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Cómo salir de la depresión

Jay Adams

CLIR
Guadalupe, Costa Rica

© 2012 por la Editorial CLIR


Primera impresión © 2007

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro podrá ser reproducida, procesada en algún sistema de
recuperación, o transmitida en alguna forma o por algún medio electrónico, mecánico, fotocopia, grabación o de
cualquier otra manera, sin el permiso previo de la editorial, CLIR 2070-2100, Guadalupe, Costa Rica.

www.clir.net

Traducido con el debido permiso.

Título original: What do you do when you become depressed? por Jay Adams, y publicado por Presbyterian and
Reformed Publishing Company.
Cómo salir de la depresión

SIN ESPERANZA? TAL VEZ USTED NI SIQUIERA tiene deseos de leer este folleto.
Seguramente no le va a gustar si está enfrentando una depresión en este momento.
Usted tal vez está pensando. “¿Qué sentido tiene intentar otra cosa?” “De todos
modos, nada ha servido hasta el momento”. Antes de hacer este folleto a un lado,
quisiera decirle una cosa que espero permanezca con usted. Espero que lo que le voy
a decir le impulse a tomar estas páginas de nuevo y terminar de leer lo que tengo que
decirle. Lo que quiero decirle es esto: Hay esperanza para usted; su depresión puede
ser vencida —no sólo por ahora, sino para siempre—.
En este folleto quiero compartir con usted cómo puede salir de la depresión y no
volver a caer en ella. Si usted sigue leyendo hasta el final de este párrafo, leerá que
cientos de personas tan deprimidas como usted, han encontrado la salida. Y si usted
continúa leyendo hasta el final de este folleto, descubrirá que lo que aquí se encuentra
no es nada complejo, no requiere de mucho tiempo, y nunca falla. La razón por la
cual puedo hacer estas declaraciones atrevidas es porque la forma de salir de la
depresión no es un invento mío ni de ningún otro hombre, sino que es dada por Dios
mismo. Es por esto que existe la esperanza. Hay esperanza porque al fin usted ha
llegado a la conclusión de que ninguna otra cosa funciona. Y estoy totalmente de
acuerdo. Hasta ahora usted no ha tomado el camino trazado por Dios. ¿No cree que
es hora de considerar lo que Dios tiene que decir? “¿Cuál es el truco?” se preguntará.
Si con la palabra “truco” se refiere a condiciones para salir de la depresión, déjeme
decirle que hay tres:
1. Usted debe conocer a Dios personalmente antes de que pueda esperar que él le
ayude.
2. No debe tener como meta principal aliviar su depresión, sino que la meta
principal debe ser agradar a Dios y hacer lo que él diga.
3. Debe estar dispuesto a hacer exactamente lo que él diga, no importa su estado
emocional.
Estas son las condiciones; me parece que puede cambiar esa palabra por cualquiera
de estas: formas, maneras, vías, opciones. Ahora, si con la palabra “truco” usted
quiere decir otras condiciones ocultas que no serán reveladas hasta después, le
aseguro que no hay ninguna. La depresión puede ser vencida siguiendo las directrices
de Dios y con el poder que Dios da por medio de su Espíritu Santo para que aquellos
que conocen a Dios puedan seguir su Palabra. “Está bien”, dice usted, con alguna
reserva y precaución. “Hábleme acerca de eso. Voy a oírle, pero no voy a levantar
demasiado mis expectativas. Le voy a oír, pero no quiero que mis esperanzas sean
otra vez despedazadas dentro de poco. Me duele demasiado. Ya me ha pasado una y
otra vez. Y déjeme comenzar con uno de esos trucos —usted les dice “condiciones”—
: ¿Qué quiere decir usted cuando insiste en que yo debo conocer a Dios? No
comprendo eso”.

