencillos distribuidos siguiendo una cuidadosa planificación espacial y
constructiva. Los espacios destinados a las actividades metalúrgicas se localizaban en el exterior
del perímetro (producción de hierro) o en el interior (producción de plomo, cobre y plata).
A mediados del s. XIII se produjo un aumento demográfico y, si hasta entonces el castillo
estaba vinculado a la ciudad de Pisa, a la que abastecía de plata para su ceca urbana, a partir de
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 37
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

entonces se observa el desarrollo de nuevas actividades artesanales y una mayor autonomía del
poblado.
El abandono del castillo tuvo lugar en el s. XIV, cuando el empleo de la energía hidráulica
en la metalurgia volvió improductiva la explotación minera de este lugar.
Aunque este castillo se asemeja al modelo de Pierre Toubert, se trata de una excepción.

Castillo de Rocca San Silvestro (Livorno, Italia).

El castillo de Montarrenti, en Siena, constituye un paradigma de las aldeas surgidas en la


Alta Edad Media y fortificadas posteriormente, hacia el año 1000. El primer asentamiento
pertenece a una agrupación de campesinos que en torno al s. VIII realizaron varias cabañas de
madera delimitadas por una empalizada y distribuidas por toda la colina.
Posteriormente, en torno a la segunda mitad del s. VIII, en la aldea se produjo la
consolidación de un poder local de tipo dominical o una curtis. Los elementos materiales más
significativos que han permitido identificar su presencia son la realización de un recinto
amurallado en piedra en la zona superior y el hallazgo en su interior de un granero asociado a un
horno.
Hacia el año 1000 tiene lugar una nueva trasformación social del poblado, que en este
momento parece ocupado únicamente por campesinos. En la cima se construyen grandes edificios
rectangulares de madera, mientras que en el área campesina se levantan casas de piedra asociadas
a actividades artesanales como la producción de hierro.
En el s. XII la construcción de casas-torre, la reconstrucción del recinto amurallado y la
planificación de nuevas viviendas siguiendo un esquema regular en el área campesina constituyen
indicios de la presencia de poderes locales.
En la Baja Edad Media la aldea entra en crisis y se abandona parcialmente, sobre todo el
sector campesino.
En la Toscana, éste es el modelo más extendido (el castillo del s. XI se construye sobre un
asentamiento anterior concentrado en altura y donde ya había un poder local establecido).
En resumen:
- A partir del año 1000 los señores van a legitimarse en términos de aristocracia
militar, de modo que la posesión forma parte de la retórica del poder señorial.
- En la Toscana y amplias zonas de Italia el incastellamento fue la culminación de
un largo proceso que comienza con las aldeas concentradas en altura, generalmente
fundadas entre los siglos VII-VIII, en las que se habían asentado poderes de carácter
dominical en los siglos IX y X.
- Los procesos de concentración y fortificación del poblamiento no se desarrollaron
en todos los casos de forma paralela, de manera que en algunos territorios castrales

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 38


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

pervivió un poblamiento disperso.


- En cambio, allí donde los señores eran particularmente fuertes, como en Rocca
San Silvestro, lograron construir nuevos castillos en torno al año 1000.
- En proximidad de las ciudades, debido a la competencia del centro urbano, los
castillos fueron pocos y de corta duración.
En el Lacio, las excavaciones mostraron que algunos de los castillos estudiados por
Toubert contaban con antecedentes medievales. En otras regiones, como en Liguria o en la llanura
del Po, los castillos constituyeron una forma más de ocupación del espacio.
En Languedoc, durante los siglos X-XII se produjo la concentración de poblamiento en
torno a los castillos, los cuales fueron con frecuencia el resultado de la fortificación de
asentamientos anteriores, aunque hubo algunas nuevas fundaciones. Como resultado de este
incastellamento 1/3 de las aldeas altomedievales desapareció.
En Gascuña, el incastellamento se produjo únicamente a partir del s. XII por el empuje de
las aristocracias locales, mientras que las iglesias articularon durante el s. XI la génesis de
numerosas aldeas eclesiásticas.
Los estudios más recientes consideran que la creación de aldeas fortificadas o castrales fue
únicamente una de las estrategias que utilizaron los señores a partir del año 1000 y que ni siquiera
fue la más empleada. En muchos ámbitos europeos el proceso de “aldeanización” no comportó un
incastellamento.
Hay otro tipo de fortificaciones, como los castillos-refugio destinados a acoger de forma
temporal y en casos excepcionales algunas comunidades campesinas. No son muy frecuentes en el
ámbito feudal, pero demuestran la existencia de comunidades campesinas fuertes y dotadas de una
cierta coherencia.
No obstante, la mayor parte de las fortificaciones medievales son centros administrativos y
militares de carácter señorial dispuestos en una posición central y bien visible respecto al
poblamiento campesino articulado a su vez en aldeas agrupadas o en asentamientos dispersos.
Las motas son colinas artificiales realizadas con tierra y madera. Realizadas la mayoría
mediante el pago de corveas, suelen ser troncocónicas y presentan una plataforma superior en la
que se ubica una torre de madera. Su implantación supuso la afirmación del orden señorial
estableciendo fronteras sociales insalvables que excluían a los grupos medios.

Poblado fortificado de Colletière, en el lago Paladru, junto a los


Alpes franceses.
Un ejemplo excepcional de centro de poder es el poblado fortificado de Colletière, en el
lago Paladru, junto a los Alpes franceses. Fundado en 1003 y abandonado en 1035 a causa de una
inundación, el asentamiento estaba constituido por un recinto rectangular delimitado por una
empalizada de madera y un foso. En el interior, la construcción central es un aula aristocrática y
las que la flanquean han sido identificadas como establos y almacenes.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 39


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

2. El incastellamento y las sagreras en Cataluña.


El Castelló Sobirá de Sant Miquel de la Vall, en el Pallars Jussá, es un recinto delimitado
por un foso. En el interior se distingue un área señorial, ocupada por un castillo, y un sector
campesino en el que destaca una pequeña iglesia. El recinto señorial, que a su vez está delimitado
por un muro, cuenta con una torre cilíndrica construida hacia el año 1000 y posteriormente
integrada en una fortificación triangular más amplia que se corresponde con la residencia de los
propietarios del castillo. Las viviendas de los campesinos fueron realizadas con aparejos
irregulares sin argamasa y la cubierta era de losas y materiales vegetales. La pequeña iglesia de
San Miguel se fecha en el s. XII. Se trata, pues, de un poblado concentrado y fortificado que se
crea en torno al año 1000 en un área anteriormente desocupada.
Las excavaciones en el castillo de Calafell, en el Baix Penedès, han mostrado que la
primera ocupación de la colina tuvo lugar en la Alta Edad Media, cuando se ha documentado una
docena de cabañas asociadas a silos y a una necrópolis que corresponde a una ocupación
campesina concentrada en altura tipo aldeano. Tras el año 1000 la aldea se transformó en castillo
al ser fortificada. En este periodo se construye una iglesia, que será restaurada y transformada en
el s. XII.
Los análisis urbanísticos han permitido reconocer la existencia de aldeas castrales
formadas como resultado de un proceso de incastellamento, aunque no siempre han comportado el
abandono de asentamientos anteriores.
En zonas del norte de Cataluña, donde se fundaron numerosos castillos, se mantuvo un
importante hábitat disperso. En cambio, en Cataluña la Nova se ha subrayado que la mayoría de
los pueblos son aldeas castrales.
En Cataluña la Vieja las iglesias fueron los principales elementos de agregación del
campesinado, predominando los pueblos eclesiásticos. La génesis de éstos tuvo lugar a partir de
espacios protegidos situados en torno a las iglesias denominados sagreras, que se convertirán en
un instrumento de concentración y atracción del poblamiento rural.

Reconstrucción del castillo de Calafell.

Sagreras.
La documentación de los siglos XI y XII las define como un espacio de inmunidad de 30
pasos situado en torno a las iglesias.
El establecimiento de estos espacios protegidos fue fruto del acuerdo entre los campesinos,
los eclesiásticos y los señores laicos en un contexto marcado por una fuerte conflictividad social.
A cambio de la protección, los campesinos quedaron sometidos al pago de censos y a la
jurisdicción episcopal, acabando bajo la jurisdicción de un señor eclesiástico.
La difusión de las sagreras, y su transformación en formas de hábitat, fue posible por la
reorganización de poderes que permitió a los obispos presentarse como garantes últimos del
desarrollo de los pueblos eclesiásticos.
Desde un punto de vista material, las sagreras son espacios ovalados o rectangulares, en
ocasiones delimitados por fosos, recintos o incluso fortificaciones. En su interior se encuentra la
iglesia en posición central, dotada de un cementerio. Entre otras edificaciones se encuentran las
viviendas de los campesinos y otras destinadas al almacenaje de productos agrícolas.
La iglesia de Santa Margarida de Martorell fue fundada en el s. V con cabecera tripartita,

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 40


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

aula única y un pequeño cementerio anexo. La formación de la sagrera poco después del año 1000
está documentada a través de los 13 silos excavados tanto en su interior como en el exterior,
amortizando parte de la necrópolis.
Algunas sagreras no lograron convertirse en polos significativos de atracción del
poblamiento y permanecieron aisladas, mientras que en otros casos constituyeron el eje para la
consolidación de centros de grandes dimensiones de carácter protourbano. En todo caso, el
proceso de concentración del poblamiento no fue tan inmediato o revolucionario como en el caso
de los castillos.
En resumen, en Cataluña tanto las iglesias como los castillos se convirtieron en
instrumentos básicos de reorganización señorial del poblamiento y de las formas de explotación
agraria. Si bien existieron zonas con un patrón de poblamiento disperso, la solución más frecuente
fue su concentración en el curso de los siglos X-XII.

Ejemplo de pueblo creado en torno a una Sagrera


presidida por una parroquia.

3. Los castillos en los reinos de Castilla y León.


En los reinos navarro, castellano y leonés las fortificaciones no lograron concentrar los
derechos de carácter señorial ni estructurar las formas de ocupación y explotación del territorio
campesino. En Vizcaya, p.e. las fortificaciones son de pequeñas dimensiones, se localizan en
zonas muy abruptas y carentes de espacios aptos para el cultivo o para la residencia estable de
comunidades campesinas. De hecho, estos castillos están lejos de las aldeas y nunca se
convirtieron en núcleos de población o articulación del espacio.
Desde los castillos castellanos y leoneses, salvo excepciones, no se ejercían derechos de
carácter señorial. Y cuando los reyes decidieron sustituir, a partir del s. XII, la estructura territorial
articulada en torno a territorios castrales por villas y pueblas de carácter urbano, estos castillos
tardaron poco en desaparecer.
La escasa relevancia que han tenido los castillos en la configuración de los nuevos poderes
se demuestra en el hecho de que, mientras que en otros reinos peninsulares los reyes y aristócratas
construyeron numerosos castillos durante los siglos X-XII, ni en Castilla ni en León tuvo lugar
este proceso. Las aldeas protagonizaron el proceso de feudalización y las fortificaciones tuvieron,
en todo caso, un claro significado señorial.
Tampoco otros fenómenos, como las iglesias y sus sagreras, han jugado un papel
determinante a la hora de llevar a cabo una reestructuración y concentración del poblamiento en
estos territorios. Para algunos autores, la presencia de silos en las iglesias indica que éstas eran
centros de concentración del excedente agrario de las comunidades campesinas, que de esta
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 41
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

manera escapaban al control de una entidad de poder feudal superior.

Las aldeas feudales

Hasta el momento se ha hecho hincapié en el incastellamento como un modelo de análisis


territorial. Pero el verdadero protagonista del paisaje medieval fue la aldea.
El estudio de la formación de las aldeas está siendo objeto de una profunda revisión. Hace ya unos
decenios, historiadores como R. Fossier plantearon que la aldea había sido una creación medieval
resultado de la afirmación de los poderes feudales, y cuyo surgimiento se desarrolló en el marco del
“enceldamiento” que tuvo lugar en torno al año 1000. Los mismos arqueólogos franceses terminaron por
definir de “protoaldeanos” algunos yacimientos de cronología merovingia o carolingia, como Villiers-le-
Sec, a pesar de que morfológicamente se presentan como aldeas perfectamente estructuradas. No
obstante, las excavaciones realizadas en los últimos decenios han mostrado la entidad y la consistencia de
las aldeas altomedievales, que excluyen de facto la existencia de asentamientos dispersos e inestables.

Construcción de época carolingia (siglos IX-X) de Villiers-le-Sec.

En términos globales, los historiadores peninsulares han relacionado la aparición de las aldeas con
los desplazamientos, colonizaciones y roturaciones que caracterizan la “Repoblación” durante los siglos
finales de la Alta Edad Media.
Resulta indudable que en torno al año 1000 en la documentación escrita aparecen centenares de
aldeas y de localidades que, en buena medida, perdura hasta nuestros días.
En la Península aún no se dispone de un número de excavaciones de asentamientos rurales
medievales comparables a otras regiones europeas. No obstante, la formación de las primeras aldeas
altomedievales en la cuenca del Duero y del Tajo tuvo lugar en el s. V, a pesar de que estos asentamientos
no tuvieron continuidad hasta el año 1000. De hecho, el s. VIII representó en amplios sectores
peninsulares un momento de fractura.
Ahora bien, sería un error pensar que durante los siglos VIII y X tuvo lugar la conformación de
una estructura de poblamiento que ha perdurado hasta nuestros días. Así, las aldeas que se constituyen en
la Alta Edad Media se modificarán tanto en términos materiales como políticos y sociales, a pesar de que
sean igualmente presentes elementos de continuidad.
A través de la documentación escrita es fácil reconocer como durante los siglos X y XII las aldeas
cuentan con una identidad política formalizada a través de los concilia o la universitas que agrupa o
representa la comunidad campesina, así como una nueva identidad religiosa e ideológica a través de su
redefinición en términos parroquiales. De hecho, el propio Fossier, rebatiendo las posiciones de los
arqueólogos y defendiendo la existencia de las aldeas únicamente a partir del año 1000, no duda en
señalar que “sólo hay aldea cuando esta forma de agrupación posee una organización interna, una
personalidad jurídica, una mentalidad común y un terruño organizado”. Resulta evidente que las aldeas

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 42


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

altomedievales ya contaban con muchos de estos criterios, a pesar de que sean oscuros a las fuentes
escritas.
Resulta asimismo evidente que durante los siglos XI y XII las aldeas redefinieron su estatuto y su
forma de relacionarse con el exterior porque el mundo en el que se encontraban había cambiado. Sin
embargo, son pocos los cambios morfológicos que tuvieron lugar en el seno de la aldea.
Los historiadores han prestado una atención preferente a la definición de la aldea en términos
territoriales, ya que las fuentes escritas raramente describen estos asentamientos o sus habitantes. Por este
motivo, se ha señalado la importancia que han tenido las parroquias y los poderes locales en la
configuración de las aldeas, insistiendo con frecuencia en la superposición de estas territorialidades
(aldea, parroquia, señorío).

1. Los espacios agrarios.


La fijación y estabilización del poblamiento en aldeas está directamente relacionado con la
conformación de un terrazgo estable y organizado. De hecho, no se puede comprender la aldea sin
entender cómo se configuran las estructuras productivas y cómo se organizan los distintos
espacios de cultivo.
Las conclusiones a las que han llegado los distintos autores subrayan que la creación de las
aldeas comportó un cambio radical en la estructura agraria. Así p.e. Pierre Toubert ha constatado
que en torno a los castillos que se fundaron por iniciativa señorial se desarrolló una nueva
estructura productiva compleja y cerrada.
Los principales procesos que caracterizarían la reestructuración de los espacios agrarios
serían esencialmente los siguientes:
1. La creación de las aldeas comportó la instauración de espacios productivos agrarios y
ganaderos ordenados y coordinados, de tal manera que si el ganado proporcionaba el abono
necesario para regenerar los nutrientes de los espacios cultivados, era preciso articular espacios
para alimentar el ganado, tanto en las zonas cultivadas como en pastos de altura.
2. Esta organización social del paisaje se tradujo en una disposición más orgánica de los
espacios dedicados a las distintas funciones y cultivos, ahora bien delimitados y parcelados, con
límites conocidos.
Prácticamente son desconocidos los parcelarios altomedievales, de tal manera que
únicamente tras la formación de las aldeas se asiste a la aparición de parcelarios regulares y a la
realización de trabajos agrícolas de gran importancia (construcción de estanques, desviación de
los cursos de agua para realizar molinos, bonificación de marjales, encauzamiento de ríos, etc.).
3. El régimen agrario dominante que ha regido la explotación de los campos cultivados
fue el de los campos abiertos u openfield a partir de los cuales se establece el sistema de
rotación de cultivos (rotación bienal o trienal).
A través de esta ordenación se estableció una nueva estructuración de las dedicaciones
agrarias de las distintas unidades para adaptarse a una nueva organización de cultivos y a su
integración con las prácticas ganaderas ( p.e. el abonado de las parcelas). Se procedió a
remodelar los distintos espacios productivos atribuyendo a las zonas más favorables y cercanas
el cultivo más intensivo, a su vez, esto comportó el abandono del parcelario excéntrico. El
resultado fue la creación de un parcelario rígido y fuertemente delimitado.
En el seno de la aldea se crearon las infraestructuras agrarias como las redes estables de
riego, terrazas, etc., de tal manera que la organización de la producción agraria favoreció la
creación de las identidades aldeanas.
Esta estructuración del terrazgo, que parece definida como tal en el curso de los siglos
XI-XII en buena parte de Europa, logró incrementar la producción y además dirigirla hacia la
producción de rentas basada en el cultivo del cereal; reflejo de un nuevo orden social, el feudal.
4. Las investigaciones arqueológicas realizadas en lugares como el Languedoc han
mostrado que durante los siglos X-XIII se fijaron asimismo las manchas forestales, extensión y
estructura.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 43
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

En muchas zonas de la Península Ibérica se ha podido observar que a partir de la Plena


Edad Media los señores promovieron una ganadería de carácter comercial basada en el
desplazamiento a larga distancia. Esto entraba en conflicto con la ordenación de las explotaciones
agrarias intensivas de las aldeas, con pocas cabezas de ganado y espacios de pasto reducido. En
muchas zonas los señores lograron apropiarse de los espacios de pasto comunes de las aldeas con
el fin de favorecer la trashumancia, lo que obligó a las aldeas a replegarse a los espacios de cultivo
y de bosque, por lo que terminaron por reducir la entidad de sus cabañas ganaderas.

