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“Concepciones, paradigmas y evolución de las mentalidades sobre la discapacidad”

PUIG DE LA BELLACASA: busca bosquejar un análisis histórico – crítico de las ideas y


actitudes que a lo largo de muchos siglos han modelado las vidas de las personas con
deficiencias sin que, salvo circunstancias individuales más afortunadas, les quedasen muchos
resquicios para escapar del lugar que se les iba asignando.
Modelo tradicional: el problema de las personas con diferencias (etiquetadas de
minusválidas, impedidas, discapacitadas ahora y de lisiadas o inválidas antes) podría decirse
que no ha sido la falta de integración, (sino precisamente el exceso de integración) puesto que
siempre tuvieron su sitio marcado.
Conservaron el puesto asignado, la plaza permanente entre los atípicos y los pobres, la
doble marginación: orgánico – funcional y social. Esta doble marginación les situaba (salvo
excepciones de fortuna) en los casilleros inferiores.
La persona lisiada, deforme, inválida como expresión de mal o como manifestación de lo
sagrado (hierofante) era una línea de actitudes que de algún modo continuará el cristianismo,
bajo el prisma de la redención en lugar del rechazo.
La actitud cristiana ante e doliente y el pobre, como portadores de los males de la sociedad,
como vasos de Dios, oscila entre el amor y el horror, puesto que en muchos casos, se les
acantona, se les asila. De objeto a eliminar, el lisiado, el leproso o el deforme, el ciego, etc,
pasan a ser pobres y objetos de caridad, junto con los “inocentes”, los retrasados (idiotas,
imbéciles) aunque estos pasen más desapercibidos y se acomoden mejor mientras la
sociedad es más rural. El destino de las deficiencias más visibles era conducir a los afectados
a la mendicidad o al asilo de la iglesia, y en algunos casos, a la feria y al círculo de los
bufones.
Siglos XV y XVI con el surgimiento de los estados modernos, unidos a las ideas del
renacimiento, se introduce la meta del ordenamiento racional y administrativo, afectando a
todos los súbditos. Los pobres e inútiles serán sujetos de asistencia, en contraposición a
aquellos ciudadanos sujetos de derechos y trabajadores útiles de la revolución industrial.
Siglo XIX con el neopositivismo, el sujeto de asistencia se torna en bastantes casos sujeto
problema, objeto de estudio psico – médico – pedagógico. Esto coincide con la distinción en
los asilos, cuya función es el internamiento y la ocultación sin más, y el hospital con unas
funciones socio – científicas. Esta será la pedagógica utilidad que se le reconozca
implícitamente al individuo no apto para el rendimiento, para la producción y para la
construcción de una sociedad utilitaria, frecuentemente competitiva y eliminatoria: colaborar
pasivamente al progreso de la ciencia. De un orden natural de carácter religioso (eliminación y
caridad) se ha pasado a un orden natural identificado con el orden burgués (racionalismo e
ideas liberales) que dan paso al derecho del invalido a convertirse en sujeto de protección o
tutela, y de previsión socio- sanitaria.
En esto culminaran los esquemas asistenciales que iniciados en el Medioevo con una
asistencia como beneficencia y caridad privada (iglesia), siguieron con la asistencia como
aspecto del orden público (s. XVI y XVII), la asistencia como derecho legal (s. XIX y XX) y la
asistencia como Seguridad Social.
Dentro de este modelo tradicional poco margen de maniobra les ha quedado a la generalidad
de los “minusválidos” (salvo circunstancias favorables); redimiéndoles roles de marginales,
pobres y atípicos o de administrado, asistido, estudiado, tutelado y hoy en dia rehabilitado.
Mientras en este paradigma no se los tenía en cuenta, no podían participar de la escuela y se
los excluía de la familia y de la vida. Al igual que de la comunidad y del trabajo. Había un
exceso de integración ya que estaban en el mismo lugar pero apartados.
Paradigma de la rehabilitación: Se bosqueja en el periodo de entreguerras y se afirma a
partir de la segunda guerra mundial. Este paradigma recoge todos los prejuicios y mitos del
modelo tradicional sobre la deficiencia, al presentarnos a la persona con paraplejía como
enfermo recluido permanente, infantilizado, asistido y protegido de por vida y sin posibilidad ni
de relación sexual ni de una vida activa e independiente.
”Toda persona que presente alguna disminución funcional, calificada según lo dispuesto en
esta ley, tendrá derecho a beneficiarse de los procesos de rehabilitación médica necesaria
para corregir o modificar su estado físico, psíquico o sensorial cuando este constituya un
obstáculo para su integración educativa, laboral o social”. (Ley 13/1982, 7 de abril, articulo
19,2)
Este paradigma se caracteriza de acuerdo a 6 variables:
1- Definición del problema: se define como problema del individuo: deficiencia / falta de
destreza.
2- Localización del problema u origen de sus dificultades: en su deficiencia y en su
falta de destreza.
3- Solución del problema: buscarla mediante la intervención profesional del equipo de
especialistas rehabilitadores (medico, fisioterapeuta, terapeuta ocupasional,
consejero de rehabilitación, psicólogo, trabajador social, etc.)
4- Rol social del sujeto de la rehabilitacion: es el de paciente o cliente de asistencia
medica; alguien con derecho a corregir o modificar su estado físico, psíquico o
sensorial.
5- Quien controla el proceso: en manos del profesional
6- Resultados: se miden por el grado de destrezas funcionales logradas o recuperadas
y por la colocación de un empleo remunerado.
Este paradigma es la superación lógica del modelo tradicional, que saca las consecuencias
de la ideología industrialista y neopositivista, y del enfoque del “minusválido” como objeto de
estudio, dentro de la dialéctica útil – inútil; apto – no apto.
Es un paradigma médico – industrial con una tecnología terapéutica y recuperacionista.
Todos tienen derecho a “corregir o modificar su estado”, cuando este constituya un obstáculo
para su integración.
En este paradigma, la intervención aparece desde las ciencias positivistas. Es la era de la
clasificación y el modelo de intervención es el déficit, la falta. Ejemplos son la teoría y la
práctica de Fugl – Meyer, o los planteamientos de la clasificación internacional de deficiencias,
discapacidades y minusvalías de las OMS. Centra la estructura clasificadora sobre el
individuo, pero al distinguirse mucho mejor que antes, entre la situación orgánico funcional y el
problema relacional, podrá llegar a ser un instrumento analítico de gran valor en armonía con
el paradigma de la vida independiente, que luego referiré.
El paradigma de la rehabilitación se da al mismo tiempo que el surgimiento de los test
Psicométricos y del surgimiento del modelo médico como hegemónico. Surgen las escuelas
especiales (500) y aparecen propuestas de intervención comunitarias pero se los sigue
apartando. Hay políticas públicas pero de manera apartada. Acá aparece la figura del taller
protegido (da cuenta de proteger al sujeto, o a la sociedad del sujeto). Predominio del modelo
de asistencia (asistencialismo del entorno y del estado).
Paradigma de la autonomía personal: surge a principios de los años 70 en los EEUU, en el
seno del medicalizado (paradigma de la rehabilitación). Lo que se quiso hacer es salir del
marco del paradigma de la rehabilitación y demostrar que los pronósticos de vida
independiente e institucionalizada que se les asignaba a las personas con graves deficiencias
físicas podían ser rotos por ellas mismos.
La autonomía personal surge de una desinstitucionalización desde abajo, donde las propias
personas con discapacidad tratan de construir su propia autonomía, trazar los esquemas y los
límites de la integración que desean y obtener una “normalización” no otorgada. Los
programas que ellos mismos organizan, con ayuda de profesionales si los consideran
necesarios, tienen por fin la autodeterminación a todos los niveles, algo así como el
entrenamiento para la supervivencia del individuo frente a una sociedad que tiende a recluir y
a proteger al adulto con discapacidad como si fuese un niño sin capacidad para decidir.
Esta es una faceta consecuente de la lucha por los derechos civiles. Se crean centros, se
escriben manuales, se dan cursos, se promueven actos de protesta y manifestaciones, y poco
a poco se consigue que tales programas sean reconocidos legalmente y se financien con
fondos públicos.
Este movimiento incide mucho en la lucha por la supresión de todo tipo de barreras físicas y
sociales que han supuesto la reconquista de la propia dignidad para muchas personas que sin
ese apoyo mutuo y sin ellas “técnicas de emancipación moral” nunca hubieran llegado a
independizarse de las instituciones o a manejarse realmente como adultos en una sociedad
competitiva.
Siguiendo a De Jong, en su comparación entre el paradigma de la autonomía personal y el
de la rehabilitación, constatamos que lo que para la rehabilitación puede llegar a ser un
instrumento (intervención de los profesionales, familiares, etc) en este nuevo paradigma llega
a ser la clave o definición del problema, cuando esa intervención genera dependencia. De
este modo, no es la deficiencia y la falta de destrezas (la discapacidad del sujeto) el núcleo
del problema, ni el objetivo final que hay que atacar, sino la situación de dependencia ante los
demás. Y ese problema si localiza en el entorno, incluyendo en el concepto de entorno al
propio proceso de rehabilitación, pues es ahí donde a menudo se consolida la dependencia.
Mientras el otro paradigma insiste para solucionar el problema en la intervención del equipo
de rehabilitación, este nuevo paradigma arguye que lo que esta faltando es una labor de
orientación y capacitación entre iguales, es decir entre los que conocen las dificultades por
experiencia propia, que lo que falta son acciones legales propias para cambiar un entorno
desfavorable u hostil, emprender programas de auto-ayuda, asumir el control de los servicios
en cuanto ciudadanos consumidores (ejercicio de derechos civiles) y remover las barreras
Se combate el rol de pacientes y se sustituye por el rol exigente del consumidor que controla.
El resultado que se pretende no pone énfasis en la habilidad física o en el empleo sino en la
autonomía personal.
En este paradigma hay un predominio de los derechos humanos y tiene que ver con
considerar al sujeto pleno de derechos. Aparecen los conceptos de integración (a la vida), de
inclusión (a la escuela) y de normalización.
Junto a esta vertiente cívica, que podría sintetizarse como la lucha por la equiparación, hay
otra vertiente que podríamos definir como tecnología en sentido amplio, que también ha
orientado sus miras hacia la accesibilidad del entorno; un aspecto inalcanzable sin la
tecnología, y supone no solo la supresión de barreras físicas sino la innovación y la
disponibilidad en materia de ayudas técnicas (supresión de barreras sociales y modificaciones
de las relaciones con el entorno humano)
Es un paradigma cívico político de la autonomía personal, que a su vez, a la par aprovecha de
la vertiente tecnológica – jurídica: accesibilidad.
En este sentido Mario Serrat habla de un modelo médico o medicalizado, de uno socializado y de otro
mercantilizado que impera a la lógica de mercado y a la mirada asistencialistas de las políticas de estado (son
similares a las formas de análisis de Bellacasa y de Palacios).

