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MATERIA:

Macroeconomía

NOMBRE:

Ronald Adrian Chuquimia Ramos

CODIGO:

7337-7

GESTION:

2018
FACTORES DE PRODUCCION

En este marco de deficiencias estructurales, los obstáculos para una eficiente base
productiva son muchos, las estructuras industriales, como ya se mencionó, son precarias,
con una orientación principal a la industria ligera de consumo, limitada por el tamaño
reducido del mercado nacional. El sector productivo más importantes es el sector primario
(minerales, agropecuaria, recursos forestales y gas).

Los minerales, que han sido el tradicional recurso de explotación y exportación, se hallan
supeditados a los bruscos cambios del mercado internacional, con precios siempre
oscilantes que le determinan a este sector una inestabilidad crónica.

En materia de agricultura, en el occidente del país existen niveles todavía rudimentarios de


cultivo agravados por la fragmentación del recurso tierra derivada de la densidad
poblacional y caracterizada por un nivel de subsistencia; en cambio en la zona oriental se
ha desarrollado una moderna agroindustria, con capacidad exportadora, pero sometida a
limitaciones energéticas y de facilidades de transporte.

En materia de recursos forestales, la explotación de los bosques se la realiza de manera


extintiva, sin políticas decididas de re poblamiento forestal. Constituye uno de los
principales rubros de exportación no tradicional, pero a niveles primarios sin
transformación (simplemente aserrada), su vinculación al sector secundario es decir a la
producción y exportación de productos procesados es todavía escasa.

En cuanto a los hidrocarburos, como se sabe Bolivia es un país esencialmente gasífero,


recurso que constituye actualmente el principal rubro de exportación. En la década de los
años 90, mediante una política de privatización de la empresa estatal del petróleo y una
exagerada apertura a la inversión extranjera, se lograron identificar grandes yacimientos de
gas en la zona oriental y en el sur del territorio, cuyo potencial prometía convertir a Bolivia
en una de las potencias gasíferas de la región, una especie de centro distribuidor a los países
vecinos, tanto es así que hasta hace poco el gas boliviano era el principal recurso energético
para la industria de Sao Paulo, mediante un contrato de venta al Brasil de largo plazo, así
como se vendía una importante cantidad de gas a la Argentina que le alcanzaba, incluso,
para re comercializarlo a Chile, merced a precios políticos, menores a los vigentes en el
mercado internacional.

Surgió, no obstante otro problema, la completa transnacionalización del sector, en cuyo


marco los beneficios se concentraban, en forma legal o encubierta, en poder de las
empresas petroleras internacionales, provocando una legítima aspiración nacional para
modificar esta situación y lograr un mayor equilibrio de participación, lo que se logró en
parte a través de una nueva legislación de hidrocarburos el año 2005.

Con el advenimiento del populismo y las influencias radicales del socialismo del Siglo XXI
(no obstante que Venezuela alberga a todas las empresas transnacionales del petróleo), a
partir del año 2006 se procedió en Bolivia a una denominada “nacionalización” de los
hidrocarburos, que no pasó sin embargo de una modificación de contratos y un alza
temporal de tributos, respecto a los niveles ya establecidos por la Ley de Hidrocarburos del
2005. Esta medida y la excesiva publicidad sobre la recuperación nacional de los recursos
hidrocarburíficos de manos de las empresas internacionales, dañó sin duda la imagen de
Bolivia respecto a la inversión extranjera, creando inseguridad jurídica y la automática
suspensión de inversiones por las empresas explotadoras, lo que ha determinado la caída de
producción, el incumplimiento de los compromisos de exportación al Brasil y la Argentina
y el desabastecimiento interno, con la necesidad incluso de importar algunos derivados de
hidrocarburos (diesel, gasolina y GLP).

Al final, la tan proclamada recuperación de los recursos del gas a partir del 2006, que se
presentó como un proceso de nacionalización, terminó en la realidad como simples
procedimientos de compras hostiles de los paquetes accionarios de las empresas
internacionales, incluso con indicios importantes de corrupción por sobreprecio en los
pagos compensatorios a las empresas.

