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LA COSA JUZGADA

COMENTARIO AL ARTÍCULO 123 DEL CPC

La cosa juzgada puede calificarse como la autoridad y eficacia de una sentencia judicial cuando no
existen contra ella medios de impugnación que permitan modificarla. La autoridad de la cosa
juzgada es pues la calidad, el atributo, propio del fallo que emana de un órgano jurisdiccional
cuando ha adquirido carácter definitivo.

El concepto de autoridad se complementa con la medida de eficacia, la que se analiza bajo tres
posibilidades: inimpugnabilidad, inmutabilidad y coercibilidad. Es inimpugnable cuando la ley
impide todo ataque posterior tendiente a obtener la revisión de la materia; es inmutable o
inmodificable porque en ningún caso, sea de oficio o petición de parte, otra autoridad podrá
alterar los términos de la sentencia pasada en cosa juzgada; es coercible porque toda sentencia de
condena es susceptible de ejecución si el acreedor la pide. La coercibilidad se explica en la
eventualidad de ejecución forzada. Tomando como referencia la redacción de los incisos 1 y 2 del
artículo en comentario consideramos que solo acoge el aspecto de la inimpugnabilidad de la cosa
juzgada, sin embargo, el inciso 2 del artículo 139 de la Constitución del Estado, hace referencia al
aspecto de la inmutabilidad de esta, al referirse que no puede dejarse sin efecto resoluciones que
han pasado en autoridad de cosa juzgada, ni modificar sentencias ni retardar su ejecución.

2. El tema de la cosa juzgada puede expresarse en dos órdenes: material o sustancial y formal. En
este último caso, la cosa juzgada formal se rige a decisiones que se cumple y son obligatorias tan
solo con relación al proceso en que se han dictado y al estado de cosas que se tuvo en cuenta en el
momento de decidir; pero no obstan a que, en un procedimiento posterior, mudado el estado de
cosas que se tuvo presente al decidir, la cosa juzgada pueda modificarse. Un ejemplo de ello
podríamos señalar en los procesos que se ventilan pretensiones alimentarias. Bajo este supuesto
nada impide para que posteriormente se pueda modificar en otro proceso los efectos de la cosa
juzgada de la sentencia. En estos casos la cosa juzgada adquiere solo alguna de sus notas: la
inimpugnabilidad, pero carece de la inmutabilidad. Podemos entonces coincidir que cuando una
Sentencia no puede ser objeto ya de un recurso alguno, pero admite la posibilidad de modificación
en un procedimiento posterior, se está en presencia de una situación de cosa juzgada formal. A
manera de ejemplo señalaremos que en el derogado Código de Procedimientos Civiles de 1911, se
permitía que el juicio ejecutivo pudiera continuar su debate en un proceso posterior de
contradicción. Había una cosa juzgada formal en cuanto a la imposibilidad de interponer recursos
impugnatorios pero la inmutabilidad no estaba garantizada, pues podía promoverse
posteriormente otro proceso (160). En igual forma, la pérdida, suspensión o limitación de la patria
potestad, no adquiere la autoridad de cosa juzgada, pues, tratándose de una medida de carácter
temporal, los padres que han sido total o parcialmente privados de ella, pueden pedir su
sustitución cuando desaparezcan los hechos que la motivaron. Otro ejemplo de cosa juzgada
formal se muestra en las pretensiones alimentarias, las mismas que resisten nuevas discusiones en
torno a las ya fijadas, a través de la reducción, exoneración o aumento de estas. En ese sentido
léase la Casación Ns 1473-97/ Cajamarca publicada en El Peruano el09112/1998 que señala
"tratándose de juicios de otorgamiento de pensión alimenticia, el monto fijado tiene siempre
carácter provisional, pues, la pensión alimenticia se puede aumentar o reducir según se
acrecienten o disminuyan las posibilidades económicas del obligado y las necesidades de los
alimentistas, como establecen los artículos 571 del CPC, 481 y 482 del CC". Frente a la cosa
juzgada formal, Uno Palacio (161) señala que ella es eficaz solo al juicio concreto en que se ha
producido o con relación al estado de cosas (personas, objeto, causa) que se ha tenido en cuenta
al decidir. Nada impide que, subsanadas las circunstancias que provocaron el rechazo de la
demanda anterior, la cuestión pueda renovarse un nuevo juicio.

