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R EFO RMA MICRO ECO N Ó MICA Y ARREGLO S IN ST IT U CIO N ALES 69

Pobreza rural en América Latina: teorías


y estrategias de desarrollo*

C RISTÓBAL KAY**

Resumen: En este ensayo se analizan los Abstract: In this essay the principle approaches
principales enfoques sobre la pobreza con sus di- to poverty studies with their diverse focus and
versas orientaciones y propuestas o implicaciones policy proposals or implications are analyzed. It
para las políticas públicas. Se argumenta que is argued that poverty is being produced and
la pobreza se produce y reproduce a través de reproduced through certain economic, social, po-
ciertas relaciones económicas, sociales, políticas y litical and cultural relations at local, national
culturales existentes a nivel local, nacional y glo- and global levels. Thus to overcome poverty and
bal. Por ello, para superar la pobreza y la inequality it is necessary to change such systemic
desigualdad es necesario cambiar tales relacio- relations through major reforms at all these lev-
nes sistémicas a través de reformas significativas els. Integrating further developing countries
en todos estos niveles. Integrar aún más a los and their peasantries and rural labourers into
países en desarrollo y a su campesinado a la eco- the world economy through neoliberal policy
nomía mundial a través de políticas públicas measures is not the panacea for overcoming
neoliberales, no es la panacea para superar la poverty. Quite the contrary, it would entrench
pobreza. Todo lo contrario, la pobreza se atrin- poverty even further in the Latin American
cheraría aún más en el campo latinoamericano. countryside.

Palabras clave: p obretología, red ucción d e la p obreza, p obreza rural, cam p esin ad o, p olíticas
p úblicas, estrategias de desarrollo.
Key words: p overty stud ies, p overty red uction , rural p overty, p easan try, p ublic p olicies,
develop ment strategies.

I NTRODUCCIÓN : “POBRETOLOGÍA”

L
os Programas de Ajuste Estructural (SAP p or sus siglas en inglés)
y las p olíticas d e estabilización d e la d écad a d e los och en ta,
tuvieron un imp acto p erjudicial en la p obreza, aunque más signi-
ficativamente en el sector urbano que en el rural. Pero la p rop orción de

* Agradezco a Raúl H opkins de la División para América Latina y el Caribe, del Fondo
Internacional p ara el Desarrollo Agrícola (FIDA), p or su estím ulo y com en tarios d eta-
llados. También agradezco las sugerencias que recibí de p arte de dos revisores anónimos
de este trabajo. Pero cualquier deficiencia en el mismo es de mi entera responsabilidad.
** Doctor en Ciencias Sociales p or la Universidad de Sussex, Inglaterra. Profesor e
investigador del Institute of Social Studies. Temas de esp ecialización: desarrollo rural,

D.evista
R R. © 2007. Universidad
Mexicana Nacional Autónoma
de Sociología de México-Instituto
69, núm. 1 (enero-marzo, de Investigaciones
2007): 39-68. Sociales. Revista Mexicana de Sociología 69,
n úm . 1 (en ero-m arzo, 2007): 69-108. México, D. F. ISSN : 0188-2503/07/06901-03.
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p ersonas p obres es aún mayor en las áreas rurales que en las urbanas, si
bien en términos absolutos la p obreza se ha trasladado a estas últimas a
causa de las altas tasas de migración de las zonas rurales a las urbanas.
Durante la década de los noventa, la pobreza rural comenzó a descender
p ero m uy len ta y m argin alm en te. Mien tr as que en 1990, 65.4% d e
la p oblación rural en Am érica Latin a se en con traba p or d ebajo d e la
lín ea d e p obreza, en 2002 esto h abía d escen d id o a 61.8%. Los d atos
correspondientes a la pobreza extrema o indigencia son de 40.4% y 37.9%
resp ectivam en te (CEPAL , 2004: 282-283). Mien tr as tan to, la p obreza
urbana disminuyó de 41.4% a 38.4% y la indigencia urbana de 15.3% a
13.5% durante el mismo p eriodo (CEPAL , 2005: 324-325).
Ni la estrategia de desar rollo de industrialización p or sustitución de
im p or tacion es (ISI ) im p ulsad a p or el Estad o, básicam en te d e fin ales
de la década de los cuarenta a los setenta, ni las políticas neoliberales im-
pulsadas por el mercado desde la década de los ochenta, han sido capaces
d e resolver los p roblem as d e la p obreza r u r al, la d esigu ald ad y la
naturaleza excluyente del p roceso de desar rollo rural.
A mi juicio, las causas principales de la pobreza rural son estructurales
y se relacionan con la distribución disp areja de tier ras y la desigualdad
del sistema de p oder. El acceso al cap ital, a la tecnología y a los merca-
dos, así como a los sistemas de conocimiento e información, se ha vuelto
cad a vez m ás im p or tan te p ar a d eter m in ar el éxito en un a em p resa
agrícola. Pero la sustentabilidad de la agricultura camp esina y el alivio
a la p obreza r ur al d ep en d en d e tem as sociales y p olíticos d e m ayor
amp litud, así como de un contexto económico favorable. Enfrentarse a
las causas p rofundas de la p obreza requerirá de una seria distribución
de la tierra e inversiones rurales que eleven las oportunidades de empleo
y m ejoren la p rod u ctivid ad agr ícola. Las p olíticas qu e p rom u evan
activid ad es r ur ales n o agr ícolas tam bién p ued en ayud ar a red ucir la
p obreza rural, p ero esto no debe llevarse a cabo a costa de p olíticas que
promuevan el desar rollo agrícola. Las actividades, tanto agrícolas como
no agrícolas, deberán reforzarse entre sí y los gobiernos, con las p olíticas
adecuadas, pueden alentar el desarrollo de estos vínculos. Sólo cubriendo
varios frentes será posible aliviar de manera significativa la pobreza rural.
En síntesis, arremeter contra la pobreza rural suscita preguntas acerca de

teorías d el d esar rollo y estud ios latin oam erican os. Dirección : P. O. Box 29776, 2502
LT, La H aya, Países Bajos. Teléfon o: 3170 4260 542; fax: 3170 4260 799; cor reo
electrónico: Kay@iss.nl; website: www.iss.nl.

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las estrategias de desar rollo y en última instancia sobre el p oder p olítico


del camp esinado.
En las últim as d os d écad as h a existid o un a urgen cia p or p arte d e
los d iseñ ad ores d e las p olíticas, las agen cias in tern acion ales d e fin an -
ciam ien to, los in vestigad ores, las organ izacion es n o gubern am en tales
(ONG ) y otras instituciones, p or conocer más acerca de la naturaleza y las
causas de la p obreza, así como p or p rop oner una serie de medidas p ara
su red ucción y p osible er r ad icación . Este caud al rep en tin o d e in ves-
tigación y p u blicacion es sobre la p obreza h a con d u cid o a algu n os
investigadores en América Latina a acuñar el término “pobretología”. Esta
nueva p reocup ación p or los temas relacionados con la p obreza surge del
agudo aumento de la misma durante la “década perdida” de los ochenta,
cuando los p aíses latinoamericanos tuvieron que enfrentarse a la carga
ap lastante de la crisis de la deuda externa, lo cual condujo a la p uesta
en m arch a d e los llam ad os “p rogram as d e ajuste estructural” (Solan a,
2002). Los SAP abrieron las puertas para el cambio a, o la agudización de
las p olíticas n eoliber ales. Sin em bargo, el cam bio n eoliber al fr acasó
en conseguir el desar rollo económico p rometido así como la reducción
de la p obreza, aun cuando se las ar regló p ara estabilizar las economías
y abrirlas aún más al mercado mundial. Como consecuencia de la p er-
sisten cia d e la p obreza, algun os gobier n os h an com en zad o a ap licar
p olíticas sociales más enérgicas y esp ecíficamente medidas de reducción
de la p obreza, p ero con p ocos resultados hasta el momento, aun cuando
existen algunas excep ciones, como la de Chile.
N o resu lta sor p ren d en te en con tr ar qu e existen p u n tos d e vista
diferentes y contrap uestos acerca de las causas y la naturaleza de la p o-
breza, dada la comp lejidad del p roblema. Algunas de estas diferencias
surgen d e d iscrep an cias p olíticas e id eológicas que n o son siem p re
exp lícitas. En ocasiones se utilizan términos similares, p ero con signifi-
cados y consecuencias diferentes, p ara el análisis y las recomendaciones
de las p olíticas. No es mi intención en este artículo desmitificar los usos
y abusos d e cier tos tér m in os en la m ed id a en que algun os autores e
instituciones los utilizan con una intención más p olítica que científico-
teórica, aun cuando reconozco la imp ortancia de la claridad concep tual
y de la utilidad de un ejercicio tal.1 Asimismo, se emp lean metodologías

1 Para un excelen te an álisis d e este tip o, véase Cam m ack (2004). La agud a y
p rovocativa conclusión de Cammack (2002: 134) en el sentido de que “bajo el disfraz de

