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Ética

La ética se relaciona con el estudio de la moral y de la acción humana. El concepto


proviene del término griego ethikos, que significa “carácter”. Una sentencia ética es una
declaración moral que elabora afirmaciones y define lo que es bueno, malo, obligatorio,
permitido, etc. en lo referente a una acción o a una decisión. Por lo tanto, cuando alguien
aplica una sentencia ética sobre una persona, está realizando un juicio moral. La ética,
pues, estudia la moral y determina cómo deben actuar los miembros de una sociedad. Por
lo tanto, se la define como la ciencia del comportamiento moral. Claro que la ética no es
coactiva, ya que no impone castigos legales (sus normas no son leyes). La ética ayuda a
la justa aplicación de las normas legales en un Estado de derecho, pero en sí misma no
es punitiva desde el punto de vista jurídico, sino que promueve una autorregulación.

Moral

Se entiende por Moral a todo el conglomerado de creencias, aptitudes, opiniones


versadas y costumbres en forma de leyes y normas que puede tener una persona. La
personalidad de un sujeto debe tener como mínimo una conducta ética aceptable, para
poder pertenecer a un grupo social, esta se consigue a través de los valores morales
conseguidos mediante la correcta educación. La moral se complementa con las diferentes
virtudes que la persona pueda tener, sus costumbres y forma de vida van creando
parámetros de conducta, propios para el desarrollo de una correcta moral y valores.

Deontología

La deontología es una disciplina subsidiaria de la ética que se enfoca en las obligaciones


morales que las personas tienen considerando como patrón de evaluación a la utilidad de
las mismas. Así, desde esta perspectiva, aquello que es correcto y debe ser llevado a la
práctica coincide con aquello que beneficie al mayor número de personas. La importancia
de este enfoque en lo que respecta a la moral es su asociación con distintas actividades
profesionales, significando con esto que es muy común apelar a estos principios para el
desarrollo de una ética en lo que respecta a distintos desempeños laborales.

Bioética

La bioética es el estudio sistemático de la conducta humana en los campos de las


ciencias biológicas y de la atención de la salud, en la medida en que esta conducta se
analiza a la luz de los principios y valores morales [Enciclopedia de bioética del Instituto
Joseph Rose Kennedy, 1978].

La bioética no defiende una actitud moral concreta ni busca ofrecer respuestas


determinadas y definitivas. Huye de los posicionamientos morales extremos pero busca
una reflexión fundamentada, crítica y argumentada que se centre en la singularidad de la
situación concreta. Ciertamente, la sociedad se caracteriza por la disparidad de creencias
e ideas de bien. En el ámbito de la salud, por ejemplo, surgen conflictos entre la voluntad
de los pacientes y el criterio de los profesionales. La bioética no es como un protocolo que
dice cuál de las dos actitudes es la correcta sino que aporta unos elementos de reflexión
que ayudan a analizar la situación concreta para que se llegue a la decisión más
acertada. La bioética no determina qué es el bien sino que anima a las personas inmersas
en una situación de conflicto a que acuerden el suyo propio a través del diálogo y el
respeto.

Origen de la bioética

El nacimiento de la bioética se le debe a Van Rensselaer Potter, un bioquímico


norteamericano investigador de cáncer, quien en 1971 escribió su libro "Un Puente Hacia
el Futuro", como un intento de integrar las ciencias biológicas con las ciencias humanas,
específicamente con la ética, o sea con el conocimiento de los valores humanos, para
tratar de contrarrestar el marcado desfase que se ha dado en el desarrollo del hombre
entre su esfera intelectual y espiritual. Posteriormente, en 1988, escribió su segunda obra
"Ética Global" y en 1998 su tercer libro "Ética Profunda", desencadenando un movimiento
mundial que ha tenido tan profundas repercusiones entre los filósofos y demás expertos
que hoy día se considera a la bioética como la ética del siglo XXI. Más aún, numerosos
expertos coinciden en que si la bioética fracasa en su propósito simplemente no habrá
futuro para la humanidad.