En cuanto a la cosa juzgada material diremos que ella opera cuando, a la condición de
inimpugnable en el mismo proceso, se agrega la inmutabilidad de la sentencia aun en otro juicio
posterior. La cosa juzgada formal es un presupuesto de lo sustancial o material, ya que constituye
un antecedente necesario sin el cual no es posible llegar a esta. Puede existir cosa juzgada formal
sin material, pero no cosa juzgada material sin la formal, porque a esta no se llega sin la preclusión
de todos los medios de revisión. La plena eficacia de la cosa juzgada solo se obtiene cuando se ha
operado la extinción de todas las posibilidades procesales de revisión de la sentencia; tanto en el
juicio en que fue dictada como en cualquier otro posterior. En conclusión, cuando a la condición
de inimpugnable mediante recurso se agrega la condición de inmodificable en cualquier otro
procedimiento posterior, se dice que existe cosa juzgada sustancial, ya que ninguna autoridad
podrá modificar lo resuelto. Mediante la Casación Nro. 1473-97/Cajamarca publicada en El
Peruano el O911211998 se distinguió la cosa juzgada formal de la material así: "la primera se
refiere a la imposibilidad de reabrir la discusión en el mismo proceso; la segunda en cambio se
produce cuando a la irrecurribilidad de la sentencia se agrega la inmutabilidad de la decisión. La
cosa juzgada está protegida por una excepción puntual, que no permite que se siga un nuevo
proceso con el mismo fin". 3. Otra idea que tenemos que resaltar sobre la cosa juzgada es que ella
es concebida como el atributo de la jurisdicción. Ninguna actividad tiene la irreversibilidad,
inmutabilidad y coercibilidad descritas. Ni la legislación, ni la administración pueden expedir actos
con estas modalidades, ya que por Su propia naturaleza, las leyes se derogan con otras leyes y los
actos administrativos se revocan o modifican con otros actos, por tanto, sin cosa juzgada no hay
jurisdicción. Sobre esta afirmación es importante precisar que la inmutabilidad de la cosa juzgada
no es un dogma, pues esta se doblega ante el argumento del fraude procesal; esto implica que si
en el proceso o con el proceso ha existido actividad dolosa o fraudulenta y que como consecuencia
de dicha actividad se ha logrado una sentencia injusta que causa agravio a las partes o terceros, no
estaríamos ante la cosa juzgada sino ante una apariencia de ella, porque el Derecho no puede
otorgar seguridad jurídica a sentencias provenientes de la actividad fraudulenta. En esas
circunstancias, de manera excepcional y extraordinaria, cabe interponer la revisión por fraude
procesal, al amparo del artículo 178 del CPC, a fin que la jurisdicción verifique la actividad dolosa y
como consecuencia de ello rescinda los efectos de la cosa juzgada. Es importante precisar además
que no toda actividad proveniente de la jurisdicción encierra cosa juzgada; para lograr dicha
cualidad en los actos jurisdiccionales, es necesario que concurran dos supuestos: a) un referente
objetivo, cual es, la existencia de un conflicto de intereses que requiera ser dilucidado por la
jurisdicción; esto implica, que la intervención de la jurisdicción donde no hay contención, no va a
generar cosa juzgada, de ahí que los procesos de declaración voluntaria o calificados por el Código
como procesos no contenciosos, no genera cosa juzgada que permita oponer a futuro excepción
alguna; por ejemplo, la declaración de sucesión intestada a que refiere el artículo 830 del CPC, no
genera cosa juzgada y puede ser posteriormente cuestionada por futuros sucesores a través de la
petición de herencia, en un proceso contencioso, en el que no cabe oponer la excepción de cosa
juzgada; b) el referente subjetivo requiere que las personas contra quienes se va a oponer los
efectos de la sentencia hayan sido debidamente emplazados en el proceso, esto es, hayan tenido
conocimiento oportuno del proceso y la posibilidad de haber podido ejercer su defensa. Esto
implica, que la cosa juzgada debe responder a la solución de un conflicto jurídico y a la vinculación
previa que debe existir, con la parte a quien se le va a extender los efectos del proceso, caso
contrario no podríamos sostener la existencia de la cosa juzgada. 4. Por otro lado, la cosa juzgada
es el fin del proceso. Sí este no culmina en cosa juzgada es procedimiento. Los fines del proceso no
se logran por este, que es solo un medio, sino por la cosa juzgada. Entre el proceso y la cosa
juzgada existe una relación entre medio y fin. El medio es el proceso, el fin la cosa juzgada. Como
señala Fenech(162), la cosa juzgada es el efecto del proceso consistente en la trascendencia que
concede el Derecho positivo a la decisión del objeto del proceso. Reforzando la idea, que la cosa
juzgada por sí misma no se justifica; un sector de la doctrina la presenta en una relación de medio
a fin entre ella y la efectiva vigencia del derecho. El fin no es la inmutabilidad, sino la justicia; la
paz, el orden, la seguridad, es decir, los valores a los cuales el derecho accede y sirve. En ese orden
de ideas, tampoco la sentencia inhibitoria constituye cosa juzgada. Como el juez se limita a
declarar que está inhibido para resolver la existencia del derecho material pretendido, por lo cual
no niega ni afirma que ese derecho exista, es imposible que se produzca cosa juzgada sobre un
punto que no ha sido objeto de la decisión. 5. Según Couture, la jurisdicción es declarativa y
constitutiva al mismo tiempo. Declara el derecho preexistente y crea nuevos estados jurídicos de
certidumbre y de coerción inexistentes antes de la cosa juzgada. En ese sentido, es preciso señalar
que si bien la cosa juzgada es susceptible de ejecución, en caso que se imponga una sentencia de
condena, ello no implica que el triunfador esté obligado a ejecutar la sentencia; pero sí debe estar
facultado para hacerlo cuando desee. Sin esa facultad la jurisdicción se frustra.

