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IMÁN DE LOS

CORAZONES

El Sagrado Corazón
enamorado de los
hombres
I)E

LOS CORAZONES.
HAN DE LOS CORAZONES.
EL SAGRADO

CORAZON DE JESÚS,
ENAMORADO

DE LOS HOMBRES.
Probé, fili mi, cor Inam mihi.
D am e, h ijo m ío, lu eorazon.
Prov. x x m , 2G.

POR UN SACERDOTE
de la Compañía de Jesús.

C o a r ta e d ic ió n .

U B C EL«!U .
Librería de Francisco R osal, heredero de J. Gorgas.
calle (le la Ilorio, n .” 13.—1884.
D. Carlos Maria Maldonado,
P resb ítero , R e d o r y Catedrático de S a ­
gra d a Teología en el Sem inario Conciliar
de S a la m a n c a , E x a m in a d o r S in o d a l, etc.

Por encargo del lim o. Sr. Dr. Don


Anastasio Rodrigo Y uslo, Obispo de
Salam anca, he revisado coa detención
el opúsculo Ululado: Im án de los co­
razones : el Sagrado Corazon de Jesús
enamorado de los hombres. En dicha
obra no solo no he encontrado nada
que se oponga ¿i los principios de nues­
tra santa Fe y m oral c ristian a; antes
bien he hallado muchas cosas, las cua­
les conducen indudablemente al pia­
doso fin que se propone su a u to r, esto
e s , de propagar y poner al alcance de
lodos los fieles la devocion al Sagrado
Corazon de J e s ú s , la cual parece des­
tillada á despertar la F e, y reformar
las costumbres de los pueblos.
Salamanca 1 .° de junio de i 860.—
C a r l o s M a r ía M a l d o n a d o .

En vista del precedente dictamen y


censura damos nuestro permiso para
que se imprima la obrita titu la d a :
Im án de los corazones: el Sagrado Co­
razon de Jesús enamorado de los hom­
bres. Y persuadidos de su utilidad es­
piritual concedemos cuarenta días de
indulgencia á los que practicaren los
ejercicios de devocion que en ella se
designan.
Salamanca 1 .° de junio de 4 860. —
Anastasio , Obispo de Salamanca.
PROLOGO.

No es mi ánim o, benévolo lector,


ofrecerle una obra completa de la de­
voción al Sagrado Corazon de Jesús,
ni tampoco un libro raro en el que na­
da encuentres que no hayas quizá leí­
do en otras obritas destinadas á pro­
pagar dicha dcvocion. Solo, sí, quiero
proporcionarte u n a , en la q u e , ade­
más de hallar una exacta noticia de lo
que es la Devocion al Sagrado Cora-
son de Jesús, veas asimismo cuales
sean los medios para alcanzarla, prac-
VIII

licarla y p ro p ag arla; á este fin la he


dividido en los capítulos siguientes:

Pipa.
CAP. 1. — Breve noticia sobre la
institución de la devocion al
Sagrado Corazon de Jesús. . 1
CAP. II.— De la devocion al Sa­
grado Corazon de J e s ú s :
cuál sea su objeto y fin .. . 2 i
CAP. III.— De los motivos parti­
culares por que veneramos
al Sagrado Corazon de Jesús
con un culto especial. . . 33
CAP. IV.—De los bienes que pro­
porciona í los fieles la devo­
cion al Sagrado Corazon de
Jesús........................................ 38
CAP. V. — De las indulgencias
concedidas por los Romanos
Pontífices á lodos los agre­
gados á la piadosa unión del
IX

Sagrado Corazon de Je3Ús. . 59


CAP. VI. — De los medios para
alcanzar la devoción al Sa­
grado Corazon de Jesús.. . 67
CAP. Vil. — Ejercicios prácticos
en obsequio del Sagrado Co­
razon de Jesús........................77
§ I .—Prácticas generales. . . 77
§ II.— De los oficios al Sagrado
Corazon de Jesús....................84
§ 111.—Acto de consagración. . 107
§ IV .—Acto de d esagravios.. . 109
§ V.— Otro acto de desagravios.. 119
§ VI. — Oración al Sagrado Co­
razon de Jesús para la ma­
ñana al despertarse. . . . 1 1 4
VII.— O tra oracion p ara antes
de acostarse............................ 115
§ VIH.— Devotos afectos á Jesús
S acram entado, y á su divi­
no Corazon.............................. 115
§ IX .—Ofrecimiento]al Santísi-
X

mo Corazon de Jesús que de­


be rezarse delante de su imá-
gen............................................117
§ X .—Culto perpetuo al Sagrado
Corazon de Jesús. . . .1 1 8
§ X I.—Corona en honor del Sa­
grado Corazon de Jesús.. . 120
§ XII.— Prácticas para honrar el
Corazon de Jesús todos los
dias de. la semana. . . . 1 2 6
§ X III.— Aspiración de nna al­
ma que desea ardientem en­
te la Sagrada Comunión. . 132
§ X IV .— Oflicium Ssmi. Cordis
Jesn.......................................... 138
§ XV.—Letanías del Sagrado Co­
razon de Jesús........................151
N o t a . Aunque e l órden pide se pongan
aquí todas tas prácticas de devocion; sin
embargo para mayor comodidad de los lec­
tores dejamos para el fin la novena del Sa­
grado Corazon de Jesús, meditaciones y
visitas.
XI
CAP. VIII.— Cánticos al Sagrado
Corazon de Jesús. . . . 154
CAP. IX. — De algunas instruc­
ciones y reglas que podrán
facilitar la institución de las
piadosas agregaciones al Sa­
grado Corazon de Jesús.. . 464
CAP. X .—Novena al Sagrado Co­
razon de Jesús........................ 174
CAP. XI. — Meditaciones espiri­
tuales sobre los nueve oficios
del Sagrado Corazon de Je­
sús.............................................188
CAP. X II.— Cinco visitas al Sa­
grado Corazon de Jesús para
el dia de su fiesta. . . . 237
(Breve n o tic ia so b re Ib In s titu c ió n d e la
d ev o cio n a l S a g r a d o C o ra z o n d e J e iA a .

Es la devocion al Sagrado Corazon


de Jesucristo tan antigua como su Igle­
sia , si alendemos únicam ente á su ob­
jeto y fin prin cip al, puesto que consis­
te en un retorno de amor al infinito
que nos ha manifestado Je sú s, y en un
vivo dolor de los ultrajes que recibió
nuestro divino Salvador de parte de los
judíos, y que sigue recibiendo todos
los dias en el adorable Sacramento del
a lta r , hasta de sus mismos fieles. En­
tendida , pues, asi esta devocion, es
— 2 —

lan antigua como la Ig lesia, habiendo


nacido en el Calvario cuando el hierro
deicida atravasando el costado de nues­
tro Señor Jesucristo , abrió el sacro­
santo Corazon de aquel divipo Pastor,
que clavado en la cruz deseaba con an­
sias de m uerte d erram ar hasta la últi­
ma gota de su preciosa sangre por
am or de los hombres.
Esta maravillosa fineza del amor de
Jesucristo p ara con nosotros, capaz
por si sola de mover y ablandar los
mas endurecidos corazones, ¿cómo no
excitaría y conmovería vivamente el
tan generoso de la mas afligida de las
Madres y el del mas fiel amante de los
discípulos, que presenciaban el mas
enorme de los d elitos, el deicidio co­
metido en la persona del amable Jesús
por el pueblo mas querido y favorecido
de Dios? Podemos, pues, piadosamente
creer que la Virgen Nuestra Señora y
— 3 —
san Jo an , pasmados del inmenso amor
de J e sú s, y horrorizados por el enor­
me delito cometido por la pérfida é in­
grata Sinagoga, ofrecieron ambos sus
vidas al Eterno Padre en unión de la
de Jesucristo, en retorno del am or que
este mostraba á los hom bres, y para
rep arar de algún m odo, con su m uer­
te , el enorme sacrilegio cometido con­
tra el Sagrado Corazon de Jesús, abier­
to con el hierro impío. En el Calvario,
s í , hicieron la santísima Yírgen y san
Juan el prim er acto de desagravio,
adorando con un acto de am or y repa­
ración el deífico Corazon de Jesús. Ja­
más han faltado desde entonces en la
Iglesia católica perfectos cristianos y
finos amantes que hayan correspondi­
do con am or al inmenso de J e sú s , y
que hayan procurado desagraviar con
obras piadosas y santas á su Corazon
afligido por tantos ultrajes como reci­
— 4 —

bió de los ingratos y pérfidos ju d ío s, y


recibe de continuo sobre nuestros alta­
res por aquellos mismos hombres que
le deberian ser mas fieles, atendidas
las singulares finezas de am or que
para con ellos ha usado.
Todos los Santos se han esmerado
siempre en honrar de un modo espe­
cial á Jesucristo, amando algunos de.
ellos tan tiernam ente su Corazon, que
parece habían hecho perpetua morada
en él. Santa Matilde se hallaba tan pe­
netrada de esta devocion, que <i todas
horas hablaba del adorable Corazon de
Jesú s, y de los singulares favores que
recibía todos los dias por ella. Santa
Catalina de Sena la tomó tan á pechos,
que hizo donacion entera de su cora­
zon á su divino Esposo, y ella consi­
guió en cambio el Corazon de Jesús,
prometiendo no querer en adelante vi­
vir ni obrar sino conforme á los m ovi-
— 5 —
míenlos é inclinaciones del Corazoade.
Jesucristo. ¿Y quién no adm ira el tier­
no afecto que le tuvieron san Luis Gon-
zaga, san Francisco J a v ie r, santa Te­
resa y san Francisco de Sales? Pero
quien de un modo singular se aventajó
en el amor tierno y constante al Sagra­
do Corazon de Jesús fue el melifluo san
Bernardo : «¡Oh mi dulce Jesús, excla­
m aba este gran S an to , qué de rique­
zas encerráis en vuestro Corazon! ¿Po­
drán los hombres no darse por senlidos
de la pérdida que causa el olvido y la
indiferencia con que le m iran? Por lo
que á mí toca nada quiero om itir para
ganarle y poseerle; yo le consagraré
todos mis pensamientos ; sus senti­
mientos y sus deseos serán los m ios;
daré, en íin, cuanto tengo por com prar
este precioso tesoro.»
Pero se me d irá , ¿cómo es, que ha­
biendo sido la devocion al Sagrado Co-
— 6 —
razón de Jesús tan antigua y tan apre­
ciada de algunos Santos, no se ha co­
nocido antes del siglo diez y siete por
el común de los fieles, y que la Iglesia
no la ha aprobado hasta mas tarde?
La causa fu e, como lo reveló el Señor
á una de sus mas fieles y fervorosas
esposas, santa G ertrudis, sel haber
reservado su bondad la devocion al Sa­
grado Corazon de Jesús para los últi­
mos siglos como postrer esfuerzo de su
am o r, para reanim ar el fuego divino
sobre la tierra.» E ra ya conocida antes
del siglo diez y siete por algunos fieles
siervos y fervorosos amantes de Jesu­
cristo ; pero la divina Providencia se
reservó el anunciarla y propagarla por
todo el mundo k últimos de aquel siglo
y principios del siguiente, para disi­
par con ella la indiferencia de la ma­
yor parle de los cristianos en lo que
toca al negocio de su salvación cierna;
Y confundir asimismo la im piedad, el
frió egoismo y el ciego frenesí de pla­
ceres carn ales, que tiene avasallados
los corazones de los hombres m unda­
nos. Q uiso, p u e s , el Señor en nues­
tros tiempos encender de nuevo sobre
la tierra la llam a de celestial caridad
que es fuente y origen de lodo b ie n , y
al efecto se sirvió de la devocion á su
Sagrado Corazon, esto e s , de un nue­
vo culto de amor y gratitud.
Tomó el Señor al efecto como ins­
trum ento de su voluntad á la Venera­
ble Madre M argarita M aría Alacoque,
religiosa del convento de la Visitación
de Paray-le-M onial, diócesis de Autun
en F ran c ia, m uerta en olor de santi­
dad el dia 17 de octubre del año de
1 6 9 0 , y cuyo proceso de beatificación
está y a admitido en R om a, como cons­
ta por la carta pastoral del limo, se­
ñor Obispo de Autun, dada en 2 de ene­
ro de 1821. Previno el Señor á la Ve­
nerable M argarita desde su mas tierna
infancia coa abundantes gracias y es­
peciales favores, i fia de hacerla dig­
no instrumento de su gloria (1). Mas no
queriendo traspasar los límites que me
he propuesto al escribir este breve re-
súmen histórico, diciendo, como quizá
fuera conveniente, todo lo que prece­
dió al establecimiento de la devocion
al Sagrado Corazon de J e sú s, me con­
tentaré con referir algunas de las prin­
cipales revelaciones que tuvo la Vene­
rable M argarita sobre este punto.
Escribiendo una vez la Venerable
M. Alacoqueá su director espiritual el
P. de la Colombiere, de la Compañía de
Je sú s, le dice a s i: c Estando delante
del Santísimo Sacramento un dia de su

(1) E scribió la v id a d e la V e n e ra b le M a rg a n -
la M aría A laccq u e el lim o . S r. L a n g u e t, O b is­
po d e S oiso ns, d e s p u é s A rzobispo de Sen».
- 9 —
octava, recibí de mi Dios excesivas
gracias de su am or. Movida del deseo
de usar alguu reto rn o , y volver amor
por am o r, me d ijo : no me puedes vol­
ver otro m ayor que hacer lo que tan­
tas veces te tengo pedido; y descu­
briéndome su Sagrado C orazon, hé
a q n í, me d ijo , esté Corazon, que ha
amado tanto á los hom bres, que nada
ha omitido hasta a g o t a r s e y consumir­
se en testimonio de su am or. En reco­
nocimiento no recibo de la m ayor par­
te de ellos mas que ingratitudes por
los desprecios, irrev eren cias, sacrile­
gios y sequedades en esto Sacramento
de a m o r; pero lo qué me es aun mas
sensible e s , que así obren los corazo­
nes que me están consagrados: por lo
que te encargo que el prim er viernes,
despues de la octava del Santísimo Sa­
cram ento, sea dedicado á una fiesta
particular para honrar mi Corazon,
— 10 —
reparando de algún modo tantos ultra*
j e s , comulgando este día para resarcir
las iniquidades que ha recibido en el
tiempo que ha estado patente en los
altares, y yo le prometo que mi Cora­
zon se dilatará para franquear con
abundancia las influencias de su divino
am or á los que así le honraren.* Man­
dóle luego el Señor que se dirigiese al
P. Claudio de la Colombiere quien la
ayudaría á establecer esta devocion.
Dando otro dia la Venerable Marga­
rita Alacoque, por orden de su supe-
riora , cuenta á su director espiritual
de los favores que habia recibido de
Dios, le dice a s í : «El dia de san Juan
Evangelista despues de haber recibido
de mi divino Salvador un favor seme­
jan te al que recibió la noche d éla Cena
este querido discípulo, vi el Corazon
de Jesús como en un trono de fuego y
llamas, arrojando por todas parte9 r a -
— 11 —
yos mas brillantes que los del sol cuan­
do se transparenta por un cristal. La
herida que recibió en la cruz se distin­
guía claram en te: una corona de espi­
nas rodeaba aquel Sagrado Corazon, y
sobre ella había una cruz; y mi divino
Salvador me hizo conocer, que estos
instrumentos de su pasión significa­
ban que su am or inmenso á los hom­
bres había sido la fuente y m anantial
de todas las penas y humillaciones que
padeció por nosotros; que desde el
prim er instante de su encarnación ha­
bía tenido presentes lodos estos tor­
mentos y desprecios, y que desde aquel
momento se fijó, por decirlo así, en su
Sagrado Corazon la cruz que acep­
tó desde entonces para m ostrarnos su
am or...
«Dióme á entender despues que el
deseo grande que tenia de ser perfec-
lamenle amado de los hom bres, le ha-
bia obligado á formar el designio do
mostrarles su Corazon, franqueándo­
les todos los tesoros de amor , de mise­
ricordia , de g ra cias, de santificación
y salvación que en él se contienen, á
fin de que todos aquellos que le rindie­
sen y procurasen todo el am or y honra
que les fuese posible, quedasen profu­
samente enriquecidos con sus divinos
tesoros, cuyo m anantial es su Sagrado
Corazon; asegurándome que tendría
singular gusto en ser honrado en la fi­
gura de este Corazon de c a rn e , cuya
imágen quería que se expusiese al pú­
blico á fin de mover con tal objeto el
corazon insensible de los hom bres;
prometiéndome que repartiría con
abundancia sobre el corazon de los que
así le honrasen todos los dones de que
está llen o , y que donde quiera que se
expusiese esta imágen para ser honra­
da , singularmente derram aría todo
— ia —
género de bendiciones: en lin, que es­
ta devocion era como el postrer es­
fuerzo de so am or con que queria fa­
vorecer á los cristianos en estos últi­
mos siglos, proponiéndoles un objeto
y un medio al mismo tiempo tan pro­
pio para em peñarles amorosamente á
a m a rle , y á am arle sólidamente (4).»
No pudiendo sin embargo la Vene­
rable M argarita por razón de su estado
religioso promover por si misma tan
santa devocion, y extenderla por lodo
el m undo, le manifestó Dios muchas
veces que queria fuese la Compañía de
Jesús la que especialmente estuviese
encargada de prom overla y propagar­
la. Entre las carias dirigidas por la Ve­
nerable M argarita á su superiora la
Madre de Saum aize, hay una, fechada

(1) C r o is e t, Pevocion al Sagrado Corazon de


t e i i s , vol. p;ig. 271 . ed ieln n de M adrid
año 1S?8.
— u —
en 28 de agosto de 4 689, que traduci­
da dice a s i : c Habiéndose comunicado
prim ero el Sagrado Corazon de Jesús
á las hijas de la Visitación, á las que
ha concedido que le manifiesten y ha­
gan conocer estableciendo su devocion
am abilísim a, es su voluntad que los
RR. PP. de la Compañía de Jesús des­
cubran su utilidad y v a lo r, encargo á
ellos especialmente confiado.» Ya ha­
bía manifestado Sor M argarita al R. P.
de la Colombiere esta voluntad del Se­
ñ o r, diciéndole: «¡Ojalá pudiese yo
contar á todo el mundo lo que sé de
esta amable devocion! ruego á V. R.
Padre m ío , que nada omita para ins­
pirársela á toda clase de personas. Me
ha descubierto Jesucristo de una ma­
nera indudable que quiere establecer­
la en todas partes por medio de losPP.
de la Compañía de Jesú s, procurándo­
se de este modo un número indefinido
— 1b —
de servidores líeles, de amigos perfec­
tos y de hijos verdaderam ente agrade­
cidos. D
Jam ás podrán atribuirse tales desig­
nios á la imaginación de la Venerable
Virgen M argarita M a ría , como nos
consta por lo que pasa en nuestros
tiem pos, en los que la aprobación so­
lemne de la Iglesia sobre tan santa de­
vocion quila todo motivo de duda á los
católicos. En efecto, fomentada pri­
meram ente por los Sumos Pontífices
Clemente X é Inocencio XII, la aprobó
despues la Santidad de Pió VI en su
memorable bula dogmática Auctorem
fidei, condenando en ella como falsa,
te m eraria, perniciosa, escandalosa é
injuriosa á la silla Apostólica la p ro -
posicion 62 del conciliábulo jansenísti­
co de Pistoya, que rechazaba como
n u ev a, errónea y peligrosa la devo­
ción al Sagrado Corazon de Jesús.
— 1(5 —
No obstante las muchas contradic­
ciones , que, como toda obra santa ex­
perimenta , tuvo también que v e n c e r;
y á pesar de la astucia diabólica de la
mas hipócrita de las sectas, d é la cons­
tante guerra que le ha hecho siempre
el jansenismo ; se ve por la gracia de
Dios gloriosamente propagada por todo
el mundo la devocion al Sagrado Cora­
zon de Jesús (4 ), y aprobada su fiesta
por el Sumo Pontífice Clemente XIII á
petición de algunas iglesias, y últim a­
mente mandada celebrar con rito do­
ble de segunda clase por nuestro San­
tísimo P adre Pió I X , á quien conceda
Dios largos años de vida para poder
dirigir la agitada navecilla de Pedro.
Para manifestar ahora la predilec­
ción que Nuestro Señor Jesucristo tie—

(1) Son ya S ilo la s C ong regaciones erigida.'!


pn todo el o rb e c a tó lic o , y a g re g a d a s á la p r i­
m a ria de Rom a lioy en sa n ia M aría de la P a r
_ 17 -
nc á nuestra católica España, y de qué
modo quiso hacernos participantes del
precioso tesoro de su Corazon desde
que se dignó manifestarlo íi su sierva
la Venerable Alacoque, he creído opor­
tuno hacer aquí mención de la prime­
ra persona de quien se valió el Señor
para darle á conocer en E spaña, y pa­
ra que notemos como de paso que esta
dulce devocion, mas bien que impor­
tada del extranjero , puede decirse
también que nació en nuestro católico
suelo ; porque ¿i la m anera que escogió
Dios á la Venerable M argarita Alaco-
que en Francia para que practicase y
publicase la devocion k su Sagrado Co­
razon ; así escogió tam bién en España
al P. Hoyos, de la Compañía de Jesús,
viva imágen de san Luis Gonzaga, pa­
ra que supiésemos nosotros apreciar y
aprovecharnos de los inefables tesoros
del divino Corazon.
— 18 —
Estaba el P. Bernardo Hoyos estu­
diando Teología en el colegio de san
Ambrosio de Valladolid por los años
de 4733, y, entreteniéndose una tarde
hojeando los libros de la biblioteca de
dicho colegio , abrió el de la devocion
al Sagrado Corazon de Jesús del P. Ga-
llifet del que antes no tenia noticia.
Sintióse al instante fuerte y dulcemen­
te movido á ofrecerse y consagrarse al
divino Corazon, como en efecto lo hizo,
dignándose Jesucristo al siguiente dia,
m ientras estaba el P. Uovos adorando
la Sagrada Iloslia en el Santo Sacrificio
de la M isa, manifestarle que le había
escogido para introducir en España este
culto, oyendo el Padre una voz clara y
distinta que le d ijo : «Quiero extender
por tu medio el culto de mi Corazon
Sacrosanto, para comunicar á muchos
mis dones por medio de mi Corazon. n
Así el Señor devolvió al Venerable la
— 19 —
paz y sosiego de que se liabia vislo
privado el dia antes al leer el libro del
P. Gallifet. Desde este dia fueron sin­
gulares y como ordinarios los favores
que recibió del cielo por medio del Sa­
cratísimo Corazon, y entre otras aque­
lla promesa de tanto consuelo para los
españoles, que le hizo su Divina Ma­
jestad , cuando un dia en que sn sier­
vo le rogaba ardientem ente que fuese
en estos reinos conocido y celebrado
el culto del Sagrado Corazon, oyó esta
divina voz: Reinará en España y con
mas veneración que en otras partes.
También recibió el P. Hoyos un favor
semejante al que comunicó el Señor á
la Venerable M argarita Alacoque. Al
dia siguiente en que fue elegido para
propagar en España el culto del Sa­
grado Corazon, se le mostró el Señor
abrasándose en llamas de divino am or,
y condolido de lo poco que los hombres
— 20 -
le am an, renovando el Señor la elec­
ción que habia hecho del joven para la
indicada propagación, mandóle que
comunicase con sus directores este de­
sig n io ^ que, procediendo con pruden­
cia santa y amante celo, lo dejase lodo
en manos de su divina Providencia.
Grandes eran las ansias que el pia­
doso jóven lenia de ver extendida por
toda España tan santa devocion; mas
como por razón de su corla edad y de
sus esludios, en cuya ca rre ra se baila­
ba entonces em peñado, no podia dar á
conocer á los fíeles con su predicación
el tesoro que habia descubierto, satis­
facía sus ardientes deseos con oracio­
nes , exhortaciones fam iliares, cartas
y cuantos medios le eran posibles. El
principal delodosfue escribir a lP . Pe­
dro Calatayud, misionero insigne de
la Compañía de Je sú s, que k la sazón
andaba recorriendo toda España con
— 21 —
gran bien de las alm a s, el cual esti­
mulado y enardecido con las eficaces
instancias y razones del joven, empezó
á propagar la devocion por lodo el rei­
no , y la extendió con ardiente rapidez
y fru to , fundando congregaciones del
Sagrado Corazon de Jesús. La prim era
erigida en España fue la de la ciudad
de L orca, y siguieron erigiéndose tan­
tas en las diferentes provincias de Es­
paña , que desde el año de 1733 has­
ta 1844, llegaron á 5 7 , sin contar
las 102 que en 14 meses erigió en el
Principado de Asturias el P. Calatayud.
Seamos, pues, españoles, sumisos á
la voluntad de Jesucristo, que ha pro­
metido que reinaría entre nosotros el
culto de su Corazon Sacrosanto; siga­
mos las huellas de nuestros mayores,
imitemos su piedad y su fe viva y pu­
ra. No nos hagamos indignos con nues­
tras infidelidades, con nuestra tibieza
— 22 —

é indiferencia del especial amor que


nos ha manifestado siempre la divina
Providencia, y del glorioso renom bre
que tenemos de católicos. Sigamos
también los ejemplos de nuestros pia­
dosos Monarcas que tanto se han dis­
tinguido en el amor y veneración al
Sagrado Corazon de Jesús. Sabida es la
especial devocion que el augusto rey
Fernando VII y toda su real familia le
profesaban, y tanto que aquel m onar­
ca en su cautiverio no hallaba acogida
mas segura y consoladora que el Sa­
grado Corazon de Jesú s, hasta obli­
garse con voto k establecer por sí mis­
mo una congregación si algún dia lle­
gaba á verse libre. Plugo á la divina
Providencia restablecerle gloriosamen­
te en el trono de sus augustos antece­
sores, y cumplió fielmente suvoto, fun­
dando en la Iglesia del real monasterio
de la Visitación de Madrid una con-
— ¿a —
gregacion del Sagrado Corazon de Je­
sús , y tanlo él como su real familia
mandaron inscribir sus nombres en los
libros de la Congregación.
Quiera el Señor escachar propicio
nuestras humildes sú plicas, y hacer
que en nuestros dias tenga Jesús en
todos los españoles otros tantos celosos
y fervorosos amantes de su Corazon
Sacrosanto.
CAPÍTULO II.

b e 1a d e v o c io n a l S a g r a d o C o r a io n de
Jc stifli c u á l mea mu o b je to y m fln.