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diferentes en los análisis sobre la p obreza. Por ejemp lo, algunos estudios
se basan m uch o m ás exten sam en te en las técn icas estad ísticas, en los
modelos econométricos y así sucesivamente, mientras que otros hurgan
en las h istor ias p er son ales d e vid a y utilizan un tip o d e an álisis m ás
cualitativo.2 También hay estudios que asumen un acercamiento histórico
o in terd iscip lin ario, m ien tras que otros se en focan en un a d im en sión
p articular como la económica, la antrop ológica, la social, la cultural o la
política. Definitivamente no quisiera entrar en el debate complejo acerca
de la definición de p obreza y su medida, la que dejo a los exp ertos. Mi
ap roxim ación p er son al in ten ta ser in terd iscip lin ar ia d en tro d e u n
contexto de la economía p olítica y estudios del desarrollo.
Mien tr as que en el p asad o h ubo m uch o m en os estud ios sobre la
p obreza, esto no significa necesariamente que no se analizaron de cerca
m uch os asp ectos relacion ad os con ésta. Estud ios an ter iores sobre el
colonialismo interno, la marginalidad, la heterogeneidad estructural y la
dep endencia, sí se ocup aron de algunos asp ectos de la p obreza sin tener
necesariamente que utilizar siemp re el término. Me he sorp rendido al
descubrir que muchos estudios actuales sobre la p obreza no se nutren de
esa literatura inicial, ya que ésta p uede p rop orcionar una comp rensión
útil. 3 Por lo tanto, p odría resultar ap rop iado regresar a algunos de los
p rim eros estud ios, ya que esto p od ría en riquecer los actuales an álisis
sobre la p obreza. Sin embargo, la utilización de nuevos concep tos tales
com o cap ital social, exclusión social, n ueva ruralid ad y estrategias d e
vida sustentables, aunque a veces sólo reflejan una nueva moda, indican
a menudo también un cambio en la realidad. En este sentido, la nueva
terminología p uede justificarse, si bien la falta de referencias acerca del
p ensamiento anterior sobre el p roblema resulta desafortunada.

atacar a la p obreza el Ban co Mun d ial está atacan d o a los p obres”, es seguro que será
imp ugnada. Para uno de los p rincip ales estudios del Banco Mundial sobre la p obreza,
véase World Bank (2001). Para una crítica del análisis y la p olítica del Banco Mundial
sobre la p obreza desde una p ersp ectiva estilo Polanyi, véase Kirby (2002).
2 Para un a d iscusión sobre las lim itacion es y p osibilid ad es d e d iferen tes form as

de definir y medir la p obreza véase Sen (1981), Boltvinik (1993), Pyatt (2001) y Saith
(2005).
3 Para una excep ción p oco común, véase Tejo (2000) y Munck (2005).

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ENFOQUES Y DIMENSIONES DE LA POBREZA

De la marginalidad a la exclusión social

U n a d e las p rim eras form as sistem áticas d e an alizar la p obreza en el


contexto latinoamericano, era a través de los llamados estudios de mar-
ginalidad que florecieron durante la década de los sesenta y los setenta
y que p r in cip alm en te fueron llevad os a cabo p or cien tíficos sociales
latinoamericanos. Tal y como lo dijera un investigador estadounidense
de aquella ép oca:

Resulta un comentario triste dentro del campo de las ciencias sociales que la
“marginalidad” rep resente p rácticamente el p rimer intento en un siglo p or
d esarrollar un con cep to que sea cap az d e an alizar teóricam en te (n o d e
describir solamente) la posición estructural de aquel sector de la población al
cual se hace referencia de manera convencional como “los pobres” (Johnson,
1972: 274).

La m argin alid ad sign ificaba que las p erson as ten ían acceso p recario,
limitado, o no tenían acceso en lo absoluto a la educación, los servicios
de salud, el emp leo formal en las instituciones sociales y p olíticas, y así
sucesivam en te.
Se desar rollaron dos enfoques diferentes sobre la marginalidad que
obtuvieron su inspiración en las teorías de la modernización y en la teoría
m arxista resp ectivam en te. Resulta útil subr ayar algun as d iferen cias
p articulares en tre am bos, en la m ed id a en que son relevan tes p ara la
discusión contemp oránea sobre la p obreza. El enfoque de la moderni-
zación exam in aba a la m argin alid ad com o p rod u cto d e la falta d e
p articip ación e in tegración d e ciertos in d ivid uos y grup os d en tro d el
sistema económico, político y social. Las personas marginales no poseían
los atributos sociales y sicológicos ap rop iad os, así com o los valores y
normas para participar en el proceso de modernización. En cierta forma,
las p erson as m argin ales eran vistas com o resp on sables d e sus p rop ios
ap uros e in cap aces d e rem on tar su situación d e m argin alid ad . Por lo
tanto, a los gobiernos se les p edía que diseñaran p rogramas esp eciales
de educación, empleo, asistencia social y económica, y así sucesivamente,
p ar a p od er facilitar su in tegr ación en el p roceso d e m od er n ización
del p aís.
Mien tr as tan to, el en foque m ar xista tom ó un a óp tica op uesta al
argumentar que la marginalidad surgía debido a la integración particular

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de los países en desarrollo en el sistema capitalista mundial. Este enfoque,


p or lo tanto, se encuentra ubicado firmemente dentro de la teoría de la
dep endencia. La “masa marginal”, el concep to diseñado p or José Nun
(1969), surgió del p roceso de “desar rollo dep endiente”, término creado
p or Fernando H enrique Cardoso (1973), o del “desar rollo del subdesa-
r rollo”, exp resión acuñada p or André Gunder Frank (1966), que creaba
un excedente de mano de obra que el p aís dep endiente era incap az de
absorber dentro del sector de la economía formal. Esto condujo al surgi-
miento del “p olo marginal” de la economía, que es el término utilizado
por Aníbal Quijano (1974), o a lo que p osteriormente se conoció como el
sector in formal, cuando aquellos imp osibilitados de encontrar em p leo
d en tro d el sector for m al tuvieron que crear sus p rop ios m ecan ism os
de sup ervivencia.
Sin e m b a rg o , co m o h a sid o e n é rg ica m e n t e a rg u m e n t a d o p o r
Francisco de Oliveira (1985), los llamados “marginales” llevan a cabo una
im p ortan te con tribución al p roceso d e acum ulación d e cap ital al p ro-
p orcionar una gran cantidad de mano de obra barata (y mal p agada) y
de mercancías baratas (y subvaluadas). Son las emp resas cap italistas del
sector formal de la economía las que se benefician grandemente de esta
situación , ya que p ued en utilizar esta m an o d e obra barata cuan d o la
n ecesitan , p agan d o solam en te salarios d e p obreza, evitan d o los p agos
del seguro social y contratando y desp idiendo a su antojo. Además, al
establecer subcon tr atacion es con el sector in for m al, se ap rovech an
también de la mano de obra barata familiar, especialmente la de mujeres
y niños. Mientras que Nun entiende la marginalidad en términos de un
p roceso de exclusión, De Oliveira la visualiza como un p roceso de inte-
gración p recario y exp lotad or que es esp ecialm en te d om in an te en los
p aíses d ep en d ien tes. La p osición d e Q uijan o p ued e ser in terp retad a
como el vínculo o p uente entre estos dos concep tos de marginalidad y
pobreza dentro de la teoría de la dependencia. La subsiguiente literatura
d el sector in for m al exp lor ó los m últip les vín culos en tre los sectores
form al e in form al d e la econ om ía; véase al resp ecto Tokm an (1978) y
Bromley (1978), entre otros.
Lo que resulta de esp ecial relevancia p ara la p resente reflexión sobre
la p obreza rural, es darse cuenta de que dentro del p unto de vista de la
teor ía d e la m od er n ización , la m argin alid ad y la p obreza qu ed an
reducidas, en gran medida, a ciertos atributos de individuos o grup os,
lo cual los imposibilita para poder participar en la vida económica, social,
p olítica y cultural del p aís. Mientras que desde la óp tica marxista de la

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d ep en d en cia, la m argin alid ad es un a con d ición estr uctur al cread a y


rep rod ucid a p or el actual sistem a cap italista m un d ial y el p roceso d e
globalización (o el imperialismo dentro de la terminología marxista). Por
lo tan to, la p obreza d e las p erson as se d ebe en últim a in stan cia a su
p articular in tegración subord in ad a d en tro d e los sistem as econ óm icos
nacional y mundial.
Aun cuando esto no siempre es reconocido, el debate latinoamericano
sobre la marginalidad p refiguró las actuales p reocup aciones sobre la ex-
clusión social. H oy en d ía la d iscusión acerca d e la m argin alid ad y la
p obreza se encuentra enmarcada p or el debate acerca de la “exclusión
social”, que es un concep to al p rincip io amp liamente difundido p or el
In stituto In ter n acion al d e Estud ios Labor ales (IILS p or sus siglas en
inglés) y la Organización Internacional del Trabajo (O IT ). 4
El concep to de exclusión social ha adquirido diferentes significados,
d esd e las p rim eras in terp retacion es d esafian tes d el sistem a p olítico y
socioecon óm ico existen te, que van d e las m ás rad icales h asta las m ás
con ven cion ales. El con cep to d e exclusión social h a sid o ad op tad o p or
algunas instituciones ortodoxas, tales como el Banco Mundial, que le han
otorgado un significado diferente, ar rancándolo de su intención radical
original. La diferencia decisiva entre el enfoque radical y otros enfoques
es que en aquél la p obreza es vista como un p roceso activo de exclusión
ocasion ad o p or la d in ám ica d el sistem a y n o com o un a con d ición que
afecta a ciertos individuos o grup os, lo que muy a menudo es visto en
térm in os estáticos. En p alabras d e Ray Bush (2004: 690): “Es en estas
n uevas circun stan cias d e h egem on ía n eoliberal que la p obreza se ree-
tiqu eta p or tod as p ar tes com o exclu sión social y se su sten ta en las
incap acidades p ersonales”.
Mientras Munck (2005: 26) reconoce que al concep to de exclusión
social p uede dársele un uso conservador, argumenta sin embargo que:

Aquel p uede servir como un término p oderoso p ara analizar (y combatir) la


desigualdad global. Este concep to nos p ermite romp er con los p arámetros
económicos e individualistas de los conceptos tradicionales sobre la pobreza.
Es un paradigma tanto multidimensional como multidisciplinario, en la for-
ma en que enfoca la desigualdad social. No es estático, como tienden a serlo

4 Véase, p or ejem p lo, Rod gers et al. (1995) y Figueroa et al. (2001). El IILS en
Ginebra y el Programa de las Naciones Unidas p ara el Desarrollo (PNUD), dieron inicio a
p rincip ios de la década de los noventa, si no es que antes, a una serie de estudios sobre
la literatura acerca de los “patrones y causas de la exclusión social”.