NULIDAD DE COSA JUZGADA

COMENTARIO AL ARTÍCULO 178

La cosa juzgada no puede operar cuando ella es el resultado del fraude procesal. El mecanismo
para dilucidar ello es la revisión, cuyo objeto litigioso será precisamente el proceso cuestionado, el
que se le atribuye de fraudulento. No hay un ataque de la cosa juzgada, sino todo lo contrario, un
mecanismo de protección. La revisión por fraude solo se va a orientar a combatir la cosa juzgada
aparente' no la cosa juzgada real. Esa revisión se justifica porque no se puede permitir que a través
del engaño, el abuso de confianza, se pretenda producir daño utilizando en ese fin al proceso
judicial. Cuando exista entonces vicios graves, con notoria injusticia, las decisiones dejan de ser
inmutables y necesitan modificarse. 2.1 Para recurrir a esta figura se requiere de un elemento
fundamental la existencia de dolo O fraude "en el proceso" o "Con el proceso". Sin este elemento,
el dolo, no es posible recurrir a este mecanismo impugnatorio. Ahora bien, hay que precisar que el
dolo puede ser realizado por una de las partes o por ambas partes. En el primer caso, estamos
ante el dolo unilateral orientado a generar un perjuicio a la contraparte; por ejemplo, incorporar
medios probatorios falsos (pericias fraguadas, falsos testimonios, documentación adulterada,
etc.')' En el segundo caso, estamos ante el dolo bilateral o colusivo que provoca procesos
simulados Orientados a generar perjuicios a terceros; esto es, ambas partes se ponen de acuerdo
para simular una pretensión que provoque una decisión judicial, que genere perjuicios a terceros.
En este caso, el proceso se convierte en un instrumento de los fines dolosos de las partes, de ahí
que se califique como fraude con el proceso. Con ello no queremos sostener que la actividad
fraudulenta es propia del proceso judicial, en especial, de los procesos civiles, todo lo contrario, el
Derecho Civil acoge bajo la regulación del fraude civil o acción pauliana como mecanismo del
acreedor para declarar la ineficacia de la transferencia de los bienes del deudor y evitar así el
perjuicio al acreedor. La diferencia de esta acción con el fraude procesal posee dos puntos: que el
fraude civil siempre será patrimonial, a diferencia del fraude procesal que involucra pretensiones
patrimoniales y extra patrimoniales; además, la acción pauliana puede ser ejercitada por el tercero
acreedor a diferencia del fraude procesal que puede ser invocado por cualquier tercero o
contraparte en el proceso, siempre que haya sido perjudicada. La estafa procesal también es una
figura concurrente al fraude. El fraude es genérico y la estafa es específica. En la estafa hay ánimo
de lucro y causa un perjuicio patrimonial.

Hay que incidir que a pesar de que exista actividad dolosa en el proceso que ha dado origen a la
sentencia injusta, este tiene que haber tenido una incidencia directa en ella, caso contrario, será
un ilícito penal pero sin la trascendencia que justifique la nulidad de la cosa juzgada; en ese
sentido aparece la Casación Ne 2106-2005-Cusco, publicada el 2 de abril de 2007 que sostiene "si
bien los medios de prueba demuestran la existencia de una relación religioso-espiritual
(compadrazgo) entre el juez de la causa y el abogado de la parte ejecutante, tales medios de
prueba per se no demuestran que en la tramitación del proceso haya existido colusión con el
objeto de obtener una sentencia judicial contraria a ley, por lo que no se configura la nulidad de
cosa juzgada fraudulenta". Uno de los pocos casos que se declara fundada la nulidad de cosa
juzgada fraudulenta en los seguidos por Arturo Zacarías Álvarez con Calixto Quispe Acosta y otros.
La Tercera Sala Civil de Lima ha señalado que se configura la figura del artículo 178 del CPC, toda
vez "que la demandada ha actuado en el proceso de prescripción adquisitiva de dominio de modo
fraudulento, al instaurar su demanda solo contra sus hijos, omitiendo ex profesamente hacerlo
contra los demás copropietarios, pese a tener conocimiento de la existencia de estos, que también
tenían la condición de co-propietarios; (...)que el hecho que la demandada trató de subsanar tales
hechos, ante lo opinado por el señor Fiscal Provincial Civil en su dictamen evacuado, no resulta
suficiente para que desaparezcan tales evidencias, porque en el caso no era solo ponerse en
conocimiento de los copropietarios que no formaban parte de la relación procesal, sino
integrándoles a la causa, en condición de litisconsortes necesarios, si se tiene en cuantía que el
resultado del pronunciamiento iba a afectar a sus intereses patrimoniales". 2.2 El otro elemento a
tener en cuenta para la revisión es que el acto procesal resultante de fraude procesal, esté
premunido de la autoridad de la cosa juzgada. Esta es una cualidad que otorga la ley a
