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TESTIMONIO DE UNA TEOLOGÍA DE LA NIÑEZ VIVIDA

Niños: ¡Jesús, amigo fiel y verdadero!


Adultos: Nuestro sostén, nuestro guía, nuestra razón de vida.
Niños: Amigo que nunca nos abandona, tú eres nuestra razón de seguir jugando.
Como niños, te agradecemos que nos vieras como amigos, que nos vieras con amor.
Como adultos, te agradecemos por darnos la oportunidad de hacernos como uno de estos niños
de los cuales es tu Reino.
Mujeres: Ayúdanos Señor, a encaminar el cumplimiento de las palabras que el profeta Joel1, y
el apóstol Pedro dirigieron a tu pueblo:

Hombres: Pues seguimos teniendo esperanza de que en los días por venir,
Mujeres: nuestros hijos e hijas se convertirán en profetas
Hombres: Profetas que denuncien nuestros caducas e insuficientes formas de ser adultos
Mujeres: Profetas que con valentía y alegría se atrevan a hacer de su vida y de su mundo algo diferente
Niños: Gracias amigo Jesús por hacernos profetas de nuevos tiempos
Mujeres: Seguimos teniendo esperanza de que en los días por venir
Hombres: Nuestros niños serán visionarios de un futuro mejor
Mujeres: Tendrán la visión de un mundo diferente, más justo, más solidario, más lleno de amor.
Hombres: Teniendo la oportunidad de admirar con asombro las nuevas bendiciones de un Dios
dispuesto a jugar junto con ellos.
Niños: Recuérdales a nuestros hermanos adultos lo importante de hacerse niños de nuevo y haz de
cada uno de nosotros un compañero de juegos para ti.
Un Dios desde siempre nos ha visto como sus amigos, un Amigo que desde siempre nos ha visto con
amor.

Dios habló diciendo, que en los días por venir…


sus hijos e hijas serán profetas
y sus niños serán visionarios.
Hechos 2:17

En nuestros días, Dios ha puesto una gran bendición en los niños. Pues serán ellos quienes
como los profetas bíblicos, denunciaran lo malo de nuestro actual presente: sus violencias, su
inseguridad, su corrupción, su injusticias, sus mentiras, sus crisis ecológicas y económicas,

1
Joel 2:28
producidas en su mayoría por las instituciones y prácticas que nosotros los “adultos” hemos
construido; y a su vez mirarán con otros ojos el futuro, imaginando y dando forma a la novedad que
puede transformar nuestro mundo, una discontinuidad con el presente (que amenaza con volverse
continuo), a partir de la diferencia.

Pues en medio de una sociedad consumista y de constitución capitalista que se conforma con
la producción de “sujetos estudiados”, en vez de apostar por otra lógica formativa. una sociedad que
se conforme con producir “expertos” es una sociedad que se conforma igualmente con repetir su
presente eternamente. Tarea hoy por demás bastante absurda en medio de los problemas y desafíos
actuales, y de los tantos otros que se vislumbran en el futuro cercano: las grandes revoluciones
biotecnológicas y las crisis económico-ecológicas,

dar rienda suelta (con todo el peso de libertad que esta frase lleva consigo) a su creatividad y
a su imaginación, dejándolos ser y hacer cosas que nuestros ojos no habían visto ni nuestros oídos
habían escuchado antes (1 Cor. 2:9).

Tarea hoy urgente para lograr ver nuevos milagros que sobrepasen por mucho lo que incluso
nuestros mejores pronósticos y expectativas puedan augurar para nuestro futuro.

Una crítica a la razón adultocéntrica:


El lugar escatológico de la niñez

Se ha dicho muy a menudo que “los niños son el futuro”, afirmación que unos cuantos han apoyado
y no pocos han criticado, con el argumento de que “los niños son más bien el presente”.
Evidentemente nuestro entendimiento de tales sentencias dependerá totalmente de nuestra idea de
futuro y de presente. Se dice que en el idioma francés existen dos palabras para referirse al futuro:
futur y ՝avenir. Futur es referido al futuro como continuación del presente, como la plena
actualización de las tendencias ya existentes; mientras que ՝avenir apunta más hacia un corte radical
con las tendencias del presente. ՝Avenir es lo que está por venir (՝a - venir), no solo lo que será. Por
tal razón deberíamos romper nuestro agarre con un “futuro” que solo actualice el presente y con ello
abrir espacio para que surja lo nuevo “por venir”.2

2
Slavoj Žižek, El año que soñamos peligrosamente (Madrid: Akal, 2013) p.182.
En las Sagradas Escrituras este Nuevo por-venir a menudo es acompañado o dirigido gracias a
la colaboración y participación de un niño (Salmo 8:2, Isaías 11:6, etc.). Sin embargo, valdría la pena
preguntarnos… ¿Por qué un niño? Al respecto, la Biblia a través de su riquísima narrativa, nos
recuerda constantemente los valores de oro que residen naturalmente en ellos: su asombro, su
imaginación y su capacidad de juego. Y es que las historias bíblicas no se conforman con entender al
niño como un objeto (un recipiente, que tiene que ser llenado de información a fin de lograr llegar a
ser un individuo “pleno”: el adulto capacitado en conocimiento, técnica, madurez y experiencia),
sino que saben valorar (más allá de una visión adultocéntrica) al niño como sujeto de cambio y factor
fundamental de transformación. Por tanto, los niños no pueden (ni deberían) ser los agentes
comisionados de actualizar nuestros actuales modelos, estructuras y tendencias adultas (nuestro
presente), sino los poetas y profetas, actores y artistas, de lo nuevo que está por venir. Verdaderos
agentes de lo escatológico, la esperanza cristiana.

