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Introducción al Pensamiento Científico La revolución Copernicana Material de lectura 10 En este material de

Introducción al Pensamiento Científico

La revolución Copernicana

Material de lectura 10

En este material de lectura se presentará uno de los grandes hitos en la historia de la ciencia que se conoce como “revolución copernicana”. Esto es así porque se considera que la publicación de la obra De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de los orbes celestes), escrita por el astrónomo y clérigo polaco Nicolás Copérnico en 1543, cumplió un papel crucial en un proceso revolucionario, tanto en la astronomía y en la ciencia en general, como en la forma en la que entendemos el mundo y nuestro lugar en él.

Tal como veremos, Copérnico propone un sistema astronómico que rompe con la tradición anterior a él y, así, abandona la idea de la Tierra en reposo, la dota de movimiento y la desplaza del lugar central que hasta entonces había ocupado. De este modo, se pasa, de un modelo geocéntrico a un modelo heliocéntrico. En otras palabras, de considerar que el centro del universo es la Tierra (gea) se pasa a pensar que el Sol (helios) es el objeto en torno al cual los otros planetas giran.

Si bien el título de este material de lectura es “Revolución copernicana”, ese nombre resulta controversial. Por eso, haremos dos aclaraciones pertinentes a la hora de nombrar estos cambios que se dieron en la astronomía. Por un lado, es necesario tener en cuenta que la revolución que tuvo lugar en el seno de la astronomía no recayó únicamente en la labor de Copérnico; muy por el contrario, se requirieron los aportes de muchos pensadores así como de un trabajo colectivo entre distintos investigadores. Y, en este sentido, la obra de Copérnico podría pensarse como disparadora de dicha revolución. Por otro lado, también es necesario matizar la ruptura que supone la obra de Copérnico en relación a las ideas imperantes en el momento de publicar su obra (De revolutionibus orbium coelestium). Como veremos, los aportes de Copérnico no fueron tan rupturista como parecen a primera vista. Es más, gran parte de los cambios revolucionarios se hicieron años más tarde.

Para entender acabadamente en qué consistió la revolución inspirada por Copérnico, debemos conocer cómo era concebido hasta entonces el cosmos, cuál era el lugar que se le asignaba a la Tierra y cuál era su relación con los cielos. Para esto, comenzaremos dando cuenta de los fenómenos que la astronomía intenta explicar y, luego, haremos una breve revisión de las distintas propuestas que fueron surgiendo a lo largo de la historia de esta ciencia.

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Los cuerpos celestes

¿Qué veían los griegos cuando miraban el cielo? Basta elevar la vista en una noche estrellada en una latitud similar a la de Grecia y tendremos la respuesta. En una noche de luna nueva con cielo despejado, poca contaminación lumínica y atmosférica y sin telescopio, veríamos algo muy similar a lo que veía Aristóteles. Pues, aunque veinticinco siglos sean mucho para nosotros, son insignificantes en la vida de una estrella.

Durante el día veremos el Sol en movimiento; durante la noche, cuerpos brillando con distinta intensidad y en movimiento. Los griegos notaron que los astros se movían con cierta regularidad pero que no todos sus movimientos se podían percibir en una sola noche. Sin embargo, al repetir las observaciones en días sucesivos, podían apreciar su recorrido.

La astronomía anterior a Copérnico, que asumía una Tierra inmóvil con el Sol girando en torno a ella, tenía de su lado el sentido común, ya que sus modelos explicativos coincidían con los movimientos que vemos directamente al mirar el cielo. Sin más, se suele decir que “el Sol salió” o que “se ha puesto”, aunque sabemos que esa presunta trayectoria del Sol es un efecto del movimiento terrestre. Por esta razón suele hablarse de movimientos ntes. Lo que describiremos a continuación son algunos de los movimientos aparentes y luego veremos cómo estos fueron explicados a medida que fueron cambiando las teorías imperantes.

Las estrellas

La cantidad millonaria de estrellas que puede observarse desde la Tierra hace difícil su reconocimiento y observación. Por suerte, las estrellas se mueven manteniendo su posición relativa, es decir, se mueven siempre manteniendo la misma distancia con las otras estrellas. En virtud de esto, para facilitar su reconocimiento se las ha reunido en constelaciones, es decir, agrupamientos de estrellas que las distintas civilizaciones juntaban proyectando líneas imaginarias. Algunas de las más conocidas son, por ejemplo, Orión, la Osa Mayor, la Osa Menor.

son, por ejemplo, Orión, la Osa Mayor, la Osa Menor. La constelación de Orión 1 Si

La constelación de Orión 1

Si bien muchos astros tales como los planetas y algunos cometas vagan por los cielos, las estrellas mantienen sus posiciones relativas al desplazarse diariamente en dirección oeste. Las

1 Esta imagen fue extraída de:

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Orion_constellation_Hevelius.jpg

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constelaciones se desplazan manteniendo su forma y distancia con las otras constelaciones. Por este motivo, se las utiliza como patrón para determinar el movimiento de otros astros más escurridizos. A la carta que describe las posiciones relativas de las estrellas se la llama mapa estelar o cartas celestes.

Es cierto que todas las estrellas se mueven diariamente en dirección oeste, sin embargo, se observan diferencias entre ellas. Por ejemplo, la estrella polar parece estar inmóvil mientras todas las demás estrellas se mueven su alrededor. Por otro lado, ninguna estrella recorre el círculo completo durante la noche. Sin embargo, si en una noche despejada un observador pudiera seguir los movimientos de alguna de las estrellas próximas al polo norte, desde que el Sol se pone hasta que sale, vería que recorre aproximadamente una semicircunferencia. Si se observara a la noche siguiente, se la encontraría en el lugar en el que estaba la noche anterior, como si hubiese seguido moviéndose a lo largo del día a pesar de no poder verse. De hecho, desde la antigüedad se ha admitido que las estrellas se desplazan de día y de noche, pero por el resplandor del Sol es imposible verlas durante el día.

