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Filosofía – Clases & Cursos

Sartre : Existencialismo es un Humanismo


(resumen)
por Miguel | enero 18, 2017
1 comentario
La conferencia El existencialismo es un humanismo de Sartre es una filosofía del best-
seller francés.

Pronunciado en la Sorbona en 1946, dos años después de la publicación de El ser y la


nada, la conferencia tiene como objetivo eliminar los malentendidos y las críticas dirigidas
a este trabajo y el existencialismo en general. Esta conferencia no es realmente un texto
teórico. Pero por este motivo, este trabajo es a menudo la filosofía bandeja programa.

El existencialismo, una filosofía humanista?

La tesis de la conferencia en una sola frase: la filosofía existencialista es una filosofía


humanista que pone la libertad humana por encima de todo. O, como dijo Sartre en
términos filosóficos: “la existencia precede a la esencia”.

El humanismo como convencionalmente se define como una doctrina que defiende el valor
de la persona humana y trata de alcanzar su potencial. Sartre trata de demostrar la
compatibilidad del existencialismo con esta definición.

Aquí está un resumen seguido de una revisión del existencialismo es un humanismo,


Sartre

Los críticos del existencialismo sartreano

Críticos marxistas:

Para los marxistas, el existencialismo es una filosofía de la impotencia inactivo. Una


filosofía burguesa y contemplativa. Pero también una filosofía del individualismo. Sin
embargo, para Sartre, su filosofía se basa en la acción libre y no puede ser reducido a la
filosofía propia contemplación teórica. El sujeto sartreano es él mismo, por lo que es
totalmente la acción. Sartre critica también el espíritu de seriedad (que es a contemplar y
esperar que el destino humano es parte del “cielo de las ideas”). La crítica marxista se
escanea.

La crítica individualista, más difícil de argumentar Sartre. Lo hará más tarde en la Crítica
de la razón dialéctica, que tratan de conciliar la lógica colectiva y el enfoque centrado en el
individuo (concepto de praxis). En cuanto al fondo, podemos dar y existencialismo marxista
critica es ciertamente el individualismo.

Críticos católicos:

Para los filósofos católicos, la ausencia de Dios para el hombre elimina toda esperanza y
condenado a vivir como un absurdo.
Sin embargo, si Sartre asume el ateísmo de su pensamiento, que no admite que su
filosofía es nihilista (sin valores). Para él, el hombre es el creador de sus propios valores.

Para Sartre, la idea de un existencialismo cristiano (Jaspers, Kierkegaard, Pascal) es


inconsistente: si Dios existe, entonces la existencia del hombre no es contingente (la vida
que no puede haber existido), se hace necesario porque la esencia precede a la existencia
desde entonces. Ateísmo de Sartre es un requisito que pasar por la soledad del hombre y
su responsabilidad total.

Sartre y la existencia

Sartre invierte la perspectiva clásica de Platón, que defiende un enfoque esencialista: la


esencia precede a la existencia, la filosofía debe a los griegos y sus sucesores y el estudio
del ser. Así, en la República de Platón, hay un modo secundario, derivado de ser.

Ek-sistere, Sartre significa proyectar fuera de sí mismo. El hombre existe en que no es


nada definido, se convierte en lo que tiene que ser decidido. El hombre crea su vida
eligiendo. La misma noción de “naturaleza humana” es absurdo, ya que esto le da al
hombre una esencia que el hombre no puede romper (sólo los objetos de la naturaleza,
una función específica, como el ejemplo de la línea de corte papel utilizado por Sartre en la
conferencia). Los teóricos de la naturaleza humana hacer una copia, un hombre medio,
olvidando, según Sartre, los sentidos del ser humano es la creación de nuevo, cambiar la
faz del mundo.

Sartre y la libertad

“El hombre está condenado a ser libre”

Si la libertad humana es absoluto, el tema aún está involucrado en una situación dada
(facticidad = serlo). Pero éste es el hombre que da sentido a la situación. Por lo tanto, una
situación que no es de por sí intolerable, porque se convierte en una revuelta proyecto dio
esta dirección. “Nunca hemos estado tan libres como bajo la ocupación”. Una trágica
situación hace aún más urgente la acción. El mundo nunca es el espejo de mi libertad.

La libertad es considerada por Sartre como un poder de aniquilación, como superior a la


dada (el hombre es un “para-sí”). Nihilate significa crear es posible en el mundo tal como
es fija, es la introducción de la libertad.

“Haber sido condenado a ser libre, esto significa que no se puede encontrar mi libertad de
los demás se limita.” No elija, todavía se elija (elegir no elegir). El único límite a mi libertad
es mi muerte, que transformó mi vida en esencia, en el destino. La muerte es ser (= ya no
existen)

El hombre vive todavía resentido por la libertad total. Inventó y subterfugios, como la mala
fe. La mala fe es pretender que uno no es libre, es algo para soñar (recordar el cortador de
papel). el camarero intenta ligar o ser ella misma para encajar en el mundo como una
cosa. La conciencia, Sartre nos dice, siempre tratando de coincidir consigo misma, para
ser completa, de estar “en casa”

El hombre hace su facticidad excusa para hacer en casa. Sartre distingue seis modos de
facticidad, es decir, el hombre pesa determinaciones:

 haber nacido en una sociedad y un tiempo determinado


 que tiene un cuerpo
 tener un pasado
 existe en un mundo que existía antes
 existe entre otros temas (tema de la intersubjetividad)
 el hecho de la muerte (finitud)
 Para Sartre, debemos tomar nuestra contingencia.

Sartre y la intersubjetividad

La relación de la conciencia Sartre aparece en el modo de reconocimiento conflicto como


una relación: cada uno requiere la otra conciencia de ser reconocido como conciencia,
como libre. Pero si reconozco libre como gratis, lo hago a mi amo. Otros cuando los demás
se convierte en su voluntad, su libertad se opone a la mina (otros, “esto no me es a mí”).
Este análisis de la intersubjetividad de vuelta a Hegel y la lucha de conciencia.

El análisis se alumbra los ojos: los ojos de los demás me revelara su existencia. “Me ven lo
que veo.” El para-sí es un para-otros.

Pero cuando miro a los demás en su fijación, hago algo se veía, así que me domina. Por el
contrario, si los demás me miran, me choséifié. Yo soy lo que me ven los demás.

