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“AÑO DEL BUEN SERVICIO AL CIUDADANO”

FUNDAMENTO DE INVESTIGACIÓN:

ANÁLISIS DEL LIBRO ETNOHISTORIA DEL PERÚ ANTIGUO DE LUIS E.


VALCÁRCEL

ESTUDIANTE:

SÁNCHEZ LEÓN, KEVIN ELVER

PROFESOR:

HURTADO AMES, CARLOS HUGO

CURSO:

SEMINARIO DE ETNOHISTORIA RURAL ANDINA

ESCUELA: CICLO:

HISTORIA IV

FACULTAD:

CIENCIAS SOCIALES

TRUJILLO - PERÚ

2017
ANÁLISIS DEL LIBRO ETNOHISTORIA DEL PERÚ ANTIGUO DE LUIS E.
VALCÁRCEL

1. NOTA INTRODUCTORIA

Este trabajo tiene por objetivo realizar un análisis exhaustivo de uno de los
tantos libros del historiador y antropólogo Luis E. Valcárcel, el texto al que
hacemos referencia es Etnohistoria del Perú Antiguo. Historia del Perú (Incas). El
presente trabajo es importante porque proporcionará una visión completa de la
etnohistoria peruana y esto gracias al texto consultado1 que nos brinda
información indispensable para realizar este informe ya que representa uno de los
pilares bibliográficos para comprender académicamente la etnohistoria peruana.

Nuestro trabajo estará dividido en tres partes. En la primera de ellas haremos


un balance de los estudios sobre la Etnohistoria del Perú Antiguo; en la segunda
parte realizaremos el respectivo análisis del trabajo de Luis E. Valcárcel, en esta
parte examinaremos las dos segmentos que nos proporciona el antropólogo, la
primera compuesta por la introducción que aborda temas metodológicos y
generales de la etnohistoria y la segunda abocada a la etnohistoria como tal en el
Perú Antiguo, tal como está señalado en la nota al pie; finalmente en la tercera
parte colocar las conclusiones a las que hemos llegado luego del análisis del
mencionado texto.

1 Valcárcel nos señala en su texto los principios (métodos, criterios, fuentes, etc.) de esta
disciplina histórica y además nos aporta la investigación etnohistórica que ha realizado de los
distintos aspectos de la vida andina del Perú Antiguo.
2. ESTUDIOS SOBRE ETNOHISTORIA EN EL PERÚ

La Etnohistoria es, según Curátola (2012: 72):

…una disciplina que, utilizando esencialmente fuentes documentales y tradiciones


orales, está volcada a la reconstrucción tanto de los caracteres originales como de los
procesos de reproducción y transformación a lo largo del tiempo de las sociedades
tradicionales colonizadas por los europeos, con particular interés en su memoria
histórica y su propia visión del pasado.

Partiendo de esta definición comprenderemos que temas y de que ramas de las


ciencias sociales se valió la etnohistoria para lograr su desarrollo, para ello también
será necesario hacer un breve comentario acerca de la historia de la etnohistoria.
Ésta se origina –esencialmente el vocablo– con Clark Wissler quien fue “el primero
hace ya más de un siglo2 en utilizar el término etnohistoria en la forma adjetival
ethno-historical (Baerreis 1961: 49), [para referirse al] estudio de las antiguas
culturas nativas de Nueva York” (Curátola 2012: 63). Mientras que en el Perú el
primero en acuñar este término fue Luis E. Valcárcel, precisamente él lo usa en su
Etnohistoria del Perú Antiguo. Historia del Perú (Incas), texto que hoy nos reúne en un
profundo análisis del mismo.

Posteriormente la etnohistoria fue adquiriendo con el transcurso del tiempo


una metodología particular gracias a los aportes de Adolph Bandelier, quien
combino la “investigación de campo con el trabajo de archivo” (Curátola 2012: 64)
además de desarrollar un método de investigación interdisciplinario y “regresivo”,
es decir, ir estudiando desde el presente hacia el pasado o como él lo menciona

2Téngase presente que Clark Wissler vivió entre los años 1870-1947, así comprenderemos lo
antiquísimo que es la expresión ethno-historical.
“desde lo conocido hacia lo desconocido”, otro investigador fue Ronald B. Dixon,
quien aprovechando los trabajos de Bandelier, impulso la metodología
arqueológica: direct historical approach, que sería usado en la etnohistoria en trabajos
en el área de las Grandes Llanuras norteamericanas3, en esta ocasión hemos
querido mencionar solo estas aportaciones ya que indudablemente existen muchos
más por informar4.

