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SOCIOARCIS

VOLUMEN 1 No. 1 - 2011


ISSN 0719-0956.
TECNOCIENCIA Y CAPITALISMO TARDÍO:
NOTAS PARA OTRAS INVESTIGACIONES SOCIALES *

Pablo Cottet1

El problema que quisiera compartir, pudiese formularse bajo el siguiente enunciado:


si la sociedad burguesa, el modo de producción basado en la relación social capital,
en definitiva la modernidad, es imposible concebirla sin aquel campo histórico que
reconocemos bajo el nombre de “tecnociencia”, entonces, en una modernidad
interrogada en la era contemporánea ¿Qué es la ciencia y la tecnología?

Propongo entender aquí por “era contemporánea”, una modernidad que tiene lugar
en sus aporías. Es decir, una era en que la modernidad existe en tanto suspenso de su
destinación, en tanto reverberancia de sus destinos, de sus promesas, promesas que se
siguen enroscando sobre sí mismas. Lo contemporáneo podríamos entenderlo como
la condición moderna aproblemada consigo misma. Si la modernidad nos convenció
en occidente de avanzar a paso firme hacia el mejor vivir, bajo el vector del
“progreso”, la incomodidad y la sospecha contemporáneas sobre el progreso, se
instalan y extienden como la desertificación en Amazonas. Incomodidad y sospecha
que también alcanzan a la ciencia moderna como único acceso a la verdad (esa que
aseguraría el progreso).

Según nos informan variadas aproximaciones historiográficas y filosóficas, la ciencia


moderna hubo de estar imbricada necesariamente al despliegue tecnológico. Un lugar
común nos indica que a la base de la secuencia tecnológica “mecánica-electricidad-
electrónica”, ha estado y sigue estando la ciencia moderna. Es curioso que en la era
contemporánea las sinonimias entre tecnología y electrónica sean tan insistentes y
expansivas (el uso de dispositivos electrónicos es signo de “ser” tecnológico). De otra
parte, desde Michel Foucault supimos que las tecnologías no son exclusividad de la
productividad física, sino también de la productividad social: las tecnologías de
poblaciones, de subjetivación, de disciplinamiento, de saber-poder. Es curioso que en
la era contemporánea, no se hable de tecnologías organizacionales, pedagógicas, de

** Ponencia presentada en el congreso organizado por la Asociación Latinoamericana de Sociología celebrada en la


ciudad de Recife, Brasil entre el 6 y 11 de Septiembre de 2011.
1 Director de la Escuela de Sociología de la Universidad ARCIS, sociólogo y Doctor en Filosofía de la Universidad de
Chile. Académico en programas de pre y post grado en la UARCIS y participa en varios programas nacionales e
internacionales.
liderazgos, terapéuticas, etc. (aunque los discursos ingenieros han puesto en
circulación lo de “tecnologías blandas”).

En la era contemporánea se ha venido instalando la sospecha sobre el progreso


asegurado en el impulso de una racionalidad universal (cuya más excelsa modalidad
es la ciencia) y al mismo tiempo la era contemporánea se autocalifica como “la” era
tecnológica (como si nada tuviese que ver aquella sospecha sobre la ciencia, como si
la ciencia nada tuviese que ver con el boom tecnológico). Es como si todo el
conocimiento verdadero prometido por la ciencia moderna ya no se esperase, a
cambio de habitar un presente verdaderamente tecnológico, en el que no se sabe que
tiene que ver la ciencia moderna. Pienso en la “Imagen técnica del mundo” de
Heidegger, al mismo tiempo que sabemos de los multimillonarios flujos e inversiones
de capital transnacional (privados y públicos) en CyT+I (Ciencia, tecnología e
innovación).

Primera pista propuesta para explorar respuestas a la pregunta (¿Qué es de la ciencia


y de la tecnología en la era contemporánea?): virtual disociación entre ciencia
moderna y conquistas tecnológicas, articulación que posibilita la modernidad, toda
vez que se instalaría cierto descredito en la ciencia como acceso moderno a la verdad
y absoluto crédito en un presente verdaderamente tecnológico.

