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ACTOS DE COMERCIO, OBJETIVOS Y SUBJETIVOS

EN EL SISTEMA VENEZOLANO:
El sistema venezolano de actos de comercio fue incorporado por el legislador del 15
de febrero de 1862, tomándolo del Código de comercio francés. El acto de comercio
objetivo fue ubicado en el Libro Quinto (de la administración judicial en materias de
comercio), Título I (De los Tribunales de comercio), Ley IV (De la competencia de los
tribunales de comercio), artículo 1º. con el propósito de delimitar la competencia de los
tribunales de comercio. En el artículo 2º. Fueron colocados los actos subjetivos de
comercio, a los cuales se identificó como “las obligaciones y contratos entre comerciantes,
mientras no se pruebe que tienen un objeto ajeno del comercio”. A partir de 1873 la
enumeración de actos fue trasladad a los títulos preliminares del Código, en donde ha
permanecido desde entonces. El elenco de actos objetivos se amplió sensiblemente en esa
oportunidad (artículo 3º.). El Código de Comercio de 1904 traslado la materia al articulo2o.
E incorporo algunos actos objetivos más. Por último, el Código de Comercio de 1919 hizo
ajustes de redacción en los ordinales 1º y 2º y en el numeral 19 del artículo 2º.

La realización profesional de las actividades consideradas actos objetivos de


comercio (artículo 2º) convierte en comerciante a quien los ejecuta (artículo 10). Por otra
parte, se presume (presunción iuris tantum), que son actos de comercio cualesquiera otros
contratos o cualesquiera otras obligaciones de los comerciantes, a menos que resulte lo
contrario del acto mismo o que el acto sea de naturaleza esencialmente civil (artículo 3º). El
régimen venezolano se basa en las categorías de acto de comercio y de comerciante, por lo
cual pertenece al sistema mixto. Este sistema, si bien ha existido en el país desde la primera
codificación, sustituyo al sistema subjetivo que existió mientras estuvieron en vigencia las
Ordenanzas de Bilbao.

CONCEPTO DE ACTOS DE COMERCIO


Generalmente se considera imposible formular un concepto de acto de comercio,
porque la disposición que los consagra es amplísima y comprende organizaciones
(empresas), contratos, negocios, operaciones complejas, hechos ilícitos y situaciones de
hecho. Por la diversidad del contenido de la materia, se adelantan nociones muy amplias
que tratan de abarcar lógicamente, todo el espectro del campo que se pretende delimitar.
Martínez Val, en España, afirma, por ejemplo, “que los actos de comercio pueden ser
definidos como aquellos hechos que producen efecto en el ámbito jurídico-mercantil,
comprendiéndose tanto los que dependen de la voluntad de los hombres (actos propiamente
dichos), como también aquellos acontecimientos independientes de la voluntad humana que
tienen realidad en el mundo exterior, pero que de alguna manera producen tales efectos
(Ej.: un náufrago)”.

La afirmación de Vivante según la cual cuando el legislador habla de actos de


comercio usa esta frase como si un hombre de negocios dijese operaciones o negocios
comerciales, es decir, como actividades mercantiles capaces de generar obligaciones
comerciales y es básicamente correcta, pero incompleta, porque hay actos de comercio que
no son operaciones o negocios ni el sentido más amplio de la palabra. En forma similar se
expresa Rocco, al considerar que los actos de comercio ni son actos jurídicos ni son
relaciones jurídicas, sino formas de actividad social y relaciones sociales. Por tener en
cuenta el legislador la actividad comercial y no el acto jurídico, las operaciones
identificadas como actos de comercio deben interpretarse en su unidad comercial y no en su
sentido limitado de orden jurídico. Ejemplifica Vivante así su concepto: la frase empresas
de transporte, no comprende solamente los contratos de transporte, sino también todas las
actividades accesorias; la compra mercantil incluye también aquella que se haga sobre
materia que se transforma para venderla posteriormente y todos los actos accesorios
correspondientes; las letras de cambio que como acto de comercio, incluyen el protesto, la
resaca, los negocios de descuento y redescuento. Esta interpretación de Vivante se
fundamenta, por lo demás en el principio lógico accesorium sequitur principale, cuya
importancia en esta materia fue puesta de manifiesto por Bolaffio.

Roberto Goldschmidt reafirma la falta de correspondencia entre las nociones


económicas y jurídicas con relación al acto de comercio así: “El concepto de acto de
comercio no se identifica con el del acto jurídico sino que señala la actividad económica
simple o compleja que se exterioriza en hechos y operaciones. Un acto de comercio puede
componerse de varios actos jurídicos entre los cuales existe una vinculación desde el
ángulo social y económico”

