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FILOSOFÍA ANALÍTICA

La filosofía analítica tiene como fundamento las ciencias naturales, la lógica matemática y
el análisis del lenguaje, es decir, el análisis lógico del lenguaje científico o el análisis
lingüístico del lenguaje común; con el propósito de esclarecer los conceptos filosóficos y
científicos

Para la filosofía analítica el objeto de la filosofía, en lugar de ser la metafísica es el


análisis del lenguaje desde las distintas escuelas o corrientes de pensamiento.

Los representantes más relevantes de la filosofía analítica son científicos matemáticos y


físicos, como Russell, uno de sus fundadores, Wittgenstein y Moore; de las dos escuelas
más importantes del Positivismo Lógico y la Lingüística, de Cambridge, y Oxford.

El rasgo predominante de estas corrientes de pensamiento es la crítica al idealismo,


desde el Empirismo y Positivismo, en oposición al idealismo de Hegel y Bradly, y el
concepto de esta doctrina sobre las relaciones internas, que sostiene que para conocer
una cosa es necesario conocer todas sus relaciones.

Dentro de la doctrina lógica atomista de Bertran Russell ) (1872/1970), filósofo,


matemático y escritor británico racionalista; Ludwig Wittgenstein, su discípulo, y G.E.
Moore, las cosas pueden ser conocidas en si mismas sin tener en cuenta el resto del
mundo.

Según Russell y Wittgenstein, la estructura del mundo es la de la lógica matemática.

El Positivismo lógico propone para el conocimiento las propuesta analíticas y las


sintéticas. Las analíticas cuya verdad o falsedad se obtiene por medio de la lógica y las
sintéticas que son las que requieren alguna forma de verificación además de la lógica.

El Positivismo terapéutico de las escuelas de Cambridge y Oxford, sostiene que el


lenguaje es una actividad, una forma de ponerse en contacto con el entorno y un modo de
vivir.

La filosofía puede realizar funciones descriptivas, normativas y terapéuticas del lenguaje;


y la lógica y la ciencia es su mejor herramienta.

Russell no creía en la existencia de un método para la filosofía porque lo más importante


para él era clarificar las proposiciones generales sobre el mundo y terminar con los
abusos de la metafísica.
Según Russell, nuestra experiencia directa es lo más importante en la adquisición del
conocimiento y todo lo demás puede solamente ser inferido o razonado pero no conocidos
directamente.

Con respecto a la ética práctica nos dice que la razón se subordina a la ética y los
individuos pueden hacer lo que deseen, siempre que esos deseos no se contradigan con
otros que sientan.

El Atomismo Lógico de Russell es un modo más radical de empirismo y el lenguaje tiene


una forma significativa en cuanto a la forma de ver el mundo.

En cuanto a la claridad de la expresión, para Russell es una virtud.

SEMIOTICA JURIDICA

Se conoce como semiótica a la teoría que tiene como objeto de interés a los signos.
Esta ciencia se encarga de analizar la presencia de éstos en la sociedad, al igual que
la semiología. Ambos conceptos son tomados como sinónimos por el diccionario de
la Real Academia Española (RAE), aunque los expertos establecen algunas diferencias.

Muchos autores han hablado y escrito sobre el término: Saussure, Pierre, Buyssens, etc,.
En las diferentes definiciones se encuentran elementos en común y otros absolutamente
opuestos; sin embargo todos coinciden en algo, que la semiótica no se trata de un acto de
lectura; sino de una actitud de exploración de lo que existe de fondo de toda significación:
sus raíces y los mecanismos que la sostienen.

