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Marcelino Hernández Beatriz

¿Nos lo llevamos compadre?


¿Tijuikaj kompa?

Ediciones xochikuikatl
Marcelino Hernández Beatriz

¿Nos lo llevamos compadre?


¿Tijuikaj kompa?

Ediciones xochikuikatl
Primera edición: 2015
D. R. © 2015. Marcelino Hernández Beatriz
Edición y portada del autor
Bordado de la cultura teenek.

Impreso y hecho en México


A mi familia
A mis ancestros
A mi pueblo natal:
Cruzhica, Xochiatipan, Hgo.
Índice

Cuando nos dieron el ganado 7


Keman techmakakej totlapiyaluaj 18
El aliento del diablo 28
I’ijiyo Tlakatekolotl 36
El bebé viene atravesado 44
Ixtlapaltik uala konetsa 54
¿Nos lo llevamos compadre? 65
¿Tijuikaj kompa? 74
¡No te muevas que pueden vernos! 83
¡Amo ximolini pampa techitasej! 103
¡No me dejen aquí! 125
¡Amo xinechkajteuakaj! 137
¡No, no! ¡Váyanse! 149
¡Amo, amo! ¡Xiakaj! 152
Cuando nos dieron el ganado

Aquella tarde del mes de agosto llegamos sudados, mal olientes y


muy cansados. Tres días estuvimos esperando cuarenta cabezas de
ganado bovino para engorda y pie de cría que nos dieron a través de
un crédito bancario. Trajimos el ganado junto con una gran tragedia.
Era un día jueves, el Juez Auxiliar: Leonardo, nos llevó a la
localidad de Benito Juárez del estado de Veracruz, según le habían
informado que ese día, a las dos de la tarde, llegarían unos ganados.
Así que nosotros, desde las diez de la mañana, los cuarenta ejidatarios
ya estábamos en el lugar indicado. A las cinco de la tarde, aburridos
por la espera, nos avisaron que el ganado iba a llegar en la comunidad
de Sasaltitla, Chicontepec, Ver., mientras nos preparábamos para salir
hacia allá, el comisariado ejidal nombró una comisión para venir por
el lonche.
Aquí, las mujeres estaban al pendiente de cualquier noticia de
nosotros, así que no fue difícil para que la comisión llegara, pidiera la
comida y se regresara a Sasaltitla, muy temprano del día siguiente.
A las ocho de la noche llegamos a Sasaltitla; algunos llegamos
caminando; otros, quienes llevaban algo de dinero, se trasladaron en
alguna camioneta pasajera, más apropiada para acarrear animales que
para personas. Con previo permiso de las autoridades del lugar, nos
acomodamos en la galera pública. La mayoría nos quedamos ahí a
dormir; otros, ocuparon los corredores de algunas casas particulares.

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Nos tendimos sobre unos cartones o plásticos que conseguimos en
las tiendas o con los vecinos. La noche fue larga y muy incómoda.

Al día siguiente, viernes, a las ocho de la mañana, llegó la comisión


con el lonche. Tomamos lo que las esposas habían enviado y
compartimos entre todos. Lo que nos sobró lo guardamos en los
morrales para comer más tarde ya que el lonche llegaría, otra vez,
hasta el día siguiente.
Eran las dos de la tarde, yo estaba sentado en el patio de una tienda,
protegiéndome de ese calor infernal que solo se acostumbra por estas
tierras. Algunos se habían ido al río a refrescarse un poco; otros, quién
sabe por dónde andaban. El sol estaba descendiendo en el ocaso
cuando vi salir a Galito de una callejuela corriendo, muy borracho, sin
su morral y sin su machete. Andaba por el pueblo insultando a todos
los que se le acercaban o simplemente porque se le quedaban mirando;
tomaba piedras y las arrojaba por todos lados sin que le importara
pegarle a alguien. Abel, Leonardo y Benito, quisieron calmarlo; no lo
lograron, decidieron dejarlo en paz y cuidarlo a lo lejos. ―Este hombre
nos va a meter en algún lío y ojalá no lo metan a la cárcel‖ –decían–.
Llegó la noche y lo perdimos.
Nuestra espera fue en vano, el día pasó, el ganado no llegó.
A las diez de la noche, comenzamos a buscar algún rincón para
dormir, la mayoría nos quedamos nuevamente en la galera. Era
imposible poder conciliar el sueño, los zancudos rondaban por el aire,
zumbando y, al menor descuido, se lanzaban al ataque, se pegaban en

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la cara, en los pies, en las orejas, en la nariz; en cualquier lado donde
podían, solo se escuchaban las cachetadas queriendo matarlos o al
menos espantarlos. Taparse, aunque fuese con algún trapo, no era una
solución porque uno se asfixiaba con tanto calor. Del cuello escurría el
sudor. Hubiésemos querido dormir a puro cueros pero esos animales
se hubiesen dado el agasajo de su vida.
Amaneció, era sábado.
Fuimos al río que está cerca del pueblo para lavarnos la cara o para
bañarnos. Algunos buscaban comprar café en el pueblo. Yo, desde
lejos, solo miraba, no tenía ni un solo peso en la bolsa.
A las once de la mañana, Galito nadie lo había visto. Yo pregunté
por ahí, por allá y nadie me dio razón de él. Solo me decían: ―No lo
hemos visto‖. El Agente municipal, (Delegado municipal) de la
localidad dijo: ―no lo he visto; pero probablemente se regresó a su
pueblo. Ya aparecerá‖ –mostrando indiferencia y poco interés–. Los
demás compañeros tampoco tuvieron éxito.
Llegó la comisión con el lonche, comimos todos muy rápido y
preocupados por el compañero que no aparecía. El ganado era lo de
menos. La mujer de Galito también envió lonche que, al no
encontrarse, el delegado lo guardó.
A las doce del día, finalmente, llegaron tres camiones con el
ganado. Después de buscar un lugar propicio comenzamos con el
descenso de los animales. Amarramos un toro, una vaca y un becerro
para que sirvieran de guía. Terminamos de descargar esos animales
del demonio. ¡Vaya que eran bravos! Ya estábamos listos para

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emprender el regreso a casa cuando unos muchachos llegaron
gritando:
— ¡Está un señor flotando en la poza de allá del río! ¡No lo
conocemos! ¡No es de aquí!

Con esa noticia solo nos quedamos mudos. Nos mirábamos unos a
otros sin saber qué hacer. Por fin, Abel rompió el silencio y dijo:
— ¡No puede ser! Seguro que es Galito el que está ahogado o, tal
vez, lo ahogaron.
— Yo voy a verlo, que me acompañen Dionisio y Abel. –Dijo
Leonilo– con una cara de angustia y desesperación.
Yo no quise ir. Pero dicen, que cuando llegaron al río, acompañados
por los niños, inmediatamente lo reconocieron. El cuerpo flotaba boca
abajo, dando vueltas lentamente con la ropa inflada. Leonilo, Abel y
Dionisio se lanzaron al agua para sacarlo. No querían ni tocarlo. El
cuerpo estaba muy inflado por tanta agua que había tragado. Parecía
no resistir ni un solo jalón. Lo jalaron hacia la orilla con mucho
cuidado y cubriéndose la nariz para amortiguar un poco el olor fétido
e insoportable que desprendía. En la orilla, unos vecinos del lugar
ayudaron ha acomodarlo.
Abel, regresó con nosotros solo para confirmarnos que se trataba de
Galito. Dionisio y Leonilo se quedaron a vigilar el cuerpo; el resto nos
vinimos con el ganado y con esa gran tragedia. Llegamos aquí,
metimos al ganado en el potrero y nos regresamos nuevamente a
Sasaltitla por el cuerpo.

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Ese día que trajimos el ganado, el sol brillaba a todo lo que da, el
día se veía como amarillento, pareciera que en cualquier momento
iban a arder los montes. El polvo era tan grueso que después de pisar
dejábamos plasmadas nuestras huellas del pie por todos lados. Los
animales, que los trajimos por la brecha, enloquecieron y se lanzaron
hacia el monte sin que nadie pudiera controlarlos, se dispersaron,
bramando, bramando y bufando, como si alguien los espantara;
siguiéndose unos a otros. Nosotros les gritábamos: ¡Epa! ¡Epa!,
¡Epa!... pero nunca salieron al camino. Así que, no nos quedó más
alternativa que ir tras de ellos y sacarlos hacia el camino.
Yo corrí siguiendo a unas vacas, abriéndome paso con mi machete
y gritándoles; pero estos animales del demonio, en lugar de detenerse
más corrían. Veía cómo se levantaba un humo de polvo, eran los
pelillos de la pica pica, que parecen vainas de frijol, grandes y
velludas. Minutos después, ya no aguantaba la picazón de todo mi
cuerpo, comencé a rascarme de la cabeza a los pies. Con el calor y el
sudor, eran dos condiciones perfectas para no aguantar la picazón y las
ganas de rascarme hasta despellejarme. Después de tanto corretearlas,
al fin salieron nuevamente al camino y se reunieron con los demás.
Martín, Pedro y Benito jalaban los tres animales guía que bramaban
y bramaban llamando a los demás quienes caminaban detrás sacando
la lengua, moviendo la cabeza y con espuma en sus hocicos. Volteaba
a ver a mis compañeros que caminaban sedientos y hambrientos,
oliendo a un sudor casi insoportable, arrastrando los pasos, avanzaban
lentamente tras del ganado.

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Seis horas después de que salimos de Sasaltitla, llegamos al pueblo.
Estaba oscureciendo. Yo solo vi cuando los animales estaban entrando
al potrero. Me retiré a la casa para descansar un rato. Lo primero que
hice fue bañarme y luego comer algo. No soportaba mi olor, la
picazón y el cansancio. Mis pies estaban desechos. Mis huaraches me
sacaron unas ampollas y se reventaron dejando la piel viva envuelta de
polvo. Un pensamiento me invadió en ese momento: ―Ojalá valga la
pena este cansancio: que engorden esos animales, nos den muchas
crías y algo de dinero para cuando se vendan; sobre todo, por la
pérdida del compañero‖. Estaba tan cansado, que lo único que deseaba
era echarme a dormir y no despertar hasta el día siguiente, pero la
noticia de la muerte de Galito ya se había ido más allá. Ya todo el
pueblo estaba enterado de lo sucedido. No sé cómo se enteraron; pero
cuando nosotros llegamos solo esperaban la confirmación. Hasta los
pueblos cercanos ya lo sabían. Aquí nada se puede ocultar. Todo se
sabe. Va de boca en boca, de pueblo en pueblo. Así que, me preparaba
para el regreso.
La hija, María, enfermera de este lugar, la esposa y la cuñada de
Galito, no podían creer de lo sucedido, no aceptaban tal realidad.
Fueron a ver al delegado municipal, el señor Leonardo. Éste les dijo:
―No se preocupen, ya he tomado una decisión: regresaremos todos
para ir por el cuerpo de nuestro compañero. No lo podemos dejar allá.
¡Qué gran desgracia nos ha tocado!‖ Así que la esposa y la hija María
se retiraron a sus hogares para prepararse del largo viaje. La cuñada
decidió quedarse y organizar los preparativos para el recibimiento.

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Había obscurecido por completo, los perros ladraban por todos
lados, algunos aullaban lastimeros mientras los candiles iluminaban
tenuemente los jacales. Aún con los ladridos de los perros se sentía un
silencio abrazador y ningún ruido era capaz de romperlo.
A las diez de la noche, el delegado tocó la campana de la iglesia. Y
todos los hombres nos reunimos en el patio de la escuela primaria,
listos para el viaje de regreso. Estábamos todos cansados, con ganas
de quedarnos a dormir; sin embargo, nadie faltó a esa reunión. En ese
tiempo, nuestras autoridades, tenían mucho poder que nosotros
mismos les dábamos al momento de elegirlos.

Con una voz entrecortada, el Delegado (Juez) nos dirigió un mensaje:


―Nos ha tocado una desgracia que nunca lo hubiéramos
querido. Nuestro compañero siempre nos demostró ser un
luchador en beneficio de la comunidad. Un hombre que nunca
mostró miedo ante ninguna autoridad de gobierno, aun sin
saber leer ni escribir. Siempre luchó por la justicia. Cuántas
veces los enemigos quisieron arrebatarle la vida sin lograrlo.
Luchó por la devolución de nuestras tierras invadidas que aún
está sin resolverse; pero seguimos adelante. El ganado, que hoy
trajimos, corresponde parte de su gestión. Así que, aún
cansados, no dejaremos a nuestro compañero en ese lugar. Él es
originario de este pueblo y será aquí donde descanse para
siempre… El ataúd, como lo ha dicho su hija María, lo

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conseguiremos allá en Sasaltitla. Así que. ¡Vámonos! ¡En
marcha!
El juez, con lámpara en mano, toma la delantera; los demás lo
seguimos.
Algunos iban con una vela dentro de un bote de metal para
alumbrarse un poco. Los perros nuevamente ladraban lastimeros
mientras avanzaba la caravana. Las señoras y los niños solo se
asomaban desde sus casas para ver la fila de hombres que emprendía
el camino de regreso a la comunidad de Sasaltitla.
Nosotros, siempre nos ha gustado bromear, echar relajo y reírnos a
carcajadas; pero en aquella noche caminábamos como sonámbulos,
apenas intercambiábamos algunas palabras. Al final de la fila,
caminaban: la esposa, la hija, la tía y un sobrino de Galito; tampoco
hablaban. Yo iba delante de ellos.
Poco después, nos internamos por la brecha, seguramente
dejábamos nuestras huellas impresas aunque ya no se podían ver pero
sentíamos el cosquilleo del polvo entre los dedos del pie. Habíamos
caminado aproximadamente unos cuarenta y cinco minutos cuando los
perros empezaron a ladrar, nos estábamos acercando a una comunidad.
Entre más cerca estábamos, más labraban. Pasamos sin detenernos.
Durante el trayecto, la familia de Galito se había quedado a la zaga.
Dicen, que repentinamente oyeron los pasos de un caballo que se
acercaba a ellos con mucha rapidez. El caballo no se podía distinguir;
pero al pisar las piedras sacaba chispas por la herradura y rechinaba la
montura; tampoco se alcanzaba a visualizar al jinete. Se acercaba cada

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vez más y más, por lo que decidieron hacerse a un lado del camino
para darle paso al caballo; pero éste, nunca pasó. Al parecer que
suspendió su paso y luego desapareció. Sin hacer mucho caso de lo
sucedido, apresuraron el paso para alcanzar la caravana. Más adelante,
escuchamos caer muchas piedras que rebotaban entre las ramas de los
árboles. Siguieron cayendo. Todos lo oímos. Nos quedamos por un
momento paralizados sin saber qué hacer, sin poder explicarnos de lo
que estaba ocurriendo. No podían ser mangos cayéndose –dijimos–.
En esa parte no había árboles de mango ni tampoco era temporada.
Los mangos, al caer, no hacen un sonido como algo duro; sino blando.
Esto que caía no eran mangos sino piedras. La esposa de Galito, gritó
diciendo: ¡No olvidas lo que hacías en vida, si ya no estás con
nosotros, déjenos en paz y ve con Dios que ya te ha llamado! Todo
quedó en silencio. Algunos nos espantamos. No supimos qué fue lo
que pasó. Lo cierto, es que Galito, en vida, cuando andaba muy
tomado, apedreaba a quien encontraba a su paso. Tal vez fue él.
Continuamos nuestro camino. Después de cinco horas llegamos al
lugar. El olor era insoportable. El cuerpo de Galito tendido estaba a la
orilla del río, rodeado de algunas veladoras, irreconocible, todo el
cuerpo hinchado y le brotaba agua por todas partes. Los familiares se
acercaron un poco. No podían dar crédito a lo que veían. Hace unos
días trabajaba en su milpa, ahora yace su cuerpo inerte. Después
decidieron ir con la autoridad del lugar para solicitarle ayuda en la
búsqueda de un ataúd. Él les ayudó a conseguirlo sin mayor dificultad.

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El cuerpo estaba tan hinchado, que cuando quisieron meterlo al
ataúd, no cabía por ninguna forma; además, casi nadie quería tocarlo
por la pestilencia. Finalmente lograron acomodarlo, lo taparon y
clavaron muy bien el ataúd. Cuatro hombres, con mucho esfuerzo,
lograron cargarlo. Pesaba demasiado. El agua pestilente escurría por
todos lados. Lo bajaron. Escuché decir: ―No lo vamos a poder llevar.
Está muy pesado. No vamos a soportar esta pestilencia que escurre por
todos lados y la vereda, más adelante, está muy angosta que será
imposible cargarlo entre los cuatro. Será mejor que se sepulte aquí‖.
Con mucha tristeza, la esposa e hija, aceptaron y acompañados por
el delegado, Leonardo, fueron a ver nuevamente a la autoridad del
lugar que inmediatamente dio la autorización para el entierro. Ya
amanecía, los gallos empezaron a cantar. Al salir el sol se compraron
velas, veladoras y se consiguieron herramientas para cavar. A las diez
de la mañana, se dio sepultura a Galito. Algunas personas del pueblo
acompañaron. El catequista del lugar se encargó del rezo.
Todos, en silencio, nos regresamos a la comunidad.

Ahí, a la sombra de un gran árbol de xalamate, se quedó don Galito


a reposar para siempre. En aquella ocasión se dijo que al cumplir los
siete años se podía desenterrar los huesos para ser traídos y enterrarlos
aquí, en su pueblo. Lo cierto es que ya han pasado muchos años y él
sigue en aquel lugar.
Cuando llegamos aquí al pueblo, la cuñada y otras señoras,
esperaban el cuerpo. La iglesia, adornada con flores de

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sempoalxochitl, estaba llena de gente del pueblo y de otros lugares
cercanos. El catequista realizó simplemente un rosario en su honor.
Con la ayuda de todo el pueblo se hicieron los tamales que se
comieron al día siguiente. En la noche tocó la banda de viento hasta el
amanecer. Galito era miembro de esta banda. A las seis de la mañana,
lo despidieron tocándole el son del xochipitsaua (flor menuda), el son
de despedida.
Así sucedió: cuando nos dieron nuestro ganado.

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Keman techmakakej totlapiyaluaj

Ipan nopa teotlak tlen ne meestli agosto, tiasikoj titlamomitonitokej,


tipoteuikej ika itonali uan ika tlaxikolis. Eyi tonal tikinchiyatok
ompoalmej tlapiyalmej techmakakej: okichmej tlen tikintomauasej
uan uakaxmej ki’intemasej inkoneuaj, ijkino timotlauikachikej ipan ne
tominkali (banco). Tikinualikakej totlapiyaluaj ika iuaya se ueyi
kuesoli.
Ipan nopa jueves tonati, ne Leonardo, juez tlen ni chinanko
techtitlanki matiyakaj ne Benito Juárez altepetetl, tlen ne Veracruz
tlatilanketl, techijlui ipan nopa ome kauitl tlen ika teotlak asikij
tlapiyalmej. Tojuantij titlaneltokakej uan ika majtlaktli kauitl tlen
ijnalo, tiyajkej kampa technauati. Noponi tikinchixkej ma asikij nopa
tlapiyalmej uan axkemak asikoj, uaajka techiluikej ma tiyakaj ne
chinanko Sasaltitla, tlen ne Chicometepetl tlatilanketl, se omej tlen
touampoyouaj ne tokomisariado ki’inualtitlanki ma ualakaj kiuikij
tlaxkali.
Nika, toauimej san techchixtoya matiasikij, yeka axouij
momatiltikej: ika ijnalo mosentilis mopa tlaxkali uan inijuanti
mokuepasej.
San kuali peua tlayoua tiasitoj ne Sasaltitla chinanko; se omej san
tinenentiyakej uan sekinoj yajkej ipan teposkauayo (carro), san
kuauiyontiyakej ken ne tlapiyalmej ki’inaxitito nopa teposkauayo. Ne
tekiuikemej motlanejkej nopa galera kampa timomaseuikej, noponi
tikochkej uan se omej sejkanoj kalmapa motlanekej uan nopaya

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kochkej. Tisoojkej nailo uan tlen nopa tijtilauaj amatl tlen
techmakakej ne tlanamakanij. Nopa youali nelia timachilikej ika ouij
tlaneski.
Nopa tonili, viernes, ijnalo, sanoj peua tlejko tonati, asitoj
touampoyouaj ika tlaxkali, techmakakej uan titlakijkixtikej, nochi
timomajmakakej, nochi timotlamakej. Tlen mokaajki totlaxkal
timokauikej pampa aijkiuikasej ipan nopa tonati, asta ika tonilijkapa.
Ome kauitl tlen ika teotlak, na niyetoya ne kaltempa kampa
tlanamakaj, kampa nimoekauijtok pampa tlauel tlatotoniyaya, nika
nochipa tlatotonia. Sekij, yajtoyaj ne ateno maltitoj; uan se omej
axtimatis kanij monemiltiyayaj. Kema peuayaya temo nopa tonati,
nikitak kisa Galito tlen nopa altepeojtli, motlaloua, kuali iuintitok,
ijkatsa nemi, yon ipatente, yon imorral. Nemi nopa kaltitla, tlemach
teijlia, san katli ueli kineki kipantejtemis, maski axtlajki ki’iluiaj, yon
axkimaluia tla akajya kimakilis. Abel, Leornardo uan Benito
kinekiyayaj kiseuisej, axkeman uelkej, san kikaajkej uan san uajkatsi
kimokuitlauiyayaj. ―ni tlakatsi techtlajtlakauis uan noueli kitsakuasej‖
–moijlia–. Tlayouaj aijtikitakej.
Santlapi tikinchixkej, tonati panok, tlapiyalmej axkemak asikoj.
Majtlaktli kauitl tlen youali, tijtemouaj kanij uelis, maski
tekaltsintla, tikochisej, miyakij tikochkej ipan nopa galera, axtiuelkej
tikochij pampa nopa moyomej sen patlantokej, mososonaj, kema
tijmachiliyaj tlatskiyaj ipan toxayak, ipan tomets, toyakatsotl, san
kampa ueliyayaj tlatskiyayaj, san mokakiyaya kenijkatsa
mokampatlatsiniyayaj, ijkinoj noueli uelis tinkimijtis o san

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tikinmajmatis. Maski kentsi timopikis axtleno eli pampa tijmachilis
ti’ijiyomikis ika nopa tlatotonikayotl. Ipan tokechkuayo temo itonali.
Tijnekiyayaj tikochisej yon tleno tlakemitl, ijkino nopa moyomej
uaajka kena kuali motlamakatoskiaj.
Tlaneski, nama sábado tonati.
Tiyakej ateno, achka nopa chinanko kampa timixamitok, sekinoj
maltitoj. Sekij kiteemotoj se kentsi kafe ipan nopa kaltitla. Na san
uajkatsi nikintlachilia pampa axniuikayaya yon se kentsi tomi.
Nopa achka tlajkotona, Galito axakaj ki’istok. Na kampaueli
nitlatsintoka, axakaj ki’istok. San nechijliyayaj: axtikistokej; noueli
nokuepajki uan yajki icha, nesisok. –Axtemaxtli tlen nopa
nechijliyayaj–. Nopa sekij nouampoyouaj nojkia axkipantikej.
Asitoj touampoyouaj tlen kikuikoj tlaxkali, ijisijkapa uan ika
kuesoli titlakuakej pampa touampo Galito axtijmatiyayaj kanik istok.
Totlapiyaluaj axtechkuesouaj. Galito isiua nojkia kititlanki tlaxkali,
totlanauatijka ya ki’ijkueni.
Tlajkotona asikoj nopa tlapiyalmej ipan eyij teposkuakalkauayo.
Tijtemokej kanij achi tlakualkaj uan tipeejkej tikintemouiyaj. Se
okichkuejkue, se uakax uan se piltsiltsik tikinilpijkej tlen ma
tlayekanakaj. Titlankej tikintemouiyaj nopa tlauelilotlapiyalmej
pampa nelia tlauel mosisiniyayaj. Kema tiualaseya asitoj, tsatsitiyouij,
konemej:
— ¡Se totlayi apouestok ipan se axoxouili tlen ne atemitl!
¡Axtikixmatij! ¡Axnikaneua!

20
Tlen nopa tikajkej san axtimolinikej. Timotlachilia axtimatiyayaj
tlajke tijchiuasej. Abel ya kamati uan ki’ijtok:
— ¡Axmelauaj! Temaxtli yaya Galito tlen misauijtok o noueli san
ki’isauikej.
— Na nikitati, ma nechtokilikaj Dionisio uan ne Abel. –Ki’itok,
Leonilo– ika ueyi kuesoli.
Na axninejki nias. Ki’ijtokej, kema asitoj ateno, inniuaya nopa
konemej, nimantsi ki’ixmatijkej. Itlakayo aixko nemi, ixtlapaltik
momalakachoua ika itlake ijiyotemitok. Leonilo, Abel uan Dionisio
momajkakej kikixtikej. Axkinekiyayaj yon ki’itskisej. Itlakayo
temitok ika nochi nopa atl tlen ki’ijiyotilanki. Sanijki axkixikos tla
kitilanasej. Kitilantiyakej iyolik, ika maluili, ijkino kikixtikej atenteno,
moyakatsajkej ijkino kentsi kitsakuilikej nopa tlaijiyokayotl tlen nelia
axmoxikoyaya. Ipan nopa atenteno, sekinoj, tlen nopa chinankoeuaj
ki’inpaleuikej uan ijkino kikixtikej uan kiteejkej.
Abel, techmatiltito kampa tikinchixtoyaj ika nopa tlapiyalmej, san
techijlito: yaya Galito tlen nopa misauijtok. Dionisio uan Leonilo
mokaajkej nochi nopa sekij tiualakej ika nopa ueyi kuesoli. Tiasikoj,
tikinkalakikej nochi tlapiyalmej ipan ne tlatsajtli sakamili uan sempa
tiyakej Sasaltitla, tikuitoj itlakayo.
Nopa tonati, keman tikinualikakej nopa tlapiyalmej, nelia chikauaj
tlatotoniyaya, nopa tonal nesiyaya kostik, sanijki nesi san axouij nochi
tlalemenis. Tilauak tlalpetojtli motlalijtoya nochi ipan ojtli keman ipan
timoketsayaya nesi toixipatix nochi kampa tinemiyayaj. Uan nopa
tlapiyalmej, ipan ueyojtli tikinualikakej, nochi kuejkuexikej pampa

21
samiyakatsa momajkajkej kuatitla yon axuelki tikintsakuiliaj, san
kampa ueli yajkej, tsatsij, monojnotsaj, sanke akajya ki’intotoka,
nochi motokiliaj. Aijtimatij tlajke tijchiuasej tikintsatsiliaj: ¡Epa!
¡Epa! ¡Epa!... Axkeman kiskej ipan ojtli. Uaajka intepotsko tiyajkej,
pampa tijnejkej ma kisakaj ojtli.
Na nikintotokatiyajki se ome uakaxmej, ika nopatente nitlatsontejti
kampa niyajtiya, nikintsajtsilia nopa tlakatekolouakaxmej, iniuatij ya
achiyo motlalouaj. Nijtlachilia kenijkatsa, sanijki pojtli motlalana, ya
nopa piika i’iuiyo tlen motlalana, ueueueyaj tlauiyontok uan
neliuiyok. Se tlaloxtli aijnixikoyaya notlakayo pampa niajuamiki,
pejki nochi notlakayo niuauana. Ika nopa tlatotonikayotl uan itonali
yaya nopa kikualmati ne piika pampa achiyo tiajuamikis, tijnekiskia
tijxipeuas motlakayo. Nitlamotlayikok nikintotokatinemi nopa
tlapiyalmej, ika ouij kiskej uan mosentilikej.
Martín, Pedro uan ne Benito, ki’intilantiualouij nopa eyi tlapiyalmej
tlen tsajtsij, tsajtsij ki’innostiyouij nopa sekinoj tlen nojkia
ki’intokiliaj ika inenepil, kiuiyonitiyouij intsonteko uan temo
tenkualaktli. Na kemantika nimoikankuapa nikintlachilia
nouampoyouaj tlen iyolik nejnemij, amikij uan mayanaj, san
itonalpoteuikej, san nesi moixiuataniaj, iyolik nemij intepotsko nopa
tlapiyalmej.
Chikuasej kauitl panok kema tiasikoj nika, ya tlayoua. Na san
nikinitaj kema tlapiyalmej kalakej ipan ne sakamili tlatsajtli. Niyajki
nocha kampa kentsi nimotlaxikolkaui. Axtoua nimaltito teipa nijkuajki
se ome tlaxkali. Aijnikijiyouiyaya noitonayotl, tlen niauamiki uan

22
notlaxikolis. Noixi tsajtsayajtik pampa ijkatsa ninejnenki, notekatl
axnixikok, nechixikokoj, yeka nimokixtili. Se tlamantli niyolouik:
nama asikojya ni tlapiyalmej maski ika tlaxikolistli, ma techmakakaj
miaj inkoneuaj, mamoxinachokaj, uan keman monakasej se achi tomi
tikasisej, pampa nelia tlauel ika kuesoli tikinselikej: tikixpolokej se
touampo. Tlauel tlaxikolistli nechpechijtoya san nijnekiya nimoteekas,
nikochis uan nitlachiyas asta ma tlanesis. Tlen nopa touampo misaui
nika nochi kimajtoyajya nojkia ne chinanko tlen axkatsitsij. Axtijmatis
kenijkatsa kimatij, kema touatij tiasikoj san kichixtoya ma
tikinmatiltikaa tla nelia ijkino. Nika axuelis motlatis se tlamantli,
pampa nochi momati. Moiluijtiyouij ijkino nochi momatiltiyaj. Yeka,
axuelki nikochi uan san nijchixtoya kema ki’ijtosej matimokuepakaj.
I’ichpoka, María, tlen tepaktia nika ni chinanko, isiua uan iuejpol
nopa Galito, axkineltokayaj tla nelia misauijtok. Yajkej ki’itatoj ne
totlanauatijka Leonardo, ya ki’inilui: amo ximokuesokaj na nijmatojka
tlajke nijchiuas: nochi sampa tiyasej tijkuitij touampo pampa axuelis
tijkauasej nepa. ¡Nelia ueyi kuesoli tlen techpantitok! Uaajka isiua uan
i’ichpoka nopa Galito yajkej incha uan motlasenkauilikej pampa
nojkia yajkej. Teuejpol ya mokaajki uan ki’ijlikej nika matlasenkauas
kema asiki Galito itlakayo.
Kuali tlayouajka, chichimej kampaueli tla’ajuaj, sekij
kuakoyochokaj, sanke ueyi kuesoli kimachiliaj, kantil nochi
tlatlikuitok kalijtik. Maski tla’ajuaj nopa chichimej sanijki nopa
tlatsitsika axtlajki ueli kikotona, tlauel axtlajki mokaki.