VARIABLES PARADIGMA DE LA AUTONOMÍA


PERSONAL

Definición del problema Dependencia de los profesionales,


familiares, etc.

Localización del problema En el entorno, en el proceso de


rehabilitación

Solución del problema Orientación de los iguales, acción legal


propia, auto – ayuda, control del
interesado, remoción de barreras

Rol social Consumidor

Quien controla Consumidos

Resultados obtenidos Autonomía personal


Paradigma Sujeto Época Visión Lógica
Tradicional Objeto de Edad media Religión
caridad /
ocultamiento
Rehabilitación Objeto de Modernidad Paciente Ciencia
estudio
Autonomía Independencia Posmodernidad Cliente Consumo
Personal

Foucault: Los anormales:


La gran familia de los anormales, que atemoriza de forma obsesiva a las personas a fines de
siglo XIX, forma parte de un fenómeno que está relacionado con eel surgimiento de todo un
conjunto de instituciones de control, de mecanismos de vigilancia y distribución del orden.
El grupo de anormales se constituyó en base a tres figuras: el monstruo humano, el individuo
a corregir, el onanista.
1- el monstruo humano: Esta noción encuentra como marco de referencia la ley. presenta una
noción jurídica, relacionado no sólo a las leyes de la sociedad sino también de la
naturaleza. Su campo de aparición es biológico-jurídico. “ser mitad hombre y mitad bestia”.
El monstruo combina a la vez lo imposible y lo prohibido. Es la infracción llevada a su
punto máximo. El marco de referencia que le da origen es la naturaleza y la sociedad.
El monstruo se presenta como la forma natural y espontánea de la contranaturalaza. Se
refiere a una historia natural centrada en la distinción absoluta entre las especies, los
géneros, etc.
El siglo XIX va a tener muy presente la figura del monstruo, pero de un modo sigiloso y
moderado, promoviendo técnicas judiciales o médicas que se encargue del mismo. La
figura del monstruo es la que va a dominar y tomar mayor importancia en el siglo XIX
dentro del ámbito judicial. Este va a ser constituya un problema e interrogue el sistema
médico y judicial.