Abundan criterios en sentido de que la abundancia de recursos naturales han limitado antes
que favorecido el desarrollo de Bolivia, se habla incluso de la maldición de los recursos
naturales. Sin embargo, se tiene también la conciencia que todos estos problemas nacen
básicamente de una concepción que privilegia el rentismo con base en los recursos
naturales y no su explotación eficiente e integrada, que dinamice todo el potencial de
producción diversificada que tiene Bolivia y que permita niveles crecientes de
transformación y de una industrialización auto sostenido.

Además del potencial gasífero y minero, se perfila actualmente un nuevo recurso natural: el
litio. Bolivia tiene una de las mayores reservas del mundo de este material altamente
estratégico, se abre así una nueva oportunidad para el desarrollo boliviano, si se pueden
optimizar y superar las experiencias que dejaron todas las explotaciones de recursos
primarios anteriores.

BIENES ECONOMICOS

Hoy Bolivia cuenta con una mayor capacidad para producir más bienes y servicios, es decir
que ha incrementado su potencial productivo, similar a cuando una fábrica o factoría
aumenta su capacidad de producir más pantalones o chamarras por hora. En estos últimos
cinco años, se ha elevado a un mayor ritmo la capacidad de la economía boliviana para
producir nuevos bienes y servicios, de producir un valor de Bs26.002 millones en 2005
hemos pasado a producir Bs32.700 millones en 2010; esta mayor intensidad fue posible a
partir de potenciar el mercado interno, incrementar la inversión pública y aplicar políticas
redistributivas resultado de la nacionalización de los hidrocarburos. En economía se
denomina PIB potencial a toda la capacidad que tiene una economía para producir bienes y
servicios. En el pasado neoliberal, el ritmo de ampliación de la capacidad productiva era
muy bajo en comparación a lo que se ha hecho en el periodo de gobierno del presidente
Evo Morales, entre los años 1995 y 2000 este ritmo de ampliación fue de 3,2% y entre 2001
y 2005 fue de 3,1% que son inferiores y contrastan con un mayor ritmo de ampliación de
4,7% entre 2006 y 2010. Se puede evidenciar con cifras que varios sectores de la economía
boliviana han ampliado su capacidad productiva, por ejemplo la minería con explotaciones
como la mina San Cristóbal, el yacimiento de hierro del Mutún, la minas de cobre en Coro
coro entre otros; de la misma manera la agricultura muestra incrementos sustanciales en la
frontera agrícola resultado del incentivo de la Empresa de Apoyo a la Producción de
Alimentos (Emapa).
También el sector manufacturero que ahora tiene una mayor capacidad de producir y
exportar bienes con valor agregado como ser camisas, pantalones, chamarras, joyas, puertas
y muebles tanto de madera como metálicas y no hay que olvidar que el transporte y las
telecomunicaciones han incrementado su flujo por el aumento y mejora de las carreteras,
aumento en la capacidad de carga aérea de Transportes Aéreos Bolivianos TAB, la empresa
Boliviana de Aviación (BoA) y otras empresas privadas. En telecomunicaciones está el
incremento de ofertas de las operadoras que se refleja en un mayor flujo de llamadas en
telefonía móvil, como también larga distancia nacional e internacional. Esto no podría
haberse dado sin la presencia de un Estado fuerte con finanzas públicas sólidas y bien
administradas con un manejo de políticas macroeconómicas responsables que son la base y
el cimiento donde se construyen estas grandes columnas del desarrollo y progreso de la
sociedad, reflejado en una mayor capacidad para producir bienes y servicios y generar
mayores ingresos para trabajadores asalariados empresarios y obviamente también para el
Estado. Todavía quedan muchos retos para seguir ampliando nuestra capacidad productiva,
como ser la planta separadora de líquidos y recuperación de gas de Río Grande en Santa
Cruz que permitirá a fines del año 2012 obtener gasolina para el mercado interno y ser
autosuficientes en la producción de gas licuado de petróleo. Hay buenas razones para seguir
confiando que la buena administración de la macroeconomía boliviana está llegando al
bolsillo del ciudadano de a pie, porque sin un buen cimiento no existe casa ni hogar que se
sustente.