Conclusión del trabajo Existencialismo es un Humanismo:

Esta es la conclusión de la conferencia dada por Sartre


“El hombre está constantemente fuera de sí mismo, que está proyectando y perdiéndose
más allá de sí mismo que hace al hombre para existir y, en segundo lugar, no es en la
consecución de objetivos trascendentes que puede haber, el hombre, siendo los objetos
en exceso y sorprendente en relación con el exceso está en el centro en el centro de este
exceso. No existe un mundo distinto universo humano, el universo de la subjetividad
humana. Esta unión de la trascendencia como constitutiva del hombre – no en el sentido
de que Dios es trascendente, sino en el sentido de pasar – y la subjetividad, en el sentido
de que el hombre no está cerrado en sí pero esto siempre en un mundo humano, es lo que
llamamos humanismo existencial. Humanismo, porque recordamos al hombre que no hay
otro legislador que él mismo, y que va a decidir el abandono de sí mismo y porque
mostramos que no volviéndose hacia él, pero siempre buscando fuera de él es una meta
que tal liberación, como forma de realización particular, el hombre se dio cuenta
precisamente como humano ”

Nuestra opinión:

Si el texto de El existencialismo es un humanismo está lejos de ser el más preciso del


pensamiento de Sartre, al menos tiene el mérito de hacer que sus ideas sean más
accesibles. Proporciona una visión general de los principales conceptos (conciencia, otros,
la libertad, la responsabilidad, la mala fe …). Continuamos nuestro análisis en el capítulo
de este trabajo
Existencialismo

Movimiento filosófico del siglo XX que pone en la existencia el centro de toda la reflexión
filosófica.

Cuando los filósofos que se incluyen en este movimiento reivindican la reflexión sobre
la existencia como el tema filosófico fundamental no se refieren a la existencia como
categoría abstracta, ni a la existencia de las cosas o realidades no humanas, se refieren a
la existencia humana concreta. Y en su tratamiento de esta existencia emplean dos
estrategias:

como método filosófico, rehuyen el pensamiento especulativo, la construcción de teorías


filosóficas a partir de puros conceptos, y prefieren el método fenomenológico, entendido
básicamente como fidelidad absoluta a lo dado, a lo realmente experimentado, como
descripción de lo que se ofrece inmediatamente en la esfera de la vida; su actitud contraria
a los enfoques abstractos de lo humano les lleva también a criticar el uso de la razón
matematizante para la comprensión de la realidad humana, y por lo tanto a recelar de la
ciencia y de la técnica;

en cuanto a las facetas fundamentales de la existencia objeto de su interés, atienden


básicamente a la dimensión de la finitud en el mundo humano: la temporalidad, la muerte,
la culpa, la fragilidad de la existencia, la responsabilidad, el compromiso, la autenticidad, la
subjetividad, la libertad,...

El existencialismo comienza en el período de entre guerras y tiene su máximo


momento de esplendor tras la segunda guerra mundial, particularmente en Francia. Es
habitual señalar a Søren Kierkegaard (1813-1855) como un precursor de esta corriente; el
propio Jean-Paul Sartre (1905-1980), en su obra “El existencialismo es un humanismo”,
destaca dos versiones en este movimiento:

el existencialismo católico: Karl Jaspers (1883-1969) y Gabriel Marcel (1889-1973);

el existencialismo ateo: en donde sitúa a Martin Heidegger (1889-1976) y a su propia


filosofía.

En la citada obra, Sartre atribuye a su versión del existencialismo los siguientes


rasgos:
1.Tesis fundamental: es un ateísmo consecuente; puesto que Dios no existe, no existe la
naturaleza humana; el hombre no tiene esencia o naturaleza, es lo que él mismo se ha
hecho; en el la existencia precede a la esencia.

2. El hombre es un proyecto que se vive subjetivamente: lo que mueve a las personas son
sus proyectos, su preocupación por la realización de su ser; pero estos proyectos y los
ideales involucrados en ellos, no existen previamente a su decisión de realizarlos, no están
trazados previamente por un destino, una naturaleza o una tabla de valores objetivos.

3. El hombre es responsable de sí mismo y de todos los hombres: somos responsables de


nosotros mismos porque lo que somos depende de lo que hemos querido ser, no de un
destino divino, ni de una circunstancia social, ni de una predisposición biológica o natural;
pero somos también responsables de los demás porque al elegir unos valores, elegimos
una imagen del hombre tal y como debe ser; “nuestra acción compromete a la humanidad
entera”.

4. La libertad humana trae consigo los sentimientos de angustia, desamparo y


desesperación. Angustia ante el hecho de que es uno mismo el responsable de sí mismo y
de los demás; desamparo porque la elección se hace en soledad, no existe una tabla de
valores en la que apoyarse, ni ningún signo que nos indique la conducta a seguir, es
preciso inventarse la moral; y desesperación porque no es posible un control completo de
la realidad en la realización del proyecto, porque siempre hay que contar con factores
imprevistos, con la posibilidad de que se truequen nuestras buenas intenciones en malos
efectos.

5. Es una doctrina de la acción, contraria al quietismo: para el existencialismo sólo hay


realidad en la acción, el hombre existe en la medida en que se realiza, es el conjunto de
sus actos y nada más. Este pensamiento tiene dos caras: por un lado es duro para
aquellas personas descontentas con lo que son, para los que no han triunfado en la vida;
estas personas pueden engañarse diciendo que en realidad el conjunto de sus actos no
muestra su auténtica valía, diciendo que hay en ellos capacidades, talentos o
disposiciones desaprovechadas, que el mundo les ha impedido dar de sí todo lo que
realmente son. Pero, por otro lado, esta doctrina es optimista pues declara que el destino
de cada uno de nosotros está en nuestra mano y nos predispone a la acción, a no vivir de
sueños, de esperanzas, a dejar de lado nuestra miseria y realizar nuestro proyecto: el
héroe no nace héroe, se hace héroe; si se es cobarde es como consecuencia de una
decisión, no porque fisiológicamente o socialmente se esté predispuesto para ello; el
cobarde se hace cobarde, pero hay siempre para el cobarde una posibilidad de no ser por
más tiempo cobarde, como para el héroe la de dejar de ser héroe.

6. Es una doctrina que reivindica la intersubjetividad: aunque parte del cogito como la
verdad indudable, no defiende el aislamiento de la subjetividad, pues considera que sólo
en el trato con el otro, en el reconocimiento que el otro hace de nuestro ser, en la
presencia de su mirada, sólo así nos hacemos conscientes de nuestro propio ser, de
nuestra propia realidad.

7. Frente a la noción de “naturaleza humana” defiende la existencia de la “condición


humana”: aunque no existe una esencia común a todos los hombres, Sartre cree que sí se
puede hablar de ciertos rasgos formales y universales que permiten la identificación de la
humanidad como un todo y el reconocimiento y comprensión del proyecto de cada
individuo y de cada cultura; la libertad, la indigencia de la existencia, la sociabilidad, son
estructuras antropológicas que desvelan la condición humana.

8. Es una doctrina que permite el compromiso moral y la crítica de la conducta inauténtica:


aunque los valores se inventan, no todos tienen el mismo valor, pues algunas elecciones
están fundadas en el error y otras en la verdad; la conducta de mala fe, por ejemplo, se
basa en el error, en el error de excusarse en las pasiones, en el determinismo, en el
destino, o el error de declarar ciertos valores como existentes de modo objetivo e
independiente de mi voluntad. La actitud auténtica es la de buena fe, la de aquél que
asume la responsabilidad completa de su acción y situación, la de aquél que tiene como
lema moral la realización de la libertad propia y ajena.