Ahora nos centraremos en la Etnohistoria peruana –mencionaremos lo que se


dice de la etnohistoria, como también, en qué puntos se enfocaron los distintos
autores en el surgimiento y desarrollo de esta disciplina histórica, es decir, usando
la historia y la antropología como medios de referencia para lograr tal fin y porque
no, también el uso de evidencias arqueológicas, y acerca de algunos trabajos
bibliográficos que se han abordado desde el punto de vista etnohistórico– que es el
tema que nos interesa.

La Etnohistoria peruana tiene sus antecedentes con los postulados de los


indigenistas, donde la figura destacable es, sin lugar a dudas, Luis E. Valcárcel,
considerado el Padre de las Ciencias Sociales en el Perú, este antropólogo –como lo
hemos mencionado anteriormente– uso el vocablo etnohistoria tal como lo indica
Ávila Molero (2000: 186): “En 1959, Valcárcel escribió un libro titulado Etnohistoria
del Perú antiguo. Historia del Perú, Incas, acuñando por primera vez el término”
(Véase Pease 1988; Curátola 1999; Burga 2005), además Pease (1999: LI) agrega que
el libro de Valcárcel “reunió sus clases universitarias sobre los Incas”, por eso el
mismo indigenista la denomina Historia del Perú, Incas aunque cree mejor que “el
verdadero nombre debería de ser Historia de la Cultura Antigua del Perú” (Valcárcel

3 Los trabajos de esta parte de América serán realizados por William Duncan Strong y Waldo R.
Wedel usando el método direct historical approach de Dixon.
4 Para más información revisar el trabajo de Marco Curátola, como “Los cinco sentidos de la

Etnohistoria” por ejemplo.


2012: 14), con respecto a lo que nos dice Valcárcel de la etnohistoria –esto será
analizado al detalle en un capitulo especializado del pensamiento que tuvo este
indigenista– sin embargo indicaremos brevemente que su intención es “reconstruir
la vida de los pobladores del Perú precolombino, y para [lograr comprender
necesita saber] todas las manifestaciones de la vida individual y social 5” (Valcárcel
2012: 14).

Más adelante, la etnohistoria lograra una gran transformación, según Ávila


(2000: 187), gracias a los estudios de “tres antropólogos extranjeros [quienes
contribuyeron al nacimiento de] la moderna Etnohistoria en el Perú: John Rowe,
Tom Zuidema y John Murra” (Véase Burga 2005).

John Rowe fue un especialista en temas andinos, prehispánicos y coloniales, él


ha realizado trabajos sobre arqueología e historia, Manuel Burga lo denomina un
arqueólogo singular, porque también ejerce cuidadosamente la labor de un
historiador, en esa práctica paralela:

Trabajó con el pico, la lampa, los laboratorios de análisis arqueológicos; así como con los
archivos, las crónicas coloniales, los lienzos de la pintura cuzqueña y los pintorescos
queros para continuar indagando por la suerte y transformación de los incas y la cultura
andina durante la época colonial (Burga 2005: 128).

De esta breve descripción que nos presenta Burga se reconoce ese carácter
etnohistórico que se estaba formando en el Perú, gracias al aporte de este
académico –quien ha sido profesor en la Universidad de California, Berkeley–; por

5 He aquí la importancia del trabajo realizado por Valcárcel ya que él vivió, como lo menciona,
en una época donde se enseñaba solamente la historia política de los Incas y en su afán de
reconstruir el pasado con otro punto de vista (económico, religioso, jurídico, técnico, artístico,
moral, etc.), usa medios históricos como también arqueológicos, de esta manera logra concretar
su estudio etnohistórico.
tanto su libro no estaría ajeno a esa conjunción de las dos ciencias que practicaba,
Arqueología e historia. Cambio, continuidad y resistencia en los Andes, esta obra significa
esa consigna de este arqueólogo por abarcar temas andinos de una forma
complementaria y global a la vez, con el uso de ambas ciencias sociales

A nuestro parecer, otro estudio importante de Rowe –y que tiene un carácter


un tanto etnohistórico– es “Machu Picchu a la luz de documentos de siglo XVI”, en
este artículo realizará una investigación con evidencias arqueológicas y guiándose
de documentación de varios cronistas como Miguel Cabello Balboa, Bernabé Cobo;
Ávila (2000: 187) concuerda en nosotros diciendo que Rowe combina el estudio de
las crónicas conocidas con su dedicación a la arqueología andina, por esto pudo
estudiar de forma general la historia del Perú en sus distintas etapas (Véase Burga
2005).

