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Sobre la intuición.

Diego Rosas Saturnino.

1. La metáfora de los ojos del alma de Platón y el ascenso de Dante.

Cuando Platón habla de la noesis como visión inmediata del ser absoluto, no deja en claro en qué consisten los
contenidos de esta visión, ni tampoco porque se ve con los “ojos del alma”. Nos sumerge en una profunda ontología
del mundo donde ocupamos un lujar alejado, de lo que es verdaderamente real. El mundo está separado entre las
apariencias (donde regularmente vivimos) y lo que permanece que son las ideas. Pero Platón no es tan trágico. El
hombre es un posible intermediario. Al menos tiene la posibilidad de “ver” ambos mundos. Siguiendo con la
metáfora de visión/verdad escribe Dante.

“Por fijar siempre tu pensamiento en las cosas


terrenales deduces oscuridad y error en
las claras verdades que te muestro.
Aquel bien infinito e inefable que
ésta arriba se lanza hacia el amor
como un rayo de luz…”1

La relación visión/verdad se puede entender en términos de trascendencia. La luz no es el ser absoluto. Es emanación
de ello. Al igual que el sol que ilumina nuestro ojos de lo mundano, es otra luz/verdadera nos revela la existencia
superior y que es “amor” (cabe recordar que Dante, a pesar de sus gustos paganos, es cristiano). En la Divina
Comedia se presenta este descenso del alma a la multiplicidad. Y un ascenso a la unidad. Curiosamente, en el
infierno no hay música, solo llantos y gritos de dolor, mientras en el purgatorio aparecen los primeros canticos, y
en Paraíso destaca el sentimiento de lo inefable y lo indescriptible. ¿Por qué usa prefijos negativos (infinito e
inefable) para representar lo que debería ser el absoluto positivo, la afirmación total?

2. Platón y los egipcios.

Platón no es el primero en relacionar la imagen del sol con la iluminación del alma humana. Los egipcios, creían
en la divinidad solar Ra, que, así como Helios, y luego Apolo, surcaba el cielo en su carro celeste empujado por
caballos, así Ra lo cruzaba en su barca cósmica. Y en su navegar, hacia posible las condiciones necesarias para la
vida (por medio emanaciones). Entonces el mundo está graduado por medio de grados de iluminación (estructura
ontológica emanativa). Pero los egipcios, en su jerarquía de Dioses, reconocen que antes de la divinidad solar Ra,
se encuentra Thot, una divinidad que crea por medio de la palabra mágica. Él es “el escriba celeste”. Una especie

1
Dante. Purgatorio XV.
de Dios-Mago que le debe su poder a la magia de las palabras -poder de expresión-. Los egipcios daban por hecho
que las palabras se encuentran en una dimensión ontológica que es distinta y anterior al mundo de la pura materia.
Son principios inmateriales y eternos. Thot es el poeta/demiurgo del mundo. Así mismo, Platón reconoce que esa
imagen del sol como forma eterna, solo es una metáfora del bien absoluto, la realidad de la que habla Platón está
aún más allá de los Dioses (ellos, al menos, pueden observar estos principios sin el sufrimiento que causa el primer
deslumbramiento). Platón, al igual que Heráclito y Parménides, buscaban la physis del ser. Es decir, lo que
permanece a pesar del cambio. Para los egipcios, la palabra (mágica) es el primer motor de este cambio. Y por tanto
es la realidad superior que condiciona a esta humilde realidad que se desborda en la multiplicidad. Para los egipcios,
y para el Platón del Fedón, esta realidad es alcanzable después de la muerte. Los egipcios realizaban ciertos actos
rituales y acompañaban el cuerpo del difunto con amuletos mágicos. El alma del difunto debe saber ciertos
“nombres” que le permiten el acceso al otro mundo. En su lógica, saber el nombre del algo era como poseerlo.
Cuando se sabe el nombre secreto de los Dioses, el difunto podría usar su poder evocativo a favor. Prepararse para
la muerte es recordar los múltiples nombres de Dios (para poder usarlo en su favor en la otra vida, en el Düat). Para
Platón, prepararse para la muerte, es una purificación entendida como la separación del alma y el cuerpo. (67 C) El
filósofo busca en las reminiscencias de su espíritu los destellos de otra existencia, y que no es el producto de un
dios pasional, sino de un principio impersonal. La eternidad del alma, está justificada ya que, esta al tener la
capacidad de observar las formas eternas, entonces el alma debe tener la misma naturaleza eterna y lo que nos
impide acceder a ellas es el cuerpo. Josu Landa al finalizar un semanario sobre el libro VI de la Republica dijo que
el platonismo (o bien el neoplanismo influenciado por el cristianismo) es una filosofía de la esperanza. Una filosofía
que redime al desamparado. La religión egipcia parece ser una religión funeraria, en donde lo que no religa con la
divinidad es la muerte.

