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La Pedagogía de Jesús

Carmen Julia Pagán

El tema de la pedagogía de Jesús es uno de los más fascinantes en el campo de la educación


religiosa cristiana. Todo lo que hizo Jesús nos apasiona y nos motiva a realizarlo. Pero así como de
fascinante es el tema, así lo son las expectativas que se tienen con relación al mismo. Tod@s
queremos imitar al Maestro en su metodología, contenido y autoridad pedagógica. Son much@s los
que creen que si Jesús lo hizo de tal o cual manera también nosotr@s debemos hacerlo igual. Ante
esto nos preguntamos ¿será adecuado pensar de esta forma? ¿qué debemos hacer para emplear
efectivamente la pedagogía de Jesús en la iglesia cristiana? ¿utilizaría Jesús las mismas técnicas
para impartir su enseñanza hoy?

El contexto en el cual se da la experiencia educativa

El contexto en el cual se imparte la educación cristiana es importante. Debemos ver éste no sólo
considerando los acontecimientos sociales, políticos y económicos, sino también la situación
existencial de las personas, sus experiencias y entendimientos de la fe.
Se hace necesario que la educación cristiana que se imparte en la iglesia haga posible que el
mensaje de Jesús se transmita de una manera clara y pertinente. Se requiere que se examine
cuidadosamente el contexto estableciendo un diálogo con él. La educación cristiana debe tener
como una de sus prioridades el ofrecer respuestas concretas a los interrogantes que lanza la
sociedad.

¿Jesús vino a enseñar?

Es significativo indicar que todos los evangelistas colocan la actividad pedagógica de Jesús desde el
inicio de su ministerio. Marcos nos dice: "Entraron en Capernaúm, y el sábado entró Jesús en la
sinagoga y comenzó a enseñar. Y se admiraban de su doctrina porque les enseñaba como quien
tiene autoridad y no como los escribas" (Mc 1:21-22). De igual manera los evangelistas finalizan sus
relatos con una exhortación de Jesús comisionando a sus discípulos a predicar y a enseñan el
mensaje recibido. "Id y haced discípulos a todas las naciones,... y enseñándoles..." (Mt 28:19-20ª).
Mirar los evangelios con un lente pedagógico podría ser muy revelador e ilustrativo para nuestra
práctica educativa. En ellos descubrimos que la misión de Jesús, al igual que la d la iglesia, es la de
enseñar.

Aunque los evangelios contienen una cantidad de material histórico-narrativo, examinado bajo el
lente de la primera iglesia, en el momento en que Jesús comienza su ministerio todo lo que El hace
es motivo de una enseñanza. En sus acciones y estilos Jesús modela pedagogía y en sus dichos
transmite un contenido teológico. Jesús tomó de las experiencias de la vida cotidiana para hacer de
ellas temas de enseñanza religiosa. Lo que nos ilustra sobre su énfasis como Maestro en la
penitencia y en la aplicación. De las actividades pedagógicas de Jesús podemos extraer ejemplos

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sobre las muchas formas en que se puede impartir la enseñanza, las diferentes maneras en que la
gente aprende y de cómo los escenarios modifican la experiencia educativa.

¿Entendemos la pedagogía de Jesús?

Es medular entender como la práctica pedagógica de Jesús respondió a su contexto. Para El


Maestro, las situaciones concretas de sus discípul@s fueron ocasiones para impartir una
enseñanza. Los discípul@s fueron dirigid@s a encontrar respuestas dentro del marco de su propia
realidad. La actividad pedagógica de Jesús fue impactante, no sólo por el contenido de sus
enseñanzas, sino también por la viveza educativa que se dio en la misma. El dinamismo que Jesús
le impartió a su enseñanza, la profundidad de sus palabras y los resultados que ésta produjo fueron
impresionantes. Los evangelistas en sus relatos llenos de dramatismo recogen esa imagen de Jesús
como pedagogo.

Al leer los evangelios con un lente pedagógico apreciamos la gran diversidad de métodos empleados
por Jesús y el cómo la pedagogía y el contexto se relacionan. Pues los métodos de Jesús fueron
respuestas concretas a experiencias a las cuales El quería responder. Entre los métodos empleados
por Jesús tenemos: historias, parábolas, milagros, oraciones, discursos, símbolos y lenguaje
simbólico, preguntas y respuestas, estudio de casos, repetición, inducción, motivación por medio de
ejemplos y proyectos. Como se puede apreciar los métodos de Jesús fueron variados entre sí. Es
que la pedagogía invita a la creatividad y a la respuesta efectiva del momento y situación en que se
imparte la enseñanza.

En Jesús, lo teórico y lo práctico se entrelazaron en la práctica educativa. Por eso podemos decir
que las experiencias de sus discípul@s fueron motivos para la enseñanza y el resultado de la
enseñanza fue motivo para modificar sus experiencias de vida. Para El Maestro la experiencia no fue
relato trivial e insignificante, sino punto de partida para entender la situación teológica y existencial en
que se encontraban sus discípul@s.

¿Qué es la pedagogía de la pregunta?

De todas las técnicas utilizadas por Jesús en esta presentación nos limitaremos a la pedagogía de la
pregunta. La pregunta es una técnica muy apropiada para la enseñanza religiosa a todos los niveles.
En la educación religiosa cristiana el hacer preguntas debe verse como una de las mejores
herramientas para lograr una pedagogía transformadora. S.G. Fortoris nos dice que la importancia
de la pregunta consiste en que ella estimula el pensamiento fructífero. La pregunta ayuda a clarificar
los pensamientos, particularmente cuando éstas son bien planificadas y dirigidas. Esta lleva a la
reflexión profunda y al análisis. La pregunta es tan importante en la educación que no podemos
afirmar que el/la maestr@ que domina la técnica de la pregunta domina bien el arte de la enseñanza.

En la educación religiosa las preguntas pueden utilizarse para dirigir a los/as estudiantes a modificar
sus comportamientos y actitudes. Las preguntas invitan a que ést@s confronten por sí mism@s sus
situaciones frente a las demandas del evangelio, de tal manera que lleguen a sus propias
conclusiones. El enseñar la fe no es meramente una actividad intelectual, sino también una que
envuelve los sentimientos y la voluntad. De eso es que trata la educación religiosa cristiana, de
formar hombres y mujeres con un profundo carácter cristiano.

La técnica de la pregunta es empleada con frecuencia en nuestras prácticas educativas, pero no


siempre de la mejor manera, ni produciendo los resultados deseados. Ya que las preguntas no

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provocan efectos por el sólo hecho de decirlas, éstas deben ser dirigidas con propósitos claros y
definidos. Lo que nos invita a evaluar: ¿cómo hacemos preguntas? ¿qué clases de preguntas
exponemos? ¿hacia quién(es) van dirigidas? ¿qué finalidad persiguen? ¿cómo éstas corroboran el
aprendizaje?

¿Por qué Jesús enfatizó esta técnica?

Jesús enseñaba el mensaje del Reino. El quería confrontar al pueblo hebreo con su tradición
religiosa con el deseo de que ést@s entendieran lo que realmente significa conocer a Dios. El interés
primordial de Jesús fue el de estimular el pensamiento profundo y reflexivo con relación a las
verdades que presentaba. Toda persona que escuchaba seriamente lo que Jesús decía era movida
a hacer un análisis profundo en su interior. Jesús vino a impartir una enseñanza provocadora. Una
enseñanza que se encarnaba en la vida real de sus discípul@s y produjera cambios.

Esta manera de Jesús de enseñar contrasta mucho con los estilos pedagógicos que se dan en
muchas de nuestras iglesias. La sociedad en general, así como la iglesia, se han convertido en
lugares de pensantes uniformes y de opiniones acomodadas. Evadimos el cuestionar las
implicaciones de las enseñanzas de Jesús con toda su profundidad y trascendencia. Nos
conformamos con decir que para El Maestro, todo es posible. Que la oración es la respuesta para
resolver nuestros problemas, sin afirmar la necesidad de un compromiso más concreto con nuestra
comunidad.