2- el individuo a corregir: su aparición se da claramente en el siglo XVIII, en conjunto con las


técnicas de adiestramiento, las disciplinas del siglo XVII y XVIII. Estas técnicas buscarán
corregir a aquellos considerados incorregibles. El marco de referencia que le da origen es
mucho menos visible que el del monstruo, porque es mucho más limitado: la familia en el
ejercicio de poder interno, y la familia en relación a las instituciones. Por otro lado también
se diferencia del monstruo, en que éste es mucho más frecuente, podría decirse que es un
fenómeno corriente. De este modo se ve una paradoja: presenta regularidad en su
irregularidad.
Lo que define en definitiva al individuo a corregir, es su incorregibilidad, ya que su
aparición se hace evidente cuando se demuestra que han fallado todas las técnicas para
su adiestramiento. El incorregible exige tras de si una serie de intervenciones de
domesticación y corrección que lo introduce a un juego entre la incorregibilidad y la
corregibilidad.
3- El onanista o masturbador: su figura se presenta en el siglo XIX, y su campo de aparición
es la familia, siendo el marco de referencia un espacio mucho mas estrecho: el dormitorio,
la cama, el cuerpo, los padres que son los supervisores directos, los hermanos, el medico:
toda una especie de miscrocelula alrededor del individuo y su cuerpo. Es una figura
totalmente nueva del siglo XVIII que surge en intima relación con las nuevas conexiones
entre sexualidad y la organización familiar, donde el niño encuentra una posición de mayor
importancia dentro del grupo parental. Hay una nueva importancia dada al cuerpo y a la
salud. Surge el cuerpo sexual del niño.
Se presenta como un individuo casi universal, porque su práctica es reconocida como tal,
pero al mismo tiempo se desconoce y es considerado como algo secreto de lo cual nadie
habla. “la masturbación es un secreto universal.
La sexualidad se relaciona con el cuerpo y las enfermedades, conformándose una nueva
moral medica a partir de serios tratados de patología. Si bien el niño es el responsable de su
propio cuerpo y el abuso que hace de su sexualidad, en realidad son los padres los que son
considerados culpables de esta situación. La masturbación convierte a la familia en familia
restringida, en padres que deben regirse en base a deberes impuestos por prescripciones
morales y medicas.

Estas tres figuras se dan en forma sincrónica, con particularidades diferentes, pero que a la
vez se comunican entre si. Hasta el siglo XVIII y principios del XIX èstas se mantienen
separadas, y solo se reunirán una vez ya conformado un sistema, una red singular de saber y
poder que reuna las tres figuras en el mismo sistema de regularidades.
NIEVAS: “Nosotros: los normales”
La preocupación no es lo extraordinario, es decir aquellos hechos que por su particularidad
representan casos atípicos, sino, por el contrario, la normalidad.
No necesariamente lo normal es sinónimo de no problematicidad. ¿Que decir de una sociedad
en la que la portación de ideas políticas, sexo, pigmentación de piel u orientación sexual es
motivo de expulsión de ciertos espacios, y en algunos casos, de riesgo cierto de perder la
vida? Esa es la sociedad normal, y no es una sociedad en abstracto, sino la nuestra, la
argentina actual. Y los cuerpos que damos entidad real a esa sociedad somos nosotros, los
normales.
Al querer aproximarse a la reflexión sociológica hay que enfrentarse a una estructura de
pensamiento asentado en un principio de identidad elemental que parte de distinguir el yo del
resto, el uno del conjunto, la singularidad de la universalidad. Dada esta organización
elemental del pensamiento (yo – el resto) cualquier ejercicio de pensar lo social aparece como
un mero agregado, por una parte de “yoes” (individuos), mientras que por otra permanece
intacto “el resto” (sociedad). De este modo se constituye una dualidad individuo – sociedad
que rige el pensamiento, que lo organiza en torno a estos polos; donde no solo no hay una
adecuación de la realidad sino que se impide visualizar lo social como proceso.
Por otra parte, esta dualidad se complementa con otra; la contraposición entre “sociedad” y
“naturaleza” como ámbitos escindidos (partidos).
En el caso de la reproducción social, se encuentran nítidamente expuestos los límites de
ambas apreciaciones. Una sociedad se produce a si misma al producir todas y cada una de
las partes que la componen, es decir al producir sus ámbitos material y espiritual: bienes y
servicios por un lado, y sus valores, ordenamiento jurídico, cultura, costumbres, etc por el otro.
Pero esta producción no se hace de una vez y para siempre. Constantemente debe ser
creada para que la sociedad no perezca. A diario se debe producir para reponer todo aquello
que fue consumido en su utilidad. A esto, a diferencia de la producción primera se lo llama re
– producción. Para que esta reproducción ocurra es necesario, entre otras condiciones, que
cada uno haga “lo que debe” hacer y no otra cosa (diariamente la gente concurre al trabajo
aun cuando no tiene ninguna gana de hacerlo, como si algo o alguien los ordenara).
La regularidad y la reiterabilidad, característica de este fenómeno, la reproducción social,
indicaría unas rígidas normas a ser cumplidas estrictamente por el conjunto de los que en la
misma participamos; es decir, por todos. Esta hipótesis, no obstante, choca con dos grandes
problemas: la ausencia de un sujeto visible que dicte los movimientos, que enuncia la ley, y, la
segunda y fundamental, la carencia de tal batallón de obedientes.
Si por naturaleza somos seres libres, y podríamos por lo tanto hacer algo distinto de lo
esperado, ¿Por qué sin embargo no somos capaces de hacer cualquier cosa, sino solo
aquello que se considera que debemos hacer, dentro de un abanico de posibilidades más o
menos estrecho? Conductas que se escapen a ese marco de eventualidades nos hacen
cruzar las fronteras de la “normalidad”. Quien haga cosas que no estén contempladas dentro
del abanico de posibilidades no es “normal”, hay algo que lo distingue del común de los seres
(drogadictos, dementes, delincuentes no son seres “corrientes”; tienen una especificidad que
los identifica como tales). Resulta entonces que si solo podemos hacer determinadas cosas
sin incurrir en la categoría de “anormal” es atinado afirmar que la libertad existe o es posible
ejercerla solo en el contexto de la normalidad.
El par libertad – normalidad es un eje indisociable para la reflexión de la reproducción social.
la normalidad, veíamos es condición para la libertad. La libertad concreta (en nuestra
sociedad occidental y capitalista) supone la normalidad, y esta solo es inteligible en función de
aquella. Se reconoce solo un sentido – monodireccional (relación causal establecida); solo
puede ser “libre” un determinado cuerpo: el normalizado, no pudiéndose establecer la relación
inversa: no se requiere ser libre para ser normalizado. La libertad existe o es posible ejercerla
solo en el contexto de la normalidad.
El concepto de normalidad esta asociado al de norma. Lo normal es aquello que se ajusta a
la norma, y la norma es la pauta que rige la conducta, es decir, la delimitación de las acciones
de los cuerpos. Se diferencia de la regla en tanto esta explicitada (en forma verbal, escrita o
consuetudinaria), mientras que la norma no aparece en el plano de la consciencia de los
sujetos, sino implícita en su conducta.
La norma es, un supuesto para la conformación de la conciencia. La regla es el producto de
la consciencia, organizada en función de la norma. Por otra parte la regla es una formulación
negativa del poder: restringe, prohíbe, impide, interrumpe. La norma por el contrario, es una
forma de vehiculizarían, de construcción de flujos, de eliminación de trabas. Es la formulación
positiva del poder.
Algo las iguala: ambas son formulaciones que operan desde el poder, o son ellas mismas
expresiones de poder. Pero algo las diferencia, la norma opera en un nivel distinto – anterior y
fundante del de la consciencia y, por tanto, de la regla (dictada a partir de la consciencia).
La consciencia determina la regla y ambas se asientan igualmente, en la norma. Como
resultado de esta formulación tenemos el estAblecimiento de dos planos o esferas:
Un nivel 1 “de superficie o visibilidad”, en que la realidad se encuentra ordenada
subjetivamente, valorativo. Plano en el que se constituye y asienta el sentido común: instalada
en el ámbito de la ideología, entendiéndola de modo muy genérico como la expresión
conceptualizada de los valores en los que cree un conjunto de individuos, en tanto sea
elaborada por una elite e impuesta al conjunto. En este nivel encontramos la justificación de la
acción práctica, que, por tanto, nada explica por si, sino que denota ordenamientos de distinto
nivel.
Un nivel 2 “de sustento o Infranivel”: de la norma, de producción de la normalidad como
determinante y sustento de la consciencia y consecuentemente, del sentido común.
Entonces, tanto libertad como consciencia son producidos por la norma, en un mismo proceso
social (términos hermanados en el discurso de la economía política clásica).
¿Cómo acciona la norma? ¿Cómo abordar el ámbito de la norma? El mismo permanece
oculto, ya que si es fundador de a conciencia, escapa a su aprehensión inmediata. El sentido
común es su expresión, por lo tanto, no solo no puede explicarla, sino ni siquiera observarla.
Ahora bien, la norma no existe en abstracto, sino que es manifestación de la conducta de un
cuerpo “normalizado” que se produce.
Concepto de control social: toda instancia de regulación respecto de los cuerpos desde una
situación de poder, o en concordancia con él, en beneficio del orden instituido. Este no supone
la intencionalidad (teleología). Por el contrario, se sustenta en la noción de teleonomía, es
decir, en que es ejercido, puesto en practica, sin que haya necesariamente consciencia del
mismo; consciencia que, por otra parte, en poco o nada variaría el curso del análisis, ya que el
mismo se asienta en la acción de los hombres y no en lo que estos piensan sobre lo que
hacen.