determinados actos procesales, para asignarles determinados atributos como la inmutabilidad,
inimpugnabilidad y coercibilidad. La Sala Civil Permanente, en la Casación Nro. 1473-97-Cajamarca
(Cosa material9La primera se refiere a la imposibilidad de reabrir la discusión en el mismo
proceso; la segunda en cambio se produce cuando a la irrecurribilidad de la sentencia se agrega la
inmutabilidad de la decisión. La cosa juzgada material está protegida por una excepción puntual,
que no permite que se siga un nuevo proceso con el mismo fin; y tratándose de juicios de
otorgamiento de pensión alimenticia, el monto fijado tiene siempre carácter provisional, pues la
pensión alimenticia se puede aumentar o reducir según se acrecienten o disminuyan las
posibilidades económicas del obligado y las necesidades de los alimentistas; como establecen los
artículos 571 del CPC, y 481y 482 delCC. A pesar de que la condena por alimentos encierra una
pretensión inimpugnable, inmutable y coercible, no genera cosa juzgada material, por la
trascendencia de la prestación que se brinda según las posibilidades del obligado y las necesidades
del alimentista, las que no son Supuestos permanentes, todo lo contrario, esos Supuestos pueden
ser alterados, desaparecer o mejorados, de ahí que ellas no sean pasible de la impugnación pues
las condenas no gozan de esa cualidad. Solo son pasibles de cosa juzgada fraudulenta las
sentencias que hacen cosa juzgada material, protegidas por la excepción de cosa juzgada y no así
las sentencias que solo reciben la calidad de cosa juzgada formal, como las de otorgamiento de
pensión alimenticia seguida por el trámite del Código de los Niños y Adolescentes y contra cuyas
sentencias no procede recurso de casación como ya ha establecido esta Corte Suprema en
reiterada jurisprudencia. En esa misma línea de opinión, en la Casación Ne 725.99-Lambayeque,
publicada en El Peruano el 31 de agosto de 1999 se sostiene: "(...) es un principio universalmente
aceptado que no existe cosa juzgada en materia de la fijación de pensiones alimentarias, en ese
sentido, s¡ se reducen las posibilidades de uno de los obligados y subsisten las necesidades del
alimentista, el juez de la causa está plenamente facultado a establecer o aumentar la obligación a
cargo del otro obligado, mediando las pruebas y sustentos suficientes (...)". A pesar de lo
sostenido líneas arriba, aparece la Casación Ne 2784-06- (zona que sostiene la procedencia de la
revisión por fraude en casos de condena por alimentos. Si bien dicho colegiado reconoce que la
sentencia de alimentos encierra una cosa juzgada formal, el artículo 178 del CPC no hace
distinción entre lo formal o sustancial, por tanto, el juzgador no está autorizado a introducir
alguna sub división al respecto, debiendo analizar ambos tipos de casos por igual. 2.3 por último,
el siguiente elemento que concurre a la revisión por fraude es la existencia del daño a terceros o a
la contraparte. No es suficiente que exista dolo, sino que este tenga incidencia directa en el fallo
injusto y además que este fallo genere un perjuicio a la parte o terceros; puede existir dolo pero
sin que este tenga un efecto directo sobre el acto premunido de la cosa juzgada pero, además se
requiere que ese fallo produzca un perjuicio a la parte o terceros. Ello en atención al principio de
las nulidades, sin agravio no hay nulidad. 3. La posibilidad de la mutabilidad de la cosa juzgada no
debe ser una alternativa ordinaria a invocar. Todo lo contrario, la revisión debe ser un mecanismo
extraordinario a recurrir y solo por las causales que señala expresamente la ley, como es el fraude
o la colusión; la negligencia no cabe aquí como argumento para justificar la revisión. Decimos que
es extraordinario, pues la decisión judicial que se cuestiona debe haber sido obtenida por medio
de actividades fraudulentas en el proceso, agraviando el espíritu de justicia hacia el que nos debe
dirigir nuestra actividad cotidiana en el proceso. Se reconoce en doctrina que cuando exista
"duda" en tomo a la existencia del fraude, el pronunciamiento deberá ser contrario a la pretensión
de anulación. La duda favorece al proceso. Pero al margen del mecanismo de lo extraordinario es
necesario que quien recurra a invocar la revisión del proceso haya agotado todos los mecanismos
dentro de este para combatir la actividad fraudulenta. El mecanismo de la revisión es residual,
pues "(...) no puede ser utilizado si existen otros recursos internos y extraordinarios con los cuales
se subsane el vicio, de donde se tiene que es imprescindible el haber agotado todos los
mecanismos previos dentro de su proceso para su cuestionamiento"(ru). En igual sentido, Ana
María Arrarte(m) califica de residual "lo que no puede ser usado si existen mecanismos internos y
ordinarios que puedan subsanar el vicio incurrido a propósito de la comisión de fraude procesal".
