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Oración del lunes: «Pero, ánimo, yo he vencido al mundo»

Oración inicial
Señor Jesús, te doy gracias por este momento de oración. Tú sabes que quiero confiar cada vez más en Ti. Ayúdame a escucharte en
el Evangelio. Que tu palabra, Señor, ilumine mi vida y me ayude a caminar siempre por el camino que Tú me muestras.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Señor, te pido perdón por las veces en que me he alejado de Ti. Soy frágil y pecador, lo reconozco con humildad. Me arrepiento de
mis faltas y pecados y te prometo esforzarme por no volver a cometerlos nuevamente. Sé que cuento con tu gracia y que nunca me
abandonas. Gracias por tu perdón y por amarme tanto.
Lectura Bíblica: Jn 16,29-33
Los discípulos le dijeron: «Ahora sí que hablas con claridad, sin usar parábolas. Ahora vemos que lo sabes todo y no hay por qué hacerte
preguntas. Ahora creemos que saliste de Dios». Jesús les respondió: « ¿Ustedes dicen que creen? Está llegando la hora, y ya ha llegado,
en que se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Aunque no estoy solo, pues el Padre está conmigo. Les he hablado de
estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo».
Lectura espiritual breve
Lee con atención la siguiente reflexión que te ayudará a profundizar el evangelio:
Cuando leemos los Evangelios, llama la atención, porque parece como si las Escrituras se esforzaran en mostrarnos tantas veces los
defectos de los apóstoles. Los Evangelios nos cuentan que los apóstoles eran necios, muchas veces no creían, se ponían a discutir entre
ellos por el camino, uno negó a Jesús, el otro lo traicionó, etc. Y cabría preguntarse, ¿por qué Jesús escogió a hombres tan pecadores
e imperfectos para confiarles uno de sus legados más preciados?: la Iglesia. La respuesta es clara: porque así somos los miembros de
la Iglesia. Somos pecadores, con debilidades, con imperfecciones. Así somos todos los seres humanos. Una Iglesia constituida por
hombres perfectos, no existe. Porque lo que hace grande a la Iglesia no es la perfección de sus miembros, sino que Cristo está en Ella,
la anima y la hace santa con su presencia.
En el Evangelio de hoy vemos una vez más que los apóstoles no entendían bien todavía cómo eran las cosas. Le dicen a Jesús, poco
antes de que este comience su pasión: «ahora sí que hablas claro… por eso creemos». Jesús los va a cuestionar: « ¿ahora creéis?»
¿Creen que ahora sí tienen una fe sólida? No es así, ahora que empiecen los problemas van a ver cómo me van a abandonar. Pero
ánimo, (aquí viene lo interesante) en mi encontraréis la paz, «yo he vencido al mundo». Ése es el gran mensaje que Jesús nos deja
hoy. Nosotros también somos pecadores y necios como los apóstoles. Creemos que muchas veces ya lo sabemos todo. Pero nuestra
grandeza no está en lo perfectísimos que seamos, sino en que a pesar de nuestras debilidades, sea Jesús quien reine, sea Él el centro
de nuestras vidas.
En eso consiste la paz que Jesús ha venido a traernos. Porque la paz no es que no hayan problemas, que todo sea marea tranquila,
¡eso no existe! Problemas, momentos de dolor y sufrimiento siempre van a existir. ¿Qué es la paz? La paz es vivir en comunión con
Dios. La verdadera paz consiste en vivir reconciliados con Dios. Esa es la paz que tenemos que buscar incansablemente. Cuando
conocemos la paz que nos da Jesús ya no deseamos otra cosa. Basta recordar lo que sentimos después que nos confesamos, salimos en
paz, la paz verdadera, es la paz que buscamos.
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1.- ¿Te desanimas, pierdes la paz con tus errores y caídas? ¿Aceptas tus faltas con humildad y esperanza?
2.- ¿Buscas a Cristo en los momentos difíciles? ¿Confías en Dios y acudes a buscarlo?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias Jesús por este momento de oración. Gracias por estar conmigo y por ser mi fortaleza. Yo sé que de Ti viene la paz verdadera
y que si estoy contigo podré superar todas las pruebas y sufrimientos que encuentre en mi camino. Ayúdame a buscarte siempre y
confiar plenamente en Ti. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Oración del martes: «Yo me voy, y es para enviárselo»
Oración inicial
Señor Jesús, Tú que al subir al Cielo nos enviaste el Espíritu Santo para estar con nosotros en todo momento, obtenme la Luz del
Paráclito para que me ilumine en mi oración y así pueda crecer más en Ti y en el conocimiento de tus verdades. Ayúdame Señor a que
en esta oración me adhiera de todo corazón a Ti y así te pueda entregar toda mi vida.