El otro anormal
Indiana Vallejos
El de normalidad es un concepto que permite establecer demarcaciones entre lo Uno Mismo y
lo Otro, “el resto”, de lo que no son Nosotros. Un “resto” que comprende a locos, pobres,
rebeldes, deformes, ciegos, rengos, sordos, poco inteligentes, “multi-impedidos”, extraños.
Otro que ha sido y es todavía, inventado, producido, fabricado, (re)conocido, mirado,
representado e institucionalmente como otro deficiente.
Otro discapacitado en el que es necesario pensar para desnaturalizar su producción como
algo ajeno al Nosotros, porque la discapacidad no es un fenómeno biológico sino una retorica
cultural y de ahí que no puede ser pensada como un problema de os discapacitados, de sus
familias o de los expertos.
La discapacidad es una idea cuyo significado está íntimamente relacionado con el de
normalidad y con los proceso histórico, culturales, sociales y económicos que regulan y
controlan el modo a través del cual son pensados e inventados los cuerpos, las mentes, el
lenguaje, la sexualidad de los otros. La discapacidad es entonces una categoría social y
política; es una condición producida por la interrelación de las estructuras económica, social y
cultural con la deficiencia, es decir, es una forma de opresión social que impone limitaciones a
los sujetos que presentan algún déficit.
La construcción de la normalidad como categoría de señalamiento
El concepto de normalidad es una invención de la Modernidad, que se instaura como una
categoría que rige la mirada de médicos, educadores y criminólogos a partir del siglo XIX. Se
construye desde su negación; su origen sintetiza la anormalidad. Categoría inventada para
confirmar lo propio e instalar el control, expulsar, corregir todo lo Otro. Otro que encarna
“nuestra más absoluto temor a la incompletud. Objeto de curiosidad de una inagotable
morbosidad.
Según Foucault, la fuerza clasificatoria y productiva de la normalidad de la sociedad moderna
se sostuvo en 2 estrategias complementarias; la constitución, en el plano del discurso, del
concepto de “anormal” y la medicalización de la sociedad. Por ellos la producción de la noción
de anormalidad debió ser positivizada para encubrir su capacidad de demarcación. Y en ese
tránsito hacia lo positivo, el Otro fue convencido de que está mal ser lo que es, fue persuadido
para que deje de ser, fue manipulado minuciosamente para ir en pos de la pertenencia a lo
Mismo. Un proceso que a la vez que naturalizo la normalidad instalo al Otro como anormal.
Concepto de hombre medio:
Desde el punto de vista estadístico, un sujeto es un valor, que puede ser considerado normal
por la ubicación que tiene dentro de un intervalo. Este intervalo comprende, por ejemplo al
95% de las personas, estableciendo los “umbrales de normalidad” y la noción de “desvío”. Así
la normalidad se nombra como “lo común, lo de la mayoría, lo estándar, lo frecuente, lo de
todos (los normales), lo acostumbrado, el término medio. Lo normal define o igual a Sí Mismo,
y lo que pertenece al “mas allá” de los limites, serán las minorías anormalizadas. Lo normal se
asemeja a lo eficiente, lo competente y lo útil: un cuerpo normal se puede adoptar
eficientemente a los requerimientos de la vida productiva.
El todo como un todo homogéneo; como son todos es como hay que ser, como se debe ser.
Así, la norma estaría dada en la naturaleza y esconde la posibilidad de individualizar y
comparar “el ser” con el “debe ser”. Resulta necesario desentrañar como se realiza esta
división entre lo normal y lo anormal, comprendiendo que precisamente en eso reside la
esencian de la norma en que no expresa una ley de la Naturaleza, sino una pura invención de
los hombres. La normalidad se presenta entonces, como una categoría de señalamiento de lo
propio y lo impropio, en un intento eficaz de discernimiento, de marcación y demarcación, de
clasificación, de separación entre Nosotros y los Otros. E sujeto normal es entonces un
prototipo de aquel hombre medio.
La normalidad refiere a la posibilidades de inscribirse en lo común, de obedecer las
prescripciones sociales y al establecer cómo se debe ser, establece conductas esperadas,
relaciones esperadas, deseos esperados, por que expresa la media de todas las cosas; la
normalidad es la media del mundo. Nos encontramos así, con la dimensión productiva de las
normas. Normas que producen cuerpos a su medida, fabrican un tipo de sujeto ajustado a los
límites, con un modo especifico de hablar, de comportarse, de percibir el mundo, de moverse
en el, de sentir de obedecer. Normas que fabrican sujetos útiles, productivos y capaces de
adaptarse a los requerimientos de la inserción productiva en la vida social. Todo aquello que
no sigue esa norma es señalado, separado. Aquello que se ajusta a la norma pasa
desapercibido. Lo normal establece entonces una frontera, defender la frontera para que
nadie se ubique en territorio equivocado, exige una práctica exhaustiva de examinacion, por lo
que se reserva a los expertos: médicos, psicopedagogos, psicólogos, entre otros
profesionales.
Esta práctica de examen experto se objetiva en un diagnostico experto. Quien porte
diagnostico de anormal deberá enfrentar el duro del retorno a la mismidad normal. El sujeto
perderá su nombre, pasara a ser llamado por su déficit – rengo, sordo, mongui, “disca”.
Enjuiciar la normalidad
Distinguir lo Uno Mismo del “resto”; distinguir para protegernos, para no convertir el riesgo de
convertirnos en el Otro. Permitir la existencia de otros espejos, que no reflejen la Mismidad
exige volver a mirar, para entender que las normas son “solo” una invención de la Modernidad
para conservar el orden.