Los planetas

La palabra “planeta” proviene del griego πλανήτης y quiere decir “errante”. Ya los astrónomos de la antigüedad habían observado que mientras las estrellas mantenían fijas sus posiciones relativas, los planetas erraban o vagabundeaban entre ellas. Como veremos, el conjunto de planetas irá cambiando a la largo de la historia; tal vez los casos más notables sean el de la Tierra y el del Sol. Para el siglo V antes de Cristo, y por mucho tiempo después, los planetas eran siete: Luna, Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno.

Los planetas no se comportan como las estrellas, pues además de un movimiento diario semejante al de las estrellas hacia el oeste, ellos exhiben otro movimiento más lento en dirección este. Consideremos el caso del Sol, uno de esos planetas, que desde siempre ha tenido un lugar preponderante. En cierto sentido, el Sol se comporta como una estrella más, se desplaza diariamente desde el este hacia el oeste, el Sol parece salir por el este y ponerse por el oeste; ahora bien, no siempre se pone por el mismo lugar. Si tomamos como punto de referencia el mapa estelar que nos proveen las constelaciones, detectaremos que el Sol se pone cada día un poco más hacia el este. Si marcamos sobre el mapa estelar las posiciones diarias del Sol en el momento que se pone y unimos esos puntos, al cabo de un año, obtenemos una curva que se cierra sobre sí misma; esa curva se denomina eclíptica. Dicho de otro modo, la eclíptica es el registro del camino que recorre el Sol a lo largo de un año.

El Sol se desplaza diariamente hacia el este a lo largo de la eclíptica y tarda un año en recorrerla y volver a aparecer en el mismo lugar del mapa estelar. Por lo tanto, el Sol sale y se pone diariamente como una estrella sobre un determinado punto de la eclíptica, a la vez que se desplaza por la eclíptica. Vale decir que el movimiento aparente del Sol es una combinación del movimiento diario hacia el oeste acompañando a las estrellas y en simultáneo un lento movimiento hacia el este a lo largo de la eclíptica a través de las estrellas. 4

4 Además, el Sol presenta una nueva particularidad, que ya había sido detectada por los egipcios y babilonios. Si bien el Sol siempre sale en algún punto del oeste y se pone en algún punto del este, el punto exacto y la duración de las horas luz del día varían dependiendo de las estaciones.

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El resto de los planetas también se desplazan diariamente hacia el oeste acompañando a las estrellas, a la vez que se desplazan lentamente hacia el este a través de ellas. Cada planeta demora un tiempo diferente en completar el recorrido a lo largo de su eclíptica. La Luna demora entre 27 y 28 días; Mercurio y Venus, aproximadamente un año; Marte, 687 días; Júpiter, 12 años; y Saturno, 29. Estos últimos cinco planetas no se mueven siempre en dirección este ni con la misma velocidad aparente, sino que tras avanzar hacia el este parecen detenerse, retroceder lentamente hacia el oeste, para nuevamente detenerse hasta que finalmente retoman su rumbo. Al movimiento hacia el este de los planetas se lo denomina movimiento directo y el movimiento con dirección oeste es llamado movimiento retrógrado. Cuando los planetas retrogradan, aumentan su brillo y su tamaño.

los planetas retrogradan, aumentan su brillo y su tamaño. Como veremos en breve, este movimiento retrógrado

Como veremos en breve, este movimiento retrógrado fue uno de los fenómenos que trajo más malestar en las diferentes teorías debido a la dificultad que generaba predecir con exactitud la ubicación de los planetas en cada una de estas teorías.

Astronomías precopernicanas

El sistema aristotélico

Al incursionar en la historia de la astronomía y de la física, encontramos los aportes de Aristóteles. En el ámbito de la física y de la astronomía, Aristóteles es una figura decisiva, ya que delineó una cosmología, es decir, un sistema de creencias sobre la estructura del universo que tendría vigencia por más de dos mil años. El universo estaba constituido por una región terrestre conformada por la Tierra y sus vecindades, denominada región sublunar, y por una región celeste o supralunar, en donde habitaban el Sol, la Luna, el resto de los planetas y finalmente las estrellas. Las estrellas se ubicaban en una esfera que las contenía y que ponía un límite al universo. Más allá de la esfera de las estrellas no había nada, ni espacio, ni

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materia, ni vacío. El universo era único, finito y pleno, es decir, todo estaba ocupado con materia. 5

De acuerdo con la cosmología aristotélica –que retoma una tesis ya presente en el mundo griego–, la Tierra y todo lo que en ella se encontraba estaba compuesto de cuatro elementos:

tierra, aire, fuego y agua. 6 En la región celeste, todos los cuerpos tenían forma esférica –forma perfecta en el mundo griego–. Estos cuerpos estaban compuestos éter. En la cosmología aristotélica hay una diferencia inmensa que separa la Tierra de los cielos: en la Tierra vemos nacimiento, corrupción, muerte, transformación, cambio, distintos tipos de movimientos; en la región supralunar, no hay generación ni corrupción; allí solo hay un movimiento que se corresponde con las esferas perfectas que son los astros: estos solo están sujetos a un movimiento natural eterno, circular y uniforme. 7 Aristóteles adoptó ideales propuestos por su maestro Platón que tuvieron un enorme impacto en la astronomía posterior: los movimientos de los cuerpos celestes debían resultar de la composición de movimientos circulares y uniformes. Podríamos presuponer, entonces, que, para dar cuenta de las posiciones a lo largo del tiempo, bastaba con ubicar la Tierra en el centro y hacer girar, en algún orden, el Sol, la Luna y los demás planetas y las estrellas. Sin embargo, la cuestión resultó ser muchísimo más compleja, dado que las observaciones no se condecían con lo que se esperaba. Veamos en detalle cómo es que la teoría explicaba los movimientos planetarios y el desfasaje entre lo que se esperaba y lo que sucedía.

