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Compraventa y

Sermuta

Compraventa

El Código Civil y Comercial regula el contrato de compraventa en el capítulo 1 del título IV, en los arts. 1.123
a 1.171. En la Sección 1a se establecen disposiciones generales; en la Sección 2a, reglas en relación a la cosa
vendida; en la Sección 3a, reglas vinculadas al precio; la Sección 4a establece las obligaciones a cargo del
vendedor; la Sección 5a, las obligaciones a cargo del comprador; la Sección 6a fija las pautas de la
compraventa de cosas muebles; la Sección 7a regula algunas cláusulas que pueden ser anexadas al contrato
de compraventa; y, la Sección 8a regula el boleto de compraventa.

A partir del Título IV del Libro III, el Código Civil y Comercial de la Nación comienza con la regulación de los
contratos en particular. Esta regulación de cada tipo contractual no diferencia a aquellos contratos de
consumo; esto es, no hay una regulación, por ejemplo, de la compraventa de consumo.

En los Fundamentos del Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación (2012) los motivos de este
método fueron explicados, argumentando que existe una división de tipo general. “Cuando existe una
regulación general del contrato siguiendo el modelo clásico o paritario o entre iguales, es necesario luego,
en cada contrato en especial, definir qué reglas se aplican o no a los vínculos de consumo” (Comisión para
la elaboración del proyecto de Ley de reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial
de la Nación, 2012, p. 136).

Esto es así ya que el Código presenta una ruptura del tipo general. Entonces el sistema funciona de la
siguiente manera:

a) Si hay un contrato discrecional, hay plena autonomía privada. Se aplica el Título II, “de los contratos
en general”.
b) Si hay un contrato celebrado por adhesión, no hay
consentimiento sino adhesión. Se aplica el Título II, Capítulo 3, Sección 2ª, artículos 984 y siguientes,
dedicados a esos vínculos.

c) Si hay un contrato de consumo, se aplica el Título III. En este caso no interesa si hay o no adhesión,
ya que el elemento que define la tipicidad son los elementos descriptos en el artículo 1.092. (Comisión para

1
la elaboración del proyecto de Ley de reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial
de la Nación, 2012, p. 136).

Por lo tanto, si se está frente a un contrato de compraventa, o cualquiera de los otros contratos de la parte
especial del Código, debe interpretarse si se trata de una compraventa celebrada entre iguales, de un
contrato de adhesión o de consumo, y aplicarse las reglas pertinentes.

Concepto

El art. 1.123 del Código Civil y Comercial 1 establece que hay compraventa cuando una de las partes
contratantes (llamada vendedor) se obliga a transferir la propiedad de una cosa, y la otra parte (llamada
comprador) se obliga a pagar por ella un precio en dinero.

Este contrato no supone transferencia de la propiedad, ni la entrega específica del precio pactado, sino la
obligación de hacerlo. La obligación es válida aun en la llamada compraventa manual o al contado, que se
consuma y concluye en forma instantánea con la entrega simultánea de la cosa y el precio.

La compraventa tiene una inmensa importancia en las relaciones económicas y jurídicas de los hombres;
con frecuencia traspasa las fronteras y adquiere un interés internacional.

Respecto a sus caracteres, se encuentran los siguientes:

a) Es bilateral, porque implica obligaciones para ambas partes.

b) Es consensual, porque produce todos sus efectos por el solo hecho del consentimiento y sin necesidad
de la entrega de la cosa o del precio.

c) No es formal. Aun en el caso de que tenga por objeto la transmisión de inmuebles, la escritura pública
exigida por el art. 1.184, inc. 1, es un requisito de la transferencia del dominio, pero no del contrato en sí,
que puede ser válidamente celebrado en instrumento privado.

d) Es oneroso.

e) Es conmutativo, porque es de su naturaleza que los valores intercambiados (cosa y precio) sean
aproximadamente equivalentes, y puede llegar a ser aleatorio cuando se compra una cosa que puede o no
existir.

1Ley Nº 26.994 (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación
Argentina.
2
En virtud de la sanción de la Ley N˚ 26.994, que originó el Código Civil y Comercial de la Nación, y derogó el
Código Civil, ya no existe una distinción entre compraventa civil y comercial, quedan todos los contratos
regulados por el nuevo Código.