Algunos de estos intelectuales sostienen que la semiótica incluye a todas las demás
ciencias, que se dedican al estudio de los signos en determinados campos del
conocimiento. Es decir, que la ven como una ciencia orientada a estudiar cómo funciona
el pensamiento para explicar las maneras de interpretación del entorno y de creación y
difusión de conocimiento que tienen las personas.
Otros especialistas definen a la semiología como una disciplina que se encarga de los
estudios vinculados al análisis de los signos a nivel general, tanto lingüísticos
(relacionados a la semántica y la escritura) como semióticos (los signos humanos y de la
naturaleza).
El signo lingüístico es entendido como el vínculo más relevante en los sistemas
comunicativos humanos. Está formado por un significante (la imagen acústica) y
un significado (una idea que se tiene en la mente respecto a cualquier palabra).
Para Charles Pierce (1839–1914), el signo es una entidad compuesta por
el significante (el soporte material), el significado(la imagen mental) y el referente (el
objeto, ya sea imaginario o real, al que alude el signo).
Las características más trascendentes del signo lingüístico son la arbitrariedad,
la linealidad, la inmutabilidad y la mutabilidad.
Ramas de la semiótica
La semiótica se encuentra dividida en diversas clases:

*La semántica que es la encargada de estudiar


qué relaciones existen entre significantes y significados; es decir el significado de
las palabras, de los enunciados y de las oraciones.
*La onomasiología que se encarga de nombrar a los objetos y establecer las diferentes
denominaciones para una misma cosa.
*La semasiología, al contrario, estudia la relación que existe entre un objeto y su nombre.
En el caso del diálogo, parte del receptor al emisor para el estudio del mismo.
*La pragmática es la encargada de estudiar las relaciones entre significantes y usuarios;
es decir de qué forma emplean los seres humanos los diferentes signos a la hora de
comunicarse.
*La parte de la semiótica que se encarga de estudiar las relaciones que se establecen
entre los diversos significantes se llama sintaxis.
En cada idioma la semiótica ocupa un lugar diferente y por tanto su entorno de análisis
también varía. En el caso de España, su intervención en el campo de la comunicación se
ha mostrado un tanto desparejo y hasta superfluo. Podemos decir que se pueden
distinguir dos líneas bien definidas dentro de la semiótica, una se encuentra enfocada
al discurso social y la otra a lo visual.
La semiótica del discurso social también conocida con el nombre de sociosemiótica se
encarga de estudiar el proceso a través del cual los medios de comunicación de masas
llegaron a integrarse a la cultura de la sociedad, produciendo diversas tipologías en los
discursos, tales como periodístico, publicitario y político; a partir de los cuales ha surgido
el discurso social, que toma cosas de cada uno de ellos para expresar ideas con las que
el pueblo se siente identificado.
A su vez, en los últimos años la cercanía entre la semiótica y la comunicación de
masas se ha afianzado aún más gracias a las tecnologías avanzadas utilizadas en el
campo de las artes audiovisuales. Esto ha generado que la semiótica deba comenzar a
estudiar el significado de los signos en el mundo de la informática y la inteligencia
artificial. Posiblemente esto exigirá una unificación entre el lenguaje coloquial y las nuevas
tecnologías, y un amplio estudio de estas consecuencias podrá colaborar con un mayor
entendimiento de las relaciones entre sociedades.
En el ámbito de la medicina, por último, la semiótica es el área que se dedica al
tratamiento de los signos de las enfermedades a través de la diagnosis y de la
pronosticación. Cabe mencionar que esta acepción es una de las más antiguas que
existen.

TEORIA DE SISTEMAS
La teoría de sistemas o teoría general de sistemas (TGS) es el estudio interdisciplinario
de los sistemas en general. Su propósito es estudiar los principios aplicables a los
sistemas en cualquier nivel en todos los campos de la investigación. Un sistema se define
como una entidad con límites y con partes interrelacionadas e interdependientes cuya
suma es mayor a la suma de sus partes. El cambio de una parte del sistema afecta a las
demás y, con esto, al sistema completo, generando patrones predecibles de
comportamiento. El crecimiento positivo y la adaptación de un sistema dependen de cómo
de bien se ajuste éste a su entorno. Además, a menudo los sistemas existen para cumplir
un propósito común (una función) que también contribuye al mantenimiento del sistema y
a evitar sus fallos.
El objetivo de la teoría de sistemas es el descubrimiento sistemático de las dinámicas,
restricciones y condiciones de un sistema, así como de principios (propósitos, medidas,
métodos, herramientas, etc.) que puedan ser discernidos y aplicados a los sistemas en
cualquier nivel de anidación y en cualquier campo, con el objetivo de lograr una
equifinalidad optimizada.
La teoría general de sistemas trata sobre conceptos y principios de amplia aplicación, al
contrario de aquellos que se aplican en un dominio particular del conocimiento. Distingue
los sistemas dinámicos o activos de los estáticos o pasivos. Los primeros son estructuras
o componentes de actividad que interactúan en comportamientos o procesos, mientras
que los segundos son estructuras o componentes que están siendo procesados.

