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¿Por qué fracasa

el discernimiento espiritual?
AUGUSTO GUERRA

El tema del discernimiento espiritual no es cosa de nuestros


días, no es cosa nueva. Comparado nuestro tiempo con el tiempo
que nos ha precedido podemos decir, en esta materia, 10 que
se dijo al comparar los evangelios con las cartas de san Pablo:
se trata de algo "vivido en los evangelios, reflexionado en las
cartas" 1,
Parece cierto, sin embargo, que, a nivel de conciencia, el
interés por el discernimiento espiritual ha calado en nuestro
mundo y que este interés ha motivado un mayor ahondamiento
y una mayor vivencia del mismo 2, Salvo en bastiones del inte-
grismo y en dictaduras abiertas o camufladas -que aún son
muchas- el discernimiento se va abriendo camino, aunque no
sin obstáculos, espontáneos unos y muy estudiados otros,
1 J. GUILLET, Discernement des esprits, en Dictionnaire de Spiritualité, UI, 1231.
, El ahondamiento se ha efectuado por lo general en páginas que sólo indirec-
tamente parecían hacer referencia al discernimiento espiritual, en cuanto que bus-
caban aclarar nuestra situación de duda e incertidumbre. A estas páginas hace
referencia la literatura citada aquí mismo por M. HERRÁIZ. Como estudios
espirituales de los últimos años directamente relacionados con el discernimiento
espiritual podemos citar, además del n. 139 (nov. 1978) de Concllium, y la litera-
tura citada en la p. 502 de dicho número, éstos: J. L. MICO BUCHÓN, Discernimiento
espiritual y hombre nuevo, en Manresa, 49 (1977), 339-356; A. KELLER, Zur «Unter-
scheidung der Geister» in den ignatianischen Exerzitien, en Geist und Leben, 51
(1978), 38-54; todo el número 629 (nov.-dic. 1978) de La Vie spirituelle; todo el n. 129
(mai 1979) de Le supplément (es interesante recordar estas palabras del editorial
del número de La Vie spirituelle: «a leur maniere, chacun des articles qui suivent
essayent de nous initier a cet art [el discernimiento espiritual], initiation dans la-
quelle foi et bon sens, culture et humour, théologie et simplicité doiven collaborer
avec l'Esprit qui est Lumiere, le Saint Esprit». Esto quiere decir que el tema del
discernimiento espiritual continúa desarrollándose por caminos que externamente
pudieran no parecer apropiados, pero que sin duda lo son).
REVISTA DE ESPIRITUALIDAD, 38 (1979), 579-602
r
I

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Siempre que tiene lugar la revaloración de un elemento,


surge espontáneamente la euforia y la esperanza. No sería nor-
mal que así no fuera. Todo 10 bueno debe ser recibido y cele-
brado con alegría. El que deja pasar las ocasiones no tendrá
derecho a quejarse de la falta de soluciones a sus problemas.
Con el discernimiento ha pasado esto mismo.
Para que la euforia y esperanza sean legítimas, deben s,er
racionales y cristianas. No saquemos las cosas de sus límites,
porque todo tiene sus dificultades, que podrían ahogarnos si nos
pillan desprevenidos o ingenuamente presentes. Porque es evi-
dente que muchos de los llamados actos de discernimiento han
fracasado abiertamente. Es probable que también hayan fraca-
sado otros muchos que han sido presentados, sincera o hipócri-
tamente, como un éxito. Y estos hechos no podemos ignorarlos.
Con cerrar los ojos a la realidad no se consiguen más que con-
templaciones sicodélicas. Y con negar la realidad no se hace
más que entorpecer un remedio que tenemos en nuestras manos.
Ante estos fracasos puede venirse todo abajo. Pero si tan
pronto y tan fácilmente dejamos caer algo que suscitó fundadas
esperanzas, al haber sido justamente definido como "la clave de
toda moral neotestamentaria" 1, entonces es posible que estemos
engendrando un juego de progresivas decepciones que acaben
no ya con el entusiasmo de los hombres, sino incluso con sus
ganas de vivir honesta y lealmente. Por eso, nuestra tarea fun-
damental en estos momentos no puede ser la ridiculización del
discernimiento espiritual, sino el apoyo con realismo de todas
las medidas que permitan al redescubierto discernimiento fun-
cionar correctamente. Esto es lo que de forma esquemática de-
searíamos hacer aquí. Y esto lo haremos examinando por qué
fracasan muchos discernimientos. Hablaremos del discernimien-
to comunitario.

Como síntesis del breve análisis que va a seguir podríamos


decir que si muchas veces fracasa el discernimiento es:
1. porque el discernimiento se limitó a materias puramente
interioristas sin entrar en contacto con la vida real;
2~ porque las personas implicadas en el acto de discernir
no eran sujetos aptos para esa tarea;
3 Ha sido muy repetido este afortunado juicio de O. CULLMANN, Christ et le
temps. NeuchiHel, Delachaux, 1957, p. 164.
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3. porque fallaron los mecanismos en los que normalmente


se debía desarrollar ese proceso humano y cristiano;
4. porque desde un principio se enfocaron mal unos cri~
terios que debían alumbrar la voluntad de Dios y los caminos
de su realización en unos momentos determinados.

l. MATERIA DE DISCERNIMIENTO

Todo puede ser discernido y todo puede convertirse en ma-


teria de acierto o desacierto. Dicho devotamente, aunque con
justeza bíblica, el discernimiento cristiano tiene como objetivo
descubrir y vivir la voluntad de Dios 4.
Quienes no vivimos intensamente esa voluntad de Dios, sino
que hacemos cosas raras y extrañas para ser cristianos, somos
incapaces de nombrar con otras palabras esa voluntad, y más
incapaces aún de encarnarla en realizaciones concretas. Por eso,
hemos de intentar esta tarea de encarnación y concretización
progresivamente y con realismo. Es cierto que tenemos el peli-
gro, y de ahí el lógico y comprensible miedo, de acabar en una
casuística vacía, que, además de no ser objeto de ciencia, pueda
caer en la tentación de imponer a las div·ersas circunstancias
unos criterios que son particulares. No reconocer esto podría
significar un grave desconocimiento de la vida. Sin embargo, y
por otra parte, la espiritualidad, quizás más que cualquier otra
dimensión teológica, está pidiendo, con urgencia, realismo: que
las palabras suenen a algo y que tengan como referencia aspectos
normales de la vida, no abstracciones donde no vive nadie, o
sólo unos pocos, muy pocos, que se salieron de madre (unos
bien y otros mal, unos como genios y otros como monstruos).
Si queremos aplicar este principio de desprivatización a la
materia sobre la que recae el discernimiento nos encontraremos
con algunos aspectos de interés que pueden comenzar a inte-
4 «Parmi ces différents éléments, la volonté de Dieu 11 discerner ou 11 como
prendre (pour l'accomplir) apparait comme la réalité centrale (Rom 12,2; Ep 5,17»).
(G. THERRIEN, Le discernement dans les écrits pauliniens, París, J. Gabalda, 1973,
p. 282). En otros lugares de estas mismas páginas se precisa lo que es el discer·
nimiento. Reitero la descripción de THERRlEN (ef. aquí mismo, p. 510). En cuanto
a la materia sobre la que recae el discernimiento no quiero excluir ciertos aspectos
que aquí no van a ser considerados. Al excluir la sola vida interior, quiere decir
que no es ella la que tiene la exclusiva, no que no sea materia importante. Hay
otros muchos campos. Por ejemplo, se ha aplicado expresamente el discernimiento
al diálogo entre los movimientos espirituales orientales y occidentales (ef. J.·R.
BOUCHET, Ecouter, discerner, acueiller, en La Vie espirituelle, 133 (1979), 504·508).
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rrogar nuestros propios actos de discernimiento personal o co-