2. Estructura interna de las aldeas y de las viviendas


. Resulta evidente que durante los siglos XI-XV las transformaciones en el seno de las aldeas
fueron muy significativas.
En Inglaterra se han reconocido la existencia de 2 fases principales en la aparición de las
aldeas:
1. Se podría situar en los siglos VIII-X en la que surgen pueblos concentrados
“irregulares”.
2. Se desarrolla con posterioridad, en torno al s. XII, en la que surgen las aldeas
planificadas.
Uno de los despoblados mejor conocidos en Europa es el de Wharram Percy (Yorkshire).
La aldea se conformó durante los siglos VIII-X. No obstante parece ser que fue durante los siglos
XI y XII cuando se rediseño su estructura interna mediante la disposición ordenada de sus
viviendas dotadas de espacios de huerto y de cultivo. En el lado norte se encontraba una residencia
señorial y otra, al sur, se localizaba en proximidad de la iglesia de San Martin. La existencia de
esta planificación del espacio aldeano se ha puesto en relación con la existencia de poderes
locales. Aunque la ordenación estructural se mantuvo a lo largo del tiempo, las excavaciones han
mostrado que tuvieron lugar constantes transformaciones.
Es importante señalar que estas transformaciones urbanísticas que tuvieron lugar en torno
al s. XII se ha reconocido en otros asentamientos rurales europeos, donde se ha podido determinar
que fueron los señores los que promovieron la realización del nuevo diseño de la aldea y la
reconstrucción de las viviendas.
Resulta indudable que estas transformaciones se han de poner en estrecha relación con el
reforzamiento de los poderes señoriales durante el s. XII y con los cambios que tuvieron lugar en
el seno de las propias aldeas, que aparecen ahora definidas como parroquias y como entidades
políticas. De hecho, la reorganización espacial que supuso esta reestructuración señorial y
parroquial debió de producir una primera oleada de despoblados en los siglos XI y XII.
Pero quizás son más significativas las transformaciones que han tenido lugar a un nivel
superior: el de la organización social del espacio. De hecho, a partir del s. XII se observa que las
propias dinámicas de los poderes señoriales y las transformaciones de las distintas aldeas han
llevado a la afirmación de una clara jerarquización y diferenciación de estos pueblos, lo que
constituye la antesala para la promoción de algunos de ellos a la categoría urbana.
En el caso de la Península Ibérica los datos disponibles no permiten conocer con este grado
de detalle la morfología interna de las estructuras aldeanas, aunque contamos con indicios que
permiten observar la importancia que tuvo el s. XII en la reestructuración del poblamiento rural.
Es significativo el yacimiento de L’Esquerda (Roda de Ter). El asentamiento fue fundado
en el s. VIII. En esta ocasión las pequeñas construcciones domésticas van a ser sustituidas en el s.
XII por nuevas edificaciones siguiendo un nuevo plan urbanístico. Las viviendas se estructuran en
torno a una plaza central situada delante de la iglesia. Asimismo se acentúa una división funcional
en el interior del pueblo, de tal manera que las actividades productivas (graneros, molinos, etc.) se
desplazan al norte de la aldea. El lugar se abandonara entre finales del s. XIII e inicios del s. XIV.
En las excavaciones que se están realizando en despoblados alaveses se ha podido
establecer como en torno a los siglos XI y XII se produce una profunda reordenación del espacio.
Si las aldeas altomedievales estaban constituidas por una agregación de pequeñas unidades

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 44


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

domésticas autónomas separadas entre sí, tras el año 1000 se produce la compactación de las
viviendas y la creación de un nuevo modelo urbanístico aún reconocible hoy en día. En este
proceso de compactación han tenido un papel fundamental las iglesias, convertidas ahora en
parroquias y que ordenan y articulan espacial e ideológicamente las aldeas.
Otro ejemplo conocido está representado por la aldea de Fuenteungrillo (Villalba de los
Alcores, Valladolid). Se trata de una aldea fortificada que estaba articulada en 3 barrios. En el lado
noroeste se realizó una fortificación señorial en el s. XII, dotada de un doble recinto que va a
convertirse en un centro de percepción y almacenamiento de rentas.
En el caso británico se ha observado que al menos hasta el s. XII las viviendas campesinas
se han realizado casi exclusivamente con postes verticales plantados en el suelo y durmientes o
vigas horizontales de madera. Estas viviendas presentaban plantas rectangulares. Únicamente
entre finales del s. XII e inicios del s. XIV se empezaron a utilizar paredes de piedra. Pero fue
hacia el 1300 cuando se empezaron a construir casas con vigas inclinadas, momento en el que se
produjo un cambio sustancial en la arquitectura doméstica. La adopción de este modelo está
relacionada con mejoras de las condiciones del campesinado inglés, lo que les permitió acceder a
tecnologías más complejas y al empleo de materiales de construcción más sofisticados.
En la Península Ibérica no se conocen con tanta precisión las transformaciones de las
viviendas rurales, aunque se han detectado en algunos yacimientos transformaciones importantes
durante los siglos X-XII.
Ciertamente la madera siguió constituyendo un material fundamental en la vivienda
campesina aldeana, aunque a partir del s. XI se generalizará el empleo de la piedra apenas
desbastada y aparejada sin argamasa de cal. Por otro lado, a partir de este período se generalizan
viviendas de dimensiones modestas y planta rectangular.

Vivienda campesina inglesa con postes inclinados.

3. La formación de la parroquia.
Uno de los procesos que más ha contribuido a dotar de una identidad a las aldeas
medievales ha sido la consolidación de la red parroquial.
Un número significativo de iglesias ya se habían construido en el seno de las aldeas a partir
del s. VIII en numerosos territorios del norte peninsular. Y el establecimiento de la red parroquial
fue posterior a la génesis de las aldeas, aunque pronto se convirtió en un factor clave en la
definición del paisaje rural del occidente.
Una parroquia es ante todo una circunscripción territorial que con frecuencia adopta los
mismos límites de la aldea que la precede. Estos límites constituirán los mapas mentales en
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 45
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

términos espirituales pero también sociales del mundo rural durante siglos.
Es cierto que las aldeas contaban ya con límites más o menos rígidos y con elementos que
garantizaban su identidad local antes de que se formalizasen las parroquias. La presencia de
concilia o asambleas aldeanas y de otras formas más o menos elaboradas de organización interna
están documentadas en el ámbito castellano o catalán desde el s. X. Pero la afirmación de las
parroquias representó un cambio sustancial en su estructura interna en términos sociales,
ideológicos y urbanísticos.
Se puede decir que la consolidación de las parroquias llevó a una refundación en términos
sociales de las aldeas ahora definidas como entidades parroquiales. Resulta evidente que esta
refundación no comportó transformaciones sustanciales en la morfología del poblamiento ni
tampoco necesariamente en la territorialidad campesina, pero sí en su organización interna y en la
percepción del espacio.
En términos cronológicos la formalización de las parroquias fue un proceso largo y que se
concluyó únicamente en el curso del s. XII. Aunque se puede rastrear ya en la Alta Edad Media el
inicio de la conformación de una red parroquial, será tras el año 1000 cuando termine de definirse
con claridad.
Un factor clave que ha contribuido a la delimitación de los límites parroquiales ha sido la
recaudación de los diezmos, instaurados por los reyes carolingios pero generalizados siglos
después. Era preciso delimitar qué iglesia iba a ser la receptora de estas rentas y a qué comunidad
parroquial pertenecía. Por este motivo, la formalización de la red aldeana contribuyó a cohesionar
estas comunidades.
A un nivel superior, la afirmación de la red parroquial permitió que aumentase la influencia
de los obispos en el mundo rural. Si bien muchas de las iglesias propias fundadas en la Alta Edad
Media pasaron a partir del s. X a manos de monasterios, posteriormente serán los obispados los
que pretendan y logren integrar las iglesias parroquiales bajo su sometimiento.
Pero en general las mayores informaciones las proporciona el estudio de las propias
iglesias. De hecho, las mismas reformas de los edificios religiosos reflejan estrechamente la
modificación del asentamiento rural.
En varios sectores peninsulares como en Castilla, se ha podido observar que el número de
iglesias fundadas en ocasiones es superior al de las aldeas. Aquí se produjo tras el año 1000 una
jerarquización, de manera que sólo una de estas pasó a ser la parroquia de la aldea, mientras que el
resto quedaron reducidas a ermitas.
Estas iglesias principales, que tuvieron que adquirir nuevas funciones y acoger a
comunidades campesinas mayores, se ampliaron y se reconstruyeron. A este proceso los
historiadores del arte lo llaman “románico” o, en caso de renovaciones posteriores, “gótico”.
Tanto en el caso de la ampliación de las pequeñas iglesias altomedievales como en la
reconversión de las iglesias propias en iglesias parroquiales las comunidades campesinas y los
señores se empeñaron directamente en su realización. Estas edificaciones representaron una
notable inversión, y no resulta extraño identificar edificios rurales en los que son frecuentes varias
etapas constructivas.
Otro elemento básico que definirá las parroquias a partir de este momento será la aparición
de los cementerios parroquiales, que se crean en el entorno de las mismas.

4. Los cementerios parroquiales.


Como se ha señalado, a partir de los siglos VIII y IX se observa un cambio significativo en
los ritos funerarios en todo el Occidente medieval. A partir de este momento las necrópolis, con
frecuencia asociadas a las iglesias, penetran en el seno de las aldeas, donde se quedarán hasta el s.
XIX. Estos ritos convivían con otras prácticas en las que las mayores necrópolis se encontraban
separadas de los asentamientos. A partir de los siglos X-XII el cementerio aldeano o urbano se
convierte en la única forma de enterramiento documentada en todo el Occidente medieval en el
contexto de los nuevos marcos de sociabilidad que definen estos siglos.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 46
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

La característica principal de las necrópolis de estos siglos es la existencia de ritos


funerarios muy heterogéneos y la pérdida completa de identidad de las sepulturas. De hecho, el
reducido espacio destinado a las inhumaciones y su alta densidad explica que se produjese con
frecuencia la remoción parcial o total de los enterramientos más antiguos. Son asimismo
necrópolis de pequeñas dimensiones que aparecen asociadas a pequeñas iglesias y probablemente
a aldeas que no son compactas.
Tras del año 1000 se observan cambios significativos en las necrópolis, cuando empiezan a
aparecer verdaderas concentraciones de sepulturas en torno a las iglesias y se crea un espacio
funerario colectivo. En Vizcaya surgen a partir de este momento las denominadas “necrópolis
parroquiales”, que se caracterizan por presentar prácticas funerarias más homogéneas. Por otro
lado, las necrópolis parroquiales son aquellas que se han asociado a las iglesias parroquiales, de tal
manera que se dejan de utilizar gran parte de las necrópolis altomedievales asociadas a iglesias
que quedan reducidas a ermitas o entidades de menor importancia.
Estos ejemplos muestran que a partir de los siglos XI-XII, con la afirmación de las
parroquias y la jerarquización de los centros de culto, se produjo la consolidación de una serie de
cementerios principales que se caracterizan por tener una alta densidad de enterramientos.
Un ejemplo significativo es el importante cementerio de Palacios de la Sierra (Salas de los
Infantes, Burgos), que es quizás el más amplio excavado en la Península.
En el caso de la aldea británica de Wharram Percy se ha comprobado que el terreno situado
en torno a la iglesia de San Martin se realzó hasta 4 veces para permitir la colocación de 4 series
de sepulturas en torno a la misma.
A partir del s. XI resulta evidente la existencia de una clara organización y delimitación
espacial interna de los cementerios, de tal manera que en algunos casos aparecen recintos que los
delimitan. También en este período se establece una clara delimitación del cementerio en relación
al urbanismo global de las aldeas.
En síntesis, resulta indudable que el poblado de los muertos ha contribuido de forma
decisiva a configurar el poblado de los vivos, tanto en términos de organización del espacio como
de perpetuación de la memoria familiar y colectiva. Por este motivo el cementerio constituye un
indicador de las transformaciones que tuvieron lugar en las aldeas medievales.

El poblamiento rural bajomedieval: los despoblados

Hemos podido ver que la red de pueblos y aldeas que se han creado en los siglos VIII-X en buena
parte del occidente europeo ha sufrido modificaciones sustanciales en el curso de los siglos X-XII en
relación con la afirmación de los poderes feudales. Las transformaciones morfológicas de las viviendas y
el urbanismo de las aldeas, la creación de terrazgos estables y orgánicos, el establecimiento de las
parroquias o la conformación de cementerios son algunos de los principales indicadores que caracterizan
estás transformaciones.
La red aldeana estuvo asimismo sujeta a notables transformaciones a lo largo de los siglos XIII-
XV. Por un lado, se acentuó la jerarquización entre los diversos núcleos de población; por otro lado, se
produjeron notables reestructuraciones de la red de asentamientos rurales cuyo signo más evidente son los
numerosos despoblados.
Es cierto que durante los siglos XIII y XIV el proceso de despoblamiento ha conocido un notable
desarrollo en toda Europa. Este proceso ha sido especialmente estudiado en Inglaterra, donde se han
inventariado 2800 despoblados medievales y se ha llevado a cabo la excavación de yacimientos tan
significativos como el de Wharram Percy o Firsby. Asimismo, durante los años 60 y 70 se realizaron
inventarios en otros sectores europeos.
Aunque tradicionalmente se ha achacado a la Peste Negra de los años 1348-1350 la mayor parte
de los despoblados, las investigaciones arqueológicas han mostrado que este proceso se inició con
anterioridad.
En Inglaterra la primera fase de deserciones se desarrolló entre finales del s. XIII e inicios del s.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 47
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

XIV consecuencia de la profunda crisis agraria y social. La segunda oleada se produjo a partir de las
últimas décadas del s. XIV, relacionadas con la menor presión demográfica, la reconversión de espacios
de cultivo a zonas ganaderas y con el desarrollo de nuevos grupos medios que se hicieron con el control y
los bienes de las comunidades aldeanas. Esta segunda fase tuvo una incidencia muy notable
esencialmente en las Midlands centrales respecto a otros territorios.
Asimismo en el caso de la Península los estudios han señalado la existencia de 2 grandes fases de
despoblación en el valle del Duero: una se desarrolló desde finales del s. XI hasta 1350, mientras que una
segunda se situaría entre 1570 y 1700. En realidad, las investigaciones recientes han matizado estas
cronologías y evidenciado la continuidad del proceso también durante el período intermedio.
Pero una conclusión bastante generalizada que han alcanzando estos estudios es que, en términos
generales, las aldeas más vulnerables fueron aquellas más pequeñas, las que se encontraban en áreas
marginales recientemente ocupadas como resultado del crecimiento demográfico o aquellas que sufrieron
la presión de los ganados señoriales. Asimismo, la fundación de villas o de entidades de carácter urbano
ha tenido una notable influencia en la reordenación del poblamiento rural circundante. Pero
indudablemente fueron los señores los que jugaron un papel principal en la reorganización territorial y
demográfica que se encuentra en la base de la mayor parte de las deserciones bajomedievales.
En términos arqueológicos las iglesias de las aldeas constituyen uno de los mejores indicadores
para el análisis de los procesos de despoblación, ya que con frecuencia perviven una vez que se ha
producido el abandono.
Probablemente uno de los yacimientos más relevantes es la aldea de Fuenteungrillo (Villalba de
los Alcores; Valladolid). El asentamiento fue abandonado en la segunda mitad del s. XIV, pero perduró la
ermita de Santa María.
Igualmente en Cataluña se han excavado varias aldeas que se despueblan en la Baja Edad Media.
Un ejemplo está representado por el castillo de San Creu de Llagunes (Soriguera, Pallars Sobirà). Se trata
de una aldea amurallada fundada entre los siglos X-XI. El asentamiento fue abandonado entre finales del
s. XIII e inicios del s. XIV de forma paulatina.
Pero el factor que más ha contribuido en amplios sectores peninsulares a la transformación de los
espacios rurales ha sido la conquista por parte de los feudales de los espacios islámicos. Se trató de un
cambio radical que comportó la implantación de un nuevo orden social y la transformación de las formas
de ocupación y explotación del territorio. Este fenómeno, que ha sido estudiado en sectores como el
valenciano, catalán, balear o andaluz, ha mostrado que la implantación del feudalismo modificó no
solamente los lugares de asentamiento, sino también las estructuras agrarias y especialmente las redes de
riego.
En el caso valenciano se ha podido documentar el abandono de numerosas alquerías tras la
conquista de Jaime I a mediados del s. XIII. Los feudales implantan nuevos modelos de ocupación y
explotación del espacio basados en villas nuevas que agrupan el poblamiento siguiendo un modelo
análogo al del incastellamento.
Pero no se trató únicamente de una reestructuración de las áreas residenciales, sino que los
cambios fueron mucho más profundas ya que los territorios de alquerías se dividieron y se reestructuraron
en nuevos ejes parcelarios.
Igualmente son muy significativas las transformaciones que tuvieron lugar en los sistemas
hidráulicos andalusíes. Se ha mostrado que en algunas ocasiones estos sistemas han sido reconvertidos a
favor de la molinería, o bien se han transformado para permitir el riego de espacios cerealícolas,
arborícolas, etc. Resulta indudable que los feudales promovieron una agricultura que pudiese generar
rentas almacenables frente a la horticultura andalusí.
En síntesis, si bien las primeras investigaciones realizadas sobre el mundo rural han pretendido
esencialmente evaluar la consistencia del fenómeno de los despoblados y su distribución temporal,
posteriormente se han acotado distintas temáticas históricas puntuales (incastellamento; formación de la
red aldeana; la reestructuración bajomedieval; conquista) que han encauzado la investigación. El
fenómeno de la despoblación rural es un proceso complejo y dilatado en el tiempo, que no puede
analizarse desde un único prisma y de forma conjunta. De hecho, el proceso de despoblación se prolongó
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 48
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

aún durante siglos.

8 LAS CIUDADES MEDIEVALES

Las ciudades medievales

Los elementos básicos que van a definir los paisajes medievales en el ámbito rural se configuran
en los últimos siglos de la Alta Edad Media, aunque será tras el año 1000 cuando el fenómeno urbano
conozca un desarrollo notable.
Desde un punto de vista socioeconómico, la ciudad antigua era en primer lugar la residencia de las
élites de propietarios y terratenientes, donde llegaban los excedentes productivos de las villas y
establecimientos rurales. De todas formas, varios autores sostienen que la estructura comercial y artesanal
local era muy elemental, de modo que no había una verdadera integración económica entre el campo y la
ciudad.
La desarticulación del Estado y del sistema económico y fiscal sobre el que se basaba la cohesión
del mundo romano explica las profundas transformaciones que sufrieron las ciudades durante la Alta
Edad Media. Aunque permanecen como centros poblados de poder, cambia la naturaleza de éste y su
significado en términos sociales.
A partir del periodo medieval la existencia de las ciudades no depende de su papel en un engranaje
que garantiza la concentración de recursos de carácter fiscal, sino en la capacidad de obtención de
excedentes señoriales por parte de los feudales residentes y en una estrecha integración comercial entre el
mundo rural y el urbano.
La conformación de la red urbana medieval no puede ser explicada ni comprendida más que en el
seno de la sociedad feudal.
Comenzando por el episcopado y siguiendo por los principales poderes territoriales, las urbes van
a seguir concentrando las rentas y los excedentes agrarios. Por otro lado, en las ciudades se desarrollará
una estructura artesanal que abastecerá a las aldeas de su entorno.
A partir de los siglos XII-XIII la capacidad de producir riqueza por la sociedad feudal es superior
a las posibilidades de la clase señorial para apropiarse de ella, por lo que se desarrollará un sector
comercial y financiero que reside principalmente en las ciudades.
Muchas de las ciudades de nueva fundación creadas en época medieval responden a la iniciativa
de monarcas y grandes señores en el marco de las pugnas entre los feudales, buscando apropiarse de
nuevos espacios de poder y de más hombres. Por este motivo, las ciudades medievales se desarrollaron
como resultado del expansionismo que caracteriza el sistema feudal desde su conformación, quedando
desvinculadas de la estructura fiscal del mundo antiguo o de las sociedades islámicas.
En los últimos decenios ha surgido una nueva forma de aproximación a la historia de las ciudades,
conocida con el nombre de Arqueología Urbana y que obliga a trabajar sobre toda la secuencia
ocupacional de las ciudades sin priorizar un periodo respecto a otro.
En la ciudad de Marsella se han llevado a cabo investigaciones arqueológicas de carácter
preventivo en extensión que han permitido recuperar un conjunto de informaciones sobre la
transformación del tejido urbano. En el sector extramuros noroeste se ha documentado una secuencia
ocupacional de época medieval. Sobre la necrópolis greco-romana se instalaron en los siglos V-VII unas
estructuras probablemente de carácter artesanal y agrícola. Hacia el s. XIII, cuando vuelve a ocuparse este
sector, se desarrolla una intensa actividad alfarera, habiéndose localizado hornos dedicados a la
producción de cerámicas revestidas. En el s. XIV el barrio fue abandonado y se arrasó toda el área,
convirtiéndose en huertos hasta el s. XVII. A través de los materiales arqueológicos ha sido posible
analizar la estructura artesanal local y la red comercial a través de las importaciones cerámicas.
En la formación de la red urbana feudal en la Península Ibérica concurren 3 procesos principales:
- Hay ciudades con antecedentes clásicos (Girona, Lugo, León,...), mientras otras se han
formado en época altomedieval (Burgos, Santiago, Vic,...).
- Nuevas ciudades se fundarán en los siglos XI-XIV (Bilbao, Santander, Valladolid,...).
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 49
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

- La conquista de ciudades musulmanas brindó a los feudales el acceso a una tupida y


articulada red urbana que fue radicalmente transformada para adecuarse al modelo social de los
conquistadores.