Hugo Mármol Marquis coincide en la apreciación de cuál ha sido la intención del


legislador al usar la denominación “acto de comercio”, afirmando que lo ha hecho con un
sentido totalmente practico: “no se refiere a actos jurídicos con significación comercial”,
actos aislados, perfectamente definidos que tengan un contenido mercantil, sino a todo un
conglomerado de operaciones, actividades y situaciones que están englobados dentro de un
concepto general. Por ejemplo, cuando considera acto de comercio “la compra con ánimo
de reventa” (artículo 2 ordinal 1) está atribuyendo el carácter mercantil no solo a la compra
propiamente dicha, sino también a todas las otras operaciones que hayan tenido que ver con
ella: la selección de la mercancía a comprarse, la discusión sobre el precio, lugar en donde
tendrá lugar la reventa, la búsqueda del nuevo comprador. El pago del precio. O cuando
habla de acto de comercio, el “espectáculo público” (artículo 2 ordinal 11), no solo está
calificado de comercial la actuación del artista ante el público sino también la organización
y promoción del evento, la venta de entradas, el acondicionamiento del local, la
contratación de servicios auxiliares de iluminación, utilería y atención al público y en
general, de todas las actividades preparatorias del espectáculo y de todas las que fueron
precisas después, como una consecuencia del mismo. Esta intención generalizadora es
evidente en dos supuestos (ordinal 13 “todo lo concerniente a letras de cambio y todo lo
concerniente a pagares”), pero existe en la totalidad de los ordinales y así debe entenderlo
el intérprete”

En Venezuela se ha planteado la cuestión de saber si la enumeración realizada por el


artículo 2 del Código de Comercio es una enumeración taxativa o enunciativa, al igual de lo
que ha ocurrido en los países que utilizan el mismo sistema. Siendo los actos de comercio
una categoría destinada a delimitar la materia a la cual se contraen las leyes y a establecer
el procedimiento aplicable a las controversias que de ellos se deriven, la enumeración
debería a primera vista, considerarse taxativa, según Vivante. Es la interpretación realizada
en Bélgica, Alemania y Francia, aun cuando hay autores antiguos (Lyón Caen y Renault,
Boistel) y autores más modernos (Ripert-Roblot) que discrepan de la tendencia dominante.
Sin embargo, la doctrina, en forma mayoritaria ha favorecido la tesis del carácter
enunciativo o demostrativo de la enumeración del artículo 2 del Código de Comercio, por
las siguientes razones:

1. Las Leyes mercantiles que determinan los actos de comercio no son ni leyes penales, ni
leyes de excepción, ni leyes que restrinjan el libre ejercicio de los derechos, por lo cual son
susceptibles de interpretación por analogía (Vivante)

2. En general, por analogía pueden ampliarse los preceptos que determinan actividades de
las que se derivan relaciones regidas por el Derecho Mercantil; únicamente en algunos
casos, y por virtud de la especial naturaleza de una disposición o de un precepto, podrá
negarse la extensión integra del mismo a casos análogos no previstos, como ocurre, por
ejemplo, con las presunciones (Rocco)

3. Como consecuencia del sentido amplio que utiliza el legislador para identificar al acto de
comercio (identificación generalizadora), hay que concluir que la enumeración es
ejemplificadora; ordinales 6, 7, 18 y 20 del artículo 2 (Mármol Marquis).

4. Las exclusiones de comerciabilidad de los artículos 4 y 5 del Código de Comercio


demuestran que la enumeración del artículo 2 no es taxativa. Si lo fuera, ningún acto
excluido podría ser considerado mercantil y, en consecuencia, serian inútiles los artículos 4
y 5 (Mármol Marquis)

5. El código regula como comerciales varios contratos no previamente calificados de actos


de comercio: cesión (artículo 150), cartas de crédito (artículo 496 y siguientes) y fianza
(artículos 544 y Siguientes). Mármol Marquis.

La doctrina Venezolana favorece el punto de vista de la naturaleza enunciativa de la


enumeración del artículo 2 del Código de Comercio. En este sentido, se pronuncian Nestos
Luis Pérez, Carlos Morales, Pedro Pineda León, Roberto Goldschmidt, Enrique Pérez
Olivares y Hugo Mármol Marquis, a excepción de Leopoldo Borjas que se aparta,
aparentemente de esta corriente y afirma rotundamente, que la enumeración del artículo 2
es taxativa, que “fuera de esos actos no hoy actos de comercio”, para admitir que lo que
puede hacer con los ordinales del artículo 2 es aplicar el método Lógico-Extensivo. Razona
así Borjas “el concepto de acto de comercio particular, o el general, si es que podemos dar
tal concepto, puede ser extendido, como cualquier otro pensamiento expresado en palabras,
a cualesquiera otros actos que tengan los caracteres generitos y diferentes del pensamiento
de la voluntas legis, expresado en el concepto; pero se entiende que en este caso estamos
aplicando el método de la interpretación lógico extensivo y no el analógico, como pretende
la doctrina criticada. La idea de Borjas parece ser en cierto modo compartida por Mármol
Marquis, quien concluye afirmando que los actos de comercio objetivos, en el Código
Venezolano, son taxativos en cuanto a su enumeración, pero explicativos respecto a su
contenido. Como puede verse, la consecuencia de las posiciones de Borjas y de Mármol es
el mismo de la tesis que aboga, simplemente, por la aplicación analógica de los ordinales
del artículo 2 del Código de Comercio a situaciones similares hay otros actos de comercio,
distintos a los expresados enumerados en el código.

