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Colección Prometeo Desencadenado

El acto de crear presencia


Gilberto Castrejón

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El acto de crear presencia
rización escrita de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas
de las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio
o procedimiento incluidos la reprografía y el tratamiento informático.

Libro hecho en coedición con Lord Byron Ediciones


© 2014 El acto de crear presencia
© Gilberto Castrejón
© 2014 Editorial: Lord Byron Ediciones

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Lord Byron Ediciones
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Editor de Lord Byron: Leo Zelada


A Iliana,
con ese amor que construye
y resuelve vidas.

A la memoria de mi madre María Esther,


una mujer horizonte.
Poetry is the subject of the poem.
From this the poem issues and
To this returns.

Wallace Stevens
El acto de crear presencia

Hay idiomas para cada instante,


Tiempos que nombran el devenir del mundo.

El idioma de la poesía
Es una crónica del acontecimiento.

Un sujetarse a la nada,
Una libertad de nombrar en todo momento,
Como si captar el instante fuera lo único que existe.

El idioma de la poesía
Es la necedad del mundo creando presencia.

El oficio que se lleva con honor


Es como un bálsamo aparente, discreto.
Hace que cuando nos nombren
Algo se deslice hacia otra parte.

El oficio que yo prefiero
Es el cantar iracundo
En paisajes que aún no existen,
Ha de ser una llama que pulse el corazón
Y lleve un crepúsculo en el paladar.

13
3 La poesía es un alejamiento del mundo,
Una visita a ciertas dimensiones
Para nombrar a un hombre Donde se extrae un espacio que no existía
se necesitan todas las palabras. Y que sólo las palabras definen.
La poesía es una entrada “brusca” en la realidad.
Roberto Juarroz

5
A veces, cuando un mundo distinto se nos viene encima,
Buscamos la referencia por todas partes Vivir en la poesía,
Como si definir fuera lo más sencillo. Acomodarse a un espacio
Donde haya que aniquilarse
A veces, por un simple afán del instinto, A cada instante.
Dejamos que las palabras nos retumben la frente,
Creyendo muchas veces que todo está dicho. Vivir en la poesía
Como se vive la última batalla,
Y así, pensamos que lo más justo Ser parte del simulacro del mundo.
Es aquéllo que nos habla de frente,
Y que ningún nuevo mundo contiene Vivir en la poesía
La palabra que resuelve vidas. Y reconstruirse,
No sea que se termine
Nombrar sin palabras a un hombre Por ser lo definido.
Es inventar un pretexto
Para no decir nada. Vivir en la poesía
Como el mejor sitio
De supervivencia.
4

La pureza del lenguaje se vive a martillazos de conciencia, 6


Quizá por eso el poeta padece las palabras
Como si dejara de existir por instantes. Habitar en los ojos del mundo
Como una puerta que se abre

14 15
Y las palabras adquieren presencia. Alguien puso en mi corazón un lote baldío
Habitar a un costado,
Ser fieles al silencio
Y al mar que se agita en el pecho.
Habitar como un simulacro, 1
Una puesta en escena
En las inmediaciones del ser. Hay una raza de hombres que caminan de costado
y guardan un rostro distante en cualquier funeral.
Habitar el lado más incómodo,
Ser de aquellos Nosotros: los que vivimos en cavernas ocultándonos,
Que marchan por oficio pidiendo al viento su soplo más vil.
Llevando a cuestas un ligero atavío.
Nosotros: los avasallados, cuya presencia mide rostros,
Habitar invocando y enferma de ansiedad a quien nos nombra.
Con el corazón desierto
Y el ansia de quien vive Hay una raza de hombres que padecen en silencio,
Anhelando la noche. como todo dios padece un pedazo de su creación...

7 2

La poesía es una vivencia sin tiempo, Quien habita en lo profundo


Un habitar la existencia en todo presente. no busca la fe en la tortura,
en rostros errantes
La poesía es la llama silenciosa y perpetua o paraísos de carne.
Que vive en lo humano a la espera de un nombre.
Quien habita en lo profundo
se alimenta de la sábila
que habita en pantanos,
sabe por fortuna el camino del Sur
y cultiva estrellas
sobre causas perdidas.

16 17
Quien habita en lo profundo Alguien incrustó una daga
mira de frente por costumbre, en mis ojos
camina desnudo en praderas de nadie y espera que grite su nombre
y lleva en la sangre una caída. cuando miro hacia el cielo.

Quien habita en lo profundo Alguien me pide que


se lava las manos con agua de lluvia. lo ame y muera,
como si cada amor
no consistiera en nacer.
3
Alguien puso en mi corazón
Yo hablo desde un cielo un lote baldío
que mira con nostalgia y espera que lo habite
el corazón de los montes. con los ojos cerrados.

He visto hienas entrar


en mis noches 5
y un viento que enfría
sin siquiera notarlo. Hay un viento desordenado
que late en el interior de un hombre.
Yo hablo desde una patria
forjada a soplos marinos, Así es el poeta:
a la espera del ansia el desterrado del mundo
que todo lo nombra. intentando asirse de una patria.

4 6

Alguien puso en mi corazón Un giro como una espina


un lote baldío que hiere desde adentro
y ha sembrado en mi pecho y desde más allá de uno mismo.
un nido de cuervos.

18 19
Un giro que sea de otro, Soy buscador de deshechos,
que corte la respiración y el sentido, caminé junto al creador
que sea bucólico, laxante, la vez que decidió
y que sepa marear el alma, que ninguna criatura sería perdonada.
igual que un vino barato
marea la conciencia. Por eso celebro al mundo
toda la parte incómoda
Un giro que sea dolor exquisito, que a veces le sobra...
suicidio de creador
o placer de condenados;
un giro por lo que menos abunda, 8
o por cualquier funeral
en los brazos de quien se ama. Padecer la insuficiencia,
el viento seco y los placeres sin rumbo.
Y giro también por
la necesidad de consumirse, Atarse una soga en el pecho
como se consume una braza cuando algo nos hostigue los días.
que nadie notó. Un giro sí:
que sea de esos que de veras arrasan. Pregonar el evangelio y dividirse el alma,
igual que se divide el botín de un vagabundo.

7 Padecer la insuficiencia
como el grito que acostumbra perseguirnos
Soy buscador de espacios, cada vez que alguien decide no avanzar más.
hay tantas quimeras desperdiciadas
que a veces me enredo en una sonrisa Padecer la insuficiencia
para buscar los paisajes que niegan la luz, como se padece la mirada de alguien que muere,
como todo hombre se niega al mundo. como el crepúsculo en silencio y el olor de un ataúd.

Soy como el huerto más apartado


donde crecen las enredaderas del alma.

20 21
9 y comience por creer en ese principio
iracundo llamado realidad.
Hay días en que sólo soy
como una patada en el rostro 11
de alguien que nunca ha sido.
Hay veces en que prendido
Días en que sólo de un abismo me rehúso a caer,
me dedico a señalar espejos, como si el alma fuera un cielo
en que mi lengua perece que saliera del pecho.
y ni yo mismo sé de mí.
Hay veces en que hasta aquello de Dios
Hay días en que no se existe es algo que también me duele.
para la escala zoológica...