La cosmología aristotélica utilizaba un esquema general que suele denominarse universo de las dos esferas. Este esquema consiste en pensar que había dos esferas, una central y fija y otra periférica en rotación. La esfera central correspondía a la Tierra inmóvil y se encontraba en el centro geométrico de la esfera periférica que estaba en constante rotación y que llevaba consigo a todas las estrellas a la manera de tachuelas clavadas sobre la superficie interior de la esfera. El Sol, la Luna y los planetas se desplazaban en el vasto espacio comprendido entre la Tierra y la esfera de las estrellas. Ahora bien, para poder predecir la posición en que se hallaría un planeta en un determinado momento, no bastaba con suponer una Tierra inmóvil en el centro y una esfera de estrellas fijas girando alrededor.

Dijimos que uno de los fenómenos que más costó explicar a lo largo de la historia de la astronomía fue la retrogradación de los planetas. En efecto, si los planetas se movieran en círculos uniformes alrededor de la Tierra, no cabría esperar ni variación en la velocidad ni retrogradaciones. Sin embargo, las observaciones exigían una explicación a estas variaciones

5 Un concepto heredado de la física de la época, en la que no existía el vacío.

6 Esto servía de base a la física aristotélica que distinguía dos clases de movimientos: uno natural y otro forzado. El movimiento natural de los cuerpos terrestres es rectilíneo; la dirección del movimiento varía de acuerdo a si se trata de un cuerpo pesado o leve. Los cuerpos pesados se moverían hacia abajo; los cuerpos leves –aquellos compuestos de fuego o aire– se moverían hacia arriba. Una piedra, por ejemplo, compuesta predominantemente de tierra: si se la dejara caer, su movimiento sería rectilíneo y hacia abajo; el humo, en cambio, tendría un movimiento natural rectilíneo y hacia arriba. Los movimientos eran, entonces, rectilíneos y ascendentes o descendentes: el centro de la Tierra inmóvil proveía una referencia para ese arriba y abajo. Desde ya que podemos tirar una piedra hacia arriba, y esta podría incluso describir una curva en su recorrido, pero este movimiento sería forzado: llegado a cierto punto, la piedra recuperará su movimiento natural y caerá en línea recta. Los movimientos forzados son aquellos en donde un agente externo actúa sobre el objeto, en este caso, la mano que lanza la piedra.

7 Que sea uniforme quiere decir que la velocidad se mantiene constante, esto es, que a iguales intervalos

de tiempo, la distancia recorrida por el cuerpo es la misma.

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y, en tanto la teoría no pudiese dar cuenta de ellos, esto causaría eventualmente algún malestar en la comunidad de astrónomos.

Entre las opciones con las que contaba Aristóteles para explicar estos fenómenos, se encontraba la teoría de las esferas homocéntricas atribuida, hoy en día, a Eudoxo y modificada ulteriormente por Calipo.

Eudoxo había propuesto un modelo que describía el movimiento de los cuerpos celestes a partir de esferas concéntricas u homocéntricas que giraban cada una sobre un eje diferente, empleando un determinado tiempo en completar una revolución. Cada planeta se ubicaba así en una esfera interconectada con otras, cuya rotación en torno a diferentes ejes producía el movimiento observado. Para cada planeta existían distintas esferas; a veces hasta cuatro eran necesarias –cada una inserta en la contigua– para dar cuenta de los movimientos de ciertos planetas. El modelo de Eudoxo contaba con un total de más de veinte esferas.

de Eudoxo contaba con un total de más de veinte esferas. Versión simplificada del universo de

Versión simplificada del universo de las esferas homocéntricas 9

Aristóteles retoma este esquema, pero aumenta el número de esferas a más de cincuenta.

Para explicar la visión aristotélica del universo, se suele utilizar una analogía con las capas de

una cebolla. Ahora bien, a diferencia de lo que ocurriría con una cebolla, aquí las capas giran

sobre su eje. Imaginen entonces que el universo es una cebolla, la más externa de todas sus

capas tiene a las estrellas incrustadas en su interior, los planetas están fijos en capas

intermedias y la Tierra está inmóvil en el centro. Cada planeta está fijo en el ecuador 10 de una

esfera que gira sobre su eje. Cada una de las esferas está conectada con la siguiente a través

de los extremos de este eje de rotación. Esa esfera a la que está conectada también gira, pero

con un eje diferente. De esta forma, las esferas más grandes arrastran a las más pequeñas en

sus movimientos. Para comprender cómo funciona este mecanismo podemos pensar en un

giroscopio. 11

este mecanismo podemos pensar en un giroscopio. 1 1 9 Se trata de una imagen simplificada

9 Se trata de una imagen simplificada pues cada planeta cuenta con una única. Imagen extraída de:

http://www.astroyciencia.com/wp-content/uploads/2012/04/musica-esferas-celestes- pitagoras.jpg 10 Esto quiere decir que el planeta se encuentra sobre la línea que parte a esa esfera en la mitad.

