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ºV1Jíumen doble

·ganz1912

MAX WEBER {1864-1920) -a quien #'.sociología Q


y !.a historia de Ja cultura deben no �t�Jo algunos de sus tr

instrumentos meto lógicos básicos, sir.o:- buen número 9


it

de hipótesis y teoría-; altamente fecundr..<-- dedicó la mayor


parte de sus csfoerzr·> a la investigació! y a la enseñanza;
sin embargo, a lo largo d� su vida mostr-1 siempre un
i'
�-
apasionado interés por la cos a pública y mmc,; dejó de ![.
e;eperimentar una cierta ncstalgia por 111 actividad polftica.
En los trabajos que c:omponen EL POUTICO Y EL ;z:
�-
CIENTIFICO, elaborados durante el dr am6t i co invierno
revolucionario alemán de 1919, Weber reflexiona acerca de
la contraposición entre el quehacer del investigador y el
C·)rnportamiento· del hombre de acciSn; su propia
·

ce n tr adi cc i ó:i vocacional sirve, en este caso, de poderoso


fa.;tor de il.�minación para uno d� fos 'problemas
c1 pitales e nuestra época. Por Wla parte, las virtudes
d1;l político parecen incompatibles con las cualidades del
ombre Je ciencia; míen.ras 6ste reflex:ona sobN
3COntecimientos que se repicen regularmt·nte y cuyas
relaciones son susccptibl� de un r.1erto ·1ivel de
"cn�ralidad y ¡:iredicci6n, la m isión del estadi:sta es adoptar
decisiones únk.as, fundam�nt.adas en juicios de valor
v de , on;ecuencias no ri?,Uroeamente previ ibJes.
Por 01ra, :.in t:mbargo, e:<iste una comunicación dialéctica
entre conocir.1iento y acc:ón; el saber objetivo,
nl red ucir y aislar el e!e men to de imprevisibilidad,
lavorcce un comportamiento razona ble y aumenta la
probebilidadc! d e coruegu1r lc:>s objetivos que el polftico
se propone. Abre el vuiumen un ext nso trabajo
<l� RA YMOND ARON (autor de cEnsayo sobre lit
lib�rtades•. LB 3), que con tituye una �
íntri>ducción a la obra del gran eocióloao e """"
alen:án, paso oblipdo para todol que le ineet •
por las cicu cias del hombre.

El libro ele bolsillo Alianza EditOrial


ganz1912
--

Ciencias sociales MaxWeber

El político
y el científico

Introducción
de Raymond Aron

El libro de bolsillo
Ciencia política
Apanza Editorial
Ttn;w ORIC..INAI.: Palitik nls Beruf. Wi.<senschaft als Beruf
TRADUCTOR: �roncisco Rubio 1 lorente
Introducción
por Raymond Aron
Primcrd edición en •El libro de bolsillo": 1967
Decimoséptimd reimpresión: 1997
Primera edición en •Áre-.1 de conocimien10: Ciencias sociales•: 1998
Oct:iva reimpresión: 2007

Diseño de cubierrn: Alianza EdhorlaJ

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• lu pn!ceptiv(l :tutorización.

© Vcrl"S Duncker & Humhlo1, llerlf,,.Mu111ch


© Introducción de Ro.yinond Acou: Ubrairic Pion 1959
e l\d. cnst.: Alianz,1 Etlilorial, S. A., M:.drid, 1967, 1969, 1972, 1975, 1979,
1980. 1981, 1984, 1986, 1987, 1988, 1992, 1993, 1994, i995, 1996. 1997,
1998.2000,2001,2002,2003,200�.2005,2007
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________
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l ianiaeditorial@anaya.es
ganz1912

l.

Max Weber fue hombre de ciencia y no hombre po­


ütico ni hombre de Estado, aunque sí, ocasional­
mente, periodista político. Estuvo, sin embargo,
apasionadamente preocupado por la cosa pública
durante toda su vida y no dejó nunca de experLn1cn­
tar una especie de nostalgia de la política., como si la
finalidad última de su pensamiento hubiera debido
ser La participación en la acción.
Pertenecía a la generación que, al llegar a la virili­
dad, asistió al florecimiento del imperio alen1án, a la
caída de Bismarck y a la asunción de sus responsabi­
lidad es por el joven emperador. Los quince últimos
años del siglo XIX, que son para Max Weber la época
de formación entre los veinte y los treinta y cinco,
están marcados por el desarrollo de la legislación
social, las primeras intervenciones personales del
.

9
10 Ri\YMONO AR0:-.1 1 .Z..·
r k.OOUC C I ON JJ

emperador en la diplomacia y, más profundamente El hombre de acción es el que, en una coyuntura


aún, por la reflexión sobre la herencia bismarckia­ singulary única, elige en función de sus valores e in­
na. ¿Cuál es La misión de Alemania una vez Lograda troduce en la red del determinismo un hecho nuevo.
su unidad? ¿Qué papel debe ser el suyo en la esce­ Las consecuencias de la decisión tomada no son ri­
na mundial? ¿Qué régimen es capaz de restablecer gurosamente previsibles, en la medida en que la co­
la unidad de la nación? La generación de Max yuntura es única. Sólo hay previsión científica en las
Weber se plantea espontáneamente estas cuestio­ sucesiones de acontecimientos que pueden repetir­
nes, a las que la historia habría de dar una trágica se o, dicho en otros términos, sólo hay previsión
respuesta. científica respecto de las relaciones derivadas de lo
Motivos más personales explican su actitud. No concreto y elevadas a un cierto ruvel de generalidad.
dejó jamás de subrayar que la politica no tenía nada No es menos cierto, sin e1nbargo, que La decisión ra­
que hacer en las aulas, repitió continuamente que las zonable exige que se aplique a la coyuntura el con­
virtudes del político son incompatibles con las del junto de conocimienlos abstractos de que se dispo­
hombre de ciencia; pero su preocupación por sepa­ ne, no para eliminar el elemento de imprevisible
rar ambas actividades no era niás aguda que su con­ singularidad, sino para reducirlo y aislarlo. Una
ciencia del VÚlculo que entre eUas existe. No se puede ciencia que analice ]as relaciones de causa y efecto,
ser al mismo tiempo hombre de acción y hombre como Max Weber deseaba para la teoría, es así tam­
de estudio sin atentar contra la dignidad de una y bién la ntisma que responde a las necesidades del
otra profesión, sin faltar a la vocación de ambas. hombre de acción.
Pero pueden adoptarse actitudes políticas fuera de La teoría de la causalidad histórica basada sobre
la Universidad, y la posesión del saber objetjvo, aun­ el cálculo retrospectivo de posibilidades (¿qué ha­
que no indispensable, es ciertamente favorable para bría pasado si. ..?) no es otra cosa que la reconstitu­
una acción razonable. En resumen, en el pensa­ ción aproximada de las deliberaciones que tuvieron
miento de Max Weber, las relaciones entre ciencia y o pudieron tener los actores.
política no se caracterizan solamente, como sieni­ Obrar razonablemente es adoptar, después de
pre se dice, por la distinción necesaria. L a ciencia haberlo meditado, la decisión que ofrezca más pro­
que él concibe es aquella susceptible de servir al babilidades de conseguir el fin que se pretende. Una
hombre de acción, del mismo modo que la actitud teoría de la acción es una teoría del riésgo al mismo
de éste difiere en su fin, pero no en su estructura, de tiempo que una teoría de la causalidad. El historia­
la del hombre de ciencia. dor que se interroga sobre la causalidad histórica re-
12 R/\YMONO AftC)N l.N1."'RODVCCl0N 13

vive en su espíritu los acontecimientos posibles que das por la orientación de nuestra curiosidad. La cien­
los actores consideraron, o hubieran podido consi­ cia natural selecciona en el infinito de los datos sensi­
derar, en las deliberaciones que precedieron la bles los fenómenos susceptibles de repetirse y cons­
acción. truye el edificio de las leyes. La ciencia de la «cultunrn
La interrogación causal no se aplica solamente a selecciona en el infinito de los fenómenos humanos
las decisiones reflexivas de uno o varios individuos. lo que se refiere a los valores, valores de los contem­
La interrogación ¿qué habría sucedido si. .? se plan­
. poráneos o valores del historiador, y elabora, o bien la
tea tanto respecto de acontecimientos que no han historia, si el sabio fija su atención en la secuencia
sido queridos por nadie (intervención de fenóme­ única de los hechos o las sociedades, o bien las diver­
nos físicos, tempestades, agotamientos de minas de sas ciencias sociales que consideran las consecucio­
oro, victorias o derrotas en 1ma batalla, etc.) como nes regulares o los conjuntos relativamente estables.
respecto de las decisiones personales. El esfuerzo La ciencia histórica o la ciencia de la «cultura»,
por evitar la ilusión retrospectiva de fatalidad n o como Ja concebía Max Weber, era la comprensión de
deja de ser por eso característico delhistoriader po­ la manera como los hombres habían vivido, del sen­
lítico, de] historiador que, interesado en los hom­ tido que habían dado a sus existencias, de la jerar­
bres y sus luchas, quiere salvaguardar, en la resu­ quía que habían establecido entre los valores, en
rrección del pasado, Ja dimensión propia de la tanto que la acci.óo política es el esfuerzo, realizado
acción, �s do::CÍ!, J,a lncertidun1bre del f uturo, incer­ en circunstancia que no hemos escogido, para pro­
tidumbre que no podría salvaguardar el historiador mover esos valores, constitutivos de nuestra comu­
sino manteniendo, contra la sanción del hecho, que nidad y de nuestro mismo ser.
lo real no estaba escrito de antemano y que depen­ Comprender a otro no impJjca reflexionar sobre
día de tales personas o de tales circunstancias el que sí mismo. La comprensión de la acción llevada a
la historia hubiese sido distinta. cabo por otros en el pasado no conduce necesaria­
El vínculo entre la ciencia y la política de Max We­ mente a la voluntad de obrar en el presente. Filosó­
ber aparece igualmente estrecho si se considera el ficamente y, para hablar en la jerga de moda, exis­
otro aspecto; no ya la relación causal, sino los valores: tencialmente, no deja de haber, sin embargo, una
referencia a los valores en elcaso de la ciencia, afirma­ cierta conexión entre el conocimiento de sí mismo y
ción de los valores en el de Ja acción. La elección de el de los demás, entre la resurrección de las luchas
los hechos, la elaboración de los conceptos, la deter­ que se libraron entre los hombres desaparecidos y La
minación del objeto, decía Max Weber, están marca- toma actual de posición.
14 RAYMOND AR()N CNTRODUCClON IS

De hecho, no faltan historiadores que se esfuer ­ que no Llegan a la signific ación sino a través de los
zan por comprender las existencias vividas por los valores. Cabe p lantear también la cuestión de hasta
otros sin interrogarse por la que ellos mismos viven. qué punto se conforma siempre la práctica de Max
No faltan políticos que no establecen relación algu­ Weber a los esquemas de la teoría. ¿Ocupan las rela­
na entre su oficio y el sentido que ellos mismos o la ciones causales tanto lugar en su práctica como en
colectividad dan hoy a su existencia. De derecho, su teoría? ¿No son esencialmente los estudios de so­
l a exploración del pasado no se separa de l a toma de ciología religiosa una exploración de los diferentes
conciencia de sí mismo. De derecho, la acción sólo sistemas de creencias y de ideas que, más que para
es humana cuando se sitúa en el curso de Los aconte­ aislar la eficacia propia de los distintos elementos,
cimientos y por referencia a los objetivos supremos. sirve simplemente para mostrar el entrecruza.mien­
La reciprocidad entre encuentro con el otro y descu­ to de ideas e instituciones, la conexión entre valores
brimiento de sí mismo está dada en la actividad religiosos y actitudes sociales? ¿No constituye lo
misma del historiador. La reciprocidad entre cono­ esencial de Wirtschaft und Gesellschaft la exposición
cimiento y acción es-iQplanente a la existencia mis­ de la estructura inteligible propia de Los distintos ti­
ma .de! l111mbre histórico, y no ya del historiador. pos de poder y de econom fa? Ahora bien, aunque no
Max Weber prohibía que el profesor, dentro de la basta con que la relación comprensiva sea inteligible
Universidad, ton1 ase parte en las querellas del foro, para que sea cierta en una circunstancia determina­
pero no podía dejar de considerar a la acción, al me­ da, la comprobación de su veracidad no tiene nada
nos ala acción mediante la pluma o la palabra, como que ver con la coincidencia de relación comprensiva
meta iüt ima de su trabajo. y relación causal.
Se ha suscitado a veces la cuestión de en qué me­ Max \.V-eber, en efecto, simplificaba en la teoría
dida se expresa adecuadamente el pensamiento de tanto la multiplicidad de las relaciones intelig ibles .

Ma.x: Weber en Las categorías y e l vocabulario del neo­ que descubren el historiador o el sociólogo como la
kantismo de Rickert. A mi juicio, la fenomenología complejidad de las relaciones existentes entre com­
de Husserl, que él conoció, pero que utilizó muy prensión y explicación, o entre la relación inmanen­
poco, le habría proporcionado el útil filosófico y ló­ teen lo dado y la relación elaborada gracias a cálculos
gico que buscaba. Le habría evitado en sus estudios restrospectivos de probabilidad. Hay tipos diversos
sobre la comprensión la oscilación entre el «psicolo­ de inteligibilidad, que van desde la conducta con­
gismo» de Jaspers (en la época en que éste escribía forme a las leyes de la economía abstracta hasta
su psicopatología) y los rodeos del neokantismo, la conducta conforme a la lógica del resentimien-
17
16 lt.IU'�10ND A.RON CN"rR.OOUCCIOS

to, pasando por la conducta dictada por la interpre­ tar l a existencia de las obras como objetos a conoc er
tación de una cierta doctrina de salvación. La veri­ y no como valores a apreciar.
ficación no significa lo mismo según que se trate de En cuanto a las proposiciones económicas o so­
una u otra de estas relaciones inteligibles queMax ciológicas, cuya verdad para una sociedad
.
particu­
\tVeber tenía tendencia a tratar simultáneamente en lar o, en un mayor grado de abstracción, para cual­
su metodología de la comprensión. Rectificaciones quier sociedad estaría menos ligada al presente de
y complementos no llevarían consigo modificacio­ lo que Max Weber sugiere, puede decirse que ellas
nes decisivas en lo que concierne al tema principal no alteran esencialmente el análisis de Ja elección Y
de nuestro estudio. En ciertos casos, por el contra­ de la acción. Esas verdades son parciales, y los valo­
res a los que el hombre se refiere son múltiples; �s
medi­
rio, en materia de teoría económica o de explicación
de u n acontecimiento mediante su confrontación raro que las consecuencias previsibles de una
con un esquema, habría que insistir, a mi juicio, so­ da cualquiera sean conformes �n todos nues tros
bre la objetividad y la universalidad accesibles. Pero valores y agradables para todos los individuo� . No
no sería necesaria una revisión f u ndamental. son la subjetividad y la relatividad de la cienaa las
Tomemos e) caso de La comprensión. Se ha dicho que hacen necesaria la elección, sino el carácter Pª!­
que el amor y el odio son los resortes verdaderos de cial de las verdades científicas y la pluralida d de los
la comprensión. Es inútil recomendar objetividad si valores.
por ello se entiende indiferencia frente a los valores, La objeción de que la fenomenología de la �l�c�
cuando se trata de asuntos humanos, de los hom­ ción política resulta falsa porqueMax Weber utiltzO
esquemas superados, hecho y valor, medio Y fir;-·
ru;n
bres de ayer o de hoy y de sns obras, malditas o ben­
ditas. No se podrCa captar el alma proftmda de esos deja, creo yo, de lado lo esencial. Será forzoso a 1-
seres desaparecidos si no se experimentase frente a tir que el hecho al que se opone el valor no ha sido
ellos sentimfontos comparables a los que despiertan construido sin referencia del historiador a los valo­
los vivos. Max Weber no hubiera tenido probable­ res. Los valores no se afirman ni se inventan fuera de
ese intercambio incesante entre el individuo y el me­
te­
mente gran dificultad en reconocer l a parte de ver­
dad que existe en estas observaciones, pero hubiera dio, intercambio que constituye una de las car�c
restringido su alcance a la psicología de la investiga­ rísticas de la historicidad del hombre. Del OlJSIIlO
ción, sin extenderlo a l a lógica de l a ciencia. Hubiese modo, el fin próximo se convierte en medio de una
mantenido tanto el imperativo moral de tender a la acción ulterior, como el medio actual puede haber
comprensión sine ira etstudio como el deber de afron- sido fin de una acción pasada. Aún más, es dudoso
18 �IROl)UCCIÓN 19
R.AYl\fON D ARON

que la actitud adoptada por Ja persona sea reducible tardar una evolución que se nos dice inevitable, al
a tal distinción. AJ adoptar una cierta perspectiva tener que optar por una perspectiva global nos en­
sobre la historia, se está cerca de adherirse a un par­ contramos en una siluación co1nparable a la que
tido, de suscribir una determinada técnica de orga­ afronta el hombre de acción en una coyuntura sin­
nización y de acción. La perspectiva global deter­ gular. Observamos los hechos, deseamos unos fines
mina tanto la elección de los medios como la de los determinados y elegimos, cargando con los riesgos
fines. de la elección, sin derecho a invocar ni una totalidad
Max Weber no ignoraba que las cosas suceden de que n o nos es accesible, ni una necesidad que no es
este modo. El marxista se imagina que posee la in­ sino el alibí de nuestra resignación o nuestra fe, ni
terpretación verdadera de un movimiento de la his­ una reconciliación de Jos hombres y los dioses que
toria, que es, a la vez, necesario y deseable, y que esta no es más que una idea situada en el horizonte de La
interpretación conlleva la adhesión a un partido y a historia.
un método de acción. La experiencia ha demostra­ Lo que está en cuestión no es, por tanto, ni el es­
do que esta filosofía no eliminaba ni laduda.mbxe quema medio-fin, efectivamente demasiado simple,
los partidos ni la duda sobre los métodos. Nadie se ni la distinción hecho-valor, cuyo alcance filosófico
combate con más rigor que aquellos que se preten­ es discutible. Para refutar el pensamiento de Max
den servidores del mis1no señor. Pero aun prescin­ Weber habda que demostrar, o bien que la ciencia
diendo de esta experiencia, Max Weber habría nega­ nos descubre la verdad de la historia total, o bien
do que w1a filosof(a de la historia pueda anunciar que conoce de ante1nano un futuro predetermina­
un futuro cierto y, al mismo tiempo, dictar impera­ do, o bien, por último, que promete la solución de
tivamente una actitud. La previsión del futuro im­ los conflictos enlre las colectividades y los valores.
plica un determinismo, y el determinjsmo, enfoca­
do hacia un término por venir, resuJta tan parcial y
aún más probabilista que el utilizado retrospectiva­ Ma:x Weber tenía empeño en demostrar que la cien­
.mente. Los caracteres de la sociedad futura que, en cia tiene un sentido y que vale la pena consagrarse a
el mejor de Jos casos, podemos conocer de antema­ ella aunque lleve a despojar al mundo de su encanto
no son sustituidos por jwcios contradictorios de va­ y sea, por esencia, inacabable.
lor porque no satisfacen todas las aspiraciones de Se batía en dos frentes: contra quienes amenazan
los hombres. No es forzoso jamás que amemos lo con corromper la pureza del pensamiento racional
que la ciencia nos anuncia. Libres de acelerar o re- mezclando con él actitudes políticas o efusiones
20 RAY'MONDARON rNTJlODUCCION 21

sentimentales y contra aquellos que falsean la signi­ sabios un juramento de fidelidad al Estado (cosa
ficación d e la ciencia atribuyéndole la capacidad de que podría resultar odiosa para los hombres, pero
captar el secreto de Ja naturaleza y del hombre. En el no mortal para la ciencia), sino que encuentran in­
discurso de Max Weber, la defensa e ilustración de la soportable el hecho de buscar y decir la verdad obje­
ciencia adquiere un tono patético porque se percibe tivamente. Esas tiranías pretenden imponer a las
en él el eco amortiguado de una nostalgia y la impa­ universjdades una doctrina pretendidarnente total,
ciencia d e un hombre de acción. Nostalgia de los que no es sino una caricatura ridícula de las grandes
tiempos en que el conocimiento no era mero esla­ síntesis religiosas del pasado.
bón d e una cadena sin fin, sino plenitud y realiza­ Acerca del primer fenómeno sólo diré unas pala­
ción. Impaciencia d e un hombre de acción que pide bras. Todo aumento en la capacidad de producir se
a la ciencia el conocimiento de los medias y de las ha visto acompañado, desde hace algunos siglos,
consecuencias, pero que sabe d e antemano que la por un incremento en la capacidad de destruir. La
ciencia no lo liberará de l a obligaciórrde elegir, por­ novedad actual es sólo de orden cuantitativo. Es el
que Jos dioses son múltiples y los valores contradic­ incremento en la cantidad el que origina la diferen­
torios. cia de cualidad. El sabio no podría adoptar indivi­
Die Entzauberung der Welt durch die Wissens­ dualmente precaución alguna contra la explotación
chaft, continúa la ciencia desencantando el mundo. de sus trabajos por La industria de guerra. Colectiva­
La ciencia auténtica, tratese ae 1; física o de la sacio­ mente, se sustrae aJ servicio del Estado y favorece a
logía, no nos da hoy una imagen acabada del univer­ otros Estados; precisan1ente a aquellos que más re­
so cósmico o humano en la que podamos leer nues­ ducen las 1 ibertades de Los individuos. En cuanto
tro destino o nuestro deber. Se han producido, sin comienzan a discutir sobre la paz y La guerra, las
embargo, en nuestro tiempo, dos fenómenos que asociaciones de sabios dejan de ser asociaciones
hacen pesar sobre las universidades de Europa una científicas para transformarse en asociaciones polí­
sorda angustia. Los medios d e destrucción que el ticas. Sus llamamientos sedan más convincentes si
progreso de Ja ciencia ha puesto a disposición de los con frecuencia no manifestasen en materia diplp­
jefes civiles o militares se han hecho tan desmesura­ mática una ingemúdad pareja a la autoridad que, a
dos que los sabios, responsables de esos descubri­ ciegas, se les concede a sus autores e n materia de
mientos y de sus aplicaciones, se interrogan sobre física nuclear.
sus responsabilidades. Conocemos en nuestro siglo Más importante para quienes nos ocupamos de
tiranías positivas que no se limitan a imponer a los las ciencias humanas es el segundo fenómeno, la
lNTRODUCCION 23
RAniO!'llD A.RON

a.iuenaza que hacen pesar sobre las universidades y tipos de soluciones, a aceptar las críticas recíprocas
sobre la ciencia ciertos regímenes políticos. Se ha y a enriquecerse con el intercambio.
visto una «matemática aria», y conocemos hoy un Ciertas especulaciones matemáticas y físicas se
Estado que resuelve con su propia autoridad la que­ han hecho hasta tal punto sutiles que la república de
rella científica sobre la heredabilidad de los caracte­ La ciencia no comprende ya, a todo lo ancho d e l
res adquiridos o sobre la teoría de Mendel. Estos dos mundo, más que unos pocos miembros. Estas es­
ejemplos presentan caracteres distintos. En definiti­ peculaciones no dejan de ser por ello universales, diri­
va, no creo que haya habido muchos matemáticos gidas a todos los espíritus capaces de compren­
alemanes que hayan tomado en serio la distinción derlas y rebeldes a toda instrucción exterior a su
entre «matemática aria» y «matemática judaizante», esencia. Mi amigo Cavailles, matemático y filósofo,
ni muchos físicos que hayan creído descaüficado a escribió una obra de lógica matemática mientras es­
Einstein a causa de su reügión. Es grave, sin embar­ taba siendo perseguido por la policía. Francés y sol­
go, que en un país como Alemania tantos sabios se dado, combatió contra el ocupante. Como lógico,
viesen obUgados a tolerar en silencio esta comedia seguía siendo discípulo de Cantor, de Hilbert y de
indigna, aparentando tomarla en serio e infligiendo Husserl. Ante el juez de instrucción testimon:iabala
así un grave daño a esa república internacional del adniiración que conservaba por lo mejor de l a cul­
espíritu, que es la comunidad natural y necesaria de tura alemana. No le pasaba por lás nuentes la idea de
los sabios. que los conflictos colectivos, incluso aquellos que
Nada más falso que la idea de qLLe un sabio trabaja asum(a hasta el extremo de sacrificar por ellos su
solo, entregado por entero a su fantasía y a su genio. vida, pudiesen penetrar en el santuario del pensa­
Los matemáticos, l.os fisicos, Los biólogos, separados miento fiel a su vocación, es decir, fiel a la búsqueda
po;r Las fronteras y dispersos a través de todo el pla­ de la Verdad.
neta, están unidos por los lazos invisibles y podero­ Cuando un Estado o un partido pretenden impo­
sos de una comunidad de investigaciones y de nor- ner a la ciencia sus temas de estudio o las leyes de su
1?1ªs intelectuales, no formuladas pero obligatorias. actividad, cuando pretenden excluir a determina­
Los problemas que hay que resolver vienen determi­ dos individuos o determinadas naciones, cuando
nados por el avance de la ciencia, y eso explica la fre­ llegan incluso a arbitrar en controversias que sólo
cuencia de los descubrimientos simultáneos. Una pueden resolverse mediante la experiencia o el razo­
concepción implícita y casi espontánea de l o que es namiento, no basta ya con hablar, siguiendo una
una verdad los Ueva a prescindir de determinados fórmula banal, de la opresión de los individuos por
25
24 RA\"'1101'0/\.RON tNTROOUCCtON

la colectividad. Se trata entonces de La intervención que se expresa) por circunstancias exteriores, quie­
ilegítima de una colectividad política en la actividad nes invocan esta determinación de hecho para justi­
de una colectividad espiritual o, en otros términos, de ficar la orientación autoritaria de la ciencia por los
La raíz misma del totalitarismo. El invento más temi­ poderes públicos cometen un error fatal.
ble del totalitarismo es precisamente el de La subor­ Los sabios son al mismo tiempo los hombres de
una sociedad particular, de una época determinada.
dinación de las múltiples obras de que el hombre es
creador a la voluntad exclusiva de un partido o, a ve­ La orientación y el estilo de las investigaciones están
ces, de un hombre. En su Sociología, G. Simmel ha marcados por el carácter de los hombres y no sólo
por el carácter de los sabios, pues no es nunca posi­
descrito de manera brillante la pluralidad de círcu­
los sociales a que pertenecemos cada uno de noso­ ble separar rigurosamente a los unos de los otros.

tros, viendo en c.. �.. piwwi<laJ l:l condición de la li­ Pese a todo, sigue habiendo una diferencia funda­

beración progresiva del individuo. Este recuerdo mental entre la influencia que el medio ejerce por sí
mismo sobre la ciencia, a través de la espontaneidad
nos permite dar su exacta medida a los intentos del
totalitarismo: son esfuerzos radicalmente reaccio­ de los sabios, y la que ejercerían los jefes políticos si
se arrogasen e l derecho de fijarle a la ciencia sus ob­
�arios de retrotraer las sociedades al estadio primi­
tivo en que las disciplinas sociales tendían a impo­ jetivos, sus 1nétodos y, ftnalmente, sus resultados.
nerse a todos los individuos y a la totalidad de las En el primer caso, la comunidad científica continúa
manifestaciones vitales de cada uno de elios. obedeciendo en lo esencial a sus leyes específicas.

Es cierto que puede observarse una determina­ En el otro, abdicaría de su autonomía y pondría en
ción parcial de la ciencia por factores sociales, histó­ peligro, al mismo tiempo, su vocación y su progreso
ricos y, eventualmente, raciales. No es inconcebible futuro.

que una determinada raza esté mejor dotada que Incluso en la Gran Bretaña se discutió a l terminar
otras para ciertos tipos de trabajos o más inclinada la guerra sobre la independencia de la ciencia. Im­
hacia una determinada forma de ver el mundo, aun­ presionados por el ejemplo soviético, algunos sa­
�ue, de otra parte, sea casi imposible aislar la acción bios deseaban que se estableciese un plan de in­

de una raza. Se ha demostrado que la mayor parte de vestigaciones, con una distribución racional de los
las generalizaciones en esta materia son falsas, y Las recursos materiales y humanos entre los diferentes
demás, indemostrables. Pero cualquiera que sea el laboratorios, cada uno de los cuales recibiría una
grado de determinación de la ciencia (de las cues­ misión particular. Los sabios británicos rechazaron
esta concepción pragmática; negaron a l Estado e]
tiones que se plantea, de las ideas filosóficas e n las
26 RAYMó�L>ARON INTROl>UCCIÓN 27

derecho de indicar a los sabios lo que deben investi­ de las ciencias naturales. Es incontestable que en el
gar. EJ abandono o la subordinación de la investiga­ pasado ha existido una solidaridad entre ciertos
ción teórica no sólo serla fatal para el progreso de l a modos de análisis y ciertas preferencias políticas o
técnica (no se sabe nunca de antemano qué teoría ciertas concepciones filosóficas. Nada más fácil ni
concluirá por tener una aplicación), sino que cons­ tentador en economía política que La confusión en­
tituiría también La primera etapa de una abdicación tre esquemas ideales y realidad. Se le prestan a ésta
d e la comunidad científica que enajenaría su auto­ los méritos que, en rigor, sólo a aquéllos correspon­
nomía. La desaparición d e los biólogos mendelia­ den. Si bien es cierto que el estado de equilibrio defi­
nos o la obligación para los físicos de arropar sus nido por la teoría clásica del mercado comporta la
resultados en la jerga del materialismo dialéctico maximaci6n del producto social yel empleo óptimo
ilustran l o que podría ser la etapa final de los recursos, de ahí no puede deducirse que las
Las ciencias sociales están infinitan1ente más economías concretas a las que St: califica de libera­
amenazadas por los totalitarismos que las ciencias les, es decir, de parcialmente liberales, sean las
naturales. Los tiranos tienen necesidad de estas úl­ mejores, ni que convenga dejar jugar los mecanis­
timas para acwnular medios de poder; sus interven­ mos imperfectos del mercado so pretexto de que si
ciones encuentran un lín1ite en la preocupación por estos mecanismos estuviesen perfectamente rea­
La eficacia. Se obliga a los físicos a declararse entu­ lizados proporcionarían la mejor solución. Karl
siastas del materialismo dialéctico, pero no se les Mannheim ha dado el nombre de Wissenssoziologie
dictan sus ecuaciones. En último término, se tiene a la discipll.na que se esfuerza por dilucidar los di­
sumo interés en el desarrollo de Ja física nuclear. Nada versos 1nodos de relación entre Las circunstancias
ill1pide, por el contrario, aceptar como verdades defi­ históricas y los edificios intelectuales.
nitivas las teorías marxistas de la plusvalía y del sala­ No i_ntentamos negar que las ciencias sociales no
rio e imponerlas como tales; eso no produce un dafio parten jamás de una tabla rasa, que el planteamiento
irreparable para la planificación concreta. Como de los problemas no esté sugerido por los aconteci­
_quiera que la ortodoxia no es nociva, al menos direc­ mientos, que el método no sea independiente de la
tamente, para la eficacia de la gestión, se convierte en filosoña o del medio histórico o que, frecuentemen­
un instrumento de la unanimidad artificial que los te, los resultados no estén influidos por los intereses
despotismos tienen por garantía de estabilidad de las naciones o de las clases. Sería, sin embargo, fa­
La resistencia de las ciencias sociales a l a intru­ tal extraer de aquí la consecuencia de que las cien­
sión de la política ha sido siempre más difícil que la cias sociales no son sino ideologías de clase o de
29
28 lt.An10NO A.RON í%'-IROUUC.ClóN

raza, y que la ortodoxia impuesta por un Estado to­ damentosy a los métodos. Los conocimientos socia­
en
talitario no difiere en su naturaleza de la investiga­ les se elevan al nivel de La ciencia en la medida
ción libre propia de Las sociedades pJuralistas. Díga­ que van acompañados de una conciencia exacta de
se l o que se quiera, existe una comunidad de las su alcance y también del ümite de su validez. En eco­
ciencias sociales, menos autónoma que la comuni­ nomía política, por ejemplo, la teoría progresa cons­
dad de las ciencias naturales, pero real pese a todo. truyendo nuevos modelos, pero también recono­
¿Cuáles son las reglas constitutivas de esta comu­ ciendo Las condiciones precisas en que se aplica un
nidad de las ciencias sociales? modelo determinado, conocido desde hace mucho
l .º En primer Lugar, la ausencia de restricciones tiempo. La teoría general de Keynes debe su origi­
para la búsqueda y el establecimiento de los hechos nalidad a 1núltiples factores: la situación que originó
mis1nos, el derecho a presentar los hechos brutos y el problema (el llamado paro permanente), el es­
distinguirlos de las interpretaciones. Sin duda pue­ fuerzo que, a partir de un ca.so inédito, se realiza
de sostenerse, en términos rjgurosamente filosófi­ para volver de nuevo a la teorla clásica,que adquiere
a
cos, que no hay ningún hecho histórico que no entonces validez en la hipótcsis del pleno en1pleo,l
esté construido y no comporte, en consecuencia, se­ determinación de la necesidad de algunos hechos
intrrpretación. E n la práctica las distincio­
lt:<..<.:1011 ... concretos (estabilidad de Los salarios nominales),
nes conservan su valor. Es verdadero o es falso que una psicología del empresario distinta de la psicolo­
Trotsky tuvo parte i1nportante en la organización gía racional del hombre económico de la teoría tra­
del ejército rojo, es verdadero o es falso que Zino­ dicional, etc. La aportación, la significación verda­
viev o Bujarin tramaron el asesinato de Stalin, es dera de la teoría general sólo se ponen de manifiesto
verdadero o es falso que Wall Street manipula a los a quien considera siml1Jtáneamente estos diversos
so­
políticos americanos y organiza una cruzada anti­ elementos de hecho y de método. En la ciencia
soviética. Todo Estado totalitario pone ciertos he­ cial, la teoría del conocimiento es inseparable del
chos fuera de la ley porque no encajan dentro del es­ conocimiento mismo. Toda doctrina, liberal o mar­
quema oficial. Todo Estado totalitario lleva hasta el xista, que erige en dogma proposiciones o esquemas
absurdo la solidaridad entre el hecho y la interpre­ cuyo significado es equívoco y cuyo alcance e s lin­
tación. preciso se aparta del mundo de la ciencia para caer
2.º E n segundo término, la ausencia de restric­ en el d e la mitología. E n sociología o en economía
ciones al derecho de discusión y de critica, aplicado política, l a conciencia crítica forma parte integrante
no solamente a tos resultados parciales, sino a losfun-
de la conciencia científica.

l
30 Jl.A'a'MONDA.RON JNl.RODUCf"'IÓN 31

3.º Por últiJno, la ausencia de restricciones al de­ das, precisando despiadadamente las condiciones
recho de desencantarlo real. Entre la idea de un réºai- exteriores y las hipótesis previas de las que depende
men y su funcionamiento, entre la democracia con la validez de las proposiciones generales.
Ja que todos hemos soñado en las épocas de tiranía y Al mismo tiempo, se nos pone de manifiesto a
el sistema de partidos que se ha instaurado en la qué fin responde esta libre comunidad de las cien­
Europa occidental, existe un abismo no fácilinente sal­ cias sociales y el porqué de que tantos gobiernos La
vable. Pero esta decepción es, en parte, inevitable. teman. Solamente la ciencia crítica puede impedir
Toda democracia es oligarquía, toda institución es que la historia o la sociología se deslicen del reino
imperfectamente representativa, todo gobierno que del conocimiento positivo al de la mitología, y mu­
se ve obligado a obtener el asentimiento de múlti­ chos regímenes no desean impedir este desliza­
ples grupos o personas actúa con lentitud y ha de to­ miento.
mar en cuenta la estupidez y el egoísmo de Jos hom­ Los acontecimientos históricos tienen todo lo ne­
bres. La primera lección que un sociólogo debe cesario para que se los transfigure en mitología.
transmitir a sus alumnos, aun a riesgo de decepcio­ Están cerca de nosotros, son humanos y, en conse­
nar sus ansias de creer y de servir, es la de que jamás cuencia, estamos inevitablemente tentados de atri­
ha existido un régimen perfecto. buirlos a la voluntad clara y resuelta de algunos per­
Es raro que un sabio use de estas tres libertades al sonajes, individuos o grupos, que se convierten en
mismo tiempo y sin limitaciones. Sería casi inhu­ angélicos o n1onstruosos en razón misma del bien o
mano que Lo hiciese así. La comunidad de las cien­ del mal qu.e se supone están causando. La mayoría
cias sociales tiene precisruneote como función la de de los hoinbres del siglo XX no saben explicar los fe­
crear, mediante el diálogo y la crítica mutua, el equi­ nómenos que en otro tiempo hubieran sido consi­
valente de estas tres libertades. EJ otro me muestra la derados como milagrosos (el vuelo de los objetos
parte de interpretación que comportan los hechos más pesados que el aire, la transmisión a distancia
brutos que yo creía constatar como simples hechos o del sonido y de la imagen), pero saben que estos fe­
las consecuencias nocivas de Las instituciones en las nómenos tienen una explicación racional Sólo
que estaba tentado de ver sólo méritos. Sólo actuan­ para los niños es un hada la electricidad. En cambio,
el capitalismo, el comunismo o WaH Street son de­
d o en el seno de esta comunidad y a través de ella lo­
gran las ciencias sociales no prescindir de ningún monios para millones de personas. La-historia n
i cita
ala mitología por su estructuta misma, por el con­
hecho, no sustraer a la crítica ningún valor, acu­
mular conjuntamente los conocimientos y las du- traste entre la inteligibilidad parcial y el misterio de
32 l.N'rROOUCClÓN 33

la totalidad, entre el papel evidente que juegan las desde el momento en que éstas no se limitan al estu­
voluntades humanas y el ment(s no menos evidente dio de las técnicas ad.min istrativas y van hasta el tér­
que Los hechos les infligen, por el titubeo del espec­ mino de su misión.
tador entre la indignación, como si todos y cada Incluso cuando, por prudencia o por necesidad,
uno de nosotros fuéramos responsables de lo que el sociólogo o el historiador se abstienen de estudiar
sucede, y el horror pasivo, como si nos encontráse­ los caracteres de los cesarismos antiguos o moder­
mos ante una fatalidad inhumana. nos y limitan su estudio a los regímenes distintos de
Si no tenemos cuidado, los conceptos de la cien­ aquellos bajo los que viven, el estudiante n o pue­
cia se convierten en personajes de la mitología. Bas­ de dejar de comprender que ese mismo método de­
ta con confundir n11Pstrll<: P�q·.!�:U"" y 10 re'.ll, -::on Leria aplicarse también a sus gobernantes, que se
olY.t.iar los múltiples sentidos de los fenómenos verían así privados de su aureola de perfección o de
complejos que designan términos como los de capi­ infalibilldad. No nos detenemos ante el análisis
talis1no o socialismo, y rápidamente queda hecha la de las instituciones parlamentarias que hoy funcio­
sustitución. No nos hallamos ya entonces ante hom­ nan en Emopa por el temor de ser acusados de anti­
bres e instituciones, ante significados inmanentes a democratismo.
La conducta de éstos y a la estructura de aquéllas, La ciencia no nos cürá que es preciso ser demó­
sino ante una fuerza misteriosa que ha guardado la crata, ni que la democracia es superior a las restan­
significación que dábamos a la palabra, pero que ha tes formas de gobierno practicables en nuestro si­
perdido el contacto con los hechos. La Historia, que glo. Muestra, simplen1ente, los riesgos ilimitados
ahora se escribe ya con mayúscula, se convierte en el que los regímenes de partido úruco entrañan para
campo de grandiosas batallas entre Ideas. Las cien­ ciertos valores que el profesor, sumido en la tradi­
cias históricas no suprimen el misterio de los con­ ción secular de las universidades, tiene por sagra­
juntos supraindividuales, pero lo despoetizan. El dos. Muestra cuáles son las relativas garantías que el
diálogo de los sabios sobre el curso de las colectivida­ sistema de partidos múltiples ofrece, tanto de un
des no ensefia el escepticismo ni impide el respeto, cierto respeto de los derechos personales como del­
pero veda la divinización de las cosas temporales y carácter constitucional de los poderes y de su ejerci­
vuelve a colocar sobre la tierra a los hombres o los re­ cio. Muestra también cuáles son los peligros inma­
gímenes que se sitúan por encima de la suerte común. nentes de este régimen: inestabilidad del ejecutivo
Difí
cilmente podrían evitar los gobiernos despó­ en caso de que no se forme uria mayoría definida,
ticos el sentir recelo frente a las ciencias sociales descomposición social cuando las luchas entre los
31 R.ATh10NQ ARON 1N··1·RODUCCIÓN 35

partidos y entre las clases exceden de un cierto gra­ A sus ojos, lo patético de la acción estaba vincu­
do de violencia, parálisis del gobierno cuando todos lado a la antítesis entre las dos formas morales, la mo­
los grupos e intereses particulares logran abogar de­ raJ de la responsabilidad y Ja moral de la convicción.
masiado ruidosamente por su causa. O bien obedezco a mis convicciones (pacifistas o
Frecuentemente se experimenta el temor de que revolucionarias, tanto da) sin preocuparme por las
la ciencia política pueda resultar peligrosa para las consecuencias de mis actos, o bien me siento obliga­
democracias porque las muestra tal como son, en su do a rendir cuentas de Jo que hago, aunque no lo
inevitable y burguesa imperfección. Yo no creo ea haya querido directamente, y entonces las buenas
este peligro. No olvidemos que la democracia es, intenciones y los corazones puros no bastan ya para
en el fondo, el único régimen que confiesa o, mejor justificar a los actor\!�.
aún, que proclama que la lústoria delos Estados está Al mismo tiempo, Max Weber no se cansaba de
y debe estar escrita en prosa y no en verso. subrayar la distancia existente entre los proyectos
de los hombres y las consecuencias desus acciones. Lo
que una generación quiso libremente se transforma
Tanto si se trata de ciencia como de poütica, Max We­ para la generación siguiente en un destino inexora­
ber perseguía siempre el mismo fin: delimitar la ética ble. Los puritanos elegCan libremente la especializa­
propia de llna determinada actividad, que él suponía ción profesional, los hon1bres de hoy se ven obliga­
debía ser la que se ajustaba a su finalidad peculiar. El dos a ella. Ciertamente, no nos asalta la tentación de
sabio debe reprimir los sentimientos que le ligan al poner en duda la perpetua diferencia entre lo que
objeto, los jlÚcios de valor que en él brotan espontánea- los hombres desean y lo que soportan cuando pen­
1nente y que deterininan su actitud frente a la socie­ sainos en las esperanzas de Lenin y observamos la
dad; frente a la sociedad de ayer, que explora, yfrente a realidad del estalinismo, cuando recordamos la fe
la sociedad de hoy, que, aun sin quererlo, desea salva­ que inflamaba a tantos jóvenes alemanes en 1932 o
guardar, destruir o cambiar. Aceptar e] carácter inde­ 1933 y traemos a la memoria algunos de los horro­
finido de la investigación positiva y, en beneficio de res del nazis1no. La historia es la tragedia de una hu­
una investigación cuyo término se ignora, desencan­ manidad que hace su historia, pero no sabe la histo­
tar el mundo de la naturaleza y del hombre, tal era el ria que hace. La acción política es pura nada cuando
mensaje patético que descubría ante sus auditores y no es un esfuerzo inagotable para obrar con clari­
que les invitaba a acoger en nombre de Ja elección que dad y no verse traicionado por las consecuencias de
ellos habían hecho de la carrera científica. las iniciativas adoptadas.
36 RA'iMONPARON 1N1'ROOUCCl0N 37

