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Conquistadores Españoles Época Precolombina

La América precolombina y la conquista del Nuevo Mundo

El año 1492 marcó en España el comienzo de una época que inauguró nuevas
maneras de pensar a la vez que redujo libertades
sociales. La toma de Granada, el último reino
musulmán en la Península Ibérica, por los Reyes
Católicos significó el fin de la “reconquista” cristiana
de la península. Por una parte, este hecho ayudó a
fortalecer la identidad naciente de una España unida,
ejemplificada en la Gramática de la lengua de Nebrija,
que normalizó un idioma oficial común para todo el reino; por otra parte, alimentó el
fanatismo religioso que llevó a la expulsión de los judíos y aumentó el poder de la
Inquisición. El humanismo renacentista dominó el ámbito cultural, mientras que el
espíritu guerrero de la reconquista se dirigiría muy pronto hacia un continente a punto
de ser “descubierto”. La culminación de la época de la conquista cristiana permitió
también que los Reyes Católicos consideraran una extensión de su poder a otros
territorios europeos. Los avances tecnológicos hicieron posible la búsqueda de nuevas
rutas marítimas comerciales al Extremo Oriente, pues las rutas terrestres habían sido
cortadas por los turcos. Los europeos establecieron colonias y puestos de comercio en
lugares estratégicos a lo largo de estas rutas. Para el año 1444 Portugal ya había
establecido una pequeña base en Cabo Verde, en la costa occidental de África, que le
sirvió como avanzada de exploración y mercantil, y
más tarde para un lucrativo comercio de esclavos.

En 1492 los Reyes Católicos consideraron por


segunda vez la petición de un marinero genovés
llamado Cristóbal Colón de financiar un viaje para
encontrar una ruta a las Indias por el Oeste. De hecho,
Colón pensó que había llegado a las Indias. Esta idea
equivocada le dio su nombre a las poblaciones
indígenas de América, cambió drásticamente su historia y dio paso a una nueva época
en la historia de España. La colonización española de América fue el proceso por el que
se implantó en el Nuevo Mundo una administración que pretendía ser imitación o
duplicado de la administración peninsular contemporánea.1 Este periodo se extendió
desde 1550, hasta el 13 de agosto de 1898 siglo XIX, cuando la bandera española fue
arriada en San Juan de Puerto Rico.

La colonización de América fue efectuada sustancialmente por la Corona de Castilla


(ligada a los reinos indianos dinásticamente) y es la
continuación de una primera expansión y experiencia
colonizadora del Reino de Castilla en las Islas
Canarias, en las cuales ensayó por primera vez a cierta
escala la experiencia de conquistar, repoblar y
administrar un territorio nuevo, habitado por pueblos
desconocidos, asimilándolos y cristianizándolos en el
proceso. Así, las tres últimas grandes islas de Canarias fueron completamente
sometidas en los años 1478-1483 (Gran Canaria), 1492-1493 (La Palma) y 1494-1496
(Tenerife) aunque el impulso colonizador arranca mucho antes, en las otras islas del
archipiélago. Esta experiencia y la existencia de fórmulas desarrolladas para solucionar
los problemas de fundación de nuevas ciudades, pactos y enfrentamientos con los
naturales del país, designación y atribuciones de los Adelantados militares, engranaje
de los aparatos administrativos: religioso, civil y militar,
fueron luego ampliamente usadas en América, tienen
sus antecedentes lejanos en la experiencia de la
Reconquista y repoblación de la Península Ibérica y
explican en parte el extraordinario éxito de la
colonización.

A partir del siglo XV, los territorios y naciones


indígenas fueron incorporados por la monarquía española a través de la Conquista de
América, formando parte de un proceso histórico más amplio denominado
mercantilismo, dando lugar al Imperio español en América. A lo largo del siglo XIX, con
la caída del absolutismo y la transformación de España en un Estado liberal, tiene lugar
la independencia hispanoamericana.

