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UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE HONDURAS

CATEDRÁTICA: JOHANA MARINCLER MEJIA

ASIGNATURA: MACROECONOMÍA

SECCIÓN: DOMINGO DE 11:00 AM A 02:00 PM (AULA 226)

TEMA: ENSAYO NEOLIBERALISMO

FECHA: 14-JULIO-2019

INTEGRANTES:

BESSY PERDOMO 201710010575

DAVID MORA 201710010578

KATHERINE VALLE 201910010757

SONIA SAAVEDRA 201630010200


Neoliberalismo

El Neoliberalismo es el conjunto de ideas políticas y económicas capitalistas que


defiende la no participación del Estado en la economía, dejando por fuera
cualquier intromisión gubernamental, impulsando así la producción privada con
capital único sin ayuda del gobierno.
Este modelo, ya se encontraba en su etapa de estudio a finales de la década del
sesenta del siglo anterior, pero se propone su aplicación mundial a principios de
la década de los ochenta, con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de los
Estados Unidos y Margaret Thatcher en Inglaterra, y se propagaría durante toda
la década en todo el mundo.
En esencia no se puede sostener que el modelo en si está destinado a producir la
pobreza, ni que es obra de la maldad de algunos. En su naturaleza, este modelo
apunta a concentrar enormes cantidades de riqueza, reducir el tamaño del
Estado, y eliminar cualquier control que regule las relaciones en el mercado. Así
se trata de maximizar la función esencial del capitalismo; acumular.
Este es un hecho concreto del que, según sus defensores, se alcanza la capacidad
máxima de los individuos y de la sociedad en su conjunto de progresar y sostener
el desarrollo material. El modelo en sí, no toma en consideración ni las
desigualdades (que no son un asunto ideológico) existentes en las relaciones que
se dan en la producción (entre individuos dueños de capital y trabajadores
dueños de fuerza de trabajo), ni las asimetrías que existen entre países ricos e
industrializados, y pobres con poca capacidad de producción.

Frente a la carencia de un enfoque directo que involucre el desarrollo de los


individuos y las naciones menos desarrolladas, los teóricos del neoliberalismo
apuestan a lo que se conoce como “Teoría del derrame”, en la que hacen la
analogía de un vaso en el que se ira acumulando la riqueza, hasta el punto de
sobrepasar su capacidad, momento en que las riquezas se “derramaran” sobre
aquellos más vulnerables. En la práctica, se evidencio que el “vaso” crecía al
menos al mismo rito que la riqueza que iba acumulando, por lo que el rebalse de
la riqueza que se acumulaba, finalmente no se produciría.

La analogía del vaso ilustra la manera en que en la medida en que se acumula


riqueza en un espacio cerrado (muchos preferimos llamarlo “en pocas manos”),
los que esperan el famoso derrame, van aumentando no solo en número sino en
carencias. Aunque la globalización en las comunicaciones, producida por el
desarrollo tecnológico, permite la aceleración e intensificación de la actividad de
los mercados, su influencia y sus efectos no se producen de igual manera en todos
los países.
Características de Neoliberalismo

 Mínima participación del Estado en la configuración de la economía de un


país.
 Oposición al exceso de impuestos y gravámenes
 La base económica debe estar formado por empresas privadas.
 Fundamentado totalmente en el capitalismo

El neoliberalismo surge como reacción a la intervención del Estado como garante


de una mayor justicia social (es decir, del Estado benefactor), y toma fuerza
gracias a las debacles de la economía capitalista del siglo XX, particularmente las
registradas a finales de los años 20 y la de la década de 1970.

