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Azulejo

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Para otros usos de este término, véase Azulejo (desambiguación).

Fragmento del mural cerámico de 180 por 1,20 metros, que recorre los dos andenes de la estación
"Campo de las Naciones" del Metro de Madrid.a

Azulejo o ladrillo azulejo (del árabe hispano «azzuláyǧ[a]», y a su vez del árabe ‫ الزليج‬az-
zulaiŷ, "barro vidriado"),b12 es una pieza alfarera de cerámica, similar a la baldosa,3 de poco
espesor y con una de sus caras vidriada (resultado de la cocción de una sustancia a base
de esmalte que se torna impermeable y brillante). Presenta muy diversas formas geométricas,
siendo las más abundantes el cuadrado y el rectangular. La parte decorada puede estar
decorada en un tono o color —monocromo— o en varios colores —policromo—, con superficie
lisa o en relieve. Asociado de forma tradicional a la construcción y la arquitectura, el azulejo se
ha empleado tanto en el revestimiento de superficies interiores como exteriores; asimismo
puede aparecer como elemento decorativo aislado, o con valor representativo, a modo de
cuadro o ilustración.4
Aplicados en paredes, pavimentos y techos de viviendas, palacios y arquitectura religiosa, o
en jardines y redes del ferrocarril metropolitano, los temas de la decoración abarcan un amplio
abanico, desde sencillas composiciones geométricas o vegetales hasta barrocos episodios
históricos, escenas mitológicas, iconografía religiosa y motivos costumbristas.5
Su presencia ha sido determinante en la estética de la arquitectura hispano-árabe y en el arte
hispanomusulmán en general, destacando su evolución en el mudéjar y en la lozaportuguesa y
española desde el siglo XVIII.6

Índice

• 1Azulejería
• 2Historia
• 3Tipos de azulejo
o 3.1Azulejos de oficios
o 3.2Azulejo mudéjar (o hispano-morisco)
o 3.3Azulejo figurativo holandés
o 3.4Azulejo modernista
o 3.5Azulejo publicitario
• 4Técnica y terminología de la azulejería
• 5En la arquitectura
o 5.1En la decoración comercial urbana
• 6En parques y jardines
• 7Azulejería en la Península Ibérica
o 7.1Portugal
• 8Geografía monumental
• 9Museos y colecciones
• 10Véase también
• 11Notas
• 12Referencias
• 13Bibliografía para términos empleados
• 14Enlaces externos

Azulejería[editar]

Patrón sencillo para azulejería.

Definida por la RAE como el "oficio de azulejero" o la "obra realizada en azulejos o con
revestimiento de azulejos",7 en los diccionarios técnicos este capítulo de la alfarería está
asociado al alicatado. Pleguezuelo, en su estudio clásico sobre la Cerámica medieval española,
observa que el alicatado era resultado de la asociación de dos gremios especializados, alfareros
y alarifes,8 los primeros fabricaban las baldosas vidriadas y polícromas, mientras los maestros
albañiles cortaban e instalaban las piezas reunidas siguiendo patrones y diseños
convencionales o innovadores. A los alfareros correspondía la conservación de los secretos
procesos de coloración y brillo y a los alarifes las habilidades de composición en la decoración
de zócalos, pavimentos o revestimientos.9 La fusión de estos oficios artesanos originó distintas
técnicas de producción azulejera: el azulejo de cuenca o arista, también llamado azulejo de
labores;10 el azulejo de cuerda seca y el azulejo por tabla.9

Historia[editar]

Detalle de la Mezquita Bibi Khanum (siglo XIV), en Samarcanda.

Las excavaciones arqueológicas continúan aportando pruebas del uso en Mesopotamia de


