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MÁS… TURBACIONES

MENTALES

Gilberto Castrejón

Cd. de México, 2017

1
A mis sobrinos y sobrinas,

esperando que la belleza y el conocimiento

les sean como un sendero de luz y vida.

2
<<—Pero yo no quiero estar entre locos, —señaló Alicia.

—¡Oh!, no puedes evitarlo, —dijo el gato—,

aquí todos estamos locos.

Yo estoy loco, tú estás loca.

—¿Cómo sabes que estoy loca? —Preguntó Alicia.

—Debes estarlo, —dijo el gato—,

de lo contrario no habrías venido aquí.>>

Lewis Carroll

Alicia en el país de las maravillas

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ÍNDICE

Prefacio 8

Sobre aquello en lo qué llenar la vida 10

¿Por qué leer es tan importante? 13

Acerca de los objetos 17

Por qué amar la matemática 20

Sobre la “psicología del hoyo” 23

¿Hay lugar para la poesía en un mundo en el que las palabras han perdido su esencia? 26

Sobre la diferencia entre gustar de lo superficial y ser superficial 30

La aparente disparidad entre la cultura humanística y la científica 33

¿Puede la filosofía ser usada como producto de la “industria cultural”? 36

Acerca de infamias y deseos culposos 40

Sobre la cosa más importante de las menos importantes 42

Acerca del “cazador solitario” y otros demonios 44

Hablemos del “opio de los pueblos” y otros asuntos espinosos 46

Notas sobre el “síndrome Peter Pan” y las contradicciones culturales 48

Carta dirigida a los que “están afuera” 51

Acerca de la partida 54

Notas sobre “el tirano incontenible” 56

Sobre lo que mostramos y no muestra nada 60

El imaginario colectivo y los personajes míticos 63

4
Educar o adoctrinar 66

El conocimiento como valor 69

Acerca del “arte de tirar netas” en redes sociales 72

Sobre el inconveniente de que todos puedan opinar 74

Sobre cómo vivir bien y mejor 76

Acerca de discursos y subjetividades 79

Sobre la diferencia entre ser consciente y “salir a las calles” 81

Acerca del “monstruo” que mata las neuronas que <<incitan al movimiento>> 84

Sobre aquello que acapara la atención y después nadie recuerda 87

Acerca de las aspiraciones progresistas entre perdedores y ganadores 89

Sobre la necesidad de creer que lo que se cree es verdad 92

Acerca de la importancia de la identidad generacional 95

Sobre las vicisitudes de los autoproclamados “discursos de verdad” 98

Sobre lo cotidiano y lo trivial 101

Acerca de nuestra tendencia a disfrazar la envidia de crítica 103

¿Qué clase de escritor se desea ser? 106

¿Probar drogas o haberlas consumido implica tener menos altura moral? 109

¿Pueden las redes sociales fomentar el esnobismo? 112

¿Puede la idiosincrasia ser un “arma de dos filos”? 113

Acerca de la banalidad de nuestras percepciones y acciones 118

¿Sigue habiendo lugar para la vocación? 121

¿Por qué preferimos digerir lo insípido y banal? 125

Sobre percepciones y acciones 129

5
Por qué escribir adecuadamente implica pensar adecuadamente 133

Acerca de nuestras concepciones 136

¿”Compartir” en las redes sociales significa “compartirse”? 140

Sobre el inconveniente de gustar del deporte más popular 144

Sobre los “fenómenos de internet” 147

Sobre nuestra tendencia a “exhibirnos” 149

¿Sigue habiendo lugar para el patriotismo? 151

Acerca de la “euforia” por el día del ingeniero 154

¿Tú también sales con un sistema? 156

Más… turbación mental 159

Sobre muros prescriptivos y de “humor barato” 160

Ideologías, actos y percepciones 162

Acerca de memes y rostros 165

Sobre el “inconveniente” de enseñar ciencias sociales y humanidades 168

Sobre los prejuicios de artistas y los formados en ciencias sociales y humanidades 172

Historias del mal y goce 176

Sobre las “enfermedades del yo” 178

Error de auto apreciación o cómo la imagen en el espejo resulta exagerada 179

Masturbación mental 1 183

Sobre el pulso interior y “niños mimados” 185

Masturbación mental 2 188

El precio de las ideologías 190

El “dolor” cuando viajamos 193

6
La raza siempre termina siendo lo que en el fondo es 195

Sobre las selfies 197

No siempre debemos opinar 199

Textos citados 201

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PREFACIO

El humor siempre debe formar parte de una obra literaria. En este sentido, los textos siguientes

apelan a una complicidad con el lector, lanzan contenidos tratando de incitarlo al “movimiento

mental”, el tipo de movimientos que sólo se logran con palabras. Así, quien se aventure por la

cartografía de estas “Más… turbaciones mentales” se ha de topar con “tónicos existenciales”

de una sola pieza. Ya que podrá asistir a reflexiones sobre la matemática, la poesía, el fútbol,

la política, la pornografía, el mal, el conocimiento, la muerte, el tiempo…, algunas nimiedades

o infamias y una que otra de esas “enfermedades del yo” que tanto abundan.

Dicen que el escritor mexicano Germán Dehesa practicaba el “humor inteligente”, quizás una

excelente forma de hacer literatura en una época en la que las solemnidades literarias se han

diversificado, dadas las posibilidades comunicativas con las que actualmente contamos. Esta

obra se ha gestado en atención de dichas posibilidades, a la vez de una puesta en marcha de lo

explorado por el autor. Y aun así, no es nada inocente suponer que la web y todos los

“chismes” que en ésta proliferan, caso específico el de las redes sociales, han sembrado

distintos espacios por donde, los que escriben con ciertas pretensiones literarias, encuentran un

modo específico de expresión que muchas veces los libera de sí mismos. Atendiendo a esto

último, algunos de los textos que comprenden la obra vieron su primera aparición en el

contexto de las redes sociales, acaso como un “experimento de soltar la pluma” cuando la

necesidad de expresarse desborda una manera de estar en el mundo. Y no sólo eso, pues

dichos textos muchas veces pueden ser también una provocación.

8
Así, estas “Más… turbaciones mentales” sólo pretenden dialogar con humor, poner sobre la

mesa temas e ideas que quizá puedan exasperar a quienes, por solemnidad o erudición, creen

que la lengua, y por algo la literatura, no debe ser usada como producto lúdico de la “industria

cultural”. En este sentido es que puede que sólo traten de las cosas “más importantes, de las

menos importantes”, o tal vez sólo son un compendio de conceptos de batalla.

9
SOBRE AQUELLO EN LO QUÉ LLENAR LA VIDA

Ralph Waldo Emerson ha sido uno de los escritores que más huella me ha dejado, en La

conducta de la vida, éste menciona: “Siempre hay una manera mejor de hacerlo todo, incluso

de conocer un huevo. Los modales son las maneras felices de hacer las cosas; primero un

golpe de genio o de amor, luego repetido y endurecido por el uso. Al final forman un rico

barniz con el que se limpia la rutina de la vida y se adornan sus detalles… Los modales son

comunicables…” Dicen por ahí que adquirir un hábito o disciplina es bastante sencillo, sólo se

trata de hacer lo mismo todos los días, mínimo veinte minutos, e ir aumentando el tiempo, y

después de veinte o treinta días dicha actividad ya será rutina, algo cotidiano.

Digo todo lo anterior porque recuerdo una charla con una sobrina, la cual se encontraba en

esas edades en las que “te quieres comer el mundo de un solo bocado”. Si bien ella, como

todos los de su edad, estaba llena de sueños y planes, lo que intenté señalarle no fue una

estrategia para lograrlos, sino una mirada atenta a su presente, pues como dicen también por

ahí: “quieres comprender tu pasado, ¡mira tu presente!, quieres conocer tu futuro, ¡mira tu

presente!” La estrategia es simple, acaso una especie de mayéutica socrática, pues la primera

cuestión es bastante básica: ¿con qué llenas tu cotidianidad?, es decir, ¿en qué te ocupas?,

¿qué tipo de temas acostumbran “digerir” y dialogar tú y tu círculo familiar y de amigos?,

¿cómo organizas tu día a día? Cualquiera de nosotros podría responder a dichas cuestiones, lo

que primero habría de identificar es si existe coherencia entre ciertos anhelos y sueños y la

respuesta dada.

10
Hasta aquí, debo señalar que por algo es que comencé remitiéndome al gran escritor

norteamericano, pues como él, pienso que lo primero de lo que se trata es de “aprender a

comportarse”, ya que a pesar de tener o no un origen en cierta escala social incómoda, eso no

nos exime de saber comportarnos, de ahí por tanto adquirir hábitos y conductas que nos

marquen ciertos senderos propicios para potenciar lo que somos. El “viejo indecente”

Bukowski, merodeador de cantinas de “mala muerte” en la película “Barfly”, y personificado

por el actor Mickey Rourke, desprecia y siempre pelea con un cantinero, sólo porque, como él

mismo lo expresa: “representa todo lo que odio: es macho, vulgar, ignorante…” A diferencia

de Bukowski, que tiene clase. Quizá nosotros también deberíamos de luchar contra todo lo

corriente y vulgar, contra toda ignorancia. ¿Hace falta decir que si uno aprende a comportarse,

adquirirá buenos hábitos y por ende, llenará su vida con cosas, personas y realidades que

realmente valgan la pena?

“Erradica de tu vida todo lo nocivo y que como un lastre no te deja avanzar”, he aquí una

primera respuesta a la cuestión. Si alguien, sea hijo, esposa, hermano, etc., tolera el abuso,

quizá es porque piensa que se lo merece, es decir: no merece nada, y por tanto eso es lo que

obtiene de la vida. Si alguien erradica de su vida los libros, los paisajes sublimes o las noches

de luna llena, tal vez también erradique de su vida el amor o la poesía, y quizá lo haga porque

cree que no está hecho para eso, puesto que existen otras cosas más importantes, ya que lo más

seguro es que dicha persona ha sido convencida por el “principio de realidad”. En este sentido,

surge la pregunta: ¿con qué llenar tu vida?, con lo que uno guste, siempre y cuando

construya, lo destructivo sólo conduce a llenar vacíos con otros vacíos. Por algo no hay que

desconfiar de quien “se cree mucho”. Como dice Emerson: “La base de los buenos modales es

la confianza en sí mismo.” Quien agrede con su presencia sólo será uno más en el relato de la

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vida; quien alumbra los espacios que habita quizá ha entendido que sabiendo comportarse,

adquirirá las armas que lo conduzcan por un camino que él mismo traza en su día a día, pues

siempre intentará llenarse con la abundancia, no con la escases que da la vulgaridad, la

superficialidad y lo primitivo que puede llegar a ser un ser humano.

PD Debo decir que la charla con esa sobrina aún no ha terminado, como muchas otras que

acaso he entablado con el espejo…

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¿POR QUÉ LEER ES TAN IMPORTANTE?

Hay una imagen de la película Léolo que siempre me ha martillado, esa de cuando “El

domador de palabras” entra a la cocina de la madre de Léolo, y al ver que la mesa está

desequilibrada, busca entre su bolsa algo para equilibrarla, y sí, precisamente coloca un libro

(“El valle de los avasallados”) y el asunto queda arreglado. Ese sería el único libro que el niño

Léolo encontraría en su casa, y que gracias a éste fue descubriendo su vocación, su grito de

batalla: “Porque sueño no lo estoy…” Y es que, confieso, también en mi casa no había libros,

de aquí que precisamente quisiera dedicar unas cuantas palabras a por qué es tan importante

leer, pues en mi caso, estoy completamente convencido de que leer es la única actividad y/o

hábito que resolvió mi vida.

Harold Bloom, el polémico crítico norteamericano, ha intentado en su obra: Cómo leer y por

qué, dar un conjunto de recomendaciones para que un lector, en esencia de literatura, pueda

tener “una concepción más firme y precisa de su propio ser.” A la usanza de Bloom, es

sumamente importante que los individuos lean para que “tengan la capacidad de juzgar y

opinar por sí mismos… entre otras cosas, la lectura sirve para prepararnos para el cambio, y,

lamentablemente, el cambio definitivo es universal.”

Vayamos por partes, pienso que podemos preguntarle a cualquiera, incluso al mendigo del

barrio: “¿es bueno leer?”, y creo que en todos los casos la respuesta será afirmativa, lo

verdaderamente inquietante es que la mayoría de quienes respondan la pregunta puede que no

lean. Para leer hay primero que estar convencido, ¿convencido de qué?, no de que eso es

bueno, que te dará temas para conversar, o que acrecentará tu vocabulario; hay que estar

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convencido de que leyendo adquieres un poco más de tu ser… Por algo leer por encargo o por

“motivos profesionales” puede resultar una empresa riesgosa. Se debe estar convencido a su

vez de que la lectura, al ser una actividad solitaria, debe implicar placer, incluso el mismo tipo

de placer como el de nuestros deseos hedonistas más entrañables. Si leemos, no debe ser para

adoctrinar o cambiar a los otros, como de nuevo menciona Bloom: “Límpiate la mente de

tópicos (pseudointelectuales)…: No trates de mejorar a tu vecino ni a tu ciudad con lo que

lees ni por el modo en que lo lees.” Lo primero es fortalecerse a uno mismo, hacerse libre,

ético, por la lectura. Suficiente empresa es el cuidado de sí, como para, de entrada, dedicarse

al cuidado de los otros. Cuando el espíritu esté fortalecido, bien se podrá intentar mejorar a los

otros con lo que leemos.

Ahora bien, leer es compartir. Los autores están compartiendo algo, los lectores también.

Compartimos nuestro tiempo, nuestras ideas y creencias, las sopesamos, las vamos permeando

y cambiando con la lectura, por algo un lector que no comparte sus lecturas con otros es un

lector condenado al olvido, al ostracismo, de aquí que uno debe compartir las ideas, las

historias de los libros que ha leído, ya que los grandes libros, como dijera Emerson: “nos

llenan de la convicción de que la naturaleza que les escribió es la misma que los lee.” Es decir,

al leer somos “lectores espejo”, “lectores cómplices”. Todo esto nos lleva a una cuestión

básica: “¿qué leer?” Permítaseme con esto contar una anécdota. Una vez, siendo un

adolescente que comenzaba a juntar libros, una amiga de mi hermano me pidió prestado El

nombre de la rosa, de Umberto Eco, finalmente, cuando ya se iba, intentó entablar una

conversación conmigo sobre “buenos libros”: <<otro libro que me han dicho que también está

bueno es Juventud en éxtasis de Carlos Cuauhtémoc Sánchez –dijo.>> Lo dejo aquí, para no

introducir mis prejuicios jejeje, sólo deseo señalar que “el buen lector sabe lo que quiere leer”.

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Si uno está convencido y habido de lectura, hay que comenzar por lecturas “que nos retuerzan

las entrañas…”, jejeje, me refiero a que a un adolescente no hay que recomendarle los clásicos

ni las obras de teatro. A un adolescente hay que recomendarle la poesía de Rimbaud, las

novelas de Miller, de Bukowski, es decir, libros que los hagan trastabillarse existencialmente,

lo mismo para adultos primerizos en la lectura.

Leer es lo mejor que me ha pasado, a lo largo de los años he conocido a lectores voraces que

acostumbran restregarte en la cara todo lo que leen, como también a lectores modestos que

bien pueden conversar y aportar ideas sin necesidad de memorizar nombres de autores o

libros. Nuestra actividad profesional debe ir a la par con la lectura de temas dispares a nuestra

formación, pues así como no estamos obligados a ejercer la lectura, tampoco estamos

obligados a ignorarla; puede que uno sea soldador de plataforma petrolera y sólo lea manuales,

pero es obvio que la lectura de temas tan dispares de su profesión lo ha de llevar a un

encuentro más amplio consigo mismo, a comprender mejor al mundo y a las personas, además

de que podrá brindarle uno de los placeres más extraordinarios que existen.

Decía Borges algo así: que él no era grande por los libros que ha escrito, sino por los que ha

leído, y no hay más que estar de acuerdo con el maestro, pues resulta obvio que no importa la

cantidad de libros leídos, sino la calidad de la lectura que hagamos, de aquí me remito a la

parábola de Léolo, donde un solo libro le dio la libertad de crear un mundo, una vida…

Por el momento me iré a leer Foundations of Space-Time Theories. Relativistic Physics and

Philosophy of Science, relacionado con mi actividad profesional, y creo que lo amenizaré con

Poesía Vertical de Roberto Juarroz, para en la noche leer una novela del maese Philip K. Dick,

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pues debo confesar que entre todos los vicios a los que me he enfrentado, la lectura es aquel

vicio que siempre estará conmigo, hasta mis últimos días.

PD Finalmente, no importa si se leen libros de superación personal, manuales o novela rosa, lo

importante es que la gente lea.

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ACERCA DE LOS OBJETOS

Georges Perec, en una extraordinaria novela de 1965: Las cosas, anticipa muchas de las

obsesiones que subyugan a los individuos del “tercer milenio”, esa ansiedad por los objetos,

imposible de satisfacer completamente, y que más bien nos define simbólicamente como

“homo economicus”, pues precisamente, nuestra relación con los objetos, vinculada a cierta

proyección de “sueños burgueses”, refleja mucho de lo que a su vez define las relaciones que

establecemos con los otros… En atención a los objetos que rondan nuestra cotidianidad, y de

cómo nos relacionamos con éstos, es que quisiera acuñar unas cuantas palabras.

Comencemos desde el principio, cualquiera que guste de la obra de Chuck Palahniuk sabe

cómo y por qué Tyler Durden, emblemático personaje de The Fight Club, dice sin tapujos:

“Las cosas que posees acaban poseyéndote…” ¿Realmente resulta clara la sentencia? ¿Quién

no soñó de niño y adolescente con poseer cosas, creyendo que éstas definirían mucho de lo

que somos? Y es que, todos necesitamos “estar in”, por lo que aquéllos que no posean ciertos

objetos propios de nuestra época: “estarán out” jejeje, así de simple y contradictorio resulta.

Lo cierto es que dicha ansiedad inducida por poseer objetos, a la vez de nuestra relación con

ellos, condiciona la manera de relacionarnos o no, con nuestros semejantes, incluyendo

amigos y familiares.

Quisiera complementar lo anterior con una anécdota. Hace unos días, asistí a consulta con el

médico, y dado que no me agrada esperar sin hacer nada, siempre me llevo un libro, lo cierto

es que la sala estaba atiborrada de gente, y la mayoría, a pesar de por ejemplo estar en familia

o en pareja, se sumergían en “el mundo que su común aparatito les brinda”, y creo que todos

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sabemos a cuál aparatito me refiero, y aunque si bien, la escena que cuento resulta común

desde hace mucho, lo que quisiera resaltar es cómo se desenvolvía la relación entre los

individuos, lo cual define una superficial interacción. Claro, la gente de mi generación (X),

concibió, de principio, como una herramienta a la mayoría de los “artefactos tecnológicos” del

tipo mencionado, me pregunto, ¿cómo los conciben actualmente las nuevas generaciones, y a

su vez, cualquier miembro de otra generación? Insisto, para nada estoy en contra de que

alguien posea artefactos de ese tipo, de todos modos, éstos deberían obedecer a las

necesidades de los individuos, aunque en mi caso, los artefactos de ese tipo no obedecen a mis

necesidades, las cuales son muy parcas, y ya no hay artefactos en el mercado que sólo sirvan

para hacer llamadas, que sólo los use uno para eso, como inicialmente fueron creados, pero ese

es mi problema jejeje. Finalmente, creo que para nadie ha de ser muy agradable la experiencia

de platicar con alguien que constantemente mira o hace algo con su artefacto, o que éste “le

suene” a cada rato, ¿eso cambia nuestra manera de relacionarnos? Como dice Naief Yehya en

Tecnocultura: “Nada nos libera tanto como la tecnología. Nada nos esclaviza tanto como la

tecnología.”

En un sentido más amplio, los objetos constituyen un <<universo simbólico que establece

formas de ser y hacer>>, y poseerlos aparentemente puede ampliar nuestro horizonte de

definición, de manera que, dada la estructura de nuestras sociedades, llegamos a sentir que

éstos nos hacen la vida más sustanciosa y llevadera, a la vez de crearnos mundos ficticios por

donde transitan deseos, obsesiones, decepciones, tropiezos, etc. Como Jerôme y Sylvie, los

personajes de la novela de Perec, que sueñan con ser ricos y vestir, percibir y actuar como la

gente rica, a través de la posesión de objetos, esos sueños de dicha y bienestar creados por una

cultura consumista, en donde “la satisfacción por la posesión de cosas nunca termina…”, lo

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que nos lleva a parafrasear las palabras de Tyler Durden: “Tú no eres tu auto, tú no eres tu

iPad, tú no eres tu pantalón caqui, tu chaqueta Armani, tu peinado de Jennifer Lawrence, no

eres tu casa en Las Lomas, ni tu pantalla plana de 80”, ¿qué eres?”

Los objetos, aunque nos pese: claro que nos definen, por ejemplo, no es lo mismo amar al arte

como “objeto que se posee”, que como “objeto que se disfruta y que a su vez nos extasía”; no

es lo mismo tener el auto de moda, “por necesidad de estar a la moda, y por status (sea lo que

sea que eso signifique)”, que por el simple gusto de “tener un auto que me gusta y cubre mis

necesidades”. Yo por eso me voy a disfrutar del olor de las páginas y de las pastas duras de

mi edición conmemorativa de Rayuela, que leerla de nuevo es lo de menos, pues me interesa

más poseer al libro como objeto jejeje.

PD Algo así a como dijera Jean Baudrillard en El sistema de los objetos, el drama actual de

nuestra vida cotidiana gira en torno de la repetida mortalidad de los objetos-signo.

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POR QUÉ AMAR LA MATEMÁTICA

Recuerdo que hace más de dos décadas, al iniciar el bachillerato, algunos condiscípulos y yo

corríamos el riesgo de convertirnos en “renegados de la matemática”, como es el caso de

muchos individuos cuya inteligencia y sensibilidad serían suficientes para entender y apreciar

al menos una mínima parte del extenso mundo de esta extraordinaria ciencia; y es que, creo,

todo estriba en la manera en que generalmente nos presentan a la matemática, lo que incluso

se complementa con ciertos aspectos de nuestra percepción general sobre ésta.

¡Sí! La matemática es difícil, no sería tan importante y fundamental si fuera “algo trivial”;

como mucho de lo que realmente vale la pena, aun así, hay razones, y muchas, para amar la

matemática. De esto último precisamente es que quisiera dedicar unas cuantas palabras.

Como bien menciona Hans Magnus Enzensberger en Los elíxires de la ciencia: “Se ha

establecido un consenso general que determina de modo implícito, pero masivo, las actitudes

hacia la matemática. Que su exclusión de la esfera de la cultura equivale a una especie de

castración intelectual, no parece molestar a nadie. A quien encuentra lamentable este estado de

cosas, a quien murmura algo del encanto y de la importancia, del alcance y de la belleza de las

matemáticas, se le mira con el asombro reservado a los expertos; si se da a conocer como

aficionado, en el mejor de los casos será visto como un ser extraño que se ocupa con un hobby

peregrino, como si criara tortugas o coleccionara pisapapeles de la época victoriana.” Y es

que, considero que a pesar de que comparto las palabras del escritor de Baviera, creo que la

matemática, como tantas cosas extraordinarias, se vale por sí misma, y no necesitaría que

nadie “salga en su defensa”. El problema estriba en una falsa percepción inducida por ciertos

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aspectos propios de su carácter. Digámoslo de manera simple: estudiar matemática, intentar

comprenderla, análogamente al acto de leer, no implica ningún tipo de sufrimiento, si sólo se

parte del hecho de que uno quiere ENTENDER. De aquí que la mayoría vaya acuñando, desde

la infancia, una percepción equivocada de la matemática, y no sólo de ésta, pues tendemos,

desde niños, a hacer las cosas por obligación, de ahí que asociamos la idea de placer sólo para

actividades de distracción o hobbies, y donde el someter a la mente a esfuerzos intelectuales

llega a resultar una tarea pesada, lo cual resulta ser sumamente contradictorio. Todo lo anterior

me recuerda que en mi adolescencia, cuando atendía el negocio familiar, acostumbraba a

llevarme libros para leer mientras no hubiera clientes, y lo que me sorprendía era que casi

todos los que me veían leer, pensaban que o “leía la biblia” (jejeje) o “estaba haciendo tarea”,

no les pasaba por la mente que lo hacía por placer y necesidad de saber, de entender…, ¿hace

falta decir más sobre ciertas percepciones equivocadas?

Ahora bien, surge una cuestión que todos nos hemos planteado alguna vez, y que,

ridículamente, considero, todavía se la siguen haciendo los universitarios: ¿para qué sirve la

matemática?, creo que la mejor respuesta, sólo por su contundencia, es la dada alguna vez por

uno de mis alumnos: “para que se te quite lo pendejo…” Jejeje. La matemática sirve, y mucho,

sirve a todo aquel “que sepa sacar provecho de ellas”, es decir, sirven a todo ser humano…

Aunque la “gimnasia mental”, como la “gimnasia de los sentidos”, sólo está destinada a los

individuos que han superado el “principio de realidad”, cuyo mundo no termina ni comienza

“a ras de suelo”.

Otro motivo suficiente para amar a la matemática radica en su belleza implícita, ¿la

matemática posee belleza?, en efecto, preguntas absurdas como ésta son similares a preguntar

si la novena sinfonía o la Mona Lisa son bellas. La belleza de la matemática, pienso, radica en

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sus formas, en la “ontología de sus objetos”, en su universo exacto, simétrico, preciso…, en

los alcances y posibilidades de sus productos, y que nos ayudan a configurar respuestas, a

configurar “angustias por la realidad”. Como dice el poeta, “para apreciar la belleza de la

poesía sólo hay que estar en ella”, de igual manera, para apreciar la belleza de la matemática

sólo hace falta una única cosa: estar en ella, verla desde adentro, de ahí que la mayoría siga

acuñando una falsa percepción, incluyendo aquéllos que se sirven de ésta (ingenieros,

economistas, contadores, administradores…) La matemática, como la poesía, corresponden al

lenguaje primigenio de la realidad… Son el arte más fundamental del conocimiento.

Finalmente, es un lego el que habla, pues de las ciencias a las que me he enfrentado (y

únicamente lo digo porque poseo un diploma que versa: “Licenciado en física y

matemáticas”), comencé a amar a la matemática una tarde en que el profesor de álgebra de la

vocacional, logró que yo entendiera algo, una diminuta parte de su universo, y de ahí las cosas

no volverían a ser lo mismo, a pesar de que nuestra relación siempre ha sido “tormentosa”

jejeje. ¿Por qué amar la matemática? ¡Por qué no!, si somos capaces de amar cosas

insignificantes, lo mínimo que puede hacerse en la vida es amar lo extraordinario, y esto

último a veces está rodeándonos por todas partes, a veces sólo hay que estirar la mano…

PD Lo dejo aquí, pues debo preparar la ponencia: “Matemáticas y Literatura. Amor y

Belleza”, que presentaré a un grupo de niños, en el marco del día del niño. Esas y más cosas

extraordinarias, en relación con la matemática, nos ofrece la vida. Entonces: ¿Por qué no amar

a la matemática?

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SOBRE LA “PSICOLOGÍA DEL HOYO”

Provengo de un barrio popular, de esos poblados de personajes como el padre de familia de 5

o más miembros que trabaja todo el día, y apenas obtiene para comer; donde existen

personajes como el vecino que se dedica a atracar en los micros, y cotorrea como si nada con

chavos y señores, echándose unas cervezas en la esquina de la cuadra, donde además también

puede echarse un “gallo”. ¡Sí!, un barrio donde crecí preguntándome si el mundo se reducía

sólo a esa versión… Precisamente, esa y muchas otras preguntas, algunas de éstas ya

respondidas, son las que me llevan a comentar sobre algo que creo es la causa de que muchos

de los que provienen de lugares, contextos y atmósferas como éstas, no logren avanzar. Creo

que todo se reduce a la manera en que suelen pensar las personas, es decir, a que acuñan lo

que llamaría: una “psicología del hoyo”, la creencia, entre otras cosas, de que por más que lo

intentes, las cosas seguirán igual; la creencia a su vez de que “quien tiene ideas progresistas, se

cree mucho”; la creencia, por tanto, de que “las cosas extraordinarias no están hechas para

uno.” No se me malinterprete, no deseo hablar de la mediocridad, pues ésta se encuentra en

todos los contextos socio-económicos, sólo hay que ver la mediocridad de aquéllos y aquéllas

que teniendo todo a su favor, simplemente se dedican a no hacer nada interesante e importante

con su vida.

Anécdotas de dicha psicología existen muchas, en mi misma familia las hubo y las sigue

habiendo, como cuando me decían: “ya deja de leer, te vas a volver loco”; “no me vengas a

sonsacar a mis hijos con tus ideas, yo los educaré a mi manera…”; “la gente como tú, que

estudia y se siente mucho, no cree en nada, uno tiene que creer en la iglesia porque no hay de

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otra…” Lo que me lleva a una pregunta básica: ¿por qué la mayoría de las personas de dichos

contextos, a pesar de tener los medios, no salen de ahí? Conozco a muchos amigos de mi

exbarrio, con los que crecí, y que de una u otra manera han salido adelante con sus negocios,

pero a diferencia de mí, ellos siguen viviendo ahí, en el mismo lugar donde exponen a sus

hijos a que los atraquen cuando regresan de la escuela; a que miren cómo mucha gente llega a

toda hora a tocar la puerta de uno de los vecinos, pues resulta que éste vende coca, crack,

mota…, e incluso verán un tiroteo. Pienso que lo anterior se debe a una especie de sentido de

“pertenencia geográfica”, como si se perteneciera a un clan, “y el lugar donde crecí, que quizá

es el único que conozco, me dice que lo mejor es no complicarme las cosas viviendo en otro

lugar, pues a fin de cuentas ya conozco cómo funcionan las cosas aquí, y puedo sentirme un

‘rey en el barrio’.” ¿Será que la misma psicología que uno acuña no nos permite ver más allá?

He conocido a chavos y chavas con más capacidad que muchos otros que crecieron en medios

desahogados, pero que su misma manera de pensar los lleva a quedarse en el mismo lugar

donde nacieron y crecieron, y que lo más probable, será el mismo donde nacerán y crecerán

sus hijos. Son los mismos chavos que piensan que “cruzar el charco” es como un sueño

inalcanzable, cuando cualquier “hijo de vecina” lo hace; que conocer a “gente famosa de la

televisión” es resolver algo de la vida. Esa psicología del hoyo es la encargada de mantenernos

a raya, ya que resulta más fácil pasarse la vida quejándose y añadiendo el “hubiera” a nuestro

discurso, que esforzarse y realmente emanciparse de muchas maneras de pensar y concebir las

cosas, las cuales han sido como un “pan de cada día”.

En la psicología del hoyo no hay lugar para nuevas ideas, para nuevas maneras de pensar y

actuar, “se acepta lo que se tiene y lo que se observa, y todo eso es lo único que existe…”; no

hay lugar también para los riesgos de enfrentarse a otros contextos, pues lo mejor es el terreno

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de confort, es decir, las incertidumbres no aplican ya que implican un riesgo. En la psicología

del hoyo, todo aquello que implique un cambio es una amenaza, como amenazas son las

personas que propugnan por un cambio.

Finalmente, muchos podrán decir que el que la gente no progrese sólo está relacionado con su

poca capacidad, con su falta de cultura y conocimientos, con su falta de temple…; yo creo que

sobre todo tiene que ver con que se aprenda a levantar la voz, con que uno se atreva a cambiar

a sí mismo y a cualquier cosa, el problema comienza cuando te hacen creer, y lo crees, que

llevas la psicología del hoyo hipostasiada en el espíritu.

PD Cabe aclarar que entiendo por progresar no aquello que implica un aumento de nuestras

condiciones materiales, sino un aumento de nuestras condiciones espirituales, intelectuales y

territoriales, si se comienza por ahí, lo material llegará por default.

25
¿HAY LUGAR PARA LA POESÍA EN UN MUNDO EN EL QUE LAS PALABRAS

HAN PERDIDO SU ESENCIA?

Si atendemos a la tesis de Giovanni Sartori en su controvertido texto: Homo Videns, quizá sea

cierto que en nuestra época se ha asistido a una especie de “destronamiento” de la palabra, en

pos del cultivo de la imagen, finalmente, a pesar de que los medios electrónicos han

potenciado los lazos comunicativos, parecería que muchos de los mundos extraordinarios que

en otras épocas podrían permearse con las palabras, se han ido parasitando, de tal forma que

incluso, puede que la poesía, el género literario que a la usanza de Heidegger, nos habla de la

“esencia del ser”, no tenga cabida en un mundo como el nuestro; sin embargo, puede que no

del todo es así.

Siempre he creído en la poesía, ésta ha formado parte de mi vida, de mis deseos, obsesiones o

fracasos, por algo considero que es imposible que alguien quede exento de ella. Recuerdo las

palabras de un excelente maestro y poeta: “La poesía es como la mierda, está en todas

partes…”, y en efecto, lo más seguro es que a pesar de la mierda, y al igual que la belleza, la

poesía está rodeándonos por todas partes, es decir, siempre hay lugar para la poesía cuando la

realidad, incluso en su versión más desoladora o ruin, se precipita sobre nosotros. Creo que la

poesía hay que concebirla como “algo que habita en el mundo”, que posee una existencia

propia en el mundo exterior, sólo así puede entenderse por qué verdaderamente: las palabras

adquieren presencia, y por algo: transforman y resuelven vidas. Como dijera el maestro

Octavio Paz: <<No hay pensamiento sin lenguaje, ni tampoco objeto de conocimiento: lo

primero que hace el hombre frente a una realidad desconocida es nombrarla, bautizarla.>> Así,

26
a pesar de que, como dijera Bukowski: “Dios ha creado a muchos poetas, pero muy poca

poesía…”, sólo los verdaderos poetas saben que son servidores de las palabras, que el poema

es una “presencia” que habita en su interior, por algo éste deviene como una sustancia única

del mundo: <<En la europsiquis plena de huéspedes entonces meandros de espera ausencia/

enlunadados muslos de estival epicentro/ tumultos extradérmicos/ excoriaciones fiebre de

noche que burmua/ y aola aola/ al abrirse las venas/ con un pezlampo inmerso en la nuca de un

sueño hay que buscarlo/ al poema>> (Oliverio Girondo). Sí, a pesar de todo, pienso que sigue

habiendo lugar para la poesía, pues siempre ha resuelto y seguirá resolviendo vidas…

Si bien, atendiendo a lo dicho por Sartori en Homo videns, la cultura de la imagen es la

dominante, parece ser que siempre hay “espacios poéticos” ocultos, pues nadie, incluso aquél

“emancipado del sentir”, y representante fiel del “tercer milenio”, puede quedar exento de

cualquier influjo poético. El lenguaje poético es un lenguaje primicio, no pertenece a ninguna

época, es un espejo milenario de la historia que permite al hombre hablar desde las entrañas,

aunque la poesía no sea precisamente un reflejo mecánico de la historia, pues la palabra posee

una pluralidad de sentidos. He ahí que la poesía, en su epicentro nodal: el lenguaje, pueda dar,

al menos, dos o más significaciones al mismo tiempo, pues no hay realidad más imposible que

la poesía. Así, la poesía no es como muchas imágenes, que a pesar de todo resultan ambiguas,

pues cabe señalar que la poesía siempre logra su cometido: <<El verso dice lo indecible. Es un

tartamudeo que lo dice todo sin decir nada...>> Lo que podría llevarnos a una cuestión que

muchos, pobres incautos víctimas del “principio de realidad”, podrían plantear: “¿para qué

sirve la poesía?”: Para nada y para todo. La poesía construye imperios, no es ni lo banal ni lo

abyecto del mundo, por algo puede ser también pensamiento:

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El oficio de la palabra,

más allá de la pequeña miseria

y la pequeña ternura de designar esto o aquello,

es un acto de amor: crear presencia.

El oficio de la palabra

es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,

la posibilidad de que el mundo diga al hombre.

La palabra: ese cuerpo hacia todo.

La palabra: esos ojos abiertos.

Roberto Juarroz

Hace falta vivir poéticamente, pues siempre hay un lugar y un momento preciso para la poesía,

para retomar nuevos bríos existenciales, a pesar de que, en apariencia, la esencia de la palabra

ha ido parasitándose en un mundo como el nuestro.