1. Las ciudades con un pasado romano o fundadas en la Alta Edad Media.


Las ciudades que habían quedado bajo el dominio de los reinos feudales seguían siendo
centros de poder y polos administrativos, pero desde un punto de vista material languidecían y
contaban con un tejido artesanal y comercial muy modesto.
Con frecuencia solamente a partir del s. XII podemos hablar de un tejido urbano feudal
plenamente configurado y estructurado por los poderes locales. No todas las ciudades que habían
perdurado durante la Alta Edad Media mantuvieron el estatuto urbano hasta la Plena Edad Media.
León surgió en época romana como un campamento legionario y fue profundamente
modificada en época tardorromana y altomedieval. Según las fuentes escritas la ciudad fue
repoblada en 856 y se convirtió medio siglo después en la capital del reino asturleonés.
Los datos arqueológicos de los siglos IX y X muestran la pervivencia de elementos
materiales antiguos (recinto amurallado, parte de la red viaria, termas) y un registro formado por
hoyos y rellenos, amplios espacios vacíos y superficies abiertas propias de una ciudad discontinua,
lo que ha llevado a hablar de un “escenario preurbano”. A partir del s. X se reconoce una
zonificación funcional del espacio urbano: el poder eclesiástico se sitúa al este (catedral, conjunto
episcopal) y el poder político al sur (iglesia palaciega). En el s. XI, y aunque las fuentes escritas
muestran una realidad urbana más estructurada, el registro material sigue caracterizándose por la
presencia de relleno de tierras negras (función agrícola) y numerosos hoyos y agujeros (pozos de
agua, silos o graneros, basureros,...). Muchos monasterios se transformarán, convirtiéndose en los
siglos XII-XIII en parroquias urbanas. Asimismo, a finales del s. XI se amplía el recinto
amurallado para acoger los arrabales.
Las excavaciones han mostrado cómo la multiplicidad de poderes e intereses que
conforman un modelo de ciudad en “islas” durante los siglos IX y X da paso a una realidad más
articulada a partir del s. XI, aunque solamente a partir del XII se puede hablar de una estructura
plenamente urbana y socialmente dominada por un poder ciudadano.
En Salamanca, aunque se ha documentado una intensa ocupación prerromana y romana, las
excavaciones realizadas hasta el momento no han permitido documentar prácticamente niveles de
ocupación entre los siglos VII y XI. Las evidencias materiales de los siglos XI y XII plantean un
modelo preurbano similar al trazado en el caso leonés, configurado por núcleos agrupados en
torno a iglesias dispuestas en el recinto amurallado antiguo. Solamente a partir del s. XIII se
evidencia la existencia de un tejido urbano plenamente configurado.
En Tarragona, el diseño de la ciudad medieval se adapta a las estructuras monumentales
romanas, concretamente al sector superior de la urbe clásica. En el área central de la terraza
superior, probablemente ocupada por el episcopado visigodo, se implanta la catedral, que se
configura en un polo básico de ordenación de la ciudad feudal. A pesar del mantenimiento del
recinto amurallado y de elementos básicos del urbanismo romano, se ha constatado un cambio
sustancial de la trama urbana. Se abandonará la ortogonalidad romana y surgirá un nuevo
entramado viario caracterizado en la terraza intermedia por el empleo de una trama reticular
ordenada. Esta planificación muestra la implantación de una estructura urbana ordenada y de
carácter feudal. En el s. XIV se urbaniza el espacio del circo romano y se amplía el recinto
amurallado.
Las ciudades surgidas en la Alta Edad Media se construyeron generalmente a partir de
castillos, de centros de carácter político o de centros eclesiásticos de distinta entidad.
Las excavaciones realizadas en la catedral de Santiago de Compostela documentan una
ocupación romana y una necrópolis tardoantigua. A finales del s. XI fue trasladado allí el obispado
de Iria y el templo fue reconstruido y ampliado. A partir de ese momento se configura una
verdadera ciudad eclesiástica, delimitada por una cerca del s. X, en la que se agolpan otros centros
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 50
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

religiosos. En torno a la basílica de Santiago, sin embargo, hay que esperar a la Plena Edad Media
para que se geste un verdadero tejido urbano asociado a esa ciudad.
Mientras los historiadores tienden a subrayar el papel que ha tenido el avance de las
conquistas de los reinos feudales en la creación del tejido urbano, la arqueología permite observar
la existencia de dinámicas mucho más complejas que anteceden la acción de los poderes
formalizados que ordenan el espacio urbano.

2. Las ciudades nuevas.


No ha habido ningún periodo entre los siglos XI-XV en el que no se fundasen ciudades.
Un primer grupo estaría compuesto por aquellas localidades situadas en el trazado del
Camino de Santiago. Si bien algunos autores han evidenciado el papel del crecimiento en el
mundo rural y, de forma más específica, la existencia de importantes antecedentes como la
existencia de monasterios y de centros de poder que habían articulado el espacio, aún no contamos
con un estudio detallado de ninguna de ellas que nos permita reconocer su proceso formativo.
Passini, basándose en el estudio de las fuentes escritas y en el análisis morfológico, reconoce la
existencia de al menos 2 fases formativas:
1. En la primera, que se desarrolla en el s. XI, surgen centros elementales en lugares
vinculados a la protección del peregrino y dotados de una iglesia, un hospital o albergue y
algunas casa agrupadas (Santo Domingo de la Calzada), o bien se desarrollan a partir de
centros eclesiásticos como un monasterio (Sahagún).
2. En un segundo momento se desarrolla un centro planificado que queda
sancionado por los fueros de los siglos XII y XIII, en el que se establecen aspectos básicos
sobre la morfología urbana. En todo caso, una estructura planificada refleja la existencia de
poderes que ordenan el espacio urbano. Un ejemplo conocido a través de la documentación
escrita está constituido por los bienes cedidos por el abad de Santo Domingo de la Calzada
en el s. XII para que sean poblados a cambio de un censo anual.
Otro grupo de ciudades estaría compuesto por aquellos centros urbanos que han surgido en
las Extremaduras de forma paralela a la expansión de los reinos feudales. En algunos casos, como
en Salamanca, Zamora o Segovia, las ciudades se fundaron sobre solares ya ocupados en época
premedieval. En otras ocasiones, como en Valladolid, la fundación de la ciudad se realizó sobre un
espacio yermo. También en estas ciudades resulta evidente el peso que han tenido los distintos
poderes feudales en la articulación de la red urbana.
Bajo el dominio aragonés se realizaron numerosas fundaciones urbanas con una trama
geométrica destinadas a reordenar el poblamiento en aquellos territorios conquistados a los
musulmanes. Villarreal, fundada por Jaime I en el s. XIII, presenta una planta en forma de
paralelogramo articulada en torno a 2 calles principales en cuyo cruce se encontraba la plaza
principal. Se trata de un urbanismo planificado y dirigido desde el principio.
Acerca de las villas creadas en el curso de los siglos XII-XIV en el sector cantábrico, éstas
son pequeños centros urbanos que se fundan por intervención directa del rey o, en algunos casos,
de señores laicos o eclesiásticos, mediante la concesión de un fuero o carta puebla que pretende
favorecer la reagrupación del poblamiento aldeano dentro de los recintos amurallados. Pero no
todas las iniciativas prosperaron, de modo que algunas se abandonaron al poco de su fundación.
Un ejemplo significativo está constituido por la puebla asturiana de Rovoredo, fundada en 1282
por el obispo ovetense don Frédolo y que fue desplazada a Castropol en 1299, a unos kilómetros
de la anterior.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en las villas vascas han mostrado que al menos
2/3 de las mismas han sido realizadas a partir de aldeas o de castillos ya existentes. Parece que
algunas de las aldeas que fueron promovidas al estatuto urbano de villas contaban ya con cierta
preponderancia económica, demográfica o social, como en el caso de Gasteiz.
Son asimismo frecuentes los cambios funcionales de los espacios aldeanos precedentes. En
las excavaciones de la iglesia de San Antón en Bilbao se ha podido observar cómo un área
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 51
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

residencial de los siglos XII y XIII fue ocupada primero por el recinto amurallado de la villa y, en
un segundo momento, por la propia iglesia de San Antón.
Por otro lado, la fundación de estas villas comportó una trasformación significativa en la
ordenación de los poderes feudales. Así p.e. existe una relación directa entre la fundación de las
villas y el abandono de numerosas fortalezas que con anterioridad articulaban el territorio (la
deserción del castillo de Soberrón se produjo como consecuencia de la fundación de Llanes).
Además, en torno a las propias villas se han creado una serie de territorios (alfoces) que han
sustituido las precedentes territorialidades asociadas a estos castillos y que, con frecuencia, han
perdurado hasta nuestros días como territorios municipales.

3. Las ciudades islámicas conquistadas por los feudales.


Un modelo social, el feudal, sustituyó a otro, el islámico. Mientras las ciudades feudales se
insertan en una estructura de carácter señorial, la ciudad islámica tiene su razón de ser en el seno
del marco estatal en el que se desarrolla esta formación social.
El grupo doméstico andalusí formado por una familia extensa generaría una vivienda
centrada en torno a un patio o espacio central desde el que se accede a las distintas estancias. Este
modelo arquitectónico, que permitiría la coexistencia de varias generaciones de una misma
familia, favorecería la reproducción del grupo doméstico y la cohesión del linaje. Estas unidades
domésticas se yuxtaponen determinando la viabilidad urbana y formando verdaderas islas de gran
extensión a las que se accede mediante adarves. Estos adarves se configuran como callejones
tortuosos y sin salida que permiten el acceso a las puertas de las viviendas.
En el parcelario feudal, en cambio, la parcela presenta una morfología bastante regular y
características ajustadas a la familia nuclear. Las manzanas son compactas y la búsqueda del
contacto directo con las calles principales ha generado un parcelario estrecho y alargado, en todo
caso dotado de un patio de luz en el extremo más profundo.
En ocasiones fueron abandonados barrios enteros de las ciudades islámicas, como ocurrió
con el Barrio do Alcaçova de la ciudad portuguesa de Mertola. Realizado en el s. XII, fue
abandonado tras la ocupación feudal y posteriormente transformado en cementerio de culto
cristiano.
En algunas ciudades como Sevilla, Murcia o Granada se ha constatado que la edificación
de varios conventos tuvo lugar a partir de la ocupación de espacios domésticos que fueron
arrasados. En cambio, las fortalezas y alcázares con frecuencia se mantuvieron como rocas fuertes
de los nuevos poderes.
La nueva lógica feudal del urbanismo reordenó la disposición de los servicios públicos, los
espacios de representación, las áreas artesanales o las áreas de culto. En algunas ciudades se ha
constatado cómo barrios residenciales se transformaron en sectores de carácter artesanal.
Pero es en la propia organización social del espacio donde se advierten las rupturas más
significativas. La población musulmana fue segregada en morerías, generalmente periféricas, y los
invasores ocuparon la medina. Uno de los primeros procesos que se llevaron a cabo fue la
desaparición de los adarves y las callejas que comunicaban las distintas viviendas islámicas, que
ahora son absorbidas por la nueva reordenación de las unidades domésticas.
En síntesis, una estructura rígida de la propiedad basada en la acumulación de rentas
inmobiliarias y en la producción de rentas a partir de servicios públicos (baños, alhóndigas,...)
sustituye a la lógica islámica.
En Valencia, tras la ocupación de la ciudad en 1238, sus habitantes fueron desplazados y
recluidos en la morería, mientras que los feudales se repartieron el resto del tejido urbano. Las
excavaciones han mostrado cómo sobre un precedente cementerio islámico se instaló una serie de
basureros primero y un barrio alfarero después. Todas las mezquitas se transformaron en iglesias y
sobre el espacio residencial palatino musulmán de la Almoina se implantó en 1303 un hospital de
planta rectangular alargada.
En Murcia, ocupada en 1243, las mezquitas fueron transformadas en iglesias o entregadas
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 52
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

a particulares. Para llevar a cabo el cementerio parroquial de San Miguel fue preciso derribar
varias viviendas. El concejo promovió un modelo urbanístico completamente distinto. Las
viviendas fueron profundamente modificadas mediante las agrupaciones de construcciones
anteriores y la adopción de un nuevo tipo de casa abierta a la vía pública que sustituye el modelo
de viviendas musulmanas con patio central cerradas hacia el exterior. Asimismo son evidentes las
acciones realizadas por el concejo para reordenar la trama viaria, de manera que el propio Jaime I
ordenó la apertura de una calle mayor, la actual Trapería, o la expropiación y la rectificación de las
fachadas para ensanchar las calles.

9 LA CERÁMICA MEDIEVAL

Introducción

El estudio de los materiales arqueológicos hallados en las excavaciones constituye uno de los
principales indicadores con los que se cuenta a la hora de analizar las sociedades medievales. Pronto se ha
comprendido que la cerámica podía ofrecer pautas sobre las formas de producción, consumo y
comercialización.
A pesar de que los arqueólogos dediquen un gran interés al estudio de la cerámica, en realidad no
es uno los materiales más abundantes. Así p.e. las excavaciones realizadas en la aldea de Colletiere
(Borgoña francesa), yacimiento ocupado en el s. XI, se ha podido observar que el porcentaje de materiales
cerámicos y vidrios era muy reducido respecto a los objetos de madera, hueso o cuero, que normalmente
no se conservan en el registro material. En particular las formas de madera eran muy abundantes y
cubrían todo el servicio de mesa.
Una vez hecha esta aclaración, es necesario señalar que los principales factores que son tenidos en
cuenta a la hora de analizar en términos económicos la cerámica son los lugares donde se produce, el
volumen y las características, las formas de comercialización y las pautas de consumo. Si bien la
cerámica por sí misma ha tenido un peso muy marginal en las sociedades del pasado, sobre todo si la
comparamos con otras actividades como la agricultura, ganadería o arquitectura, su difusión y
generalización nos permite conocer fenómenos más amplios sobre la estructura del artesanado,
organización social y sistemas de intercambio presentes en un determinado lugar. Por este motivo, en esta
ocasión no se expondrán de forma detallada las distintas producciones o los contextos de consumo, sino
las formas de organización social del artesanado implicado en la alfarería.
El estudio de la cerámica medieval de los siglos XI y XV en la Península es aún muy desigual, ya
que todavía hay zonas y temáticas que no han sido analizadas de forma adecuada.
A fines expositivos, es preciso dividir en 2 fases el estudio de la evolución de la cerámica
medieval de los reinos feudales peninsulares, en función del papel de los centros urbanos y de las propias
transformaciones que tendrán lugar en la tecnología de la producción.

La cerámica de los siglos XI-XIII

Como se ha visto, los principales procesos que caracterizan este período son la afirmación de una
red aldeana jerarquizada y dotada de límites territoriales y sociales netos, la existencia de poderes
feudales y la progresiva afirmación de los centros urbanos de entidad que empiezan a articular mercados
y a estructurar la economía rural. Es pues, desde esta óptica desde donde analizaremos la evolución de la
producción y distribución de la cerámica en estos siglos. De hecho, esta nueva organización social del
territorio encuentra su reflejo en las pautas de producción y circulación de la cerámica durante este
período.
Las principales tendencias que caracterizan la cerámica de los reinos feudales son:
1. La producción cerámica se estructura en función de la nueva organización social
del territorio de carácter feudal, de tal manera que se observa una polarización de los alfares en
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 53
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

función de los centros de poder rural para, hacia la fase final del proceso, desarrollarse
esencialmente en el ámbito urbano.
A partir del s. XI se asiste a una reestructuración de las formas de producir y consumir
cerámica, ya que van a desarrollarse una serie de talleres especializados. Se trata de un proceso
que no afecta únicamente a la alfarería, pero ya desde la fase final de la Alta Edad Media
documentamos la existencia de un tejido artesanal, tanto en el mundo rural como en el urbano, que
se va densificando. De hecho, se documenta la presencia de figuras como los herreros, que
abastecen una o varias aldeas de útiles y herramientas, y que pronto se asocian a los centros
intermedios y a las ciudades.
En el caso de la cerámica se ha podido observar que a partir de este momento se
desarrollan talleres nucleados destinados a abastecer ámbitos relativamente amplios, que en
ocasiones producen asimismo cerámicas especializadas y técnicamente más elaboradas. A partir
del año 1000 aprox. se desarrollan nuevos modelos de producción vinculados a los poderes
feudales y, en un segundo momento, a los centros urbanos.
Uno de los primeros modelos productivos que se reconocen en torno al año 1000 es la
aparición de centros artesanales vinculados a monasterios, que se han convertido en sólidos polos
de concentración de rentas feudales que favorecen el desarrollo de una estructura artesanal.
El desarrollo, en todo caso, de una estructura artesanal en el mundo rural aparece en los
siglos XI-XIII estrechamente vinculada a los poderes feudales. En Cataluña, concretamente, se ha
podido observar cómo algunos de estos talleres aparecen asociados a castillos. Este proceso ha
sido muy bien estudiado en el caso de la producción de cerámica gris, que ha sido hegemónica
durante estos siglos en sectores como Cataluña o Aragón. Bajo este nombre genérico se agrupan
toda una serie de producciones carentes de revestimiento vitrificado y cocidas en ambiente
reductor (sin oxígeno), que otorga a las piezas un aspecto grisáceo u oscuro.
Merece la pena analizar brevemente los alfares de Cabrera d’Anoia. En este yacimiento,
fechado entre el s. XII y la primera mitad del s. XIV, se han reconocido los restos de más de 30
hornos estructurados en 4 áreas artesanales o talleres.
También en el Vallés se ha reconocido un importante centro artesanal vinculado a un
castillo, el del Castellar del Vallès.
Quizás habrían sido los señores los que habrían promovido la realización de estos talleres y
los que impondrían sus productos. De hecho, en el caso de Cabrera d'Anoia, se ha subrayado que
en el cercano castillo de Piera, la cerámica gris allí recogida es diferente a la de Cabrera. Estos
datos nos indicarían la existencia de una territorialidad señorial en la que se desarrollan las
actividades artesanales análogas.
Estas territorialidades serán cuestionadas o transformadas cuando, a partir de los siglos XII
y XIII, se haga evidente la presencia de los centros urbanos emergentes.
Un ejemplo del primer caso está representado por el yacimiento de Casa-en-Ponç
(Berguedà), fechado en los siglos XII y XIII. El taller se sitúa en las afueras de la ciudad de Berga,
y sus materiales se han comercializado por toda la comarca del Berguedà, alcanzando un radio
aprox. de unos 25 kms.
En otras comarcas catalanas se ha reconocido asimismo la presencia de talleres
generalmente situados en el centro urbano o en la cabecera de la comarca, que han alcanzado un
notable desarrollo. Así, en la Plan de Vic una única fábrica distribuía sus productos en todo el
territorio.
En Castilla y León, se pueden fechar a partir de los siglos XII y XIII toda una serie de
alfares asociados a los centros urbanos emergentes, aunque conviven con polos rurales
especializados. Ejemplos del primer modelo son las producciones realizadas en los alfares de
León, Zamora, Valladolid, etc., que alcanzan una notable difusión en el ámbito comarcal o incluso
subregional. Son esencialmente talleres que abastecen sectores comarcales de todas y cada una de
las variedades funcionales y formales que se precisan en ese territorio.
En cambio, allí donde había una agrupación de centros alfareros rurales cercanos era
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 54
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

posible que algunos talleres se especializasen, insertándose en una red de intercambios más
compleja. Este es el caso de los alfares excavados en Alto Campoo.
Estos centros rurales de carácter comarcal declinarán en todo caso, a partir del siglo XIII-
XIV, de forma paralela al desarrollo de las producciones urbanas especializadas que van
invadiendo los mercados rurales.
2. Con frecuencia los nuevos polos productivos se presentan como talleres agrupados
y especializados, lo que se traduce en una progresiva estandardización.
Otra de las formas a través de las cuales los arqueólogos estudian la existencia de un
modelo de producción cerámico articulado en talleres especializados y agrupados es a partir del
análisis de los contextos de consumo. El estudio de las cerámicas halladas ha mostrado la
existencia de una clara tendencia a la estandarización de formas y técnicas de elaboración a nivel
comarcal o subregional.
Tanto en Cataluña como en Castilla y León los arqueólogos han observado como a partir
del s. XI se producen una serie de transformaciones. Así p.e. el torno lento es sustituido a partir del
s. XI por el torno veloz. También en otros sectores del norte peninsular se introduce a partir de los
siglos XI-XII el uso del torno rápido.
Igualmente en las técnicas de cocción se registra una mayor homogeneidad. En el caso
catalán se generaliza la cocción en ambiente reductor (cerámica gris).
Otro indicador que muestra la tendencia a la estandarización y la afirmación de un modelo
basado en el surgimiento de polos productivos especializados están representados por la
distribución de las distintas técnicas de decoración. Así, en el caso de los reinos occidentales se ha
podido distinguir la existencia de determinadas producciones caracterizadas por técnicas
decorativas muy específicas. Mientras que las cerámicas pintadas en rojo se localizan en el sector
castellano tal y como se había documentado ya en la Alta Edad Media, en el territorio del Reino de
León se documenta durante el siglo XI-XII una producción cerámica muy característica decorada
con retícula incisa y en un sector del mismo se utilizan cerámicas pintadas con líneas blancas. En
Navarra, en cambio, se ha reconocido una serie de producciones decoradas con pintura negra de
óxido de Manganeso.