Por devocioa al Sagrado Corazon de


Jesús entendemos una voluntad pronta
y eficaz para agradecer el inmenso
amor que nos ha manifestado Jesucris­
to en su v id a , pasión y m uerte , y so­
bre lodo en la institución de la adora­
ble E u caristía; reparando además con
nuestra piedad , am or y santas obras
los u ltrajes, afrentas y sacrilegios co­
metidos contra Jesús en el Sacramento
del A lta r, precisamente por aquellos
mismos hombres por cuyo amor quiso
nuestro amable Salvador quedarse en­
tre nosotros hasta el lía de los siglos.
Ks, pues, la devocion al Sagrado Cora­
zon de Jesús propia de corazones gene­
rosos , de verdaderos cristianos y de
hijos agradecidos. ¿Quién sino el que
no tenga corazon deja de am ar al que
por él m uere de amor? Y ¿quién, como
no sea mas duro que las ro c as, deja
de compadecerse de las afrentas, do­
lores y angustias de m uerte que otro
por él sufre ? Dime a h o ra , cristiano:
¿Cómo podrás honrarte con nombre
tan santo, si no amas á quien por tí
murió de am or, y á quien por tí ve re­
novados lodo3 los días los dolores de
su afrentosa m u erte, por la indiferen­
cia , frialdad, irreverencia y enormes
sacrilegios que cometen los hombres
en el Santísimo Sacramento del A ltar;
siendo solo el exceso de su divino amor
para contigo la única causa de todas
— ¿ü —
sos penas? S í , solo porque no quiso
abandonarte, y dejarte solo en este
valle de m iserias, sino que quiso ser
tu perpetuo com pañero, tu amigo , tu
alimento , tu fortaleza y tu vida ; ¿por
esto, díme, cristiano, merece el amable
Jesús tan negra ingratitud? ¿Por esto
merece que le olvides, ó le ofendas, ó
le ultrajes con tus pecados, irreveren­
cias y sacrilegios? ¡A hí verdadera­
mente la devocion al Sagrado Corazon
de Jesús es la mas natural al hombre,
y la mas propia del cristiano ; porque
monstruo e s , y no hombre el de cora­
zon duro é in g rato ; ni merece tampo­
co llam arse cristiano el que no solo no
se compadece ni llora los tormentos de
Jesús su Dios y su Redentor ; sino que
renueva con sus pecados las afrentas y
dolores que los deicidas judíos le hicie­
ron sufrir. E s, pues , el amor de Jesús
para con los hombres el objeto princi­
pal He esta devocion.
— 27 —
Siendo por olra parte el hombre sen-
Bible, y debiéndose ayudar de las co­
sas visibles para contemplar las espiri­
tuales é invisibles, quiso el mismo Se­
ñor manifestarnos cuál debia ser el
objeto m aterial y visible de tan tierna
devocion, mostrándonos al efecto su
Corazon Sacrosanto. El Corazon, pues,
de Jesucristo, el Corazon vivo y ani­
mado de nuestro Redentor , aquel Sa­
grado Corazon, l'rágua del divino amor,
m anantial perenne de toda virtud y
escuela de perfección, aquel Corazon
de Jesús, que vive y es sustentado por
la persona del Yerbo E terno, aquel
Corazon digno de toda honra por ser el
Corazon de un Dios hum anado; es el
objeto de nuestros especiales cultos y
adoraciones.
Pero se me d i r á : ¿ y cómo tomamos
ni Corazon de Jesús por objeto especial
rio nuestros cultos, y no adoramos toda
— 28 —

su divina persona? ¿Por qué se esta­


blece una devocion diferente de la que
en todas parles se tiene á Jesús Sacra­
mentado? Calumnia antigua es, inven­
tada por los jan sen istas, alribuir á los
fieles adoradores del Sagrado Corazon
de Jesús el crimen de idolatría como si
nosotros adorásemos el corazon de car­
ne de Nuestro Señor Jesucristo, ó sea
una parte de la hum anidad separada
de la divina persona del V erbo: esta
calumnia fue solemnemente condena­
da por el Sumo Pontífice de piadosa
memoria Pió VI en su bula Áuctorem
fidei. No adoram os, n o , el Corazon de
carne de Jesucristo como parte de la
hum anidad, prescindiendo de la divi­
nidad ; sino que adoramos el Corazon
de Jesús, Corazon que subsiste, no en
una persona h u m an a, sino en la divi­
na persona del Verbo hecho carn e, y
por consiguiente adoramos el Corazon
— 29 —
de un Hombre Dios, y le adoramos por
razón de la divinidad en que vive y
subsiste. Ni tampoco excluimos la ado­
ración debida á toda la divina persona
de Jesucristo; sino que en su Corazon
Sacrosanto adoramos toda su divina
persona , y en especial el inmenso
amor que tuvo á los hom bres, y aquel
exceso de caridad que le obligó á que­
darse entre nosotros oculto bajo las es­
pecies de pan y vino : veneram os, en
fin, en el Corazon de Jesús los tiernos
afectos y finezas que en lodos tiempos
mostró á los hombres el divino Pastor
de las alm as, que quiso m orir en cruz
por darnos & lodos la v id a , y por ali­
m entar con su carne y sangre á sus
fieles ovejitas. Así q u e , viendo lanía
fineza de amor en Jesús, y la ingrati­
tud con que le correspondemos los
hom bres, y la am argura que le cau­
san nuestras fallas, nuestro olvido y
— 30 —
tibieza, nos esforzamos á desagraviar­
le de algún modo acompañándole en
su dolor, arrepinliéndonos de nuestros
pecados, borrando con lágrim as de do­
lor nuestra ingratitud á fuerza de lá­
grimas y obsequiándole con obra9 pia­
dosas y santas. De aquí puede también
colegirse en qué se diferencia la devo­
cion á Jesús Sacramentado de la devo­
cion á su Sagrado Corazon. La prim e­
ra es un culto de adoracion sum a tri­
butado á Jesucristo oculto bajo las es­
pecies sacramentales. Tomando las
propiedades de m anjar corporal para
ser de esta suerte nuestro alivio en las
penalidades que nos aquejan, y darnos
fuerza y robustez contra todos los ene­
migos que nos a sa lta n , uniéndose con
nosotros con una unión verdadera y
re a l, y comunicando á sus miembros
las prendas de que disfruta la cabeza:
mientras que la devocion al Sagrado
- MI —
Corazon de Jesús tiene por objeto prin­
cipal adorar y agradecer el inmenso
am or de Jesús manifestado á los hom­
bres en su v id a , pasión y m u erte, y
en particular en la institución de la
Sagrada E u caristía: y vista la ingrati­
tud con que la mayor parte de los hom­
bres corresponden á tantas finezas de
amor, procuramos desagraviarle de to­
dos cuantos ultrajes recibió y recibe
en el Santísimo Sacramento del Altar,
Es por consiguiente esta devocion una
correspondencia de am or al amor de
Jesús, es en fin un culto de am or, gra­
titud y reparación. Así pues, aunque su
objeto material y visible sea el Sacratí­
simo Corazon de Jesús, su objeto princi­
pal es el amor inmenso del Hijo de Dios
que le obligó á entregarse por nosotros
á la m u erte, y á dársenos á sí mismo
en la Sagrada E u caristía, sin que fue­
ran causa para retraerle de una d e-
— as —
mostración tau lina de amor para con
los hom bres, lodas las ingratitudes,
ultrajes y sacrilegios que hasta el fin
del mundo habia de recibir de aque­
llos mismos hombres por cuyo amor
se quedaba en nuestros altares.
CAPÍTULO DI.
De lo s m o tiv o s p o r q n e v e n e ra m o s a l
S a g r a d o C o raz ó n d e J e s ú s con u n c u l­
to e s p e e la l.

Costumbre h a sido siempre de la


Iglesia hourar coa uu culto especial á
los Santos, sus moradas y los diferen­
tes miembros de sus cu erpos, cuando
así lo pedia alguna circunstancia par­
ticular relativa ó á la m o rad a, ó á la
persona, ó bien á una parle de su
cuerpo mas bien que á las o tra s ; así
aprobó la Iglesia el oficio y la misa de
las c in c o l l a g a s de Nuestro Señor Je­
sucristo por la sijínificacion mística
— 34 -
que en sí contiene, que no se halla en
las demás parles de su adorable cuer­
po ; aunque todo él sufrió los mas agu­
dos y crueles dolores en su pasión y
m uerte. Venera también la Iglesia de
España de un modo especial el corazon
de santa Teresa por la herida que reci­
bió en él de manos de un Angel, que
con un dardo encendido atravesó repe­
lidas veces.
Ahora b ie n , siendo dignos de espe­
cial veneración determinados objetos
por los motivos especiales que así lo
exigen, ¿cómo no será digno de un
culto singular y extraordinario el Sa­
grado Corazon de Je sú s, siendo tantas
y tan poderosas las razones que le re­
clam an? Mas para no alargar dema­
siado esta obrita me contentaré con
referir los siguientes:
1 .° El mismo Jesucristo nos presen­
ta su Corazon, como el asiento de sus
— 35 —
mas tiernas afecciones: Aprended de
m i, nos dice, que soy manso y humil­
de de Corazon.
2.° La sagrada Escritura nos repre­
senta el Corazon como símbolo de
a m o r, y por consiguiente no hay otro
símbolo real mas propio y adecuado
para representarnos el inmenso de Je­
sús para con nosotros que su mismo
Corazon; siendo además modo común
de hablar entre los hombres el tom ar
el Corazon por el a m o r, y como sím­
bolo característico de cada c u a l, las
virtudes ó vicios de él. Así es que co­
munmente decim os: Tiene un C ora-
zonsencillo, franco, inocente, grande,
noble, m agnánim o... y al contrario,
de un hombre malo decim os: tiene un
corazon mezquino, solapado, traid o r...
. 3.° En el Sagrado Corazon de Jesús,
como en una fragua de amor se obra­
ron los mas portentosos misterios de
— 30 —
caridad para coa los hom bres: a He
a q u í, decía Jesús k su sierva la Yene*
rabie M argarita Alacoque, he aquí es­
te Corazon que tanto ha amado á los
hom bres, que nada ha dejado de ha­
cer hasta agotarse y consumirse para
darles testimonio de su am or .j
A.° Otro de los m otivos, y cierta­
mente el mas poderoso es la voluntad
de Nuestro Señor Jesucristo manifesta­
da á su sierva la Venerable M argarita,
diciéndole: «No me puedes devolver
otro amor m ayor, que haciendo lo que
tantas veces te tengo pedido... te pido
que el prim er viernes despues de la
octava del Santísimo Sacramento sea
dedicado k una fiesta particular para
honrar mi Corazon, reparando de al­
gún modo tantos ultrajes por un senti­
miento honorífico , comulgando esle
dia para rep arar las iniquidades que
ha recibido en el tiempo que ha estado
— 37 —
presente en los altares; y yo te pro­
meto que mi Corazon se dilatará para
franquear con abundancia las influen­
cias de su divino amor á los que le hi­
cieren esta honra (1);»

(i) C r o ls e t, Devocion a l Sagrado Corazon de


Jesús, v o lú m . l .° , p á g . 1 * , edición de M adrid
año 1829.
CAPÍTULO IV.

De I on b ie n e s q u e p ro p o rc io n a A lo s fie ­
le s l a d e v o c io n a l S a g r a d o C o razo n d e
Je sú s.

El m ayor bien que puede alcanzar


el hombre en este mundo es hacerse
semejante á Jesús; y siendo el amor el
medio m as propio y eficaz para aseme­
jarse é identificarse con el objeto am a­
do , claro está, q u e , debiendo nosotros
ser semejantes h Jesús nuestro modelo
y ejemplar de toda v irtu d , la devocion
al Sagrado Corazon de Jesú s, que es
toda de amor ó im itación, proporcio­
nará al hom bre el m ayor de todos los
— 39 —
bienes. Es el amor expansivo y comu­
nicativo por su naturaleza, y si es per­
fecto en alguna p ersona, esta se incli­
na y esfuerza sin descanso á comuni­
carse c identificarse con el objeto am a­
do. Ahora b ie n , nuestro adorable Re­
dentor , que es el verdadero Esposo
enamorado de las alm as, se comunica
de tal m anera á aquellos que le am an,
que no sosiega hasta haberse com uni-
nicado, y en alguna m anera identifi­
cado con ellos como si se hubiera olvi­
dado de su grandeza y m ajestad. Este
amor fuerte y puro de Jesús le ha obli­
gado á ocultarse bajo las apariencias
de pan y vino, para entrañarse en nos­
otros , y para podernos trocar mas fá­
cilmente en su propia naturaleza; por­
que hombre divino se hace el que de
la divinidad se alim enta. Amor es este
mas que m a te rn a l, porque al fin las
madres al manifestarse como ciega-
— 40 —
menle enamoradas de sus Lijos, desean
comérselos á besos para manifestarles
de este modo el vehemente deseo que
sienten de unirse y como entrañarse
con ellos; amor grande e s , s í , pero
al fin es humano é interesado, pues
tiende á convertir en alimento al obje­
to amado en provecho del amante. No
así Je sú s, porque él es quien se hace
nuestro alimento, él es quien se hum i­
lla y anonada bajo las apariencias de
pan y v in o , para que comiéndole nos­
otros sea él nuestra ayuda, nuestra for­
taleza, nuestra vida y nuestra gloria.
. Y pregunto yo ahora, ¿cómo corres­
ponden los hombres á tantas finezas dé
amor? ¡Ah! ¡cuán doloroso es el decir­
lo ! la mayor parte correspondemos
con una abominable frialdad é indife­
rencia, y no pocos le devuelven en
cambio de tanta c a rid ad , irreveren­
cias , injurias y horrendos sacrilegios.
— 41 -
¿ Y será posible que no haya un solo
cristiano que se compadezca de Jesús,
cuando se hace alarde en nuestros dias
de una sensibilidad exquisita, y de
compadecerse de los justos y m ereci­
dos castigos que sufren los malvados?
¿ No habrá un corazon noble y apasio­
nado por las cosas san tas, que corres­
ponda con am or al inmenso que Jesús
nos tiene? ¿No h abrá uno siquiera en
quien descanse el am ante Corazon de
Jesú s, y con quien se consuele de la
am argura que le causan las injurias y
ultrajes que recibe de continuo én el
Sacramento de am or ? Hé aquí la pri­
mera ventaja que ha de producir la
devocion al Sagrado Corazon; encen­
der á los fieles en amor de Dios á la
vista del Sacratísimo Corazon abrasa­
do en llamds de divino amor; y símbo­
lo sagrado de inmensa carid ad ; y re­
cordando nosotros por otra parte lo
— 42 —
mucho que Jesús padeció en su afren­
tosa m uerte para darnos la vida, y de­
volvernos la honra perdida por nues­
tros pecados; le agradezcamos tantos
y tan singulares beneficios , y repare­
mos con nuestro amor y obras piado­
sas los ultrajes á que le expone todos
los dias el am or que nos tiene. Esta es
la devocion reservada para estos últi­
mos siglos, i fin de cu rar con ella los
males que la fria ld a d , la indiferencia
y el egoísmo han causado á los hom­
bres , y amargado el corazon de nues­
tra Santa Madre la Iglesia católica.
Esta devocion de am or, de generosidad
y de santo celo, es la que debe hacer
renacer en la tierra la ardiente caridad
de los prim eros fieles: esta es la devo­
cion destinada por la Providencia para
avivar de nuovo en la tierra el santo
fuego de la caridad que vino á traer­
nos del cielo Jesucristo Señor nuestro.
— 43 —
Además de las ventajas generales
que acabamos de m encionar, liay otras
muchas particulares prometidas por el
mismo Jesucristo á la Venerable Mar­
garita Alacoque, y que han experi­
mentado ya los que tienen la dicha de
ser verdaderos devotos del Sagrado
Corazon.
«Infinitos, dice la Venerable Alaco­
que , son los tesoros de bendiciones y
gracias que están encerradas en el Sa­
grado Corazon de Jesús. No se yo que
haya otro ejercicio de devocion mas
propio que este en la ciencia de la per­
fección espiritual para elevar en poco
tiempo á un alma á la mas alta perfec­
ción, y para hacerle saborear las ver­
daderas dulzuras que experimentan los
siervos de Jesucristo. S i , lo digo con
toda confianza, si se supiese cuán agra­
dable es á Jesucristo esta devocion, no
habría cristiano alguno, por poco amor
— 44 -
que tuviese á nuestro Divino Salvador,
que dejase de practicarla.
«Las personas religiosas que practi­
quen esta devocion, no necesitarán
otro medio para restablecer el primi­
tivo fervor, y la mas exacta observan­
cia de las reglas aun en las comunida­
des menos observantes, y para llevar
con ella á la mas encumbrada perfec­
ción á las que viven mas ajustadas á
sus reglas.
«Mi divino Salvador me lia mani­
festado , que los que se emplean en la
salvación de las almas encontrarán el
resorte para mover los mas endureci­
dos corazones, y alcanzar abundantísi­
mos fru tos, si ellos mismos están pe­
netrados de una devocion tierna á su
divino Corazon.
«Las personas que viven en el siglo
Obtendrán por medio de esta dulce de­
vocion lodos los auxilios necesarios á
— 45 —
su estado; esto es, la paz en sus fami­
lias , la paciencia en sus trab ajos, la
bendición del cielo sobre todas sus em­
presas, el consuelo en sus infortunios;
y en el Sagrado Corazon de Jesús ha­
llarán un lugar de refugio toda su vida
y en particular en la hora de la muer­
te.» ¡A h í ¡cu án dulce es la muerte
despues de haber tenido una constante
devocion al Sagrado Corazon de aquel
mismo Soberano Señor que debe juzr
gamos 1... a Mi Corazon, dijo otra vez
el Señor á la Venerable M arg arita, no
puede resistir al deseo de comunicarse
á las a lm a s; ayúdame t ú , amada hija
m ía, á aliviarm e tan grande carga.
Publica y haz que se publique por to­
do el mundo que yo no pondré ya tasa
alguna á mis gracias á favor de las al­
mas que vengan á buscarlas en este mi
Corazon. 9
Y qué ¿necesitamos acaso de formal
— 46 -
promesa liecha por nuestro divino Sal­
vador á su sierva la Venerable Marga­
rita para estar firmemente persuadidos
de los especiales y abundantes lrnlos
que han de recoger los devotos del Sa­
grado Corazon de Jesús? ¿No es acaso
este divino Corazon aquella fuente pe­
renne de gracia de la que nos dice el
profeta Is a ia s: Ilaurietis aguas in
gaudio de fontibus Sahaloris , saca­
réis con gozo las aguas de las fuentes
del Salvador? ¿No es por ventura Je ­
sús una fuente perenne de agua viva
que da la vida e te rn a , fuente abierta
en su Corazon cuando el ciego Longi-
nos atravesó con una lanza su costado
sacrosanto? ¿Qué gracia, pues, ni qué
riqueza habrá por grande que sea, que
no encontremos en el Corazon de Je­
sús, diciéndonos de él el evangelista
san L u ca s: Que Jesús saca todo bien
del tesoro de su Corazon ? De bono the-
— 47 -
samo coráis sui proferí bonum ? ¡ A h !
si no nos mueve el amor y la gratitud
que debemos á Jesús, muévanos siquie­
ra nuestro propio interés. Entremos to­
dos en el Sagrado Corazon de Jesús:
busquemos y bebamos en él el agua viva
de la divina g r a c ia : abierto está para
recibirnos á todos: á nadie rechaza el
Corazon de aquel divino Pastor muer­
to en cruz para dar la vida á sus o v e-
juelas. ¡Oh hombresI Usqucquo gravi
corde, ¿hasta cuándo seréis duros é in­
gratos? ¿H asta cuándo seréis tan in­
justos é insensatos que á todas las cria­
turas agradezcáis el beneficio mas in­
significante , y solo para con Jesús
seáis frios é insensibles? Acercaos si­
quiera á él, y os quitará, como dice el
profeta Ezequiel , vuestro corazon de
piedra, y os dará un corazon de ca r­
ne. S i , ablandará el Señor vuestro
corazón endurecido en la iniquidad, y
— 48 -
para haceros accesibles al amor y la
gratitud , derram ará sobre vosotros el
suave y abundante rocío de su divina
gracia. Acercaos también á él los que
seáis justos, y como castas palomitas
haced vuestro nido en el divino Cora­
zon : sea él vuestra perpétua morada,
y os veréis libres del ponzoñoso alien­
to del mundo corrompido, y no os al­
canzarán ni herirán los envenenados
dardos del maligno espíritu.
Sabe todo el mundo que basta am ar,
para alcanzar del amado cuanto se
quiere; porque el amor es la llave de
todos los corazones. Ahora bien, sien­
do, como es, el Corazon de Jesús un te­
soro infinito de sabiduría, de bondad,
de santidad y de lodo bien, es muy na­
tural que sus fieles devotos obtengan
cuanto quieran, porque el mismo Se­
ñor ha puesto en sus manos la llave de
su tesoro, á sab er: la devocion á su
— 49 —
Sagrado Corazon, que es un continuo
ejercicio de am or, de gratitud y de re­
paración. Y como Dios ha prometido
(oda clase de bienes á los que ante to­
do busquen el reino de los cielos, claro
está que no solo saGará del Sagrado
Corazon tesoros de amor y santidad
su fiel am an te, mas aun alcanzará de
él todo lo que le sea necesario á su
sustento co rp o ral: porque sabe el Se­
ñor que también necesitamos de estas
cosas de la tierra para vivir.
El am o r, como hemos dicho, tiende
naturalmente á juntar á los amantes,
y á hacerlos semejantes. Y si esto es
así, ¿cómo no perdonará á sus enemi­
gos el que ame ó imite las virtudes de
aquel manso C ordero, que clavado en
la cruz pidió á su Eterno Padre el per-
don de los mismos verdugos que le
atormentaban y escarnecían en su
afrentosa m uerte? ¿Cómo dejará de ser
— 50 —
casto, manso y humilde el discípulo de
aquel Maestro que es la misma pureza,
y que siendo Dios omnipotente, como
olvidado de su grandeza y majestad se
anonadó á sí mismo para asemejarse á
nosotros ? ¿Cómo no respetará á sus
mayores ni am ará á sus padres y su­
periores el discípulo del Corazon de
aquel divino Niño, que, siendo Señor de
todo lo criado, é independiente de toda
cria tu ra , quiso amorosamente sujetar*
se á José y á María para darnos á to­
dos el mas sublime ejemplo de las vir­
tudes domésticas? ¿Cómo podrá jam ás
entrar la discordia en aquella familia
cuyos individuos procuren, como en la
familia de N azaret, aventajarse los
unos á los otros en am arse y servirse
múluamente? ¿Cómo podrá jam ás re­
belarse contra su soberano el discípulo
del Corazon de aquel Señor, que sien­
do Rey de reyes y Señor de señores,
— 51 —
quiso darnos ejemplo de sumisión á las
autoridades constituidas? En fin, en el
Corazon de Jesús el triste hallará con­
suelo , el perseguido seguro refugio,
el soberbio humildad, el pecador com­
pasión y misericordia , el iracundo
mansedumbre, el pobrecito consuelo y
alivio en sus necesidades, y todos lo
hallarán lodo para ser hijos agradeci­
dos , cristianos p erfectos, verdaderos
siervos de Dios, y para vivir con paz y
consuelo en este mundo, y reinar d e s-
pues eternamente con Jesucristo en la
patria de los justos.
P ar éceme oportuno corroborar cuan­
to se ha expuesto sobre las ventajas
de la devocion al Sagrado Corazon de
Jesús con los sentimientos y testimonio
de algunos Doctores y grandes Santos
de la Iglesia católica.
Hablando san Ambrosio sobre el
salmo cx v iu , dice de san Juan evange-
- 52 —
lisia, que por haber reclinado este dis­
cípulo su cabeza eu el pecho del Sal­
vador el dia de la última cena , escu­
driñó los mas profundos misterios de
la sabiduría; y hablando san Agustín
del mismo Apóstol en diferentes partes
de sus o b ras, pero en especial en su
tratado 4 8 sobre san Ju a n , afirma
de é l , que sacaba los mas profundos
arcanos de sabiduría del Corazon de
Jesús. Secreta alliora de intimo Corde
ejus potabat.
E n este adorable Corazon, dice el
Cardenal san Pedro Damiano ( sermo
de excell. Joan. E vang.), hallamos to­
das las arm as propias para nuestra
defensa; los remedios oportunos para
la curación de nuestros m ales; los mas
poderosos auxilios contra los asaltos de
nuestros enemigos; las mas dulces
consolaciones para aliviar nuestras pe­
nas ; las mas puras delicias para líe -
— 53 —
nar nuestra alma de alegría. ¿Estáis
afligido? ¿vuestros enemigos os persi­
guen? ¿ l a memoria de los pecados os
hace tem blar? ¿vuestro corazon se
siente agitado de inquietud, de miedo
ó de pasión? venios á postrar delante
de nuestros a lta re s, arrojaos entre los
brazos de Jesu cristo : entrad basta en
su mismo Corazon , porque este es el
asilo y retiro de las almas santas, y un
lugar de refugio donde nuestra alma
se halla en completa seguridad.
El Sagrado Corazon de Jesús, dice el
devoto Lanspcrgio, es el asiento de to­
das las virtu des; pero aun es también
el manantial de las gracias con que se
consiguen y conservan estas virtudes.
¡ Oh dulcísimo Je s ú s, exclam a san
Bernardo, qué de riquezas encerráis
en vuestro Corazon 1 ¡ Oh I ¡ cuán dulce
os y cuán agradable habitar en el Co­
razon de Jesú s!
- 54 -
Le hablaré al Corazon, dice san
Buenaventura, y estoy seguro de obte­
n er lodo cuanto le pida.
| 0 Sagrado Corazon de Je sú s, di­
ce san Francisco de S ales, ó fuenle
de soberano amor 1 ¿Quién puede ben­
deciros bastante ? ¿ quién os devolverá
am or por am or? De Vos vienen todas
las gracias. Pero ¿qué cosa nueva ó
extraordinaria podrán decir los Santos
del Corazon de Je s ú s , que este divino
maestro de las almas y consuelo de los
afligidos no haya dicho él mismo de si,
como consta por sus Evangelistas? Ve­
nid, á m i, nos d ice , todos los que estáis
•tristes y agoviados con el peso de vues­
tros trabajos y yo os aliviaré... Apren­
ded de mi que soy manso y humilde de
corazon, y hallaréis descanso y paz
para vuestras almas; porque mi yugo
”s suave y mi carga ligera.
Y en (*lerlo, ¿cómo no será para nos­
otros suave el y u g o , cuando el mismo
Jesús nos ayuda 6, llevarlo? ¿Cómo
nos será pesada la carga de los man­
damientos, si el Señor nos dá la gracia
suficiente y abundantísim a, no solo
para cum plir, mas aun para co rrer
por el camino de sus preceptos? Hay y
en nosotros humildad, haya am or, sea­
mos perseverantes en orar con humil­
dad y confianza, y nada nos faltará pu­
ra ser buenos cristianos, fieles discí­
pulos de Je s ú s , perfectos amantes y
grandes Santos.
Quiero poner fin al presente capitu­
lo con la relación de un hecho m aravi­
lloso obrado por san Luis Gonzaga, en
orden á la promocion del culto al Sa­
grado Corazon de Je s ú s , y para que
este juntamente con el que llevamos
referido al principio del P. Hoyos,
mueva á todos los devotos del Sagrado
Corazón á proponer en todas partps lan
d ul r e r o m o útil d n v o c i o n .
— o6 —
Hablando sania María Magdalena,
en su célebre rapio de 4 de abril
de 1 6 0 0 , del singular amor que san
Luis Gonzaga tenia al Sagrado Cora­
zon de Jesús cuando aun vivia en esle
m undo, dice de é l , que con sus fervo­
rosas y ardientes jaculatorias asestaba
saetas de amor al Corazon del Verbo
encarnado. Y el mismo Santo manifes­
tó despues de su gloriosa muerte cuán
á pechos había lomado la devocion al
Sagrado Corazon de Jesús en su apari­
ción del dia 10 de febrero de 1 7 6 5 al
novicio de la Compañía do Je s ú s, Ni­
colás Luis Celestino. Estaba este enfer­
mo de gravedad, y cási moribundo,
cuando ve acercarse á su cam a al an­
gélico Jóven , que le consuela y exhor­
ta largo rato á am ar y propagar la de­
voción al Sagrado Corazon de Jesús,
muy grata á Dios. Promételo Nicolás,
y recibe en [tremió del santo Prolectnv
- 57 —
no solo verse libre de su m al, mas aun
de los efectos de la enfermedad, á sa­
ber , de la debilidad causada por mu­
chos dias de dieta y por trece san­
grías , de manera que él mismo que el
dia anterior apenas podia moverse en
la ca m a , pudo el siguiente en medio
de un riguroso invierno andar con paso
fírme muchas millas á p ié , á pesar de
estar en ayunas, y tener las plantas de
los piés escoriadas por los sinapismos;
en seguida o ró , ayunó y pudo practi­
car cuanto acostumbran los novicios.
«No creería al mismo Hipócrates que
me jurase poder esto suceder según las
leyes de la naturaleza.» Así termina
la nota sobre la instrucción de este
milagro el P. Luis Lanci, delaCom pa-
fiía de Jesús, en la edición de Florencia
de 1 8 0 7 , píig. 1 0 .
Cumplió el novicio Celestino su pro­
mesa , y en él so vi' superabundante-
- 58 —
menle cumplido el vaticinio de su san­
to Protector. Pues no promovieron
tanto con sus discursos y sos escritos
el culto del Sagrado Corazon de Jesús
lodos sus mas insignes devotos juntos,
cuanto le promovió Celestino con la
sola relación de su prodigiosa cura.
CAPÍTULO V.