La doctrina considera que la enumeración es de orden público, en el sentido de que


las partes no pueden atribuir a los actos un carácter distinto al que le asignan los preceptos
legales. En efecto, el principio de la autonomía de la voluntad no rige respecto de la
determinación del carácter comercial o civil de los actos. Fernández-Gómez Leo.

CLASIFICACION DE LOS ACTOS DE COMERCIO

ACTOS DE COMERCIO EN SENTIDO ABSOLUTO


Son aquellos cuya naturaleza comercial está implícita al acto mismo. Su
comerciabilidad se destaca atendiendo a la naturaleza intrínsecamente comercial del acto en
sí.

En este sentido, actos de comercio en sentido absoluto, son: la compra y la venta de


un establecimiento comercial y de las acciones o de las cuotas de una sociedad mercantil; la
creación de empresas para la realización de actividades comerciales; los actos relacionados
con los instrumentos cambiarios, salvo las excepciones legales; las operaciones de banco y
las de cambio; las operaciones de bolsa, las actividades con la navegación, etc.

En este sentido tenemos:


a) La compra y la venta de un establecimiento de comercio y la de las acciones o de las
cuotas de una sociedad mercantil

b) La creación de empresas para la ejecución de actividades comerciales:

C. Lo relacionado con los instrumentos cambiarios, salvo algunas excepciones legales.

d). Las operaciones de Banco y las de cambio

e) Las operaciones de bolsa

f) Los actos relacionados con la navegación

ACTOS DE COMERCIO EN SENTIDO RELATIVO


Dentro de este grupo de actos se distinguen las siguientes categorías:
a) Actos de comercio atendiendo a la intención de las partes.

b) Actos de comercio en atención a la causa que los determina

c) Actos de comercio atendiendo al sujeto que le imprime el carácter comercial.

a) Actos de comercio atendiendo a la intención de las partes:


Dentro de esa categoría se consideran los actos señalados en los numerales 1 y 2 del
artículo 2 del Código de Comercio, es decir, la compra, permuta o arrendamiento de cosas
muebles, hechas con ánimo de revenderlas, permutarlas, arrendarlas o sub.-arrendarlas en la
misma forma o en otra distinta; y la reventa, permuta o arrendamiento de estas mismas
cosas; y la compra o permuta de los títulos de la deuda publica u otros títulos de crédito que
circulen en el comercio, hecha con el ánimo de revenderlos o permutarlos; y la reventa o
permuta de los mismos títulos.

b) Actos de comercio en atención a la causa que los determina:


En esta categoría se ubican:

- La comisión y el mandato comercial (n. 8)

- El depósito, por causa de comercio (n. 10)

- Las operaciones de corretaje en materia mercantil (n. 15)

Se atiende a la causa para luego calificar si dichos actos son o no comerciales,


porque los mismos pueden celebrarse tanto en el campo civil como en el mercantil. Solo
mediante el análisis de su respectiva causa, se podrá determinar si el acto celebrado es civil
o mercantil.

Así, la comisión y el mandato son actos de comercio, cuando se celebran para


ejecutar una actividad comercial, independientemente de la condición jurídica de los sujetos
que intervengan en su formación.

La comisión es un contrato, mediante el cual el comisionista a cambio de una


remuneración, ejecuta en nombre propio pero por cuenta de otro (comitente) una actividad
comercial determinada.

El mandato es el contrato por el cual una persona se obliga gratuitamente, o


mediante salario, a ejecutar uno o más negocios por cuenta de otra que la ha encargado de
ello (artículo 1684 C. C.), o bien, es el contrato en virtud del cual una persona denominada
mandatario se obliga a realizar un negocio comercial en nombre y representación de otra,
denominada mandante, quien queda obligada dentro de los términos establecidos en el
contrato celebrado por su mandatario.

La diferencia entre el contrato de comisión y el de mandato radica


fundamentalmente en que el comisionista se obliga personalmente, en nombre propio, pero
por cuenta de otra (comitente), por su parte el mandatario, no se obliga personalmente sino
que obliga al mandante.

c) Actos de comercio atendiendo al sujeto que le imprime el carácter comercial:

Tomando en cuenta el sujeto que interviene en la formación de un acto de comercio,


debemos considerar que nuestro legislador, hace de esa participación una presunción iuris
tantum, conforme a la cual se orientan las disposiciones que establecen: son actos de
comercio los contratos entre los comerciantes y sus factores de comercio o dependientes (n
23) y se reputan además actos de comercio cualesquiera otros contratos y cualesquiera otras
obligaciones de los comerciantes, si no resulta lo contrario del acto mismo, o si tales
contratos y obligaciones no son de naturaleza esencialmente civil (artículo 3 Código de
Comercio).

