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El siguiente material, es una traducción

realizada por fans y para fans.


Ni Beautiful Coincidence ni Lucky Girls
Books reciben compensación
económica alguna por este contenido,
nuestra única gratificación es el dar a
conocer el libro, a la autora, y que cada
vez más personas puedan perderse en
este maravilloso mundo de la lectura.
Si el material que difundimos sin costo
alguno, está disponible a tu alcance en
alguna librería, te invitamos a adquirirlo.
BEAUTIFUL COINCIDENCE LUCKY GIRLS BOOKS
MODERACION:: MODERACION:
Scherezade Florpincha

TRADUCCION: TRADUCCION:
Ana_rmz cjuli2516zc
Andrea Florpincha
anemona Gisenid
DianaX IviAbernathy
eilosanchez Liliana
Femme Fatale Loly
Jessgrc96 Myr62
katherin.puentes
Leon CORRECCION:
LilyGolding Addictedread
micafp_2530 Caile
Mica Corrales Lelu
rihano IviAbernathy
Scherezade Sahara

CORRECCION: DISENO:
Scherezade IviAbernathy

REVISION:
Scherezade

LECTURA FINAL:
Scherezade
S. L. Scott Capítulo 19
Sinopsis Capítulo 20
Danny Weston Capítulo 21
Capítulo 1 Capítulo 22
Capítulo 2 Capítulo 23
Capítulo 3 Capítulo 24
Capítulo 4 Capítulo 25
Capítulo 5 Capítulo 26
Capítulo 6 Capítulo 27
Capítulo 7 Capítulo 28
Capítulo 8 Capítulo 29
Capítulo 9 Capítulo 30
Capítulo 10 Capítulo 31
Capítulo 11 Capítulo 32
Capítulo 12 Capítulo 33
Capítulo 13 Capítulo 34
Capítulo 14 Capítulo 35
Capítulo 15 Capítulo 36
Capítulo 16 Epílogo
Capítulo 17 Dirty Talk
Capítulo 18 Adelanto Dirty Talk
L
a autora mejor vendida del New York Times, S. L. Scott, siempre
estuvo interesada en las artes. Creció dibujando, escribiendo
poesía e historias cortas, y calentando sus días con buenos libros y
películas.

Con un título en Periodismo, continuó su amor por la escritura leyendo


a autores americanos como Salinger y Fitzgerald. Estaba intrigada por sus
personajes imperfectos viviendo en ficticios mundos perfectos, pero aun así
podría debatir que los mundos en que vivían esos personajes eran los más
imperfectos. La dinámica de dejar al lector invertido en las palabras, inspiró
a Scott para comenzar a escribir con emoción, mientras imponía una
pasión subyacente en sus propias historias.

Viviendo en la capital de Texas con su familia, Scott ama viajar, los


aguacates, las playas, y cocinar con sus hijos. Está obsesionada con los
romances épicos y ama un buen giro dentro de la trama. Sueña con ver
uno de sus propios libros convertido en una película, así como regresar
algún día a Europa. Su color favorito es el azul, pero le gusta más el azul
cielo que el intenso. Su hogar está lleno de símbolos de bienvenida con
forma de piñas y encuentra el surfear como un desafío a pesar de que le
gusta pensar que es una profesional.
T
odo lo que has escuchado hablar del modelaje es verdad, y no
has escuchado la mitad de ello.

Es glamurosa.

Es atractiva.

Y sí, la línea entre el trabajo y la realidad a menudo se difumina.

No solo somos prototipos de la perfección. Los modelos también


tienen sentimientos y deseos. Podemos estar dotados genéticamente, pero
todavía seguimos siendo humanos.

Solo soy humano. Sí, un extraordinario espécimen que gana más en un


día de lo que la mayoría hace en un año, pero este paquete de ocho no
se creó por sí mismo. Paso horas trabajando en este cuerpo. La buena
apariencia solo viene de forma natural. *Guiño* Gracias, mamá y papá.

Soy Danny Weston, Supermodelo.

Pero un patrón fue cambiado por otro cuando escogí esta carrera.
Diez años más tarde, cambiaría mi carrera para tenerlo de nuevo. Para
tenerla de regreso.

Reese Carmichael es la única mujer por la que renunciaría a todo, y la


única a la que no puedo tener. Todavía.
Altura: 1.90 m

Cintura: 85 cm

Pecho: 104 cm

Traje: 42 G

Tiro: 34 cm

Número de Calzado: 13

Color de Ojos: Marrón claro.

Color de Cabello: Castaño mediano.


DANNY
—D
ios, te deseo, Danny —susurra Simone en mi oreja.
Lame justo debajo de esta antes de bajar por mi
mandíbula y morderme.

Mi agarre se aprieta alrededor de sus caderas, sujetándola. Debería


haber visto venir la mordida. Todas lo hacen, asumiendo que tienen que
hacer algo extremo para ser sexys, para obtener mi atención. Como cada
otra ocasión que sucede, retrocedo y paso mis dedos por su cabello en la
base de su cuello, luego aprieto mi agarre.

Jadea y entierra sus uñas en mis hombros mientras la inocencia que


está tratando de retratar en sus ojos falla bajo el escepticismo de que
encuentra en los míos. Nuestros cuerpos están presionados el uno contra el
otro y ardientes, el ventilador no está lo suficientemente fuerte como para
enfriarnos.

Inclinando su cabeza hacia atrás, beso la hendidura en la base de su


cuello, luego lamo desde la base hasta la barbilla, tomándome mi dulce
tiempo. La espalda de Simone se arquea, empujando sus pechos contra mi
pecho y gime de placer.

—Eso es tan caliente. Sigan así —se entromete una voz.

Simone suspira, irritada, y se aleja. Me vuelvo hacia el ayudante del


fotógrafo de pie en el borde del set mientras Simone revela su frustración al
inclinarse hacia atrás y balancear su pierna encima de mí para ponerse de
pie. Sin prisa, mi mirada se desliza hacia arriba por sus delgadas piernas. Es
más alta que la mayoría de las mujeres y los tacones que está usando le
añaden unos buenos doce centímetros. Apreciando su físico, sonrío y me
reclino con mis manos detrás de mi cabeza mientras la observó ajustarse
las cintas en sus caderas. Su cabeza se levanta bruscamente y sus ojos se
estrechan hacia el asistente fuera del set.
—Si quieres que sigamos, entonces cállate la próxima vez. —Se aleja
hecha una furia, sus zapatos resonando audiblemente contra el suelo de
cemento gris.

Sabiendo que una modelo enojada necesita tiempo, me siento y


pregunto:

—¿Cuánto tiempo tenemos?

Todo el mundo es consciente de que el estado de ánimo en el set ha


cambiado. La preocupación arruga el ceño del asistente cuando
responde:

—Creo, mmm… cinco o diez minutos.

La ansiedad del chico rueda como olas estrellándose a mí alrededor.


Sintiéndome mal por él, lo tranquilizo:

—No te preocupes por ella. Estará bien. Solo dale unos minutos para
que se enfríe.

—Gracias. —Sonríe, aunque es débil—. ¿Estás bien?

Sonrío genuinamente mientras me pongo de pie.

—Sip, estoy bien. Gracias. —Cuando comienzo a caminar, los bóxers


de punto que estoy usando para la sesión de fotos se tensan
incómodamente, así que me detengo para ajustarlos. Son de un tamaño
demasiado pequeño, así que agarro mi polla y la acomodo—. En realidad,
podría necesitar un tamaño más grande. Estos están cortando mi
circulación sanguínea ahí abajo.

Antes de que el asistente pueda responder, dos mujeres aparecen


repentinamente del lado oscuro del gran piso. Una pequeña y linda rubia
ofrece:

—Déjame echar un vistazo. Quizás pueda ayudar. —Es atrevida, no


tímida como habría adivinado por la apariencia de bibliotecaria que ha
elegido.

La otra chica (más alta y con algunos mechones grises a través de su


oscuro cabello), parece nueva en el mundo del modelaje. Está de pie allí
mirando debajo de mi cintura y por la forma en que me está comiendo
con la mirada, supongo que podría ser nueva en ver a hombres desnudos
en general. Quizás nunca antes ha trabajado en una campaña de ropa
interior. Se aclara la garganta y encuentra su voz.

—Se ajustan en la cintura, ¿así que puedo añadir más tela si quieres?
Pero los necesitaré para poder hacerlo.

Omitiendo la primera oferta, acepto la segunda. Este es mi trabajo.


Soy un profesional, un modelo y estoy acostumbrado a estar desnudo
frente a extraños, así que bajo mis calzoncillos. Me agacho para agarrarlos
y cuando me enderezo, soy recibido por dos bocas abiertas de par en par.

—Señoritas, van a hacer que me sienta tímido —bromeo. No soy para


nada tímido.

Levantando sus barbillas hasta que sus bocas están cerradas, rio entre
dientes mientras continúan mirando descaradamente. La mujer más alta
dice:

—Oh, no tienes nada por lo que ser tímido.

—Absolutamente nada —añade la rubia con insistencia.

—Gracias —respondo, mi voz con su habitual encanto. Le entrego mis


bóxers a la señorita y salgo del set para agarrar mi bata. Cuando me la
pongo, Becs de vestuario se acerca y dice:

—Puedo añadir algo de espacio por ahí para ti. Haré que los traigan
en diez minutos.

—Ya se los di a la costurera.

—¿Qué costurera? —pregunta.

—La que está por allí. —Cuando giro hacia el set, se han ido.
Examinando el piso de un lado al otro, las dos mujeres no están en ninguna
parte—. Estaba justo allí con una chica rubia. —Perplejo, vuelvo a
examinar—. No tengo idea de a dónde fueron.

Becs pone los ojos en blanco, sacude su cabeza y suspira


audiblemente.
—Buen Dios. No de nuevo. —Volviéndose sobre sus talones, grita—:
Seguridad. Hemos tenido otra intromisión. —Con sus ojos entrecerrados
hacia mi cintura, añade—: Ajusta el cinturón. No quieres que nadie venda
una foto de tus partes íntimas al mejor postor. —Aligerando su humor, sonríe
y se encoge de hombros—. O quizás sí. Traeré tu próximo cambio de
vestuario…

Me río, pero señalo mis partes privadas.

—Espacio extra.

Becs agita su mano en el aire mientras se aleja.

—Sí. Sí. Entendido.

Me dirijo hacia el servicio de comida donde encuentro a Simone


comiendo lo que parece ser su tercer Snickers por los envoltorios que
cubren la mesa junto a ella.

—¿Tienen fruta hoy?

Habla con la boca llena.

—En el otro extrema de la mesa.

El asistente del fotógrafo anuncia:

—Cinco minutos.

Mirándola mientras se mete lo último de la barra de caramelo en su


boca, entonces hace lo que creo es la señal universal de vomitar con su
dedo, intento contener mi discurso para otra ocasión. Cuando
desaparece por el pasillo, entiendo que está bajo estrés. El mundo del
modelaje es competitivo. Medio kilo más que la otra chica y una modelo
puede perder su trabajo. Simone desea seguir trabajando, permanecer en
la cima de su juego, pero nunca he encontrado atractivo lo flaco. Cuando
la cámara añade cinco kilos, entiendo por qué lo hacen.

Agarrando una manzana, como mientras me dirijo de vuelta al set.


Becs está allí y me entrega un par de cortos calzoncillos negros
personalizados, con tela adicional finamente cosida en el centro.

—Ponte estos y veamos cómo lucen.


Me los pongo bajo mi bata antes de desatar el cinturón para permitir
que eche un vistazo más cercano. Se inclina y mira mi polla, haciéndome
sonreír. Cuando se pone de pie, aplaude.

—Síp, lucen bien.

—Gracias —respondo con suficiencia. ¿Qué? Soy humano—. Tú


tampoco estás tan mal.

Los intentos de Becs de parecer relajada se ven socavados cuando


sus mejillas se sonrojan.

—No salgo con modelos, Danny.

—¿Quién dijo algo de salir? —Le guiño juguetonamente.

—Es exactamente por eso que no salgo con modelos —responde,


incapaz de ocultar su lindo rubor. Observándola al alejarse, noto el ánimo
en sus pasos y espero haberle hecho el día un poco más disfrutable.

Después de hacer un triple encestando el corazón de la manzana en


la papelera, celebro mentalmente la anotación con una sonrisa de
satisfacción mientras regreso a la cama y espero.

Cuando Simone vuelve, se sienta junto a mí. Su cuerpo está tenso, sus
manos tienen un ligero temblor y está más pálida que antes. Cuando la
gente de maquillaje se aproxima y comienza a retocarla, le susurro:

—¿Estás bien?

Baja la mirada al suelo mientras le aplican más polvo.

—Bien.

He conocido a Simone por algunos años. No exactamente


veinticuatro, su carrera se está fortaleciendo, pero a veces es
malhumorada. Creo que es la constante falta de comida, por lo que
ofrezco:

—¿Quieres comer algo después?

La maquilladora se va y Simone levanta la mirada. Tocando mis


mejillas, dice:
—Eres siempre tan dulce, pero sabes que no como realmente, mucho
menos en restaurantes frente a otros.

—Estaba esperando que rompieras tu regla por mí.

Sonríe y suena esperanzada.

—Romperé la mía si rompes la tuya. ¿Por qué no te acuestas con


modelos?

—Me he acostado con muchas modelos.

—¿Entonces por qué nunca nos hemos acostado?

Con una ceja levantada, señalo:

—Eras demasiado joven. —Tomar ventaja de chicas jóvenes no es lo


mío. Muchos modelos experimentaban con estas chicas con abandono,
pero cuando llegué al final de los veinte, no había atractivo en salir con
una chica que era apenas legal para beber porque era caliente. Ahora
que estoy en mis treinta y pocos años, no quiero una chica. Quiero una
mujer—. Y como señalaste, somos amigos.

Un destello entra en sus ojos cuando se ríe, recostándose en la cama.

—Es cierto. Fuiste el primero en rechazarme. El único, de hecho. ¿Por


qué eres tan bueno, Danny Weston, cuando ser malo es mucho más
divertido?

Los recuerdos destellan en mi mente como un Rolodex1 girando.

—He hecho muchas cosas malas y nada ha funcionado. Quizás un


poco de bien me quedará mejor.

Maniobrando su cuerpo, envuelve sus piernas alrededor de mí y


arrastra sus uñas muy ligeramente por mi pecho, con cuidado de no dejar
una marca. Moviéndose lo suficientemente cerca para un beso, susurra:

—Bueno, si el bien no funciona para ti, ven a buscarme.

El fotógrafo aparece y sin darse cuenta de la intimidad, comienza a


comentarnos los ángulos que quiere completar en la sesión.

1 Rolodex: Es un dispositivo giratorio que se usa para almacenar tarjetas de negocios.


—No vamos a usar el sujetador en esta sesión. Los dos estarán
desenfocados en el fondo, pero quiero el costado del pecho y sombras.
Pezones cubiertos, pero eso es todo lo que quiero oculto. Íntimo, deseo,
como en el pre sexo. Denme un juego previo. Quiero besos, pero no
lenguas a la vista. Simone, su aroma te está volviendo salvaje y no puedes
mantener tus manos lejos de él. —Se vuelve y grita—: Prepárense para el
acercamiento de la botella de colonia. Quien sea que haya rociado mi
estudio con esa mierda está despedido.

Cuando se va, los labios de Simone se retuercen con malicia,


ignorando mi diatriba.

—Juego previo. Pre sexo. —Se estira, sus pechos sobresaliendo y


desabrocha su sujetador. Desnuda frente a mí, dirige su mirada a la mía—.
Podemos hacer esto, ¿cierto, Danny?

Manteniendo mis ojos en ella, no me desvío más abajo.

—Creo que me las arreglaré.

Desde los laterales, el fotógrafo instruye:

—Toca sus pechos. —Cuando lo hago, añade—: Tan caliente. Sigan.

Dos horas más tarde, Simone yace en la cama, su mirada baja, su


cuerpo expuesto sin cuidado. Trato de ponerme de pie, pero me detiene
agarrando mi pretina y tirando.

—Quizás te veré de nuevo pronto.

—Sí, quizás seremos emparejados de nuevo. Nos vemos, Simone.

—Nos vemos.

Quince minutos más tarde, salgo tirando de mi camiseta por encima


de mi cabeza.

—Hola, Becs, voy tarde para reunirme con los chicos. ¿Tienes algo que
pueda tomar de la sesión para usar?

—Te he consentido en el pasado, pero sabes que se supone que no


puedes llevarte nada. Tenemos que informar nuestros gastos y devolver
toda la ropa. —Agarra una camisa azul marino con botones del bastidor y
me la entrega—. Así que no seas atrapado. Llévala como si ya fuera tuya.

Me saco la camiseta y me deslizó en la otra rápidamente.

