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Música de masas:

Si echamos la vista atrás, antes de los años cincuenta en muy pocos hogares había un aparato para
oír música, y muy pocas personas tenían cultura musical. Existía la música clásica, las bandas y la
música de las orquestas populares. A partir de los sesenta la música se masificó, se empezó a
comercializar el tocadiscos y los discos de vinilo, y comenzaron los programas musicales en TV.

En los sesenta, por designio de los controladores del mundo, empezaron a proliferar los grupos de
rock, no de una manera natural, consecuencia de los años de bonanza una vez superada la posguerra
de la Segunda Guerra Mundial, sino como arma de control de masas. La manipulación a través de la
música y la televisión empezó prácticamente al mismo tiempo.

Theodor Adorno fue el encargado de elaborar una teoría social del rock and roll.

En su obra Introducción a la sociología de la música habla de “programar una cultura musical de


masas como una forma de control social masivo mediante la progresiva degradación de sus
consumidores”. Como experto en la conducta humana, teoriza sobre el lavado de cerebro o
atontamiento obligatorio; explica las reacciones y emociones inconscientes que se producen cuando
se oye una canción o varias de manera repetida y la identificación con lo que representa. Y también
cómo, de alguna manera, queda aislada la individualidad al integrarse en el alma grupal que
conforma el conjunto, léase fans.

Lo que ocurre hoy en los conciertos es la concreción de los descubrimientos de Adorno. ¡Cuántas
veces nos hemos sobrecogido cuando en un concierto, entre la neblina, hemos visto cómo
centenares o millares de manos en alto se balancean a un lado y a otro, tarareando la canción a
petición del cantante que está en el escenario! La escena es como un ritual de socialización, en un
sentido, comparable a la adicción. Existe un paralelo con los alcohólicos de fin de semana, que beben
cuando están en grupo, para integrarse y para conseguir ser, al menos durante unas horas, lo que
anhelan y no son en su vida cotidiana.

Este tipo de música tiene un efecto casi hipnótico. Los “40 principales”, aunque nos suene extraño,
tampoco es algo inocente.

Según apunta Paul Hirsch en un informe de la Universidad de Michigan, después de la Segunda


Guerra Mundial las emisoras de radio se lanzaron a repetir 24 horas al día las cuarenta canciones de
mayor éxito con el fin de crear una subcultura, sobre todo entre los jóvenes.

En España, hace algo más de veinte años irrumpió el fenómeno del Walkman. Yo aún no sabía de la
existencia del Tavistock y todo el proyecto de manipulación. Pero la simple observación me decía
que algo estaba ocurriendo. De repente empezamos a ver a los jóvenes con auriculares conectados
permanentemente a los oídos. Iban caminando por la calle, ensimismados, mirando hacia el suelo,
sin enterarse de lo que ocurría a su alrededor. Al llegar a sus casas seguían con la música a todo
volumen en sus habitaciones. Siempre pensé que estos chicos piensan poco, y reflexionan poco. No
tienen tiempo. Viven en el estado cuasi hipnótico o de atontamiento obligatorio que preconiza
Adorno.

Es frecuente oír decir a la gente mayor que no le gusta ni entiende la música moderna. Es una
cuestión generacional, pero hay alguna razón más sutil. Buena parte de esta música está compuesta
siguiendo la escala de doce tonos que, según los expertos, produce sensaciones especiales en ciertos
humanos, especialmente en los de una franja de edad determinada.

La música atonal fue creada en 1910 por Arnold Schönberg, compositor austriaco y agente del M16.
Esta escala consiste en sonidos graves y repetitivos que, según las fuentes, fue tomada de la música
del culto a Dionisio, dios de la locura y la transgresión. ¿Qué hace un miembro de la Inteligencia
Británica componiendo música para crear sensaciones? Resulta, cuando menos, sospechoso.

A propósito de esta música dice Richard Warren Lipack:

“Esta nueva forma de música contribuiría a infligir en la psique y en el subconsciente una ruptura
subliminal mucho más radical. […] Esto ocurrió de forma natural gracias al cada vez mayor tono
desinhibido al que se sometía el cuerpo, el cerebro y el espíritu humano que la rápida progresión de
la escala atonal aportaba fácilmente”…

Música De Masas Comercial O Enlatada:

Es muy común hoy en día utilizar la expresión “música comercial”. El hecho de usarla presupone que
existe también, por contraposición, la “música no comercial” (también llamada “alternativa”). El
debate está en la calle, y a veces el no plantearnos a qué nos referimos al emplear estas expresiones
nos puede llevar a cometer errores o imprecisiones.