Relaciones con otras figuras jurídicas afines

Con el objetivo de definir el campo de aplicación de la compraventa, se incluyen artículos en el Código que
permiten distinguirla de otros contratos. En primer lugar, y como pauta básica, es muy importante tener
en cuenta la regla que prevé el art. 1.127 a los efectos de establecer la naturaleza del contrato: “el contrato
no debe ser juzgado como de compraventa, aunque estuviese así estipulado por las partes, si le faltase
algún requisito esencial”.2

Luego, el Código distingue expresamente a la compraventa de otros contratos. Sus normas se aplican
supletoriamente a los contratos por los cuales una parte se obliga a:

transferir a la otra derechos reales de condominio, propiedad horizontal, superficie, usufructo o uso, o a
constituir los derechos reales de condominio, superficie, usufructo, uso, habitación, o servidumbre, y dicha
parte, a pagar un precio en dinero o transferir la titularidad de títulos valores por un precio en dinero. 3

La compraventa y el contrato de obra

Se aplican las reglas de la compraventa a casos en que hay un compromiso de entrega de cosas por un
precio (aunque estas hayan de ser manufacturadas o producidas) excepto que, de las circunstancias, resulte
que la principal de las obligaciones consista en suministrar mano de obra o prestar otros servicios.

Ahora bien, sí se aplican las reglas del contrato de obra, que más adelante estudiaremos, si quien encarga
la manufactura o producción de las cosas tiene también la obligación de proporcionar una porción
substancial de los materiales necesarios.

Asimismo, se delimita la compraventa de la permuta, y se señala que, si el precio consiste parte en dinero
y parte en otra cosa, el contrato es de permuta si es mayor el valor de la cosa, y de compraventa en los
demás casos.

2 Art. 1.127 - Ley Nº 26.994 (2014).


Op. cit. 3 Art. 1.124 - Ley Nº 26.994
(2014). Op. cit.
3
La cosa y el precio

Existen elementos comunes a todos los contratos (la capacidad y el consentimiento, por ejemplo), y otros
elementos que le son propios a cada uno de ellos. En el caso del contrato de compraventa, los elementos
propios son: la cosa y el precio, tal como surge de la definición establecida por el art. 1.123 del que resultan
claramente identificables estos elementos.

La cosa

En cuanto a la cosa pasible de ser vendida, el Código establece en su art. 1.129 que “pueden venderse todas
las cosas que pueden ser objeto de los contratos”.3 Por lo tanto, serán aplicables las normas vinculadas al
objeto de los contratos reguladas en el capítulo 5 del Título II “Contratos en general”, del Libro III, así como
las disposiciones de la sección 1, Capítulo 5, Título IV, del Libro I referidas al objeto de los actos jurídicos.

El Código regula los casos de cosa cierta que dejó de existir, cosa futura y cosa ajena en los artículos 1.130,
1.131 y 1.132, respectivamente:

a) La cosa cierta deja de existir: como la cosa es un elemento propio del contrato, si se trata de la venta
de una cosa cierta que deja de existir al tiempo de perfeccionarse el contrato, entonces este no produce
efecto alguno. En cambio, si deja de existir, pero parcialmente, el comprador interesado en la cosa, aun
cuando exista en parte, podría requerir la entrega de esa parte con la correspondiente reducción del precio
en forma proporcional. Asimismo, las partes pueden asumir expresamente el riesgo de que la cosa deje de
existir, ya sea porque haya perecido o esté dañada, en cuyo caso el comprador no puede exigir el
cumplimiento del contrato (art. 1.130).

b) Cosa futura: se pacta la venta de una cosa que, al momento de la celebración del contrato, todavía
no existe. Por ello es que el contrato queda supeditado a la condición de que la cosa llegue a existir. Es este
un contrato sujeto al régimen de las obligaciones condicionales. De igual manera que en el caso del punto
“a”, el comprador puede asumir expresamente el riesgo de que la cosa no llegue a existir, sin poder
reclamar esto al vendedor cuando la no existencia de la cosa no haya obedecido a su culpa (art. 1.131).

b) Cosa ajena: la venta de la cosa total o parcialmente ajena es válida (art. 1.132). El Código remite a los
casos en que se permite que los bienes ajenos constituyan el objeto de los contratos, de conformidad con
el art. 1.008 del Código. En ese sentido, debe tenerse en cuenta la extensión de la promesa del vendedor
para poder conocer sus efectos; así:

• Si el vendedor promete transmitirlos y no ha garantizado el

éxito de la promesa, solo está obligado a emplear los medios necesarios para que la prestación se realice.
Si, por su culpa, el bien no se transmite, debe reparar los daños causados.

3 Art. 1.129 - Ley Nº 26.994 (2014). Op. cit.


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• Si, por el contrario, el vendedor ha garantizado el éxito de la promesa, deberá también indemnizar
los daños causados si esta no se cumple, sin importar que haya empleado los medios necesarios o no para
lograrlo.

