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Título original

íNDICE
Phénoménologie matérielle

© 1990
Presses Universitaires de France
©2009
Ediciones Encuentro, S. A., Madrid

,
Diseño de la cubierta: 03, s.l. - www.03com.com

Nota editorial .. ......•....... . ....... .•....•.. .. . .. . 7

Introducción a la teoría de la verdad de Michel Henry


Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier por Miguel Carda-Raró .. .... . . . . .. . . . . ......... . 9
forma de reproducción, distribución, comunicación pública
y transformación de esta obra sin contar con la autorización
de los titulares de la propiedad intelectual. La infracción de Prefacio. La cuestión de la fenomenología ... . .. ... . .... . 31
los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito
contra la propiedad intelectual (arts. 270 y ss. del Código
Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos 1. Fenomenología hilética y fenomenología material .... . . . 41
(www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.
11. El método fenomenológico . .. .. .. . . • .... • ... . . .. ... 97

111. Pathos-con 183


Para cualquier información sobre las obras publicadas o en programa
y para propuestas de nuevas publicaciones, dirigirse a:
Redacción de Ediciones Encuentro Reflexiones sobre la Quinta meditación cartesiana
Ramírez de Arellano, 17-10.' - 28043 Madrid
Te!. 902 999689 de Husserl ................ . . ...... . . . . . . . . . .. 183
www.cdiciones-encuentro.es Para una fenomenología de la comunidad ............ 210

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¡
FENOMENOLOGíA HYLÉTICi\
y FENOMENOLOGÍA MATERIAL

En el § 85 de Ideas 1 Husserl propone una definición explícita


de lo que entiende por «fenomenología hylética» -definición que
pone en juego los hallazgos decisivos de la fenomenología y, en
cierto modo, los fundamentos de sus tesis esenciales-o En el flujo
de la subjetividad absoluta, o de la conciencia, han quedado diso-
ciados los momentos reales y los irreales l , Estos pcrtcnc¡,;cn al

I [Ndt: La traducción francesa de Ideas 1, obra de Paul Ricoeur, traduce el


adjetivo alemán tl.reell,. por .:réel», y así lo recoge y utiliza el propio Henry en la
presente frase (<<des moments réeis et des moments irréels») y a lo largo de este
libro. En palabras de Miguel García-Baró a propósito de Husserl «sólo se puede
llamar 'yee/l' en sentido estricto a 10 que entra según su esencia a formar parte de
la conciencia y, por lo tanto, a lo que está en el tiempo fenomenológico». Oc ahí
que la admirable tradición de traductores al español de la obra de Husserl, y a
propuesta de Gaos, haya venido traduciendo el adjetivo (o adverbio) «reel' .. por
«ingrediente.", aun a sabiendas de que no es una solución plenamente satisfactOria
pues, según el propio Miguel García-Baró "induce a confusión sobre la índole del
'objeto intencional', que parece quedar reducido a mero apéndice accidental (no
'ingrediente' necesario) del acto", Siguiendo esta tradición, la frase que nos ocupa
(<<des moments rée/s et des moments irréels.,,) podría traducirse así: «momentos o
partes ingredientes y no ingredientes -de la conciencia-, Dado que Michel
Henry utiliza el término «réel,. para designar tanto su sentido estricto (lo «ingre-
diente» como parte de la conciencia por su esencia) como no estrictO (lo «genui-
no», lo «real ,. ), y a fin de respetar lo originario del pensamiento de Henry con
relación a Husserl, hemos traducido el francés «réel,. por «real,. en todos los
casos, ya se trate de un uso estrictO o no de «reeU", o ya forme parte de una frase

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,

Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

nóema. Cuando percibo un árbol, el árbol no está contenido real- modo: positivamente, por su pertenencia a la realidad misma de la
mente en la conciencia que lo percibe, en cierto modo no forma subjetividad absoluta, como constitutiva de su tejido, de su ser
parte de su sustancia propia: se mantiene ante ella, fuera de ella y, propio; negativamente, por la exclusión fuera de ella de toda inten-
si la subjetividad es la realidad, fuera de ésta por consiguien~~Len la cionalidad.
irrealidad . En la subjetividad misma, no obstante, conviene distin- La doble definición positiva y negativa de la ÜAT] sensible nos
guir a su vez los momentos materiales o hyléticos y los momentos sitúa ante ~tiones abisales: ¿cómo la esencia de la ÜAll~ si
intencionales, los seg~ndos animando los primeros y dáDdoles un exclu~ de sí la de la intencionalidad, puede no obstante unirse
sentido. En la percepción del árbol, por ejemplo, hay unos conte- a ella en el seno de la subjetividad absoluta? Más aún, ¿cómo
nidos sensibles, unos datos de color, que sirven de soporte a esta puede definir el momento real de esta subjetividad, intervenir en
percepción: a través de ellos una mirada de la conciencia se dirige ella a título de constituyente real, si la morphé intencional se
sobre el árbol como objeto real, es decir, trascendente a esta con- halla investida del mismo poder y del mismo estatuto' La reali-
ciencia, «objetivo» . Husserl ha sabido distinguir con rigor, por una dad de la subjetividad, ¿puede residir a una en la esencia que
parte, los contenidqs como I«cúalidades sensibles», es decir objeti- lleva a cabo la trascendencia del Ser en calidad de Ob-jeto y en
vas, como propiedades de la cosa, como caracteres noemáticos por aquella en la que dicha trascendencia brilla por su ausencia '
ende~LPor otra~ las -puras vivencias sensibles, las impresiones sub- El título del § 97 se nos presenta como un enigma: «Los
jetivas -visuales, sonoras, etc.- por medio de las cuales «se escor- momentos hyléticos y noéticos como momentos reales) de las
zan» los momentos objetivos del objeto. Lo propio de estas pri- vivencias» -texto recuperado sin equÍvoco en el curso del desa-
meras impresiones sensibles, de estos escorzos subjetivos en los rrollo: «La vivencia incluye en su composición real no sólo
que se anuncia el mundo, es precisamente que son inherentes a la los momentos hyléticos sino también las aprehensiones que los
subjetividad como sus elementos reales, cap el mismo título por lo animan»4-.
demás que la intencionalidad, que constituye el objeto a partir de Si dos esencias difieren absolutamellte no pueden promover
ellos. Lo que los "E0ne a ésta es que n0...Eort!n consigo la estruc- ~ conjuntamente la homogeneidad de la que toda realidad recibe su
tura de la intencionalidad, no siendo nunca en y por sí mismos I posibílidad primordial. Antes bien, dicha homogeneidad implica
intencionales: «El elemento sensible que en sí no tiene nada de que se anuda entre ellas cierto vínculo de fundación tal que la una
intenciona!"'»'. La' esencia de la hylé queda determinada de este se ext\ende bajo la otra y, pese a la diferencia, le sirve de apoyo. Cuál
_¡ de las:!..os, la\ÜAr¡ no intencion~ 6la 'morphé intencional, constituya
~( en último lugar la sub-jetividád, cuál de las dos, la fenomenología
del propio Henry o de una cita de Husserl por parte de aquel. En los casos de un r'
uso estricto de la palabra «reell,. como «ingrediente» en la obra de Husserl citada
y/o comentada por Henry (sentido muchas veces deducible por el contexto), lo
seilalamos a pie de página. CL García-Baró, M., «Presentación" a la edición espa- 1 [Ndt: «como ingredientes» en la versión de G;\os.]
ñola de La idea de lafenomenología, FCE, Madrid 1982, p. 10.) • Ib., 235, 238. [Ndt: Gaos rr:tduce del si~ui{'nt{' modo la última ci t:t: " ... no
2 Husserl, E., Ideas relativas a una fenomenología pUTa y una filosofía feno.- sólo los elementos hyléricos ... , sino también las 3perccpciol1es animadoras ... per-
menológica (tr. de José Gaos), r-CE, Madrid 1962, p. 203. tenecen como <ingredientes' a la vivencia».]

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

hylética O la fenomenol~,ía de la conciencia intencional, sea la disci- insalvablemente excluido de ella-, todo ello muestra que la tarea
pfina suprema, he -;-hí una cuestión de esencia, en el sentido de que de la fenomenología material permanece intacta. Antes de trazar
no puede hallar solución sino a través del análisis eidético: En dicho sus líneas maestras volvamos al texto husserliana.
análisis se trata de mostrar, al hacer variar los componentes de algo Husserl no ignora las cuestiones cruciales a las que hemos
real, cuáles de eUos pueden desaparecer sin que desaparezca lo real hecho alusión, ni mucho menos: las percibe ante sí con esa claridad
mismo y cuáles, por el contrario, no podrían variar o ser eliminados deslumbrante de la mirada eidética. Esta mirada pregunta «si en el
puesto que constituyen propiamente su realidad, su «esencia». flujo de la vivencia, semejantes vivencias sensibles soportan siem-
Conviene por tanto, en lo concerniente a lo «real» de la subjetividad pre y necesariamente alguna 'aprehensión que las anima'[ ...] Dicho
absoluta, imaginarlo alternativamente sin su componente material y \-- de otra forma, si se hallan siempre implicadas en funciones inten-
sin su componente intencional, a fin de ver lo que subsiste cada vez cionales; por otra parte, [ . .. ] si los caracteres que instituyen esen-
-si es que subsiste algo- en calidad de ,-esiduo fenomenológico . cialmente la intencionalidad pueden tener una plenitud concreta
Lo que sub-sista es a buen seguro un fundamento. No sólo no sin basamentos sensibles». Estas cuestiones «esenciales» se ponen
tiene necesidad de nada distinto de sí para existir -dado que todo en la balanza del análisis eidética -que sea menester decir si A es
10 otro ha sido suprimido mientras que él justamente «existe»-, posible sin B, o si B es posible sin A-, puesto que, tal como apa-
sino que además sirve de fundamento para eso otro puesto que, de rece a renglón seguido del texto anteriormente citado, las dos
estar él ahí, lo otro también lo está. A título de anotación preliminar, «posibilidades» evocadas llevan por título: «materias sin forma y
digamos aquí simplemente que la fenomenología material tal como formas sin materia»5.
la concibo resulta de esta reducción radical de toda trascendencia No obstante, estas densas cuestiones, para cuya resolución se
que libera la esencia de lo sub-yacente a la sub-jetividad en calidad dispone de un método infalible, cuestiones preparadas por y para
d~u «componente») hylético o impresional. Por fantástica e incon- e.ste método, son precisamente las únicas que quedan sin respues-
cebible que sea tal reducción, ello no ha sido óbice para que se haya ta. El texto ya citado se completa. como sigue: «No es este el lugar
llevado a cabo en la historia del pensamiento humano: con el cogi- para decidir si ... ; dejaremos igualmente en suspenso la cuestión de
to de Descartes. Pues la duda puede poner en entredicho el mundo, saber . . . », para terminar con un «en todo caso ...» que significa: «sea
todo mundo posible, gracias a que previamente hace zozobrar la lo que fuere». Extraña indecisión cuando lo que la investigación
relación con el mundo en cuanto tal, a saber, la intencionalidad. tiene ante sí como tal es nada menos que la estructura interna del
Naturalmente, la reducción radical de toda trascendencia no tiene Archi-fundamento. Interrogación simplemente diferida, se dirá.
sentido ni es posible sino en la medida en que se exhibe, al térmi- En efecto, no se retomará nunca bajo esta forma temática y las
no de su proceso, aquello que sub-siste una vez que la trascenden- raras proposiciones referidas a la discrepancia original entre la hylé
cia ya no está ahí. El hecho de que Descartes no haya llevado más y la morphé no harán sino eludir o disfrazar lo que ésta reviste de
lejos su análisis, de que en su obra el fundamento se vea envuelto esencial. ¿Por qué este silencio o esta impotencia?
en una ambigüedad de graves consecuencias -designando a una la
evidencia y aquello que, situado bajo ella y sosteniéndola, queda ~ lb., 203, 204. [Ndt: Traducción parcialmente modificada por nosotros.]