23
Asik majtlaktli kauitl tlen tlayoua, ne Leonardo kitsilinik ne
tepostlanoxtli tlen ne teopamitl. Nochi tlen titlakamej timosentilikej ne
kalmapa kaltlamaxtiloya, nochi timotemakatokej sempa tiyasej.
Maski nochi titlaxikotokej, tijnekiskiaj tikochisej, axakaj, axakaj
mokaajki. Uaajka, se tlanauatijketl nochi tijneltokayayaj pampa yeka
tikintlaliyayaj, nopa ma techyekanakaj.
Ika kuesoltlajtoli ne totlanauatijka techkamouij, ki’ijtok:
Techpantitok se ueyi kuesoli tlen axkemaj timoyolouikej
techpantis, touampo ya nochipa techmonextili kenijkatsa
ki’ijneliyaya tochinanko pampa tekitij ika tojuantij, kichijki ma
moueyichiua. Se tlakatl tlen axkemaj axtlajki kimakaski maski
axueliyaya kamati yon tlajkuilos ika kaxtilantlajtoli ya ne
uejueyij tlanauatiyanij ki’inkamouiyaya. Nochipa tlen xitlauaj
tlamantli uan tlajtoli kitokili. Sekij kinejkej kimijtisej, axuelkej.
Nochipa kinemili ika ne tlali tlen techkuilitokej ma
techkuapilikaj, tlen nama ne tlapiyalmej tlen tikinualikakej
yaya nojkia motlatlanik. Yeka, maski titlaxikojtokej axuelis
tijkauasej nepa. Nika eua, uan nika motlaltookas. Nopa
kuakaxa nepa ne Sasaltitla noteemos, nojkia ijkino ki’itoua
i’ichpoka. Uaajka, ma tiyakaj.
Nopa juez, ika se itlauil tlayekanki, tojuantij itepotsko tiyakej.
Sekij motlauilijtiyouij ika kantela tlen ipan teposijtik kiuikaj, ijkino
se kentsi motlauilia. Chichimej sampa peejkej tla’ajuaj,
kuakoyochokaj, tojuantij tiyouij. Toauimej uan konemej san ixtakatsi

24
techtlachiliaj, kalnaualitaj, kenijkatsa timotejpanaj tlakamej tiyouij
sempa ika ne chinanko Sasaltitla.
Tojuantij nochipa tipakij kampa tinemij, san tiyolajkoj uan
timouetskiliaj; uaajka nopa youali san tinejnemij, sanijki
tikochmejtokej, kemantsi akajya onkamati, uan seyok tlanankilia
iyolik. Asta tlatepotsko youiyayaj ne isiua nopa Galito, i’ichpoka uan
imachkone; nojkia axmokamouiyaj. Na achka nitlayekana.
Teipa tijkonankej se ojtli tlen achi patlauak, temaxtli nesiyaya
kampa timoketstiyouij pampa timachiliyayaj techixikekeloua nopa
tlaltepojtli. Axka se kauitl tinejnentokeya keman chichimej peejkej
tla’ajuaj, achka tiasitiyouij ipan se chinanko. Achikentsi
timonechkauiyaj achiyo tla’ajuaj. Tipanokej
Ijkino tiyouij, iyolik, nopa iteixmatijkauaj nopa Galito achi uajka
tikinkatejkej. Ki’ijtouaj, san tlaloxtli kikakej se kauayo
ki’inmonechkauiya ijisijkapa. Nopa kauayo axkemaj uelkej ki’itaj; san
nesiyaya kenijkatsa kauani nopa tetl kampa moketsa ika imatepos uan
kuechoni nopa isiya; maski nopa tlen tlatlejkotok yon ya axki’itaj.
Achiyo ki’innechkauia yeka moketskej ipan ojteno uan kichixkej ma
pano nopa kauayo, nopa kauayo axkemak panok, san polijki. Sanijki
san moketski uan polijki. San kikauilikej ma pano nopa tlamantli uan
achi moisiuiltikej uan ki’inasitoj nopa sekinoj. Teipa mokajki tepeui
miaj tetl tlen ipan kuamaitl motilouaj. Sempa sekinoj tepeuij. Nochi
tikajkej. Nochi san timoketskej, titlakatokej, axtimatij tlajkej
tijchiuasej uan yon axtijmatij tlajke nopa tlen tijkakij. Axneli mango
tlen nopa tepeui –timoijliaj–. Nika axkanaj onka mango yon axipoual.

25
Uan nopa mango kema tepeui mokaki san yamani motilouaj ipan ne
kuauitl uan tlen tijkakij ya tsilintik tepeui. Nopa isiua ne Galito, pejki
kitsajtsilia iueue: ¡Nelia axtikilkaua tlen tijchiuayaya keman naja
ti’istoya, tla tiyajkia kampa Toteko mitsnostok uaajka san xitechkaua
uan iuaya xiaj Toteko, pampa ya mitsnotskia! Ijkino, aijtlajki molini.
Sekij timomajmatikej. Axtimatikej tlajke panok. Tlen kena nopa
Galito, kema nemiyaya, uan moiuintiyaya, san katli ueli
kimajkauiliyaya tetl. Yeka timoijlikej yaya techkuamotlaj.
San panok, makuili kauitl tinenenkej tiasitok ne chinanko. Tla
mijiyotia tlapoteui. Itlakayo ne Galito kitejtokej atentenok kampa
kiyaualotok veladora aijnesi tla Galito, pampa nochi temitok itlakayo
uan kampaueli itlakayotipa kisayaya atl. Iteixmatijkauaj kentsi
monechkauikej. Axkineltokayaya tlen kitlachiliyayaj, uipijtlaya ne
imila tekiti nama nika uilantok. Teipa yajkej kitemotoj tlanauatijketl
tlen nopa chinanko uan yaya ki’inpaleui kiasikej se kuakaxa.
Galito itlakayo tlauel tejtentok, kema kinejkej kikalakisej ipan
kuakaxa axueliyaya maski kitemouiliaj kenijkatsa uelis; uan ayakaj
kinekiyaya ki’itskis pampa tlauel mijiyotiyaya. Ika ouij uelki
kikalakiaj, kuali kitsajkej ika teposuistli. Nauij tlakamej ika ouij uelkej
kitlalanaj pampa tlauel etixtok. Nopa poteui atl pejki kisa uan teipa
kitemouikej, na nijkajki moiluiaj: axuelis tiuikasej pampa tlauel etik
uan axtixikosej, ni tlapotejkayotl kampaueli kisa uan ni ojtli achi neka
tlauel achikotsi eli uan axuelis tinauij timamasej. Achi kuali nika ma
motooka.

26
Ika miaj kuesoli, isiua uan i’ichpoka, tlanakilikej kena ma motooka
nepa. Uaajka iuaya ne tlanauatijketl Leonardo sempa yajkej ki’itatoj
nopa tlanauatijketl tlen kitlajtlanilitok ma ki’inkauili ma motlaltooka
nopa touampo ipan inkamposanto. Tlanesiya, peejkej kuikaj
kuapelechmej. Keman kiski tonati mokojki kantela uan sekinoj
tlatlatili, nojkia timotlanekej tlen ika titlaxakej. Keman asi majtlaktli
kauitl tlen ijnalo, titlankej tijtlalpachouaj touampo. Se omej tlen nopa
chinakoeuaj nojkia techitatoj. Tlen nepa katekista yaya ki’ijtok se
kentse teotlajtoli.
Ijkinok tlanki nochi, san axtimoliniaj timokuapakej.
Noponi, itsajla ipan nopa xalamatl, mokaajki touampo Galito,
kampa nochipa san istosa, momaseuijtos. Uaajka timoijlikej keman
kiaxitis chikome xiuitl uelis mokixtis maski san omitl uan nika
motlaltokas, ni ichinanko. Panojka miaj xiuitl uan axmoualika, nepa
mokaajki.
Kema nika tiasikoj, iuepol uan sekinoj toauimej kichixtoyaa ma
asiki itlakayo. Ne teopa ya kuali tlasenkatoyaj ika sempoalxochitl,
temitoya ika maseualmej tlen nika euaj uan tlen sejkanoj. Katekista
ki’ijtok se kentsi teotlajtoli.
Nochi tlen nikaneuaj tlapaleuikej uan mochijki tamali tlen tikuakej
ika tonili. Ika nopa youali tlapitskej tlapitsanij uan ijkino tlanexilikej.
Galito nojkia yaya tlapitsayaya. Ipan chikuasej kauitl tlen ijnalo,
kimakajkej ika se tlapitsali tlen itooka xochipitsauak, yaya nopa
tlapitsali tlen ika temaakauaj. Ijkinok panok: keman techmakakej
totlapiyaluaj.

27
El aliento del diablo

Muy temprano, antes del amanecer, salí de mi jacal con rumbo a mi


milpa para ir a sembrar un poco de frijol, mi perro me acompañaba, a
quien le nombraba kimichi (ratón), por pequeño, delgado y cola larga,
que caminaba a mi lado husmeando por toda la orilla del camino,
parecía inquieto; algo preocupado. Miraba por todos lados, parando
bien las orejas pero sin ladrar.
Yo no tenía nada de dinero, igual que ahora, nunca tuve lo
suficiente para sembrar grandes extensiones de maíz, frijol o chile;
siempre lo mismo, solo sembraba para comer y vender algo. Todos
mis sueños, cada vez, se esfumaban con mayor rapidez. Estaba ya
muy cansado de tanto trabajar y no poseer nada. Yo soñaba con tener
mucho dinero, gastarlo con mi familia y hacer milpas grandes;
cosechar y vender mucho. Vivir solo para mandar. Esto sí que sería la
pura vida. –Pensaba– mientras iba hacia mi milpa.
Llegué a la milpa y me puse a trabajar, a sembrar mi frijol. Con mi
morral terciado y mi sombrero, iba y venía en los surcos: con una coa
hacía los hoyos y luego echaba tres semillas de frijol en cada agujero,
los tapaba arrimándoles tierra con el pie. El viento soplaba de manera
constante de este a oeste. El sol estaba ascendiendo en el horizonte, no
había ni rastro de nubes. Ya hacía varios meses que no llovía. Las
matas de maíz se estaban secando y el frijol ni siquiera se podía
predecir que germinaran. Si no llueve, será difícil que esto suceda –
pensaba. La tierra estaba seca. Yo apenas podía sostenerme para

28
sembrar porque mi terreno estaba en declive y cuando pisaba me
deslizaba con la tierra suelta. Pero tenía la esperanza de que en unos
días llegara la lluvia.
A medio día, mi mujer me llevó de comer unas gorditas con solo sal
y con una salsa verde. Comí con ella, y a mi perro, que solo jadeaba
constantemente, le di tres bocoles. Al terminar de comer, mi esposa se
regresó a casa enseguida. Me dijo que iría a lavar la ropa de nuestros
hijos, de ella y la mía.
Yo me paré y continué con mi trabajo. De pronto el viento comenzó
a soplar con mayor intensidad, me incorporé y miré a lo lejos, por las
montañas, y vi cómo un señor se abría paso, poco a poco, entre los
cerros. Aún en la distancia pude ver que se trataba de un señor, por su
figura. Poco después, casi al instante, lo tenía frente a mí. Y me dijo:
— ¿Don Agustín, cómo está usted? –Preguntó, el señor
desconocido que acababa de llegar.
El señor traía un vestuario muy elegante: un sombrero negro y
amplio, botas con puntas de oro, una camisa roja y un pantalón negro.
— Muy bien, señor. ¿Pero quién es usted? ¿Cómo sabe mi nombre?
–Respondí mostrando mi sorpresa, mi desconfianza, incluso mi
miedo.
Jamás lo había visto. Ese señor no provenía de estas tierras. Su
acento, su vestuario no era común. Lo más sorprendente es la forma
en que llegó.
Me armé de valor y seguimos charlando.

29
— Pues verá, don Agustín. Si estoy aquí es porque usted pidió mi
ayuda. –Me dijo con una voz firme y muy seguro de sí.
— ¿Yo señor? No recuerdo haberlo hecho. Además, ni lo conozco.
No sé cómo pude haber solicitado su ayuda. –Respondí también con
aplomo, escondiendo un poco mi miedo.
— Me presento, Agustín. A mí me llaman de muchas formas: el
Hombre búho, el Diablo, Satanás, Demonio, Lucifer; tal vez tengo
otros nombres que yo desconozco. Así que soy quien tú quieras que
sea o como me hayas nombrado, aquí estoy.
— ¡Qué! ¡Aaaah! ¿Y por qué vienes a verme?
— Porque tú dijiste ayer: ―quiero dinero, no tengo ni para comer y;
para trabajar, menos. Ya estoy cansado de vivir en esta pobreza. Soy
capaz de venderle mi alma al mismo Diablo a cambio de mucho
dinero y olvidarme de toda esta miseria‖, esa fue tu expresión. Ahora
aquí me tienes frente a ti.
— Sí. Tienes razón. ¿Pero qué tengo que darte a cambio? Tú, jamás
das nada gratis, eres perverso.
— Sí, es cierto. Pero tú al fin podrás vivir con todo lo que has
soñado: casa, carros, tiendas, dinero, peones para trabajar; todo,
absolutamente todo lo podrás tener y serás el hombre más respetado y
rico de toda esta región.
— ¿Pero no me has dicho qué es lo que quieres a cambio? – Insistí.
— Está bien. Te diré. Yo quiero que me des, en un lapso de dos
años, a dos nietos de tus hijos mayores que ya están por casarse. En

30
caso contrario me entregarás dos de tus hijos. Tú, te quedarás con los
otros dos, además de tu mujer. ¿Qué te parece?
— ¡Qué! ¡Jamás lo haré, señor! ¡Nunca! –Respondí con energía y
me alejé un poco de él.
— Qué te parece si me das el dinero y no te doy nada a cambio;
además tú tienes de sobra. Si quieres, llévame a mí. ¿Qué te parece? –
Le dije–, con una sonrisa irónica.
— ¡No…, don Agustín! No es así como yo hago los negocios. Es
cierto que poseo mucho dinero pero nada regalo. Has de saber que yo
me alimento de almas, entre más tiernas mejor, así que tú no me
interesas por el momento. Yo siempre les ayudo a los ambiciosos, a
los que son capaces de darme sus propios hijos. A cambio, les dio
todo lo que me pidan. Seres que son peores que yo.
— No, señor. Me arrepiento de todo lo que dije. A mi familia no la
tocas y tampoco la cambio por nada del mundo.
— Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja,…. No será tan fácil que te deshagas de mí,
don Agustín.
Sentí que su amenaza me hacía un hueco en el cuerpo, me
traspasaba un frío. Cuando lanzó la carcajada pude verle unos dientes
afilados y puntiagudos. Al quitarse el sombrero dejó al descubierto
unas orejas muy parecidas a las de un murciélago: puntiagudas.
— A que señor, Agustín; primero, me llamas, y ahora, no quieres
nada. Tú ya sabías cómo son mis tratos y aun así lo hiciste. Déjame
decirte que yo nunca viajo por nada. –Me siguió amenazando.
— ¿Y qué quiere que le dé, si no tengo nada?

31
— Está bien, por última vez te insisto: acepta el dinero que traigo
para ti, es demasiado dinero. Es más, te mostraré cómo vivirías si tú
aceptas el trato.
Con un movimiento de manos, me vi en una casa grande y de cuatro
pisos, llena de materiales de construcción para vender: cemento, cal,
varillas, láminas, blocks, ladrillos, arena, grava,…; además de
artículos de abarrotes como refrescos, cervezas, aceite, azúcar,
harina,... Muchas, muchas cosas había en esa casa. Vi a mujer bien
vestida, mis hijos igual y cinco nietos felices que jugaban en el patio.
Afuera de la tienda estaban cinco camiones de volteo, camiones con
redilas, coches. Vi cómo llegaba la gente y me saludan con mucho
respeto. ¡Todo era bonito! Desperté.
— ¡Qué tal, eh! ¿Entonces aceptas? –Insistió.
Yo me quedé por un rato pensativo. Lo dudé para rechazar a tan
semejante belleza, tal y como yo siempre lo había soñado.
— No señor. Gracias por su apoyo. No acepto nada de usted, –volví
a insistir.
— Bueno, tú lo quisiste. Como ya te había dicho que yo nunca viajo
a cambio de nada, entonces…
— ¡Espera, espera; entonces llévame a mí, pero deja a mi familia!
— No, no te puedo llevar ni tampoco me puedo ir sin que hayas
recibido algo de mí. Así es como funciona. Pero te dejaré un pequeño
recuerdo que nunca lo olvidarás porque siempre estará contigo.
¡Nunca me olvidarás! ¡Así será!

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El Diablo, dio unos pasos hacia atrás, aspiró suficiente aire,
conteniéndolo y lo lanzó sobre mí, un humo pestilente me invadió por
completo, me cegó por un rato. Escuché una carcajada estruendosa
que se perdió lentamente. Se había retirado ese maldito.
Al poder mirar, ya no lo pude ver. Pero su aliento a amoniaco con
azufre me asfixiaba. No aguanté más. Decidí regresar temprano a casa.
Como era mi costumbre, cargar mi jabón y bañarme todos los días,
pasé a bañarme en un arroyo cerca de mi milpa, lavé mi ropa, y al
secarse un poco, me la puse. Me vine para la casa. Mi perro, ya no se
me acercó pero no me abandonó, me seguía silenciosamente desde lo
lejos, algo triste en su andar.
A la entrada del pueblo, escuché cometarios:
— ¡Qué es ese olor que no se soporta! –comentaban las mujeres,
hombres y niños.
— Tal vez sea el arroyo, con eso de que toda la basura la tiramos
allí. –Siguieron diciendo–. O tal vez se trate de algún animal muerto.
¡No puede ser posible, ese olor no es conocido aquí! Pues, quién sabe
qué será pero el olor es muy penetrante.
Yo, sin decir nada, caminé de manera discreta hacia mi casa,
haciendo caso omiso de los comentarios. Al llegar, mi mujer y mis
hijos expresaron:
— ¿Qué es ese olor, papá?
— Ahora, ¿qué te pasó? Hace un rato que fui a darte de comer no
estabas así. –Comentó mi esposa.

33
— Ya lavé mi ropa, ya me bañé pero este olor no se quita. No sé
qué es –dije– sonriendo, sin saber qué decir.
— Pues qué olor es ese que no se quita. Ese olor no es de ningún
animal. –Expresó nuevamente el hijo.
— Mejor me voy a bañar otra vez y les cuento lo que pasó.
— Sí, ve a bañarte. Llévate tu ropa limpia y jabón de polvo, tal vez
con eso se quite un poco. Tiras tu ropa allá en el arroyo o mejor la
entierras. – Me dijo, mi mujer.
— Está bien –respondí, un poco molesto– tomando mi ropa, el
jabón, un pico y una pala, me retiré al arroyo.
Me eché suficiente jabón, me tallé con una piedra hasta enrojecer
mi piel. Me cambié y enterré mi ropa maloliente. Aun así no se quitó
la pestilencia.
Llegué a la casa y siguieron quejándose de tal pestilencia. Les
comenté lo que había ocurrido. Se asustaron mucho. Los tranquilicé
un poco diciéndoles que nada les iba a ocurrir porque yo ya me había
encargado de eso. No podían creer que yo había charlado con el
mismo Diablo; pero tampoco se explicaban de dónde vino ese olor
insustituible.
El diablo no causa temor porque él se presenta como una persona
normal y llega inspirar mucha confianza. Habla con sencillez y
amabilidad. En ningún momento muestra ira, coraje. Pero así es el
mal. El mal no se presenta con su verdadera cara.
Han pasado ya diez años y mi mujer ya jamás ha dejado que
duerma a su lado. Aunque todos me han tolerado, mi vida cambió por

34
completo. Ahora prefiero vivir con los mandamientos de Dios y nunca
más volver a pensar en el dinero fácil. Solo Dios sabrá qué hacer
conmigo. Mientras seguiré aguantando mi olor, que ya es parte de mí;
aunque yo ya no lo percibo. En fin, ésta es mi vida.

35
I’ijiyo Tlakatekolotl

Kualkantsi, yon aikana tlanesi, nikistej noxajkalko uan niyajki ne


nomila nijtookato se achi etl, nochichi nouaya yajki, nijtokajtia
―kimichi‖ pampa tlauel piltsiltsik, axmoskaltik, kuachakaltik san
kuitlapilueueyaj, achka youi tlaijnejtia nochi ojteno, sanijki kanatlajki
kimati, axnelia nelpaki, kampaueli tlajtlachiya, kuali
monakasmajmantok, axkanaj tla’ajua
Na tlauel ijkatsa ni’istoya, iuikal kejnama, axkemaj uelki nijchiua
uejueyi mili kampa nijtokaskia sintli, etl o ne chili; nochipa san
nijtojki tlen tijkuatiyajkej uan kemantsi tijnamakayayaj se kentsi. Ijkia
kejní panotiyajki nochi tlen nijnekiyaya nijchiuas. San tlaxikooli
nimopechiltik uan axtleno tomi nijasi. Na san nitemikiyaya miaj tomi
nijpiyas uan iniuaya nokoneuaj uan nosiua timopakilismakasej, uan
nojkia ueyi mili nijchiuas, uan teipa nipixkas, nitlatekis chili,
nieuitekis uan nitlanamakas, nijasis miaj tomi. San ni’istos uan
nitlanauatis. Kejní kena onkas pakilistli, tlamis kuesoli, –ijkino
nimoyolouijtiaj, nia nomila.
Niasito nomila uan pejki nitekiti, nijtooka etl, nimoelkostitok
nokuatana uan ika tsonekauili, san nipaki nipapatoua ipan pamitl: ika
kuauitsojtli nikchiua tlakoyoktli uan nijtemilitiaj eyi piletsitsij,
nijtlapachojtia ika noixi. Ajakatl san ixtlapaloua uan ne tonati iyolik
tlekotiak ipan ne teixtli i’ixko, yon se mixtli axmonextia. Ijkino
tlaeltok, miaj mestli panojka uan yon se kentsi tla’auetsi. Tojtli peua
uaki uan ni etl yon axtijmatis tla ixuas. Tla axtla’auetsis temaxtli

36
axkanaj ixuas, –nimoyolouia. Tlali tlauel uajtok. Yon axkana ueli
kuali nimoketsa tlakuaxixitoka yon axkana ueli kuali nitooka achiyo
eli pampa notlal kentsi melajtik uan axouij temo nopa tlali. Na
nijyolmati noueli teipa tla’auetsis yeka nitokayaya.
Keman asik tlajkotona nopilsiua nechuikili se piltlaxkaltsi, maski
san enetl, iyoka istatl uan xoxouik chilmoli. Timoseuikej uan iuaya
nitlakuajki, nopilchichi san kamachalotok sanke tlaxikotok, nojkia
nijma eyi enetl. Kema titlankej titlakuaj nopilsiua ualajkia, nechilui
yaski techtlachokueniti: notlake uan tlen tokoneuaj.
Na nimoketski uan sampa nijkonanki nitekiti. Sanmiakatsa kisako
chikauak ajakatl, nimoketski achikuali uan ne uajka, ne teixtli, nikita
kenijkatsa se totlayi mo’ojuitiuala ipan ne teixtli. Maski ne uajka
ualayaya nikitak yaya tlakatl. Yon axnikita, san se tlaloxtli asiko,
noixteno istoya. Nechilui:
— ¿Agustín, kenijkatsa ti’istok? —Nechilui, nopa totlayi tlen
axnikixmati, tlen nopa sanoj asi.
Nopa totlayi tlen kuali itlakej mokentijtok: se yayauik uan patlauak
tsonekauili, uejueyi tekatl, tlamintik, se chichiltik kamisajtli uan
yayauik ipantalo.
— Kuali ni’istok, totlayi. ¿Ta kanij tiuala? ¿Kenijkatsa tijmatijki
notooka? –Nijnankili ika axtemaxtli uan nojkia ika mauilistli uan
majmaktli.
Axkeman nikistoya. Ni totlayi axkanaj nika achka eua. Nijmati
pampa nopa kenijkatsa kamati, itlake noseyoj tlamantli. Tlen nelia
axtimatis kenijkatsa chikijki, axouij nechnechkauito.

37
Axnijmonextili tlanimajmaui uan timokamouikej:

— Xikita, Agustín. Tla nama nika ni’istok pampa ta tinechnotski,


pampa tijneki ma nimitspaleui. –Nechilui– motemachiya kejná nikilui
manechpaleui.
— ¿Na? Axnimoyolouia tlanimitsilui xinechpaleui. Yon
axnimitsixmati. Uaajka axnijmati kenijkatsa nimitsilui xinechpaleui.
–Nojkia nijnankili ika axkanaj majmajkayotl.
— Uaajka nimitsiluis tlen notooka, Agustin. Ika miaj tokajyotl na
nechtokajtia, nechijlia: Tlauelilotl, Tlakatekolotl, Axkuali tlakatl,
temaxtli ikasekinoj tokajyotl nechixmatij tlen na axnijmati. Yeka ta
xinechtokajti ken ta tijnekis, nama nika ni’istok.
— ¡Mmmmm! ¡Aaaah! ¿Kenke tiuala tinechtemojtiuala?
— Pampa ta yaloua tinechtenkixti: ―nijneki tomi, axnijpia tomi tlen
ika nijkouas tlakualistli yon tlen ika nitekitis. Nitlamo tlaxikojkia ika
ni tlai’ijiyoualistli, tla uelis nijnamakiltis notonal ne Tlakatekolotl tla
nechmakas tomi uan nikilkauas ni tla’ijiyoualistli‖, kejní tikijtok.
Yeka nama nika ni’istok.
— Kena. Kena melauak. Tlatinechpaleuis, ¿tlajke tijneki ta ma
nimitsmaka? Ta, axkeman santlapi kanantlajki titemaka, axkuali
moyoli.
— Nopa kena ijkino. Tlajke achiyo tijnekis tla ta tijpias nochi tlen
nama axtijpiya, nochi tlen tijtemiki: miaj kali, teposkauayo,
titlanamakas, tijpias miaj tomi uan tlanejmej tlen nochipa

38
mitspaleuisej; nochi, nochi uelis tijpias, uan nochi maseualmej
mitstlepanitasej tlen nika o ne sejkanoeuaj.
— Yeka xinechilui, ¿tlajke tijneki manimitsmaka? –Nikilui.
— Kena, kualtitok, nimitsiluis. Na nijneki omej moixuiuaj tlen ne
mokoneuaj axtoeuaj pampa ya mosiuajtiseya. Tla axuelis uaajka
maski omej tlen ne mokoneuaj. Ta, timokauas inuaya ne seyoj omej
mokoneuaj, uan nojkia ne mosiua. ¿Tlajke tikijtoua?
— ¡Eeeeh! ¡Axkemak, axkemak, tlayi! ¡Axkemak! –Ijkino
nijnankili, achi ika kualankapa nijkamoui uan achi nitsinkiski. Kentsi
nijtlalkaui.
— Achikuali xinechmaka motomi uan axtlajki nimitsmakas pampa
miaj tijpixtok yon aijtijtekiuia. Tla tijneki na xinechuika. ¿Kenijkatsa
tikita? –Nikilui–, uan ika kentsi nikixuetskilia, nipijnaktia.
— ¡Amoo, Agustín! Axkanaj kejnopa na nitekiti. Kena nijpixtok
miak tomi, sanitemakas axkemak. Ta tijmati, na ika niyoltok nochi
tlen ika ne maseualmej intonal, tla achi konemej, achi selikej, achiyo
kuali, yeka ijkino ken ta aijnikinneki. Na nochipa nikinpaleuia ne
maseualmej tlen tlauel tominixtokaj, tlen nopa ika tomi kinamakaj,
nechmakaj inkoneuaj. Na nikinmaka nochi tlen nechtlajtlaniaj. Nopa
maseualmej nochi nikinmaka tlen nechtlajtlanilia. Nopa maseualmej
kena axkuali inyolo, nextlanij.
— Amo, tlayi. Nama nimoyolouia axkuali tlen nikijtok. Nokoneuaj
yon nosiua amo tleno xikinchiuili inijuantij axkipia tlajtlakoli uan
axkeman ika kanantlajki nikinpatlas.
— Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja,…. Axuelis san ijkiyaja nias tlayi, Agustín.

39
Ya moneltemachía kampa youi axkemaj ijkatsa mokuepa, nimachili
notlakayo sanijki kojkoyontok pampa nijmachili nechtlapalpanok
sesejkayotl. Kema chikauaj uetskak nikita itla tlamintik uan tlateki.
Kema mokixtili itsonekauil nikita inakas uejueyi uan iuikal ken ne se
tsotso: tlamintik.
— Tlauel, Agustín; axtouik, tinechnotsa; teipa, aijtlajki tijneki. Uan
ta timajtoya kenikatsa nitekiti uan panima tinechtenejki uan yeka nika
ni’istok. Uan nama ma nimitsilui: na axkema santlapi niya kampa
niya. –Nechijlia, nechmajmatia.
— ¿Uan tlajke tijneki ma nimitsmaka tla axtleno nijpia?
— Kualtitok, sampayo, sa iyojtsi, nimitsijlia: xiseli ni tomi tlen
nijualika, nelia miyak tomi. Tla tijselis, nimitsnextilis amantsi
kenijkatsa teipa elis monemilis.
San kentsi momaolinik, uan nitlachixki ipan se ueyi kali, tlen naui
mopanmamajtok, temitok nochi tlamantli tlen titlatekiuis kema
tikalchiuas, nochi monamaka: nextli, xali, tepisili, tepostli tlen miaj
tlamantli,…; nojkia nikitak tlamantli tlen kalijtik motekiuia, tlaili,
tlachiyajkayotl, tlen ika titlatsopeltis, uan tlen ika
tipanchiuas,…Tlemach tlaonkayaya ipan nopa kali. Nikitak nosiua
kuali motlapatijtok, nokoneuaj nojkia uan makuiltik noixuiuaj tlen
mauiltiaj kaltentenok. Kaltenok nikitak makuiltii teposkauayo
mantokej, tlen xalmamaj, tlen kuakali uan tlen kuextikej. Nikinitaj
asisiyayaj maseualmej, nechtlajpalouaj ika pakilistli uan
nechtlepanitaj. Nochi yeyejtsi nikitak. Nitlachixki.
— Uaajka, kenijkatsa tikita, eh. ¿Tiselia? – Nechiluik.

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Na, se tlaloxtli nimoyoloui. Nijnekiyaya nikiluis kena niselia pampa
nelia yeyejtsi tlen nopa nechmonextili, iuikal kejna nijtemikiyaya.
— Axkualtias, tlayi. Tlaskamati. Axtlajki nijneki xinechmaka, –
sempa nikilui.
— Gueno, tla ijkino tijneki. Na nimitsilui, axkeman santlapi niaj
kampa nechnotsaj, uaajka,..
— ¡Ximochiya, ximochiya; uaajka na xinechuika uan, xikinkaua
nokoneuaj uan nosiua!
— Amo, kejnopa axueli, axuelis nimitsuikas yon axniyas san ijkino,
ta se tlamantli nimitskauiliteuas. Ijkino na nitekiti. Uaajka
nimitsmakateuas se kanantlajki, se pilkentsi tlamantli, tlen axkeman
uelis tikilkauas, nochipa tijpixtos. ¡Ijkino elis!
Nopa Tlakatekolotl, kentsi tsinkiski, chikauak tlai’ijiyotilanki uan
teipa ipan na nechmajkauili, ken se poteui pojtli ika nechaltik, se
tlaloxtli axuelki nitlachiya, nochi tla’ayatenki uan san nikajki
chikauak uetskatiya, teipa san polijki. Yajki nopa Tlakatekolotl.
Kema uelki nitlachiya, aijnikita. Nopa tlaijiyokayotl nechyoltsajki,
aijnixikok. Niualajki nocha, nimalti ipan ne ojtli, nochipa nijuika
noxapo uan mojmostla nipano nimaltia ipan nopa atlajtli achka ne
nomila. Kuali nimalti uan nojkia nijchokueni noyoyo, kema kentsi
uajki nimokenti. Keman niualajki, nochichi yon aijkana nechnechkaui,
san uajkatsi nechtepostoka, sanke nojkia se kuesoli kiualika.
Kema niasiko ipan ni chinanko, san nikajki tlen moiluiaj
maseualmej:

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— ¡Tlajke nopa poteuik mijiyotiya! –Moiluiaj siuamej, tlakamej
uan konemej.
— Noueli ne atlajtli, pampa temitok nochi ika tlasoli tlen touantij
tijtepeuaj. –Ijkino moiluiaj–. O noueli se tlapiyali mijtos. ¡Axneli,
nopa tlen mijiyotia axkeman tikinejtoyaj! Axtijmatis tlajke, nelia
axtiyikos nopa tlaijiyokayotl.
Na, san axnimolinia, ixtakatsi niuala ika ni nocha, san nijkaki tlen
moiluiaj maseualmej. Kema niasiko nocha, nosiua uan nokoneuaj,
ki’ijtokej:
— ¿Tlajke nopa mijiyotiya, tata?
— Nama, ¿tlajke mitspanti? Yeuá ken nimitstlamakato axkantlajke
mitspantitok, –ki’ijtok nosiua.
— Nijchokuenijkia noyoyo, nimaltijkia uan ni tlapotejkayotl axueli
kisa. Axnijmati tlajke kejní nechchijki, –nikiniluij– ika ixuetskayotl
pampa axnijmatiyaya tlajke nikiniluis.
— Tel tlajke uaajka nopa tlapotejkayotl tlen axueli kisa uan axkanaj
yon se tlakuajketl kenjnopa mijiyotia. –Nechilui nokone.
— Achi kuali sempa manimaltiti uan teipa nimechpouilis tlen
nechpantik.
— Kena, xiaj ximaltiti. Xijuika tlen tlachokuentli moyoyo uan axtik
xapo tlen noueli kikixtis nopa tlapotejkayotl. Xijpachanis moyoyo ne
atlajko, achi kuali xijtlalpacho. –Nechilui nosiua.
— Kualtitok, –nikilui, ika kualankayotl– nikitski noyoyo, xapo, se
tepostli tlen ika nitlaxauas, niyajki ne atlajko.