De las Indulgencias concedidas por los


Romanos Pontífices * todos los a gre­
gados á la piadosa unión del Sagrado
Corazon de Jesús*

Siendo las indulgencias uno de los


principales frutos con que la Iglesia se
ha dignado enriquecer los piadosos
ejercicios de la devocion al Sagrado
Corazon de Je s ú s ; á fin de que los fie­
les se aficionen á tan dulce como útil
devocion, nos ha parecido oportuno
poner aquí el siguiente catálogo, aun­
que en otras obritas se coloquen regu­
larmente al fin.
— 60 —

Sumario
de las indulgencias concedidas por los Ro­
manos Pontífices á lodos los agregados á
la piadosa unión del Sagrado Corazon de
Jesús.

1.° Indulgencia plcnaria el dia de


la agregación, confesando y comul­
gando y rogando á intención del Sobe­
rano Pontífice.
2.° Indulgencia p len aria, confesan­
do y comulgando el dia de la fiesta del
Sagrado Corazon de Jesús, ó el domin­
go próximo siguiente, y rogando á in­
tención del Sumo Pontífice.
3.° Indulgencia plenaria confesando
y comulgando cada primer viernes ó
cada primer domingo de cada m e s , y
rogando como se ha dicho por el Sobe­
rano Pontífice.
4.° Otra indulgencia plenaria con­
fesando , comulgando y orando como
— 61 —
se ha dicho, cualquiera dia que se es­
cogiere de cada mes.
5.° Indulgencia plenaria en la hora
de la muerte al que arrepentido invo­
care el dulce nombre de Jesús con el
corazon, si no pudiere con los labios.
6.° Indulgencia parcial de siete años
y otras tantas cuarentenas en los cua­
tro domingos que inmediatamente pre­
ceden k la Hesta del Sagrado Corazon.
7.° Finalmente , otra indulgencia
parcial de sesenta dias por cualquiera
obra piadosa que hagan los congregan­
tes al dia.

N o ta . Las precedentes indulgencias fue­


ron concedidas por la Santidad de Pío Vil
con facultad de poder ser aplicadas á las
almas del Purgatorio.
Para ganar las sobredichas indulgencias
no es necesario que los congregantes visi­
ten la Iglesia donde está establecida la Con­
gregación ni otra algu n a, con tal que recen
con devocion un Padre nuestro, una Ave Ma-
- 62 —
ría y un Credo con la siguiente aspiración:
Corazon de mi amable Salvador,
B az que arda y siempre crezca en mi tu
amor.
Además, en virlud de un breve apostóli­
co del 2 de abril de 1805, pueden los con­
gregantes ganar ]as siguientes indulgencias
asimismo perpetuas y aplicables á las almas
del Purgatorio.

8.° Todos los congregantes que vi­


sitaren la iglesia de sn congregación
en los dias de las estaciones señaladas
en el Misal Rom ano, rogando á inten­
ción del Sumo Pontífice, ganarán las
mismas indulgencias que ganarían vi­
sitando las estaciones de Roma.
9." Por breve apostólico de 2 de
abril de 1 8 0 5 se concede indulgencia
plenaria el dia de la Inmaculada Con­
cepción de Nuestra S eñ o ra, y los dias
de su Natividad, Anunciación, Purifi­
cación y Asunción: además otra el dia
de la fiesta de todos los Santos, y el
— G3 —
dia de la Conmemoracion de lodos los
fieles difuntos, el dia de san José, el de
los santos Apóstoles san Pedro y san
Pablo, el de san Juan evangelista, con
tal que confesados y comulgados visi­
taren la iglesia de la Congregación.
1 0 . Indulgencia de siete años y sie­
te cuarentenas en las otras fiestas de
Nuestra S eñ ora, y en la de los santos
Apóstoles, visitando la iglesia de la
Congregación.

Nota. Las indulgencias contenidas en los


números 8 , 9 y i 0 , las pueden ganar tam­
bién los congregantes enfermos ó que estu­
vieren legítimamente impedidos para hacer
la referida visita, haciendo alguna obra pia­
dosa señalada por su confesor, como consta
por breve pontificio.

11. Otra indulgencia de siete años


y otras tantas cuarentenas igualmente
perpétuas y aplicables á las almas del
purgatorio cada dia de la Novena del
— 6i —

Sagrado Corazon de Jesús, que empie­


za el "viernes despues de la fiesta del
Corpus , visitando devotamente la igle­
sia en donde se hiciere dicha novena,
rogando á intención del Sumo Pontífice.
\2. Indulgencia plenaria en los seis
viernes ó domingos que preceden á la
fiesta del Sagrado Corazon, confesando
y comulgando en cada uno de ellos, y
visitando la iglesia en donde se cele­
bre la dicha fiesta, orando á intención
del Sumo Pontífice; estas indulgencias
son también aplicables á las almas del
purgatorio, como consta por un res­
cripto del 4 de marzo de 1 80G .
Nota. Si los congregantes por enferme­
dad, ú otras legítimas ocupaciones, no pu­
dieren visitar la Ig lesia, podían asimismo
ganar las indulgencias contenidas en los
números 1 \ y i i , cop tal que hagan la bue­
na obra que el confesor les señalare.

13. Por rescripto de 10 de setiem-


— (35 —

bre de 1 8 1 4 pueden los congregantes


ganar 300 dias de indulgencia, rezan­
do por la m añana, al medio dia y por
la larde tres Gloria Patri en acción de
gracias á la Santísima Trinidad por los
privilegios concedidos á Nuestra Señor
r a , y una indulgencia plenaria una
vez al m e s, igualmente aplicable á las
almas del p urgatorio, si hubieren re­
zado todos los dias tres veces en los
tiempos señalados dicho Gloria Patri.
Esta indulgencia plenaria puede ga­
narse Gualquier dia del mes, confesan­
do y com ulgando, y orando ¿ inten­
ción del Sumo Pontífice.
14. Fin alm en te, el Sumo Pontífice
Gregorio XV I confirmó en un breve de
30 de junio de 1 8 3 4 todas las indul­
gencias dichas, y concedió una plena­
ria á todos los congregantes que el dia
de san Gregorio Magno ( 1 2 de m arzo)
confesasen, comulgasen y visitasen la
— 66 —

iglesia de la C ongregación, rogando


según la intención de su Santidad.
N o ta . El Sumo Pontífice Pió YU el dia 18
de abril de 1815 se dignó conceder facultad
á todas las Congregaciones nuevamente eri­
gidas, y que en adelante se erigiesen y
agregasen á la primaria de R om a, que está
en la Iglesia de santa María de la P a z , de
hacer celebrar una sola v ez, despues que
hubieren recibido el diploma de agregación,
una fiesta especial en honor del Sagrado Co­
razon de Jesús el dia que eligieren, pudien-
do dicho d ia , tanto en las misas privadas
como en la solemne, decirse propia del Sa­
grado Corazon, con tal que no fuere domi­
nica de primera ó segunda c la s e , ó bien al­
guna octava, fiesta ó vigilia privilegiada.
Otro privilegio concedió el mismo Sobera­
no Pontífice el dia 7 de julio de 184 5 , para
que en aquellas iglesias donde no pueda
celebrarse la fiesta del Sagrado Corazon el
dia designado por la Ig lesia, prévio el per­
miso del Ordinario resp ectivo, pueda tras­
ladarse á otro d ia ; y concedió asimismo in­
dulgencia plenaria á todos los fieles, si
confesados y comulgados visitaren dicho dia
— 67 —
la iglesia en donde se celebra la fiesta del
Sagrado Corazon, y orasen & intención del
Romano Ponlifice.

CAPÍTULO \I.

De los medloa para alcancar la devocion


al Sagrado Corazon de Jesús.

Los medios mas á propósito para al­


canzar una devocion verdadera al Sa­
grado Corazon de Je s ú s, ó sea un a r­
diente amor á Jesucristo, en vista de
las maravillas que su amor ha obrado
para con nosotros, especialmente en la
Sagrada E u ca ris tía , y para concebir
además un sentimiento de ternura y
dolor á vista de los ultrajes que nues­
tro divino Salvador recibe en este ado-
— 68 -

rabie misterio en donde le tiene cauti­


vo su amor á los hombres, so n :
4 .° Un horror sumo á todo pecado
m ortal y v e n ia l, por ser el pecado la
única causa de los tormentos que pa­
deció Jesú s, y lo que mas nos aparta
de e l ; porque por él somos necesaria­
mente aborrecidos de Dios. No puede
el Señor m irar con ojos propicios la
iniquidad : Mundi sunt oculi lui ne vi-
deas malum; et respicere ad iniquita-
tem non poteris. ( lla b a c u c, i , 1 3 ) ; y
aborrece Dios del mismo modo al im­
pío que su impiedad : Similiter odio
sunt Deo impius et impietas ejus. ( S a -
pient. x i v , 9 ) . A b o rrecer, pues, de
muerte todo p ecad o, así m ortal co­
mo v e n ia l, es la condicion primera
para poder ser devoto del Sagrado Co­
razon de Je sú s; porque si quisiéramos
ser sus discípulos sin abandonar el ca­
mino de la iniquidad y la costumbre
— 69 —
de pecar , nosotros mismos seríamos
las mas agudas y punzantes espinas
que atravesasen su Corazon divino;
seríamos del número de aquellos que
merecieron oir del Señor por su real
P rofeta: Si inimicus metis maledixisscl
rnihi, sustinuissem utique, tu veri> homo
nnanimis, qui simul mecum dulces ca -
piebascibos. (P sal. l i v , 1 3 ) . Hubiera
sufrido, s í , con p acien cia, nos dice el
Señor, el que mis enemigos m e hubie­
sen llenado de oprobios; mas t ú , ami­
go de mi alm a, tú , discípulo de mi Co­
razon, tú que te regalabas en m i m esa,
comiendo coumigo de mis sabrosos
m an jares, tú que tantas veces le has
alimentado con mi propia carne, y has
bebido mi sangre ¿ tú tam bién, hijo
mió, tú también me afliges y llenas de
oprobios? ¿T ú también quieres am ar­
gar y atigusliar mi Corazon? ¿E n qué,
(lime, pude ofenderte? ¿Con qué p u -
— 70 —
de m erecer de tí tan negra ingratitud?
2.° El segundo medio es huir de los
peligros para no caer en el pecado,
porque el que no evita con cuidado las
ocasiones, tarde ó temprano caerá en
el lazo de la m aldad, que no cesará de
prepararle el mundo y el demonio.
Seamos lodo cuanto lo permita nuestro
estado modestos en el hablar y en el
m irar. A no pocos, por los o jo s, les
entró la muerte en el corazon, y á mu­
chos perdió una palabra imprudente ó
menos considerada.
Tampoco hemos de dejarnos llevar
de tal modo de las cosas exteriores,
que no seamos dueños de nosotros mis­
mos : antes bien hemos de emprender
y tratar todos nuestros negocios, de
manera que en todas ocasiones sepa­
mos dirigirnos á un fin noble y eleva­
d o ; á un fin necesario á todo cristia­
no , á sa b e r: á servir con ellos á Dios.
— 71 —
á darle la debida alabanza, y á procu­
ra r nuestra eterna salvación. Sean,
pues, para nosotros las cosas criadas
medios para servir y dar gloria á Dios,
y no seamos tan n ecios, que nos de­
grademos hasta el punto de hacernos
esclavos de un vil interés ó de un bru­
tal placer.
3 .° El tercer medio es un vivo y efi­
caz deseo de am ar ardientemente íi
Jesucristo. Es el deseo el patrimonio
de los pobres, y Dios acepta gustoso el
deseo de aquel que no puede servirle
con la obra : Desideriim pauperum
exaudivit Domims. Faltarnos puede el
amor tierno y sensible, faltarnos pue­
de la caridad pura y ard iente, pero el
deseo de ten erla, ¿ á quién puede fal­
lar? ¿Quién por atribulado y angus­
tiado que esté , y por mas frió y seco
que tenga su corazon para con Dios no
puede desear tener el amor de los San-
— 72 —
tos y Serafines para corresponder de­
bidamente á su Dios y Señor. El deseo,
si no contiene en sí la perfección del
a m o r, es al menos su principio y un
seguro medio para alcanzarla.
A.° El cuarto medio es procurar te­
ner una fe viva en la real presencia de
Jesucristo en el Sacramento del Altar.
¡A h í si creyésemos firmemente que
Jesucristo está realmente en nuestros
a lta re s , y que en él está lodo nuestro
b ien , que es nuestro Rey y Señor,
nuestro Dios, nuestro P a sto r, nuestro
Médico y nuestra salud y v id a ; ¿ con
cuánta reverencia estaríamos en los
templos? ¿con qué atención asistiría­
mos al santo sacrificio de la M isa, al
que asisten los Angeles temerosos y
llenos de asom bro, al sacrificio de su
Dios y Señor? ¿C oa cuánta mas fre­
cuencia recibiríamos la sagrada Co­
munión, y cuánta m ayor seria nuestra
- 73 —
solicitud en prepararnos bien para ha­
cernos menos indignos de recibir al
Señor de la pureza y santidad? |Có­
mo procuraríamos imitar á los Ange­
les en la pureza! Porque al fin , aun­
que mas dignos ellos por su naturale­
za , no les ha sido dado tocar ni comer
el cuerpo de Jesucristo, sino que estos
misterios de amor quiso el buen Jesús
reservarlos á los hombres. Avergon­
cémonos , pu es, de nuestra poca fe y
falta de rev eren cia; avergoncémonos
de tener que aprender de los cortesa­
nos de la tierra el respeto y venera­
ción con que están delante de un mo­
narca temporal, y el esmero que tienen
en prepararle bien todas sus habitacio­
nes y todo cuanto le pertenece, tenién­
dose por suficientemente honrados con
poder ser contados entre sus cam are­
ros y criados,
o." El quinto medio es tener co n -
— 74 —
fianza y firme esperanza en que el Se­
ñor nos dará cuanto nos sea necesario
y conducente á nuestra santificación.
Pidamos con humildad y perseveran­
cia á Dios por los méritos de Jesucris­
to, y persuadidos de que todo lo alcan-
zarém os, porque mas solícito es el Se­
ñor en buscarnos y atraernos á sí para
enriquecernos, que nosotros en pedirle
lo que mas nos conviene: aprendamos
de lós pobrecitos la humildad y perse­
verancia : no cesan ellos de pedir con­
tinuamente el óbolo que necesitan pa­
ra su sustento, aunque de uno ó de
muchos reciban repulsa y desprecio.
Pidamos nosotros también al Señor lo
que necesitemos, ni cesemos de pedir,
aunque al parecer no escuche el Señor
nuestras súplicas: pidamos de nuevo y
pidamos hasta que nos despache ali­
viados y socorridos, siquiera para que
no le seamos importunos.
— 75 —
6.° El sexto medio es la frecuencia
de la santa confesion y comunion á
juicio de un santo y prudente director
ó confesor. Mucho ayuda para adelan­
tar en la -vida espiritual dejarse dirigir
por un celoso y sábio director, á quien
debemos manifestar todas nuestras en­
fermedades esp iritu ales, y pedirle
consejo en nuestras dudas y consuelo
en nuestras tribulaciones. A muchos
engaña el demonio y los tiene dulce­
mente atados con ciertas bagatelas y
pasatiempos, que son quizá el único
obstáculo que se opone á su perfec­
ción , y esto por quererse dirigir por
sn propio juicio en un negocio tan ár-
duo y expuesto á engaños y astucias
del demonio. Muchas veces no quiere
el Señor concedernos la victoria sobre
algún vicio órnala inclinación nuestra,
sino por nuestra humillación y rendi­
miento de juicio, sujetando nuestro
- 7C -
parecer á uno de sus ministros , quie­
nes por su mandato deben explicarnos
su santa ley y manifestarnos su volun­
tad en determinados casos.
Por ün indicaré algunos de los me­
dios generales que dan los escritores
ascéticos para el adelantamiento en el
camino de la perfección, y los cuales
ayudarán no poco para encendernos
en la devocion de que vamos tratando,
á s a b e r: lectura espiritual todos los
d ias, examen de conciencia con una
filial y tierna devocion á la Santísima
Virgen.
CAPÍTULO VII.

EJerclelos prácticos en obsequio del Sa­


grado Corazon de Jesús*

§ I.
Prácticas generales.

4.° E l prim er obsequio que debe


cada uuo hacer al Sagrado Corazon de
Jesuses hacerse inscribir en el libro
de alguna congregación canónicamen­
te erigid a, condicion por otra parle
necesaria para poder ganar las indul­
gencias á ella concedidas, y el dia en
que alguno se agregare confesará y
- 78 —
com u lgará, y hará un acto de consa­
gración de su corazon al Corazon de
Jesús.
2.® Se celebrará lodos los años en
el primer viernes (1) siguiente á la oc­
tava del Corpus , dia señalado por el
mismo Jesu cristo , una solemne fiesta
á su Corazon divino, confesando y co­
mulgando aquel dia todos los asocia­
dos , para rep arar de algún modo con
sus obras de piedad los ultrajes que
haya recibido Jesucristo durante la oc­
tava del Corpus mientras ha estado
patente sobre nuestros altares.
3.° Los primeros viernes de cada
mes deben distinguirse de los demás
por la m ayor piedad y fervor que de­
ben anim ar todas nuestras acciones y

(1) Si en algún pueblo ó iglesia no fuere fá­


cil celebrar esta solemne fiesta dicho primer
viernes, podrá celebrarse el domingo siguiente
como hemos manifestado en el capitulo iv.
- 79 -
palabras como lo prescribió el mismo
Señor á su sierva la Venerable A laco -
q u e; y asi todos los congregantes se
confesarán y comulgarán con permiso
de sus confesores I0 3 primeros viernes
ó los primeros domingos de cada mes,
renovando su consagración al Corazon
de Jesús, y harán un acto de desagra­
vios (4 ).
í.° Todos los asociados celebrarán
de un modo especial las principales
fiestas de Nuestro Señor Jesucristo y
de su Santísima M adre, confesando y
comulgando, y en donde sea fácil cele­
brarán con una fiesta solemne de des­
agravios los tres dias últimos de C ar­
naval y último de año.
5.° Todos los asociados procurarán

(1) Los que no puedan hacerlo públicamente


en la iglesia de la Congregación, basta que lo
hagan, delante del altar del Santísimo Sacra­
mento ó en sus casas.
— 80 —

estudiar é imitar las virtudes del Co­


razon de Jesús, y en especial su humil­
dad, su dulzura, su pureza, su ardien­
te celo y caridad. P ara mejor alcanzar
estas virtudes tendrán mucho cuidado
en huir de todo pecado y ocasion pró­
xim a de caer en é l ; leyendo en algún
libro las finezas del amor de Je s ú s , y
procurando ajustar nuestros pensa­
mientos y acciones á su santa volun­
tad , que nos ha sido manifestada en
sus preceptos y consejos evangélicos;
esforzándonos en vencer nuestras ma­
las inclinaciones y hábitos viciosos pa­
ra proceder en todo con pureza de
conciencia y rectitud de intención.
6." Por cuanto despues del Corazon
de Jesús el mas amante y divino es el
purísimo Corazon de M aría, profesa­
rán á esta soberana Señora lodos los
asociados una tierna y cordial devo­
cion , honrándola con lodo esmero,
— 81 —
particularmente en sus tiestas princi­
pales , y le liarán algún obsequio los
primeros sábados de cada mes (1).
7." El mayor y mas continuo obse­
quio que todos los asociados han de
tributar al Sagrado Corazon de Jesús,
y el fruto mas inmediato que han de
proponerse alcanzar en la práctica de
estos piadosos ejercicios, es la fiel y
exacta observancia de las obligaciones
de su estado p articu lar, lomando cada
uno para sí las palabras que dirigió
Jesucristo á su sierva la Venerable
Alacoque: «No podrás, le d ijo , hacer
cosa que mas me ag rad e, como ir con
constante fidelidad y sencillez por el
camino de tus reglas, en las cuales los

(1) P a ra en te n d e r é im ita r la s v irtu d e s de


Jesú s y de M aría , pu ede le e r s e El interior de
Jcsiís y de M aria, p or el R . P . G rou de la Com ­
pañía-de Je 9 i’i s , ed ición de B a r c e lo n a , im p re n -
la de P on s y C om pañía, año 1853.
- 82 —
menores defectos son grandes ante mis
ojos.»
8.° Todos los asociados se am arán
como herm anos, mostrando qae son
discípulos de Jesús coa la caridad y
buenas obras que se h arán unos á
otro s, asistiéndose mutuamente en sus
necesidades y trabajos.
9 .° Todos con su buen comporta­
miento y con el fiel cumplimiento de
sus obligaciones harán que sea alaba­
da y respetada la devocion al Sagrado
Corazon de Je s ú s, esforzándose todos,
según su estado, con santo y prudente
celo en extenderla y p rop agarla, para
que sea Jesús conocido, amado y ado­
rado por todos los hombres en todas
partes.
1 0 . Procurarán los asociados hacer
alguna visita al Señor Sacramentado,
según se lo permitan sus ocupaciones,
y le pedirán perdón por el desacato,
— 83 —
olvido y frialdad de tanlos cristianos
que apenas le visitan, y ni siquiera se
acercan á Jesús para pedirle las g r a ­
cias que él con mano liberal á todos
desea distribuir. Al mismo tiempo el
que haga la visita pedirá por todos los
asociados, para que el Señor nos pro­
teja y conserve dentro de su Corazon.
4 4 . Cada asociado cumplirá cada
mes el oficio que le haya caido en
su erte, á cuyo efecto estarán todos los
congregantes divididos en coros de á
nueve sujetos cada u n o, cuyo presi­
dente cuidará de rep artir los nueve
oficios el primer viernes de cada mes
entre los que formen el coro.
4 2 . A fin de cumplir cada uno me­
jor su oficio, procurará en todos los
obsequios que tribute al Sagrado Co­
razon de Je sú s, unirse al coro de espí­
ritus bienaventurados que en el cielo
se distinguen en honrar y alabar á
— 8i —
Dios en el mismo oficio, y form ará con
ellos aquella míslica asociación, que
con tanto provecho suyo formó la Ve­
nerable M argarita (lib. 5 de su vida),
á Gn de que ellos suplan nuestras fal­
tas, y ocupen nuestro lugar en la hora
del sueño, y en las demás que do
cualquier modo estuviéremos impedi­
dos , y así reciba el Corazon de Jesús
culto perpétuo.

§H.
De los oficios al Sagrado Corazon de Jesús.

Los oficios de que vamos á tratar


son un medio de adoracion perpétua,
que los hombres en unión de los coros
Angélicos tributan al Corazon del V er­
bo encarnado. Nueve son los oficios
conforme á los nueve coros de espíri­
tus celestiales, y cada asociado al Sa­
grado Corazon, al cumplir su oficio
— 8o -
m ensual, se une en espíritu á uno de
ellos, los que se distinguen entre sí por
un carácter y oficio que les es particu­
lar. Los Q uerubines, por ejem plo, se
distinguen por el don de sabiduría y
por el cuidado que tienen en difundir­
la entre los d sm á s; los Serafines a r­
den en una llam a de pura caridad , y
tienen cuidado de participarla ó difun­
dirla entre los otros ; los Tronos gozan
de una paz inalterable, y procuran ha­
cer pacíficos á todos; las Dominaciones
se señalan por su extraordinario seño­
río ; las Potestades tienen especial po­
der sobre los demonios; los Principa­
dos manifiestan de un modo especial
la dignidad y majestad de D ios; la9
Virtudes se distinguen por la fidelidad
en recibir las divinas inspiraciones, y
nos hacen dóciles á ellas; los Arcánge­
les son los mensajeros celestiales para
revelar los divinos arcan o s, y los An-
— 86 —

geles además de ser los mensajeros de


Dios para con los hom bres, les sirven
también como de tutores y custodios,
p ara dirigirlos y apremiarlos con san­
tas inspiraciones á que anden de conti­
nuo por el camino de la virtud hasta
llegar á la patria celestial.
Ahora b ie n , los oficios que deben
hacer los congregantes son n u eve, á
sa b e r: el P rom otor, el R ep arador, el
Adorador, el A m ante, el Discípulo, la
Víctim a, el Esclavo, el Suplicante y el
C elador: cada uno de los cuales tiene
su virtud especial y mpdo propio de
honrar el Sagrado Corazon de Jesús,
los cuales todos vamos á exponer para
su mayor inteligencia y p ara hacer
mas fácil su cumplimiento.

