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La Rebeldía y sus Consecuencias Procesales

I. NOCIÓN DE LA REBELDÍA

La rebeldía ha sido entendida de distintas formas a lo largo de la historia. La Ley de las XII Tablas
da cuenta de la institución entendiéndola como la desobediencia del demandado por no acudir a la
citación que efectuaba el magistrado. Si no se apersonaba, se llamaban testigos y se le aprehendía y
así era conducido ante el magistrado. Posteriormente se consideró como una obligación, por lo que si
no comparecía y contestaba la demanda debía purgar la rebeldía pagando una multa. Modernamente
ya no es considerada como una desobediencia, sino como una carga, como tal es una facultad de la
parte en aras de una mejor defensa, pero de incurrir en la rebeldía le ocasionará desventajas procesales
(1).
Desde la perspectiva de nuestra legislación procesal debemos entender la rebeldía como la
situación especial en que se coloca el demandado, cuando no contesta la demanda dentro del plazo
establecido para cada vía procedimental, pese a haber sido debidamente emplazado. Sin embargo,
esta no es la única situación que produce la rebeldía; también será declarado rebelde, cualquiera de
las partes, demandante o demandado, que notificado con la conclusión del patrocinio de su abogado
o la renuncia de su apoderado, no comparece dentro del plazo fijado por el art. 79 (cinco días), en
concordancia con el artículo 458 del CPC.
Tradicionalmente se ha considerado que la rebeldía implica la ausencia total de cualquiera de las
partes en un proceso (2); no solo se refiere al demandado (situación más común) que incurre en esta
por no contestar la demanda, dentro del plazo señalado por ley, sino también puede comprender tanto
al demandado como al demandante que no comparecen, luego de haber sido notificados con la
conclusión del patrocinio de su abogado o la renuncia de su apoderado (art. 458 del CPC). Nótese
que en este segundo supuesto, no se trata de ausencia de las partes, con mayor razón en el caso del
demandante, sino que habiéndose apersonado se presentan las circunstancias mencionadas con sus
abogados o apoderados.
Para Vergé, esta segunda situación en la que pudieran verse involucrados tanto demandante como
demandado, no sería estrictamente considerada como rebeldía, entendida como incomparecencia
inicial (3). Tampoco sería considerado como rebeldía si el demandado se apersona, pero no contesta
la demanda dentro del término de ley.
Advertimos una noción estricta y una noción amplia de la rebeldía. En sentido estricto, se trata de
la situación de desobediencia del litigante por no acudir a la citación efectuada por el juez.
Evidentemente, se trata del demandado que ante la citación con la demanda hace caso omiso al
llamado de la autoridad para que se apersone y conteste la demanda. En un sentido amplio, se trataría
de aquella situación de desobediencia del demandado o del demandante, ante la citación por parte del
juez, para determinados actos procesales durante la secuela del proceso, donde es necesario que
ejercite su derecho de defensa (rebeldía in respondendo).
Nos parece atinada la diferencia que establece Gallinal, entre el acuse de rebeldía y la declaración
de rebeldía: “No hay que confundir el acuse de rebeldía, que es el decaimiento de un derecho, con la
declaración de rebeldía. En la rebeldía, la parte no es notificada sino excepcionalmente de las
resoluciones. En el decaimiento (…) se ha perdido un derecho, que se ha dejado de usar, pero la parte
continúa actuando en el expediente y es notificada en la forma ordinaria de todas las providencias y
resoluciones. En este el juez da por acusada la rebeldía con respecto al acto concreto; en aquella es
declarada la rebeldía con respecto a todo el juicio”(4).
Nos ayuda a precisar, aún más, esta necesaria distinción entre el acuse de rebeldía y la declaración
de rebeldía, Palacio, cuando señala: “La rebeldía no debe confundirse con la omisión en que puede
incurrir cualquiera de las partes en el cumplimiento de actos procesales particulares (inactividad
procesal específica), pues esa actitud solo determina la pérdida de la oportunidad de ejecutar el acto
omitido y la correlativa caducidad de la facultad no ejercida dentro del plazo pertinente (principio de
preclusión), pero no genera, como ocurre con la rebeldía, efectos que repercuten en la estructura total
del proceso”(5).
Establecida claramente la diferencia que evitaría una grave confusión en la noción de la rebeldía,
podemos afirmar que por la rebeldía propiamente dicha, debe entenderse la situación en que se coloca
el demandado por no contestar la demanda y el demandante y demandado por no comparecer ante la
conclusión del patrocinio de su abogado o ante la renuncia de su apoderado. Los demás actos
procesales, donde el juez cita a la parte para que absuelva algún trámite y este no lo hace, en su
rebeldía se tendrá por absuelto dicho trámite. Esta situación constituye el acuse de rebeldía que no
hay que confundirla con la declaración de rebeldía que produce efectos particulares con respecto a
todo el proceso.
Hemos señalado, al desarrollar el tema del emplazamiento, que este comprende la citación y el
emplazamiento al demandado y, para nuestro sistema procesal, la rebeldía del demandado se
produce por el hecho de no contestar la demanda, después de haber sido citado y emplazado
válidamente, por cuanto se asume la sinonimia de ambas expresiones.
Sin embargo, la doctrina privilegia el simple apersonamiento como condición para que el
demandado no incurra en rebeldía. El reverso de la comparecencia es la rebeldía. Así, Vergé señala
que en el caso del demandado, la rebeldía se produce por “su ausencia e inactividad inicial,
transcurrido el plazo para comparecer y personarse en el proceso”(6). Obedece a un dato objetivo que
es la incomparecencia, independientemente del dato subjetivo de la voluntariedad, que es irrelevante.
Para nuestro sistema procesal, en cambio, no será suficiente el simple apersonamiento, señalando
domicilio procesal y designando abogado para impedir la declaración de rebeldía, como
mayoritariamente lo considera la doctrina. Es indispensable, para evitar la declaración de rebeldía,
que el demandado conteste la demanda (art. 458 del CPC).
Lo importante, como lo señala Carli, no es tanto la situación real de rebeldía en que se encuentra
el demandado, sino la resolución judicial que lo declara como tal (7). Nuestro Código Procesal Civil,
no señala si esta declaración judicial de rebeldía la hace el juez a petición de parte o puede hacerla de
oficio. Pero, atendiendo al carácter publicístico que asume nuestro Código, debemos entender que el
juez puede efectuarlo de oficio, ya que el impulso procesal compete tanto a las partes como al propio
juez (artículo II del Título Preliminar del CPC).

II. NATURALEZA JURÍDICA DE LA REBELDÍA

Desde el punto histórico; el tratamiento de la rebeldía ha sido considerado, por un lado, como
sanción entre los que entendían que se infringe una obligación de defensa y, de otro lado, los que
entienden que solo se trata de una renuncia a la defensa. “Los que vean en el proceso un medio de
pacificación jurídica harán derivar de la contumacia la ficta confessio y la sentencia condenatoria
como consecuencia de la infracción de una obligación; mientras que los que conceptúan el proceso
como uno de los varios medios posibles para obtener la certeza jurídica, desvinculándolo del Derecho,
adoptarán un criterio más objetivo y tratarán la contumacia como simple inactividad” (8).

Ejemplo de lo primero lo tenemos en el proceso formulario del Derecho Romano, en el que contra el
contumaz se dictaba sentencia en contra suya; de la segunda concepción la tenemos en el Derecho
Romano posclásico, justinianeo, Derecho Canónico, en la que ante la situación de contumacia, el
proceso proseguía y el resultado dependía de lo fundada o probada que esté la demanda (9).

Nuestro Código Procesal Civil, asume una posición intermedia, ya que si bien considera que no
se trata de una obligación el contestar la demanda, tampoco la asume como una “simple inactividad”.
En efecto, la contestación de la demanda la considera como una carga procesal, que no es una
obligación. Mas, como carga procesal, el no contestar la demanda, si bien no se le aplicarán sanciones
ni puede obligarse al demandado a que conteste la demanda, se le declarará rebelde y, ello, puede
traer como consecuencia la posibilidad del juzgamiento anticipado del proceso, evidentemente a favor
del demandante, con base en la presunción relativa de verdad.
En realidad, el tratamiento de la rebeldía puede hacerse desde la perspectiva del demandado como
del demandante.
Desde la perspectiva de aquel, resaltamos la garantía que significa que el demandado haya sido
válidamente emplazado para que, tomando conocimiento de la existencia del proceso, asuma su
defensa si lo considera pertinente. Hemos señalado que este acto se convierte en una garantía de
carácter constitucional, forma parte del debido proceso y de la tutela procesal efectiva. Asimismo, se
sustituye el carácter de pena, por el de carga procesal, con el efecto de tener por contestada la demanda
y la posibilidad, en nuestro sistema procesal, del juzgamiento anticipado.