losas de tierra cocida (pintadas por la parte exterior y después barnizadas) para pavimentar y
decorar diferentes sectores de su arquitectura, desde los sencillos hogares hasta los palacios
imperiales. Así lo confirman y documentan los descubrimientos hechos en diversos enclaves de
la cultura del Imperio Asirio o el Persa, con ejemplos importantes como los frisos de las murallas
de Babilonia, la fortaleza de Khorsabad, la antigua ciudad de Nínive, o el Palacio de Susa.11c
El azulejo y sus técnicas entraron en Europa en el siglo VII a través de al-Andalus, la península
ibérica dominada por los musulmanes, y alcanzaron un esplendor del que todavía son ejemplo
la arquitectura del Califato de Córdoba y la del Reino nazarí de Granada. Desde el singular
«sofeysafa» con que los califas cordobeses adornaron las paredes del mihrab,12 hasta los rudos
y prácticos sistemas de pavimentación doméstica que continúan usándose en Andalucía. Se
cree asimismo que este enlosado reemplazó en todas partes al pavimento de mosaico usado
por los romanos. Esta cultura de base alfarera se conservó en la España cristiana y quedó de
manifiesto en el arte mudéjar,13 gracias a los gremios de alarifes moriscos, y se extendería
luego por Europa a partir del siglo XIII, fundiéndose con los recursos arquitectónicos importados
por las Cruzadas y el comercio con Oriente de la Serenísima República de Génova y
la República de Venecia.
Inicialmente, las piezas no tuvieron dimensiones fijas; la tradición azulejera de Portugal, una de
las más importantes de Europa,14 estableció, a partir del siglo XVI y hasta el siglo XIX, una
medida entre los 13,5 y los 14,5 cm, mayor que la tradicional árabe, como consecuencia del
aumento de la producción. Se han creado además piezas específicas, como las
pequeñas olambrillas para decorar las solerías, o el alfardón hexagonal, otro recurso elemental
de la cerámica decorativa.15
En Occidente, las penínsulas Ibérica e Itálica acaparan la producción e importación de azulejos
al resto de Europa hasta el final del siglo XVI, con focos más locales en parte del Norte de
África y un capítulo aparte en el extremo oriental del Mediterráneo siguiendo patrones y
escuelas bizantinas. A partir del siglo XVII la azulejería florece en otros muchos países de
Europa Central, en especial en Francia, los Países Bajos, los estados de influencia germana y
las islas Británicas, afirmando la producción, técnicas y creatividad a lo largo del siglo XVIII y
consumándose en el siglo XIX con su presencia en las Exposiciones Universales. 16 En el
extremo occidental europeo, España y especialmente Portugal, desarrollan en esos siglos una
cultura azulejera funcional y popular difícil de igualar. 17

Tipos de azulejo[editar]
Azulejos de oficios[editar]
Artículo principal: Azulejo de oficios

Desde el siglo XVII se hizo común en las fábricas de azulejos un motivo ornamental —para
cocinas de menestrales y señores— que con el tiempo se llegaría a convertir en un clásico del
coleccionismo para los amantes de la cerámica y un objeto de culto para los anticuarios:
el azulejo de oficios, así llamado por representar tipos y entornos del mundo del trabajo
artesanal.18d Recuperados por los ceramistas catalanes de la segunda mitad del siglo XIX, los
azulejos de oficios han alcanzado un especial significado cultural en Cataluña. 18
Azulejo mudéjar (o hispano-morisco)[editar]
El azulejo fue introducido en la Península Ibérica por los árabes y conservada por los moriscos,
las piezas que fabricaban están caracterizadas por la decoración geométrica y vegetal, con una
alta densidad de dibujo rellenando el espacio del azulejo (un fenómeno conocido como «horror
vacui». Esta técnica necesita de un barro homogéneo y estable, donde, después de una primera
cocción, se cubre con el esmalte que hará el vidriado. Los diferentes tonos cromáticos se
obtienen a partir
de óxidos metálicos: cobalto (azul), cobre(verde), manganeso (castaño, negro), hierro (amarill
o), estaño (blanco). Para la segunda cocción las placas se colocan horizontalmente en el horno
asentadas en los atifles, pequeños trípodes de cerámica de apoyo. Estas piezas dejan tres
pequeños puntos marcados en el producto final, hoy en día importantes en la certificación de
autenticidad.
Azulejo figurativo holandés[editar]
También conocido como azulejo de figura o "de figura avulsa", es un azulejo con decoración
figurativa sencilla en una gama de tonos azul cobalto sobre fondo blanco.19 Originario de
los Países Bajos en el siglo XVII llegó a convertirse en pieza de género en la
azulejería portuguesa del siglo XVIII.20
Azulejo modernista[editar]
El modernismo o art nouveau fue una corriente artística que se inició en 1890 y prestó gran
atención a la arquitectura y a la cerámica decorativa que se emplea para la decoración de las
fachadas y el interior de los edificios. Los azulejos procedentes de este periodo muestran
algunas características específicas, los motivos empleados se inspiran en la naturaleza y se
utilizan frecuentemente formas vegetales, especialmente flores. 21
Azulejo publicitario[editar]
Capítulo relativamente reciente en la historia del azulejo fue su uso en grandes murales
publicitarios. Elaborados a mediados del siglo XX, en España aún pueden contemplarse los
ejemplos de los nitratos para abonos (Nitrato de Chile y Nitrato de Noruega) y algunos paneles
supervivientes de la publicidad interior de las estaciones del ferrocarril metropolitano de Madrid
y Barcelona. También pueden agruparse en este conjunto los ejemplos que —como experiencia
casi endémica— componen la curiosa azulejería del comercio de Madridproducida en el primer
tercio del siglo XX.22

