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Nigel Warburton

Colección Teorema
Serie mayor

Filosofía básica

CÁTEDRA
TEOREMA
Título original de la obra:
Pbilosopby (Tbe Bastes)

I." edición en Teorema menor, 2000


3." edición, 2005
4.' edición actualizada y ampliada, 2008
1.' edición en Teorema mayor, 2012

Índice
Traducción: Pepa Linares
PREFACIO . 15
Actualización de la traducción para la 4. a edición:
Carmen García Trevijano INTRODUCCIÓN . 17
La filosofía y su historia .. 18
Ilustración de cubierta: ¿Por qué estudiar filosofía? . 19
<Es difícil la filosofía? .. 22
Rafael, La escuela de Atenas (fresco, 1509)
Los límites de la filosofía .. 23
Cómo leer este libro . 24
Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido Otras lecturas . 25
por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las
correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para Capítulo primero. DIOS .. 29
quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren
públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística El argumento finalista : .. 30
o científica, o su transformación, interpretación o ejecución Crítica al argumento finalista .. 31
artística fijada en cualquier tipo de soporte ° comunicada El argumento del ajuste fino . 34
a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización. 35
Crítica al argumento del ajuste fino .
El argumento de la causa primera . 36
Crítica al argumento de la causa pnmera . 36
El argumento ontológico . 38
Crítica al argumento ontológico .. 38
cultura Libre Conocimiento, prueba y existencia de Dios .. 40
© 1992-95-99 by Nigel Warburton El problema del mal .. 41
"AH rights reserved" Authorízed translation frorn the english Los intentos de solucionar el problema del mal 42
language edition published by Taylor & Francis. La defensa del libre albedrío . 44
© Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S. A.), 2000, 2012 Crítica de la defensa del libre albedrío .. 45
Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madrid La argumentación de los milagros .. 48
Depósito legal: M. 29.538-2012 La opinión de Hume sobre los milagros . 49
l.S.B.N.: 978-84-376-3070-0 El argumento del jugador: la apuesta de Pascal 51
Printed in Spain
7
Crítica al argumento del jugador . 53 Crítica a la discriminación positiva . 104
El «no-realismo- a propósito de Dios . 54 La igualdad política: la democracia .. 105
Crítica al «no-realismo» o.' • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • 55 La democracia directa . 106
~~ . 55 La democracia representativa .. 107
Muerte . 57 Crítica a la democracia . 107
Crítica de Epicuro .. 58 La libertad . 109
Crítica del tedio de la inmortalidad . 59 La libertad negativa .. 110
Conclusión . 60 Crítica a la libertad negativa .. 110
Otras lecturas 60 Libertad de expresión .. 112
Las críticas de Mill sobre la libertad de expresión 114
Capítulo n. EL BIEN Y EL MAL . 63 La privación de la libertad: el castigo . 115
Las teorías del deber . 64 El castigo como retribución .. 116
La ética cristiana . 64 Crítica al retributivismo . 116
Crítica a la ética cristiana . 65 La disuasión . 117
La ética de Kant . 67 Crítica a la disuasión . 117
Crítica a la ética kantiana . 71 La seguridad ciudadana .. 118
El consecuencialismo . 73 Crítica a la justificación basada en la seguridad ciuda-
El utilitarismo .. 74 dana . í19
Crítica al utilitarismo .. 75 La reforma . 119
El utilitarismo negativo .. 78 Crítica a la reforma . 120
Crítica al utilitarismo negativo .. 79 Desobediencia civil . 120
El utilitarismo regulativo .. 80 Crítica a la desobediencia civil .. 123
La teoría de la virtud .. 80 Conclusión . 125
Crítica a la teoría de la virtud .. 82 Otras lecturas 125
La ética aplicada .. 83
Ética y metaética . 86 Capítulo IV. EL MUNDO EXTERIOR 127
El naturalismo . 87
Crítica al naturalismo .. 87 El realismo del sentido común . 127
El relativismo moral .. 89 El escepticismo hacia la evidencia de los sentidos 128
Crítica al relativismo moral . 90 El «argumento de la ilusión» .. 128
El emotivismo .. 92 Crítica al «argumento de la ilusión» .. 129
Crítica al emotivismo . 92
¿Podría ser un sueño? . 130
Conclusión . 94 Las alucinaciones . 132
Otras lecturas 94 La memoria y la lógica .. 133
«Pi;:~so, lueg? existo» . 135
Capítulo IlI. LA pOLíTICA .. 97 Crítica al cogito . 135
El realismo representativo . 136
La igualdad . 98 Crítica al realismo representativo . 138
La distribución igualitaria del dinero . 99 El idealismo . 139
Crítica a una distribución igualitaria del dinero . 99 Crítica al idealismo .. 140
Igualdad de oportunidades en el empleo . 102 El fenomenalismo . 143
La discriminación positiva . 103 Crítica al fenomenalismo .. 144

8 9
El realismo causal 145 Capítulo VIL EL ARTE ......•................•.......•.••....••........•.••••• 195
Crítica al realismo causal 146
Conclusión 147 Se puede definir el arte?
é . 196
Otras lecturas 147 La teoría del «aire de familia» . 196
Crítica a la teoría del «aire de familia» . 196
Capítulo V. LA CIENCIA 149 La teoría de la forma significativa . 197
Crítica a la teoría de la forma significativa . 198
La concepción ingenua del método científico 150 La teoría idealista . 199
Crítica a la concepción ingenua 151 Crítica a la teoría idealista . 200
El problema de la inducción 154 La teoría institucional . 201
Las posibles soluciones al problema de la inducción.. 159 Crítica a la teoría institucional . 202
El falsacionismo: conjetura y refutación 161 La crítica de arte . 204
Crítica al falsacionismo 164 La teoría «antiintencionalista» . 205
Ciencismo 166 Crítica a la teoría «antiintencionalisra» . 206
Crítica del ciencismo 167 Representación, interpretación y autenticidad 207
Conclusión 167 La autenticidad histórica de la interpretación . 208
Otras lecturas 168 Crítica a la autenticidad histórica de la interpretación .. 208
Falsificación y valor artístico . 210
Capítulo VL LA MENTE 169 Conclusión . 214
Otras lecturas ................................................................ 214
Filosofia de la mente y psicología 169
El problema de la relación cuerpo-mente 170
Zombies 171
El dualismo 172
Crítica al dualismo 172
Dualismo sin interacción 175
El fisicalismo 177
. La teoría de la «identidad-de-tipo» mente-cuerpo 177
Crítica a la teoría de la «identidad-de-tipo» mente-cuerpo.. 178
La teoría de la «identidad-de-instancia» 181
Crítica a la teoría de la «identidad-de-instancia» 182
Conductismo 183
Crítica al conductismo 184
Los qualia 185
Funcionalismo 187
Crítica al funcionalismo 188
Otras mentes :............... 189
El argumento por analogía ,....................... 190
Crítica al argumento por analogía 190
Conclusión 192
Otras lecturas 192

10 11
A mí madre
Prefacio

En esta cuarta edición se han añadido pequeñas seccio-


nes a varios capítulos, además de revisar otros, corregir al-
gunos errores de escasa importancia y poner al día los da-
tos bibliográficos. He incluido también algunas referencias
de sitios Internet.
Quisiera dar las gracias a todos aquellos que me han ayu-
dado con sus comentarios sobre el manuscrito o de cual-
quier otra forma. Me encuentro en deuda sobre todo con
Alexandra Alexandri, Gunnar Amasan, Inga Burrows, Eric
Butcher, Michael Cami1le, Simon Christmas, Lesley
Cohen, Emma Cotter, Tim Crane, Sue Derry-Penz, Angie
Doran, Adrian Driscoll, Goober Fax, Jonathan Hourigan,
Rosalind Hursthouse, Paul Jefferis, Maria Kasmirli, John
Kimbell, Stephen Law, Robin Le Poidevin, Georgia Ma-
san, Hugh Mellar, Alex Miller, Anna Motz, Penny Nettle,
Alex Orenstein, Andrew Pyle, Abigail Reed, Anita Roy,
Ron Santoni, Helen Simms, Jennifer Trusted, Phillip Vasi-
li, Stephanie Warburton, Tessa Watt,Jonathan Wolff, Kira
Zurawska y los correctores anónimos de la editorial.

NIGEL W ARBURTON
Oxford, 2003
Email: n.warburton@open.ac.uk
Websites: <http://www.open.ac.uk!Arts/philos/warburton.htm>
y <http://www.thinking-big.co.uk>

15
Introducción

¿OY-é es la filosofia? Se trata, como es notorio, de una


pregunta dificil. Una de las respuestas más fáciles consisti-
ría en decir que filosofia es 10 que hacen los filósofos, para
luego remitirnos a los escritos de Platón, Aristóteles, Des-
cartes, Hume, Kant, Russell, Wittgenstein y Sartre, entre
otros autores famosos. La respuesta, sin embargo, no pare-
ce útil para un lector no introducido en la materia, que
quizá no haya leído nada de esos autores. Pero, aun en el
caso de que el lector los conociera, no sería fácil decir 10
que tienen en común, si es que todos comparten algunas
características importantes. Otra posibilidad sería señalar
que la palabra «filosafia» procede de un término griego que
significa «amor a la sabiduría», pero esto es poco preciso e
incluso menos útil que afirmar que filosofia es la actividad
que desarrollan los filósofos. Así pues, convendrá empezar
con algunos comentarios generales sobre la materia.
La filosofia es una actividad: un modo de reflexionar
sobre ciertas cuestiones. Su aspecto más característico es-
triba en el empleo de una argumentación lógica. Los filó-
sofos pueden basarse en argumentos propios, inventados
por ellos mismos, en la crítica de argumentos ajenos o en
ambas cosas a la vez. Por otra parte, también analizan y
aclaran conceptos. Pero la palabra «filosofía» se emplea
con frecuencia en un sentido mucho más amplio, para re-
ferirse a una concepción general del mundo, e incluso a

17
distintas formas de misticismo. En esta obra no tendremos ximación temática, concentrándonos no tanto en la histo-
en cuenta esos sentidos, ya que mi intención es esclarecer ria como en las cuestiones filosóficas concretas. La historia
algunas claves del análisis dentro de una tradición de pen- de la filos afia es un asunto fascinante por derecho propio,
samiento que comenzó en la Grecia antigua y ha florecido y muchos de los textos filosóficos clásicos son, al mismo
en el siglo xx, especialmente en Europa, Norteamérica, tiempo, grandes obras literarias: los diálogos socráticos de
Australia y Nueva Zelanda. Platón, las Meditaciones, de René Descartes, el Tratado sobre
¿Q!1é es lo que han estudiado los filósofos dentro de el entendimiento humano, de David Hume, o Así habló Zara-
esa tradición? Por 10 general, se han dedicado a examinar tustra, de Friedrich Nietzsche, por citar algunos ejemplos, se
creencias que la mayor parte de las personas dan por des- consideran textos extraordinarios desde cualquier punto de
contadas, y, para ello, han abordado los problemas rela- vista. Pues bien, pese al indudable valor del estudio de la
cionados con 10 que, grosso modo, llamamos «el sentido historia de la filosofia, mi intención aquí no es tanto expli-
de la vida»: problemas relativos a la religión, el bien y el car al lector lo que han pensado sobre ciertos problemas
mal, la política, la naturaleza del mundo exterior, la mente, filosóficos las grandes figuras como ofrecerle varias herra-
la ciencia y el arte, entre otros muchos. Por ejemplo, la mientas para que él mismo sea capaz de planteárselos, por-
mayor parte de los seres humanos pueden vivir toda una que esos problemas, lejos de interesar sólo a los filósofos,
vida sin plantearse el porqué de valores fundamentales surgen con toda naturalidad de la propia condición del ser
tales como la prohibición de matar. ¿Por qué es malo humano, que no necesita haber abierto jamás un libro filo-
matar? ¿Cómo se justifica ese principio? (Es malo en toda sófico para pensar espontáneamente en ellos.
circunstancia? Y, en todo caso, ¿qué queremos decir cuan- Todo estudio filosófico serio debería presentar una
do afirmamos que algo es malo? Pues bien, todas éstas son mezcla de enfoques históricos y temáticos, porque la igno-
preguntas filosóficas. Es probable que, si sometiéramos rancia de los argumentos y los errores de los que han pen-
nuestras creencias a examen, encontráramos que la mayo- sado antes que nosotros nos impediría hacer aportaciones
ría se asientan en cimientos muy firmes, pero no siempre sustanciales. Sin el conocimiento de la historia, los filóso-
es así. El estudio de la filosofia no sólo nos ayuda a pensar fos caerían siempre en los mismos errores y no podrían
con claridad en nuestros prejuicios, sino también a precisar progresar, y son muchos los pensadores que desarrollan sus
10 que realmente creemos, porque en el proceso desarro- teorías precisamente analizando los puntos débiles de la
llamos la habilidad de argumentar con coherencia sobre obra de sus predecesores. No obstante, en un libro tan
un extenso conjunto de problemas, y esa capacidad es útil breve como el nuestro resulta imposible hacer justicia a la
y comunicable. complejidad de la obra personal de cada filósofo, por esa
razón, el lector encontrará al final de cada capítulo una
bibliografía capaz de ayudarle a situar en un contexto his-
LA FILOSOFíA Y SU HISTORIA tórico más amplio los problemas que analizamos.

Desde los tiempos de Sócrates han existido muchos fi-


lósofos tan grandes como los que acabo de citar en el párra- ¿POR QUÉ ESTUDIAR FILOSOFíA?
fo anterior. Una obra introductoria a la filosofia podría
aproximarse a ella desde el punto de vista histórico, anali- Con frecuencia se oye decir que la filosofia tiene poco
zando las contribuciones de esos pensadores en orden cro- sentido, porque la mayor parte de los filósofos se dedican
nológico. Sin embargo, en ésta nos serviremos de una apro- a buscar sutilezas sin importancia en el significado de las

18 19
palabras, sin llegar a ninguna conclusión válida, y que su tra confianza en los frenos, el motor y la dirección en el
contribución a la vida social es prácticamente nula, pues hecho de que hasta ahora han funcionado bien, y, sin
aún discuten los mismos problemas que interesaron a los embargo, podemos estar completamente equivocados,
antiguos griegos. Según parece, lejos de cambiar las cosas, porque los frenos podrían fallarnos en el mom~nto que
la filosofla las mantiene donde siempre han estado. más los necesitamos. De igual modo, esos prmcipios que
Entonces, ¿qué valor tiene estudiar filosofla? A fin de sustentan nuestra vida, y que parecen seguros, pueden no
cuentas, plantearnos las cuestiones fundamentales de la serlo tanto examinados de cerca.
vida podría resultar incluso peligroso, porque siempre Aun en el caso de que no albergáramos la menor duda
cabría la posibilidad de no actuar, es decir, de que el mu- sobre los conceptos que sostienen nuestra vida, acabaría-
cho cuestionamos las cosas acabara por paralizarnos. En mos empobreciéndola a fuerza de no hacer uso de la capa-
efecto, la caricatura del filósofo lo presenta como un indi- cidad de pensar. Muchos hallarán demasiado duro o dema-
viduo capaz de pensar con brillantez en cosas abstractas siado perturbador formularse esas preguntas fundamenta-
sentado en su cómodo sillón de uno de los salones de Ox- les, y se encontrarán felices y a gusto con sus preJUlCI?S,
ford o Cambridge, pero incapaz de enfrentarse a los pro- pero otros sentirán un fuerte Impulso que los obligara a
blemas prácticos de la vida; una persona que puede expli- plantearse varias preguntas inquietantes de carácter filo-
car los pasajes más complejos de la filosofla de Hegel, pero sófico.
que no sabría arreglárselas para hervir un huevo.

Aprender a pensar
La vida a examen
Otra de las razones que justifican el estudio de la filo-
Una de las razones de mayor peso para dedicarse al sofla es que nos enseña a pensar con mayor claridad en un
estudio de la filosofla es su capacidad para ocuparse de amplio conjunto de problemas. Los métodos del ¡Jensa-
cuestiones fundamentales que afectan al sentido de la exis- miento filosóficos resultan útiles en muchas situaciones,
tencia. Todos nos planteamos alguna vez problemas filo- porque el análisis de los argumentos en pro o en contra ?e
sóficos fundamentales. ¿Q1lé hacemos en este mundo? una determinada posición se puede aplicar a cualquier
¿Hay pruebas de la existencia de Dios? ¿Tiene alguna fina- orden de la vida. Muchos estudiosos de la filosofla aplican
lidad la vida humana? mn qué se distingue el bien del sus capacidades a oficios tan distintos como la abogacía, la
mal? ¿Se puede justificar la transgresión de las leyes? ms la informática, la asesoría de dirección empresas, la adminis-
vida algo más que un sueño? ¿Se distingue en algo la men- tración del Estado y el periodismo, áreas, todas ellas, en las
te del cuerpo, o somos sólo seres flsicos? ¿Cómo progresa que la claridad de pensamiento supone una enorme v:enta-
la ciencia? ¿Qué es el arte?, etc. ja. También en las artes aprovechan los filósofos sus mtui-
La mayor parte de los estudiosos de la filosofla están ciones sobre la naturaleza humana, por eso muchos han
convencidos de que el examen de esos problemas nos con- alcanzado el éxito como novelistas, poetas, críticos, dra-
cierne a todos, y algunos llegan incluso a decir que una maturgos o directores de cine.
vida que no se examina no merece la pena. Llevar una exis-
tencia rutinaria, en la que ni siquiera se analizan los prin-
cipios que la sostienen, sería algo así como conducir un
coche que nunca ha estado en el taller. Justificamos nues-

20 21
escritores; por el contrario, abunda una comunicación ex-
Placer tremadamente pobre de sus ideas. Ave~es, porque sólo les
interesa llegar a un público minontano de especialistas;
Queda aún una justificación para el estudio de la filoso- otras, porque emplean una jerga !nnecesaria~ente compli-
fia, y es que para muchas personas puede resultar una acti- cada que confunde a los no iniciados. Los termmos espe-
vidad placentera, aunque debemos añadir enseguida que cializados sirven para no tener que exphcar un concepto
aquí el peligro estriba en reducir la actividad filosófica a concreto cada vez que éste aparece, pero entre los filósofos
algo parecido a la solución de un crucigrama. Ciertas acti- profesionales encontramos una desafortunada tendencia a
tudes filosóficas ante determinados temas parecen más emplear esos términos para sí mismos, y no falta quien pre-
bien obsesiones del filósofo con la solución, como un fin fiere las frases en latín, aunque existan equivalentes en per-
en sí misma, de oscuros rompecabezas lógicos, para publi- fecto español. Un párrafo repleto de palabras poco comu-
carla después en revistas esotéricas. En el extremo opuesto nes o incluso de términos conocidos pero empleados de
encontramos esos filósofos que trabajan en una universidad forma extraña para el lector, pued.e intimidar aeste último.
y siempre están preocupados por su «negocio», siempre Algunos filósofos hablan y escnben como SI emplearan
pendientes de publicar trabajos, con frecuencia mediocres, una lengua de su propia invención. El resultado es que la
que les permitan promocionarse y «progresar» (puesto que filosofia parece mucho más dificil de lo ':lue enreahdad ~s.
el número de publicaciones es un factor determinante para En este libro intentaremos evitar las Jergas mnecesanas
ascender de categoría). En este caso el placer consiste en y explicar los términos poco c.onocid?s, con .la intención de
ver su nombre impreso y en disfrutar del sueldo y del pres- ofrecer al lector el vocabulano filosofico básico que nece-
ngio que acompañan a la promoción. Por suerte, la mayor sita para comprender algunos de los textos más dificiles
parte de la filosofia se mantiene por encima de ese nivel. que aparecen en la bibliografia, al final de cada capítulo.

(Es DIFíCIL LA FILOSOFfA? Los LIMITES DE LA FILOSOFíA

Con frecuencia se dice que la filosofia es dificil, pero Algunos estudiantes esperan de la filosofia cosas poco
podemos eludir algunas de sus muchas dificultades. razonables, como, por ejemplo, que les proporcione un
En primer lugar, es cierto que la mayoría de los pro- cuadro completo y detallado de la dificil situación en el
blemas que abordan los filósofos profesionales requieren mundo de los seres humanos. Creen que puede descu-
un elevado grado de abstracción, pero 10 mismo podría- brirles el sentido de la vida, y explicarles todos los acon-
mos decir de cualquier tarea intelectual; en este sentido, la tecimientos de nuestra complicada existencia. Si bien es
filosofia no difiere de la fisica, la crítica literaria, la infor- cierto que el estudio de la filosofia arroja otra luz sobre los
mática, la geología, la matemática o la historia. En estas y problemas fundamentales de la vida, nunca puede brindar
otras materias de estudio, la evidente dificultad de hacer un cuadro completo, en el caso de que tal cosa existiera.
alguna aportación original no debería servir de excusa para El estudio filosófico no constituye una alternativa al estu-
negar a la gente corriente la posibilidad de conocer sus dio del arte de la literatura, la historia, la psicología, la an-
avances o de aprender sus métodos básicos. tropología,' la sociología, la política y la ciencia, porque
Pero existe aún otra dificultad inherente a la filosofia estas materias se ocupan de distintos aspectos de la Vida
que puede evitarse. Los filósofos no son siempre buenos humana, para los que ofrecen otras tantas perspectivas.

22 23
Hay facetas de la vida en las que el análisis filosófico fra- Existe un tema obvio que este libro podría haber inclui-
casa, y quizá ocurra 10 mismo con cualquier otro tipo de do, pero que el lector no encontrará en sus páginas: me
análisis. Así pues, no hay que esperar demasiado de la filo- refiero a la lógica. He desistido porque me parece imposi-
sofía. ble ofrecer una exposición satisfactoria de un aspecto tan
técnico en un libro de este estilo y extensión.
La obra será útil para aquellos estudiantes que quieran
CÓMO LEER ESTE LIBRO consolidar 10 que han aprendido en sus lecturas, y les ser-
virá para escribir sus trabajos. Con ese propósito les brin-
Ya he subrayado que la filosofía es una actividad; por do un resumen de los principales enfoques filosóficos de
tanto, no ~abrá 9ue leer este libro de un modo pasivo. cada tema, junto con las críticas que han suscitado. Creo
Siempre sena posible aprender de memoria los argumentos que el método les facilitará la posibilidad de «robar» ideas
que aquí aparecen, pero sólo con eso no aprenderíamos a para sus ensayos.
filosofar; sencillamente, nos aportaría el conocimiento de
los argumentos básicos que han empleado los filósofos. El
lector ideal de este libro sería aquel que 10 leyera con capa- OTRAS LECTURAS
cidad crítica, cuestionándose constantemente los argu-
mentos y pensando en sus contrarios. Este libro no preten- Una recopilación de artículos y ensayos titulada Philoso-
de sustituir el pensamiento, sino estimularlo. Quien 10 lea phy: BasicReadings (2." ed., Londres, Routledge, 2004) com-
con sentido crítico encontrará sin duda aspectos que no plementa este libro. Esta obra se ajusta a la estructura de Phi-
puede compartir, pero en ese proceso aprenderá a ver con losopby: The Basics. Westem Philosophy: An Anthology, editada
mayor claridad sus propias ideas. porJohn Cottingham (Oxford, Blackwell, 1996), y ofrece una
Aunque he intentado hacer accesibles todos los capítu- selección históricamente orientada de lecturas filosóficas.
los a cualquier persona que nunca haya estudiado esta What DoesIt All Mean?, de Thomas Nagel (Oxford, Ox-
materia, algunos presentan mayor dificultad que otros. La ford University Press, 1987), es una breve y amena introduc-
mayoría de los lectores se habrá planteado alguna vez la ción a la filosofía. La obra de Stephen Law: The Philosophy
cuestión de la existencia de Dios, y habrá considerado los Gym: 25 ShortAdventures in Thinking (Londres, Review, 2003)
argumentos de uno y otro lado, por eso espero que resulte es una interesante y entretenida introducción a la filosofía
relativamente fácil seguir ese capítulo. Por otra parte, po- que combina diálogos y relatos con una exposición más
cos habrán sido los no versados en filosofía que hayan pen- convencional. Otros dos libros del mismo autor, pero es-
sado por su cuenta y con profundidad en los temas que critos para alumnos aún más jóvenes, son también exce-
abordo en los capítulos dedicados al mundo exterior, la lentes: The Philosophy Files (Londres, Orion, 2002) -publi-
mente y los apartados más abstractos sobre el bien y el mal. cada también en Estados Unidos como Philosophy Rocks- y
Estos,
. especialmente el dedicado a la mente , llevarán más The Outer Limits (Londres, Orion, 2003); para más infor-
tiempo. Recomiendo al lector que empiece hojeando los mación sobre Stephen Law, véase la dirección -httpc//www.
capítulos, para volver luego sobre aquellos aspectos con- thinking-big.co.ulo. La obra de Simon Blackbum Think (Ox-
cre.tos que hayan despertado su interés, en vez de proceder ford, Oxford University Press, 2001) es considerablemente
fatigosamente de un párrafo a otro con el riesgo de empan- más difícil en algunas ocasiones, pero vale la pena el esfuer-
tanarse en los detalles sin extraer una idea general de la re- zo de leerla. Bryan Magee ofrece una buena introducción
lación entre los distintos argumentos. a la historia de la filosofía en Los grandes filásofos (Madrid,

24 25
Cátedra, 1990), pues contiene varias conversaciones con Sobre el problema de la escritura clara y el porqué de
pensadores actuales acerca de las grandes figuras de otros su importancia merece la pena leer el ensayo de George
tiempos y está basada en la serie televisiva del mismo nom- Orwell «Politics and the English Language», en The Penguin
bre emitida por la BBC. Mi libro Philosophy: The Classics Essays of George Orwell (Londres, Penguin, 1990). Para los
(2.' ed., Londres, Routledge, 2001) aborda veinte obras fi- aspectos prácticos de la cuestión, véanse The Complete Plain
losóficas decisivas, desde La República de Platón hasta Una Words (Londres, Penguin, 1962), de Ernest Gowers, y Plain
teoría de lajusticia de Rawls. La obra de Edward Craig Philo- English, de Diane Collinson, Gillian Kirkup, Robin Kyd y
sophy: A Very Short Introduction introduce igualmente a la Lynne Slocombe (2.' ed., Milton Keynes, Open University
filosofia a través de algunas obras clásicas. Press, 1992), ambas son obras excelentes.
A Dictionary ofPhilosophy (Londres, Pan, 1979), de Anto- La Open University ofrece varios cursos de filosofia
ny Flew, resulta tan útil para las referencias como A Dictio- presenciales y a distancia. Yo recomiendo A211 Philosophy
nary ofPhilosophy (Londres, Routledge, 1976), de A. R. Lacey. and the Human Situation. Para más información se puede
Nicholas Bunnin y E. P. Tsui-James (eds.) proporcionan en visitar la website <http://www.open.ac.uk/courses> o escri-
The Blackwell Companion to Pbilosopby (Oxford, Blackwell, bir a Servicio de información de The Open University,
1996) introducciones muy prácticas a los principales aspec- FREEPOST, PO Box 625, Milton Keynes, MK7 6AA,
tos de la filosofia y una selección de los grandes pensado- Reino Unido.
res. El lector que tenga acceso a una buena biblioteca de- Existen numerosos recursos para la filosofia disponibles
bería consultar The Routledge Encyclopedia of Philosophy en Internet. Sin embargo, estas direcciones deben ser utili-
(Londres, Routledge, 1998), de Edward Craig (ed.), porque zadas con cierta precaución, pues no todas ellas son fia-
encontrará entradas detalladas y actualizadas de los princi- bles. Muchos sitios personales son habitual y filosófica-
pales temas filosóficos. mente engañosos. Una herramienta realmente útil y fiable
Think, editado por Stephen Law, es el periódico del es la Stanfórd EncyclopediaofPhilosophy, disponible libremen-
Royal Institute ofPhilosophy y se publica tres veces al año. te en la dirección <http://www.plato.stanford.edu>. Y uno
Es accesible e interesante y contiene artículos sobre asuntos de los sitios-web más útiles para los filósofos es <http i/Z
muy diversos. Véase <http://www.royalinstitutephilosophy. www.epistemelinks.corn-. Esta dirección contiene un am-
org/think-. The Philosophers Magazine es otra publicación plio abanico de sitios filosóficos clasificados por catego-
importante para quien esté interesado en la filosofía. Véase rías. Los sitios para The Philosophers Magazine y para Pbilo-
<http://www.philosophers.ca.uk>. la revista Philosophy Now sopby Now, algunos de cuyos detalles han sido ofrecidos
tiene una website <http://www.philosophynow.org>. anteriormente, incluyen también vínculos o conexiones
Para los interesados en los métodos de argumentación con otros sitios filosóficos.
que emplean los filósofos existe un gran número de libros
útiles, entre los que podrían encontrar mi Thinkingfrom
Ato Z (2.' ed., Londres, Routledge, 2000), Las clavesde la ar-
gumentación (Barcelona, Arie!, 1994), de Anthony Weston,
Critical Reasoning (2.' ed., Londres, Routledge, 2001),
de Anne Thomson, y Critical Thinking: An Introduction
(Cambridge, Cambridge University Press, 2001), de Alec
Fisher. Paradoxesfrom Ato Z (Londres, Routledge, 2002)
es también muy bueno.

26 27
CAPÍTULO PRIMERO

Dios

¿Existe Dios? Se trata de una pregunta fundamental


que seguramente todos nos hemos formulado alguna vez
en la vida. De la respuesta que nos demos dependerá en
gran parte no sólo nuestra conducta sino también nuestro
modo de entender e interpretar el mundo y nuestras expec-
tativas de futuro. Si hay un Dios, la existencia humana ten-
drá una finalidad y será lícito esperar la vida eterna. Si no es
así, deberemos encontrarle a la vida el sentido que no nos
viene dado desde fuera, y entonces, probablemente, la
muerte representará el final de todo.
Siempre que los filósofos se interesan por la religión
examinan los diferentes argumentos que se han esgrimido
a favor y en contra de la existencia de Dios. Sopesan las
pruebas y observan la estructura y las consecuencias de la
argumentación. Por otro lado, examinan ciertos conceptos,
como la fe y las creencias, para descifrar qué quieren decir
los seres humanos cuando hablan de Dios.
El punto de partida más común en la filosofia de la reli-
gión es una doctrina general sobre la naturaleza de Dios
que se conoce por teísmo. Dentro de esta concepción se
cree en la existencia de un Dios (él o ella) omnipotente
(capaz de hacerlo todo), omnisciente (capaz de saberlo
todo) y sumamente bondadoso. Así 10 afirman la mayoría

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de los cristianos, los judíos y los musulmanes. Aquí nos intentamos averiguar qué lo ha causado (el relojero huma-
centraremos en la concepción cristiana, aunque la mayor no o el relojero divino), y se fundamenta en la idea de que
parte de los argumentos podrán aplicarse a las otras religio- un objeto proyectado (un reloj) es, en cierta forma, muy
nes teístas, y algunos valdrán para cualquier religión. parecido a un objeto natural (el ojo). La argumentación
Pero éexiste realmente ese Dios que describen los teís- que se basa en la semejanza de dos cosas se llama analogía,
tas? ¿Podemos probar su existencia? ¿Sería posible que una y parte del siguiente principio: si dos cosas se parecen mu-
I'e~~ona razOl:,able sostuviera que tal Dios no existe, una po- cho en ciertos aspectos, serán también semejantes en otros.
sicion conocida como ateísmo? O ¿es el agnosticismo, la Aquellos que aceptan el argumento finalista dicen que
suspensión de la creencia (o la negativa a pronunciarse so- basta con observar el mundo que nos rodea, especialmen-
bre esta cuestión, como algunos describirían esta actitud) te el de la Naturaleza -un árbol, un acantilado, un animal
la reacción apropiada? Son numerosos los argumentos adu- o una estrella- para percibir la existencia de Dios. Puesto
cidos para probar la existencia de Dios. En este capítulo que tales cosas requieren un ingenio infinitamente ma-
consideraremos los más importantes entre ellos. yor que el del reloj, el artesano divino ha de ser mucho
más inteligente que el humano. En efecto, ha de ser tan
poderoso y tan sabio como el Dios tradicionalmente
EL ARGUMENTO FINALISTA defendido por los teístas.
Sin embargo, existen críticas de mucho peso contra el
, Uno de los argumentos más utilizados para probar la argumento finalista, entre las que sobresalen las del filóso-
existencia de DIOs es el llamado finalista o teleológico (del fo David Hume (1711-1776) en su obra póstuma, Diálogos
griego telos, que significa «finalidad»). Según esto, cuando sobre la religión natural, y en la parte XI de su Tratado sobre
mlra.m,os el mundo que nos rodea no podemos dejar de el entendimiento humano,
percibir que todo se adapta a la función que cumple; es
decir, que todo se comporta como si hubiera sido proyec-
tado con una finalidad, lo cual demostraría la existencia de Cnrncx AL ARGUMENTO FINALISTA
un Creador. Cuando observamos, por ejemplo, el ojo hu-
mano, vemos que sus piezas diminutas encajan entre sí La debilidadde la analogía
para adaptarse inteligentemente a la función que le ha sido
asignada: la vista. Una de las objeciones al argumento que acabamos de
Partidarios del argumento finalista como William Paley exponer se basa en la debilidad de la analogía, que da por
(1743-1805) sostienen que la complejidad y la eficacia de supuesto un parecido significativo entre los objetos natura-
objetos naturales como el ojo humano son pruebas de que les y los objetos diseñados. Por seguir con el ejemplo ante-
DIOs los ha creado. ¿Cómo, si no, podrían haber llegado a rior, no es evidente que exista una semejanza en ningún
ser lo que son? Si la presencia de un reloj nos habla de la aspecto importante entre el ojo humano y el reloj. Los argu-
existencia de un relojero, el ojo humano nos hablará de mentos basados en la analogía requieren que el parecido
la existencia de una especie de relojero divino. Es como si entre dos objetos sea muy evidente, porque en caso contra-
Dios hubiera dejado su marca de fábrica en todos los obje- rio la conclusión correspondiente presentará la misma debi-
tos que ha fabricado. lidad. Así, por ejemplo, un reloj de pulsera y un reloj de
Este argumento va del efecto a la causa, es decir, al con- bolsillo se parecen lo suficiente para deducir que ambos
templar el efecto (el reloj o el ojo) y examinarlo de cerca, han sido fabricados por un relojero, pero la semejanza entre

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e! reloj y e! ojo -dos cosas complejas y eficaces en e! cum- reconocer que no basta para probar la existencia de un Dios
plimiento de su función- es poco precisa, por tanto, las único, omnisciente, omnipotente y absolutamente bueno,
conclusiones basadas en esa analogía 10 serán también. como se desprende de un examen más atento de la cuestión.
En primer lugar, e! argumento es incapaz de justificar e!
monoteísmo, es decir, la existencia de un dios único. Aun
La evolución aceptando que e! mundo entero, con todo 10 que contie-
ne, muestre a las claras la prueba de una finalidad, no hay
.~a exist~ncia de un relojero divino no es la única expli- razones para creer que haya sido concebido por un dios.
cacion posible de la excelente adaptación de los animales ¿Por qué no habrían podido concebirlo varios dioses
y las plantas a su función. La teoría de la evolución a través menores trabajando en equipo? A fin de cuentas, las cons-
de la s~lección natural, .que Charles Darwin (1809-1882) trucciones humanas de mayor volumen y complejidad, los
nos lego ~n su obra Elongen delas especies (1859), ofrece una rascacielos, las pirámides O los cohetes espaciales se cons-
explicación alternativa y ampliamente aceptada de! fenó- truyeron gracias al trabajo en equipo de muchos indivi-
meno. Darwin demos.tró que, a través de un proceso de su- duos, de modo que si condujéramos esta analogía hasta su
pervrvencra de los mejor adaptados, los animales y las plan- conclusión lógica deberíamos creer que e! mundo ha sido
tas se adecuaron a su medio vital y legaron sus característi- concebido por un grupo de dioses que trabajaban juntos.
cas a sus descendientes. Los científicos posteriores han En segundo lugar, tampoco sirve de apoyo a la idea de
aportado la ~xplicación de la herencia genética. Este proce- que el Arquitecto (o arquitectos) sea necesariamente todo-
so explica como fueron posibles las maravillosas adaptacio- poderoso. Sería igualmente posible defender que e! uni-
nes al medio que encontramos en e! reino animal y e! reino verso fue e! resultado de varios «proyectos fallidos»; por
vegetal, sm necesidad de mtroducir la noción de Dios. ejemplo, e! ojo humano tiende a padecer miopía y a desa-
Naturalmente, la teoría de la evolución de Darwin no rrollar cataratas en la vejez, y la obra de un Dios omnipo-
prueba en absoluto la inexistencia de Dios, hasta e! punto tente debería tender a crear un mundo perfecto. A partir de
de que muchos cnstianos reconocen la excelencia de su estas observaciones podríamos llegar a la conclusión de
explicación para entender cómo llegaron a ser 10 que son que e! Arquitecto de! universo no es un Dios todopodero-
los animales y las plantas; les basta con pensar que el pro- so, sino un dios o dioses comparativamente más débiles, o
pIO mecarnsmo evolutivo es creación divina. No obstante quizá un dios o una diosa jóvenes que quisieron poner a
la teoría de Darwin consiguió restar fuerza al argumento prueba su poder. Es posible que e! Arquitecto muriera
finah~ta, desde el m.omento en que fue capaz de explicar poco después de crear el universo, dejándolo a merced de
los mismos efectos sm mencionar a ningún dios como cau- sí mismo. El argumento finalista proporciona las mismas
s~'. La I?re~encia de una teoría de! mecanismo de la adapta- pruebas para estas conclusiones que para la existencia de!
Clan biológica invalida e! argumento finalista como prue- Dios que defienden los teístas; así pues, no basta por sí
ba concluyente de la existencia de Dios. sólo para confirmar la existencia de su dios por encima de
cualquier otro (o de cualesquiera otros).
Finalmente, y pasando a la cuestión de la omnisciencia
Limitacionesde la conclusión y la bondad suprema de! Arquitecto, no son pocos los que,
viendo la abundancia de! mal en e! mundo, piensan todo
Si pese a las .críticas que acabamos de exponer, el lector 10 contrario. Ese mal procede tanto de la crueldad de! ser
encuentra convmcente e! argumento finalista, tendrá que humano, de su capacidad para e! asesinato o la tortura,

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como de los sufrimientos que causan las enfermedades o universo, que bien podría no haber desarrollado vida de
los desastres naturales. Si, como aduce el argumento fina- ningún tipo.
lista, basta con mirar a nuestro alrededor para contemplar
la obra de Dios, parece dificil aceptar que 10 que vemos
procede de un creador bondadoso. Un Dios que todo 10 CRÍTICA AL ARGUMENTO DEL AJUSTE FINO
sabe tendría que conocer la existencia de! mal en e! mun-
do; un Dios que todo 10 puede debería ser capaz de evi- La objeción de la lotería
tarlo; y un Dios sumamente bueno no desearía su existen-
cia. Sin embargo, el mal sigue ahí, obligando a los filóso- Con todo, cabe formular una fuerte objeción al argu-
fos a discutir largamente, a propósito de la naturaleza del mento del principio antrópico. Imaginemos que hemos
Dios que presentan los teístas, e! llamado problema de! comprado un décimo de la lotería nacional. Es probable
mal. Hacia e! final de! capítulo 10 examinaremos con ma- que se hayan emitido varios millones de números, de los
yor detalle, y veremos algunas soluciones posibles. Hasta que sólo puede ganar uno. Desde e! punto de vista estadís-
aquí, sirva para dudar al menos de que e! argumento fina- tico, no hay muchas posibilidades de que resulte premiado
lista sea capaz de ofrecer una prueba concluyente sobre la e! nuestro. Sin embargo, puede ocurrir. Si así fuera, sólo
existencia de un Dios sumamente bueno. quedaría demostrado que hemos tenido mucha suerte,
De este análisis se desprende que e! argumento finalis- pero no podríamos deducir de ello que, entre todos los mi-
ta nos proporciona, como mucho, una conclusión muy llones de décimos perdedores, sólo e! nuestro ha sido ele-
limitada: e! hecho de que e! mundo ha sido concebido por gido, y que e! resultado es algo más que una selección de!
algo o por alguien. Más allá no se puede ir sin traicionar 10 azar. Si fuéramos supersticiosos, podríamos interpretar de
que cabe deducir lógicamente. mil formas nuestra suerte, pero 10 cierto es que las cosas es-
tadísticamente poco probables pueden ocurrir. El error de
los defensores de! principio antrópico reside en dar por
EL ARGUMENTO DEL AJUSTE FINO supuesto que cuando ocurre algo poco probable debe exis-
tir una explicación más verosímil que la que surge espon-
A pesar de la convincente argumentación contra e! táneamente. Nuestra presencia en esta zona del universo
argumento finalista, algunos pensadores actuales han tra- podría explicarse sin recurrir a causas sobrenaturales. No
tado de defender una versión conocida como principio debería sorprendernos que hayamos aparecido en un uni-
antrópico. Según éstos, la posibilidad de que e! universo verso cuyas condiciones eran propicias para que surgieran
permitiera la supervivencia y e! desarrollo de los seres seres como nosotros, dado que no había muchas posibili-
humanos era tan remota que este hecho sólo puede expli- dades de que apareciéramos en otros lugares. Es decir,
carse por la existencia de un arquitecto divino; es decir, nuestra presencia en e! mundo no puede tomarse por una
la prueba de la existencia de Dios estaría en la propia evo- prueba de! plan divino, y ello es así hasta e! punto de que
lución y supervivencia de los seres humanos. Dios tuvo e! principio antrópico se muestra vulnerable a las críticas
que ejercer un control sobre las condiciones fisicas de! de las versiones tradicionales del argumento finalista que
universo, perfeccionándolo hasta hacer posible la evolu- hemos visto arriba.
ción de esta forma concreta de vida. Esta concepción se
basa en e! conocimiento que proporciona la investigación
científica sobre las limitadas posibilidades de partida de!

34 35
EL ARGUMENTO DE LA CAUSA PRIMERA
No es una prueba
El argumento finalista y su versión de! principio antró-
pico se basan en la observación directa de! mundo, es de- El argumento de la causa primera afirma que las causas
cir, en lo que los filósofos denominan argumentos e~pín­ y los efectos no pueden ir siempre hacia atrás en una regre-
coso Por e! contrano, e! argumento de la causa pnmera, sión infinita, como si fuera una serie que nunca acaba; por
conocido también por argumento cosmológico, depende, tanto, debe haber una causa primera que haya generado
no de los hechos concretos del universo, sino de! hecho todas las demás. ¿Es esto así?
empírico de su existencia. Si empleáramos un argumento semejante para el futu-
El argumento de la causa primera establece que absolu- ro, deberíamos suponer que existe un efecto final que no
tamente todo tiene una causa anterior, es decir, que nada sea la causa de nada más. Ahora bien, aunque sea difícil
puede existir sin que algo lo haya causado. Puesto que sa- imaginarlo, parece verosímil pensar en una serie de causas
bemos que e! universo existe, podemos creer que ha sido y efectos que lleguen hasta el infinito, de igual modo que
posible por una serie de causas y efectos, de modo que SI- podemos añadir siempre un número al número más alto
guiendo esa serie siempre hacia atrás podríamos encontrar sin que por ello exista un número final y definitivo. Si es
la causa original, la auténtica causa primera, que, según el posible obtener series infinitas, épor qué no podrían retro-
argumento que nos ocupa, no sería otra que Dios. traerse las causas y los efectos hasta el infinito?
También en este caso, como en e! de! argumento fina-
lista, abundan las críticas.
Limitaciones de la conclusión
CRÍTICA AL ARGUMENTO DE LA CAUSA PRIMERA Aun cuando pudiéramos contestar a esas dos críticas,
no habría posibilidad de probar que la causa primera sea
La contradicción interna e! Dios que describen los teístas. Como en e! caso del ar-
gumento finalista, la conclusión presenta serias limita-
El argumento de la causa primera parte de que toda cosa ciones,
concreta tiene su causa en otra, pero luego se contradice En primer lugar, es cierto que la causa primera tuvo que
diciendo que Dios es la primera causa de todo. Argumenta ser muy poderosa para crear y poner en marcha la serie de
al mismo tiempo que no puede haber una causa incausada, causas y efectos que hicieron posible e! universo tal como lo
y luego afirma que Dios lo es. Nos vemos, entonces, obli- conocemos, por tanto, se justifica hasta cierto punto la exis-
gados a preguntar: équé es lo que causó a Dios? . tencia de un Dios muy poderoso, cuando no omnipotente.
Los convencidos de! argumento de la causa pnmera Pero e! argumento no permite pensar en un Dios que
podrían aducir que lo que ellos dicen no es que todo tenga sea, además, conocedor de todo y sumamente bueno, por-
una causa, sino que todo excepto Dios tiene una causa. Sin que la causa primera no necesita ninguno de esos atributos,
embargo, no mejorarían la situación, porque si la serie de y también aquí, como en el argumento finalista, sus defen-
causas y efectos debe acabar en algo, épor qué ha de termi- sores tendrían que enfrentarse a un problema sin resolver:
nar necesariamente en Dios? ¿Por qué no podemos dete- écómo es posible que un Dios omnipotente, omnisciente
nernos en un momento anterior de la regresión, por ejem- y sumamente bueno tolere la abundancia de! mal en e!
plo, en la aparición del universo? mundo?