9. Para el existencialismo el mundo, la vida, no tiene un sentido a priori: declara que Dios
no existe, por lo que la vida misma carece de sentido; sólo se puede hablar del sentido que
cada uno le da, de los valores que cada uno inventa.

10. El existencialismo es un humanismo: pero no un humanismo que valore a la


humanidad por la excelencia de alguno de sus miembros, ni por la supuesta bondad de la
humanidad en su conjunto; es un humanismo por declarar que no hay otro legislador que
el hombre mismo, por afirmar la libertad y la necesidad de trascender la situación, de
superarse a sí mismo, por reivindicar el ámbito de lo humano como el único ámbito al que
el hombre pertenece.
El hombre está condenado a la Libertad.

PorDr Oscar

Resumen del Ensayo "El existencialismo es un humanismo” de Jean Paul Sartre

En esta conferencia el propósito de Sartre es defender al existencialismo de los reproches


que se le han hecho desde dos posturas: el cristianismo y el comunismo. Empieza por
retomar algunas de las críticas que se le han hecho a esta corriente. Por un lado, habla de
“un quietismo de desesperación”, donde ante un cierre de todas las soluciones, se invita a
una filosofía burguesa contemplativa. Esta critica la atribuye a los comunistas, quienes
también critican el que parte de la subjetividad humana. A los católicos atribuye la crítica
de que el existencialismo subraya la ignominia humana, ademas de negar la realidad y
seriedad de las empresas humanas, al suprimir los valores universales y dejar a cada
quien hacer lo que quiera, sin poder ser juzgado por los demas. Ambos le critican faltar a
la solidaridad humana.

La defensa de Sartre comienza por definir al existencialismo como una “doctrina que hace
posible la vida humana” y que “toda verdad y toda acción implican un medio y una
subjetividad humana” .

Posteriormente comienza a criticar que aquellas personas que asocian existencialismo con
el lado “feo” o “malo” de la vida humana, sin embargo soportan cosas mucho mas “malas”
o “feas” , sombrías o realistas. Así sostiene que lo que realmente molesta a estas
personas es “la capacidad de elección” que el existencialismo propone.

El autor hace a continuación una aclaración sobre el uso extendido y amplio de la palabra
“existencialismo”, explicando que esta filosofía esta destinada a filósofos, no a ser
enarbolada por la gente que la adopta como moda. Luego explica las dos especies de
existencialistas, los cristianos y los ateos. Pero entre estos dos el punto en común es el
que aceptan que “la existencia precede a la escencia”. Usando el ejemplo del cortapapel y
su fabricación, Sartre explica la concepción escencialista solo para desmarcarse de ella y
explicar como el hombre empieza por existir, para al final definirse. El hombre se coincibe
una vez que existe y solo existiendo puede proyectarse al porvenir. Si esto es asi, el
hombre es entonces responsable de lo que es. No hay una escencia (destino) que lo
predefina. Cada uno se elige a si mismo y aquí al elegirse a si mismo, esta eligiendo a
(por) todos los hombres. Al elegir se afirma el valor de lo que se elige, creándose cierta
“imagen del hombre” que es lo que se elige.
La angustia aparece cuando el hombre se da cuenta de que es no solo el que elige ser,
sino también un legislador al elegirse a si mismo elige a la humanidad entera. Al obrar no
solo se compromete a si mismo quien obra. Se refiere a la angustia de Abraham, pues
¿Cómo podía saber Abraham que la voz que oye es de un Ángel? Hay ahí responsabilidad
pues siempre será el individuo quien decida si la voz que oye es de un angel o una
alucinación. Que un acto sea bueno o malo, lo decide quien lo hace (aun si se está
escudando en lo que esta eligiendo creer que es una orden divina, pues es responsable de
creer eso). Entonces el peso esta sobre el hombre que hace. Compara esta angustia con
la del jefe que debe elegir y hacerse responsable de lo que se elige, aun de no elegir. Al
no existir Dios para Sartre, debe llevar esto a sus ultimas consecuencias. Lo cual resulta
para el existencialista “muy incómodo” porque con ello desaparece toda posibilidad de
encontrar valores “en un cielo inintelegible” (dictados, universales, infiero). Reitera el estar
“abandonado” en el mundo del hombre, donde solo hay hombres. Y donde tampoco hay
determinismo a quien echarle la culpa. No hay ordenes o valores que legitimen nuestra
conducta.

Esto es libertad. Una libertad donde el hombre es responsable de todo lo que hace y es
una condena porque no se creo a si mismo. No hay poder de la pasión que ciegue. No hay
un signo sobre la tierra en el cual encontrar socorro. El desamparo (no hay Dios que salve,
para Sartre) es ejemplificado con el caso del joven que debia quedarse al lado de su
madre o unirse a la resistencia. Lo resuelve diciendo que si los valores son vagos solo nos
queda fiarnos de nuestros instintos. Guiarse en el sentimiento es un sinsentido si dicho
sentimiento solo se construye con actos que se realizan. Buscar consejo en alguien
externo implica ya una elección, pues se intuye mas o menos que dira ese consejero. El
signo bajo el cual se busca guía, es también una forma de decisión, pues que sentido se le
quiera dar a un signo dado es elección personal. No hay guía para elegir, sino que cada
quien debe elegir su ser. Asi para elegir se debe contar con lo que depende de la voluntad
o probabilidades asociadas, al no estar estas probabilidades comprometidas por la acción
personal, el autor llama a desinteresarse, porque “ningún Dios, ningún designio puede
adaptar al mundo y sus posibilidades a mi voluntad” sic .

A los marxistas le responde que no puede fiarse en hombre que no conoce, basado en la
bondan humana, o en el interés del hombre por el bien, ya que el hombre es libre y no hay
ninguna escencia o determinismo humano en el cual fiarse. Estos hombres pueden elegir
algo que puede ser peor para los hombres. No queda esperanza como la de los marxistas,
pero “no es necesario tener esperanzas para obrar” .

No hay realidad sino en la acción. No existe tal cosa como el “potencial no revelado de una
persona” , el hombre es en tanto se construye y lo que no hizo, no es. Solo cuenta la
realidad. El cobarde es responsable de su cobardía, pero es cobarde al ser definido por el
acto que realiza, no por un designio determinista. Pero puede dejar de ser cobarde. Lo que
importa es el comportamiento total. Es una moral de acción y compromiso. Con esto
contesta Sartre a las criticas de Quietismo que le señalan.

