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EL VALOR DE CONFIAR EN DIOS

TEXTO Salmo 3

Introducción

Sal 1 – La vida del justo y del malo.


Sal 2 – La rebeldía humana contra Dios
Sal 3 – La reacción del creyente en tiempos de dificultades.

Dios no nos promete una vida que siempre será fácil.

La pregunta que nos debemos hacer no es si vamos a pasar por


momentos difíciles, sino cómo vamos a reaccionar en esos
momentos.

Nuestra forma de reaccionar en tiempos difíciles indica qué clase de


fe tenemos.

Veamos el ejemplo de David.

1. LAS CIRCUNSTANCIAS (v.1-2)

El ataque en Niza fue muy triste…

Fue un desconocido que lo hizo.

Muchas veces nos sentimos atacados por las personas que nos
rodean.

David era un gran rey en Israel. Escribió el Sal 2, describiendo como


gente ataca a Dios.
Él lo estaba viviendo en carne propia. Habla de: “adversarios”; “se
levantan contra mi”; “muchos”.

En el v.6 menciona, “diez millares de gente”. ¡Terrible!

No sólo le estaban atacando físicamente; también le estaban


queriendo amedrantar: “No hay para él salvación en Dios” (v.2).

LO MÁS TERRIBLE DE TODO es que se trataba de una rebelión


liderada por su propio hijo Absalón (título).

REFLEXIÓN: ¿Nos encontramos en una situación así?

2. LA CONFIANZA (v.3-4)

En esa situación tan difícil, ¿qué hizo David? Puso su confianza en


Dios.

Se dirigió a Él personalmente: “Mas Tú, Jehová” (v.3a).

Confiaba en Dios: “eres escudo alrededor de mi” (v.3a).

Dios era importante para él: “Mi gloria” (v.3b).

David había comprobado la ayuda de Dios: “él que levanta mi


cabeza” (v.3b).

Ya había clamado una vez a Dios y Él le ayudó (v.4).

Está seguro que lo hará otra vez.

LO TRISTE es que estaba siendo disciplinado por su propio pecado.


Aun así, puso su confianza en Dios. Es un gran ejemplo para
nosotros.

3. LA PAZ (v.5-6)

La Biblia promete que cuando confiamos en Dios Él puede llenar


nuestros corazones de una gran paz.

Isaías 26:3-4.

David experimentó eso. A pesar de lo que estaba viviendo, David


disfrutó una gran paz.

La evidencia de ello es que se acostó; durmió; despertó tranquilo


(v.5). Total tranquilidad, “porque Jehová me sustentaba” (v.5b).

Tal era su confianza que no tenía miedo ni de un ejército (v.6); ver


Sal 27:3.

Esa es la paz que Dios da a Sus hijos.

REFLEXIÓN: ¿Tenemos esa clase de paz?

4. EL CLAMOR (v.7-8)

A pesar de la paz que sentía, David no fue indolente. Entendió que


su responsabilidad era clamar a Dios y pedir Su ayuda.

Por eso clama a Dios: “Levántate”; “sálvame”.

Un poco atrevido: “Levántate” (actúa, haz algo).

Añade: “sálvame”.
REFLEXIÓN: ¿Nos hace falta clamar así a Dios?

Conclusión

El salmo termina con una gran afirmación: “La salvación es de


Jehová” (v.8a).

Fue un contraste con lo que le decían (v.2b).

David era hijo de Dios; contaba con la bendición de Dios (v.8b).

Qué lindo sería si Dios hiciera eso por nosotros.