—Gracias. —La beso en la mejilla mientras la abotono.

De buen humor, me empuja.

—Vete, guapo. Sal de aquí y diviértete.

Destellando mi sonrisa de un millón de dólares, respondo:

—Eres la mejor.

—Siempre tan encantador, Danny.

—Lo sabes.

—Creo que te veo en una sesión la próxima semana, de todas


maneras, así que vete.

—Si me extrañas en el inter, tienes mi número. —Mientras me dirijo


hacia la puerta, meneo mis cejas.

—Oh, tengo tu número, está bien. Vete, gran coqueto. Encuentra a


alguien que vaya a caer con esa línea.

—¿Qué hay de estos abdominales y mi chispeante personalidad?


—Froto mis abdominales para provocar—. ¿No hay amor por ellos?

Con su mano en su cadera, me sigue el juego.

—Es fácil enamorarse de esos abdominales.

—Auch. ¿Nada para mi personalidad?

—¡Vete!

Riendo, me escapo antes de que me atrapen con la camisa.

—Te veo la semana que viene.

—Nos vemos entonces, playboy.


Revisando la hora, se han hecho las diez. Corro hacia mi Jeep, el cual
está estacionado a una cuadra. La cena con amigos ha pasado hace
mucho. Seré regañado por perdérmela… como hago siempre.
Revoluciono el motor y me voy así puedo alcanzarlos para la segunda
mitad de las festividades de esta noche.

Tentado a conducir a casa en su lugar, enciendo la radio para


sintonizarme mentalmente con la noche. Tengo la sensación de que esta
noche será igual al miércoles y el domingo anterior a ese. Estoy listo para
algo diferente, un cambio de escenario, un cambio de compañía, algo o
alguien que me haga emocionarme por salir.

Resquicio de Esperanza: cada noche es una nueva oportunidad,


cada día, una segunda oportunidad de hacer las cosas bien.

Llego al club y le lanzo mis llaves al valet, quien me da un


asentimiento de bienvenida.

—Dan Man.

—¿Cuándo comenzaste a trabajar aquí, James?

—La semana pasada. El hotel me despidió por darle un paseo a una


dama en un Ferrari.

—¿Al menos eso te ganó puntos con la dama?

El valet sonríe y frunce sus labios.

—Ya sabes.

—Así se hace, pero imagino que el propietario del Ferrari no estaba


demasiado feliz.

—Estaba más molesto de que hubiera tomado prestado su auto de


que su esposa me hubiera dado una mamada. A mi jefe tampoco le gustó
eso.

Estallando en risas, choco puños con él.

—Oh, mierda. Bueno, cuida del Jeep. Nada de escapadas.

—Entendido, hermano. —Justo antes de saltar dentro, me grita—:


Buena suerte y diviértete.
—Eso pretendo.
DANNY
E
l gran anuncio metálico de Illustrious resplandece al sol de media
mañana de LA. Illustrious es la agencia de modelos de mayor
prestigio en la Costa Oeste, y mi nombre tiene peso allí. Poder de
estrella. No es arrogancia lo que me permite reconocer este hecho. Es mi
tarifa por ahora. No soy barato. Algunos me llaman un supermodelo,
aunque personalmente, odio ese término.

El ascensor se abre en el quinto piso y atravieso la puerta de cristal,


saludando a la nueva y muy linda recepcionista rubia cuando paso.
Escucho el cuchicheo antes de doblar en la esquina de El Pit (el lugar
donde todos los agentes trabajan) sin paredes, sino con filas de escritorios,
teléfonos sonando, y agentes de moda de California. Tomo la esquina y
soy recibido con una mirada furiosa de mí agente, visto a través del cristal
transparente de la pared de la sala de conferencias que lo separa de mí.

Uniéndose a mí mientras camino hacia la reunión que se celebra al


otro lado del Pit, la asistente de Mark, Jody advierte:

—Llegas tarde y está de mal humor. Ve con cuidado.

—Tuve una noche larga. —Sonrío. Nah, le doy una sonrisa completa—.
¿Cuándo no está de mal humor? Oh, es cierto. El día de paga. —
Mirándola digo—: Luces bien, Jods. ¿Estás haciendo ejercicio?

Agregando un pequeño meneo de culo mientras camina para


presumir su trabajo duro, dice:

—Spinning2 en Hollywood Cycle3.

—Está dando resultados.

2Spinning: Ejercicio aérobico realizado en bicicleta estática.


3Hollywood Cycle: Programa de televisión tipo Reality, basado en el entrenamiento en
bicicleta estática.
—Deberías unirte a mí alguna vez. Esas mujeres te comerían.

—Eso es lo que me da miedo. —Le envío un guiño y empujo la puerta


de la sala de conferencias. Ella gira en la dirección opuesta, dejándome
lidiar con el mal humor de Mark a solas. Mierda.

Mark deja de hablar y me saluda como a su hijo perdido por mucho


tiempo, añadiendo algunas palmaditas en mi espalda para completar:

—Ah, aquí está. El hombre de la campaña.

—Mis disculpas por llegar tarde. El tráfico apesta en esta ciudad. Estoy
seguro que entien…

La sangre corre a través de mis orejas; mi corazón está latiendo


suficientemente fuerte para hacer que me preocupe que mi pecho ha
sido abierto por la daga que acaba de golpearme.

Ondas suaves de cabello castaño salpicado con oro enmarcan su


rostro. Ojos azules brillantes miran fijamente directo a los míos marrones.

La única que se escapó.

La única que alguna vez podría haberme llevado sobre mi rodilla (la
izquierda para ser preciso) está sentada enfrente de mí. Una sonrisa
amable que siempre derritió mi corazón instalada en su expresión. No
había visto a Reese Carmichael en diez años, pero mirándola ahora, mi
corazón está olvidando el dolor que una vez lo endureció. Estúpido
corazón.

Mark interrumpe nuestro momento para hacer las presentaciones.

—Danny Weston, me complace decir que ahora eres el rostro de


Vittori. Tienen una nueva campaña que rodar para el otoño y la has
conseguido.

Otro hombre vistiendo un traje a rayas morado intenso, se levanta y


alcanza mi mano.

—Es un placer conocerte. —Su sonrisa es amplia, los dientes de un


blanco cegador contra su piel demasiado bronceada. Cielos. Y dicen que
demasiado bronceador no hace daño a nadie.
—Encantado de conocerlo… —Lo dejo abierto para él, aunque hay
una vaga familiaridad.

—Vittori. Tonio Vittori.

Diseñador de moda, más conocido por los diseños inspirados en el


arte de la vestimenta de pasarela y de lujo. Lo he visto en el Fashion Week,
pero nunca lo conocí.

—Es todo un honor. Es muy agradable conocerlo.

—Felicísimo4. Encantado, y el honor es todo mío. —El hombre bajo,


con cabello negro peinado hacia atrás, se come con los ojos mi abdomen,
luego levanta mi mano como si estuviera a punto de besarla. La retiro, y
echo un vistazo a Reese, quien está riéndose disimuladamente por lo bajo.

—Señor Vittori —lo corta Mark—. Sé que hablo por Danny, por mí y por
el equipo de Illustrious cuando le digo que estamos realmente
emocionados de estar en el lanzamiento de su nueva línea de ropa
masculina.

Me paro a un lado y lo escucho hablar, pero mi mirada sigue a la


deriva hacia la morena con los ojos tan azules que los cielos están
envidiosos. Impresionante. Ella es absolutamente hermosa. Mi memoria no
le servía adecuadamente, pero podría haber sido el desamor nublándola.

Justo cuando permito a mi vista deslizarse hacia su mano izquierda,


Mark me da un codazo.

»El señor Vittori y su equipo estarán en la ciudad durante dos días. Los
sacaremos mañana en la noche. Espero que seas capaz de reunirte con
nosotros.

Mis ojos vuelven a Reese de nuevo.

—No me lo perdería.

Finalmente me vuelvo hacia ella, pero antes de que pueda decir


algo, ella dice:

4 Texto original en italiano


—Es un placer conocerlo.

Sus azules mantienen un mensaje secreto dirigido solo a mí, y lo tomo,


aunque aun no entiendo porque estamos fingiendo.

—Créame, es todo mío, ¿Señora?

Una sonrisa se propaga a través de sus labios y un ligero rubor en sus


mejillas.

—Carmichael. Señorita Carmichael.

—Un gusto conocerla, señorita Carmichael. Estoy ansioso por trabajar


con usted.

Una garganta se aclaró y soy muy consiente que es la de Mark,


incluso antes de voltearme, así que cuando lo hago, tengo la ventaja
adicional de una de sus miradas fulminantes, una que rápidamente cubre
luego de entregar su advertencia silenciosa. —La señorita Carmichael es la
líder de la campaña. Ella trabaja para Klein, una agencia de publicidad
fuera de Nueva York, y será el contacto principal.

Uniéndose, ella dice:

—Esta campaña va a ser increíble, me aseguraré de ello.

Mark dice:

—Toda mi información está en el archivo que Jody le envió por correo


electrónico. Si necesita algo, por favor no dude en contactarme.

—Gracias. Estoy emocionada de estar trabajando con Illustrious.


Hemos trabajado con las oficinas de Manhattan y Paris. Pero Danny —dice,
deteniéndose para mirar en mi dirección—, es alguien especial. Sabía que
sería el hombre perfecto para representar la nueva colección de Vittori.
—Cuando se gira hacia Mark y los otros, una sonrisa encantadora curva sus
labios. Recuerdo cuan diferente es a la que solía darme (llegaba hasta sus
ojos, relajada, feliz, sincera) no solo agradable.

Agitando la mano del señor Vottori, Mark se gira y hace lo mismo con
Reese, y dice:
—Bueno, te veré mañana en la noche y si necesitas algo, por favor no
dudes en contactarte conmigo personalmente. —Le entrega una tarjeta
de presentación y luego se dirige a la puerta—. Su auto ha llegado,
caminaré con ustedes hacia fuera.

Cuando Vittori sale de la habitación, Reese se queda un segundo o


más, permaneciendo junto a mí. Levanta la vista y susurra:

—Es bueno verte de nuevo.

Ella dobla los pasos para alcanzar al grupo y soy dejado aquí,
mirando su pequeño dulce culo en una falda negra ajustada, dejándome
completamente aturdido de una forma diferente. Cinco palabras en esa
voz melódica que nunca podría olvidar. Suena incluso mejor que en mis
recuerdos, y quiero que se quede y me diga más, cualquier cosa.
Tomando asiento en la gran mesa, corro mis manos a través de mi cabello
mientras contemplo mi reflejo en la brillante superficie negra.

Cuando desperté esta mañana, no esperaba ser sorprendido por la


única mujer que rompió mi corazón. Sueno como todo un marica por
admitir eso, mucho menos, dos veces ahora, incluso si solo es para mí. ¿En
qué etapa de la pena está eso de todos modos?

Mierda.

¿Aún estoy sufriendo su pérdida diez años después?

Cinco palabras. Es bueno verte de nuevo.

Oh, mierda. Mi corazón aún duele. Joder.

Saco mi teléfono de mi bolsillo y envío un mensaje al segundo número


de marcación rápida.

Yo: ¿Libre esta noche?

¿Me estas invitando a salir, niño bonito?

Yo: ¿En mi casa a las 4?

En la mía a las 3:30


Yo: Hecho.

Mark regresa y se sienta frente a mí. Con sus dedos entrelazados frente
a él, dice:

—No jodas esto. Esta cuenta no solo es importante para ti y tu carrera,


sino para mi carrera también, y para Illustrious.

¿Qué carajos?, ¿Cuándo lo he decepcionado? Sentándome, suspiro.

—Gracias por el voto de confianza.

—No tengo ninguna duda que acabas de ver algo por lo que has
estado dispuesto a poner todo este asunto en riesgo. Ella es un cliente.
Conoces la política de Illustrious. Nada de sexo con los clientes.

Sintiéndome como un sabelotodo, le digo:

—No creo que ese sea el vocabulario en el manual.

—Sabes de qué estoy hablando. No jodas esto, o a ella. ¿Está claro?

—Como el agua.

Se pone de pie y exhala una respiración ruidosa, una gran sonrisa


victoriosa en su rostro.

—Me alegra escuchar eso. Necesitas ir al gimnasio y estar en mejor


forma para esta campaña. Esta es su nueva línea masculina que incluirá
ropa interior: calzoncillos, camisetas ajustadas, y más… o menos. Lo que
sea que quieran. Estate preparado.

—¿Dónde estaremos grabando?

—Fuera de Nueva York. Sé que seguramente habrá un rodaje allí.


Estoy intentando convencerlos de hacer una aquí. Encontraremos más
durante la cena. El señor Vittori dijo que tendrá una mejor idea para
entonces.

Siguiéndolo a su oficina, me quedo en la puerta, mientras que él se


sienta detrás del gran escritorio en la esquina. Se ha ganado el título de
Director así como su oficina de la esquina. Me gusta tomar una gran parte
del crédito por eso. Él estaría de acuerdo cuando está de buen humor.
Mientras siga aterrizando en los buenos empleos y los grandes salarios sigan
rodando, no necesito la gloria cuando está de mal humor.

—¿Cuándo y dónde es la cena?

—Spago a las ocho.

—¿Spago? ¿De verdad? —Sacudiendo la cabeza, sé lo que significa


Spago. Significa acosadores de celebridades, paparazis, curiosos, y
chismosos. Sip, eso es justo por encima del callejón Vittori hasta-lo-más –
alto-en-apariencia. Es decir, ¿cuál es el punto de poner mucho esfuerzo en
tu ropa si nadie las ve? Miro hacia abajo a mis jeans y mis viejas,
desgastadas Adidas negras.

Cuando levanto la mirada, Mark está ahora sacudiendo la cabeza


hacia mí.

—Al menos te duchaste para la reunión. —Agarra los papeles sobre su


escritorio, pasándolos, en busca de algo. Sosteniendo una foto de una
pequeña botella, añade—: Vittori Internacional tiene una nueva colonia
que sale al mismo tiempo que la línea de ropa masculina. Si la sesión de
fotos va bien, el trabajo será tuyo. Quieres este trabajo, Danny. Asegúrate
que suceda.

Le saludo con la mano, luego asiento con la cabeza.

—Lo haré. Te veo mañana.

Mientras me alejo caminando, lo escucho gritarle a Jody para que me


entregue el horario actualizado para las próximas dos semanas. Ella viene
corriendo a mi lado y coincide con mi ritmo paso a paso. Entregándome
dos hojas de papel, dice:

—Te envié un correo electrónico con el horario, lo programé en tu


calendario en línea con las alertas añadidas. Aquí está la copia impresa.
Tienes una prueba en este momento en la calle Vargo. Están esperándote.

—Entendido, muñeca. Gracias.

Se detiene en la puerta de cristal mientras yo sigo caminando. Al


pulsar el botón del ascensor, dice:
—Felicidades por la nueva campaña y hazme saber si necesitas algo.

—Tengo tu número. Ten un buen día.

Ella ya está dirigiéndose de regreso a la oficina de la esquina del gran


jefe antes de que llegue el ascensor. Es una buena chica. Soy afortunado
de tenerla a mi lado.

Tan pronto como las puertas del ascensor se cierran, mi espalda


golpea la pared de espejo. Al lado de la única y la indicada, señorita.
Carmichael. Sonrío; encantado de escuchar que es una señorita en vez de
señora. Paso por las puertas dobles y en la acera, hago mi camino a
dónde me estacioné en la calle.

El sol está afuera, sin nubes en el cielo. Este es un jueves perfecto. Un


día que normalmente conducía a la playa y atrapaba unas cuantas olas,
ahora estoy comparando el cielo con el color de sus ojos. No estaba lo
suficientemente cerca como para ver si esas motas doradas aún siguen
enmarcando el profundo azul y negro de sus pupilas. Desearía haber sido…

El camino a Vargo no es tiempo suficiente para que me pierda en


cualquier visión de nuestro pasado, pero sé que no estoy ansioso por el
tiempo de inactividad que tengo por delante.

Después de una hora de haber sido pinchado y empujado, y no en el


buen sentido, he terminado. La ropa para la próxima semana se ajusta
como un guante.

—Nos vemos la próxima semana, Danny —dice el estilista, mientras


salgo.

—Te veo la próxima semana.

Dos cincuenta. Me detengo en una tienda de conveniencia y agarro


un paquete de seis cervezas antes de dirigirme a Hollywood Hills. No hay
puertas en esta comunidad. No hay barreras o vallas altas. No hay
celebridades, excepto por unos pocos magnates que les gusta representar
la parte feliz viviendo aquí hasta que puedan trasladarse a Los Feliz o
alguna otra zona caliente unos tramos de renta más alta que la actual.