Como otros antes que el, Sartre cree haber llegado a la verdad. Por ello su filosofía la
califica como una “doctrina basada sobre la verdad” y no “un conjunto de bellas teorías,
llenas de esperanzas y sin fundamentos reales”. Pero también afirma que esta doctrina le
da realmente dignidad al hombre al no convertirlo en un objeto ( títere de su escencia o de
su destino determinista) .

Retoma el yo con los otros, al decir que el hombre no puede ser nada salvo que los otros
lo reconozcan como tal. En la subjetividad el hombre no solo se descubre a si mismo sino
también a los otros. Esto es lo que llama intersubjetividad. Todo proyecto por mas
individual que sea tiene un valor universal. Asi el hombre construye el universo eligiendo,
lo construye al comprender el proyecto de cualquier otro hombre. En cuanto a la moral,
habla de que esta es una creación y el hombre se hace al elegir su moral y no puede dejar
de elegir una. El hombre que elige su compromiso y su proyecto “con sinceridad y lucidez”
es imposible hacerle preferir otro.

En cuanto a los juicios, Sartre habla de mala fe, en el sentido de aquel hombre que se
refugia en inventarse un determinismo para excusarse. Para no responsabilizarse. Mala fe,
no le pone carga moral, sino la define como “error” . Esto porque si alguien declara que
“ciertos valores existen antes que ese alguien” entra en contradicción, porque -
recordemos- solo si existo puedo elegir esos valores y volverlos mi esencia. Escudarme
en esos valores implica des responsabilizarme porque se me impusieron, pero esto no
tiene sentido pues los elegí. La buena fe es entonces la búsqueda de la libertad “tal cual
es” . Y si quiero mi libertad, he de querer la libertad de los otros. Cobarde es quien oculte
su libertd por “espíritu de seriedad” o por excusas deterministas. Inmundo llama a quienes
quieran mostrar que su existencia era necesaria. Entonces para emitir esos juicios , la
moral en la que se basa es la “autenticidad” y esa es para Sartre la moral universal. Y si se
ha suprimido a Dios de la ecuación, alguien debe inventar los valores: el hombre. Aceptar
esto implica que a priori la vida no tiene sentido (cada cual le da sentido conforme se va
construyendo su proyecto).

El humanismo de Sartre nunca tomara al hombre como un fin, porque el hombre esta por
realizarse. Pero no hay otro universo que el universo humano, el universo de la
subjetividad humana, este es el universo existencialista. En el no hay otro legislador que el
hombre mismo, quien debe de decidir en el desamparo y la realización humana no esta en
volver a si mismo sino en buscar fuera .

El mismo Sartre lo acepta, el existencialismo esta fundado sobre una posición atea, y si se
quiere ser ateo, hay que sacar todas sus consecuencias. Pero aun si existiera Dios todo lo
anterior no cambiaria, aun una prueba valedera de la existencia de Dios podría salvar al
hombre de si mismo.

Aquí mi único comentario en este resumen: Si Dios existe, todo el edificio de


razonamientos de Sartre se cae al perder fundamento. Entonces el hombre puede ser
esclavo de Dios y ser salvado por Dios. Si yo declaro esto, Sartre me llama inmundo,
cobarde y de mala fe además de errado. El error de Sartre es creer que si Dios existe, esto
no cambiaria nada.
Este es solo un Resumen, de lo que dijo Sartre. ¿Que opinas tu?

Introducción

EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO es en origen el resumen de una conferencia


que Sartre pronunció el 29 de octubre de 1945 en el club Maintenant [“Ahora”], creado por
Marc Beigbeder y Jacques Calmy, con el añadido de algunos momentos de la discusión
que la siguió, en que se perfilan diversos temas. La conferencia marcó un hito en su
momento, incluso como acontecimiento social. Hubo gente arremolinada a la entrada y en
los días siguientes aparecieron reseñas en los principales periódicos de la época; tal
impacto resulta casi difícil de comprender si se olvida que las obras de teatro de Sartre
habían sido ya grandes éxitos y la estética sartriana era expresión implícita de resistencia
en el París ocupado. Conviene recordar, para situar el influjo del pensamiento sartriano,
que EL SER Y LA NADA había aparecido 1943, en plena Ocupación, y que el libro recibió
críticas muy elogiosas incluso en la prensa nazi y colaboracionista, que rastreaban en
Sartre la influencia de Heidegger y, en consecuencia, lo consideraban un posible puente
entre las culturas francesa y alemana.

En un París roto donde el único medio de transporte de los jóvenes era la bicicleta y donde
las heridas de la guerra se hacían visibles por todas partes, Sartre encarnaba algo más
que un empeño filosófico; para sus oyentes la conferencia EL EXISTENCIALISMO ES UN
HUMANISMO tenía un sentido muy concreto: significaba el esfuerzo, incluso político, por
encontrar una vía de reflexión autónoma, diferente a la que segregaban desde su propia
“vulgata” filosófica las dos grandes fuerzas que emergían de la Resistencia: el comunismo
(materialismo histórico) y el cristianismo (personalismo). El mensaje sartriano de la
contingencia de la existencia humana se inscribe, pues, en un paisaje cultural y filosófico:
el de la revisión de la fenomenología (Husserl, Heidegger) y en un entorno sociopolítico: el
de la búsqueda de un nuevo horizonte moral que será fiel a la lección del sinsentido bélico,
incorporando la angustia como un dato a no olvidar.

Una obra de combate

En 1945, Sartre dispone de una revista, LES TEMPS MODERNES (con Simone de
Beauvoir, Maurice Merleau-Ponty, Raymond Aron, Michel Leiris y Jean Paulhan, es decir,
con lo mejor de la nueva generación filosófica –excepto Jankélévitch y Ellul) y puede, por
tanto, lanzarse a la polémica cultural, incluso desde una cierta posición de fuerza.
De hecho, la conferencia constituye una especie de doble “letra de batalla” contra quienes
han reprochado al existencialismo: «invitar a las gentes a permanecer en el quietismo de la
desesperación» y lo consideran meramente “subjetivista” (es decir, los comunistas) y –a la
vez– contra quienes consideran que «desatendemos cierto número de bellezas risueñas,
el lado luminoso de la naturaleza humana» y que «negamos la seriedad de las empresas
humanas, puesto que si suprimimos los mandamientos de Dios y los valores inscritos en la
eternidad, sólo nos queda la estricta gratuidad» (los cristianos).

Ambos grupos, comunistas y cristianos, coinciden en que el existencialismo pone «el


acento en el lado malo de la vida». Y con ambos grupos, al fin y al cabo, Sartre polemizará
durante toda su vida: al marxismo siempre –incluso en la época de la CRÍTICA DE LA
RAZÓN DIALÉCTICA– le reprochará que metodológicamente es absurdo partir del mundo
antes de poder estar seguro sobre mi propia conciencia. Contra el cristianismo –y el
kantismo– Sartre se negó siempre a considerar que puedan existir valores a priori de
carácter imperativo (como los mandamientos religiosos o los imperativos categóricos) y
verá la invocación a la transcendencia como un ejercicio de escapismo ante la
responsabilidad.