La producción social de la discapacidad


Indiana Vallejos y otros
Introducción
Seguir analizando al discapacidad desde la perspectiva medica y pedagógica obtura la
oportunidad de una mirada más compleja, reafirma practicas correctivas y legitima discursos
normalizadores de los sujetos discapacitados. Es necesario dar cuenta de la dimensión
política e histórica de la discapacidad, entendiéndola como una producción social que se
sostiene en relaciones de asimetría y desigualdad.
La discapacidad como diferencia
El discapacitado como diferente: es el otro el que se distingue, se aleja de lo uno,
convirtiéndose en distinto. El nosotros refiere a los no discapacitados. La diferencia es la
distancia de lo ajeno con respecto a lo mismo. La diferencia, en este sentido, rememora la
noción de la resta, de aquello que le falta al otro para ser como uno mismo, ya sea de un
miembro, de un buen funcionamiento de un órgano, etc. Esta falta lo convierte en un ser
incompleto con respecto a la completud de la mismisidad.
Entre lo uno y lo otro se presenta un abismo, un temor, una espera de corrección, un temor de
que el otro siga siendo otro, o peor, que uno pueda convertirse en el otro.
La discapacidad se define entonces a partir de la carencia, de la falta, de la diferencia,
enfatizando los déficit, los limites. En este modo de construir la discapacidad, la medida de lo
que se establece en términos de lo más frecuente, del promedio, los que se incluyen dentro
de esos límites se valoran como buenos y los que se desvían se valoran negativamente.
Se impone una perspectiva orgánico fncional8discurso medico hegemónico), ya sea por la
ausencia o deficiencia de alguna parte del cuerpo o por su mal funcionamiento. En este
sentido, se despoja a la discapacidad de su producción social remitiéndola a un fenómeno de
carácter estrictamente individual, de origen biológico, que expresa alguna anormalidad “la
discapacidad es la deficiencia”.
Parecerse a nosotros: el proceso de evolución hacia lo específicamente humano
La “esencia” humana (espiritualidad, cultura, pensamiento), es lo que distingue a los hombres
de los animales. La palabra y la razón se constituyen en indicadores de la evolución humana.
La ausencia o presencia deficitaria de alguno de esos atributos en un sujeto señala su
animalidad.
Así, construido como otro, el niño que ha nacido con un déficit es diferente, un ser inferior,
escasamente evolucionado en la escala de lo humano. La incompletud ya referida puede
subsanarse, y el discapacitado, evolucionar hacia lo humano, a través de un tipo de
tratamiento médico y ser habilitado para la vida social. Esta es una comprensión biologicista
de la discapacidad, que la asimila a un trastorno en la salud del sujeto que la porta. A la vez
crea una vivencia en el sujeto discapacitado y en su familia de que está mal serlo, y por lo
tanto se debe corregir para cambiar y dejar de serlo.
La discapacidad como diversidad
Si bien se entiende a la discapacidad en términos de carencia, la frecuencia de aparición de
estas carencias en generalizada. Estas ya no señalan diferencias (noción de resta), sino
diversidad y multiplicidad. No se enfatiza en la falta sino en la variación, en los distintos modos
de ser por lo que , de algún modo, todos somos discapacitados. Sin embargo, aunque todos
los sujetos tienen capacidades distintas, diferentes, algunas faltas o carencias discapacitan
mas que otros. Las variaciones que se encuentran dentro de lo normal son valoradas
positivamente, como abundancia de lo mismo. En cambio, las variaciones entre los sujetos
que se ubican más allá de lo permitido por lo normal, son valoradas negativamente,
consideradas anormales y consecuentemente tratados los sujetos que las portan. En este
sentido, junto con la diversidad, sobrevendría una norma transparente. Sería una sociedad
paradojal, que a la vez que permite la diversidad, enmascara la supremacía de las normas.
Los discapacitados son parte de otro que, al alejarse de la normalidad, se alejan de nosotros.
Es esta identidad, desviada de la mismidad, la considerada diversa o especial. La variación
que transgreda lo convencional, lo normal, el parámetro, se distinguirá especialmente y se
calificara como capacidad diferente, esta calificación refuerza la naturalización de las normas
de la mismidad tras el velo de la pluralidad.
La producción social de la discapacidad: exclusión social y discapacidad
Es la sociedad la que discapacita a aquellos sujetos que tienen alguna deficiencia. La noción
de discapacidad está fundada en las relaciones sociales de producción y en las
demarcaciones que la idea de normalidad en estas sociedades modernas establece. La visión
medicalizada es propia de la sociedad capitalista, producto de condiciones económicas,
sociales y culturales: sujetos útiles tanto a la producción como a la reproducción social.
Los problemas que acarrear la discapacidad son producciones sociales originadas en las
relaciones de desigualdad social. La discapacidad no es un fenómeno biológico, sino una
retorica cultural, hunde sus raíces más profundas en la normalidad y sus efectos productivos
como norma e los procesos históricos, culturales, sociales y económicos “controlan el modo a
través del cual son pensados e inventados los cuerpos, las mentes, el lenguaje, la sexualidad
de los sujetos”. Es una invención producida a partir de la idea de normalidad en el contexto de
la modernidad, y la normalidad se presenta como una categoría de señalamiento de lo propio
y lo impropio, en un intento eficaz de marcación, de separación entre nosotros y los otros.
El sujeto normal, es entonces, un prototipo de hombre medio, contra el que todos seremos
medidos “dimensión productiva de las normas”. Esta fabrica un tipo de sujeto ajustado a los
limites, útiles, productivos y capaces de adaptarse a los requerimientos de la inserción
productiva en la vida social, todo aquello que no sigue esa norma, es separado.
Un proyecto educativo en y para la diversidad
López Melero
Introducción
¿Los problemas que plantea la escuela sin excusiones son problemas que solo se han de
centrar en las personas que aprenden o son problemas de las personas que enseñamos?
Los modelos educativos antiguos lejos de lograr una autonomía en los chicos, se los
condenaba a una dependencia permanente en relación a los adultos, modelo a mi entender
“deficiente”. Esta mentalidad (segregadora) no está bien vista hoy en día y se habla de
integración (yo educación intercultural), cuando sin embargo seguimos realizando prácticas
segregadoras, que nada tiene que ver con la ed. Intercultural que supone una práctica para
mejorar la escuela. La escuela posmodernista debería dar respuesta a la aparición de nuevos
modelos de vida. El discurso de la diversidad, desde un punto de vista interculturalista, aun no
ha penetrado en el pensamiento; la cultura universitaria es de tradición monocultural.
La escuela de la diversidad: ¿una escuela que educa o que selecciona?
Los objetivos tradicionales de la educación de las personas con necesidades ed. Especificas
(NEE) se caracteriza por una menor autonomía para guiar la propia vida; era tan solo un
modelo asistencial , escuela como agencia de asistencia social. Se acepta de modo unánime,
que los niños con NEE sean los únicos responsables (culpables) de sus problemas de
aprendizaje, y no el sistema educativo ni la sociedad. Se piensa que son estos y no la escuela
la que tiene que sufrir un cambio.
La escuela como promotora de cambio, tendría que dar la oportunidad a todas las personas
para que se adentren en el mundo de la cultura, sin embargo no es así. Están impidiendo que
tengan la oportunidad de recrear la cultura en la escuela. De ahí que la escuela comprensiva
que aspira a asumir de forma integradora la diversidad es, a mi juicio, el germen de lo que ha
de constituir una sociedad democrática, pluralista y socializante. Pienso que la única
educación valida ha de ser aquella que posibilite a todos los niños el conocimiento, la
comprensión y el respeto de la diversidad. Puesto que esta es un hecho inherente al
desarrollo humano, la educación escolar tendrá que asegurar un equilibrio entre la necesaria
comprensividad del curriculum y la innegable diversidad de los alumnos.
Esta diversidad no se refiere a la “capacidad para aprender” (rendimiento), sino a los distintos
modos y ritmos de aprendizaje de cada uno, en función de su particular modo de ser. Hemos
de desarrollar sus competencias hacia una autonomía social y personal. Un tratamiento
integrador de la heterogeneidad, supone aceptar la diversidad como elemento de progreso y
asumir las diferencias para desarrollar, en estas personas, las habilidades y los procesos