Conocimiento de Dios
Me alegra que usted haya tocado este asunto desde el puro comienzo, porque es
algo fundamental. Todo depende de este punto. Usted nunca debe usar a Dios como
un mago para obtener algo que usted quiera. Tampoco debe usar la Biblia como si
diera alguna técnica mágica para obtener sus propósitos. Es verdad que Dios da
principios y métodos en las Escrituras que cambian vidas. Pero estos principios no
funcionan de manera mecánica sin su bendición. Esto significa que usted necesita
esta bendición antes de comenzar. Para recibir esta bendición, necesita una relación
íntima y personal con Dios. “Creo que aún no entiendo”. Está bien, déjeme explicarlo.
Usted y yo, al igual que todos los demás seres humanos que han nacido en este mundo
—con la excepción de Jesucristo— hemos nacido como pecadores. Nuestros padres
eran pecadores, y sólo pudieron engendrar pecadores. Sus hijos, al igual que usted,
nacen como pecadores. La Biblia enseña que “por cuanto todos pecaron y están
destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Cuando Dios dice “todos”, quiere
decir “todos”. Y esta verdad la vemos por todas partes. Usted nunca ha conocido a
una persona perfecta. Y es aquí donde está el problema. Dios es un Dios santo. Dios
mora en perfecta justicia. Pero nosotros por ser pecadores somos indignos de vivir
con Dios y nos hemos alejado de Dios llegando a ser sus enemigos porque rehusamos
obedecer sus mandamientos. Dios ha dicho: “No mentirás”, pero todos hemos
mentido. Dios dijo “No robarás”, pero no hay nadie que no haya robado, comenzando
cuando éramos niños y tomamos alguna galleta sin que nuestra madre lo supiera.
“Desobedecer” significa también que nos hemos colocado bajo una sentencia, porque
Dios no sólo es santo, sino que es el juez justo de todas sus criaturas. Y Dios ha
juzgado que debemos sufrir la pena por nuestros pecados. Sin embargo, siendo un
Dios de misericordia, ha provisto perdón para nuestros pecados en Jesucristo. Los
que nunca han sido perdonados por Dios “están destituidos de la gloria de Dios”,
aquella gloria que Dios compartirá con los que le conocen. A esto me refiero. “Pero,
¿cómo se llega a conocer a Dios?” Por medio de la fe en su hijo, Jesucristo. Lo que
quiero decir es esto: ya que nosotros no podemos librarnos de nuestros pecados, Dios
en su misericordia proveyó perdón al enviar a su propio hijo para morir en el lugar
de los pecadores culpables, tomando sobre sí el castigo que ellos merecen. Cuando
uno llega a reconocer que merece un castigo terrible a causa de sus pecados y la
santidad de Dios, y cuando se arrepiente verdaderamente de su vida rebelde, y cuando
abraza a Jesús quien murió en la cruz, entonces Dios lo salva del castigo eterno. Dios
ya no lo tiene por culpable, y lo acepta como amigo. Ahora Dios ya no es su juez,
sino su Padre celestial. Y los que conocen a Dios de esta manera, Dios les confirma
las promesas hechas en la Biblia. Pero estas promesas no pertenecen a cualquiera,
sino sólo a los que han sido reconciliados con Dios de la forma que Dios determinó
en Cristo, y revelada en las Escrituras. Para leer más sobre esto, puede buscar los
siguientes pasajes en la Biblia: Efesios 2:8, 9; Juan 3:16; Romanos 4:4, 5. Si todavía
no comprende, puede consultar con la persona quien le dio este folleto, un pastor
Cristiano, o el distribuidor.
Pero asumamos que ha depositado su fe en Cristo Jesús, y que conoce a Dios como
su Salvador y Señor, y aun así está bajo la carga de la depresión. Recordemos lo que
dije anteriormente —el conocimiento de Dios es una condición para ser librado de
ella—. Pero no dije que el conocimiento de Dios automáticamente resuelve el
problema. Así que, procedamos.