La puerta está abierta, la música se reproduce en volumen alto a


través de los altavoces. Entro como si fuera dueño del lugar. Una vez lo
hice. Eso me da una cierta demanda residual sobre el lugar si me
preguntas.

—¿Luke?

—Bajo en un minuto —grita.

Miro hacia las escaleras, donde escuché su voz.

—Estoy bebiendo.

—Adelante.

Saco una cerveza de la caja, voy a la cocina y bajo el resto. Mientras


miro por la parte trasera, a través de las grandes ventanas de la casa
moderna, la destapo y empiezo a beber. En la distancia, hay una ligera
vista del centro. Se ha vuelto más pequeño desde que poseí el lugar y los
árboles han crecido. Me alegro de que mantuviera a los árboles.

—Te veré más tarde.

Girando alrededor, Luke está caminando con una chica a la puerta.


Ella parece familiar, pero no puedo recordarla. Luego está esa pequeña
onda que hace con sus dedos mientras dice:

—Hola, Danny. ¿Regresas para yoga?

Yoga. La profesora caliente. Ah. Todo está volviendo a mí ahora.

—Soy más un excursionista o chico de pesas en estos días.

—Se nota. Te ves bien. —Se levanta y besa a Luke en la mejilla—.


Adiós guapo. Llámame pronto.

—Lo haré.

La puerta se cierra y cuando me mira, él dice:

—O no.

—Imbécil.

—Tiene un buen culo si te refieres a eso.

—No lo hacía.
Camina hacia mí, levanta la mano, y chocamos nudillos. Agarrando
una cerveza, lo abre y se une a mí en la ventana.

—¿Echas de menos el viejo alojamiento?

—Prefiero la playa.

Salimos a la terraza y nos sentamos en nuestros lugares habituales. El


mío es una silla de patio verde desteñida. El de él es un banco de madera
contra la barandilla para que pueda estirar sus brazos, lo cual está
haciendo ahora. Con su gorrito en su sitio incluso en este día cálido, saca
sus gafas de sol de su bolsillo y se las pone.

—¿Así que estás follando con Janet ahora?

—Jenna.

—Jenna, Janet, Mary Sue Elizabeth. ¿Importa?

—No —responde apartando la mirada.

—Entonces, ¿por qué sigues haciendo esto? ¿Qué punto estás


tratando de probar?

—Ningún punto. Solo trato de seguir adelante.

Mirándolo, digo:

—¿Por qué lo intentas tanto?

Inclinándose hacia adelante, luce incómodo, pero no debería o yo


estaría más preocupado. Arranca la etiqueta de la botella, y dice:

—¿Qué pasa si el idiota le pide que se case con él?

—No lo hará. Es un imbécil. Desafortunadamente, tienes que esperar a


que se dé cuenta de eso por sí misma.

—La he amado desde que tenía dieciséis años. La mitad de mi vida.

—Entonces, ¿por qué esperas a que encuentre a alguien más antes


de decírselo?

Sentándose hacia atrás, se apoya contra la madera y cruza el tobillo


sobre su rodilla.
—Pensé que era sobreentendido que estaríamos juntos cuando fuera
el momento correcto.

—Hombre, eso apesta. Lo hace. Jane es una buena chica.

—¿Pero? Escucho el pero ya.

Suspiro, sacando a relucir la realidad a la que ahora se enfrenta.

—Esperaste demasiado tiempo. Es una chica inteligente, pero a veces


incluso las chicas inteligentes toman malas decisiones. Lo arruinaste hasta
ahora. Dicho esto, no creo que se vaya a casar con ese idiota.

—Espero que tengas razón, ¿pero mientras tanto?

—Deja de follar con las chicas que no tienen importancia y céntrate


en la mujer que la tiene.

Los dos nos tomamos un minuto para absorber el consejo y reflexionar


sobre la posibilidad. Mi cerveza está vacía y cuando voy a conseguir otra,
agarro una extra para Luke.

—Gracias —dice—. Y hazme saber cuándo estés listo para decirme


por qué estás aquí. Sé que no es sobre mi vida amorosa de mierda, así que
debe ser sobre la tuya.

Honestidad. Puedo ser yo mismo, el verdadero Danny Weston cuando


estoy con mi mejor amigo. Hemos pasado por un infierno de un montón de
(altibajos respecto a las) mujeres, y más en los últimos diez años. Puedo
decirle lo que sea y siempre cuidará mi espalda. Incluso si actúa como si
no. Esa es solo una parte del juego que jugamos. Mis palmas presionan
contra la barandilla mientras miro por delante.

—Vi un fantasma de mi pasado hoy.

—¿Un fantasma? ¿Te importa ser más claro?

—A la que nunca menciono.

En mi visión periférica, veo la repentina sacudida de su cabeza en mi


dirección.

—¿Reese?
Mi mirada debería decirlo todo, pero por si acaso, le recuerdo:

—No digas su nombre.

Un suspiro de exasperación es su respuesta. Se levanta y se gira para


enfrentarme en la misma dirección que estoy, imitando mi postura y
mirando a los árboles en la distancia.

—¿Dónde la verías?

—Trabajo.

—Mierda. Eso no es bueno. Y deja de hacer que te pregunte por


cada jodido detalle. Dime o no, pero vamos a omitir todas las cuestiones
principales.

Como he dicho, honestidad.

—Tuve una reunión en la agencia esta mañana. Fue un ataque furtivo


en la sala de conferencias con mi agente, un diseñador italiano, y ella.

—Estas de pie. Estás en una sola pieza. No podría haber ido tan mal.

—Aterricé en una gran campaña hoy. El acuerdo se cerró.

—Felicidades. ¿Por qué suenas como si hubieras perdido el trabajo?


¿Qué me estoy perdiendo?

—Ella es el ejecutivo líder en la campaña.

—Mierda.

—Sí, mierda.

—¿Puedes trabajar con ella?

—¿Tú qué crees?

Mirando a la botella de cerveza en sus manos, se gira hacia mí.

—Creo que vamos a necesitar algo más fuerte.


REESE
ONCE AÑOS ATRÁS

E
l cristal chilla cuando la piedrita lo golpea, haciéndome saltar.
Reviso, para asegurarme de que no se hizo añicos. Sabiendo
quién es, tiro la cobija de mi cuerpo y lanzo un vistazo sobre mi
compañera de habitación, quién está durmiendo profundamente mientras
salgo de la cama. Caminando de puntillas hasta la ventana, me aterroriza
dejar que el frío entre, pero la abro de todas formas. ¿Cómo podría no
hacerlo? Mi novio durante un año está esperando debajo de la ventana.
Bajo sus pies, una ligera capa de nieve cubre el césped, fresca desde que
regresé a mi apartamento después que mi clase de la tarde había
terminado.

La nieve está cayendo y el aroma invernal del pino llena el aire. Mi


estación favorita siempre me hace feliz, pero nada se compara a su
sonrisa, la cual calienta mi alma cada vez que la veo.

Danny Weston es el hombre más guapo que he visto en toda mi vida.


Es popular entre las chicas y chicos, y nunca carece de atención en el
campus. Pero solo tiene ojos para mí. Es genial en hacerme sentir como la
mujer más hermosa que ha visto en toda su vida. Me asomo por la ventana
abierta, ya sonriendo.

—Oye tú, desconocido.

—Baja —grita en un susurro—. Está nevando. La primera nevada de


este invierno.

Un año ha pasado volando, pero ya tenemos tradiciones. Una de ellas


es estar juntos durante la primera nevada de la estación. Nos conocimos la
noche de la primera nevada de nuestro primer año en una fiesta en Frat
Row. Entonces, nos despertamos juntos en su apartamento fuera del
campus y caminamos juntos para conseguir café.

Asiento.

—Voy bajando. —Corro a cerrar la ventana. Cuando me giro, me


congelo en el lugar cuando mi compañera de habitación se da la vuelta,
murmurando algo acerca de una prueba, pero no se despierta. Agarro
una sudadera de los Huskers y la deslizo sobre mi cabeza y pijamas. Luego
me quito mis pantalones de dormir y me pongo mis jeans más ajustados.
Siguen gruesas medias de lana y botas de nieve. Un abrigo. Un gorro.
Guantes completan el conjunto.

Corriendo por la puerta y bajando casi volando, hago mi camino


alrededor de la esquina para encontrar a Danny juntando un realmente
patético hombre de nieve.

»Creo que vas a necesitar más nieve para ese hombrecito.

Danny se levanta, limpia la nieve de sus guantes, y viene hacia mí.


Emocionada por verlo, salto hacia él. Me atrapa mientras envuelvo mis
brazos alrededor de su cuerpo. Lo beso, queriendo que sepa lo mucho que
lo amo… profundo y con fuerza. Cuando nuestros labios se separan, mis
piernas bajan y mis pies tocan el suelo otra vez. Sonríe, todavía sosteniendo
mi mano, y dice:

—Puede ser.

—Sin embargo, debo decir que es un valeroso esfuerzo. —Miro al


hombre de nieve en miniatura, luego de regreso a los ojos de Danny, que
me recuerdan al chocolate derretido en el que sumerges golosinas dulces.

Apenas noto la nieve que cae alrededor de nosotros. Es fácil quedar


atrapada en Danny… su personalidad magnética, su lado afectuoso, y ese
rostro. Síp, súper fácil perderse en él. Elevo mis ojos al cielo y abro
ampliamente mi boca, esperando atrapar un copo de nieve con mi
lengua.

—Te mostraré lo que es un valeroso esfuerzo. —Me atrapa en sus


brazos y camina hacia su viejo Jeep Cherokee. El verde perene brilla bajo
el farol cercano en la calle. Siempre mantiene su auto limpio a pesar de
llevarlo fuera de la ciudad cuando sea que tiene una oportunidad. Es
como un chico amante de la naturaleza, pero me considera especial y
nunca quiere que me ensucie (a menos que yo quiera hacerlo) lo cual es
más de lo que nunca pensé que haría.

Suelto un último chillido mientras me hace cosquillas y luego me pone


en el suelo, con mi espalda presionada contra la puerta y sus brazos
enjaulándome. La luz se refleja en sus ojos cuando baja su mirada hacia la
mía. Una mano enguantada toca mi mejilla, y dice:

—Te amo, Reese. Siempre te amaré.

—También te amo —respondo inmediatamente, como por la


costumbre, aunque la emoción se siente profundamente dentro de mi
alma. Pero la intensidad de su expresión me hace preguntarme qué está
ocurriendo realmente—. ¿Qué sucede?

Me besa en lugar de responder. Lo beso en respuesta, pero mi


corazón está cambiando al modo pánico mientras la preocupación cubre
la luminosidad de instantes anteriores. Retrocediendo, empujo contra su
pecho y repito la pregunta:

—¿Qué sucede, Danny?

—Tengo un contrato.

Rápidamente caigo en cuenta. Él había tratado de conseguir un


contrato de modelaje durante meses.

—¿Lograste firmar?

Su felicidad es contagiosa, sus ojos brillan con alegría, esperando que


mi reacción iguale a la suya. Saltando, envuelvo mis brazos a su alrededor
y lo abrazo.

—Oh, por Dios, ¡Lo conseguiste! Eso es todo, Danny. Todo lo que
querías.

Con sus brazos envueltos alrededor de mi cintura, sus manos se


mueven tiernamente arriba y abajo unas pocas veces. El movimiento es
lento, como disfrutando cada centímetro. Entonces, me jala más cerca.
Descansa la parte baja de su cabeza sobre la superior de la mía y
responde:
—Sí. —Su voz está triste, sorprendiéndome considerando las grandes
noticias—. Todo lo que quería.

Confundida, levanto la vista de nuevo hacia él y pregunto:

—¿Creía que eso era todo lo que querías?

—Lo era. Quiero decir, lo es. —La intimidad de su cercanía deja mi


cuerpo cuando retrocede un paso y mete sus manos en los bolsillos de su
abrigo—. Pensaba que lo era. Pero ahora que es real, estoy teniendo
dudas.

—No —lo tranquilizo instantáneamente—, no. Esto es bueno. Esto es


grandioso. Dijiste que modelar para catálogos y panfletos publicitarios era
aburrido. Piensa en las nuevas aventuras por delante de ti. Podrías terminar
volando alrededor del mundo y finalmente hacer suficiente dinero. —No
podía ocultar la emoción que siento por él. Es una gran oportunidad—.
París, Madrid. —Sacudo mi trasero—. Islas exóticas…

Sigo mientras la nieve continúa cayendo a nuestro alrededor hasta


que él interrumpe:

—Me voy mañana.

La distracción de la nieve seguramente ocasionó que escuchara mal,


así que pregunto:

—¿Qué?

—Me voy mañana, Reese. Firmé el contrato con la agencia y me


contrataron para un trabajo.

—Vaya, eso fue rápido. —Mi tono refleja mi repentina preocupación,


pero tengo que ser positiva por él, así que regreso a la genialidad de esta
oportunidad—. ¿Adónde vas?

—Las Maldivas. —Cada respuesta de él es presentada como


probando las aguas. Se siente como que ahí hay más en la historia de lo
que estoy al tanto, y no me gusta este mal presentimiento en mis entrañas.

Entonces caigo en cuenta, y no me puedo esconder detrás de una


sonrisa falsa.
—Tienes los exámenes finales en menos de dos semanas. No los
puedes perder o reprobarás. ¿Por cuánto tiempo estarás fuera?

—Probablemente cerca de eso, pero estudiaré en los vuelos. Las


Maldivas están muy lejos de Nebraska.

Todo esto es tan rápido, tan de repente, y continúa atormentándome.


Es lo que él quiere. Solo tengo que apoyarlo, pero siempre hemos sido
honestos el uno con el otro. Considerando el mal presentimiento dando
vueltas en mi estómago, no debería haber una excepción ahora.

—¿Qué significa esto?

—¿Qué significa qué?

—Para nosotros. Es tan inconsciente de la atención que obtiene sin


intentarlo. Aún conmigo en sus brazos, veo las miradas fijas, las miradas
asesinas, y escucho las murmuraciones. Las mujeres son despiadadas
cuando se trata de un hombre que desean. ¿Lo perderé cuando ni
siquiera sé cómo aferrarme a él?

Él agarra mis manos y me acerca. Después de un beso en la frente,


dice:

—Eres mía y siempre seré tuyo. Te amo, Reese. Estoy enamorado de ti.
Regresaré. Son solo ocho días, más o menos. Estaré de regreso para los
exámenes, y para ti. Siempre regresaré a ti.

Sus palabras, su voz, la sinceridad en sus ojos me hacen sentir mejor,


aligerando mi mente y las preocupaciones. Abrazándonos de nuevo, este
momento se siente más como un adiós que solo una corta separación.
Cuando me estremezco en sus brazos, sugiere:

»Entremos al auto y calentémonos.

Una dulce sonrisa se escabulle hacia mis mejillas.

—Sé cómo podemos calentarnos.

—Las grandes mentes piensan igual, bonita. —Se abre la puerta y soy
escoltada hacia el asiento trasero. Danny rápidamente salta dentro
después y la puerta se cierra igual de rápido—. Está helando esta noche.
—Pero tenemos nieve, y amo cuando nieva.

Sonríe mientras se estira hacia adelante y enciende el auto. Danny


prende la calefacción y se sienta reclinándose. Nuestros ojos se
encuentran en el auto oscuro, nuestros alientos surgiendo en nubes
blancas, acelerando mientras los segundos pasan a toda velocidad. Toco
su mejilla e inclino mi cabeza hacia adelante, hasta que sus labios tocan
mi frente. Cuando me mira, me siento indefensa frente a los deseos que
sonsaca de mí. Cierro mis ojos y agarro en un puño su abrigo justo mientras
nuestros labios se unen.

En cuestión de minutos, las ventanas están nubladas. Los abrigos,


gorros, guantes y bufandas han salido de escena. Manos calientes
acarician mi cuerpo debajo de la sudadera, mientras nuestros labios
encuentran comodidad contra los del otro. Mis dedos pasan a lo largo de
su cuello y hacia su cabello, manteniéndolo cerca. Nunca se siente lo
suficientemente cerca… no hasta que nuestros cuerpos están unidos otra
vez.

Mi blusa se va mientras lo hace la suya. A pesar del invierno en pleno


aluvión afuera, dentro del auto nuestra piel está caldeada, calentada por
la otra cuando nos presionamos uno al otro, deslizándonos hacia abajo,
hasta el asiento. Mi respiración se vuelve más ruda mientras la necesidad
por el otro aumenta. Hace estallar el botón y baja la cremallera de mis
jeans. El reducido espacio se añade al desafío de nuestro striptease, pero
nos reímos, disfrutando la diversión del momento. Mis piernas están en el
aire mientras jala los jeans por mis tobillos. Cerniéndose sobre mí, mientras
nos ponemos más cómodos, su cabeza golpea la ventana para ayudarle
a equilibrarse mientras se quita sus propios jeans.