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Kuali nimoxapojui, ika tetl nitoxonki uan chichiltik notlakayo
nichijki. Nimotlapati uan nijtlaltojki tlen nopa poteui noyoyo. Maski
kuali nimalti, nimotlapati uan nopa tlapotejkayotl axkanaj kiski.
Niasiko nocha uan panima nechiluiyaj nipoteui. Nikinpouili tlen
nechpantik, tlauel momamatikej. Nikinilui amo ma mokuesokaj
pampa axtlajki ki’inpantis, na iuaya nopa Tlakatekolotl nimosenkajki.
Axnechneltokayayaj tla iuaya nimokamoui nopa axkuali tlakatl; ma
nojkia axkimatij kenijkatsa nechasi nopa tlapotejkayotl tlen axueli
kisa.
Nopa Tlakatekolotl axtimauilis pampa moixnextia ken se maseuali
uan axtijmakasis pampa ika kuali mitskamouis uan tikitas kuali tlakatl.
Axtikitas tlamosinia o tla axtlatlepanita. Ijkino nonextia tlen axkuali,
tlen axmelauaj. Nopa tlen axkuali axkeman tikitas tlen nelia kenijkatsa
iyolo.
Nama panojka majtlaktli xiuitl uan nosiua aijkeman nechkauili ma
iuaya nikochi. Maski nochi aijtleno nechijlia tla nipoteui, nomemilis
aijiuikal kema aijnechpantiyaya ni tlamantli. Nama, san nijneki
nijtokilis tlen Toteko itlanauatilis uan ayojkeman nimoyolouis tla ma
sannechmakakaj tomi. San Toteko kimati kenijkatsa nechyekanas. Na,
san nixikos nama ni tlaijiyotl, maski aijnikijnekui. Yaya ni, nama
nomelis.

43
El bebé viene atravesado

Tengo que apurarme para terminar con en el quehacer de la casa,


luego iré a ver a la señora, Cata, seguramente hoy será el gran día.
Una nueva vida llegará al mundo. Confío en Dios, todo saldrá bien. –
Murmura, doña Esther, mientras barre su casa.
Voltea hacia el camino y dice: ¡Oh, Dios! No puede ser. Ahí viene
el marido de la señora, Cata, seguramente ya viene por mí y yo ni
siquiera he podido comer, mis hijos tampoco. Bueno, pues ni modo. A
seguir con los quehaceres y con mis obligaciones.
Seguía platicando para sí misma: Cuando recibí este trabajo sabía
que sería así: ―primero atender mi deber y luego el comer‖. Me
pregunto: qué hubiera pasado si no hubiese aceptado este trabajo cosa
que no lo recibí por mi propia voluntad. ¡Uy!, recuerdo bien que por
poco me matan por negarme a aceptar. Lo pensé mucho antes de
hacerlo; no me dieron otra alternativa. Tuve solo dos posibilidades
para escoger: una, la que acepté, la de traer a los bebés al mundo;
menos mal que acepté éste. La otra, del cual me negué, era la de curar
a través de velas, huevos y yerbas, con éstas cosas podría ver y sacar a
los malos espíritus del cuerpo y así curar también de enfermedades. A
través de las velas encendidas yo podría ver todos los males que
padecen las personas. ¡Eso es cosa de brujería! Eso sí que me da
miedo. No creo que eso sea cosa de Dios; seguramente es cosa del
demonio; porque, ¿cómo puede uno ser capaz de mirar los males solo
a través de las velas?; incluso, también se podía mirar y encontrar

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cosas perdidas o ver quién se las robó. ¡No lo puedo creer! Lo cierto,
es que sí hay gente que se dedica a esto y sí pueden ver más allá o por
lo menos le atinan. Ya verán por qué les digo eso. En fin, solo Dios
sabe. Pero a mí me dio miedo…
— Buenos Días, doña Esther. – Grita, don Lencho, desde la entrada
de la casa.
— Buenos días, don Lencho. –Ella responde asomándome desde la
casa. Lo puede ver bien desde la pared, los otates de las paredes ya
estaban viejos y podridos.
— Solo vengo a pedirle que si ya va usted a ver a mi esposa, ya
tiene dolores muy fuertes, creo que ya va a nacer el niño.
— Está bien, don Lencho. Enseguida voy.
— No se vaya a demorar mucho porque yo no sé qué hacer con ella
–dice, don Lencho–. Don Lecho vestía un calzón y camisa de manta,
ya desgastados y manchados con la sangre de las yerbas que hay por
aquí.
Se perdió por la vereda.
Siguió con mis quehaceres y recordando: Cuando me dieron este
trabajo comencé con desmayos; durante mis desmayos, claramente
veía llegar a mí un señor con una bata blanca, muy parecido a un
doctor. En el cuello traía un aparato de esos traen todos los doctores
para escuchar el corazón. Era un señor alto, de piel blanca y le
acompañaban varias enfermeras. Seis meses pasé desmayándome y
viendo al mismo señor y obligándome a aceptar uno de los
―trabajitos‖ que me ofrecía. En el último desmayo, antes de decidir

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por cual, –me dijo: si no aceptas alguno de los dos nunca más te
levantarás–. Pues yo no le creí pero ese maldito cumplió con su
promesa. Al día siguiente, si no fuera por mis hijas, me hubiera
muerto. Mis hijas estaban chicas y no me pudieron levantar, no me
aguantaron, se pasaron la noche conmigo afuera, en el patio. Me
desmayaba en cualquier lugar y a cualquier hora. Dijeron mis hijas
que con la ayuda de su hermano fueron a ver otro curandero porque
me veían cada vez más grave. Claro que fueron a ver a otro curandero
porque ya antes, mis hermanas, habían ido a ver otros. El último, les
dijo que a mí me estaban ofreciendo un ―trabajito‖ pero que me
negaba aceptarlo y si no lo hacía jamás me iba a parar. Mis hijas se
espantaron. Se regresaron a casa y me preguntaron si eso era cierto,
les dije que sí. Me rogaron a que aceptara el trabajo porque temían que
algo malo me pudiera ocurrir. ¡No podía creerlo!, cuatro distintos
curanderos que habían visto, todos dijeron lo mismo. Les dije a mis
hijos que sí aceptaría.
Llegaba la noche. No quería que llegara porque, muchas de estas,
eran las horas de mi tormento. No quería ver al señor de la bata blanca
y las enfermeras; aunque el sueño, desmayo o revelación me daba a
cualquier hora del día o de la noche. Pasaron tres días sin que sufriera
algún desmayo pero sin poder pararme. Mis huesos no me soportaban.
El cuarto día, en la mañana, simplemente ante mí todo se desvaneció:
vi venir el señor con la bata blanca, se acercó y me dijo:
— Nos da gusto que hayas aceptado el trabajo destinado
exclusivamente para ti.

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— Sí señor, he decido aceptarlo, –dije, en voz entrecortada– y usted
¿cómo supo que yo había aceptado el trabajo?
— Simplemente lo sé. Duerme, y mañana empezaremos a enseñarte
todo lo que tienes que saber para traer a los bebés sanos y salvos al
mundo. Buena elección. –Me dijo– y se perdieron entre un humo
blanco.
Todo el día no me levanté. Llegó la noche, por fin pude dormir
bien, descansé plácidamente.
Al día siguiente, por la mañana, vi llegar a casa un señor con un
morralito viejo y con su bastón. El señor no era muy grande, macizo
como dirían los de aquí, pero no viejo.
— Buenos días. ¿Están en casa? –Preguntó en su dialecto.
— Buenos días. –Contestaron las niñas, mis hijas–, pase señor, pase
a sentarse.
El señor pasó y se sentó, yo estaba acostada, solo lo miré de reojo,
no quise decir palabra alguna. Llegó mi hija, la mayor, y comenzaron
a platicar sobre lo que se necesitaba. Había comprendido que ese
señor era el curandero que mis hijas habían ido a ver mientras estuve
sin pararme.
El señor se acercó y comenzó a llamarme:
— ¡Esther, Esther! –Apenas escuchaba su voz–. Me moví
lentamente y me incorporé.
¿Qué pasó? Disculpe, apenas desperté. –Respondí entre sueños.
— No te preocupes, solo quiero que te levantes un rato porque voy
a empezar a curarte.

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— ¿A curarme? ¿Y de qué? ¡Yo no estoy enferma! ¡Ya me siento
mejor! – Respondí al señor– quien amablemente me insistió.
— Sí, ya sé que estás bien; pero no está demás hacer que te sientas
mucho mejor. Tus hijas ya me dijeron todo lo que te pasa, y yo sé de
qué se trata este mal, también sé qué hacer para ayudarte a que sientas
mejor y puedas recibir ese ―trabajito‖ que quieren darte pero no será
sin nada a cambio. Esos ―señores‖ que ves en tus sueños tenemos que
corresponderles con algo.
— ¡Ah! ¿Entonces de eso se trata? Está bien. Hazlo. –Me levanté
lentamente y me senté en una silla vieja toda deshilachada.
El señor pidió unas tijeras, papel china y crepé de color negro,
flores de sempoalxochitl, velas de cebo, tabaco, aguardiente, tierra de
las cuatro esquinas de la casa y huevo. Al recibir todo lo pedido,
comenzó a rezar. Vaya que esos señores saben rezar, porque escuché
los nombres de santos que jamás me imaginé que existieran; además,
nombrar a los cerros más importantes de la región, algunos ni siquiera
sé en dónde se encuentran. Me pidió que me acercara, me limpió con
las velas, con los huevos y me hizo pasar a través de un collar de
flores de sempoalxochitl por siete veces. Puso a cocer los huevos
directamente a la lumbre, prendió las otras velas y, de la tierra, vi
cómo sacó tantas cosas: papel cortado, huevos, piedras de río,
caracoles, alambre, vidrios,… Me dio cierto miedo. Poco después,
llegó mi hija, la mayor, y le dijo que para concluir bien con el trabajo
era necesario hacer un tamal muy grande (tlapatlaxtle) de pollo;
además de conseguir refrescos, cervezas, pan, café, más velas porque

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en la noche se iría al cerro de ―Chikauas‖ y ahí es donde se les dará de
comer a los santos, a los ―vientos‖ y a darle las gracias a los ―señores‖
por darme el trabajo.
Llegué a la casa de don Lencho.
— Buenas tardes, don Lencho. Perdón que me haya tardado un
poco pero tuve que hacer algo de comer para mis hijas.
— No se preocupe, doña Esther. Pase, mi señora está adentro.
— Con su permiso señor. –Entro en la casa humilde: con piso de
tierra, paredes de enjarre y techo de zacate. Me acerco a la ―enferma‖.
―Haber, vamos a ver. Sí, este bebé ya quiere salir pero vamos a
batallar un poco, ya lo sentí y viene atravesado; lo bueno es que el
cordón umbilical no está enredado al cuello del bebé‖.
— Pero ya me duele mucho. – Dice la mujer de don Lencho–, que
está recostada sobre un petate y unas cobijas encima.
— Bueno, mujer, prepárate porque los dolores van hacer aún más
fuertes y usted don Lencho, prepare agua hervida, unos trapos limpios
y unas tijeras bien hervidas.
Cuando llegaron los dolores más fuertes le pedí a la señora que se
acomodara, le tapé un poco con las cobijas y le pedí que doblara las
piernas, las separé bien y; mientras, la suegra me ayudaba a agarrar a
la nuera para que no se canse mucho.
Comenzó el trabajo de parto:
— Vamos, puja, puja, con mayor fuerza. –Le decía de manera
constante.

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El bebé no se movía. La señora ya estaba muy cansada, ya no tenía
fuerzas para seguir pujando. Estaba poniéndose morada de tanto
esfuerzo.
— Por Dios, ¿Qué hago, qué hago? Tengo miedo, no puedo perder
este niño, he recibido a tantos chamacos y gracias a Dios todos viven.
No ahora, por Dios. No me abandones. Comencé a rezar: ―Padre
nuestro que estás en el cielo (…) amen‖. Comenzaba a sudar muy frío
y renegaba: ―¿Por qué a mí no me enseñaron a rezar para invocar a
todos los santos y en estos casos me ayudaran para el parto o a quiénes
dioses podía recurrir para en los momentos más difíciles como este…)
Me acerco a la señora Cata, podía ver todo con claridad: el vientre
de la señora lucía transparente, como si fuera un papel. Pude ver que
era una bebita, estaba inmóvil, atravesada y con el cordón umbilical
enredado a su cuello, se estaba asfixiando. Tomé rápidamente el
abdomen e hice algunos movimientos. Moví un poco la cabeza hacia
la derecha, levantarla y pasar el cordón por el rostro. Luego procedí a
ponerla de cabeza. Comenzó a moverse más libre y hasta me sonrió,
abrió los ojos, la respiración comenzó a normalizarse y comenzó a
acomodarse para salir.
Sí, al fin. ¡Ya está! Ahora, ¡puja, mujer! ¡Con más fuerza! ¡Sigue!
¡Sigue! ¡Eso es! ¡Ya casi está afuera! Es una hermosa mujercita, –
dije– respirando profundamente y al fin pude expresar algunas
palabras.
— Mira, mujer, a tu hija, es una hermosura. La voy a limpiar bien,
le voy a cortar el ombligo y luego te la doy.

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— Sí, gracias. Creí que no iba a poder. –Dice doña Cata–
mostrando una agradable sonrisa y gruesas gotas de sudor que le
resbalan en la mejilla.
—Yo tampoco lo creía, también a mí me dio mucho miedo. Pero
Dios quiso que llegara con bien. ¡Don Lencho, don Lencho, venga!
— Sí, doña Esther, qué se le ofrece. –Dijo, don Lencho–, mostrando
una cara de sorpresa y alegría.
— Pues primero felicita a tu mujer que se portó muy bien y por
darte una hermosa niña. Después llevas el ombligo y lo entierras junto
con la placenta debajo de una mata de plátano para que te dé muchos
nietos.
— Sí, doña Esther, muchas gracias, muchas gracias.
— Bueno, ahora lo que sigue es suyo. Yo he terminado por ahora.
— Gracias nuevamente. –Insiste, don Lencho.
— Hasta luego señores, ya pueden pasar a ver a la mamá y a la
niña. Preparen sus regalos.
— Hasta luego, doña Esther. Gracias. –Se oyen varias voces.
Había cumplido una vez más con mi trabajo.
Pues ese día que llegó el curandero, después de haber hecho los
preparativos, por la noche, mis dos hijas, mi hijo, el curandero y yo
nos fuimos hasta chikauas, un cerro sagrado que está a unos 10
kilómetros del pueblo, tres horas de camino. Subimos y subimos por
la vereda. En este cerro es donde llegan la mayoría de los curanderos
de la región. El curandero hizo su ritual: dio gracias a la Madre Tierra,
a los cerros, a los santos y a los señores que me dieron el trabajo. Ahí

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comimos el tamal grande y bebimos lo que llevamos. A las dos de la
mañana llegamos de regreso a la casa. Desde esa noche, después de la
ofrenda en el cerro, empezaron las enseñanzas del cómo traer a los
niños al mundo. Me mostraban cómo sentir a los niños: si vienen de
cabeza, atravesados, de nalgas, si tienen el cordón umbilical enredado
al cuello, si vienen dos, si vienen con labios leporinos o si padecen de
otros males; además de poder sentir si alguna mujer tiene problemas
para concebir, etc., todo esto lo aprendía viendo a los bebés dentro de
la panza de las mamás, podía observar todas las partes internas de la
mujer y del aparato reproductor.
Ahora, cuando los futuros padres vienen a verme y pedirme que yo
sea la partera, me traen algún presente como, refrescos, cerveza, pan,
comida y, acordamos el precio. Cuando acepto ser la partera de alguna
señora, hago el compromiso de verla cada vez que me necesite,
cuando aparecen algunos dolores o, sobarla por lo menos una vez cada
ocho días para acomodar el bebé, para que no se baje mucho, para que
no se enrede el cordón umbilical, para sentir si viene uno o dos,...
Regularmente me contratan cuando la mujer ya tiene unos cuatro o
cinco meses de embarazo. Después del parto, lavo la ropa de la
―enferma‖ durante ocho días. Con esto termina mi trabajo. Ah,
además, todos esos bebés que recibo son mis nietos. Así que ya tengo
muchos.
Este trabajo que recibí no es nada fácil, porque todos los que vienen
a verme a nadie le puedo negar mis servicios. No puedo cobrar caro,
aunque acepto todo lo que me dan sin pedir. Alguna vez cobré un

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poco más de lo que yo debía cobrar, durante la noche no me dejaron
dormir. La persona que me enseñó me dijo: este trabajo es para que
puedas vivir bien pero no para hacerte rica. Me regañó mucho y me
previno que si volvía hacer me quitarían el trabajo y me dejarían
paralítica. Claro que con eso me espanté y jamás lo volví a hacer. Fui
a la iglesia y pedí perdón a Jesús, Nuestro Padre.
Ya llevo veinte años haciendo esto, ya tengo artritis en las manos
por usar pomada caliente y luego lavármelas con agua fría después de
sobar.
Mi trabajo es hacer que vengan los bebés al mundo; aunque estos
vengan atravesados.

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Ixtlapaltik uala konetsa

Nimoisiuiltis pampa miaj tlamantli moneki manijchiua ni nocha,


teipa nikitati toaui, Cata, temaxtli nama moteekas, kipias ikone. Se
konetsi asiki ipan ni tlaltipaktli. Imajko Toteko uan yaya kimati
kenijkatsa nechyekanas, –iyolik mokamouia, toaui Esther, uan
motlachpania.
Ontlachiya ipan ne ojtli uan ki’ijtoua: ¡Oh, Totoetsi! Axmelauaj. Ne
uala Cata iueue uan na yon ayinimotlamaka, nokeneuaj nojkia
aiyitlakuaj. Mmm, ma tlajke nijchiuas. Ma nimoisiuilti uan achi nima
nijtlamiltis nochi tlen nechpoloua nijchiuas ni kalijtik.
Mokamouia: kema niseelik ni tekitl nimatijki ijkino elis: axtoui
noteki manijchiua teipa nitlakuas. Nimoyolouia: tlajke nechpantitoskia
tla axniselitoskia ni tekitl; axkanaj niseelik nelia ika noyolo. ¡Tlauel!,
axnikilkaua, sampakentsi nechmijtiaj pampa axninekiyaya niseelis.
Ika ouij niseelik pampa aijuelki nikijtoua: amo. San nechmakakej ome
tlamantli ma nitlapejpeni; se, tlen niseelik, yaya noteki nama: ma
nikinseelia konemej tlen ualouij; nikinteeka tlen ne tlanemiltiaj; nama
nimoyolouia kualtitok yaya tlen ni niseeli. Nopa seyoj, tlen axniseeli,
ya nitepajtiskia ika kantela, ika tejkistli uan xiuitl, ika nochi ni
tlamantli ueliskia nikintlachilis tlajke kokolistli ki’inpechitoj
maseualmej uan teipa uelis nikinkixtilis nopa kokolistli, uelis
nikinpajtis. Ika nopa kantela tlikuitok, uelis nikitas kokolistli tlen
kipiaj maseualmej. ¡Nopa ne tekuapetlauilistli! Ya kena nijmauilia.
Axnijneltoka tla nojkia ne Toteko itlanauatilis; nopa ne Tlakatekolotl

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itlalamikilis; pampa, ¿kenijkatsa uelis tikitas tlen kipixtok se
kokoxketl san ika nopa kantela?; uan nojkia uelis tikitas tlamantli tlen
kipolouaj ne maseualmej uan nojkia tijmatis katli nopa tlaxtejketl.
¡Maski axnijneltoka! Kena nelia melauaj, istokej tekuapetlauiyanij,
tlen ijkino tepajtiaj una nojkia tlen axkuali kichiuaj. Sekij kena kuali
ki’itaj tlen kokolistli se maseuali kipia. Teipa nimechmatiltis kenke
kejní nimechijlia. Na, kena nijmauilia…
— ¿Kenijkatsa ti’istok, aui Esther? –Tsajtsi, don Lencho, tlen ne
kaltenok ijkatok.
— Kuali ni’istok, Lencho, tlaskamati. –Tlanankilia, Esther tlen san
kalnaualita, ikaltepayo, tlen san ojtlatl nochi palantojka.
— San niuala pampa nijneki xikonitati nosiua pampa tlauel
kikokoua i’ijti, noueli kisasnekia nopa konetl.
— Kualtitok, Lencho. Na achi sankentsi nias.
— Amo tlauel xiuajkauas pampa na axnijmati tlajke uelis
nijchiuilis, –ki’ijtoua Lencho.
Lecho mokentijtok ikaltso uan kamisajtli tlen yoyoichkatl, nochi
ayajtik uan kipajtok eskuauitl pampa san milatekiti.
Mokuepajki uan san polijki ipan ixiojtli.
Moisiuiltia nochi tlamantli tlen kichiua ichaa uan tlatempoua: kema
nechmakakej nitekitl, pejki nitlapoloua; kema kuali nitlapolojtok
nikitayaya se tlakatl asiyaya, itlake nochi chipauak, iuikal ken se
tepatijketl. Ipan ikechkuayo nokostitok nopa tepostli tlen ika kikaki
kenijkatsa uitoni toyolo. Nopa totlayi uajkapantik, chipauak, asiyaya
inuaya siuamej tlen kipaleuiyaj. Panoj chikuasej meestli ijkino

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nitlapolojtinemi uan nikistinemi nopa totlayi tlen chipauak
motlapatiya uan nechmalokotsoua ma niseli se tekitl tlen nopa omej
nechtenkauiliaj. Tlen san iyojtsi nitlapolo, kema yon se ayikanaj
niseliyaya, –nechilui: tla’axtiselis yon se uaajka aijkema timeuas–. Na
axnineltokili nopa tlakatl, uan nopa tlakatl kena kichijki tlen nechilui.
Nopa seyoj tonati, tla axné nosiuapiluaj, noueli nimijtoskia. Inijuantij,
konetsitsij, axuelkej nechtlalanaj pampa axnexikokej, ne kalteno
nouaya, se youali, mokaakej. Ajachika uan kampaueli nitlapoloyaya.
Nechiluijkee ne nosiuapiluaj ken se intlakaijni ki’inpaleui uan yajkej
ki’itatoj seyoj techiuilijketl pampa nechitakej nechtlaueltia. Ki’itatoj
seyok techiuiliketl, pampa noijniuaj sekinoj ki’inistoyayaj. Ni, tlen
tlatepotsko asiko, ki’inilui: inmonana kitenkauilia se ―piltekitsi‖ uan
ya axkineki kiselis uan tla axkiselis, axkema moketsas. Nokoneuaj
momamatikej. Kema asikoj kalijtik nechtlatsintokilikej tla nelia ijkino
eltok, na nikiniluij: kena, kena ijkino nechijlia. Uaajka nechijlikej ma
niseli nopa tekitl pampa moyolouiyayaj noueli nechtsontlamiltisej tla
axniselis. ¡Axnineltokayaya! Kenke nochi nauij techiuiliyanij, nochi
san se tlajtoli ki’ijtokej. Nokoneuaj nikiniluij kena niselis.
Kema tlayouayaya, na axnikekiyaya ma asi pampa, miaj youali
axniueliyaya nikochi nechtlaijiyoualtiyayaj. Axnijkekiyaya nikitas
nopa koyotl tlen chipauak motlapatijtok uan nopa ichpokamej tlen
kipaleuiyaj; maski tlen nopa nitlapoloua o nitemiki kampa
nechmaxtiyaj san tleueli kauitl asiyayaj, tonaya o ika youali. Panoj eyi
tonal uan aijkana nitlapolo maski axuelki nimeua, no’omiyo san

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pauaxiui, axnexikó. Ika naui tonal, ijnalo, san ke nochi tsintlayouak:
nikita uala nopa koyotl tepaktijketl, nechnechkauiya uan nechijli:
— Tipakij pampa tiselik tekitl ten timitstenkauilikej, tekitl tlen san
ta moaxka.
— Kena, koyotl, kena nijseli, –nikilui, iyolik nijtenkixtik–, ¿uan ta
kenijkatsa tijmati ken na niselik tekitl?
— San ijkino nijmati. Xikochi, mostla tipeualtisej timitsmaxtisej
nochi tlen moneki tijmatis kenijkatsa tikinselis konetsitsij, ma kuali
asikij. Kuali tekitl tlen ika timoteemak. –Nechilui– uan san polikej ken
se pojtli chipauak.
Nopa tonati axuelki nimeua. Keman tlayouaj, uaajka kena kuali
nikochki.
Kema tlaneski nikita se ueuentsi totlayi asiko, achi sosoltik
ipilkuatana kiualika uan ika ikuatopil. Nopa totlayi kuali nemi, aikana
nel ueuentsi, san kuali chikajtok.
— ¿Chi inistokej? –Tlatsintoka ika nauatl.
— Kena ti’istokej. –Tlanankilikej pilsiuapilmej, nosiuapiluaj–.
Xipano tlayi, ximoseui.
Totlayi panok, moseuik, na niuilantok san kentsi nijtlachili,
axnijkamoui. Asiko tlen axtoeua noichpoka uan pejkej mokamouiyaj
tlen nochi tlamantli monekis tlen ika nechchiuilisej. Uaajka nimatijki
yaya nopa totlayi techiuiliketl tlen ki’itatoj nokoneuaj keman axuelkej
necheuaj.
Monechkaui uan pejki nechnojnotsa, nechtsajtsilia:

57
— ¡Ester, Ester! –Nechiluia, na uajka nijkaki nechnonotsaj.
Nimolini kentsi uan nimotsontlalanki.
— ¿Eh, tlen moneki? Xinechtlapopolui, axueliyaya ni’isa. –
Nijnankili, yon ayi kuali nitlachiyaya.
— Amo ximokueso, san nijneki kentsi ximeua pampa peuas
nimitspajtis.
— ¿Tinechpajtis? ¿Tel tlajke nijpia? ¡Na axkanaj nimokokoua!
¡Yon kentsi nijmachilia tla nimokokoua! –Nikilui nopa totlayi– ya
nechilui kena moneki nimitspajtis.
— Kena, nijmatojka kuali ti’istok, kuali timomachilia, san tekitl
timitspajtisej uan ijkino achikuali timomachilis. Mokoneuaj
nechijlikej nochi tlen mitspantia uan na nijmati tlajke nopa tijpia, uan
nojkia nijmati kenijkatsa uelis nimitspaleuis, kuali tinemis uan tijselis
nopa piltekitsi tlen mitsmakaj, nopa tekitl axkana san tekitl mitsmakaj,
axsantlapi, moneki se kentsi matitetlajpalokaj. Nopa totlayimej kentsi
moneki kanajtlajki matikinmakakaj.
— ¡Ah! ¿Uaajka ika ya nopa tiuala? Kualtitok. –Nimejki uan
nimoseui ipan se ueuekuachichi, tlen aijkuali, nochi sosoltik.
Totlayi motlajtlani tlen ika tlatejtekis nopa amatl yayauik
kanajtsitsij uan nojkia motlajtlani sempoalxochitl, tlachiyajkakentela,
iyatl, uino, tlali tlen naui kalnakastla mokixtik, uan tejkistli. Kema
nochi kiseli pejki momaijtó. Nelía ne techiuilianij kuali kimatij
kenijkatsa momaijtosej, pampa nikajki tokajyotl tlen axkeman
nikajtoya, yon axnimoyolouiyaya tla onkas nopa tokajyotl. Ya
ki’intokajtiya nochi tepemej, miaj tepemej tlen yon axnijmati kanij

58
ijkatokej. Nechnotski uan na nimonechkaui nechpopojki ika kantela,
ika tejkistli, uan nechpanolti chikompa ipan se kostli tlen
sempoalxochitl. Kitlikotenki nopa tejkistli, kitlikuiltik nopa kantela
uan ipan nopa tlali pejki ki’inkixtiya miaj tlamantli: amatlatetejtli,
tejkistli, atenoeua tetl, kuachololomej, teposmekatl, teskatl,
kuaneluayotl,… Nimakaski tlen nopa kichiua. Teipa asiko tlen
axtoeua nopilichpoka, ki’ijli: tla achikuali notlamiltis nopa tetlachiuali
moneki se ueyi piyotlapepecholi uan nojkia monekis ma mokouas tlen
ne tsopelatl, chichiatl, pantsi, cafe uan achiyo kantela pampa tlayó
tiyasej ne tepeko ―Chikauas‖ kampa tikintlamakasej nopa Toteko
itekiuikauaj, ajakamej uan nojkia tijtlaskamatilisej nopa tlakamej tlen
tetekimakaj.
Niasito ne Lencho icha.
— ¿Ti’istok, Lencho? Xinechtlapopolui pampa axuelki nimantsi
niuala, nichijki se ome tlaxkali tlen kikuasej nokoneuaj.
— Amo ximokueso, aui Esther. Xipano, no siua uilanton kalijtik.
— Uaajka ma nimitsonpano. –Nipanok kalijtik: nopa icha san
sakakali uan ika tlapepecholsokitl. Ninechkaui kokoxketl, uan pejki
nimajmachilia i’ijti pampa nijnekiyaya nijmatis kenikatsa uala nopa
pilkonetsi. Kena, ni konetsi kinekia kisas, achi tiouijtisej pampa uala
ixtlapaltik, uan kualtitok pampa ne ixijmekayo axkanaj
mokechkostitok.
— Aijnixikoua, nechkokoua, –ki’ijtoua nopa Lencho isiua–
uilantok ipan se petlatl uan mopijtok se pilisali.

59
— Kualtitok, nama san tijchiyasej kema nelia chikauaj peuas
mitskokos, keman aijtixikos, uan ta Lencho, xijmolonilti atl, xijtemo
yoyomitl tlachokuentli uan tlen ika tixijtekisej nopa konetl.
Kema pejki kikokoua chikauaj, kuali nijteejki toaui uan nijpijki ika
se pilisali. Kikualpacho imets uan nikuapeloltik. Imona nikiljui ma
nechpaleui, ma ki’itski ijkino kentsi kipaleuis ma amo tlauel tlaxikos.
Uaajka kena pejki tekitl, ma kisa pilkonetsi:
— Nama kena, ximotitisa chikauaj, sempa, sempa. –Nikiluiyaya
ajachika.
Pilkonetsi kentsi molinia. Toaui ya tlamo tlaxikojkiya, aijueli
motitisa chikauak, san tsikoyatiya.
— Toteotsi, xinechpaleui, aijnimati tlajke nijchiuas. Nimajmaui,
axnijneki nijpolos ni konetsi, miyakij nikinselitok uan ika ta momajko
yon se axnikixpolotok, nochi kuali istokej. Nama amo xinechmakaua.
Aijnimati tlajke achiyo nijchiuas. San pejki ika Toteko nimomaijtoua:
Toteko tlen ti’istok iluika (…) ma ijkino mochiua. Pejki sesej
nimitonia uan aijninekiyaya niteetekas: Kenke na axkana
nechmaxtikej kenijkatsa nimomaijtos uan nimotlajtlanis
manechpaleuikaj keman aijnimatis tlajke nijchiuas, yon axnijmati
katlijuantij uelis nikinteneuas...
Kema sempa nimonechakaui uaajka kuali nikita i’ijti nopa Cata:
I’ijti nikita ken se amatl kanajtsi. Kuali nesiyaya pilkonetsi: pilsiuapil,
axmonilia, ixtlapaltik uan kena mokechkostitok ika nopa i’ixij, aijueli
kuali ijiyokui. Nima pejki nijxixitoua uan iyolik nijmachilitiaj
kenijkatsa nikolinis, axtó nikolini itsonteko ika imanematl,

60
nijtsontlalanki uan ijkino nipanolti nopa i’ixi ipan ixayak. Teipa kuali
nisenkajki pampa ika uitsontik nichijki. Uaajka nikita kuali molinia
pilkonetsi, sanijki nechuetskili, kitlapo i’ixtiyol uan pejki san yamani
tlaijiyotilana. Iselti kuali mosenkaajki pampa ya kisas.
Kema nikita ya iselti kisasneki, uaajka kena, ¡nama! Chikauaj
ximotitisa, ijkino, ijkino, amo xijkaxani. Sa kentsi poliui, ximotitisa.
Kema neski, kiski se yeyejtsi pilsiuapil, –nikilui Cata–, na nojkia
uaajka achi kuali ni’ijiyokuijka, achi kuali nikamatijka.
— Xikita, mopilsiuapil, nelia pilyeyejtsi. Kuali nijpopouas,
nijtekilis i’ixij uan teipa uaajka nimitsmajtilis.
— Kena, aui. Nijmachili sanijki aijnixikos. –Ki’ijto ne toaui Cata–,
ixuetska uan temok ueueyi itonali ipan ixayo.
— Na nojkia ijkino nijmachili, tlauel nimomajmati pampa nelia ouij
elki. Ueyi ne Toteko pampa yaya kinejki ma asi mopilkone. ¡Lencho,
Lencho, xiuala!
— Aui Esther, nika ni’istok, tlajke moneki. –K’ijtok, Lencho–,
axkimati kenke nijnotsa, nesi paki pampa kimati nochi kuali, neski
ikone.
— Axtó, xijtlaskamatili mosiua pampa nelia mochikaualtik uan
yeka kuali neski mopilsiuapil. Se yeyejtsi pilsiuapil. Teipa tijuikas ni
xijtli uan iuaya ne tejyotl tikintlaltokas achka kampa se kuaxilokuauitl
uan ijkino noueli miaj moixuiuaj inmechmakas.
— Kena, aui Esther, tlaskamati, tlaskamati. Nelia tlauel
nimitstlaskamatilia, aui.