3. Diotima. El amor y la inmanencia.

Intentemos encontrar en Platón la fórmula para el ascenso del intelecto por medio del amor. En el banquete, en el
discurso de Diotima, nos señala el camino para conocer a lo bello mismo y dice: “Con la mirada puesta en aquella
belleza, empezar por las cosas bellas y, sirviéndote de ellas a modo de escalones, ir ascendiendo continuamente”
(211 C). De la misma manera que en la alegoría de la línea (511 B), el ascenso hasta la contemplación del bien
absoluto, se da en grados, peldaños, escalones o trampolines. Esto reafirma el carácter de trascendencia del sistema
platónico. Continua (211 C) “… ascendiendo continuamente, de un solo cuerpo a dos, y de dos a todos los cuerpos
bellos, y de todos los cuerpos bellos a las bellas normas de la conducta, y de las normas de conducta a los bellos
conocimientos, y a partir de los conocimientos acabar en aquel que es el conocimiento no de otra cosa sino de
aquella belleza absoluta, para que conozcas por fin lo que es la belleza en sí.” De esto, podemos pensar que la
educación de los ojos del alma, se da por medio de pasos o escalones y concluye en la contemplación de las ideas
puras sin recurrir en absoluto a nada sensible (511 B). ¿Cómo se llega a esta intuición de los principios eternos?
Platón sabe que hay otra realidad que impone formas a este mundo. El geómetra, con sus leyes matemáticas, busca
hacerse un lenguaje para explicar esta otra realidad. En el caso del artesano, este siempre hace un mueble (particular)
con la idea de un mueble (forma trascedente) en su mente. Pues dice Platón (517 C) que “una vez percibida la idea
(del bien absoluto) hay que deducir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas.” Es
decir, que la idea del bien absoluto es la productora de la verdad y por ello del mundo (entonces se infiere: “El
camino del ser y del conocer es uno y el mismo”).

4. Confucio y Nietzsche. Ética sin trascendencia.

Pero la idea del bien absoluto no puede percibirse por medio de palabras. Su esencia es inefable. Su existencia se
deslumbra primero por una intuición. Y el camino hacia la verdad se representa como un paso de lla oscuridad a la
claridad. Y requiere de múltiples esfuerzos a lo largo de la vida. Ezra Pound, en su traducción del eje firme de

Confucio, caracteriza el ideograma Cheng (usualmente traducido por conciencia clara) como una “lanza
solar que descansa en el preciso punto verbal”. Para el Confusionismo este camino hacia la claridad, es un camino

interior. El ideograma Ming que está hecho del ideograma de la luna y el ideograma del sol juntos, es traducido
en algunos momentos como inteligencia o lucidez pero Ezra Pound gusta por traducirlo como lo Apolíneo en el
sentido Nietzscheano. Como una potencia artística que se sirve de la contemplación de las formas bellas. Apolo,

como fuerza creadora, que ilumina y da forma. ¿Y cuál es la finalidad? Para Confucio el Chung que debe
ser entendido como la finalidad de toda norma, ética o filosofía. Representa un equilibrio mental y emotivo (el eje
firme). Si se puede hablar de una metafísica en Confucio, el proceso -en el cual participan los planetas, la naturaleza
y los hombres mismos- puede ser visualizado, cuando pensamos rectamente. Es una búsqueda interior, en donde
cada uno busca su camino. Se critica muchas veces del Confucianismo que su ética es demasiado personal o
subjetiva (al contrario de la ética kantiana que busca situarnos en el universal), pero tiene que ser así puesto que
cada individuo tiene un temperamento distinto. Nietzsche -situándose por encima del bien y del mal- diría que la
multiplicidad solo puede consagrarse como acontecimiento. Ambos tienen la intuición de que la multiplicidad del
mundo se constituye en un moral, en donde cada cosa que existe busca su propio eje firme, y que no depende de la
existencia de un Dios que haga valer nuestros actos de manera universal.

5. Crítica a la metáfora de los ojos del alma

Ahora hagamos una crítica a la metáfora de visión/verdad de los principios eternos e inmutables y propongamos la
de oído/conexión místico-musical del universo. Delueze nos invitaría a hacer nuestro cuerpo sin órganos, a derribar
las estructuras de trascendencia impuestas en esta epistemología de la iluminación. Los ojos del alma implican una
ontología de la trascendencia. ¿Ha existido en el mundo otra forma de intuición que no implique la trascendencia?
¿No ha existido alguna forma de subjetivad que en lugar ver con los ojos del alma, acaso, escuche, baile o cante?
La intuición en Spinoza, o el amor intelectual a Dios consideraría que…el alma no se conoce a si misma si no en
cuanto percibe las ideas de las afecciones del cuerpo. 2 Es decir que no se puede llegar a la intuición si se desconoce
o se ignora por completo las afecciones del cuerpo. La intuición no debe mirar hacia arriba buscando los principios
eternos en inmutables. La intuición debería mirar sobre el cuerpo y ver en el la expresión de estos principios eternos
e inmutables. Se propone pasar de la visión al sonido. La intuición no debe ser entendida como inspiración o poder
visionario. Se propone una intuición más cercana a los conceptos de “fluir”, “manar”, “derramar” en el contexto de
una ritualidad musical.