F. F. Bruce en su libro The Hard Sayings of Jesus, nos dice que una de las razones por las cuales
las personas encuentran difíciles y complejos los dichos de Jesús es porque no les gusta pensar.
Según Bruce para algunas personas el pensamiento es un ejercicio dificultoso e incómodo,
especialmente cuando éste envuelve la apreciación crítica de prejuicios y de convicciones bien
arraigadas o cuando el reflexionar reta las opiniones prevalecientes aceptadas por la sociedad. El
"hacer pensar" a nuestr@s discípul@s debe ser uno de nuestros propósitos al educar.. Pues la fe
que no resiste el cuestionamiento, ¿qué clase de fe es?

La pedagogía de la pregunta nos puede ilustrar la manera de hacer preguntas, ya que El Maestro
las utilizó de una manera única. Vemos a Jesús empleando esta técnica en innumerables pasajes en
los evangelios ya sea sola o en combinación con muchos de los métodos de enseñanza antes
mencionados. La pregunta se convirtió para Jesús en una chispa que inició la conversación y el
diálogo. Fue como el motor generador para una discusión más amplia.

¿Cómo eran las preguntas de Jesús? ¿cuáles eran sus propósitos?

Las preguntas que Jesús hizo fueron de toda clase. Estas fueron directas e indirectas. Fueron
hechas a varios niveles, buscando que los discípul@s alcanzaran un mayor entendimiento de la fe.
Jesús como buen pedagogo no sólo respondió a su nivel intelectual, sino también a la situación
particular en la cual se encontraban. Jesús hizo muchas más preguntas que las que contestó, y en
ocasiones contestó una pregunta con otra pregunta. También provocó en l@s discípul@s el hacer
preguntas. En su búsqueda de la verdad Jesús no tuvo temor al cuestionamiento.

Los propósitos de Jesús al hacer preguntas fueron muy variados. Están desde los más sencillos,
hasta los muy complejos. Entre ellos enumeramos los siguientes:
1. Para fomentar el interés o establecer un punto de contacto Jn 4:7; Lc 8:45.
2. Para iniciar y estimular el pensamiento Lc 9:25; Mt 6:27; Jn 13:12
3. Para expresar o verbalizar el proceso de razonamiento Mr 10:18; Mt 20:22
4. Para probar el compromiso así como el entendimiento espiritual Jn 6:1-7

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5. Para ayudar a l@s discípul@s a aplicar la verdad Lc 10:36; Jn 13:12
6. Para emplear la disputa, la argumentación y la lógica Lc 14:5; 13:2; Jn 8:46
7. Para reprender o señalar alguna falla espiritual Mr 4:40; Lc 6:46
8. Para introducir una enseñanza Mt 6:25; Lc 6:39,41

Las preguntas de Jesús también fueron utilizadas para expresar emoción (Mr 9:19), para recordar lo
aprendido (Mr 8:20), para fortalecer la voluntad (Jn 5:6), para contestar otras preguntas (Jn 21:22) y
una serie de propósitos que por razones de espacio no mencionamos.

Jesús procuró con sus preguntas cultivar una serie de habilidades en sus discípul@s. El quería
motivar el pensamiento claro y dirigirlo. Llevar a la reflexión, pues le interesaba modificar actitudes y
romper prejuicios. Las preguntas en Jesús promovieron el diálogo y sobre todo la creatividad. La
pregunta en Jesús estimuló el descubrir nuevos senderos y nuevas maneras de ver la vida.

Un ejemplo de un interrogatorio fructífero, en donde la pregunta se convirtió en generador de diálogo,


es el conocido pasaje de Jesús y la mujer de Samaria, en Jn 4:1-29.

Vemos que con una pregunta indirecta: "Dame de beber", Jesús comienza un diálogo transformador.
En este pasaje observamos como la discípula hizo más preguntas que El Maestro. Jesús con
paciencia fue provocando el preguntar, hasta que la mujer termina el diálogo encontrando por sí
misma las respuestas. "Venid y ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¡No será
este el Cristo?" Jn 4:29.

Pertinencia de la pedagogía de la pregunta en Jesús

Como hemos visto la pedagogía de la pregunta en Jesús fue muy efectiva y ponerla en práctica
podría ayudarnos a mejorar significativamente nuestra educación cristiana. La pedagogía de la
pregunta en Jesús habla al contexto social de varias maneras. Pero no para imitar exactamente lo
que El Maestro hizo, sino para utilizar todo aquello que sea pertinente y apropiado en nuestra
situación particular.

La actividad pedagógica de Jesús hay que verla como una que correspondió a un tiempo y
circunstancias particulares. Lo importante no es hacer las mismas cosas que Jesús hizo, sino hacer
la hermenéutica de esa pedagogía, imitando su dinamismo, viveza y profundidad. No creemos que
Jesús utilizaría las mismas técnicas hoy en día, pues él respondió a una experiencia histórica
distinta. La técnica de la pregunta y la pedagogía de Jesús en general son una invitación a la
creatividad en la educación cristiana. Nos habla de la confianza que debemos tener en nuestros
recursos y de lo valioso de la experiencia religiosa popular para llevar a cabo la educación en la
iglesia.

Pedagogía y teología

Al hablar de la pedagogía de Jesús y en específico de la pedagogía de la pregunta, concebimos la


pedagogía religiosa como actividad teológica. Al Jesús provocar con la pregunta respuestas para la
realidad existencial y social de sus discípul@s produjo como resultado la reflexión teológica. No sólo
la pedagogía de la pregunta nos lleva a cuestionar la fe o motivar el pensamiento crítico, sino
también el pensar profundo y sincero sobre nuestra realidad. La pedagogía de la pregunta puede
ilustrar de cómo la fe se va formando en procesos vivenciales de comunidades y pueblos que
buscan responder a un momento histórico.

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En mi contexto particular de Puerto Rico se oye hablar de varias corrientes teológicas desde la
fundamentalista, una teología pentecostal autóctona, la teología católica, hasta de una teología de la
"liberación-descolonizadora". Hablar de todas ellas como "la teología a enseñarse" resulta realmente
inútil cuando sabemos que la verdadera teología es la que la gente cree y vive. La pedagogía de la
pregunta podría ayudar al teólogo-educador a describir y organizar ese pensar teológico que
realmente se tiene. La manera más poderosa en que la ideología dominante funciona es el no
permitir que se articulen nuestras vivencias para así poder descifrar nuestra realidad. Queda pues en
manos de l@s educadores/as reconocer cuál es realmente su marco de acción y ayudar a sus
discípul@s a hacer conexiones.

El ver la pedagogía como actividad teológica hace que movamos al pueblo a tomar control de su
pensar teológico. Pues es el pueblo el que vive la teología. Es quizás el momento en que se imparte
la enseñanza religiosa donde mejor se recrea el pensar teológico. Es quizás el momento en que se
imparte la enseñanza religiosa donde mejor se recrea el pensar teológico. Ese momento pedagógico
de cuestionamiento nos invita principalmente a dos cosas: 1) a examinar la teología académica para
ver cómo se relaciona con nuestra vivencia, contexto y realidad, 2) a evaluar nuestras doctrinas,
experiencias y prácticas de fe para ver cómo responden al evangelio.

La pedagogía de la pregunta en Jesús nos ayudará a ese difícil proceso de descubrir nuestras
verdades procurando articular nuestra realidad. Provocar la reflexión de nuestra fe en contexto
podría ser muy revelador para elaborar una teología contextualizada que realmente sea producto del
pueblo, de su gran fe y de su entendimiento de Dios. Todos nuestros pueblos latinoamericanos
tienen sus propios retos los cuales debemos afrontar con determinación.

