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TALLER DE PREPARACIÓN PARA PERSONAS INTERESADAS EN INICIAR

EL TRÁMITE ADMINISTRATIVO DE ADOPCIÓN NACIONAL

2019

CUADERNO DE TRABAJO 2

“Explorando mis emociones y


mi proceso de duelo”

Este cuaderno de trabajo pertenece a: ____________________________________


Índice
Presentación 3
Consideraciones previas 4
Gestión del tiempo 4
Apertura a la experiencia 4
Responsabilidad 4
Día 1 5
Las emociones 5
Ejercicio 1 8
¿Para qué es importante gestionar nuestras emociones? 8
Ejercicio 2 11
Día 2 15
La pérdida 15
Ejercicio 3 17
Día 3 18
El proceso de duelo 18
Las etapas del proceso del duelo 18
Ejercicio 4 25
Día 4 30
El proceso de duelo y el proyecto de adopción 30
Duelo por la infertilidad 33
Ejercicio 5 35
Día 5 38
El proceso de duelo en niñas, niños y adolescentes en desprotección familiar y
38
adoptabilidad
Tipos de pérdida en las niñas, los niños y adolescentes (NNA) 38
Fases del proceso de duelo en los NNA 39
Aspectos a considerar en los NNA frente a la situación de abandono 39
Ejercicio 6 44
Bibliografía 46

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Presentación
¡Estimada y estimado participante!
Continuamos con este proceso de autodescubrimiento, viaje en el cual tendrás la oportunidad de
estimular tus recursos personales y tomar una decisión consciente sobre el proceso de adopción
que has considerado iniciar.

Al finalizar los cuatro cuadernos de trabajo que forman parte del taller de preparación para personas
interesadas en iniciar el trámite administrativo de adopción nacional, tendrás varias alternativas a
elegir: podrás presentar tu expediente, podrás tomar un mayor tiempo para seguir reflexionando
sobre tu decisión de adoptar o podrás decidir que este no es el camino que deseas emprender. Lo
más importante es que con la información recibida a partir de esta experiencia, la decisión que
tomes sea con total libertad. Recuerda que con cada elección que hagas, estarás construyendo el
camino de TU vida.

En esta oportunidad exploraremos aspectos relacionados a las emociones, a las pérdidas, al proceso
de duelo de los adultos y de los niños en desprotección familiar y adoptabilidad. Esperamos que
continúes aprovechando la oportunidad de participar de este proceso demostrando tu apertura a
cada experiencia, tu participación activa en el desarrollo de estos contenidos y tu compromiso
contigo mismo/a para que cumplas tu meta al estar aquí. Asimismo, esperamos que recuerdes que
en ese proceso nosotros estaremos siempre junto a ti para acompañarte en cada paso.

¡Empecemos la segunda semana!

Dirección General de Adopciones


Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables

“Cuando ya no podamos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.”
Viktor E. Frankl

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Consideraciones previas
Te sugerimos tomar en cuenta las siguientes recomendaciones para aprovechar al máximo tu
experiencia y uso de este cuaderno de trabajo.

Gestión del tiempo y del ambiente


Este tiempo de preparación aspira a que puedas hacer una pausa para conocerte a ti misma/o y
reflexiones sobre los recursos personales con los que cuentas para ejercer la
maternidad/paternidad por medio de la adopción, es decir, tomes una de las decisiones más
importantes de tu vida. Es importante que dispongas de un tiempo dentro de tu jornada semanal
para el desarrollo de los ejercicios de este cuaderno trabajo, considerando las actividades
propuestas por día, así como el poder situarte en un espacio físico que te facilite la concentración y
apertura a cada uno de los ejercicios.

Apertura a la experiencia
Sabemos que en tu vida diaria realizas múltiples actividades, por lo cual, en varias ocasiones puede
parecer difícil disponer de un tiempo para tomar tu cuaderno de trabajo y hacer una pausa para
mirar dentro de ti misma/o. Sin embargo, queremos recordarte lo importante que será que te
entregues completamente a cada uno de los ejercicios propuestos aquí, siempre teniendo en cuenta
que no existen respuestas buenas ni malas, simplemente es una invitación a que seas tú misma/o
quien pueda ir descubriendo, ordenando, construyendo y fortaleciendo tu decisión de ejercer la
maternidad/paternidad y de adoptar, es decir, definir tu proyecto de adopción, como una parte
importante dentro de tu proyecto de vida.
Por ello, será de vital importancia tu completa apertura para cada ejercicio y atención a cómo te
sientes con cada pregunta, qué piensas al respecto de lo compartido en los contenidos de las
lecturas y cuáles son tus respuestas respecto a cada tema desarrollado. El compromiso es contigo
misma/o, a mayor entrega en cada actividad, mayor será la ganancia para ti respecto a la decisión
de adoptar, la cual es una decisión de vida.

Responsabilidad y autonomía
El logro de los objetivos de este material tiene como base tu nivel de responsabilidad. Es importante
que desarrolles las actividades en base a tu experiencia previa y vivencias personales, aún si estás
asistiendo en pareja, es básico que puedas desarrollar cada tema de manera individual, ya que a
pesar de haber recorrido parte de un mismo camino, la vivencia de cada uno de ustedes es distinta.
Recuerda que tu responsabilidad se evidenciará plenamente en la medida en la que tú, de forma
autónoma, elijas pasar por esta experiencia y asumas todo lo que implica el proceso de adopción.

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Día 1
“Educar la mente sin educar el corazón no es
educar en absoluto”
(Aristóteles, s.f.)

Las emociones
Daniel Goleman (1996) refiere que:

“Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de
reacción automática con los que nos ha dotado la evolución. La misma raíz etimológica de
la palabra emoción proviene del verbo latino movere (que significa «moverse») más el
prefijo «e-», significando algo así como «movimiento hacia» y sugiriendo, de ese modo,
que en toda emoción hay implícita una tendencia a la acción. Basta con observar a los niños
o a los animales para darnos cuenta de que las emociones conducen a la acción.
[…]
La distinta impronta biológica propia de cada emoción evidencia que cada una de ellas
desempeña un papel único en nuestro repertorio emocional […]. La aparición de nuevos
métodos para profundizar en el estudio del cuerpo y del cerebro confirma cada vez con
mayor detalle la forma en que cada emoción predispone al cuerpo a un tipo diferente de
respuesta.
El enojo aumenta el flujo sanguíneo a las manos, haciendo más fácil empuñar un arma o
golpear a un enemigo; también aumenta el ritmo cardiaco y la tasa de hormonas que, como
la adrenalina, generan la cantidad de energía necesaria para acometer acciones vigorosas.
En el caso del miedo, la sangre se retira del rostro (lo que explica la palidez y la sensación
de «quedarse frío») y fluye a la musculatura esquelética larga —como las piernas, por
ejemplo- favoreciendo así la huida. Al mismo tiempo, el cuerpo parece paralizarse, aunque
sólo sea un instante, para calibrar, tal vez, si el hecho de ocultarse pudiera ser una
respuesta más adecuada. Las conexiones nerviosas de los centros emocionales del cerebro
desencadenan también una respuesta hormonal que pone al cuerpo en estado de alerta
general, sumiéndolo en la inquietud y predisponiéndolo para la acción, mientras la
atención se fija en la amenaza inmediata con el fin de evaluar la respuesta más apropiada.

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Uno de los principales cambios biológicos producidos por la felicidad consiste en el
aumento en la actividad de un centro cerebral que se encarga de inhibir los sentimientos
negativos y de aquietar los estados que generan preocupación, al mismo tiempo que
aumenta el caudal de energía disponible. En este caso no hay un cambio fisiológico especial
salvo, quizás, una sensación de tranquilidad que hace que el cuerpo se recupere más
rápidamente de la excitación biológica provocada por las emociones perturbadoras. Esta
condición proporciona al cuerpo un reposo, un entusiasmo y una disponibilidad para
afrontar cualquier tarea que se esté llevando a cabo y fomentar también, de este modo, la
consecución de una amplia variedad de objetivos.
El amor, los sentimientos de ternura y la satisfacción sexual activan el sistema nervioso
parasimpático (el opuesto fisiológico de la respuesta de «lucha-o-huida» propia del miedo
y de la ira).
La pauta de reacción parasimpática —ligada a la «respuesta de relajación»— engloba un
amplio conjunto de reacciones que implican a todo el cuerpo y que dan lugar a un estado
de calma y satisfacción que favorece la convivencia.
El arqueo de las cejas que aparece en los momentos de sorpresa aumenta el campo visual
y permite que penetre más luz en la retina, lo cual nos proporciona más información sobre
el acontecimiento inesperado, facilitando así el descubrimiento de lo que realmente ocurre
y permitiendo elaborar, en consecuencia, el plan de acción más adecuado.
El gesto que expresa desagrado parece ser universal y transmite el mensaje de que algo
resulta literal o metafóricamente repulsivo para el gusto o para el olfato. La expresión facial
de disgusto —ladeando el labio superior y frunciendo ligeramente la nariz— sugiere, como
observaba Darwin, un intento primordial de cerrar las fosas nasales para evitar un olor
nauseabundo o para expulsar un alimento tóxico.
La principal función de la tristeza consiste en ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable
(como la muerte de un ser querido o un gran desengaño). La tristeza provoca la disminución
de la energía y del entusiasmo por las actividades vitales —especialmente las diversiones y
los placeres— y, cuanto más se profundiza y se acerca a la depresión, más se enlentece el
metabolismo corporal. Este encierro introspectivo nos brinda así la oportunidad de llorar
una pérdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias y planificar, cuando la
energía retorna, un nuevo comienzo. Esta disminución de la energía debe haber mantenido
tristes y apesadumbrados a los primitivos seres humanos en las proximidades de su hábitat,
donde más seguros se encontraban.
Estas predisposiciones biológicas a la acción son modeladas posteriormente por nuestras
experiencias vitales y por el medio cultural en que nos ha tocado vivir. La pérdida de un ser
querido, por ejemplo, provoca universalmente tristeza y aflicción, pero la forma en que
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expresamos esa aflicción -el tipo de emociones que expresamos o que guardamos en la
intimidad— es moldeada por nuestra cultura, como también lo es, por ejemplo, el tipo
concreto de personas que entran en la categoría de «seres queridos» y que, por tanto,
deben ser llorados.”
Con este preámbulo podemos ver la importancia de que identifiques las emociones que
experimentas, para lo cual será muy importante observar las sensaciones físicas en tu cuerpo así
como las circunstancias en las que éstas se manifiestan. Hacer esta exploración te dará la
oportunidad de reactivar tu capacidad de ser más sensible frente a lo que sucede contigo, conocerte
y, por lo tanto, estar cada vez en mejores condiciones para gestionar cada una de tus emociones de
forma efectiva y saludable. Este es un ejercicio que muy raramente las personas solemos realizar,
razón por la cual actualmente encontramos adultas/os que viven como “desconectados” de lo que
sienten, que huyen de los problemas de la vida o que responden a los mismos de forma muy agresiva
y en muchas ocasiones causando un perjuicio a los demás. Abrirte a esto será un regalo para ti
misma/o, y por añadidura, un regalo para los que te rodean.
Como dice Bisquerra (2016):
“Las emociones son la esencia de la vida. Cuando tenemos tiempo libre procuramos realizar
actividades que activen en nosotros emociones que nos satisfagan. Sin emociones seríamos
como máquinas.
Las emociones son reacciones del organismo que producen experiencias personales
percibidas de forma inmaterial, lo cual dificulta su conocimiento en una cultura
caracterizada por la materialización de las experiencias. Por ejemplo, la forma de expresar
amor muchas veces es materializada con un regalo. Necesitamos ver y tocar las cosas para
comprenderlas mejor.
La falta de hábito en analizar las emociones por su inmaterialidad hace que no sepamos
mucho de ellas ¿Dónde están las emociones? En nuestro interior.
¿Cuántas emociones hay? Muchas.
¿Cómo se estructuran? De forma compleja.
De estas preguntas surge la idea de viajar al universo de las emociones. Puede ser un viaje
fantástico. Es un viaje al interior, que es el más apasionante de todos los viajes posibles.
Para viajar a cualquier lugar va muy bien tener un mapa. Un atlas es una colección de mapas
que nos orientan sobre dónde están lugares recónditos. ¿Qué hay más recóndito que
nuestras emociones?”