El Código no lo aclara, específicamente al regular la venta de cosa ajena, pero se entiende que el art. 1.132
trata la venta de cosa ajena en el caso de que ambas partes conocieran esa circunstancia, ya que la venta
de cosa ajena como propia constituye un supuesto no permitido por la última parte del art. 1.008, si el
vendedor no hace entrega de la cosa, y aún podría considerarse una hipótesis de dolo que tacha de nulidad
al acto (Esper, 2015).

El precio

El precio es otro de los elementos del contrato de compraventa. Para que este último quede legalmente
configurado, es preciso que el precio reúna las siguientes características:

a) Debe ser en dinero: de lo contrario, no hay compraventa.

b) Debe ser determinado o determinable: el precio debe ser cierto. Es determinado cuando; i) las partes
lo fijan en una suma que el comprador debe pagar; ii) cuando se deja su indicación al arbitrio de un tercero
designado; o iii) cuando su determinación se hace con referencia a otra cosa cierta; iv) cuando las partes
prevén el procedimiento para determinarlo.

Determinación del precio por un tercero: se prevé la posibilidad de que sea un tercero el que determine el
precio, ya sea que a este se lo designe en el contrato o con posterioridad. En caso de que no hubiere
acuerdo sobre el tercero, o que por cualquier motivo este no quiera o no pueda determinar el precio,
entonces será el juez quien fije el precio (art. 1.134).

c) Debe ser serio.

Casos de los precios convenidos y no convenidos por unidad de medida de superficie

Precio convenido por unidad de medida de superficie: el precio, en algunos casos, es convenido por unidad
de medida de superficie (por ejemplo, metros cuadrados o m2). En esos casos, el precio total del contrato
es el que resulta de la superficie real del inmueble. Entonces, si el objeto del contrato es una extensión
determinada (por ejemplo, 200 m2) y la superficie real total del inmueble es de 300 m2, es decir, que excede
en más de un cinco por ciento la superficie pactada en el contrato (que era 200 m2), entonces el comprador
puede resolver el contrato.

Precio no convenido por unidad de medida de superficie: en el caso contrario, esto es, que no se pacte el
precio por unidad de medida de superficie, y el objeto del contrato sea una fracción de tierra, pero el
terreno tenga diferencia superior al cinco por ciento en relación a la superficie acordada, el vendedor o el
comprador (de acuerdo con el caso) tiene derecho a pedir que se ajuste el contrato en relación a la
diferencia. Si el comprador, en función del ajuste, tuviera que pagar un precio mayor, puede resolver el

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contrato. Esta posibilidad de resolución no se le concede si, en cambio, a raíz del reajuste debiera pagar un
precio más bajo.

Modalidades

El Código Civil y Comercial, en su Sección 6a, efectúa una regulación especial para los casos de compraventa
de cosas muebles, aclara que dicha regulación no excluye la aplicación de las reglas generales de la
compraventa en cuanto sean compatibles.

Así es que establece algunas disposiciones especiales, en cuanto a:

• Precio:

Silencio sobre el precio (en el caso de la compraventa de cosas muebles): si el contrato se celebró, pero en
él no hay referencia alguna al precio de la compraventa (silencio sobre el mismo), el Código entiende que
en ese caso las partes hicieron referencia al precio generalmente cobrado para esas cosas (mercaderías) en
el momento en que el contrato se celebró.

Si el precio en la compraventa de cosas muebles se fija en función del peso, número o medida de las cosas,
entonces se debe el proporcional a ese número, peso o medida.

• Obligaciones del vendedor:

Entrega de documentación: el vendedor debe entregar la factura donde conste la descripción de la compra
realizada y todos los términos de la operación. Si en ella no surge un plazo de pago, entonces se entiende
que se hizo de contado. Y si la factura no es observada dentro de los 10 días en que fue recibida, se entiende
que resultó aceptada.

Entrega de la cosa:

- Plazo: dentro de las 24 hs. de celebrado el contrato (excepto pacto en contrario).


- Lugar: el convenido o el que surja de los usos o de las características de la venta. Caso contrario, la
entrega se hace en el lugar que estaba la cosa al momento de la celebración del contrato.

Las partes tienen autonomía de la voluntad para pactar la manera y tiempo en que se hará.

La Ley les da a las partes dos medios alternativos para lograr la entrega de la cosa y considerar que esta se
ha verificado. De acuerdo con Esper (2015), es opinable si hay otros procedimientos diferentes que puedan
utilizar las partes. En contratos que tienen como fin último transmitir el derecho real de dominio de la cosa,
rigen entonces las normas en materia de tradición para adquirir derechos reales o la posesión de la cosa,
que son de orden público.