Si este fuese un indicio (un “síntoma” a leer) de un cambio contemporáneo, si lo


fuese de un cambio de configuración estructural en las sociedades occidentales
modernas, de un cambio ( o conjunto de cambios) asociados a otra ecuación entre la
producción de conocimiento y la producción en “sentido ampliado”, un conjunto de
cambios que comprometen el lugar de la producción del conocimiento en el modo de
producción basado en el capital, entonces bien podríamos preguntarnos qué hubo de
decirnos la sociología, qué hubo de investigar una de las disciplinas científicas de la
sociedad moderna sobre estas transformaciones. Dicho de otro modo: habría que
buscar en la producción de conocimientos de las ciencias sociales, particularmente en
la sociología, los” tratamientos sistemáticos”2 al conjunto de cambios
contemporáneos en las relaciones entre producción científica y modo de producción
tardocapitalista.

Propongo aquí una segunda pista: a la pregunta central que he propuesto (en una
modernidad interrogada en la era contemporánea ¿Qué es de la ciencia y la
tecnología?), una segunda pista que consistiría en rastrear y organizar los
conocimientos sociales sistemáticos sobre las transformaciones contemporáneas

! Al preferir la fórmula “conocimientos sistemáticos” a “conocimientos científicos” me hago cargo en este


planteamiento de la propia hipótesis señalada, lo que a su vez permite incorporar diversos aportes de las ciencias
sociales y las humanidades que han venido ofreciendo sobre el problema.
acontecidas en las relaciones entre ciencia/tecnología y modo de producción
capitalista tardío.

Me parece que desde el oficio sociológico podríamos distinguir dos plataformas de


producción de conocimientos sociales sobre la cuestión propuesta, a fin de
construir perspectivas de investigación futuras (“construir un objeto de investigación
es construir un punto de vista”, ha señalado P. Bourdieu). Lo que podría constituir
una de estas dos plataformas genéricas, puede encontrarse en el conjunto de
investigaciones asociadas a la transformación estructural, funcional y formal del
capitalismo durante el siglo XX. El conjunto de investigaciones referidas al cambio
de escala histórica del modo de producción ampliado, propuesto bajo diversas
fórmulas: dialéctica de la Ilustración, paso de de la sociedad capitalista de producción
a la sociedad capitalista de consumo, o de la sociedad de bienes físicos a otra de
bienes simbólicos, o de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control, de
sociedades nacionales a la mundialización/globalización, etc. Esta primera
plataforma, aborda los compromisos entre producción de conocimiento tecno
científico y modo de producción, ingresando a tal articulación desde las propuestas
que han pensado el cambio histórico de las sociedades capitalistas tardías. Una
plataforma de conocimiento sobre las transformaciones civilizatorias.

En esta primera plataforma genérica, es dónde me parece significativo volver a tratar


con detención los resultados de las investigaciones asociadas a las hipótesis de la
“sociedad de la información” y/o “sociedad del conocimiento”, porque las
investigaciones movilizadas por esta hipótesis (pienso especialmente en R. Castells)
han ofrecido un volumen monumental de información generada de cruces
insospechados de fuentes, cruces orientados por preguntas que se sitúan en las
relaciones entre diversas producciones de conocimiento (incluido el reconocido bajo
el estatuto científico) y modo de producción “tardomoderno”. Tanto el volumen de
información que contienen las investigaciones en este campo, como –sobre todo- las
preguntas que permitieron generar las clasificaciones de las fuentes de esas
informaciones, me parecen constituyen una referencia obligada con la cual discutir
las transformaciones entre ciencia, tecnología y sociedad en el capitalismo tardío.

Una segunda plataforma genérica que debiera concurrir en la construcción de


puntos de vista, en la construcción de “objetos de investigaciones sociales” relativas a
las transformaciones contemporáneas acontecidas en las relaciones entre ciencia/
tecnología y modo de producción capitalista tardío, me parece que lo constituye la
diáspora de investigaciones sociales que han tenido a las ciencias como objeto de
investigación. Existe un vasto y polémico campo de conocimiento sistemático
(científico, especulativo, etnográfico, etnometodológico) sobre la actividad de las
comunidades científicas (tanto de las ciencias física, como de las ciencias sociales,
aunque mucho más de las primeras). Como sabemos (siguiendo a P. Bourdieu), la
constitución de un campo es resultado -también, y de modo decisivo- de las
polémicas por los límites del campo (qué forma parte del campo y qué no, y ¿para
quiénes y para qué?, ¿cómo?, etc.), polémicas que expresan fuerzas sociales en liza,
en disputas que se comprenden dentro del campo y que pujan por su conquista.