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la mayoría de las concep ciones de la p obreza, sino dinámico, al enfocarse


como lo hace en el p roceso continuo de exclusión social. Finalmente es rela-
cional y comprende que la pobreza tiene como contraparte a la riqueza y que
la globalización ha generado enormes niveles de privación pero también una
concentración masiva de la riqueza en pocas manos.

Pueden distinguirse tres dimensiones en el p roceso de exclusión social


y p obreza: la económica, la p olítica y la cultural. La exclusión económica
se refiere a la marginalización del sistema productivo, la cual se manifiesta
en d esem p leo, subem p leo o em p leo in seguro, caren cia d e bien es y d e
créd ito, vuln erabilid ad y d em ás. La exclusión p olítica se origin a en el
acceso desigual a los derechos, tanto colectivos como individuales dentro
de la sociedad civil, ciudadanía limitada, subordinación social, etcétera.
La exclusión cultural comp rende una falta de reconocimiento y la segre-
gación de los valores y p rácticas culturales de los grup os subordinados
p or la sociedad dominante, lo cual conduce a la discriminación, al racis-
mo y así sucesivamente. Estas tres dimensiones de exclusión social están
in ter relacion ad as y son p rocesos autor reforzad os que p er p etúan el
p roblema de la p obreza (Altamirano et al., 2003).
La exclusión social se basa en una inclusión desventajosa dentro del
sistema social, aun cuando esto p ueda sonar p aradójico, y significa más
que n ad a un a ciud ad an ía d e segun d a clase (Rober ts, 2004). Resulta
imp ortante comp render que la “p obreza no surge debido a la exclusión
sino p or la incorp oración diferenciada de la gente p obre en los p rocesos
tan to econ óm icos com o p olíticos” (Bush , 2004: 673). De este m od o,
algun os autores cuestion an la utilización d el d iscurso d e la “exclusión
social” en los estudios sobre desar rollo y p obreza. Dentro de esta óp tica
crítica, “aun cuando tiene el p otencial de enfocar la atención en los efec-
tos anuladores de la p obreza, su uso más común a menudo es incap az
de aprehender cómo la pobreza puede brotar no sólo de la exclusión sino
también de los procesos de integración en las redes económicas y sociales
más amp lias (Du Toit, 2004: 987).
Por lo tan to, p ar a com p ren d er la d in ám ica d e la p obreza resulta
necesario examinar los p rocesos tanto de inclusión como de exclusión,
así como las relaciones entre las clases dominantes y dominadas, grup os
e individuos, ya que es a través de sus múltip les vínculos que el sustento
de los pobres contribuye al enriquecimiento de los ricos y, p or ende, a su
miseria continua. Sería más apropiado, por lo tanto, hablar de “inclusión
excluyente” ó “inclusión discriminadora”, o distinguir entre diferentes

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clases o grad os d e exclusión , ya que h asta las p erson as m ás excluid as


tien en algún tip o d e relación con el sistem a, ya sea p olítico, social o
econ óm ico.

Capital social: ¿estrategia de sobrevivencia o para salir de la pobreza?

En los últimos diez años más o menos, el concep to de cap ital social se
h a p uesto d e m od a. Al p rin cip io fue utilizad o p or los sociólogos y los
antropólogos, pero muy pronto se lo apropiaron también los economistas
y ha sido amp liamente difundido p or el Banco Mundial. 5 Mientras que
en cierta medida es una extensión útil del concep to de cap ital, como fue
el caso del concep to de cap ital humano, p uede también p restarse p ara
desviar la atención de otras fuentes de cap ital, tales como el cap ital que
rep resentan los recursos naturales, la infraestructura, la maquinaria, los
equip os y las finanzas. Estas otras formas de cap ital son, p or lo general,
m ás im p or tan tes que el cap ital social y éste últim o tien e sign ificad o
solamente en términos de la reducción de la pobreza cuando es capaz de
activar o conducir al acceso de estas otras formas de cap ital.
El concep to de cap ital social es visto p or algunos analistas como el
que ofrece la p osibilidad de una mejor comp rensión de la p obreza, que
in cluso p ued e con d ucir a un n uevo p arad igm a. 6 Much os d e aquellos
que utilizan el concepto de capital social encuentran que éste les permite
subrayar las cap acidades y el p otencial de los p obres. Se argumenta que,
mientras que es cierto que los pobres poseen poco o ningún acceso a otras
fuen tes d e cap ital, m uy a m en ud o sí tien en bastan te cap ital social, tal
com o las red es sociales y las con exion es a tr avés d e m em bresías en
organizaciones, patrocinios, instituciones de solidaridad y otros, los cuales
les p er m iten en fren tar se a las cr isis d e subsisten cia y p ued en h asta
p er m itir les la p osibilid ad d e acum ulación d e cap ital y un a salid a d e
la pobreza.
5 Uno de los p rimeros p ensadores en formular el concep to de “cap ital social” fue el
sociólogo francés Pierre Bourdieu (1980, 1986). Su visión es radical y bien diferente de
aquella defendida después por el Banco Mundial. Para una crítica enérgica y clarificadora
del concep to del Banco Mundial acerca del cap ital social, véase H arriss (2002). Para un
análisis reflexivo del debate acerca del capital social, véase Bebbington (2004a). Para un es-
tudio del capital social como una idea y práctica en el Banco Mundial, véase Bebbington
et al. (2006).
6 Para un ejemplo de los usos del concepto de capital social dentro del contexto rural

latinoamericano, véase Durston (2002), Flores y Rello (2002) y Atria et al. (2003).

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Mientras que el concep to de cap ital social tiene su utilidad, no debe


impedirnos enfocarnos en temas importantes tales como la concentración
de la p rop iedad y la desigual distribución y acceso a los bienes y a otras
form as d e cap ital. Resulta ilusorio p en sar que al in ten tar m ovilizar el
capital social de los pobres a través de las políticas públicas u otros medios,
se p uede encontrar una salida a la p obreza.7 No p uedo negar que, bajo
ciertas circunstancias, tales como un Estado p rogresista reformista o re-
volucion ario, resulta p osible d esar rollar un a sin ergia p ositiva Estad o-
sociedad que beneficie a los pobres rurales. Sin embargo, los propulsores
d el cap ital social p or lo gen eral n o d efien d en la m ovilización p olítica
rad ical d e los p obres rurales. 8 Por el con trario, a m en ud o se utilizan
p olíticas o m ed id as d e m ovilización d el cap ital social p ara p reven ir y
en fren tar se con el p roblem a m uch o m ás im p or tan te d e la d esigual
distribución de bienes y otras formas de cap ital. 9 Al intentar encontrar
una posición intermedia entre el neoliberalismo y el estatismo, el concep-
to de capital social soslaya de hecho los temas de poder político, conflicto
social y de la vasta economía política (Fine, 2001). No debe olvidarse que
las clases altas p oseen mucho más cap ital social, el cual desp liegan p ara
rep rod u cir su d om in ación y exp lotación sobre las clases m ás bajas
(Guerrero, 2005).

Nueva ruralidad: visiones postagrarias y campesinistas

Para el análisis de la p obreza, durante la última década se ha utilizado


cad a vez m ás el con cep to d e un a “n ueva r ur alid ad ”, esp ecialm en te
dentro del contexto latinoamericano, aun cuando no principalmente para
ello. ¿Prop orciona la nueva ruralidad latinoamericana los medios p ara
salir de la pobreza o, por el contrario, contribuye a su continuación? Para
p oder resp onder a esta p regunta resulta necesario estar conscientes de
que el término nueva ruralidad se utiliza en dos sentidos. 10 El uso más
7 Para una crítica arrolladora de la interp retación del Banco Mundial y de la utili-

zación del concepto de capital social como modelo de acción en el contexto del Consenso
Post-Washington, véase Bretón Solo de Zaldívar (2005).
8 Para una discusión de la literatura sobre capital social que afirma que las relaciones

de confianza y coop eración entre los rep resentantes del Estado y los p obres rurales dan
como resultado interacciones p ositivas Estado-sociedad, véase Das (2005).
9 Para un examen crítico del concepto de capital social, véase H arriss y Renzio (1997).
10 Estos dos nuevos significados de “nueva ruralidad”, que a menudo no se distin-

guen claram en te d en tro d e la literatura, están bien rep resen tad os en las excelen tes