Creo que la poesía, como todo acto de amor, que supongo es la esencia de cualquier acto que

nos construye, es tan necesaria como la música, la ciencia, la tecnología o incluso el dinero

(aunque éste a veces generalmente destruya mucho de lo humano que poseemos); la poesía es

tan necesaria simplemente porque ayuda al hombre a ser más hombre, pues si la poesía es “el

lenguaje del ser”: <<el ser del hombre contiene ese otro que quiere ser>>.

Y sí, creo en la poesía, y creo que es más que necesaria, pues pertenece a ese tipo de instancias

básicas de la cartografía humana. <<Como la religión, la poesía parte de la condición humana

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original —el estar ahí, el sabernos arrojados en ese ahí que es el mundo hostil o indiferente—

y del hecho que la hace precaria entre todos: su temporalidad, su finitud.>>

PD Dicen que la poesía está reservada para una edad temprana, que cuando se madura puede

que uno quede exento de su embrujo; personalmente, considero que la poesía es el grado más

alto de expresión, por esto y muchas otras cosas siempre estará ahí acompañándome, hasta el

último día…

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SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE GUSTAR DE LO SUPERFICIAL Y SER

SUPERFICIAL

La película “American Beauty” retrata ciertos paisajes humanos característicos no sólo de la

cultura gringa, de aquí que Angela, la amiga adolescente de la hija del protagonista,

corresponde a un ejemplo, en parte, de lo que quisiera hablar: ella es hermosa, quiere ser

modelo, pero tiene un miedo constante a ser ordinaria y vulgar, lo peor es que, como muchas

adolescentes, más bien resulta ser superficial. Aclaremos: no es lo mismo ser superficial que

gustar de lo superficial; lo primero corresponde a una condición frente a la vida, que implica

en cierto sentido “darle lamiditas a las cosas”, e interesarse por cosas banales; lo segundo

simplemente implica resaltar la libertad de elección, tener gustos refinados y/o atroces, y ser

tolerante ante las nimiedades.

Hace un tiempo, comía con un grupo de buenos amigos y colegas filósofos, y curiosamente:

no terminamos hablando sobre Kant, Hegel o la categoría de acontecimiento en la filosofía

contemporánea. ¡No!, nuestra platica giró en torno de los programas de “Discovery Home &

Health”, desde “Vestido de novia”, pasando por “Adolescentes rebeldes”, hasta “No te lo

pongas”, y afortunadamente, algunos de nosotros descubrimos que éramos fans de estos

programas, además de que también habíamos visto “La rosa de Guadalupe” y otras

banalidades de la TV abierta jejeje.

Debo decir que es un gusto descubrir a gente intelectual que gusta a su vez de nimiedades

como el fútbol, ¿eso nos hace personas superficiales?, vaya, cualquiera de nosotros sabe que

no es lo mismo aventarse toda la barra de telenovelas a mirar, turisteando, algunos capítulos,

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pues aunque pueda indignarnos todo lo que pasa en “Laura en América”, por ejemplo, los

“ojos” con los que observamos no son los mismos que los de muchos. De aquí surge una

pregunta: ¿ser superficial, y gustar de lo superficial son propios de una clase social?

Evidentemente, no. Hace tiempo, cuando era estudiante universitario, conseguí un trabajo en

un colegio exclusivo al poniente de la ciudad, a la par, surgió un conecte para escribir guiones

en un programa de Televisa llamado “Íntimamente Shanik”, lo que deseo señalar es que los

chavos del colegio descubrieron algunos de mis guiones y curiosamente: gustaban del

programa, y de muchos otros de la televisora, ¿eran pobres?, claro que no, ¿eran

superficiales?, no me atrevería a afirmarlo, aunque dados muchos de sus demás gustos e

intereses, podría ser...

Como mencioné al principio, ser superficial es una actitud ante la vida, apostar por un nivel

existencial y de consciencia un tanto parcos, es no profundizar en muchas de las cosas que

realmente importan, y dejarse conducir por la marea de las cosas que nada importan, de esas

que “podrían dejar de existir y el mundo seguiría girando”. A veces se tiene la creencia, por

ejemplo, de que acceder a una formación universitaria te puede llevar a ser menos superficial,

y a adquirir un nivel social y cultural mejor; viendo lo que muchos profesionistas (no

profesionales) son, no queda otra más que negarlo. Una persona puede ser eficiente,

responsable y capaz, pero ser superficial, a lo que podríamos aplicarles el eslogan de “son

cabrones, lástima que sean pendejos” jejeje. Gustar de lo superficial está permitido para

todos, de ¿qué sirve ser “solemne” como muchos esnobs o pseudo intelectuales que “no se

permiten las nimiedades o las cosas de mal gusto”?, como acaso también aquellos

representantes de la “cultura hípster”.

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¿Cuántas niñas conocemos que son como Angela, y que más tarde, en su etapa adulta, serán

las mismas que no entenderán por qué “nadie las valora”?, son las mismas a las que se les

puede aplicar las palabras del maestro Leonard Cohen: “Nunca supe hasta que te levantaste,

que tenías el más perfecto de todos los traseros. Discúlpame por no haberme enamorado de tu

lindo rostro, ni de tu conversación…” ¿Cuántos jóvenes existen a los que no les entusiasma

nada interesante, sólo beber, cotorrear, divertirse…? ¿Cuántos adultos conocemos que sólo se

fijan en lo menos importante, y valoran a las personas por cómo se ven, y por lo que tienen?

Hasta me atrevo a decir que un buen signo para saber el grado de superficialidad de una

persona, está relacionado con la pregunta: “¿qué música te gusta?”, si, como acostumbran

muchos a responder: “yo escucho de todo”, puede hacérsele la siguiente pregunta: “¿qué tal

las sonatas de Bach o el nuevo disco de “Los alegres de Terán”, porque escuchas de todo,

no?”, y así hasta donde la no profundidad y no focalización de la persona lo amerite.

Dicen que para conocer mejor a una persona sólo tienes que fijarte en lo que le gusta, en

cuáles son sus sueños, sus miedos y obsesiones. Cierto, si sus sueños son superficiales, como

“conquistar a Shakira, o ser un galán de la televisión”, sin nada que lo respalde, quizá se podrá

identificar su grado de superficialidad.

Finalmente, gustar de lo superficial no me hace una persona superficial, pues igualmente a lo

que es una ley de la vox populi: “todo pendejo hace pendejadas, pero no todo el que hace

pendejadas es un pendejo”, una persona superficial tiene hipostasiado eso en las entrañas, y

una persona que gusta de lo superficial sólo está consciente de que a veces también hay que

disfrutar de las nimiedades del mundo, y eso claro, por derecho propio.

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LA APARENTE DISPARIDAD ENTRE LA CULTURA HUMANÍSTICA Y LA

CIENTÍFICA

“Social Text”, una prestigiosa revista de investigación publicó en 1996 un artículo titulado:

“Transgredir la fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica”,

cuyo autor, el físico Alan Sokal, pretendía hacer una parodia sobre el mundo académico, de

carácter humanístico y social, y su tendencia al uso, sin rigor y poco preciso, de la

terminología científica, de cómo sin ninguna justificación aceptable se extrapolan conceptos

de las ciencias exactas a las humanas. El caso causó revuelo, e incluso importantes figuras del

mundo académico y científico entraron al debate.

Si bien el “caso Sokal” puede también interpretarse como una crítica a los posmodernos y el

constructivismo social, lo tomo únicamente como pretexto para dedicar unas cuantas palabras

a la aparente disparidad entre lo que, en su momento, C. P. Snow denominó como “la ruptura

de comunicación entre las ciencias y las humanidades”, hecho que podría refutar algunos

aspectos del “caso Sokal”, pues pareciera que lo que el físico quería denunciar: el uso libre de

la terminología científica, ilustra un poco la no ruptura de comunicación entre la cultura

humanística y la científica, aunque con muchos y muy diversos matices.

Michel Foucault dice algo así: “en una época determinada, los individuos tienden a centrar

más su atención en aquellos saberes que han triunfado, en relación con el tipo de relaciones

que dichos individuos establecen, así como con las características de las instituciones propias

de la época…”, con esto sólo deseo señalar que si bien, los saberes científico-tecnológicos, en

conjunción con ciertas prácticas e instituciones, son los que actualmente acaparan más la

33
atención de los individuos, eso no implica una necesaria disparidad entre la cultura

humanística y la científica. La disparidad creo, se debe a una aparente alta efectividad,

complejidad y sofisticación de los “productos” de la ciencia y la tecnología, frente al carácter

poco tangible, efectivo y “trascendente” de los “productos” de las ciencias sociales y las

humanidades. Digo: ¿es más importante un producto de la ciencia y la tecnología que uno del

arte o las ciencias humanas? Hay muchos ingenuos que así lo creen. A su vez, ¿la humanidad

sería más feliz, civilizada, progresiva y plena con la existencia de puros genios tipo Newton o

Tesla, que con la de genios tipo Bach o Shakespeare? Esos mismos ingenuos lo seguirían

afirmando, a pesar de que, de entrada, no tengan la capacidad de comprender la importancia de

una obra artística, y la explicación del carácter de la cultura y la sociedad dada por una ciencia

humana, entre otras cosas. ¿Esto sería un ejemplo de la disparidad entre las dos culturas? Un

día, uno de esos alumnos que “creen haber descubierto lo absurdo de la filosofía”, me

cuestionaba sobre si realmente existía algo que haya hecho un filósofo y que hubiera cambiado

al mundo, debo decir que de entrada sólo dibujé una ligera sonrisa, dada la ingenuidad de la

pregunta. Claro que existen muchas cosas que han hecho los filósofos, los historiadores, los

artistas… que han cambiado al mundo, así como lo que han hecho científicos e ingenieros.

Dicen por ahí que aquéllos que gustan al mismo nivel tanto de las ciencias como de las

humanidades son como “una bendición”, y creo que lo anterior tiene cierto grado de razón. La

realidad es tan vasta como para conformarse con una sola visión de las cosas, ese es el peligro

de creer ciegamente sólo en aquello que sirve de manera tangible, a diferencia de lo que sirve

espiritualmente. Somos seres humanos, cuya facultad es comprender, explicar, transformar y

acaso someter a la naturaleza, aunque no sólo resulta lo único importante, también se trata de

“darle espíritu”, de “sacarle espíritu”, lo que sólo con la conjunción de las dos culturas puede

34
lograrse. No existe disparidad entre las dos culturas, lo que existen son individuos dispares,

como el tipo de seres que creen que porque saben de ciencia y tecnología es suficiente para

concebirse como un humano superior y con capacidad para comprender el mundo; o como el

tipo de seres que piensan que son intelectuales y poseen cultura, y por ello resulta innecesario

cultivar una “cultura técnica”. Finalmente, también hay seres que no cultivan ni una ni otra

cultura jejeje, aunque en su caso no haya mucho que hacer. De nuevo, la comunicación entre

las dos culturas resulta necesaria y suficiente para seguir construyendo un mundo, ese que

muchas veces no comprendemos por evitarnos las cosas verdaderamente importantes de

ambas culturas.

PD Quizá, dada la forma característica en que actualmente concebimos el mundo, si se tiene

dinero resulta innecesario cultivar cualquiera de las dos culturas, pero eso es problema de

quienes decidieron negarse parte de lo mejor del mundo…

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¿PUEDE LA FILOSOFÍA SER USADA COMO PRODUCTO DE LA “INDUSTRIA

CULTURAL”?

Resulta curioso cómo, desde hace décadas, ciertos aspectos que definen y estructuran a las

sociedades, y que en otras épocas parecían dispares, han asistido a una “conformación

sistemática”, de tal manera que conjugan un sistema cultural y material, cuya lógica de

desenvolvimiento obedece a ciertos intereses propios de una “ideología dominante”. Dicho

sistema cultural y material es lo que podría denominarse: “industria cultural”, a la sazón de lo

que filósofos como Horkheimer y Adorno anunciado en su obra magna: Dialéctica de la

Ilustración. Uso esto de pretexto para acuñar unas cuantas palabras con relación a un cierto

fenómeno literario-filosófico, a la vez cultural, que ha surgido en los círculos académicos

propios de la filosofía, y que podría exasperar, o ya está exasperando, a la comunidad

filosófica más ortodoxa. Me refiero a la publicación de ciertas obras que pueden caracterizarse

en el entrecruce de los estudios culturales y sociales, y la filosofía. De años para acá resulta

que diversos temas, que de entrada pueden considerarse alejados de las temáticas propias del

quehacer filosófico, se han convertido en “espacio” de reflexión filosófica, sólo hay que echar

una mirada a los títulos de las obras:

-“La filosofía de House”, “Los Simpson y la filosofía”, de William Irwin.

-“El Hobbit y la filosofía”, “El señor de los anillos y la filosofía”, de Gregory Bassham y Eric

Bronson.

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-“La filosofía de The Big Bang Theory”, Dean A. Kowalsky (coord.).

-“Los superhéroes y la filosofía”, Tom Morris y Matt Morris (eds.).

-“La filosofía de True Blood”, George A. Dunn y Rebeca Housel (coords.).

-“La filosofía de Alicia en el país de las maravillas”, Richard Brian Davis (coord.).

Y la lista podría seguir y seguir, además de que, curiosamente, muchos de estos títulos son

publicados por editoriales de prestigio. Cabe aclarar que no pretendo analizar el contenido de

algunos textos, sólo señalar lo que considero tiene que ver tanto con aquello que posibilitó su

publicación, como ciertos efectos que éstos puedan tener.

Así, es posible aplicar a estas obras, parte del diagnóstico de los filósofos de la “Escuela de

Frankfurt”, pues dada la lógica de funcionamiento del sistema cultural y material del que

hablaba líneas arriba: <<La industria cultural se ha desarrollado con el primado del efecto, del

logro tangible, del detalle técnico sobre la obra, que una vez era la portadora de la idea y fue

liquidada con ésta.>> A pesar de que quizá pueda resultar un tanto precipitado dicho

diagnóstico, sin embargo, lo más seguro es que existan ciertos factores propios del carácter de

nuestras sociedades, en donde una cultura de masas dicta las condiciones bajo las cuales los

individuos habrán de establecer lazos comunicativos, afectivos, espirituales, de distracción y

atención… Como algunos de los autores de estas obras pudieron haber identificado: los

personajes míticos se han insertado en la cultura, en el inconsciente colectivo, dictando ciertos

aspectos específicos con los que se desenvuelven las sociedades, tales como los sueños,

aspiraciones, deseos, frustraciones, etc., de los individuos; incluso la misma moral del

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superhéroe o del personaje de ficción llega a ser “materia” de reflexión filosófica. A la vez, no

hay que olvidar que disciplinas como la semiótica, la lingüística, la sociología o la religión se

entrecruzan en los tipos de reflexiones de estos autores, de aquí que no es posible afirmar

precipitadamente la poca, mucha o nula importancia de dichas obras para el ámbito y reflexión

filosófica actuales.

El siglo XIX anunció las posibilidades imaginativas, especulativas y de anticipación que

pueden explorarse en la literatura, usando como tema central a la ciencia y a la fantasía, sobre

todo las generaciones de posguerra (mitad del siglo XX) comenzaron a vivir y convivir con

diversos personajes, productos técnicos y culturales que han visto su auge y proliferación a

finales del siglo XX. Por algo: ¿es indispensable insertar en la reflexión filosófica, temáticas

propias de la <<cultura popular>>?, ¿las tribulaciones de personajes míticos, propios de la

época contemporánea, dan materia de reflexión, análoga a la de los personajes mitológicos

griegos o romanos?, ¿haría bien la ortodoxia filosófica, en no objetar que aumente la

publicación de obras de estas características, si con ello se logra que la gran masa se acerque a

la filosofía? A pesar de que lo anterior no depende de la ortodoxia filosófica, sino de los

intereses de las editoriales. El único inconveniente, y no cabe más que llamarlo legítimo, es

que estas obras, de una u otra forma, son producto de una industria cultural, de unas

condiciones específicas de dominación y marketing literario, a pesar de que las reflexiones de

los autores sean por demás rigurosas, interesantes e importantes. ¿Existe una contradicción, un

desvirtuamiento de la filosofía? Creo que no es el lugar y momento para responder la cuestión.

Unas generaciones, como la propia y las posteriores, que han crecido con el fervor mediático y

tecnológico, la liberación sexual y espiritual, los cómics, el apogeo de la imagen por el cine y

la televisión, los video juegos, etc., creo que ven con “buenos ojos” la llegada de obras como

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éstas, sin embargo, es también labor de la filosofía echar al aire un cierto grado de

escepticismo al respecto, pues se quiera o no: ese es también el oficio del filósofo.

Yo, por el momento, trataré de ver “qué puede decirnos Aristóteles sobre el peculiar estilo de

vida de Sheldon Cooper”, o cuál es la “Auténtica verdad sobre Superman (y sobre todos

nosotros)”, a pesar de que pueda darme un poco de “diarrea cerebral” jejeje.

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ACERCA DE INFAMIAS Y DESEOS CULPOSOS

"Siempre es otro el que consume pornografía". Quizá, dentro de muchas de nuestras infamias

y deseos culposos, la pornografía ocupe un sitio privilegiado; claro, la mayoría de nosotros

siempre negaremos que vemos o hemos visto pornografía, ésta es algo así como de esos temas

que no se tocan. Pero sí podemos hablar de la prostitución y el sexo, aunque, como dice Emili

Olcina en No cruces las piernas: <<la pornografía es un tratado sobre la prostitución>>, lo

curioso es que precisamente no todo lo que muestra sea imágenes de prostitución. La

pornografía es una "perversión óptica", dice Román Gubern, por algo puede que no deba

concebirse como un tratado de la prostitución, a pesar de que los criterios con los que

comúnmente se le valora, así lo parezcan. Creo que más bien, entrando en polémica,

constituye un "tratado sobre el sometimiento y las potencialidades de la sexualidad femenina",

que, como señala Camille Paglia: incita a revisar nuestros códigos sexuales, sociales, morales,

políticos... La pornografía contemporánea no nos enseña nada que no hayan anunciado Sade o

Sacher Masoch, vaya, nada que no se hacía en los Aquelarres.

Hace unos años, cuando comenzaba la "euforia" por la red, un compañero de trabajo, con

varios tragos encima, se acercó a mi cubículo, cotorreándome sobre si estaba viendo

pornografía, lo único que le dije es que consideraba eso como algo que ha de hacerse en

soledad, y no negaba que fuera algo que no me atrajera. Vaya, no entiendo por qué uno tendría

que negar que le gusta, pues gustar de la pornografía no es lo mismo que consumirla, uno

pretende siempre ser sí mismo, no el otro que la consume. Si acaso podríamos hablar de Ron

Jeremy, Rocco Sifredi, Silvia Saint, Max Hardcore, Torbe; o sobre el cuento de Roberto

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Bolaño que trata sobre una pornostar, basado en la vida de John Holmes, eso ¿lo convierte a

uno en pornógrafo, y por tanto, eso atenta contra nuestra reputación? Jejeje, todo depende

precisamente de cómo perciba y trate uno los temas. La pornografía, es cierto, puede que sea

un tema incómodo, pero precisamente como la mayoría de dichos temas, contiene cierto grado

atrayente y extraordinario. Es un hombre que gusta del sexo el que habla, por lo que la

pornografía no le es indiferente, a pesar de que ésta pueda, quizá, en la mayoría de las veces,

agotar el deseo.

PD Debo decir que no leeré el libro de Sasha Grey, pues considero que, lo más seguro es que

literariamente no tendría mucho que aportar, y lo que diga no es nada que no se haya dicho

con imágenes.

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SOBRE LA COSA MÁS IMPORTANTE DE LAS MENOS IMPORTANTES

“Creo que todos los que estamos en el fútbol y sentimos esta fascinación por él, todos

queremos ganar pero estamos obligados a defender el fútbol…” Quizá el señor Vicente del

Bosque (DT campeón del mundo) resume en estas breves palabras parte de la motivación que

me lleva a hablar del fútbol. Recuerdo que hace unos meses, mi equipo disputaba una final

más, y una vez más la perdía, y con su rival “más odiado”. En menos de 10 minutos nos

arrebataron la ilusión de ser campeones, debo decir que no dormí toda la noche, y hubieron de

pasar varios días para solventar la tristeza, frustración, enojo… ¿Seré como todo simple

fanático que sufre por “algo que no vale la pena”?, ¿tienen razón los detractores del fútbol, en

el sentido de que éste es solo pérdida de tiempo y el mejor productor de enajenación? Debo

decir que muchos, si no es que casi todos esos detractores con los que me he topado a lo largo

de mi vida, no han practicado el fútbol, no han vivido en carne propia la pasión, el esfuerzo, la

rabia, la felicidad de estar en una cancha, de disputar una final y ganarla o perderla, así sea en

la liga más llanera. Los que sí hemos vivido eso, comprendemos un poco más la esencia del

fútbol.

Si bien, en la mayoría de los países el fútbol se usa como “instrumento de poder político”,

como “arma de control social” por antonomasia, eso no es culpa del fútbol. Vaya, resulta

muchas veces innecesario indagar sobre quién o quiénes son los culpables, al menos es un

deporte, lo cual lo dota de un cierto sentido de que es “algo sano”. Claro, lo más importante en

el fútbol, como en cualquier competencia, es ganar, como diría el señor Valdano: “Algunos

dirán que en fútbol sólo interesa ganar y otros, más cándidos, seguiremos pensando que si esto

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es un espectáculo también importa gustar”, y sí, un cándido, fanático y practicante del fútbol

como yo no puede estar más que de acuerdo, a pesar de que el fútbol mexicano pocas veces

guste jejeje.

Hay de niveles a niveles, obviamente la UEFA es mejor que la liga de campeones de

CONCACAF o la mayoría de ligas; puede verse sólo cada 4 años el mejor fútbol del mundo, y

a los mejores jugadores juntos, pero nunca faltará la imagen de amigos, niños, familias,

novios, ancianos, mujeres hermosas… disfrutando de un partido, pues “el fútbol es la única

religión que no tiene ateos.”

PD De entre muchas de las nimiedades de las que gusto, el fútbol resulta ser la más

importante, igual que los programas de “Discovery Home and Health” jejeje.

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ACERCA DEL “CAZADOR SOLITARIO” Y OTROS DEMONIOS

“Las cartas de amor, si hay amor,/Tienen que ser/Ridículas./Pero, al fin,/Sólo las criaturas que

nunca escribieron/Cartas de amor/Son/Ridículas.” Fernando Pessoa, como todo poeta, supo

que la poesía es un acto de amor, a pesar de que haya poetas que nunca hayan escrito sobre el

amor. Uso esto de pretexto para contar mi experiencia de escribir sobre el amor. Hace más de

una década, participé en un concurso en una página literaria, se trataba de escribir una

minificción. Las condiciones eran que se incluyera a las cuatro cónicas: parábola, círculo,

elipse e hipérbola, y a su vez, el tema del texto se relacionara con ciertos versos del Cántico

espiritual de San Juan de la Cruz. El resultado fue una especie de “geometría del amor”

titulada: “Parábola de la caza”; el texto recibió mención honorífica y fue publicado, aunque

ahora creo que de todos modos no he aprendido mucho más sobre el amor, a la usanza de El

collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba.

Dice el maestro Rubén Bonifaz Nuño: “Juntos inventamos un concierto para desventura y

orquesta, y fuimos a escucharlo serios, solemnes, y nada entendimos. Estamos solos.” Cierto:

el amor es una compañía, aquello que construye y devasta al mismo tiempo; por ello tal vez,

leer Una historia natural del amor de Diane Ackerman me ayudó a consolarme en algunas de

mis desventuras, pues como amante, leer historias de amor de los distintos siglos, los tipos de

amor, las teorías sobre éste, etc., precisamente me ayudó a ver que quien ama no está solo, que

tematizar sobre el amor siempre es tender al infinito, y que el amor no sólo es asunto de poetas

y artistas.

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No sé, quizá sea cierto que “el amor es tan solo una trampa creada para perpetuar la especie”,

y que actualmente, como dice Zygmunt Bauman, existe una fragilidad de los vínculos

amorosos, una “mercadotecnia del amor”, un cálculo de las relaciones en términos de costos y

beneficios; sin embargo, aquéllos que saben de abismos son los únicos que pueden hablar de

éste, quien se burla del amante porque parece un “zombie” que deambula por terrenos baldíos,

solo está hablando de una carencia, de un anhelo profundo que lo atosiga. Claro, quizá se

pueda vivir sin amor, morir sin éste, lo que difícilmente puede ser posible es que haya alguien

que esté exento del amor, hasta el más frío racionalista puede relatar lo que se siente hacer una

visita a los terrenos inhóspitos donde acostumbra pernoctar este <<cazador solitario>>.

PD Cayendo en “lugar común”: el amor es uno de tantos demonios, es el vértigo de gustar de

la caída; personalmente, cuando lo conocí de a de veras entendí que ya no hay marcha atrás,

que nada se puede hacer, por eso sigo y sigo estando con y en él. ¿Tema y palabras cursis?,

pues sí, también el mundo se trata de eso, o ¿no? Jejeje, quizá todo se deba a que yo, al igual

que Pessoa, también he escrito y escribiré cartas de amor, como todas: ridículas…

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HABLEMOS DEL “OPIO DE LOS PUEBLOS” Y OTROS ASUNTOS ESPINOSOS

“Religión s. Hija del Temor y la Esperanza. Vive explicando a la ignorancia la naturaleza de

lo Incognoscible.” Palabras de Ambrose Bierce en el Diccionario del Diablo, y que

precisamente tocan un punto del que quisiera hablar. Tengo, como todos nosotros, amigos y

familiares creyentes, y curiosamente muchos de ellos piensan que soy ateo, lo cual es una falsa

percepción; en términos de creencias, difícilmente podría considerarme ateo, pues para mí el

problema de aquello de lo que creo no puede formularse en apego a una religión, o en

términos de postular la existencia de “un Ser superior”. Más bien soy agnóstico, y por tanto

dejo a un lado el problema de si existe o no un Ser supremo, de si el mundo fue o no creado

por éste. Decía el gran teólogo Hans Küng: <<porque deseo tomarme la Biblia en serio, es que

no puedo interpretarla literalmente…>>, nada más cierto para un libro hermoso, y claro:

prescriptivo y de ficción. Negar las posibilidades de la fe sería una total estupidez, sin

embargo, eso no significa que lo que dice la Biblia sea Verdad, sí, con “V” mayúscula; como

tampoco podría afirmar que lo que dice la ciencia, todo es Verdad, ésta sólo habla de hechos

demostrables; acaso hechos como cualquier manifestación inexplicable, dígase en términos

religiosos: milagros. El hecho existe, no puede negarse, pero no significa “presencia divina”,

es decir, el que se suscite algo como “un milagro”, no necesariamente implica que su

explicación sea una muestra de “la presencia divina”. Para un agnóstico precisamente no es

posible acceder al conocimiento de lo divino, si es que tal conocimiento y Ser superior existen.

Por ello, atendiendo a la cita de Bierce: la religión pretendería explicar lo incognoscible. Kant

diría en la Crítica de la razón pura, que el problema ontológico de la existencia de Dios,

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problema clásico de la metafísica, no es un problema de la ciencia, y por tanto, carece de

sentido y de posible explicación. Resulta así innecesario y absurdo discutir con el creyente.

Finalmente, cada quien puede creer en lo que quiera, tener la religión que desee; si la religión

le ayuda a solventar el “peso de la existencia”, estupendo, aunque uno de los problemas que

veo, y los hay muchos, es que, por definición, las religiones deben contribuir a acercar a los

hombres, y en la realidad esto no es así, lo veo incluso en mi propia familia, y lo vemos todos

al observar la historia y las disputas basadas en creencias religiosas. Para muchos sociólogos,

sobre todo funcionalistas, la única importancia de la religión en las sociedades, radica en su

función de ser “contenedora de almas”, de ayudar a mantener una cierta estabilidad, aunque al

plantear la posibilidad de que pueda existir una sociedad secular, ¿cuál sería la importancia de

la religión?

PD Si se acepta mi opinión, de entre todas las religiones, para mí la peor es la Católica, judíos

y musulmanes a veces me exasperan, aunque podría decir que aun así respeto a estas tres

religiones, pero quizá respeto más a las religiones orientales o de cualquier tipo arcaico y/o

aborigen, y además, los protestantes de tipo cristiano sólo me dan ternura jejeje.

47
NOTAS SOBRE EL “SÍNDROME PETER PAN” Y LAS CONTRADICCIONES

GENERACIONALES

“With the lights out, it's less dangerous /Here we are now, entertain us /I feel stupid and

contagious /Here we are now, entertain us /A mulatto/An albino /A mosquito /My libido

/Yeah…” Valgan pues estas líneas de uno de los himnos de mi generación, cortesía del señor

Kurt Cobain, para dedicar unas cuantas palabras a ciertos aspectos curiosos sobre “el cambio

generacional” y otros chismes. Hace tiempo, un hijo putativo me recriminaba mi actitud de

preferir embriagarnos, y otros menesteres, a puerta cerrada, cuando, según él, de lo que se trata

es salir de antro; vaya, sólo nos separan poco más de 10 años, y además, parecería ser que

desde su punto de vista uno de mis grandes defectos para echar relajo es “estar ruco”. Me

pregunto: ¿qué hubiera pensado y hecho yo si a su edad, hubiera estado en una situación

similar a la de él?, ¿al estar “ruco” tengo prohibido disfrutar y echar relajo, o precisamente por

ello es que ya no voy de antro? Lo más seguro es que hubiera hecho lo mismo, aunque…

quién sabe, lo cierto es que no estoy ruco y me gusta el desmadre jejeje. Pertenezco a una

generación denominada “Generación X”, la que en cierta medida ha vivido de todo: la

revolución sexual, la proliferación de las drogas; la caída del muro de Berlín; y crecimos en un

mundo dividido en bloques económicos, políticos e ideológicos; nos rondaba la angustia del

“fantasma del sida”; de niños jugamos al trompo y las canicas; tuvimos TV en blanco y negro

y a color; conocimos los LP’s, los cassetts, los cd’s; tuvimos las primeras computadoras y

teléfonos celulares; jugamos al Atari, Nintendo, Play Station…, y hemos sabido adaptarnos

significativamente a los cambios ideológicos y tecnológicos.

48
Aunque difícilmente la mayoría de nosotros, si bien carecíamos de cierta identidad, podríamos

haber padecido el “síndrome Peter Pan”, parte del signo distintivo de las “nuevas

generaciones” que se rehúsan a crecer. Las nuevas generaciones sólo han conocido un mundo

comandado por una ideología político-económica, y por una efervescencia tecnológica; es

cierto: muchas veces la madurez física no empalma con la madurez intelectual y emocional, y

eso no es propio de una generación, lo curioso es que cada vez prolifera más. Dicen que ahora

los 30’s son los nuevos 20’s, que la adolescencia se prolonga incluso hasta los 25 años, pero

¿qué tan bueno es eso?

Hace casi una década fue cuando recaí en el cambio generacional, sobre todo cuando amigos

de mi generación comenzaron a “quejarse” de que no entendían a los chavos, de que la música

que escuchaban ya no tenía sentido, de que se comportaban como niños, en fin, nada que en

términos generales no hayan dicho nuestros padres y abuelos. Como siempre lo he afirmado,

quien haga comentarios categóricos como esos puede que quizá no tenga mucha conciencia

histórica, como cuando una vez un compañero de trabajo decía que “cada vez los alumnos

están más jóvenes”, lo cual no es cierto, los alumnos siguen estando de la misma edad,

nosotros somos los que cada año estamos más viejos jejeje.

Finalmente, regresando al caso de mi hijo, para mí es muy fácil comprender su punto, y el de

su generación, yo viví muchas cosas similares, aunque quizá a un ritmo más vertiginoso, por

eso lo entiendo, como entiendo la música de su generación. Ser más grande de edad no me

exime de poder disfrutar de su música y otras cosas, pero él sólo comprenderá cuando

“crezca”, y eso no necesariamente sucederá cuando llegue a mi edad, todo dependerá de las

“batallas” que enfrente.

49
PD El mundo cambia vertiginosamente, lo más seguro es que los cambios generacionales cada

vez se acorten más, lo triste quizá sea ver a “niñotes” treintones o cuarentones, que quizá no

vivan con sus padres, pero que vayan a “pedir mamila” cada vez que el mundo se les venga

encima.

50
CARTA DIRIGIDA A LOS QUE “ESTÁN AFUERA”

A estas alturas, en donde el mundo es comandado por un solo espíritu (capitalista), supongo

que para muchos podría parecer un tanto ridículo ser socialista, claro, como ridículo a veces

las preocupaciones materialistas de esos muchos frente a la imagen de Adán y Eva corriendo

libres en el paraíso.

Haciendo un poco de memoria, la humanidad siempre ha producido personajes tipo que llegan

a influir enormemente en el curso de la historia, y acaso incluso comandar las acciones. Están

por ejemplo: el santo del Cristianismo; el caballero medieval; la esposa abnegada y sumisa de

la era victoriana; el científico loco y desalineado; el artista maldito; el político corrupto y

ansioso de poder; el empresario exitoso y déspota; etc.; y, cosa curiosa, desde hace algunas

décadas: el hombre hecho a sí mismo, triunfador en su vida profesional, capitalista por donde

se le vea, amante de los placeres y consentidor de todos sus caprichos, pero que a su vez, y

esto es lo más paradójico: carece de un sistema, de una estructura de la realidad que le permita

comprender y comandar el mundo en el que vive, y que siendo consciente de esto, sólo se

dedica a ser víctima del drama humano que le ha tocado, de su desolada y parca situación.

Sobre este último personaje tipo quisiera acuñar unas cuantas palabras.

El personaje tipo del que hablaba líneas arriba, y el cual resulta fácil de encontrar por todas

partes, es un ser característico de nuestros tiempos, todos tenemos un poco de él. “Dinero,

dinero, dinero...”, he aquí un grito de batalla que nos martillea desde hace mucho, y que me

hace recordar cuando tomé mi primera clase en una escuela (ESFM-IPN) de esas que suelen

ser un tanto “incómodas” para el sistema neoliberalista de hoy. El profesor nos preguntó que

cuántos habíamos escogido la carrera como primera opción, lo más curioso es que desde su

51
punto de vista se refería a cuántos de entre alrededor de sesenta creíamos tener definida

nuestra vocación, según recuerdo sólo cinco levantamos la mano, de los cuales en la

actualidad la mayoría ha dejado de ejercer su oficio para ejercer una profesión y “ganarse la

vida”, pues el mundo que nos rodea se ha encargado de hacernos ver que los ideales

posiblemente pertenecen a un mundo que no es este mundo, que de nada sirven la revolución,

el arte o amar el conocimiento por el conocimiento si no se tiene “billete”.

Anthony Giddens menciona que “el mundo tiene prisa”, y pues, viendo cómo es el ser que lo

habita, quizá tenga razón: éste es esquizofrénico, ansioso, paranoico, hedonista, consumidor...

Tiene muchas veces amputado el espíritu y pretende encubrirse con una imagen artificial de sí

mismo. Hoy, muchos de los habitantes del siglo XXI, pensamos que nuestras posesiones nos

definen, buscamos afuera algo que nos hace falta, y el dinero: ese embaucador de ilusiones

que cosifica deseos, y que claro que da, entre muchas cosas, para comer y cumplir caprichos,

pero curiosamente sólo da alimentos terrenales; éste nuevo demonio que hace la vida más fácil

pero no por eso “llevadera”, cuyos íconos están ahí rodeándonos, es como toda religión:

promete un mundo mejor, aunque a diferencia de ésta, ese mundo no forme parte de la

cartografía humana más íntima y trascendente.

Creemos que un buen trabajo es donde se gana bien aunque de verdad detestemos la actividad

desempeñada, como si se cumpliera la fórmula cínica de Gottfried Benn: “Ser tonto y tener

trabajo, he ahí la felicidad.” O como un chilango alguna vez dijo: “Mas vale ser un pobre

pendejo que un pendejo pobre...”