cognitivos y afectivos necesarios para que participen en la toma de decisiones de su
comunidad.
La perspectiva intercultural supone una reconceptualizacion del valor de la diversidad hacia
los principios de igualdad, justicia y libertad. Asumir esta compromiso supone un curriculum
comprensivo con intervenciones ed. centradas en estrategias de acercamiento entre las
personas diferentes que promuevan el dialogo y el razonamiento, no quedarse solo en una
actitud benevolente de contemplación en algunos días excepcionales, sino penetrar de
manera permanente en la oferta curricular. El pensamiento de la educación intercultural
contempla a la diversidad como un valor positivo, y si la escuela está decidida a dar respuesta
a todos los niños, no lo puede hacer desde prejuicios patológicos y perversos de la diversidad,
sino de que ser diverso es un elemento de valor y un referente positivo para cambiar la
escuela.
De la diversidad cultural, étnica, de género, etc., surgirán necesidades educativas diversas
pare valiosísimas que hemos de contextualizar, buscar estrategias metodológicas para su
desarrollo. Estas son conocidas como “adaptaciones curriculares”, que a mi entender
deberían llamarse diversificaciones curriculares; o sea, buscar estrategias diversas y
simultaneas para la resolución de problemas o adquisición de un concepto y que serán estas
diversificaciones curriculares las que definan al curriculum escolar como algo abierto, flexible y
comprensivo. La escuela meramente adaptativa (selectiva), valora más las capacidades
que los procesos; los agrupamientos homogéneos que los heterogéneos; la competitividad
que la cooperación; el individualismo que el aprendizaje solidario; los modelos cerrados,
rígidos e inflexibles que los proyectos educativos abiertos, comprensivos y transformadores.
Es una escuela evaluadora de resultados y no de procesos, sobre un criterio supuestamente
objetivo. Dentro de ella se establecen , así mismo “adaptaciones curriculares”, para recuperar
a los alumnos rechazados a través de clases de recuperación, aconsejando a los padres a
que acudan a especialistas, cuando la responsabilidad es absolutamente colectiva e
institucional. El modelo educativo es meramente asistencial.
Proyecto educativo único y diverso: la escuela como espacio educativo para la
diversidad
Hay dos concepciones contrapuestas, una que piensa al curriculum como único y otra que
piensa que debe ser doble (curriculum ordinario vs curriculum especial).
Modelo deficitario vs modelo competencial
El modelo deficitario es un modelo centrado en el sujeto como única causa de sus problemas
cognitivos y de aprendizaje, y todo ello apoyado medica y psicológicamente, pero nunca
buscando una posible causa en el contexto (en el sistema).El modelo de intervención es, por
lo tanto, individualizado y el curriculum truncado hacia las incompetencias, incidiendo en las
incapacidades de los alumnos. Es un modelo “privativo” y determinista (negativo), que
subraya mas lo que no sabe hacer el niño que lo que puede. Este modelo se ha centrado en
el curriculum paralelo (programa de desarrollo individual PDI); como si se tratara de una
actitud compensadora.
El modelo educativo competencial pretende tender puentes cognitivos entre los alumnos y el
curriculum para que adquieran estrategias que les permitan resolver problemas de la vida
cotidiana. Los principios en los que se sustenta son: la consideración de la escuela como un
sistema organizado, y el respeto a la diversidad entre los niños. Se pretende la conquista de
una autonomía personal y social y el respeto a la diversidad (modos y ritmos de aprendizaje
diferentes).
Curriculum general vs curriculum especial
Mantener este discurso de la dualidad curricular es un problema porque lo que se oculta es la
no aceptación de la diversidad, la perpetuación de las diferencias entre los alumnos,
marcando que estas diferencias son insalvables.
El proceso de la educación intercultural ha de procurar penetrar en el curriculum ordinario,
flexibilizarlo y adaptarlo a las diferencias, siempre se han de procurar las diversificaciones
curriculares para que todos los niños lleguen a conseguir el máximo de sus posibilidades
cognitivas, afectivas y sociales. Esta concepción curricular única está basada en la
consideración del curriculum como proceso , abierto y flexible, y la apuesta por una escuela
que se acomoda a las diferencias y no al revés. Escuela como agente que se prepara para el
cambio social y donde se desarrollan actitudes y se generan cambios significativos entre las
personas. Esta escuela de la diversidad, lo que precisa es de unos profesionales cualificados,
que sepan diagnosticar la situación del alumno, su ritmo y su modo de aprendizaje, que sepan
incorporar las demandas sociales de las personas culturalmente diferentes y de sus
familiares.
Proyecto educativo y diversificaciones curriculares: tener en cuenta al sujeto, ciclos,
niveles, areas, etc.
El centro escolar cuando se encuentra dotado de los recursos materiales y humanos
necesarios parta desarrollar su proyecto ed. (oferta ed.) es el espacio desde donde se han de
dar respuesta a la diversidad de sus alumnos. Un proyecto ed. es más bondadoso cuando se
elabora pensado y partiendo de la heterogeneidad y no de la homogeneidad. Las
diversificaciones curriculares son consideradas como mecanismos necesarios del sistema
escolar para adecuar los procesos de enseñanza aprendizaje a las características
diferenciales de los alumnos y no como una especie de “recetas” elaboradas a priori, sino que
han de surgir de la evaluación de todo el proceso.
Educar en la diversidad no se basa en la adopción de medidas excepcionales para personas
con NEE, sino en al adopción de un modelo curricular que facilite el aprendizaje de todos los
alumnos en su diversidad. Para esto es necesario un diagnostico lo más amplio posible. Para
la elaboración de un curriculum es necesario tener en cuenta 3 principios: el de flexibilidad;
que no todos los niños tiene que lograr el mismo grado de abstracción ni de conocimientos en
un tiempo acelerado, el de trabajo simultaneo, cooperativo y participativo; en donde el aula
pueda ofrecer una variedad de actividades simultaneas y no curricula paralela, y el de
acomodación que refiera a la planificación según la situación concreta de desarrollo y
aprendizaje que se encuentra y en qué situación contextual
Diversidad – Diferencia
Entrevista a Skliar.
¿Qué significa en educación hablar de diversidad y que significa hablar de diferencia?
Sospecho del término “diversidad”. Sobre todo por su aroma a reforma y por su rápida y poco
debatida absorción en alguno discursos educativos. “Diversidad” siempre me ha parecido “bio-
diversidad”, esto es, una forma liviana, des comprometida de describir las culturas. Y me
parece, otra vez, una forma de designación de los otros. La expresión diversidad implica una
forma de remanso, de calma, que enmascara las diferencias. Hablar de “diversidad” parece
una forma de pensar los torbellinos y los huracanes culturales y educativos desde un como
escritorio. La diversidad en educación nace junto con la idea de (nuestro) respeto, aceptación,
reconocimiento y tolerancia hacia los otros. Y esto es particularmente problemático: la
diversidad, lo otro, los otros así pensados, parecen requerir y depender de nuestra
aceptación, de nuestro respeto, para ser aquello que ya son, aquello que ya están siendo.
Tolerancia hacia la diversidad: tolerancia al otros supone mucho mas poner en evidencia
“nuestras” virtudes y vanidades; tolerar al otro, lo otro, es dejar claro que ese otro, es
moralmente censurado, detestable, y que nosotros somos generoso al permitirles seguir
viviendo en esa “condición” de diversidad.
En cambio al hablar de diferencia en educación no estamos haciendo ninguna referencia a la
distinción entre “nosotros” y “ellos”. La diferencia todo lo envuelve, a todos nos implica y
determina: todo es diferencia. Y no hay de este modo, algo que no sea diferencia. Diferencia
puede ser mejor entendida como experiencia de alteridad, de un estar siendo múltiple,
intraducible. Por eso creo que en educación de mejor caracterizar que es la diversidad y quien
la compone, sino en mejor comprender las diferencias nos constituyen como humanos, como
estamos hechos de diferencias. Y no para acabar con ellas, si no para mantenerlas y
sostenerlas en su inquietante perturbador misterio.
Alteridad: cambiar la propia perspectiva por la del “Otro” (considerando todo el otro), y no
dando por supuesto que la de “Uno” es la única posible.
Nuria Perez de Lara Ferré: diferencia, diversidad e identidad