Además cabe señalar que Rowe a través de sus distintos trabajos formulará
“una periodificación arqueológica previa a los incas (1946)6. […] también
contribuyó a la mejor comprensión de la organización social y política andina con
sus estudios sobre la religión estatal incaica (1960) (Ávila 2000: 187).

Mientras que Zuidema se vio influenciado por el antropólogo Claude Lévi-


Strauss, quien desarrollo un análisis estructural, él recoge este enfoque
antropológico y lo desarrolla de una gran forma en el caso incaico, reflejado en su
obra: El sistema de Ceques del Cuzco (1964) 7.

6 Esta periodificación consistía en una división de “horizontes” y “periodos” de las culturas que
se desarrollaron en los Andes Centrales.
7 Manuel Burga indica el año 1964 como la fecha central en las publicaciones científicas de R.

Tom Zuidema, ya que como hemos mencionado escribe su sistema de ceques del Cuzco, cuyo título
original es The Ceque System of Cuzco. The Social organization of the Capital of the Inca, publicado en
Leiden, Holanda; además en esta década –los sesenta– el estructuralismo, gracias a los
De la obra antes mencionada el antropólogo holandés estudia:

…la organización social Inca tomando como punto de partida la lista de las líneas
ceremoniales recopiladas por el cronista Polo de Ondegardo, elaborando un modelo de
lo que la elite Inca tenía en mente cuando correlacionaba los linajes reales con las
responsabilidades religiosas y el matrimonio preferencial. [Además] abordó los niveles
casi invisibles de las realidades andinas. Conceptos como dualidad, cuatripartición y
organización decimal, dieron nuevas pistas para repensar la organización de los
sistemas prehispánicos. Sus aportes al estudio de la astronomía y el calendario incaico
también son importantes (Ávila 2000: 187-88).

De su sistema de ceques que propone Zuidema, Burga nos dice que para explicar
la función política y religiosa de tumbas –nombradas en su obra- y su relación con
este sistema, el antropólogo holandés tuvo que utilizar de forma simultánea –
además de la antropología estructuralista– la arqueología, las crónicas coloniales y
el conocimiento etnográfico (Burga 2005: 135); aquí observamos que al igual que
Rowe, Zuidema tuvo que usar a distintas ciencias sociales para poder concretar su
obra, de lo contrario no hubiese sido posible, ante ello concluimos que los aportes
de Zuidema –al igual que Rowe y Murra, de este último hablaremos a
continuación– contribuirán al nacimiento de la moderna etnohistoria peruana
(Véase Ávila 2000, Burga 2005).

Por su parte Murra, quien gracias a su tesis doctoral (1955) nos aportó una
nueva visión del mundo de los Andes, creando el término “lo andino” donde
proponía una organización diferente a la que se creía del Imperio de los Incas 8 y de

planteamientos de Claude Lévi-Strauss, tendrá una hegemonía en los medios académicos (Burga
2005: 130).
8 Particularmente de los incas se he dicho que estos tuvieron un estado socialista (Baudin),

comunista (Mariátegui) o esclavista (Choy) (Ávila 2000: 188). Terence D´Altroy concuerda en
esta posición, además agrega que existen distintos “autores que han contemplado ese reino –
haciendo referencia al incario– [de forma] diferente: como un tipo de comunismo primitivo,
los Andes Centrales en general, además Murra incorporó –gracias a conceptos de
antropología económica– la visión de intercambio en los Andes: reciprocidad,
redistribución y control vertical de pisos ecológicos, estos temas en que se aventura
Murra a estudiar están reunidos en sus Formaciones económicas y políticas del mundo
andino (1975) y El mundo andino. Población, medio ambiente y economía (2002), sin
lugar a dudas su ensayo sobre “El control vertical de un máximo de pisos
ecológicos en la economía de las sociedades andinas”9 es el más significativo de
sus estudios ya que aquí plasma de una gran forma la investigación etnohistórica,
lo que lo llevó “con justo título [ser] considerado el padre de la etnohistoria
andina” (Curátola 1999: 198).