Tratando la depresión
Aunque la depresión es algo muy debilitante, y bastante común entre los cristianos
y los no —cristianos, no es un problema tan difícil como de primeras aparenta ser.
Lo que usted debe reconocer es que la depresión es el resultado de una falla en su
dominio propio y la disciplina personal. Un fruto del Espíritu Santo es la disciplina
personal de buscar obedecer la Palabra de Dios, buscando agradar a Dios en vez de
cumplir sus propios deseos (Gálatas 5:23). Este es el meollo del asunto. “Pues, no
entiendo. Si espera que yo capte todo eso, tiene que explicarse mejor”. Por supuesto.
Yo estaba definiendo los términos generales antes de llegar a lo específico, porque
quiero que entienda lo más básico antes de proceder. Pero hablemos concretamente.
Los que son especialmente vulnerables a la depresión son las personas que deben fijar
su propio horario, como por ejemplo las amas de casa, los predicadores, y los que
trabajan en lo propio. Las personas que tienen trabajos con horarios fijos, y tienen sus
tareas más o menos programadas, rara vez caen en depresión. La razón de esto es que
su trabajo no depende del dominio propio ni de la disciplina personal a tal grado como
sí se necesita en las otras vocaciones. Los que tienen horarios fijos y tareas
programadas rara vez se atrasan en su trabajo. Pero la persona que debe fijar su propio
horario, y debe ejercer el dominio propio, enfrenta otro desafío. Vivimos en una
cultura que no enfatiza el dominio propio. De modo que es fácil atrasarse en el
trabajo, y comenzar el descenso a la desesperación y depresión al obsesionarse con
los atrasos, y al olvidarse de sus obligaciones. Al desorganizarse su horario, se atrasa
más en sus obligaciones, las cuales se acumulan, y rápidamente va rumbo al camino
que lleva a la depresión. Si le agregamos algún otro factor tal como los siguientes,
obtiene la receta perfecta para una olla espesa de depresión:
Factores adicionales que pueden producir la depresión cuando acompañan la falta
del dominio propio
* Una enfermedad.
* Algún pecado no confesado.
* Alguna decepción fuerte en la vida.
* La falta de manejar estos atrasos de la forma que Dios manda.
* Una tendencia de seguir las emociones o los sentimientos en lugar de cumplir
las obligaciones.
* La participación con otras personas que alimentan el sentido de ser víctima.
Dios nos ha hecho de manera que cuando fallamos en el manejo de nuestras
responsabilidades, nuestra consciencia dispara emociones negativas. Si no le
hacemos caso inmediatamente, tarde que temprano llevará a la depresión. David
miraba la depresión como una advertencia de Dios cuyo propósito era llevarlo al
arrepentimiento y hacia un cambio de actitud o de conducta: “Día y noche se agravó
sobre mí tu mano” (Salmo 32:4).
La culpa que acompaña la depresión proviene de la falta de manejar el problema
de la forma que Dios especifica. Si intentamos suprimir nuestra conciencia o este
sentido de culpa por algún otro método, sólo empeoramos nuestra culpa y los
sentimientos dolorosos, y el ciclo se hace peor y peor. Algunos métodos modernos
para acallar nuestros sentimientos de culpa son los siguientes:
* Métodos comunes para silenciar nuestra conciencia
* Pastillas para controlar la depresión
* Terapia que incluye golpes eléctricos
* Yoga
* Expulsión del “demonio” de depresión
Sacando la raíz de la depresión
Un buen comienzo para tratar la depresión es reconocer que la raíz de donde ella
proviene es renunciar a las obligaciones cuando se enfrenta alguna dificultad. En 2
Corintios 4:8 Pablo dice “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en
apuros, mas no desesperados”. Hubo muchas oportunidades en que Pablo se
encontraba con terribles dificultades y oposición. Hubo circunstancias en las cuales
Pablo no sabía qué hacer. Estaba atribulado y en apuros. Pero nunca llegó a la
depresión. En todo tiempo Dios le ayudó a Pablo a atravesar cada dificultad sin
desesperarse. Tuvo atrasos, pero Pablo no permitió que estos atrasos impidieran su
claro llamado a seguir adelante. No se desesperó, ni renunció al trabajo que Dios le
había dado. Se sentía mal, pero no deprimido. La persona en depresión no sólo se
siente mal, sino que también renuncia a sus obligaciones.
La diferencia entre sentirse “afligido” y la “depresión” es de mucha importancia
entender la diferencia entre sentirse perplejo, desanimado, débil, o aún culpable y la
depresión. Toda persona, incluyendo el apóstol Pablo, se ha sentido desanimada, en
algún momento se ha sentido debilitada y muy mal. A todos nos pasa.
Pero esto no es depresión. La depresión viene cuando no manejamos
correctamente el desánimo, la culpa o la aflicción física. La depresión viene cuando
permitimos que los sentimientos asociados con las aflicciones de la vida nos impidan
cumplir con nuestros deberes. Cuando seguimos nuestros sentimientos en lugar de
cumplir las obligaciones que tenemos para con Dios y nuestro prójimo, somos
culpables de pecado y esto nos hace sentirnos peor aún. Cuando añadimos estos
sentimientos de culpa a los sentimientos dolorosos que ya tenemos, nos sentimos peor
todavía, y menos dispuestos a hacer nada. Si seguimos a estos sentimientos de fracaso
—y se hace más fácil cada vez— disparamos un ciclo infinito que conduce a la
depresión. Ahora puede ver lo que yo quería decir con que la depresión es cíclica.
“Tiene razón —así es mi depresión—. Sólo se hace peor y peor”.
Correcto. Mientras usted sigue sus sentimientos cuando le dicen que “usted no