El demandado rebelde puede apersonarse en cualquier momento al proceso y continuarlo en el


estado en que lo encuentre. Puede comparecer a las audiencias que lo citen, efectuar los alegatos
correspondientes y, eventualmente, apelar de la sentencia que recaiga en el proceso. En otras palabras,
puede ejercer su derecho de defensa y demás garantías constitucionales que tiene todo justiciable
comprendido en un proceso.

Desde la perspectiva del demandante, se señala que también se le protege su derecho de acción, a
la tutela procesal efectiva, toda vez que la ausencia del demandado no puede perjudicar los derechos
de aquel.
Por otro lado, recordemos que nuestro Código Procesal Civil señala la eventualidad que el
demandante también se coloque en situación de rebeldía, al igual que el demandado, cuando
notificado de la renuncia de su apoderado o de su abogado, no cumple con comparecer en el proceso.
En estos casos, ambas partes, pueden ser declarados rebeldes, aun cuando son distintas las
consecuencias que puede sufrir el demandado por no contestar la demanda.
La comparencia del demandado ha pasado por distintas consideraciones: primero, fue una verdadera
obligación, inclusive podía ser llevado ante el juez compulsivamente; luego fue considerado como un
deber procesal, con sus sanciones correspondientes en caso de incumplimiento. En la actualidad, se
considera que es una carga procesal. No es una obligación ni un deber, es una facultad que tiene el
demandado. No debe tomarse como una actitud de irreverencia frente a la autoridad. Si, en cambio,
puede provocar consecuencias de orden procesal como el juzgamiento anticipado.

Reimundin (10), hace un recuento de las distintas teorías que tratan de explicar la naturaleza jurídica
de la rebeldía:

1) Teoría de la pena. Por esta teoría no existe la posibilidad de proseguir un proceso sin
la presencia de las dos partes. No cabía la posibilidad de un proceso en rebeldía, por
cuanto al demandado se le conminaba a apersonarse, y su ausencia era considerada
como un acto ilícito, una verdadera resistencia al poder del juez. Recordemos que podía
ser conducido por la fuerza (Ley de las XII Tablas).
2) Teoría de la renuncia. En oposición a la teoría anterior que consideraba una obligación
del demandado el comparecer ante el magistrado, por esta teoría se reconocía el derecho
de la parte para disponer libremente de los medios de defensa. Queda dentro del ámbito
de la autonomía de la voluntad el ejercer el legítimo derecho de defensa, sin que se le
pueda conminar a hacer lo contrario si es que el demandado decide no apersonarse y no
contestar la demanda.
3) Teoría de la autodeterminación. Así como se tiene derecho a cooperar con el proceso,
de la misma forma se tiene el derecho de abstenerse. La abstención es el no ejercicio
de la facultad de obrar, porque cada cual es libre de autodeterminarse.
4) La contumacia como acto jurídico procesal. El acto procesal puede consistir en la
realización voluntaria de un hecho o en la abstención también voluntaria de un hecho
determinado.

III. FUNDAMENTO DE LA REBELDÍA

Al haberse dejado de lado la teoría de la pena, por la que se conminaba al demandado a personarse y
contestar la demanda, entendiéndose que el proceso debía estar integrado por las dos partes, para
asumir el tema como una carga, no como una obligación, debe asumirse la posibilidad de que el
proceso continúe válidamente con la presencia efectiva de una sola de las partes.
Desde la perspectiva del demandante; la incomparecencia del demandado no puede
perjudicar su legítimo derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, en el sentido de obtener un
pronunciamiento definitivo justo y eficaz. No se justifica, por no ser razonable, que el proceso
se detenga por la incomparecencia del demandado. Ya bastante sacrificio significa para el
demandante tener que iniciar un proceso, y el tiempo que le va a demandar concluirlo,
cualquiera fuere la vía procedimental que utilice. Si a ello le vamos a agregar el tiempo que
significaría la paralización del proceso por la incomparecencia voluntaria del demandado,
sería una clara vulneración a la tutela jurisdiccional efectiva.
Desde la perspectiva del demandado; en el supuesto de que el que incurra en rebeldía sea
el demandante, también podría perjudicar su derecho a que se emita un pronunciamiento
definitivo que lo libere de la pretensión planteada por el demandante (11).

IV. REQUISITOS PARA LA DECLARACIÓN DE REBELDÍA

Para la declaración de rebeldía se requiere que se configuren los siguientes presupuestos:


1. Que el demandado sea un sujeto determinado y cierto
Lo normal es que el demandante, al interponer su demanda, designe al demandado y este sea
una persona natural o jurídica, cierta y determinada (Art. 424 inc.4 CPC).
Excepcionalmente, sin embargo, puede ocurrir que el demandante desconozca a su o sus
demandados, como es el caso que ante el fallecimiento de su deudor, él desconozca a los
integrantes de la sucesión. Sin embargo, en estos casos, puede interponer demanda contra la
sucesión de la persona fallecida, que es considerada como un patrimonio autónomo y, por
ende, sujeto de derecho.
La notificación se efectuará por edicto, convocándose a todos los integrantes de la sucesión,
legítimamente constituidos.
En estos casos, evidentemente, no procede la declaración de rebeldía, por no haberse
apersonado ninguno de los supuestos integrantes de la sucesión, precisamente, por tratarse de
un caso en que el demandado o demandados no son personas ciertas ni determinadas.
Lo que procede es la designación de un curador procesal (art. 435 del CPC). No procede la
declaración de rebeldía del demandado a quien se le ha designado un curador procesal si este
no cumple con contestar la demanda. En estos casos, el juez deberá requerir al curador
procesal el cumplimiento de su deber de contestar la demanda, bajo apercibimiento de
removérsele en el cargo y designar a otro profesional (12).
Para nuestro sistema jurídico son sujetos ciertos y determinados, el concebido, la persona
natural y la persona jurídica. Importante su identificación para tener la certeza de un correcto
emplazamiento y, consecuentemente, la posibilidad de la declaración de rebeldía, si es que
no contesta la demanda.
En el caso del concebido, evidentemente, es importante la identificación de la madre,
su representante legal directo, con quien debe entenderse el proceso.
En el caso de la persona natural, no cabe la menor duda de la necesidad de que se
precise quién es.
En el caso de la persona jurídica, siendo una abstracción, una reducción de la
pluralidad a una unidad, convertido en sujeto de derecho, tiene un nombre, un
domicilio, y será su representante legal quien saldrá al frente en defensa de sus
intereses.
Donde puede existir dificultades es con algunos entes no personificados, o conjunto de personas que
actúan en la sociedad como si fuesen personas jurídicas, pero no lo son porque no están inscritos en
los Registros Públicos, y que si bien para el sistema jurídico constituyen un sujeto de derecho, debe
entenderse la demanda con todos sus integrantes, como sería el caso de una asociación no inscrita,
sociedad no inscrita y también podemos incluir a los denominados patrimonios autónomos (sociedad
conyugal y sucesión indivisa).