11 Imagen extraída de: http://giroscopo.wikispaces.com/file/view/giroscopo.gif/232978314/giroscopo.gif

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Entonces, ¿cómo se explicaban los fenómenos de los movimientos de estrellas y de los planetas según esta teoría? Si las estrellas están fijas en la superficie de una esfera que completa una revolución diariamente y la Tierra está situada en el centro de esta cebolla, se explicaría porqué observamos moverse a las estrellas conservando sus posiciones relativas. En cuanto a la estrella que se encuentra cerca del eje de la esfera, la estrella polar, parecerá estar siempre quieta. En cuanto a los planetas, según esta perspectiva, bastaba con tener una esfera por cada uno para explicar su movimiento diario. Si un planeta estaba inserto en una esfera y esta era arrastrada por el movimiento diario de las estrellas, entonces era de esperar que se los observara moviéndose por la noche como una estrella más al tiempo que al Sol moviéndose durante el día. El problema empezaba porque resultaba necesario agregar otras esferas para dar cuenta del movimiento de los planetas a lo largo de la eclíptica. Cada esfera de diferente tamaño empleaba un tiempo diferente en devolver al planeta a una misma ubicación, y teniendo en cuenta los tiempos empleados, se ordenaban los planetas. Las retrogradaciones de los planetas se explicaban a partir de esta sucesión de esferas, unas encastradas en otras, que al girar con distintos ejes y empleando distinto tiempo en completar una vuelta, generaban una especie de bucle en las órbitas. Así, se podía explicar que los planetas suspendieran su avance hacia el este y cambiaran su dirección para, finalmente, retomar su movimiento directo. Mediante la combinación de movimientos circulares uniformes, se había logrado reconstruir los cambios de dirección de los planetas.

reconstruir los cambios de dirección de los planetas. Las trayectorias planetarias según el sistema de Eudoxo.

Las trayectorias planetarias según el sistema de Eudoxo. 12

En conclusión, mediante una combinación apropiada de esferas se podía explicar una enorme

cantidad de observaciones. Se trataba de especificar el eje sobre el que giraban las esferas y

su tamaño de modo que capturara el tiempo que tardaba cada planeta en dar una revolución

completa sobre la eclíptica. Este sistema astronómico permitía explicar de forma muy sencilla

muchos de los fenómenos observados. Sin embargo, se enfrentaba a varios problemas que no

podía resolver. En primer lugar, no determinaba cuál era la ordenación precisa de los planetas,

pues dos de ellos empleaban el mismo tiempo en completar una revolución, y como dijimos

antes, ese tiempo era utilizado precisamente para determinar el orden en que se ubicaban los

planetas. Pero más importante aún es que las observaciones parecían contradecir la teoría. Ya

señalamos que es posible observar un aumento en la intensidad del brillo y en el tamaño de

los de los planetas al retrogradar. La respuesta más natural parece ser que ello ocurre porque

12 Imagen extraída de: https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_heliocéntrica

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el planeta está más cerca de la Tierra. En efecto, ambos fenómenos fueron interpretados

desde la antigüedad como una disminución de la distancia entre los planetas y el observador.

Sin embargo, según la astronomía aristotélica, los planetas siempre se mantienen a la misma

distancia de la Tierra, pues estaban engarzados en esferas que solo giraban sobre su eje. De

modo que este fenómeno no podía ser explicado por este sistema.

El sistema ptolemaico

Hacia el siglo III a. C., se gestó en Alejandría un sistema astronómico alternativo al de las esferas homocéntricas de Eudoxo y de Aristóteles. Apolonio de Perga e Hiparco parecen haber sido los precursores de este nuevo sistema, pero fue Claudio Ptolomeo quien, en el siglo II d. C., se encargó de compilar estos saberes en su obra titulada Almagesto. En muchos aspectos, el sistema astronómico ptolemaico aún se mantenía dentro de los lineamientos de la cosmología aristotélica.

En lugar de cuerpos celestes girando sobre círculos concéntricos, el sistema de Ptolomeo presentaba los astros girando también en círculos, pero ya no necesariamente concéntricos. Vimos que si ubicamos las estrellas y los planetas girando en órbitas circulares alrededor de la Tierra, podemos reproducir una buena cantidad de los fenómenos observados. Sin embargo, hay varios fenómenos que no logran explicarse.

Uno de los problemas centrales en el modelo aristotélico era cómo dar cuenta de los cambios en la intensidad de brillo y en el tamaño que se observa cuando los planetas entraban en la fase retrógrada. Dado que estas observaciones solían ser interpretadas como un aparente acercamiento y posterior alejamiento del planeta ¿Cómo explicar esto? Para responder a esta pregunta, Ptolomeo postuló círculos que no compartían el mismo centro.

Ptolomeo sostuvo que el planeta no giraba directamente alrededor de la Tierra, sino que se ubicaba en un círculo menor centrado en un punto q, llamado epiciclo. Este círculo menor se situaría a su vez sobre un círculo más grande centrado en la Tierra, llamado deferente.

q Epiciclo Deferente
q
Epiciclo
Deferente

Al estar en movimiento, el planeta se desplazaría sobre el epiciclo girando uniformemente alrededor de un punto q. Al mismo tiempo, el punto q produciría un movimiento uniforme alrededor de la tierra y a lo largo del deferente. El resultado es que el planeta estaba sujeto a dos movimientos: a través del epiciclo y a través del deferente.

El siguiente gráfico muestra que mientras el punto q completa una revolución, el planeta completa cinco revoluciones alrededor de ese punto imaginario q. La composición de ambos movimientos da por resultado una trayectoria como la que sigue:

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IPC – La revolución Copernicana – Material de lectura 10 Las retrogradaciones según el sistema ptolemaico

Las retrogradaciones según el sistema ptolemaico 13

Como se observa, mediante la combinación de ambos movimientos circulares y uniformes, surgen bucles en la trayectoria del planeta y es posible explicar la aparente velocidad variable con la que se mueven, así como los cambios de dirección a lo largo de su trayectoria. A su vez, también permite explicar los cambios en la intensidad del brillo y del tamaño de los planetas. De acuerdo con el esquema que plantea la astronomía ptolemaica, el observador terrestre, el bucle, el deferente y el epiciclo se encuentran en un mismo plano; por lo tanto, cuando se observa el planeta retrogradar sobre la esfera de las estrellas fijas, se tendrá la impresión de que el planeta se mueve hacia atrás de modo más lento. 14 Así, desde esta nueva perspectiva, no parecerá moverse uniformemente con respecto a las estrellas fijas. Más aún, en ese momento el planeta se encontrará efectivamente más cerca de la Tierra, de modo que se observará un aumento en su tamaño y en la intensidad de su brillo.