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EL ARGUMENTO ONTOLÓGICO fectas, etc., pero eso no nos permite deducir que semejan-
te isla exista verdaderamente en algún lugar. Así pues, dado
El argumento ontológico se distingue de los dos ante- que el argumento ontológico justifica una conclusión tan
riores en que no emplea ninguna prueba para justificar la descabellada, debe considerarse fallido, bien porque su
existencia de Dios. El argumento finalista, como ya hemos estructura sea inadecuada, bien porque todas o alguna de
visto, depende de la prueba de la naturaleza del mundo y sus premisas sean falsas, pues de otro modo no podría dar
de los objetos y organismos que contiene; el argumento de lugar a unas consecuencias tan absurdas.
la causa primera necesita menos pruebas, porque se basa Un defensor del argumento ontológico podría replicar
sólo en la observación de que existe algo cuando podría no que, aunque sea absurdo pensar que existe la isla perfecta
haber existido nada. El argumento ontológico, sin embar- que imaginamos, no lo es deducir la existencia de Dios de
go, intenta demostrar que la existencia de Dios se deduce su propia definición, ya que las islas perfectas, o los coches
de la definición de la divinidad como ser supremo. Puesto perfectos o los días perfectos, sólo son ejemplos perfectos
que se trata de una conclusión extraída con prioridad a la ex- de tipos concretos de cosas, mientras que Dios es un caso
periencia, se conoce como argumento a priori. especial, porque no se trata del ejemplo perfecto de una
Según el argumento ontológico, Dios se define como el cosa concreta, sino de la más perfecta de todas las cosas.
ser más perfecto imaginable; o, según su formulación más No obstante, aunque aceptáramos ese ejemplo invero-
célebre, debida a San Anselmo (1033-1109), como «ese ser símil, existe aun otra crítica al argumento ontológico que
del que no se puede concebir nada superior». Uno de los sus defensores deben afrontar. Se trata de la crítica formu-
aspectos de esa perfección o grandeza es la existencia. Un lada por Immanuel Kant (1724-1804).
ser perfecto no podría serlo si no existiera. En consecuen-
cia, se supone que de la propia definición de Dios se dedu-
ce que él o ella existe necesariamente, de igual modo que La existencia no es una propiedad
de la definición de un triángulo se deduce que la suma de
sus ángulos internos será de 180 grados. Podemos definir a un soltero como un hombre que no
El argumento, empleado por algunos filósofos, entre se ha casado, porque no estar casado es la propiedad defi-
ellos René Descartes (1596-1650) en la quinta de sus Medi- nitoria esencial del soltero. Ahora bien, si dijéramos: «Exis-
taciones, no ha servido para convencer a muchos de la exis- ten los solteros», no estaríamos diciendo nada de sus pro-
tencia de Dios, pero no resulta fácil captar con precisión piedades. El hecho de existir no es lo mismo que la propie-
qué es lo que falla en él. dad de no estar casado, pues para que alguien no esté casa-
do debe existir primero, aunque el concepto de «soltero»
vale igual, existan o no los solteros.
CRlTICA AL ARGUMENTO ONTOLÓGICO Si aplicáramos este pensamiento al argumento ontoló-
gico, veríamos que su error estriba en tratar la existencia de
Consecuencias absurdas Dios como si fuera ni más ni menos que una propiedad
entre otras, tales como la omnisciencia o la omnipotencia.
Una de las críticas más comunes al argumento ontoló- Sin embargo, Dios no podría ser lo uno o lo otro si no exis-
gico es que nos permitiría definir la existencia de cualquier tiera, de modo que al dar una definición de Dios estamos
cosa. Por ejemplo, podemos imaginar una isla perfecta, asumiendo su existencia. Añadir la existencia a la lista de
con una playa perfecta y una fauna y una flora salvajes per- las propiedades esenciales de un ser perfecto es tratar la

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existencia como una propiedad, y no como la condición te, un jueves. Aunque esté convencido de que hoyes jue-
previa de algo que tiene propiedades. ves (y lo sea), no he adquirido ese conocimiento en una
Pero ¿qué decir de un ser ficticio como el unicornio? fuente fiable. Así pues, mi conocimiento es erróneo, aun-
Sin duda, podemos hablar de sus propiedades y decir que que yo crea lo contrario.
tiene un cuerno y cuatro patas sin necesidad de que exis- Todos los argumentos sobre la existencia de Dios que
tan realmente los unicornios. La respuesta sería que una acabamos de ver están expuestos a un gran número de crí-
frase como: «Los unicornios tienen un solo cuerno" signi- ticas. El lector decidirá si le parecen o no adecuados.
fica en realidad: «Si los unicornios existieran, tendrían un Naturalmente, tales objeciones deberían despertar en él
solo cuerno." En otras palabras: «El unicornio tiene un solo ciertas dudas sobre su condición de pruebas de la existencia
cuerno» es una afirmación hipotética, y el hecho de que no divina. Ahora bien, Üenemos algún conocimiento -en
exista un animal semejante no desmiente que la existencia tanto que prueba y creencia justificada- de que Dios no
no es una propiedad. existe? Dicho de otro modo, éexisten argumentos que pue-
dan probar de forma concluyente la inexistencia del Dios
de los teístas?
El mal Hay, sin duda, un argumento de peso contra la exis-
tencia de un Dios benévolo, que ya he mencionado a pro-
Aunque aceptáramos el argumento ontológico, queda- pósito de las críticas a los anteriores argumentos: finalista,
ría aún la prueba de que al menos un aspecto de su con- ontológico y de la causa primera. Se trata del llamado pro-
clusión es falso. La presencia del mal en el mundo se opo- blema del mal.
ne a la idea de un Dios sumamente bueno. Volveremos
sobre las posibles respuestas a este problema en la parte
dedicada al problema del mal. EL PROBLEMA DEL MAL

Nadie puede negar seriamente la existencia del mal en


CONOCIMIENTO, PRUEBA Y EXISTENCIA DE DIOS el mundo; bastaría con pensar en el holocausto judío, en las
matanzas de Poi Pot, en Camboya, o en la extensión de la
Los argumentos a favor de la existencia de Dios que he- práctica de la tortura. Todos ellos ejemplos de crueldad o
mos consíderado hasta aquí se presentan como pruebas; es mal moral, en los que, por una u otra razón, unos seres
decir, se supone que aportan conocimiento sobre la exis- humanos han infligido intensos sufrimientos a otros. Tam-
tencia de Dios. poco falta la crueldad contra los animales. Pero existe aún
En este contexto, el conocimiento puede definirse otra manifestación del mal, que calificamos de natural o
como una especie de verdad o creencia justificada. Si fué- metafisico: los terremotos, las enfermedades y las hambru-
ramos capaces de tener el conocimiento de que Dios exis- nas constituyen algunos ejemplos.
te, su existencia sería segura, pero la creencia en Dios debe El mal natural tiene causas naturales, aunque éstas pue-
justificarse, lo que implica basarla en una prueba adecua- den agravarse por la incompetencia o la indiferencia de los
da. Todos tenemos creencias ciertas que, sin embargo, no hombres. Quizá la palabra «mal" no resulta la más apropia-
pueden justificarse. Por ejemplo, puedo creer que es jueves da para describir esos fenómenos naturales que tanto sufri-
por haberlo leído hoy en el periódico, cuando, en realidad, miento causan al ser humano, porque el término suele em-
he leído un diario de fecha atrasada que salió, precisamen- plearse para designar una crueldad deliberada. Con todo,

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ya sea que 10 denominemos «mal natural», ya sea que eli- de personas en los campos de concentración nazis con ese
jamos otro nombre, 10 cierto es que no podemos soslayar argumento. Por otro lado, la mayor parte del sufrimiento
la existencia de la enfermedad y los desastres naturales ni se conoce ni queda registrado en parte alguna, de modo
cuando se trata de creer o no en un Dios benévolo. que no admite tal explicación; en muchos casos, la única
¿Se puede creer seriamente en la existencia de un Dios persona capaz de progresar moralmente en su situación es
sumamente bueno a la vista de la abundancia del mal en el propio sufriente, pero, cuando el dolor es extremo, las
el mundo? Un Dios que todo 10 sabe debería conocer la posibilidades de elevación moral se reducen.
existencia del mal; un Dios que todo 10 puede debería evi- En segundo lugar, no parece lógico preferir un mundo
tario; y un Dios sumamente bueno no desearía su exis- en el que existe mucho mal a otro en el que, al ser éste me-
tencia. Pero el mal sigue ahí. El problema en este caso nor, los santos y los héroes dispongan de menos oportuni-
consiste en hacer compatibles los atributos que se asignan dades. Justificar, por ejemplo, la muerte de un niño a causa
a Dios con la innegable existencia del mal. Se trata del de una enfermedad incurable porque ofrece a los testigos
mayor desafío a la fe en el dios de los teístas. El problema de su agonía una ocasión de perfeccionamiento moral re-
del mal ha apartado a muchas personas de la creencia en sulta, cuando menos, ofensivo. ¿Podría emplear semejantes
Dios o, cuando menos, las ha obligado a revisar los métodos para estimular nuestro progreso moral un Dios
supuestos atributos de omnipotencia, omnisciencia y sumamente bueno?
bondad suprema.
Entre las distintas soluciones aportadas por los teístas al
problema del mal, nos ocuparemos ahora de tres. Analogía artística

Algunos pensadores establecen una analogía entre el


Los INTENTOS DE SOLUCIONAR EL PROBLEMA DEL MAL mundo y la obra de arte. Así como la armonía general de
una pieza musical tiende a esconder las discordancias, que,
La santidad consecuentemente, se resuelven en ella, y un cuadro puede
presentar tantas zonas de oscuridad como de color, este
No han faltado los argumentos que, aun aceptando que argumento sostiene que el mal contribuye a la armonía
la presencia del mal en el mundo no es buena, la justifican generala belleza del mundo, pero se expone también a dos
por su capacidad para producir un bien moral superior. Sin críticas.
pobreza o enfermedades, por ejemplo, no habría sido posi- Primero, parece difícil aceptar, por ejemplo, que la ago-
ble que la madre Teresa de Calcuta demostrara su grandeza nía de un soldado junto a la alambrada espinosa que bor-
moral ayudando a los más necesitados. Sin la guerra, la tor- deaba la tierra de nadie en la batalla del Somme haya con-
tura y la crueldad, no existirían ni los santos ni los héroes. tribuido en algo a la armonía general del universo. Decir
El mal permite ese bien supuestamente mayor que consis- que la analogía con la obra de arte explica por qué permi-
te en triunfar sobre el sufrimiento humano. Pero se trata de te Dios esa manifestación del mal equivaldría a admitir
una solución expuesta al menos a dos críticas. En primer que no existe una explicación satisfactoria, porque la com-
lugar, el grado y la extensión del sufrimiento superan con prensión del mal queda situada por encima de la capaci-
mucho el estrictamente necesario para que los santos y los dad humana. Semejante armonía sólo podría ser observa-
héroes realicen actos de una bondad moral superior. Re- da y apreciada desde el punto de vista de Dios. Si tal es
sulta muy difícil justificar la horrenda muerte de millones el significado que pretenden los teístas cuando hablan

42 43
de la bondad suprema de Dios es que entienden la pala- CRíTICA DE LA DEFENSA DEL LIBRE ALBEDRíO
bra «bondad" en un sentido muy distinto al de su uso
común. Establece dos supuestos básicos
En segundo lugar, un Dios capaz de permitir el sufri-
miento por razones meramente estéticas -para apreciarlo El principal supuesto de la defensa del libre albedrío es-
como se aprecia una obra de arte-, más que a la deidad tablece que un mundo en el que existe la voluntad libre y
bondadosa que quieren los teístas, se parece a un sádico la posibilidad del mal es preferible a un mundo de seres
cualquiera. Si el sufrimiento desempeña ese papel, uno robotizados que nunca realizan actos de maldad, ahora
tiene la sensación de que Dios se asemeja peligrosamente a bien, ées esto una verdad evidente? El sufrimiento puede
un psicópata que arroja una bomba en medio de una mul- resultar tan espantoso que, si se les brindara la oportunidad
titud para admirar la belleza de las formas que producen la de elegir, no cabe duda de que muchas personas preferirían
explosión y la sangre. La analogía entre el mundo y la obra estar programadas para hacer sólo el bien y no experimen-
de arte servirá para muchos más como argumento contra la tar dolor. Esos seres programados podrían estar diseñados
bondad divina que a su favor. para creer que disfrutan de una voluntad libre, aunque no
fuera así, y la ilusión les permitiría beneficiarse de todo lo
que significa creerse libres, sin ninguna de las desventajas
LA DEFENSA DEL LIBRE ALBEDRíO que tiene serlo realmente.
Esto nos conduce al segundo supuesto que establece la
El intento más importante de aportar una solución al defensa del libre albedrío, es decir, que nuestra libertad es
problema del mal es la defensa del libre albedrío. Según un hecho real, no una mera ilusión. Pero algunos psicólo-
esto Dios nos ha dotado de una voluntad libre, es decir, de gos sostienen que las decisiones o elecciones de los indivi-
capacidad para elegir por nosotros mismos. Si no dispusié- duos dependen de ciertos condicionamientos de su vida
ramos de una voluntad libre seríamos como robots o autó- anterior, de modo que, si bien el individuo se siente libre,
matas, incapaces de hacer nada por nuestra cuenta. Los sus actos se hallan enteramente determinados por los acon-
partidarios de la defensa del libre albedrío sostienen que tecimientos de su pasado. Lo cierto es que no podemos
la capacidad de hacer el mal es consecuencia de nuestra saber si, en efecto, esto es así.
libertad, que, de otro modo, no existiría, y añaden que un Con todo, conviene señalar a favor de la defensa del
mundo en el que existen seres con una libertad de elección libre albedrío que la mayor parte de los filósofos cree que
que puede conducirlos a hacer el mal es preferible a otro en los seres humanos son, en cierto sentido, realmente libres,
el que los actos humanos estuvieran predeterminados, en el y el libre albedrío se considera, por lo general, un aspecto
que actuáramos como robots programados para hacer sólo esencial del ser humano.
el bien. En efecto, si estuviéramos programados de ese
modo no podríamos decir que nuestros actos fueran moral-
mente buenos, puesto que la bondad depende de la posibi- Libre albedrío, pero sin mal
lidad de elegir. Pero también a esta solución pueden opo-
nérsele ciertas objeciones. Si Dios es omnipotente, cabe suponer que tiene poder
para crear un mundo con voluntad libre pero sin mal. En
efecto, no parece dificil imaginar un mundo semejante.
Aunque la libertad siempre nos da la oportunidad de prac-

44 45
ticar el mal, no existen razones para pensar que tengamos trina de la caída responsabiliza a los seres humanos de la
que realizarlo siempre, y es lógicamente posible tener liber- totalidad del mal en el mundo, y, por otro lado, sólo es
tad de elección y, al mismo tiempo, optar por desviar la aceptable para los que previamente creen en la existencia
tendencia al mal de nuestro comportamiento. del dios judeocristiano.
Los defensores del libre albedrío replicarían probablemen- Existen otras explicaciones más verosímiles del mal
te que, en esa situación, no podría hablarse de una auténti- natural, entre ellas, la que sostiene que la regularidad de las
ca voluntad libre, de modo que el debate queda abierto. leyes de la Naturaleza produce beneficios que superan en
mucho los desastres ocasionales.

Dios podría intervenir


Las leyes ben{ficas de la Naturaleza
Los teístas creen que Dios puede intervenir y que de
hecho interviene, sobre todo a través de los milagros. Pero, Sin la regularidad de la Naturaleza, el mundo sería sen-
si Dios interviene a veces, épor qué elige actos que a los cillamente un caos, y no existiría la menor posibilidad de
ojos de un no creyente parecen una especie de «trucos» de predecir los resultados de nuestros actos. Si, por ejemplo,
escasa importancia, tales como producir estigmas (marcas cuando damos una patada a un balón de fútbol sólo cupie-
en las manos, a semejanza de los agujeros que dejaron los ra la posibilidad de que saliera disparado algunas veces, y
clavos en las manos de Cristo) o convertir el agua en vino? otras, se nos quedara pegado al pie, sería difícil predecir
¿Por qué no intervino Dios para evitar el holocausto o la qué puede ocurrir cada vez que le damos una patada. La
Segunda Guerra Mundial o la epidemia de sida? falta de regularidad en otros aspectos del mundo haría im-
Una vez más, los teístas podrían responder que si Dios posible la vida misma. Tanto la ciencia como la vida coti-
interviniera siempre no tendríamos libre albedrío, pero diana dependen de una gran dosis de regularidad en la Na-
esto equivaldría a abandonar uno de los aspectos de la fe turaleza, porque las causas semejantes tienden a producir
de los teístas en Dios, es decir, que la divina intervención efectos semejantes.
se produce a veces. Suele aducirse que, puesto que esa regularidad nos
beneficia, el mal natural se justifica como un desgraciado
efecto colateral de unas leyes que funcionan de modo
No explica el mal de origen natural regular, y se supone que los efectos benéficos generales de
esa regularidad sobrepasan a los efectos negativos. Pero
Una de las mayores críticas a la defensa del libre albe- este argumento presenta dos puntos vulnerables.
drío estriba en que, en el mejor de los casos, sus ideas jus- En primer lugar, no explica cómo es posible que un
tificarían sólo la existencia del mal moral, esto es, el que Dios omnipotente no haya creado unas leyes naturales que
producen directamente los seres humanos, pero no pode- nunca causen el mal. Sería posible responder que Dios se
mos concebir la relación entre la voluntad libre y la exis- siente superado por las leyes de la Naturaleza, pero enton-
tencia de males de origen natural como los terremotos, las ces no estaríamos ante un dios omnipotente.
enfermedades o las erupciones volcánicas, a no ser que En segundo lugar, tampoco explica por qué no intervie-
aceptemos una especie de doctrina de la caída, por la cual ne más a menudo con los milagros. Si no interviene nunca,
la traición de Adán y Eva a la confianza de Dios habría tra- entonces, como ya hemos visto, desaparece un aspecto fun-
ído al mundo todo un conjunto de males diversos. La doc- damental de la mayoría de las creencias teístas en Dios.

46 47
La mayor parte de las religiones sostienen que Dios ha
LA ARGUMENTACIÓN DE LOS MILAGROS realizado milagros cuyo testimonio debería bastar para
confirmar su existencia. Sin embargo, hay muchos argu-
Al analizar las posibles soluciones al problema del mal mentos contra la fundamentación de la fe en Dios a partir
he mencionado la fe de los teístas en los milagros, que, de los milagros testimoniados.
entre los cristianos, incluirían la resurrección, la multipli-
cación de los panes y los peces, la resurrección de Lázaro,
etc. Todos ellos forman parte de los milagros que, se dice, LA OPINIÓN DE HUME SOBRE LOS MILAGROS
realizó Cristo, pero tanto en el ámbito del cristianismo
como en otras religiones se sostiene la posibilidad de que En la sección X de su Tratado sobre el entendimiento hu-
los milagros sigan ocurriendo en la actualidad. Conside- mano, David Hume afirma que un ser racional nunca debe-
raremos ahora si la pretensión de que los milagros ocurran ría creer que un milagro testimoniado ha tenido lugar real-
siempre nos brinda pruebas suficientes de la existencia mente, porque sería un milagro aún mayor que el testigo
de Dios. no se hubiera equivocado. En general, siempre debemos
Podríamos definir los milagros como aquella interven- creer en el milagro menor. Hume juega deliberadamente
ción divina, cualquiera que sea su forma, en el curso nor- en su proposición con el significado de la palabra «mila-
mal de los acontecimientos, que supone siempre la trans- gro». Como ya hemos visto, un milagro es, en sentido es-
gresión de una ley natural. Una ley natural es una genera- tricto, la transgresión de una ley natural supuestamente
lización sobre el cumplimiento de ciertos principios; por causada por Dios. Pero cuando Hume declara que debe-
ejemplo, lo que pesa cae al suelo, los muertos no vuelven, mos creer en el milagro menor, emplea el término «mila-
etc. Todas estas leyes de la Naturaleza se basan en la obser- gro» en el sentido cotidiano con el que nos referimos a las
vación continuada. cosas que se apartan de lo normal.
Para empezar, un milagro debe distinguirse de lo que Aunque admitiéramos en principio la posibilidad de
sólo es un suceso extraordinario. Supongamos que alguien los milagros, Hume piensa que no existen testimonios sufi-
quiere suicidarse arrojándose desde un puente muy alto. cientes de ningún milagro que pueda cimentar la fe en
Podría ocurrir que la libre combinación de varios factores, Dios, y para ello emplea poderosos argumentos.
las condiciones del viento, las ropas que pueden actuar
como paracaídas, etc., se aliarán, como de hecho pueden
aliarse, para salvarle la vida. Por muy raro que resulte, y Los milagros nunca puedenprobarse
aunque la prensa lo calificara de «milagro», no lo es en el
sentido que utilizamos aquí, porque la ciencia puede expli- En primer lugar, Hume analiza de qué pruebas dispo-
car satisfactoriamente la supervivencia de esa persona; se nemos para decir de algo que es una ley de la Naturaleza.
trata sólo de un hecho extraordinario, en absoluto mila- Para que algo pueda aceptarse como tal -por ejemplo, el
groso, puesto que no se ha transgredido ninguna ley natu- hecho de que los muertos no vuelvan-, debemos disponer
ral, y, por lo que sabemos, no se ha producido ninguna de un máximo de pruebas que lo confirmen.
intervención divina. Abara bien, si esa misma persona, Una persona inteligente cimentará sus creencias en las
después de arrojarse, fuera capaz de rebotar misteriosa- pruebas disponibles, y en el caso del testimonio de un mi-
mente desde el río al puente, estaríamos en presencia de lagro siempre hay más pruebas de que no ha ocurrido que
un milagro. de lo contrario, dado que su presencia implica la interrup-

48 49
ción de unas leyes naturales firmemente establecidas. Así
pues, y según este argumento, una persona inteligente se Las religiones se anulan mutuamente
mostrará siempre poco inclinada a creer en el testimonio
de un milagro. Siempre será lógicamente posible que al- Las grandes religiones predican la existencia de los mi-
guien vuelva de la muerte, pero hay pruebas abundantísi- lagros. Las pruebas que avalan la verdad de esos milagros
mas que nos autorizan a creer que nunca ha ocurrido. Por son muchas y muy semejantes. En consecuencia, si el argu-
tanto, aunque no podemos negar en términos absolutos mento a favor de los milagros fuera fiable probaría la exis-
que la Resurrección haya tenido lugar, siguiendo a Hume, tencia de los distintos dioses de cada religión. Una expli-
deberíamos mostrarnos extremadamente reacios a creerlo. cación natural, aunque improbable en sí misma, será siem-
Hume aportó otros argumentos para hacer más con- pre más apropiada que otra milagrosa. Y, sin duda, el tes-
vincente su conclusión. timonio de un milagro nunca equivaldrá a una prueba de
la existencia de Dios.
Tales argumentos no se limitan al caso de que otra per-
Losfactorespsicológicos sona testifique un milagro. Si nosotros mismos nos encon-
tráramos en la improbable situación de creer que hemos
Existen factores de índole psicológica que pueden lle- presenciado un milagro, es prácticamente seguro que en-
var a una persona a engañarse e incluso a cometer un frau- contraríamos una explicación. Todos hemos tenido expe-
de a propósito de los milagros. Por ejemplo, sabemos, por- riencias de sueños, de recuerdos confusos, de creer que
que se trata de un hecho muy observado, que la sorpresa y hemos visto cosas que en realidad no hemos visto. Siempre
la maravilla son emociones placenteras. Los seres humanos que creamos haber presenciado un milagro, lo más proba-
manifestamos una fuerte tendencia a creer en cosas alta- ble es que nos hayamos dejado engañar por los sentidos.
mente improbables -en los avistamientos de ovnis que Quizá hemos contemplado sólo un hecho extraordinario
prueban la existencia de vida inteligente en Marte o en las y, debido a los factores psicológicos que ya se han men-
historias de fantasmas que demuestran la posibilidad de la cionado aquí, le concedemos una importancia exagerada.
vida después de la muerte, entre otras muchas-, a causa del La facilidad para engañamos en este tipo de situaciones
placer que nos proporciona entretenernos con esas creen- nunca permitirá considerarlo una prueba de la existencia
cias fantásticas. Por eso tendemos a confiar en el testimo- de Dios.
nio de un milagro, porque todos deseamos, secreta o abier-
tamente, que sea cierto.
Por otro lado, resulta muy gratificante creer que se nos EL ARGUMENTO DEL JUGADOR: LA APUESTA DE PASCAL
ha elegido, como si fuéramos una especie de profetas, para
testimoniar la realización de un milagro. Muchos desea- Los argumentos a favor y en contra de la existencia de
rían obtener la aceptación que disfrutan los que pretenden Dios que hemos examinado hasta aquí pretendían probar
haberlo presenciado; por eso, pueden interpretar como que Dios existe o que no existe. Todos albergan la inten-
hechos milagrosos reveladores de la presencia divina lo ción de darnos a conocer la existencia o inexistencia de
que no son más que acontecimientos extraordinarios, e in- ese él o ella. En cuanto al argumento del jugador, que en-
cluso inventar historias sobre esos acontecimientos mila- contramos en las obras del filósofo y matemático Blaise
grosos. Pascal (1623-1662) y conocemos por la expresión «apues-
ta de Pascal", es completamente distinto, porque no pre-

50 51
tende aportar pruebas, sino demostrar que un jugador sen- perdido tanto como de haber apostado equivocadamente
sato debería estar bien avisado para «apostar» por la exis- por su existencia. Así pues, si deseamos maximizar las ga-
tencia de Dios. nancias y minimizar las posibles pérdidas, debemos creer
El razonamiento parte de la posición de un agnóstico, en la existencia de Dios.
es decir, de alguien que cree que no se cuenta con la sufi-
ciente evidencia para decidir si Dios existe o no. El ateo
por su parte afirma en cambio que hay evidencia conclusi- CRÍTICA AL ARGUMENTO DEL JUGADOR
va de que Dios no existe.
El argumento del jugador procede como sigue. Puesto La fe no se puede elegir
que no sabemos si Dios existe o no, nos encontramos en
la situación del apostante antes del comienzo de la carrera Aunque aceptáramos el argumento del jugador, queda-
o del descubrimiento de la carta. Tenemos que calcular las ría en pie el problema de la posibilidad de creer lo que nos
probabilidades. Para el agnóstico sería igual que existiera apetezca. La fe no es una decisión personal. No podemos
Dios o no, porque su actitud consiste en sentarse en las decidir que las vacas vuelen mañana o que Londres sea la
gradas sin hacer elecciones. Por el contrario, el argumento capital de Egipto, como no podemos decidir que exista un
del jugador sostiene que la actitud más racional es no Dios omnipotente, omnisciente y sumamente bueno.
~egarse la oportunidad de ganar la apuesta más alta, al Antes de creer en tales cosas, debo estar convencido de que
tiempo que mantiene la posibilidad de perder lo menos existen, pero el argumento del jugador no me aporta nin-
posible; dicho de otro modo, hay que maximizar las guna prueba convincente de la existencia divina, sólo me
ganancias y. minimizar las posibles pérdidas, y según dice que, como jugador, lo más inteligente sería darme la
Pascal, lo mejor en este caso es creer en Dios. oportunidad de creer. Sin embargo, nos enfrentamos al
Los resultados pueden ser cuatro. Si apostamos por la problema de que, antes de creer en algo, hay que juzgarlo
existencia de Dios y ganamos (si Dios existe de verdad), verdadero.
hemos ganado también la vida eterna (todo un premio). Si Pascal tenía una solución para convencernos de la exis-
perdemos, porque Dios no existe, en comparación con la tencia de Dios aun en el caso de que la idea se estrellara
posibilidad de ganar la vida eterna no habremos perdido contra nuestros sentimientos, y para ello nos propuso que
tanto: CIertos placeres apetecibles y muchas horas inverti- actuáramos como si ya estuviéramos convencidos de la
das en rezos, pero habremos vivido con una ilusión. Por el existencia de Dios, asistiendo a la iglesia, rezando las ora-
contrario, si elegimos la opción de la inexistencia de Dios, ciones apropiadas, etc. Según él, la práctica de los signos
y ganamos (si Dios no existe), habremos vivido sin ilusión externos de la fe desarrolla inmediatamente una fe auténti-
alguna (al menos, en esto), y nos entregaremos libremente ca. En otras palabras, existen vías indirectas de producir de-
a los placeres de la vida sin temor al castigo divino. Pero si liberadamente la fe en Dios.
nos equivocamos, y Dios existe, habremos perdido, como
poco, la oportunidad de la vida eterna, además de exponer-
nos a una condenación no menos larga. Es un argumento impropio
Según Pascal, si varios jugadores se enfrentaran a esas
posibilidades, la actitud más racional sería creer en Dios, Apostar por la existencia de Dios para tener la posibili-
porque, de este modo, si acertamos, hemos ganado la vida dad de gozar de una vida eterna, engañándonos a nosotros
eterna. Si apostamos contra Dios, y existe, no habremos mismos con una fe que no sentimos, porque el premio po-

52 53
dría ser muy alto, parece una forma impropia de plantear-
se el problema de la existencia de Dios. William James CRÍTICA AL «NO-REALISMO»
(1842-1910), filósofo y psicólogo, llegó a decir que si él fue-
ra Dios se divertiría mucho complicando la vida a los cre- Un disfraz del ateísmo
yentes que eligieran semejante procedimiento para ganarse
el Cielo. En efecto, se trata de un proceso insincero, ente- La crítica fundamental al «no-realismo» es que encubre
ramente motivado por el egoísmo. una forma de ateísmo. Decir que Dios no es más que la
suma de los valores humanos equivale a afirmar que el Dios
tradicionalmente concebido no existe, y que los lenguajes
EL «NO-REALISMO» A PROPÓSITO DE DIOS religiosos se limitan a proporcionar un medio útil de hablar
de los valores en un mundo carente de Dios. Podría pare-
La actitud de los no-realistas aporta una controvertida cemos incluso hipócrita, ya que los no-realistas niegan la
alternativa al teísmo tradicional. Según éstos, se equivocan existencia objetiva de Dios al tiempo que se aprovechan de
los que conciben la existencia de Dios como algo inde- los ritos y los lenguajes religiosos. Parece más honrado acep-
pendiente del ser humano. El significado auténtico del len- tar las consecuencias de la inexistencia de Dios y ser ateo.
guaje religioso no es describir un ser con existencia objeti-
va, sino una forma de representarnos la unidad ideal de
nuestros valores morales y espirituales, y lo que esos valo- Consecuencias para la doctrina religiosa
res nos exigen. En otras palabras, no se trata de creer en
Dios como una entidad auténticamente existente en algún La segunda crítica se basa en que la idea no-realista de
reino aparte, es decir, en el Dios que defiende la tradición la existencia divina tiene graves consecuencias para la doc-
teísta. Los no-realistas se comprometen con un conjunto trina religiosa. Por ejemplo, la mayor parte de los teístas
de valores morales y espirituales, y obtienen del lenguaje creen en la existencia del Cielo; pero si no hay Dios, el
de la religión un poderoso medio de representación de Cielo no puede existir (ni el infierno tampoco). De igual
esos valores. Como dice Don Cupitt (1934), uno de los no- modo, si Dios no existe en un sentido realista, parece difi-
realistas más conocidos: «Hablar de Dios es hablar de las cil creer en los milagros, una de las principales creencias de
metas morales y espirituales que debemos perseguir, y de los teístas. Desde la perspectiva no-realista habría que revi-
lo que debemos aspirar a ser.» sar radicalmente la fe de todas las religiones. Naturalmen-
Según los no-realistas, aquellos que creen en Dios te, esto no descarta per se el enfoque no-realista; basta con
como una entidad exterior a descubrir, como si se tratara aceptar las revisiones radicales que impondrí~ su acep.ta-
de otro planeta o del yeti, se mantienen al borde del pen- ción. El problema es que el concepto no-realista Implica
samiento mitológico. El verdadero significado del lengua- una revolución de la doctrina religiosa más elemental, que
je religioso, afirman, es la representación ante nosotros la mayoría de las personas no está preparada para admitir.
mismos de los ideales humanos más elevados. Se explican
así las diferencias entre las religiones, que habrían partido LA FE
de distintos sistemas culturales de valores, aunque, en cier-
ta forma, todas comparten la misma actividad. Todos los argumentos sobre la existencia de Dios que
acabamos de examinar han sido sometidos a críticas no
necesariamente concluyentes, porque siempre podríamos

54 55
encontrar argumentos contrarios. Ahora bien, ¿estaríamos mente atractiva. Creer que existe una vida más allá de ésta
dispuestos a negar la existencia de Dios sólo por no encon- es un magnífico antídoto contra el miedo a la muerte. To-
trar argumentos contrarios de peso? Los ateos responden dos esos factores pueden conducirnos a tener fe en Dios.
afirmativamente. Los agnósticos se acogen al veredicto de Naturalmente, ninguna de estas razones arrebatará la fe a
la falta de pruebas. Los creyentes, sin embargo, podrían los creyentes, pero les muestran que las causas de su creen-
aducir que, sopesándolo todo, la concepción filosófica no cia podrían responder a una mezcla de inseguridad y pen-
resulta apropiada, porque la fe en Dios, dirían, no es un samiento erróneo.
problema de especulaciones intelectuales y abstractas, sino Por otra parte, como afirmaba Hume, los seres huma-
un c.ompromlso personal. Se trata de fe, no de empleo nos obtienen una profunda satisfacción de la sorpresa y la
inteligente de la razón. maravilla que les brindan los fenómenos paranormales. En
La fe implica confianza. Cuando practico el montañis- caso de depositar nuestra fe en Dios, conviene distinguir
mo deposito mi confianza en la fuerza de mi cuerda, espe- las creencias genuinas de ese placer que produce creer en la
ro qU,e me sostenga SI pierdo pie y me caigo, aunque nunca existencia divina.
podre estar seguro hasta que no lo experimente. Para mu- Estos factores psicológicos deberían ponernos en guar-
chas personas, la fe en Dios es como la confianza en la fuer- dia en materia de fe, porque resulta muy fácil engañarse a
za de la cuerda: no hay pruebas de su existencia, ni de que se propósito de nuestras motivaciones. Al final, será el creyen-
oc~pe de sus cnaturas, pero el creyente confia en que Dios te quien deba juzgar si su fe es apropiada y genuina.
exista, y vive con esa confianza.
La fe religiosa atrae a muchas personas, para las cuales
los argumentos que acabamos de exponer carecen de im- MUERTE
portancia. Con todo, en los casos extremos, la fe puede
cegarnos ante las pruebas en contra, y convertirse más en La mayor parte de la gente que cree en la existencia de
una porfía que en una actitud racional. algún tipo de Dios, cree también en una vida transmunda-
¿Cuáles son los peligros de esa forma de fe en la exis- na. Algunos ateos creen igualmente en esa vida, aunque,
tencia de Dios para las personas inclinadas acreer? en general, lo típico del ateo es negar que tras la muerte
exista la menor traza de vida. El que cree en una vida fuera
de este mundo tiene menos razones para temer a la muer-
Las «trampas de taje» te que el que no cree en ella, suponiendo, desde luego, que
la vida del más allá va a ser una vida placentera y no un tor-
La fe, tal como la he descrito aquí, se basa en la falta de mento eterno. En cualquier caso, para los que creen en la
pruebas. S! dispusiéra~os de pruebas suficientes para de- existencia de una vida más allá de este mundo, la muerte
clarar la eXistencia,de DIOS, no necesitaríamos de la fe, por- no es el fin de todas las cosas.
que entonces estanamos ante un fenómeno del conocimien-
to. ~ora bien, co~?carecemos de pruebas suficientes, que-
da siempre la posibilidad de que el creyente se equivoque. ¿Es irracional el miedo a la muerte?
Como en el caso de los milagros, también en éste abundan
los factores psicológicos para depositar la fe en Dios. El temor a la muerte está ampliamente extendido, y la
Por ejemplo, la seguridad que proporciona la idea de un creencia en Dios y en una vida transmundana puede ser un
ser todopoderoso que se ocupa de nosotros resulta suma- alivio para aquellos cuyas vidas son ingratas o dolorosas.

56 57
Pero creer en otra vida puede convertirse fácilmente en un seriamente sugerida es que la inmortalidad podría resultar
espejismo. Algunos filósofos han sostenido que aun en e! tan insufriblemente aburrida que nos proporcionara bue-
caso de que la muerte sea un absoluto final, no hay nada nas razones para sentir temor ante ella.
que temer por ello. Otros han llegado incluso a afirmar que
una existencia finita es preferible a la inmortalidad.
Epicuro (341-271 a.C.) trató de mostrar que no nos ¿Sería aburrida la inmortalidad?
asiste razón alguna para temer a la muerte. El temor a la
muerte surge de! hecho de imaginar erróneamente que U na buena parte de las actividades humanas adquieren
cuando morimos nos encontramos en e! otro mundo su valor por el hecho de que son irrepetibles. Los hombres
lamentando nuestra propia pérdida. Pero mientras segui- realizamos elecciones y tomamos decisiones que configu-
mos vivos, la muerte está ausente; y cuando hayamos falle- ran la persona que cada uno somos. Nuestro placer en la
cido, ya no existiremos para sentirnos dañados. Así pues, o experiencia inmediata de los juegos de luz y sombras en un
estamos VIVOS y la muerte no nos causa ningún dolor, o bosque proviene en parte de! hecho de que nos encontra-
estamos muertos, y entonces no hay nada a 10 que causar mos ante un efecto pasajero que tal vez no volvamos a
daño. Por otra parte, sostenía Epicuro, usualmente no nos contemplar jamás. Nuestra mortalidad nos hace valorar e!
preocupa en absoluto la eternidad de nuestra no-existencia presente porque no podemos tener un futuro. El patrón de
antes del nacimiento, ¿por qué entonces habría de preocu- nuestras elecciones y las cosas que nos suceden construyen
parnos 10 más mínimo la eternidad de nuestra no-existen- nuestra historia personal. Pero si vamos a vivir para siem-
cia después de la muerte? Su conclusión es, por tanto, que pre tras la muerte, esta fuente de sentidos o significados
e! miedo a la muerte es irracional. Esto no es obstáculo, sin dejaría de existir para nosotros: siempre habría tiempo para
embargo, para seguir manteniendo que puede ser perfecta- hacer cualquier cosa. Bernard Wi1liams (1929-2003) ha sos-
mente racional temer al proceso de morir y al dolor que tenido que tal inmortalidad sería aburrida y carecería de
típicamente 10 acompaña. sentido en última instancia. Es e! hecho de la muerte y de
su finalidad 10 que da a nuestras vidas gran parte de! signi-
ficado que éstas tienen.
Cnrncx DE EPI CURO

Asunción de que no hay otra vida CRlTICA DEL TEDIO DE LA INMORTALIDAD

Epicuro asume que no existe otra vida. Sus dos razona- La idea de inmortalidad asume que la vidafutura
mientos son argumentos sobre e! temor que nos inspira es como la vida presente
nuestra propia no-existencia. Mas ninguno de ellos tiene
en cuenta e! miedo ante 10 que pudiera sucedemos una vez La carencia de significado y e! aburrimiento que se se-
traspasado e! umbral de nuestra muerte. Si hay una vida guirían de! hecho de que e! hombre dispusiera de tiempo
futura, tendrían que ser aspectos de esa vida 10 que sería para hacer todo cuanto se le antojase es una proyección al
absolutamente racional temer: la posibilidad, por ejemplo, mundo siguiente de 10 que experimentamos en este mun-
de pasar toda la eternidad sumergido en una caldera hir- do en que vivimos. Pero es de presumir que un Dios bene-
viente de ácido sulfúrico y acosados de continuo por pe- volente no ha de querer vemos mortalmente aburridos en
queños demonios armados con tridentes. Otra posibilidad esa vida futura; así pues, podemos confiar en que si tal ser

58 59
existe, la vida futura ha de ser bastante diferente de la vida es una introducción exhaustiva al problema. The Philosophy
en la tierra de modos y maneras que ni siquiera podemos ofReligion: A Criticallntroduetion (Cambridge, Polity, 1998),
írnagmar. de Beverly y Brian Clack es otra útil guía para esta área de
No obstante, de ser esto así, es inevitable preguntarse si pensamiento. Atheism: A Very Short Introduction (Oxford,
una vida semejante es la vida que nosotros mismos nos va- Oxford University Press, 2003), de Julian Baggini, es una
mos construyendo al vivir, pues lo que nosotros somos consideración positiva de la vida sin Dios. Arguing for
está configurado 'por nuestra existencia finita en el tiempo Atheims (Londres, Routledge, 1996), de Robin Le Poidevin,
y por el conocimiento de que tenemos que morir. ¿En qué es una obra amplia e interesante, que sirve también como
sentido es e,sa vida para mí,.puesto que lo que yo soy ha introducción a varios temas muy importantes, entre ellos,
estado tan ligado a las decisiones que yo mismo he toma- la metafIsica y la naturaleza del tiempo.
do sobre el modo de emplear mi limitado tiempo? Si la res- La obra póstuma de David Hume, Diálogos sobre la reli-
puesta a esta cuestión es que Dios se encargará de ello, nos gión natural publicada por primera vez en 1779, contiene
t?pam~s nuevamente con el recurso a la fe, con la posibi- un ataque fundado y brillante al argumento finalista. Aun-
lidad añadida de que esta fe pudiera estar mal colocada. que la prosa del siglo XVIII puede resultar dificil en algunos
momentos, los argumentos fundamentales se siguen con
facilidad y están ilustrados con ejemplos memorables por
CONCLUSIÓN su ingenio. La mejor edición es: David Hume, Dialogues
and Natural History ofReligion (Oxford, Oxford University
En este capítulo hemos considerado la mayor parte de Press World's Classics, 1993; en español: Diálogos sobre la
los argumentos tradicionales a favor o en contra de la exis- religión natural, Madrid, Tecnos, 1994).
tencia de Dios. Hemos comprobado la seriedad de las crí- Don Cupitt expone su alternativa no realista al teísmo
ncas que los teístas deben tener en cuenta si insisten en en el último capítulo de sus libros The Sea ofFaith (Londres,
mantener la creencia en un Dios omnisciente, omnipoten- BBC Books, 1984) y Taking Leave of Cod (Londres, SCM
te y sumamente bueno. Una forma de afrontar estas críti- Press, 2001).
cas sería revisar las cualidades que, por lo general, se atri-
buyen a DIOS; puede que no sea absolutamente bueno o
puede que su poder y su sabiduría conozcan límites. Esto
nos llevaría a rechazar la idea del Dios tradicional, pero es
probable que muchos hallaran más aceptable esta solución
que negar la existencia divina en términos absolutos.