AGENTES ECONOMICOS
En Bolivia ocurre algo sintomático. El Estado no es sólo el principal expositor de los
modelos keynesianos-estatistas, como tampoco lo es el empresario privado, el agente
económico más importante en una economía de mercado.

Cuando el Estado durante el modelo neoliberal imprimió desde su cúpula, las directrices
determinantes para instalar una economía de mercado, incluía a la vez significativamente,
propuestas que también le afectaban. Urgentemente tenía que auto regularse. Hasta ese
momento el Estado, había ejercido las funciones múltiples de: explorador, productor,
planificador, inversor, comercializador, etc., por lo que a través de la capitalización de sus
empresas, una nueva división del trabajo le exigía ser socio-capitalista; normando,
controlando y fiscalizando. No le fue bien. No cumplió con su nuevo rol eficientemente, ni
con la propuesta de una “diversificación de exportaciones”, pues en definitiva la
importancia del sector minero e hidrocarburos continuó dentro el modelo extractivista de
siempre.
Paralelamente, las líneas maestras no provenían desde las profundidades del propio
mercado o de esas fuerzas internas que se tensan entre la oferta y la demanda en un sistema
de precios. El sector privado nacional que debía ocuparse de invertir y producir como
agente económico y motor del modelo de economía de mercado, no actuó en esa
dimensión. En realidad, no es que no fuesen los protagonistas, si lo fueron, pero
“coadyuvando” con el sector privado externo. El empresario en Bolivia –con pocas
excepciones- no fue más que un administrador del capital externo o un simple prestador de
servicios de las capitalizadas. Por esto, quienes diseñaron los objetivos de aquél modelo, no
provenían del sector empresarial privado como podría suponerse a priori. ¿La razón? Al
empresario boliviano no le interesa conformar a la manera gramsciana y como ocurre en
otros países, su propio bloque de intelectuales. Sólo por una actitud natural reactiva supone
que el modelo de mercado podría serle favorable. Los empresarios en Bolivia esperan, que
sean otros los que realicen ese trabajo, llámese partido, profesionales, académicos,
investigadores/consultores. Por cierto, la teorización del modelo de mercado estaba más
allá de las capacidades cognitivas de la empresa privada. Por eso fueron los técnicos del
propio Estado, ligados institucional y orgánicamente al modelo de economía de mercado y
a los partidos políticos en función de gobierno, quienes trazaron el rumbo a tomar en base a
los postulados teóricos que provenían de fuera, pero, que en última instancia dependían
directa e indirectamente del Estado. Se trataba de una especie de nuevos intelectuales cuyas
ideas económicas adquirían una alta posibilidad de hacerse praxis, precisamente porque no
estaban politizados ni ideologizados, al contrario, se trataba de una élite tecnocrática y esa
fue su principal virtud dentro ese modelo.
Aquellas fallas de aquél modelo, estaban dadas de antemano. La eficiencia microeconómica
no funcionó con ninguno de los agentes económicos del sistema. El Estado con la premisa
liberal del “laissez faire, laissez passer”, ni fiscalizó, ni reguló, ni se responsabilizó, a pesar
de su sociedad empresarial con lo privado. Asimismo, lo privado-externo, no estaba
interesado en beneficios de largo plazo, sólo buscaba como es de suponer, beneficios para
su capital en el corto plazo. Lo privado-interno de los que se “suponía”, que eran el agente
económico dinámico, continuó “esperando su oportunidad”, temiendo y recelando
involucrarse con su aliado natural: el mercado.

FUENTE:
http:/wwww.economiayfinanzasd,gob.bo/
http://www.opinion.com.bo/