Distribución de las distintas técnicas d e decoración cerámica en la Plena Edad Media.

3. Esta polarización de los centros se traduce asimismo en un nuevo repertorio formal


simplificado y renovado respecto a los siglos anteriores. Es dominante la cerámica de cocina y
almacenamiento. La de mesa es limitada.
El repertorio formal muestra igualmente la tendencia a la estandarización. A partir del s. XI
se documenta en casi todos los contextos norteños una renovación del repertorio formal. La
polifuncionalidad que parece caracterizar los contextos altomedievales va a ser sustituida por un
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 55
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

repertorio reducido de formas, pero que presenta numerosas variantes morfológicas y


dimensionales para hacer frente a las distintas necesidades.
La cerámica de los siglos XI-XIII sigue utilizándose esencialmente en la cocina y en el
almacenaje, de manera que para otras funciones, como la mesa probablemente se recurría a piezas
de madera. Predominan, por lo tanto, las formas cerradas, y más concretamente las ollas y las
jarras.

Síntesis morfológica de las producciones de cerámica gris catalana.

En centros como León, Zamora o en los talleres palentinos se cuenta a partir del s. XII con
un repertorio articulado de formas abiertas (platos, cuencos, tazas,..). En Cataluña también se
introducen a partir del s. XII las formas abiertas en cerámica gris.
Hay que tener en cuenta que estas transformaciones que se producen en el repertorio
formal han de relacionarse con los cambios en la dieta. Los cereales constituyen uno de los
elementos básicos, además de legumbres, hortalizas y frutales, de manera que los estudiosos de la
alimentación sostienen que en toda Europa a partir de este período el pan y el consumo de cereales
adquieren un papel fundamental en la despensa campesina.
Por último hay que señalar que desconocemos hasta el momento las cerámicas de
almacenaje de grandes dimensiones. Así p.e. la documentación catalana menciona desde el s. XI la
presencia de vasa vinaria, vascula o vexellas en las sagreras catalanas, que indudablemente hay
que asociar a la recepción de rentas por parte de los señores eclesiásticos. Los silos, que presentan
una mayor visibilidad arqueológica, documentan el almacenaje esencialmente de cereales, aunque
sabemos que también el vino formaba parte de las rentas que percibían los señores.
4. Las pautas de comercialización son mucho más complejas que en los siglos
anteriores. Ha sido posible reconocer modelos de circulación en el ámbito comarcal (Cataluña) o
subregional (Castilla y León).
Por lo que se refiere a la distribución y al consumo de la cerámica, ya se ha visto que la
producción y la comercialización está íntimamente relacionada con las formas de dominio feudal
en las que se desarrollan. El artesanado que se expande durante estos siglos lo hace en el marco de
los señoríos que se crean a partir del s. XI (monasterios, castillos y centros preurbanos), y es en el
marco de la territorialidad señorial en el que se distribuyen básicamente sus productos. No
obstante, hay que señalar que a partir del s. XII, y especialmente del s. XIII, tienden a ampliarse
los circuitos de comercialización con el desarrollo de las formaciones urbanas. Talleres como los
de Cabrera d'Anoia o Casa-en-Ponç logran comercializar sus productos en ámbitos que superan un
radio de 20 kms en los siglos XII y XIII. Pero en el mismo s. XIII la cerámica gris de Barcelona se
exporta a Mallorca tras la conquista aragonesa, lo que nos muestra como en este periodo se ha
gestado una red de intercambios que pivota sobre las ciudades y que se hará hegemónica en la

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 56


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Baja Edad Media.


Llama la atención la escasa presencia de materiales cerámicos importados desde el área
islámica. Más aún cuando tenemos constancia de la comercialización de cerámica producida en
Mallorca y varios centros andalusíes durante los siglos X-XIII gracias a hallazgos realizados en
centros como Pisa (Italia) o en otros centros del mediodía francés.
Teniendo en cuenta estos elementos, resulta muy difícil reconocer pautas de consumo y
establecer criterios de diferenciación social a partir de la composición de los contextos cerámicos
de los siglos XI-XIII.

La cerámica de los siglos XIII-XV

El principal fenómeno que caracteriza la Baja Edad Media en términos artesanales y comerciales
es la afirmación de una estructura urbana muy compleja que domina de forma hegemónica el mundo
rural. Se trata, por otro lado, de una red urbana jerarquizada y estructurada en varios niveles, de tal
manera que al lado de grandes ciudades como Sevilla, Toledo, Barcelona, etc. concentradas esencialmente
en el sur peninsular, subsiste un tejido formado por ciudades de pequeñas y medianas dimensiones que, en
sectores como el norte peninsular, representan el único modelo existente. Basta comparar p.e. Sevilla, que
en el s. XV cubre una extensión de 276 Ha, más arrabales como Triana, articulada en 28 parroquias y 5
barrios, respecto a algunas villas de reciente creación en el norte peninsular que en ocasiones apenas
llegaban a las 6 Ha (Bilbao, San Sebastián) o incluso menos.
El mundo rural especializa su producción, con frecuencia bajo la presión señorial, hacia cultivos
de consumo de primera necesidad dirigidos hacia las ciudades. Estas se van a convertir en centros de
intercambio permanente con el espacio rural a través del mercado semanal. Además, a partir del s. XII se
difunden las ferias anuales que contribuyen al surgimiento de una red de intercambios articulada.
La presencia de estos mercados va a favorecer el surgimiento en las ciudades de actividades
artesanales. De hecho, a partir de los siglos XII y XIII surgen cofradías de oficios.
Pero al lado del comercio de carácter comarcal o subregional, a partir del s. XIII se desarrolla con
fuerza una red de intercambios de carácter internacional a partir de los centros urbanos ubicados en el
litoral.
Los mercaderes catalanes cuentan ya en el s. XIII con fóndacos o colonias mercantiles en el norte
de África o Egipto, y posteriormente en Italia y Grecia, creando una red similar a ciudades como Venecia
o Génova con las que competirán.
Igualmente desde finales del s. XIII, con la conquista de Andalucía, el Reino de Castilla se abrió
hacia el comercio mediterráneo y, posteriormente hacia el Atlántico. Concretamente, Castilla y Aragón se
convirtieron en exportadores de materias primas, sobre todo lana, hierro y cereal, importando productos
de lujo y elaborados.
Teniendo en cuenta este cuadro de referencia, los principales fenómenos que definen la
producción, distribución y consumo de la cerámica en estos siglos son los siguientes:
1. Se va a producir una importante transformación en las formas de producir
cerámica. Desde un punto de vista tecnológico, a partir del s. XIII se introducen nuevas técnicas
que habían sido desarrolladas por los islámicos, así que serán alfareros mudéjares los que tendrán
un papel relevante en algunas regiones.
Un fenómeno que caracteriza el s. XIII en amplias zonas del Mediterráneo Occidental es la
introducción de revestimientos vitrificados basados en la doble cocción, que hasta entonces
solamente utilizado en ámbito islámico (cerámica esmaltada y vidriada) o bizantino (cerámica
engobada bajo cubierta vitrificada). Los reinos feudales de la Península introducirán en estos
siglos las tecnologías utilizadas en al-Andalus desde el s. X. Frente a las cerámicas grises catalana
o a las formas de cocina o almacenaje, las cerámicas revestidas ofrecen toda una serie de
beneficios:
- Impermeabiliza las piezas y aísla el contenedor del contenido.
- Mediante el empleo de sustancias como el estaño, es posible obtener superficies
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 57
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

blancas en las que se realizan decoraciones con óxidos metálicos.


En Italia se ha establecido que fue en torno a la primera mitad del s. XIII cuando se
introdujeron estas técnicas. Uno de los primeros centros fue Pisa. Las estrechas analogías que
presentan las primeras producciones esmaltadas decoradas en verde y manganeso (“Mayólica
Arcaica”) con las cerámicas califales dotadas de técnicas similares, han llevado a afirmar que
existe un vínculo genético entre las producciones españolas y las pisanas.
A conclusiones similares se ha llegado en el caso del sur de Francia. Así p.e. en Marsella se
ha excavado uno de los primeros alfares que introdujo la cerámica revestida en Provenza. En el
taller del barrio de Sainte-Barbre, se han encontrado paralelos muy estrechos con talleres
islámicos de Zaragoza o Balaguer, entre otros.
En ambos casos se ha podido constatar cómo estas técnicas de producción se introdujeron
de forma repentina, con repertorios formales y decorativos elaborados y sin una experimentación
previa. Por otro lado, para realizar estas cerámicas fue preciso recurrir a nuevas materias primas
que en ocasiones fueron importadas: óxidos metálicos para las decoraciones; sílice, plomo y
estaño para los revestimientos, etc.
En la Península Ibérica aún no contamos con datos para comprender cuándo se produjo
esta innovación. En Cataluña, Valencia o Aragón este fenómeno es coetáneo a los sectores antes
analizados. Sin embargo, en otros ámbitos territoriales como la Meseta septentrional, se suele
retrasar hasta el s. XIV o incluso después.
En todo caso, la mayor parte de estas producciones son consideradas por muchos
arqueólogos como mudéjares, ya que se atribuyen a grupos de musulmanes residentes bajo
dominio feudal. Solamente en una fase posterior el conocimiento se habría socializado, y otros
alfareros habrían adquirido el bagaje tecnológico.
Como en el resto del Mediterráneo occidental, las primeras producciones esmaltadas son
piezas decoradas en verde y manganeso o en un solo color; a partir del s. XIV se documenta
esmaltada en azul y, puntualmente, con reflejo metálico.
Aunque la atención de los arqueólogos se ha focalizado sobre las cerámicas revestidas de
mesa, hay que señalar que las transformaciones que se produjeron a partir de este momento
afectaron igualmente a las restantes producciones. En todo caso, los efectos de esta renovación
tecnológica fueron muy diferentes en las distintas zonas; se hicieron más patentes en el sector
mediterráneo, valle del Ebro y Andalucía, mientras que se detecta mayor continuidad en la Meseta
o en el reborde cantábrico.
Estas tecnologías complejas se van a desarrollar únicamente en talleres especializados
ubicados en los centros urbanos, donde se encuentran los mercados, de tal manera que la
estructura productiva articulada sobre centros feudales dominantes en los siglos anteriores se ve
desplazada por un modelo articulado desde las ciudades. Esto no quiere decir que sucumbiesen las
producciones rurales de ámbito comarcal o subregional, pero quedaron limitadas al abastecimiento
de producciones específicas.
Por otro lado, las nuevas tecnologías requerían infraestructuras y procesos de producción
más complejos, que se encontraban en manos de alfareros especializados y que requerían una
cierta capitalización de la producción.
2. La transformación se dará en las ciudades, que desempeñarán un papel fundamental
en la producción y distribución de la cerámica. Actuando asimismo como polos comerciales y de
intercambio, consiguen difundir sus producciones en el mundo rural siguiendo o superando el
patrón de difusión comarcal o subregional.
La tendencia global que caracteriza la producción cerámica en estos siglos es:
- La concentración de talleres especializados en técnicas más complejas en las
principales ciudades.
- Se mantiene el tejido productivo rural, aunque redimensiona su repertorio y sus
redes de distribución, mediatizadas por las ciudades.
En cuanto a los alfares, seguirá habiendo talleres aislados tanto en las ciudades como en el
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 58
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

mundo rural, aunque la tendencia es hacia la agrupación de los mismos, de tal manera que menos
fábricas producen una mayor cantidad que alcanzan una mayor difusión gracias a una red
comercial más dinámica y eficiente.
De hecho, todos los talleres de cerámica esmaltada de los siglos XIII-XIV que se han
identificado hasta la actualidad en los reinos feudales peninsulares se localizan en centros urbanos.
En todo caso, las excavaciones realizadas en los centros urbanos peninsulares han
mostrado con claridad que a partir de los siglos XII-XIII se construyen polos productivos
especializados donde se concentran las alfarerías.
Un ejemplo bien conocido a través de la documentación escrita y, en menor medida por la
documentación material, es el de Barcelona. La existencia de un tejido artesanal está bien
documentada a partir del s. XIII. El Consejo de la ciudad admitió en su seno a los alfareros en el
año 1249, y a finales de siglo se establecía dónde y cómo debían de ubicarse los hornos alfareros.
Ya en el año 1314 se regula la calidad de las piezas y se establece que cada alfarero debería
utilizar una marca o distintivo que identificase las producciones para controlar de esta manera la
bondad de las mismas. A mediados del s. XIV se prohíbe el uso de los espacios públicos para
trabajos alfareros. Asimismo se regulan aspectos como la estandarización de las producciones
(tamaño, capacidad y peso de las tinajas y cántaros, con el fin de adecuar los contenedores a las
necesidades del consumo). La importancia alcanzada por esta actividad productiva en Barcelona
durante el s. XIV fue tal, que en el año 1402 se creó la cofradía de los ollers, gerres y rajolers bajo
la advocación de San Hipólito.
Se podría seguir sumando ejemplos similares en la práctica totalidad de las ciudades de una
cierta dimensión de toda la Península, lo que mostraría un patrón similar de concentración de
barrios alfareros en los arrabales de la ciudad fechables a partir del siglo XIII-XIV. En ocasiones
se ha observado que, desde las ciudades principales en las que se localizan los talleres más
antiguos, se produce en un segundo momento un desplazamiento a los centros más cercanos,
abasteciendo de esta manera estos mercados secundarios.
3. En el repertorio cerámico, van a surgir formas y usos, de manera que al lado de
clásicas producciones de cocina y almacenaje se desarrollará de forma notable la vajilla de mesa.
Se transforman asimismo otras producciones, como la cerámica de cocina, o adquieren un nuevo
protagonismo tinajas y grandes contenedores para el transporte de mercancías.
Por un lado se produjo una estandardización de las formas, tal y como reflejan las
ordenanzas barcelonesas que se acaban de mencionar, de tal manera que podemos afirmar que a
partir de este momento se asiste a la producción en serie de algunas de las formas cerámicas que
componen la vajilla bajomedieval.
Un ejemplo representativo son las jarritas carenadas que se produjeron en el ámbito
castellano leonés durante los siglos XIV y XV. Se trata de una forma cerámica carente de
revestimiento. Los estudiosos que han tratado este problema han subrayado que la uniformidad de
esta producción no se reduce únicamente a la forma, sino también a la capacidad. De hecho, se
han diferenciado 3 medidas de capacidad concretas. Se piensa que estas jarritas han sido realizadas
por comunidades mudéjares y su difusión nos muestra como se han ampliado las redes de
distribución comercial.

Jarritas carenadas “mudéjares” halladas en la Meseta septentrional.

Asimismo encontramos formas y técnicas de ejecución homogéneas que superan

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 59


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

igualmente los límites geográficos anteriores. Es el caso de las denominadas producciones Duque
de la Victoria que caracterizan muchos contextos bajomedievales de la meseta septentrional
(Segovia, Palencia, Ávila, Palencia, Valladolid, etc.) caracterizadas por un denso engobe que en
ocasiones adquiere un brillo metalescente y por un amplio repertorio formal. Las investigaciones
más recientes sostienen que estamos en presencia de varios centros mudéjares. El tejido artesanal
se hace, por lo tanto, más complejo en relación con una red de distribución que integra
producciones especializadas. P.e. en Santillana del Mar (Santander) se ha excavado un taller
especializado únicamente en la producción de jarras y cántaros, y en particular, de un tipo de jarra
de boca cuadrada que se ha identificado en todo el litoral cántabro.
Pero quizás el elemento más significativo que caracteriza la producción cerámica de este
período es la aparición de la vajilla de mesa. Los arqueólogos coinciden en que a partir del s. XIII
es cuando se generaliza el uso de los platos y la vajilla de uso personal para la mesa en relación
con un cambio en las formas de consumir y preparar los alimentos.
Además asistimos a una especialización funcional de las distintas producciones y de las
formas. De hecho, la cerámica revestida va a ser la protagonista de la vajilla de mesa. Se
desarrollará por lo tanto, un mayor número de formas más especializadas y adecuadas a funciones
bien definidas demandadas por un mercado mucho más exigente, aunque con una clara tendencia a
la estandardización.
Aunque las cerámicas revestidas son más visibles, también se asiste a una especialización,
diversificación formal y estandardización de las cerámicas de cocina, que en ocasiones incorporan
revestimientos vidriados y de almacenaje.
Esta especialización es más evidente a partir del s. XIV, aunque no se puede generalizar de
forma uniforme al conjunto de la Península. A partir del s. XIV la cerámica revestida parece que
llega a todos los grupos sociales en lugares como Cataluña o Valencia, mientras que sigue siendo
un producto elitista en zonas meseteñas o del cantábrico.
Uno de los centros productivos que ha sido estudiado en los últimos años es el de Teruel.
Entre finales del s. XIII e inicios del XVI fue un importante centro de producción cerámica
esmaltada decorada en verde y manganeso. De hecho, hacia mediados del s. XIV todo el Reino de
Aragón se abastecía de cerámicas producidas en los alfares de esta ciudad como resultado de la
existencia de una compleja red de intercambios y una producción en masa destinada al mercado.

Escurridillas producidas en Teruel entre los siglos XIII y XV.