En el campo de lo religioso la pedagogía se convierte en actividad teológica por varias razones. El


modelaje es práctica de la fe. La imitación es necesaria en el cristianismo. Decimos que el
cristianismo no es una religión sino un estilo de vida. Cómo producir cambios reales en nuestra
sociedad si no se internaliza ni se pone en práctica lo que se enseña. Como toda educación que
debe llevar a la modificación de la conducta, la educación cristiana es llamada a provocar cambios
de actitudes y prejuicios en las personas, y de una manera profunda ya que enseñamos las
verdades del evangelio. La pedagogía de Jesús debe ser vista como práctica que modela el vivir,
como acción dentro de la realidad, como compromiso solidario con nuestras comunidades.

Pedagogía y comunicación

Un/a educador/a es un@ que comunica. De nuestras prácticas educativas sabemos que la
experiencia personal y social es quizás la forma más efectiva en que la gente conecta lo aprendido.
Una de las claves hermenéuticas que utiliza nuestra gente para interpretar las escrituras son sus
experiencias. Pero la experiencia no debe verse aquí como mero testimonio o relato superficial, sino
como aquello que expresa y dramatiza cómo l@s discípul@s piensan y ven el mundo. Las
experiencias nos indican cuáles son sus preocupaciones, y cuál es su entendimiento teológico. El
que educa religiosamente debe buscar formas de cómo insertar su enseñanza en esa historia, ,para
resaltar en ella la fe. El/a educador/a debe procurar el hacer de esa historia una diferente.

Si nuestra gente aprende a través del lenguaje sencillo y de aquellas cosas que están a su alrededor;
entonces es adecuado que utilicemos estos recursos para producir el aprendizaje. Al emplear las
experiencias validamos como Jesús lo hizo a la persona con sus historias y circunstancias. Cuando
la historia de nuestras vidas es insertada en la historia de la fe o cuando la historia de la fe es
insertada en la historia de nuestras vidas, se produce una pedagogía transformadora. Este fue el
caso de la mujer samaritana. Las preguntas bien dirigidas y organizadas dieron como resultado la
transformación de su vida y de su comunidad.,

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El relacionar pedagogía y comunicación nos obliga a pensar en el nivel teológico, social, psicológico,
intelectual y económico en que viven nuestr@s estudiantes. Para llevar a cabo una pedagogía
fructífera es necesario que lleguemos al nivel en que se encuentra nuestra gente. Este nivel no
solamente es intelectual, es de condición social, de género, de experiencias de vida, de pensar
político, etc. No podemos atosigar a las personas nuestras respuestas estereotipadas. Debemos
permitir que la iglesia sea un lugar de diálogo y tolerancia.

La comunicación en la pedagogía de la pregunta hace que veamos a Jesús, El Maestro como


modelo de nuestra práctica educativa. Pero no es que vayamos a reproducir todo lo que El hizo, sino
que veamos como educadores/as que estamos modelando ante nuestr@s discípul@s. El/la
educador/a por su fe, entrega y testimonio de vida enseña más que con sus palabras. El carácter
cristiano no se forma solamente de palabras sino, a través de vivencias que contagian vidas. Si la
experiencia produce aprendizaje, como hemos señalado, la experiencia vista y compartida del otro
puede ser determinante para el crecimiento y la madurez cristiana. De que vale que hablemos de
igualdad y justicia hacia los desposeídos y marginados de nuestras sociedades si no somos capaces
de modelar esto tratando a nuestros semejantes, hombre o mujer, con el respeto y el amor que
merecen.

Apuntes para una búsqueda mayor...

En nuestra discusión hemos hablado de las diferentes formas en que la pedagogía de Jesús,
particularmente el hacer preguntas, nos habla. Del cómo la pedagogía se relaciona con el contexto y
de los resultados que ésta puede producir en la educación cristiana. Son muchas las áreas que
podemos seguir explorando de las diversas maneras en que Jesús enseñó. El examen de historias,
parábolas y milagros podrían añadir nuevos enfoques de cómo hacer pedagogía en la iglesia.
También el estudio de los temas considerados por Jesús en sus enseñanzas, las características de
Jesús como maestro y la pedagogía como actividad creativa serían materia para una futura
discusión.

Bibliografía

• Bruce, F. F. The Hard Saying of Jesus. Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1956.
• Florence, Nickes. Jesús el Maestro: Métodos de enseñanza. México: Casa Unida de
Publicaciones, 1954.
• Fortosis, Stephen G. "Can Questioning Make Religious Educators More Efective in the
Classroom?" Christian Education Journal. Vol.. XII N°. 3, págs. 86-103.
• Freire, Paulo. Hacia una pedagogía de la pregunta: conversaciones con Antonio Faúndez.
Buenos Aires: Ediciones La Aurora, 1986.
• Harris, María. Teaching & Religious Imagination: An Essay in the Theology of Teaching.
New York: HarperCollins Publishers, 1987.
• Home, Herman H. Jesus The Master Teacher. Grand Rapids, Ml: Kregel Publications,
1964.
• Hostos, Eugenio María. Ciencia de la Pedagogía: Nociones e historia. Río Piedras, P. R:
Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1991.
• Jones, Calude C. The Teaching Methods of the Master. Saint Louis: The Bethany Press,
1957.
• Pagán Cabrera, Carmen J. "Teaching Through Sermons: An Ethnographic Study of
Theological Pedagogy and the influence of Culture in the Religious Understanding of

6
Adults in Two Evangelicals Congregations in Puerto Rico" Teachers College, Columbia
Universituy, Ed. D. Diss, 1995.
• Phipps, William E. The Winsdom & Wit of Rabbí Jesus. Louisville, NY: Westminster/John
Knox Press, 1993.
• PreisweKr, Matthías. Educating in the Living Word: An Educational Framework for
Christian Education. Maryknoll: Orbis Books, 1987.

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Las parábolas de Jesús
Parábolas

¿Qué son? ¿Cuándo y por qué motivo las utiliza? ¿Cuántas hay?
¿Dónde se encuentran?

¿Qué son las parábolas?

Las parábolas son relatos, historias escuetas, claras, sencillas, y su


finalidad es transmitir una enseñanza del modo más comprensible y
fácil de recordar.

En todas destaca la pequeñez de los comienzos; y el crecimiento


progresivo de este Reino; su fuerza regeneradora para los llamados
por Dios a la salvación, que alcanzarán si corresponden a esa
vocación.

Jesús predica utilizando parábolas, es decir, ejemplos vivos,


imágenes tomadas de la vida ordinaria, dándoles contenidos ricos y
amplios. Después un año de recorrer los caminos de Palestina,
predicando el Evangelio del Reino y confirmando su doctrina con
innumerables milagros. Muchos creen, otros no. Jesús habla del Reino
de Dios con tacto y utiliza parábolas en las que, sin ocultar que está
diciendo cosas nuevas incita a los oyentes a interesarse y les
advierte: "!quién tenga oídos para oír, que oiga". Entenderán los que
tengan un corazón dispuesto a la conversión a Dios con el rechazo del
pecado, también en sus formas más sutiles.

Conozcamos a fondo el contenido de las parábolas:


La parábola del sembrador
Parábolas

Las parábolas de Jesús

Es la más larga de las parábolas del reino y responde a una pregunta sobre por
qué se producen efectos tan distintos en los que escuchan el mensaje del reino.
La gracia es igual para todos, pero la libertad humana lleva a respuestas
diferentes.

"Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a Él
tal multitud que hubo de subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud
permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas,
diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte
cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en
terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el
suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte
cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó
en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El
que tenga oídos, que oiga"(Mt).