Azulejo de oficios, vinatero

Azulejo holandés de Delft


Azulejos de Triana del siglo XVI

Azulejo art nouveau o modernista

Azulejo publicitario de nitrato de Chile.

Técnica y terminología de la azulejería[editar]

Alicatado de azulejos en la Alhambra de Granada, España.


• Alicatado: aunque en alfarería hace referencia general a cualquier obra que se cubre de
azulejería, en un sentido más concreto denomina la técnica que recurre a pedazos de
cerámica vidrada (trozos de azulejos) cortados en diferentes tamaños y formas geométricas
con la ayuda de un alicate. Por lo general, el hecho de que cada pedazo sea de un color
ayuda a la composición de figuras y formas, en un proceso semejante al trabajo
con mosaicos. Muy popular en los siglos XVI y XVII, su propia complejidad como proceso
artesano haría que fuese sustituida por otras técnicas posteriores.
• Cuerda seca: técnica que nació en Al-Ándalus a finales del siglo X, durante el final del
periodo califal. Está caracterizada por la separación de los colores (formas y motivos
decorativos) abriendo surcos en el adrillo de azulejo que se rellenan con una mezcla
de aceite de linaza, manganeso o grasa, que evitarán que durante el cocido se mezclen los
colores aplicados en los distintos compartimentos. 23
• Cuenca o arista: técnica en la que la separación de los colores se hace levantando aristas
(pequeños muros) en la pieza, que surgen al presionar el negativo del molde de madera o
metal en la arcilla todavía blanda. Este proceso, contemporáneo a la cuerda seca, reduce
el precio del producto y permite una mayor variedad de figuras, aunque el acabado no sea
siempre perfecto. Además de los grandes centros de producción de Sevilla y Toledo, la
técnica de arista se ha desarrollado con especial dedicación en Portugal dando lugar a
variedades como el azulejo relevado con sus típicos emparrados. Otro raro ejemplo es
el azulejo de lustre, que para su reflejo metálico final requiere una liga de plata y bronce
sobre el vidriado, que después se cuece una tercera vez a baja temperatura.

Mural de mayólicas poblanas o talavera de Puebla en la casa de los Azulejos, en el centro Histórico de la
Ciudad de México.

• Mayólica: técnica originaria de Italia e introducida en la Península Ibérica a mediados del


siglo XVI. El origen del término es confuso, pudo ser una locución italiana para designar
a Mallorca, puerto de donde eran exportados los azulejos, o una metamorfosis de la firma
«opera di Mallica», construcción usada desde el siglo XV para designar la mercancía italiana
exportada del puerto de Málaga. La mayólica revolucionó la producción del azulejo al
permitir la pintura directa sobre la pieza ya vidriada. e
• «Trepa»: se llama azulejo de trepa al pintado a mano, pero utilizando plantillas sobre las
que se pincela, para facilitar la labor y dar mayor homogeneidad a las piezas. Ya conocido
en la Edad Media, se recuperó e industrializó en la segunda mitad del siglo XIX y primeros
años del siglo XX, siendo sustituido finalmente por la técnica de serigrafía. De forma general
se empleaban plantillas de papel encerado o planchas metálicas de cobre o zinc,
utilizándose diferentes plantillas para la misma pieza de cerámica, una por cada color que
se aplicaba.24
Azulejos de cartabón

• Azulejo de cartabón. Se caracteriza por estar dividido por una línea diagonal en dos partes,
una de ellas de color blanco y otra verde cobre o azul cobalto. Este sencillo diseño permite
componer gran variedad de formas.25
• Azulejo semi-industrial: el que a partir del siglo XIX sigue procesos semi-industriales como
las técnicas de decoración que tienen como modelos la estampilla por medio de una matriz
o el estampado a partir de calcomanías.2627