CREACIÓN DEL DERECHO.


En las sociedades conviven sistemas normativos, es decir, distintos ordenamientos de
la conducta humana. Entre éstos encontramos a la moral, los convencionalismos sociales,
las religiones y por supuesto, al derecho. Todos estos prescriben conductas.
La efectiva manera de distinguir un sistema normativo como el derecho de aquellos otros
con los que convive, depende en principio, de la forma específica en como asegura su
cumplimiento.
Las normas de derecho se distinguen, también por su manera de conformarse, es decir,
de formalizar y con ello incorporar o desincorporar sus contenidos normativos. Éstas se
formalizan por una serie de procesos o actos determinados expresamente en cada
sistema de derecho positivo en las llamadas normas sobre producción jurídica.
La identificación de las normas que constituyen el derecho requiere, de un proceso formal
por el que la autoridad signa ciertas normas o prescripciones de conducta catalogándolas
como jurídicas.
La creación del derecho aparece como un fenómeno complejo y dinámico que incorpora,
desincorpora o renueva valores, principios, creencias, aspiraciones, necesidades u otros
criterios y normas jurídicas.
El derecho se concibe no como algo dado, ni como el resultado o la invención de un
solo hombre ni de una sociedad, de un solo momento histórico o de un solo proceso
legislativo o jurisprudencial, es la obra de creación permanente que se realiza por un
complejo entramado de actos y procesos complementarios que tienen verificativo en un
contexto histórico, político y social determinado.
Se conoce a los procedimientos y actos de identificación o formalización - validación de
las normas jurídicas con el nombre de fuentes formales. Los contenidos normativos que
se incorporan al sistema jurídico se denominan fuentes materiales o reales del derecho. A
los documentos o textos de derecho positivo no vigente que sirven de inspiración o
antecedente para la formalización del derecho, se les denomina fuentes históricas.
El objetivo de las fuentes formales del derecho, era establecer con claridad los procesos
artificiales de elaboración del derecho, ya que su origen natural se hallaba en el espíritu
de los pueblos.
La elaboración de normas jurídicas corre a cargo tanto de la autoridad (a través de sus
órganos legislativos, ejecutivos o judiciales) como de los particulares ( a través de la
costumbre jurídica o sus contratos privados). Dichas normas jurídicas según sean sus
fuentes, adquieren la forma de ley, jurisprudencia, costumbre jurídica o normas jurídicas
individualizadas.
El producto individual de la legislación es la ley: por tal se entiende a la norma jurídica
que, con carácter general y obligatorio, resulta de un proceso específico de creación por
parte del órgano o autoridad facultada al efecto.
La ley normalmente está o debería estar dotada de abstracción, generalidad,
obligatoriedad y coercibilidad.

TECNICA LEGISLATIVA Y PROCESO LEGISLATIVO


La Técnica Legislativa la podemos definir como un conjunto de reglas a las que debe
sujetarse el legislador para la elaboración y adecuada redacción de las leyes y
disposiciones normativas que proponen a efecto de que cumplan con el principio
de seguridad jurídica y aspectos generales de derecho.
En México, los estudios de técnica legislativa han sido olvidados en virtud de que poco se
ha investigado y escrito sobre la materia, lo que ha propiciado la improvisación en la
elaboración y redacción de las leyes, así como una precaria bibliografía sobre el
particular.

