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Forment, Eudaldo.

Personalismo medieval.

Antropología medieval

Páginas: 206- 217

6. EL CUERPO.

De esta importante función individualizadora del espíritu humano, se siguen dos importantes
consecuencias con respecto al cuerpo. Una primera es que toda alma tiene unas características individuales,
proporcionadas únicamente a un cuerpo y no a otro. Por la individualidad substancial del alma, en la que
interviene su cuerpo, en cuanto que también por su esencia substancial está ordenado a él, cada alma
espiritual es proporcionada solamente a su cuerpo. La esencia individual del espíritu humano está de tal modo
constituido que sólo se corresponde y adapta al cuerpo concreto y singular que informa.

De esta primera consecuencia se desprende que no es posible la metempsicosis, ni más concretamente


la reencarnación. El alma no puede pasar al cuerpo de animales o de plantas, ni de otro cuerpo humano distinto
del propio. Es imposible la transmigración de las almas humanas.

Además de una imposibilidad filosófica, la metempsicosis, como ha notado Franz Werfel, en La estrella
de los no nacidos, afecta a la naturaleza de Dios. En esta extraña obra, casi desconocida en España –igual que
su autor; escritor judío, que nació en Praga en 1890 y murió en Beverly Hills (California) en 1945, con gran
prestigio, por la calidad de sus escritos-, se describe un mundo futuro, el del año 112.325, en el que la vida es
casi impersonal, los hombres son indiferenciados, uniformes y tipificados, pero, sin embargo continúan
existiendo los problemas filosóficos de siempre.

Explica el protagonista: <<El globo había sufrido profundísimas alteraciones. Todo había sido nivelado
en él. No había ni montañas ni pájaros. Existía una única raza humana. ¡Hasta los perros respondían a un único
tipo! El proceso de empobrecimiento del planeta era el de cualquier ser vivo, pero, al mismo tiempo, era un
proceso de abstracción como dominio de la experiencia por la idea, en el que abstracción era espiritualización.
En el proceso de abstracción, espiritualización del antiguo planeta, el hombre también se había espiritualizado.
No quiere decir esto que aumentara su inteligencia. Los sophistes Yo-Sum y Yo-Clap eran mucho menos
inteligentes y poseían un pensamiento menos poderoso que Aristóteles o santo Tomás>>

El protagonista, que es el mismo autor, que vive una especie de purgatorio en el futuro, confiesa: <<No
sé por qué, pero siento ahora por mi época, los principios de la humanidad, un orgullo satisfecho y me siento
insidiosamente feliz. La filosofía y la metafísica desde Heráclito, Platón, Aristóteles, santo Tomás, Descartes,
Kant, Schopenhauer y Bergson no habían progresado en lo más mínimo, más bien habían dado un paso atrás>>
.

Al igual que otros autores de su época nacidos en Praga, como Raine María Rilke (1875-1926) y Franz
Kafka (1891-1924), Franz Werfel presenta de un modo literario, poético y dramático, la situación de crisis del
pensamiento occidental. A diferencia de Rilke, que descubre el mundo del espíritu, pero se queda en él, y de
Kafka que adopta una actitud indecisa por el carácter absurdo de todo, Werfel se lanza hacia lo trascendente;
descubre además que actúa en el nuestro. Defiende siempre, por ello, la composición humana de cuerpo y
espíritu. Frente al materialismo final de la modernidad, muestra la existencia del espíritu del hombre como
huella y vehículo de lo trascendente. En su análisis de esta realidad superior, que descubre, llega incluso a
comprender perfectamente la espiritualidad de la Iglesia Católica, sin ser católico, ni siquiera cristiano.

Escribe su viuda. Alma Mahler, explicando la muerte repentina de su esposo, que: <<Como el último
libro de Franz Werfel (La estrella de los no nacidos) no había sido dictado en limpio, leí en los momentos lúcidos
los últimos capítulos, y empecé ya el segundo día a dictarlos, interrumpida por accesos de llanto, mientras se
verificaba el solemne sepelio en mi ausencia y sin fórmulas litúrgicas (…) El clima religioso de Franz Werfel,
según se había enfocado totalmente hacia la Iglesia Católica. Pero nunca llegó a bautizarse. Por otra parte, un
entierro según el ceremonial judío hubiera ido desde luego contra sus convicciones (…) Recordé un pasaje de
su libro La estrelladle los no nacidos y dispuse que lo enterrasen exactamente como lo había indicado allí:
vestido con su smoking, con camisa de seda y otra camisa de seda al lado, además de un pañuelo de smoking
y sus gafas, como las había llevado siempre, en el bolsillo de su chaqueta>>