OTRAS LECTURAS

, Recomiendo encarecidamente El milagro del teísmo (Ma-


dnd, Tecnos, 1994), de J. L. Mackie, por tratarse de una
obra clara, inteligente y estimulante, que aborda muchos
de los temas examinados en el presente capítulo. An Intro-
duction to the Philosophy ofReligion (2." ed., Oxford, Oxford
University Press, 1993), del fraile dominico Brian Davies ,

60 61
CAPÍTULO II

El bien y el mal

(En qué se distingue e! obrar bien del obrar mal? ¿Qyé


queremos decir cuando afirmamos que se debe o no se
debe hacer una cosa? ¿Cómo hay que vivir? ¿Cómo hay
que tratar a los demás? Hace miles de años que los filóso-
fos se formulan estas preguntas fundamentales. ¿Cómo
evitar la tortura, e! asesinato, la crueldad, la esclavitud, la
violación o el robo si no creyéramos que son actos de mal-
dad? (Es la moral un mero prejuicio o disponemos de
razones sólidas para apoyar nuestros valores? La parte de la
filosofia que trata de estos problemas se conoce por ética o
filosofia moral, términos que utilizaremos aquí indistinta-
mente.
Por mi parte, confieso mi escepticismo sobre la capaci-
dad de la filosofia para cambiar los principales prejuicios
de los seres humanos sobre lo que está bien y lo que está
mal. Como dijo Friedrich Nietzsche (1844-1900), en Más
allá delbien y delmal, la mayor parte de los filósofos que se
han ocupado de la moral han acabado por justificar "un
deseo de! corazón, previamente filtrado, y convertido en
una abstracción". Dicho de otro modo, sus complicados
análisis, siguiendo un razonamiento lógico impersonal, les
sirvieron, a fin de cuentas, para demostrar la bondad de sus
prejuicios personales. Con todo, la filosofia moral es capaz

63
de brindamos ideas para afrontar los problemas morales, ca que cumple la voluntad divina; «mal", que va contra
porque puede esclarecer las implicaciones de ciertas creen- ella. La moral del creyente consiste en seguir de un modo
cias morales de carácter general, y enseñarnos cómo llevar absoluto los mandatos recibidos de una autoridad externa
estas últimas a la práctica con coherencia. Veremos ahora a él, y esa autoridad es Dios. Por ejemplo, matar es siem-
tres tipos de teoría moral: las doctrinas del deber, las doc- pre malo porque aparece expresamente designado como
trinas de la virtud y el consecuencialismo, con e! objetivo acto pecaminoso en los Diez Mandamientos, aun en e!
de examinar los problemas morales en marcos generales caso de que acabar con la vida de un determinado indivi-
distintos y opuestos entre sí. En primer lugar, repasaremos duo -pensemos en Hitler- supusiera la salvación de otros.
los aspectos principales de las tres teorías y su aplicación a Naturalmente, estamos simplificando, ya que los teólogos
un caso de la vida real, para pasar después a cuestiones filo- introducen algunas circunstancias excepcionales que hacen
sóficas más abstractas sobre e! significado de! lenguaje mo- moralmente aceptable el acto de matar, por ejemplo, la
ral, lo que se conoce con e! nombre de metaética. guerra justa.
En la práctica, la moral cristiana responde a algo más
complicado que la mera obediencia a los Diez Manda-
LAS TEORíAS DEL DEBER mientos, puesto que incluye la aplicación de las enseñan-
zas de Cristo y, en particular, e! mandato del Nuevo Tes-
Las teorías de! deber sostienen que todos tenemos cier- tamento: «Amarás al prójimo como a ti mismo." Con todo,
tas obligaciones -actos que debemos o no realizar- y que responde a un sistema que impone lo que se debe y lo que
toda actuación moral equivale a su cumplimiento, sean no se debe, y esto vale para cualquier otra moral funda-
cuales sean las consecuencias que se sigan de ello. Según mentada en la religión.
esto, la bondad o la maldad de un acto no depende en ab- La mayor parte de la gente piensa que si Dios no exis-
soluto de sus resultados, lo cual distingue a estas teorías éti- tiera tampoco existiría la moral; por decirlo con palabras
cas (también conocidas como deontológicas) de las te<;>rías de Dostoievski, e! escritor ruso: «Si Dios no existe, todo
consecuencialistas. Examinaremos aquí dos de las pnme- está permitido." Sin embargo, cabe proponer al menos tres
ras: la ética cristiana y la ética de Kant. objeciones a la teoría ética basada únicamente en la volun-
tad divina.
LA ÉTICA CRISTIANA
CRíTICA A LA ÉTICA CRISTIANA
La doctrina moral cnsnana ha dominado e! pensa-
miento moral de Occidente. Nuestros conceptos morales é Se puede conocer la voluntad de Dios?
se han configurado a través de la doctrina religiosa, hasta
e! punto de que también las teorías éticas de carácter ateo En la ética cristiana surge inmediatamente la dificultad
tienen una profunda deuda con ella. Los Diez Manda- de conocer con certeza la voluntad divina. ¿Cómo estar
mientos incluyen tanto deberes como prohibiciones. En seguros de lo que Dios desea que hagamos? Los cristianos
cuanto a los primeros, lo son en sentido absoluto, es decir, responden remitiéndonos a la Biblia, pero la Biblia se halla
independientemente de sus consecuencias. Quien cree que expuesta a numerosas interpretaciones, con frecuencia dis-
la Biblia es la palabra de Dios no puede albergar duda algu- crepantes unas de otras; baste con pensar en las diferencias
na sobre lo que está bien y lo que está mal: «bien" signifi- que separan a los intérpretes literales de! Génesis, los que

64 65
aceptan que el mundo se creó en siete días, y aquellos que mo o a sí misma», yeso no es lo que pretenden decir los
lo interpretan como una metáfora, o a los que piensan que creyentes cuando pregonan la bondad divina.
es admisible matar en la guerra y los que toman como un
mandamiento absoluto e incondicional el precepto «No
matarás». Asume la existencia de Dios

Sin embargo, una de las objeciones más serias a este


El dilema de Eutifrón concepto de la ética es que presupone la existencia y la
bondad de Dios, pues, si no fuera bondadoso, épor qué
Un dilema se plantea cuando sólo disponemos de dos considerar que los actos que se adaptan a su voluntad son
alternativas posibles, ninguna de las cuales se desea. En moralmente buenos? Como hemos visto en el capítulo 1, ni
este caso, se trata del dilema formulado en el Eutifrón, de la existencia ni la bondad de Dios puedan darse por ciertas.
Platón. El dilema para aquellos que aceptan que toda mo- No todas las doctrinas del deber parten de la existen-
ral procede del mandato divino es el siguiente: ¿Dios dis- cia de Dios. La más importante, debida a Immanuel Kant
pone o ama lo que él o ella hace porque es moralmente (1724-1804), aunque profundamente influida por la tradi-
bueno? O bien, ¿es la disposición o el amor de Dios lo que ción cristiana protestante, y pese al hecho de que el propio
lo hace moralmente bueno? Kant fuera un cristiano devoto, formula la moralidad de
Consideremos la primera posibilidad. Si Dios dispone un modo tal que, en líneas generales, podría resultar atrac-
o ama lo que hace porque es moralmente bueno, la mora- tiva para cualquier ateo.
lidad será independiente de él o de ella, porque responde-
rá a unos valores morales anteriores que pertenecen al uni-
verso; valores que más que crear, habrá que descubrir. LA ÉTICA DE KANT
Desde ese punto de vista, se podría describir la moral sin
mencionar a Dios, aunque cabe esperar que él o ella nos Los motivos
proporcione una información más fiable que la que po-
drían recopilar en el mundo nuestros intelectos limita- A Kant le interesaba la siguiente pregunta: «é Qué es un
dos. Pero visto de ese modo, Dios no puede ser la fuente acto moral?» Su respuesta ha ejercido una enorme influen-
de la moral. cia en la filosofía. Veremos aquí sus rasgos más sobresa-
La segunda posibilidad resultará probablemente menos lientes.
atractiva para los defensores de la ética cristiana, porque si Kant creía que un acto moral es aquel que se realiza por
Dios crea el mal y el bien sencillamente con sus mandatos sentido del deber, y no sólo a causa de una inclinación, un
o aprobaciones, la moral habrá de ser un asunto bastante sentimiento o la posibilidad de obtener algo. Así, por
arbitrario. En principio Dios podría haber declarado acep- ejemplo, si doy dinero por caridad, porque experimento
table el asesinato, y así se habría aceptado. Un defensor de una profunda compasión por los necesitados, según Kant,
la moralidad como sistema de mandatos divinos respon- no cumplo necesariamente un acto moral; es decir, si
dería que Dios nunca podría aconsejar el asesinato, porque actúo exclusivamente movido por mi compasión y no por
Dios es bueno y no desea nuestro mal, pero si «bueno» sentido del deber, mi acto no es un acto moral. Si doy dine-
quiere decir «moralmente bueno», la consecuencia será ro para ganarme las simpatías de mis amigos, tampoco
que todo «Dios es bueno» significa «Dios se estima a sí mis- actúo moralmente, sino para mejorar mi situación social.

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Así pues, Kant afirma que los motivos de un acto son
más importantes que el acto en sí y que sus consecuencias.
Según él, para saber si alguien actúa moralmente hay que Las máximas
conocer su intención. No basta con saber que el Buen
Samaritano ayudó a un hombre que 10 necesitaba, porque Kant llama máximas a las intenciones que se esconden
bien podría haberlo hecho por interés personal, esperando detrás de los actos. Máxima es aquel principio general que
que le recompensaran la molestia, o por un impulso com- subyace a la acción. Por ejemplo, el Buen Samaritano pudo
pasivo, es decir, más por un motivo de índole emotiva que actuar siguiendo la máxima: «Ayuda siempre a los demás,
por sentido del deber. si quieres que ellos te ayuden a ti.» O bien, según esta otra:
La mayor parte de los filósofos de la moral coinciden «Ayuda a quienes 10 necesitan, siempre que sientas com-
con Kant en que el interés personal no resulta un motivo pasión por ellos.» Sin embargo, para que su acto hubiera
apropiado para realizar un acto moral, pero muchos no sido moral, tendría que haberse guiado por 10 siguiente:
podrían aceptar que un sentimiento como la compasión «Ayuda siempre a quienes 10 necesitan, porque tienes el
carezca de importancia. Para Kant, sin embargo, el único deber de hacerlo.»
motivo aceptable para afirmar la moralidad de un acto se-
ría el sentido del deber.
Kant se interesó más por los motivos de los actos que El imperativo categórico
por sus consecuencias, entre otras razones, debido a su
convicción de que todo ser humano puede ser moral. Según Kant, en cuanto seres humanos racionales, tene-
Puesto que sólo podemos responsabilizarnos de un modo mos ciertos deberes que son categóricos, es decir, absolutos
razonable de las cosas que, en cierto modo, dependen de e incondicionales, tales como «Decir siempre la verdad» o
nosotros -o, como él dijo, puesto que «deber es poder-e-, y «No matar» que debemos cumplir cualesquiera que sean
puesto que las consecuencias de nuestros actos no siempre las consecuencias que se deriven de nuestros actos. Así
dependen de nosotros, las consecuencias no son funda- pues, Kant piensa que la moral es un sistema de imperati-
mentales. Por ejemplo, si actuando por sentido del deber, vos categóricos, de obligaciones de actuar de un modo
intento salvar a un niño que se está ahogando y en vez de concreto, y esto constituye uno de los aspectos distintivos
impedirlo le ahogo yo mismo accidentalmente, mi acto no de su ética. Kant opone a los deberes categóricos otros de
dejará de ser moral, puesto que la motivación era buena; carácter hipotético. Un deber hipotético sería: «Di siempre
las consecuencias pueden ser trágicas, como en el ejemplo, la verdad si quieres que te respeten», o bien: «No mates si
pero resultarán irrelevantes para el valor moral de mi acto. no quieres ir a la cárcel.» Los deberes hipotéticos nos dicen
De igual modo, puesto que no tenemos un dominio 10 que hay que hacer o dejar de hacer para obtener o evi-
completo de nuestras reacciones emotivas, tampoco éstas tar algo. Para Kant únicamente existía un imperativo cate-
pueden determinar la moral. Si la moral es accesible para górico esencial: «Actúa sólo según aquellas máximas que,
todos los seres humanos conscientes, pensaba Kant, al mismo tiempo, puedas querer que se conviertan en una
dependerá por completo de la voluntad, especialmente del ley universal.» «Querer» significa aquí «desear racional-
sentido del deber. mente». Dicho de otro modo, el mensaje del imperativo
categórico consiste en actuar sólo según máximas que
racionalmente deseemos aplicar a todo el mundo, 10 que
se conoce por principio de universalización.

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Aunque dejó distintas versiones del imperativo categó- de un modo inmoral. Con estas máximas, el concepto kan-
rico, ésta es la más importante y la que ha ejercido un ma- tiano de universalización nos brinda una respuesta clara,
yor influjo. Valdrá la pena examinarla con más detalle. que se corresponde con las intuiciones de la mayoría de la
gente sobre el bien y el mal.
Universalización
Los fines y los medios
Según el pensamiento de Kant, un acto es moral sólo
cuando la máxima subyacente puede universalizarse, es Existe aún otra versión del imperativo categórico de
decir, servir para todo aquel que se halle en una circuns- Kant: «Nunca trates a los demás como un medio, sino
tancia semejante. No se pueden hacer excepciones con como un fin en sí mismos» Es otro modo de decir que no
uno mismo, y hay que ser imparcial. Así, por ejemplo, si debemos utilizar a otras personas, sino reconocer en ellas
robo un libro siguiendo la máxima: «Los libros se pueden su humanidad: el hecho de que sean individuos con de-
robar cuando no se dispone de dinero para comprarlos», seos y voluntad propios. Si trato a alguien con cortesía,
para que se trate de una actuación moral tendré que apli- movido por el interés de obtener un trabajo, no le trato
cárselo a cualquiera que se halle en mi situación. como persona, como un fin en sí mismo, sino como un
Naturalmente, esto no quiere decir que una máxima medio para lograr algo. Naturalmente, si actúo bien con
sea moral por el mero hecho de universalizarse. Es eviden- alguien porque me agrada hacerlo, esto no tendría nada
te que podríamos universalizar ciertas máximas triviales que ver con la moral.
como: «Saca siempre la lengua a las personas más altas que
tú», aunque poco o nada tenga que ver con los problemas
morales. Otras máximas universalizables, como la del robo CRíTICA A LA ÉTICA KANTIANA
que acabamos de mencionar, no dejan por ello de ser in-
morales. Vacuidad
Este concepto de universalidad constituye una versión
de la llamada regla de oro del cristianismo: «N o quieras Una crítica frecuente a la teoría ética de Kant, y espe-
para los demás lo que no quieres para ti rnismo.» Una per- cialmente a su concepto de universalización de los juicios
sona que actuara según la máxima: «Sé un parásito y vive morales, señala su vacuidad, queriendo decír que sólo
a expensas de tu prójimo» no se comportaría moralmente aporta un marco que muestra la estructura de los juicios
porque sería imposible universalizarla, ya que se nos plan- morales, pero no proporciona ayuda alguna a quienes se
tearía el siguiente interrogante: «¿Qué ocurriría si todos enfrentan a una decisión moral, es decir, no sirve para deci-
hicieran lo mismo?» Si todos fuéramos parásitos no que- dir cómo actuar.
daría nadie de quien vivir. Puesto que no supera la prueba Esto significa omitir la versión del imperativo categórico
de Kant, no es una máxima moral. que nos enseña a tratar a los demás como un fin y no como
Por otra parte, podemos universalizar fácilmente la si- un medio. No cabe duda de que, con esa fórmula, Kant
guiente máxima: «No se debe torturar a los niños.» Sin dota de algún contenido a su teoría moral. Sin embargo,
duda es posible y deseable que todos obedezcamos un Im- aun combinando la tesis de la universalización con la fórmu-
perativo semejante, aunque podemos no hacerlo. Aquellos la de los medios y los fines, quedan muchas cuestiones mo-
que, desobedeciéndola, torturan a los niños se comportan rales para las que no hallamos soluciones satisfactorias.

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La teoría kantiana no afronta los conflictos que surgen Kant las considera irrelevantes para la moral, porque la
entre los distintos deberes. Por ejemplo, équé ocurre si ten- única motivación apropiada es siempre el sentido del de-
go el deber de decir siempre la verdad y, al mismo tiempo, ber. Los sentimientos de compasión hacia los necesita-
el de proteger a mis amigos? Kant no me explica lo que dos, tan valorados desde otros puntos de vista, carecen
debo hacer cuando las dos obligaciones se contradicen. Si para nuestro filósofo de importancia moral. Sin embargo,
un demente, armado de un hacha, me preguntara dónde mucha gente considera la compasión, la simpatía, la culpa
puede encontrar a mi amigo, mi primera intención sería y el remordimiento emociones característicamente mora-
mentirle, porque decir la verdad equivaldría a incumplir el les. Separarlas de la moralidad, como quiere Kant, supon-
deber de velar por la seguridad de mis amistades. Pero, dría despreciar un aspecto básico del comportamiento
siempre según Kant, la mentira, incluso en una situación moral.
tan extrema, es un acto inmoral, porque mi obligación de En tercer lugar, la teoría no tiene en cuenta las conse-
no mentir jamás es absoluta. cuencias de los actos. Significa esto que cualquier idiota
bien intencionado que causara sin quererlo, por pura in-
competencia, un gran número de muertes, sería declarado
Los actos inmorales también se pueden universalizar inocente por la teoría kantiana, que le juzgaría ante todo
por sus intenciones. Pero en ciertos casos las consecuencias
Ciertos críticos señalan como punto débil que la teoría pueden tener mucha importancia a la hora de juzgar el
de Kant permite algunos actos obviamente inmorales. Por valor moral de un acto; baste con pensar qué sentiríamos
ejemplo, la máxima: «Mata a todo el que se cruce en tu ca- si una bienintencionada «canguro» intentara secarnos el
mino» se puede universalizar con facilidad, y, sin embargo, gato en el microondas. Con todo, para ser justos con Kant,
es a todas luces inmoral. debemos añadir que él también considera culpables ciertas
Pero criticar a Kant en este aspecto carece de sentido, manifestaciones de incompetencia.
porque equivaldría a ignorar la versión de los fines y los A quienes hayan convencido las críticas que acabamos
medios del imperativo categórico. Matar a cualquier per- de exponer a las teorías deontológicas podrá interesarles la
sona que se cruce en nuestro camino no es, precisamen- teoría ética conocida por el nombre de consecuencialismo.
te, considerarla un fin en sí misma, sino despreciar su
interés.
EL CONSECUENCIALISMO

Los aspectos menos aceptables Con el término «consecuencialismo» nos referimos a


las teorías éticas que no juzgan la bondad o maldad de un
Aunque la mayor parte de la teoría kantiana es viable -es- acto por la intención de la persona que lo realiza, sino por
pecialmente la idea del respeto por los intereses ajenos-e, sus consecuencias. Mientras que mentir constituía para
presenta también algunos aspectos poco verosímiles. En Kant un acto siempre moralmente condenable, indepen-
primer lugar, justifica actos absurdos como el de decir la dientemente de que pudiera producir algún beneficio, un
verdad al loco del hacha, en vez de alejarlo, con una men- partidario del consecuencialismo juzgaría la mentira por
tira, de nuestro amigo. los resultados conocidos o previsibles.
En segundo lugar, asigna un papel inadecuado a la
compasión, la simpatía y la piedad, entre otras emociones.

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EL UTILITARISMO CRíTICA AL UTILITARISMO

La más conocida de las teorías éticas de carácter conse- Dificultades del cálculo
cuencialista es el utilitarismo, y su defensor más famoso,
]ohn Stuart Mili (1806-1873). El utilitarismo parte del su- Aunque el utilitarismo nos pareciera, en principio, una
puesto de que el fin último de toda actividad humana es teoría atractiva, 10 cierto es que llevarla a la práctica plan-
(en un sentido u otro) la felicidad, doctrina que se conoce tea numerosos problemas.
con el nombre de hedonismo. Es muy dificil medir la felicidad que experimenta cada
El utilitario define el «bien» como aquello que «fomen- persona y compararla con la de otra. ¿Q!1iéI.! puede saber
ta la felicidad máxima». A esto se ha denominado Princi- si la satisfacción del sádico compensa el sufrimiento de su
pio de la Felicidad Máxima o Principio de Utilidad. Para víctima? ¿Cómo podemos comparar el estremecimiento
el utilitarista, la bondad de un acto en una circunstancia de placer de un aficionado o una aficionada al fútbol,
determinada se puede calibrar examinando las consecuen- cada vez que su equipo marca un buen gol, con el de un
cias más probables de sus posibles desarrollos. Aquello que entusiasta de la ópera cada vez que escucha su aria favori-
sea más capaz de aportar la felicidad máxima (o, en su defec- ta? ¿y cómo establecer una comparación entre estas sen-
to, de compensar el dolor con placer) será un acto correcto saciones y las que producen placeres físicos como el sexo
en esas circunstancias. o la comida?
El utilitarismo tiene que contar con las consecuencias Bentham pensó que, en principio, podían ser estableci-
probables, porque predecir los resultados exactos de un he- das tales comparaciones. Para él, la fuente de la felicidad era
cho concreto resulta extremadamente dificil, cuando no irrelevante. La felicidad era simplemente un estado mental
imposible; por ejemplo, un insulto no suele hacer feliz al agradable: placer y ausencia de dolor. Aunque experimen-
que 10 recibe, pero si la persona insultada resulta ser maso- tados en diferentes intensidades, esos estados son siempre
quista, quizá extraiga algún placer de ello. del mismo tipo y, por tanto, procedan de donde procedan,
Una de las grandes ventajas del utilitarismo sobre otras todos ellos tienen el mismo peso en los cálculos utilita-
concepciones estriba en que proporciona un método muy ristas. En 10 que el propio Bentham llamó ftlicific calculus
claro para incluir a los animales en el ámbito de las preo- estableció las líneas maestras para establecer comparacio-
cupaciones morales. Siempre que se acepte que también nes entre los placeres, teniendo en cuenta características ta-
los animales experimentan placer y dolor, se podrá incluir les como intensidad, duración, tendencia a producir otros
su bienestar en un cálculo utilitarista. Aunque no los inclu- placeres, etc. Estaba incluso dispuesto a incluir a los ani-
yéramos directamente en ese cálculo, bastaría con que nos males. Pero esta inclusión plantea dificultades muy serias
pareciera que sufren para que los amantes del reino animal relativas al peso de los placeres y dolores de las distintas
pudieran tener en cuenta también su felicidad. Por ejem- especies y de los diferentes animales individuales, asumien-
plo, si el conocimiento de que las terneras han de sufrir do, por supuesto, que pudiéramos conseguir una medida
para que los seres humanos se alimenten de su carne me bastante segura de su peso real. ¿Cómo vamos a registrar
produce, a mí o a otros, un gran desasosiego, a la hora de el placer de una pitón cuando devora lentamente a un
establecer los aspectos morales de la producción de carne pequeño antílope vivo en comparación con el dolor qU,e
habría que contar no sólo con los supuestos placeres que el antílope siente? O équé decir del placer que experi-
experimentan sus consumidores, sino también con nuestra menta el mosquito a expensas de la leve irritación en la
infelicidad. piel de su víctima?

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A juicio de Mill, el enfoque de Bentham era un tanto camente a un inocente surte el beneficioso efecto de disua-
tosco, y por ello sugirió distinguir entre los llamados pla- dir a los delincuentes violentos; por tanto, causaría más
ceres inferiores y placeres superiores, sosteniendo que una placer que dolor, y, desde el punto de vista utilitarista, se
persona que hubiera experimentado de verdad los segun- podría sostener que el ahorcamiento de un inocente es un
dos, que, a su parecer, eran sobre todo de índole intelec- acto moralmente bueno. Pero la conclusión repugna a
tual, tendría que preferirlos automáticamente a los prime- nuestro sentido de la justicia. Naturalmente, la repugnan-
ros, que eran sobre todo de índole fisica. Según el esquema cia no prueba el error de la teoría, hasta el punto de que un
de Mill, los placeres superiores contaban más que los pri- utilitarista de la línea dura podría digerir sin problemas la
mitivos en el cálculo de la felicidad. Dicho de un modo conclusión. No obstante, unas consecuencias tan insopor-
distinto, dividía los placeres según su calidad y su cantidad. tables nos harían dudar del utilitarismo como teoría moral
El prefería la tristeza en un sabio como Sócrates a la felici- completamente satisfactoria.
dad en un cretino ignorante, porque los placeres del filó- Los utilitaristas como Bentham, convencidos de que la
sofo griego eran superiores a los del cretino. felicidad es sólo un estado placentero de la mente, se expo-
Pero esto nos suena irremediablemente a elitismo. En nen a una crítica ulterior, pues, siempre siguiendo su teo-
realidad, se trata de justificar desde un punto de vista inte- ría, ¿por qué no pensar que podríamos mejorar moralmen-
lectual tanto sus preferencias personales como los intereses te el mundo añadiendo al suministro de agua una droga
y los valores de su clase social. El problema de la extrema como el «éxtasis", capaz de alterar la conciencia y de pro-
dificultad que plantea la medición de la felicidad en térmi- ducir una sensación de placer absoluto? Con todo, la ma-
nos relativos sigue en pie, aunque aceptáramos la división yoría de los seres humanos prefiere una vida con menos
de MilI entre placeres primitivos y placeres superiores. momentos placenteros, pero con la posibilidad de elegir-
Aún resulta más dificil calcular los efectos de un acto los. En consecuencia, añadir la droga al suministro de agua
determinado. Pegar a un niño cuando se comporta mal equivaldría a un acto inmoral.
podría considerarse moral o inmoral según sus consecuen- Alguna vez se ha planteado algo parecido con un expe-
cias, pero équé efectos debemos tener en cuenta, los inme- rimento imaginario: la máquina de la experiencia. Ima-
diatos o los que puedan producirse a largo plazo? En el ginemos que se nos concede la posibilidad de conectamos
último caso, deberíamos considerar el desarrollo emocio- a una sofisticada máquina de realidad virtual, que produce
nal del niño y quizá también las posibles consecuencias en nosotros la ilusión de sentir las experiencias más desea-
para sus propios hijos, contra los efectos positivos que se das. Basta con que aceptemos permanecer conectados toda
derivan para felicidad infantil de la prohibición, mediante la vida. Sin embargo, perderíamos la conciencia de encon-
un castigo, de algo potencialmente peligroso. Las con- tramos en esa situación. Aunque la máquina tiene el poder
secuencias de un acto pueden extenderse hasta un futuro de proporcionarnos numerosos estados de placer mental,
muy lejano, y casi nunca desaparecen por completo. la mayor parte de la gente, enfrentada a esta situación ima-
ginaria, acaba por rechazarla, porque no puede buscar la
felicidad al margen de su origen, lo cual nos indica que
Casos problemáticos la felicidad no depende sólo de un estado mental, sino tam-
bién de la conciencia de cómo se llega a él. Y no podemos
Queda aún una crítica contra el utilitarismo: su capaci- asegurar en absoluto que un mundo en el que existiera una
dad de justificar actos que generalmente consideramos máquina capaz de ofrecer experiencias placenteras fuera
inmorales. Por ejemplo, podría aducirse que ahorcar públi- mejor que el nuestro. Sin embargo, desde la perspectiva de

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Bentham, y puesto que los métodos empleados para con- Para salir al paso de esta crítica, se introduce una varia-
seguir los estados mentales placenteros carecen de impor- ción que llamamos utilitarismo negativo. El principio bási-
tancia, habría que aceptarlo. co del utilitarismo negativo dice que el mejor acto en toda
Consideremos ahora otro caso dificil del utilitarismo. circunstancia no es aquel que compensa el dolor con el
Contra el parecer de Kant, para quien los compromisos placer en la mayor parte de la gente, sino el que produce la
deben mantenerse siempre, independientemente de sus infelicidad mínima. Por ejemplo, un partidario de esta teo-
consecuencias, los utilitaristas calcularían la felicidad que ría que tuviera mucho dinero podría elegir entre legarlo
podría derivarse de mantenerlos o romperlos en cada caso, todo a una persona pobre y gravemente enferma, cuyos
y actuarían en consecuencia. Al final, podrían llegar a la padecimientos disminuirían sensiblemente gracias al rega-
conclusión de que, sabiendo que un acreedor ha olvidado lo, o dividirlo entre mil personas moderadamente felices,
una deuda de la que no quiere acordarse, sería moralmen- que lo serían un poco más. Un utilitarista común calcula-
te justo no devolverle el dinero y no pagar lo que nos fue ría cuál de las dos cosas podría producir una mayor com-
prestado. La felicidad que produce en nosotros el aumen- pensación de la infelicidad para un mayor número de per-
to de nuestra riqueza pesa más que la infelicidad que se de- sonas, mientras que el utilitarista negativo sólo se preocu-
riva de defraudar a otro. En cuanto al acreedor, dado que paría de reducir el sufrimiento. Así pues, mientras que el
había olvidado la deuda, es probable que no se sintiera primero dividiría el dinero entre las mil personas modera-
especialmente infeliz. damente felices, el segundo dejaría sus riquezas al enfermo
Pero en estos casos, la integridad personal constituye grave, con el objetivo de paliar su dolor.
un aspecto importante de las relaciones humanas. En efec- Con todo, el utilitarismo negativo tampoco resuelve
to, para la mayoría de las personas decir la verdad y devol- los problemas de cálculo que plantea el utilitarismo co-
ver las deudas son actos imprescindibles para mantener mún, y queda expuesto a las mismas críticas.
unas relaciones basadas en la honradez, y representan ejem-
plos de conducta moral. Para ellos, el utilitarismo, con su
negación de los deberes absolutos, sería una teoría moral CRÍTICA AL UTILITARISMO NEGATIVO
equivocada.
La destrucción de la vida

EL UTILITARISMO NEGATIVO La mejor forma de acabar con el sufrimiento del mundo


sería eliminar toda forma de vida sentiente. Si no existieran
La premisa del utilitarismo afirma que la mejor acción seres vivos, capaces de experimentar sufrimientos, éstos
es siempre y en toda circunstancia aquella que produce la tampoco existirían. Y si fuera posible realizarlo sin produ-
máxima felicidad. Pero éno supone esto conceder una im- cir dolor, quizá mediante una enorme explosión atómica, el
portancia exagerada a la felicidad? Evitar el dolor y el sufri- utilitarismo negativo tendría que considerarlo un acto bue-
miento podría ser una meta más importante que compen- no. Aunque no se pudiera evitar una cierta dosis de dolor,
sar el dolor con placer. ¿No sería mejor un mundo en el los beneficios de su eliminación a largo plazo podrían jus-
que, sin que nadie fuera especialmente feliz, tampoco pa- tificarlo. La conclusión, no obstante, resulta a todas luces
deciera grandes sufrimientos, que otro en el que unos expe- inaceptable. Para evitar este sinsentido, el utilitarismo nega-
rimentaran una espantosa infelicidad, compensada por el tivo debería someterse a una nueva formulación.
enorme contento y felicidad de otros?

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EL UTILITARlSMO REGULATIVO Desarrollo humano

Para eludir las consecuencias inaceptables del utilitaris- Según Aristóteles, todo en este mundo tiende a desarro-
mo común (también conocido como utilitarismo del acto), llarse. La palabra griega que él empleaba es eudaimonía, que
algunos filósofos han formulado otra versión de la teoría, a veces se ha traducido por «felicidad», lo cual no es exac-
que llamamos utilitarismo regulativo o utilitarismo de re- to porque el filósofo creía que se puede experimentar, por
glas, con la idea de combinar los mejores aspectos del uti- ejemplo, un gran placer fisico sin obtener eudaimonía. El
litarismo común y de la ética deontológica. término se aplica al conjunto de la vida, no sólo a los esta-
Estos utilitaristas, en vez de juzgar por separado las con- dos concretos que experimentamos en cada momento.
secuencias de cada acto, establecen normas generales sobre Quizá sería mejor traducir «felicidad auténtica», pero esto
los tipos de acción que tienden a producir la felicidad máxi- se parece más a un estado de placer mental que a un modo
ma para el mayor número de personas. Por ejemplo, del adecuado de vivir la vida. Aristóteles creía que existen cier-
conocimiento de que el castigo del inocente produce más tas formas de vida capaces de estimular el desarrollo huma-
infelicidad que felicidad, se deduciría la siguiente norma: no, de igual modo que hay ciertas formas de cultivar un
«Nunca hay que castigar a un inocente, ni siquiera cuando, cerezo que le ayudan a crecer, a echar flores y a dar fruto.
por surtir efectos disuasorios para los delincuentes violen-
tos, pudiera producir más felicidad que infelicidad.»
El utilitarismo regulativo presenta la ventaja práctica de Las virtudes
no necesitar cálculos complicados cada vez que nos en-
frentamos a una decisión de índole moral. Sin embargo, Aristóteles afirmaba que el ser humano se desarrolla
suponiendo que nuestra felicidad máxima resultara de rom- con el cultivo de la virtud. Ahora bien, ¿qué es una virtud?
per un compromiso contraído, y nuestras simpatías mora- Es una forma de sentir y conducirse: una tendencia a ac-
les se inclinaran por este tipo de utilitarismo, sería perver- tuar, desear y sentir de un modo determinado en la cir-
so acogerse a la norma y no juzgar el caso individual por cunstancia apropiada. Al contrario que Kant, Aristóteles
mérito propio. piensa que experimentar emociones apropiadas resulta im-
prescindible para el arte del bien vivir. Una virtud no es un
hábito inconsciente, porque implica un juicio inteligente
LA TEORíA DE LA VIRTUD de la respuesta apropiada a una situación concreta.
Aquel que tiene la virtud de la generosidad, siente y ac-
La teoría basada en la virtud sigue en gran parte la Ética túa de un modo generoso cuando se produce la situación
a Nicómaco, de Aristóteles, por eso se llama neoaristotélica. adecuada, y esto implica la capacidad de juzgar que tanto la
Al contrario que Kant y los utilitaristas, preocupados por situación como la respuesta son las más apropiadas. Si se
la bondad o maldad de los actos, los teóricos de la virtud encontrara en la situación del Buen Samaritano, una perso-
se centran en el carácter, y se interesan sobre todo por la na virtuosa sentiría compasión por el hombre abandonado
vida del individuo en su totalidad. Aquí la pregunta fun- en el camino, y actuaría por caridad hacia él. Un samarita-
damental es: «é Cómo debo vivir?», a lo que ellos respon- no que ayudara a la víctima calculando un beneficio futuro
den: cultivando las virtudes, porque sólo así puede desa- para sí no actuaría virtuosamente, ya que la generosidad
rrollarse el ser humano. implica dar sin pensar en recibir nada a cambio.

80 81
Si el Samaritano hubiera llegado a tiempo de presenciar de la virtud serviría de pantalla para ocultar los prejuicios
el ataque de los ladrones a la víctima, y hubiera sido un personales. Y, lo que es más, si la doctrina de la virtud
hombre valiente, habría dejado atrás todo temor para en- acepta sólo aquellas conductas, deseos y sentimientos que
frentarse a los delincuentes, pues la capacidad de superar el se consideran virtuosos en una sociedad concreta, resulta-
miedo es ya valentía. ría profundamente conservadora, porque dejaría poco
El coraje y la generosidad son, según los teóricos de la espacio para los cambios sociales en el terreno de la moral.
virtud, dos elementos imprescindibles para un ser humano
que aspire a vivir bien. Sin embargo, a la vista de todo esto,
podríamos imaginar que basta con extraer de una cartera La naturaleza humana
aquellas virtudes que se desean desarrollar, O preguntamos
si quien posee una sola virtud en alto grado es ya una per- Otra objeción crítica a la teoría de la virtud es que pre-
sona virtuosa. Sin embargo, nos equivocaríamos, porque, supone la existencia de lo que llamamos naturaleza huma-
según Aristóteles, virtuoso es aquel que logra armonizar na, es decir, de un conjunto de pautas de conducta y sen-
todas las virtudes que tejen el paño de la vida humana. timientos típicos de los seres humanos. No obstante,
muchos filósofos han sostenido que defender la existen-
cia de una naturaleza humana constituye un grave error.
CRíTICA A LA TEORíA DE LA VJRTUD Volveremos sobre el problema en la parte dedicada al natu-
ralismo.
¿Qué virtudes practicar?

Uno de los mayores problemas de la teoría es la dificul- LA ÉTICA APLICADA


tad de establecer aquellas normas de conducta, deseos y
sentimientos que podemos considerar virtudes. El teórico Hasta aquí hemos analizado tres tipos básicos de teoría
respondería: todas aquellas que fomentan el desarrollo ética. Naturalmente, no son los únicos, pero sí los más
humano. Reconozcamos que no es decir mucho. Los teó- importantes. Veremos ahora cómo aplican los filósofos sus
ricos de la virtud suelen proporcionar listas de bondad, teorías cuando se enfrentan a las decisiones morales del
honradez, valentía, generosidad y lealtad, etc., e incluso las mundo real, lo que llamamos ética práctica o aplicada.
someten a un análisis detallado, pero, como las listas no Para ejemplificar las consideraciones más importantes de la
coinciden exactamente, el debate está servido. Por otra ética aplicada nos centraremos en problemas concretos
parte, no se sabe con certeza en qué basarse para decir de como la eutanasia o muerte por compasión.
algo que es una virtud.
El peligro estriba en que los teóricos de la virtud se
limiten a redefinir las virtudes y los vicios según sus pro- La eutanasia
pios prejuicios y preferencias. El amante de la buena comi-
da y los buenos vinos podría sostener que los estímulos La eutanasia suele definirse como una muerte compasi-
sutiles del gusto forman parte del buen vivir, en cuyo caso va. El problema de su justificación se plantea sobre todo en
frecuentarlos sería virtuoso. El monógamo declararía vir- los casos de ancianidad extrema o enfermedad crónica, es-
tuosa la fidelidad a su pareja, y el promiscuo exaltaría la vir- pecialmente cuando va acompañada de graves padecimien-
tud de la independencia sexual. De este modo, la doctrina tos. ¿Sería moralmente aceptable apagar la máquina que

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mantiene a un enfermo con fuertes dolores y sin la menor perativo categórico proporcionaría, en el caso de la eutana-
posibilidad de llevar una vida digna de ese nombre? ¿Po- sia voluntaria, la justificación moral para acabar con la vida
dríamos incluso suministrarle una droga letal? Se trata de de un paciente que, deseándolo, no puede hacerlo solo.
un caso ético práctico, que los médicos afrontan con fre- Un utilitarista vería el problema de un modo comple-
cuencia. tamente distinto. En su caso, la dificultad no estribaría
Como ocurre casi siempre que se aborda la ética apli- tanto en un conflicto de deberes como en el cálculo de los
cada, las preguntas filosóficas que se formulan en el caso efectos que podrían surtir los posibles desarrollos de una
de la eutanasia no son meramente éticas. Para empezar, se acción. Siempre que su acto causara la máxima felicidad
pueden tomar muchas decisiones distintas según los tipos posible para el mayor número de personas o, al menos,
de eutanasia. En primer lugar, está la eutanasia voluntaria; contribuyera a producir la mayor compensación entre el
el deseo de morir expresado por el propio paciente; en placer y el dolor, sería moralmente aceptable. El utilitaris-
general, una forma de suicidio asistido. En segundo lugar, ta tendría en cuenta las consecuencias para el paciente,
está la eutanasia involuntaria, cuando la voluntad de no porque si el hecho de seguir vivo constituyera una fuente
morir del paciente no se tiene en cuenta, lo que equivale, de sufrimiento, sus expectativas de vida fueran cortas y pre-
en muchos casos, no en todos, a un asesinato. En tercer firiera la eutanasia, cesaría tanto el dolor como toda posi-
lugar, está la eutanasia no voluntaria, cuando el paciente bilidad de experimentar felicidad. Pero no son éstos los
no puede expresar sus deseos. Aquí abordaremos los aspec- únicos efectos que deberían tenerse en cuenta, pues existen
tos morales de la primera. otros de carácter colateral. Por ejemplo, la muerte de un
La teoría ética general que adopta una persona deter- paciente por eutanasia podría causar angustia a sus parien-
mina, como es lógico, su respuesta en los casos concretos. tes o podría constituir un acto ilegal que condujera ante los
Un cristiano que acepta la teoría basada en el deber, como tribunales a la persona implicada, lo cual nos plantearía, en
hemos visto al principio del capítulo, y un partidario del términos generales, el problema moral de la vulneración de
utilitarismo de John Stuart Mili se situarían ante el proble- las leyes.
ma de la eutanasia de modo muy distinto. Es probable que Otro efecto colateral de un acto concreto de eutanasia
el cristiano albergara muchas dudas sobre la justificación es que un médico poco escrupuloso podría matar a sus
moral de la eutanasia voluntaria, porque contradice el pacientes con la excusa de cumplir los deseos de éstos. Los
mandamiento de no matar. Sin embargo, las cosas no son contrarios a todo tipo de eutanasia suelen traer a colación
tan sencillas. El mandamiento de no matar podría entrar el ejemplo de las técnicas de exterminio empleadas por
en conflicto con la obligación de amar al prójimo que Hitler para llevar a la práctica su programa de eutanasia
recoge el Nuevo Testamento. Ayudar a morir a una perso- involuntaria. Podría ocurrir que todo acto individual de
na que sufre y desear poner fin a sus padecimientos puede eutanasia voluntaria abriera a otros el camino para practi-
ser un acto de amor. Un cristiano debería sopesar cuál de car una política de eutanasia involuntaria. Un utilitarista
los dos mandamientos le obliga en mayor medida, y actuar contaría con estas posibles consecuencias para decidir la
en consecuencia. justificación moral de un acto concreto de eutanasia.
De igual modo, una persona que adoptara la ética kantia- Un teórico de la virtud se aproximaría a la eutanasia de
na se sentiría obligada a respetar la prohibición de no matar modo muy distinto, desde el punto de vista del carácter
en ningún caso, porque sus principios le exigen que trate a de la persona que la practica. Aunque matar es, por lo ge-
los demás no como un medio, sino como un fin, en señal neral, contrario a las virtudes de la justicia y la caridad, en
de respeto a su humanidad. Pero esa misma versión del im- el caso especial de la eutanasia voluntaria, cuando la muer-

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te puede redundar en un claro beneficio para quien la de- den, es decir, tratan de lo que debemos hacer. Pero los filó-
sea, facilitársela puede resultar un acto caritativo. Sin em- sofos de la moral se interesan también por otras de segun-
bargo, el sentido de la justicia continuaría oponiéndose. do orden: las que se ocupan del estatus de las teorías éti-
Un teórico de la virtud no debería depender de normas de cas. La teorización sobre las teorías éticas se conoce con el
conducta rígidas, sino ser sensible a los pormenores del nombre de metaética. Un ejemplo típico sería preguntarse:
caso concreto. « ¿Q!1é significa el "bien" en el contexto moral? » Veremos

De este breve recorrido por los aspectos prácticos de un aquí tres ejemplos de teorías metaéticas: el naturalismo
problema ético se deduce que las respuestas fáciles no ético, el relativismo moral y el emotivismo.
abundan. Sin embargo, con frecuencia nos vemos enfren-
tados a establecer juicios morales. El progreso técnico y
genético de nuestra época formula constantemente nuevas EL NATURALISMO
preguntas de carácter ético sobre la vida y la muerte. Tanto
la ciencia médica, con el desarrollo de la fertilización in Uno de los problemas metaéticos más discutidos du-
vitro, como la ingeniería genética plantean problemas éti- rante el siglo XX ha sido la aceptación del llamado natura-
cos de dificil solución, y lo mismo vale para los adelantos lismo ético. Una teoría de este género se basa en la premi-
tecnológicos como la ciencia informática, que permite la sa de que los juicios éticos se deducen directamente de he-
vigilancia y el acceso a la información de índole personal a chos científicamente observables; en general, hechos sobre
una escala nunca imaginable. La epidemia de sida ha traí- la naturaleza humana.
do consigo, entre otros muchos problemas éticos, el de la Las éticas utilitaristas parten de una descripción de la
duda sobre la moralidad de obligar a los enfermos a some- naturaleza humana, para llegar a establecer la conducta
terse a pruebas para detectar el virus. La exposición de las más adecuada. En términos ideales, tendrían que emplear
distintas perspectivas que pueden adoptarse ante estos pro- cálculos científicos de la cantidad y la calidad de felicidad
blemas puede resultar muy útil. Con frecuencia, la contri- que puede experimentar una persona concreta para demos-
bución filosófica más valiosa a una genuina discusión mo- trar el bien o el mal de un acto. Por el contrario, la teoría
ral no consiste en aplicar adecuadamente una determinada de Kant se muestra menos apegada a la psicología huma-
teoría ética. Los filósofos suelen mostrarse sumamente efi- na, porque los deberes categóricos se deducen de conside-
caces al detectar errores de razonamiento en tales discusio- raciones lógicas.
nes, errores que resultan ser de carácter lógico más que
moral. Pero sigue en pie el hecho de que las decisiones éti-
cas continúan siendo para todos las más importantes y las CRiTICA AL NATURALISMO
más dificiles, puesto que, en última instancia, la responsa-
bilidad de elegir es nuestra. La distinción entre acto y valor