No t a . Las visitas que á los congregantes


se prescriben en los siguientes oficios, si
por algún impedimento no pueden hacerlas
en la ¡(ilesia bastará que las hagan en casa
— 87 —
Tampoco es nuestro ánimo limitar, ni de­
terminar exclusivamente los actos de la vir­
tud en que se ha de ejercitar cada Congre­
gante , según su oücio, y los actos que se­
ñalamos sirven tan solo para indicar el modo
como se puede cumplir con él.
E l que por olvido, ú otra cualquiera cau­
sa no cumpliere con lo prescrito en los dife­
rentes oficios, no comete por ello pecado al­
guno, ni mortal ni venial.

Oficio primero.

E l P r o m o t o r de la devocion al Sa­
grado Corazon de Jesú s, uniendo sus
oraciones al coro de los T ron os, para
adorarle coa ellos, procurará con sus
conversaciones y buen ejemplo de
obras piadosas que el Corazon divino
sea conocido, amado y adorado de lo­
dos los h om bres, y en particular do
aquellos con quienes lenga mas fami­
liaridad : á osle fin repetirá algunas
— 88 —

veces enlre dia y en particular desde


las doce hasta las tres de la tarde csla
Jacu lato ria: Santificado sea, Señor,
tu santo nombre.
Los domingos hará una visita al Se­
ñor Sacramentado, rezando tres Padre
nuestros y tres Salves, pidiendo áDios,
por intercesión de los Sagrados Cora­
zones de Jesús y de Maria, que encien­
da en los de todos los hom bres, y en
particular de los congregantes el fuego
santo de su divino am or.
Su virtud será hablar algünas veces
de las excelencias y ventajas de la de­
vocion al Sagrado Corazon, procuran­
do que alguno se inscriba en la Con­
gregación.

JACULATORIAS.

Cada dia al levantarse, al acostarse


y alguna otra vez enlre dia, dirá:
f'omzon líe. mi amable Salvador,
— 89 —
Haz que arda y siempre crezca en mi tu
amor.
Mario,, Madre mia,
Guardadme de todopccado,
Y de toda mala compañía.

ORACION.

¡ O dalcísimo Je9Ús! haced que co­


nociendo lodos los hombres los inesti­
mables tesoros de vuestro divino Co­
razon , y abandonando los placeres del
mnndo vengan á gustar las inefables
delicias, que en vuestro Corazon teneis
preparadas á los que os aman.

Oficio segando.

E l R e p a r a d o r , unido al coro de las


Potestades, hará todos los lunes del mes
una visita al Santísimo Sacramento, y
pedirá á Dios perdón de las injurias
que le hacen los hombres en el S a c ra -
- 90 —
mentó de amor con su olvido, tibieza,
irreverencias y comuniones sacrilegas.
Ofrecerá al Eterno Padre los méritos
de la santísima V irg en , y de todos los
Santos en unión de los de Jesucristo, en
desagravio de los ultrajes á que le ex­
pone el amor que nos tiene, y le ha he­
cho quedarse en nuestros altares.
Su virtud será la fidelidad en el
exacto cumplimiento de todas las obli­
gaciones de su estado, venciendo al
efecto los obstáculos y respetos huma­
nos que se lo impidan: h ará cada dia
cinco actos de esta virtud, cumpliendo,
por ejem plo, los trabajos de su oficio
del mejor modo que se p a , y los ofre­
ce rá á Dios en unión de los méritos del
Sagrado Corazon.

JACULATORIAS.

Cada dia al levantarse, al acostarse


y alguna vez entro (lia , dirá :
— 91 —
Corazon de mi amable Salvador,
H as que arda y siempre crezca en mi tu
amor.
Marta, Madre mia,
Guardadme de todo pecado,
Y de toda mala compañía.

ORACION.

¡O Jesús m ió! Vuestro Corazon es


un tesoro, y nuestra confianza es la
llave con que se puede ab rir. Jlaced
que todos conozcamos y sepamos apro­
vechamos de su inestimable precio.

Oficio tercero.

E l A d o r a d o r , uniendo sus alaban­


zas á las que de continuo tributa el
Sagrado Corazon de Jesús á la Santísi­
ma Trinidad, y juntándose en espíritu
al coro de las Dominaciones, hará todos
los martes una visila á Jesús S a cra -
— 92 —
mentado, repitiendo tres veces esla
oracion : Sanio, Santo, Santo es el
Señor Dios de los ejércitos; Gloria al
Padre, Gloria al Iíijo, Gloria al Espí­
ritu Santo.
Su \irtu d será tener mucho respeto
en los tem plos, estando en ellos con
mucha modestia y recogim iento, en
obsequio de Jesús Sacramentado. Hará
cada dia cinco actos de esla virtud sa­
ludando desde el lugar en donde se
halle á Jesús en el Tem plo, ó con una
pequeña inclinación, ó con alguna ja ­
culatoria.

JACULATORIAS.

Cada dia al levantarse, al acostarse


y alguna vez entre dia, d irá:
Corazon de mi amable Salvador,
Haz que arda y siempre crezca en 'mi tu
amor.
Muría, Madre inia.
— 93 -
Guardadme de todo pecado,
Y de toda mala compañía.

ORACION.

IO dulcísimo Jesús m ió , digno ado­


rador de la Majestad divina! yo me
uno con lodo mi espíritu á las conti­
nuas adoraciones que Vos rendís á
vuestro Padre celestial en el secreto
de vuestro divino Corazon, y quisiera
que exhalase mi alm a todos los afectos
que Vos comunicáis á María santísima
y k vuestros Santos, para honraros y
glorificaros dignamente por toda la
eternidad.

Oficio cuarto.

E l A mante, unido al coro de los Se­


rafines, rep arará con muchos actos de
amor la frialdad é indiferencia de la
— 94 —
mayor parle de los corazones que es­
tán consagrados á Dios, y al efecto
todos los miércoles h ará á Jesús Sa­
cramentado una v isita , y le pedirá se
digne conceder á todos los asociados
un corazon según Dios, que sepa am ar­
le cuanto es debido. Muchas veces en­
tre d ia , y en p articu lar, si despierta,
durante la noche d ir á : Amete yo, Dios
mió y todo mi bien. Yo duermo, pero mi
corazon vela en el de mi amado.
Su virtud será la caridad con el pró­
jim o, haciendo en su favor alguna obra
piadosa, v. g. alguna lim osnita, ó al­
gún acto de deferencia y amor hácia
aquellos á quienes tenga rencor ó an­
tipatía , ó rogará por ellos cinco veces
cada dia.

JACULATORIAS.

Cada dia al levantarse, al acostarse


y alguna vez cnlre dia, d ir á :
— 95 —
Corazon de m i amable Salvador,
H az que arda y siempre crezca en m i tu
amor.
M aría, M adre m ia,
Guardadme de todo pecado,
Y de toda mala compañía.

ORACION.

¡O Corazon amanlísimo de Jesús,


fragua divina donde arde aquel amo­
roso fuego que viniste k traer á la
tie r r a , y en que con tanto ahinco de­
seas ver encendidos nuestros pechos!
Ardan, S eñor, hasta consumirse en
esa llam a suavísima. Seráficos espíri­
tus de la corte celestial, os suplico
rendidamente digáis al autor de mi vi­
da que me hace desfallecer su dulcísi­
mo amor.
— 9G -

Oficio quinto.

E l D is c íp u l o , en unión de los Que­


rubines, pedirá al Señor se digne der­
ram ar los abundantes raudales de la
divina sabiduría en los entendimientos
de todos los hom bres, y tom ará como
particularm ente dirigidas á sí estas
palabras del divino M aestro: Apren­
ded de mi, que soy manso y humilde de
Corazon. Los jueves hará una visita á
Jesús Sacram entado, y le pedirá que
difunda los resplandores de su Corazon
sobre tantos discípulos del error y de
la m e n tira , para que abandonando la
infidelidad y el camino de la perdición,
la herejía y el cism a, tornen de nue­
vo al seno de la Iglesia católica.
Su virtud será corresponder Bel­
mente á las divinas inspiraciones, á
cuyo efecto exam inará cada dia los
— í)7 —
buenos pensamientos que haya tenido,
y el modo como ha correspondido á
ellos; y si halla haber cometido algu­
na falta, pedirá, á Dios perdón, y pondrá
por obra sus buenos pensamientos,
aconsejándose antes con su director
espiritual. Dirá cinco veces cada dia,
y en particular alguna que otra vez
desde las seis hasta las nueve de la
m añana , esta aspiración: Enséñame,
Señor, á hacer tu voluntad,

JACULATORIAS.

Cada dia al lev an tarse, al acostarse


y alguna vez entre d ia , d i r á :
Corason de m i amable Salvador,
Uaz que arda y siempre crezca en m í tu
amor.
María, M adre m ia,
Guardadme de todo pecado,
Y de toda mala compañía.
— 98 —

ORACION.

1 0 Corazon lleno de infinita sabida-


ría , qué dichosos s o n , S eñor, los que
aprenden en vuestra escuela! Ense­
ñadme , amabilísimo Corazon, pues os
habéis dignado admitirme por vuestro
discípulo: haced k mi corazon dócil á
■vuestras divinas lecciones, y atraed á
Vos con eficacia á todos I03 que resis­
ten la verdad.

Oficio sexto.
L a V íctima , uniéndose al coro de
las Virtudes, h ará todos los viernes una
visita k Jesús Sacram entado, ofrecién­
dose al Eterno Padre en unión de Je­
sucristo , víctima de am or para repa­
ra r y expiar los pecados y sacrilegios
cemetidos en nuestros altares por aque­
llos hombres , que principalmente le
— 99 —
están consagrados por razón de su es­
tado. Rezará cinco Padre nuestros,
cinco Ave M arías y cinco Gloria Patri
á las cinco llagas de Jesucristo, y una
Salve á la Virgen Nuestra Señora.
Su virtud será la m ortificación, re­
primiendo alguna pasión desordenada,
ó su mal genio, ó absteniéndose de co­
mer alguna cosa lodos los v iern es, y
mortificando algunas veces entre dia
su curiosidad en m irar ó hablar.

JACULATORIAS.

Cada dia al lev an tarse, al acostarse


y alguna otra vez, d i r á :
Corason de m i amable Salvador,
Has que arda y siempre crezca en m í tu
amor.
Afano, M adre m ia,
Guardadme de todo pecado,
V de toda mala compañía.
— 100 —

O nACION.

; O Corazon hum ildísim o, víctima


perpetua de amor sacrificada en nues­
tros altares! ¿Pedís, Señor, otra vícti­
ma que os acompañe en vuestro sacri­
ficio? Vedme aquí, Dios mió, rendido á
vuestra voluntad para ser hostia in­
molada y consumida en las llamas de
vuestro divino amor á m ayor gloria de
vuestro Eterno P a d re , y por la con­
versión de los pecadores.

Oficio séptimo.
E l E s c l a v o , uniéndose al coro de
los A rcángeles, se considerará dulce­
mente atado con las cadenas del tierno
amor de Jesucristo, cuyo am or á los
hombres le tiene cautivo sobre nues­
tros altares. En la visita que h ará to­
dos los sábados á Jesús Sacramentado
- 101 —

le pedirá se digae hacer cautivos de su


divino amor á todos los hombres , re ­
zando á este fin seis Padre nuestros,
seis Ave M a ñ a s y Gloria Patri.
Su virtud será la conformidad con la
voluntad de Dios, obedeciendo con ale­
gría y prontitud las órdenes de sus su­
periores. Cinco veces cada dia d irá:
Esclavo tuyo soy, Señor Dios mió, en­
sélvame á cumplir tu voluntad.

JACULATORIAS.

Cada dia al lev an tarse, al acostarse


y alguna vez entre dia, d i r á :
Corazon de m i amable Salvador,
Uaz que arda y siempre crezca eti m i tu
amor.
M aría, M adre m ia,
Guardadme de todo pecado,
Y de toda mala compañía.

ORACION.

Amor omnipotente de. J e s ú s , que


— 102 —

has rolo las cadenas que me tenian


cautivo lejos de t í , j ó si yo pudiera
hacer que me siguiesen todos cuantos
andan fugitivos y descarriados, como
anduve yo, y que gustasen á tus plan-
las , como gusto yo a h o ra , las delicias
de esta nueva y regalada servidum ­
bre, que constituye otros tantos felices
cuantos esclavos tiene 1 Llam a, Señor,
á todos los pecadores, líbralos del du­
ro yugo y cautiverio del pecado, ad­
mítelos á tu servicio , para que te
am en, alaben y bendigan con los jus­
tos ahora y por toda la eternidad.

Oficio octavo.
E l S u p l i c a n t e , unido al coro de I 03
Á ngeles, h ará todos los domingos una
visita á Jesús Sacram entado, y ofre­
ciendo al Eterno Padre los méritos in­
finitos de Jesucristo, pedirá con fe v i-
— 103 —
va gracias abundantes para lodos los
asociados al Sagrado Corazon de Jesús,
y para todos los que se hallen en algu­
na necesidad , rogando en especial por
los que estén en la ag o n ia, por las al­
mas del purgatorio , por la couversion
de los pecadores, por la prosperidad
del Sumo Pontífice y de la Iglesia ca­
tólica , y por la paz y concordia entre
los príncipes cristianos; rezando al
efecto seis Padre nuestros, seis Ave
Marías y Gloria Patri.
Su virtud será la hum ildad, hum i­
llándose alguna vez, por ejemplo, ha­
blando á su enem igo, ó saludando al
que le tiene rencor, ó dando la prefe­
rencia á o tro ; dirá cinco veces cada
d ia : S i no me hago como n iñ o , no en­
traré en el reino de los cielos.
— IU4 —

JACULATORIAS.

Cada dia al levantarse, al acostarse


y alguna vez entre d ia , d i r á :
Corazon de m i amable Salvador,
H az que arda y siempre crezca en m í tu
amor.
M aría, M adre m ia,
Guardadme de todo pecado,
Y de toda mala compañía.

ORACION.

Escuchad, ó Corazon clementísimo,


las voces de los menesterosos, y sed el
consuelo de los atribulados, pues vues­
tro mayor placer fue siempre perdo­
nar y hacer bien á los hombres.

Oficio noveno.
E l C e l a d o r , llamando en su ayuda
á los nueve coros de Angeles, procura-
— 105 —
rá extender la devocion al Sagrado Co-
razon de Jesú s, y que se conserve en
donde esté establecida: evitará cuanto
le sea posible los pecados de m urm u­
ración , hablando bien de todos, y ma­
nifestando su disgusto, aunque sea tan
solo mostrándose triste, con los que
m urm uraren. H ará todos los viernes
una visita á Jesús Sacram entado, y le
pedirá que conserve en su amistad á
lodos los congregantes, y que todos
vivan y m ueran saniam ente. Dirá al
Sagrado Corazon de Jesús un Credo,
al purísimo Corazon de María una Sal­
ve, y un Padre nuestro á san José.
Su virtud será el celo de la gloria
de Dios y de la salvación de los hom­
bres, procurando con sus conversacio­
nes y oraciones ayudar á la conversión
de algún pecador, y al efecto dirá cin­
co veces cada d i a : Hágase, Señor, tu
voluntad asi en la tierra como en el
— 106 —
cielo: Ámente, Señor, todos los hom­
bres.

JACULATORIAS.

Cada dia al levantarse al acostarse,


y alguna otra vez entre d ia , dirá.:
Corazon de m i amable Salvador,
H as que arda y siempre crezca en m i tu
amor.
M aría, M adre m ia,
Guardadme de lodo pecado,
Y de toda mala compañía.

ORACION.

¡O divino Corazon de Jesú s, tan


am able como am ante de los h o m bres!
Ojalá os viera y o , S eñor, amado y
alabado de todos. Concededme, Señor,
la gracia de poder ganar para Vos los
corazones de cuantos hombres hablen
conmigo.
— 107 —

§ III.
ACTO DE CONSAGRACION
que será ú til hagan todos los que se agrega­
ren á la piadosa unión del Sagrado Cora-
son de Jesús, el cual podrán renovar todos
los primeros viernes de cada mes.

Jesús dulcísim o, fuente de am or,


Padre de m isericordia, y Dios de lodo
consuelo, que os habéis dignado fran­
quear las riquezas inefables de vuestro
Sagrado Corazon k nosotros miserables
é indignos pecadores; yo
en acción de gracia por los beneficios
dispensados á mí y á todos los hom­
bres , particularm ente por la institu­
ción de la Sagrada E u caristía, y para
resarcir las injurias que habéis recibi­
do de mí, y de tQdos ellos en este divi­
no misterio de infinito a m o r; me ofrez­
co y consagro enteram ente á vuestro
— 108 —
Corazon divino, no queriendo en ade­
lante h a c e r, decir ni pensar cosa al­
guna que sea contraria á vuestros di­
vinos preceptos, y que no sea conforme
á loa sentimientos de vuestro divino
Corazon.
Elijo por especial Madre m ia y pro­
tectora de esta mi promesa ¿i María
santísima bajo la invocación de su In­
maculada Concepción.
Os ruego, pues, hum ildemente, Dios
m ió , que por vuestra inmensa bondad
y clemencia os digneis recibir esta mi
promesa y sacrificio en olor de suavi­
dad , y que así como me habéis dado
gracia para desearlo y ofrecerlo, me
la deis también abundante para cum­
plirlo. Amen.
Dia de de 18

Gustad y veréis cuán suave es el Se­


ñor (Ps. xxxin)- ¡O cuán bueno y deli-
— 109 —
cioso es fijar su morada en este Cora­
zon !... ( San Bernardo, s e r a , de P a s.)
N o ta . Esta promesa y acto do consagra­
ción no obliga bajo pena ni culpa alguna
mortal ni venial.

ACTO DE DESAGRAVIOS
al Santísimo Corazon de Jesús.

Adorabilísimo y amabilísimo Jesús,


siempre lleno de am or por los hom­
bres, siempre sensible k nuestras mi­
serias , siempre ansioso por hacernos
b ie n , que por el exceso del mas a r­
diente de los amores os habéis que­
dado en estado de víctima en la adora­
ble Eucaristía, en donde os inmoláis íi
vuestro Padre en sacrificio de propi­
ciación por mis pecados. ¡ O Jesús infi­
nitamente amable y digno de un eter­
no a m o r! pues que la m ayor parle de
los hombres no tienen por lodas las
— 110 —
ternezas de vuestro Corazon divino
sino la d u re za, el olvido, el desprecio
é in g ratitud ; ¿no es justo que movido
vivamente de tantas iniquidades trate
yo de repararlas en cuanto me sea po­
sible? Por esto ¡ó divino Corazon de
Jesús! prosternado y aniquilado de­
lante de V os, vengo i, daros satisfac­
ción y desagravio, á vista del cielo y
de la tie r r a , por todas las irreveren­
cias y todos los ultrajes que habéis
recibido en este Sacramento adorable
en todos los lugares de la tie r r a ; por
esto os pido humildemente perdón de
todas las im piedades, de todos los sa­
crilegios, de todos los ultrajes que los
judíos, los herejes y los malos cristia­
nos cometen contra vuestra divina
Majestad en este adorable misterio.
¡ Ojalá pudiese yo, Dios mió, reg ar con
mis lágrim as lodos los lugares en que
vuestro amor divino ha sido ultrajado!
- III —
¡Ojalá pudiese abrasar los corazones
de todos los hombres con el ardiente
fuego de la ca rid ad ! Dignaos recibir
¡óam anlísim o Jesús! este desagravio
que os ofrezco hoy en unión del que
Vos mismo disteis k vuestro Padre en
el C alvario, y del que vuestra sania
Madre 09 ofreció al pié de la cruz:
perdonadme lodas mis irreverencias,
y todas mis ingratitudes pasadas : ha­
ced eficaz por vuestra gracia el ardien­
te deseo y la santa resolución en que
estoy de am aros y de adoraros. Y co­
mo vuestro Corazon Sagrado es el cen­
tro del amor que me teneis, haced por
vuestra bondad que él solo sea el ob­
jeto y el térm ino del mió en el tiempo
y en la eternidad. Amen.
Ponemos aquí otro acto de desagravios,
el cual podrá servir para las funciones de
reparación, que se hagan á Jesús Sacra­
mentado los primeros viernes, ó los prime­
ros domingos de cada mes.
— 1-12 —

§ V-
ACTO DE DESAGRAVIOS
al Santísimo Corazon de Jesús.

Dulce Jesús, am able Salvador, que


por el exceso del m as prodigioso amor,
os habéis dignado quedaros con nos­
otros en el Sacramento del A liar, os
reconocemos en él por nuestro sobera­
no Dios y Señor. Os adoramos con los
sentimientos de sumisión, rendida obe­
diencia y con la humildad mas profun­
d a , y os damos gracias con toda la
efusión de nuestro corazon por el amor
y ternura infinita que nos manifiesta
vuestro Sagrado Corazon oculto bajo el
velo de las especies sacramentales. Pe­
netrados, Señor, del mas acerbo dolor
por el mal trato que recibís de los
hom bres, y por nuestras ingratitudes
— 113 —
ó. infidelidades, postrados ante vuestra
divina Majestad, queremos, Señor, por
el presente acto hacer una pública y
solemne reparación de todas las profa­
naciones, sacrilegios é impiedades que
se han cometido y podrán cometerse
contra este adorable Sacramento de
amor. Pésanos, Señor, de nuestra poca
reverencia, de nuestra tibieza é indi­
ferencia para con Vos, dulcísimo Jesús
y amabilísimo Redentor nuestro. Apar­
tad, Señor, la vista de nuestras iniqui­
dades, y haced que arda nuestro cora­
zon como el de los Serafines en una
continua y abrasadora llama de vues­
tra ca rid ad , para que merezcamos al­
gún dia con vuestra gracia v ero s, go­
zaros y cantar eternam ente en el cielo
vuestras alabanzas con todos los San­
tos. Amen.
— in -

§ vi.
ORACION
ul Sagrado Corazon -de Jesús para la mañana
al despertarse, la cual enseñó á santa M a­
tilde el mismo Señor (lib. iv, cap. 29).

¡O amabilísimo Corazon de Jesús!


Este prim er suspiro de h o y , exhalado
de lo ínlimo de mi corazon, á Vos le
dirijo; suplicándoos afectuosísimamen-
l e , que os dignéis dirigir lodas las ac­
ciones de mi alm a y de mi cuerpo en
este d ia , corrigiéndolas y purificándo­
las \u estro dulcísimo C orazon, unién­
dolas á la9 vuestras y ofreciéndolas en
perpétua alabanza a vuestro Eterno
Padre. Amen.
§ VII.
Otra para antes de acostarse.

¡ O dulcísimo Corazon de Jesúsl Hu­


mildemente os encomiendo en esta no­
che mi corazon y mi cu erpo, para que
en Vos dulcemente reposen. Mas por­
que m ientras yo durm iere no podré
alab aro s, suplidlo Vos , de modo que
cuantas veces mi corazon palpite, otras
tantas sean alabanzas que por mí
ofrezcáis k la Santísima T rinidad, y
cada vez que respire sean como otras
tantas acciones de gracias y afectos en­
cendidos de am or. Amen.

§ VIH.
Devotos aféelos i Jesús Sacramentado j á su Divino
Coraion.

¡O Jesús mió dulcísim o, ved á qué


extremo os redujo vuestra excesiva
- 116 —
caridad! Vos, Señor, con vuestra pro­
pia carne y sangre preciosísima me
habéis preparado un banquete divino
para daros íi mí. ¿Q uién pudo jam ás
obligaros á tal exceso de am or? No fue
ciertam ente otro mas que vuestro amo­
rosísimo Corazon. ¡ O Corazon adora­
ble de mi Jesú s, fragua ardentísima
del divino am o r! recibid en la llaga de
■vuestro sacratísimo costado á mi alm a,
para que en esa escuela de caridad
aprenda yo á am ar aquel Dios que me
dió tan adm irables pruebas de su
am or. Así sea.
N o t a . El Sumo Ponliüce Pío ' V I , de pia­
dosa memoria, concedió y Pió VII confirmó
para siempre el dia 9 de febrero de 1818 la
indulgencia de <00 dias, que puede ganar­
la upa vez cada dia el que leyere los sobre­
dichos afectos.
— 117 —

§ IX.
0FBSCIH1ENT0
til Santísimo Corazon de Jesús, que debe re­
zarse delante de su sagrada Imagen.

Yo N. p ara seros agradecido, y pa­


ra reprim ir mis infidelidades, os doy
el corazon, y me cen9agro enteram en­
te á Vos, am able Jesús m ió , y con
vuestro auxilio propongo nunca mas
pecar.
N o t a . Nuestro Santísimo Padre el Papa
Pío Vil concedió para siempre indulgencia
plenaria una vez al m e s, y remisión de to­
dos los pecados á aquellos fieles cristianos,
que, habiéndose confesado y comulgado, h a­
gan el sobredicho ofrecimiento delante al­
guna imagen del Sagrado Corazon de Jesús
en cualquiera idioma ( con tal que la tra­
ducción sea fiel), rogando á intención del
Sumo Pontífice, é indulgencia de 100 dias,
«na vez al d ia , al que la leyere con cora-
— 118 —

zon contrito, la c u a l, así como la primera


es aplicable á las almas del Purgatorio, co­
mo consta por los rescriptos del 9 de junio
do 1807 y 26 de setiembre de 1817.

§ X.
CULTO PERPETUO
al Santísimo Corazon de Jesús.