También léase en esa misma orientación la Casación Ne 1867-98-Lambayeque que dice: "lo
residual implica que no puede ser usada si existen mecanismos internos y ordinarios en el proceso
que puedan subsanar el vicio incurrido a raíz de la comisión del fraude procesal". Ahora bien, si la
sentencia que se atribuye como fraudulenta no ha sido apelada, por quien estuvo en la posibilidad
de hacerlo y hoy (esa misma parte) se pretende recurrir a su cuestionamiento, ya no a través del
recurso sino de la pretensión autónoma, no cabe dicho cuestionamiento por haber consentido o
tolerado los efectos de ella, salvo que la actividad dolosa haya consistido precisamente en evitar
su impugnación, como sería la incorporación de cargos de notificación adulterados, para provocar
un consentimiento del fallo. Es un principio en el derecho que todo aquel que por su negligencia
se genere un daño, no puede luego invocar ello como un beneficio4. Si bien la redacción del texto
del artículo 178 CPC no señala que es necesario agotar los mecanismos de impugnación ordinarios
y extraordinarios posibles en el proceso cuestionado de fraudulento, como condicionante para la
procedencia de la pretensión nulificante por fraude procesal, tenemos que considerar ante ello,
que el principio de protección que rige las nulidades procesales señala que "quien haya dado lugar
a la nulidad no pueda sostener luego la invalidez del acto". No puede ampararse bajo la nulidad
quien ha concurrido a la celebración del acto nulo, sabiendo o debiendo saber el vicio que lo
invalidaba. Se trata de una regla asentada en los principios de la lealtad y la buena fe procesal y,
más aún, en el principio general del derecho -de aplicación subsidiaria- en cuya virtud el
ordenamiento jurídico no puede proteger la pretensión y conducta contradictorias, ni el
comportamiento incoherente. Precisamente, uno de los presupuestos de la nulidad es la ausencia
de culpabilidad de quien la alega. Quien cometió la infracción no puede invocar a su favor y en
perjuicio de la contraria su propia torpeza, por tanto, la residualidad es el argumento que podría
justificar la improcedencia de la pretensión de nulidad de cosa juzgada fraudulenta. En igual
sentido se orienta la opinión de Ana María Arrarte(210), cuando señala que "para la procedencia
de esta demanda será imprescindible haber agotado previamente todos los mecanismos de
impugnación previstos dentro de un proceso, o en su defecto, demostrar no haber estado en
aptitud de usarlos". En relación a la residualidad que debe operar para la revisión por fraude,
observamos esta exigencia en la casación recaída en el caso: Anaximandro Mendoza Acuña con
Graciela Castro Acuña y otro sobre nulidad de cosa juzgada fraudulenta(211). En este proceso el
Supremo Tribunal señaló "... el recurrente en el proceso que Se cuestiona, interpuso recurso de
casación impugnando la sentencia de vista cuya nulidad hoy se pretende con la presente acción, y
en el mismo, no dedujo denuncia alguna referente al pronunciamiento extrapetita ahora alegado,
por lo que no puede pretender su renovación mediante este proceso, por ser de carácter
residual". 5. Si se parte de la idea que la cosa juzgada es un efecto del proceso, no se puede ir
contra ella de la mera impugnación de un solo acto procesal- como sería la sentencia o el acuerdo
homologado, aunque sea el más importante acto jurisdiccional del proceso. Hay que recurrir
contra el proceso, pues es imposible eliminar un efecto sin eliminarse causa. Si se logra a través de
un proceso autónomo la rescisión del proceso fraudulento anterior, queda por tanto rescindida la
sentencia o el acuerdo homologado y todos los efectos del proceso rescindido, entre ellos, la cosa
juzgada.

La revisión por fraude viene siendo regulada desde el Derecho romano y recogida en las Partidas;
también logro influir en nuestra legislación nacional en el Código de Enjuiciamientos Civiles de
1854, sin embargo, con el devenir el Código de Procedimientos Civiles de 1911 no lo contemplaba
hasta recién incorporarlo el actual Código Procesal de 1993, a través de la figura de la nulidad de la
cosa juzgada fraudulenta (cuyo nombre técnico debe ser la revisión por fraude), la que puede
entenderse como un medio impugnatorio, por el cual, a través de una pretensión ejercida en un
proceso autónomo, es posible obtener la desestimación de una sentencia con autoridad de cosa
juzgada, debido a la ocurrencia de actos fraudulentos que alteraron sustancialmente la resolución
final provocando una situación de injusticia. Nótese de la redacción del artículo en comentario que
no solo se orienta el cuestionamiento a la sentencia sino al acuerdo homologado, entendido este a
las transacción u conciliación que hayan sido controladas por la jurisdicción y que como
consecuencia de su aprobación se homologa sus efectos a la de una sentencia. Los artículos 337 y
325 del Código regulan dicho control para producir acuerdos homologados. Como se advierte, la
nulidad por fraude responde a un proceso autónomo cuyo objeto será un proceso anterior que se
intenta rescindir. En la teoría de la impugnación concurren tres mecanismos para su ejercicio, el
remedio, el recurso y la pretensión autónoma. El Código Procesal ha acogido este último
mecanismo para cuestionar los efectos de la sentencia con efecto de cosa juzgada obtenida como
resultado de una actividad dolosa en el proceso, sin embargo, debemos precisar que para la vieja
legislación procesal penal, la actividad dolosa en el proceso era motivo de cuestionamiento a
través del recurso de revisión ante la Corte Suprema de la República. El artículo 361.2 del CPP
permite que la sentencia condenatoria sea revisada, cualquiera sea la jurisdicción que haya
juzgado o la pena que haya sido impuesta: cuando la sentencia se basó principalmente en la
declaración de un testigo condenado después como falso en un juicio criminal. El nuevo Código
Procesal Penal regula la revisión por fraude ya no a través del recurso sino de la pretensión
autónoma, tan igual como el Código Procesal Civil. Tampoco se puede admitir que el fraude en el
proceso tenga un camino exclusivo para los procesos tramitados bajo el Código Procesal Civil del
93, pero no para los viejos procesos que aún siguen tramitándose con el derogado Código de
Procedimientos Civiles. Felizmente, la única jurisprudencia vinculante en materia procesal emitida
por la I Sala Plena de Jurisprudencia Vinculante señala lo siguiente: "es procedente incoar
demandas sobre nulidad de cosa juzgada fraudulenta, respecto de los procesos tramitados bajo las
normas del derogado Código de Procedimientos Civiles siempre que la acción no haya caducado".