En la arquitectura[editar]
Ya se ha indicado que el uso del azulejo como recurso decorativo arquitectónico hunde sus
raíces en los imperios mesopotámicos y pervive y se enriquece en técnicas y aplicaciones con
el Islam. Pero hubo que esperar al siglo XIX para que tal recurso llegue casi a normatizarse en
los proyectos urbanos de algunos países de Occidente y de manera sobresaliente en España y
Portugal,28 que exportarían esta cultura a sus posesiones de ultramar (América y Filipinas en el
caso de España y en el luso a los puertos del imperio colonial del lejano oriente y a Brasil). 29
Con gran influencia portuguesa, la ciudad de São Luís, en el estado del Maranhão, en Brasil,
conserva la mayor aglomeración urbana de azulejos de los siglos XVIII y XIX, en toda América
Latina. En 1997, el Centro Histórico de São Luís fue declarado Patrimonio de la Humanidad por
la UNESCO. São Luís también es conocida como "Ciudad de los Azulejos". 30

Fachada de azulejos del Museo de Artes Visuales, en São Luís, Brasil.

En la decoración comercial urbana[editar]


El azulejo, que impulsado por la evolución industrial de las técnicas en la producción cerámica
dejó su impronta y su marca estética en la arquitectura urbana de diversos países a lo largo del
siglo XIX, añadió en el umbral del siglo XX una ventaja a las de su impermeabilidad y atractivo
estético: su funcionalidad como soporte publicitario. 31 Así nacen las portadas o fachadas de
azulejos en la decoración comercial urbana que marcarían una época en capitales como Madrid
o Lisboa,32 y en otras ciudades de la Península Ibérica, o en casos más aislados de países de
la cuenca mediterránea.22 También se han conservado ejemplos de este uso 'decorativo-
publicitario' en varias capitales de la América colonial española y portuguesa, como San Juan
de Puerto Rico o La Habana,33 y, con menos frecuencia, en otras ciudades iberoamericanas.

• En fachadas de comercios

Cerámica de Talavera de la Reina de 1914 en una peluquería de Madrid, declarado Bien de Interés
Cultural.

Uso 'decorativo-publicitario' en una fábrica de sodas del viejo San Juan (Puerto Rico).

Colmado de ultramarinos en el barrio de Santo Ildefonso (rua Formosa n.º 279), Oporto(Portugal).

Anuncio de una marca de vinos de Lisboa, en la escalinata del Mercado do Bolhão, en Oporto.

En parques y jardines[editar]
Corredor de azulejería de la acequia de los jardines del Palacio de Queluz en Sintra (Portugal).

La azulejería como recurso decorativo en parques y jardines es una constante habitual en


países templados, por las características de resistencia, funcionalidad y belleza de este
elemento arquitectónico. Asociado al agua en la historia del jardín, el azulejo funciona, desde
su uso en las culturas orientales, como una respuesta cromática al colorido vegetal. "El azulejo
es la respuesta sólida a los juegos acuáticos de la luz y el vivo poema de las flores, formando
con ellos un conjunto coral de brillos de auténtico valor sinfónico".3435
Sin salir de la geografía peninsular ibérica, pueden citarse ejemplos con un arco histórico y
estético que, partiendo de los modelos primitivos —aunque definitivos ya en su armonía y
equilibrio— del Generalife granadino, llegará hasta las contundentes formas del jardín clásico
en el Palacio de La Granja o el abanico de posibilidades que ofrecen los parques de la ciudad
de Sevilla.36 Una exposición y análisis específicos requeriría este capítulo en la azulejería
portuguesa. Quede como ejemplo virtual el singular enclave de Sintra.37

Azulejería en la Península Ibérica[editar]