4. La cerámica constituye un indicador para analizar el comercio internacional a


larga distancia que se desarrolla en la Baja Edad Media. La circulación de algunas
producciones cerámicas, como las levantinas a partir del s. XIV, representan la plasmación de la
acción expansiva de la Corona de Aragón.
Tal y como se ha señalado, como resultado de la crisis bajomedieval y de las orientaciones
de los grupos dominantes, se ha desarrollado una actividad mercantil orientada al comercio
internacional y de larga distancia que ha tenido un auge muy notable en sectores peninsulares
como Cataluña o Valencia. También en Castilla de desarrollaron líneas comerciales interiores y
orientadas hacia el Atlántico. En todo caso, hay que subrayar el papel que los mercaderes italianos
y, de forma secundaria también catalanes, han tenido en la redistribución de mercancías entre
ámbitos tan distantes como Flandes o Inglaterra respecto al Mediterráneo.
Nos encontramos en presencia de talleres capitalizados, caracterizados por una producción
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 60
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

serial de tipos, decoraciones y formas claramente orientada a un mercado internacional, de tal


manera que la cerámica no es únicamente un complemento que acompaña a otros productos, sino
que se convierte en el objeto mismo de la comercialización a larga distancia.
El volumen de producción que pudo garantizar durante los siglos XIV y XV el área
valenciana fue muy notable. Conocemos algunos casos a través de la documentación escrita que
son muy indicativos. En el año 1447, y por encargo del rey Alfonso V, se embarcaron en una
galera 13458 azulejos de Manises con destino al Castillo Nuevo de Nápoles. En otras ocasiones no
circulaban las piezas, sino que los propios alfareros se desplazaban hacia los mercados de
consumo o realizan producción por encargo para obras concretas.
El ámbito de distribución de la cerámicas esmaltada valenciana refleja de forma indirecta
el propio proceso de expansión política y comercial de Reino de Aragón y de las ciudades italianas
durante los siglos XIII-XV. Tal como se ha señalado, los comerciantes italianos han jugado un
papel fundamental en la redistribución de estas producciones, de manera que puertos como el de
Mallorca parecen haber jugado un papel central en este proceso. Allí llegaban los barcos
venecianos, que recorrían el Mediterráneo y el Adriático, así como los catalanes, lígures y
toscanos, que en cambio comerciaban en el sector occidental. Los genoveses, por su parte
alcanzaban el Atlántico, de tal manera que en Southampton era conocida la cerámica valenciana en
el s. XV.
La fabricación de azulejos o de vajillas de mesa por encargo con el emblema de una
familia o de una institución o con motivos particulares es un fenómeno bien conocido en estos
siglos. Este es el caso de la vajilla hallada en el mercado de Santa Caterina en Barcelona, con un
motivo que hace referencia al orden dominico pintado en azul, o de varios casos documentados en
Italia. También en la Península Ibérica la circulación de estos productos está bien documentada en
el s. XV.

Materiales cerámicos valencianos hallados en Santa Caterina Barcelona con


el escudo heráldico de la orden.
Pero dejando de lado el problema de la distribución, en los últimos decenios los
arqueólogos han prestado una atención muy especial tanto a los centros de producción como a la
seriación de los principales grupos cerámicos. Aunque nos centremos en esta ocasión únicamente
en los centros valencianos, es importante señalar que ha habido otros polos productivos catalanes,
y a otros niveles, también en Aragón, que han importado volúmenes importantes de cerámica.
El caso de Valencia y su entorno es sin duda el más conocido. En el entorno de esta ciudad
han surgido una serie de núcleos productivos altamente especializados, entre los que destacan los
de Paterna y Manises.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 61
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Aunque es conocida la existencia de alfarerías de época islámica en el entorno de Valencia,


no se conocen casos de talleres en los que exista continuidad entre la fase almohade y la feudal.
De hecho, es posible que haya que atribuir a los feudales el desarrollo de un nuevo modelo
productivo agrupado. Los estudiosos abordan desde hace tiempo la relación que existe en términos
formales y tecnológicos entre las producciones almohades y nazaríes con las feudales
denominadas mudéjares, ya que parece que la mayor parte de los alfareros eran musulmanes. La
conclusión a la que se ha llegado es que, si bien en un primer momento son evidentes los
caracteres islámicos, a lo largo del s. XIV se van desvaneciendo a favor de nuevos rasgos
decorativos góticos o mudéjares.
Sin pretender entrar en detalles, las 3 principales producciones de cerámica de mesa
destinadas a la importación realizadas en estos centros son las cerámicas esmaltadas decoradas en
verde y morado, en azul o en azul y dorado.
Dentro de cada uno de estos grupos los estudiosos han reconocido la existencia de varios
grupos decorativos y formales. Así dentro de la cerámica en verde y morado se han reconocido
series clásicas evolucionadas y esquemáticas, mientras que en las producciones en azul y dorado
se ha reconocido el “estilo malagueño”, el “tipo Pula”, el “estilo islamizante” y el “estilo clásico”.
Aunque las importaciones de materiales valencianos alcanzaron su máxima difusión en el
s. XV, aún en la primera mitad del siglo siguiente son abundantes los hallazgos de estos materiales
tanto en contextos peninsulares como mediterráneos. Pero ya a partir del s. XVI otros polos
productivos emergentes entre los que destacan Talavera y Sevilla, se convertirán en centros de
exportación de cerámica de mesa.

Tipologías de tinajas y gerres utilizadas en el transporte marítimo de


mercancías en la Baja Edad Media.
Pero no solamente se importaba vajilla de mesa. En los últimos años los arqueólogos han
prestado una atención especial al estudio del comercio a larga distancia a través del análisis de los
contenedores cerámicos utilizados en el transporte de mercancías de los siglos XIV-XV. Las
investigaciones realizadas han permitido establecer una tipología de las distintas tinajas y gerres
utilizadas en el transporte de mercancía, así como analizar su difusión.
Los principales centros de producción de estos contenedores son aquellos desde los que se
desarrolla una actividad mercantil orientada a la exportación, de tal manera que los propios
mercaderes encargaban a los alfares los contenedores cerámicos con el sello de las compañías
mercantiles.
En estos contenedores se transportaba esencialmente vino, aceite y vajilla de mesa, aunque

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 62


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

se forma episódica también miel, trigo, etc.


Desde la primera mitad del s. XV, en cambio, se produce una reestructuración de los
intercambios en los principales centros urbanos aragoneses, de manera que Barcelona se
especializó en las actividades financieras, mientras que Valencia y Mallorca mantuvieron su
carácter mercantil con ejes de redistribución de mercancías.

10 EL PAISAJE URBANO Y RURAL EN EL AL-ANDALUS

El proceso de islamización

Manuel Acién, a finales de los años 80 va a definir el proceso de islamización en términos de


implantación del estado omeya a través de una larga transición que supuso transformaciones sociales muy
profundas que se iniciaron en el emirato (756-929), para concluir con la homogeneización social que
supuso el califato (929-1029).
El s. XI, con Abderramán II, fue el de la plena islamización a nivel social.
Pero la uniformidad no se consiguió distinguiéndose al menos 3 tipos de modelos sociales o
modos de producción pujando por ser dominantes:
- Uno de carácter islámico, en el que se integran los miembros del Estado Omeya, que
desarrollara una compleja estructura fiscal con el fin de apropiarse de parte de la producción
campesina bajo la forma de impuestos, obligando a los campesinos a monetarizar su producción.
- Otro tribal, en el que se integran tanto los grupos árabes como los bereberes, que
pretenden mantener su autonomía respecto a la hegemonía del estado centralizador.
- La sociedad hispanovisigoda. La aristocracia de algunos sectores peninsulares desarrollan
estructuras de carácter feudal mediante la apropiación de parte del trabajo del campesinado a
través de rentas.
La información de la que disponemos sobre el asentamiento de los distintos grupos tras la
conquista nos da una idea de la compleja situación que se había creado en cada región. En Albarracín o el
norte de Mérida los asentamientos bereberes fueron muy abundantes, mientras que en el entorno de
Zaragoza o de Toledo eran los árabes los grupos dominantes. En cambio en Huesca y Barbastro el
predominio fue de la población indígena.
Las fuentes narran como durante los últimos decenios del s. IX e inicios del s. X la unidad del
emirato estalló en una multitud de poderes locales que en ocasiones llegaron a amenazar la capital. Los
estudios arqueológicos realizados en Bobastro, Málaga, sede principal del poder de Ibn Hafsun, han
mostrado que el centro de su poder era una fortificación compleja convertida en polo de recepción y
almacenaje de rentas. El conjunto está dotado de un alcázar, una medina que lo circunda, puestos de vigía
excavados en la roca e incluso un monasterio unido a la medina mediante un pasillo fortificado, con una
basílica rupestre que puede relacionarse con la presencia de una sede episcopal. En el claustro del
monasterio, cuya iglesia presenta notables analogías con las construcciones de época visigoda, se han
hallado varios depósitos y en una de las crujías se encontraban grandes vasijas de almacenaje. En torno al
año 900, coincidiendo con la primera fitna1 , se observa la aparición de lugares fortificados que dan paso a
1
La Fitna de al-Andalus fue el periodo de inestabilidad y guerra civil que supuso el colapso del Califato de Córdoba.
Comenzó en 1009 con un golpe de Estado que supuso el asesinato de Abderramán Sanchuelo, hijo de Almanzor, la deposición
del califa Hisham II y el ascenso al poder de Muhammad ibn Hisham ibn Abd al-Yabbar, bisnieto de Abderramán III. Dividido
todo el territorio andalusí en una serie de reinos taifas, se considera que la fitna llegó a su fin con la abolición definitiva del
Califato en 1031, aunque varios reyezuelos siguieran proclamándose califas. En el trasfondo de los problemas políticos se
hallaban también problemas como la agobiante presión fiscal necesaria para financiar el coste de los esfuerzos bélicos amiríes.
A lo largo del conflicto, los diversos contendientes llamaron en su ayuda a los reinos cristianos. Córdoba y sus
arrabales fueron saqueados repetidas veces y sus monumentos, entre ellos el Alcázar y Medina Azahara, destruidos. La capital
llegó a trasladarse temporalmente a Málaga. En poco más de 20 años se sucedieron 10 califas distintos (entre ellos Hisham II
restaurado), pertenecientes 3 de ellos a una dinastía distinta de la Omeya, la Hammudí.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 63


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

la creación en época califal de un nuevo modelo de ocupación del espacio de carácter jerárquico. Por un
lado observamos el abandono de los yacimientos de altura más periféricos y la ocupación de espacios más
adecuados a la explotación agrícola. En segundo lugar se detecta la reocupación de las llanuras mediante
asentamientos rurales de tipo alquería, como El Maraute (Motril), asociados a espacios productivos
irrigados. En tercer lugar, la presencia del Estado es igualmente evidente a través de la construcción de
una red de fortificaciones.
El sureste peninsular es un territorio denominado por las fuentes árabes como Tudmir. Tras la
invasión islámica se observa una simplificación de la jerarquía del poblamiento y una ocupación
sistemática de espacios marginales y periféricos. Desaparecen las producciones industriales y únicamente
se documentan pequeñas producciones domésticas. Este modelo de producción está relacionado con la
desarticulación de la red urbana y la desaparición de estructuras jerárquicas a favor de un modelo mucho
más laxo y articulado en pequeñas comunidades campesinas.
A partir del s. X, como indicador preciso del proceso de islamización, se observa cómo la
producción cerámica se centraliza en menos talleres que van a introducir técnicas más complejas, como el
vidriado, y un nuevo repertorio formal más uniforme.
En la campiña de Jaén, Castillo Armenteros ha estudiado los principales centros urbanos que
jugarán un papel relevante en la conformación del poder omeya, con indicadores arqueológicos que
muestran la existencia de una estructura aristocrática muy notable en época visigoda.
La afirmación del califato tuvo consecuencias radicales en la reorganización social del espacio,
con una profunda renovación del tejido urbano.
A pesar de los diferentes modelos de evolución social y espacial, un elemento común es la
homogeneidad de la estructura y la organización del espacio que se detecta en el s. X como consecuencia
del triunfo omeya, cuya manifestación más evidente es la implantación del califato.

Las ciudades en el al-Andalus

Según E. Manzano, la articulación del estado tributario precisa del control de las ciudades que,
convertidas en centros receptores de renta, desarrollan también la función de mercados, estrechamente
supeditados a las necesidades de dichos estados.

1. La creación de las ciudades andalusíes.


Gran parte de los investigadores coincide en señalar que existe una solución de continuidad entre
las ciudades antiguas y las islámicas, aunque también son frecuentes los abandonos, los desplazamientos
o las nuevas fundaciones. En todo caso, la ciudad islámica es sustancialmente distinta de la ciudad
altomedieval en términos funcionales, sociales e ideológicos.
La conquista islámica de Hispania se basó en la dominación y la ocupación de las ciudades, lo que
prueba el papel que aún jugaban en este periodo. Sin embargo, parece evidente que la estructura urbana
heredada del mundo visigodo no supo o no pudo asimilarse y adaptarse a un nuevo modelo estatal que se
construyó durante el emirato, de manera que dejaron de ser operativas a fines fiscales y administrativos
durante el s. VIII.
Por un lado se ha señalado el declinar del episcopado en las ciudades, de modo que más allá del s.
VIII su importancia es absolutamente marginal en la gestión de las ciudades. En segundo lugar hay que
señalar que el propio emirato apostó por un nuevo sistema fiscal que no descansaba ya en las agonizantes
ciudades sino en grupos residentes en el mundo rural.
En centros urbanos como Valencia las evidencias arqueológicas más significativas de los siglos
IX-X están representadas por toda una serie de fosas y trincheras de expoliación de materiales
constructivos rellenados por materiales cerámicos. Esta actividad de expoliación ha sido interpretada
como el primer paso de una reordenación general del espacio central de la ciudad que comportó la
definitiva desaparición de las edificaciones romanas que pudieran quedar en pie y de la mayoría de las
visigodas, y la puesta en marcha de un proyecto edilicio completamente nuevo, muy posiblemente ligado
a un complejo áulico que, a falta de mejores medios, se ejecutó a costa del expolio sistemático del suelo.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 64
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Incluso en la ciudad de Córdoba, sede del primer gobernador desde 716, las numerosas
intervenciones que se han realizado durante los siglos VIII y IX han comportado la islamización del
tejido urbano alterando y amortizando el urbanismo y los principales ejes de la ciudad antigua. En el
sector occidental se detecta, ya desde el s. IX, una activa participación de las aristocracias vinculadas
al Estado en la construcción, seguida desde mediados de siglo por una participación activa del aparato
estatal que adopta una notable planificación y una homogeneidad de técnicas y materiales
constructivos.
Desde inicios del s. IX el Estado emprendió una intensa actividad de fundaciones urbanas que
respondía a los impulsos de la política islamizadora de los omeyas. Se trataba de la implantación de un
nuevo patrón de asentamientos a la cabeza de una nueva jerarquía de carácter tributario dirigida por el
aparato central (Murcia y Jaén surgieron como capitales de territorios y sedes de gobernadores y jefes
militares).
En los centros más vinculados al poder se detecta desde el s. IX una intensa actividad mediante
ambiciosos programas de urbanización. Medina Azahara fue fundada como expresión directa de la
afirmación del califato.
Otros centros fundados en este periodo de carácter rural adquirirán en los próximos siglos una
dimensión urbana, como en el caso de Madrid. Fundada hacia el 855, forma parte de una serie de
fundaciones e intervenciones fortificatorias próximas a Toledo. En época emiral el espacio habitado
estaba delimitado por un recinto amurallado al que se accedía mediante 2 puertas: la puerta de la Vega,
hallada en un solar de la calle Mayor, y la de Santa María. Será en el s. XI, bajo el reino taifa de
Toledo, cuando el núcleo adquiera una dimensión urbana.
Durante los siglos X-XI la influencia de las ciudades, convertidas en agentes ideológicos,
fiscales y políticos del estado califal, se hace más patente en el mundo rural.
En resumen, con independencia de que se trate de lugares ya ocupados en la Antigüedad o de
nuevas fundaciones, entre los siglos IX y XI se va a consolidar un nuevo tejido urbano en al-Andalus
como consecuencia del modelo social islámico. Únicamente en el s. XI contamos con un tejido urbano
maduro y estructurado.

2. la morfología y la estructura del urbanismo andalusí.


Las principales características morfológicas que distinguen las ciudades andalusíes son:
- Existencia de una planificación y una ordenación del espacio urbano que refleja la existencia de
un poder que ha promovido y dirigido el desarrollo de un tejido urbano.
Éste es el caso de la expansión occidental de la ciudad de Córdoba que tuvo lugar en época emiral,
donde se llevó a cabo la construcción de obras de canalización y de grandes avenidas que se superponen y
amortizan el parcelario anterior.
La existencia de una planificación y ordenación del espacio no se detecta únicamente en la
disposición de las calles, sino que puede ser igualmente reconocida en la existencia de una red de
infraestructuras y servicios de los que se dota el espacio urbano.
Un buen indicador son los sistemas de abastecimiento y evacuación de aguas. En Orihuela, Elche
y Valencia se ha detectado la existencia de espacios irrigados y de complejas conducciones de agua que se
han fechado en época califal, llegando a la conclusión de que el desarrollo urbano de este periodo
comprende la realización de huertas periurbanas que precisan de importantes inversiones y de una
planificación de los espacios productivos.
- Parcelario compuesto por casas de patio central, cerradas al exterior y yuxtapuestas entre sí para
formar amplias y compactas manzanas a las que se accede mediante calles ciegas o adarves que dan
acceso a las propiedades situadas en el interior de las manzanas.
Estas viviendas se agrupan formando islas o grupos normalmente provistos de una mezquita, un
zoco, baño, alhóndiga y algunas tiendas.
En Siyasa (Murcia) se han excavado 18 viviendas, pertenecientes a una única manzana, cuyo
estudio arqueológico ha mostrado que no existe un tipo de vivienda inmutable, sino que el crecimiento de
la familia puede dar lugar a la transformación de una casa sencilla en modelos más complejos que puedan
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 65
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

acoger a familias más extensas.


- Creación en el seno de las urbes de una tupida red mercantil y artesanal que convierte a cada una
de estas ciudades en el eje económico y comercial de amplios territorios, desarrollando una intensa
actividad de intercambio a media y larga distancia.
Numerosas intervenciones arqueológicas urbanas han detectado cómo, de manera muy precoz, las
ciudades que se van consolidando bajo el emirato y el califato cuentan con una estructura productiva y de
intercambios muy activa. Las ciudades deben de haber jugado un papel muy activo en la monetarización
de la producción agrícola a través del intercambio. Asimismo, la integración entre el mundo rural y el
urbano preveía un sistema de abastecimiento de productos artesanales. De esta manera las ciudades
andalusíes han jugado un papel muy significativo en la jerarquización de las actividades económicas y en
la afirmación de lo que Acién ha llamado “modo de producción de pequeño mercado simple”.
En un barrio artesanal excavado en Pechina se localizó un alfar asociado a un horno de vidrio y a
un importante número de fusayolas (pequeñas contrapesos con un orificio central) que se han puesto en
relación con una actividad textil.
Fuera del recinto amurallado de Vascos se han reconocido unas pequeñas tenerías próximas al
arroyo de la Mora cuya estructura está constituida por una serie de habitaciones dispuestas en torno a un
patio abierto central. En una de ellas se han localizado 2 pozos, probablemente utilizados para tratar las
pieles, y una habitación dotada de un pilón en el que se sumergían y se maceraban.
La circulación de mercancías muestra que ya desde el periodo califal muchas ciudades litorales
promovieron un activo mercado de intercambios a nivel internacional cuyo reflejo arqueológico más
evidente está representado por la circulación de cerámicas.

Los paisajes rurales

El espacio rural islámico se define a partir de 3 elementos: espacio productivo, alquería y hisn.
Para P. Cressier, en una sociedad como la andalusí que no siguió la organización feudal, la
fortificación obedece por fuerza a otras necesidades mucho más ligadas a las poblaciones rurales mismas,
en cuyo territorio se asienta. Los caracteres y límites de estos territorios son, a su vez, la expresión del
equilibrio entre los grupos campesinos y el poder (califal o regional). Por último, en un entorno
mediterráneo donde el dominio del agua es vital para el desarrollo económico y la supervivencia misma,
los grupos sociales no podrán sino elaborar, en este marco espacial propio, sistemas hidráulicos eficaces.