Se queda sobre mí y luego baja, su boca encontrando mi hombro


mientras rozo ligeramente mis uñas al bajar por su espalda. Me encanta la
sensación de su cuerpo. Bajo aún más sus calzoncillos bóxer mientras le
levanto, de tal manera que puede quitarse el resto de lo que nos separa.
Desnudos para el otro, el calor de nuestra pasión atraviesa el aire frío,
calentándonos.

Su deseo por mí se siente, su cuerpo duro ante la suavidad de mi


cuerpo.
—Te amo —susurra antes de bajar su boca hasta mi cuello y
adornarme con besos mientras su cuerpo se acomoda entre mis piernas—.
Te deseo. Siempre.

—También te deseo. Siempre. —Retorciéndome debajo de él, yo


añado—: Hazme el amor, Dann… —Sus labios capturan mis palabras y
llenan mi cuerpo con pequeños gemidos y gimoteos cuando presiona
dentro de mí, lentamente, cuidadosamente, amorosamente.

Su cuerpo se calma, su respiración se detiene, aparentando


detenerse en su pecho. Lo conozco bien. Hace esto cada vez que
hacemos el amor. Abriendo mis ojos, toco su rostro, acunando su barbilla
en mis manos hasta que abre sus ojos y me ve.

—Respira —le recuerdo suavemente.

Una áspera respiración se libera junto con la tensión en sus hombros.


Sonríe, se acomoda, entonces comienza a moverse otra vez, cada
ondulación de sus caderas golpeando profundo en ese estrecho ángulo,
ocasionando que ambos gimamos. No hay suficiente espacio para
inclinarse hacia atrás o hacia adelante, así que permanezco quieta, pero
extiendo mis brazos para aferrarme a cualquier cosa que pueda
alcanzar… el respaldo del asiento del conductor y el asiento trasero.

Nunca nos toma mucho tiempo alcanzar la cima y colapsar, nuestro


amor y deseo por el otro son tanto emocionales como físicos. Aunque sé
que debe ser incómodo, Danny permanece encima de mí por algunos
minutos más, solo porque sabe que me gusta.

Acaricio su espalda, sin querer perder esto, perderlo a él, y suspiro:

—Voy a extrañarte.

—También te extrañaré. —Nos reacomodamos hasta que estamos


sentados verticalmente otra vez. Se inclina hacia adelante, descansando
su cabeza contra el asiento. Aunque sus manos están relajadas a su lado,
la posición de su cuerpo me recuerda a El Pensador 5 , sus músculos
definidos como si fueran solo para mí en este momento.

5 El Pensador: Escultura modelada por Rodin.


Sostengo mi sudadera contra mi pecho hasta que se voltea y me
mira. Estirando el brazo, la baja. Con cualquier otra persona, me sentiría
avergonzada con ellos mirándome tan descaradamente. Pero no con él.
Sus expresivos ojos no son lujuriosos, acarician, haciéndome sentir hermosa,
haciéndome esperar que siempre me mire de esta manera.

—¿Tienes frío?

—No.

Su voz baja, acorde con el ambiente dentro del auto.

—No te escondas de mí, todavía no.

Trago.

—Bien.

Inclinando su cuerpo hacia el mío, se echa hacia atrás.

—Ven aquí. —Me meto entre sus piernas, recostando mi espalda


contra su pecho. Cuando envuelve sus brazos alrededor de mí, dice—:
Siempre serás el hogar para mí. No importa dónde nos encontremos en la
vida, siempre encontraremos nuestro camino de regreso al otro.

—¿Lo prometes?

—Tu corazón tiene el mapa. Solo tienes que seguirlo. Te llevará justo
de regreso hacia mí. —Besa mi nuca y sus brazos se aprietan a mí
alrededor.

Mirando por la ventanilla trasera, incluso a través del cristal nublado,


veo las estrellas en el cielo y sonrío. A pesar de la oscuridad, veo la luz. Mi
corazón siempre le pertenecerá. Mi fe está completamente envuelta en él.
Su fe en nosotros es inquebrantable, su corazón está latiendo a un ritmo
constante como el mío.

Cuando giro la cabeza, cierro mis ojos porque, aunque el espacio es


reducido, emocionalmente nunca me he sentido más cerca de este
hombre.

Nos relajamos, pero luego frota mis brazos.

»Deberíamos irnos. Está comenzando a nevar más fuerte.


—Me gusta estar aquí contigo.

Su pecho se levanta y cae cuando se ríe suavemente detrás de mí.

—Me gusta estar aquí contigo, pero no quiero que te congeles.

—Buen punto. —Trabajando para ponerme la ropa, me muevo al


asiento delantero para darle más espacio para que se vista.

Mirándolo a hurtadillas, siento mi amor crecer dentro, mi corazón


expandiéndose por el hombre. Nuestro amor es el mismo en tantas
maneras… apasionado, leal, honesto. También somos diferentes en
algunas maneras. Soy una planificadora y ambiciosa donde él es más
despreocupado, con una actitud de aprovechar el momento.

Siempre he tenido que trabajar duro por cada cosa, a pesar de mi


apariencia. No mucha gente, especialmente hombres, han tomado mi
determinación para triunfar seriamente porque soy considerada “bonita”.
Nunca he estado cómoda con que esa palabra me describa, no hasta
Danny. Él dice que soy bonita, pero veo algo más significativo en sus ojos.
Es una palabra muy sencilla de decir, pero empaquetada con muchísimo
más de lo que las seis letras representan. Él me hace sentir hermosa.

Mientras me siento en el asiento delantero del Jeep, el silencio de los


alrededores (de la noche entre nosotros) me abruma. Están sucediendo
cosas. Cambiando. Para él. Para nosotros. Le dije que firmarían con él. Lo
creía. Es hermoso y agradable. Es el paquete completo.

Danny había agotado la paciencia con la industria del modelaje


hace un año. Había estado en esto desde que tenía diecisiete. Pagó su
escuela, su renta, y todos sus gastos, pero no estaba yendo a donde él
había esperado. Eso fue antes de que hiciera una campaña local por
catálogo que le llevó a una reunión con un agente de las grandes ligas
que amaba descubrir “rostros nuevos”. Danny dudaba que fuera solo
acerca de su rostro, considerando que casi todas las tomas que hizo para
la agencia lo tenían en ropa interior. Sin embargo, no discutió. El agente
dijo que podía conseguirle trabajo y ha hecho justo eso. Cuando lo miro
otra vez, pienso sobre todas las repercusiones de la decisión que tomó. No
opinaré sobre ellas. Este es el fruto de su trabajo duro. Merece todo el éxito
que encuentre. Solo espero que sea tan bueno como suena.
DANNY

E
lla cree que no la veo. Lo hago.

Cuando Reese se mueve al frente del Jeep, mis ojos


están sobre ella hasta que me atrapa. Aparece una pequeña
sonrisa, pero aparta la mirada tímidamente como si nunca la
hubiera visto desnuda, como si nunca hubiera estado dentro
de ella. Como si ella no estuviera dentro de mí, consumiendo mi alma. La
amo. Más de lo que sabe. Necesito mostrarle. Quiero que sienta cuánto
significa para mí.

Sus ojos azules perforan mi corazón cuando me da un vistazo otra vez,


con sus mejillas todavía sonrojadas y acaloradas aunque está helando
afuera. Bajando mi mirada hasta los jeans con los que estoy luchando para
ponerme en el estrecho espacio, la culpa toma el control. No le he dicho
que estaré pasando las vacaciones en Europa. Retenerle información me
ha hecho sentir como un mentiroso. Estaré en un avión camino a Asia
mañana, y desviándose a Europa en el camino de regreso para hacer
conexiones para las semanas de la moda en París, Londres y Nueva York.
No le he dicho porque no quiero romper la promesa que le hice. No lo ha
dicho, pero sé que quiere un anillo, un compromiso que estoy más que
dispuesto a darle, porque quiero lo mismo. Pero, ¿cómo puedo hacerlo?
Iba a ser en navidad cuando lo haría, pero ahora ni siquiera estaré con
ella.

¿Quizás puedo hacer la pregunta en vísperas de año nuevo?

Pregunta:

—Estás en otro lugar. ¿En qué estás pensando?

Sonrío para ella.

—Solo pensando en mañana. Necesito ir a casa y empacar.

—¿Puedo pasar? —pregunta, como si no supiera ya la respuesta.


—Por supuesto. Siempre eres bienvenida. —Ella tiene lo básico en mi
casa, así que salto al asiento delantero y conduzco hasta mi apartamento.

Treinta minutos después, se sienta en el rincón de mi habitación, en mi


escritorio, y bebe café. Una maleta está abierta sobre la cama con
algunas prendas de vestir dobladas prolijamente dentro. Ella es mucho
mejor doblando de lo que yo lo soy. Si fuera por mí, lo arrojaría allí dentro y
lidiaría con ello después de llegar al destino final. Doblo, tratando de seguir
la manera que ella me mostró.

»Puedes estar aquí, lo sabes.

—Estoy aquí.

—Me refiero a cuando no esté aquí. Te puedes quedar aquí.


—Dándome por vencido, dejo caer el suéter en la maleta—. No tienes
privacidad alguna en tu dormitorio. Aquí tendrás todo el lugar para ti.

Pondera mi oferta, y luego dice:

—Sería un buen momento, ya que necesito estudiar para los finales.

Me sentiría mejor, menos culpable, si pudiera darle algo. No puedo


darle paz mental. Va a estar preocupada por mí. Pero silencio y paz de su
ruidosa compañera de habitación, eso se lo puedo dar.

—¿Ves? Eso funcionará.

—Gracias. —Relajada, con su cabeza reclinada, gira de un lado al


otro en la silla. De repente se detiene, se sienta derecha y pregunta—: ¿Por
qué tengo este mal presentimiento en mis entrañas?

Me detengo, nuestros ojos se encuentran. Mentir no me es algo


natural, pero tampoco dejo de estar familiarizado con una mentira blanca.
Pero con Reese, odio mentir. No lo hago. Confío en ella. Ella confía en mí.
No me malinterpreten. He tenido que decir una mentira blanca antes.
Como la vez que se puso esos espantosos leggins con los gatos fumando
pipas en ellos. Pero la amo lo suficiente para permitirle vestir lo que la hace
feliz, y esos malditos leggins feos la hacían tan feliz, así que mentí y le dije
que se veía genial.
Pero, ¿esto? Nuestro futuro está siendo arrancado justo debajo de
nosotros. En lugar de sentirme feliz por la oportunidad que se me ha dado,
estoy intranquilo por lo que estoy sacrificando en el proceso.

Caminando alrededor del colchón, me siento en el borde y la giro


para que quede frente a mí. Inclinándome hacia adelante, digo:

—Esto está bien. Todo bien. Haré algo de dinero y este trabajo podría
conducir a trabajos más grandes y más dinero. Podría llevar a grandiosas
oportunidades.

—Eso es lo que me preocupa.

La sonrisa que guardo solo para ella cubre mi boca y agarro sus
manos.

—Vamos a estar bien.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.
REESE
ONCE AÑOS ATRÁS

D
iez días, cinco horas, y reviso mi reloj. Treinta y tres minutos.
Debería estar trabajando en el examen frente a mí, pero no
puedo esperar para ver a Danny. Debe estar en casa en
cualquier momento.

Ha sido una tortura con la falta de viabilidad del servicio de llamadas


al celular fuera del país, y a su tarjeta de teléfono se le agotaron los
minutos en nuestra última llamada, hace casi cinco días.

La puerta golpea al abrirse y me incorporo, sobresaltada por el fuerte


ruido, pero cuando veo a Danny, me relajo como si hubiera encontrado el
hogar.

Danny camina hasta el auditorio y se detiene para mirar. Cuando me


ve, se gira hacia la profesora adjunta yendo hacia él y sonríe. Ella asiente y
lo saluda con la mano. Él da los pasos de a dos y se precipita por mi fila,
disculpándose con todo aquél que golpea y molesta a lo largo del
camino.

Sentándose a mi lado, su hermosa sonrisa aparece cuando levanto la


mirada.

—Danny —susurro, pero en voz lo suficientemente alta como para


llamar la atención de los que están realizando el examen a nuestro
alrededor—. Estás aquí.

Una chica sentada a mi izquierda es escandalosa en su exigencia:

—Shhhh.
Acuna mi rostro y me besa, y todas las solitarias noches que pasamos
separados desaparecen. Cuando nuestros labios se separan, se desatan
aplausos, el auditorio de los estudiantes de Comunicaciones 3.0 aúlla y
grita. Siempre el hombre del espectáculo, Danny Weston nunca
decepciona… ni a mí, ni a ellos. Se levanta y da una orgullosa reverencia
antes de besarme de nuevo.

La profesora adjunta silencia a todo el mundo, pero su sonrisa se


mantiene.

—Quedan treinta y cinco minutos. Sugiero que vuelvan al examen.

Todo el mundo se tranquiliza y toma mi mano para besarla.

—Hay más de donde vino ese para después.

—Esperemos que no sea tan público la próxima vez —bromeo.

—No puedo hacer esa promesa. Me encanta presumir a mi novia


—susurra después de obtener de nuevo una severa mirada fulminante de
la chica a mi otro lado.

Doy golpecitos con mi lápiz contra el pequeño escritorio frente a él


que tiene el examen esperando encima.

—Solo tenemos treinta y cinco minutos.

Agarra el lápiz que pongo delante de él y comienza el examen.


Cuando termino, me levanto silenciosamente, dándole los últimos minutos
para finalizar.

Diez minutos después, las puertas se abren y Danny sale. Mira a la


izquierda, luego a la derecha y cuando me ve, viene hacia mí. Es invierno,
pero el sol está resplandeciente en el exterior. Su mirada se desliza bajando
por mis curvas… hacia la cintura, alrededor de las caderas. Le encanta la
pendiente y se aferra. Nos une un vínculo implícito, una conexión
inconmovible.

—Hola allí, guapo. ¿Cómo te fue? —Sonrío cuando me la devuelve.

—Terminé. Creo que lo hice bien.


—Afortunadamente tenías una A al entrar en el examen. No creí que
lo lograrías.

Danny toma mi mochila y la balancea hasta su hombro antes de


agarrar mi mano. Salimos juntos y dice:

—Diría que lo hice justo a tiempo.

Me detengo cuando llegamos a la esquina del edificio. Parándome


de puntillas, lo abrazo, metiendo el rostro en la base de su cuello.

—Te extrañé.

Su cálido abrazo es lo que extrañé. Su dulce sonrisa y la manera en


que me mira… es una mirada envidiada por otros, una de la que leo en las
novelas de romance, y una que con frecuencia aparece en mis sueños. Así
que al verla de nuevo hoy, después de dos semanas, siento la necesidad,
una urgencia de tocarlo, de unirme a él de maneras que podrían terminar
en un corazón roto si no soy cuidadosa.

Hemos estado juntos durante más de un año, pero estas dos semanas
separados han sacudido nuestros cimientos. A diferencia de los cortos
recesos anteriores cuando fui a casa o él lo hizo por un fin de semana, este
fue el primer tiempo prolongado de separación, la falta de comunicación
cada día durante ese tiempo… la larga distancia, diferentes zonas horarias
y lo desconocido no habían ayudado. Había estado estudiando día y
noche, asistiendo a clases, y estado sola aquí en su apartamento, mientras
él está pasando el rato en una playa con mujeres escasamente vestidas
haciendo quién sabe qué. Mi imaginación siempre se apodera de mí si se
lo permito.

Cuando entramos en su apartamento, me pregunta:

—¿Quieres salir esta noche?

—Tengo dos finales mañana. ¿Cuándo son los tuyos?

Suspira y deja caer mi mochila justo al lado de la puerta.

—Mañana y el jueves. Entonces he terminado.


—Yo también. —Corriendo hasta la mesa del comedor, comienzo a
reunir mis papeles y libros. Mirando alrededor del apartamento, de repente
me siento incómoda—. Como que hice de este lugar mi hogar.

Lo sigo por el rabillo del ojo cuando entra a la cocina.

—Me alegra. Me gustan tus cosas aquí. —Cuando entro en la


pequeña galera de la cocina, soy agarrada y pegada a él. Apartando
algo de cabello de mis ojos, pregunta—: ¿Qué piensas respecto a mudarte
aquí el próximo semestre?

Besos salpicados en mi cuello son utilizados como armas persuasivas.


Sabe que soy débil ante ellos, pero me encanta demasiado el ataque
como para detenerlos. Cerrando mis ojos, respondo débilmente:

—No puedo.

—Puedes —es susurrado contra mi cuello mientras continúa besando y


succionando, tirando el cuello de mi blusa a un lado para tener más
acceso a mi piel desnuda.