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología matcrial

La continuación del texto permite que lo entendamos . Lo que t objeto. «Los datos sensibles se dan como materias con relación a
allí se deja entrever es un deslizamiento inadvertido del análisis, y f~iones intencionales o donaciones de sentido de diverso
no tematizado por él, al término del cual el concepto de materia, grado ... »6. La materia no es la materia de la impresión, lo impresio-
que no obstante delimita su propósito inicial, resulta modificado a nal y la impresionalidad como tales; es la materia del acto que la
tal punto que su sentido o. original
, es sustiruido por otro que destie- informa, una materia para esta forma. El darse de esta materia
rra la fenomenología hylética fuera de sí misma y de su dominio tampoco le pertenece:!';.o es la materia misma la que da>la que se da
propio : justamente al dominio de la fenomenología intencional y ella misma, en virtud de lo que ella es, por su propio carácter impre-
constituyente. El término «materia» designa primordialmente la sional. Elb se da a la forma, es decir, por la forma. Se da a la forma
esencia de la impresión o de lo originalmente yen sí idéntico a ella, para ser in-formada, consütuida, aprehendida por ella. Pero cons-
la sensaci~n . La materia es precisamente la materia de la que está tituir, incluso si hacemos abstracción de las aprehensiones trascen-
hecha la impresión, su tejido, su sustancia por así decir: lo impre- dentes, quiere decir hacer ver, hacer advenir a la condición de
sional, lo sensible como tales. Hablar de «datos sensibles», oc fenómenos, quiere decir dar. ((Los datus sensibles» Jebl'lI entell-
«momentos hyléticos de la vivencia», no supone otra cosa que ate- derse en este sentido, en el sentido de lo que, (dándose como
nerse al «color sensible" (Empfindungsfarbe), a la pura impresión materia con relación a formaciones intencionales», se encuentra
sonora reducida a sí misma, a lo que ella es en sí (la reducción es en efecto dado de este modo, en tanto en cuanto una mirada
justamente la vuelta a las cosas mismas) y, de manera similar, al intencional lo atraviesa y, poniéndolo ante sí, lo deja ver. Las
puro dolor, al gozo puro, a todas esas vivencias definidas por su «apariciones sensibles» en las que el mundo se nos da no se dan
carácter impresiona! :sí como delimitadas por él: una vez más no ,
~
ellas mismas, no son apariciones, fcn?menos, sino de este modo :
son otra cosa y, particularmente, en cuanto que pertenecen a la en tanto en cuanto están animadas por una nóesis intencional y
hylé, son -por principio no intencionales.! ,llevadas por clla a la apariencia.
Lejos de eso, y sin tardar, en el transcurso del análisis -de Decíamos que¡,l1usserllha dcjado sin solución el problema fun-
entrada tal vez en la realidad (realidad que el análisis fenomenoló- damental de la unidad ad intta de la conciencia de los componen-
gico nunca llega por completo a pensar como algo independiente tes hyléticos e intencionales de la vivencia~ que r:o ha podido mos-
de él y a la que presta su misma estructura)- la «materia» resulta trar cómo esa unidad reside en la realidad misma de la subjetividad
sobredeterminada por la función que cumple_en la totalidad d'-la absoluta, es más, define dicha realidad . Vemos aquí al menos cómo
vivencia n~a en Gqu-;-se inserta, función que hace de ella justa- la interpreta, cómo y por qué no constituye un problema para él.
~lcntc una materia para las operaciones intencionales que se apo- Estos componentes se refi:.:-en uno a ~como 10_ ~ llev~ lo
deran de ella y constituyen, a partir de ella y del contenido que les
suministra cn cada caso, el ob-jeto. De este modo, los datos de sen- t
s.\ción, los ,(colores» hyléticos, las impresiones sonoras, etc.~ asun~cn
que es llevado a la condici~l de fenómeno. La relaciQ!hcn lo ((real»
de la «vivencia», entre los momentos sensibles y los int('ncion~les,
entre la materia y b forn1.1, C:i la relación unitaria que se c::;tablcce
I
el papel de «escorzos» a través de los cuales son mentadas mtenClO-
ll.\lmt'lltL' l~u;1\id;'\des sensibles, los n~ntos noen1<Í.ti(os dd 6 lb., 203. [Ndt: Traducción parci;llmclHc modificada por nosotros.]

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

entre el aparecer y lo que aparece en él, su abrazo óntico-ontológi- aquello que permanece en sí radicalmente ajeno a ésta. ¿No es
co. «La vivencia incluye en su composición 'real' no sólo los menester más bien que este elemento opaco se mantenga ya a dis-
momentos hyléticos (los colores, los sonidos sensibles, etc.), sino tancia, en el primer Afuera de la visibilidad, la cual es obra de la
también las aprehensiones que los animan, o sea ambas cosas a una: intencionalidad y se encuentra propiamente «constiruida» por ella?
también el aparecer del color, del sonido y de cualquier otra cuali- En tal caso se puede, se debe escribir: «La intencionalidad... se ase-
dad del objeto»'. meja a un medio universal que finalmente encierra en sí todas las
Pero si la hylé se refiere a la morphé de modo que se une a ella vivencias) incluso aquellas que no se caracterizan como intenciona-
como lo que aparece a su aparecer, en ese caso aquélla se encuentra les»R, en tanto en cuanto las vivencias, incluso las impresionales, se
originalmente y en sí misma desprovista de éste, de la capacidad de encuentran desde ahora e-yectadas fuera de sí mismas en ese medio
llevar a cabo en y por sí misma la obra de la manifestación: la hylé de visibilidad que es el de la trascendencia, que es un primer
ya no es, en sí y por sí, más que un contenido ciego, y por eso «se mundo.
da como materia con relación a formaciones intencionales ... »: para De esta e-yección en la trascendencia ontológica de la morphé,
que éstas, «al animarla», la saquen a la luz y hagan de ella un «fenó- que para la ÜAT¡ significa una de-yección de su ser propio en lo ónti-
meno». En la unidad de la que se piensa dar cuenta de este modo, co, dan ya testimonio los únicos pasajes de Ideas 1 a los que por el
no sólo reina y encuentra su espacio de juego la Diferencia sino momento limitamos nuestra reflexión. El examen de los datos
que, de manera más profunda, se instaura una disimetría radical hyléticos se presenta aquí bajo un aspecto que no deja de sorpren-
entre los dos «componentes» de la subjetividad absoluta, el hyléti- der por su ausencia de rigor, por el hecho de que en un pensa-
ca y el intencional: el uno, encargado de dar a la experiencia su miento que no obstante obedece -y ello por razones últimas que
contenido -la impresión-; el otro, de pro-ponerlo precisamente se analizarán en el segundo esrudio de este volumen- al telos del
en calidad de contenido de experiencia en la luz que él pro-duce. análisis eidética, dicho examen no se prosiga precisamente bajo la
La unidad real, es decir, simplemente efectiva, de la ÜAT¡ y la mor- forma de éste sino de una simple amalgama o enumeración pre-
phé, ¿puede significar de manera idéntica la inherencia real -a filosófica. No se trata tan sólo del fárrago de una terminología a la
título de componente real- de la primera a la realidad de la subje- que se consagra la mayor parte del desarrollo, sin que de ello resul-
tividad, si ésta se reduce al aparecer y lo define?~u~stá en te esclarecimiento verdadero alguno: tal fárrago es resultado de una
cuestión ahora es, si no la unidad entre la ÜAT¡ y la morphé, sí al cuestión de esencia justamente, pero eludida de forma incesante.
menos la unidad interna de la subjetividad misma, la posibilidad de Las vivencias impresionales, los antiguos «contenidos primarios»
que el aparecer incluya realmente en él, en su fenomenicidad pura, de las Investigaciones lógicas, comprenden los contenidos de sen-
sación en los que se escorzan las cosas trascendentes de la percep-
ción; forman en cierto modo el residuo fenomenológico de lo que
7 lb., 238, subrayado por Husserl. [Ndr: Gaos (raduce: « ... no sólo los e1e-

menros hyléticos (las sensaciones de color, sonido, etc.), sino también las aper- se encuentra en la percepción cuando se hace abstracción en ella de
cepciones animadoras -o sea ambas clases de cosas a una: también el hacer apa-
recer el color, el sonido y cualquier cualidad del objeto- pertenecen como
'ingrcdienres' a la vivencia».] , lb., 202.

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Fenomenología material
Fenomenología hylética y fenomenología material

su trascendencia. No obstante, si designamos con el título de sen-


de ellos mismos en la verdad del objeto. Aquí la materia todavía no
sibilidad a este quid impresional, a este sensible puro, dicho quid
es ni la materia de la impresión y su tejido, ni la impresionalidad de
lo encontramos de nuevo en el conjunto de las vivencias de la esfe-
lo impresional, ni la afectividad de lo afectivo; es la materia de un
ra afectiva y volitiva, en la de las pulsiones, que tan gran papel
acto. Su función no es otra que suministrar a dicho acto el conte-
desempeñan en la vida humana. Podríamos creer entonces que la
nido a partir del cual él cumple la función que le es propia, la de la
primera puesta a distancia de los datos sensibles que hace tan difí-
mostración, la de la apertura, en y por el desbordamiento intencio-
cil su distinción de los momentos noemáticos de la cosa sobre la
nal, del espacio de luz en el que este contenido, en el que toda cosa
cual se proyectan inmediatamente depende justamente del hecho
se dará a ver, será algo «dado».
de que estos datos son aquí considerados a propósito de la percep-
¿Qué sería en efecto la manifestación del elemento impresional
ción, cuando la mirada de la aprehensión los atraviesa. Por el con-
puro, independientemente de la función en virtud de la cual sirve
trario, en el caso de las vivencias afectivas y pulsionales, su inma-
de materia a la intencionalidad a la que se da? La impresionalidad
nencia radical, es decir, el ser i~resjonal en cuanto tal, en cuanto
\ de la impresión, su afectividad, ¿cumple ya, en y por sí misma, una
que l'xduye l:Jl sí luJ;llfilSCl:1H.ll:lH.:ia, debcríaJ>odl:r ser n:conociJo
función de manifestación, una función fenoll1<,;nQl.0gica? Si consi-
más fácilmente.
deramos únicamente las páginas sobre las que estamos trabajando
En Husserl sucede l2-CQntl:a.rio. Tan pronto como la extensión la incertidumbre es total. O bien el fenomenólogo reflexiona sobre
del carácter impresional a diferentes clases de vivencias conduce a
los datos de las sensaciones y, privilegiadamente, sobre el papel que
incluir c~ la sensibilidad ~os estados afectivos (Gefühle) y los como materia desempeñan en la percepción, de tal modo que los
impulsos sensibles» y, así, a «extender el término primitivanlen~~
capta precisamente en esta reflexión y, por ende, en una intencio-
más restringido de sensibilidad a la esfera afectiva y volitiva, ~ nalidad específica, en una evidencia que no pertenece originalmen-
decih,:\ las vivencias intencionales en las que ~os datos sensibles de
te al elemento impresional en cuanto tal (<<Si llevamos a cabo la
las esferas indicadas se presentan con la función de materia»9, a la
reflexión sobre la sensación, sobre los escorzos, captamos éstos
sazón se muestra que estas vivencias -la afectividad y la pulsiona-
como datos evidentes») . O bien pretendemos saber lo que son con
lidad- son en sí intencionales, que el elemento impresional yafec- anterioridad a la aprehensión reflexiva y cabalmente no lo sabemos
tivo que encierran no constituye su esencia -lo que hace de ellas (<<En la vivencia de percepción ... se hallaban [los contenidos mate-
vivencias afectivas y pulsionales y, en primera instancia, vivencias en riales] contenidos en calidad de momentos reales!', pero no estaban
suma; lo que las da y de este modo las revela originariamente-:
percibidos, no estaban aprehendidos como objetos») . ¿Cómo lo
lo impresiona!, lo afectivo, no son en ellas más que «datos sensi-
estaban pues? Esta cuestión de la revelación original de la subje-
bles», los cuales «se presentan con la función de 'materia'», exacta-
tividad absolu~onstituye la cruz de la fenomenología husserlia-
mente lo mismo que los datos sensibles de la percepción, a fin de na. La dificultad se esquiva recurriendo a una temática noemática:
suministrar un contenido al acto intencional que los arrojará fuera

10 [Ndt: « ... en la vivcncia de percepción ... se hallaban los comen idos mate-
, lb., 204. [Ndt: Traducción parcialmente modificada por nosotros.]
riales contenidos como ingredientes ... » traducc Gaos.]

so 51
,

Fenomenología material Fenomenología hylé[ica y fenomenología material

el análisis del nóema permite definir la naturaleza de las nóesis que fenomenicidad interna es la afectividad como tal. «Elegimos la
lo constituyen. «Todos estos componentes noéticos tampoco expresión de datos materiales o hyléticos »12, escribe Husserl, pre-
podemos caracterizarlos si no es recurriendo al objeto noemático y cisamente para designar esta nota común a todo lo que es impre-
sus diversos momentos ... »Il. Pero ¿cuál será el índice de caracteri- sional, «para esta función en contraste con el carácter infor-
zación Citando ya no hay nóema, es decir, precisamente en el caso de mante», evitando de este modo lo equívoco de! concepto de
la hylé, la cual es de manera explícita uno de los dos componentes sensibilidad.
noéticos?
El golpe de mano de la fenomenología husserliana, tanto más
Se did: son los mo_mentos nocmáticos del objeto percibido, es brutal por inconsciente, radica en interpretar siempre y en todo
el verde del árbol lo que me obliga a pensar esta sensación pura- momento el poder de revelación de lo impresional y afectivo como
mente subjetiva de color a partir de la cual él está constituido. No tal, de «esta función en contraste con el carácter informante», es
obstante, cuando la «aparición sensible» en el sentido de una pre- decir, de suyo excluyente de toda intencionalidad, como constitui-
sentación trascendente de la cualidad noemática del objeto se pro- do precisamente por ésta. Tan pronto como la afectividad es consi-
pone Como texto sobre el que es preciso descifrar lo que debe ser derada desde e! punto de vista fenomenológico como revelante, no
la impresión que le corresponde en la subjetividad pura, cabalmen- es en sí misma, por su afectividad, como lleva a cabo la obra de la
te en tal caso nada se sabe de la reyelación original de dicha impre- revelación, sino en tanto en cuanto participa de la esencia general
sión, es decir, de su subjetividad precisamente. Sin duda alguna, el de la conciencia, en cuanto que es intencional. El sentimiento es un
hecho de que los datos impresionales se pongan en evidencia a par- .acto, un «acto. de sentimiento»; como tal él constituye, «super-
tir del fenómeno de la percepción y por su mediación, el hecho de puesto a la capa de los predicados sensibles», una capa afectiva
que se designen como «escorzos», CJi decir, escorzos de las Cosas específica, <da capa de lo 'alegre', de lo 'triste', bajo su aspecto obje-
precisamente, no es por azar: para la fenomenología histórica se tual-objetivo, de lo 'bello', de lo 'feo' •. La afectividad es revelante
trata de evitar un obstáculo desgraciadamente inevitable. En el caso en cuanto que permite ver esta capa objetual del mundo. «Por pre-
preciso de la percepción, a la impresión le corresponde un correla- dicados de sentimiento hemos designado predicados determinantes
to noemático. ¿Pero qué es de la impresión, nos preguntamos, de objetos» . Sin duda, estos predicados afectivos objetualmente
cuando ya no se produce correlato alguno de este género? Ahora constituidos remiten a una afectividad fundadora y, en este senti-
bien, esto es lo que sucede en el caso del sentimiento, del conjunto do, «aún son llamados, legítimamente y con buen sentido, 'subje-
de vivencias de la esfera afectiva, pulsional y volitiva. Resulta tivos', en calidad de predicados que por su sentido mismo remiten
imposible definir un miedo, una angustia, un dolor, un placer, un a ciertos sujetos que evalúan ya sus actos de evaluación», La afe~­
deseo, una pura cabezonería de Otro modo que por su carácter tividad fundadora es justamente la actividad intencional constitu-
afectivo. Déjase aquí reconocer el contenido fenomenológico espe- yente de los predicados axiológicos. «Si asignamos a todas las
cífico de todo lo que es en sí «impresión», de todo aquello cuya vivencias intencionales, incluso a las vivencias de sentimiento,

" lb., 237, 240, 238.