12
10
Yo camino con bandera de impreciso
A veces los días no bastan y siembran vientos y una sonrisa oculta en las entrañas;
que como espinas silenciosas me dirijo a quienes se consumen con paso firme
van deslizándose por todo el cuerpo y pregonan que existe un sitio deshabitado.
hasta cubrir aquello que nos define.
Yo no regalo amuletos ni paraísos de carne;
A veces, como si fuera una estaca de vida, pido al viento que sople sin prisa
la fe se nos va de las manos, y reposo a la intemperie,
igual y a esas mañanas cuando se piensa buscando los tesoros que nadie escucha.
que seguir adelante es un privilegio,
como si bastara con saber
que alguien ya no respirará más. 13

A veces, cuando una luz cegadora se cuela por mis ojos, Quiero gritarle al mundo
prefiero unirme a un canto aparente, que ya no sea esa piedra aparente.
no sea que el mundo se me venga encima, Que soy terreno baldío,

22 23
y que de nada sirve llorar un accionar silencioso
y ser como esas bestias buscando la belleza
que se alimentan en tierras en paisajes humanos.
donde ya nada existe.
¡Sí! Quiero gritarle al mundo Mi vida ha sido
que yo también fui blasfemia. tomada por un imperio,
es resultado de un
encuadramiento oblicuo
14 donde todo es
demasiado cercano.
No, yo no quería libertad.
Sólo una salida.... Mi vida es, por cierto:
una constante desigualdad.
Franz Kafka

16
Hay puertas hacia
un trasfondo de vida, Abro una puerta
salidas que sólo y me inquieto desde el otro lado
dibujan cavernas. sintiendo al mundo erosionar,
Hay puertas que igual a como erosiona toda
sirven de consuelo, criatura de Dios.
recordando la falta
que alguien cometió Abro una puerta
por creer en la necesidad y escucho lo que está en otra parte,
de toparse consigo mismo. una condena a mi carne,
un acontecer sin patria
en las horas de calma.
15
Abro una puerta,
Mi vida ha sido una y un precipicio me envuelve
constante desubicación, como a cualquier cazador

24 25
condenado al paisaje. añorando la noche,
como la brújula del marino
añora un lugar de reposo.
17

He creído en el mundo 19
hasta cansarme,
tomé de éste un sitio Hoy le puse a la verdad
para guarecer nimiedades. un atuendo
He caminado en el mundo, descalzo, y reposé en el extremo
como atravesando un pantano. del mundo,
quise saber dónde se está
He vivido en el mundo, es cierto, cuando se piensa en él,
me alimenté de sus laberintos y no queda más remedio
y de ciertos manjares que consolarse
que cuestan menos con tocar un punto firme,
que un simple tropiezo. al menos un sueño.

Y es que el mundo también cansa.


¿Será que he llegado a mi séptimo día? 20

El instante más vil es sentirse


18 desnudo al término del día
habiendo visitado tierra firme.
Hay una cruz esperándonos
en cada final del día,
un silencio sin luna 21
cuando se mira hacia el frente.
El amor no es de un mundo
Hay también un lugar como el nuestro,
en que ya no dolerá ser derrotados, es como esas quimeras
donde andaremos en paz que se enredan en el alma

26 27
y crecen sin medida, Dicen que hay palabras
exigiendo un cobijo divino. que pueden cambiar a un hombre,
y es que desde hace mucho
El amor es el horizonte yo ya no sé lo que soy,
donde reposa una voz mas sigo creándome,
pugnando por salir, destruyendo lo que alguna vez fui,
y si unos oídos le llaman esperando que de un momento a otro
ha de aparecer como te atrevas tú a nombrarla.
un negro desierto
en el que no existe el día.
24

22 Tengo un sol en la espalda


y una sonrisa para quien
Soñé que tenía que despedirme mira desde lotes baldíos.
de las orquídeas del acampo,
de cada cita que nos falta Tengo un ave de rapiña,
como si el tiempo no hubiera bastado. una caricia que espera
y una silueta que alguien
Y es que a veces no duermo sembró sin saberlo.
y tengo que inventarme un sueño Mas quisiera tenerte
para callar mis palabras, como fiebre en el combate,
y creer que camino despierto o como esa tortura que nadie nota..
y mudo con la idea de encontrarte.

23

...quien ama nunca sabe lo que ama,


ni sabe por qué ama, ni lo que es amar.

Alberto Caeiro

28 29
Poemas desde la raíz II

Gritemos llamando a la lluvia


Hallé lo más bello de las flores en las flores caídas. por su nombre,
gritemos como los pájaros
Antonio Porchia cuando inviernan
y siguen la ruta del sol,
o como el eco distante
I que se pierde en la penumbra.
Gritemos de soledad,
Una palabra asciende por el tallo de la flor, de inundación vertical
un silencio la fecunda o de un dolor compartido,
mientras sus raíces emergen para ahogarse con el viento. con la mirada en creciente
y los poros abiertos;
Hay voces que descienden por nosotros gritemos como el filo
y siembran un volcán en nuestras manos, que corta la palabra divina,
pues tener vocación es el descenso. o como el huracán
devastando las tierras
Así, la palabra que asciende, que el azar nos roba.
la semilla que crece, Pero gritemos, sin más...
el tallo que se ahoga,

sostienen esa flor sin raíces, III


una flor gutural,
cuya sombra se proyecta POSTDATA
y reposa en el horizonte.
Que mezclen fieras a tu paso,
Vocación insumisa que mira hacia arriba, y el dique se rompa
vocación exterior tomando el polen de la flor, inundando las tierras
como un elíxir que siembra de voces las praderas del tiempo. que nunca forjamos,
que prendan fogatas
los fieles infantes

30 31
y cultives semillas en aquellas costas
con tus labios, que carecen de viento.
los mismos labios Yo tengo un nombre
que alguna vez que se prolonga por todas partes,
sellaron mi abismo, consume los años
y si quieres, que inyectan cicatrices,
si aún te apetece, y llora de incendios;
descubras cómo el viento sabe del temblor
seca tus ojos. que ocultan las entrañas.

IV V

Yo tengo un nombre Hacer que florezcan huracanes


que se extiende hacia el horizonte sobre áridas tierras.
llevando tortura en la voz, Componer el acorde de un trueno
y si no lo tuviera mirando la inacabada sonrisa,
me inventaría una sombra posarse sobre altares
para robarme la dicha a la espera de un sitio
de sentirme incompleto. que defina al espejo,
mentirle a los años
Yo tengo un nombre con la sonrisa del murmullo,
que se coloca a mi lado y caminar donde florece la corteza
y me habla desde el sitio que hace sangrar todo cielo.
donde encallan mis nervios.
He aprendido a mirarlo
en el instante, VI
a rozar la textura
que recubre su silencio. Soy sustancia sonora sin sitio
al acecho de un eco
Mi nombre roba corazón a las cosas, sembrado en el viento,
eleva su rastro como una llama soy la encrucijada que irrumpe

32 33
a través de una tormenta. VIII

Destierro la epidermis Siempre que extravío


que impide al rocío mi sonrisa en algún espejo
penetrarme los nervios; procuro evacuarme los poros
soy la batalla púrpura y lubricar la mirada,
que sabe llover, los espejos no proyectan imágenes,
mis ojos florecen marcan de ausencia
mirando la armonía. la silueta aparente que nos define,
inundan el movimiento
Me siento a la intemperie de nuestra carne;
y me inundo de ecos, alguna vez quise expandir mi sonrisa
visito la distancia como se expanden los años
plasmada en los años en las praderas del ansia,
y siempre dejo un rastro insumiso. mas, supe de un abismo
anclado en aquella sonrisa
que habrá de extraviarse...
VII

Es verdad que nos prometimos una patria IX


como la isla desierta
que mira el umbral del crepúsculo, Salir a cazar una presa
es verdad que trazamos con brazas que nos inunde de rostros,
el horizonte de nuestros cuerpos, llevar en las venas
y fuimos aquellos infantes la insuficiente razón.
que recorrían todas las costas, Hacer del instante
al acecho de cualquier estrella marina. la levedad contenida,
Es verdad que sólo fuimos tú y yo, salir con una sola mirada
y aquellas voces inciertas y dar en el blanco,
robándonos el sabor de ésta: incrustarse en la realidad
nuestra única ancla. como la espada del guerrero,
dibujar con la sangre

34 35
la silueta interior el trago que inventamos
y ver con el lenguaje del vidente... para ahuyentar a las fieras.