No es un mero medio de ataque a la cosa juzgada sino incluso es una garantía de la eficacia de la
misma. Su objeto no es el mismo del proceso materia de cuestionamiento, tampoco es el examen
correcto o incorrecto de la sentencia que se ha emitido. Lo que se enjuicia es si el cuestionado
proceso merece la atribución de la cosa juzgada por existir fraude "con" o "en" el proceso, el que
ha incidido de manera directa en el resultado de la sentencia injusta. Como se ha señalado, el
objeto de discusión no es el mismo sobre el que ha recaído la cosa juzgada; todo lo contrario, el
objeto es el dolo o fraude procesal. Sobre él girará todo el debate, en demostrar dicho elemento y
su incidencia directa en el resultado final, pues puede existir actividad dolosa acreditada,
demostrada, pero que no ha tenido incidencia en la decisión final. Aquí la responsabilidad penal,
no será excusa para enervar la eficacia de la cosa juzgada, por no haber influenciado de manera
directa en el resultado final del proceso. Véase el caso cuando se incorpora un medio de prueba
fraudulento al proceso, pero este al ser valorado por el juez al momento de sentenciar, no le
genera mayor convicción en la decisión final. No puede ser materia de la nulidad de cosa juzgada,
fraudulenta, por la existencia de dicho medio probatorio fraudulento, pues no ha tenido una
incidencia directa en el fallo obtenido, toda vez que ha sido desestimado en cuanto a su capacidad
probatoria. El acto doloso, expresamente maquinado, no ha tenido éxito en el proceso, lo que no
impide que tenga que esclarecerse en el proceso respectivo la responsabilidad penal que
correspondiere; en otras palabras, podría en el proceso judicial existir actividad dolosa, pero si
esta no es determinante para la sentencia injusta, no justifica la nulidad de esta sentencia, pero sí
la sanción penal que le correspondiere por la actuación ilícita, si fuere el caso. Esta lógica se repite
también en el cohecho a un miembro de un colegiado. Véase el caso de un juez superior que
compromete su voto en una resolución, a cambio de dinero. Si se tiene la prueba documental que
demuestra ese hecho, no ' será suficiente ello porque en la medida que dicho voto no haya sido
trascendental para obtener la resolución, aun por mayoría, no podrá dicho fallo ser sometido a la
revisión por fraude. Sin negar la existencia de este, no necesariamente todos los actos dolosos son
pasibles de la revisión por fraude. Sería pasible de amparar la revisión si el voto del juez sobornado
ha logrado hacer resolución, pero si solo aparece dentro de la resolución como un voto singular o
en minoría, para nada se debe alterar esa eficacia lograda. 6. El Código regula la legitimación
activa al señalar que "puede demandar la nulidad la parte o el tercero ajeno al proceso que se
considere directamente agraviado por la sentencia..." omitiendo referirse a la legitimación pasiva y
sobre todo deslindar si el Estado debe ser comprendido, como parte, en esta pretensión que busca
lograr la ineficacia de la cosa juzgada.

Una opinión que aparece en la literatura nacional sobre la legitimidad pasiva es la de Ana María
Ararte dicha autora postula que "aparentemente se estaría prescribiendo que se puede
demandar a las partes o al juez, o ambos, sin embargo, los supuestos de fraude transcienden a
estos personajes protagónicos, pues puede ocurrir que el fraude lo cometan los terceros, o las
partes en colusión no con el juez sino con los auxiliares jurisdiccionales, es decir, con los
secretarios, relatores, etc., o por los órganos de auxilio judicial, los peritos, por ejemplo. En este
caso, estas personas también deberían ser demandadas, aun cuando la norma no lo diga. Es más
exigiéndose que la sentencia sea ejecutoriada, por lo general estaremos ante un caso de
acumulación subjetiva, entre los partícipes de los actos que configuraron el fraude procesal,
pudiendo incluso tener calidad de demandados los jueces de las diversas instancias que
conocieron del proceso en el que se emitió la sentencia que adquirió la autoridad de cosa juzgada,
si fueron partícipes activos del fraude". Sobre el particular, la Casación Ne 1473-97 (El Peruano,9
de diciembre de 1998) ha establecido un criterio interesante de compartir "el proceso (...) debe
seguirse con citación del Poder Judicial, representado por su Procurador Público y no
necesariamente con los magistrados que intervinieron en el proceso que se quiere nulificar, ya
que lo hicieron como integrantes de un órganos del Poder Judicial, y su responsabilidad personal,
sí la hay, se les exige en otra vía". 7. La revisión tiene únicamente un efecto rescisorio mas no
restituido. Este último se puede lograr a través de otro proceso distinto al de la revisión. Sobre el
particular la opinión de Arrarte(214), es que "la sentencia deberá ordenar que el proceso anulado
se tramite nuevamente por el juez que lo conoció y de acuerdo a los trámites de su
procedimiento, pues lo contrario podría afectar principios básicos de competencia"; sin embargo,
frente a esa opinión concurre la de Arriano quien señala que al no ser la nulidad de cosa juzgada
fraudulenta un recurso sino un medio extraordinario de impugnación, que se articula desde fuera
del proceso y no desde dentro, su objeto se limita a la rescisión de la sentencia y nada más, no
procediendo ni la resolución sustitutoria ni la reposición del proceso al momento en que se
cometió el vicio, por lo que debe entenderse por "reponer las cosas al estado que corresponda" en
el sentido que los efectos de la sentencia de fondo anulada (ya sea estimatoria o desestimatoria)
mediante el procedimiento del artículo 178 deben cesar y solo eso.