La 1noral del hombre de acción es ciertamente la transformación del régimen económico y social) en
moral de la responsabilidad. Pero no tomemos esta un valor absoluto, de tal suerte que, a los ojos de sus
afirmación a Ja ligera. Esa moral excluye la sumisión fieles, nunca se paga demasiado por la revotución.
a las reglas de una ética formal al estilo kantiano o a En la actualidad creo que el diálogo con los paci­
los imperativos sublimes del Sermón de la Montaña. fistas de inspiración cristiana ha perdido su signifi­
El Estado es la institución que, en una colectividad cación. Pocos pacifistas de este género existen ya en
dada, posee el monopolio de la violencia legítima. un mundo en donde la guerra se ha hecho casi per­
Entrar en política es participar en conflictos en los manente. Los que por tales se hacen pasar encubren
que se lucha por el poder: el poder de influir sobre el en la mayoría de las ocasiones una actitud más polí­
Estado y, a través de él, sobre la colectividad. Al mis· tica que espiritual. i\llás fuerte sería hoy el pacifismo
mo tiempo, queda uno obligado a someterse a las le­ porreflexión, el convencimiento razonable de que la
yes de la acción, aunque sean contrarias a nuestras guerra moderna es siempre una catástrofe para sus
íntimas preferencias y a los diez mandamientos; se vÍctimas, para aquellos cuyo territorio sirve de cam­
concluye un pacto con los poderes infernales y se que­ po de batalla. Este convencimiento, sin embargo,
da condenado a I� lógica de la eficacia. sólo se convertiría en un factor de paz si fuese com­
¿En quién pensaba 'Nláx Weber cuando, recién partido por todos los hon1bres de Estado, por todos
terminada la primera guerra mundial, escribió Poli­ los pueblos. Frente a esta necesidad nos encontra­
tik als Beruft Apuntaba sobre todo, me parece, a dos mos con que, de acuerdo con su doctrina, los comu­
categorías de hombres: Jos que nosotros llamaría­ nistas han de creer que la fase histórica que ellos
mos pacifistas de inspiración cristiana y los revolu­ llaman revolución mundial estará llena de luchas gi­
cionarios por principio. A los primeros, a quienes gantescas cuya conclusión necesaria será el socialis­
no negaba en modo alguno su estimación personal, mo universal. Para taJ finalidad ni siquiera la guerra
les reprochaba el no tener en cuenta las consecuen­ atómica sería un precio demasiado caro.
cias de sus palabras o de sus escritos. Cargar sobre Los revolucionarios contra los que Max Weber se
su propio país todas Las responsabilidades no con­ alzaba eran sobre todo idealistas, próximos unos de
tribuye a restablecer la paz entre las naciones. Al de­ los pacifistas de inspiración cristiana y otros de los
bilitar la posición moral del vencido se prepara un anarquistas o los utópicos. Hoy en día, los revo­
tratado cuyo rigor e injusticia impedirán el apaci­ lucionarios son técnicos de la subversión y de la ti­
guamiento y Ja reconciliación. Lo que le reprocha a ranía que, no obstante, continúan pensando con
los segundos es que transfiguran un fin legítimo (la categorías del milenarismo y conceden a un aconte-
38 l.H'rl�O.UUGClÓN 39

cimiento determinado (la revolución) u n valor de una filosofía vulgarizada. Max Weber, a quien sus
único que lo coloca fuera del curso inmemorial de la estudios hubieran debido invitar a las vastas pers­
historia humana. Nada será posible hasta el día de pectivas sobre la historia, había sacado de ellos so­
esta conversión de la Historia, y todo será posible a bre todo una lección de modestia. No se preguntaba
partir de entonces. No puede prescindirse de nin­ por la sociedad del futuro, sino por las tareas del
gún medio para alcanzar este objetivo supremo, por presente. Hace treinta años esta tarea era la de la re­
lo demás históricamente inevitable. construcción de la política y del Estado.
Cabe imaginar sin esfuerzo la respuesta de Max Algunos de sus análisis se refieren a una situación
Weber frente a tal filosofía. Es posible, habría dicho, histórica determinada y han perdido en parte
que las sociedades occidentales evolucionen necesa­ actualidad. Estaba obsesionado por su hostilidad
riamente (o, eo térntinos más precisos, probable­ frente al emperador, a quien imputaba una respon­
mente) hacia un régimen de propiedad colectiva o sabilidad primordial en la catástrofe alemana. Veía
de planificación'. No podría afirmarse de antema­ en el reclutamiento de los jefes políticos entre los
no, sin embargo, que un solo y mismo partido tenga funcionarios una de las causas de la quiebra del
necesariamente que llevar a cabo esta transforma­ Imperio guilJermino. La «parlamentarización», la
ción en todos los países. Por otra parte, se pue­ transferencia al Parlamento de responsabilidades
de discutir acerca de las ventajas e inconvenientes de efectivas ofrecería, pensaba él, w1a mayor probabi­
este régimen, pero la ciencia no permite afirmar, y lidad de que llegasen al poder personalidades enér­
ni si.quiera creer, ql1e las ventajas sean tales que va­ gicas, combativas, animadas por una voluntad de
yan a resultar decisivamente modificados los rasgos poder y de lucha.
seculares de las sociedades humanas. Max Weber sigue a través de los siglos el desarro­
Una argumentación de este género no convence­ llo de una categoría social, de un tipo de homb�e
ría a los creyentes, pero los haría aparecer como que él llamaba el político profesional, el que obtiene
realmente son: pretenden seguir los dictados de la de La política su subsistencia, el que vive de ella y
ciencia, pero realmente son adeptos de una fe que se para ella. Según los siglos y los países, han sido los·
adorna con los oropeles de una ciencia anticuada o clérigos, los letrados, la nobleza cortesana o el patri­
ciado inglés quienes han ocupado el primer puesto,
l. Hace treinta años Max Weber no estaba convencido de ello. Y entre todos estos grupos han existido alianzas y
o, las tendencias necesarias de la evolución eran la ra­
A su juici
conflictos que variaban según las cambiantes rela­
cionali.zaci6n y la burocratfaación, pero no un determinado tip-O
de propiedado de regulación. ciones entre las naciones, y entre los monarcas, la
íNTRtJOVCCION 41
40 R.AYMON'D ARON

va la diferencia en el modo de reclutamiento de los


nobleza tradicional y La burguesía. Sin volver sobre
jefes políticos. En todos los regímenes políticos, yen
Los detalles de estos análisis justamente célebres, in­
la democracia más que en ningún otro, el recluta­
sistiré sobre un punto que el mismo Max Weber
miento de los jefes es el problema decisivo, el que
subrayaba, el del contraste decisivo entre dos tipos
de�ermina el éxito o el fracaso. En Alemania, los
de partidos, los partidos de notables y los partidos de
pnncipales dirigentes pertenecen todavía a una ge­
masas. Los abogados o juristas, los funcionarios del
neración prehitleriana, cuya existencia se ha desa­
Estado o de Los partidos y los notables constituyen,
rro�ado en su mayor parte, o bajo el Imperio de
en efecto, los principales tipos de políticos profesio­
Guillermo, o bajo Ja República de Weimar. En Fran­
nales de nuestra época.
cia, los dirigentes son en su mayoría sobrevivientes
¿Cómo se presenta hoy Ja snuac..ió11? La oposición
de la Tercera República, que después de haber
de los partidos de notables y Los partidos de masas,
desempeñado durante 1nucho tiempo un papel secun­
que casi se ha borrado en algunos países (el partido
dario han sido tra(dos a primera fila con posteriori­
conservador se ha convertido en La Gran Bretaña en
dad a 1945. A ellos se han sun1ado también algunas
un partido de masas casi en los mismos términos
personalidades procedentes de la Resistencia o del
que el partido laborista), subsiste, a 1ni juicio, tanto
movi.tmento gaullista. Apenas está representada en
en Alemania como en Francia. Los radical-socialis­
Francia. por el contrario, la categoría, importante
tas y los independientes no son partidos de masas
en Alemania, de quienes han hecho carrera como
en el mismo sentido en que Lo so1l la S. F. I. O. 0 in­
funcionarios de los partidos o los si_ndicatos.
cluso, hasta un cierto punto, el M. R. P. Pese a las
Para el profesor que quiere entrar en política, la
t��tativas hechas para transformarla en organiza­ .
dificultad proviene de la disciplina y de la doctrina
c1on de masas, La C. D. U. conserva también, me pa­
de los partidos. En ningt1n país del mundo y en nin­
rece, algunas características del partido de notables.
guna época existe un solo sociólogo ni un solo eco­
La organización de masas se hace o no necesaria se­
nomista que sea capaz de tomar al pie de la letra el
gún el grado de urbanización de la sociedad y tam­
programa de ningún partido político. En el mejQr
bién según el modo de escrutinio. En el transcurso
de los casos, sólo podrá adherirse a ellos haciendo
de la fase por La que actualmente atraviesa la Europa
_ un amplio uso de lo que, en materia religiosa, se lla­
continental, la diferencia de estructura entre Los
maba la interpretación simbólica. No existe ni un
partidos de izquierda y de derecha, que tiende a ate­
solo ejemplo de oposición que no utilice frente al
nuarse, no debe desaparecer por completo.
Gobierno argumentos injustos o mendaces que
Con la diferencia en Ja estructura de los partidos
42 lN'fR.01'.)UCCIÓN

consisten en reprocharle no haber logrado éxitos cualidad del reclutamiento democrático. Quienes
que nadie hubiera podido lograr o haber hecho con­ carecen de fortuna no pueden lanzarse a La canera
cesiones que nadie hubiera podido evitar. Para el política sin aceptar, junto con los azares del oficio, La
profesor de ciencias sociales que quiere entrar en inseguridad financiera. Creo que en la Alemania ac­
política esto representa una permanente tensión. tual Ja mayoría de los hombres políticos conservan
Esta tensión es más o inenos intensa según eJ gra­ y tienen que conservar su oficio anterior o una pro­
do de mala fe que caracterice las discusiones, y este fesión secundaria, frecuentemente la de funcionario.
grado varía según los países, el grado de disciplina Sólo los funcionarios de los partidos son exclusiva­
exigido a los miembros de los partidos y el momen­ mente políticos profesionales sin ninguna otra pro­
to. Cada uno de nosotros �ncuentra. �u propia res­ fesión. El juego parlamentario está hasta tal punto
puesta a este problema personal de las relaciones formalizado, despojado de sus caracteres de lucha
entre ciencia y política. Quienes participan en los imprevisible, que no constituye ya un modo de se­
trabajos parlamentarios no pueden permitirse el lección. Más que en el Parlamento, es en el partido
lujo de la libertad integral. La vocación de la ciencia en donde hay que imponerse para ascender. En
es inconcUcionalmente la verdad. El oficio de políti­ Francia, en donde ha conservado más inestabilidad
co no siempre permite decirla. o más fantasía, la vida política continúa siendo más
La subordinación al partido es tal vez hoy día, imprevisible. De tiempo en tiempo una personali­
gracias al escepticismo qtte ha corroído las creencias dad Logra hacer carrera no en los partidos, sino al
partidistas, inenos grave que hace veinte años. Muy margen de ellos. No cabe decir que el actual estilo de
afortunadamente, ni los dirigentes ni las tropas de la la política alemana favorezca la aparición de perso­
socialdemocracia afectan ya la misma fidelidad al nalidades de primer orden, de esos demagogos con
marxismo o a los dogmas de la propiedad colectiva. los que soñaba Max Weber, que se entregan a su
Los partidos aparecen como lo que realmente son y obra al mismo tiempo que viven de ella y combinan
deben ser: organizaciones que aspiran al ejercicio extrañamente la pasión lúcida, el sentido de la res­
del poder, defienden ciertos intereses y prometen ponsabilidad y la mesura.
gobernar en función de concepciones vagas y gene­ Pero tal vez Max Weber les pidiese demasiado a
rales. Por desgracia, los partidos compensan a veces los hombres políticos de las modernas democracias.
lo que han ganado en flexibilidad doctrinal con una Imaginaba a los mejores de entre ellos revestidos de
mayor violencia en las controversias de actualidad. una especie de autoridad carismática. Es muy cierto
Ma.x Weber expresaba ya sus inquietudes sobre la que las democracias están perpetuamente amenaza-
44
RAfl.110.ND A.RON fN1'RODUCt:.10N 45

das por la decadencia que entrañan el ano


nimato de Strauss quiere demostrar que, falto de un juicio
l�s poderes, la mediocridad de los dirigen
tes y la pa­ científico o al menos racional sobre los valores, el
s1v1. dad de las masas sin espíritu. En
circunstancias hombre queda entregado a la arbitrariedad de deci­
trágicas, cuando está en juego la vida de
la nación 0 siones que son todas igualmente justificables o in­
la Constitución ha de ser restaurada, los
pueblos de­ justificables. Por su parte, sin embargo, no expone
sean seguir a un hombre al mismo tiem
po que obe­ claramente ni cuál es en sí mismo el régimen mejor
decer a las leyes. Es entonces cuando
se impone el ni cómo llega la razón a precisar sus caracteres y a
demagogo, el que la República rom
ana llamaba demostrar su validez universal. Cabría reducir el
el dictador y los autores políticos del pas
ado cono- pensamiento de Strauss a un dogmatismo suprahis­
,
...�dh .._u,i ' uv>�vü
' Ut:'
. 'u�g1· s1adOr: Lfl lOS momentos
'-' ..
� tórica, del mismo modo que él reduce al nihilismo el
críticos, los regímenes vivos hacen surg
ir a las per­ relativismo de Max Weber. Provisionalmente hare­
sonas capaces de salvarlos. En las épocas
tranquilas, mos abstracción de las consecuencias últimas de
_
losJefe s de la democracia son administradores ambas tesis para considerar las objeciones que el fi­
hon­
rados, a veces buenos organizadores y,
más frecµen­ lósofo a la búsqueda del derecho natural dirige al
temente, simples conciliadores. El hec
ho de que ten­ sociólogo preocupado por establecer una ciencia
gan también la amplitud de visión, la clar
ividencia y objetiva y convencido de la irreductible diversidad
Ja pasión lúcida de los grandes hombres
de Estado de las épocas humanas.
constituye un feliz azar con el que, r-azo
nablemente, l . La primera objeción que Leo Strauss presenta
no p uede contarse.
podríamos formularla as(: la prohibición de los fiti­
cios de valor es, en cuanto tal, carente de sentido por­
que el historiador o el sociólogo no pueden respetarla
2.
sin comprorneter la calidad de su ciencia. «La obra de
Max Weber no sólo reslLltaría aburrida sino tam­
Hace algunos años, Leo Strauss consagró al examen bién absurda si no hubiese hablado continuamente
de las concepciones de Max Weber un capítulo de su de-las virtudes y de los vicios intelectuales y morales
libro Derecho natural e historia2• La intención últi­ utilizando el registro apropiado, el de l a alabanza o
ma de esta crítica es, si cabe expresarse así, la de re­ el reproche» (pág. 67). Y sigue: «Como todos aque­
ducir a Max Weber al nihilismo. En otras palabras, llos que, en algún momento, han reflexionado sobre
la condición humana, Weber no podía dejar de ha­
2. Publicado en l 954 en las Recherches en Sciences Humaines. blar de avaricia, de codicia, de falta de escrúpulos,
46 Mlo"l\IONDAl\ON IN"IROOUCCróN 47

de vanidad, de entrega desinteresada, de sentido de sentido m ás estrecho del término, a analizar el ori­
la medida y de otras cosas se1nejantes, es decir, en gen de los cuadros desconociendo su mediocridad o
resumen, de juicios de valor». su excelencia, a constatar la sucesión de los estilos
A mi juicio en este priiner punto hay que darle la sin establecer una jerarquía ni entre los diversos es­
razón a Strauss, pero como, según su crítica, Max tilos ni, dentro de cada uno de ellos, entre las reali­
Weber violó la norma que eo teoría afirmaba, es zaciones de los creadores y las de los imitadores.
preciso que nos preguntemos por qué un sabio tan Max Weber, que se sometió a esta exigencia de la
preocupado por la claridad y el rigor ha podido des­ investigación, no tuvo conciencia de ella o, al me­
conocer su propia práctica. Un historiador o un so­ nos, se limitó a mantener la fórmu1a de la relación
ciólogo incapaz de distinguir entre un verdadero con los valores frente a la de los juicios de valor Esta
.

profeta y un charlatán sería, por eso mismo, incapaz distinción resulta extrañamente sumaria.
de una auténtica comprensión. Un historiador del Decir que es belio o feo un templo de la India refi­
arte que no distinguiese entre los cuadros de Leo­ riéndose al canon de la belleza griega constituiría
nardo de Vinci y los de sus imitadores dejaría esca­ un juicio de valor del tipo de los que Max Weber
par el sentido específico del objeto histórico, es de­ proscribe en nombre de la objetividad de Las cien­
cir, la cualidad de ]a obra. Un sociólogo que metiera cias sociales. Situar en una escala jerárquica las dis­
en el mis.roo saco a Washington y a Hitler, a Boulan­ tintas realizaciones de la arquitectura y de la escul­
ger y a Charles de Gau1Je, a un político interesado tura de la lndla es, en último análisis, inevitable.
únicamente en el poder y a un hombre de Estado ¿Cómo no comparar con los templos del pasado los
apasionado por la grandeza de su patria, tenninaría que se erigen hoy en estilo antiguo y que no son más
por con fundirlo todo con e] pretexto de no tomar que ]a caricatura de un arte que ha dejado de vivir?
partido. Del mismo modo, en religión o en política, habrá
Estos tres ejemplos sugieren la misma conclusión que juzgar Ja grandeza del hombre de fe o del hom­
general: en la narración o la interpretación de los bre de acción por referencia al sentido que daba a su
?-contecinlientos o las obras el historiador no puede predicación o a su empresa. Max Weber no dio nin­
dejar de incluir juicios de valor, en la medida en que guna definición de lo que él entendía exactamente
éstos son internos al universo de acción o de pensa­ por valor. Nada impide sustituir el término valorpor
miento, constitutivos de Ja realidad misma. Para los términos que definen concretamente los objeti­
evitar este género de juicios de valor, el historiador vos de una conducta o de una obra, las reglas a las
debería reducirse a las proposiciones históricas en el que el actor o e] creador han de someterse.
48 RA\"-.\.10ND AROS IN'fROl)UCCIÓ}.; 49

Desde su propio punto de vista, Max vVeber ha­ así falseando su sentido (a menos que la compren­
bría consentido esta rectificación, que no es tanto da mejor de lo que ella misma se comprende). La
una rectificación de su pensamiento como de la ex­ comprensión del otro por relación a nuestro esque­
presión que él le dio. Sólo en una fase posterior de la ma conceptual es relativa a éste; y, en la medida en
discusión habría hecho objeciones. Habría acepta­ que tal sistema está sujeto a cambio, nuestra com­
do que se puede y se debe distinguir entre Leonardo prensión cambiará también: lejos de ser universal­
de Vinci y sus imitadores; pero ¿puede establecer el mente válida, está ligada a la historia y a su época.
historiador una jerarquía entre las miniaturas per­ Cuando el sociólogo intenta establecer una ciencia
sas y la pintura italiana, entre las estatuas de Elefan­ comparativa de Las instituciones, o bien dispone de
�� • ul 1..i. _:_ r�J1as! Uentro cie Wl universo
; l:. -ú�U�• un conjunto categorial cuya validez supera los lími­
que posee sus propios criterios de apreciación, el tes del tiempo, o bien su obra es efímeray, en último
historiador no puede dejar de apreciar sin falsear la término, insignificante.
comprensión ele lo real. Cuando los criterios son ra­ La objeción que hemos formulado en términos li­
dicalmente diferentes, cuando los universos son geramente distintos a los que emplea Strauss com­
esencialmente otros, el historiador no puede apre­ porta una conclusión incontestable que el mismo
ciar más que tomando partido y dejando así, en ese Max: vVeber aceptaba: la ciencia histórica o social es
nusmo momento, de ser un hombre de ciencia. universalmente válida, pero de una universalidad
El examen de estct .J:JÚH1�ra objeción, válida, pero hipotética. Depende de hipótesis iniciales, de una
susceptibl.e de ser integrada en el pensamiento de elección de valores y de una relación con los valores
Max Weber, nos conduce a una segunda objeción, que no se imponen a todos los hombres y que cam­
que es también un segundo tema de reflexión. ¿Cuál bian de una época a otra. Se me dirá que las mate­
es el sentido de esta diversidad de universos? máticas o la física no valen tampoco sino para quie­
2.La aceptación de que existe una diversidad ra­ nes se preocupan de este tipo de verdad. Existe, sin
dical entre las diferentes épocas destruiría, en último embargo, una diferencia decisiva entre ciencias de la
g.nálísis, el alcance de la 1nisn1a sociología histórica. naturaleza y ciencias de la «Cultura» tal como las en­
En efecto, el sociólogo no puede comprender una tiende Max Weber: una vez querida Ja verdad mate­
sociedad sin utilizar algún esquema conceptual. mática o física, el desarrollo de estas ciencias es acu­
Ahora bien, si Lo que utiliza es su propio esquema mulativo. Incluso en caso de renovación teórica, las
conceptual comprenderá la sociedad ajena de modo proposiciones de ayer encuentran un lugar, con su
distinto a como ella misma se comprendería y estará propio grado de aproximación, en el edificio de hoy.
50 51

Por el contrario si, de época en época, se modifican es el caso. Sea cual fuere la actuación que tienen en
las cuestiones de los historiadores y de los sociólo­ el origen del capitalismo, Ja comprensión de los cal­
gos, el hombre del siglo xx1, aun cuando quiera una vinistas constituye la mayor parte del estudio. No es,
verdad objetiva, no está obligado a interesarse por pues, la causalidad la que fundamenta la validez de
las mismas cuestiones que planteaba el hombre del la interpretación weberiana del calvinismo.
siglo xx. ¿En qué puede consistir la verdad de esta inter­
Max Weber aceptaba sin titubear esta consecuen­ pretación, si la misma supone un conjunto de con­
cia de sus propios principios por dos razones, una ceptos y este conjunto es la expresión del intérprete
explícita y l a otra implícita. Las cuestiones las plan­ y de su tiempo? Cierto que la interpretación debe ser
tea el sabio, decía, pero una vez planteadas, las res­ compatible con los hechos y con los documentos,
puestas son universalmente válidas. De otra parte, y pero según el propio Weber son posibles interpreta­
sin decirlo, no podía dejar de creer que las cuestiones ciones diversas de unos mismos datos. Si no se lleva
que él planteaba respecto del pasado continuarían más lejos el análisis, la epistemología s·e quedará en
teniendo un sentido para los hombres del futur-0. Es esta pluralidad incoherente. Para superar esta plu­
esta razón no expresada, más que la objetividad de ralidad hay que recurrir a análisis más sutiles.
las respuestas, la que ÍlLndamenta la validez de las Max Weber insistía sobre la cuestión del sentido
ciencias históricas. subjetivo, es decir, sobre el sentido vivido por los ac­
Lo que Max Weber llamaba la cuestión de los va­ tores históricos. Lo que los historiadores y los soció­
lores o la relación con los valores no sólo·determina logos buscan, es el sentido vivido, no el sentido verda­
el objeto o los límites de la investigación sino tam­ dero. Este sentido vivido, sin embargo, es complejo:
bién la formulación conceptual de la misma. ¿Cómo el charlatán se hace pasar por. un verdadero profeta; el
no habrían de resultar inseparables las proposicio­ demagogo, por un jefe carismático. La expresión que
nes científicas (las respuestas) y las cuestiones for­ los actores dan a sus experiencias, la conciencia
muladas? El propio Max Weber ha oscilado entre que de elJas tienen o pretenden tener, no constitu­
distintas fórmulas: como la respuesta es, al mismo yen necesariamente la verdad histórica. Si todos los
·tiempo, comprensión y causalidad, las proposicio­ sentidos son intercambiables, si ojnguno tiene más
nes quedan consagradas por esta última en su vali­ alcance que los demás, las ciencias sociales no pue­
dez hipotéticamente universal. Pero esta fórmula den escapar al caos. De hecho la pluralidad de senti­
supondría que la historia o las ciencias sociales estu­ dos es n
i negable, pero no se trata de una pluralidad
viesen entretejidas de relaciones causales, lo cual no cualquiera.
53
52 RAY1\.10NO ARO� i..'fTRODUCCIÓN

ella tenga un a
Si el demagogo es un charlatán, el historiador que una única idea de ella misma para que
ideas que acerca
lo toma por un jefe carismático se equivoca. Si el unidad; basta con que las distintas
de alguna ma ­
profeta es auténtico, se equivoca el historiador que de ella misma ha tenido se organicen
e desconectadas o
vea en él un mixtificador. Esta discriminación es nera, que no parezcan totalment
nera, la filosofía
otro ejemplo de esos juicios de valor internos de los desvinculadas entre sí. De igual ma
desde el momen­
respectivos universos que Max Weber ignoraba en adquiere la unidad de una historia
, aun cuando
su epistemología explícita. Entre las diversas inter­ to en que las cuestiones se encadenan
pretaciones de un fenómeno histórico se establece las respuestas se opongan. .
ber, igualm�n­
espontáneamente una jerarquia: el sentido con rela­ La sociología histórica de Max We
no son 1:11-
ción al medio, e1 sentido-qúe1e"'daban Jos discípulos te, supone que las diversas sociedades
en� en un sis ­
y el sentido que le presta el propio creador no se comparables, y que se las puede ord
ido. Stra��s
1 ....,,...uyoueiJ. bl sentido de una creencia religiosa o tema de conceptos universalmente vál
do la po�tb1-
de un sistema filosófico es, en primer lugar, el que el reprocha a Max Weber el haber ignora .
nal u_nver­
profeta (o el teólogo) y el filósofo le han dado. Los lidad y la necesidad de un sistema cat�go �
relatividad
demás significados se destacan por referencia a éste. salme11te válido y, habiendo admitido la
falseado con el
El historiador ha de buscar este primer sentido an­ histórica de este sistema, el haber
historia univer­
tes de ponerse a investigar los restantes. provincialismo su sociología de la
nal, ra­
sal. La distinción de los tres poderes, tradicio
Se me dirá, claro es, que si el historiador aplica
cional y carismáUco, no es más que la
expresión e �
sus conceptos propios a la interpretación del senti­
do intrínseco ya lo está renovando. Cierto. Pero la una coyuntura singular, la que sigue a La Rev
� _
o u.c1on
radictón y
única conclusión quc de ello puede sacarse es la de Francesa, dominada por la antinomia de t
cer
que, en el caso de que no hubiese orden interno en el r azón, de antiguo régimen y revolución. El ter
para dar la
universo filosófico o religioso, la serie de las inter­ tipo de poder, el carismático, se añade.
pretaciones sería tan incoherente como la de las impresión de que el esquema es exhaustivo.
í los méri­
obras. Proposición, por lo demás, evidente a poco No es nuestro propósito el discutir aqu
·que se reflexione sobre ella. No hay historia de la hu­ tos y deméritos de la distinción de los tres poderes,
ne razón
pero hay un punto en el que Strauss tie
manidad si La humanidad no existe. No hay historia
de la filosofía si la filosofía no existe. �
frente a la epistemología explicita e Max We :
be :

Entendamos bien el alcance de estas afirmacio­ esta distinción sólo es significativa s1, Y en la med
eres pueden ser
nes. No es necesario que la humanidad mantenga da en que, los innumerables pod
55
54 Jl.A}1-."10ND Al\ON rNTl:tODl./CClON

subsu1nidos en alguno de los tres tipos; o dicho de rado por una tradición, siquiera sea la de los mec�­
otra manera, si, y en la medida en que, la diversidad nismos racionales, o por el entusiasmo de las roulu­
histórica no es radicalmente incoherente. Pero la in­ tudes. El esquema weberiano ayuda a captar el nú­
coherencia no implica todavía (y en este punto Max cleo del problema político de nuestra civilización.
Weber tiene razón frente a Strauss, al menos a esta Es cierto que, así planteado, el problema político
altura de la argumentación) que exista un orden su­ no tiene una solución que sea en sí misma óptima.
prahistórico en el que deban quedar integradas las Es concebible, pues, la posibilidad de otra temática
singularidades históricas. Es cierto que equivocada­ distinta, paralela a la de la legitimidad parcial del es­
mente se ha confundido la rivalidad del antiguo ré­ quema de Weber. Aun admitiendo que la diversidad
gimen y la revolución con la antinomia de tradición histórica n o es incoherente, subsiste la oposición
y razón. Es posible que la antinomia tradición-ra­ entre dos tesis: Ja de Weber, que, excluyendo la bús­
zón caracterice a un solo período histórico. Pese a queda del régimen mejor y del orden �iversalmen­
todo, el esquema weberiano tiene a mis ojos un al­ te válido de la diversidad, implica al mismo tiempo
cance que Strauss len icga. la Legitimidad de una ciencia comparativa, y la de
Los tres términos (tradición, razón y carisma) Strauss, que vincula la ciencia comparativa al orden
corresponden a tres principios de obediencia. EJ suprahistórico en el que se integra la diversidad his­
hombre obedece a los jefes que la costumbJ;"e consa­ tórica.
gra, que la razón designa o que el entusiasme. eleva 3. As( como la di.versidad radical de las épocas o
por encima de los demás. tos abuelos, los organiza­ de las instituciones a través del tiempo privaría de
dores y los profetas simbo'Iizan estas tres fuentes de valor a La sociología histórica, así también la irracio­
legitiinidad, que Strauss hubiera podido admitir, nalidad radical de las decisiones privaría de valor a la
puesto que se trata de modelos muy próximos a los preocupación por la discriminación rigurosa 1m;tr_e
que conoce el ciudadano no filosófico que piensa se­ cienciay política, entre relación con los valoresy;u1-
gún las nociones de la vida cotidiana. En nuestro cios de valor. Después de todo ¿por qué no hacer pa­
tiempo, ade1nás, están en vías de racionalización la sar como ciencia lo que es politica si, en último
- autoridad que se concede a la función o Ja compe­ término, la honradez no es más que una de las elec­
tencia, o que continúan ejerciendo el pasado o la an­ ciones posibles, ni más ni menos válida que la elección
cianidad. Jamás basta, sin embargo, con esta autori­ del cinismo, de Ja hipocresía o de la confusión? El
dad racional; en el nivel supremo, el jefe no invoca peligro es tanto más real cuanto que Max Web�r
sólo la pura razón. En último análisis está transfigu- Parece proponer como ideal, como suprema reali-
56 RAY�lON"OJ\.R.í)� 57
rNTR.OOUCCJON

zación de su propia elección, La obediencia de cada cuerpo de tu propia madre». Si lo úni�o que fll:tal�
cual a su propio dios o a su propio demonio. Sé lo es
mente subsiste La obligación de fidelidad hacia SL
que eres, sería así La última palabra de lo que no mismo el nietzscheano que no se detiene ante nada
puede llamarse ni moral ni prudencia, sino, tal vez, vale más e qu el violento a quien detienen los escrú­
«ética personal». pulos.
Si lo consideramos en relación con la tradición fi­ Las implicaciones nihilistas de algu�os �extos de
losófica, Max Weber parece casi nietzscheano. Se Max Weber son innegables. He de anadrr que el
niega a poner las reglas formales de la moralidad nihilismo fue una de las tendencias de su pensa­
por encima de la relatividad histórica. Los impera­ miento. «Dios ba muerto, todo es lícito.» O me­ al
tivos kantianos no son menos característicos de una nos, «Dios ha muerto, cada cual elige su propío dios,
actitud que Ja adhesión a Jos dogmas cristianos o el que tal vez será un de1nonio». Pero no es �sta ten­
culto a los valores vitales. «No hagas a otro kfque no dencia la única que atraviesa su pensamiento. El
quieres que te hagan a ti»; este mandamiento exige nihilismo nietzscheano en el que a veces desembo­
el refrenamiento de La voluntad de poder, Ja sumi­ ? �
caba era menos objeto de una elección deli era a
_
sión a los principios de igualdad y reciprocidad en­ que consecuencia semii nvoluntaria de un pnncLp10
tre los illdividuos. El indivi.duo que ha elegido reali­ a sus ojos fundan1ental: Ja imposibilidad de demos­
zarse a la manera de Calicles se negará a illclinarse trar cient16ca1nente un juicio de valor o un .unpera­
ante las prohibiciones pro1nulgadas por los débiles tivo moral.
para protegerse de los fuertes, por los esclavos para Puede concedérsele que la verdad de los manda­
encadenar a los sefi.ores. tos 1<no hagas a otro lo que no quisieras que se te
Es absolutamente incontestable que las reglas for­ haga» o «no matarás» no es del mismo orden qu� la
males no son independientes de una moral material, de la ley de la gravitación universal o de las ecuacio­
y que esta ú.ltima es incompatible con el culto de los nes de la relatividad. Una vez establecida la hetero­
valores vitales o de La voLW1tad de poder. Pero si po­ geneidad entre la verdad universal, tal como La con­
nemos en el mismo plano el imperativo de recipro­ lo
cidad y el rechazo de este imperativo, ya no es ücita
cibe la moderna ciencia de la naturaleza, y todo

la duda; caemos u
en el p ro y simple nihilismo. Todo
restante, Max Weber se Las ingenió para circunscri­

1<no
bir en las ciencias de la cultura un dominio en el que
es equivalente. El matarás» no es, en último tér­ sería posible afirmar una verda� del �smo po �
mino, más evidente que el «ve hasta el final de tu que la de la arrojando el resto de dichas cren­
empresa
física,
aunque tengas que pasar por encima del cias a las tinieblas exteriores.
59
58 �AYMOND ARON lNTitODlJCCIÓN

o, constituyen
Su error es doble: la discriminación de las cues­ las instituciones que, de siglo en sigl
r de cam­
tiones (arbitrarias) y de las respuestas (objetivas) es su real ización adecuada no pueden deja
materia y de la
mucho más espinosa de lo que sus análisis pueden biar en función de las técnicas de la
hacer pensar. Si todo lo que no es verdad científica sociedad.
Weber, que
es arbitrario, la misma verdad científica resultaría 4. Poco importa, habría respondido
de propo­
ser objeto de una preferencia tan carente de funda­ el filósofo establezca múltiples cate gorías
Yo no he sido
mento como la preferencia opuesta por los mitos y siciones o de mandatos no científicos.
me he aventura­
los valores vitales. ni he pretendido ser un filósofo. No
para ma�car
Max. Weber hubiese podido salir de este círculo do por el terreno de la filosofía más que
la acctón.
en el que él mismo se encerraba. En efecto, si, para los limites de la ciencia y las antinomias de
emplear su mismo lenguaje, él escogía la verdad Ahora bien, /a intención de universalida
d que ani1na
científica, es porque ésta es universal, condición y a la moral formal no se comunica a las. decisiones de
los hombres de acción. En otros términos, y para ha­
hogar de una comunidad del espíritu que traspasa
las fronteras y Jos siglos. EL culto de los valores vita­ blar un lenguaj e distinto al de Max Web�
r, la fe��­
les, la afir1nación de la voluntad de poder, entrañan menología weberiana de La acción sigue
siendo á
vb­
la
la negación de La universalidad: la rivalidad y no la da aunque se ponga la moral formal fuera de
con1unidad de Los espíriLus sería entonces la esencia relatividad histórica.
de la humanidad. Aun admi.tiendo que Lógican1ente Volvamos a Lomar, uno por uno, los datos esen­
la verdad de «2 x 2 = 4» no es del mismo género que la ciales de esta feno 111enologfa ¿Existen dos morales
.

de «no matarás», queda subsistente el hecho de que esencialmente clistintas, La de la responsabilidadY la


el sentido último de la igualdad aritn1ética se dirige de la convicción? A primera vista está uno tentado de
a todos Los hombres, universalidad que la prohibi­ responder, como Leo Strauss que no es moral un
,

ción de matar posee también por otros caminos. hombre que actúa exclusivamente según la moral de
Las reglas formales de La moral racionalista de la convicción. Nadie tiene derecho a desinteresarse
origen cristiano, cuya expresión suprema es La filo­ de las consecuencias de sus actos. De otra parte, la
sofía de Kant, no son tampoco cuestión de gusto, preocupación por las consecuencias completa sin ,

como los colores. Son el desarrollo Lógico de la idea cont radecirlos los móviles de la acción. Se obra
,

de humanidad, de sociedad universal de los hom­ por convicción y para obtener ciertos resultados.
bres, idea inseparable del sentido profundo de la Estas objeciones son demasiado sumarias para
resultar convincentes. Max Weber no quiere decir
verdad científica. Estas reglas son formales porque
60 6J
RA.Y.\ilONDARON L�'TRODUCClON

que el moralista de la responsabilidad no tenga con­ intelectual, yo defiendo la verdad, es decir, procla­
vicciones, ni que el moralista de la convicción no mo la inocencia de Dreyfus, pero que no se diga que
tenga sentido de la responsabilidad. Lo que él sugie­ estoy sirviendo así a la patria o a l ejército. Muy al
re es que, en condiciones extremas, ambas actitudes contrario, al comprometer e l prestigio del Estado
pueden contradecirse y que, en último análisis, uno Mayor, estoy poniendo en peligro l a necesaria auto­
prefiere al éxito la afirmación intransigente de sus ridad de los jefes militares. Yo soy, sin embargo, res­
principios y el otro sacrifica sus convicciones a las ponsable delaverdad, no del poderío francés.
necesidades del triunfo, siendo morales tanto uno No creo que Leo Strauss negase estas evidencias.
como otro dentro de una determinada concepción El problema eslá en determinar qué lugar hay que
de la moralidad. A los ojos del moralista de la res­ dar en la filosofía política a las inevitables antino­
po�s�bilidad, Romain Rolland es culpable porque mias de la acción. Toda una escuela, cuyo más ilus­
debilita la confianza de los franceses en lajusticia de tre representante es Maquiavelo, sostiene que la
:. .. '":i�--• ._.v :v ....., 1..u <;....tllbio, ..l.Ilte los ojos del mora­ esencia de la política se revela precisamente en as �
lista de la convicción, para quien el respeto de Ja ver­ situaciones extremas. Un político debe ser, al nus­
dad o la fralcrnidad de los espíritus son objetivos mo tiempo, convencido y responsable. ¿Pero cuál es
superiores al del triun fo de un país, aunque éste sea la elección moral cuando es preciso mentir o perder,
paladin de una causa relativamente pura. matar o ser vencido? La verdad, ·responde el mora­
A su vez, esta respuesta nos parece convincente y lista de la convicción; el éxito, responde el moralista
sumaria. Si bien es cierto que el moralista de la coo­ dela responsabilidad. Las dos elecciones son mora­

v cción se interesa por las consecuencias de sus pro­ les con tal de que el éxito que este último quiere sea
p1os actos, no es menos cierto que el moralista de la el de la ciudad y no el suyo propio.
.
responsabilidad está frecuentemente tentado de La antinomia me parece esencial, aun cuando en
violar las reglas formales o de sacrificar valores con­ la mayor parte de los casos la prudencia sugeriría un
la
cretos para conseguir objetivos precisos. Nada compromiso razonable. La situación extrema en
.contribuye más a Ja eficacia del combate que la bue­ que el compromiso se hace difícil, si no imposible,
na conci encia d e los combatientes. La mitolo�a o la
b
no es excepcional, y el riesgo se presenta d :
esd el
,
mentua contribuyen más que la expresión fiel de momento en que surge un conflicto. Ahora bien

la verdad a la forja de esta buena conciencia. Max Max Weber juzgaba, y no sin razón, que la polític_a
Weber habría suscrito las fórmulas que Benda utili­ es por esencia conflicto entre las naciones, Los partI­
zaba en el momento del affaire Dreyfus: en cuanto dos y los individuos. Nadie ha pensado jamás que
62 RAYMONO AftON INTROOVCCIÓN
63

antinomia de las dos morales que, al nivel de la feno


las reglas formales de la moral kantiana sean, al mis­ ­
mo tiempo, reglas de eficacia para uso de los com­ menologfa de la acción poütica, me parece una con­
da del
batientes en la batalla poütica. Los ejemplos históri­ ceptualización fiel de la conciencia desgarra
cos, en sí mismos discutibles, que Max Weber ofrece <<intelectual en política» .
de la
de la moral de la convicción no han sido elegidos al «Salvar su alma o salvar la ciudad»: a lo largo
tér­
azar: el pacifista se niega a entrar en la guerra, el sin­ historia los cristianos no han creído que los dos
es gue­
dicalista revolucionario (tal como Max Weber lo minos fuesen incompatibles. Pero la política
construye) va hasta el fm de la voluntad de guerra. rra, y la moral universal, la de Cristo o la de Kant,
o
Uno Y otro rechazan toda prudencia (cosa que el que en la conciencia de Max Weber seguía siend la
.
moralista de la responsabilidad le reprocha a justo moral, es paz. Tal vez la prudencia enseñe a los filó­

título , per? a bos eueden responder, el uno que

,
sofos a no entrar en la guerra. Si entran en ella qui­
no qutere entrar en Ja guerra, el otro que no quiere zás sean prudentes. ¿Serán veraces? ¿Serán puros?
con­
hacer compromisos con el régimen odiado. El «no» 5. Muchos filósofos se sentirán tentados de
incondicional, absoluto, a riesgo de perderlo todo, siderar artificial la ant inomia entre las dos morales:
es la expresión última de lo que Max Weber llamaba dos tendencias comple1nentarias, aunque a veces di­
inos
la moral de la convicción. No hay responsable que vergentes, se presentan en ella como dos térm
veía
no se vea forzado, un día u otro, a decir ta1nbién contradjctorios. Max Weber, por el contrario,
«no», cualquiera qLLC sea el precio que por ello tenga en esta antinomia el signo de lo que auténticamente
que pagar, weil er nicht anders kann, porque no pue­ constituye la condición humana. Veía la existencia
de obrar de otra manera. En resumen, en el mundo de esta contradicción en tres niveles distintos, el de
h�ano tal cual es, la prudencia, en la que se com­ la controversia política, el de los fundamentos del
binan �ormalmente afirmación de voluntad y pre­ orden justo y el de las finaljdades últimas de La ac­
ocupación por las consecuencias, corre en todo mo­ ción o de la existencia humana:
mento el 1·iesgo ele naufragar en el obstáculo de la a) Max Weber no se cansaba de mostrar que nin­
_contradicción entre moral universal y necesidades guna medida concreta (un derecho arancelario, un
de la lucha. La guerra es inseparable de la política, y aumento o disminución de impuestos, una subven­
el hombre de pensamiento que entra en la política ción) puede revestir La dignidad de una verdad cien­
. tífica. Es imposible favorecer a un grupo sin per­
no logra n1 someterse enteramente a las obligacio­
nes del combatiente, ni liberarse por completo de judicar a otro, demostrar que un progreso de la
ellas. Racionaliza sus propias contradicciones en la producción global no se paga demasiado caro con
64 H.AYMOND.J'l,.$Q� l.NTROOUCCION 65

la ruina de los pequeños comerciantes o el empo­ una lucha a muerte y no excluye la discusión razo­
brecimiento de una región desfavorecida; imposible nable y la solución negociada .

demostrar que las consecuencias, en sí mismas de­ Existe un acuerdo sobre la finalidad a conseguir:
plorables, de una medida fiscal están compensadas el incremento del producto nacional y la atenuación
por los beneficios que de ella se esperan. Este tipo de de las desigualdades de distribución. Estos dos ob­
argumentación es, al mismo tiempo, indiscutible y jetivos del desarrollo y de la reducción de las desi­
sin gran alcance. Remite a la problemática, ya clási­ gualdades no sugieren siempre, sin embargo, las
ca, del interés colectivo y los intereses individuales. mismas soluciones. Insistiendo demasiado en la
Situémonos dentro del universo de la economía igualdad, se corre el riesgo de comprometer el desa­
moderna. Sólo se puede decir con certeza que una rrollo La obsesión por el desarroJlo lleva a olvidar
.

