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EL JUDAÍSMO Y EL NUEVO TESTAMENTO 1

Un Panorama del Judaísmo: El germen del Nuevo Testamento

Luis Gabriel Sierra Gutiérrez

Seminario Bíblico Internacional

Nota

Introducción al Nuevo Testamento, Profesor: Luis Efraín Vega,

Licenciatura en Teología, Seminario Bíblico Internacional.

La correspondencia relacionada con este documento deberá ser enviada a

sierra.tegami@gmail.com
EL JUDAÍSMO Y EL NUEVO TESTAMENTO 1

Introducción

Es del todo imposible afirmar que el Nuevo Testamento sea una obra que apareció

por azar en la historia humana o que sea un escrito que surgió de repente; por consiguiente,

si se pretende dar un acercamiento a este conjunto de textos que conforman el cimiento

sobre el que está construida la fe cristiana es de vital importancia comprender cuáles son

sus orígenes; es decir, entender como la Biblia Hebrea, que conocemos como Antiguo

Testamento, y el desarrollo del pensamiento judío hasta el siglo I sirvieron de marco para la

composición del texto neotestamentario.

La fuente principal para estudiar la historia del pueblo judío está en la Biblia

Hebrea, la cual expone un relato bastante pormenorizado del desarrollo político, social y

religioso del pueblo de Israel, el cual es rastreable, si seguimos con atención el relato

bíblico, hasta los mismos orígenes de la historia humana en la figura de Adán y Eva.

Esta considerable extensión de tiempo se puede clasificar de la siguiente manera:

1. Periodo de los patriarcas

2. Periodo de los jueces

3. Periodo de los reyes

4. Periodo de dominación extranjera.


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Un panorama de estos períodos hará posible el acercamiento a dos puntos muy importantes

a tener en cuenta en el marco del curso de Introducción al Nuevo Testamento:

1. El momento de gran efervescencia tanto política como religiosa que enmarcó la

llegada y el ministerio Jesucristo y el posterior desarrollo de la predicación

apostólica que dio origen al Nuevo Testamento.

2. Los factores que desencadenaron la separación entre la comunidad judeocristiana y

el judaísmo dando origen a la Iglesia como una entidad apartada de pueblo judío.
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Desarrollo

Lo primero que se debe decir es que el escenario en el que se desarrollan los


acontecimientos es lo que hoy en día conocemos como oriente medio, en el extremo
oriental del mar mediterráneo.

Figura 1. Oriente Medio


Fuente: Strange (1998)

Es especialmente en la zona comprendida entre el mar Mediterráneo y Mesopotamia


donde se llevan a cabo los acontecimientos, las culturas y las lenguas imperantes son las
semíticas hasta la llegada del movimiento helenístico liderado por Alejandro Magno.

Periodo de los patriarcas

Aunque el libro de Génesis nos retrotrae hasta Adán, los patriarcas que sirven como
punto de partida son Abraham, Isaac y Jacob. La primera etapa de la historia del pueblo
judío retrata un clan seminómada que habita las tierras circundantes al río Jordán, pero
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cuyo origen es Mesopotámico, más específicamente de la ciudad conocida como Ur de los


Caldeos (Gen. 11:27-28).

No obstante, no se les conocía como judíos, termino posterior a este período, sino
como hebreos (Gen 14:13), posteriormente Jacob pasaría a llamarse Israel, nombre que
daría identidad a este pueblo hasta la época de las divisiones políticas en el periodo de los
reyes. El nombre Israel volvería a utilizarse para designar a este pueblo, ya en términos de
una nación moderna, a partir de mayo de 1948.

Relata el texto bíblico que luego de una gran hambruna el pueblo de Israel tuvo que
trasladarse de la tierra que habitaban junto al Jordán, conocida como Canaán, a la tierra de
Egipto, donde por intervención divina uno de los hijos de Jacob llamado José se había
convertido en Gobernador de Egipto (Gen 41:37-47). Luego de una estancia en Egipto de
430 años (Exo. 12:40-41) que culmina en un periodo de esclavitud, se levantan dos
personajes que dan cierre a este periodo patriarcal: Moisés y Josué. Moisés es conocido
hasta el día de hoy como el profeta y el legislador más grande del judaísmo, la prueba más
importante de este hecho está consignada en los primeros cinco libros de la Biblia, cuya
composición se atribuye a Moisés. De hecho, hoy en día se leen cada año los pasajes de
toda la Torá en las comunidades judías en un estudio que se conoce como Parashat
(porciones en hebreo).