El ensayo sobre el control vertical de pisos ecológicos podemos nombrar que


su autor John Murra uso nuevas fuentes que los historiadores poco o nada habían
utilizado hasta ese entonces, nos referimos a las llamadas “visitas”, estas eran
informes administrativos españoles, una suerte de censos, que eran dirigido a los
pueblos indígenas para saber la realidad en la que se encontraban ellos y que
pensaban los habitantes de la misma, para que de esta forma la Corona
representada por el virrey en América pueda hacer modificaciones en los aspectos
en las que era necesario, ya sea social, religioso, etc. Para demostrar su hipótesis
del control vertical de pisos ecológicos, Murra se valió “de las visitas de la
provincia de Chucuito por Garci Diez de San Miguel (1567) y de la provincia de
León de Huánuco por Íñigo Ortiz de Zúñiga (1562)” (Curátola 1999: 199). Otra
fuente que consultó este etnohistoriador fueron los expedientes judiciales, nos
menciona uno en particular, uno que data del año 1559, que constituye parte de un
litigio en la Audiencia de Los Reyes, este le fue proporcionado por Waldemar

como una sociedad feudal, como un Estado despótico a la manera asiática o como un imperio
territorial” (D´Altroy 2003: 19)
9 “Este ensayo se publicó por primera vez en el tomo II de la visita de Iñigo Ortiz (1972),

[además] fue parte de Formaciones (1975)” (Murra 2002: 85).


Espinoza en 1961, la importancia de estos litigios a comparación de las visitas es
comprender mejor y acercarnos a la perspectiva andina, “ya que los testigos de las
dos, tres o más partes en la disputa tienen oportunidad de contradecir y
contradecirse, ampliar o enmendar sus argumentos10” (Murra 2002: 102-03), es
decir nos brinda un panorama más amplio de la realidad andina y esta debería ser
encontrada por el etnohistoriador, en esa búsqueda de acercarse al mundo andino
eso es lo que nos quiere decir Murra sobre la etnohistoria no encerrarse en lo que
dicen las crónicas del siglo XVI y XVII sino también buscar nuevos rumbos y tal
como quedó demostrado las visitas y los litigios son claros ejemplos de esos
nuevos caminos que el historiador debe aventurarse.

Siguiendo la línea temporal de la etnohistoria, tenemos ahora que hablar de


quienes, con sus investigaciones, aportaron largamente a la historiografía peruana
del siglo XX, estos fueron…

…un nutrido grupo de investigadores volcados al estudio del mundo andino antiguo y
colonial –como María Rostworowski, Franklin Pease, Luis Millones, Juan Ossio,
Edmundo Guillén, Waldemar Espinoza Soriano, entre otros– los cuales son
colectivamente conocidos como la “escuela de etnohistoria peruana” (Curátola 2012: 62).

Dentro de estos, algunos fueron discípulos de los tres antropólogos


mencionados líneas arriba y siguieron los pasos de sus maestros, de la cual destaca
Franklin Pease García-Yrigoyen como discípulo de Murra, éste “ha sido uno de
los más eminentes historiadores peruanos del siglo XX y uno de los
especialistas en etnohistoria andina más conocidos y apreciados en el ámbito
internacional” (Curátola 1999: 193).

10Este fragmento nos habla acerca del litigio que existió entre tres etnias (Canta, Chacalla y
Collique) por el control de un cocal en los alrededores de Quivi, que actualmente es Santa Rosa
de Quives.
Pease proponía que…

…las crónicas –salvo excepciones como las de Guamán Poma o Santa Cruz Pachacuti–
no podían gozar de ese mismo prestigio11, ya que al ser el resultado de informaciones
recogidas de informantes procedentes de sociedades ágrafas, sus datos provenían
siempre de tradiciones orales que habían sido elaboradas bajo categorías temporales
distintas a las occidentales (Ávila 2000: 190).