puede” hacer lo que sabe que debe hacer, entonces usted no cumple sus deberes y
como consecuencia se hunde más y más en el hoyo de la depresión, haciendo menos
y menos, reducido a dar vueltas por la casa, quedarse en cama, o ver televisión.
¿Suena familiar? “Sí, me suena. Pero ¿qué puedo hacer? Una cosa es describir el
problema. Otra cosa es superarlo”. De acuerdo. Pero es importante comprender la
dinámica en su vida para poder echar mano a la solución correcta. Yo he notado que
la depresión proviene de manejar mal una situación que le hace sentirse mal. Los
primeros sentimientos dolorosos tal vez venían de algún pecado, o sencillamente de
que cayó enfermo y se acumuló mucho su trabajo y se siente abrumado. Tal vez la
ropa para planchar se hizo una montaña, o los papeles se acumularon mucho en su
escritorio. Sea lo que sea el problema específico, una cosa es de suma importancia:
en lugar de hacer lo que debiera de haber hecho, usted cedió a sus sentimientos
esperando que luego tendría más ganas de hacer aquello. Ya usted escogió el camino
hacia la depresión. La llave para evitarla, entonces, es esta: no siga sus sentimientos
cuando sabe que tiene una responsabilidad que cumplir.
Cumpla su deber en contra de sus sentimientos. Cuando usted hace esto —aunque
al principio sea sin “ganas”— usted lo va a hacer porque sabe que esto agrada a Dios.
Y usted se dará cuenta de que con el tiempo sus sentimientos también cambian. Dios
le va a dar un sentimiento de satisfacción, y luego entusiasmo hacia aquello que antes
usted temía. Usted no debe esperar hasta que tenga ganas de realizar la tarea, o tal
vez nunca lo hará. Tampoco debe enfocarse en sus sentimientos —si tiene ganas o
no— usted no puede cambiar sus sentimientos automáticamente. Haga lo que Dios
quiere que haga —tenga ganas o no—. El cambio de sentimientos será el resultado
que Dios da con el tiempo. Este es el secreto para combatir la ola de depresión que
amenaza con hundirlo. No hay otra forma.
“¿Me está diciendo que si yo hago lo que Dios quiere que haga, sólo para agradarle
a él —aunque no tenga ganas— Dios promete bendecir y fortalecerme, y aún cambiar
lo que siento?” !Así es! Para decirlo en pocas palabras, haga lo siguiente:
1. Haga una lista de todas las cosas que usted ha descuidado porque no tenía ganas
de hacerlas.
2. Ahora comience a hacerlas para agradar a Dios y cumplir con otros que
dependen de ud. (como su cónyuge, familia, jefe, compañero de cuarto, etc).
3. Siga cumpliendo con su trabajo no importa cómo se sienta, hasta que vea la
tarea cumplida. Tendrá un cambio en sus sentimientos. La ola de depresión
disminuirá. Si usted es ama de casa, vaya, limpie su casa, comience a alistar las
comidas de nuevo, levántese en la mañana para despedir a su esposo y a sus
hijos. Si usted es vendedor, deje de inventar pretextos, saque su lista de
nombres, alce el teléfono y haga las llamadas necesarias. Luego salga de la casa
y realice todas las visitas hasta terminarlas. Si usted trabaja en lo que sea, usted
sabe lo que debe de hacer. No espere hasta luego, pensando que tendrá más
ganas después. No posponga sus deberes hasta “un mejor momento”. Lo que
puede hacer ahora mismo, hágalo. No espere otra hora más.
Pensando en el futuro
Una vez que haya salido de la crisis, piense en el futuro. Usted puede evitar la
depresión en el futuro de la misma forma en que salió después de haber caído en ella:
haciendo lo que Dios le pide en cada etapa de su vida tenga ganas de hacerlo o no.
Usted debe organizar su vida en el futuro, y guardar una disciplina de vida, no importa
cómo se sienta. Pida ayuda a su pastor o a algún líder de su iglesia si necesita ayuda
en organizar su horario. Tal vez esta persona puede ayudarle a guardar su horario
durante un período de tiempo hasta que usted se acostumbre a guardarlo por sí mismo.
Esta es una forma de “estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24).
Dios mismo planea y organiza su trabajo. Usted, creado a la imagen de Dios, no puede
vivir su vida sin el orden y la disciplina de planear un horario y fijar prioridades.
Cuando usted planea bien su día, ya no va a tener tiempo de pasar largas horas en el
teléfono quejándose de esto o aquello, o sentado tomando café con alguien perdiendo
el tiempo cuando debe estar trabajando. !El café vendrá como dulce recompensa al
finalizar sus deberes!

Conclusión
Ahí está. Ya usted sabe cómo salir de la depresión y cómo no volver a caer en ella.
Permítame resumir una vez más con otras palabras:
1. Confiese su pecado de no asumir sus responsabilidades, junto con cualquier otro
pecado que no haya confesado.
2. Comience a hacer lo que Dios manda para agradarle a él, no importa si tiene
ganas de hacerlo o no.
3. Maneje bíblicamente lo que causó sus sentimientos de fracaso o culpa al
principio. Esto puede haber sido algún pecado, o bien otro desánimo producido
por circunstancias en su vida.
4. Evite a las personas que no le ayuden a manejar su problema bíblicamente.
Planifique su día de trabajo, y siga su plan, no sus sentimientos.
Que Dios le bendiga en sus esfuerzos por agradarle a él y ser una bendición para
otros. Dios le promete a todo cristiano su ayuda en Cristo Jesús:
“Despojémonos del pecado y todo peso que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera
que tenemos por delante, puestos los ojos en Cristo, Autor y Consumador de la fe”
(Hebreos 12:2).1

1
Adams, J. (2012). Cómo salir de la Depressión (pp. 1–33). Guadalupe, Costa Rica: CLIR.