tnedida determinada es conforme al interés común los sufrimientos de Los hombres y a sacrificar a Jos
cuando incrementa las satisfacciones de algunos sin vivos en aras de las generaciones por venir. No existe
disminuir las de nadie (midiendo las satisfacciones ni una sola de las medidas llamadas técnicas (tasas
con la expresión objetiva que constituyen Jos ingre­ de interés, derechos aduaneros, linpuestos) que no
sos disponibles). Incluso en esta hipótesis, sugerida tenga implicaciones políticas y sociales o, dicho de
por la definición que Pareto da del máximo de inte­ otro inodo, que no afecte a la distribución de los in­
rés para una colectividad, subsiste en rigor una in­ gresos y del poder aJ 1nismo tiempo que al desarrollo
certidtlJ1Jbre: una J 1 1 J.ic"h
... <'tte

¡n,remc11tasc los jn- del conjlLnto. Las hipótesis sobre las que se funda el
gresos de algunos sin redllcir Los de nadie podría Welfare (por ejemplo, que tm reparto igttalitario de
agravar la i nsatisfacción ocasionada por la injusticia un cierto volumen de ingresos aumenta las satisfac­
en el caso de que la progresión del conjunto acen­ ciones, puesto que el ingreso transferido de un rico a
tuase la desigualdad en La distribución. Aun en el un pobre aumenta las satisfacciones de este último en
caso de que una medida sea favorable para uno y no un grado mayor que aquel en que disminuye las de los
para otros, no puede afumarse sin más que la elec- Primeros) son todas discutibles y, en todo caso, no
. ción hecha, que no es rigurosan1ente científica, sea científicas. Sería un error, sin embargo, plantear la al­
efectivamente arbitraria, y que a falta de toda de­ ternativa de la ciencia o la decisión arbitraria. Entre la
mostración universalmente válida no quede otra proposición racional, válida para todos porque ha
cosa que la lucha sin término y sin solución equitati­ sido demostrada según métodos que a todos se im­
va. Dentro de la sociedad industrial, existe una con­ ponen, y la elección que cada cual hace por sí solo y
troversia permanente, pero esta controversia no es que a nadie más obliga, queda espacio para la deci-
66 JSTRbOVCCfÓN 67

sión razonable, la decisión fundada sobre la razón, No podríamos discutir a fondo el problema del
aunque contraria al interés de algunos. orden justo sin salirnos de los límites de esta intro­
Discusión y elección razonable se sitúan en el in­ ducción. Algunas observaciones bastarán para se­
terior de la civilización industrial, e incluso en el nalar lo que nos parece indiscutible en Ja concep­
interior de un régimen determinado. Quien sigue ción weberiana de las antinomias de la igualdad y
siendo hostil a la industrialización o quien rechaza válido en el rechazo que Strauss hace de esta transfi­
sin condiciones la propiedad privada de Los medios guración trágica de las antinomias.
de producción no entra en esta discusión razonable. Consideremos los doctrinarios de la política así
Quien así piensa se sitúa en la historia; y ésta está he­ corno también los jefes de partido. El hecho es que
cha de una Lucha inacabable entre los hombres, los los unos están más preocupados de dejar libre curso
partidos y los dioses. a los talentos y los otros de impedir que se acusen las
b) En segundo lugar, Max Weber juzgaba irre­ diferencias de condición. Releamos a.Alain; el filó­
ductibles los conflictos en los que se disputa la defi­ sofo del radicalismo reconoce con Augusto Comte
nición del orden justo. ¿Cuáles son las exigencias del 1 que en toda sociedad hay ricos y poderosos, pero él
concepto de igualdad? Tal es, en el fondo, la pregu.n· se preocupa más por evitar los abusos de la riqueza
ta última a que se reduce todo . el debate sobre el or· y del poder que por conceder a Jos más productivos
den justo. Para esta pregunta, decía Max Weber, la recompensa merecida en razón de sus capacida­
existen dos respuestas igualmente válidas: o bien se des. Otros escritores se orientan en la dirección
debe más a quien más produce o bien se Le pide más. opuesta. y se pregutan cómo asegurar la selección de
¿Es preciso favorecer al grupo más selecto y ayudar· una élite y reforzar 'la autoridad de los inejores. Trá­
lo a desarrollarse con plenitud? O bien, por el con· tese de ingresos o de poder, 111e parece que no es du­
trario, ¿debe actuar la legislación en sentido opuesto doso el hecho de que a nivel de las ideologías econó­
a la naturaleza y restablecer sin cesar la igualdad que mico-sociales se dibujan dos tendencias, una que
la naturaleza tiende con igual constancia a destruir? quiere dar a todos unas condiciones de vida tan
No sin motivo Strauss juzga que Max Weber no for· iguales como sea posible y otra que quiere aumentar
muló la antinomia con suficiente rigor ni, menos � prima debida a las capacidades, una que intenta
aun, presentó la tesis de «igualdad a toda costa» en unpedir que Jos gobernantes, aunque sean los mejo­
términos tales que la hagan aparecer tan plausible res, ejerzan un poder ilimitado y qtra que se da por
como La tesis opuesta de las desigualdades naturales objetivo la consolidación del reinado de los gober­
que toda sociedad ha de aceptar. nantes dignos de sus funciones.
68 RAVMOND A.RON INTR.QDt,.'CC
ION 69

Estas preferencias divergentes no pueden dejar de tienen el mismo origen, psicológico más que lógico.
actuar cada vez que hay que resolver un problema Fuera de la ciencia no hay más que elección; y como
determinado. Trátese de fiscalidad, de sistemas de la elección no es, por esencia, científica, quien va
educación o de la propiedad de los instrumentos hasta el fin de sus creencias no puede ser condena­
de producción, el doctrinario de la igualdad se n
i cli­ do, aun cuando se vea arrastrado hasta el fanatismo.
nará en un sentido y el de la jerarquía natural y so­ Basta con aceptar la pluralidad de esas considera­
cial en otro. En este sentido, Max Weber no erraba al ciones (o, si se prefiere, de esos valores), sin postu­
señalar la heterogeneidad de la decisión poUtica y de lar una irreductible antinomia entre ellas, para dar­
la demostración científica. ¿Tenía razón, sin embar­ se cuenta de que existe una salida. Preocupación por

go, al asimilar las preferencias divergentes a una la dignidad igual de todos los hombres y, en nues­
contradicción fundamental, irreductible? tras sociedades, por la reducción de las desigualda­
A esta asimilación se llegaba a partir de los postu- des económicas; aceptación de las desigualdades
1 ... �0r ,.:�r•i?,...tf'5· 1

o r oi: hom-bres son naturalmente naturales y necesidad de favorecer el libre desarrollo
desiguales, pero esta desigualdad natural es la injus- de los talentos; reconocimiento de la jerarquía social
ticia suprema y.original, y el teórico de la política tie­ y voluntad de hacerla equitativa mediante la elec­
ne derecho a pensar que es preciso borrarla y actuar ción de los jefes y tol�rable a los gobernados me­
para conseguir este objetivo._2. La sociedad tiene ne-
º
diante la limitación de las prerrogativas de Los pode­
, , • .4, cesi<l.a<.tde los 1nejor dotados en el orden del.-espíritu
••
rosos: quien quiera ignorar unó u otro de estos
o de la 1noralidad, pero aquel a quien anima la pasión datos no comete tal vez un error científico o una fal­
de la igualdad tiene derecho a olvidar las considera­ ta moral, pero es poco razonable. Quizás Max We­
ciones pragmáticas para no obedecer más que al ber se limitaría a responder que, si bien eso es cier­
imperativo de la justicia, tal como él lo interpreta. to, no se ve por qué vale más ser razonable que ser
3. o Cuando se imponen simultáneamente considera­ apasionado. Tal vez más que contradictorios, los cri­
ciones distintas y parcialmente divergentes, el que ig- terios del orden justo son simplemente múltiples, tal
. nora una de ellas no vale menos que el que se esfuerza Vez las oposiciones se presenten en el plano de las
por retenerlas todas juntas o, en otros términos, el ex­ soluciones concretas y no en el de los principios que,
tremista está al mismo nivel que el moderado, el en elmás alto nivel de abstracción, son complemen­
«monoidealista» no es inferior al prudente. tarios y no contradictorios. En todo caso� sigue
Basta con formular estos postulados para perci­ siendo verdad el hecho de que Las exigencias de cada
bir que son, cuando menos, discutibles, y que todos Persona, de cada civilización y de cada época son
70 R.J\Yf\110NO AROt4 rNTRóOUt..l.O
.t N 71

incomparables. Cada existencia tiene su propio j Estas observaciones son hasta tal punto evidentes
Dios, y los dioses están en lucha. que es difícil convencerse de que Max: Weber no las
e)
Vengamos a la tercera contradicción, l a más 1 haya visto.
profunda, decisiva si es auténtica, La contradicción Volvamos, pues, a leer la frase más característica:
entre los valores. Por así decir, Max Weber sugerí
a la «La sabiduría popular nos enseña que una cosa pue­
contradicción entre los valores como si fuese algo de ser verdadera aunque no sea ni beUa, ni santani
por sí mismo evidente, pero no la demostraba, y los buena, y precisamente porque no lo es». ¿Por qué
ejemplos que utiliza no siempre son convincentes. Max Weber no ha sacado de esta sabiduría popular
Una cosa, dice él, puede ser bella precisamente por­ la conclusión de que cada universo espiritual tiene
que no es buena, y así sucede con Lasflores del mal su ley propia, sino la de que el politeís1no griego es­
Cierto que la obra de Baudelaire no es moral, ni en tabaen lo justo al evocar la lucha entre los dioses?
su objeto y ni siquiera quizás en la intención de su El hombre no puede conducirse, ala vez, según las
auLor, supbniendo qué la íntención del poeta pueda exigencias de La moral "de la santidad y las exigen­
juzgarse por referencia a la moral. Pero la belleza de cias de la moral temporal. Ofrecer la otra mejilla es falta
Lasflores del mal no tiene como causa la inmorali­ de dignidad si no es santidad. De otra parte, si bien
dad de los temas o la (supuesta) inmoralidad del es cierto que Apolo y Marte, Venus y Minerva no es­
creador. Entre el sentido específico de la obra de arte tán condenados a combatirse, cada persona, indivi­
y la finalidad de la conducta que se pretende moral. dual o colectiva, no puede sacrificar simultáneamen­
entre la belleza y el deber, no existe una lucha sin so· te a todos los dioses. El filósofo puede concebir

lución, sino una simple pluralidad comparable a la fácilmente la diversidad de las realizaciones huma­
que se da entre las castas de la lnd.ia. nas como un enriquecimiento; el hombre, solo entre
Ninguna demostración, dice él también, permite Otros, no puede elegir un modo de realización sin re ­
resolver Ja cuestión del valor respectivo de la cultura nunciar con ello mismo a los demás. Una sociedad
alemana y La cultura francesa. Esto es verdad. ¿Pero es no puede sobresalir a la vez en todos los órdenes de
que tiene sentido esa cuestión? En rigor, cabe estable­ la acción, la santidad, el arte y la meditación. En este
cer una jerarquía entre diversas obras dentro de un sentido, toda existencia es elección, y toda elección
universo determinado, pero no es posible establecer comporta más «síes» que (moes» y condena a cada
una jerarquía entre conjuntos históricos, cada uno de cual a contar con más enemigos que.fieles.
los cuales contribuye a la riqueza de la historia total• Es evidente que el individuo nunca realiza más
cada uno de los cuales aporta algo que el otro no posee que algunas de las potencialidades de su ser o de la
72

hun1anidad. Es también evidente que una época es los dioses; lo que el historiador constata es el furor
prisionera de la idea que se ha hecho de la beJleza. fratricida de las iglesias.
Pero del mismo modo que el individuo no elige con­ La guerra de las Iglesias no es la contienda de los
tra la ética del soldado al escoger La profesión de hom­ dioses, pero la frase de Max Weber nos sugiere el
bre de ciencia, Fidias no eligió la estatuaria griega paso de una a otra: «Ofrecer la otra mejilla es falta
contra la de Elefanta. La particularidad de cada reali­ de dignidad cuando no es santidad». El mismo acto
zación histórica no entrafia el conflicto entre esas resulta bueno o malo según el sentido que el actor dé
particularidades. A lo sumo esa particularidad crea­ a su vida.
ría un caos espiritual si la relatividad pura y simple No hay que ir a buscar demasiado lejos el motivo
fuese Ja última palabra de la reflexión hist0ric.c... Je yue Max Weber eligiese como ejemplo de la con­
L 0--1 ·u c:ilut: io:> ilioses o, al menos, entre los tradicción el aparentemente accidental de la actitud
fieles de los dioses StLrge si el culto a un dios contra- frente al enemigo. La moral de Kant o la ética del
. ·· · dice directamente el culto a otro. En la ciudad, el Sermón de la Montaña se aplican a los hombres de
ciudadano o el hombre de acción ha de tornar posi­ buena voluntad. En este mundo los hombres están
ción a favor de un partido o de una causa en contra en guerra dentro de la ciudad y las ciudades están en
de otros partidos o de otras causas, pues todos los guerra en La escena del mundo. Cada una de las
partidos se amparan en valores pretendidamente ciudades defiende una causa en sí misma válida.
supre1nos. En La época en que los cristianos comba­ (¿Cómo establecer una jerarqlúa entre las naciones,
tían el Panteón romano, los actores de la historia entre la cultura alemana y la cultura francesa?) Los
creían en dioses destinados inexorablemente a una partidos cuyos n1edios o cuyos objetivos irunediatos
lucha a muerte. Lo misn10 sucedía (en 1nenor grado) parecen menos justificables pueden llevar a buen
cuando los revolucionarios franceses derribaban los término tareas de Las que se felicitarán nuestros bis­
tronos y Los altares. Lo mismo ocurre también cuan­ nietos. Una vez más, Max Weber sólo percibe una
do los comu1ústas disuelven los parlamentos y nacio­ Salida para quien no se somete a los imperativos del
nalizan los instrumentos de producción. Cualquie­ combate: la indiferencia ante las consecuencias, que
sirve de fundamento a la moral de Ja convicción, o la
ra que sea el juicio del filósofo, la historia está hecha
de combates dudosos en los que ninguna causa es santidad de la no resistencia individual por fideli­
pura, ninguna decisión sin riesgos, ninguna acción dad a ciertas enseñanzas de Cristo.
sin consecuencias imprevisibles. Quizás el filósofo El santoy el héroe no pueden actuar de igual modo
en una misma coyuntura. ¿Ordena la religión «ofrecer
discierna más allá de ese tumulto la fraternidad de
74 nAYMONO ARO� l�'Ttt.QDUGCJ.ÓN 75

la otra mejilla» si esta fórmula equivale a recomen­ progresiva de las Luces o en la persistencia de las ilu­
dar la no resistencia aJ mal? De una u otra forma, to­ siones. Ante los ojos del creyente, por el contrario, es
das las sociedades han reconocido la pluralidad que La fe la que determina el sentido del escepticismo. La
Max Weber quería belicosa y patética. El guerrero no fórmula de la «guerra de los dioses» es la transposi­
siempre comprende al brahmán, pero el brahmán ción de un hecho indiscutible (el de que Los hombres
no ignora jamás al guerrero: duda entre la utopía de se han hecho representaciones incompatibles del
una ciudaden laque el guerrero obedec.ería sus órdenes mundo) en una filosofía que nadie vive ni piensa
yla prudencia que se contenta con una ciudad en la que porque es contradictoria (la que sostiene que todas
los filósofos tuvieran libertad para pensar, pero no la las representaciones son equivalentes porque nin ­
ambición de reinar, resignados a «la historia llena de guna es verdadera ni falsa).
ruido y furor y sin significado alguno». Cualquiera Max Weber podía tener el sentimiento de vivir
que sea su elección, no verá por ninguna parte una esta filosofía. No creyente, había guardado la nostal­
«guerra entre dioses». Si quiere la utopía, conservará gia de la fe y estaba convencido de que con la reli­
la esperanza de la conciliación; y si es prudente, es de­ gión se pierden valores espirituales irreemplazables.
cir, resignado a la .imprudencia de Jos demás, ¿por qué Kantiano, era un apasionado de La acción política y
habría de ver un conflicto sin salida entre él y los in­ veía w1a antinomia irreductible entre las reglas dela
sensatos, entre los que meditan y los que combaten? El moral formal y Las exigencias de la acción, es decir,
héroe no ignora ri.i desprecia.al s¡:u:i�p; desprecia aJ que de la lucha. Sociólogo, veía que las civilizaciones, los
ofrece la otra mejilla por cobardía, no al que lo hace pueblos, los partidos, piensan y obran según siste­
movido por una bravura superior.
¿Por qué está tan seguro Max Weber de que los
1 mas de valores divergentes cuando no opuestos. El
desgarramiento de la incredulidad, la antinomia de
conflictos del Olimpo son inexpiables? Por dos ra­ nlocaüdad y política, la diversidad de las culturas, se
zones distintas: porque llevaba esos conflictos den­ convertían, en sus escritos, en otras tantas pruebas
tro de sí mismo y porque ellos constituyen el tema de la «guerra de Los dioses». Anál.isis fenomenológi­
privilegiado de los estudios sociológicos. El racio­ cos intrínsecamente verdaderos se expresan en una
nalista reconoce la Lucha entre Ja fe y la incredulidad, filosofía humanamente impensable.
y admite que ni una ni otra son científicamente de­
mostrables. Aunque sostenga la verdad de la incre­
dulidad, no deduce de ahí la existencia de una gue­ La metodología de Max Weber, como -tras otros
rra entre los dioses, sino que piensa en l a díscusjóii muchos- ha dicho Leo Strauss, es inseparable de

�.......................... .
76 JN.t'l�OOUCCIÓN 77

una filosofía. De esta observación indiscutible él ex­ La decisión le parecía tanto más humana cuanto
trae, sin embargo, conclusiones que son probable­ más libre es, pero no se preguntaba si tal decisión
mente inversas a las que yo sacaría. Él sugiere que la podía carecer de razones y si esas razones no reenvían
metodología de Max Weber se vio falseada por su fi­ inevitablemente a principios universales. La diver­
losofía. Acepto esta afirmación en determinados as­ sidad histórica de los valores, las creencias y las cul­
pectos: el lenguaje neokantiano (la distinción entre turas es un hecho; el historiador y el sociólogo no
hecho y valor, entre referencia a los valores y juicios pueden dejar de constatar este hecho primordial.
de valor) comprometió la elaboración de una teoría de No pueden, sin embargo, aceptarlo también como
la comprensión y le impidió admitir apreciaciones hecho último y definitivo sin hacer con ello imposi­
vinculadas a la rompft>n:c¡i(Hl 'llic:ma en el caso de ble la ciencia de esta diversidad. ¿Permite el orden
obras cuyo sentido es inseparable- de ·su calidad de esta diversidad establecer el fin último de l a aven­
Pero, en lo esencial, no es que la metodología haya tura, el destino natural del hombre y de la sociedad?
sido víctima de la fiJosefía, sino que la metodología En las páginas que preceden no hemos pretendido
ha inspirado una filosofía errada. Los límites de la responder a esta pregunta.
ciencia, las antinoinias del, pensamiento y de la ac­ Porque la ciencia es limitada, el porvenir impre­
ción, son las aportaciones auténticas de una des­ visible y los valores a corto plazo contradictorios, las
cripción fenomenológica de Ja condición humana. elecciones a las que efectivamente está condenado el
La filosofía del,desgarramiento, si cabe hablar así, es hombre histórico no son demostrables. Pero la ne­
la transposición de estos <latos a otro lenguaje, dán­ cesidad de la elección históri.ca no implica que el
doles un sentido distirrto. Esta transposición supo­ pensa1niento esté pendiente de decisiones esencial­
ne la negativa a discriminar entre valores vitales y mente irracionales y que la existencia se cumpla en
realizaciones razonables, la irracionalidad total de una libertad no sometida ni siquiera a la Verdad.
la elección entre partidos políticos o entre las repre­
sentaciones del mundo en Lucha reciproca, la equi- RAYMOND ARON
. valencia moral y espiritual de todas las actitudes, la
del sabio y la del insensato, la del fanático y la del
moderado.
Precisamente porque conservaba la nostalgia de
la fe perdida, Max Weber juzgaba en último término
injustificable la ciencia a la que consagraba su vida.
'
El político y el científico

• •• • ,. • •:
!. 1 ... ..... • ... . .

,
La política como vocación*

La conferencia que, accediendo a sus deseos, he de


pronunciar hoy les defraudará por diversas razones.
De una exposición sobre la política como vocació�1
esperarán ustedes, incluso involuntariamente, una
to1na de posición frente a Jos problemas del 1110 -

" Aquí debemos hacer UJJa advertencia. Las ideas conterúdas en


los siguientes trabajos fueron ex.puestas en una conferencia pro­
nunciada, por invitación de la Asociación Libre de Estudiantes
deMunich,durante el invierno revolucionario de l919, yvan as.í
marcadas con Ja inmediatez de la palabra hablada. Esta confe­
rencia, así como la de «La ciencia como vocación», formaba par·
tede un ciclo, a cargo de diversos oradores, que se proponía ser­
vir de guía para las diferentes formas de actividad basadas en el

tr� ajo intelectual a una juventud recién licenciada del servicio
rniütar y profundamente trastornada por las experiencias de la
�erra y la posguerra. El autor completó más tarde su exposi­
ción antes de dada a la imprenta y la publicó porvez primera en
su forma actual durante el verano de 1919. (Nota de Marianne
Weber, en Heidelberg, agosto de 1926.)

81
83
82 JlL 1'01 tnCO Y B l CíEl'o."TfFlCO
..

1nento presente. Esto, sin embargo, es cosa que haré Tampoco es éste un concepto que pueda ser socioló­
s61". �l final, de un �odo puramente formal y en co­ gicamente definido a partir del contenido de su ac­
nexion con determinadas cuestiones relativas a la tividad. Apenas existe una tarea que aquí o allá no
importancia de la actividad política dentro del mar­ haya sido acometida por w1a asociación política y,
co general de la conducta hwnana. De la conferen­ de otra parte, tampoco hay ninguna tarea de la q�e
cia de hoy quedarán excluidas, por el contrario, to­ pueda decirse que haya sido siempre competenc1a
das las cuestiones concernientes a la poütica que exclusiva de esas asociaciones políticas que hoy lla­
debemos hacer, es decir, al contenido que debemos mamos Estados o de las que fueron históricamente
dar a nuestro quehacer político. Estas cuestiones antecedentes del Estado moderno. Dicho Estado
nada tien�n �ue ver con e� problema general d e qué sólo es definible sociológicamente por refert:ncia a
es y qué significa la política como vocación. Pase­ un medio específico que �1, como toda asociación
mos, pues, a nuestro tema. poütica, posee: la violencia física. «Todo Estado esá

¿Qu� en�endernos por política? El concepto es ex­ fundado en la violencia», dijo Trotsky en Brest-L1-
traordinariamente amplio y abarca cualquier géne­ towsk. Objetivamente esto es cierto. Si solamente
ro de actividad directiva autónoma. S e habla de la existieran configuraciones sociales que ignorasen el
política de divisas de los bancos, de la política de medio de la violencia habría desaparecido el con­
descuento del Reichsbank, de la politica de un sindi­ cepto de (<Estado» y se habría instaurado lo que, en
cato e:i una huelga, y se puede hablar igualmente de este sentido específico, Uamaxíarnos «anarquía>> L�
.
.
la poht1ca escolai· de una ciudad o de una aldea' de Ja violencia no es, naturalmente, ni el medio noi:mal 01
el único n1edio de que el Estado se vale, pero sí es su
política que la presidencia de una asociación lleva
en la dirección de ésta e iocluso de la politica de una medio especí.fico. Hoy, precisamente, es �speci�­
esposa astuta que lrata de gobernar a s u marido. mente íntima la relación del Estado con la v1olenc1a.
En el pasado las más diversas asociaciones, comen-
Nat�r�nente, no es este amplísimo concepto el que
servrra de base a nuestras consideraciones en Ja tar­ 1.ando por la asociación familiar (Sippe), han utili­
zado la violencia como un medio enteramente nor­
de de hoy. Por política entenderemos solamente la
_

dirección o Ja influencia sobre la dirección de una mal. Hoy, por e l contrario, tendremos que deciI que
Estado es aquella comunjdad humana que, dentro
asociación política, es decir, en nuestro tiempo, de
de un determinado territorio (el (<territorio» es ele­
un Estado.
¿Pero, qué es, desde el punto de vista de Ja consi­ mento distintivo), reclama (con éxito) para sí el mo­
deración sociológica, una asociación «política»? nopolio de la violenciafisica legítima. Lo específico
85
84, llL POJ.f1'1CO Y ELCUlNTfPt(:Q LAPOl.ttlCA COMO V()C:ACION

de nuestro tiempo es que a todas las demás asocia­ nan. ¿Cuándo y por qué hacen esto? ¿Sobre qué �o­
ciones e individuos sólo se les concede el derecho a tivos internos de justificación y sobre qué medios
l a violencia física en la medida en que el Estado lo externos se apoya esta dominación?
permite. El Estado es la única fuente del «derecho» En principio (para comenzar por ellos) existen tres
de
a la violencia. Política significará, pues, para nos­ tipos de justificaciones internas, de fundamentos
otros, la aspiración (Streben) a participar en el poder la legitimidad de una dominación. En primer lugar, la
o a influir en la distribución del poder entre los dis­ legitimidad del «eterno ayen>, de la costumbre cons � ­
tintos Estados o, dentro de un mismo Estado, entre grada por su inmemorial validez y por la consuetudi­
los distintos grupos d� hombres que lo componen. naria orientación de los hombres hacia su respeto. Es
Esto se corresponde ei;i>riri �lmente con la ac..cp- la legitimidad «tradicional», como la que ejercían los
viejo
1..�vu •.Jauuua1
ae� término. Cuando se dice que una patriarcas y los príncipes patrimoniales de .
cuño. En segundo término, la autoridad de la
cuestión es polít1ca, o que son «políticos» un minis­ gracia
t:o o un funcionario, o que una decisión está «polí­ (carisnia) personal yextraordinaria, la entrega pura­
,
t�camente» condicionada, Lo que quiere significarse mente personal y la confianza, igualmente personal
siempre es que la respuesta a esa cuestión, o la deter­ en la capacidad para las revelaciones, el heroísmo u
mi�ación de la e�f ra de actividad de aquel fundo­
7 otras cuaüdades de caudillo que un individuo posee.
n?r10, o las condiciones de esta decisión, dependen Es esta autoridad «carismática» la que detentaron los
directamente de los intereses en to.rno a la distribu­ profetas o, en el terreno poHtico, los jefes guerreros
ció?-, la conserv ción o la transferencia del poder.
� elegidos, los gobernantes plebiscitarios, los grandes
Quien hace política aspira al poder; al poder como demagogos o los jefes de los partidos políticos. Ten�­
medio para la consecución de otros fines (idealistas mos, por último, una legitimidad basada en la (<legali­
o eg?ís�as) o al poder «por el poder>>, para gozar del dad», en La creencia en la validez de preceptos legales
sentun1ento de prestigio que él confiere. y en la ((competencia» objetiva fundada sobre nor­
El �stad.o, como todas las asociaciones poüticas mas racionalmente creadas, es decir, en la orienta­
<Iue históricamente lo han precedido, es una rela­ ción hacia la obediencia a las obligaciones legalmente
.
ción d� dominación de hombres sobre hombres, que establecidas; una dominación como la que ejercen el
s� sostiene por �edio de la violencia legítima (es de­ moderno «servidor del Estado» y todos aquellos tiru-
cir, de la que es VISta como tal). Para subsistir necesi­ lares del poderque se asemejan a él. .
ta, por tanto, que los dominados acaten la autoridad Es evidente que, en la realidad, La obediencia de
que pretenden tener quienes en ese momento domi- los súbditos está condicionada por muy poderosos
86
.CL l'Ot.frlCO y 1!L CI..ENT1F1co l--'I. l'OLfnCA COMO v'<.lCA.Cló� 87

motivos de te111or y de esperanza (tem


or a Ja ven­ el séquito, el partido. El caudillaje ha surgido en to­
ganza deJ poderoso o de los poderes mág
icos, espe­ dos los lugares y épocas bajo uno de estos dos aspec­
ra? za de una recompensa terrena o ultr
aterrena) tos, los más importantes en el pasado: el de mago o
y, Junto con ellos, también por Jos más
diversos in­ profeta, de una parte, y el de príncipe guerrero, jefe
tereses. De esto hablaremos inmediatam de banda o condottiero, de la otra. Lo propio del Oc­
ente. Pero
cuando se cuestionan los motivos de «leg
itimidad» cidente es, sin embargo, y esto es lo que aquí más
de la obediencia nos encontramos siempre
con nno de nos importa, el caudillaje político. Surge primero en
estos tres tipos «puros». Estas ideas de la
legitimi­ la figura del «demagogo>> libre, aparecida en el terre­
dad y su fundamentación interna son
de suma no del Estado-ciudad, que es también creación pro­
importancia para la estructura de la dom
inación. pia de Occidente y, sobre todo, de la cultura medite­
Los tipos puros se encuentran, desde lueg
ramente en la realidad, pero hoy no pod
o, �u ra­ y rránea, y más tarde en la del «jefe de partido» en un
emos ocu­ régimen parlamentario, dentro del ip.arco del Esta­
parnos aquí de las intrincadas modifica
ciones, in­ do constitucional, que es igualmente un producto
terferencias y combinaciones de estos específico del suelo occidental.
tipos puros.
Esto es cosa que corresponde a la problemá
tica de la Claro está, sin embargo, que estos políticos por
«teoda general del Estado». Lo que hoy nos
interesa «Vocación>> no son nunca las únicas figuras deter­
sobre todo aquí es el segundo de estos tipo
s: la do­ minantes en la empresa política de luchar por el po­

minac ón producida por la entrega de
los sometidos der. Lo decisivo en esta empresa es, más bien, el gé­
al «cansn1a» puramente personal del
«caudillo». En nero de medios auxiliares que los políticos tienen a
ella arraiga, en su ex:presjón n1ás alta, su disposición. ¿Cómo comienzan a afirmar su do­
la idea de vo­
cación. La entrega aJ carisma del profeta, del caucU­ ntinación Jos poderes políticamente domin�tes?
llo en la guerra, o del gran demagogo en
la Ecclesiao Esta cuestión abarca cualqwer forma de domina­

e Parlamento, significa, en efecto, que
esta figura es ción y, por tanto, también la dominación política en
vista como Ja de alguien que está internam todas sus formas, tradicional, legal o carismática.
ente «lla­
�ado» a ser conductor de hombres, los cuaJ Toda en1presa de dominación que reqwera una
es no le
prestan obediencia porque lo mande la
costUillbre o administración continuada necesita, de una parte,
una norma legal, sino porque creen en la orientación de la actividad humana hacia la obe­
él. Y él mis­
mo, si no es un mezquino advenecllzo efím diencia a aquellos señores que se pretenden porta­
ero y pre­
suntuoso, <vive para su obra». Pero es a
su persona dores del poder legítimo y, de la otra, el podex de
Y a sus cu � ades a las que se entrega el disc
alid disposición, gracias a dicha obediencia, sobre aque-
ipulado,
88
S.L POLt'TTCO Y flLCf
fiN"DFlCO
L.A Póú'MCA C:<:>MO VOCAC:l!ll'< 89

llos bienes que, eventualm


ente, sean necesarios para
el empleo del poder físico: ternos, lo mismo que sucede con una empresa eco­
ministrativo y los medios
el equipo de personal ad
materiales de la adminis­
­ nómjca. Todas las organizaciones estat�les pu:d e�
tración 1 • ser clasificadas en dos grandes categonas segun
Naturalmente, el cuadro principio a que obedezcan. En unas, el equipo hu­
administrativo que re­
presenta hacia el exterior mano (funcionarios o lo que fueren) con cuya obe­
a la en1presa de domina­
ción política, como a cu diencia ha de contar el titular del poder pos�e en
alquier otra empresa, no
está vincuJado con el deten propiedad los medios de administración, consistan
tador del poder po r esas
ideas de legitimidad dt: 1= éstos en dinero, edificios, material bélico, parque de
que utc:: h:iblába!Los,
transporte, caballos o cualquier otra cosa; en otras,
..

sino po r dos medios que afe


ctan directamente al in­
terés personal: la retribuc el cuadro administrativo está «separado» de Jos me­
ión material y el honor so­
.::...: ::1 f-:udo de
dios de administración, en el mismo sentido en que
los vasallos., las prebendas
de los � �;�
.

funcionarios patrimonia hoy en día el proletario o e empleado «está�)) se


les y el sueldo de los actua
­ rados de Jos medios materiales de producc1on d
les sérvidores del Estado,
de una parte; de Ja otra el .
tro de la empresa capitalista. En estas ú timas el t1- �
h_on?r del caballero, los pri
eJ honor del funcionario
vilegios estamentales y
constituyen el premio de
tular del poder tiene los bienes requendos para a �
cuadro administrativo l administración como una empresa propia, orga�­
y el fundamento último
decisivo de su solidan<laJ y zada por él de cuya administración encarga a servi-
,
'-Vl• el titular de
l poder. dores personales, empleados, tavontos u horobres
También para el caudiJJaje · ·

caris1nático tiene validez


de confianza, que no son prop1etanos, que no poseen
· ·

esta afirmación; el séquil


o del guerrero recibe el ho
·

nor y el botín, el del dema ­ por derecho propio los medios materiales de la em­
gogo los spoc?s, la explota­
ción de los dominados presa; en las primeras sucede justamente lo contra­
mediante el monopolio de
los cargos, los beneficios rio. Esta diferencia se mantiene a través de todas las
políticamente condiciona­
dos y las satisfacciones de organizaciones administrativas del pasado.
vanidad.
. Para el mantenimiento A La asociación política en la que los medíos de
de toda dominación por .
la fuerza se requieren cie administración son, en todo o en parte, propiedad
rtos bienes materiales ex-
del cuadro administrativo dependiente la llamare­
mos asociación «estamentalmente» estructurada. En
l. E! lugar de inserción de est
e pár a
r fo varía en las ediciones la asociación feudal, por ejemplo, el vasallopagad� su
alemana y francesa. Se
ha seguido en esta edición cas propio bolsillo los gastos de administración y deJu�­
criterio de la francesa. (N. tellana el
T.)
del
ticia dentro de su propio feudo, y se equipa Y aprovt-
91
IÓÑ
90 ru. POl..frtco y 8,1...Clf!....JIFICO
. l.A POl..fTlCA COMCJ VOt.A.L

rma
tado burocrático, cuya fo
sion� para Ja guerra; sus subvasallos, a su vez, hacen tipo. Espcciabnente el Es o.
nente, el Estado modern
lo mismo. Esta situación originaba consecuencias más racional es, precisai
rollo del Estado moderno
.
eVIdentes para el poder del señor, que descansabaso­ En todas partes el desar
íncipe iilc l ia la expropiación
la1nente en eJ vínculo de la lealtad persona] yen el he­ comíenza cuando el pr tivo
os» de poder administra
cho de que la posesión sobre el feudo y el honor sociaJ . de los titulares «privad mbre
los propietarios en no
del vasallo derivaban su «legitimidad» del señor. que junto a él existen:
r , de
min istración y de g�er �
�� todas part�s, incluso en las configuraciones propio de medios de ad . ne­
_ antiguas, encontramos también la or­ rso s financieros de bLenes de cualqruer ge
políucas mas recu y
e ':1°ª
ro políticamente utiliz
ables. Este proceso ofrec
ganización de los medios materiales de la ad.minis­ ta­
rrollo de la empresa capi
tración como empresa propia del señor. Éste trata de analogía total con el desa dos
na expropiación de to
mantenerlos en sus propias manos, administrán­ lista mediante la paulati
ntes. Al término del pro­
dolos mediante gentes dependientes de él esclavos los productores independie
o moderno el poder de
criados, servid?re�, «favoritos» personales o pre� ceso vemos cómo en el Estad
p�esa
s los medios de la em
bendados, retnbt11dos en especie o en dinero con disposición sobre todo un
cúspide, y no hayya n1
sus propias reservas. Intenta, igualmente, atender a política se amontona en la e
opietario del dinero qu
los gast?s de �u propio bolsillo, con los productos de solo funcionario que sea pr o
cursos, instrumentos
su Patrunonio, y crear un ejército que dependa ex­ gasta o de los edl ficios, re
m?- ·
e utiliza. En el Estado
.
dus1vt�1nente de su persona porque se aprovisiona y n1áquinas de guerra qt1 cial
áximo (y esto es esen
se eq1upa en sus graneros, sus almaceoes y sus arse­ derno se realiza, pues, al in
ción» entre elc u�­
nales. En tanto que eo la asociación «estamental» el a su concepto mismo), la «separa

dos u obreros adn
señor gobierna con el concurso de una «aristocra­ dro administrativo (emplea
is­
teriales de la a�
cia)> �ndependiente, con la que se ve obligado a com­ nistratívos) y los medios ma _ �te
ranca la mas rec1e
partLr el poder, en este otro tipo de asociación se tración. De este punto ar iar
s ojos, intenta exprop
apoya en domésticos o plebeyos, en grupos sociales evolución que, ante nuestro
políticos y, por
d�sposeídos de bienes y desprovistos de u n honor a este expropiador de los medios
ha
ico. Esto es lo que
s�cial propio, enteramente ligados a él en lo mate­ tanto, también del poder polít e
en la medida en qu
nal Y que no disponen de base alguna para crear un hecho la revoluciónl, al menos
poder concurrente. Todas las formas de domina­
mania.
espartaquista de Ale
ción patriarcal y patrimonial, el despotismo de Jos 2. Se refiere Weber a la revolución

sultanes y el Estado burocrático pertenecen a este (N. del T.)


,
93
92 r..t. POLtru:;o y PJ..ClEN"r(FtCO

,
illos carismáticos
el puesto de las autoridades estatuidas ha sido ocu­ por sí mismas, como los caud En
de jefes políticos.
p�do por dirigentes que, por usurpación o por elec­ sino que actuaban al servicio
estamentos �e .co­
c1ón, se ban apoderado del poder de disposición so­ las luchas del príncipe contra los a
ieron del servicio
bre el cuadro administrativo y los medios materiales locaron del lado de aquél e hic
e la vida, de �a
de la administración y, con derecho o sin él, derivan esta política un medio de ganars lo
a. De nuevo, es so
s u legitimidad de la voluntad de los dominados. parte, y un ideal de vida, de la otr
en Occidente en donde encontramos
este tipo de po­
Cuestión distinta es la de si sobre la base de su éxito,
vieron también ª
al menos aparente, esta revolución permite abrigar líticos profesionales. Aunque sir nel
í ipes, fueron �
Ja esperanza de realizar también la expropiación otros poderes, y no sólo a los prnc
os
rtante del que est
dentro de la empresa capitalista, cuya dirección, pasado el instrumento más impo el
r y llevar a cabo
�P<:P " 1�" �r� ..:.::> malo�1as existentes, se rige en úl­ dispusieron para asentar su pode .
es aludíamos
proceso de expropiación a que ant
.