La retrogradación de los planetas sucede cuando el planeta circula por la parte del epiciclo que se sitúa dentro del deferente. Si ambos epiciclo y deferente– giran en la misma dirección, cuando el planeta circule por la parte del epiciclo que queda dentro del deferente, le dará la idea al observador de que el planeta retrocede en su recorrido. Es solo cuestión de ajustar las dimensiones relativas de cada sistema de epiciclo y deferente, y los tiempos empleados para completar una revolución y, así, dar cuenta de los distintos fenómenos observados. Ajustando el tamaño de los pares de círculos y sus períodos de rotación, es posible obtener bucles de mayor o menor tamaño y también una mayor o menor cantidad de bucles.

En síntesis, esta teoría permite explicar el fenómeno del movimiento diario de las estrellas y de los planetas sin romper con la idea de la esfera fija de las estrellas. Sin embargo, más allá de los méritos de este sistema, subsistían aun ciertos fenómenos sin explicar. Mencionaremos, a continuación, algunos de ellos. En primer lugar, quedaba pendiente determinar el orden de los planetas. En segundo lugar, cuando se compara el movimiento de un planeta predicho por el sistema con el movimiento observado, es posible notar que el planeta no siempre ocupa sobre la eclíptica las posiciones teóricas previstas por el modelo. Por ejemplo, ninguno de los planetas, exceptuando el Sol, se mantienen sobre la eclíptica a lo largo de todo su recorrido.

Otro caso sugerente es el de Mercurio: si se observa su trayectoria a lo largo de un año, puede verse que los intervalos que separan retrogradaciones sucesivas no son siempre exactamente iguales entre sí. Mercurio retrograda aproximadamente cada 116 días y tarda 365 días en dar una vuelta alrededor de la Tierra y, si observamos que 116 no es divisor de 365, podemos concluir que el planeta deberá dar más de tres vueltas sobre el epiciclo mientras que el deferente completa una (para que el planeta retorne luego de un año a su posición original).

13 Imagen extraída de:

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/fb/Epicycle_and_deferent.svg/220px-

Epicycle_and_deferent.svg.png 14 Sencillamente porque el observador no ve el bucle que describe el planeta.

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Sin embargo, el sistema epiciclo-deferente era tal que debía completarse un número exacto de revoluciones del epiciclo por cada revolución del deferente para devolver al planeta a su posición original.

Para solucionar estos problemas, Ptolomeo y los astrónomos que siguieron sus pasos introdujeron una serie de recursos adicionales: los epiciclos menores, las excéntricas y el ecuante. 15 Estos recursos eran tan complejos que generaron un repudio generalizado de la comunidad científica a tal punto que resultó decisivo para dar pie al desarrollo y aceptación de sistema por parte de Copérnico.

La astronomía copernicana

De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de los orbes celestes), escrita por Nicolás Copérnico fue publicado en el año 1543. Como hemos adelantado, en esa obra Copérnico propuso un sistema astronómico que rompía con la tradición anterior, dotaba a la Tierra de movimiento y la desplazaba de su lugar de privilegio poniendo al Sol en el centro.

Por cierto, la idea de una Tierra en movimiento no era novedosa. Ya en el siglo IV a. C. Heráclides de Ponto había atribuido a la Tierra una rotación diaria, y en el siglo III a. C. Aristarco de Samos había propuesto que la Tierra tenía un doble movimiento, uno de rotación diaria sobre su eje y otro anual alrededor del Sol, y entendía que los movimientos del Sol eran solo aparentes. Estas ideas fueron rechazadas en aquel momento, pues se oponían a la imagen aristotélica dominante.

No resulta del todo claro qué factores motivaron a Copérnico para el abandono de la astronomía ptolemaica y el desarrollo de una nueva. Al parecer, el empleo de ecuantes le resultaba inaceptable y las razones tienen que ver más con su apego a la tradición griega que con un ímpetu renovador. El empleo de ecuantes, postulado por Ptolomeo, violaba el dictum platónico de que los movimientos celestes debían de ser circulares y uniformes. Por otra parte, se cree que algunos factores estéticos habrían contribuido también en la decisión de desarrollar nuevas teorías. La cantidad de teorías que circulaban para la época, su complejidad y la falta de adecuación a las observaciones más la incapacidad de formular un único sistema que explicase el conjunto de movimientos celestes influyeron en la necesidad de formular una nueva explicación y en la producción de un cambio sustancial en aquello que toda la

15 El ecuante era un mecanismo que permitía “uniformizar” los movimientos. Volvamos al esquema simple de la Tierra estacionaria en el centro con un planeta moviéndose alrededor de ella. Consideremos la imagen que presentamos a continuación: llamemos al planeta P y a la Tierra, T; y agreguemos un punto e próximo a la Tierra, que llamaremos ecuante. El planeta P se mueve de tal modo que si trazamos una línea desde el punto e hasta P, esa línea barrerá ángulos iguales en tiempos iguales. De modo que para quien observe el planeta desde el punto e, el movimiento parecerá uniforme, pero no así para quien lo observe desde T. Para este observador, el planeta parecerá haber recorrido arcos más o menos amplios en la misma cantidad de tiempo.

P T e .
P
T
e .