61
— Kualtitok, nama innouantij xijmokuitlauikaj inmopilsiuapil. Na
nimechkajteuas pampa nika tlanki noteki.
— Tlaskamati, aui Esther. –Ki’itoua sempa ne Lencho.
— Timoitaseyoj, na ya niaj. Uelis inpanosej, xikitatij Cata iuaya
ipilsiuapil. Tla inkiualika se kentsi tlamantli uelis inkimakasej.
— Kuali xiaj, aui Esther. Tlaskamati. –Mokajki ki’ijtouaj tlen nopa
istoyaj.
Sempa kuali nijchijki noteki.
Nopa tonati kema asiko tetlatemojketl, kema nochi kuali kisenkajki,
ika nopa youali, nopilsiuapiluaj uan notelpoka tiyakej ne tepetl tlen
itooka Chiikauas, se tepetl kampa nochipa youij kema mopajtiyaa,
nopa tepetl kena kentsi uajka, se eyi kauitl tinejnenkej.Ti’ixtlejkokej
ipan se ixiojtli. Ipan ni tepetl miaj tlatemouiyanij asij. Nopa
techiuilijketl momaijtok uan kichijki tlen moneki. Kitlaskamatili
Tonana ne Tlali, ne tepemej, tlen tlamokuitlauiyanij uan tlen nopa
ajakakamej tlen nechtekimakakej. Teipa titlakuajkee, tixolekej nopa
tlapepecholi uan tikonikej tlen tiuikatoyaj. Kema panoj tlajkoyoual
titlakuapilitoj. Ipan nopa youali, keman titetlamakotoya ne tepeko
uaajka kena pejki nechmaxtiyaj kenijkatsa uelis kuali nikinselis nochi
pilkonemej. Nechnextilikej kenijkatsa nikinmachilis: tlaualouij ika
intsonteko, tla ixtlapaluestokej, tla moseuitokej o tla
mokechuipantokej ika inixij, tla ualouij omej o tla intenxipal ne mestli
ki’inkualilitok se kentsi uan, sekinoj tlamantli nechnextilikej. Nojkia
nechijlikej kenijkatsa nijmatis tla se siuatl axuelis o ojuijtis konekuis.
Nochi tlen nechmaxtiyayaj, nechnextiliyayaj, nijtlachiliyaya,

62
nikitayaya pilkonetsi ipan ne i’ijtik inana, nesiyaya nochi tlen
tlapijpixtok nopa tenana uan pilkonetsi.
Nama, tlen kichiyaj se konetl ualouij, nechtemouaj uan nechiluiaj
na maniselis inkonej, na ma nikinteeka nopa toauimej. Kema ualouij
nechualikiliyaj se kentsi tlamantli, kemantsi nechualikiliaj tsopelatl,
ne chichijatl, pantsi, tlakuali uan nikiniluia keski nikininamas. Kema
na niselia nijtekas nopa toaui, nimoteemaka nijtlachilis nochipa keman
kimachilis kikokoua uan nijxixitos, maski se ika chijchikueyi uan
ijkino kuali nijsenkauas nopa konetl, ika itsonteko ma temos, kemantsi
tlauel temoj, nojkia amo ma mokechkostis i’ixij o noueli omej
ualouij...
Peuaj nechtemouaj keman naui o makuili meestli nentokeya
(tlanemiltia) nopa siuatsi. Keman nesi nopa pilkonetsi, na
nijtlachokuenia nopa kokoxketl, chikuechi tonal. Kema pano nopa
chikueyi tonal uaajka kena nimosenkaua, tlami tlen noteki. Ah, nojkia
nochi nopa konemej tlen nikinselia nikinchiua ken noixuiuaj.
Miyakiya nikinpixtok.
Ni tekitl tlen niseeli kena nelia ouij, pampa nochi tlen ualouij
nechtemouaj axueli nikiniluiya axnikanti o axniuelis, nojkia axuelis
patiyok nikininamas, maski kena niselia nochi tlen nechmakaj. Sampa
achi miaj nitlainanki, ika nopa youali axuelki nikochi. Nopa koyotl
tlen nechnextili kenijkatsa niteetekas nechilui: ni tekitl tlen
timitsmakakej san ika ximopanolti, ika ximopaleui se kentsi, axkanaj
moneki ika titlatomiuis. Nechajuak uan nechilui tla sampayo ijkino
nijchiuas nechkuilisej nopa tekitl uan aijuelis ninejnemis.

63
Nechmajmatikej uan ayojkema nijchijki. Niyajki ne teopa uan
nimomaijtoto ika Toteko Jesús.
Nama nikaxitijkia sempoali xiuitl ika ni tekitl, noma nechkokoua,
nimakuajkualo pampa nijtekiuia tlen nopa nikimpooloua achi totonij
uan teipa sesej atl ika nimomajtikia, yeka nechkokoua noma.
Noteki, ma nikinaxiti konemej ika kuali, maski ixtlapaltikej ualouij.

64
¿Nos lo llevamos compadre?

— ¡Ya me voy a la milpa, vieja! ¡No se te vaya ocurrir preparar


algo para festejar el xantolo, eso es solo para ignorantes, para aquellos
que creen que después de la muerte hay vida! ¡La muerte es la muerte
y se acabó! –Le grité a mi mujer mientras me alejaba de la casa.
— ¡Si! ¡No te preocupes! Ojalá nuestros muertitos no se molesten.
Con ellos no se juega. –Dijo mi esposa, Esperanza– Apenas la
escuché.
Esa mañana, como todos los días iba a mi milpa a trabajar;
mientras, en el pueblo, la gente, por ser el día último del mes de
octubre, ya tenía lista sus papatlas1 para hacer los tamales; ya habían
comprado su pan, la carne, el altar adornado y hecho el arco.
En las casas toman café, lavan la carne de puerco, de pollo o de
patos para hacer los tamales. Los señores, sentados en los corredores
viendo a sus hijos, junto con otros niños, juguetear con cualquier
objeto o simplemente charlan de sus intereses.
— ¿Adónde va, don Moisés?, –me preguntó, don Chemo– que
estaba sentado en el corredor de su casa tomando un café muy
caliente.
— Voy a trabajar en mi milpa. Tengo mucho trabajo y no tengo
tiempo para descansar. –Respondí un poco malhumorado.

1
Son hojas idénticas a las del plátano, estas son más chicas porque son especiales para los
tamales.

65
— El trabajo nunca termina, don Moisés, mejor pase a la casa y
tómese un café calientito, –insiste, don Chemo–, mientras coloca una
silla en el corredor de su casa.
— Gracias, don Chemo, pero es mejor que me vaya porque el sol
no espera, él sigue su curso sin que nada le importe, solo avanzar.
— Como usted quiera, don Moisés; pues no lo entretengo. Cuídese
mucho porque en estos días muchas cosas pueden ocurrir.
— Gracias, lo tomaré en cuenta. Luego nos vemos – respondí– y
reanudé mi camino.
¡Los muertos son muertos y punto! Lo que simplemente sucede es
que el cuerpo se va al hoyo, la carne se pudre y el alma, mi tonal, se
desprende y se va al cielo o al infierno, no sé a qué lugar se va, no los
conozco; creo que yo vivo en esos dos lugares todos los días, desde
que me levanto hasta que me duermo; incluso cuando estoy dormido y
mis sueños me hacen viajar y vivir mi vida en situaciones difíciles y
uno que otro agradable.
A lo lejos, se ve mi pueblo, puedo apreciar el humo saliendo de las
casas, alcanzo a percibir el olor del café, de los tamales hirviendo, del
chocolate, del pan cociéndose, del mole, del copal, del tabaco,... El
aire deja percibir la mezcla de todas las aromas; además, se escuchaba,
de manera constante, el estruendo de los cohetes que en el cielo
dejaban ver sus luces brillantes que se mezclaban con el humo. La
música de viento se oía en varias casas o de algún trío que ejecutaba
sones exclusivos para la ocasión. El violín dejaba escapar su timbre de

66
dolor, de tristeza, de melancolía; pero la guitarra y la guapanguera la
hacían sonar muy alegre.
— ¡Maldición! Ellos hacen todo eso porque tienen dinero o porque
tal vez no tienen en qué gastar; no es cierto, hay gente que con tal de
celebrarlo se endeuda o vende algunas de sus pertenencias y dejan de
trabajar. Yo simplemente quisiera quitarlo porque no sirve más que
para gastar el dinero que uno no tiene. No sé para qué gastar en tanta
comida y cohetes. Eso es basura. –Así me expresaba–. Renegaba
mientras miraba mi pueblo.
Continué mi camino hacia mi milpa.
Llegué a la milpa, colgué mi morral con el lonche y mi agua. Me
dispuse a trabajar. Comencé a chiflar un son que escuché en la mañana
en la radio, me sentía feliz; al fin me sentía libre y poder hacer lo que
me venga en gana. Era el primer año que no pretendía festejar el
xantolo, cosa que implicaba ahorrar dinero para hacer los tamales,
comprar pan, café, chocolate,… No, yo pretendía ahorrar y comprar
una televisión grande donde iba poder a ver películas y novelas; esa sí
que es vida.
De pronto, el lugar fue invadido por un silencio total, parecía a
propósito. El viento dejó de soplar. Comencé a escuchar un cuchicheo
que se fue haciendo más claro, lo que antes creía que era el viento que
hacía rozar las hojas de los árboles o de la maleza, ahora me
convencía que se trataba de una conversación. No me paré y seguí
limpiando las matas de maíz:

67
— ¡Compadre! ¡Compadre, Ángel! ¿Usted por qué no está cortando
hojas para los tamales y así ayudarles un poco a nuestros hijos?
— No, compadre, Andrés, yo creo que no iré con ustedes. Pero
ustedes váyanse que yo los esperaré. –Dijo, Ángel, mi padre.
— ¿Por qué, compadre, Ángel? No te puedes quedar aquí solo.
Todos vamos a visitar y a convivir con nuestros familiares.
— Sí, compadre, Ángel ¡Acompáñenos! Si no tienes dónde llegar,
ven conmigo y comeremos tamales, pan con café o chocolate. Comida
habrá lo suficiente. – Dijo, Francisco.
— Gracias, pero no quiero causar molestias en ningún otro lugar. –
Insiste, Ángel.
— ¡No…! Compadre. Para mí sería un honor. Jamás una molestia.
Para mi hijo tampoco lo será. Es más, sé que va a matar un marrano
bien gordo. Así que no solo comeremos tamales sino carnitas,
cueritos, tripitas, cabeza y mole de puerco. ¿Cómo la ves, compadre?
– Insiste, Francisco.
— Gracias. No insistan. No iré. –Responde, Ángel–. Cabizbajo,
sentado a lo lejos.
— Bueno, compadre, y a todo esto. ¿Por qué no quieres ir? Si es
que se puede saber. Si se trata de algún secretillo. Lo entenderemos, –
dijo, Tomás– que solo se había limitado en escuchar.
— Pues verán. Yo también tenía toda la ilusión de ir a visitar a mis
familiares, en especial, a mi hijo, mi hijo Moisés. Pero esta mañana
me asomé por la casa y no tenía nada preparado, no había arco; no
habían comprado nada. La casa lucía triste, es la única casa que está

68
así de todo el pueblo. Escuché a mi hijo decirle a mi nuera que ya
dejara de molestar con eso del xantolo, pues esas cosas son tonterías.
Los muertos nunca regresan. Los muertos, muertos están. Mi nuera ya
no siguió insistiendo porque mi hijo amenazaba con golpearla porque
ella quería hacer unos tamalitos para mí. Insistió: ―Es el aniversario de
tu padre. No puedes ser tan cruel. Él fue muy bueno con nosotros y
todo lo dejó para ti; por lo menos la tierrita donde él trabajó toda su
vida‖. Mi hijo, no quiso escuchar más. Se marchó dando un portazo.
— ¿Así que es eso? –Dijo, Francisco.
— Incluso; miren hacia allá, en aquel lugar. Ahí está él trabajando
como si nada.
— ¡No puede ser! ¡Eso no es verdad! –Exclamé– estaba muy
asustado y no podía creer lo que estaba escuchando. Quería correr
pero seguí trabajando. Ellos continuaron charlando:
— ¡Ah, ese es tu hijo! –Dijo, Andrés–, que sentí cómo su mirada
me traspasaba el cuerpo con un escalofrío.
— Tienes razón, compadre. –Expresó Francisco, con un poco de
enfadado–. Mientras todos están preparándose para recibirnos, él no lo
está haciendo.
— Como les dije: mi hijo no cree que nosotros retornamos en estos
días por licencia de Dios para poder estar con nuestros familiares.
— Ah, qué muchacho, pues qué ignorante. El cuerpo es el se queda
sin vida, inerte y se descompone; pero nunca el alma, el espíritu. El
espíritu es eterno. –Recalca Ángel.

69
— ¿Cómo la ves compadre, Ángel? ¿Nos lo llevamos? Ahorita
mismo que está solo. –Dice Andrés–, parándose de su lugar.
— Por mí, nos lo llevamos ¿Tú qué dices, compadre Ángel? ¿Nos
lo llevamos? –Insiste Francisco.
— Yo opino que nos lo llevemos en este momento –dijo, Tomás–.
No es posible que no le tenga el mínimo respeto a los muertos.
No aguanté más, me incorporé rápidamente, tomé mis cosas y me
regresé. Mi cuerpo estaba frío, pero sudaba; mi cabeza lo sentí más
grande, mis piernas pesadas, mi mirada se nublaba. Regresé a casa lo
más rápido que pude y no escuché cuál fue la respuesta de mi padre.
Llegué a casa:
— ¡Mujer, dónde estás! ¡Dónde estás!
— Aquí estoy. ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué te pasó? Estás muy
pálido y muy agitado. –Mirándome con mucha sorpresa.
— Nada, mujer, nada. Anda, ve rápido y consigue pan, carne,
chocolate; lo que haga falta, festejaremos el xantolo como todos.
— ¡Está bien! Ya voy. Ya cálmate, hombre.
— ¡Ya vete! ¡Ya vete! Luego te cuento. Mientras, yo consigo
algunas papatlas, flores y haré el arco.
Fui con mi hermano y le pedí que me regalara unas hojas de papatla
y que me ayudara a hacer mi arco y adornar mi altar. Me sentía
inquieto, preocupado, quería creer que nada había pasado en la milpa,
que todo fue un sueño, una alucinación. Pero escuché toda la
conversación y distinguí muy bien la voz de mi padre. Mi hermano

70
insistió que le contara qué me pasaba, una y otra vez, hasta que no
pude más y le conté:
— En la milpa, mientras trabajaba. No sé qué pasó. Escuché a mi
padre y a otros tres, que ya no están aquí entre nosotros. A mi padre le
dijeron: si tú quieres nos lo llevábamos, compadre.
— ¿Escuchaste la respuesta de nuestro padre?
— No, no la escuché.
— Tal vez no pase nada. ¡Cálmate!, hermano.
Terminamos con el arco, adornamos el altar, solo faltó la ofrenda
Mi esposa, también insistió que le platicara lo que me pasaba. No le
pude mentir más. Mi mujer es como aquellas que huelen cuando algo
raro está pasando y no lo dejan a uno en paz hasta que le sacan toda la
verdad:
— ¿Qué te pasa? ¡No me espantes! –Exclamó mi esposa– con una
cara llena de espanto y preocupación.
— Espera mujer, deja que te cuente: ―Mientras trabajaba en la
milpa, mi padre con otros tres me visitaron, no directamente a mí,
pero los escuché hablar. Uno de ellos le propuso a mi padre llevarme
con ellos por no creer en el xantolo, por no respetar a los muertos.
— ¡No, no me digas eso! ¡Por qué, Dios mío! ¡No permitas que eso
ocurra! –Gritaba mi mujer con desesperación.
— No te pongas triste, mujer; tal vez nada ocurra, tal vez mi padre
se niegue; además, ya podrá venir a la casa, como él lo quería y podrá
comer todo lo que quiera.

71
Al día siguiente visitamos a nuestros compadres e invitamos a
comer nuestros familiares. Con la charla y las comidas y bebidas se
me olvidó un poco de lo sucedido, aunque mi rostro seguía mostrando
preocupación porque me preguntaban mis familiares y conocidos a
cada instante: ¿Te sientes bien? ¿Estás preocupado?,…
Al llegar la noche nos acostamos. Comencé a recorrer con la mirada
toda mi casa, como queriendo grabarme cada rincón; después, miré
por un largo rato a mi esposa mientras ella dormía, hice lo mismo con
mi hijo. Finalmente, me quedé dormido.
En el transcurso del día, todo fue comida y bebida nuevamente. A
las cuatro de la tarde invité a mi hermano a comer, llegó con su
esposa. Mientras comíamos, comencé a recorrer mirando todas las
partes de la cocina. Me sentía raro: nada me distrajo, puse de música,
mi banda favorita; luego a los tríos para escuchar los huapangos; nada,
nada me hacía sentir bien. Mi hermano y su esposa se retiraron porque
a las siete era la despedida de los difuntos allá en el camposanto.
Habría que prepararse para llevar tamales, vino, cigarros, aguardiente,
cervezas, chocolate, café, cohetes; además, iría la banda del pueblo y
los tríos. Le pedí a mi esposa que hiciera los preparativos.

Lleno de nostalgia y un sentimiento tan raro que sentía que me dio


por charlar con mi esposa:
— Mujer, te quiero mucho, mucho, y a mi hijo también.
— ¿Ahora qué te pasa, acaso estás borracho? Nunca me dices eso. –
Expresó mi esposa con extrañeza.

72
— Pero eso no significa que no los quiera. –Asentí– y la tomé de la
cintura, la acerqué a mí y le dije: cuídense mucho. Nunca olviden que
siempre los amaré.
— Está bien. Está bien. Yo también te quiero mucho. Tú lo sabes. –
Me respondió ella.
— Pues me iré a acostar un rato. Me despierto y nos vamos al
camposanto.
Con pasos lentos, pocos seguros me fui a acostar sobre un petate
viejo. Sentí un poco de frío, jalé una cobija. Afuera estaba muy
nublado. Escuché, a lo lejos, a una banda que tocaba el xochipitsaua,
un son de despedida, me hizo recordar a mi padre el día de su
sepultura. Me quedé profundamente dormido. Vi mucha gente a mí
alrededor. Estaba mi esposa con mi hijo muy silenciosa, unas lágrimas
le resbalaban de sus mejillas. Al volver la vista, vi a mi padre
sonriente y feliz, me sentí mejor y me fui con él. Me había perdonado
todo.

73
¿Tijuikaj kompa?

— ¡Nosiua, na ni youa mila! ¡Yon kentsi ximoyoloui tla tijchiuas


kanantlajki pampa tijnekis ma tikinselisej tlen ne mijtokejya, ne
sekinoj tlen kichiuaj mijkailuitl ne uiuimej yeka kichiuaj, pampa
keman akajya miki tlami nemilistli uan aijuelis sempayo ualasej,
pampa aijkema uelis tiualasej. –Ijkino nikilui nosiua.
— ¡Axtleno nijchiuas! ¡Amo ximokueso! San nijneki amo ma
kualanisej tlen mijtokejya. Ika inijuantij axuelis san ika timauiltisej. –
Nechilui nosiua, Esperanza– Na san kentsi nijkajki.
Nopa ijnalo, na niyajki nomila nitekitito, kejnochipa nijchiua; maski
ipan ni chinanko, nochi maseualmej motlasenkauiliayaj pampa ya
tlamis meestli octubre uan mochiuas mijkailuitl, kipixtojkecha tlen
tlatekiuisej: isuatl tlen ika kichiuasej tamali, nojkia kikojtokejya
pantsi, nakatl uan tlachijchitokeya ipan tlaixpamitl.
Inichaj kionij kafe, sekij pitsonakatl kipajpakaj, piyonakatl o ne
patoxnakatl ika ya kichiuasej tamali. Se omej tlakamej tentokej
inkaltenoj tlen ki’intlachiliaj mauiltiaj inkoneuaj ika sekinoj konemej,
san tleueli ika mauiltiaj o san mokamouiaj, moijliaj tlen ki’inkuesoua
o tlen ki’ileuiaj.
— Kanij tiaj, Moisés –nechtlatsintokili ne totlayi Chemo– ya yetoya
ikalmapa, kioni kafe totonik.
— Nitekititi nomila. Nijpia miaj tekitl uan yeka axueli nimomaseuia
–nikilui achi nechkualankamaka.

74
— Tekitl axkema tlami, Moisés, achikuali xipano kalijtik uan ma
tikonikaj kafe totonij, –nechiluia totlayi Chemo– uan kiketsa se
kuachichi nopa ikalteno.
— Tlaskamati, tlayi Chemo, axnimokauas, na ya niaj nomila pampa
ne tonati axkanan texchiya, ya panima youi, axtlajki kikuesoua, san
yajtika.
— Ta tijmati, Moisés, tla axtijneki tikafenis, axkanaj
nimitstsakuilis. Ximotlachilis pampa ipan ni iluitl miaj tlamantli pano.
— Tlaskamati, kena nimomaluis. Teipa timomelauasej –nijnankili–
uan nijkonanki no’ojui.
¡Tlen mijtokeya, mijtokeyaj, ijkino nochi tlami! Totlakayo ya youi
ipan ne tlakoyojtli, tonakayo palani uan totonal ya kimakaua totlakayo
uan youi iluika o ne mijtla, axnijmati kani youi, axkema niyajto; na
san nijmati nimemi nopaya iluika uan mijtla, san kema nimejteua uan
kema nikochi, maski nikoxtok nopaya onkaj ni’istok pampa kemantsi
nechnextiliya tlen kuali nemislistli uan kemantsi tlen axkuali.
Ne uajka nikita nochinanko, nesi kenijkatsa kisa pojtli ipan kali,
nojkia nikijnekui kafe, ne tamali tlen moloni chachapalko, nojkia nopa
chokolatl, pantsi tlen kanaya kikakatsouaj, tlakuali, kopali kitlatiaj uan
iyatl tlen kanajya kichichinaj… Nopa ajakatl nochi nechualikiliya tlen
mochiua ne chinanko, uan mokaki sen tlapistokej, tlatoponiaj uan nesi
ken sitlalimej tlen poliuij ipan pojtli. Tlapitsaj tlapitsanij uan nojkia
tlatsotsonaj nochi ne tlatsotsonali tlen mijkailuil. Tlen nopa kitsotsona
violi nelia sanijki kichojtia, ika kuesolpa kitsotsona; uan nopa sekinoj
tlatsotsonali kikakiltiaj ika pakilistli.

75
— ¡Tepoli! Inijuantii kuali motlakouitokej, san pajtokej, pampa
kipixtokej tomi uan noueli axkimatij kenijkatsa kiyaltisej, axneli,
nojkia sekij nouampoyouaj ijkatsa istokej, momatenkauaj,
motlanamakiaj uan ijkino motlakouiyaj uan axtekitij. Na nijnekiskia
ma moilkaua, aijakana mamochiua pampa axtleno ki’ijtosneki san
tomi moyaltia uan tla axonkaj san timotlauikachiuas. Axnijmati kenke
tlauel moyaltis tomi tlen ika tlakualistli o ne tlatopontli, nochi nopa
san tlasoli eli –ijkino nimoiluiyaya, uan nijtlachilijtok nochinanko.
Nijkonanki no’ojui ika mila.
Kema niasito nomila, nijuiyonij nomorral ika notlaxkal uan nóa.
Nimoketski ipan pamitl uan pejki nitekiti, nikikisi se sona tlen nopa
ika ijnalo nijkajki ipan nopa tepostlatsotsonali, na nipaki pampa
nimomachilia noselti nimonauatia, nama kena uelis nijchiuas nochi
tlen na nijnekis, ayaj uelis nechiluis tlajke manijchiua. Sanoj nama ni
xiuitl axnijchiuas yon tleno tlen nopa mochiua ipan ni mijkailuitl,
pampa nelia san tomi moneki ma moyalti, miaj tlamantli moneki ma
mokoua: pantsi, kafe, chokolatl, nakatl, tlatopontli,…Amo, na
nimokauis se achi tomi pampa nijneki nijkouas se ueyi
tepostlanextijketl tlen kuali nijmauisos, ijkino nijneki nonemilis.
San miyajatsa, kampa ni’istoya, axtlajki molini, nochi san tlakajtok,
sanijki akajya nochi tlaijkueni. Yon nopa ajakatl aijnimachili. Teipa
nikajki iyolik mokamouiyaj, axnijkakiyaya tlajke moiluiyaj,
nimoyolouiyaya noueli ne ajakatl kichiua ma mokaki sanijki
mokamouiyaj; amo, pejki kuali nijkaki, kena mokamouiyaj.
Axnimoketski, na panima nijmeua tojtli:

76
— ¡Kompa! ¡Kompa Ángel! ¿Ta kenke amo tijteki isuatl tlen ika
mopikis tamali uan ijkino kentsi tikinpaleuisej tokoneuaj.
— Amo, kompa Andrés, na axkanaj inmouaya nias. Inmouantij
xiyakaj, na nika nimechchiyas. –Ki’itoj, Ángel, notata.
— ¿Kenke, kompa Ángel? Axuelis nika moselti timokauas. Nochi
tojuantij tiyasej tikinpaxalotij toteixmatijkauaj.
— Kena, kompa Ángel, ¡matiyaka! Tla axtijpiya kanij tiasiti,
nouaya xiuala uan tijkuasej tamali, pantsi ika kafe o chokolatl. Tlen
tijkuasej miaj tlaojonkas, –ki’itjtok, Francisco.
— Tlaskamati, axnijneki nitlakuatotonis sejkano. –Ki’ijtoua Ángel.
— ¡Amo…!, kompa. Na ika pakilistli nimitsuikas. Axkema
tinechkuatotonis, yon nokone. Uan na nijmati ya tlamijtis, kimijtis se
ueyi pitsotl, tomauaj. Ijkino uelis nojkia tijkuasej nakatlakakatsoli,
kuetlaxtli, kuetlaxkoli, tsontekomitl uan pitsotlakuali. ¿Kenijkatsa
tikita, kompa? – Ki’ijtoua, Francisco.
— Nimechtlaskamatilia, axkanaj nias, –tlanankilia, Ángel–. Yetoj
ne uajkatsi, mopachotok, mokuesoua.
— Kualtitok, kompa, ¿uelis titechpouilis kenke axtijneki tias? Tla
uelis titechiluis. Tla’axuelis axkenijki. Noueli san ta tijneki tijmatis, –
ki’ijtok, Tomás– tlen san tlakajtoya.
— Na nelía ika pakilistli ninekiyaya nias nikinpaxaloti
noteixmatijkauaj, nokone, notelpoka Moisés. Nama ijnalo ninaualitato
icha uan axtlenok onka, axtlachichijtok; uan axtleno kikojtok. Icha
san kuesoli onka, san ya icha axtlenok kichijtok. Nijkajki nokome tlen
ki’iluik noyej: aikanaj matlapasui ika nopa xantolo pampa axtlenok

77
melauaj. Tlen mijtokejya aijkema ualouij. Mikij uan ijkino tlami,
aijkema mokuepaj. Noyej aijtleno ki’ilui pampa kinekiyaya kimakilis
kema ki’ilui ken ya kinekiyaya nechchiuilis se ome tamali. Sempa
ki’ilui: ―Nama xiuiti motata kema techkatejki, axkuali kenojpa tinemi,
pampa ya nochipa techijneli uan nochi ta tlen iaxka eliyaya
mitskauilitejki, yaya ne achi tlali kampa titekiti ya nochipa ipan
tekitiyaya. Chikauaj kimakajtej katskayotl uan pankiski, yajki.
— ¿Uaajka yanopa mitskuesoua? – Ki’ijtok, Francisco.
— Xikitakaj, amantsi, nepa ne istok, ya tekiti, axtlajki
kitekipachoua.
¡Axmelauaj! ¡Nelia axnijneltoka! –Nimoiluik– nimomajmatia uan
axnijneltoka tlen nijkaki. Nijnekiyaya nimotlalos, nimokaajki nitekiti.
Iniuantij san mokamouitokej:
— ¡Ah, uaajka ya ne mokone! –Ki’ijtok, Andrés–, nijmachilik
kenijkatsa nechtlachilia uan sanijki sesek atl kitlapalpano notlakayo.
— Kena, nelia kompa. –Ki’ijtok Francisco, ika kentsi kualantli–.
Ya tekiti yon kentsi kikuesoua tla nochi ne sekinoj tlasenkauaj pampa
techselisej, ya axtlenok kichiua.
— Ijkino ken nimechiluij: nokone axkineltoka tla tojuantij nochipa
ipan mijkailuitl Toteko techmakaua ma tiualakaj, ma tikinitakij
toteixmatijkauaj.
— Ah, uiui nelia ne telpokatl. Totlakayo ya miki, ya aijkana ueli
nemi uan teipa ijtlakaui, palani; totonal ya axkema miki. –Ki’ijtoua
Ángel.

78
— ¿Kenijkatsa timoyolouia, kompa Ángel? ¿Tijuikaj? Ya nama,
iselti istok. –Ki’ijtoua Andrés– tlen moketsa kampa yetoya.
— Na nikijtoua ma tijuikakaj, ¿ta tlen tikitoua, kompa Ángel?
¿Tijuikakaj? –Sempa tlatsintoka Francisco.
— Na nikijtojua ma tijuikakaj nama –Tlanankili, Tomás–. Pampa
nelia axkuali inemilis kenke yon kentsi axtechtlepanita.
Aijnixiko, nimokestejki, san nijtilantek tlen niuikatoya uan
ijisijkapa niualajki. Tlamo seseski notlakayo, uan nimitonia; ueyi
notsonteko nijmachili, etixki nomets, aijuelki kuali nitlachiya.
Ijisijkapa niualajki nocha uan axnikajki kenijkatsa tlanankili notata.
Niasiko kalijtik:
— ¡Tena! ¿Kanij ti’istok?
— Nika ni’istok. ¿Tlen mitspantia? ¿Tlen mitspanti? Tlauel
tichipajtik uan titlaxikojtok. –San nechtlachilia ika majmaktli.
— Axtleno, siua, axtleno. Xiaj, xiaj, ximoisiuilti uan xijkouati
pantsi, nakatl, chokolatl; nochi tlen poliui pampa kena tichiuasej
mijkailuil, iuikal ken ne sekinoj kichiuaj.
— ¡Kualtitok! Niyouiya. Uan ximotlaxikolkaua, tlakatsi.
— ¡Xiak! ¡Xiak! Teipa nimitspouilis. Na nika nijtemos isuatl,
xochitl uan nitlachijchiuas.
Nikitato noijni uan nitlajtlani ma nechmaka se ome isuatl uan nojkia
ma nechpaleui titlachichijkej. Na axnipaki, nimokuesoua, san
niyolouia tlen nopa nechpantik, sanijki san nitemijki, san
nimoixtetsauik. Nelia melauak, kena nijkajki nochi tlen

79
mokamouiyaya uan nijtenkajki yaya notata kamati. Noijni nechilui ma
nijpouili tlen nechpantia, tlen nechkuesoua, ika ouij, nijpouilik:
— Ne mila, kampa nitekitiyaya. Axnijmati tlen panok. Nikajki
notata uan sekinoj eyi tlakamej, tlen aijkanak yoltokej. Notata
ki’ilikej: tla ta tijneki tijuikasej nama, kompa.
— ¿Tikajki tlen tlanankili totata?
— Axkanaj, amo nikajki.
— Noueli axtlenok panos. ¡Amo ximomajmati!, noijni.
Titlankej titlachijchiuaj, san tlen titlamajmanasej ya aijkanaj
tijchikej.
Ne nosiua, nojkia nechilui manijpouili tlen nechpantik. Aijuelki
nikajkayaua. Nosiua sanijki ki’ijnekui nochi tlen nechpantia, uan
axkana ijkatsa kikaua, tlatsintoka uan teipa na, nijtempouilia tlen
nechpantia:
— ¿Xinechilui tlen mitspantia? ¡Amo xinechmajmati! –Ki’ijto
nosiua– nechtlachilia ika majmajkayotl uan tekipacholi.
— Xinechchiya siuatsi, nimitspouilis: ―Nitekitiyaya ne mila, notata
uan sekinoj eyij nechpaxalotok, axkanak nelia na nechitatok, kena
nikinkajki. Se totlayi ki’ilui, kitlatsintokili tla ya kineki uaajka
nechuikasej pampa axkana nijneltoka mijkailuitl yon axnikintlepanita
tlen mijtokeya.
— ¡Aijkana xinechtempouili! ¡Kenke Toteko! ¡Amo xijkaua ma
pano nopa tlamantli!, –chikauak kamati nosiua, uan aijkimati tlajke
kichiuas.