Lcon XII, de feliz m em o ria, conce­


dió ¿i todos los d eles, que se hubiesen
inscrito en cualquiera Congregación
del Santísimo Corazon de Jesús agre­
gada &la Prim aria de Roma , indul­
gencia plenaria perpélua por cada vez
que hicieren el piadoso ejercicio de
este culto perpétuo, con facultad de
poderla aplicar por las almas del pur­
gatorio, con tal q u e :
1 .° Confiese y comulgue el dia que
quiera consagrar especialmente á este
culto del Santísimo Corazon.
— 119 —
2 .” Visilc devotamente alguna igle­
sia ú oratorio público, y alli ore algún
espacio de tiempo según la intención
de Su Santidad por la salud y felicidad
del Sumo Pontífice y sagrados minis­
tros, por la exaltación de la santa
Iglesia católica , por la extirpación de
las herejías, por la conversión de los
pecadores, por la conservación de la
paz entre los príncipes cristianos , por
todos los que hacen este piadoso ejer­
cicio, y por las alm as del purgatorio.
3." Renueve las promesas hechas
en el santo bautism o, y cualesquiera
otras que hubiere hecho á Jesucristo.
4.° Emplee cosa de una hora segui­
d a, ó interm ediada, en la meditación
de los celestiales m isterios, ó rezando
algunas oraciones piadosas.
5.° Y para que este culto sea el fur-
r¡o perpetuo que nunca falta en el altar
i l,ov. v i , 13), tendrá' cuidado do lia-
— 120 —

cer entre dia con frecuencia aspiracio­


nes jaculatorias al Santísimo Corazon
de Jesús.
N o t a . Para poder ganar la indulgencia
plenaria del cutio perpetuo ¡ se ha de estar
inscrito en el libro de la dicha Congrega­
ción.

§ Xl .

CORO NA
EN nONOH

DEL SAGRADO CORAZON DE JESÜS

Deus irv aijutorium meum intende, etc.

Primero.
Ámantísimo Jesús m ió , meditando
en vuestro Corazon, y viéndole todo
piedad y dulzura para los pecadores,
siento alegrarse el mió y llenarse de
- <21 —
confianza de ser bien acogido por Vos.
¡ Ay de m í, cuántos pecados he come­
tido ! mas ahora como Pedro y como la
dolorosa Magdalena, los lloro y los de­
testo por ser ofensas de Vos, sumo bien;
S í, s í , concededme general perdón, y
ojalá m uera yo, os lo ruego por vuestro
Corazon, antes que ofenderos, vivien­
do solamente para amaros.
Padre nuestro, cinco Gloria P atri en ho­
nor de las cinco llagas y del Sagrado Co­
razon.
Corazon de m i amable Salvador,
Haz que arda y siempre crezca en m i tu
amor.

Segundo.
Bendigo, Jesús m ió, vuestro humil­
dísimo Corazon, y os doy gracias por­
que al dármele por ejem plar no solo
me incitáis fuertem ente á imitarle,
sino que á costa de tantas hum illado-
— 122 —

nes vuestras me facilitáis y allanais el


camino. ¡Qué loco fui y cuán in g rato !
¡A y, cuánto me extravié 1 Perdonad­
m e, os ru e g o : no mas soberbia ni a r­
rogancia ; sino que con humilde cora­
zon quiero seguiros por las humillacio­
nes , y alcanzar la paz y la salvación.
Dadme Yos ánimo, y bendeciré eterna­
mente vuestro Corazon.
Padre nuestro, cinco Gloria P a tri, ele.
Corazon de m i amable Salvador, etc.

Tercero.

Admiro, Jesús m ió, vuestro pacien-


lísimo C orazon, y os doy gracias por
tantos y tan maravillosos ejemplos de
invicto sufrimiento como nos dejasteis.
¡ Cuánto me duele de que en vano me
hayan reprobado mi extraña delicade­
za , la cual me hacia insoportable el
menor disgusto! ¡ Ah! infundid , Jcsú?
— 123 -
mió am antísim o, en mi corazon un
y
amor fervoroso constante á las Tribu­
laciones , íl la c ru z , á la mortificación
y la penitencia, para que siguiéndoos
al Calvario, llegue con Vos
á la gloria,
al gozo eterno del Paraiso.
P adre nuestro, cin c o G loria P a tr i, e le .
Corazon de m i amable S a lva d o r, etc.

Cuarto.

A vista do vuestro mansísimo Cora­


zon , me horrorizo , Jesús m ió , al ver
el mió tan diferente del vuestro. A la
menor conlradiccion, á un solo gesto ó
palabra contraria me inquieto la­ y
mento excesivamente. ¡ Ah 1 perdonad,
S eñ o r, mis im paciencias, y dadme
gracia para imitar en adelante en cual­
quiera contrariedad vuestra inaltera­
ble m ansedum bre, para poder de oslo
- m —

modo gozar siempre de una paz sania


é inntulable.
P adre nuestro, cinco G loria P a tr i, etc.
C orazon de m i amable S a lva d o r, etc.

Quinto.

Digno e s , Jesús m ió , vuestro Cora­


zon generoso de ser eternam ente ala­
bado como vencedor de la m uerte y
del infierno. A hora, S eñor, mas que
nunca me avergüenzo de ver mi cora­
zon tan pusilánime que teme á la vista
de cualquier espantajo. Cese y a , mi
cobardía, Jesús mió. D adm e, Señor,
lanta fortaleza, que peleando y ven­
ciendo en este m undo, alegre triunfe
despues con Vos en el cielo.
P adre nuestro, cinco G loria P a tr i, ele.
C orazon de m i amable S a lva d o r, etc.
Dirigiéndonos ahora á M aría, y consa­
grándonos mas estrechamente á su santo
— 125 —
servicio llenos de confianza en su maternal
Corazon digám osle:
Por las inestimables doles de vues­
tro Corazon dulcísim o, alcanzadme ¡ó
Virgen Madre de Dios y Madre m ia!
una verdadera y constante devocion al
Sagrado Corazon de Jesús vuestro Hijo,
en el que encerrado yo con mis pensa­
mientos y afectos cum pla todas mis
obligaciones, y con alegre corazon sir­
va siempre de un modo especial en el
dia de hoy á mi Señor Jesucristo. Amen.
N o ta . La Santidad de Pió VII se dignó
conceder para siempre á todos los fieles que
con corazon contrito recitaren la sobredicha
corona en honor del Sagrado Corazon de Je­
sús, en cualquier idioma (con tal que la
traducción sea fiel) indulgencia de 300 dias,
tantas veces cuantas la recitaren, é indul­
gencia plenaria una vez al mes á todos los
que la dijesen al menos una vez al d ia , de­
jando á su elección el dia en que quieran
ganarla, confesando y comulgando en él,
orando por algun tiempo á intención de su
— 1 2 (] —
Santidad. Todas estas indulgencias pueden
aplicarse por las almas del Purgatorio.

§ XII.

P R Á C T IC A
PA.RA H O N BAE

EL CGBAZGN DE JESUS
todos los días de la semana.

M o radas del Sagrado C orazon de Jesús es­


c rita s por la B eata M a rg a r ita Alacoquc
p a ra las personas am antes de la perfec­
ción.

E l Domingo. E ntrarás hoy en el


Corazon abierlo de Jesucristo como en
una hoguera de am or, para purificarle
en sus llamas de todas las manchas
que hubieses contraído durante la se­
mana , consumir la vida del pecado y
vivir del amor puro que le transfor-
- 127 —
mará totalmente cu sí mismo. Consa­
gra eslc dia (le un modo especial ú
Lonrar y glorificar á la Santísima Tri­
nidad.
E l Lunes. Te m irarás como un reo
que desea aplacar á su ju e z , arrepin­
tiéndose de sus culpas y deseando sa­
tisfacer á su justicia. Con esle espíritu
entrarás én el Corazon de Jesú s, en­
cerrándote en aquella p r isión de amor,
para participar allí de la am argura en
que fue inundado el divino Corazon.
Debes vivir en él tan estrecham ente
sujeto á la divina voluntad, que solo
le quede libertad para a m a r, sin otra
luz, movimiento ni vida que la de
aquel amor fuerte y tiern o , que tiene
como cautivo al mismo Señor en el
Santísimo Sacramento del Altar. Píde­
le por los méritos de este cautiverio se
digne conceder libertad á las almas
del purgatorio, y á tí la gracia de vi-
— 128 —

vir estrechamente unido con él ahora


en esta v id a , y eternam ente despues
en la o tr a ; á cuyo ñn dirigirás todos
los actos del dia con espíritu de verda­
dera penitencia.
E l Martes. Entrarás hoy en el Co­
razon de Jesús como discípulo en su
escuela. En el Corazon de Jesús es en
donde se aprende la ciencia de los San­
tos ; ciencia del amor puro que hace
olvidar todas las ciencias mundanas.
Escucha allí atentam ente la voz de tu
Maestro que te d ic e : Aprende de mi,
que soy manso y humilde de corazon,
y hallarás el verdadero descanso de tu
alma.
E l Miércoles. En este dia entrarás
en el Corazon de Jesús como un nave­
gante en su n a v io : el am or divino es
el piloto que ha de conducirte feliz­
mente por el m ar tempestuoso de este
mundo al puerto deseado de la paz y
— 129 —
de la gloria. Las tempestades que de­
bes te m e r, proceden todas del amor
propio, de la sanidad y del excesivo
apego á la propia voluntad. Entréga­
le confiadamente al divino P iloto, y él
te hará navegar con calma y seguri­
dad.
E l Jueves. Entrarás hoy en el Co­
razon de Jesús como el que es convi­
dado al festin de su amigo. En él ha­
llarás las delicias que te tiene prepa­
radas, las que sobrepujan todo sentido
y exceden todo deseo : allí será3 em­
briagado con el delicioso vino de su
am or, el cual endulza las am arguras
de este siglo y hace insípidos sus delei­
tes. Escucha, p u e s , al amigo que lo
convida, y oirás con qué liberalidad te
dice al re c ib irle : Cuanto tengo yo es
tuyo: mis méritos, mis llagas, m is do­
lores y mi sangre. E l amor hace comu­
nes entre nosotros todos estos bienes,
— 130 —
pero la generosidad debe ser reciproca,
y yo quiero poseerte también sin reser­
va, guiero ser dueño exclusivo de tu co­
razon. En este dia harás todas las
obras con espíritu de amor.
E l Viernes. En esle dia has de con­
siderar á Jesús en la cruz como á una
tierna m adre que te ha dado á luz en
su Corazon en medio de dolores infini­
tos. Procura descansar en sus brazos y
reclina tu cabeza sobre su p echo, co­
mo se entrega un niño en los brazos de
su m adre en donde halla consuelo y
seguridad. E ntrégate, pues, áeste Co­
razon Sacrosanto olvidándote de tí mis­
mo , sin tem o r, sin inquietud ni des­
confianza de tu futura suerte. Él lodo
lo sab e, todo lo p re v é e , quiere para tí
lodo b ie n , y es esto bastante para
tranquilizarte. Ámale , pues , desde
ahora con amor filial, y vive confiado
y seguro que no te abandonará. Debes
— 131 -
en csle dia echarle en los brazos de su
divina providencia, dejando á ella el
éxito de lodos las negocios sin reser­
varte olra cosa que el amor.
E l Sábado. Hoy te presentarás al
Sagrado Corazon de Jesús como una
victima que llega al templo para ser
sacrificada por manos del Sacerdote.
El divino Sacerdote al inmolarla espi-
rilualm ente m atará en ella la vida
an im al, y consumiéndola despues en
el fuego del a m o r, le dará una vida
nueva y divina. Cumple alegre las
condiciones del holocausto muriendo
al mundo y á todas sus concupiscen­
cias , y consúmete en las llagas de la
caridad para honrar y glorificar con
tu sacrificio á Dios Nuestro Señor , y
hallarás de este modo la nueva vida
de la gracia que te proporcionará sn
amor. Feliz si despues de este sacrifi­
cio puedes decir con verdad : Ya no
— 132 -
vico y o : Jesucristo es guien vive en mi,
y vive en mi por a m o r: en él y por él
obro, padezco y amo.

§ XIII.
ASPIRACION
de un alm a que desea ardientem ente la Sa­
gra d a Comunion , sacada de la v id a de la
B eata Sor M a rg a r ita M a ria Alacoque, es­
crita por el lim o . S r . A rzobispo de Sens.

Gran Dios, á quien adoro bajo esas


humildes especies, ¿ es posible que os
havais reducido á esa vil m orada para
venir & mi pecho y m orar corporal­
mente conmigo ? Los cielos son indig­
nos de alojaros, ¿y Vos, Señor, os dais
por contento de estar conmigo? ¡O
bondad incom prensible! ¿ pudiera yo
creer esta m a ra v illa , si Vos mismo no
me lo aseguraseis? ¿Y todavía me atre­
veré á pensar que os dignáis venir á
— 133 —
mi b o c a , posar sobre mi lengua y en­
traros en mi corazon ? Vos lo queréis,
Señor, y me invitáis á ello, prometién­
dome mil bienes. P e ro , ¡ó Dios de
amor, que no sea yo lodo entendimien­
to para conocer esla m isericordia, to­
do corazon para se n tirla , y lodo len­
gua para publicarla! ¿Sois Vos, Señor,
el Dios que me crió objeto de vuestros
am ores, y m ateria de vuestras inefa­
bles bondades? Los Angeles os ven de
continuo y desean este favor aun cuan­
do le están gozando, pues ¿cómo podré
yo en tal deseo ser menos que los An­
geles? Pues así lo q u ereis, mi amante
Salvador, y mis m iserias me obligan á
desearlo, y vuestra bondad me lo per­
mite, yo os abro mi corazon y entrego
mi pecho. V enid, venid, ¡ó mi Dios,
Sol div in o ! Sumergido estoy en las
tinieblas de la ignorancia y del peca­
do : v en id , disipad oslas obscuridades,
— 134 —
y haced que brillen en mi entendi­
miento las divinas luces de vuestra
claridad. V enid, ó mi am able Salva­
dor. Puesto que una vez os entregas­
teis todo entero p ara sacarm e del in­
fierno , y he vuelto á caer m iserable­
mente en la servidum bre del pecado,
venid otra vez á rom per para siempre
mis lazos, k quebrantar mis cadenas y
á volverme á la libertad. V enid, ó ca­
ritativo Médico de mi a lm a , que des­
pues de haber hecho de vuestra san­
gre un baño en que lavarm e, sirvién­
dome de bautismo para santificarme
mucho mas de lo que mis pecados
m erecían; yo mismo me he ocasio­
nado mil peligrosas enfermedades, que
dan angustia h mi corazon, lo debili­
tan , entibian y enflaquecen hasta dar
la m uerte á mi alm a. V enid, p u e s, l\
c u ra rm e : es mi necesidad m ayor que
la del Paralítico á. quien preguntasteis
— 13 o —
si queria la salud. Sí, Dios m ió , la de­
seo con todo mi corazon; mas ya que
Vos conocéis la tibieza de este mi de­
seo, aum entadle vivamente en mí por
vuestra infinita m isericordia. Venid, ó
el mas fiel, y el mas tie rn o , y el mas
dulce de todos los am igos; venid, el
alma á quien amais está enferma con
desmayos y con ánsias de m uerte. Bien
lo veis, amado Salvador m ió, Vos que
leeis en lo mas intimo de mi corazon.
Si hasta ahora he sido insensible en mi
desdicha, é im prudente en mi peligro,
desde ahora que siento ya por vuestra
gracia la desdicha y la necesidad que
me hace im plorar vuestro socorro; os
ruego por vuestra amistad incom para­
ble , por vuestra palabra que vengáis
á consolarme. V enid, y no permitáis
que jam ás os dé yo motivo alguno pa­
ra dejarm e. V enid, ó vida de mi cora­
zon, ó alma de mi vida, ó único apoyo
— 136 —
de mi s e r , ó pan de Angeles encarna­
do por mi a m o r, puesto por precio de
mi redención y dispuesto para mi ali­
mento. Venid 11 vivificar mi a lm a , ve­
nid á sostener mi flaqueza, venid á
saciar mi ham bre. V enid, Dios m ió , á
hacerme vivir de Vos y por Vos con
mas eficacia que antes. ¡Ah, mi único
am or! Si un cuerpo estuviera privado
de su alm a, ¡cómo la b u sca ría! ¡cómo
la lla m a ría ! ¿Y será posible que sien­
ta yo tan m alam ente de Vos y de mí,
que no sepa que sin Vos soy un cuerpo
sin alm a? Venid , p u es, ó Dios mió y
todas mis cosas, venid á reanim ar otra
vez á mi alma lánguida que suspira
por aquel que es todo el ornamento
de su h erm o su ra, el principio de sus
movimientos y la fuente de su vida.
Absorbed con instancia os lo pido, Je­
sús m ió, todo mi am o r, todos mis pen­
samientos; y apartad mi corazon de to-
— 137 —
do lo criado por la fuerza de vueslro
amor. Amor mas ardiente qoe el fue­
go , y mas dulce que la m ie l: haced
que m uera yo del ardor de vuestro
fuego como Vos habéis querido m orir
de amor por mí. ¡Oh Señor! herid mi
ingrato corazon y traspasadle de tal
suerte por todas p a rte s, que no pueda
contener cosa algana terrena ni hu­
m ana, y sí solo la plenitud de vuestro
am o r, pues él es vueslro y quiere ser­
lo eternam ente.
— 138 —

§ XIV.

OFFICIUM
SANCT1SS1M1 COKBIS -JESÜ.

Matutinum.
Cor Jesu flagrans amore nostri.
tf. Inflamma cor nostrum am ore luí.
H Y M N tS.

Cceleslis aulíe Gloria,


Qui sede lapsus a te rís,
CobIí triunfos deseris,
Ut nosira fías hostia.
Jesu voluptas cordium,
Cor ure sacris ignibns,
Dignis u t ornem laudibus,
Cordis tui prseconium.
Jesu Patris cor unicum.
— 139 —
Puris amicum mentí bus,
Cunclis amandum cordibus,
In corde regnes omnium.
jf. O sacrum Cor Jesu Palris volunlali
obsequentissimum.
i>'. Inclina ad le corda n o slra , ut qua;
placita sunt ei faciamus semper.
Paratum cor m eum , Dcus cordis
mei, paratum cor m eu m , ut faciam
voluntalem luam.
Deus meus \o lu i et legem tuam in
medio cordis mei.
OREMUS.
Deus, qui ineffabilés Cordis luí divi-
tias ac delicias Ecclcsiae Sponsse tuae
singulari dilcctionis beneficio aperire
dignatus e s t , concede nobis famulis
tu is, ut gratiis coclestibus ex hoc d u l-
cissimo fontc mananlibus corda nostra
ditari ac re cre an m ereantur. Qui vi-
vis et regnas in ssecula ssculorum .
— 140 —

Landos.
f . Cor Jesu flagrans amore noslri.
i|7. Inflamma cor nostrum amore tui.
HYMNUS.

Cor digna sedes Numine,


Te sacra \irtu s Flaminis,
Illapsa in álbum Virginia.
Puro creavit sanguine.
Hic sacra Virtutum cohors,
Cusios comesque candida
Fidelis innocenti»
In sede regnal propria.
Jesu Palris Cor unicum ,
Puris amicum mentibus,
Cunclis amandum cordibus
In corde reges omnium.
f . O sacrum Cor Jesu salutis nostra:
sitientissimum.
fi. Revoca nos prevaricantes ad cor,
ul non m oriam ur in peccatis nostris.
y . Paratum cor m eu m , Deus cordis
m ei, paratum cor m eu m , ut faciam
voluntalem luam.
Deus meus volui et legem lúam in
medio cordis mei.
OREMUS.

D eus, qui inctfabiles Cordis luí divi­


nas ac delicias Ecclesue, etc.

Ad Primam.

Cor Jesu ílagrans amore nostri.


rL lnflamma cor nostrum amore tui.
HYHNUS.

Cor solé puro purius,


Templumque cobI o dignius,
Verbum Dei sacrarium ,
Opum Dei compendium.
Iloc jure q ux mundum regunl,
- 142 —
Volvuntur alto peclore,
IIoc Coate quse m eales beanl
Manant fluenta g ra tis.
Jesu Patris Cor unicum,
Puris amicum mentibus,
C undís amandum cordibus
In corde regnes omnium.
O sacrum Cor Jesu puritalis exem-
plar perfectissimum.
r¡. Fac nos esse mundos corde , ut se-
cundnm te inveniri m eream ur.
f . Paratum cor m eum , Deus cordis
m ei, paratum cor m eum , ut faciam
voluntatem tuam .
ni. Deus meus volui et legem tuam in
medio cordis mei.
OREMUS.

Deus, qui ineffabilesCordis tui divi-


tias ac delicias Ecclesi®, etc.
— 143 -

Ad Tertiam.
f . Cor Jesu flagrans am ore nostri.
b’. Inflamma cor nostrum amore tai.
H YM N U S.

Cor ara coelo celsior,


Terri9 m arique latior,
Qaas ante nos exceperis,
Deus repellit hostias.
Ex te quot actus prodeunt,
Tot digna Patris m uñera,
Quot vota fundís , tot P ater,
Digna rependit pnem ia.
Jesu Patris Cor unicum,
Puris amicum m entibus,
Cunctis amandom cordibus,
ln corde regnes omnium.
O sacrum C or Jesu erga hostestuos
milissimum.
r'. ExuUel pax tua in cordibus nostris.
— I 44 —
ul persequentibus nos remitlamus
ex cordibus nostris.
¡f. Paratum cor meum , Deus cordis
m e i, paratum cor m eu m , ul faciam
\olunlalem tuam.
Deus meus \o lu i et legem tuam in
medio cordis mei.
0IIEMUS.

Deus, qui ineffabiles Cordis lui divi-


tias ac delitias Ecclesiae, etc.

Ad Sextam.

jb. Cor Jesu flagrans amore noslri.


r'. lnflamma cor nostrum amore tui.
HYMNUS.

O Cor Deo par victim a,


Altare sacralissimum,
In quo perennis hostia
Culpas pias mortal ium.
- 145 —
Yinilex Deus irascitur
R eís, sed ul te respicit
Placatus iras abiicit
Et fulmen obliviscitufr.
Jesu Patris Cor unicum,
Puris amicum mentibus,
C undís amandum cordibus,
In corde regnes omnium.
O sacrum Cor Jesu pro peccátis
nostris aflictissimum.
r'. Da nobis cor conlritum et humilia^
tu m , ut dignos, pcemterüiai fructus
faciamus.
f . Paratum cor m eu m , Deus cordis
m ei, paratum cor m eum , ut faciam
voluntatem tuam.
tí. Deus meus \o lu i et legem tuam
in medio cordis mei.
OJIEMUS.

Deus, qui ineffabiles Cordis tui dimi­


tías ac delicias Ecclesiae, etc.
- 146 -

Ad Nonam.
jí. Cor Jesu flagrans amore nostri.
b'. Inflamma cor nostrum amore lui.

HYM N U S.

O Cor amoris victima,


. C ali perenne gaudium,
Mortalium spes ultima
Solamen hic mcErentium.
Tu portus urbi naufrago,
Secura pax fidelibus,
Cordis cibus famélico,
Reis asylum mentibns.
Jesu Patris Cor unicum,
Puris amicum mentibns,
Cunclis amandum cordibus,
In corde regnes omnium.
]t. O sacrum Cor Jesu paupertati
amantissimum.
Pone nos super Cor tu u m , ut in le
- 147 -
único thesauro nostro tolum sil cor
nostrum.
Paratum Cor m eum , Deus cordis
m e i, paratum Cor m eum , ut fa -
ciam Yoluntatem tuam .
Deus meus volui et legem tuam in
medio cordis mei.
OREHTJS.

Deus, qui ineffabiles Cordis tui divi-


tias ac delicias Ecclesi®, etc.

Ad Vesperas.

f . Cor Jesu flagrans amore nostri.


i>'. Inflamma cor nostrum amore tui.
HY U N US.

Nidus gementis turturis,


Gratum columbia pabulum ,
Hortus refulgens floribus
Spons» quies et lectulus.
- 148 —
Hic casta spirant lilia,
Quibus nitescunt virgincs,
Hic ande splendent m artyres
Blanda rubescunt purpura.
Jesu Patris cor unicum
Puris amicnm mentibus,
Conctis amandum cordibus,
In corde regnes omnium.
¡f. O sacrum Cor Jesu diligentibuB be-
neficentissimum.
b!. Deficiat in te caro n o stra , et cor
nostrum u l sis am or cordis nostri, el
pax noslra in seternum.
j . Paratum cor m eu m , Deus cordis
m ei, paratum cor m eu m , ut faciam
voluntatem tuam.
r!. Deus meus volui et legem tuam in
medio cordis mei.
OREMUS.

Deus, qui ineffabiles Cordis lui di vi*


lias ac delicias Ecclcsiae, etc.
- U9 —

Ad Completorium.

jfr. Cor Jesu flagrans amore nostri.


g!. Inflamma cor nostrum amore tui.
HY M N U S .

Grandi reclusum vulnere,


Amor dedit te pervium ,
Amor reclusit ostium
H ortatur et pervadere.
Quos abluisti sanguino
Venís apertis ómnibus,
Nos intimis recessibus
Semel receptos contine.
Jesu P atris cor unicum,
Puris amicum mentibus,
Cunctis amandum cordibus,
In corde regnes omnium.
O Cor, victima charitatis, pro p ec -
catis nostris immolatum, ab ingratis
hominibus negleqtum et afflictum.
- 150 —
Converte n o s, \i\ific a n o s , et ac -
cende nos.
f . Paratum cor m eum , Deus cordis
m ei, paratum cor m eu m , ut faciam
voluntatem tuam.
íjl. Deus meus volui et legem tuam in
medio cordis mei.
OREMUS.
Deus, qui ineffabiles Cordis tui divi-
tias ac delicias Ecclesiae, etc.
- 151 -

§ XV.

DEL

SAGRADO CORAZON DE JESÚS.

Kyrie, eleison.
Christe, eleison.
Kyrie, eleison.
Cnriste, audi nos.
Christe, exaudí nos.
Paler de coclis Deus, miserere nobis.
Fili, Redemptor mundi Deus,
Spirílus Sánete Deus,
Sancta Trinitas unus Deus,
MISERERE

Cor Jesu, verbo substantialiter unitum,


Cor Jesu, Divinitatis sanctuarium.
Cor Jesu, Sanct® Trinitalis Templum,
Cor Jesu, Sapientiae Abyssus,
Cor Jesu, bonitatis Occeanus,
NOBIS.