Acudiendo al diccionario para definir los tres términos: diferencia, diversidad e identidad,
vemos que los tres se relacionan entre sí.
- Diferencia: cualidad por lo que una cosa se distingue de otra, o variedad de cosas de una
misma especie.
- Diversidad: variedad, desemejanza, de distinta naturaleza.
De este modo vemos que ambos significados permiten distinguir lo uno de lo otro, es decir,
identificar lo diferente que es opuesto de lo idéntico.
- Identidad: significa ser una persona o cosa que corresponde a la que se supone o se busca.
Ser una persona la que dice ser.

Si bien el diccionario nos da el significado preciso, como dice Junguer: debemos “volver a
mirar bien” porque las cosas demasiado precisas, no refuerzan la realidad sino que atentan
contra ella.
En relación a la identidad, la autora se pregunta ¿Quién soy? Yo soy mi nombre, el cual
pertenece a quienes me llaman. Mi identidad me la dan otros, y por ello es que yo en mi
intimidad no la tengo, sino que tienen que dármela. La identidad del suejto se conforma
primero en referencia a la desviación y la inclinación hacia lo no idéntico. Sin embargo, la
educación que se impone busca hacer de nosotros alguien con una identidad bien definida,
que responda a los cánones de normalidad, los cuales marcan lo que debe ser habitual,
repetido, etc en cada persona.