_muy distiní.as-a Las de la ad­


tin10 ténruno por leyes la
adelante, lo que
ministración poütica. Sobre esta cuestión no vamos Aclaremos bien, antes de seguir
fesionales» repre­
a pronunciarnos hoy. Para nuestro estudlo retengo existencia de estos «políticos pro
Se pue�e h�cer
sólo lo puramente conceptual: que el F..s1·ado moder­ senta desde todos los puntos de vista.
sobre la distribu­
no es una asociación de dominación con carácter «poütica» (es decir, tratar de influir
uracione� �o­
�stitucional que ha tratad.o, con. éxito, de monopo- ción del poder entre Las distin.tas config
o
como poht1c
liz� dentro de un territorio la violencia física legiti- líticas y dentro de cada una de ellas)
o
undaria o com
1
(<ocasional», como profesión sec
- � � ••

ma c?mo medio . de dominación y que, a este fin, ha


mjsmo que �u­
reurudo todos los medios materiaJes en manos de su profesión principal, exactamente lo
«ocasio­
dirigente y ha expropiado a todos los funcionarios cede en la actividad económica. Políticos
­
do deposita
esta.ment�les qu: antes disponían de ellos por dere­ nales» lo somos todos nosotros cuan
testamos e�
ch propto, sustLtuyéndolos con sus propias jerar­ mos nuestro voto, aplaudimos o pro
� so «polí­
qwas supremas. una reunión «política», hacemos un discur
estación de
. Ahora ?i e�, en el curso de este proceso político tico» o realizamos cualquier otra manif
voluntad de género análogo, y para mu
chos hon:­
de exprop1ac1ón que, con éxito mudable, se desarro­ esto. Poií­
bres la relación con la política se reduce a
ll� en todos los países del globo, han aparecido, ini­
ticos «semiprofesionales» son hoy, por
?
e e �plo,
almente como servidores del príncipe, las prime­
a aaoones
un
todos esos delegados y directivos de aso
ras categorías de «políticos profesionaJes» en
an estas
segundo sentido, de gentes que no querían gobernar políticas que, por lo general, sólo desempeñ
94 t.A i'OU'rlCA ct:IMO V01 A< l0N
95
RL PUitr'lCO YEl.CDlNTíFJCO

actividades en caso de necesidad, sin «vivir» princi­ ralmente, con estos auxiliares ocasionales o semi­
paltnente de ellas y para ellas, ni en lo material ni en profesionales. Tenían que intentar la creación de un
lo espiritual . .En la misma situación se encuentran equipo dedicado plena y exclusivamente a su servi­
también los miembros de los Consejos de Estado y cio, es decir, un cuadro de auxiliares profesionales.
otros cuerpos consultivos que sólo funcionan cuan­ La procedencia de estos auxiliares, la capa social en
do son requeridos para ello. Pero no sólo éstos· tam­ donde fueron reclutados, habría de determinar muy
bién son semiprofesionales ciertos grupos b �tante esencialmente la estructura de las nacientes formas
numerosos de parlamentarios que solamente hacen políticas dinásticas; y no sólo de ellas, sino también
política mientras está reunido el Parlamento. En el de toda la cultura que en ellas se desarrolló. En la
pasado encontramos grupos de este tipo en los esta­ misma necesidad se vieron, y aun con mayor razón,
mentos. Por «estrunentos» entenderemos el conjwi­ aquellas asociaciones políticas que, habi.:tldo elimi­
to de poseedores por derecho propio de medios ma­ nado por entero o li.mitado muy ampliamente el po­
teriales para la guerra o para la administración, 0 de der de los príncipes, se constituyeron políticamente
poderes señoriales a título personal. Una gran parte en lo que se lla1nan comunidades «libres»; <(libres»
de estas personas estaba niuy lejos de poner su vida no en el sentido de estar libres de toda dominación
_ violenta, sino en el de que en ellas no existía como
al servic1 � de la políti ca, ni por entero, nl principal­
_ fuente única de autoridad el poder del príncipe, le­
mente, �L de cualqu1er forma que no fuese pura­
_ gitimado po.r la tradición y, en la mayor parte de los
mente c1rcunsta11c1al. Aprovechaban n1ás bien su
casos, consagrado por la religión. Estas comunida­
poder señorial para percibir 1·entas o beneficios, y
des sólo nacen también en el Occidente y su germen
s lo desarrollaban una actividad poütica, una acti­
� es la ciudad como asociación política, la cual apare­
VIdad al servicio de la asociación política, cuando se
ce por vez primera en el círculo cultural mediterrá­
lo exigían expresamente el señor o sus iguales. Tam­
neo. ¿Cómo se presentan en todos estos casos los
poco es otra la situación de una parte de esas fuerzas
auxiliares que el príncipe suscitó en su lucha por poüticos «profesionales»?
Hay dos formas de hacer de la política una profe­
_crear un� empresa política propia, de la que sólo él
sión. O se vive «para» la política o se vive «de)) lapo­
�u�da d1sponer. Así sucedía con los «consejeros lítica. La oposición no es en absoluto excluyente. Por
�ulicos» ( «Rate von Haus aus») y, yendo aón más le­ el contrario, generalmente se hacen las dos cosas, al
JOS, con una parte de los consejeros que integraban
. menos idealmente; y, en la mayoría de los casos,
la (<Cuna» y otras corporaciones consultivas de los
príncipes. Pero a Jos príncipes no les bastaba, natu- también materialmente. Quien vive «para» la políti-
lA POW'TICA COMO VOCAClO� 9'1
96 ru. POLtr1c;o 'l RLcrENTfFrco

ca hace «de ello su vida» en un sentido íntimo; o excepcionales; en la economía cotidiana sólo el pa­
goza simplemente con el ejercicio del poder quepo­ trimonio propio posibilita la independencia. Pero
see, o alimenta su equilibrio y su tranquilidad con la con esto aún no basta. Quien vive para la política
conciencia de haberle dado un sentido a su vida, po­ tiene que ser además económicamente «libre»
niéndola al servicio de «algo». En este sentí.do pro­ (abkornmlich), estoes, sus ingresos no han de depen­
fund<:>, todo hombre serio que vive para algo vive der del hecho de que él consagre a obtenerlos todo
también d e ese algo. La diferencia entre el vivirpara o una parte importante de su trabajo personal y
y el vivir de se sitúa, pues, en un nivel mucho más sus pensamientos. Plenamente libre en este senti­
grosero, en el nivel económico. Vive «de» la poütica do es solamente el rentista, es decir, aquel que perci­
con10 profesión quien trata de hacer de ella una be una renta sin trabajar, sea que esa renta tenga su
fu�nte duradera de ingresos; vive «para» Ja política origen en la tierra, como es el caso de los sefiores de)
qtue 1no se halla en este caso. P�r'e\ que alguien pGe pasado o los terratenientes y los nobles en la actuali­
� dad (en la Antigüedad y en la Edad Media había
da vivir «]Jara» la política en este sentido económi­
co, y siempre que se trate de un régimen basado en también rentas procedentes de los esclavos y los
la propiedad privada, tienen que darse ciertos su­ siervos), sea que proceda de valores bursátiles u
puestos, muy triviales, si ustedes quieren: en con­ otras fuentes modernas. Ni el obrero ní e l e1npresa­
diciones normales, quien así viva h a de ser econó­ rio (y esto hay que tenerlo muy en cuenta), especial­
micamente independiente de los ingresos que la mente el gran empresario moderno, son libres en
poütica pueda proporcionarle. Dicho de la manera este sentido. Pues también el empresario, y precisa­
más simple: tiene que tener un patrimonio o una si­ mente él, está ligado a su negocio y no es libre, y mu­
cho menos el empresario industrial que el agrícola,
tuación privada que le proporcione entradas sufi­
cientes. Esto es al menos lo que sucede ea circuns­ dado el carácter estacional de la agricultura. Para él
es muy difícil en la mayor parte de los casos hacerse
tancias normales. Ni el séquito de los príncipes
guerreros ni el de los héroes revolucionarios se pre­ representar por otro, aunque sea transitoriamente.
ocupan para nada de las condiciones de una econo­ Tampoco es libre, por ejemplo, e l médico, y tanto
inía normal. Unos y otros viven del botín, el robo, menos cuanto más notable sea y más ocupado esté.
las confiscaciones, las contribuciones o imponien­ P?r motivos puramente técnicos se libera, en cam­
bio, con mucha mayor facilidad el abogado, que por
do el uso forzoso de medios de pago carentes de va­
eso ha jugado como político profesional un papel
lor, procedimientos todos esencialmente idénticos.
Sin embargo, éstos son, necesariamente, fenómenos mucho más importante que e l médico y, con fre-
98 H POl.fTICO y t'LcrnNTfPICQ
LA POLfrlCA COMOVO<".AClóN 99

cuencia, un papel resueltamente dominante. Pero


todo en épocas extraordinarias, es decir, revolucio­
no vamos a continuar con esta casuística. Lo que
narias, el idealisn10 político totalmente desinteresa­
nos importa es poner en evidencia algunas conse­
do y exento de miras materiales es propio principal­
cuendas de esta situación.
mente, si no exclusivamente, de aquellos sectores
La dirección de un Estado o de un partido por
que, a consecuencia de su falta de bienes, no tienen
gentes que, en el sentido económico, viver: para la

política y no de la política, si ca necesaname� e �
interés alguno en el mantenimiento del orden eco­
nómico de una determinada sociedad. Queremos
un reclutamiento «plutocrático» de las capas polítl­

camente dirigentes. Esta afirmad�n n� mplica, n�­
decir únicamente que el reclutamiento no plutocrá­
tico del personal político, tanto de los jefes como de
turalmente, su inversa. El que tal direcc1on plutocra­
los seguidores, se apoya sobre el supuesto evidente
tica exista no significa que el grupo políticamente
� de que la empresa política proporcionará a este per­
doininante no ti-ate tan1bién de vivir «de» la política Y
sonal ingresos regulares y seguros. La política pue­
no acostumbre a utilizar también su dominación
de ser «honoraria», y entonces estará regida por
política para sus intereses económicos privados.
personas que llamaríamos «independientes», es de­
Evidentemente, no se trata de esto. No ha existido
cir, ricas, y sobre todo por rentistas; pero si la direc­
jamás ningún grupo que, de u� a u �tra form�, no lo
_ ción política es accesible a personas carentes de pa­
haya hecho. Nuestra afirmación s1gn1fica s1mple­ trimonio, éstas han de ser remuneradas. EJ político
mente que los políticos proft!sionalesude es�� clase profesional que vive de la política puede ser un puro
no están obligados a buscar una rernuner�c1on por <�prebendado» o un «funcionario» a sueldo. O reci­
sus trabajos políticos, cosa que, en cambio, deben be ingresos provenientes de tasas y derechos por
hacer quienes carecen de medios. De otra parte,
servicios determinados (las propinas y cohechos no
tampoco se quiere decir que los polític�s c� rentes de
_ . son más que una variante irregular y formalmente
fortuna se propongan solamente, y ru siquiera prin­
cipalmente, atender a sus p�opias ne�esi ades por� ilegal de este tipo de ingresos), o percibe un emolu­
mento fijo en especie o en dinero, o en ambas cosas
medio de la política y no piensen pnnc1palm.�nte a la vez. Puede asumir el carácter de un «empresa­
«en la causa». Nada sería más injusto. La expenen­ rio», como sucedía coa el condottiero o el arrendata­
cia enseña que para el hombre adinerado la preocu­ rio o comprador de un cargo en el pasado y sucede
pación por la «seguridad» de su existencia�· coas· hoy con el boss americano, que considera sus gastos
ciente o inconscientemente, un punto cardinal de
c?mo una inversión de capital a La que hará produ­
toda su orientación vital. Como puede verse sobre
Cl.r beneficios utilizando sus influencias. O recibe un
IOO r.. VULf·rrco y J:.f CLEN'l'(f(CO
il LA l'OLtlICA COl'\10 VOCACIÓN JO}

sueldo fijo, como es el caso del redactor de un perió­ ción de la Constitución, en partidos cazadores de
dico político, o de un secretario de partido o de un cargos, que cambian su programa objetivo de acuer­
ministro o funcionario político moderno. En el pa­ do con las posibilidades de captar votos. Hasta
sado, las remuneraciones típicas con que los prínci­ hace pocos añ.os, en .España se alternaban los dos
pes, conquistadores o jefes de partidos triunfantes grandes partidos, mediante «elecciones» fabricadas
premiaron a sus seguidores fueron los feudos, las por el poder y siguiendo un turno fijo convencio­
donaciones de tierras, las prebendas de todo género nalmente establecido para proveer con cargos a sus
y, más tarde, con el desarrollo de la economía mone­ respectivos seguidores. En las antiguas colonias es­
taria, Las gratilicaciones t:�p-:.::i:l!e�. Lo que los jefes pañolas, tanto con las «elecciones» como con las lla­
de partido dan hoy com<:> pago de sérvicios leales madas «revoluciones»)de lo que se trata siempre es
son cargos de todo género en partidos, periódicos, de los pesebres estatales, en los que los vencedores
hermandades, cajas del Seguro Social y organismos desean saciarse. En Suiza los partidos se reparten
municipales o estatales. Toda lucha entre partidos pacíficamente Los cargos en proporción a sus res­
persigue no sólo un fin objetivo sino también, y ante pectivos votos, y algunos de nuestros proyectos
todo, el control sobre la distribución de los cargos. constitucionales «revolucionarios», por ejemplo, el
Todos los choques entre tendencias centralistas Y primero que se confeccionó para Baden, quisieron
particuJaristas en Atemauia giran en tQ.rn?_ al pro­ extender este sistema a los cargos ministeriales, tra­
blema de qtúén ha de tener en sus n1ru1os la distribu­ tando al Estado y los cargós estatales como si fueran
ción de Los cargos, Jos poderes de Berlín o los de Mu­ simplemente instituciones para la distribución de
nich, Karlsruhe o Drcsde. Los partidos políticos prebendas. Sobre todo el Partido del Centro (Zen­
sienten más una reducción de su participación en trumspartei) se entusiasn16 tanto con el sistema que,
los cargos que una acción dirigida contra sus pro­ en Baden, convirtió en principio prograrnático la
pios fines objetivos. En Francia, un cambio politiCO distribución proporcional de los cargos entre las dis­
de prefectos es considerado siempre como una rever tintas confesiones, es decir, sin tomar en conside­
lución mucho mayor y arma mucho más ruido que ración ni siquiera el éxito de cada partido. Con el in­
una modificación del programa gubernamental, cremento en el número de cargos a consecuencia de
que tiene un significado casi exclusivamente fra· la burocratización general y la creciente apetencia
seológico. Ciertos partidos, como, por ejemplo, los de ellos como un modo específico de asegurarse el
americanos, se han convertido, desde que desapare­ Porvenir, esta tendencia aumenta en todos los par­
cieron las viejas controversias sobre la interpreta· tidos, que, cada vez más, son vistos por sus seguido-
LA voLtrt<.:A CONJO VOr.ACION 103
!02 f:L roLffSCOY el.Cll:..NTCFlCO

cipes. En las reformas administrativas del empera­


res como un medio para Lograr el fin de procurarse
dor Max podemos ver cuán difícil les resultaba alos
un cargo.
funcionarios, incluso en momentos de apuro exte­
A esta tendencia se opone, sin embargo, la evolu­
rior y dominación turca, desposeer al príncipe de
ción del funcionariado moderno, que se va convir­
sus poderes en este terreno de las finanzas, que es el
tiendo en un conjunto de trabajadores intelectuales
que peor soporta el diletantismo de un gobernan­
altamente especializados mediante una larga prepa­
ración y con un honor estamental muy desarrolla �o, te que, además, en esa época era sobre todo un caba­
llero. El desarrollo de la técnica bélica hizo necesario
cuyo valor supremo es la integridad. Sin este funao­
. el oficial profesional, y el refinamiento del procedi­
nariado se cernería sobre nosotros el nesgo de una
terrible corrupción y una incompetencia ge� er �­ miento jurídico hizo necesario el jurista competente.
En estos tres campos el funéiónamiento profesional
ac1�­
zada, e incluso se verían amenazadas las realiz
ganó ya la batalla dentro de los Estados más desa­
nes técnicas del aparato estatal, cuya importancia
rrollados, en el siglo xv1. De este modo se inician si­
para la economía aumenta co1:1t inuam�nt � y ª.u;nen­
multáneamente el predominio del absolutismo del
tará aún 1nás gracias a la creciente soc1aliz
ac1on. �a
príncipe sobre los estan1entos y la paulatina abdica­
administración de aficionados basada en e1 spoils
system que, en Los Estados �nido�, p�rmi�a cam­ ción que aquél hace de su autocracia en favor de los
funcionarios profesionales, cuyo auxilio le era in­
biar cientos de miles de funcionarios, rnclu.1,dos los
repartidores de Correos, según e� res�ta�o de �a
dispensable para vencer aJ poder estamental.
Sin1ultán�amcntc con el ascenso deJ funcionaria­
elección presidencial, y no conoc1a el tunc1onano
profesional vitalicio, está ya, d��de h3:ce mucho
do profesional se opera también, aunque de modo
mucho más difícilmente perceptible, La evolución de
tiempo, muy disminuida por la Civil Servt�e Reforrri.
los «políticos dirigentes». Claro está que desde siem­
Necesidades puramente técnicas e ineludibles de la
pre y en todo el mundo habían existido esos conse­
administración impulsan esta evolución. A lo largo
jeros objet1vamente cualificados de Jos príncipes. La
de un desarrollo que dura ya quinientos años, el
necesidad de descargar en lo posible al sultán de la
·funcionario especializado según La división del tra-
bajo ha ido creciendo paul�tinamente e� E�opa. �� responsabilidad personal por el éxito de la gestión
gubernamental había originado en el Oriente la tí­
evolución se inicia en las ciudades y senonas italia pica figura del «gran visir». En Occidente, en la épo­
nas y, entre las monarquías, en los Estados crea��s ca de Carlos V, que es también la época de Maquia­
por los conquistado�es normandos. El paso dec1; 1
. . veto, y por influjo sobre todo de los informes de los
vo se dio en la admi n1strac1ónfinanciera de los p n
ll:
1

101 tL POl.t'tlCO y1<1.CIEt<Tfnco tJ. Pól.tnCACO�iO VOCAUÓN JOS

e1nbajadores venecianos, apasi.onadamente leídos del Consejo de Estado (o como en cada caso sella­
en los círculos diplomátjcos, la diplomacia fue la mase la suprema magistratura del Estado), trató de
primera en convertirse en un arte conscientemente escapar el príncipe, cada vez más en situación de di­
cultivado. Sus adeptos, en su 1nayoría humanistas, letante, a la creciente e inevitable presión de los fun­
se trataban entre sí como profesionales iniciados, cionarios profesionales, manteniendo en sus pro­
del mismo modo que sucedía entre los estadistas pias manos la dirección suprema. En todas partes se
humanistas chinos en el últiino período de la divi­ produjo esta Lucha latente entre la autocracia y el
sión del Imperio en Estados. La necesidad de con­ funcionariado profesional. Sólo al enfrentarse con
fiar la dirección formalmente unificada de toda Ja el Parlamento y las aspiraciones de los jefes de par­
política, incluida !a interna, a un solo estadisla diri­ tido al poder se 1nodlficó Ja situación. Condiciones
gente sólo apareció, sin embargo, de manera defini­ muy distintas condujeron, sin embargo, a w1 resul­
tiva e imperiosa, con la evolución constitucional. tado exteriormente idéntico, aunque, por supuesto,
Hasta entonces habían existido siempre, naturaJ­ con ciertas diferencias. Allí en donde, con10 sucedió
mente, personalidades aisladas que actuaban como en Alemania, la dinastía conservó en sus manos un
1
1
consejeros o, más exactamente, que actuaban de he- poder real, Los intereses del príncipe quedaron soli­
cho corno guías de los príncipes. Pero, incluso en los dariamente vinculados con los del funcionariado

1
Estados más adelantados, la organización de los f�ercte al Parlamento y sus deseos de poder. Los fun­
poderes había seguido iniciaLnente otros cam.inos. cionarios estaban interesados en que incluso los
Habían aparecido autoridades administrativas su­ puestos directivos, es decir, los ministerios, se cu­
premas de tipo colegiado. En teoría y, de modo pau· brieran con hombres procedentes de sus filas, fue­
latinamente decreciente, tainbién e n la práctica, ran cargos a cubrir por el ascenso de los funcio­
estas magistraturas colegiadas sesionaban bajo la �arios. El monarca, por su parte, estaba también
presencia personal del príncipe, que era quien to· tnteresado en poder nombrar Jos ministros a su gus­
maba la decisión. Con este sistema colegiado, que t� _Y de entre los funcionarios que le tenían devo­
conducía necesariamente a dictámenes, contradic· Cton. Al mismo tiempo, ambas partes tenían interés
támenes y votos motivados de la mayoría y la mino· en que, frente al ParJamento, la dirección política
ría, y, más tarde, con la creación de un consejo inte· apareciese unificaday cerrada; o lo que es lo mismo,
grado por hombres de su confianza (el «gabinete»), tenían interés en sustituir el sistema colegiado por
que actuaba paraJelamente a las autoridades oficia· un único jefe de gabinete. Para mantenerse formaJ­
les y canalizaba sus decisiones sobre las propuestas mente a salvo de las luchas entre los partidos y de los
rA PóL(T(CA CO"'i.0 V()CAt;ION 107
106 FL POLtnco y �ClENTfACO

democracias que recibieron su influencia se consti­


ataques partidistas, el monarca necesitaba además tuyó, frente a este sistema, ºU:º distinto e� el cual el
una persona que asumiera la responsabilidad, cu­ jefe del partido victorioso es situado, med1ant� elec­
briéndole a él, es decir, una persona que tomase la ción popular directa, a la cabeza de un equipo de
palabra en el Parlamento, se le enfrentara y tratara .
funcionarios nombrados por él m¡smo y queda des­
con los partidos. Todos estos intereses se conjuga­ ligado de la aprobación parlamentaria salvo por lo
ron aquí para actuar en la misma dirección y produ­ �
que toca al presupuesto y a la le? slación.
cir un ministro -funcionario individualizado y con La transformación de Ja pohtica en una «empre­
funciones de dirigente supremo-. Con mayor fuer­ sa», que hizo necesaria una preparación metódica
za aún llevó hacia la unificación del desarrollo del de los individuos para la lucha por el poder Y sus
poder parlamentario allí en donde, como ocurrió métodos como la que llevaron a cabo los par� idos
en Inglaterra, logró el Parlamento imponerse al modernos determinó la división de los funciona­
monarca. Aquí el gabinete, teniendo a su frente al di­
rigente parlamentario, al leader, se desarrolló

rios públi os en dos categ rfas bien .distintas aun­
?
_
que no tajantes: funcionarios profesionales, de una
como una comisión delpartido mayoritario, poder parte, y «funcionarios políticos» de la otra. A los
ignorado por las .leyes oficiales pero que era el úni­ .
funcionarios «políticos» en el verdadero senudo de
co poder políticamente decisivo. Los cuerpos cole­ .
la palabra cabe identificarlos ex:tenormente por el
giados oficiales no eran, en cuanto tales, órganos del hecho de que pueden ser trasladados o destitui �s.ª
?
poder realmente dominante de los partidos, y no _
placer, o «colocados en situación de d1spon1bili�
pód1an ser, por tanto, titLLlares del verdadero gobier­ dad», com.o sucede con los prefectos francese� Y los
no. Para afirmar su poder en lo interno y poder lle­
funcionarios semejantes de otros países, en d1�e­
var a cabo una política de altos vt1elos en lo externo, tral oposición con la «independencia» de lo� func�o­
un partido dominante necesitaba, por el contra­ narios judiciales. En Inglaterra son func1onar_i?s
rio, un órgano enérgico, digno de su confianza e in­ políticos todos aqueUos que, según una convenaon
tegrado solamente por sus verdaderos dirigentes; firmemente establecida, cesan en sus cargos cuando
este órgano era precisamente el gabinete. AJ mismo cambia la mayoría parlamentari ay, por tanto, el ga­
tiempo, frente al público, y sobre todo frente al pú­ binete. Entre los funcionarios políticos suelen o�­

blico parlamentario, necesitaba un jefe responsable tarse especialmente aquellos a quie es stá atnbUl­
� �
de todas las decisiones: el jefe del gabinete. Este sis­ do el cuidado de la «administración mterna» en
tema inglés de los ministerios parlamentarios fue
general; parte integrante principal de esta compe-
así trasladado al continente. Sólo en América y en las
108 109
P.L POL.trrco y EL.CIEN"Tlf(CO 1.J\ POL.trlC:A C0;'11l0 VOCA.Cl(°)N

tencia es la tarea «polftica» de mantener el «orden», frente a las necesidades cotidianas, cosa que no es en
es decir, las relaciones de dominación existentes. sí misma ninguna insensatez. EL ministro era sim­
Tras el decreto de Puttkamer, estos funcionarios te­ plemente el representante de La constelación de po­
nían en Prusia la obligación disciplinaria de «repre­ deres políticos existente, y su función era la de de­
sentar la política del Gobierno», y eran utilizados fender las medidas políticas que estos poderes
como aparato oficial para influir en las elecciones, lo determjnasen, resolver conforme a ellas las pro­
mismo que sucedía con los prefectos franceses. En el puestas de los especialistas que le estaban subordi­
sistema alemán, a diferencia de lo que ocurre en los nados e impartir a éstos las correspondientes direc­
demás países, la mayoría de los funcionarios <<poli- trices de orden político.
' esa
+;,..�<"�., "' ......h...: .... ......zr'....;"' et 1as m1sm
"
J •
· as nÜl
J_J__i_Qv q
""-""" &.V.,;, Exactamente lo mismo ocurre en una .em_pr
o», la
demás funcionarios en lo que respecta a la adquisi­ económica privada. El verdadero «soberan
en­
ción de sus cargos, para Ja cual se requería, como asamblea de accionistas, está tan privada de influ
­
norma general, un título académico, pruebas de ca­ cia sobre la dirección de la empresa como un «pue
blo» regido por funcionarios profesjonales. A su

pacitación y un determinado tiempo de servicio
previo. Los únicos que, entre nosotros, carecen de vez, las personas que determinan la política e la
.
un1s­
esta característica distintiva del moderno funciona­ empresa, Los integrantes del «Consejo de Adn
dar
riado profesional son los jefes del aparato político, tradón», dominado por los bancos, se limitan a
los nlinistros. Bajo el antiguo régimen se podía ser las directrices económicas y a designar a las perso­
ministro de Educación de Prusia sin haber pisado nas qtie han de adn1inistrarla, sin ser capac�s, sin
.
jamás un centro de enseñanza superior, mjeotras embargo, de dirigirla técnicamente por sí nnsmos
que, en principio, para ser consejero (Vortragender Hasta ahora tampoco ha innovado nada fundamen­
Rat) era requisito ineludible el haber aprobado las tal a este respecto la estructura actual del Estado re­
pruebas prescritas. Es evidente que, por ejemplo, voluco �
i nario, que ha entregado el poder so re :
la d­

cuando Althoff era ministro de Instrucción de Pru­ ministración a unos dilctantes puros que dLsporuan
s�a, los funcionarios profesionales especializados, de Las ametralladoras y querrían utilizar a los fun­
como el consejero o el jefe de sección, estaban infi­ cionarios profesionales sólo como mente y brazo
­
nitamente mejor informados que su jefe sobre los ejecutor. Las dificultades de este nuevo tipo de Esta
verdaderos problemas técnicos del ramo. Lo mismo do son otras, y no hemos de ocupamos aquí de ella�.
cuál
sucedía en Inglaterra. En consecuencia eran estos La cuestión que ahora nos interesa es la de
funcionarios también los que tenían un poder real sea la figura típica del político profesional, tanto la
110 hL.J!OL.flléÓ Y ELClllNTlP!Có lll
t..A VOif"l'CCA COMO VO�...AClON

del «caudillo» como Ja de sus seguidores. Esta figura disC\.�sos la­


tiempo en que se aprendía a componer
ha cambiado con el tiempo y se nos presenta hoy co_n�eJero po­
tinos y versos griegos para ll�?ar a ser
además bajo muy distintos aspectos. pohuco de un
lítico y, sobre todo, histonografo _
En el pasado, como antes veíamos, han surgido las
princ1p � ste fue el tiempo en que florecie,ron
· e. .c.
<<políticos profesionales» al servicio del príncipe en Y l�s pnno.pes
primeras escuelas de humanistas
.

su lucha frente a los estamentos. Veamos brevemen­ .


«Poetica». Entre
fundaron las primeras cátedras de
te cuáles fueron los tipos principales de esta especie. _ en�e, y aun-
nosotros esta época pasó muy ráp1dam
Frente a los estamentos, el príncipe se apoyó so­ stro s1stema de
que modeló de forma duradera nue .
bre capas sociales clisponibles de carácter no esta­ ten ido consecuen cia� pouuca · s
ens eña nza , no ha
mental. A estas capas pertenecían en primer lugar , e el Ex­
suced10 i:i
profundas. Muy distinto fue lo que
los clérigos, y eso tanto en las Indias Occidentales y es (o me1or, fue
tremo Oriente. El mandarín chino
Orientales com.o en La Mongolia de los lamas, las tie­ �ista de nuestro
originariamente) lo que fue el hum� .
rras buclistas de China y el Japón y los reinos cristia­ sncamente �ar­
Renacimiento: un literato humaru
nos. de la Edad Media. La razón de la importancia nt s hte�
mado como conocedor de los monum� �
que corno consejeros del príncipe alcanzaron Jos diario de L1
rarios del pasado remoto. Leyendo el
brahmanes, los sacerdotes budistas, Los lamas y lo que más
Hung Tcbang nos encontramos con que
los obispos y sacerdotes cristianos radica en el he­ buen �­
le enorgullecía era el escribir poemas Y ser .
cho de que podía estrucLÚrarse con ellos un cuadro
lígrafo. Este grupo social, con sus coo
ven�1onali �=
administrativo capaz de leer y escribir, susceptible China ant
mos construidos sobre el modelo de la
de ser empleado en la Lucha del emperador, o del ese país, �
gua, ha determinado todo el destino de _
príncipe o del khan, contra la aristocracia. A dife­ 1
tal hubiera sido también quizás nuestro destino �
rencia de lo que sucedía con el feudatario, el clérigo.
Los humanistas hubieran tenido en su épo�a.la mas
y sobre todo el clérigo célibe, está apartado del jue­ e:x:ito que
mínima posibilidad de lograr el mismo
go de los intereses políticos y económicos normales
aquéllos alcanzaron.
y no siente La tentación de crear para sus descendien­ Una vez
La tercera capa fue la nobleza cortesana.
tes un poder político propio frente al del señor. Sus er
que consiguieron desposeer a la nobleza d� su pod
propias cualidades estamentales lo «separan» de Jos a la
político estamental, los príncipes la at�a1ero�
medios materiales de La administración del príncipe.
corte y la emplearon en el servicio polít1co Y diplo­
_
mático. El cambio de orientación de nuestro s�
Una segunda capa del mismo género era l a de
los literatos con formación humanística. Hubo un de enseñanza en el siglo XVlI estuvo detenrunado
112 EL roLfr1co y ELCInN"l'íFICO
J/3

por el hecho de que, en lugar de los literarios huma­ go. Ni los elementos de un pensamiento jurídico ra­
nistas, entraron al servicio del príncipe políticos cional en la Escuela Mimamsa de la India ni el culto
profesionales procedentes de la nobleza cortesana. al pensamiento jurídico antiguo en el Islam pudie­
La cuarta categoría está constituida por una figu­ ron ilnpedir la sofocación del pensamiento jurídico
ra específicamente inglesa: un patriciado que agru­ racional por el pensamiento teológico. Sobre todo
pa tanto a la pequeña nobleza como a los rentistas no lograron racionalizar por entero el procedimien­
de las ciudades y que es conocida técnicamente por to. Esto sólo se ha conseguido merced a la recepción
el nombre de gentry. Originariamente el príncipe por los juristas italianos de la antigua jurispruden­
se atrajo a este grupo social para oponerlo a los ba­ cia romana, producto de una forma política total­
rones, y entregó a sus miembros los car!Y"" d<>1 sclf- mente única que nace como ciudad-Estado para
.
g,.,,,...,.,,....,pr•t p'<: .l .u.:.... 11.u..1<::11do cada vez más depen-
'
convertirse en Imperio mundial. Junto con esta re­
diente de ellos con posterioridad. La gentry retuvo cepción han coadyuvado ta1nbién a ese fin, por
todos los cargos de la administración local, desem­ supuesto, el usus modernus de los canonistas y
peñándolos gratuitamente en interés de su propio pandectistas de la Baja Edad Media y las teorías
poder social. Así ha preservado a Inglaterra de Ja jusnaturalistas, nacidas del pensamiento cristiano y
burocratización que ha sido el destino de todos los secularizadas después. Los grandes representantes
Estados continentales. de este racionalismo jurídico han sido elpodesta ita­
Una quinta capa, propia sobre todo del continen­ liano, los juristas del rey, en Francia, que crearon los
te europeo y de decisiva importancia para su estruc­ medios formales ele que el poder real se valjó para
tura poütica, fue la de los jw·istas universitarios. En acabar con la dominación de los señores, los cano­
nada se manifiesta con mayor claridad la poderosa nistas y teólogos jusnaturalistas del conciliarismo,
influencia del Derecho romano, tal como lo confi­ los juristas cortesanos y los ilustrados jueces de
los príncipes continentales, los monarcómacos ylos
guró el burocratizado Imperio tardío, que en el he­
cho de que sean Los juristas universitarios los que teóricos del Derecho natural en Holanda, los juris­
llevan a cabo la transformación de la empresa políti­ tas de la Corona y del Parlamento en Inglaterra, la
ca para convertirla en Estado racionalizado. Taro­ noblesse de robe de los Parlamentos franceses y, por
bién en Inglaterra ocurrió así, aunque allí las gran­ último, los abogados de la época de la Revolución.
des corporaciones nacionales de juristas estorbaron Sin este racionalismo no son imaginables ni el Esta­
la recepción del Derecho romano. En ningún otro do absoluto ni la Revolución. Tanto las representa­
lugar del planeta se encuentra un fenómeno análo- ciones de los Parlamentos franceses como los Cahiers
115
1 Jl1 Ct. POI trJCO Y .EL CJ..E.:-rtfl•ICO

en asunto técnicamente «bueno». Más de una vez., en


de los Estad.os Generales de Francia, desde el siglo
cambio, hemos tenido que presenciar cómo el
�� hasta 1 789, �stán repletos del espíritu de los
funcionario metido a político convierte en «malo»
Juristas. Al ex�m1nar la profesión de los miembros
con su gestión técnicamente «mala» un asunto que
de la Convención francesa. elegidos todos ellos de
en ese sentido era «bueno». La política actual se
acuerdo a las mjsmas nonnas, nos encontramos con
hace, cada vez más, de cara al público y, en conse­
un solo proletario, muy escasos empresarios bur­ cuencia, utiliza como medio la palabra habladay es­
g ueses y una gran masa de juristas de todas clases
_
sm los �uales sería impensable el espíritu especifi � crita. Pesar las palabras es tarea central y peculiari­
sima del abogado, pero no del funcionario que ni es
que arumó a estos intelectuales radicales y sus pro­
un demagogo ni, de acuerdo con su naturaleza, debe
yectos. A partir de entoflces la figura del abogado serlo y que, además, suele ser un pésimo demagogo
moderno �a estrechamente unida con la moderna
cuando, pese a todo, intenta serlo.
democracia. y de nuevo nos encontramos con que Si ha de ser fiel a su verdadera vocación (y esto es
abog�dos en �ste sentido, como un estainento inde­
decisivo para juzgar a nuestro anterior régimen), el
pendiente existen sólo en Occidente y sólo desde la
�edia, cuando, bajo la influencia de l a racio­ auténtico funcionario no debe hacer política, sino
•.

Ed�d limitarse a «administrar», sobre todo irnparcial­


�alizac1ón del procedimiento, empezaron a conver­ mente. Esta afirmación es también válida, oficial­
t1rs� en tales los «intercesores» (Fürsprech) del for­
mente al menos, para el funcionario político mien­
mal1s�a procedimiento germánico.
tras no esté en juego la (<razón de Estado», es decir,
La lDlportancia de los abogados en la poJitica oc­
. los intereses vitales del orden predominante. El fun­
cidental desde que se constituyeron los part1dos no
cionario ha de desempeñar su cargo sine ira et stu­
es, en modo alguno, casual. Una empresa política
�evada a cabo a través de los partidos quiere decir, dio, sin ira y sin prevención. Lo que le está vedado
es, pues, precisamente aquello que siempre y nece­
JUStamente, empresa de interesados, y pronto vere­
sariamente tienen que hacer los poütjcos, tanto los
mos 1 0 qu� esto significa. La función del abogado es
. _ jefes como sus segujdores. Parcialidad, lucha y pa­
.la de di
rigir con eficacia un asunto que los interesa­
sión (ira et studio) constituyen el elemento del polí­
dos le confían, y en esto, como la superioridad de la
tico y sobre todo del caudillo político. Toda la acti­
propag�da enemig� nos ha enseñado, el abogado
vidad de éste está colocada bajo un principio de
es supenor a cualqwer «funcionario». Puede hacer
. responsabilidad distinto y aun opuesto al que�orlen -
tr�u�far un asunto apoyado en argumentos lógicos
ta la actividad del funcionario. El funcionario se
debiles y en este sentido «malo», convirtiéndolo así
117
J 16 GJ.. POLfr1co y E.LCl,.üNTfF�CO

honra con su capacidad de ejecutar precisa y con­ fue Cleón, sino Pericles, el ptimero en llevar este
cienzudamente, como si respondiera a sus propias nombre. Sin cargo alguno u ocupando el único car­
convicciones, una orden de la autoridad superior go electivo existente (en las democracias antiguas
que a él le parece falsa, pero en la cual, pese a sus ob­ todos los demás cargos se cubrían por sorteo), el de
servaciones, insiste la autoridad, sobre la que el estratega supremo, Pericles dirigió la soberana ec­
funcionario descarga, naturalmente, toda la res­ clesia del demos ateniense. La demagogia moderna
ponsabilidad. Sin esta negación de sí mismo y esta se sirve también del discurso, pero aunque utiliza el
disciplina ética, en el más alto sentido de la palabra, discurso en cantidades aterradoras (basta pensar en
se hundiría toda la máquina de la Administración. la cantidad de discursos electorales que ha de pro­
El honor del cauPiUo polít'ic;o, ·es· decir, del estadista nunciar cualquier candidato moderno), su instru­
dirigente, está, p,or �l COQtrario1 en asumir personal- mento permanente es la palabra impresa. El publi­
! .•
----1•-
· 1 ',,.,. '
1 � -... - !J ..., .., -. ., Jva.uu..... _J � + _ ,,, ... cista político, y sobre todo el periodista, son los
• •

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c - � ,.... ,.,-.... �

, res-
'" ,...
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ponsabitidad que no debe ni puede rechazar o arro- representantes más notables de la figura del dema­
jar sobre otro. Los funcionarios con un alto sentido gogo en la actualidad.
ético, tales co1no los que desgraciadamente han Sería totalmente imposible intentar en esta confe­
ocupado entre nosotros una y otra vez cargos direc­ rencia ni siquiera un esbozo de la sociología del pe­
tivos, son precisamente 1nalos políticos, irresponsa­ riodismo moderno, tema que constituye, desde
bles en sentido político y por tanto, desde este punto cualquier punto de vista que lo consideremos, un
de vista, éticamente detestables. Es esto lo que lla­ capítulo aparte. Sí nos son necesarias, sin embar�o,
mamos «gobierno de fltncionarios», y no es arrojar unas pocas observaciones sobre el asunto. El perio­
ninguna mancha sobre el honor de nuestro funcio­ dista comparte con todos los demás demagogos, así
como también (al menos en el continente, a dife­
nariado el decir que, considerado desde el punto de
rencia de lo que ocurre en lnglatctray ocurría antes
vista del éxito conseguido, este sistema es política­
en Prusia) con el abogado y el artista, el destino de
mente falso. Pero volvamos de nuevo a Jos d.iferenteS
escapar a toda clasificación social precisa. Pertene­
tipos de políticos.
ce a una especie de casta paria que la «sociedad» juz­
Desde la aparición del Estado constitucional Y
más completamente desde la instauración de la de­ ga siempre de acuerdo con el comportamiento de
e
mocracia, el «demagogo» es la figura típica del jef sus miembros moralmente peores. Así logran curso
político en Occidente. Las resonancias desagrada­ las más extrañas ideas acerca de los periodistas y de
bles de esta palabra no deben hacer olvidar que no su trabajo. No todo el mundo se da cuenta de que,
118
E.Ll•OL.rrtco y El. CUINT-1.FtOO
L..� l"OLtl'lCACOMO VOCACION 119

aunque producida en circunstancias muy distintas,


una obra periodística realmente «buena» exige al Uegar hasta el poder por este camino son ahora me­

menos tanto espiritu como cualquier otra obra inte­ nores en general, de lo que eran en la pasada gen�­

lectual, sobre todo si se piensa que hay que realiza.ria ració�. Naturalmente, todo político de importancia
tenía necesidad de influencia sobre la prensa Y de
aprisa, por encargo y para que surta efectos inme­
diatos. Como lo que se recuerda es, naturalmente, la conexiones con ella, pero no cabía esperar q':1e, sal­

obra periodística irresponsable, a causa d e sus fu­ vo excepciones, salieran de entre sus filas los1efes de

nestas consecuencias, pocas gentes saben apreciar partido. La razón de esto hay que buscai:la en �a cre­
ciente falta de libertad (Unabkommlichke1t) del
que l a responsabilidad del periodista es mucho ma­
yor que la del sabio y que, por término medio, el periodista, especialmente del periodista falt°. de re­
.
sentido de l a responsabilidad del periodista honra­ cursos y en consecuencia ligado a su profes1on de­
'.
do en nada le cede al d e cualquier otro intelectual. terminada por el inaudito incre�ent� en actua lid ��
e intensidad de la empresa penodíst1ca. La nece�1-
Nadie quiere creer que, por lo general, la discreción
dad de ganarse el pan con arúculos diarios o sema-
del buen periodista es mucho mayor que l a d e las
demás personas, y sin embargo así es. Las tentacio­
nales es para el polftlCO
. un grillo que estorba el mo-
.
vimiento y conozco ejemplos de hombres nacidos
nes incomparablemente más fuertes que rodean
para ma�dar a quienes esa necesidad ha frena�o en
esta profesión, junto con todas las demás condicio­
el camino hacia el poder, creándoles inconvenientes
nes en que se <lesa rrolla la actividad del periodismo
externos y, sobre todo, obstáculos de orden in
· t�rno·
n1oderno, originaron con.secuencias que han acos­
Cierto es qne bajo el antiguo régimen, las relaoones
tumbrado al públ.ico a considerar la prensa con una
de la prensa �on los poderes del Estado y �e l? s par­
mezcla de desprecio y de lamentable cobardía. No
podemos ocuparnos hoy de Jo que habría que hacer tidos eran swnamente nocivas para el periodismo, Y
al respecto. Lo que aquí nos interesa es la cuestión este tema requeriría un capítulo aparte. Cierto talil­
.
bién que en los paises enemigos estas relaaones
del destino polftico de los periodistas, de sus posibi­
eran muy otras. Pero también para ellos omo P�ª
lidades de llegar a puestos directivos. Hasta ahora :�
todos los Estados modernos, parece valida la � -
esto sólo ha sido posible dentro del partido social­
mación de que el trabajador de1 peno · dismo nene
demócrata, y aun dentro de él los puestos d e redac­
cada vez menos m . fluenc1a políu.ca,
•; en tanto que el
tores eran más bien puestos de funcionarios y no es­ .
.

calones para conquistar unajefatura. magnate capitalista de la prensa (del tipo, por e1ern­
plo, de un lord Northcliffe) tiene cada v z
En los partidos burgueses, las posibilidades de �
Entre nosotros, los grandes consorciosmás:cap1talis-
121
120 V.I POt trrco y l!.L CU!.NTfFICO \,� POLtrlCAc;ó�lO VOCAC(Ó
t"

o sentido de la respon
no se consiga un más elevad
­

tas de la prensa, que se babfan apoderado sobre


cer diferencias entre los
sabilidad. Sin que quepa ha
todo de los periódicos con «anuncios por palabras»
(el típico Generalanzeiger), cultivaban con sumo partidos, fueron en gran _

parte los peri dicos de
cuidado la indiferencia política. Con una política los qu e inten tar on y ons1gu1eron una
peor fama �
independiente no tenían nada que ganar y corrían, sig uiend o este cami no. Las per�onas
mayor tirada
reporteros sensaci�na­
en cambio, el riesgo de perder la benevolencia eco­ que así actuaron, editores y
este modo dine-
nómicamente rentable de los poderes políticos esta­ listas tal vez hayan conseguido de
blecidos. El negocio de los anuncios pagados ha sido ;
ro, p ro seguramente
no han conseguido ho�
e en esta ex
a. No
periencia
_
así el camino por el que, durante la guerra, se inten­ cabe, sin embargo, ap oy ars

t , y aparentemente contin.la ir.�::::it:;.nJ.:..; hoy aún,
...
para oponerse al principi
o; la cuestión es muy com
validez gene�al.
­

eJercer sobre la prensa una influencia política de plicada y ese fenómeno no tiene
sido éste el camino
gran estilo. Aunque hay·que esperar que la gran Hasta ahora no obstante, no ha
prensa logrará sustraerse a esa influencia, la situa é empresa política res­
hacia la aut ntica jefatura o la