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Ejercicio 1
A. A continuación, escribe todas las emociones que tengas en tu mente. Pon esfuerzo en escribir,
cuantas más mejor. Dentro de tres minutos, una vez terminado el listado de emociones,
continúa con la lectura.

B. Lee lo que has escrito y clasifica las emociones de tu lista según categorías usando símbolos o
colores.

C. ¿Qué categorías has creado?


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¿Para qué es importante gestionar nuestras emociones?


Sobre la clasificación de las emociones Bisquerra (2016) agrega:
“Cuando se da un listado de emociones a personas con la instrucción de que las clasifiquen,
la mayoría suelen hacer dos categorías: positivas y negativas. En esto coinciden la mayoría
de autores, que consideran que las emociones están en un eje con dos polos: positivo y
negativo.
En esta clasificación hay que añadir las emociones ambiguas, como la sorpresa, que puede
ser positiva o negativa.
Los dos polos de las emociones representan su valencia (positiva o negativa). No hay que
confundir valencia con valor. El valor tiene una connotación de bueno o malo que no se
puede aplicar a las emociones. Todas las emociones son buenas y necesarias. Pero unas
son positivas y otras negativas.
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La distinción entre emociones positivas y negativas es tan evidente que no necesita mayor
explicación. La mayoría de las personas tienen claro que miedo, rabia o tristeza son
emociones negativas; mientras que alegría, amor y felicidad son positivas.
Sin embargo, conviene dejar claro que «emociones negativas» no significa «emociones
malas». A veces se ha establecido erróneamente una identificación entre negativo igual a
malo y positivo igual a bueno. Conviene desmontar este error. Si no lo hacemos, nos
podemos encontrar con lo que le pasó a un señor que se hizo la prueba del sida y llegó a su
casa todo contento diciendo: «Me he hecho la prueba del sida y afortunadamente los
resultados han sido positivos». Confundir positivo con bueno o negativo con malo puede
llegar a ser fatal en algunos casos. Nadie considera que el polo positivo de un imán o de un
cable de electricidad es bueno y el negativo, malo. Sería un error considerarlo así.
Hay que dejar claro que todas las emociones son buenas. El problema está en lo que
hacemos con las emociones. Cómo las gestionamos determina los efectos que van a tener
sobre nuestro bienestar y el de los demás.
Pero siendo buenas todas las emociones, algunas nos hacen sentir bien y otras nos hacen
sentir mal. Por esto a unas se las denomina positivas y a otras negativas en función de si
aportan o no bienestar.”
Lo importante entonces sería que te encamines a alcanzar ese bienestar mediante la reflexión y
toma de consciencia de cómo experimentas tus emociones. Para eso, te invitamos a continuar
estimulando tu capacidad de sentir, observar, describir, lo que sucede en ti. Confiamos en que toda
persona de esta manera estará en mejores condiciones para elegir responsablemente qué hacer
con sus emociones, y por lo tanto, decidir cómo actuar en cada momento de su vida, es decir,
gestionar sus emociones y su existencia.
En ese camino podrán pasar diferentes situaciones. Puede ser que te animes a expresarlas hablando,
bailando, llorando, escribiendo, gritando, riendo, abrazando, golpeando, etc.; o tal vez elijas
reprimirlas por miedo al qué dirán de ti si no te muestras fuerte o tranquila/o “como siempre” o tal
vez por vergüenza; incluso puede que pase por tu mente la idea “yo prefiero dejar pasar las cosas
porque es mejor evitar discusiones y problemas”, dándote cuenta que generalmente has venido
eligiendo callar y guardar dentro de ti indeterminadamente lo que sientes. Muchas personas
imaginan erróneamente que con el tiempo las emociones simplemente desaparecerán y llegará el
“me siento mejor, no pasó nada”, cuando en realidad al hacer esto generalmente lo primero que
logran es exponerse a que las emociones “salgan” en algún momento de mucho conflicto pero
desproporcionadamente y hasta lastimando a los demás, o por otro lado, hacerse daño a sí mismos
acumulando su malestar y generando progresivamente dolencias físicas como dolores de estómago,
dolores de cabeza, tensiones en el cuello, etc.

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Por otro lado, también podría pasar que al animarte a expresarlas o “llevarlas afuera” te vayas dando
cuenta de que necesitas regular la manera cómo lo haces según la situación, aprendiendo por
ejemplo que en ocasiones será muy saludable expresar tu alegría “gritando de emoción” y en otras
será más acertado hacerlo solo hablando por respeto y cuidado a los demás; asimismo, tal vez
también aprendas que cuando estés molesta/o por una fuerte discusión con tu pareja, puedes
imaginar la acción de golpear para descargar tu ira, sin embargo, y siendo consciente de tu
necesidad de descargar toda esa energía que hay en ti, responsablemente decides golpear una
almohada en casa, dejando atrás eso que no te sirve, pero a la vez comprendiendo que si eligieras
golpear a tu pareja, significaría que la/lo estarías lastimando e hiriendo.

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Ejercicio 2
A. Con la finalidad de ejercitar tu capacidad de identificar tus emociones, a continuación te
invitamos a describir situaciones en las que sientes las siguientes emociones:

EMOCIÓN ALEGRÍA IRA TRISTEZA MIEDO

¿Qué situaciones
suceden para que se
genere dicha
emoción?

¿Qué sueles pensar?

¿Qué sueles hacer?

¿Cómo sientes la
emoción
interiormente?
(Fíjate en sensaciones
corporales, la zona,
intensidad, temperatura, etc.)

¿Cómo aprendiste a
responder de esa
manera?

¿Qué te gustaría
hacer diferente al
respecto?

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B. Jorge Bucay dice “No somos responsables de nuestras emociones, pero sí de lo que hacemos
con ellas”, ¿qué reflexión para tu vida puedes construir a partir de esta frase?:
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________

C. Lee la siguiente historia:


El regalo

“Había una vez una pareja de esposos Rossana y Juan. Rossana trabajaba como abogada en
una empresa mientras que Juan era catedrático en una universidad muy conocida. A Rossana
la conocían como una mujer muy carismática, activa y comprometida con la justicia social.
Por otro lado, Juan era conocido por sus estudiantes como un varón muy justo y comprensivo,
pero a veces estricto y disciplinado. Cerrando el ciclo académico, estando en el aula tras
haber dado su última clase del semestre, mientras que Juan organizaba unos documentos
encima de su escritorio, se le acercó uno de sus estudiantes y en forma desafiante le dijo:

– Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más
sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburrida.

El estudiante estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que Juan reaccionara
ofendido y descontrolado.
Juan miró al estudiante por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:

– ¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?


El estudiante quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.

– Por supuesto que no. – contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.

– Bueno, - prosiguió Juan – cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable,
me está ofreciendo algo, en tu caso me estás ofreciendo una emoción de rabia y rencor, la
cual puedo decidir aceptar o no aceptar.

– No entiendo a qué se refiere. – dijo el estudiante confundido.

– Muy sencillo, -replicó Juan- Tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento


ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo querido estudiante, en
realidad, prefiero obsequiarme mi propia tranquilidad. Estimado joven, - concluyó Juan en
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tono gentil - Tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque a mí eso no me
interesa ni me ayuda. Yo no puedo controlar lo que tú u otros llevan en el corazón, pero sí
puedo elegir lo que decido cargar en el mío.”

Adaptación del cuento “El maestro y el alumno”


(Biblioteca Municipal Francisco Umbral, 2015)

D. A continuación, responde:

1. ¿Cómo te sientes después de haber leído la historia?

Yo siento _____________________________________________________________________
______________________________________________________________________________
____________________________________________________________________________

2. En un contexto similar, si tú fueras Juan, ¿crees que hubieras actuado de la misma manera?
Explica tu respuesta con total sinceridad.

______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________

3. ¿Existe alguna/s emoción/es que consideres que aún te resulta difícil regular o manejar?
¿Cuál/es?

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______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________

4. Sobre la pregunta anterior, ¿cuándo te sucede? ¿qué te sucede?

______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________

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5. ¿Qué crees que podrías hacer al respecto?

______________________________________________________________________________
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______________________________________________________________________________

6. En resumen, ¿a nivel personal qué lección te deja la lectura?

______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________

¡Recuerda!
Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres
poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que decidas cambiarlo. Es tan grande la
libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.

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Día 2
“El dolor es inevitable pero el
sufrimiento es opcional”
(Buda, s.f.)

La pérdida
La etimología de la palabra pérdida procede del latín tardío “perdita” que hace alusión a la privación,
penuria, carencia o necesidad de algo que tenía o poseía (Educalingo, 2018)
Para describir los diferentes tipos de pérdida, nos basaremos en las categorías propuestas por Tizón
(2004):
1. Pérdidas relacionales:
Vinculadas a las personas con las que nos relacionamos y que son fundamentales en nuestra vida.
Un primer ejemplo puede darse en el caso del abandono, con sus múltiples formas: un niño/niña
que es abandonado por su familia, un bebé que es abandonado por su madre, una mujer/hombre
que es abandonada/o por su esposo/a, etc., un segundo ejemplo es la pérdida por muerte de un
ser querido, la cual puede ser de un embarazo, de un hijo/a, un padre, una madre, una mascota,
etc.; otro ejemplo es el divorcio, el cual implica la pérdida de un matrimonio, para los adultos, y
para los hijos/as, la pérdida de una familia. Nos damos cuenta entonces que las pérdidas
relacionales se dan a partir de que un vínculo o la posibilidad de continuar con una relación llega
a su fin.
2. Pérdidas intrapersonales:
Relacionadas con nosotros mismos y con nuestro cuerpo. Por ejemplo, la pérdida de la libertad
si voy presa/o, la pérdida de mi patria si soy exiliada/o, por otro lado, la pérdida por infertilidad
y por último, la pérdida de capacidades físicas o intelectuales, que se da tras un accidente o una
enfermedad.
3. Pérdidas materiales:
Vinculadas a la pérdida de objetos o posesiones personales. Por ejemplo, la pérdida de un
trabajo, de una casa, de un auto, etc.
4. Pérdidas evolutivas:
Relacionadas con los cambios producidos por el paso de una etapa a otra en nuestro ciclo vital,
por ejemplo, el duelo por el cuerpo perdido de niño en la adolescencia, el duelo por la
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imposibilidad de procrear que sucede entrando a la menopausia en las mujeres, el duelo por
jubilación o el duelo por la pérdida de la juventud que sucede en ambos sexos.
Como vemos, existen diferentes posibilidades de experimentar pérdidas a lo largo de nuestra
historia de vida, cada una aparece y nos brinda la posibilidad de prepararnos para afrontar una
situación a futuro.
Frecuentemente, las pérdidas al ser eventos que implican dolor, también nos generan la posibilidad,
sí así lo elegimos, de poder reflexionar, valorar y aprender de dicha experiencia, impulsándonos a
realizar ciertos o muchos cambios en como venimos llevando adelante nuestra vida hasta ese
momento. En nuestra existencia, no tenemos la garantía de que las cosas, relaciones, personas, etc.
que forman parte de nuestro mundo seguirán por siempre con nosotros. Por eso, es importante
brindar un espacio para procesar cada una de las situaciones que en nuestra vida han supuesto una
pérdida. Ese es el proceso del duelo.