Los discípulos piden explicación


Probablemente, todos los que escuchaban tenían experiencia de la semilla
lanzada a voleo, conocían las inquietudes por la cosecha abundante o
malograda. Quizá por esto no era difícil extraer consecuencias espirituales, pero
los discípulos piden la explicación del Maestro para comprender, y reciben una
primera lección sobre la necesidad de tener el corazón bien dispuesto y sobre
las malas consecuencias de la dureza de corazón: "Los discípulos se acercaron
a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? Él les respondió: A vosotros se os
ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha
dado. Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo
que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y
oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que
dice:
Con el oído oiréis, pero no entenderéis,
con la vista miraréis, pero no veréis.
Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos,
y han cerrado sus ojos;
no sea que vean con los ojos,
y oigan con los oídos,
y entiendan con el corazón y se conviertan,
y yo los sane.
Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque
oyen. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que
vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo y no lo
oyeron"(Mt).

La explicación para los que están bien dispuestos es la siguiente:


"Escuchad, pues, la parábola del sembrador. Todo el que oye la palabra del
Reino y no entiende, viene el maligno y arrebata lo sembrado en su corazón:
esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno rocoso es el
que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino
que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la
palabra, enseguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la
palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas
sofocan la palabra y queda estéril. Por el contrario, lo sembrado en buena tierra
es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta,
o el treinta"(Mt).

El fruto depende de la libertad del hombre

La semilla tiene poder de fructificar siempre; pero el fruto depende de la libertad


del hombre, que puede estar condicionada por el maligno, por la propia
inconstancia o por las dificultades –externas o internas-, o por la seducción del
mundo y las riquezas. La misma variedad de frutos muestra la calidad de la fe y
de las buenas disposiciones en los que la escuchan y llevan a la práctica la
doctrina. El mensaje es claro en esta parábola acerca del reino, que no puede
darse con violencia, sino que debe ser aceptado con libertad para arraigar y dar
fruto.

La parábola de la cizaña
Parábolas
Las parábolas de Jesús.

"El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en
su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña
en medio del trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces
apareció también la cizaña. Los siervos del amo acudieron a decirle: Señor, ¿no
sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? Él les dijo:
Algún enemigo lo hizo. Le respondieron los siervos: ¿Quieres que vayamos y la
arranquemos? Pero Él les respondió: No, no sea que, al arrancar la cizaña,
arranquéis junto con ella el trigo. Dejad que crezcan ambas hasta la siega. Y al
tiempo de la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en
gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero".

La existencia del mal en el mundo

Dormirse porque se han hecho bien las cosas, no es cosa buena; hay que contar
con la acción de los diversos enemigos entre los que destaca el diablo. Es un
misterio que Dios permita la acción del diablo y la malicia de los pervertidores.
No hay que escandalizarse ante la presencia del mal en el mundo; la extirpación
definitiva de todos los males se dará en la fase última del reino. En la fase inicial
se trata de sembrar, en la intermedia vigilar, sólo en la definitiva, cosechar.

La explicación

Y, como en la parábola anterior, los discípulos querían más explicaciones y


acuden a solas a Jesús que aclara el sentido más hondo de las parábolas.

El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la


buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. El
enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores
son los ángeles. Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego,
así será al fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán
de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán
en el horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos
brillarán como el Sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que oiga"(Mt)

Jesús, en la explicación, ha añadido un dato importante: el reino tiene una fase


o dimensión escatológica, es decir, existe un juicio, un premio eterno y un
castigo, también eterno. Tener en cuenta esto es muy importante. No caben
indiferencias: existe el cielo y el infierno para los que acepten o rechacen el
Reino. También es importante porque coloca en su sitio la misión del Mesías que
no venía a establecer un reino temporal.

Parábola del grano de mostaza


Parábolas

Las parábolas de Jesús

La historia humana está contenida en ella. El tiempo de la Iglesia será


de desarrollo –y crecimiento- de lo sembrado por Jesús. Sólo al final
de los tiempos lucirá todo su esplendor. No es el reino algo pasivo,
sino que requiere un progreso en el bien.

"El Reino de los Cielos es semejante al grano de mostaza que tomó


un hombre y lo sembró en su campo; es ciertamente la más pequeña
de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las
hortalizas, y llega a ser como un árbol, hasta el punto de que los
pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas"(Mt).

Sólo al final de los tiempos se desplegarán todas la virtualidades del


reino de Dios. Por esto, la esperanza debe mover a quienes viven en
cada momento histórico concreto. Es bien conocida la fuerza de la
esperanza en los hombres. En este caso, se dice que la meta no es
una utopía, sino que el reino de paz, amor, justicia y libertad es
realizable por especial querer de Dios. Al final se alcanzará un
progreso sorprendente.
Parábola de la levadura
Parábolas

Las parábolas de Jesús


A la idea de crecimiento se añade ahora la de cambio por dentro. La
levadura forma parte del pan, pero está en más avanzado estado de
desarrollo y pueda operar el cambio de toda la masa que le rodea.

"El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que toma una


mujer y mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo
fermenta"(Mt).

El que acepta el reino no debe separarse del resto de los hombres,


por inmaduros que estén. Pero debe tener fuerza interior, entonces,
se obrará el prodigio de cambiar la masa amorfa en buen pan de
buen trigo.

Parábolas del tesoro escondido y la perla


Parábolas

Las parábolas de Jesús


Parábola del tesoro escondido

El valor del Reino es supremo; todo lo demás carece de valor ante él,
pero se encuentra de improviso y hay que estar preparado y
dispuesto a todo para conseguirlo.

"El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el


campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, gozoso del
hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo"(Mt)

Toda renuncia es un buen negocio ante un hallazgo que llena el alma


de gozo y alegría. El agricultor no buscaba el tesoro, pero al
encontrarlo pone todos los medios para tenerlo.

Parábola de la perla

Es muy semejante a la anterior, pero introduce la pequeña diferencia


de que el mercader sí busca una perla preciosa en el mercado, sólo el
entendido se da cuenta de su valor, muy superior al de cualquier
riqueza y sabiduría humana. Y al encontrarla se alegra grandemente
de su suerte y su sagacidad.

"El Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca


perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende
todo cuanto tiene y la compra"(Mt

Parábola de la red
Parábolas

Las parábolas de Jesús


La parábola hace par con la de la cizaña, pero sin mencionar el
enemigo. El juicio trae consigo la separación de buenos y malos. La
referencia al cielo y el infierno es importante.

"El Reino de los Cielos es semejante a una red que, echada en el mar,
recoge todo clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la
orilla, y sentándose echan lo bueno en cestos, mientras lo malo lo
tiran fuera. Así será el fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán
a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del fuego. Allí
será el llanto y rechinar de dientes"(Mt).

Con estas explicaciones, tan fáciles de recordar, siguiendo los


métodos didácticos de la época y válidos en todos los tiempos, Jesús
muestra el valor incomparable del reino, sus dificultades, el desarrollo
y la situación final en que sean superados todos los enemigos, sin
olvidar la suerte individual de todos los hombres que serán juzgados
según su actitud ante el reino.

Parábola de la oveja perdida


Parábolas

Las parábolas de Jesús

En la enseñanza del reino, Jesús insiste en la necesidad de la fe y del


buen uso de la libertad. También en el premio y el castigo. Pero
quedaría incompleta la riqueza del reino, si no se mostrase también
como un reino de misericordia y perdón. La enseñanza de Jesús sobre
el perdón es constante en toda su vida.