­

cómo se configura­
c ón es mucho más djfícil para los pequeños perió· ponsable, y no puede predecirse
es que la carrera
rán las cosas en el futuro. Lo cierto
d1cos. En todo_caso, y sea cual fuere su atractivo ysu
capacidad para dar a quien la s.igue influencia, posi­ periodística continúa siendo
una de la� n� ás� por­
d política. V1a que
tantes vías para la profesionalida
bilidades de acción y, sobre todo, responsabilidad
política, la carrera periodí::.tica no es actualmente no para todo el mln1do es facüb e y � m eno� que pa­
especialmente
(quizás debiera decirse que no es ya, o que no es to­ ra nadie para los caracteres débiles,
equilib ri� interno
davía) en nuestro pais LLOa vía normal para ascender para aquellos que s lo logran su
ó
amental b1�n s�gu­
a la jefatura polCtica. Resulta difícil decir si esta si­ cuando ocupan una situad ón est
tuación cambiaría o no con el abandono del princi­ ra. Aunque también la vida del ho
mbre de c1enc1a es
en su tor­
pio del anonimato, que muchos periodistas, aunque en sus comienzos azarosa, éste encuentra
lismos esta­
no todos ellos, consideran necesario. La experienóa no al menos una serie de convenciona
descarriarse.
. que la prensa alemana nos ha ofrecido durante la mentales definidos que le ayudan a no
es azarosa
La vida del p eriodista por el contrario,
guerra, confiando la «dirección» de ciertos periódi­ ,

desde todos los puntos de vista y


está r �
odea de
cos a escritores cualificados que firmaban siempre
unas condiciones que ponen a prueba

e
la s dad
con su propio nombre, ha evidenciado con algunos
casos bien conocidos que desgraciadamente no es interna como quizás no lo hace ninguna

otra s1 ua­
las expenen-
tan seguro como podría pensarse que por este can:ú- ci6n. Y tal vez no sean lo peor de ella
122

lAPOLI�'lCll. COM() VOCACIÓN 123


cias frecuentemente am
argas de la vida profesion
Son precisamente los pe al.
riodistas triunfantes los te extensas, es decir, con territorio y tareas superio­
se ven situados ante ret que
os especialmente difícil res a los de los pequeños cantones rurales, en las que
No es ninguna bagatel
a eso de moverse en los
es.
salo­
.
se celebren elecciones periódicas P,ª�ª desi.gnar a os �
nes de Jos grandes de est titulares del poder, la empresa polítlca es necesan�­
e mundo, en pie de iguald
con ellos y, frecuentem ad
ente incluso, rodeado de mente una ernpresa de interesados Queremos decir
lagos, originados en ha­ :
el temor, sabiendo al mi con esto que los primariament� interesados �n la
tiempo que apenas ha smo
ya uno salido, tal vez el vida política, en el poder polit1co, reclutan hbre­
trión tenga que excusar anfi­
se ante sus demás invita mente a grupos de seguidores, se presentan ell�s
por tratar a los «plilos dos
de la prensa>>. Como tam mismos o presentan a sus protegidos �orno cand ­
poco �
es ciertainente ningu datos a las elecciones, reúnen los medios econónn-
na bagatela la obligación
de te­
nerse que pronunciar ráp . . os y t1·atan de ganarse los. votos. No es
..,.,..;
cos neces...
ida y convincentemente so .
bre todos y cada uno de ­
los asuntos que el «mercad imaginable que en las grandes asoc1ac1ones puedan
reclaina, sobre todos los o»
problemas imaginables, elu realizarse elecciones prescindiendo de est�s empre­
diendo caer no sólo en ­
la supei:ficialidad absolut sas' en general adecuadas a su fin. Prácticamente
sino también en la ind a, . . .
ignidad del exhibicion · dadanos con dere-
esto significa Ja cliv1s1ón de los ctu
ismo .
con todas sus amargas cho a voto en elementos polítican1ente actJvo y �o-
���t�
consecuencias. Lo asomb �
so n.o es que haya mu
chos periodistas hu1nana
men­
ro­
líticamente pasivos, pero como esa d eren �
.
te desca1·i:iados o de arranca de la voluntad de cada cual es impos1 e
spreciables, sino gue, pe
se a .
todo, se encuentre en minarla por medios tales como los del voto obli�a­
tre ellos un ntímero mucho
mayor de lo que la gente torio o la representación «corporativa», o caalqui�r
cree de hombres valiosos
realmente auténticos. y
otro que explícita o implíciLamente se propong� ir
Mientras que el periodis . _
ta como tipo de político contra esta realidad, es decir, contra la do��ac10n
profesional tiene ya un .
pasado apreciable, la figura de los políticos profesionales. Jefatura y ni hta�c1a
delfuncionario de parti . �
do se ha desarrollado sola­ como elementos activos para el reclutanuento libre
mente en los últimos de de nuevos miembros y, a través de éstos del ele�o­
cenios y, en parte, sólo en los ?
últimos años. Tenemos rado pasivo, a fin de conseguir la elección del Jefe,
gue dirigir ahora nuestra .
atención a los partido son elementos vitales necesarios de todo parudo.
s y a su organización para
comprender esta figura
en su evolución histórica
. �s en cuanto
�stos difieren, sin embargo, unos de otr
En todas las asociacion a estructura. Así. por ejemplo, los «partld s» e las

es políticas median:amen- �
ciudades medievales, como los güelfos Y gibelinos,
124 125
1.1. Pc:lltrlCO Y F.L CU!:-.JTfFtCO

la antigua
eran séquitos puramente personales. Al estudiar cada so han recurrido de nuevo a los agentes de
su poder.
Statuto della parte Guelfa, la confiscación de los bie­ Okrana como instrumento principal de
s no es de
nes de los nobili (originariamente se consideraban Pero de lo que aquí tenemos que ocuparno
profe­
nobili todas aquellas familias que vivían al modo ca­ estos aparatos de fuerza, sino de los políticos
a través
balleresco y podían, por tanto, recibir un feudo), sionales que intentan conquistar el poder
partido
que estaban también excluidos de los cargos y del del prosaico y «pacífico» reclutamiento del
dere�h ? a voto, Jos comités interlocales del partido, en el mercado electoral.
hoy da­
sus ng1das organizaciones militares y los premios También estos partidos, en el sentido que
(así, por
mos a l a palabra, fueron originariamente
- ·
para los denunci�otes, se siente uno tentado de pen-
. .sar en el bo!c�evtsmo con sus soviets, sus organiza­ �
ejemplo, en Inglaterra) simples séq tos de
la � to­
ido,
c1one� <... wua.u.v,,u.aj•"''"��
..:-:1�crinnada� rlc rniEci� y cracia. Cada vez que un par cambiaba de part
que de
(sobre todo.en Rusia) aeoespionaje; sos confiscacio­ pasaban también al nuevo partido tod,os los
nes, el desarme y la privación de derechos políticos él dependían. Hasta la promulgación del Reformbi
l�
a los «burgueses», es decir, a los empresarios, co­ las grandes familias de la nobleza, incluida la fami­
n1erciantes, rentistas, clérigos, miembros de la di­ lia real, tenían el patronato de un inm.enso número
partidos de
nastía depuesta y agentes de policía. Más impresio­ de distritos electorales. Próxin1os a estos
u...i.,� h ...>ull.l dun la aualvgía si se tiene
en c;:uenta la aristocracia estaban los partidos de notables
gue, de �a parte, la organizacióJ1 militar de áquel (Honoratiorenpari-eien) que en todas partes surgie­
_
partido guelfo era una pura milicia de caballeros en ron con la toma del poder por la burguesía. Bajo la
tí­
la que sólo entraban quienes lo eran y que casi todos dirección espiritual de los grupos de intelectuales
los cargos dirigentes fueron ocupados por nobles y picos del Occidente, los grupos sociales con «educa­
gu�, de la otra, los soviets han mantenido al empre­ ción y bienes» se dividieron en partidos, determina­
_ _ .
sario bien retnbu 1do, el salario a destajo, el trabajo dos en parte por diferencias de clase, en parte por
en cadena y la disciplina militar y laboral 0 más
,
tradiciones de familia y en parte por razones pura­
exactamente, han introducido de nuevo todas estas mente ideológicas. Clérigos, maestros, profesores,
insti�uciones y se han puesto a buscar capital ex­ abogados, médicos, farmacéuticos, agricultores ri­
tran1ero; que, en una palabra, para mantener al cos, fabricantes y, en Inglaterra, todo ese grupo social
funcionamiento del Estado y de la economía han te­ que se incluye entre los gentlemen constituyeron en
nido que aceptar de nuevo todas aquellas institucio­ un primer momento asociaciones ocasionales o,
nes que ellos combatieron como burguesas e inclu- en todo caso, clubs políticos locales; en momentos de
l..A l'O.Lf'rlCA COMO VOC:AClt"IN
J27
126 l:l l'OLtnco y f..L ClE...vr(PJOO

dicas y asambleas públicas para escuchar los infor­


crisis se les sumó La pequeña burguesía y, ocasional­
. mes de los diputados. La vida activa se reduce a la
men�e, incluso el proletariado, cuando contó con
época de las elecciones.
caudillos que, por regla general, no procedían de sus
La fuerza que impulsa el establecimiento de
filas. En este estadio del desarrollo todavía no exis­
vínculos más fumes entre los distintos núcleos que
ten en el país los partidos como asociaciones per­
configuran el partido es el interés de los parlamen­
manentes con organización interlocal. La unión
tarios por hacer posibles compron1isos electorales
entre los distintos grupos locales está asegurada so­
interlocales y por disponer de la fuerza que suponen
lamente por los parlamentarios, y los notables de
una agitación unificada y un programa también
cada localidad tienen una influencia decisiva en la
unificado y conocido en amplios sectores de todo el
proclamación de candidatos. Los programas nacen,
país. El partido continúa, sin embargo, teniendo
en parte de las declaracion�s R�?pag_an9.f����s de
� . , el carácter de simple asociación de nc:>tables, aun
_

_
los candidatos, y en parte, de la aahesión a los con­
cuando exista ya una red de círculos p'artidistas, in­
gresos de notables y a las resoluciones de los grupos
cluso en las ciudades medianas, y un conjunto de
parlamentarios. La dirección del club o donde,
«hombres de confianza» que abarcan todo el país
como en la mayoría de los casos, éste no existe la
gestión no organizada de la empresa política qu da � y con los cuales puede mantener correspondencia


en manos de as pocas personas que, en tiempos
permanente un mie1nbro del Parlamento como diri­
gente de Ja oficina central del partido. Fuera de esta
nonnales, se interesan permanentemente en ella,
oficina central no existen aún funcionarios paga­
para las cuales se trata de un trabajo ocasional que
dos. Los círculos locales eslán dirigidos por per­
desempefian como profesión secundaria o simple­ sonas «bien vistas» que ocupan este puesto a causa
� ,
�ente a tít o honorifico. Sólo el periodista es polí­ de la estimación de que, por distintas razones, son
tico profesLonal y sólo la empresa periodística es, en
objeto. Son éstos Los notables extraparlamentarios,
general, u na empresa política permanente. Junto a que disponen de una influencia paralela a la del
_
ella no eXlste más que la sesión parlamentaria. Por
grupo de notables políticos que ocupan un puesto
supuesto, los parlamentarios y sus dirigentes sabían
c?mo diputados en el Parlamento. El ali.mento espi­
bien a qué notable local habían de dirigirse cuando
ritual para la prensa y Las asambleas locales lo pro­
parece deseable una determinada acción política. porciona cada vez en mayor medida la correspon­
Sólo en las g��des ciudades existen, sin embargo, dencia editada por el partido. Las contribuciones
círculos partidistas que reciben aportaciones mode­ regulares de los miembros se hacen indispensables y
radas de sus miembros y celebran reuniones perió-
128 PI í'Ot..t'rtco y hl..ClRl\""l'tFICO LA POl.fl ICA COMO VOCAClóN 129

con una parte de ellas se atiende a los gastos del or­ ción del diputado del distrito, a quien el ministro, si
ganismo central. En este estadio se encontraban no era de su mayoría (y por esto todo el mundo trataba
hace aún mucho La mayor parte de los partidos ale­ de que lo fuese), estaba obligado a escuchar de peor
manes. En Francia se estaba parcialn1ente todavía o mejor gana. Cada diputado tenía el patronazgo de
en el primer estadio, el de una lábil vinculación en­ los cargos y, en general, de todos los asuntos dentro
tre los parlamentarios, un pequeño número de no­ de su propio distritoy, a su vez, se mantenía vincula­
tables locales a todo lo ancho del país y programas do con los notables locales a fin de ser reelegido.
elaborados por los candidatos o por sus patronos en Frente a esta idilica situación de la dominación de
cada distrito y para cada elección, aunque existe los notables y, sobre todo, de los parlamentarios, se
también una mayor o menor adhesión local a las re­ alzan hoy abrupta1nente las má.s modernas formas
soluciones y programas de los parlamentarios. Sólo de organizadón de los partidos. Son hijas de la de­
cu p...rt<.' se h� -.J...id.1L·a.rnaao 11oy eslc sistema. El nú­ mocracia, del derecho de las masas al sufragio, de la
mero de quienes hacían de la política su profesión necesidad de hacer propaganda y organizaciones de
principal en\, así, pequeño, y se limitaba en lo esen­ masas y de la evolución hacia una dirección más
cial a los diputados electos, los escasos funcionarios unificada y una disciplina más rígida. La domina­
de los organismos centrales, los periodistas y, en ción de los notables y el gobierno de los parlamen­
Francia, además, aquellos «cazadores de cargos» tarios han concluido. La empresa política queda en
que ocupaban un «puesto político» o andaban bus­ lllanos de «profesionales» a tiempo completo que
cándolo. FormaJmente la política era predominan­ se mantienen fuera del Parlamento. En unos casos
temente una profesión secundaria. El número de son «empresarios» (así el boss americano y el elec­
diputados «ministrables» estaba estrechamente li­ tion agent inglés); en otros, funcionarios con suel­
mitado, así como también, dada la naturaleza del do fijo. Formalmente se produce una acentuada de­
sistema de notables, el de candidatos. No obstante, mocratización. Ya no es la fracción parlamentaria la
eran muchos los interesados indirectamente en la que elabora los programas adecuados, ni son los no­
política, sobre todo desde el punto de vista material. tables locales quienes disponen la proclamación de
Para todas las medidas que un ministerio adoptase candi.datos. Estas tareas quedan reservadas a las
y para la solución de todos los problemas persona­ asambleas de miembros del partido, que designan
les se tomaba en cuenta su eventual repercusión so­ candidatos y delegan a quienes han de asistir � las
bre las posibilidades electorales y, de otra parte, asambleas superiores, de las cuales, a ser posible,
para lograr cualquier deseo, se buscaba la inedia- habrá varias hasta llegar a la asamblea general del
<
130 UL VOLf"'flCO Y r.L CIE1'n"JFrOO LA POLtftCA C::.í.)t.10 V0t..ACIÓN 131

partido (Parteitag). Naturalmente, y ?e acuerdo con tribución. También en lo ideal uno de los móviles
su propia naturaleza, el poder está, srn embargo, en más poderosos de la acción reside en la satisfacción
manos de quienes realizan el trabajo wntinuo den­ que el hombre experimenta al trabajar, no para el
tro de la empresa o de aquellos de quienes ésta de­ programa abstracto de un partido integrado por
pende personal o pecuniariamente, como son, por mediocridades, sino para la persona de un jefe al
ejemplo, los mecenas o los dirigentes de los podero­ que él se entrega confiadamente. �ste es el elemento
sos clubs políticos del tipo del Tammany-Hall. Lo «carismático» de todo caudillaje.
decisivo es que todo este aparato humano (la «má­ Esta forma se ha impuesto en medida muy diver­
quina», como expresivamente se dice en los ��íses sa en los distintos
partidos y países, y siempre en lu­
anglosajones) o más bien aquellos que lo d1ngen cha constante con Jos notables yparlamentarios que
están en situación de neutralizar a los parlamenta­ defienden su propia influencia. Primero se impuso
rios y de imponerles en gran par-te su propia volun­ en los partidos burgueses de los Estados Uñidos,
tad. Este hecho es de especial importancia para la más tarde en los partidos socialdemócratas, sobre
selección de la dirección del partido. Ahora se con­ todo en el alemán. La evolución que lleva hacia ella
vierte en jefe aquel a quien sigue la maquinaria del experimenta continuamente retrocesos cada vez
partido, induso pasando por encima del Parlan;ien­ que no existe un caudillo generalmente reconocido,
to_ La creación de tales maquinarias significa, d1c o � e incluso cuando tal caudillo existe hay que hacer

con otras palabras, la instauración de la democracia concesiones a la vanidad y a los intereses de los no­
plebiscitaria. tables del partido. El riesgo principal, sin embargo,
e
Es evidente que la mi]itancia del partido, sobr lo constituye la posibilidad de que la maquinaria
todo los funcionarios y empresarios del mismo, es­ caiga bajo el don1iJúo de los funcionarios del parti­
peran del triunfo de su jefe una retribución perso n�l d? en cuyas manos está el trabajo regular. En opi­
en cargos o en privilegios de otro género. Y lo deo­ �16n de algunos círculos socialdemócratas, su par­
nta­

sivo es que lo esperan de él y no de los parlame tido ha sido victilna de esta «burocratización». Los
rios o no sólo de ellos. Lo que esperan es, s � b «funcionarios», no obstante, se inclinan con bastan­
todo, que el efecto demagógico de la pers � na
a
lid te facilidad ante una personalidad de jefe que actúe
s para el partido en
la �etnagógicamente, pues sus intereses, tanto mate­
del jefe gane votos y mandato _

contienda electoral, dándole así poder y aumen�ao liales como espirituales, están vinculados a Ja ansia­
do, en consecuencia, hasta el máximo las posibilida­ '.1a toma del poder por el partido, y, además, el traba­
des de sus partidarios para conseguir la ansiada re- Jar Para un jefe es algo íntimamente satisfactorio en
132 SL POI�fTfCO y l?L Ctl!.1'-r1te1co LA POt..rrrcA COMO VQCACtON 133

sí mismo. Mucho más difícil es el ascenso de un jefe terratenientes de cada county,


mientras que los
allí en donde, como sucede en la mayoría de los par­ whigs, por su parte, tenían el sostén de personas ta­
tidos burgueses, existen además de los funcionarios les como el predicador no conformista (en donde lo
unos «notables» con influencia sobre el partido. Es­ había), el administrador de correos, el herrero, el
tos notables, en efecto, «tienen puesta su vida» deal­
i sastre, el cordelero, es decir, todos aquellos artesa­
mente en los pequefios puestos que, como miem­ nos que ejercen una influencia política porque ha­
bros de la presidencia o de distintos comités, ellos blan con mucha gente. En las ciudades la división
ocupan. Su actitud está determinada por el resenti­ entre los partidos se hada sobre la base de las distin­
miento contra el demagogo como homo novus, la tas opiniones económicas y religiosas o, simple­
convicción en la superioridad de la «<experiencia» mente, de acuerdo con la tradición familiar de cada
partidista (que objetivamente es considerablemen­ cual. En todo caso, Jos titulares de la empresa politi­
te importante en más de uña' ocasión) y'la preocu­ ca eran siempre notables. Por encima de todo esto se
pación ideológica por el quebrantamiento de las situaban el Parlamento, el gabinete y los partidos
viejas tradiciones del partido. Todos los elementos con su respectivo leader, que era presidente del
tradicionalistas del partido están a su favor. El elec­ Consejo de Ministros o de la oposición. Cada leader
tor pequeñoburg�és y, sobre todo, el elector rural tenía jwlto a sí a un político profesional que desem­
van detrás del. nombre de los notables que les es co­ peñaba el papel más importante de la organz i ación
nocido desde hace mucho tiempo y en efque conñan; del partido: el «fustigador)) (whip). Era éste quien
desconfían, en cambio, frente al desconocido, tenía en sus manos el patronato de los cargos y a él
aunque, por lo demás, si éste alcanza el éxito se en­ era por lo tanto a quien tenían que dirigirse los caza­
tregarán a él inquebranlablemente para el futuro. dores de cargos y qujen se entendía sobre estas cues­
Veamos ahora algunos ejemplos importantes de la tiones con los diputados de cada distrito. En estos
contienda entre estas dos formas estructurales y del últimos comenzó lentamente a desarrollarse un
surgimiento de Ja forma plebiscitaria, estudiada es­ nuevo tipo de político profesional a medida que en
pecialmente por Ostrogorsk.i. ellos se iba recurriendo a agentes locales a Los que,
Comencemos por Inglaterra. Hasta 1868, la orga· eu lll1 primermomento, no se Les pagaba y que asu­
nización de los partidos era allí una organización de mieron una posición más o menos parecida a la de
notables casi pura. En el campo, los tories se aPoya­ nuestros ((hombres de confianza>>. Junto a ellos apa­
ban en los párrocos anglicanos, en la mayor parte de reció, sin embargo, en los mismos distritos, una fi­
los maestros de escuela y, sobre todo, en los mayores gura de empresario capitalista, el election agent,
. .
134 lI 1'01.frlCO '( l!L CJJiNTfFJCO LAf'Ol..trJCACOMO VOCA
tI
. ON 135

cuya existencia se hacía inevitable una vez promul­ necesario crear un enorine aparato de asociacio­
gada la nueva legislación dirigida a asegurar la pu­ nes aparentemente democráticas, establecer una
reza de las elecciones. Esta legislación intentaba, en asociación electoral en cada barrio, mantener toda
efecto, controlar los costos electorales y oponerse al esta empresa en permanente 1novimiento y buro­
poder del dinero, para lo cual obligaba a los candi­ cratizado todo profundainente. Aparece así un nú­
datos a confesar lo que les había costado la elección, mero cada vez mayor de empleados pagados por los
pues éstos para conseguir el triunfo estaban obliga­ comités electorales locales, en los que pronto quedó
dos no sólo a enronquecer a fuerza de discursos, encuadrado quizás un 10 por 100 del electorado y
sino también a aflojar La bolsa más aun de lo que an­ una serie de intermediarios principales, elegidos,
tes sucedía entre nosotros. Con la nueva legislación, pero con derecho de cooptación, que actúan for­
el election agent se hacía pagat'por el E:aedidato.una malmente corrio promotores de la política del parti­
cantidad global, haciendo así un buen negocio. En do. La fuerza impulsora de toda esta evolución fue­
la distribución del poder entre leader y notables del ron los círculos locales, interesados sobre todo en la
partido, tanto en el Parlamento como en el país, poütica municipal (que es en todas partes la fuente
aquél había tenido desde siempre en Inglaterra la de Las n1ás enjundiosas posibilidades materiales),
mejor parte, como n1edio imprescindible para per­ que eran también quienes hacían la principal apor­
mitirle hacer una politka pennan'ente y de gran es­ tación financiera. Esta naciente maquinaria, que no
tilo. Pese a ello, sin embargo, la influencia de los par­ estaba dirigida ya desde el Parlamento, tuvo que Li­
la1nentaríos y de los notables continuaba siendo brar pronto combate con quienes hasta entonces ha­
considerable. bían tenido en sus n1anos el poder, especialmente
Éste era el aspecto que ofrecía La vieja organiza­ con el whip. Apoyada en los interesados locales, lo­
ción de los partidos, en parte economía de notables gró, sin embargo, triunfar hasta tal punto que el whip
y en parte ya también empresa con empleados Y tuvo que sometérsele y pactar con ella. El resultado
empresarios. A partir de l 868, sin embargo, se de­ fue una centralización del poder en manos de unos
sarrolló, primero para las elecciones locales de Bir­ pocos y finalmente de uno solo, situado en la cúspi­
mingharn y después para todo el país, el llamado de del partido. En el partido liberal, en efecto, el sis­
tema se establece en conexión con el ascenso de
Caucus-System. Un sacerdote no conformista y, jun­
to a él, José Chamberlain, fueron los que dieron vida Gladstone al poder. Lo que con t.anta rapidez dio a
a este sistema, que nació con ocasión de la democra­ esta maquinaria el triunfo sobre los notables fue la
tización del voto. Para ganarse a las masas se }rizo fascinación de Ja «gran» demagogia gladstoniana,
136 fL POIST'lCÓ Y LL Clt:�rl't.flCO LA l'OLl11CAf...:01\.lO VOCACION 137

la ciega fe de las 01asas en el contenido ético de su polí­ ceo también posibilidades de satisfacer la vanidad.
ticay, sobre todo, en el carácter ético de su persona­ Llegar a ser «J. P.» o incluso «M. P.» es aspiración na­
lidad. Aparece así en la política un elemento de cesa­ tural de las máximas ambiciones (normales) y es
rismo plebiscitario, el dictador del campo de batalla gracia que se concede a las personas que pueden ex­
electoral. Muy pronto había de ponerse de manHies­ hibir una buena educación, a los gentle1nen. Como
to la nueva situación. En t 877, cuando por primera honor supremo resplandece la dignidad de par,
vez. se emplea en las elecciones nacionales, el cauc11s especialmente para los grandes mecenas, y no hay
consigue ya un triunfo resonante, cuyo resultado que olvidar que las finanzas de los partidos depen­
fue la caída de Disraeli en el momento preciso de sus den, quizás en un 50 por 100, de los donativos
grandes éxitos. Er. 18e6 la maqcinaria estaba ya anónimos.
hasta tal punto orientada carismáticamente hacia la ¿Cuál ha sido el efecto de este sistema? El de que
persona del jefe que cuando se planteó la cuestión hoy en día, con excepción de algún que otro miem­
del Home-rule, el aparato entero, de arriba abajo, no bro del gabinete (y algunos originales), los miembros
se preguntó sj compartía objetivamente la opinión del Parlamento son, por lo general, unos horre�
de Gladstone, sino que simplemente se dijo «le se­ gos votantes perfectrunente disciplinados. En nues­
guiremos haga lo que haga» y cambió de actitud tro Reichstag los diputados acostumbraban, al me­
para obedecer sus órdenes, dejando así en la estaca­ nos, a simular que estaban trabajando por el bien
da a Chamberlain, su propio creador3• del país cuando aprovecl1aban sus respectivos pupi­
Esta maquinaria requiere un considerable apa­ tres para despachar durante la sesión su propia co­
rato de personal. Actualmente pasa de 2.000 el núme­ rrespondencia privada. En Inglaterra no son ne­
ro de personas que viven en lnglaterra directamente cesarios los gestos de este tipo. Lo único que el
de l.a ·política de Los partidos. Numerosísimos son miembro del Parlamento tiene que hacer es votar y
también quienes colaboran como interesados o no traicionar al partido; tiene que comparecer
como cazadores de cargos en la política, especial­ cuando el whip Lo convoca para hacer lo que, según
mente en la política municipal. Además de posibi­ el caso, han dispuesto el gabinete o el leader de La

lidades económicas, al político del caucus se le ofre- º.Posición. Cuando existe un jefe fuerte, la maquina­
ria del caucus se mantiene en el país poco menos
3. Las fechas que se citan en el texto están erradas. El triun�o que sin conciencia propia y entregada p<>r completo
electoral de Gladstone se produjo en 1874, y su cambio de opi· ª la
voluntad del jefe. Por encima del Parlamento
.nión respecto de la cuestión del «Home rule» irlandés, en 1886·
está así el dictador plebiscitario que, por medio de la
(N. del T.)
l.A l'OLll"lCA CQM('IVOCACic:)N 139
138 nL POLtilCO Y J!L CJ
ENT1F1CO

maquinaria, arrastra a la Jnasa tras sí y para quien da de la estructura moderna si se la compara con la
los parlamentarios no son otra cosa que simples organización de los partidos americanos, que acu­
prebendados políticos que fonnan su séquito. ñó de forma especialmente temprana y pura el prin­
¿Cómo se produce la selección del caudillo? Y en cipio plebiscitario. En el pensamiento de Washing­
primer lugar ¿qué facultades son las que cuentan? ton, América debería haber sido una comunidad
Aparte las cualidades de la voluntad, decisivas para administrada por gentlemen. En aquel tiempo un
todo en este mundo, lo que aquí cuenta es, sobre to­ gentleman era también en América un terrate­
do, el poder del discurso demagógico. Su estilo ha niente o un hombre educado en un colegio. En los
cambiado mucho desde los tiempos de Cobden, en primeros tiempos de su independencia América fue
que se dirigía a la inteligencia, pasando por los de efectivamente así. Al constituirse los partidos, Los
Gladstone, que era un especialista en la aparente so­ miembros de la Cámara de Representantes comen­
briedad de «dejar que los hechos hablen por sí solos», zaron a tener la pretensión de convertirse en diri­
hasta La actualidad, cuando para mover a las masas se gentes políticos, como había sucedido en Inglaterra
utilizan frecuentemente medios puramente emocio­ en la época de la dominación de los notables. La or­
nales de la misma clase que los que emplea el Ejército ganización de los partidos era muy laxa. Esta situa­
de Salvación. Resulta licito calificar La situación pre­ ción se mantuvo hasta 1824. Ya antes de la década de

sente como ((dictadura basada en la utilización de la 1820 había con1cnzado a formarse la maquinaria
emotividad de las masas». Pero al mismo tiempo, partidista en algunos munici pios, gue también aquí
fueron los semilleros de la nueva evolución. Pero es
el complicad1süno sistema de trabajo en comisión del
sólo la elección corno presidente de Andrew Jack­
Parlamento inglés hace posible que colabore todo po­
lítico que quiera participar en la dirección de la polí­ son, el candidato de Los campesinos del Oeste, la que
tica, e incluso Je obliga a ello. Todos los ministros -de arroja por Ja borda las viejas tradiciones. Formal­
algún reJieve que han ocupado el cargo en Los últimos mente la dirección de los partidos por los principa­
decenios tienen detrás de ellos este muy real y eficaz les parlamentarios termina poco después de 1840,
cuando los grandes parlamentarios como Calhoun
.trabajo formativo. La práctica de los informes y la crí­
tica pública que en las sesiones de estas comisiones se YWebster se retiran de Ja vida poUtica porque, fren­
te a la maquinaria partidista, el Parlamento ha per­
hace convierten esta escuela en una verdadera selec­ .
dido ya casi todo poder en el país. La razón de que la
ción que excluye a los simples demagogos.
Así han ido las cosas en Inglaterra. El Caucus-Sys­ «máquina» plebiscitaria se baya desarrollado tan
pronto en América reside en el hecho de que allí y
tem, sin embargo, no es más que una forma debilita-
140
LA VOLrt'JCA C,¡{11\'IQ VOC,ACIO� 141

sólo alli el jefe del poder ejecutivo y (esto es, sobre están integrados, de manera muy democrática, por
todo, lo que importa) el patrono que dispone de to­ asambleas de delegados que, a Sll vez, han recibido
dos los cargos es un presidente plebiscitariamente mandato de las primaries, las asambleas de los elec­
elegido que, a consecuencia de la «división de pode­ tores del partido. Ya en estas primaries los delega­
res», actúa con casi total independencia frente al dos son elegidos por referencia al nombre de los
Parlamento. Es así la misma elección presidencial la candidatos a la jefatura del Estado. Dentro de cada
que ofrece como premio por la victoria un rico bo­ partido se desarrolla la más enconada lucha por la
tín de prebendas y cargos . El spoils system, eleva­ nomination. En manos del presidente quedan siem­
do por Andrew Jackson a la categoría de principio pre de 300.000 a 400.000 nombramientos de funcio­
sistemático, no hace más que sacar las consecuen- narios que él ha de hacer previa consulta con los se­
cias de esta situación.
··

. ,
nadores de cada Estado. Los senadores son también,
;Qué siPl•if.ic-- __ t,.,._4,._ t'....._ _ l,, f"rmación de
,..i.., Pn razón de esta consulta, políticos P.oderosqs. No
ivs partidos este spoi/s systen1, esta atribución de to­ así, en carn.bio, la Cámara de Representantes, priva­
dos los cargos federales al séquito del candidato vic­ da del patronato de los cargos, ni los ministros, que,
torioso? Pues siJnplemente que se enfrentan entre sí a consecuencia de la «división de poderes», son pu­
partidos totalmente desprovistos de convicciones, ros auxiliares del presidente, legitimado por la elec­
puras organizaciones de cazadores de ca.i:gos, cuyos ción popular frente a todo el mundo, incluido el
mutables programas son redactados p;ua cada elec­ Parlamento, y que, por tanto, pueden dese1npeñar
ción sin tener en Cllenta ot.i:a cosa que la posibilidad sus cargos con absoluta independencia de la con­
de conquistar votos. Estos programas cambian de fianza o la desconfianza de éste.
una a otra elección en una medida para Ja que no El spoils system así sostenido era técnicamente
pueden encontrarse analogías en ninguna otra par­ posible en América porque la juventud de la cultura
te. Los partidos están cortados por el patrón que americana permitía soportar una pura economía de
mejor se ajusta a las elecciones realmente importan­ diletaotes. Evidentemente, una situación en la que
t7s para la distribución de los cargos: la elección la administración estaba en manos de 300.000 o
presidencial y la de los gobernadores de Estado. Los 400.000 hombres de partido, sin más cualificación
programas los establecen y los candidatos los desig­ para ello que el hecho de haber sido útiles a su pro­
nan Las «convenciones nacionales» de los partidos, pio partido, tenía que estar necesariamente plagada
sin intervención alguna de los parlamentarios. Es de grandes Lacras y, en efecto, la administración
decir, congresos de los partidos que, formalmente, americana se caracterizaba por una corrupción y un
142 f�L VOL.f1'JCO Yl!I. CJTINTll'-1CO l.A POI(TICA(,;(Jf\10 VOCACION 143

despilfarro inigualables, que sólo un país con posi­ como perceptor inmediato del dinero que entregan
bilidades económicas todavía ilimitadas podía so­ los grandes magnates 6nancieros. Éstos no confiarían
portar. en modo alguno el dinero que dan con fines elec­
La figura que con este sistema de la máquina ple­ torales a un funcionarío a sueldo o a una persona
biscitaria aparece en primer plano es la del boss. que tenga que rendir cuentas públicamente. El boss,
¿Qué es el boss? Un empresario político capitalista con su prudente discreción en cuestiones de dinero,
que reúne votos por su cuenta y riesgo. Sus primeras es por antonomasia el hombre de los círculos capi­
conexiones puede haberlas conseguido como abo­ talistas que financian las elecciones. El boss típico es
gado, tabernero o dueño de cualquier otro negocio un hombre absolutamente gris. No busca prestigio
semejante, o tal vez como prestamista. A partir de social; por el contrario, el «profesional» es despre­
esos comienzos, va extendiendo sus redes hasta que ciado en la «buena sociedad>>. Busca exclusivamente
logra «Controlar» un determlnado número de votos. poder, como medio de conseguir dinero, cierta­
Llegado aquí, entra en relación con los bosses veci­ mente, pero tan1bién por el poder mismo. A dife­
nos, logra atraer con su celo, su habilidad y, sobre rencia del leader inglés, el boss americano trabaja en
todo, su discreción la atención de quienes le han la sombra. Raramente se Le oye hablar. Sugerirá al
precedido por este can1ino y comienza a ascender. orador lo que tiene que decir, pero él mismo calla.
El boss es indispensable para la organización del Por regla general no ocupa cargo alguno, si no es �l
partido, que él centraJiza en sus manos y constituye de senador en el Senado federal, pues, como const1-
la principal fuente de recursos financieros. ¿Cómo tucionalr\.1ente los senadores participan en el patro­
los consigue él? En parte inediante las contribucio­ nato de los cargos, es frecuente que el boss mismo
nes de los mjembros pero, sobre todo, recaudando acuda personalmente a esta corporación. La atribu­
un porcentaje de Jos sueldos de aquellos funciona­ ción de los cargos se hace, en primer lugar, de acuer­
rios que le deben el cargo a él y a su partido. Percib e do con los servicios prestados al partido. También
además el producto del cobecbo y de las propinas. se entregan, sin embargo, en muchos casos a cambio
Quien quiere infringir impune1nente alguna de las de dinero, e incluso hay ya cantidades fijas como
numerosas leyes necesita la connivencia de] boss y precio de determinados cargos. Se trata, en definiti­
tiene que pagar por ella, sin lo cual le aguardan co­ va, de un sistema de venta de los cargos semejante al
sas muy desagradables. Pero todos estos medios no que durante los siglos xvn y xvru conocieron las
bastan, sin embargo, para reunir el capital que re­ monarquías europeas, incluidos los Estados de la
quiere la empresa. El boss es también indispensable Iglesia.
J<J4 l:L POLfTfCO Y E.L CTF.NT(l'ICO LAl'OfrrrCA C01\llO V(JCAf'lOS' 145

El boss no tiene principios políticos firmes, carece abajo y apoyada también en clubs firme y jerárqui­
totalmente de convicciones y sólo pregunta cómo camente organizados, del tipo del Tammany-Hall,
pueden conseguirse los votos. No es raro que sea uo cuya finalidad es la de obtener beneficios económicos
hombre bastante inculto, pero generalmente su vida mediante el dominio político de la Administra­
privada es correcta e irreprochable. Sólo en su ética ción y, sobre todo, de la administración municipal,
política se acomoda a la moral media de l a activi­ que también en América constituye el más rico bo­
dad política que en cada momento impera, lo mismo tín. Lo que hizo posible esta estructura vital de los
que muchos de los nuestros hicieron, en lo que res­ partidos fue la acentuada democracia imperante en
pecta a la nioral económica, en la época del acapara­ los Estados Unidos como «país nuevo», y es esta co­
miento. No le importa ser socialmente despreciado nexión entre ambos términos la que hace que hoy
como «profesional», como político <le profesión. El estemos presenciando la lenta expiración de ese sis­
hecho mismo de que 00 ocupe n.i quiera ocupar los tema. América no puede ser ya gobernada única­
grandes cargos de la Unión tiene la ventaja de hacer mente por diletantes. A Ja pregunta de por qué se
posible, en no pocas ocasiones, la candidatura de dejaban gobernar por políticos a los que decían des­
hombres inteligentes ajenos a los partidos, de nota­ preciar, los obreros americanos respondieron hace
bilidades (y no sólo, como entre nosotros, de notables quince afios diciendo: «Preferimos tener como fun­
de .los partidos), si el boss piensa que p·ueden atraer cionarios a gentes a las que escupimos, que crear
votos. Precisamente la estructura de estos partidos una casta de funcionarios que escupa sobre no­
sin convicciones, cuyos jefes son social.mente despre­ sotros». Éste era el viejo punto de vista de la «demo­
ciados, ha permitido de este modo que lleguen a Ja cracia» americana, y ya en aquel tiempo los socialis­
presidencia hombres capaces que entre nosotros no tas pensaban de modo completamente distinto. La
la hubieran alcanzado jamás. Naturalmente los bos­ situación se hace ya insoportable. La administra­
ses se oponen con uñas y dientes a cualquier ou;tsider ción de diletantes no basta ya y la Civil Service Re­
que pueda representar un peligro para sus fuentes form está creando continuamente nuevos puestos
de poder y dinero, pero no es raro que, en su compe­ vitalicios y dotados de jubilación, con el resultado
_ de que están ocupando los cargos funcionarios con
tencia por el favor de los electores, se vean obligados
a defender candidatos que se presentan como adver­ formación universitaria, tan capaces e insoborna­
sarios de la corrupción. bles como los nuestros. Existen ya casi 100.000 car­
He aquí, pues, una empresa partidista, fuerte­ gos que no son objeto del botín electoral, sino que
mente capitalista, rígidamente organizada de arnba están dotados de un derecho a la jubilación y que se
LA l10J�f1'JCA COJ\1() VOCAC:ION
)47
146 et. POLtIICO y E.L. CJ.E.1'1'r!f1CO

personas capaces que quisieran hacerse funciona­


cubren inediante pruebas de capacitación. Esto hará
rios. Esta administración de funcionarios se sustraía
retroceder lentamente el spoils system y obligará a
. _ además sistemáticamente a un control como el que
modificar igualmente la estructura de la dirección
ejercen en Inglaterra las comisiones parlamentarias,
del partido en un sentido que no podemos predecir.
haciendo así imposible que, aparte de unas pocas ex­
Hasta ahora, las condiciones esenciales de la em­
presa política en Alemania habían sido las siguien­ cepciones, se formasen en el seno del Parlamento je­

tes. En primer lugar, impotencia del Parlamento y, fes administrativos realmente útiles.

como consecuencia de ella, el que njngún hombre


La tercera característica era la de que en Alema­
nia, a diferencia de lo que en América sucede, tenía­
con cualidades de jefe se quedase en el Parla.mento
mos partidos políticos con convicciones, que, al
durante mucho tiempo. ¿Qué era lo que un hombre
de esas condiciones podía hacer allf? Cuando se pro­
menos con bona fides subjetiva, afirmaban que
sus miembros representaban una <<concepción del
ducía una vacante en una oficina de la administra­
mundo». Los dos más importantes de estos parti­
ción podía decirle al funcionario de quien dependie­
ra el asunto: «En mi distrito tengo una persona
dos, el Partido del Centro (Zentrumspartei) y la So­
cial Democracia, habían surgido, sin embargo, con
muy inteligente que desen1peñaría muy bien ese
puesto, déselo)). Y con gusto se lo daban. Pero esto era el deliberado propósito de ser partidos minorita­
aproximadamente todo lo que un parlamentario ale­ rios. Los dirigentes del Centro en el Imperio no
mán podía hacer para satisfacer su instinto de poder, ocultaron nunca que se oponían al parlamentaris­
en el caso de que lo tuviera. En segundo lugar, y esta mo porque temían verse colocados en minoríay ha­
llar entonces mayores dif cultades para acomodar a
característica condiciona también la anterior, la in­ i
mensa importancia que en Alemania tenia el funcio­ sus cazadores de cargos mediante presiones sobre el

nar i�do
especializado. En esta materia ocupábamos Gobierno, como hasta entonces venían haciendo. La
socialdemocracia era, por principio, partido de mi­
el pnmer lugar en el mundo. Corolario forzoso de
esa importancia era la aspiración de dicho funciona­ norías y obstáculo aJ parlamentarismo porque no
ri<;> a ocupar no sólo los cargos de funcionarios, sino quería mancharse pactando con el orden político
también los puestos de ministro. Ha sido precisa­ burgués. El hecho de que ambos partidos se exclu­
yesen a sí mismos del sistema parlamentario lúzo
mente en el Landtag bávaro en donde se ha dicho
imposible la introducción de éste.
hace unos años, al discutir sobre la introducción dd
régimen parlamentario, que si los ministerios habían ¿Cuál era, entre tanto, la suerte de los políticos
profesionales en Alemania? No tenían ni poder ni
de ser ocupados por parlamentarios no habría ya
149
H8 f\t, l'OLf"l'ICO Y F.L C[f.J:-.i'f{FtCO LA POLrTICA.CO!lllO VOCACION

los fun­
responsabilidad, sólo podían jugar un papel bastan­ en la frecuencia con que se dejan sobornar
con él
te subalterno de notables y, como consecuencia de cionarios de los sindicatos americanos, pero
ecuencias
ello, estaban animados en los últimos tiempos del aparecieron también en el partido las cons
s ex­
espíritu de gremio típico de todas las profesiones. de la dominación de los funcionarios que ante
�ara u n hombre que no fuera como ellos era impo­ plicábamos.
ios de
sible ascender mucho en el círculo de estos notables, Los partidos burgueses eran ya puros grem
do
que ponían sus vidas en sus pequeños puestos. En notables desde 1880. Es cierto que de vez en cuan
que
todos los partidos, sin excluir naturalmente el so- los partidos, con fines propagandísticos, tenían
Claluc:::
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:, ¡·.... t'vu.J
... _...:,
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_ - r rtn�l-..-",..
t
......�:.: :-• 1 rr "'"º "traersepersonas inteligentes sin filiación partidista
tales
podrían servir de ejemplo en esta tragedia de la �a­ para poder decir «nosotros tenemos tales y
s per­
rrera poütica porque sus portadores tenían cualida­ nombres». Si era posible se les impedía a esta
an
des de jefe y, justaJ!lent� por eso, encontraron el sonas presentarse a las elecciones y sólo se lanzab
porque
�aso cerrado P_?r los notables. Todos nuestros par­ sus candidaturas cuando esto era inevitable
era.
tidos han seguido este camino que los llevó a con­ el ni teresado no se dejaba pescar de otra man
Nues­
vertirse en gremios de notables. Bebe!, por ejemplo, Idéntico espíritu reinaba en el Parlamento.
por modesta que fuera su inteligencia, era todavía tros partidos parlamentarios eran y siguen siendo
el ple­
un verdadt1 o cau<.lillo en razón de su temperaniento gremios. Cad.a discurso que se pronuncia en
y su limpieza de carácter. E'I hecho de que fuese un no del Reichstag ha sido censurado antes en el parti­
mártir y de que, al menos en opinión de ellas, no hu­ do, cosa que se deja ver fácilmente por su inaudito
or
biese defraudado nunca la confianza de las masas, aburrimiento. Sólo quien está inscrito como orad
hiz� que éstas estuviesen siempre tras de él y que no puede tomar la palabra. No cabe imaginar nada más
hubiera dentro del partido ningún poder que pudie­ opuesto a la costumbre inglesa y también (aunque
ra opooérsele seriamente. Con su muerte terminó por razones radicalmente opuestas) a la costumbre
todo esto y comenzó la dominación de los funciona­ francesa.
este tre­
r�os. �un �ionarios sindicales, secretarios de partido Quizás ahora, como consecuencia de
Y_ penod1stas ocuparon los puestos clave y el par­ mendo colapso que se ha dado en llamar revolución,
tido quedó dominado por los instintos de funciona­ esté todo esto en vías de cambiar. Tal vez sea así,
rio. Era realmente un funcionariado muy honesto, pero no es seguro. En un primer momento apar� �e­
ron intentos de crear otros tipos de aparato partidi s­
excepcionalmente honesto incluso, si se piensa en
cómo van las cosas en otros países y, especialmente, ta. En primer lugar, aparatos de aficionados. Fre-
150 t·t POLC'ri... o Y EJ. crf3NTfi:rco
LAPOLÍl'lCA COMO \r()C:AC:ION 151