Muchos filósofos consideran falaces los fundamentos


ÉTICA Y METAÉTICA de las teorías éticas naturalistas, dado que en ellas no se dis-
tinguen los actos de los valores. Sus contrarios -los anti-
Las tres clases de ética que hemos examinado hasta naturalistas- sostienen que una descripción fáctica no con-
ahora -las doctrinas del deber y la virtud y el consecuen- duce automáticamente a un juicio de valor, pues se ne-
cialismo- constituyen ejemplos de teorías de primer or- cesitan otros argumentos. Llamamos a esto la ley de Hume,

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por haber sido David Hume el primero en señalar que los lismo tuviera razón, valdría la pena formularse la pregun-
filósofos de la moral confunden con demasiada frecuencia ta, y la respuesta sería evidente. Así pues, tal como sostie-
en su análisis "el ser>' con el "deber ser», sin aportar otras nen los antinaturalistas, la pregunta sigue abierta.
argumentaciones. Un antinaturalista declararía que esta misma pregunta
Los antinaturalistas declaran la imposibilidad de podría formularse en cualquier situación en la que la des-
encontrar los argumentos necesarios para pasar con menor cripción de las cualidades naturales condujera, supuesta y
brusquedad de los actos a los valores o, como se expone a automáticamente, a una conclusión ética. El argumento de
veces, del "ser>' al "deber>'. El acto y el valor, digamos la la pregunta abierta sirve de fundamento al lema antinatu-
felicidad humana y el mérito moral, forman espacios dis- ralista: "Ningún debe de un es»
tintos, sin conexión lógica entre sí. Siguiendo a G. E.
Moore (1873-1958), los antinaturalistas suelen emplear la
expresión "falacia naturalista» -por falacia se entiende un No existe la naturaleza humana
argumento falso- para calificar el supuesto error de argu-
mentar los valores a partir de los hechos. Otros filósofos, como Jean-Paul Sartre (1905-1980), en
Para defender sus posiciones, los antinaturalistas em- su conferencia Existencialismo y humanismo, han atacado la
plean con frecuencia el llamado argumento de la pregunta ética naturalista (especialmente, la que defiende que la mo-
abierta. ral está determinada por los hechos relacionados con la na-
turaleza humana) desde ángulos muy distintos. Según esto,
los teóricos de la virtud se equivocan cuando dan por sen-
El argumento de la pregunta abierta tada la existencia de una naturaleza humana, que, para sus
críticos, no es otra cosa que un engaño, concebido para
Este argumento, empleado por primera vez por G. E. Moore, negar nuestra responsabilidad. Todos tenemos que elegir
indaga en los principios éticos de cualquiera de nosotros, nuestros valores personales, y no existen respuestas sencillas
la gente común, para llegar a la conclusión de que nuestra a las preguntas éticas. Aunque no podemos deducir cómo
forma de pensar en el «bien» y en el "mal» rechaza la con- comportamos de la descripción científica del funciona-
cepción naturalista en sí misma. miento del mundo, estamos obligados a tomar decisiones
Veamos el argumento. En primer lugar tomaremos un éticas. Realizar juicios de valor constituye un aspecto de la
hecho del cual se sigan supuestamente conclusiones éticas. condición humana, pero no disponemos de líneas directri-
Por ejemplo, podríamos llegar a la conclusión de que, entre ces exteriores a nosotros mismos. El naturalismo en materia
las posibles actuaciones del Buen Samaritano, ayudar a los de ética es la negación engañosa de esa libertad de elegir.
ladrones habría causado la máxima felicidad en el mayor
número de personas. Desde un análisis utilitarista -una ver-
sión del naturalismo ético- se seguiría lógicamente que EL RELATIVISMO MORAL
ayudar a la víctima sería un acto moralmente bueno, pero
el antinaturalista, acogiéndose al argumento de la pregun- Es un hecho incontrovertible que cada sociedad tiene
ta abierta, podría aducir que no es lógicamente incoheren- sus costumbres y sus ideas relacionadas con el bien y el mal.
te decir: ,,¿Puedo afirmar que mi acto es moralmente acep- No existe un acuerdo universal sobre la bondad o la mal-
table aunque produzca la máxima felicidad posible en el dad de los actos humanos, aunque cabe encontrar un con-
mayor número de personas?» Si esta versión de natura- siderable número de coincidencias. Si nos dejáramos llevar

88 89
por la inmensidad de los cambios morales que han tenido mente, el problema atañe sólo al relativista moral, que es
lugar tanto en el tiempo como en el espacio, casi sentiría- también un relativista de la verdad, es decir, piensa que no
mos la tentación de creer que no existen actos morales ab- existe la verdad absoluta, sino sólo verdades relativas para
solutos, y que la moral es siempre relativa y se halla en con- cada sociedad. Desde tal perspectiva, no se puede sostener
son~ncia con la sociedad qu~ la formula. Desde este punto la verdad absoluta de ninguna teoría.
de vista, puesto que la esclavitud era aceptable para los anti- Con todo, los relativistas normativos se exponen cier-
guos griegos, ¡:>ero no lo es para los europeos modernos, po- tamente a este tipo de crítica, porque, al mismo tiempo
demos concluir que era buena para ellos y mala para noso- que consideran relativos a una sociedad concreta todos los
tros. Para esta concepción relativista, la moral equivale a la juicios morales, piensan que ninguna sociedad debería in-
mera. descripción de los valores de una sociedad dada ' en terferir en otra; esto último representa sin duda un ejemplo
un tiempo concreto. Se trata de una visión metaética de la de juicio moral absoluto, completamente incompatible
naturaleza de los juicios morales, que sólo podrían consi- con la premisa básica del relativismo normativo.
derarse verdaderos o falsos con relación a cada tipo de so-
ciedad. No existen los juicios morales absolutos; todos son
relativos. El relativismo moral se opone drásticamente a la ¿Qué se entiende por «sociedades
bondad o maldad absoluta de los actos, una idea que sos-
tendrían, por ejemplo, los que creen que la moral reside en Los relativistas morales no suelen establecer con preci-
los mandamientos que Dios entregó a la humanidad. sión qué debemos entender cuando decimos «sociedad».
A la idea moral relativista se añade con frecuencia la Por ejemplo, en la Gran Bretaña de nuestra época, los
opinión de que, dada su relatividad, no debemos entrome- miembros de ciertas subculturas consideran moralmente
ternos en l~s costumbres de otras sociedades, porque el aceptable tomar drogas prohibidas que les proporcionan
punto de VIsta neutral resulta imposible. Se trata de una ciertos placeres. ¿Hasta qué punto podría afirmar un rela-
idea muy extendida entre los antropólogos, quizá por su tivista que esas personas forman una sociedad aparte, y,
calidad de testigos de pnmera mano de la destrucción de por tanto, asumir que poseen una moral propia e inmune
ciertas sociedades a raíz de una insensible exportación de a la crítica procedente de otras formas culturales? No exis-
los valores occidentales. Cuando el relativismo presenta te una respuesta evidente para esta pregunta.
este nuevo elemento, por el que propugna un mayor res-
peto hacia las sociedades distintas a la nuestra, se conoce
por relativismo normativo. No permite la críticamoral de los valores
de otras sociedades

CRITICA AL RELATIVISMO MORAL Pero, aunque pudiera refutarse la crítica anterior, que-
da en pie el siguiente problema: el relativismo no deja lu-
¿Es una teoría incoherente? gar a la crítica moral de los principales valores de una
sociedad. Una vez que los juicios morales se definen en
Con frecuencia se acusa a los relativistas morales de in- función de los valores fundamentales de una sociedad
coherencia, porque al tiempo que proclama el carácter rela- concreta, écórno plantear objeciones con argumentos mo-
tivo de los juicios morales nos quieren convencer de que rales? Por ejemplo, en una sociedad cuya opinión mayo-
su teoría es, en sí misma, absolutamente verdadera. Natural- ritaria fuera enemiga del voto femenino, reivindicarlo

90 91
constituiría una inmoralidad en relación con los valores Con todo, un ernotrvista no ve peligrar su teoría por
vigentes. este tipo de crítica. En los debates morales se emplean mu-
chos tipos de argumentaciones. Una discusión sobre un
problema ético real, por ejemplo, sobre el aborto, encami-
EL EMOTIVISMO nada a dilucidar si se trata de un acto moral aceptable,
debe tener en cuenta numerosos aspectos prácticos. Habrá
Existe aún una teoría metaética más conocida como que examinar a qué edad puede sobrevivir el feto fuera del
emotivismo o no cognitivismo, formulada por A. J. Ayer seno materno, pero este problema no es tanto ético como
(1910-1988) en el capítulo 6 de su obra Lenguaje, verdady científico. Si se produjera un debate ético entre varias per-
lógica, donde afirma que todo aserto ético es literalmente sonas sobre la definición de términos como «bondad",
absurdo, porque, lejos de tratar hechos concretos, expresa «maldad" o «responsabilidad», un emotivista no podría
ni más ni menos que la emoción del que habla. Los juicios aducir que tal debate carece de sentido. Sólo los juicios
morales carecen por completo de sentido, son meras expre- morales efectivos, tales como «Matar es malo", constituyen
siones emotivas, como pueden serlo una mirada, un gruñi- meras expresiones emotivas.
do o una risa. Así pues, el emotivista podría aceptar la posibilidad de
Así pues, cuando alguien dice que la tortura es mala o que debatir los problemas morales; sólo en el caso de que los
hay que decir siempre la verdad, está expresando poco más participantes establecieran juicios morales efectivos podrí-
que su sentir frente a la tortura o la mentira. Sus palabras amos decir que la discusión se convierte en una expresión
no son ni falsas ni verdaderas, y daría lo mismo que silbara emocional carente de sentido.
ante la mención de la tortura, o aplaudiera ante la mención
de la verdad. En realidad, cuando alguien se manifiesta de
este modo no sólo está demostrando su sentimiento, sino Consecuencias peligrosas
también intentando convencer a otros de que lo compar-
tan, es decir, los asertos morales del hablante son un inten- Una segunda crítica al emotivismo argumenta que, de
to de persuadir a los demás de que piensen como él. ser una teoría cierta, tendría consecuencias muy peligrosas.
Si todos creyéramos que un aserto como «Matar es malo"
equivale a decir: «Matar, ipuaj!», las sociedades humanas
CRÍTICA AL EMOTIVISMO desaparecerían.
Una concepción como la kantiana, que formula la vi-
Un argumento moral imposible gencia universal de los juicios morales -por ser imperso-
nales- brinda a los individuos la oportunidad de respetar
Una de las críticas al emotivismo sostiene que su teoría un código moral generalmente aceptado, pero si, al esta-
imposibilita la argumentación moral. Lo más parecido a blecer un juicio moral, no hacemos otra cosa que expresar
un argumento moral que podríamos obtener serían dos las emociones que despierta en nosotros, no parece que la
personas que se expresan mutuamente sus emociones, el elección tenga la menor importancia. Podríamos afirmar
equivalente a las exclamaciones que acabamos de ver. Lo perfectamente que no está bien torturar a los niños sólo
cierto es, sin embargo, que somos capaces de entablar de- porque nos desagrada, y nadie discutiría ese juicio moral
bates muy serios sobre los problemas morales, por tanto, el con nosotros, lo más que podría hacer es expresar, a su vez,
emotivismo ha de ser falso. su sentir sobre el asunto.

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No es éste, sin embargo, un argumento de peso frente portantes de Bentham y Mill, así como las obras utilitaris-
al emotivismo, ya que no representa un desafio directo a la tas más recientes, con sus distintas versiones. Parte del ma-
teoría como tal; se trata sólo de indicar los peligros que terial ha quedado obsoleto, pero las introducciones de Glover
podrían derivarse para la sociedad de aceptarlo como ver- a las distintas partes del libro resultan muy útiles. Mil! on
dad, 10 cual representa un problema distinto. Utilitarism (Londres, Routledge, 1997), de Roger Crisp,
es otro libro relevante en esta materia. Utilitarism For and
Against (Cambridge, Cambridge University Press, 1973), de
CONCLUSIÓN Bernard Williams, es un clásico del debate utilitarista.
Sobre la ética aplicada, los libros de Jonathan Glover,
Como hemos tenido ocasión de comprobar en nuestro Causing Death and Saving Lives (Londres, Penguin, 1977), y
sucinto análisis, la ética es una parte de la filosafia tan am- de Peter Singer, Ética práctica (Barcelona, Ariel 1995) son
plia como complicada. Los filósofos británicos y estadou- ambos interesantes y accesibles. Applied Ethics (Oxford,
nidenses se interesaron por las preguntas metaéticas desde Oxford University Press, 1986), editada por Peter Singer,
el final de la Segunda Guerra Mundial, pero, en los últimos ofrece una excelente colección de ensayos. El Compendio de
tiempos, han vuelto la mirada hacia los problemas éticos Ética (Madrid, Alianza, 1995), editado también por Peter
de carácter práctico: la eutanasia, el aborto, la investigación Singer, es una introducción más sustanciosa a un amplio
con embriones o los experimentos con animales, entre abanico de temas relacionados con la ética. La obra de
otros muchos. Si bien es cierto que la filosafia no puede Anne Thomson Critical Reasoning in Ethics (Londres, Rout-
ofrecer respuestas a estas u otras cuestiones morales, nos ledge, 1999) es una guía muy útil para la aplicación del
brinda un vocabulario y un marco suficiente para analizar- pensamiento crítico a las cuestiones éticas. .
las con inteligencia. Ethics: Inventing Right and Wrong (Londres, Penguin, 1977),
de J. 1. Mackie, y Contemporary Moral Philosophy (Londres,
Macmillan, 1967), de G.J. Wamock, son obras introduc-
OTRAS LECTURAS torias a la filosafia moral que bien merecen una lectura,
aunque ninguna de las dos resulte fácil.
Tbe Elements ofMoral Philosophy, de James Rachel (4. a ed.,
Bastan, Mass., McGraw-Hill, 2003), es una excelente y bre-
ve introducción a la ética. Otra obra igualmente recomen-
dable en esta área es Ethics: A Very Short Introduction, de Si-
mon Blackburn (Oxford, Oxford University Press, 2003),
originalmente publicada bajo el título Being Good (Oxford,
Oxford University Press, 2002).
Tbe Moral Philosophers (2." ed., Oxford, Clarendon Press,
1998), de Richard Norman, constituye una excelente intro-
ducción a la historia de la ética, en la que se incluyen suge-
rencias pormenorizadas para la lectura.
La mejor introducción al utilitarismo es Utilitarianism
and Its Critics, editado por Jonathan Glover (Nueva York,
Macmillan, 1990), que incluye párrafos de las obras más irn-

94 95
CAPÍTULO III

La política

¿Qué es la igualdad? mn qué consiste la libertad? ¿Po-


demos considerarlas objetivos universales? ¿Cómo se
conquistan? mi Estado tiene derecho a limitar la libertad
de los transgresores de las leyes? ¿Existe alguna circuns-
tancia que justifique el quebranto de una ley? Nadie
dudaría de la importancia que tienen para todos nosotros
estas preguntas. Los filósofos que se ocupan de los pro-
blemas políticos también han intentado encontrar las res-
puestas más convenientes. La filosofía política abarca un
amplio conjunto de problemas relacionados al mismo
tiempo con la ética, la economía, la ciencia política y la
historia de las ideas. Los pensadores políticos acostum-
bran a escribir en respuesta a las situaciones que ellos mis-
mos han vivido. Esta parte de la filosofía requiere, más
que ninguna otra, un conocimiento suficiente de los
antecedentes históricos si se quieren comprender debida-
mente los argumentos filosóficos, pero es evidente que en
una obra tan breve no hay espacio suficiente para los
marcos históricos. Los lectores interesados en la historia
de las ideas encontrarán una lista de lecturas útiles al final
del capítulo.
En este primer capítulo nos centraremos en los concep-
tos políticos de «igualdad», «democracia», «libertad», «casti-

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go» y «desobediencia civil», con el objetivo de abordar los Si alguien se declara partidario de la igualdad, convendrá
problemas filosóficos que de ellos se derivan. saber qué propone. Dicho de otro modo, hablar de «igual-
dad» en el contexto político carece de sentido si no se expli-
ca qué es lo que se iguala y a quién afecta la igualación. Por
LA IGUALDAD lo general, los igualitaristas proponen la distribución igua-
litaria de los ingresos, de las oportunidades de empleo y
La igualdad se presenta como un fin político, como un del poder político. Cosas, todas ellas, que contribuyen de
ideal al que merece la pena aspirar. Los partidarios de la un modo significativo a mejorar la vida, independiente-
igualdad, en cualquiera de sus formas, se denominan igua- mente de las diferencias de gusto que dividen a las perso-
litaristas; en cuanto a la motivación, suele ser de índole nas. Una distribución más igualitaria de esos bienes supo-
moral: puede responder al principio cristiano de la igual- ne también otorgar la misma respetabilidad a todos los
dad de todos los seres humanos a los ojos de Dios; a la idea seres humanos.
kantiana del respeto racional y equitativo hacia todos los
seres humanos; o quizá a una idea utilitarista que la consi-
dere el mejor modo de lograr la máxima felicidad. Los LA DISTRIBUCIÓN IGUALITARIA DEL DINERO
igualitaristas exigen que los gobiernos del mundo pasen de
reconocer la igualdad moral de sus gobernados a buscar la Un igualitarista extremo propondría una distribución
igualdad efectiva de las condiciones de vida. igualitaria del dinero entre todos los individuos adultos.
Ahora bien, écómo debe entenderse el concepto de En efecto, el dinero es, en casi todas las sociedades, un
«igualdad»? Es evidente que los seres humanos no pueden bien imprescindible para adquirir alimentos, casa y vesti-
ser iguales en todo; los separan, entre otras muchas dife- dos. Desde la teoría igualitaria, la redistribución se justifi-
rencias, la inteligencia, la belleza, la destreza atlética, el ca como el mejor modo de aumentar la felicidad y dismi-
peso, el color del cabello, el lugar de nacimiento o la forma nuir el sufrimiento.
de vestir. Sería absurdo pretender una igualdad absoluta en
todos los aspectos; la uniformidad total tiene poco atracti-
vo, y los igualitarios no pueden proponer un mundo de CRÍTICA A UNA DISTRIBUCIÓN IGUALITARIA DEL DINERO
seres clónicos. Aunque confundir el sentir igualitario con
una mera pretensión de uniformidad no deja de ser una Es poco prácticay tiene una vida muy corta
interpretación absurda, algunos enemigos del igualitarismo
insisten en presentarlo de ese modo. Pese a este ejemplo Parece evidente que una distribución igualitaria de di-
típico de fabricación de un monigote de paja, para luego nero resultaría un objetivo inalcanzable. Las dificultades
quemarlo, para refutar el igualitarismo no basta con seña- prácticas de asignar una cantidad igual de dinero a todos
lar las profundas diferencias que existen entre los seres hu- los individuos adultos de una misma ciudad serían inmen-
manos o su tendencia a volver pronto a la situación de par- sas, hasta tal punto que podrían representar una auténtica
tida cuando se les impone la uniformidad. Este tipo de ata- pesadilla. Si se pretende tratar el problema con realismo, lo
ques sólo tiene éxito contra una caricatura de la teoría, más que se puede exigir desde esta perspectiva es la asigna-
pero fracasa ante la mayor parte de sus versiones. ción de un salario fijo a toda la población adulta.
Así pues, cuando hablamos de igualdad nos referimos Pero esta solución tendría una vida muy corta, ya que
sólo a ciertos aspectos de la vida humana, nunca a todos. cada persona utilizaría el dinero de un modo distinto; los

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más inteligentes, los más fuertes o los menos escrupulosos
acabarían por adquirir las riquezas de los más ignorantes, A individuos distintos, necesidades diferentes
los más débiles o los menos sensatos. Unos se dedicarían a
dilapidar el dinero, mientras que otros conseguirían aho- No todo el mundo necesita la misma cantidad de dine-
rrarlo. Unos se 10 jugarían nada más obtenerlo; otros 10 ro- ro para vivir. La supervivencia de un determinado indivi-
barían para aumentar su parte. La única forma de mante- duo que depende de un tratamiento médico muy caro
ner una distribución igualitaria de la riqueza sería una in- resultaría imposible en una sociedad que asignara una
tervención autoritaria desde arriba, 10 cual, sin duda algu- cuota idéntica de la riqueza total a cada uno de sus miem-
na, supondría la intrusión en la vida de los particulares y la bros, a no ser que se tratara de una sociedad realmente
pérdida de libertad para emplear el dinero según las ape- opulenta. Un método de distribución basado en las nece-
tencias de cada cual. sidades de cada cual armonizaría más con el respeto debi-
do a la condición humana de las personas que la asigna-
ción de una cantidad igual para todos.
No todos necesitamos la misma cantidad de dinero

Otra crítica a la distribución igualitaria de dinero sería La redistribución quebranta ciertos derechos
que la diferencia entre los trabajos y su aportación a la
vida social ha de reflejarse en unos ingresos igualmente Algunos filósofos afirman que, por muy atractiva que
diferentes. Así, por ejemplo, se aduce que los dirigentes de resulte la idea, la distribución igualitaria de dinero que-
las grandes industrias se asignan los elevados salarios que brantaría el derecho a la propiedad; por tanto, a su juicio,
disfrutan porque éstos se hallan en consonancia con su sería inmoral. Esos filósofos sitúan los derechos por enci-
aportación a la riqueza nacional, dado que crean empleo ma de cualquier otra consideración. Robert Nozick (1938),
y aumentan el bienestar económico del país en el que en su obra Anarchy, State and Utopia, adopta esa posición y
operan. pone el acento en el derecho fundamental a la propiedad
Aunque los grandes ejecutivos no merecieran unos legítimamente adquirida.
ingresos tan elevados, 10 cierto es que éstos pueden incen- Se plantea entonces el problema de explicar en qué
tivarlos y aumentar la eficacia de su trabajo; en tal caso, los consisten tales derechos y de dónde proceden. Por el tér-
beneficios totales para la sociedad justificarían los costes, mino «derechos» no entendemos aquí derechos legales, es
pues, de otro modo, habría menos riqueza que repartir. Sin decir, aquellos que establecen las autoridades correspon-
el incentivo de un salario elevado, los más capaces recha- dientes, aunque en una sociedad justa unos y otros serían
zarían esos empleos. coincidentes. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, se
Aquí nos encontramos con una división radical entre trata de los derechos naturales que guían idealmente la ela-
los partidarios de la igualdad y aquellos que consideran boración de las leyes. Pero no faltan tampoco los filósofos
legítimas las grandes diferencias económicas, porque, a su que ponen en duda la existencia de esos derechos de ori-
parecer, responden a necesidades no menos diferentes. Esta gen natural; Bentham, por ejemplo, rechazaba el concepto
perspectiva introduce una nueva crítica al principio de dis- por considerarlo «carente de todo fundamento». En cual-
tribución igualitaria del dinero. quier caso, un enemigo de la redistribución de la riqueza
por parte del Estado no debería conformarse con declarar
la existencia de ese supuesto derecho natural a la propie-

100 101
dad sin señalarnos su origen, aunque lo cierto es que los Pero no basta con la igualdad de trato en el empleo.
partidarios de los derechos naturales han fracasado una y Los igualitaristas demandan también la superación de los
otra vez en su empeño. desequilibrios actuales en ciertas profesiones; todos cono-
cemos, por ejemplo, el predominio del sexo masculino
entre los jueces. Para ello, aconsejan aplicar el sistema de
IGUALDAD DE OPORTUNIDADES EN EL EMPLEO «discriminación positiva».

A falta de una distribución idéntica de la riqueza, la


mayoría de los igualitaristas proponen que todos disfrute- LA DISCRIMINACIÓN POSITIVA
mos de las mismas oportunidades. Uno de los principales
espacios de desigualdad eS el mundo laboral. La igualdad Discriminar en sentido positivo significa dar prioridad
de oportunidades en el empleo no significa que cada cual a los miembros de grupos sociales en desventaja. Dicho de
realice el trabajo que le apetezca, sin contar con sus capaci- otro modo, consiste en conceder ciertas ventajas de acceso
dades; nadie defendería la posibilidad de que una persona al empleo a las personas que pertenecen a grupos previa-
inhábil con la vista o las manos ejerciera de dentista o ciru- mente discriminados. En este caso, el trato desigual res-
jano, porque se trata, a todas luces, de un absurdo. La igual- ponde a un intento de acelerar el proceso social de iguala-
dad de oportunidades beneficiaría a todos aquellos que ción, no sólo para modificar los desequilibrios actuales,
demostraran tener suficiente talento y capacidad para ejer- sino también con la intención de proporcionar modelos de
cer una determinada profesión. Con todo, el trato no sería imitación a los jóvenes de los grupos tradicionalmente
igual, porque siempre deberíamos contar con la suerte de menos privilegiados.
los que, por ejemplo, han nacido con un mayor potencial Así, por ejemplo, en las universidades británicas pre-
genético o han recibido una educación superior que los dominan los profesores de sexo masculino, a pesar del
sitúa en los primeros puestos dentro de un contexto apa- elevado número de mujeres licenciadas en las mismas
rentemente equitativo. La igualdad de oportunidades en el especialidades. Un partidario de la discriminación positi-
empleo suele reivindicarse como un paso más hacia la va propondría que la sociedad actuara discriminando a
igualdad en otros terrenos, por ejemplo, el de la educación. favor de las mujeres que optan al puesto de profesoras
La demanda de igualdad de oportunidades en el em- universitarias, en vez de esperar a que la situación cambie
pleo se debe en gran parte a las discriminaciones de índo- paulatinamente. Esto significa que cuando un hombre y
le sexual y racial que se producen en algunos ámbitos pro- una mujer, con una cualificación prácticamente idéntica,
fesionales. Para los igualitaristas, todo aquel que demuestre se presentan al mismo puesto, debe elegirse a la mujer.
una cualificación suficiente debería disfrutar de las mismas Pero muchos defensores de esta clase de discriminación,
oportunidades de empleo, sin discriminaciones motivadas yendo más lejos, sostienen que si la mujer demostrara ser
por la raza o el sexo, salvo en aquellos casos verdadera- competente para desarrollar las funciones del puesto,
mente excepcionales en que esas características se conside- debería bastar aunque no igualara al candidato masculi-
ren determinantes para realizar un trabajo concreto; por no. Se entiende que la discriminación positiva es una
ejemplo, puesto que las mujeres no pueden donar esper- medida temporal, cuya vigencia acabará cuando el por-
ma, el hecho de establecer previamente el sexo del donan- centaje de los miembros de un grupo tradicionalmente
te no supondría una vulneración del principio de igualdad excluido refleje más o menos el porcentaje de los miem-
de oportunidades para esa actividad. bros de ese mismo grupo en el conjunto de la población.

102 103
Algunos países prohíben estos métodos; otros los estable-
cen por ley. Puede producir resentimiento

Aunque la finalidad de la discriminación positiva es crear


CRÍTICA A LA DISCRIMINACIÓN POSITIVA una sociedad que distribuya mejor e! acceso a ciertas profe-
siones, en la práctica podría traducirse en una nueva discri-
Es contraria al igualitarismo minación de grupos sociales en desventaja. Cabe pensar que
una persona rechazada por no pertenecer a un grupo margi-
Aunque la discriminación positiva intenta fomentar la nado experimentaría un intenso resentimiento contra aque-
igualdad, hay quien piensa que e! método no es justo. llos que han obtenido su empleo gracias, en primer lugar, a
Para un igualitarista incondicional, el principio de igual- su sexo o su origen racial. El problema se agrava cuando se
dad de oportunidades en e! empleo prohíbe cualquier contratan candidatos visiblemente incapaces de cumplir su
forma de discriminación injustificada. Sólo existe un mo- cometido. No sólo acabarán por consolidar los peores pre-
tivo para tratar de un modo desigual a los aspirantes a un juicios de sus jefes y sus compañeros, sino que su ejemplo
empleo: la desigualdad manifiesta de sus atributos. Sin hará un flaco favor a los restantes miembros de su grupo. A
embargo, la justificación de la discriminación positiva se largo plazo, estas situaciones irán minando las tendencias
basa en e! hecho de que en la mayor parte de los empleos, generales a la igualdad de acceso al empleo que se pretendía
e! sexo, e! origen racial o las preferencias sexuales del aspi- lograr a través de la discriminación positiva. La única posi-
rante carecen de importancia. Así pues, aunque el resulta- bilidad de acallar estas críticas es asegurarse de que e! están-
do final de la discriminación positiva nos pareciera ade- dar mínimo que se exige al candidato a un empleo en e! que
cuado, no sería aceptable como principio fundamental se practica la discriminación positiva sea relativamente alto.
para una persona comprometida con la igualdad de opor-
tunidades.
Un defensor de la discriminación positiva replicaría LA IGUALDAD POLÍTICA: LA DEMOCRACIA
que la actual situación de los grupos en desventaja es mu-
cho menos justa que la práctica de la discriminación posi- Otro aspecto de la vida social en e! que se persigue la
tiva, y, en los casos convenientes, propugnaría una políti- igualdad es la participación política. La democracia es un
ca que tuviera en cuenta el sexo o el origen racial del aspi- sistema generalmente alabado por su capacidad para per-
rante como cualificación significativa para e! empleo, en mitir la intervención de todos los ciudadanos en la toma
prueba de que los miembros de ese grupo son capaces de de decisiones políticas. Sin embargo, el término «demo-
ejercer una determinada actividad. cracia» se emplea para denominar situaciones muy distin-
No obstante, es discutible que esta última situación tas. En principio, podemos hablar de dos conceptos opues-
represente una discriminación positiva, pues primar tales tos. El primero subraya que la población ha de tener la
atributos durante una selección de personal, más que dis- posibilidad de participar en e! gobierno de! Estado, por lo
criminar, supone cambiar los requisitos exigibles para ejer- general, mediante el voto. El segundo establece que e!
cer una determinada profesión. Estado democrático debe reflejar los auténticos intereses
del pueblo, incluso en e! caso de que e! pueblo no fuera
consciente de dónde residen sus auténticos intereses. Tra-
taremos aquí la democracia del primer tipo.

104 105
Una democracia era, en la Grecia antigua, una ciudad-
estado gobernada por el pueblo, en oposición a cualquier LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA
otra gobernada por un pequeño grupo de personas (oligar-
quía) o por una persona sola (monarquía). Aunque el mo- En esta clase de democracia, los votantes seleccionan,
delo democrático para los antiguos griegos fue Atenas, no según sus preferencias, a unos representantes que lue~o
debemos pensar que en su gobierno intervenía la totalidad participarán, día a día, en un proceso de toma de decisio-
de la población, ya que las mujeres, los esclavos y otras nes, organizado según principios igualmente dernocráti-
muchas personas que no disfrutaban de la condición de cos. Existen varios procesos electorales; en unos casos se
ciudadanos aunque vivieran en la ciudad tenían vetada la exige la decisión mayoritaria, en otros, la mayoría relati~a.
participación. Ningún Estado democrático permite el voto En este último caso, actualmente vigente en Gran Bretaña,
a todas las personas que viven en su territorio; basten los un candidato puede resultar elegido aunque no haya r~C1­
ejemplos de los individuos con alguna incapacidad para bido los votos de la mayoría, siempre que no haya sido
comprender la trascendencia de sus actos, los niños peque- superado por otro candidato.
ños o los enfermos mentales graves. Sin embargo, nadie Se puede decir que en las democracias representativas
calificaría de "democrático» a un Estado actual que negara el pueblo gobierna en la medida en que elige a sus gober:
la participación política a una parte importante de su po- nantes, pero es igualmente cierto que éstos no siempre 111
blación. en todas las cuestiones políticas cumplen los deseos del
pueblo. Para evitar l?s abusos de poder con~iene convocar
con cierta frecuencia elecciones que permitan cambiar a
LA DEMOCRACIA DIRECTA los representantes menos adecuados.

Los primeros Estados democráticos fueron democracias


directas. En este tipo de democracia, los ciudadanos con CRlTICA A LA DEMOCRACIA
capacidad para decidir no eligen representantes, sino que
discuten y votan cada cuestión por separado. La democra- Es una ilusión
cia directa sólo es factible entre pequeños grupos de pobla-
ción o cuando el número de decisiones que hay que tomar Los teóricos influidos por las ideas de Carlos Marx
es relativamente bajo. Los problemas prácticos que plantea (1818-1883) niegan que las formas democráticas que aca-
el voto de una población amplia, que ha de decidir un ele- bamos de ver sean capaces de proporcionar algo más que
vado número de cuestiones, pueden ser inmensos, aunque la ilusión de participar en las decisiones políticas,. y afir-
no hay que descartar que los medios electrónicos de comu- man que los procedimientos electorales no garantizan el
nicación lo permitan algún día. Pero, en ese caso, para lle- gobierno del pueblo. Siempre habrá votantes que no sepan
gar a decisiones razonables, se necesitaría tiempo y un pro- distinguir cuáles son sus auténticos intereses o que se dejen
grama educativo capaz de proporcionar a los votantes un engañar por las estrategias de la retórica política. Por otro
conocimiento profundo de la cuestión a decidir. Quizá se- lado, la escasa diferencia entre los representantes no ofrece
ría demasiado pedir que todos los ciudadanos se mantu- a los votantes una auténtica posibilidad de elección. ¿Por
vieran al día de los asuntos más trascendentes. Las demo- qué alabar tanto la capacidad de elegir entre dos O tres can-
cracias actuales son de tipo representativo. didatos que ofrecen programas políticos con unas diferen-
cias prácticamente inapreciables? Para los marxistas, esto

106 107
que ellos llaman «democracia burguesa» es un sistema que
se limita a reproducir las relaciones de poder derivadas de La paradoja de la democracia
las relaciones económicas; así pues, ofrecer a la población
la posibilidad de votar mientras sigan vigentes las mismas Puesto que la pena de muerte constituye para mí un
relaciones de poder les parece una pérdida de tiempo. acto de barbarie que un Estado civilizado nunca debería
practicar, el sistema democrático podría enfrentarme a
una situación paradójica en el caso de que se celebrara un
Los votantes no son expertos referéndum para implantarla y la mayoría de la población
otorgara un voto afirmativo. Como ciudadano compro-
Otros críticos de la democracia, entre los que destaca metido con los principios democráticos creo que las deci-
Platón, han señalado que la trascendencia de las decisio- siones mayoritarias deben llevarse a la práctica, pero como
nes políticas requiere una experiencia que los votantes no individuo convencido de la maldad de la pena capital,
tienen. La democracia directa sería en ese caso un sistema nunca la permitiría. Así pues, me vería obligado a aceptar
político muy pobre, ya que el Estado se hallaría en manos que se implantara la pena de muerte (por decisión de la
de personas poco preparadas e incapaces de saber lo que mayoría) y a rechazarla (por mis valores personales). Sin
hacen. El mejor conductor del barco es siempre el ca- embargo, ambas cosas resultan incompatibles. Todo de-
pitán. mócrata que se encuentra en minoría debe afrontar este
Contra la democracia representativa cabría emplear un tipo de paradojas.
argumento parecido, ya que la mayoría de los votantes no Un ejemplo como el anterior no invalidaría por com-
tiene modo de saber hasta qué punto resulta adecuado cada pleto el sistema democrático, pero sirve para llamar la aten-
candidato para cumplir las funciones que le asigna la elec- ción sobre los conflictos que pueden surgir entre la deci-
ción. Puesto que no están en situación de juzgar un pro- sión mayoritaria y la conciencia personal, como veremos
grama político, los ciudadanos eligen a sus representantes en la parte dedicada a la desobediencia civil. Todo demó-
movidos por cosas sin importancia, como podrían ser un crata debe sopesar la importancia relativa que concede a las
rostro o una sonrisa agradable, o bien por prejuicios in- creencias personales y a las decisiones colectivas. Esto nos
conscientes sobre este o aquel partido político. El resulta- obliga a planteamos el significado del «compromiso con
d.o es que muchos candidatos excelentes pierden las elec- los principios democráticos».
cienes, mientras que otros, menos apropiados, resultan ele-
gidos por razones superficiales.
Con todo, este problema evidente no justifica el recha- LA LIBERTAD
zo absoluto del sistema, por el contrario, debería servir
{Jara educar a los ciudadanos en la participación democrá- El concepto de «libertad», como el de «democracia», se
tica, y aunque esto no fuera posible, se puede afirmar que ha empleado con significados distintos. En el contexto po-
la democracia representativa es, entre todas las alternativas lítico, encontramos el sentido positivo y el sentido negati-
posibles, el sistema más capaz de representar los intereses vo que analizó Isaiah Berlin (1909) en su célebre artículo
de la población. «Dos conceptos de libertad».

108 109
practica el nudismo. O quizá la ofendida sería la pareja en
LA LIBERTAD NEGATIVA cuestión, porque los demás utilizan vestidos. Y tanto los
naturistas como sus vecinos podrían molestarse con otros
La libertad se puede definir como ausencia de coerción estilos de vida. Aunque Mill no veía un daño grave en este
entendiendo por ésta la obligación, impuesta por la fuerza: tipo de ofensas, siempre es difícil trazar la línea que separa
de hacer o dejar de hacer algo. Cuando nada nos coarta una cosa de otra; por ejemplo, mucha gente consideraría
desde fuera, somos libres en este sentido negativo de li- más dañina una blasfemia contra su religión que una agre-
bertad. sión física. Córno podemos establecer una distinción ade-
é

Existen muchas formas de coartar la libertad de un cuada entre estos casos?


individuo: la cond~na a prisión, la confiscación del pasa-
porte, la persecución de la homosexualidad, etc. La liber-
tad negativa consiste en no obstaculizar ni restringir. La libertadpositiva
Cuando nadie nos impide hacer algo concreto, podemos
decir que en ese aspecto somos libres. Algunos filósofos niegan que la libertad negativa sea
Pero ~a mayor parte de los Estados restringen la libertad positiva para el desarrollo humano, por eso proponen como
de sus CIUdadanos de uno u otro modo. La justificación objetivo político la conquista de la libertad positiva o liber-
más común suele ser la necesidad de proteger al conjunto tad para ser dueños de nuestra vida. Somos libres en el sen-
social, 51 todos disfrutáramos de una libertad absoluta para tido positivo cuando dominamos la vida, y no lo somos
hacer lo que nos viniera en gana, es probable que los más cuando ella nos domina a nosotros, aunque nadie nos lo im-
fuertes o los más despiadados se aprovecharan de los débi- ponga. Los defensores del concepto positivo de libertad pien-
les..Sin embargo, para los filósofos partidarios de la políti- san que ésta consiste en una forma de realización que per-
ca liberal siempre hay un terreno sagrado de libertad per- mite elegir, tanto a los individuos como a las sociedades.
sonal en el que el poder no debe inmiscuirse, salvo en los Tomemos el ejemplo de un alcohólico que gasta insen-
casos de perjuicios a terceras personas. En su obra Sobre la satamente todo su dinero en irse de juerga y beber sin medi-
libertad, John Stuart Mill afirma la libertad del individuo da, épodriamos decir que está ejerciendo su libertad perso-
~ara conducirse según su propia «experiencia de vida», nal? No parece lógico, sobre todo si en los momentos de so-
libre de mterferencias estatales, siempre que no perjudique briedad se arrepiente de sus excesos. Tendemos a pensar en
a terceros. él como una persona dominada por la bebida, un esclavo de
sus impulsos. Aunque esté libre de imposiciones, un alco-
hólico no es auténticamente libre en un sentido positivo.
CRÍTICA A LA LIBERTAD NEGATIVA Aunque los partidarios de la libertad negativa replica-
rían que los alcohólicos, como los niños, necesitan ciertas
é Como se calculan losperjuicios a terceras personas? restricciones porque no son responsables de sus actos, si
conociéramos a alguien que no sabe elegir, que se equivo-
En la práctica, sería difícil establecer cuándo se daña a ca una y otra vez y desperdicia su talento, según los prin-
un tercero. ¿Habría que incluir los sentimientos heridos? cipios de Mill, podríamos intentar convencerle de que lle-
De ser así, toda conducta basada en la «experiencia de vara una vida mejor, pero nunca imponérsela, porque la
VIda» acabaría ¡;or h~rir a alguien. Por ejemplo, un purita- imposición coartaría su libertad negativa. Tal acción sería
no no soportana VIVIr al lado de una pareja naturista que una forma de paternalismo injustificado, es decir, actuar