Sin embargo, ¿qué nos dice Pease acerca de la etnohistoria peruana?, aquí un
pequeño fragmento de lo que piensa este etnohistoriador del ámbito en el que se
desenvolvió:

La arqueología y la antropología han dado lugar a un renacer de los estudios andinos,


específicamente cuando en la década de 1960 se hizo patente la presencia de una
perspectiva integradora: la etnohistoria. […] desde sus inicios, la etnohistoria buscó
reunir las estrategias de los historiadores, antropólogos y arqueólogos, aunque a
diferencia de otros países americanos (México, por ejemplo), surgía más cercana a la
historia. […] La etnohistoria se desarrolló en el Perú partiendo de un reavivado interés
para los Incas, aunque se extendió después a la colonia. Hoy a nadie le llama la atención
hablar de una historia andina, vertebral en la conformación de una historia del Perú
(Pease 1999: LI).

Esto que nos quiere decir que Pease al igual que otros autores ven la necesidad
de la mixtura de la historia, antropología y arqueología para rellenar los vacíos que
solo la etnohistoria con su método combinatorio puede obtener, pero nos muestra
un problema, que al dejar de lado al estudio de la historia andina, esto se verá
reflejado más adelante, también se deja de lado la investigación etnohistórica

11Refiriéndose a las visitas de las comunidades indígenas, que fue usado por su maestro John
Murra, donde poseían una cierta objetividad, algo que no podía observarse en las crónicas,
según Pease, porque estas últimas están ligados al pensamiento europeo (por ejemplo la
concepción del tiempo como una historia lineal típica de Occidente) y esto no permite
comprender al mundo andino como tal.
porque su principal temática –el mundo andino– está siendo olvidada por los
estudiosos y muy pocos se consideran actualmente parte de esta disciplina, un
ejemplo es Marco Curátola quien se reconoce como etnohistoriador12.

Franklin Pease, reiteramos, fue discípulo de Murra, éste último influencio


indudablemente en la labor investigativa de Pease quien se adentró en el estudio
de las visitas implantando los métodos etnohistóricos que –se deduce– fue
aprendido en esa convivencia académica con Murra, de las cuales destacan
algunos títulos como:

"Una carta del visitador Garci Diez de San Miguel" (1965-1967), "Nota sobre visitadores
de Chucuito en 1572" (1970), "Documentos sobre Chucuito" (1970), "Cambios en el
reino lupaqa (1567-1661)" (1973), "Ortiz de Zúñiga, Iñigo, Visita de la provincia de
León de Huánuco" (reseña) (1973) y "Las visitas como testimonio andino" (1978)
(Curátola 1999: 200).

María Rostworowski fue una historiadora adelantada a su tiempo, ella fue


quien permitió saber más sobre el mundo andino pero de una perspectiva
totalmente diferente a los anteriores estudiosos, ya que su formación autodidacta
(Véase Burga 2005; Ramos 2016) le permitió abrirse campo a una historia distinta a
la historia oficial de su tiempo, sus trabajos etnohistóricos son valiosos hoy en día,
Gabriela Ramos nos menciona que Rostworowski tenía estrecha amistad con
mujeres intelectuales:

En sus escritos, menciona [Rostworowski] a menudo a la arqueóloga Josefina Ramos de


Cox (1927-1974), con quien acostumbraba hacer trabajo de campo. Compartió lecturas e
intereses comunes sobre la costa prehispánica con la estudiosa Anna María Soldi (1919-

12 Para más información acerca de la problemática que está sufriendo en estos tiempos la
etnohistoria revisar el trabajo de Marco Curátola, “Los cinco sentidos de la Etnohistoria”.
2009), y forjó una estrecha amistad con Rosalía Ávalos, quien además de su notoria
actividad intelectual y política, dirigió la Revista del Museo Nacional (Ramos 2016: 155).