Cor Jesu, misericordia Thronus,


Cor Jesu, Thesaurus nunquam deficiens,
Cor Jesu, de cujus plenitudine omnes nos
accipimus,
Cor Jesu, pax et reconciliatio noslra,
— 452 —
Cor Jesu, virtutum omnium exeroplar,
Cor Jesu, infinite am ans, infinite am an-
dura,
Cor Jesu, fons aquae salienlis in vitam
asternam,
Cor Jesu, in quo sibi Pater bené compla-
cuit,
Cor Jesu, propitialio pro peccalis nostris,
Cor Jesu, propler nos amaritudine reple-
tum,
Cor Jesu, usque ad mortem in horlo tris-
lissimum,
Cor Jesu, opprobriis saturaturo,
Cor Jesu, amore vulneralum,
Cor Jesu, lancea períoratum,
Cor Jesu, in cruce sanguine exhaustum,
Cor Jesu, attrilum propler scelera nos-
tm,
Cor Jesu, eliam nunc ab ingratis homini-
bus in sanclissimo amons Sacramento
dilaceratum,
Cor Jesu, refugium peccalorum,
Cor Jesu, forlitudo debilium,
Cor Jesu, consolatio afflictorum,
Cor Jesu, perseveranlia justorum,
Cor Jesu, salus in te sperantium,
Cor Jesu, spes in te morientium,
Cor Jesu, cultorum tuorum dulce presi­
dium,
Cor Jesu, delici® Sanctorum omnium,
Cor Jesu, adjutor noster in tribulationi-
bus, quae invenerunt nos nimis,
— 153 —
Agnus Dei qui tollis peccata mundi, mise­
rere nobis.
Christe, audi nos.
Christe, exaudi nos.
OREMUS.

Fac n o s , Domine J e s u , sanctissimi


Cordis tui virtutibus in d u i, et affecli-
bus inflam m ari: u t et imagini bonita-
lis tu s conformes, et tuse redemptionis
m eream ur esse participes. Qui vivis el
regnas cum Deo Patre in unitate Spi—
ritus Sancti Deus, per omnia saecula
saeculorum. Amen.
CAPÍTULO vni.
CÁNTICOS
AL

Sagrado Corazon de Jesús.

Corazón santo,
Tú reinarás,
Tú nuestro encanto
Siempre serás.

Venid cristianos,
Y acá en el suelo,
Como en el cielo
Se vé adorar.
También nosotros
— 155 —
Adorarémos,
Y ensalzaremos
‘Al Dios de paz.
Corazon Santo, etc.

Jesús amable,
Jesús piadoso,
Dueño amoroso,
Dios de p ied ad :
Vengo á tus plantas,
Si tú me dejas,
Humildes quejas
A. presentar.
Corazon Santo, etc.

Divino pecho,
Donde so inflama
La dulce llam a
' De caridad;
¿P or qué la tienes
Ahí encerrada,
Y no abrasada
— 156 -
La tierra está?
Corason Santo, etc.

Arroja en ella
Tu hermoso fuego,
Y lodo luego
Se inflamará.
¿No ves que el mundo
Vive aterido
Y endurecido
En la impiedad?
Corazon Santo, etc.

Sagrado fuego
Y amor ardiente,
¿ Cómo consiente
Tanta frialdad?
[A hí á lo menos
La triste España
No ya tu saña
Sufra de hoy mas.
Corazon Santo, rlc.
— 157 —
A ella obligado
Con tn empeñada
Palabra dada,
S eñor, estás.
En ella has dicho
Que re in a ría s:
¿Y nuestros días
No lo verán ?
Corazon Santo, etc.

Corazon dulce,
Manso y clemente,
Principio y fuente
De santidad.
Véante mis ojos
Desenojado,
Dueño adorado,
Dios de bondad.
Corazon Santo, etc.

Con lazo amigo,


Con lazo estrecho,
— 158 —
Tu amante pecho
Vengo íi buscar.
Por tí suspiro,
Ábreme el seno,
Que en él j cuán bueno
Es h a b ita r!
Corazon Santo, etc.

Tú solo puedes,
Omnipotente,
Mi sed ardiente
Refrigerar.
A quí, bien mío,
Aquí el postrero
Suspiro quiero
Por tí exhalar.
Corazon Santo, etc.
R.
— 159 —
Corazon arca y trono
En que se deposita,
No ya la ley escrita
De pena y de terror.
Sino la ley benigna
De gracia y de concordia,
De p az, misericordia,
Y filial adopcion.

Corazon santuario
Del nuevo Testamento,
Trono augusto y asiento
Del gran Dios Redentor.
Templo mas que el antiguo
Rico y santificado,
Velo que asi rasgado
Los cielos nos abrió.

Caridad insaciable
Te hirió aun despues de m uerto,
Como indicio el mas cierto
De amor que no murió.
— 160 —
Para que veneremos
Con señal tan visible
El fuego inestinguible
De tu amoroso ardor.

Bajo esta tierna imágen


Cristo dió complemento
Al místico y. cruento
Sacrificio de amor.
Consagrando uno y otro
A Dios Padre en ofrenda,
Y á los hombres en prenda
De infinito valor.

¿Quién no am ará al Amante


Que tanto le ha querido?
¿Quién será el redimido
Que no ame al Redentor?
¿Quién no querrá 6u dicha
Tener asegurada,
Fijando su morada
En este Corazon?
— 161 —
Al Padre omnipotente
Al Hijo coelerno,
Al amor sempiterno
Espíritu de Dios.
Por siglos infinitos
Sobre toda memoria
Será inm ortal la gloria
Alabanza v honor.
n. g .

C o r, Arca legem continens


Non servitutis veter¡9;
Sed g r a t i s , sed veni®,
Sed et misericordia;.
Cor, Sanctuarium novi
Intem eratum foederis
Templum vetusto sanctius,
Velumque scisso utilius.

Te vulneratum Charitas
letu patenti voluit,
— 162 —
Amoris invisibilis
Ut venerem ur vulnera.
Qoc sub amoris symbolo,
Passus e m e n ta , et myslica,
Utrumque sacrificium
Christus Sacerdos obtulit.

Quis non amantem redam et?


Quis non redemptus diligat,
Et Corde in isto seligat
jE tem a tabernacula?
Decns P a re n ti, et Filio,
Sanctoque sit Spiritui
Quibus potestas, gloria
Regnnmqne in omne est sxculum .
Amen.
/ . Vere languores nostros ipse tulit.
n’. Et dolores nostros ipse portavit.
o rev u s.

Concede , q u ssu m u s, omnipotens


Deus, ut qui in Sanctissimo dilecli Filii
— 463 —
tui Corde g loriantes, p recipua iu nos
charitatis ejus beneficia recolimus eo-
rum p ariter et actu delectem ur , et
fructn. P er enmdem Dominum nos-
Irum Jesum Christum Filium tuam , qui
tecam vivit et feguat iu unilate Spiri—
tas Sancti Deas. P er omnia sacóla s» -
culorum. Amen.
( E x B re via rio R om .)
CAPÍTULO IX.
De afganas Instrucciones que podrkn
servir para fa cilita r la Institución de
las piadosas Congregaciones del Sa­
grado Corason de Jesús.

1 Si alguna p erso n a, celosa de la


gloria de Dios y salvación de los hom­
bres , quiere erigir alguna Congrega­
ción del Sagrado Corazon de Jesús en
cualquiera iglesia ú oratorio público,
despues de haber encomendado á Dios
el feliz éxito de su santa ob ra, debe
prim ero, ya sea en sus conversaciones
fam iliares, ya distribuyendo al efecto
algunos librilos , instruir á algunas
— 4(35 —
personas sobre el objelo , íin y venta­
jas de la devocion al Divino Corazon.
2.° Luego que baya instruido á al­
gunos , aunque sean de ambos sexos,
los cuales se inclinen á entrar en la
piadosa u n ió n ; puesto de acuerdo con
el Sr. Cura Párroco del pueblo, para
que tenga á bien favorecer su empresa
y designar una capilla ó altar en el que
debe exponerse alguna devota imágen
del Sagrado Corazon de Jesús; el que
haga las vece9 de P residente, ó el se­
ñor Cura Párroco elevarán una expo­
sición al lim o. Sr. Obispo de la dióce­
sis para que tenga á bien aprobarla.
3.° Aprobada que sea por el señor
Obispo, se celebrará una Junta gene­
ral de todos los hombres que formen
parte de ella para elegir Presidente,
el cual deberá ser en cuanto sea posi­
ble algún piadoso Sacerdote, y además
un Secretario, que deberá ser algún
— Ititi —
piadoso seglar, el cual suplirá al señor
Presidente en su ausencia ó enferme­
dad en todo aquello que pueda según
su estado.
N ota . Todas las Congregaciones deberán
poseer, á lo menos, un ejemplar del P. Croi-
se t, ó sea Devocion al Sagrado Corazon de
Jesús, traducido por el P. Peñalosa; eD cu­
yo libro podrán leerse las reglas para el
buen gobierno de las Congregaciones, y las
obligaciones de todos los oficiales y congre­
gantes.
4.° Nombrado el P resid en te, este
escribirá á Roma al Secretario de la
Congregación prim aria del Sagrado
Corazon de Jesú s, establecida en la
iglesia de santa María de la Paz , para
que le envie un diploma de agrega­
ción ; á fin de poder ganar las muchí­
simas indulgencias concedidas por los
Sumos Pontífices á todos los agregados
á dicha Congregación prim aria.
N ota . Cuando se escriba á Roma debe
— 167 —
mandarse el mismo oficio de aprobación del
Sr. Obispo de la diócesis, ó una copia au­
téntica. T para obtener mas fácilmente di­
cho diploma, si la persona que quiere pe­
dirlo no tiene en Roma ninguna persona
conocida que se encargue de ello, será lo
mejor que se informe del Secretario del se­
ñor Obispo de la diócesis sobre el modo co­
mo debe escribir, ó bien rogándole que ten­
ga á bien encargarse de ello.

5.° Si no fuere fácil en algún pue­


blo por razón de su corto vecindario, ó
per otras causas establecer la Congre­
gación , los que en aquel pueblo qui­
sieren formar parte de alguna otra ya
establecida para h o n rar al Sagrado
Corazon de J e sú s, y participar del te­
soro de indulgencias concedidas á los
congregantes, podrán hacerse inscri­
b ir en el libro de la misma canónica­
mente erigida.
N o ta . Mientras no se erija la Congrega­
ción ó en aquellos pueblos en los que no sea
— 4t>8 —
fácil su establecimiento, podrán observarse
las siguientes reg las:
I. El que baya introducido en al­
gún pueblo la devocioa al Sagrado Co­
razon de J e sú s, ó que eslé al frenle de
los piadosos fieles que desean obse­
quiar á Jesús, distribuirá á los asocia­
dos en coros de á nueve , nombrando
para Presidente ó Director de cada
uno algún sujeto que sea diligente y
piadoso.
N ota . N o es necesario esperar á que se
reúnan muchos congregantes para empezar
los piadosos ejercicios de la devocion al Sa­
grado Corazon do Je sú s; basta que haya un
solo coro, y si aun no llegan á nueve los
asociados podrán también em pezar, aunque
no sean mas que dos ó tres sujetos, hacien­
do cada uno el oficio que quiera de los nue­
ve que componen el coro, y lo cambiará él
mismo todos los meses.

II. El Presidente de cada coro ten­


drá cuidado de cambiar antes del pri—
— 169 —
mer viernes ó prim er domingo do
cada mes los oficios de los asociados,
avisándoles al mismo tiempo de la co -
munion y acto de desagravios que de­
ben hacer los primeros viernes, ó pri­
meros domingos de cada mes.
N ota . £1 que se ausente del pueblo, y no
pueda recibir del Presidente el respectivo
número del oQcio que le haya cabido eu
suerte, podrá seguir su piadoso ejercicio
haciendo por órden todos los nueve oficios
que hay en el librito.

III. P ara que los pobrecilos no se


retraigan de entrar en la Congrega­
ción, no se exigirá cosa alguna al en­
trar , ni tampoco se im pondrá pensión
alguna que hayan de pagar los con­
gregantes.
IV. El Presidente de la piadosa
nn io n , conformándose con el parecer
de los cuatro Presidentes de coro mas
antiguos del oficio, determ inará lodos
— 470 —
los años el modo cómo los congregan­
tes, que puedan buenam ente d ar algo,
deben contribuir á los gastos de la so­
lemne fancion de desagravios, que de­
be hacerse lodos los aüos el primer
viernes ó prim er domingo despues de
la octava del Corpus.
V. En las poblaciones de crecido
vecindario los congregantes para mas
promover el culto al Sagrado Corazon
de Jesú s, y para m as aprovecharse
ellos en espíritu , será útil se reúnan
todos los prim eros viernes ó primeros
domingos de cada mes en la iglesia do
la Congregación, para hacer alguna
función y acto de desagravios á Jesús
Sacramenlado.
N ota . En el libro del P. Croiset, antes ci­
tado, se hallarán escritas las meditaciones y
aclos de desagravios que podrán servir pa­
ra las funciones indicadas en este número V.

VI. Siempre que el Presidente quie-


— M\ —
ra hacer algo que interese á toda la
Congregación, deberá proceder de
acuerdo con los cuatro Directores de
coro mas antiguos en el oficio.
VII. Si alguno desea pertenecer á
la Congregación, despues que ya estu­
viere canónicamente erigida, deberá
dirigirse al P residente, el c u a l, oido
el parecer de los cuatro Directores a r­
riba dichos, le ad m itirá, si consta que
es persona piadosa y de buena conduc­
ta , inscribiéndole al efecto en el libro
de la Congregación y dándole una cédu­
la de agregación y un catálogo de in­
dulgencias, sin exigirle precio alguno.
N o ta . El Presidente del pueblo en el que
no esté todavía erigida canónicamente la
Congregación, deberá enviar los nombres de
los asociados al Presidente de alguna Con­
gregación agregada á la prim aria de Boma,
de quien recibirá los correspondientes catá­
logos do indulgencias y cédulas de agrega­
ción.
— 172 —
VIII. Cuando alguno de los que for­
man parle de la asociación estuviere
gravemente enfermo, ó en alguna gra­
ve necesidad, el Director del coro al
que pertenezca avisará á sus demás
compañeros del coro para que le enco­
mienden á DÍ0 9 , y le socorran carita­
tivamente en lo que puedan.
IX. Despues que hubiese muerto al­
gún congregante, todos los del coro á
que pertenecía el difunto, avisados por
su respectivo Presidente , ofrecerán
por el difunto la indulgencia de do»
comuniones, y los que fuesen sacerdo­
tes el fruto de una m isa; y cuando es­
tuvieren reunidos todos los congregan­
tes el prim er Presidente avisará á to­
dos, para que cada uno según su cari­
dad ruegue por el alm a del difunto
congregante.
X. Cuando m uriere alguno que ha­
ya sido insigne bienhechor de la Con-
— 173 —
gregacion, pagando por ejemplo casi
todos los gastos de funciones religio­
sas , e tc ., e tc ., ó que hubiere sido ce­
loso propagador de la devocion al Sa­
grado Corazon, entonces el Presidente,
oido el parecer de los cuatro Consulto­
res arrib a dichos, avisará á todos los
de la Congregación por medio de los
respectivos Presidentes de coro, para
que todos ofrezcan por el difunto bien­
hechor la indulgencia de una com u-
CAPÍTULO X.

N O V E N A
AL

SAGRADO CORAZON DE JESÚS.

Gsta novena podrá empezarse el dia del


Corpus para prepararse á celebrar la fiesta
del Corazon de Jesús.
Estando de rodillas delante del Santísimo
Sacramento, ó de alguna imagen del Cora­
zon de Jesús, se empezarán los ejercicios de
la novena como sigue,
f . Deus in adjutorium meum inlende.
— 175 —
r/. Domino ad adjuvandum me festina.
f . Gloria P a tri, et Filio, et Spiritui Sancto.
t¡. Sicut erat in principio, et nunc, et sem -
per, et in saecula sxculorum. Amen.

¡O Corazon amantísimo de mi dulce


Jesús 1 en quien depositó la Trinidad
Santísima infinitos tesoros de sabiduría
y de san tid ad : oid benigno mis súpli­
cas , y concededme, Jesús m ió, u n co­
razon sem ejante al v u estro , para que
sepa agradecer, como debo, el inmenso
amor qne me habéis m ostrado, pueda
reparar mis pasadas infidelidades, y
por los méritos del purísimo Corazon
de Maria alcanzar lo que os pido en
esta no v en a, si es para m ayor gloria
de Dios y bien de mi alma. Amen.
— 170 —

DIA PRIMERO.

Jesús Mediador.
ORACION.

I Divino Mediador de los hombres,


Cristo J e s ú s ! que pendiente de la cruz
y colocado entre el cielo y la tierra,
obediente íi las órdenes de vuestro Pa­
dre celestial, sufristeis la mas afrento­
sa m uerte para darnos ¿i nosotros eter­
na v id a , y permitisteis que una lanza
impía abriese en vuestro Corazon una
puerta por la que entrasen en él todos
los que quisieren librarse del diluvio
de iniquidades que inunda la tie rra ;
ruégoos humildemente admitais á to­
dos los hombres dentro de vuestro Co­
razon Sacrosanto, m orada de paz y do
salud , y en él nos hagais gustar ó. lo-
— 177 —
dos las delicias que leneis preparadas
á los que os am an. Amen.
N o t a . Ahora se podrá rezar la Coronita
al Sagrado Corazon de Je sú s, que se halla
en la página 420, ó bien podrán rezarse tres
Padre nuestros, tres Ave M arías y tres Glo­
ria P atri en reverencia de las tres insig­
nias de la Pasión con que se apareció el Di­
vino Corazon á la Beata M argarita Alacoque,
ó bien un solo Padre nuestro al Santísimo
Corazon, acabando con la siguiente jacula­
toria.
Corazon de m i amable Salvador,
H az que arda y siempre crezca en m i tu
amor.
Virtud. Ejercitarse en obras de ca­
ridad y celo de las alm as, haciéndose
todo de todos para ganarlos á Jesu­
cristo.
ORACION AL P A D R E ETERNO.
¡O P adre de las m isericordias y
Dios de todo consuelo! Aunque pobre
é indigno por mis pecados, me atrevo
- 178 —
ii comparecer ante vuestra divina Ma­
jestad á ofreceros el adorable Corazon
de vuestro amantísimo Hijo, en el cual
y por el cual os amo y adoro por todos
los qae no os am an ni adoran como
P a d re , ni como Dios: en él y por él
quiero satisfacer á vuestra divina Ma­
jestad por las obligaciones que os de­
ben todos los h o m b res: en él y por él
quiero re p ara r toda6 las injurias , ul­
trajes y sacrilegios que han cometido
contra el Santísimo Sacramento del
A ltar: en él y por él os ofrezco los
m éritos de lodos los Santos, y todas las
almas redimidas con la sangre precio­
sísima de Jesús. No p erm itáis. Padre
amante , que jam ás se pierda una sola
alm a de las que os invoquen y acudan
á Vos por medio del deífico Corazon de
vuestro amantísimo nijo. Por él os pi­
do , Dios m ió , la conversión de los in­
fieles , la reducción de los h e re je s, la
— 179 -
salvación de los pecadores, la perseve­
rancia de los ju sto s, la prosperidad de
la Iglesia católica, la paz y concordia
entre los príncipes cristianos y la san­
tificación de todos los hombres. Pre­
sento también á vnestra divina Majes­
tad sobre el Corazon de vuestro Hijo
unigénito á vuestros siervos, y los de­
seos de mi corazon ( aquí se pueden
nombrar las personas que cada uno
quiera encomendar á Dios, pidiendo al
mismo tiempo la gracia que nos pro­
pongamos alcanzar en esta novena) .
Pídoos, Dios m ió , nos concedáis ¿i to­
dos un corazon m anso, humilde y en
un lodo semejante al de Jesús: llenad­
nos, Señor, de su divino espíritu, con­
servadnos en vuestra am istad, y con­
cededme la gracia que os pido en esla
novena , si es p ara m ayor gloria de
Dios y bion de mi alm a. Amen.
N ota . Despues de esta oracion podrán
— 180 —

rezarse las letanías al Sagrado Corazon do


Jesús, página 451, y podrá darse fin á la
novena con el cántico Corazon santo, etc.,
página 154.

DIA SEGUNDO.

Todo como el primer d ia , mudando la se­


gunda oracion, y la virtud particular para
cada dia.

Jesús Reparador.

ORACION.

¡ O dulcísimo Jesús m ío , victima de


propiciación y R eparador de nuestra
caida 1 Duélem e, S eñor, considerando
vuestro tierno Corazon anegado en do­
lor al ver que los hombres no quieren
aprovecharse del precio infinito de
vuestra sangre preciosísim a, que dis­
teis por su rescate : apartadlos, Jesús
— 181 -
m ió , de su6 malo3 cam inos, atraedlos
á todos á vuestro divino Corazon, para
que encendidos en vuestro amor abor­
rezcan sus iniquidades, y reparen su
flojedad y tibieza, am ándoos, alabán­
doos y sirviéndoos con fidelidad y
constancia todos los dias de su vida.
Amen.
Virtud. Practicar algún acto de re­
paración, dando buen ejemplo, y ejer­
citándose en alguna mortificación.

DIA TERCERO.

Jesús Adorador.

IO Jesús mió 1 verdadero Adorador


de la divina M ajestad, que nos ense­
ñasteis á perseverar orando entre mor­
tales angustias en el huerto de Getsc-
m an í; pídoos, S eñ o r, por los méritos
— -182 -

(le vuestro deífico Corazon me enseñeis


á orar y perseverar o ra n d o , aunque
sea con sequedad, con repugnancia y
con disgusto mió. Amen.
Virtud. Ejercitarse por u n cuarto
de hora ó por media hora en oracion
m ental ó vocal delante del Santísimo
Sacram ento, ó de alguna imagen de
Jesús.

DIA CUARTO.

Jesús Amante.

¡O am antísimo Jesús! por la a r ­


diente llam a de am or que abrasaba
vuestro tierno Corazon en Belen, en
vuestra últim a Cena y en el Calvario,
pídoos encarecidamente encendáis en
mi corazon una centella de aquel divi­
no a m o r, para que arda mi pecho en
- 183 —
el cclo de la gloria de Dios y salvación
de los hombres. Amen.
Virtud. Procurar la pureza de alma
y cuerpo para hacernos digna m orada
del Espirilu Santo.

DIA QUINTO.

Jesús Discípulo.
¡ O divino Maestro de las alm as Cris­
to Jesús 1 que para enseñarnos á, traba­
ja r y obedecer quisisteis estar sujeto
por muchos años á José y á M aría,
trabajando como hum ilde carpintero;
concededme por los méritos de vuestro
humilde Corazon, que sopa yo herm a­
nar la oracion con el tra b a jo , y que
viva siempre obediente íi mis superio­
res eclesiásticos y seculares en lodo ln
que me mandón según vuestra sania
loy. Amen.
_ ,| 8 4 _

Virtud. Obedecer con humildad y


respeto á nuestros superiores.

DIA SEXTO.

Jesús Victima.
¡ O manso C ordero, en quien des­
cargó el Padre Eterno la trem enda cu­
chilla de su divina justicia para casti­
gar nuestros pecados! [O Jesús mió,
víctima de am or perpétuo sacrificada
todos los dias sobre nuestros a lta re s!
en unión de los m éritos de todos los
Santos, y de mi m adre la Purísim a
V irg en , os ofrezco mi pobre corazon
en expiación de mis pecados y de la
frialdad y tibieza con que os am an y
sirven la mayor parte de los hombres.
Virtud. Mostrarse agradecido á los
beneficios divinos, y generoso en el
servicio de Dios.
DIA SÉPTIMO.

Jesús Esclavo.

¡ 0 divino Rey de la gloria Cristo


Jesús, abatido y anonadado á lo s piós
del traidor Judas! os acompaño, Se­
ñor , en los sentimientos de humildad,
que practicasteis al lavar los piés al
mas vil de los hom bres, y os suplico
me concedáis perfecta hum ildad y dul­
zura de corazon para perdonar y am ar
á mis enem igos, y á lodos los que me
quieren mal. A todos los ame yo en mi
corazon por vuestro am or. Amen.
Virtud. Hacer algún acto de humil­
dad, y procurar reconciliarse con los
que hayamos ofendido.
— I8ü —

DIA OCTAVO.

Jesús Suplicante.

¡ 0 benignísimo Jesús, cjiya vida fue


bendición para los hom bres, sin que
dejaseis jam ás de o rar por ellos é in­
terceder en favor suyo con vuestro Pa­
dre celestial! escuchad, Corazon cle­
mentísimo , mis súplicas, y conceded­
me la gracia de que seáis conocido,
amado y adorado por todos los hom­
b re s, y de que todos cuantos acudan á
Vos pidiendo socorro , le hallen en
vuestro paternal Corazon. Amen.
Virtud. Rogar a Dios con humilde
perseverancia por la salvación de los
hom bres, y para que se digne aliviar
;i las alm as del purgatorio por los mé­
ritos del Corazon do Jesús.
- 187 —

DIA NOVENO.

Jesús Celador.

¡O divino Jesús verdadero enamo­


rado de los hombres! que os dignasteis
manifestarnos vuestro adorable Cora­
zon coronado de espinas, cargado con
una cruz y abierto de una lanzada,
para que conociésemos el infinito am or
con que nos amais. Concededme, Je­
sús mió, la gracia de saberm e aprove­
char de tan rico tesoro, y de que en él
y por él os a m e , bendiga y alabe por
todos los siglos de los siglos. Amen.
Virtud. Procurar enseñar á los fie­
les lo que es la devocion al Sagrado
Corazon de Jesú s, y hacer que alguno
se inscriba en la Congregación.
CAPÍTULO XI.
MEDITACIONES ESPUllTLALES
SOBEE

1.08 ltUBTM onoios

DSL SAGRADO CORAZON BE JESÚS.

Dia 1.°
JESÚS MEDIADOR.

ü u o e s el M ediador e n lre
Dios y los h o m b r e s , Je su ­
c risto h o m b re .
S a n Pablo en tu 1.a caria ti
Timoteo, ca p . m , e . S.