110 111
como un padre controlador sobre alguien que ha alcanza- mente una ofensa a otras personas. El que abusando de la
do ya una edad en la que debería ser libre de ejecutar sus libertad de expresión incita a la violencia debe ser censura-
propias elecciones y cometer sus propios errores. Para Mili do. Pero, argumentaba Mili, el hombre debería ser libre de
no es aceptable intervenir en la vida de otra persona adul- expresar sus propias opiniones hasta el punto de correr el
ta «por su propio bien», a menos que tal persona esté cau- riesgo de dañar a otras personas: ofender a otros es acepta-
sando daño a alguien o sea mentalmente incapaz de actuar ble. Mili utilizó un amplio abanico de argumentaciones
por sí misma. La coerción entrañaría limitar su libertad para defender la libertad de la censura. Aquí me limitaré a
negativa. Los defensores de la libertad positiva no lo consi- exponer esquemáticamente dos de ellas.
derarían un individuo libre hasta que fuera capaz de com- En primer lugar, Mili piensa que todo censor debe
prender sus posibilidades y superar sus tendencias capri- asumir su propia infalibilidad. Es decir: el censor da por
chosas. De ahí a defender la coerción como vía a la autén- cierto que él, o ella, no puede equivocarse nunca. Y ésta
tica libertad sólo hay un paso. es, claramente, una absurda asunción por parte de un
Isaiah Berlin sostiene que el concepto positivo de liber- censor, pues es evidente que todos cometemos equivoca-
tad puede emplearse para justificar todo tipo de imposi- ciones. Mili da por sentado que la principal motivación
ciones injustas; así, el Estado podría obligarnos a adoptar para ejercer la censura es la creencia de que la idea cen-
ciertas formas de vida con la excusa de aumentar nuestra surada es falsa. Así pues, bajo este punto de vista, el cen-
libertad, como ha ocurrido frecuentemente a lo largo de la sor corre el riesgo de prohibir que alguna idea verdade~a
historia, No se trataría de una maldad intrínseca al propio y potencialmente importante sea hurtada a una audiencia
concepto de libertad positiva, sino de los peligros que en- ~F~~· .
cierra cuando se emplea mal, tal como nos enseñan los En segundo lugar, Mili sostenía que a menos que las OPI-
numerosos ejemplos históricos. niones sean regularmente contrastadas, se corre el riesgo de
seguir manteniéndolas como dogmas muertos. Incluso
aunque la opinión expresada sea falsa, el mismo hecho de
LIBERTAD DE EXPRESIÓN que la opinión ortodoxa se vea desafiada por otras fuerzas
contrarias ayuda a sus defensores a clarificar y defender sus
Uno de los signos distintivos de un régimen totalitario propias creencias. El resultado de esta confrontación es
es la ausencia de libre expresión. La mayoría de las socie- que al final mantenemos nuestras creencias porque enten-
dades occidentales se enorgullecen de la libertad de sus demos los argumentos que las apoyan y no porque se nos
ciudadanos para expresar un amplio rango de opiniones e haya dicho que son verdaderas. Por ejemplo, lo~ que creen
intervenir en los debates públicos sin temor a la censura. que la evolución darwiniana es sin duda la mejor explica-
Pero la libertad de expresión en este contexto no es nunca ción de la adaptación de los animales a su propIO entorno
libertad total. Existen siempre límites legales sobre lo que (que lo es), pueden pensar que los creacionistas que niegan
se puede publicar o decir impunemente, ya sea en forma la evolución están equivocados. Según Mili, los evolucio-
de leyes contra la pornografía, el libelo, o, en algunos ca- nistas deberían tolerar la crítica pública de sus opiniones
sos, la blasfemia. por parte de los creacionistas, porque esto los forzaría a dar
Mili se muestra como un ardiente partidario de tolerar las razones de su creencia en que la evolución es la mejor
la libertad de expresión en la mayoría de los contextos. Los explicación, lo cual les ayudaría a mantener su posición
límites a la libertad de expresión deberían imponerse sólo como creencia viva. De la colisión entre verdad y falsedad,
cuando las opiniones expresadas causaran daño y no mera- la verdad emergerá victoriosa y con un mayor poder de
112 113
influir en la acción. Por otra parte, el proceso de contem- son enormemente beneficiosas, aun en los casos en que las
plar el desafio a nuestras creencias puede movernos a opiniones expresadas sean fal~as.,. ,
modificarlas en el sentido de mejorarlas, pues muchos de Una línea de argumentacion mas exigente sena sostener
estos retos llevan en su interior algún elemento de verdad, que todos los hombres tenemos derecho, u.n de~echo hu-
incluso aunque no sean tan poderosos como sus propo- mano, a expresarnos libreme?te; que es obligación de! Es-
nentes creen. tado reconocer en cada individuo concreto esa humanidad
que le permite expresar cualquier opinión c¡ue el tal indi-
viduo desee manifestar. Bajo esta perspectiva, silenciar la
LAS CIúTICAS DE MILL SOBRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN expresión de un determinado tipo de opiniones, será siem-
pre la negación de un derecho humano fundamental. Pero
No es siempre una cuestión de verdad en modo alguno es fácil identificar la fuente de donde sur-
gieron los derechos humanos. Así pues, la defensa de la
El enfoque de Mili era la censura de opiniones que pu- libertad de expresión sobre la base de que se trata de un
dieran ser verdaderas o falsas. Pero Stuart Mili escribía en derecho humano fundamental, está necesitada de un cier-
el siglo XIX. En el siglo XXI, el argumento usual en defensa to apuntalamiento. Es verdad que la libertad de ex~~e­
de la censura es que el material suprimido es peligroso, no sión está recogida como Artículo 19 de la Declara~lOn
que es falso. Por ejemplo, si alguien colocara en Internet Universal de los Derechos Humanos de 1948. Pero sigue
una información sobre el modo de fabricar una bomba le- en pie la respuesta a la cuestión filosófica: ¿sobre qué fun-
tal a base de productos químicos fácilmente asequibles, la damento está basado este derecho?
razón para suprimir tal información sería que era verdade-
ra y peligrosa, pero no que fuera falsa.
Mili podía haber respondido a estas objeciones seña- LA PRIVACIÓN DE LA LIBERTAD: EL CASTIGO
lando que su defensa de la libertad de expresión permitía
la censura cuando había un serio riesgo de que otras perso- ¿Podemos justificar la privación de la libertad como for-
nas resultaran dañadas por las opiniones expresadas. ma de castigo? Dicho de otro modo, ¿existen razones para
coartar la libertad individual, tal como se entiende en el
sentido negativo? Como hemos visto, el concepto de liber-
¿ Un derecho a la libre expresión? tad positiva se emplea para justificar.ciertas fon:n~s de cO,er-
ción cuando se piensa que determmados individuos solo
Los argumentos de Mili en favor de la libertad de pueden ser libres si alguien o algo los protege de sí ~:l11S~os.
expresión giran en torno a las consecuencias de la censura. El Los filósofos han encontrado cuatro grandes Justifica-
riesgo que esto conlleva es que en aquellos casos en los que ciones de la coerción de la libertad individual por parte del
el ejercicio de la censura generara claros beneficios, el con- Estado: la retribución, la disuasión, la seguridad del cuer-
secuencialista se vería obligado a aceptar que la censura po social y la rehabilitación de la persona que sufre el cas-
estaba legitimada. Dicho en otras palabras, los argumentos tigo. La primera suele defenderse desde pOSlclo?,es deon-
de Mili no ofrecen a los individuos nada que esté más o tológicas; las tres restantes encuentran justificación en las
menos emparentado con la libertad de expresión. Lo que filas del consecuencialismo.
con estos argumentos se pretende es mostrar que las con-
secuencias que se siguen de tolerar la libertad de expresión

114 115
EL CASTIGO COMO RETRIBUCIÓN No tiene en cuenta las consecuencias

En su forma más sencilla, el retributivismo o retribu- La principal crítica al retributivismo sostiene que des-
cionismo supone que quienes quebrantan conscientemen- cuida las consecuencias del castigo tanto para el delincuen-
te las leyes merecen un castigo, con independencia de que te como para la sociedad. Los conceptos de disuasión,
éste pueda surtir algún efecto beneficioso para las personas rehabilitación y seguridad le son ajenos. Lo importante
afectadas o para el conjunto de la sociedad; es decir, los para sus partidarios es que el delincuente merece el castigo,
delincuentes deben sufrir. Naturalmente, cuando el delin- independientemente de los efectos que surta en él. Un par-
cuente presente alguna incapacidad que le impida ser res- tidario del consecuencialismo objetaría que no existe más
ponsable de sus actos se le aplicará un castigo menos seve- acción moral que aquella cuyos efectos resultan beneficio-
ro, y, en los casos extremos, por ejemplo, si padece una en- sos para alguien, pero un deontologista podría replicar que
fermedad mental, se le someterá a tratamiento. Sin embar- las consecuencias de una acción que se justifica moral-
go, la teoría de la retribución considera que el mal com- mente son irrelevantes.
portamiento merece una respuesta apropiada. Más aún, la
severidad del castigo debe estar en consonancia con la gra-
vedad del delito. En su versión más elemental del «ojo por LA DISUASIÓN
ojo» (o ley del talión), el retributivismo exige una propor-
ción directa entre delito y castigo. Ahora bien, en ciertos U na de las justificaciones más comunes del castigo es su
delitos sería difícil encontrar una respuesta equivalente. capacidad para disuadir tanto al que quebranta la ley como
Imaginemos por ejemplo el caso de un chantajista, équé al resto de la población, que conoce la existencia del casti-
tendría que hacer el juez?, écondenarlc a sufrir un chan- go y sabe que podría sufrirlo en caso de delinquir. Si sé que
taje él mismo durante seis meses?, o un ladrón pobre que cabe la posibilidad de ir a la cárcel, estaré menos dispuesto
hubiera robado un reloj de oro, écómo podría sufrir un a convertirme en ladrón que si espero que mis actos queden
castigo en proporción exacta a su delito? El problema surge impunes. Esta idea justifica el castigo aunque no produzca
cuando se trata de aplicar el principio del «ojo por ojo», no rehabilitación, y su interés se centra en mostrar que el cas-
obstante existen formas más complejas de retributivismo tigo es la consecuencia del delito, no en cambiar al delin-
que no demandan un castigo exacto al delito. cuente, porque se centra exclusivamente en los efectos de la
pena impuesta. En definitiva, los beneficios para la socie-
dad se superponen al sufrimiento del que pierde la libertad.
CRíTICA AL RETRIBUTIVISMO

Apela a los sentimientos más elementales


CRíTICA A LA DISUASIÓN
El retributivismo se alimenta del deseo de venganza, que
constituye una de las respuestas humanas más elementales a El castigo del inocente
las ofensas. Sus oponentes reconocen la existencia de este
sentimiento, pero argumentan que el Estado debe castigar Una de las críticas más serias a la teoría del castigo como
basándose en principios más fundados. Por lo general, las jus- disuasión es que, al menos en su forma más elemental, po-
tificaciones híbridas del castigo lo incluyen en su teoría. dría justificar la penalización de personas completamen-

116 117
te inocentes del delito que se les imputa o de cualquier
otro. Hay ocasiones en las que buscar un chivo expiatorio, CRlTICA A LA JUSTIFICACIÓN BASADA
al que todo el mundo cree culpable de un determinado EN LA SEGURIDAD CIUDADANA
delito, podría surtir fuertes efectos disuasorios sobre los de-
más, especialmente cuando el público en general ignora Sólo sirvepara algunos delitos
que la vicnrna del castigo no ha cometido delito alguno.
En estos casos, se llegaría a justificar la penalización de un Si tomamos al violador como ejemplo de reincidente
inocente. Toda teoría aceptable del castigo como disuasión típico, podríamos aducir que privarle de libertad disminu-
debe tener en cuenta esta crítica. ye las posibilidades de que repita sus actos. Sin embargo,
esto no vale para otros casos. Pensemos en una mujer que
un buen día decide envenenar el desayuno del marido, des-
No es eficaz pués de años de profundo resentimiento, ésupondrá una
amenaza para otras personas? Aunque el delito es muy gra-
Algunos críticos del castigo como disuasión subrayan ve, no parece probable que vuelva a repetirlo. La seguridad
su falta de resultados. Ni los castigos más severos, como la ciudadana no sería aquí un motivo para castigarla. No obs-
pena de muerte, son capaces de disuadir a un asesino en tante, en la práctica es muy dificil distinguir con certeza a
serie; ni los más leves, como la estancia en la cárcel duran- los reincidentes.
te un periodo corto, surten efecto en los ladrones.
La crítica se fundamenta en datos empíricos. Aunque
resulta muy difícil establecer la relación entre los índices de No da resultado
delincuencia y las formas de castigo, debido a la abundan-
cia de factores que distorsionan la interpretación de los Este tipo de justificaciones se han criticado también
datos, si fuera posible demostrar de un modo concluyente argumentando que la cárcel sólo redunda en seguridad a
que e! ~astlgo apenas surte efecto, estaríamos ante un golpe corto plazo, y que, a la larga, aumenta el peligro, ya que los
definitivo a este tipo de Justificación. delincuentes aprenden en prisión más de lo que olvidan.
Así pues, la única forma de proteger a los ciudadanos sería
encarcelar de por vida a los delincuentes peligrosos,
LA SEGURIDAD CIUDADANA De nuevo estamos ante un argumento empírico, que,
de ser cierto, aconsejaría combinar la protección de la so-
Otra justificación del ~astigo basada en sus supuestos ciedad con algún intento de reformar a los delincuentes,
beneficios .d~staca la necesidad de proteger al cuerpo social
de los individuos con tendencia a vulnerar las leyes. Un
ladrón que roba una casa, volverá a hacerlo una y otra vez; LA REFORMA
por tan to, el Estado tiene derecho a apartarlo de la socie-
dad para impedir que reincida. Esta justificación se aduce El castigo se justifica también por su supuesta tendencia
sobre todo en los casos de delitos violentos como la vio- a reformar a los delincuentes. Es decir, serviría para cambiar
lación o el asesinato. ' sus hábitos e impedir que, una vez en libertad, volvieran a
delinquir. Desde este punto de vista, la privación de la li-
bertad podría convertirse en una forma de rehabilitación.
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san que si uno no está de acuerdo con una ley 10 que tiene
CRiTICA A LA REFORMA que hacer es intentar cambiarla empleando los cauces lega-
les, organizando campañas, escnbIendo cartas, etc., pero
Sólo sirvepara cierto tipo de delincuente en muchos casos esta protesta legal resulta completamente
inútil, de ahí la aparición del concepto de desobediencia
Esta justificación del castigo no valdría en el caso del civil. La ocasión que la justifica se produce cuando una
delincuente que sólo transgrede la ley una vez en su vida; parte de la población se siente obligada a obedecer nor-
en realidad, no necesita ninguna rehabilitación. Por otra mas o programas políticos gubernamentales que considera
parte,. hay criminales que, aun suponiendo que se pudieran injustos.
identificar a tiempo de intentar su rehabilitación, no res- La desobediencia civil ha producido cambios muy pro-
ponderían positivamente a un proceso de este tipo. Esto fundos tanto en la política como en la legislación de algu-
no constituye en sí una crítica a la teoría, pero descubre nos países. Uno de los ejemplos más famosos es el mOVI-
algunas consecuencias que muchas personas se negarían a miento sufragista británico, que consiguió dar publicidad a
aceptar. su lucha por el voto femenino a través de una campaña de
desobediencia pública, en la que, por ejemplo, las manifes-
tantes se encadenaban a las verjas de los edificios. La eman-
No es eficaz cipación limitada se consiguió en 1918, con la concesión
del voto a las mujeres mayores de treinta años, en parte,
El castigo raramente reforma a los delincuentes, aun- como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, pero el
que no todas sus versiones están destinadas necesariamen- movimiento sufragista desempeñó un papel muy impor-
te al fracaso. Este argumento empírico sólo resultaría fatal tante en el proceso que condujo al cambio de una ley m-
para la idea de un castigo rehabilitador, siempre que se justa que impedía la participación de las mujeres en unas
lograra demostrar que nunca tiene éxito. Con todo, son elecciones supuestamente democráticas.
muy pocas las justificaciones que se centran exclusivamen- Mahatma Gandhi y Martin Luther King fueron dos
te en sus aspectos reformadores. Las más viables suman a apasionados partidarios de la desobedieJ.1cia ci;,il. La pro-
la reforma, la disuasión y la seguridad ciudadana. Estas jus- testa ilegal pero no VIOlenta de. Gandhi influyó pro~nda­
tificaciones de carácter híbrido suelen basarse en principios mente en el proceso que condujo al fin de la soberanía bri-
morales de tipo consecuencialista. tánica y a la consiguiente independencia de la IJ.1dIa. En
cuanto a Martin Luther King, su reto a los preJUICIOS racia-
les con métodos muy parecidos a los de Gandhi contribu-
DESOBEDIENCIA CIVIL yó a garantizar los derechos civiles más elementales a los
negros americanos de los estados del sur.. . ..
Hasta aquí hemos revisado las teorías que justifican el Encontramos otro ejemplo de desobedIenCIa CIVIl en la
castigo a los delincuentes, casi siempre basadas en criterios negativa de algunos estadounidenses a luchar en la guerra
morales. Pero, ées moralmente aceptable vulnerar las leyes? de Vietnam cuando el Estado los llamaba a filas. Algunos
En esta parte, nos ocuparemos de un tipo particular de trans- se opusieron argumentando que cualquier forma de matar
gresión que aduce razones morales: la desobediencia civil. les parecía inmoral, y que preferían quebrantar las leyes
Las personas que no aceptan ninguna justificación para que exponerse a quitar la vida a otro ser humano. Otros no
vulnerar las leyes, cualquiera que sea la circunstancia, pien- se oponían a la guerra por pnncipro, smo a esa guerra que

121
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les parecía inj~sta, porque agredía injustificadamente a la lentos para lograr fines políticos. Ellos, como los partici-
población CIVIl. Cuando _la oposición pública a la guerra, pantes en actos de desobediencia civil, desean cambiar un
espol~ada por las campanas de desobediencia civil, se ex- estado de cosas, no por interés personal, sino por lo que
tendió por todo el país, los Estados Unidos tuvieron que consideran un bien común, pero difieren en los métodos
retirarse de Vietnam.
elegidos para propiciar el cambio.
~a desobediencia civil es una conducta pública ilegal y
pacífica, quepretende llamar la atención sobre ciertas leyes
o c~ertas políticas gubernamentales injustas. Aquellos que CRíTICA A LA DESOBEDIENCIA CIVIL
actuan d~ntro de esa tradición no quebrantan las leyes sólo
por mteres personal, sm? para dar la máxima publicidad a No es democrática
su causa, por eso se reahza SIempre en público preferible-
~ente con la presencia de la prensa, los fotó~rafos y las Un acto de desobediencia civil que se produjera en una
camaras de televisión. Por ejemplo, un Joven estadouni- democracia, en cualquiera de sus formas, podría parecer
den.s; que hubiera tirado su cartilla militar para abandonar antidemocrático, pues si la mayoría de los representantes
el ejercito durante la guerra de Vietnam, sencillamente por políticos, democráticamente elegidos, han decidido la per-
cansancio y por temor a perder la vida, no habría realiza- tinencia de una determinada ley, desobedecerla podría pa-
do un acto de desobediencia civil. En ese caso estaríamos recer una protesta contra el espíritu de la democracia, espe-
ante un acto de supervivencia. y si hubiera actuado de la cialmente cuando los participantes en el acto representan
misma forma, no por s~ seguridad personal, sino por razo- sólo a una pequeña parte de la población. El hecho de que
nes morales, pero en pnvado, sm dar ninguna publicidad a todos soportemos leyes que no nos gustan es, sin duda, un
su gesto, tampoco podríamos hablar de desobediencia ci- precio que hay que pagar por vivir en un Estado democrá-
vil. Por el contrario, si hubiera quemado su cartilla en pú- tico; en consecuencia, SI la desobediencia CIVIl obtuviera el
blico, mientras las cámaras de televisión grababan sus resultado apetecido daría a unos cuantos el poder de cam-
decla,raclones s~bre el carácter inmoral de la intervención biar la opinión de la mayoría, y esto es profundamente
amencana en VIetnam, habría realizado un acto típico de antidemocrático. Ahora bien, si no se lograra ningún resul-
desobediencia civil.
tado no merecería la pena tenerla en cuenta. Desde esta
La finalidad de este tipo de acciones es, en última ins- perspectiva, sería, o bien un acto antidemocrático, o bien
tancia, cambiar las leyes o los programas políticos nunca un acto trivial.
desestabilizar la legalidad por completo. Los que' actúan Contra esta opinión, podría objetarse que los actos de
dentro de la tradición de la desobediencia civil suelen evi- desobediencia civil tienen por objetivo ciertas decisiones
tar los actos VIOlentos, no sólo por preservar el prestigio gubernamentales profundamente inmor~les. Por ejemplo,
de su causa y evitar una escalada de represalias que agra- el movimiento a favor de los derechos CIVIles que se desa-
vara el conflicro, smo, sobre todo, porque la justificación rrolló en Estados Unidos durante los años sesenta, con
de ~u acto es de índole moral, y la mayor parte de los prin- grandes manifestaciones y abundante publicidad, supuso
C~pIOS. morales sólo permiten agredir a otras personas en un enorme desafío para las leyes que imponían la segrega-
situaciones tan absolutamente extremas como la defensa ción racial, y dio a conocer al mundo entero el trato injus-
propia.
to que recibían los negros americanos. Entendida de ~ste
Otros luchadores por la libertad, o terroristas (cada cual modo, la desobediencia civil no sería una forma antide-
los denommará según sus simpatías), utilizan medios vio- mocrática de cambiar una ley o una política determinada,
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123
sino una estrategia para obligar a la mayoría o a sus repre-
sentantes a reconsiderar su posición frente a un problema CONCLUSIÓN
concreto.
En este capítulo hemos analizado algunos de los temas
fundamentales de la filosofía política. Teniendo en cuenta
Es la pendiente que conduce a una situación de desorden que todos estos problemas plantean las relaciones entre e!
generalizado individuo y e! Estado, y, en particular, el ongen de la auto-
ridad estatal sobre el ciudadano, las lecturas recomendadas
Desde otro punto de vista se podría acusar a la deso- a continuación permitirán al lector interesado una mayor
bediencia Civil de, fomentar situaciones ilegales que, a profundización en todas estas cuestiones. , .
largo plazo, mmanan e! poder de! Estado y el imperio de El próximo capítulo y los que le siguen estaran dedica-
la ley; un nesgo que no compensa sus posibles beneficios. dos al conocimiento de! mundo que nos rodea, con espe-
Una vez Cjue se pierde el respeto a las leyes, aunque sea cial atención a la capacidad de nuestros sentidos para cap-
por cn~enos morales, se corre e! peligro de propiciar la tarlo.
anarquía.
Este argumento ~ugiere que si damos un paso en una
determinada dirección, lo más probable es que no poda- OTRAS LECTURAS
mos frenar un proceso que nos conduciría a resultados
poco,apetecibles. Los pequeños actos de transgresión equi- Para los interesados en la historia de la filosofía política,
valdnan a dar un paso hacia una pendiente deslizante y recomiendo Great Political Tbinkers, de Quentin Skinner,
caer, sm.parar, hasta tocar fondo, es decir, hasta no respe- Richard Tuck, William Thomas y Peter Singer (Oxford, Ox-
tar ya runguna norma. Pero esta argumentación anticipa ford University Press, 1992), donde encontrarán una mag-
unos resultados que de ninguna manera se pueden asegu- nífica introducción a la obra de Maquiave!o, Hobbes, Mill
rar. No hay motivos para creer que todos los actos de deso- y Marx. (Hay traducción española de Maquiavelo, Madrid,
bediencia civil socaven e! respeto por las leyes, o, por con- Alianza, 1991.) La obra de Nige! Warburton et al., Reading
tinuar con la metáfora de la pendiente, siempre nos pode- Political Philosophy: Machiavelii to Mili (Londres, Routledge
mos deslizar hasta un punto en que digamos: «No va más.» y Open University, 2001), proporciona una práctica guía
En efecto, los partidarios de la desobediencia civil señalan para leer algunas de las obras más importantes de estos filó-
que su actitud, lejos de despreciar la ley, expresa un pro- sofos.
fundo respeto por ella. Cuando una persona está dispues- Politica! Pbilosopby: An Introduction (Oxford, Oxford Uni-
ta a aceptar un castigo por haber llamado la atención de! versity Press, 1996), de Jonathan Wolff, ofrece una intro-
público hacia lo que considera justo, puede decirse que ducción amplia y variada a esta parte de la filosofía.
acepta en térmmos generales la justicia de la ley y e! respe- Ética práctica (Barcelona, Arie!, 1991), de Peter Singer,
to que se le debe. En definitiva, su actitud no se parece en que ya ha sido recomendado para ampliar nuestro capí-
nada a la de un transgresor de las leyes por mero interés tulo 11, incluye un análisis de la igualdad en e! empleo, y
personal. plantea la igualdad de trato a los animales. La obra de
Janet Radcliffe Richard, Tbe Sceptical Fm¡inist (2." ed., Lon-
dres, Penguin, 1994), constituye un análisis claro e mc1S1-
va de los problemas políticos y morales relacionados con
124 125
la mujer, entre ellos, el de la discriminación positiva en e!
empleo.
Democracy (Londres, Routledge, 1993), de Ross Harri-
s?n, es una lúcida intro?ucción a uno de los conceptos bá-
SICOS de la filosofla política, que combina un resumen crí-
tico de la historia de la democracia con e! análisis filosófi-
co de! concepto tal como se entiende en la actualidad.
Liberty (Oxford, Oxford University Press, Oxford Read-
ings in Politics and Government, 1991) y Enciclopedia del
pensamiento político (Madrid, Alianza, 1989), editada por
Da.vld Miller; incluye la primera un resumen de! ensayo de
CAPíTULO IV
Isaiah Berlm «Dos conceptos de libertad». (Hay traduccio-
nes al español en Conceptos y categorías: ensayos filosoficos, El mundo exterior
Madnd, FCE, 1992, y Cuatro ensayos sobre la libertad, Ma-
drid, Alianza, 1993.) On Liberty (Londres, Penguin Classics,
1982; trad. esp., Sobre la libertad, Madrid, Alianza, 1970), de El conocimiento básico de! mundo exterior se adquiere
John Stuart Mili, representa la clásica defensa del libe- a través de los cinco sentidos: la vista, e! oído, el tacto, e!
ralismo. Sobre Berlin y Mili trato en mi libro Freedom: An olfato y el gusto. Para muchas personas, e! primero es
Introduction with Readings (Londres, Routledge y Open Uni- el más importante. Sé cómo es el mundo que me rodea por-
versrty, 2000). que lo veo, pero si no pudiera verlo, siempre, me quedaría
Civil Disobedience in Focus (Londres, Routledge, 1991), la posibilidad de acercarme y tocarlo p~ra cerciorarme de su
de Hugo Adam Bedau, ofrece una interesante colección de existencia. Sé que hay una mosca en nu sopa porque la veo,
artículos sobre e! tema, entre ellos, la «Carta desde la cár- y, si me la trago, puedo incluso tocarla y gustarla. Ahora
cel de Birmingham», de Martin Luther King. bien, «mál es la relación exacta entre lo que veo y lo que
Para los que deseen estudiar con mayor detalle y a un está fuera de mí? {Estoy seguro de qué es lo que tengo fren-
nivel avanzado la filosofla política, Contemporary Political te a mí? ¿Podría ser un sueño? ¿Existen las cosas aunque
Phil~sophy: An Introduction (2." ed., Oxford, Oxford Uni- nadie las observe? ¿Es posible tener una experiencia directa
versity Press, 2002), de Will Kymlicka, proporciona una de! mundo exterior? Todas estas preguntas plantean e! pro-
evaluación crítica de las principales corrientes de la filo- blema de la adquisición del conocimiento del mundo que
sofla política actual, aunque algunas partes son de dificil nos rodea, y pertenecen a una rama de la filosofla 9ue reci-
lectura. be el nombre de epistemología o teoría del conocimiento.
En este capítulo examinaremos varias cuestiones epis-
temológicas, centrándonos en las teorías de la percepción.

EL REALISMO DEL SENTIDO COMÚN

La mayor parte de las personas sin estudios filosóficos,


dejándose llevar de la visión realista del sentido común,
dan por supuesto que los objetos flsicos que captamos di-

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rectamente con los cinco sentidos -una casa, un árbol, un tendencia a creerlos, los sentidos pueden jugamos malas
coche, un pez de colores, una cucharilla, un balón de fút- pasadas. Por ejemplo, todos hemos experimentado la em-
bol, e! .cuerpo
, humano,
.. un libro de filosofla , etc.- existen barazosa situación de reconocer a un amigo a distancia,
y ~ontmuanan existiendo aunque nadie los percibiera. Es para luego descubrir que se trataba de un completo desco-
mas, tales objetos son! con escasas variaciones, tal y como nocido. Un palo recto se ve torcido cuando se introduce a
aparecen a nuestros OJos: e! pez es realmente anaranjado y medias en el agua; una manzana sabe amarga, si antes se ha
e! balón de fútbol es realmente esférico. En efecto los ingerido algo muy dulce; una moneda redonda parece ova-
órganos de lo~ sentidos de la percepción -ojos, oídos: len- lada cuando se observa desde un determinado ángulo; las
gua, piel y nanz- no~ parecen, por lo general, fiables, y cre- vías de! tren convergen en e! horizonte; el efecto de! calor
emos que proporcionan una apreciacíón realista de! produce una sensación de movimiento en la carretera; e!
mundo que nos rodea. mismo vestido que parece rojo a la luz de! sol, adquiere un
U na persona puede vivir sin cuestionarse las ideas sobre tono carmesí si recibe una luz tenue; la luna aumenta de
la percepción <¡ue le brinda e! sentido común, pero esta tamaño cuanto más se aproxima a la línea de! horizonte.
forma de asumir la realidad resulta insatisfactoria. El realis- Éstas y otras ilusiones de los sentidos demuestran que no
~o de! sentido com~n no cuenta con los argumentos es- siempre podemos fiarnos de ellos, y que e! mundo exterior
ceptrcos sobre la fiabilidad de los sentidos. Veremos aquí no es exactamente 10 que parece.
algunas argumentaciones capaces de hacer tambalear su El argumento de la ilusión dice que si los sentidos nos
segundad, antes de abordar e! examen de otras teorías más engañan con tanta frecuencia, no podemos estar seguros
~oml?lejas de la percepción: e! realismo representativo, e! de que no nos estén engañando en este momento. Su es-
Idealismo, e! fenomenalismo y el realismo causal. cepticismo nos enfrenta con la realidad de la vida cotidia-
na -con e! realísmo de! sentido común- y con la fiabili-
dad de los sentidos para conocer e! mundo.
EL ESCEPTICISMO HACIA LA EVIDENCIA DE LOS SENTIDOS

Las teorías escél?ticas afirman que nunca podemos dar CRfTICA AL «ARGUMENTO DE LA ILUSIÓN»
por supuesta la existencia de las cosas, pues incluso en
nuestras ideas básicas del mundo queda lugar para la duda. Hay distintos grados de certeza
El escepticismo filosófico pretende demostrar que las for-
mas tradicionales de cono~er e! mundo son poco fiables y Aunque podamos confundirnos al ver un objeto a dis-
no garantizan e! conocirmenro de la realidad. De aquí en tancia, o en cualquier otra situación extraordinaria, 10 cier-
ade!~nte nos basaremos en los argumentos expuestos por to es que muchas de nuestras observaciones no admiten
Rene Descartes en la pnmera de sus Meditaciones. duda. Por ejemplo, écómo dudar de que en este momento
estoy escribiendo, sentado a mi mesa de trabajo, con una
pluma en la mano y un folio delante de mí? Tampoco
EL «ARGUMENTO DE LA ILUSIÓN» dudo de que me encuentro en Inglaterra y no en Japón,
por ejemplo. Estas formas indiscutibles de conocimiento
El «argumento de la ilusión» cuestiona con escepticismo son las referencias que nos permiten estar seguros de otras,
la fiabilidad de los sentidos, y representa una grave ame- pues sin la existencia de algunas situaciones incontroverti-
naza para e! realismo del sentido común. Pese a nuestra bles careceríamos tanto del concepto mismo de conoci-

128 129
miento como de los elementos para comparar ideas más tas, extravagantes, etc. Por otro lado, el argumento escép-
dudosas. tico descansa en la posibilidad de distinguir una cosa de
Desde el punto de vista escéptico se podría objetar que otra, pues, écómo podría saber que sueño que estoy des-
quizá esos ejemplos de conocimiento seguro son comple- pierto cuando en realidad estoy dormido? El recuerdo sólo
tamente erróneos: puedo haber soñado que escribía, cuan- tiene sentido si puedo afirmar que una cosa es la expenen-
do en realidad, me hallaba durmiendo en la cama. ¿Cómo cia de estar realmente despierto y otra la de soñarlo.
cerciorarme de que no sueño que estoy escribiendo? La fuerza de la réplica depende en gran parte de la expe-
éCómo asegurarme de que no estoy durmiendo en Tokio riencia que cada cual tiene con los sueños. Algunos sueños
y soñando que me hallo despierto en Inglaterra? Sin duda, son completamente distintos a la vigilia, pero otras veces
he tenido sueños aún más extraños. ¿Hay algo en la expe- soñamos cosas que apenas pueden distinguirse de la vida
riencia del sueño que lo distinga de la vigilia de un modo cotidiana, y también en la vigilia existen sensaciones que
concluyente? presentan características de la vida onírica, por ejemplo,
cuando nos sometemos a la influencia del alcoholo de las
drogas. Las falsas sensaciones de estar despierto son relati-
¿PODRÍA SER UN SUEÑO? vamente normales; muchas veces soñamos que nos des-
pertamos, saltamos de la cama, nos vestimos, tomamos el
No siempre desayuno, etc. No obstante, la persona que lo ha soñado
no suele preguntarse cuál es su estado. Hasta que se des-
Carecería de sentido decir que toda mi vida es un sue- pierta de verdad, la pregunta: ,,¿Estoy dormido o despier-
ño. Si soñara continuamente, me faltaría la conciencia de to?», carece de importancia.
estar soñando; no dispondría de datos comparables, ya que
tampoco podría saber lo que significa estar despierto. Si
sabemos que un billete es falso es porque existen billetes Es imposible preguntarse: -élistoy soñandoi»
auténticos para compararlos; de igual modo, el concepto
de sueño se conoce por comparación con la vigilia. Un filósofo contemporáneo, Nonnan Malcoim (1911-1990),
Con todo, esta verdad no invalida el punto de vista ha sostenido que el concepto mismo de sueño imposibilita
escéptico, porque sus defensores no afirman que soñemos que nos preguntemos si estamos soñando mientras dormi-
siempre, sino que es imposible afirmar con certeza que no mos, porque la pregunta implica un estado consciente.
estamos soñando en un momento concreto. Malcolm afirma que el sueño es, por definición, lo contra-
rio de la consciencia, puesto que, para soñar, hay que estar
dormido. Si no estoy dormido, no puedo soñar, y si puedo
La vigiliay los sueños son dos cosas distintas formularme la pregunta es que no estoy dormido y, por
tanto, no puedo estar soñando. Sólo podría soñar que me
Otra objeción a la posibilidad de que esté soñando formulo la pregunta, yeso no es lo mismo que formular-
mientras escribo es que soy capaz de distinguir el sueño de me la pregunta de verdad.
la vigilia, por tanto, para saber si estoy soñando me basta Con todo, los experimentos científicos han demostra-
con examinar el carácter de mi experiencia. Los sueños tra- do que mucha gente posee distintos niveles de consciencia
tan de muchas cosas imposibles en la vigilia; son menos cuando duerme. Algunos tienen lo que se ha llamado sue-
vívidos y, por lo general, confusos, inconexos, impresionis- ños lúcidos, es decir, el que sueña sabe que está soñando,

130 131
pero no por eso deja de soñar. Este hecho niega la imposi- que el científico en cuestión me estimula ciertos nervios en
bilidad de estar dormido y consciente al mismo tiempo. El el cerebro para crear en mí esa ilusión. Toda la realidad que
error de Malcolm está en redefinir el concepto de «sueño» creo experimentar con los cinco sentidos no es más que la
con un significado distinto al que generalmente entende- estimulación que efectúa el malvado científico en mi cere-
mos. Decir que un sueño implica necesariamente la falta bro sin cuerpo. Con su máquina, puede reproducir cual-
de consciencia es demasiado simple. quier experiencia sensorial de la vida real. Mediante una
complicada estimulación de los nervios de mi cerebro, el
científico podría producirme la ilusión de estar viendo la
LAS ALUCINACIONES televisión, corriendo una maratón, escribiendo un libro,
comiendo pasta o cualquier otra cosa. No es tan inverosí-
Cabe la posibilidad de que no esté dormido, pero expe- mil como parece, puesto que la ciencia ya ha experimenta-
rimente una alucinación. Quizá me han echado en el café do con simulaciones por ordenador que conocemos como
una droga que altera la consciencia y me hace ver cosas que máquinas de «realidad virtual»,
no existen. Quizá no sostengo una pluma en la mano, ni La historia del científico malvado es un ejemplo de lo
estoy sentado delante de la ventana en un día soleado. Y si que los filósofos llaman experimento mental. Se trata de
nadie me ha puesto LSD en el café, puede que haya alcan- analizar una situación imaginaria, con el objetivo de ilu-
zado un grado de alcoholismo que me produce alucina- minar ciertos aspectos de las concepciones y las ideas coti-
ciones. Todo esto es posible, sin duda, pero no parece pro- dianas. En un experimento de este tipo, como en cual-
bable que haya llevado una vida normal en tales condicio- quier otro de carácter científico, el filósofo elimina los de-
nes. Si la silla donde me siento es imaginaria, équé es lo talles complicados y controla el proceso para poder exa-
que sostiene mi peso? Se me podría replicar que la propia minar los conceptos que investiga. En este caso, el diseño
sensación de estar sentado forma parte de mi alucinación, del experimento permite mostrar cómo nos explicamos las
que creo estar descansando en un cómodo sillón, cuando, razones de nuestra experiencia. éHay algo en mi experien-
en realidad, estoy tirado en los baldosines del suelo toman- cia que me autorice a pensar que este experimento no refle-.
do una droga alucinógena o bebiéndome una botella ente- ja la realidad, que no soy un mero cerebro en un frasco
ra de Pemod. depositado en un rincón del laboratorio de un científico
perverso?

¿ Un cerebro metido en unfrasco?


LA MEMORIA Y LA LÓGICA
La versión más extrema del escepticismo hacia la reali-
dad del mundo exterior y mi relación con él es imaginar La idea del cerebro metido en un frasco parece una
que no poseo un cuerpo. Sólo tengo un cerebro que flota forma extrema de escepticismo, pero existen ciertas creen-
dentro de un frasco lleno de sustancias químicas. Un cien- cias que podríamos poner en duda. Los argumentos que
tífico con malas intenciones lo ha instalado de modo que hemos visto hasta aquí presuponen que la memoria es más
me produzca la ilusión de la experiencia sensorial, es decir, o menos fiable. Cuando expresamos lo que nuestros senti-
ha creado una especie de máquina de la experiencia. Ahora dos recuerdan del pasado, creemos sinceramente en ellos y
mismo, por seguir con mi propio ejemplo, podría levan- no se nos pasa por la cabeza que se trate de meros deseos
tarme y salir a comprar el periódico, pero si lo hago es por- o productos de la imaginación; por otra parte, todos los

132 133
argumentos que se exponen con palabras dan por sentado
que recordamos correctamente su significado. Sin embar- «PrENSO, LUEGO EXISTO»
go, la memoria como las pruebas de los sentidos, no es
siempre fiable. Así como mi experiencia podría resultar Si esto es así, éde qué puedo estar seguro? La respuesta
compatible con la idea de un cerebro metido en un frasco más famosa y más importante de la historia de la filosofia
y estimulado por un científico malvado, Bertrand Russell a la pregunta escéptica se debe a Descartes. Según este filó-
(1872-1970) afirmó que también resulta compatible con la sofo, aunque toda mi experiencia fuera e! producto de algo
posibilidad de que la existencia de! mundo y de los seres o alguien que me engaña deliberadamente -él no utilizó la
humanos con sus «recuerdos» intactos date de hace cinco figura de! científico, sino la de un malvado demonio-, e!
minutos, y que e! contenido de esos recuerdos correspon- hecho mismo de! engaño me indica ya algo cierto. Quiere
diera a un pasado enteramente irreal. decir que existo, porque si yo no existiera, e! artífice de!
No obstante, si dudáramos en serio del crédito que engaño no tendría a quien engañar. Descartes empleó la
podemos conceder a la memoria, toda comunicación sería frase latina: «Cogito ergo sum», que significa: «Pienso, lue-
imposible. Si creyéramos que nuestro recuerdo del signifi- go existo.»
cado de las palabras no es fiable, ni siquiera podríamos dis-
cutir las ideas escépticas. Por otro lado, se puede objetar
que e! experimento de! científico malvado que manipula el LA csrncx AL «COGITO»
cerebro metido en un frasco introduce ya una visión escép-
tica de la fiabilidad de la memoria, ya que, presumible- El argumento de Descartes ha convencido a muchos,
mente, nuestro torturador tiene la capacidad de hacemos pero su conclusión es extremadamente limitada. Aunque
creer que las palabras tienen e! significado que él quiere aceptara que e! hecho de pensar prueba mi existencia, nada
conferirles. sé de mí, salvo que soy un ser pensante.
Otra característica de! conocimiento que e! escepticis- En efecto, algunos filósofos, entre ellos, A. J. Ayer,
mo no suele poner en duda es la fiabilidad de la lógica. piensan que incluso esa conclusión va demasiado lejos,
En efecto, pues si e! escéptico desconfiara de la lógica, se porque Descartes se equivocó al formular la frase: «Yo
le vendría abajo todo e! edificio. Los argumentos de! es- pienso» Si quería ser coherente con su aproximación es-
cepticismo necesitan basarse en la lógica si pretenden no céptica general, debería haber dicho: «Los pensamientos
contradecirse. No obstante, cuando empleamos argumen- existen.» En realidad, presuponía que si existen los pensa-
tos lógicos para probar que no existe nada inmune a la mientos, debe existir un pensador, pero la deducción no es
duda, los propios argumentos se resienten. Así pues, si los tan evidente. Podría haber pensamiento sin pensador.
escépticos pretenden ser coherentes tendrán que recono- Quizá la propia estructura de! lenguaje nos induce a pen-
cer que sus propios argumentos son, en sí mismos, inse- sar que todo pensamiento necesita un pensador. El «Yo»
guros. implícito en «pienso» podría equivaler al «ello» implícito
Sin embargo, estas objeciones no invalidan e! argumen- en «llueve», que, en realidad, no hace referencia a cosa
to de la ilusión; sencillamente, establecen que también e! alguna.
escepticismo tiene sus límites, pues, incluso un escéptico
extremo ha de afirmar algo.

134 135
car este fenómeno, el realismo representativo introduce
los conceptos de cualidades primarias y cualidades secun-
EL REALISMO REPRESENTATIVO darias.