Gracias a la célebre bula del papa Paulo III


Sublimis Deus de 1537 que declara a los indígenas
hombres con todos los efectos y capacidades de
cristianos, hubo un gran contraste entre la
colonización española, la anglosajona y francesa en
América. En el Imperio Español la unidad social se
concebía a través de la unidad de la Fe de la Iglesia católica. Una de las importantes
consecuencias de esta colonización fue el mestizaje en América. Los Reyes
establecieron una política exterior común marcada por los enlaces matrimoniales con
varias familias reales europeas que resultaron en la hegemonía de los Habsburgo en
Europa durante los siglos XVI y XVII. Por otra parte el descubrimiento de América a
partir de 1492 modificó profundamente la historia.

Primeros asentamientos y la cuestión del reparto

El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón llegó a América, a


la isla de San Salvador, ubicada en el archipiélago de las
Lucayasnota, creyendo en realidad que había llegado a la
India. El 5 de diciembre de 1492 Colón llegó a la isla
Española, actualmente dividida en dos países, (Haití y
República Dominicana), y formó allí la primera colonia
europea en el nuevo mundo.

La expansión castellana hacia el oeste produjo tensiones con Portugal, pidiendo ambos
reinos la mediación del Papa. Por la bula Inter Caetera de 1493, el papa Alejandro VI
delimitó el área de influencia que cada reino podía reclamar al otro, con una línea de
polo a polo situada 100 leguas al oeste de las Azores. Poco después, el Tratado de
Tordesillas de 1494, trasladó la línea fronteriza a 370 leguas al oeste de Cabo Verde,
abriendo así una amplia zona al este de Sudamérica, para la expansión portuguesa,
que se conocería posteriormente como Brasil.
ANTIGUAS CIVILIZACIONES DE AMERICA

Se desconoce gran parte de la historia indígena de América antes de la conquista


porque ésta se conservaba principalmente en la
memoria colectiva, y era transmitida oralmente. Lo que
se ha podido reconstruir de la historia de pueblos como
los guaraníes de la Argentina y Paraguay, los mapuches
de Chile, o los potiguares y tupíes del Brasil es muy
poco porque el choque de la conquista destruyó su
historia. Los textos que permiten reconstruir el pasado de civilizaciones más avanzadas
se reducen a los códices de escritura pictográfica que sobrevivieron la destrucción
generalizada de este tipo de material por los españoles—como el Códice Florentino--, a
historias indígenas escritas después de la conquista por autores mestizos, y a las
crónicas redactadas por los conquistadores y clérigos españoles.

El Caribe: Las Antillas del Mar Caribe fueron el escenario del primer contacto entre
españoles e indígenas en el Nuevo Mundo. Las Antillas
Mayores (Cuba, Jamaica, La Española y Puerto Rico)
estaban habitadas por indígenas llamados taínos. Las islas
de las Antillas Menores estaban pobladas por tribus que los
conquistadores llamaron “caribes”. Ambos grupos eran
tribus araguas (arawaks) que habían llegado a las islas en
oleadas sucesivas desde Sudamérica. Los caribes
adquirieron fama entre los conquistadores de ser muy violentos, de donde surgió el mito
de los “caníbales”, salvajes que comían carne humana. Estos grupos prácticamente
desaparecieron poco después de la llegada de los españoles. Sin embargo, hay
palabras de su vocabulario que pasaron a la lengua española, entre ellas ‘hamaca’,
‘huracán’, ‘barbacoa’, ‘bohío’ y ‘guayaba’ y ‘cacique’.

Los mayas: Entre las civilizaciones que los españoles


encontraron en el “Nuevo Mundo” destacan tres: los mayas,
los aztecas y los incas. Los mayas llegaron a constituir un
imperio importante alrededor del siglo X d.C., cuando tenían
su capital en la ciudad de Chichén Itzá y controlaban gran
parte de la península de Yucatán. El declive de su imperio
ocurrió de manera rápida, y existen diversas teorías sobre su
causa. Se conservan dos textos principales de la cultura
maya: el Popol-Vuh, un compendio de leyendas escrito en
español después de la conquista, y otro de documentos culturales, el Libro de Chilam
Balam.