Señalo esto porque si ustedes revisan la literatura del campo configurado en las
ciencias sociales que han tenido a las ciencias como objeto de investigación, se van a
encontrar con un debate sobre la genealogía del mismo. Hay propuestas genealógicas
del campo que parten en el Círculo de Viena, otras en R. Merton y su clásico libro
sobre el tópico; en estas genealogías se mencionan los impactos, o su sobre
dimensionamiento, del estudio de las “estructura de las revoluciones científicas” de T.
Khun, como de los “programas científicos” de I. Lakatos, o las objeciones
desbaratadoras (para algunos), diatribas doctrinarias (para otros) que P. Feyerabend
formulara a la distancia entre lo que hacen los científicos y lo que dicen que hacen.
Se nos mencionará la “sociología del conocimiento científico”, el denominado
“programa fuerte” de la U. de Edimburgo con D. Bloor, entre otros, de las siguientes
producciones en las U. de Pensilvania, Cornell y Standford, como de los
contemporáneos “estudios sociales de las ciencias”, para algunos abiertos por Büker,
Huges y Pinches con “La construcción social de la tecnología”, para otras versiones
las actuales polémicas del campo (“estudios sociales de la ciencia”) no pueden dejar
de considerar las propuestas de Bruno Latour.

No es mi interés discutir ahora las claves constitutivas de este campo, sino en lo que
importa a la propuesta que comparto con ustedes: investigar las transformaciones
acontecidas en los compromisos estructurales entre la producción de conocimiento
científico-tecnológico con el modo de producción ampliado. Aquí es donde podemos
concebir este campo, en cualquiera de sus genealogías, desde la “sociología de la
ciencia” hasta los “estudios sociales de la ciencia y la tecnología”, como una segunda
plataforma de conocimiento social sistemático que provee de claves para la
construcción de objetos de futuras investigaciones sobre transformaciones
contemporáneas acontecidas en las relaciones entre ciencia/tecnología y modo de
producción capitalista tardío. Una plataforma de conocimientos sobre las
transformaciones en la producción del conocimiento tecnocientífico.

Me parece que, abordando el trabajo de construcción de objetos de investigación que


contemplen el paso por estas dos plataformas de conocimientos (plataforma de
conocimiento sobre las transformaciones civilizatorias y plataforma de
conocimientos sobre transformaciones en la producción del conocimiento
tecnocientífico) , tomando hebras de sus debates y tramándolas con otras afines,
aunque fuese buscando al menos en estas dos plataformas, bien podríamos iniciar un
nuevo impulso que contribuya a la investigación social contemporánea en cuestiones
que caben bajo la zona que articulan los términos “ciencia, tecnología y sociedad”.

Coroloraio: un problema, una preferencia y un par de propuestas políticas

Un problema: considero que orientados por la búsqueda de recursos conceptuales en


el cruce de conocimientos producidos por ambas plataformas señaladas, para
construir objetos de investigación en el presente, la sociología debiera reanimar sus
debates acerca de su estatuto contemporáneo, en términos epistemológicos
(conocimiento científico y conocimiento sistemático extra-científico), sus
estructuraciones orgánicas (teorías y metodologías), sus ejercicios del oficio según
asentamiento institucional (académico y profesional), como también sus circuitos de
legitimación y distribución del capital simbólico en el campo sociológico.

La propuesta de activar líneas de investigación social en las transformaciones


acontecidas en los compromisos estructurales entre la producción de conocimiento
científico-tecnológico con el modo de producción ampliado del capitalismo tardío, no
está presentada aquí como otra especialidad dentro del conjunto de especialidades
con que las sociólogas y los sociólogos distribuimos el ejercicio del oficio según la
lectura segmentada de demandas sociales por nuevos conocimientos.

Me parece que se trata de un problema paradojal: si desde la sociología estamos en


condiciones de plantear las preguntas por las transformaciones acontecidas en los
compromisos estructurales entre la producción de conocimiento científico-
tecnológico con el modo de producción ampliado del capitalismo tardío, y lo
hiciéramos desde las dos plataformas de conocimiento mencionadas, entonces el
propio estatuto de la sociología contemporánea debiera ser discutido.