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Ejercicio 3
A. A continuación, te ofrecemos la oportunidad de identificar las pérdidas que has
experimentado a lo largo de tu vida. Recuerda que el fruto de realizar este ejercicio es sólo y
únicamente para ti. Por ello, te invitamos a disponer tu apertura a la exploración de tus
propias experiencias de vida. ¡Estamos contigo!

Etapa Lo que perdí fue… ¿Cómo lo procesé?


Pérdida 1…….
¿Qué sentí?

¿Qué pensé?
Cuando era
niña/o...
¿Qué hice?
¿Cómo me siento al
recordar la pérdida?
Pérdida 2……
¿Qué sentí?

¿Qué pensé?
Cuando era
adolescente…
¿Qué hice?
¿Cómo me siento al
recordar la pérdida?
Pérdida 3……
¿Qué sentí?

¿Qué pensé?
Cuando era
joven…
¿Qué hice?
¿Cómo me siento al
recordar la pérdida?
Pérdida 4……
¿Qué sentí?

¿Qué pensé?
Ahora que soy
adulto…
¿Qué hice?
¿Cómo me siento al
recordar la pérdida?

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Día 3
“Hay un duelo por delante en la vida de todo aquel que
sufre una pérdida, que atraviesa un cambio, que deja una
realidad para entrar en otra.”
(Bucay, 2003)

El proceso de duelo
Como hemos visto, en el día anterior al hablar de pérdidas nos referimos a diversas situaciones: la
pérdida de un ser querido (un padre, un hijo, un bebé, un hermana/o, etc.); la pérdida de una
relación de amistad, de pareja o de matrimonio; la pérdida de un empleo, etc.
Frente a estas pérdidas, naturalmente surge un proceso en cada una/o de nosotras/os, proceso que
llamamos duelo. Jorge Bucay (2004) define el duelo como el proceso normal de elaboración de una
pérdida, tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a
una nueva realidad.
Convencionalmente, en este proceso de elaboración de una pérdida, la atención se ha puesto en la
respuesta emocional frente a la pérdida; sin embargo, el duelo también tiene una dimensión física,
cognitiva, conductual y filosófica que es vital explorar en la experiencia de cada ser humano.
Por eso a continuación exploraremos las etapas del proceso del duelo, a fin de que cuentes con
mayores herramientas para comprender tu propio tránsito frente a las pérdidas que has tenido en
tu vida.

Las etapas del proceso del duelo


La autora de esta propuesta es Elizabeth Kübler-Ross, quien originalmente aplicó estas etapas al
trabajar con personas que sufrían enfermedades terminales, y posteriormente llegó a generalizar
las mismas para cualquier pérdida.
Kübler-Ross (2015) afirmó que estas etapas no necesariamente ocurren en una secuencia u orden.
Aquí es importante indicar que todas las etapas no necesariamente son experimentadas con
claridad por las personas, a menudo, las personas atravesarán varias de estas etapas en un efecto
“montaña rusa”, pasando entre dos o más etapas, y volviendo a hacerlo una o varias veces antes de
finalizar.

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Gráfico 01
Las etapas del proceso del duelo de Elizabeth Kübler-Ross (2015)

2° Ira
1° 5°
3° Negociación
Negación Aceptación
4° Depresión

A continuación, describimos las cinco etapas en base a la propuesta de Kübler – Ross (2016)
describe:

1. Negación:

Es la etapa de las preguntas: ¿es cierto esto?, ¿es posible que esto haya podido suceder?, ¿cómo ha
podido pasar esto?, ¿por qué pasó?
Esta etapa se caracteriza por la sensación de incredulidad, “no lo puedo creer”. Aún incluso cuando
sea otro el que nos lo diga, nos negamos a aceptar lo que ocurre porque es demasiado fuerte para
ser verdad.
Nuestra mente a pesar de su lógica y de las evidencias se rebela ante lo real, tildando de “ilógico”,
“irracional”, “absurdo” a lo que está pasando: “esto no me puede estar pasando, no a mí”. Nuestros
propios sentidos hacen que discriminemos y sólo percibamos lo que creemos que es soportable y
verdadero, alejando o rechazando las ideas que no concuerdan con nuestra forma de pensar. A
veces incluso llegamos a volvernos insensibles frente a lo que está sucediendo, “me siento bien, no
pasa nada”.
La negación es solamente un mecanismo de defensa que la persona asume de forma temporal.
Sobre este punto, Jorge Bucay (2011) nos explica sobre la negación lo siguiente:
"La negación de la pérdida es un intento de autoprotección contra el dolor y contra la
fantasía de sufrir. Si bien es cierto que, como veremos, una etapa normal del recorrido puede
incluir un momento de bloqueo de la realidad desagradable, lo consideramos un desvío
cuando la persona se estanca en esa etapa y sigue negando la pérdida más allá de los
primeros días.
La negación es una forma de fuga, un vano intento de huida de lo doloroso. Y digo vano
porque la negación nos lleva al punto de partida. NO resuelve nuestra pérdida, sólo la
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posterga y apuesta a que lo podrá hacer eternamente. El negador vive en un mundo de
ficción donde lo perdido todavía no se fue, donde el muerto vive, donde lo que pasó nunca
pasó. No es el mundo mágico donde todo se resolvió felizmente, sino la realidad detenida
en el momento en que todo estaba por comenzar. El universo congelado un instante antes
de enterarme de lo que hubiera preferido no enterarme.”

2. Ira

“¿Por qué a mí? ¡No es justo!”, “¿cómo me puede estar pasando esto a mí?”. Una vez en la segunda
etapa, el individuo reconoce que la negación no puede continuar. Debido a la ira, esta persona es
difícil de ser cuidada debido a sus sentimientos de ira y envidia. Cualquier individuo que simboliza
vida o energía es sujeto a ser proyectado resentimiento y envidia.
La ira es un proceso originalmente emocional, se manifiesta de muchas maneras:
Contra las personas que de una u otra manera para nosotros tengan responsabilidad en lo ocurrido,
por ejemplo, si mi pareja es infértil, tal vez mi ira la desate hacia él/ella. Contra los seres cercanos
que inclusive puede que no tengan nada que ver con el evento ocurrido sin embargo al guardar
cercanía conmigo lamentablemente mi ira se desencadena estando ellos presentes en el momento,
por ejemplo, mis padres, mis hijos/as mayores, mi pareja, mis hermanos, etc.
Contra terceros no claramente definidos, por ejemplo, si he pasado por la pérdida de mi bebé o me
han diagnosticado infertilidad, puede pasar que al escuchar a personas hablando de sus hijos/as en
el trabajo o en el bus, ver a mujeres gestando o padres con sus hijos/as en brazos sienta ira hacia
estas personas.
Contra entes divinos, por ejemplo, es natural poder sentir ira hacia Dios, reclamándole ¿por qué a
mí?
La emoción de la ira surge espontáneamente, a veces inmediatamente sucedido el evento o recibida
la noticia, sin embargo, en algunos casos se manifiesta cuando ya ha pasado tiempo considerable al
evento.
Es importante entender que la ira es una emoción básica y necesaria, mientras más pronto la
sintamos, antes se disipará.
Por otro lado, es necesario resaltar que dentro del espacio que brindamos a la ira para que se
manifieste, es importante estar atentas/os a que darle lugar no implica aceptar cualquier tipo de
respuesta de ira, más aún si es que ésta es violenta. Por ejemplo, si mi hermana está pasando por
un proceso de duelo por la noticia de infertilidad que le han dado, y yo vengo observando que su
ánimo ha venido variando a tal punto que a todos en casa nos ignora y cuando nos habla, lo hace

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agrediéndonos de diversas formas. Esto sería una alerta de que mi hermana necesita un
acompañamiento.
La ira es una fase necesaria y muy útil mientras que no sea muy prolongada, no incluya violencia o
no existe la necesidad de volver recurrentemente a ella.
En el caso de los niños es importante que las personas que representan las figuras parentales sepan
gestionar el conflicto. Por ejemplo, puede que un niño aún esté procesando la pérdida de sus padres
o el abandono de los mismos y muestre mucha molestia, agrediendo a sus compañeros/as en el
colegio o maltratando a las mascotas en casa. En este caso, será importante que los adultos
busquen que la niña, el niño o adolescente reciba acompañamiento; asimismo, que ellos se
preparen para abordar dichas situaciones no juzgando ni reprimiendo ni castigando esta necesidad
natural de expresión ante lo que está pasando en él/ella.
Es importante tener en cuenta que algunas acciones que le pueden ayudar a canalizar la ira a la niña,
el niño o adolescente son el llorar, hacer berrinche, o quejarse de algo siempre y cuando esto no
represente lastimar a otras/os ni a sí misma/o.

3. Negociación

A menudo la gente se confunde al reducir la negociación a una única etapa con un inicio y un final
entre, antes o después de las otras, sin embargo es importante mencionar que todo el proceso de
duelo y todas las etapas implican cierta negociación.
Por ejemplo, antes de que suceda la situación probable negociamos cualquier cosa: “Si me dicen
que no hay ningún problema y que podré tener hijos/as porque sí soy fértil, te prometo que ahora
sí, todos los años vendré virgencita”, “Si sale todo positivo, no volveré a beber alcohol”, “Si el test
de embarazo es positivo, me olvidaré de todo lo que pasó con la familia de mi esposo/a”.
Incluso una vez que la situación se convierte en una realidad irremediable, solemos también
negociar sobretodo con el tiempo, “Aún no estamos preparados para ser padres, cuando lo estemos
vendrá”, “Será cuando Dios quiera”, “Mi cuerpo no está preparado aún, voy a cuidarme mejor”.
La negociación involucra que las personas consideran que de alguna manera pueden influir,
posponer o retrasar la ocurrencia del evento. Pareciera para ellos/ellas que nunca será buen
momento para que ocurra el suceso, suceso que muy en el fondo saben que está pasando.
Lo que recurrentemente se suele hacer es poner la atención en el pasado, volviendo hacia atrás una
y otra vez: “Ojalá me hubiera cuidado y alimentado mejor”, “Si hubiera dejado de tomar…”, “Si
tuviera la oportunidad de comenzar de nuevo actuaría diferente“.
A partir de ello, el proceso de negociación abre dos posibilidades, por un lado, la
autorresponsabilización y por otro, la culpa.
21
En el caso de la autorresponsabilización, ésta genera dolor, pero uno consciente: “Me doy cuenta
que hice mal, quiero dejar de hacer esto, así solo le hago daño a mi pareja”, “Me estoy apresurando
mucho, en realidad hay muchas cosas que debemos resolver primero entre nosotros, luego ya
veremos”, “Eso no está en mis manos, lo que sí puedo hacer es cuidar mi salud y mi relación de
pareja”
En el caso de la culpa, ésta genera sufrimiento: “He sido una mala persona”, “Merezco lo que está
pasando”, “Fui muy irresponsable”; a partir de la cual entramos en un círculo de lamento, nostalgia
y culpa recordando lo que fue e imaginando como podría haber sido diferente, desconectándonos
del presente y por lo tanto, posponiendo el hacer algo al respecto, es decir, la acción.
Debemos tener claro que posponer que algo ocurra bajo la esperanza de una situación mejor no es
lo más saludable. Por esto, es importante aprender a identificar cuando se da la negociación en
nosotros que hacemos diferentes esfuerzos buscando demorar o dilatar que ocurra lo que tiene que
ocurrir.
Algunos mecanismos con los que hacemos esto son los siguientes:

- Posposición: “ahora no es el mejor momento para ser padre/madre, en un par de años tal vez”.
- Búsqueda de la perfección : “cuando me sienta preparada/o, será un buen momento”
- Seguir al grupo : “o lo hacemos los dos o no hacemos nada”
- Defensa de la personalidad : yo soy así, haré las cosas a mi modo, si quiere seguir conmigo me
debe de aceptar como soy”
Psicológicamente, lo que interiormente nos decimos es: “Entiendo que no puedo tener un/a hijo/a
biológico/a, pero si tan sólo encontrara una forma”, “Por lo que pasa, comprendo que es improbable
que tengamos un/a hijo/a, pero tal vez viajando a otro país o buscando otra opinión profesional”

4. Depresión

Una vez en la cuarta etapa, la emoción de tristeza aparece a partir de que tomamos conciencia de
que el evento está ocurriendo obviamente en el presente.
A diferencia de las fases anteriores cuyo foco de atención era el pasado, en la fase de la depresión
lo que ocurre lo podemos sentir en el momento, aquí y ahora, como una sensación de vacío
profundo y de tristeza, sobre todo cuando la ocurrencia del evento es inevitable, y no la puedo
negar, ignorar o evitar.
Entonces las relaciones personales se verán afectadas en esta etapa y en algunos casos muy
intensamente.
Podríamos observar que nuestras conversaciones se tornan monotemáticas, tal vez todo lo que
digamos de una u otra manera se refiere a ese tema, que abordamos generalmente con una actitud
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de crítica o juicio hacia lo ocurrido: “estoy tan triste, ¿para qué seguir intentando hacer algo?”; “no
voy a poder tener hijos/as ¿para qué vivir?; “no me celebrarán nunca el día de el/la padre/madre,
ya nada tiene sentido”; aunque claro sin la energía intensa que tenía la fase de la ira.
También podemos darnos cuenta que progresivamente buscamos estar solos o tener nuestro
propio espacio, espacio en el cual nos conectamos con nuestra tristeza. Puede ser que nos vayamos
a nuestro cuarto y espontáneamente sintamos ganas de llorar, que evitemos reuniones familiares o
con amigos, simplemente para estar en casa, sorprendentemente “sintiéndonos tristes”, tal vez
hasta ni existan deseos de ir a trabajar, de arreglarnos, o tener intimidad con nuestra pareja/o.
En ocasiones, también aparece un co-relato de salud real o ficticio, por ejemplo, podemos sentir
dolores en diferentes zonas del cuerpo, como contracturas, pesadez u otros malestares, también
puede ocurrir que nos dé gripe o resfríos porque nuestras defensas han bajado, todo esto en algunos
casos con signos y síntomas reales y en otros no.
En este contexto, es importante buscar apoyo o aceptar el que se nos ofrece a fin de dar espacio a
la tristeza que sentimos y con la cual tenemos que aprender a lidiar. Es importante cuidar de no
darnos al abandono o asilarnos del mundo, a veces podemos tornarnos callados, silenciosos,
rechazar visitas en casa y pasar mucho tiempo llorando y lamentándonos por lo ocurrido. Estar
atentos para evitar sumirnos en estas actitudes, es vital.
Lo que ocurre en nosotros en la fase de la depresión es tan intenso como lo que le sucede a la
mariposa cuando es inevitable que rompa el capullo de seda, para ser lo que es. Este evento implica
dolor, pero un dolor que permitirá que la sangre bañe sus alas y la transforme en un ser con una
belleza inigualable.
Hay que resaltar que así como en el caso de la mariposa, nadie más puede cumplir con esta tarea.
Así como para ella es inevitable realizarlo, en nuestro caso es responsabilidad nuestra pasar por este
proceso, porque no depende ni puede depender de nadie más, por más que sean muchos los que
nos ofrezcan ayuda. Incluso, no dependerá ni del terapeuta, sino de la apertura de nuestro corazón
para expresar la tristeza que venimos sintiendo por todo lo que ha pasado, “el dolor es inevitable”.
La fase de la depresión es una oportunidad para experimentar nuestra tristeza, darle la bienvenida,
gestionarla y aprender lo que nos quiere enseñar con su presencia en nuestra vida para así
reconectarnos con el sentimiento de amor y cariño.

5. Aceptación

En el caso de esta quinta etapa, sí o sí se espera que sea la final de todo el proceso. En ella no existen
opciones o posibilidades, o aceptamos la situación o la rechazamos, ya sea directa o indirectamente.

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En el caso de la aceptación, no excluye transcurrir por las fases anteriores, aunque es importante
mencionar que de habernos dado la oportunidad de experimentar cada una de ellas nos pondrá en
una mejor condición para afrontarla, tal vez de una forma más rápida y evitando mayores secuelas
o efectos secundarios.
Mientras más pronto nos permitamos aceptar lo que está ocurriendo o lo que ha ocurrido, más
pronto llegaremos a esta etapa, y muy probablemente con menos efectos secundarios.
Es necesario resaltar que aceptar no va a significar sentirse bien, estar a gusto o estar de acuerdo
con lo que ha ocurrido. Aceptar significa asumir la nueva realidad y abrir la oportunidad de
adaptarnos a ella. Por ejemplo, una frase que demuestre cierto nivel de aceptación sería: “Me da
tristeza, pero no necesariamente un/a hijo/a tiene que nacer de nosotros, podríamos ser padres de
otras maneras”, “Tengo que aceptarlo, duele, pero ha pasado lo que ha tenido que pasar, es algo
que está fuera de mi control, quiero prepararme para reponerme de esto y seguir adelante”.
Pero puede también darse el caso opuesto, que no deseemos aceptarla, entonces la rechazamos.
En este contexto, sufriremos dos consecuencias:
1. Vamos a transcurrir por las fases anteriores sí o sí, aunque con mayor intensidad y posiblemente
con mayores secuelas.
2. Es muy probable que nuestro rechazo nos lleve a ser consecuentes con nosotros mismos, por
ejemplo, podemos abandonar a nuestra pareja, dejar el trabajo, mudarnos y separarnos de
nuestra familia y amigos, etc. o convertirnos en aquella persona que es descrita como “el/la
solitario/a”, “el/ la antisocial”, “el/la extraño/a”, “muerto/a en vida” por el resto.
Es necesario enfatizar nuevamente aquí que pasar por este proceso es, y sólo es, responsabilidad
nuestra. Después de pasar por él, seremos conscientes de que en nosotros habrá una sensación de
ligereza, que algunos llaman “paz” y otros “tranquilidad”. Incluso, los dolores y malestares físicos
anteriormente mencionados pueden desaparecer inmediatamente.
Por otro lado, debemos tener en cuenta que la idea tampoco es forzar el proceso o manifestar que
“todo está bien”, porque tal vez nos encontremos en la primera fase, la negación. El proceso de
duelo es altamente personal y no debe ser acelerado, ni alargado, ni aún por motivos de opinión de
los demás. Uno mismo sabrá conscientemente de las etapas por las que ha transitado
saludablemente por la intensidad con las que recuerda haberlas vivido.
Algunas personas ingenuamente luchan o evitan pasar por el duelo, asumiendo que no lo necesitan
o que todo ya está superado. Desde la Psicología se dice que cuanto más luches ante el experimentar
el duelo, más tiempo te tomará resolverlo.
Recuerda que aún te tienes a ti misma/o para dar el primer paso, y si consideras que no podrás
transitar por él sola/o, pues puedes buscar acompañamiento especializado con un profesional o una
red de apoyo.

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Ejercicio 4
A. Te invitamos a leer la historia de Laura.

