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El proceso de obtención de azúcar a partir de la caña

El primer paso para su obtención es la siembra de las semillas de caña de azúcar.


El tiempo de maduración de la planta oscila entre 12 y 14 meses, momento en el
que se puede recoger de forma mecánica y llevarla a los llamados patios de caña.
Estas cañas de azúcar son analizadas para determinar los niveles de impureza y la
fibra y calidad del azúcar. En estos patios de caña se almacenan y son preparados
sobre mesas para limpiarlas y enviarlas a la picadora. De los patios estas cañas
pasan a la picadora que mediante unas turbinas trituran los tallos y les dan un
tamaño homogéneo que hará mucho más sencillo extraer el jugo en los molinos. En
los molinos la caña es sometida a presión para extraer el jugo. Los molinos cuentan
con una turbina de alta presión y en el proceso se añade agua caliente para
conseguir así extraer la máxima cantidad de sacarosa de la fibra de la caña. A esto
se le llama maceración. De la última unidad de molienda sale un bagazo que se
lleva a una bagacera para su secado. Esta materia será usada como combustible
para generar vapor que ayuda al funcionamiento de las turbinas de los molinos. El
jugo que se obtiene de la fase de molienda es pesado para así tener una visión de
la cantidad de materia prima que entra en la fábrica para producir el azúcar. El jugo
que entra en esta fase es un jugo con una gran acidez, llegando a un pH de
aproximadamente 5,2. Para reducir esa acidez se incorpora lechada de cal en el
proceso que ayuda a elevar el pH y minimizar las pérdidas de sacarosa. Gracias a
esta cal se pueden precipitar impurezas orgánicas o inorgánicas incorporadas en el
jugo y se incrementa su poder de coagulación. En esta fase se usa un sistema de
tubos que calientan la mezcla de jugo y cal. Tras esto se produce la sedimentación
del jugo que contribuye a su clarificación. De esta forma, los elementos sólidos que
no son azúcares se precipitan a modo de lodo que recibe el nombre de cachaza y
el jugo ya depurado se queda en la parte superior del tanque. El jugo claro que ha
quedado en la fase anterior se lleva a unos evaporadores, donde este jugo posee
uno nivel de sólidos solubles entre un 10 y un 12 % y en el proceso se obtiene un
jarabe con un nivel de solidos del 55 al 60 %. Esta meladora o jarabe se purifica en
un clarificador. Tras este proceso se realiza la cristalización en los llamados tachos
que son unos recipientes al vacía que tienen un solo efecto. De aquí se obtiene un
material llamado masa cocida que está formado por líquido (la miel) y cristales (el
azúcar). Para lograr esta cristalización se usa un sistema de tres cocimientos.
Mediante el centrifugado los cristales se separan del licor principal. La miel obtenida
es sometida a sucesivos procesos de evaporación hasta obtener una miel fina que
se usa para elaborar alcohol. El azúcar húmedo que se ha obtenido se envía a unas
secadoras de aire caliente que a contracorriente lo secan a una temperatura de
60°C. Este azúcar posteriormente es enfriado hasta los 40 – 45°C. Esta es la última
etapa ya que la azúcar obtenida en esta fase pasa a ser empaquetadas y
almacenadas en función de los usos y mercados a los que vaya a ser destinada.