Somos la vela más alta


X izada para confundir el rumbo,
la sombra del relámpago
Sé de un sitio en las nubes cubriendo aquellas tierras
donde reposa la voz que forjaron dos rostros
de infieles guerreros, y un único silencio.
cuyas flechas
ahogan el silencio.
XIII

XI Voy a inventarme mi propio combate


y buscaré la palabra en una voz ciega.
Mis manos respiran al ritmo Voy a mentir con ojos de profeta,
con el que los ríos desembocan, volcaré mi lamento sobre una sombra
sé reflejar la embriaguez y haré del crepúsculo un huracán.
igual que el mendigo refleja su hambre;
soy de aquellos efervescentes
que dibujan una ficción celestial. XIV
Mis manos respiran esencia del subsuelo,
invocan la medida sin fondo, Soy del exterior
el sitio donde habitan las noches hijo del viento,
de quienes ruegan por sí mismos, llevo un ejército en la sangre
a la espera de un tiempo que todo lo nombra. y una batalla en la voz.

He sembrado semillas en el mar,


XII y alguna vez mis raíces
recubrieron espinas,
Somos el tormento. sé llover de mí mismo,
El fuego gris sin comienzo, así como el deseo

36 37
se alimenta de carne. y reclaman un sitio
en la corteza del tiempo.
Soy del exterior
hijo del viento, Hay voces que expresan
tengo la mirada distante, la dicha de amanecer sin cadenas,
el hambre de un siervo, que nos miran de reojo
la irritación en la piel con la sonrisa incierta,
y una nostalgia enterrada. robándonos el hambre
que alimentamos con fieras.
También soy heredero
de las tierras baldías Hay también emociones
donde crecen memorias que nada saben de voces,
y se agitan los años; y palabras que cortan
mientras corra un mensaje sin siquiera expresarse.
en mis noches,
y un crepúsculo Mas permítanme hablar
ilumine mi rabia, desde la pérdida...,
me codearé con las alturas porque sé del terror
para mirarme de frente, acumulado en cualquier cicatriz.
como un halcón pedestre
que carece de nido.
XVI
Soy del exterior,
hijo del viento. Inventemos un juego
donde cada quien haga lo que le plazca,
un juego sin ganador ni disputa,
XV que permita deslizarnos
como viento insumiso que cual más emigra.
Hay palabras que no tienen voz, Inventemos también un solo juez,
y heridas que jamás se acumulan. que únicamente nos observe caer y levantarnos,
Hay palabras que sólo y ría con nosotros,
expresan silencio, ¡no de nosotros!

38 39
Y si es posible aún: y nos atan a un abismo.
inventemos un conjunto de reglas
que sólo sirvan para romperse, Plantémonos en el viento
pues todos los juegos necesitan de reglas. como el polvo aparente
Así, el juego será perfecto, que resopla hacia el cielo,
como perfecto morir o como aquella mirada
habiendo jugado varias veces. que se nutre de voces
y siempre intenta
contener un destello.
XVII
Respirar en la tierra
Vengo de tierras videntes nos vuelvo obsesos del vértigo,
y cielos de arena, creemos que ahí donde nace un puente,
de ahí, también ha de nacer cualquier borde.
de más allá
de una herida.
XX

XVIII ADMONICIÓN

He vivido trotando en mis raíces, Inventemos un epitafio


alimentándome de la corteza inusual, que sepa renovarse
cultivando una sábila que nunca sacia la sed. y diluya palabras de consuelo.

Dejemos crecer caminos


XIX cuando el horizonte nos cubra
con un filo de nostalgia,
Plantémonos en el viento, que nadie hable pausadamente
reposemos junto a él, de nosotros,
miremos debajo de nuestros pies, y que el tiempo nos inunde.
donde crecen raíces
que minan nuestro paso Seamos aquellos náufragos

40 41
de un solo puerto, Mas también hay exteriores
quienes llueven hacia adentro, que permiten a juglares
y aman la tempestad por sobre todo. deslizarse en sus dominios,
robando los rostros que aún son semilla.

XXI
XXIII
Busquemos una salida
que nos hable desde las entrañas, Vivir como una planta,
y libere nuestra carne expandiendo semillas,
de esta voz errante. caminar con la sonrisa oculta
y no dar tregua,
Busquemos por todas partes: ir con la conciencia pegada a los zapatos,
a través del espejo, igual que se lleva una espina en la sangre;
en el fondo de dos corazones, mirar la esperanza de reojo,
en cada dicha no consumada. medir la espesura de aquello que nos enfría
sin darnos cuenta,
Demos un salto hacia cualquier sitio, alimentarse de insomnios y tormentas
que nuestra vocación cada vez que el porvenir nos asfixie,
se convierta en el afuera, romper el dique que aprisiona nuestras manos,
y un frío certero nos penetre los poros. pero sobre todo:
mirar hacia todas partes,
Hay encierros que sólo son penitencia. sacudirse el polvo,
que por una azar de gravedad,
provoca que caminemos por senderos subterráneos.
XXII
Vivir como una planta: en posición vertical.
Hay cárceles que nos miran
como intentando posarse frente a nosotros.
Hay criaturas que habitan los espejos XXIV
regocijándose de ansia
cuando avanzamos a su encuentro. Soy la espina que habita en las nubes,

42 43
el llanto de un relámpago errante, sabes que acostumbro la noche
aquella sombra interior y a mirar abismos de reojo...
que resucita a cada paso.

XXVIII
XXV
Dices que el mar está por venir
Yo amo los paisajes y que difícilmente podré izar mis velas;
que se nutren de abismos, hablas de lo sencillo que resultaría volver a aquel sitio
aquéllos donde florecen caídas donde existíamos a la par.
y siempre queda un viento inconcluso. He librado senderos con una soledad transparente,
me eduqué al trote de las langostas
y puede vanagloriarme de conocer el abismo por unos labios;
XXVI qué más da que venga el mar,
sé deslizarme sobre ríos que fluyen sin necesitar que el viento los agite...
Hay vientos
que invaden nuestros poros
y reflejan silencio, XXIX
como un río de espinas
congelando la sangre Alguna vez me preguntaste si mi pluma se movía pensando en ti,
de quienes sólo saben tú sabes que escribo
salir de su piel. desde el sitio donde habitas rodeada de tu silencio,
desde aquel mar que nos envuelve como una nube.
No creas que no comprendo que unos brazos
XXVII te cubren para mirar el crepúsculo,
que labios nocturnos recorren tu epidermis,
Conozco mujeres de viento, y que sabes de un faro
las tierras donde su soplo corta confundiendo el rumbo de los náufragos.
y el ámbar que las envuelve, Pero yo sé de una costa y de un paisaje sin nombre.
tú sabes que soy vertical, Sé del viento que te enfría
me muevo de un sitio a otro y de una cicatriz que ocultas en la piel,
y tengo oficio de cascada, de esa sonrisa que guardas al final de un encuentro,

44 45
y de una lágrima a la espera del mejor instante. Memorias del vigilante
Por eso: no me preguntes si tu nombre reposa en mi pluma...