Parábola de la oveja perdida

"Se le acercaban todos los publicanos y pecadores para oírle. Pero los
fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Este recibe a los
pecadores y come con ellos. Entonces les propuso esta parábola:
¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las
noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se perdió hasta
encontrarla? Y, cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros
gozoso, y, al llegar a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice:
Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me perdió.
Os digo que, del mismo modo, habrá en el Cielo mayor alegría por un
pecador que hace penitencia que por noventa y nueve justos que no
la necesitan"(Lc)

La alegría que le producen los noventa y nueve justos -la mayoría- no


parece suficiente al buen pastor, que piensa en el que está perdido, y
–después de dejar seguros a los fieles- busca al extraviado. Nadie es
indiferente al Señor; cada uno vale mucho a sus ojos; le duele la
situación del perdido; sufre y quiere salvarle y se alegra con todos
cuando lo ha recuperado. El perdón tiene el rostro de la alegría por
los que vuelven al redil seguro y reconfortante.

Parábola del hijo pródigo, misericordia del


Padre
Parábolas

La misericordia de Dios supera todas las barreras, y, aceptar a Cristo,


devuelve a la condición de hijos.

La riqueza del perdón alcanza cimas insuperables en esta parábola


que tanto impresiona a todos. Pero aquí vamos a acercarnos más
cosas a la enseñanza del perdón al pecador. En esta parábola los
hijos y el padre simbolizan a Israel y los gentiles. Pero también
muestra a Dios como muy Padre; y después describe el fondo del
corazón humano, en situaciones variadas.

"Un hombre tenía dos hijos. El más joven de ellos dijo a su padre:
Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde. Y les
repartió los bienes. No muchos días después, el hijo más joven,
reuniéndolo todo, se fue a un país lejano y malgastó allí su fortuna
viviendo lujuriosamente. Después de gastar todo, hubo una gran
hambre en aquella región y él empezó a pasar necesidad. Fue y se
puso a servir a un hombre de aquella región, el cual lo mandó a sus
tierras a guardar cerdos; le entraban ganas de saciarse con las
algarrobas que comían los cerdos; y nadie se las daba.
Recapacitando, se dijo: ¡cuántos jornaleros de mi padre tienen pan
abundante mientras yo aquí me muero de hambre! Me levantaré e iré
a mi padre y le diré: padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; ya
no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus
jornaleros. Y levantándose se puso en camino hacia la casa de su
padre.

Cuando aun estaba lejos, lo vio su padre y se compadeció; y


corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Comenzó a decirle el hijo: Padre, he pecado contra el Cielo y contra
ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus
criados: pronto, sacad el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en
la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo, y
vamos a celebrarlo con un banquete; porque este hijo mío estaba
muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado. Y
se pusieron a celebrarlo.

El hijo mayor estaba en el campo; al volver y acercarse a casa oyó la


música y los cantos y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué
pasaba. Este le dijo: Ha llegado tu hermano, y tu padre ha matado el
ternero cebado por haberle recobrado sano. Se indignó y no quería
entrar, pero su padre salió a convencerlo. El replicó a su padre: Mira
cuántos años hace que te sirvo sin desobedecer ninguna orden tuya,
y nunca me has dado ni un cabrito para divertirme con mis amigos.
Pero en cuanto ha venido este hijo tuyo que devoró tu fortuna con
meretrices, has hecho matar para él el ternero cebado. Pero él
respondió: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
pero había que celebrarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo
estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido
encontrado"(Lc).

El pecador que se aleja


La parábola admite en una primera lectura, la situación del pecador
que se aleja del Padre e incurre en todo tipo de pecados en un uso
alocado de la libertad. La carencia de lo mínimo, el hambre que pasa,
la indigna situación en que se halla después de haber malgastado
toda su herencia, le hace rectificar y volver al Padre en un camino de
vuelta, difícil y doloroso. Vive peor que los animales, aunque
conserva la conciencia de hijo, a pesar de saberse indigno de ello. Y
la actitud del Padre es un desbordarse de cariño: aunque respetando
su libertad, el Padre salía diariamente a la espera del hijo; en cuanto
le ve llegar, le va al encuentro, le abraza, le besa, le deja hablar; le
prepara un convite, le viste con vestiduras ricas, le da el anillo de la
reconciliación. Más no se puede pedir este perdón, es un amor
extraordinario.

El hijo mayor
El hijo mayor también necesita reconciliación. Se puede ver en él el
resentido que no tiene un corazón como el Padre, y se lamenta de la
vuelta de su hermano. El Padre también es misericordioso con él,
aunque la parábola no dice si entró en el banquete preparado para el
hijo menor.

Gentiles, Israel y Dios


Otra significación de la parábola es ver a los gentiles y a Israel ante
Dios. El Padre es Dios Padre. El hijo mayor es Israel que siempre ha
estado con él, pero necesita una nueva conversión. El hijo menor son
los gentiles, que a pesar de todos sus abusos, son de nuevo acogidos
por el Padre que quiere que todos los hombres estén en la casa
paterna.

La historia enseña que muchos gentiles se abrieron al mensaje de


Jesús, aunque largo era el camino que deban recorrer. Pero al pueblo
elegido le costó aceptar vivir este amor dilatado del Padre. El Reino
de Dios es para todos los hombres, para todos los pueblos, para
todas las culturas. La misericordia de Dios supera todas las barreras,
y, aceptar a Cristo, devuelve a la condición de hijos; más que
perdonados, muy amados.

Parábola de los obreros de la hora


undécima
Parábolas

Las parábolas de Jesús


Había, y todavía hay, en Jerusalén hombres que viven al día, aún
teniendo a su cargo una familia. Su vida es el jornal que van a ganar
aquel día. La inquietud por la paga es grande, va en ello el sustento,
no hay seguridad siquiera para lo más elemental. Esta dura situación
social marca la parábola.

"El Reino de los Cielos es semejante a un amo que salió al amanecer


a contratar obreros para su viña. Después de haber convenido con los
obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió también hacia
la hora de tercia y vio a otros que estaban en la plaza parados, y les
dijo: Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo. Ellos
marcharon. De nuevo salió hacia la hora de sexta y de nona e hizo lo
mismo. Hacia la hora undécima volvió a salir y todavía encontró a
otros parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí todo el día
ociosos? Le contestaron: Porque nadie nos ha contratado. Les dijo: Id
también vosotros a mi viña. A la caída de la tarde dijo el amo de la
viña a su administrador: Llama a los obreros y dale el jornal,
empezando por los últimos hasta llegar a los primeros. Vinieron los
de la hora undécima y percibieron un denario cada uno. Al venir los
primeros pensaban que cobrarían más, pero también ellos recibieron
un denario cada uno. Cuando lo tomaron murmuraban contra el amo,
diciendo: A estos últimos que han trabajado sólo una hora los has
equiparado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del
calor. El respondió a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna
injusticia; ¿acaso no conveniste conmigo en un denario? Toma la tuyo
y vete; quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿No puedo hacer
yo con lo mío lo que quiero? ¿O es que vas a ver con malos ojos que
yo sea bueno? Así los últimos serán primeros y los primeros
últimos"(Mt)

La importancia de la justicia

Las enseñanzas individuales sobre la necesidad de tener un buen


corazón, de vivir una justicia que vaya más allá de lo marcado por la
ley son claras. Las enseñanzas sociales muestran también un
auténtico modelo social donde la caridad completa la justicia. Pero
Jesús dice que los últimos serán los primeros y los primeros los
últimos. Se trata otra vez de la extensión del reino de Dios que no se
reduce a Israel, sino que se abre a todos los pueblos. Y el último
pueblo, el último gentil, recibirá la misma paga, porque todos los
dones son superiores a los méritos realizados, todo es un derroche de
amor de Dios. Esta parábola no será fácil de asimilar para los que
estaban arraigados en unos esquemas patrióticos que secuestraban la
religión, a pesar de las muchas indicaciones de los profetas sobre la
universalidad de la llamada a la santidad. Pero es que en el fondo el
problema era el de la misma santidad y la revelación de Dios que
quiere a todos los hombres, siendo Israel el hermano mayor y el
pueblo sacerdotal que lleva a los demás a la unión con el Dios vivo.
Ésta era la enseñanza del Señor sobre el reino.