munitario:
a. No a la sola interioridad personal. La materia a discer-
nir no puede limitarse a la interioridad personal. Puede ser ad-
mitido sin más este principio ya formulado recientemente: "el
discernimiento cristiano debe extenderse hoy a la vida pública
y grupal de los creyentes, a sus decisiones políticas, y no res-
tringirse fundamentalmente a la dimensión de la llamada 'vida
espiritual' o 'vida interior' de las almas piadosas" 5.
Fue ya san Pablo quien desprivatizó el campo del discer-
nimiento introduciéndolo en el mundo de la colecta en favor de
los fieles de Jerusalén. En ese acto cristiano está presente la
terminología y estrategia a seguir en semejante tipo de discerni-
miento 6.
De aquí que los interrogantes a aclarar y posteriormente
vivir con todas sus consecuencias deben ser tan reales, concretos
y universales como es la vida. También aquí La verdad es sin-
fónica 7. Más aún, lo normal es que la problemática a discernir
venga dada por las actuales preocupaciones más urgentes de la
vida 8 o de los grupos concretos que disciernen en un momento
dado.
Ejemplos concretos -que no ejemplitos- de este discerni-
miento tendrían que ser la convivencia doméstica, el capítulo
de gastos personales o familiares, la paternidad responsable, la
ubicación de una parroquia, un convento o un colegio, la acep-
tación de o renuncia a un tipo de trabajo o de presencia, el
afincamiento en un grupo social, o político o religioso, la actitud
frente a los dispares criterios de existencia mundana, la vivencia
de la actitud religiosa personal y comunitaria, etc.
A veces podemos pensar que algunas de estas cosas no tienen
casi nada que ver con el discernimiento cristiano. Y es que en
5 E. M. UREÑA, Discernimiento cristiano, psicoanálisis y análisis marxista, en
Concilium, n. 139 (nov. 1978), 579. No insistimos en este aspecto porque lo hace
aquí mismo M. HllRRÁIZ, pp. 513-516.
• Cf. 1 COI' 16,3; 2 COI' 8,1-2.8.22; 9,13, con el comentario de THllRRIllN, pp.
94-100.
7 Es el título de uno de los libros de H. U. VON BALTHASAR, Madrid, Ediciones
Encuentro, 1979. Estamos de acuerdo con la tesis general, aunque en diversos temas
tratados por el autor haya no poco que matizar o precisamente cambiar los acentos.
• Es lo que hizo el Vaticano II en Gaudium et Spes, dedicando la parte más
concreta de la Constitución, la parte II, a «algunos problemas actuales más ur-
gentes» (GS 47), sin precisar si esos problemas son al mismo tiempo los más esen-
ciales en cualqueir otra circunstancia. El valor de este sentido histórico no ha
sido suficientemente atendido.
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el fondo no estamos convencidos de que es en las realidades


normales de la existencia donde se libra la única vida cristiana
que existe y que lo demás es pura evasión. Yana discutimos
sobre el sexo de los ángeles, pero se discierne aún sobre cosas
parecidas.
b. Establecer una escala de valores. En la desprivatización
de la materia a discernir hay que ,establecer una escala de valo-
res de acuerdo con las preferencias de la fe cristiana en un mo-
mento preciso. Habrá que tener la sensibilidad imprescindible
para no dejarse sofocar por unos contenidos en detrimento e
incluso en olvido de otros, y menos aún limitarse a la vivencia
de unos valores secundarios en un momento preciso -aunque
puedan ser importantes- posponiendo los que humana y cris-
tianamente parecen primarios.
Este punto, que creo de interés a la hora de precisar las ma-
terias preferenciales de nuestros discernimientos, podría quedar
de nuevo en el aire si no lo encarnamos en casos reales. Al me-
nos en casos que a nuestro modo de ver son reales, e incluso
escabrosos. Pero no podemos dejarnos vencer por el miedo;
corramos riesgos necesarios y no hablemos entre dientes. Lo
hagamos abiertamente con tal de renunciar a dogmatismos, aun-
que no a personales modos de ver, que tienen el mismo derecho
que otros a existir.
Saquemos el discernimiento al campo social, ya que afor-
tunadamente queremos desprivatizarlo. Situemos un acto de dis-
cernimiento cristiano en una zona políticamente oprimida en la
que, al mismo tiempo, se registra una fuerte inmigración de
trabajadores. Pongamos que quien discierne es una comunidad
cristiana, agrupaciones apostólicas, comunidad religiosa, parro-
quia, consejo presbiteral, obispo, conferencia episcopal regio-
nal... En una palabra: un grupo en cuanto tal y para él, o una
institución concreta para ella y para iluminación de otros, se
pregunta cuál es la voluntad de Dios en ese momento, o dicho
menos piadosamente, cómo deben vivir cristianamente esa situa-
ción compleja en la que están, que es la única real que tienen.
A poco que se piense en este caso -no ejemplito, sino rea-
lidad sangrante- surgen inmediatamente dos contenidos, no
opuestos, pero sí distintos, y ambos cristianos: por una parte,
condenar la opresión y liberarse de ella por medios lícitos y pro-
gresivamente más comprometidos si los iniciales no dan el resul-
6
r

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tado apetecido. Por otra, acoger a unos hermanos en comumon


familiar que les p,ermita vivir dignamente de su trabajo y solu-
cionar los problemas que dieron lugar a esa situación, poniendo
también aquí medios lícitos y progresivamente más comprome-
tidos.
La escala de valores pide dar a estos contenidos un puesto
en las preocupaciones de los cristianos. Personalmetne daría el
número uno a la acogida fraterna de los hermanos y el número
dos a las justas reivindicaciones de un pueblo. Pero pongamos
incluso que ambos objetivos están a la misma altura, tienen la
misma importancia y deben ser afrontados con la misma r,,~so~
lutividad.
Ante esta situación -en modo alguno artificial- podemoR
preguntarnos con respeto y sin remilgos: ¿se ha reivindicado y
luchado con mayor fuerza, o al menos con la misma, por exigir
para esos inmigrantes sueldos, vivienda, trato personal, educa-
ción, respeto cultural, arreglo de los desequilibrios radicales que
dieron motivo a la situación, que por exigir respeto y justicia
para una lengua, cultura, idiosincrasia, auto gobierno, etc.? Si
nuestra respuesta es sinoeramente sí, entonces estamos ante un
acto de discernimiento que a la luz del Evangelio, explícita o
implícitamente vivido, ha visto una clara manifestación de la
voluntad de Dios y se dispone a su costosa vivencia. Si nuestra
sincera respuesta es no, entonces tendríamos que juzgar como
evangélicamente inmoral una conducta que se ha presentado con
visos de valentía, compromiso y profetismo cristianos.
Fuera de aquella zona tendremos que hacer la misma pre-
gunta, aunque a la inversa. Y también aquí estaremos ante un
desenmascaramiento -el discernimiento puede ser también des-
enmascaramiento- de nuestra aparente actitud cristiana.
Quizá sean estas encarnaciones, difíciles y delicadas, las que
mejor pueden iluminar el fracaso de tantos actos como teníamos
ya canonizados. Donde nos parecía que se había dejado la vida
como entrega a unos valores que era preciso testimoniar resulta
que se nos revela una de tantas mezquindades como tiene el
mundo, y que huele a podrido desde el más elemental sentido
humano. Cualquier coloración cristiana de que intentemos re-
vestirla es puro ungüento amarillo. Y desde luego no necesita-
mos un Evangelio que empuje y justifique &emejantes conductas.
Cuando en nuestros actos de discernimiento hemos olvidado
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 585

e incluso ahogado temas y materias que se imponían a gritos,


o las hemos pospuesto a otras que en la práctica acabaron anu-
lando a las primeras, entonces es difícil que ahí haya podido
manifestarse el Evangelio y la fuerza del Espíritu. Estamos ante
actos fallidos, sin posible redención. ¿De qué nos servirá dis-
cernir sobre una materia si es sobre otra sobre la que tenemos
que hacerlo? Vale aquí el consejo de san Juan de la Cruz: "¿qué
aprovecha dar tú a Dios una cosa si él te pide otra?" 9.