80
— Amo ximokueso, nopilsiua; noueli axtleno nechpantis, noueli
notata axkanaj nechmakauas; uan nojkia uelis ualas techpaxaloki, ken
ya kinekiyaya uan uelis kikuas nochi tlen kinekis.
Tonilikapa tikinpaxalotok tokonpauaj uan nochi toteixmatijkauaj
tikinnotskej ma tlakuakij tocha. Ika nochi tlakualistli uan kamanali
nikilkajki se tlaloxtli tlen nopa nechkuesoyaya, maski noxaya ya kena
kinextiyaya nopa kuesoli pampa tlen nechixmatij uan
noteixmatijkauaj nechtlatsintokiliyaj ajachika: ¿Kuali timomachilia?
¿Timokuesoua?,…
Tlayoua uan nochi timotejkej. Pejki nochi nijtlachilia nocha, sanké
nopa nijneki nochi kuali nikixmatis, nochi kaltsintla; teipa nojkia
nijtlachilia nosiua keman ya kuali kochtok uan nokone. Ijkino teipa
nikochki.
Nopa se tonal, sempa san titlakuakej uan titlaikej. San kuali ika
teotlak ninotski noijni matlakuaki, asiko iuaya isiua. Keman
titlakuayayaj na nojkia pejki nijtlachilia nochi nopa kali kampa
tlakualchiuaj. Axnipaki, sanijki nopa niajmani uan axtlajki
nechyoltilana, nijtlali ipan tlatsotsonali tlen tsapitsanij uan teipa
tlatsotsonanij tlen nikaamati nopa uapanko; axtleno nechpakilismaka.
Noijni uan isiua nechmakajtekej pampa kema ya peuas tlayouas
tiyasej ne kamposanto. Monekis ma mosenkaua tlen titlauiuikasej:
tamali, tlaili, iyatl, uino, chokolatl, kafe, nojkia ne tlatopontli uan
tlapitsanij uan tlatsotsonanij tlen ni tochinanko yasej. Na, nikilui
nosiua ma ya tlasenkaua tlen titlajuijuikasej.

81
Nopa tlen nechyoltekipachoua uan nopa kuesoli tlen nijmachilia,
pejki iuaya nimokauiya nosisua:
— Nopilsiua, na tlauel nimitsijnelia uan nojkia tokone.
— ¿Tel nama tlajke mitspantia, chi ti’iuinti? Axkema ijkino
tinechijlia. –Ki’ijtok nosiua, kentsi axnechneltoka.
— Axkanaj ki’ijtosneki amo nimechijnelia tla axkana ijkino
nimechijlia, nikilui nosiua uan nijkuanauajki ipan itsinkech, kuali
nijnechkaui uan nikilui: nochipa kuali ximotlachilikaj. Axkema
xikilkauaj pampa na nochipa nimechtlasotlas.
— Kena, kualtitok. Ijkino elis. Na nojkia tlauel nimitsijnelia. Ta
tijmatojka, –ya nechiluik.
— Uaajka na nias nimotekati se tlaloxtli. Kema nimeuas tiyasej ne
kamposanto.
Iyolik, ika maluili nimotekato ipan nopetl tlen ya sosoltik.
Nimachilik kentsi nisesekui, nijtilanki se pilisali uan nimopijki. Ne
kalteno ya tlamixtentok. Nijkajki, ne uajka, tlapitsaj. Kipitsaj nopa
sona ―xochipitsauaj‖, nopa sona tlen san kipitsaj keman
momakauajya, uan nikilamijki notata kema kitlalpachokej. Kema ya
ninelkochki nikitaj miaj nechyaualotokej. Nosiua iuaya nokone nojkia
istokej, uan pejki temo i’ixayo. Kema sejkano nitlachixki nikitak
uetska notata uan paki, na nojkia kuali nimomachili uan iuaya niyajki.
Ya nochi nechtlapopolui.

82
¡No te muevas que pueden vernos!

Yo era una mujer muy hermosa, morena clara, cabellera larga con
trenzas, siempre limpia, de amplias naguas, blusa bordada, abundantes
collares y unos aretes largos; además, viuda y muy trabajadora. Tenía
mis treinta y cinco años, mantenía a mis dos hijos, desde que quedé
viuda. Trabajaba en las milpas ajenas para ganar algo de dinero. Era la
envidia de muchas.
Todas las mañanas, iba al arroyo a lavar mi nixtamal en un
chiquihuite de carrizo, luego regresaba muy rápido para darle de
comer a mis hijos e ir a la milpa ajena como jornalera.
Una mañana, mientras lavaba mi nixtamal en el arroyo, sentí una
mirada a mi espalda, una mirada que me estremecía, me incorporé un
poco y pude mirar, solo por un instante, a Don Carlos, un hombre de
unos cuarenta y tres años, que estaba mirándome. Sin decir palabra
alguna, cruzó el arroyo y se fue con rumbo a su milpa. Sentí mi piel
erizada.
La mirada de don Carlos no solo me estremeció, más bien me
sacudió. Nadie me había hecho sentir algo así; además, ninguno de los
hombres era de mi interés; pero ese hombre me inquietó mucho. Pasó
una semana en que ambos íbamos a la misma hora en el arroyo;
aunque nadie decía nada; en realidad, era solo para vernos. Don
Carlos, siempre se acercaba con cautela al arroyo para no ser
sorprendido por alguien y siempre lo sentí que se quedaba mirándome
por un largo rato.

83
Un día, por fin se animó hablarme:
— Señora, Petra, ¿Qué hace usted?
— Lavando un poco de nixtamal para darles de comer a mis hijos. –
Respondí sin levantar la mirada.
— ¡Qué bien! Yo voy a mi milpa para desyerbar un poco a las
matas de maíz.
— Pues, vaya. Que también yo ya me voy. Tengo algo de prisa. –
Lo que quería era simplemente irme del lugar.
— Sí, no se preocupe. No lo entretengo más. ¿Mañana le puedo ver
otra vez?
— Pues… sí. Entonces, hasta mañana. –Levanté mi chiquihuite y
me retiré rápidamente sin mirarlo.
Pasaron quince días hablándonos brevemente en el arroyo, siempre
con el temor de que alguien pudiera vernos y se diera el chisme del
mundo. Un día, don Carlos me pidió vernos al siguiente día, media
hora antes de lo acostumbrado. Yo, con temor y nerviosismo, acepté la
invitación.
Al día siguiente, estuve muy puntual en el lugar. Cruzamos el
arroyo y nos internamos en un montecillo.
— Petra, la verdad no sé cómo empezar. –Carlos, se mostraba muy
nervioso.
— ¿Qué me quiere decir, don Carlos?, –le pregunté con los nervios
de punta.
— ¿Sabe? Desde que le vi no he dejado de pensar en usted.

84
— ¡A…y, don Carlos! Pero usted es casado. Imagínese qué dirá su
esposa cuando se entere.
— No creo que se entere.
— La verdad, no sé qué decirte. No niego que usted también me
atrae. Pero tampoco quiero que mis hijos se enteraren.
— No se enterarán si no nos ven.
— Está bien, don Carlos; pero entonces, nos vemos más tarde.
— Voy a ir a verte en la noche. Estás al pendiente. Lanzaré dos
chiflidos imitando a una lechuza.
— Está bien, don Carlos, estaré al pendiente. Ya me voy, antes de
que alguien nos vea.
— Entonces, hasta la noche, Petra.
Muy nerviosa, con los pies temblando y con pasos apresurados, me
retiré del lugar. Seguramente, don Carlos se retiró hacia su milpa. Yo,
pasé a lavar muy rápido mi nixtamal. Llegué a la casa, eché unas
tortillas para mis hijos y me retiré con otras señoras a trabajar en
milpa ajena.
Todos los días, por la tardes, me bañaba en el arroyo. Ese día no me
fue la excepción. Hice la cena, di de comer a mis hijos y, antes de la
hora acostumbrada, los mandé a dormir, extrañados pero; sin
preguntar, tendieron su petate y se acostaron.
Yo estaba muy nerviosa porque un poco más tarde vería a don
Carlos. Estaba llena de dudas. Quería ir, a la vez no. Sabía que no era
correcto pero, al mismo tiempo, deseaba estar en sus brazos. Mis
pensamientos y sentimientos en plena confusión. Lavé los trastes y

85
revisé la ropa de mis hijos. Después me acosté en una orilla del petate
al lado de uno de mis hijos. No pude conciliar mi sueño: quería dormir
pero temía quedarme dormida y no escuchar la señal. Afuera, ladraban
los perros. La gente seguía pasando cerca de la casa, oía los pasos y
los cuchicheos. Estaba cerrando los ojos: el ladrido de los perros se
oía cada vez más lejos, se perdía entre la espesura de la noche. Al
escuchar el canto de la lechuza desperté sobresaltando, esperé el
siguiente canto para asegurarme que era don Carlos. Sigilosamente me
levanté, con una lámpara en mano que no prendí por temor a que mis
hijos despertaran. Abrí con mucho cuidado la puerta. Salí y me
encaminé hacia atrás de la casa, en un tinglado. Sin decir palabra
alguna nos tomamos de la mano, nos abrazamos por un instante y nos
separamos suavemente. No quería que me soltara, quería sentir su
cuerpo junto al mío, escuchar el latir de su corazón.
— No está bien lo que estamos haciendo, –dije con una voz suave–.
En realidad no es eso lo que quería expresar.
— No digas nada, Petra. A nadie le hacemos daño.
— ¿A caso usted no piensa en sus hijos?, ¿en su mujer?
— No te preocupes por ellos porque no se enterarán.
— Tal vez no se enteren, pero a mí me da mucho miedo.
— ¿Miedo a qué, mujer?
— A que un día nos vayan a descubrir. Será mejor que te vayas y
nos vemos en otro día.
— Está bien, mujer, pero vendré pasado mañana a la misma hora.
¿Sí?

86
— Sí, sí; pero ya vete.
Me tomó de las manos con suavidad que una sensación de lujuria
me recorrió por todo el cuerpo. No quería que se fuera, quería dar
rienda suelta a mi pasión y desenfreno. Me soltó de la mano con una
gran ternura y se retiró. Entré a la casa y me volví acostar. Lo
sucedido ya no me dejó dormir.
Al amanecer, la misma rutina. Fui a lavar mi nixtamal y él a su
milpa.
Me habló:
— ¿Qué haces, Petra?
— Lavando un poco de nixtamal, don Carlos. –Respondí sin
levantar la mirada.
— Hoy se ve el cielo muy azul. Va hacer un buen día.
— Así se ve.
— Hasta luego, Petra.
— Hasta luego, don Carlos.
Apenas cruzábamos unas palabras. Actuaba torpemente, parecía no
coordinar bien sus palabras. Estaba muy nervioso. Siempre miraba por
todos lados. Yo tampoco quería verlo, me avergonzaba por lo
sucedido. Había pasado mucho tiempo que no hablaba con un hombre
y menos haber estado cerca de uno.
Llegó la noche de nuestro segundo encuentro. Escuché los dos
chiflidos imitando a una lechuza. Salí y me lancé a sus brazos, nos
estrechamos por un largo rato sin decir palabra alguna. Con una
mirada, dulce y tierna, nos separamos lentamente; mientras, la luna

87
dejaba caer su luz tenue. A lo lejos, apenas perceptible, se oía tocar
una banda de viento que ejecutaba el son ―El zopilote mojado‖. Con la
luz de la luna se podía mirar perfectamente bien a los perros
durmiendo y las casas al rededor nuestro. El cielo estaba muy
despejado, raro en esas noches de diciembre, temporada de lluvia y
frío. Se sentía un frío agradable que con un suéter se lograba mantener
el calorcito del cuerpo.
— Te quiero mucho, Petra. Quiero estar siempre a tu lado. –Dijo–
sin soltarse de mis brazos.
— Yo también así lo deseo. –Le respondí– y quisiera tener a un
hombre para siempre conmigo, que me cuide y me haga sentir
protegida, que me diga siempre que me ama mucho y yo cuidar de él
todos los días de mi vida.
— ¡Qué hermoso! Si me aceptas yo haré que todo ese sueño sea una
realidad.
— Cómo me gustaría que así fuese. Pero hay un problema, Don
Carlos.
— ¿Cuál, Petra? ¿Cuál problema?
— ¿Dejarás a tu mujer por mí?
— Si tú me lo pides lo haré, Petra. Quiero hacerte la mujer más
feliz de esta tierra. Me gustas mucho y eso es lo que quiero: hacerte
feliz.
Seguíamos abrazados sentados y platicábamos de nuestros sueños
sobre una piedra que acondicionamos. Me sentía, en esos momentos,
la mujer más feliz del mundo. A las tres y media de la mañana nos

88
despedimos con un beso largo, con la promesa de vernos nuevamente
a la tercera noche, a la misma hora.
Así fue como empezaron nuestros encuentros: cada tercer noche, a
las dos de la mañana.
Dos meses después, en lugar de ir al arroyo me fui a la pileta que
estaba en el centro del pueblo, donde la mayoría de las señoras
acudían todas las mañanas a lavar su nixtamal. Sin querer, escuché
una conversación que sostenía la esposa de don Carlos con otras
señoras:
— ¿Qué tal, Petra, también vienes a lavar tu nixtamal?
— Sí, así es. ¿Por qué la pregunta?
— Nomás, –me contestó una de las señoras.
— ¡A…h! Está bien. –Dije–, continuaron con su charla.
— Fíjate, que hoy vemos a tu marido muy cambiado: es más
limpio, se cambia de ropa todos los días, se compró nuevos huaraches,
pañuelo al cuello y hasta sombrero trae ahora. Se peina y se echa
brillantina en el cabello. Eso jamás lo había hecho.
— Sí. Él es así. Ustedes saben que como catequista del pueblo su
deber es dar el ejemplo.
— Eso mismo dijimos nosotras. Pero sí nos extraña su cambio.
Hasta creemos que existe alguna mujer a quien quiere llamar su
atención.
— Pues, tal vez, –respondió la mujer de Don Carlos– sonrojándose
un poco.

89
— Si es así, yo estoy libre,… ja, ja, ja, ja,… –se oyeron varias
carcajadas.
— Yo también quisiera apuntarme, pero estoy casada. ¡Qué
lástima!
La esposa de don Carlos solo se limitó a escuchar y se retiró muy
rápido. Seguramente se fue pensando: ¿Será posible que haya otra
mujer de quien se haya fijado y por eso es el cambio? No. No, puede
ser. Él es una persona que no sería capaz de hacer eso. Lo conozco de
toda la vida. Aunque sí lo he notado algo raro: se ha vuelto más
callado, se molesta por cualquier insignificancia, es algo distraído,
pensativo, con mirada extraviada, no escucha cuando le hablo, se le
olvida las cosas inmediatas, solo se limita a responder con frases
cortas. ¿Qué estará pasando? ¡Va! Mejor dejo de pensar en esas
tonterías y platicaré con él. Ser catequista no es nada sencillo.

Tres meses transcurrieron. Habíamos tomado el acuerdo de


continuar con nuestro amor en secreto. Ese amor no tenía
posibilidades para consolidarse. Don Carlos, no dejaría nunca a su
mujer por el miedo a defraudarla y porque amaba a sus hijos y,
también en el qué diría la población. El pueblo jamás le perdonaría
semejante acto por ser el catequista. Yo, no quería que mis hijos,
alguna vez, me recriminaran tal acto y, jamás lo aceptarían como su
padre porque ya eran grandes ni tampoco quería, que por mi causa, se
destruyera la familia de don Carlos. Sin embargo, no podía luchar con
mis sentimientos y mi pasión por él.

90
Un par de semanas después, estaba a punto de entregarme a él: nos
encontramos en la noche, a la misma hora y lugar, nos abrazamos, nos
besamos y comenzaron las caricias más sensuales. Él se sentó sobre la
piedra, yo me senté con las piernas abiertas a las suyas, estábamos
cara a cara, siguieron los besos y caricias más candentes, cuando ya no
aguanté más, me separé bruscamente de él.
— No, esto no puede ser. Tenemos que ser muy prudentes.
— Pero yo quiero hacerlo contigo, estoy seguro de eso. Además
nadie más sabrá de lo nuestro. Estamos así desde hace tres meses.
— Pues, creo que así seguiremos hasta que yo pueda aceptar
complemente este tipo de relación.
— Está bien. Será como tú digas, Petra.
— Sí, es mejor así.
Finalmente nos separamos y cada quien se retiró a su respectiva
casa.
Esa noche, Don Carlos se acostó al lado de su mujer boca abajo, no
pudo conciliar el sueño, su pasión por mí no lo dejaba en paz, sentía
ese deseo infernal por tenerme, por hacerme suya. En el fondo, sabía
que lo que estaba sucediendo era inaceptable, pero se sentía muy feliz
y nunca dejaba de pensar en mí; imaginaba estar conmigo haciéndome
el amor, solo esperaba tortuosamente el siguiente encuentro. Los
mandamientos del Señor, que se lo sabía de memoria, lo torturaban
violentamente.
Tres noches, después de nuestro último encuentro, volvimos a estar
juntos:

91
— No digas nada, Petra, solo amémonos con pasión, locura y
desenfreno.
— Espera, espera un poco. –Alejándolo– le pregunté nuevamente:
¿Serías capaz de dejar a tu mujer y venir a vivir conmigo?
— Petra, eso ya lo platicamos. No va a ser posible y tú ya sabes las
razones.
— ¿Tu mujer, no sospecha nada?
— Creo que no.
— ¿Lo dudas?
— Pero eso qué importa ahora. Mejor dime que me amas mucho
como yo a ti y hagamos el amor.
— Te quiero mucho y quisiera tenerte siempre a mi lado, don
Carlos.
Comenzaron los besos y las caricias tenues, poco a poco fueron
mucho más candentes. Él se sentó sobre la piedra, yo me acomodé con
mis piernas separadas a las suyas y así poder tenerlo frente a mí. Las
piedras comenzaron a chocar entre sí lanzando ruidos rítmicos. Eran
las dos y media de la mañana, los perros dormían profundamente o, tal
vez se habían acostumbrado al ruido de nuestros encuentros y habían
decidido dejarnos en paz. La obscuridad cubría plenamente el pueblo,
una lluvia caía de manera silenciosa, apenas unas gotas se deslizaban
de los techos de zacate. Así continuamos con nuestro juego de amor
sin hacer caso del ruido de las piedras. Yo reaccionaba
momentáneamente y le decía al oído: ―No te muevas que pueden
vernos‖. Pero no paramos. El deseo llegaba a su clímax. Estábamos

92
preparándonos para la entrega total. Nos olvidamos por completo de
lo que ocurría en nuestro alrededor. Don Moisés, el curandero del
pueblo, se acercaba al lugar con una lámpara en mano que prendía de
vez en vez. Atraído por el ruido rítmico de las piedras. Sigilosamente
se acercó y de pronto prendió su lámpara, alumbró directamente al
rostro de don Carlos que lo dejó cegado. Nos quedamos quietos por un
rato, sin decir palabra alguna, me paré y no supe qué decir.
Seguramente don Moisés, al ver a una pareja en una posición muy
comprometedora, prefirió apagar su lámpara enseguida y se retiró del
lugar.
— Calma, calma, Petra. No te preocupes. Tal vez no nos distinguió.
— ¡Cómo puedes pensar que no nos reconoció! Claro que lo hizo
porque a ti te alumbró directamente a la cara y a mí porque ésta es mi
casa.
— Tal vez, tal vez. ¡Ya cálmate! Probablemente no diga nada.
— Claro que lo va a decir. ¿Acaso no conoces a la gente?
— ¡Está bien! Pero es mejor calmarse. Ya veremos al rato qué
sucede.
— Está bien. Está bien, pero ya vete. Espero que no diga nada y que
esto no se vaya más allá.
Don Carlos regresó a su casa. Esa noche, se acostó al lado de su
mujer. Dándole la espalda, se quedó en silencio. Amaneció sin que
pudiera dormir un poco. Tratando de pensar en lo que pudiera ocurrir
si trasciende el hecho, quería creer que nada pasaría. Por otro lado, se

93
reprochaba tal acto, porque él sabía que esto, algún día, ocurriría. Yo,
tampoco pude dormir.
Al día siguiente, al dirigirse, don Carlos, hacia su milpa, nos
encontramos en el arroyo, volteó de un lugar a otro, y con voz apenas
audible me dijo: Por ahora no nos volveremos a ver hasta no saber qué
ocurrirá. Solo me limité afirmar con un movimiento de cabeza. Seguí
agachada lavando mi nixtamal. Don Carlos se fue a su milpa,
pensativo y preocupado.
También ese día, como lo hace la mayoría de los hombres, don
Moisés se fue a trabajar en una milpa ajena con otros cinco, estaban
desyerbando las matas de maíz. Él estaba muy ansioso por contar lo
que había visto en la noche, pero no encontraba el momento propicio
para empezar con la historia. Los hombres siempre, mientras trabajan,
hayan de qué platicar, y yo, como una señora viuda y joven, siempre
estaba en sus bocas, era cuestión de esperar para que la charla diera
comienzo:
— Benito, ¿por qué no le hablas a la señora Petra y casarte con ella,
tú que eres soltero? Es más, ella ya tiene casa y hasta hijos, así ya no
te costará en hacerlos.
— Ja, ja, ja, ja. –Rieron todos a carcajadas.
— Pues por mí no queda; pero no creo que ella esté esperándome.
— Tú, anímate y háblale. Ya ves que también cuentan que la viuda
tiene dinero.
— Encontró mucho dinero y que por tal causa murió el marido.

94
— Si quieres yo te ayudo un poco, solo dame tres litros de
aguardiente y yo me encargo. –Dijo, alguien más.
— No, gracias. Mejor me quedo con mi dinero.
En ese momento entra en la charla, don Moisés.
— Mejor dejen de hablar y escuchen: Anoche, como las tres de la
mañana, pasé cerca de la casa de la señora, Petra y escuché el ruido de
unas piedras que chocaban, precisamente atrás de la casa de la señora,
en el tinglado, así que me acerqué y, ¿qué creen que vi? ¡Qué creen!...
La encontré haciendo unas cositas. ¿Con quién creen?
— ¿Con quién? –Preguntan en coro.
— ¡Con quién creen!
— ¡Ya…! – Expresaron todos–. Dinos con quién.
— Con el señor don Carlos. Con el señor ―ejemplo‖. Con el señor
emisario de Dios, el catequista.
— ¡No, no puede ser! –Exclamaron todos juntos.
— ¡Claro que sí! Así que no tienen por qué disputársela. Ya les
ganaron.
— Se podía aceptar de otra persona, pero no de él.
— Don Carlos es un buen hombre y siempre ha actuado con mucha
rectitud, fiel a su mujer y ama a sus hijos.
— Hasta ahora no sabíamos de ningún acto vergonzoso.
— Siempre lo conocimos como un hombre recto y dedicado solo a
difundir la palabra de Dios.
— Es más, no tiene ningún vicio, –comentaban.

95
Juzgaron a don Carlos por el acto inmoral, sobre todo, por el papel
que desempeñaba: catequista del pueblo.
La charla siguió:
— Yo creo que esa mujer lo embrujó.
— No digas tonterías.
— ¿Por qué no? Si el hombre era tan bueno y cayó en sus brazos.
¿Cómo lo convenció?
— Pues sí, pero esa mujer es muy bella y su belleza hechiza. Su piel
color nuez, ojos de color café y grandes, labios gruesos y rojos,
cabellera larga que luce espléndida con listones de varios colores, un
cuerpo angelical y siempre muy limpia. Se trata de una mujer que
hechiza a cualquier hombre.
— Sí, es cierto. Pues si a mí me pidiera que dejara a mi mujer; por
ella, soy capaz de hacerlo.
— Pues yo también. –Dijeron los otros.
En la tarde, al regresar a sus casas, los señores comentaron del caso
a sus esposas. Juzgaron duramente también a don Carlos por esta
relación y decidieron no volver a entrar a la iglesia.
Al día siguiente, en la pileta, las mujeres que ya sabían del asunto,
mientras lavaban su nixtamal comentaron a las otras. Nos juzgaron
duramente:
— Es muy penoso lo que voy a comentarles pero creo que lo deben
de saber. –Dijo, la esposa de don Moisés.
— De qué se trata. ¿Es grave?
— ¡Uy! Ni se lo imaginan.

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— ¡Anda, cuenta! –Insisten, las señoras presentes.
— Don Carlos y la señora, Petra, los encontraron a noche haciendo
sus cochinadas en el tinglado de su casa. –Me lo dijo mi esposo.
— ¡No! ¡No, no es cierto! –Exclamaron en coro.
— ¡Sí, es cierto! –Dijo otra–. A mí también me lo dijo mi esposo.
— ¡No! ¡No! No puede ser cierto.
— Claro que es cierto. Yo tampoco lo quería creer, pero mi esposo
él mismo los vio.
— ¡Pero es el catequista del pueblo! ¿Cómo se atrevió?
— No lo sé, pero lo hizo.
— Seguro que fue esa mujer quien provocó todo.
— Esa mujer es la culpable.
— Pues yo, solo sé que eso es cierto, por tal razón he decidido ya
no ir a la iglesia, ni tampoco mis hijos.
— Pues yo hablaré con mi esposo y a ver qué dice él. Seguro que
haremos lo mismo.
Durante la conversación, algunas señoras no intervinieron, solo se
limitaron a escuchar. Al llegar a sus casas comentaron con los
esposos. El chisme tomó su cauce sin que nadie lo pudiera parar. Unas
horas después, la esposa del catequista se enteró y lo comentó con él.
— ¡Viejo! ¿Qué crees que comentan en el pueblo?
— No lo sé. ¿De qué se trata?
— ¿De verdad no sabes nada? ¿No sabes qué se comenta de ti en el
pueblo?
— De verdad, no lo sé.

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— Dicen que te vieron antenoche con la señora ésa, ésa viuda que
trae locos a todos los hombres.
— ¿De quién hablas?
— De la señora, Petra. ¿No sabes o te haces el tonto?
— ¿Que yo, con la señora, Petra?
— Sí, eso dije. … Yo no creo en esos chismes. Te conozco de
muchos años y sé que tú no serías capaz de eso. Por mí que sigan
hablando. Aunque, a veces, te vi levantarte en las noches, pero
seguramente ibas al baño. En fin. Esa gente no tiene nada qué hacer,
solo inventar.
La vida familiar de don Carlos nada cambió. Su esposa nunca
desconfió de él. Llevaban viviendo juntos por más de veinte años y
nunca se supo de ninguna aventura amorosa de su marido. No creía
que ahora, a su edad, haría algo así.
Como todas las noches, don Carlos, seguía dando pláticas para
bautizos, casamientos, confirmaciones; aunque cada vez iban menos;
una semana después de que se dispersó el chisme, ya nadie fue a la
iglesia. Finalmente, se cerró.
Don Carlos, preocupado por el caso, platicó con su mujer para
decirle que iría a ver al cura de la parroquia y comentarle lo que estaba
sucediendo y dejar que él decida qué hacer sobre él. Un domingo,
antes de que diera inicio con la misa, llegó con el sacerdote en la
cabecera municipal:
— Buenos días, padre Daniel.
— Buenos días, don Carlos. Pasa, tómate un café y come un taco.

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— Gracias, padre. Vengo con la intensión de confesarme antes de
que inicie la misa.
— Claro que sí, don Carlos. Pero qué puede ser tan grave que hayas
hecho, si tú eres un buen hombre. ¿Cuál es la prisa? –Don Carlos solo
calló–. Bueno, vamos al confesionario.
Don Carlos, después de tanto esfuerzo, al fin pudo hablar con el
padre de lo nuestro: Padre, me confieso que he caído en pecado
porque no pude contenerme y caí en los brazos de una mujer que no es
mi esposa, la visité en varias ocasiones, por las noches. Incluso le pedí
que huyéramos para vivir donde nadie nos pudiera juzgar. Reconozco
que no pude luchar con mis sentimientos y me dejé llevar por ellos.
Una noche, cuando estábamos juntos y a punto estuvimos de
entregarnos completamente, los dos lo deseábamos tanto, pero fuimos
sorprendidos por alguien del pueblo y el chisme se regó. Ahora me
han castigado dejando de ir a la iglesia‖. El sacerdote escuchó la
historia con mucha atención y tranquilidad; aunque, le impuso un
severo castigo: ir a un pueblo de otro municipio donde no tenían
templo y, la mayoría de su población, pertenecían a una religión
distinta a la católica. Le pidió que por diez años asistiera, cada tercer
día, por las tardes, a realizar el rosario y las mismas actividades que
hacía en la localidad. Don Carlos, aceptó con resignación.
En el pueblo, el fiscal y los ―pasados‖ (aquellos que ya habían sido
fiscales) se reunieron para asignar al nuevo catequista y llevarlo ante
el sacerdote para su nombramiento. Después de deliberar por un largo
rato, decidieron que el señor, más idóneo, era don Eugenio: una

99
persona mayor de cincuenta años, muy respetuosa, sin vicios, y
siempre se ha preocupado por apoyar en las actividades en beneficio
de la comunidad. La aprobación fue unánime. Así que, mientras don
Carlos regresaba del pueblo, el fiscal y el nuevo catequista propuesto
se dirigían a la cabecera municipal. Escucharon la misa. Al concluir,
fueron a ver al sacerdote para informarle de su decisión. El sacerdote,
un poco desconfiado dijo:
— Está bien, si ustedes ya lo decidieron, lo acepto y espero que
ojalá ahora sí vayan a la iglesia y no solo acudan a ella cuando
necesitan algo del Señor, Él también quiere verlos, todos los días, en
la iglesia.
— Sí, señor cura, y ¿qué va pasar con don Carlos?, –preguntó el
fiscal.
— No te preocupes, de eso yo me encargo. Tú encárgate de que la
iglesia esté limpia, que haya velas, que cuides bien la limosna, que
haya flores y que toques la campana todas las noches para que el señor
catequista vaya a hacer el rosario y prepare a los novios y los bautizos.
— Sí señor, –dijo el fiscal–, bajando un poco la cabeza.
Después de que el sacerdote dio su bendición al nuevo catequista,
regresaron al pueblo. Ese día don Eugenio comenzó con su labor
como catequista.
Don Carlos, ya sintiéndose libre de culpa y con mayor seguridad,
fue a verme a mi propia casa, ya sin el temor de lo que pudiera decir la
gente. Charlamos por última vez:
— Buenas tardes, doña Petra.