12 lb., 204.

52 53
Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología malerial

objetividades con relación a las cuales ellas constituyen tomas de los dominios estudiados. No obstante, describir los fenómenos
postura según el modo del sentimiento -objetos especificados bajo mismos comprendidos en estos dominios particulares consiste- en
el título de objetos-valores, de objetos prácticos, etc. -... »I3. Pero describirlos tal como se dan, en su donación misma por consi-
¿qué hay del carácter afectivo del acto mismo, de la vivencia de guiente; consiste en poner a la vista esta donación y tematizarla por
-1 sentimiento? Husserl no puede describirla de otro modo sino tras- sí misma. El objeto de la fenomenología eQ,fenti do filOsRico¡no lo
ladando hacia ella el esquema de la constitución noético-noemáti- ""7 constituyen los fenómenos en el sentido ordinario de la E<!labra
~. U na intencionalidad precede necesariamente a la vivencia de sino su fenomenicidad, más exactamente, el modo original según el
sentimiento, este vendrá a «plenificarla», es decir, a darse a ella, cual se fenomeniza esta fenomenicidad pura. El objeto de la feno-
exactamente como el contenido intuitivo de la percepción viene a menología, «el objeto en el Cómo», en el cómo de su donación, es
plenificar la intencionalidad perceptiva: el sentimiento es, él este .cómo como tal.
mismo, un contenido intuitivo. Pongamos por ejemplo el caso de El § 85 de Ideas 1 ha distinguido en el flujo del ser fenomeno-
un goce: su experiencia se cumple literalmente como la de una per- lógicB-una capa material y una capa noé~ica. La «fenomenología
cepción. El Wertnehmen [captación del valor1es el análogo en la hylética» versa sobre el elemento material mientras que la «fellb-
esfera del sentimiento de la Wahmehnung [percepción]. «Por menología ~éci2a:) se refiere;), los momentos noéticos. Entre estas
tanto, en la esfera deCsentimiento, se da un modo del sentir en el dos fenomenologías se abre paso una desproporción singular: «Los
que el ego vive con la conciencia· de estar presente en virtud del análisis sin comparación más importantes y más ricos se hallan del
sentimiento junto al objeto 'mismo', yeso es precisamente lo que lado de lo noético»; y más adelante: "La hylética se halla patente-
se quiere decir cuando se habla de goce. Pero, al igual que hay un mente muy por debajo de la fenomenología noética y funcional».
. modo de representación a distancia -una men~epresentativa El § 86 que prosigue con «los problemas funcionales», aquellos que
vacía fuera del estar-presente en persona-, de la misma manera atañen a «la constitución de las objetividades de la conciencia», nos
hay un modo del sentir que se refiere al objeto en vacío; y al igual va a decir por qué. Porque «las nóesis, animando la matcria y com-
que el primero se plenifica en la representación intuitiva, de la binándose en sistemas continuos y síntesis unificadoras de lo
misma manera el sentir en vacío es plenificado por el goce» 14. diverso, instituyen la conciencia de algo» , La instauración y pro -
El término «fenomenología» se entiende en dos sentidos. En un moción de la fcnomenicidad pura -en calidad de {<conciencia de
sentid'] tng~'nuo y pre-crít;;:;;¡ se trata de una descripción fiel d~ '1 algo» , en cuanto intencionalidad-: he ahí lo que la fenomenología
«fenómenos», con independencia de toda interpretación y cons- noética pone a la vista, aquello POI~U~ es, en sentido pro'pi?,
trucción trascendente. La fenomenología así comúnmente entendi- «fenomenología»: su objeto es la donación como tal, 1.1 aparición
da se divide en una pluralidad de investigacionesparticulares según en sentido filosófico, en el sentido del aparecer de todo lo que a~­
rece. Puesto que este aparecer se concentra en la intencionalidad y
se agota en ella, puesto que ésta lleva a cabo por sí sola la obra de
IJ RccIJt!1'cIJes phénoménologiques pour la cormilutiull (tr. Elianc Escoubas)
PUF, Pací, 1982, pp. 38, 39. la manifestación, todo lo que no sea intencionalidad se halla des-
14 lb., 33. poseído de tal poder, y ello en la medida en que lo no-intencional,

54 55
Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

la materia, como hemos visto, se abandona a la noche abismal de 10 distinto de la intencionalidad; implican que el aparecer en que
ente. La hyléti~a, que se ocupa de la materia, no sólo se sitúa «muy consiste la intencionalidad tiene necesidad de algo diferente de la
por debajo de la fenomenología noética y funcional" ni únicamen- exterioridad irreal que despliega, tiene necesidad de un conteni-
te «se subordina» a ella. En la medida en que «tiene significación do, de una materia con la que «se combina». E~ materia, este
porque suministra [... ] una posible materia para formaciones in ten- contenido, no es una cosa baladí, no es una diversidad cualquie-
cionales»15, un contenido para el aparecer, para la donación -nudo ra. Lleva consigo un rasgo de esencia: es lo no-intencional y, al
de la fenomenología intencional-, la fenomenología hylética es mismo tiempo -sin que se diga no obstante por qué-, 10
una fenomenología en el sentido trivial y pre-crítico del término, impresional, lo afectivo.
no es fenomenología. La fenomenología intencional es la fenomenología trascenden-
Toda fenomenología es en cuanto tal trascendental: <:.n cuanto tal, pero loI trascendentaf, reducido a la nóesis intencional, no es
\ que pone a la vista la donación en la que se enraíza toda expe-
verdaderamente ,: trascendental, una condición a priori de toda
\ riencia. Trascendental es también la reducción que conduce a ese experiencia posible, como quiera que ésta exige en general lo total-
dominio originario. «El designar la reducción fenomenológica e mente otro que aquél: la sensación, la iml'resión. Esta última debe
igualmente la esfera de las vivencia puras como 'trascendentales' estar dada primordialmente para que una experiencia cualquiera
descansa JUSto en que esta reducción nos ha hecho descubrir una t~a lugar. La ~pensada en la presuposición de la intenciona-
esfera absoluta de materias y de formas noéticas cuyas combina- lidad es la cosa trascendente., irreae pero de manera primordial
ciones de naturaleza determinada implican, en virtud de una debe ser algo distinto, que no es ni irreal ni trascendente: algo pura:
necesidad eidética inmanente, esta asombrosa propiedad : darse mente subjetivo, radicalmente inmanente. Todo lo que se nos da
cuenta de talo cual cosa determinada o determinable dada a la está constituido -una voz apunta: representado-. Pero lo consti-
conciencia; esta cosa es 10 que se confronta a la conciencia misma ~ tuido es de suyo necesaria y primordialmente algo no constituido.
[... ], algo por principio otro, irreal, trascendente»16. Pero esta _----b Todo es trascendente pero 10 trascendente es de suyo primordial-
«necesidad eidética inmanente» en virtud de la cual nace «esta mente no trascendente. Todo lo que está dacio nos está dado en
asombrosa propiedad», a saber, la «conciencia de ~go», es la de la ./ cierto mod.9 do~ veq~$. La}rprimeryilonación es misteriosa, es la
intenciona1idad y no la de la materia, que se encuentra de suyo A ~ t~findu~g' Se trata en este caso de una cierta donación y un cier-
desprovista de tal «propiedad ». «Las combinaciones de naturale- to a go dado, de tal modo ;.ue, aquí, lo dado es el modo de dona-
za determinada» de las «materias y formas noéticas» implican ción mismo: la afectividad es a una y de manera idéntica tanto el
algo muy distinto de esta necesidad eidética inmanente, algo muy modo de donación de la impresión como su contenido impresional
-lo trascendental en un sentido radical y autónomo-. Y poste-
z. ---, riormente este primer dato2..,sieml're ya dado y supuesto, está dado
IS Ideas, op. cit., 209. [Ndt: Traducción parcialmente modificada por nosotros.] una)Segundal'ez, en y por la intencionalidad, como algo trascenden-
16 lb., 238-9. [Nde Traducción parcialmente modificada por nosotros. Gaos
traduce de este modo la parte final de la cita: «es relativamente a la conciencia te e irreal, como su «vis a vis» al que se confronta. La fenomenolo-
misma algo frontero, en principio extraño, no ingrediente, trascendente».] gía «trascenclental»,_es decir, intencional,~ota en la descripci.Qn-

56 57
Fenomenología material Fenomeno logía hyl ética y fenomenología material

de esta segunda dona~ión, en el análisis de sus modos esenciales, de elementos y los constituyentes materiales que harán en cada caso
'¡os &versos tipos de nóesis y de nóemas que les corresponden. del objeto lo que él es. Esta determinación llega tan lejos que la
Pero ha dejado de lado aquello que presupone constantemente, la hylé prescribe a la morphé hasta las modalidades esenciales que
primera donación, aquello que, en su existencia fugaz, la fenome- debe revestir en la constitución de lo que constituye: percepción,
nología hylética piensa y tematiza como los «datos de sensación», imaginación, recuerdo ... En este sentido, la hylé es más esencial que
puesto que es comprendida a partir de su «función» de suministrar la morphé para la determinación del objeto, si de lo que se trata es
una «materia» a la constitución noética -de suministrarle su pre- de considerar el objeto no en su condición objetiva sino en su ser
supuesto-o individual y propio. La reducción fenomenológica, al proceder a la
Según el § 86 de Ideas I la fenomenología hylética no sólo tiene puesta entre paréntesis de las aperccpcioncs trascendentes y, así, de
una significación funcional por la que «se subordina a la fenome- los objetos del mundo, ¿no tiene por tema explícito el reconducir
nología de la conciencia trascendenta!. Ella se presenta, por lo a lo que primordial y verdaderamente se da en el «fenómeno»?
demás, como una disciplina autónoma; tiene en cuanto tal su valor Pero si la hylética debe poder reivindicar el título de «fenome-
propio». ¿Cuál puede ser dicho «valor»? ¿Sería acaso tal valor nología» al aportar una contribución decisiva a la cuestión de la
capaz de restituir a la hylética la dignidad de una disciplina propia- donación, en tal caso ha de replantearse inmediatamente dicha
mente fenomenológica? Con una condición: que la toma en consi- cuestión, y esta vez bajo una forma que ya no autoriza moratoria
deración de la materia intervenga en una reflexión sobre el modo alguna. Dado que la donación de las cosas se lleva a cabo por
de donación de las cosas, sobre los «objetos en su cómo». Este es mediación de los datos de sensación} se trata justamente de saber
precisamente el caso: los objetos de la percepción trascendente sólo cómo éstos a su vez están dados. Hemos mostrado que Ideas 1 no
se nos dan a través de sus apariciones sensibles, de tal modo que ofrece respuesta alguna a este decisivo interrogante.
estos datos desempeñan propiamente un papel de fundamento para No puede olvidarse, no obstante, la linlitación explícita de la
la donación de todo objeto percibido. No basta únicamente con problemática en este estadio de su elaboración. «Tomamos las
decir que los esbozos subjetivos suministran a las nóesis intencio-
nales la materia de sus operaciones constituyentes . El sentido de
\ vivencias según se ofrecen a la rcílex¡ón mmanente como procesos
temporales unitarios»l7. En la actitud reflexiva -en una situación
-
eSta proposición más bien se invierte, pues las nóesis constituyen- fenomenológica dominada por la intencionalidad-, lo impresional
tes sólo funcionan si se amoldan a estas apariciones, a la manera y aparece como un contenido, como un datum, ~n vez de apercibir-
al orden en que se presentan. Por ende, la hylé no es un simple COI1- se en él la Archi-donación que, COIllO auto-donación y C0l110 auto-
tenido ciego para una prestación noética que la conformaría a su impresión, como Afectividad trascendental, ha hecho justamente
antojo: son las materias impresionales, según el juego de su pre- de él algo impresiona!. A la luz de la trascendencia, por el contra-
sentación, las que dictan a las nóesis las modalidades de su propio rio, bajo la mirada de la reflexión, desligado de la esencia que reina
cumplimiento. O también: la intencionalidad, en lugar de funcio- en él y lo determina de arriba abajo, lo impresional no es más que
nar como un libre principio para la exhibición del objeto, extrae
por el contrario de él, o mejor, de la materia de la que procede, los 17 lb., 202 .