Cuando nos referimos a música comercial podemos hacer alusión, de modo general, a aquellas
canciones que son fácilmente “vendibles” o que, directamente, se crean con el objetivo de conseguir
un éxito de ventas. Esto englobaría la mayor parte de manifestaciones conocidas como música pop.
No obstante, cualquier pieza musical de cualquier estilo podría ser denominada “comercial”. Pero,
¿cómo podemos estar seguros de que una canción es o no comercial?

Como en casi todo, puede haber una explicación: ya desde finales del siglo XIX se establecieron
algunas escuelas de composición de canciones, como la famosa “Tin Pan Alley”, de Nueva York.
Grupos de productores y compositores, aliados en un principio para velar por sus derechos, vieron
la canción popular como una forma de negocio, estableciendo una industria. La radio, y después la
televisión, sirvieron como método de hacer llegar a cualquier punto la música que se estaba
haciendo en el momento.

Los compositores que trabajaron por encargo durante sobre todo la segunda mitad del siglo XX
conocían la manera de escribir canciones que gustasen, y durante años fueron una enorme fuente
de éxitos que eran interpretados por cantantes con una imagen adecuada para que el público
pudiese interesarse en ellos y en su música.

¿Podemos decir entonces que existen fórmulas musicales que funcionan comercialmente? Sí, pero
no siempre. Quizás en determinadas épocas funcione una estructura musical concreta, y en otras
no tanto. Todos sabemos que elaborar un estribillo sobre acordes mayores, que arropen una
melodía sencilla y clara, nítida, y repetirlo 4 o 5 veces en la canción funciona. Si la letra del estribillo
es corta y repetitiva, y su fonética es musical, mejor. Pero quizás no sea suficiente para conseguir
un gran éxito de ventas. Las grandes empresas hoy en día saben que les es más seguro crear un
nuevo artista que financiar a uno ya existente. Si la discográfica le paga una composición a un
escritor de canciones que trabaje a sueldo, y se la da a cantar a un cantante que dé la imagen y
tenga la voz adecuadas para su época, su estilo y su “target comercial”, seguramente logre un hit.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, los estilos musicales se sucedieron con gran rapidez,
desde el blues y el country, pasando por el rock and roll, a la psicodelia, al pop rock sinfónico,
después al punk, y a partir de los ochentas a un largo etcétera. Sin embargo, si estudiamos las
canciones que fueron éxitos mundiales, de cualquier estilo, veremos que existen coincidencias en
su arquitectura interna. Por ejemplo, “Stand by me”, de Ben E. King (1961) y “Every breath you
take”, de The Police (1983) utilizan la misma progresión de acordes: I vi IV V: la famosa “progresión
de los 50”. Las separan más de veinte años de historia musical, y pertenecen a estilos de música
diferentes, pero son exactamente iguales a nivel estructural. Teniendo en cuenta que se trata de
dos de los mayores éxitos de la historia de la música, podemos afirmar que la fórmula I vi IV V
funciona.

El concepto inicial de música comercial sería toda aquella música que circula por las redes de la
información, como televisión, radio y que se hace con la principal finalidad de vender o lucrar. Ese
tipo de música es escuchado por casi toda la gente, pues normalmente son parte del género Pop, o
sea, el estilo que agrada a mayoría de la población, por ser de fácil gusto, aparentemente pegadizas
y bonitas.

Así, se dice que la música comercial es usada como un elemento de manipulación y control de la
sociedad, principalmente cuando se trata de la música internacional, que muchas veces no se sabe
de qué va la canción, pero aun así es cantada y descargada/comprada por la gente. Existen teorías
de que la música comercial sirve como una distracción para otros tipos de música, que expresan
cuestiones más serias, como la corrupción gubernamental, la manipulación mediática y la ignorancia
de la sociedad. Con esta distracción, los artistas que realmente pueden tener una influencia sobre
la población y los que su música se basa en el placer por el arte y no en la comercialización son
ignorados por la sociedad.

Pero aún hay gente que dice que todos los artistas, sin excepciones, tienen como su finalidad la
comercialización y la atención de los medios de comunicación, pues sin la ayuda de los medios, sería
imposible de alcanzar cualquier objetivo de un artista musical. Por ese motivo, existe un gran
movimiento contra la música que aparece en la tele, radio o que son demasiado promovidas por
grandes productoras, y así surgen géneros propios de la música que critican todos los problemas de
una sociedad democrática y/o capitalista, como es el caso del Hardcore, o del propio Punk, que se
divide en muchos otros estilos.

Sería conveniente empezar a escuchar todo lo que los medios de comunicación intentan reprimir,
de forma que la gente se enterara un poco del tema, a pesar de que para lograr una gran
comercialización aún nos quedan muchas décadas.