cuentemente este intento parte especialmente de es­ �


plebiscitarios determina la «desespirituali�aci :1»
tudiantes de las distintas escuelas superiores que se �
(Entseelung) de sus seguidores, su proletar _ac1on
dirigen a algún individuo a quien atribuyen cualida­ espiritual, valdría decir. Para ser aparato utilizable
des de jefe para decirle: «Nosotros haremos por us­ por el caudillo han de obedecer ciegament:, conver­
ted el trabajo necesario; diríjanos». En segundo lu­ .
tirse en una máquina, en el senbdo amencano, no
gar, aparatos de hombres de negocios. Ha sucedido sentirse perturbados por vanidades de notables
a veces que un grupo de personas ha acudido a al­ y pretensiones de tener opinión propia. La elecció�
guien en quien suponen cualidades de jefe para pe­ de Lincoln sólo fue posible gracias a que la orgaru­
dirle que, a cambio de una cantidad fija para cada zación del partido tenía este carácter y, como ya se
elección, aswna la tarea de ganar los votos. Si uste­ ha dicho lo mismo sucedió con el caucus en la elec-
'
.
des me pregw1tasen honradamente cuál de estos ción de Gladstone. Es éste justamente el preoo que
dos tipos de apaq¡.Lo me parece· más digno-de.con­ hay que pagar por la dirección de l_"l cau�o. Sólo
fianza desde un punto de vista técnico-político, les nos queda elegir entre la democracia caudillista con
_
contestada, creo, que prefiero el segundo. Ambos «ináquina» o la democracia sin.ca�dillos, es decir, la
_
fueron, en todo caso, burbujas que se hincharon rá­ dominación de «polílicos profesionales» srn voca­
pidamente para rápid.an1ente estaJJar. Los aparatos ción, sin esas cualidades íntimas y carismáticas que
existentes se recoinpusieron un poco y contjnuaron hacen al caudillo. Esto significa también lo que en
trabajando. Aquellos fenómenos fueron sólo un sú1- las actuales contiendas dentro de un partido se co­
toma de que tal vez se establecerían nuevos aparatos noce con el nombre de reino de las «camarillas». Ac­
cuando hubiese un caudillo capaz de hacerlo. Pero tualmente es esto lo único que tenemos en Alema­
ya las peculiaridades técnicas de la representación nia, y su mantenimiento se verá facilitado en �l
proporcional impedían su crecimiento. Sólo surgie­ futuro, al menos para el Reich, porque se reconsti­
ron un par de dictadores callejeros que volvieron a tuirá el Bundesrat que necesariamente limitará el
desaparecer. Y sólo el séquito de estas dictaduras ca­ poder del Reichstag y disminttirá así su impor�ncia
�ejeras fue organizado con una firme disciplina; de como lugar adecuado para la selección de caudillo�.
aquí el poder de estas minorías, hoy en trance de la perduración del sistema está asegurada ademas
desaparición. �
por la representación proporcional, t co?1? ahora
Supongamos que esta situación cambiara. Hay
_

está configurada. Es ésta una instLtucLón tip1� e la
que tener entonces bien presente que, de acuerdo democracia sin caudillos, no só(o porque facilita el
con lo ya dicho, la dirección de los partidos porjefes chalaneo de los notables para colocarse, sino tam-
152 LA POLrtlCA CO"OVOCACIÓN 153

bién porque, para el futuro, da a las asociaciones de son los caminos directos típicos, o buscar un puesto
interesados la posibilidad de obligar a incluir en las apropiado en la administración municipal o en las
listas a sus funcionarios, creando así un Parlamento organizaciones que representan intereses, como son
apoütico en el que no haya lugar para un auténtico los sindicatos, las cámaras de comercio, las cámaras
caudillaje. La única válvula de escape posible para la de agricultores o artesanos, las cámaras de trabajo,
necesidad de contar con una verdadera jefatura po­ las asociaciones de patronos, etc. Sobre el aspecto
dría ser el presidente del Reich, si es elegido plebis­ externo no cabe decir más, salvo advertir que los
citariamente y no por el Parlamento. Podría tam­ funcionarios de los partidos comparten con los pe­
bién nacer y seleccionarse una jefatura sobre la base riodistas el odium que los «desdasados» despiertan.
del trabajo realizado si apareciese en las grandes Desgraciadamente siempre se llamará «escritor a
ciudades, como apareció en los Estados Unidos, so­ sueldo» a éste y «Orador a sueldo» a aquél; para
br� todo :illi ._,, lude.le se quiso 1u...l.� 5�1.id.Juenk quienes se encuentren interiormente indefensos
contra la corrupción, un dictador municipal, elegi­ frente a esa situación y no sean capaces de darse a sí
do plebiscitar iamente y provisto del derecho a orga­ mismos la respuesta adecuada a esas acusaciones,
nizar su equipo con absoluta independencia. Esto está cerrado ese camino que, en todo caso, compor­
exigiría una organización de los partidos adecuada ta grandes tentaciones y desilusiones terribles. ¿Qué
a este tipo de elecciones. Pero la hostilidad peque­ satisfacciones íntiinas ofrece a cambio y qué condi­
ño burgLLesa que todos los partidos, y especialmen­ ciones ha de tener quien lo ein prende?
te la socialdemocracia, sienten hacia el caudillaje Proporciona, por lo pronto, un sentimiento de
hace aparecer n1uy oscura la futura configuración poder. La conciencia de tener una influencia sobre
de los partidos y, con ella, la realización de estas po­ los hombres, de participar en el poder sobre ellos y,
sibilidades. sobre todo, el sentimiento de manejar los hilos de
Por esto hoy no puede todavía decirse cómo se acontecimientos históricos importantes elevan al
configurará en el futuro la empresa política como político profesional, incluso al que ocupa posicio­
«profesión», y menos aun por qué camino se abren nes formalmente modestas, por encima de lo coti­
a los poüticamente dotados las posibilidades de en­ diano. La cuestión que entonces se le plantea es la de
frentarse con una tarea política satisfactoria. Para cuáles son las cualidades que le permitirán estar a la
quien, por su situación patrimonial, está obligado a altura de ese poder (por limitado que sea en su caso
vivir «de» la política se presenta la alternativa de ha­ concreto} y de la responsabilidad que sobre él arro­
cerse periodista o funcionario de un partido, que ja. C<>n esto entramos ya en el terreno de la ética,
155.
154 fl POl.fl'lC:O Y.ELCIK"ITtFTCO

pues es a ésta a la que corresponde determinar qué mortales de todo político y una de esas cua lidades
clase de hombre hay que ser para tener derecho a cuyo olvido condenará a la impotencia polEl ítica a
poner la mano en la rueda de la Historia. nuestra actual generación de intelectuales. pro­
Puede decirse que son tres las cualidades decisi­ blema es, precisamente, el de cómo puedea�con se­
vamente importantes para el político: pasión, senti­ guirse que vayan juntas en las .n1ismas alm ítica �a pa­
se
do de la responsabilidad y mesura (Augenmass). Pa­ sión ardiente y la mesurada frialdad. La pol rpo
sión en el sentido de ((positividad» (Sachlíchkeit), de hace con la cabeza y no con otras partes del cue
entrega apasionada a una «causa» (Sache), al dios o o del alma. Y, sin embargo,
la entrega a una causa
al demonio que la gobierna. No en el sentido de esa sólo puede nacer y alimentarse de la pasión, siun ha de
_
actitud interior que mi malogrado amigo Jorge Sim­ ser una actitud auténticamente humana y no fn­
mel solía llainar «excitación estéril», propia de un volo juego intelectual. Sólo el hábito de la posdis�ancia
detenninado tipo de intelectuales, sobre todo rusos (en todos los sentidos de la palabra) hace olít ible la
(no, por supuesto, de todos ellos) y que ahora juega enérgica doma del alma que carac�eriza al _Petante ico
también un gran papel entre nu.estros intelectuales, apasionado y lo distingue del srmple dil
en este carnaval al que se da, para embellecerlo, el político ((estérilmente agitado)>. La «fuerza» dear,unena
orgulloso nombre de «revolución». Es ése un «ro­ �<personalidad» política reside, en primer lug
manticisino de lo intelectualmente interesante» que la posesión de estas cualidades. , y
gira en el vacío y está desprovisto de todo sentido de Por esto el poH tico tiene qu e ven cer ca? a día
Ja responsabilidad objetiva. No todo queda arregla­ cada hora a w1 enentlgo muy trivial y demasiado lhu­
do, en efecto, con la pura pasión, por muy sincera­ mano, la muy común vanidad, ene1niga moen rta de
mente que se la sienta. La pasión no convierte a un toda entrega a una causa y de toda mesura, este
hombre en político si no está al servicio de una caso de Ja mesura frente a sí ntlsmo. y taJ
«causa» y no hace de La responsabilidad para con esa La vanidad es una cualidad muy extendsida
causa la estrella que oriente La acción. Para eso se ne­ vez nadie se vea libre de ella. En
los círculo acadé­
c_esita (y ésta es la cualidad psicológica decisiva pa­ micos y científicos es una especie de enferm�e edad
ra el poütico) mesura (Augenmass), capacidad para profesional. Pero precisamente en el. _!lom� de
la
dejar que la realidad actúe sobre uno sin perder el ciencia, por antipática que sea su marntestac.100,de
recogimiento y la tranquilidad, es decir, para guar­ vanidad es relativamente inocua en el sentid o
dar la distancia con los hombres y las cosas. El «no que, por lo general, oo estorba el trabajo cien�líti�co.
saber guardar distancias» es uno de los pecados Muy diferentes son sus resultados en el po co,
156 LA POt..trtCA C(lMO voc.AClON 157

quien utiliza inevitablemente como instrumento el near de poder como un advenedizo o complacerse
ansia de poder. El «instinto de poder», como suele vanidosamente en el sentimiento de poder, es decir,
llamarse, está, así, de hecho, entre sus cualidades en general, toda adoración del poder puro en cuan­
normales. El pecado contra el Espíritu Santo de su to tal. El simple «poUtico de poder» (Machtpoliti­
�rofesión co�enza en el momento en que esta an­ ker) que también entre nosotros es objeto de un fer­
,

sia de poder de;a de ser positva


i (unsachlich), deja de voroso culto, puede quizás actuar enérgicamente�

estar ex usivamente al servicio de la «causa» para pero de hecho actúa en el vacío y sin sentido alguno.
co�vertuse en una. e�a embriaguez personal. En En esto los críticos de la «política de poder>> (Macht­
úJtlDlO término, no hay más que dos pécados mor­ politik) tienen toda la razón. En el súbito derrumba­
tal�s en el terreno de la poütica: la ausencia de finali­ miento interno de algunos representantes típicos de
-..tctut.:. uo1envas y l� -aJta de respo esta actitud hemos podido comprobar cuánta debi­
� nsabilidad, que
""�·- -Ji:recuentemente, aunque no slein·pre, coincide con lidad interior y cuánta impotencia �e esconde tras
aquélla. La vanidad, la necesidad de aparecer siem­ estos gestos, ostentosos pero totalmente vacíos. Di­
pre que sea posible en primer plano, es lo que más cha actitud es producto de una mezquina y superfi­
lleva al político a cometer uno de estos pecados o los cial indiferencia frente al sentido de la acción huma­
dos ala vez. Tanto más cuanto que el demagogo está na, que no tiene ningún parentesco con la conciencia
oblig�do a tener e� cuentá el <; efecto»; por esto de la urdin1bre trágica en que se asienta la trama de
está siempre en peligro, tanto de convertirse en un todo quehacer humano y especiabnente del queha­
�omediante como de tomar a Ja ligera la responsabi­ cer político.
lidad que por las consecuencias de sus actos le in­ Es una tren1eoda verdad y un hecho básico de la
cwnbe y preocuparse sólo por la «impresión» que Historia (de cuya fundamentación no tenemos que
h�ce. Su ausencia de finalidad objetiva le hace pro­ ocuparnos en detalle aquí) el que frecuentemente
clive a buscar l a apariencia brillante del poder en lu­ o, mejor, generalmente, el resultado final de la ac­
gar del poder real; su falta de responsabilidad lo lle­ ción política guarda una relación absolutamente
v:a a gozar del poder por el poder, sin tomar en inadecuada, y frecuentemente incluso paradójica,
con su sentido originario. Esto no permite, sin em­
�uent� su finalidad. Aunque el poder es e] medio
ineludible de la política o, más exactamente, preci­ bargo, prescindir de ese sentido, del servicio a una
samente porque lo es, y el ansia de poder es una de «causa», si sequiereque la acción tenga·consistencia
las fuerzas que la impulsan, no hay deformación interna. Cuál haya de ser la causa para cuyo servicio
más perniciosa de la fuerza poütica que el baladro- busca y utiliza el poütico poder es ya cuestión de fe.
1.A POU'r1CA COMO VOCACION 159
158 liLVOLtrtc"'..O Y tL CIENTíFICO

Puede servir finalidades nacionales o humanitarias, sienta obligado a justificarse ante sí mismo diciendo
sociales y éticas o culturales, seculares o religiosas; que Ja primera no era digna de su ainor, o que lo ha
puede sentirse arrebatado por una firme fe en el decepcionado, o dándose cualquier otra «razón»
«progreso» (en cualquier sentido que éste sea) o re­ por el estilo. Esto es falta de caballerosidad. En lugar
chazar fríamente esa clase de fe; puede pretender de afrontar simplemente el destino de que ya no
encontrarse al servicio de una «idea» o rechazar por quiere a su mujer y de que ésta tiene que soportarlo,
principio ese tipo de pretensiones y querer servir procediendo de modo muy poco caballeroso trata
sólo fines materiales de la vida cotidiana. Lo que im­ de crearse una «Legitimidad» en virtud de la cua1
porta es que siempre ha de existir alguna fe. Cuando pretende tener razón y cargar sobre ella las culpas,
ésta falta, incluso los éxitos políticos aparentemente además de la infelicidad. Del mismo modo procede
más sólidos, y esto es perfectamente justo, llevan so­ el competidor que triunfa en Wla lid erótica: el riYal
bre sí la maLdición de la inanidad. debe de valer menos cuando ha resultado vencido.
Pero también es ésta la situación en que se encuen­
Con lo que acabamos de decir nos encontramos
ya ante el último de los problemas de que hemos de tra el vencedor de una guerra cuando, cediendo al
ocuparnos hoy, el del ethos de La política como «cau­ mezquino vi,cio de querer tener siempre razón, pre­
sa». ¿Cuál es el papel que, independientemente de tende que ha vencido porque tenía La razón de su
parte, O la misma también. de quien se quiebra mo­
sus fines, ha de llenar la poHtica en la economía ética
ralmente bajo los terrores de la guerra y entonces, en
de nuestra manera de vivir? ¿Cuál es, por así decir, el
lugar de decir simplemente que no podía aguantar
lugar ético que ella ocupa? En este punto cbocan en­
tre sí concepciones básicas del mundo entre las cua­ más, siente la necesidad de justificarse consigo mis­
les, en último térntlno, hay que escoger. Vayamos de mo y afirma que no podía soportarlo más porque
tenía que luchar por una causa moralmente mala. O
frente a este problema que últimainente se ha puesto
de nuevo en discusión y en una forma que es, a mi también la de quienes son vencidos en la guerra. Po­
nerse a buscar después de perdida wia guerra quié­
entender, totalmente equivocada.
nes son los «culpables» es cosa propia de viejas; es
. Liberémonos antes, sin embargo, de una falsifica­
ción perfectamente trivial. Quiero decir con ello siempre La estructura de Ja sociedad la que origina la
que la ética puede surgir a veces con un papel extre­ guerra. La actitud sobria y viril es la de decir al ene­
migo: «Hemos perdido la guerra, la habéis ganado
madamente fatal. Veamos algunos ejemplos. Rara­
m�nte encontrarán ustedes a un hombre que baya vosotros. Esto es ya cosa resuelta. Hablemos ahora
de las consecuencias que hay que sacar de este hecho
dejado de amar a una mujer para amar a otra y no se
lóQ PI POLl'l'JCOY r.1..Cl.ENTfFlCO LAPOJ.. (
í.lCt\ COMC> VOC::ACIOl'o: i61

respecto de los intereses materiales que estaban en ¿Cuál es, pues, La verdadera relación entre ética y
juego y respecto de la responsabilidad hacia elfutu­ política? ¿No tienen nada que ver la una con La otra,
ro, que es lo principal y que incumbe sobre todo al como a veces se dice? ¿O es cierto, por el contrario,
vencedor». Todo lo que no sea esto es indigno y se que hay «una sola» ética, válida para la actividad po­
paga antes o después. Una nación perdona el daño lítica como para cualquier otra actividad? Se.ha creí­
que se hace a sus intereses, pero no el que se hace a do a veces que estas dos últimas afirmaciones son
su honor y menos que ninguno el que se le infiere mutuamente excluyentes; que sólo puede ser cierta
con ese clerical vicio de querer tener siempre razón. la una o la otra, pero no las dos. ¿Pero es cierto acaso
Todo nuevo documento que tras decenios aparezca que haya alguna ética en el mundo que pueda impo­
hará levantarse de nuevo el indigno clamoreo, el ner normas de contenido idéntico a las relaciones
odio y la ira, en lugar de permitir que, al menos mo­ eróticas, comerciales, familiares y profesionales, a la
ralmente, Ja guerra hubiera quedado enterrada al relación con la esposa, con la verdulera, el hijo, el
terminar. Esto sólo puede conseguirse inediante competidor, el amigo o el acusado? ¿Será verdad que
la objetividad y la caballerosidad, y sobre todo sólo me­ es perfectainente indiferente para las exigencias éti­
diante la dignidad.Nunca mediante una «ética» cas que a la política se dirigen el que ésta tenga como
que, en verdad, lo que significa es una indignidad de medio específico de acción el poder, tras el que está
las dos partes. Una ética que, en lugar de preocuparse la violencia? ¿No estamos viendo que los ideólogos
de lo que realinente cor.responde al político, el futuro bolcheviques y espartaquistas obtienen resultados
y la responsabilidad frente a él, se pierde en cuestio­ idénticos a los de cualquier dictador militar precisa­
nes, por insolubles políticamente estériles, sobre cuá­ mente porque se sirven de este instrun1ento de la
les han sido las culpas en el pasado. }-facer esto es in­ política? ¿En qué otra cosa, si no es en la persona del
currir en culpa polí6ca, si es que la hay. Y con esta titular del poder y en su diletantismo, se distingue la
actitud se pasa además por alto Ja inevitable falsifica­ dominación de los consejos de obreros y soldados
ción de todo el problema por muy materiales intere­ de la de cualquier otro gobernante del antiguo régi­
�s: intereses del vencedor en conseguir las mayores men? ¿En qué se distingue de la de otros demagogos
ganancias posibles, tanto morales como materiales, la polémica que hoy mantiene la mayor parte de los
esperanzas del vencido de conseguir ventajas a cam­ representantes de la ética presuntamente nueva con­
bio de su confesión de culpa Si hay algo «abyecto» en tra sus adversarios? Se dirá que por la noble inten­
el mundo es esto, y éste es el resultado de esa utiliza­ ción. Pero de lo que estamos hablándo aquí es de los
ó ndela «ética» como medio para «tener razón».
ci medios. También los co1nbatidos adversarios creen,
162 EL POLfTlCO Y CL CJ..6t"'1- íFCCO LA POLnICAC:OMll v�>CACtON 163

con una conciencia absolutamente buena, en la no­ se vive co1no v1v1cron Jesús, los apóstoles, San
bleza de sus propias intenciones. «Quien a hierro Francisco de Asís y otros como ellos, entonces esta
mata a hierro muere» y la lucha es siempre lucha. ética sí está 1Jena de sentido y sí es expresión de una
¿Qué decir, entonces, sobre la ética del Sermón de la alta dignidad, pero no si asi no es. La ética acósmica
Montaña? El Sermón de la Montaña, esto es, la ética nos ordena <<no resistll' el mal con la fuerza», pero
absoluta del Evangelio, es algo mucho más serio de para el político lo que tiene validez es el mandato
lo que piensan quienes citan sus mandamientos. No opuesto: has de resistir al mal con la fuerza, pues
es para tomarlo a broma. De esa ética puede decirse de lo contrario te haces responsable de su triunfo.
lo mismo que se ha dicho de la causalidad en la cien­ Quien quiere obrar conforme a la moral del Evan­
cia, que no es un carruaje que se pueda hacer parar gelio debe abstenerse de participar en una huelga,
para tomarlo o dejarlo a capricho. Se la acepta o se la que es una forma de coacción, e ingresar en un sin­
rechaza por entero; éste es precisamente sil sentido; dicato amarillo. Y, sobre todo, debe.abstenerse de
proceder de otro modo es trivializarla. Pensemos, hablar de «revolución». Pues esa ética no enseña,
por ejemplo, en la parábola del joven rico, de quien ni mucho menos, que la única guerra legítima sea
se nos dice «pero se alejó de allí tristemente porque precisamente la guerra civil. El pacifista que obra
poseía muchos bienes». El mandanüen.to evangéli­ según el Evangelio �e sentirá en la obligación mo­
co es incondicionado y nnívoco: da a los pobres ral de negarse a tomar las armas o de arrojarlas,
cuanto tienes, todo. El político dirá que éste es un como se recomendó en Alemania, para poner tér-
consejo que sociaJ mente carece de sentido mientras 1nino a la guerra y, con ella, a toda guerra. El políti­
no se le unponga a todos. En consecuencia recurrirá co, por su parte, d.irá que el único medio de des­
a los impuestos confiscatorios, a la pura y simple acreditar Ja guerra para lodo el futuro previsible
confiscación, en una palabra, a la coacción y la re­ hubiese sido una paz de compromiso que mantu­
glamentación contra todos. No es esto, sin embargo, viese el statu quo. Entonces se hubieran pregunta­
en modo alguno lo que el mandato ético postula, Y do los pueblos que para qué había servido la gue­
.ésa es su verdadera esencia. Ese mandato nos orde­ Se Ja habría reducido al absurdo, cosa que
rra.

na también «poner la otra mejilla>>, incondicional­ ahora no es posible, pues para los vencedores, al
mente, sin preguntarnos si el otro tiene derecho ª �enos una parte de ellos, habrá sido rentable poü­
pegar. Esta ética es, así, una ética de la indignidad, hcamente. Y responsable de esto es esa actitud que
salvo para los santos. Quiero decir con esto que sis� nos incapacitaba para toda resistencia. Ahora, y

es en todo un santo, al menos intencionalmente, si una vez que pase el cansancio, quedará desacredi-
PL. ll0Lt't'ICO Y l!IC-:TP.NTtPJCO � POL.tíJC-AC::O�lO VOCACIÓN
164 165

tada la paz, no la guerra. Una consecuencia de la en absoluto de esto. Pero sí hay una diferencia abis­
ética absoluta. mal entre obrar según la máxima de una ética de la
Finalmente, La obligación de decir la verdad, que convicción, tal como la que ordena (religiosamente
la ética absoluta nos impone sin condiciones. De hablando) «el cristiano obra bien y deja el resultado
aquí se ha sacado la conclusión de que hay que pu­ en manos de Dios», o según una máxima de la ética
blicar todos los documentos, sobre todo aquellos de la responsabilidad, como la que ordena tener en
que culpan al propio país, y, sobre la base de esta pu­ c�enta las consecuencias previsibles de la propa i ac­
blicación unilateral, hacer una confesión de las pro­ ción. Ustedes pueden explicar elocuentemente a un
pias culpas igualmente unilateral, incondicional, sin sindicalista que las consecuencias de sus acciones
pensar en las consecuencias. El pólítico se dará serán las de aumentar las posibilidades de la reac­
·:.1:� ,..¡ r -;_·•n �1-.r"'nC.J ...:.: •.� ::e "')'ltl'la ::i h vPrñ::i<I.
:-;. rión, incrementar la opresión de su clase y dificultar

sino que, por el contrario, se la oscurece con el abu­ su ascenso; si ese sindicalista está fume en su ética
so y el desencadenamiento de las pasiones. Verá que de La convicción, ustedes no lograrán hacerle mella.
sólo una investigación bien planeada y total, llevada Cuando Jas con.secuencias de una acción realizada
a cabo por personas imparciales, puede rendir fru­ conforme a una ética de la convicción son malas
tos, y que cualquier otro proceder puede tener, para �uien la ejecutó no se siente responsable de ellas
smo que responsabiliza al 111u11do, a la estupidez de
:
la nación que lo siga, consecuencias que oo podrán
ser efuninadas en decenios. La ética absoluta, sin �
los ombres o a la voluntad de Dios que los hizo
así.
embargo, ni siquiera se pregunta por las conse­ 9wen actúa con forrn.e a una ética de La responsabi­
cuencias. lidad, por el contrario, toma en cuenta todos los de­
Con esto llegamos al punto decisivo. Tenemos fectos del hombre medio. Como dice Fichte no

tiene ningún derecho a suponer que el hombre es


que ver con claridad que toda acción éticamente


orientada puede ajustarse a dos máximas funda­ bueno y perfecto y no se siente en situación de po­
mentalmente distintas entre sí e irremediablemente der descargar sobre otros aquellas consecuencias de
-opuestas: puede orientarse conforme a Ja «ética de �a su acción que él pudo prever. Se dirá siempr
e que
convicción» o conforme a la «ética de la responsabi­ esas consecuencias son imputables a su acción
.
lidad» (gesinnungsetllisch oder verantwortungset­ Quien actúa según una ética de la convicción, por eJ
hisch). No es que la ética de la convicción sea idén­ contrario, sólo se siente responsable de que
no
tica a la falta de responsabilidad, o la ética de la fl
amee la llama de la pura convicción, la llama, por
e1_emplo, de la protesta
responsabilidad, a la falta de convicción. No se trata contra las injusticias del or-
166 Pl. P<'.Hrr1co v EL creNTl'FlOO lfi7

den social. Prenderla una y otra vez es la finalidad en el sentido que él da a Ja palabra, sino en la recons­
de sus acciones que, desde el punto de vista del po­ titución de una econo1nía burguesa que habría eli­
sible éxito, son plenamente irracionales y sólo pue­ minado únicamente los elementos feudales y los
den y deben tener un valor ejemplar. restos dinásticos. Y para conseguir este modesto re­
Pero tampoco con esto llegamos al término del sultado se prefieren «unos años más de guerra». Po­
problema. Ninguna ética del mundo puede eludir dría muy bien decirse que, incluso teniendo convic­
el hecho de que para conseguir fines «buenos» hay que ciones socialistas muy firmes, se puede rechazar un
contar en muchos casos con medios moralmente fin que exige tales medios. Ésta es, sin embargo, la
dudosos, o al menos peligrosos, y con la posibilidad situación del bolchevismo, del espartaquismo y, en
e incluso la prob<,ibiJiP,ad de consecuencias laterales general, de todo socialismo revolucionario, y resulta
moralmente malas. Ninguna ética del mundo puede en consecuencia sumamente ridículo que estos sec­
resolver tampoco cuándo y en qué medida quedan tores condenen moralmente a los «políticos de po­
«santificados» por el fin moralmente bueno los me­ den> del antiguo régimen por emplear esos mismos
dios y las consecuencias laterales moralmente peli­ medios, aunque esté plenamente justificada la con­
grosos. dena de susfines.
El medio decisivo de La política es la violencia, y Aquí, en este problema de la santificación de los
pueden ustedes inedir la intensidad de l a tensión medios por el fin, parece forzosa la quiebra de cual­
que desde el punto de vista ético existe entre medios quier moral de la convicción. De hecho, no le queda
y fines recordando, por ejemplo, el caso de los socia­ lógicamente otra posibilidad que la de condenar
listas revolucionarios (tendencia Zimmerwald), Jos toda acción que u.tilicc medios moralinente peligro­
cuales durante la guerra se gobernaban de acuerdo sos. Lógicamente. En el terreno de las realidades ve­
con un principio que podríamos formular descar­ m?s una y otra vez que quienes actúan según una
ética de la convicción se transforman súbitamente
nadamente en los siguientes términos: «Si tenemos
que elegir entre algunos años más de guerra que en profetas quiUásticos; que, por ejemplo, quienes
traigan entonces la revolución o una paz inmediata repetidamente han predicado «el amor frente a la
que la impida, preferimos esos años más de guerra>i. fuerza» invocan acto seguido la fuerza, la fuerza de­

A la pregunta de qué es lo que podía traer consigo finitiva que ha de traer consigo la aniquilación de
toda violencia del mismo modo que, en cada ofensi­
esa revolución, todo socialista científicamente edu­
va, nuestros oficiales decían a los soldados que era
cado habría contestado que no cabía pensar en roo·
la última, la que había de darnos el triunfo y con él la
do alguno en el paso a una economía socialista,
168 PI POl.ITté.:O YEL c·1BN·r(t11CO LA POUTlCA COMO VOCA\.:lON •/69

paz. Quien opera conforn1e a una ética de la convic­ este mundo irracional del sufrimiento inmereci­
ción no soporta la irracionalidad ética del mundo. do, la injusticia impune y la estupidez irreme­
Es un «racionalista» cósmico-ético. Aquellos de en­ diable. O ese Creador no es todopoderoso, o no es
tre ustedes que conozcan la obra de Dostoievski bondadoso, o bien la vida está regida por unos
recordarán a este propósito la escena del Gran In­ principios de equilibrio y de sanción que sólo pue­
quisidor, en donde este problema se plantea en tér­ den ser interpretados metañsicamente o que están
minos muy hondos. No es posible meter en el mis­ sustraídos para siempre a nuestra interpretación.
mo saco la ética de la convicción y la ética de la Este problema de la irracionalidad del mundo ha
responsabilidad, del mismo modo que no es posible sido la fuerza que ha impulsado todo desarrollo reli­
decretar éticamente qué fines pueden sanuñcar ta­ gioso. La doctrina hindú del Karma, el dualismo
les o cuales medios, cuando se quiere hacer alguna persa, el pecado original, la predestinación y elDeus
concesión a este principio. absconditus han brotado todos de esta experiencia.
}v[i t:Olt�o. f. -,..-. f.o.,,t....-, a quien personalmente También los cristianos primitivos sabían muy exac­
tengo en gran estima por la indudable sinceridad de tamente que el mundo está regido por los demonios
sus convicciones, pero a quien rechazo enteramente y que quien se mete en política, es decir, quien acce­
como político, cree poder salvar esta dificultad en de a utilizar como medios el poder y la violencia, ha
su conocido libro recurriendo a la simple tesjs de sellado un pacto con el diablo, de tal 1nodo que ya no
que de lo bueno sólo puede resultar el bien y de lo es cierto que en su actividad lo bueno sólo produz­
malo, sólo el mal. Si esto fuese así, naturalmente, no se ca el bien y lo 1nalo el mal, sino que frecuentemente
presentaría el problema, pero es asombroso que tal sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, po­
tesis pueda aún ver la luz en el día de hoy, dos mil líticamente hablando.
quinientos años después de los Upanishadas. No so­ Las distintas éticas religiosas se han acomodado
lamente el curso todo de la historia universal, sino de diferente modo al hecho de que vivimos insertos
también el examen imparcial de la experiencia coti­ en ordenaciones vitales distintas, gobernadas por
diana, nos están mostrando lo contrario. El desarro­ leyes distintas entre sí. El politeísmo helénico sacri­
llo de todas las religiones del mundo se apoya sobre ficaba tanto a Afrodita como a Hera, a Apolo como
a Dionisos, y sabía bien que no era raro el conflicto
la base de que la verdad es lo contrario de lo que dicha
tesis sostiene. El problema original de la teodicea es entre estos dioses. La ordenación vitalbindú hacía
a cada profesión objeto de una ley ética especial,
el de cómo es posible que un poder que se supone.
a la vez, infinito y bondadoso haya podido crear de un dharma, y las separaba para siempre unas de
17() .1
LA POtlICA COMOVO<;A�IÓ!i 171
rL f'OLtrJCU y l'.t, cu:t..
Tfl!tCO

otras en castas distintas. Las colocaba en una jerar­ dragupta. A su lado el «Príncipe» de Maquiavelo nos
quía fija de la que los nacidos no podían escapar resulta perfecta1nente inocente. Como es sabído,
sino por el renacimiento en la próxima vida, colo­ para la ética católica, de la que tan próximo está el
cándolas así a cüstancias diferentes de los bienes su­ profesor Forster, los consilia evangelica constitu­
premos de la salvación religiosa. Le era posible, de yen una ética especial para quienes están dotados
este n1odo, construir el dharma de cada casta, desde con el carisma de la vida santa. Entre ellos están,
los ascetas y brahmanes hasta los rateros y las además del monje, que no debe iú derramar sangre
prostitutas, de acuerdo con la legalidad inmanente ni buscar ganancia, el caballero cristiano y el ciuda­
propia de cada profesión. En el Bhagavata, en la dano piadoso que, respectivamente, pueden hacer
conversación entre Krischna y Arduna, encontrarán una y otra cosa. El escalonamiento de la ética y su
ustedes la ubicación de la guerra dentro del conjun­ integración en una doctrina de la salvación son me­
to total de las ordenaciones vitales. «Haz la obra ne­ nos consecuentes aquí que en la In�ia, pero ello de­
cesaria», esto es, Ja obra obligatoria según el dharma bía y tenía que ser así, de acuerdo con los supuestos
de la casta de los guerreros, lo objetivrunente nece­ de La fe cristiana. La corrupción del mundo por el
sario de acuerdo-con la finalidad de la guerra. Para pecado original permitía con relativa facilidad in­
el hinduismo esto no estorba la salvación religiosa, troducir en la ética la violencia como un medio para
sino que, por el contrario, la ayuda. Para el guerrero combatir el pecado y las herejías que ponen el alma
hindú que moría heroicamente, el cielo de Indra es­ en peligro. Las exigencias acósmicas del Sermón de
taba tan eternamente seguro como el Walhalla para la Montaña, que pertenecen a una pura ética de la
los germanos. Hubiera, en cambio, despreciado e] convicción, y el Derecho natural que en ellas se
nirvana como los germanos despreciaban el cielo apoya y que contiene también exigencias absolutas,
cristiano y sus coros de ángeles. Esta especialización conservaron, sin embargo, su fuer.ta revolucionaria
permitió a la ética hindú un tratamiento del arte real y salieron furiosamente a la superficie en casi todas
de la política en el que no hay quiebras porque se li­ las épocas de conmoción social. Dieron origen, en
mita a seguir las leyes propias de la misma e incluso especial, a las sectas pacifistas radicales, una de las
las refuerza. E l «maquiavelismo» verdaderamente cuales hizo en Pennsylvania el experimento de un
radical, en el sentido habitual del término, está clá­ Estado que renunciaba a la fuerza frente al exterior.
sicamente representado en la literatura hindú por el Este cxperiip.ento siguió un curso trágico cuando, al
Arthasastra de Kautilya, que es muy anterior a nues­ estallar la guerra de la independencia, los cuáqueros
tra era y data probablemente del tiempo de Chan- se vieron imposibilitados de tomar las armas en un
172 eL f•OLíTfCO Y f.:t. CLJ!NTíPTCO LA P<lL1'rlCACOP..10 Vt,CA.ClóN 173

conflic�o en el que se luchaba por sus ideales. El pro­ para ello seguidores, un «aparato» humano. Para
testantismo normal, por el contrario, legitimó el Es­ que éste funcione tiene que ponerle ante los ojos los
tado, es decir, el recurso a la violencia, como una necesarios premios internos y externos. En las con­
institución divina, especialmente el Estado autori­ diciones de la moderna lucha de clases, tiene que
tario legítimo. Lutero quitó de los hombros del indi­ ofrecer como premio interno la satisfacción del odio
viduo particular la responsabilidad ética de l a gue­ y del deseo de revancha y, sobre todo, la satisfacción
rra para arrojarla sobre la autoridad, a la que se del resentimiento y de Ja pasión pseudoética de te­
puede obedecer, sin ser culpable, en todo salvo en ner razón; es decir, tiene que satisfacer la necesidad
las cuestiones de fe. El calvinismo volvió a aceptar de difamar al adversario y de acusarle de herejía.
como principio básico 1-a le�itimidad de lit f:.:::r Como medios externos tiene que ofrecer la aventu­
,.... ....uuJu i uMv para Ja deensa
t de la fe, es decir, !ague­ ra, el triunfo, el botín, el poder y las prebendas. El
rra de religión, que fue un elemento vital en el Islam jefe depende por entero para su tri�o del funcio­
desde sus comienzos. Como puede verse, no es la namiento de este aparato y por esto depende de los
moderna falta de fe, nacida del culto renacentista motivos del aparato y no de los suyos propios. Tie­
por el héroe, la que ha suscitado el problema de la ne, pues, que asegurar permanentemente esos pre­
ética política. Todas las religiones, con éxito muy mios para Jos seguidores que necesita, es decir, para
distinto, han lidiado con Él como, de acuerdo con lo los guardias rojos, l.os pícaros y los agitadores. En
que acaba1nos de decir, no podía por 1nenos de su­ tales condiciones, el resultado objetivo de su acción
ceder. La singularidad de todos los problemas éticos no está en su mano, sino que le viene impuesto �or
de la política está determinada sola y exclusivamen­ esos motivos éticos, predominantemente abyectos,
te por su medio específico, la violencia legítima en de sus seguidores, que sólo pueden ser refrenados
manos de las asociaciones humanas.
·
en la medida en que al menos una parte de éstos,
Quien de cualquier modo pacte con este medio y que en este mundo nunca será la mayoría, esté ani­
para cualquier fin que Jo haga, y esto es lo que todo mada por una noble fe en su persona y en su causa.
político hace, está condenado a sufrir sus conse­ Pero, incluso cuando subjetivamente es sincera, no
cuencias especificas. Esta condena recae muy espe­ sólo esta fe no pasa de ser en la mayor parte de los
cialmente sobre quien lucha por su fe, sea ésta reli­ casos más que una «legitimación» del ansia de ven­
giosa o revolucionaria. Tomemos la actualidad co­ ganza, de poder, de botín y de prebendas (no n�s
mo ejemplo. Quien quiera imponer sobre la tierra engañemos, la interpretación materialista de Ja his-
l a justicia absoluta valiéndose del poder necesita . toria no es tan1poco un carruaje que se toma y se
174 CL fOt.fTJCO Y t.LCJJ:iN'Tfí-JCO l.AJ'OLf'TttCA<'..0"'°10 VC.)CACIÓN 175

deja a capricho, y no se detiene ante los autores de l a ciones. Quien busca la salvación de su alma y la de
revolución), sino que, sobre todo, tras J a revolución Los demás que no la busque por el camino de la polí­
emocional, se impone nuevamente la cotidianidad tica, cuyas tareas, que son muy otras, sólo pueden
tradicional: los héroes de la fe y La fe mjsma desapa­ ser cumplidas mediante la fuerza. El geruo o demo­
recen o, lo que es más eficaz aun, se transforman en nio de la política vive en tensión interna con el dios
parte constitutiva de la fraseología de los pícaros y del amor, incluido el dios cristiano en su configura­
de los técnicos de la política. Esta evolución se pro­ ción eclesiástica, y esta tensión puede convertirse en
duce de forma especialmente rápida en las contien­ todo momento en un conflicto sin solución. Esto Lo
das ideológicas porque suelen estar dirigidas o sabían ya los hombres en la época de Ja dominación
inspiradas por auténticos caudillos, profetas de la de la Iglesia. Una y otra vez caía el interdicto papal
revolución. Aquí, como en t_odo aparato sofA_etido a sobre Florencia (y en esa época esto significaba para
una jefatura, una de las condiciones del éxito es el los hombres y la salud de sus almas_ un poder más
empobrecimiento espiritual, la cosificación, la pro­ fuerte que lo que Fichte llama la «aprobación fría»
letarización espiritual en pro de la «disciplina». El del juicio moral kantiano), cuyos ciudadanos, sin
séquito triunfante de un caudillo ideológico suele embargo, continuaban combatiendo contra los Es­
así transforn1arse con especial facilidad en un gru­ tados de la Iglesia. Con referencia a tales situacio­
po completrunente ordinario de prebendados. nes, y en un bello pasaje que, si la memoria no me
Quien qui.era en general hacer política y, sobre engafi.a, pertenece a las «.Historias florentinas», Ma­
todo, quien quiera hacer política co1110 profes.ión quiavelo pone en boca de uno de sus héroes la ala­
ha de tener conciencia de estas paradojas éticas y de banza de aquellos que colocan la grandeza de lapa­
su responsabiüdad por Jo que él mismo, bajo su pre­ tria por en.cima de la salvación de sus almas.
sión, puede llegar a ser. Repito que quien hace polí­ Si en lugar de ciudad natal o de (<patria», que qui­
tica pacta con los poderes diabólicos que acechan en zás no tienen hoy para todos w1 significado unívo­
torno de todo poder. Los grandes virtuosos del co, dicen ustedes (<el futuro del socialismo}> o la «paz
amor al prójimo y del bien acósmico de Nazaret, de internacional», tendrán planteado el problema en su
Asís o de los palacios reales de la India no operaron forma actual. Todo aquello que se persigue a través
con medios políticos, con el poder. Su reino «no era de la acción política, que se sirve de medios v o
i len­
de este mundo», pese a que hayan tenido y tengan tos y opera con arreglo a la ética de la respcnsabili­
eficacia en él. Platón, Karatajev y los santos dos­ dad, pone en peligro la «salvación del alma>>. Cuan­
toievskianos siguen siendo sus más fieles reproduc- do se trata de conseguir una finalidad de ese género
176 LA�01..r-nCACOMO V(.)(.;/\CIÓN' )77
GJ... POW'l'ICO Y 1ll..CfEN'1iPICO

en un combate ideológico y con una pura ética de la pasión auténtica) veo aparecer súbitamente a los po­
convicción, esa finalidad puede resuJtar perjudica­ líticos de convicción en 1nedio del desorden gritan­
da y desacreditada para muchas generaciones por­ do: «El mundo es estúpido y abyecto, pero yo oo; la
que en su persecución no se tuvo presente la respon­ responsabilidad por las consecuencias no me co­
sabilidad por las consecuencias. rresponde a mí, sino a los otros para quienes yo tra­
Quien así obra no tiene conciencia de las poten­ bajo y cuya estupidez o cuya abyección yo extirpa­
cias diabólicas que están en juego. Estas potencias ré», lo primero que hago es cuestionar la solidez
son inexorables y originarán consecuencias que interior (inneren Schwergewichts) que existe tras
afectan tanto a su actividad como a su propia alma, esta ética de la convicción. Tengo la impresión de
frente a }�<; que c:e e!!cn,..n•=:: ;..,d:�:nso si 110 j.,.,, ve. que en nueve casos de cada diez me enfrento con
«El demonio es viejo; hazte viejo para poder enten­ odres llenos de viento que no sienten realmente lo
derlo.» No se trata en esta frase de años, de edad. Yo que están haciendo, sino que se inflaman con sensa­
nunca me be dejado abrumar en una discusión por ciones románticas. Esto no me interesa mucho hu­
el dato de la fecha de nacimiento. Pero el simple he­ manamente y no me conmueve en absoluto. Es, por
cho de que alguien tenga veinte años y yo más de el contrario, infinitamente conmovedora la actitud
cincuenta tampoco puede inducirme, en definitiva, de un hombre ma.duro (de pocos o muchos años,
a pensar qu.e eso constituye un éxito ante el que ten­ que eso no importa), que siente realmente y con
go que temblar de pavor. Lo decis]vo no es la edad, toda su alma esta responsabilidad por las conse­
sino la educada capacidad para mirar de frente las cuencias y actúa conforme a una ética de responsa­
realidades de la vida, soportarlas y estar a su altura. bilidad, y que al llegar a un cierto momento dice:
Es cierto que La po1ít.ica se hace con la cabeza, «No puedo hacer otra cosa, aquí me detengo». Esto
pero en 1nodo alguno solamente con la cabeza. En síes algo auténticamente humano y esto sí cala hon­
esto tienen toda la razón quienes defienden la ética do. Esta situación puede, en efecto, presentársenos
de la convicción. Nadie puede, sin embargo, prescri­ en cualquier momento a cualquiera de nosotros que
bir si hay que obrar conforme a la ética de la respon­ no esté mu.erto interiormente. Desde este punto de
sabilidad o conforme a la ética de la convicción, o vista la ética de la responsabilidad y la ética de la
cuándo conforme a una y cuándo conforme a otra. convicción no son términos absolutamente opues­
Lo único que puedo decirles es que cuando en estos tos, sino elementos complementarios que han de
tiempos de excitación que ustedes no creen «estéril» concurrir para formar al hombre auténtico, alhom­
(la excitación no es ni esencialmente ni siempre una bre quepuede tener «vocación política».
178 llL l>OLJlrlCO l' UL CfENTf.ElCO 179

Y ahora, estimados oyentes, los emplazo para que ¿quién de aquellos vivirá cuya primavera florece h'Oy
hablemos nuevamente de este asunto dentro de diez aparentemente con tanta opulencia? ¿Y qué habrá
Si entonces, como desgraciadamente tengo
añ.os. sido entonces internamente de todos ellos? Ha­
muchos motivos para temer, llevamos ya mucho brán caído en la amargura o en la grandilocuencia
tiempo dominados por la reacción y se ha realizado vacía, o habrán aceptado simplemente el mundo y
muy poco o quizás absolutamente nada de lo que, su profesión, o habrán seguido un tercer camino,
seguramente muchos de ustedes, y yo mismo, como que no es el más infrecuente, el de la huida mística
he confesado frecuentemente, hemos deseado y del mundo para aquellos que tienen dotes para ello
esperado (muy probablemente eso no me aniquila­ o que (y esto es lo más común y lo peor) adoptan
es­
rá, pero supone, desde luego, una grave carga saber este camino para seguir la moda. En cualquiera de
­
que así será), me gustará mucho saber qué «ha sido» tos casos sacaré la consecuencia de que no han esta
han
interiormente de aquellos de entre ustedes que ahora do a la altura de sus propios actos, de que no
es, Y a
se sienten auténticos «políticos de convicción» y est��o a la.�tura del mundo como realmente
participan en la embriaguez de esta revolución ac­ la altura de su cotidianidad. Objetiva y verdadera­

tual. Sería muy_ bello que las cosas fueran de tal mente, no han ten1do, en sentido profundo, la vo�
r
modo que se les pudiera aplicar lo que Shakespeare ción política que creían tener. Habrían hecho meJO
de
dice en el soneto 102: ocupándose lisa y ilanamente de la fraternidad
a su
hombre a hombre y dedicándose simplemente
Entonces era primavera y tierno nuestro amor trabajo cotidiano.
pe­
entonces Ja saludaba cada día con mi canto La poütica consiste en una dura y prolongada
la
como canta el ruiseñor en Ja alborada del estío netración a través de tenaces resistencias, para
a.
y apaga sus trinos cuando va entrando el día. que se requiere, al mismo tiempo, pasión y �esui;
Es completamente cierto, y así lo prueba la Histona,
_
Pero las cosas no son así. Lo que tenemos ante nos­ que en este mundo no se consigue nunca lo posible
o�os no es Ja alborada del estío, sino una noche po­ si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero
un
lar de una dureza y una oscuridad heladas, cuales­ para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser
quiera que sean los grupos que ahora triunfen. Allí caudillo sino también un héroe en el sentido más
' .

en donde nada hay, en efecto, no es sólo el empera­ sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ru
dor quien pierde sus derechos sino también el pro­ lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa
letario. Cuando esta noche se disipe poco a poco, fortaleza de ánimo que permite soportar la destruc-
180
E�POt..l'TlCO Y EL CUiNIIPICO

ción de todas las esperanzas, si no quieren resultar


incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible.
La ciencia como vocación
Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, des­
de su punto de vista, el mundo se muestra demasia­
do estúpido o demasiado abyecto para lo que él Je
ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de res­
ponder con un «sin embargo»; sólo un hombre de
esta forma construido tiene «Vocación» para l a po­
ütica.