Las partes quedan constituidas por la interposición de la demanda. La parte demandante es la que
pretende algo y la parte demandada es aquella a quien se le exige una conducta determinada. El hecho
de que el demandado incurra en situación de rebeldía por su incomparecencia y su no contestación
de la demanda, no determina que pierda su condición de parte.
La litispendencia queda constituida entre el demandante y el demandado y este último debe ser un
sujeto cierto y determinado. El demandado rebelde es tan parte como el no rebelde y recaerá sobre
las consecuencias de la cosa juzgada (13).

b) Que el demandante señale el domicilio real o legal del demandado

Como hemos indicado anteriormente, una de las garantías del debido proceso y de la tutela procesal
efectiva, es que el demandado sea válidamente emplazado a efectos de que pueda ejercer su derecho
de defensa. Esta garantía se cumple notificándose al demandado en su domicilio real o legal, según
sea el caso. Mas, si el demandante ignora cuál es el domicilio real o legal de la parte demandada,
deberá procederse conforme lo señala el artículo 435 del CPC. Se emplazará al demandado, cuyo
domicilio se ignora, mediante edictos, bajo apercibimiento de designársele un curador procesal, pero
no se le declarará rebelde por no haber contestado la demanda.
Recordemos que domicilio real es el lugar donde se reside habitualmente (art. 33 del Código Civil) o
el lugar donde desempeña sus ocupaciones habituales (art. 35 del Código Civil), está referido
esencialmente a determinadas personas naturales; por domicilio legal debemos entender el domicilio
impuesto por la ley a determinadas personas naturales (incapaces) y a las personas jurídicas (lugar
que figura en el estatuto y, consecuentemente, inscrito en los Registros Públicos), entre otros.
Nuestro Código Procesal Civil trata de brindar el máximo de protección al tema del
señalamiento del domicilio del demandado, para evitar en lo posible que se sigan los procesos con
desconocimiento de su existencia por parte de estos. Si el demandante ignora el domicilio del
demandado, expresará esta circunstancia bajo juramento, que se entenderá prestado con la
presentación de la demanda (inc. 4, artículo 424 del CPC).

c) Que el demandado haya sido debidamente emplazado

Como lo hemos señalado, al estudiar la institución del emplazamiento, una de las garantías del debido
proceso y de la tutela procesal efectiva es que el demandado sea válidamente emplazado. Ello
significa que deben agotarse todos los medios legales, previstos en las normas pertinentes, a efectos
de que el demandado tome conocimiento de la existencia del proceso, a fin de que pueda ejercer su
legítimo derecho de defensa. Lo importante es que el demandado sea correctamente emplazado, que
tome conocimiento de la demanda. Si se defiende o no, es decir, si contesta la demanda o no, es asunto
de su absoluta incumbencia. No es una obligación, como lo hemos señalado reiterativamente, pero es
una carga procesal.
Carnelutti, reafirma este requisito para la declaración de la rebeldía, cuando señala: “(…) cuando la
parte no comparecida sea el demandado, este no puede ser declarado contumaz sino en cuanto el juez
haya verificado la validez de la notificación (…). Tal verificación debe hacerse de oficio; no hay, en
efecto, parte que pueda solicitarla ni, a falta de comparecencia, puede ser sanado vicio alguno de la
notificación”(14).
Nos atrevemos a señalar que cualquier duda respecto de un correcto emplazamiento debe estarse a
favor del demandado, ya que sobre él pesa la carga de contestar la demanda, es decir, de ejercer su
legítimo derecho de defensa (15). Se trataría de un principio pro demandado, como una forma de
garantizar su correcto emplazamiento.

La Sala Nº 1 de la Corte Superior de Lima, en el Expediente Nº 264-7-97, en sentencia pronunciada


el 11 de junio de 1997, declaró nula la sentencia y nulo lo actuado hasta el estado en que se tuvo por
contestada la demanda en rebeldía de las demandadas, por no haberse comprobado que a las
demandadas se les había emplazado correctamente, para que tuvieran oportunidad de ejercer su
legítimo derecho de defensa. Dicha sentencia señala lo siguiente: “(...) Que, conforme a lo previsto
en el artículo primero del Título Preliminar del Código Procesal Civil el acceso a la justicia es una de
las garantías reconocida a toda persona para el ejercicio o defensa de sus derechos o intereses con
sujeción a un debido proceso, y que tratándose de la parte emplazada esta solo puede hacerse efectiva
a través de un emplazamiento válido, mediante el cual se le pone en conocimiento de la demanda y
de las resoluciones judiciales. (…) Que, en el caso de autos, conforme es de verse de las
certificaciones de fojas doscientos treinta y siete y doscientos treinta y ocho, las demandadas G.M. y
M.FA. C.P., en la fecha que fueron emplazadas, esto es, entre junio y diciembre de mil novecientos
noventa y cinco, no se encontraban en el país, por lo que el emplazamiento efectuado con la demanda
y su declaración de rebeldía, no ha cumplido con el objeto de la misma, esto es, poner en conocimiento
de las partes la demanda y el contenido de las resoluciones conforme a lo expuesto anteriormente.(…)
Que, de otro lado, si bien es cierto que las emplazadas antes citadas habían designado apoderado, las
notificaciones cursadas no pueden convalidar los defectos anotados, puesto que las mismas no se
cursaron al domicilio de sus apoderados para poder determinar que tenían conocimiento de la
existencia del proceso y pudieron ejercer la defensa de los derechos de sus representados (…)” (16).

d) Que el demandado no conteste la demanda dentro del plazo señalado en cada vía
procedimental.

Para nuestro Código Procesal Civil, la situación de rebeldía se configura cuando el demandado no
contesta la demanda, es decir, cuando no cumple con el acto procesal que se le exige en el
emplazamiento, dentro del plazo que se le concede, es decir, cuando no contesta la demanda dentro
del plazo que rige para cada una de las vías procedimentales.
Hemos indicado líneas arriba, que el apersonamiento del demandado en el proceso, señalando
domicilio procesal y designando al abogado que lo represente, no será suficiente para impedir la
declaración de rebeldía, si no contesta la demanda, dentro del plazo de ley.
Se trata de una opción de nuestro legislador, frente a una corriente doctrinaria que señala que no
procede la declaración de rebeldía si es que el demandado se apersona, señala domicilio y abogado
que lo representará, aun cuando no conteste la demanda.

e) Que el demandante o demandado no comparezca luego de haber sido notificado con la


conclusión del patrocinio de su abogado o la renuncia de su apoderado.

Pueden incurrir en rebeldía, tanto el demandado (situación común) como el demandante. El


demandado, por no contestar la demanda dentro del plazo de ley, pero, también pueden incurrir en
rebeldía, tanto demandante como demandado, cuando no comparecen, luego de haber sido notificados
con la renuncia de su abogado o de su apoderado, dentro del plazo que el juez señale (art. 458 del
CPC).
Verge, considera que esta es una situación que se asimila a la rebeldía, pero que técnicamente no
correspondería, si se entiende la rebeldía como incomparecencia inicial. Señala el autor: “Se asimila
a la rebeldía la falta de designación de nuevo abogado o de nuevo apoderado, cuando los
primeramente designados han concluido su mandato renunciando al cargo y, además, han transcurrido
los plazos señalados en el art. 79 (del CPC) sin haberse nombrado otros. De hecho, aquí no se trata
de incomparecencia inicial, sino de inactividad sobrevenida, puesto que el litigante ya compareció en
el proceso (por lo que conoce su existencia). Los cambios en su actividad procesal después de su
comparecencia pueden tener efectos asimilables a los que produce la rebeldía (p.e. la ficta confessio),
pero no se trata, en sentido técnico, de rebeldía, de incomparecencia inicial que puede ser debida a
desconocimiento del emplazamiento y del proceso y que requiere un trato específico. La inactividad
sobrevenida ha de reputarse siempre voluntaria salvo, claro está, que existan defectos en los actos de
comunicación, lo cual también tiene su propio régimen de ineficacia (...)”(17).
Se ha cuestionado el art. 458 del CPC en la parte referida a la posibilidad de declararse rebelde a
cualquiera de las dos partes (demandante o demandado), si se produce la renuncia de su abogado,
argumentando que las partes pueden recurrir a cualquier abogado para que los asista en su defensa
(18).
No participamos de este cuestionamiento, por la razón fundamental de que la defensa en nuestro
sistema jurídico es cautiva, es decir, el justiciable debe ser asistido necesariamente por un abogado,
efectivamente, cualquier abogado que designe la parte. Ante la renuncia del abogado que la misma
parte ha designado, debe proceder a designar a otro abogado. De no hacerlo, su actuación dentro del
proceso será limitadísima y eso es lo que se quiere evitar, por ello el apercibimiento de ser declarado
rebelde. Es evidente que esta situación concreta, respecto del demandante, es inusual, porque es de
interés del demandante que el proceso que ha iniciado avance y culmine rápidamente.