Frente a dichas posiciones, asumo la posición de Arriano, porque al margen del argumento que la
pretensión impugnatoria no es un recurso que busca corregir el agravio sino un mecanismo de
impugnación que se articula desde afuera, la razón da ser de dicho debate se orienta por reafirmar
la validez de la cosa juzgada, aparentemente contenida en la declaración judicial que se cuestiona
de fraudulenta; para lo cual, lo que es objeto de estudio no es la declaración en sí, sino el
mecanismo utilizado para obtener dicha declaración, como es el proceso judicial del que deriva el
fraude, de ahí que se Sostenga que la revisión por fraude procesal recae sobre la actividad
procesal, mas no sobre el resultado de esta, como es la sentencia injusta; en tal sentido, Si Se
verifica que el proceso es fraudulento, por dolo unilateral o bilateral, el correlato será la ineficacia
de la cosa juzgada contenida en la sentencia final. Lo que se cuestiona no es el efecto sino el
medio viciado" utilizado para lograr el efecto alcanzado El proceso fraudulento materialmente ha
concluido con la sentencia final, pero la eficacia de la inmutabilidad es la que se destruye con la
revisión por fraude procesal (artículo 178 delCPC), generando con ello la posibilidad de reanudar la
discusión en un nuevo proceso que se promoverá y sobre el cual no se podrá oponer la excepción
de cosa juzgada. Hay que precisar que lo que es objeto de análisis en la revisión por fraude no es la
sentencia injusta, que se cuestiona, sino el proceso en sí: lo que Se destruye no es el efecto (la
sentencia) sino la causa que genera el efecto, como es la actividad dolosa "en el" o "con el"
proceso judicial; de ahí que el nombre técnico de esta figura no debería ser la nulidad de cosa
juzgada fraudulenta, sino la revisión por fraude procesal. Para quienes sostienen que la discusión
se debe reabrir en el mismo proceso, aprecian que el juez que conocería nuevamente el debate
sería pasible de una recusación por haber adelantado opinión en la sentencia que fue materia de
la pretensión nulificante; sin embargo, ese criterio sería aceptable si la actividad fraudulenta
hubiere contado con el contubernio del juez del proceso como el caso del cohecho (fraude
unilateral), caso contrario, no se justificaría se lo aparte del proceso. Una especial precisión debe
hacerse en el caso de la omisión en la notificación a la parte demandada. En caso que dicha
omisión provenga por una actividad negligente del secretario del juzgado, no justifica la nulidad
por fraude, pero si ella es consecuente de un acto deliberado, planeado ex profesamente para
evitar la defensa del demandado, entonces sí justificaría dicha revisión por fraude, con esto
queremos reafirmar que la esencia de esta figura es el dolo y no la negligencia. En el proceso
pueden concurrir actos procesales por negligencia y generar agravio, pero no será motivo de este
cuestionamiento por esta figura, porque ella está reservada estrictamente para actos procesales
provenientes de actividad dolosa o fraudulenta. Con esto queremos Sostener que el hecho que se
omita notificar al demandado con la demandada por un error en la trascripción de la dirección de
ese, genera un emplazamiento inválido, pero no es un argumento de la revisión por fraude, por
dos razones: no se ha configurado la cosa juzgada y no se alega actividad dolosa en esa omisión.
Evidentemente estamos ante un proceso irregular, pero no todo lo irregular es doloso; por ello
existirán otros mecanismos para corregir esos errores que generan agravios, según el estadio
procesal en el que se denuncien.

Afirmamos que no hay cosa juzgada, porque esta se construye con dos elementos: el objetivo,
orientado a la existencia de una situación jurídica en conflicto y el subjetivo, en la vinculación que
debe existir entre quien promueve la discusión con quien se opondrá a los efectos de dicha
discusión, por tanto, si no hay un emplazamiento válido, no se podrá oponer al demandado los
efectos de la decisión final ni tampoco se podrá alegar la cosa juzgada sobre dicho fallo, por
adolecer de vinculación subjetiva; en igual forma, si el objeto de discusión no se refiere a un
conflicto, tampoco hay cosa juzgada sobre lo declarado, de ahí que las declaraciones judiciales que
provengan de los procesos no contenciosos no resisten el debate sobre ellas de la nulidad de cosa
juzgada fraudulenta, porque no hay cosa juzgada que nulificar; sin embargo, hay situaciones
jurídicas que siendo perfectamente conflictivas y generando emplazamientos válidos, tampoco
generan cosa juzgada, como es el caso de las pretensiones alimentarias, cuya naturaleza hace que
las condiciones de necesidad alimentaria puedan alterarse al igual que las posibilidades
económicas de quien está obligado a brindarla. Por otro lado, debe tenerse en cuenta fue en tanto
no se declare la invalidez de la sentencia fraudulenta, esta operará con eficacia hasta que se
obtenga su nulidad; en tal sentido, la medida cautelar de anotación de la demanda debería ser una
de las que se solicite, a fin de oponer a terceros el conocimiento de la existencia de una litis sobre
el bien o el derecho declarado en la sentencia que hoy se cuestiona como resultado de un proceso
judicial fraudulento. Véase el caso de la declaración judicial de prescripción adquisitiva, la que se
obtuvo burlando derechos de la contraparte, al lograr deliberadamente que esta desconociera de
la existencia del proceso (falsificó los cargos de notificación en complicidad con el auxiliar judicial
del proceso), para evitar su defensa de esta parte y lograr así una sentencia adversa a ella. Si la
parte vencida en el proceso fraudulento, decidiera iniciar la demanda de revisión por fraude, un
acto que debería lograr es la anotación de dicha demanda, a fin de oponer erga omnes, la nueva
discusión judicial entablada y evitar que en el supuesto de la transferencia del bien, los nuevos
adquirientes aleguen la buena fe en su adquisición sobre el bien materia de la prescripción
declarada. 8. El plazo de caducidad que señala el Código comienza a computarse desde el
momento de la emisión de la sentencia fraudulenta porque la pretensión no está ligada a la
ejecución de esta; sin embargo, se convalida la sentencia fraudulenta cuando se haya
desperdiciado la oportunidad de iniciar el proceso de nulidad.