Tener dinero es bueno siempre y cuando se use para lo único que sirve: para gastarlo. Ya me

imagino al avaro de Moliere angustiándose en un mundo como el nuestro, en el que el bien

que se posee sólo está representado en cifras de ordenadores, estados de cuenta y plásticos que

valen tanto como “el poder de una firma.” Con esto sólo puedo pensar que el dinero es como
52
una carta de suicidio, escrita por aquéllos que lo desean y no lo tienen, por esos que alguna vez

lo tuvieron pero que lo han perdido, o incluso por quien ya lo tiene y siente pavor al pensar

que puede perderlo. <<Dadme el jodido dinero y ya está.>> He aquí otro grito de batalla,

aunque lo más curioso es que no necesariamente el dinero lo vuelve a uno mejor persona, y

sólo provoque rodearse de gente y objetos para llenar un vacío con otro vacío. ¿Acaso no para

estas nuevas “juventudes maquiavélicas” el dinero es el fin, y los medios salen sobrando?, por

eso hay tanto “adulto” rico e inoperante en un mundo como el nuestro, además de frustrado.

ATTE. Un “príncipe” pobre en el exilio jejeje.

53
ACERCA DE LA PARTIDA

“Muchos mueren demasiado tarde, y algunos demasiado pronto. Todavía suena extraña la

doctrina: ¡Muera en el momento adecuado!” F. Nietzsche. Como bien menciona el “maldito de

Sils Marias”, sólo es posible morir en el momento adecuado cuando se ha vivido siempre en el

momento adecuado, lo cual resulta una doctrina sumamente provocadora, más cuando, dada

nuestra herencia cultural: la actitud que asumimos frente a la muerte resulta estar contaminada

de cierto carácter negativo y perturbador, a pesar de la ventaja que representa para el ser

humano, el saber que morirá. Dice Norbert Elias en La soledad de los moribundos: <<Sólo

para los humanos es difícil morir>>, y ciertamente, incluso la vida nos es difícil, sobre todo

cuando se ha tomado la determinación de complicarla más de lo que ya era desde el momento

de haber salido del vientre materno, entonces: ¿por qué esa tendencia a “santificar” la muerte,

a rendirle culto?, ¿acaso el miedo que todos nosotros hemos sentido ante la “presencia” de la

muerte, estriba en que siempre creemos que merecemos una oportunidad más? Sócrates no

pidió ninguna oportunidad más, aceptó su destino como “el más sabio de los hombres”, y

bebió la cicuta.

Estoy convencido que la muerte de los demás debería ayudarnos a vivir más y mejor, incluso

la muerte de aquél ser más querido, lo curioso es que para muchos eso corresponde al

preámbulo de su propia muerte. Quizá la proliferación en occidente de doctrinas y

prescriptivas tanáticas, que “ayudan a bien morir”, se deba a que todas las religiones no han

logrado apaciguar la ansiedad existencial de los individuos frente al término de su vida, tal vez

porque todo creyente entiende al espíritu en su sentido metafísico por antonomasia, y no como

54
aquél que ha terminado por comprender que la muerte sólo constituye un proceso fisiológico,

un final del único viaje en donde siempre se tendrá la certeza de que estamos solos…

“Décima Muerte” de Xavier Villaurrutia es uno de los poemas más bellos y que mejor ha

plasmado la esencia de la muerte, he aquí los primeros versos:

¡Qué prueba de la existencia

habrá mayor que la suerte

de estar viviendo sin verte

y muriendo en tu presencia!

Esta lúcida conciencia

de amar a lo nunca visto

y de esperar lo imprevisto;

este caer sin llegar

es la angustia de pensar

que puesto que muero existo.

Finalmente, “sólo se piensa en la muerte mientras se cree poder escapar de ella”, habría que

aceptar lo sumamente ventajoso de tener una certeza absoluta con respecto a la muerte, ésta es

ya un hecho desde que nacemos, por tanto hay mucho que hacer a partir de ello, pues como

55
dijera Kierkegaard: “El tormento y la desesperación provienen precisamente de que no se

puede morir.”

PD No hay que temerle a la muerte, más bien habría que temerle al mal vivir…

56
NOTAS SOBRE EL TIRANO INCONTENIBLE

“El tiempo es tirano, y esa angustia, que nos somete a la ignorancia y la alienación, nos hace

sus esclavos. No hay garantías de liberación dadas por el solo hecho de preguntarnos;

podemos detenernos por el tiempo, más el tiempo no habrá de detenerse por nosotros.” Las

palabras de Guido Indij sirven para remarcar uno de tantos atributos del tiempo, y que a todos

nosotros nos lleva a preguntarnos: ¿por qué siempre el tiempo avanza hacia adelante?

Precisamente por dicho atributo es que nuestra angustia siempre se asemeja a la línea

temporal, pues la mayoría de las veces se acrecienta en la medida del “paso del tiempo”. ¿El

tiempo es sólo la medida del cambio, y por tanto, una forma de “percibir el afuera”?, ¿es el

tiempo un ente del mundo? Para los griegos el tiempo era Cronos (χρόηος ), y a la vez era un

dios, que implicaba que el presente, pasado y futuro sólo constituían perspectivas del presente,

es decir, “sólo el presente llena el tiempo”, lo que tiene que ver íntimamente con una

concepción metafísica del tiempo: el presentismo, para el cual sólo el presente existe; a su vez,

otra concepción sobre el tiempo corresponde al posibilismo, para el cual lo que existe es el

pasado y el presente, el futuro sólo constituye una posibilidad; finalmente puede identificarse

al eternalismo, concepción que más se ajusta a las consecuencias que sobre el tiempo trajo la

relatividad, y que concibe que “todo está dado”, pasado, presente y futuro son sólo diferencias

de perspectiva. Pero aun así, sea cual sea la concepción que sobre el tiempo tengamos, sigue

martillándonos la pregunta: ¿qué es el tiempo?, ¿sólo es una manera de cuantificar fenómenos

y eventos?, ¿o sólo es una forma propia de nuestra mente, que nos permite identificar la

temporalidad en la realidad?

57
Kant concebía al tiempo como una forma pura a priori de nuestra sensibilidad, algo que nos

permite “ordenar los fenómenos”, lo que a su vez nos llevaría a pensar que el tiempo no posee

realidad objetiva, y que por tanto, no constituye un ente del mundo. Para el caso de la religión

cristiana, existe un inicio y un final del tiempo, lo cual puede identificarse con el génesis y el

apocalipsis, respectivamente, por lo que “la humanidad se dirige al fin de los tiempos”. Aun

así: existen entidades que no están en el tiempo, dígase las ecuaciones, los números, ciertas

ideas…

Henri Bergson identificó una dimensión del tiempo: la duración real, según el filósofo, el

tiempo de las matemáticas, el que se mide en la física no es un tiempo real, sino una mera

abstracción, “el tiempo real” es el que, en cierta forma, está ligado a nuestros estados de

conciencia.

En fin, el tiempo, sea lo que sea que sea (jejeje), siempre avanza, ya sea lento, ya sea rápido y

silencioso, es el implacable tirano que nos atosiga, y que nunca da tregua, por algo es el mejor

productor de angustia; puede que el tiempo de la ciencia no sea el mismo que el de nuestra

cotidianidad, sin embargo, siempre hará referencia a uno y el mismo tiempo. Alguna vez le

preguntaron a Einstein que explicara en palabras sencillas la relatividad del tiempo, a lo que el

genio respondió algo así que “para el novio que está con su pareja, puede parecerle que ha

pasado sólo un instante, a pesar de que pasó horas con ella, en cambio, al que está sentado

sobre brazas ardientes puede parecerle que ha pasado una eternidad, aunque sólo han pasado

unos instantes”. Entonces, ¿realmente existe el tiempo ó sólo es una invención humana? Lo

cierto es que para un joven, quizá, desperdiciar el tiempo no importe, pues siempre habrá más

tiempo; en cambio para un adulto, de lo que se trata es ganar tiempo, pues parece ser que “El

hombre vive midiendo, y no es medida de nada. Ni de sí mismo.”

58
PD Cada quien tiene una respuesta para el tiempo, el problema es que ésta nunca es suficiente.

59
SOBRE LO QUE MOSTRAMOS Y NO MUESTRA NADA

Quizá Tim Berners-Lee, físico y creador de la web, no llegó a imaginarse todo lo que traería

su creación, claro, como la mayoría de los inventores, de seguro tuvo la mejor de las

intenciones, algo así como “un buen samaritano tecnológico” jejeje. No deseo hablar de Tim

ni de la red, sino de lo que “los usuarios de la red” hacemos con ésta, sobre todo en el contexto

de las redes sociales. Puede resultar “lugar común” el hacer una exégesis de todo lo positivo

y/o negativo que implica la tecnología, sobre todo las tecnologías de la información y la

comunicación, de aquí que, en el caso de las redes sociales, dedicarles unas cuantas palabras

puede parecer redundante, sin embargo, resulta interesante hacer tal ejercicio, sobre todo

porque las dos grandes redes sociales de los años recientes (Twitter y Facebook), reflejan

fielmente ciertos aspectos esenciales de lo que realmente somos, a pesar de que uno prefiera

una o la otra, por los motivos que sean.

Dicen que Twitter te hace sentir sabio, y Facebook que tienes muchos amigos; no sé lo que

pasa en Twitter, por cuestiones personales resulta una red que no cubre mis expectativas e

intereses; en el caso de Facebook, he andado por dicha red desde hace algunos años, y como

creo que pasa con todos los que andamos por ésta: nuestra lista de amigos se incrementa, en

parte, en la medida del incremento de nuestra “popularidad”, ¿será? Un amigo de Facebook y

de la vida real me comentaba que esta red es algo así como el “lugar de las superficialidades”,

no puedo más que estar de acuerdo con él, dada mi experiencia, en términos de lo que he

conocido de muchos “amigos” del Face, a los cuales conozco en la vida real, me lleva a

60
concluir que si hubiera conocido de ellos lo que ahora conozco gracias al Face, lo más seguro

es que no hubieran sido mis amigos en la vida real jejeje.

Cada quien es libre de compartir lo que desea, de mostrar algo que no muestre nada; cada

quien es libre de crearse un disfraz, una proyección de sí mismo, cada quien puede interesarse,

criticar o compartir cosas estúpidas o superficiales, pero aun así, eso dice parte de nuestra

esencia, de aquello en lo que nos ocupamos durante el día, pero ¿por qué &#$”… uno tiene

que lidiar con eso en el Face, cuando siempre ha tratado de evitarlo en la vida real? Jejeje, sí,

parezco un mamón elitista y quejoso, sin embargo, creo que uno escoge a sus amigos porque

comparte intereses, afinidades, ideologías… o ¿no? He observado cómo algunos de mis

amigos del Face (y ya no de la vida real), se enfrascan en mostrar cómo viven, cómo comen,

cómo se divierten; he observado que les interesa más decir que son “cabrones con las chavas”,

que acaban de cambiar de auto ó que van a viajar a Europa a embriagarse como lo hacen acá.

Una vez le preguntaban a un grupo de jóvenes que estaban en el Festival Cervantino, sobre los

eventos artísticos, y sólo mencionaron parcamente que “estaban chidos”, pero ¿qué tal los

bares y el cotorreo?, ahí sí tenían algo que decir. Sólo menciono esto en atención a lo del

“lugar de las superficialidades”. Muchos me han dicho que me tomo muy en serio algo que no

merece tomarse así, puede que sea cierto, sin embargo, apelo al derecho a la libertad de

elección y expresión, por tanto, como todos nosotros, elijo qué mostrar y de qué hablar,

asimismo: elijo qué puede aparecer en mi muro, de aquí el por qué, como dije líneas arriba,

muchos de los que conocía en la vida real, y ahora también son mis “amigos” del Face, lo más

seguro es que nada nos hubiera juntado. ¿Cuestión de tolerancia y apertura?, no, es algo más

sencillo: cuestión de afinidades, uno tiene derecho a no tener nada que ver con algo que no le

interesa o incluso le exaspera. Finalmente el del problema soy yo jejeje.

61
PD Por eso, habría que seguir las recomendaciones hechas por un payaso, para mejor dejar de

moler con esto de las redes sociales: <<Aunque soy un payaso, yo prefiero morir como un

héroe a como un payaso, ¿verdad payasos?>>

62
EL IMAGINARIO COLECTIVO Y LOS PERSONAJES MÍTICOS

Dice Román Gubern en Máscaras de la ficción: “Está claro que los personajes de ficción no

pueden existir sin el soporte de una narración, literaria o audiovisual. Esto lo saben ya los

niños pequeños que reclaman de los adultos su alimento psíquico a base de cuentos, con

frecuencia cuentos que ya han escuchado y que, por ser familiares, les resultan doblemente

gratificadores.” Es cierto, un personaje de ficción resulta ser el mejor “alimento psíquico”, y

más en una cultura de masas como la nuestra, de ahí el éxito en el cine, desde hace varias

décadas, de personajes salidos de los cómics y juegos de video.

Recuerdo que a finales de los 80’s del siglo pasado, el mundo asistió a lo que en su momento

se denominó: “la batimanía”, sí, se estrenaba “Batman”, protagonizada por Michael Keaton,

Kim Basinger y nada menos que el señor Jack Nicholson en el papel de “Joker”; he aquí el

ejemplo de un personaje mítico que se encarna en el inconsciente colectivo, como una entidad

imaginaria creando incluso delirio, identificación y proyecciones. Debo decir que para mi

generación, educada alrededor de los avances tecnológicos, los cómics y juegos de video,

dicha efervescencia no resultaba del todo rara, pues ya habíamos vivido el delirio de

Superman, de la Guerra de las galaxias o de E.T. jejeje, lo más curioso es todo lo que vendría

después…

Desde la psicología, el psicoanálisis o la sociología, puede identificarse lo que se conoce como

“el mito del doble”, esa proyección de los individuos de una sociedad de masas que buscan

verse reflejados en las virtudes, incluso las “debilidades y obsesiones” del personaje en turno.

Debo decir que un ejemplo reciente de ello fue el “acierto” de los creadores de la película

63
“Iron man”, al configurar la personalidad de Tony Stark, lo cual, para muchos de mi

generación que éramos fans de Los vengadores, resultó un tanto decepcionante. Y es que el

Tony Stark representado por el excelente actor Robert Downey Jr., si bien es también un genio

ingenieril y millonario, es a su vez egocéntrico e individualista, entre otras características que

el Tony Stark, creado en 1963 por Stan Lee, no tenía; lo que finalmente deseo resaltar es

cómo, este Tony Stark del siglo XXI, ha logrado reflejar gran parte de los anhelos de jóvenes

y adolescentes, ya que “todos quisieran ser como él”. Con esto y otros muchos ejemplos: “el

mito del doble constituye un verdadero pozo sin fondo para toda suerte de angustias

humanas.”

Lo imaginario constituye un ámbito, un escenario, un espacio donde transitan todas nuestras

proyecciones, deseos y obsesiones, asimismo, resulta ser un “arma de dos filos”. Los

personajes ficticios, los de la cultura popular, del cine y la televisión, pueden llegar a formar

parte inherente de nuestro entorno cotidiano. El súper héroe, ese personaje creado por la

imaginación, es ya parte de un imaginario, constituye el ejemplo más fiel del mito del espejo,

del dopplergänger de los individuos.

Finalmente, en la cultura de masas, donde el cine, la literatura, la televisión, etc., son los

elementos claves de seducción masiva, los personajes míticos logran penetrar y transmutarse

en el inconsciente colectivo, convirtiéndose incluso en objetos de obsesión y de delirio. El

destino de los personajes míticos puede ser la fecundación o la esterilidad, viendo cómo se ha

estructurado nuestra sociedad, y el gusto por las historias sobre súper héroes y personajes de

ficción, lo más seguro es que el futuro de éstos sea la fecundación, como bien lo identificó

Umberto Eco en El superhombre de masas. Tal vez, incluso por esto mismo, se fundamente

esa tendencia al “síndrome Peter Pan” de las nuevas generaciones, por toda la efervescencia

64
por consumir cómics, juegos de video e historias de cine y televisión donde los personajes son

míticos. Sin embargo, qué bueno que, en cierto sentido, se prefieran este tipo de historias a

otras de carácter superficial o melodramático.

PD Con todo esto, podría hacer una pregunta: ¿Cuáles serían los personajes míticos que

permean el imaginario colectivo de la cultura mexicana?

65
EDUCAR O ADOCTRINAR

En un artículo de Xavier Velasco titulado “El otro catecismo”, el autor maneja la tesis de

cómo existe una especie de “adoctrinamiento”, propio de una estructura educativa, que

muchas veces, a mi parecer, educa con ejemplos contradictorios. Sólo menciono esto porque si

bien, estoy de acuerdo con que la primera y principal formación y educación se obtiene en la

casa, más bien, en muchos de los casos somos producto de nuestras relaciones y entorno, y a

su vez, podría identificarse que nos formamos gracias a una especie de “adoctrinamiento”,

sobre todo cuando poseemos una “personalidad maleable”. No se altere nadie por lo que voy a

decir, pero considero que si bien, los padres y la familia son los primeros que educan, también

son los principales adoctrinadores. Una vez, comentaba con un amigo de la universidad sobre

cómo, si llegáramos a tener hijos, los educaríamos, y al menos, una de las cosas en las que

coincidimos, es que se trata de enseñarles a ser libres, de educarlos para que tengan la

capacidad para tomar sus propias decisiones y enfrentar sus errores, para elegir por sí mismos

cómo construir su vida, a pesar de que quizá, uno como padre no llegue a estar muy de

acuerdo, lo cual, como sabemos: en la mayoría de los casos esto último precisamente es el

principal conflicto entre padres e hijos jejeje.

Siempre me he divertido diciéndoles a mis alumnos, estudiantes universitarios, que ellos

“tienen dueños”, los cuales son sus padres jejeje. Sí, sé que exagero, aunque sólo deseo

recordar la sentencia de una película mexicana: “no hay nadie más idóneo para darte en la

madre que tu propia familia”, por algo también lo que mencioné líneas arriba, sobre que la

66
familia educa, pero a su vez: es la perfecta adoctrinadora, y asimismo, la que a su vez también

puede darte en la madre.

En términos generales, adoctrinar significa inculcar a alguien determinadas ideas y valores,

¿no es eso lo que hacen los padres, la familia? Lo triste es cuando dicho “adoctrinamiento

familiar” tiene efectos negativos. Tengo unas sobrinas a las que les hicieron creer que lo más

importante es “verse bonitas y vestir ropa de marca…”, ¿de qué sirve eso para unas niñas de

clase media-baja, que a su vez no poseen una “personalidad magnética”, y mucho menos una

capacidad suficiente para entender que de lo primero de lo que se trata es esforzarse para salir

del barrio y a su vez, sacar al barrio de sí mismas? Tengo unos sobrinos que los adoctrinaron

desde pequeños en la religión cristiana, y que a su vez, eso les ha impedido ir más allá de sus

posibles aspiraciones, pues todo se reduce a “estar bien con su Dios”, por algo sus acciones

están condicionadas. Sí, sé que se podrá decir que los ejemplos no muestran un

adoctrinamiento, puede ser, lo cierto es que si tuviera hijos, claro que les enseñaría valores y

principios, pero sólo para que meditaran sobre éstos, para que incluso cuestionaran lo que se

les inculca, y tuvieran la posibilidad de desarrollar todas sus potencialidades, a la vez de ideas

propias, a pesar de que éstas pudiera ser que se contradijeran con las mías. Un ser humano

libre piensa, siente y actúa por sí mismo, las ideas y valores que le hayan inculcado a alguien

sólo deben ser un referente, pero para nada “verdades absolutas”.

Finalmente, debo decir que hay que apostar porque el “adoctrinamiento familiar” no dure

mucho, siendo que la educación (dirigir, encaminar) puede que no termine nunca. En la

familia se trata de educar, no de adoctrinar, lástima que muchos padres, sobre todo en términos

morales e ideológicos, apuestan por el adoctrinamiento.

67
PD Uno de los problemas, como menciona Velasco en su artículo, es que en la escuela

también suele haber adoctrinamiento.

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EL CONOCIMIENTO COMO VALOR

Hace varias décadas, cuando era un adolescente, comencé a desarrollar el hábito de siempre

cargar un libro, de ahí que podía ser un “autista” en el transporte público o en cualquier sala de

espera…, por lo que muchos de mis interlocutores notaban a mi singular acompañante, y en

ocasiones, no perdían la oportunidad para externar su opinión al respecto. Lo anterior fue el

caso del padre de un amigo, quien varias veces intentó disuadirme de la poca necesidad de

“leer y saber mucho”; y es que según el señor: “de qué servía saber mucho si uno no lo va a

aplicar…”, su único ejemplo tenía que ver con que uno de sus amigos, que tenía muchos libros

y “sabía mucho”, no aplicaba para nada su conocimiento, pues sólo se la pasaba en su casa…,

y sí, hasta ahí terminaba su “argumento”. Claro, fue el mismo señor que criticó a su hijo por

leer un libro de Vicente Huidobro (Altazor), que yo le había prestado, con el argumento de que

“leía puras incoherencias”. Menciono esta anécdota porque precisamente considero que, en

gran parte, así como hay una equivocada percepción social con respecto a las drogas y otros

chismes, así la hay para con aquellos que poseen un cierto conocimiento más allá del que

cualquier “ciudadano de a pie” posee, lo cual según yo, se debe, en parte, a cómo en nuestra

sociedad se ha instalado la idea de no ver al conocimiento como un valor, y de ahí las

equivocadas valoraciones sobre los individuos que poseen conocimiento.

Generalmente, existe la siguiente identificación: valor=bien, en este sentido, algo es valioso

porque lo preferimos con respecto a otras cosas, por algo el amor, la amistad, la templanza, la

bondad, la justicia…, al ser valores, preferimos las “cosas que los encarnan”, y por tanto, en

un sentido amplio: todos debemos valorarlas. Una vez comentaba con mis alumnos de ética,

69
que si le preguntáramos a un científico, a un artista, a un juez, a un deportista, a un ingeniero,

a un actor porno, a un barrendero, a un policía, a nuestro abuelo…, si leer es bueno, la

mayoría, si no es que todos, responderían que sí, que es bueno leer, cultivarse, pero entonces,

paradójicamente: ¿POR QUÉ NO LO HACEMOS? Quizá porque, como pudimos concluir,

adquirir conocimiento, cultivarse, disfrutar de la belleza y la libertad, es una responsabilidad

personal, que implica esfuerzo e invertir tiempo, y a su vez, implica una responsabilidad más

alta que el que no sabe. Claro, alguien puede aseverar que sólo aprende lo que le es útil, ¿qué

acaso no hay algo más útil que el conocimiento per se? Sólo recordemos que si bien, no

estamos obligados a saber algo, a poseer conocimiento, tampoco estamos obligados a

ignorarlo. Pero ignorar, ser ignorante, implica en cierto sentido carecer de poder, de libertad,

incluso de credibilidad, entre tantas otras cosas. Se equivocan quienes creen que ignorar es

sinónimo de felicidad, como tampoco el conocimiento puede traer la felicidad, pero sí puede

ayudar a aclararnos el camino hacia ésta.

Finalmente, supongo que muchos tendrán cualquier colección de argumentos para justificar el

por qué muchas veces, aquellos que poseen conocimiento no necesariamente son dignos

representantes de cierta altura ética, dirán que “se creen mucho”, que “son soberbios”, que

“siempre quieren imponer su opinión”, que “son presumidos y se burlan de los demás”, etc.,

etc. Sólo recordemos que ciertos rasgos de personalidad no son el efecto de poseer

conocimiento; hay tanta gente soberbia y así en todos los ámbitos. El problema con no querer

saber, es el mismo, creo, con creer que se puede pero en realidad no se puede, pues es un

hecho que la gente que sabe, siempre podrá, en cambio, la que no sabe...

Cometemos un error en darle connotaciones negativas al conocimiento y a quienes poseen

conocimiento, parecería que en nuestra sociedad la ignorancia es una virtud, por algo hasta los

70
niños y adolescentes “ven con buenos ojos” no saber matemáticas, no saber escribir, no saber

leer. En todo caso, de quienes habría que burlarse, que mofarse, es de los ignorantes, de los

prejuiciosos.

PD Como siempre igual y no me hagan caso, seamos felices ignorando, por algo cada uno de

nosotros ocupa su lugar preciso en el mundo…

71
ACERCA DEL “ARTE DE TIRAR NETAS” EN LAS REDES SOCIALES

Recuerdo que hace un tiempo una conocida y su grupo de amigos “intelectuales” se quejaban

de las puntadas de Jodorowsky, tachándolo incluso de “tira netas”, de “gurú mediático”… Y

es que su molestia no sólo estaba dirigida hacia él, sino también a su séquito de seguidores.

Menciono el asunto sólo porque acabo de leer un artículo donde el autor habla de esos

“mensajes edificantes” que rondan por las redes sociales, y que más bien, a mi modo de ver,

reflejan ciertos aspectos mucho más trascendentes que las mismas pretensiones de

trascendencia de los que comparten dichos mensajes, a la vez de los mensajes en sí. Me

explico. ¿Por qué a la mayoría de nosotros nos agradan las “lamiditas intelectuales”? Una vez

tuve una discusión con un exdiscípulo, que no lee, porque posteó una frase de un filósofo que,

me constaba, él no sabía ni quién diablos era. Mi punto es simple, y como siempre, exagerado

jejeje, es como si yo, que no soy creyente, posteara alguna parábola de Cristo, cuando: NO LO

CONOZCO, “no lo tengo en mi corazón”… Sí, lo sé, puede resultar medio “jalado” el

ejemplo, el asunto simplemente tiene que ver con la naturaleza de la situación que gira en

torno de los “mensajes edificantes”, los cuales son de distintos tipos:

-Están los de “contenido positivo” (superación personal, propaganda de valores como amistad,

veganos, humanidad, esoterismo, ecología…).

-Los de frases célebres (puntadas “intelectuales” disfrazadas de toda una filosofía y actitud

ante la vida).

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-De contenido religioso (frases tomadas de la Biblia o dichas por algún pastor o líder

religioso).

-De autoayuda (que incitan a ser resiliente, a “soportar el peso de la existencia”, las

adversidades…).

-Los “chistes inteligentes” (que pretenden dar una cierta enseñanza).

Y así, la situación de los “mensajes edificantes” me lleva a una cuestión: ¿alguno de nosotros

conoce a alguien que realmente haya cambiado a raíz de un “mensaje edificante”? ¿Algún no

vegano que se haya vuelto vegano, un ateo que se haya vuelto cristiano (y viceversa)?, ¿un no

lector que se haya vuelto lector?, vaya: ¿un individuo en estado de confort, que haya

abandonado dicho estado por una “frase matona”…? Sí, puede que nos concienticemos más,

pero eso no significa que “actuemos más”. Lo que he observado simplemente es que los

“mensajes edificantes” sólo tienen efecto en el grupo de conocidos con características

similares a las de quien postea dichos mensajes, como lo que mencioné al principio del grupo

de “intelectuales” contra Jodorowsky. Es decir: quien “chulea” tus “mensajes edificantes” es

tu propio “grupo de confort”, quien “entiende” el contenido de tus memes positivos son los

mismos que hacen lo mismo que tú, y eso, en parte, ¿por qué?, porque hemos formado una

sociedad virtual que no lee, que no debate, que no comparte conocimiento, que le gusta la

adulación, la autocomplacencia, que sólo se conforma con compartir selfies, fotos de viajes, de

comida, que sólo le interesa compartir chistes ridículos o chismes, y por tanto, una mínima

dosis de “intelectualidad” contenida en los “mensajes edificantes” nos es suficiente.

Como siempre, no me hagan caso, sobre todo los grupos de intelectuales, los que, me consta,

también acostumbran a formar sus “grupos de confort”.

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SOBRE EL INCONVENIENTE DE QUE TODOS PUEDAN OPINAR

A veces me gusta leer —más por morbo y diversión que por esperar algo interesante—, las

opiniones de las personas a cualquier noticia, sobre todo las que llegan a convertirse en

trending topic; y dada la experiencia que uno puede tener al hacerlo, esto me conduce a

recordar lo que una vez leía en un libro de sociología sobre el aumento de las manifestaciones

de xenofobia, con la llegada de los medios electrónicos de información y comunicación. Vaya,

resulta obvio que en la red no sólo hay xenofobia, también racismo, machismo, homofobia,

etc. Lo realmente curioso es que todas estas manifestaciones adquieren, en el contexto, ciertos

disfraces, a los que la mayoría de nosotros no les ponemos atención o ni siquiera nos damos

cuenta de su sola presencia. Me explico. Comencemos con algunos ejemplos.

-Si alguna “celebridad” comete una estupidez ante las cámaras, dígase del tipo que sea.

Entonces hay que estar listos para que desfilen, en los comentarios a la nota sobre el suceso,

toda una sarta de manifestaciones no sólo de crítica, sino de odio, de insulto…; y si dicha

celebridad es mujer, de seguro habrá innumerables comentarios machistas, misóginos.

-Un político comenta o actúa erróneamente, como acostumbran jejeje. Y todos los “líderes de

opinión”: chairos, personas más “conscientes”, “los que sí trabajan”, etc., se harán presentes

para externar su “inteligente” opinión, acompañada de un léxico altisonante, y de nuevo:

insultos.

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-Cualquier ciudadano de a pie es grabado, exhibido, etc., llevando a cabo un acto reprobable.

Y los ciudadanos de “buena” conciencia dirigirán sus mejores críticas, agravios o improperios,

como una manera de anotarle un punto más a su buena conciencia y alta moral como

ciudadanos.

-Alguien postea una nota sobre maltrato animal, destrucción ecológica, etc. Y ciertos bioéticos

o “ecosistemáticos” arremeterán contra “quien resulte responsable”, con una colección de sus

más sonantes e ingeniosos insultos.

De esta forma, dado el contexto específico, parecería que nuestra percepción sobre los

comentarios, insultos, críticas…, se “ablanda”, es decir, pierde de vista la verdadera

naturaleza, y las implicaciones de la textura de dichos comentarios. En una palabra, éstos

adquieren un cierto disfraz, y nos volvemos tolerantes tanto a dichos comentarios, como con la

gente que los expulsa. Finalmente, como en la web, todos tenemos derecho a opinar (lo cual

en cierto sentido está bien, en otro quién sabe), parece que la naturaleza e implicaciones de

nuestras opiniones, pasan a segundo término, dado el contexto en el que éstas se gestan, y por

tanto, ni siquiera ponemos atención a la personalidad, a la calaña de quien emite los

comentarios. De todo esto, una simple cuestión: ¿verdaderamente es sano que todos tengan

espacio y derecho para dar una opinión? Sí, dígaseme inocente, exagerado, incluso intolerante

o fascista jejeje. De todos modos, el que todos tengamos una opinión no es sinónimo de que

exista una calidad en la opinión. Habría que enseñarle a callar a muchos.

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SOBRE CÓMO “VIVIR BIEN Y MEJOR”

Dicen que vivir bien y vivir mejor no es lo mismo, muchos llegan a lo primero, pocos

alcanzan lo segundo. Y es que, por ejemplo, algunos dicen que uno puede vivir bien si practica

yoga, come sanamente e inserta en su vida ideologías orientales y positivas, y pues sí, puede

que así se viva bien, pero no necesariamente mejor; asimismo, otros dirán que lo único que se

necesita es cubrir todas las “necesidades” materiales que le salgan a uno al paso para vivir

mejor; otros mismos pensarán que sólo se trata de tener una creencia y una doctrina, y de ahí

“la vida estará llena”, y por tanto estará bien y mejor. Claro, puede que alguna de esas posturas

funcione, siempre y cuando se esté dispuesto a “vivir atado”. Digo simplemente lo anterior

porque no es lo mismo saber lo que significa la libertad que ejercerla.

Pero, vayamos por pasos: vivir bien cualquiera lo puede hacer, ejemplos hay muchos, todos

sabemos sobre gente que lo hace; pero vivir mejor sólo lo hacen aquéllos que no se atan a

nada, únicamente a aquello que los define. Me explico.

Todos conocemos a personas que practican y pregonan “ideologías del bienestar”; todos

conocemos a “iluminados” que practican y pregonan “doctrinas del más allá”, y que

precisamente “atan su vida a eso”; ¿no resultan ser posturas bastante cómodas?, ya que se opta

por vivir bien atándose a “algo afuera de sí”, pero: ¿realmente con eso se llega a vivir mejor?

En muchos casos, el apegarse a ello es porque nos ha surgido una “necesidad”, puesto que nos

hemos topado con un “vacío existencial”. No se me malinterprete, no pretendo criticar

ideologías o prescriptivas, ni tampoco doctrinas o creencias, su “funcionalidad” puede que sea

notable, lo curioso es que con éstas generalmente se llega a correr el riesgo de “poco a poco

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dejar de ser sí mismo”, pues se deja a su vez de ver con claridad, y de ahí las actitudes de

defender ciegamente, a capa y espada, todo lo que tiene que ver con “eso que me ata”. Lo

único que pienso es que todas esas doctrinas y prescriptivas están hechas para cierto tipo de

personas, es decir, como una especie de “relación isomorfa” entre lo que la doctrina y/o

prescriptiva es, y lo que es a su vez el individuo.

Creo que para vivir bien y mejor de lo único que se trata es de “no huir de sí mismo”, pues,

por ejemplo, una persona huye de sí misma cuando no puede con las adicciones, con las

pérdidas, con los fracasos...; a su vez, huye de sí misma cuando prefiere que otros le digan

cómo vivir, cómo pensar, cómo sentir, cómo morir…; y al mismo tiempo: huye de sí misma al

perderse gran parte de los paisajes extraordinarios que pueblan la realidad, pues éstos están

ahí, y sólo hay que estirar la mano. “No huir de sí mismo” implica no buscar encontrarse en el

exterior, pero sí aprender a “gozar del exterior”.

Digo, recurrir a “ayuda” no está mal, pretender vivir bien a partir de adherirse a una doctrina

y/o disciplina, tampoco, pero le compete al individuo “descubrir todas sus potencialidades y

hacerlas valer en el mundo”. Ya sé lo que van a decir muchos: “que cada cabeza es un

mundo”, “que no todos soportamos igual el peso de la existencia”, “que en gustos se rompen

géneros”, “que cada quien es feliz con lo mucho ó con lo poco que tiene”, etc., etc. Debo decir

que no hablo de felicidad, ni de llevar una vida ética o buena, no hablo de todos esos

“chismes” que son el pan de cada día de muchas ideologías y/o doctrinas mencionadas. Sólo

hablo de “vivir explotando todas nuestras potencialidades”, pues de ahí se puede sacar

fortaleza, carácter, emotividad…, lo cual es bastante sencillo o ¿no?

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Finalmente, “vivir explotando todas nuestras potencialidades” implica también no ser

indiferente ante lo extraordinario del mundo, pues entre más se rodee uno de realidades que

valen la pena, más estará “completo su mundo”, y podrá afirmar que se vive bien y mejor. Lo

dejo aquí porque, como en otras ocasiones, ya me está dando “chorrillo mental”, y no quiero

parecer un “gurú del vivir bien” jejeje. No quiero parecer, a como dijera Bukowski: “Viejo

escritor se pone suéter, se sienta, sonríe a la pantalla del ordenador y escribe sobre la vida,

¿cabe mayor solemnidad?”

PD El primer paso para vivir bien y mejor, es descubrir “de qué y para qué se está hecho”, de

ahí todo es ganancia, pero igual y no me crean…

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ACERCA DE DISCURSOS Y SUBJETIVIDADES

En la “terminología foucaultiana”, la subjetivación constituye un proceso mediante el cual los

individuos se van constituyendo. Así, una de las dimensiones de tal categoría, tiene que ver

con cómo los sujetos van objetivándose con relación a ciertas prácticas que implican “niveles

discursivos”, y a su vez, cómo van relacionándose consigo mismos a partir de dichas prácticas.

En este sentido es que quisiera acuñar unas cuantas palabras con respecto a cómo tendemos a

insertar en nuestro día a día diversas prácticas, sobre todo discursivas, que van constituyendo

nuestra subjetividad.