EL ACTO DE COMERCIO SUBJETIVO


El acto subjetivo de comercio es la noción de la cual se vale nuestro sistema jurídico
para completar el proceso de delimitación de la materia mercantil, asentada principalmente
en el acto objetivo de comercio.

La multiplicidad de relaciones a que da lugar la actividad del empresario escapa a


las caracterizaciones contenidas en los actos objetivos de comercio, por lo cual se hace
necesario encontrar en la unidad económica que el empresario dirige. De ese régimen legal
unitario forma parte el acto subjetivo de comercio.

El artículo 3º del Código de Comercio venezolano formula la noción de acto


subjetivo de comercio de la siguiente manera:
“Se reputan además actos de comercio, cualesquiera otros contratos y cualesquiera
otras obligaciones de los comerciantes, si no resulta lo contrario del acto mismo, o si tales
contratos y obligaciones no son de naturaleza esencialmente civil.”

La formulación legislativa tiene el carácter de una presunción. La palabra reputan se


considera equivalente de presumen. A esa conclusión se había llegado también por parte de
los interpretes de la norma del artículo 4º del Código de comercio italiano de 1882,
antecedente de nuestro artículo 3º, si bien en su país de origen el problema se complicaba,
porque el legislador había usado la misma palabra para referirse a los actos objetivos de
comercio, los cuales no se presumían comerciales sino que se consideraban comerciales.

La presunción tiene carácter iuris tuntún, es decir, puede ser desvirtuada por el
comerciante o por la otra parte en la relación, pero las posibilidades de destruir la
presunción tienen que circunscribirse a dos supuestos: que resulte lo contrario del acto
mismo o que el contrato o la obligación sean esencialmente civiles.

La presunción no puede ser desvirtuada comprobando que el acto o contrato no


guardan ninguna relación con el ejercicio individual o especifico del comercio por parte del
sujeto que realiza el acto. La presunción de comercialidad es una relación de conexión del
acto con la profesión de comerciante del sujeto, no con la clase o especie de comercio que
el mismo ejercita. Por lo tanto, la presunción se extiende a cualquier acto, principal o
accesorio, pertenezca o no la rama o explotación de los negocios del comerciante.

La presunción no incluye los actos objetivos enumerados en el artículo 2º del


Código. La propia redacción de la norma lo indica, al utilizar la palabra “además” después
del artículo 2º, y referirse a los “otros contratos” y a las “otras obligaciones” del
comerciante, distintos evidentemente a los indicados por el artículo 2º. Por tanto, la
determinación de un acto subjetivo de comercio está precedida de una investigación para
descartar que el acto corresponda a la categoría delos actos objetivos.
Al referirse el Código a “cualesquiera otros contratos y cualesquiera otras
obligaciones de los comerciantes”, han surgido críticas por lo que se ha considerado una
falta de técnica legislativa, puesto que al extender la presunción a las obligaciones se hacía
innecesario extenderla a los contratos. Sin embargo, en opinión de Vivante y de Mármol
Marquis, lo que la ley ha querido expresar es que son comerciales todos los actos que dan
origen a una obligación del comerciante. Por lo tanto, si el comerciante efectúa un pago
indebido a un no comerciante o realiza una gestión de negocios para un no comerciante la
acción de reembolso del pago o de los gastos de la gestión debería plantearla el comerciante
ante la jurisdicción civil, por la sencilla razón de que no se está frente a una obligación del
comerciante. En cambio, si el comerciante resulta el obligado en la relación
extracontractual, la regla del artículo 3º si se aplica.

5.2 LAS SOCIEDADES MERCANTILES. CONCEPTO Y CLASIFICACIÓN:

5.2.1.- Concepto:
La palabra sociedad del latín societas (de secius) que significa reunión, comunidad,
compañía, se puede definir como la unión moral de seres inteligentes de acuerdo, estable y
eficaz para conseguir un fin conocido y querido por todos. Se dice que la sociedad es unión
moral porque requiere del acuerdo libre e inteligente de varios hombres para conseguir un
fin común. El fin puede ser de muy diversa naturaleza: mercantil política, educativa,
cultural, recreativa, etc., pero en todo caso se exige para la existencia de la sociedad, que se
dé el consentimiento de alcanzar entre todos los socios ese fin.

La palabra sociedad se utiliza en dos sentidos: como contrato y como persona


jurídica. Como contrato, la sociedad designa al acuerdo que celebran los socios, y como
persona jurídica, se de-signa la agrupación que surge de ese contrato, es decir una persona
jurídica diferente de la de los miembros que la integran.

Para la creación de una sociedad es necesario que exista la unión entre personas, las
cuales hayan decidido unirse con el fin de obte-ner mayores beneficios en cuanto a sus
intereses.
Esto es lo que se conoce como "fenómeno asociativo", el cual consiste en la unión
de voluntades y de esfuerzos para la obtención de fines difíciles de alcanzar por el
individuo, por lo cual surge la tendencia de agruparse con otras personas para realizar
actividades comerciales y alcanzar los objetivos o beneficios económicos.