Yo, señor, soy acontista.


XXX Mi profesión es hacer disparos al aire.
Todavía no habré descendido la primera nube.
He minado sobre un volcán, Mas, la delicia está en curvar el arco
y en suponer la flecha donde la clava el ojo.
mi vocación es arder desde adentro,
tengo una llama solar en los labios
León de Greiff
y una sombra que deslumbra al vidente;
sí, mi ansia es de incendio
y de soles ocultos en los pliegues de un sueño crepuscular.
CANTO I

Tengo la voz de tres gorriones nocturnos cantando al unísono,


nací de espaldas al sol pues mi rastro detesta la luz.
La primera vez que abrí los ojos supe de un fuego gris
oculto en la ribera,
desperté con pulmones de halcón,
y mis años se deslizaron como la garra que
corta una epidermis.

Dicen que mi padre solía masticar una corteza rugosa,


y que mi madre rezaba a carcajadas.
Ambos vivieron mil rostros de ansia,
miraban al sur cada vez que su honor recorría laberintos,
bañábanse en cascadas,
y hacían el amor como dos aves
que odian posarse sobre el nido...

“Todos los puertos son un temblor” —me dijo mi padre—,


“deja a tus labios labrar incendios, y la templanza vendrá en tu auxilio”.

46 47
Fue así que tomé mis pertenencias: donde habitan criaturas que crean su propio calor
una brújula eléctrica, y miran de vez en cuando un haz de luz.
la cantimplora de mi madre,
los dardos que descubrí en la pradera. Mi hambre es de viento,
de soledad en creciente,
Lo primero que hice fue sentirme pastor, es la escasez de un sitio en la penumbra.
”si he de ser tal llevaré mi rebaño hasta el más alto monte,
todas mis ovejas conocerán la caída...” La fiesta me enseñó el cadáver ceniciento
de una princesa bestia.
Soy el filo del vértigo inundando el horizonte, Ingerí el elixir que hace tormentas,
construyo el movimiento sin medida, las vírgenes supieron de mí
la cábala insuficiente y vil. cuando visité sus dominios una lluviosa mañana.

Ésta no es una simple historia del vigilante, Poseo la máquina de acertijos,


es la ausencia de un tiempo, el reloj de arena solar,
la sombra no recobrada, las llaves de tres ciudades satélite.
el murmullo que acompaña a un ataúd.
Vivo la historia con la destreza
Ésta no es la mirada perdida posándose de aquel que hace piruetas,
en la nuca de quienes buscan respuestas, y tira los dados con una mano.
y creen que alguien más moriría
para resucitar llorando con la vista hacia abajo. La embriaguez es mi cuartel indulgente
que alimenta siervos nocturnos,
Yo habito los siglos como un líquido espeso, donde es preciso un cambio de piel
sé sublevarme frente a altares y ritos, para regocijarse ante una dorada estatua.
divertir el festín cotidiano de las ninfas,
despertar en silencio Mido los siglos como el murmullo aparente,
cuando la encrucijada nace en el corazón de una sombra. disto de la estaticidad lo mismo que del pecado,
y algo sé del dolor,
Tengo demasiada hambre como para los mares que habito se agitan enardecidos
apaciguarla con la parquedad de un lamento, sin nada que apacigüe su paso...
mi sed se sacia en las profundidades del mar,

48 49
CANTO II se ha desprendido de sus raíces?
¿Acaso sus pétalos ya no se humedecen?
Fui de aquellos infantes que se atrevieron a sublevarse, Miras de reojo como buscando un murmullo
luché con la rabia de un siervo, que secuestre tus noches.
y mis aires de conquistador supieron de la tregua
oculta en la sonrisa y los labios de una mujer... Has abandonado tus dominios,
¡Una mujer es un puerto que no acepta ancla!, necesitas volver a la isla
conoce los faros que guían a la tempestad, donde algunos náufragos
su rastro es el más dulce, se alimentarán con la corteza de tu nave.
sus ojos un abismo sin fondo.
Eres la de todos los rostros,
¿A dónde fuiste marítima mujer? el aire de tormenta inundando
¿Qué estrella fugaz ha corrompido tu brújula? los sueños de quienes todavía
Las velas de tu nave repelen el viento, humedecen sus mejillas.
marchas a la deriva invocando un atardecer y dos lunas.
Yo aposté por un incendio
Hoy que mi amor se resguárdese, y me brindaste la epidermis solar,
te diriges al sitio donde acostumbras reunir tus ejércitos, pero tu medida es de silencio,
háblame desde más allá de aquel lugar prefieres que el viento consuma tu eco.
en que te cobijas con palabras rotas.
¿A dónde irás liberadora de anclas?
Combates a las bestias con la energía de los esclavos, ¿Acaso ningún mar puede llevarte al equinoccio?
llenas de humedad lo que tocan tus manos, ¿Al crepúsculo donde habitan los herederos
y siempre consigues que alguien del brebaje que nutre de amor a todo puerto abandonado?
se ahogue frente a ti con el banquete ancestral.

Una mujer es el testimonio del combate, CANTO III


un tiempo sin retorno que edifica
cicatrices exquisitas, Cierta vez construí un monumento
el velo que recubre a un ataúd. donde habitaban mis odres,
donde solía reír a la espera de un dolor
¿Esa flor que sembré y floreció en mis brazos que me hablara de cielos.

50 51
Fui el consejero de un dios terrestre y sé también llorar en el subterráneo.
cuyos dominios atentaron contra el mar,
obtuve los favores de una princesa de agua
y robé el corazón de la tormenta. CANTO IV

He visitado al tiempo en su inercia, Yo visité la memoria de reinos que sucumbieron al tirano,


medité con el asceta en aquella caverna he viajado por las nubes y alguna vez pude minar en silencio.
donde las aves emigran Mis noches las coroné con la sonrisa,
y no hay un solo sitio para mirar la intemperie. así como el sátiro expresa su hambre,
yo proyecté mi voz por aquellos poros que el dolor oculta.
De mis padres recuerdo
la mirada perdida, En mi interior palpita el misterio de un alquimista,
el placer insuficiente cuyo tratado lo llevo en el pecho como sombra invisible
y una fisura en la piel. que me cobija los nervios;
fui derrocador de la cruz
La memoria me habló de aquel huracán con la que el profeta escribía tormentos,
que arrasa las noches, tengo una tortura aparente
que hace cimbrar los días y camino descalzo por senderos que nadie escucha.
y resucita al amanecer.
Me paseo en el cráter de los volcanes
Pero es cierto que también malabareando mi voz.
me cobijé de mentiras También le mentí al porvenir
y del deseo contenido en la sangre. y robé el tesoro de los templos.

En mi sombra habita Mi carne la sedujo una inmaculada rosa,


el espíritu insumiso cuyo deseo submarino fue la ortiga
de un nombre que floreció en el viento.
forjado en la frente.
Ninguna ansiedad compartí,
Mis manos acumulan erosión, mas visité pantanos,
la palabra perdida es mi cómplice fiel, anduve sobre montañas
lleno de historia lo que miran mis ojos y me agencié la misión de los ángeles.