Hemos recorrido un largo camino desde el examen del


realismo del sentido común, pasando por los argumentos Cualidades primarias y cualidades secundarias
escépticos hacia los sentidos y la posibilidad de que la rea-
lidad sea un sueño, para mostrar los límites y la finalidad Los conceptos de cualidades primarias y secundarias se
de este tipo de duda filosófica. En ese proceso, hemos des- deben a John Locke (1632-1704). Las cualidades ¡Jrimarias
cubierto algunas de las limitaciones del realismo del senti- son aquellas que un objeto posee realmente, con Illdep~n­
do común. El argumento de la ilusión, en particular, mues- dencia de las condiciones en que se percibe o de la posibi-
tra que no podemos confiar en la información de la Natu- lidad de que no se perciba en absoluto; por ejempl~, el
raleza que proporcionan los sentidos. El hecho de que tamaño la forma y el movimiento. Todo objeto, por dimi-
puedan engañarnos con tanta facilidad basta para rebajar nuto que sea, ha de tener tales cualidades y, según Locke,
nuestra confianza en la realidad de los objetos tal cual los nuestras representaciones mentales se acercan mucho a las
percibimos. de la realidad. La ciencia se ocupa fundamentalmente de
El realismo representativo modifica el realismo del sen- las cualidades primarias de los objetos fisicos: Su textura,
tido común. Se denomina representativo porque afirma que determinada por ellas, produce nuestra experiencia de las
toda percepción es resultado de una representación interna cualidades secundarias.
del mundo exterior. Cuando percibo la presencia de una Entre las cualidades secundarias encontramos el color,
gaviota, no la veo directamente, como quiere el realismo el olor y el gusto, que percibimos como realidades del
del sentido común, porque no se produce un contacto sen- objeto, tal como que la rojez formaría parte del ves.tido
sorial directo con ella. En realidad, lo que percibo es una que nos parece rojo. Sin embargo, es sólo una capacidad
representación mental, algo parecido a una pintura interna de producir imágenes rojas en un observador normal que
de ese pájaro. N o tengo una experiencia visual directa de se halla en condiciones igualmente normales, pero no per-
la gaviota, aunque la gaviota la haya causado en mí, sino la tenece al vestido en lo que atañe a s~ forma. Las cualida-
experiencia de la representación de la gaviota que produ- des secundarias no reproducen los objetos reales, SIllO que
cen mis sentidos. son, en parte, producto del tipo de sistema sensorial de
El realismo representativo ofrece una respuesta a las cada cual. Según los realistas representativos, cuando ve-
objeciones que presenta el argumento de la ilusión. Tome- mos un vestido rojo, estamos viendo una Imagen mental
mos el ejemplo del color. Un mismo vestido puede pare- que se adapta en cierta forma al vestido real que ha pr~­
cer distinto cuando cambia la luz, hasta el punto de que ducido en nosotros la Imagen. El rojo del vestido .(c~ali­
su color varía del rojo escarlata al negro. Si examináramos dad secundaria) en la imagen no reproduce las autenticas
de cerca las fibras de la tela, probablemente descubriría- cualidades del vestido real; sin embargo, su forma (~u~h­
mos que se trata de una mezcla de colores. La percepción dad primaria) en la imagen reproduce la Imagen autentica
depende del observador: una persona insensible al color del vestido.
verá algo completamente distinto a lo que yo veo. En con-
secuencia, si el color no es independiente del observador,
carece de sentido decir que el vestido es rojo. Para expli-

136 137
si no podemos salir a contrastarlo, no tenemos motivos
CRÍTICA AL REALISMO REPRESENTATIVO para creer 10 que se nos dice. Si la representación que yo
tengo de una moneda es un círculo, écómo puedo com-
Sólo sepercibiría con la mente probar que se corresponde con su forma real? Estoy limi-
tado por las pruebas que quieren darme mis sentidos y,
Una de las críticas al realismo representativo es que puesto que mis sentidos funcionan mediant~ represen~a­
plantea el problema de la percepción del conocimiento en ciones mentales, nunca podré obtener una información
un solo escenario. Según sus partidarios, sólo percibimos directa de las propiedades reales de la moneda.
algo a través de una especie de representación mental. Así,
cuando veo que alguien se acerca a mí es como si estuvie-
ra viendo la escena en una película. Pero, si eso es cierto, EL IDEALISMO
équién o qué interpreta la imagen de la pantalla? Es como
si tuviera un pequeño ser dentro de la cabeza que se encar- El idealismo ofrece una solución para algunos de los
ga de interpretar 10 que ocurre a mi alrededor. Cabe pen- problemas que plantea el realismo representativo. Como
sar que también él tendrá otro dentro de la suya que inter- en el caso de este último, el idealismo basa nuestra expe-
prete la interpretación, y así hasta el infinito. Es decir, riencia del mundo en la captación sensoria!. Así pues, la
necesitaríamos tener un número infinito de intérpretes experiencia tampoco procede en este caso del mu?do,sino
(denominados a veces homúnculos) dentro de la cabeza. de las representaciones mentales. Con todo, el Idealismo
va más allá cuando sostiene que nada nos autoriza a soste-
ner la existencia de un mundo exterior, porque, éste, como
El mundo real sería incognoscible hemos visto en la crítica al realismo representativo, no es
cognoscible.
Pero la mayor objeción es la que acusa al realismo re- Esto nos parece absurdo. ¿Cómo se puede sostener se-
presentativo de negar la posibilidad de conocer el mundo riamente que nos equivocamos al hablar de la existe?cia
real, cuando menos de una forma directa. Sólo podemos de un mundo exterior, cuando todas las pruebas indican
experimentar nuestras representaciones mentales del mun- 10 contrario? Un idealista replicaría que los objetos fisicos
do, sin comparación posible con realidad alguna. Es como -la catedral de San Pablo, mi mesa de trabajo, los otros
si todos nos halláramos atrapados en un cine privado del seres humanos, etc.- sólo existen cuando yo los percibo;
que no podemos salir nunca. Vemos varias películas en la por tanto, no hace falta introducir la idea de la existencia
pantalla, y creemos que nos presentan el mundo tal como de un mundo real más allá de nuestra experiencia, y ésta
es, por lo menos en lo relativo a las cualidades primarias de debería bastarnos. Supongo que es mejor decir: «Allí veo
los objetos, pero, como no podemos salir de ese cine para mi guitarra" que «Tengo una experiencia visual del tipo
contrastar nuestras opiniones, nunca estamos seguros de guitarra", pero un idealista aduciría que la primera frase no
cuál es el parecido entre el mundo que nos muestran las es más que una anotación taquigráfica de la segunda. La
películas y el mundo real. expresión «mi guitarra» constituye una forma .cómoda de
Se trata de un problema característico del realismo re- referirme a un modelo repetido de expenencia sensonal,
presentantivo, porque esta teoría afirma que nuestras repre- no a un objeto fisico que existe con independencia de mis
sentacrones mentales de las cualidades primarias reprodu- percepciones. Lo que vemos no es más que la película que
cen las cualidades reales del mundo exterior. Ahora bien, se proyecta en nuestro cine individual, pero fuera de él no
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existe ningún mundo real. Si no podemos salir es porque pletamente impredecible, y entonces la guitarra aparecería
afuera no hay nada. Las películas son nuestra realidad. y desaparecería delante de mí.
Cuando nadie mira la pantalla, la luz del proyector se apa- De igual modo, un idealista explica cómo distinguir los
ga, pero la película continúa girando. Cuando yo vuelvo a sueños de la vigilia mediante la distinta conexión de las
contemplar la pantalla, reaparece la luz, y la película se en- experiencias sensoriales entre sí. En otras palabras, lo que
cuentra exactamente en el momento en que debería haber identifica una alucinación, un sueño o una experiencia de
estado si se hubiera seguido proyectando. la vida real no es sólo la naturaleza de la experiencia inme-
En consecuencia, para el idealista, los objetos existen diata, sino también su relación con otras experiencias, es
en la medida en que son percibidos. Cuando el objeto no decir, el contexto general de la experiencia.
se proyecta en la pantalla de mi cine privado, no existe.
Bishop Berkeley (1685-1753), el más famoso de los idealis-
tas, declaraba: «Esse estpercipi» o, lo que es igual: "Existir Conduce al solipsismo
es ser percibido.» Así, cuando salgo de mi habitación, ésta
deja de existir; cuando cierro los ojos, el mundo desapare- La gran crítica a la teoría idealista de la percepción se
ce; cuando retiro algo que tengo enfrente, deja de estar allí; basa en que conduce al solipsismo, esto es, a la idea de que
naturalmente, siempre que no haya otra persona que lo todo lo que existe está en mi mente, y cualquier otra cosa
perciba en ese momento. es producto de mi invención. Si únicamente puedo expe-
rimentar mis ideas, no sólo negaré la existencia de los obje-
tos fisicos, sino también la de otras personas (véase la parte
CRíTICA AL IDEALISMO dedicada a "Otras mentes», en el capítulo VI). Mis pruebas
de la existencia de otros seres humanos son las mismas que
Sueñosy alucinaciones poseo de la existencia de otros objetos; literalmente, las
pautas repetidas de información sensorial. Pero, si hemos
A primera vista, esta teoría de la percepción no podría acordado que no existen los objetos fisicos reales, sólo exis-
explicar los sueños o las alucinaciones, porque si sólo tirá una idea en mi mente, y lo restante, incluido el mun-
podemos experimentar ideas, écómo distinguir la imagina- do, será únicamente esa idea. Quizá no existe nada más.
ción de la realidad? Por continuar con el ejemplo del cine, digamos que, fuera
Sin embargo, un idealista podría explicarlo. Los objetos de mi sala de proyección privada, con su repertorio de pelí-
fisicos reales son, según su teoría, modelos repetidos de culas, nada posee una existencia. Ni existen otros cines, ni
información sensorial. Mi guitarra es un modelo de infor- hay nada fuera del mío.
mación sensorial que ocurre de un modo predecible. Mi ¿Por qué se critica en una teoría la posibilidad de aca-
experiencia visual y mi experiencia táctil de la guitarra bar en el solipsismo? Porque el solipsismo es más una en-
coinciden, porque, cuando la veo apoyada en la pared, fermedad mental, una especie de megalomanía, que una
puedo acercarme y tocarla. Es decir, mis experiencias sobre posición filosófica viable. Quizá sea más convincente re-
la guitarra se relacionan de un modo regular. Si estuviera currir a la respuesta de Jean-Paul Sartre en su obra, El sery
padeciendo la alucinación de una guitarra, no existiría nin- la nada, donde afirma que casi todo lo que hacemos impli-
guna relación entre mis experiencias, y, cuando quisiera ca la existencia de otras mentes. Dicho de otro modo, no
tocarla, no experimentaría sensaciones táctiles. Puede que es una posición que podamos aceptar con facilidad, pues
mis experiencias visuales se produjeran de un modo com- estamos tan convencidos de la existencia de los otros que

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no concebimos un comportamiento coherentemente result~ la hipótesis más aceptable de la causa de nuestra
solipsista. Tomemos e! ejemplo de dos emociones sociales: expenencia. .
la vergüenza y e! embarazo. Si me sorprenden haciendo El idealista cree que para que algo exista ha de ser per-
algo que nadie debería saber; por ejemplo, mirando por e! cibido. Una de las razones de su creencia es que resulta
ojo de una cerradura, es probable que me avergüence, pero lógicamente imposible comprobar lo contrario, porque
si fuera un solipsista, no sólo el hecho, sino el concepto nadie puede observar si mi guitarra deja de existir cuando
mismo de vergüenza, carecería de importancia. Como no la miran, ya que para establecer esa observación alguien
solipsista debería creer que sólo existe mi mente; por tanto, tiene que percibirla. Con todo, y aunque sea así, existen
no habría nadie que pudiera juzgarme. También e! emba- muchas pruebas que indican que mi guitarra sigue exis-
razo o e! pudor son absurdos en un solipsista, porque sólo tiendo cuando nadie la ve. La explicación más sencilla es
podría experimentarlos ante mí mismo. Nuestro compro- que, si nadie la mueve, la roba o la presta, continúa apo-
miso con la creencia de que existe un mundo más allá de yada en la pared cuando me levanto al día siguiente, aun-
nuestra propia experiencia es tan intenso que basta con que no haya sido percibida durante la noche: La teoría de!
demostrar el peligro de solipsismo de una posición filosó- fenomenalismo constituye un desarrollo del idealismo que
fica para desprestigiarla. tiene en cuenta esta hipótesis altamente verosímil.

Una explicación más sencilla EL FENüMENALI5Mü

Pero el idealismo se ha criticado también desde otros Como el idealismo, la teoría fenomenalista de la per-
puntos de vista. Aunque aceptáramos que sólo tenemos cepción se basa en la idea de que sólo tenemos acceso a la
acceso a nuestras propias experiencias, seguiría interesán- experiencia sensorial, nunca al mundo extenor, pero difie-
donos conocer su causa y e! porqué de las pautas regulares. re de! primero en su consideración de los objetos fisicos.
¿Por qué se adaptan nuestras experiencias sensoriales con Mientras que los idealistas afirman que nuestro concepto
tanta facilidad a lo que llamamos, en un lenguaje cotidia- de los objetos fisicos corresponde a una anotación taqui-
no, «objetos físicos»? Sin duda, la respuesta más directa es gráfica de la experiencia sensorial, los fenomenalistas como
que esos objetos fisicos existen realmente en el mundo John Stuart Mili creen que los objetos fisicos. se pueden
exterior, y que son la causa de nuestra experiencia de ellos. describir sólo según un modelo de experiencia sensonal
A eso se refería Samue! Johnson (1709-1784) cuando, en real y posible, es decir, la posibilidad de experiencia senso-
respuesta al idealismo de Bishop Berkeley, dio un puntapié rial de mi guitarra continúa aunque yo no la vea m la to-
a una gran piedra, y dijo: «Así lo refuto yo.» que. Según e! fenomenalismo, toda descripción de un ob-
Berke!ey sostenía que Dios, y no los objetos fisicos, es jeto fisico puede traducirse en la descripción de una expe-
la causa de nuestra experiencia. Dios nos ha dado un sen- riencia sensorial real o hipotética.
tido ordenado de la experiencia. Dios es capaz de perci- El fenomenalista también está atrapado, viendo pelícu-
bir todos los objetos siempre y en todo momento, por las, en su cine particular, pero, al contrario que e! idealista,
eso continúan existiendo aunque los seres humanos no que está convencido de que la película proyectada en la
los perciban. Sin embargo, como hemos visto en el capí- pantalla deja de existir cuando se vacía la sala, él pi~nsa que
tulo 1, la existencia de Dios no puede probarse. Para mu- los objetos continúan existiendo como experiencias POSi-
chas personas, la existencia de los objetos fisicos reales bles, aunque no se proyecten en ese momento en la pan-

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talla. Y, 10 que es más, cree también que todo 10 que apa- ca a otras sensaciones que ha calificado de «rojas»? Dada la
re~e, o puede aparecer, en la pantalla, es susceptible de des- escasa diferencia que existe para el fenomenalista entre ser
cripción en el lenguaje de la experiencia sensorial sin refe- rojo y la sensación de que es rojo, no se ve forma de com-
rencia alguna a los objetos físicos. ' probarlo. Es como si tratáramos de recordar a qué hora
Veamos ahora las críticas a esta teoría. pasa un tren comprobando e! recuerdo en nosotros mIS-
mos, en vez de mirar el horario real de la estación. Se trata
de una comprobación privada, nunca pública, que no po-
CRITICA AL FENOMENALISMO
demos utilizar para aseguramos de que nuestro uso públi-
co de la palabra «rojo» es correcto. Así, e! fenomenalista se
La dificultad de describir los objetos equivoca cuando intenta describir su experiencia en ese
lenguaje que se certifica a sí mismo.
. Resulta bastante dificil expresar algo sobre un objeto fi-
SICO, como. en e! caso de «la guitarra está apoyada en la
pared de mi habitación, sin que nadie la perciba» sólo en EL REALISMO CAUSAL
términos de experiencia sensorial. En efecto todo intento
de describir los objetos fisicos de este modo'ha fracasado. Esta clase de realismo dice que las causas de nuestra ex-
periencia sensorial son los objetos fisicos de! mundo exte-
rior. Su punto de partida es la observación de que las pnn-
El solipsismo y el argumento del lenguaje privado cipales funciones biológicas de los sentidos nos ayudan a
entender nuestro entorno. Las ideas sobre las cosas que nos
La teoría fenomenalista, como e! idealismo, conduce al rodean se adquieren a través de los sentidos; decir, 10 que
soli~si~mo. También aquí los otros seres humanos podrían ocurre cuando veo mi guitarra es que los rayos de luz que
ser umcamente mis expenencias perceptuales, posibles o refleja causan ciertos efectos en mi retina y en otras zonas
reales. A las objeciones al solipsismo que hemos examina- de mi cerebro, y esto produce en mí ciertas ideas sobre 10
do hasta aquí añadiremos ahora el argumento de! lenguaje que veo. La adquisición de las ideas corresponde a la expe-
pnvado, empleado por Ludwig Wittgenstein (1889-1951), riencia de ver mi guitarra.
en su obra Inuestigaciones filosóficas, a propósito de este as- Pero no todos los caminos valen para adquirir tales
pecto del fenomenalismo. creencias. En mi caso, e! hecho de ver la guitarra significa
Según la teoría fenomenalista todos identificamos y que e! instrumento es la causa de las creencias que adquie-
nombramos nuestras sensaciones particulares sólo según ro respecto a él. El enlace causal apropiado para e! acto de
nuestra expcnencia directa. Esta identificación y reidentifi- ver consiste en que e! objeto refleja los rayos de la luz en
cación de las sensaciones estriba en la experiencia privada, mi retina, y en e! consiguiente procesar~uento.de esa m~or­
no en la existencia de objetos fisicos públicos. El argumen- mación en mi cerebro. Por ejemplo, SI estuviera influido
to de! lenguaje privado demuestra que tal cosa no puede por alguna droga, es decir, alucinado, no veda la .guitarra,
ocurnr, por eso mega e! fenomenalismo. y la causa de mis ideas sería la droga que he ingerido.
Todo lenguaje depende de reglas, y éstas dependen de Ver consiste en adquirir información sobre e! mundo
que existan medros de comprobar que se aplican con co- que me rodea. Como e! realismo representativo, e! realismo
rrección. Supongamos que un fenomenalista percibe una causal acepta la existencia de un mundo extenor que sigue
sensación del color rojo, écómo comprueba que es idénri- existiendo cuando nadie 10 experimenta, y afirma que las
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145
ideas que adquirimos a través de los órganos de los senti-
dos son generalmente ciertas. Nuestros sentidos receptores CONCLUSIÓN
han llegado a ser lo que son como resultado de la selección
natural, a lo largo de toda una evolución, por eso tienden a En este capítulo hemos examinado algunas de las prin-
proporcionarnos información fiable sobre el entorno. cipales teorías filosóficas sobre el mundo exterior y nuestra
Otra de las grandes ventajas del realismo causal sobre las relación con él. En el próximo abordaremos esa forma con-
teorías rivales de la percepción es que puede interpretar con creta de conocerlo que llamamos investigación científica.
facilidad cómo afectan a nuestras percepciones los conoci-
mientos previos. Al adquirir los datos, nuestro sistema de
clasificación y nuestro conocimiento previo influyen direc- OTRAS LECTURAS
tamente en el trato que damos a la información nueva, por
tanto lo que seleccionamos e interpretamos tiene mucha Los argumentos escépticos de René Descartes aparecen
importancia. Volveremos sobre esto en el apartado dedica- en la primera de sus Meditaciones, y el argumento del «cogi-
do a la «Observación" en el próximo capítulo. to ergo sum», al principio de la segunda. Ambas se hallan
en Discurso delmétodo (Madrid, Tecnos, 1990) y Meditacio-
nes metafísicas (Madrid, Alfaguara, 1977). La mejor intro-
CRíTICA AL REALISMO CAUSAL ducción a la filosofla de Descartes se puede encontrar en la
entrevista a Bernard Williams, en Los grandes filósofos (Ma-
La experiencia de ver drid, Cátedra, 1990), editado por Bryan Magee, una obra
que ya he recomendado aquí, y también en su libro Descar-
La principal crítica al realismo causal sostiene que no tes. Elproyecto de la investigación pura (Madrid, Cátedra, 1996).
explica satisfactoriamente en qué consiste ver algo; es de- The British Empiricists (Londres, Penguin, 1990), de Ste-
cir, cuál es el aspecto cualitativo del acto de ver, pues redu- phen Priest, otro libro recomendado en la introducción a
ce la percepción a una especie de recopilación de datos. éste, incluye un análisis de muchos de los temas abordados
Sin embargo, el realismo causal constituye, por el momen- en este capítulo.
to, la teoría de la percepción más satisfactoria. A Guide Through the Theory ofKnowledge (2.' ed., Oxford,
Blackwell, 1997), de Adam Morton, proporciona una clara
introducción a la epistemología. En cuando a The Problem
Acepta el mundo real ofKnowledge, de A. J. Ayer (Londres, Penguin, 1956), sigue
siendo útil, aunque ha quedado algo anticuado.
El realismo causal acepta la existencia de un mundo Los problemas de lafilosofía (Barcelona, Labor, 1991), de
real externo a nosotros, con independencia de que lo per- Bertrand Russell, sigue siendo una obra de lectura útil. Se
cibamos. Esto se conoce como aserto metaflsico; dicho de trata de una breve introducción a la filosofía, centrada en
otro modo, se trata de un aserto sobre la naturaleza de la cuestiones epistemológicas, que se ha venido recomendan-
realidad. Un partidario del idealismo no podría aceptarlo, do en la universidad a los estudiantes interesados en la filo-
pero el realismo causal halla un punto a su favor y en con- sofla durante la mayor parte del siglo xx.
tra de sus críticos en el hecho de que la mayor parte de los
seres humanos creen que existe un mundo real e indepen-
diente de ellos mismos.

146 147
CAPITULO V

La ciencia

La ciencia, que ha sido capaz de enviarnos a la Luna,


de curar la tuberculosis y de inventar el avión, el automó-
vil, la televisión, los ordenadores y la bomba atómica, en-
tre otros muchos ingenios, ha cambiado la vida cotidiana.
El método científico se considera la forma más efectiva de
conocer y pronosticar el funcionamiento de la Naturaleza.
Como es sabido, no todos los inventos de la ciencia han
redundado en beneficio de los seres humanos; muchas ve-
ces se han empleado en mejorar la vida humana, pero mu-
chas otras también han servido para destruirla. Sería difi-
cil, sin embargo, negar los éxitos cosechados por la cien-
cia en la manipulación del mundo natural. La ciencia pro-
duce resultados; a su lado, la brujería, la magia, la supers-
tición o, sencillamente, las tradiciones, tienen poco que
ofrecer.
Si 10 comparamos con las formas anteriores de adquirir
conocimiento, el método científico representa un gran
avance. Desde el punto de vista histórico, la ciencia ha veni-
do a sustituir a la auctoritas, es decir, a la aceptación como
verdad incontrovertible de la opinión de algunas «autori-
dades» de gran prestigio, especialmente las obras de Aris-
tóteles (384-332 a.C.), el filósofo griego, que han llegado
hasta nosotros, y las enseñanzas de la Iglesia; no por 10 que

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dicen, sino por quién lo dice. Contrariamente, el método investigación para llegar a la teoría y producir una gene-
científico, antes de afirmar algo, procede a la comproba- ralización (o aserto de carácter universal) con capacidad
ción y al análisis minucioso de los resultados. predictiva. Si la generalización es buena, será considerada
Pero, a qué se llama método científico? ms efectiva-
é una ley natural. La ciencia produce resultados objetivos
mente tan fiable como creemos? ¿Cómo progresa la cien- que se confirman siempre que se repiten las pruebas ori-
cia? Tales son las preguntas que se formulan los filósofos ginales.
de la ciencia. Aquí abordaremos algunos problemas gene- Sorprende hasta qué punto está extendido este modo
rales relacionados con la naturaleza del método. de concebir el método científico, incluso entre los profe-
sionales de la ciencia, teniendo en cuenta que presenta mu-
chos aspectos poco satisfactorios. Sus rasgos más impor-
LA CONCEPCIÓN INGENUA DEL MÉTODO CIENTÍFICO tantes son la índole de la investigación y el argumento
inductivo.
Una descripción ingenua, aunque suficiente, del mé-
todo podría ser como sigue: lo primero que hace el cientí-
fico es someter a observación un aspecto concreto del CRiTICA A LA CONCEPCIÓN INGENUA
mundo; por ejemplo, lo qué ocurre cuando se calienta el
agua. La objetividad de sus observaciones ha de ser máxi- La investigación
ma, pues el científico debe aspirar a registrar datos que no
estén lastrados por los prejuicios. Una vez que ha reunido Hemos visto que, según el concepto elemental del mé-
un elevado número de datos basados en observaciones, el todo científico, el primer paso consiste en hacer observacio-
siguiente paso consistirá en crear una teoría que los inter- nes objetivas antes de formular las teorías que las interpre-
prete. Si es buena, la teoría interpretará lo ocurrido hasta tan. Pero esta forma de describir la investigación resulta
ahora y podrá predecir lo que ocurrirá en el futuro. En caso bastante inexacta. La concepción ingenua da por supuesto
de que el futuro no confirme sus predicciones, el científi- que las ideas y las expectativas no afectan a la investigación,
co las adaptará modificando la teoría. La enorme regulari- cuando lo cierto es que no existen observaciones comple-
dad que presenta el mundo natural permite un alto grado tamente libres de prejuicios.
de precisión en las predicciones científicas. Como ya sugerí en el capítulo anterior al discutir la per-
Supongamos que el científico calienta el agua a cien cepción, ver una cosa no es sólo tener una imagen en nuestra
grados, en condiciones normales, y observa que ésta entra retina. 0, como dice el filósofo N. R. Hanson (1924-1967):
en ebullición y se evapora; a partir de ese momento, regis- «Hay más cosas en la visión de las que caben en el globo
trará otras observaciones sobre el comportamiento del ocular.» Nuestro conocimiento y expectativas de lo que
agua sometida a distintas presiones y temperaturas. Con somos capaces de ver afecta a lo que realmente vemos. Por
esta base, construirá una teoría sobre el punto de ebulli- ejemplo, cuando contemplo el trazado de una línea telefó-
ción del agua en relación con la temperatura y la presión. nica, lo que yo veo es sólo una mezcla caótica de cables de
Si la teoría es buena, además de proporcionar una inter- diversos colores; por su parte, un ingeniero de telecomu-
pretación de las observaciones personales del científico, nicaciones que contemplara la misma cosa vería modelos
explicará y anticipará las observaciones futuras del com- de conexiones y cosas semejantes. El trasfondo de creen-
portamiento del agua a distintas temperaturas y presiones. cias que posee el ingeniero de la comunicación afecta a lo
Desde este punto de vista, el método científico parte de la que realmente ve. No es que el ingeniero y yo tengamos

150 151
una misma experiencia visual que luego interpretamos de ción ingenua del método científico, porque, en la mayor
distinta manera: la experiencia visual, como la teoría cau- parte de los casos, mi escenario mental modifica significa-
sal realista de l~ percepción subraya, no se deja separar de tivamente 10 que veo.
nuestras creencias relativas a lo que estamos viendo.
. Como nuevo ejemplo de este punto, pensemos en la
diferencia entre lo que un físico entrenado ve cuando La expresión de las observaciones
mira un electrón a través del microscopio y lo que una
persona con sólo una cultura pre-científica vería con ese Un segundo problema de la investigación en el contexto
mismo equipo. El fisico entendería las interrelaciones científico, que la concepción ingenua no afronta, es la expre-
entre las diferentes partes del instrumento que tiene entre sión de las observaciones. El científico debe expresar 10 que
manos, conocería la manera de utilizarlo y lo que podría observa en una lengua, que, a su vez, contiene numerosos
hacerse con él. Para la persona que sólo cuenta con una principios teóricos. No existe ninguna expresión completa-
cultura pre-cienrífica, el instrumento que tenía ante sus mente neutra; es decir, la expresión de las observaciones está
OJos no sería presumiblemente más que un ininteligible «cargada de teoría». Pensemos que el sencillo ejemplo de una
revoltijo de trozos de metal y alambres unidos de manera frase tan cotidiana como: «Al tocar el cable pelado, recibió
misterrosa. una descarga eléctrica» implica el conocimiento de la exis-
Naturalmente, entre las diversas formas de ver se dan tencia de la electricidad y de los peligros que ésta representa.
grandes coincidencias que facilitan una comunicación de El empleo por parte del hablante del adjetivo «eléctrica»
otro modo imposible. Sin embargo, la concepción ingenua supone toda una teoría de las causas del daño sufrido por la
del mét~do c!entífico descuida un aspecto fundamental de persona que ha tocado el cable. Por tanto, la comprensión
la Investlgacl~n: 10 que vemos no se reduce a las imágenes de la idea implica unas teorías del conocimiento de la fisio-
de la retma, smo que depende de lo que se ha denomina- logía y de la electricidad. Los asertos teóricos se construyen
do el «escenario mental», creado por las ideas, las expecta- en la propia descripción del fenómeno. Dicho de otro
trvas y, en este caso, también, por la formación cultural de modo, la expresión de una investigación clasifica la expe-
cada cual. riencia de una determinada forma, pero el hecho cierto es
No obstante, algunas observaciones se resisten obstina- que existen otras muchas fonnas posibles de clasificarla.
damente a dejarse influir por las creencias. Aunque sé que La expresión de un aserto científico como: «El calor
e} tamaño de la luna no es mayor cuando se acerca a la modifica la estructura molecular de la materia» supone la
línea del horizonte que cuando se encuentra en su cenit existencia de teorías muy elaboradas. La concepción inge-
no puedo evitar que me lo parezca. Mi percepción de la nua no aprecia el hecho de que, previa a la supuesta ob-
luna, en este caso, no se ve influida por mis ideas cons- servación objetiva, existe siempre una teoría. Lo que se ve
cientes. Naturalmente, no diré que «es» mayor, sino que depende de 10 que se sabe, y las palabras que se eligen para
«parece» mayor? lo cual supone ya la existencia de una teo- describirlo suponen siempre la existencia previa de una
na, I'~ro no deja de constituir un ejemplo de que mi per- teoría de la índole de la cosa observada. Estos dos hechos
c~p<;lOn puede resultar Inmune a la influencia de mis cono- indiscutibles invalidan el concepto de observación neutra
cirmentos. Vemos, pues, que la relación entre lo que sé y y objetiva.
lo ql;le veo no es tan directa como suele creerse, y que el
bagaje de conocirrnentos no ~Iempre cambia la percepción.
Pero este planteamiento no Invalida la crítica a la concep-

152 153
vivíparos, y aunque hubiera realizado miles de observacio-
La selección nes, mi conclusión inductiva de que todos los animales de
pelo son vivíparos podría ser cierta o falsa. En efecto, la
Un terce~ aspecto de la investigación sería, precisamente, existencia del ornitorrinco con pico de pato, un upo pecu-
que el cienrífico no se Iimira a «observar», es decir, a regis- liar de animal cubierto de pelo que pone huevos, demos-
trar tod,os y cada uno de los cálculos y todos y cada uno de traría la falsedad de mi generalización.
l?s fenomenos, porqu~ es? resultaría materialmente impo- Todos utilizamos constantemente este tipo de argumen-
sible. Lo que hace el científico es elegir unos determinados to inductivo. Puesto que siempre he tomado café y nunca
aspectos de la cuestión, para concentrarse en ellos. Tam- me he envenenado, el argumento inductivo me hace pensar
bién esta elección implica la existencia de una teoría. que nunca moriré envenenado por un café. Según rru expe-
riencia, el día sucede siempre a la noche, por tanto deduz-
co que esa sucesión nunca dejará de ocurrir. Como me he
EL PROBLEMA DE LA INDUCCIÓN mojado todas las veces que me he expuesto a la lluvia, de-
duzco que el futuro será igual que el pasado y, SIempre que
La ~oncepciót; ingenua del método científico se pue- puedo, evito permanecer al raso cuando llueve. En todos
de cntlcar también por su dependencia de la inducción. estos casos utilizamos la inducción. Nuestra vida entera se
EXIsten dos tipos de, argumento: el inductivo y el deduc- basa en el hecho de que la inducción permita hacer predic-
tivo. El argum~nto In?UCtlVO implica una generalización ciones bastante fiables tanto sobre el mundo que nos rodea
basada en un CIerto numero de observaciones específicas. como sobre los posibles resultados de. nuestros actos. Sin e~e
A partIr de un elevado número de observaciones sobre los principio de inducción, nuestra relación con el medio sena
animales de pelo, puedo concluir que todos ellos son vi- caótica porque careceríamos de fundamento para pensar
víparos (es decir, paren fetos desarrollados y no ponen que el futuro puede ser como el pasado. No habría medio de
hu;evos). En, ese caso, estaría empleando una argumenta- saber si la comida nos alimenta o nos envenena; o de estar
Clan Inductiva. El argumento deductivo, por el contra- seguros de que el suelo que nos ha sostenido al dar un. paso
no, comienza por ~sta?lecer unas premisas concretas, para seguirá sosteniéndonos en el otro o SI, por el contrano, se
llegar a la conclusión lógica que se SIgue de ellas. Por ejem- abrirá un abismo a nuestros pies, etc. Toda la regulandad
plo, de las premIsas: «Todas las aves son animales» y predictiva del medio quedaría expuesta a la duda.
«Todos los CIsnes son aves» se sigue que los cisnes son ani- No obstante, y pese a que la inducción desempeña un
males. papel fundamental en la vida de todos los seres humanos,
, El ar~mento deductivo se basa en la verdad de sus pre- no resulta enteramente fiable. Como ya hemos VIStO, es
misas; SI estas son CIertas, la conclusión 10 será también posible que su respuesta a la hipótesis de que todos los ani-
pues si las conclusiones niegan las premisas caemos en una males cubiertos de pelo sean vivíparos resulte falsa. Sus con-
contradicción. Así pues, en el caso de que «todas las aves clusiones nunca son tan fiables como las de los argumentos
son animales» y «todos los cisnes son aves» constituyan dos deductivos que parten de premisas ciertas. Para ilustrar esta
premisas CIertas, la conclusión «todos los cisnes son ani- cuestión Bertrand Russell empleó en sus Problemas defiloso-
m~les» será igualmente cierta. Por el contrario, la conclu- fía el ejemplo de una gallina que todos los días se despierta
sion de los argumentos inductivos, con premisas ciertas, pensando que hoy vendrán a alimenta~la, porque ayer la ali-
puede no serlo. Aunque mis observaciones sobre los ani- mentaron. Pero 10 que ocurre una manana es que el granJe-
males de pelo hayan sido correctas, y todos ellos fueran ro le retuerce el pescuezo. La gallina se había servido de un

154 155
argumento inductivo basado en múltiples observaciones. otras hipótesis pueden explicar la presencia de las entrañas,
¿Seremos nosotros tan tontos como la gallina cuando nos no explican, sin embargo, la placidez de mi gato. Este modo
basamos en la inducción? ¿Se justifica nuestra fe en ese de razonar es sumamente importante en la ciencia y en la
método? David Hume expuso el llamado problema de la vida diaria. Mas, como el mismo ejemplo muestra, no es
inducción en su Tratado sobre la naturaleza humana. ¿Cómo absolutamente fiable. Siempre hay alguna otra posible
se justifica la confianza en un método de argumentación tan explicación de la misma evidencia. Mi esposa podría haber
escasamente fiable? Se trata de un problema muy im- deseado incriminar al gato y elegir para ello un día en el que
portante para la filosofía de la ciencia, porque, al menos éste se mostrara particularmente perezoso y siguiera dur-
según la teoría elemental que acabamos de ver, la inducción miendo durante su habitual hora de la cena. Así pues, la
desempeña un papel decisivo en el método científico. conclusión de una Inferencia a la Mejor Explicación no se
sigue inevitablemente de las premisas, como ocurre con el
argumento deductivo válido. Y esto suscita a su vez todo
Inferencia a la Mejor Explicación tipo de cuestiones respecto al modo de determinar cuál
pueda ser la mejor explicación posible y por qué razones.
No todos los argumentos inductivos adoptan la forma Los filósofos difieren entre sí respecto a la cuestión de
acabada de describir. Otro importante tipo de argumenta- si la Inferencia a la Mejor Explicación puede o no ser
ción no deductiva es el que se conoce como Inferencia a la mejor descrita como una forma de inducción. No obstan-
Mejor Explicación o, menos frecuentemente, como abduc- te, todos ellos reconocen que la verdad de las premisas de
ción. Con este tipo de argumentación no nos movemos un argumento de este tipo no garantiza la verdad ~e la con-
simplemente desde observaciones pasadas a predicciones clusión. En este respecto, las Inferencias a la Mejor Exph-
generales para el futuro. En lugar de ello juzgamos sobre cación no poseen la fiabilidad de los argumentos deducti-
la plausibilidad de una hipótesis en términos del tipo de vos. Mas esto no debe entenderse como una crítica a este
explicación que ella ofrece. La mejor hipótesis es aquella tipo de inferencias. Recurrimos a este modo de razonar
que explica más. Así, por ejemplo, si cuando vuelvo a casa precisamente en aquellas circunstanc~as en las que la de-
descubro tripas de ratón dispersas por la cocina y a mi gato ducción es imposible; cuando, por ejemplo, tratamos de
durmiendo relajada y plácidamente a la misma hora en que entender la causa o explicación de alguna cosa y hay más
usualmente maúlla desesperadamente exigiendo su comi- de una explicación plausible del modo en que esas cosas
da, la mejor explicación de lo que ha ocurrido en mi ausen- llegaron a ser tal como ahora son.
cia es que el gato ha cazado y devorado un ratón y luego
se ha echado a dormir. Yo veo la evidencia, pero no deduz-
co la conclusión: hay otras posibles explicaciones de lo que Otro aspecto delproblema de la inducción
pueda haber sucedido.
Porejemplo, 9ue otro gato hubiese entrado por la gate- Hasta aquí hemos tratado el problema de la inducción
ra y dejado las tnpas de un ratón en el suelo de la cocina. en tanto que justificación de las generalizaciones acerca del
O quizá que mi esposa, tratando de engañarme, hubiera futuro basándonos en el presente, pero existe otro aspecto
matado y descuartizado al ratón dejando allí sus entrañas que aún no hemos visto. En efecto, las generalizaciones
para incriminar al gato. Mi conclusión de que fue mi gato que puedo establecer basándome en el pasado conocido
el que mató y devoró al ratón es, sin embargo, la más plau- son numerosas y muy distintas entre sí, aunque todas guar-
sible en aquel contexto. Y ello es así porque, aunque las den una coherencia con los datos disponibles. Sin embar-

156 157
go, estas generalizaciones diferentes me obligan a hacer
predicciones de futuro completamente distintas. Un filóso- LAS POSIBLES SOLUCIONES AL PROBLEMA DE LA INDUCCIÓN
fo contemporáneo, Nelson Goodman (1906-1998), ha in-
tentado explicarlo con el ejemplo de la palabra verdul, que, Es útil
si bien un poco efectista, resultará muy útil aquí.
. Goodman acuñó el término «verdul» para poner de re- Una de las respuestas al problema de la inducción po-
lieve este segundo aspecto del problema de la inducción. dría ser que nuestra confianza en este método no sólo es
«Verdul» es una palabra inventada para referirse a un co- universal, sino también razonablemente provechosa, dado
lor. Una cosa es verdul si cuando se la examina antes del que la mayor parte de las veces constituye un modo muy
año 2000 aparece como verde, pero que si no ha sido exa- útil de descubrir la regularidad del mundo natural y de pre-
minada todavía se presenta como azul. Goodman escri- decir su comportamiento futuro. Ya hemos dicho que
bía esto antes del año 2000: en nuestra presente discusión, la ciencia nos ha permitido viajar a la Luna; por tanto, si la
he sustituido «2000» ,por «2100» simplemente para alargar ciencia se basa en ese principio, disponemos de pruebas
la aplicabilidad del ejemplo. Contamos con una experien- suficientes para justificar nuestra confianza. Naturalmente,
CIa suficiente para poder afirmar que la generalización siempre existe la posibilidad de que mañana no salga el Sol,
«Todas las esmeraldas son verdes» es verdadera. Mas nues- o de que, como a la gallina, nos rompan el cuello cuando
tra experiencia es igualmente consistente con la afirmación nos despertemos, pero no poseemos ningún método me-
«Todas las esmeraldas son verdules» (asumiendo que todas jor. Ninguna otra forma de argumentación nos ayuda a
las observaciones hayan sido realizadas antes del año 2100). predecir el futuro mejor que el principio de inducción.
Pero tanto si decimos que todas las esmeraldas son verdes Una objeción a esta defensa podría ser que ella misma
como si afirmamos que todas son verdules, esta afirmación descansa en el principio de inducción. Dicho de otro modo,
tendrá que afectar a nuestras predicciones relativas a la ob- se trataría de un círculo vicioso, porque se basa en la posi-
servación de esmeraldas después del año 2100. Si afirma- bilidad de que la inducción que nos ha servido hasta este
mos que todas las esmeraldas son verdules, entonces ten- momento de la vida continúe sirviéndonos mañana, lo cual
dremos que predecir que algunas esmeraldas examinadas establece una generalización fundamentada en un número
después del año 2100 se mostrarán azules. Las que fueron concreto de ejemplos dentro de un proceso de inducción,
examinadas antes del año 2100 seguirán siendo verdes, y y, por tanto, es en sí misma un argumento inductivo. Pero
las que no fueron examinadas antes del año 2100 se mos- un argumento inductivo no justifica satisfactoriamente el
trarán azules. Pero si, como nuestra inclinación nos dicta empleo de la inducción; por el contrario, constituye una
decimos que todas las esmeraldas son verdes, lo que esta~ petición de principio que presupone lo que pretende pro-
mas haciendo es predecir que todas ellas se mostrarán ver- bar, esto es, que la inducción está justificada.
des una vez examinadas.
Este ejemplo demuestra que las predicciones que se ba-
san en la inducción no son las únicas que podemos hacer La evolución
empleando las pruebas disponibles. Por tanto, no sólo lle-
gamos a la conclusión de que nuestras predicciones induc- Las afirmaciones universales, es decir, todas aquellas
tivas no son fiables al cien por cien, sino que ni siquiera que comienzan diciendo: «Todo ... », como «Todos los cis-
son las únicas coherentes con las pruebas acumuladas a lo nes son blancos», presuponen la semejanza dé dos indivi-
largo del tiempo. dualidades que hemos agrupado. En este caso, debe existir

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una semejanza entre todos los cisnes individuales para que
tenga sentido agruparlos. Como hemos visto en el caso del creer, basándonos en la inducción, que brillará como siem-
uerdul, sin embargo, no hay una sola forma de clasificar las pre el firmamento.
cosas que vemos en el mundo o las propiedades que les No obstante, se puede objetar que la probabilidad en sí
asignarnos. SI mañana llegaran unos extraterrestres, quizá misma es susceptible de cambio. La convicción en la pro-
traerían ~ategorías muy diferentes a las nuestras, que les bable repetición de un acontecimiento en el futuro se basa
conducirían a predicciones inductivas distintas a las que en la frecuencia con que aquél ha ocurrido en el pasado,
hacemos nosotros. pero la única justificación de que se repetirá en el futuro es
COI? todo, como indica el ejemplo de uerdul, algunas en sí misma inductiva. Así pues, estamos ante un argu-
generaliz~Clon;s nos ~arecen más naturales que otras. La mento circular que descansa en la inducción para justificar
explicación mas verosímil que podemos dar a este hecho nuestra confianza en ella.
es de tipo evolucionista: los seres humanos hemos nacido
con un grupo de categorías genéticamente programadas,
en las que introducimos la experiencia. Como especie, y a EL FAL5ACIONI5MO: CONJETURA y REFUTACIÓN
través de un proceso de selección natural, hemos alcanza-
do la tendencia a hacer generalizaciones inductivas que Otra salida al problema de la inducción, en lo que ata-
predicen con Cierta verdad el comportamiento del mundo ñe a la ciencia, sería negar que constituye el fundamento
que nos rodea. Esas tendencias entran en juego cuando ra- del método científico, tal como hace el falsacionismo, la fi-
zonamos inductivamente, es decir, nuestra tendencia natu- losofla de la ciencia defendida por Karl Popper (1902-1994)
ral a agrupar la experiencia del mundo nos mueve a reali- y quienes opinan lo mismo que él. Según los falsacionistas,
zar predicciones fiables. Aunque la exposición que acaba- la concepción ingenua de la ciencia está en un error. Los
mos de hacer no haya logrado justificar la confianza en el científicos no comienzan por las observaciones, sino por la
método inductivo, al menos nos brinda una explicación teoría. Ni las teorías científicas ni las llamadas leyes natura-
de flor qué la depositamos en él y de por qué no solemos les aspiran a la verdad; son sólo intentos especulativos de
equrvocarnos. analizar los distintos aspectos del mundo natural, es decir,
conjeturas y suposiciones bien informadas, pensadas para
avanzar a partir de unas teorías previas.
La probabilidad Las conjeturas se hallan, pues, sometidas a comprobación
experimental, pero esa verificación tiene una finalidad con-
Otra respuesta al problema de la inducción es admitir creta, que no aspira tanto a confirmar la conjetura como a
que, si bien nunca estamos seguros al cien por cien de la probar que es falsable. La ciencia no trabaja para probar la ver-
conclusión de un argumento inductivo, podemos defender dad de las teorías, sino su falsabilidad. Toda teoría que de-
la probabilidad de su certeza. Las llamadas leyes de la Na- muestra ser falsa se descarta o, cuando menos, se modifica.
turaleza que la ciencia ha descubierto no están absoluta- Por tanto, la ciencia progresa mediante la conjetura y la refu-
mente probadas; son sólo generalizaciones con una eleva- tación. No podemos conocer con certeza la absoluta verdad
da probabilidad de ser ciertas, de tal modo que se confir- de una teoría, porque toda teoría puede ser falsable en prin-
man en cada investigación que realizamos para probarlas. cipio. Esta forma de ver las cosas se adapta bien al progreso
Esta respuesta suele denominarse probabilismo. No pode- de la historia de la ciencia: la concepción tolemaica del uni-
mos asegurar que el sol vuelva a salir mañana, pero podemos verso, que situaba la Tierra en su centro, fue sustituida por la
copernicana; la flsica de Newton, por la de Einstein, etc.
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lidad, da paso a una teoría convincente, que otras se encar-
El falsacionismo presenta al menos una gran ventaja garán de desarrollar.
sobre la concepción ingenua de la ciencia, porque un solo Un examen atento de ciertas hipótesis que se han con-
ejemplo de falsabilidad basta para invalidar una teoría, siderado científicas podría demostrar que no son s~scepti­
mientras que todas las observaciones que hagamos para bies de comprobación, es decir, que no existe una m,:,estl-
confirmarla nunca bastarán para lograr la absoluta certeza gación que pueda demostrar que son falsables. El pSlCO~­
de que sirve para cualquier investigación futura. Se trata de nálisis es, desde este punto de vista, una de las teonas mas
un aspecto de los asertos universales. Si digo: «Todos los cis- controvertidas. Algunos falsacionistas sostienen que mu-
nes son blancos», basta con encontrar un solo caso de cisne chas de las ideas del psicoanálisis no son falsables desde la
negro para desmentir mi teoría. Aunque hubiera visto dos perspectiva lógica y que, l'or tanto, resultan acient.íficas.
millones de cisnes blancos, el próximo podría ser negro. Por ejemplo, si el psicoanalista considera que los suenas de
Dicho de otro modo, es más fácil desmentir una generali- un paciente tratan en realidad de un conflicto sexual sm .
zación que confirmarla. resolver, que se remonta a su infancia, no existe un m~do
de llevar a cabo una investigación que lo falsifique. SI el
paciente niega el conflicto, el psicoanalista creerá que ese
Lafalsabilidad dato confirma que el paciente reprime algún recuerdo,
pero si el paciente admite la interpretación, lo enten?erá
El falsacionismo proporciona también un modo de dis- como una confirmación de su hipótesis. Así pues, su Idea
tinguir las hipótesis genuinamente científicas de otras sin no es falsable, y nada aporta a nuestro conocimiento del
importancia para la ciencia. La prueba de la utilidad de mundo, y, por tanto, según los falsacionistas, se trata
una teoría es su grado de falsabilidad. Una teoría será inú- de una hipótesis seudocientífica. Sin embargo, el hecho de
til para la ciencia, es decir, no resultará científica en abso- que una teoría no pueda llamarse científica, en el senti-
luto, cuando ninguna de las posibles investigaciones sea do que acabamos de exponer, no significa que carezca por
capaz de demostrar su falsabilidad. Por ejemplo, es relati- completo de valor. Popper está convencido de que muchas
vamente sencillo idear pruebas para hacer falsable la hi- de las ideas del psicoanálisis podrían probarse, pero en su
pótesis: «En España llueve sobre todo en las llanuras», form~ precientífica no se consideran hipótesis útiles para la
mientras que resulta imposible demostrar la falsabilidad de ciencia.
«puede que hoy llueva y puede que no», ya que este último La ciencia rechaza las hipótesis que no se pueden
aserto es verdadero por definición, y no cabe hacer obser- probar porque, al no haber posibilidad de refutarlas. y
vaciones empíricas; por tanto, no se trata de una hipótesis sustituirlas por otras mejores, frenan su progreso, es decir,
científica. frustran el proceso de conjeturas ~ refutaciones ql;le la
Los asertos más susceptibles de ser falsables son tam- caracteriza. La ciencia progresa equivocándose, mediante
bién los más útiles para la ciencia. Muchos asertos se teorías falsables, sustituidas por otras mejores. En este sen-
expresan con vaguedad, lo que dificulta su comprobación tido, se puede decir que está plagada de ensayos y errores.
y la interpretación de los resultados. De un aserto audaz y Los científicos formulan una hipótesis, comprueban SI es
falsable se puede probar enseguida su verdad o su falsedad, falsable y, si es así, la sustituyen por otra que recibirá el
o se resiste a todo intento de falsabilidad, pero, de cual- mismo tratamiento. Las hipótesis sustituidas -errores-
quier modo, supone una contribución al progreso científi- contribuyen a desarrollar el conocimiento del mundo que
co, porque si resulta falsable producirá una hipótesis que nos rodea. Por el contrario, las teorías falsables desde el
no puede refutarse con facilidad, y si se resiste a la falsabi-
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punto de vista de la lógica tienen escaso interés para la de muchas observaciones que lo confirman. No obstante,
CIenCIa. esta teoría debe adaptarse en parte y reconocer el papel
La mayor parte de las teorías revolucionarias proceden desempeñado por la confirmación de las hipótesis.
de conjeturas audaces e imaginativas. Popper destaca la
imaginación creativa que se necesita para idear una teoría
nueva, y con ello proporciona una explicación mucho El error humano
más convincente de la creatividad científica que las deduc-
ciones lógicas a partir de observaciones de la concepción El falsacionismo corre el riesgo de destruir toda una teo-
mgenua. ría por un solo caso de falsabilidad. En la práctica, sin em-
bargo, en todo estudio o experimento científico hay tantos
componentes que siempre queda lugar para el error o la
mala interpretación de los resultados. Puede fallar el cálcu-
CRíTICA AL FAL5ACrüNI5Mü
lo de los recursos, puede ser poco fiable la recogida de da-
tos, en cuyo caso un científico no debería cejar en su em-
El pape! de la confirmación peño porque una sola observación desmintiera en aparien-
cia la teoría.
Una de las críticas planteadas al falsacionismo es que Popper estaría de acuerdo con esta afirmación, pues,
no tiene en cuenta, según sus críticos, el papel que desem- aunque desde el punto de vista lógico un ejemplo de fal-
peña en la ciencia la confirmación de las hipótesis. Al con- sabilidad puede destruir una teoría, él no propone que los
centrarse en la falsabilidad, desprecia los efectos de las pre- científicos abandonen una hipótesis nada más encontrarse
dicciones acertadas en la aceptación de una teoría científi- con un caso de aparente falsabilidad. El científico ha de ser
ca. Por ejemplo, si formulo la hipótesis de que la tempera- escéptico e investigar toda posible fuente de error.
tura de ebullición del agua varía en forma constante según
la presión atmosférica a la que se realiza el experimento,
esto me permitirá hacer varias predicciones sobre la tempe- Desprecia e!desarrollo histórico
ratura de ebullición del agua a presiones distintas, lo cual
podría llevarme a establecer con precisión que un monta- El falsacionismo no valora la mayor parte de los desa-
ñero no puede prepararse una buena taza de té a mucha rrollos de la historia de la ciencia. La revolución coperni-
altura, porque el agua rompería hervir a menos de 1000, Y cana, es decir, el descubrimiento de que el Sol está situa-
las hojas de té no se empaparían lo suficiente. Si mis pre- do en el centro del universo y la Tierra y los planetas giran
dicciones demuestran ser ciertas, mi teoría se verá respal- alrededor de él, constituye un buen ejemplo de que los ca-
dada. El falsacionismo, como acabamos de ver, desprecia sos de falsificación no suelen hacer que los grandes cien-
este aspecto de la ciencia. Las predicciones correctas, basa- tíficos abandonen sus hipótesis. Los cambios del modelo
das en hipótesis, desempeñan un papel significativo para el científico de la Naturaleza no se producen mediante un
desarrollo científico, especialmente cuando esas hipótesis proceso de conjetura y refutación, pues se necesitan varios
son originales. siglos de evolución de la física para comparar la teoría con
Pero esto no desmiente por completo el falsacionismo, las observaciones.
porque la fuerza lógica de una sola observación capaz de De igual modo, la teoría de la gravedad de Isaac N ew-
demostrar la falsabilidad de algo es siempre mayor que la ton (1642-1727) parecía falsa a la luz de las observaciones