Parábola de los invitados a las bodas


Parábolas

Las parábolas de Jesús

En la misma línea de la parábola de los obreros en la viña, corre esta


parábola pero con acentos más nítidos, pues se trata de una
invitación a unas bodas, a una fiesta importante, y el rechazo de los
primeros invitados contrasta con la gratuidad de la llamada a los
extraños

"El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró las bodas
de su hijo, y envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas;
pero éstos no querían acudir. Nuevamente envió a otros criados
ordenándoles: Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya
mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y reses
cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas. Pero ellos sin hacer
caso, se marcharon uno a sus campos, otro a sus negocios; los
demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y dieron muerte.
El rey se encolerizó y, enviando a sus tropas, acabó con aquellos
homicidas y prendió fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: las
bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a
los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis.
Los criados, saliendo a los caminos, reunieron a todos los que
encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de
bodas. Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre
que no vestía traje de boda; y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí
sin llevar traje de boda? Pero el se calló. Entonces dijo el rey a sus
servidores: Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de
afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son
los llamados, pero pocos los escogidos"(Mt).

Muchos son los llamados

La validez universal de la parábola es evidente pues todo hombre es


llamado al gran banquete de las bodas del Hijo. Además Jesús dijo
esta parábola es dicha en momentos en que la oposición de escribas
y fariseos es fuerte y violenta. Por ello, Cristo insiste en presentar el
Reino de los Cielos abierto a todos los hombres de todos los pueblos
de todos los tiempos. Muchos son, ciertamente, los llamados; pero
sólo se encontrarán entre los elegidos los que tengan fe en que Jesús
es el Mesías rey, y acojan el nuevo reinado de Dios entre los
hombres.

Las parábolas de los viñadores homicidas, la del fariseo y el publicano


y la del buen samaritano no añaden cosas nuevas en cuanto al
contenido del Reino; pero sí son importantes en el contexto de los
hechos que van a suceder en cuanto a la aceptación o no de Jesús
como Mesías, y con Él del Reino de Dios que predica con intensidad y
sin componendas.

La cuestión de la herencia
Parábolas

Las parábolas de Jesús

Entre la gente que sigue y escucha al Señor, no todos tienen el


mismo pensar. Algunos quieren utilizar su prestigio para conseguir
ventajas materiales. Jesús no quiere ser rey al modo humano, ni
tampoco juez de cuestiones temporales. Su misión es más honda;
respeta la autonomía de lo creado ante lo religioso. Ocurrió que: "uno
de entre la multitud le dijo: Maestro, di a mi hermano que reparta la
herencia conmigo. Pero Él le respondió: Hombre, ¿quién me ha
constituido juez o repartidor entre vosotros? Y añadió: Estad alerta y
guardaos de toda avaricia, porque si alguien tiene abundancia de
bienes, su vida no depende de aquello que posee""las tierras de
cierto hombre rico dieron mucho fruto, y pensaba para sus adentros:
¿qué haré, pues no tengo donde guardar mi cosecha? Y dijo: Esto
haré: voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores, y allí
guardaré todo mi trigo y mis bienes. Entonces diré a mi alma: alma,
ya tienes muchos bienes almacenados para muchos años. Descansa,
come, bebe, pásalo bien. Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma
noche te reclaman el alma; lo que has preparado, ¿para quién será?
Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios"(Lc).

La parábola del administrador


Las parábolas de Jesús

Exhortación a la vigilancia

El que ama debe cuidar ese amor para que no se pierda y para que
aumente el calor y el fuego. "Tened ceñidas vuestras cinturas y las
lámparas encendidas, y estad como quienes aguardan a su amo
cando vuelve de las nupcias, para abrirle al instante en cuanto venga
y llame. Dichosos aquellos siervos a los que al volver su amo los
encuentre vigilando. En verdad os digo que se ceñirá la cintura, les
hará sentar a la mesa y acercándose les servirá. Y si viniese en la
segunda vigilia o en la tercera, y los encontrase así, dichosos ellos.
Sabed esto: si el dueño de la casa conociera a qué hora va a llegar el
ladrón, no permitiría que se horadase su casa. Vosotros, pues, estad
preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del
Hombre" (Lc). Si la espera es corta, es fácil estar atento a la llegada
de Dios. Si se alarga, se puede debilitar la vigilancia; entonces entran
las tentaciones y las componendas con el maligno. Es más fácil luchar
una hora que mil, pero si se lucha cada hora como si fuese la última
parece más fácil.

Los discípulos se inquietan por los peligros. "Y le preguntó Pedro:


Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos? El Señor
respondió: ¿Quién piensas que es el administrador fiel y prudente, a
quien el amo pondrá al frente de su casa, para dar a tiempo la ración
adecuada? Dichoso aquel siervo, al que encuentre obrando así su
amo cuando vuelva. En verdad os digo que lo pondrá al frente de
todos sus bienes. Pero si aquel siervo dijera en sus adentros: mi amo
tarda en venir, y se pusiera a golpear a los criados y criadas, a
comer, a beber y a emborracharse, llegará el amor de aquel siervo el
día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará duramente y
le dará el pago de los que no son fieles. El siervo que, conociendo la
voluntad de su amo, no fue previsor ni actuó conforme a la voluntad
de aquél, será muy azotado; en cambio, el que sin saberlo hizo algo
digno de castigo, será poco azotado. A todo el que se le ha dado
mucho, mucho se le exigirá, y al que le encomendaron mucho, mucho
le pedirán" (Lc). Ellos han recibido mucho y grande es su
responsabilidad. El hecho de que Dios respete la libertad de las
personas y a veces parezca ausente, precisamente para no coartar
esa libertad, no significa que no lo sepa todo; al final Él va a pedir
cuenta de las acciones de cada uno. Los discípulos, además de su
vida personal son administradores de las cosas de Dios y, al tener
gran responsabilidad, también tendrán gran exigencia.

Parábola de la higuera estéril


Parábolas

Las parábolas de Jesús.

La matanza de galileos

Las anteriores enseñanzas de Jesús a los discípulos se da en la zona


de Cesarea marítima donde Pilato tenía su residencia. Allí le llegan
noticias de que Pilato había ordenado la reciente matanza de unos
galileos. "Estaban presentes en aquel momento unos que le contaban
lo de los galileos, cuya sangre mezcló Pilato con la de sus sacrificios.
Y en respuesta les dijo: ¿Pensáis que estos galileos fueron más
pecadores que todos los galileos, porque han padecido tales cosas?
¡No!, os lo aseguro; pero si no hacéis penitencia, todos pereceréis
igualmente. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé
y los mató, ¿pensáis que fueron más culpables que todos los hombres
que vivían en Jerusalén? ¡No!, os lo aseguro; pero si no hacéis
penitencia, todos pereceréis igualmente".(Lc)

Jesús no ha querido hacer una valoración – humanamente razonable-


de aquel asesinato. Va más allá. Es el misterio del dolor y del pecado.
Algunos sufren y padecen desgracias, pasan por pruebas duras, otros
su vida es corta por los accidentes o por la crueldad de otros
hombres. Pero la desgracia verdaderamente importante es la del
pecado y sólo se puede quitar por el perdón de Dios.