n. DISCERNIMIENTO y PERSONAS DISCERNIDORAS

La importancia de las personas concretas en el acto de discer-


nimiento aumenta en la medida en que descienden los discer-
nimientos realizados a golpe de ley o de autoridad, que era lo
común antes, pero que cada vez lo es menos !o,
Algunos autores, serios y n~sponsables, han puesto al discer-
nimiento un precio muy alto por lo que respecta al tenor que
ha de poseer el grupo que intente discernir evangélicamente 11.
Todo puede tener sus pros y sus contras. Porque si por una parte
se revaloriza algo que puede tender naturalmente a ser triviali-
zado, por otra podríamos limitar el discernimiento a límites al-
canzados sólo por minorías, lo cual podría anular este aspecto
de la vida cristiana.
Teniendo en cuenta ambas posibilidades, y rechazando cual-
quier elitismo, sí habría que decir que conviene evitar la cuneta
de la facilonería espiritual. Es una cuneta que gana borrachos,
pero que no endereza hombres. El discernimiento es tarea esen-
cialmente difícil, y como difícil debe ser aceptado.
En orden a las personas que intervienen en el discernimiento
espiritual creemos que son dos las cuestiones ya solventadas a
nivel ideológico, que esperan del tiempo un mayor realismo con-
creto:
, Dichos de luz y amor, n. 72.
10 Lo que dice un especialista en vida religiosa sobre lo que en ésta sucedía pue-
de aplicarse a toda la Iglesia: «dentro del encuadre de la comunidad tradicional,
prácticamente, había muy poco que discernir, estando ya todo discernido por la
regla o por la normativa de la comunidad; o bien, porque en caso de deber dis-
cernir una situación concreta, era el superinr quien tenía el deber, y la obligación,
y el derecho de discernir .. (L. GUTIÉRREZ, Función de la autoridad en el discerni-
miento comunital'io, en Discernimiento comunita1'io, Madrid, ITVR, 1976, p. 127).
11 Quizá ninguno sea tan fuerte, referido a la vida religiosa, como L. GUTIÉRREZ,
O. c., pp. 141:143.
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a) Cualidades humanas. Entendemos aquí por cualidades


humanas la lucidez, preparación técnica y equilibrio psíquico
necesario para moverse con soltura en un acto de discernimiento.
Desde este punto de vista parece que muchas personas que par-
ticipan en estos actos son ineptas para los mismos, no pudiendo
aportar datos de interés y, con frecuencia, boicoteando aspectos
del acto discernidor o del ambiente y clima en que debe tener
lugar. Tales personas deben quedar excluidas de una sesión dis-
cernidora, o, si esto no fuera posible o aconsejable en casos
determinados, pueden lícitamente ser manipulados, quitando a la
palabra toda su carga de inmoralidad.
Esta actitud puede parecer dura, pero quizá resulte de una
elemental prudencia y goce ya de hecho de una aceptación bas-
tante amplia. La actitud no extrañará tanto si tenemos en
cuenta:
- Que en las decisiones civiles de importancia -verdade-
ros actos de discernimiento político en su más amplio alcance-
se exigen al sujeto unas condiciones que tratan de asegurar la
honestidad y responsabilidad de una persona equilibrada.
- Que la Iglesia católica ha retirado el voto en la elección
de Papa a los cardenales mayores de ochenta años. El paso,
desde luego, no es como para escandalizar. Manifiesta, sin em-
bargo, la preocupación por que en momentos difíciloes y compro-
metidos intervengan personas no disminuidas en sus facultades.
A nivel simbólico, este gesto tiene que ser imitado y ampliado
en los diversos estamentos de la Iglesia.
- Que en los corrillos -no sé si llamarlos informales, o
decir que con frecuencia son los únicos lugares formales, donde
se dicen las verdades- esta afirmación es corriente.
No nos rasguemos unas vestiduras que ya tenemos rotas, si
no es que estamos desnudos. Es difícil precisar qué personas no
están preparadas o capacitadas, por los motivos que sea, para
actuar en un discernimiento y es muy delicado adoptar una pos-
tura que externamente pueda ser tachada de cruel y puede herir
a las personas afectadas. No obstante, contando con todo ello,
y tratando de herir 10 menos posible, hemos de dar este paso.
Si no, hay que estar a las consecuencias, porque aquí se genera
mucho escepticismo en las personas. También pueden ser ene-
migos del discernimiento cristiano, ciertos respetos aparentes,
caridades disimuladas y responsabilidades no asumidas.
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 587

b. Cualidades espirituales. El discernimiento espiritual no


se identifica con cualquier tipo de reunión aclaratoria o deci-
soria. Ni tampoco con cualquier reunión o acto de discernimien-
to político. Cierto carácter político -entendido en sentido am-
plio- sí que tiene todo acto de discernimiento religioso, pero
se trata de cosas distintas.
Aunque es muy difícil precisar quién es un auténtico espi-
ritual, sí parece verdad en un amplio sentido que sólo el hombre
espiritual tiene la capacidad neoesaria para percibir y escuchar
la voz del Espíritu. San Juan insiste fuertemente en esto 12. Y si
es verdad que sus criterios parecen ser más bien ideológicos, no
lo es menos que ningún criterio es puramente ideológico, y que
también insiste en los que podríamos llamar criterios morales 13,
Siguiendo una constante en los autores espirituales, aunque
modificando sus perspectivas, que parecen pecar de individualis-
tas, y añadiendo aspectos menos tradicionales, podría decirse
que las cualidades espirituales o disposiciones personales más
importantes a la hora de un discernimiento podrían ser éstas:
- Unión de teoría y práctica. La luz que viene de la sola
teoría podría convertirse en extraterrestre. La unión entre teolo-
gía y santidad -que afecta a la unión del primer término con
el segundo y del segundo con el primero (no olvidemos ninguno
de los dos extremos) 14_ es cada vez más sentida. Y es sentida
desde la fuerte presencia -no sé si es predominio- de la praxis
actual. Si en un tiempo ha sido necesario -y continúa sién-
dolo- que la teología tenga una buena impregnación filosófica 15,
si es necesario unir teología sedente y teología genuflectente 16,
hoy parece necesario sobrepasar -no anulando en modo algu-
no- estos aspectos precisamente desde un compromiso personal
con lo que se descubre teológicamente. Los mismos teólogos
12 Cf. G. THERRIEN, O. c., p. 55.
13 lb., PP. 58-60.
14 El tema es de sobra conocido en la espiritualidad y no creemos oportuno In-
sistir en él. Quedan todavia como clásicos los estudios de H. U. VON BALTHASAR,
Teologla y santidad, en Ensayos teológicos, 1, Madrid, Cristiandad, 1964, pp. 235-
268 (original de 1948) y de F. VANDENBROUCKE, Le divorce entre théologie et mystlque,
en NRTh, 72 (1950), 372-389.
15 En 1957 10 manifestaba expresamente K. RAHNER, aunque tácitamente estaba
ya presente en su primera obra (cf. A. ALVAREZ BOLADO, Presentación y elogio del
doctorando [honoris causa K. Rahner] , en Teología y mundo contemporáneo. Ho-
menaje a K. Rahner, Madrid, Cristiandad, 1975, p. 30.
16 Establece la fórmula O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, ¿Crisis de seminarios o crisis
de sacerdotes?, Madrid, Marova, 1967, p. 103.
588 AUGUSTO GUERRA