Decepción y soledad
“Laura y José eran una pareja que después del matrimonio, decidió esperar para tener
hijos/as. Ella era muy carismática y sociable, la mayor parte de las reuniones en las que
participaban eran del círculo de amigos de Laura. Ambos deseaban conocer el mundo y
desarrollarse profesionalmente. Habían sido una pareja que se conocieron por el trabajo,
ambos tenían cargos de gran responsabilidad y confianza en sus empresas.
Sin embargo, luego de un par de años, Laura quedó embarazada. José, su marido, no recibió
la noticia con alegría. Acabada de pagar el importe por el programa completo para una
maestría, con la cual tendría la oportunidad de viajar a Europa el último semestre y conseguir
un ascenso que lo colocaría como Director Financiero en su empresa. Por eso parecía más
bien estar contrariado, en vez de darle un fuerte abrazo de aprecio y amor, se cogió la cabeza
y salió del cuarto.
Después de un rato, regresó. Ilusionadamente Laura pensó que había regresado para pedirle
disculpas tras reflexionar sobre su forma de actuar. Sin embargo, José mirándola fijamente
le preguntó si estaba segura o si sólo se le había retrasado el período. Incluso comentó
“Quizás es el cambio de clima” dado que acababan de trasladarse de Arequipa a Lima.
Laura sintió un fuerte dolor en el pecho, dónde estaba ese José del que ella se había
enamorado y que siempre le prometió que haría todo para verla feliz. Le reclamó a José “¡Yo
también tengo un trabajo muy importante! ¡Una carrera! Pero esto se trata de nuestro bebé,
de nuestra familia ¡¿Por eso es que hemos venido a Lima no?! Al escuchar a Laura José sólo
atinó a molestarse y salir del departamento tirando la puerta. Ese fue el inicio de una
profunda tristeza para Laura, no tenía amigos en su nuevo barrio y no quería abrumar a su
familia con llamadas tristes.
Finalmente dejó su trabajo cuando estaba de siete meses y se quedó en su departamento.
Leía, pensaba, se sentía muy sola —aislada y deprimida— y su relación con su marido parecía
drásticamente alterada. José se ocupaba de ella, muchas veces la llevaba a cenar fuera y era
cortés y atento, pero faltaba algo: ella quería compartir con él la ilusión por el bebé que se
movía en su interior.
José ni siquiera le tocó nunca la barriga, no porque no se atreviera, sino porque parecía
desear que ese intruso desapareciese para no tener que compartir la vida con él. Cuando
Laura, al palparse la barriga, percibió ligeros movimientos, una lágrima le rodó por la mejilla.
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Desde que se habían mudado de casa sólo tenía dos personas con quienes hablar: una
anciana vecina, que también vivía sola; el portero del edificio, que a veces le subía el periódico
o la señorita que una vez por semana iba a limpiar el departamento.
Los días pasaban y Laura estaba cada vez más ilusionada por el bebé. El médico le preguntó
si quería hacerse una prueba para saber si sería niño o niña, a lo que ella respondió que
prefería que fuese una sorpresa. Quería estar preparada cuando el bebé llegase, y leyó todos
los libros que encontró sobre parto natural y cuidados del bebé. ¡Pronto tendría un niño/a y
no volvería a estar sola entre esas cuatro paredes! Preparó la cuna, decorada con los colores
del arco iris, y empezó a mirar jugueterías, muñecos de felpa y ropita de bebé. Incluso
aprendió a tejer mientras esperaba impaciente la fecha del parto.
Poco antes del día previsto para el nacimiento, Laura enfermó. El médico le dijo que
probablemente era un virus y le recomendó que descansara, consejo que le pareció un poco
extraño dado que apenas había hecho nada más en los últimos meses. Excepto cuando iba a
realizar sus habituales ejercicios y paseos, Laura había permanecido todo el tiempo en casa.
No había realizado ningún esfuerzo y no había comido más de lo necesario; sólo comida sana,
a la que le había encontrado el gusto. No había fumado ni bebido. No había engordado
excesivamente y su presión sanguínea y estado general de salud eran excelentes.
Evidentemente, no había motivos para preocuparse.
Al terminar el tejido de una manta para su bebé, le pasó por la cabeza la idea de que «había
en ella una calma terrible» por dentro. ¿Desde cuándo? La noche después de visitar al médico
ese pensamiento le pasó por la mente, pero se dijo a sí misma “Laura, ¿Qué tonterías estás
pensando?” ¿Había pasado por alto el hecho de que últimamente no percibía movimientos?
Seguramente el médico le habría advertido durante la última revisión si algo no anduviera
bien. Trató de ahuyentar sus temores, encendió la televisión, trató de leer, llamó a su marido,
pero no pudo expresar lo que sucedía en su interior.
Los dos días que siguieron son todavía una enorme y borrosa nube negra en la mente de
Laura. Aún hoy, dos años más tarde, es incapaz de recordar los hechos. La manta terminada
ese día, está aún envuelta en el armario. Los juguetes de bebé que compró siguen en las
cajas. Todo lo que Laura recuerda es que no pudo expresar a José sus temores y que, cuando
fue al médico, éste la examinó y, evitando su mirada de desesperación, le indicó que fuera al
hospital para que la examinaran, sólo para librarse de ella, y le dijo que regresase unas
semanas más tarde «si antes no sucedía algo imprevisto».
No ocurrió nada inesperado, pero lo esperado tampoco llegó: su bebé no volvió a moverse,
había muerto. Unas semanas más tarde le provocaron el parto, pero no pudieron extraer al
niño y tuvieron que decapitarlo antes de poder sacarlo. Laura oyó vagamente a la enfermera
de guardia hablar sobre eso. Recuerda que estaba sola en su habitación y oía a las
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enfermeras de noche hablar sobre bebés decapitados. Pensó lamentándose muchas veces
“¡Por qué no regresé al médico para decirle lo que estaba sintiendo! ¡Por qué!”, “¡Todo es mi
culpa! ¡Debí cuidar mi salud!”, “¡Se cumplió lo que José finalmente quería, lo odio!” Frente a
todo esto, quiso gritar muchas veces, incluso imaginando que José estaba ahí presente vino
a ella la sensación y emoción de cólera y rabia, incluso creyendo que de estar él presente le
gritaría todo eso, tal vez hasta lo golpearía o mataría, pero todo esto quedó en imaginación.
Los primeros días contuvo todas estas emociones, aunque le dolían por dentro, pero uno de
los últimos días su cuerpo no aguantó más. Esa noche gritó, lloró y se golpeó lastimándose
tan fuerte que lamentablemente la tuvieron que llevar a emergencias y sedarla. Nunca más
ha vuelto a ser la misma.
Laura recuerda que mientras que estuvo internada por los altavoces del hospital anunciaban:
“Madres, prepárense que es la hora de visita y lactancia a sus bebés”. Y en las habitaciones
adyacentes a la suya, las madres se preparaban para alimentar a sus bebés. Un día, Laura se
asomó por la ventana, y vio a una joven madre en una silla de ruedas con llena de alegría por
cargar a su recién nacido en brazos y a un radiante y joven padre abriendo la puerta del coche
para llevarlos a casa. Su cara se puso caliente y apretó muy fuerte sus manos. Odiaba a esas
personas. Pensaba: “¡No es justo! ¡Yo no he hecho mal a nadie!” No piensa en otra cosa.
Su marido trabaja en la misma empresa, donde lo han ascendido; por ello, pronto se
trasladarán a otro distrito. Laura no tiene nada que hacer; de vez en cuando recibe llamadas
de sus padres, y los sedantes le ayudan a dormir en las noches, a veces se olvida de tomarlos
y se despierta en la madrugada. Gira mirando a su alrededor y pide a Dios: “Si me devuelves
a mi hijo te prometo que no desperdiciaré un segundo de mi vida, haré cambiar a José,
seremos una familia feliz, no pelearemos nunca más”, de esta manera se queda dormida.
Lamentablemente al despertar nada ha cambiado, sigue estando ella, José al costado
descansando, y nadie más. Cae en cuenta de lo que pasó con su bebé y la tristeza vuelve a
invadir su corazón como si le atravesará un cuchillo por el pecho.
José sigue llevándola a cenar fuera de vez en cuando, y ella sigue manteniendo la casa limpia
y en orden. Su marido no quiere hablar de “aquello”. No ha vuelto a ver a su médico desde el
parto. Buscó a otro médico esperando encontrar la razón de lo que pasó, sin embargo, el
nuevo especialista sólo se limitaba a decirle que “eso” era común dada su edad. El único
comentario que hizo su marido sobre el parto fue “Nos salvamos, que hubiera sido de
nosotros si no tuviéramos un buen seguro” refiriéndose al importe de la factura. “Podrías
sonreír siquiera, acaso no estás contenta de que tenga este trabajo, gracias a eso hemos
podido pagar todo esto.”
Los días siguen pasando, pero Laura ni vive ni muere.
Adaptación de la Dirección General de Adopciones de un caso de la vida real
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B. Responde

1. ¿Cómo te sientes después de haber leído la historia de Laura? Explica tu respuesta.


______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________

2. Describe lo que en cada fase le pasa a Laura, lo que hace ella, lo que piensa, lo que siente etc.
Si consideras que no ha pasado por esa deja vacío el espacio:
● Negación______________________________________________________________________

● Ira___________________________________________________________________________

● Negociación ___________________________________________________________________

● Depresión_____________________________________________________________________

● Aceptación __________________________________________________________________________

3. ¿Crees que iniciar un proyecto de adopción en este momento sería lo mejor para Laura? Explica
tu respuesta.
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________

4. ¿Qué cambios deberían de ocurrir en Laura para considerar que podría iniciar un proyecto de
adopción? Explica tu respuesta.
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________

28
C. Ahora, compartimos contigo una serie de frases, sobre las que te pedimos puedas responder
Sí o No, según consideres que el proceso de duelo ha sido o no resuelto. Asimismo, te invitamos
a que si consideras que aún no ha sido resuelto el proceso de duelo, puedas indicar en qué
etapa crees que se encuentra aún la persona y cuál sería la pérdida que está experimentando
o ha experimentado.

¿Ha resuelto ¿En qué etapa


su proceso del duelo se ¿Cuál sería la
de duelo? encuentra la pérdida que ha
Etapa
persona? experimentado
Explica tu la persona?
Sí No
respuesta.
“Mi hijito, nunca debió de haber subido a ese auto… sigo adelante
hijito, yo sé que estás en el cielo, pero se me hace difícil, te quiero
mucho, sólo espero cuando llegue mi muerte, sé que me
encontraré contigo, nadie me entiende (Madre, 62 años)
“A mí no me ha afectado como a ella, cuando me enteré de que ella
había perdido al bebé, no lloré, lo primero que hice fue ayudar a
solucionar los trámites del hospital y darle apoyo, en realidad hasta
ahora no me he sentido mal, tengo que apoyarla a ella, ella es la
que ha perdido al bebé, ella tiene el problema.” (Esposo, 36 años)
“Me da cólera que no se haya preocupado más por la salud de mi
mamá, él como hijo mayor debería haber estado ahí, si él hubiera
estado ahí, hubiera podido hacer algo al respecto, estaba sola
cuando se desestabilizó, extraño mucho a mi madre, sin ella nada
es igual” (Hermana, 45 años)
“Agradezco mucho la presencia de mi hijo en mi vida, él fue una
bendición en mi vida, me enseño mucho, en su momento no supe
valorar que lo tenía. Cuando se enfermó me dolió mucho, llegué
hasta la sensación de querer morir, nos tomó mucho tiempo a mi
esposa y a mí poder seguir adelante. Sé que él ha estado en mi vida
para poder mostrarme en qué tenía que mejorar, en qué podíamos
mejorar ambos, ahora estamos aprovechando nuestro tiempo
juntos como pareja. Más adelante podríamos considerar concebir,
ahora estamos conociéndonos más” (Esposo, 41 años)

“Nosotros, no tenemos ningún problema para concebir, hemos ido


a varios médicos, nos han dicho que podríamos intentarlo
respetando ciertas fechas o intentando por otras formas… pero
para qué intentarlo, claro nunca he quedado embarazada en estos
seis años, creo que si quisiéramos podríamos tener un hijo
biológico, en realidad todo depende de nosotros, pero hemos
considerado mejor la adopción, nuestros amigos nos cuestionan,
no entienden que si quedo embarazada podría tener a mi bebé y a
su hermano adoptivo, total no tenemos ningún problema”
(Esposa, 31 años)

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Día 4
“Somos quienes somos gracias a todo lo perdido y a cómo
nos hemos conducido frente a esas pérdidas.”
(Bucay, 2003)