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 79

común se refiere a la caracterización de las transformaciones experimen-


tad as p or el sector r ur al, fun d am en talm en te com o con secuen cia d el
proceso de globalización y la ap licación de las p olíticas neoliberales. 11
Estas transformaciones tan significativas se refieren a la cada vez mayor
m ulti o p lur iactivid ad d e los h ogares cam p esin os, que están in volu-
crándose en una creciente variedad de actividades no agrícolas rurales,
tales como artesanías, talleres, comercio y turismo. Algunos miembros de
los h ogares fam iliares trabajan tam bién com o jorn aleros en em p resas
agroindustriales locales, obras de construcción de caminos y viviendas,
granjas capitalistas y otros. Cada vez más mujeres son atraídas al mercado
de trabajo asalariado, aunque muy a menudo en forma p recaria y con
salarios mínimos (Kay, 2000). Este cambio hacia el mercado laboral puede
dar como resultado migraciones temp orales o, a más largo p lazo, a otras
áreas rurales o hasta áreas urbanas, así como a migraciones a otros países.
Aquellos que emigran, envían remesas de dinero a los miembros de sus
familias camp esinas. De este modo, las actividades y fuentes de ingresos
de los hogares camp esinos se han vuelto muy diversificadas. Debido a la
cada vez mayor imp ortancia de las actividades no agrícolas dentro del
sector rural, yo llamo a esto la visión p ostagraria de la nueva ruralidad.
Mientras que algunos analistas ven estas transformaciones como una
forma de salir de la p obreza y h asta como un mecanismo p ara la acu-
mulación de cap ital y el enriquecimiento, otros las ven como una mera
estrategia de sup ervivencia de los hogares camp esinos, que se enfrentan
cada vez a mayores dificultades al competir con las importaciones baratas
de alimentos y con los granjeros capitalistas locales. Contrariamente a los
argumentos esgrimidos por aquellos que están a favor de la globalización
y la liber alización , los cam p esin os gr an jeros p or lo gen er al resultan
incap aces de cambiar a las exp ortaciones no tradicionales (p or ejemp lo,
flores, frutas, vegetales y frijol de soya), que se han vuelto más redituables
a p artir de la globalización y la liberalización. De este modo, los cam-
p esinos se ven exp rimidos p or las p olíticas neoliberales y, p or una p arte,
n o p u e d e n com p e tir con las im p or tacion e s d e alim e n tos bar atos

colecciones editadas p or Giarracca (2001), Pérez et al. (2001) y p or Pérez y Farah (2004).
Para un an álisis d e la n ueva ruralid ad d en tro d el con texto cen troam erican o, véase
Clemens y Ruben (2001).
11 De acuerd o con Sergio Góm ez (2002), la m ayoría d e los asp ectos d e la así

denominada “nueva ruralidad” estaban ya p resentes antes del turno del neoliberalismo.
Con cierta iron ía, Góm ez argum en ta que lo que sí resulta n oved oso es la recien te
percepción que han tenido los analistas de estos cambios.

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80 C RIST Ó BAL K AY

(esp ecialmente si se han llevado a cabo convenios de libre comercio) y,


por la otra, no se benefician de las nuevas oportunidades de exportación
debido a la falta de cap ital, del know-how técnico, de las habilidades p ara
la comercialización, de la falta de economía de escala, y otras. Para que
los cam p esin os gran jeros p ued an obten er los ben eficios d e la globali-
zación y la liberalización, el Estado tiene que ap licar medidas esp eciales
a favor de la agricultura camp esina p ara remontar los obstáculos ar riba
m en cion ad os. Sin em bargo, h a ocur rid o tod o lo con trario, ya que el
cambio hacia las políticas neoliberales ha arrasado con las pocas medidas
de ap oyo y p rotección que el Estado solía p rop orcionar a algunos cam-
p esin os gran jeros d uran te el p eriod o d e la in d ustrialización p or susti-
tución de imp ortaciones (ISI ), tales como créditos, asistencia técnica, y
hasta tierra en aquellos p aíses que llevaron a cabo reformas agrarias.12
Una forma menos común de utilizar el término “nueva ruralidad”,
se refiere a las propuestas de políticas diseñadas por aquellos analistas que
quieren remontar las consecuencias negativas del neoliberalismo para los
camp esinos granjeros y, de este modo, buscan la ap licación de p olíticas
alternativas a este último, así como lograr otros objetivos. La agenda de
los “nuevos ruralistas” es alentar un p roceso de desar rollo centrado en
la agricultura camp esina, revalorando sus conocimientos y tecnologías,
el emp oderamiento (esp ecialmente en las mujeres), el emp leo rural (es-
pecialmente para los jóvenes), la agricultura orgánica, alimentos de mejor
calid ad , m ayor d iversid ad , p rom over n uevos m ercad os n ich o, la com -
p etitivid ad , en tre otras tareas (Barkin , 2001). Debid o al én fasis en la
agricultura camp esina yo le llamo a esta visión “camp esinista”. 13
Aun que sim p atizo con los objetivos d e esta visión cam p esin ista d e
la nueva ruralidad, en esp ecial debido a su enfoque en el camp esinado
y p or tan to en el alivio d e la p obreza rural, un a d e sus d esven tajas es
que sus defensores no logran esp ecificar de qué forma intentan lograr
esos diferentes objetivos. Los defensores de la nueva ruralidad no son lo

12 Max Sp oor (2001, 2002) ha demostrado que el desenvolvimiento de la agricultura

ha sido mayor bajo la ISI que desp ués de la liberalización. La discriminación de p recios
contra la agricultura durante la ISI se vio comp ensada p or medidas de ap oyo que favo-
recieron considerablemente a los grandes agricultores, p ero que también beneficiaron a
algunos p arceleros, y que los ideólogos neoliberales no han tomado comp letamente en
cuenta a la hora de efectuar sus críticas a la ISI . Véase Krueger, Schiff y Valdés (1991) así
como Schiff y Valdés (1998).
13 Dentro de la literatura anglosajona este punto de vista sería llamado “neopopulista”

o “populismo agrario”.

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 81

suficien tem en te exp lícitos al establecer en qué m ed id a n ecesitaría in -


volucrarse el Estad o en la con secución d e esos objetivos. Esto p ued e
d eberse a que algun os d e sus d efen sores d esean que la m ayoría, si n o
todas, las iniciativas provengan de abajo. O quizás no deseen admitir que
los costos d e estas p olíticas altern ativas serían en extrem o elevad os y
difíciles de sobrellevar p ara el Estado, el cual de este modo sería incap az
de aplicarlas. Otra limitación en su análisis es que algunos de los objetivos
p arecieran ser contradictorios como, p or ejemp lo, el logro de comp eti-
tividad y sustentabilidad ambiental. De tal modo estas p rop uestas p ara
una ruralidad nueva o alternativa enfrentarían grandes obstáculos, tanto
p olíticos como económicos.

Estrategias de vida: ¿nuevo paradigma emergente?

A principios de la década de los noventa, el enfoque de las estrategias de


vida rural surgió como una forma de remontar algunas de las deficiencias
de las teorías prevalecientes sobre el desarrollo rural, las cuales eran con-
sideradas ya sea demasiado economicistas (como en la visión neoclásica),
o demasiado deterministas y estructuralistas (como en la óptica marxista).
Algunos académicos preocupados con el tema de la pobreza, consideraron
que era necesario otro enfoque p ara obtener una mejor comp rensión de
los p obres rurales. En cierta forma el enfoque de las estrategias de vida
rural resulta interdiscip linario y le otorga imp ortancia a la intervención
d e los actores, p or ejem p lo a la cap acid ad d e los cam p esin os y traba-
jad ores rurales p ara con struir sus p rop ias estrategias d e susten to. 14 Es
un en foque que se h a utilizad o cad a vez m ás en los an álisis sobre la
p obreza, esp ecialmente p or los investigadores en las instituciones aca-
démicas como el Instituto de Estudios de Desar rollo (IDS p or sus siglas
en in glés) d e la U n iversid ad d e Sussex 15 y la Escuela d e Estud ios d e
Desar rollo en la Universidad de East Anglia; p or ONG como O xfam, y

14 Para una buena exp osición del enfoque sobre las estrategias de vida rural, véase

Bebbin gton (1999) y Ellis (2000). Para un a ap licación d e este en foque en el con texto
latinoamericano, véase Zoomers (2001) y Bebbington (2004b).
15 Uno de los p ioneros del enfoque de las estrategias de vida rural, así como de la

investigación sobre la acción p articip ativa, es Robert Chambers del IDS. Véase Chambers
(1988) y Chambers y Conway (1992).

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82 C RIST Ó BAL K AY

p or agen cias d e d esar rollo gubern am en tal com o el Dep artam en to d e


Desar rollo Internacional (DID ) del gobierno laborista inglés.16
Este enfoque visualiza la p obreza como multidimensional y no como
sim p lem en te un d éficit, sin o tam bién com o un recurso. De este m od o
los p obres rurales no son vistos como víctimas p asivas e imp otentes del
sistema cap italista y del p roceso de globalización, sino como sujetos que
construyen sus p rop ias estrategias de sustento utilizando una variedad
de recursos. Entre estos recursos se encuentra el “capital social” que, par-
ticularmente en momentos de crisis extrema, ayuda a los p obres rurales
a sobrevivir ap oyándose en la solidaridad de sus redes sociales y organi-
zaciones comunitarias (Nederveen Pieterse, 2001: 100-101 y 123-126).
Sin em bargo, m ien tras el en foque d e las estrategias d e vid a rural
subraya las ventajas de los p obres, está consciente de las limitaciones del
cap ital social y le otorga la d ebid a im p ortan cia a las otras form as d e
cap ital, p articularm en te a su falta d e bien es y al acceso lim itad o a los
recursos naturales. En este sentido, esto rebasa algunas de las limitaciones
de los analistas, quienes se basan casi exclusivamente en el concep to de
cap ital social, haciendo demasiado hincap ié en su imp ortancia como un
recurso que los p obres son cap aces d e m ovilizar p ara su estrategia d e
sustento. Además, los ricos tienen mucho mayor acceso que los p obres
al capital tanto social como “político”, por lo que persiste el problema de
la desigualdad, y con mayor razón el de la p obreza.
A pesar de sus ventajas, una limitación importante del enfoque de las
estrategias de vida rural es la falta de la dimensión del p oder. Le otorga
atención insuficiente al p oder p olítico y en p articular a las relaciones de
clase (O’ Laughlin, 2004). El análisis de la p obreza debe estar insertado
en las relaciones de poder, ya que son éstas las que continuamente repro-
ducen la pobreza y representan los principales obstáculos para superarla.
Otra debilidad del esquema de las estrategias de vida rural es que tiende
a ser atemp oral al no dar suficiente atención a los p rocesos históricos.
Por tanto falla a la hora de cap turar los cambios estructurales así como
la dinámica de los hogares en los cuales, p or ejemp lo, los miembros de la
fam ilia em igran n acion alm en te y h asta in tern acion alm en te y m uch as
veces n o regresan . Par a sup er ar esta d ebilid ad , De H aan y Zoom er s

16 Véase la p ágina web de DID : www.livelihood.org. Para un análisis latinoamericano

sobre p obreza rural utilizando el enfoque de las estrategias de vida, entre otros, véase la
útil página web del Grupo Chorlaví, www.chorlavi.cl.