Un problema paradojal, reflexivo, o de segundo orden para lo sociológico, toda vez


que la fórmula moderna según la cual lo sociológico quedaría delimitado por el
“conocimiento científico de la acción social”, queda interrogado –primero- por los
sentidos propios a la vida social contemporánea sobre lo que pueda venir siendo “la
acción social” (¿Qué es “lo social”? es una pregunta que brota insistente en la vida
social contemporánea, una pregunta de sentido común en la era contemporánea);
además -en segundo lugar- la definición de lo sociológico como “el conocimiento
científico de la acción social”, también esta sometida a examen por la propia
interrogación histórica contemporánea sobre lo que pueda ser “lo científico”, como
particular campo de la acción social.

Expresado en otros términos, si alguien puede estar de acuerdo en considerar que


una propuesta como la aquí planteada sería una “interesante especialidad
sociológica”, clasificada en la cuadricula del reparto gremial como una sociología
ocupada de “ciencia, tecnología y sociedad”, tendría que estar dispuesto a aceptar
también que sociólogos y sociólogas contribuyeran al debate abierto sobre el estatuto
contemporáneo dela sociología. Entonces, este es el problema que reconozco en la
propuesta, un problema que me interesa entender como problemata (según las
ciencias no empíricas, las matemáticas y las lógicas formales), el acuerdo en un
acertijo que demanda operaciones legítimas para su resolución.

Declaro ahora una preferencia para promover el oficio sociológico en la zona de


investigación que he propuesto, una preferencia que podría orientar los territorios de
exploración: la vida cotidiana contemporánea.

Si los “estudios sociales de la ciencia y la tecnología” han incursionado investigado


laboratorios, publicaciones, congresos como estos, secuencias historiográficas,
arqueologías de la construcción de artefactos, genealogías de problemas y soluciones,
en fin si hasta ahora se han investigado principalmente las acciones articuladas en
prácticas por los circuitos institucionales de las ciencias, pues me parece que se abre
un territorio prolífico para investigar acciones sociales en las prácticas de la vida
cotidiana que comprometen productos y discursos tecnocientíficos. Me asiste la
intuición (antes que hipótesis, una conjetura) respecto de las múltiples y regulares
aplicaciones tecnocientíficas que reticulan, que estrían, la vida cotidiana
contemporánea y desde la cuáles podríamos interrogarnos por sus implicaciones
recíprocas, precisando conceptualmente los objetos de investigación construidos con
recursos de las dos plataformas de conocimiento antes indicada.

Permitiéndome improvisar para ejemplificar: supongamos que pudiésemos


conceptualizar ciertos circuitos regulares de acción social cotidianas en que prácticas
discursivas y no discursivas cristalizan en usos tecnocientíficos como desgaste del
carácter oracular de la tecnociencia y reforzamiento de un carácter político, de
destinación deliberativa. Por ejemplo, el polémico uso de “pruebas científicas” en
peritajes jurídico-policiales, investigar las aporías científicas en las aplicaciones
científicas de los peritajes. Esta aproximación podría revelar, los rendimientos
deliberativos de la ciencia como imposible último argumento en la regulación política
de la vida social: por ejemplo, los debates legislativos, allí donde llegan
investigaciones científicas que posibilitan argumentar tanto en contra, como a favor,
de iniciativas que norman la vida social (aborto, eutanasia, impacto medioambiental
de acciones productivas, etc.).

Sólo una mención ligera a otra zona que intuyo de alta potencia para investigaciones
sociales sobre la transformación en las relaciones entre producción de conocimiento
tecnocientífico y modo de producción ampliado en la época contemporánea. El
cambio de las funciones de la “divulgación científica”, el cambio de sus estructuras
discursivas y de sus formas diegéticas. ¿No es hoy más una guía para la formulación
de “estilos de vida” que una ilustración de los avances del progreso tecnocientífico?
Pienso en el imperialismo normativo de la “vida saludable” y las tecnologías del
cuerpo (nutricionales, sexuales, anátomo-fisiológicas, cultivo de sus formas, etc.), la
“vida saludable” y las tecnologías de la administración de las actividades cotidianas
(alternancia de trabajo y descanso, tecnologías de gestión de un “trabajo saludable”,
tecnológicas ergonómicas de prevención laboral, tecnologías del “sueño reparador”,
etc.).