100
— Buenas tardes, don Carlos –contesté– y acercándome más a él le
dije en voz baja: ¿Qué haces aquí?
— Tranquila, no te preocupes. Quiero platicar contigo.
— Bueno pues, pase y siéntese.
— Gracias. Voy hacer breve.
— Gustas un café.
— No, gracias.
— Entonces a qué debo el honor de su visita.
Don Carlos, hecho una mirada a toda la casa para cerciorarse de que
nadie más escuchara nuestra conversación. Mis hijos no estaban.
— No te preocupes no hay nadie. Mis hijos andan de vagos, le dije.
— Quiero decirte: aún con el dolor de mi corazón porque sé que te
quiero mucho y porque me hiciste soñar una vida maravillosa a tu
lado; pero lo nuestro no es posible; por ello, no nos volveremos a ver,
al menos no como lo hacíamos. Yo, me retiraré como catequista de
este pueblo y me iré a otro donde no saben nada de lo nuestro y pueda
seguir con el ministerio. Te pido perdón por todo lo que te ocasioné y
por todos esos malos momentos que te hice pasar.
— Cómo me gustaría pedirte que te quedaras conmigo o que nos
vayamos a vivir a otro pueblo, pero también tengo a mis hijos y por
ellos también renuncio a tu amor. Te amé y me hiciste pasar un
momento muy feliz de mi vida. Me hiciste sentir una mujer amada y;
que además, ahora sé que puedo amar; aunque no sé si lo vuelva hacer
–con mis ojos rojos, unas lágrimas rodaron de mi mejilla.
Don Carlos se paró y se retiró en silencio.

101
Diez años después, cuando todo el pueblo, si bien no habían
olvidado el caso, tampoco ya se hablaba de ese amor inconcebible;
don Carlos, regresó como catequista al pueblo. Ahora tenemos dos
catequistas.
En cambio, yo, a pesar de que hubo muchos hombres que me
pretendieron: casados, solteros y viudos; incluso, quisieron hasta
abusar de mí, nunca nadie logró conquistarme. Mi corazón se quedó
con don Carlos para siempre.
Cuando nos encontramos solo nos saludamos, lo miro por un instante
y sigo mi camino.
Todavía quisiera vivir ese amor prohibido y; esta vez, nadie
impediría que pueda ser feliz.

102
¡Amo ximolini pampa techitasej!

Na kema ni’ichpokatl nelia yeyejtsi nieltoya, kentsi nitlatlauak,


ueueyak notsonkatl, nixinepanoltia. Nochipa kuali nimaltitok, ika
koyauaj nokuej nimotlapatiya, nokamisaktli tlajtlapantik, miaj kostli
uan nitekiuiyaya ueueueyaj pipiloli. Noselti, mijki noueue, uan tlauel
nitekitiyaya. Na nijpixtoya sempoali uan kaxtoli xiuitl. Na pejki
nikintekipanoua nokoneuaj kema noselti nimokaajki. Nitekitiyaya ne
temila uan ijkino se kentsi tomi nimotlaniliyaya. Miyakij
nosiuapoyouaj nechkokoliyaya.
Nochipa se ijnalo, niyouiyaya ne atlajko nikonpajpayaya
nonextamal ipan se akachikiuitl, teipa ijisikapa nimokuepayaya pampa
nikintlamakayaya nokoneuaj, teipa temila niontekitiyaya.
Se ijnalo, kema na nipajpakayaya nonextamal ipan ne atlajko,
nijmachili akajya nechtlachilia ika noika, sanijki nechsisiltema,
nimoketski se kentsi uan nimokuepajki, ijkino nijtlachili, se kentsi,
nopa totlayi Carlos, se totlayi, uelis kipixtoya se ompoali uan eyi
xiuitl, yaya nechtlachiliyaya. Axtlajki nechiluik, san kipanok atlajtli
uan yajki ika imila. Nijmachili sesepoka notlakayo.
Kema nechtlachili nopa totlayi Carlos axkanaj san nechpansisiltemi,
nelia nimokuitejki. Yon se tlakatl ijkino nechchijtok; maski nelia yon
se axkana nechyoltilanayaya; nopa tlakatl kichijki ma nijmachili
sempa niyoltok. Panok chikueyi tonal, mojmostla timopantiyayaj ne
atlajko, maski axkanaj timokamouiyayaj; san timoitayayaj. Totlayi
Carlos, nochipa iyolik monechkauiyaya atlajteno, axkinekiyaya akajya

103
ma ki’ita maski na nochipa nijmachiliyaya kema ya asiyaya uan se
tlaloxtli moketsayaya nechtlachilitok.
Se tonal, motemak uan nechkamoui:
— Petra, ¿tlajke tijchiua?
— Nika nipajpaka se kentsi nextamali pampa nikintlamakas
nokoneuaj. –San nijnankiki, axnijtlachili.
— ¡Kualtitok! Na niak nomila nitojmeuati se tlaloxtli.
— Uaajka, xionya xitekititi. Na nojkia niyasa. Kentsi ni’isiui. –San
nijnekiyaya nijmakauas.
— Kena, amo ximokueso. Niyasa uan ta nojkia. ¿Uelis sempa
nimitsitas?
— Mmm… kena. Uaajka mostla timoitasej. –Nijtlalanki nochiki
uan niyajki ijisijkapa nocha.
Kaxtoli tonal panoj ijkino, se tlaloxtli mojmostla nimokamouiyayaj
ipan ne atlajko, nochipa ika maluili pampa amo tijnekiyaya
matechitakaj timokamouiyaj uan teipa nesi istlakayotl uan nochi ipan
ni tlaltipaktli momatis.
Se tonal, nechilui: mostla timoitasej se kentsi achi ijnalo, na maski
axnimotemachia nikiljui kena timoitasej.
Ika ijnalo, na niasito kampa mojmostla timoitaj, ya asito uan teipa
ne atlajnali tiyakej, kampa se achi kuatitlamitl tikalakej.
— Petra, axnijmati kenijkatsa nipeualtis, se tlamantli nijneki
nimitsiluis. Carlos aijajtlamati, axkimati kenijkatsa nechiluis tlen
moyolouiya.

104
— ¿Tlajke tijneki tinechiluis, Carlos? –Nikilui, maski na nojkia
niuiuiyoka, nimomajmatia.
— ¿Tijmatis? Na keman nimitsita aijuelki nimitsilkaua, nochipa
nimitsilamiki.
— ¡A…y, Carlos! Uelis kena, ximoyoloui, ta tijpia mosiua. ¿Tlen
ki’ijtosej maseualmej kema kimatisej?
— Axkimatisej ni maseualmej.
— Nelia, xinechtlapopolui, axnimati tlen nimitsnakilis. Na nojkia
tinechyoltilana, maski nojkia axnijneki ne nokoneuaj ma kimatikaj.
— Axkimatisej tla axkemaj techitasej.
— Kualtitok, Carlos; uaajka timoitaseyoj achi teotlaj.
— Tlayoo nias nimitsitati. Ta tinexchiyas. Ompa nikisisis, nijchiuas
ken se xixtli tototl.
— Kualtitok, Carlos, nimitschiyas. Na niyoua, axnijneki akajya
matechita nika.
— Uaajka, tlayoo timoitasej, Petra.
Nimomajmatia, niuiuiyoka uan ijisijkaka niyajki, Totlayi Carlos ya
yajki imila. Na, san nipapajki nonextamal uan niasiko nocha.
Nikintlaxkalui nokoneuaj uan niyajki nitepaleuito iuaya sekinoj
toauimej.
Mojmostla, ika teotlak, nimaltiyaya ipan ne atlajko. Nopa tonati
ijkino, na niyajki nimaltito. Nitlaxkalchijki, nikintlamaj nokoneuaj
uan, maski achi nima, na nikintitlanki ma kochitiiya, axkinekiyayaj
yasej pampa axkeman kualkaj nikintitlani, ika ouij yajkej, kisojkej
inpetl uan motekatoj.

105
Na axnijmati kenijkatsa ninemis, tlajke nijchiuas pampa ika se
tlaloxtli iuaya nimopantis ne Carlos. Miaj tlamantli nimoyolouiyaya,
axnimotemachia tlen nopa nijchiua. Nijneki nikitas uan nojkia
axnijneki. Na nimoyolouiyaya maski nopa tlamantli axkuali tlen
tijchiuasej na nijneki nojkia manechnaua, nijneki nijmachilis ima
nechnauaj. Nelia axnijmati tlajke nijchiuas pampa nijneki uan nojkia
axnijneki. Nipajpajki tlen nitlatekiui uan nijtlachilia intlake ne
nokoneuaj tla axkanaj tsayantok. Teipa nojkia tlatempa nimotekato
iniuaya nokoneuaj. Axuelki nikochi: kena nijnekiyaya nikochis, ma
teipa nimoyoluiya noueli ualas uan axnijkakis tla kikisis. Kalteno ya
ne chichimej tla’ajuaj, maseualmej nojkia panoj, nikinkakiyaya
kenijkatsa panoj mokamouitiyouij. Keman nikochisnekiya: nopa
chichimej nikinkaki uejka tla’ajuaj uan iyolik polijtiya sanijki kikua
nopa tlayouali. Kema nijkajki tsajtsi nopa tototl tle itooka xixtli
nimokuitejki uan ni’isatejki, nijchixki ika ompa ma tsajtsi, uan ijkino
nijmatis yaya ne totlayi Carlos katli kikisi. Iyolik nimejki uan ika se
tlauili tlen axnijnejki nijtlikuiltis pampa tlachiyasej nokoneuaj uan
nechitasej. Iyolik nijtlapo nopa katskayotl pampa ueuechoka kema
motlapoua. Nipankiski, uan niyajki ika ne kalika, kampa ipan nopa
kalkuapantilantli. Kema timopantikej yon se tlajtoli amo timoilikej san
timomaitskikej, timokuanauakej se tlaloxtli uan teipa iyolik
timoxelokej. Axnijnekiyaya ma nechmalajkani, nikekiyaya nimachilis
itlakayo uan nijkakis kenijkatsa uitoni iyolo.
— Axkuali tlen tijchiuaj, –iyolik nikilui–. Maski axkana nelia
yanopa nijnekiya nikijtos.

106
— Amo yanopa xikijto, Petra. Axakaj tiyolkokouaj tlen ni tijchiuaj.
— ¿Chi nelia axtikinijlami mokoneuaj?, ¿mosiua?
— Amo ximokueso ika inijuatij pampa axkeman kimatisej.
— Uelis kena axkema kimatisej, na axkana kuali nijmachilia, na
tlauel nimauilia.
— ¿Tlajke tijmakasi, siuatsi?
— Nijmauilia tla se tonati techonitasej. Achi kuali ya xiaj, seyok
tonati timoitasej.
— Kena, siuatsi, ya niak, niualas uiptla nimitsitaki iuikal kejni
nama kauitl, ¿kena?
— Kena, ya xiak.
San yamani nechmaitski uan nijmachili kenijki nijneskia iuaya
nimotemakas, ijkino kimachili notlakayo. Axnijnekiyaya ma
nechkajteua, na nijnekiyaya ma mokaua uan ma tijpalismakaka
totlakayo, pampa ijkino tijmachiliyayaj. Iyolik, ika tlaijnelijkayotl,
nechmalajkani uan timomakajkej. Nikalajki kalijtik uan nimoteekato.
Aijkana uelki nikochi san ya nimoyolouitoya tlen nopa tlaloxtli panoj
ika ne tlakatl Carlos.
Tlaneski, sempa nijchiua tlen mojmostla nijchiua. Nipajpakato
nonextamal uan ya, Carlos, yajki imila.
Nechkamoui:
— ¿Tlajke tijchiua, Petra?
— Nipajpaka se kentsi nextamali, tlayi Carlos. –Nijnankili, yon
axkana nimotsontlalanki.
— Nama axkanaj tlamixtentok. Kuali tonas.

107
— Kena, ijkino nesi.
— Timomelauaseyok, Petra.
— Kena, tlayi Carlos.
San se ome tlajtoli timoiliyayaj. Sanijki nitlakayouiuiyoka, yo
axkanaj ueli kuali nitlatenkixtia. Ya sanijki kuauiuitia. Nochipa
kampaueli sen tlachixtok. Na nojkia axnijnekiyaya nikitas,
nimopinaua pampa nimoyolouiyaya tlen nopa ika tlayoo panoj. Nelia
panotoya miaj xiuitl yon se tlakatl axkanak iuaya nimokamouitoya,
yon ne uajkatsi, achiyo ni ika achkatsi.
Asij tonati keman naja timoitasej nopa tlayoo. Sempa nijkajki
keman ompa kikiski ken se xixtli tototl. Nipankiski uan nimomajkajki
imajko, uaajkaa ijkino timonauatokej timopixtoyaj yon axkana
timokamouiya. Timotlachilikej ika nochi tlaijnelijkayotl uan ijkino
iyolij timomalakanikej; ne kalteno, meestli ya yeyejtsi tlauiya. Uan
mokakiyaya ne uajka tlapitsaj sona tlen itooka ―xolontok tsajpilotl‖
ipan ne tepostlitlatsotsonali. Ika nopa meestonali kuali nesij ne
chichimej kampa uilantoya koxtokej uan nojkia kali tlen achkatsij
mantokej. Iluikamitl yejtli, ni axkana kejni tlaeli ipan ni meestli
diciembre, kema nochipa tla’auetsi uan tlaseseya. Kena sankuali
tlaseseyaya ika se kanajtsi nopijka san ika ya axkanaj tijmachiliyayaj
tlasesekayotl.
— Tlauel nimitsneki, Petra. Na nijneki nochipa mouaya ni’istos. –
Nechilui, uan kuali nechajkolitskitoya.
— Na nojkia ijkino nijneki. –Nikilui– uan nijnekiskia se tlakatl tlen
axkema ma nechmakaua, ma nechmokuitlaui uan ma nijmachilis ken

108
axtleno nechpantis uan ma nechilui: nimitstlasotla, uan na nochipa
nimitstekipanos, asta ma tlamis nonemilis.
— ¡Yeyejtsi motlalamikilis! Tla ta tinechselis uaajka na nijchiuas
ijkino ma eli tlen ta timoyolouiya, tlen nama san tijtemiki.
— Nelia ijkino nijnekiskia ma eli. Na nijmati axkualtiyas, tlayi
Carlos.
— ¿Kenke, Petra? ¿Kenke tikijtoua axuelis ijkino?
— ¿Chi nelia tiualas timokauaki nika uan tijkauas mosiua?
— Tla ta ijkino tinechtlajtlanilis, kena nijchiuas, Petra. Na nijchiuas
ma elis san ika pakilistli monemilis uan ipan ni tlaltipa axonkas seyoj
ken nojkia pakis ken ta. Tlauel nimitsixtoka uan yeka nijneki nochipa
xipaki.
Ijkino timoseuitokej uan timokuanauajtokej ipan se tetl tlen
tisenkakej, timoiluiya kenijkatsa ti’istosej tla nelia timokuisej. Ipan
nopan tlaloxtli nelia tlauel tiyolpajkej. Keman peuasa tlanesis
timotsoponikej uan teipa timomakakej uan timoiljuikej sempa ika
uijptla timoitasej.
Ijkino pejki timoitaj nochipa ika eyi youali, keman nochi tlakajtok,
ipan ome kauitl tlen tlanesis.
Panoj ome meestli, nopa ijnalo axniyajki ne atlajko, niyajki nopa ne
apili tlen eltok ipan tlatlajko chinanko, kampa miak toauimej youij
ko’onpajpaka inmextamal. Uan nijkajki tlen mokamouiyayaj isiua ne
Carlos iuaya sekinok toauimej:
— ¿Yali, Petra, nojkia tiuala nika tipajpakas monextamal?
— Kena, nipajpakas nonextamal. ¿Kenke?

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— Santekitl timitstlatsintokilia, –nechnankili se toaui tlen nopa
istoyaj.
— ¡A…h! kualtitok. –Nikijtok–, inijuantij sampa mokamouiaj.
— Ta, nama tikitaj ne moueuentsi kuali motlapatia: nochipa maltia
uan nochipa kuali motlapatia, yankuij iteka nama kinemiltia, ipayo
mokechkostia uan nojkia se tsonekauili mokuatsajkatsajtok. Uan
mokuaxiluiya ika kentsi auiyaj tlachiyajkayotl. Axkanaj ijkino
nemiyaya.
— Kena, ya nama ijkino inemilis. Inmojuantij inkimatij ya ne se
katekista uan yeka moneki tlayekanas ika kuali nemilistli.
— Tojuantij yaya Ijkino timoijlia. Kena nesi tlauel mopatlatok
nama. Tojuantij nojkia timoijliaj noueli istok se siuatl tlen kiyoltilana.
— Noueli kena, –tlanankili isiua ne Carlos– uan achi ixchichiliui.
— Tla nelia se siuatl kineki o kitlachilia, na axnijpia yon se tlakatl.
Ja, ja, aja, ja,… –Nochi uetskatejkej.
— Na nojkia nijnekiskia, aijueli, nijpixtojka nonami.
Nopa Carlos isiua san kikajki nochi tlen moiluiyaj, nima yajki.
Noueli moyoluitiyajki nochi tlen nopa tlajtoli kikajki: ¿Atlajkee nelia
seyoj siuatl ki’ixtoka uan yeka nama kuali motlapatia? Axneli.
Axnijneltoka. Na kuali nikixmati, uan nijmati axkemaj ijkino nemis.
Maski kena nojkia nikita kenijkatsa nemi uan aijiuikal ken ne axtoui:
nama aijkana nelkamati, kemantsi yon axkana molinia, nojkia san sen
kualantok, nochi tlailkaua, nesi ken se tlamantli kikuesoua,
moyolouia, kampaueli tlajtlachiya uan kemantsi nijkamouia yon
axnechkaki, nochi tlamantli ki’ilkaua, keman kanantlajki tikiluis san

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ika se ome tlajtoli mitsnankilis. ¿Tlen moyolouia? ¡mm! Achi kuali
manikilkauaj ni tlamantli uan teipa nitlatsintokilis noueuentsi. Pampa
nelia ne tekitl tlen katekista ouij.
Panoj eyi meestli. Uan timoilikej ijkino ti’istosej, san kemantsi
timoitasej, axakaj ma kimatis pampa axuelis timotokilisej, timokuisej.
Carlos, axkeman kikauas isiua pampa axkineki ma ki’ita ken se tlakatl
tlen axkana kitlepanita, nojkia pampa ikoneuaj tlauel ki’ijneliaj uan
nochi tlen tlajtoli yolis ipan ni chinanko. Ni chinanko axkeman
kitlapopoluis tla tijchiuasej tlen axkuali, tlen axkanaj Toteotsi
itlanauatil pampa ya katekista. Na, nojkia axnijnekiyaya ma kimatikaj
nokoneuaj ken seyoj tlakatl iuaya nimoita uan nojkia axkeman
kiseliskia seyoj tlakatl ken initata pampa ueueyikeya, uan nojkia
axnijnekiyaya ika na nopampa ma tlamis tlen nama onka
tlaijnelijkayotl ika isiua uan ikoneuaj. Maski ijkino timoijlikej na
nijnekiskia iuaya nias, iuaya ni’istos pampa nijtlasotla.
Ome semana panoj, keman na nelia nijnekiyaya nochi nijmakas,
pampa notlakayo ijkino kimachiliyaya. Timopantikej nopa tlayoua,
kampa nochipa timopantiyayaj, timokuanauakej, timotsoponikej uan
pejki timoijitskiya. Ya moseui ipan nopa tetl uan na nimoseui ipan
imets uan ijkino na nikuapachotok ika nomets uan toxayok achka
moitakej, sempa timotsoponia uan timoijitskiya totlakayo, uan kema
na nijmachili aijnixikoua pampa notlakayo ya kineki iuaya ya
motemakas uaajka na nimokestikiski:
— Amo, amo, ni axneli pano. Axueli san kemanuelis timouikasej
pampa axkuali san tiajauilmatisej.

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— Na kenaj nijkeni ma tijchiuaka, na kena nijneki mouaya ni’istos.
Axkana san nimaltiya. Uan axakaj kimatis tla tojuantij timoistinemij.
Panojka eyi meestli uan axtlemo momati.
— Uan ijkino nijneki nochipa ma eltos, ma axakaj kimatis, noueli
se tonal niselis o san nimomatis ma timoitasej san kemantsi uan
timotlaatiisej.
— Axkenijki, tla ta ijkino tijneki, uaajka ijkino tichiuasej, Petra.
— Kena, kena achi kuali.
Ika teipa timomakaajkej, yajki icha uan na nikalajki nocha.
Nopa youali, Carlos moteekato achka isiua uan mixtlapachok,
axuelki kochi pampa san nechijtlamijtoya, itlakayo nechtemoua uan
ika na nekiskia iuaya kochis, sansejko matikochiskiaj. Maski ijkino ya
kimachiliyaya, no kemantsi onmoyolouiya ken tlen tijchiuaj axkuali,
maski paki kema nechijlamiki, yon se tlaloxtli nechilkauayaya,
moyolouiya na iuaya ni’istok uan tijpakilismaka totlakayo uan
kineskia ma asi naja nopa youali kema sempa timoitasej. Toteko
itlanauatil axkikauilia iyolo ma kuali istok pampa nochi tlen ya itlajtol
kimati, yeka axueli san nochi pakilistli kimachilia iyolo.
Ika eyi youali teipa sempa timoitakej:
— Amo tleno xikijtok, Petra, san nijneki matijchiuakaj tlen
kimachilia toyolo uan totlakayo.
— Ximochiya, ximochiya se kentsi. –Nechmalajkani– uan
nijtlatsintokili: ¿nelia tijkauas mosiua uan tiualas nika uan sansejko
ti’istosej?

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— Petra, nopa tlajtoli timoilijtokeya. Na axuelis niualas nika,
axuelis timokuisej, ta tijmati kenke.
— ¿Mosiua, axkimati yon kentsi tla seyoj siuatl iuaya tinemi?
— Amo, axkimati, noueli moyolouiya.
— ¿Axtimotemachia tla axkimati?
— Tla kimati o axkimati na axnijneki ma tikilamikikaj. San nijneki
nijkakis xinechilui ken tinechtlasotla iuikal kej na uan ma
timotlakayomakakaj.
— Na tlauel nimitsneki, nimitsixtoka uan nijnekiskia nochipa
nouaya xi’isto, Carlos.
Pejki timotsotsopotsaj uan timoijitskiya totlakayo, san yamani,
iyolik, na nimachilijtiyajki kenijkatsa notlakayo mokontilia. Ya
moseui ipan nopa tetl uan sempa nimoseui ipan imets, nikuanauajtok
imets ika na nomets, ijkino kuali timoxayo itaj. Nopa tetl pejki
motiliniaj kema touatitij timoliniaj. Uelis ome kauitl uan tlajko tlen
nopa tlayoua pampa nopa chichimej kuali koxtokej o uelis
momajtoyajya ika tojuantij uan aijkikaki tlen tijchiuaj uan yeka yon
aijtla’ajuaj. Uaajka kena tsintlayoo, axnesi yon kentsi chinantli, uan
uetsi pitsajatl, san se ome chochopika tlen temo ipan kalkuitlapa.
Tojuantij ya axtimomalakaniaj yon aijtijkaki tla motilouaj nopa tetl.
Na san kemantika, sanijki niontlachixtikisa uan iyolik nikillia:
―aijximolini pampa techitasej‖. Axkanaj timomalakanikej. Totlakayo
axkinekiyaya moxelosej. Kema nijmachiliyaya aijnixikos uan
nimolouiyaya kena tijchiuasej tlen totlakayo kimachilia kineki, uaajka
nochi tikilkakej tlen pano toixtenoj, aijtlajki techkuesoj yon aijtleno

113
tijkajkej. Totlayi Moisés, nopa techiuiliketl, panoyaya uan iyolik
technechkaui, nopa itlauil kiseuia uan kitlatia, ijkino monechkauijtia
pampa kikajki nopa tetl motilouaj. Achiyok iyolik monechkaui uan
techtlauili ika itlauil, sauel ixayo ne Carlos, tlen ki’ixmijtik. Uaajka
kena aijkana timolinikej, santitlamatokej, timokuanauatokej. Axtleno
nikijtok san nimoketski, nijmalakani.
Moisés, temaxtli kema techita tlen kenijkatsa timokuanauajtoya,
moyoloui achi kuali manijseui notlauil, uan teipa yajki ika icha.
— Amo ximokueso, amo ximokueso, Petra, noueli axkana
techixmatijki.
— ¡Kenijkatsa timoyolouiya ken axtechixmatijki, kena
techixmatijki pampa kimati na nika nocha.
— Uelis kena, uelis kena. Noueli axkana kamatis, axkana
kimoyauas.
— Kani timoyolouiya axkamatis, kena kimoyauas. Chi
axtikinixmati ni maseualmej.
— ¡Kualii, kuatitok! Nama achikuali ma timoyolyamanikaj, amo
matimokualanikaj. Mostla tikitasej tlajke panos.
— Kualii yeka, nama ya xiaj uan ma axkana momatis pampa
axnijneki ma moueyichiuas.
Carlos yajki icha. Motejki isiua i’ixteno uan ki’ikapanok uan
axmolini, axuelki kochi. Tlaneski uan yon kentsi axkana kochki. San
moyolouiyaya tlajke kichiuas tla momatis tlen kichijtok. Uan nama
kena kikuesoua, moyolouiya axkana kenojpa nemiskia pampa ya

114
kimatiyaya asis nopa tonali keman momatis totlajtlakol. Na, nojkia
axuelki nikochi.
Kema tlaneski, Carlos yajki imila uan timoitakej ne atlajko,
timokuitlauiyaj pampa axtijnekiyaya sempa ma techitakaj, ya iyolik
nechilui: Nama axuelis timoitasej, timochiyasej, tikitaseyoj tlajke
panos. San ika notsonteko nikilui kena. Axkanaj nimotsontlalanki
nipajpaka nomextamal. Carlos yajki imila, moyolouijtiya nochi tlen
panok, nokuesojtiak.
Ipan nopa tonati, totlayi Moisés, iuikal ken sekinoj, yajki tepaleuito
iuaya makuiltik sekinoj tlanemej, tlameuayayaj. Ya, kinekiskia
kitempouas tlen kimati, tlen nopa tlayoo panoj, axkimati kenijkatsa
kipeualtis, san mochixtok. Nochi ne tlakamej keman tekitij nochipa
kipantiaj tlen tlajtoli kipouasej, uan na, se toaui naja ichpokatl,
nochipa nechteneuaj, san moneki ma mochiyas nopa Moisés uan
peuasej kamatisej:
— Benito, ¿kenke axkana tijkamouiya ne toaui Petra uan iuaya
timouikaltia?, ta axkanak tisiuaui; uan ya, kipixtokaj kali uan omej
ikoneuaj aijkana tiouijtis tikinchiuas.
— Ja, ja, ja, ja. –Nochi chikauaj uetskatejkej uan nojkia tsajtsikej.
— Na kena nineskiya, ma axneli ya san nexchixtok.
— Ta xijkamoui. No tijmatij, ki’itouaj nopa siuatl kipixtok tomi
maski iueue ya mijkiya.
— Kipantik miak tomi uan yeka mijki iueue.

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— Tla tijneki na uelis se kentsi nimitspaleuis, san xinechmaka eyi
tlayejyekoli uino uan na nijmati kenijkatsa nijchiuas. –Se tlakatl ijkino
ki’ijtok.
— Amo, tlaskamati. Achikuali ma nimokaui notomi.
Uaajka pejki kamati ne Moisés:
— Achikuali aijxikamatika uan xinechtlakilikaj: nama ni youali,
panotok tlajkoyoual, nipanok achka icha ne toaui, Petra uan nikajki
motijtiloua tetl, nopaya kampa ya icha, kampa kikalpantilatokej,
uaajka na iyolik nimonechkaui uan, ¿tlajke inmoyolouiyaj nikitak?
¡Tlen inmoyolouiyaj! Nikinpanti kichiuaj se ome tlamantli. ¿Katli
inmoyolouiyaj iuaya istoya?
— ¿Kaatlii? –Sasampa tlatsintokakej.
— ¡Kaatli inmoyolouiyaj!
— ¡Xitechijliya…! –Nochi tlatsintokaj– Xitechilui katli iuaya
istoya.
— Iuaya Carlos. Tlen ki’ijtouaj techyekana. Tlen techijlia
kenijkatsa mati’istokaj ika Toteotsi itlajtol.
— ¡Axneli, axtineltokaj! –Nochi ki’ijtokej.
— ¡Kena, kena melauak! Aijkana ika ximokuikuilikaj,
inmechtlakejya.
— Tineltokaskiaj tla seyoj tlakatl iuaya moita axkana ne Carlos.
— Carlos ya nelkuali tlakatl uan axkema kichijtok tlen axmoneki,
kitlepanita uan ki’ijnelia isiua uan ikoneuaj.
— Asta nama axtleno timajtiyayaj se tlamantli kampa ya
mokuapolotok.

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— Nochipa tikixmatij ken se kuali tlakatl uan Toteko itlajtol
techijliya, technextiliya.
— Uan nojkia yon axkanaj tlaoniketl yon tlachichinketl. –Nochi
moijlikee.
Axkanaj kuali ki’itakej tlen kichijki Carlos, uan achiyo pampa ya
kiuika tekitl tlen tlayekanas ika Toteko itlajtol, ya techmaxtia nochi ni
chinanko.
Tlajtoli axkana tlanki:
— Na nimoijlia noueli ne toaui kikuapetlaui.
— Amo san tleueli tlajtoli xikijto.
— ¿Kenke amo? Carlos kuali tlakatl uan kenke iuaya ne siuatl
mokuapolo. ¿Kenijkatsa kikajkayajki?
— Nopa kena melauaj. Petra nelia yeyejtsi uan yeka tlakamej ika ya
nochi tiuetsij. Kentsi achi tlatlauaj, kefentik uan uejueyi i’ixtiyotl,
itenchipal tojtomauaj uan chijchichiltik, kuali nesi itlakayo,
tsonkalueueyak uan ki’ilpiya ika tlajtlapantik listo uan axkeman tikitas
tla nemi sokiyo. Kena ne siuatl ika itlakayo nelía nochi tlakamej
techkuapetlauiya.
— Kena, kena melauak. Na, tla nechiluiskia ma nijkaua nosiua
pampa nechtokilis, na kena iuaya niyas.
— Na nojkia. –Tlanankilikej ne sekinoj.
Ika nopa teotlaj, kema nochi asikoj inchaa, nopa totlayimej
ki’inmatiltikej insiuauaj. Nochi tlen kimatijkej axkanaj kitlapopoluikej
tlen kichijki ne Carlos uan ki’ijtokej aijkana yasej teopa.

117
Ika tonilikapa, ne apili, toauimej tlen kimajtoyajya nopa tlajtoli,
keman kipajpakayayaj innextamal peejkej ki´inmatiltiaj ne sekinoj
toauimej. Peejkej techijlamiki ika yolkokolistli, axtechtlapopoluikej:
— Na se tepijnati tlajtoli nimechiluis, inmojuantij nojkia xijmatika.
–Ki’ijtok, ne Moisés isiua.
— Xitechilui. ¿Chi tlauel ueyi tlajtlakoli?
— ¡Uy! Inmojuantij yon axkana inmoyolouiyaj.
— ¡Yeka xiontechpouiliya! –Ki’ijtouaj nopa toauimej.
— Totlayi Carlos uan ne Petra, ki’inpantikej yaloo ika tlayoo kuali
mopakilismakayayaj, kichiuaj nopa tlamantli tlen axmoneki ipan ne
kampa kikuapantilantokej icha ne Petra. –Na nechilui ne noueuentsi.
— ¡Axneli! ¡Axkanaj timitsneltokiliyaj! –Nochi toauimej ki’ijtokej.
— ¡Kena, kena ijkino! –Se siuatl ki’ijtok– Na nojkia nechilui
noueue.
— ¡Axneli! ¡Amo! Nopa axmelauak.
— Kena, kena melauak. Na nojkia axkana nijnekiyaya nineltokas,
ma ne noueue yaya, ki’initaj.
— ¿Kenke kichijki uan ya katekista tlen ni tochinanko? ¿Kenke
ijkino nemi?
— Axnijmati, san nijmati kena melauaj uan kichijki.
— Temaxtli yaya ne siuatl tlapeualtik, yaya, yaya, axkanaj seyoj.
— Yaya ne siuatl kipiya tlajtlakoli.
— Na san nijmati kena melauaj tlen nopa tlajtoli, yeka nama
tojuantij timoiluikej aijkana tiyasej ne teopa, yon tokoneuaj.