V. ESTRUCTURA DEL PROCESO EN REBELDÍA

Los elementos esenciales que configuran la estructura del proceso en rebeldía son los siguientes:
a) Citación y/o emplazamiento debido
Es un elemento esencial para que se configure la rebeldía, que se haya citado en debida forma al
demandado conocido y determinado y con domicilio preciso. Es la garantía del debido proceso, al
que nos hemos referido líneas arriba, y constituye la oportunidad que se le brinda para contestar la
demanda.
Es un derecho constitucional que tiene el justiciable, que ha sido demandado, que se le ponga en
conocimiento la existencia de la demanda para que pueda ejercer su legítimo derecho de defensa (inc.
23 del art. 2 de la Constitución Política del Estado). Constituye principio del servicio de justicia la
observancia del debido proceso y la tutela jurisdiccional (inc. 3 art. 139 de la Constitución Política
del Estado).
La posibilidad que tiene el demandado para ejercer su legítimo derecho de defensa comienza
cuando toma conocimiento de la existencia del proceso y ello ocurrirá con el emplazamiento, por ello
su trascendencia, porque se evita que los procesos continúen tramitándose y culminen sin que el
demandado haya podido defenderse. Como hemos señalado anteriormente, lo importante no es que
el demandado se defienda o no, esa será su opción libre, pero sí es importante que tome conocimiento
de la existencia del proceso. La bilateralidad del proceso se concreta con el emplazamiento. Esa
resulta ser una garantía constitucional, conformante del debido proceso y de la tutela jurisdiccional
efectiva.
b) No contestación de la demanda o abandono
Una vez citado el demandado con la demanda, este puede adoptar las siguientes conductas:
a) Se apersona y contesta la demanda, admitiendo o negando los hechos expuestos por el
demandante;
b) Se apersona ante el órgano jurisdiccional, pero no contesta la demanda, y
c) No se apersona ni contesta la demanda.
Para nuestro sistema jurídico procesal, solo en el primer supuesto no se declarará la rebeldía del
demandado; en los dos supuestos últimos se declarará rebelde al demandado. Nuestro Código
Procesal Civil ha optado por esta posición, de tal forma que no será suficiente apersonarse para evitar
la rebeldía; debe contestarse la demanda como única forma de evitar que se declare rebelde al
demandado.
Hemos señalado que la contestación de la demanda no constituye una obligación para el
demandado, sino una carga procesal.
La consecuencia de no contestar la demanda, no le traerá sanciones al demandado, ni podrá, ser
compelido a que lo haga, pero sí tendrá que soportar determinados efectos procesales, como es la
declaración de rebeldía, con las consecuencias que ello acarrea, esto es, la posibilidad de que el
juez, luego de sanear el proceso, dicte sentencia basado en la presunción legal relativa de verdad
de los hechos expuestos por el actor en su demanda, juzgando anticipadamente el proceso.
Esta es la típica rebeldía en sentido estricto y la que puede acarrear mayores consecuencias de
orden procesal.
Evidentemente, es la situación en que se coloca el demandado por no contestar la demanda.
Sin embargo, la rebeldía es una situación procesal en que también puede incurrir el
demandante, cuando no comparece dentro de los cinco días de notificado con la conclusión del
patrocinio de su abogado o la renuncia de su apoderado.
Es evidente que las consecuencias procesales en estos casos son diferentes, ya que estarán referidas
únicamente a las notificaciones de los actuados judiciales.
En esta última situación también puede quedar comprendido el demandado. A estas situaciones se
refiere la doctrina cuando señala el abandono del proceso. No se trata de la desatención de los futuros
actos procesales (abandono propiamente dicho), sino a situaciones expresamente señaladas en la ley.
Se trataría de cualquiera de las dos partes que, habiéndose apersonado, no comparecen ante la
renuncia de sus abogados o apoderados que estaban atendiendo el caso.
El proceso puede desarrollarse sin la presencia de una de las partes, siempre que haya sido
debidamente emplazado con la demanda en el caso del demandado o emplazado cualquiera de las dos
partes dando cuenta de la renuncia de sus abogados o apoderados. Si no comparece una de las partes
se le declarará rebelde.
c) Petición de parte o de oficio
Nuestro proceso es de naturaleza mixta; sin embargo, tiene una predominancia del sistema
inquisitivo, brindándole al juzgador amplios poderes de dirección del proceso. Por ello, la declaración
de rebeldía puede ser a petición de parte o de oficio, comprobado que se venció el plazo para la
contestación de la demanda o el plazo para la comparecencia de la parte, ante la conclusión del
patrocinio del abogado o renuncia del apoderado.

El acto procesal que producirá efectos es la resolución que declara rebelde a una de las partes. De
no mediar la resolución en referencia, la rebeldía –que es una situación fáctica– no producirá efecto
alguno en el proceso.
No lo menciona expresamente el Código Procesal Civil, sin embargo, la forma imperativa en que
está redactado el art. 458 nos permite llegar a la conclusión de que puede ser declarada de oficio o a
petición de parte.
d) No presencia de circunstancias impeditivas
Nuestro Código Procesal Civil no ha previsto esta posibilidad; sin embargo, puede ocurrir que por
circunstancias de fuerza mayor (enfermedad, accidente) se justifique la no declaración de la rebeldía
o, en todo caso, neutralizar los efectos que podrían producir en perjuicio del demandado.
e) Notificación de la rebeldía
La notificación de la resolución que declara rebelde a la parte, se notificará por cédula si tiene
dirección domiciliaria, conforme lo señala el art. 459 del CPC. El mismo dispositivo indica que en
caso contrario se notificará por edicto. Este último supuesto nos parece contradictorio con lo señalado
en el segundo párrafo del art. 435. En efecto, si no se conoce la dirección domiciliaria del demandado,
se le notifica el emplazamiento por edicto, pero, bajo apercibimiento de designársele un curador
procesal. Significa ello que, cuando se ignora la dirección domiciliaria del demandado, no procede la
declaración de rebeldía, sino el nombramiento de un curador procesal. No es posible, pues, que se
notifique la declaración de rebeldía de alguien que no tiene dirección domiciliaria, pues en dicho
supuesto, no podrá declararse la rebeldía, debiendo designársele un curador procesal que lo represente
en el proceso.
Declarada la rebeldía, se notificará al rebelde solo las siguientes resoluciones: la que declara
saneado el proceso, las que citen a audiencia, la citación para sentencia, la sentencia misma y la que
requiera su cumplimiento. Las demás resoluciones que se dicten en el proceso se tendrán por
notificadas el mismo día que lo fueron a la otra parte (art. 459 del CPC).
f) Costas y costos de la rebeldía
Tanto los gastos ocasionados por el pago de aranceles, los honorarios de los órganos de auxilio
judicial, como los demás gastos judiciales (costas), así como los honorarios del abogado (costos), son
de cargo del rebelde. Esta es otra de las consecuencias de la rebeldía de una de las partes, en especial
del demandado. Se entiende que se trata de la desatención del demandado que no ha comparecido al
proceso contestando la demanda.

VI. EFECTOS DE LA DECLARACIÓN DE REBELDÍA

a) La preclusión

La declaración de rebeldía determina la preclusión de la etapa de contestación de la demanda, así


como de los actos procesales por los cuales se citó a las partes para que expresen su punto de vista o
para que designen apoderado o abogado. Ello no implica que el rebelde no pueda incorporarse al
proceso. Lo podrá hacer en cualquier momento, pero sujetándose al estado en que se encuentra, sin
que sea posible retrotraerlo a etapas anteriores (art. 462 del CPC). Los efectos producidos con
anterioridad a la comparecencia del rebelde son irreversibles; debe aceptar el proceso in statu et
terminis(19).

b) Limitación de las notificaciones

La declaración de rebeldía ocasiona una severa limitación de las notificaciones de los actos
procesales. El art. 459 del CPC limita las notificaciones al rebelde, indicando que solo se notificará
por cédula la resolución de declaración de rebeldía, la que declara saneado el proceso, las que citen a
audiencia, la citación para sentencia, la sentencia misma y la que requiera su cumplimiento. Las
demás notificaciones se tendrán por efectuadas el mismo día en que se notifica a la otra parte.