De acuerdo con vuestro deseo he de hablaros hoy


sobre «la ciencia como vocación». Tenemos Jos
economístas una cierta pedantería pecultar,. den­
tro de la que quisiera mantenerme, y que consiste en
. .
la
.
arrancar s1empre de las re1 ac1ones ex.ternas En
·

cuestión que hoy nos ocupa habríamos de arrancar,


pues, de la siguiente pregunta: ¿Cómo se I_>resen a�
hoy La ciencia como profesión, en el sentido � s
material del término? Desde el punto de v1stª prac­
·

tico esta pregunta equivale esencialmente ª esta


q�e
otra: ¿Cuál es hoy la situación de un graduado
está resuelto a consagrarse profe ionalmente � a
s
ciencia dentro de la Universidad? Para comprener
en qué consiste la peculiaridad alemana al respecto
parece conveniente proceder por vía de co mpar� -
CJ..6n y recordar cuál es esta s1tuac1on
. iS
. , en aquel pa
que más difiere del nuestro en lo relativo ª estas
cuestiones, es decir, en los Estados Unidos.

181
782 l!L POLfTICO Y E1.CIENTfFICO 183
LAPF.NCIA COMO VOCACION

salario,
Como es sabido, entre nosotros la carrera de un El mucbacho recibe desde el comienzo un
cuantía
joven que quiera consagrarse a Ja profesión científi­ aunque, desde luego, éste es bajo, ya que su
ca comienza normalmente por la función de Privat­ apenas corresponde, la mayoría de las v �
e es, a lo que
ificado. En
dozent. Después de haberse puesto al habla con el percibe un obrero medianame?te cual
. men­
titular de Ja especialidad y haber obtenido su con­ todo caso comienza con una pos1oón aparente
sentimiento, se califica para ello presentando una te sólida, puesto que recibe un suel

do fijo. orno
sm em­
obra original y sometiéndose a examen en una uni­ sucede con nuestros asistentes, la regla es,
tiene que
versidad determinada, en la cual, sin salario y sin bargo, la de que puede ser destituido, y
ante
más retribución que la que resulta de la matrícula esperar que se le destituya de un modo bast
en él se
de Jos estudiantes, puede profesar cursos cuyo ob­ despiadado si no colma las esperanzas que
sea ca­
jeto fija él mismo t;lentro de los límites de su venia le- pusieron. Estas esperanzas consisten en que
gendi. e su­
paz de «llenar la sala». Esto es algo que no pued
·

­
En América la carrera académica comienza nor­ cederle a un privatdozent alemán. Un � vez no�
malmente, de forma totalmente distinta, con el brado no puede ya ser destituido. En realidad �
o tie­
nombram ienlo de assistant. De manera análoga a lo ne «derechos», pero sí la razonable expectativa
de
s
que sucede entre nosotros en los grandes institutos que, después de haber desempeñado durante .año
de las facultades de Medicina y de Ciencias, en los sus funciones, se le guarden ciertas consideraciones
que sólo una pcquefia parte de los asistentes, y fre­ y se le tome en cuenta incluso para el caso (con fre­
­
cuentemente ·muy tarde, pretende la habilitació n cuencia muy importante) en que se trate de la even
como privatdozent. Esta diferencia significa en la tual habilitación de otros privatdozenten. Esta cues­
práctica que entre nosotros la carrera científica está tión de si se debe habilitar a aquellos graduados
edificada en definitiva sobre supuestos plutocráti­ probadamente capaces que lo soliciten o se deb
en
»
cos, pues es sumamente arriesgado para un científi­ tomar en consideración las «necesidades docentes
co joven sin bienes de fortuna personal exponerse a (es decir' si se debe conceder un monopolio a los
.
los azares de la profesión académica. Al menos du­ prívatdozenten ya en funciones) constituye un pe-
rante un cierto número de años tiene que estar en si­ noso dilema, estrechamente conectado con esa do- .
tuación de sostenerse con sus propios medios, sin ble faz de la profesión acadé1nica de la que en segui­
tener la certeza de que más tarde podrá conseguir da hemos de ocuparnos. En la mayor parte de los
un puesto que le permita vivir. En los Estados Uni­ casos se opta por la segunda de las dos soluciones
dos, por el contrario, impera el sistema burocrático. antes mencionadas, lo cual implica, sin embargo,
185
184 f'L P
ortc co
r
.. v fil...CtENl'fFroo LA CJEN(:IAC0�10 VOCAMON

r ordinario se
que el profesor ordinario interesado, por muy con­ Germanística, por ejemplo, el profeso
_ de tres horas
cienzudo que sea, prefiera a sus propios discípulos. contenta con dictar, digamos, un curso
el joven asis­
Para decirlo todo, yo personalmente he seguido el semanales sobre Goethe, en tanto que
en sus doce
f'.rincipio de que quienes se han graduado conmigo tente se puede dar por muy satisfecho si
ñar Los ru­
tienen que hacer sus pruebas y habilitarse con otro horas semanales de clase, además de ense
ocuparse de
profesor y en otra universidad. El resultado de este dimentos de la Lengua alemana, puede
a así. Son las
principio ha sido, sin embargo, el de que uno de mis poetas de la categoría de Uhland o cos
rminan el
mejores discípulos se ha visto rechazado en otra autoridades de la especialidad las que dete
a él, �omo
universidad porque nadie quería creer alli que fuera programa, y el assistant tiene qu: ceñirse _
los mstJ­
ésta la verdadera razón de que buscara en-ella la ha­ entre nosotros sucede con Los asLstentes de
bilitación. tutos.
la reciente
fu.IsLe aúr1 otra diferencia enere nuestro sistema y Podemos ver ahora con claridad cómo
en su seno
el an1erkano. Entre nosotros, por lo general, el pri­ ampliación de la Universidad para acoger
o entre
vatdozent tiene que ocuparse menos de lo que qui­ nuevas ramas de la ciencia se está haciend
Los gran­
siera de la explicación de clases. En principio tiene nosotros siguiendo patrones an1ericanos.
con­
derecho a dictar clases sobre todos los temas de su des institutos de Medicina o de Ciencias se han
. No
especialidad, pero esto sería considerado como m1a vertido en empresas de «capitalismo de Estado»
pueden realizar su labor sin medios de gran
enver­
inaudita falta de consideración para con los dozen­
ma .si­
len más antiguos, y generalmente es el titular quien gadura, y con esto se produce en ellos la mis
s aquellos lugares en los que m­
dicta las «grandes» lecciones, en tanto que el privat­ tuación qu· e en todo
del
dozent se ocupa de las cuestiones secundarias. La terviene La empresa capitalista: la «separación
El tra­
ventaja del sisten1a es la de que, aunque sea, en par­ trabajador y de los medios de producción».
o
te, contra su voluntad, este último tiene asílibertad bajador, en nuestro caso el asistente, está vinculad
para dedicarse al trabajo científico durante sus años a los medios de trabajo que el Estado pone a su dis­
epen­
de juventud. posición. En consecuencia es tan poco ind
En América las cosas suceden, en principio, de diente frente al director del instituto como el emplea­
muy otro modo. Como recibe un sueldo, es justa­ do de una fábrica frente al de ésta, pues el director
mente durante sus primeros años de profesorado del instituto piensa, con entera buena fe, que éste �s
cuando más abrumado de trabajo docente se en­ suyo, y actúa como si efectivamente lo fuera. Su Sl­
cuentra el joven científico. En un departamento de tuación es frecuentemente tan precaria como cual-
186 187

quier otra existencia (<proletaroide», como le ocurre que impera, pero Ja casualidad reina de un modo
también al ass;stant de la Universidad americana. desacostumbrado. Apenas conozco otra carrera en
La vida universitaria alemana se americaniza, el mundo en la que el azar juegue un papel semejan­
como se americani1,a nuestra vida entera en puntos te. Estoy tanto más calificado para hablar así cuanto
muy importantes, y estoy convencido de que esta que yo, personalmente, tengo que agradecerle a
evolución ha de afectar también con el tiempo a .
ciertas casualidades puras el haber sido nombrado
aquellas disciplinas en las que, como hoy sucede en muy joven profesor ordinario de una materia en la
gran parte con la mía, el artesano mismo es propie­ que otros colegas mayores que yo habían prodt_lcido
tario de los medios de trabajo (esencialmente de la para entonces obras más importantes que la nu�. ��
biblioteca) del mismo modo que en el pasado era el virtud de esta experiencia, creo tener �a sensibili­
_
artesano propietario de su taller. La evolución se en­ dad muy aguda para percibir el in1:'1erec1d� destlno
cuentra en pleno desarrollo. de muchos para los que la casualidad ha Jugado .Y
Las ventajas técnicas de esta situación son indu­ juega en sentido contrario y que, pese a su capaci­
dables, como lo son las de toda empresa capitalistay dad, no llegan a ocupar el puesto que merecen por
burocratizada. El nuevo <(espíritu», sin embargo, obra de este sistema de selección.
está muy alejado de la vieja atmósfera histórica de El hecho de que el azar, y no sólo la capacidad,
las universidades alemanas. En lo i_nterno y en lo ex­ constituya un factor determinante, no depende ex­
terno, existe un inmenso abismo entre el jefe de wia dusivam.ente y ni siquiera principalmente de las de­
ero.presa universitaria y capitalista de este género y bilidades hum.anas que, naturalmente, se hacen
el habitual profesor ordinario de viejo estilo. Esta �
sentir en este procedimiento de selecci n c�m� en
diferencia afecta también a la actitud interna, aun­ cualquier otro. Seria injusto culpar a La 1nfenondad
que no quiero insisLir más sobre esto. En lo interno personal del Ministerio de las Facultades del hecho
como en lo externo, la vieja constitución de la Uni­ �
indudable de que existan muchos me oc es que

versidad se ha hecho ficticia. Se ha conservado, sin ocupan puestos importantes en las un1vers1dades.
embargo, e incluso se ha intensificado, un elemento Esto es algo que depende de las Leyes de la col bora­
_

peculiar de la carrera académica : la cuestión de si ción humana, que es en este caso la colaborac16n de
un privatdozent o un asistente tendrán alguna vez varias corporaciones: la Facultad que propone Y el
oportunidad de ocupar un puesto de profesor ordi­ Ministerio. Un fenómeno paralelo nos ofrece la
nario o de director de un instituto sigue dependiea­ elección papal, cuyos procedimientos odemos se­

do del azar. Ciertamente no es sólo la casualidad la guir a lo largo de los siglos y que consutuye el más
!89
188 e.L VOL.trrcoY'fLeu::N"rfRCO CA l.IENCIA COMO VO<J.t.:.LÓN

sin embargo, puedo


importante ejemplo controlable de una selección de raramente son agradables, y,
persona. Sólo en contadas ocasiones se ha visto co­ asegurar que en Los numerosos 1 ha sido
casos q�e ;ne
. una, existíala buena
ronado el cardenaJ considerado como «favorito». dado conocer, sin excepoón alg
ente obje-
Por regla general la tiara ha ido al que ocupaba el se­ voluntad de decidir por motivos puram
gundo o tercer lugar en el orden de preferencias.
Otro tanto ocurre con los presidentes de los Estados
tivos.
Hay que ver las cosas con clarid

ad. o son única-
selección operada a
Uni?os. Sól� �xcepcionalmente consigue l a nomi­ mente las insuficiencias de la
las que hacen tan
nation partidista y, después, el triunfo electoral el través de una decisión colectiva
los destinos acadé­
candidato más notorio y famoso; una y otra van ge­ sumamente azarosa la suerte de
llamado a la profesión
neralmente al que h:.ce el número dos o tres. Los micos. 1odo joven que se crea
a clara de que La ta­
académica debe tener concienci
americanos han acuñado ya expresiones sociológi-

- cas técnicas para esignar a este tipo de hombres, y rea que le aguarda tiene una do

ble ver ent�. No le
, suman1e o sab10, smo que
sena nte mteresante buscar, a partir de es­ bastará con estar cualificado com
. profesor, y estas dos
t�s e1emplos, las Jeyes de una selección operada me­ b.a de estarlo también como
íprocamente ni mu­
d1ante tu1a volw1tad colecLiva. No vamos a ocupar­ cualidades no se implican rec
puede ser un sabio ex­
nos a�uí de esta c estión, pero sí hay que observar
� chísimo menos. Una persona
un profesor desastro­
que dichas leyes tienen ta1nbién validez en lo que cepcional y a] 1ni.smo tiempo
de hombres corno
respecta a la$ corporaciones universitarias y que lo so. Pienso en la activjdad docente
, desde luego, ejem­
que puede ser motivo de asombro no es el hecho Helmholtz o Ranke, que no son
anizadas las co�as,
de que hay� errores frecuentes, si no el de que, pese a plos únicos. Tal como están org
todo las pequenas,
todo, el nun1ero de nombramientos acertados sea nuestras universidades, sobre
competen�ia por
tan elevado. Lo que es seguro es que son sólo los me­ están empeñadas en una ridícula
diocres acomodaticios o los arrivistas los que tienen conseguir el mayor número po

sible e �stud1antes.
. hab1tac1�nes en las
posibilidades de ser nombrados cuando en los nom­ Quienes explotan el alquiler de
con festeJOS al estu­
bramientos interviene, por motivospolíticos, el Par­ ciudades universitarias saludan
de preferencia con
lamento, como sucede en algunos países, o el mo­ diante número mil, pero honran
narca o un dirigente revolucionario, como sucedía un desfile de antorchas al que
hace llegar a dos mil el
ente de las matricu­
antes y sigue sucediendo ahora entre nosotros. número total. El ingreso proced
irlo francamen­
Nin� p�ofesor universitario recuerda con gus­ las se ve condicionado, hay qúe dec
padas de modo
to las discusiones en torno a su nombramiento, que te, por el hecho de que estén ocu
190
fil. POt.fr1co Y llCf2.l\,.'lj']_FJCO t.A c".teNCl.ACOMO VOCACt(\N 191

«atra�tiv_o» las cátedras más próximas, pero aun nosotros lo único decisivo) a tener sobre ellos ideas
prescindiendo de esto, es evidente que el nú mero de propias es quizás la 1nás difícil de las tareas pedagó­
matrícula� constitu�e u_n signo de éxito susceptible gicas. No es, sin embargo, el número de oyentes el
de expresión cua11titat1va, en tanto que la calidad que decide sobre el éxito o el fracaso de este em� e­
.
CJ.entífica no es cuantificable y que, frecuente y natu­ ño. Y volviendo a nuestro tema, este arte de ensenar
ralmente, le sea negada a los innovadores audaces. es, en todo caso, un don personal que nada tieneque
Todo queda subordinado a esta obsesión de la infi­ ver con la calidad científica de un sabio. A diferencia
nita bondad y valor del gran número de estudiantes. de Francia no tenemos nosotros, sin embargo, una
Cu ��o se dice de alguien que es un mal profesor, corporación de «inmortales» de la ciencia, de tal
. equivale en la mayor parte de los casos a
este 1u1c10 modo que, según nuestra tradición, las universida­
una sentencia demuerte académica, aunque se trate des han de responder a la doble exigencia de la in­
del mayor sabio . del mundo. Para colmo, la cuestión vestigación y de la enseñanza. El que las capac�da­
d� saber si a�gtlien es buen o mal profesor es respon­ des para estas dos funciones distjntas se den urudas
d1da en función de la asiduidad con que ese alguien se en un mismo individuo es simple casualidad.
ve ho �rado por Los señores estudiantes, y es bien La vida académica es, por tanto, puro azar. Resulta
conocido el hecho de que la afluencia de estudiantes i posible aceptar Ja responsabilidad de aconsejar
casi m
� un� cátedra.determinada depende, en grado casi al joven que viene a pedir una orientació1:1 so,bre su
LDcre1ble, de circunstancias puramente externas, ta­ posible habilitación. Si se trata de lln JUd10 hay
les corno so.n el temperamento del profesor o su tim­ que responderle naluralmente lasciate ognisperanza.
bre d.e voz. U�a experiencia Jnás que suficiente y nna Pero, en concienci.a, a cualquier otro, aunque no lo
sobna refle.JOón me han enseñado a desconfiar pro­ sea, hay que preguntarle también: «¿Cree usted que
fundamente de los cursos masivos, por inevitables podrá soportar sin amargarse y sin corrompers� el
q�e �ean : La democracia está bien dentro de su pro­ que año tras año pase pordelante de usted Wla medio­
p10 �bito, pero la educación científica que, por cridad tras otra?» Por supuesto, la respuesta que se
tradición, hemos de procurar en las universidades recibe es siempre la misma: <<Naturalmente, yo vivo
alemanas es una cuestión de aristocracia espiritual, sólo para mi vocación». He de decir, no obstante,
y sobre esto no cabe engañarse. También es cierto queyo al menosheconocido a muy � pe �son� que
que la exposición de los problemas científicos de tal puedan soportar esto sin daño para su VJda mtenor.
modo que resulten comprensibles para una mente Era esto lo que me pareda necesario decir sobre
no educada, pero capaz, y ésta llegue (y esto es para lascondiciones exteriores de lavida académica.
192 BL POLl'TTCO Y ELCLENTCFlCO }93

Creo, sin embargo, que lo que ustedes esperaban la ven desde fuera, sin esta pasión, sin este senti­
de mí era algo distinto; que Les hablase de la voca­ miento de que «tuvieron que pasar milenios antes
ción fr1tirna del hombre de ciencia. En la actualidad de que yo apareciera y milenios aguardaron en si­
la situación interior de la vocación científica está lencio a que yo comprobase esta hipótesis», no se
condicionada, en primer lugar, por el hecho de que tiene vocación para la ciencia y es preferible de­
la ciencia ha entrado en un estadio de especializa­ dicarse a algo distinto. Nada tiene valor para el
ción antes desconocido y en el que se va a mantener hombre en cuanto hombre si no puede hacerlo con
para siempre. Todos los trabajos que rozan con pasión.
otras disciplinas, como los que ocasionalmente ha­ Sucede, sin embargo, que por mucha, auténtica y
cemos y como los que los sociólogos tienen que profunda que sea esta pasión no es posible forzar
hacer una y otra vez, se llevan a cabo con la resignada con ella el resultado. No es más q�e w1a condición
conciencia de que tal vez se están proporcionando al previa de lo que sí es decisivo, de la «inspiración)>.
especialista cuestiones útiles en las que él no caería En Los círculos juveniles está hoy muy extendida la
fácilmente desde su propia situación, pero que el idea de que la ciencia se ha convertido en una opera­
trabajo propio, como lal, ha de quedar inevitable­ ción de cáJcuJo que se lleva a efecto en los laborato­
mente muy incompleto. Sólo 1nediante una estricta rios o en los archivos estad(sticos con el frío enten­
especialización puede tener el trabajador científico dimiento, y no con loda el <<alma», en algo que se
ese sentimiento de plenitud, que seguramente no se produce como «en una fábrica». Frente a esta creen­
produce n1ás de una vez a lo largo de una vida y que cia hay que señalar, por de pronto, que parte de un
le permite decir: «Aquí he construido algo que du­ conocimiento erróneo de lo que ocurre en una fá­
rará». En nuestro tien1po la obra realmente impor­ brica y de lo que ocurre en un Laboratorio. Para Lle­
tante y definitiva es siempre obra de especialistas. gar a producir algo valioso en uno u otro lugar es
Quien no es capaz de ponerse, por decirlo así, unas necesario que al hombre se le ocurra algo, aquello
anteojeras y persuadirse a sí mismo de que la salva­ precisamente que es adecuado. Esta ocurrencia, sin
ción de su alma depende de que pueda comprobar embargo, no puede ser forzada y no tiene nada de
esta conjetura y no otra alguna, en este preciso pa­ frío cálculo. Por supuesto que también el frío cálcu­
saje de este manuscrito, está poco hecho para la lo es una condición previa. Ningún sociólogo, por
ciencia. Jamás experimentará en sí mismo lo que ejemplo, puede lamentar el tener que dedicarse du­
poddamos llamar la «vivencia» de la ciencia. Sin rante meses, y quizás en su vejez, a realizar �pera­
esta extraña embriaguez, ridícula para todos los que ciones perfectamente triviales. Se paga caro el mten-
1911 1:L POLITICO Yt!LC"AJlX1'tfJCO LA ClENCJt\ c;Ofli.10 VOCAr1()N 195

to de descargarse de esta tarea con Ja ayuda de me­ cuesta, o en cualquier otro momento. En todo caso
dios mecánicos, si es que realmente quiere sacarse surge cuando menos se la espera y 1nientras uno
algo de ella, aunque lo que se saca sea con frecuencia pena y se afana en la mesa de trabajo. Claro es que
muy poca cosa. Pero si no se le «ocurre» algo con­ jamás surgiría si uno no tuviera tras sí esas horas de
creto sobre la dirección de su cálculo y, mientras penar en la mesa de trabajo y esa preocupación
éste se está efectuando, sobre el alcance de sus posi­ constante por las cuestiones abiertas. Sea como fue­
bles resultados, ni siquiera esta poca cosa se conse­ re, el trabajador científico tiene que tomar también
guirá. Sólo sobre el terreno de un duro trabajo en cuenta este azar, común a todo trabajo científico,
surge normalmente la ocurrencia, aunque se den al­ deque la inspiración puede venir o no venir. Se puede
gunas excepciones a esta regla general. La ocu­ ser un destacado trabajador y no haber tenido ja­
rrencia de un aficionado puede tener el mismo o más una ocurrencia valiosa. Lo que sí constituye u n
mayor alcance científico que ]a de un especialista, y error grave es creer que esto ocurre sólo en la cien­
a aficionados tenemos que agradecerles muchos de cia y que, por ejemplo, Las cosas suceden de modo
nuestros mejores planteamientos y conocimientos. distinto en un laboratorio que en un negocio. Un co­
El aficionado sólo se distingue del especialista merciante o un gran industrial sin «fantasía comer­
(como fielmholtz d-ecía de Robert Mayer) porque le cial>>, es decir, sin ocurrencias, sin ocurrencias ge­
falta la frrme seguridad del método de trabajo y, en niales, no pasará nunca de ser, en el mejor de los
consecuencia, no está La mayor parte de las veces en si­ casos, dependiente o empleado técnico, y jamás es­
tuación de apreciar y controlar o, incluso, de llevar tructurará nuevas organizaciones. No es, en modo
a cabo la ocurrencia. La ocurrencia no puede susti­ alguno, cierto que la inspiración juegue mayor pa­
tuir al trabajo, con10 éste a su vez no puede ni sus­ pel en la ciencia que en la solución de los problemas
tituir nj forzar a La ocurrencia, como no puede hacer­ prácticos que se plantean a un empresario mod.er­
lo tampoco la pasión. Trabajo y pasión sí pueden, en no, aunque La soberbia de los científicos no lo crea así.
cambio, provocarla, sobre todo cuando van unidos, Así como tampoco, en contra de lo que suele creer­
pero ella viene cuando quiere y no cuando quere­ se, es su papel menor en la ciencia que en el arte:
mos nosotros. De hecho es perfectamente cierto que Es una idea infantil la de que un matemático pue­
las mejores cosas se le ocurren a uno rruentras furo.a de llegar a un resultado científicamente valioso .
un cigarro en el sofá, como le sucedía a Ihering, o trabajando. sobre su mesa con una regla de cálculo o
quizás, como de sí mismo dice Helmholtz con preci­ cualquier otro medio mecánico o máquina de cal­
sión de físico, mientras pasea por caminos en leve cular. Es evidente, por supuesto, que tanto por su

196 l.A CIe�ClA CO�lO VOCACION 197

sentido como por Los resultados a los que apunta, la ningún gran artista que haya hecho otra cosa que
fantasía matemática de un Weierstrass está orienta­ servir a su arte y sólo a él. [ncluso en una personali­
da de modo muy distinto a la de un artista, y que dad como la de Goethe, el arte ha resultado perjudi­
una y otra son cualitativamente diferentes. Pero no cado por la libertad que el artista se tomó de querer
difieren en cuanto procesos psicológicos. Ambas hacer de su propia «vida» una obra de arte. Quizás
son embriaguez (en el sentido de la «manía» plató­ se ponga en duda esta afirmación, pero, en todo
nica) e «inspiración». caso, hay que ser un Goethe para poder permitirse
El que alguien tenga inspiraciones científicas es tal libertad, y nadie me negará que hasta un hombre
cosa que depende de un destino que se nos esconde de esa categoría, de los que sólo aparecen una vez
y, además, de ciertos «dones». Sobre la base de esta cada rnH años, tiene que pagar un precio por ella. Lo
verdad indudable se ha originado una actitud, muy mismo sucede en lo que respecta a la política, de la
..:Al��.1.1.-: , "vv1.: •vuo, y puJ .a.ü.<N� " ·u�o::u compren­
.. ...... que no hemos de tratar hoy.
sibles entre Ja juventud, con Ja que se rinde a ciertos En el terreno científico es absolutamente seguro
ídolos un culto del que encontramos muestras en que carece de «personalidad» quien se presenta en
todas las esquinas y en todos los periódicos. Estos escena como «empresario» de la causa ala que debe­
ídolos son la «personalidad» y la «vivencia». Ambos ría servir, intenta legitimarse mediante su «viven­
están estrechamenLe conectados y predomina la cia» y continuamente se pregunta: «¿Cómo podría
idea de que es la seglu1da la que contribuye a forn1ar yo demostrar que soy algo más que un simple espe­
la primera, a cuya esencia pertenece. La gente se cialista?, ¿cómo hacer para decir algo que en su for­
atormenta por «acumular vivencias», puesto que ma o en su fondo nadi.e haya dicho antes que yo?»
eso es lo que se espera de una personalidad, y si no lo Es ésta una actitud muy generalizada que indefecti­
consigue tiene que comportarse, al menos, como si blemente empequeñece y que rebaja a aquel que tal
hubiese recibido ese don. Antes esa «vivencia» se lla­ pregunta se hace, mientras que, por el contrario, la
maba en alemán «sensación», y se tenía, me parece, entrega a una causa y sólo a ella eleva a quien así
una idea más correcta de lo que es y lo que significa obra hasta la altura y dignidad de la causa m.ism-a.
la «personalidad». También en este plU1tO ocurre Lo mismo al científico
Distinguidos oyentes: en el campo de la ciencia yal artista.
sólo tiene «personalidad» quien está pura y simple­ Pero pese a la existencia de estas concüciones pre­
mente al servicio de la causa. Y no es sólo en el terre­ vias comunes tanto a nuestro trabajo como al traba­
no científico en donde sucede así. No conocemos jo artístico, el trabajo científico está sometido a un
198 LA CIEN<'.:IACOMO VOCACIÓN 199

destino que lo distingue profundamente de aquél. El contar con esto. Ciertamente existen trabajos cien­
trabajo científico, en efecto, está inmerso en la co­ tíficos que pueden guardar su importancia de modo
rriente del progreso, mientras que en el terreno del duradero como «instrumentos de gozo» a causa de
arte, por el contrario, no cabe hablar de progreso en su calidad artística o como medios de preparación
este sentido. No es cierto que la obra de arte de una para el trabajo. En todo caso, hay que repetir que el
época que dispone de nuevos medios técnicos o de sersuperados necesariamente no es sólo el destino de
conocimientos más profundos sobre las leyes dela todos nosotros, sino también la finalidad propia
perspectiva esté, sólo por esto, por encima de otra de nuestra tarea común. No podemos trabajar sin la
obra producida en una época en la que ni existían esperanza de que otros han de llegar más allá que
estos medios ni se conocían esas leyes, con tal, natu­ nosotros, en un progreso que, en principio, no tiene
ralmente, de que esta última sea material y formal­ fin. Llegamos así al problema del sentido de la
mente justa, es decir, con tal de que haya elegido y ciencia.
tratado su objeto como era posible hacerlo artística­ No es fácil de entender, en efecto, que alg-0 que
mente careciendo de esos medios y de esas leyes. está sometido a tal ley tenga en sí mismo sentido y
Una obra de arte que sea realmente «acabada» no sea en sí mismo comprensible. ¿Por qué ocuparse de
será nunca superada ni envejecerá jarnás. El indivi­ algo que, en realidad, no tiene ni puede tener nunca
duo podrá apreciar de manera distinta la importan­ tln? Una primera respuesta es Ja de que eso se hace
cia que para él, personaln1ente, tiene esa obra, pero con una finalidad práctica o, en ténninos más am­
nadie podrá decir nunca de una obra que esté real­ plios, técnica: para poder orientar nuestro compor­
mente «lograda» en sentido artístico, que ha sido tamiento práctico en función de las expectativas
«superada» por otra que también lo esté. En la cien­ que la experiencia científica nos ofrece. Esta res­
cia, por el contrario, todos sabemos que lo que he­ puesta es correcta, pero sólo tiene sentido para el
mos producido habrá quedado anticuado dentro de hombre práctico. ¿Cuál es, sin embargo, la actitud
diez o de veinte o de cincuenta años. E.se es el desti- íntima del hombre de ciencia respecto de su profe­
. no y el sentido del trabajo científico y al que éste, a sión? En el caso, naturalmente, de que se ocupe de
diferencia de todos los de1nás elementos de la cultu­ ello. Afixma que cultiva la ciencia «por sí misma>> y
ra, que están sujetos a la misma ley, está sometido y no porque otros consigan con ella éxitos técnicos o
entregado. Todo «logro» científico implica nuevas económicos, o puedan alimentarse, vestirse, alum­
«cuestiones» y ha de ser superado y ha de envejecer. brarse o gobernarse mejor. ¿Pero en qué sentido
Todo el que quiera dedicarse a la ciencia tiene que cree él que tiene que entregarse a crear algo destina-
200
BL t•OLITIC() Y FL Cl}.'ii!'J"Cffl'
I CQ
201
LAClf\NCJA CO�\O VOCACION

do indefectiblemente a envejecer, sumergirse en esta d_i


prar, según Las ocasiOnes, cantidades muy stlntas
empresa dividida en parcelas especializadas y ca­ de la misma cosa. El salvaje, por el contrario, sabe
rente de término final? La respuesta a esta cuestión muy bien cómo conseguir su alimento cotidiano Y
exige algunas consideraciones de orden general. cuáles son las instituciones que le ayudan para eso.
El progreso científico constituye una parte, la La inteLectualización y racionalización crecientes no
más importante, de ese proceso de intelectualiza­ significan, pues, un creciente conocimiento gene'.al
ción al que, desde hace milenios, estamos sometidos de las condiciones generales de nuestra vida. Su sig­
yfrente al cual, por lo demás, se adopta hoyfrecuen­ nificado es muy distinto; significan que se sa�
e o se
temente una actitud extraordinariamente negativa. cree que en cualquier momento en que se quiera se
Tratemos de ver claramente, por de pronto, qué es puede llegar a saber que, por tanto, no existen e�
lo que significa desde el punto de vista práctico esta torno a nuestra vida poderes ocultos e imprev1s1-.
r;ari0n�Ji-.��if\n intPf Prt1 r..-liel"> �er:f��-tri.,¿;� ne
!:i bles, sino que, por el contrario, todo puede ser �o­
ciencia y de la técnka científi�arnente orientada. minado mediante el cálculoy laprevisión. Esto �e­
¿Significa, quizás, que hoy cada uno de los que esta­ re decir simplemente que se ha excluido lo roágtco
n1os en esta sala tiene w1 conocimiento de sus pro­ del inundo. A diferencia del salvaje, para quien tal�s
pias condiciones de vida inás claro que el que de las poderes existen, nosotros no tenemos que re�urnr
suyas tenía un indio o un hotentote? Difícil.mente ya a medios mágicos pat·a controlar los espíritus o
será eso verdad. A no ser que se trate de un físico, moverlos a piedad. Esto es cosa que se logra merced
quien viaja en tranvía no tendrá seguramente ni a los medios técnicos y a la previsión. Tal es, esen­
idea de cómo y por qué aquello se mueve. Además, cialmente, el significado de la intelectualización.
tampoco necesita saberlo. Le basta con poder «con­ Ahora bien, cabe preguntarse si todo este pro�e­
tar» con el comportamiento del tranvía y orientar so de desmagificación, prolongado durante mile­
así su propia conducta, pero no sabe cómo hacer o»
nios en la cultura occidental, si todo este <<progres
tranvías que funcionen. El salvaje sabe muchísimo inte�
en el que La ciencia se inserta como elemento
que
más acerca de sus propios instrumentos. Si se trata grante y fuerza propulsora, tiene algún sentido
de gastar dinero, podría apostar a que, aunque se trascienda de lo puramente práctico y técruco. ' Este
·

la
encuentren en esta sala algunos economistas, ob­ problema está planteado de manera ejemplar e�
o
tendríamos tantas respuestas distintas como sujetos obra de León Tolstoi, quien llega a él por un canun
interrogados si se nos ocurriera preguntar por qué peculiar. Su meditación se va centrando cada
'!ez
con una misma cantidad de dinero podemos coro- consotu-
más en una sola cuestión, la de si la muerte
203
ON
202 E.L- rot-.tr\00 YEf�C:IEN'l'l.FICO LA OLP.N'CIA COMO VOCACI

­
ción significativa? Es im
ye o no un fenón1eno con sentido. Su respuesta es cio constituye una voca
a cuestión. El problema ya
que para el hombre culto la muerte no tiene sentido. prescindible plantear est l
cación del científico, el de
La vida individual civilizada, instalada en el «pro­ no es así sólo el de la vo

gres?», en lo in nito, es incapaz, según su propio significado que la ciencia
tiene para quien a ella se
a cosa, de de�erminar qu
é
sentido, de térrnmo alguno. Siempre hay un progre­ entrega. Se trata ya de otr
ntro de ]a Vida toda de la
so más allá de lo ya conseguido, y ningún mortal es la vocación científica de
lor.
puede llegar a las cimas situadas en el infinito. Abra­ humanidad y cuál es su va .
ste
e en est e punto ex:i
ham o cualquier campesino de los viejos tiempos
1noría <<;iejo y saciado de vivir» porque estaba den­
Es increíble la diferencia
entre el pasado y el prese
qu
nte. Recue�dcn uste � es e]
zo
se nos descnbe al coDllen
tro del ctrculo orgánico de la vida; porque, de acuer­ maravilloso cuadro que Un
del Libro Séptimo de la
República de Platón:
do con su sentido inmanente, su vida le había ya s en
up o de ho n1 br es se en cuentran encadenado
dado al término de sus días cuanto la vida podía gr del
a ca verna, co n los rostr os dirigidos a la pared
ofrecer; Rorque º? quedaba ante él ningún enigma un modo
ldas a la luz, de tal
_
que qu1s1era descifrar y podía así sentirse «Satisfe­ fondo y volviendo las espa en La
mbras que danzan
cho». Por el contrario, un hombre civilizado, inmer­ que sólo pueden ver las so
tre ellas
ar la relación que en
so en un mundo que constantemente se enriquece pared y tratar de aver igu cadenas,
, al fin, romper las
c�n nuevos saberes, ideas y problemas, puede sen­ ex.iste. Uno de ellos logra e;e ª
l. Cegado, se m.u
tU'se «cansado de vivir», pero no «saciado». Nunca se vuelve y m ira hacia el so
rnas le
te lo que ve. Los de
habrá podido captar más que una porción mínima tientas y cuenta balbucien rende
co, el liberado ap
de lo que la vida del espíritu continuamente alum­ llaman loco, pero, poco a po �­
es la tarea de desce
b ��· que será, además, algo provisional, jamás defi­ a ver en la luz y asu1ne entonc ra li­
eros quedaron pa
rut1vo. La muerte resulta así para él un hecho sin der hasta donde sus compañ es el
los de su s cade na s y co nd ucirlos a ella. Éste
sentido. Y como la muerte carece de sentido, no lo brar que
. verdad de la ciencia,
tiene tampoco la cultura en cuanto tal, que es justa- filósofo, y la luz del sol es la adero
bras, sino el verd
mente I� que con su insensata «progresividad» priva no busca apariencias y som
.
de sentido a la muerte. En todas sus novelas tardías ser.
nte � 1a
titud semejante fre
se repite esta nota fundamental del arte de Tolstoi. ¿Quién tiene hoy una ac
y predon1inante,
espect ­ �
¿Qué pensar de todo esto? ¿Tiene el «progreso» en ciencia? El sentimiento ho rario.
es más bien el �on�
cuanto tal un sentido cognoscible que vaya más allá mente entre la juventud, 1a son
tuales de la c1enc
de lo puramente técnico, de tal modo que s u servi- Las construcciones intelec
205
204 OLPOlfrt('.:O Y l!I.Cl1'NTÍF1CO LA.ClPNC1A OOMO VOCACIÓN

modo
hoy para los jóvenes un reino ultraterreno de artifi­ que permitiría enseñar y aprender cuál es el
todo, de
ciosas abstracciones que tratan de aferrar en sus páli­ justo de comportarse en la vida y, sobre
cuyo
das manos la sangre y la savia de Ja vida real sin con­ comportarse como ciudadano. Para el heleno,
depen­
seguirlo jamás. Es aquí, en la vida, en lo que para pensamiento es radicalmente político, todo
cuya
Platón no era sino un juego de sombras en la pared, de, en efecto, de esta última cuestión decisiva,
o de la
en donde late la verdadera realidad. Todo lo demás investigación constituye el sentido más hond
no son sino fantasmas vacíos desviados de la reali­ ciencia.
nico
dad. ¿Cómo pudo llegar a producirse este cambio? Junto a este descubrimiento del espíritu helé
nd
El apasionado entusiasmo de Platón en la República aparece, como fruto del Renacimiento, el segu �
­
se explica, en último término, por el descubrimii>ntr> gran instrwnento del trabajo científico: el e�per�
nenc1a
reciente de uno de los mayores instrumentos del co­ mento racional como medjo de una expe
no sería
,•
nocimiento científico) del ..co1u;epto: ·Fue Sócrates controlada y digna de confianza, �in la cual
ya antes
posible la ciencia empírica actual. También
� ��
quien descubrió su alcance, aunque no sea él el úni­
a ían
co descubridor del concepto. Ya en la India pueden de esta época se había experimentado. e
logicos
encontrarse elementos lógicos muy semejantes a los efectuado, por ejemplo, experimentos ps1co
,
de Aristóteles. En ningún sitio fuera de Grecia se tie­ en la India al servicio de la técnica ascética delyoga Y
como en
°::� sin �mbargo, conciencia de su importancia. Fue experimentos n1atemáticos tanto en Grecia .
.....u. "''• J.unuc por vez pJ i.utc::1 a [ue v t!.to como un ins­ la Europa medieval, allí con finalidades de
técnica
eleva­
trumento utiHzable, merced al cual puede colocarse militar y aquí para la explotación de minas. ta
inves­
a�
u:iiquier persona en el torno de la lógica y no per­ ción del experimento como tal a principio de la
o. Los
nuhrle escapar de él a menos que confiese, o bien tigación es, sin embargo, obra del Renacimient
gran­
que no sabe nada, o bien que ésta y no otra alguna·es pioneros de esta nueva senda son los primeros
pero so­
la verdad eterna que, a diferencia de las acciones e des artistas modernos, Leonardo y sus pares,
músicos
impulsos de los hombres ciegos, no ha de pasar ja­ bre todo y muy caracterizadamente Los
icordi� de
!Ilás. Ésta fue la inaudita vivencia de los discípulos experimentales del siglo XVI, con su clav
a la cten­
pruebas. De ellos la experimentación pasó
de Sócrates. De ella parecía necesariamente dedu­
cirse que una vez que se hubiese encontrado el con­ cia, especialmente por obra de Gaileo �
l , a la teo a, .ª
cepto de lo bello, de Jo bueno, de la bravura, del alma través de Bacon, y más tarde a cada una de
las dis ci­
es del
o de cualquier otra cosa, también podda encontrar­ plinas científicas singulares en las universidad
se su verdadero ser, quedando así abierto el camino continente, sobre todo las t i alianas y las holandesas.
206 l\I, l'QLITJCO Y l!l,CTllNT!Ftt:O LACfENCIA COMO VC)CACION 207