En el mejor de los casos, las referencias sobre el tema forman parte del contenido del
Derecho Constitucional, por lo que es analizado en forma muy general, sin entrar a los
pormenores, de las múltiples facetas que hacen del proceso legislativo un capítulo
importante del Derecho Parlamentario.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), enumera las etapas
del proceso legislativo, regulándolas en los artículos 71 y 72, Sección II,
denominada, “De la iniciativa y formación de las leyes”, ubicada dentro del título
tercero , que trata de la división de poderes en su capítulo I y del poder legislativo en el
capítulo II.
De acuerdo con el artículo 71 constitucional, el derecho de iniciativa de leyes o
decretos comprende a:
I. Presidente de la República
II. A los diputados y senadores del congreso de la unión: y
III. A las legislaturas de los estados

La base constitucional de la que se puede desprender la técnica legislativa la constituye


el artículo 72 de la CPEUM el cual contiene las diversas etapas del proceso legislativo
moderno.
Existen seis etapas que integran el proceso legislativo: iniciativa, discusión,
aprobación, sanción, publicación e iniciación de la vigencia.
Es importante destacar que en México son dos los poderes que participan en el proceso
de elaboración de las leyes de carácter federal, el Legislativo y el Ejecutivo.
Corresponde al primero su intervención en las etapas de iniciativa, discusión y
aprobación; el segundo interviene en la sanción, publicación e iniciación de la vigencia.
Por lo anterior las leyes son el resultado de un proceso de iniciativa, parte integrante de la
denominada técnica legislativa, el cual es pasado por una serie de análisis y discusiones
de las Cámaras, para posteriormente ir hacia el Ejecutivo para su promulgación y
publicación; generalmente es dividida en la exposición de motivos y el cuerpo de
artículos.
En la exposición de motivos se dan a conocer las razones y justificaciones tomadas en
cuenta por su formulador. No obstante que no forma parte de la ley, resulta de gran
utilidad interpretativa y ha de recurrirse a ella cuando la expresión literal del proyecto
presenta imperfecciones técnicas o ambigüedades.

Existen algunas consideraciones a tomarse en cuenta en las leyes, entre las cuales
tenemos la denominación (la cual debe ser indicativa del objeto y especificar si trata de un
código, ley o decreto); división interna (títulos, capítulos, secciones, artículos, párrafos,
fracciones, etc.); redacción (debiendo ser clara, sobria y gramaticalmente correcta). Las
anteriores, al atenderse en plenitud, tendrán como resultado una comprensión e
interpretación ágil al lector.

TECNICA JURISPRUDENCIAL
Es la que se refiere a la actividad de los magistrados en la aplicación del derecho (mejor
seria llamarla judicial, pues comprendería entonces el aspecto técnico de la actividad de
los abogados, procuradores, etcétera). Varios son sus problemas. Entre ellos cabe citar
los que plantea la interpretación de la ley la confección de las sentencias y
demás resoluciones a cargo del juez; lo referente al interrogatorio de los testigos y
otros actos procesales (sobre todo en materia de pruebas).

APLICACIÓN DEL DERECHO

El derecho nace como un acto de potestad o de autoridad de quien tiene la facultad para
dictarlo y debe de ser obedecido y aplicado. La aplicación del derecho debe darse al caso
concreto, por lo que la norma se individualiza cuando el Juez la aplica a un caso en
particular, por lo tanto siempre debe de existir una conexión entre la norma y el hecho en
particular. En virtud de que las normas contienen preceptos abstractos y generales y los
hechos son concretos y particulares, cuando se ejecutan se tienen siempre que adecuar
al caso individual.

Así tenemos, que corresponde al Poder Legislativo el dictar las leyes, y al Poder Judicial
la aplicación de las mismas, la cual debe de darse de forma imparcial y equitativa; de ello
se deriva la famosa frase latina “dura lex, sed lex” que se traduce como “dura es la ley,
pero es la ley”, por lo que la aplicación de las leyes no debe de depender de la voluntad
de nadie, si no que el propio aparato de justicia de forma automática debe de aplicarlo
automáticamente e imparcialmente.