reconocen sus limitaciones en este sentiodo 17, y tratan de recu-


perar esta obsesión que les acucia 18. Yo creo que cuando una
filosofía social ha puesto al descubierto la miseria física, estruc-
tural y moral del hombre -sujeto supremo de todo discerni-
miento cristiano-, la teoría debe dejar ciertos equilibrios y
ciertos rescoldos burgueses y ensuciarse las manos con la rea-
lidad oprimente y repelente. Lo demás se me antoja una broma
de mal gusto y un fariseísmo del dicen y no hacen sobre el que
debe caer de nuevo todo el violento capítulo 23 de Mateo. ¡Qué
bien se ve la vida real desde la vida ideal, el sol desde la sombra,
la lluvia desde el refugio, el frío desde el calor, el vi,ento cortante
de la noche desde la cama caliente! Pero, desde luego, cualquier
consejo que de aquí viniese sería despreciado como hipócrita y
cruel.
Hacer silencio en el mundo ambiental. El ambiente, te-
niendo que ser la voz de la necesidad, impide con frecuencia
escuchar la verdad. El silencio personal, en el que se madura
el juicio, puede ser fuertemente perturbado por la estimación
mundana. Hay que atender más a las necesidades de los hombres
que a sus aplausos, hay que estar más atentos á. lo que nos
dicen -o sea, a lo que nos piden- que a lo que dirán de
nosotros.
- Purificar los vínculos de afinidades personales. Quizá
sea de las cosas más delicadas y más importantes. No es nece-
sario hablar de compraventas de actos que se precian de discer-
nidores -que también pueden darse, pero que estimamos más
bien escasos- para constatar en muchos de ellos una evidente
falta de libertad. La libertad no s'e cierra a la palabra amiga, a
la palabra convencida, a la palabra denunciadora; pero sí debe
cerarse a la palabra engullidora y abrirse paso en una actitud
capaz de vencer la cobardía y el miedo. Aquí debería ser tratado
17 As! lo reconoo!an honestamente K. RAHNER Y J. MOLTMANN en sendas entrevis·
tas (cfr. Hechos y Dichos, n. 452 (junio 1974), 40-42. «Hubiera querido tener en mi
vida -dice el primero- más praxis, más solidaridad con gente realmente pobre)1).
" Parece una obsesión actual de J. MOLTMANN hacer comprender que sus páginas
no son páginas de laboratorio, sino que llevan dentro la experiencia y contacto
con la problemática real. Su Prólogo a La [glesla, tuerza del Esplrltu, Salamanca,
Sigueme, 1978, pp. 13-14, as! lo manifiesta. Otro tanto puede apreciarse en un teó-
logo tan vertical como O. GONZÁLEZ DE CARDEnAL (Prólogo a la segunda edición de
Meditación teológica desde España, Salamanca, S!gueme, 1972, pp. 7-8).
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 589

el tema de la presencia del líder en el grupo, tema inevitable,


porque el líder es necesario y peligroso al mismo tiempo.
- Buscar la paz evangélica. Sólo este tipo de paz puede
ser atrayente para el cristiano. La paz evangélica no se opone
a la paz humana; es más, no puede existir perfectamente sin ella.
Pero el mensaje evangélico, la actitud personal de Jesús, y la
experiencia de la historia manifiestan muchas formas extrañas
de buscar la paz. Y presentan también mucha paz evangélica que
tuvo que abrirse paso ·entre las guerras de los hombres, de sus
criterios, limitaciones y mezquindades.
- Rechazar la tentación de la razón. Entre hombres, na-
die puede arrogarse el monopolio de las razones y de la razón.
Sin tener por qué encontrarse distribuida eq uit3tiv3mente entre
todos los hombres, todos somos limitados en aquello mismo que
parece nuestra especialidad.
Tampoco en este aspecto resulta fácil el discernimiento 19.
Pero es que precisamente el discernimiento no es fácil. Ahora
sólo conviene recordar que lo más probable es que muchos actos
de discernimiento resultan fallidos en la práctica porque a los
discernientes les faltaron las cualidades humanas y espirituales
ad·ecuadas para esta tarea.

III. MECANISMOS DE DISCERNIMIENTO

Los mecanismos en que se desarrolla el discernimiento no


son indiferentes. Y quizá han sido insuficientemente valorados
por pensar que se trata de algo demasiado humano, de algo
puramente estructural que tiene que ver con las cosas del mundo,
pero no de la fe. Normalmente los "espirituales" son muy provi-
dencialistas y en el fondo desprecian, más que las restantes per-
sonas, los mecanismos del mundo. Es uno de tantos errores, que
hemos pagado, y continuamos pagando demasiado caro.
Dentro de lo mucho que podría decirse a este respecto, quizá
lo principal pueda encerrarse en tres apartados:
" Para los Condicionamientos psicosociales del discernimiento comunitario véan·
se las páginas que con el mismo titulo publica M. MARTíNEZ en Discernimiento
comunitario, o. c., pp. 97-124. Para la realización de actos de discernimiento es
interesante L. GONZÁLEZ, Discernimiento espiritual. Evaluación de una experiencia,
en lb., pp. 145-163.
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1. Preparación de la sesión discernidora. En los grupos


de revisión de vida circula como slogan elemental: reunión no
preparada, reunión fracasada. No porque vivamos de slogan s,
sino por la verdad que encierra, merece ser tenido en cuenta.
y nadie negará a estas alturas la necesidad de una buena pre-
paración, remota y próxima. Una cuidada preparación podría
encerrar, entre otros, estos aspectos:
- Escoger el momento oportuno. Momento oportuno es
aquel en que las personas pueden responder con mayor objeti-
vidad, no aquel en que el grupo puede ser mejor manipulado.
Para nadie es un misterio que, tanto en la sociedad civil como
en la eclesiástica, hay cuestiones que se meten como una cuña
para pillar desprevenido -o impreparado- al adversario y ven-
cerle más fácilmente. Es lo que se llama pura y llanamente una
puñalada trapera. Este comportamiento puede ser muy efectivo
a la hora de imponer el propio parecer, pero no es honesto,
y en el fondo se acusarán sus deficiencias, unas deficiencias que
podrían haber quedado superadas en una confrontación serena
que buscase la verdad por los cauces sanos de una discusión
preparada y sincera.
- Cuidar el anuncio. Anunciar una sesión o reunión pa-
rece algo muy sencillo. Y desde luego no debería ser lo más
complicado. Lo cierto es que no carece de interés. Hay anuncios
que son más una provocación que una invitación. Y por eso
pueden comenzar ahí mismo muchos bloqueos, bloqueos que se
irán manifestando a lo largo del proceso posterior y que llevan
a la inutilidad, e incluso perniciosidad, de un acto de discer-
nimiento.
- Tiempo suficiente. El estudio sereno de las cuestiones
a discutir o examinar lleva un tiempo. Este puede dividirse en
dos etapas, que deben vivirse sin prisas, dado su interés: razones
en contra y razones a favor. La primera etapa, olvidada con
frecuencia, consiste en meterse en la piel del hipotético adver-
sario para llegar a percibir en la propia carne lo que sucederá
en caso de que sea aceptada la postura de los otros, metodoló-
gicamente -e hipotéticamente- adversarios. La detenida y hon-
rada vivencia de esta etapa ilumina aspectos antes borrosos, pu-
rifica y enriquece nuestros mismos criterios, convence de que no
se va a caer el mundo en caso de que "venzan" los otros, y pre-
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 591