52 53
Sé de una guerra en la punta del abismo, siempre será posible inundarse,
poseo la destreza del artesano,
el aire que intoxica los pulmones librar batallas de ansia,
y el refugio de sangre no derramada. romper los umbrales celestes;
el filo del viento sopla
Aprendí la entonación celestial y penetra en los poros más ocultos.
con esa perversidad
que acumulan los infantes, Soy metafísico lo mismo que lunático,
me limpio los labios con un líquido espeso expando la virtud del verdugo más cruel,
y siembro de brazas las profundidades del mar. también dormí a la intemperie
y supe de paraísos subterráneos.

CANTO V Recuerdo las tribulaciones de todos los tiempos,


el aire de la ciencia me cobijó en el cenit,
Permítanme hablar con las alturas de un mago poseo un ejército de arco y lira,
que dirige las tierras de todos los príncipes, así como un tratado de hiperesencias.
la palabra, espejo milenario,
una copla insuficiente en su memoria. ¡Ah! El discurso inacabado de los juglares,
esos que asistieron a un tiempo donde nada había sido creado...
Sé distinguir un bufón de un arlequín,
río todas las noches con la plasticidad del contorsionista, La palabra, espejo milenario,
medito en las mañanas, una copla insuficiente en su memoria.
antes que la digestión me haga su presa.

He robado el secreto de un erudito, CANTO VI


la crueldad fue mi crucifixión más dulce,
construyo marionetas Mis viajes abarcan cualquier horizonte,
y agito las cuerdas vocales de un ángel gris. he visitado tierras más allá de la noche,
donde el año posee sólo tres estaciones
¡Ah! Los espejos marinos, y resulta imposible invernar.
el tacto inconcluso del vidente,
mientras haya sangre en el cielo Cuando posé mis días en retratos hablados

54 55
supe de rostros de vidrio CANTO VII
y cenizas espurias
que habitan en la piel. De entre todos los paisajes,
tan sólo amé los del instante.
Muchas veces fui cortesano
en reinos de arena Era el tiempo donde nada reposa,
que atentan contra el viento. donde emprender un vuelo
resultaba peligroso,
Otras me batí en duelos sin tregua, y las aves viajaban a una isla desierta.
me alié con el desierto
para asesinar ciclones Era el tiempo de callar,
y escalar todas las dunas. un sitio más allá del crepúsculo
donde en plena comunión
Mis viajes abarcan cualquier horizonte, con las horas parcas,
tengo mi propia estrella se descubre una esencia voraz.
y un faro errante.
Mis pasos no dejan rastro, El tiempo de un paisaje oblicuo,
nadie puede seguirme la esencia de nuestras tormentas
pues ninguna sombra reposa detrás de mí. y de aquellas emociones
que encerramos en la carne.
Llevo el signo de los años
como una llaga invisible Yo amé los paisajes etéreos,
que lubrica mi piel. calcomanías de un solo rostro
que existen detrás del espejo.
En cada reino que visito
soy el juglar incómodo Y amé también las distancias
que relata los tiempos como a cualquier cicatriz,
donde escasea la sangre. forjé un imperio
cada vez que hablaban mis años,
Alguna vez hice de príncipe y bufón, y pude codearme con híbridos santos.
usurpé el lecho de los reyes,
y fui el profeta de un dios de barro. De entre todos los paisajes,

56 57
prefiero aquellos donde no hay paraísos. que ha robado al viento
su soplo más vil.

CANTO VIII
CANTO IX
Soy de raza silvestre
que suele inventar ríos. Cuando dormí a la intemperie
Por mis venas corren espinas y lluvia supe el secreto que guardan las flores,
y un huracán innombrable. respiré la espesura del éter,
y ya no fue necesario cobijarme los poros.
Ciertos siglos visité el monte
donde habita la voz He conocido criaturas de viento
que acostumbra alabanzas, que viven por el horizonte
ella me mostró un sitio profundo donde habitan espejismos.
y una verdad concurrida.
Reposé junto a moiras grises,
Soy también de una raza vírgenes perpetuas
iniciada en el arte hermético, y diosas con cara al sol.
fundé mi propio santuario
y fui el verdugo Mis manos asían los remos
de un paraíso pedestre. de una embarcación lunar
que visita cualquier estrella.
En ciertas guerras vestí
con hábito púrpura, También pude mojar mis labios
me atrincheré en mi esqueleto con la sábila eterna del vagabundo;
y pude ganar la batalla sé dormir a la intemperie
de un sueño luz. como un cíclope vigía
al que le angustia el crepúsculo.
Tengo raíces en la piel
y una patria en las venas, En praderas de nadie cultivé mi voz,
soy de raza silvestre, asistí al nacimiento de un laberinto,
el vigía con mirada de espina y pude hurtar la sonrisa

58 59
que guarda el rocío. Exvotos

CANTO X
I
Vengo de atrás del horizonte,
donde los sueños Yo no quiero que me definan con una costilla de barro,
construyen su propio epitafio ni que digan que mi sangre pesa menos que el mercurio;
y una sombra divina mi vuelo es vertical, sin orillas...
se posa desesperada. Yo no quiero una sombra amartillada a mis huesos,
ni un silencio meloso que ensordezca a la angustia.
Vengo de más allá del instante, Busco una cama de espinas donde pueda reposar sin paz
camino quebrando espejos, y mi llanto se pierda en la penumbra,
viendo eclipses solares sin siquiera escuchar el eco de los dedos recorriendo mi carne.
y hurtando a las vírgenes Yo no quiero un retrato decorando las casas de quienes buscan consuelo.
su sal más profunda. Sólo deseo un rincón para mirar el horizonte azaroso,
derramando una gota seca que me libere, me aterrice, me desangre...
Me alimento de distancias
y de una que otra cicatriz,
fui pederasta y burgués II
con la misma delicadeza
con la que el arriero Hay que buscar la hipodérmica libertad
rehuye de su imagen. que nos brinda el eco de las nubes al pasar por el viento,
la inaugural dimensión de sentirse ensimismado en sí mismo,
No tengo inicio ni fin como una lubricante piel ahogándose en su propio sudor.
pues vengo de tierras distantes,
de ahí donde habita Hay que tender la frente al corazón de las llagas que consumen la risa,
nuestro insípido abismo, como cuando asistimos a un funeral en una lluviosa mañana,
y se cultivan raíces siempre y cuando los nervios no se nos atoren en los huesos...
que crecen sobre el viento. Habrá que ver hacia el fondo de un lago,
antes de despertar todas las noches implorando a las sombras una
concesión más;

