Vous êtes sur la page 1sur 2

Cap 2 Los senderos de la transmisión. Historia y herencia psíquica.

Luisa Wettengel
La transmisión de una generación a otra tiene el sentido de dar a los descendientes las claves para su acceso
a la realidad en la que se inscriben.
Construirá su propia historia, en un arduo trabajo psíquico para articular lo que le viene de afuera y lo que le
pasa por dentro. El niño transita por procesos de simbolización que estructura su psique.
La transmisión entre generaciones se puede entender a la vez como proceso y como producto.
Como PROCESO: muestra el efecto de las uniones libidinales sobre la oferta parental
Como PRODUCTO: muestra el resultado del proceso en calidad de transformaciones psíquicas.
Requiere diferenciar entre lo que es transmitido y lo que es recibido y transformado.

1 Algunos modelos para pensar la transmisión psíquica entre generaciones.


El pensamiento genealógico apunta al estudio de los vínculos transgeneracionales en sus dimensiones
diacrónicas y sincrónicas. Se considera al sujeto como inseparable de la intersubjetividad.
Las transmisiones que se despliegan a través de mensajes organizados, dirigidos a la descendencia, son
generadoras de sentido histórico.
Freud postula que toda realidad psíquica se funda sobre una realidad histórica, y que su transmisión tiene por
función la inscripción en la cadena de filiación.
El sujeto se encuentra en la disyuntiva de ser para sí mismo, en una negociación entre el narcisismo del niño y
el narcisismo parental, o ser como heredero, a la manera de un eslabón en una cadena de continuidad entre
generaciones a la que sirve y de la cual se sirve.
Para René Kaës no hay apropiación pasiva de la transmisión sino un proceso activo de adquisición por parte
del sujeto psíquico, lo que hace de lo heredado una transmisión simbólica.
Ciccone sostiene que lo que se transmite en el discurso es el sentido con el que ha sido aprehendido, el sentido
que tienen los pensamientos y, sobre todo, el sentido que tienen los actos. Si frente a una pregunta a sus padres
el niño recibe una respuesta descalificatoria o negativa porque ese contenido les recuerda un aspecto
psíquicamente temido por ellos, el sentido transmitido será: preguntar ciertas cosas es peligroso. Y el niño se
silencia.
Piera Aulagnier dice que este proceso puede describirse como el trabajo de transformación del yo, a través de
las representaciones que construye sobre la relación que lo une con el objeto investido.
E. Granjon conceptualiza la transmisión intergeneracional, como una transmisión con capacidad para ser
transformada en una reelaboración simbolizante por la próxima generación.
La transmisión entre sujetos siempre implica al objeto y al espacio de alteridad. Esta perspectiva ubica a la
realidad intrapsíquica junto al espacio intersubjetivo. La primera se caracteriza por el intercambio entre las
psiques, del que derivan las formaciones del aparato psíquico para el sujeto en constitución. El segundo permite
describir e interpretar las relaciones simbólicas e imaginarias, los posicionamientos caracterizados por la
diferencia generacional y sexual y la complementariedad entre los lugares de la estructura de parentesco.