1. Los espacios productivos.


Para Barceló la organización del grupo campesino según criterio genealógico se caracteriza por la
total autonomía de cada una de las unidades clánicas y por la existencia de fuertes lazos de solidaridad
dentro de cada una de ellas. Todo esto se plasma en la forma de ocupar y explotar el espacio productivo:
el clan elige dónde se instala, cuánto territorio quiere explotar, qué debe producir y en qué cantidad.
Según este autor, el criterio que sigue el grupo a la hora de determinar la cantidad de espacio a explotar es
únicamente la subsistencia y reproducción del grupo. Para asegurar esta subsistencia en las mejores
condiciones el clan adopta una estrategia multiuso, basada en la heterogeneidad espacial y la diversidad
geológica, a fin de utilizar al máximo todos los ecosistemas disponibles y obtener cada año la mayor
cantidad de productos que ofrece cada uno de los ecosistemas.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 66


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Esquema de la línea de rigidez de un sistema hidráulico.

El elevado coste de una construcción hidráulica obliga al grupo a realizar previamente un


diseño del espacio irrigado, es decir, a diseñar el trazado de las infraestructuras según las
previsiones a partir de una acequia principal que ocupa el espacio más elevado y configura una
línea de rigidez.
Por otra parte, la implantación del regadío impone una lógica de organización del trabajo
basada en la colectividad, lo que sin duda fue uno de los factores determinantes de la ruina de los
regadíos tras la conquista de los feudales.
Las obras que se realizan pueden ser de una enorme complejidad, como en el caso de los
canales. Además, los trabajos incluirán la creación de terrazas cuando las explotaciones se sitúan
en lugares con pendiente pronunciada, lo que implica un trabajo considerable de remoción de
tierras.
En el valle de Andárax se pueden reconocer algunos de los elementos necesarios para la
puesta en funcionamiento del regadío:
- Las terrazas de cultivo. Los espacios cultivados se encuentran en una zona de
acusada pendiente y los bancales facilitan la labor de riego por gravedad.
- Las canalizaciones para el control de las avenidas. En el caso de Andárax los
canales son tanto subterráneos como de superficie.
- El sistema de captación se realiza mediante galerías de drenaje que conducen el
agua del río hasta las acequias.
- Las acequias en este caso son 3 y discurren tanto en superficie como bajo tierra.
Las galerías subterráneas pueden ser como las de drenaje (trinchera, paredes de piedras y
cubierta de lajas colmatada con tierra) o galerías abovedadas excavadas directamente en la
roca.
- Las norias y molinos son estructuras complementarias. La función de las norias
documentadas sería la de permitir el riego de los bancales situados sobre el nivel de la
acequia mediante la elevación del agua.
Glick caracterizó 2 sistemas de reparto de agua en la actual huerta valenciana: según el
modelo sirio (asignación a cada parcela) y según el yemení (derecho a recibir agua durante un
determinado número de días).
Uno de los puntos débiles en la tesis de Barceló es que la producción de secano

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 67


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

difícilmente encuentra acomodo en ella, más aún si se introduce la práctica de la ganadería.

2. Las alquerías.
P. Guichard define la alquería como “una pequeña comunidad rural formada por algunas
decenas de casas, hogares o familias en general, que explotaban un terruño sin dependencia social
o económica respecto a un dueño eminente del suelo”.
Presentan gran homogeneidad tanto en los materiales de construcción como en la técnica
constructiva, fundamentalmente muros de tapial asentados sobre zócalos de piedra sin tallar.
También homogeneidad en la distribución del espacio, con ausencia de espacios públicos
representativos, más allá de los baños. Y autonomía, según pone de manifiesto el empleo del tapial
o el acceso público al agua. Una importante cohesión interna permitió a estas comunidades diseñar
el trazado de los asentamientos con anterioridad a su construcción. Estas características se pueden
apreciar en los yacimientos de El Castillejo (Granada) y de Bofilla (Valencia). En ambos las casas
están construidas en tapial, estructuradas en torno a un patio, en consonancia con el modelo de
casa islámica mediterránea, concebida como el centro del espacio privado. No se han localizado
infraestructuras hidráulicas para uso doméstico. Es significativo la existencia de muralla. En
Bofilla una segunda muralla delimita un espacio libre de toda edificación que ha sido interpretado
como un lugar para el refugio del ganado.
La torre de Bofilla, cuya función parece haber sido la de atalaya y lugar último de refugio
para la población, según las crónicas de la conquista de Valencia por Jaime I, no es un caso
aislado, sino que responde a un tipo ampliamente documentado en la zona de Levante que refleja
todas las características morfológicas y constructivas propias del contexto social en el que se
levantaron. En general, se encuentran diseminadas por los espacios productivos que circundan las
ciudades, aunque también en vegas y áreas montañosas, pero siempre en las proximidades de los
espacios de labor. La construcción se realiza siempre mediante la técnica de encofrado, pudiendo
incorporar al mortero piedras sin trabajar o incluso disponiendo en el interior mampuestos
alineados (no necesitando de obreros especializados). Ocasionalmente se han encontrado
estructuras de almacenaje como graneros colectivos o silos, hasta 4 en el caso de la torre de Silla.
Se ha concluido que los límites de la alquería coinciden en una gran mayoría de supuestos
con los de las actuales circunscripciones.
3. Los husūn.
Se trata de fortificaciones emplazadas en lugares aislados, separados de los núcleos
habitados pero siempre a poca distancia de las alquerías. Se eligen lugares montañosos,
aprovechando alturas relativas, con preferencia por sitios escarpados y rodeados de cortados en
varios de sus flancos, con un único lado accesible, y se cierra con una muralla. En caso de peligro,
la población se refugia en este castillo junto con el ganado.
El recinto se adapta al terreno sobre el que se erige, por lo que suele presentar planta
poligonal, apoyándose en la roca o al borde de los cortados. Los muros se levantan mediante
encofrado. El espacio interior (albacar), el cual queda delimitado por los escarpes naturales y el
muro defensivo, se encuentra totalmente vacío de vestigios de habitación, constatándose algún
aljibe ocasional.
Lejos en su morfología y funcionalidad de los castillos feudales, el hisn aparece claramente
como manifestación del carácter segmentario de los grupos pobladores andalusíes, estructurados
en comunidades fragmentadas y con una notable autonomía, tanto a la hora de producir como de
organizarse y defenderse.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 68


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

11 LA CERÁMICA ANDALUSÍ

Introducción

Resulta de gran interés analizar este tipo de producciones en términos comparativos con las
cerámicas feudales, ya que evidencian claramente las notables diferencias sociales, productivas y
comerciales.
El estudio de la cerámica ha constituido siempre una prioridad de la reciente arqueología islámica
en la Península. Tanto por su función como instrumento cronológico como por su capacidad para ordenar
y comprender la sociedad.
Debemos a G. Rosselló Bordoy el pionero trabajo titulado Ensayo de sistematización de la
cerámica árabe en Mallorca, que ha constituido uno de los pilares sobre el estudio de la cerámica
islámica. Posteriormente han ido apareciendo un número muy relevante de investigaciones que se han
centrado, especialmente en las fases más antiguas, mientras que presentan aún más problemas las
producciones almorávides y almohades.
Otro aspecto que ha favorecido el estudio de estás producciones es el conocimiento que tenemos
de numerosos alfares islámicos excavados en centros urbanos. A diferencia del área feudal, donde la
ubicación es con frecuencia rural y los mercados están fragmentados hasta la Baja Edad Media, en al-
Andalus el papel de las ciudades en términos productivos y de redistribución de productos es muy
evidente ya desde la fase final del emirato.

Las producciones emirales

Hasta hace pocos años nuestro conocimiento de las producciones emirales era muy reducido.
Desde los años 80 se ha desarrollado una intensa actividad de investigación que ha permitido reconocer e
historiar las fases emirales en el contexto del proceso de islamización. De forma previa, se han
sistematizado y ordenado las producciones cerámicas, de tal manera que en la actualidad conocemos las
producciones de algunos sectores peninsulares, por lo que podemos extraer algunas conclusiones
provisionales.
La primera conclusión que se puede constatar a través del análisis de las cerámicas de época
emiral es que el proceso de fragmentación de los mercados y de diferenciación territorial de las
producciones, ya evidente en los siglos anteriores, se acentúa ulteriormente.
Si en sectores como el sureste peninsular o la costa de Granada observamos el dominio de
producciones cerámicas realizadas en el ámbito doméstico, otros ámbitos como la campiña jienense o
ciudades como Tolmo de Minateda, Jaén, Mérida o Córdoba muestran un modelo productivo más
estructurado aunque muy localizado.
En el sureste, se han caracterizado las cerámicas de época emiral como producciones de pequeñas
comunidades campesinas que cuentan con un alto grado de autosuficiencia. Predominan las producciones
realizadas con torno lento y cocción poco sofisticada. Asimismo el repertorio formal es reducido y poco
estandarizado. De hecho son cerámicas bastas.
En cambio, en otros sectores andalusíes se observa el desarrollo de un nuevo modelo productivo
mucho más complejo. En la capital del emirato, Córdoba, se produce a partir de este momento una
profunda renovación del tejido productivo. Prácticamente desaparecen las producciones moldeadas a
mano generalizándose el torno rápido. Se ha documentado una completa renovación del repertorio formal
a la vez que surgen numerosas series y formas especializadas y adaptadas a las distintas funcionalidades.
En particular el repertorio de mesa, que prácticamente desaparece bajo el dominio feudal, está
ampliamente desarrollado. Esta renovación afecta igualmente a las técnicas de decoración. Estamos, por
lo tanto, en presencia de un modelo productivo muy complejo y articulado que, con sus variantes,
empieza a documentarse en otros centros urbanos de época emiral.
Así en Mérida, la cerámica emiral se caracteriza por el desarrollo de una “alfarería profesional”,
con una transformación del repertorio formal y de las técnicas de producción.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 69
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Distribución regional de tipos cerámicos en época emiral.

En todo caso, y a pesar de existir analogías entre los repertorios formales de varios sectores
peninsulares, hay que señalar que hay una compartimentación de los mercados. De hecho se han
detectado algunas formas que son características de sectores muy concretos de al-Andalus y que no
parecen haberse difundido en otros espacios.
En la zona de Jaén son muy frecuentes una serie de marmitas sobre trípodes fechadas en los siglos
IX-X que no se hallan en otros sectores. En el sureste (Alicante, Murcia y Almería) se producen marmitas
a torno lento de forma cilíndrica y base plana. En el entorno de Valencia se ha reconocido un tipo de olla,
“olla valenciana”, que se ha fechado en los siglos VII-IX. Está realizada a mano, con cuerpo globular,
base plana y un cuello hiperboloide con borde exvasado. No obstante, el hallazgo en el Tolmo de
Minateda (Albacete) de esta forma cerámica realizada con pastas locales permite ampliar el ámbito de
difusión.
En todo caso, la difusión de determinadas formas características en territorios limitados debe
relacionarse con el proceso de islamización, que va a favorecer la integración progresiva en sistemas de
intercambio de complejidad creciente.
Una innovación técnica que se ha documentado en la fase final del emirato es la aparición de las
primeras producciones vidriadas en el repertorio utilizado para la mesa.
Los primeros vidriados documentados en al-Andalus han sido realizados con óxidos metálicos que
han de fijarse sobre la cerámica una vez que ésta ya había sido cocida, por lo que es necesario realizar una
doble cocción en temperaturas y condiciones diferentes. Además, es preciso disponer de nuevas materias
primas (óxidos metálicos) que van a ser a su vez cocidos en un horno específico. Así, se puede deducir
que el ciclo de la producción de la cerámica vidriada es, a priori, tecnológicamente más complejo y
costoso.
No debe extrañarnos, por lo tanto, que estas producciones se realicen en época emiral únicamente
en algunas ciudades.
En cambio, en el caso del Sureste peninsular y de la costa granadina se ha podido establecer que
desde mediados del s. IX se producen cerámicas vidriadas en ciudades como Murcia y Pechina,
importantes focos de islamización.

Las producciones cerámicas califales (929-1031)

En los siglos X y XI asistimos en al-Andalus a una tendencia a la homogeneización de las


producciones como resultado de la plena islamización social y el nuevo modelo productivo y comercial
que va a generar el califato omeya primero y los reinos sucesores después. Esta homogeneización se hace
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 70
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

patente en la uniformización de las producciones, resultado de:


- La creación de mercados más hegemónicos en torno a las ciudades. La red urbana que se
consolida en el marco de la islamización va a ser el lugar en el que se fabriquen las cerámicas más
características de este período y desde la que se comercializan. Las excavaciones realizadas han
permitido detectar la existencia de una tupida red de alfares que residen en las periferias de las
ciudades.
- La introducción de nuevas tecnologías complejas. Se constata, asimismo, una tendencia a
la especialización de las distintas producciones y formas asociadas a funciones y técnicas
concretas.
En el arrabal jienense de Marroquíes Bajos se ha detectado la existencia de una fractura
notable de las producciones cerámicas. A partir del 900 aprox. se generalizará el uso del torno
veloz, la presencia de las cerámicas vidriadas será más patente y se producirá una
homogeneización del repertorio formal. Procesos similares se han reconocido en otros sectores
andalusíes.
Por otro lado hay que señalar que la tendencia a la homogeneización que se detecta en los
contextos del s. X. afecta esencialmente a las cerámicas esmaltadas y vidriadas. Otros grupos
cerámicos presenta variantes territoriales más acentuadas.
Esta homogeneización se detecta tanto en el mundo rural como en el urbano.
Aún no contamos con informaciones exhaustivas sobre las pautas de consumo de época
califal, aunque las diferencias son muy notables. En ciudades como Córdoba la cerámica vidriada
se generaliza a todas las escalas sociales en el s. X, mientras que en otros contextos rurales o
urbanos parece que tiene un peso menos significativo.
- El empleo de la propia cerámica como instrumento de propaganda política. Debemos
centrar nuestra atención en la producción que ha sido considerada como la más representativa de
este período: la “cerámica califal”. Reconocida a finales del s. XIX en Medina Ilbira (Granada),
se ha considerado como característica de Madinat al-Zahra, llegándose incluso a identificar con
este centro. No obstante, en los últimos años se han hallado un número relevante de fábricas y
talleres de este tipo de cerámicas en centros urbanos que permite redimensionar su carácter
palatino.
Se trata de una cerámica esmaltada y decorada en verde y manganeso, utilizado para
decorar un repertorio formal muy limitado, lo que demuestra que se trata de una producción serial
y altamente especializada. Dominan esencialmente las formas abiertas (ataifores y jofainas), frente
a las cerradas, constituidas esencialmente por jarras, redomas, orzas, etc. El repertorio decorativo
es muy rico y variado, y comprende motivos epigráficos, geométricos y florales, siendo más
escasos los zoomórficos y la representación humana.
Aunque su producción está documentada en Próximo Oriente o en Túnez al menos desde el
s. IX, su aparición en los contextos arqueológicos andalusíes tuvo lugar como resultado de la
llegada de alfareros orientales.
En términos tecnológicos es una cerámica que precisa de una doble cocción, como la
vidriada; pero a diferencia de ésta, en las esmaltadas se ha añadido óxido de estaño que crea una
superficie vidriada con un fondo blanco en el que se pueden realizar decoraciones mediante el
empleo de otros óxidos metálicos. Esta tecnología se transferirá a los alfares feudales únicamente
a partir del s. XIII.
En todo caso, parece indudable que esta clase de producción aparece asociada en el s. X al
poder califal.
M. Barceló ha resaltado como la expresión al-mulk (el poder), el epígrafe
cuantitativamente dominante en esta cerámica, hace referencia a la legitimidad omeya y al poder
califal, insistiendo en el hecho de que se trataba de una vajilla de palacio.
Esta interpretación se ha visto en parte matizada por la aparición de otras producciones
tecnológicamente análogas aunque muchos autores siguen definiéndolas en términos de
imitaciones o resultado de la irradiación desde la corte.
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 71
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

En el curso del s. X la demanda que plantea un estado centralizado y articulado genera una
estructura productiva muy articulada en la que hay cabida para producciones de alta calidad,
realizadas en serie y que van a tener una notable difusión. Así p.e. los ataifores esmaltadas en
verde y manganeso producidos a finales del s. X o inicios del XI en Mallorca y en Málaga se han
hallado en la ciudad de Pisa.

Las cerámicas de los reinos Taifas (s. XI)

En el s. XI se advierte una continuidad de los modelos y las producciones califales en términos


generales, aunque la fragmentación del estado en pequeños reinos autónomos va a favorecer una
multiplicación de los tipos y decoraciones cerámicas, así como la introducción de nuevas técnicas
decorativas.
Algunos de estos reinos van a pretender mantener la legitimidad califal presentándose como
herederos directos del poder cordobés; otros se van a afirmar distanciándose. Resulta indudable que esta
evolución política va a reflejar estas transformaciones en la cerámica.
En algunos centros, como Mallorca, el s. XI corresponde al mayor periodo de desarrollo de la
cerámica esmaltada decorada en verde y manganeso (carácter ideológico y simbólico), pero resulta
importante señalar que en algunas taifas se ha documentado la continuidad de esta producción durante
todo el s. XI, mientras que en otros se observa su progresiva sustitución por otras clases de producción
revestidas, como la cuerda seca.
La denominada cuerda seca es una producción cerámica altamente especializada que se
documenta a partir de la fase final del período califal, pero que se generalizará solamente en el s. XI. El
término hace referencia a una técnica decorativa policroma en la que el cuerpo cerámico se divide en
campos decorativos separados por materiales grasientos y a veces, manganeso. Posteriormente estos
campos se rellenaban mediante esmaltes y vidriados que se fijaban en una segunda cocción. En esta
cocción los materiales grasientos se fundían impidiendo que se mezclasen las decoraciones dejando a la
vista la superficie del cuerpo cerámico, mientras que si se empleaba el manganeso, los dibujos y trazados
están claramente delimitados por este componente. Si la decoración cubría todo el cuerpo cerámico se
habla de cuerda seca total; si hay sectores sin decorar se habla de cuerda seca parcial.

Ataifor decorado con cuerda seca total del s. XI


hallado en Valencia.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 72


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Se trata de una producción realizada en al-Andalus y el Magreb durante los siglos X- XIII, y que
alcanzó una importante difusión comercial en el Mediterráneo occidental. Parece que se afirmó en
aquellos territorios, como Murcia, Toledo, Zaragoza o Málaga, que se distanciaron de las tradicionales
productivas califales.
Un problema que aún no se ha resuelto es el de la continuidad de la producción de la cerámica
esmaltada y decorada en verde y manganeso, ya que aparentemente se agota en buena parte de la
península en el curso del s. XI o inicios del s. XII. No existe por lo tanto, un vínculo entre estas
producciones y la introducción de esta técnica decorativa en el ámbito feudal en la primera mitad del s.
XIII, tal y como se ha comentado anteriormente.