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

un contenido, en efecto, un datum cuya donación depende esta vez progresiva de la experiencia y, primeramente, su posibilidad misma
de la intencionalidad; su carácter impresional (la sombra proyecta- en cuanto experiencia concordante y unitaria, si ella misma es posi-
da sobre él por su esencia originaria, la representación de ésta en ble. Si «una multiplicidad compleja de datos hyléticos [ ... ] viene a
verdad) no es más que un carácter empírico, contingente, constata- ejercer la función de escorzar de manera múltiple una sola y misma
do, aprendido por la experiencia: el a postenori de todas las filoso- cosa objetiva»l?, ello se debe a que estos datos se presentan de un
fías que sitúan el a priori en el yo me represento de un «yo pienso» cierto modo, precisamente como los escorzos de una sola y misma
cualquiera -incluso si este a posteriori contingente les resulta lo cosa; se debe a que su aparición obedece a una organización sobre
más necesario-o
la que se modelan y se fundan las unidades sintéticas constituidas a
La indiscutible depreciación del concepto de ÜA~ (y conjunta- partir de ellos y el orden objetivo mismo. Sea cual fuere la libertad
mente ª"e la fenomenología hylética) que emana de los breves pasa- que se acuerde reconocer a las prestaciones noéticas, libertad en
jes a ella consagrados en 1deas 1, obedece a la situación que acaba- virtud de la cual «el mismo complejo material puede soportar apre-
mos de evocar. La intencionalidad en la cual reside el hacer-ver hensiones rnúltiples»20, esta libertad permanece sujeta a una necesi-
asume al mismo tiempo la función de la racionalidad. Pues hacer dad más profunda que se enraíza en la subjetividad misma a la que
ver es hacer ver cómo, es revelar en su ser aquello que se hace ver retorna la reducción, más precisamente, a una legalidad inmanente
y decir lo que él es: darle su sentido. La conciencia intencional es a los contenidos hyléticos y conforme a la cual dichos contenidos
idénticamente conciencia dadora de sentido. A esta instancia que hacen posible la constitución a partir de ellos de un universo cohe-
da a la luz de la inteligibilidad, que construye propiamente dicha rente y dotado de sentido. Esta legalidad no es otra que la de su
inteligibilidad, se opone aquello que le está sometido por estar donación. A ésta somos por ende remitidos dos veces: una prime-
alumbrado y reconocido en su ser por ella: los contenidos materia- ra, si de lo que se trata es de comprender la posibilidad última de
les, sensuales y otros que, fuera de esta in-formación significante, toda constitución objetiva; una segunda, si los datos últimos, los
no serían más que «[ ... ] 'complejos psíquicos', [ ...] 'contenidos' datos hyléticos en los que se da el mundo, han de estar ellos mis-
fundados a una, [ .. .] 'haces' o flujos de 'sensaciones', que, de suyo mos dados. La materia reconduce en todo caso a la cuestión de su
sin sentido, no podrían originar 'sentido' alguno Como quiera que auto-donación, a la cuestión de saber si esta archi-donación se lleva
se mezclasen». O incluso «'complejos de contenidos' que existen a cabo bien por sí y, por ende, de modo autónomo -si la impresión
puramente pero nada significan, que no quieren decir nada». La se auro-revela en cuanto tal-, o si se trata, una vez más, de recurrir
conciencia, afirma incluso Husserl, «es, pues, tato caeLo diversa de al único ruado de manifestación reconocido como tal por el pensa-
lo único que quiere ver el sensualismo, de la materia, de suyo y miento occidental, al primer Ek-stasis del Afuera y a lo Dimensional
de hecho carente de sentido) irracional...»!s. 1 extático de la fenomenicidad cuya apertura recibe el nombre de

No obstante. b in-form:lciún significante de contenidos intcncionaliJaJ.


materiales en sí insignificantes sólo constituye la racionalización

" lb., 207, 209, 207. !9 lb., 241. [Ndt: Traducción parcialmente modificada por nosotros.]
10 lb., 241. [Ndt: Traducción parcialmente modificada por nosotros.]

60 61
,

Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

La superación de la problemática planteada en Ideas 1 -que se con una aporía insuperable: no puede dar cuenta ni del ser de la
contenta con considerar las vivencias, y por consiguiente las viven- impresión ni de su donación . En las Lecciones de 1912.5 sobre el
cias hyléticas, «según se ofrecen a la reflexión inmanente en calidad tiempo la fenomenología despliega por·vez primera y, a decir ver-
de procesos temporales unitarios»- se define ella misma como la dad, última, e! intento de..chlcidar de manera rigurosa la donación
necesidad «de descender a las oscuras profundidades de la con- de la Impresión. En este texto extraordinario, el más_bello sin duda
ciencia última que constituye el tiempo»21, Si los datos sensuales e de la filosofía de este siglo, se emprende la gigantesca liza por
impresionales no deben ser considerados ingenuamente como medio de la cual una fenomenología hylética en el sentido radical
simples «contenidos» que están simplemente «ahí», si de lo que se del término intenta abrirse camino a través de los sedimentos de la
trata es de preguntarse por su donación, por la fenomenización tradición. Este combate conduce a una filosofía de la archi-consti-
de la impresión en cuanto tal, en tal caso conviene volverse hacia tución de una notoria profundidad que renueva muchos aspectos
D

-
--'>--
la conciencia que constituye originalmente eltiempo. La consti-
tución del tiempo mismo, del tiempo fenomenológico inmanen-
te, es la constitución original que constituye todos los elementos
del pensamiento clásico, pero al precio, no obstante, de la pérdida
de lo Esencial y de la fenomenología hylética misma.
Antes de asistir a dicho combate y, en él, al tercio de la muerte
subjetivos a su vez constit,:yemes del mundoy del tiempo que le filosófica de la vida, se impone una precisión que atañe al conjun-
pertenecen: ella es la archi-constitución que lleva a cabo la archi- to del desarrollo ulterior de la fenomenología. Dado 'l.'::.':...porta
donación. consigo la esencia de la vida, la impresión se adhiere a todo lo que
Lo que quiere decirI La Archi-donació,! es una archi-constitu~ está vivo y, a través de él, al mundo entero. Pese a quedarse absor-
ciún, es la archi-constitución del tiempo,~La temporalidad es el )- ta en los problemas constituyentes y funcionales, la fenomenología
'-
_archi-e1<-stasis que constituye la archi-fenomenicidad~ La archi- < convertida en intencional no deja en menor medida de roparse
donación como archi-constitución, como archi-éxtasis del tiempo, ~ constantemente con una materia de la que no se tiene aprehensión
ataije precisamente a la-Impresión, a- la .f:,¡:lé,'pués ella es su propia alguna, ni siquiera la más trascendente. Cuanto más regresa el aná-
donación, su auto-donación a sí misrnj.[de tal manera que estaf" lisis hacia las formas arcaicas de la constitución, más lo interpela y
donación no es obra suya sino de las archi-imencionalidades que \ <: lo constriñe este elemento material. Lo mismo ocurre en el caso de
-----
componen e! archi-éxtasis de! tiempo, de tal manera que esta dona- --" -:i" las así denominadas fenomenologías fundamentales, tales como las
ción no es una auto-donación: aguello que da no es la Impresión del cuerpo o las del ego. Mas lo que acaba entonces por falsificar
misma sino la Archi-intencionalidad; lo que está dado ya no es estas investigaciones, por extraviarlas fuera de su dominio propio,

-
tampoco la Impresión misma ni puede serlO![Cuando para llevar-
se a cabo, y precisamente porque es incapaz de tal cosa, la feno-
.-
es que, pese a la creciente extensión de la parte dedicada ala impre-
sión, esta última no conduce verdaderamente el análisis, no siendo
menología de la hylé bascula hacia una fenomenología de la nunca la n.atura naturans efectiva de las experienci<\s que trata de
intencionalidad, aunque sea de la archi-intencionalidad, se topa elucidar.
, Toda experiencia es originalmente y en sí su propia venida a sí
21 lb., 202. \ misma, cierta mostración inaugural a la que todo lo que se muest!:a

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

le debe su naturaleza, sus leyes y, en suma,)o que él es. Ahora bien, quien da a ver. Pero un pensamiento fenomenológico radical no
lo que sucede en tales fenomenologías es que la impresión no puede dejar de preguntarse por el modo en que el poder tras-
puede ser en este caso ese principio determinante de la experiencia, cendental, que da toda cosa, se da él mismo: se da a sí mismo en
precisamente porque aquella no le aporta a esta última su esencia tanto en cuanto aquí no entra en juego ninguna otra instancia más
fenomenológica, a saber, la fenomenicidad de todos los fenómenos que él. Toda fenomenicidad efectiva y concebible, a decir verdad,
que la componen . y la impresión no es ese principio de todas las se fenomenizaprimero ella misma, y solamente bajo esa condición
experiencias acuñadas por el sello de la sensibilidad o de la afecti- puede un fenómeno cualquiera fenomenizarse en ella, en su feno-
vidad porque no es tal principio con relación a sí misma, porque la menicidad previamente cumplida y dada. ILa auto-donación de la
impresionabilidad no decide, en su materialidad fenomenológica intencionalidad es una cuestión que la fenomenolo.gía husser~
irreductible, la propia venida al ser de la impresión y, así, de todas no ha eludido totalmente; fue incluso sin duda su preocupación
las experiencias que reposan sobre ella. El Ser original de la principal hasta el momento en que la incapacidad para darle una
Impresión ha sido ya por siempre hecho arucos, escindido, arroja- respuesta y el tedio consiguiente la arrojaron a la sombra en la que I
do en una exterioridad primitiva, en cierto primer plano de luz en prolongó su existencia bajo la forma de una obsesión secreta.
el que ella se ex-pone y se exhibe. Y ello porque esta ex-posición, Ahora bien, es en las Lecciones deJ.90S donde se ha abierto paso el
y por ende, el trabajo del ek-stasis, son la condición de la venida de proyecto decisivo de toda fenomenología, emprendido con obsti-
la Impresión a la experiencia, de su primera venida a sí misma en nación y dando lugar a tentativas y esfuerzos reiterados. A esta
calidad de fenómeno, de «aparición sensible». De este modo, ambición última se debe que este texto sea el más bello de la feno-
en lugar de la impresión, la fenomenología husserliana sólo cono- menología. Aflora en él, explicitándose a veces en abruptos enun-
ce su ser constituido, su estar dado a la intencionalidad o a una ciados, la inaudita afirmación según la cual la Impresión es aquello t
proto-intencionalidad. En el momento que se la confronta con su que da principio al principio 'iue hace ver toda cosa, aquello que
objeto propio, la fenome nología hylética bascula hacia una feno- revela originalmente la intencionalidad a sí misma.
menología de la constitución, de tal modo que los grandes proble- Extraña situación, inversa a la dominante en la fenomenología
mas del cuerpo, del ego, etc., se reducen a «problemas constitu-
ti
clásica. La relación entre la forma y la materia aquí se invierte por
yentes» como se ve en Ideen n.No obstante, es a propósito del completo. Debido a que la impresión ya no es dada sino dadora, y
tiempo, precisamente cuando se hunde en las 'profundidades. de ello en sentido último, la hylética es posible y necesaria, no ya a
la archi-constitución, cómo la fenomenología husserliana va a título de disciplina anexa de orden óntico, subordinada a la feno-
conocer ante la Impresión su fracaso más espectacular, el más sig-
nificativo y el más decisivo.

El problema de la auto-donación, en fin de cuemas, no atañe sola-


menología trascendental intencional, sino precisamente como una
fenomenología, es más, como la fenomenología misma. En efecto,
la tesis según la cual la conciencia es impresional tiene y debe tener

un alcance absolutamente general, significando no sólo que siem-
me;;;;'la imQ!'esión. En una fenomenología de la imencionalidad es
esta última quien cumple la función original de la mostración,
pre y en todo lugar -sin que, por otra parte, se sepa por qué-- 4!
la conciencia se encuentra afectada impresionalmente, sino que la
4
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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

impresión, mejor dicho, la impresionalidad constituye la concien- impresión». Igualmente «la creencia es creencia actual, es impre-
cia misma, a saber, la fenomenicidad pura como tal, la materia y la sión». L? es precisamente en su ser originario, en calidad de inicial
sustancia fenomenológica de la que está hecha y, así, la fenomeni- e inmediatamente experimentada, con anterioridad a toda aprehen-
cidad original de todos los fenómenos. He aquí por qué toda obje- sión que se dirija a ella y la torne en un estado psíquico apercibido
tividad, aun la más ~rascendente, se halla revestida de una capa pre- y considerado como tal. «De la creencia en sí o sensación-creencia
dicativa afectiva que se dice constituida en ella por una ha de diferenciarse la creencia tomada en la aprehensión como un
íntencionalidad específica, un «acto de sentimiento»; he aquÍ por estado mío, como mi juzgar»22.
qué el ente en sí no afectivo e insensibl~ está recubierto él también El motivo por el que la tesis de la conciencia impresional no
de propiedades por principio heterogéneas con relación a él, y que desemboca en una fenomenología material en sentido radical per-
por esta razón aparecen sobre él a modo de adiciones, de estratos mite comprender no sólo la suma de los desarrollos ulteriores de la
superpuestos, de «predicados» sensibles y axiológicos tonalmente fenomenología noética e intencional sobre la base de sus comien-
determinados; he aquí por qué el cosmos mismo o la Naturaleza zos privilegiados, sino esos mismos comienzos, la marcha inicial de
tiene como una carne atravesada por las grandes mellas y desgarra- la problemática en dirección a los "puros datos hyléticos». La
mientos de la vida emocional: porque nada de lo que es -y justa- reducción, en primer lugar, ha establecido su carácter indubitable,
mente para poder ser- se da de otro modo o en otra parte sino allí pues ha quedado excluido todo lo que excede lo efectivamente sen-
donde el Ek-stasis se da originalmente a sí mismo, a saber, en el tido, por ejemplo, la impresión sonora realmente oída, toda apre-
pathos de su auto-impresión y en su impresionalidad. hensión trascendente de un objeto situado más allá de sus apari-
La cuestión de la impresión atraviesa de cabo a cabo las admira- ciones subjetivas y cuya duración no cabe confundir con la de estas
bles Lecciones sobre el tiempo, no porque estén consagradas a un impresiones «inmanentes» (un objeto que todavía durase aun
problema específico en el que los contenidos sensibles jueguen cuando dichas impresiones se hubiesen interrumpido).El hecho de
un papel preponderante, sino precisamente porque el tema que las que el tema de la elucidación sea el puro dato hylético en calidad
conduce es, bajo el título de «conciencia intesna del tiempo») el de de lo efectivamente experimentado, lo efectivamente sentido, lo
la primera donación. El hecho de que la conciencia sea impresional efectivamente oído, en calidad de lo efectivamente dado, muestra
no depende de ninguna determinación extrínseca, por ejemplo, de que la reducción se lleva a cabo en este caso como un retorno a la
algún vínculo misterioso con el cuerpo, sino -una vez descartada donación y a su cómo, al cómo de su plena realización y de su efec-
justamente toda determinación extrínseca por la reducción feno- tividad: sólo en el cómo de semejantc donación lo dado lo es efecti-
menológica tal como funciona en esta obra- de su naturaleza pro- vamente. ¿Cuál es pues la donación a la que conduce aquí la red'!.c-
pia, del hecho de ser consciente considerado en sí lnismo y como ción? ¿Cuál es el cómo de su cumplimiento efectivo y de su plena
tal. Esta es la razón por la que en este texto se afirma la impresio- realización, sino la impresión o, mejor, lo impresional en cuanto
nalidad de la conciencia a propósito del conjunto de sus modalida-
des, especialmente de sus modalidades intelectuales. Por ejemplo, 12 Husserl, E., Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo

«la conciencia judicativa de un estado de cosas matemático es (trad. de Agustín Serrano de Haro), Editorial Trotta, Madrid 2002, pp. 115, 124.