En definitiva, el problema sartriano (¿cómo elaborar una moral a partir de una ontología
que niega la trascendencia?, ¿cómo hacer posible una antropología de un hombre sin
esencia?) se sitúa mucho mejor –¡me parece!– cuando se entiende contra quien combate.
Si el existencialismo es “un humanismo” es importante distinguirlo con atención de los
otros modelos de humanismo que encontraremos en el mercado de las ideas de su época.

Finalmente, hay un riesgo del que Sartre es muy consciente al escribir EL


EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO: que su pensamiento se degrade a un puro
tópico en el sentido que la cantante Juliette Gréco evocaba todavía en una visita a
Barcelona (julio de 2004), al decir: «cuando en 1947 pregunté “¿quiénes son los
existencialistas?”, me respondieron: “son unos tipos que viven en París y hacen lo que les
da la gana”; y me pareció magnífico». Sartre constata que el movimiento existencialista
«se ha vuelto una moda» y que «en el fondo la palabra ha tomado tal amplitud y tal
extensión que no significa absolutamente nada». El peligro de banalidad acecha por todas
partes y se quiere enfrentar también mediante un texto que, sin dejar de ser popular, se
presenta como rotundamente filosófico.

Lo que Sartre busca, en definitiva, es marcar un territorio –el del «existencialismo ateo»–,
por oposición tanto al marxismo como al existencialismo cristiano de Jaspers y Gabriel
Marcel, (pues el personalismo ni siquiera se menciona). Hay en toda la obra un empeño
profundo en destacar que el existencialismo se presenta como una filosofía con un
mensaje opuesto al de la metafísica tradicional y que lleva implícita una manera diferente
de situarse ante el hombre. Afirmar que «la existencia precede a la esencia» significa tanto
como desmontar el universo estático común a la metafísica escolástica y al mecanicismo.
Conciencia y libertad: los antecedentes fenomenológicos del texto

La conferencia EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO no surge, pues, sobre un


vacío conceptual ni sobre una pura estética vital, sino sobre una ya amplia reflexión previa.
De hecho, lo que Sartre pretende es dar una versión simplificada de las tesis más difíciles
expuestas en EL SER Y LA NADA y de lo que, desde un artículo en Combat en 1944, ya
había denominado «existencialismo».

Frente al viejo idealismo, representado entonces en Francia por Leon Brunschvicg, que
consideraba la conciencia como un simple receptáculo de los hechos del mundo exterior,
Sartre había ido elaborando la intuición que emerge en sus obras anteriores: a través del
método fenomenológico, que le había descubierto Raymond Aron en 1933, puede justificar
que la conciencia no es una “cosa” entre las cosas, ni el puro reino de la subjetividad. El
método husserliano muestra claramente que la conciencia es “intencionalidad”. La frase
husserliana en las INVESTIGACIONES LÓGICAS (tomo V) según la cual: «Todo
fenómeno físico contiene alguna cosa como objeto en sí mismo» -es decir: que toda
conciencia es conciencia de algo y, por ello mismo intencional– constituye un
descubrimiento que Sartre profundizará en toda su obra existencialista.

El influjo fenomenológico debe entenderse en el sentido de que para Sartre la conciencia


no es un hecho neutral, sino un torbellino. El “ego”, pues, no es un pacífico habitante de
nuestro mundo psicológico, que dirige y armoniza los contenidos mentales, sino que es-en-
el mundo, dándole una intencionalidad (en el vocabulario sartriano el “yo” es un “pour-soi”,
un para-sí). La conciencia deja de ser una substancia para descubrirse como una
“relación” por hablar en términos clásicos. O en otras palabras: el conocimiento objetivo es
posible si se renuncia al idealismo, que niega la cosa para verla como un contenido de
conciencia, y si renuncia también al materialismo que identifica la conciencia con la cosa.
Con Sartre la conciencia se reinstala en el mundo rechazando ambos extremos; se vuelve,
pues, problemática y, por lo tanto, se abre a la experiencia de la libertad y la angustia.

En L’IMAGINAIRE (1940), Sartre ya había establecido que «Para que una conciencia
pueda imaginar, es necesario que escape al mundo por su misma naturaleza (...). En una
palabra: que sea libre (...). Para poder imaginar, basta que la conciencia pueda ir más allá
[«dépasser»] lo real constituyéndolo como mundo, en la medida que la conversión en nada
[«néantisation»] de lo real está siempre implicada por su constitución en mundo». Esa
libertad, que no es arbitraria en la medida en que no basta con negar el mundo para
imaginarlo, sino que se da siempre en una determinada “situación”, es el dato fundamental
de la conciencia.

A partir de esta afirmación el concepto de “nada” [«néant» que no debe confundirse con
«rien», por cierto], puede ser comprendido casi como el siguiente peldaño en la teoría
sartriana. La experiencia de la nada es correlativa a la del ser. La nada no es algo extraño
al hombre, sino la consecuencia implícita en su libertad, pues el hombre es el único que
puede introducir su capacidad de “néantisation” en el ser. Porque somos humanos somos
libres; porque somos humanos podemos decir “no” –si se quiere expresar así. La paradoja
de estar «condenados a ser libres», significa que nuestra conciencia no está determinada,
que el hombre no tiene una esencia, sino una conciencia relacional de la que no puede
liberarse. La libertad no es algo que “tenemos” sino algo que “somos” porque nuestra
conciencia es relacional. Concebir la libertad es concebir que nuestra conciencia puede
hallar el sinsentido, la nada, como una estructura global del ser.

La libertad sartriana no es la del racionalismo clásico (la de elegir lo que el entendimiento


me presenta como un bien), sino una concepción global del ser que mi conciencia me ha
descubierto al hallarse siempre, e inevitablemente, “en situación”. La situación no es, pues,
límite sino condición de la libertad. Por eso mismo no puedo ser libre sólo en parte, ni
negar, mediante lo que Sartre denomina “mala fe”, mi propia responsabilidad. Estas
precisiones, que sin duda se han presentado de manera muy esquemática, nos ayudarán
en la lectura de EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO.

Dos características de la existencia y de la libertad

Definir el ser de la conciencia como libertad, equivale a definir el ser como “existencia”,
concepto central en la filosofía sartriana que, por tal motivo pronto se caracterizó como
«existencialismo»; y a hacerlo en el contexto de la teoría heideggeriana que en su
conferencia retoma –considerando SER Y TIEMPO como el manifiesto fundacional de lo
que denomina «existencialismo ateo», para horror y escándalo, por cierto, del propio
Heidegger, que responderá en su famosa CARTA SOBRE EL HUMANISMO.