Su magia está trabajando, pero a menos que quiera ser un feliz


charco de baba en el suelo, necesito parar para que podamos hablar.
Retrocedo con suavidad.

—Eres diabólico con tus besos dulces. Sabes cuán débil soy ante ellos.

Cuando se cierne hacia mí otra vez, sonríe.

—Lo sé. —Me escurro fuera de la cocina y directo hacia su trampa…


la habitación. De pie al otro lado de la cama frente a él, me persiguió aquí
adentro, pero se detiene con el colchón entre nosotros—. Te eché mucho
de menos.

—¿Qué extrañaste de mí?

—Eché de menos tu aliento cuando nos besamos. Eché de menos tus


manos sobre mí, cuando me tocas con el único propósito de
complacerme. —Se saca su camisa y la arroja detrás de él. Mis ojos bajan,
despertando otras partes de su cuerpo. Mientras trabaja en su cinturón y
jeans, dice—: Eché de menos estar dentro de ti y cómo, cuando estamos
así, nunca quiero estar en ningún otro lugar.
Mis labios se abren mientras mi expresión seguramente muestra mi
corazón. Nunca fui buena ocultándole mis emociones más profundas. Me
desea tanto como lo deseo. Se quita sus jeans, luego sus bóxers y se mete
debajo de las colchas. Levantando las colchas por el lado donde estoy de
pie, palmea la cama.

»Ven aquí —dice entonces—, te echo de menos cuando no estás


conmigo. Extraño la manera es que tus ojos forman dos medias lunas
cuando sonríes y aparece un pequeño hoyuelo en la parte superior de tu
mejilla cuando te estás riendo. —Me observa mientras me desvisto,
dejando que su mirada deambule libremente sobre mi cuerpo—. Echo de
menos acurrucarme contigo por la noche.

Me deslizo a su lado debajo de las colchas. Mientras yacemos allí en


la habitación, desnudos en los brazos del otro, no nos movemos.
Escuchamos… con cada una de nuestras respiraciones volviéndose más
superficiales, más ásperas y vacilantes.

Me pongo de costado, nuestros ojos se encuentran. Con mi dedo


trazando espirales imaginarias a través de su pecho, digo:

—Eché de menos besarte y tocarte. Te eché de menos a ti estando


dentro de mí y me siento la mitad de un todo cuando estamos separados.
—Estirándome hacia arriba, toco su mejilla—. Eché de menos la manera en
que me miras cuando crees que no veo. Extrañé reír. Nadie me hace reír
como tú lo haces. Y eché de menos que te acurruques conmigo por la
noche. Solo te eché de menos. —Lo beso—. Me alegra tanto que estés en
casa. —Moviéndome aún más cerca, nuestros cuerpos llegan a estar
enredados entre sí.

DANNY

R
eese Carmichael se siente como mi futuro envuelto en mis
brazos. Las chicas con las que posé durante el rodaje en las
Maldivas eran preciosas, pero superficiales. Reese tiene
profundidad y belleza, el tipo de belleza que, a pesar de mi popularidad,
siento que nunca tendré. Y me ama. Me ama tanto como yo la amo. Sí,
Reese es mía, pero lo más importante, será mía para siempre.

Al pensar en el anillo por el que ahorré, Año Nuevo no podría llegar lo


suficientemente rápido.

Ubicado entre sus piernas, empujo adentro. Un aliento es expulsado y


la absorbo. Mientras beso el lado inferior de su barbilla, dice:

—Estoy tan contenta de que no vas a irte de nuevo en cualquier


momento.

Todavía. No queriendo arruinar este momento para ella, o para mí,


me empiezo a mover de nuevo, ignorando la inevitable conversación que
pronto voy a tener con ella.

Unas horas más tarde, la calefacción está encendida, pero Reese


esta fría. Está usando un pantalón de pijama y mi sudadera, calcetines
suaves y está bebiendo café mientras estudia en la mesa.

La observo desde el sofá, quemando mi agonía en su espalda. La


honestidad nunca ha sido un problema entre nosotros, pero de repente se
siente como un obstáculo insuperable para mí. Puedo decirle la verdad y
arriesgarme a su ira o peor, una ruptura. Puedo mentir para mantener la
paz.

Pero la deshonestidad no es parte de mi maquillaje, especialmente


cuando se trata de Reese. Me gustaría saber, así que siento que ella lo
hará también.

—Besé a una chica.

La cabeza de Reese se sacude alrededor hasta que su dura mirada


aterriza en la mía.

—¿Qué?

—No significó nada. Tuve que hacerlo para la campaña que estaba
filmando.

Ella se sienta allí, inmóvil en silencio, así que continúo, liberando todas
las verdades mientras dejo caer los hombros.
»Tuvimos que besarnos en la playa, en el agua... en una cama. Tenía
que parecer real.

Una línea se forma entre sus ojos mientras gira su cuerpo hacia un lado
para mirarme.

—¿Lo fue? ¿Real?

Poniéndome de pie, niego con la cabeza.

—No. No, no lo fue. Pensé en ti todo el tiempo.

—Se supone que eso me haga sentir mejor, porque en este momento
me siento mal del estómago.

Corriendo hacia ella, me arrodillo a su lado y pongo mis manos en sus


piernas.

—No fue real. Fue todo en el set. Nada más, pero lo hice. Lo hice
porque tenía que hacerlo para el trabajo. Pero eso es todo lo que fue: un
trabajo.

—¿Te gustó?

—No. —Más o menos. No ¡Joder! Me siento mal sobre esa mentira no


importa lo pequeña que es. Ese más o menos me hace reevaluar en lo que
me estoy convirtiendo después de solo un trabajo—. No sentí nada por ella.
—Eso es cierto. Ella no era mi Reese. La modelo en las Maldivas era una
narcisista fumadora empedernida. Nadie vale el perder a Reese, especial-
mente no esa modelo.

EN LA ACTUALIDAD

M
e despierto por el sol quemando detrás de mis párpados.
Anoche "algo más fuerte" me llevó a hacer cosas malas...
cosas malas como beber tequila y el tequila nunca conduce
a nada bueno por mi experiencia. Está bien, esa vez en Ibiza fue bastante
buena… ¡Auch!
Me duele el cuerpo y la cabeza me late con fuerza. Me doy la vuelta
y justo fuera del borde del sofá. Cuando golpeo con fuerza los brillantes
azulejos blancos, me doy cuenta que estoy en casa de Luke. ¡Jodido
tequila! Rodando sobre mi espalda, me quedo allí y cierro los ojos de
nuevo. Una imagen de lo bien que Reese se veía en esa ajustada falda
negra compite con el golpeteo en mi cerebro. Mierda. Toda la razón por la
que estaba bebiendo tequila en primer lugar fue porque así no pensaría en
ella y aquí ella es el primer pensamiento que tengo en la mañana. Pensé
que había tenido éxito alejándola con el otro dolor que causó, pero solo
un cara a cara y todas esas viejas emociones resurgen. ¡Mierda!

Me siento y froto mis sienes. Cuando veo a Luke desmayado en una


silla del patio, comienzo a reír, hasta que la cabeza me duele, por lo que
me detengo. Agarrando una almohada del sofá, la tiro lo más fuerte que
puedo y lo golpeó en la cabeza. No se mueve.

Después de poner mis ojos en blanco, me pongo de pie lentamente y


me coloco las gafas de sol que están convenientemente ubicados en la
mesa de café junto a mí y me dirijo a la cocina. Agarro dos botellas de
agua de la nevera y busco en los gabinetes hasta que encuentro el
ibuprofeno. Armado con lo que espero sea un alivio rápido, vuelvo a la
sala, recojo la almohada de nuevo y golpeó a Luke sobre la cabeza.

—Despierta, princesa.

Un ojo, luego el otro se abren y un lado de su rostro se arruga.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Me estaba haciendo la misma pregunta. —Justo después de que


estaba pensando en el pequeño culo caliente de Reese. Dejo esa parte
fuera de la conversación. Luke nunca me dejaría vivir si no lo hago. Dejo
las pastillas y el agua, pero permanezco de pie—. ¿Qué paso anoche?

—Cervezas. Tragos. El pub. Más cervezas. Tequila. Panqueques, creo.


Janet…

—¿No quieres decir, Jenna?

—Nop.

—Tengo una palabra para ti: Jane.


—Si pudiera tener a Jane, no necesitaría a Janet o Jenna.

—¿Estás escuchándote a ti mismo? —pregunto, caminando hacia la


puerta—. Tal vez Janet y Jenna son la razón por la que no tienes a Jane.

—Tienes todos los consejos del mundo, excepto cuando se trata de ti.
Tengo una palabra para ti…

—No lo digas.

—Reese. —Se ríe—. Oye mira. Lo dije y no pasó nada. La tierra no se


abrió bajo tus pies y te trago entero. El apocalipsis no sucedió. El sol
todavía está brillando. Con demasiada intensidad podría añadir, ¿y
adivina qué?

—¿Eres un imbécil?

—Todos sabemos que soy un imbécil. Adivina de nuevo, Dan Man.

Comprobando mi reloj, me doy cuenta que tengo que irme si quiero


conseguir una siesta antes de la temida cena de esta noche. Finalizando
esta conversación, me giro y le pregunto:

—¿Qué? Solo dilo.

—Sobreviviste a escuchar su nombre.

—Lo que sea. Tengo que irme.

—Oye, ¿Danny?

—¿Qué? —grito por encima de mi hombro mientras abro la puerta.

—También hablas dormido.

Con mi mano en la manija, mi mirada aterriza con fuerza en la


madera de la puerta y miro justo adelante, congelándome en el lugar. Él
no necesita ningún estímulo de mí parte. Solo le di un montón de
municiones, y como el mejor amigo que es, no tiene miedo de usarlas.

»No me dejarás decir su nombre, pero lo balbucearás durante toda la


noche. ¿Cómo funciona eso cuando tienes a una amiga quedándose a
pasar la noche?
—Tenías razón en algo. —No dice nada, así que yo lo hago—: Eres un
imbécil. —Salgo caminando hacia mi Jeep. Sentado allí tomo las píldoras y
las bajo con agua. Enciendo el motor y voy a casa, molesto todo el
camino de regreso. ¿Qué carajos pasa con ella y mi supuesto mejor
amigo? No necesito que esa mierda me sea lanzada de nuevo. Puedo
tomar el consejo, incluso el mío de vez en cuando. Solo que no es
prudente hacerlo. Aprendí eso de la manera más dura hace diez años.

Seguir adelante.

Sip. Eso es lo que haré. Una vez más. Al igual que ella lo hizo tan
fácilmente sin mí.

Así que esta noche es solo negocios. Voy a sentarme, comer y beber
con ellos, seducirlos con encanto y hacer que nunca se lamenten de
contratarme. Estaciono en la acera enfrente de mi casa y con un plan
firme en su lugar, voy adentro y duermo durante unas horas.

Mis sueños son pesados, mi pasado vuelve a atormentarme.


REESE
L
os jardines alrededor del hotel son exuberantes, la habitación
vivamente decorada en toques florales, evocando la sureña
vibra californiana. Las puertas francesas están completamente
abiertas permitiendo que entre la luz del sol mientras estoy parada frente al
mini bar debatiendo si el rosado o el pinot grigio complementan el
enjambre de mariposas que ha invadido mi estómago.

Estaba preparada. Demonios, yo planeé la reunión. Tan pronto como


él entró en esa habitación hoy más temprano, descubrí que no estaba
preparada en lo absoluto.

Alto. Tan alto. Casi había olvidado cómo eclipsaba al hombre


promedio, sepultándolos en su sombra. Su sonrisa ilumina cualquier
habitación. Dos pequeños (e increíblemente sexys) hoyuelos que
atraparon más que mi imaginación, atraparon mi corazón. Mis
pensamientos eran difusos bajo la cálida mirada de la que había sido
privada por demasiado tiempo. Sus ojos jamás eran de un solo tono de
marrón, sino de veinte tonos desde la melaza hasta el jarabe de maple.
Incluso todos estos años después descubro en una oficina de LA que el
caramelo hace lo suyo, lanzando inmediatamente todas mis entrañas a
una total agitación como si fuera todavía mi yo de veintiún años.

Con una envidiable mandíbula cubierta con una ligera barba de más
de una noche, es definitivamente sexy, y el arrepentimiento
inmediatamente llena mi pecho por siquiera pensar que tenía alguna
oportunidad de superar a ese hombre. Pero su apariencia jamás fue el
problema.

No está bien que se vea tan malditamente bien después de todos


estos años. ¿No envejece como el resto de nosotros? Seguramente lo que
sea que esté haciendo para permanecer joven, así de caliente, justo
como lo hacía hace tanto tiempo tiene que estar en el mercado negro. Yo
en mi traje negro ejecutivo… ¡Ew! Estoy tan avergonzada.

El vestido azul. Debería haber usado el vestido azul. Estamos en Los


Ángeles, no en Manhattan. Una copa de vino rosado es servida y me paro
en el balcón, bebiendo, y observando sobre la piscina. La paz y
tranquilidad del hotel no calma mis arrepentimientos o cualquier otra cosa
que sea este sentimiento que me ha invadido… ¿mortificación? No,
demasiado fuerte. ¿Timidez? No, demasiado débil. Bebo otro trago para
apagar las dudas infiltrándose. Estoy atrapada en medio de un derrumbe
emocional cuando hay un golpe en mi puerta. La copa ha sido vaciada,
así que la dejo en mi camino a abrir la puerta.

Tan pronto como la abro, Vittori se apresura a entrar.

—Tienes que contarme todo. Todo. Hasta. El. Último. Detalle. —Su
acento parece haberse deslizado y un dialecto Neoyorquino lo ha
remplazado.

—Adelante —digo, ondeando mi brazo como si estuviera extendiendo


la carpeta roja, aunque él ya me ha pasado.

Camina directo hacia el balcón y mira hacia afuera. Cuando regresa,


se ve satisfecho, y dice:

—Bonita vista. —Se encoge de hombros—. La mía es mejor. Estoy


sobre el jardín y al parecer algunos vecinos cercanos han decidido tener
una fiesta en la piscina. Los invitados están desnudos y jugando con sus
pelotas.

—¿Qué? —la puerta se cierra de golpe detrás de mí y me quedo ahí


parada con los ojos muy abiertos mirándolo fijamente.

—Pelotas de playa, querida Reese. Dios, tu inocencia es encantadora.

Poniendo mis ojos en blanco, camino hacia la cama y me siento en la


orilla.

—¿Querías discutir la campaña? —No tengo idea de por qué está


aquí.
—No, —responde sentándose junto a mí. Con su mano dando
palmaditas a mi pierna, me mira como si estuviera siendo ridícula—. Quiero
discutir ese pedazo de hombre que no podía quitarte sus ojos de encima.

—Entonces, ¿no eres realmente italiano?

—No. —Ondea su mano en el aire—. Puf. Por supuesto que no. Como
un italiano de Brooklyn no podía conseguir las pasantías que quería en las
grandes casas de moda de Manhattan. Tienen estereotipos en la industria
y no encajaba en lo que estaban buscando en aquel entonces, así que lo
creé. —Poniéndose de pie de manera ostentosa, da una vuelta antes de
aterrizar pesadamente de regreso junto a mí—. Pero mantén eso como
nuestro secreto.

—Si es un secreto, ¿por qué me lo estás contando?

Otro encogimiento de hombros es seguido por su brazo


acercándome a él.

—Porque me gustas. Creo que eres maravillosa.

—En realidad no me conoces.

—Te conozco lo suficiente para ver que estamos cortados por la


misma tijera.

—Bonita referencia a la moda ahí —digo enderezándome—. Pero no


entiendo lo que quieres decir.

—Creo que sí. —Poniéndose de pie camina hacia el mini bar y ve en


su interior—. Necesitamos champán.

Es un remolino de frivolidad. Me encanta su energía, pero estoy


sorprendida por toda esta nueva faceta suya.

»Adelante. Ordena el champán.

—De acuerdo, señor elegancia. Tranquilízate. —Levanto el teléfono y


ordeno una botella de Veuve del servicio a la habitación, luego me le uno
en el balcón—. Ordenado. Creo que tu vista suena más interesante.

Animándose, su sonrisa crece.


—Sí, que envíen el champán a mi habitación. —Engancha su brazo
con el mío y dice—: Hay montones de cosas para alegrar la vista allá.
Andando.

Llamo y hago que envíen el champán hacia allá en su lugar y nos


dirigimos a su habitación. El champán llega al mismo tiempo que nosotros.
Observo a Vittori viendo al lindo chico de entregas que está abriendo la
botella y sirviéndola para nosotros. Le da una enorme propina al chico
dejando su mano en la suya por más tiempo del necesario hasta que el
chico sonríe y le agradece. El chico de entregas es obviamente
heterosexual dado que parece completamente despistado ante el
enorme coqueteo, pero es divertido de ver.