60 61
seamos como una astilla incrustada en la palma del pie, V
de esas que constantemente nos recuerdan nuestro verdadero peso.
Mi piel es sumamente áspera,
repele la sangre, el viento,
III no existe una sombra que le acomode,
cuando río produzco un eco aparente, inusitado;
Espiar en nuestra propia sombra cuando no haya más que residuos... cada vez que suelo morir, las aves conocen el vértigo.
Aprender el arte de mirar la transparencia,
de ir por la orilla del río espiando; ****
internarse en algún laberinto
dirigiendo nuestro ocio, reír ante cualquier precipicio. Ser como una grieta en el cielo
Asistir a hospitales vestidos para un banquete, propagando un grito ensordecedor que macere las cosas,
caminar bajo la lluvia con los ojos cerrados, como la fe,
no sea que alguna vez intentemos una ejecución de malabarista. que se derrumba a cada rato.
Quebrantar nuestros huesos hasta el amanecer, En las mañanas,
sumarse a la conquista de una que otra pesadilla. nos pesa el exceso de luz,
El terror es tan insano que siempre nos engaña con espejos. ningún resplandor nos acomoda,
la fluidez de tanta verdad ha cegado la vista.
Cuando creemos que por fin una causa decente nos ha convencido,
IV escupimos el cristal que refleja esa imagen sin sombra;
medimos los días con una regla transparente,
Por sobre la llanura silenciosa donde reposan mis restos, no sea que alguna vez la oscuridad nos agarre por sorpresa,
por la pálida simplicidad de sentirse quebrado, tieso, sentimos terror frente a un atardecer,
así me cubre el porvenir puesto que,
cuando acostumbro detenerme a mirar el rastro que deja mi esqueleto. una vez más:
Sé limpiarme el sudor con los labios, pediremos tregua.
no sea que hasta mi propio veneno me asfixie; Ser una grieta,
me uno a quienes disparan flechas, fracturar la epidermis de todo,
quienes sienten simpatía por los parásitos que se alimentan con la con el sólo propósito
propia bilis, de robarle esa corteza aparente que a veces ahorca.
aquellos insanos del común uso.
Por eso también navego en una balsa de espinas. ****

62 63
Ser también la corteza olvidada del viento, ****
internarse en nuestros poros
por el simple hecho de mostrarse aparente. Sé lo que es permanecer derrotado como un ave sin alas,
A veces pensamos que padecer estriba en dolerse, si alguien se atreve a robar mis tormentos,
igual que una herida sangrando hacia adentro, sólo podrá regocijarse con la parquedad.
o como el llanto anterior del recién nacido; A veces me harta el ser únicamente yo mismo
padecer no es materia que se recicla en temporadas, y no ese otro que sepa engañar a una imagen;
ni los gritos encarnizados de quien sufre cómodamente. si debo deslizarme junto a los demás
Seamos esa corteza olvidada, escondo mi sombra,
que nada se libre de nosotros, lo insípido siempre me desangra.
atentar contra sí mismos,
moverse a la deriva como un puerto sin nombre. Voy a crear un imperio
que sepa también derrumbarse de vez en cuando.
****

A veces me cansa la rompiente de los días


como una llaga invisible que hiere la frente,
yo también poseo una sombra,
espesa como la de cualquiera,
me levanto del lado que me conviene,
pues ni mi corazón late a la izquierda,
ni mis ojos se deslumbran con el amanecer.
Una vez que la mañana me va envolviendo,
me visto con una capa impermeable,
para que las cosas no me salpiquen
con aquel hedor que seca la piel.
Me consuelo en las tardes,
ya ha de venir la noche a librarme de mi sudor,
de mis nervios que añoran la llegada de un día más;
y así, me descubro cansado del tiempo
cada vez que me habla sonriendo
del fluir silencioso de los días.

64 65
Excepciones aprendí que la tempestad no necesita de algún pretexto
para que su paso ahogue a cualquiera.

****
I
A veces,
Preciso pues congelar la mirada me da por excavar un hoyo en el viento
cuando hemos dispuesto salir gritando para fugarme hurtándole al cielo
que no somos ni una mínima parte, aquellas cadenas que guarda celosamente,
la que nos coloca al borde de aquello sentir cómo se desprende de mi carne
que solemos dibujar con movimientos. la gravedad de un esqueleto,
Yo busco un abismo en cada río arremeter contra las cosas sin ningún fin,
donde nado a contracorriente; porque,
ni siquiera he podido inventar una fábula no es para menos cuando nuestros pies
para expulsar el dolor que me ciega la piel. se han cansado de cargar una piel
Vago como cualquiera, que se disfraza en las mañanas.
me interno en los dominios de lo mundano,
del fuego inhóspito que abraza los sueños, A veces,
de la aterradora libertad para disponer de mi esqueleto. también quisiera desprenderme de mi sombra,
¡Por eso puedo ser también una excepción! de esa tibia y frágil corteza
que recubre una mentira.

II ****

Las excepciones son escasas, es cierto, Yo formo parte de quienes han mirado la debilidad en sí mismos,
abren brechas, aquellos que fingen llorar en silencio.
inundan de sombras que maceran un porvenir, Me uno a la embriaguez que provoca una tormenta,
aunque difícilmente soportan la inmovilidad. a los que lanzan piedras al mar,
Soy una excepción como las rocas del desierto, sabiendo que no conocerán libertad sin pérdida.
como el lamento de los coyotes en la espesura nocturna; Soy camarada de los pederastas,
aun así, sé gritar hasta disolver mis pulmones, de cualquier iracundo que vende su rastro por el simple hecho de
marchar un codo adelante; mostrarse,

66 67
por la obstinada conciencia de asesinar todos sus ídolos. Impío

Soy para llegar a ser:


la inusitada piel cubriendo una epidermis que vibra, que miente.
El grito desesperado perdiéndose en la oscuridad de una sombra. He hurtado la sangre con que las vírgenes lubrican su virtud,
Los sueños en vigilia buscando su propia morada. alguna vez visité el corazón de un volcán
y pude codearme con subterráneas criaturas.
Amo el caer de las hojas en invierno,
lo vertiginoso de un vuelo, He visto la caída de marítimos imperios,
el ansia no satisfecha. las garras del inocente,
Mido la distancia que me separa del vicio; los amaneceres sin sombra.
he aprendido a labrar mis conquistas con la corona de Cristo,
no sea que de vez en cuando también intente pedir compasión. Acostumbro gritar cada vez que puedo,
prefiero exorcizarme
**** por el hecho de perder
aquello que supuestamente me define.
Mi piel es corteza en el desierto,
espina enterrada, Al amanecer,
acumula su propio sudor sin siquiera notarlo. mi piel se asemeja a una pradera
Suelo edificar encrucijadas, donde han sembrado la semilla
vivir temporadas en el limbo, que atentará contra el cielo.
labrar ataúdes en las noches sin luna,
nunca he pretendido que la realidad Soy iconoclasta por naturaleza,
termine por convencerme. el barro se desliza por mis poros
como cualquier gota en el desierto.

No soy imagen ni semejanza,


soy la costilla podrida de Adán,
las entrañas de Lilith,
ese pecado que alguna vez
alguien intentó redimir con espinas.

68 69
**** Soneto

A Pablo, mi hermano.
(1973-2003)
Ha nacido un espíritu robado
Estoy enfermo de una palabra ausente que todo padre oscuro ha concebido,
que condena mi carne a temblar, ángeles y demonios lo han prendido,
si miro al horizonte, coronando su dicha ¡sea alabado!
acostumbro a posarme sobre brazas de ceniza,
he visto una caverna en el cielo, Sea su nombre misterio desterrado,
el lunar que oculta el sol. sea su sombra reflejo incomprendido;
este ser vive más que lo invivido,
Estoy enfermo de silencio, peca más cuando todo ha terminado.
de una carencia total de aliento,
de ansia, Nuevos dioses le brindan soledades,
aquella sonrisa de la hiena. antiguas llamas cubren su regazo,
traspasa noches, mitos, cavidades,
He mezclado mi sangre con la sal más profunda.
Mi nombre es la humedad del viento Habita un universo de rechazo,
moviéndose sobre praderas abandonadas. suele contar historias de verdades,
suele morir, nacer en el ocaso.
Mido el dolor sin mirar hacia abajo,
sé que cualquier guerra es un tributo al espejo,
a esos rastros que deja la muerte.
¡Sí!, mi enfermedad es un combate...