Principios de la bioética

En 1979, los bioeticistas Tom L. Beauchamp y James F. Childress,910 definieron los


cuatro principios de la bioética: autonomía, no maleficencia, beneficencia y justicia. En un
primer momento definieron que estos principios son prima facie, esto es, que vinculan
(son obligatorios) siempre y cuando no colisionen entre ellos, en cuyo caso habrá que dar
prioridad a uno u otro, dependiendo del caso. Sin embargo, en 2003 Beauchamp11
considera que los principios deben ser especificados para aplicarlos a los análisis de los
casos concretos, o sea, deben ser discutidos y determinados por el caso concreto a nivel
casuístico.

Los cuatro principios definidos por Beauchamp y Childress son:

 Principio de autonomía

La autonomía expresa la capacidad para darse normas o reglas a uno mismo sin
influencia de presiones. El principio de autonomía tiene un carácter imperativo y debe
respetarse como norma, excepto cuando se dan situaciones en que las personas puedan
no ser autónomas o presenten una autonomía disminuida (personas en estado vegetativo
o con daño cerebral, etc.), en cuyo caso será necesario justificar por qué no existe
autonomía o por qué esta se encuentra disminuida. En el ámbito médico, el
consentimiento informado es la máxima expresión de este principio de autonomía,
constituyendo un derecho del paciente y un deber del médico, pues las preferencias y los
valores del enfermo son primordiales desde el punto de vista ético y suponen que el
objetivo del médico es respetar esta autonomía porque se trata de la salud del paciente.
 Principio de beneficencia

Obligación de actuar en beneficio de otros, promoviendo sus legítimos intereses y


suprimiendo prejuicios. En medicina, promueve el mejor interés del paciente pero sin
tener en cuenta la opinión de éste. Supone que el médico posee una formación y
conocimientos de los que el paciente carece, por lo que aquél sabe (y por tanto, decide) lo
más conveniente para éste. Es decir "todo para el paciente pero sin contar con él".

Un primer obstáculo al analizar este principio es que desestima la opinión del paciente,
primer involucrado y afectado por la situación, prescindiendo de su opinión debido a su
falta de conocimientos médicos. Sin embargo, las preferencias individuales de médicos y
de pacientes pueden discrepar respecto a qué es perjuicio y qué es beneficio. Por ello, es
difícil defender la primacía de este principio, pues si se toman decisiones médicas desde
éste, se dejan de lado otros principios válidos como la autonomía o la justicia.

 Principio de no maleficencia

Abstenerse intencionadamente de realizar actos que puedan causar daño o perjudicar a


otros. Es un imperativo ético válido para todos, no sólo en el ámbito biomédico sino en
todos los sectores de la vida humana. En medicina, sin embargo, este principio debe
encontrar una interpretación adecuada pues a veces las actuaciones médicas dañan para
obtener un bien. Entonces, de lo que se trata es de no perjudicar innecesariamente a
otros. El análisis de este principio va de la mano con el de beneficencia, para que
prevalezca el beneficio sobre el perjuicio.

Las implicaciones médicas del principio de no maleficencia son varias: tener una
formación teórica y práctica rigurosa y actualizada permanentemente para dedicarse al
ejercicio profesional, investigar sobre tratamientos, procedimientos o terapias nuevas,
para mejorar los ya existentes con objeto de que sean menos dolorosos y lesivos para los
pacientes; avanzar en el tratamiento del dolor; evitar la medicina defensiva y, con ello, la
multiplicación de procedimientos y/o tratamientos innecesarios.

Aparece por primera vez en el Informe Belmont (1978).

 Principio de justicia

Tratar a cada uno como corresponda, con la finalidad de disminuir las situaciones de
desigualdad (ideológica, social, cultural, económica, etc.). En nuestra sociedad, aunque
en el ámbito sanitario la igualdad entre todos los hombres es sólo una aspiración, se
pretende que todos sean menos desiguales, por lo que se impone la obligación de tratar
igual a los iguales y desigual a los desiguales para disminuir las situaciones de
desigualdad.

