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Ulpiano y su aporte a la idea de justicia.

1.Ulpiano y su legado.

El nombre completo de Ulpiano era Domiciano Ulpiano, de origen fenicio,

nacido en Tyro, dentro de la provincia romana de Siria, alrededor del 170 d.c,

magister liberollum, y prefecto del pretorio del emperador Alejandro Severo ;

fue también alumno de Papiniano y el encargado de crear varias obras en el

reino de Emperador Antonio Caracalla. Una de sus obras fue denominada “Las

reglas”, que no fue publicada sino por primera vez hasta el siglo XVI -1549-.

Esta obra estaba compuesta de 29 títulos que estaban subdivididos en párrafos,

además de las célebres y principales obras Ad Edictum y Ad Sabinum.

La época de los Antoninos y los Severos (96-235 d. C.), cuya última parte

corresponde a los años en que vivió Ulpiano, presenció los logros más altos del

Derecho Romano, basándose en los fundamentos legados durante las últimas

décadas de la República y las primeras del Imperio. El derecho de este periodo,

llegado a nosotros a través de los textos recogidos por el emperador Justiniano

en la obra llamada Digesta, fue la piedra angular sobre la que se construyeron

los sistemas legales modernos; e incluso en aquellos países donde el Derecho

Romano no influyó formalmente sus sistemas jurídicos, principalmente los del


mundo angloparlante, las obras de los juristas de la segunda mitad del siglo II y

la primera parte del siglo III aún se citan en los tribunales.

La obra de Ulpiano es vastísima, aunque a nosotros sólo ha llegado

fragmentada. Mención especial merece su imponente Ad edictum praetoris libri

LXXXI (81 libros dedicados al edicto del pretor), un análisis interpretativo

detallado de los elementos que conformaron el edictum perpetuum praetoris

urbani (edicto perpetuo del pretor urbano), con alusiones a diversos

senadoconsultos y constituciones imperiales para un confronto detallado del

tema a estudio. Muchos casos planteados provienen de su experiencia

profesional. Es la obra más citada en el Digesto de Justiniano: 3003 fragmentos

son ulpianeos.

Ulpiano es, así, la personificación de la importancia que toman, durante la

dinastía de los severos, los juristas. El derecho se convierte desde luego en algo

de gran importancia para el buen gobierno, e incluso a los abogados se les

conocerá como “sacerdotes de la justicia” dedicados a “la verdadera filosofía”.

No es de extrañar, por tanto, que el legado que dejo Ulpiano fuera de gran

importancia en los siglos posteriores. Sus escritos fueron, sin duda, los

manuales principales de las escuelas de leyes del siglo III y IV. Pero en muchos

casos fue sistematizada o resumida, lo que contribuyó también a que los escritos

originales fueran desapareciendo. Su estilo fue copiado por los juristas


posteriores, como por ejemplo Tituli ex Corpore Ulpiani. Esto se debería

principalmente a que su estilo era mucho más sencillo que el de otros juristas.

El estilo simple de sus escritos y lo completo de su documentación de las

diversas fuentes legales -las cuales sistematizó ampliamente, abarcando todos

los aspectos del derecho romano de entonces- lo ubicaron como el autor de

referencia a la hora de litigar o resolver litigios por todo el imperio. También

fue uno de los autores más prolíficos de todos los tiempos romanos. Por eso,

tanto en acogida como en cantidad, le ganó a las obras de Paulo.

Aunque en el 321 Constantino prohibió que se usaran fragmentos de Ulpiano

recogidos en otras obras, para hacer alegaciones en los juicios, pues consideraba

que el pensamiento real de Ulpiano quedaba descontextualizado en estos.

Aunque un siglo después, Valentiniano III realizó una Ley de citaciones, en el

426, en donde se levantó la prohibición. Ulpiano se convirtió, de este modo, en

uno de los cinco juristas que podían ser citados en juicios. Pese a ello, se decretó

que en caso de que hubiera contradicciones entre los juristas siempre

predominará la opinión de Papiniano.

2. La definición de justicia

A lo largo de la historia son varias las definiciones dadas a la justicia, pero existe

una que es la común y, seguramente, universal. Es, al mismo tiempo, la más


antigua: la justicia es la virtud de dar a cada uno lo suyo, su derecho. Para llegar

a esta identificación precisa de la justicia, dicha definición ha sufrido un proceso

evolutivo, que es menester analizar brevemente. El término de justicia, entonces

la palabra griega “dike”, se hallaba diluido dentro del plano moral y el jurídico.

“Dike” era usado para designar el orden cósmico, el orden de los seres y el orden

social en la polis. Así “dike” o justicia tuvo un sentido de orden o armonía del

mundo, de la ciudad y otro de bien de la persona. Existe un significado de orden

concreto y otro de virtud.