La falta de frutos

Al hablar de penitencia y conversión su pensamiento se va hacia


Israel y los frutos que podía dar y no da; por eso les decía esta
parábola: "hombre tenía una higuera plantada en su viña, y vino a
buscar en ella fruto y no encontró. Entonces dijo al viñador: Mira que
hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera sin
encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde? Pero él
le respondió: Señor, déjala también este año hasta que cave a su
alrededor y eche estiércol, por si produce fruto; si no, ya la
cortarás"(Lc). Dios tiene paciencia con los suyos, dándoles siempre
otra oportunidad para que se conviertan, pero deben dar fruto, que
es la fe en Jesús que lleva al amor a Dios.

La parábola del rico epulón y el pobre


Lázaro
Parábolas

Las parábolas de Jesús.

La única parábola que tiene un nombre propio es la del rico epulón y


el pobre Lázaro. Dice así: "había un hombre rico que vestía de
púrpura y lino finísimo, y cada día celebraba espléndidos banquetes.
Un pobre, en cambio, llamado Lázaro, yacía sentado a su puerta,
cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la mesa del
rico. Y hasta los perros acercándose le lamían sus llagas. Sucedió,
pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de
Abrahán; murió también el rico y fue sepultado. Estando en el
infierno, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos
a Abrahán y a Lázaro en su seno; y gritando, dijo: Padre Abrahán,
ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo
en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas
llamas. Contestó Abrahán: Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes
durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora, pues, aquí él es
consolado y tú atormentado. Además de todo esto, entre vosotros y
nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que
quieren atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de
ahí a nosotros. Y dijo: Te ruego entonces, padre, que le envíes a casa
de mi padre, pues tengo cinco hermanos, para que les advierta y no
vengan también a este lugar de tormentos. Pero replicó Abrahán:
Tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los oigan! El dijo: No, padre
Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a ellos, se
convertirán. Y les dijo: Si no escuchan a Moisés y a los Profetas,
tampoco se convencerán aunque uno de los muertos resucite"(Lc).

La raíz de la conversión

El uso de los bienes materiales es el criterio de juicio para entrar en


el cielo -llamado entonces seno de Abraham pues aún no había
resucitado Cristo que abre la posibilidad de una felicidad inimaginable
en Dios- o en el infierno -llamado seol o lugar de castigo para las
almas pecadoras obstinadas-. La conversión no ha de venir a raíz de
milagros, ni de muertos que vuelven a la tierra; pues ya tienen la Ley
moral en la Escritura o en sus corazones, sino en el deseo de cumplir
la voluntad de Dios que todo judío conocía por la Ley y las Escrituras
y todo hombre tiene inscrita en su corazón como ley natural.

Si estas palabras fueron dichas en Jericó, conviene recordar que es


un oasis, rico en agua y vegetación, con muchos frutales y de clima
tropical, rodeado de desiertos, fértil y generoso. En aquellos tiempos
tenía construcciones riquísimas hechas por el rey Herodes.
Parábola del buen samaritano
Parábolas

Las parábolas de Jesús.

Entre los encuentros de esos días también los hay insidiosos. "Un
doctor de la Ley se levantó y dijo para tentarle: Maestro, ¿qué debo
hacer para conseguir la vida eterna?"(Lc). La misma pregunta que el
joven rico, pero sin su ingenuidad. Jesús, que lee en los corazones, le
contesta con la ley que él bien conocía: "¿Qué está escrito en la Ley?
¿Cómo lees? Y éste le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu
mente, y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Has respondido
bien: haz esto y vivirás. Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús:
¿Y quién es mi prójimo?" Todo está escrito, pero resulta difícil
entender y se suceden las interpretaciones, algunas deforman el
fondo, ponen limitaciones y existe el peligro de no vivir lo más
importante de la ley y lo que da sentido a todas las demás
prescripciones: amar a Dios plenamente, y a los hombres con ese
mismo amor.

Y la pregunta, que había tenido su inicio en la insidia, va a ser


ocasión de una de las más bellas enseñanzas de Jesús dicha en forma
de parábola: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en
manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le
cubrieron de heridas y se marcharon, dejándolo medio muerto.
Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote; y, viéndole,
pasó de largo. Asimismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, lo
vio y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de camino llegó
hasta él, y al verlo se movió a compasión, y acercándose vendó sus
heridas echando en ellas aceite y vino; lo hizo subir sobre su propia
cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó. Al día
siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo:
Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta. ¿Cuál de
estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que cayó en manos
de los salteadores? El le dijo: El que tuvo misericordia con él. Pues
anda, le dijo entonces Jesús, y haz tú lo mismo" (Lc).

El camino de Jerusalén a Jericó es el camino de la vida, lleno de


peligros. Los salteadores son el demonio y sus secuaces. El sacerdote
representa a los que interpretan la ley, pero sin vida y con
legalismos. De hecho, una de las falsas interpretaciones de la Ley que
circulaba en aquellos momentos en la Sinagoga sostenía que, con
sólo tocar a alguien malherido y que pudiese estar muerto, era
contaminante, por esto el sacerdote de la parábola se aleja,
igualmente el levita. El buen samaritano es el hombre que sabe
querer al modo divino, que se olvida de sus ocupaciones, cura, cuida,
gasta su dinero, dice que volverá para ver como va la recuperación.
En definitiva, vive la misericordia, ése, el que está fuera de la ley
mosaica, es el que mejor cumple la ley de Dios de amar con
misericordia. El pensamiento de Jesús es de una claridad diáfana.
Jesús es el buen samaritano de los que sufren en este mundo.

Parábola de fariseo y del publicano


Parábolas

Las parábolas de Jesús.

La verdadera humildad

Los acontecimientos explican muy bien una parábola de Jesús sobre


la verdadera oración, la actitud farisaica y la verdadera
humildad. "Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí
mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás: Dos
hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo, y el otro
publicano. El fariseo, quedándose de pie, oraba para sus adentros:
Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres,
ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces
por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. Pero el publicano,
quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo,
sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios ten compasión de mí
que soy un pecador. Os digo que éste bajó justificado a su casa, y
aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que
se humilla será ensalzado"
(Lc).

El orgullo del fariseo

La oración del fariseo es rechazada porque sus pensamientos son


fruto del orgullo espiritual. Hace cosas difíciles y loables en sí
mismas, pero con intención torcida. El fariseo se vanagloria de sus
limosnas, de sus ayunos y se compara con el publicano, al que
considera inferior, juzgándole. Busca el secreto orgullo de saberse
perfecto. No le mueve el amor de Dios, y no es consciente de que, sin
la ayuda del Señor, no puede nada. El orgullo ha tomado una
apariencia espiritual que esconde un pecado de soberbia, difícil de
curar, porque está llena de buenas obras no para la gloria divina. Usa
a Dios para la propia gloria.

El perdón

El publicano, en cambio, dice la verdad de su propia indignidad, por


eso pide perdón. No se compara con nadie, se sitúa en su sitio y Dios
le mira con compasión. Le justifica. La suya es una oración humilde,
y, por eso, es escuchada y arranca bendiciones del cielo.

Juicio recto

Jesús quiere que los suyos juzguen con rectitud y no se queden en


las meras apariencias, sino que dejen el juicio íntimo para Dios, y
ellos oren con humildad, incluso cuando las obras buenas les puedan
llevar a un cierto engreimiento y vanidad.

Parábola de las vírgenes necias y


prudentes
Parábolas

Las parábolas de Jesús.


Premio o castigo

Las parábolas escatológicas son aquellas que hacen referencia


explícita a la situación final de premio o castigo después de la
muerte. "Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez
vírgenes, que tomaron sus lámparas salieron a recibir al esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; pero las necias, al
tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; las prudentes, en
cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas. Como
tardase en venir el esposo les entró sueño a todas y se durmieron. A
medianoche se oyó vocear: ¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su
encuentro! Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y
aderezaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes:
dadnos de vuestro aceite porque nuestras lámparas se apagan. Pero
las prudentes les respondieron: Mejor es que vayáis a quienes lo
venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras.
Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban
preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Luego
llegaron las otras vírgenes diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Pero él
les respondió: En verdad os digo que no os conozco. Vigilad, pues,
porque no sabéis el día ni la hora"(Mt).