La notificación es por cédula, es decir, personal. Si no fuere posible, se efectuará la notificación


por edicto. Evidentemente, es una situación excepcional provocada por la rebeldía por la cual se fija
un régimen de notificaciones distinto a una situación normal.

c) Medidas cautelares

Para la procedencia de una medida cautelar, deberá acreditarse la verosimilitud de la pretensión,


esto es, el fumus bonis juris. Es decir, que la pretensión tenga visos de verdad, que tenga probabilidad
de verdad. Es evidente que ello se logra sobre la base de los medios probatorios que se anexan a la
demanda. Dicha verosimilitud puede vislumbrarse al declararse rebelde a la parte, y adquirir
presunción relativa de verdad los hechos expuestos o los documentos presentados con la demanda o
con la reconvención. Sin embargo, la sola declaración de rebeldía no obliga al juzgador a conceder
una medida cautelar, ya que la verosimilitud que –en este caso– se configura por la presunción de
verdad, no es el único requisito para la procedencia de la medida cautelar. El juez tendrá que examinar
el peligro en la demora –periculum in mora– y la contracautela para conceder la medida cautelar.

De otro lado, si bien la declaración de rebeldía puede ocasionar el juzgamiento anticipado del
proceso, con base en la presunción relativa de verdad, en cuyo caso, la verosimilitud es un requisito
que se cumple para la concesión de una medida cautelar, puede ocurrir –también– que la demanda no
produzca convicción de verdad, es decir, que el requisito de verosimilitud no se cumpla, en cuyo caso
no debe concederse medida cautelar alguna. Significa ello que la declaración de rebeldía no trae,
necesariamente, como consecuencia que se tenga que conceder alguna medida cautelar que solicite
la otra parte.

Por ello el legislador utiliza la expresión “pueden concederse medidas cautelares”, constituyendo
una facultad del juzgador discernir respecto de la procedencia de la medida que asegure el resultado
del proceso, tanto si lo solicita el demandante, como el demandado que ha interpuesto reconvención.
Pero, es indudable que la verosimilitud no será un obstáculo para la procedencia, porque esta se
acredita con la declaración de rebeldía y la presunción relativa de verdad que le produce al Juzgador.

¿En qué momento la parte no rebelde puede solicitar la medida cautelar? El art. 463 del CPC
señala: “Declarada la rebeldía pueden concederse medidas cautelares (…)”. Ello implica que la
rebeldía debe ser declarada por el juez a través de una resolución, sin que sea necesario que esta quede
consentida para poder aceptar alguna medida cautelar solicitada(20).

Alsina considera que las medidas cautelares proceden por la sola declaración de rebeldía,
atendiendo al efecto que produce la presunción de legitimidad del derecho que se reclama. Agrega,
además, lo que podría ser una interpretación de nuestro artículo 463 del CPC, que no tendría sentido
dicha norma específica para los casos de rebeldía, si es que se van a exigir los requisitos generales
para la concesión de medidas cautelares. Siguiendo el razonamiento de Alsina, también podríamos
preguntarnos para qué el artículo 463 del CPC, si no se va a establecer ninguna diferencia con los
requisitos generales que son necesarios para la procedencia de las medidas cautelares(21).

Reimundin tiene similar posición respecto de la concesión de medidas cautelares como efecto de
la declaración de rebeldía, indicando lo siguiente: “La circunstancia que nuestra ley autorice el
embargo de los bienes del rebelde, por el solo hecho de la declaración de rebeldía, no debe entenderse
que se establece una medida coercitiva contra el contumaz, para inducirlo a comparecer en juicio,
sino que ha de verse en ella una providencia meramente cautelar, ya que las distintas formas de
coacción para comparecer han sido abandonadas en los sistemas modernos. El embargo preventivo
en bienes del contumaz, tiene hoy otra significación”(22).

El razonamiento, debemos reconocer, es contundente; sin embargo, partimos de la noción que la


presunción de legitimidad del derecho que se reclama, es iuris tantum y que, por otro lado, no exime
del onus probandi al demandante. Por ello, la presunción relativa de verdad, es decir, si produce
convicción de verdad la pretensión que reclama el demandante (verosimilitud), el juez podrá juzgar
anticipadamente el proceso, declarando fundada la demanda, con mayor razón podrá conceder las
medidas cautelares que solicite la parte no rebelde para asegurar el resultado del proceso.

Sin embargo, no es esta la única posibilidad. Puede ocurrir que la demanda no provoque
convicción de verdad en el juez, en cuyo caso, no juzgará anticipadamente el proceso, debiendo
continuar con las siguientes etapas que corresponde a todo proceso normal. En este supuesto,
consideramos que no procedería la concesión de medida cautelar alguna, pese a que se ha declarado
rebelde a una de las partes (generalmente el demandado). Palacio, considera que por la sola
declaración de rebeldía el juez no está obligado a conceder medidas cautelares, pudiendo negarlas
cuando las circunstancias del caso que surjan del proceso demuestren su manifiesta
improcedencia(23).

Admitir la posibilidad de que se concedan medidas cautelares por la sola declaración de rebeldía,
aun cuando no provoque convicción de verdad la demanda en el juzgador es –de alguna manera–
sancionar, castigar, al rebelde. Vergue pese a considerar que se trata de medidas cautelares, sin
embargo, dice que “son bastantes los elementos que hacen pensar en una pena, castigo o estímulo al
demandado rebelde(...)”(24). Hemos señalado que contestar la demanda es una carga procesal, no una
obligación, por lo que no cabe pensar en una sanción, en un castigo, tampoco en “estímulo” para que
el demandado conteste la demanda. Siendo una carga, le producirá al rebelde una situación
desfavorable procesalmente, ante la eventualidad del juzgamiento anticipado, que tampoco es una
consecuencia inevitable de la declaración de rebeldía. El juzgamiento anticipado solo ocurrirá si la
demanda provoca convicción de verdad en el juzgador, caso contrario el proceso deberá continuar
con los demás actos procesales.

En consecuencia, si la mera declaración de rebeldía no provocará inevitablemente el juzgamiento


anticipado del proceso, no encontramos razonable que sí proceda para la concesión de medidas
cautelares sin que se cumplan con los requisitos que se exigen en general para conceder dichas
medidas(25).

En lo que sí podemos concordar es que el requisito del peligro en la demora no solo brote del
examen de la pretensión, sino de la conducta procesal de hacer caso omiso a la citación y
emplazamiento por parte del órgano jurisdiccional. Además, el requisito de la contracautela deberá
ser una exigencia mínima, atendiendo a la verosimilitud de la pretensión.

d) Posibilidad de juzgamiento anticipado del proceso

Una de las consecuencias de la rebeldía es la posibilidad del juzgamiento anticipado de la causa,


sobre la base de la presunción relativa de verdad que le produce al juez la demanda y los medios
probatorios presentados por el demandante. Quizás, este es el efecto más grave que podría perjudicar
al demandado, por no haber contestado la demanda, colocándose en la situación de rebelde.

Se trata de una presunción iuris tantum, por lo que ello no exime al demandante del onus probandi,
ni invierte la carga de la prueba. La sola incomparencia del demandado y la no contestación de la
demanda no son suficientes para legitimar las pretensiones del actor. Por ello, se señala que se trata
de presunción relativa de verdad. En otras palabras, solo si le produce convicción de verdad la
demanda y los medios probatorios respectivos, el juez juzgará anticipadamente el proceso, amparando
la pretensión del demandante, previa resolución que declara saneado el proceso.

A contrario sensu, si la demanda y los medios probatorios no le producen convicción de verdad al


juez, deberá continuar con el proceso, convocando a las audiencias correspondientes.

La interrogante que se ha formulado para establecer los efectos de la rebeldía del demandado, es
si su incomparecencia se debe interpretar como una confesión de su sinrazón y, por lo tanto, el juez
debe amparar la demanda en todos sus efectos, o por el contrario, el juez no puede amparar la demanda
en contra del rebelde, si es que el demandante no demuestra la verosimilitud de su pretensión.

La primera opción obedece a posiciones antiguas, inspirados en el aforismo contra contumaces


omnia jura clamat. Sin embargo, legislaciones más modernas optan por la segunda opción, entre los
cuales se encuentra nuestro Código Procesal Civil. La presunción relativa de verdad a que se refiere
el artículo del citado cuerpo de leyes, no obliga al juez a juzgar anticipadamente el proceso, si es que
la demanda no le provoca convicción de verdad(26).