En esta obra, en la que culmina su trayectoria expresionista, su intento de describir la realidad no con
la <<vista>>, sino con el propio <<yo>>, de ser, por ellos, critico de un mundo materializado y objetivista, afirma
que la doctrina de la reencarnación implica la siguiente reflexión: <<Cada yo es inmortal pero cada yo no es un
yo completo. Como en el mundo material, en el de las rosas por ejemplo, se repite, según su modelo, la misma
flor, así también en el mundo de los hombres se repetirán las mismas características psíquicas, espirituales y
físicas. El tesoro de representación de la naturaleza es limitado y así también el repertorio de la humanidad.
Hay un número de almas determinado, de egos en la veloz carrera de sus transformaciones. Si Dios como está
escrito cuenta las almas en el juicio final, no contará exactamente trescientos billones de ellas, sino muchas
menos>> . Parece que quedan así restringidos el poder y la bondad de Dios. La reencarnación respondería así
al intento de eliminar el misterio de lo oculto. En cambio, con su sensibilidad de poeta, Werfel respeta la
enigmaticidad de lo trascendente.

También de esta primera consecuencia de la tesis sobre el oficio individualizador del espíritu, que
consiste en su correspondencia a un cuerpo determinado, se sigue que no es posible nunca la reducción de
todos los espíritus humanos a una unidad espiritual. Santo Tomás, que no admite, por ellos, la interpretación
de la filosofía musulmana del aristotelismo de una única alma intelectiva, presenta esta posición n forma de
objeción a la afirmación de la multiplicidad de las almas humanas por sus consonancias correspondientes a
cada uno de los cuerpos.

La argumentación de la impugnación es muy simple. Si la causa de la individualización de los espíritus


humanos es el cuerpo al que, por naturaleza, tienen que informar, se presenta la siguiente dificultad: <<Si,
pues, las almas humanas se multiplican a medida que se multiplican los cuerpos, parece seguirse que
desaparecidos los cuerpos, no habría lugar ya a la variedad en las almas, sino que todas ellas se reducirían a
algo uno>>

Santo Tomás resuelve esta objeción recordando que el único ser del hombre pertenece al espíritu,
aunque por estar unido al cuerpo, lo comparte con él. <<El alma intelectual se une según su ser al cuerpo como
forma y, sin embargo, destruido el cuerpo el alma intelectual permanece en su ser. Por la misma razón, la
multitud de las almas es según la multitud de los cuerpos, y, sin embargo, destruidos los cuerpos, permanecen
las almas en su ser multiplicadas>>

El cuerpo, por consiguiente, es causa de la individualidad del alma, pero solo de una manera ocasional,
porque cada alma es creada por Dios individualizada, para que informe a un determinado cuerpo. Aunque la
individualización al igual que su ser propio, los adquiere en el cuerpo que informa, tanto este ser como la
individuación son independientes del cuerpo. El espíritu humano depende del cuerpo en el ser y en la
individuación solo en cuanto a su principio.

El espíritu del hombre recibe el ser y su individuación en el cuerpo, porque: <<El alma, al ser parte de
la naturaleza humana, no posee su perfección natural sino en cuanto unida al cuerpo. Por ellos, no sería
conveniente que fuera creada antes que el cuerpo>>

La segunda consecuencia de la individualización, que proporciona el alma humana al cuerpo, y que


posee precisamente para comunicar a su cuerpo, es que le afecta la división, que se hace entre todos los
animales según sean machos o hembras, de género masculino y género femenino. Si cada alma posee una
consonancia con el cuerpo al que informa y, por esta acomodación, se distingue de las demás, y los cuerpos
humanos son de varón y de mujeres, se sigue que habrá almas masculinas y almas femeninas, según se
adecuen a uno u otro cuerpo.

No obstante los cuerpos sexuados no son la causa eficiente de la masculinidad y la feminidad. Dios
crea espíritus de hombre y espíritus de mujer. El cuerpo solo interviene ocasionalmente en esta división. El
alma masculina y el alma femenina no son dos especies de alma humana, sino dos modos de estar es la misma
esencia del alma en la realidad, que no la diferencian en el orden especifico o inteligible. La esencia específica
del alma masculina y femenina es la misma.

Aunque en los seres inertes, en los vegetales y en los animales, <<se encuentran unas especies más
perfectas que otras>> , no ocurre así en los hombres, cuya alma es espiritual. La especie del hombre es única.
No se puede tampoco subdividir en otras especies: <<Porque no teniendo el entendimiento órgano corporal,
no pueden diversificarse los seres intelectuales por diversa complexión de los órganos, a la cual acompañan
diversas relaciones a las operaciones de los sentidos>> . La diversidad en el hombre es por la individualidad de
su alma, que se corresponde a la de su cuerpo, y todas las diferencias se refieren siempre a esta individualidad
y no a la especie, tal como expresa el modo.