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

tal? Pues es precisamente en calidad de impresión pura y de sensi- Una vez que en la donación de la impresión la esencia de ésta
ble puro -abstracción hecha de todo elemento heterogéneo, otro -el puro hecho de ser impresionado como tal- resulta desposeí-
y de distinto orden- como el dato hylético así tomado en su pure- da de su función de donación en beneficio de una conciencia origi-
za, en su impresionalidad, es verdaderamente uno. naria de! ahora, es decir, que da e! ahora en persona -la percep-
Basta con leer los primeros parágrafos de las Lecciones para ción, en sentido husserliano-, lo que está dado de este modo, en
advertir que, al menos para Husserl, no es asÍ. No es en calidad de su ser mismo, «en carne y hueso», resulta precisamente arrojado
impresiona1 como la impresión está dada, no es a título de sentido, fuera del ser, proyectado en una suerte de irrealidad primordial en
en su auto-sentir y por él, como lo sentido está dado, sino en cuan- la que se desvanece la realidad de lo real y su peso ontológicoo Y
to que ambos están presentes en una conciencia del ahora, una con- esta paradoja no lo es más que en apariencia: puesto que la realidad
ciencia del presente denominada «conciencia originaria», percep- reside en e! experimentarse a sí misma de la subjetividad y de la
ción originaria, percepción Interna, percepción inmanente, sentir vida, en el auto-impresionarse de la impresión, en ese caso sólo en
originario, conciencia interna, conciencia interna del tiempo, etc. ésta y en su donación propia puede serme dada la realidad de la
_Denunciemos sin más demora la ambigüedad fundamental de esta impresión, la realidad de la vida. Es el dolor quien me instruye
conciencia originari.'ll Por una parte, se trata de una impresión, de sobre el dolor, y no quién sabe qué conciencia intencional que lo
r ~e que la donación en calidad de donación primera resulta a mienta como presente, como siendo ahí ahora. La segunda, la
buen seguro inseparable de la impresión, de modo que «la con- donación extática en la percepción del ahora, presupone la prime-
ciencia es nada 2in impres.ióo»E. Pero en esta impresión no es la ra, la donación inextática en la afectividad, de tal modo no obstante
impresión ella misma y por sí, en su propia carne afectiva en cierta que no la lleva a cabo jamás por sí misma, en calidad de percepción
manera, la que lleva a cabo la donación sino una conciencia origi- intencional de un dolor en el ahora, sino que la presupone justa-
naria que la da como siendo ahí ahora, como presente: una percep- mente como llevándose a cabo en otra parte, en la afectividad y en la
ción originaria que da como siendo verdaderamente ahí, como impresionalidad de! dolor. Se deshace aquí ya ante nuestros ojos el
siendo ahí realmente, y ello justamente en cuanto que siendo ahí equívoco de la conciencia impresional husserliana: confundir cons-
ahora. Dar como siendo ahí realmente, como siendo ahí ahora, tantemente dos donaciones y conferir subrepticiamente a una de
supone conferir esta significación a lo que se encuentra dado en ellas las propiedades que, sin embargo, sólo pertenecen a la otra.
una conciencia tal, supone hacer ver en tanto en cuanto se hace ver He aquí lo que el contexto del análisis va a poner ccgadoramen-
de este modo, al conferir esta significación de ser verdaderamente te en claro: que la conciencia originaria de la sensación en su ahora
ahí, de ser realmente ahí, en calidad de presente, en calidad de no da precisamente esta sensación en la realidad subjetiva de su ser
ahora. La conciencia que da de este modo y con este sentido, que impresionalmente dado a sí mismo, sino que la arroja en una irre-
da el primer ser a título de primer sentido, en calidad de aquello alidad en la que sólo puede ya scr representada mas no experi-
que es y que es ahí ahora, es una intencionalidad. mentada. Abrese paso aquí un esfuerzo recomenzado sin cesar y
siempre desbaratado que pretende dar de nuevo consistencia y ser
" lb., 120. a lo que desde un principio se encuentra privado de ello, a lo que

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología materi.ll

con.tinuamente se desliza en el no ser, en esa irrealidad noemática no obstante la sustancia y el tejido de toda realidad, ya se entienda
donde se pierde todo lo que está vivo. Esta! indigencia ontológ!fa por ella la rcalidad de la subjetividad o la de la Naturaleza-: que
fundamental de la impresión, en la medida en- que esta última se da lo que se auto-impresiona en cada impresión y, así, la realidad de la
en la conciencia originaria de! ahora, se expresa en e! hecho de que, subjetividad absoluta a título de esencia de toda realidad, en c!,li-
situada en él, se deja arrastrar con él, decayendo como él en lo dad de carne de la vida, se encuentre reducida en la presentación
<~ pasado» y después en «lo más y más pasado»., alejándose intencional del ahora a una pura idealidad y ésta, en la divisibilidad
c'ontinuamente del ahora actua!2ara hundirse en una oscuridad cre- al infinito, a un simple punto él mismo ideal. _
ciente y perderse, al término de este proceso, en lo «inconsciente». Toda la marcha de las Lecciones tiende simultáneamente a dis-
Este proceso en el que el ahora -y la impresión dada en él- se frazar y a conjurar esta quiebra de la conciencia originaria del
transforma constantemente en pasado recibe e! nombre de modifi- ahora) el anonadamiento ontológico de este último. Si, conforme a
cación y produce una fluencia ininterrumpida, de suerte que en su naturaleza, cada punto de la corriente se hunde en clla y con ella,
esta fluencia que arrastra todo y que fluye en cada punto de sí basta entonces con reificar la corriente como tal) con hipostasiarla
misma no puede haber en efecto punto fijo alguno, nada que esca- por decirlo así, con hacer de ella una cuasi-sustancia de la que cada
pe a la corriente, ahora verdadero alguno por consiguiente -un hundimiento devendría un 1110do, una parte en el seJltido en que
ahora que «es siemprey por esencia un punto-borde de una exten- una parle es parte de un Todo, que no existe sino en él, que encuen-
sión de tiempo») al igual que «el presente es un punto límite»- . tra en él su esencia y su fundamento, lo mismo que el rodo se
Que este término, que este límite, no designe en el seno de la expresa y realiza concretamente en el conjunto de sus partes. La
corriente porción alguna por reducida que sea, zona mínima algu- teoría del Todo y las partes elaborada en la Tercera Investigación
na que se sustraiga a ella, en calidad de momento o dato realmente lógica corrobora la fenomenología del ahora impresional a punto
presente -«en el flujo, empero, no puede entrar por principio nin- de desfallecer", autoriza el subterfugio por el cual el ahora en cali-
gún fragmento que sea de no-flujo»-, es justamente lo que hace dad de límite ideal, en calidad de pura idealidad, se transforma en
que este presente no sea más que un «límite ideal», ~orción una fase concreta de la corriente) ella misma transformad:1 cn una
de la corriente mentada bajo el título de ahora, precisamente por- realidad concreta, en un flujo real, .eI flujo de la conciencia». He
que es en sí corriente, no constituya sino un «ahora 'grueso', _que ahí pues b mistificación ontológica que constituye iJ condic ión
tan pronto como seguimos dividiendo vuelve a descomponerse en previa de todo este análisis : la impresión, que nunca «es» trascen-
un ahora más fino y en un pasado, y así sucesivamente»24. Sólo este dente y que nunca se da en sí misl11:1 en la presentación extática del
a,hora es la iI!!Presión. He aquí lo que arruina la pretensión ontoló- ahora, que no se da en ésta sino para renunciar a su realidad impre-
gica de la conciencia del ahora de ser una percepción, «un acto ori- sional viva y deslizarse en la irrealidad noemática, encuentra según
ginalmente dador de la realidad., que la da en sí misma y tal cual ella
es -y ello, al menos, en el caso de la impresión, la cual constituye l~ Denise Souchc-Dagucs ha scñalado precisamente esta influencia dc la
Tercera investigación lógica cn la problcmática de las Lecciones; d. Le dc--ve/oppe-
mene de l'inu:ntiollaliré dalls la phéllomélloiogie bllsserlie/llle, Martinus Nijhoff,
l~ lb., 90, 89, 136,62. La Haye 1972, pp. 217-218.

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

la interpretación de Husserl su ser original y propio en esta venida del ahora y la conciencia retencional no están meramente soldadas
a la irrealidad, en esta fluencia en el no ser ya de lo «recién pasado • . la una a la otra, se completan hasta el punto de i~vertir por así
El hecho de que la impresión en la conciencia del ahora se reduz- decirlo sus papeles. La conciencia originaria da la impresión en
ca a su propia fluencia en el no ser ya de lo recién pasado asegura en calidad de ahora, de tal modo que, apercibida en la vista del ahora,
primer lllgar la unidad de esta conciencia del ahora con la retención, la impresión le hurta propiamente su realidad, fluyendo así en el
que es precisamente la conciencia de lo «recién pasado» ·c omo tal. no-ser. La retención capta precisamente esta fluencia; ella es con-
Estas dos conciencias están vinculadas de tal forma que, por una ciencia del hundimiento pero, en el seno mismo de éste, retiene el
parte, la primera se modifica constantemente en la segunda y, por ahora de la impresión, dándolo como pasado, como un no ser ya,
otra, esta modificación las domina en cierto modo a ambas; ella hace pero dándolo al menos de este modo, y arrancándolo así de la nada.
que la conciencia del ahora no sea sólo conciencia del ahora, sino La conciencia que da originariamente en el presente el ser real no
conciencia del ahora que fluye hacia el pasado y, así, conciencia a la da nada real, no da la realidad de la impresión, la de-yecta en la
vez de éste, conciencia de la extensión de tiempo que va del ahora al irrealidad. La retención recupera como puede ese ser-real de
pasado y los incluye a ambos en ella como sus límites, o más bien la impresión dado en e! ahora -ser que no ha sido ni real ni real-
como sus fases, como sus partes, hechas tan concretas como el Todo mente dado en ese ahora-, lo da en el sentido de que ha sido real-
en el que se inscriben, como la extensión de la que forman parte en mente dado, y dado en algo que era un ahora. Esta extraordinaria
calidad de elementos constituyentes y reales . Nace así la ilusión de inversión de papeles entre la conciencia que se dice originaria y que
un flujo fenomenológico homogéneo, real y concreto, compuesto no puede dar la realidad y la conciencia de lo pasado que al menos
de fases que no tienen existencia sino en él, de tal manera que cada la da al pasado, explica e! imperio creciente que ejerce la retención
fase remite a la otra y sólo es posible por ella; de tal manera que sobre la totalidad de! flujo, haciendo de él lo que es, un dato feno-
no hay ahora sin su recién pasado, como tampoco podría haber menológico, y un Todo precisamente, cuya cohesión sólo ella ase-
recién pasado sin un ahora al que se anuda constantemente como gura, puesto que cada fase sólo se vincula a las demás por «colas de
lo recién pasado de este ahora, o mejor dicho, como este ahora retenciones» o también por esa «intencionalidad longitudinal» que
mismo en calidad de recién pasado. «Una fase sólo es pensable como corre a lo largo del flujo y que es ella misma una retención.
fase, sin posibilidad de extenderse. Y la fase de ahora sólo es pensa- Este primado de la retención explica la re-evaluación ontológi-
ble como límite de una continuidad de retenciones, igual que cada ca de la que es objeto" La retención es una conciencia originaria,
fase retencional sólo es pensable como punto de un continuo»". una percepción en el sentido estricto de un acto dador originario,
El problema de la homogeneidad de este flujo fenomenológico es decir, que constituye la única vía de acceso posible a lo que él da,
real y concreto y, así, de su estatuto ontológico en calidad de conti- lo cual sólo puede estar dado ello mismo de este modo, en y por este
nuo, se perfila ante nuestros ojos si nos preguntamos a continuación acto: ella es la intuición de lo pasado en persona. Justamente porque
por las conciencias que lo constituyen. La conciencia impresional la corriente está dada en una archi-constitución retentiva es por lo
que aquélla no es sólo un flujo fenomenológico sino precisamente
26 lb., 55. un flujo real. Al restituir la experiencia de lo pasado en calidad de