para a la asimilación de una posible "derrota" con una flema


discreta. La segunda etapa es más conocida y aplicada, y si de
algo necesita es de una rebaja, con frecuencia muy fuerte, porque
no suele ser etapa, sino meta y final de carrera.
2. Desarrollo de la sesión discernidora. Buscar no es fácil;
exponer es bastante más difícil, aunque no lo parezca. La bús-
queda suele ir acompañada de una ilusión que hace más lleva-
dero el esfuerzo. Durante la búsqueda uno tiene la vaga, pero
fuerte, impresión de que las cosas se van a arreglar con todo
10 que se nos está ocurriendo. Es una especie de luna de miel
intelectual. La exposición, y todo el desarrollo de la sesión, pue-
de ser un duro golpe para la ilusión; más, suele ser con frecllencia
el momento inicial de las frustraciones. La exposición puede
comenzar a demostrar que 10 nuestro interesa menos de lo que
nosotros creíamos y tenemos el peligro de hacer añicos en pocos
minutos el esfuerzo esperanzador de muchas horas de reflexión.
A dos aspectos fundamentales pueden reducirse los proble-
mas que aparecen en la sesión discernidora:
- Aportación. A todos los interesados debe dárseles la
oportunidad y facilidad de aportar su visión. Diversas institucio~
nes precisan que incluso los ausentes deben hacerse presentes
con los medios hoy a disposición. Esto es un derecho, y puede
ser un deber. Y es un modo de no cerrarse a cualquier luz que
pueda s'er encendida. Pero conviene también recordar que no
debe ser una obsesión. Si uno cree que no tiene nada que aportar,
que se calle. Su silencio será elocuente en esa ocasión. Es no
sólo lo mejor que puede hacer, sino también 10 único que debe
hacer. También de silencios expresivos estamos necesitados.
- Talante comunicativo. El talante comunicativo se vive
tanto en nuestra aportación como en la actitud que mantene-
mos ante la aportación de los demás. Y puede encerrar, entre
otras, estas actitudes:
a. Exponer con convicción. Generalmente decimos: expo-
ner con sencillez. Esto no se niega; es más, se ratifica. Pero
quizá tendemos a devotizar demasiado las cosas. La convicción
suele entrañar cierta viveza, que puede incluso derivar hacia la
dureza. Aunque esto último deba ser evitado, la convicción per-
sonal, se exprese como se exprese, es algo que se respeta siem-
pre en las personas magnánimas.
592 AUGUSTÓ GUERRA

b. Escuchar con pasi6n. Por lo menos con el mismo inte-


rés con que hablamos, con el mismo interés con que leemos algo.
Toda la fenomenología que se desarrolla en nosotros ante una
lectura debe tener también lugar en la escucha. Escuchar no es
cuestión de tímpanos, sino de corazón, y engendra en el oyente
reacciones que afectan a toda la persona.
c. Generosidad con las propuestas amigas. Ninguna pro-
puesta debe salir de la sesión totalmente derrotada. Es más,
nunca sale derrotada plenamente. Lo que sucede en lo político
es que los partidos dominantes juegan un poco, como los perio-
distas, a pisarse una propuesta, haciendo lo posible por que no
aparezca como de la oposición, sino como suya. Es algo com-
prensible, aunque pueda estar lleno de mezquindad política. En-
tre hombres con otros criterios no debería suceder esto. Debería
haber más sinceridad para asumir lo que de bueno aparece en
todas las aportaciones.
Además, éste podría ser el primer paso para que la propues-
ta resultante fuese aceptada con ilusión y llevada después a la
práctica. Los hombres somos así: basta que veamos un poquito
de nosotros mismos en un lugar para que lo compremos como
si fuera un palacio. Es quizá otra pequeña mezquindad, pero es
una realidad. A todos nos sucede un poco 10 que de sí decía
santa Teresa: "con una sardina que me den, me sobornarán" 20.
Se pierden muchas fuerzas en la realización de unos caminos
descubiertos por no haber tenido la prudencia, vista y precau-
ción de que aparezcan como caminos abiertos por todos, y no
como feudo de unos cuantos.
3. Estructuras de apoyo. Discernir implica no s6lo ver,
sino también, y quizá primariamente vivir 10 que se ha visto.
Es una constante en las cartas de Pablo que al misterio de sal-
vación revelado siga el misterio de salvación vivido 21.
En términos más profanos puede decirse que hay que apren-
der a vender 10 que se tiene y que las técnicas de venta no son
indiferentes. La preocupación por vender un producto es la prue-
ba de que se cree en ese producto. Muchas decisiones trabajosa-
mente logradas han quedado en papel mojado por falta de ven-
dedores cualificados.
:ro Carta 240 (Edición de T. ALVAREZ. Burgos, El Monte Carmelo, 1979, 674).
21 Esto puede verse sobre todo en Rom 1-11, 12-15; precisamente en 12,2 se habla
del discernimiento.
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 593

Estas estructuras pueden levantarse:


- A nivel ideológico. El primer paso puede estar en saber
decir las cosas con las palabras y nombres que el hombre a quien
va a afectar quiere oír. No sé si en estas páginas vamos de mez-
quindades humanas, pero lo cierto es que a muchos públicos
les basta escuchar un nombre o un slogan para que se pongan
de rodillas o aplaudan. Venderse por estos aplausos o adoracio-
nes es deshonesto a todas luces. Vender un producto en el que
s'e cree utilizando un único spot publicitario efectivo es táctaica
plausible. Encontrar el fiaco a una persona -o grupo de perso-
nas- es tenerla rendida.
El segundo paso puede estar en una tarea de lenta madura-
ción personal. La impresión emotiva pone en camino, pero sólo
la convicción personal permite recorrerlo entero, Y aquí el tra-
bajo es tan plural que no puede ser abordado.
- A nivel práctico. La información, el recuerdo frecuente,
la conciencia de resultados favorables, el realismo de que no se
dispone de otros caminos tiene que encontrar adecuadas encar-
naciones para que la estima de una decisión tomada sea querida,
o al menos aceptada como medio del perfeccionamiento a que
aspiramos.
Cuando fallan estos mecanismos discernidores puede suce-
der que el discernimiento haya fracasado ya antes de haberse
iniciado, Hay actos viciados desde sus comienzos.