Una instrucción Wesleyana:


¡Encárnate en niño!

En su sermón titulado “Familia y Religión”, Wesley nos deja una instrucción sumamente importante
y actual para quien tome la vocación y el ministerio de la enseñanza infantil: “Hablen un lenguaje
que los niños puedan comprender, utilizando las mismas palabras que ellos usan.” y luego también
dice… “Que lo que ustedes digan, hagan sentido con las ideas que ellos tienen.” Estas palabras me
han ayudado a comprender que el milagro y el misterio de la encarnación (doctrina fundamental de
la fe cristiana) que se da de Dios para el mundo en Jesús el Cristo, representa también un reto y una
tarea necesaria para todos aquellos que decimos seguirle.

la tarea de expresar historias que hablen de Dios y de su amor a los niños ha sido
enteramente un reto que demanda seguir fielmente el ejemplo legado de Jesús, quién como maestro
de vida comparte el mensaje más hermoso para la humanidad a través de originales y entretenidas
parábolas, historias que penetran el corazón de sus oyentes gracias al sencillo lenguaje que usan, el
cual sabe echar a volar la imaginación de quienes las escuchan, atreviéndose a reconstruir las
experiencias de la vida cotidiana de sus oyentes, desde una lógica echada patas arriba, al agregar el
fabuloso ingrediente de lo infantil, elemento que refleja novedad y frescura al mismo tiempo que
produce sorpresa y asombro. Y es que, aun cuando en principio Jesús se hace notar como “un
cuentacuentos más”, un hombre que relata pequeñas “historias ya contadas por otros”, al desarrollarse
su narración, se introduce un elemento que se atreve a desafiar las leyes y el orden de la lógica, de la
moral, y en fin, de todo su presente. Historias que difícilmente podrían ver luz en la mente adulta,
pero sencillas de nacer en la imaginación de un adulto con corazón de niño como Jesús. ¿Cómo es
esto posible? ¿No era Dios mismo aquel adulto muy grande, ilustrado con una larga cabellera blanca
que reflejaba su sabiduría y experiencia mileneal? ¿Cómo podríamos entonces referirnos a un Dios
niño cuando las imágenes que tenemos de Él, son abundantemente las de un Dios anciano?

El testimonio de la Escritura revela que la manera en que Dios habló al mundo fue
encarnándose, trasmitiendo su mensaje en labios de un niño de 33 años llamado Jesús. Solo a través
de la experiencia de vida de un pequeño que se reconocía como hijo de Dios (Lc. 2:41-47), el mundo
pudo llegar a ver a Dios, su mensaje podía ser claro y su voz podía hacerse escuchar en el corazón de
las mujeres y de los hombres.

De forma que el confesar, “Dios bajó del cielo” (al mundo),3 significa creer que Dios
encarnó su Palabra, a las realidades de los de abajo (el género humano y la creación), pero no
conformándose con eso, pues bien pudo encarnar en la alta cuna del Imperio Romano o en familia de
eruditos filósofos griegos o cultos escribas judíos; los cuales evidentemente, hablaban y conocían otro
lenguaje (el de la política, el de la filosofía, el de la ley). Jesús, Dios hecho carne, adopta como suyo
“el lenguaje de los hombres”. Evidentemente no el exclusivo del varón, sino el lenguaje que la
mayoría de las personas conocía, hablaba y escuchaba, la sencilla lengua del campo y de la ciudad,
de la alegría, de la fiesta, de la pobreza, de la carencia, de la debilidad, del hambre, del trabajo, de la
enfermedad, es decir de la realidades concretas que experimentaban (y experimentamos) los seres
humanos, gracias a la travesía de la vida.

Un capellán… Un testimonio

Al escuchar el poético y profético lenguaje que sus brillantes mentes articulan y expresan a través de
su innovadora imaginación y creatividad.

Al mirar sus sonrisas dibujadas gracias a su capacidad de jugar, o sea por admirar el brillo de sus
expectantes y atentos ojos bañados en asombro y conmovidos hasta el corazón por la sorpresa de
admirar como novedad, aquello que para nosotros los adultos tristemente, ya hace tiempo que se
volvió cotidiano.

3
Formula Cristológica complementaria al Credo de los Apóstoles y expuesta a través del Credo Niceno
Constantinopolitano (325-381 d. C.)
Cuando utilizo sus palabras y canto con ellos sus canciones, doy gracias a Dios porque yendo
a predicar y convertir a los pequeños, ellos me predican y convierten a mí. Me devuelven la capacidad
de imaginar, jugar y asombrarme junto con ellos, es decir, me dan la oportunidad de ser un niño de
nuevo, eso me hace sentir afortunado cuando recuerdo las palabras de Jesús:

De los niños es el Reino de Dios y solo ellos entrarán en él.


Mateo 19:14, Marcos 10:14-15, Lucas 18:16-17.

Somos niños de diferentes edades pero todos seguimos a otro niño llamado Jesús.
Esperamos cumplir muchos años, y seguir siendo niños que se asombren de Dios, juegue al lado de
Jesús, e imagine con el Espíritu.

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