Vous êtes sur la page 1sur 5

UNIVERSIDAD DE CARTAGENA

ESPECIALIZACION EN CIENCIAS PENALES Y CRIMINOLOGICAS

MODULO:
MODALIDADES DE LA CONDUCTA

PRESENTADO POR:

DANIEL TORRES OSPINA


CODIGO :1621910017

ROY DAVID GONZÁLEZ ANGULO


CODIGO :1621910012

REYNALDO JIMENEZ IBARRA


CODIGO :1621910002

DOCENTE.

ARMANDO NORIEGA RUIZ

CARTAGENA, BOLÍVAR
2019
COMO FUNCIONA EL DOLO EVENTUAL EN LOS DELITOS CONTRA LA
ADMINISTRACION PUBLICA

Dentro del tema de las modalidades de la conducta punible, y en es especial de


la modalidad de dolo, el cual es la modalidad por excelencia de la mayoría de las
conductas punibles, cabe señalar que el dolo eventual ha tenido un desarrollo
jurisprudencial variable, en donde se tiende ha utilizarlo en casos donde no se
podían imaginar dicha modalidad.

Es así como en los delitos que protegen el bien jurídico de la administración


publica, la jurisprudencia de la corte suprema de justicia ha tenido diferentes
criterios a saber, los cuales dependen del caso concreto y del delito en particular,
para lo cual resumiremos el núcleo de los principales argumentos esgrimidos
de la siguiente manera:

Clases de dolo :

Dolo directo de primer grado: es cuando el sujeto quiere el resultado típico .


Dolo directo de segundo grado: cuando el sujeto no quiere el resultado típico,
pero su producción se representa como cierta o segura.
Dolo eventual: o dolo indirecto, es cuando el sujeto no quiere el resultado típico,
pero lo acepta, o lo consiente, o carga con el, no obstante habérselo
representado como posible o probable.1

La Honorable Corte Suprema de justicia Sala Penal, frente al tema del dolo
eventual en los delitos contra la admistración de justicia de resultado, como el de
prevaricato, ha establecido la imposibilidad de realizar imputación por acción con
dolo eventual.

[...] no exige el prevaricato un determinado resultado y siendo ello así, el


dolo eventual deviene incompatible con la naturaleza de dicho delito, lo
contrario sería pretender que en todo proferimiento de una decisión fuera
implícito el riesgo de que resulte contraria a derecho y que si tal posibilidad
se aceptare, se estuviera ante un dolo eventual.

Por la naturaleza del delito, en cuanto de mera conducta, implica que,


quien en él incurre, profiere un dictamen o resolución con absoluto
conocimiento y voluntad de que es contrario a la ley, pero no se hace la
representación de que puede prevaricar sin hacer nada para eludirlo26.

Ahora bien, el mismo cuerpo colegiado frente al delito de contrato sin


cumplimiento de los requisitos legales, determino:

[...]constituye un equívoco concluir que sólo los delitos imprudentes violan deberes. Por
ejemplo, la doctrina ha sido clara en sostener que “…el delito doloso, al igual que el
imprudente, tiene su fundamento en la infracción de un deber de concreción de la norma

1
Corte suprema de justicia sala penal sentencia 32964 de 25 de agosto de 2010 MP. José bustos Martínez
de conducta. La infracción de un deber no es un elemento que diferencie al injusto (delito)
imprudente del doloso, sino que caracteriza a ambos. Tiene razón Münberg al señalar que
se ha acentuado tantas veces el aspecto del incumplimiento del deber solo en el delito
imprudente, que ‘de ello se ha originado la equivocada imprecisión de que el hecho doloso
no es antijurídico a causa de su discordancia con la conducta debida, sino per se ‘del
hecho imprudente sino un criterio general del hecho antijurídico’. En realidad lo que
sucede es que la infracción del deber es tan palmaria en el dolo, que no hace falta
detenerse o insistir sobre este aspecto normativo del delito doloso. Es evidente que
cuando el legislador define una conducta como típica establece el deber de evitar su
realización. En el delito imprudente, en sentido contrario, se hace continua referencia al
deber de cuidado como un deber menos evidente, que, además, sirve como criterio para
fijar los límites del injusto específicamente penal. El autor doloso tiene el deber directo e
inmediato de evitar un hecho típico, mientras el autor imprudente se ve afectado por un
deber de evitación más indirecto o inmediato: el deber de cuidado”2.