El principio de justicia puede desdoblarse en dos: un principio formal (tratar igual a los
iguales y desigual a los desiguales) y un principio material (determinar las características
relevantes para la distribución de los recursos sanitarios: necesidades personales, mérito,
capacidad económica, esfuerzo personal, etc.). Las políticas públicas se diseñan de
acuerdo con ciertos principios materiales de justicia. En España, por ejemplo, la asistencia
sanitaria es teóricamente universal y gratuita y está, por tanto, basada en el principio de la
necesidad. En cambio, en Estados Unidos la mayor parte de la asistencia sanitaria de la
población está basada en los seguros individuales contratados con compañías privadas
de asistencia médica.

Para excluir cualquier tipo de arbitrariedad, es necesario determinar qué igualdades o


desigualdades se van a tener en cuenta para determinar el tratamiento que se va a dar a
cada uno. El enfermo espera que el médico haga todo lo posible en beneficio de su salud.
Pero también debe saber que las actuaciones médicas están limitadas por una situación
impuesta al médico, como intereses legítimos de terceros.

La relación médico-paciente se basa fundamentalmente en los principios de beneficencia


y de autonomía, pero cuando estos principios entran en conflicto, a menudo por la
escasez de recursos, es el principio de justicia el que entra en juego para mediar entre
ellos. En cambio, la política sanitaria se basa en el principio de justicia, y será tanto más
justa en cuanto que consiga una mayor igualdad de oportunidades para compensar las
desigualdades.

Características de la bioética

La bioética pretende atender tales necesidades, a través de métodos de resolución de


problemas éticos con los siguientes requisitos básicos: ética civil, ética pluralista, ética
autónoma, ética racional y más allá del convencionalismo.

 Ética civil: las personas tienen derecho a que su libertad de conciencia sea
respetada, las instituciones sociales están obligadas a establecer los mínimos
morales exigibles a todos pero no podrán fijarse de acuerdo con mandatos de las
morales religiosas, sino desde criterios seculares, civiles o racionales.

 Ética pluralista: es pertinente la aceptación de la diversidad de enfoques y


posturas, una acción es inmoral cuando el beneficio de alguno se consigue
mediante el perjuicio de otros. El pluralismo es la condición de posibilidad de la
ética.

 Ética autónoma: el criterio de moralidad no puede ser otro que el propio hombre, la
razón humana se constituye en norma de moralidad inapelable.
 Ética racional: la racionalidad humana tiene siempre un carácter abierto, con un
momento a priori o principalista y otro posteriori o consecuencialista. La razón
ética se desarrolla a ese doble nivel.

 Más allá del convencionalismo: la bioética moderna aspira a ir más allá de los
convencionalismos morales y tener carácter universal. La razón ética aspira al
establecimiento de leyes universales, abiertas a un proceso de continua revisión.

Auge de la bioética

En el contexto del auge de la bioética hay que mirar hacia las prácticas biomédicas.
Prácticas cuya tradición se remonta al juramento hipocrático y que se han expresado en
diferentes códigos de la Asociación Médica Mundial escritos desde 1949 -el primero-
hasta –2003- el último. La OMS vincula el código deontológico médico a los derechos
humanos. En tal código se instauran 10 principios acerca de la experimentación humana.
Principios redactados en el Código de Nuremberg de 1947 tras las barbaridades
realizadas por los médicos nazis. Con ello los médicos podrán oponerse en adelante a los
abusos del poder del Estado, en nombre de los derechos humanos. Así la ética médica se
coloca bajo el signo del humanismo progresista, poco crítico del desarrollo técnico, y se
funda en modalidades preferidas por los médicos. Pero la ética médica no bastará para
responder a la democratización del saber o al pluralismo de valores. A fin de cuentas es la
ética de un colectivo que no dejará de velar por los intereses de tal colectivo. Será la
bioética la que se presente como una disciplina capaz de abarcar y superar la ética
médica, ética que por sí misma, se olvida de los usuarios de los sistemas de salud debido,
entre otros motivos, a los protocolos.