Alvarado Velloso, se muestra partidario de la segunda opción, señalando lo siguiente: “(...)El


guardar silencio cuando el juez coloca al demandado en la carga de contestar (fase de negación), es
obvio que debe producir algún efecto contrario al interés de este porque, caso contrario, el proceso
sería absolutamente inútil como medio de debate.

Los códigos más modernos legislan que, en tal supuesto, el demandado acepta implícitamente la
existencia y exactitud de los hechos afirmados por el actor, a consecuencia de lo cual este queda
automáticamente relevado de confirmarlos. En otras palabras: el silencio genera una presunción
establecida por la ley, que siempre es de carácter relativo y, por ende, admite prueba en contrario por
parte del demandado. Otras legislaciones, en cambio, consagran efectos menores: dan al silencio el
simple valor de un indicio en contra del demandado”(27).

Concordamos con lo expresado por el procesalista argentino en que la declaración de rebeldía del
demandado puede producir efectos contrarios a su interés y que la presunción tiene carácter relativo.
Nuestra discrepancia es que esta relatividad de la presunción solo pueda ser desvanecida por el
demandado y la verdad es que no entendemos cómo lo hará, si no ha comparecido al proceso y esa es
la razón por la cual se ha declarado rebelde. Lo cierto es que esa relatividad de la presunción implica
que la sola declaración de rebeldía no obliga al juez a amparar la demanda, si es que esta no acredita
los fundamentos de su pretensión o, en todo caso, si no le provoca convicción de verdad
(verosimilitud).

e) Convocatoria a audiencia de saneamiento

Así como hemos indicado que uno de los posibles efectos de la rebeldía es el juzgamiento
anticipado del proceso, siempre que produzcan convicción de verdad en el juez la demanda y los
medios probatorios presentados por el demandante, la otra posibilidad es que no ocurra lo señalado
anteriormente, esto es, que no produzca convicción de verdad la demanda al juez, en cuyo caso, este
deberá convocar a la audiencia de saneamiento.

Al haber precluido la etapa de contestación de la demanda, con la declaración de rebeldía, deberá


convocarse a la audiencia de saneamiento.

f) Costas y costos

Serán de cargo del rebelde las costas y costos causadas por la rebeldía. No se trata que asuma todas
las costas y costos, sino únicamente las originadas con la rebeldía.

VII. COMPARECENCIA DEL DEMANDADO REBELDE

a) Antes de la sentencia definitiva

En principio, el litigante rebelde puede incorporarse al proceso como parte en cualquier estado del
mismo, sujetándose al estado en que se encuentre. No es posible retroceder respecto de los actos
procesales ya precluidos. Es indudable que esta disposición es aplicable para el rebelde voluntario, es
decir, aquel que habiendo sido emplazado correctamente, habiendo tomado conocimiento de la
existencia de la demanda en su contra, no comparece ni contesta la demanda. El demandado rebelde
puede ejercer los derechos que le corresponden a partir de su apersonamiento al proceso.
¿Podrá ofrecer medios probatorios, siendo que nuestro ordenamiento procesal señala que el
momento para el demandado es al contestar la demanda? Los medios probatorios que requieran de
actuación, indudablemente, no podrían ser tomados en consideración, pero los otros medios
probatorios que no requieren de actuación, y si a criterio del juzgador son determinantes para decidir
la causa, deben ser tomados en consideración, máxime si el juez está facultado para llevar adelante
pruebas de oficio. La Sala de Procesos Sumarísimos de la Corte Superior de Lima, con fecha 25 de
marzo de 1999, en el Expediente Nº 20785-98, señaló lo siguiente: “(…) Que, si bien mediante
resolución de fecha 30 de noviembre de 1998 obrante a fojas diecisiete se decretó la rebeldía de la
demandada, también es verdad que nuestro ordenamiento procesal no prohíbe valorar los medios
probatorios presentados por el rebelde, más aún si con su apreciación se puede llegar a solucionar el
conflicto de intereses a que se hace referencia en el artículo tercero del Título Preliminar del Código
Procesal Civil (…)”(28).

El artículo 462 del CPC que regula el tema, no hace ningún distingo entre el rebelde voluntario
del involuntario, con gran perjuicio para este. Sin embargo, es evidente que el rebelde involuntario,
es decir, aquel que ha derivado a esa situación, pero por causas ajenas a él, ya que no ha sido
debidamente notificado con la existencia de la demanda, colocándosele en una situación de
indefensión, debe tener un tratamiento específico, a efectos de que se le restituyan sus derechos
íntegramente (restitutio in integrum)(29).

De encontrarnos frente a un rebelde involuntario, el incidente de nulidad de lo actuado hasta el


estado de notificársele correctamente con la demanda, a efectos de que pueda hacer valer su derecho
legítimo de defensa, debería ser atendido, aún encontrándose en la Corte Suprema vía casación. De
comprobarse la irregularidad en el emplazamiento al demandado, el juez, los vocales superiores o
supremos, según sea el caso, deberán declarar la nulidad de todo lo actuado, reponiéndose la causa al
estado de notificársele correctamente, al demandado, la demanda(30).

b) Después de la sentencia definitiva

El litigante rebelde puede apersonarse al proceso aun cuando este se encuentre en la fase de
ejecución. Indudablemente, la regla de que asume el proceso en el estado que se encuentre es aplicable
también para estas situaciones, sin que sea posible retrotraer el proceso a los actos ya precluidos. Si
se trata de un rebelde voluntario, la sentencia definitiva y firme no puede ser destruida(31).