Algunas sociedades de comercio pueden tener un fin único que al ser cumplido
quedaría disuelta la sociedad, otras son creadas con di-versos fines, y con una duración
indeterminada.

Las Sociedades Mercantiles se encuentran reguladas en el Códi-go de Comercio y


se caracterizan por perseguir un fin económico (lucrativo) con la ejecución en forma
habitual de actividades mer-cantiles o actos de comercio,

“Una sociedad es un contrato en el cual dos o más personas convienen en


mancomunar esfuerzos o capitales o ambas cosas, para la obtención de un fin, el cual es de
interés común para los participantes”. (Maldonado, Ma. 1999).

“Las compañías o sociedades de comercio son aquellas que tienen por objeto uno o
más actos de comercio”. (Art. 200 del Código de Comercio.)

Como todo contrato, debe reunir los elementos esenciales previstos en el Art. 1.141
del C.C.V., es decir, el consentimiento de las partes, objeto que pueda ser materia de
contrato y causa lícita.

Existe dos clases de sociedades: Civiles y Mercantiles


PERSONALIDAD JURÍDICA
El reconocimiento de la Personalidad Jurídica de las sociedades esta consagrado en
el Art. 1.651 del C.C.V. Además de esto, el Art. 19 del C.C.V. Ord. 3º las menciona como
poseedoras de Personalidad Jurídica y por ende capaces de obligaciones y derechos, todo
esto luego de Protocolizar su Acta Constitutiva. El Art. 201 del C. Co. Expresa que las
compañías constituyen una persona jurídica diferente de la de los socios y el Art. 205
excluye la posibilidad de que algún acreedor de un socio en particular satisfaga sus
acreencias con bienes de la sociedad.

CLASIFICACIÓN
Las sociedades mercantiles, tradicionalmente, se han clasificado en tres grupos,
atendiendo a la importancia que en las mismas se atribuya a la persona del socio o al capital
de la sociedad; estas son las sociedades de personas, de capital y mixtas. Según en el
Artículo 201 del Código de Comercio las podemos clasificar de la siguiente manera:

Sociedades en nombre colectivo.


Sociedades en comandita.
Sociedades de Responsabilidad Limitada.
Sociedades Anónimas.

Las Sociedades pueden ser entonces mercantiles, por el objeto o la forma. Según el Art. 201
del C. Co., son las siguientes:

LA COMPAÑÍA EN NOMBRE COLECTIVO, en la cual las obligaciones sociales están


garantizadas por la responsabilidad ilimitada y solidaria de todos los socios.
LA COMPAÑÍA EN COMANDITA, en la cual las obligaciones sociales están garantizadas
por la responsabilidad ilimitada y solidaria de uno o más socios, llamados socios solidarios
o comanditantes y por la responsabilidad limitada a una suma determinada de uno o más
socios, llamados comanditarios. El capital de los comanditarios puede estar dividido en
acciones.
- Comandita simple: Es donde el capital de lo socios comanditarios esta representados por
títulos de participación, generalmente no transferibles sin el consentimientos de los socios
comanditantes.

- Comandita por acciones: En las cuales el capital de los socios comanditarios está
representado por acciones y el capital de los socios comanditantes sigue representado por
títulos de participación.

LA COMPAÑÍA ANÓNIMA, en la cual las obligaciones sociales están garantizadas por un


capital determinado y en la que los socios no están obligados sino por el monto de su
acción.
LA COMPAÑÍA DE RESPONSABILIDAD LIMITADA, en la cual las obligaciones
sociales están garantizadas por un capital determinado, dividido en cuotas de participación,
las cuales no podrán estar representadas en ningún caso por acciones o títulos negociables.
Los diversos tipos de Sociedades mercantiles responden a finalidades económicas que los
socios desean satisfacer, a cuyo efecto la Ley suministra variadas formas de organización,
sumadas a un distinto grado de responsabilidad de sus integrantes.
http://marcolegalparaingenieros2009.blogspot.com/2009/11/unidad-5-principios-de-
derecho.html

CONTRATO DE OBRA

ANTECEDENTES:

Locatio Conductio

Este contrato era de carácter muy especial entre los romanos ya que en él un locator
llamado así porque el era quien se encargaba de conducir la obra. La locatio-conductio
operis, era la locación por la que una persona se comprometía a realizar una obra o un
trabajo determinado mediante el pago de un precio. Esto recae sobre el resultado de un
trabajo, sobre el producto del mismo, ya acabado. Por ejemplo, cuando se conviene el
transporte de cosas o personas, la confección de un traje o la construcción de una casa. En
este contrato la persona que contrata la obra es el locador y quien la ejecuta es el locatario.
En esta clase de locación no esta obligado el empresario a realizar personalmente los
trabajos encomendados.

Justiniano solucionó el problema al sostener que había compraventa cuando el locatario


ponía el material y arrendamiento cuando era suministrado por el locador. Esto sufre una
excepción cuando se tratara de la construcción de un edificio en terreno del locador pero
con materiales del empresario, ya que en este caso se considera que siempre existe una
locación de obra..