Lo anterior viene a cuenta, porque en las últimas semanas, por motivo de las
precampañas a la Presidencia de la República, hemos escuchado algunos de los
candidatos señalar que cuando sean Presidentes van aplicar todo el peso de la Ley contra
los actos de corrupción, también han dicho que no habrá tolerancia alguna contra los
corruptos; en otros casos han señalado que no habrá persecución alguna contra los que
hayan cometido algún acto de corrupción, que no habrá cacería de brujas, todas estas
declaraciones muestran que la aplicación de las leyes en México es a contentillo y que se
puede aplicar discrecionalmente la ley a voluntad del gobernante en turno.

Cabe mencionar que la aplicación del derecho no depende del Presidente de la


República, y que el poder judicial es un poder independiente y autónomo, por lo que ahora
es tiempo para que aproveche la escasa legitimidad del ejecutivo y se fortalezca, que
recobre su independencia perdida, que no entre al juego del Presidente y de los
candidatos a la Presidencia, y que sus sentencias se apeguen a la ley y no se politicen,
que nos demuestren que están por encima de las disputas partidistas y contribuyan a
hacer un país de leyes.

Por todo lo mencionado, debemos de señalar a los candidatos a la Presidencia que la


aplicación de las leyes no depende de ellos, y que no se puede negociar su aplicación,
puesto que depende del Poder Judicial, al cual le corresponde equilibrar la balanza de la
política y el derecho, y sólo tienen que aplicar el derecho sin concesiones.

INVESTIGACION DEL DERECHO

ENSEÑANZA DEL DERECHO

El tema de la educación implica su estudio como el conocimiento contemplativo,


sistematizado, universal y último del proceso de aprendizaje (en el proceso enseñanza-
aprendizaje, en un contexto educativo e inclusive en la individualidad experimental o
reflexiva).
Abarca los procesos de instrucción, personalización y socialización del conocimiento. Su
tratamiento implica abordar una actividad fundamental para el progreso de la humanidad,
pues a través de él nuestra especie es capaz de desvelar el conocimiento, desarrollar sus
propios valores, definir o redefinir sus experiencias ante las circunstancias paradigmáticas
de los tiempos y transmitirlos de una generación a otra. Es un proceso social que implica,
además, una retroalimentación, un intercambio entre sus participantes. Quien recibe el
conocimiento debe tener una participación activa y no pasiva frente a él.

El hecho de fortalecer el uso del raciocinio a través del proceso educativo y el descubrir la
irrevocable vocación de la humanidad de acudir a sus causas últimas y analizar su razón
metafísica, es lo que permite a nuestro pensamiento —plasmado en conocimientos,
técnicas y tecnologías— orientar su perfeccionamiento trascendente y transmitirlo a la
comunidad para su crítica y, en su caso, seguimiento.

El ejercicio de la razón permite formar el conocimiento, romper preconcepciones y


avanzar como especie en la comprensión y la proyección de nuestra humanidad. Los
cuestionamientos por ella (la razón) producidos pueden ser muy severos, pero son
indispensables.

Pensemos en la siguiente posibilidad ejemplificativa. Se afirma comúnmente que el