Walter Eucken, considerado como el máximo representante del neoliberalismo,


también se considera el fundador del neoliberalismo, era un economista suizo
nacido en Londres en 1891. Profesor de las Universidades de Berlín, Tubinga y
Friburgo, dio en esta última, a la llamada “Escuela de riburgo también llamada
Escuela del Ordo liberalismo que se constituyó una especie de puente entre la
nueva dirección matemática alemana y los representantes de la escuela histórica
alemana.
Neoliberalismo en Honduras

Como escrito anteriormente, el neoliberalismo en nuestro país comenzó en los


años ’90, en el gobierno de Rafael Leonardo Callejas de inmediato cuando el entró
al poder, procedió a implementar una propuesta impulsada a través del Consejo
Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) por la Agencia para el Desarrollo
Internacional de los Estados Unidos (USAID) y diseñada por el Profesor Arnold
Harberger, de la famosa Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, cuyos
principios, esta vez sí, claramente, neoliberales, se estaban implementando en
Chile, México, Bolivia, Perú y otros países.

Al implementarlo, se hizo una devaluación del 100% de la moneda nacional (de L.


2.00 a L.4.00 por dólar), también se redujo los aranceles de importación a niveles
del 0%, 5%, 10%, 15% hasta un máximo del 20%, se le quitó al Banco Central el
manejo de los fondos de desarrollo agropecuario, de vivienda, entre otros.
Con los que el Gobierno invertía secciones claves de la economía y promoviendo
la suscripción de acuerdos de libre comercio, unilaterales como la Iniciativa de la
Cuenca del Caribe, el RD-CAFTA y el Acuerdo con la Unión Europea.
Como resultado de esto, se creó la Comisión Nacional de Bancos y Seguros cuya
conclusión fue que los bancos debían evitar los riesgos y solamente prestarle a
personas o empresas que, no necesitan el financiamiento o que tuvieran grandes
bienes para ofrecerlos en garantía.
La industria, es considerada riesgosa por los bancos porque no pueden disponer
fácilmente de la maquinaria en garantía en alguna situación y las empresas solo
consiguen apoyarse adeudando sus propiedades y aceptando pagar altas tarifas
de interés.
Varias de las ventajas son los préstamos a la importación, la compra-venta de
propiedades y el comercio de los bancos es proporcionarle al Gobierno lo cual
esto ayuda al Gobierno a pagar sus deudas.
En la actualidad, el Gobierno ha estado creciendo un 10-12% anual, cuando la
economía ha crecido difícilmente un 2-3% anual.
Los gastos en los últimos años han ido a gastos corrientes, y no a la salud, la
educación, seguridad, etc. pero en un tiempo para acá ha cambiado.
El modelo neoliberal en Honduras fue aplicado sin pensar antes en sus
consecuencias, para que pudiera tener éxito, ya que el Gobierno también influye
en la economía y por sus decisiones el pueblo (nosotros) hemos sido afectados.
Un ejemplo ha sido el aumento al salario mínimo que fue renovado por el
expresidente Manuel Zelaya, trajo sus buenas consecuencias, pero hubo más
factores que indicaron que su decisión no fue muy positiva.
Este modelo además de haber sido afectado por el Gobierno, ha creado más
dependencia que bienestar.
Impacto de las políticas neoliberales en el mercado laboral
Una consecuencia inmediata de la transferencia de empresas estatales al capital
privado es el despido masivo de empleados públicos, esta ha sido una práctica
constante durante los últimos veinticinco años. En la gráfica número 3, se observa
el comportamiento de los empleados públicos (en %) para los años de 1990, 1994,
1998, 2002, 2006, 2010 y 2013, a nivel nacional.

Como se observa, el porcentaje de empleados públicos ha venido disminuyendo


gradualmente desde el año de 1990 al 2013, pasando de representar el 8% en
1990 al 5.3% en el 2013. En general, durante este tiempo la tendencia ha sido la
de reducir el aparato estatal, provocando un despido masivo de empleados
públicos incrementando así el número de parados y agudizando la crisis del
empleo.
Sin embargo, al analizar la tendencia de los empleados privados nos damos
cuenta que el incremento es apenas significativo, es decir, no ha logrado acoger
la oferta laboral existente, ya que paso de representar el 32.65% en 1990, a
representar el 34.8% en el año 2013. Esto se explica por el hecho de que el área
de inversión de estos capitales, no es el sector primario ni secundario, los que se
caracterizan por ser generadores de empleo, sino que han sido en su mayoría
invertidos en el sector terciario, el cual, además de ser improductivo requiere
muy poca mano de obra.
El siguiente cuadro muestra el total de empleados públicos, privados y por cuenta
propia a nivel nacional.