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Las posibilidades que la Ley otorga son: a) Definir que la puesta a disposición de la cosa vendida, en un lugar
cierto y en forma incondicional, tiene los efectos de la entrega. El comprador tiene derecho a revisar la
mercadería y a expresar su no conformidad dentro del plazo de diez días de retirada. b) La otra posibilidad
es que para las mercaderías en tránsito (aquellas que deben ser enviadas por el vendedor) la entrega se
considera realizada por la cesión o endoso de los documentos de transporte. Alude específicamente al
endoso.

Luego el Código dispone que el vendedor sea quien asume los riesgos del daño o pérdida de las cosas.

Cláusulas especiales

El Código define ciertas cláusulas que pueden ser incorporadas al contrato de compraventa. Se tratará cada
una de ellas.

a) El pacto de retroventa: entendido como aquel por el cual el vendedor se reserva el derecho de
recuperar la cosa vendida y entregada al comprador contra restitución del precio, con el exceso o
disminución convenidos. El contrato sujeto a este pacto se rige por las reglas de la compraventa sometida
a condición resolutoria (art. 1.163).

b) El pacto de reventa: es aquel por el cual el comprador se reserva el derecho de devolver la cosa
comprada. Ejercido el derecho, el vendedor debe restituir el precio, con el exceso o disminución
convenidos. Se aplican las reglas de la compraventa bajo condición resolutoria (art.
1.164).

b) Con relación al pacto de preferencia: se establece que es aquel por el cual el vendedor tiene derecho a
recuperar la cosa con prelación a cualquier otro adquirente si el comprador decide enajenarla. El derecho
que otorga es personal y no puede cederse ni pasa a los herederos.

Estas normas se complementan con lo dispuesto en la parte general (art.


1.165).

Como regla general, se establecen plazos para dar certeza jurídica y para no impedir o dificultar el tráfico
de modo permanente. Se dispone que puedan establecerse por un plazo que no supere los 5 años para las
cosas inmuebles, y los 2 años para las cosas muebles. En caso de que las partes opten por fijar un plazo
mayor, este se reduce al máximo legal de 5 o 2 años, de acuerdo con el caso. Se trata de un plazo perentorio
y que no puede ser prorrogado.

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Boleto de compraventa

Este es un punto sumamente importante. Citamos al respecto:

La figura del boleto de compraventa fue incorporada al Código Civil por medio de la ley 17.711 a través del
artículo 1185 bis y del agregado de una parte final al artículo 2355. La mención en esos dos artículos,
sumada a las disposiciones de los arts. 1184 y 1185, ha provocado ríos de tinta sobre la naturaleza jurídica
de esta figura jurídica. Hay quienes caracterizan a este acuerdo como un precontrato. Desde esta
perspectiva, el boleto de compraventa inmobiliaria, celebrado mediante instrumento privado no puede ser
entendido como un contrato definitivo que permite la transmisión o constitución de un derecho real. Es
pues un “antecontrato” o acuerdo previo, o “contrato preparatorio”, o “precontrato” que genera los
efectos propios de esos actos, pero de ninguna manera reúne los requisitos sustanciales que la ley privada
exige. (…) La posición que se ha logrado imponer en doctrina es la que indica que el boleto de compraventa
importa un contrato en que las partes se obligan válidamente a celebrar un contrato de compraventa de
inmuebles. Este contrato del artículo 1185 es sin duda alguna un contrato verdadero, firme, serio, definitivo
y perfecto, pero no como contrato de compraventa sino como contrato que obliga a concluir el de
compraventa (…). Ello en alusión al régimen del Código Civil derogado. En cuanto a la ley 26.994, no ha
“esclarecido la cuestión de la naturaleza jurídica del boleto de compraventa, pues no lo define ni determina
sus alcances. En cuanto a las consecuencias para las partes, podrá recurrirse a lo establecido en la parte
general, especialmente lo previsto por el art. 1018” (otorgamiento pendiente del instrumento). (Crovi,
2014, pp. 35-
36).

En la Sección 8ª del Código Civil y Comercial se regula la figura del boleto de compraventa de inmuebles. La
normativa lo contempla en los artículos 1.170 y 1.171.