Rostworowski como hemos visto en seguidamente antes “realizó estudios


sobre la lógica de interacción social y geográfica de los antiguos habitantes de la
franja costera del Perú” (Ávila 2000: 190) reflejado en sus Recursos naturales
renovables y pesca, siglos XVI y XVII (1981), además sus investigaciones
etnohistóricas se visualizan en distintos trabajos como: Pachacútec Inca Yupanqui
(1953), Historia del Tahuantinsuyu (1988), “La mujer en el Perú prehispánico” (1995),
etc. Sobre el libro de Pachacútec, Ramos nos dice que la etnohistoriadora tuvo que
afrontar diversos problemas, ya que se trataba…

…de un personaje que, en ese momento, no era considerado un prócer o un héroe


«nacional». Para muchos en el Perú sigue sin serlo hasta el día de hoy. Además, se
trataba de alguien que usaba una lengua distinta al español, que nunca supo de los
europeos, que no dejó «documentos históricos» que dieran testimonio de su vida y que
seguramente no concibió el tiempo de la forma como los historiadores lo imaginamos; es
decir, su legado presentaba una serie de problemas de interpretación. Esta investigación
abordó temas que aparecerían continuamente en sus siguientes trabajos y que
transformarían la manera de pensar y escribir la historia en nuestro país: quiénes son los
sujetos de la historia, qué fuentes se usan para escribir sobre ellos, a qué problemas
responde la investigación sobre estos sujetos históricos y a dónde pueden conducirnos
las respuestas a estas preguntas (Ramos 2016: 154).

Otro trabajo etnohistórico importante de Rostworowski es “La mujer en el


Perú prehispánico”, aquí nos habla del rol de la mujer en esta época del Perú, tema
poco difundido en aquel entonces, por eso creyó necesario abocarse a ello13 (Véase

13Además de las mujeres, Ramos (2016: 156) nos dice que Rostworowski estudió a otros
personajes del mundo andino, como por ejemplo a los hombres anónimos, los artesanos, los
pescadores, los agricultores, los tejedores y los alfareros, ya que ellos constituyen los
antepasados de los peruanos comunes y corrientes de hoy.
Ramos 2016), asimismo Burga (2005: 185-88) menciona que Rostworowski ha
escrito “casi una docena de libros importantes […] sobre la denominada
etnohistoria andina o historia de los pueblos indígenas sin escritura”, de la que
destaca sin lugar a dudas su Historia del Tahuantinsuyu este libro considerado como
un clásico sobre la historia peruana prehispánica, además uno de los más
divulgados entre los eruditos como en la gente del común.

Según Rafael Varón, el éxito de Historia del Tahuantinsuyu radica en que María
Rostworowski…

…hace un cuestionamiento de la imagen idílica (y falaz) que se tenía del Estado incaico,
en un lenguaje que combina con acierto y maestría el rigor académico y la explicación
amena y valida tanto para intelectuales como para el público en general (Ávila 2000:

190).

A nuestro parecer este éxito tendría que ver con el empleo etnohistórico que
Rostworowski impone en sus trabajos, como representante de la “escuela de
etnohistoria peruana”, además posiblemente haber desarrollado –coincidiendo con
Varón- un lenguaje que pueda ser entendido por cualquier lector interesado o no
del tema, gracias a esa mixtura entre lo sencillo y lo académico que fue
adquiriendo en su formación autodidacta y fuera de los parámetros oficiales de la
historia y gracias al “diálogo con estudiosos como John H. Rowe y John V. Murra
se trasluce en sus páginas al tratar aspectos diversos sobre la política y la historia
material de las sociedades prehispánicas” (Ramos 2016: 155), siendo así
considerada una gran etnohistoriadora por los importantes aportes que significa su
producción bibliográfica renovando de esta forma la historiografía peruana.
Otro representante que hemos nombrado antes como parte de la “escuela de
etnohistoria peruana” es Waldemar Espinoza Soriano, quien a través del uso de
fuentes del Archivo General de Indias logró demostrar cómo en la conquista del
Tahuantinsuyo los españoles habían contado con el apoyo de algunos curacas
recelosos del poder Inca, como fue el caso documentalmente demostrado de los
Huancas (Espinoza 1974), esto se observa a detalle en La destrucción del imperio de
los incas (1974); además Espinoza fue el único etnohistoriador que buscó buscar
una relación entre la etnohistoria y marxismo14 esto se vislumbra en su libro
titulado Los modos de producción en el imperio de los Inkas (1985).

En opinión de Pablo Macera en 1973, Waldemar Espinoza…

…es un gran investigador de archivos, un infatigable trabajador, siempre atento a las


nuevas publicaciones, pero casi cautivo del ensayo y de la fascinación de sus propios
hallazgos documentales. La suma total de su obra, enorme por cierto, espera aun un
balance, pero sin lugar a dudas deja traslucir –con mucha nitidez– la influencia de las
nuevas inquietudes por estudiar las sociedades rurales y la parte no-occidental de
nuestra historia (Burga 2005: 188).