Los imperios africanos

La debilidad política que había causado la fragmentación del califato en numerosos, reinos
permitió que los feudales lograsen expandirse y ocupar plazas tan destacadas como Toledo (1085). En
este contexto reyes de las taifas recurrieron o favorecieron la integración de al-Andalus en el seno de
formaciones políticas más amplias, lo que se tradujo en la ocupación primero de los Almorávides (1090-
1145), y los Almohades (1146-1228) después.
Los Almorávides eran grupos nómadas beréberes de la zona suroccidental del Sahara que lograron
construir un imperio basándose en una interpretación rigorista del islamismo.
Los Almohades convierten Sevilla en la capital. El imperio almohade se va a fundar sobre una
base ideológica más fuerte que la almorávide, casi de carácter heterodoxo. Los cánones estéticos e
ideológicos almohades que se derivan de este planteamiento se van a basar en la sencillez y la restricción
ornamental, lo que tendrá su reflejo en la producción cerámica.
Paradójicamente nuestro conocimientos de la cerámica islámica de los siglos IX-XI es mayor que
las de los siglos siguientes en el momento actual de la investigación. Pero gracias a los estudios realizados
en algunos sectores peninsulares como el Levante, Murcia y otros, es posible identificar algunas de las
principales producciones de este período.
En este período podemos subrayar:
- Se produce una profunda renovación de los centros de producción, de tal manera que se
puede documentar una completa fractura entre los alfares califales-taifales respecto a los de los
siglos XII-XIII. Muchas de las fábricas activas con anterioridad se abandonan al ser incluidas en el
tejido urbano, mientras que en cambio aparecen nuevas fábricas en los suburbios de las ciudades.
- Se detecta la existencia de una estructuración muy completa de los centros productivos
que, en caso como el Levante en la primera mitad del s. XIII, están organizados en 3 niveles:
talleres de ámbito comarcal; los alfares vinculados a los centros urbanos; los talleres altamente
especializados en la realización de productos destinados al comercio a larga distancia o
distribuidos en varias regiones.
- Se observa una notable especialización de los talleres, ya que los alfares producen
solamente algunas formas o utilizan técnicas concretas.
En térmicos estéticos y de variedad decorativa, los estudiosos han caracterizado las producciones
andalusíes de los siglos XII-XIII como resultado de un “retroceso” respecto a los siglos anteriores. Varios
autores han vinculado este “retroceso” ornamental con la rigidez religiosa practicada. En todo caso las
investigaciones más recientes tienden a relativizar y cuestionar esta visión negativa, enfatizando el hecho
de que se reduzcan o desaparezcan las producciones palatinas no implica que el resto de la producción sea
de peor calidad.
Una investigación realizada en Cádiz ha mostrado que durante el período almohade se asiste a una
mayor centralización y especialización de los alfares, así como a una gran estandarización de las
producciones reflejada tanto en los contextos urbanos como rurales.
Pero conocemos mucho mejor las cerámicas decoradas que han tenido una circulación en ámbito
regional o internacional. Suelen ser producciones especializadas en pocas formas muy estandarizadas,
documentados en alfares como el hallado en el Palacio del Almirante de Aragón en Granada, fechado
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 73
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

entre finales del s. XII e inicios del s. XIII.


Entre las producciones decoradas que han alcanzado un mayor desarrollo señalamos:
- Cuerda seca. Aunque en algunos sectores andalusíes el s. XII parece indicar el momento
en el que la cuerda seca total es suplantada por la cuerda seca parcial, hay que señalar que en
talleres como Málaga es precisamente en este período cuando se conoce el auge de ataifores en
cuerda seca total realizados en grandes talleres para la exportación en el Mediterráneo Occidental.
- La cerámica estampillada bajo cubierta. Igualmente la cerámica estampillada bajo
cubierta vidriada, generalmente en verde, y decorada con pequeños punzones geométricos y
vegetales aplicados en la superficie antes de fijar el revestimiento, es otra producción que ha
alcanzado un notable desarrollo comercial. Se trata de una producción estrechamente vinculada a
las dinastías africanas, en cuanto que se han producido tanto en el Magreb como en varios sectores
andalusíes (Málaga, Murcia). Hablamos de una cerámica que ha alcanzado tanto los contextos
rurales próximos a los centros de producción, como los mercados internacionales.
- La esgrafiada. Es otra de las producciones más características que se desarrollan durante
los s. XII y sobre todo XIII. Esta realizada sobre un fondo de manganeso, en ocasiones asociada a
la cuerda seca parcial. El repertorio formal se reduce a formas cerradas, como jarras y jarritas, y su
ámbito de distribución es muy amplio, cubriendo el litoral mediterráneo así como centros en el
Magreb y Marruecos.

Formas de cerámica estampillada bajo cubierta vítrea Ataifor murciano decorado en loza dorada y
de color verde utilizadas en las iglesias de Pisa (Italia). fechado a finales del siglo XII.

- Las tinajas estampilladas. En época almohade se conoce el desarrollo de una nueva


producción de grandes tinajas con decoración impresa que se producían en varios centros
andalusíes, como Mallorca o Murcia. En este caso es importante señalar que la circulación de
estos contenedores, que se han exportado igualmente en varios sectores del Mediterráneo
Occidental, testimonia la existencia de una intensa red de circulación de mercancías a larga
distancia que se mantendrá en época nazarí.
- La loza dorada. Merece la pena señalar la introducción en al-Andalus desde el s. XII de
la técnica de la loza dorada, denominada igualmente reflejo metálico. Se trata de una técnica
documentada en el sector oriental islámico desde los siglos IX-X, pero que se empieza a fabricar
en al-Andalus desde inicios del s. XII.
En términos tecnológicos son producciones especialmente complejas, puesto que respecto
a otras cerámicas revestidas, requieren de una tercera cocción. Son cerámicas esmaltadas que, tras
la segunda cocción, se recubren mediante una mezcla de óxidos metálicos que suelen incluir el
cobre y la plata. Esta mezcla, disuelta en un ácido orgánico o vinagre se aplicaba a la cerámica y
tras una nueva cocción a baja temperatura y en ambiente reductor se obtiene una película de metal
casi puro. Resulta evidente estas cerámicas tuviesen un valor y un significado específico.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 74


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

En al-Andalus los primeros ejemplares documentados son piezas importadas del Islám
oriental halladas en Madinat al-Zahra en el s. X. Pero como acabamos de señalar, únicamente a
partir del s. XII se conoce la existencia de producciones locales. Por cuanto sabemos en la
actualidad, los principales talleres documentados en estos siglos se hallan Murcia, Mallorca,
Valencia y Málaga. En este caso nos encontramos en presencia de producciones destinadas a la
exportación y al consumo de grupos socialmente diferenciados.

Reino Nazarí (s. XIII-XV)

La propia desintegración del califato almohade durante los decenios centrales del s. XIII y el
proceso expansivo de las monarquías feudales terminaron por reducir el dominio islámico únicamente al
emirato nazarí de Granada, que logró mantener su autonomía política hasta finales del s. XV. De esta
manera, un territorio montañoso y fácilmente defendible va a recibir a un número importante de
habitantes procedentes de otros sectores andalusíes.
Mientras en el resto de la península los mudéjares adquirían un papel protagonista en las alfarerías
feudales, el emirato nazarí va a mantener modelos productivos en parte heredados del período anterior,
aunque son igualmente evidentes las innovaciones.
Nuestro conocimiento de las cerámicas de este período sigue siendo aún muy escaso.

Series cerámicas documentadas en el poblado de El Castillejo (Granada).

Uno de los mejores conjuntos cerámicos nazaríes estudiados es el de la alquería de El Castillejo


(Granada), donde se identificaron numerosos contextos cerrados que han proporcionado importantes
informaciones sobre la estructura social del asentamiento. El yacimiento se ha fechado entre finales del s.
XIII e inicios del s. XIV y pertenece a un único momento ocupacional. Las 422 piezas estudiadas y la
estructura arquitectónica han mostrado que se trata de un ambiente rural, presidido por un repertorio
extremadamente funcional en el que dominan las formas de cocina respecto a las de almacenaje y de
mesa. El repertorio formal es relativamente amplio (21 series) y formado por piezas funcionalmente
diferenciadas y estandarizadas que encuentran paralelos frecuentes en otros yacimientos andalusíes y
norteafricanos. Asimismo hay que señalar la existencia de un número significativo de piezas revestidas
con vidriados utilizados con carácter funcional cuando las necesidades de la pieza lo exigían. Las técnicas
decorativas son muy sencillas. Este repertorio de carácter funcional refleja el estatus económico de este
colectivo rural en el que no hay signos de diferenciación social interna. En cuanto a su procedencia, se ha
propuesto que sean de fabricación urbana, lo que mostraría la existencia de una notable integración entre
el espacio rural y el urbano.
Precisamente es en las ciudades donde contamos con noticias relativas a la presencia de alfares
pertenecientes a este momento. Concretamente conocemos la existencia de talleres en varios sectores de
Málaga, mientras en Almería y en Granada se conoce la presencia de barrios de alfareros localizados
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 75
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

fuera de las ciudades. Cada uno de estos polos productivos abastecía los mercados rurales y urbanos
propios, aunque el caso de Málaga es peculiar, puesto que se convertiría en el principal puerto del
emirato. Pronto se convirtió en un centro de redistribución de mercancías, de tal manera que la notable
difusión que ha adquirido la cerámica nazarí tanto en Italia como en Inglaterra, Egipto, Norte de África y
el noroeste europeo no hace sino reflejar sus principales corrientes mercantiles.
Desde un punto de vista tecnológico los nazaríes no introdujeron técnicas productivas y
decorativas nuevas, aunque sí reinterpretaron las elaboradas durante los siglos anteriores.
Así, perduran las producciones esgrafiadas del período almohade, aunque en contextos
socialmente diferenciados, como los castillos y las sedes del poder nazarí. Perdura asimismo la cuerda
seca parcial, con motivos decorativos diferenciados en las 2 superficies, y se intensifica el uso del
estampillado.

Ataifores esmaltados decorados en manganeso, dorado y azul hallados


en Almería y Granada en los siglos XIV-XV.

Pero la producción que va a conocer un mayor desarrollo va a ser el reflejo dorado. En términos
decorativos la principal innovación que se va a producir va a ser la introducción del color azul cobalto,
mientras que a nivel productivo se observa la aparición de talleres altamente especializados que producen
de forma serial y masiva cerámicas orientadas hacia la exportación. De esta manera el uso del dorado, con
frecuencia combinado con el azul y más raramente con el verde, se ha convertido en la principal técnica
decorativa de la fase nazarí.

12 CUESTIONES DE ARQUEOLOGÍA POSMEDIEVAL

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 76


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Una definición de la arqueología posmedieval

Para comenzar adecuadamente resulta clave ofrecer una definición de lo que se entiende como
Arqueología Posmedieval, dado que se trata de una rama relativamente reciente de la Arqueología
bastante poco conocida, caracterizada precisamente por algunos problemas de indefinición que hay que
tratar de superar.
Los términos Arqueología e Historia Moderna no parecen fáciles de conciliar, y casi se podría
decir que en muchas ocasiones se entenderían como contradictorios. El argumento de fondo es que la
Arqueología se emplea para épocas más antiguas, en las que no quedan documentos escritos o quedan
pocos y confusos. ¿Para qué estudiar arqueológicamente la Edad Moderna si contamos con infinidad de
documentos de la época, que ofrecen una gran cantidad de información relativa a muchos aspectos de esas
sociedades modernas?
En realidad, se puede decir que la Arqueología no vale para “aclarar” cuestiones que los textos
sólo dejan entrever. No tiene ningún sentido yuxtaponer o insertar de forma acrítica los datos
arqueológicos dentro de un esquema interpretativo y conceptual elaborado desde la perspectiva
documentalista. Lo que a la Arqueología Posmedieval corresponde hacer es diseñar conscientemente
líneas de investigación e hipótesis de trabajo propias, es decir, abordables desde los documentos
arqueológicos, en lugar de acercarse inevitablemente a problemas históricos planteados exclusivamente
desde las fuentes escritas.
En lo relativo a la abundancia de fuentes, no sólo contamos con más documentación escrita, sino
que el panorama se enriquece, ya que tenemos también estudios toponímicos, fuentes visuales, orales y
materiales, y además, elementos de la cultura material susceptibles de ser estudiados arqueológicamente
se diversifican y amplían en los períodos históricos más recientes. De aquí también la importancia de
abordar el estudio de la historia más reciente aplicando técnicas más adecuadas a las características de
estos restos arqueológicos, como es el caso de la Arqueología de la Arquitectura o la Arqueología del
Paisaje.
Entrando ya en la cuestión de la definición conceptual que caracteriza a esta rama de la
Arqueología, tendremos que comenzar diciendo que es una de las últimas arqueologías de período, por no
decir la última, en desarrollarse. Ya hemos mencionado, que uno de sus rasgos es su indefinición
disciplinar. El término Arqueología Posmedieval resulta cómodo de usar, pero es evidente que pone de
manifiesto cierta debilidad frente a las otras arqueologías.
Tengamos en cuenta que no es un término positivo, sino de relación, ya que no incluye en su título
el objeto de su investigación, la Edad Moderna. El término “postmedieval” permite no hacer referencia a
la caracterización de las sociedades que se estudian, lo cual siempre resulta difícil. En definitiva, es un
término ambiguo al que se le da un papel de transición entre las sociedades feudales y las capitalistas.
Pero incluso el propio concepto de “Historia Moderna” es equívoco. La idea de continuidad entre
los tiempos medievales y posmedievales se ha venido discutiendo en los últimos tiempos. Es la propia
idea de transición la que se ha cuestionado, surgiendo corrientes que consideran la “Edad de Transición”
entre los siglos XII y XVI y aceptan el término de “Arqueología Posmedieval”, frente a otras que prefiere
llamarle “Arqueología de las Sociedades Modernas”, y optan por un criterio cronológico en el que se
incluirían los siglos tradicionalmente considerados modernos. La escuela francesa, por su parte, prefiere
la denominación de “Arqueología Moderna y Contemporánea”, ya que según ellos a la Historia Medieval
no le sigue una historia posmedieval, sino una Historia Moderna y Contemporánea.
Resulta un tanto absurdo discutir la denominación de esta arqueología, cuyo objeto de estudio
-dejando a un lado la terminología- está bastante bien definido, ya que en la práctica, se engloba la
Arqueología que se ocupa de los restos materiales de la Edad Moderna, evidentemente, entendiendo este
marco cronológico de forma flexible, dependiendo fundamentalmente de los diferentes países y de sus
circunstancias históricas.

1. Breve desarrollo historiográfico.


Debemos a los ingleses el inicio y el desarrollo de la práctica de la Arqueología de los
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 77
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Tiempos Modernos en la década de los 50.


Un buen indicador del nivel alcanzado por la disciplina en este territorio es la revista que
se comienza a editar en 1967, Post Medieval Archaeology. Durante estos años, las investigaciones
llevadas a cabo resultan fundamentales y suponen notables avances. Los resultados podríamos
dividirlos en 2 apartados, que han ido ganando en solidez: la Arqueología rural posmedieval y la
Arqueología urbana posmedieval.
Ahora bien, las principales aportaciones se están produciendo en los últimos años. Ha sido
Mathew Johnson, quien ha propuesto un modelo interpretativo integral que ayuda a entender los
diferentes procesos sociales de estos siglos. Plantea, desde una posición postprocesualista tratar la
Arqueología posmedieval desde un punto de vista más amplio y ambicioso, sin marcar una línea
divisoria entre los diferentes temas, o entre los documentos escritos y los arqueológicos, tendiendo
a ver el conjunto de los procesos sociales, culturales y mentales en su diversidad, que se aunaron
en el periodo posmedieval a través del los restos materiales, que pueden tener diferente significado
según el contexto.
Johnson, acotando la Edad Moderna entre finales de la Edad Media y los comienzos de la
revolución industrial, destaca 3 procesos dentro de este periodo: el proceso de enclosure; el de
modificación y acomodación para una mejora del confort de las casas rurales; y la estandarización
de la cultura material. Tratará de entender esos procesos como metáforas espaciales en tanto en
cuanto están relacionados con la vida cotidiana de ese momento. Según el autor, existe una
relación directa en la larga duración entre los cambios en la arquitectura doméstica y el cierre de
los paisajes.
Actualmente la Arqueología Posmedieval está viviendo una etapa de florecimiento en Gran
Bretaña. Aún así, también hay voces críticas, que apuntan a que se trabaja principalmente la
primera Edad Moderna, dejando los siglos más recientes en un segunda plano, por una convicción
casi inconsciente de que la Arqueología sirve para aclarar períodos históricos con poca
documentación escrita.
Los arqueólogos italianos también vieron muy pronto la necesidad de documentar los
restos posmedievales. Aquí, la Arqueología posmedieval comprende períodos modernos y
contemporáneos, limitando la Arqueología Industrial al estudio de los monumentos industriales.
En España el problema no es tanto la indefinición como la inexistencia de su práctica. No
se ha aplicado el concepto amplio de “Arqueología Medieval” imperante en otros países y hasta
hace relativamente poco, los estudios arqueológicos tenían como límite cronológico el s. XV.
Existen muy pocos proyectos de investigación que tengan como objetivo principal el estudio de
restos de la Edad Moderna, y por eso, en la mayoría de los casos éstos resultan ser un hallazgo
casual dentro de intervenciones planteadas con otros objetivos.
Tampoco la disciplina de “Historia de América” ve la necesidad de una “Arqueología
colonial” que ofrezca su potencial para la reconstrucción del proceso colonizador en América,
África o Asia. Esta Arqueología tiene un peculiar desarrollo en Norteamérica, Centroamérica y
Caribe como parte de “su” historia.
En síntesis, esta arqueología presenta una serie de características comunes, en general, a
todos los países europeos:
- Su surgimiento tardío, y nacimiento y desarrollo fuera del ámbito universitario.
- Su vinculación con el desarrollo de la Arqueología Urbana.
- Las áreas más trabajadas han sido la cerámica y las fortificaciones en un primer
momento, para pasar después a tratar temas relacionados con las actividades
protoindustriales y el hábitat rural.

Arqueología urbana y arqueología posmedieval

Entre 1500 y 1750 se dio un crecimiento demográfico prácticamente en todas las ciudades, lo que
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 78
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

supuso el aumento de las áreas construidas. En el caso de Inglaterra, Londres cobrará un protagonismo
especial, ya que absorberá gran parte de la población campesina producto del crecimiento demográfico
(muchos perdieron la propiedad de las tierras), de manera que se da un desequilibrio de crecimiento entre
la capital y el resto de las ciudades.
Se dieron 2 procesos fundamentales: el crecimiento de la densidad de los centros urbanos y áreas
colindantes ya existentes y la fundación de nuevos suburbios y arrabales que en algunos casos, como
Leicester, llegan a desarrollarse casi tanto como la propia ciudad.
Por lo que respecta a las áreas y espacios urbanos preexistentes, las transformaciones responden a
un proceso que comienza en el s. XVI, cuando vemos una serie de tendencias que se acentuarán en los
siglos posteriores: ampliación de espacios dedicados a plaza pública, inclusión dentro de la trama urbana
de edificios de carácter público e intentos de mejora de la salubridad, con traídas de aguas, instalación de
alcantarillado y enlosado de calles.
Las casas urbanas muestran la necesidad de suelo y espacio creciente tanto para las actividades
artesanales/comerciales como para mejorar el confort de las viviendas. Predomina la continuidad y el
respeto a los espacios anteriores, al menos hasta el s. XVII.
Las características de las casas bajomedievales (chimenea central, suelo de arcilla, open hall)
desaparecieron en las viejas construcciones y también en las nuevas. Se utilizan chimeneas de ladrillo en
las paredes perimetrales de forma creciente y cambian las estructuras de las casas. También se generalizan
los materiales resistentes al fuego y el ladrillo aumenta paulatinamente en importancia. Algunos de los
solares excavados fueron densamente ocupados y compartimentados, subdivididos para formar unidades
menores. Esto hizo que fuese habitual construir saledizos y añadidos para uso doméstico o comercial e
incluso se llegan a adosar edificios modernos a otros de época medieval.
En la Península Ibérica los primeros cambios importantes se dieron durante el reinado de los
Reyes Católicos, quienes promulgaron ordenanzas dirigidas a mejorar y racionalizar los espacios urbanos
de carácter medieval. Este interés se refleja, p.e. en la separación de espacios dedicados a diversas
actividades (mercados, talleres o viviendas) y en la proyección y realización de obras de ingeniería urbana
(traídas de aguas, fuentes). También se procede a planificar y diseñar intervenciones urbanísticas. En
Valladolid, tras un incendio que afectó a la plaza del mercado y sus calles adyacentes, Felipe II ordenó la
construcción de una Plaza Mayor que serviría de modelo a otras posteriores. Las calles adyacentes se
dispusieron en un trazado rectilíneo confluyendo en plazas de formas geométricas y formando
perspectivas que recuerdan a las ciudades ideales de los renacentistas italianos.
La monarquía española fue una de las más avanzadas a la hora de introducir las nuevas técnicas de
fortificación tanto en los reinos peninsulares como en los de Europa o América. El propio Carlos V
construyó el baluarte de San Sebastián y el castillo de San Telmo en Nápoles. Fue en esa época cuando se
definió la construcción abaluartada.
Se puede decir que los cambios llegaron propiciados por los intereses políticos de los diferentes
reinos así como por los avances en la tecnología militar. La mayoría de las ciudades que se fortificaron en
la Edad Moderna fueron costeras y lo fueron por orden e iniciativa del monarca. El desarrollo de la
artillería obligó a la arquitectura militar a adaptarse a las características de las nuevas armas. La primera
opción fue la adaptación de las murallas medievales, aumentando el grosor de las mismas, aunque esta
solución no fue efectiva. La segunda opción fue la construcción de auténticas fortificaciones modernas
realizadas a base de terraplenes de tierra y fosos. Se abandonaron los sillares de piedra y se buscaron
técnicas constructivas que amortiguaran los impactos y los absorbieran sin derrumbarse. Desde estas
fortalezas también se planificó el ataque, de modo que las nuevas estructuras debían soportar el peso de
los cañones, permitir su movimiento a base de rampas y plataformas, albergar almacenes de armas y
municiones.