El tema discutible se presenta cuando estamos frente a un rebelde involuntario. ¿Podrá declararse
la nulidad de lo actuado, estando el proceso en ejecución de sentencia?, ¿habiendo pasado por todas
las instancias? Nuestro punto de vista es que si se demuestra que el demandado ha sido colocado en
una situación de indefensión, porque no ha sido debidamente notificado, deberá generarse un
incidente de nulidad, a efectos de que el juez atienda dicho pedido, por constituir una violación
flagrante al debido proceso y a la tutela jurisdiccional efectiva. Debe tenerse presente el principio de
que nadie puede sufrir las consecuencias de un proceso en el que no ha tenido la oportunidad de
ejercer su legítimo derecho de defensa. De no ser amparada esta justa petición, el perjudicado tendría
que interponer un proceso de amparo contra la sentencia definitiva, alegando violación del debido
proceso, por haberse seguido con el demandado en situación de indefensión, se trataría de un claro
proceso irregular.
La Rebeldía en el Proceso Civil Peruano
De Olces Carrión Reyes
Hoy en día se puede apreciar los conceptos muy similares que guarda la figura de la rebeldía en
nuestro ordenamiento procesal, para muchos autores, la rebeldía no es otra cosa que la no
comparecencia del demandado frente a un proceso en un tiempo determinado. FLORES POLO, en
su Diccionario Jurídico Fundamental, define a la rebeldía en materia procesal como “la situación en
que se coloca quien debidamente notificado para comparecer en un juicio o realizar acto procesal, no
lo hace dentro del plazo legal correspondiente”[1].
Citando a LEDESMA NARVÁEZ, nos dice que “la rebeldía es una modalidad de inacción del
demandado que se configura no con la ausencia de éste en el proceso sino con la omisión para
contestar la demanda dentro del plazo señalado. La parte puede apersonarse al proceso y no contestar
la demanda e incurre en rebeldía”[2]. Si seguimos el concepto de la maestra, y al cual yo me aúno,
diríamos que la rebeldía se basa exclusivamente en no contestar la demanda dentro del plazo legal
determinado. Pero para que esto suceda, el demandado tiene que estar debidamente notificado y de
forma oportuna, caso contrario, no operará la figura de la rebeldía. Es así, que el artículo 458° del
CPC, manifiesta que si transcurrido el plazo para contestar la demanda, el demandado a quien se le
ha notificado válidamente ésta no lo hace, se le declarará rebelde”.
En consecuencia, referirnos a la rebeldía, presupone la inacción del demandado para contestar la
demanda dentro de un plazo legal determinado, no teniendo la obligación para hacerlo, pues al ser
notificado con la demanda, éste optará por contestarla o no, lo que presupone que la contestación de
la demanda no es coercitiva sino meramente facultativa. Por lo tanto, nuestro ordenamiento procesal
no obliga a contestar la demanda, sino que faculta al demandado para hacerlo.
Ahora bien, si la norma procesal no obliga al demandado a contestar la demanda, pareciera que tratara
de cierta forma sancionarlo o castigarlo. Pues haciendo una interpretación literal de los artículos que
regulan la figura de la rebeldía, se puede apreciar que ninguno hace referencia al cese de la rebeldía,
lo que da lugar a la siguiente pregunta, si el demandado se apersona al proceso ¿cesa el estado de
rebeldía?
El profesor ZUMAETA MUÑOZ, con relación al apersonamiento del rebelde al proceso, nos dice
que “el juez deberá decretar el cese de estado de rebeldía y como al apersonarse ha constituido
domicilio procesal dentro del radio urbano, las futuras notificaciones serán remitidas al indicado
domicilio”[3]. Si bien es cierto que el rebelde al apersonarse al proceso constituye domicilio procesal,
ello no es razón suficiente para que un juez decrete el cese de estado de rebeldía, teniendo en
consideración que la rebeldía no gira en torno a un apersonamiento, sino a que éste no conteste la
demanda dentro del plazo legal determinado, por consiguiente, el rebelde siempre será rebelde.
Por consiguiente, una vez vencido el plazo para contestar la demanda, el demandado habrá dejado
pasar una excelente oportunidad para hacer valer su derecho de defensa, dejando de lado las
excepciones que la ley le prevé y la posibilidad de presentar argumentos que desbarate la posición
del demandante, por lo tanto, el próximo paso a seguir será el de notificar la declaración de rebeldía,
ya sea por cédula si éste contara con una dirección domiciliaria o en su defecto mediante edicto, tal
como lo prescribe el artículo 459° del CPC.
Teniendo en consideración lo expresado en el párrafo precedente, habría que determinar en qué
momento entra a operar la rebeldía ¿será de manera automática una vez vencido el plazo de
contestación de demanda? Y digo esto porque qué pasaría si vencido el plazo para contestar la
demanda el demandado presenta su escrito de contestación de demanda sin que haya una resolución
que lo declare como rebelde ¿ello sería procedente?
GOZAINI, citado por LEDESMA, manifiesta que si el demandado contesta la demanda tardíamente
o plantea extemporáneamente la reconvención, aun sin estar declarado rebelde, sus actos son
plenamente válidos pues el proceso aún no ha precluido: “La declaración de rebeldía requiere de una
resolución expresa. El simple vencimiento no cierra esa etapa del proceso…”.
Desde un punto de vista meramente formalista y procesalista, ello sería imposible, ya que los plazos
en nuestro ordenamiento procesal son preclusivos, es decir, una vez transcurrido el plazo, se extingue
el derecho que no se realizó. Por lo tanto, su demanda deberá ser declarada inadmisible por
extemporánea y decretarse la rebeldía del demandado, teniendo en consideración lo establecido en
los artículos V y IX del Título Preliminar del CPC, en el cual se prescribe que “(…) La actividad
procesal se realiza diligentemente y dentro de los plazos establecidos” y “Las normas procesales
contenidas en este Código son de carácter imperativo”. Asimismo, no olvidemos que es el juez quien
dirige e impulsa el proceso, por lo tanto, es responsable de cualquier demora ocasionada por su
negligencia.
Es así, que al decretarse la rebeldía, el juez se pronunciará sobre el saneamiento del proceso y pasará
a expedir sentencia, salvo las excepciones del artículo 461° del CPC. Es decir, el juez en esta etapa
expectora todo aquello que pueda entorpecer el buen y normal desarrollo del proceso, pues con el
saneamiento del proceso se busca sanear, limpiar y purificar el proceso de futuras nulidades o vicios
procesales, por lo cual se le permite al juez verificar si se ha cumplido con los requisitos necesarios
que permitan establecer una relación jurídica procesal valida, que posibiliten la emisión de una
sentencia sujeta a derecho, es decir, razonada y motivada.
Una vez saneado el proceso el juez podrá realizar un juzgamiento anticipado del mismo, siempre y
cuando las pruebas aportadas por el demandante le hayan sido suficientes y causado convicción, o
cuando se trate de prueba documental en donde no haya necesidad de audiencia probatoria, tal como
lo establece el inicio 2 del artículo 473° del CPC. Por otro lado, la ausencia efectiva de controversia
que involucra el proceso en rebeldía no exime al juez de la necesidad de dictar una sentencia que
contenga una solución justo al conflicto. Si el juez considera necesario, podrá actuar medios
probatorios de oficio, tendientes a verificar los hechos alegados. Las excepciones que regula el
artículo 461° del CPC así lo permiten, siempre y cuando el juez declare en resolución motivada que
no le produce convicción[4].
En el artículo 461° del CPC encontramos cuáles son esas excepciones al cual se hace referencia,
siendo uno de ellos que, habiendo varios emplazados, alguno contesta la demanda. En este primer
punto es evidente que nos estamos refiriendo al litisconsorte, y para ser más exactos, al litisconsorte
necesario, ya que el resultado de la sentencia los va a alcanzar a todos que estuvieran involucrados
en la demanda, entiéndase en este tipo de demanda, que basta con que uno conteste la demanda para
que el resto de demandados no incurra en rebeldía, teniendo en consideración que la demanda es
dirigida en forma conjunta a un grupo determinado de demandados.
La pretensión que se sustente en un hecho indisponible, es otra excepción que regula el mencionado
artículo, y se refiere precisamente a aquellos derechos no negociables o no cedibles, ya sea el divorcio,
adopción y filiación. Respecto a los casos en que ley exija que el demandante acompañe a su
pretensión documento cierto, ya sea publicó o privado, como es el caso de la tercería, sería otra
excepción a la regla de presunción legal relativa sobre la verdad de los hechos expuestos en la
demanda. Y por último, cuando el juez declare en resolución motivada, que no le producen
convicción, es decir, cuando las pruebas aportadas por el demandante no han sido suficientes ni
convincentes para el juez; por lo tanto, el proceso deberá continuar con los actos procesales siguientes.

Por otro lado, que el demandado haya caído en rebeldía no es impedimento para que éste pueda
incorporarse al proceso en cualquier momento, sujetándose al estado en el que se encuentre, tal como
lo prescribe el artículo 462° del CPC. Al apersonarse al proceso, el demandado habrá constituido
domicilio procesal, a efectos de que se le notifique toda resolución que recaiga en el presente proceso,
pero no cesará el estado de rebeldía en el que se encuentra, debiendo asumir todos los actos y por
consiguiente los efectos que se hayan producido con anterioridad a su incorporación.
En cuanto a las medidas cautelares que se hayan dictado durante la ausencia del rebelde, porque así
lo permite el artículo 463° del CPC, una vez apersonado al proceso éste podrá solicitar al juez la
variación de la medida cautelar por otra que no afecte sus intereses, siempre y cuando satisfaga o
asegure el derecho de la otra parte. A su vez, HURTADO REYES, expresa que para decretar la
variación de la medida cautelar es necesario tomar en cuenta con mucha prudencia la razón en que se
sustenta, ya que su inobservancia nos puede llevar a excesos no deseados en relación a una afectación
indebida y peligrosa de los bienes del deudor[5]. No olvidemos que una medida cautelar debe ser
siempre proporcional y razonable, y justificar el fin por el cual se solicitó y se concedió, caso
contrario, se estaría cometiendo un abuso del derecho, abuso del derecho que no es amparado por la
norma.
Por último, las costas y costos del proceso contemplados en los artículos 410° y 411° del CPC
respectivamente, en el cual se prescribe que “Las costas están constituidas por las tasas judiciales, los
honorarios de los órganos de auxilio judicial y de los demás gastos judiciales realizados en el proceso,
así mismo, “Son costos del proceso el honorario del abogado de la parte vencedora, más un cinco por
ciento destinados al Colegio de Abogados del Distrito Judicial respectivo para su Fondo Mutual y
para cubrir los honorarios de los abogados en los casos de auxilio judicial”, estarán a cargo del
rebelde, tal como lo estipula el artículo 464° del CPC. El pago de las costas y costos del proceso surge
como una forma de retribuir o reembolsar los gastos de quien ha salido vencedor en el proceso,
existiendo algunas excepciones para ciertos casos, ya sea para quien ha solicitado auxilio judicial o
cuando se trate de procesos en donde el Estado sea parte demandada y perdedora.