Si bien la producción bibliográfica de Waldemar Espinoza es amplia como


Macera nos dice, es también muy criticada por esa fascinación de Espinoza, en esto
casi todos los académicos concuerdan, por ello el trabajo de Espinoza debe ser
recogido de una forma minuciosa y cuidadosa es decir “con pinzas” para no caer
en la fascinación que este etnohistoriador refleja en su obra.

14Es así como la etnohistoria y el marxismo no pudieron llegar a un consenso, por tener distintos
puntos de vista (ideológica como metodológicamente), generando una brecha que buscara ser
superada a mediados de la década de 1980 por Alberto Flores Galindo y Manuel Burga, a esta
época de “reconciliación” Ávila Molero la denomina Post-Etnohistoria cuya temática liderada
por Flores Galindo va ser la Utopía Andina que “busca una alternativa entre la memoria y el
imaginario [de los indígenas]: la vuelta de la sociedad Inca y el regreso del Inca” (Manrique
1991: 23), algo que rotundamente no va a suceder.
Los estudios fueron diversos de otros autores, de las que destacan el trabajo de
los…

…movimientos mesiánicos y campesinos en los Andes como el Taki Onkoy (Millones,


1964, 1967, 1971, 1990; Varese, 1968; Ossio, 1973; Pease, 1973); o las modificaciones
producidas en las sociedades andinas a consecuencia de la invasión europea (Escobar,
1964; Fuenzalida, 1970; Mayer, 1970; y Wachtel 1973, 1977), utilizando para ello la
imagen de la “visión de los vencidos” propuesta por León Portilla en México (Ávila
2000: 191).

Ahora que decir de los discípulos de Zuidema, pues estos al igual que su
mentor recorrieron el camino del análisis estructural de Lévi-Strauss esto se verá
reflejado en sus obras, “llegando a la comprensión de las estructuras dualistas
andinas, como fue el caso de Juan Ossio (1978), Alejandro Ortiz (1973) y Salvador
Palomino (1970)” (Ávila 2000: 191).

Como hemos visto la etnohistoria para que se forje a través del tiempo tuvo
que pasar por distintas etapas que lograron su consolidación, aunque hoy en día
no existan etnohistoriadores en todo el sentido de la palabra ya que muy pocos se
consideran como tales, la etnohistoria nos abre una ventana hacia nuevos campos
del academicismo actual ya que su metodología reconcilia las ciencias sociales
(historia, arqueología, antropología) que antes se encontraban totalmente
enemistadas pero gracias a los aportes de los distintos investigadores desde
Valcárcel, Rowe, Zuidema, Murra, Pease, Rostworowski, Espinoza, Ossio, Guillén,
entre otros, la etnohistoria pudo abrirse paso y jugar un rol primordial en el
entendimiento de la Historia del Perú en sus distintas épocas.
La etnohistoria en el Perú ahora se aplica en la comprensión de distintos temas
aparte de las relacionadas a la historia, antropología y arqueología también en
otros campos académicos, como lo advierte Ávila:

La Etnohistoria ha dejado de ser aquella disciplina visitada tan solo por antropólogos
historiadores, para volverse un lugar de encuentro de diversas disciplinas, con temáticas
y metodologías nuevas, que van más allá del periodo prehispánico o la conquista, y de
la sierra sur o central. Así tenemos, por ejemplo, los trabajos sobre “La transformación
de la autoridad local a partir de la guerra de emancipación” de Cristóbal Aljovin;
“Comprensión mercantil en la sociedad norteña colonial peruana (Paita)” de Susan
Aldana; “Hacia una nueva historia ambiental del extremo del norte del Perú: aportes
para la descentralización y el desarrollo sustentable” de Anne Marie Hocquenghem;
“Indios y negros en los barrios de Lima (Santa Ana, 1795-1820) de Jesús Cosamalón;
“Los inmigrantes japoneses en Lambayeque-Perú (1899-1945) de Luis Rocca Torres,
entre otros. (Ávila 2000: 198).
BIBLIOGRAFÍA

ÁVILA MOLERO, Javier


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