Creo que muchos hemos vivido la experiencia, a pesar de no haber puesto mucha atención, de

cómo una persona se va subjetivando a partir de “adherirse a un grupo humano”, el cual puede

ser un grupo de autoayuda, religioso, académico, de trabajo, familiar, etc., etc., donde dicha

subjetivación se ve reflejada en las características discursivas que va adquiriendo dicha

persona, y a su vez, las características de sus acciones. “Somos palabra”, no puede haber algo

más evidente, y las palabras que usamos, a la vez del tipo de léxico que vamos configurando,

forman parte de nuestros procesos de subjetivación, pues a partir del tipo de discurso que

configuramos, nuestras percepciones, concepciones, acciones, prejuicios, etc., adquieren un

carácter propio. Conozco a familiares y amigos que a partir de entrar a formar parte de un

grupo humano, han ido adquiriendo una forma característica de hablar, de expresarse, y no

sólo con palabras, de manera que la “nueva” forma de discurso que configuran, determina sus

acciones; hasta parecería que sus palabras van “encarnándose” en sus acciones, en su manera

de concebir el mundo. Todos hemos tenido contacto con algún homo religiosus, con algún

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homo veganus, con algún homo academicus…, con cualquier homo vulgaris jejeje, y resulta

que poseen una manera muy característica de expresión; a su vez, si hemos tenido la

oportunidad de conocer a dichas personas, antes de haberse “convertido”, podremos identificar

cómo ciertas palabras, ciertas oraciones incluso, que antes no formaban parte de su discurso,

ahora son como “el pan de cada día”, lo cual incide directamente en cómo van subjetivándose,

en cómo se van “sujetando” a prácticas discursivas, las cuales fundamentan sus acciones.

En fin, lo dejo aquí, no sin antes señalar que precisamente, dado que nuestros procesos de

subjetivación nos definen, habría que poner atención en cómo configuramos nuestro discurso,

ya que las palabras, sean muchas o pocas, poseen cierta textura, cierta trascendencia, etc., y

son lo que mejor nos define. Nuestro discurso nos sujeta a una forma específica de concebir el

mundo, de concebir la realidad.

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SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE SER CONSCIENTE Y “SALIR A LAS CALLES”

Hace casi dos décadas, en plena crisis política y económica, un maestro y mentor me

preguntaba: “¿si las cosas se ponen más cabronas, le entrarías a los madrazos, tomarías las

armas?” Debo decir que sólo atiné a responderle: “si la causa me convence, si es digna de

tomar las armas, seguro que lo haría.”

En México, existe una diferencia notable entre la gente “consciente” y la gente que lleva a la

práctica la indignación y/o la protesta. Los primeros suelen hablar y hablar de la situación

política, económica, social…, suelen discutir acaloradamente y hasta muchas veces logran

“concientizar” a otros; los segundos también hablan, pero también actúan y salen a las calles,

además de que, en su mayoría, pertenecen a una clase social más golpeada, pero no por ello:

menos consciente. Cuántos de nosotros no conocemos a gente del primer tipo, con “buena

educación”, que incluso es capaz de ir a marchas, pero incapaz de abandonar su gueto en una

zona acomodada de la ciudad o en alguna colonia poco conflictiva para internarse en “lugares

marginados”; claro, eso no quiere decir que muchos de ellos no tomarían las armas si las

cosas se ponen más difíciles de lo que están, aunque… Asimismo, cuántos de nosotros no

conocemos a “gente del pueblo” que a base de fortaleza se ha concientizado y no se deja

explotar fácilmente, aunque los hay muchos que resultan ser indiferentes ante las cosas, ¿será

porque “han sido adoctrinados por la religión, la televisión y el fútbol”?, a pesar de todo no me

atrevo a responder afirmativamente.

No se me malinterprete, no es lo mismo caracterizar que criticar, aunque ambas acciones no

son excluyentes jejeje; tener consciencia social y política no es propio de una clase social

privilegiada o marginal, lo que quizá sí es propio es la manera de manifestar su

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inconformidad. Lo digo porque muchos de los que pertenecen a la clase “consciente y

pudiente” acostumbran recurrir a las redes sociales para “pagar” su cuota de inconformidad, a

la vez de que se autonombran humanitarios, progresistas y cultivadores de la “higiene mental”.

Pero surge la misma cuestión: ¿tomarían las armas, las calles? Asimismo, la gente del pueblo,

que vive su día a día de manera encarnizada, difícilmente podría llamársele no consciente, tan

consciente están de la realidad que a veces toman las calles, o incluso reaccionan con

indiferencia, emulando la indiferencia de las demás clases pues muchas veces la lucha resulta

no fructífera, ¿tienen la culpa de no haber accedido a ciertos privilegios y medios, y por tanto:

están condenados a ser los mismos marginados de siempre? Una vez, un miembro de la clase

“pudiente y consciente” se expresó frente a mí despectivamente con estas palabras: “se

comportan como los de Neza”, y yo, criado en Neza, sólo hube de reírme, no de ofenderme,

¿qué puedes hacer ante la ignorancia? Ésta se encuentra en todas partes, como cuando un

amigo escritor contaba la anécdota de que en una reunión en Las Lomas, una de sus amigas lo

presentó como novelista con la esposa de un banquero, y ¿qué le dijo ésta?, “a mí no me gusta

ver las novelas, prefiero otros programas.”

Ser consciente y hacer algo no es lo mismo que ser consciente y tomar las calles; ser

consciente y postear y discutir no es lo mismo que plantarse afuera de la cámara de diputados;

como tampoco tomar las calles con violencia o alinearse a grupos subversivos me hace

necesariamente más consciente o digno de llevar el título de “yo sí hago algo por mi país”.

Podrá resultar indignante lo que digo, puesto que, dejémonos de rodeos: desde hace mucho,

las revoluciones parece que ya no se hacen primero por la fuerza y después por las

conciencias, ya que se ha demostrado que esa emancipación de conciencias y la toma de armas

parecen convertirse después en algo contraproducente, pues, una vez consumada la revolución,

82
siempre se llega a un punto en que, como diría Foucault, llegamos a preguntarnos: ¿qué es lo

que lleva a los hombres a querer ser gobernados?

Y sí, vivimos actualmente en una situación crítica. La situación política, económica, social…

pende realmente de un hilo, cada uno de nosotros reacciona a su manera ante ello, lo mejor,

como siempre, es reaccionar, no quedar impávidos, aunque a veces, nuestra forma de

reaccionar sea cuestionable o poco honesta, aun así, no tenemos derecho a callar.

PD Sólo son palabras, masturbaciones mentales, pero con la intención de dar en el blanco…

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ACERCA DEL “MONSTRUO” QUE MATA LAS NEURONAS QUE <<INCITAN AL

MOVIMIENTO>>

Hay una muerte lenta que primero es vacío. Pierre Bourdieu en Sobre la televisión, muestra

cómo la televisión ha alterado la percepción y funcionamiento de diversos ámbitos tan

variados como la política, el arte, la literatura, la justicia o la ciencia y la tecnología…, a

través de su <<lógica del rating, del sometimiento demagógico a los requisitos del plebiscito

comercial>>. Precisamente de este “monstruo” de nuestro tiempo es que quisiera acuñar unas

cuantas palabras.

Pensemos en el telespectador que pasa horas con el aparato encendido. Antes, la radio

impactaba por el realismo que lograba transmitir, después se convirtió para muchos en un

acompañante musitando sonidos que casi nadie atendía, como la música de fondo de un

restaurante que ofrece garantía de cierta clase. Aunque afortunadamente, pocas veces la radio

trasmite una muerte lenta. El cáncer que ofrece la televisión es de un solo tipo, mata

lentamente las neuronas que “incitan al movimiento”, y como buenas neuronas: no se

regeneran. Recaí en lo vacío de ser teleespectador, cierta vez en que un sobrino mío me

contaba lo que iba a pasar en cada comercial, el niño sabía completamente cada detalle,

recitaba las frases indignándose incluso si algo no le gustaba porque lo habían cambiado.

Cuando se es un infante, toda la información que se precipita sobre éste se queda plasmada,

como un lienzo que contiene y representa la realidad que le rodea, el niño digiere la

información y la procesa de una forma muy curiosa, así, la entrada y salida del sistema niño-

espectador puede ser, en muchos casos, lo mismo, ni siquiera se le puede llamar a esto un

aprendizaje de carácter existencial, padeciendo vívidamente las cosas, puesto que éste opera a

84
un nivel mucho más básico, sin embargo, el aprendizaje frente a la pantalla le ofrece ciertos

elementos que han de permear su personalidad de una textura un tanto parca pero efectiva. La

experiencia que uno tiene frente a la pantalla es tan fundamental actualmente, que no es

posible afirmar que exista alguien que no haya adquirido cierta directriz por medio de ésta. Si

se proviene de una familia que asume como pretexto el reunir a todas las partes que la

conforman, precisamente alrededor de ese singular aparato, la textura efectiva y efectista de la

televisión será mucho más marcada.

La televisión en un principio se entendía como un paso más hacia el progreso humano, pues

reducía distancias y daba la oportunidad de estar al día, además de distraernos. Ahora la

televisión ofrece modelos de humanidad, se instaura en la consciencia colectiva el prejuicio de

que la televisión “educa”, y cada miembro de una familia o grupo humano se ha de quedar con

la parte que le corresponde. Los noticieros buscan primordialmente el efecto, pero ¿de qué

tipo?, el que cree expectativa, angustia, indignación, solidaridad, optimismo, furor, etc., pero

claro: todo de manera un tanto “morbosa” y enmascarada, pues la verdad de los hechos radica

en la creencia incuestionable del espectador, el concepto de objetividad en los medios es una

variable volátil, espuria muchas veces.

Cada programa de entretenimiento busca sólo una meta: mantener al espectador lo más atento

y enajenado posible, no importando si ha de atentarse contra sus valores, creencias, ideología,

o simplemente sus preferencias concretas, y esto a pesar de la supuesta censura, que no hace

más que agrandar el morbo, y disfrazar con máscaras de seda el mensaje que va directo a

nuestro inconsciente, de ahí el apostar por la audiencia, medir el rating, como sinónimo de que

la mayoría acepta lo mostrado, lo dicho con palabras plásticas. Un programa es exitoso en la

medida de que tenga más audiencia, así, lo fácil de digerir, aquello que es ligero, aunque

85
grotesco o medio amorfo e insustancial es lo más efectivo, y por ello, lo que ha de tener más

éxito. De aquí el gran acierto de los “talk-shows”, los “reality-shows”, las telenovelas, por sólo

mencionar a los más representativos, donde siempre habrá buenos y malos, ricos y pobres,

feos y hermosos, lágrimas y risas, en fin, cualquier conjunto de bipolaridades cuyo fin es

llevar al espectador de un polo a otro, hacerlo que rebote su criterio e independencia frente al

espejo-pantalla que se le presenta, y se vea reflejado, se identifique con la o el protagonista,

empeñe su atención para el otro día, y olvide parte de sus verdaderas funciones, acaso ni

siquiera las más mundanas, pues todos deseamos saber lo que va a ocurrir, aunque la mayoría

de las veces eso ya es predecible desde el principio. Ya no hay arquetipos televisivos, ni

siquiera tipos, únicamente estereotipos, modelos insulsos de humanidad, y lo más curioso de

todo esto radica en que los modelos que se nos presentan son tan insípidos, la gente

involucrada tan ordinaria, las producciones tan ostentosas o simples, que lo único que hace la

mayoría es resignarse ante tal acontecer, la voz de las colectividades es verdadera democracia

en muchas de las instancias que tienen mayor impacto.

Así, la persona que habita la pantalla del televisor es privilegiada, pues es feliz y lo transmite

cada vez que aparece en ésta, eso lo supone la mayoría de los teleespectadores, pues aunque

llore su llanto es sublime, ya que lo está mostrando, y mostrarnos frente a otros y convencerlos

de algo supuestamente es una satisfacción de lo más excelsa, dado el signo de los tiempos,

incluso el político o el predicador han sabido aprovechar tales efectos, de ahí que desde niño

uno aprenda a reaccionar con modelos estándares, teletipos humanos.

PD Finalmente, hay otro “monstruo” electrónico que poco a poco va ganando terreno, ¿acaso

no todos sabemos de cuál se trata?

86
SOBRE AQUELLO QUE ACAPARA LA ATENCIÓN Y DESPUÉS NADIE

RECUERDA

Hace ya dos décadas, en 1997, se estrenaba la película que, en su momento, se hizo acreedora

del eslogan de: “la mejor película de todos los tiempos”, sí, “Titanic” se estrenaba en

diciembre de ese año, y su recorrido en todo el mundo dejó testimonio de ser un fenómeno no

sólo económico. ¿Cómo puede explicarse el “éxito” de creaciones de este tipo, cuya calidad,

en cierta forma, puede cuestionarse? Debo decir que como muchos, me rehusé

terminantemente a verla, pues al igual que a la película de Eugenio Dérbez 1: “No se aceptan

devoluciones”, le apliqué la parábola de la mierda y la mosca: <<La mosca busca la mierda,

cuando por fin la encuentra se posa sobre ésta, otras moscas observan y terminan haciendo lo

mismo, y todas dicen que está muy buena, sí, pero sigue siendo mierda…>> Claro, sobra la

comparación entre estas dos películas, y puede que en el caso de “Titanic”, haya elementos

para pensar que no es del todo un churro (ganó premios Oscar y Globos de Oro), pero ¿qué ha

ganado “No se aceptan devoluciones”?, y sin embargo: fue un éxito en taquilla. Lo que

finalmente deseo señalar es que en el caso de ambas producciones, como muchas otras:

acaparan la atención de las masas, éstas las entronan, pero después de un tiempo, nadie las

recuerda…

Gilles Deleuze habla de “líneas de fuga”, todo aquello que afecta a las masas, que crea

terrenos de reapropiación incluso existencial, algo así como “agujeros negros de atención”, y a

su vez: crean un movimiento de desterritorialización y re-territorialización social, con sus muy

características formas de hacerse presente, de incitar al devenir existencial de los individuos.

1
Cómico mexicano.

87
De esta forma, me atrevo a afirmar que el “éxito” de producciones como las mencionadas,

obedece a cierta lógica del orden de las sociedades; si bien hay todo un cúmulo de factores

implícitos, por ejemplo: la mercadotecnia, el carácter melodramático de las historias —que

mueven sentimientos básicos humanos—, su “trascendencia” obedece al estado propio de una

sociedad, lo más curioso es que asimismo como llegan a ser un boom, asimismo rápidamente

van dejando de martillar el inconsciente colectivo. Fácilmente lo podemos ver en el caso de la

película de Dérbez: a pocos meses de su éxito comercial, ¿quién se acuerda de ésta?; eso es lo

que pasa con los “agujeros negros de atención”: acaparan por un breve tiempo toda la

atención, pero por su mismo carácter, toda atención se fuga, y difícilmente podrán quedarse a

formar parte de algo realmente trascendente, digno de recordarse.

Hay muchos otros ejemplos de este tipo, pueden mencionarse otras películas, telenovelas,

series, situaciones con “artistas”, etc., etc., todo depende de la lógica con la que se estructura

una sociedad determinada. En el caso de nuestra sociedad mexicana es claro por qué los

melodramas tienen tanto éxito, acaparan la atención de “todos” y después se fugan, acaso

también hechos de la política y situaciones sociales como: asesinatos, violaciones, maltrato

animal, acoso… En fin, todo un cúmulo de realidades que reflejan fielmente el por qué, una

película como “No se aceptan devoluciones” haya tenido tanto “éxito” y después ya nadie se

acuerda ni comenta de ella.

Lo más triste es que como sociedad, tendemos a beneficiar a algunos a los que nada les

interesa el beneficio de la misma sociedad.

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ACERCA DE LAS ASPIRACIONES PROGRESISTAS ENTRE “PERDEDORES” Y

“GANADORES”

Hay un dicho que siempre me ha martillado: “Puedes sacar al muchacho del barrio pero no al

barrio del muchacho”, quizá precisamente por lo objetivo de estas palabras es que resultan un

tanto “incómodas”, ya que uno puede corroborarlas día a día. Hace años, acostumbraba poner

a leer a mis alumnos de matemáticas, sí, chavos que estudiaban ingeniería leyendo obras de

literatura “por encargo”, y finalmente: “por un punto” jejeje. Debo decir que hubo muchas

experiencias curiosas, como aquella vez en que un alumno se acercó a regalarme un ejemplar

de Padre rico, padre pobre, del “hombre que ha hecho a más hombres ricos en el mundo”:

Robert T. Kiyosaki; creo que resulta obvio que de entrada apliqué mi prejuicio, y sin embargo

comencé a hojearlo por curiosidad. En este sentido es que quisiera dedicar algunas palabras a

lo que entendemos por progreso, éxito, trascendencia…

El texto de Kiyosaki lanza una cuestión que de una u otra manera resulta interesante: ¿qué es

lo que le dice un padre pobre a su hijo, qué es lo que le dice un padre rico a su hijo? Lo que

me lleva de nuevo al dicho inicial: “puedes sacar al muchacho del barrio pero no al barrio del

muchacho”, y que a su vez, haciendo un paréntesis, lo complementaría con “mete a un rico al

gueto y de seguro morirá…” ¿Qué entienden por éxito y progreso los pobres, y asimismo los

ricos? La mayoría de los del primer tipo, si no es que todos, dirían que “tener dinero”; los del

segundo tipo, quizá que “mantener el status, acrecentarlo y tener poder”, la pregunta ahora

sería: ¿cómo lograrían eso? En cierta ocasión participé en un debate sobre lo que cada uno

entiende por logros, todo representante de estas “juventudes maquiavélicas”, criado en la

“ideología capitalista”, afirmaba que un logro es tener casa, auto, dinero…, es decir, un logro

89
está representado más en lo que se posee, lo que para un pobre sería precisamente sinónimo de

todas sus aspiraciones; para alguien un tanto más “romántico”, un logro se refleja en aquello

que haces: grados académicos, aportaciones, obras de creación…, lo que nos remite a la

cuestión: ¿cómo se logra el éxito, el progreso? A diferencia de lo que menciona Kiyosaki, creo

que cualquiera que conciba un logro en términos de la segunda categoría, de todos modos, por

default, obtendrá: dinero, casa, auto…, pero llevando a la práctica la fórmula de la felicidad a

la Russell: “lo que importa es el viaje, no el destino”; quien conciba el logro de acuerdo a la

primera categoría, quizá también logre su cometido, pero no es seguro que cumpla la fórmula

russelliana. En la actualidad se trata de “tener un buen trabajo” que garantice lograr todas

nuestras aspiraciones, sin embargo, ¿a costa de qué?, corriendo el riesgo de, como dijera

Martin Amis: “...todo mundo estaba siempre estornudando, moquiteando, tosiendo,

bostezando, sintiendo náuseas. Eran conscientes de que se sentían enfermos, pero no sabían

que se sentían así porque trabajaban en un edificio enfermo: pensaban que el motivo de su

enfermedad era la actividad que desarrollaban allí durante toda su jornada...”

Es cierto, resulta indignante ser “un pobre pendejo”, y éstos se encuentran en cualquier estrato

social, pero más triste es ser “un pendejo pobre” jejeje. Lo único que podría decir, si fuera un

padre pobre es “sácate al barrio del espíritu”, pero no se me malinterprete, no me refiero a

renegar de los orígenes, ni despreciar a la gente que es como uno, sino de emanciparse de todo

ese cúmulo de ideas, prejuicios, comportamientos… que precisamente llevan a alguien de

abajo a no progresar. Así como el barrio marca, el nacer en una “cuna de oro” también marca,

y llega a crear ideas, prejuicios, comportamientos… que resultan cuestionables; lo que hay que

aceptar es que ni todos los “pobres son buenos”, ni todos los “ricos son malos”, quizá en parte

será así en la medida de cómo entiendan cada uno lo que es el éxito, el progreso. Se puede ser

perdedor y estar arriba del estrato social, como se puede ser ganador sin poseer nada material.
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Si progresar para “perdedores” y “ganadores” sólo es “tener dinero”, con esto sólo puedo

pensar que el dinero es como una carta de suicidio, escrita por aquéllos que lo desean y no lo

tienen, por esos que alguna vez lo tuvieron pero que lo han perdido, o incluso por quien ya lo

tiene y siente pavor al pensar que puede perderlo. <<Dadme el jodido dinero y ya está>>, he

aquí un grito de batalla de la actualidad, aunque lo más curioso es que no necesariamente el

dinero lo vuelve a uno mejor persona, y sólo provoque rodearse de gente y objetos para llenar

un vacío con otro vacío.

PD Puedes ser un perdedor o un ganador, pero por favor no seas un vulgar, un deshonesto, una

mierda…

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SOBRE LA NECESIDAD DE CREER QUE LO QUE SE CREE ES VERDAD

Todos necesitamos certeza, sin duda alguna las incertidumbres nos provocan vértigo, sobre

todo un vértigo de carácter existencial. Nadie está exento de creer, sin embargo, un creyente

debe considerar que toda creencia posee una relación con la verdad, sea cual sea la concepción

que de esta última se tenga, por lo que: así como la creencia podría convertirse en un hecho, es

decir, “ser verdadera”, así también puede ser falsa, es decir, un creyente está obligado a

aceptar que su creencia podría ser falsa, pero ¿en realidad es así? Todos sabemos la respuesta

jejeje. Creer que es verdad lo que uno cree puede no ser una mala postura, de hecho es una

postura estupenda y “cómoda”, al menos nos da un “punto de amarre”, quizá, el problema

comienza con las razones que cada quien tiene para creer y/o mostrar que su creencia es

verdadera; tratemos brevemente sólo dos ejemplos:

(1) Puedo creer en Dios, en Cristo, Yahveh, Jehová, Alá… eso es estupendo, si eso a su

vez implicara que la sola creencia fuera una condición necesaria y suficiente para que

me volviera una buena persona y viviera en plenitud; si eso fuera así, entonces creo

que no habría razones para creer que dicha creencia no fuera verdad, lo cierto es que

hay tantas razones, basadas en hechos, que muestran que dicha creencia no es del todo

verdadera. Asimismo: ¿por qué para el creyente, todo aquel que no cree en lo que él

cree, está mal?, ¿por qué condena e incluso muchas veces persigue a los que no creen

en lo que él cree? Entonces, dado el hecho, de nuevo: quizá su creencia no sea del todo

verdadera. Un creyente puede dar sus razones para afirmar que aquello en lo que cree

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es verdadero, a pesar de que éstas sean un tanto ilógicas y carezcan de hechos

demostrables; finalmente pienso que el principal problema con cualquier religión es la

proliferación de distintas doctrinas, interpretaciones, prácticas, etc., que debilitan la

posibilidad de que realmente pueda alcanzar el estatus de verdad, es decir, el grado de

verdad de una creencia religiosa es inversamente proporcional al número de doctrinas

y/o arterias (sólo hay que ver el caso de tantas doctrinas de tipo cristiano); entre más

número de doctrinas, menos verdadera es la creencia, ¿acaso no si tengo buenas

razones para creer que lo que creo es verdad, las razones de los otros son exactamente

las mismas razones que yo tengo? Por tanto, queda anulada la posibilidad de que mi

creencia sea la verdadera dado que yo y los otros eliminamos las razones de cada

quien, por lo que lo más seguro es que tanto mi creencia como las de los otros sean

falsas (diarrea cerebral jejeje).

(2) Puedo creer que la medicina alternativa, las doctrinas prescriptivas, espiritualistas, etc.,

son un hecho y una verdad, quizá precisamente por su supuesta efectividad y

funcionalidad, aunque no pueda explicar completamente tanto coherente como

sistemáticamente por qué no es una creencia, y por qué funcionan, por lo que mi

creencia puede que no sea del todo demostrable. Los hechos nos han mostrado, por

ejemplo, que este tipo de creencias poseen un aura un tanto popular, es decir, por

ejemplo: la brujería, el chamanismo, etc., están más vinculados a grupos populares, de

escasos recursos; no se me malinterprete, me refiero más en cuanto a su “poder

curativo y malicioso”; las clases altas que practican la brujería, por ejemplo, tienen

motivos un poco diferentes a los de las clases populares. Caso similar al de aquellos

que creen, por ejemplo, en “el poder curativo” de chismes como las Flores de Bach o la

terapia con imanes, entre otras, hay que aclarar que éstas cuestan, casi como ir a ver a
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un especialista en medicina, por lo que no es tan fácil de costear para un creyente de

clases populares, a pesar de que su funcionalidad, de una u otra forma, radica también

en el poder de sugestión mental del paciente, así como lo hace la astrología y chismes

similares. Por tanto, un creyente en chismes como éstos, puede tener buenas y

respetables razones, a pesar de que no pueda demostrar completamente, con hechos,

que su creencia es verdadera, ¿Cuándo no hay cien por ciento certeza, puede entonces

considerarse dicha certeza como “falible”, y por tanto más cercana a la falsedad?

Las creencias también pueden existir en la ciencia y ser disfrazadas de verdad, sin embargo, es

mucho más claro y posible que dado su carácter de creencia, a la larga se pueda demostrar su

falsedad. En ciencia, a diferencia de las creencias mencionadas líneas arriba, o algo es

verdadero o es falso, y siempre podrá demostrarse con certeza lo uno o lo otro.

PD Todos podemos tener buenas razones para creer en algo, sólo que esas razones no

necesariamente justifican la verdad de la creencia, sólo pueden acrecentar su estatus de

creencia, más cuando su supuesta verdad se encuentra tan lejos de la realidad…

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ACERCA DE LA IMPORTANCIA DE LA IDENTIDAD GENERACIONAL

“Los viejos tiempos/fueron los nuevos tiempos/Los nuevos tiempos/serán los viejos

tiempos…” Sirvan de pretexto estos versos del excelso juglar urbano Jaime López, para

dedicar unas breves palabras a un asunto que, cuando eres joven, crees que nunca culminará;

cuando eres adulto intentas aferrarte a éste (ya sea de manera contradictoria o verdaderamente

madura); y cuando eres viejo quizá lo veas con nostalgia y a veces con tristeza: la identidad

generacional.

Hace unos años, en una de esas borracheras épicas, a la par de las primeras luces del

amanecer, un compañero de juarra se puso en el “banco de los acusados” e intentó

“confesarse” con un amigo y conmigo: “ya estamos rucos —decía—, en el barrio algunos

chavos me dicen <<don>>, y la neta no me gusta la música que escuchan los chavos…”,

finalmente, atinó a decir: “pensé que esto no iba a pasarme a mí…” Debo decir que mi

compañero de naufragio y yo sólo nos miramos con incredulidad y con cara de <<¿y a este

güey qué le pasa?, ¿pues qué no sabía que la vida “no es más ni menos que eso, es sólo

eso”?>> En fin, lo que de entrada quisiera señalar es que considero que quien piensa y siente

así, como aquellos que padecen el “síndrome Peter Pan”, entre otros, puede que sean los que

menos poseen identidad generacional, los que menos tienen conciencia histórica. Digo, claro

que no creo que a alguien le agrade envejecer, pues no es lo mismo pretender mantenerse

joven con ejercicios, dietas, tratamientos, etc. (si se logra eso pues estupendo), que tratar de

mantenerse joven a través del comportamiento, el estancamiento… Envejecer es inevitable;

madurar, como disfrutar el momento específico en el que se vive, eso sí es opcional.

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Tengo excelentes amigos y amigas que se mantienen jóvenes física y espiritualmente, pero

para nada pretenden comportarse como lo hacían hace 10 o 15 años, y han afrontado su edad

adulta con madurez, hasta ni siquiera tienen que preocuparse por cuestiones materiales;

aunque también conozco a algunos que se aferran a seguir en el <<sexo, droga y rock &

roll>>, a la manera de un chavo veinteañero, y a veces hasta adolescente, y además: ¿dónde ha

quedado la identidad generacional de estos últimos cuando no son capaces de afrontar con

“tanates” el momento que les toca en turno? Muchos de ellos lloran internamente, por algo se

comportan como lo hacen. Los “tíos rucos buena onda” siempre han existido, lo curioso es

observar cómo hay contemporáneos que pretenden autodefinirse así a perpetuidad, no se

malinterprete lo que digo, ser pachanguero, tener un corazón joven y libre es bueno, claro que

sí, el problema comienza cuando el espíritu se va llenando de “llagas de juventud”, de esas

asociadas a los momentos del “hubiera hecho…”

En mi caso, para nada quisiera regresar a la época de secundaria o vocacional para “aventarme

los cotorreos que no me aventé”, los mejores momentos de aquella época están en la memoria,

los peores no existen. La identidad sólo se adquiere caminando a pasos de gigante, y eso

implica estar bien seguro de lo que sí se hará toda la vida, y no creo que eso pudiera ser el

<<sexo, droga y rock & roll>>, pues al menos que seas Mick Jagger o Lou Reed jejeje, es que

puedes rockear, charanguear, andar en Raves o metalear toda tu vida, aunque quién sabe. Lo

importante es cómo asumes en cada momento la manera en que “el mundo se te viene

encima”.

Dicen que cuando eres joven no “escuchas a tu cuerpo”, y cuando vas envejeciendo cada vez

lo escuchas más, por algo madurar es aprender a escuchar mejor y entender mejor al cuerpo.

En la adolescencia y juventud, las masturbaciones son más corporales que espirituales, el

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problema es que en la madurez siga siendo así, e incluso se acrecienten las masturbaciones

espirituales jejeje. Tener identidad generacional es reconocer a qué generación perteneces, y

disfrutar y asumir cada época en turno, esto es: vivir en armonía con cada generación y con la

propia, e incluso disfrutar lo extraordinario que las nuevas identidades generacionales ofrecen,

pues a su vez: “los nuevos tiempos, serán los viejos tiempos…”

PD A la sazón del maestro “Tomás Esperón” (Tom Waits) es un <<Rain Dog>> el que habla.

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SOBRE LAS VICISITUDES DE LOS AUTOPROCLAMADOS “DISCURSOS DE

VERDAD”

Existe un fenómeno muy característico de estas llamadas sociedades de la información y la

comunicación, pues si bien, los “discursos de verdad” generalmente siempre han sido producto

de aquellos grupos hegemónicos, actualmente hemos asistido a una especie de dispersión de

los espacios de proliferación de dichos discursos, tal que podemos identificar una

característica muy específica de los ahora autoproclamados “discursos de verdad”: la

denuncia. Menciono lo anterior sobre todo en relación con el hecho de que, aparentemente,

debido a que en la actualidad todos poseemos ciertos espacios donde es posible expresarnos,

de manera que muchos pueden opinar sobre algo, además de compartirlo, comunicarlo…, en

muchos de los casos, ese algo puede que no diga casi nada.

Hannah Arendt anunció la “banalidad del mal”, una especie de pérdida de sensibilidad ante las

manifestaciones más funestas de la maldad, donde el holocausto resulta un “punto de

inflexión”. De aquí que, haciendo una analogía, resulta que en muchos aspectos hemos ido

perdiendo cierta sensibilidad ante la verdad. Bertrand Russell recomendaba “apegarnos a la

verdad” en todo lo que tenga que ver con nosotros, pase lo que pase, y a pesar de que la verdad

resulte inconveniente: ¿qué hemos hecho como sociedad frente a toda manifestación de la

verdad, cuando en la mayoría de los casos, mostrarla resulta ser poco trascendente dada la

insensibilidad de la que hablábamos líneas arriba, en el caso de la maldad? Hemos aprendido a

configurar discursos de verdad representados en términos de denuncia, con lo que paso a paso

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van adquiriendo su legitimidad, una legitimidad, creo, que en ciertos aspectos puede resultar

sospechosa.

- Denunciar la matanza de animales, el robo de los políticos, el maltrato del

ecosistema…, es bueno, siempre y cuando la información contenida en la denuncia sea

veraz. Como en el proceso de justicia, una denuncia no puede considerarse de entrada

verdadera, ya que podría demostrarse que ésta es falsa… No estoy en contra de

denunciar hechos como esos, pues claro que debe hacerse, lo curioso resulta en la

presentación del discurso auto legitimado como verdadero a partir de que se está

denunciando. Por ejemplo, ¿a cuántos hemos conocido que creen que denunciando tal

hecho en su blog, su muro o su twitter ya han pagado su “cuota de buena consciencia”,

y por tanto, están apegados a la verdad?

- Denunciar las atrocidades de los gobiernos o la pedofilia del clero es necesario, hacerlo

en pos de alterar el orden y crear furia en la sociedad quizá no sea una actitud cercana a

la verdad. De nuevo, no se me malinterprete, cada quien actúa en términos de lo que le

dicta su consciencia, aunque su consciencia sólo comience y termine en el “mundo

virtual”.

- Desde hace mucho, los discursos de izquierda han ido perdiendo su legitimidad de

“estar apegados a la verdad”, aunque lo que no han perdido es su carácter denunciador,

de aquí lo sospechoso de su autodenominada legitimidad.

- Los discursos de derecha han configurado una actitud clientelista, saben que cuando su

denuncia ha de disfrazarse de verdad, ésta debe sobre todo denunciar las

inconsistencias de los demás discursos, por algo les resulta fructífero asumir la actitud

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de “al cliente lo que pida…, es el que manda”, y el cliente siempre se determina en

términos de cómo se desenvuelve una sociedad.

Denunciar no es lo mismo que dar información veraz, estar informado no es lo mismo que

saber, comunicar no es lo mismo que concientizar… Cada uno de nosotros, en estos medios

tecnológicos de la información y la comunicación, creemos haber adquirido una legitimidad

por derecho propio, que aparentemente nos coloca como “sujetos de verdad”, sobre todo

cuando denunciamos. El problema comienza cuando actuamos como un “sistema de control”

donde la entrada es lo mismo que la salida (E=S), donde quizá la “función de transferencia”

resulta ser lo más banal que existe, basta con echar un vistazo a los temas, en los que la

mayoría de nosotros nos interesamos y comentamos. Entonces, ¿conducimos nuestras acciones

y discursos con apego a la verdad, cuando ni siquiera somos capaces de decirnos y de decir la

verdad sobre nosotros mismos?

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SOBRE LO COTIDIANO Y TRIVIAL

Hay veces en que uno necesita de lo simple y cotidiano para retomar nuevos bríos.

Precisamente de eso también se trata el asunto de la vida. Hace un tiempo, instaba a un

grupo de conocidos y colegas a trasladar ciertas discusiones (que difícilmente solemos

tener frente a frente) al espacio de la red, es decir, si generalmente cada vez que nos vemos

para echarnos “unas frías” o cuando fumamos y platicamos en la chamba, sólo hablamos

de trivialidades, ¿por qué no destinar parte del espacio mutuo de las redes sociales para

hablar de “temas chonchos”? Jejeje, debo decir que no se logró nada, pues a pesar de que

ellos, como bien creo también muchos de mis contactos de otros contextos (artistas,

músicos, científicos, académicos, ingenieros…) realizan cotidianamente actividades que

resultan interesantes y “chonchas”, parece ser que la mayoría, si no es que todos, prefieren

no hablar a profundidad de lo que supuestamente es lo que refleja su “lugar en el mundo”.

Parece ser que la gran mayoría prefiere utilizar las redes sociales para trasladar las mismas

discusiones triviales y autocomplacientes que suele llevar a cabo en su vida cotidiana.

Llegados aquí, la cuestión no es si eso está bien o mal, sino ¿qué tan bien está? A la sazón

del maestro Leonard Cohen: comparar mitologías es un excelente “tónico existencial”, más

cuando, dejando a un lado a mi grupo de amigos con los que por default sé que tengo

“completa afinidad”, y que en algunos casos, son del mismo tipo de conocidos con los que

suelo juntarme en el trabajo, ¿por qué no me atrevo, al menos tantito, a salir de mi “terreno

de confort”, para interesarme por rollos y temas distintos a los de mi cotidianidad? Lo digo

principalmente por las características de los diálogos que muchos de mis contactos tienen

con su grupo de amigos, con las mismas afinidades, en donde tal diálogo se convierte en

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un “juego autocomplaciente de espejos”, donde sólo nos dedicamos a alabarnos

mutuamente, de ahí la tendencia a “para nada salirme de mi terreno de confort”, digo, si

también en las redes vamos a dialogar como lo hacemos “en vivo”, pues… “estupendo”,

jejeje.

Lo trivial y cotidiano es necesario, como lo profundo y espeso también, el punto no tiene

que ver con solemnidades, sino con apertura, no tiene que ver con que a alguien le interese

hablar de Laura Bozzo y yo lo repudio, y por eso mejor me repliego con mis “amigos

afines”, el punto tiene que ver con aprovechar verdaderamente las potencialidades del

intercambio de información y la efectividad de los lazos comunicativos.

Finalmente, cada quien sabe en qué ocupa su tiempo, lo curioso es que ni siquiera de las

trivialidades y cotidianidades resulte posible hablar a profundidad jejejeje.