Con respecto a Josué, dice el texto bíblico que Moisés fungió como líder del pueblo
de Israel en un largo periplo de alrededor de cuarenta años por el desierto del Sinaí,
guiándolos a la tierra de Canaán. No obstante, Moisés muere antes de completar la toma y
conquista de la tierra, razón por la cual Josué toma el mando y a través de una serie de
campañas militares expulsa la mayoría de pueblos que la habitaban (Jos 3:10).

Periodo de los jueces

Para entender el periodo de los jueces es necesario subrayar que el pueblo de Israel
no conformaba en aquella época un pueblo uniforme. Jacob tuvo 12 hijos varones los
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cuales formaron 13 grupos llamados tribus (fueron trece grupos puesto que de José se
desprendieron dos tribus: Manasés y Efraín). Cada una de ellas tenía un territorio bien
delimitado (con la excepción de la tribu de Leví la cual tenía un carácter sacerdotal) y un
gobierno propio conformado principalmente por un consejo de ancianos.

Los jueces, contrario a lo que se piensa, no unificaron las diferentes tribus, sino que
eran figuras de poder, sobre todo militar, que se levantaban contra los pueblos que invadían
el territorio conquistado por los israelitas, procurando una cierta estabilidad, pero sin
unificar las tribus. Algunos de los jueces cumplían labores sacerdotales, tal fue el caso de
Samuel, personaje con el que cierra este periodo.

Periodo de los reyes

Cuenta la historia bíblica que el pueblo pidió a Samuel que coronara un rey a la
usanza de los pueblos circundantes (I Sam 8), esto lleva a la coronación a través de la
práctica de la unción (cubrir con aceite) del primer rey de Israel: Saúl.

El reinado de Saúl contribuyó a la unificación de todas las tribus a pesar de ser un


rey bastante modesto, su capital se llamaba Gabaa y era de carácter rural (1 Sam. 11:4).
Fue un hábil guerrero y tuvo muchas victorias militares que afianzaron su poder; sin
embargo, a causa de envidias y el deseo de conservar el poder rivalizó con su yerno, un
avezado guerrero y hábil músico llamado David.

Hay un evento que es muy importante mencionar, que no se tiene en cuenta cuando
se habla de historia bíblica y que sin lugar a dudas es el origen del uso del término judío
para denominar una parte del pueblo de Israel. Tras la muerte de Saúl, David fue ungido
por rey en la ciudad de Hebrón, pero solamente delante de una de las tribus de Israel: la
tribu de Judá (2 Sam. 2:7), simultáneamente el general de los ejércitos del rey fallecido
tomó a Is-boset, hijo de Saúl y lo coronó rey sobre todo Israel; sin embargo, su reinado
duró dos años solamente mientras que en Hebrón David reina por siete años y seis meses.
Esto da a entender que hubo un vacío de poder durante cinco años y medio en Israel, razón
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por la cual se desata una especie de guerra civil entre el bando de los seguidores de la casa
de Saúl y los seguidores de David (2 Sam. 2:8-32). Tras la muerte de Is-boset (queda la
duda de porque no reinó durante los cinco años y medio mencionados) todo Israel corona a
David como rey (2 Sam. 4), es entonces cuando por primera vez las trece tribus conforman
un reino estable y unificado. Su reinado fue tan importante que David llegó a convertirse
en una figura de suma importancia en la historia de Israel, el mejor ejemplo es la bandera
del actual estado de Israel, la cual tiene en el centro una estrella de seis puntas que se
conoce como estrella de David.

No obstante, Roboam, el nieto de David no mostró la misma pericia que su abuelo


ni la misma sabiduría que su padre, el gran rey Salomón, por lo que en su regencia el reino
se dividió en dos partes, muy similares a las de la época de Is-boset: el reino de Judá al sur
y el reino de Israel al norte. Es de este proceso de separación que se acuña la palabra judío,
que tiene como raíz el nombre de la tribu de Judá.

Periodo de dominación extranjera

A partir del siglo IX antes de Cristo el imponente imperio Asirio invade y conquista
el reino de Israel a manos de Salmanasar III, tarea que concluiría Sargón II en el 722 a. C.,
la manera como este imperio se apoderaba de los territorios conquistados implicaba el
reemplazo de la población autóctona por pueblos de otras latitudes del imperio, este
desarraigo trajo como consecuencia la pérdida en el registro histórico de las tribus que
pertenecían al reino de Israel.