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comunidad científica aceptaba. Así, en el prólogo a su obra, Copérnico se lamentaba del estado de la astronomía de su época y justificaba así su osadía:

Tal vez Vuestra Santidad se halle tan sorprendida de que me atreva a hacer públicas mis meditaciones —aunque a decir verdad, después de tan larga elaboración no tengo temor alguno en confiar a la imprenta mis ideas sobre el movimiento de la tierra— como deseosa de saber en qué forma me vino al pensamiento la idea de osar imaginar, contrariamente a la opinión recibida de los matemáticos y casi en contra del buen sentido, un cierto movimiento terrestre. Por consiguiente, no quiero ocultar a Vuestra Santidad que lo único que me impulsó a buscar otra forma distinta de deducir los movimientos de las esferas fue el hecho de percatarme de que no existe acuerdo entre las investigaciones de los diferentes matemáticos.

En primer lugar, es tal su inseguridad acerca de los movimientos del sol y de la luna que no pueden deducir ni observar la duración exacta del año estacional. En segundo lugar, al establecer tales movimientos, así como los de los otros cinco astros errantes, no emplean ni los mismos principios ni las mismas demostraciones para explicar sus respectivas revoluciones y movimientos aparentes. Unos se valen exclusivamente de esferas homocéntricas, otros de excéntricas y epiciclos. Sin embargo, ni unos ni otros alcanzan de forma completa con sus respectivos medios los fines que se proponen. En efecto, los que se acogen a las esferas homocéntricas, aunque hayan demostrado poder componer con su ayuda varios y diversos movimientos, no han conseguido establecer un sistema que explique completamente los fenómenos. En cuanto a aquellos que imaginaron la existencia de las excéntricas, si bien parece que con su ayuda han podido deducir en gran parte y calcular con exactitud los movimientos aparentes, se han visto en la necesidad de admitir para ello muchas cosas [como la utilización del ecuante] que parecen violar el primer principio concerniente a la uniformidad de los movimientos. Finalmente, en lo que respecta al problema principal; es decir, la forma del mundo y la inmutable simetría de sus partes, no han podido ni encontrarla ni deducirla. Su obra puede ser comparada a la de un artista que, tomando de diversos lugares manos, pies, cabeza y demás miembros humanos muy hermosos en sí mismos, pero no formados en función de un sólo cuerpo y, por lo tanto, sin correspondencia alguna entre ellos , los reuniera para formar algo más parecido a un monstruo que a un hombre. Así pues, en el proceso de exposición que los matemáticos reclaman como propio se encuentran que han omitido algún elemento necesario o que han admitido algún elemento extraño y en modo alguno perteneciente a la realidad. Todo ello se hubiera evitado siguiendo unos principios prefijados, pues en el supuesto de que las hipótesis admitidas no fueran falaces, todo cuanto pudiera inferirse de ellas podría ser verificado sin lugar a dudas. Si cuanto acabo de exponer ha quedado oscuro, quizá se aclare de forma conveniente más adelante. 16

Resulta muy importante resaltar que, como el mismo Copérnico parece haber advertido, la idea de una Tierra en movimiento chocaba fuertemente no solo con las convicciones cosmológicas aristotélicas aún imperantes, sino también con la física propuesta por Aristóteles.

Supongamos que la Tierra se encuentra efectivamente en movimiento, ¿cómo es que no lo notamos?, ¿cómo es que no sentimos las ráfagas de viento que provocaría el movimiento de la Tierra? Este tipo de interrogantes eran frecuentes. En el caso de que la Tierra se moviese, deberían ocurrir otros fenómenos que, al parecer, no ocurren. Por ejemplo, imaginemos un pájaro posado en la rama de un árbol; si se levantara tan solo por un segundo, la rama

16 Copérnico, N., 1543, Sobre las revoluciones celestes, trad. C. Mínguez Pérez, Madrid, Tecnos, 2009, pp. 8-9.

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debería desplazarse en ese segundo y alejarse del pájaro puesto que el árbol está arraigado a la Tierra que se mueve ; pero ello no sucede. O imaginemos que dejamos caer una piedra desde lo alto de una torre, ¿qué pasaría con la piedra?, ¿dónde caería? Si la Tierra debía completar una revolución en tan solo un día, debería moverse a gran velocidad; así, al soltar la piedra desde la torre, los pocos segundos que tardara en caer serían suficientes para que la Tierra avanzara llevándose consigo la torre y dejando a la piedra caer mucho más atrás de aquella; pero sucede que la piedra cae al pie de la torre. Vemos así como el sentido común coincidía con la física aristotélica en sostener una Tierra inmóvil. La situación se agravaba si se consideraba que la Tierra, además, se desplazaba anualmente a través de las estrellas.

Para dar cuenta de los movimientos observados, la teoría copernicana atribuyó a la Tierra tres tipos de movimientos circulares que se dan en simultáneo: uno diario sobre su eje, otro anual alrededor del Sol y uno cónico de su eje de rotación. Como el tercero resultaría finalmente innecesario solo presentaremos los dos primeros.

Rotación diaria

La Tierra gira diariamente hacia el este sobre su eje tardando 23 horas y 56 minutos en completar el giro. Este movimiento explica los círculos aparentes que describen diariamente las estrellas, el Sol, la Luna y los planetas en sentido contrario. Si la Tierra está situada dentro de la esfera estelar 17 –esfera que no se concibe en movimiento, sino que permanece fija–, y completa cada día una revolución hacia el este alrededor de su eje, 18 el observador tendrá la sensación de que los objetos en el cielo se mueven hacia el oeste. De esta forma, el aparato teórico copernicano despliega las herramientas para explicar estos fenómenos.