En la locación de obras, el locatario estaba obligado a realizar el opus de acuerdo a lo


convenido. El locador, por su parte, quedaba obligado a recibir la obra realizada y a pagar
su precio en dinero una vez concluida.

En este contrato de obra el conductor se compromete a realizar una cierta obra a favor de
un luchador a cambio de un determinado precio es decir este contrato tiene como objeto la
realización de una cierta obra y a diferencia de la lucatio conductio operarum en la cual hay
una prestación de energía humana a cambio de un salario y en el contrato operis tiene que
haber la realización y culminación de una determinada obra. En el contrato operis la
diferencia del operarum es el locutor quien se encarga de colocar mercancía a un conductor
quien recibe la mercancía y no el locutor como en los otros dos contratos, por otra parte el
conductor se hacía responsable de las personas que trabajaban para el ya sea en el caso de
daños y perjuicios como lo señala el digesto 19.2.25.7.

II. CONCEPTO:

Artículo 1.630 del Código Civil Venezolano Vigente: El contrato de obras es aquel
mediante el cual una parte se compromete a ejecutar determinado trabajo por sí o bajo su
dirección, mediante un precio que la otra se obliga a satisfacerle.
El contrato de obra, es aquel mediante el cual una parte se compromete a ejecutar
determinado trabajo, por si solo o bajo su dirección, mediante un precio que la otra se
obliga a satisfacerle. De acuerdo a esta definición legal, se puede entender que el contrato
de obras es aquel mediante el cual una persona se obliga a ejecutar un determinado trabajo
de orden cualquiera, con vistas a un resultado final y en razón de una contraprestación o
precio, que la otra se obliga a satisfacerle.

La doctrina es unánime en afirmar que lo característico del contrato de obras reside en la


ejecución de actos materiales por oposición a los jurídicos, ya que la persona encargada de
realizar el trabajo o servicio encomendado comúnmente denominado empresario o
contratista, realiza una actividad material, tal como la producción de bienes o cosas, la
prestación de servicios o la ejecución de un trabajo intelectual determinado.

Por lo tanto el sello característico del contrato de obras, reside en que el objetivo final esta
dirigido a una ejecución material del más diverso genero o categoría. En este orden de
ideas, ese trabajo o actividad puede estar dirigido a la producción de bienes o cosas, como
seria el caso de la persona que mediante un encargo se obliga a construir una casa o a
ejecutar un mueble determinado; puede consistir también, en la prestación de servicios
personales, como seria el caso del médico que atiende al paciente o el abogado que realiza
una consulta.

Pero esta ejecución material, no implica necesariamente el que los bienes producidos o los
servicios prestados tengan un carácter simplemente material, ya que puede radicar también
en una labor de carácter intelectual. Este seria el caso de una persona que encargue a un
economista la elaboración de un estudio de factibilidades sobre un área determinada que se
pretende explotar o puede abrazar incluso la actividad artística, como cuando se
encomienda a un pintor la elaboración de una obra de arte.

Existen pues, multiplicidad de formas o maneras bajo las cuales se puede presentar el
contrato de obras, tan disímiles en su finalidad u objeto como la mente humana pueda crear,
pues todo dependerá de la habilidad que se pueda poner en la ejecución del trabajo.

Por esta circunstancia, un autor tan reputado como Luis Josserand indica que el contrato de
obras se presenta “bajo los mas variables aspectos, más variados aún de los que convendría
en buena lógica”.

La ley distingue dos formas:

Artículo 1.631 del Código Civil Venezolano Vigente: Puede contratarse la ejecución de una
obra, conviniéndose en que quien la haya de ejecutar ponga solamente su trabajo o su
industria, o que también provea el material.

Cuando el contratista pone los materiales, caso en el cual el contrato se rige por las reglas
de la compra-venta, porque se trata de la venta de una cosa futura que ha de ser hecha,
construida o elaborada. La propiedad del bien se transmite al comitente cuando la obra ha
sido concluida conforme a las especificaciones del contrato y luego entregada; y
Cuando solo suministra la mano de obra, poniendo los materiales el dueño. Es obligación
fundamental del contratista ejecutar la obra y entregarla dentro del plazo o plazos
convenidos.
Las partes en el contrato de obra se denominan:

Una comitente o dueño de la obra y otra contratista, operario, obrero y artesano. En realidad
los términos mas aceptados son comitente y contratista. A su vez el precio se denomina
compensación, honorario o retribución.

III. EFECTOS DEL CONTRATO DE OBRA.

Los efectos que emergen del contrato de obra, para las partes que integran dicha relación
negocial son:

Obligaciones del Contratista: Son dos: Ejecutar la obra y entregarla. Al lado de ellas puede
existir otras accesorias o secundarias en el sentido de que tienden a hacer posible la
actuación de las esenciales en mayor o menor grado. Entre estas últimas pueden
mencionarse la obligación de suministrar los materiales de la obra o de ejecutar trabajos
previos, como las llamadas “obras provisionales” en los contratos de construcción.