Por lo demás, para entender las diferencias entre Sartre y Heidegger no estaría de más
recordar que lo que Heiddeger denomina Dasein (“ser ahí”: el hombre) Sartre en EL SER Y
LA NADA lo considera la «realidad humana», en una lectura francamente abusiva. Sartre,
por su parte, impidió sutilmente que se publicase ninguna traducción francesa (legal) de
SER Y TIEMPO durante toda su vida, tal vez para evitar comparaciones...

El Dasein heidegeriano «tiene por esencia su existencia» (SER Y TIEMPO), o como


escribe Sartre en EL SER Y LA NADA «es aquel ser para el cual está en su ser la cuestión
del ser» [“il est cet être pour lequel il est dans son être la question de l’être”]. Pero alguien
podría decidir no cuestionar su existencia, no plantearse su relación consigo mismo y vivir
en la falta de autenticidad de las relaciones con el mundo. Esta inautenticidad («mala
fe»...) sería equivalente a una negación de la existencia.
La idea que presupone, y que unifica metodológicamente, el texto de EL
EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO puede fácilmente expresarse diciendo que: “la
existencia es libertad” en la medida que “existencia” y “libertad” comparten dos
características:

1.- La existencia, como la libertad, es transcendencia, en el sentido de que no diseña una


esencia cerrada y firme o, mejor dicho, que existir significa un constante desplazamiento
de la esencia. Sólo la muerte transforma mi existencia en esencia o, como decía Malraux
«transforma mi vida en destino». Obviamente, esa transcendencia no es la divina: el
hombre se transciende a sí mismo en su propia libertad. Como se dice en EL
EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO: «El hombre, tal como lo concibe el
existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y
será tal como se haya hecho (...) El hombre es el único que no sólo es tal como él se
concibe, sino tal como él se quiere». Usamos el concepto de “transcendencia” para definir
una tal existencia y una tal libertad por fidelidad al propio texto sartriano y –como habrá
adivinado algún lector– en oposición a la crítica de Gabriel Marcel, en HOMO VIATOR,
para quien el sartrismo es la expresión del «círculo estrecho de la immanencia». Para
Sartre y para el existencialismo ateo, la única transcendencia es terrenal. Usando el verso
del poeta catalán Joan Brossa podríamos decir que: “el pedestal son los zapatos”.

2.- La existencia, como la libertad, es facticidad, porque lo que Sartre denomina el «Pour
soi» (el hombre) supera lo que es por lo que “puede ser”, gracias a que se constituye como
proyecto. En palabras de Sartre: «El hombre es ante todo un proyecto que se vive
subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe
previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será ante todo lo
que habrá proyectado ser».

Finalmente, en palabras de Sartre: «No hay otro universo que este universo humano, el
universo de la subjetividad humana. Esta unión de la trascendencia como constitutiva del
hombre –no en el sentido en que Dios es transcendente, sino en el sentido de
rebasamiento– y de la subjetividad en el sentido de que el hombre no está encerrado en sí
mismo, sino presente siempre en un universo humano, es lo que llamamos humanismo
existencialista».

¿Qué significa «humanismo» en Sartre?

En EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO pesa de una manera determinante lo que


Alain Renault [en SARTRE, LE DERNIER PHILOSOPHE, (1993)] denominó la “querelle de
l’humanisme”, es decir, la polémica sobre los usos del concepto de “humanismo” que la
Guerra mundial, Hiroshima y Auschwitz, habían convertido en cosa siniestra y casi ridícula.
Haciendo gala de un gran estilo literario, sin adoptar una formulación de panfleto, ni
oponiendo tampoco una batalla formalista o erudita, Sartre consigue mostrar hábilmente
que su concepción del humanismo permite superar las tres críticas que este concepto
había recibido en la época.

1.- Por una parte existía una amplia tendencia (que, simplifacando, va desde Heidegger a
lo que entonces aún no se llamaba “Escuela de Frankfurt”) partidaria de renunciar a la idea
misma de “hombre”. Es lo que hará Heidegger en la CARTA SOBRE EL HUMANISMO,
renunciando a considerarlo como sujeto para convertirlo en «pastor del Ser».

2.- Para el marxismo, la solución estaba también en prescindir del humanismo, pero en
nombre de un supuesto “hombre concreto” (el proletario). Ese sería el “humanismo real”,
por oposición a las abstracciones existencialistas. El “filósofo de guardia” del Partido
Comunista Francés, Jean Kanapa (antiguo alumno de Sartre), siguió esta vía en su EL
EXISTENCIALISMO NO ES UN HUMANISMO (1948), donde escribió que: «... sólo hay un
humanismo. Ese cuya medida ha definido uno de sus mayores representantes [Stalin]: el
hombre, el capital más precioso».

3.- Finalmente, para el cristianismo el error provenía del movimiento ilustrado, que ha
pretendido definir a la criatura sólo por la razón práctica, privándole de su naturaleza divina
(infinita). La filosofía cristiana se considera a sí misma, en consecuencia, como una
verdadera filosofía humanista en la medida que presenta al hombre como imagen de Dios,
o como “sediento” de Dios. Sartre, que ya en LA NÁUSEA había afirmado que los católicos
elegían «el humanismo de los ángeles» no dará especial importancia a esa tercera opción
(que al fin y al cabo tiene en contra la experiencia del absurdo del dolor humano, si ha de
ser impuesto por un dios) pero es obvio que estaba muy viva en el contexto de la
postguerra mundial.

Se ha notado muchas veces que el tema del humanismo estaba ausente de EL SER Y LA
NADA, donde la existencia humana aparece como vacío o «agujero en el Ser». LA
NÁUSEA es, por ejemplo, un texto claramente antihumanista. Lo que ha pasado en 1945
para cambiar de perspectiva, además del comprensible interés sartriano por situarse
estratégicamente en el debate de la época, es la experiencia de la propia Guerra, con la
consiguiente vivencia de la “comunidad humana” aunque Sartre durante la Resistencia
prefirió más bien, como lamentaba Jankélévitch, «conjugar el verbo “comprometerse”» a
“comprometerse” realmente. La propia experiencia sartriana como prisionero de guerra la
lleva a asumir que el hombre no existe “contra” la comunidad (la perspectiva de LA
NAUSEA, por ejemplo) sino como ser “con los otros” [«être-avec»].

Su humanismo no es, por lo demás, ni de la especie de un Picco en el DISCURSO


SOBRE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE, ni el kantiano de la FUNDAMENTACIÓN DE LA
METAFÍSICA DE LAS COSTUMBRES (que definió el concepto de «persona humana»).
No se trata de un humanismo de la persona en tanto que “cosa”, sino de la persona en
tanto que relación. La intersubjetividad (la relación entre sujetos) prima siempre por encima
de la subjetividad individual. El humanismo sartriano no es la consecuencia de una
imposible imagen “global” del hombre sino que lo concibe siempre “haciéndose”, en
construcción, en el “revasamiento” [«dépassement»] y no como objeto de una supuesta
religión humanista que substituya a la cristiana. Precisamente por eso, Sartre defenderá
que sólo el existencialismo dignifica al hombre: porque no le convierte ni en cosa ni en
concepto. Sólo porque el hombre está siempre «en situación» se puede ser humanista.