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 83

(2005: 45) desar rollan el concep to de ruta de la estrategia de vida, a la


que definen como un

p atrón de actividades de sustento que surge de un p roceso de coordinación


entre los actores, el cual emerge de una conducta estratégica individual,
ambas insertadas en un rep ertorio histórico y en la diferenciación social, lo
que incluye relaciones de p oder y p rocesos institucionales, los cuales juegan
un rol en la subsiguiente toma de decisiones.

Además, el enfoque de las estrategias de vida rural tiende a estar enmar-


cado dentro del contexto nacional y le otorga atención insuficiente a la
dimensión internacional de la pobreza.17 Con el proceso de liberalización
y p osterior integración de los p aíses en vías de desar rollo en el sistema
cap italista global, esta d im en sión in ter n acion al se vuelve un factor
d eterm in an te, cad a vez m ás im p ortan te, d e las lim itacion es y op ortu-
n id ad es p ara las m ed id as d e red ucción d e la p obreza. A p esar d e sus
d eficien cias, d en tro d el an álisis d e la p obreza rural el en foque d e las
estrategias de vida resulta ser un imp ortante p aso hacia delante.

Nuevas dimensiones en los estudios de la pobreza: etnicidad y género

En el p asado, los estudios sobre la p obreza casi no incorp oraban en sus


an álisis las d im en sion es étn icas y d e gén ero, lo que resultaba ser un a
caren cia im p ortan te, ya que en las áreas rurales, la p obreza y la vul-
nerabilidad resultan particularmente dominantes entre los grupos étnicos
y las m ujeres. Sin em bargo, en las últim as d écad as esta im p or tan te
d ebilid ad en los estud ios sobre la p obreza se está rectifican d o, en la
m ed id a en que los acad ém icos, los activistas y los d iseñ ad ores d e las
p olíticas han dirigido cada vez más su atención hacia estas dimensiones
de la p obreza. La cada vez mayor movilización de los grup os indígenas
y d e las m ujeres en busca d e la obten ción d e sus d erech os y susten to,
ciertamente ha sido un factor p rincip al en este desar rollo.

17 La n ecesid ad d e alejarse d el “n acion alism o m etod ológico” en los an álisis d e


desarrollo y p obreza es bien establecida p or Gore (2000, 2004).

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84 C RIST Ó BAL K AY

Etnicidad y p obreza

En la m ayor ía d e los p aíses latin oam er ican os la p obreza p osee un a


dimensión étnica. Esto tiene sus orígenes en el p eriodo colonial p or la
op resión, el desp ojo y exp lotación de la p oblación indígena p or p arte
d e los colon izad ores esp añ oles y p ortugueses. Desp ués d e la in d ep en -
dencia los p ueblos indígenas continuaron siendo discriminados y segre-
gados, al extremo de que el concepto “colonialismo interno” fue acuñado
p ara resaltar este hecho.18 Durante las dos últimas décadas, los p ueblos
indígenas se han vuelto cada vez más organizados y a través de moviliza-
cion es sociales m asivas h an sid o cap aces d e obten er algun os d erech os
p olíticos y sociales, aunque no una ciudadanía p lena (Assies et al., 2000,
2005). A p esar d e estos éxitos, com o lo h a establecid o gr áficam en te
Figueroa (2003: 4), “La p obreza [...] tiene un color de p iel, un idioma,
un lugar de origen y de residencia”.
Sin embargo, quizás se ha asumido demasiado ráp ido que la mayoría
de los pobres rurales vive en comunidades indígenas en el campo. Resulta
p or ello equivocado p resumir que toda la p oblación indígena es p obre
y que toda la población no indígena no lo es. Algunos programas de alivio
de la p obreza rural no han logrado llegar a un segmento significativo de
los p obres rurales debido a esta idea er rónea (Bretón Solo de Zaldívar,
2002). Much os p obres rurales n o in d ígen as trabajan com o jorn aleros
en activid ad es agr ícolas y n o agr ícolas bajo circu n stan cias d e gr an
inseguridad, y muy a menudo viven en condiciones p recarias en p obla-
dos disp ersos en el camp o. Debido a que no tienen asp ecto indígena o
no viven en comunidades indígenas, su p obreza resulta muy a menudo
invisible y p or lo tanto son excluidos de los p rogramas p ara alivio de la
p obreza. Esto p odría incluso ser una p olítica deliberadamente escogida
en los casos en que se adquiere mayor p op ularidad al lidiar con los p ue-
blos indígenas, o como resultado de una mayor p resión ejercida p or las
organizaciones indígenas. En décadas recientes, el movimiento indígena
se ha vuelto más activo, atrayendo visiblemente la atención, en particular
de ONG con fondos del extranjero, p ero en algunos casos también de los
p rogramas gubernamentales.
Aun si los recur sos son can alizad os a las com un id ad es in d ígen as
como p arte de p rogramas contra la p obreza y/o de desar rollo rural, esto
no significa necesariamente que todos los pobres, o sólo los pobres de esa

18 Para una discusión del concep to de colonialismo interno, véase Kay (1989: 58-87).

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 85

comunidad, se beneficien con ellos. Se ha podido observar que existe una


diferencia socioeconómica dentro de muchas comunidades, y que muy
a menudo los grup os más ricos y de mayor liderazgo son los p rincip ales
ben eficiarios d e estos p rogram as (Bretón Solo d e Zald ívar, 2002). Sin
embargo, esto no significa que los recursos no deban ser dirigidos a esas
comunidades sino que debemos estar conscientes de sus limitaciones y
de que p odría necesitarse una mejor ap licación del objetivo.

Género y pobreza

La p obreza tam bién tien e u n rostr o fem en in o d ebid o al car ácter


patriarcal de las sociedades latinoamericanas y a la discriminación contra
las mujeres en diferentes niveles, tales como el hogar, y en el grueso de
la econ om ía en térm in os d e trabajo, tier ra y m ercad os d e cap ital. Los
grup os más vulnerables dentro de la sociedad rural tienden a ser los ho-
gares con m ad res solteras com o cabeza d e fam ilia. Un a p arte d esp ro-
p orcionada de estos hogares p uede ser hallada entre los indigentes y los
pobres (CEPAL, 2004: 133-169). Sin embargo, muchas mujeres en hogares
con cabezas d e fam ilia m asculin as tam bién exp erim en tan un a m ayor
incidencia de p obreza que otros miembros dentro del hogar, la llamada
p obreza secun d aria, d ebid a a las relacion es d e p od er d om ésticas que
favorecen a los hombres (Chant, 1999; Bradshaw y Linneker, 2003).
Much os p royectos d e d esar rollo r ur al, in cluyen d o a aquellos d el
Fondo Internacional de Desar rollo Agrícola (FIDA), atravesaron tres fases
con sid eran d o su p osicion am ien to en m ujeres y gén ero (Ran abold o y
Canedo, 1999). En la p rimera fase los p royectos de desar rollo le dieron
p rioridad a los asp ectos técnico y p roductivo y el hogar familiar fue visto
como una unidad de análisis, sin hacer mayores distinciones en su inte-
rior. La asisten cia técn ica y otros elem en tos p rod uctivos d el p royecto
estuvieron dirigidos a los hombres, que se asumió eran la cabeza de la
familia y el principal, si no es que el único, agricultor. El trabajo femenino
se asoció fundamentalmente con la crianza de los niños y con actividades
“comp lementarias” tales como h orticultura doméstica, artesanías, p ro-
cesam ien to d e com id as y otros. En la segun d a fase, algun os d e los
proyectos contenían un comp onente esp ecífico de mujeres rurales que
buscaban aum en tar sus activid ad es econ óm icas. En la tercer a fase el
enfoque no fue sólo en las mujeres sino en el género, en la medida en
que el proyecto busca cambiar las relaciones desiguales entre los hombres
y las mujeres. De este modo, la dimensión de género se incorpora a todos