2 La historia vital
Al llegar a la vida, un niño va a ocupar un lugar en la encrucijada de dos familias: la paterna y la materna.
El ejercicio de sus funciones está atravesado por la relación que cada uno de los padres ha tenido con sus
propios padres y por la posibilidad más o menos lograda de haber abandonado psíquicamente el
posicionamiento simbólico de hijos a fin de donar ese espacio a sus descendientes.
La pertenencia se establece por vínculo afectivo, por adhesión a una forma de creencia familiar y por los
enunciados identificatorios que le dan al niño los recursos de significación para responder a la pregunta sobre
quién es y lo que de él se espera. La propagación de la memoria familiar teje las redes de la historia para el
nuevo heredero. Historia que a su vez participa en la constitución de su psiquismo.
Es por la historia de la relación con sus objetos, soportes de investimientos, que el construye su propia historia,
su propia relación con el deseo, el pasado, el futuro, la realidad.
Freud señala que el principio de permanencia y el principio de cambio son los dos factores que rigen el
funcionamiento identificatorio. Para que las investiduras de estas relaciones puedan continuar siendo durante
la infancia el sostén del compromiso identificatorio, el niño necesita aliarse temporalmente con aquello que el
discurso de los padres privilegia.
Durante el proceso diagnóstico, la entrevista sobre la historia vital sucede temporalmente a la entrevista en la
que los padres despliegan el motivo por el cual consultan.
Aquello que vuelve como pregunta moviliza sus representaciones de la realidad histórica que enmarca la
trayectoria de vida de su hijo y de las relaciones que pudieron establecer con él desde sus funciones materna
y paterna.
El ejercicio de las funciones materna y paterna está en estrecha relación con lo que ese hijo (como objeto)
representa para su economía libidinal.
Desde el punto de vista metapsicológico, el proceso identificatorio se complementa con el destino de pulsión
vinculado al narcisismo, es decir, con esa relación de amor que el yo dirige hacia sí mismo y hacia los objetos
con una ganancia de placer.
En ocasiones, el atrapamiento del niño en la lógica narcisística de los padres los lleva a no tolerar situaciones
que no les produzcan la gratificación esperada.
No pueden amar al niño sin apropiarse de él, ni reconocer su alteridad, sin cargarlo con su propia malograda
historia de separación de sus figuras primarias.
Otro tópico que aparece en el discurso es el modo como fueron interpretadas las necesidades del niño que
fueron la fuente de placer o sufrimiento.
El niño adjudica a las respuestas de sus referentes primarios un contenido de certeza que opera como resguardo
y verdad para sus vivencias.
La transmisión de pautas y normativas para los hábitos de socialización muestra de una manera más visible los
acuerdos y desacuerdos de la pareja parental con el orden cultural al que pertenecen.
Las exigencias planteadas al niño suelen mostrar las contradicciones entre “la idea de hijo” altamente valorada
y el hijo que en realidad han tenido. Como objeto es deseado, pero como sujeto es maltratado. La mediación
de ideales del yo inalcanzables pueden conducir al niño a la creencia de que otros pueden lo que él no y que si
no es ese ideal no tiene alternativas válidas que signifiquen reconocimiento ni para sí mismo ni para los otros.
Aquello que es reprimido de la dramática parental, pueden surgir como indicio en el discurso. El retorno del
contenido reprimido se expresa desligado de su enlace afectivo y vinculación significativa. Se trata de
situaciones profundamente conflictivas que no pudieron ser tramitadas psíquicamente en una generación.
Reaparecen entonces como deformaciones para las siguientes.
Son importantes las diferentes formas que las transmisiones parentales durante el período de la infancia, donde
el niño depende de sus padres en una relación de asimetría para su evolución física, afectiva y social y el peso
con que la realidad psíquica del sujeto en constitución.

3 Síntesis
Reformular el pasado en función del presente es entender la realidad histórica como una construcción que se
da por el encuentro entre estructura psíquica y el acontecimiento.
La entrevista sobre la historia vital permite percibir lo que fue dado a un niño en la transmisión y los
investimientos sobre las funciones que cumplieron tales objetos.
La relación entre transmisión, identificación y formación de objetos psíquicos apunta a mostrar los diferentes
aspectos que convergen sobre la demarcación narcisista con la que el sujeto se ve a así mismo imaginariamente
unificado. La identificación junto a las mociones pulsionales y los modos de defensa frente a la pérdida, la
separación, la angustia, la culpa, dan cuenta de las condiciones de simbolización posibles y las modalidades
singulares que éstas adquieren para cada sujeto.
El retiro por el yo de una parte de los investimientos sobre objetos que resultan conflictivos recae en el mismo
movimiento defensivo sobre una parte de sus capacidades de simbolización y una parte de sus enunciados
identificatorios.