Vayamos, pues, al texto: «El existencialista no tomará jamás al hombre como fin, porque
siempre está realizándose». Un humanismo existencialista no dirá, como el personaje de
Cocteau: “l’homme est épatant” [“el hombre es asombroso”], porque no corresponde a “un”
hombre hacer un juicio sobre “el” hombre... «Pero hay otro sentido del humanismo que
significa en el fondo esto: el hombre está continuamente fuera de sí mismo; es
proyectándose y perdiéndose fuera de sí mismo como hace existir al hombre». Sólo
porque el hombre es proyecto merece la pena considerar “humanismo” al existencialismo:
«Humanismo porque recordamos al hombre que no hay otro legislador que él mismo, y
que es en el desamparo donde decidirá de sí mismo; y porque mostramos que no es
volviendo hacia sí mismo, sino siempre buscando fuera de sí un fin que es tal o cual
liberación, tal o cual realización particular, como el hombre se realizará precisamente en
cuanto a humano».

En la “Discusión” de la obra, Sartre lo perfilará mejor, «[Marxistas y existencialistas]


Estamos de acuerdo en este punto: que no hay naturaleza humana (...) y los hombres
dependen de la época y no de una naturaleza humana». Hoy, con el desarrollo de las
ciencias cognitivas, afirmaciones de este tipo provocan una sonrisa displicente, pero en
todo caso la idea central del humanismo sartriano, la de «situación», sigue siendo válida
especialmente porque Sartre ve la situación como algo concreto y es capaz de separarse
del reduccionismo marxista de la causalidad social de la que ironiza considerándola una
«causalidad secreta».

La moral existencialista como moral concreta

En el desarrollo de la conferencia EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO es


anterior el planteamiento ético al antropológico pero por razones puramente pedagógicas
nos ha parecido más útil terminar esta presentación con el análisis de su ética. Conviene
recordar que el embrión de lo que debía ser su ética existencialista CAHIERS POUR UNE
MORALE (1947-1948), permaneció inédito hasta 1983. EL SER Y LA NADA, por su parte,
terminaba con el anuncio de un libro sobre moral que nunca publicó.

Pero una vez se comprende su idea del hombre como situación, resulta más fácil entender
los conceptos de «responsabilidad» y compromiso [“engagement”]. Comprometerse en
una situación concreta -«embarcarse», había dicho Pascal– es la consecuencia de asumir
que no se puede vivir en la pura abstracción conceptual; todo el mundo está siempre en
una «situación» determinada y nos toca ser responsables (responder) de ella. La
neutralidad, sencillamente, no es posible. En un editorial de LES TEMPS MODERNES, de
1945, Sartre llegó a escribir: «Considero a Flaubert y a los Goncourt responsables de la
represión que siguió a la Comuna porque nunca escribieron ni una línea para impedirla».

Sartre resulta muy claro en ese aspecto: «No hay ninguna moral general, no hay signos en
el mundo»; por lo tanto el intelectual no debe dar consejos y quien se los pide (en el
famoso ejemplo de su alumno que dudaba entre el amor a su madre y el deber de la
Resistencia) «ya sabía lo que iba a hacer, y eso es lo que hizo». Los individuos están
desamparados en la pura contingencia

La idea de que el intelectual debe “tomar partido” y “comprometerse” es muy vieja en la


cultura francesa (Voltaire, Zola, Malraux) y ha resultado francamente esteril, por la
pedantería y el narcisismo inevitable en quien cree que el intelectual es una especie de
nuevo clérigo. De hecho es contradictoria incluso, en el particular caso de Sartre, con su
propia teoría; pues, si el hombre está siempre en construcción, si los valores absolutos no
existen -y las Ideas platónicas tampoco– entonces no parece claro sobre que base tomar
partido.

Su postura en HUIS-CLOS, la obra de teatro donde se encuentra la famosa frase «el


Infierno son los otros» parece difícil de compaginar con la idea del famoso “compromiso”
sartriano. Su respuesta, obviamente, se encuentra del lado de la pura contingencia
humana. Porque el hombre vive en la «angoisse» [«angustia»], en el «délaissement»
[«abandono» /«desamparo»] o en el «désespoir» [«desesperación»], el compromiso es
con la pura debilidad humana. No puede encontrarse una respuesta menos kantiana en
todo el pensamiento del siglo XX.

Una ética sartriana se puede basar sólo en dos principios: «compromiso» y «desamparo»;
ambos se implican y se necesitan mútuamente. En la medida en que “Dios no existe” y no
hay nada garantizado (ni transcendencia. ni valores eternos, ni respeto humano)... «en
consecuencia el hombre está abandonado [délaissé], porque no encuentra ni en sí ni fuera
de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ni siquiera excusas».

Esa idea que tiene unos ilustres antecedentes (Kierkegaard, Dostoievsky) se concreta en
una de las “citas citables” más famosas de Sartre: «Estamos solos, sin excusas. Es lo que
expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre». La expresión es, como se
ve, una paradoja: la idea de libertad parece incluir el concepto de “elección” y, en cambio,
aquí, aparece como una “condena”. Sartre considera que si bien el hombre no es libre de
su elección, tampoco es libre de alienar su libertad: de ahí la tragedia existencial que
asume la contingencia radical de la experiencia humana. La idea heideggeriana del «estar-
arrojado-al-mundo» encuentra su trasunto ético en la necesidad de compromiso ante la
debilidad. En palabras de Sartre: «El desamparo implica que elijamos nosotros mismos
nuestro ser. El desamparo va junto con la angustia. En cuanto a la desesperación, esta
expresión tiene un sentido extremadamente simple. Quiere decir que nos limitaremos a
contar con lo que depende de nuestra voluntad». La ética sartriana está contenida aquí: en
la aceptación radical de la contingencia y de la responsabilidad a la vez.
Por eso no resulta válida una moral kantiana, porque sólo me invita a una acción por
respeto a la ley, pero no sirve cuando la «situación» no se puede resolver por apelación a
principios abstractos, sino que solicita lo que Sartre, en el famoso ejemplo de su alumno
que duda entre el amor a su madre y su obligación patriótica, denomina la «caridad
concreta». Es esa caridad concreta lo que el existencialismo opone a la moral sacrificial de
los sistemas éticos deontológicos.