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lo recién pasado a una conciencia originaria, la polémica contra Álzase aquí ante nosotros una de las aporías de la fenomenolo-
I3rcntano (el cual reducía por el contrario este pasado a lo imagi- gía husserliana. La re-evaluación ontológica y fenomenológica de
nario) reubica por ello el conjunto del flujo en la efectividad de un la retención, lejos de poder fundar la extensión temporal y, así, el
darse fenomenológico verdadero y, por ende, en la realidad, de tal continuo del flujo fenomenológico en calidad de flujo homogéneo
forma que -en la medida en que este flujo es el medio donde apa- y real, va por el contrario a quebrarlos. En tal caso, la conciencia
recen los datos de la sensación y los datos hyléticos en general-la del ahora, en lugar de incluir en ella la extensión retencional que
inlpresión, lo impresional como tal, parece de nuevo ofrecerse al vendría a acrecentarla a la manera de un «horizonte vivo», se halla
poder de mostración de una ex-posición extática. por el contrario separada de ella por un abismo, devuelta a la pun-
La re-evaluación ontológica de la retención tiene, en efecto, una tualidad donde se disuelve en la idealidad de la divisibilidad al infi-
estricta significación fenomenológica afirmada como tal por parte de nito. No puede olvidarse en efecto la diferencia fenomenológica de
Husserl: «Lo que tengo retencionalmente consciente es absoluta- las intencionalidades que constituye el argumento capital de la
mente cierto»27. La justificación teórica de esta aserción categórica fenomenología y que le ha brindado sus más bellos análisis . La
encierra un paralogismo que denota su carácter pseudo-fenomenoló- conciencia del ahora y la retención son, ambas, «conciencias origi-
gico: no es porque la retención sea absolutamente cierta por lo que el narias», percepciones: lo que ellas dan lo dan en persona, en su rea-
flujo es un dato cierto; es porque este flujo debe ser validado en toda lidad. Lo dado por estas dos conciencias no es sin embargo real en
su extensión temporal-y con él el ahora que no existe sino extendi- el mismo sentido o del mismo modo, ni por consiguiente homogé-
do temporalmente en él- por lo que la retención se halla investida de neo, ¡ni con mucho! La conc iencia originaria del ahora da el ser
esta significación fenomenológica radical:' «Si a la esencia de un con- como siendo ahí ahora, es decir, como real. La retención es la con-
tenido que ha de darse a la percepción pertenece el extenderse en el ciencia originaria del pasado como pasado; lo que ella da, sólo lo da
tiempo, la indubitabilidad de la percepción no puede significar otra como no siendo ya, como un no-ser. En lo que ataii.e a la impre-
cosa que indubitabilidad acerca de su existencia extendida en el tiem- sión, en su realidad subjetiva, impresional y viva, parcela alguna de
po» . Husserl percibe en realidad que esta exigencia implica nada esta realidad entra en la retención . Según las declaraciones explíci-
menos que una redefinición de la subjetividad absoluta y de su modo tas de Husserl, «los 'contenidos' retencionales no son en absoluto
original de revelación a sí misma, es decir, del cogito mismo, pero úni- contenidos en el sentido originario», o también, «el sonido retenido
camente para descartar de un revés esta redefinición global, o más no es ningún sonido presente ... él no existe realmente ahí en la
bien, para resolverla en la simple reafirmación de la indubitabilidad conciencia retencional»!". Cuando por ende, a cada instante, la con-
retencional: «La tan traída y llevada evidencia de la percepción inter- ciencia impresional del presente tluye hacia la conciencia rctcncional,
na, la evidencia de la cogitatio, es claro que perdería todo significado
y todo sentido si quisiéramos excluir a la extensión temporal de la
l~ lb., 53. Todo el comienzo del § 12 se dedica a trazar UIl.1 [ínc:! de dCm:lfCa-
esfera de la evidencia y del verdadero darse»". ción rigurosa corre la sensación debilitada - por ejemplo, en su rcson.\llI.:ia- y el
recuerdo primario de esta misma sensación [Ndr: Agustín Serrano de !-faro tra-
27 lb., 70.
duce la parte final de la última cita como sigue: " ... él no existe como pane ingre-
'" lb., 104, 105. diente en la conciencia retencional ,. J.

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Fenomenología material
Fenomenología hylética y fenomenología material

el ser se hunde en la nada -a cada instante-o Prueba de ello es que


Revelación- y no al ahora la tarea de asegurar el retorno del ser y
a cada instante el ser debe renacer, ex nihilo, y lo hace bajo la forma
su brote continuo en un ahora siempre nuevo. La significación de
de un nuevo ahora que brota constantemente como «el punto vivo-
este recurso constante a la impresión -recurso donde arraigan las
fuente del ser» donde «mana a la vez siempre nueva primicia de
grandes hendiduras contenidas virtualmente al menos en estas
ser»30, sustituyendo a aquel que acaba de perderse en 10 pasado, en
admirables Lecciones- se acrecienta tan pronto como se ha reco-
lo «recién pasado», pero que es un pasado completa y totalmente
nocido su alcance fenomenológico decisivo: decir adiós definitiva-
pasado.
mente a la fenomenología intencional, a todo modo de presenta-
Este brote continuo del ser sobre el abismo de una nada que se ción extática, en su pretensión al menos de originariedad.
abre constantemente bajo él es lo que confiere a la descripción hus- Comencemos por este último punto.
serliana su carácter fascinante, alucinante incluso, pero también su
La fenomenología del tiempo es una fenomenología de la
incoherencia o absurdidad. El pretendido continuo fenomenológi-
impresión que rehúsa a esta última su poder de revelación propio
co del flujo es interrumpido constantemente; su realidad supuesta-
para confiarlo, de modo exclusivo, a la donación extática. La dona-
mente homogénea, que hace de él un Todo partido en fragmentos,
ción extática de la impresión es su presentación en la conciencia
es una discontinuidad radical y apenas pensable que se instaura originaria del ahora a la que se agregan la retención y también la
más bien entre esos pedazos de ser y de nada que se transforman
protención, o sea, el pro-yecto de lo futuro (del puro hecho de
constantemente en una transubstanciación mágica, de modo que
estar por venir, considerado en sí mismo y como tal). Las concien-
aquel que se mantiene sobre la estrecha cresta del ahora no sólo
cias del ahora, del pasado y de io «por venir» constituyen a una la
tiene un pie sobre el suelo y otro en el vacío, sino que bascula sin
estructura unitaria de un triple ek-stasis que define el cómo de toda
cesar del primero al segundo, titubeando como un hombre ebrio o
donación de fenómenos tal como Husserl la concibe. «Tenemos
como el usuario de un pasillo rodante o de una escalera mecánica
objetos en el 'cómo' [... ] La forma del cómo es la orientación: lo
que los utili7.ase a contra corriente: rnicl1rras da sobre la superficie
que es ahora, lo que acaba de pasar, lo por venir»ll. Pero la dona-
móvil un paso que se escurre tras él y a continuación, a toda prisa,
ción, aun entendida en un sentido universal, no escapa, como
da otro a fin de no caerse de bruces, nuevamente este paso se escu-
hemos visto, a la cuestión de la auto-donación. Se trata de com-
rre a su vez y nuestro héroe, desequilibrado como un títere, prosi-
prender cómo cada conciencia actual, rerencional o protencional es
gue su marcha a tirones y sin avanzar.
ella misma un «fenómeno», cómo la conciencia interna del tiempo
La nota distintiva más sorprendente del análisis husserliana
es en sí una conciencia incluso antes de la prestación fenomenoló-
-en pugna con este hundimiento ontológico que rompe sin cesar
gica que cumple con la venida a la aparición del ahora, de lo recién
el continuo del flujo para hacer de él este transito incoherente entre
pasado y de lo por venir y, así, de todo lo que viene en ellos, en la
el ser y la nada- es que confía precisamente a la impresión,-en la
extensión temporal del flujo inmanente de la conciencia interna del
que va a concentrarse la esencia del Ser en calidad de su Archi-
tiempo. A esta cuestión crucial de la fenomenicidad más original a
la lb., 89.
" lb., 140.

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

título de fenomenicidad de lo constituyente mismo, Husserl no da constituyen fenoménicamente fases del mismo flujo de conciencia
otra respuesta que la repetición inútil e indefinida de la fenomeni- no pueden ser idénticas a estas fases constituidas, y de hecho no lo
cidad de lo constituido -es decir, que cada fase constituyente de! son»3l.

flujo sólo adviene ella misma a la fenomenicidad en la medida en A decir verdad, lo son tan poco que no tienen nada en común,
que ella misma está constituida-o De tal manera que, por una existiendo únicamente entre ellas una heterogeneidad ontológica y
parte, ella no se fenomeniza en cuanto constituyente y, por otra, el fenomenológica radical: aquella que se abre para siempre entre lo
constituyente último permanece en el «anonimato», anonimato en que viene-ante en la luz de la fenomenicidad extática y mostrándo-
e! que se resume y se concentra e! fracaso fenomenológico de la se como tal, y lo que, asegurando con carácter de ultimidad esta
fenomenología husserliana. venida, no se exhibe sin embargo él mismo en ella. Dado que este
El § 39 de las Lecciones no es sino la confesión mal disimulada no-venir en la luz de! Ek-stasis no es algo provisorio sino esencial-
de este fracaso. La objeción según la cual la manifestación del flujo mente marcado por un nunca, toda analogía entre lo que puede ser
de la conciencia exigiría un segundo flujo situado bajo él y encar- iluminado por esta luz y lo que por principio se sustrae a ella, toda
gado justamente de hacer de él un fenómeno, se resuelve en la pro- inferencia del primero al segundo, es absurda. «Es evidente, en
posición que afirma que el flujo «se constituye en sí mismo», que suma, que los fenómenos constituyentes de tiempo son objetivida-
es él mismo lo que aparece y aquello que hace que aparezca, dando des por principio distintas de las constituidas en el tiempo», de
cuenta de este modo él mismo de su propia aparición. No obstan- suerte que «no cabe atribuirles con sentido los predicados de estos.
te, la tesis de la Selbsterscheinung se desdobla secretamente. Por Por tanto tampoco puede tener ningún sentido decir de ellos, y
una parte, ella incluye la afirmación según la cual es e! flujo mismo decirlo con igual significado, que existen en el ahora y que han
quien lleva a cabo su propia manifestación: por ejemplo, que cada existido antes, que se siguen los unos a los otros en el tiempo o que
retención hace ver la fase que retiene y, a través de ella, todas las son simultáneos entrc sí, ctC."J3. Desgraciadamentc, tanto la conti-
fases precedentes, toda la corriente pasada del flujo por consi- nuación del texto como toda la fenomcnología ulterior y los mis-
guiente y, de este modo, ese flujo mismo. Pero por otra, esta tesis mos inéditos sobre el Presente vivo, no dirán nada más, proyec-
todavía especulativa, que es la de la auto-donación, que establece tando sobre los fenómenos que constituyen el tiempo e! discurso
que e! flujo es a la vez lo que da y lo que está dado, implica otra, ya sostenido sobre el flujo constituido y haciendo de ellos también,
explícitamente formulada, a saber: que lo dado por e! flujo es jus- aunque sea metafóricamente, un «fluj~», con su punto de actuali-
lamente el flujo mismo, el flujo en persona, en su rcalidad propia dad, sus fascs prolcncion,llcs y rctcnciol1:dcs, etc. -rlujo dcsde
(Selbst) . Tal cosa es falsa si la realidad original del flujo designa el. entonces sometido a las mismas aporías, a los mismos hundimien-
conjunto de sus fases constituyentes, las cuales no están dadas pre- tos ontológicos que el flujo fenomenológico constituido, llamado
cisamente como tales sino sólo en calidad de constituidas. Y «tnmanente»-.
Husserl debe escribir: «Lo constituyente y lo constituido se
cubren, coinciden, J, con todo, no pueden coincidir; naturalmente, JZ lb., 133, subrayado por nosotros.
en todos los respectos. Las fases de! flujo de conciencia en que se Jl lb., 94.

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La impotencia de la donación extatlca para esenciarse como doble movimiento. En primer lugar, aquel que va de la impresión a
autodonación es el motivo desapercibido pero decisivo que hace la fijación extática del ahora, que subordina la primera al segundo,
que las Lecciones remitan sin cesar el análisis intencional a su basa- único capaz de conferir a la impresión el momento individualizan-
mento hylético. De forma muy precisa, la conciencia originaria del te que hará de ella lo que es . Si consideramos una sensación que
ahora queda remitida a la impresión sin la cual este ahora no sería, dura idéntica a sí misma -un mismo do que se prolonga-, ella es
de tal modo que es la realidad de la impresión en calidad de su rea- distinta en este ahora de aquí y en e! ahora siguiente, de tal modo
lidad subjetiva original -en calidad de Ur-impression- la que que es esta fijación de! ahora la que la diferencia en cada caso, esto
hace que haya un ahora, el cual consiste en la primera representa- es, la forma extática del tiempo. En efecto, afirmar que la sensación
ción en la irrealidad nocmática de lo que sólo «es» en su auto-afec- es individualizada por e! ahora en que se da supone estipular los
tación y por ella. He aquí por qué el ahora no puede contener la caracteres propios de la mirada extática y de lo que aparece en ella,
impresión en él ni retenerla -no más por otra parte que la reten- supone hacerlos pasar por los caracteres de! mismo ser. Es decir: lo
ción-: porque ella no está jamás ahí, no siendo algo que la mira- que es y que es lo que es, es lo que es ahí ante esta mirada, es lo que
da de la intencionalidad, aunque fuese ésta quien establezca el es ahí ahora.
ahora, pueda en algún caso alcanzar en su realidad . Resuélvesenos Pero la mirada extática no es más que una forma vacía: lo que da
ya de este modo la aporía de la concepción husserliana del flujo es un lugar vacío en el que por lo demás ninguna impresión es
fenomenológico en calidad de continuo de partes homogéneas, capaz de desplegar su ser, es decir, de aparecer en su realidad pro-
aporía en virtud de la cual ese pretendido continuo era interrum- pia. De donde se sigue e! segundo movimiento del parágrafo, aquél
pido a cada instante por el hundimiento ontológico de un que reconduce incontestablemente desde ese lugar vacío y como tal
«ahora» constreñido él mismo a renacer a cada instante . A la luz indiferente a todo ser real y determinado, a todo ser individual
del concepto de realidad que promete, la fenomenología material -incapaz por ende de conferir la individuación- a la esencia que'
puede, en lo que a ella respecta, brindar una teoría coherente de contiene y produce todo ello. «El momento de! lugar originario del
la homogeneidad ontológica del flujo fenomenológico «inmanen- tiempo no es nada por sí solo, naturalmente; la individuación nada
te»: establece su irrealidad primordial, e! hecho de que, mentada es aparte de lo que tiene la individuación». Esta licencia concedida
en él en cuanto ahora, recién pasado o por venir, la impresión no a la fijación de! presente extático en su pretensión de fundar la indi-
tiene de todos modos su lugar en él y nunca le ha pertenecido en viduación lo descalifica ante todo en su capacidad de definir el ver-
su subjetividad original, manteniéndose por entero fuera de lo dadero presente, la Archi-Presencia sita en la Archi-Revelación en
Dimensional extático - en ese Allende radical que soy yo-. Pero virtud de la cual cada impresión es una impresión . • Claro que en
esta observación es prematura. rigor es el propio punto de ahora el que debe definirse por la sen-
La remisión del ahora a la impresión y, de forma más precisa, a sación originaria». «La impresión originaria tiene por contenido
la impresión originaria, es e! contenido implícito o explícito de los lo que la palabra ah'ora significa cuando se la toma en e! más
grandes análisis de las Lecciones. Véase, por ejemplo, e! § 31 que estricto sentido» . Con esta Archi-Presencia en calidad de Archi-
aborda e! problema de la individuación. Podemos aquí reconocer un Reve!ación que se lleva a cabo como Impresión se fundamenta el