En relación a esto, en los Fundamentos del Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación (2012)
se dispone:

Se reitera la solución, hoy tradicional, según la cual los boletos de compraventa de inmuebles de fecha
cierta otorgados a favor de adquirentes de buena fe son oponibles al concurso o quiebra del vendedor si
se hubiera abonado el veinticinco por ciento del precio. El juez debe disponer que se otorgue la respectiva
escritura. El comprador puede cumplir sus obligaciones en el plazo convenido. En caso de que la prestación
a cargo del comprador fuera a plazo, deberá constituirse hipoteca en primer grado sobre el bien, en garantía
del saldo de precio. Aunque se trata de una norma de tipo concursal, y el Anteproyecto considera que este
tipo de relaciones se rige por lo dispuesto en el ordenamiento específico, hemos entendido conveniente
mantener la norma en el Código Civil por el valor histórico que ella tiene. (Comisión para la elaboración del
proyecto de Ley de reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación, 2012,
p. 142).

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El art. 1.170 se refiere a la prioridad que tiene el adquirente de buena fe sobre terceros que trabaron
medidas cautelares sobre el inmueble. En el mencionado artículo se enumeran una serie de supuestos:

a) Cuando el comprador contrató con quien es el titular registral del inmueble o puede colocarse en la
posición de quien contrató con el titular, mediante un eslabonamiento perfecto con esos adquirentes
sucesivos.

c) Cuando el comprador pagó un mínimo del 25% del precio antes de que la cautelar fuera trabada.

c) Cuando el boleto tiene fecha cierta (al respecto, nos remitimos a lo explicado en relación a la fecha
cierta de los instrumentos privados, de conformidad con el art. 317 del Código).

d) Cuando la compraventa y la adquisición del inmueble tienen publicidad suficiente. En relación a esta
publicidad suficiente, el Código alude a la dada registralmente, o bien como consecuencia de la posesión
del inmueble.

Asimismo, el Código contempla, en otro artículo, el caso concreto de la oponibilidad que tiene el boleto de
compraventa en el caso del concurso o la quiebra del vendedor del inmueble.

La oponibilidad del boleto de compraventa a terceros embargantes o frente a la quiebra o concurso del
enajenante es un problema cuya solución requiere equilibrar dos aspectos: por un lado, la protección del
adquirente, que ha confiado en obtener un bien y no una indemnización, y es por ello que la tendencia
evolutiva ha sido proteger este derecho admitiendo la oponibilidad si se trata de un comprador serio, en el
sentido de que ha pagado una parte del precio, ha tomado la posesión.

Inicialmente se protegió con mayor rigor la compra destinada a vivienda, aunque luego el criterio se
generalizó. Como contrapartida, hay que prever que un boleto así protegido y directamente oponible
puede dar una herramienta para que el deudor “fabrique” boletos en perjuicio de sus acreedores. (…) El
Proyecto4 ha adoptado una posición amplia de cobertura a compradores de buena fe, a quienes se les
reconoce la posibilidad de oponer sus derechos tanto frente a terceros como frente al concurso o quiebra
del vendedor. La buena fe se presenta como un requisito imprescindible para invocar un mejor derecho
frente al tercerista. (Crovi, 2014, pp. 36-37).

La consecuencia de ello es que el juez deba disponer que se otorgue a favor del comprador la
correspondiente escritura pública. De esta manera, el art. 1.171 considera que para que el boleto de
compraventa sea oponible al concurso o quiebra del vendedor, los requisitos son: a) que tenga fecha cierta;
b) que el comprador sea un adquirente de buena fe; c) que el comprador haya abonado más del 25% del
precio convenido.

4Se aclara que cuando en la cita se hace referencia al “Proyecto”, se alude al Código hoy vigente,
sancionado por Ley N˚ 26.994.
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Obligaciones de las partes

Al respecto, en los Fundamentos del Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación (2012), se
dispone:

En estos textos se alude a la obligación nuclear y típica del contrato, transferir y pagar el precio, así como a
los deberes colaterales, los cuales son absolutamente diferentes en cuanto a su entidad y funciones. Sin
embargo, se ha mantenido la idea de incluirlos en un solo artículo para cada parte, porque de este modo
queda claro que el vendedor o el comprador tienen un plexo de obligaciones y deberes, si bien de distinta
entidad. Es labor de la doctrina desarrollar aisladamente cada uno de ellos. (Comisión para la elaboración
del proyecto de Ley de reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación,
2012, p. 140).

Las principales obligaciones del vendedor son:

a) Conservar la cosa:

Esta obligación no surge directamente de los artículos 1.137 a 1.140 que


enumeran las obligaciones del vendedor, pero sí de otras disposiciones aplicables a este contrato. Así, se
menciona al art. 746 que regula las obligaciones de dar, y dispone que el deudor de una cosa cierta debe
conservarla en el mismo estado en que se encontraba cuando contrajo la obligación (Esper, 2015).