Por otro lado, en el año 589 a. C., Nabucodonosor II rey de Babilonia invade el
reino de Judá y destruye la ciudad de Jerusalén junto con su templo. A diferencia de los
Asirios, Nabucodonosor decide llevarse a la élite del reino de Juda para Babilonia y dejar
los más pobres en la región, durante alrededor de 70 años estuvieron en cautiverio hasta que
en la época de Esdras y Nehemías se le permite a parte del pueblo regresar del cautiverio y
reconstruir la ciudad santa. A partir de este punto el pueblo judío estará siempre bajo
dominio extranjero excepto en el breve periodo de mandato de los Asmoneos. En síntesis,
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pasarán del dominio babilonio y persa al dominio griego y por último , en época de Jesús,
al dominio romano.

Es relevante recalcar el profundo deseo nacionalista que el pueblo judío


experimentaba en el siglo I, un deseo de ver reconstruido el reino de Israel como en la
época de David, de ahí que el grito de Mardoqueo era: hijo de David, ¡ten compasión de
mí!

Ese deseo llevó a numerosos levantamientos y a la formación de grupos como los


zelotes, de hecho, entre los zelotes existían los sicarios, palabra que tiene como raíz el
vocablo latino sicar, un puñal de la época que usaban para atacar a los partidarios de la
presencia romana en la tierra de Israel.

Eso plantea la gran diferencia de mentalidad entre un judío de Galilea o Judea y uno

que vivía en otra región del imperio romano; para los primeros, los gentiles o no judíos eran

invasores, en cambio un judío de la diáspora consideraría con toda probabilidad a los

gentiles como vecinos y amigos. De allí que el primer concilio de la iglesia trate el tema de

la posición de los gentiles en la iglesia y sus obligaciones frente a la ley de Moisés (Hch.

15). Pero fue la persecución a los judíos por parte del imperio romano la que desencadenó

dos hechos determinantes en la separación del cristianismo y el judaísmo y por ende

intervinieron en el lenguaje que se usó para la redacción del texto neotestamentario: la

exterminación casi total del grupo judeo cristiano que creía en Jesús como mesías

conservando la práctica de la ley de Moisés y la separación definitiva de los grupos

cristianos, fundamentalmente paulinos, con el judaísmo. Se suma a ello el tremendo celo

religioso de los sabios de Yavne por proteger y conservar la tradición judía a través de uno

de los grupos mas importantes del judaísmo del siglo I: Los fariseos (Saban & Piñero,

2017).
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Conclusión

Tanto el maestro de Galilea como los apóstoles fueron hombres judíos, con una

historia compleja y un pensamiento aún más complejo, este judaísmo fruto de tantas

vicisitudes fue el semillero que Dios utilizó para entregar la esperanza de salvación a través

de Jesucristo. La Biblia entera testifica este hecho, por lo cual es posible afirmar como

Pablo de Tarso: Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como

enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos (1 Co. 10:11).

En una época en la que los extremos atacan el alma de la iglesia, algunos queriendo

vivir su cristianismo bajo los principios judíos y otros queriendo negarlos a rajatabla, es el

reto de los líderes emergentes comprender entre otras cosas las siguientes implicaciones:

• Un llamado a ser pacificadores (Mat. 5:9) frente al antisemitismo que en

ocasiones se manifiesta en la sociedad moderna.

• Un llamado a orar por el pueblo de Israel y a no ser indiferentes (Sal. 122 6-9)

• Un llamado de atención a revisar los principios de la fe cristiana para no caer en

prácticas sin propósito.

• Un llamado a convertir el estudio de las Sagradas Escrituras en parte activa y

perenne de la vida cristiana.


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Bibliografía

Köster, H. (1988). Introducción al Nuevo Testamento. Salamanca: Sígueme.

Piñero. A. (2006). Guía para entender el Nuevo Testamento. Madrid: Trotta.

Strange. J. (1999). Atlas Bíblico. Dinamarca: Sociedades Bíblicas Unidas.

Judaísmo y Cristianismo ¿Por qué se separaron? Dr. Mario Sabán, Historiador judío.

Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=esHxC_5Y5TU

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