Acto penitencial
(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).
Ten piedad, Señor, porque he caído muchas veces, negándote con mis palabras, pensamientos y acciones. Sé que tu misericordia es
eterna y es infinitamente más grande que todos mis pecados. Por eso no temo acercarme una vez más a Ti para pedirte el perdón y
comprometerme a luchar contra el pecado y, ayudado con tu gracia, nunca desfallecer en el combate.
Lectura Bíblica
«Yo me voy, y es para enviárselo» (Jn 16,5-11)
Pero ahora me voy donde Aquel que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta adónde voy. Se han llenado de tristeza al oír lo que
les dije, pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya el Protector no vendrá a ustedes.
Yo me voy, y es para enviárselo. Cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio. ¿Qué
pecado? Que no creyeron en mí. ¿Qué camino de justicia? Mi partida hacia el Padre, ustedes ya no me verán. ¿Qué juicio? El del príncipe
de este mundo: ya ha sido condenado.
Lectura espiritual breve
Lee con atención la siguiente reflexión que te ayudará a profundizar el evangelio:
Jesús en la Última Cena, pronuncia este largo discurso. Es un momento intenso, íntimo. Son los últimos momentos en camaradería,
con los amigos tan queridos, con los doce apóstoles y les anuncia la noticia, que pronto ya no estará con ellos, el momento de la
partida está muy cerca. ¡Cómo no entristecerse! «Por haberles he dicho esto se ha entristecido su corazón», les dirá Jesús.
Sin embargo Jesús no los deja ahí solamente. Les ofrece un consuelo. Porque la separación no será definitiva. Porque a pesar de que
a Jesús ya no lo verán como le veían antes, los apóstoles van a permanecer en su amor, van a seguir caminando hacia el mismo destino
donde se dirige Jesús. Porque la comunión con el Señor no se logra sólo diciendo que lo amamos mucho, sino sobre todo cumpliendo
sus mandamientos; es decir, anhelando lo mismo que anhela el Señor, queriendo lo mismo, deseando lo mismo que el amigo,
peregrinando hacia el mismo lugar. Esa es la comunión auténtica y profunda, que nos conduce a ese encuentro más pleno y dichoso
con el Señor, donde ya nadie nos podrá separar.
Jesús nos acompaña en nuestra lucha diaria, no está ausente. Nos ha enviado al Defensor, al Paráclito, al Espíritu Santo. Y no es que
el Espíritu Santo vino a suplir la presencia de Cristo, todo lo contrario, sino más bien vino a cumplirla, vino para hacerlo más presente
aún. Porque necesitamos del auxilio del Espíritu Santo para perseverar, para seguir las sendas que el Señor nos ha dejado. Él es
justamente el otro defensor. El primero ha sido Jesús, que vino a salvarnos. El segundo es el Espíritu Santo, que nos da la fuerza, la
gracia para seguir esas sendas, para poder alcanzar la comunión con el Padre. (Padre Juan José Paniagua)
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Señor Jesús, gracias por el Espíritu Santo que enviaste al mundo para fortalecer mi fe. Gracias por enviarlo a iluminarme en ese
momento de oración, permitiéndome adentrarme más en el misterio de tu amor. Ayúdame a estar siempre en sintonía con el Espíritu
Santo para discernir tu Plan de Amor en todas las circunstancias de mi vida. Amén.
(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Oración del miércoles: «Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré»
Oración inicial
Buen Jesús, en este día quiero ponerme en tus manos, quiero pedir tu presencia en mi vida, porque sé que el mundo me ofrece muchas
cosas, pero sólo Tú me das la vida auténtica que busco. Que esta oración me ayude a quererte cada vez más, para que nada me aparte
de Ti.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Quiero reconocer en tu presencia buen Jesús, que soy pecador. Soy consciente de mis faltas y pecados, de mi falta de amor. Pero sé
también de tu misericordia infinita. Sé que has venido a salvar y no a condenar. Ayúdame a acogerme a tu perdón y dejarme sanar
por tu abrazo misericordioso.
Lectura Bíblica según el Evangelio del día
«Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré» (Mt 11,28-30)
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy
paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
Lectura espiritual breve
Lee con atención la siguiente reflexión:
Decía San Agustín que a un ave, si le quitas las alas, podría parecer que le estás quitando un peso de encima. Pero en realidad la
haces más lenta y pesada y la pegas más al suelo. En cambio si le devuelves el peso de sus alas, la haces ligera y capaz de volar muy
alto. Así es el yugo de Jesús, pues es un yugo que pesa, pero que nos hace ligeros. ¿Cuál es ese yugo que Jesús nos invita a cargar? El
mandamiento del amor. Amar es esa carga que Jesús nos invita amorosamente a llevar sobre nuestros hombros. Amar a nuestros
hermanos, servir, gastar y desgastarnos día a día. Ciertamente nos agota, nos sobrepasa, nos exige muchísimo. Pero amar a los
demás con el amor de Jesús es lo que realmente nos hace ligeros, nos hace grandes, nos permite vivir una vida plena. Por el
contrario, lo que hace pesada nuestra vida es no querer amar, ser egoístas, vivir sólo para nosotros mismos. ¡Carguemos el yugo
suave de Jesús!