El hombre justo era el comerciante que no defraudaba en la mercancía, el

banquero que cobraba intereses razonables, el juez que dictaba conforme a

derecho. Pero lo era, también, aquel hombre lleno de virtudes. La duplicidad de

la justicia como virtud particular y la justicia como virtud total, no dio como

resultado una doble noción de justicia, sino que ambas se entremezclaron. El

testimonio más antiguo de la fórmula clásica de la justicia es el de Simónides,

recogido en La República de Platón. Lo justo consiste en "dar a cada uno lo que

es debido". Platón problematizó la fórmula y en cierto sentido la desfiguró,

analizándola desde una óptica moral, más que jurídica. En La República, el gran

filósofo griego no desconoce a la justicia como la virtud de dar a cada uno lo

suyo, pues expresamente lo menciona, pero no fija su atención en ella. Su idea

de justicia es la armonía entre las clases de ciudadanos, cuando cada uno de


ellos de dedica a su oficio y no a otro. Platón, valiéndose del principio

antropológico -la ciudad es el hombre en caracteres gruesos -, ve a la justicia

como virtud personal análogamente con la ciudad, como la armonía entre las

partes del alma. Cuando la razón, la ira y la concupiscencia hacen lo propio de

ellas sin intervenir una con otra. Esto es, cuando la razón se perfecciona en

prudencia, la ira en fortaleza y lo concupiscible se ordena a lo racional, naciendo

la templanza. Esta armonía u orden, donde cada virtud hace lo suyo, es la

justicia como virtud personal. Así, pues, la justicia no se refiere a la acción

exterior del hombre, sino a la interior sobre sí mismo y a las cosas que hay en

él. La fórmula de justicia de Platón es esta: "hacer cada uno lo suyo". Esta

fórmula careció de continuadores. Platón con su definición de justicia explica

el orden moral en el interior del individuo. Un equilibrio entre las partes del

alma. Pero, ciertamente, no es lo mismo que cuando nos referimos al banquero,

al comerciante o al juez justo. El sentido propio de la justicia no se da en el

individuo mismo, sino en éste en relación con otros.

Luego aparecería quien sentó toda la base para la filosofía del derecho.

Aristóteles con su teoría de las virtudes explicó impecablemente la justicia.

Desarrolló aquel doble sentido de justicia que no lograba ser comprendido hasta

su llegada. La dividió, acertadamente, en justicia como virtud particular - juez

justo, comerciante justo, etc. - y la justicia como virtud total. Clases de justicia
que analizaremos en el punto siguiente. Cicerón, gran pensador romano, muy

influido por la filosofía estoica, define la justicia de dos modos: dar a cada uno

según su mérito y dar a cada uno lo suyo, siendo ambas definiciones

equivalentes. Ha de destacarse que ya con Cicerón aparece la expresión "dar a

cada uno lo suyo", que entró definitivamente en la noción común de justicia.

Es con Ulpiano que surge la más conocida definición de justicia: "La justicia es

la perpetua y constante voluntad de dar a cada uno su derecho". Con la fórmula

de justicia de Ulpiano, se gana en precisión y, además, se adquiere una

dimensión jurídica. Se matiza que lo suyo de cada uno es su derecho. Se

manifiesta mejor que en cualquiera de las definiciones precedentes un punto

esencial: la primacía del derecho sobre la justicia, es decir, la justicia presupone

derecho. Si la justicia consiste en dar a cada uno su derecho, es evidente que

para que se dé la propia justicia es preciso que exista ese derecho, con respecto

del cual se es justo. El que la acción justa consista en dar a cada uno lo suyo,

pasó a la literatura cristiana y se generalizó. La fórmula la encontramos

extendida entre todos los Santos Padres. Pero con ellos se pierde la nota de

juridicidad para extenderse a relaciones con Dios y aún consigo mismo. El

sentido de justicia se desjuridifica y se moraliza.


3. Ulpiano y su idea de justicia.

Para aportar la idea de justicia de Ulpiano, es necesario contextualizar a la

justicia dentro de la idea del derecho que se tenía en ese entonces en Roma.

Durante muchos siglos, el derecho estuvo fusionado prácticamente a la religión,

ello no quiere decir, que los Romanos hayan confundido al primero con la

segunda. Esto se percibe en la terminología utilizada por ellos, ya que

denominaron “Fas” al derecho sagrado, asignándole a su ámbito la llamada “lex

divina”. A la par de “Fas” estaba el “Jus”, que es la norma producto exclusivo

de la actividad del ser humano, teniendo como instrumento a la “Lex humana”.

Con el tiempo la diferenciación quedó en el olvido y fue utilizada la segunda

denominación para hacer referencia al derecho.

El Jus era para los romanos un conjunto de normas legisladas por la autoridad,

teniendo obligatoriedad para todos los ciudadanos. Esta primera noción se

amplía en el siglo VII, debido a la influencia de la filosofía griega, al

adicionársele la idea de un conjunto de normas jurídicas que constituyen un

derecho innato, que es independiente y anterior a la Lex Humana.

Esto trajo como consecuencia que tuvieran mucho cuidado en diferenciar al

derecho de la moral, así Ulpiano lo define al derecho como “(…) el arte de lo

que es bueno y de lo que es equitativo.”


El legislador no tiene la obligación de contemplar todo lo bueno dentro del

campo de la norma que conforma el derecho, puesto que hay contenidos morales

a los que no puede tener acceso, un ejemplo de ello, son los deberes que tiene

para consigo mismo el ser humano para con sus semejantes.

Tal estado de cosas se refleja en la idea de Ulpiano de las tres bases del derecho,

que son: “(…) vivir honestamente, no dañar a otro, dar a cada quien lo suyo.”

En Roma, del “Jus” se deriva la idea de “justitia” y “jurisprudentia”, así la

justitia es la justicia, la cualidad del hombre justo. La justicia

“(…) Ulpiano la define: la voluntad firme y continuada de dar a cada uno lo

suyo. Para merecer la calificación de justo no basta serlo, en efecto, en un

momento dado: se necesita conformar su conducta al derecho sin rebeldía;

Jurisprudentia es la jurisprudencia o ciencia del derecho, que Ulpiano define

como: el conocimiento de las ciencias divinas y humanas y la ciencia de lo justo

y de lo injusto.”