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“El dogma del Fantasma en la Máquina”

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Gilbert Ryle, filósofo británico de la escuela


analítica, en su libro The Concept of Mind
(1949), estableció unas bases teóricas para
refutar la teoría de la dualidad cuerpo-
mente postulada por Descartes (1596-
1650). Para ello, utilizó exclusivamente
artillería pesada filosófica y lingüística.
Actualmente las neurociencias parecen
estar demostrando que esas bases teóricas
podrían ser acertadas, y por lo
tanto, cuestionarían científicamente la existencia de la libertad en el sentido de libre
albedrio (free will) atribuida a la mente-alma cartesiana.

Ryle describió la teoría cartesiana de la dualidad utilizando el término mente como


sinónimo del alma cartesiana, aunque no la necesitara para sus propósitos destructores.
Para Descartes, el cuerpo (res extensa) es finito, requiere espacio y tiempo, y sigue el
determinismo natural. Sin embargo, el alma (res cogitans) es incorpórea e intemporal, por lo
que presumiblemente es sobrenatural y eterna, y además, es la responsable del libre
albedrio humano.

Según Ryle, hay entonces dos tipos de vida para Descartes: la vida material del cuerpo y la
espiritual de la mente. La del cuerpo está sujeta a las leyes naturales deterministas: lo que
ocurre no puede ser de otra manera, epistéme como apuntaría Aristóteles, mientras que la
mente, debe disponer de libre-albedrio o voluntad, que es una propiedad
imprescindible, necesaria para la mente (alma) según las creencias religiosas dominantes de
la época en que Descartes sobrevivió: El Barroco. Las personas nos comunicamos y
percibimos la realidad del mundo en la vida material del cuerpo usando los cinco sentidos,
pero la mente no se comunica con otras mentes por ella misma, y sólo podemos «echar una
mirada” cada persona a la suya propia por introspección, es decir, no es posible para
Descartes conocer los estados y procesos de otras mentes ajenas a la propia.

Ahora ya podemos comprender que cuerpo y mente son entes totalmente diferentes, como
vidas paralelas que nunca se entrecruzan y que la una tiene un inevitable final físico y la
otra no. Esta antítesis entre lo interno al hombre (la mente) y lo externo (el mundo físico) se
ofrece como una metáfora, ya que si las mentes no están en el mundo, ni en el espacio ni
en el tiempo, entonces difíciles explicaciones tienen las relaciones que se producen entre la

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mente y el cuerpo, porque la primera dicta acciones al cuerpo y éste las ejecuta, y al revés
también, ya que una enfermedad del cuerpo puede afectar a los pensamientos, la memoria
o al libre albedrio.

Ryle se refiere deliberadamente a la teoría cartesiana como “El dogma del Fantasma en la
Máquina”, y va a tratar de probar que es desacertada. Para ello, establece las bases de su
argumentación en un error lingüístico de tipo particular: una especie de falacia lógica o
combinación de términos lingüísticos con tipos lógicos incoherentes de distinto significado,
que lo denomina error de categorías diferentes o error-categorial, y que para él es el origen
del error o mito cartesiano.

Describe varios ejemplos del error-categorial para intuir de qué se trata. En uno de ellos un
extranjero visita el campus de Oxford o Cambridge por primera vez y visualiza librerías,
aulas, campos de juegos, museos, pero “no ve” la Universidad. Esto es porque «Universidad»
es una categoría abstracta, diferente, mientras que lo observado es algo concreto. No
puede decir que haya visto librerías, aulas, campos de juegos, museos y la Universidad,
porque es absurdo, ya que la Universidad pertenece a una categoría diferente. También, si
hablamos de las Constituciones, quedamos desconcertados si relacionamos Constituciones
británica, francesa, norteamericana y, por ejemplo, Ministerio del Interior, porque mientras
las tres primeras son instituciones, la última no lo es en el mismo sentido de la palabra (o
del contexto), por lo que se produce un error-categorial.

Concluye Ryle que con la teoría de Descartes la vida física y la vida espiritual no pertenecen
a la misma categoría, porque se desprende de ella que existen cuerpos con propiedades
físicas y almas con propiedades espirituales, propiedades estas completamente diferentes
incluso antagónicas. Para él, éste razonamiento es absurdo porque al decir «alma y
cuerpo», o también «alma o cuerpo», se está componiendo una conjunción o disyunción
de términos de sentidos diferentes, y por lo tanto se produce un error-categorial.

Deduce entonces que, admitiendo la teoría cartesiana, la mente de una persona no puede
ser relatada directamente por otra persona, ya que es totalmente desconocida e inaccesible
para otras mentes. Sin embargo, el conocimiento de los estados mentales de “otros” parece
estar siendo verificado empíricamente por las neurociencias. Técnicas como la Resonancia
Magnética y las tomografías TAC, facilitan observar en vivo y en directo, imágenes y videos
de la actividad mental. Por lo tanto, y desde una perspectiva naturalista, los científicos
tienen la posibilidad de llegar a conocer los estados y procesos de cualquier cerebro-mente,
lo que refutaría una parte sustancial de la teoría cartesiana en lo referente a conocer esos
estados y procesos de mentes ajenas a la propia.

En otro orden de cosas, la voluntad o libre albedrio del alma cartesiana (mente), queda
cuestionado por los descubrimientos científicos:

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En 1979, el neurólogo Benjamin Libet, realizando un experimento de laboratorio se
encontró inesperadamente en que hay un retraso de entre 350 y 500 milisegundos desde la
inicial decisión del inconsciente y la final decisión de la voluntad de realizar una acción. Es
decir, el libre albedrio es posterior a la decisión que hasta medio segundo antes ha decidido
anticipadamente el inconsciente, con lo que el libre albedrio parece ser una simple ilusión.

Recientemente el neurocientífico John-Dylan Haynes, del Bernstein Center for


Computational Neuroscience de Munich, ha realizado experimentos con un escáner
cerebral, dónde se postula que en la mayoría, sino en todas, las decisiones son
inconscientes, es decir, no racionales o no libres (no free will), ya que se puede saber con
siete segundos de anticipación, qué es lo que va a decidir “conscientemente” una persona,
incluso antes de que piense que va a tomar tal o cual decisión. Esto significaría que el libre
albedrio queda otra vez en entredicho, y por lo tanto, la teoría cartesiana del cuerpo-mente
también, lo que refrendaría empíricamente la teoría filosófica-lingüística de Ryle.

Es menester señalar que las neurociencias están todavía en ciernes, pero su desarrollo
teórico, práctico y de interpretación de los estados mentales avanza muy rápido. Quizá en
poco tiempo podamos clarificar científicamente si la teoría de Gilbert Ryle es correcta en lo
que concierne al libre albedrio, lo que reforzaría colateralmente su mito de Descartes o “El
dogma del Fantasma en la Máquina”.

@ArturoGradoli

Abril 2015

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