IV. CRITERIOS DISCERNIDORES

"Cuando se trata del discernimiento no basta que un autor


lo recomiende vivamente. Más importante que eso es el conjunto
de criterios que ese autor suministra al lector para que éste pue-
da orientarse a la hora de buscar lo que Dios quier,e" 22.
Aunque la terminología sobre el discernimiento no haya sido
aún suficientemente unificada, podemos decir que, bajo distintas
palabras, de lo que más se habla es de los criterios doel discerni-
miento. Estos deben ser como los focos que iluminan un objeto
oscuro a fin de poder distinguirlo de los demás y conocerlo sufi-
cientemente. No vamos a decir que en el discernimi,ento lo único
22 J. M. CASTILLO, La "Imitación de Cristo» y ({Camino»: del discernimiento pri-
vatizado a la anulación del discernimiento, en Concllium, n. 139 (nov. 1978), 542.
594 AUGUSTO GUERRA

importante son los criterios. En el discernimiento todo va unido;


pero indudablemente los criterios son de singular importancia.
En otras páginas de este mismo número se habla de varios
criterios evangélicos, teológicos y espirituales. Todos ellos que-
dan asumidos aquí como importantes, aunque no se repitan, lo
cual es obvio. Nunca seremos suficientemente explícitos y pro-
fundos en la búsqueda de criterios que puedan iluminar tanta
oscuridad y ambigüedad.
Sin embargo, aquí queremos hablar sólo de uno de esos
criterios, el seguimiento de Cristo pobre, al que hacemos pre-
ceder unas palabras sobre el criterio de autoridad. No lo hace-
mos porque prefiramos "el unísono a la sinfonía" 23, porque esto
no es verdad. Lo hacemos porque no pueden ser tratados todos,
y porque en definitiva preferimos -sin exclusiones- unos a
otros.
El criterio de autoridad -podríamos decir que como todo
criterio particularista 24_ ha bajado de una forma impresionante
en los últimos años. Permanece con fuerza sólo en las organi-
zaciones totalitarias y dictatoriales, tanto en lo civil como en lo
eclesiástico, tipo Opus Dei y similapes 25. Una de las razones,
aunque no la única, de este bajón es la prueba de que -estos cri-
terios históricamente han sido ineficaces e incapaces de captar
las exigencias históricas, que no pueden no ser exigencias de
Dios. Normalmente la autoridad aparece como defensora de un
estado de cosas que de hecho ha favorecido siempre al statu qua
en todos los órdenes y concretamente en el orden socio-político.
En una palabra, ha favorecido a las clases establecidas: supe-
riores jerárquicos y ricos. En muchos casos, de no haber me-
diado expresa y consciente "desobediencia formal" a ese criterio
2J H. U. VON BALTHASAR, La verdad es sinfónica. Aspectos del pluralismo cris-
tiano, Madrid, Ediciones Encuentro, 1979, p. 9. Este es el juicio general que a VaN
BALTHASAR merece nuestro tiempo.
2' Podrlamos referirnos aqul al don de «discernimiento de esplritus» (1 Cor
12,10), Parece que lo que encierran estas palabras de Pablo es s6lo el «don de
determinar el origen de los fenómenos carismáticos: Dios, la naturaleza, el demo-
nio» (Biblla de Jerusalén, nota alCor 12,10). Puede ser interesante lo que indica
en este sentido K. RAHNER, Experiencia del Esplritu y decisión existencial, en Con-
cilium (número especial, nov. 1974), 127-137.
25 Cl. el estudio de CASTILLO citado en nota 22. Parece suficientemente demostra-
da la dictadura interna y externa a que están sometidos los miembros de este ente
cristiano en nombre de la voluntad de Dios manifestada en la persona de Mons y
sus normas. Los libros de A. MaNCADA y M.a ANGUSTIAS MORENO, en los que este
aspecto aparece claramente, dan suficientes muestras de objetividad.
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 595

de autoridad, que invocaba con toda su fuerza la voluntad de


Dios sobre una situación y unas personas en ella involucradas,
no se habrían logrado éxitos elementales que muy difícilmente
se negará que son auténticas exigencias evangélicas 26. Estas
lecciones de la historia no hacen más que actualizar los argumen-
tos de verificación que hoy se exigen para que algo sea creíble.
En el ánimo de los cristianos inquietos y buscadores quedarán
durante mucho tiempo como llamadas e interrogantes serios a
los que, si no se da otra respuesta, se acaba por abandonar, por-
que parece lo más normal, y ningún aspecto de la fe evangélica
exige otra cosa.
Seguimiento de Cristo pobre. Al com1enzo de cualquier re-
flexión sobre este particular se ha hecho hoy necesaria una breve
introducción, que bien podría ser ésta: sin ánimo despectivo
por nuestra parte, estamos, sin embargo, muy lejos de amila-
namos ante quienes sólo tienen desprecio o compasión, más o
menos disimulados, para quienes hablan de este criterio. Son
muchos aún, sobre todo entre los "espirituales", quienes suelen
reaccionar ante él diciendo: ya estamos ante la eterna canción.
Conscientes de esta reacción, no sé si pía, ingenua o malévola,
continuamos.
1. Qué implica. El seguimiento de Cristo pobre no im-
plica canonización de un estamento concreto en cuanto signifi-
que esta canonización un desiderátum en la vida. La meta del
hombre no es llegar a la miseria colectiva. Esto ha sido ya re-
petido infinidad de veces y no hay razón para detenemos en
ello 27.
El seguimiento de Cristo pobre sí implica poner en el centro
de las deliberaciones cristianas las necesidades de los pobres,
de los históricamente pobres en cada momento y situación. Hay
que atender a las diversas dimensiones en que se discierne, pero
siempre, a nuestro modo de ver, superando la maquiavélica re-
26 Cf. el articulo de E. DUSSEL, Discernimiento: ¿cuestión de ortodoxia u orto·
praxis, en Concilium, n. 139 (nov. 1973), 552·567. Por ser algo que ya pertenece al
pasado y permite analizarlo con suficiente perspectiva Interesa sobre todo la pos·
tura de la Santa Sede ante la actitud del héroe mexicano Miguel Hidalgo (cf. pp.
561·563).
27 El planteamiento teológico de la pobreza en una teología que tanto apela a
ella como la Teología de la liberación puede verse en G. GUTIÉRREZ, Teología de la
liberación, Salamanca, Sígueme, 1977', PP. 363·386 (estas páginas del libro han sido
justamente alabadas).
596 AUGUSTO GUERRA

ferencÍa a la pobreza de los ricos y a la riqueza de los pobres 28.


Sólo a un encorsetado espiritualista le conmueve aún la rara
sagacidad -o quizá el sarcasmo- que aquí se encierra. Seguir
a Cristo pobre es actualizar su historia -parcial o menos par-
cial, tema en el que no entramos 29_, con la tenaz y dificil me-
todología que El ensayó 30, y con la aceptación radical de un
posible idéntico final.
2. Sensibilidad actual. Citar textos aquí sería muy sen-
cillo. Baste afirmar que la sensibilidad actual, proclamada en
todas partes por la misma Iglesia 31 , va en la línea doctrinal de
la solidaridad con los pobres. En otros siglos pudo darse más
importancia a otros aspectos. Los r'eligiosos -hombres en quie-
nes los cristianos encerraban la perfección consumada- anda-
ban en anónimos, coplas de cordel, a veces bestiales. Hoy parece
interesar más otro aspecto, el de la solidaridad.
Es éste un criterio que quizá más que profundización está
pidiendo una sensibilización auténtica y una comunión real que
acabe con el dominio de las palabras nebulosas y alienantes.
" Estoy totalmente de acuerdo con estas palabras de J. B. LIBANIO: «sólo una
conciencia terriblemente Inficlonada por la Ideologia dominante puede, o no, perci·
blr, o conducir a distinciones y discusiones estériles sobre qué es ser pobre, lle·
gando Incluso a conclusiones aberrantes, en el sentido de que el rico es el peor
de los pobres y, por ello, precisa de nuestra presencia» (Discernimiento y política,
Santander, Sal Terrae, 1978, p. 34).
29 J. SOBRINO habla claramente, referido a Jesús y en el contexto del discerni·
miento, de la «encamación parcial en la historia» (El seguimiento de Jesús como
discernimiento, en Concilium, n. 139 (nov. 1978), 523. Es un tema muy difícil, aun·
que creemos que básicamente está bien planteado. Personalmente añadiría a las
palabras de SOBRINO estas otras de LIBANIO -quizá no menos fuertes, pero más ma·
tizadas, aunque aún discutibles: «sólo razones fuertemente apostólicas, y por causa
de los propios pobres, pueden llevarnos a un discernimiento en favor de la acción
entre las clases dominantes» (o. c., p. 34).
30 J. SOBRINO, lb. Junto a la metodología de la praxis eficaz, amor conflictivo
y radicalidad, que no podemos desvirtuar, un cristiano no puede olvidar algo que
no es menos difícil: el amor. A veces podría uno preguntarse si es puramente
hipotético: «aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las Ila·
mas, si no tengo caridad, nada me aprovecha» (1 COI' 13,3), Conviene recordar, sobre
todo en este ambiente de injusticia, estas palabras de J. PIKAZA: «se puede hacer
el bien externo «(entregar al pobre la fortuna, morir coma un estigo entre las
llamas ... »), careciendo en realidad de amor; en ese caso las obras son como una
máscara que tapa el corazón; no brotan de la hondura radical de la persona; son
engaño» (El discernimiento de espíritus en el Nuevo Testamento, en Discernimiento
comunitario, o. c., p. 52).
31 Las palabras de Pablo VI en Evangélica testificatio son terminantes. «Sobre
este punto, por lo demás, nuestros contemporáneos os interpelan con particular
Insistencia» (n. 16). «Si os es necesario, evidentemente, tener en cuenta el ambiente
humano en que vivís para adaptar a él vuestro estilo de vida, vuestra pobreza no
podrá ser pura y simplemente una conformidad con las costumbres de tal am-
biente» (n. 22).
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 597