Además de estas dos funciones con respecto al alma, el cuerpo a su vez también realiza otras tres,
que pueden considerarse esenciales y propias. Tal como indica Abelardo Lobato, en su estudio sobre la
antropología de la corporeidad en santo Tomas, la primera función es la de ser un constitutivo de la naturaleza
humana. <<El cuerpo es de la esencia del hombre>>

El carácter esencial del cuerpo en el hombre queda confirmado porque: <<El cuerpo humano no es
una realidad aislada, una entidad completa, un ente entre los demás del mundo, no es un cuerpo sin más. Por
ellos, hablamos del cuerpo cualificándolo de humano>>

Con el término humano, no se significa que se le añada al espíritu una realidad extrínseca al mismo.
<<El hombre no se compone de la yuxtaposición de dos substancias, como parece dar por cierto la opinión de
la mayoría y como empecinadamente lo indica el lenguaje usual para hablar del hombre; una sustancia seria
el cuerpo y la otra el alma; las dos se unirían por la creación, en el momento en que el alma llega de lo alto y
se infunde en la materia; las dos perviven en una conexión misteriosa pero bien distintas, y las dos se separan
del todo cuando llega la muerte>>

Al aplicarle el adjetivo <<humano>> a cuerpo se expresa su especial relación con el espíritu. Como
explica Lobato, para santo Tomás: <<No hay contradicción entre el cuerpo y el espíritu, hay una sorprendente
unidad de contrarios>> De tal manera que <<La concepción de Tomás de Aquino sobre el hombre, cuerpo y
alma en una perfecta unidad, está bien lejos de incurrir en contradicción, porque no afirma y niega lo mismo
y bajo el mismo respecto. Afirma que la naturaleza del hombre se une de modo profundo y misterioso dos
niveles distintos de lo real, el corporal y el espiritual>> .

En la antropología tomista se establece siempre que: <<la corporeidad está constituida por la forma, y
por tanto, no hay comprensión del cuerpo humano sino desde lo que tiene de humano, y eso lo da el alma.
Aristóteles había iniciado esta senda de acceso a la comprensión del cuerpo desde el alma como acto primero
de la materia. “No es el cuerpo el que contiene al alma, sino el alma la que contiene al cuerpo”, había afirmado
con toda exactitud el Filósofo. Tomás ampliará ese principio a todas las realidades espirituales, que en vez de
ser contenidas, contienen las cosas donde se encuentran. Así el alma contiene el cuerpo y Dios al mundo>> .
Por este motivo: <<El hombre tiene analogía con las plantas. Ya Aristóteles lo compara con ellas y dirá que la
boca del árbol son sus raíces, de donde se puede decir también que el hombre en un árbol con las raíces hacia
arriba>> . Lo completa añadiendo que: <<Su savia son los ideales, las razones de vivir>> .

El cuerpo del hombre, como consecuencia, no es idéntico a los otros cuerpos, ni siquiera al de
los animales. Es superior a todos los demás, porque está constituido en parte por el alma humana, participando
así de su dignidad espiritual. Por aportar el ser al cuerpo, el espíritu penetra todo lo humano y lo cualifica y
dignifica. Todo, en el hombre, queda modificado por la intelectualidad y la libertad. La persona del alma
espiritual se manifiesta en todo el ser y el obrar humano.
Se patentiza claramente esta superioridad el cuerpo humano sobre el de los animales en el mismo
conocimiento sensible, común a ambos. Algunos animales superan al hombre en los sentidos externos, pero
no, en los internos –la imaginación, la memoria, el sentido común y la cogitativa-. De ahí que: <<El hombre
posea la complexión más equilibrada entre todos los animales>> .

En el hombre, se manifiesta también su superioridad corpórea por su posición erecta.


Argumenta santo Tomás: <<El tener la estatura recta le fue conveniente al hombre (…) porque los sentidos le
fueron dados no sólo para proveerse de lo necesario para vivir, como sucede en los animales, sino para
conocer. De ahí que, mientras los demás no se deleitan en las cosas sensibles más que en orden al alimento y
a la procuración, sólo el hombre se deleita en la belleza del orden sensible por la belleza misma. Por eso, dado
que los sentidos están situados la mayor parte en el rostro, los demás animales los tienen inclinado hacia la
tierra, como para buscar el alimento y proveer a su nutrición, mientras que el hombre tiene el rostro erguido,
para que por medio de los sentidos, sobre todo por medio de la vista, que es el más sutil y percibe muchas
diferencias de las cosas pueda conocer libremente todas las cosas sensibles, tanto en la tierra como en el
firmamento, en orden a descubrir la verdad>> .