hombre encabeza la pirámide evolutiva —al menos en el mundo animal— gracias a que
cuenta con inteligencia racional, además de la vegetativa y la sensitiva de las cuales
también están dotadas otras especies. Cuando hablamos del hombre nos referimos a la
especie Homo sapiens. ¿Mas que pasa si ello —en principio— no siempre fue así?
Abundando, desde una visión antropológica, hace dos millones de años aparecieron los
primeros entes de la especie Homo. Dentro de ellas destacarían —por su grado de
inteligencia— dos: el Homo sapiens y el Homo neanderthalensis. El último, el
Neanderthal, habitó la Tierra hace 230,000 años y se extinguió hace 28,000 años. Por su
parte, hace 300,000 años surgió el Homo sapiens. Durante mucho tiempo se ha pensado
que de las dos especies el Homo sapiens tuvo mejores condiciones de supervivencia
derivadas de su mayor inteligencia. Sin embargo, descubrimientos recientes apuntan a
que el Neanderthal era bastante inteligente: tenía un lenguaje, poseía una cultura, tenía
complejos —para la época— instrumentos de caza y pesca. En esa tesitura, ¿qué pasaría
si descubriésemos un día que el Neanderthal, al menos en los tiempos en que habitó
nuestro planeta conjuntamente con el Homo sapiens, era el ser más inteligente y no este
último? Nuestro paradigma del conocimiento se modificaría. Esta hipótesis fantástica no
hace otra cosa diferente que resaltar la importancia del proceso educativo, pues el
descubrimiento provocador de esta revolución científica sería precisamente la enseñanza
y la aplicación de los aprendizajes.

El Derecho no está exento de esta dinámica. Lo que antes se consideraba normalidad


cultural recogida en las normas legales (esclavitud, discriminación contra la mujer, ley del
talión, tortura, etcétera) hoy se sanciona por las leyes y los precedentes judiciales como
graves violaciones a los derechos humanos, protegiéndose positivamente a través de
garantías que las eviten, en un reconocimiento cada vez más extenso a la dignidad
humana desde la Constitución, las normas que de ella emanan y los tratados
internacionales —aun en un parámetro extendido de regularidad constitucional—.

Las disciplinas del conocimiento no están distantes de complejos cuestionamientos sobre


sus propios contenidos. En el caso de la ciencia jurídica, lo anterior permite hacer
interrogantes tales como —por citar ejemplos problemáticos— si el Derecho ha
acompañado al hombre en toda su existencia, si un día dejará de hacerlo, si el Estado es
la formación última de la sociedad, si una formación estatal indispensablemente requiere
el orden jurídico, etcétera.

Estos intríngulis permiten establecer un panorama sobre lo que hoy y siempre debe
procurar la enseñanza del Derecho: enseñar a potencializar el razonamiento crítico; esto
es, el modo de pensamiento que mantiene vigente la capacidad de duda y, como
respuesta, la innovación racional y coherente ante los signos de los tiempos que el
Derecho debe regular en una sociedad determinada, en el contexto histórico de los
paradigmas del conocimiento. Como explica Eisenmann, la enseñanza jurídica debe
diseñarse para abarcar todos los problemas relativos al Derecho. Para que eso ocurra se
requieren al menos tres elementos: estudiantes, profesores e instituciones de enseñanza.
Todos ellos conforman el círculo de actores del proceso educativo. Sin duda hay quienes
privilegian a unos u a otros, mas la integralidad de agentes (estudiantes, profesores e
instituciones de enseñanza) es igualmente relevante, ya que las deficiencias o las
fortalezas respectivas tienen una relación directamente proporcional en cada uno. Es
necesario, eso sí, lograr en todos una vocación por la excelencia desarrollada a partir del
amor por el conocimiento.

Ahora bien, pensando en la excelencia, vale la pena considerar la siguiente pregunta:


¿cuál es el estado actual y cuál el futuro del Derecho? Su respuesta requiere reflexionar
qué entendemos por Derecho hoy y qué en lo venidero. A partir de lo anterior se podrá
pensar luego en definir qué enseñamos ahora y qué queremos enseñar en adelante, así
como qué queremos enseñar hoy y mañana.
Al respecto considero que es posible ofrecer una aventurada respuesta conjunta. Sin
dejar de lado las diversas concepciones teóricas, desarrolladas en este contexto,4 el
Derecho es, para la visión contemporánea de la ciencia, un conjunto de normas (reglas de
conducta estimadas obligatorias en un contexto de autoridad más o menos organizado
territorialmente, aun con fronteras difusas).