Cumplió Jesucristo el oficio de Me­


diador enlre Dios y los hom bres dán­
donos á conocer y enseñándonos ¡i
— 180 —

cumplir la voluntad de su Padre celes­


tial , intercediendo al mismo tiempo,
y abogando por nosotros ante el trono
del Altísimo justam ente enojado por
nuestros pecados; cargando sobre sus
sagrados hombros el enorme peso de
nuestras iniquidades, presentándose á
sí como reo ante el supremo Juez para
que descargase sobre él la trem enda
cuchilla de la justicia divina, y pagase
Jesucristo con el precio infinito de su
sangre y de su vida la deuda de honor
y gratitud que lodos los hombres de­
bíamos á la inmensa santidad de Dios
ultrajada y vilipendiada por nuestras
iniquidades.
Y como sean las obras de Jesucristo
obras de Maestro, que desea ser im ita­
do por sus discípulos, y seamos nos­
otros por su divina misericordia discí­
pulos escogidos de un modo especial
para aprender en la escuela del C ora-
- 190 —
zon sacrosanto de Jesús, á nosotros nos
toca, pues, tam bién im itar contodaslas
fuerzas de nuestra alm a y de nuestro
corazon las virtudes del Corazon deífi­
co de nuestro soberano Maestro Jesús.
Ahora b i e n , examinemos por un
momento nuestro modo de proceder,
y veamos si corresponden nuestras
obras á nuestra obligación; veamos si
ellas se parecen k las que practicó Je­
sús como Mediador entre Dios y los
hom bres, k s a b e r: entre Dios justa­
m ente enojado por nuestras iniquida­
des, y los infelices hombres manchados
con sus pecados y por esto aborrecidos
de Dios, que necesitaban de una per­
sona grata á su divina Majestad para
que intercediese por ellos y les alcan­
zase el perdón. ¿Son, pues, nuestras
palabras, palabras de d u lzu ra, conci­
liación y amor entre los hom bres que
nos ro d e an , y con los cuales hemos de
- 191 -
vivir enlazadas con los vínculos de fra­
terna caridad? ¿Procuramos enseñar
¿i los ignorantes la divina ley y el
cumplimiento de sus obligaciones p ara
con Dios nuestro Padre celestial ? ¿ In­
tercedemos acaso por los pecadores
para que Dios los perdone y nos con­
ceda á lodos la gracia de una verda­
dera conversión y santificación? ¿O ra­
mos , lloram os, ayunam os, nos afligi­
m os, ofrecemos á Dios el mérito de
nuestras m ortificaciones, trabajos y
sacrificios, unidos siempre al mérito de
Jesucristo, para interesar y m o v erá
Dios á que otorgue la gracia pedida?
¿Son estos nuestros sentim ientos, son
estas nuestras aspiraciones, son estas
nuestras o b r a s , fieles devotos del
amante Corazon de Jesús nuestro Me­
diador ?
Reflexionemos, amados congregan­
tes , un momento sobre tan sagrados
— 192 -
deberes: pidamos cuenta á nuestra
alma del uso que ha hecho de los su­
perabundantes raudales de gracia que
ha recibido del cielo para saber y po­
der im itar á Jesú s, si ya no pagando
en buena ley de justicia el precio de
la conversión de los pecadores y san­
tificación de los justos, que solo Cristo
pudo y quiso superabundantem ente
satisfacer, al menos cumpliendo nos­
otros entre los hombres con quienes
vivimos el oficio de ángeles de paz con
nuestras obras de m ansedum bre, hu­
mildad y caridad. No se diga de nos­
otros que faltamos á nuestro deber, y
que, lejos de parecem os á los ángeles
de p a z , nos parecemos al ángel de la
discordia con nuestras m urm uracio­
nes , envidia y m aledicencia; seamos,
pues, mansos y hum ildes de corazon,
seamos celosos de la divina gloria y
salvación de los hombres, enseñémos-
— 193 —
les con naeslras buenas obras el ap re ­
cio que debe hacerse de la divina g ra­
cia y de las cosas celestiales; para que
haciendo nosotros en la tierra el oficio
de ángeles de paz y de consuelo, m e­
rezcamos algún dia gozar de la pre­
sencia de Dios en el cielo , cantándole
en compañía de todos los coros angéli-
eos himnos de gloria sem piterna.

Dia 2.°
JESÚS REPARADOR.
J e s ú s s e dió á si m ism o en
R ed en ció n p o r todos.
S a n Pablo en su l .* caria ti
Timoteo, c a p . n , v . 6.

Decretó Dios en su infinita miseri­


cordia re p arar la pérdida causada por
Adán prevaricador, y salvar el linaje
humano de su total perdición. Y pu­
diéndolo hacer de otros mil modos
— 194 -
menos costosos á sn divina Majestad,
quiso escoger el de una condigna sa­
tisfacción y completa reparación de la
Divinidad ultrajada por el hom bre;
así, pues, amándonos con am or perpe­
tuo envió al mundo á su divino Hijo
para rescatar el linaje humano de la
servidum bre en que yacia envilecido,
y darle por la gracia de Jesucristo la
eterna bienaventuranza. Y como el di­
vino Salvador y Reparador de nuestra
caida no se contentase de vivir an a so­
la vez como hom bre entre nosotros,
siendo nuestro F ia d o r, nuestro Repa­
rador, nuestro Maestro, nuestro Médi­
co y nuestra fuerza y alim ento; quiso
tam bién perpetuam ente quedarse sa­
cramentado bajo las especies de pan
para poder en lodo tiempo entrar den­
tro de nosotros, y re p arar cada dia si
conviniese las perdidas fuerzas do
nuestra mida esp iritu al, haciéndonos
— 195 —
fuertes en la v irtu d , santos é inm orta­
les con su frecuente comunicación.
Tres son las generaciones de Jesu­
cristo que la Iglesia nuestra buena
Madre ofrece á nuestra consideración,
á s a b e r: la generación eterna del Yer­
bo divino en el seno de su Padre celes-
tai ; la generación temporal del mismo
Verbo divino en el purísimo seno de
su Madre la Virgen M aría, y la tercera
es la Natividad de Jesucristo en cada
uno de nosotros.
Reflexionemos, pues, un momento en
este dia sobre la generación espiritual
de Jesucristo en nuestras alm as , con­
templando á nuestro divino Salvador
que está á la puerta de nuestro cora­
zon, pidiendo le concedamos un asilo
dentro de cada uno de nosotros sus fie­
les amantes y devotos de su Sagrado
Corazon. Pero nosotros le cerramos la
puerta del corazon, y le negamos la en-
- 196 —
Irada coa nuestra tibieza, ilojedad, in­
diferencia , soberbia y concupiscencia
de los placeres m undanos: Vino á los
suyos, y ellos no le recibieron, nos dice
san J u a n , el discípulo amado del Se­
ñor. Somos á la verdad todos los hom­
bres propiedad de Dios y esclavos de
su grandeza y Majestad d ivina; y sien­
do él tan alto Señor que puede hacer
de nosotros cuanto quisiere según su
divino beneplácito, con mucha mas
razón puede disponer de aquellos que
como nosotros le han consagrado el
corazon para su mayor honra, servicio
y gloria.
Y ¿qué dirémos si el Hijo unigénito
de Dios, heredero de su gloria y Señor
del universo, Jesucristo, viene á nos­
otros buscando m orada y no la en­
cuentra? Vino á los suyos, y ellos no le
recibieron. Jesucristo ha prometido
m orar en los hombres que le amasen,
— 197 —
y que la señal mas fiel que podrían
darle los hombres de su am or era el
fiel cumplimiento de sus djvinos pre­
ceptos y de su voluntad santísima.
¿Qué nos pide, pues, el Señor y Repa­
rador de nuestra flaqueza, Jesús, para
que pueda m orar en nosotros, aliviar
nuestra fatiga y fortalecer nuestras
débiles fuerzas espirituales con su di­
vina presencia ? Solo nos pide que re ­
nunciemos á todas las pompas y vani­
dades m undanales, á los deleites pro­
hibidos de la carne y á los envenena­
dos halagos del mundo sed u cto r: nos
pide que arranquem os do nuestro co­
razon la raíz de todo pecado, la sober­
bia , la concupiscencia, la codicia , la
ambición y el orgullo. Nos pide que
seamos mansos y hum ildes de corazon,
que en todas las cosas procedamos con
pureza de conciencia y rectitud de in­
tención. Nos pide que tengamos entra-
— 198 —
ñas de misericordia para con los po­
bres y afligidos, que compadezcamos
y socorramos íi los necesitados, á fin
de que derram e sobre nosotros sus in­
finitos tesoros de gracia y bendición
celestial.
No seamos, pues, ingratos á. tan mi­
sericordioso y am ante Señor y Repara­
dor de nuestra c a id a , no le cerremos
la puerta de nuestro corazon.; Oiga­
mos, pues, con cuanto am or y manse­
dum bre nos dice : «Ábrem e, herm ana
m ia, óyem e, am iga m ia, m íram e que
estoy á tu puerta y llam o ; no me nie­
gues tu m o ra d a , lanza de tu pecho y
arran ca de tu corazon todo afecto mun­
dano de soberbia, vanidad y concupis­
cencia , y yo entraré en tu alm a y la
haré m orada de p a z , de misericordia,
dulzura y a m o r, y la enriqueceré con
los tesoros de mi divina g ra c ia , y cu­
raré sus dolencias y repararé sus p e r-
— 199 —
elidas fu erzas, dándole á comer el pan
de vida eterna.»
Venid , pues , ó Dios mió y Señor
m ió ; venid , p u e s , Jesús reparador de
mi Qaqaeza y fuente de mi v id a : en­
cended en mi pecho una hoguera de
am or santo , p ara que viviendo ahora
una vida santa y verdaderam ente cris­
tiana, merezca por los m éritos de vues­
tra reparación gozaros eternam ente en
el cielo.

Dia 3.°
JESÚS ADORADOR.
Jesús pasó toda la noche
orando.
San Lucas, cap. v i, v. 12.

Jesús, que en todo quiso ser nuestro


modelo y maestro de v id a , pasaba las
noches orando y adorando á su Padre
en espíritu y v e rd a d , queriendo-antes
— 200 —
coafirmar coa 9u ejemplo lo que de
palabra h abia de enseñar despues á
sus discípulos, á saber : la frecuente
comunicación con su Eterno Padre por
medio del re tiro , oracion, contempla­
ción y adoracion. Cierto que solo Jesús
pudo adorar debidamente á su Padre
celestial, porque nadie como él entre
los m ortales pudo ni podrá jam ás co­
nocerle* ni am arle, ni servirle, ni ala­
b a rle , ni honrarle debidam ente, por­
que Jesús con ser hom bre era tam bién
l)i03, único capaz de com prender per­
fectamente su g ran d eza, su majestad
y san tid ad , y am arla cuanto es de­
bido.
¿ P o rq u é , pu es, nosotros, oyentes
m íos, no imitamos á nuestro modelo y
ejem plar de v id a , Cristo Jesús, en la
adoracion debida á su Padre celestial?
¿Por qué á lo menos no amamos á su
divino Hijo y nuestro m aestro Jesu -
- 201 —
crislo, ni le servim os, ni alabam os, ni
veneramos como corresponde á su
grandeza, bondad y misericordia para
con nosotros ?
¿Cómo es que deseando naturalm en­
te todos los hombres estar cerca de
aquellos á quienes a m a n , sintamos
nosotros cansancio y disgusto al con­
versar con Jesú s, al visitarle en sus
templos?
Jam ás el amigo se cansa de v er, ha­
blar y gozar de la presencia de su am i­
go :* 3ufre con paciencia lodos sus de­
fectos , y si acaso lienc que separarse
de él, lo siente de corazon. ¿Qué ma­
dre por poco que ame á sus hijos sien­
te jam ái tristeza y enfado en conversar
con ellos? Ámales con te rn u r a , óyeles
con satisfacción, y cuando tiene que
vivir ausente se complace en la memo­
ria que de ellos conserva.
¿Cuál es, pues, la causa porque ha-
— 202 —

llamos nosotros desabrido y quizá


amargo el trato y conversación con
Jesús? ¿Acaso no es él sumamente
am ab le, d u lc e , generoso y lleno de
bondad para con nosotros? S í, cierta­
mente : nuestra fé y nuestra razón no
nos dejan poner en duda una verdad
tan manifiesta. ¿Por q u é, pues, no le
amamos y adoramos como es debido ?
¿Por qué estamos distraidos cuando le
visitamos? ¿Cuál es la causa que hace
desabrida y molesta nuestra oracion,
nuestro trato y conversación co n 'él?
¿Sabéis por qué? Porque estamos en­
fermos , esto e s , porque somos débiles
en la f e , libios en el a m o r, sin ham­
bre ni gusto de las cosas d iv in as, las
que debieran ser nuestro mejor y mas
dulce sustento; pues así como á un en­
fermo los mas delicados y sabrosos
m anjares le a m a rg a n , así también el
hombre olvidado de Dios, ó negligente
— 203 —
y perezoso en su sanio servicio halla
cási siempre disgusto, cansancio y des­
abrimiento en lodos los obsequios que
hace á JesÚ9, porque provocan á náu­
sea los obsequios de los tibios y pere­
zosos en su santo servicio.
Reconozcamos, p u es, fieles devotos
del Sagrado Corazon de Jesús, nuestra
enfermedad. Confesemos que no está
en Jesús sino en nosotros la causa del
disgusto, tibieza y am argura que se n -
tim osenel trato con D icten laoracion,
y en las visitas que hacemos á Jesús
Sacramentado. Todo él es dulzura in­
efable, y bondad y misericordia sin lí­
mites: él es nuestro único gozo, nues­
tra alegría verdadera y nuestro bien
infinito. Díganlo sino tantas almas pia­
dosas que hallan en Jesús su mejor y
mas cumplido gozo: díganlo sino tan­
tos santos, quienes, m ientras vivian en
09te valle de m iserias y de d o lo r, era
— 204 —
lan crecido el raudal de gozo que inun­
daba b u s almas al conversar con Jesús,
que comunicándose á su propio cuerpo
inundados en un m ar de delicias dába­
les el corazon saltos de placer dentro
de su propio pecho : díganlo sino san
Felipe Neri y el angélico joven san
LuisGonzaga; pues, según dice él, era
tanta la pena que sentía al apartarse
de la presencia de Jesús Sacramentado
que parecía le arrancaban su corazon.
Im item os, p u e s , fieles devotos del
Sagrado Corazon, á lan gloriosos San­
tos y verdaderos amantes de Jesús;
pero para alcanzar dicho am or hemos
de ser como ellos hum ildes, mansos,
mortificados, pacientes y sufridos en
nuestras adversidades: nuestro cora­
zon ha de ser puro y n uestra intención
recta en todas nuestras obras. Hemos
de acudir á Jesús á buscar el socorro
y remedio en todas nuestras trib u ía -
— 20Í5 —
ciones y necesidades espirituales y
tem porales, como acude el hijo á su
bondadosa m a d re , y el pobre al rico
m isericordioso, y el enfermo al sábio
médico en cuyas manos está la salud.
| O dulcísimo Jesús, verdadero Ado­
rador de la Majestad de vueslro E ter­
no P adre 1 ruégoos humildemente que
por vuestra infinita m isericordia me
concedáis la gracia de conocer, servir,
alabar y adorar la Majestad de Dios,
y que halle yo alivio y consuelo en mi
conversación y oracion con Vos, Jesús
mió. Bien conozco, Señor, que mis pe­
cados son la causa de la pena que su­
fro en la flojedad y libieza que siente
mi corazon en todas las cosa9 de vues­
tro divino serv icio ; pero yo 03 prom e­
to , Señor mió y Salvador de mi alm a,
que favoreciéndome Vos con vuestra
divina g ra c ia , seré en adelante mas
diligente y solícito en buscaros, mas
— 206 —
atento en tra ta ro s , mas constante y
fervoroso en serviros y alabaros. Dad­
m e, em pero, Jesús m ió , un tantico de
vuestro divino am o r, prended en mi
corazon una centella del inmenso vol­
can que en el vuestro arde para la glo­
ria y salud de todos los hom bres, k fin
de que corra diligente por el camino
de vuestros preceptos y consejos, y
busque en todas mis obras la m ayor
gloria de Dios y mi propia santifica­
ción. A piadaos, Señor, de mi flaqueza
y debilidad, y ayudadme con vuestra
divina gracia, si no quereis verm e otra
vez afeado con el pecado de infidelidad
k mis promesas, que, si bien son ahora
hijas de un corazon agradecido y
am a n te , temo sin embargo los efectos
de mis pecados y natural miseria. Con­
cededme , S eñor, fe viva y caridad ar­
diente para que sepa ahora amaros y
serviros como debo para gozaros des-
— 207 —
pues eternam ente en la gloria en com­
pañía de todos los Santos y de mi dul­
císima Madre la inm aculada Virgen
María. Amen.

Dia 4.°
JESÚS AMANTE.
Yo os a m é , perseverad en
mi amor.
San Juan, cap. x v , t\ 9.

Traigamos á la m em oria en este dia,


fieles siervos del Corazon de Jesús,
aquella piadosa parábola en la que
pinta nuestro divino Salvador el am or
tierno y solícito que túvo siempre Dios
á su pueblo, y recordemos aquellas
tan tiernas como consoladoras palabras
con las que reprendía nuestro amante
Jesús la dureza 6 ingratitud del pueblo
hebreo. Jerusalen, Jerusalen, cuántos
v r c f s quise juntar tus hijos bajo mi
— 208 —
protección, á la manera que la gallina
cobija sus polluclos debajo de sus alas,
y tú no quisiste. Reflexionemos, pues,
sobre ellas, y apliquemos íi nosotros la
parábola en la que Jesús hablaba & los
ju d ío s , considerando que Jesucristo
Señor n u e stro , desde el humilde trono
de am or, esto e s , desde el Sagrario en
donde le tiene como cautivo el inmen­
so am or que profesa á los hombres,
nos dirige esta queja de lo íntimo de
sa corazon. n¡Dijos mios, hijitos mios,
cuántas veces he procurado atraeros á
mí, y form arm e de entre los cristianos
un pueblo escogido de siervos fieles,
de amantes perfectos é hijos agrade­
cidos , y vosotros no me quisisteis es­
cuchar , me habéis abandonado y des­
preciado mis gracias y m aternal soli­
citud b
Ilijos de mi C orazon, acordaos que
os redimí con mi propia sangre, y vos-
— 209 —
oíros no me lo agradcccis: me he que-
dadado perpéluam enle enlre vosotros
como padre am ante y solicito, y vos­
otros no qnereis ser mis hijo s: mi Co­
razon no pnede ya resistir el deseo
que tiene de haceros participantes de
mis tesoros y daros á beber el agua de
vida e te rn a , y vosotros ingratos me
dejais solo en los altares, en donde me
quedé por vuestro a m o r, y no quereis
aliviarm e en el dolor que siento en
verm e abandonado de los hombres,
6in tener quien quiera ser mi protegi­
do , mi am igo, mi hijo predilecto en
quien pueda d erram ar sin tasa mis
consuelos, mi amor y el tesoro de to­
das mis gracias. Venid á m í, hijitos
m ios, venid á cobijaros bajo mis pro­
tectoras a la s , y os veréis libres de los
envenenados dardos de la concupis­
cencia, de los astutos y violentos asal­
tos del dem onio, y de la falsa seduc-
- 210 -
cion del mundo corruptor. No temáis,
yo cumpliré mi promesa. El cielo y la
tierra dejarán de «xislir antes que yo
os abandone: no temáis el yugo de mi
santa le y , y yo os seré vuestro alivio r
no temáis el ham bre , la sed ni la
m u e rte , yo seré vuestra v id a , yo os
daré á comer mi propia carne y á be­
ber mi misma sangre.
¿Y que responderémosnosotros, fie­
les devotos del Corazon de Jesús, á es­
tas palabras tan llenas de amor ? ¿Có­
mo corresponderémos á una invitación
tan s u a v e , tan amorosa y tan apre­
m iante? ¿Será quizá esta la última
llamada, la última gracia que nos con­
cede el Señor 7 ¡ A h ! Dios mió y Señor
m ió, no permitáis jam ás que entre los
devotos de vueslro Corazon sacrosanto
haya uno siquiera que sea vuestro
enem igo, ni perm itáis lampoco que
dure por mas tiempo el infeliz estado
- 211 —

de aquellos cuyo corazon sea en ade­


lante frío é insensible & las finezas de
vuestro am or, e ingrato á tantos bene­
ficios recibidos de vuestra liberal m a­
no : q u itad le, S eñ o r, su corazon in­
sensible, y dadle un corazon am ante y
un corazon abrasado en el fuego santo
de vuestro amor.

Dia 5.°
JESÚS DISCÍPULO.
Je s ú s c re c ía en sa b id u ría ,
en e d a d y en g ra c ia d e la n te
d e Dios y d e los h o m b res.
San Lucas, cap . 11, i \ 52.

Aunque en Jesús desde su encarna­


ción estuviesen escondidos, como dice
el Apóstol, todos los tesoros de sabidu­
ría y ciencia, sin que pudiese realm en­
te adquirir nueva ciencia y santidad,
mientras como hombre vivió entro
— 212 —

nosotros; qniso sin embargo naestro


divino Maestro mostrarse como igno­
rante, y darnos ejemplo de los progre­
sos qne nosotros hemos de hacer en la
escuela de la v irtu d ; pues quiso mani­
festar en si mismo m ayor sabiduría y
gracia 6. medida que crecía en años.
Im posible, p u es, parece que siendo
nosotros desde mucho tiempo discípu­
los del Corazon sacrosanto de Jesús ha­
yamos aprovechado tan poco en la es­
cuela de nuestro divino Maestro. Im­
posible digo, parece, que reconociendo
y confesando á Jesús como hijo de Dios
v iv o , como Señor y Redentor nuestro
y Maestro de nuestra v id a , no le ame­
mos con amor mas tie rn o , activo y
constante. Imposible parece despuea
de haber oído hace ya tantos años sus
divinas lecciones y haber visto las m a­
ravillas que de continuo obra Jesús en
el Santísimo Sacramento de a m o r, no
— 213 -
sea nuestra fe mas viva, nuestra cari­
dad mas ardiente y nuestro celo ma9
activo, para adquirir las virtudes que
florecen en la escuela de Jesús.
Recordem os, p u e s , para confusion
nuestra la suavísima queja que dirigió
Jesucristo á sus Apóstoles. Tanto tiem­
po hace, les d ijo , que estoy entre vos­
otros y aun no me conocéis? Vosotros
habéis sido testigos de las maravillas
que he ob rad o , y de los milagros que
he hecho, ¿y todavía no me conocéis?
Yo di vísta al ciego de nacim iento, di
pies á los tullidos, habla á los mudos,
salud á los enfermos, vida á los m uer­
tos : y o , como sab éis, di de comer á
cinco mil hombres con solos cinco pa­
nes y dos p eces: k mi voz obedeció la
m uerte y me devolvió á Lázaro al que
guardaba hacia ya cuatro dias en la
se p u ltu ra : yo escudriñé y revelé los
secretos del corazon hum ano, predije
- 214 -
lo futuro y perdoné á los hom bres su?
pecados. Vosotros mismos confesasteis
que mis palabras eran de vida eterna,
¿y todavía no me conocéis? ¿Qué mas
debo hacer para que conozcáis que soy
hijo de Dios vivo , me améis como
vueslro único Salvador y me sigáis co­
mo vuestro único Maestro y guia?
¿ Acaso, devotos congregantes del
(’orazon de Je sú s, acaso digo, no pu­
diera el divino Salvador desde el hu­
milde sagrario dirigirnos á nosotros
sus discípulos y convidados á su mesa
la misma queja que dirigió entonces á
sus Apostóles? acaso no puede decir­
nos con razón : hace ya mucho tiempo
que vivo dia y noche entre vosotros
para manifestaros el amor que os ten­
go, ¿y aun no me conocéis, y todavía
n o m e a m a is? ¿acaso no os alimenlo
con mi propia carne y sangre para qui*
podáis pedirme mejor prueba de mi
- 21 ¡i -
aiuor? ¿no soy yo acaso el que perdo­
no vuestros pecados lavándoos en el
baño de mi propia sangre y del agua
purísima de mi divina gracia? ¿Igno­
ráis por ventura que arderia hace ya
tiempo el mundo lodo en la voraz lla­
ma del infierno encendida para casti­
go de vuestras iniquidades y atizada
por el soplo de la divina ju stic ia , si mi
Eterno Padre no os perdonara desar­
mando su tremendo y justiciero brazo
mirándome á mí que, como manso cor­
dero estoy dispuesto á recibir por vos­
otros el castigo que merecen vuestro;;
pecados? ¿Por ventura me habéis pe­
dido favor alguno que haya sido para
vuestra salud eterna , y no os lo hay¡i
concedido? ¿Acaso ignoráis que en el
Sacramento de am or soy el alivio de
los afligidos, el consuelo de los tristes,
la salud do los enfermos y el alimenlo
de los que sienten ham bre de la divina
— 210 —

justicia y santidad? ¡ Ahí hace ya mu­


cho tiempo que os llamais discípulo,',
de mi Corazon, y todavía no me cono­
céis ! Tanto tiempo hace que practicáis
los ejercicios de piedad, y todavía no
encontráis sabor ni dulzura en ellos!
¡A hí sim e conocieseis, ¿seria posible
que me dejaseis solo y abandonado en
el templo la mayor parte de los dias?
Si me conocieseis, ¿tendríais tan poca
cortesía que ni siquiera me visitaseis
una vez á la semana, ó pasaseis delan­
te de mi casa sin entrar k saludarme ?
Si de mí esperaseis vuestra salvación
y felicidad, ¿no vendríais k visitarmo
mas á m enudo, recurriendo á mi pa­
ternal Corazon para hallar alivio y so­
corro en todas vuestras aflicciones y
necesidades? ¿Podríais separaros de
mí sin tristeza y sin que se partiera
vuestro corazon de dolor?
Meditemos, pues, amados con pro -
— 211 —
gantes, un momento estas cristianas
consideraciones, buscando en nuestro
corazon un afecto tie rn o , amoroso y
agradecido con el cual podamos en al­
guna m anera satisfacer las justas y
amorosas quejas de nuestro divino
Maestro y amante Salvador.

Dia 6.°
JESÚS VÍCTIMA.
Yo soy como co rd ero m an ­
so q u e e s llevado a l m a ta ­
d ero .
Jerem ías, c a p . x i, ». 19.