Comentando la afirmación de Aristóteles: <<La mano es el instrumento de los instrumentos>>


, escribe santo Tomás: <<La mano es el órgano de todos los órganos, porque la mano fue dada al hombre en
el lugar de todos los órganos de los que han sido provistos los otros animales para la defensa, el ataque o la
protección, mientras que el hombre dispone todo esto con la mano>> . La razón y las manos posibilitan la
apertura del ser humano. La primera como fundamento, y las segundas como instrumento. Las manos son el
instrumento adecuado del espíritu. No son, por ello, comparables a ningún órgano animal. La mente y la mano
revelan la especial dignidad humana.

Como también ha indicado Lobato, la segunda función de la corporalidad es la de ser:


<<Principio perfectivo del hombre, sin el cual no puede darse el hombre en plenitud>> . El cuerpo: <<Concurre
a la perfección del ser humano, en tres dimensiones radicales: en la conexión con el mundo, en la individuación
del sujeto, y en la distinción radical de hombre y mujer>> .

Según santo Tomás: <<El alma no consigue la perfección de su naturaleza fuera del cuerpo,
porque no es en sí misma una especie completa de alguna naturaleza, sino que es sólo parte de la naturaleza
humana>> , porque, actúa como la parte formal. << Puesto que el alma intelectiva es forma del hombre, está
en el mismo género que el cuerpo: ambos entran en el género animal y en la especie humana por reducción>>
.

Por ser la parte material, el cuerpo contribuye a la perfección del hombre sirviendo al alma.
Como explica Abelardo Lobato: <<La materia está al servicio de la forma, porque toda potencia es parte del
acto. El cuerpo por tanto es elemento perfectivo del hombre. La contribución del cuerpo a la perfección
humana se verifica en los tres órdenes de la realidad, en el ser, en el devenir, y en el obrar>> .

Por consiguiente, el hombre necesita del cuerpo no sólo para que éste ejerza la primera
función de completar el compuesto humano, para la perfección entitativa humana, sino también para que
pueda lograr su perfección en el orden de sus facultades, la perfección en el orden de sus facultades, la
perfección en sus actos. <<El alma se une al cuerpo tanto para conseguir el bien substancial, el cual consiste
en que se lleve a complemento la especie humana, cuanto para conseguir la perfección accidental, que consiste
en adquirir el conocimiento intelectivo, que el alma recibe de los sentidos>> . También por ello, afirma el
Aquinate que: <<Es evidente que al estar unida con el cuerpo y entender por medio de las imágenes es un bien
para el alma>>.

Advierte seguidamente que: <<No obstante, puede existir separada y tener otro medio distinto
de conocer>> . Sobre esta nueva manera de conocer del alma apartada del cuerpo explica que: <<El alma
separada no entiende por medio de especies innatas, ni por las abstraídas entonces, ni únicamente por las que
haya conservado (…) sino por medio de las especies recibidas en virtud del influjo de la luz divina, de las cuales
participa el alma como las demás substancias separadas, aunque en menor grado. Por eso, inmediatamente
que cesa su relación con el cuerpo, se relaciona con las realidades superiores, lo cual no impide que el
conocimiento no sea natural, porque Dios es autor no sólo del influjo de la luz de la gracia, sino también de la
naturaleza>> .

Existen diversas maneras de lograr esta última perfección accidental por medio de sus
facultades, que termina y complementa la perfección entitativa. Como explica Lobato: <<El ser supremo la
tiene por sí mismo, sin necesidad de actos. Los espíritus consiguen su perfección con pocos movimientos. El
hombre requiere de muchos actos y potencias, un largo ejercicio para alcanzar la perfección, porque su alma
se encuentra en el confín de las criaturas espirituales y corporales y necesita las facultades y operaciones de
unas y otras. Es uno el ser del hombre, pero son michas sus operaciones. En todo caso la perfección del hombre
requiere la corporeidad>> .

Como nota seguidamente Lobato: <<Que el hombre consiga o no la perfección, depende


mucho del cuerpo que ha recibido, del uso que hace de él, del dominio que ejerce sobre él para ponerlo al
servicio de los fines del hombre. La perfección del hombre es una meta, un fin que en parte está propuesto
por la misma naturaleza, y en parte ha quedado al arbitrio de cada uno. Si el alma contiene al cuerpo y lo dirige,
la perfección del hombre depende de la mutua cooperación de los dos principios constitutivos. El cuerpo
cumple con su cometido específico e individual, en la medida que es materia al servicio de la forma. Y lo es en
el ser, en el devenir y en el obrar, los tres momentos en los cuales se realiza la humanidad del hombre>> .

La tercera función esencial del cuerpo no es aparentemente positiva. Siguiendo a santo Tomás,
advierte Lobato que: <<La corporeidad es límite del espíritu, y no sólo hace que el ser humano tenga que estar
sometido al proceso del desarrollo en el tiempo y en el espacio, sino que también a las necesidades, a las
enfermedades, al desgaste, al mal y a la muerte. Éste es el límite mayor que tiene la condición humana por
razón de su corporeidad>> .