“Sobre ti, Oh Agni, derramamos nuestros cantos”3

6. El mito de Acteón. La intuición del infinito dentro de uno mismo.

Giordano Bruno, en este fragmento de un soneto, explica a su manera, y con sus propias implicaciones el mito de
Acteón:

He aquí que entre las aguas, el más bello talle y rostro


Que ojo mortal o divino pueda ver,
Púrpura, alabastro y oro fino,
Vio, y el gran cazador mudase en caza.
El ciervo que hacia la espesura
Sus más ligeros pasos dirigía
Fue pronto por sus muchos y grandes canes devorado.4
Acteón mientras cazaba en un bosque se encuentra inesperadamente a la bella diosa Diana, bañándose junto a un
sequito de hermosas ninfas. Diana, furiosa castiga a Acteón transformándolo en un ciervo como dice en la parte
subrayada. Este es asesinado y destripado por sus propios perros. Bruno, leyendo con sumo cuidado este mito, cree
que Acteón se aventura en la caza de las ocultas especies ininteligibles en el profundo bosque. Está en busca de las
simpatías y correspondencias del cosmos. Está en busca de corresponder con la divinidad entendida como el bien y
la belleza (en una unidad platónica). El hombre busca el nexo que lo hace divino. Intelecto y voluntad son sus
únicas herramientas en su búsqueda. Y al encontrarla, es necesario retornar a la unidad transformándose en alimento
para sus propios perros (siempre somos materia por-venir). Retornar a la vida. Se trata de nuestra materia orgánica
de vuelta al juego del microcosmos animal. De hecho a materia siempre ha estado viva. La materia es capaz de
tomar vida en formas infinitas e innumerables. La materia hace una dinámica de contracción para constituir a una
particularidad en el mundo. Pero esta contracción se despliega al infinito en los infinitos objetos que existen en el
cosmos. Infinitas particularidades que reflejan un poco del divino brillo que Dios como figura inmanente emana.

2
Ética, Libro II, XXIII
3
Rigveda 6.16.37c
4
Heroicos furores. I, IV (P.72)
En este momento Bruno piensa que lo que ha buscado Acteón se ha encontrado siempre dentro de sí mismo. La
divinidad se encuentra en todos lados. Y también en nuestro interior más profundo. Y Solo es accesible mediante
el furor. Este conocimiento de la materia tomando conciencia se da solamente como intuición. Se da solo en el
instante en que brota y se apaga una llama. En el instante en explota un sol y deja lugar para otros mundos.

7. Hacia la conexión místico musical. Intuición danzante.

Marius Scheiner hace un “Ensayo histórico sobre la estructura totemística y megalítica de las altas cultura y su
supervivencia en el folklore español”. Este extraño ensayo busca encontrar un nexo antiquísimo que comparten
todas las culturas “indoeuropeas”. Es un trabajo hermenéutico de la concepción de la naturaleza como una “armonía
musical” de las civilizaciones pretotemísticas. La expresión, parece ser una cualidad inherente al hombre. Tenemos
la capacidad de expresar nuestro estado de ánimo a través de actos simbólicos. Que estas expresiones tengan sentido,
depende de un largo proceso de compresión-interpretación del mundo. Las cosmogonías poéticas son el resultado
de este intento de comprender el mundo, de interpretarlo como un símbolo. Pero Scheiner dice que las primeras
concepciones del mundo arcaico estaban entendidas como un ritmo cósmico. No son narrativas del mundo. El
sentido del mundo no se “ve” con los ojos del alma. Se escucha y se siente. Se baila y se canta. “La música viene a
ser la manifestación terrestre más pura del ritmo creador y se impone como forma suprema del conocer”. El hombre
moderno analiza la música y trata de encapsularla en una partitura. Puede captar la división del ritmo, la métrica, la
altura, el timbre y cualquier dinámica. Pero no es un “ritmo vivido” La experiencia de la conexión místico-musical
sobre pasa a las palabras. No se puede dividir a la música y debe ser captada como un todo, como un manantial,
como un ritual. La oreja era el órgano místico y receptivo por excelencia… hasta que llego Platón.

Bibliografía.
Bruno, G. Los heroicos furores. Madrid, Tecnos. 1989.
Platón. Republica. Trad. J. Pabón y F. Galiano. Editorial Alianza. Madrid. 2003
Platón. Banquete. Trad. F. Romero. Editorial Alianza. Madrid. 2008
E. Pound. Cantares I. Trad. J. Coy. Catedra. Madrid. 1994
A. Dante. Divina Comedia. Trad. Á. Chiclana. Milenium, México. 1999
B. Spinoza. Ética demostrada según el orden geométrico, Tecnos, Barcelona, 2014
J. Ezcurdia. Cuerpo, intuición y diferencia en el pensamiento de Gilles Delueze. Ítaca (UNAM). México. 2016
M. Scheineider, El origen musical de los animales-símbolo en la mitología y la escultura antigua. Trad. V. Cirlot
y A. Vega, Siruela. Madrid. 1998.

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