Su habitación es más grande que la mía y tiene un balcón con


camastros. Tomamos nuestras posiciones, fingiendo tomar algo de sol
cuando ambos estamos disfrutando observando la fiesta en la piscina
sobre la larga cobertura de setos y pared de ladrillo.

Vittori choca su copa con la mía y dice:

—Mi verdadero nombre es Vincent. Mi mamá me llama Vinnie. No


tienes que llamarme señor Vittori.

—¿Te puedo llamar Vinnie?

Asiente.

—Vinnie será. Ahora que me he confesado contigo, quiero escuchar


acerca de Danny el Modelo.

Las burbujas se atascan en mi garganta y escupo el champán. Me


ahogo. Toso. Agarro mi garganta y vuelvo a toser para aclararla. Mi voz es
rasposa, no sonando como yo en lo absoluto cuando intento hablar.

—¿Disculpa? —Vuelvo a toser e intento tomar una respiración


profunda para relajar mi garganta y tomar el control de mi respiración.

Se está carcajeando. De mí.

—Ahí está mi punto. —Sorbiendo su champán, veo una


perfectamente estilizada ceja elevarse en un claro arco de te lo dije.

Cuando mi respiración se controla, digo:


—No sé qué quieres decir.

—¿Estás segura de eso, Dulzura?

—¿Dulzura?

—Veo debajo de esa dura capa de azúcar tuya. Recibo las vibras de
las personas y las tuyas son buenas. Un poco dañadas, pero las de quién
no, así que deja de darle vueltas al asunto. Las chispas vuelan entre
ustedes dos. Me alejé para asegurarme de no quemarme.

Bufo y me doy la vuelta así estoy mirando al frente, incapaz de


mantener el contacto visual con él. De cualquier modo, verá a través de
mí si no lo hago.

—Apenas si nos dirigimos dos palabras el uno al otro.

—Ninguna cantidad de palabras hubiera bastado. Fuego, te lo estoy


diciendo. ¡En llamas! ¿Entonces toda esta campaña fue solo una treta? Ya
sabes, ¿para conseguir al hombre?

—No —sale apresurado de mi boca—. Jamás haría eso.

—Oh, tranquilízate Dulzura. —Le quita importancia ondeando su


mano—. Estoy bromeando con lo de la treta. Te he visto en acción durante
meses trabajando en este proyecto. Sé lo dedicada que eres con el
producto terminado. —Observándome de manera diabólica, palmea mi
brazo de manera juguetona y se inclina—. Pero era caliente, ¿cierto?

—Muy caliente. —Bien. Lo admito. Danny Weston es caliente.

Volviendo a llenar mi copa, levanta la mirada.

—Súper caliente. Ahora entiendo por qué es un supermodelo.

—Creo que hará que la línea masculina se vea extraordinaria. No es


que no lo sea por sí sola, pero en su cuerpo…—Me desmayo un poco por
dentro. Malditos sean él y su increíble cuerpo. Mi boca se seca mientras
intento recordar si sus hombros eran tan anchos en la universidad, pero
lucho para empujar hacia abajo el dolor que viene con los recuerdos.
—Puedes seguir tratando de cambiar el tema, pero soy realmente
bueno en arrastrarnos de vuelta a Danny y su conexión. Sentiste una,
¿cierto? Pareció como si la sentiste.

La velocidad de sus palabras, mezcladas con pensamientos de


Danny, hacen girar mi cabeza. Tal vez son mis emociones que se sienten
como si estuvieran girando fuera de control. Nuestra historia…

—No todos los cuentos de hadas terminan con un felices por siempre.

—Dime más.

Borracha.

Esto es lo que se siente estar borracha, aunque solo he tomado dos


copas.

—No me estoy sintiendo bien. —Pongo un pie en el suelo para


equilibrarme y luego poso mis ojos en algo quieto… mi monitor de
actividad Fitbit.

Aullando y gritando lo distraigo y Vinnie se precipita a la barandilla


para obtener una mejor visión de los hombres en la fiesta de al lado.
Mientras se abanica a sí mismo, proclama:

—Buen Señor, ten compasión de mi alma, esto es de lo que las


fantasías están hechas.

—Tal vez deberías unirte a la fiesta —sugiero, disfrutando de su


reacción hacia los musculosos hombres. Hasta que me siento y consigo un
mejor vistazo—. ¡Caray! —Me pongo de pie y me uno a él en la
barandilla—. Creo que no estaba prestando suficiente atención. Oh por
Dios.

—Oh por Dios es correcto.

Otro minuto pasa, entonces se gira para mirarme, levanta sus gafas
de sol a la parte superior de su cabeza, y realmente me mira.

—Eres realmente bonita.

Un rubor inunda mis mejillas por el inesperado cumplido.

—Gracias.
—¿Qué estás usando para la cena?

Diez minutos más tarde salgo del baño y entro al dormitorio, y después
giro para él.

—Solo tengo este vestido conmigo.

—Me encanta. Te queda a la perfección. Pero no quiero que te vistas


para mí.

—¿Qué quieres decir?

—Este vestido es ideal para funciones… negocios, cócteles, incluso, el


teatro —dice, cambiando su acento para imitar los círculos sociales
superiores de Manhattan—. Quiero que te vistas para bajar calcetines.

Con una mano en mi cadera y una mirada que respalda mi actitud,


digo:

—Y déjame adivinar. ¿Tienes justo en mente a la persona a la que


quieres que le baje los calcetines?

Asiente con entusiasmo, y responde con una enorme sonrisa:

—Danny.

—No creo que eso esté en las cartas.

—Chispas. Fuegos artificiales. Ustedes dos las tienen. La química entre


ustedes es tan inflamable que es caliente.

Inflamable… una palabra más verdadera nunca dicha. Pero en el


fondo, no puedo evitar querer verme asombrosa delante de él. Hacerlo
arrepentirse de lo que dejó ir.

—¿Me ayudas a verme mejor?

—Lo tienes, nena. Encuéntrame mañana a las cuatro en punto.

Estando de pie allí un minuto más, un debate continúa en mi interior.


Por mucho que encuentre atractivo a Danny, aun encontrándolo
atractivo, nunca estuvimos destinados a estar juntos o lo estaríamos ahora.
Malditos sean esos amplios hombros y las fuertes manos que solían
abrazarme.
Hay tanto que manejar de vuelta en Nueva York, para tratar con él.
No estoy en condiciones de incluso pensar en una relación, y mucho
menos una con Danny Weston.

Vinnie me empuja juguetonamente hacia el baño, y demanda:

»Ve a cambiarte ese vestido y volvamos a mi habitación con vistas al


chico caliente.

Al día siguiente faltan dos horas para la cena y estoy de pie sobre un
pedestal en el centro de la sala de exposición de Vittori en Rodeo con no
menos de cuatro dependientas criticándome en un diseño muy
sofisticado. Me remuevo incómoda bajo el rígido satén y aparto la gran flor
sobre mi hombro a un lado para que no golpee mi cara.

—Estoy pensando que esto podría ser un poco demasiado para la


cena.

—Oh querida —dice una mujer alta, de cabello negro azabache


peinado hacia atrás en un moño apretado—, es Spago. Solo vas a Spago
para ser visto, así que si vas a ser vista, podrías también lucir fabulosa.

Vinnie está de acuerdo, su acento italiano regresa a participar


mientras se frota la barbilla.

—Se ve divino en ti. Pero no es el adecuado para esta noche. Prueba


con la falda negra y la blusa a juego.

Los cinco se relajan y empiezan a beber su champán mientras bajo y


desaparezco en el vestidor. Una más pequeña, pero súper diminuta,
vendedora aparece justo mientras me deslizo la falda y la acomodo en su
lugar. Sube la cremallera en la espalda y sonríe.

—Sí, este es el traje. Para quien quiera que sea esta vestimenta está
intentando que no tenga una oportunidad.

—Es para mí —corrijo rápidamente, negándome a reconocer que


Danny tiene algo que ver con mi elección de vestimenta.

Una comisura de sus labios se eleva.

—De acuerdo.
No tiene sentido discutir, así que salgo y los mirones de la sala de
exposición irrumpen en aplausos.

Vinnie se acerca y me entrega un par de tacones de tiras negras.

—Pruébate estos.

Mientras me siento y me pongo los zapatos, amarrándolos en el tobillo,


dice:

—Tienes las piernas larguísimas. ¿Por qué escondes todo esto? Tus
activos venden, Dulzura.

—No estoy tratando de venderme a mí misma. Soy toda sobre vender


los productos de otros, como los tuyos. Mis activos no entran en juego.

—Lamento diferir, pero ahora entiendo por qué Keaton esta sobre ti.
¿O debería decir, no sobre ti?

Cuando miro hacia arriba, mis ojos se encuentran con los suyos.

—¿Qué no sabes sobre de mí?

—Solo soy observador. —Me ofrece una mano para levantarme y soy
unos buenos seis centímetros y medio más alta que él ahora, incluso con su
cabello esponjado alcanzando su altura completa—. Él es el equivocado
para ti, ¿lo sabes?

—No quiero hablar de él.

—Sí, listilla. Vamos a centrarnos en Danny el Modelo en su lugar


—canturrea alegremente.

Poniendo los ojos en blanco, agrego:

—¿Qué tal si no hablamos de ninguno? Esta noche es técnicamente


una reunión de negocios y estás tratándola como si fuera una cita doble.

—Mark es lindo —dice con brusquedad—, pero no es mi tipo. Ahora


Danny por otra parte…

—Entonces ve por él y déjame fuera de tu esquema de


emparejamiento.
—Está bien. Voy a dejar de molestarte, pero prométeme que usarás
este maravilloso Vittori. Fue hecho para tu cuerpo y es mi regalo para ti.

Sonriendo, camino hacia el espejo entre los oh y ah del equipo de


ventas. No puedo negar su talento. El traje es increíble. Y con una pequeña
inclinación de mi cabeza, tengo que concedérselo. Me veo increíble en
este. Inclinándome hacia adelante, lo beso en cada mejilla.

—Es asombroso.

—Tú eres asombrosa.

Y justo así tengo un aliado de lo más inesperado, un nuevo amigo que


quiere lo mejor para mí cuando estaba empezando a creer que no lo
merecía.

—Gracias.

—No me des las gracias todavía. Tenemos que irnos. Tienes una cita
en la peluquería para una transformación con un buen amigo mío a pocas
cuadras de aquí y no quiero llegar tarde.

—¿Mi cabello también?

—Bueno, por supuesto, querida. Te guste o no, voy a tener a todos


babeando por ti. —Su acento natural, reaparece y susurra—: Y además de
eso, estás conmigo. No puedo tener un cabello liso como un palo cuando
estás en una de mis creaciones. Mi ropa rezuma sexo y tú ya tienes el
atractivo, así que vamos a unirlos. Y lograr que el atractivo sexual se
produzca.

—Tienes suerte de que este traje sea tan impresionante o discutiría


que mi cabello está bien.

—Sí, tu cabello es genial, pero es tan Nueva York. Vamos a ser LA. LA
es todo sobre el cuerpo —afirma, señalando mi cabeza y luego hacia
abajo por mi cuerpo para hacer su punto—. Ahora pon ese culo en
marcha.

Sintiéndome descarada, sacudo mi culo solo para él.

—Oh, está en marcha. Vamos, andando. Tengo citas calientes esta


noche y no quiero llegar tarde.
—Esa es mi chica.

—Oye, Vinnie, no me dejes beber demasiado. No me pongo medio


borracha. Voy directamente de sobria a ebria en un instante. Es raro.
Nunca he sido capaz de soportar el licor. —Pierdo el control de mi mejor
juicio, especialmente alrededor del sexy Danny Weston—. Cuatro tragos y
terminé. ¿Está bien?

—Cuatro serán.
DANNY
—S
anta mierda —murmuro en voz baja y giro en el segundo
que veo a Reese de pie en el bar. Me tiemblan las
manos y salgo rápidamente. Necesito distancia. Ella no
debería lucir tan buena. Joder. La edad, solo la ha beneficiado. ¿Cómo es
eso posible? Todo el mundo está envejeciendo, algunos no tan
agraciados, entonces viene Reese a explotar eso en mi rostro.

—Señor, ¿tiene su tiquete del valet?

Miro hacia el chico de pie en un uniforme de valet.

—¿Eh?

—¿Se está yendo?

—No, me quedo. Solo necesito un minuto. —Doy un paso al costado


para sentirme menos torpe.

—Ohhh —dice como si supiera lo que estoy pensando—. ¿Problemas


de mujeres?

Joder. Tal vez él sabe.

—No. No tengo problemas con las mujeres.

Él asiente.

—Bien. Oiga, ¿vio a esa morena de la falda negra? Hombre oh


hombre, es ardiente.

Entrecerrando los ojos en el chico (el chico que es muy joven para
siquiera mirar a Reese), le pregunto:

—¿La mujer en el bar?


Él mira por encima de mi hombro y a través de las puertas de cristal.
Cuando se vuelve de nuevo hacia mí, dice:

—Sí, ella. Un bombón, ¿verdad?

—¿No eres un poco joven para ella?

—LA es la tierra de las Cougars. Aman a los más jóvenes. —Mete sus
manos en sus bolsillos como si fuéramos camaradas que estarán aquí por
un tiempo—. Creo que es soltera. Podría tratar de conseguir su número
cuando se vaya.

—Joder que lo harás. Ella está conmigo. Mantén tus ojos y manos
fuera, mocoso.

Poniéndose rígido, la columna del chico se vuelve recta bajo el


regaño y sus ojos abiertos como platos.

—Lo siento mucho, señor. No tenía ni idea. Mis disculpas. —Se va


corriendo a dónde van los valets para ocultarse cuando no los necesitan.

Camino al interior, enojado, y directo hacia ella. Está sola. Vittori ha


desaparecido, dándome la oportunidad perfecta para enfrentarla. Me ve
y ahora tiene los ojos abiertos como platos. Tan pronto como llego a su
lado, pregunta:

—¿Estás bien?

—No, no estoy bien —le susurro por lo que solo ella puede oír,
tomándola del brazo y tirando de nosotros más cerca.

—¿Qué pasó? —pregunta preocupada, como si no supiera lo que


está haciendo. Puf. Eso es basura.

—Tú. Esto. ¿Qué carajos está pasando?

Toda su postura se suaviza bajo mis manos, así como su expresión.

—No debería haberte presentado a Vittori. Sabía que le encantarías.


Yo... esperaba que dejáramos atrás nuestro pasado, nuestra historia, pero
puedo ver que te he molestado. Lo siento, Danny.

Mientras la miro, escuchando sus palabras mientras flotan con


vergüenza, me doy cuenta que está malinterpretando lo que quiero decir.
—No, el trabajo es bueno. Es genial en realidad. Gracias por eso, pero
estoy hablando de lo que llevas puesto.

Su cabeza se sacude hacia atrás, luego sus manos corren por su


falda, una inocencia apareciendo en sus ojos azules… casi como si no
supiera lo caliente que se ve.

—¿Mi traje?

—Sí, el traje. —Me paso la mano por el cabello—. Maldición, Reese.


¿Cómo se suponía que actué profesional cuando estás vestida así?
—Sacudiendo mi cabeza para mí mismo, me doy cuenta de lo imbécil que
sueno. Un imbécil celoso de hecho.

Una sonrisa cubre al instante su rostro. Su mirada se arrastra sobre mi


cuerpo, deteniéndose en algunas partes, antes de llegar a mis ojos de
nuevo y coquetear.

—Gracias. Tú también te ves bien.

Se ríe y es como si el sonido nunca se subiera ido, se quedó conmigo


todos estos años, recordando el más tierno de los recuerdos. Su mano
cubre la mía que ha permanecido en su brazo.

»Creo que necesitamos ponernos al día pronto.

—Estoy pensando en lo mismo. Mientras tanto, ¿no nos conocemos?

Suspirando, dice:

—No lo sé. No estaba segura de qué hacer. Parecía más fácil fingir
que no lo hicimos en el momento. ¿Tú qué opinas?

Me gustaría responderle, pero su mano todavía está en la mía, casi


sosteniéndome allí. El calor me está afectando, haciéndome desear
tocarla de otras maneras. De mala gana, aparto mi mano y jaló mi cuello.
Ella es una distracción. Demasiado tentadora. La estrecha proximidad. La
corta falda de cuero negra. El valet haciendo comentarios sobre ella. Esta
noche tengo que pensar con la cabeza, no con mi polla. No soy su novio.
Estoy trabajando con ella, lo cual me recuerdo, la pone en la categoría de
“no follable”.

Doy un paso atrás, poniendo distancia entre nosotros.


—Creo que deberíamos apegarnos a los negocios.

Su cabeza se mueve lo más mínimo y baja su tono, sonando


decepcionada:

—Tienes razón.