Movimiento orbital anual

Mientras rota sobre su eje, la Tierra se desplaza anualmente hacia el este a lo largo de su órbita y completa su revolución en un año. La eclíptica ya no es la intersección de la esfera celeste con el plano en el que se desplaza el Sol, sino precisamente la intersección de la esfera celeste con el plano en que se desplaza la Tierra. Este movimiento orbital de la Tierra permite dar cuenta del movimiento aparente del Sol a lo largo de la eclíptica. 19 Sucede algo similar con el movimiento de rotación de la Tierra sobre su eje. También en este caso se ha invertido el orden: ahora es el observador el que está en movimiento y es el Sol el que permanece quieto, pero esto no conlleva diferencia alguna en las observaciones. 20

17 Recordemos que la propuesta copernicana mantiene la esfera de las estrellas, y no es hasta siglos posteriores que los astrónomos sucesores de Copérnico la eliminan para postular un universo infinito.

18 Desde ya que la rotación es alrededor de un eje que cruza los dos polos terrestres de norte a sur y no los polos celestes de la esfera celeste, pues está ya no se encuentra en el centro.

19 Para no afectar el movimiento aparente de las estrellas, la Tierra debía mantener su movimiento orbital lo suficientemente cerca del centro. La órbita de la Tierra debía ser mucho más pequeña que la esfera de estrellas, y entonces Copérnico se vio obligado a aumentar de forma considerable las dimensiones de la esfera celeste, dando así, para algunos, un primer paso hacia el universo infinito.

20 Esto ya había sido advertido por Nicolás de Oresme, responsable de formular el argumento que estudiamos en el material de trabajo número uno.

IPC – La revolución Copernicana – Material de lectura 10

En este movimiento, la Tierra se desplaza junto con los demás planetas, cada uno completa una revolución en un determinado tiempo. Cuanto más alejados se encuentran del Sol los planetas, mayores serán los períodos empleados en completar la revolución su alrededor. Con esta herramienta, Copérnico pudo solucionar el problema de la distancia de los planetas al Sol y determinar con precisión el tiempo que insume cada planeta en completar una revolución; y pudo, así, conferirles finalmente un orden. 21

y pudo, así, conferirles finalmente un orden. 2 1 El universo copernicano 2 2 Finalmente, este

El universo copernicano 22

Finalmente, este movimiento también permite explicar de modo sencillo el fenómeno que había sacudido a la comunidad científica por tanto tiempo: el movimiento retrógrado de los planetas. Consideremos un planeta que se encuentra entre la Tierra y la esfera de las estrellas. Ahora ambos son planetas en movimiento y ocupan distintas posiciones a lo largo de su revolución alrededor del Sol (recordemos que cada uno empleará un tiempo diferente en completar esa revolución). La siguiente imagen presenta las dos órbitas e identifica las posiciones de la Tierra y del planeta como t 1 , t 2 , t 3 … y p 1 , p 2 , p 3 … Lo que el observador percibe es la proyección de ese planeta sobre el fondo de las estrellas fijas (identificadas en el dibujo con números), fondo que ahora permanece inmóvil. Se reproduce así el movimiento retrógrado de los planetas y, si se presta atención a la imagen, se ve que las retrogradaciones coinciden precisamente con aquellos puntos en los que el planeta se encuentra más cerca de la Tierra. Esto permite explicar los cambios en la intensidad de su brillo y de su tamaño.

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21 Para una explicación de los cálculos involucrados, véase Cohen (1985) pp. 50-53.

22 Imagen extraída de:

http://iespoetaclaudio.centros.educa.jcyl.es/sitio/upload/img/heliocentrismo_copernico.jpg

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Bastaba en principio con siete círculos para explicar los movimientos planetarios: uno para el Sol y otros seis para los planetas conocidos. Sin embargo, y a pesar de ser más económico que el sistema de Ptolomeo, el modelo copernicano no permitía predecir los movimientos planetarios de forma exacta. Para solucionar estos problemas, Copérnico debió apelar al igual que su predecesor a epiciclos menores y a excéntricas 23 , al punto de obtener un sistema tan complejo como los que intentaba reemplazar. No es posible afirmar sin más que el sistema copernicano se impuso por ser más sencillo y por contar con mayor apoyo empírico que el de Ptolomeo. La concreción de la revolución iniciada por Copérnico requeriría del desarrollo de una nueva física que reemplazara la física aristotélica todavía vigente.

¿En qué consiste la tensión entre las concepciones de la física? En que la cosmología de Aristóteles planteaba una escisión tajante entre la esfera terrestre y la celeste y ello era incompatible con la idea de la Tierra concebida como un planeta más. Además, la física aristotélica era la física de una Tierra inmóvil situada en el centro de un universo finito. Según la concepción de la física antigua, el movimiento de la Tierra resultaba prácticamente inconcebible.

A pesar de estas tensiones, la publicación de obra de Copérnico inaugura un profundo cambio

en el pensamiento astronómico y cosmológico que eventualmente llevará a un cambio radical en la forma de entender la astronomía, la cosmología y la física. ¿Cómo fue esto posible? Varias razones parecen conjugarse. En primer lugar, como advierte Kuhn (1957), hacia el siglo XV no existía un único sistema ptolemaico, sino que muchísimos sistemas convivían entre sí y ninguno llegaba a especificar de forma completa y precisa las técnicas que debía utilizar un

astrónomo para predecir fenómenos. Se podría decir que había una crisis en la disciplina. A su vez, Copérnico y sus contemporáneos tenían datos acumulados a lo largo de trece siglos, por

lo que resultaba sencillo reconocer los errores de los sistemas astronómicos que circulaban.

Otro elemento parece haber resultado crucial en la suerte del sistema copernicano. La propuesta de Copérnico consistía en una serie de cálculos en un lenguaje matemático sumamente complejo y este hecho dificultó la recepción de la obra. El libro resultó revolucionario en el ámbito de los astrónomos, pero poca gente fuera del círculo científico logró comprender en aquel momento las consecuencias que de él se derivan. Esta difícil recepción hizo que tardase mucho más tiempo en organizarse un movimiento de oposición.