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Fenomenología material Fenomenología hy lética y fenomenología malerial

mismo Ser. «La impresión originaria es [... ] la fuente primigenia de heterogéneo con relación a ella, es presentado como no siendo ni
toda conciencia y todo ser ulteriores»". El hecho de que páginas contingente ni heterogéneo, precisamente, respecto a ella: le perte-
más adelante la impresión se escriba en plural, de que ya no sea nece por el contrario y la define puesto que la forma implica e!
captada en su originariedad, es decir, en su esencia, sino confundi- ahora y e! ahora implica la impresión. Dado que la forma no con-
da con aquello que hace posible, con las sensaciones constituidas duce por sí sola a ninguna experiencia concreta sin la impresión
en el flujo fenomenológico -«las múltiples sensaciones originarias originaria, ¡se sigue que esta depende de la forma y la constituye!
fluyen ... »; «las sensaciones originarias que introducen el proceso He aquí esta sarta de sofismas: «La forma conStante está siempre de
retencional...»"-, tal cosa sólo atestigua la incapacidad de la feno- nuevo llena de 'contenido', y el contenido no es nada que venga a
menología husserliana para edificar una verdadera problemática de encajar en la forma desde fuera, sino que viene determinado por la
la impresión y de la conciencia impresiona\. forma de la legalidad: sólo que esta legalidad no determina por sí
Idéntica situación en el Apéndice VI. La hipóstasis de la corrien- sola el concreto . La forma consiste en que un ahora se consútuye
te en calidad de flujo fenomenológico que acoge indistintamente en por medio de una impresión ... »J6. Esta llamada a la impresión no
él lo constituyente y lo constituido plantea la cuestión de saber si supone para la fenomenología de la temporalidad extática una oca-
hay algo que escape a este flujo en el que todo es flujo. Respuesta: sión para escapar del vacío de sus supuestos sino tan sólo una opor-
la forma del flujo. La corriente, en efecto, presenta una estructura tunidad para repetirlos indefinidamente, como lo muestra la conti-
fija, una forma permanente que es la de la conciencia interna del nuación inmediata del texto arriba citado: «... y a esta [la
ticmpo según su triple componente extático actual, protencional y impresión] se agrega una cola de retenciones y un horizonte de
rctenciona!. Conforme a esta estructura, las fases del flujo que flu- protenciones. Esta forma permanente comporta, sin embargo, la
yen a través de ella aparecen necesariamente como fases futuras, conciencia de constante mudanza, que es un protohecho: concien-
prt.::-it.:lllt.:!) y pasadas, dc lal modo sin embargo que dicha eslructura ci;t dc la Illudan za dt· la i1l1pn,;s iúll en lTlcllcilm, mienlras comilllla-
formal fija del flujo no es nada por sí misma y no determina flujo mentc vuelve a haber una impresión .. .).
rcal y concreto alguno. Para ello necesita un «contenido», y este Hemos comenzado a entender por qué siempre de nuevo, con-
contenido portador de la realidad y que hace de! flujo un flujo con- tinuamente, vuelve a haber impresión: porque nada adviene al ser
creto es justamente la impresión. Esta superación decisiva de la sino en el lugar donde el ser se abraza primero a sí en el pathos de
forma extática de! flujo temporal hacia lo totalmente otro que el su Parusía original. Porque e! Origen es un Pathos, porque este
ek-stasis, sólo es reconocida por el texto husserliano a fin de disfra- como tal es siempre efectivo, es por lo que en efecto nada adviene
zarla al punto con el más burdo de los paralogismos. El contenido sin silla como impresión, que por esta razón «siempre está ahí». Esto
e! que la forma no es nada y que, no obstante, en calidad de impre- es lo que la mirada extática apercibe ante sí como «un ahora siem-
sionalidad de la impresión, es fenomenológica y ontológicamente pre ahí», tomando precisamente la forma de una impresión siem-
pre nueva; lo que ella apercibe sin poderlo comprender, bajo capa
}4 lb. , 88, 87.
lS lb., 97, 99. )f, lb., 136, subra)'.lJo por nO~Ot ro~.

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

de una factualidad tan sorprendente como contingente y no de la temporalidad y por ella-o De este modo la subjetividad sólo se
apod icticidad primordial. Pero apercibir la impresión ante sí sin designa como impresional en su fondo para ser deportada fuera de
preguntarse ulteriormente por lo que la hace posible, por lo que su ser propio, de-yectada en las archi-formas del ek-stasis tempo-
hace posible algo como lo impresional en general y hace necesario ralizador donde pierde su esencia. Ha devenido un mundo, un pri-
su extensión al Todo del ser, supone precisamente desconocer su mer mundo, un «mundo interior», cosa que no es en ningún caso.
esencia, disfrazar sus rasgos decisivos. Su ser siempre preso en el abrazo patético de su parusía original y
Este disfraz se produce de dos modos. El primero, que ya que sólo es posible en esta inmanencia primordial ha explotado
hemos reconocido, consiste en la sustitución del ser original de la propiamente; sus fragmentos dislocados, dispersados en un fantás-
impresión por su ser constituido. Esta sustitución se lleva a cabo tico puzzle, se ofrecen en lo sucesivo al trabajo de un análisis que
tan pronto como se considera el dato hylético ad intra del flujo feno- recompondrá indefinidamente los pedazos a la luz de supuestos
menológico, cosa que justamente sucede no sólo en Ideas 1 sino míticos. Se anuncia así la gran crisis del sujeto del pensamiento
también en las Lecciones. Desde ese momento, en efecto, la dona- moderno, crisis que procede de la ignorancia pura y simple de su
ción extática de la impresión en la conciencia interna del tiempo ha esencia, e~to es, de la ignorancia de la impresión.
reemplazado su auto-donación en la impresionalidad y la cuestión El disfraz del ser original de la impresión con su ser constituido
de la impresión se pierde de vista. Esta obnubilación queda paten- remite a una falsificación más profunda que consiste en insertar la
te en la problemática de la Ur-impression: la originariedad de esta estructura de la temporalidad extática ad intra de la impresión
no designa la venida de la impresión a sí misma sino su aparición misma par"01 fin y al cabo, defi¡ür la esencia. de esta por medio de
en el flujo en el punto del ahora, el cual es algo constituido, como icha estructma. Tal falsificación es a la vez la causa y el efecto
la impresión que forma en lo sucesivo su «contenido». Esta caída de la reducción del ser-original de la impresión a su ser-constituido.
de la impresión en el ser constituido del flujo es una nota absolu- Su efecto, porque es evidente que si el ser de la impresión ha sido
tamente general de la fenomenología husserliana que la pervierte insertado en la temporalidad del flujo fenomenológico a título de
de arriba abajo. Todo acto, toda vivencia, es una impresión; esa era, contenido inmanente, de «dato hylético», de «aparición sensible»,
como se recordará, la proeza de las Lecciones: «Todas las vivencias etc., dicho contenido hecho fragmento del flujo lleva consigo el
son conscientes por medio de impresiones o están impresas»37. carácter que dicho flujo impone a cada una de sus fases: el de remi-
Pero la impresión que constituye el ser de todo acto y de toda tir protencional y retencionalmente a todas las demás. Se puede, se
vivencia, en la que este acto y esta vivencia son dados, es ella misma debe ·entonces escribir: «En lo que hace a la sensación individual,
«un presente inmanente», un dato inmanente en el sentido de ocurre que en verdad no es nada individual. Es decir, los conteni-
Husserl, en el sentido de una aparición en la duración del flujo feno- dos primarios son por doquier portadores de rayos de aprehen-
menológico constituido -constituido por la conciencia interna del sión, y sin tales rayos aprehensores, todo lo indeterminados que se
tiempo, 10 que quiere decir: revelado en la estructura extática de la quiera, aquéllos no comparecen». y de forma más explícita: «Cada
sensación tiene sus intenciones que conducen del ahora a un nuevo
)7 lb., 108. ahora» .

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

Sin embargo, no es sólo en e! flujo ----en cuanto constituida en él- sucede que lo impresional y lo sensible en cuanto tales han cesado
como la impresión se ve atravesada por el chorro del futuro, sino en sí de pertenecerle, no siendo sino contenidos situados ante ella y
misma, en su esencia propia .• Pero la mirada de! ahora al nuevo ahora, cuyo carácter sensible y afectivo permanece como un enigma -al
este tránsito, es algo originario ... Decía más arriba que ello pertenece igual, por lo demás, que e! carácter afectivo y sensible que se sigue
a la esencia de la percepción. Digo ahora mejor que lo hace a la esen- reconociendo al mismo sentir puesto que así se lo denomina-o
cia de la impresión» . El hecho de que esta falsificación radical de la Textos como el que a continuación se cita son un testimonio abru-
esencia propia de la impresión reducida a la de la primera percepción, mador de este desmembramiento ruinoso del sentir en una forma
la percepción extática de la temporalidad fenomenológica, tenga su y un contenido, ambos insensibles, desmembramiento que no es
origen en la decadencia previa -bajo la mirada de dicha percepción- otro sino el de la esencia interior de la impresión: consideremos
de la impresión en el flujo a título de «contenido primario» es lo que «un contenido sensible, digamos un rojo de sensación. Sensación
hace evidente la continuación inmediata de! texto: .Pues lo dicho vale no es aquí sino la conciencia interna del contenido de sensación.

,I
ya a propósito de todo 'contenido primario', de toda sensación», Sensación-roja (como tener sensación de rojo) ... »J9.
Pero tal vez la impresión sólo ha sido previamente reducida a su El genio de Husserl consistió sin duda en haber tenido, más que
aparición extática en la temporalidad inmanente porque este modo cualquier otro filósofo, conciencia de las dificultades interna, de su
de presentación es e! único que conoce la fenomenología, de suer- pensamiento. Es esta clarividencia sin parangón la que -puesta en
te que el recurso a la impresión para asegurar la última donación en presencia de la hipóstasis de la conciencia extática del tiempo, del
calidad de auto-donación sólo era concebible en realidad a costa de reino por entero de la modificación que produce la omni-corrien-
esa inserción subrepticia de! poder de mostración de la intenciona- te y corroe todo presente al reducirlo a un límite ideal- pregunta
lidad en la materia no intencional. Sólo bajo esta condición el sen- qué ocurre con la fase inicial de una vivencia: «¿Acaso también ella
tir podía ser ubicado en e! corazón mismo de la subjetividad con e! llega a darse sólo sobre la base de la retención y sería 'inconscien-
encargo de asegurar en ella su función última, El texto que comen- tc' si no se adhiriese a clla ninguI1;l retención? ». Ello supondría,
tamos termina con definiciones extraordinarias del sentir, puesto Husserl lo ve con claridad, colocar toda nuestra vida en el pasado.
que de lo que se trata en suma es de excluir de él todo elemento De donde se siguen estas afirmaciones categóricas: «No es más que
impresional, todo aq uello que podría hacer de él en verdad un un absurdo, pues, hablar de un contenido 'inconsciente' que sólo
«sentir», y ello al identificarlo pura y simplemente con la concien- con posterioridad devenga consciente. La conciencia es necesaria-
cia constituyente del tiempo. «El sentir lo consideramos como la mente conciencia en cada una de sus fases». La inevitable recvalua-
conciencia originaria de! tiempo; en ella se constituye la unidad ción del presente que reclaman tales declaraciones no conduce sin
inmanente color o sonido, la unidad inmanente deseo, agrado, etc,». embargo a ninguna definición positiva de una ahora capaz de sepa-
y también: «Sensación es la conciencia del tiempo que hace presen- rarse de la evanescencia de la corriente, y ello porque la conciencia
tC»J8, Pero cuando el sentir se convierte en la mirada extática misma del ahora permanece extática, sin apoyo por consiguiente sobre el

JI lb., 126, 127, 128, subrayado por nosotros. " lb., 152-153.