Introducida en la Península por los alarifes y alfareros musulmanes, la azulejería tuvo un primer
momento de esplendor con el arte mudéjar.38 Los primeros grandes focos de esta industria
artesana se documentan arqueológicamente en Manises, Paterna, Teruel y Barcelona durante
el siglo XV, manteniendo su identidad durante gran parte del siglo XVI. Además del uso
complementario doméstico del conjunto de lozas, los «alfardons des mig» y los «rajolets des
puntes» (azulejos triangulares), complementaron los tradicionales azulejos cuadrados,
rectangulares y poligonales, en el trabajo de albañilería para decorar arrimaderos, techos
y solerías como las pintadas por maestros renacentistas como Jaume Huguet, Luis
Dalmau o Gabriel Alemany.38 Su fama y calidad trascendieron en la Europa del Papa Borgia y
el Nápoles de Alfonso V de Aragón.
A finales del siglo XVI, con la llegada a España del ceramista italiano Niculoso Pisano y su
establecimiento en las alfarerías sevillanas del barrio de Triana, se introduce en la Península el
"azulejo liso y pintado con motivos grutescos",39 estilo que prolongará su discípulo Cristóbal de
Augusta y dominará el barroco sevillano de los siglos XVII y XVIII, con abundante temática de
caza en azul y orlas policromadas geométricas o vegetales. 39 La influencia de Pisano
impregnaría buena parte de la producción de otros focos cerámicos importantes
como Alcora y Talavera en una fusión de los elementos decorativos moriscos e italianos con los
flamencos introducidos en la Península por Jan Floris y recogidos por sus discípulos Oliva y
Juan Fernández (con una importante cantidad de obra en el Monasterio del Escorial.40 Otros
azulejeros talaveranos importantes fueron Lorenzo de Madrid (autor de los azulejos del Palacio
de la Generalidad de Cataluña en 1596), y Fernando de Loaysa. También hay que anotar en
ese periodo la azulejería toledana, que mantuvo puros los modelos tradicionales y las técnicas
mudéjares hasta el siglo XIX.41
De entre los variados ejemplos de azulejería que se encuentran en el sevillano Parque de María Luisa,
impone de forma cuantitava y cualitativa el hemiciclo de la Plaza de España, en el espacio creado en 1929
con motivo de la Exposición Iberoamericana.

A partir del siglo XVIII, la presencia de ceramistas franceses como Francisco Haly (1764) en la
Real Fábrica de Alcora (Castellón de la Plana), impuso una estética globalizadora que
alcanzaría también a los alfareros de toda la zona levantina. A ese proceso de desnaturalización
se sumaría luego la presencia del maestro flamenco Cloostermans (1787) y su
estética neoclásica. Pero el esplendor de la azulejería de la región valenciana no llegó hasta el
siglo XIX con una producción popular para las cocinas del país que salía de las fábricas
de Manises, Onda, Ribesalbes y Biar.42
En Andalucía, otro gran centro de producción de cerámica en la España del siglo XIX fue la
fábrica hispalense La Cartuja de Sevilla, fundada entre 1839-1841 por Carlos Pickman y una
auténtica corte de artesanos ingleses, fabricando abundante azulejería con técnica de cuerda
seca —que él llamó «cloisonné» como en el contexto artesanal de vidrieras y esmaltes— y
técnica de arista.43
Portugal[editar]
Como ya se ha dicho, la industria azulejera con mayor reflejo en la cultura de una nación es sin
lugar a dudas la producida en los alfares portugueses entre el siglo XVIII y la primera mitad del
siglo XX, destacando de manera especial en los aspectos decorativos y funcionales de la
arquitectura de ese páís;44 un conjunto monumental propuesto al título de Patrimonio Cultural
Mundial.45

Geografía monumental[editar]

El muro de los Nueve Dragones en el Palacio de la Longevidad Tranquila de la Ciudad Prohibida (Pekín).

Prescindiendo de las manifestaciones de determinados aspectos de la cerámica funcional en


el Lejano Oriente, con características e identidades propias —como el caso arqueológico de
ciudades como Samarcanda, la suntuosidad de muchos ejemplos en la órbita del Indostán o su
presencia en la Ciudad Prohibida (Pekín)—, el azulejo, siguiendo el patrón mesopotámico ha
dejado una geografía monumental desde el Oriente Medio hasta el confín atlántico europeo. En
ese mapa cabría destacar su presencia desde la Baja Edad Media en países como Portugal,
Marruecos y España, y dentro de ellos ciudades como Lisboa, Oporto o Sacavém en la nación
lusitana, por citar las capitales más destacadas; Casablanca, Marrakech o Fez en el Magreb; y
Barcelona (con originales ejemplos del modernismo catalán), Madrid, el Levante
español, Sevilla, Granada (y en general el urbanismo monumental de Andalucía).
En Iberoamérica se conservan excelentes ejemplos tanto en la arquitectura colonial como en la
del periodo independentista. Y ya en el siglo XX pueden encontrarse muestras en enclaves tan
remotos como el velamen de la Ópera de Sídney, en Austral