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de la, órbita lunar 9ue se llevaron a cabo poco después de
que ella hiciera publica, y tuvo que pasar mucho tiempo es utilizado a menudo con un carácter peyorativo para
para que se supiera que aquellas observaciones eran erró- referirse a todo un abanico de tales posturas.
neas. Contra la aparente refutación, Newton y otros defen-
dieron la teoría de la gravedad e hicieron posible el pro-
greso de la ciencia. Sin embargo, según las ideas de Popper, CRIncA DEL CIENCISMO
la teoría de N ewton habría sido descartada.
. Estos dos ejemplos demuestran que la teoría falsacio- Empobrecida consideración de la explicación
rusta no siempre se ajusta a la historia de la ciencia real y
que nece~ita modificar algunos elementos para dar u~a El tipo de explicación que los ciencistas persiguen es
expli~aclOn adecuada de cómo se sustituyen las teorías general. Todos ellos buscan generalizaciones legiformes
científicas, Thomas Kuhn (1922-1995) sostiene en su obra que tengan aplicación a un amplio abanico de situaciones.
que en los momentos decisivos de la historia de la ciencia Pero cuando se pretende explicar, por ejemplo, una particu-
s~ crea un paradigma nuevo, un marco completamente dis- lar relación entre dos seres humanos en términos exclu-
tinto de interpretación, En tales momentos no existe una sivos de respuestas fisiológicas, herencia genética, condicio-
intención racional de destruir el paradigma refutado por el namiento infantil, etc., se anula la posibilidad de explicar,
peso de las pruebas en su contra. Los paradigmas radical- por ejemplo, la experiencia vital de sentir amor (u odio)
mente nuevos destruyen las ideas que han dirigido la cien- -un estado emocional que puede ser más profundamente
era hasta ese momento porque presentan ideas nuevas, tratado por un novelista o por un poeta que por un psicó-
nuevas mterpretacrones de las pruebas y un nuevo conjun- logo experimental. De manera similar, los que asisten a un
to de problemas a resolver. La justificación del nuevo para- concierto para disfrutar de la música simplemente como
dig~a no procede del. marco en el que se desarrolló el pa- oyentes, no necesitan para nada los complejos análisis de
radigma anterior. La ciencia no progresa mediante un pro- la armonía que ofrece el musicólogo o la explicación del
ceso de conjeturas y refutaciones, sino mediante una serie oído que da el fisiólogo. Las explicaciones científicas tie-
de cambios de paradigma. nen su lugar propio, pero no son en modo alguno la pana-
cea universal. La principal objeción contra el ciencismo es
su excesiva valoración de la explicación científica.
CIENCISMO

Con frecuencia se suelen emitir audaces afirmaciones CONCLUSIÓN


sobre el alcance de la ciencia. Algunos sostienen incluso
que la ciencia puede, explicar todo lo que es importante En este capítulo nos hemos centrado en los problemas
resp~cto ,a la condición humana. SI algo no se deja expli- de la inducción y el concepto falsacionista de ciencia. Aun-
car cientfficamente, sostienen los defensores a ultranza de que los profesionales de la ciencia no necesitan conocer las
la. ciencia, entonces no puede ser explicado en absoluto, implicaciones filosóficas de su trabajo, muchos se han vis-
C~ertos filósofos han. declarado incluso que la filosofía to influidos por la teoría falsacionista del progreso cientí-
misma es parte de la ciencia. Y similares ideas han echado fico. Así pues, vemos que si bien es cierto que la filosofía
ta~bién raíces en otras áreas académicas, incluyendo el es- no afecta necesariamente a la labor del científico, sí puede
tudio de la literatura y la música. El término "ciencisma" cambiar su modo de entenderla.

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OTRAS LECTURAS

¿Quéesesacosallamada ciencia? (Madrid, Siglo XXI, 1994),


de A. F. Chalmers, es una excelente introducción a esta
rama de la filosofia, estimulante y bien escrita, que abarca
la mayor parte de los temas de la filosofia de la ciencia de
nuestra época, y lo hace, además, de un modo accesible.
La explicación cient{fica: estudios sobre filosofta de la ciencia
(Barcelona, Paidós Ibérica, 1988), de C. G. Hempel, y Phi-
losophy ofScience: A Very Short Introduction (Oxford, Oxford CAPÍTULO VI
University Press, 2002), de Samir Okasha, puede ser tam-
bién útil.
Popper (Londres, Fontana, 1973), de Bryan Magee, es
La mente
una buena introducción a la obra de Karl Popper.
Introducción histórica a la filosofía de la ciencia (Madrid,
¿Qyé es la mente? ¿Poseemos un alma inc.orpó.rea? {Es
Alianza, 1991), de John Losee, ofrece un resumen tan claro
como interesante de la historia de la filosofia de la ciencia. el pensamiento sólo ~n asp,:,;to de !a matena fislc~ .una
consecuencia de la estimulación nerviosa del cerebro. <Po-
demos estar seguros de que las personas que nos rodean no
son robots sofisticados? ¿Por qué creemos que son seres
conscientes? Todas estas preguntas pertenecen a la filoso-
fia de la mente.

FILOSOFÍA DE LA MENTE Y PSICOLOGíA

La filosofia de la mente y la psicología son dos cosas


distintas aunque íntimamente relacionadas. La psicología
se ocupa del estudio científico de la conducta y del pen~a­
miento de los seres humanos, basándose en la observación
y, por lo general, se produce en una situación experimen-
tal. Por el contrario, la filosofia de la mente, q~e no es ex-
perimental ni implica ninguna observación científica, se
ocupa del análisis de los conceptos.
Esta rama de la filosofia se interesa por los problemas
conceptuales que plantea el estudio de la mente. Un psicó-
logo investigaría, por ejemploc ciertos trastornos de la per-
sonalidad, como la esquizofrenia, examinando a sus paClen-

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tes, sometiéndolos a tests, etc. Por el contrario, el filósofo Los que opinan que el cuerpo y la mente que todos po-
se formularía preguntas conceptuales de este tipo: «é Qué seemos son dos cosas distintas se llaman dualistas, y los
es la rnente?», ,,¿A qué llamamos "enfermedad rnental"?» que creen que la mente es, en cierto modo, lo mismo que
Estas preguntas no se responden únicamente examinando el cuerpo físico, es decir, que somos sólo carne y hueso, sm
los casos reales; por el contrario, nos obligan a analizar el una sustancia mental diferenciada, reciben el nombre de
significado de los términos en los que se expresan. fisicistas.
Para ilustrar esta cuestión, veremos otro ejemplo. Un
neuropsicólogo que investigue el pensamiento humano ZOMBIES
tendrá que indagar en las pautas de estimulación nerviosa
del cerebro. Un filósofo de la mente se formulará pregun- Hay muchos problemas en juego bajo este epígrafe. Ima-
tas conceptuales más básicas; por ejemplo, si la actividad ginemos que es posible hacer una copia tan perfecta del
nerviosa equivale a pensar, o si existe en nuestro concepto propio cuerpo que reproduzca cada una de sus moléculas.
de pensamiento algo que impida reducirlo a un fenómeno Un fisicalista tendría que decir que ese gemelo poseía una
fisico. Dicho a la manera tradicional, ése distinguen en conciencia exactamente igual que la del modelo. Un dua-
algo el cuerpo y la mente? lista en cambio tendría que admitir que incluso en ausen-
En este capítulo examinaremos algunos debates deci- cia de diferencias fisicas, podrían existir diferencias menta-
sivos para la filos afia de la mente, centrándonos para ello les entre uno y otro. En un caso extremo, el gemelo artifi-
en dos preguntas: ées suficiente la explicación física de la cial podría comportarse exactamente como su modelo real,
mente? ¿Estamos seguros de que los demás poseen tam- expresar sus mismos comentarios y con el mismo acento,
bién una mente? pero carecería realmente de vida interior. Ese gemelo po-
dría ser una especie de zombi, y hacer incluso todo lo que
nosotros hacemos, hasta gritar iay! cuando se quemase una
EL PROBLEMA DE LA RELACIÓN CUERPO-MENTE mano; pero el zombi no sentiría realmente dolor.
Es evidente que lo que aquí presentamos es un argu-
Cuando hablamos de nosotros y del mundo, distingui- mento totalmente ficticio y que nadie se atrevería a sos-
mos, por lo general, los aspectos fisicos de los aspectos tener que algunas personas fueran zombies de este tipo.
mentales. Con estos últimos nos referimos al pensamien- Lo que en realidad pretendemos establecer son los supues-
to, la capacidad de decisión, la imaginación, los senti- tos que marcan la diferencia entre fisicalistas y dualistas.
mientos, los sueños, los deseos, etc. Aspectos fisicos podrían Según el dualista, la mente y el cuerpo son separables en
ser los pies, los brazos y las piernas, el cerebro, una taza de principio, y el experimento mental tiene pleno sentido. El
té, el Empire State, etc. fisicalista, en cambio, niega hasta la misma posibilidad de
Cuando desarrollamos una actividad, por ejemplo, ju- que existan zombies de esta clase, pues todo lo que com-
gar al tenis, empleamos ambos aspectos, porque movemos partiera con el hombre su misma estructura molecular, ten-
el cuerpo a la vez que pensamos en las reglas del juego y dría que compartir también con él su misma vida interior
calculamos de dónde va a partir el próximo lanzamiento y la conciencia de esa vida.
del adversario. Pero ées real esa división, o representa sólo
un modo de hablar de nosotros mismos? Las relaciones
entre esas dos partes del ser humano plantean el llamado
problema del cuerpo y la mente.

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experimenta dentro de nosotros. Los fisicistas afirman que
EL DUALISMO ese tipo de mente no puede someterse a una investigación
directa, en especial, a la de carácter científico, porque la
El dualismo, como ya hemos visto, cree que la mente ciencia sólo trata del mundo físico.
no es una sustancia fisica. Un dualista típico sostendrá que Los dualistas podrían replicar que la mente es suscepti-
el cuerpo y la mente son sustancias distintas aunque re- ble de observación mediante la introspección, es decir, el
lacionadas entre sí. Una cosa son los procesos mentales examen de nuestro propio pensamiento, y que podemos
como el pensamiento, y otra los procesos fisicos como la investigarla indirectamente por sus efectos en el mundo flsi-
excitación de las células cerebrales; los procesos mentales ca. La ciencia trabaja casi siempre infiriendo las causas de los
ocurren en el cerebro, no en el cuerpo. La mente no equi- efectos sometidos a examen; por tanto, nada impide la
vale a un cerebro vivo. investigación científica de una mente no fisica. Por otra
La mayoría de los seres humanos acepta el dualismo del parte, el dualismo del cuerpo y la mente presenta la ventaja
cuerpo y la mente, especialmente aquellos que creen en la de proporcionar una explicación a la posibilidad de sobrevi-
posibilidad de sobrevivir a la materia en un mundo espiri- vir al cuerpo, lo que sólo puede hacerse desde las filas del fi-
tual, o de reencarnarse en otro cuerpo. Desde este punto de sicismo recurriendo a la resurrección después de la muerte.
vista, no sólo se piensa que el ser humano es algo más que
materia, sino que la mente no fisica o, como se denomina
en el lenguaje religioso, el alma, se valora mucho más que La evolución
el cuerpo. René Descartes es quizá el dualista más famoso,
por eso el dualismo del cuerpo y la mente suele calificarse Un dualista no podría ofrecer una explicación del he-
de cartesiano (adjetivo derivado del apellido Descartes). cho, generalmente aceptado, de que el ser humano haya
Uno de los motivos que justifican el dualismo es que a evolucionado a partir de formas más sencillas de vida. Es
la mayoría de los seres humanos nos resulta muy dificil probable que criaturas tan simples como la ameba carez-
comprender cómo el cerebro, una cosa física, puede pro- can de mente, en el sentido que damos a la que poseen los
ducir ese conjunto de pensamientos y sentimientos que lla- seres humanos y, quizá, otros animales evolucionados. En-
mamos consciencia. éCómo es posible que una cosa pura- tonces, écómo es posible que los seres dotados de mente
mente fisica sienta melancolía o aprecie la buena pintura? provengan de la ameba? ¿De dónde surgió? éPor qué pre-
Estas preguntas confieren al dualismo un enorme crédito sentan un paralelismo tan estrecho la evolución de la
inicial para abordar la solución del problema del cuerpo y mente y la evolución del cerebro?
la mente, aunque tampoco faltan las críticas a su teoría. Los dualistas podrían aducir que también las amebas
poseen una mente, aunque sea muy limitada, y .que la
mente evolucionó en paralelo al cuerpo de los animales,
CRíTICA AL DUALISMO Algunos dualistas van más allá y afirman que todo ser físi-
ca posee alguna forma mental, lo que se conC?ce con el
No admite la investigación científica nombre de pansiquismo. Desde este punto de vista, inclu-
so las piedras estarían dotadas de una mente primitiva. El
Los críticos del dualismo sostienen que imposibilita la desarrollo de la capacidad mental de los humanos podría
comprensión de la naturaleza de la mente, y sólo nos dice explicarse como combinación de sustancias fisicas y, pos-
que se trata de una sustancia no fisica que piensa, sueña y teriormente, mezcla de mentes muy sencillas que habrían

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dado paso a otras más complejas. No obstante, son pocos en que el dualismo es una verdad autoevidente; pero, si
los dualistas partidarios de esta explicación, debido, en no se puede poner en duda, sería mejor aceptar que el
gran parte, a que tiende a borrar las diferencias entre los error reside en su teoría, no en un principio científico que
seres humanos y lo que consideramos mundo inanimado. ha dado como resultado la provechosa investigación
El mayor problema del dualismo estriba en explicar la actual.
interrelación de dos sustancias tan distintas como la mente
y el cuerpo. Desde su punto de vista, lo primero que se
produce es el pensamiento que, luego, da paso a un movi-
miento corporal. Por ejemplo, primero pienso en rascarme DUALISMO SIN INTERACCIÓN
la nariz y luego mi dedo se dirige a la nariz y realiza la ac-
ció~. La dificultad está en demostrar cómo puede un pen- Paralelismo de la mente y el cuerpo
samiento puramente mental producir el acto físico de ras-
carme la nariz. Naturalmente, el dualismo siempre podría eludir los
La dificultad aumenta con el hecho de que los fenóme- problemas que plantea la interacción entre la mente y el
nos que tienen lugar en el cerebro se relacionan íntimamen- cuerpo negando su existencia. Algunos dualistas sostienen
te con los acontecimientos mentales. ¿Por qué introducir que entre la mente y el cuerpo que todos posee~os, tal
la distinción entre el cuerpo y la mente cuando sabemos ' como ellos mismos aceptan, no se establece relación algu-
,
por ejemplo, que las lesiones cerebrales producen deficien- na. La idea, bastante curiosa, por otro lado, recibe el nom-
cias mentales? ¿Q11é explicación podríamos ofrecer de este bre de paralelismo psicológico. La me1?'te y el cuerpo fun-
hecho si el cuerpo y la mente fueran dos cosas realmente cionan en paralelo, como dos relojes ajustados a la misma
distintas? hora. El hecho de que cuando me pisan un dedo sienta do-
lor no se explica porque el cuerpo y la mente se intercam-
bien mensajes, sino, sencillamente, porque DIOs (o cual-
Contradice un principio científico elemental quier otra coincidencia cósmica prodigiosa) ha creado estos
dos aspectos independientes de mi persona, que funcionan
Otro aspecto de la dificultad de explicar esa interrela- en paralelo. Se ha establecido que cuando me presionan
ción es que contradice uno de los principios elementales un dedo yo sienta dolor, pero una cosa no es causa de ~a
de la ciencia., La mayor parte de los científicos, especial- otra; sencillamente, lo uno ocurre inmediatarnente despues
mente los fisicistas, aducen que todo cambio experimen- de lo otro.
tado por un objeto se explica por un fenómeno previo:
las causas de los hechos físicos son también físicas. Así,
por ejemplo, la excitación de una neurona obligará al Ocasionalismo
neuropsicólogo a buscar la causa fisica que la ha produ-
cido. Pero si el mero pensamiento, es decir, la mera ac- El ocasionalismo constituye otro intento no menos cu-
tividad mental, se traduce en actos, algunos fenómenos rioso de explicar la interacción del cuerpo y la mente. Así
exclusivamente mentales deberían traducirse directa- como el paralelismo declara que el vínculo aparente entre
mente en fenómenos fisicos. Los dualistas deberían revi- la mente y el cuerpo es una ilusión, el ?casionalismo ad-
sar sus ideas frente a este principio científico elemental. mite la existencia de vínculos, pero sostiene que se deben
Naturalmente, pueden pensar que la justificación reside a la intervención divina. Es Dios quien proporciona la co-

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nexión entre cnerpo y mente; entre mi dedo dañado y mi EL FISICALISMO
sensación de dolor, o entre mi necesidad de rascarme la
nariz y el movimiento de mi mano. Una vez examinado el dualismo del cuerpo y la mente,
UmJ de los grandes problemas del ocasionalismo y del y algunas de sus críticas y variantes, pasaremos a examinar
paralelismo, por lo menos en la forma más verosímil de el fisicalismo. Esta teoría sostiene que los fenómenos men-
este último, estriba en que ambos declaran la existencia tales encuentran una explicación totalmente satisfactoria en
de Dios, una idea que, como hemos visto en el capítulo 1, causas fisicas que, por lo general, proceden del cerebro. Al
está lejos de ser evidente por sí misma. Incluso los teístas contrario que el dualismo, partidario de dos sustancias dife-
lo consideran una teoría insatisfactoria. rentes, el fisicalismo es una forma de monismo, según la
cual sólo existe una sustancia, cuya naturaleza es fisica. Una
de las ventajas sobre el dualismo es que posibilita el estudio
Epiftnomenalismo científico, de modo que, al menos en teoria, los fenóme-
nos mentales podrían describirse en términos fisicos.
La tercera teoría relacionada con el problema de la in- Los filósofos fisicalistas no aspiran a conocer cómo se
teracción responde al nombre de epifenomenalismo. Se- relaciona un determinado cerebro con los pensamientos,
gún esta formulación, aunque los fenómenos corporales porque ésa es tarea de los neuropsicólogos y otros científi-
causen fenómenos mentales, estos últimos nunca pueden cos, sino a probar que todo acontecirmento mental es físi-
ser causa ni de los primeros ni de otros de su misma natu- co, y que, consecuentemente, el dualismo está en un error.
raleza, Así pues, la mente es un epifenómeno o, lo que es Entre las distintas variantes del fisicalismo, unas han
I~al, algo qu.e no afecta en ningún sentido al cuerpo. El merecido más críticas que otras.
epifenomenalisrno dice que la creencia de que es mi pen-
samiento lo que decide mi capacidad de levantar la mano
constituy~ una ilusión. Levantar la mano es un acto pura- LA TEORíA DE LA «IDENTIDAD-DE-TIPO» MENTE-CUERPO
mente fiSICO, aunque parezca efecto del pensamiento. To-
dos los fenómenos mentales tienen su causa directa en fe- Esta variedad del fisicalísmo sostiene que los fenómenos
nómenos fisicos, pero ningún fenómeno mental produce mentales son idénticos a los físicos. Un pensamiento rela-
acto físico alguno. cionado con el tiempo atmosférico, por ejemplo, sería ni
.Como el paralelismo yel ocasionalismo, el epifenome- más ni menos que un estado concreto del cerebro, y cada
nalismo goza de escaso crédito como teoría de la mente, ya vez que se reprodujera ese estado podríamos decir que esta-
que plantea demasiadas preguntas sin respuesta. Uno de mos teniendo un pensamiento sobre el tiempo. Esta teoría
los problemas, y no precisamente pequeño, de esas teorías defiende la «identidad-de-tipo» o, lo que es ígual, afirma
es que niegan la existencia de una voluntad libre, desde el que todos los estados fisicos de un determinado tipo son
momento en que la capacidad de decidir nuestros actos no también estados mentales de un determmado tipo.
es más que ilusión. Por último, ¿cómo es posible que la Para mayor claridad, pensemos que el término «agua» y la
causa actúe en una sola dirección, es decir, que las causas fórmula HzO se refieren a la misma sustancia. El primero se
físicas surtan efectos mentales, sin que jamás ocurra lo con- emplea en el contexto cotidiano; la segunda en el contexto
trario? científico. Ahora bien, aunque las dos cosas se refieren a lo
mismo, su significado varía ligeramente: cuando decimos
«agua» ponemos el acento en las propiedades básicas de la

176 177
sustancia: el hecho de la humedad, etc., y cuando decimos posible conocer el pensamiento sin saber una palabra de
H 20 expresamos su composición química. Aunque nadie neuropsicología, no parece lógico que pensamiento y pro-
pediría una jarrita de H 20 para añadir a su vaso de whisky, ceso cerebral sean la misma cosa. Todos tenemos un acce-
el agua es H 20; es decir, ambas cosas son una y la misma. so privilegiado a nuestros pensamientos, es decir, cono-
De igual modo, el destello de un relámpago es también cemos mejor que nadie los pensamientos conscientes de
una descarga eléctrica de cierto tipo, pero la expresión va- nuestra mente, pero no podemos afirmar lo mismo de los
ría con la circunstancia; no es lo mismo encontrarse en estados cerebrales. En cambio, si unos y otros fueran idén-
plena tormenta que analizarla científicamente. Cuando ticos, tendrían que compartir las mismas necesidades.
decimos «relámpago» no tenemos en la cabeza el análisis No obstante, la objeción no constituye un problema
científico de la causa del fenómeno, es como cuando deci- grave para los fisicalistas, pues el desconocimiento de la
mos agua y entendemos que se nos habla de algo húmedo, composición química del agua no nos impide compren-
sin pensar en su fórmula química. der el concepto de «agua», ni reconocer su gusto cuando
Pero volvamos a la teoría de la «identidad-de-tipo» cuer- la bebemos. Los pensamientos pueden ser procesos cere-
po-mente: «un pensamiento acerca del tiempo» y «un esta- brales, y el pensador no tiene por qué comprender la natu-
do determinado del cerebro» son dos formas de referirse raleza exacta de esos procesos para entender sus pensa-
exactamente a la misma cosa. Las dos frases se refieren a un mientos.
fenómeno idéntico, pero su significado es ligeramente dis-
tinto. La mayor parte de la gente expresa mentalmente la
frase «un pensamiento sobre el tiempo», pero, según la teo- Las propiedades de lospensamientosy los estados cerebrales
ría de la «identidad de tipo», el científico puede, en princi-
pio, analizar con precisión el estado del cerebro que se Si un pensamiento sobre mi hermana es idéntico a un
corresponde con ese pensamiento, y, lo que es más, sus par- determinado estado del cerebro, ambos deberán localizar-
tidarios sostendrían que todos los pensamientos de ese tipo se exactamente en la misma zona. Sin embargo, resulta ex-
son en realidad estados cerebrales de ese mismo tipo. Una traño imaginar una localización concreta para un pensa-
de las ventajas de esta teoría es que habla lo que los neu- miento. La teoría de la «identidad-de-tipo» debería afrontar
ropsicólogos buscan, es decir, estados fisicos del cerebro este problema. Cuando la contemplación de una luz bri-
que se correspondan con distintos tipos de pensamientos; llante deja en mi retina una imagen de color verde fluores-
sin embargo, se pueden plantear varias objeciones. cente, ésta tiene, sin lugar a dudas, un tamaño, un color,
extraño en este caso, y una forma determinada, pero el
estado de mi cerebro será, presumiblemente, muy distinto
CRíTICA A LA TEORíA DE LA «IDENTlDAD-DE-TIPO» en todos estos aspectos. ¿Cómo podré decir que la imagen
MENTE-CUERPO es idéntica a un estado concreto del cerebro?

Desconocemos losprocesos cerebrales


Los pensamientos tienen contenido
Aunque poseemos un conocimiento directo de nues-
tros pensamientos, la mayoría lo ignoramos casi todo de Todos los pensamientos tienen contenido; de hecho, es
los procesos cerebrales. Hay quien ve en ello una de las imposible tener un pensamiento que no trate de nada. Si
principales objeciones al fisicalismo: si es perfectamente pienso: «París es mi ciudad preferida», mi pensamiento se

178 179
relaciona con un espacio del mundo real, pero los proce- todos ellos del mismo tipo, a pesar de que cada persona
sos y los estados de mi cerebro no se relacionan con nada piensa de modo distinto. Sin embargo, existen razones de
en concreto; por lo menos, y al contrario que los pensa- peso para creer que cada cerebro funciona de forma sólo
mientos, con nada de lo que existe en el mundo exterior. ligeramente distinta, por tanto, los estados cerebrales de
cada persona, aunque diferentes, pueden producir un pen-
samiento semejante.
¿Qué son los qualia? Pero esto supone la posibilidad de dividir claramente
los pensamientos; saber dónde empiezan y dónde acaban.
Las críticas al fisicalismo de tipo, como a otros muchos La teoría de la identidad da por supuesto que los pensa-
intentos de solucionar el problema de la relación entre el mientos de dos personas pueden ser exactamente del mis-
cuerpo y la mente, acusan a esa teoría de despreciar la mo tipo. Un análisis atento del problema nos obligaría a
experiencia consciente, es decir, lo que significa hallarse dudarlo. Si usted y yo pensamos que el cielo nocturno es
en un determinado estado. Aunque no podemos definir la hermoso, puede que lo expresemos con las mismas pala-
consciencia, estamos seguros de que consta de sensaciones bras, poniendo el acento, quizá, en la claridad lunar que
sentimientos, dolor, alegría, deseos, etc. A veces se ha ern- reciben las nubes, etc., pero, ése puede garantizar que esta-
pie ado la palabra latina qualia [elementos o factores cuali- mos teniendo un pensamiento del mismo tipo?
tativos] como término general para expresar tales cosas. Si Mi pensamiento sobre la belleza del cielo no se puede ais-
bien podemos utilizar el término «agua» o la fórmula H 20 lar fácilmente de la totalidad de mi experiencia de otros cie-
como descripciones alternativas de la misma cosa, el con- los nocturnos, que, evidentemente, es muy distinta a la suya.
tenido de «un recuerdo de mi primera visita a Nueva York» Si creo que 1984 se publicó con seudónimo, y usted cree
no se puede parafrasear como «un cierto estado menta¡". que Eric Blair escribió con seudónimo, écompartimos un
La diferencia estriba en que, en el segundo caso, no trata- pensamiento del mismo tipo? Aunque el pensamiento que
mos con objetos inanimados, sino con una sensación con- declaramos se refiere al mismo hombre, más conocido en
creta de la experiencia previa. Pero reducir este pensamien- los círculos literarios como George Orwell, no resulta nada
to a un estado d~1 cerebro no equivale a explicarlo, porque fácil responder la pregunta, lo que demuestra la dificultad de
significa despreciar uno de los hechos elementales asocia- dividir nuestra vida mental en partes netamente diferencia-
dos a la conciencia y el pensamiento: la existencia de los das que se pueden separar para compararlas con las partes de
qualia. Para acentuar este extremo, consideremos la dife- otras vidas mentales. Así pues, si es imposible determinar
rencia que existe entre los aspectos puramente fisicos de un cuándo dos personas tienen pensamientos del mismo tipo,
do!or fuerte -el comportamiento de las neuronas, etc.- y el fisicalismo de la identidad será una teoría inviable.
la mtensa sensación real que produce; la descripción fisica
es completamente incapaz de captar la experiencia.
LA TEORÍA DE LA «IDENTIDAD-DE-INSTANCIA»

Diferencias individuales La teoría de la «identidad-de-instancia» es un modo de


eludir la anterior crítica a la teoría de la «identidad-de-tipos».
Otro aspecto criticado de la teoría de la «identidad-de- También en este caso estamos ante una forma de fisicalis-
tipo» es su pretensión de que, por ejemplo, mis pensamien- mo, que establece la identidad de los pensamientos y los
tos sobre el tiempo que hace hoy son estados cerebrales, estados cerebrales. Sin embargo, y al contrario que aquélla,

180 181
sostiene que no todos los pensamientos del mismo tipo mente idénticas será imposible que una sea guapa y la otra
requieren estados cerebrales del mismo tipo. Como com- no. Con todo, no se puede decir que los guapos sean idén-
prenderemos mejor por los ejemplos, esta teoría distingue ticos entre sí, sino sólo que si todas las células de su cuer-
entre «tipo» e «indicio», Todos los ejemplares de Guerray paz po son idénticas, uno no puede ser feo y el otro guapo. Si
son instancras de un tipo concreto (la novela del mismo adaptamos ahora la teoría de las instancias a la idea de que
nombre); si poseo un «escarabajo» de la casa Volkswagen, las propiedades mentales sobrevienen a las fisicas, resulta-
mi coche es un ejemplo o instancia de un tipo concreto (el ría que si estas últimas se mantienen inalteradas, las pri-
llamado «escarabajo»). El tipo es la especie; la instancia es meras tampoco variarán. Dicho de otro modo, si dos per-
un caso particular de la especie. Las instancias particulares sonas se encuentran en el mismo estado cerebral, tendrán
de un tipo concreto de pensamiento no son necesariamen- la misma experiencia mental, lo cual no significa que para
te estados cerebrales del mismo tipo. que dos personas tengan la misma experiencia mental ne-
Así, cuando hoy pienso: «Bertrand Russell fue un filó- cesiten el mismo estado cerebral.
sofo», el estado cerebral no es el mismo que cuando lo
pensé ayer. De igual modo, para tener ese pensamiento, el
lector no necesita, en ninguna de las dos ocasiones, el mis-
mo estado cerebral que yo. CONDUCTISMO
La teoría de las instancias, sin embargo, ha recibido al
menos una crítica de gran calado. El conductismo propone una salida muy diferente a la
de las teorías dualistas y fisicalistas al problema de la mente
y el cuerpo, porque niega la existencia de la mente. Vea-
mos cómo se las arreglan para negar con alguna verosimi-
CRlTICA A LA TEORlA DE LA «IDENTIDAD-DE-INSTANCIA» litud lo que parece un hecho evidente para la mayor parte
de los seres humanos.
Los mismos estados cerebrales podrían corresponder Para los conductistas, cuando decimos de alguien que
a pensamientos distintos experimenta dolor o que está irritado, no hablamos de la
experiencia mental de esa persona, sino de su conducta
La identidad de las instancias haría posible la existencia pública real o posible en una situación hipotética. En otras
de dos individuos fisicamente idénticos hasta la última palabras, describimos lo que haría en tales y tales circuns-
molécula de su cuerpo y, sin embargo, completamente dis- tancias, es decir, su disposición a conducirse de una deter-
tintos desde el punto de vista mental. Pero esta separación minada manera. Soportar un padecimiento es mostrar ten-
entre cuerpo y mente es excesiva, y convierte la relación dencia a hacer muecas de dolor, llorar, gritar, gemir, etc.,
entre ambas cosas en un hecho absolutamente misterioso según la intensidad del sufrimiento. Estar irritado es mos-
incluso más que en el caso del dualismo. ' trar una tendencia a gritar, a dar patadas o a contestar con
Sus defensores suelen añadir a la teoría el verbo sobre- brusquedad. Aunque, cuando hablamos, nos referimos a
venir. La propiedad de una cosa sobreviene (literalmente, nuestros estados mentales, según los conductistas lo que
viene por encima) a otra propiedad si depende de ésta para hacemos es abreviar la expresión de un comportamiento
su existencia. Por ejemplo, se puede decir que la belleza y de una tendencia a actuar de un modo determinado.
(dando por supuesto que se trata de algo epidérmico) so- Esta forma abreviada de expresar la conducta mental nos
breviene a los atributos fisicos: si dos personas son fisica- ha hecho creer que la mente es una cosa aparte. Gilbert

182 183
Ryle (1900-1976), uno de los conductistas más famosos
denominó a esta visión dualista «El dogma del fantasma e~ Los «QUALIA»
la máquina", donde el fantasma era la mente y la máquina
el cuerpo. Otra de las críticas al conductismo es que no hace nin-
Para el conductismo, la relación del cuerpo con la men- guna referencia a 10 que realmente se siente en un deter-
te es un seudoproblema, no un problema genuino, ya que minado estado mental. Al reducir todos los fenómenos
la expenencia mental se entiende en términos de pautas de mentales a tendencias de la conducta, suprime los qualia
comportamiento. Es decir, los conductistas no se preocu- de la ecuación, es decir, reduce una auténtica experiencia
pan de solucionar el problema, porque, en realidad, 10 han de dolor a una mera disposición a gritar, gemir o exclamar:
descartado por completo. «Me duele.» Sin embargo, la sensación de dolor existe y es
un aspecto esencial de la vida de la mente, que el conduc-
tismo ignora.
CRlTICA AL CONDUCTISMO

Elfingimiento é Cámo puedo conocer mis ideas?

A veces s; critica el conductismo aduciendo que, según Según el conductismo, sólo puedo conocer mis propias
sus Ideas, senamos incapaces de distinguir una persona que ideas del mismo modo que conozco las de otros, es decir,
sufre verdaderamente de otra que finge sufrir. Si toda re- observando mi conducta, 10 cual nos parece una expresión
ferencia a 10 mental debe reducirse a descripciones de con- inapropiada de 10 que realmente ocurre. Aunque es paten-
ducta, no conoceremos la diferencia entre un actor convin- te que puedo descubrir muchas cosas sobre mí si me doy
cente y una persona que sufre de veras. cuenta de 10 que digo y me observo en distintas circunstan-
A esta objeción, los conductistas podrían responder cias, no necesito examinar mi conducta para saber que mis
que el análisis disposicional de una persona que finge do- principios descartan el asesinato o que vivo en Inglaterra.
lor y otra que 10 padece arrojaría resultados muy distintos, Sé todas esas cosas sin necesidad de actuar como detective
p.ues aunque la conducta superficial presentara coinciden- privado de mi comportamiento. Por tanto, el conductismo
eras, tendría que diferir en determinadas circunstancias. no ofrece una explicación satisfactoria de la diferencia
Por ejemplo, una persona que finge no puede reproducir entre las vías de conocimiento de mí mismo y las que uti-
ciertas transformaciones fisiológicas que acompañan al lizo para conocer las creencias de otras personas.
dolor: sudores, cambios de temperatura, etc. Por otra parte, Una réplica posible a esta crítica sería que cuando rea-
una persona que finge y otra que sufre responderían de lizo una introspección (miro dentro de mí) para compro-
ot~o modo a ~n analgésico, puesto que el fingidor no po- bar si, por ejemplo, la tortura me parece un acto cruel, me
dr!a saber cuando comienza a hacerle efecto el fármaco, pregunto a mí mismo: «¿Qué diría y qué haría en caso de
mlentras,que la persona que sufre un dolor auténtico expe- saber que alguien sufre torturar» La respuesta a esta pre-
nmentaría una mejora y con ella un cambio en sus mani- gunta podría revelarme mi disposición fundamental. Si
festaciones. esto es así, el conductismo tendría razón en no hallar dife-
rencia entre conocerme y conocer a los demás. Sin embar-
go, este análisis de la introspección no resulta convincen-
te, porque no se ajusta a 10 que siento en ese caso.