Año Categoría
ocupacional

Empleado u % Empleados u % Cuenta %


obreros obreros propia
públicos privados

1990 122,186 8.0 497,151 32.6 598,613 39.2

1994 137,078 7.7 677,921 38.2 646,448 36.4

1998 136,860 6.5 828,808 39.4 763,847 36.3

2002 132,154 5.6 900,606 38.3 968,107 41.2

2006 170,128 6.2 1,045,022 38.4 1,125,121 41.3

2010 191,540 5.8 1,174,098 35.5 1,422,437 43.0

2013 184,650 5.3 1,215,156 34.8 1,554,547 44.6

La reducción del presupuesto del Estado ha provocado entre otras cosas, la


disminución del empleo estatal, la apertura de capitales y la inversión privada.
Ahora bien, si a esto se le suma el crecimiento acelerado de la población
económicamente activa (PEA), da como resultado una crisis en el mercado
laboral.
Es por esta crisis de empleo que algunos irónicamente sostienen la idea de que
hoy en día ser explotado es un privilegio de pocos.
Todos estos individuos al no lograr incorporarse en el mercado laboral formal se
ven forzados a insertarse en la economía informal, esto nos permite validar la
tesis de que las políticas neoliberales han traído como consecuencia el deterioro
del nivel de vida de la gran mayoría y el fortalecimiento de una economía informal
o por cuenta propia.
En general, países como Honduras, no superan sus condiciones de atraso, aunque
si se incrementa drásticamente la pobreza de la población. Además, debido a la
partición del mercado (se espera que cada segmento del mismo proporcione lo
que le es “natural”), nuestro país alcanza virtualmente el máximo desarrollo de
sus medios de producción, ya que se restringe a la venta de materias primas, o
productos de bajo valor agregado.
El mercado no necesita computadoras hondureñas, ni vehículos, ni software;
requiere postres, metales en bruto (como en el caso del oro que sale en forma de
broza del país, por lo que el Estado recibe regalías, y no participa de las ventajosas
fluctuaciones del valor del metal precioso en el mercado bursátil), o ropa (sector
en el cual se compite con gigantes, lo que produce la depresión en los beneficios
derivados de los puestos de trabajo que genera).

Además de que la condición necesaria para que funcione la ficción de las


exportaciones es que las mismas sean masivas (grandes extensiones de tierra
fértil del país son dedicadas a producir para la exportación), se vulneran
sensiblemente sectores estratégicos de la nación, como la soberanía alimentaria.
Sumaremos a esto el tipo de relaciones de producción que se producen en el
proceso de producción para exportación. De ellas, la maquila es la única que
produce condiciones contractuales claras (lo que define bien el asunto central de
la jornada de trabajo, por ejemplo). Las demás se dan en ámbitos poco
controlados, y van desde condiciones cuasi feudales, hasta intensas relaciones
mercantiles de oferta y demanda, todo ellos dentro de un denominador común:
la sobre explotación de la fuerza de trabajo.
El planteamiento sistémico es claro, producir intensivamente lo que compra el
mercado, e invertir lo menos posible en el proceso. Hasta aquí podemos percibir
que, aunque cumple con la lógica del modo de producción capitalista, el modelo
aumenta las carencias y multiplica los necesitados, al tiempo que genera
constantemente nuevos problemas, que surgen a medida el proceso de producir
va haciéndose menos dependiente de la fuerza de trabajo, y entra en etapa de
tratar la misma como una mercancía secundaria. En términos reales, la cantidad
de beneficiarios de la actividad productiva son cada vez menos.