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ACERCA DE NUESTRA TENDENCIA A DISFRAZAR LA ENVIDIA DE CRÍTICA

Dicen por ahí que con un poco de esfuerzo, puedes convencer a un pendejo y obtener su

aprobación, pero a un envidioso nunca. Y es cierto, aquéllos que ponen mucha atención en lo

que alguien hace o no hace, corren el peligro de convertirse en envidiosos en potencia, son los

mismos que suelen criticar cualquier logro ajeno, incluyendo sobre todo los logros de alguien

que ni conocen, de alguien que acaso ha logrado la fama y el éxito, o ya los tenía, pero ha

experimentado algún cambio radical, cosa que en muchos de los casos los “clubs de fans” no

aprueban, y por algo ejercerán la crítica, a pesar de que en el fondo la envidia comienza a

corroerles el espíritu, pues una vez más, aquél al que admiran ha demostrado tener una

completa libertad de acción, y sobre todo: éxito.

Con respecto a lo que se entiende por crítico y por envidia, es bueno recurrir a la definición de

Ambrose Bierce en el Diccionario del Diablo:

-Crítico s. Individuo que se vanagloria de lo complicado que es satisfacerlo, porque nadie

pretende satisfacerlo.

-Envidia s. La emulación que se adapta a la capacidad más ruin.

De aquí que, con respecto a lo primero, me vienen a la mente lo que experimenta el fan de una

figura pública cuando ésta adquiere más y más fama y fortuna con algo que, según, el fan no

aprueba.

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Curiosamente, por ejemplo, muchos de los que alababan la obra de Alfonso Cuarón, sobre

todo con la excelsa adaptación de “Niños del hombre”, título homónimo de una novela de P.D.

James, ahora se han vuelto críticos del director, a partir de su “entrada a la academia” con

“Gravity”, por las nominaciones y los “Golden globes”. Digo, se puede tener calidad y

volverse parte de un cierto “status quo”, que no es lo mismo no tener calidad y ser parte del

mismo “status quo” pero no ganar ningún premio, ni siquiera nominaciones (¿les recuerda

algo las películas de muchos otros pseudo directores?). El punto es que puede surgir la envidia

disfrazada de crítica puesto que el crítico puede asumir una actitud bastante ruin, a partir de su

supuesta no satisfacción.

De lo anterior retomo un caso curioso en las letras. De unos años para acá Alejandro

Jodorowsky se ha “encumbrado” como un gurú, sobre todo mediático, con su técnica de

“sanación espiritual” llamada psicomagia, por lo que una gran mayoría de quienes, en su

momento amaban sus películas y sus demás obras como los cómics, ahora reniegan de él, lo

critican abiertamente, lo llaman hasta fantoche; primera cuestión, si tanto nos molesta el nuevo

rumbo de Jodorowsky, ¿por qué le ponemos atención, por qué criticarlo, más cuando en su

nueva faceta, su número de fans aumenta y aumenta? Cuando algo no me interesa o desagrada,

simplemente no le pongo atención, o ¿no?, así dejará de existir para mí, y sólo me quedaré con

lo mejor de ese alguien a quien en un tiempo admiraba. Pero entonces, el caso así planteado,

¿qué tiene que ver con la envidia? Hace falta decir que simplemente tiene que ver porque nos

molesta que alguien tenga éxito con algo que no nos satisface, de ahí nuestra conducta a

envidiar, que puede volverse ruin.

Finalmente, casos como los anteriores son muy comunes en los autoproclamados “círculos

intelectuales”, donde muchas veces, la altura moral, y a su vez, la autoridad intelectual y de

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trascendencia del crítico y envidioso está por debajo del sujeto a quien critica y envidia. Pero,

¿qué pasa cuando el crítico y envidioso, aparentemente, se encuentra por arriba del sujeto que

critica? De esto surge un problema ético, pues la envidia puede crecer y crecer en la medida de

que, el sujeto al que se envidia, y se cree por debajo de uno, obtiene mucho de lo que uno

desearía, de aquí, de nuevo, que la crítica que se lleva a cabo pueda llegar a ser bastante ruin.

Podemos envidiar y criticar, cuando ello nos incite al movimiento, aunque veo muy raro y

poco fructífero que se pueda envidiar a un pendejo jejeje, a pesar de que éste obtenga algo que

deseábamos. Lo triste es que en nuestra sociedad es muy común la envidia y la crítica, la

primera muchas veces hasta con fundamentos ficticios; la segunda, generalmente sin

fundamento. En la envidia y la crítica, lo único que hacemos es atentar contra nosotros

mismos, pues resulta que como nadie, ni nosotros mismos nos ocupamos de nosotros mismos,

por eso nos ocupamos de los demás.

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¿QUÉ CLASE DE ESCRITOR SE DESEA SER?

Hace algunos años, en una de esas “fiestas ácidas” muy comunes del círculo intelectual y

contracultural en el que me solía desenvolver, llegué a intercambiar ciertas impresiones con

algunos compañeros de naufragio, en torno a la clase de escritor que proyectábamos ser; debo

decir que uno de los puntos en los que la mayoría coincidimos fue que en general existen dos

tipos de escritores: los que se la pasan en presentaciones, fiestas y eventos literarios, y que

bien o mal, en algún momento habrán de publicar algo, pues precisamente esos conectes que

encuentran en los contextos donde cotidianamente suelen moverse, los llevarán de una u otra

forma a publicar, aunque hay algunos que no lo harán porque para ellos “la literatura sólo es

un pretexto para echar desmadre, es decir, sólo es como una música de fondo”; y están

también los que, a “salto de mata”, entienden que lo que más les importa es su obra, y

adquirirán la voluntad férrea a la usanza del maestro Cesare Pavese, y podrán afirmar como él:

“Ahora todas mis energías estarán dirigidas a la creación”, es decir, se “harán atar a la silla,

para seguir transformando en potencia su voluntad de trabajo.”

Pongo un ejemplo muy claro de lo que digo. A principios de siglo, siendo ya no un joven

universitario, decidí estudiar, después de pensarlo por varios años, en una de las escuelas que

ofrecen ciertas condiciones para volverse “escritor en potencia”, y debo decir que un viejo

amigo de la facultad de filosofía y letras me recomendó que “no tirara mi dinero”, que pasar

por dicha escuela era pérdida de tiempo; bueno, lo decía alguien que en nuestra etapa

universitaria escribió uno que otro cuento, y que ahora parece que es editor. Lo que deseo

señalar es que si bien, en dicha escuela conocí a gente muy loca y chida, que por algo

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estudiaba literatura jejeje, la mayor parte de todos ellos parece que ya no escriben; aquí, el

punto es que precisamente, algunos de ellos son del tipo de escritor de la primera categoría del

que hablaba líneas arriba, no así algunos otros, que sin andar en reuniones ni en círculos

intelectuales como prioridad, ya han publicado alguna novela, algunos textos o poemas, y

siguen, como uno, en “pie de lucha”. Llegados aquí, una vez en dicha escuela, uno de los

profesores de guion nos hizo la pregunta: “¿quién de ustedes ha escrito profesionalmente?”,

debo decir que como no entendí la pregunta, alcé la mano para a su vez preguntar: “¿a qué se

refiere con escribir profesionalmente?”, finalmente, el profesor sólo se refería a “cobrar por

escribir”, y vaya, si eso es escribir profesionalmente hasta parecería que muchos de los que sí

son escritores, quizá no sean del todo profesionales jejeje.

El escritor es escritor porque escribe, no creo que alguien con un mínimo de cordura pueda

decir que un ensayista o columnista es menos escritor que un novelista o un poeta; o que

escribir guiones como Charlie Kaufman, o lo que escribe el maestro Alan Moore, los hace

menos escritores. El hecho es escribir, el éxito y la difusión de la obra escrita es otro asunto.

Claro que no conozco a nadie cuya carrera literaria haya sido tan vertiginosa como la de

Veronica Roth jejeje, sin embargo, hay calidad en la mayoría de escritores que conozco,

bueno, los que corresponden a la segunda categoría especificada líneas arriba.

A estas alturas, es innecesario preguntarse “¿qué escribir?”, el trayecto que cada quien ha

seguido da la respuesta precisa. Recuerdo que yo quería escribir narrativa, y si bien, sí la he

escrito (cuentos, una novela y otra trunca, sin publicar), hay que tener el valor para reconocer

que no se cuenta con el talento, la fortaleza y la disciplina para hacerlo, aunque a pesar de ello

me aferro a terminar mi segunda novela; el año pasado se publicó mi primer libro de poesía,

pero sé que mi camino está en el ensayo (ya publiqué dos libros), los proyectos están en pie,

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unos en proceso, otros a futuro, pues precisamente se debe escribir en el “espacio literario”

donde más se sienta uno a gusto. He visto cómo algunos que en su juventud eran poetas, en su

madurez se vuelcan a la narrativa. Lo cierto es que debo decir que ya no ando en esas “fiestas

ácidas” ni en reuniones literarias, pues creo que lo importante es que la obra se escriba, no las

acciones, pretensiones o aspiraciones, a veces egocéntricas y hedonistas, del escritor.

Desde hace décadas, he creído que, entre muchas cosas, la literatura ayuda a resolver vidas y a

su vez, es una potencia existencial, aún lo sigo creyendo, pues como tantas cosas

extraordinarias que existen, puede que no dé para vivir, pero cómo alimenta…

PD Sólo es una visita al “confesionario” de un pretensioso “artista de mierda” jejeje.

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¿PROBAR DROGAS O HABERLAS CONSUMIDO IMPLICA TENER MENOS

ALTURA MORAL?

Recuerdo que en mi infancia, la gente del barrio solía catalogar a los “mariguanos” como

gente indeseable y violenta, entre otros apelativos de los cuales los señores alcohólicos,

mañosos y malvivientes estaban excluidos, es decir, ser alcohólico y flojo no era tan mal visto

como ser drogadicto. De aquí que creo que para una sociedad tan contradictoria como la

nuestra, decir incluso que uno ha probado las drogas implica que la mayoría nos comience a

mirar con “otros ojos”. No creo que alguien se deba sentir mal o ser reservado en cuanto a sus

“hábitos incómodos” o acaso tropiezos, personalmente, cuando me han preguntado “cuál es mi

experiencia con las drogas”, sólo atino a decir la verdad: amplia; y es que me encanta observar

los rostros de los interlocutores, pues en la mayoría de los casos, su opinión, percepción y

experiencia para con los “paraísos artificiales”, está más que tergiversada y llena de prejuicios,

pero sobre todo: es bastante nula.

A estas alturas del “asunto”, puede que sea más recomendable tratar determinados temas con

“guantes y pinzas”, en lo oscurito, sobre todo por aquello de “la reputación”, ya que se corre el

riesgo de que lo perciban a uno como una mala influencia, pues como diría Antonio

Escohotado: “En efecto, muchos conciben hoy el uso de ciertas sustancias como una nueva

forma de pecado, y los códigos tipifican esa conducta como una nueva forma de delito.”

Precisamente, muchos códigos sociales tipifican ciertas conductas en relación a determinados

aspectos con los que el individuo “suele hacerse presente en el mundo”, vaya, hasta parecería

que sólo porque las drogas están fuera de la ley, y lo digo en su sentido más lato, es que todo

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aquel que tenga contacto con éstas, al menos mínimamente, adquiere una condición moral que

está por debajo, por ejemplo, de la de cualquier individuo que se consume la vida y la de sus

seres queridos con el alcohol o el tabaco.

Llegados aquí, y haciendo un paréntesis, tengo que reconocer que no recomiendo ninguna

droga, pero que, si es que puede considerársele droga, la única droga que sí recomendaría es el

peyote, pero únicamente si su consumo se lleva a cabo con todo el ritual, y obviamente en el

desierto, sólo así puede vivirse algo tan extraordinario.

Las drogas destruyen, es cierto, apendejan, puede que sí, pero en la mayoría de los casos sólo

a aquéllos que no están hechos para ello, y me refiero solamente a que si uno trae en las

entrañas la destrucción, ya sea justificándola con tragedias, abandonos o depresiones, lo más

seguro es que conseguirá lo que busca, y lo hará ya sea con drogas o alcohol, comida,

obsesiones, etc. Como dijera el maestro Burroughs: “Las drogas no dan bienestar ni felicidad a

quien las consume, son una forma de vida, insertan en el adicto una fórmula básica, el álgebra

de la necesidad.” Hay que tener fortaleza para entrarle a cualquier droga, si no es así, lo más

seguro es que la droga, sea cual sea de la que se quede uno prendado, acabará contigo, y con tu

bolsillo, sobre todo las sintéticas como la cocaína, el crack, la ketamina… Pero precisamente

esa misma fortaleza, si se cuenta con ella, es la que dará la cara y permitirá mostrarse al

consumidor de drogas, como alguien que no tiene ni menos moral, ni es un delincuente, ni

nada que se le parezca, y que de ninguna manera, la droga podrá más que él. La experiencia

me ha mostrado que muchos de los que condenan a las drogas o al consumidor, tienen menos

altura moral y, a veces, hasta resultan ser personas menos productivas.

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Cabe aclarar que no pretendo ser un defensor de las drogas, ni mucho menos del consumidor,

sólo deseo señalar que al consumir una o más drogas, no se adquiere una condición moral

menor, pues el ser una persona ética, sólo está relacionado con la naturaleza de nuestros actos,

y hay tantas personas, acaso de buenos hábitos, cuya conducta es por demás cuestionable. Sólo

puedo decir, también dada mi experiencia, que las drogas pueden dar algunas respuestas y

hacer que nos “caigan veintes”, ya sean buenos o malos, pero que para nada podrán resolver

vidas, pues incluso se corre el riesgo de caer en la miseria humana más aterradora. Por ello:

sólo los que poseen verdadero temple pueden internarse en la “caverna de las drogas” y salir

de ésta para contarlo.

PD Yo por el momento sólo puedo decir que de mis experiencias con las drogas, las mejores

fueron con la mescalina y el LSD, las peores con el crack y la cocaína, y a la que más le tengo

cariño es a “maryjane”.

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¿PUEDEN LAS REDES SOCIALES FOMENTAR EL ESNOBISMO?

En el capítulo 4 de Rayuela, Oliveira escucha en boca de la eterna Maga, una extraordinaria

definición de un esnob:

“Oliveira escuchaba sin ganas, lamentando un poco no poder interesarse; [...] mientras la

Maga explicaba por qué Chempe y Graciela eran buenas chicas, y cuánto le había dolido que

Luciana no fuera a despedirla al barco, Luciana era una snob, eso no lo podía aguantar en

nadie.

-¿Qué entendés por snob? -preguntó Oliveira, más interesado.

-Bueno -dijo la Maga, agachando la cabeza con el aire de quien presiente que va a decir una

burrada- yo me vine en tercera clase, pero creo que si hubiera venido en segunda Luciana

hubiera ido a despedirme.

-La mejor definición que he oído nunca -dijo Oliveira.”

Y sí, de las redes sociales se ha dicho mucho, aunque cada vez descubrimos que nada es

suficiente, pues es un fenómeno humano enteramente propio del presente siglo, con el que

hemos ido avanzando a la par. Precisamente es que quisiera dedicar unas breves palabras a

algo que ya existía en el ámbito de las relaciones humanas, pero que dadas las posibilidades

expresivas, comunicativas e incluso imitativas, que permiten las redes sociales, puede que

vaya en repunte: el fenómeno del esnobismo.

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Un esnob es la persona que imita conductas propias de una clase social y/o intelectual distinta

a la suya, y por ende, que considera superior a la suya, por lo que tiende a despreciar a los de

su clase o a los que considera de “clase inferior”. ¿Cuántos de nosotros no hemos conocido

personas así?, ¿cuántos de nosotros hemos visto aflorar ese esnobismo en nuestros conocidos

(de la vida real) una vez que los vamos conociendo por las redes sociales? Siempre he dicho

que ser superficial no es lo mismo que gustar de lo superficial, pero si uno va a imitar

conductas, gustos e incluso ideas de otros, ¿por qué ha de hacerlo superficialmente, y a su vez,

por qué imitar mezquinamente lo mezquino de otras clases? Llegados aquí, debo aclarar que

presiento que las redes sociales pueden contribuir a volverse un esnob. Si por ejemplo observo

que algún amigo virtual se comporta, posee cosas, piensa, etc., todo lo que yo desearía, y por

mi sentido de pertenencia, comienzo a mostrarme que soy y pienso como él. Aunque el

fenómeno es todavía más curioso: ¿a cuántos no conocemos que en persona son tímidos o

poco intelectuales, pero en la red son los más aventados y sabios?, ¿a cuántas y cuántos no

conocemos que se dedican a subir y subir fotos en sus mejores poses, sólo para atraer la

atención de cierto tipo de hombres o mujeres a los que en persona no podrían ni mirar a los

ojos?, ¿cuántos no usan las redes sociales para burlarse y criticar conductas, creencias y hasta

la imagen de personas de clase popular, pero curiosamente éstos mismos pertenecen a dicha

clase, y viven en colonias populares? Estos últimos abundan, y suelen crearse un círculo de

personas como ellos, pues siempre buscarán estar en un terreno de confort, donde su

esnobismo se potencie más y más.

El esnobismo es muy común en los círculos intelectuales y/o artísticos; la verdad es que

siempre me he divertido al ver los rostros de algunos esnobs cuando uno les revela su gusto

por ciertas nimiedades o infamias, que a ellos mismos, precisamente por su esnobismo, les

113
resulta inconcebible aceptarlas. Digo, gustar de cosas finas, excéntricas o intelectuales y

artísticas no es propio de una clase social e intelectual privilegiada, se puede estar debajo de la

escala social, pero ser como un verdadero “príncipe”, que nada tiene de esnob porque no imita,

pues sus gustos e intereses los trae en las entrañas. Se puede estar arriba de la escala social e

intelectual y no necesariamente ser mezquino, además de gustar de nimiedades e infamias.

Como dicen por ahí, “las personas de quinta se juntan con personas de quinta, las de primera

con personas de primera”, ¿podrá aplicarse eso mismo en las redes sociales?, porque si es que

tenemos amigos esnobs creo que ya es tiempo de aplicar el “eliminar de la lista de amigos”, no

sea que se termine por ser salpicado de “paisajes humanos” que atentan contra nuestra

individualidad y otras instancias.

PD Creo que las redes sociales están llenas de esnobismos, basta ver los temas, las imágenes,

los juicios, diálogos, intereses, etc., de muchos, nunca es tarde para hacer una depuración de

nuestra red de amigos virtuales.

114
¿PUEDE LA IDIOSINCRASIA SER UN “ARMA DE DOS FILOS”?

Una de las imágenes que considero más interesantes sobre nuestra idiosincrasia, es la

planteada por Roger Bartra en su libro La jaula de la melancolía, donde se presenta al

mexicano como un ajolote, un singular ser que se rehúsa a metamorfosearse, y que vive

envuelto en su jaula de la melancolía. Independientemente de si se puede o no estar de acuerdo

con Bartra, o con cualquiera que ha llevado a cabo estudios similares, pues algunos críticos

consideran que gran parte de los estudios sobre la idiosincrasia del mexicano constituyen un

conjunto de imágenes y estereotipos creados por cierta intelectualidad, creo que la principal

característica que nos define es nuestro carácter contradictorio, donde a veces la idiosincrasia

nos fortalece, pero a su vez, y desgraciadamente en gran proporción, nos debilita, por algo

nuestra realidad es como es.

Llegados aquí, recurramos a una metáfora: cada quien lleva cargando una “prótesis de sí

mismo”, esa imagen propia que intentamos crear y cultivar, es decir: el individuo que

proyectamos ser, y que precisamente nuestras acciones, percepciones, creencias, valores,

conocimientos, etc., son los encargados de ir permeando. De esta manera, ¿puede nuestra

idiosincrasia atentar contra dicha prótesis, o puede contribuir a que ésta cada vez se haga más

presente en nuestra realidad? Claro, todos sabemos qué hacer, sabemos lo que es bueno

cultivar, qué valores y principios asumir, sin embargo, en gran proporción pocos son los que

verdaderamente actúan. ¿Será que lo contradictorio de nuestra cultura juega su rol específico,

en conjunción con la realidad que hemos estructurado? Por algo en muchos de los casos se

cumple la premisa: coloca a un individuo en una situación y contexto, le sean éstos

115
convenientes o no, y aflorará su esencia, es decir, siempre se manifestará lo que

verdaderamente es; de aquí que en el caso de nosotros, en ciertas situaciones, tendemos a decir

algo y hacer lo contrario, y viceversa. Así, la idiosincrasia claro que puede ser un arma de dos

filos, y el problema no es si se pertenece o no a una cultura contradictoria, el problema es lo

que se suscita cuando muchos de los aspectos básicos de esa idiosincrasia se oponen a la

universalidad del individuo. Me refiero únicamente a ciertas costumbres propias de nuestra

cultura, que impiden al individuo insertarse y desenvolverse adecuadamente en otra cultura, en

una sociedad distinta.

Andrés Openheimer, en su libro Cuentos chinos, plantea una pregunta interesante: ¿qué hace

que unos países progresen y otros no, cuando éstos se encuentran en las mismas

circunstancias?, y una de sus respuestas es que en los países que progresan, las personas sí

confían en sus instituciones, jejeje, sería inocente decir que creemos en nuestras instituciones,

sin embargo, sólo hay que ver que nuestra idiosincrasia nos ha llevado incluso a no confiar en

quienes confían en las instituciones. He aquí lo contradictorio de nuevo, pues no confiamos en

los políticos, en la educación, en la ciencia, en el arte, en los servidores públicos, etc., etc.,

pero sí llegamos a confiar en la palabra de un pastor, de un vecino, de los “comunicadores” de

la televisión, los que pertenecen a cierto tipo de instituciones medio “macabras” jejeje.

Quizá, dadas todas esas contradicciones, que llegan a convertir a nuestra idiosincrasia en un

arma de dos filos, y por un afán realista, no pesimista, sea conveniente asumir la postura del

gran José Emilio Pacheco, en su poema “Alta Traición”, y quien hace más de un año partió de

nosotros:

116
“No amo mi patria. /Su fulgor abstracto/ es inasible. /Pero (aunque suene mal) / daría la vida/

por diez lugares suyos, /cierta gente, /puertos, bosques de pinos, /fortalezas, / una ciudad

deshecha, /gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, /montañas/ -y tres o cuatro ríos”.

PD ¿Hay todavía lugar para sentirse orgullosos de ser mexicanos? Yo creo que sí, pero dicho

sentimiento debe estar fundamentado en la coherencia de nuestro día a día…

117
ACERCA DE LA BANALIDAD DE NUESTRAS PERCEPCIONES Y ACCIONES

Hace unos días leía una crítica sobre cómo muchos de nosotros, que pretendemos ser

solidarios y conscientes; que somos capaces de ir a apoyar en una marcha o protestar frente a

la embajada, las causas de “nuestros hermanos” de Ucrania o Venezuela; y asimismo,

difícilmente apoyamos o nos indignamos ante la situación de nuestro propio país… Lo

anterior podría sonar a reproche o queja, incluso hasta conlleva cierto tono amarillista, sin

embargo, no deja de ser objetivo y cierto, y creo que tiene mucho que ver con nuestra

idiosincrasia y las condiciones actuales de nuestra sociedad.

Tomo el caso anterior de pretexto para reflexionar sobre la manera en que nuestra sociedad ha

producido individuos que actúan y perciben banalmente.

Cuando uno lleva años tratando de enseñar algo que considera importante a personas que

muchas veces no están interesadas, —y lo digo como profesor de nivel universitario y que ha

impartido materias de distintas áreas como matemáticas, física, historia, filosofía—, por lo que

es importante ir descubriendo distintas estrategias para hacer que los jóvenes se involucren y

comprendan la trascendencia de lo que se les está tratando de enseñar, independientemente de

si les gusta o no; por ello es que lo más importante, creo, es lograr la autoconsciencia, es decir,

que los jóvenes estén conscientes de que están conscientes. Digo, muchos estamos conscientes

de muchas cosas, pero creo que dicha consciencia sólo se traducirá en acciones coherentes

cuando se adquiera la autoconsciencia, y ésta implica a su vez una constante autocrítica.

Llegados aquí, ¿cómo una sociedad tan contradictoria, en todos sus extractos sociales, puede

producir individuos verdaderamente autoconscientes, cuando ni las mismas universidades los

118
producen del todo? Hace varias décadas, todavía en los 80’s del siglo pasado, permanecía en

muchos de los jóvenes universitarios un aura socialista, ahora sólo predomina un espíritu

materialista, que comanda sus consciencias y acciones, a pesar de que todavía haya muchos

“idealistas” que pretenden cambiar el mundo. ¿De aquí el por qué nuestras percepciones sobre

la realidad que nos comanda, son banales, y par algo, actuamos banalmente? Siempre lo he

dicho: el contexto en el que un individuo crece y se desarrolla puede “amputarle el espíritu”, y

convencerlo, por ejemplo, de que: “hay que dejarle a Dios la solución de las cosas”; o de que:

“no puede hacerse nada para cambiar las cosas, por eso es mejor actuar como la mayoría”; y

acaso que: “yo sólo aprendo cosas que me sirvan, ¿a mí de qué me sirve saber por qué la

filosofía, el arte y la cultura ayudan a ser más hombre?, ¿para qué me sirve saber que se ha

descubierto una nueva estrella en la constelación de Orión… o que se están logrando nuevos

conocimientos sobre el ADN?” Por algo para muchos: “es mejor estudiar una carrera que

“deje”, pues el arte y la cultura no sirven de nada, y sólo importa lo que tiene aplicación

práctica”… De aquí que: ¡darle “lamiditas” a las cosas es no profundizar en nada!, ¡interesarse

sólo por aquello que es “fácilmente digerible” es percibir y actuar banalmente! Todo lo cual es

común entre muchos de los individuos de nuestra sociedad, incluyendo a algunos del contexto

universitario, y no sólo alumnos, también profesores, éstos últimos suelen enclaustrarse en sus

áreas y espacios de desenvolvimiento, olvidándose de cultivar cualquier otra cosa que quede

fuera de dichas áreas y espacios.

Hay muchos ejemplos cotidianos de lo banal de nuestras percepciones y acciones: cualquier

individuo común asiste a ver una película, sea o no comercial y/o estreno, y a pesar de que le

guste, nunca pone atención en quién la dirigió, quién escribió la música o el guion, etc.; la

mayoría de los estudiantes universitarios, por ejemplo, sólo leen por encargo, no por gusto,

119
incluyendo las lecturas relacionadas estrechamente con su área de especialidad. ¿Tiene esto

que ver con la manera en que son formados los individuos desde el contexto familiar, y

complementado con las ideas y realidades a las que se enfrentan, y forman parte de su día a

día?, puede que así sea.

Creo que para lograr un pequeño cambio, si es que realmente eso es lo que se desea, se debe

comenzar por uno mismo, cosa más obvia quizá no puede haber, pero hay que aclarar que ese

cambio debe hacerse desde las entrañas, por algo creo se debe comenzar con la

autoconsciencia y la autocrítica, lo cual debe ejercitarse todos los días. Ser mejor persona no

implica necesariamente obtener un título universitario u honorario; valer más como persona no

es sinónimo de poseer más bienes o saber más, sino aprovechar lo poco o mucho que uno va

digiriendo en su día a día, dígase saberes, cultura, consciencia, etc., en pos de formarse y a su

vez formar a otros.

¿Cuál es el camino a la autoconsciencia?, puede que nadie tenga la respuesta, sin embargo,

creo que de lo que se trata es de emanciparse de lo banal, y eso implica “no darle lamiditas a

las cosas” (si me interesa el fútbol o las telenovelas pues debo clavarme a fondo jejeje, no

banalmente), implica aprender a profundizar, a ejercer la crítica y las acciones conscientes, no

asumir una actitud de corderito, pues ya es suficiente con la abundancia de los “pastores de la

buena consciencia” (los cuales, estos últimos, no son sólo de carácter religioso).

PD La dejo aquí porque ya me está comenzando a dar “diarrea cerebral”, pues nada más

imagínense lo que sería una “masturbación mental” junto con una “diarrea cerebral” jejeje.

120
¿SIGUE HABIENDO LUGAR PARA LA VOCACIÓN?

Recuerdo que hace poco más de un par de décadas, cuando siendo adolescente, yo y muchos

miembros de la “generación X” habríamos de tomar ciertas decisiones trascendentes en

relación con: ¿qué carrera elegir?, ¿qué hacer para “ganarse la vida”?..., y cabe decir que la

mayoría pensábamos que dichas decisiones estaban relacionadas con aquello que en ese

momento llamábamos vocación, y que implicaba, de una u otra forma, el si queríamos ser

dignos miembros de la “raza lunar” o, asimismo, dignos miembros de la “raza solar.”

Como bien dice Emerson: “El enigma de la época tiene para cada uno una solución

particular”, de aquí que precisamente, muchos individuos, colocados en situaciones límites

como las de “elegir una profesión u oficio para dedicarse toda su vida”, tienden a disfrazar sus

decisiones en pos de autodefinirse como “verdaderos hijos de su tiempo.”

Comencemos desde el principio. Entiendo por “raza lunar”, al conjunto de individuos que

toman la decisión de dedicarse a una profesión u oficio simplemente tomando como referencia

a sí mismos, esto es, que eligen en términos de “aquello que me define y potencie mis

capacidades”, son los mismos que —en parte afortunados, en parte señalados—, muchas veces

estudian carreras poco conocidas o poco populares y/o difíciles, o que, si acaso eligen

cualquier “profesión popular o de moda”, lo hacen por el simple hecho de que ellos son así, no

únicamente en términos de “qué es lo más conveniente para asegurar mi futuro”; algunos los

llaman “idealistas”, sin embargo, suelen tener una férrea obstinación por lo que hacen, lo cual

precisamente resulta necesario en la mayoría de las profesiones vinculadas a dicha raza, rasgo

característico de estos individuos: acostumbran a vivir de noche y trabajar de día, y siempre

121
sueñan, incluso cuando caminan, además de que cuando les toca hacer ciertas cosas mundanas,

procuran dedicarle el menor tiempo posible, y lo más probable es que cuando llegan a su casa,

también trabajan, pues su trabajo es lo que más les gusta hacer, y afortunadamente: les pagan

por hacerlo. A su vez, entiendo por “raza solar”, al conjunto de individuos, los cuales son los

más, que eligen una profesión u oficio en términos de conveniencia, herencia, influencia,

comodidad, facilidad, etc.; muchos de ellos —afortunadamente no todos—, administran

empresas, dependencias de gobierno e incluso llegan a interesarse por la política, pues los

“dividendos son muy buenos”; además, existen casos de estos individuos que han estudiado

una carrera propia de la otra raza, pero a final de cuentas termina aflorando lo que son; (hago

un paréntesis, no pretendo denigrar a ninguna profesión u oficio, mucho menos a quienes las

profesen; pues considero precisamente que toda profesión u oficio son dignos, los indignos

son los individuos, sobre todo los que “no se ponen la camiseta” y se resignan a realizar una

actividad que no les agrada); continuando con esta raza, estos individuos también trabajan en

el día, pero se distraen o divierten en la noche, incluso durante la misma jornada de trabajo,

pues para ellos, sólo se trata de hacer una actividad que asegure “el bienestar económico y el

futuro”; cabe señalar que muchos de ellos resultan ser megalómanos y narcisistas, es decir,

ansiosos de reconocimiento y poder.

Entrando en materia, si por vocación entendemos “la inclinación de una persona por una

profesión, forma de vida o actividad”, ¿verdaderamente los individuos eligen su profesión u

oficio en atención a lo que significa para ellos la vocación?, ¿por qué los miembros de la “raza

lunar”, que son los pocos, verdaderamente han elegido bien, en comparación con los de la

“raza solar”, que son los muchos?, creo que lo que la mayoría de nosotros no entendemos, es

que, independientemente de las condiciones culturales, sociales y económicas de la sociedad a

122
la que pertenecemos, elegir una profesión u oficio implica un “llamado interior”, y una

conjugación entre profesión, forma de vida y actividad ligada a la profesión elegida; aunque,

cuando el tiempo, la época a la que se pertenece, no hace más que orillar al individuo a elegir

profesiones donde quizá realice una actividad monótona, y donde pretenda compensar el peso

existencial y del trabajo, con una forma de vida narcisista y material, los resultados puede que

no sean muy buenos, incluso el papel de las universidades, que en gran parte debería de

corresponder a potenciar la vocación y habilidades del individuo, puede que no se cumpla del

todo.

Así, cualquier individuo que acceda a una educación universitaria debería verse a sí mismo

como un fin, al igual que a su carrera, pues esta última no debe ser sólo el “medio que le

permita ganarse, y muy bien, la vida”, debe ser aquello que lo defina y potencie sus

capacidades, de aquí que quizá, en sociedades como las nuestras, encargadas de “minar el

espíritu” de los individuos en pos de “potenciar su productividad y consumismo”, no haya

mucho lugar para la vocación. Finalmente, cada quien puede elegir ser “abundante en

posesiones” pero “mediocre en espíritu”, y eso no está ligado a la profesión u oficio que se

elija, sólo está ligado a la incapacidad de aplicar nuestra vocación en la elección de una

profesión u oficio.

Conducir adecuadamente nuestra vida es sinónimo de las decisiones que tomamos, por algo

toda decisión trascendente, afortunada o desafortunadamente sólo reflejará lo que somos, ya

que resulta obvio que todos tenemos vocación, pero corremos el riesgo de errar en nuestras

decisiones cuando decidimos olvidarnos de nosotros mismos, y atender sólo a lo externo, lo

cual precisamente nos hace menos seres humanos…

123
PD Si se me ha comprado la idea de las dos razas: ¿a cuál de éstas pertenece cada uno de

nosotros?

124
¿POR QUÉ PREFERIMOS DIGERIR LO INSÍPIDO Y BANAL?

Recuerdo que hace un tiempo, en una plática con unos amigos, aspirantes a guionistas, éstos

nos contaban su experiencia de haber aplicado para trabajar escribiendo guiones en la

televisión, y lo curioso e interesante es que aparte de los clásicos exámenes psicométricos,

tuvieron que presentar exámenes de lo que en la empresa donde aplicaron llamaban “cultura

televisiva”, es decir, exámenes sobre el conocimiento de todo aquello de lo que sucede en la

televisión, principalmente sobre programas de espectáculos y entretenimiento, a la vez de las

telenovelas y la vida de los “artistas”. Con respecto a dicho examen, creo tristemente que un

gran porcentaje del mexicano promedio podría aprobarlo sin problemas jejeje. Precisamente

me viene a la mente dicha situación porque si bien, siempre se ha mencionado el vínculo entre

la televisión y la política, pienso que existen ciertas instancias básicas, en relación con nuestra

idiosincrasia, que han fundamentado atmósferas, espacios, subjetividades, etc., y que son

producto directo de dicho vínculo “macabro” entre poder e ideología política, y las

características y discursos propios de la mayoría de los programas televisivos. Mi punto no es

que existe dicho vínculo, eso creo es demasiado evidente, sino más bien, deseo señalar que

tanto códigos de conducta, como percepciones y creencias, propios de nuestra idiosincrasia, no

provienen únicamente de condiciones sociales y culturales de hace siglos, sino que son

producto del siglo XX, de una conjunción entre ideología política y discursos televisivos.

Cuando era niño, en mi casa y muchas otras casas, sólo se veían los canales de Televisa, “En

familia con Chabelo” y “Siempre en domingo” eran los programas que más veíamos, a la vez

de las telenovelas y cierto tipo de cine; mis padres eran “priistas” más por conveniencia que

125
por convicción, y qué decir de su opinión negativa sobre ideologías de izquierda y/o

socialistas. Lo cierto es que sí había cultura, pero únicamente correspondía al tipo de “cultura

televisiva” de la que hablaba líneas arriba. Cierto, mis padres, sus padres, los vecinos,

familiares, amigos…, todos “digerían” lo mismo, y a quien no lo hiciera se le veía como un

bicho raro, el “patito feo y desagradable del barrio”, y tristemente: muchos se atrevían a

afirmar que personas así “se sentían mucho porque según ellos mismos, sabían mucho”.

Después de varias décadas de haberme emancipado de dicha “cultura…”, veo que las cosas no

han cambiado del todo entre todas esas personas que me rodeaban, y lo más alarmante es que

se van integrando las nuevas generaciones, lo cual me lleva a la cuestión: ¿este tipo de

idiosincrasia tiene reminiscencias desde la conquista e independencia, o simplemente se

intenta justificarla de esa manera, porque más bien es producto del siglo XX, del vínculo entre

el poder ideológico de la política, y los estereotipos creados por la televisión? Me explico.