Estoy decepcionado también. Siento mi estómago revolverse.

—¿Puedo conseguirte un trago? —Seguro como el infierno que yo


necesito uno.

—Tengo una copa de vino. Gracias. —La recoge de la barra y toma


un largo trago. No puedo evitar mirar su garganta mientras lo hace. Joder,
eso es caliente. Necesito esa bebida. Tropiezo hasta el bar, chocando con
un chico por accidente—. Un borbón. En las rocas. —Al mismo tiempo que
el camarero toma la orden, echo un vistazo a Reese que está ajustando la
correa alrededor de su tobillo. Al ver ese culo, ese cuerpo, esas piernas...
me aclaro la garganta, y ansiosamente añado—: Que sea doble.

—Escocés en las rocas. —Escucho decir por encima de mi hombro.

Dejo caer mi cabeza, reconociendo la voz de Mark. Trago mis ridículas


emociones y sereno giro hacia él—. Llegas tarde.

—Es bueno hablar contigo. —Nos damos la mano—. Cómo está...


—Mira por encima a Reese. Vittori se ha vuelto a unir a ella y están
hablando en la distancia—. ¿La señora Carmichael y Vittori?

—Distracción. —Mierda. No debería haber dicho eso.

—¿Distracción? No pierdas este contrato para nosotros, Weston.

Le alcanzo su bebida y tomo la mía, chocando los dos tragos.

—No te preocupes. Mis ojos están puestos en el premio —digo,


mirando a la morena que luce peligrosamente deliciosa esta noche.

—Es por eso que estoy preocupado. —Se aparta, y el anfitrión del año
entra en acción con su saludo—: Señor Vittori. Señora Carmichael. Es
bueno verlos de nuevo. Parece que nuestra mesa está lista si ustedes lo
están.
Nos acomodamos en parejas mientras la mano de Mark descansa en
la espalda baja de Reese guiándola hacia adelante mientras caminamos.
Los celos comienzan a crecer cuando me doy cuenta de que él tiene
permitido hacer eso y yo no, y nunca lo tendré.

—Hermosa. ¿No te parece?

¿A quién estoy engañando? Nunca seré capaz de mantenerlo


profesional entre nosotros. Mirando el culo de Reese, fácilmente admito:

—Por supuesto que lo es.

—Me refería a la ropa. Es de mi nueva línea. Pero ella es muy hermosa


también.

Lo observo. Un destello de algo está atrapado en sus ojos e


intercambiamos una breve mirada de complicidad. Somos llevados a una
mesa para cuatro y saco la silla de Reese antes de sentarme directamente
enfrente de ella.

—Gracias, Danny.

—No hay de qué.

—Esto es acogedor —dice Mark, escaneando la habitación.

Mirando brevemente el alrededor, me doy cuenta de unos cuantas


famosos dispersos por la habitación, unos no tan famosos cerca de la
ventana, y tres Lakers. En mesas demasiado cercanas a en la que somos
llevados, como para estar cómodo, hay dos mujeres con las que preferiría
no toparme. He dormido con ambas: una actriz cuando era principiante
antes de que la fama le llegara, y una modelo. Me arrepiento de ambas,
pero no me detengo en los arrepentimientos, excepto uno y ese incluiría a
la mujer sentada enfrente de mí. Bajo mi cabeza, esperando que no me
vean.

El vino es pedido para la mesa. Ordeno otro borbón, habiendo


terminado mi primero antes de dejar el bar. Tan pronto cuando el mesero
se va, Reese dice:

—Hemos confirmado el estudio y dos locaciones para la sesión de


fotos de Nueva York. Aún estamos esperando el extranjero. Visitamos Paris
hace cuatro días, pero al fotógrafo no le convencieron los primeros sitios
explorados.

Vittori interrumpe.

—Leí que Danny hace rodaje de exploración.

—Lo hago. Lo he hecho. Incluso he hecho fotografías profesionales.


Solo en caso que todo este asunto del modelaje no funcione.

Reese dice:

—¿Hubo alguna duda? —Su tono es más serio de lo que ha sido, una
pesadez recubriendo sus palabras.

Mark dice:

—Creo que está saliendo muy bien, mejor que nunca. Danny, aquí,
siempre ha sido un modelo trabajador, pero su nombre, buena reputación,
y lugar en la industria ha crecido exponencialmente durante los últimos
cinco años.

—Al igual que sus cheques de pago. —Vittori sonríe mientras el vino es
vertido.

Mark añade:

—Su valor devuelto bien supera su paga.

—No tengo duda. Estoy más que feliz de pagar su tarifa. Mi ropa es la
mejor, entonces no es nada más que natural hacer equipo con el mejor.
—Sosteniendo su copa, dice—: Brindo por una relación fructífera.

Después que brindamos, Reese añade:

—Hemos contratado a Rebecca Lange para que maneje el


guardarropa y contrate maquillistas. Hemos trabajado con ella antes y
sabemos que ha trabajado contigo muchas veces. Pensamos que podría
hacer la sesión de fotos más cómoda con rostros familiares.

—Justo acabo de terminar un trabajo con ella —digo—. Es genial


trabajar con ella.

Reese y Vittori lucen complacidos, y ella responde:


—Es bueno escuchar eso.

Pasamos por tres platos y lucho para mantener mi mirada fuera de


ella. Sus labios. Recuerdo besarlos como si fuera esta mañana. Su cabello.
Reflejos de castaño y dorado eran resaltados por la luz del sol cuando
caminaba por el campus solo para verme. Sus pechos. Están más grandes.
Recuerdo lo bien que se sentían en mis manos. Cuando se disculpa para ir
al baño, la observo alejarse. Sus piernas eran geniales cuando estábamos
juntos. Era corredora. Por cómo se ven ahora, ha estado en forma.

Cuando atrapo sus ojos en mí, no sonrió. No puedo. No entiendo por


qué este inquietante sentimiento está adentro. Es desconcertante y está
poniéndome fuera de mi juego.

—Danny Weston.

Mi atención es llevada a la derecha, siguiendo mi nombre. Mierda.


Esto podría ir muy mal.

—Cherry Menger. —Me levanto y nos damos falsos besos, cosa de


Hollywood, o eso pensaba hasta que sus labios con su rojo cereza de
marca, se presionan con fuerza en los míos. Hubiera preferido los falsos a
esos labios tocándome de nuevo—. Ha pasado un tiempo.

—Las órdenes de restricción tienden a hacer eso.

—La retiré —respondiendo, mantengo mi tono ligero y amigable. No


quiero una escena, especialmente no en medio de Spago. Eso se volvería
viral antes de que nos sirvieran el postre.

Sus manos se aferran a mí. Su agarre se aprieta, atrapándome en el


lugar. Cuando ve que no hay nada en mis invitados, dice:

—Disculpen la interrupción. Solo tenía que venir a saludar a Danny.


Realmente ha pasado mucho tiempo. ¿Deberíamos juntarnos? —Luce
esperanzada, pero sus ojos observan a Reese cuando regresa a la mesa, y
luego a mí. Su tono disminuye—. ¿Vas a presentarme a tus amigos?
—Reconocimiento aparece en su rostro y chilla—: Oh por Dios. Eres el señor
Vittori. Adoro tu ropa y uso tu perfume.

Comienza a inclinarse hacia abajo, pero él se levanta y se dan los


besos falsos. Atrapo la mirada de Reese en Cherry antes que mire hacia
abajo reacomodando su servilleta en su regazo. Todo el escenario me
recuerda el por qué rompimos.

El postre es servido y lo utilizo como una oportunidad.

—Si nos disculpas, es una cena de negocios.

Dramáticamente, su mano vuela a su pecho.

—Oh sí, lo siento. Señor Vittori me encantaría vestir uno de sus trajes
para los Oscar este año.

—Si eres invitada, por favor contáctame. Sería un honor.

¡Auch!

Desconcertada, responde:

—Por supuesto que lo seré. Tengo tres nuevas películas estrenándose.

—Fantástico. Por favor haz que tu gente llame a mi gente.

Ella le agradece, aunque puedo ver la irritación en su rostro cuando


se voltea hacia mí. Besándome en la mejilla de nuevo, dice:

—Fue bueno verte de nuevo. Llámame alguna vez.

Me siento cuando se aleja después de no acceder a tener algo que


ver con ella. No estoy tan loco. Las actrices demasiado emocionales no
me interesan. Alzando la mirada, Reese se ha comido la mitad de la
rebanada de pastel de chocolate enfrente de ella antes que yo haya
tomado mi primer bocado.

—¿Cómo está?

—Bueno —responde rotundamente, sin levantar la mirada.

Tomo un bocado, pero sé que no debería comerlo. No con la sesión


fotográfica de Vargo en dos días. Apartándolo, elijo el borbón en su lugar.
Conozco a esta mujer. Bueno, conocía a la chica. Sus celos son evidentes.
Y estoy absolutamente fascinado por su reacción considerando que ella
fue la que se marchó. Continuó su vida sin ningún problema, así que
necesito jugar esto bien. Puedo continuar mi vida ahora o descubrir por
qué aún estoy tan jodidamente atraído hacia ella.
Mirando de nuevo a Reese, parece estar buscando respuestas por su
cuenta por la manera en que está jugando con su postre.

—¿Reese?

Levanta la mirada, tenedor en mano, casi en su boca.

—¿Si?

Necesito pensar rápido. Mi necesidad de hacerla sentir mejor, de


aliviar su estrés por la situación con Cherry me hizo abrir mi gran boca y
atraer atención no deseada por parte de Mark y Vittori. Mientras los tres se
me quedan viendo, digo abruptamente:

—Tu copa está vacía y Mark mencionó que quería hablar con el señor
Vittori sobre algo… ehm… que tiene que ver con eso. —Toso y me levanto
abruptamente—. ¿Te gustaría unirte a mí en el bar?

Sus hombros se enderezan y acomoda gentilmente su tenedor en la


mesa.

—Oh, está bien. Sí, podemos darles un poco de privacidad. —Mirando


a Vittori, dice—: Y luego pueden unirse a nosotros en el bar.

Vittori sonríe.

—Sí, estaremos aquí… para hablar. Ahora ustedes dos vayan.

Mark me está frunciendo el ceño hasta que Vitorri y Reese miran en su


dirección. Ese ceño fruncido cambia, y una media sonrisa lo reemplaza.

—Claro. Dennos un momento. Estaremos ahí de inmediato.

Ayudo a Reese a levantarse sacándole la silla, y comento:

—Genial.

Mientras nos alejamos, Reese me susurra por encima de su hombro:

—No sé lo que estas tramando, pero más te vale que sea bueno,
Weston.

—Siempre fue bueno. Solo lo has olvidado.

—Entonces por favor recuérdamelo —reta.


Con mi mano en su espalda, me inclino, muy cerca de su oreja y
susurro:

—Créeme, tengo intención de hacerlo.


REESE
É
l es el caballero perfecto, tal vez incluso más que cuando estaba
en la universidad. Danny me ayuda a subirme a mi banco y luego
se sienta al lado de mí. Después de hacer nuestro pedido, se
cuela un incómodo silencio.

Entonces él va en primer lugar, intentando con una charla casual,


como si no tuviéramos un enorme elefante rosa de diez años sentándose
entre nosotros.

—¿Te está gustando tu visita en LA?

Juego a responderle con una respuesta educada y aburrida.

—He estado varias veces a lo largo de los años, y cada vez es un


soplo de aire fresco en mi vida gris de Manhattan. —Cuando mis ojos se
encuentran con los suyos, veo una preocupación que debe tratar de
ocultar. No hay ninguna duda de cómo dejó que Cherry Menger lo
marcara con sus labios rojos a pesar de lo coqueto que ha estado
conmigo. Su aversión hacia mí probablemente domina todas las otras
emociones que es capaz de sentir. La venganza es dulce y al parecer él
tiene un diente dulce esta noche. Sentada más recta agrego—: No quiero
sonar sombría. Pero creo que estoy cansada de viajar. Europa, Nueva York
y Los Ángeles, todo en cuatro días, me tienen agotada.

Lo observo mientras habla, la forma en que sus labios forman las


palabras y recuerdo cómo se solían sentir contra los míos.

—Eso es viajar demasiado. Todavía no estoy acostumbrado a ello y


viajo todo el tiempo.

Tomando un sorbo de mi bebida, dejo que mantenga mi atención el


tiempo suficiente para reconsiderar lo que estoy haciendo, lo que estamos
haciendo. No puedo fingir cuando estamos solos. Es muy cierto que (de
todo) lo que existe entre nosotros, fingir no forma parte de ello. ¿Está
tratando de torturarme con su actitud fría y caliente? Sus ojos se desvían a
mi escote, y de repente soy muy consciente de cada pequeña insinuación
entre nosotros. Toco la tela de mi ropa y me pregunto si en el fondo la
estoy vistiendo para él. ¿Quiero su atención? ¿Dios, estoy tan desesperada
pensando que podría, incluso si lo hacía? Él tiene millones de fans
femeninas. ¿Qué querría con la chica que se fue? Pero, él está mirándome
otra vez como si podría haberme perdonado. Estoy tan confundida. Niego
con la cabeza y digo:

—Lo has hecho bien, Danny. Felicidades por tu éxito. Es lo que siempre
quisiste.

—Quería otras cosas también.

No puedo sostener su mirada cuando está arraigada con sus


emociones. Siempre revelaba todo con sus cálidos ojos marrones.
Apartando la mirada de él, digo:

—Supongo que no podemos tener todo. —Me arrepiento de


inmediato por el sarcasmo—. Lo siento. Eso fue grosero y fuera de lugar.

—Es diferente.

—¿Qué lo es?

—Nosotros. Somos diferentes. Estamos aprendiendo cómo navegar


por esta nueva relación. La única en la que no nos conocemos el uno al
otro, no nos amamos más el uno al otro desde hace tiempo, no… Una
donde nosotros… donde no hubo un nosotros… donde nunca existimos.

Las palabras cortan a través de mi corazón, dejando al descubierto


los sentimientos que había enterrado. Mi pecho se siente frío. La exposición
duele más de lo que esperaba.

—Esto es más difícil de lo que creí que sería.

Asiente, bebiendo el agua que ordenó en lugar de responder. Espero


no haberlo ofendido. Lógicamente, no debería importarme… pero lo
hace. ¡Agh! ¿Por qué me importa? Me fui por una razón. No puedo
ablandarme ahora.
»Podemos hacerlo. Nos beneficiará a ambos si lo hacemos. Tú
consigues un contrato de varios millones de dólares y pones en marcha
una línea enorme. Yo logro el acenso que he luchado por ganar por dos
años. Es un ganar-ganar.

—Si podemos hacerlo.

Robando un vistazo suyo, tomo mi vino en una mano.

—Ambos somos profesionales y no tengo ninguna duda de que


seremos capaces de convencerlos. —Después de una inyección de valor
líquido, trato de aprisionar las tontas nociones que una vez sostuve tanta
fuerza. No soy la chica que una vez lo adoró. Soy una ejecutiva de
publicidad profesional y he trabajado duro para llegar a donde estoy,
para ser capaz de manejar cuentas de este tamaño y presupuesto. Mis
objetivos no van a ser dejados a un lado por una cara bonita y un calzado
número trece.

Bajando la mirada, no puedo evitar fijarme con un poco de temor en


los lindos zapatos italianos y su tamaño. ¿Sus pies eran tan grandes en la
universidad? Mis recuerdos nunca lo desestimaron… Toso. Su tamaño. Él es
definitivamente un hombre ahora, no el chico que una vez amé.

Sus ojos se encuentran con los míos, una determinación llenándolos.

—¿Pero podemos convencernos a nosotros mismos?

—Estoy segura de que no tendrás problema para seguir adelante.


Siempre has sido muy bueno en seguir adelante.

Me observa. Descaradamente se queda mirando directamente a mis


ojos. Mi respiración se atasca en mi garganta y trago saliva. Cuando
exhalo, el aire se hace más profundo, mi cuerpo se calienta mientras mi
pecho sube y baja. Me giro para ver a Vinnie y a Mark caminando hacia
nosotros.

Su tono profundo y dulce me atrae de nuevo.

—Puedes bajar tus armas, Reese.

—Eso espero. —Pongo una sonrisa en mi rostro, me levanto y camino


para encontrarme con los demás, no siendo capaz de ser el centro de su
atención por más tiempo. Sus ojos eran siempre tan vivos, vibrantes, llenos
de posibilidades, y tan enfocados… en mí. Una vez florecí bajo su mirada
de adoración, pero ahora me siento pequeña, más débil de alguna
manera. Cuando alcanzo a los otros, respiro más tranquila por el indulto y
pregunto:

»¿Estamos listos para irnos?

Vinnie sonríe, un feliz brillo alcoholizado cubriendo sus ojos.