La dinámica del modelo tiende también a limitar las posibilidades de la iniciativa


privada, pues los medios para producir fuera del patrón designado (exportación,
y venta de bienes y servicios básicamente) son escasos y existen múltiples
barreras para diversificar la producción. Un productor de frijoles, por ejemplo,
tiene menos posibilidades de conseguir financiamiento, o tecnología para
mejorar su productividad, que un inversionista de melones, de camarones o de
café. Al mismo tiempo, con los mercados abiertos, los productores nacionales
tienen que enfrentarse a la competencia de productos de otros mercados de
costos menores. La consecuencia directa de este comportamiento es la reducción
de inversión de capital en productos básicos, o nuevos emprendimientos, con lo
que se limita la creación de fuentes de trabajo.

De este mismo comportamiento sistémico, la inversión en la modernización del


país se hace cada vez menos atractiva para los empresarios ya existentes, quienes
se mueven cada vez con mayor celeridad a la comodidad que brinda la
especulación financiera, de bajo riego, innecesaria productividad y alta
volatilidad. De este modo, los inversionistas locales van insertándose cada vez
más en la actividad alrededor del trabajo del Estado, cuya capacidad es el corazón
de la seguridad del patrimonio de quienes más tienen, consolidando una clase
especial, acumuladora de privilegios extremos, a la que llamamos normalmente
“oligarquía”.

Vemos pues que el modelo neoliberal, no por obra de la acción maligna de una
mano “invisible”, tiende no solo a concentrar riqueza y poder en pocas manos,
sino que además limita o nulifica la capacidad creadora de la inversión privada en
sectores que no son de interés a los mercados. Así podemos notar que en nuestro
país no se desarrolla tecnología; se compra. La cultura tampoco es una prioridad,
esa es producida y globalizada desde otros centros de dominación, y la educación
está sujeta a las necesidades del mercado, no a los intereses de la sociedad. La
salud se puede vender y comprar. Las reglas del mercado marcan todos los
sectores vitales para la existencia de la sociedad.

Como es razonable, no debemos asumir que este es un proceso súbito, ni que la


resolución de los problemas que genera se dará mediante decretos. Este modelo
ha seguido una ruta a lo largo de muchos años, y sus efectos están presentes en
todos los ámbitos de la actividad humana. Más allá de la economía, alcanza a
condicionar incluso la conducta individual y colectiva, al tiempo que marca el
comportamiento aun de las instituciones más conservadoras, como las iglesias o
las fuerzas armadas.

Debemos tener presente que la posición ideológica del sistema a esta altura se
mueve en la dirección de decirle a las mayorías que la ideología no es buena, y
que es mejor ser “neutro”; lo que importa es producir, y producir buenos
indicadores; su ideología tiene su punto fuerte precisamente en la descalificación
de la misma. Esto es razonable para su punto de vista, en la sustracción de la
discusión ideológica se fortalece la enajenación, al tiempo que esta última es
fundamental para neutralizar la primera.
En palabras más sencillas, conocedor de su tendencia a aumentar la desigualdad
(de nuevo no en abstracto, la gente que vive con un dólar al día, es real), el
modelo debe desarticular las capacidades de discernimiento de quienes son
víctimas de sus resultados.

También vale la pena tener en consideración que las condiciones de dependencia


que se han desarrollado históricamente en Honduras, especialmente a lo largo
del siglo XX, se han acentuado. De este modo, al consenso de Washington, que
sirve para imponer las reglas del juego económico a las naciones pobres América
Latina, se sumó el conocido como Consenso de Santiago que buscaba formas de
atenuar el “vértigo” que producen las relaciones económicas en países pobres.
Incluso se ha tenido que recurrir a categorizaciones de los países por su capacidad
de inserción en la dinámica del modelo (o salir de él), como es el caso de los Países
Pobres Altamente Endeudados que se encuentran atrapados en un círculo vicioso
de deudas (interna y externa) impagables, e interminables.

Dentro de la mecánica sistémica, las sociedades más frágiles son también las más
proclives a recibir los impactos más duros de las crisis globales, y, en
contraposición, aquellas que buscan opciones paralelas al modelo para crecer
logran una posición más favorable para sortear las dificultades. En otras palabras,
las evidencias nos muestran que los países con posiciones anti sistémicos son más
fuertes no solo frente al sube y baja de los mercados, sino que tienden a
consolidar su institucionalidad.