Cuando en una sociedad, ciertas condiciones materiales, ideológicas, sociales, simbólicas, etc.,

se conjugan, quienes detentan el poder y los medios pueden configurar atmósferas, espacios,

símbolos, conductas y/o necesidades que les permitan mantener su estatus hegemónico. Todo

lo anterior es un tanto evidente, sin embargo, me interesa resaltar el hecho de que,

independientemente de la clase social a la que se pertenezca, hay como una especie de “aura

ideológica y cultural” rodeándonos. Lo digo porque al haber tenido la oportunidad de convivir

con miembros de distintas clases sociales, me doy cuenta que dicha aura ha configurado todo

un cúmulo de percepciones, creencias, actitudes, etc., que a su vez configuran las

subjetividades de los individuos, independientemente de la clase social a la que pertenezcan.

Claro, muchos son los que han tomado consciencia, y acaso comprenden el por qué nuestro

país se encuentra en las condiciones en las que se encuentra, y de ahí, por ejemplo, el que haya

126
regresado al poder un partido que precisamente es el principal causante del “aura ideológica y

cultural” de la que hablaba líneas arriba. Por algo, por ejemplo, un personaje tan nocivo como

Laura Bozzo, tiene más influencia en ciertos sectores de la población, que un personaje como

Carmen Aristegui. De ahí también el que acaso muchas mujeres creen que un personaje como

Jenni Rivera representa ciertos valores feministas dignos de considerarse. Finalmente, lo triste

es que personajes como este último, y muchos más han existido en las distintas generaciones,

e incluso son los causantes de percepciones y opiniones, de que los individuos olviden la

verdadera situación que les rodea y atiendan a todo lo que la ideología televisiva dominante

les quiere hacer creer.

Para concluir, me intriga enormemente una cuestión: ¿por qué digerimos una ideología y un

discurso tan insípido y superficial, sólo porque es lo único que hay? Quizá la respuesta estriba

en que llevamos décadas alimentándonos de una idiosincrasia creada para que las cosas sigan

estando como siempre han estado, ¿por qué nos agrada ser sometidos, adoctrinados y

gobernados de esa manera? A veces de nada sirve preguntarnos por qué somos así, cuando

más bien, el hecho de que precisamente hemos sido así, y continuamos siéndolo y digiriendo

nuestras creencias, pensamientos y percepciones, por donde lo hemos hecho, no es más que la

conjugación de un plan. Y conste que ya ni siquiera sirve ser pesimistas, quejosos o

“revolucionarios” jejeje, creo que sobre la marcha hay que contemplar el “arrancarse de las

entrañas” todo lo insípido y superficial que hay en nosotros, producto de esa idiosincrasia que

a veces, creemos, nos distingue positivamente frente a cualquier ciudadano del mundo.

127
PD Lo dejo aquí porque si no la “masturbación mental” se convertirá en “chorrillo mental”

jejeje.

128
SOBRE PERCEPCIONES Y ACCIONES

Después de casi dos décadas de trabajar con jóvenes universitarios, y tener la oportunidad de

ver su evolución, creo que es posible aceptar la tesis de: “tu forma de percibir el mundo

determinará tus acciones, y por ende, tus resultados…” Digo lo anterior porque incluso, al ver

la evolución de familiares y amigos, pienso que cada quien obtiene lo que en el fondo desea,

pero dicho deseo se ha ido permeando en relación directa con la manera que tenemos de

percibir, interpretar, padecer…, el mundo. Doy algunos ejemplos sencillos:

- Una persona religiosa tenderá a concebir el mundo como si éste fuera producto de “un

plan trazado por un ente superior”, de aquí que precisamente, sus acciones serán

configuradas en términos de la relación que la persona emprenda para con dicha

entidad, es decir: lo bueno o lo malo que le acontezca, sólo tiene que ver con lo

estrecho o no del lazo que la persona posea con su divinidad; claro ejemplo es cómo en

la mayoría de las arterias de corte cristiano, se lleva a cabo el culto, para el cual se

establecen acciones precisas (cantos, alabanzas, discursos…), de manera que, como un

martillito psíquico y práctico, el creyente debe llevar a cabo acciones y concepciones

para no “alejarse del camino”. Por tanto, si lleva a cabo determinadas acciones, éste

habrá de esperar ciertos resultados, si estos últimos no son los esperados, quiere decir

que el creyente no ha hecho adecuadamente las cosas, por lo que debe con más bríos

retomar el rumbo, efectuar su culto, y nunca dudar de las intenciones de su divinidad, y

de ahí al infinito…

129
- Una persona nacida en un contexto no del todo favorable, puede que cometa el error de

percibir e interpretar el mundo como si todo lo que le acontece fuera culpa, ya sea de él

o de alguien más (padres, familia, amigos, gobierno…). Es el tipo de percepciones que

encontramos en cualquier persona que piensa y siente que “el mundo no es justo, que

nos prometieron el paraíso y nos mintieron…”, de aquí que desarrollará un percepción

pesimista del mundo, con lo que sus acciones, si bien podrían tener tintes progresistas,

generalmente se encaminarán a auto boicotearse, obteniendo resultados desfavorables,

como esta persona cree que siempre le ha sucedido y sucederá.

- Existen obviamente personas que por un azar, fueron colocadas en contextos

“privilegiados”, de tal manera que éstas percibirán el mundo como “algo que ha sido

estructurado para ser sometido…” Generalmente son megalómanos en potencia, o

princesitas que creen que merecen todo, individuos que muchas veces caerán

completamente al primer tropiezo; su manera de percibir el mundo los lleva a

configurar acciones que muchas veces resultan cuestionables, y que a la larga

determinarán ciertos resultados inesperados, y que si evolucionan adecuadamente,

podrán mantener su hegemonía, si no, simplemente caerán al hoyo, para nunca más

levantarse.

Si se observa con atención los sucintos ejemplos, podrá identificarse un rasgo característico: la

estaticidad, es decir, dichas percepciones difícilmente evolucionan, de aquí mi tesis: <<una

forma adecuada de percibir el mundo debe estar sometida al principio del cambio, debe

evolucionar.>> En este último sentido es que mencionaba el hecho del principio, los

130
resultados que alguien obtenga a partir de sus acciones, dependen de su manera de percibir el

mundo, pero dicha percepción debe evolucionar, como un “deseo permaneciendo deseo”.

Conozco alumnos, amigos, familia, etc., que difícilmente evolucionan, su percepción del

mundo sigue siendo la misma de hace 20 años. No se me malinterprete, ni siquiera me estoy

refiriendo a algo tan básico como el que un individuo madure, no, como una vez decía: “el

principal error que muchos cometemos es creer que el mundo siempre ha sido así…”, es decir,

obviamente el mundo cambia, y muchas veces de forma vertiginosa, ¿por qué no cambian

nuestras percepciones sobre él? En cierto sentido es estúpido decir que “todo lo de antes

(música, protestas, discursos, diversiones, drogas, ideas, literatura, familia, sexo, televisión,

educación, moral, etc., etc.) era mejor”, quien afirma eso puede que se aferre a seguir

percibiendo el mundo a su manera, y por algo: resulta inoperante en el mundo presente, de

aquí que no evolucione, y sus resultados difícilmente le satisfacen. Una época puede ser más

fructífera que otra, aunque quién sabe si los individuos también lo sean. Finalmente, sólo me

atrevería a decir: “percibe el mundo como un abismo”, de ahí que siempre se debe uno mover,

claro, podemos mantener percepciones, siempre y cuando sean objetivas, lo subjetivo del

mundo es lo que muchas veces nos ha traído infinidad de malos resultados. A la sazón del

maestro Leonard Cohen, “comparemos mitologías con todo y con todos”, percibamos el

mundo construyendo ahí donde muchas veces ya todo está derrumbado. Es como ser primero

cristiano, después ateo, volverse esotérico, después agnóstico, tomar el hábito y pregonar

después el camino de la ciencia; ser moralista, después amoral o inmoral, decirse ecléctico,

capitalista, socialista, tercera vía, culto, inculto, y de nuevo volver al principio, pero

percibiendo adecuadamente, porque al hacerlo, en algún momento se habrá uno de detener,

para tomar nuevos bríos. Lo corto aquí porque ya me estoy volviendo panfletario jejeje.

131
PD Percibamos todo o nada, pero siempre hagámoslo agitando banderas, las mismas que

servirán para cubrirnos el rostro si es necesario.

132
POR QUÉ ESCRIBIR ADECUADAMENTE IMPLICA PENSAR ADECUADAMENTE

Desde que inicié mi vida académica (hace más de 18 años), he tenido la oportunidad de dar

clases de ciencias (física y matemáticas) y de humanidades y ciencias sociales (filosofía,

historia, literatura…), de aquí que a su vez, he podido identificar ciertas cuestiones básicas que

tienen que ver con las posibilidades de desarrollo intelectual de los estudiantes, sobre todo

estudiantes de nivel superior; me refiero al hecho de que muchos de los problemas que éstos

poseen para entender adecuadamente disciplinas aparentemente tan dispares como las

matemáticas y la literatura, tienen más que ver con su parco dominio de las reglas del

lenguaje. Me explico.

Independientemente de cómo puedan definirse, por ejemplo, a las matemáticas, hay que

entender que éstas son a su vez un lenguaje (un medio, un instrumento de comunicación de

ideas…), y por tanto, poseen reglas específicas, signos propios de exposición y comunicación.

Asimismo, para nuestro caso, la lengua materna: el español, posee reglas específicas que

permiten una adecuada transmisión de las ideas y/o sentimientos, lo que ha de repercutir en un

buen entendimiento y asimilación de lo que se desea comunicar, y que en disciplinas como la

literatura o la filosofía, resultan ser fundamentales para poder comunicar adecuadamente

dichas ideas y/o sentimientos, a la vez de poder entender y sentir adecuadamente.

Mi tesis es simple: <<todo individuo que no domine la sintaxis, las reglas de un lenguaje, ha

de tener problemas para entender y comunicar ideas y/o sentimientos>>. Doy algunos

ejemplos:

133
-En matemáticas, los estudiantes muchas veces avanzan con concepciones falsas o erradas,

quizá porque en su afán por incluir un carácter subjetivo a la comprensión de conceptos, reglas

y propiedades de los entes matemáticos, simplemente se “pasan por el arco del triunfo” las

reglas y propiedades, además de que comprenden mal ciertos conceptos básicos, quizá porque

no les queda claro que la única manera de entender matemáticas es haciendo ejercicios,

resolviendo problemas, con lo cual podrán identificar si han comprendido los conceptos,

reglas y propiedades.

Tal vez, el problema es que el pensamiento abstracto, propio de las matemáticas, se ve minado

por el pensamiento concreto. En sus investigaciones, Jean Piaget llegó a la conclusión de que

si el pensamiento abstracto no logra desarrollarse a una cierta edad en los niños, difícilmente

podrá desarrollarse después, lo que precisamente tendrá serias implicaciones a futuro; sin

embargo, resulta evidente que hay muy diversos otros factores que inciden en las posibilidades

de desarrollo intelectual, propios del pensamiento matemático, tales como la manera en que

intentaron enseñarnos, condiciones sociales, etc., aunque insisto: todo tiene que ver con un no

dominio de la “sintaxis matemática”. He tenido a alumnos a los que les cuesta trabajo entender

las matemáticas, a los que después les he dado Ética, por ejemplo, y resulta que tampoco

dominan las reglas del español, tampoco pueden articular y entender ideas adecuadamente,

además de que su vocabulario es demasiado parco, pues son los mismos que no leen, que no

ejercitan la mente.

-Un individuo que considera que no es importante redactar adecuadamente, que no importa si

se cometen faltas de ortografía, lo más seguro es que será el mismo que use “hay” de haber, en

lugar de “ahí” de lugar; será el mismo que no sepa distinguir entre “lástima” y “lastima” jejeje.

El problema es que si se “EzCRive HaCI”, lo más probable es que se “PiEnZa y HActUA

134
HaCI”, es decir, puede que nuestro cerebro sea un caos, por lo que nuestras acciones también

lo serán, por lo que nuestra comprensión de ideas no será muy fructífera que digamos. De

nuevo, he tenido alumnos a los que primero les he dado Historia o Ética, quienes no escriben y

comprenden adecuadamente, los cuales me los he encontrado posteriormente en un curso de

Cálculo Multivariable o de Álgebra Lineal, y son los mismos a los que precisamente también

les cuesta trabajo comprender los conceptos, manejar las reglas y sintaxis matemáticas.

Finalmente, creo que pensar y escribir adecuadamente es directamente proporcional al

dominio de un lenguaje, sea cual sea el lenguaje al que uno se enfrente. Si se quiere dominar el

lenguaje de programación, por ejemplo, de entrada hay que aprender a usar adecuadamente las

reglas de sintaxis, los símbolos y conceptos; si se desea comprender las teorías de la física,

primero hay que dominar el lenguaje matemático; si se desea entender una teoría filosófica,

independientemente del bagaje conceptual que vaya implícito, se debe inicialmente entrenar a

la mente, lo cual comienza con saber usar las reglas del español, lo que está relacionado con el

hecho de ampliar nuestro vocabulario, con el desarrollo del hábito de lectura, con escribir con

propiedad.

PD Escribir y pensar adecuadamente es la mejor carta de presentación, incluso en aquellos

momentos en que lo visceral que hay en nosotros nos tiende trampas…

135
ACERCA DE NUESTRAS CONCEPCIONES

Recuerdo que en un seminario de Filosofía de la Ciencia, discutíamos acerca de la naturaleza

de los modelos y teorías económicas, a la vez de lo que se entiende por “agente racional”, y de

entrada, algo que me pareció interesante y curioso, fue la intervención de uno de los asistentes,

el cual señaló que precisamente, considerando aspectos antropológicos y morales, entre otros,

lo que dichos “agentes racionales” entienden por economía, cambia entre una sociedad como

la mexicana o la europea, por ejemplo. De aquí que precisamente deseo hablar no de economía

o “agente racional”, sino más bien, de cómo es que funciona la manera en que las muy

particulares concepciones sobre diversas instancias básicas de la sociedad, estructuran las

acciones y naturaleza de los individuos que conforman a dicha sociedad. Ilustraré mi punto

con algunos simples ejemplos:

-La concepción sobre la muerte de un individuo promedio en una sociedad como la mexicana,

se distingue en ciertos aspectos de la concepción que tiene por ejemplo un sueco; en nosotros,

independientemente de si se es creyente o no, dicha concepción posee un cierto “halo de

trascendencia”, claro, lo cual está relacionado con algunos aspectos propios de nuestra

idiosincrasia, basta echar un vistazo a la manera en que “celebramos” a la muerte. Lo que me

interesa señalar es que precisamente esa diferencia entre concepciones sobre un mismo “hecho

de la realidad”, configura todo un cúmulo de conductas y autodefiniciones entre los individuos

de cierta sociedad, las cuales pueden contribuir o truncar el desenvolvimiento progresivo de

136
ésta. Nuestra concepción sobre la muerte nos da riqueza cultural, claro, pero asimismo ha

truncado algunos aspectos de progreso social, ¿habrá que decir cuáles?

-Creo que resulta claro que desde hace mucho, lo que entendemos por política está relacionado

con la idea de “circo”, con corrupción, impunidad, etc., etc., si bien, dicha concepción se ha

arraigado en gran parte por las acciones de los políticos, también tiene que ver con conductas

sociales, la pregunta es ¿por qué esta concepción debería de seguir manteniéndose?, y de aquí

que dicha pérdida de interés en la política nos lleve a conformarnos como individuos

contradictorios y que “odian” la política, lo que en otras partes del mundo no es el caso.

Habría que decir que a la sazón de los griegos, resulta obvio que el individuo es un “ser

político”, y por tanto debe ser partícipe de la misma política, entonces, ¿por qué precisamente

nuestra concepción nos hace desapegarnos, percibirnos como si “fuéramos víctimas de los

políticos”, y a la vez, dejamos en manos de otros los asuntos que deberían interesarnos

ampliamente? ¿Idiosincrasia?, lo cierto es que alguien que nace en nuestras tierras crecerá con

una concepción de que “la política es una porquería…”

-Si un estudiante decide estudiar una profesión en un país como México, ¿sus motivos serán

los mismos que los de un estudiante de otro país? Quizá el 90% o más de los estudiantes que

acceden al nivel universitario en nuestro país, tengan como principal motivo “el mejorar su

condición económica”, es decir, eso es a grandes rasgos lo que entendemos por estudiar una

carrera, lo cual no está mal, sin embargo, ¿por qué en muchos ese es su único y/o principal

motivo, y por algo la poca afluencia a estudiar carreras de ciencias o artes, además de la

frustración que se deriva de elegir tomando como principal motivación el aspecto material?

Dado esto, quizá se gana en profesionistas, pero se pierde en vocación, y escasean los

individuos satisfechos con lo que hacen, verdaderos profesionales; insisto, en parte tiene que

137
ver con lo que concebimos por “estudiar una carrera”. Claro, muchos podrán decir que los

motivos tienen que ver con las condiciones sociales y económicas del país, por lo que se orilla

al individuo a tomar decisiones considerando lo material; aun así, el problema estriba, pienso,

en las nociones preconcebidas de lo que implica estudiar una carrera, lo cual, de una u otra

forma se encuentra en todos los estratos sociales. Estudiar una profesión en México, se

concibe como sinónimo de estatus, de cierto elitismo y mejora social y económica, ¿no acaso

estudiar una carrera es también mejorar nuestra condición cultural e intelectual, lo cual debería

ser el principal interés y por ende: uno de los principales motivos para estudiar una profesión?

-¿Existe justicia en México?, ¿qué es eso?, jejeje, quizá esta última sea la primera cuestión que

cualquier mexicano se hace, cuando viene a colación el tema; “la justicia sólo existe para el

rico”, he aquí un posible acercamiento a lo que se entendería por justicia, sin embargo,

tomando a ésta como valor, resulta obvio que, incluso, nuestras concepciones sobre los valores

sean muy distintas a las de otras partes del mundo, el caos con el que a diario nos enfrentamos

nos da ya una respuesta.

-¿Qué entendemos por amor?, ¿cómo lo concebimos?, resulta obvio que “somos sufridores del

amor”, por algo cualquier rola del poeta José Alfredo Jiménez nos define como pueblo jejeje.

Resulta obvio también que concebimos al amor no como “hacer el bien por el ser amado”, lo

que implicaría “hacer el bien para uno mismo”; casi todos los que conozco, familiares,

amigos, compañeros de trabajo, etc., le han hecho daño al ser amado, o se han hecho daño a sí

mismos a través de lo que sienten, ¿eso es amor? No digo más porque creo que resulta claro

qué tipo de acciones hace el amante o el amado, y que repercutirán en un daño al otro o a sí

mismo.

138
Finalmente, pienso que el primer problema comienza con la autoconcepción, con cómo nos

“concebimos a nosotros mismos frente al mundo y los otros”, esa “prótesis de nosotros

mismos” que debemos cuidar y cultivar, y que si resulta equivocada o distorsionada,

equivocadas y distorsionadas serán a su vez nuestras acciones y nuestras relaciones con los

demás, lo que repercutirá en que formemos sociedades con concepciones falsas o inoperantes,

y de ahí todo lo que vendrá después…

139
¿”COMPARTIR” EN LAS REDES SOCIALES SIGNIFICA “COMPARTIRSE”?

Recientemente se han editado dos libros de ensayo con títulos bastante sugerentes: Arte en las

redes sociales y Violencia en las redes sociales, ediciones UNAM, y valga decir que

participan varios amigos y colegas, y obviamente, esperaría tener los textos en mis manos para

leerlos, pues ya me imagino ciertas temáticas de los ensayos. De aquí que usando de pretexto

dichos temas, quisiera reflexionar sobre un asunto que si bien, parece no ser nuevo, sí creo que

refleja mucho de lo que ponemos como pretexto para según no “engancharnos” con la lógica

de la red, cuando ésta última depende del tipo de red que cada quien se construye, pues he ido

observando que lo más fácil es quejarse de la “mierda que hay en la red”, cuando esa misma

mierda con la que nos topamos día a día, es también producto de algo en lo que uno mismo ha

sido partícipe. En fin.

De lo que quiero hablar es de que así como es exponencial el grado de posibilidades que se

pueden explorar en las redes sociales, exponenciales son también ciertos modos, digamos algo

así como tipos mediáticos que permiten conocer al otro mínimamente, quizá en un cierto

sentido más de lo que se le conocería en persona, e independientemente del tipo de “eslogan

de sí mismo” que cargue. Me refiero simplemente a cómo lo que “mostramos y compartimos”

nos muestra más claramente de lo que pensamos, a pesar de que, al hacerlo, pretendamos

configurar una “prótesis virtual de nosotros mismos”. Y dicha prótesis se mueve en términos

de aquello que nos acontece en nuestra vida cotidiana. No sé, supongo que por eso recuerdo

cuando hace un tiempo, alguien preguntaba si en la red social sólo se trataba de postear

efemérides y memes jejeje, lo curioso es que tenía mucha razón, pues a pesar del tipo de red

140
que uno cultive, siempre hay ciertos patrones o modas que se convierten en una constante, ya

sea en la red o en los lazos comunicativos que establecemos, basta simplemente recordar las

frases, imágenes y/o conductas que se vuelven parte del contexto colectivo, y que de una u

otra forma nadie queda exento de ello. De aquí que sólo deseo señalar un caso concreto,

relacionado con la manera en que solemos mostramos, en términos de lo que acostumbramos

compartir, y que de una u otra manera: implica que nos estamos “compartiendo”, es decir,

develamos parte de lo que somos, a pesar de que intentemos, por todos los medios:

ocultarnos…

Conozco en persona a más del 80% de mis “amigos virtuales”, debo decir que algunos me han

dejado de interesar después de conocerlos virtualmente, como bien creo que es el caso de

muchos para con mi persona, ¿será que precisamente dicha pérdida de interés se deba a la nula

existencia de terrenos comunes?, supongo que esa será la principal causa, sin embargo, creo

que muchos podríamos atrevernos a afirmar que nula es también la posibilidad de desarrollar

posibles intereses, digo, puede que a nadie le interese lo que uno comparte, pero ¿será que el

problema estriba en que generalmente uno comparte cosas que carecen de interés colectivo?

Vaya, compartir fotos de lugares y/o de sí mismo está muy bien, sólo que éstas resultarán más

interesantes si son de lugares bellos, como más interesante resultan las fotos de uno mismo si

“uno es de no malos bigotes”, jejeje, creo que, en general, no le interesa mucho a nadie ver

fotos de hombres y mujeres que no son muy bien agraciados. La pregunta ante alguien que

acostumbra a hacer esto último (sea bien agraciado o no) resulta ser muy simple: ¿eso es lo

único interesante que tienes para compartir?, porque a su vez es lo más trivial, porque eso lo

hace la mayoría, cualquier hijo de vecina… Surgen otras cuestiones: ¿Eso es lo que consideras

importante y digno de compartir?, ¿acaso no hay otras cosas, temas, ideas, imágenes, etc.,

141
dignos de compartir, y que pueblan tu mundo cotidiano? La respuesta a esta última cuestión

podría ser afirmativa, y entonces nos preguntaríamos por qué no nos compartes eso; aunque si

la respuesta fuera negativa, la imagen con que nos quedamos es la de alguien que sobrelleva

muy parcamente su vida cotidiana, o quizá es la imagen de alguien demasiado egoísta y que

sólo desea guardar para sí cosas y temas extraordinarios, ¿será?…

Llegados aquí, mi tesis es quizá muy evidente, puesto que afirmo que todo aquel que comparte

cosas de cierto tipo, lo hace simplemente porque en su vida cotidiana, sus intereses son

precisamente del tipo de lo que comparte (¿si no comparte nada, en parte eso habrá en su vida

cotidiana?). Seamos un tanto exagerados: me refiero a que si alguien es parco y superficial,

sus post y memes serán parcos y superficiales; si no desea hablar de temas “chonchos”, es

porque en su vida cotidiana no habla de temas “chonchos”; si sólo postea frases tipo

“arjonadas o coelhonadas”, es porque en su vida cotidiana está deseoso de que suceda un

cambio, pero no pasa nada, además de que pretende ser un tanto altruista.

Mucho se ha dicho sobre lo que son las redes sociales, tanto de sus riesgos como de sus

beneficios, sólo que considero que si bien, en éstas pueden crear personalidades, también

ensanchan personalidades, es decir, podemos acceder, si ponemos la suficiente atención, a

parte de la esencia de alguien, a pesar de que éste intente enmascararse.

Compartir es compartirse. Es, en el contexto de las redes sociales, exponerse en la “pasarela

mediática” diciendo, quiéralo o no, algo básico de uno mismo. Curiosamente, si no

acostumbramos a discutir y compartir cosas trascendentes con aquellos que pueblan nuestra

vida cotidiana, mucho menos tendríamos que hacerlo en las redes, donde incluso podemos dar

rienda suelta a nuestras proyecciones más profundas; como siempre lo he dicho: “acostumbra

142
a mirar lo que defecas, porque eso formaba parte de ti, y te dice qué es lo que desechas y qué

no desechas…” Por algo hay que echar una mirada a nuestro círculo de amigos, porque

quiéralo uno o no: ese círculo forma parte de lo que uno es y quiere reflejar, a pesar de que

muchas veces no se desee, por simple camaradería, “desechar amigos”, también sí se puede

conocer a los “amigos” poniendo suficiente atención en lo que postean. Si bien, al compartir

generalmente mentimos en algo, también decimos mucho de lo que realmente somos, incluso

cuando casi nada decimos.

PD Lo dejo aquí porque comienza a darme “chorrillo mental”.

143
SOBRE EL “INCONVENIENTE” DE GUSTAR DEL DEPORTE MÁS POPULAR

Siempre me ha dado un poco de risa burlona escuchar expresarse a cualquier detractor del

fútbol, pues resulta claro que a pesar de sus “críticas inteligentes”, ¡nada cambiará! La gente

seguirá “enajenándose, llorando, consumiendo…” todo lo que tenga que ver con tal deporte

rey, y en cierto sentido: qué bueno que sea así. Y es que, ¿será que dichos detractores,

realmente esperarían que las personas dejen su afición por un deporte que a la mayoría nos

gusta y apasiona?, ¿realmente en el fondo creen que “el mundo sería mejor sin la enajenación

del fútbol”? Si es así, creo, dichas pretensiones resultarían un tanto inocentes.

La afición por el fútbol abarca un espectro bastante amplio de personas de todas las clases

sociales, ideológicas, intelectuales, etc. Digo, supongo que, similarmente a cuando, en la

mayoría de las veces, un vegano abre la boca, con su característico y discreto aire de fanatismo

y sentido de superioridad, para despotricar contra los alimentos perecederos y los que los

consumimos, así, un detractor del fútbol lleva a cabo su “crítica inteligente” con aires

similares, y en la mayoría de los casos, vinculándola con aspectos políticos, económicos,

ideológicos…, creyendo que “el fútbol es el culpable de todo”. He ahí en parte por qué me

crea una risa burlona. Finalmente, sólo quisiera dedicar unas cuantas palabras en relación con

el fútbol y sus detractores, dado que año con año todo el mundo vivimos una pasión por un

deporte que se quiera o no: es el más popular, basta sólo echar una mirada a lo que sucede en

todo el mundo cada cuatro años.

Curiosamente, ¡sí!, el fútbol es el culpable de todo lo que señalan sus detractores, pero por ello

mismo: no tiene ninguna culpa jejeje, es decir, no puede achacársele ninguna responsabilidad

144
al fútbol por la forma de pensar y actuar de las personas. Me explico. La enajenación, por

ejemplo, no la crea el fútbol, ésta es producto de ciertos “instrumentos y dispositivos sociales”

que usan como estandarte no sólo al fútbol; si a la mayoría le gusta dicho deporte, no se debe

necesariamente a que “la mayoría de la gente sea estúpida y/o enajenada”, la estupidez no la

crea un deporte, ni la enajenación o el consumismo. Nadie es estúpido por ver fútbol, a pesar

de que abunden los estúpidos que gustan del fútbol jejeje, como también abundan los

estúpidos que no gustan del fútbol jejeje. Siempre lo he dicho: para entender la belleza de

cualquier cosa sólo hay que “estar en ella”, es decir, verla desde adentro, por algo me atrevería

a afirmar que casi todos, si no es que todos los detractores del fútbol, nunca han pateado un

balón de fútbol como debe ser pateado: en una cancha, por algo nunca comprenderán lo que

implica el fútbol y su pasión y belleza, de ahí que sólo critican desde afuera, tergiversando

muchas veces su discurso. Un jugador de fútbol ha sido bastante enfático: “Ver fútbol es como

ver sexo: está bien pero es mejor practicarlo”. Por algo, cualquier crítica sale sobrando, pues

nada cambiará, la gente seguirá gustando del fútbol, seguirá disfrutando, llorando y

enajenándose con éste; las personas seguirán vistiendo los colores de su equipo; asistiendo a

los estadios y sobre todo: practicando fútbol; pues como todo deporte: implica de una u otra

forma una cierta salud mental y corporal, ¿por qué entonces podría decirse que es un mal para

los pueblos y la gente? Claro, no soy tan inocente como algunos de sus detractores, sé muy

bien que lo anterior es cuestión de enfoques.

Sí, es un amante del fútbol el que habla, y cabe aclarar que no pretendo defender al fútbol pues

éste se defiende por sí mismo en la cancha. El que a alguien no le guste el fútbol está bien,

pues no todos estamos hechos para apreciar lo extraordinario jejeje. Lo que resulta curioso es

145
que se pueda afirmar que el fútbol es la causa de muchos males, pienso que hay una enorme

inocencia en quien crea que así es.

PD Con respecto al fútbol mexicano, si bien en otras ocasiones he dicho que es mediocre, sólo

he de decir que lo afirmo únicamente por las características del sistema de competencia, donde

por ejemplo un equipo poco regular y mediocre en la temporada, puede ser campeón sólo por

lo que hizo en 6 partidos, la afición quisiéramos ver partidos espectaculares a lo largo de toda

la temporada, no sólo en unas cuantas semanas.

146
SOBRE LOS “FENÓMENOS DE INTERNET”

Hace unos días, el video de una gatita defendiendo a un niño del ataque de un perro, se

convirtió en un fenómeno de internet, pues precisamente, dado el aumento de la “conciencia

animal”, en parte gracias a las posibilidades de la red, permitió a su vez la proliferación de tal

video, convirtiéndose en viral, sobre todo en las redes sociales. En este sentido es que quisiera

dedicar unas cuantas palabras alrededor de lo que se conoce como “fenómenos de internet”:

“Una idea que es propagada a través de la World Wide Web”, y que puede llegar a convertirse

en fenómeno rápidamente, y asimismo, olvidarse en unos cuanto días.

Específicamente quisiera comentar sobre lo que se entiende por “meme”: “la representación

gráfica de alguna situación de carácter irascible o risible que, muchas veces verídica, refleja lo

que divierte o aqueja...” En este sentido, ¿será que, al ser los memes una forma característica

de comunicación y socialización en la web, éstos pueden darnos noción de ciertos aspectos

propios de la personalidad de los individuos que acostumbran recurrir a los memes para

hacerse presentes y transmitir “algo de sí mismos”? En este último sentido es que recuerdo lo

que Georg Simmel mencionaba sobre las “formas de socialización”, sobre cómo organizan los

individuos sus lazos sociales, y dichas formas definen el contenido de sus “instancias

psíquicas”, ejemplo de esto es cómo la manera en que está organizada una familia nuclear,

implica una forma de socialización del sexo, los valores, etc. Personalmente no acostumbro a

compartir memes, digo, si la intención es querer verse inteligente e intrépido publicando un

chiste que quizá muchos ya han publicado, pues… ¿Será que el humor virtual de algunos no

empalma con su humor en la vida real? Y lo digo simplemente porque he identificado a

147
algunos de mis contactos, a los cuales conozco en la vida real y que publican constantemente

memes, pero que teniéndolos en frente, son incapaces de contar siquiera “un chiste de Pepito”.

¿Quedrá esto decir que los memes son, entre muchos otros fenómenos de la red, un claro

ejemplo de las proyecciones de las personas?, jejejeje, claro que sería exagerado afirmarlo

rotundamente, sin embargo, resulta muy curioso el identificar cómo se desenvuelve la “vida

virtual” de ciertos memes, pues si su condición se vuelve viral, el número de personas que los

postean crece de manera exponencial. Lo que realmente me sorprende es que muchos de esos

memes que se vuelven virales, generalmente son bastante estúpidos y superficiales jejeje. ¿Lo

anterior refleja un carácter propio de las formas de socialización de las redes sociales?

Finalmente, como alguna vez me comentaba un amigo: “en las redes sociales como el

Facebook abunda la superficialidad, por algo ese gusto por publicar memes…”, ¿será? En este

último sentido es que podemos remitirnos a lo dicho por Simmel, sobre todo en relación con

cómo se forma el “contenido psíquico” de los individuos, a partir de su forma característica de

socialización. Como también existen muchos que socializan compartiendo post con frases

célebres o prescriptivas, y que nomás no en su vida cotidiana jejejeje; lo que para concluir me

lleva a una simple cuestión: ¿será que los memes sólo son un fenómeno característico de la

red, y que no existe un fenómeno similar en la vida real? En fin.

PD Creo que la teoría de Richard Dawkins sobre los memes, entendidos como “unidad teórica

de información cultural que se transmite de individuo a individuo”, puede considerarse

metafóricamente aquí, al identificar a los memes como fenómeno de internet. Pero no digo

más porque corro el riesgo de padecer “diarrea cerebral” jejeje.

148
SOBRE NUESTRA TENDENCIA A “EXHIBIRNOS”

Recuerdo que en mi infancia, cuando queríamos recordar buenos momentos, recurríamos a los

álbumes de fotografías, los cuales muchas veces se organizaban en torno a un evento

importante o simplemente correspondían a una especie de bitácora de instantes de algún

miembro de la familia. Ahora, esos álbumes siguen agrupándose bajo ciertas categorías, sólo

que ya no existe la fotografía como un objeto tangible, muchas veces único, ahora una

fotografía, salvo que se desee darle una dimensión tangible, sólo corresponde a una imagen

que ocupa un espacio virtual, ya sea en nuestra memoria de la computadora o iphone, o en ese

conjunto de bits al que cada uno de nosotros tiene derecho en las redes sociales. La pregunta,

como siempre, no es si esto último es bueno o malo, si resulta ser una maravilla o si puede ser

un signo de enajenación…, la pregunta simplemente es: ¿qué tan bueno es que sea así?

Hace unos días leía un artículo que hablaba sobre las selfies, donde el autor estableció un

diagnóstico que no daba concesiones: “una selfie no aporta nada al arte de la fotografía, sólo

constituye una especie de ‘basura informática’ que resume, en gran medida, nuestra tendencia

a exhibirnos sin ningún criterio estético…” No sé, pienso en cómo actualmente, sobre todo en

las redes sociales, tendemos a mostrar con imágenes “parte de nuestra vida y lo que somos”, y

lo digo, por ejemplo, porque desde que estoy en Facebook he podido “viajar”, “antojarme”,

“festejar”, “admirar”, “reflexionar”, “reír”, “deprimirme”, “sentir repulsión”, etc., etc., con las

fotografías que publican muchos de mis contactos; digo, ¿debería congratularme de que

publiquen un álbum de fotos de boda, una boda a la que no se me ha invitado? Jejejeje, ¿debo

comentar alguna selfie, donde a pesar de la intención de quien publica, resulta imposible

149
mentir diciendo: “que guapa (o)”? Jejejeje. Lo que creo que ocurre, gracias a la Web, es que, a

partir de nuestra tendencia a la saturación de imágenes (Instagram es un ejemplo), lo que

estamos realmente haciendo es echando a andar diversos “sistemas de significaciones y

comunicación”, que muchas veces terminan siendo extremadamente banales.

Podrá parecer exagerado, pero si redes sociales como el Facebook resultan ser un tanto

“invasivas”, con esa tendencia a publicar y publicar imágenes sólo estamos echándole más

“fuego al asador”, es decir, permitimos que cada vez sea más y más invasiva dicha red.