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— Na nojkia iuaya nimokamouis noueue uan nijkakis tlajke ki’ijtos.
Noueli nojkia aijtiyasej ne teopa.
Sekij kamatij uan sekij san tlakajtokej. Kema asitoj inchaj inuaya
mokamouikej inueue. Nopa tlajtoli momoyajki uan ayakaj uelki
kitsakuilia. Teipa, Carlos isiua kimatijki uan iuaya mokamouik:
— ¡Ueuentsi! ¿Tlen timoyolouiya tlen nochi moijtoua ni chinanko?
— Axnijmati. ¿Tlen mo ijtoua?
— ¿Nelía yontleno axtijmati tlen moijtoua? ¿Axtijmati tlen ika
mitsijlamiki ni chinanko?
— Nelía, nelía, axnijmati.
— (…) ki’itouaj mitspantikej ne uipijtlaa tlayoo iuaya ne toaui, tlen
ne mijkiya iueue, tlen nochi ni tlakamej ki’inkuejkuexmaka.
— ¿Katli nopa tijteneua?
— Ne toaui, Petra. ¿Axtijmati o san timochiua?
— ¿Na, iuaya ne toaui, Petra?
— Kena, ijkino nikijtok… Na axkana nijneltoka tlen nopa
istlakayotl. Na uajkauaya nimitsixmati uan na kuali nijmati nopa
tlamantli ta axkana tijchiuas. Na san nikinkauilis ma kamatikaj. Maski
kemantsi nimitsita timeua ika tlayoua, na nimoijliya tiaj ne kuateno,
tionachiua. Nopa tlajtoli kiyolitiya ne maseualmej tlen axkimatij tlajke
kichiuasej, san tlemach kiyolitiyaj.
Icha ne Carlos axtleno panok, iuakal ken axtoui eltoya. Isiua axkana
ineltoka tla iueue iuaya nimoitayaya. Sempoali xiuitl kiuikayayaj
sansejko istokej uan axkeman kimatijki se tlamantli tlen axkuali

119
kichijtok iueue, yon se siuatl tlen iuaya noueli momatiyaya.
Axkineltoka, tla nama ya ueuentsiya iuaya seyoj siuatl nemis.
Iuikal, nochipa mojmostli, ika tlayoua, Carlos, ya tlamaxtiya ne
teopa, ki’inmaxtiya tlen tlakua’altisej, tlen mokuisej, maski peejkej
aijyouij, teipa, panoj chikueyi tonali, yon se aijyajki, uan nopa
teopamitl motsajki.
Carlos, kikuesoua nochi nopa tlajtoli tlen momoyaua, iuaya
mokamouia isiua tlen ki’ilui yaski ki’itati totajtsi ne altepeko uan
kitempouiliti nochi tlen pano nopa chinanko uan ya ma ki’iluis tlajke
uelis kichiuas. Nopa tonati domingo, keman aipeua misa, asito ne
altepetl uan iuaya mokamouito ne totajtsi:
— Piali, totajtsi Daniel.
— Piali, Carlos. Xipano, xikoni se tasa kafe uan xijkua se tlaxkali.
— Tlaskamati, totajtsi. Na nijneki nimomaijtos amantsi ken
aitipeualtia misa.
— Kena, Carlos. Tlajke ueyi tlajtlakoli tichijtoj ta, ta tikuali tlakatl.
¿Kenke tlauel tijneki ijisijkapa timomaijtos? –Carlos san tlakajki–.
Kualtitok, ma tiyakaj kampa ne momaijtouaj.
Carlos, ika ouij pejki kamati axkimatiyaya kenijkatsa kipeualtis tlen
kikuesoua, tlen momati nika ni chinanko: totajtsi, na nimoyolkuitia
ken se tlajtlakoli nichijtok, axnimoxikouili uan ika seyok siuatl
nimokuapolo, tlen axkana nosiua: kemantsi nokonitayaya se tlaloxtli
ipan tlayoo. Uan na nikilui ma tiyakaj sejkanoj, kampa axakaj
techiluis tla axkuali tlen tijchiua. Kena nijnekiskia axnijmachilis tlen
notlakayo uan noyolo kimachilia uan yeka axouik nechtlanki. Se

120
youali, kema iuaya ni’istoya uan kema nelia totlakayo timokamaskia,
pampa kena ijkino tijnekiyayaj, axkanaj uelki pampa uaajka techpanti
se totlayi uan moueyichijki nopa tlajtoli, nama nochi ne chinanko
kimatij. Nochaneuaj aijkana youij teopa pampa axnechtlapopoluiyaj.
Totajtsi kikajki nochi tlen Carlos kitempouili uan maski axkanaj
kualanki kena kitlatsakuiltik, kititlanki mayoui sejkano chinanko tlen
kampa axkana kipiyaj teopamitl uan achi miyakij maseualmej youij ne
sejkano, tlen seyoj Toteko tlamaxtilistli kitokiliaj, axkana youij kampa
tlen tojuantij toteopa. Ki’ilui mayoui ne chinanko, nepa ma tlamaxtis
majtlaktli xiuitl, mayaski ika uiuijtla ika teotlaj, nepa tlamaxtis iuikal
tlen kichiuayaya nika. Carlos tlanankili: kena nias.
Ipan ni chinanko, ne fiscal uan tlen ueuentsitsij tlen nochi
tekiuikajyotl panotokeya iniuatij mosentilikej uan seyoj katekista
kitemokej uan teipa kiuikakej ne altepeko kampa ne totajtsi ma
kiteochiua uan ma kimajtili nopa tekitl. Peejkej kitemouaj pampa nopa
yankuij katekista moneki tlen se kuali tlakatl Ika ouij kipantikej.
Ki’ijtojkej ne Eugenio ma elis yankuik katekista pampa ya nojkia
kuali tlakatl, ya kipixtokaj se omepoali uan majtlaktli xiuitl, nochi
kitlepanitaj, axkanaj tlaoni uan nochipa tlapaleuiya nochi tekitl tlen
mochiua ni chinanko. Nochi tlakamej kisekilikej yaya ma eli
katekista. Kema Carlos ya mokuepatoya, Eugenio ya kiuikaj nepa
altepeko ki’itatij totajtsi. Kikajkej misa. Kema tlanki ki’itatoj totajtsi
tlen ki’iluitoj kenke kipatlaj katekista. Totajtsi axkana nelia ika iyolo
kiselik, ya ki’iniluij:

121
— Kualtitok, tla ijkino inmojuantij inkinekij ma mochiua. Nijselia
uan nama kena ma yakaj teopa ma momaxtitij uan axkana ma yaka
san kema kanajtlajki ki’inkuesoua uaajka kena kitemouaj Toteko. Ya
nojkia kineki inmechitas mojmostla ne iteopa.
— Kena, totajtsi, uan ¿tlajke kichiuas nama ne Carlos? –tlatsintokaj
ne tekiui tlen ne teopa.
— Ika ya amo ximokuesokaj, nopa na nijmati tlajke nijchiuas. Ta
san chijtlachili ne teopamitl, ma kuali tlachpantli, ma onkas kantela
uan chijtlachilis tomi tlen kisas, ma onkas xochitl uan xitlatsilinis
mojmostla keman san kuali teotlaj pampa ne katekista ya ma tlamaxtis
uan ma ki’inkejketsas ika Toteko itlajtol tlen mokuisej uan
mokua’altisej.
— Kena totajtsi, –tlanankili ne tekiuij tlen ne teopamitl–, kentsi
mopachok.
San kema ne totajtsi kiteochijki ne yankuij katekista, mokuapatoj.
Ipan nopa tonati Eugenio pejki tlamaxtia.
Carlos, kema ya kimachili kaxanki iyolo, keman aijkana kisuesoj
nopa tlajtoli, yajki nechitato ne nocha, aijkana kimaluili tla ki’itasej
yon tlen ki’ijtosej ne maseualmej. San iyojtsi timokamouikej:
— Petra, chi ti’istok.
— Kena ni’istok, Carlos –nijnankili– achi nimonechkaui uan iyolik
nikilui: ¿Tlajke tijchiua nika?
— Amo ximokueso. Nijneki mouaya nimokamouis.
— Kena, kualtitok. Xipano, ximoseui.
— Tlaskamati. Axkana niuajkauas.

122
— ¿Tijneki se achi kafe?
— Amo, tlaskamati.
— Uaajka xinechilui tlen ika tiualajtok.
Carlos, ontlajtlachiya nochi ne kaltsintla moijlia noueli akajya istos
uan noueli techkakis tlen timoijlisej. Nokoneuaj axkanaj istoyaj.
— Amo ximokueso, ayaj istok. Nokoneuaj nejnemitoj, –nikilui.
— Nijneki nimitsiluis: Nelia nechyolkokoua pampa tlauel
nimitsijnelia, nimitsneki ika nochi noyolo uan nijtemikiyaya mouaya
ni’istos uan nochi pakilistli onkas; maski ijkino nijneki axuelis
mochiuas; yeka aijkemaj sempayo timoitasej, aijkana iuikal kema
timoitayayaj. Na, sejkano nias nitlamaxtiti, ne kampa axkana kimatij
tlen panok ika tojuantij uan yeka kena uelis nitlamaxtis. Nijneki
xinechtlapopolui nochi tlamantli tlen ika na notlajtlakol tipanoj pampa
na axkana nijnekiyaya ijkino ma eli.
— Nijnekiskia nimitsiluis amo xiaj, nika ximokaua, nika ni nocha o
ma tiyakaa sejkanoj chinanko kampa uelis sansejko ti’istosej. Nojkia
axkanaj uelis pampa na nojkia nikinpixto nokoneuaj uan yeka nojkia
axkana nimitsiluia ma tiyakaj, uaajka na nojkia nimitsmakaua maski
tlauel nimitsneki. Tlauel nimitsnejki, nimitstlasotla uan nipaajki maski
san se tlaloxtli. Nijmachili notlakayo naja yoltok uan nijmachili
kenijkatsa tinechnekiyaya, nama nijmati noyolo kena uelis sempa
tetlasotlas, maski noueli ayojkema nijchiuas, –ni’ixchichiliki uan se
ome noixayo temoj ipan noxayok.
Carlos moketski uan aijtleno ki’ijtok, san yajki.

123
Panok majtlaktli xiuitl, keman ni chinanko, maski ayikana
ki’ilkauayayaj nopa tlamantli, aijkana techijlamikiyayaj; sempa naja
Carlos pejki nika tlamaxtia ken se katekista. Yeka nama ome istokej
nika.
Tel na, maski miaj tlakamej kinejkej nechkamouisej, kinekej ma
nikintokili, sekij kinekiyayaj ma nitlaomeli, sekij telpokamej, sekij
tlen nojkia mijtokeyaj insiua, uan sekij kinekiyayaj san mauiltisej ika
na, axkema, axkema yon se tlakatl aijkana nijnejki. No yolo san ne
Carlos iuaya mokaajki. Kema naja timopantiyaj san timotlajpalouaj,
timotlachiliaj se tlaloxtli uan san timopanoj.
Naja nijnekias nijmachilis nopa tlen tlasojmatilistli noyolo ika se
tlakatl maski kipias isiua; nama, nama kena aijkana nijkauas ma yaski
icha, aijkana nijmalakanis uan iuaya ika pakilistli ni’istos maski nochi
nechkokolisej.

124
¡No me dejen aquí!

Comenzaba la claridad. Una camioneta cargada con ollas de cobre


se acercaba en el pueblo de manera silenciosa. En el pueblo de
Coyolar la gente comenzaba a despertar, se prendían las luces y salían
las mujeres con sus cubetas o chiquihuites en la cabeza llevando su
nixtamal hacia el río para lavarlo. Los hombres también iban hacia
allá para lavarse las manos, la cara o para bañarse.
Tres hombres descendieron de la camioneta y uno se dirigió a la
casa de don Camilo.
— ¡Buenos días!, ¡buenos días!
— ¡Buenos días, señor! Enseguida salgo, espera un momento.
Mujer, despierta. Hay unas personas que nos están buscando. No sé de
quién se trata porque esa voz no la distingo. No vayas a salir, solo
espera. –Dijo, don Camilo– que se paraba y preparaba para salir.
La puerta se abre lentamente asomándose don Camilo.
— Buenos días, señor. ¿En qué le puedo servir?
— Pues mire, nosotros somos los vendedores de ollas.
— ¡U…y!, no, señor. No tengo dinero para hacer compras. –Se
apresura a contestar don Camilo.
— No, no se trata de eso. Vengo a proponerle algo muy importante.
— ¡Ah! ... ¿Usted cómo se llama? –Pregunta con cierta
desconfianza, don Camilo.
— Perdón, me llamo, Alberto. Me dicen simplemente Beto y soy de
Tlahuelompa.

125
— Ah, entonces, ¿qué se le ofrece? Y llame a sus compañeros, les
invitaré un café.
Don Beto, llama a su hermano y a su hijo que estaban en la
camioneta. Se acercaron y saludaron al señor don Camilo. Se sentaron
en unas sillas viejas de palma, los cuatro tomaban café mientras
platicaban. Don Camilo lo hacía con desconfianza: una cosa es
conocerlos de lejitos y otra es tenerlos aquí cerca –decía para sí
mismo–. Les hacía muchas preguntas para conocerlos mejor. Él sabía,
por las gentes del pueblo, que eran buenas personas, pero aun así no
confiaba.
— Don Camilo, la razón de nuestra visita es pedirle que nos
acompañe a entrar en la cueva que está cerca de aquí, por el camino a
Pocantla. Sabemos que usted conoce esa cueva.
— ¿Entonces es eso? Sí, sí la conozco pero ya hace mucho tiempo
que no he vuelto a esa cueva. Alguna vez, en mi juventud, lo hice: la
edad de la locura. Entré sin medir las consecuencias. Uno de joven no
le importa nada. No encontré nada adentro. Aunque solo avancé unos
quince metros. Creo que reaccioné antes de continuar porque no iba
preparado, apenas llevaba una lámpara de mano y un machetito. Dicen
que ahí vive una víbora de dos cabezas de una dimensión
inimaginable.
— Sí, sabemos lo que se cuenta.
— A mí me da cierto miedo y no quisiera dejar a mi mujer y mis
tres hijos; aunque ya todos están casados y no dependen directamente
de mí.

126
Don Camilo se queda un rato en silencio, pensando: Quiero
encontrar una razón para ir o una razón para no ir. Si encontramos
cosas de valor, ¿qué haré con ellas? No creo que haya alguien por aquí
que las quisiera comprar. Tampoco sé en qué pudiera gastar tanto
dinero y, a cambio me traería envidias, infelicidad,… Creo que será
mejor no ir.
— ¿Qué dice al respecto, señor? Lo que saquemos de ese lugar lo
dividiremos entre dos. Yo me encargo de traer todo lo que
necesitemos: laso de trescientos metros, lámparas de alógeno y armas
por si nos topamos con algún peligro.
— Estaría bien. De eso, sobre el cómo repartirlo, creo que lo
primero sería entrar, encontrar algo y salir. Si es que salimos de ese
lugar. Después, lo repartiremos.
— Sí, señor. Repartirlo entre los dos. No pensaba quedarme con
todo.
— Pues yo tampoco pensaba en eso.
— Está bien. Entonces ¿Qué dice? ¿Acepta?
— Está bien, señor; pero regrese dentro de un mes, primero cosecho
mi maíz. No quiero pensar que después no haya quién lo haga, porque
uno nunca sabe.
— De acuerdo, señor. Tenga confianza. Nada pasará. Regresaremos
en un mes, y muy bien preparados.
— Está bien. Si tú lo dices, así será.
Don Beto, su hermano y su hijo se despidieron de don Camilo y
comenzaron a ranchar para vender sus ollas en los distintos pueblos.

127
La gente que no tenía dinero podía adquirir esas ollas, los
intercambiaban con marranos, pollos, guajolotes, chile, maíz, frijol,….
Los vendedores nunca se regresaban con sus ollas.
Don Camilo entró a su casa, se lavó las manos y comenzó almorzar
unos frijoles guisados con unos nopales asados, mientras, le platicaba
a su mujer sobre la charla sostenida con los visitantes.
— Esos señores creen que todo será fácil: que vamos a entrar y salir
cargando las cosas de mucho valor. El oro, yo ni lo conozco; según
dicen, que es de color amarillo, muy bonito y que vale mucho dinero.
Pero en esta vida nada se nos da gratis. Eso, hasta el más tonto lo sabe.
— Pues no deberías de ir. Tú sabes que es muy peligroso. Ya otros
hombres han entrado y nada han encontrado. Hasta un sacerdote lo
hizo y, nada.
— Lo sé, mujer. No te preocupes, todo saldrá bien.
A partir de ese día don Camilo comenzó a cosechar su maíz con el
apoyo de sus dos hijos y de algunos peones. La esposa les llevaba de
comer al medio día; por la tarde, les preparaba un ajocote: bebida
endulzada con nixtamal para refrescarse después de comer.
Un día antes de la llegada de don Beto, Camilo le pide a su mujer
que prepare un lonche: unas empanadas (gorditas con frijol molido y
con cilantro), unos chiles toreados, terrón de sal y una botella con
café.
Al día siguiente, antes del amanecer, llegaba don Beto con sus
acompañantes.

128
Don Beto llega a la casa de don Camilo, apenas saludan y don
Camilo en seguida sale con su morral y machete y se suben a la
camioneta. En la comunidad de Cruzhica pasan por Florencio,
pariente de don Camilo, que al escuchar de qué se trataba, sin decir
nada, aceptó inmediatamente acompañarlos.
Es un día lunes. El sol apenas comenzaba a elevarse sobre los
cerros. En el cielo se veía unas cuantas nubes blancas como algodón,
delgadas e inmóviles. Las personas solo los miran pasar, nada les
parece extraño porque la camioneta ya es conocida.
Trepados en la camioneta seguían su camino por la terracería,
dando brincos frecuentemente. Pasan por el pueblo de Tlalcatecatla
sin causar mayor barullo. Algunos niños corren tras la camioneta para
treparse e ir colgados un rato sobre ella; después, cuando se disminuye
la velocidad se bajan. Los perros hacían lo suyo: ladrando y corriendo
también tras de la camioneta.
Pasan con mucho cuidado por el camposanto, el camino casi no
tiene grava y la camioneta patina constantemente. Se comienza a
visualizar las milpas con las matas de maíz ya secas porque ya desde
hace mucho tiempo que no llueve. En otras partes, los terrenos lucen
pelones, los campesino apenas acaban de quemar para sembrar frijol.
Cuando llegan al lugar, orillan la camioneta para que no se
encuentre muy visible. Descienden todos y comienzan a bajar las
cosas. Toman el lazo, las lámparas, el rifle envuelto con una sábana y
las otras armas en el morral. Don Camilo baja con su morral, su
machete y ayuda con el lazo.

129
Cargando con todo, comenzaron a ascender abriéndose paso con el
machete de don Camilo. Por el declive, casi subían a gatas. Al fin
llegaron a la entrada de la cueva. Acomodaron sus cosas en el suelo o
colgadas en alguna rama y hacen los preparativos para entrar.
La entrada de la cueva, apenas era visible, cubierta con las hojas de
los árboles y por las piedras que han bajado del mismo cerro. Cerca,
cruza un riachuelo. El lugar es muy silencioso, no se escucha el canto
de ningún pájaro, tampoco se deja ver ninguna ardilla. Se siente algo
extraño, tenebroso.
— Señores, antes de entrar, será mejor que tomemos un café que
traigo, –todavía está calientito–. También comamos unas empanadas
que mi mujer preparó. –Don Camilo saca el café, las empanadas, los
chiles toreados y los granos de sal.
— Gracias don Camilo. Yo traigo galletas y refrescos, –dice don
Beto, sacando las cosas de su morral.
— Será mejor que las galletas y los refrescos los dejemos para
cuando regresemos, seguro que lo haremos con mucha hambre.
— Como tú digas, don Camilo.
— Pues a entrarle, don Beto. ¡Eh! Vengan todos, que es la hora del
almuerzo.
Buscan unas piedras y se acomodan para desayunar. Cada uno de
ellos tomó unas cuantas empanadas, unos chiles y el café se lo fueron
pasando en la misma botella.
Terminan de almorzar. Don Beto y su hermano desenvuelven sus
rifles, el hijo enfunda una pistola calibre 3-80. Don Camilo se

130
acomoda el machete en la cintura. Don Beto amarra una punta del lazo
en el tronco de un árbol. Se acomodan las lámparas en la cabeza y se
tercian sus morrales con unos costales para las cosas que puedan
encontrar en la cueva. Todo está listo para comenzar la travesía.
— Florencio, tú te quedas aquí en la entrada y vigilas el lazo que no
se vaya a desatar. Ese lazo será nuestra guía para la salida. –Dice don
Beto.
— Sí, señor. No me moveré de aquí.
— Si a las cuatro de la tarde no hemos regresado, te regresas a tu
pueblo y avisas de lo ocurrido. Espero que no sea necesario.
— Así lo haré, don Beto. Tampoco creo que eso sea necesario.
Mueven algunas piedras y barren las hojas para descubrir la
entrada.
El primero que desciende es don Beto, quien apenas cabe; sigue el
hermano, el hijo y; al final, don Camilo, que se persigna antes de
entrar. Primero, introducen los pies y luego se deslizan, más adelante
avanzan a gatas. Unos diez metros más, se incorporan completamente.
A unos quince metros de la entrada se topan con cientos o miles de
murciélagos que salen despavoridos. Pisan con mucho cuidado porque
saben que puede haber víboras. Al menos, los pobladores cercanos
dicen, que más de uno, ha visto alguna que llega a medir unos veinte
metros, que apenas se mueve y luego entra en este lugar.
Ante sus ojos aparecen varias entradas angostas, como ventanas.
Éstas comunican a otros cuartos más amplios. Entran por esos
ventanales, de cuarto en cuarto, pero sin encontrar nada. Los pasajes y

131
los cuartos están completamente limpios, como si a propósito
hubiesen barrido. El piso está liso, parece hecho de una sola pieza de
piedra; incluso hay cierta claridad.
Caminan juntos, apenas se separan para curiosear algo. No hay nada
en particular, solo piedras y más piedras. Hablan muy quedo, aún así,
sus voces retumban por todos lados. Llegan a un cuarto más amplio.
— ¡Miren! ¡Miren eso! ¡Esto es increíble!
Los tres se acercan rápido a don Beto y miran hacia el fondo de un
pasillo amplio y pueden observar que brilla una luz, mucha luz, luz
amarilla.
— Ahora sabemos de dónde provenía esa luz que llega a los
cuartos.
— Sí, por eso es la claridad, don Camilo.
Se quedan mirando un rato, inmóviles. Imaginaron que era
justamente lo que andaban buscando. Ahí está el tesoro.
— ¿Será posible que sea el tesoro, hermano Beto?
— Es muy probable. Aunque tampoco lo puedo creer.
— Se ve muy hermoso y todo será nuestro. ¡Seremos ricos!
— No digas nada. Veremos qué sucede.
— Pues vamos hacia allá, –dice, Beto–, que toma la delantera.
Sin decir nada, comenzaron a caminar hacia la luz. El pasillo poco a
poco se estrechaba mientras avanzaban; unos quince metros, antes de
llegar, fue imposible continuar. El pasillo se estrechaba tanto que no
fue posible dar un solo paso más. Retroceden, muy sorprendidos.
Vuelven a mirar la luz. Alumbran todos con sus lámparas y ven el

132
pasillo completamente ancho. Lo vuelven a internar, pasa lo mismo.
La tercera fue vencida.
— ¡Esto no puede estar sucediendo! ¿Qué es lo que ocurre? ¿Cómo
se puede estrechar? –Exclaman los cuatro.
— Quién sabe qué ocurre, don Beto; pero al retroceder el pasillo se
ensancha; cuando avanzamos se reduce.
— Tal vez nuestros ojos nos engañan, debe ser una cuestión de
óptica, –dice el hijo.
Se retiran del lugar, cabizbajos, desanimados por no poder llegar al
oro. Llegan a otra ventana, pasan por ella. Se encuentran con un
espacio mucho más amplio que los anteriores. Don Camilo mira hacia
arriba, la altura es impresionante, no mide menos de 15 metros.
Muchas rocas muy puntiagudas, cuelgan del techo; algunas, parecen
caerse ante cualquier movimiento.
Se dice que esta cueva fue hecha por los ―antiguos‖ porque hay
figurillas de piedras y grandes estatuas de personas y animales. En
realidad no se puede explicar cómo las hicieron ni con qué fin.
Algunos otros, dicen que esta cueva tiene salida por Xochiatipan y
que es un pasaje que sirvió para esconderse de los enemigos en los
tiempos de la colonia. O tal vez fue un río subterráneo.
Siguen escudriñando por todos los rincones. Hayan algunas vasijas
de piedra, nada significativas, seguro que no tienen ningún valor. Don
Camilo guarda algunos objetos en su morral: una piedra con la figura
de una mujer de unos veinte centímetros de altura y una mano de
molcajete con cabeza de conejo.

133
Se detienen en una entrada que tiene la forma de una puerta, ya no
una ventana. Miran a los lados y se quedan sorprendidos al ver dos
estatuas gigantes que vigilan la entrada. Miden aproximadamente seis
metros de altura, tienen las manos levantadas y, en lugar de nariz,
tienen grandes picos, ojos grandes, con taparrabos y con la boca
abierta mostrando la dentadura. Sin hacer mayor caso se internan
hacia el cuarto. De pronto, escuchan algo o alguien que se acerca.
Inmóviles, se miran interrogantes unos a otros. No distinguen de qué
se puede tratar. Sigue avanzando hacia ellos, se oye claramente una
respiración acelerada y agitada. En silencio siguen escuchando. Se
acerca cada vez más y más.
Comienzan a sentir miedo. Como agua fría que recorre desde la
cabeza a los pies. Sienten la piel enchinarse, un sudor frío recorre sus
cuerpos, los ojos se dilatan, el tiempo parece detenerse, los pies se
vuelven pesados, el palpitar del corazón se acelera. El tiempo se hace
largo mientras el ruido se acerca más. Ahora podían saber con toda
certeza que deslizaba hacia ellos. Beto, con mucho miedo, alumbra
hacia enfrente y pueden distinguir cuatro ojos que parecen lanzar
lumbre. Sin poder determinar de qué se trata, Beto, el hermano y el
hijo disparan descargando todas las municiones de sus armas; no se
detuvo. Dan la media vuelta y corren. Dominados por el miedo, se
dispersan porque no pueden pasar juntos por esas ventanitas. Siguen
corriendo, llenos de miedo, que olvidan seguir el lazo que es la guía.
Se topan con paredes, trepan ventanas, siguen corriendo. Lanzan
gritos para poder distinguirse por dónde andan.

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Don Beto corre tras de su hijo y le pide que no se detenga.
— ¡Beto! ¡Beto! ¿Dónde estás? –Grita el hermano con
desesperación.
— ¡Por aquí!, por aquí. Nunca pudo escuchar con precisión de
dónde provenía la respuesta.
— ¡Corran hacia la salida! ¡Busquen el lazo y síganlo!
— ¡Esperen, esperen, no me dejen aquí! –Gritaba, don Camilo– se
escuchaba aterrado de miedo. Seguro que estaba perdido.
— ¡No te detengas! ¡Corre! ¡Corre! ¡Busca el lazo! –Se escucha que
dice, don Beto.
Se dejan escuchar unos disparos, después el silencio invade.
Encuentran el lazo y siguen adelante. Sale primero a la superficie el
hermano de don Beto; después don Beto seguido de su hijo y; al final,
don Camilo. Se alejan del lugar dejando el lazo amarrado en el árbol y
algunas otras de sus pertenencias. Llegan a la camioneta y perciben un
olor a arsénico que brotaba de la cueva. Se oyó un estruendo y la tierra
comenzó a temblar. Se oyó después un gallo, el repique de una
campana y el murmullo de gente.
Silenciosamente se treparon a la camioneta y emprendieron el
camino de regreso. En Cruzhica, Florencio desciende del vehículo. En
la entrada hacia el pueblo de don Camilo, éste baja y se dirige a su
casa. Todavía su semblante no era natural. Sigue sintiendo miedo
aunque no sabía qué fue lo que les asustó.
Toda la gente de los pueblos cercanos sabe que en esta cueva existe
una víbora con dos cabezas. Nadie puede asegurar nada. Jamás la han

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visto. También se cuenta que si una persona sueña entrar a la cueva y
saca todo el tesoro, ésa persona lo podrá hacer; sin embargo, a
cambio, tiene que llevar tres hijos menores de seis años, llevar tamales
grandes y mucha bebida.

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¡Amo xinechkajteuakaj!

Peua tlanesi. Se teposkauayo kimama teposchachapali iyolik asi


ipan chinanko. Ne chinanko Koyolar, maseualemej peuaj meuaj, nesi
pampa kitlikuiltiaj tlauili uan teipa kisaj toauimej, youij ne ateno
kiuikaj innextamal kipajpakatij. Totlayimej nojkia youij, inijuantij san
momapajpaka, moixpajpaka uan sekij maltiya.
Eyi tlakamej temokej uan se yajki ne Kamilo icha.
— ¡Piali!, ¡piali!
— ¡Piali, tlayi! Amantsi nikisas, xinechchiya se kentsi. Tena,
xitlachiya. Technojnotsaj, techtemouaj. Axnijmati katli nopa tlakatl
technojnotsa pampa axkana nijkamakaki. Ta amo xikisas, san
ximochiya. –Ki’ilui Kamilo isiua— ya mosenkaua pampa kisas.
Iyolik kaltlapo uan naualita Kamilo.
— Piali, tlayi. ¿Tlen moneki?
— Yojuantij titlanamakaj, tijmakaj peposchachapali.
— ¡U…y!, axuelis nimechtlakouilis, tlayi. Amo nijpia tomi tlen ika
nimechtlakouilis. –Ontlanankili Kamilo.
— Amo, axkanaj nijneki xinechtlakouili. Na niuala ika seyok
tlajtoli.
— ¡Ah!... ¿kenijkatsa motooka?, –tlatsintoka Kamilo pampa axkana
ki´ixmati.
— Xinechtlapopolui, notooka, Alberto. San Beto ijkino nechiluiya.
Na niuala ne chinanko tlen itooka Tlauelompa.

137
— Ah, tel uaajka, ¿tlen moneki? Xikinnotsa mouampoyouaj,
tikonisej se achi kafe.
Beto, kinotsa i’ijni uan ikone tlen ne uajkatsi ualtlachixtoyaj.
Monechkauikej uan kitlajpalokej totlayi Kamilo. Moseuikej ipan se
ome tapasoltik kuachichi. Kafenij uan mokamouiyaj. Kamilo axkanaj
nelia nochi ki’inneltokilia intlajtol, pampa; se tlamantli timoixmatij ne
uajkatsi, uan seyoj nelia kuali timoixmatisej, –mokamouiya iselti ne
Kamilo–. Miaj tlamantli Kamilo tlatsintoka. Kena kimatiyayaj inijuatij
kuali maseualmej pampa ijkino mokaki ipan chinanko, ya axkana
nelia motemachiya.
— Tlayi Kamilo, tojuantij tiualouij pampa tijnekij xitechuika
kampa ne ueyi tlakoyoktli tlen onka achka ipan ojtli ne Pocantla.
Tijmatij ta tikalajtok ipan nopa tlakoyoktli.
— ¿Aah, uaajka yanopa ika inualatokej? Kena, kena nikixmati
maski aijkema niyajki, nopa uajkajkiya. Kema nikalajki uaajka
nitelpokatl: kema axtlajki tijmauiliyaya. Nikalajki yon axnimoyoloui
tla noueli se tlamantli, tlen axkuali, nechpantis. Kema se telpokatl yon
axkanaj timoyolouis. Kena nikalajki uan axtlenoj nijpantik, san
nikalajki uelis se kaxtoli ―metro‖. Nimoyolouito: tlajke nijchiua nika,
noselti uan ijkatsa niuala, san se tlauili niuika iuaya nopilpatente.
Ki’ijtouaj nopona istok se ueyi koatl, tlen axtimoyolouis kenchi
iueueyaka uan kipixtok ome itsonteko.
— Kena, nojkia tijmati nopa tlen mopoua.