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86 C RIST Ó BAL K AY

los p royectos, en mayor o menor medida, al buscar el emp oderamiento


de las mujeres.
Sin embargo, las mujeres rurales se distinguen p or clase y etnicidad
y esto debe tomarse en cuenta en cualquier análisis o proyecto de desarro-
llo. Resulta también discutible la medida en que las estructuras p atriar-
cales d e d om in ación d en tro d e la socied ad p ued en ser cam biad as d e
manera significativa, a través del p royecto de desar rollo rural de las ONG
y las agencias de coop eración internacional (FIDA, 2001).
Durante las últimas décadas, muchos gobiernos latinoamericanos han
puesto en marcha programas de registro de tierras y de titulación, ya que
m uch os p arceleros n o cuen tan con los títulos ap rop iad os, si acaso los
tienen, de las tierras que trabajan y en las que viven. Se esperaba que esto
condujera a una mayor seguridad, inversión y p or tanto ingresos p ara el
h ogar. Much os gobier n os, a causa d e la p resión d e los m ovim ien tos
femeninos y de organizaciones internacionales, han introducido leyes que
permiten el registro conjunto de las propiedades y títulos de la tier ra, por
ejem p lo: los certificad os son exten d id os a n om bre d el m arid o y d e la
mujer, en vez de sólo a nombre del marido como sucedía en el p asado.
Se esp era que esto m ejore la p osición d e n egociación d e las m ujeres
dentro de los hogares, así como el bienestar de mujeres y niños. Mientras
que se ha logrado algún p rogreso al aumentar la p rop iedad conjunta o
unitaria de la tier ra p ara las mujeres, se necesita hacer mucho más p ara
mejorar el acceso de aquellas a la tier ra y a otros recursos.19
Los programas de ajuste estructural puestos en marcha por la mayoría
d e los p aíses latin oam er ican os y ap oyad os su stan cialm en te p or las
instituciones financieras internacionales, fueron diseñados como la receta
p rincip al p ara enfrentar la crisis de las deudas externas de la década de
los ochenta y lograr una estabilidad macroeconómica. Pero por lo general,
esto tuvo un efecto d evastad or en el cam p esin ad o y aum en tó gran d e-
m en te la p obreza r ur al. Par a lid iar con la cr isis, los h ogares r ur ales
d iversificaron aún m ás sus activid ad es econ óm icas, lo cual con d ujo a
muchos de sus miembros a emigrar, incluso al extranjero, en busca de
em p leo y d e in gresos. Esto in ten sificó m ás el trabajo d e las m ujeres.
Tam bién el cam bio a exp or tacion es n o agr ícolas h a aum en tad o las
p osibilidades de un emp leo temp oral, esp ecialmente p ara las mujeres.

19 Para un estud io m ás exten so sobre las m ujeres y los d erech os a la tierra en

América Latina, y que se ha vuelto un clásico en este tema, véase Deere y León (2001) y
Deere (2001). Y más en general, ver Razavi (2003).

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 87

De este modo, la participación actual de las mujeres rurales en el mercado


laboral es mucho mayor que en el p asado, p ero hasta qué p unto esto ha
mejorado la posición de las mujeres dentro de sus hogares y su bienestar,
queda por ser investigado más a fondo, ya que la evidencia es mixta (Lara,
1995; Bar rientos et al., 1999; Razavi, 2002; Deere, 2005).
Sintetizando, la p obreza de las mujeres necesita ser analizada dentro
de un contexto de las relaciones económicas, sociales, p olíticas e ideoló-
gicas en el nivel familiar, local, nacional y global p ara su cabal comp ren-
sión y p ara ap licar medidas que p ermitan sup erarla.

R EFORMA AGRARIA: NECESARIA PERO INSUFICIENTE

El limitado acceso a la tierra de la mayoría de los camp esinos latinoame-


ricanos es una de las p rincip ales razones de la continua p obreza rural.
Mientras que la reforma agraria es una condición necesaria p ara lograr
un desar rollo rural de base amp lia, lo cual reduce la p obreza y aumenta
la equidad, no resulta una condición suficiente. Ésta es una de las leccio-
n es clave que p ued en d er ivar se d e las d iferen tes exp er ien cias d e la
reforma agraria en América Latina durante la segunda mitad del siglo
p asado.20 Para que una reforma agraria reduzca la p obreza y aumente la
equidad, es necesario que el Estado diseñe una serie de medidas de apoyo
para los beneficiarios (Bar raclough, 2001). Entre éstas, figura el suminis-
tro de asistencia técnica, crédito y facilidades de comercialización, con
el fin de alentar a los beneficiarios de la reforma agraria a aumentar la
productividad y cambiar a actividades rurales y agrícolas más redituables.
Se requiere tam bién un m arco d e ap oyo d e las p olíticas m acroeco-
n óm icas p ara asegurar un a red ucción en la p obreza rural, tales com o
políticas no discriminatorias en los precios agrícolas, una política juiciosa
de comercio internacional que p roteja a los camp esinos de una injusta
comp etencia extranjera, que resulta de los subsidios masivos que reciben
los gr an jeros en m u ch os p aíses d esar rollad os. Cu an d o los h ogares
campesinos reciben buena parte de sus ingresos de los salarios que ganan
algunos miembros de la familia, resulta necesario asegurar que las leyes
y las p olíticas p úblicas p rotejan a los trabajadores de emp leadores abu-

20 Para un a visión d el legad o d e las reform as agrarias en Latin oam érica, véase

Barraclough, 1994; Thiesenhusen, 1995; Kay, 1998; Baumeister, 2001 y Alegrett, 2003,
entre otros.

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88 C RIST Ó BAL K AY

sivos, como aquellos que pagan salarios demasiado bajos y no realizan las
contribuciones debidas al seguro social.
Además, el p roceso de modernización agrícola conlleva cada vez más
exigen cias d e cap ital, trabajo y con ocim ien to, y se requieren m ayores
inversiones en nuevas tecnologías, en infraestructura y en recursos huma-
nos, con el fin de mejorar las cap acidades y habilidades técnicas de los
camp esinos. Asimismo, el mantenimiento o el mejoramiento de la ferti-
lidad de las tier ras exigen mayores inversiones. De este modo, mientras
el acceso a la tier ra es un p rimer p aso necesario p ara la reducción de la
p obreza, el acceso al cap ital se vuelve cad a vez m ás im p ortan te p ara
asegurar la comp etitividad de la emp resa camp esina (ya sea individual,
coop erativa o colectiva) y su cap acidad p ara generar ingresos adecuados
p ara sus miembros. Así, resulta crucial que el Estado garantice que los
camp esinos sean cap aces de obtener un acceso adecuado al cap ital, ya
sea p rop orcionándolo directamente o asegurándose de que el mercado
d e cap ital p rivad o n o ejerza d iscrim in ación con tra los gran jeros cam -
p esin os y sea cap az d e p rop orcion ar les un fin an ciam ien to r azon able
directamente o a través de una mezcla de fuentes p úblico-p rivadas. De
igual forma, el Estado tiene el deber de p rop orcionar acceso universal a
un a ed ucación d e buen a calid ad a tod os los h abitan tes rurales en los
niveles de p rimaria y secundaria, así como a una educación técnica en
agricultura y manejo de los recursos naturales y así sucesivamente.
Mien tr as que d ur an te las d écad as d e los sesen ta y los seten ta la
mayoría de los países latinoamericanos pusieron en marcha una variedad
de reformas agrarias, éstas desap arecieron de la agenda de p olíticas en
los ochenta y a inicios de los noventa por razones políticas y económicas.
Las refor m as agr ar ias n o satisficieron las exp ectativas (quizás p oco
realistas) que h abían cread o. U n a d e las causas fue el fr acaso d e los
gobiernos p ara p rop orcionar medidas de ap oyo adecuadas, como ya lo
hemos mencionado. A finales de los años noventa nuevamente el tema
de la tier ra volvió a la agenda de las p olíticas p úblicas, p or la creciente
p reocup ación sobre la p obreza y también p or la renovada movilización
de camp esinos sin tierra y p ueblos indígenas en p ro de la tier ra y otros
derechos. El Banco Mundial ha reconocido la imp ortancia del acceso a
la tier ra p ara reducir la p obreza entre la p oblación rural y de este modo
h a p rop uesto p olíticas d e reform a agraria “asistid as p or el m ercad o”
o “negociadas”, así como otras medidas de políticas de la tierra tales como
registro y títulos (Dein in ger, 2001; Dein in ger, 2003; Dein in ger et al.,
2001). Sin em bargo, h asta ah ora la exp erien cia d e reform as agrarias

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 89

asistidas p or el mercado ha sido bastante limitada, p or no decir desalen-


tadora (El-Ghonemy, 2001; Bor ras Jr., 2003a; Bor ras Jr., 2003b; Baranyi
et al., 2004).
En la era actual de globalización neoliberal, el clima p olítico p ara las
reformas agrarias radicales es menos favorable que en el p asado debido
al p ap el y al p oder más limitados del Estado y al mayor alcance y p oder
de las fuerzas del mercado, así como de aquellos que controlan la mayor
p arte del cap ital, p articularmente del cap ital financiero (Kay, 1999). Sin
embargo, el resurgimiento de los movimientos rurales, esp ecialmente en
Bolivia y Brasil, desp ierta esp eranzas de reformas agrarias más radicales
(Leite, 2006; Borras, Kay y Akram-Lodhi, 2007). 21
Los movimientos camp esinos en Brasil, en su mayoría encabezados
p or el Movimento (dos Trabalhadores Rurais) Sem Ter ra (MST ), con su
camp aña de ocupaciones de tierras han sido cap aces de lograr exp rop ia-
ciones significativas (Branford y Rocha, 2002; Wright y Wolford, 2003).
Pero hasta el momento la reforma agraria en Brasil no ha llegado a la
escala de las p rimeras reformas agrarias como en los casos de México,
Bolivia, Cuba, Chile, Perú y Nicaragua, y mucho menos ha er radicado
la falta de acceso a la tier ra y la p obreza. El MST se ha visto cada vez más
frustrado p or la falta de p rogreso de la reforma agraria, en relación con
otras exp ectativas, d em an d as y p rom esas h ech as p or el gobiern o d el
p residente Luiz Inácio Lula da Silva, quien fue electo en una p lataforma
reformista de centro-izquierda (Petras, 2005). En Bolivia, el gobierno de
Evo Mor ales, el p r im er p resid en te in d ígen a d e Am ér ica Latin a, está
tratando de llevar la reforma agraria al oriente del p aís, p ero se enfrenta
a la oposición cerrada y militante de los latifundistas de la región (Urioste
y Kay, 2006).
En el contexto neoliberal contemporáneo se proponen vías más afines
al mercado para facilitar el acceso a la tierra a los que no la tienen y a los
camp esinos p obres, tales como aquellas p romovidas p or el Banco Mun-
dial. Además de la reforma agraria apoyada por el mercado, una serie de
in terven cion es h an sid o esp ecificad as p or el Ban co Mun d ial y organ i-
zaciones internacionales de desar rollo (Deininger y Binswanger, 2001).
Éstas incluyen la creación de condiciones p ara un mercado de comp ra
y ven ta y d e ar ren d am ien to d e tier r as m ás tr an sp aren te y accesible

21 El surgimiento de los movimientos indígenas y campesinos es analizado por Petras

(1997), Veltmeyer (1997), Petras y Veltmeyer (2001, 2003) y Moyo y Yeros (2005). Sin em-
bargo, en años recientes se ha p odido observar un declive relativo en esos movimientos.