Finalmente, puede que a muchos les cause una satisfacción sui generis, el ver publicadas sus

fotos de viajes, fiestas, comida, mascotas, etc., sin embargo, como alguna vez escuché: en los

albores del siglo XXI, que con las tecnologías de la información y la comunicación uno deja la

vida privada para formar parte de la “vida de todos”, donde todos sabemos de los demás;

pienso que la saturación de imágenes, en las redes sociales, corresponde a un ejemplo de ello.

De todos modos, nuestra tendencia a exhibirnos siempre ha formado parte de nosotros, y las

redes sociales sólo son un espacio efectivo para llevar a cabo dicha acción, diría que las redes

sociales, definidas alrededor de las selfies, son algo así como la pasarela, aparente, siempre

aparente, de todas nuestras máscaras…

PD Casi medio año llevo sin cambiar mi foto de perfil, y mucho menos acostumbro a subir

fotos de mis viajes, comidas, fiestas, etc., no critico a quien acostumbra a hacerlo, pero qué

hueva me da toparme con ello a diario.

150
¿SIGUE HABIENDO LUGAR PARA EL PATRIOTISMO?

“Los detractores del patriotismo ven en éste, una forma de persuasión de las masas iletradas.

Les resulta un razonamiento falso o paralógico, una falacia de tipo etnocéntrico.” Es bastante

interesante identificar los signos y acciones de patriotismo de las distintas culturas y

sociedades, sobre todo cuando éstos se asocian a comportamientos ligados estrechamente a

competencias deportivas o de cualquier otra índole. Recuerdo que de niño, cierta gente,

tomando como pretexto precisamente su patriotismo, criticaba inocentemente el que alguien

escuchara “música extranjera”, como si realmente eso fuera un atentado contra el patriotismo,

y la “música nacional”, en su totalidad, fuera digna de escucharse. Digámoslo de una vez: es

sumamente importante formar ciudadanos, generar el sentido nacionalista, de pertenencia a un

lugar y/o cultura, por algo la educación básica pretende hacer lo suyo, sin embargo, el

problema comienza cuando un país pretende hacerlo mediante discursos contradictorios,

mediante dispositivos (técnicas, estrategias y formas de sujeción instaladas por el poder), con

ciertas configuraciones que de una u otra forma resultan cuestionables. De esto último, ¿por

qué en México funcionan tan bien ciertos dispositivos bastante parcos, y que pretenden

generar el sentido de patriotismo?

En México, un gran porcentaje de personas que se autonombran “conscientes e inteligentes”,

tienden a criticar el supuesto patriotismo ligado a deportes como el fútbol, sobre todo porque

consideran que genera enajenación y distracción para con los verdaderos problemas, ¿será que,

creen, corresponde a un “patriotismo disfrazado”, y que es una de las principales causas de el

por qué “las cosas están como están”? Jejejeje, si así es creo que sus concepciones resultan un

151
tanto inocentes. Claro, en todos los medios se nos pide que “apoyemos, compremos productos,

veamos los partidos…”, pero, eso no significa que exista un patriotismo en todos aquellos que

consumen productos y/o ven el fútbol, ni tampoco, necesariamente, que estén enajenados.

Considero que el problema con México, no es necesariamente que se creen dispositivos que

produzcan enajenación y distracción, éstos siempre han existido y siempre existirán en todas

las sociedades, sólo que no todas las sociedades reaccionan igual ante éstos, supongo que la

sociedad alemana de entre guerras puede considerarse un ejemplo de enajenación, a partir de

la instauración de dispositivos ideológicos (entre otros), que acrecentaron el sentido

nacionalista, pero, ¿qué papel jugó el fútbol ahí?, jejejeje. Alguien podría decir que mi

comparación es un tanto inocente, y puede que lo más seguro es que sí, pues evidentemente, la

principal causa, en este caso, fueron las condiciones sociales, económicas, etc., por las que

pasaba dicha sociedad; sólo quisiera señalar que en relación con las características de cierta

sociedad, y para el caso de México, no es que únicamente hayan triunfado los dispositivos que

producen enajenación con el fútbol (muchos otros más indignantes, también han triunfado). Lo

que realmente ha triunfado en nuestro país son los dispositivos que producen un desapego e

indiferencia frente a la política, la corrupción, la violencia…, aunado al grado (muy bajo) de

educación, de consciencia frente a la realidad. Es más fácil toparse con jóvenes y adultos que

odian la política, “porque es un circo…”, y de ahí descubrir que carecen de una ideología,

donde el concepto de nacionalismo resulta ser demasiado tenue, pues generalmente, en

muchos de los casos, las acciones de dichos individuos sólo atentan contra el espíritu

nacionalista. ¿Ejemplos?: se atenta contra el nacionalismo cuando se es partícipe de la

corrupción, cuando se pasan las reglas civiles “por el arco del triunfo”; por algo quizá sería

preferible tener individuos que quizá se enajenen con el fútbol y pretendan ser patriotas, a

individuos que no cumplen con su obligación de educarse, de comportarse, de respetar las


152
reglas y leyes así como a sus semejantes. A los detractores del fútbol les pregunto: ¿no es eso

más importante?, en lugar de criticar y criticar que “nos distraen con el fútbol”, ¿no es mejor

proponer nuevos horizontes, combatir los dispositivos que nos han llevado a ser una sociedad

indiferente frente a la impunidad y la política?

Finalmente, claro que lo más importante es educar al pueblo, y pienso que lo principal es

lograr una emancipación del sentido de desapego, que nos conduce a ser una sociedad que

recurre a signos y/o dispositivos nacionalistas que sólo tergiversan el verdadero espíritu

nacionalista, y estoy plenamente convencido que dichos dispositivos no son producto del

fútbol. Por eso me estoy preparando para ver todo el día los partidos del mundial, ¿a quién le

importa la reforma energética? Jejejeje.

PD Los verdaderos antinacionalistas son los que sólo se quejan y se quejan desde sus

“trincheras materiales e ideológicas privilegiadas”, como muchos de los que pagan su cuota de

consciencia en las redes sociales y las marchas, pero son incapaces de tomar “las armas

ideológicas” en las calles, las escuelas, la familia, para educar y concientizar sin recurrir a

discursos subversivos, como muchos que critican al fútbol o cualquier otra cosa que es más

popular y efectiva que sus supuestas “atinadas críticas”.

153
ACERCA DE LA “EUFORIA” POR EL DÍA DEL INGENIERO

Hace un tiempo, conocí a un ingeniero gringo muy capaz en su actividad, y asimismo, una

excelente persona, lo curioso es que no le gustaba que le dijeran “ingeniero”, y nos pedía

cordialmente que mejor le llamásemos sólo por su nombre, su justificación era muy simple:

“no me llamen ingeniero porque ingeniero es el que se las ingenia resolviendo un problema

donde crea algo…, y mi labor actual es sólo administrar, dar soporte…” En este sentido, y

dado que año con año se celebra el día del ingeniero, una profesión que respeto mucho, es que

quisiera dedicar unas cuantas palabras e este asunto.

Tengo muchos amigos ingenieros, como amigos artistas, músicos, licenciados, científicos,

filósofos, etc., sin embargo, hay algo que siempre me ha parecido muy interesante con

respecto a los ingenieros: la mayoría de ellos tienden a asumir muy solemnemente su

profesión, y muchas veces no pierden la oportunidad de resaltar todas las posibles virtudes de

ésta. Digo, hacerlo no está mal, es evidente que muchas de las “instancias materiales” de las

que gozamos se las debemos a los ingenieros, lo que me parece muy curioso es la manera en

que tal grupo humano actúa en pos de resaltar las virtudes de su profesión. Jejejeje, no me

imagino a un científico festejando el día de su profesión, o creando memes diciendo: “Feliz

día del guapo…, perdón del científico”, “sólo hay dos tipos de personas, los que saben binario

y los que no, y los primeros son los mejores”, “los científicos hacemos girar el mundo”,

“siéntete orgulloso de tener un amigo científico, los científicos somos leales, inteligentes…,

sabemos resolver cualquier problema”, etc., y no me imagino a un científico haciéndolo por la

154
simple y sencilla razón de que no va a ocupar su tiempo en nimiedades jejeje. Tampoco he

visto tales acciones en los músicos, los escritores, los licenciados, etc.

En atención a lo anterior es que quisiera regresar al punto del principio, sobre la actitud del

ingeniero gringo, pues: ¿se es ingeniero sólo porque se posee un diploma? En mi caso poseo

un diploma que versa: “Licenciado en Física y Matemáticas”, pero no soy ni físico ni

matemático, pues esas son palabras mayores, el físico hace física, el matemático hace

matemáticas, el ingeniero (el verdadero) hace ingeniería, simple ¿no?, jejejeje. Por tanto,

¿queda justificada mi actitud de resaltar las virtudes de mi profesión cuando en mi caso no

llevo a cabo una actividad propia de dicha profesión?, ¿queda justificada mi actitud de resaltar

las virtudes de mi profesión minimizando a otras profesiones?, lo anterior puede aplicarse al

caso de algunos “ingenieros”.

Cada quien puede sacar sus propias conclusiones, digo, no es malo sentirse orgulloso de la

profesión que uno ha elegido, y a su vez, de todos los “productos” que dicha profesión ha

traído al mundo; lo que a veces resulta incluso contradictorio es cómo se pretende expresarlo,

cómo precisamente se expresa el grupo humano de los ingenieros, atendiendo a discursos y

símbolos que curiosamente, contienen ciertos “gérmenes” que pueden entenderse con

connotaciones negativas, de superioridad, a pesar de que se pretenda sólo ironizar. En fin, lo

dejo aquí porque ya me está dando un poco de “diarrea cerebral”, y no quisiera generar ni

malas interpretaciones ni ofensas, a pesar de que sé que mis amigos ingenieros (los

verdaderos), entienden muy bien cuál es mi punto.

155
¿TÚ TAMBIÉN SALES CON UN SISTEMA…?

Cuando por fin pude ver la película “Her”, debo decir que me llevé una grata sorpresa, sin

embargo, no es de la trama o de la película en sí de lo que quisiera hablar, sino de ciertos

aspectos derivados de la temática que Spike Jonze y compañía trataron. Cuando uno se entera

de la trama de la película: “la historia de un hombre que se enamora de un sistema

operativo informático”, de entrada se puede quizá sentir cierta atracción, y aun así, creo que en

algunos casos nos comienza a invadir una sensación extraña, como si tal trama pudiera estar

rayando en lo ridículo, pero dada la actualidad de su temática, lo más cierto es que uno acabe

viéndola con bastante interés.

Precisamente, como lo mencioné, pueden resaltarse varios aspectos interesantes de la trama,

como el tema de la soledad, y cómo el ritmo y tipo de vida que llevamos actualmente puede

contribuir a agudizarla. Jean Baudrillard es enfático: “Algún día, la imagen del ser humano

frente a su ordenador será la imagen más sublime que represente al hombre del siglo XXI…”,

¿qué tan cierto es esto?, ¿estamos viviendo una nueva manera de establecer nuestras relaciones

y lazos afectivos? Me viene a la mente la escena donde el protagonista le pregunta a Samantha

(el sistema operativo), si ha establecido otras relaciones y se ha enamorado de otras personas,

a lo que ésta le responde que sí, que con alrededor de 600, y que en ese preciso momento

platica con otros. ¿No estamos entrando a una situación similar, dadas las potencialidades de

las redes sociales?, cuando uno establece una relación por internet, ¿qué es lo que le atrae de la

persona siendo que no la conoce en “vivo”? En este tenor, recuerdo que a principios de siglo,

cuando proliferaba una red social llamada ICQ, algunos de mis conocidos, que en su “vida

156
normal” difícilmente podían conocer personas, por el ICQ ya habían conocido a alguien,

incluso hasta se habían citado, lo curioso es que en la mayoría de los casos, “los conocidos del

ICQ” también eran personas que no podían establecer lazos personales de manera “normal”.

¿El discurso de la persona que conocemos por internet, es el que nos “conquista”?, ¿estamos

tan solos que lo único que nos queda es establecer “lazos virtuales”?, ¿por qué necesitamos

“platicar” con alguien desconocido, que a la larga quizá lleguemos a considerarlo importante y

atractivo?, ¿qué tipo de vacío y soledad estamos llenando?, ¿por qué no salir al mundo, al

verdadero, y enfrentar a los demás, ya sea simplemente para platicar, al igual que lo hacemos

con “desconocidos” en las redes sociales?

No niego las potencialidades de la red y las redes sociales, así como de eso que llaman:

“inteligencia artificial”, sin embargo, debo confesar que me “aterra” un poco el imaginarme la

posibilidad de que algún día, los seres humanos tengamos relaciones afectivas con máquinas,

con “seres virtuales”. Claro, ¡ese es mi problema!, quizá, con todo esto, precisamente ya

estamos en posibilidades de establecer una nueva definición de <<ser humano>> jejejeje, sólo

estoy exagerando un poco, aunque quién sabe…

De mi parte, he de decir que con esto de las redes sociales, dado que no tiendo a establecer

relación con nadie que no conozco en vivo, he aprendido a identificar signos efectivos de lo

que realmente define a las personas, y que a su vez, me permite descubrir muchas cosas de su

personalidad que difícilmente muestran en la “vida normal”, lo peor, como siempre, es

descubrir máscaras, y vaya que abundan.

157
PD Al igual que Samantha, cada uno de nosotros tiene lazos virtuales, y al mismo tiempo, con

muchas personas, ¿qué tan bueno es eso?

158
MÁS… TURBACIÓN MENTAL

¿Es necesario, para hacerte notar, que publiques "Check-in: Restaurant..., Airport...?, ¿es

necesario que crees un álbum de fotos donde apareces haciendo "payasadas" con tu novia y/o

amigos?, ¿es necesario que publiques selfies sólo porque necesitas tu dosis diaria de “piropos

y me gusta”?, ¿es necesario que muestres fotos de lo que comes y bebes?, ¿es necesario que

publiques memes con chistes estúpidos o reflexiones “política y moralmente correctas”?, ¿es

necesario que intentes “adoctrinar” con citas religiosas?..., digo: ¿por qué es tan necesario dar

a conocer eso y no otras cosas que realmente valen la pena, que nos enseñen lo diverso y

extraordinario de la realidad?, ¿será porque, fuera de eso, en nuestra vida cotidiana, no hay

nada más interesante y digno de compartir?

Quizá precisamente porque nuestras necesidades sólo son eso: “paisajes humanos de la

superficialidad”, un instinto de pertenencia y búsqueda de aceptación; por eso nos

proyectamos como lo hacemos.

PD Espero no se saquen de onda aquellos a los que les caiga el saco, recuerden que sólo lo

hago para “molestar” jejeje. Finalmente, siempre habrá, como uno, “renegados de lo

ordinario”, esos que no aceptan la “versión oficial de las cosas”, y que por algo, no necesitan

mostrarse como ordinariamente lo hace la mayoría.

159
SOBRE MUROS “PRESCRIPTIVOS” Y DE “HUMOR BARATO”

Hace unos años, tuve mi primer contacto con aquellos que se hacían llamar “Werevertumorro

y el Escorpión Dorado”, fue en una reunión con varios cuates, lo cierto es que hasta ahora sigo

sin comprender por qué según ondas como esas o muros como “Werewero” resultan tan

“graciosos”. Hay una regla común en el teatro, sobre todo cuando se intenta satirizar, ésta

afirma que un recurso fácil, “barato”, es recurrir a las groserías, el oprobio. Muy bien, en la

comedia se permite todo, y recurrir al lenguaje vulgar para provocar risas es algo que

funciona, y funciona muy bien, sobre todo si quieres “divertir inteligentemente”… jejeje. Por

algo el humor de post con eslóganes que versan “Serás muy electrónico pero cuando estás bien

pedo también cantas mis canciones”, y de fondo una foto de Chente Fernández. Debo decir

que el hecho de que miles y miles compartan tus post, y a su vez, tener millones de seguidores

no está nada mal, podría verse como sinónimo de algo muy chido porque le gusta a la gente,

¿no será más bien que deberíamos hacer algo con el tipo de humor que tiende a gustarnos?

Finalmente, y de aquí paso al otro tema, creo que al igual que muchas cosas que tienen tanto

éxito en México, por diversas razones triviales, sólo son reflejo de cómo nuestros gustos

también nos delatan; y a su vez, luego nos preguntamos el por qué también toda esta atmósfera

desoladora que respiramos.

Según unos datos recientes (sic.), se producen entre 60 y 70 memes por hora en las redes

sociales, y muchos de éstos son de tipo “prescriptivo”, desde “frases Coelho”, “matonas”,

cristianas, o del tipo “La arrolladora banda el limón” hasta “Triciclos Apache”…, jejeje.

Tomemos un ejemplo: “Te besaré tan fuerte, que sacaré las mariposas muertas de tus

160
examores”, versa un meme, quizá creado para aquéllos románticos tipo “ángel azul” que

andan de “presa”. Creo que frases de ese tipo contienen toda una “cosmogonía del amor

cursi”, como las cosmogonías de telenovela jejeje. “Un gran error es arruinar el presente,

buscando un pasado que ya no tiene futuro”, hay muros que producen memes con frases como

esta última, son las típicas frases domingueras que contienen cierta “sabiduría” light, como las

“frases matonas” de un tal Lozano, y que al igual que el efecto de los libros de autoayuda, su

efecto es inmediato, pues reconforta y da esperanza, al igual que hace creer al lector que ha

adquirido cierto “conocimiento trascendente” jejeje. El problema es que algunos, todos

conocemos casos, de los que tienden a agitar banderas con dichos memes, su efecto no les

dura mucho que digamos, recordemos que México está lleno de optimistas y samaritanos que

sólo “bla bla bla” y nada de “glu glu glu”.

PD En fin, debo decir que ya estoy aprendiendo a no molestar, por eso mejor hablo de lo

ordinario jejeje.

161
SOBRE “IDEOLOGÍAS”, ACTOS Y PERCEPCIONES

En las redes sociales es posible saber “mucho de muchos” sin que esos muchos siquiera se den

cuenta. Lo digo simplemente porque, si es posible tener de “amigos” a personas de distintos

extractos ideológicos y de formación, esto permite especular creando escenarios sobre cómo

sería un encuentro entre “activistas sociales de izquierda” y “capitalistas acérrimos”; entre

“fanáticos cristianos” y “ateos intransigentes”; entre “creyentes de disciplinas y medicinas

alternativas” y “representantes de posturas cientificistas”; entre “románticos de relaciones tipo

manita sudada” y “promiscuos de pacotilla”; vaya, entre “representantes de la alta cultura y la

intelectualidad” y “analfabetas funcionales, amantes de la cultura popular y chatarra”… ¡Sí!,

confieso que todo ese espectro abarca la diversidad de mis contactos y conocidos (no sólo en

la red), y en este sentido es que quisiera dedicar unas cuantas palabras.

Cuando uno es joven, creo que resulta que es más posible ser intolerante frente a los

individuos que tienen gustos, acciones e ideas distintas a las de uno, por algo nuestra

“identidad” va conformándose en términos de desenvolverse en ambientes y grupos humanos

con los que compartimos muchas cosas, de aquí que aparentemente nuestros mejores “amigos”

piensan y sienten similar a uno, pero ¿qué pasa cuando se tiene que lidiar con personas

diametralmente distintas a nuestra forma de pensar y actuar? Sin dar una respuesta, sólo me

atrevo a afirmar lo siguiente: cuando se tiene una ideología y forma de percibir y actuar bien

establecida, y se está seguro de la trascendencia de nuestra postura, creo que resulta más fácil

ser tolerante ante la diferencia, a la vez de que cuando no se tiene o se está conformando la

identidad, y se es “volátil existencialmente”, lo más seguro es que se sea muy reaccionario

162
frente a la diferencia, de aquí finalmente es que puede correrse el riesgo de que esa actitud

reaccionaria, o se agudiza o se atenúa.

He conocido a personas que cambian tanto en actos, discursos y percepciones, en términos de

las relaciones amorosas que establecen. Me refiero a que, en diversos casos, algunos eran

carnívoros y los vuelven vegetarianos; o eran indiferentes frente al yoga, el budismo, el zen o

esos “chismes”, y se vuelven hasta “maestros de yoga”; otros eran ateos o agnósticos y se

vuelven cristianos; o le entraban al “sexo, droga o rock & roll”, y después se vuelven

sedentarios que ni salen de casa. ¿Todo es por falta de identidad?, ¿quien transforma tiene más

identidad que el transformado?, ¿será que incluso, también sea transformada la forma de

percibir de una persona? Llegados aquí, un escenario interesante sería ver transformado al

“capitalista acérrimo”, e incluso al “representante de la alta cultura y la intelectualidad”, entre

muchos otros, aunque resulte sumamente difícil, pues creo que primero habría que cambiarles

su manera de percibir, su manera de actuar frente a lo diferente; aclaro que entendiendo por lo

diferente nada que tenga que ver con pensamientos y acciones estúpidas.

Finalmente, debo decir que desde que existen redes sociales como el Facebook, he observado

ciertas transformaciones de mis amigos virtuales (algunos de ellos no sólo virtuales), lo cual

está bien, pues los seres humanos debemos evolucionar, lo curioso es que en muchos casos, yo

creía que ya estaba bien configurada su supuesta identidad, pues hasta sus círculos de amigos

han llegado a cambiar.

Sea cual sea nuestra “ideología” y postura frente al mundo y la vida, que en el mejor de los

casos no debería cambiar cuando es razonable, ésta sí debe ir configurándose con más y más

realidades, no hay que olvidar que lo que se debe estar dispuesto a modificar, para bien,

163
siempre para bien, son nuestros actos y percepciones, de ahí que uno logre ser completamente

tolerante ante lo diferente, pues se cuenta con una identidad bien conformada. En mi caso sólo

he de decir que lo que nunca he tolerado es la estupidez, y vaya que ésta abunda, y mucho, en

la red jejejeje.

PD Actuar, sentir y pensar deben ser uno, cuando no es así, corremos el riesgo de volvernos

intolerantes y partícipes de “escenarios y discusiones bizantinas”, por sólo mencionar un caso.

164
ACERCA DE MEMES Y ROSTROS

Dicen que una función de los epígrafes consiste en reflejar parte de la esencia del texto. En

cierta forma, las manifestaciones virtuales de nosotros mismos a través de subscribir lo

expresado en uno de los fenómenos virtuales por excelencia de las redes sociales: el meme,

permite estructurar, diacrónicamente, un cierto tipo de texto de nosotros mismos, una historia

personal de lo que “nos acontece”. Quisiera hacer un ejercicio semiótico (valga la expresión),

de manera que al analizar algunos aspectos derivados del fenómeno de los memes, en términos

de “cómo los usamos”, nos permita hacer una “radiografía” de las personas que suelen recurrir

a éstos para intentar transmitir algo de sí mismos, pues aunque evidentemente, un gran

porcentaje de los memes resultan ser chistes, ironías…, a pesar de ello, incluso, puede

afirmarse que el tipo de humor del que solemos gustar, también nos muestra.

Pienso que en parte, querer transmitir una idea, un mensaje, un chiste, etc., por medio de un

meme, que finalmente, en la mayoría de los casos no ha sido creación propia, implica, en

cierta forma, que recurrimos a otros para “decir lo que quisiéramos decir…” En este último

sentido, sólo por molestar jejeje, les preguntaría a aquéllos que “abusan” de los memes: ¿no

tienen ideas propias?, ¿su humor es tan parco que sólo pueden hacer un chiste recurriendo a

los memes? Planteo estas cuestiones sobre todo porque, lo más seguro, esos de los que hablo:

hasta cuando comentan en el muro de alguien lo hacen con memes.

En este último sentido es que puede considerarse al meme como una “categoría de

comunicación” propia de las redes sociales, lo que trae a colación diversidad de reflexiones,

sobre todo en torno de ciertos rostros de nosotros mismos. Así, al suscribir una sentencia, una

165
frase expuesta en memes, parecería que “hemos entendido algo y por tanto: lo que estamos a

su vez diciendo es que “dicho pensamiento y/o sentencia lo estamos insertando en nuestros

pensamientos, sentimientos, acciones…”, ¿será? Todos conocemos a personas que quizá no

son tan “expresivas y conscientes” como el rostro de sí mismas que intentan mostrar en las

redes sociales, de ahí que, como mencioné al principio, es posible estructurar diacrónicamente

un rostro de nosotros mismos, a partir de identificar el tipo de memes que solemos postear, lo

cual a su vez nos puede dar noción de ciertos aspectos que le acontecen a una persona. Claro,

en primera instancia lo dicho anteriormente puede parecer evidente, o incluso “impreciso”,

sobre todo porque muchos usuarios de las redes sociales creen que la mayoría tiende a ocultar

muchas cosas de sí mismos, lo cual, si lo tratamos con atención, resaltando algunos aspectos

sutiles sobre el “comportamiento virtual” de las personas, podremos ver que acostumbrar a

“memear” (valga lo caro del término jejeje), claro que nos muestra, y muchas veces más de lo

que creemos.

Hay páginas, muros, que se dedican a crear memes, obviamente con una cierta intención, ¿no

es evidente que a partir de esto podremos saber algo de quién o quiénes administran el muro?,

lo curioso es cómo ciertas de sus creaciones se vuelven virales, generando un “movimiento de

información” que muchas veces puede llegar a desvirtuarse, en términos de cómo va

desenvolviéndose el meme respectivo, es decir, puede que el meme se geste en muros cuya

veracidad resulta no muy buena que digamos, y aun así, el meme prolifere, puesto que llega a

espacios donde difícilmente se cuestiona. Me refiero específicamente a cómo muchos memes

con “frases célebres” puede que sean plagios o contengan información falsa, sin embargo, eso

no impide que se viralicen, y que la gente los “haga suyos”, fenómeno curioso en la red, donde

comúnmente sucede que: ”muchos saben mucho pero pocos realmente comprenden”.

166
Finalmente, hagamos un ejercicio virtual: pongamos atención a cómo “meméan” (jejejeje)

nuestros contactos, identifiquemos las características del tipo de memes que suelen postear, de

ahí, será sencillo entender algo de cada uno de nuestros contactos, sobre todo porque las

“huellas virtuales” de cada quien, claro que los muestra. Debo decir que no acostumbro a

“memear”, pues considero que si bien, los memes resultan ser un fenómeno virtual por

excelencia, que transmite información, a veces valiosa, en poco espacio, creo que no sirve de

mucho, e incluso resulta ser poco fructífero, sobre todo en aquéllos que postean y postean

memes con “frases célebres”, reflexiones o críticas sociales, incluso con chistes de mal gusto y

subidos de tono; para corroborar esto sólo basta comparar el desenvolvimiento virtual y el

desenvolvimiento real de las personas que “meméan y meméan”.

167
SOBRE EL “INCOVENIENTE” DE ENSEÑAR CIENCIAS SOCIALES Y

HUMANIDADES

Mi primera formación universitaria fue en un tipo de escuelas más herméticas que existen: la

Escuela Superior de Física y Matemáticas (ESFM-IPN), donde sólo daban alguna materia de

ciencias sociales y/o filosofía a los de la especialidad de Matemáticas Educativas, por lo que,

al tomar la especialidad de física nunca cursé ninguna materia que no fuera de física o

matemáticas. Digo todo lo anterior porque, al haber desarrollado mi carrera académica como

profesor en escuelas de ingeniería, y haber tenido la oportunidad de impartir cursos de

matemáticas, física, ciencias sociales y humanidades, me resulta muy curioso el hecho de que,

por ejemplo, en todos los años que pasé en ESFM, nunca escuché expresarse despectivamente,

ni a profesores ni a alumnos, con respecto a las materias de ciencias sociales, lo que en las

escuelas de ingeniería es algo que sucede muy a menudo. Precisamente quisiera dedicar unas

cuantas palabras a tal hecho, que me parece fundado principalmente en la ignorancia y los

prejuicios, entre otras cosas que tienen que ver, incluso, con las capacidades del individuo.

En el caso de las escuelas de ingeniería del IPN, la situación anterior creo que se suscita sobre

todo por dos hechos:

- Quién imparte las materias

- Cómo las imparten

168
En cuanto al primero hecho, que sustenta el segundo, las mismas autoridades, tanto

académicas como administrativas, no ponen suficiente atención en la forma en que contratan

personal para impartir dichas materias. He visto cómo contratan a algún egresado de la

licenciatura en turismo para dar historia; o cómo ponen a un economista a dar ética; he visto a

su vez cómo ponen a alguien que estudió filosofía a impartir alguna materia administrativa; lo

que finalmente también tiene que ver con el profesor respectivo, que acepta dar una asignatura

que no es de su área de espacialidad. ¿Habrá algún matemático que sea contratado para dar

biología o química? En cuanto a lo segundo, obviamente, si ponen a alguien no especializado

a dar una asignatura no propia de su área, esto primero repercute en una especia de

“abaratamiento” de la materia, en un especie de “trivialización” de dicha materia, claro, en

casos excepcionales, debido sobre todo a la capacidad y compromiso del profesor, los

resultados pueden ser satisfactorios, lo malo es que eso es demasiado escaso. Todos los

alumnos que han tomado asignaturas con profesores con características como las que

menciono, saben a qué me refiero, pues puede ser que en su curso: les pasan lista (y a veces

ésta sirve para la evaluación); les califican con trabajos triviales, que muchas veces son

plagios y los profesores ni por enterados; los ponen a hacer dinámicas de integración y

discusión de nivel kínder jejeje; los temas se los dan “platicaditos”, casi con nula profundidad

y extensión; a la vez de que quien trata de enseñarles no domina los temas. ¿Eso mismo pasa

en las materias de física, matemáticas, ingeniería…? No, porque en casi todos los casos, al

menos, quien imparte esas materias sí es experto en el área, cuando no sucede así es

simplemente por falta de ética y capacidad del profesor. Finalmente, claro que las asignaturas

de ciencias sociales y humanidades para ingenieros no deben darse al mismo nivel que para

estudiantes de aquellas áreas, al igual que las asignaturas de ciencias para ingenieros, sin

embargo, eso no debería implicar la trivialización a la que me he referido líneas arriba.


169
Ahora podemos tratar el caso de la percepción que profesores y alumnos formados en áreas

distintas a las de ciencias sociales y humanidades pueden tener sobre éstas. Un profesor o

alumno de ingeniería que se expresa despectivamente de asignaturas de estas áreas, lo hace

principalmente por alguna de las siguientes causas:

- Por ignorancia

- Por prejuicios

- Por estupidez

En algunos casos es por las tres cosas jejeje. Si alguien dice “Esa materia es de chocolate”, si

es alumno y lo dice antes de tomarla, su juicio está basado en la ignorancia y los prejuicios,

por algo éste puede considerarse como un estúpido. No es lo mismo que cierta asignatura te la

impartan “de chocolate”, a que dicha asignatura sea en sí de “chocolate”. En mi caso he

impartido materias de ciencias sociales y humanidades a ingenieros, y ellos mismos han

descubierto que no son fáciles, y que pueden aprender un conocimiento realmente importante

con éstas. A su vez, he conocido a muchos alumnos que nomás no pueden con dichas

asignaturas, y su incapacidad la justifican diciendo que no les gusta o que como “no sirve”,

“¿para qué ponerle atención?” Lo más seguro es que dichos alumnos serán los mismos que, si

llegan a ser ingenieros, no leerán, no sabrán escribir ni siquiera un reporte, y que en casos

como este último serán de los que se justifican diciendo: “yo no soy literato…”, lo cual sólo es

un reflejo de su mediocridad como ingenieros, y a su vez, serán los mismos ingenieros

cuadrados que no podrán ni siquiera establecer una conversación sobre temas fuera de su área.

170
Sólo basta recordar que hay cosas que sirven para resolver un problema técnico, material, etc.

(en parte para eso sirve la ingeniería); y hay cosas que sirven para “ser más hombre…” (y no

sólo eso), lo cual a veces resulta más trascendente.

Finalmente, me atrevo a mencionar, como a veces lo he comentado con alumnos que tienen

percepciones falsas sobre las asignaturas de ciencias sociales y humanidades, que si “alguien

piensa que éstas asignaturas son de chocolate y no sirven”, entonces debería de comenzar por

pensar si realmente es tan inteligente como cree, pues una persona inteligente no piensa eso.

Los ejemplos abundan, como lo que mencioné al principio respecto a mi experiencia en

ESFM, pues la gente inteligente no antepone prejuicios y malas experiencias para calificar

precipitadamente disciplinas y/o áreas, comienza por estar abierto a lo diferente, y de ahí va

formándose su juicio, pretendiendo siempre que dichos juicios sean objetivos. No es lo mismo

externar una opinión que un juicio, el problema es cuando lo primero se disfraza de lo

segundo.

PD Mi mensaje —para aquéllos ingenieros y estudiantes, que tienen prejuicios y falsas

percepciones con las asignaturas de ciencias sociales y humanidades, y de ahí las evalúan

despectivamente—, es que “ingenieros así puede que sean cabrones, lástima que sean

pendejos…” Jejeje, y pues “estupendo”, pero “perdónalos Señor porque no saben lo que dicen

y hacen”.

171
SOBRE LOS PREJUICIOS DE ARTISTAS Y LOS FORMADOS EN CIENCIAS

SOCIALES Y HUMANIDADES

Si bien mi formación psicodélico-universitaria comenzó en el Instituto Politécnico Nacional,

debo confesar que los naufragios en CU (Ciudad Universitaria de la UNAM), en las islas, en

filosofía y letras, en ciencias…, y todo el alucín que conecté después con banda de artistas,

músicos, frikis… ya saben, intelectuales y sus “groupies” también; fue sin duda todo un

descubrimiento para un escuincle del oriente y salido de la voca 7. Lo que siempre me

sorprendió fue la reacción de la banda artística e intelectual cuando descubrían que estudiaba

física y matemáticas. Ciertamente, lo primero que descubrí es que quien tenía prejuicios era yo

jejeje. El que a uno lo “rechacen” o ironicen en un medio artístico en términos de que uno es

“cuadrado, ignorante, sin sentido común, que no comprende al arte, etc., etc.”, no es un

problema necesariamente del medio y de las personas de éste, sino de uno mismo.

Una vez invité a un amigo ingeniero a una reunión en el mítico “Bar Corona”, donde nos

íbamos a echar unas frías con libreros y escritores, entre otros, y lo que me sorprendió fue la

actitud agresiva de éste frente a las charlas, ya que en gran parte se habló de cine, y la mayoría

de las películas y los temas eran del total desconocimiento de mi amigo, de aquí que él juzgó

que los libreros y escritores eran mamones y creídos, sólo porque no podía seguir la charla.

Digo ¿quién tiene la culpa, quién es finalmente el ignorante? El cine está ahí, como la belleza:

rodeándonos por todas partes, sólo hay que estar interesado, ¿por qué yo sí sabía de lo que

hablaban, y era a su vez, exprofesor de matemáticas de mi amigo ingeniero?

172
Ahora bien, ¿artistas y humanistas entienden las ciencias y las ingenierías?, creo que el

problema —si se le puede llamar así, con las personas incapaces de tener un gusto por las

ciencias y las ingenierías, como a veces abundan en el medio mencionado líneas arriba—, no

radica en que sean incapaces de comprenderlas, y de ahí sus prejuicios, como a veces ocurre

en las ingenierías, cuando sin comprender nada del arte o las ciencias sociales, los ingenieros

se atreven a juzgarlos. Sí, para un artista o estudiante de ciencias sociales, las ciencias y las

ingenierías son importantes y sirven, sólo que en muchos de los casos no puedan entenderlas

ni acaso a nivel de divulgación jejeje, no es cierto.

El trabajo intelectual y creativo permite desarrollar actitudes y capacidades que de una u otra

manera sí posibilitan el que se tenga la capacidad para comprender cómo funciona un sistema

de control; o los conceptos de la mecánica cuántica o la teoría de cuaterniones…; sin embargo,

así como el artista plástico domina una técnica y posee talento, así es necesario cierto talento,

cierta forma de razonar para entender ingeniería o ciencias, pero no es cuestión de que artistas

y humanistas o licenciados en ciencias sociales tienen menos IQ que un ingeniero ó científico

(mito común en la comunidad ingenieril), simplemente, para apreciar algo, cualquier

disciplina, es necesario tener bases mínimas, desarrollar aptitudes propias y necesarias de un

campo específico, y que puede que no se apliquen para otros campos.