70 71
FÁBULAS IRRESPONSABLES
Todo es escritura, es decir fábula.
¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto?
Nuestra verdad posible tiene que ser invención,
es decir
escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura,
todas las turas de este mundo.
Los valores, turas,
la santidad, una tura,
el amor, pura tura,
la belleza, tura de turas.

Julio Cortázar
El hacedor o la elaborada mentira

Soy “hacedor”, mi oficio consiste en hacer nudos con el viento,


creo fábulas sin moraleja, dibujo laberintos con la tiza del tiempo, le
doy nombre a lo que no lo tiene, en fin, sucede que no siempre me
gusta estar solo.
Una vez, creé la diferencia, ciertos otros se enfrascaron en com-
prenderla, según éstos: nada reflejaba su existencia, lo cual les instó
a moverse, a crear sus propias fábulas, pero nunca se atrevieron a
levantar la voz, a preguntarse sobre el mar de espejos; sé colocarme
junto a alguien para construir un silencio. Muchos como yo han de-
sistido en su labor, lo invisible ya no convence, mi especie está en
extinción, y es que, también se aprende a tener sueño, hambre, sed,
a sentir pavor arrojados a un lugar desconocido, recóndito; es mejor
creer que nada está oculto...
El hacedor no busca, viste su mentira de espinas; es hedonis-
ta, prefiere lo imposible, masticar cualquier corteza de realidad. Es
como una liga que cuelga del viento, torciéndose y estirándose cada
vez que puede.

77
Pero hay otra clase de eructos que provocan una risa sofocante,
como aquellos que expulsan los bebes frente al seno materno, o los
Eructos de la mascota favorita cuando juega con algún niño.

Suelo repetir en las mañanas para expulsar cualquier vestigio


de las nocturnas pesadillas, después del desayuno, mi repetición se
asimila a esos ecos que habitan lotes baldíos; antes de proferir otro
eructo me sueno la nariz, no pretendo humedecer mi mesa con sim-
ples residuos. Al terminar la comida eructo en el baño, así éste podrá
parecer un lamento a solas, para que nadie volteé a verme. Pero nada
se le parece a la repetición nocturna, ahí expulso todo el material
venenoso que ingerí durante el día.
El eructo es sinónimo de sanidad, algunos acostumbran reír,
otros rezan mecánicamente para sentirse completos, yo acostumbro
el eructo, prefiero sacar los deshechos más espinosos a mantenerlos
carcomiéndome las entrañas...

****

El eructo puede ser insano, aún y cuando libre a cualquiera de


sí mismo, es insano si se profiere en la presencia de alguien, para
arrojar piedras hay que hacerlo frente a sí mismo, sin contaminar
el ambiente de otros, de nada sirve exponer nuestra suciedad, el
pozo de los lamentos siempre es personal. Es insano también si sale
acompañado de un hedor lacrimoso, de aquellos que humedecen el
rostro de quienes todavía no saben que en todo llanto se pierde vir-
ginidad...

****

78 79
Cómo llorar de pie Parábola de la caza

Dejando de lado los motivos, atengámonos


a la manera correcta de llorar... La hipérbola son dos curvas que nunca se tocan, separadas por
dos rectas llamadas asíntotas, éstas concurren en un punto: el centro;
Julio Cortázar la elipse y el círculo también tienen un centro donde se cruzan dos
rectas.
Un día, la parábola decidió dar a la caza alcance en ese punto
La técnica se asemeja a cuando asistimos a un concierto ma- singular, lo cual le resulto imposible, pues es una curva que veda,
sivo, hay que gritar hasta sofocarse sin que nadie a nuestro alrede- sólo posee un vértice. Las cónicas con un vértice carecen de cora-
dor nos escuche; es recomendable mirar hacia arriba, de preferencia zón, no saben lo difícil que resulta cazar el verdadero centro donde
frente a la ventana cerrada, así nuestros ojos no inundarán el vien- remitir lo que las incita a moverse en el espacio, a pesar de que
to con una humedad de pared... Sobre todo: nunca bajar la vista ni posean simetría.
flexionar las rodillas, el suelo que se pisa no es el causante de los “El corazón es un cazador solitario”.
espejos que acostumbran ahogarnos.
Si se desea: los ojos pueden taparse con las palmas de las ma-
nos o con cualquier venda, de preferencia transparente, procurando
no tallárselos, pues ninguna lágrima debe ser provocada, y, sobre
todo, por ningún motivo, cerrar los párpados, la realidad es tan vasta
que siempre se encontrará un pretexto para ponerse de pie e insultar
a la lluvia con un llanto luminoso, abundante, crepitador.

80 81
Vacuidad cotidiana Vuelo Vertical


Ayer caminaba de la mano del silencio y me detuve a escu- Todo comienza cuando uno se harta de mirar hacia abajo.
char el eco de las hojas caer, la fluidez con que se desliza el sudor Primero que nada, olvidémonos de medir el tamaño del vérti-
sobre mi piel, un sonido de cadenas cuando la realidad le pasa a go, cualquier batalla con lo pedestre, así nuestra guerra no conocerá
uno por enfrente. tregua alguna.
No supe qué hacer y me dediqué a regocijarme con mi esque- Ser la insuficiente libertad de virar por sobre el nivel menos es-
leto, a planear simulacros en pos de las costras que suelen dejarnos carbado, permanecer en silencio manteniendo nuestra sombra bien
nuestras falsas arremetidas. oculta, descubrirse cómplices del viento, aunque las aves nos miren
Hoy quizá abra los ojos y decida cobijarme con mi sombra, con rabia.
cada vez que se fracture un monumento. Después, logremos la conquista de una que otra nube, ense-
ñémosle a llorar de a de veras, no sea que su crepitadora sonrisa
nos ahogue los nervios. Todos los vuelos necesitan de alas, los ríos
nacen del mar, la angustia de los atardeceres, el deseo de su propio
filo, volemos a la deriva, con las alas bien puestas, desplegando un
ensordecedor lamento. ¿Por qué no habríamos de visitar una cima?
Miremos hacia arriba, que la sangre nos fluya pesadamente, como
aquella primera vez donde se descubre que el llanto nos roba movi-
lidad.
Habrá que acordarse de nuestros pulmones, de ese pedazo de
carne incrustado en el pecho. Pero sobre todo, que también es posi-
ble alimentarse de las alturas.
Una vez hecho esto, preciso disponerse a caer en picada, sin
concesiones, hasta que el horizonte se disuelva como la cálida brisa
al final de una tormenta. Hasta que nuestros pies aborrezcan posarse
sobre una superficie que nunca ha podido reflejar nuestra verdadera
sombra.

82 83
Odio Justificado Remedio contra la esperanza

Platón desterró a los poetas de su república, pues supo desde el Salgamos a las calles a gritar, a desgarrar nuestro insano esque-
principio que éstos eran los únicos capaces de vencerlo. leto, a sentir los nervios incrustarse en la piel, aunque las cosas nos
sigan mintiendo. Después, sentémonos en silencio, miremos hacia el
cielo, despleguemos las alas, y si perdemos la esperanza no importa,
ya hemos aprendido a movernos, ciertamente.