Obligaciones de ejecutar la obra:

Naturaleza:
La obligación de ejecutar la obra es una obligación de hacer que pesa sobre el contratista,
sin que ello implique que éste debe realizar siempre en forma personal la prestación
prometida (aunque a veces si debe hacerlo).

La obligación de ejecutar la obra es frecuentemente indivisible, sin que haya de distinguirse


al respecto entre el contrato celebrado a precio por cuerpo y a precio por medida. La
circunstancia que se haya pactado el pago gradual del precio en proporción a la progresiva
ejecución de la obra tampoco obsta a la indivisibilidad de la obligación de ejecutar la obra.

La obligación de ejecutar la obra es frecuentemente compleja en el sentido de que


comprende numerosos actos de diversos géneros, razón por la cual puede surgir la duda de
si ciertos actos de ejecución del contrato corresponden a la obligación in comento o
constituyen el objeto de otra obligación autónoma.

Objeto:

En general y en silencio del contrato, la obligación de ejecutar la obra comprende todo lo


que es necesario para dar concluida la obra. Los gastos correspondientes corren por cuenta
del contratista. Así, por ejemplo, en un contrato de construcción son por cuenta del
contratista los gastos de transporte, depósito de materiales, barracas y otras instalaciones
para los trabajadores, etc. Sin embargo corresponde al comitente realizar a su costa todos
aquellos actos que solo el puede realizar, y que sin constituir ejecución de la obra, son
presupuestos necesarios de la misma (Por ejemplo: la desocupación de una casa que debe
ser demolida para ejecutar la obra contratada).
La obra en todo caso debe ser ejecutada conforme a las estipulaciones del contrato y en
silencio de éstas, conforme a las normas técnicas generalmente aceptadas.

Las estipulaciones del contrato, encuentra su máxima expresión en los planos y


especificaciones (proyecto) que figuran en ciertos contratos. Pero, aun cuando, en principio,
el contratista debe sujetarse a las estipulaciones contractuales, incurre en responsabilidad si
no impone al comitente de los vicios del proyecto que llegó a conocer o que debió conocer.
Si el comitente insiste, el contratista en principio, se libera de toda responsabilidad frente a
él por la ejecución de la obra conforme al proyecto viciado (aunque puede quedar sujeto a
responsabilidad aquiliana frente a terceros, a responsabilidad administrativa e incluso a
responsabilidad penal, según los casos).

A veces se estipula en el contrato que la obra debe ejecutarse a satisfacción del comitente o
de otra persona. En tal caso, si hubiere desacuerdo, se entenderá que la aprobación quedará
reservada a juicio de peritos.

Artículo 1.645 del Código Civil Venezolano Vigente: Cuando se conviniere en que la obra
haya de hacerse a satisfacción del propietario o de otra persona, se entenderá reservada la
aprobación al juicio de peritos, si hubiere desacuerdo entre los interesados.

Las normas técnicas generalmente aceptadas deben ser observadas en la medida en que el
contrato no disponga expresamente lo contrario. Esas normas no son solo las concernientes
a la seguridad, estabilidad y utilidad de la obra, sino también las relativas a su forma y
aspecto estético, cuando de acuerdo con las circunstancias esos factores sean relevantes.
Las normas técnicas que obligan al contratista, son desde luego las existentes para el
momento de la ejecución de la obra; no se exonera alegando que ha cumplido normas para
entonces superadas ni es responsable si la técnica a la que se conformó fue ulteriormente
superada.

Fuera de los límites fijados por las estipulaciones contractuales y las normas técnicas, el
contratista es, en principio, libre de ejecutar la obra como mejor le parezca. Pero es
frecuente que se pacte una intervención del propio comitente o de persona designada por él,
no solo para controlar y verificar si el contratista ejecuta la obra conforme a las
estipulaciones del contrato y las normas de la técnica, sino para darle instrucciones sobre la
ejecución de la obra en una esfera mas o menos amplia.

El contratista no esta obligado a garantizar al comitente que obtendrá el resultado ulterior


que éste pretende alcanzar con la obra, si dicho resultado ulterior ha permanecido como
intención personal del comitente, sin tomar parte del contrato.

Si el contratista introduce variaciones en la obra convenida, es necesario distinguir:

· Si se trata de las pequeñas modificaciones que usualmente es necesario hacer al proyecto,


o en general, a la determinación contractual de la obra, en el curso de la ejecución de ésta
(ya que nunca el contrato puede prever todos los detalles de una obra compleja), el
contratista puede hacerlas por si (a menos que el contrato le imponga la necesidad de
obtener la previa autorización del comitente o de otra persona, como podría ser un inspector
de la obra); pero no tiene derecho a una remuneración adicional.