La diferencia entre esta posición y el estoicismo también es clara: mientras los estoicos
defienden una moral de la abstención a priori, Sartre se sitúa en el contexto de la acción:
no hay nada a priori, posible ni imposible, que limite mi voluntad sino lo que dibuja el
campo de mi acción. Precisamente porque no hay valores universales, tampoco hay una
posibilidad de usar la ética como consuelo en los malos momentos, a la manera estoica.
Hacer lo posible, implicarme en la acción, es la única ética de la contingencia. La
autenticidad total no puede provenir de una ética formalista (Kant), sino de asumir
profundamente la contingencia humana “en situación”, asumiendo la facticidad. En
resumen, y en palabras de Sartre: «La única cosa que tiene importancia es saber si la
invención que se hace, se hace en nombre de la libertad»

"EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO" DE JEAN-PAUL SARTRE

(RESEÑA)

Sartre, Jean-Paul. El existencialismo es un humanismo. Transcripción

taquigráfica de conferencia. Francia, 1946.


El existencialismo es un humanismo es el título de una conferencia impartida

por el filósofo y escritor francés Jean-Paul Sartre el 31 de octubre de 1946 y que fue

promovida por el Club "Cajica" creado por Jacques Calmy y Marc Beigbeger.

El discurso es una defensa del existencialismo a los reproches de pensadores

tanto comunistas como cristianos: por un lado, para el comunista el existencialismo es

una filosofía contemplativa, quietista y burguesa porque entienden que si todas las

soluciones están cerradas, la acción en el mundo resulta imposible; por otro lado, la

crítica de los cristianos consiste en que el existencialismo suprime los mandamientos de

Dios, negando la realidad y seriedad de las acciones humanas para permitir que los

hombres hagan lo que quieran, anulando la posibilidad de condenar las ideas y los actos

de otros humanos.

Sartre inicia planteando su concepto de existencialismo como "una doctrina que

hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad y toda acción

implica un medio y una subjetividad humana.", para el filósofo lo que en verdad asusta

de la doctrina es el hecho de que deja al hombre la posibilidad de elección.

A pesar de que hay dos especies de existencialistas: los cristianos (como Jaspers

y Gabriel Marcel) y los ateos (como Heidegger, los existencialistas franceses y el propio

Sartre), los dos tienen en común el considerar que "la existencia precede a la esencia".

Contrario a ésta idea, algunos filósofos (entre ellos Leibniz, Descartes, Diderot, Voltaire

y aún Kant) consideran que antes de fabricar un objeto, éste es ya un concepto; cuando

Dios crea al hombre ya hay en Dios una idea clara de lo que éste será; o que el hombre

posee una naturaleza humana común a todos los hombres como un concepto universal
("El Hombre"), es decir, que en todos los casos la esencia precede a la existencia. A

todo esto Sartre va a decir que en realidad el hombre empieza por existir, se encuentra,

surge en el mundo y después se define como tal. Es por eso que el hombre no se puede

definir, empieza por un "no ser nada" que está proyectado a la existencia y en última

instancia —dirá Sartre— "el hombre no es otra cosa que lo que él se hace", es decir, es

un continuo proyecto que se vive subjetivamente.

Esto nos conduce a otro tema, objeto de crítica por sus detractores: el

subjetivismo. Suele entenderse el subjetivismo en dos sentidos: como elección del

sujeto individual incapaz de sobrepasar la propia subjetividad humana; y —la más

cercana al existencialismo— como elección colectiva, es decir, que el hombre al

elegirse, elige a todos los hombres. Esto se debe a que la responsabilidad del hombre

frente a su existencia no es individual sino colectiva, compromete a toda la humanidad

en la medida en que sus decisiones son valederas para todos los hombres e incluso para

toda una época entera.

Dicha responsabilidad conlleva un estado de angustia y desesperación: angustia

porque no hay Dios, determinismo, "naturaleza humana", bueno o malo a priori, valor,

justificación o excusa en la que el hombre pueda pedir ayuda; y desesperación por el

hecho de que el hombre sólo cuenta con su voluntad o la probabilidad de su acción, es

decir, que está condenado a ser libre, a inventarse a cada momento. Para Sartre, la

crítica al quietismo atribuida al existencialismo estaría superada porque sólo podemos

hablar de realidad en la acción: en la medida en que el hombre existe, se realiza, como

un proyecto continuo.
La principal diferencia, primero, con el cogito cartesiano es que todo lo que

queda fuera del “yo pienso” no alcanza un valor de verdad, sin embargo, se pierde de

vista que en el “yo pienso” se descubre también al Otro como condición de su propia

existencia; y, segundo, que con el materialismo el hombre se convierte también en

objeto, sin embargo, la subjetividad propia del hombre no es individual sino colectiva.

Se entiende entonces por qué los pensadores actuales hablan más de la condición del

hombre (conjunto de límites a priori) y no de su naturaleza. Su condición varía con

respecto a la historia, lo que no cambia es su necesidad de estar en el mundo. Sus

límites tienen una cara objetiva y otra subjetiva: objetiva porque se reconocen en todas

las cosas; y subjetiva porque necesariamente son vividos por el hombre ya que fuera de

él serían nada.

Sin embargo, para Sartre esto no resuelve enteramente la cuestión del

subjetivismo por lo que presenta tres objeciones:

La primera de ellas tiene que ver con la libertad de elección; esto resulta poco

exacto porque si bien se puede elegir, lo que no es posible es no decidir, en otras

palabras, el no elegir es también una forma de elección que compromete a la humanidad

entera, el hecho de que ningún valor a priori determine una elección esto no representa

alguna forma de capricho.

La segunda objeción tiene que ver con la imposibilidad de juzgar unos hombres

a otros; es verdad que el hombre no puede juzgar porque es siempre el mismo dentro de

una situación variable dentro de la cual su elección es constante, pero dependiente

siempre de la variable, sin embargo, también puede juzgar (no como juicio de valor sino
como juicio lógico) porque ciertas elecciones están fundadas en el error y otras en la

verdad.

La tercera objeción consiste en que aceptan los valores, sin embargo, al ser una

elección propia resultarían también poco serios; para Sartre el hombre inventa los

valores ya que no existen de manera apriorística, el valor es el sentido de las cosas que

elige el hombre, construcción que posibilita la comunidad humana.

Para Sartre, el humanismo tiene dos sentidos: por un lado, es una teoría que

toma al hombre como fin y valor superior, a este sentido Sartre lo considera absurdo

porque no es posible atribuirle un valor al hombre tomando como consideración sólo a

ciertos hombres; por otro lado, el de un humanismo existencialista —más afín a

Sartre— en el que el hombre está fuera de sí, proyectado, persiguiendo fines

trascendentales y rebasándose a sí mismo.

Finalmente, el existencialismo es un humanismo porque su situación y la

elección que tome dependen enteramente de él, donde el hombre se realiza precisamente

como humano.

En esta conferencia quedan expresadas las principales ideas del existencialismo

sartriano con notorias influencias de Martin Heidegger, Edmund Husserl e incluso de

Nietzsche, pero además, permite conocer la procedencia, el tipo y nivel de crítica contra

el existencialismo, corriente de la que Sartre también muestra ciertos matices que hacen

peculiar su pensamiento.