Los aztecas: El imperio azteca creció sobre las ruinas de civilizaciones anteriores en el
valle central del actual México. En el momento de su
apogeo (que coincide con la llegada de los
españoles), el imperio abarcaba un vasto territorio
que se extendía desde el sur de los Estados Unidos
hasta Guatemala. Los aztecas asimilaron la cultura
y la religión de los toltecas, una civilización antigua
que había dejado su huella trescientos años antes
en el valle de México. Los toltecas a su vez
asimilaron rasgos culturales y religiosos de los teotihuacanos, cuyo centro ceremonial
más significativo se encontraba en Teotihuacán, al norte de lo que es hoy la ciudad de
México. El mito de fundación azteca propone que los dioses ordenaron a los mexicas
fundar su capital en un lugar donde vieran un águila comiendo una serpiente sobre un
nopal (un tipo de cactus). La escena ocurrió, según el mito, en una isla en medio del
lago Texcoco, donde los aztecas establecieron la capital de su imperio, Tenochtitlán (la
escena es el escudo oficial del México moderno, y se reproduce en su bandera). La
ciudad de Tenochtitlán fue fundada en 1325 por los mexicas, quienes se consideraban
herederos del dios Quetzalcóatl. El nombre “azteca” es de factura posterior a la
conquista, y alude a Aztlán, la tierra mítica original de este pueblo de México, a quienes
debería llamarse en propiedad “mexicas” o “tenochcas”. De su lengua, el náhuatl, se
han incorporado algunos vocablos al español: ‘chocolate’, ‘maíz’, ‘coyote’, tomate’ y
‘comal’, entre otros.
En el siglo XV los aztecas expandieron su influencia hasta los límites geográficos ya
mencionados, impulsados por una súbita explosión demográfica, una clase alta
militarizada, y la naturaleza guerrera del culto azteca al dios Huitzilopochtli. Esta deidad
solar guerrera requería alimentarse con la esencia de la vida, que se encontraba
solamente en la sangre humana. Los aztecas creían que el universo se sustentaba con
el sacrificio humano. La guerra y el tributo de seres humanos impuesto a los pueblos
conquistados eran maneras de obtener prisioneros para sacrificar a su dios. Los
españoles luego justificarían la conquista de la nación azteca debido a la naturaleza
“salvaje” de los indígenas, ejemplificada principalmente en la práctica del sacrificio
humano.

Los incas: El imperio de los incas, llamado el Tawantinsuyo, se asentaba en las


regiones andinas del Perú. La civilización incaica
superó a la azteca en su extensión geográfica y
organización política. En el siglo XV la influencia
incaica se extendió hacia el norte por toda la costa
hasta Ecuador, y hasta el Río Maile, en Chile, al sur.
El poder incaico residía en el Cuzco, una ciudad en
las alturas de los Andes. Los incas habían habitado
esa región desde el siglo XIII, pero empezaron a aumentar su poder en el siglo XV,
cuando los cuzqueños se apoderaron de los pueblos cercanos y pusieron en marcha un
proyecto de expansión bajo el liderazgo de Túpac Yupanqui. La organización política
del territorio incaico se realizó bajo el ayllu (tribu) de Sapa Inca, la familia de Tupac
Yupanqui, y se basaba en un sistema de alianzas entre los pueblos autóctonos y el
poder central incaico. Los pueblos aliados a los incas eran obligados a pagar tributos al
gobierno central, lo que provocaba resentimientos locales que mantuvieron al imperio
en un permanente estado de inestabilidad. Al igual que en el caso de los aztecas, la
aplicación del nombre “inca” a toda la población es un error histórico, pues este nombre
se refería exclusivamente a la alta nobleza del Tawantinsuyo.