Sobre el referido cómputo aparece la opinión de Juan Monroy(216) para considerar que puede
iniciarse la nulidad de cosa juzgada desde el momento en que la sentencia originada en el proceso
en cuestión ha adquirido la calidad de cosa juzgada y hasta seis meses después de ejecutada (en
caso de sentencias ejecutables). Dice Monroy que el artículo solo hace mención al límite máximo
para la interposición de la demanda (hasta dentro de seis meses de ejecutada) debiéndose
entender que el límite mínimo es aquel en que la sentencia ha adquirido la calidad de cosa
juzgada. La redacción del artículo dice: "hasta dentro de seis meses de ejecutada o de haber
adquirido la calidad de cosa juzgada si no fuere ejecutable (...)". El cómputo de este artículo toma
en cuenta la naturaleza de las pretensiones a cuestionar. Si se trata de una pretensión declarativa
y constitutiva se aplica el cómputo desde el momento que ha adquirido la calidad de cosa juzgada,
por no ser ejecutable; en cambio, si la pretensión fuera ejecutable, el cómputo se realizaría hasta
luego de seis meses de ejecutada. El plazo de ejecución de una sentencia judicial prescribe a los
diez años, luego de dicho plazo, concuna la posibilidad de que hasta los 6 meses de ejecutada se
puede validar su cómputo, bajo las reglas del artículo 178 del CPC. Una de las limitantes que se
aprecia para el cómputo del plazo de caducidad, se encuentra en las pretensiones declarativas y
constitutivas, donde la posibilidad de incorporar la demanda de nulidad de cosa juzgada
fraudulenta luego del plazo de caducidad se justificaría, en caso no haya tomado conocimiento de
la existencia de la sentencia fraudulenta. Véase el caso de la disolución del vínculo conyugal, por
separación convencional, lograda mediante la suplantación de uno de los cónyuges en el proceso
judicial. Al fallecimiento del cónyuge que promovió el acto irregular, la "cónyuge" agraviada, con
quien convivía, desconociendo dicha situación concurre a la entidad administrativa para hacer
cobro de la pensión de viudez, dándose con la sorpresa que Se le deniega la pensión porque hacía
varios años se había declarado judicialmente la disolución del vínculo conyugal, con el fallecido,
situación que desconocía hasta el momento que es notificado con la resolución administrativa. En
este caso, el plazo para interponer la demanda de nulidad de cosa juzgada fraudulenta c-comienza
a correr desde el día que toma conocimiento del acto fraudulento (sentencia), siempre y cuando
pruebe dicho supuesto. En atención al plazo de caducidad establecido, el mismo que se reduce a
seis meses, y a los medios probatorios ofrecidos por la parte que invoca la revisión por fraude,
como sería el caso de un proceso penal en el que se ventila la falsificación de documentos, el falso
testimonio, falsedad genérica, por citar, los mismos que han tenido una incidencia directa en la
sentencia declarativa injusta cuestionada, se podría reunir a la suspensión judicial del proceso civil
(artículo 320 del CPC) hasta que concluya el proceso penal instaurado. La suspensión judicial es
vital en estos casos, donde previamente a la demanda civil por fraude procesal debe coexistir la
denuncia penal por la falsedad del medio de prueba que se quiere cuestionar; solo así se podría
justificar la suspensión judicial del proceso civil hasta las resultas del proceso penal. Estamos ante
un cruzamiento de procesos, donde el proceso penal tendrá prevalencia sobre el objeto del
proceso civil, para justificar su paralización. Situación distinta es el caso que acoge el artículo 3 del
Código de Procedimientos Penales, que permite la paralización del proceso civil, pues, durante la
sustanciación del proceso civil se producen indicios razonables de la comisión de un delito, los que
tendrán una incidencia en el fallo final, para justificar la suspensión del proceso Por otro lado, la
norma señala que ‘si la decisión fuese anulada, se repondrán las cosas al estado que corresponda;
sin embargo, la nulidad no afectará a los terceros de buena fe y a título oneroso". De presentarse
este supuesto, señala Arrarte(zl4, constituiría un presupuesto necesario para pretender el pago de
una indemnización, caso contrario, solo implicaría una declaración lírica de la confirmación del
engaño cometido. Como apreciamos de la redacción de la norma, "solo se pueden conceder
medidas cautelares inscribibles" situación que no prohíbe extender a otro tipo de medidas que
conlleven a dar eficacia a la futura sentencia a leer en el proceso de revisión, más aún, Cuando no
se trate de bienes no inscritos, que requieren otros modos de tutela.