Atento que el vendedor debe entregar la cosa, entonces también está obligado a conservarla sin cambiar
su estado, hasta el momento en que haga efectiva la entrega, por lo que es un cargo inherente a la
obligación de entrega. Se la caracteriza como una actividad preparatoria que pondrá el vendedor en
condiciones de cumplir su promesa. La custodia no es, por tanto, una prestación en sentido técnico ni puede
ser objeto del reclamo del comprador por sí misma. Lo que a este le interesa es que la cosa se le entregue.
No hay, pues, una custodia-deber, como la del depositario, sino solamente la carga propia de todo deudor
de preparar y hacer posible el cumplimiento de la prestación.

Los gastos de conservación de la cosa corren por cuenta del vendedor, pues eso es lo que está dispuesto
respecto de los gastos de entrega, (art. 1.138) y ya se ha dicho que la custodia no es sino un aspecto de la
entrega. Pero no hay inconveniente en que las partes estipulen lo contrario, puesto que, en este sentido,
rige la autonomía de la voluntad y las normas a que se hace referencia operan como derecho supletorio en
caso de que las mismas nada hayan dicho.

b) Transferir la propiedad de la cosa:

El vendedor debe transferir al comprador la propiedad de la cosa vendida. Esto incluye también poner a
disposición del comprador los instrumentos para concretar la transferencia y la cooperación necesaria para
efectivizar la transferencia dominial. Esta constituye la obligación central a su cargo.

La transferencia de la propiedad se podría fraccionar, teóricamente, en dos partes: a) la entrega de la cosa;


y b) la existencia y legitimidad del derecho que se transmite sobre ella. Al respecto, el art. 1.140 dispone

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que “la cosa debe entregarse con todos sus accesorios, libre de toda relación de poder y de oposición de
terceros”.5

¿En qué consiste la entrega? La entrega es la transferencia material de la cosa efectuada por el vendedor
al comprador, y tiene por objeto poner al comprador en condiciones de obtener de la cosa el provecho que
corresponde al propietario. El art. 750 del Código define a la tradición, disponiendo que antes de ella
(entendida como la entrega de la cosa) el acreedor no obtiene sobre ella ningún derecho real.

Asimismo, el art. 1.139 del Código establece que el vendedor debe entregar el inmueble "inmediatamente
de la escrituración"7, es decir, luego de ella, excepto que se hubiere convenido lo contrario.

Por otra parte, los gastos de entrega y los vinculados a la obtención de los instrumentos necesarios para
concretar la transferencia, en principio están a cargo del vendedor. Decimos en principio porque ello es así,
en tanto no se pacte lo contrario, existe libertad para convenir quien resultará responsable de ello.

c) Responder por saneamiento:

Por las garantías de evicción y vicios redhibitorios de conformidad con las disposiciones de la parte general
de los contratos (art. 1.033).

Respecto al comprador, el Código regula sus obligaciones en el art. 1.141. Ellas son:

1) El pago del precio:

El pago del precio es la obligación esencial a cargo del comprador. El pago debe efectuarse en el lugar y
tiempo convenidos, conforme el art. 1.141, inc. a. Es que aquí rige el principio de autonomía de la voluntad.
Tal como entiende Esper (2015), hay una regla de interpretación de conformidad con la cual, si no hay pacto
específico en relación al pago del precio en un lugar y tiempo convenidos, entonces se presume que la
venta es de contado y que el pago del precio debe ser simultáneo a la celebración del contrato y entrega
de la cosa.

2) La recepción de la cosa:

Así como el vendedor debe entregar la cosa, el comprador debe recibirla. Esto implica realizar todos los
actos que razonablemente cabe esperar del comprador para que el vendedor pueda efectuar la entrega y
hacerse cargo de la cosa.

Asimismo, la obligación de recepción involucra también a todos aquellos documentos vinculados con el
contrato y necesarios para perfeccionar la transferencia dominial.

3) El pago de los gastos necesarios para hacerse cargo de la cosa:

5 Art. 1.140 - Ley Nº 26.994 (2014).


Op. cit. 7 Art. 1.139 - Ley Nº 26.994
(2014). Op. cit.
11
De acuerdo con el Código, esto requiere el pago de los gastos de recibo, incluidos los de testimonio de la
escritura pública y los demás posteriores a la venta.

El Código no enumera cuáles son concretamente estos gastos, pero en gran medida están vinculados a los
usos y costumbres. El costo del testimonio de la escritura pública involucra a las compras de inmuebles y al
resto de las transferencias onerosas a las que se refiere el art. 1.124, e involucra los demás gastos notariales,
tales como los honorarios de los escribanos intervinientes, costos de los timbrados, etc., que son abonados
por los compradores. Hay gastos posteriores a la venta, como, por ejemplo, los gastos de inscripción, tasas
y otros derivados del contrato (Esper, 2015).