En este sentido, lo que debemos enseñar es precisamente esta idea de Derecho, mas las
exposiciones al respecto no se concentrarán en afirmaciones dogmáticas, sino
precisamente en la mutabilidad cultural del fenómeno jurídico, únicamente engarzado en
los imperecederos principios de la ciencia del Derecho y, aún antes, en esa compleja
visión de lo que es la ciencia y, con anticipación, el conocimiento y su verdad o falibilidad.

Estos elementos, considero, conviene integrarlos en una idea de pensamiento crítico.


Esto es, en la inmersión en el conocimiento en general y en particular con base en un
ejercicio de razón analítica de fuentes del conocimiento, de sus límites y de su contenido,
desarrollada con un enfoque interdisciplinario en el cambiante contexto cultural de los
tiempos.

Lograr esta posición requiere condiciones, para los profesores, de pluralismo, libertad de
cátedra, desarrollo de investigación reflexiva e innovadora. Para las instituciones
educativas implica contar con una planta docente competente, planes de estudios que
conjunten la enseñanza teórica y práctica y que incluyan nuevas disciplinas, adecuados
con su propuesta de formación de habilidades y competencias, así como condiciones
materiales para la gestión educativa. En el caso de los estudiantes, al menos deberá
contarse con apertura al conocimiento. Además, de los estudiantes se requiere deseo de
aprender, aptitudes y actitudes favorables al estudio y el aprendizaje, asumir una posición
activa que no se limite a la memorización, y compromiso con las exigencias de la
excelencia. Requiere también, en todos los casos, ajustarse a las condiciones de los
tiempos.6 En el caso conjunto de los tres agentes educativos (estudiantes, profesores e
instituciones de enseñanza) hay elementos comunes: ética, humildad y apertura.
El proceso educativo b-learning, los algoritmos digitales para la enseñanza, el
autoestudio, las cátedras abiertas a través de tutoriales, y otros fenómenos
contemporáneos, no pueden ser ajenos al proceso educativo jurídico, si bien deberán
ponderarse en las circunstancias de cada propuesta de enseñanza; sin perder de vista
que el uso de nuevas técnicas de enseñanza requiere, además, una preparación previa
para los profesores. Es indispensable ofrecer respuestas oportunas, racionales y
congruentes, mismas que precisan de un paso esencial: preocuparse por el fenómeno
educativo, actividad no necesariamente muy socorrida por los abogados, y dotarlo de
diversos prismas de aproximación.

Para lograr la consolidación del Estado de Derecho en nuestro país es indispensable


comprometernos con la excelencia en la formación de los futuros abogados, puesto que
ésta tiene una relación directa con la calidad de nuestro sistema de justicia. En el informe
sobre México realizado por el Relator Especial sobre la independencia de magistrados y
abogados encontramos una conclusión desoladora: las causas de las deficiencias de
nuestro sistema de administración de justicia podrían encontrarse en la desorganización
de la enseñanza del Derecho, en la falta de capacitación para ejercer la profesión jurídica
así como en su descoordinación y en la falta de procesos disciplinarios que garanticen la
rendición de cuentas.10 Para atender esta preocupación, el relator recomendó al gobierno
iniciar un estudio sobre el sistema de enseñanza y de las titulaciones necesarias para
ejercer la profesión jurídica en nuestro país, tanto a nivel local como federal.11

En conclusión, ante la necesidad de contar con una visión desveladora del conocimiento
por los desafíos que se exigen a los abogados y a los estudiantes en formación, es
importante tener la presencia de un compromiso agrandado. No basta con el aula
magistral, la interacción académica profesor-estudiante, el abordaje de casos, la visión
interdisciplinaria teórico-práctica o el impulso necesario para convivir con la realidad social
y profesional. Es necesario hacer uso de la razón con una visión crítica, en el contexto del
ejercicio efectivo del pensamiento, no sólo aprendiendo a razonar sino razonando. El aula,
la cátedra y el aprendizaje son magníficos lugares para hacerlo.