184 185
El doloren los paralíticos
FUNClüNALI5Mü

Puesto que el conductismo se fundamenta por entero El funcionalismo constituye uno de los análisis más
e~ las respuestas reales o potenciales del individuo en cues- recientes del problema del cuerpo y la mente. Esta teoría
non, debenamos deducir que una persona completamente se centra en el papel funcional de los estados mentales, lo
paralizada no tendría experiencias mentales. Si no se puede que supone, en la práctica, que se centra en los inputs, los
mover ahora, ni podrá hacerlo nunca, écómo mostrará una outputs y la relación entre los estados Intern~s. El funcI?-
conducta? Un. conductista tendría que decir que el paralí- nalista define un estado mental por su relación caractens-
tico total no siente dolor, puesto que no puede demostrar- tica con otro y con sus efectos en la conducta. Así, mi pen-
lo; Sin embargo, por la experiencia de las personas inmó- samiento sobre el tiempo que hace se define por su rela-
viles que se han recuperado sabemos que su vida mental ción con otros pensamientos míos y con mi conducta: qué
suele ser muy nca y que, desde luego, tienen capacidad de produce en mí un pensamiento, cómo se relaciona éste
expenmentar dolor.
con otros y qué actos provoca en mí. De est~ modo, el fu~­
cionalismo aprovecha ciertas ideas conductistas -la activi-
dad mental se halla íntimamente vinculada a las disposi-
Las ideas motivan la conducta ciones de la conducta-, pero admite que los fenómenos
mentales pueden causar el comportamiento.
Por otro lado, el conductismo no admite la posibilidad La teoría funcionalista se entenderá mejor a la luz de la
de que la co?ducta esté motivada por las ideas personales. comparación del ordenador con su programa. Cuando ha-
Segun el ,analisls conducttsta, la causa de que alguien se blamos de informática hay que distinguir el hardware del
ponga el Impermeable no es su idea de que Hueve; por el software, El primero está formado por sus componentes:
contrano, la tendencia a ponérselo es el principal constiru- transistores, circuitos, chips de silicona, pantalla, teclado,
yente de la Idea. Los fenómenos mentales no pueden oca- etc. El segundo, por el contrario, consiste en el programa
slO~ar una conducta porque no existen con independencia o sistema de operaciones que realiza el ordenador., El soft-
d.e esta, ya que, segun el conducrismo, son sólo disposi- ware puede adaptarse a distintos sistemas. En realidad, es
crones a comportarse de un cierto modo. Existe al menos un complicado sistema de instrucciones al ordenador, que
un caso en el que los fenómenos mentales causan mi con- puede adoptar realizaciones físicas muy variadas para con-
ducta: me pongo el impermeable porque pienso que va a seguir un resultado idéntico. . .
llo,:er; Sin embargo, el conductismo no puede contar con En tanto que teoría de la mente, el funcionalisrno se
mi Idea de que va a llover como explicación de mi conduc- ocupa más del software que del hardware. En esto se parece
ta, I?or.que lo que realmente la produce es la idea y mi dis- al conductismo. Por el contrano, el fisicismo se Interesa por
posicion a comportarme de cierta forma. La idea y la ac- demostrar la relación entre ciertos bits de hardware -el ce-
ción son inseparables.
rebro humano- y un paquete concreto de software -el
pensamiento humano. El funcionalismo no es una teoría
sobre el hardware del pensamiento, y, aunque resulta compa-
tible con varios tipos de fisicismo, se mantiene en una posi-
ción neutral sobre las clases de sistemas fisicos de progra-
186
187
mas mentales. Su interés se centra en concretar las relacio- El llamado programa «inteligente» de los ordenadores
nes entre los distintos tipos de pensamientos y la conducta. realiza exactamente lo mismo que yo he reahzado en la
«habitación china» del experimento de Searle. Como yo, se
limita a manejar símbolos cuyo contenido ignora. En con-
CRíTICA AL FUNCIONALISMO secuencia, si comparamos el funcionalismo con el ejemplo
del ordenador, vemos que es incapaz de proponer un cua-
Los qualia: personas y ordenadores dro completo de la mente, ya que, al igualar el pensa~len­
to con el manejo de símbolos, no puede captar su autenti-
Aunque la teoría funcionalista ha encontrado una gran ca naturaleza.
aceptación entre los filósofos, se critica con frecuencia por
no ofrecer una explicación satisfactoria de las sensaciones
y la experiencia consciente; es decir, en qué consisten cosas OTRAS MENTES
tales como el dolor, la felicidad, el pensamiento sobre el
tiempo que hace, etc. Acabamos de examinar los principales intentos de sol-
Desde posiciones críticas parecidas se rechaza la idea de ventar el problema de la relación e~tre el cuerpo y la men-
que los ordenadores puedan tener una mente. Por ejemplo, te y hemos visto que ninguna teoría nos satisface por com-
un filósofo contemporáneo, John Searle, propone el siguien- pleto. Veamos ahora otra cuestión típica de la filosofia de
te experimento para demostrar la diferencia entre la com- la mente, el llamado problema de las mentes ajenas. ¿Cómo
prensión de una historia por parte de un ser humano y de sé que los demás también sienten, piensan y son conscren-
un ordenador. Imaginemos que estoy encerrado en una ha- tes de la realidad? Mi dolor, sé cuándo lo expenmento,
bitación y que no entiendo el chino. A través de un buzón ¿pero puedo decir lo mism~ del dolor ~jeno? Mi form~ de
situado en la puerta me envían tarjetas con caracteres chi- vida cuenta con que también los demas son seres sentien-
nos impresos. En la habitación hay una mesa sobre la que tes, capaces de tener experiencias muy parecidas a las ~ías,
se encuentran un libro y otras tarjetas, también con carac- ahora bien, écómo puedo estar seguro? Por,lo que se, los
teres chinos. La tarea consiste en emparejar cada carácter demás podrían ser comphcados robots o automat~s progra-
chino de los que me han echado por el buzón con uno de mados para responder como si tuvieran vida intenor, cuan-
los del libro, donde encontraré, además, la indicación de do en realidad no es así.
otro carácter chino, distinto al anterior, que forma una pa- Aunque la idea podría parecer par~noica, se trata de
reja con él. Debo tomar este último del montón que hay una cuestión muy sena, a la que los filosofas han dedica-
sobre la mesa y devolverlo a través del buzón. En el exte- do mucha atención. Los estudios han descubierto grandes
rior de la habitación reciben respuestas a una serie de pre- diferencias entre mi forma de captar mi propia experiencia
guntas relativas a una historia narrada en chino; es decir, reci- y la de captar la experiencia de otras personas.
bo tarjetas con preguntas escritas en esa lengua, y devuelvo
tarjetas con respuestas en la misma. Aunque yo no entien-
do el chino, visto desde fuera, parece que comprendo la his- No representa un problema para el conductismo
toria y que devuelvo respuestas inteligentes a las preguntas
que me formulan. Sin embargo, no he tenido una auténti- Antes de abordar las formas más comunes de responder
ca experiencia de comprensión; sencillamente, me he limi- a estas dudas sobre la experiencia ajena, convendrá señalar
tado a manejar lo que para mi son caracteres ininteligibles. que no representa un problema para un conductista, que

188 189
atribuiría con toda claridad una experiencia mental a otra plo -yo mismc--, en e! que he sido testigo de la relación
persona basándose en su comportamiento, pues, como he- entre un cierto tipo de cuerpo y de conducta y un Cierto
mos visto, la mente consiste en una serie de tendencias a tipo de consciencia. ,
conducirse de una determinada manera en determinadas y no sólo, ya que e! cuerpo y la mente de los demas
situaciones. De ahí, e! famoso chiste: dos conductistas ha- difieren en muchas cosas de los míos. Las diferencias po-
cen el amor, y al acabar, uno le pregunta al otro: «Tú lo has drían ser mayores que las semejanzas, e incluso se podría
pasado estupendamente, ¿y yo?» emplear e! argumento analógico para demostrar que indi-
can una probable distinción de los tipos mentale~ de expe-
riencia. Por otro lado, los argumentos por analogía, debido
EL ARGUMENTO POR ANALOGíA a su naturaleza inductiva, sólo pueden aportar pruebas pro-
bables de sus conclusiones; nunca una prueba con~luyen­
La respuesta más evidente a la duda sobre la conscien- te. En el mejor de los casos, un argumento de este tipo po-
cia de los demás es e! argumento por analogía. Ya vimos en dría afirmar que lo más probable es que los demás pos~an
e! capítulo 1, al examinar e! argumento finalista sobre la exis- también una mente. No se trata de una prueba deductiva,
tencia de Dios, que un argumento analógico se basa en la pero, como hemos tenido ocasión de comprobar en e! ca-
comparación entre dos cosas bastante semejantes. Si una pítulo dedicado a la ciencia~ si bien no hay pruebas Ciertas
cosa se parece a otra en algunos aspectos, se acepta que lo de que mañana vuelva a salir e! sol, contamos con bastan-
sea también en otros. tes datos para sentirnos seguros de que saldrá.
Entre los restantes seres humanos y yo existen pareci-
dos muy importantes: todos pertenecemos a la misma es-
pecie, por tanto, tenemos unos cuerpos muy semejantes y Es indemostrable
nos comportamos de un modo similar. Cuando siento un
dolor fuerte, profiero gritos, y sé que la mayoría de los Con todo, no parece que exista ninguna prueba con-
miembros de la especie hacen lo mismo cuando se encuen- cluyente de que una afirmación como: .',Le duele algo~' sea
tran en una situación en la que me parece que experimen- cierta o falsa. El solo hecho de que gnte, no me obliga a
tan dolor. El argumento por analogía sostiene que las se- deducir que experimente lo mismo que yo cuando siento
mejanzas de mi cuerpo y mi conducta con los de! resto de un dolor muy fuerte. Quizá no experimente nada. Lo Cier-
los seres humanos me bastan para inferir que también ellos to es que la expresión verbal de su experiencia no resulta
son auténticamente conscientes. fiable, ya que podría ser un robot programado para res-
ponder convincentemente en tales circunstancias. Tampo-
co existe la posibilidad de una observación que confirme o
CRITICA AL ARGUMENTO POR ANALOGíA refute la verdad de su dolor. Naturalmente, en la realidad,
los gritos nos bastan para saber que esa persona sufre, pero,
No aportapruebas desde el punto de vista de la lógica, la conducta no prueba
de un modo absoluto e! dolor (aunque la mayor parte de
El argumento por analogía no aporta una prueba con- los seres humanos aceptan su fiabilidad). ..
cluyente de que los demás poseen también una mente. Los La idea de que los demás carecen de consciencia ,resul-
argumentos de este tipo requieren un gran número de prue- ta extravagante; estamos tan seguros de que los dema~ po-
bas para sostenerse, pero en este caso existe sólo un ejern- seen una mente que no necesitamos una prueba definitiva,

190 191
ya que la mayoría actuamos siempre como si fuera así. El interesante y muy amena de artículos, meditaciones e his-
solipsismo, como hemos visto en el capítulo dedicado al torias breves que tratan de ideas filosóficas sobre la mente;
mundo exterior, no es una posición sostenible. entre ellas, el libro de John Searle Mentes, cerebros y cien-
cia (Madrid, Cátedra, 1985), a propósito de la posibilidad
de que los ordenadores tengan un pensamiento digno de
CONCLUSIÓN tal nombre; y el de Tim Crane, Mechanical Mind (Lon-
dres, Penguin, 1996). Modern Philosophy o/Mind (Londres,
En este capítulo hemos abordado el debate sobre el J. M. Dent, Everyman, 1995), editado por William Lyons,
dualismo, el fisicalismo y el problema de las otras mentes; es también una antología de lecturas muy útil.
todos ellos aspectos fundamentales de la filosofla de la En la actualidad, son abundantes los recursos informá-
mente. Dado que la filosofla se interesa sobre todo por ticos sobre la filosofía de la mente. Un sitio realmente útil
la naturaleza del pensamiento, muchos filósofos, de modo regentado por el filósofo David Chalmers y que incluye su
particular los especialistas en la mente, se han formulado bibliografla anotada de la obra contemporánea sobre filo-
las preguntas de este capítulo, que constituyen el núcleo sofla de la mente, es asequible en la dirección siguiente:
de casi todas las cuestiones filosóficas, y esto vale sobre <http://www.u.arizona.edu/-chalmers•.
todo para los filósofos más brillantes de nuestro siglo.
Como resultado, las obras relacionadas con esta rama de
la filosofla presentan una gran complejidad de índole téc-
nica. Los libros que aconsejamos a continuación servirán
de guía por el complicado laberinto de las obras dedicadas
a este tema.

OTRAS LECTURAS

Un entretenido y accesible panorama de la mayoría de


los tópicos más importantes en esta área es la obra de David
Papineau Introducing Consciousness, ilustrada por Howard
Selina (Cambridge, leon Books, 2000). Otras dos introduc-
ciones más convencionales que cubren con más detalle
gran parte de las mismas cuestiones son Mind and Body, de
Robert Kira (Chesham, Acumen, 2003), y Philosophy ofMind:
An Introduction, de George Graham (2.' ed., Oxford, Black-
well, 1998). La obra de Tim Crane Mechanical Mind (2.' ed.,
Londres, Routledge, 2003) aborda las cuestiones centrales
en el ámbito de la filosofla de la mente desde la perspecti-
va de que la mente sea o no semejante a un computador.
The Mind's 1, editada por Douglas R. Hofstadter y Da-
niel C. Dennett (Londres, Penguin, 1982), es una colección

192 193
CAPíTULO VII

El arte

La mayor parte de las personas que visitan galerías, leen


poesía y novelas, asisten al teatro y a los espectáculos de
ballet, ven películas o escuchan música, se preguntan algu-
na vez en qué consiste el arte. Es la pregunta básica que
subyace a toda reflexión filosófica sobre la materia. En este
capítulo veremos algunas respuestas, y examinaremos unas
cuantas cuestiones filosóficas a propósito de la crítica.
La aparición de nuevas formas artísticas, tales como el
cine y la fotografía, y el hecho de que las actuales galerías
de arte expongan, por ejemplo, un montón de ladrillos o
una pila de cajas de cartón, nos obligan a revisar los lími-
tes de lo que entendemos por obra de arte. Naturalmente,
el arte ha significado cosas muy distintas en cada cultura
yen cada época. Unas veces ha tenido fines rituales o reli-
giosos, y otras ha pretendido entretener y reflejar los prin-
cipales valores, temores y deseos de la cultura que lo ha
producido. Otras épocas han definido con mayor claridad
lo que entendían por arte, pero, a finales del siglo xx, he-
mos llegado a una situación en la que prácticamente cual-
quier cosa puede serlo. Si esto es así, éen qué consiste
la dimensión artística de un objeto, un texto o una obra
musical?

195
¿SE PUEDE DEFINIR EL ARTE? señalar que, en último extremo, siempre hay algo que todos
los miembros de una familia comparten: la herencia genéti-
Puesto que las numerosas manifestaciones artísticas: ca, y, también, que todos los juegos se parecen en que
pintura, obras de teatro, películas, literatura, danza y mú- absorben el interés tanto de los participantes como de los
sica, no presentan mucho en común, algunos filósofos han espectadores, que no buscan en ellos ninguna finalidad
sostenido que el arte no se puede definir, y que la preten- práctica. Pero esta definición del juego resulta tan impreci-
sión de buscar un denominador común en las obras, con sa y poco satisfactoria -por ejemplo, no lo distingue de otra
el objetivo de hallar una definición susceptible de aplicar- actividad cualquiera, como dar besos o escuchar música-
se a todas ellas resulta completamente absurda, dada su que nos obliga a buscar otra más ajustada y viable. Y si se
enorme variedad. Para respaldar esta idea, Ludwig Wittgen- puede hacer con los juegos, no hay razones para negar a
stein utilizó en sus Investigaciones filosoficas el ejemplo del priori la posibilidad de aplicárselo a las obras de arte. Natu-
parecido entre los miembros de una familia. ralmente, no faltará quien piense que hallar el común deno-
minador de las obras de arte carece de interés o de impor-
tancia, pero lo cierto es que se puede intentar. Así pues, exa-
LA TEORíA DEL «AIRE DE FAMILIA" minaremos varios intentos de definirlo: la teoría de la forma
significativa, el idealismo y la teoría institucional.
Lo más probable es que yo me parezca en algo a mi pa-
dre, y que él se parezca a su hermana, pero no es imposi-
ble que entre mi tía y yo no exista ningún parecido. Dicho LA TEORíA DE LA FORMA SIGNIFICATIVA
de otro modo, los parecidos entre los miembros de una
familia se solapan, y no existe ningún rasgo observable o Esta teoría, muy extendida en la primera mitad del si-
denominador común a todos ellos. También los juegos se glo xx, y particularmente vinculada a la obra Art, del crí-
parecen entre sí, pero no es fácil decir qué tienen en co- tico Clive Bell (1881-1964), parte de la idea de que una
mún un solitario, una partida de ajedrez, un partido de auténtica obra de arte produce en quien la lee, la contem-
rugby y el juego de las pulgas. pla o la escucha una emoción estética que se distingue de
El parecido entre las distintas manifestaciones artísticas las emociones de la vida cotidiana por no estar relaciona-
podría ser de este tipo, teniendo en cuenta que, pese a las da con ningún interés práctico.
semejanzas evidentes, no existen aspectos observables o de- ¿Qué tiene el arte para provocar en nosotros esas reac-
nominadores comunes a todas ellas. En ese caso, carecería ciones? ¿Por qué nos causan emoción estética sus obras?
de sentido buscar una definición genérica del arte, y cabría Bell afirma que las auténticas obras de arte comparten una
definir sus manifestaciones, es decir, la narrativa, el cine, la cualidad que denomina «forma significativa», término acu-
música sinfónica, etc., independientemente unas de otras. ñado por él mismo. La forma significativa es una determi-
nada relación entre las partes; es decir, no se refiere al con-
tenido de la obra, sino a los distintos aspectos de su estruc-
CRíTICA A LA TEORÍA DEL «AIRE DE FAMILIA» tura. Aunque la teoría suele aplicarse a las artes plásticas,
la definición vale también para otras manifestaciones ar-
Para demostrar la falsedad de esta postura bastaría con tísticas.
encontrar una definición satisfactoria del arte. Más adelan- Por ejemplo, un defensor de esta idea sostendría que
te examinaremos algunos intentos; por ahora valdrá la pena si Van Gogh crea una obra de arte cuando pinta un par

196 197
de botas es porque combina colores y texturas que po-
seen una forma significativa y, consiguientemente, pro- Es irrefutable
ducen una emoción estética en los críticos sensibles.
La forma significativa es una propiedad indefinible que Por otra parte, se puede objetar que la teoria no es sus-
esos críticos sensibles reconocen intuitivamente en la ceptible de refutación, porque afirma la existencia de una
obra. Por desgracia, los críticos dotados de una sensibili- determinada emoción que los auténticos expertos sienten
dad menor son incapaces de apreciarla. Bell, al contrario siempre que se encuentran ante una obra de arte. La de-
que los institucionalistas que encontraremos más adelan- mostración de este extremo nos parece una tarea extrema-
te, creía que el concepto de «arte» es valorativo, lo que sig- damente dificil, cuando no imposible.
nifica que decir de algo que es una obra de arte no equi- Si alguien se atreviera a afirmar que ha estado frente a
vale sólo a clasificarlo, sino también a declarar su valor. una obra de arte sin sentir ninguna emoción estética, Bell
Todo arte genuino, en toda época y lugar, posee una for- replicaría que está en un error, porque o no ha tenido una
ma significativa. experiencia artística plena, o carece de sensibilidad crítica.
Pero esto sería asumir de partida que la teoría está proba-
da, es decir, que existe una emoción estética que el arte
auténtico produce en todos los casos. Así pues, la teoría es
CRíTICA A LA TEORíA DE LA FORMA SIGNIFICATIVA
irrefutable. La mayoría de los filósofos sostiene que una
teoría imposible de refutar lógicamente, porque toda ob-
Es un círculo vicioso servación posible tiende a confirmarla, carece de sentido.
De modo semejante, si decimos de algo que es una
El argumento de la forma significativa es circular, por- obra de arte, pero no provoca emoción estética alguna en
que sus dos conceptos fundamentales se definen uno por un crítico sensible, un teórico de la forma significativa de-
otro recíprocamente. La forma significativa es, ni más ni clararía que no se trata de arte auténtico. Una vez más, no
menos, que el conjunto de aquellas propiedades formales existe una observación posible que permita probar su idea.
de la obra que provocan una emoción estética, pero ésta
sólo puede entenderse como aquella emoción estética que
se experimenta en presencia de la forma significativa. La LA TEORÍA IDEALISTA
interpretación no nos satisface, pues si no podemos salir
del círculo de la definición, la teoría no nos dice nada. La teoría idealista del arte, cuya formulación más con-
Así pues, necesitamos un modo independiente de identi- vincente se debe a R. G. Collingwood (1889-1943), en su
ficar tanto la forma significativa como la emoción esté- obra Principles ofArt, se distingue de otras por afirmar que
tica. Sin un criterio independiente para abordar una cosa el arte auténtico no es algo fisico, sino una idea o una emo-
y otra, el núcleo de la teoría resulta un círculo vicioso. ción en la mente del artista. La idea recibe una expresión
Sería como buscar en un diccionario la definición del tér- creativa fisica, y se modifica porque el artista se compro-
mino «sí» y encontrar que es «lo opuesto a "no"», para lue- mete con un determinado medio expresivo, pero la obra
go ir al término «no», y encontrar que se define como «lo de arte en sí está en su cabeza. Algunas versiones de la teo-
opuesto a "sí"». ría idealista ponen el acento en la autenticidad de la emo-
ción que se expresa, lo cual le añade un tono fuertemente
valorativo.

198 199
La teoría idealista distingue el arte de la artesanía. Las las obras literarias o musicales, en las que no existe un obje-
obras de arte carecen de toda finalidad práctica, y se crean to fisico concreto que podamos llamar obra, adquiere algu-
por el compromiso del artista con un medio expresivo de- na verosimilitud.
terminado, Sea éste la pintura o las palabras. Por el contra-
rio, las obras de artesanía se crean con una finalidad con-
creta, y el artesano, en vez de ir diseñando el objeto duran- Demasiado limitada
te el proceso creador, parte de un diseño ya establecido.
Por ejemplo, un cuadro de Picasso no tiene una utilidad La segunda objeción a esta teoría es su limitación. Se-
concreta y, probablemente, no fue completamente planifi- gún las categorías que establece, muchas obras reconocidas
cado a priori, mientras que la mesa a la que me siento cum- serían meros trabajos artesanos. Los grandes retratos se han
ple una función evidente y fue fabricada según un diseño pintado muchas veces para inmortalizar la apariencia fisica
previamente establecido, es decir, un anteproyecto. El cua- del modelo, y son numerosas las obras de teatro creadas
dro es una obra artística; la mesa, un trabajo artesano. Esto con el fin de entretener al público. ¿Dejarían de ser arte
no significa que una obra de arte no contenga elementos por haberse creado con un propósito definido? ¿Qué ocu-
de artesanía en ningún caso, como ocurre, de hecho, en rre entonces con la arquitectura -considerada siempre una
algunas de las más importantes. El propio Collinwood de las bellas artes-, puesto que la mayor parte de los edifi-
negó explícitamente que ambas categorías se excluyeran cios se han construido con un propósito específico?
mutuamente. Lo imprescindible en la obra de arte es que
no constituya un medio para lograr un fin.
La teoría idealista distingue el arte genuino del arte con- LA TEORÍA INSTITUCIONAL
cebido con el mero propósito de entretener al público o des-
pertar en él determinadas emociones. El arte auténtico care- Recientemente, la llamada teoría institucional del arte,
ce de finalidad, porque es un fin en sí mismo. El arte conce- debida a ciertos autores como el filósofo George Dickie
bido para entretener es artesanía; por tanto, un producto (1936), ha intentado explicar por qué atribuimos categoría
inferior a la obra de arte propiamente dicha. También el artística a obras tan distintas como el Macbeth, de Shake-
arte llamado religioso, cuando 10 es puramente, se conside- speare, la Quinta Sinfonía, de Beethoven, una pila de ladri-
ra artesanía porque está creado con un propósito concreto. llos, un orinal con la leyenda «Fuente», La tierra baldía, de
T. S. Eliot, Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, y las fo-
tografías de William Klein. Según esta teoría, todas ellas
CRÍTICA A LA TEORÍA IDEALISTA comparten dos cosas.
En primer lugar, todas son artificios, es decir han sido
Carece de sentido elaboradas, en una u otra medida, por el ser humano. El
concepto de «artificio» se emplea aquí en un sentido am-
La principal objeción a la teoría idealista es que consi- plio, porque hasta un madero de barco encontrado en la
derar que las obras de arte no son objetos fisicos, sino ideas playa se convierte en artificio cuando se expone en una
que están dentro de la cabeza del artista carece de sentido, galería. El hecho de colocarlo allí para que la gente 10 con-
pues, de ser así, 10 único que veríamos en las galerías de temple es ya, en cierto sentido, una elaboración. Pero, pre-
arte sería una mera huella de la auténtica creación del artis- cisamente por ser tan extensa, la definición de artificio ape-
ta. No es fácil admitir este concepto, que sólo en el caso de nas añade nada al concepto de arte.

200 201
En segundo lugar, y esto es lo más importante, si todas clasificar algo, expresamos su calidad. A veces se emplea el
las obras citadas son artísticas es porque ha habido uno o término en sentido metafórico para aludir a cosas que no
varios miembros del mundo artístico -galeristas, produc- son estrictamente artísticas, por ejemplo, cuando decimos:
tores, editores, directores o artistas- que le han otorgado «Esta paella es una obra de arte". La teoría institl;lci~nal no
esa categoría. En todos los casos, alguien con autoridad nos dice nada de estos empleos valorativos del termmo. Se
para ello las ha bautizado así. Es decir, alguien concede al trata de una teoría sobre lo que tienen en común todas las
artificio el estatus de «candidato al valor artístico». obras de arte, ya sean malas, buenas o indiferentes; es de-
Esto podría sonar a que una obra es artística cuando cir, se ocupa únicamente de los a~pectos clasificadores.
ciertas personas la incluyen en esa categoría; es decir, un Desde este punto de vista, la capacidad de los. miembros
círculo vicioso. De hecho, se trata de algo parecido. Sin del mundo artístico para actuar como reyes Midas carece
embargo, los miembros del mundo artístico no necesitan de sentido, porque el valor del oro se puede calc~lar, pero,
celebrar ninguna ceremonia bautismal; no necesitan siquie- según la teoría institucional, no es imprescindible hallar
ra calificarlo de arte; basta con que le otorguen ese trata- ningún valor en la obra de arte.
miento. La teoría institucional sostiene que ciertos indivi- No obstante, la mayor parte de la gente no se pregunta
duos o grupos sociales tienen el poder de transformar un qué es el arte para conocer su esencia, sino para comparar
artificio en una obra de arte por el mero hecho de «bauti- y distinguir su calidad. Tanto la te,?ría de la forma signifi-
zarla» con ese nombre, aunque la mayor parte de las veces cante como el idealismo son hasta cierto punto valorativas;
basta con exponerla, representarla o darle publicidad. Los según esto, decir de algo que es una obra de arte equiv~le
propios artistas pueden formar parte de esa elite, cuyos a proclamar su calidad, bien porque 'posea una fo~a sl.g-
miembros poseen la habilidad del rey Midas para conver- nificante, bien porque se trate de la smcera eXl?reslO~ artís-
tir en oro todo lo que tocan. tica de una emoción. Por el contrano, la teona mstitucio-
nal en vez de ofrecer una respuesta a las preguntas valora-
nvas, defiende una concepción muy flexible del arte. U nos
CRíTICA A LA TEORíA INSTITUCIONAL descubren en ello su mayor virtud; otros, SU peor defecto.

No distingue el arte por su calidad


Es un círculo vicioso
Se ha dicho que la teoría institucional tiene un pobre
concepto del arte, y que justifica méritos artísticos en los Muchas veces se ha dicho que la teoría institucional es
objetos más pretenciosos y superficiales. Bastaría con ser un círculo vicioso. En su versión más estricta afirma que
miembro de ese mundillo y tener la capacidad de exponer- arte es todo aquello que un gru¡:>o de personas -el ~undo
lo en una galería, para convertir el zapato de mi pie artístico- acepta como tal, sencillamente, porque tiene la
izquierdo en una obra de arte. posibilidad de otorgarle esa categoría; de modo que la obr~
Lo cierto es que la teoría institucional acepta como arte de arte y el mundo del arte se definen uno por otro reci-
prácticamente cualquier cosa. Calificar una obra de artísti- procamente. .... . .
ca no equivale a valorar su calidad, sino a establecer una Sin embargo, un partidario de la Idea institucional po-
mera clasificación; dicho de otro modo, a situarla dentro dría aducir que si bien su teoría es circular en cierto modo
de la categoría «obra de arte». Esto difiere del sentido que no constituye un círculo vicioso. Por otro lado, no debe-
solemos dar a la palabra «arte», pues, lejos de limitarnos a mos creer que su capacidad informativa sea tan escasa

202 203
como podría desprenderse del resumen anterior de hecho
tiene mucho que decir sobre la naturaleza de \a obra d~ LA TEORíA «ANTIINTENCIONALISTA"
arte, su historia y sus distintas realizaciones. Con todo, nos
parece menos clarificadora que las restantes; en parte, por- Los enemigos del intencionalismo descartan todo inte-
que no ofrece nmguna interpretación de por qué un miem- rés posible en las intenciones que encarna la obra de arte
bro del mundillo del arte puede atribuir esa categoría a una en sí. Todo aquello que sabemos por los diarios, las entre-
obra de artificio y negárselo a otra. vistas a los autores o los manifiestos artísticos carece de
importancia para una auténtica interpretación crítica, y
sólo interesa de cara al estudio psicológico del artista. La
¿Q!técriterios debería emplear e!mundo de!arte? psicología es, sin duda, una materia interesante en sí mis-
ma, que puede decirnos mucho sobre los orígenes de la
Richard Wollheim (1923), un filósofo actual, y autor de obra, pero éstos no pueden confundirse con su significa-
vanos ensayos de arte, ha expuesto el argumento más efi- do. La crítica debe atender únicamente a las pruebas
caz contra la teoría institucional. Según su opinión, aun- internas de la obra, pero los problemas sobre lo que el
que aceptáramos la capacidad de los miembros del mundo artista tiene en la cabeza son externos a ella y, por tanto,
artístico para otorgar la categoría de obra de arte, se nece- irrelevantes para la crítica. Los adversarios del intencio-
sitan razo,nes que justifique~ la inclusión de unas obras y nalismo, por ejemplo, críticos como William Wimsatt
~a e~c.luslO~ de otras, pues SI no pueden aducir una lógica, (1907-1975) y Monroe Beardsley (1915-1980), que escri-
<que mteres encierra para nosotros su categorización? Por bieron en los años cuarenta, calificaron esta actitud de fa-
otro lado, si tienen razones es que pueden definir el arte, lacia intencional.
en cuyo caso el análisis de tales razones resultaría mucho La teoría antiintencionalista es partidaria de una estric-
más interesante y esclarecedor que la mera exposición teó- ta lectura de los textos literarios y un estricto análisis de
nca. Pero SI conociéramos sus razones, la teoría institucio- otras obras de arte. Para sus defensores, la obra de arte es
nal sería perfectamente prescindible. pública, en el sentido de que, una vez creada, el artista no
La ventaja de la teoría institucional estriba en que nos posee más capacidad para interpretarla que cualquier otra
recuerda que una obra de arte se considera tal por motivos persona.
culturales, ~s decir,. no depende de un canon intemporal, Encontramos un planteamiento muy semejante en
smo de las l~s~tuclOn~s soc.lales de una determinada épo- autores recientes como Roland Barthes (1915-1980), que,
ca. Las defmiciones mas recientes del arte tienden a poner en términos metafóricos, declaró la muerte del autor,
el acento en los aspectos históricos. para significar que, una vez publicado el texto literario, el
escritor pierde sus privilegios y sólo el lector tiene dere-
cho a interpretarlo. En consecuencia, el autor se diluye, y
LA CRíTICA DE ARTE el crítico y el texto ganan importancia. El significado del
texto depende más de la interpretación del lector que de
Otra rama fundamental del debate filosófico sobre las la intención del escritor. Así pues, la teoría antiintencio-
artes se centra en el método y la justificación de los ensa- nalista destaca los aspectos relevantes de la obra para el
yos sobre la materia, una de cuyas principales controversias crítico.
ha versado sobre la posible interpretación crítica de la in-
tención del artista.

204 205
la única posibilidad sería preguntarle si lo dice con ironía;
CRfTICA A LA TEORfA «ANTIINTENCIONALISTA» en otras palabras, preguntarle por una intención externa al
discurso.
Una mala interpretación de la intención del autor En el terreno del arte, la realidad externa a la obra pue-
de ayudarnos a comprender si su sentido es irónico; por
Una del,as críticas a esta postura rechaza su concepto tanto, no parece razonable despreciar por completo esta
de «intención», puesto que la considera un fenómeno fuente de información. Probablemente, un antiintenciona-
n;ental ante.rior al acto creativo.. Sin embargo, muchos fi- lista replicaría que si no se puede captar el sentido irónico
losofos sostienen que las mtenciones están contenidas en mediante un estricto análisis de la obra, éste carece de im-
e! 1?ropio proceso creador, es decir, no pueden separarse portancia para la crítica, que sólo se ocupa de lo que es
fácilmente de los actos. Cuando enciendo la luz no exis- público. La ironía que descansa en las intenciones del artis-
te un fenómeno mental previo a la pulsación del 'interrup- ta externas a la obra es un código secreto y escasamente
tor, sino que am~as cosas OCUrren al mismo tiempo, de interesante.
modo que el propio acto de pulsarlo contiene la intención
de hacerlo.
No obstant~, este argumento resulta poco satisfactorio, Un concepto pobrede la crítica
porque la finahdad de la teoría antiintencionalista no es
basar la crítica únicamente en la intención, sino en cues- La tercera objeción al antiintencionalismo sería su con-
tiones externas a la obra de arte; de hecho, los antiintencio- cepto demasiado pobre de la crítica de arte. La crítica del
nalistas están dispuestos a reconocer la importancia de las arte grande debe servirse de cualquier evidencia disponi-
mtenciones para la crítica cuando éstas aparecen encarna- ble, sea ésta interna o externa a la obra en cuestión. Parece
das en la obra. excesivo restringirla a unas normas rígidas previas sobre las
pruebas que se deben tener en cuenta para respaldar un
comentario crítico.
La ironía

. Q!íizá una de las críticas más significativas al antiinten- REPRESENTACIÓN, INTERPRETACIÓN Y AUTENTICIDAD
cionalisrno es la que destaca el hecho de que ciertos recur-
so~ artístico~, tales. como la ironía, requieren una evalua- La representación de una obra de arte plantea en oca-
cion de las intenciones del artista, originadas en muchos siones problemas filosóficos en cierto modo semejantes a
casos por problemas externos a la obra. los que debe encarar la crítica del arte en la práctica, por-
La ironía consiste en decir algo para significar lo con- que cada representación supone una interpretación. Los
trano. Por ejemplo, si un amigo nos comenta: «Hace un mayores problemas se plantean cuando la obra data de
día estupendo», puede querer decir lo que literalmente una época muy anterior a la nuestra. Aunque aquí nos
dice o puede tener una intención irónica; sólo lo sabremos centraremos en la dificultad de interpretar la música de
observando el contexto en el que lo dice, pues no es im- otros siglos, el argumento valdría también, por ejemplo,
posible que ~sté lloviendo a cántaros. También podría- para una representación históricamente fiel de las obras de
mos descubnrlo prestando atención al tono de voz que Shakespeare.
emplea; pero SI no cabe ninguna de esas comprobaciones,

206 207
positor. Los intérpretes de la «autenticidad » olvidan que,
LA AUTENTICIDAD HISTÓRICA DE LA INTERPRETACIÓN en realidad, sólo podemos recrear con cierto éxito los ins-
trumentos antiguos, pero nunca borrar la música que se ha
En los últimos años han proliferado los conciertos y compuesto e interpretado desde entonces. Dicho de otro
grabaciones que pretenden reproducir el sonido con fideli- modo, nunca podremos escuchar la música con un oído
dad histórica; por lo general, descartando los instrumentos genuinamente histórico. Cuando oímos hoy las notas de
actuales, para utilizar los contemporáneos a la época de la Bach no podemos olvidar todo lo que se ha escrito desde
partitura. Así, por ejemplo, una orquesta que aspira a re- aquella época, porque llevamos dentro de nosotros el soni-
producir la auténtica interpretación histórica de los «Con- do de los instrumentos modernos, tocados con técnicas
ciertos de Brandenburgo», de Bach, emplea los instrumen- igualmente modernas. Hemos oído la música atonal, y co-
tos disponibles en la época del autor, con su sonido y sus nocemos el sonido del piano moderno mucho mejor que
limitaciones características. El director tiene que consultar el del clavicordio. Por tanto, la música de Bach tiene hoy
la investigación histórica a su alcance, con el objetivo de un significado completamente distinto al que tuvo para el
descubrir el tempo y el estilo interpretativo propio de la público de la época.
época de Bach. El fin de ese tipo de interpretación sería re-
producir con la mayor fidelidad posible el sonido que es-
cucharon los primeros públicos de la música de Bach. Una concepción simplista de la interpretación musical
Aunque nadie duda del interés de tales interpretaciones
para un historiador de la música, lo cierto es que plantean Otra de las críticas posibles a la interpretación de tipo
varios problemas filosóficos relativos al estatus de las dis- histórico es la que subraya el simplismo de su modo de
tintas interpretaciones de una pieza musical. El empleo del concebir la interpretación, desde el momento en que juzga
adjetivo «auténtico» para calificarlas supone que los instru- la calidad sólo por su fidelidad histórica, dejando de lado
mentos modernos sólo pueden ofrecernos una realización otras consideraciones artísticas importantes; es decir, limi-
carente de autenticidad o, lo que es igual, que una inter- tando gravemente la posibilidad de una interpretación cre-
pretación «auténtica» es superior a cualquier otra. Cabría ativa. En realidad, consigue un museo de interpretaciones
preguntarse, en ese caso, si toda interpretación musical debe musicales, pero no permite que los intérpretes de cada ge-
aspirar a este tipo de autenticidad histórica, pero veremos neración comprendan con una frescura y una osadía nue-
que existen numerosas objeciones. vas la obra del compositor, es decir, que sean capaces de
contar tanto con la historia de la música como con la his-
toria de la interpretación de esa partitura concreta.
CRíTICA A LA AUTENTICIDAD HISTÓRICA
DE LA INTERPRETACIÓN
Las interpretaciones históricas pueden desvirtuar
Retroceder en el tiempo es unafantasía el espíritu de la obra

Una de las críticas a la búsqueda de autenticidad en la Un interés exagerado por la dimensión histórica puede
interpretación no sólo niega que ésta sea posible, sino que incluso desvirtuar la interpretación de una obra musical.
la considera un intento ingenuo de viajar en la máquina En efecto, el intérprete preocupado por la historia podría
del tiempo para oír el mismo sonido que disfrutó el com- traicionar el espíritu del compositor; resulta mucho más

208 209
adecuada una interpretación sensible, capaz de captar el es-
píritu de la obra, que la reproducción del sonido origina!. Precio, esnobismo y reliquias
Se trata de una autenticidad distinta: la autenticidad de la
interpretación, si entendemos el término como «sinceridad Los intereses financieros del mundo del arte y su obse-
artística» y no como mera fidelidad histórica. sión por el valor de una pintura, son quizá la única razón
de que un original valga mucho más que su falsificación,
ya que si sólo existiera un ejemplar de cada cuadro podría
FALSIFICACION y VALOR ARTíSTICO aparecer en las subastas a precios astronómicos, en su cali-
dad de objeto único. Llamamos a esto «efecto Sotheby»,
A propósito de la autenticidad, surge una pregunta filo- por la famosa casa de subastas. Cuando existen varias co-
sófica de gran interés, équé posee más valor artístico, una pias de un cuadro, el precio de cada una de ellas cae en
pmtura original o una falsificación perfecta? Aquí centra- picado, especialmente cuando no se concede al original
remo~ el problema en la falsificación de la pintura, aunque una categoría muy distinta a la de sus reproducciones. En
también se pueden falsificar otras manifestaciones artísti- efecto, este fenómeno rebaja la pintura casi al nivel de la
cas; por ejemplo, una escultura, una fotografia o un graba- reproducción en la imprenta.
do. La copia de una novela, un poema o una sinfonía no Pero quizá no se trata sólo de los intereses financieros
se considera una falsificación. Sin embargo, en ciertas oca- del mundo artístico, sino también del esnobismo de los
siones los manuscritos originales también pueden falsifi- coleccionistas de arte, que, en su búsqueda del objeto úni-
carse, y la imitación del estilo de un autor determinado co, prefieren siempre los originales. Para ellos es más im-
puede pasar por auténtica. portante poseer un boceto original de Constable que una
Para empezar, conviene distinguir entre dos tipos bási- copia perfecta del mismo, porque, más que el valor artísti-
cos de falsificación: la copia perfecta y la pintura que re- co, les mueve el esnobismo.
produce el estilo de un artista famoso. Una copia exacta de Otra motivación para poseer originales podría ser su
la Gl.o,conda sería una falsificación del primer tipo; la falsi- calidad de reliquias del pasado. Las reliquias fascinan por
ficación de un Van Meegeren que reproduce su estilo, y su carga histórica; por ejemplo, un trozo auténtico del
que, de hecho, engaña a muchos expertos, sería un ejem- madero en el que crucificaron a Jesucristo ejerce una fasci-
plo del segundo, porque no existe un original reproducido. nación incomparable a la de cualquier otro trozo de made-
Naturalmente, el manuscrito original de una novela o de ra, por el hecho de haber estado en contacto con su cuer-
un poema sólo se puede falsificar en el primer sentido. No po. De igual modo, un Van Gogh original alcanza precios
obstante, las falsificaciones del segundo tipo, por ejemplo, elevadísimos porque se trata de un objeto que el gran pin-
de una obra de Shakespeare, son posibles mediante una tor tocó con sus manos, y al que dedicó toda su atención
imitación inteligente del estilo del escritor. y su esfuerzo.
Son las falsificaciones auténticas obras de arte por de-
é El precio, el valor atribuido por el esnobismo o por el
recho propio? Si el falsificador es capaz de reproducir una afán de poseer una reliquia guardan escasa relación con
obra que pasa ante los expertos por el original es que posee el mérito artístico. El primero se relaciona con la rareza, las
la habilidad de su pnmer creador, y podría considerarse fluctuaciones en los gustos de los coleccionistas y la mani-
un artista de igual mérito. Existen argumentos que avalan pulación de los que dirigen el mercado del arte; el segun-
tanto esta posición como la contraria. do es cuestión de rivalidad social; y el tercero responde a
una necesidad psicológica, es decir, a nuestra forma de rela-

210 211
cionarnos con los objetos. Si son estos los factores que ori- Una falsificación puede presentar las habilidades mecá-
ginan la mayoritaria preferencia por los originales sobre las nicas de Cézanne, pero un pintor de su categoría no se
buenas falsificaciones de una obra de arte, cabría pregun- juzga sólo por sus recursos artesanales. El falsificador, que
tarse si las segundas no poseen la misma significación artís- reproduce servilmente, no puede aspirar a ser un gran pin-
tica que los primeros. Existen, no obstante, fuertes obje- tor, porque siempre le faltará la originalidad de! creador.
ciones a este punto de vista. En el caso de un falsificador que produce obras con el
estilo de Cézanne (es decir, falsificaciones del segundo
tipo; no copias de cuadros reales), disponemos de más
Imposturas pofectas datos para comparar su mérito con e! de las auténticas pin-
turas de Cézanne. No obstante, e! falsificador no crea un
Una de las razones que justifican la preferencia de! ori- estilo, 10 copia, y nosotros valoramos más la creatividad
ginal es que nunca podemos estar seguros de la perfección de! artista original que la habilidad del imitador. La creati-
de la copia. El hecho de que una falsificación de Van vidad es uno de los aspectos más importantes del mérito
Gogh tenga la calidad suficiente para engañar a los exper- artístico.
tos actuales no quiere decir que pueda ocurrir 10 mismo Vemos, pues, que la producción de una falsificación
con los expertos futuros. Por tanto, si las diferencias pue- convincente no nos autoriza a considerar por igual al falsi-
den manifestarse a largo plazo, nunca podremos afirmar la ficador y al artista original. Con todo, en el caso de una
perfección de la copia. Aunque concedamos a las falsifi- reproducción del original, ésta nos permitiría apreciar e!
caciones en general e! mismo mérito que a los originales, mérito artístico de Cézanne. Así pues, no se trata de una
écómo estar seguros de que todas y cada una de ellas son argumentación contra e! valor artístico de las falsificacio-
cabales? nes, sino contra e! mérito artístico de los falsificadores. La
Contra esto puede aducirse que las diferencias entre e! copia siempre nos permitirá admirar e! genio de Cézanne,
original y la copia suelen ser muy pequeñas, y no parece nunca e! genio de! falsificador.
probable que puedan cambiar de un modo sustancial nues-
tro concepto de! mérito artístico de un cuadro.
El argumento moral

La obra de artefrente el artista El problema fundamental en e! caso de las falsificacio-


nes reside en su intención de mentir a los que contemplan
Aunque alguien fuera capaz de pintar un cuadro impo- la obra. Es imposible realizar una falsificación si no se preten-
sible de distinguir de la obra de un pintor cualquiera, ima- de engañar; pues, en caso contrario, se trataría de una copia
ginemos que, en este caso, se trata de Cézanne, nunca será o de una ejercitación en e! estilo de otro artista, una es-
10 mismo, ya que e! mérito que atribuimos al autor origi- pecie de pastiche. Su intención de engañar, de mentir a
nal no reside en una sola obra, sino en su estilo personal a los demás, convierte la falsificación en un acto inferior al
10 largo de toda una vida de creación. Este cuadro en con- original. Con todo, conviene distinguir las cuestiones ar-
creto formará parte de un talento cuyo valor apreciamos en tísticas de los juicios morales, pues, por muy mentirosa que
e! contexto de toda su obra. Es decir, sólo podemos valorar sea una falsificación, puede impresionarnos como obra
sus logros artísticos situando cada cuadro suyo en el con- de arte.
texto de su producción total.

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CONCLUSIÓN Sobre el problema de la autenticidad en la interpreta-
ción de la música antigua, merece una lectura, por su cali-
Hasta aquí hemos examinado varias cuestiones filosófi- dad, Authenticity and Early Music (Oxford, Oxford Univer-
cas relacionadas con el arte y con la crítica que surgen de sity Press, 1988), de Nicholas Kenyon (ed.), The Forger's Art
la definición del arte y del estatus estético que concedemos (Berkeley, Ca., University of California Press, 1983), de
a las falsificaciones. Gran parte del discurso de artistas, crí- Denis Dutton, es una fascinante colección de artículos so-
ticos y espectadores interesados en el arte resulta tan con- bre el estatus de las falsificaciones.
fuso como carente de lógica. El rigor filosófico y la clari-
dad de la argumentación en esta materia serían muy acon-
sejables. Como en cualquier otra rama de la filosofía, la
claridad de la exposición no garantiza el poder de convic-
ción de sus soluciones, pero facilita el camino.

OTRAS LECTURAS

Tres introducciones generales útiles para la filosofia del


arte son: Colin Lyas, Aesthetics (Londres, Routledge, 1997);
Noel Carroll, Philosophy ofArt: A Contemporary Introduction
(Londres, Routledge, 1999), y Gordon Graham, Philosophy
01 the Arts: An Introduction to Aesthetics (2. a ed., Londres,
Routledge, 2000). Mi propio libro, The Art Question (Lon-
dres, Routledge, 2003), se centra en la definición de arte.
Un minucioso libro de referencia en esta área con detalla-
das sugerencias para otras lecturas es The Oxford Handbook
ofAesthetics, editado por Jerrold Levinson (Oxford, Oxford
University Press, 2003).
Arguing About Art (2. a ed., Londres, Routledge, 2001),
editado por Alex Neill y Aaron Ridley, constituye una ex-
celente colección de artículos sobre los actuales problemas
de la filosofia del arte. Ambos autores han editado una an-
tología más completa de los escritos sobre la materia, The
Philosophy ofArt: Readings Ancient and Modern (Nueva York,
McGraw-Hill, 1995).
Una introducción a la teoría literaria (Madrid, FCE, 1993),
de Terry Eagleton, es un resumen interesante de ciertos
desarrollos de la filosofia de la literatura, que se ocupa más
de la producción teórica europea en general que de las teo-
rías de la tradición angloamericana.

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