Aquí, corno en todo discernimiento, el aspecto del compromiso,


del buscar los medios para poner en movimiento la voluntad
de Dios que decirnos haber descubierto, tiene prevalencia sobre
el aspecto de clarificación. Y ello, porque en este aspecto hay
muchas cosas claras, brutalmente claras. Darle más vueltas es
Un macabro espectáculo ante espectadores que no entienden nada
de lo que ahí sucede.
3. Motivaciones de un criterio. Si, profundizando un poco
más, queremos entrar en las razones que hacen de este criterio
del seguimiento de Cristo pobre un criterio de preferencia, podre-
mos descubrir al menos éstas:
a. Vida teologal. La vida teologal siempre ha tenido bue-
nos amigos y, teóricamente al menos, debe estar a la base de
vivencias y compromiso cristianos. Es algo profundo, que no
podemos perder.
En nuestros días la vida teologal es considerada en una
perspectiva que no ha sido común en otras épocas. La vida
teologal no es un conjunto de regionalizaciones cristianas, una
de las cuales se llama fe, otra esperanza y otra caridad. Es más
bien un conjunto, una unidad, que se vive y se manifiesta toda
entera y según circunstancias a través de una de las dimensiones
o actitudes fundamentales de la existencia cristiana 32. Cada
tiempo abre la puerta adecuada y por ella se cuela toda la luz
y entran y salen los hombres. Parece que hoy esta puerta lleva
el nombre de caridad, y más en concr'eto en su dirección de amor
al prójimo 33. Y por último hay que añadir que este amor al
prójimo tiene la innegable dimensión de la entrega sociopolítica
en beneficio de unos hombres -los pobres- que carecen de lo
más necesario. Esto, incluso en visiones menos politizadas, se
mira como un redescubrimiento 34, aunque se tenga el miedo de
olvidar otros aspectos.
Este breve y denso raciocinio teológico, que suponemos pro-
bado en otras sedes 35, impulsa una visión de la vida cristiana
32 Asl denomina a las virtudes teologales J. ALFARa, Cristología y antropología,
Madrid, Cristiandad, 1973, pp. 413-476.
33 Esta es la tesis de K. RAHNER, Lexicon für Theologie und ]{irche, 10,78-80.
34 Así lo reconoce H. U. vaN BALTHASAR, La verdad es sinfónica, o. C., pp. 8-10,
aunque no deja de ver en ella peligrosas unisonancias. Por otra parte, conocemos
la dura actitud mantenida por vaN BALTHASAR ante este aspecto de su pensamiento
(Cí. Seriedad con las cosas. Córdula o el caso auténtico, Salamanca, Sígueme, 1968,
pp. 93-105).
35 En el tema de la vida teologal es interesante el pensamiento de F. Rurz, In-
troducción a san Juan de la Cruz, Madrid, BAC, 1968, pp. 443-474; Caminos deZ
598 AUGUSTO GUERRA

y por lo tanto debe iluminar unos aspectos del discernimiento


para que sepan hoy apreciar la voluntad de Dios y encontrar
unos caminos que con frecuencia no se presentan fácil,es.
b. Vaticano ll. Para nosotros es un concilio no pasado,
aunque tampoco cerrado. Desgraciadametne en muchos aspectos
es un concilio aún no llegado. Quizá pudiera decirse que todo
el espíritu del Concilio Vaticano n, y no poca de su letra, va
por ahí. Pero hay algunos textos especialmente fuertes, que sue-
nan más fuertes aún cuando se les estudia en el contexto amplio
en que s'e encuentran, pues comprometen todo el ser de la
Iglesia. No se trata, pues, de manipulación de textos, sacándolos
de su lugar original.
Uno de estos textos se encuentra en Lumen Gentium 8. El
pensamiento central es que la Iglesia debe seguir el camino de
Cristo; es más, que no tiene otro camino si quiere ser Iglesia
de Cristo. Y en el seguimiento de Cristo continúan siendo impor-
tantes estas palabras: "como Cristo realizó la obra de la reden-
ción en pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia está
destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los
frutos de la salvación a los hombres" 36.
El texto que precede dio origen a la llamada Iglesia de los
pobres. Decir a estas alturas que la Iglesia, jerarquía y pueblo,
está lejos de haber hecho realidad esa Iglesia de los pobres, es
algo que huelga. No necesita pruebas más evidentes que las de
todos los días. Tenemos un puñado de hombres -seglares y
jerarquía- que están dejando la piel por campos de miseria.
Esto es también historia. Pero lo es añadiendo que son sólo
unos cuantos. Desgraciadamente sacamos del olvido a esos hom-
bres sólo cuando queremos librarnos de justísimas acusaciones,
de escrúpulos instintivos o cuando redactamos la historia diti-
rámbica del cristianismo. Nuestra diaria solidaridad con ellos es
prácticamente nula. Es más frecuente nuestra condena, oal
menos nuestra sospecha y desestima, porque -decimos- ha-
cen de su capa un sayo, son menos "observantes" que nosotros.
La Iglesia de los pobres queda reducida a una permanente
Espiritu, Madrid, EDE, 1978, 52-83. San Juan de la Cruz, que centra su sistema
en la vida teologal, ha dejado una huella muy marcada en este autor. Creo que
también en un verticalismo sano, pero que bien pudiera ser excesivo. No deja de
ser sintomática la apostilla que le dedica a K. RAHNER, precisamente en el tema
del amor al prójimo (Introducción,,,, p. 444, nota 2).
36 LG 8. Fue en este contexto donde tuvo lugar la famosa intervención conciliar
del Cardo LERCARO, que levantó mucho polvo, aunque pronto se evaporó.
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 599