Consideremos en este dia á Jesús


subiendo al Calvario cargados sus sa­
grados hombros con la pesada cruz en
la que debe ser sacriücado como vícti­
ma expiatoria íi su Eterno Padre para
borrar las iniquidades del mundo y
santificación dn lodos los hombres. Su-
— 218 —

be la escabrosa pendiente cual otro


Isaac como manso cordero sin abrir
sus divinos labios para pronunciar la
menor palabra de q u e ja , ni aun con­
tra la infame Sinagoga de los judíos
que con tanta vileza y frenesí arrancó
de las manos de Pílalos la sentencia de
su m uerte ignominiosa. l a no eran
entonces á Dios agradables los sacrifi­
cios y ofrendas de los antiguos sacer­
dotes, ni la sangre de las víctimas que
se sacrificaban en los altaros era bas­
tante para borrar los pecados de los
hom bres; pues debian ser lavados y
borrados con la sangre del Cordero sin
m an cilla, con la sangre del Hijo do
Dios que vino al mundo á lomar carne
humana y á ser sacrificado en holo­
causto expiatorio y satisfactorio ¡i 1¡i
divina justicia, que quiso castigar ju s -
la y cumplidamente nuestras iniquida­
des, descargando la tremenda cuchilla
— 219 —
de su divina justicia sobre una victima
inocente y de infinito m érito, sustitui­
da en lugar del hombre delincuente é
incapaz de dar á Dios cumplida satis­
facción. Y fac tanta la caridad do
nuestro divino S alv ad o r, que no se
contentó con sacrificarse una sola vez
para la salud de todos los hom bres, si­
no que el am or inmenso que ardia en
su Corazon le obligó á perseverar en
estado de víctima para sacrificarse to­
dos los dias sobre nuestros altares co­
mo hostia expiatoria de nuestras infi­
delidades y de todos nuestros pecados.
En el Calvario le sacrificó la impía
Sinagoga, y Dios aceptó la ofrenda do
su divino Hijo como precio justo do
nuestra redención. Mas en el ara san­
ta de nuestros altares solo el amor quo
nos tiene os la causa do su continuo
sacrificio. En ol Calvario la obediencia
dobida á su Padro lo expuso á las irri-
— 220 -
sioncs, escarnios, blasfemias, á la des.
nudez y ú la afrentosa m uerte que le
dieron los judios ; mas en nuestros al­
tares el amor inmenso que arde en su
Corazon y el deseo que tiene de vivir
siempre entre nosotros es la única
cansa que le expone á las irreveren­
cias y desacatos de la m ayor paTte de
los cristianos, k la indiferencia y frial­
dad de sus am igos, íi los escarnios,
oprobios y blasfemias de los herejes, y
á los sacrilegios de los impíos. Jesu­
cristo es la verdadera víctima de nues­
tras iniquidades cometidas en el Sacra­
mento de am or: y esto no obstante,
no se aparta de nosotros, nos sufre con
hum ildad, con paciencia y con amor,
y nos convida á que nos acerquemos á
menudoá él para recibir sus beneficios.
¡Qué lección tan sublime para todos
los cristianos y sobre todo para aque­
llos que de un modo particular s p han.
- 221 —
consagrado al servicio de Jesucristo,
inscribiéndose en la Congregación de
su Corazon sacrosanto para im itar sus
virtudes, agradecer sus beneficios y
rep arar la falla de amor y gratitud de­
bida al amor inmenso con que nos amó
desde la eternidad!
Ahora bien, ¿somos nosotros verda­
deros imitadores de las virtudes del
Corazon sacrosanto de Jesús, que como
víctima de am or nos enseña desde la
sagrada Hostia á perdonar á nuestros
enemigos, á am arles de corazon y col­
m arles de beneficios? ¿sufrimos s i-
quira con paciencia y resignación las
injurias que nos figuramos recibir de
nuestros herm anos? ¿somos humildes,
mansos, mortificados y deseosos de pa­
decer algo por amor á Jesucristo, y
para asemejarnos cuanto nos sea posi­
ble á J e s ú s , víctima inocente de su
am or?
- 22 í —
¡ Ah I ojalá sufriéramos siquiera cou
paciencia las tribulaciones, desgracias,
adversidades y afrentas que padece­
mos las mas de las veces como justa
pena de nuestros desórdenes é iniqui­
dades: ojalá supiéramos llevar con
paciencia y resignación la cruz que
nos ofrece Jesucristo para que le siga­
mos al C alvario, para que sufriendo y
padeciendo con él, expiemos y nos li­
bremos de la pena debida á nuestros
pecados.
¡O Dios mío y Señor mió! pídoos
encarecidamente por los infinitos mé­
ritos de la sangre de mi Salvador der­
ram ada en el árbol de la c r u z , que no
solo perdoneis por ella mis pecados,
sino que me deis tam bién un amor tan
intenso y constante á las tribulaciones,
penas y trabajos de este m undo, que
no sienta mi alma m ayor gozo y con­
tento como el padecer y sufrir para
— m —

imitar á Jesús, víctima de amor eterno


sacrificada por la salud de todo el mun­
do en el ara de la cruz y en el incruen­
to sacrificio de nuestros altares.

Dia 7.°
JESÚS ESCLAVO.
Jesús se anonadó i, si mis­
mo tomando Corma de siervo.
S a n Pablo en su caria á los
Filipenses, cap. u , v . 7.

Jesús el Hijo unigénito del Eterno


P ad re, siendo verdadero Dios y como
tal servido, adorado y alabado por lo­
dos los coros angélicos y jerarquías
celestiales, se dignó bajar del cielo y
hacerse hombre para vivir entre nos­
o tro s ,^ enseñarnos con su ejemplo las
mas persuasivas lecciones de profundí­
sima humildad.
Contemplemos on este dia á Jesús
— 224 —
hecho h om bre, p o b re , hum ilde, des­
conocido y hasta hecho esclavo de los
mismos hom bres, sirviendo á sus dis­
cípulos en los oficios mas humillantes,
postrándose á sus piés para lavárselos.
Consideremos, p u e s , cuáles serian los
sentimientos de su divino Corazon al
verse postrado á los piés de Ju d as, á
los piés de aquel discípulo infiel, de
aquel amigo in g rato , de aquel apóstol
traidor y deicida. Verdaderamente po­
demos exclamar con el Apóstol, que el
Hijo de Dios se anonadó á sí mismo
convirtiéndose en siervo humilde del
mas infame y vil de los hombres. ¡Qué
virtudes lan sublimes nos enseña Jesús
postrado á los piés de Judas 1 No hay
entendimiento humano capaz de com­
prender tan profunda hum ildad, tan
singular m ansedum bre, tan sublime
magnanimidad y caridad tan ardiente
que obligó al Hijo de Dios vivo no solo
— 225 —
¡i hacerse hombre, sino á hum illarse y
anonadarse y postrarse á los piés del
mas degradado de los h om bres, para
lavárselos, y hacer este regalo tan sin­
gular al que por su infame traición
merecía no uno sino mil infiernos.
Aprovechémonos, pues, fieles devo­
tos del Sagrado Corazon de Jesús , del
ejemplo y elocuente lección de hum il­
dad que quiso darnos Jesús para que
nosotros le im itásem os, despreciándo-
donos á nosotros m ism os, humillándo­
nos y abatiéndonos cuanto nos sea po­
sible para asemejarnos á nuestro mo­
delo y ejemplar de toda virtud Jesu­
cristo nuestro divino M aestro, al cual
deben seguir é im itar lodos los cristia­
nos si quieren alcanzar la vida eterna.
Y si no podemos im itarle en el ejerci­
cio de tan heróicas virtudes y de tan
profunda humildad , perdonemos si­
quiera de corazon á nuestros cnem i-
— 22<; -
g o s, amémosles como á nosotros mis­
mos, y ayudémosles en todo lo que po­
dam os, para que consigan su eterna
salvación, con cuyo fin derram ó Jesús
toda su sangre y dió su vida en holo­
causto. Sigamos, pues, á Jesús nuestro
divino Maestro por el camino del Cal­
vario , de las humillaciones y de la
cru z , estando firmemente persuadidos
que alcanzarémos la paz y dulzura de
corazon que tiene prom etida á los
mansos y humildes ahora en este mun­
do, y despues cumplida gloria y felici­
dad eterna en la mansión de los justos.
¡O divino y soberano Señor de la
gloria, Cristo Jesús! que siendo el mas
grande, noble, santo y poderoso de lo­
dos los h o m b res, quisisteis darnos un
ejemplo de la mas profunda humildad,
postrándoos á los piés de u n hombre
v il, amigo infiel y apóstol traidor;
ruégoos encarecidamente me concedáis
— 227 —
la gracia de una humildad tan profun­
da que me incline k perdonar á todos
los que me han ofendido, á deleitarm e
y complacerme en los oprobios sufri­
dos por vuestro santo n o m b re, hasta
el punto de cobrar especial amor á los
que me hayan ofendido.

Dia 8.°
JESÚS SUPLICANTE.

J e sú s estA se n ta d o á la
d ie s tr a d e Dios P a d r e , 6 in­
te rc e d e p o r n o so tro s.
S a n Pablo á los llom anos,
c a p . v n i , v . 3*.

J e sú s, cuya vida fue una perenne


bendición para los hombres, nos ense­
ñó con su doctrina y ejemplo el modo
como habíamos de orar y pedir á su
Eterno Padre el socorro y alivio de to­
das nuestras necesidades y las de núes-
— 228 —

Iros hermanos. É l , despues do recien


nacido se ofreció á su Padre celestial
como víctima propiciatoria y expiato­
ria de nuestros pecados; siendo toda­
vía de pocos años iba al templo de J e -
rusalen acompañado de san José y la
Virgen Santísima para o rar á su Eter­
no Padre y pedirle que su santo nom­
bre fuese conocido, adorado y alabado
por todos los hom bres; cuando em­
prendió su vida pública, como enviado
del A ltisim o, y juntó á los discípulos
que debían ser sus apóstoles, tuvo es­
pecial cuidado en enseñarles á orar,
para alcanzar de Dios misericordia,
perdón de sus pecados, victoria de sus
pasiones y feliz éxito en todas sus em­
presas. Él mismo quiso dar á sus discí­
pulos una lección práctica sobre la im­
portancia de la oracion, retirándose al
d esierto , y subiendo á la cum bre de
los montea para o rar con mas sosiego
— 229 —
á su Padre celestial, y despues de la
últim a cena que celebró con sus discí­
pulos , nos dejó un modelo acabado de
oracion, encomendando á su Eterno
Padre el feliz éxito de su empresa , y
para que su santo nom bre fuese ante
todas cosas conocido, alabado y adora­
do por lodos los hombres. Oró por sus
discípulos, para que se conservasen
unidos y protegidos por su Eterno Pa­
dre ; oró por la salud de todo el mun­
do, para que todos los hombres forma­
sen un solo rebaño y un solo reino ba­
jo el cetro eterno del mismo Jesús; oró
en fin en el huerto de las Olivas hasta
derram ar sangre y agua en fuerza de
su m ortal angustia , y oró finalmente
en la c ru z , p ara pedir á. su Padre el
perdón de los mismos verdugos que le
m artirizaban y sacrificaban de un mo­
do tan inhum ano; viviendo todavía
ahora Jesús en los cielos para inlercc-
— 230 —
(ler por nosotros, mostrando á su Pa­
dre su cuerpo aunque glorioso, pero
marcado con las señales de su pasión,
para que á su vista y por sus méritos
perdone nuestros delitos, borre nues­
tras iniquidades, nos admita en su
amistad y gracia, y nos haga reinar con
él en el cielo gozando de su divina pre­
sencia.
Reflexionando, pues, ahora nosotros
sobre nuestras obligaciones, y conside­
rándonos llamados á la escuela del Co­
razon sacratísimo de J e s ú s , soberano
Maestro que con su doctrina y ejemplo
nos enseñó á orar é interceder por los
delincuentes, liemos de formar desde
ahora firme propósito de im itar á Je ­
sús en el oficio de SupliCcfnle, y des­
pues de haber pedido misericordia y
perdón por nuestros pecados , infideli­
dades , tibieza y flojedad en su sanio
servicio, debemos también nlevar al
— 231 -
Señor fervientes súplicas por la salud
de todos los hom bres, por la salvación
de los gentiles, la conversión de los he­
rejes y pecadores, la santificación de
los justos, el socorro de nuestras nece­
sidades espirituales y tem porales; he­
mos de pedir la salud para los enfer­
mos, pan para los ham brientos, vesti­
do para los desnudos, consuelo para
los afligidos, paz para la Iglesia , con­
cordia entre los príncipes cristianos,
alivio y perdón para las alm as del pur­
gatorio.
¡A hí pluguiese ii Dios que cum ­
pliendo nosotros las obligaciones de
nuestro estado, con oracion humilde,
fervorosa y constante hiciésemos una
santa violencia al Corazon sacrosanto
de Jesús , para que derram ando los
abundantes raudales de su divina g ra­
cia sobre los hom bres, todos le cono­
ciesen, adorasen y sirviesen en el senn
— 232 —
de la Iglesia calólica, esposa verdade­
ra de Jesucristo, y única capaz de dar
á Dios el culto que le es debido.

Dia 9.°
JESÚS CELADOR.

El celo de lu casa me con­


sumió.
Salmo l x v i i i , t>. lo.

Si al ver Jesús profanado el templo


consagrado á su Padre en Jerusalen
por aquellos que com praban y vendían
en él, como si fuese un público merca­
do, no pudo contener el santo celo que
ardia en su pecho sacrosanto, sino que
lomando en sus manos un látigo arrojó
de él á los judíos, que, olvidados de la
santidad de aquel lu g a r, habían con­
vertido el templo del Señor y la casa
d(> oracion en guarida de ladronea é
— 233 —
inmundos anim ales; ¿con cuánta m a­
yor razón snfriria y padecería el Co­
razon purísimo de Jesús al ver las ini­
quidades de los Sacerdotes y Magistra­
dos de la Sinagoga, viendo sus corazo­
nes manchados por la codicia, por la
soberbia, por la concupiscencia desen­
frenada de los sentidos, por la hipocre­
sía y el ansia que tenían de verle cla­
vado en una cruz, y cebarse en su pro­
pia sangre? Y si fue tanto el celo de
Jesús para conservar la majestad del
templo m aterial de su P a d re , ¿qué
llam a tan abrasadora jirderá hoy en el
pecho sacrosanto de Jesús en el Santí­
simo Sacramento del Altar á vista de
la9 iniquidades y torpezas de tantos
cristianos, que llamándose discípulos
suyos, apenas se acuerdan de é l , vi­
viendo Jesús como olvidado en medio
de su pueblo, desconocido de los inGe-
les, despreciado de los herejes, blasíc-
— 234 -
mado por los impíos y ultrajado por
tantos inicuos cristianos que, recibién­
dole indignamente, le venden como Ju­
das , hospedándole en su corazon cor­
rompido , lleno de abominación y po­
seído del demonio ?
¡ O divino Corazon del Yerbo encar­
nado ! ¿quién será capaz de compren­
der la angustia y tormento que devora
vuestro pecho sacrosanto ? Justo sois y
no podéis ver la iniquidad , y esto no
obstante es tanta vuestra misericordia,
que permitís veros rodeado de hom­
bres inicuos en, este mundo , y entrar
en los pechos de los pecadores sin dar
señal alguna de vuestra aflicción, y sin
que tengáis siquiera un siervo fiel é
íntimo amigo, como el am ante Apóstol,
que os acompañe en vuestra soledad y
angustia. Justo sois, Señor, y vuestros
oj 03 no pueden m irar la iniquidad; y
sin orabarpo apenas hallais (Mitre vui*s-
— 235 —
tros amigos quien os ofrezca un cora­
zon p u ro , sincero y am ante en el cual
podáis descansar, hacerle participante
de vuestras aflicciones y colmarle de
vuestras gracias.
[O soberano Señor Sacramentado!
dignaos dirigir sobre vuestro pueblo
escogido una compasiva m irada , y
borrando con vuestra divina gracia sus
pecados é iniquidades, haced que todos
nuestros corazones ardan en un celo
santo por todas las cosas divinas y ce­
lestiales , por m anera que todos nues­
tros pensamientos, palabras y obras se
encaminen á procurar vuestra mayor
gloria, nuestra santificación y la salud
de todos los hombres. D adnos, Señor,
un corazon verdaderam ente enamora­
do de vuestra grandeza y majestad , y
que solo en Yos encontremos la paz y
consuelo de e sp íritu , y el disgusto y
fastidio nn las honras , riquezas, pin-
— 236 —
ceres y demás bienes caducos y pere­
cederos de la tierra. A rd a , S eñor, en
nuestros pechos el celo santo de vues­
tra g lo ria , de n uestra santificación y
de la salud espiritual de todos nuestros
herm anos, para que procuremos con
todas las fuerzas de nuestra alm a y de
nuestro corazo n , la paz de vuestra
Ig lesia, la conversión de los infieles,
la reducción de los herejes y pecado­
res y la m ayor santificación de todos
los justos. Cumpliendo así todos en es­
te mundo nuestras obligaciones y ofre­
ciéndoos á Vos, Jesús m ió, el debido
tributo de a m o r, alabanza y gloria,
merezcamos algún dia veros y gozaros
eternam ente con lodos los justos en la
patria del amor puro y gozo sempi­
terno.
<¡¡25»®D ^282® &3
AL SAGRADO CORAZON DE JESÚS
PARA BL DIA DE SD FIE ST A .

1.a

Jesús Sacerdote.
¡O divino Sacerdote de la nueva
alian za, Cristo Jesús 1 que habiendo
ofrecido en holocausto al Eterno Padre
vuestro cuerpo, vuestra sangre y vues­
tra v id a , penetrasteis hasta lo mas es-
- 238 —
condiilo de los cielo s, y estáis sentado
á la diestra de Dios omnipotente para
interceder y abogar por todos los hom­
bres, cuya salud y santificación os fue
encom endada; humildemente postra­
dos ante vuestro divino acatamiento,
os suplicamos, Señor, que por los mé­
ritos de vuestro divino y eterno Sacer­
docio, según la órden deMelquisedech,
sean agradables á Dios las ofrendas,
sacrificios y oraciones, que en el dia
de hoy ofrecemos íi vuestra divina Ma­
jestad, para expiación de nuestros pe­
cados, en acción de gracias por los be­
neficios recibidos de vuestra liberal
mano, y en desagravio de las muchas
ofensas, irreverencias, tibieza y frial­
dad con que os hemos servido, alabado
y adorado todos los dias de nuestra vi­
da. Dignaos, Jesús mió, darnos un co­
razon p u ro , celoso y enamorado de
vuestra g lo ria , y de vuestra santidad,
- ¿39 —
para que mientras vivamos peregri­
nando en este valle de miserias y de
dolor, sean aceptas á Dios nuestras
ofrendas y sacrificios en unión de las
oraciones, súplicas y sacrificio que
ofrecisteis Vos mismo ii vuestro Eterno
Padre m ientras vivisteis con nosotros
en esta tierra ingrata y estéril que qui­
sisteis fecundar con el riego de vuestra
propia sangre.
Rczarémos tres P ad re nuestros, tres Are
M a r í a s y tres Gloria P a tr i en reverencia
de las tres insignias de la Pasión con que
se apareció el Corazon Sacrosanto de Jesús
á la Beata M argarita Alacoque.

2 .»

Jesús Rey.
¡ O poderosísimo Rey de los cielos y
de la tie rra , Cristo Jesús! Postrados y
rendidos ante vueslro divino acata-
- 240 —
miento os reconocem os, confesamos y
adoramos como soberano Señor y due­
ño universal de todas las criaturas, de
lodas las jerarquías celestiales y de
todas las potestades de la tierra. A
vuestra voz se postran rendidos los
T ronos, las Dominaciones y todas las
Potestades angélicas: por Vos reinan
los re y e s , y en vuestro nombre admi­
nistran justicia los legisladores, y al
oir vuestro santo nom bre , soberano
Je sú s, se postran las milicias angéli­
cas , las potestades de la tierra y del
infierno. Por vuestro inmenso poder y
divina M ajestad, os rogam os, sobera­
no Señor sacramentado, que os digneis
reinar sobre todos nosotros: que vues­
tra voluntad se cumpla en la tierra
como en el c ie lo : que á vuestra voz
obedezcan rendidos todos los hombres,
cum plan vuestra ley s a n ta , y reine en
la tierra la paz, la carid ad, la concor-
— 241 -
dia, la pureza y el gozo en el divino
Espíritu. Perdonad , Señor , todas las
infidelidades, desacatos, irreverencias
y sacrilegios que hayamos cometido en
vuestro serv icio : haced por vuestra
infinita misericordia que de hoy mas
os sirvamos con corazon co n trito , hu­
milde , m anso, puro y celoso de vues­
tra gloria y santidad , con fe viva y
amor constante , para que de este mo­
do podamos algún dia ser herederos de
vuestra gloria, y rein ar con Vos en los
cielos. Amen.
Rezarémos tres P a d re nuestros, tres A r r
M a ría s y tres Gloria P a t r i , etc.

3.»

Jesús Maestro.
¡ O sapientísimo 6 infalible Maestro
de los hom bres, Cristo Jesú s! que por
vuestra infinita misericordia quisisteis
— 242 -
bajar del cielo y ser nuestro camino,
nuestra luz, nuestra guia y nuestra vi­
da en el largo y penoso viaje de nues­
tra santificación, enseñándonos con
vuestros preceptos, palabras y ejem­
plo la hum ildad, la m ansedum bre, la
caridad, el desprecio de las cosas m un­
danas , el celo por la gloria de Dios y
santificación de los ho m bres: postra­
dos ante vuestro divino acatamiento
os pedimos, soberano Maestro de nues­
tras alm as, que nos concedáis gracia
abundante para que sepamos aprove­
charnos debidamente de vuestras sa­
ludables y divinas lecciones, y apren­
damos á ser humildes, mansos, castos,
despreciadores de las pompas y vani­
dades de este mundo, amantes de nues­
tra santificación y celosos promovedo­
res de la divina g lo ria, haciendo que
vuestro santo nombre y divino magis­
terio sea conocido y venerado por lo -
— “2 43 —
dos los hombres. A lum brad, Señor,
con la luz de vuestra santa fe &los in­
felices m ortales que andan todavía pe­
regrinando por osle valle de dolor en­
vueltos en las densas tinieblas del
paganism o; reducid & los herejes,
convertid á los pecadores, santificad
mas y m as á los justos, para que reco­
nociéndoos todos á, Vos por nuestro
único Maestro, por nu estra única guia
y verdad eterna, merezcamos, siguien­
do en este mundo vuestra divina ense­
ñanza, veros y gozaros eternam ente en
la patria de los justos. Amen.
Rezarémos tres P a d re n u e stro s, tres A ve
M a ria s y tres Gloria P a t r i , etc.

4.*

Jesús Pastor.
¡ Divino Pastor de las a lm a s, Cristo
Jesús! Postrados ante^ vuestro divino
- 244 —
acatamiento, uniendo hoy nuestras dé­
biles voces k las de toda la Iglesia mi­
litan te, y á las de todos los Santos y
Angeles que reinan con Vos en el cielo
y alaban y celebran hoy el inmenso
amor que rebosa de vuestro Corazon
sacrosanto, vuestro paternal cuidado
y tierna solicitud por la salvación de
los hombres que forman vuestra grey,
humildemente os suplicamos perdoncis
nuestros pecados y las iniquidades de
lodos los hombres. No p erm itáis, Se­
ñor , que por la flojedad y tibieza en
vuestro santo servicio, ni por los peca­
dos de algunas de vuestras ovejas en­
cienda el demonio la tea de la discor­
dia entre los pueblos y principes cris­
tianos con desdoro y mengua de nues­
tra santa religión y grave daño de la
república cristiana. Oid, divino Pastor
Je sú s, las fervientes súplicas que hoy
os dirigimos para que no perezca n in -
— 245 -
guna de las ovejas que forman vuestro
redil. No p erm itáis, S eñor, que los
enemigos dé vuestro santo nom bre,
los h e re je s, los impíos y los cismáticos
escarnezcan nuestra religión y frater­
na c a rid a d , aprovechándose de nues­
tra discordia para perder las alm as y
llenar de luto á toda la cristiandad.
Haced, Señor, por la gloria de vuestro
santo n o m b re, que reine la concordia
y la paz santa entre los pueblos cris­
tianos. Cúmplase, Señor, vuestro m an­
dato , formando todos los hombres un
solo re b a ñ o , g u iad o ,. apacentado y
conducido al cielo bajo el cayado de
un solo P a s to r, el Pontífice rom ano, á
quien divinamente confiasteis el cuida­
do y gobierno de vuestra santa grey,
y la concordia y salvación de lodos los
hombres.
Rczarémos tres P ad re n u e s tr o s , Ires A re
M a ría s y tres Gloria P a t r i , €lc.
— 246 —

Jesús Esposo.
¡ O amantísimo Esposo de nuestras
a lm as, Cristo Jesús 1 que no satisfa­
ciendo aun bastante el am or inmenso
de vuestro Corazon los títulos de Pa­
d re , M aestro, Redentor y Hermano
nuestro con los que nos honrasteis,
quisisteis también ser nuestro suavísi­
mo Esposo bajando del cielo p ara des­
posaros con la Iglesia católica, hacien­
do de ella una digna compañera vues­
tr a , limpiándola con el agua de la
divina g ra cia, y bañándola en vuestra
propia sangre la dejasteis p u ra , jóven
y h erm osa, sin m ancha ni a r ru g a , to­
da llena de g ra c ia s, de santidad y de
am or. Postrados hoy ante vueslro di­
vino acatamiento humildemente 09 pe-
- U1 -
dimos , J e s ú s , dulcísimo Esposo de
nuestras alm as, que os digneis santifi­
car con vuestra divina gracia nuestros
corazones, y hacerlos digna morada
vuestra, para que viváis dentro de ca­
da uno de nosotros; de m anera que
todos nuestros pensam ientos, palabras
y obras sean indicios de la santidad,
p u re za, celo de la divina gloria y sal­
vación de los ho m b res; ni busquemos
en vuestro santo servicio, Jesús mió,
otro premio que vuestro a m o r; m ura­
mos pronunciando vueslro dulcísimo
nombre y nos recibáis en vuestros bra­
zos , dándonos á gustar las inefables
delicias que leneis preparadas en el
cielo h los que en este mundo viven y
m ueren en vuestra paz y am or santo.
Rezaremos Ires P adre n u e stro s, tres A re
M a ría s y tres Gloria P a t r i , etc.
— '248 —

Advertencia.
Cuanto hasta aquí llevamos dicho no tie­
ne mas objeto que promover el culto al Sa­
grado Corazon de J esú s, sin que ninguna
de las reglas y obligaciones indicadas obli­
gue de justicia bajo pena a lgu n a, ni bajo
pecado mortal ni venial. Solo el deseo de
manifestarnos agradecidos á Jesús, y aman­
tes su y o s, debe estimularnos al fiel cumpli­
miento de los piadosos actos con que nos
proponemos honrar con culto de amor y gra­
titud los divinos afectos del Corazon amante
de Jesús nuestro Criador y Redentor.

A. M. D. G.

Barcelona Ul de agosto de 1864.


R eim p rím ase.— Jo a n dk P íi.a u t S o l e k , V . (i.