84 85
Lienzo labrado líricamente Perdido en una cadena montañosa

A mis blancas musagetas


Lamento lisonjear libremente, lío larga letanía llorando la luna, Que me llevan al Parnaso
las lóbregas latitudes laceran laberintos, liman lujuria lícita. Lla- En alas de mariposa.
memos límite lunar la luminosidad llana, llamemos linaje lenitivo
Ortega Alvarado (Tlaculinatzi).
la lenta libertad lamiendo llagas lozanas. Lisérgica ley la levedad,
llameante litoral lunfardo. ¿Lógica lingüística?, ¿léxico lustroso, lú-
cido? Lo lamento, llorar lubrica la lengua, laurea legiones lisiadas,
libra lutos lineales. Las cosas son sencillas.
Los legítimos lunáticos labramos lienzos líricamente. Soy poeta desde que tengo uso de razón, amo el vértigo, la altura
sin orillas es mi mejor morada. Hombre de profesión, mi sangre se desli-
za por el viento, imagino molinos malabareando la insana complicidad,
el perfil del espejo en las mañanas, las palabras que devoran a una vir-
gen. He aquí que no sé si estoy perdido.
Siempre siento turbación cada vez que una gota de sudor se
desliza por mi frente, cada vez que de mi boca han surgido lamentos
crepitadores. Yo me extravié, aún así no me arrepiento, lo recuerdo
bien, una pradera montañosa donde anidaban luciérnagas sin luz, las
que saben que ésta ensordece, que es insano precipitarse en el día sin
siquiera oír el sonido de una brisa distante; masticar tierra mojada
enseña a degustar hasta la más insana aridez. Yo visité un imperio
en el subsuelo, ahí donde los ríos desembocan y se corre el riesgo de
padecer fiebre en la sangre. Las orillas necesitan de un filo que borre
las huellas de quienes creen conocer un crepúsculo de fuego.
Mi pasión por el vértigo me hizo descender en los dominios
más inhóspitos, no sólo las vírgenes saben ahogar, también la noche
con su espesura incierta, la piel de las sirenas cuando abandonan el
mar, el sudor de las nubes en cualquier tarde soleada. Los montes

86 87
eran un espejo que mostraba la claridez más insípida; a lo lejos, una guardar airadamente.
voz dibujó dimensiones donde alguna vez pensé pernoctar; esa voz Mi profesión es ser hombre de imágenes, perdido en una cade-
era dulce, cálida como la piel de un recién nacido, húmeda y etérea na montañosa, supe que la magia existe cuando es posible construir
como la brisa nocturna. con las entrañas, sufrir el hambre más insaciable. El terreno que ca-
—Serás constructor de imágenes —dijo—, no hay nada que rece de realidad es esa cadena montañosa donde resulta preciso ex-
impida a tus nervios desdoblar la sonrisa de quienes buscan y bus- traviarse, donde el verdadero fundamento lo hace uno mismo, bus-
can, y sólo descubren aquello que llevan en la piel, en la epidermis cando un reflejo que de veras provoque vértigo. Mis ojos se abrieron
del alma. Tú estas hecho para lanzar disparos, para impedir que el y ya nunca pude mirar como antes.
terror intente vedar cualquier vuelo. Soy Tlaculinatzi, ¡sí!, el que aprendió a labrar la corteza de la
Desde ese momento el comienzo y el fin serían tenues como la flor, el eco de las nubes, la rugosa piel de cobre. Yo estuve ahí, es
sombra de una embarcación en un mar de silencio. más, ni siquiera sé si sobreviví para dar testimonio. Hacer llover no
En el horizonte, una extraña melodía me indicó el sitio del es fácil, consume sin siquiera uno darse cuenta.
mar, las aves volaron por las nubes mojando sus alas para no llorar.
Aquí era, lo presentí, soy un hombre que va entre montañas, no sé
de la lluvia, mas sí de luciérnagas hambrientas, de cuando alguien
muere en soledad; vi desmoronarse ciudades, ahogar verdades en
vino, prometer paraísos inciertos, ¡pero lo mejor de todo fueron
esas canelígenas vírgenes que roban la dicha!, su piel es profunda
como los atardeceres, ellas saben que un hombre necesita llorar, su
táctica es simplemente mostrarse, son tan ligeras que vedan en el
día, ¡sí!, esas vírgenes son la exquisitez, la tempestad invernando
en las venas, el dolor más dulce incrustado en el rostro, ¡ah!, pero
¡cómo edifican imperios!
El terreno montañoso es un sitio preciso para inventar fábulas,
para inundarse de reinos, de universos paralelos donde se descu-
bre la profundidad de aquello que sólo a los hombres les pertenece.
Cada monte surgió majestuoso, mostrando una corteza escabrosa,
atrayente, revelando esa majestuosidad de sentirse ensimismado en
un esqueleto, en los poros de una piel que construye su propia men-
tira...
Aquí me extravié, no hace falta decir cómo me regocijé mi-
rando una tempestad que ahogó lo que alguna vez mi morada supo

88 89
**** ****

Me gustas cuando callas


Un día de aquellos en que la risa cuesta más que una tortura de porque estás como ausente,..
carne, un día para rematar nuestra imagen como un objeto preciado,
y si de algo nos sirve: remitir el deseo al cuidado de la conciencia, no Pablo Neruda
sea que de vez en cuando miremos la iniquidad de reojo.
Un día donde se sopesan las ansias y la vida no cuesta mucho,
donde es más sencillo tomarse del pecho, y escalar emociones con Me gusta librar cualquier batalla en la epidermis oculta de todos los
un paracaídas pegado al cuerpo. rostros,
Un día entre muchos, de corazón guerrero y puerto libre, de me gusta el sexo sucio y también el otro,
parquedad confundida, de octava en bemol y nota suelta. Un día las mujeres horizonte, incluso las de sexo fugaz.
para incitar con sermones y un silencio crepuscular. Me gusta la música tanto como una tarde lluviosa,
Un día de honor, ¡sí!, pero sobre todo: un día en que uno ya no sentir el viento inundarme los poros,
se reconozca, y comience por erigir monumentos con las cenizas de mirar con la mirada perdida.
ayer y de otros días... Me gusta la soledad y los sueños que humedecen las mejillas,
la imperfección de las cosas,
el ansia no satisfecha.
Me gusta el mar y la poesía,
la ventana cerrada de mi cuarto y los libros regados por el piso.
Es verdad que me gusta la noche, pero también me gusta el invierno
e Irene Jacob.
Prefiero cualquier combate,
metérme el dedo en la nariz y mirar lo que defeco.
Me gusta la piel blanca y el pelo negro,
las mujeres “tirando” a flacas,
los naufragios filosóficos.
Me encanta la física y más aún la marihuana,
la ciencia-ficción y el cine de autor.

90 91
Me gusta el azar y que el tiempo me hostigue de vez en cuando.
Aunque otras veces me gusta que no me guste nada.
Me gusta sentir el vacío envolverme de mí mismo. ÍNDICE
Me gusta el silencio y el frío,
el amor con cicatrices,
los abismos con vértigo.
Y hay tanto que me gusta, 13 El acto de crear presencia
que acabaría no gustándome saber que ya no pueda decir lo que me 17 Alguien puso en mi corazón un lote baldío
gusta, 30 Poemas desde la raíz
si en todo esto faltases tú... 47 Memorias del vigilante
61 Exvotos
66 Excepciones
69 Impío
71 Soneto

FÁBULAS IRRESPONSABLES

77 El hacedor o la elaborada mentira


78 Eructos
80 Cómo llorar de pie
81 Parábola de la caza
84 Vacuidad cotidiana
85 Vuelo Vertical
86 Odio Justificado
87 Remedio contra la esperanza
90 Lienzo labrado líricamente
91 Perdido en una cadena montañosa

92

Centres d'intérêt liés