Por otra parte, más allá del sentido que pudiera haber pretendido darle Copérnico a su obra, la publicación del texto copernicano fue acompañada por un prefacio en su momento anónimo, pero cuyo autor hoy sabemos que es Andreas Osiander. En ese prefacio, se sugería que el sentido de la propuesta de Copérnico era meramente instrumental. Es decir que el texto no pretendía ser una descripción real del universo, sino ofrecer una herramienta matemática para simplificar los cálculos de las posiciones planetarias. Como vimos, tampoco Ptolomeo parece haberse comprometido con la realidad física de los círculos utilizados para calcular las posiciones de los planetas. Los sistemas astronómicos podían verse como artificios matemáticos útiles. Si este era el caso, el movimiento terrestre propuesto por Copérnico podía ser entendido, de modo análogo, como una ficción útil para llevar adelante cálculos matemáticos, nuevamente sin comprometerse con la realidad física de tal movimiento.

23 En sentido estricto, el Sol no es el centro en el sistema copernicano, sino un punto cercano a él.

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Asimismo, tal como mencionamos al comienzo de este material de lectura, los historiadores de la ciencia se muestran bastante escépticos respecto del carácter revolucionario de la obra copernicana y señalan varios aspectos en los que Copérnico se mantiene dentro de la tradición anterior: se aferra a las convicciones de una esfera celeste que todo lo contiene, de que las órbitas son circulares y de que el movimiento es uniforme. Al parecer, esto fue precisamente lo que lo obligó a utilizar varios de los recursos que utilizaban los astrónomos de la época, como epiciclos menores y excéntricas. En este sentido, Kuhn (1957:186) afirma que “considerando globalmente, De revolutionibus se sitúa casi por completo en la tradición astronómica y cosmológica de la antigüedad”.

La consolidación del heliocentrismo

El sistema copernicano se vio enfrentado a serias dificultades. Por un lado, las complejidades introducidas para dar cuenta de las observaciones volvían a este sistema tan complicado como el ptolemaico a la hora de realizar cálculos astronómicos precisos. Por otro lado, no resultaba compatible con la física imperante y con ciertas observaciones astronómicas.

Las dificultades técnicas estaban asociadas al compromiso de Copérnico con la creencia de que las órbitas planetarias eran circulares. Como suele sugerirse, Copérnico fue víctima de “la maldición del círculo”, aquella figura que desde los griegos ostentaba perfección y a cuya perfección debía corresponder el comportamiento de los cielos. Sería Johannes Kepler quien liberaría a los astrónomos de estas cadenas: en 1609 publicó su libro Astronomia nova, donde establecía que las órbitas planetarias son elípticas. Esto simplificaba de modo contundente el sistema copernicano, pues permitía prescindir de los epiciclos que allí subsistían.

El mismo año de la publicación de la obra de Kepler, Galileo Galilei utiliza un telescopio para realizar observaciones astronómicas sistemáticas. Los resultados fueron sorprendentes y fueron plasmados en 1610 en su obra Sidereus nuncius (El mensajero sideral). A través del telescopio, Galileo pudo observar que el paisaje de la Luna no era el de un círculo perfecto, tal como lo indicaba la tradición aristotélica. La superficie de la Luna presentaba montañas y valles y era muy parecida a la Tierra. El Sol, por su parte, exhibía manchas, muestra también de cierta imperfección. La observación a través del telescopio volvió visibles un número mucho mayor de estrellas; entre ellas, cuatro que orbitaban en torno a Júpiter y que formaban con él un pequeño sistema. Así, la Tierra dejaba de ser la única que contaba con un satélite (la Luna) y se vislumbraba, a través del telescopio, la posibilidad de astros girando alrededor de otro centro que no fuera la Tierra.

Con estos avances, el sistema copernicano podía dejar de ser un mero modelo matemático destinado a calcular las posiciones planetarias y podía reclamar para sí relevancia física y cosmológica. En la concreción de este proceso, la contribución de Galileo habría de ser decisiva. Su aporte no se reduce a las observaciones astronómicas que realizó. Él sería también el encargado de poner en cuestión algunas leyes aristotélicas, pues logró sentar las bases de una nueva física acorde con una Tierra en movimiento, labor que sería completada siglos después por Isaac Newton.

Como se ha indicado anteriormente, muchas filósofas y filósofos de la ciencia sostienen que De revolutionibus orbium coelestium no es en sí mismo un texto revolucionario, aunque haya tenido consecuencias revolucionarias. Sacar a la Tierra del centro del universo implicó muchos puntos de quiebre con una cosmovisión que había subsistido a lo largo de los siglos. La

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necesidad de una física distinta es tan solo una de las demandas que esta nueva astronomía impuso. A su vez, el tamaño de los círculos tuvo que ser extendido en proporciones gigantescas –para que los cálculos permitiesen predicciones exitosas– y, así, se dio el primer paso hacia la concepción de un universo infinito.

La descentralización de la Tierra implica un cambio sustancial en la forma de concebir el lugar del ser humano en el universo. El ser humano es desplazado del centro y la Tierra deja de ser un objeto especial rodeado de astros: ella pasa a ser un astro más. Y si la Tierra es un planeta más, entonces los otros planetas también podrían ser portadores de vida. De ser el centro, la tierra pasa a ser considerada una periferia más entre infinitas periferias; de ser pensaba como inmóvil, a vagabunda; de ser el único espacio habitado, a la incertidumbre sobre la vida en el resto del universo. Y las sorpresas continúan. De hecho, ahora mismo estamos viviendo otro momento interesante de cambio en la cosmología; nos referimos a la teoría de los multiversos, en la que se redobla la apuesta: no hay un solo universo, sino que podría haber infinitos universos.