138
— Na kentsi nijmauilia pampa axnijneki nijkajteuas nosiua yon ne
eyij nokoneuaj; maski nochi mouikaltijkeya uan aijkana
nikintekipanoua, nijneki nikintlachilijtos.
Kamilo se tlaloxtli axkanaj kamatik, moyolouia: Nijneki nijmatis
kenke tla nias o axkana nias. Tla tijpantisej tlamantli tlen tlauel ipatik,
¿tlajke nikiluis? Axneli nika kinekisej nechkouilisej. Nojkia axnijmati
tlajke ika nijyaltis o nijkouas ika nochi nopa tomi san nechkokolisej,
uan aijkeman kuali ni’istos… achikuali axkanaj nias.
— ¿Kenijkatsa timoyolouiya, tlayi? Nochi tlen tijkixtisej san tlajko
timomajmakasej. Na nijualikas nochi tlen tijtekiuisej kema tikalakisej:
tlamalintli ueueyaj, kaxtoli poali metro iueueyaka, tlen kuali
tepostlauili uan nojkia tepostlatopontli, tla noueli tijpantisej se tekuani.
— Kualtiyaskia. Tlen kenijkatsa timomajmakasej axtouij moneki
ma tikalakikaj uan teipa matikisakaj. Tla nelia tikisasej; teipa,
timomamakasej.
— Kena, tlayi. San tlajko timomajmakasej. Axkana nimoyolouia
nochi na nijkuis.
— Ijkino na nojkia nimoyolouiyaya.
— Uaajka kualtitok. ¿Tel nama tlen tikijtoua? ¿Kena tiyasej?
— Kena tiyasej; san xinechkauili se meestli pampa axtouij nipixkas.
Axnijneki yon nimoyolouis axakaj uelis teipa pixkas, pampa axtijmatij
tlen techonpanos.
— Kena, tlayi, kualtitok. Na nijmati axtleno techpantis. Uaajka ika
se meestli sempa tiualatij, uan nochi titlauaualikasej tlen tijtekiuisej.
— Tla ta ijkino tikijtoua uaajka ijkino tijchiuasej.

139
Totlayi Beto, i’ijni uan ikone kimaakatejkej Kamilo uan peejkej
kinamakaj teposchahapali ne kaltitla uan ne sejkano chinanko. Ne
maseualmej tlen axkanaj kipiyaj tomi kipatlaj ika pitsomej, piyomej,
totolimej, chili, sintli, etl,… Ne tlanamakanij nochi kiseliaj yeka nochi
kinamakaj tlen kiualikaj.
Kamilo, ya kalajki icha, momapajpajki uan pejki tlakua, kikua
ayotlatsiyontli ika ne nejpali tlen isiua kikakatsojtok ne komalixko uan
kitempouilia tlen mokamouikej iniuaya ne maseualmej tlen
ki’inpaxalotoj.
— Ne maseualmej moyolouiyaj axkanaj ouij, san tikonkuitij tlen
tlaejeltok ne tlakoyonijtik, tijmaamatij nopa tlen kostik tetl, yon
axkema nikistok, san nijmati yeyejtsi kauani uan tlauel miaj tomi
ipatik, ni nemilistli axtlajki santlapi techmaka, nochipa moneki se
tlaxtlauili. Nochi maseualmej kimatij, maski se uiui.
— Axnijmati kenke tijneki tias. Ta tijmatojka maluili ne kampa
inyasnekij. Sekinoj tlakamej nojkia kiyeyekojtokeya uan axtleno
moeuitokej. Totajtsi nojkia kalajki uan axtleno kipantito.
— Kena, tena, kena. Ta amo ximokueso, axtleno texpantis.
Nopa tonati pejki pixka iuaya ome ne ikoneuaj uan seomej
tlanemej. Isiua ya ki’inontlamakayaya tlajkotona; ika teotlak
ki’insenkauiliyaya axokotl: nextamali kitekilia atl uan kitsopeltia ika
chankaka, auiyaj. Ika ni tlatsopeltilistli motlaxikolseuiyaj.
Keman sa se tonal poliuiyaya kema asis nopa totlayi Beto, Kamilo
ki’ilui isiua ma kichiua tlaxkali tlen kiuikas ika nopa tonilijkapa:
etixtli (piltsiltsitsij tlaxkali, tijtilauaj uan ika etl tlen kitistokej ika ya

140
ki’ijtitemitiaj, kitlaliliyaj nojkia kolanto), se ome tlakakatsoli chili,
istatl uan se lemete ika kafe.
Kema, tlaneski, asiko Beto iuaya ikone uan i’ijni.
Totlayi Beto asito icha ne tlayi Kamilo, san motlajpalokej, Kamilo
ijisijkapa kiski ika ikuatana uan ipatente, teipa tlejkok ipan ne
teposkauayo. Ne chinanko Cruzhica kikuitikiskej ne Florencio,
iteixmatijka ne tlayi Kamilo, ya kema kikajki kanij youij, axtleno
ki’ijtok, nima tlanankili kena inuaya yaski.
Nopa tonati lunes. Nesi ipan ne teixtli kenijkatsa tlejko. Ne
iluikamitl yejtli san se ome, chipauaj uan kanajtsitsij mixtli onka,
sanké ne ichkatl, san tlamajtokej. Ne maseualmej san ki’intlachiliaj
kema panoj, axkana tlajki ki’iniluiyaj. Ne teposkauayo nojkia
ki’istokeya nochipa nentinemi ne kaltitla tlanamakaj.
Nochi ikuitlapa ipan ne teposkauayo youij, kampa ne ojtli ajachika
uitontiyaj. Panokej ne chinanko Tlaltekatla san tlakajtok. Se ome
konemej motlalouaj kitotokaj teposkauayo, tlejkoj uan kampa achi
iyolik youi uaajka temoj. Chichimej iniuatij tla’ajuaj uan nojkia
itepotsko kitojtotokaj teposkauayo.
Iyolik panokej ne kamposanto pampa ojtli axkana kipiya tepisili
uan nopa teposkauayo san mijtotiya. Peua kuali tlanesi, nesi mili ika
tojtli maski nochi uajtojka pampa uajkajkia aijkana tla’auetsi. Ne
sejkano nesi yankuij tlajchinojtokej pampa axtleno onka, se ome tonatl
peuasej tokasej.
Asitoj kampa achka tlakoyomitl, ojteno kiketskej nopa teposkauayo
pampa axkinejkej maki’itakaj. Temokej, kitemouikej tlen

141
tlauiuikayayaj: tlamalintli, tlen ika motlauilisej, tepostli tlen kipijtokej
uan tlen nopa sekinoj tepostli kiuikaj ipan inkuatana. Tlayi Kamilo
kitemouij ikuatana, ipatente uan kiuika nopa tlamalintli.
Kimamaj nochi uan peejkej ixtlejkoj, Kamilo tlatsontejti pampa
axkanaj onka ojtli. Kanaya manejnemij ixtlejko pampa tlauel melajtik.
Asitok kampa iteno nopa tlakoyojtli. Mokajkakej tlen tlajuijuikaj, se
ome tlamantli ipan tlalchi kitenkej, sekij kikuauiyonikej ipan ne
kuamaitl, uan tlasenkauaj nochi tlen kiuikasej tlakoyojko.
Tlen kampa kalakisej san nelkentsi nesi pampa miaj xiuitl onka uan
tetl tlen temotok. Nopa achka, pano se atlajtli. Axtlajki molinia,
axtlajki mokaki yon se tototl yon se tekomajtli tikitas. Sanijki
tijmachilis timajmauis.
— Nomaseualpoyouaj, ma tionkafenikaj uan teipa tikalakisej,
niualika se kentsi kafe –naja totonik– Nojkia ma tijkuakaj se ome
tlaxkali tlen nosiua kisenkajki. –Tlayi kamilo kikixtiya kafe, etixtli,
chili uan istatl.
— Tlaskamti, tlayi Kamilo. Na nijualika ―galletas‖ uan tsopelatl, –
ki’ijtoua tlayi Beto, tlen kikixtiya ipan ne ikuatana.
— Ni galletas kema tikisasej uaajka tikuasej, pampa temaxtli
nimayanasej. Ma moijkueni.
— Kena, tla ta ijkino tikijtoua, Kamilo.
— Uaajka ma tionkafenikaj uan ma tijkuakaj tlaxkali, Beto. ¡Eh!
Nochi xiualakaj, titlakuasej uan tikafenisej.
Kitemouaj tetl tlen kampa moseuisej uan tlakuasej. Mokuilikej se
ome etixtli, chili uan nopa kafe san kionikej ipan nopa lemete.

142
Tlankej tlakuaj. Tlayi Beto iuaya i’ijni kikixtijkej nopa tepostli
tlatoponketl, ikone itsinkextla kikalakia se tlen piltsiltsik, se 3-80.
Kamilo ya san kiuika ipatente. Beto ki’ilpiya se tlamalintli ipan se
kuauitl. Nopa tlauili motlalilikej ipan intsonteko, inkuatana
mokechkostikej, kiuika se ome koxtali kampa tlakajkalakisej nochi
tlen kipantitij. Nama kena nochi mosenkajkeya, nama ma tikalakikaj.
— Florencio, ta timokauas nika, titlamokuitlauis, tijtlachilis ne
tlamalintli ma amo mamotojtomas. Ne tlamalintli yaya techkixtis
pampa ya tijtokilisej uan ijkino amo timokuapolosej uan tikisasej. –
ki’ijto tlayi Beto.
— Kena, na nika nimokauas uan amo nimolinis.
— Tla tikitas teotlajka, moseuiseya ne miltekitinij uaajka
timokuepas uan titematiltiti tlen techpanos nika. Na axkana nijneki
nimoyolouis tla axkanaj titlakuapilitij.
— Kena, tlayi Beto. Na nojkia nijmati nochi inmojuantij
intlakuapilitij.
Kioliniaj tetl uan kiochpanaj nochi nopa xiuitl tlen kitsajtok kampa
kalakisej.
Tlayekanki Beto, ya axtouij kalajki, teipa kitokili i’ijni uan ikone,
tlatepotsko kalajki tlayi Kamilo; ni, ya momachiotik uan momaijtok.
Axtoui moixikalakijkej, teipa mototoxontiyajkej, teipa ya uelkej
manejnentiyakej. Uelis se chikome mapeli ijkino yajkej pampa teipa
kuali moketskej.
Ki’inpantikej miyakij tsotsomej nochi pankiskej. Ika maluili
mokestiyouij pampa noueli se koatl ipan moketsasej. Tlen ne

143
maseualmej axkatsij istokej, uan nopaya nemij, se ome ki’ijtouaj
ki’istokej se ueyi koatl, tlen kipia se majtlaktli uan eyi mapeli, iyoli
nemi uan teipa nopaya ipan ni tlakoyojtli kalaki.
Ki’itakej miaj onka kampa tlapojtok, maski san nelkentsi, axkanaj
uejueyi tlapojtok. Naualitak uan nesi ika i’ijtik achi tlauejkaj. Uaajka
kalakij, ijkinoj yajtiyouij, panoj uan panoj, axtlajki kipantiyaj. Ojtli,
uan kampa tlauejkaj, tlakajtok, axtleno onka, sanké nochi tlachpantli.
Tepejpextli tlen kampa mokestinemij, alaxtik, nesi ken setsii tetl
kitlalitokej; uan nesi kejné onka tlauili, pampa onka tlanextli.
Sansejko youij, tlachixtinemij. Axtleno ki’itaj tlen noueli kentsi
ipatik, san tetl kampaueli nesi. Maski iyolik mokamouiyaj ya chikauaj
mokaki, tlanankilia nopa tepetl. Asitoj kampa ueyi tlauejkak.
— ¡Xikitakaj! ¡Xikitakaj ne! ¡Axinkineltokasej!
Nopa eyij monechkauikej kampa istok tlayi Beto uan tlachixkej ika
ne kaltsintla, kampa se patlauaj ojtli nesi uan kisa kostik tlauili, nelia
yeyejtsi tlauili nesi.
— Nama kena tijmatikejya kanij kisa ni tlanextli, uan yeka axkana
tlauel tsintlayoua
— Kena, yeka nesi tlauilpa, tlayi Kamilo.
Nochi axmoliniaj, san tlachiyaj. Moyolouiyaj kipantijkeya tlen
kiteemoyayaj. Yaya nika eltok tepostli tlen ipatik.
— ¿Atlajké nelia melauaj, tipantijkeya, mimi Beto?
— Noueli kena; maski yon na ayikana nijneltoka.
— Nesi tlauel yeyejtsi uan elis toaxka ¡Nama kena titlatomiuisej!
— Aximo tlauel xipaki. Tikitaseyoj tlajke panos.

144
— Ma timonechkauikaj, –ki’ijtok Beto–, ya tlekanki.
Axmokamouiyaj san monechkauiyaj kampa kisa nopa tlauili. Nopa
ojtli ya ki’itaj tsoliui ipatlajka, poliuiyaya uelis chikueyi mapeli kema
asiskiya aijkana uelkej monechkauiyaj. Maski kinekiyayaj achiyoj
yasej aijkema uelki. Mokuepakej, uan axkimatij kenke ijkino tlaelki.
Sempa ontlachiyaj kampa uala nopa tlauili, kitlauiliyaj ika tlen nopa
kiuikaj uan sempa ki’itaj ya patlauaj ojtli. Ika ompa kiyeyekokej,
panimaj axuelkej asij. Ika expa kiyeyekokej, axkema uelkej, ijkiyakaj
kikaajkej.
— ¡Axmelauaj tlen ni techpantiya! ¿Kenijkatsa eli ne ojtli?
¿Kenijkatsa tsoliui? –Nochi naui moijliya.
— Axtijmatis kenke, tlayi Beto; kema titsinkisaj ya patlauiya, kema
timonechkauiya ya tsoliui.
— Noueli techkajkayaua toixtiyol, timoteetsauiyaj. –Ki’itoua, Beto
ikone.
Sejkanok youij, mopachotiyouij, aijkana pakij pampa axuelkej
kiasij nopa teokuitlatl, nopa kostik tomi. Asitok kampa sejkano nojkia
tlapojtok. Uan ki’itakej tlaijtik nama achiyo tlauejkak. Tlayi Kamilo
ajkoita uan kitlachilia, nelia neluajkapa, uelis se chikueyi mapeli
ijuakapanka. Miaj tlamintik tetl kuauiyontok, sekij nesi tla san
nelkentsi tikolinis tepeuis.
Ki’ijtouaj tlen nika neuaj ni tlakoyojtli kichijkej tlen ne uajkakiya
istoyaj pampa onka tlen tlamantli san tetl inijuantik kichijkej,
piltsiltsitsij uan sekij uakapantikej tlen tekuanimej uan maseualmej
ki’inixkopintokej. Axtijmatis kenijkatsa ki’inchijchikej uan kenke

145
ki’inchijchikej. Sekij maseualmej ki’itouaj ni tlakoyojtli on kisa ne
altepeko Xochiatipa, ni se ojtli kampa mo tlaatiyayaj maseualmej tlen
ki’innekiyayaj ki’inmijtisej pampa eliyayaj san maseualtsitsij. O
noueli nika eliyaya se atemitl.
Nemij tlachixtinemij, nochi kaltsintla. Moeuiyaj kaxitl tlen
kuextikej, san ika sokitl kichijtokej. Tlayi Kamilo ya kikuatanatlalia
tlen moeuia: se tlen san tetl ki’ixnextijtokej se siuatl, tlen se mistetl
uan tlajko iuexka uan se ima ne chilkaxitl, kipixtok itsonteko ken se
kuatochi.
Moketsa se tlaloxtli kampa se ueyi kaltemitl, aijkana se kentsi
tlapojtok. Tlachiyaj ika inakastla nopa kaltemitl uan axkineltoka tlen
kitlachiliya pampa omej uejueyij temaseualmej ijkatokej,
kimokuitlauiyaj kaltemitl. Uelis se naui mapeli inuajkapanka.
Momatlalantokej uan axkana kipiyaj inyakatsol ken tojuantij, ya
kipixtokej intenchopich, uejueyi inixtiyol, uan sankentsi mopijtokej
intlajkoya, kamachalotokej ki’ixnextiyaj intlankoch. Ki’inpanokej,
kalajkej. San kema onkalajkej kikajkej kanantlajki monechkauiya. San
axmoliniaj, san motlachiliyaj. Axtleno ki’itaj, san kikakij
ki’innechkauijtiya, kuali mokaki kenijkatsa chikauaj ijiyokui uan
sanijki tlaxikojtok. Ijkatokej, san tlakatokej. Ya achiyo
ki’innechkauiya.
Peuaj majmauij. Kimachiliaj ken atl sesej temo nochi intlakayotipa.
Sisiltemi intlakayo uan peuaj sesej mitoniaj, inixtiyol uejueyi
mochiua, uan nopa kauitl sanijki aijkano pano, inixi etiya, inyoltsi
ijisijkapa juijuitoni. Nopa kauitl nelia san nojkia moketsa, nopa tlen

146
monechkauiya achiyo uala. Nama kena kuali kimatij tlen
ki’innechkauiya mouatania. Beto, ika majmajkayotl ontlaui kampa
kikakij mouatanijtik uan ki’itakej naui i’ixteyol tlen nesi ken se tlitl
kauantok. Axkimatij tlajkechijketl tlen nopa mouatanijtia, ne Beto
iuaya i’ijni uan ikone pejkej kitotopotsaj ika intepos, tlanki tlen ika
tlatoponiaj, nopa tlamantli axkana moketski ya panima
ki’innechkauiya. Mokuepakej uan motlalokej mochololtiaj. Ika
mamajkayotl moxelouaj, axkanaj san sejko yajkej pampa axuelkej
panoj sampatsi nochi iniuantij kampa axkana koyauaj kampa panoj.
Motlalouaj, ika mamajkayotl ki’ilkajkej kitokilisej nopa tlamalintli
tlen kitilantiyouiyayaj. Motomoniaj ika tlatsakuiloni uan panoj kampa
kentsi tlapojtok, motlalouaj. Tsajtsitiyouij pampa kinekij ma
ki’inkakikaj kanij ika youij uan ijkino mopantisej.
Tlayi Beto, i’ika ikone motlaloua uan ki’ijlia amo ma moketsa.
— ¡Beto! ¡Beto! ¿Kanij ti’istok? –Aijtlapi kitsajtsilia i’ijni ne Beto.
— ¡Ika nika!, nika. Axkema kuali kikajki kani ika nopa kinankilia.
— ¡Ximotlalokaj, xijtemokaj kampa ika tikalajkej. Xijtemokaj nopa
tlamalintli!
¡Ximochiyakaj, xinexchiyakaj, amo nika xinechkateuakaj! –
Ki’intsajtsilia, tlayi Camilo–. Mokaki nelia ika majmajkayotl tsajtsi.
Temaxtli aijkimati kanij ika kisas.
— ¡Amo ximoketsa! ¡Ximotlalo! ¡Ximotlalo! ¡Xijteemo tlamalintli!
–Mokaki ki’iluiya ne Beto.
Mokajki sempa se tlatoponik, teipa aijtleno mokajki. Kipantikej
nopa tlamalintli uan yaya kitilantiyakej. Tlen axtoui kiski ne i’ijni ne

147
Beto, teipa kiski Beto tlen kitokilia ikone, tlatepotsko kiski tlayi
Kamilo. Kiskej uan axkanaj mokuijkuitekej tlen kiuikatoyaj,
tlamalintli nojkia ilpitok mokaajki. Asitok kampa ijkato teposkauayo
uan ki’ijnekej sanijki tepostlapotejkayotl tlen kisayaya ipan nopa
tlakoyojtli. Teipa tlatoponki chikauaj, tlali mouisok. Mokajki se
kuapelech tsajtsi, se tepostlanoxtli nojkia motsilinia uan ki’inkajkej
maseualmej mokamouiyaj.
Aijkana mokamouikej, tlekokej ipan nopa teposkauayo uan
mokuapakej. Ne chinanko Cruzhica, Florencio ya temok. Ne ojteno
kampa ichinanko ne Kamilo ya nojkia temok uan yajki icha. Kema
asito icha ixayo chipajtik. Naja kimachilia mamajkayotl maski
axkimati tlajkechijketl ki’inmajmati.
Nochi maseualmej tlen nika chinakoeuaj kimatij istok se ueyi
kouatl tlen kipiya ome itsonteko. Maski axakaj motemachiya pampa
axkana nelia ki’istokej. Nojkia kitempouaj tla se maseuali kitemikis
kalakis ne tlakoyojko uan kikixtia tlamantli tlen tlaojonkaj, uaajka
nopa maseuali kena uelis kalakis uan kikixtis nochi tlen kinekis; ma
tla tlakijkixtis axkana santlapi elis pampa kitlajtlanisej ma temajtili
eyij tlen kuextikej ikoneuaj, tlen ayikana kiaxitiyaj chikuase xiuitl, ma
kiuikas uejueyi tamali uan miaj tlaili.

148
¡No, no! ¡Váyanse!

José se levantó muy temprano, antes de que cantaran los gallos. Su


esposa Catarina se apresuraba a poner café, calentar unas tortillas y la
olla de los frijoles. Le dio de comer, después que éste había preparado
su morral con unos cerillos envueltos en una bolsa de plástico, tabaco
y unos cartuchos para su retrocarga. También le dio una servilleta que
contenía unas gorditas con pura sal, una envoltura con hojas de maíz
que contenía unos chiles piquín asados con sal y, para su perro, unas
tortillas duras.
— Coyote, vámonos, –el perro movía alegremente la cola y
caminaba tras de su amo.
— ¡Cuídate mucho! –Le grita su esposa, Catarina, al verlo alejarse.
— ¡No te preocupes, estaré bien! Regresaré antes de anochecer. –
Responde don José, que camina ya sin voltear.
Con la carabina al hombro, machete en la cintura y su morral,
camina por una vereda. El monte está muy silencioso, parecía dormir
o bien mostraba su tristeza hasta ahogarse en ella. Ya cansado José,
toma un breve descanso junto con su perro ―coyote‖ que está sacando
la lengua, echado a su lado. Coyote mira con atención por todos lados,
en silencio, se para y comienza a olfatear y moviendo su cola, sigue
una pista sin apresurarse, se detiene un poco, continúa olfateando, a
veces levanta la cabeza para mirar en la copa de los árboles. Se aleja
rápidamente del lugar. José lo sigue con la mirada. A unos cien metros
de distancia el perro comienza a ladrar desesperadamente, parece que

149
algo está a punto de atrapar; pero no se atreve hacerlo. José se para y
corre tras el perro, preparando su carabina; pero el perro se aleja
rápidamente, cada vez más y más. José no le queda otra alternativa
más que correr tras de su perro que ya le lleva mucha ventaja.
Así lo siguió por más de tres horas. El ladrido de su perro apenas se
percibía. Llegó hasta la entrada de una cueva, se quedó un rato
mirando y pensando: ¿entro o no? Mientras, los ladridos poco a poco
se iban desvaneciendo. Finalmente, decidió entrar, con pasos
inseguros empezó a descender en esa cueva; enseguida se percató que
bajaba sobre unos escalones de piedra, caminaba y caminaba. Caminó
unas cinco horas, o tal vez más, había perdido la noción del tiempo.
Los ladridos se habían desvanecido completamente; en cambio,
empezó a escuchar el suave correr del agua. Había suficiente luz y
hasta sus oídos llegaron las risas y murmullos de señoras que lavaban
la ropa azotándola con fuerza sobre las piedras. A lo lejos alcanzó a
mirar cómo las señoras lavaban la ropa, vestían naguas amplias y
blusas bordadas con vistosos colores. No dejaban de reír ni de platicar.
José se detuvo un largo para mirarlas mejor, una de ellas volteó a
mirarlo y vio a la mujer mostrando su rostro vacío, sin carne. Con una
mano huesuda hizo un ademán para que también las otras mujeres
voltearan a verlo. A José se le paralizó el cuerpo y un sudor frío lo
cubrió. Apenas como pudo mover los pies tomó el camino de regreso.
No supo cómo llegó a su casa. Cómo si despertara de un sueño, de
repente se encontraba en su casa. Se miraba algo extraño, su rostro
había envejecido, parecía tener 10 años más, ahora tenía muchas

150
canas. Casi no hablaba, ni siquiera con su mujer. Seguía trabajando en
sus labores de campo aunque ya con una mirada perdida y su caminar
como el de un sonámbulo. Su mujer no le preguntó jamás de lo
ocurrido en aquel día de la cacería, ni porqué su perro no regresó con
él.
Un año después José de pronto cayó enfermo, una fiebre de
cuarenta grados le atacó y que le hacía alucinar y por las noches
sobresaltaba frecuentemente:
— ¡No, déjenme en paz, no quiero quedarme! ¡Solo quiero que me
den mi perro y me voy! –Gritaba y se revolcaba en su petate.
— ¡Cálmate ya! –Le decía su mujer–, mientras lo tomaba en sus
brazos y le acariciaba la cabeza sintiéndole que la fiebre no cedía.
— ¡Diles que se vayan esas mujeres que quieren llevarme! Ellas no
tienen carne, solo son huesos que caminan. ¡Diles que se vayan! –
Dice, José–, señalando en la puerta de la casa.
Dos días después, José murió en brazos de su mujer.
La gente del pueblo dice que José conoció el lugar de los muertos:
mictlan.

151
¡Amo, amo! ¡Xiakaj!

José kualkaj mejki, yon aikana kuikayayaj kuapelechmej. Isiua ya


moisiuiltia kafemana, tlaxkaltotonia uan kimana ayochachapali. Teipa
kitlamak keman ya kisenkajtojka ikuatana kampa kiuika cerillo tlen
kuali kiuipantok ika ne nailo, nojkia kiuika iyatl uan balas tlen
kitlalilis itepostlatopontli, tlen ne uajkauaya tepostli, ya yokachi kuali
tlatoponia. Kimaa tlaxkalyoyomitl tlen ika kipijtok se ome tekoko
maski san poyek, se tlapijtli chili, tlakatsoli pitsajchili kuali poyek uan
iyoka kiuika tlaxkali tlen kikuas ichichi.
— Koyote, tiajuiya, –nopa chichi paki mokuitlapilolinia uan
kitokilia iteeko.
— ¡Kuali xitlachiyas kampa tias! –Ki’iluia isiua, Katarina, kema ya
ki’ita youiya.
— ¡Amo ximokueso, axtleno nechpantis! Sankuali teotlak
nitlakuapiliti. –Tlanankili José, kikonantok iojui yon aijkana
nokuepajki.
Moelkostitok kiuika itepos, ipatente itsinkextla uan ikuatana, youi
ipan nopa ixiojtli. Ipan nopa kuatitlamitl axtleno mokaki, axtlajki
molinia, sanijki koxtok o noueli mokuesoua uan ijkino iselti
momijtisneki. Keman tlaxikoj José, moseuia se tlaloxtli, achka nojkia
i’ixteno moteeka ichichi ―koyote‖ tlen nejnepiloua pampa nojkia
tlaxikojtok. Koyote kampa ueli tlajtlachiya, monaskamajmana, teipa
moketsa uan peua tlaijnekui, kiolinia ikuitlapil, moeuijtok se ojtli
kampa panotok se tlakuajketl, moketsa se tlaloxtli, sempa tlaijnekui,

152
kemantsi motsontlalana, tlajtlachiya ne kuaixko. Teipa motlaloua
youi, José san uajkatsi kitlachilia. Teipa pejki tla’ajua ne achi uajkaya,
axmoaxilia tla’ajua, sanijki kanantlajki moejuitok uan ki’itskisa;
tijkakis axueli ki’itskiya. José ya moketsa uan motlaloua youi kampa
istok ichichi kisenkaajtik itepos pampa kitoponis; nopa chichi ya
achiyoj yajtik, chikauak youi. José nojkia axkana moketsa uan
kitokilijtia maski ya uajka mokaajkia.
Kitokilia ichichi, eyi kauitl panok. Teipa sa kentsi kikaki kenijkatsa
tla’ajua ichichi. Asito kampa se ueyi tepetl ijkatok una kakauatik,
noponi moketski se tlaloxtli uan moyolouiyaya: ¿nikalaki o amo?
Kikaki ne uaajka tla’ajua ichichi, iyolik polijtiya. Teipa, axtleno
kikajki, moteema kalakis, iyolik uan ika maluili kalajki, iyolik
nejnemi; teipa ki’ita tekuemitl ipan temo; temo uan temo, makuili
kauitl kichijki temo ipan tekuemitl, aijkimati keski kauitl nejnenki.
Nopa ichichi aijkana kikajki tla a’ajua, teipa kikajki kennijkatsa san
yamani temo atl. Kuali tlauilpa uan kuali kikajki kenijkatsa
mokamouiaj toauimej, tlachokueniaj pampa ika tlatsouitekij nopa
yoyomitl ipan tetl. Ne uejka ki’intlachili kenijkatsa motlachokueniaj
nopa toauimej tlen nochi koyauaj tlakuejuiyaj uan inkechkemetl
tlajtlapantik. Axtlamii uetskaa. José moketski se tlaloxtli uan
ki’intlachilitok, se toaui kiualtlachili uan uaajka ki’itak aijkana kipia
nakatl nopa ixayo san nochi omitl nesi. Ika se ima kimanextik uan
nojkia ne sekinoj toauimej nojkia ma ki’itakaj. José aijuelki molinia
uan se sesej itonali kimachili. Iyolik molinik uan mokuepajki uan
yajki ika icha. Aijkimatijki kenijkatsa asito icha, sanijki ontlachixki

153
uan nopaya istok. Aijkana iuikal keman yajki, pampa san tlaloxtli
ueuetixki, nesi nama tlejkoto se majtlaktli ixiui, uan paxtik ikuaich.
Aijkana kineki kamatis, yon iuaya isiua. Ya panima tekitiyaya imila,
nesiyaya sanijki aijkana kuali tlachiya, sanijki majmaui uan ne
nejnemi nesi ken kochmejtok. Isiua axkeman kitlatsintokili tlen panok
keman yajki tlapeuato yon kenke ichichi aijkana iuaya ualato.
Kema panok se xiuitl san tlaloxtli uetski mokokoua, ki’itski
chikauak tlatotonikayotl uan moixtetsauiyaya uan ika tlayoua ajachika
mokuiteua:
— ¡Amo, xiyakaj, na axkana nijneki nika nimokauas! ¡San
xinechmakakaj nochichi uan niyasa! –Kejní chikauak kamati uan
momimiloua petlaixko.
— ¡Aijkana ximajmaui! –Ki’iluiya isiua–, uan kikuanauayaya,
kikua’alaxoua uan ijkino kimachiliyaya nopa tlatotonikayotl panimaj
chikauaj ki’itskitok.
— ¡Xikinilui ne toauimej mayakaya pampa kinekij nechuikasej!
Inijuantij aijkana nakayo intlakayo, san omitl nenemij. ¡Xikinilui ma
yakaya! –Ki’ijtoua José– uan tlamanextiya ipan ne kaltenteno.
Ika ome tonal José mijki ikuaxanko ne isiua.
Nochi maseualmej tlen chinanko ki’ijtoua ya ki’ixmatito kampa
istokej tlen mijtokeya, ne miktla.

154
MARCELINO HERNÁNDEZ BEATRIZ
(Autor)

Originario de Cruzhica, Xochiatipan, Hgo.


Su lengua materna es náhuatl.
Egresado de la UNAM en la Licenciatura de Letras hispánicas.
Ha realizado traducciones de textos del español al náhuatl como
“Canto al Valle del Mezquital” de Alberto Avilés Cortés y Mi
palabra vuela, coordinadora, Velia Rangel, publicado por
CECULTAH, 2009.
Ha publicado los siguientes libros: ―Vocabulario náhuatl-español de
la Huasteca hidalguense”, Manual para aprender náhuatl y
Monografía de Xochiatipan, además ha colaborado en otras
investigaciones y en revistas con respecto a la lengua y cultura
indígena.
Algunos de sus cuentos se han publicado en la editorial BENMA.
Ha impartido cursos, talleres y dictado conferencias en diversos foros
e instituciones educativas sobre las lenguas y las culturas
indígenas, y temas relacionados con diversidad cultural.
Como un reconocimiento a la trayectoria de vida se publica su
biografía en el suplemento “Héroes desconocidos” del periódico
Reforma, 28 de enero de 2007.
Trabajó en el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) en
Hidalgo como Coordinador Académico y después como Jefe de
Departamento de Programas Educativos en los años de 1995 a
2008.
Actualmente labora en la SEP, D.F y se desempeña como Asesor
pedagógico de la Dirección de Educación Básica de la Dirección
General de Educación Indígena (DGEI) en el D.F y coordina la
elaboración de algunos materiales para alumnos y docentes de
educación indígena como el Cuaderno del alumno y Guía-
cuaderno del docente de la serie: Ciencias, tecnologías y narrativas
de las culturas indígenas y migrantes.

Correo electrónico: mhernandez_95@hotmail.com

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