El proceso de duelo y el proyecto de adopción


Sobre la importancia de la resolución del duelo como parte del proyecto adoptivo, en el Capítulo II
de su libro “Adopción y vínculo familiar”, Vinyet Mirabent & Elena Ricart (2012) señalan lo siguiente:
“Es importante que las personas que solicitan realizar una adopción hayan elaborado
suficientemente sus propios duelos, sus pérdidas y que estén mínimamente conciliadas con
su realidad. A veces es posible que esas personas no hayan podido realizar este proceso
debido a los sentimientos difíciles e intensos que han vivido y que necesiten más tiempo
para digerirlos.
Como decíamos en un capítulo anterior, la mayoría de los solicitantes de una adopción son
personas infértiles, aunque en muchos casos no se sepan las causas, o estériles, cuando sí se
conoce la causa que impide la fertilidad. Decíamos que toda infertilidad conlleva un conflicto
personal y de pareja que es necesario resolver. En primer lugar, el sentimiento de alteración
de su cuerpo, dañado en una función que la mayoría de las personas puede ejercer, y que,
por lo tanto, estimula la sensación de sentirse discriminado con respecto a los demás. En
segundo lugar, el sentimiento de soledad ya que está rodeada de familia y amigos con hijos.
Muchas parejas solicitantes de una adopción han expresado estos sentimientos y cómo con
frecuencia les ha llevado a alejarse de amigos con los que no pueden compartir lo que viven.
Además de estos sentimientos, cuando una pareja tiene claro que no puede tener hijos, la
acompaña una sensación de vacío provocada por el agujero que deja el hijo biológico que no
tendrán. Es importante que puedan conectar con el “no poder” y con los interrogantes que
se despertarán sobre el vínculo con la pareja, sobre posibles relaciones anteriores que no
cuajaron, sobre otras pérdidas vividas en la vida (una pérdida activa el rastro emocional que
han dejado otras pérdidas y la forma en que éstas se han digerido). Toda infertilidad, y aún
más si la esterilidad es declarada, pone en marcha sentimientos complejos, y su elaboración
dependerá por un lado del equilibrio interno de la pareja, de la salud mental de cada
miembro, y por otro de la interiorización que haya hecho de la relación con sus propios
padres (que sí fueron fértiles).
Esta situación comporta siempre la elaboración de distintos duelos:
 El duelo por la pérdida corporal de la capacidad reproductiva, de la función orgánica. 30
 El duelo del miembro estéril, con los sentimientos de culpa y desvalorización que se
pueden despertar en relación con su pareja, que sí es fértil y él-ella le está impidiendo
que pueda tener hijos. A la vez, también la envidia hacia él-ella, que sí puede tenerlos.
Se puede despertar un sentimiento de deuda hacia el otro miembro, y a veces esto
puede llevar a la necesidad de pagar esta deuda precipitadamente: el riesgo sería darle
un hijo por la vía de la adopción tras tomar una decisión precipitada, sin haber
considerado todas esas emociones y sin pararse a pensar en la adopción en sí misma: la
cuestión sería tener un hijo por encima de todo.
 El duelo por el miembro fértil, que debe afrontar la ambivalencia entre el amor que
siente por su pareja y la frustración de no poder tener hijos con ella.
 El duelo por los hijos no nacidos, los hijos imaginarios, fantaseados, producto de la
fantasía consciente e inconsciente creada desde la infancia. Un duelo tanto individual
como de pareja, ya que la pareja había iniciado un camino en su imaginación de posibles
hijos de los dos. Es la renuncia a un hijo que viene de aquel o aquella a quien se quiere,
un hijo que viene del otro.
Así pues, dada la complejidad emocional que se vive en la infertilidad y esterilidad, es
importante que cada miembro pueda realizar un proceso individual y de pareja. […] Es
importante, por tanto, darse tiempo para asimilar y digerir, para poder hacer el tránsito hacia
una nueva etapa. Si una pareja puede afrontar sus sentimientos, podrá tener un espacio
mental para entender que la maternidad y la paternidad son una función diferente de la
reproducción. Podrá vivir la experiencia de que su cuerpo, al no ser fértil, no le permite el
embarazo, pero que su mente, en cambio, puede serlo y puede anidar el deseo de ejercer
las funciones parentales, ligadas no al cuerpo, sino a los vínculos afectivos. Podrán entonces
aceptar su infertilidad y sentir la ilusión por ser padres por una vía diferente, aceptando que
tendrán un hijo diferente al biológico que hubiesen tenido y, por tanto, con necesidades
también diferentes.
Pero hay parejas a las que les es muy difícil sentir el dolor del vacío, de la renuencia y así
darse tiempo para dejar evolucionar los sentimientos. Cuando esto ocurre, el peligro está en
que busquen en la adopción una salida rápida, maníaca y negadora a la situación dolorosa
que no pueden aguantar. Entonces la adopción no ocupa un lugar propio, diferenciado en la
mente, sino que su misión es sustituir, hacer como si el hijo adoptado fuese el biológico que
no se puede tener. Gladys De Zicari (1987) dice que la pareja que ha podido realizar el
proceso de pérdida ha realizado un macrocambio en su vida que le permite acceder a cosas
nuevas sin sentirse demasiado resentida por la renuncia y sin confundir lo nuevo que llega
(el hijo adoptado) con lo que se ha perdido (el hijo biológico). Otras parejas, sin embargo, se
han quedado en microcambios: en ellas el vacío de la pérdida está presente en sus
decisiones, les guía, y es necesario llenarlo como sea […].

31
Pensamos también que es muy importante que la pareja haya llegado conjuntamente a la
decisión de adoptar. Con frecuencia cada miembro realiza su proceso y finalmente la idea de
la adopción parte de uno de ellos, pero es necesario que se establezca en los dos y que la
pareja se dé también tiempo para que la decisión sea compartida. Adoptar un hijo es una
decisión para toda la vida que requiere haber reflexionado y sentir el deseo hacia un niño
que no viene de uno mismo y que no será portador de la continuidad genética. Por ello,
cuando uno de los miembros accede a la adopción para contentar al otro y sólo le acompaña
en su decisión, se corre el riesgo de que después, en el día a día, no pueda sentir suyo al
niño, no asuma las funciones parentales y acabe rompiéndose la familia, con el sufrimiento
consecuente para todos; niños y padres. A veces hemos visto parejas reconstituidas en las
que uno de los dos tiene hijos biológicos, procedentes de una pareja anterior, y no siente la
necesidad de una nueva filiación; ese miembro deja entonces en manos del otro el verdadero
deseo de adoptar y, por tanto, también el vínculo con el menor.
En otros casos, puede ocurrir que uno de los dos no sienta la necesidad de ser padre o madre,
que su vida, a pesar de la infertilidad está llena de proyectos satisfactorios que no pasan por
la parentalidad. De nuevo, el riesgo que conllevaría adoptar en estas circunstancias sería
grande. Es importante ayudar a estas parejas a darse tiempo para meditar, y no tomar
decisiones precipitadas y no asumidas realmente por ambos, lo que les podría llevar hacia
caminos dolorosos para el menor y para ellos mismos.
En ocasiones, los solicitantes de una adopción han sufrido la pérdida de un familiar próximo,
un hijo en edad de crianza o un progenitor. Cada proceso de duelo es diferente en función
de las personas, y cada persona necesita su tiempo, que no es el mismo para todo el mundo.
Ciertamente muchas parejas han podido dárselo y llegar al proyecto adoptivo cuando han
digerido la situación vivida. Pero hemos visto también, en algunos casos, la necesidad de
llenar de forma rápida el vació que la pérdida ha dejado, el intento de no sentir la tristeza
ilusionándose con una nueva persona, un niño adoptado. El problema es que, por el niño
corre el riesgo de no tener un lugar propio, de que se le pida que ocupe el lugar del hijo que
no está y que se convierta en la alegría de la casa para que los padres no sientan tanto su
pérdida anterior. En estos casos, es muy difícil que al hijo adoptado se le pueda reconocer
su propia identidad y pueda desarrollarse él mismo.
Otra pérdida que a veces puede ser difícil de asimilar es la relacionada con la edad y el paso
del tiempo. Así una pareja o persona sola que se vea cercana a la vejez puede tener un
impulso de tapar, de negar el paso del tiempo adoptando a un hijo que le hará sentir joven,
o bien desear la adopción para no sentir la soledad de la propia vida. A veces, personas que
se han quedado con poca familia y que no han podido construir una propia, en un momento
determinado de su trayectoria, sienten que su vida carece de sentido, que no pueden dejar
nada a nadie y no tienen continuidad. Pueden entonces solicitar una adopción para sentirse
acompañadas, para paliar sus vaciós personales, aunque a menudo no son conscientes de
32
sus propios sentimientos. Así, desde el principio el hijo ya tiene asignada su función, su papel,
del que no podrá salirse, a riesgo de una ruptura familiar.
Teniendo en cuenta la tristeza y el dolor que para los solicitantes conllevan estas situaciones
que hemos descrito, pensamos que es muy importante orientarles hacia otras posibilidades
de la vida, también satisfactorias, y parar estos proyectos adoptivos que se basan en otras
motivaciones que no son las parentales y que podrían desencadenar un mayor sufrimiento
en el niño y en los mismos adultos.
Como dice Rotemberg: <<Lo importante es que quien adopte, sea cual sea su circunstancia,
pueda vivir al hijo como propio, pero no de su propiedad>>. Esto significa que los padres,
biológicos o adoptivos, pueden permitir la autonomía y el desarrollo independiente del hijo,
reconociéndoles su propia personalidad, ya que no se le pide que llene vaciós y anhelos de
los adultos. El estado psíquico de los futuros padres condiciona enormemente la cualidad de
las expectativas hacia el hijo y la flexibilidad o rigidez de éstas: condiciona que el nido mental
creado sea adecuado o no para anidar un hijo que llega a través de la adopción y permitirá
en mayor o menor grado la comprensión de sus diferentes emociones, inquietudes y miedos,
recelos y reservas, avidez o agresividad, tan vinculadas a sus experiencias de vida previas a
la adopción.
Como decíamos antes, es muy importante haber digerido suficientemente las pérdidas,
renuncias y frustraciones que hemos sufrido como adultos, para así tener un espacio mental
y unas capacidades psíquicas que permitan acoger precisamente las pérdidas, carencias y
frustraciones que todo hijo adoptivo trae en mayor o menor grado para, en definitiva, poder
acoger el dolor que el hijo necesitará expresar y compartir con los padres, justamente
cuando haya empezado a establecer vínculos con ellos. Lo que está en juego es, pues, la
verdadera vinculación emocional con el hijo.”

Duelo por la infertilidad


Conociendo el proceso de duelo y sus fases, queremos hablar ahora específicamente del duelo
relacionado a la pérdida de la posibilidad de tener un/a hijo/a biológico/a.
Sobre esto Jesús Palacios (2009) menciona:
“Dado que la mayor parte de quienes desean adoptar lo hacen tras la constatación de sus
problemas para concebir o para llevar adelante un embarazo, se plantea con frecuencia la
duda de en qué medida las dificultades relacionadas con la reproducción son compatibles con
el proyecto de adopción. Para la mayoría, esas dificultades son cualquier cosa menos
insignificantes. Por el contrario, suelen producir un impacto emocional negativo (tristeza,
sentimiento de falta de competencia personal, miedo al rechazo social…) que puede afectar
a quien lo padece y a sus relaciones de pareja. Al fin y al cabo, la infertilidad o los problemas
para la reproducción son una pérdida tanto física como psicológica. Y no una pérdida 33
cualquiera, sino de algo tan significativo como el proyecto de convertirse en padre o madre:
se pierde la posibilidad de un embarazo y un parto, de una conexión biológica con el hijo o la
hija, de una relación privilegiada desde el primer minuto con alguien a quien desde antes de
su nacimiento ya se le puede llamar “mío” o “nuestro”.
Si bien esta situación no es un obstáculo para la adopción, debe tenerse en cuenta que
cuando surge de las dificultades para la procreación, el proyecto de adopción no debe tratar
de “borrar” el deseo de la maternidad o paternidad biológica, sino que debe sustituirlo. La
infertilidad no se borra ni se olvida, sino que debe formar parte de la realidad personal de
quien no puede concebir hijos o tiene cualquier otra dificultad relacionada con la
reproducción. Una realidad que debe quedar aceptada e integrada antes de embarcarse en
un proyecto alternativo que nunca será como el original. Mientras las dificultades para la
reproducción biológica sean motivo de daño o duelo significativos, o mientras se esté
tratando activamente de resolver esas dificultades, es mejor no embarcarse en un proyecto
de maternidad o paternidad que, aunque comparta con la biológica muchas cosas, tiene
también su propia especificidad. Adoptar no es simplemente ser madre o padre de otra
manera. Es también, y sobre todo, experimentar un tipo de maternidad y paternidad en
muchas cosas diferente al habitual, así como asumir unas cuantas responsabilidades
adicionales a las que asumen cualquier madre o cualquier padre biológicos. En los casos de
dificultades de reproducción, antes de orientarse hacia el proyecto de adopción es mejor ha-
berse despedido adecuadamente del proyecto de maternidad o paternidad biológicas, con
todas sus implicaciones. Y es necesario aceptar que el nuevo proyecto será en muchas cosas
diferente al anterior. Y, desde luego, que el niño o la niña adoptado nunca será como lo
hubiera sido el biológico, entre otras cosas porque vendrá con una historia previa y con unas
características personales sobre las que no se ha tenido influencia ninguna.”
Sobre el duelo por infertilidad, Pilar Tomás Buitrago (2015) señala también lo siguiente sobre el
duelo por infertilidad “El duelo es un proceso que requiere, por parte del sujeto, una actitud activa
de cambio psicológico, emocional y social, con el objetivo de adaptarse a una pérdida, la cual supone
un cambio en la realidad del individuo. En el caso de la infertilidad, este duelo es singular ya que, la
pérdida a la que el sujeto debe enfrentarse es invisible, hay que adaptarse a la pérdida de un deseo.”