1. Los baluartes.
Tomaban generalmente plantas poligonales, con el predominio de las líneas rectas y
afiladas. A un grueso muro de mampostería ordinaria revestido exteriormente de piedra sillar se le
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 79
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

añadía, por la parte pétrea, una importante masa de tierra, constituyendo un terraplén que
finalizaba en una pendiente o en un muro de contención. Sobre la gruesa muralla se levantaba un
parapeto que dejaba un espacio (adarve) para la instalación de las piezas de artillería y para la
evolución de las tropas. En el interior de los terraplenes podían incluirse edificios imprescindibles
como el aljibe, el hospital, almacenes, casas de munición,...
Estas fortificaciones estaban rodeadas de un foso y de otras construcciones exteriores cuya
función era retardar el asalto final.
Las torres circulares medievales se sustituyeron por otras nuevas de fortificación (cubos o
torres redondas de grandes dimensiones que no sobrepasan la altura de la muralla). Pero estas
estructuras planteaban problemas de defensa, por lo que pronto fueron sustituidas por baluartes.

Planta de un sistema de fortificación tipo.

La ciudadela de Pamplona.

2. Las ciudadelas.
Son fortalezas del rey dentro de una ciudad. Se levantaban bien para defender a la ciudad y
al territorio o bien para defenderse en ellas las fuerzas reales de posibles revueltas urbanas.
Durante el reinado de Felipe II adoptaron una forma pentagonal abaluartada, con ejemplos
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 80
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

en Amberes, Pamplona y Jaca.


La ciudadela de Pamplona presenta un trazado radial que lleva desde la plaza de armas
unas calles hasta los baluartes y otras hacia las cortinas. Los edificios se ordenan paralelamente
desde la plaza hasta la muralla.

Arqueología del mundo rural en época moderna

Según M. Johnson la casa campesina medieval en Inglaterra y Gales presentaba una planta sencilla
y estaba articulada en torno a un Hall central abierto hasta el techo. Con el tiempo el Hall perdió
importancia, desarrollándose numerosas habitaciones como centros de actividad funcional específica. Se
desarrollaron pisos superiores y terminó por adoptarse plantas simétricas. Se acentuó de esta manera una
división social, relegando la cocina y los servicios hacia atrás. El modelo de “casa gregoriana” del s.
XVIII representa la fase final de este proceso, con una articulación simétrica y una división neta entre
delante/detrás, entre espacio de servicio y de los dueños, de las funciones masculinas y femeninas. Las
técnicas constructivas y la carpintería medievales dieron paso a técnicas basadas en criterios de
racionalidad y eficiencia económica. Asimismo aumentaron en número y variedad los bienes de consumo,
lo que comportó una estandarización de la cultura material y el surgimiento de nuevos hábitos.
En cuanto a los enclosures, son el resultado de la sustitución de un sistema medieval de campos
abiertos y prácticas agrícolas comunales por un paisaje privado y cercado mediante la colocación de
muros, diques, fosos y límites donde no los había.
Johnson insiste en el hecho de que, aparte de la vertiente física del proceso de cerramiento,
también existe una vertiente social, ya que el cierre físico de los campos comportó una serie de
transformaciones sociales. Los cierres y los cambios agrarios asociados aumentaron las deserciones y las
despoblaciones. La mayor ruptura se produjo debido al gran número de campesinos desposeídos de tierra
a raíz de los cierres, lo que generó un desarraigo.

Del artesanado a la industrialización

Refleja de alguna manera la importancia del sector manufacturero y su evolución a la hora de


entender los cambios que se producen durante los siglos de la Edad Moderna, que darán lugar a una
sociedad y a una economía de tipo capitalista.
La forma de producción artesana fue prácticamente la única manera de obtener mercancías
manufacturadas conocida hasta los siglos XV y XVI. Se caracterizaba fundamentalmente por que el
productor era propietario de los medios de producción y a la vez, éste, para producir, se valía de su propio
trabajo. Los productos así creados se vendían en el mercado, que tenía un carácter fundamentalmente
local. Estas actividades de producción y venta eran reguladas mediante unas rígidas normas gremiales.
Los gremios se podrían definir como la unión de los talleres artesanos del mismo oficio. Son
corporaciones de artesanos de carácter local, donde se regulan todos los aspectos relativos a esa profesión.
Los cambios en el sistema de producción artesanal, que hemos descrito brevemente se empezaron
a producir entre los siglos XV y XVI en la zona inglesa y lógicamente, habremos de relacionarlos con las
transformaciones sociales y políticas de esa etapa, que podrían resumirse en la génesis de la propiedad
agraria capitalista y la proletarización del campesinado. Recordemos en este sentido la problemática de
los enclosures en el mundo rural de la Inglaterra de principios de la Edad Moderna.
Las causas de esta transformación podrían centrarse básicamente en 2 factores:
- El proceso de desintegración de las relaciones feudales. Se desarrolla la industria a
domicilio, que consiste en que un comerciante-empresario distribuye materia prima por las casas
de diversos vecinos a cambio del pago de su trabajo.
- El incremento de la demanda. Hay que hablar de un incremento demográfico, pero
también de una ampliación de mercados en otros países, incluso en ultramar. Añadamos el hecho
del aumento de la capacidad adquisitiva de la población.
Con todo ello, se puede decir que con el desarrollo de la industria a domicilio se desarrolla un
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 81
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

sistema de trabajo manufacturero muy distinto del gremial que comporta unas relaciones de producción
muy distintas.
Pero el sistema del trabajo a domicilio no fue exclusivo del mundo rural; también se produjo en
las ciudades, donde surgieron artesanos que trabajaban por cuenta ajena.
En el caso inglés el motor del cambio fue el sector textil, concretamente la manufactura de tejidos
de algodón.
Ya hemos hablado de las transformaciones sociales y económicas habidas entre los siglos XVI y
XVIII, que conllevarán también avances tecnológicos en el sector de la industria que van transformando
las formas de producir medievales. Algunos autores han querido ver en este proceso el trampolín de
lanzamiento de la que será más tarde la revolución industrial. Efectivamente, se desarrollarán con fuerza
sectores como el siderúrgico o el textil.

La cerámica en época posmedieval

Durante el período posmedieval se producirán cambios importantes en las pautas de consumo y


producción de la cerámica y también en su diseño. Así, la mayoría de las cerámicas europeas de este
momento no fueron realizadas en pequeños talleres artesanales, ya que la producción de cerámica fue una
de las primeras actividades en ser industrializada. En estos nuevos centros productivos se van a producir
cerámicas esmaltadas de alta calidad y con técnicas y motivos decorativos característicos que se
diferencian territorialmente. Se van a implantar, asimismo, sistemas productivos muy eficaces, basados en
una alta división del trabajo y capaces de garantizar la realización de una notable cantidad de cerámicas
que alcanzaban una amplia difusión comercial. Por otro lado, se observa un evidente interés por cambiar
rápidamente las decoraciones de estos objetos, de tal manera que los historiadores del arte han podido
establecer series decorativas conformadas por recursos cromáticos o sujetos decorativos que se repiten,
configurando en ocasiones verdaderos servicios o vajillas.
Ya hemos hablado de un proceso de confortabilización de la sociedad que también se detecta a
través de la cerámica. En los siglos XVII y XVIII es cuando se desarrolla una forma de comer
determinada, por la que se emplean determinados recipientes para determinada comida. Esta
especialización funcional es uno de los factores que explica el aumento espectacular tanto de la variedad
como del número de cerámicas producidas.
También se dio un aumento del consumo, no sólo referido a la cerámica, sino en general, que
evidentemente llegó de las clases más pudientes, aunque fue algo en lo que participó toda la sociedad. P.e.
el consumo de elementos como el té o el tabaco, inicialmente inaccesibles para la mayoría, pronto se
extendieron y se consideraron casi una necesidad.
Esta transformaciones tampoco pueden explicarse sin aludir a las redes comerciales más intensas,
entre diferentes zonas geográficas. La demanda de productos importados viene fundamentalmente de las
clases medias urbanas. Encontramos producciones importadas de otras regiones en toda Europa
continental y Gran Bretaña, y evidentemente, en el otro lado del Atlántico. Si inicialmente la distribución
social de la cerámica importada es limitada, en las siguientes centurias (siglos XVII y XVIII) muestran un
sustancial aumento del número de cerámicas recuperadas. La transformación en la demanda muestra un
poder de compra en aumento y un cambio en las motivaciones sociales, que se abren a sectores más
amplios de la sociedad.
En Europa se darán, en efecto, nuevas producciones cerámicas con una características específicas,
y en otros casos, se procederá a mejorar o renovar producciones ya existentes en la Baja Edad Media.
Una de las producciones que más se extendió por Europa a través de las exportaciones fue el gres,
desarrollado en la zona renana ya para el s. XIV. Su espesor y durabilidad lo hicieron ideal para los
objetos de uso diario.
En realidad, la producción de gres no es una novedad de la etapa Posmedieval, ya que una
variedad de la misma, ya se conoce desde mediados del s. XII. Pero la característica más evidente del gres
alemán posmedieval es el uso de la tecnología del modelado para producir relieves ornamentales. El
proceso tenía la ventaja de que una vez hechos los moldes, las piezas se podían producir en cantidad y
Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 82
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

muy rápidamente. Los diseños incluyen motivos figurativos y botánicos, hojas de roble, etc. La
decoración en relieve permitió que el gres pudiera competir tanto en términos de imagen como de
funcionalidad con las vajillas de mesa más sofisticadas. Esta introducción de la decoración ornamental
aplicada a la superficie de las piezas, que se produjo a principios del s. XVI vino a acentuar el valor social
del gres renano, permitiendo a las clases mercantiles y artesanos, que se estaban promoviendo
socialmente, imitar los rituales de la aristocracia con unos medios más baratos.
Otra novedad en la producción del gres fue la utilización de la técnica denominada gres a la sal.
Fue en el s. XV cuando se descubrió que la sal echada al horno a altas temperaturas produce vapores que
reaccionan con la superficie de la arcilla para formar una fina superficie vidriada. Estos gres alemanes, su
robustez, durabilidad, cuerpo no poroso y superficie resistente al olor, fueron especialmente utilizados
para el transporte, almacenamiento, recipientes para beber, e incluso para usos farmacéuticos y sanitarios.
Aparte de estos, en esta etapa histórica se afirman nuevos polos productivos que alcanzarán un
notable desarrollo. Así p.e. las cerámicas italianas realizadas en núcleos como Pisa, se difundirán en toda
Europa, alcanzando América. Cabe señalar también que tanto las maiolicas policromadas italianas como
las lozas españolas requerían una mayor complejidad técnica que el gres.

Escudilla elaborada en Manises en el s. XVI. Está Producciones de Muel.


decorada con reflejo metálico.
En la Península Ibérica Valencia y su entorno (Paterna y Manises) es también un área productiva
importante. Tras el desplazamiento de alfareros provenientes del sector meridional de al-Andalus, a partir
del s. XIV Valencia se convertirá en un importante polo productivo, Durante la Baja Edad Media y el
Renacimiento la cerámica valenciana se difunde por toda la Península, pero también por el Mediterráneo
y el norte de Europa. A partir de los siglos XVI y XVII se afianzarán otros centros productivos, como los
catalanes (Barcelona y Reus).
Han sido también muy importantes las fábricas castellanas. La más destacada de ellas se
encontraba en Talavera de la Reina y en Puente del Arzobispo (Toledo). A pesar de que se producían
cerámicas ya desde el período bajomedieval, va a ser a partir de mediados del s. XVI cuando se produzca
un verdadero salto productivo.
Asimismo las producciones esmaltadas sevillanas tuvieron un notable desarrollo durante los siglos
XVI y XVII. Paradójicamente estos materiales han sido sistematizados y estudiados por primera vez en el

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 83


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

Caribe y en las colonias norteamericanas, donde se han convertido en verdaderos fósiles guía para la
datación de estos contextos. Teniendo en cuenta el monopolio comercial que tuvo la ciudad del
Guadalquivir con los mercados americanos durante estos siglos, se explica la. notable presencia de estas
importaciones que acompañaban otros productos. La gran parte de los alfares se encontraban en Triana.
Hay que tener en cuenta, además, que Sevilla actuó como puerto de redistribución de mercancías, por lo
que tenemos constancia del embarque hacia América durante el s. XVI de cerámicas sevillanas, pero
también italianas, de Talavera, etc. a las que ya se ha hecho referencia.

Jarrón elaborado en los talleres de Talavera de la Escudilla, tapa y cazo producidos en Muel en el XVI.
Reina (Toledo).

En España, el s. XVII representa, respecto al quinientos, un momento de declive, especialmente a


partir de la segunda mitad, cuando vemos que se tiende a agotar el impulso propulsor de los grandes
centros polarizados antes mencionados. Aunque no se producirá un abandono completo. Las razones de
este declinar son muchas y complejas y tienen que ver con el dinamismo comercial de otros centros
productivos, como el holandés de Delft. Como consecuencia de esta contracción de los grandes centros,
que de todas formas mantuvieron un buen grado de penetración dentro de la propia Península, se
desarrollaron con más fuerza los talleres individuales de ámbito local o regional a los que antes se ha
hecho referencia.
El s. XVIII representa un momento crucial en la historia de la producción y el consumo de la
cerámica. Los 3 elementos más característicos que se desarrollan a partir de este momento van a ser:
- Las innovaciones tecnológicas que va a comportar la introducción de la porcelana o la
cream ware.
- La aparición de la iniciativa empresarial burguesa.
- Los cambios que se observan en los patrones de consumo de la cerámica.
A pesar de que el uso de la cerámica esmaltada siguió siendo mayoritario, durante este siglo se
introdujeron nuevos productos que se adecuaban mejor a las demandas que se crean en el marco de la
revolución industrial que se pone en marcha en Inglaterra.
Cuando la porcelana empezó ser traída desde China a Europa, pronto se convirtió en un lujo caro y
prestigioso. Este valor comercial explica de alguna manera el interés por descubrir el secreto de su
manufactura para imitarla. La primera porcelana europea se produjo bajo el patronazgo de Francisco I de
Medici en Florencia, a finales del s. XVI, pero se parecía poco técnicamente a la producción china que
pretendía imitar. No contenía caolín chino, por ejemplo. El segundo intento tuvo lugar en Rouen, Francia,
en la segunda mitad del s. XVII. El incentivo para producir porcelana aumentó aún más cuando productos
como el café, el té o el chocolate se popularizaron y con ello aumentó la demanda de contenedores de alta
calidad para poder tomarlos adecuadamente.

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 84


HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

El secreto para producir verdadera porcelana se logró desvelar hacia 1709 en Meissen, cerca de
Dresden. En un primer momento produjo objetos de lujo para la familia real. Posteriormente, comenzó a
ampliar su oferta y a comercializar sus productos hacia 1713.
La fórmula de la porcelana blanca permaneció inicialmente en posesión de Meissen durante 40
años, con las 2 notables excepciones de Viena y de Venecia. Cuando Sajonia fue vencida en la Guerra de
los siete años, el control sobre el secreto de la producción de porcelana y su manufactura se expandió. La
factoría de porcelana más famosa de Italia se funda 1743 por Carlos IV; rey de Nápoles y Sicilia (después
Carlos III de España) en el palacio real de Capodimonte en Nápoles. En 1759, cuando el rey accedió al
trono de España, toda la factoría de porcelana se trasladó al Palacio del Buen Retiro, a las afueras de
Madrid. Las producciones fueron exclusivamente para la corte hasta 1788.
No podemos cerrar el capítulo de la cerámica posmedieval sin mencionar otro artículo exclusivo.
De hecho, si algún material cerámico se relaciona inequívocamente con la Edad Moderna, éste es
precisamente el de las pipas de caolín, que se ha definido como fósil guía por parte de la arqueología
británica. Efectivamente, se trata de un producto típicamente posmedieval, ya que su fabricación se inicia
tras la introducción en Europa del tabaco de origen americano. Su difusión fue muy rápida, y ya desde
1575 se conoce la existencia de fábricas de pipas de arcilla en Inglaterra. Posteriormente, en el s. XVII
surgieron otras fábricas en Holanda o en Francia, difundiéndose asimismo por toda Europa meridional.
En España parece ser que no se fabricaron hasta el s. XVIII.
Su fabricación se realizaba mediante un moldeado manual de la arcilla. Estas pipas de cerámica
eran un producto muy frágil y sujeto a una rápida degradación, de tal manera que se vendían en docenas
de 15 ejemplares y se ha calculado que semanalmente un fumador llegaba a romper hasta 4 pipas.
Su técnica de fabricación en serie contribuye, indudablemente, a que sea factible la realización de
tipologías formales de cazoletas. Asimismo, la gran fragilidad de las piezas explica su consumo masivo y
justifica su importante presencia en los contextos arqueológicos posmedievales europeos. En realidad,
aunque no es fácil cuantificar su incidencia en los yacimientos posmedievales, sí se puede afirmar que
aparecen con más frecuencia en los contextos del centro y el norte de Europa que en los mediterráneos.
Los procedimientos a partir de los cuales se fechan las pipas son esencialmente 3:
- La tipología formal de las cazoletas. Se ha observado que entre los siglos XVI y XVII la
cazoleta aumenta de dimensión y se hace más refinada.
- Las marcas, adornos o decoraciones presentes en varias partes de las pipas, que han sido
objeto de catálogos detallados por parte de numerosos autores.
- El diámetro interior de la caña, puesto que se ha observado que tiende a disminuir a lo
largo del tiempo en función de las varillas metálicas con las que se realizan las propias pipas.
En síntesis, en lo referente al cambio en los patrones de consumo de la cerámica, e incluso en la
morfología y características de la propia cultura material, se dice que durante todo el periodo posmedieval
se desarrolla una profunda transformación cultural que culmina en el s. XVIII con la afirmación de
modelos de comportamiento que constituyen la base ideológica sobre la que se funda la revolución
industrial y el propio capitalismo.
Todos estos nuevos modelos sociales de comportamiento se encuentran en la base ideológica del
propio capitalismo, puesto que se afirman en términos interclasistas determinadas prácticas asociadas al
uso de determinados objetos. Es en este contexto en el que hay que explicar la producción en masa y
estandarizada de objetos como la cerámica que deben dar respuesta a esta demanda creciente.

ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL

El concepto de arqueología industrial. Arqueología de la industria o arqueología de las sociedades


Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 85
HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL DE LA ANTIGÜEDAD TARDIA A LA EPOCA INDUSTRIAL

contemporáneas. De la arqueología industrial a la arqueología de las sociedades capitalistas

Arquitectura industrial. Los espacios de trabajo. La vivienda obrera. El paisaje industrial

El patrimonio industrial. Protección y revalorización. Algunos ejemplos de conservación y difusión


del patrimonio industrial

Uned Arqueologia III Pedro F. Guisado Paá gina 86