Las buenas acciones

El tiempo de espera puede llevar a que las buenas disposiciones se


relajen. No basta tener buenas intenciones, pues deben ir
acompañadas por buenas obras. El aceite son las buenas acciones
exigidas a cada uno para poder recibir la gracia de entrar en la
felicidad divina del cielo. Estar vigilantes en todo tiempo y lugar es la
condición necesaria para mantenerse en las buenas obras; deja
apagar la lámpara por culpa del sueño es caer en pecado. Y la muerte
suele sorprender con su venida.

Parábola de los talentos


Parábolas

Las parábolas de Jesús.


De nuevo la gracia y la libertad entran en juego en ese gran negocio
de la salvación. "Es también como un hombre que al marcharse de su
tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno le dio
cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su
capacidad; y se marchó. El que había recibido cinco talentos fue
inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros
cinco. Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos.
Pero el que había recibido uno fue, cavó en la tierra y escondió el
dinero de su señor. Después de mucho tiempo, regresó el amo de
dichos servidores e hizo cuentas con ellos. Llegado el que había
recibido los cinco talentos, presentó otros cinco diciendo: Señor, cinco
talentos me entregaste, he aquí otros cinco que he ganado. Le
respondió su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido
fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho; entra en el gozo de tu señor.
Llegado también el que había recibido los dos talentos, dijo: Señor,
dos talentos me entregaste, he aquí otros dos que he ganado. Le
respondió su amo: Muy bien siervo bueno y fiel; puesto que has sido
fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor.
Llegado por fin el que había recibido un talento, dijo: Señor, sé que
eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges
donde no esparciste; por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en
tierra: aquí tienes lo tuyo. Le respondió su amo, diciendo: Siervo
malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo
de donde no he esparcido; por eso mismo debías haber dado tu
dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío
junto con los intereses. Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al
que tiene los diez.

Porque a todo el que tenga se le dará y abundará; pero a quien no


tiene, aun lo que tiene se le quitará. En cuanto al siervo inútil,
arrojadlo a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el rechinar de
dientes"(Mt).

A cada uno según su capacidad. Sólo Dios sabe lo que cada uno ha
recibido en inteligencia, carácter, familia, sensibilidad, dones de
gracia, amigos. Los que dan frutos con sus talentos muestran la
alegría por el bien realizado. El premio es la canonización de su
buena acción. Pero el siervo de pocos talentos y perezoso, que no
hace nada porque no tiene amor, en lugar de confesar su pecado
critica a su Señor por lo poco que ha recibido, por eso es arrojado a
las tinieblas exteriores del llanto y rechinar de dientes.
Parábola del juicio final
Parábolas

Las parábolas de Jesús.

El juicio final

El final de los tiempos se muestra en esta parábola. Muestra a Cristo


en su segunda venida como Rey juzgando sobre las acciones y las
omisiones de los hombres. "Cuando venga el Hijo del Hombre en su
gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el
trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las gentes; y
separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de
los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio
a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha:
Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado
para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y
me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y
me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me
visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces le responderán
los justos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer,
o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino y te
acogimos, o desnudo y te vestimos? o ¿cuándo te vimos enfermo o
en la cárcel y vinimos a verte? Y el Rey en respuesta les dirá: En
verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más
pequeños, a mí me lo hicisteis. Entonces dirá a los que estén a la
izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para
el diablo y sus ángeles: porque tuve hambre y no me disteis de
comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no
acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel
y no me visitasteis. Entonces le replicarán también ellos: Señor,
¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo,
enfermo o en la cárcel y no te asistimos? Entonces les responderá: En
verdad os digo que cuando dejasteis de hacer con uno de estos más
pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo. Y éstos irán al
suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna"(Mt).
Dios quiere que todos se salven

El cielo es lo preparado desde la creación. El infierno es el estado


fruto del pecado de los ángeles caídos y de los hombres pecadores.
Dios quiere salvar a todos, pero los hombres son realmente libres y
puedan reaccionar bien o mal.

Cielo, o vida eterna, e infierno, o suplicio eterno, premio o castigo por


el amor con que se trata al prójimo en sus necesidades. La
misericordia llega más allá que la justicia. Es significativa la
identificación que hace Jesús del necesitado y sufriente con Él mismo.
La solidaridad debe ser la norma del discípulo que quiere alcanzar el
reino eterno. Aunque el hombre no sea consciente de ello, Dios
contempla las acciones y las omisiones de cada uno, y todos serán
juzgados por la calidad de su amor.

Parábola del juez injusto


Parábolas

Las parábolas de Jesús.

"Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no


desfallecer, diciendo: En cierta ciudad había un juez que no temía a
Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad
una viuda, que acudía a él diciendo: Hazme justicia ante mi
adversario. Y durante mucho tiempo no quería. Sin embargo al final
se dijo a sí mismo: aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,
ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no
siga viniendo a importunarme. Concluyó el Señor: Prestad atención a
lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos
que claman a El día y noche, y les hará esperar? Os aseguro que les
hará justicia sin tardanza. ¿Pero cuando venga el Hijo del Hombre,
acaso encontrará fe sobre la tierra?"(Lc).
Jesús ante la falta de fe

La interrogación final deja en suspenso los ánimos de los discípulos.


Se transparenta el dolor en el corazón de Jesús por la falta de fe en
entre los hombres. La oración es el acto de fe del que no ve, y al
creer confía en Dios. Por eso reza sin interrupción, sin desanimarse.

Parábola de los viñadores homicidas


Parábolas

Las parábolas de Jesús.

Jesús prosigue su enseñanza. La tensión aumenta, aunque la


atención a sus palabras es grande y utiliza de nuevo el ejemplo de la
viña; pero ahora los tintes van a ser más dramáticos. "Cierto hombre
que era propietario plantó una viña, la rodeó de una cerca y cavó en
ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se
marchó de allí. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus
criados a los labradores para percibir sus frutos. Pero los labradores,
agarrando a los criados, a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a
otro lo lapidaron. De nuevo envió a otros criados en mayor número
que los primeros, pero hicieron con ellos lo mismo. Por último les
envió a su hijo, diciéndose: A mi hijo lo respetarán. Pero los
labradores, al ver al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero.
Vamos, matémoslo y nos quedaremos con su heredad. Y,
agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga
el duelo de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le
contestaron: A esos malvados les dará una mala muerte, y arrendará
la viña a otros labradores que les entreguen los frutos a su tiempo.
Jesús les dijo: ¿Acaso no habéis leído en las Escrituras: ´La piedra
que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser la piedra
angular. Es el Señor quien ha hecho esto y es admirable a nuestros
ojos?

Por esto os digo que os será quitado el Reino de Dios y será dado a
un pueblo que rinda sus frutos. Y quien caiga sobre esta piedra
quedará destrozado, y sobre quien ella caiga, lo aplastará.

Al oír los príncipes de los sacerdotes y los fariseos sus parábolas,


comprendieron que se refería a ellos.

Y aunque querían prenderle, tuvieron miedo a la multitud, porque lo


tenían como profeta"(Mt).
Jesús, el enviado

Una vez más se ha proclamado el Hijo enviado por el Padre a su viña,


que es Israel. Pero su suerte va a ser la muerte. Jesús es la piedra
rechazada por los constructores y el que le rechace se estrellará y
será destrozado. Las alusiones son entendidas, pero no cambian los
corazones enemistados, sino que crece el enfrentamiento. "Los
escribas y los príncipes de los sacerdotes intentaban ponerle las
manos encima en aquel mismo momento, pero tuvieron miedo al
pueblo; pues se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella
parábola"