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias Jesús por tu amor tan grande, porque has venido a salvarme, porque me señalas el camino de la vida constantemente y te
ofreces para sostenerme en este peregrinar. Ayúdame a cumplir con generosidad mis compromisos, para que así toda mi vida sea una
manifestación de mi amor hacia Ti. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Oración del jueves: «Permaneced en mi amor»
Oración inicial
Señor Jesús, te doy gracias por tener este momento para estar contigo. Tú sabes cuánto anhelo ser feliz y poder alcanzar la vida
eterna. Ayúdame a escucharte en el Evangelio e ilumíname para que este momento de oración me ayude a ser mejor, y sobre todo, a
seguirte cada vez más de cerca.
Acto penitencial
(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).
Señor, te pido perdón por todas mis omisiones, por mis faltas y por mis pecados. Estoy arrepentido de todo corazón y te prometo
esforzarme por no volver a cometerlos nuevamente. Gracias por tu perdón y por tu inmensa misericordia. Gracias Señor por amarme
tanto.
Lectura Bíblica
«Permanezcan en mi amor» (Jn 15,9-11)
Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán
en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de
ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Lectura espiritual breve
Lee con atención la siguiente reflexión que te ayudará a profundizar el evangelio
Una vez escuché que un amigo comentaba: ¿por qué siempre en las imágenes Jesús sale tan solemne, tan serio? ¿Por qué tan pocas
veces se dibuja a un Cristo feliz, sonriente? Sería válido preguntarse: ¿era Jesús una persona alegre? Estoy seguro que sí, porque la
alegría es expresión de la bondad. Un corazón bondadoso, irradia alegría. En las Escrituras hay momentos que nos hablan de la alegría
de Jesús. Por ejemplo, cuando regresaron los apóstoles de predicar y dice que Jesús se alegró con ellos. O cuando dice que los niños
se le acercaban. Sabemos que los niños no se acercan a una persona seria porque se asustan, en cambio sí a una persona alegre.
En el Evangelio de hoy Jesús nos da un testimonio más de su alegría. Hoy nos ha dicho: Les he dicho esto para que mi alegría esté en
ustedes y su alegría sea plena. ¡Jesús quiere que nuestra alegría sea plena! Porque la vida del cristiano no es solamente renuncias y
penitencias y sufrimientos, ¡es sobre todo alegría! Un cristiano que no vive la alegría es porque algo no está caminando bien.
Jesús nos va a dar la clave fundamental el día de hoy de cómo alcanzarla. ¿Quieres ser alegre? Dos consejos: permanece en el amor
de Dios y sigue sus mandamientos. Porque la verdadera alegría brota de estar junto a Jesús, de seguirlo de cerca, de seguir su camino,
sus mandatos, que no son una imposición, sino son camino de libertad. Es una alegría que ni siquiera los momentos de dolor y de
dificultad la destruyen, sino que la transforman, la transforman en esperanza. Nos busquemos la felicidad en otros lugares donde no
está. Sólo en el corazón amoroso de Jesús y por consecuencia en el camino que nos muestra, podremos encontrarla.(Padre Juan José
Paniagua)
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Señor Jesús, Tú eres un auténtico amigo. Te doy gracias por este momento de oración que me has concedido. Sólo Tú conoces lo más
profundo de mi corazón, y sabes cuántas alegrías y dolores vivo cada día. Ayúdame Señor a ponerlas ante Ti, para que en ellas, me
una cada vez más plenamente a tu Cruz y a tu Resurrección. Amén.
(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Oración del viernes: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos»
Oración Inicial
Señor, sólo Tú sabes cuánto busco seguir el camino que me lleve al encuentro pleno contigo. Te doy gracias porque siempre sales a
mi encuentro y me muestras la verdad. Ayúdame en esta oración a conocerte mejor, a entenderte mejor de modo que pueda seguirte
y amarte cada vez más.
Acto penitencial
(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).
Te pido Señor perdón por mis pecados y por mis omisiones. Estoy realmente arrepentido. Tú siempre estás dispuesto a acogerme y
perdonarme. Gracias, Señor, por tu perdón y por tu amistad incondicional.
Lectura Bíblica según el Evangelio del día
“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes” (Jn 15, 12-17)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay
amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores,
porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son
ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.
Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.
Lectura Espiritual breve
Lee con atención la siguiente reflexión que te ayudará a profundizar el evangelio:
Entregar la vida por salvar a otra persona es algo muy noble, sublime, heroico. Y creo que todos estamos llamados a vivir la vida
donándonos a los demás. Porque si no entregas tu vida, si no la das, te la van a quitar de todos modos, en algún momento la vas a
perder, de todas maneras, porque todos moriremos, sin excepción. Mejor es entregarla por amor, que perderla sin haberse donado,
sin haberse sacrificado por los demás. Algo tan importante, pero al mismo tiempo exigente. La necesidad de vivir el amor para poder
donarnos a los demás. Por eso Jesús hoy nos habla nuevamente de este mandamiento, el más importante de todos: amarnos los unos
a los otros.
Es un mandamiento que en realidad no es nuevo, ya lo conocían desde el AT, pero que Jesús eleva a una nueva categoría, a una nueva
exigencia, a un nivel más alto y más pleno: amarnos los unos a los otros como Dios nos ha amado. Así tenemos que amarnos, como
Dios nos ama, porque en nuestro hermano vemos a Dios reflejado, nuestro hermano, hermana, incluso ése que nos cae mal, que es
indiferente con nosotros, que nos pone mala cara, al que tachamos de egoísta, ése también, es imagen del mismo Dios. A ése también
hay que amar.
No lo olvidemos: el que ama a su hermano, es a Dios mismo a quien ama, porque somos un cuerpo y no se puede odiar un miembro sin
odiar a todo el cuerpo, ni amarlo, sin amar a todo el conjunto. Nadie dice: «amo tu dedo», sino «te amo a ti en todo tu ser». «Todo
aquello que hagan a uno de mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron» nos dirá el Señor.
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias Jesús por esta oración. Gracias por estar conmigo y por ser mi amigo. Quiero desde ahora esforzarme por cumplir tu Plan para
vivir cada día más cerca de Ti y forjar así una amistad verdadera contigo y con todas las personas que me rodean y estoy llamado a
amar. Amén.
(Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.)
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...
Oración del sábado: «Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta»
Oración inicial
Señor Jesús, Tú eres mi compañero de camino. Adónde voy, siempre estás Tú a mi lado. Estás presente en mi vida y me alimentas con
tu palabra y con tu Eucaristía. Ayúdame a confiar siempre en Ti y en este momento de oración, ayúdame a ponerme en tu presencia
para acoger con reverencia tu palabra.
Acto penitencial
(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).
Quiero reconocer en tu presencia buen Jesús, que soy pecador. Soy consciente de mis faltas y pecados, de mi falta de amor. Pero sé
también de tu misericordia infinita. Sé que has venido a salvar y no a condenar. Ayúdame a acogerme a tu perdón y dejarme sanar
por tu abrazo misericordioso.
Lectura Bíblica
«Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta» (Jn 16,23b-28)
Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan
y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les
hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será
necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios.
Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre».
Lectura espiritual breve
Lee con atención la siguiente reflexión que te ayudará a profundizar el evangelio:
El Señor nos invita a pedirle con el corazón abierto. En Jesús, el Padre nos ha regalado un mediador, pues Él lleva nuestras súplicas al
Padre y el Padre escucha a su Hijo. Pero las preguntas que surgen son cómo pedir y qué pedir. El Señor si bien nos escucha, nos enseña
con el testimonio de su vida que Él ciertamente intercede por nosotros pero buscando siempre nuestro mayor bien. Muchas veces
nosotros estamos pendientes de cosas pasajeras, pero Dios tiene nuestra mirada en nuestra salvación y felicidad eternas. Junto con
eso, está la actitud que Cristo tuvo en el huerto de Getsemaní: “Padre, aparta de mí este cáliz pero que no se haga mi voluntad sino
la tuya”. El Señor nos enseña la humildad que debemos tener al pedir algo a Dios, pues el Padre que todo lo conoce sabe qué es lo
que necesitamos. Eso no quiere decir que debamos dejar de pedirle por nuestras intenciones, sino por el contrario, ¡debemos pedirle
mucho! Pero con la humildad de saber que tal vez para el Padre eso no sea lo mejor para nosotros o tal vez este no sea el momento. Es
bueno y necesario pedir, pero con la confianza en que Dios llevará a cabo lo mejor para nosotros y en el tiempo que sea mejor para
nosotros y nuestra santidad.
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias Jesús por estar a mi lado, por caminar conmigo y traer luces a mi vida, en especial en los momentos en que las cosas parecen
confusas y difíciles. Ayúdame a crecer en la fe y a buscarte siempre en la Eucaristía. Amén.
(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

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