De otro lado, las expresiones usadas por el sentenciador de segundo grado deben ser
apreciadas en su real contenido, puesto que leído en su integridad el fallo recurrido, se
concluirá, sin temor a equívocos, que la culpabilidad se atribuyó a título de dolo, forma de
culpabilidad compatible con la conducta punible por la que fue condenado el procesado.

En efecto, todos los argumentos expuestos en la sentencia estaban dirigidos a demostrar


el conocimiento que tenía el acusado que con su actuar ponía en peligro los bienes
jurídicos protegidos por el tipo penal de contrato sin cumplimiento de requisitos legales,
máxime cuando en su condición de servidor público le exigía tener un especial cuidado al
momento de suscribir el otrosí del contrato y, sin embargo, de manera consciente y
voluntaria desarrolló la conducta prohibida por el precepto incurriendo en la
“extralimitación en el ejercicio de su función pública de la administración de bienes
estatales, comprometiendo los bienes y activos fijos de una empresa, más allá de lo que
sus facultades legales, constitucionales y reglamentarias se lo hubieren permitido”.

2
Bernardo Feijóo Sánchez, El Dolo Eventual, Universidad Externado de Colombia, Colección de Estudios
Nº 26, 222, pág.16 a 18.
Dicho de otra forma, en manera alguna el juzgador atribuyó el comportamiento del
acusado a título de culpa, sino que todo el discurso argumentativo estuvo fundado en
demostrar, en grado de certeza, que la conducta delictual se le debe imputar a título de
dolo eventual.

Frente a lo anterior, podemos concluir que no existe una línea jurisprudencial clara al respecto. Sin
embargo, nuestra postura como grupo favorece la tesis de imposibilidad de comisión de delitos
contra la administración publica en modalidad de dolo eventual con base a los siguientes puntos:

El dolo eventual puede resumirse como una estructura compuesta que consta entre una acción
que pone en peligro un bien jurídico, una representación del posible daño a este bien y el dejar al
azar la continuación de la acción que puede desembocar en el daño real al bien jurídico. Esto
requiere que la acción que pone en peligro el bien y el evento que genera el daño tengan
identidades distintas en el sentido de que uno es cometido activamente por el sujeto y el otro está
fuera de su dominio.

Sin embargo, en los delitos contra la administración publica el daño contra el bien jurídico se
genera inmediatamente con la acción y el delito se comete con tal. Por esto no existe potencialidad
de azar o peligro potencial al bien jurídico al emitirse (por ejemplo) una resolución contraria a
derecho pues el actuar que genera el daño está en pleno dominio del funcionario tanto por su
calidad inherente al cargo como por la normativa que le permite realizar tal acción.

En los casos de comisión activa, el funcionario posee plena competencia y conocimiento del
asunto o incluso se presume que lo tiene, al asegurarse en su rol de servidor publico una
imposición de deber de cuidado y responsabilidad elevada en sus funciones y decide
deliberadamente emitir acto en contrario o realizar función en contra de sus facultades. En otras
palabras, el daño al bien jurídico no es algo que esté dejando al azar. Esto aplica también a la
omisión, pues el servidor publico a pesar de tener un deber y saber que está en la obligación legal
de realizarlo, decide deliberadamente omitirlo. El daño se plasma con la omisión, pues el reproche
no es sobre el resultado que pueda darse sino por su conducta contraria a su deber legal.

Esto teniendo en cuenta que el funcionario tiene unas facultades invertidas a las del ciudadano
común: El servidor publico SOLO puede hacer lo que la ley le permite y esta vetado legalmente
de lo demás. Por esto, sus actuares automáticamente se consideran acorde a derecho o contrarios
a este. En caso de no configurarse estos escenarios, por ejemplo cuando el funcionario se
encuentra incierto sobre su deber, funciones o la legislación a seguir a la hora de realizar su función
o emanar acto, se trataría de un caso de culpa, no de dolo eventual (la cual solo esta permitida
para el delito de peculado).

Prosiguiendo con este hilo, el dolo eventual se radica en la potencialidad de un daño a los bienes
jurídicos. Pero a diferencia de otros titulos del estatuto represor, aquel que versa sobre los delitos
contra la administración publica sancionan al funcionario que abusa o falla en su rol o autoridad
por esta misma razón, y no por el daño que genere en un bien jurídico determinado con su
arbitrariedad. Esto es un elemento clave, pues a pesar de incluir tanto tipos penales de mera
conducta como de resultado, la razón del reproche al sujeto activo está en su calidad y actuar no
ajustado a la ley, no en el daño generado posteriormente.