¿Que es la Excepción procesal ?


La excepción procesal es un medio de defensa, de fondo y de forma, por el cuál el demandado opone
resistencia a la demanda del actor, resistencia que tienen la intención de destruir la marcha de la
acción o la acción misma.
La Excepción procesal

Introducción
Concepto
Definicion
Naturaleza
Clasificacion
Excepciones De Fondo
Excepciones De Forma
Excepciones Perentorias
Excepciones Dilatorias
Excepciones Mixtas
Excepción Perentoria Real
Excepción Perentoria Personal
B Y E. QUISBERT

El origen de la excepción esta en el procedimiento formulario del derecho romano. La exceptio estaba
entre la intentio y la condenatio.
Couture dice que la exceptio era una institución con contenido garantista, trata de que la condenatio
sea justa y no vulnere los derechos del demandado.

De la exceptio derivan las modernas garantías y principios como:

Garantías del Debido Proceso.


Igualdad de las partes ante la ley.
Las prescripciones pro reo.
La indubio pro reo.
La incompetencia y la prescripción.
En el derecho civil encontramos la exceptio conmitori y la exceptio procuratoria que eran introducidas
antes que la intentio, y después de esta, en derecho penal. Ambas eran pactos que establecían las
partes procesales antes del vencimiento de la obligación. Estas tres instituciones han dado paso a la
creación de la excepción.

"La finalidad que busca la excepción es garantizar la libertad" (Couture : teoría de que la acción es
un derecho de petición). La excepción es una institucion constitucional. ¿Porque razón ? Porque la
excepción le permite defender su libertad al ciudadano y porque cuando alguien acciona un pretensión
a través de una demanda contra otro ciudadano le están coartando la libertad. Y esta es un derecho
máximo consagrado en la CPE y por el Derecho Constitucional.

Su precedente está en las leyes inglesas del s. XIII que estabelcieron los principios de igualdad a los
sujetos ante la ley, del debido proceso y el de ser jusgados por sus iguales. También esta en la
Declaracion de Independencia del los EE.UU. (1779).

Por eso la excepción siempre va estar junto a la acción como un medio eficáz para lograra que el
demandado esté en igualdad de condiciones al actor.

CONCEPTO
Deriva de exceptio que da origen a la voz exipiendo, desmembración o turbación. Desmembración
de la intentio, es decir tratar de contrarrestar materialmente la intentio. Turbación en el sentido de
turbar la acción ante juez.

Concepto excepcion. La excepción es un medio de defensa, de fondo y de forma, por el cuál el


demandado opone resistencia a la demanda del actor, resistencia que tienen la intención. de destruir
la marcha de la acción o la acción misma.

La excepción es la oposición, que sin negar el fundamento de la demanda, trata de impedir la


prosecución del juicio paralizándolo momentáneamente o extinguiéndolo definitivamente.

Concepto moderno. La excepción es un contra derecho en el sentido de que es un poder de anulación


contra el derecho del actor. No se debe confundir con la reconvención [1] (CPC, 348).

DEFINICION
Couture, E. :" La excepción es un poder jurídico del que se halla investido el demandado que lo
habilita para oponerse a la acción".

Carnelutti, F:" Afirmación de hechos tendientes a destruir la razón de la pretensión del actor".

Chiovenda, G.:" Oposición de algún hecho, impeditivo o negativo, que excluye los efectos jurídicos
y niega el fundamento de la pretensión".

Bescovi. E.: "La excepción es la contra acción".

Couture señala que la palabra excepción tiene tres sentidos :

La excepción es acción del demandado y es similar a la defensa, esta ultima entendida como conjunto
de actos legítimos tendientes a proteger el derecho.

La palabra excepción alude al carácter material o sustantivo : la excepción es pretensión del


demandado.
La excepción es un tipo de defensa de carácter procesal, no sustantivo ni dilatorio.

Vetonni señala que frente a la pretensión esta la contra pretensión, frente a la demanda la respuesta.
Frente a la demanda (concreción de la pretensión del actor) emerge la excepción que se constituye en
una respuesta material del demandado en la que puede incluir: excepciones dilatorias o perentorias o
una simple negativa. En esta última la carga de la prueba esta en el actor.

La respuesta puede ser expresa (simple negación) o ficta, o no haber respuesta, en este caso el juez lo
declara rebelde y presume haberse presentado y que está reconociendo los hechos alegados por el
actor.

La respuesta también puede tener carácter puro: la reconvención. Doctrinalmente se la considera una
nueva demanda.

NATURALEZA
La mayoría señalan que cuando buscamos la esencia de la excepción debemos recurrir a la naturaleza
de la acción.

Inicialmente la excepción era un derecho independiente (derecho romano) posteriormente se lo


considera un derecho concreto (el derecho corresponde al demandado) luego se lo considera un
derecho abstracto (derecho de todos los ciudadanos) y finalmente se lo considera un poder jurídico
(potestad de todos ciudadano para acudir al órgano jurisdiccional, en este caso de la excepción, para
contra demandar).

CLASIFICACION
Excepciones de fondo
Busca defectos en el derecho sustantivo alegado.

Excepciones de forma
Busca defectos al modo de ejercer ese derecho sustantivo.

Excepciones perentorias
Son acciones interpuestas por el demandado con la finalidad de dar por concluido el proceso.
Extinguen el derecho del actor o destruyen la acción principal. Buscan excluir la acción del actor y,
lógicamente su pretensión. No están en los códigos de procedimiento sino están en el derecho
sustantivo.

Son: El pago y la La cosa juzgada.

Excepciones dilatorias
Excepciones Previas (o dilatorias, del latin “dilatum”, ‘corregir’) Aquellos que tienden a postergar la
contestación en razón de carecer la demanda de requisitos para su admisibilidad y andamiento que
lleva a pedir al demandado que le dispense de contestar la demanda hasta que cumpla con los
requisitos.

Las excepciones dilatorias no tienen por objeto destruir la acción del actor solo retardar la entrada en
juicio.

El Código de procedimiento civil boliviano no suspende el plazo de contestación (CPC, 341).


Son: (CPC, 336, incisos 1 - 6)

La incompetencia.
La incapacidad y falta de personalidad en el actor, el demandado o sus apoderados.
La litispendentia, juicio pendiente. O sea que se encuentra en tramitación por no haber recaído
sentencia firme. Se alega esta excepción cuando se siguen dos o mas procedimientos iguales en cuanto
a sujeto, objeto y causa.
Defecto legal. En la forma de proponer la demanda. El defecto legal es "un vicio de obscuridad,
omisión o imperfección de que adolece el escrito de demanda" (Couture). La omisión de alguno de
los requisitos exigidos por la ley procesal en la redacción de la demanda da lugar a la excepción de
defecto legal, opuesta la cual, se suspende el término de contestación hasta tanto se decida la
excepción. Los jueces pueden rechazar de oficio las demandas que no se ajusten a las reglas
establecidas, expresando el defecto que contengan.
Citación previa al garante de evicción.
Demanda interpuesta antes de ocurrido el vencimiento o el cumplimiento de la condición.
Excepciones Mixtas
Tienen naturaleza de excepción dilatoria pero su efecto es de excepción perentoria, estas excepciones
mixtas paralizan el proceso en forma definitiva.

Son: La caducidad, La transacción, La conciliación, La prescripción, La cosa juzgada (para algunos).

Consecuentemente el Art.- 336 del CPC tiene seis excepciones dilatorias (incisos 1 - 6), tres
excepciones mixtas (incisos 7- 9) y 2 excepciones perentorias (incisos 10 - 11). El resto de las
excepciones perentorias están en el código civil.

En el CPP as excepciones dilatorias tienen el nombre de: cuestiones prejudiciales (Art.- 175 - 185) y
las excepciones perentorias son nombradas como: cuestiones previas (Art.- 186 - 188).

Las cuestiones prejudiciales se resuelven antes que el juez dicte sentencias, en cambio las cuestiones
previas se resuelven junto a la sentencia principal.

Excepción perentoria real


(O acción real). Pueden ser intentadas sobre objetos de contenido económico y que pueden ser
perseguidas en cualquier momento y frente a cualquier "mano" en que se encuentre el objeto.

Excepción perentoria personal


(O acción personal). El sujeto de la pretensión es la persona. Nos referimos a las acciones de carácter
penal.