¿Qué significado tenía la ciencia para estos hom­ Spener, sabía ya que no era posible encontrar a
bres situados en las fronteras de la modernidad? Dios por ese camino, que era el seguido durante la
Para los artistas experimentales del tipo de Leonar­ Edad Media. Dios está escondido, sus caminos no
do y de Jos innovadores musicales, Ja ciencia signifi­ son nuestros caminos ni sus pensamientos los nues­
caba eJ camino hacia el arte verdadero, que para tros. En las ciencias exactas de la naturaleza, sin em­
ellos era también el de la verdadera naturaleza. Ha­ bargo, en donde sus obras podían captarse física­
bía q�e �levar el arte a la categoría de la ciencia, y mente, se esperaba poder hallar las huellas de sus
esto s1gn1ficaba sobre todo que, por su rango social propósitos respecto del mundo. ¿Qué es lo que hoy
y el sentido de su vida, el artista tenía que ser equi­ sucede? Excepto alguno de esos niños grandes que
parado con el doctor. .esta es la ambición que yace frecuentemente se mueven en el mundo de las cien­
en el fondo del Tratado de la Pintura de Leonardo. cias naturales, ¿quién cree todavía hoy que los cono­
¿Podríamos decir hoy que la ciencia es el «camino cimientos astronómicos, biológicos, físicos o quí­
hacia la naturaleza»? Esto sonaría como una blasfe­ micos pueden enseñarnos algo sobre el sentido del
mia en los oídos de la juventud. Hoy se trata más mundo o siquiera sobre el camino por el que pueden
bien de lo contrario, de 1 iberarse del intelectualismo hallarse indicios de ese sentido, en el supuesto de
científico para volver hacia nuestra propia naturale­ que exista? Si tales conocimientos tienen algún efec­
za y, a t �avés de el1a, hacia la naturaleza en general. to es más bien el de secar de raíz la fe en que existe
¿El camino que lleva al arte pleno? Esta a:finnación algo que pueda ser Uan1ado «sentido» del mLmdo.
ni siquiera requiere crítica. Pero es que en el mo­ ¿La ciencia camino hacia Dios? ¿Camino hacia Dios
mento del nacimiento de las ciencias exactas de la ese poder especfficainenle ajeno a La divinidad? Que
naturaleza todavía se esperaba más de ellas. Si re­ se lo confiese o no, nadie puede tener hoy dudas en
cuerdan la frase de Swammerdarn («aquí, en la ana­ el fondo de su ser de que la ciencia es ajena a la idea
tomía de un piojo, les traigo una prueba de la Pro­ de Dios. La emancipación respecto del racionalis­
videncia divina»), verán ustedes que el trabajo mo y el intelectualismo de la ciencia constituye la
científi�o, indirectamente influenciado por el pro­ premisa fundamental para vivir en comunidad con
testantismo y el puritanismo, se consideraba a sí lo divino. Esta expresión u otra sensiblemente análo­
mismo en aquel tiempo como el camino hacia Dios. ga es uno de los enunciados fundamentales que
Es ésta una actitud que no comparten ya Jos filóso­ brota del sentimiento de nuestra juventud religiosa
fos de su tiempo, con sus conceptos y deducciones. o de aquella parte de nuestra juventud que aspira a
Toda la teología pietista de esa época, especialmente tener una vivencia religiosa. Lo que le interesa no es,
208 LAGIENCIA <:ONIO VOCACIÓN 209

por lo demás, la vivencia religiosa, sino la vivencia las de qué debe1nos hacer y cómo debemos vivir».
en general. Lo que sí es extraiío es el camino que Difícilmente podría discutirse el hecho de que, efec­
para ello se toma y que consiste, en definitiva, en tivamente, no responde a estas cuestiones. El pro­
elevar a la conciencia y colocar bajo la Lupa de la ra­ blema está, sin embargo, en el sentido en que puede
zón Lo único que hasta ahora no se había visto afec­ decirse que no ofrece «ninguna» respuesta, y en si
tado por el intelectualismo, la esfera de lo irracional. tal vez, a falta de respuesta, la ciencia no contribuye,
Esto es lo que en la práctica está aconteciendo con el en cambio, a plantear adecuadamente estas cues­
moderno romanticismo intelectual de lo irracional. tiones.
El camino para liberarse del intelectualismo lleva Hoy en día se suele hablar con frecuencia de una
justamente al punto opuesto de :tquel que se propo­ ciencia «sin supuestos previos». ¿Existe tal cosa?
nían alcanzar quienes lo emprendieron. Todo depende, desde luego, del sentido que se dé a
Tras la aniquiladora crítica nietzscheana de aque­ esta expresión. Todo trabajo científico tiene siempre
llos «últimos hombres» que «habían encontrado la como presupuesto la validez de la Lógica y de la Me­
felicidad», puedo dejar de lado eJ ingenuo optimis- todología, que son los fundamentos generales de
1no que festejaJ:>a en la ciencia, es decir, en la técnica nuestra orientación en el mundo. Estos supuestos
científicamente fundan1entada, el camino hacia la no suscitan grandes problemas, al menos en lo que
,,i:-,_,¡ iri<l:H
h> ¿Ou iPl'l cree hoy día en eso, si se excep­ toca a las cuestiones que ahora nos ocupan. Sin em­
túan algtmos niños grandes de los que pueblan las bargo, todo trabajo científico ti.ene aún otro supues­
cátedras o Jas salas de redacción de los periódicos? to necesario, el de que el resultado que con él se in­
Volvamos atrás. Dados estos supuestos y tenien­ tenta obtener es «importante», en el sentido de que
do en cuenta que, como acabamos de decir, han es «digno de ser sabido». Con este supuesto vuelven
naufragado ya todas esas ilusiones que veían en la evidentemente a planteársenos todos nuestros pro­
ciencia el camino «hacia el verdadero ser», «hacia el blemas, pues él no es a su vez científicamente de­
arte verdadero», «hacia la verdadera naturaleza», mostrable. Sólo cabe interpretarlo de acuerdo con su
«hacia el verdadero Dios», «hacia Ja felicidad verda­ sentido último y aceptarlo o rechazarlo, según cual
dera», ¿cuál es el sentido que hoy tiene la ciencia sea la actitud de cada uno frente a la vida.
como vocación? La respuesta más simple es la que La relación del trabajo científico con estos su­
Tolstoi ha dado con las siguientes palabras: «La puestos p�evios es, además, muy distinta según la
ciencia carece de sentido puesto que no tiene res­ estructura de las diferentes ciencias. Las ciencias na­
puesta paralas únicas cuestiones que nos importan, turales, como la Física, la Química o la Astronomía,
L,J\(JRNCI,¡\COMO VOCi\(llON 2Jl
210 t::.L l'O t.t
ll <;:(JY J!J,¡CffNTfFrOO

presuponen como algo evidente por sí mismo que ta. La Medicina no se pregunta si la vida es digna de
Las leyes que estas ciencias Jogran construir acerca ser vivida o cuándo lo deja de ser. Todas las ciencias
del acontecer cósmico son dignas de ser conocidas. de la naturaleza responden a la pregunta de qué de­

Y esto no sólo porque con estos conocimientos pue­ bemos hacer si queremos dominar técnicamente la
den conseguirse éxitos técnicos, sino también en vida. Las cuestiones previas de si debemos y, en el
quien las cultiva por «vocación», «por el conoci­ fondo, queremos conseguir este dominio y si tal do­
miento mismo». Este supuesto no es en sí mismo minio tiene verdaderamente sentido son dejadas de
demostrable, asícomo tampoco puede demostrarse lado o, simplemente, son respondidas afirmativa­
mente de antemano. Pensemos ahora en una disci­
que s �a digno de existir el mundo que tales leyes
describen, que ese mundo tenga un sentido y que plina distinta, como es la Ciencia del Arte. La estéti­
tenga sentido vivir en él. Por esto las ciencias de La ca parte del hecho de que existen obras de arte y

naturaleza no se plantean estas cuestiones. Pense­ trata de averiguar en qué condiciones se produce
mos ahora, por ejemplo, en una ciencia tan alta­ este hecho. No se plantea, sin embargo, el problema
mente desarrollada desde el punto de vista científi­ de si el reino del arte no es, quizás, un reino de la
co como es La Medicina moderna. El «presupuesto» magnificencia diabólica, un reino de este mundo

general de la tarea médica es, expresado en sus tér­ que es por eso mismo, en su más profundo sentido,
ttn reino enemigo de Dios y, en cuanto a su espíritu
�inos más simples, el de que hay que conservar la
vida como tal y hay que dis1n.inuir cuanto se pueda profundamente aristocrático, enemigo también de
el sufrimiento. Se trata de lU1 supuesto muy proble­ la fraternidad entre los hombres. Por esto la estética
mático. El médico, gracias a sus recursos, mantiene no se pregunta si deben existir o no obras de arte.
vivo al enfenno incurable aunque éste Le sup1ique Otro tanto ocurre con la jurisprudencia, que se limi­


qu� lo Libere e la vida, aunque los parientes, para
ta a constatar lo que es válido según las reglas del
pensamiento jurídico, en parte estrictamente lógico
qwenes esa vi da carece ya de valor, que quieren ver­
y en parte vinculado por unos esquemas convencio­
la liberada del dolor o que no pueden soportar los
nalmente construidos. Su función es la de determi­
costos que implica el mantenerla (puede tratarse,
por ejemplo, de un Loco paupérrimo), estén desean­ nar cuándo son obligatorias determinadas normas

do consciente o inconscientemente, y no sin razón, jurídicas y determinados métodos para su interpre­

la muerte del enfermo. Sólo el Código Penal y los su­ tación. No responde, en cambio, a la cuestión de si
puestos sobre los que la Medicina se asienta impi­ debe existir el Derecho o de si deben establecerse
precisamente esas nonnas y no otras; sólo puede in-
den que el médico se aparte de esta linea de conduc-
213
212 LACLENCtA COMO �lOC/\ClOS

, en
dicar que si quiere obtenerse tal fin, el medio apro­ Foerster, de quien tan alejado estoy, sin en1bargo
piado para alcanzarlo, de acuerdo con las reglas de cuanto a opiniones. Pero tampoco han de hacer
po­
nte Y
nuestro pensamiento jurídico, es tal o cual norma. lítica en las aulas los profesores, especialme
lapo­
O piensen ustedes, por último, en las ciencias hjstó­ menos que nunca cuando han de ocuparse de
ricas. Enseñan a comprender los fenómenos polí­ lítica desde el punto de vista científico. Las tomas
� e

ticos, artísticos, literarios y sociales teniendo en posición política y el análisis científico de los fe�
bien
cuenta las circunstancias de su aparición, pero no menos y de los partidos políticos son dos cosas
ea
tienen respuesta para la cuestión de si tales fenóme­ distintas. Si se habla de democracia en una asambl
nos debieron o deben existir, o si vale l a pena moles­ acti­
popular no es para hacer secreto de la propia
por
tarse en conocerlos. Da pnr c:n.J:luesto quf> ,.�st'.:: u.,-c tud; precisamente lo moralmente obligatorio es,
­
interes en participar, mediante este conocimiento, el contrario, el tomar partido. Las palabras qu� ��
en la comunidad de los «hombres cultos», pero es tonces se utilizan no son instrumento de anáhst
s
. incapaz de probar esto «científicamente» ante na­
científico, sino de propaganda política frente
a los
ter�eno
die. El hecho de toJnar como supuesto Ja existencia demás. No son rejas de arado para labrar el
de ese interés no basta para hacerlo evidente por sí del pensamiento contemplativo, sino espadas
para
ala­
mismo, cosa que, desde luego, no es en modo al- acosar al enemigo, medios de lucha. Utilizar la �
se­
'·· g.u.no... bra de este modo en un aula o en una conferencia
Reduzcárr1onos ahora a fas disdpl in as que yo ten­ ría, por el contrario, un sacrilegio. Cuando �n
estas
ha­
go más próximas, es decir, a l a Sociología, la Histo­ ocasiones haya que referirse a la «democrac1�>,
ria, la Economía, la Teoría del Estado y esa especie brá que presentar sus distintas formas, anah�ar
su
de Filosofía de la Cultura qu.e se propone como tarea funcionamiento, señalar qué consecuenca i s tienen
oner­
la interpretación de todos los fenómenos de este gé­ para la vida cada una de esas formas, contr��
po­
nero. Se dke, y es afirmación que yo suscribo, que la las a las formas no democráticas de ordenac1on
, el
política no tiene cabida en las aulas. En primer Jugar Utica y tratar de que, en la medida de lo posible

. no deben hacer política los estudiantes. Yo lamenta­ auditor se coloque en situación de poder tomar � .
ría el hecho de que los estudiantes pacifistas de Ber­ sición al respecto a partir de sus propios ideales
bas1:
cos. El verdadero maestro, no obstante, se guardara
lín armaran un escándalo en el aula de mi antiguo
muy mucho de empujar hacia una posición _
de �
te ­
colega Dietricb Schafer con la misma fuerza con que
lamento el escándalo que, según parece, le han orga­ minada aprovechando su labor en la cátedra
, ru ­�
nizado los estudiantes antipacifistas a l profesor rectaJnente ni a través de sugerencias, pues « d
el e ar
¡

j
2i4
FI POLtnco \'ELCU!N'Tff!CO 215

que los hechos hablen por sí mismos» constituye l a


no se le permite a nadie hacerle críticas. Me parece
forma más desleal de ejercer presión sobre el audi­
de una absoluta falta de responsabilidad que el pro­
torio.
fesor aproveche estas circunstancias para rna;�ar ª
¿Cuál es La razón de que nodebamoshaceresto? De
antemano he de decir que algunos muy estimados

los estudiantes con su propias opiniones polí cas,
en lugar de limitarse a cumplir su misión espe
cífica,
colegas míos entienden que es imposible poner en que es la de serles útil con sus conocimientos Y con
práctica esta autolimitación y que aunque no lo fue­ su experiencia científica. Por supuesto, es siem�re
ra no se trataría sino de un puro capricho. Cierta­
posible que algún profesor sólo consiga a IJledias
mente no cabe demostrarle a nadie científicamen­
prescindir de sus simpatías políticas. En este cas0
te de antemano cuál es su deber como profesor. Lo .
se expondrá a las más agudas críticas de su propia
único que se le puede exigir es que tenga la probidad ­
conciencia. Este hecho, en definitiva, nada pru��
intelectual necesaria para comprender que existen También son posibles los errores puramente ob1et1-
dos tipos de problemas perfectamente heterogéneos: vos y tampoco ellos suponen un argumento en con­
de una parte la constatación de los hechos, l a de­ tra del deber de buscar la verdad. Además, es tam­
termjnación de conterudos lógicos o matemáticos o bién el interés científico el que me hace cond�nar�sa
de la estructusa interna de fenómenos culturales; de actitud. Basándome en la obra de nuestros historia·
la otra, la respuesta a la pregunta por el valor de la dores n1e comp�ometo a ofrecer la prueba de que
cultura y de sus contenidos concretos y, dentro de
alli e� donde un hombre de ciencia permite que se
eUa, de cuál debe ser el comportamiento del hon1bre
introduzcan sus propios 1u1c1os de val or deJ· a de te-
. . . ·

,
en La con1urudad cultural y en las asociaciones polí­
ner una plena comprensión del tema. Por lo <lemas,
ticas. Si alguien pregunta que por qué no se pueden esta cuestión excede, con n1ucho, del tema que nos
tratar en el aula los problemas de este segundo géne­ · · , ola un lar-
proponemos tratar h.oy y eX'l.g1na por sis ,

ro hay que responderle que por Ja simple razán de


go tratamiento. . .
que no está en las aulas el puesto del demagogo o del
Me limitaré a preguntar que cómo es pos��e Llll-
· a un catolico ya
.

profeta. Para unos y otros ha sido dicho: «Id por ca­ poner un mismo criterio evaluativo
.
·

lles y plazas y hablad allí públicamente». Es decir, ve un masón que asistan juntos a un curso sobr� las
allí en donde se te puede hacer críticas. En el aula es sto ­
formas de gobierno, las distintas Iglesias o la hi
el profesor el que habla en tanto que los oyentes han q�e
ria de las religiones. Evidentemente ·eso es cosa
de callar; para hacer su carrera, los estudiantes están no puede lograrse. Y, sin embargo, el profesor ha �
obligados a asistir a las clases del profesor, y e n ellas
querer y ha de intentar ser tan útil a l uno como
216 •
El� POLtl'tOO Y EL ClENTfPICXJ J.,f.Cll:NCI/\Ct.>.\10 VAJ>0/\Cl0N 217

otro con sus conocimientos y métodos. Podrían ob­ existen hechos incómodos. Creo que cuando un
jetarrne ustedes, y con razón, que un católico cre­ profesor obliga a sus oyentes a acostumbrarse a ello
yente no aceptará jamás los hechos que, sobre las les está dando algo más que una simple aportación
circunstancias que dieron origen aJ cristianismo, le intelectual. Llegaría incluso a la inmodestia de utili­
exponga un profesor que no comparta sus presu­ zar la expresión «aportación ética>>, aunque pueda
puestos dogmáticos. Aunque esto sea absolutamen­ sonar como un término en demasía patético para
te cierto, la diferencia subsiste y estriba en lo si­ calificar una evidencia tan trivial.
guiente: La ciencia «sin supuestos previos», en el Hasta ahora no he hablado sino de las razones
sentido de que rechaza toda vinculación religiosa, prácticas que aconsejan al profesor evitar Ja impo­
no reconoce en cuanto a ella ni el «milagro» ni la sición de sus propias posturas personales a sus
«revelación». Si los aceptase traicionaría sus propios alumnos. Pero no son estas razones las únicas que
«presupuestos», en tanto que et creyente acepta tan­ existen. La imposibilidad de J;iacer una defensa
to el uno como Ja otra. Esa ciencia «sin supuestos «científica» de las posturas prácticas (excepto en
previos» no exige de él nada menos (pero· tampoco aquellos casos en que se trata de determinar los me­
nada más) que el reconocimiento de que si se debe dios mejores para alcanzar un f10 dado de antema­
explicar el origen del cristianismo sin tomar en no) brota de motivos mucho más hondos. Esa de­
cuenta esos factores, que para w1a explicación em­ fensa es ya absurda en principio porque los distintos
pírica no tienen valor causal, hay que explicarlo pre­ sistemas de valores existentes libran entre sí una ba­
cisainente en la fonna en que se intenta. Esto sí pue­ talla sin solución posible. El viejo Mili, cuya filoso­
de reconocerlo sin faltar a su fe. fía no quiero por eso alabar, dice en una ocasión, y
¿Pero, tendrá entonces sentido la aportación dela en este pu nlo sí tiene razón, que en cuanto se sale de
ciencia para aquellos a quienes dejan indiferentes la pura empiria se cae en el politeísmo. La afirma­
los hechos y para los que sólo cuenta la toma de po­ ción parece superficial y paradójica, pero contiene
sición en la práctica? Tal vez sí. Por de pronto nos una gran verdad. Si bay algo que hoy sepamos bien
encontramos con esto: la primera tarea de un profe­ es la verdad vieja y vuelta a aprender de que algo
sor es Ja de enseñar a sus alumnos a aceptar los he­ puede ser sagrado, no sólo aunque no sea bello, sino
chos incómodos; quiero decir, aquellos hechos que porque no Lo es y en la medida en que no lo es. En el
resultan incómodos para la corriente de opinión capítulo Llll del Libro de Jsa{as y en el Salmo XXI
que los alumnos en cuestión comparten, y para to­ pueden encontrar ustede s· referencias sobre ello.
das las corrientes de opinión, incluida la mía propia, También sabemos que algo puede ser bello, no sólo
219
218 Er t•ott·rrco v 1u,crr:.NTítt1co N
Lit. CTIJ.NC'JA COr>-iO VOCACrO

n osaría «refutar c�entífi­


aunque no sea bueno, sino justamente por aquello nen aquí la palabra. ¿Quié
rmón de La Montana, o el
por lo que no Lo es. Lo hemos vuelto a saber con
Nietzsche y, además, Lo hemos visto realizado en Las
camente» la ética del Se
principio que ordena «n

o resistirás al m�» la p�­
ecer la otra meJ�ª· Y, sin
flores del mal, como Baudelaire tituló su libro de poe­ rábola que aconseja ofr
sde el punto de VlSta mun­
mas. Por último, pertenece a La sabiduría cotidiana embargo, es claro que de
ignidad la que de esa for­
la verdad de que algo puede ser verdadero aunque danal es una ética de la ind
Hay que elegir e�tr�la dig �­
no sea ni bello, ni sagrado, ni bueno. No obstante, ma se está predicando. r il
ca ofrece.y�a ?Jgrudad vr
éstos no son sino Los casos más elementales de esa dad religiosa que esta éti
es
dena 11res1stiras a� mal, pu
contienda que entre sí sostienen los dioses de los que, por el contrario, or
Se­
ponsable de su tnunfo».
distintos sistemas y valores. Cómo puede preten­ en otro caso serás cor res
cada cual, �no �e estos
derse decidir cientítican1ente entre el valor de la cul­ gún la postura básica de es
ino y el otro diabólico, y
tura francesa yel de la aleinana es cosa que no se me principios resultará div él
de decidir quién es para
alcanza. También aquí son distintos dioses los que en­ cada individuo el que ha
los
io. Otro tanto �ucede �n
tre sí combaten. Y para sicn1pre. Sucede, aunque Dios y quién el dc1non a­
vida. El grandioso ract0n
en otro sentido, lo mismo que sucedía en el mundo restantes órdenes de la ada
y metódicamente orden
antiguo cuando éste no se había liberado aún de sus lismo de una vida ética iosa
o de toda profecía relig
dioses y demonios. Asf como los helenos ofrecían que resuena en el fond . . que
mo en favor de «el unico.
sacrificios prin1ero a Afrodita, después a Apolo y, destronó aquel politeís alida­
s�bre todo, a Jos dioses de la propia ciudad, así tam­ ce falta», pero de spués, enfrentado .a las �e
ha ado a
y externa, se v10 oblig
bién sucede hoy, aunque el culto se haya desmitifica­ des de la vida interna noce­
lativizaciones que co
do y carezca de la plástica mítica, pero íntimamente esos compromisos y re do es�
l Cristianismo. Hoy to
verdadera, que tenía en su forma original. Sobre es­ mos por la historia de s a tt­
. Los nu�erosos diose �
tos dioses y su eterna contienda decide el destino, es ya «rutina)> religiosa s_llll­
convertidos �n podere
no una «ciencia». Lo único que puede comprender­ guos, desmitificados y
dom.tnar
su� tumbas, qweren
se es qué cosa sea lo divino en uno u otro orden o personales, salen de la eterna
mienzan entre ellos
para un orden u otro. Aquí concluye todo lo que un nuestras vidas y reco e mo­
resulta para el ��m.br
profesor puede decir en la cátedra sobre el asunto, lo lucha. Lo que tan duro n, es
para la geaerac:ion J�ve
cual no quiere decir, por supuesto, que con eso con­ derno, y especialmente pr�­
squeda de la «V1venc1a»
cluya el problema vital mismo. Poderes muy otros esta rutina. Toda esa bú
capac1-
pues debilidad es la in
que los de las cátedras universitarias son los que tie- cede de una debilidad,
220 l�L POl (TIOO Y ELCl.fil,¡
1"fAC:O 1.AClF.Nc;IA ;
c.OMO VOCAC.lOt-t 221

dad para mirar de frente el rostro severo del destino ni a ningún cargo, pero sí al éxito personal de quien
·

de nuestro tiempo. lo ocupa. Es esto lo que los americanos llaman «de­


El destino de nuestra cullura es, sin embargo, el mocracia». Por desgarradamente que la realidad se
de volver a tomar conciencia clara de esta situación comporte respecto de este sentido de la palabra, el
que habíamos dejado de percibir, cegados durante sentido es éste, y eso es lo que aquí nos importa.
todo un milenio por la orientación exclusiva (o que Frente al profesor que tiene delante, el muchacho
se pretendía exclusiva) de nuestra conducta en fun­ americano piensa que le está vendiendo sus conoci­
ción del pathos grandioso de la ética cristiana. mientos y sus 1nétodos a cambio del dinero de su
Pero basta ya de estas cuestiones que tan lejos nos padre, exactamente del mismo modo que La verdu­
IJPvan. A todo lo que ac::ih".,.,<"' r1,, rl�rir una oarte lera le vende a su madre una col Esto es todo. Si el
.:i� nuestrajuventud contestaría diciendo: (<Sí, pero, de profesor es además campeón de fútbol, lo aceptará
todas formas, nosotros asistimos a clase para algo como jefe en este terreno, pero �¡ no lo es (o no es
más que para escuchar análisis y verificaciones algo del inismo estilo en cualquier otro deporte), no
de hechos». El error en que esta actitud incurre es el de pasará de ser maestro, y a ningún joven america­
buscar en el profesor algo que éste no puede dar. Bus­ no se le ocurrirá querer co1nprarle «visiones del mun­
can en él un caudillo y no un maestro, pero só.lo do» o reglas adecuadas para el gobierno de su vida.
como maestros se nos concede la cátedra. Se trata Es seguro que, formuladas así las cosas, nosotros las
de dos cosas bien distJntas, y ustedes pueden con­ rechazaríamos. Pero de Jo que se trata ahora es de
vencerse fácilinente de esta dualidad. Pennítanme determinar si en este modo de ver las cosas, que de­
que me refiera de nuevo a América porque es allí en liberadamente he exagerado tm tanto, no se encierra
donde con frecuencia pueden verse estas cuestiones una pizca de verdad.
en su más flagrante originalidad. EJ muchacho ame­ Wiis queridos estudiantes: ustedes acuden a no­
ricano aprende infinitamente menos cosas que el sotros demandándonos cualidades de caudillo sin
nuestro. Pese a la increíble serie de exámenes a que pensar antes que el noventa por ciento de los profe­
se ve sometido, no se ha convertido todavía en ese sores ni pretenden ni pueden pretender ser, no sólo
hombre-examen absoluto que es el estudiante ale­ campeones en el fútbol de la vida, sino tampoco
mán. En efecto, la burocratización, que exige el di­ «caudillos» en lo que respecta al modo de vivir.
ploma como billete de entrada al reino de los cargos, Piensen ustedes que el valor de un hombre no de­
está allí en sus comienzos. El joven americano no le pende de sus cualidades de caudillo y que, en todo
tiene respeto a nada ni a nadie, a ninguna tradición caso, no son las cualidades que hacen de un hombre
222

un
bJ. J'()Lfi'ICO Yf.L C�"'TffFJCO

sabio sobresaliente y un gran profesor las mis­


¡ LA ru:NCJI\ r:o,\<10 VOCA.(..l�N

conocimientos sobre la técnica que, mediante la


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previsión, sirve para dominar la vida, tanto las cosas


�as que se requieren en e] que ha de actuar de cau­
externas como la propia conducta de Los hombres.
dillo par� �a orientación en la vida y especialmente
Dirán ustedes que por ese camino nos encontramos
en la poht1�a. Es pura casualidad que un profesor
smplemente
i con la verdulera del muchacho ameri­
posea tamb1én esas cualidades, y resulta muy arries­
cano; ésa es también mi opinión. Pero en segundo
g�do que alguien que ocupa una cátedra se vea soli­
lugar, y esto ya es algo que la verdulera no hace en
citado para ponerJ as en práctica. Más arriesgado
_ modo alguno, la ciencia proporciona métodos para
aun �er�a q?e. se dejase decidir a cada profesor uni­
pensar, instrumentos y disciplina para hacerlo. Tal
v�s1tano s1 tiene que comportarse o no como cau­
vez me objeten ustedes todavía que aunque eso no
dillo en el aula. Los más inclinados a ello son, fre­
son verduras, no pasan de �er medios para procu­
cuentemente, los menos capacitados, y, en todo caso,
rárselas. Aceptado; por hoy podemos dejarlo así. Fe­
I� sean o no lo sean, su situación en la cátedra difí­
lizmente tampoco con eso concluye, sin embargo, la
cLlment� ofrece ocasión para probarlo. El profesor
aportación de la ciencia, y aún podemos mostrar un
que se s1ente Llamado a ser consejero de la juventud
tercer resultado importante de la misma, la claridad.
Y que goza de la confianza de ésta puede realizar su
Suponiendo, natttralmente, que el profesor La posea.
lab?r e� el contacto personal de hombre a hombre.
Si este supnest.o se da, nosotros, los profesores, po­
Y �1 se s1ente llamado a intervenir en los conflictos
demos hacer ver clarainente a quienes nos escuchan
existentes entre Las distintas concepciones del 01un.­
. que frente al problen1a de valor de que se trate cabe
d� Y Las diversas opiniones, que lo haga en la plaza
. adoptar tales o tales posturas prácticas (Les ruego a
pub�ca, en donde discurre l a vida, en la prensa, en
ustedes que, para sin1plificar, piensen en el ejemplo
reuniones, en asociaciones o en donde quiera, no
de los fenómenos sociales). Si se adopta tal postura,
en las aulas. Resulta demasiado cómodo mostrar la
la experiencia científica enseña que se han de utili­
fortaleza de sus opiniones allí en donde los que le es­
zar tales y tales medios para llevarla a lapráctica. Si,
cuchan, que quizá. piensen de otro modo, están con­
por casualidad, esos medios son de tal índole que
c;ienados al silencio.
ustedes se sienten obligados a rechazarlos, se verán
,Ustedes preguntarán, por último: «Si todo esto es
forzados a elegir entre el fin y Los inevitables medios.
a�1, ¿�ué es lo que de realmente positivo aporta la
¿Resultan o no santificados los medios por el fin? El
c1enc1a para la "vida" práctica y personal?» Con esto
profesor puede situarlos a ustedes ante la necesidad
nos en ��ntramos de nuevo ante el problema de su
de esta elección, pero no puede hacer más mientras
«vocac1on». Por de pronto, la ciencia proporciona
224 BL J'OLtrrco y EL-C�NT!FJCO U\ ClENCIJ\. CO�tOV(JC\C'llÓN
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siga siendo maestro y no se convierta en demagogo. nas concretas. Si conocemos nuestra materia (cosa
Puede decir, además, que si ustedes quieren tal o que, una vez más, hemos de dar aquí por supuesta)
cual fin han de contar con estas o aquellas conse­ podemos obligar al individuo a que, por símismo, se
cuencias secundarias que, según nuestra experien­ décuenta delsentido último de laspropias acciones. O
cia, no dejarán de producirse. Y de nuevo nos en­ si no obligarlo, al menos podemos ayudarle a esa
contramos así en la misma situación. La verdad es toma de conciencia. Me parece que esto no es ya tan
que estos problemas pueden plantearse también a poco, ni siquiera desde el punto de vista de la vida
todos aquellos técnicos que, muy frecuentemente, puramente personal. También ahora estoy tentado
tienen que decidir de acuerdo con el principio del de decir que cuando un profesor logra esto está sir­
mal menor o de lo relativamente mejor. La difer.en­ viendo a un poder «ético», a la obligación de crear
cia estriba en que a esos técnicos suele venirles ya claridad y sentimiento de la responsabilidad. Y creo
dado de antemano lo principal, que es elfin. Esto es que será tanto más capaz de realizar esta obra cuan­
justamente lo que a nosotros no se nos da cuando se to más concienzudamente evite por su parte el de­
- . l!":-t..-<J... .'.:'-rnhl1>mas verdaderamente <�últimos». Y seo de imponer o sugerir su propia postura personal
con esto UegaJnos ya a Ja uhunu a.yv. '""�.Sn quº l <t a sus oyentes.
ciencia puede hacer en aras de la claridad, aporta­ Por supuesto, las ideas que estoy exponiendo aquí
ción que marca también sus limjtes: podemos y de­ ante ustedes derivan de un hecho fundamental, elde
bemos decirles igualmente a nuestros alumnos que que la vida, en la medida en que descansa en sí mis­
tal postura práctica deriva lógica y honradamente, ma y se comprende por sí misma, no conoce sino esa
según su propio sentido, de tal visión del mundo (o eterna lucha entre cU.oses. O dicho sin imágenes, la
de
de tales visiones del rnlLndo, pues puede derivar de imposibilidad de unificar los distintos puntos
varias), pero no de tales otras. Hablando en imáge­ vista que, en último término, pueden tenerse sobre
nes, podemos decir que quien se decide por esta la vida y, en consecuencia, La imposibilidadde resol­
por
postura está sirviendo a este diosy ofendiendo a este ver la Lucha entre cUos y la necesidad de optar
que
qtro. Si se mantiene fiel a sí mismo llegará interna­ uno u otro. Si, siendo así las cosas, vale la pena
i
mente a estas o aquellas consecuencias últimas y sig­ alguien adopte la ciencia como «Vo�ación» .º � la
nificativas. En principio al menos, esto está dentro ciencia tiene en sí misma una «vocaaón» obJe tlv a­
exi­
del alcance de la ciencia y esto es lo que tratan de es­ mente valiosa son, una vez más, cuestiones que
las
clarecer las cUsciplinas filosóficas y los temas inicia­ gen para su respuesta un juicio de valor y sobre
les, esencialmente filosóficos, de las demás discipli- cuales nada cabe decir en el aula_ La enseñanza que
226 1t1 POIITICQY FL("J'E�TfPlCO 227
LAClhNCLACOMO VOCAt:fON

allí se da presupone ya una respuesta afirmativa.


cuestiones de qué es lo que debe1nos hacer y cómo
Yo, personal mente, respondo afirmativamente a esa
debe1nos orientar nuestras vidas, o dicho en el len­
cuestión con mi propio trabajo. Pero también supo­
guaje que hoy hemos empleado aquí, quié� podr �
ne una respuesta previa a la misma cuestión el pun­
indicarnos a cuál de los dioses hemos de servir, habra
to de vista que ve en el intelectualismo el peor de los .
que responder que sólo un profeta o un salvador Si
males, punto de vista que es el que sustenta nuestra
ese profeta no existe o si ya no se cree en su men­
juventud. O más exactamente, que es el punto de �
saje, es seguroque no conseguirán ustedes hcerlo ba­
vista que nuestra juventud se imagina sustentar,
jar de nuevo a la tierra intentando que millares. e �
pues esto es lo que efectivamente sucede en la mayor
profesores, como pequeños profetas pagados o pnVl­
parte de los casos. A esta juventud habría que recor­
legiados por el Estado, asuman e � l� �ulas s':' fun­
darle la frase que dice: �<Acuérdate de que el diablo es
ción. Por ese medio sólo consegu1ran rmpedir que
viejo y hazte viejo para comprenderlo». Esto no se re­
se tome plena conciencia de la v�rdad fundamental
fiere, naturalmente, a la edad física. Su sentido es el de
de que el profeta por el que una gran parte d� nues­
que si se quiere acabar con ese demonio no hay que
tra generación suspira no existe. Creo q�e ru abor2
httir de él, como hoy con tanto gusto se hace, sino .
ni nunca sirve al verdadero mterés ínumo de un
que hay que segu.ir priinero sus caminos hasta el fin
hombre realmente religioso, de un hombre que «vi­
para avedguar cuáles son sus poderes y sus límites.
bre» con la religión, el que se le vele con u n sucedá­
El hecho de que la ciencia es hoy una «vocación)>
neo (y un sucedáneo son todas estas profecías he­
que se realiza a través de la especialización al servi­
chas desde la cátedra) el hecho fundamental de que
cio de la to1na de conciencia de nosotros mismos y
nos ha tocado vivir en w1 tiempo que carece de pro­
del conocimiento de delerminadas conexiones fác­ fetas y está de espaldas a Dios. En mi opinión, la pu­
ticas constituye un dato de nuestra situación histó­
reza de sus sentbn ientos religiosos debería llevarlo a
rica del que no podemos olvidarnos si queremos ser
rebelarse contra semejante engaño. Tal vez en este
fieles a nosotros mismos. La ciencia no es hoy un
punto sientan ustedes Ja tentació� de preguntar que
,
cómo se explica entonces que exista la «Teologia» Y
don de visionarios y profetas que distribuyen ben­

que ésta tenga pretensiones de «ciencia». N� intento


. diciones y revelaciones, ni parte integrante de la
meditación de sabios y filósofos sobre el sentido del
esquivar esta cuestión. Aunque la «Teologia}> Y Jos
mundo. Si de nuevo en este punto surge Tolstoi den­
«dogmas» no son fenómenos u.n_iv �
�rs es, es c �
erto
tro de ustedes para preguntar que, puesto que la cien­
que no existen solamente en el cnstian1smo. Nfuan­
cia no lo hace, quién es el que hade respondernos a las
do hacia atrás en el tiempo también los encontra-
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mos, y en forma muy desarrollada, en el Islam, en el gunta después por los supuestos mentales que hacen
maniqueísmo, en la gnosis, en el orfismo, en el par­ esto (significativamente) posible. O también idénti­
sismo, en el budismo, en las sectas hindúes, en el ca a la situación de los estéticos modernos, quepar­
taoísmo, en los upanishadas y, naturalmente, en ten del supuesto explícito (como G. von Lukacs) o
el judaísmo. Por supuesto, su desarrollo sistemático implícito de que «existen obras de arte» y se pregun­
es muy distinto en cada una de estas religiones. No es, tan después que cómo es posible que suceda esto y
en modo alguno, una casualidad que sea el cristia­ que tenga sentido. Las teologías no se contentan,
nismo occidental el que no sólo ha desarrollado sis­ además, con este solo supuesto (esencialmente reli­
temáticamente la Teología (en oposición, por ejem­ gioso-filosófico), sino que parten aun de otro situa­
plo, al contenido teológico del judaísmo), sino el do más allá, el de que hayque creer en determinadas
que le ha dado también una importancia histórica «revelaciones» como hechos salvadores (es deci.r,
inconmensurabJemente más grande. Es el espíritu como los únicos hechos que pern:üten un modo de
helénico el que ha producido esta obra y toda Ja Teo­ vida dotado de sentido) y que determinados estados
logía del Occidente procede de él, del mismo modo y determinados actos poseen un carácter sacral, esto
que toda la Teología oiiéntal procede evidentemen­ es, constituyen un modo de vida religioso o, al
te del pensamiento hindú. Toda Teología es raciona­ menos, forman parte de él. Su cuestión es, entonces,
lización intelectual del contenido escatológico de la la de interpretar estos datos, forzosamente impues­
religión. N'inguna ciencia carece por entero de su­ tos, dentro de nna imagen general del inundo. Los
puestos previos y ninguna puede de.mostrar su pro­ supuestos mismos están para la Teología más allá de
pio valor a quienes rechazan estos supuestos, pero la toda «ciencia», no constituyen un «saben>, en el sen­
Teología introduce, además, para su desarrollo y su tido habitual de este vocablo, sino un «tener». La Teo­
justificación, un cierto m.í.n1ero de otros supuestos logía no puede darle fe (o el estado sacral de que en
que le son específicos. Toda Teología, incluida, por cada caso se trate) a quien carece de ella. Tampoco
ejemplo, la hindú, parte del supuesto de que el mun- puede dársela ninguna otra ciencia. Por el contra­
. do ha de tener un sentido. El problema que ha de re­ rio, en toda Teología «positiva» llega el creyente a un
solver es, en consecuencia, el de encontrar una for­ punto en el que adquiere validez la máxima agusti­
ma de interpretar el mundo que haga posible pensar niana de credo non quod, sed quia absurdum est.
así. Se trata de una situación idéntica a la de la teoría Lacapaciqad para llegar hasta este virtuoso «sacrifi­
kantiana del conocimiento, que parte del supuesto cio del intelecto» es la señal distintiva del hombre
de que <<existe una verdad científica válida» y se pre- verdaderamente religioso. El hecho de que esto sea
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así nos pone de manifiesto que, pese a la Teología (o cierto que todo acto de auténtica fraternidad puede
más bien a consecuencia de ella, pues es ella la que la engendrar Ja conciencia de que con él se añade algo
pone de manifiesto), la tensión entre la esfera de los imperecedero a un reino suprapersonal, me parece
valores «científicos» y Ja de la salvación religiosa es muy dudoso que esas interpretaciones religiosas
totalmente insoluble. aumenten la digrudad de las relaciones comunitarias
Sólo el discípulo ante el profeta o el creyente ante puramente humanas. Pero en verdad esta cuestión
su Iglesia hacen este «sacrificio del intelecto». Nunca, cae ya fuera de nuestro tema.
sin embargo, ha surgido una profecía nueva (y repi­ El destino de nuestro tiempo, racionalizado e
to deliberadamente esta imagen que puede resultar intelectualizado y, sobre todo, desmitificador del
chocante para algunos) para satisfacer La necesidad mundo, es el de que precisamente los valores últi­
que ciertos intelectuales modernos parecen sentir mos y más sublimes han desaparecido de la vida pú­
de amueblar, por así decir, sus almas con cosas vie­ blica y se han retirado, o bien al reino ultraterreno
jas y de garantizada autenticidad. Al experimentar de la vida mistica, o bien a Ja fraternidad de las cela­
esta necesidad se acuerdan de que entre esas cosas ciones inmediatas de los individuos entre sí. No$S
viejas figuraba también La religión que ellos ya no casualidad ni el que nuestro arte más elevado sea
tienen, y se construyen entonces como sustitutivo hoy en día un arte íntimo y nada monumental, ni el
de ella una especie de capillita doméstica de jugue­ que sólo dentro de los más reducidos círculos co­
te, amueblada con santitos de todos los países del munitarios, en La relación de hombre a hombre, en
mundo, o la sustituyen con una combinación de to­ pianissirno, aliente esa fuerza que corresponde a lo
das las posibles experiencias vitales, ala que atribu­ que en otro tie1npo, cotnopneuma profético, en for­
yen la dignidad de La santidad mística para llevarla ma de te111pestuoso fuego, atravesaba, fundiéndo­
cuanto antes al mercado literario. Todo esto es, sim­ las, las grandes comunidades. Cuando nos empe­
plemente, o charlataner(a o ganas de engañarse a ñamos en «hallar» por la fuerza una concepción
sí mismos. No hay, por el contrario, charlatanería, artística monumental surgen esos lamentables es­
sino algo muy serio y verdadero, aunque a veces qui­ perpentos que son muchos de los monumentos de
zás equivoco, en el hecho de que algunas de esas co­ los últimos veinte años. Y cuando, sin nuevas y
munidades juveniles que se han desarrollado silen­ auténticas profecías, nos obstinamos en constituir
ciosamente durante los últimos años interpreten sus nuevas religiones se producen internamente esper­
propias relaciones comunitarias y humanas como pentos semejantes, cuyas consecuencias han de ser
una relación religiosa, cósmica o mística. Si bien es peores aún. Las profecías lanzadas desde la cátedra
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232 L'\ CIt::NCIACOMOVOCAc.;ION

podrán crear sectas fanáticas, pero nunca una autén­ El pueblo a quien esto fue dicho ha preguntado y
tica comunidad. A quienes no puedan soportar esperado durante más de dos mil años, y todos cono­
virilmente este destino de nuestro tiempo hay que cemos su estremecedor destino. Saquemos de este
decirles que vuelvan en silencio, llana y sencilla­ ejemplo Ja lección de que no basta con esperar y an­
mente, y sin La triste publicidad habitual de los rene­ helar. Hay que hacer algo más. Hay que ponerse al
gados, al ancho y piadoso seno de las viejas Iglesias, trabajo y responder, como hombre y como p�ofesio­
que no habrán de ponerles dificultades. Es inevita­ nal, a las «exigencias de cada día)). Esto es srmple y
ble que de uno u otro modo tengan que hacer allí el sencillo sí cada cual encuentra el demonio que ma­
«sacrificio del intelecto». No se lo reprocharemos si neja los hilos de su vida y le presta obediencia.
de veras lo consiguen. Tal sacrificio heche en aras de
Ja entrega religiosa sin condiciones es étican1ente
muy otra cosa que ese olvido de la simple probidad
intelectual que se produce cuando alguien no tiene
ánimo bastante para darse cuenta de su propia pos­ .. - �- ;;.

tura básica y se facilita a sí mismo esa obligación por


el camúio fácil de relativizarla. Para .mí esa entrega
tiene más valor que todas las profecías de cátedra
que desconocen la verdad de que dentro de las aulas
no existe ninguna virtud fuera de la simple probi­
dad intelectual. Esa probidad nos ordena constatar
que la situación de todos aquel los que hoy esperan
nuevos profetas y salvadores es la misma que- re­
suena en esa bella canción del centinela edomita,
de la época del exilio, recogida en las profecías de
lsaías:

Una voz me llega de Seir, en Edom:


«Centinela, ¿cuánto durarála noche aún?»
El centinela responde:
«La mafiana ha de venir, pero es noche aún.
Si queréis preguntar, volved otra vez.»
,

índice

Introducción, de Raymond Aron ............................ 7

Uno ............. ......................................................... 9


Dos . 44
.. - .. ..

.... ............................................· ··· · ········ ····· ··.·

EL POLtrICO Y El.. CIEN1'1PTCO


La política como vocación .................................. 81
La ciencia como vocación ... . .... .... . ........ ..... ... ...... !81

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