34
Ejercicio 5
A. Te invitamos a realizar la siguiente actividad. Escoge una de las pérdidas que describiste en el
Ejercicio 3 (pág 17). Puedes escoger la más significativa para ti. A continuación realizarás un
dibujo que represente el proceso de duelo de esa pérdida con apoyo de colores. En tu dibujo
puedes incluir símbolos, palabras u otros elementos.

35
B. A continuación te invitamos a desarrollar la ficha “Explorando mi Proceso de Duelo” con la
cual esperamos ayudarte a identificar tu proceso de duelo:

1. Escoge un contexto marcando con un aspa (X):


( ) Infertilidad/Esterilidad ( ) Muerte de un hijo/a ya nacido/a
( ) Embarazo Frustro ( ) No concretar una relación afectiva
( ) Pérdida o muerte de mi pareja ( ) Hijo/a ideal

2. A partir del contexto elegido, nombra la pérdida que atravesaste o estás atravesando:

Lo que perdí fue ____________________________________________________________

_________________________________________________________________________

_________________________________________________________________________

3. Ahora, respecto a esa pérdida, con un aspa (X) selecciona las fases que claramente
identificas haber transcurrido:
( ) Negación ( ) Ira ( ) Negociación ( ) Depresión ( ) Aceptación

4. Considerando las etapas de tu duelo, une el nombre de la etapa con el número que
describa el orden en el que identificas haberla experimentado. Si existe el caso de que
consideras haber vivido dos etapas simultáneamente, puedes asignarles el mismo orden:

Fases Orden
Negación ● ● 1º
Ira ● ● 2º
Negociación ● ● 3º
Depresión ● ● 4º
Aceptación ● ● 5º
Considero que no la he

experimentado

5. A continuación describe tu vivencia en cada etapa del duelo. Considera las fases que
claramente identificas haber transcurrido y que marcaste en el punto 3 de este ejercicio.

36
¿Cuánto tiempo ¿Cómo expresaste ¿Algún área de tu
Etapa ¿Qué sentiste?
duro? lo que sentías? vida se vio afectada?

Negación

Ira

Negociación

Depresión

Aceptación

6. Hasta este punto, tras haber realizado esta exploración, califica del 1 al 10, ¿En qué medida
crees haber superado tu duelo? Marca con un aspa (X):

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
Nada Totalmente
superado superado

7. Consideras que es importante para ti recibir acompañamiento especializado para superar esta
pérdida?

( ) Totalmente, lo necesito con urgencia.


( ) Tal vez, podría ayudarme en algo.
( ) No lo necesito, ya está superado.
( ) No deseo, puedo solo/a.
( ) Lo estoy llevando en este momento.

37
Día 5
“Perdemos no sólo a través de la muerte sino también
siendo abandonados, cambiando, siguiendo adelante.”
(Bucay, 2003)

El proceso de duelo en niñas, niños y adolescentes en desprotección familiar y


adoptabilidad
Uno de los objetivos de esta semana es poder reflexionar y darnos cuenta de que todos los seres
humanos pasamos por pérdidas, sin excluir edades, condición social, o nivel educativo. El dolor de
una pérdida siempre estará presente, aún en los/as niños/as.

Tipos de pérdida en las niñas, los niños y adolescentes (NNA):


En el caso de los/las niños/niñas/adolescentes en situación de desprotección familiar y
adoptabilidad, así como en los adultos, podemos hablar también de diferentes tipos de pérdida
siguiendo la propuesta de Tizón (2004):

1. Pérdidas relacionales:
En los/las NNA en situación de abandono ocurren las siguientes pérdidas: de su padre, de su
madre, de sus hermanos/as si los tenía, de su mascota, de sus amigos/as, de su familia extensa,
personajes de su vida con los que ha perdido el vínculo. Incluso en algunos casos por la pérdida
de nunca haber tenido una madre, un padre o una familia biológica como los otros niños/as la
han tenido.

2. Pérdidas intrapersonales:
Relacionadas con ellos/ellas mismos/as. Por ejemplo, el ya no ser integrante de una familia o no
ser más “hijo de…”, sino ahora vivir bajo una etiqueta de ser “un niño/a abandonado/a” y sin
padres. También el de ser un “hijo/a no deseado/a” o “ser un niño/a rechazado/a”.

3. Pérdidas materiales:
Vinculadas a la pérdida de sus objetos o posesiones personales. Por ejemplo, el hogar donde vivía
con su familia, sus juguetes, sus útiles escolares, su ropa, su colegio, su dormitorio, etc.

38
4. Pérdidas evolutivas:
Sobre todo si se trata de un grupo de hermanos/as donde de una u otra manera el mayor
adquiere cierta responsabilidad del cuidado de sus hermanos/as menores.

Fases del proceso de duelo en los NNA:


También frente a esta diversidad de pérdidas surge el duelo, que como ya se mencionó, se trata de
un proceso de adaptación en los niños, niñas o adolescentes frente a una pérdida que por supuesto
incluye una serie de fenómenos psíquicos con un correlato, conductual, emocional, cognitivo y
social que se observarán a lo largo de las cinco fases descritas: negación, ira, negociación, depresión
y aceptación.
1. La fase de la negación preguntándose “¿Qué dices? Mis padres van a volver, para qué voy a
desempacar. Tengo que estar listo/a para cuando vuelvan por mí”, “¿Cómo crees que mis
padres me pueden haber abandonado?, eso no hacen los padres”, “No quiero hablar de eso,
eso no es verdad”, “Eso es verdad, ellos van a arreglar sus problemas y vendrán a recogerme,
yo los esperaré, sé que vendrán.”, ¿mi mamá siempre me decía que volvería?
2. La fase de la ira diciendo: ¿Cómo un padre/madre puede hacer eso? ¡Lo/la odio! ¿Cómo
pudieron hacer eso?”, “¡No signifiqué nada para él/ella/ellos!, ¡Él/ella/ellos nunca me
quisieron!” mientras muestra molestia en su rostro y tal vez patea al piso o golpea la
almohada.
3. La fase de la negociación diciendo “Si él/ella/ellos vuelven me portaré bien siempre, no los
haré renegar”, “Me esforzaré y seré un/a buen/a hijo/a si regresan por mí”.
4. La fase de la depresión diciendo “Él/ella/ellos me abandonaron, nunca me quisieron”, “Dicen
que una madre/padre hace todo por un/a hijo/a pero la/el mía/o me abandonó”, “No le
importé a nadie, lo más fácil fue dejarme en un albergue” mientras llora o busca estar solo
y tal vez aislarse en su cuarto.
5. La fase de la aceptación “Siento mucha tristeza por no estar con mis padres, pero ellos no
podían cuidarme, no sabían cómo”, “Estar con él/ella/ellos no hubiera sido bueno para mí,
era/n muy violento/a/os”, “Mi madre/padre no estaba sano como para cuidar bien de mí,
me hubiera ido muy mal. Estaba mucho tiempo sólo o con personas extrañas. Ahora puedo
tener una familia que me quiera.”

Aspectos a considerar en los NNA frente a la situación de abandono:


Cuando un/a niño/a nace su primera necesidad es el amor, ya sea de su progenitora, de su
progenitor o de alguna persona que cumpla con ser la figura parental. Todos en nuestros primeros
39
años de vida hemos tenido esta necesidad, necesidad que de diversas formas intenta ser satisfecha
al estar en contacto con nuestra madre y/o padre, considerando las carencias afectivas que éstos
además pueden tener. Seamos sinceros, nadie ha tenido el privilegio de tener padres perfectos, por
lo tanto en algún momento y en alguna medida a todos nos ha faltado el amor, es decir todos hemos
sentido miedo, ¿por qué miedo? Porque lo opuesto al amor es el miedo.
Ahora lo vamos a explicar. Si nos damos cuenta todos en nuestra infancia hemos sentido en distinta
medida miedo al vivir la inseguridad que nos brinda la ausencia física o afectiva de una persona
significativa en nuestra vida. Por ejemplo, siendo muy pequeños/as si nuestro padre/madre se
alejaba o si demoraba en volver sentíamos miedo y seguramente llorábamos pidiendo su presencia;
si nuestro padre/madre nos regañaba por algo seguramente nos asustábamos y temerosos
empezaban a correr lágrimas por nuestro rostro, claro después tal vez hacíamos un berrinche y nos
mostrábamos molestos, pero lo primero que había pasado en nosotros era una sensación de miedo
frente a lo que había sucedido.
Y qué pasa cuando por ausencia de amor sentimos miedo. ¿Qué es lo que los seres humanos
naturalmente hacemos cuando sentimos miedo?. En función de la propuesta de Claudio Naranjo
(2000) compartiremos a continuación un ejemplo para explicar este punto: Ves una araña cayendo
del techo frente a tu rostro, ¿Qué haces?. Algunas personas pensarán “La aparto inmediatamente,
tal vez golpeo agitadamente, le grito eufóricamente (como si la araña me entendiera)” con el único
objetivo de alejar esa amenaza; mientras que otros/as pensarán “Me congelo, no sé qué hacer,
estoy como espantado/a, y lo único que hago es retroceder tratando de alejarme del peligro”. Como
vemos naturalmente los seres humanos tenemos dos mecanismos de defensa frente al miedo, por
un lado, la agresividad y por otro, la evitación.
Llevemos entonces esta situación al abandono.
Vemos que los niños, niñas o adolescentes abandonados pasan por una experiencia de extrema
ausencia de amor ¿te imaginas que te abandonen? Y más aún, ¿qué te abandonen aquellos seres
que supuestamente son los que más te deberían de amar y proteger? ¿doloroso, no? Por supuesto
que al pasar por esta experiencia tan intensa de falta de amor, estos niños, niñas o adolescentes
sentirán un miedo inimaginable, que se traduce en la sensación de inseguridad, desprotección,
desconfianza, etc., más aun estando en un periodo de su vida en el que en comparación a un adulto
que también vive estas sensaciones, tienen menos recursos para afrontar el mundo y aún necesitan
de un vínculo de dependencia que les garantiza el sentirse seguros/as y la posibilidad de un
saludable desarrollo e incorporación a la sociedad a partir de la presencia de personas significativas,
como lo son un padre y/o una madre.
En el caso de los niños, niñas o adolescentes abandonados tras ésta experiencia que implica vivir
intenso miedo, en un inicio responden naturalmente como todo ser humano actuaría. Por un lado,
algunos podrían tornarse agresivos frente a la nueva situación que por supuesto implica estar ahora
solo en este mundo. Por ejemplo, pueden mostrarse irritables, agresivos pueden gritar, jugar
40
toscamente, hacer berrinches, etc. Por otro lado, algunos niños podrían buscar “esconderse”,
alejarse de las personas o estar solos evitando compartir con otros lo que sienten.
Este actuar es natural considerando que frente a lo que les está pasando “el mundo ya no es un
lugar seguro” y una forma de auto protegerse es o “atacando” o “evitando” sin entender aún que
lo que hagan no cambiará la realidad, ya que la misma no depende de ellos/ellas, es simplemente
algo inevitable.
Sin embargo, un factor importante a considerar es la edad del niño, niña o adolescente. Por ejemplo,
en el caso de un bebé, éste no ha alcanzado aún un estado madurativo suficiente a nivel cognitivo,
emocional o físico, como para poder valerse por sí mismo, inclusive le será casi imposible que
retenga en su memoria el recuerdo del ser que lo abandonó, como tal vez sí lo hará un niño o niña
más grande. En este caso, seguramente el bebé en un futuro requerirá contar con la construcción
del relato de su historia de la mano de su padre y madre adoptivos, para poder elaborar su
experiencia y desarrollar su identidad como ser humano.
A pesar de esto, vemos que en el caso de un/a bebé o de un niño/a, la sensación de pérdida llegará
y por lo tanto, necesitará procesar su duelo, ya que el proceso de duelo implica transitar por el dolor,
pero con la posibilidad de limpiar y cicatrizar la herida.
Por todo esto, es importante que los padres se preparen para acompañar en este proceso a sus
hijo/as adoptivos/as, “nadie puede dar lo que no tiene”. Si hemos cerrado nuestro propio proceso
de duelo estaremos en mejores condiciones de acompañar a nuestro/a hijo/a adoptivo/a en el suyo
porque hemos pasado por la experiencia de pérdida, la hemos resuelto y entendemos todo lo que
implica. Así estaremos en la capacidad de consolidar un vínculo auténtico y profundo.
Bajo esta situación, entenderemos que a veces el otro, en este caso nuestro/a hijo/a, necesitará
llorar, hacer un berrinche, agredir, jugar en silencio, ir a un rincón a estar solo/a, incluso tal vez
buscando seguridad mostrará conductas regresivas (conductas de cuando era más pequeño):
mojará la cama, se chupará el dedo, empezará a hablar como un bebé, etc.; todo esto lo hará como
una manifestación de su necesidad de expresar lo que está sintiendo frente a la pérdida, esperando
sobretodo del otro su cercanía, su comprensión y muchas veces únicamente una presencia y cálida
escucha y entendimiento libre de juicios y castigos.
Por el contrario, si frente al proceso de duelo que pasa el niño/a adoptado/a, el padre o la madre,
o ambos, están imbuidos en sus propios conflictos de pareja o personal y aún más tienen duelos no
resueltos, les será muy difícil ser sensibles a lo que está viviendo su hijo/a adoptivo/a generando en
el/la niño/a la sensación de inseguridad y riesgo constante y por lo tanto la posibilidad que “puedo
volver a vivir una nueva pérdida”, desencadenando lamentables consecuencias en el estado
emocional y salud mental del niño/a.
Recordemos que los niños, niñas o adolescentes en abandono han vivido una experiencia en la que
les han quitado el amor, los han dejado solos, de esta manera, les han cortado el vínculo que tenían
41
de seguridad sea con lo que sea que lo tenían. Por lo tanto lo que habrá que restituir es ese vínculo
que está dañado y lastimado.
Por esto, hacemos énfasis en la importancia de la preparación de los padres/madres para el
acompañamiento de su hijo/a adoptado/a. No será el mejor juguete, la mejor casa, el mejor
dormitorio, la mejor ropa, comida, la que devuelva la esperanza y restituya la alegría de vivir a éste/a
niño/a o adolescente. Sino será el vínculo que ellos/as establezcan con su hijo/a, y ese proceso
tomará tiempo.
Imagina que tienes una herida en alguna parte de tu cuerpo (mano, brazo, pie, etc.) que lleva
bastante tiempo sin atención, sin curación y por lo tanto aún, en el fondo, a pesar de que
aparentemente ha cicatrizado porque dices que no la sientes, está ahí latente, limitando el que
puedas disfrutar la vida al máximo porque cada vez que algo roza o la toca en realidad sientes dolor
y no te permite movilizarte plenamente. ¿Te animarías a curarla? ¿Crees que sería sencillo? ¿Su
curación dolería? ¿Sería rápida su curación o tomaría tiempo en cicatrizar? Recuerda que ha estado
bastante tiempo ahí sin atender.
Con esto queremos explicarte que algo similar va a pasar a nivel emocional en los niños/as
abandonados/as. La situación que han vivido les ha producido una herida muy profunda y dolorosa,
que algunos dentro las limitadas estrategias que han desarrollado para solucionar los problemas de
la vida, ya sea por su edad o simplemente porque nadie les ha enseñado, han transformado en
agresividad, en aislamiento, en problemas alimenticios, etc; pero al final, todas simplemente son
manifestaciones de los mismo, que hay una herida ocasionada por la falta de amor, herida que
tomará tiempo en curarse, pero sobretodo tomará aquello cuya ausencia la ocasionó, el amor.
Tal vez, podríamos pensar que en el caso de niños/niñas con diversos antecedentes, esto no siempre
será así, porque imaginamos que sobretodo lo biológico y lo genético serán determinantes para
cómo ellos/ellas se vayan a comportar. Sin embargo, podemos decir y afirmar que en la gran
mayoría, por no decir todos, lo que primará será la calidad del vínculo establecido, porque son seres
humanos como nosotros. En palabras de Irvin Yalom (1984) “lo que cura es el vínculo”, vínculo
mediante el cual como padre/madre podremos acompañar a nuestro/a hijo/a en su proceso de
curación de aquello que le causó y le causa dolor. Así como cuando nos iban a aplicar el
medicamento en la herida, el cual sabíamos que nos sanaría pero que también nos haría llorar
porque al actuar frente a las bacterias que contaminaban el área donde nos habíamos lastimado
nos ardería, picaría o quemaría; asimismo, en las experiencias de vida pasaremos inevitablemente
por cierto dolor para curar y cicatrizar lo que nos pasó. Incluso, tal vez después del proceso de
curación nos quede una cicatriz; sin embargo, ésta será una marca o señal que estará en nosotros/as
y que nos hará recordar lo que vivimos, pero lo distinto y hermoso, será que lo recordaremos sin
sentir dolor como antes lo sentíamos con intensidad cuando aún no estaba curada.
Dentro de este proceso ¿Qué esperaríamos de las personas que estén a nuestro lado? ¿Qué nos
exijan? ¿Qué nos regañen? ¿Qué nos digan que aguantemos y no derramemos ni una lágrima? Por
supuesto que no, al menos si aún no hemos perdido nuestra sensibilidad no será así. En este 42
momento lo que más nos gustaría, y lo que esperan los niños, niñas o adolescentes es contar con la
presencia de alguien que los/las acompañe con auténtico amor, que entienda lo que están pasando
y que tenga la paciencia suficiente para seguir estando a su lado todo el tiempo que dura su proceso
de curación, proceso luego del cual podrán estar en completa posibilidad de volver a sentir amor y
por lo tanto establecer un nuevo vínculo con un padre y/o madre.
El pensar que el padre y/o la madre lo/la abandonaron, dejándolo/la indefenso/a para sobrevivir
por sí mismo/a; es decir, la fantasía de “yo no signifiqué nada para mi padre/madre”, es una de las
experiencias más dolorosas e inexplicables que una persona pueda pasar.
Para un niño pequeño o niña pequeña, la muerte y la ausencia son equivalentes. El abandono es un
duelo y como ya se mencionó, se trata de una serie de fenómenos psíquicos que ponen en marcha
un proceso que sobreviene a partir de una pérdida, dentro de los que se incluirán sentimientos
relacionados a la desconfianza y miedo, mecanismos con los que inconscientemente el NNA busca
protegerse frente a la posibilidad de ser defraudado o frustrado nuevamente.
Un/a bebé no ha alcanzado un estado madurativo suficiente, a nivel emocional, para poder realizar
un trabajo o elaboración de duelo, tampoco podrá retener en la memoria el recuerdo del ser
perdido, como podría sucederle a un niño o niña más grande. Por este motivo para poder elaborar
lo vivido deberá contar con la construcción del relato de su historia de la mano de su padre y madre
adoptivos.
El duelo puede elaborarse y cicatrizarse la herida, sólo si no se niegan los sentimientos y se comparte
el dolor. A veces lo que se necesita del otro que está cerca, es que pueda compartir y, sólo, nos haga
sentir que comprendió. Porque quizás hayan personas que se guarden para sí mismas y no le hagan
saber al otro lo que sienten, quedándose aún más solas.
Si los padres/madres adoptantes valoran la preparación emocional con la importancia real que tiene
para el niño o la niña, es decir si pueden comprender lo fundamental de lo que ellos/as le dan y de
lo que el hijo adoptivo o la hija adoptiva es para ellos, no como un acto de caridad, sino como una
necesidad mutua, será más fácil elaborar el duelo anterior y consolidar un vínculo profundo.
Más aún si pueden fortalecer su identidad como hijo o hija por proceso de adopción. No todos los/as
niños/niñas que nacen, han sido deseados, pero los niños/niñas adoptados tienen el privilegio de
haber sido deseados/as por los padres y/o las madres adoptantes.

43
Ejercicio 6
A. Vuelve a la página 17 y ubícate en el cuadro del ejercicio 4. Escoge la pérdida más significativa
para ti. A continuación, te invitamos a que escribas un cuento que hable de esta pérdida. Usa
tu creatividad para describir lo que pasó incluyendo personajes, elementos y situaciones, que
te ayuden a contar en lenguaje sencillo y atractivo lo que sucedió de tal manera que pueda ser
comprendido por niños/niñas y adolescentes.
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B. Después de haber redactado tu cuento, responde las siguientes preguntas:

1. ¿Qué título le pondrías a tu cuento?

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2. Vuelve a tu cuento. Lee lo que has escrito. Fíjate cómo te sientes. Ahora, responde ¿qué sientes
al leer tu cuento?

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3. ¿Qué moraleja crees que podría tener este cuento?

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4. Si fueras otra persona y tuvieras la oportunidad de leer el cuento, ¿qué le dirías al autor sobre
la experiencia de leer su cuento?

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Bibliografía
- Bisquerra, R. (2016, mayo, 22). Universo de emociones: la elaboración de un material
didáctico. Publicación del Congreso Internacional de Inteligencia Emocional y Bienestar II.
http://www.ub.edu/grop/wp-content/uploads/2014/03/UNIVERSO-DE-EMOCIONES-R_BISQUERRA-
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