La perturbación de la diferencia:
La realidad actual es vivida en un mundo en el que la presencia de seres diferentes es vivida
con gran perturbación, y no hay nada más perturbador que aquello que recuerda al sujeto a
sus propias limitaciones, sus defectos. Ejemplo: los débiles a los fuertes, los deficientes a los
eficientes, los locos a los cuerdos.
Esa perturbación sólo es posible de apaciguar con la ilusión de normalidad, que acoge en su
seno la tranquilidad de pensar “no pasa nada, es normal”.
Es importante que en la formación Universitaria se reflexione sobre la ilusión de normalidad,
que nos impide conocernos, reflexionar, y que traza entre él (diferente) y nosotros, una
frontera rígida. Esta frontera es la que genera que hablemos del otro, el cual se conoce pero
en realidad nada se sabe, porque nos cargamos de contenidos sobre que lo definen, le
identifican y lo encierran en una envoltorio tecnicista que convierte a los otros en especiales,
discapacitados, diferentes, y a nosotros como los normales. Es asi que la formación
académica, científica y técnica de la universidad se ha encargado de formar en base a dos
identidades diferentes: la identidad normal y la identidad diferente, diversa o especial.

¿Existen identidades especiales?


Hablar de niños, niñas, hombre y mujeres a los que la educación especial se refiere resulta
difícil, y aún más decir que ellos presentan una identidad especial.
Existe un saber científico que se ha encargado de abocarse a las deficiencias, para definirlas,
clasificarlas y otorgarles identidades especiales. Se define así que caracteriza a un niño
sordo, a un Down, etc, como si la identidad estuviese atravesada sólo por lo que le falta y ello
sería sólo lo que lo define. Por otro lado se establece para cada una de estas características
que hacen a la identidad especial de esos sujetos, un tratamiento adecuado para atajarlas,
readecuarlas, según convenga en cada caso, para su normalización.
Conclusiones de la autora: desde la certeza de estar atravesada por prejuicios, si bien ahora
en pequeña medida, se puede acercar a las “identidades especiales” con cierta tranquilidad,
sabiendo que en realidad no existen. Que ellas son producto de la necesidad constante de la
identidad normal, y de la necesidad de la Universidad de formar profesionales con identidad
normalizada.

Crisorio: Constructivismo, cuerpo y Lenguaje

En primer lugar queda claro que el enfoque sobre el cual se concibe al cuerpo es
constructivista. Plantear que el cuerpo es construido es retomado de Lacan, quien establece
como destino del cuerpo al lenguaje.
El argumento contructivista presentado por Molina y Cerda, establece dos cuestiones: primero
que el desarrollo de la mente es fruto del esfuerzo activo por parte del sujeto individual y
social. Segundo que “lo real” es constructo de la mente.

La educación psicomotriz supuso una indistinción entre lo Real y la Realidad (entre lo que es y
lo que se construye), permitiendo a la Educación física tradicional suponer que se ocupaba del
cuerpo cuando en realidad sólo se ocupaba del organismo. LaEducación física, por intermedio
de las escuelas psicomotrices ha intentado muchas veces escaparse de la anatomía sin
lograrlo realmente. El término psicomotricidad fue acuñado en 1911 por Dupré quien observó
una correspondencia entre movimiento y pensamiento en los casos de debilidad mental. La
psicomotricidad supone una concepción “objetiva” del medio, dejando de lado la cultura.

Volviendo al Cuerpo como construcción: el cuerpo se construye, y según esto el cuerpo es


secundario, en tanto que el mismo pertenece a la realidad (Entendiendo que la realidad es
producto de la construcción). El cuerpo no pertenece a lo real.
Ahora bien, si la realidad se construye ¿cómo se construye esta realidad? Podría afirmarse
que la misma tiene un carácter social. Así el cuerpo como realidad construida desdibuja sus
contornos individuales para aparecer como un cuerpo literalmente social. El cuerpo es
construido en la confluencia de significados privados y socieles, familiares y culturales,
presentes y pasados, cuya historia comienza antes del nacimiento y se prolonga más allá de
la muerte.

Desarrollo – aprendizaje:
La subsistencia de la tradición biologista ha ha traicionado las interpretaciones entre la
relación de aprendizaje y desarrollo, siendo ésta última pensada como dependiente de la
primera. Se da preeminencia los factores genéticos por sobre los culturales. Lo real supera a
la realidad, despreciando la fuerza de la enseñaza. Estos son los casos en los que se dice
que existen edades determinadas para la enseñanza de algún tipo de habilidad por ejemplo.
Crisorio sostiene que la experiencia ha demostrado que cualquier habilidad puede enseñarse
a cualquier edad, siempre y cuando ésta convoque el interés del aprendiz. Desde este
enfoque constructivista a diferencia del anterior, se presenta como preeminente a la
enseñanza quedando por sobre el desarrollo. La explicación de ello es la siguiente: cualquier
sistema de transmisión social funcionara únicamente si los receptores potenciales están
dispuestos a recibir el contenido de los mensajes, lo cual condiciona cualquier supuesto sobre
el desarrollo.
El objetivo es dejar en claro que el hombre se distingue de los animales a partir de la
educación, de la construcción del sujeto humano, lo cual es posible en la articulación con el
lenguaje. Es decir, considerar al cuerpo como una palabra significa también considerar al
lenguaje como una acción.
Freire
Norma: norma y constituye a los sujetos normales. Permite y no está escrita. El desempeño
de los cuerpos permite a diferencia de la regla porque permite movimientos que podes hacer y
como podes hacerlo. Depende del recorrido, la norma de ese cuerpo.
Regla: está escrita y restringe o prohíbe. Es eficaz.
Normal: autónomo, exploración (abanico de movimientos), mayor riqueza motriz
(disponibilidad corporal), democrático, límites (reglas) y saludable y eficiente (con las normas
y las reglas).
FREIRE: dice que hay significantes propios de cada grupo. Armaba su alfabetización en torno
al contexto en el que esté. Analizaba críticamente el lenguaje que utilizaban estas personas y
empezaba a tejer relaciones en base a esto. Su concepto de libertad es distinto del de Nievas
(se es libre al cumplir con la ley y con las normas).
Plantea que se debe participar colectivamente en la construcción de un saber que va más
allá del saber hecho de pura experiencia, que toma en cuenta sus necesidades y lo vuelve
instrumento de lucha, posibilitándole transformarse en sujeto de su propia historia.
La escuela debe ser también un centro irradiador de la cultura popular, a disposición de la
comunidad, no para consumirla sino para recrearla. Es a su vez, un espacio de organización
política de las clases populares.