Ley de defensa del consumidor

Este tema ha sido desarrollado en otra lectura, por lo que podrá recurrir a ella para mayor información.

Convención de Viena de 1980 sobre compraventa internacional de


mercaderías

La Convención sobre Compraventa Internacional de Mercaderías es un tratado multilateral que tiene como
objetivo la unificación de los criterios sustanciales aplicables a la compraventa internacional de
mercaderías. En el Preámbulo de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Contratos de Compraventa
Internacional de Mercaderías (1980) se establece:

Considerando que el desarrollo del comercio internacional sobre la base de la igualdad y del beneficio
mutuo constituye un importante elemento para el fomento de las relaciones amistosas entre los Estados.

Estimando que la adopción de normas uniformes aplicables a los contratos de compraventa internacional
de mercaderías en las que se tengan en cuenta los diferentes sistemas sociales, económicos y jurídicos
contribuiría a la supresión de los obstáculos jurídicos con que tropieza el comercio internacional y
promovería el desarrollo del comercio internacional. (Secretaría de la CNUDMI; 1980, p.1)

Allí se contemplan, entre otras cosas, las obligaciones del vendedor y del comprador, las sanciones en caso
de incumplimiento, las exenciones de responsabilidad.

Nuestro país ratificó la Convención de Viena mediante Ley N˚ 22.765. De conformidad con el art. 1, la
Convención se aplica a: los contratos de compraventa de mercaderías entre partes que tengan sus
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establecimientos en Estados diferentes, en la medida en que esos Estados sean Estados Contratantes; o
cuando las normas de derecho internacional privado prevean la aplicación de la ley de un Estado
Contratante.

Siguiendo lo establecido por el mencionado artículo, la internacionalidad del contrato de compraventa y,


en consecuencia, la aplicación de la mencionada Convención, se definen por la ubicaciónde los
establecimientos de los contratantes. No tienen relevancia en el carácter internacional de la compraventa
la nacionalidad de los contratantes, el lugar de celebración y/o de ejecución, el de ubicación de las
mercaderías objeto del contrato, etc. (Hannold, 1987).

Permuta

El contrato de permuta está tratado en el Capítulo 2 del Título IV (“Contratos en particular”) del Libro
Tercero (“Derechos Personales”) del Código Civil y Comercial de la Nación. Lo hace en sólo cuatro artículos
que van del 1.172 al 1.175.

Definición y elementos esenciales

La permuta se define como el contrato en virtud del cual las partes se obligan recíprocamente a transferirse
el dominio de cosas que no son dinero (art.
1.172).

El art. 1.126 del Código prevé la distinción entre compraventa y permuta en los casos en que el precio
pactado en el contrato consista en parte en dinero y en parte en otra cosa. En esos casos, si el valor de la
cosa es mayor al del precio, entonces se considera que estamos ante un contrato de permuta y no ante una
compraventa (art. 1.126).

Sin embargo, en todo aquello no previsto para la permuta se aplican supletoriamente las reglas del contrato
de compraventa.

Efectos

Gastos: a diferencia de la compraventa, en la que los gastos de entrega en principio están a cargo del
vendedor (art. 1.138), en la permuta (excepto

disposición en contrario) son soportados en partes iguales por los contratantes.

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Evicción: quien entrega una cosa en virtud de una permuta es responsable por la garantía de evicción. Si
quien recibe la cosa es vencido en su propiedad, entonces puede requerirle a la otra parte que le restituya
la que le dio a cambio con motivo del contrato o su valor, más los daños y perjuicios generados. Se aplican
también las reglas previstas para la responsabilidad por saneamiento ya estudiada en la parte general de
los Contratos.

Suministro
El Capítulo 3 del Título IV, del Libro Tercero del Código Civil y Comercial de la Nación regula el contrato de
suministro, a través de los artículos 1.176 a 1.186.

Este contrato nació como consecuencia de la masificación de la producción, que genera a las empresas e
industrias la necesidad de una provisión constante, permanente y estable de los bienes necesarios para su
funcionamiento.

Su regulación, en nuestra legislación, deriva de una necesidad que impuso la realidad. Hasta la Ley N˚
26.994 que sancionó el Código Civil y Comercial de la Nación, no existía regulación concreta de este contrato
de suministro en nuestro derecho. Sin embargo, antes de su regulación, se le aplicaban las reglas tanto del
Código de comercio (hoy derogado) como las de compraventa reguladas en nuestro anterior Código Civil.