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

ser-original de la impresión sobre la que se edifica toda realidad en punto de su ser, sin jamás deshacerse de sí, sin que el intervalo de
calidad de sub-jectum, en calidad de sub-sistente. Lo dicho se ve distancia alguna la separe nunca de sí.
claramente en el paralelismo instituido entre esta conciencia del ¿Pero no cambia la impresión, y ello constantemente? Mas lo
ahora y la retención: aun si ambas no mientan temáticamente sus que nunca cambia, lo que nunca se rompe, es aquello que hace de
objetos y pueden en este sentido calificarse de inobjetivas, tanto la ella una impresión, la esencia de la vida en ella. Así, la vida 'es varia-
una como la otra 110 son por ello mellas intencionales, y esta es ble, como el Euripo, de tal modo sin embargo que a través de sus
la razón por la que la conciencia del ahora es susceptible de ser variaciones no cesa de ser la Vida, y ello en un sentido absoluto: es
comparada, precisamente sobre este particular, con la retención: la misma Vida, la misma experiencia de sí que no cesa de experi-
(Como la fase retencional tiene consciente a la fase precedente, sin mentarse a sí misma, de ser absolutamente la misma, un solo y
objetivarla, así también el dato originario es ya consciente sin vol- mismo Sí mismo. Cuando decimos que la vida cambia, que este Sí
verse objeto -y lo es en la forma peculiar del 'ahora'-»40. mismo se transforma, queremos decir: lo que experimenta es t:1.
He aquí la cuestión cuyo alcance conviene evaluar: la cuestión experiencia de sí se modifica pero en esta modificación ella no cesa
de lo no-modificado en calidad de antecedente y prius de toda de experimentarse a sí misma, y es justamente ahí, en el cambio, lo
retención y, así, de la corriente misma. ¿Qué es lo que en el flujo que no cambia ¿Qué es lo que no se modifica en la vida impresio-
no se modifica? Ni siquiera la forma del flujo, puesto que, por una nal, la cual no cesa de sufrir nuevas impresiones, de suerte que
parte, ella está vacía y, por otra, sólo se repite semejante a sí misma siempre vuelve de nuevo una nueva impresión? Aparentemente,
en cada ahora para precipitarlo en el abismo. Forma fija del flujo y que la nueva impresión que viene es y será ella también una impre-
omni-corriente son recíprocas, nada .subsiste en ellas más que la sión. Lo que se requiere para su venida es lo que está siempre ya
no-subsistencia, la fluencia y la desaparición. Es menester recono- ahí ante ella, y que permanece tras ella, no la forma vacía de un yo
cerlo: en el flujo no hay vida real, no hay vida en el presente -no pienso o la mirada extática de lo por venir, sino la auto-afección
hay vida posible-o¿Qué es por ende lo que permanece a través de radical de la vida en su efectividad fenomenológica y respecto a la
la modificación como lo no-modificado absoluto -en cuanto que cual toda «nueva impresión» no es sino una modalización. En lo
lo no-modificado porta consigo el elemento de la realidad y la defi- que atañe a nuestra vida no hay, no hay nunca ahora absoluto algu-
ne, en cuanto que él es el sub-jectum, lo que, no siendo nunca no, que recaería enseguida en el pasado, sino sólo esta vida siempre
arrastrado por el flujo, sub-siste justamente como el ser absoluto cambiante y siempre la misma. De este modo, no somos ese poli-
que designamos como Presente, como el eterno presente de la chinela que tendría un pie en el ser y otro en la nada.
Vida, como su Presente vivo-? Reside en la realidad aquello por «Al retirarse la sensación originaria», escribe Husserl, «al modi-
lo que ella es la realidad y que, de este modo, no cesa nunca; resi- ficarse constantemente ... »41. Cuando la sensación originaria se reti-
de en la impresión aquello por lo que ella es una impresión, el abra- ra, hay algo que no se retira: su esen,ia en calidad de auto-afección
zo mudo en el que ella se experimenta y se siente a sí misma en cada de la vida. Lo que permanece no es por ende como una sustancia

~c lb., 142. H lb., 99.

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Fenomenología material Fenomenología hylética y fenomenología material

inalterada en medio de la corriente universal, como una piedra en particularmente el del cuerpo . El movimiento de la vida se ha con-
el fondo del río: es el historial de lo absoluto, la eterna venida a sí vertido en el de una vista: «A la esencia de la percepción pertenece
de la vida. Puesto que esta venida no cesa de advenir, lo que per- no sólo el que tenga a la vista un ahora puntual y no sólo el que de
manece es el cambio, no la dehiscencia ni la huida fuera de sí a cada su vista despida un 'recién sido', al que, con todo, mantiel}e 'aún
instante sino lo que, por el contrario, en la experiencia de sí y como consciente' en el modo peculiar del 'recién sido', sino también el
implosión de esta experiencia, llega a sí, se apodera de sÍ, se acre- que ella pase de ahora en ahora y el quc, previéndolo, vaya al
cienta en su ser propio. Lo que permanece es el acrecentamiento. encuentro del nuevo ahora»43,
El acrecentamiento es el movimiento de la vida que se lleva a cabo Lo que nos adviene en el ek-stasis de la mirada no cesa de tener
en ella en razón de lo que clla es, de su subjetividad. su sitio en ella: fuera de J1o~ntros. Cuando se desplaza de lo por
Husserl ha intentado pensar el movimiento de la vida y lo ha venir al presente, este presente es «un presente puntual bajo su
hCl.:ho cn términos m;l~níficos: «La conciencia despit'na, la vida mirada», de tal manera que nunca es lo que somos sino aquello de
despierta, es un 'vivir al encuentro', vivir el ahora al encuentro del lo que nos separa para siempre la distancia de la exterioridad . De
nuevo ahora)~. Esta transito, añade el texto, «es algo originario»42. este modo el movimiento de la vida es desnaturalizado por segun-
Pero este movimiento de la vida, esta pulsión que la lanza consta11- da vez: no siendo ya la fuerza de una pulsión, lo que quiere no es
lCJ11CIllC «al encuentro» -al encuentro del ser y que no puede ser ya la satisf.lcción de ésta, lo que la vida desea como un sí mismo y
otra cosa que la revelación original del ser a sí mismo, que la vida-, como una parte de sí, como su auto-transformación bajo la forma
Husserl no los piensa precisamente a partir de la esencia de la vida de su auto-acrecentamiento, como una verdad que es su propia
y como algo idéntico a ella, sino a partir del único modo de mani- carne y la sustancia de su gozo, que es la Impresión. Lo que quie-
festación que conoce, como un ek-stasis, como la pro-tensión de lo re este movimiento de la vida convertido en el movimiento de la
por venir. Por esta vía cl movimiento de la vioa queda wtalmente conciencia intencional y en el del pensamiento objetivo no puede
falsificado, ya no es la pulsión, a saber, lo que nace de la vida en ser ya justamente sino doblegar esa oleada de imágenes que fluye
lucha consigo misma, de la vida acorralada en sí y abrumada por sí de lo por venir al pasado, dominar un juego de representaciones.
que, no pudiendo ya soportarse a sí 111isma en el sufrimiento de su La totalidad de la vida se pervierte de arriba abajo y pierde su sen-
sufrirse a sí misma, aspira a transformarse, a devenir otra -no algo tido cuando no se percibe que la fuerza del sentimiento es siempre
otro, exterior a ella, sino a actuar de suerte que ese sufrir se trans- la que la lanza al encuentro y que aquello a cuyo encuentro se lanza
forme en ella en un gozar, en el gozar de sí de su esencia propia-o es siempre ella a su vez, la intensificación y el acrecentamiento
Pensado a partir del éxtasis y como extático, el movimiento de la hasta la ebriedad de su poder y de su pathos.
vida ya no es lo que siempre es: una fuerza, a saber, la fuerza sita Un fragmento de las Lecciones era capaz de poner en tela de jui-
en ese abrazo primordial de sí en el que .1 su vez se enraíza toda cio esta metafísica de la representación que abruma tanto al pensa-
posibilidad de coger, asir y apretar, donde reside todo poder y miento moderno como a su pasado. Según el Apéndice 1 cada

" lb., 128. 4} l b., 127-28.

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Fenomenología marerial Fenomenología hylérica y fenomenología material

impresión originaria se modifica constantemente y la modificación estando siempre ya cumplidas, antes de toda espera, de toda con-
que resulta de esta modificación de la impresión originaria se ciencia de presente y de todo recuerdo posibles. Esta es la razón
modifica a su vez, y así sin interrupción de manera indefinida. por la que hemos llamado a la constitución extática de! tiempo una
Existe de este modo una «constante producción de modificaciones archi-constitución.
de modificaciones», que no es otra cosa que «el continuo constitu- Lo producido en esas síntesis absolutamente pasivas de la con-
yente de tiempo». Ahora bien, en el seno de este continuo se abre ciencia del tiempo no deja de ser una pro-ducción y, con la :lpcrru-
paso una divergencia decisiva entre la impresión originaria, por una ra de lo Dimensional, la de un espacio de juego para los actos de la
parte, y la producción continua de las modificaciones, por Otra. conciencia y de! Yo. En la pasividad de la impresión originaria,
Esta distinción consiste en que la producción de las modificaciones puesto qUe ella difiere de esta producción de las modificaciones,
es una producción en el sentido estricto de! término -es una pro- nada de ello, nada de lo que pertenece a la producción, se pro-duce.
ducción real en calidad de hecho de la conciencia y a ella debida en Ella no es e! Advenimiento fundamentalmente pasivo y como tal
su totalidad- mientras que e! surgimiento continuo de la impre- incansable del Ek-stasis, sino aquello que lo excluye de sí de mane-
sión originaria escapa a esta producción de las modificaciones por ra insuperable, de tal modo que pasividad en cuanto no-produc-
la conciencia, escapa a ésta y no le debe nada. «La impresión origi- ción quiere decir aquí e! irremisible, insuperable e infrangible abra-
naria es el comienzo absoluto de esta producción, la fuente ori- zo de la vida consigo, abrazo en e! que no hay Distanciamiento
ginaria de la que todo lo demás se produce sin cesar. Ella misma, alguno porque el cómo de la donación de la vida a sí misma no es
sin embargo, no se produce, no surge como algo producido»H. El ni el Ek-stasis ni su pro-ducción sin fin, sino justamente esa pasi-
hecho de que una de ellas, la modificación retencional continua, es vidad que le es fundamentalmente ajena, e! sufrir en cuanto el
decir, el Ek-stasis, sea producida, y la otra, la impresión, no lo sea, sufrirse a sí misma de la vida en cada punto de su ser: la Impresión .
no es una diferencia exterior a su ser sino que es el ser en su esen- De ahí también que el continuo que pertenece a esta no tenga nada
cia propia lo que está en cuestión. La producción del ek-stasis que ver con el continuo de las modificaciones, no siendo el segun-
qu iere del.:ir que el ck-stasis es en sí mismo producción, él es pre- do sino la iteración de la ruptura extática, y el primero aquello quc,
cisamente el brote de lo Dimensional extático. En.verdad, esta pro- situado bajo ella o más bien en ella, la soporta y la hace posible a
ducción no se confunde con un acto explícito del Yo, al modo de cada instante. Este continuo es el continuo de la vida, su abrazo en
la mirada de una intencionalidad específica. Pues sólo si esta pro- e! pathos: tiene la consistencia de una carne que mano alguna
ducción ha tenido lugar en lo Dimensional previamente desplega- arrancará jamás.
do, en ese caso una mirada de la conciencia puede mentar algo a ¿Acaso Husserl no ha presentido nunca lo que estamos dicien-
título de porvenir, presente o pasado. Esto es lo que Husserl quie- do? Este texto contiene e! destino abortado de la fenomenología:
J J
re decir cuando designa las intencionalidades constituyentes de la «Donde algo - a - dura, a pasa a xa xa a yx'a", y así sucesiva-
,

conciencia interna del tiempo como esencialmente pasivas, como mente. La producción de la conciencia pasa: empero, de a a a', de
xa' a x'a.>J; pero los a, x, y no son, por el contrario, nada producido
H lb., 120. por la conciencia, sino lo originalmente engendrado, lo 'nuevo', lo

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Fenomenología material
Fenomenología hylética y fenomenología ma~erial

que ha venido a ser, ajeno a la conciencia; lo recibido frente a lo Todo aquello que el fenómeno griego no ilumina Con su brillantez
producido por la propia espontaneidad de la conciencia»". extática, todo aquello con lo que la tradición no ha sabido qué
La fenomenología material -título bajo el que se pueden hacer, aquello que la filosofía moderna de la conciencia ha recupe-
incluir las conquistas de La esencia de la manifestación así como rado en un inconsciente groseramente imaginado que le está adhe-
de las investigaciones ulteriores- no ha nacido de una reflexión rido a la piel como la joroba de un personaje contrahecho, eso es lo
sobre las insuficiencias de la fenomenología hylética y finalmen- que somos nada menos, aquello para cuyo reconocimiento la feno-
te sobre su fracaso . Antes bien, ella es la condición de una aper- menología material dispone de medios y que se da como tarea para
cepción clara de sus insuficiencias. No pretende completar lo comprender.
que sólo habría sido entrevisto. Lo que pone en juego, y de
modo radical, es el concepto de materia, convertido en «conteni-
do primario», tal como funciona en su correlación con el de
forma, convertida en nóesis intencional. La pareja impre-
siónlintencionalidad significa que un modo único y exclusivo de
manifestaciones y revelaciones ha extendido su reino sobre todo
lo que es, a saber, ese modo que la intencionalidad expresa a su
manera y que arroja en la no-fenomenicidad principial del «con-
tenido», de la materia, todo lo que no es él. Materia y Forma per-
tenecen al Ek-stasis como aquello que él produce, como sus
constituyentes y resultados; la conexión que los une a lo largo de
toda la historia de la metafísica occidental no es sino un efecto
de su origen griego.
«Materia>}, para la fenomenología material comprendida en su
oposición decisiva a la hylética, ya no indica lo otro de la feno-
menicidad sino su esencia. De este modo la fenomenología mate-
rial es la fenomenología en un sentido radical, ya que en la dona-
ción pura tematiza su auto-donación y da cuenta de ella. No son
ya objetos, «Objetos en el cómo», lo que ella percibe, sino una
Tierra nueva en la que ya no hay objetos: son otras leyes, no ya
las leyes del mundo y del pensamiento, sino las leyes de la Vida .

., lb., 120-21.

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