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90 C RIST Ó BAL K AY

a través de p rogramas de registro y titulación. Según esta concep ción,


las p olíticas p rop uestas crearían un “cam p o d e juego m ás un iform e”,
reducirían los costos de las transacciones, evitarían el sobrep recio y faci-
litarían el acceso a la tierra, ya sea vía arrendamiento o compra de tierras,
a un amp lio segmento de los p obres rurales, además de que alentarían
la in ver sión , un a m ayor p rod uctivid ad e in gresos, y p or lo tan to se
reduciría la pobreza.22
Sin embargo, las p rop uestas ar riba mencionadas requerirían de una
serie de innovaciones institucionales, que no siempre se especifican o que
tien en p ocas p robabilid ad es d e ser ap licad as, tales com o un p od er ju-
dicial más accesible y comp etente p ara la resolución de conflictos y p ara
asegurar el cum p lim ien to d e los con tratos (Gh im ire, 2001). Sólo bajo
ciertas circunstancias adecuadas, asegurar los derechos de p rop iedad de
los p arceleros y los grup os indígenas a través de p rogramas de titulación
de tierras, puede reducir la vulnerabilidad y aumentar el bienestar (Carter,
2003; Cotula et al., 2006; H op kins et al., 2006).
Como ha sido establecido convincentemente por el decano de la teoría
y la p ráctica de la reforma agraria, Solon Bar raclough (2005: 54):

En el contexto de la mayoría de los países en vías de desarrollo, tales reformas


de los derechos de p rop iedad son en extremo difíciles. En aquellas locali-
dades donde más se necesitan las estructuras locales de poder se reflejan los
intereses creados de las élites p rop ietarias y no aquellos de las mayorías de
menores ingresos. En teoría, las leyes nacionales y el Estado son los árbitros
de más nivel en los litigios en torno a la p rop iedad. Sin embargo, el Estado
depende del apoyo de los bien organizados grupos propietarios interesados,
tanto extranjeros como domésticos. Su autonomía se ve siempre restringida,
aun cuan d o em p ren d a estrategias con base p op ular y un am p lio ap oyo
público.

Por lo tanto, resulta necesario avanzar más allá del énfasis exclusivo de
los neoliberales en los mercados y diseñar políticas afines a los campesinos,
los sin tier ra y los p obres, enriqueciendo sus vínculos con, y logrando el
com p rom iso activo d e, la socied ad civil, las agen cias d e d esar rollo y
el Estado (Bor ras Jr., 2006; Merlet et al., 2006).
22 Un o d e los libros m ás autorizad os, que exp lora m in uciosam en te las d iversas
p osibilid ad es d e acced er a la tier ra y a sus virtud es, h a sid o escrito p or De Jan vry,
Gordillo, Platteau y Sadoulet (2001). Para reseñas de este libro, véase H op kins (2002) y
Akram-Lodhi (2002). Para una p ersp ectiva neoestructuralista sobre mercados de tierra,
véase Carter (2006).

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 91

N o obstan te, au n cu an d o p u d ier an ser ap licad as estas p olíticas


“p roclives a la sociedad civil” p ara facilitar un resultado más a favor de
los pobres, éstas, en mi opinión, estarían muy lejos de ser suficientes para
prop orcionar el acceso a la tierra a la mayoría de los camp esinos p obres
y sin tier ra. Por lo tanto, yo continuaré con mi p rop uesta en p ro de una
reforma agraria más enérgica y generalizada. Desde mi p unto de vista,
las agencias internacionales y las ONG deberían de ayudar a las diferentes
organizaciones del camp esinado y los trabajadores rurales p ara p romo-
ver un clima p olítico y social favorable p ara estas medidas de redistri-
bución d e la tierra m ás rad icales y gen eralizad as. Ad em ás, los m ovi-
mientos sociales rurales necesitan combinar fuerzas con los movimientos
sociales urban os, si quieren lograr el éxito d e sus reclam os d e tier ra.
Com p arto ciertam en te la op in ión d e Barraclough (1999: iii), d e que
“las reformas agrarias aún pueden jugar un papel decisivo en el alivio de
la p obreza r ur al y en p rom over un d esar rollo susten table d e am p lio
esp ectro”.
En con clusión , existen cuatro tem as clave a ser con sid er ad os en
cuanto a las reformas agrarias y la disminución de la p obreza. En p rimer
lugar, en el periodo contemporáneo de globalización neoliberal la reforma
agraria requiere de una comprensión más amplia que en el pasado. Debe
ser enmarcada dentro de un contexto interdiscip linario y generalizado,
más allá de lo económico, p ara alcanzar las dimensiones sociales, p olí-
ticas, ecológicas y culturales de la tierra. Esto permite formular preguntas
acerca d e quién con trola los recursos n aturales (la tier ra, el agua, los
bosques, los minerales, etcétera); cuáles son los derechos sociales y p o-
líticos d el cam p esin ad o y d e los p ueblos in d ígen as que viven en esa
localid ad ; cóm o asegur ar m ejor la biod iver sid ad y la susten tabilid ad
ecológica de un territorio, y otras. En este sentido, al igual que Teubal
(2003: 134), yo estoy en desacuerdo con el argumento de Griffin en el
sentido de que ya ha p asado el tiemp o p ara los sistemas comunitarios en
el camp o, aun cuando reconoce que éstos “en p rincip io p odrían contri-
buir a la equidad, la eficiencia, el desarrollo agrícola y a una reducción
de la p obreza rural” (Griffin et al., 2002: 280). Por el contrario su tiemp o
ha llegado, si bien no en el sentido de regresar a algún sistema comu-
nitario del p asado, sino dentro del nuevo contexto de las luchas de los
movimientos indígenas, medioambientales y contra la globalización.
En segundo lugar, la resolución del asunto de la tier ra, entendida en
términos de lograr un nivel de vida digno p ara los p obres, no p uede ser
lograda dentro del mismo sector rural, y requiere de una nueva estrategia

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92 C RIST Ó BAL K AY

de desar rollo y de una interacción de los sectores rurales y urbanos y de


los sectores agrícolas industriales y de servicios, con el fin de sup erar el
p atrón de desar rollo excluyente y desigual del actual modelo neoliberal.
Tercero, no se puede obtener una solución sostenida de los problemas
de la tier ra y la p obreza, dentro del ter ritorio de la nación-Estado, sino
que se requiere de una reforma del sistema internacional que establezca
un a relación justa e igualitar ia en tre el n or te y el sur. El p roceso d e
globalización significa que los p roblemas tales como la biodiversidad, las
p rácticas comerciales injustas, la seguridad alimentaria, la degradación
ecológica, el financiamiento de la tecnología y otros, tienen que ser en-
fren tad os d en tro d e un n uevo sistem a in tern acion al que sea cap az d e
resolver la difícil situación de los p obres rurales.
Cuarto, el problema de la tierra no es tan sólo un tema que concierne
al cam p esin ad o y a los p ueblos in d ígen as, sin o que es d e vital im p or-
tancia p ara todos los ciudadanos del camp o y la ciudad, así como del sur
y del norte. Requiere de un consenso lo suficientemente amplio entre las
p er son as p ar a p od er ap licar las p olíticas n ecesar ias p ar a logr ar los
objetivos de eliminación de la pobreza, equidad, justicia social y desarrollo
sustentable. Lograr tales objetivos requiere de cambios revolucionarios
que resulta imp robable que ocur ran en el futuro cercano, p ero esto no
debería disuadirnos de exp oner estas asp iraciones.

C ONCLUSIONES: POBRETOLOGÍA Y POLÍTICAS PÚBLICAS

H e in ten tad o p resen tar algu n os d e los tem as clave qu e se refieren


p articularmente al análisis de la p obreza rural, aun cuando no exclusi-
vamente, dentro del contexto latinoamericano. La mayoría de estos temas
sólo han sido esbozados y requerirían de un análisis más p rofundo. Sin
embargo, la intención de este artículo no es necesariamente proporcionar
un análisis comp leto sino estimular la reflexión, la discusión y p osterior
in vestigación d e los tóp icos p lan tead os. Algun as d e las con clusion es
p rincip ales del análisis p revio p odrían sintetizarse como sigue.
La pobreza es un problema complejo con dimensiones múltiples: eco-
nómicas, sociales, p olíticas, culturales y otras. La literatura sobre el desa-
r rollo tien d e a en focar se d em asiad o estrech am en te en los factores
econ óm icos d e la p obreza y le otorga un a aten ción in suficien te a los