Estimo que en específicos cruces de conocimientos de las dos plataformas de


conocimientos señalados debiéramos encontrar los recursos para resolver las
articulaciones teórico-empíricas que nos permitiesen investigar cuestiones como las
esbozadas por esta preferencia hacia la vida cotidiana como escenario de las prácticas
tenocientíficas apropiadas y apropiantes de la acción social contemporánea.

Voy ahora sobre el par de propuestas políticas. Según como entiendo la política,
ésta siempre cuenta con un vector de urgencia, la política llega cuando el descuerdo
ya la ha posibilitado (como enseña J. Rancière). Y este par de propuestas adquieren
para mí, toda la urgencia de lo que en la generación que comparto y otras más
jóvenes, se ha convertido un lugar común por remover, pero no encontramos
suficiente energía para ello, e implacablemente empezamos a ingresar a aquella edad
que podríamos denominar paródicamente “adulto casi-mayor”.

Dos ámbitos en que se requiere con urgencia más investigación social: se trata de la
enseñanza de las ciencias en las instituciones educacionales (escolares y
universitarias) y de las políticas públicas de investigación científica financiadas por
capitales estatales y/o privados.

En ambas dimensiones sociales contemporáneas me parece urgente investigar,


promover presentaciones de proyectos a concursos para su financiamiento, estimular
la realización de tesis de grado, de líneas y núcleos de investigación en nuestras
facultades. Hay que investigar cómo, quiénes, para qué y en qué se enseña a
investigar en las instituciones escolares y en las universitarias, cómo se están
realizando los procesos de socialización primaria y de formación profesional
(instruccional y académica) en ciencia y tecnología en América Latina ¿Qué
relaciones existen entre esta socialización primaria y formación profesional con los
procesos de producción científico técnica en las formaciones sociales
latinoamericanas contemporáneas?

También considero urgente investigar los procesos efectivamente existentes de


investigación científica en América Latina contemporánea. Investigar quiénes, para
qué, en qué, cómo, con qué recursos y con cuantos, con qué consecuencias y cómo se
establecen esas consecuencias, entre algunas de las aristas interrogantes que podemos
reconocer a la rápida.

Por ejemplo, toda la literatura contemporánea de los “estudios sociales de las


ciencias”, califican de “trasnochadas” las polémicas basadas en comparaciones entre
ciencias físicas y ciencias sociales. No obstante las “condiciones materiales de
producción científicas” operan bajo ordenamientos y procedimientos institucionales
sustentados en definiciones que provienen de esas comparaciones “trasnochadas”, ya
sea porque “hacen la diferencia”, por ejemplo desde CONICYT en Chile la
asignación de dinero según el a priori de las “cuotas históricas”: 70% para ciencias
físicas, 30% para ciencias sociales, humanidades y artes. Ya sea porque deben
equipararse ciencias físicas y ciencias sociales, por ejemplo, la política de
publicaciones indexadas que para laboratorios que trabajan en los mismos problemas
en el planeta tienen varias utilidades, pero que no consigo verle alguna entre quienes
forman parte de intercambios de investigaciones inscritas en problemas de larga
trayectoria y múltiples compromisos histórico políticos ¿Cuántos artículos en revistas
indexadas han escrito los más importantes pensadores de nuestras sociedades
latinoamericanas? Hagamos el ejercicio de comparar las menciones a libros y a
artículos en revistas indexadas que en los últimos 20 años han sido un aporte
significativo de las ciencias y el pensamiento sociales a nuestras vidas
latinoamericanas, y sospecho que confirmaríamos -si investigásemos- la
intrascendencia de publicaciones ISI-SCIELO en el aporte de las ciencias sociales a
los procesos emancipatorios contemporáneas.

Para terminar, intentando un enunciado de síntesis: las sociólogas y sociólogos


debiéramos abrir nuevas zonas para la investigación social de las articulaciones entre
producción de conocimiento tecnocientífico y modo de producción tardocapitalista,
hay recursos conceptuales para ello y hay una geografía social inexplorada en la vida
cotidiana, en la enseñanza de la ciencia, en la formación de científicos y en los
procesos efectivos que sustentan la investigación científica en Latinoamérica. Este
afán compromete una responsabilidad histórica: debatir el estatuto contemporáneo de
unas sociologías a las que no le alcanza su autodeterminación exclusivamente
científica.