· Si se trata de verdaderas variaciones introducidas por el contratista sin el consentimiento


del comitente, éste puede exigir indemnización de daños y perjuicios, y además, la
destrucción de la variante sin quedar obligado a pagar un aumento de precio en caso de que
opte por recibir la obra con la variación (ni siquiera a titulo de enriquecimiento sin causa
cuando la variante es útil).
· Si se trata de verdaderas variaciones ordenadas por el comitente, el contratista, en
principio, no esta obligado a ejecutarlas, pero si conviene en hacerlas tiene, en principio,
derecho a un aumento en el precio que se determinará conforme a las mismas normas
aplicables a la determinación del precio original. Debe advertirse sin embargo, que en la
materia existe una norma especial para el caso de que un contratista se haya encargado de
construir un edificio a destajo conforme a un plano convenido con el propietario del suelo.

Lugar de Ejecución de la Obra:

Cuando se trata de contratos de obras relativas a inmuebles, ambos lugares coinciden y el


contrato resulta incompleto mientras no se haya hecho determinable dicho lugar.

En el caso de bienes muebles, rara vez tiene importancia el lugar de ejecución de la obra, de
modo que, por lo general ni siquiera es mencionado en el contrato y queda a discreción del
contratista. Incluso cuando se menciona dicho lugar puede resultar que en intención las
partes, la mención no tenga efectos vinculantes.

Momento de Ejecución de la Obra:

El cumplimiento de las obligaciones del contratista en la inmensa mayoría de los casos, si


no en todos, no puede efectuarse en el momento en que el contrato de obras se perfecciona,
de modo que es de naturaleza, si no la esencia, de este contrato la existencia de un término
para que el contratista cumpla sus obligaciones. Ahora bien, los términos convenidos en
contratos de obras pueden referirse a la ejecución de la obra, a su verificación o a su
entrega. Si nada se expresa, se considera que el término es para que el contratista ejecute la
obra y haga cuanto le corresponda para que el comitente pueda proceder a su verificación.

Si el contrato señala un término para iniciar la ejecución de la obra, se entiende que


conforme a los principios generales, el término es en beneficio del contratista, quien puede
comenzar la ejecución antes, pero no debe harcelo después. Sin embargo, en circunstancias
excepcionales puede concluirse que el plazo es también en interés del comitente, caso en el
cual la ejecución no debe comenzar anticipadamente.

Si el contrato señala un término para la conclusión de la obra, lo que puede hacerse


tácitamente, se entiende que el contratista puede terminarla antes, pero que no debe
concluirla después. La conclusión anticipada (aunque la cosa sea fructífera), no da derecho
al contratista a exigir una remuneración por tal hecho, si no se le ha prometido en el
contrato.

Si no se ha establecido expresamente un término para la ejecución de la obra, pero ésta lo


exige, su fijación corresponderá al tribunal. Articulo 1.212 del Código Civil Venezolano
Vigente.

Si el contratista no concluye dentro del término respectivo ordinariamente incurre en


retardo; pero si el término es esencial incurre en incumplimiento definitivo. En todo caso,
las consecuencias del retardo y del incumplimiento en la ejecución de la obra son las
establecidas por el derecho común.

Pueden establecerse términos sucesivos para la ejecución de cada una de las partes de la
obra contratada a fin de asegurar el ritmo de los trabajos. Los efectos de los
correspondientes retardos se rigen por el derecho común, salvo pacto en contrario. De
ordinario el propio contrato regula las consecuencias de esos retardos.

Si el término fijado es imposible hay que distinguir: La imposibilidad relativa (dificultad u


onerosidad) y subjetiva son irrelevantes; pero la imposibilidad absoluta y objetiva trae
siempre la nulidad de la fijación del término y en el caso de que el término sea esencial,
produce además la nulidad del contrato.

El término original puede ser prorrogado, de acuerdo con la doctrina italiana se distingue
entre prorroga y término supletivo con la advertencia de que para la interpretación de los
contratos que se presenten debe tenerse en cuenta que la expresión prorroga se suele
emplear para designar ambas figuras. La prorroga propiamente dicha es una ampliación del
plazo fijado originalmente al contratista, por voluntad del comitente, o de ambas partes. De
ordinario la prorroga es solicitada por el contratista. El comitente puede concederla o no a
su arbitrio. Si la concede puede determinar su duración o no determinarla. La prorroga
solicitada con posterioridad al vencimiento del término, salvo pacto en contrario, no exime
al contratista de las sanciones a que se haya hecho merecedor por su retardo hasta el
momento de la prorroga.

El termino supletivo es una ampliación del término a la cual tiene derecho el contratista.
Existe cuando la necesidad de prolongar el plazo se debe a una causa extraña no imputable
al contratista: caso fortuito o fuerza mayor o hecho del comitente, sea ilícito (por ejemplo
en la demora en el suministro de materiales prometidos) o licito (por ejemplo en la
hipótesis más frecuente si el comitente exige variaciones a la obra, tales como aumentos o
modificaciones que requieran mayores trabajos).
El contrato puede ser de ejecución periódica, que sucede cuando se trata de contratos de
obras que tienen por objeto servicios- no bienes o el mantenimiento de bienes.
http://derechoyetica2010.blogspot.com/2010/05/unidad-ii-contrato-de-obra-segunda.html