Por supuesto que dar matemáticas o física a licenciados (ojo: licenciados en administración,

contaduría, economía…, no licenciados en filosofía, literatura o historia) resulta ser más

sencillo que dar matemáticas a ingenieros o físicos, además de que ese nivel más sencillo

puede que les resulte “imposible” a muchos estudiantes de licenciatura, y a su vez, aplicando

prejuicios, juzguen a dichas materias como difíciles, pero no dirán que son de “chocolate”,

quizá se pregunten para qué les servirán, o que sólo están en el plan de estudio para molestar

173
jejeje. Con esto sólo señalo que uno de los prejuicios que quizá tienen los artistas, humanistas

o estudiantes y profesores de ciencias sociales con respecto a las matemáticas o las

ingenierías, es que son difíciles (percepción que no está tan errada que digamos jejeje), y que

bien pueden hacer lo que hacen sin necesitar de matemáticas, por ejemplo. Aunque sólo basta

señalar que cualquier trabajo intelectual y creativo puede desarrollarse de mejor manera si se

inserta el elemento lógico-racional propio del pensamiento matemático. Digo, si una disciplina

te incita a hacer un esfuerzo intelectual, el cual puede servir para pensar con más lógica y

orden, pues creo que bien vale la pena.

Finalmente, así como abundan los prejuicios, ignorancia y estupidez en las áreas de físico-

matemáticas e ingeniería, con respecto a cómo se juzga a las artes o las ciencias sociales, así

también abundan esas mismas cosas en la comunidad artística e intelectual, sólo que gran

parte de los individuos que anteponen sus prejuicios o estupidez para referirse a las ciencias o

ingenierías, son los que yo llamaría “fantoches”, esos que no son ni artistas, ni intelectuales, ni

humanistas, ni científicos sociales, etc.; es decir, esos que sólo andan en el medio, que de vez

en cuando tendrán algún espacio para su “obra”, el cual lo han logrado más por sus conectes

que por su talento. Claro, fantoches así también hay en otros medios. Creo que el principal

problema con la comunidad artística, humanista y de ciencias sociales, es su característico ego

y soberbia (y vaya que abundan), además de ese tan notado “culto a la personalidad”, lo que

precisamente los lleva a cegarse frente a otras disciplinas, y de ahí a juzgarlas erróneamente.

No es necesario que un artista intente hablar de matemáticas o física, como tampoco es

necesario que un científico o ingeniero hable y sepa de arte o filosofía, pero qué extraordinario

sería si siempre fuera así.

174
PD Algo que he aprendido al desenvolverme en medios “dispares”, es que más vale ser

reservado y sobrio, y a su vez, no agitar banderas innecesarias en uno u otro medio.

175
HISTORIAS DEL MAL Y EL GOCE

Bernard Sichere en su obra Historias del mal, plantea una tesis muy interesante, en torno a

nuestra sensibilidad hacia el mal, lo cual le permite hacer una historia sobre distintas

concepciones del mal, y su inevitable vínculo con el goce. Por ejemplo: el autor considera que

el mal en el presente está representado en tres discursos: la política, el psicoanálisis y la

literatura. Precisamente de este último discurso: la novela negra o policiaca, es que desearía

acuñar unas cuantas palabras, asumiéndome simplemente como un amante de este tipo de

literatura.

Como menciona el autor: “No es menos cierto que el crimen extremo, el crimen de sangre, el

crimen bárbaro suscita una emoción particular…”, quizá el tipo de emoción que siente un

lector de novela negra, por lo que creo que una de las novelas que representa el tipo de

emoción del que habla Sichere es Cosecha roja de Dashiell Hammett, pues la violencia a la

que se enfrenta el “agente de la Continental” no puede dejarnos impávidos, creando una

emoción, un cierto goce frente a la “figura del mal” propia de nuestra época: la criminalidad

extrema, la delincuencia. Afortunadamente, obras con estas características existen en gran

medida, basta sólo acercarse a las novelas de Jim Thomson, James Ellroy o John Connolly.

Algo que existe acaso también en las novelas de Patricia Higsmith, Walter Mosley o Chester

Himes. Donde incluso, los personajes principales, aún y a pesar de su condición de detectives,

se ven envueltos en hechos criminales que fielmente nos revelan que el mal, en la actualidad,

ya no está reflejado en la figura del diablo, sino en la del asesinato, en el proceso judicial...

176
Si bien, las premisas de las novelas policiacas no varían en gran medida, pues siempre hay un

crimen, un perpetrador, y alguien que investiga, la emoción por el goce y la tensión de la

historia casi nunca defraudarán al lector. Puede éste acercarse a la obra de europeos como

Georges Simenon, P.D. James, Henning Mankell o Stieg Larsson, y nunca será defraudado.

Un género literario en el que abundan mujeres talentosas como la autora clásica Agatha

Christie, entre muchas otras, y en donde no hay que olvidar a autoras, quizá con menos fama

pero con no menos calidad como Ruth Rendell o Batya Gur.

Finalmente, no pretendo hacer una lista de autores, pues éstas siempre estarán incompletas,

sólo tomé como pretexto el libro de Sichere para invitar a la lectura de un género literario de

primera magnitud, que si bien, de una u otra forma, es un “discurso sobre el mal”, al ser

literatura, siempre traerá goce, a pesar de que explore ciertos recovecos salvajes de la

cartografía humana. Reitero: es un lector y amante de la novela negra el que habla, para nada

un experto, y ni siquiera un crítico.

PD No mencioné a autores de novela negra en español, pues considero que resulta ser otro

universo. Nuestra tradición de novela negra siempre ha estado ahí, no por nada, por ejemplo,

el boom actual de la novela sobre el narco, entre muchas otras.

177
SOBRE LAS “ENFERMEDADES DEL YO”

Recientemente leí un artículo donde el autor hablaba de las “enfermedades del yo”, esas que

“tienen en el pensamiento positivo su explicación”. En cierto sentido estas enfermedades, diría

yo (jejeje): “corresponden a una manera de auto responsabilizarme de tantas cosas, que

muchas veces sólo existen en mi cabeza, o que he interiorizado”. He ahí por qué resulta

“necesario” tanto pensamiento positivo, tanta proliferación de “gurús del espíritu” en una

sociedad en la que ser solidario sólo está referido a una simple categoría socio-política, pues el

individualismo ha resultado ser la postura más practicada últimamente.

Todos tenemos un estilo propio de vestir, de hablar, de pensar. Todos configuramos un perfil,

una personalidad virtual. A la vez, todos perseguimos erradicar lo negativo en nuestras vidas,

a pesar de las irremediables adversidades sociales, económicas, ecológicas…

Así, cuando se padece una “enfermedad del yo”, uno debe primeramente convencerse de que

“la solución está en uno mismo”, como es el leitmotiv de ese tipo de disciplinas

pseudocientíficas que hablan, entre otras cosas, alrededor de que “todas las enfermedades son

psicosomáticas”. Los curanderos del espíritu han “inventado” nuevas facetas del yo, el alma,

el espíritu…, que deben estar en equilibrio con “fuerzas vivas de la naturaleza”, y si éstas se

desequilibran, el individuo se enferma. ¿No está, por tanto, justificada la proliferación de los

coach, los curanderos psíquicos, los cursos de desarrollo humano, de cómo tener éxito y

hacerse rico? ¿No está justificada la actitud de tantos contactos de las redes sociales que

comparten y comparten frases positivas, motivacionales, matonas…?

178
Finalmente, supongo que todos padecemos alguna enfermedad del yo, basta echar una mirada

a las redes sociales y ver cómo el “yoyear” es una de las cosas que mejor se nos da. Quizá la

forma más característica es “yoyear” con imágenes. Pero igual y no me hagan caso.

179
ERROR DE AUTOAPRECIACIÓN O CÓMO LA IMAGEN EN EL ESPEJO

RESULTA EXAGERADA

Definirse adecuadamente en un mundo donde abundan los modelos plásticos de personalidad

puede no ser una empresa sencilla, lo digo simplemente porque a lo largo de mi vida

profesional y contexto de amistades, he podido darme cuenta de cómo los individuos tienden a

desarrollar imágenes y auto apreciaciones exageradas de sí mismos, y por ende falsas, en

relación sobre todo con la actividad a la que se dedican. Me explico.

Se define el efecto Dunning-Kruger como “un sesgo cognitivo, en el cual los individuos con

escasa habilidad o conocimientos sufren de un efecto de superioridad ilusorio”, de tal forma

que conduce a dichos individuos a creerse más inteligentes que otras personas, algunas igual o

más preparadas que ellos, y considerando su habilidad muy por encima del valor real. En

atención a lo anterior, en alguna ocasión escuchaba mencionar a uno de mis senseis que: “los

egos están a la orden del día en un lugar como la Facultad de Filosofía y Letras, y no menos el

sentido de superioridad”. Vaya, en ese momento me vino a la cabeza que dados los contextos

donde me he desenvuelto, y el tipo de personas con las que he tratado, no sólo en los contextos

intelectuales y artísticos, también en los científicos, ingenieriles, empresariales… Lo curioso

es que precisamente en dichos contextos, abundan los individuos que con diversos matices,

podría decirse que padecen el efecto Dunning-Kruger.

-Haberse formado en alguna profesión o disciplina que en ciertos aspectos requiere un IQ más

alto que la media, y/o una sensibilidad más aguda, no implica que uno sea superior a los que

profesan otra actividad, simplemente significa que se cuenta con ciertas habilidades que te

180
permiten comprender más cosas, o que te permiten ser más creativo. Sin embargo, ¿poseerán,

realmente, todas las personas formadas en dichas profesiones o disciplinas, las habilidades

propias de éstas? Si resulta que ciertos individuos asumen superioridad sólo porque “profesan”

una actividad intelectual, por ejemplo, puede que quizá no tienen una correcta apreciación de

sí mismos, por algo su sentido de superioridad, por algo el sesgo cognitivo mencionado. Si

alguien sobreestima su propia habilidad, y recurre a dicha falsa auto apreciación, para auto

valorarse por encima de otros, entonces es, en cierto sentido, un incompetente, porque incluso

tiende a negar las habilidades de los demás, que en muchos casos están por encima de las de

él.

-Casos como los anteriores los he encontrado en contextos artísticos, tales como los literarios

o plásticos; los he encontrado a lo largo de mi carrera profesional, tanto en los contextos

científicos como en las escuelas de ingeniería.

-Un ejemplo fehaciente en el contexto de la ingeniería, es la manera en que individuos

incompetentes realzan su superioridad frente a los individuos de las demás profesiones sólo

porque, según ellos, “saben” matemáticas o física, y asimismo, denigran a disciplinas

administrativas o humanísticas, que disque porque “no sirven”. Quien así se auto percibe y se

expresa tiene, primero, una falsa apreciación de sí mismo y de su profesión, y por tanto, una

incapacidad para reconocer las habilidades y virtudes de las demás profesiones, a la vez de las

personas pertenecientes a éstas. Segundo, quien se asume más inteligente y superior que otros

formados en disciplinas distintas a la suya, deja de lado que en otras disciplinas o profesiones

también hay individuos igual o más inteligentes que él; si realmente fuera el caso de que es

más inteligente, por ejemplo, no pensaría ni se expresaría de la forma mencionada. La gente

181
inteligente no piensa y actúa como los incompetentes, como los que padecen el sesgo

cognitivo mencionado.

-Un ejemplo fehaciente en el contexto intelectual, tiene que ver con la creencia de que un

“intelectual” puede opinar de cualquier cosa. He conocido a escritores y filósofos que no

comprenden nada de ciencia, pero aun así opinan. Aunque también los hay que son sobrios y

recatados, y más bien se muestran habidos de saber, pues reconocen sus propias limitaciones.

Estos últimos difícilmente podrían poseer el sesgo cognitivo del que hablamos.

Finalmente, recordemos que la ignorancia y la estupidez abundan, y en determinados

contextos uno debe tener cuidado cuando trate con personas con tendencia al sesgo cognitivo

del que hemos hablado. Ser competente y poseer un alto conocimiento de algo no nos hace

superiores, como tampoco profesar una actividad que pocos podrían profesar. Hay que

aprender a mirar adecuadamente la imagen de nosotros mismos que habita el espejo, y a veces

hasta hay que escupirla, y dependiendo de la reacción de ésta se podrá tener noción de qué tan

real es…

PD Si a alguien le ha caído el saco no se estrese, recordemos que sólo es una masturbación

mental.

182
MASTURBACIÓN MENTAL 1

Cada vez que escucho comentarios como que “las nuevas generaciones son más inteligentes”,

“ahora los niños vienen con otro chip”, etc., etc., no dejo de sorprenderme y dibujar una ligera

sonrisa ante tales tonterías.

No es necesariamente que los niños de ahora sean más inteligentes que los niños de, digamos,

hace tres o cuatro décadas, no, claro que no. Simplemente, el mundo en el que los millennials

han crecido, tiene otros matices, otros ambientes..., distintos al mundo configurado en otras

generaciones. No me imagino a ningún representante de mi generación, la X, siendo

inoperante frente a cualquier chuchería tecnológica. Si hubiera habido celulares,

computadoras, tablets, etc., en los 70’s y 80’s del siglo pasado, y el mundo funcionara

“alrededor de la web”, como ahora, seguro que también hubiéramos podido manejar dichos

aparatitos sin ningún problema. La cuestión que surge es si las infancias de las distintas

generaciones se pudieran haber desenvuelto de manera similar. Sí, soy un poco inocente jejeje.

Siempre lo he dicho: es una total estupidez evaluar el mundo, a las personas, las acciones, la

música, etc., actuales, con los ojos pasados, con una visión de generaciones anteriores. Cada

vez que escucho a alguien decir: “En mis tiempos todo era mejor”, “Ahora la música que oyen

los chavos, el cómo se divierten..., está mal”, etc., eso es no tener consciencia histórica, entre

otras cosas, como estacionarse mentalmente. Pregunto: ¿por qué esos mismos que dicen lo

anterior, son los mismos que resaltan la superioridad de las nuevas generaciones sólo porque

manejan ciertos aparatitos? Por un lado afirman cierta superioridad de “cómo nos

183
conducíamos antes”, por el otro, reconocen sus limitaciones frente a las sólo más habilidades,

no más inteligencia, de estas nuevas generaciones.

Cada generación es, en cierto modo, una consecuencia, sea sublime, sea banal, de las

generaciones anteriores. Ahora los X “controlamos” muchas cosas, antes nos controlaron a

nosotros, y el cómo respondimos, fue producto de la textura de dicho control. ¿No será que los

millennials sólo son una consecuencia de muchas cosas en las que creímos, y que a su vez:

detestamos los X? En fin, recuerden que sólo es una masturbación mental, ya veremos qué

pasa con las generaciones venideras, y todo eso será principalmente culpa de los aciertos y

errores de los millennials, como éstos lo fueron de los X jejeje.

184
SOBRE EL PULSO INTERIOR Y “NIÑOS MIMADOS”

Hace unos días leía un artículo sobre Ortega y Gasset y su opinión sobre la técnica como

creación de mundo; lo que, entre otras cosas, me llamó la atención es cómo el autor, al

concebir el concepto de “hombre de masa”, declara que el perfil psicológico de éste “coincide

con el de un niño mimado: alguien que se ha criado en un contexto lleno de posibilidades, de

seguridades y de comodidad; contexto que le ha jugado la inaparente mala pasada de exigirle

poco o ningún esfuerzo. Lo peor es que el niño mimado, demasiado bien acostumbrado, no

valora nada de lo que tiene.” Tomo de pretexto este pasaje porque creo que efectivamente, el

filósofo español ha tocado un punto básico con respecto a la forma de pensar y actuar que

caracterizan a muchos de nosotros, hijos de nuestro tiempo.

¿Cuántos de nosotros hemos escuchado decir a jóvenes y adolescentes que no necesitan que se

les trate de enseñar algo, porque cuando ellos lo deseen, lo buscarán, pues “Google is your

friend”? Sí, supongo que como todo está ahí, en un mundo con todas las posibilidades, no hace

falta “digerir algo que no nos sirva para nada…” ¿Qué tipo de valor le dan estos “niños

mimados” a conocer por conocer, a los productos sublimes de la ciencia, la técnica, el arte…?

Sólo hablo de lo que llamaría “el pulso interior”, eso que nos incita, nos impulsa a actuar de

cierta manera…

En efecto, el mundo actual es otro, pero en cierto sentido: sigue siendo el mismo. No se trata

de valorar algunas cosas en términos del momento histórico en el que se vive, porque

ciertamente muchas cosas que antes se pensaban eternas, hemos ido descubriendo que no lo

son. Se trata de no perder objetividad, de darle a las cosas la dimensión precisa que se

185
merecen. Entonces, ¿por qué el “niño mimado” no desea hacer un verdadero esfuerzo?, ¿por

qué sólo desea “vender” una imagen, poseer cosas, adquirir reconocimiento, mostrar sus

desmadres y “logros superficiales”? Esta última cuestión está relacionada con el caso

específico de lo que la mayoría de nosotros mostramos en las redes sociales.

Creo que finalmente, siendo un tanto obvio, nuestro pulso interior está, en gran medida,

condicionado por el tipo de discursos, objetos, individuos, atmósferas, valores, etc., que

configuran nuestra cotidianidad. Ser más o menos niño mimado, depende de qué tan

susceptible se es ante ese mundo que se le viene a uno encima. Por algo, existe tanta y tan

variada nimiedad y superficialidad en las redes sociales, por ejemplo. La idea es muy simple:

el tipo de cosas que “expulsamos” cotidianamente, es directamente proporcional al tipo de

cosas que “digerimos”.

Tomemos un simple ejemplo. El de los individuos y su actuar en las redes sociales. Una vez,

exagerando, como siempre (y ñoñeando jejeje), le recriminaba a un grupo de conocidos y

colegas sobre el por qué, en las redes sociales, no entablábamos discusiones sobre “temas

interesantes” (aunque todo tema es interesante, todo depende de cómo se trate); o discusiones

incluso sobre temas relacionados con lo que cada uno se dedica o le inquieta. Mi punto es que

observaba mucha superficialidad en nuestro actuar, a veces en vivo, pero sobre todo en

nuestros muros. No sé, de ahí el cómo me inquietan las palabras del filósofo. ¿No será todo

producto del perfil psicológico del “hombre de masa”? ¿Por qué somos incapaces de “valorar

la excelencia (científica, técnica, humanista, política…”?, ¿por qué somos un tanto banales en

nuestras personalidades virtuales? De nuevo: hablo del “pulso interior”, eso que nos incita, nos

impulsa a actuar de cierta manera…

186
No se me malinterprete, respeto que cada quien sea como quiere ser; aunque algunos que

tienden a criticar mi actitud diciendo que en las redes sociales no hay que tomarse tan en serio

las cosas, curiosamente tampoco en vivo se toman nada en serio. No veo, por ejemplo, cómo,

al menos a mí, me podría aportar algo ver selfies. Esto último es parte de mi punto, ¿es

interesante el muro de alguien que sólo postea selfies y fotos de desmadres? Digo, todos lo

podemos hacer, pero, ¿qué se tiene como materia gris si sólo eso es lo que compartes?

187
MASTURBACIÓN MENTAL 2

Dice el filósofo Giorgo Agamben que el capitalismo es como una religión, quizá algo así

como una metafísica de la vida, dado que nos dota de un sentido existencial, una forma

característica de ser y actuar… Menciono esto por el simple hecho de que considero que

precisamente, vivir en el capitalismo es aceptar que nuestras formas de vida parecen estar

basadas en algo así como un principio trascendente, como si los seres humanos tuviéramos un

sentido al existir, análogamente al sentido que cumplen naturalmente otros seres vivos. Sólo

que, aceptémoslo: existir como ser humano es lo más arbitrario que existe. Me explico.

Si te vuelves adepto a una religión, por ejemplo, te convences de que tu vida tiene un sentido,

y te vuelves adicto a las acciones en pos de la “salvación de tu alma”. Si te vuelves fanático de

disciplinas prescriptivas, te vuelves adicto del cuidado del cuerpo y del espíritu, por tanto tus

acciones seguirán patrones. Si te vuelves simpatizante de alguna “ideología progresista”, de

esas que abundan en el capitalismo, como las del tipo líder, adquirirás ciertos códigos de

pensar y actuar tergiversados. Si crees que sólo se trata de ser feliz, siempre buscarás algo que

te convenza de que la existencia humana tiene un sentido, y de ahí, optarás por toda la amplia

gama que el mundo capitalista actual te brinda para soportar el “peso de la existencia”.

¿Visión pesimista? Puede ser. Aristóteles decía que el ser humano es el animal no fijado,

siempre está deviniendo animal, deviniendo ser humano; el capitalismo es el sistema que

mejor le permite llevar a cabo ese devenir, a la par de que convierte en sagrado cualquier cosa,

de ahí, a la sazón de René Girard, que convivan en el capitalismo, como una atmósfera

188
inherente: la violencia y lo sagrado... En fin, sí, lo sé, ahora sí me he masturbado mentalmente

de manera excesiva jejeje.

189
EL PRECIO DE LAS IDEOLOGÍAS

Uno debería ser cuidadoso en no saturar una postura ante la vida con ideologías. El problema

es que muchas veces, la línea divisoria entre aquélla y éstas resulta no estar muy clara, o

simplemente tergiversada, incluso llega a desvanecerse y convertirse en un híbrido espinoso,

como generalmente resulta ser. Quizá para muchos, lo que puede caracterizarse como “postura

ante la vida”, generalmente es una “ideología”, pero: ¿qué entendemos por ideología?:

conjunto de ideas que caracterizan a un individuo, grupo humano, sociedad… Así,

permítaseme explicarme.

Tener una postura ante la vida implica un estado mental, emocional, espiritual, vaya, implica

asumir una “ética personal”, es decir, conducir nuestro pensar y actuar en apego a ciertos

valores, principios y/o hechos, éstos últimos como es el caso de una postura científica ante la

vida, y claro, también se atiende a ciertas ideas que uno considera fundamentales. Tener una

ideología en cambio, significa que configuramos nuestro pensamiento, y de ahí nuestros actos,

en términos de una especie de “léxico mental”, lo que comúnmente se denomina “conjunto de

creencias”, y como ya sabemos, éstas, si se definen como Verdad, aun y cuando no sean

suficientemente razonables, ni veraces, pueden hipostasiarse en las personas, los grupos

humanos, las sociedades, y provocar consecuencias desastrosas, nefastas. De esto último, un

ejemplo clásico es cuando, teniendo bien configurada una postura ante la vida, asumimos que

“algo es así y no puede ser de otra forma”; es como la ideología de cristianos, sectarios, ciertos

grupos socialistas, capitalistas, veganos, ecologistas, ateos, etc., y que simplemente atienden a

la fórmula:

190
Postura ante la vida=Ideología

¿Reduccionismo, exageración?

Sí, podría ser, aunque, poniéndome de ejemplo, yo tengo una postura ante la vida de tipo

científico, por lo que se supone que sólo me atendré a los hechos, ¿podría por tanto creer en la

astrología, la “geometría sagrada”, la medicina alternativa, el poder de las pirámides, etc.,

etc.?, la respuesta debería ser no, y al menos en mi caso es así, pero ocurre que si saturara mi

postura ante la vida con ideología, como sucede en otros casos, lo más seguro es que la

respuesta sería afirmativa, pues estaría siguiendo la fórmula. Es más, resulta sorprendente

cómo, con respecto a lo que mencioné sobre los “híbridos espinosos”, actualmente en las

sociedades modernas se entremezclan distintas posturas ante la vida con muchas y variadas

ideologías.

Conozco a personas que son defensores de animales pero acérrimos carnívoros, y al mismo

tiempo estudiaron ciencias pero son religiosos, y recurren a veces a pseudo disciplinas

prescriptivas, que si bien pueden “sanar su espíritu”, ¿sanarán su cuerpo? Claro, me dirán

muchos que todo es psicosomático, no discuto eso porque hay casos en que funcionan “ciertos

remedios”, pero ni son ley, ni curan en toda la extensión de la palabra, y de éstos hay muchos

casos.

Conozco también a “socialistas” que son acérrimos creyentes, y discuten sobre la praxis en

restaurantes de varias estrellas jejeje. En fin, hay gente religiosa que va con el chamán o con

“brujos blancos” que apelan al Señor para curar el mal de ojo y otros males “hipostasiados en

su cerebro”. Hay posturas ante la vida tipo “únete a los optimistas”, pero están saturadas de

191
ideologías contradictorias, los individuos con dichas posturas a veces son “humanitarios” pero

a la vez son clasistas o racistas.

En fin, lo cierto es que difícilmente estamos libres de las “garras” de las ideologías, sobre todo

las que literalmente sólo son CREENCIAS, por eso hay que también desconfiar de las

costumbres, esas creencias que se trasmiten de generación en generación, y que hacen que los

individuos crean que les dan identidad y solidifican su postura ante la vida, ¿será? Finalmente,

con respecto a las ideologías y las posturas ante la vida, debo decir que el meollo estriba en

qué tanto somos capaces de creer, pues como dijera uno de mis poetas favoritos: “Creo que

creo en lo que creo que no creo. Y creo que no creo en lo que creo que creo.” Lo cual crea una

desorientación de toda una generación jejeje.

192
EL “DOLOR” CUANDO VIAJAMOS

“Tengo un corazón raro. A veces prospera en base al castigo.” Escribió alguna vez Tennessee

Williams, y claro, no cabe duda que el dolor puede darle sentido a muchas cosas. “No me

arrepiento de haber sufrido tanto. El dolor le da a la vida un sentido que ésta no tendría, y

fortalece...” Lo dijo una vez un enfermo mental. Ahora, un “enfermo mental” declara que

viajar también, y que al hacerlo el corazón prospera. Lo curioso es que la mayoría de los

viajantes, “choreados” como el adicto que piensa que todos sus viajes son placer, creen que al

viajar no se sufre, que todo se trata de un goce, de un aprendizaje de vida y un pasarles por

enfrente a los otros las imágenes del viaje, aunque muchas veces este viaje resulte ser tan

superficial…

Digo todo esto porque siempre que viajo, me sorprende mirar al turista, ese “apátrida

artificial” que acostumbra seguir patrones y/o códigos que siempre lo delatan. Un turista actúa

en términos de intentar responder a preguntas como: “¿qué hay que ver en…?, ¿cómo

divertirse en…?, ¿qué comer en…?, etc., etc., y muchas de sus preguntas las veremos

“respondidas” en, por ejemplo, los álbumes de fotos que suelen crear, esos paisajes de lugares

quizá sí extraordinarios, pero sin un mínimo relato de lo que sintieron en la carne, en los

nervios…, sin ningún atisbo de todo eso que se les venía encima; dicen que “una imagen dice

más que cien palabras”, ¿será?

Sí, es un viajante el que habla, el que padece y sufre con los paisajes, los lugares, las personas,

los idiomas, las monedas, los olores, las miradas, los sabores… Que odia las largas colas, las

largas esperas, las selfies (como las odio jejeje). Por eso prefiero salir a horas no pico, por eso

193
prefiero tratar con los nativos, con la gente de a pie. Y que si compra suvenires, lo hace en

mercados o puestos de la calle, no en aeropuertos y “tiendas oficiales”.

No hace falta que piensen que soy un amargado, un quejoso, un mamón que vomita sus

frustraciones, porque sí: soy todo eso y más, jejeje; bueno, al menos estas frustraciones son

directas, no enmarcadas en “fondos rosas” y caras sonrientes con un paisaje de fondo, como

generalmente lo muestran las fotos de todos los que viajan.

PD Sé muy bien que “todo lo que dije puede ser usado en mi contra”, y la verdad es que sí,

porque tengo, como Tennessee Williams, un corazón, un pensar raros, es que me gusta irritar a

las “buenas consciencias”, por eso a veces también me autocastigo...

194
LA RAZA SIEMPRE TERMINA SIENDO LO QUE EN EL FONDO ES

A finales de los 90’s del siglo pasado, ya era un profesor de la ESIME (una de las escuelas

más emblemáticas del IPN), y me encontraba a su vez, tratando de entrar a una maestría que

me permitiera mezclar dos disciplinas: la física y la filosofía. Desde mi punto de vista

(idealista como siempre): todo lo demás pasaba a segundo término; así lo hice saber a un

grupo de compañeros profesores, los cuales se encontraban en la misma disyuntiva que yo, en

cuanto a qué maestría estudiar. Menciono lo anterior porque dicha situación me hizo recordar

lo que una compañera profesora me dijo: “te vas a morir de hambre, mejor estudia algo que

sea útil, que te deje dinero…” De aquí que no deseo comenzar una masturbación mental

alrededor de si ella tenía o no razón, ni si hay o no lugares comunes con respecto a cómo

tendemos a evaluar diversas disciplinas, y menos de si es una visión capitalista o chismes

como esos jejeje, vaya, tampoco de si debemos o no combatir percepciones como esas. Lo que

deseo señalar es un punto muy específico, que tiene que ver directamente con cómo el

individuo se evalúa a sí mismo, y a su vez, evalúa la realidad. Me explico.

Lo que yo interpreto con juicios de tal naturaleza, no es que la realidad ha hecho que el

individuo la evalúe en términos materialistas, o que es “alguien resentido, estúpido, que no

entiende, etc., etc.”, más bien, comencemos con la cuestión: ¿cómo el individuo se evalúa a sí

mismo, y de ahí: cómo evalúa la realidad? El punto es muy simple. Por ejemplo, hay personas

que “en el fondo de sí mismos” creen que en el mundo realmente hay “fuerzas inanimadas” o

algo así, son los religiosos, los que combinan posturas orientales con disciplinas o doctrinas

prescriptivas, que rezan u oran, que invocan “la buena vibra”, etc., y de esta manera conducen

195
su vida; es decir, adquieren una manera específica de “auto concebirse”. Alguien dirá: “sí pero

la misma realidad, las experiencias… son las que llevan a los individuos a ese tipo de

conductas, de auto concepciones”, puede ser, aunque no creo que del todo sea así.

“LA RAZA SIEMPRE TERMINA SIENDO LO QUE EN EL FONDO ES”. No es que las

tragedias personales, la escasez, las vivencias, etc., conduzcan a alguien a volverse cristiano,

por ejemplo; no, el individuo, en el fondo de sí mismo, ya trae algo que lo conducirá por ese

camino. No hablo de destino, ni pretendo plantear que “estamos ya individuados” y por tanto,

no existe la subjetivación, ni nada de esa terminología de los entendidos. Muy simple: “coloca

a un individuo en una situación y tarde o temprano aflorará lo que realmente es.” Por algo

gente como yo, por ejemplo, nunca podría volverse religioso.

¿Y dónde quedó todo el chisme de la profesora y de estudiar algo que deje billete…? Jejeje. El

individuo se autodefine de cierta forma (aunque a veces no esté muy consciente), y de ahí

comienza “todo su drama con la realidad, con la vida, con sus relaciones, con sus posesiones,

con su escuela, con su trabajo, con sus mascotas, con sus padres, con sus hijos, con sus

amigos, con su supuesta vocación…” Finalmente, con respecto al ejemplo concreto con el que

comencé esta masturbación: ¿una persona que antepone como fin (por ejemplo el dinero), algo

que no es ella misma (vocación), sabrá realmente lo que “hay en el fondo de sí mismo”? En

fin, ya me fumé mucho jejeje.

Sólo mencionaré que no sé lo que ha pasado con ese grupo de profesores, espero ya sean ricos

jejeje; y bueno, estudié la maestría que yo quería, y no me morí de hambre, y conocí a su vez

una disciplina que me apasiona enormemente, a parte de la física, la música, la filosofía, la

poesía, la literatura…: la filosofía de la física.

196
SOBRE LAS SELFIES

Ahora que estamos inmersos en lo que algunos han llamado “la cultura de las selfies” —que el

actor Christoph Waltz, al igual que “me mismo”, como que despreciamos, por ser

simplemente una manifestación de nuestra “pobreza de identidad como sociedad”—, habría

que preguntarnos: qué tan sano para esa misma sociedad es que una chava pase de ser una

simple enfermera a una “modelo de Play Boy” (sic) por subir sus selfies; o que cualquier

“adolescente veinteañero o treintón”, sin un mínimo de materia gris, sea masculino o femenino

(para no sonar discriminatorio jejeje), tenga más seguidores o “me gusta” que un líder de

opinión, una celebridad (habría también que precisar), un artista o el mismísimo Papa (que

mamón jejeje). Sí, habría que preguntarnos si una sociedad conformada en su mayoría por

individuos así goza de buena salud, si se encamina a una positiva transformación, y no

terminará siendo víctima de sus propias auto complacencias.

Esos mismos individuos, adictos a la adulación, incapaces de gestar una idea propia que,

incluso, en lugar de mínimamente de reciclar ideas de otros, o compartir algo “que aporte”

(aunque, habría que precisar lo que es eso de aportar jejeje), han decidido que lo más

importante del mundo SON ELLOS MISMOS. Estos individuos, residuos de lo que alguna

vez se llamó “el culto a la personalidad”, son incapaces de realmente aprovechar lo que redes

sociales como Twitter o Facebook les ofrecen, para “realmente mostrarse”, por algo sólo

deciden mostrarse con calcomanías humanas que ellos mismos han definido como “ejemplos

de belleza”. Sí: ¿qué tipos de individuos son éstos que tanto en su foto de portada como en su

197
avatar aparecen “ellos mismos”, y nos comparten cada semana, más y más imágenes de ellos

mismos?

Claro, reconozco que quizá, lo más seguro, sólo sea una simple queja de alguien a quien le

gusta molestar a las personas con “buenas acciones y con buenas consciencias”, que no hacen

daño a nadie, las mismas que tal vez ni siquiera caen en la categoría de lo que Pulp llamó

“common people”, porque éstas personas, que son las más, y que por tanto, definen lo que “es

normal”, están más allá de lo peculiar, y están marcando tendencias, y se perfilan como

“modelos a seguir”. Sí, quizá sea sólo una simple queja de alguien que ve agonizar algo que él

pensaba era un buen atisbo de una “sana manifestación de humanidad”. Pero no me hagan

caso, a fin de cuentas, es una masturbación mental.

198
NO SIEMPRE DEBEMOS DE OPINAR

Desde hace tiempo, acostumbro a poner atención a muchos de los comentarios que suelen

externar las personas en cualquier artículo, blog o foro de opinión…, sobre todo para satisfacer

mi afán de curiosidad, lo cual sólo me ha llevado a corroborar, parafraseando, una de las

sentencias de Marilyn vos Sant (una de las personas con el IQ más alto): “la mayoría de la

gente opina por opinar, pues sólo se limita a seguir caminos trazados por otros…”; basta decir

que en un escenario ideal, lo mejor sería que todos pensáramos muy bien lo que vamos a decir,

que tuviéramos pensamientos y sentimientos propios, y que cada vez que nos “expresáramos”,

éstos se mostraran en plenitud, lo cual, como todos sabemos, en la mayoría de los casos no es

así.

Recordemos, por ejemplo, la sentencia: “lo que Pancho dice de Pepe dice más de Pancho que

de Pepe”, ¿hace falta aclarar la sentencia? En general, no sé por qué necesariamente

tendríamos que decir algo sobre EPN, el caso Ayotzinapa, el Estado Islámico, la economía

mundial, el nuevo descubrimiento científico, los grupos ecologistas, la película “50 sombras

de Grey”, el “14 de febrero”, la nueva selfie de mi amiga, los viajes de mis amigos…, etc.,

etc.; porque no, habría que recordar que no tenemos que decir nada cuando nada tenemos que

decir, sobre todo cuando lo que nos atrevemos a decir es sólo un cúmulo de “lugares

comunes”, “frases hechas” u “opiniones recicladas”. Recordemos el mensaje de la sentencia

de líneas arriba: “lo que yo diga dice más de mí que de quien pretendo hablar…”, por algo, en

muchos de los casos, deberíamos ser más sobrios y no decir nada cuando nada interesante

podemos decir, incluyendo las estúpidas y “simpáticas” opiniones expresadas con memes.

199
Finalmente, sólo pretendo señalar que dadas las posibilidades que el mundo virtual nos ha

traído, en cuanto a la proliferación de la comunicación y la información, deberíamos tomar

más en serio esa sentencia de Wittgenstein: “de lo que no se puede hablar mejor callar”,

lástima que la realidad parece ser otra, ni modo, este es el mundo de principios del tercer

milenio jejeje.

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