Definición y elementos esenciales

El suministro es el contrato en el que el suministrante se obliga a entregar bienes, incluso servicios sin
relación de dependencia, en forma periódica o continuada, y el suministrado a pagar un precio por cada
entrega o grupo de ellas.

En este contrato están involucradas dos partes: suministrante (en tanto obligado a la entrega de bienes y/o
servicios) y suministrado (que es quien recibe esos bienes y/o servicios, y paga un precio por ellos).

Una de las características de este contrato es que se prolonga en el tiempo, porque el suministro tiene
vocación de continuidad, en tanto alude a una entrega (según la propia definición) en forma periódica o
continuada.

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Se establece un plazo máximo de veinte años para la duración del contrato, si se trata de frutos o productos
del suelo o del subsuelo, con proceso de elaboración o sin él; y de diez años en los demás casos. El plazo
máximo se computa a partir de la primera entrega ordinaria.

Este tipo de contratos tiene por característica constituir vínculos de duración, con cierta continuidad,
permanencia en el tiempo y periodicidad. Esto es elemental para entender el contrato, ya que para el
suministrado resultaría

antieconómico contratar individualmente las prestaciones cada vez que las requiere, de manera tal que el
suministro soluciona este aspecto, brinda continuidad y seguridad.

Así, en referencia a la regulación establecida en el Proyecto de reforma, luego sancionada por Ley N˚
26.994, se establece:

Consideramos la conveniencia de que se establezca con carácter general qué son contratos con plazo
«incierto indeterminado». Esto no significa que sean eternos, indisolubles. El plazo incierto es aquel que no
tiene un día, mes y año fijados al tiempo de constituirse la obligación; en algún momento concluirá la
relación contractual, pero no se sabe cuándo. (…) Asimismo, es indeterminado por cuanto al constituirse el
vínculo obligacional no se ha precisado cuál será el hecho que se tendrá como referencia para la finalización
del plazo. (Llobera, 2013).

En algunos casos, estos contratos se celebran por tiempo indeterminado, ya que las partes no previeron
expresamente un plazo de vigencia de la relación contractual. En estas circunstancias, la facultad rescisoria
constituye un elemento natural del acuerdo (CSJN Automóviles Saavedra S.A. c/ Fiat Argentina S.A, 1988,
Fallos: 239-397). Es que, de conformidad con el fallo citado, que ha constituido un leading case en la
materia, la lógica indica que si las partes no establecieron un plazo de duración es porque entendieron que
podían concluir el contrato en cualquier momento, sin estar ligadas jurídicamente de manera perpetua.
Ahora bien, esa facultad rescisoria reconoce como limitación la necesidad de darle a la otra parte un
preaviso razonable a los efectos de que pueda reacomodar su actividad comercial y compensar las
expectativas creadas por la continuidad de la relación (CNApel COM Contreras Pablo Rubén c/ Pepsico
Snack Argentina S.A. s/ ordinario,
2005, MJ-JU-M-3364-AR, MJJ3364). Aquí, entonces, entra en juego la regulación dada por el Código Civil y
Comercial en materia de preaviso y de las consecuencias vinculadas con la omisión de preaviso en los
contratos de tiempo indeterminado.

Por esa razón, el art. 1.183 dispone que, en los contratos de suministro sin plazo determinado, cualquiera
de las partes pueda resolverlo, pero debe dar aviso previo de acuerdo con lo que hayan pactado al respecto.
Ahora bien, si nada han establecido, entonces deben preavisar en un término razonable, que nunca puede
ser inferior a sesenta días (Art. 1.183).

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Finalidad

El suministro tiene una finalidad económica clara: la satisfacción de las necesidades de la parte que debe
recibir los bienes o servicios (suministrado), para utilizarlos en su actividad productiva y/o económica, de
manera segura, rápida, con periodicidad y continuidad.

Es que este contrato tiene mucha trascendencia para el suministrado pero también para el suministrante,
ya que a través del mismo se asegura el aprovisionamiento seguro, estable y permanente o la colocación
de su producción, y quedan cubiertos ante la falta de elementos o de proveedores.

Por eso es que la periodicidad y la continuidad constituyen elementos que son propios del contrato de
suministro: la periodicidad, por la reiteración de prestaciones en plazos regulares y repetidos en el tiempo,
pero con individualidad propia; y la continuidad en virtud de la no interrupción del suministro durante la
vigencia del contrato y mensurada por su cantidad o por el mismo tiempo en que se extiende su
cumplimiento (Etcheverry, 1991).

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