ironía, a una descarada hipocresía cubierta con argumentos del


más atrasado sacralismo, y a un humor negro apto para la eva-
sión, justificación y adormecimiento de saciados burgueses del
cuerpo y del espíritu. Será difícil que podamos contestar estas
moderadas palabras de Congar: "hay que peconocerlo franca-
mente: son hombres ricos, o en todo caso hombres a los que no
les falta nada, los que hablan de la pobreza. A veces hablan
bien, pero esto no cambia nada; estos hombres siguen viviendo
como antes" 37. O estas otras de Guehenno, hablando en con-
creto de la pobreza religiosa: "sólo la moral de los ricos puede
encontrarle méritos" 38.
c. Predilección cristo lógica. En el fondo de un cristiano
está siempre Cristo. Quizá no bien perfilado, pero inconsciente-
mente como palabra última y definitiva.
Los precedentes ángulos de visión deberían haber preparado
nuestra entrada en una cristología realista. Reconocer que exis-
ten dos acentos cristológicos no es condenar el contrapuesto al
propio, es sencillamente explicar el último fundamento de nues-
tras diferencias. Dos de nuestros buenos cristólogos reflejan esos
dos acentos, que explican tantas diferencias entre cristianos.
Escribe uno:
"No sé qué extraña tristeza parece envolver todo ese heroico
programa cuando, en la historia de la fe, la humilde alegría de
tener que abordar lo imposible por seguir a Cristo fue una de las
características más auténticas de haber acogido auténticamente la
buena noticia del reino. Algunos de los que podríamos llamar
entusiastas recientes del cristianismo nos hacen la impresión de
que se ahorran el encuentro con Dios con el descubrimiento de
Cristo ... Su oración es más de asimilación a Cristo que de con-
tacto con el Padre.
Entre éstos los hay que sospechan, junto con su heroicidad, la
ambigüedad cristiana de esta postura, y permanecen en silencio
mientras asumen el destino de los prójimos pobres y llegan a per-
catarse de que Dios no les es ausente, pero que no pueden contar
con dominarle, ni imaginar que con el esfuerzo le forzarán a pre-
sencializarse en el mundo" 39.

" Y. CONGAR, Situación de la pobreza en la vida cristiana en una civilización de


bienestar, en Concilium (1966,2) 62.
3. Citado en P.-R. RÉGAMAY, La pobreza y el hombre de hoy, Madrid, Marova,
1965, P. 236.
" O. GoNZÁLEZ DE CARDEDAL, Jesús de Nazaret, Madrid, BAC Malar, 1975, p. 333.
7
600 AUGUSTO GUERRA

El otro apostilla:
"Mucho habría que comentar sobre esta maravillosa pagma.
y si no cabe menos de dar la razón al autor, cuando subraya esa
falta de alegría, de nuestra manera de vivir la fe, hay que pre-
guntarle también si otra vez40 no desplaza demasiado los acentos,
quedándose sólo con lo que antes llamamos la vena 'joánica',
para olvidar la vena paulina tal como la expuso más arriba. Cual-
quiera de esos 'hombres esforzados de buena voluntad' podría con-
testar que qué más quisiera él, sino ahorrarse ese cáliz de abandono
del mundo, como también lo quiso Cristo. Pero el dolor del mundo
está ahí, como interpelación ineludible y tajante sobre si Dios
quiere salirnos al encuentro en algún lugar tranquilo fuera de ese
dolor, o si en este caso no nos limitaremos a 'recubrir religiosa-
mente' ese dolor del mundo evacuando sin querer la cruz, Como
antes hemos dicho, ésta no es el centro de la teología en el sentido
protestante, pero sí que es su correctivo perenne y nunca elimina-
bIe" 41.

Nuestra predilección va con estas últimas palabras. Hace


suyo el elogio concedido al primero, y no intenta acusar de
desinterés por el pobre. Pero la predilección queda establecida.
d. Palabra evangélica. Después de la Palabra hecha carne
apenas si es preciso acudir a las palabras, aunque sean evangé-
licas. A lo sumo éstas deberían haber precedido a la Palabra
como camino de acercamiento a la instancia suprema. Séanos
lícito, no obstante, citarlas en atención a que Cristo mismo se
prolonga en ellas. Estamos ante un Cristo vivo de nuestros días
en carne mortal y pasible.
Por encima de las fructíferas investigaciones en orden a
fijar el sentido directo y pleno de Mt 25,31-46 24, se está de
acuerdo en que ahí tenemos la esencia del Evangelio 43. Junto
a los pobres, de quienes no se dic·e nada en orden a la salvación
'0 En la recensión que citamos en la nota siguiente al libro de Olegario, GON'
zÁLEZ FAUS nota varias veces este desplazamiento de acentos en favor del vertlca-
lismo, pudiéndose afirmar que, para el crítico, este verticalismo es una nota cons-
tante y de base en Olegario. Esta objeción no se manifiesta como desautorización
de la obra de Olegario, a la que dedica grandes elogios.
" J. 1. GONZÁLEZ FAUS, Ultimas cristologías, en Selecciones de Libros, 13 (1976),
346. La teología de la Cruz es algo evidentemente ineludible. Para nuestro tema es
muy importante. Nuestra revista dedicó ya un número monográfico a la Sabiduría
de la Cruz (n. 139, 1976). Como información seria, ya que es imposible citar aquí
títulos concretos, e interesante también para la espiritualidad, aconsejo leer La
Scuola cattolica, 105 (1977), 281-428 (varios estudios sobre Cruz, promoción humana
y espiritualidad).
" Presenta una buena síntesis X. PlKAZA, Evangelio de Jesús y praxis marxista,
Madrid, Marova, 1977, pp. 268-277.
¿POR QUÉ FRACASA EL DISCERNIMIENTO? 601

porque está todo dicho al identificarlos con Cristo mismo44 , están


quienes comparten con ellos la comida, el vestido, el tiempo, la
solidaridad, en una palabra.
Las referencias a este texto por parte de Juan Pablo 1 en su
primera encíclica, en el contexto y comentario fuerte y huma-
nista de lo que de más cristiano va a tener su mensaje 45, man-
tiene y actualiza en el cristianismo el sentido e importancia de
esas palabras que en una escatología realizada deben ser inte-
rrogatorio diario de los cristianos que viven y respiran hoy sobre
la tierra.
¿Será posible que en los actos de discernimiento personal y
comunitario no alumbre fuertemente este criterio a los cristianos?
Podrían fácilmente encontrarse otros ángulos desde los cua-
les justificar la necesidad de que esta luz de la existencia de los
pobres ilumine cualquier acto importante de la vida del cris-
tiano. Pero no es preciso insistir ulteriormente. Como dijimos
antes, este criterio está pidiendo sensibilización, más que fun-
damentación y profundización.

CONCLUSIÓN

Las conclusiones que se derivan de estas pagInas esquemá-


ticas son muy sencillas. Nuestra pregunta inicial y fundamental
ha sido por qué fracasan tantos actos de discernimiento, fracaso
que podría nevar a la decepción radical y abandono de este
medio neotestamentario y tradicional de vida cristiana, hoy de
nuevo redescubierto con fuerza.
No seríamos los primeros en reconocer que "estas indica-
cionescorren el riesgo de parecer simplemente formalistas" 46,
aunque hayamos tratado de evitarlo.
Querríamos, no obstante, haber indicado algunas de las cau-
sas que pueden estar a la base de este fracaso e insinuar posi-
bles soluciones. Estas no quieren ser dogmáticas y, a pesar de
44 Sin ser exegeta, ni intentar aquí hacer exégesis, parece bastante claro que no
se dice nada en orden a la salvación de los pobres, porque bastante queda dicho
al identificarse Jesús con ellos.
"Redemptor hominis, n. 16. El contexto es: <mna vez más y siempre, el
hombre».
46 J. PIKAZA, El discernimiento de espíritus en el Nuevo Testamento, en Discer-
nimiento comunitario, o. c., p. 57. También J. B. LIBANIO, O. C., p. 119.
602 AUGUSTO GUERRA

la dureza con que a veces son enunciadas, permanecen en la


misma línea de interrogación con que titulamos las páginas que
preceden.
Al final nos queda de nuevo la pregunta, ahora distinta:
¿serán éstas las causas y éstos los remedios?