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 93

sociales, los éticos y, sobre todo, a los p olíticos. 23 Se requieren medidas


de reducción de la p obreza en todos estos distintos niveles p ara resolver
el p roblem a. Ad em ás, la p obreza es un a relación social in crustad a en
estructuras particulares y muy variadas. La pobreza es producida y repro-
d ucid a p or ciertos sistem as econ óm icos, sociales, p olíticos y culturales
en los cuales la creación de la riqueza también conduce a la creación de
p obreza, tanto en los niveles nacionales como globales. Por tanto, p ara
sup erar la p obreza y la desigualdad es necesario cambiar tales sistemas
m ed ian te gran d es reform as com o lo argum en tan las teorías estructu-
ralistas y de la dependencia y lo exigen los movimientos antiglobalización,
como el Foro Social Mundial, entre otros.
A p artir de lo anterior, lograr una mayor integración de los p aíses en
vías de desarrollo en la economía mundial, mediante la liberalización del
comercio y las relaciones financieras, no es la p anacea p ara sup erar la
pobreza. Ni las medidas de políticas neoliberales del país, ni los convenios
region ales d e libre com ercio p ued en ser las fuerzas con d ucen tes clave
para la reducción de la pobreza. El desarrollo económico y la dependencia
exclusiva de los mecanismos de mercado y el llamado efecto del “chorreo”
o “derrame” (trickle down), no resolverán nunca el problema de la pobreza.
Los denominados documentos de estrategia de reducción de la p obreza
(Poverty R eduction Strategy Papers o PRSP p or sus siglas en inglés) revelan
un nuevo comp romiso con la reducción de la p obreza, p ero hasta ahora
han fracasado en sus objetivos debido a que se encuentran insertos en
un marco neoliberal (Vos y Cabezas, 2004).24
El desarrollo económico p or sí mismo no será suficiente p ara reducir
la p obreza d e form a sign ificativa, esp ecialm en te d en tro d el con texto
23 Esta ap reciación gen eral n o se ap lica a Am artya K. Sen y a otros d istin guid os
econ om istas com o él. Sen (1992, 1999) h a en riquecid o en orm em en te el estud io d e la
p obreza al red efin ir el sign ificad o d e d esarrollo y al p rop on er un a serie d e con cep -
tos n uevos y an alizar sus relacion es, com o en tre d otacion es (endowments), d erech os
(entitlements), capacidades (capabilities), realizaciones (functionings) y calidad de vida (quality
of life).
24 A fines de la década de los noventa, el Banco Mundial (BM ), el Fondo Monetario

In tern acion al (FMI ) y las organ izacion es d e d on an tes, p reocup ad os p or los resultad os
desalentadores de las reformas neoliberales conocidas como el Consenso de Washington y
por el aumento de la pobreza, p rop orcionaron un incentivo a los p aíses más p obres p ara
desarrollar PRSP . Si los PRSP de los llamados p aíses p obres altamente endeudados (H IPC
p or sus siglas en inglés) eran ap robados p or el BM , resultaban elegibles p ara el alivio de
la deuda externa. Bolivia, H onduras y Nicaragua, los países más pobres de América Latina,
resultaron elegibles p ara el alivio de la deuda p or el FMI y el BM desde los p rimeros años
de este milenio.

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94 C RIST Ó BAL K AY

latin oam erican o, ya que ésta es la región m ás d esigual d el m un d o al


tener el nivel más alto de concentración de la riqueza y de ingresos. Si
Latin oam érica tuviera la d istribución d e in gresos d el sud este asiático,
entonces la p obreza extrema disminuiría en 80% (Burchardt, 2004: 127;
IDB, 1998). Por lo tanto, resulta fundamental un acceso más igualitario
y generalizado a los activos y bienes, ya sea individual o colectivamente,
p ara lograr una reducción imp ortante de la p obreza.25 En este sentido,
el tema de la reforma agraria se encuentra lejos de haber terminado, aun
cuando debe establecerse en el nuevo contexto nacional e internacional
y n ecesita ser com p lem en tad o con un a serie d e m ed id as d e ap oyo al
campesinado (Rosset, Patel y Courville, 2006; Akram-Lodhi, Borras y Kay,
2007). Pero a la vez, la redistribución de la riqueza no es una condición
suficien te p ara un a red ucción sosten id a d e la p obreza, esp ecialm en te
en el con texto globalizad o actual. Por lo tan to, tam bién se n ecesitan
m ed id as econ óm icas, sociales y p olíticas p ara in cen tivar el d esar rollo
p roductivo, la innovación y la comp etitividad. Asimismo, resulta esencial
crear una arquitectura financiera y comercial reglamentada de manera
más igualitaria p ara facilitar tales transformaciones.
El Estad o sigue sien d o fun d am en tal p ara resolver el p roblem a d e
la p obreza. Sólo aumentando la cap acidad del Estado, tanto doméstica
como globalmente, y llevando a cabo estrategias apropiadas de desarrollo,
nacional e internacionalmente, será p osible hacer mayores incursiones
en la reducción de la p obreza. Los p aíses en vías de desar rollo que han
seguido una estrategia de crecimiento con redistribución, han sido más
exitosos en red ucir la p obreza, y la p obreza rural en p articular (com o
resultado de una extensa reforma agraria), que aquellos p aíses que han
ap licad o un a estrategia d e in d ustrialización p or sustitución d e im p or-
tacion es (que d esaten d ió bastan te a los cam p esin os gr an jeros) o un a
estrategia neoliberal (que dejó al campesinado a merced de las fuerzas del
mercado). Creo que dentro del contexto latinoamericano, una estrategia
d e d esar rollo n eoestructuralista com o la p rop uesta p or varios in vesti-
gadores, p ero p rincip almente p or la Comisión Económica p ara América

25 Un argumento sólido para una redistribución significativa de los recursos y activos,

esp ecíficam en te p ara un a reform a agraria, es p resen tad o p or H offm an y Cen ten o
(2004). Desde su p unto de vista, el alto nivel de desigualdad en Latinoamérica no tan
sólo rep rod uce la p obreza sin o tam bién el colon ialism o in tern o, la d ebilid ad d e las
estructuras d e Estad o y la d ep en d en cia region al d en tro d el sistem a m un d ial. Para un
an álisis d e los vín culos en tre p obreza y d istribución d e los in gresos, véase Boltvin ik y
H ernández (2000), entre otros.

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P O BREZA RU RAL EN AMÉRICA L AT IN A: T EO RÍAS Y EST RAT EGIAS DE DESARRO LLO 95

Latin a y el Car ibe (CEPAL ), ofrece la op ción m ás factible d e p olítica


p ública, a p esar d e sus lim itacion es, p ara lograr el d oble objetivo d e
crecimiento con equidad. 26
En lo que concierne a desarrollo y a pobreza rural, del enfoque de las
estr ategias d e vid a susten table y d e los activos se p ued e obten er un
fructífero marco analítico, al menos como p unto de p artida p ara lograr
una mejor comp rensión de la p obreza. Su virtud radica en enfocarse en
los activos (assets) y en la cap acidad de los involucrados p ara construir
su p rop io susten to. Su lim itación es que subestim a la im p ortan cia d e
factores tanto p olíticos como estructurales. Las intervenciones llevadas
a cabo por los gobiernos, las ONG , las agencias extranjeras donantes y las
in stitucion es in tern acion ales tales com o el Ban co Mun d ial, d iseñ ad as
para aliviar la pobreza, pueden contribuir a la reproducción de la pobreza
debido a una defectuosa interp retación sobre su naturaleza y sus causas
en los países en vías de desarrollo. Dada la complejidad de la problemática
d e la p obreza, d eber ía in ten sificar se el in tercam bio d e id eas y exp e-
riencias, así como la colaboración en iniciativas conjuntas. Esto permitiría
una mejor y más p rofunda comp rensión de las causas de la p obreza, así
como evaluaciones más p ercep tivas de las diferentes p olíticas de inter-
vención en pro de los pobres. Por lo tanto, también debería permitir una
contribución más valiosa de ideas p ara diseñar estrategias de desar rollo
y p olíticas de intervención más efectivas p ara la reducción de la p obre-
za y, esp ecíficam en te, p ar a con segu ir los m ás vastos objetivos d e
desar rollo del milenio (ODM).
La batalla contra la p obreza rural no se trata sólo de diseñar y moni-
torear proyectos adecuados de desarrollo rural en favor de los pobres, sino
sobre todo es una lucha p ara convencer a la mayoría de los ciudadanos
de que la reducción de la p obreza es una tarea clave p ara la humanidad
y que ello requiere d e un a estrategia d e d esar rollo que logre la red is-
tribución de los activos y los recursos p roductivos al nivel local y global,
con el fin d e p od er crear m ás riqueza sin el estigm a d e rep rod ucir la

26 La CEPAL publicó una serie de libros que subrayan la perspectiva neoestructuralista


del desarrollo sustentable, la equidad social, el regionalismo abierto, los recursos huma-
nos, la ciudadanía, la globalización, la distribución de ingresos y la p obreza; véase, entre
otros, CEPAL (1990, 1992, 2001, 2002). Algun as d e sus p rin cip ales id eas se tratan en
Gwynne y Kay (2004). Para un texto clave neoestructuralista, véase Sunkel (1993), y p ara
un a p ersp ectiva n eoestructuralista sobre el d esarrollo rural, véase Figueroa (1993).
Para una discusión bien argumentada de las limitaciones del enfoque neoestructuralista,
véase Leiva (de próxima aparición).

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96 C RIST Ó BAL K AY

p obreza. Para ello se requiere de una camp aña mundial de “concienti-


zación”, com o d ir ía Paulo Freire (1985), con el fin d e crear el clim a
ideológico, p olítico y social que p ermita la ap licación de estrategias de
desarrollo para una reducción sostenida de la pobreza. Debido a las causas
estructurales d e la p obreza, su red ucción y er rad icación requieren d e
im p ortan tes tran sform acion es d en tro d e los p aíses y en tre los p aíses,
d ebid o a las d esiguales relacion es econ óm icas, sociales y p olíticas d el
sistema global.

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Traducción de Mariana Gumá Montalvo

Recibido: 9 de agosto de 2005


Aceptado: 30 de octubre de 2006

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