—Vamos a volver al hotel por un trago antes de dormir. —Mira sobre


mi hombro y sé a quién está mirando, así que no me molesto en girarme.
Cuando me mira de nuevo, envuelve su brazo con el mío y caminamos
hacia la puerta—. Mark y yo tenemos un tema que nos gustaría discutir un
poco más. Voy a viajar con él de regreso al hotel, así que habremos
terminado para el momento en que lleguemos.

Mi brazo se aprieta alrededor de su muñeca en pánico.

—No me importa si hablan de negocios enfrente de nosotros. Estoy


segura de que a Danny no le importará. Deberíamos andar todos juntos. Es
más económico de esa manera.

—Oh, cariño. El dinero es la última de mis preocupaciones.

—Está matando el planeta. No tiene sentido poner dos emisiones


adicionales a la destrucción de nuestra Madre Tierra. Realmente
deberíamos ahorrar gasolina.

Finalmente se detiene, permitiéndoles a Danny y a Mark caminar por


delante de nosotros y salir por la puerta.

—¿Qué sucede contigo? ¿Realmente estás preocupada por las


emisiones de gases?

—Lo estoy. Es decir, sí, lo estoy. Me importa el planeta, pero, por favor.
No puedo estar a solas con él en este momento.

—Vamos —dice reconfortante. Salimos y dos Prius están esperán-


donos—. ¿Ves? No hay necesidad de estar preocupada. Los autos
eléctricos son la demanda. ¿Sabes lo fantástico que es eso?

—Pensé…
—Sé qué pensabas, pero confía en mí —susurra—. Esto es lo mejor.
—Soltándome, se apresura a entrar en el primer auto—. Nos vemos en el
hotel.

—Fue un esfuerzo valiente —dice Danny, saludando en dirección al


automóvil de Mark y Vinnie—. De hecho, creí que te importaba la Tierra.

—Realmente me preocupo por la Tierra.

Él sonríe.

—De acueeeerdo.

Le doy a Danny una mirada sucia.

—No seas condescendiente conmigo.

—Está bien. —Se ríe—. Ups. Simplemente se me escapó.

Quiero mirarlo más, pero verlo sonreír y escuchar su risa me destroza.


Esas cosas siempre lo hacían.

—Eres ridículo.

—Pero lindo.

Burlándome, digo:

—Lindo no es la palabra que utilizaba para describirte.

—¿Era sexy? ¿Guapo? ¿Caliente? ¿Bueno en la cama? ¿Viril?

—¿Viril? ¿En serio? ¿Quién utiliza esa palabra?

—Yo lo hago. Tú lo hiciste. Para describirme, debo añadir.

—Argh. Eres incorregible.

—Así que hay esperanza después de todo.

—¿Esperanza de qué?

—Esperanza de que a lo mejor podamos ser amigos de nuevo.

—Estuve siempre demasiado enamorada de ti como para ser amigos.


Eso lo calla. La sonrisa desaparece de su rostro, la diversión
desaparece fuera del Prius. Mira por la ventana mientras mi mente corre,
corriendo a través de lo que dije y de lo que quería decir y…

—Yo también estaba demasiado enamorado de ti —dice, mante-


niendo su mirada apartada, distraído por todo y con cualquier cosa fuera
del auto.

—Estábamos teniendo un buen momento, civilizado incluso, y yo voy y


lo arruino. Danny, lo sien…

—Te estás preocupando. No lo hagas. Está bien.

Me recargo en el asiento, sintiéndome desinflada y emocionalmente


agotada por la noche. Me alegra que el hotel no esté demasiado lejos.
Inclino la cabeza hacia atrás, cierro los ojos, descansándolos, y lista para
que este viaje llegue a su fin.

Pero entonces algo sucede. Algo que no vi venir.

Desliza su mano por mi muñeca y une nuestras palmas presionándolas


contra la otra, nuestros dedos entrelazados. No abro los ojos. No sé por
qué, aparte de que no quiero que su mano suelte la mía. Trago saliva y
suena fuerte para mis oídos. Espero que no pueda escuchar lo nerviosa
que estoy. Entonces le oigo tragar y eso me hace sonreír.

Levanto la cabeza, abro los ojos y miro hacia abajo, a nuestras manos
unidas. No me tomo esto a la ligera. El peso se hace sentir a través de
nuestro tacto, la presión y el calor de nuestras palmas juntas.

Manteniendo la voz baja, íntima entre nosotros, dice:

»Está bien. Vamos a estar bien.

—Sexy.

Me mira, sorprendido por mi respuesta.

Continúo:

»Guapo. Caliente. Bueno en la cama. He usado todos ellos para


describirte. —Le doy una pequeña sonrisa que se siente bien compartir—.
Podría haber incluso utilizado viril una o dos veces.
Cuando una pequeña sonrisa aparece en sus labios me siento bien de
nuevo, justo como él prometió.

El conductor habla demasiado pronto.

—Estamos aquí.

La mirada de Danny se encuentra con la mía, un intercambio de


miradas, un entendimiento de que todo en realidad podría estar bien. La
puerta es abierta y de mala gana bajo. Vinnie y Mark están caminando
hacia adentro y Vinnie mantiene la puerta abierta para mí. Al pasar, dice:

—¿Todo está mejor?

Lo empujo con el brazo.

—La venganza es dulce, amigo.

Él ríe.

—De nada.

Girando hacia atrás, le doy un guiño y articulo con mi boca:

—Gracias.

Mientras caminamos por el vestíbulo, como que desearía que Danny


toque mi espalda de nuevo. No sé por qué encontré eso tan
increíblemente sexy, pero lo hice. Haciéndome preguntarme si debería
sentirme mal por gustarme tanto como lo hizo. Me saco la culpa que
produce y decido que una copa más me ayudará a olvidar mucho más
rápido.

Llegamos al bar y encontramos un privado redondo en la esquina. Me


deslizo dentro, siguiendo a Vinnie, y Danny se desliza justo a mi lado. Mark
se instala al final, después de Danny. Cuando la camarera toma nuestros
pedidos, Mark le da una tarjeta para cubrir todo.

—Quiero dejar esto claro ahora. Las bebidas van de mi parte.

Vinnie cubrió la cena, lo cual fue muy generoso considerando la


elevada cuenta, así que es amable de parte de Mark hacerse cargo del
resto. Los beneficios del negocio. Antes de que me pierda demasiado en
mis pensamientos, el pie de Danny golpea contra el mío, atrapando mi
atención. No digo nada, pero tampoco muevo mi pie.

La noche es tranquila, relajada, algo que nunca pensé que sucedería


con nosotros. Vinnie y Mark cortan el hielo, haciéndonos comportarnos, y
manteniendo la conversación ligera. Cuando le pregunto cuál es su
ciudad favorita, Danny dice:

—Lincoln. —Como si no hubiera ninguna duda. Tal vez para él, no la


hay.

En cuanto a mí… no he decidido mi ciudad favorita.

Mark pregunta:

—¿Nebraska?

—Sip.

Vinnie entrecierra los ojos con incredulidad.

—Nunca he estado en Nebraska, pero me tienes intrigado. ¿Qué hay


en la ciudad que la hace tan especial?

La copa gira lentamente bajo sus dedos mientras reflexiona su


respuesta antes de hablar.

—Tal vez no es la ciudad, sino las personas las que son especiales.

—¿Alguien en particular? —pregunta Mark, sin comprender la caja de


Pandora que está abriendo.

Con gran atención, no puedo apartar mi mirada de él. Sus piernas se


remueven debajo de la mesa, su rodilla golpeando la mía. Me mira antes
de girarse hacia Mark de nuevo y responde:

—Nadie en particular.

Exhalo un suspiro contenido desde hace mucho tiempo.

Ruidosamente.

Todo el mundo me mira, pero Vinnie toma los honores.

—¿Estás bien?
Odiando la atención, cepillo mi cabello detrás de mi oreja y sonrío.

—Sí, bien. —Me muevo—. Ha sido divertida esta noche, pero podría
ser hora de que me vaya a la cama. El vino se me ha subido a la cabeza y
el desfase horario me ha alcanzado.

Justo cuando estoy a punto de imitar un bostezo, Danny me permite


un espacio suficiente para escapar.

—Debería acompañarte hasta los ascensores.

—Gracias, pero no tienes que hacer eso.

—Quiero hacerlo. Por seguridad.

Si la mirada de Mark tuviera algún efecto de sonido, creo que sería el


timbre de 100 latinos dijeron. Aunque es silenciosa, siento el efecto
deseado alto y claro.

Danny lo ignora y me ofrece su brazo.

—En verdad —digo—. Esto es demasiado. Estaré bien.

Él no se mueve, por lo que me rindo y tomo su brazo, envolviendo el


mío alrededor del suyo, y miro a Vinnie que está prácticamente
aplaudiendo del entusiasmo por el espectáculo. Después de una corta
despedida de buenas noches a los hombres, caminamos a través del bar y
a través del vestíbulo. Mi corazón está latiendo con tanta fuerza que me
temo que lo escuchará por encima del clap de mis tacones resonando en
el mármol.

No decimos nada. No lo hago porque no tengo ni idea de qué decir.


Él no lo hace hasta que llegamos al ascensor.

—¿Te vas mañana?

—Sí, tengo un vuelo en la tarde de regreso a Nueva York.

—¿Quieres almorzar?

—¿Contigo? —pregunto sorprendida, pero consciente de que podría


ser ofensivo—. No quiero decirlo de esa manera. Solo… solo me tomaste
por sorpresa.
—Tal vez no debería haber preguntado. —Saca su brazo hacia atrás
lentamente cuando nos detenemos frente a los ascensores.

—Podría ser bueno ponernos al día. —Demasiado bueno, suspiro en


silencio. Cuando lo miro, observo dentro de su dulce mirada, estoy más
que atraída por él. Es entonces cuando me doy cuenta de lo fácilmente
que podría enamorarme de él. De nuevo. No puedo pasar por esa
angustia dos veces. Ni siquiera debería ponerme en ese tipo de situación—
. Me encantaría ponernos al día. —Espera ¿Qué? ¡Mierda!

—Bueno. Te recogeré a las once. Puedo llevarte al aeropuerto


después.

—¿Danny? —Me balanceo, alcanzando algo sólido. Eso solo pasa a


ser su bíceps. Mi cabeza puede estar girando pero maldición, está duro
como una roca… mi mente va a otros lugares duros como rocas.

Agarrando mis hombros, me estabiliza.

—¿Estás bien?

Tocando mi mejilla, niego con la cabeza libre de los pensamientos de


sus lugares duros y trato de estabilizar mi mente, centrándome en su rostro
en su lugar, en su ah tan guapo rostro.

—Necesito ir a la cama. Estoy un poco borracha y estos zapatos son


realmente altos. Probablemente no una buena combinación para mí. —Se
abre la puerta del ascensor.

—¿Qué tal si te ayudo a llegar arriba?

Tomando un gran aliento, con la esperanza de recuperar la sobriedad


milagrosamente, digo:

—No creo que eso sea seguro. No es una buena idea.

—¿Estás segura? —Se ríe—. Seré un buen chico.

—Ese es el punto, señor Weston. —Lo señalo, en un intento de


demostrar que no estoy borracha, aunque mi boca parece tener mente
propia—. No creo que pueda ser una buena chica alrededor de ti. —Lo
empujo en el pecho, lo cual hace que me balanceé de nuevo.
Con un firme control sobre mí, me apoya en el ascensor y justo en la
esquina. Por lo general, me gustaría protestar por la metáfora, pero se
inclina hacia adelante para presionar el botón y estoy inundada de
recuerdos traviesos de cuando estábamos juntos en la universidad. Y tengo
curiosidad por cómo seríamos ahora… en la cama.

—¿Qué piso?

Mi culo está apoyado contra la barra de latón a la que me estoy


aferrando. Me rindo con las protestas falsas y empiezo a ir con el ritmo, su
sexy ritmo para ser precisos.

—El cuatro.

Presiona el botón y se inclina hacia atrás, nuestros cuerpos apretados.


Soy más inteligente, pero al igual que hace años, nos hemos deslizado en
este nivel de comodidad que me relaja.

»Debería estar enojada contigo.

El dorso de su mano roza la mía.

—¿Y por qué es eso?

—Sabes que cuando bebo me marea y me golpea con fuerza.


—Apoyo mi cabeza contra su hombro—. ¿O lo has olvidado?

Se ríe de nuevo, más tranquilo, encajando en el pequeño espacio. La


puerta del ascensor se abre y toma mi mano como si le perteneciera…
algo en lo que voy a tener que pensar una vez que esté sobria. Por ahora,
se siente demasiado bien. Él se siente demasiado bien para dejarlo ir.
Mientras caminamos, su fuerza me debilita. Siempre lo hizo.

»Estoy en la 404.

—Siempre has sido un diez para mí —responde casualmente y me da


un guiño.

—¡Jaja! Listillo.

—Todavía lo eres Reese.

Le doy un codazo.
—Ayyy, y tú, mi amigo, siempre fuiste el encantador. —Nos detenemos
frente a mi puerta y apoyo mi espalda contra la pared empapelada de
flores, se siente muy bien. Realmente debería poner algún tipo de muro,
pero estoy demasiado cansada para intentarlo.

Nos quedamos ahí un minuto antes de que él mire hacia atrás por el
pasillo hacia el ascensor. Cuando sus ojos se posan en los míos de nuevo
dice:

—Creo que deberíamos conseguir que entres.

Alcanzándolo, toco el puente de su nariz y arrastro mi dedo hacia


abajo y presiono el final cuando lo alcanzo.

—Debería. Podría. Haría.

Su sonrisa, la forma en la que el lado izquierdo se eleva ligeramente,


es muy sexy. Sus labios son sexys. Quiero besarlos. Quiero que me besen. Mi
dedo se mueve sobre sus labios y admiro la forma en que se mueven. Es
tan condenadamente tentador.

»Siempre he amado tus labios.

—Tu llave, Reese. ¿Está en tu bolso?

—¿Mi llave? —Él asiente con la cabeza y me doy cuenta que quiere
decir la llave de mi habitación—. ¡Ah! Sí, mi llave. —Alcanzo hacia abajo y
abro mi bolso, sacando la tarjeta. Él me la quita y la desliza en la ranura,
hacer incluso esa pequeña acción parece mucho más travieso y sexy de
lo que debería, o de lo que incluso creería posible.

La puerta se abre y él me escolta al interior. Voy a la cama, necesito


acostarme. Tan pronto como lo hago, sus dedos se deslizan por mi espinilla,
encendiendo mis piernas con una energía sexual, haciéndome olvidar
todo acerca de los calambres en las piernas que tuve el otro día. Más lejos,
más lejos. Apenas respiro a la espera de lo que está a punto de hacer.

Oh.

Ayy. Mis pies se sienten tan bien, libres de los confines de los tacones.

Me quita un zapato y luego el otro, y me empujo hacia arriba,


moviéndome a una posición para dormir.
»Gracias —murmuro. Mi cabeza fusionándose en la cómoda
almohada.

Se sienta en la cama junto a mí mientras mi cuerpo se estira sobre el


colchón. Estirándose hacia adelante, empuja mi cabello lejos de mi rostro.
Si estuviera consciente, no habría permitido que entrara en mi habitación.
La forma en que me está mirando, la sensación de su piel tocando la
mía… es demasiado peligrosa para mi corazón, para mi cuerpo en un
estado tan vulnerable. Se inclina y besa mi mejilla, y lo dejo porque me
gusta tenerlo cerca, incluso más cerca. No debería, pero lo hace. ¿Cómo
puede no hacerlo? Siempre me he sentido atraída por este hombre, por
Danny. Mi Danny. Entonces, él susurra:

—Para que quede registrado, lo recuerdo todo sobre ti.

Estoy cansada. Mis ojos se cierran por sí mismos mientras el mundo de


los sueños me empieza a llevar, pero me las arreglo para decir:

—Tú me olvidaste, Danny. Me olvidaste.


DANNY
C
on mi espalda contra la puerta, permanezco por unos
cuantos minutos. Una mucama me mira mientras camina por
el pasillo. Cuando pasa, me saluda:

—Buenas noches, señor.

—Buenas noches —contesto, apartándome y alejándome de la


habitación de Reese a regañadientes. Quiero quedarme. Quiero hacer
más que quedarme, pero mi destino fue sellado con su último coctel. A
pesar de su estado, supo cómo golpearme duro, golpearme cuando no
podía discutir de vuelta.

—Me olvidaste. —Se reproduce repetidamente en mi mente, mientras


bajo las escaleras de regreso al bar. Me dejé caer desde la altura en que
estaba tan pronto como murmuró esas cuatro palabras, afectándola
suficiente para repetirlas mientras se quedaba dormida. Cuando llego al
primer piso, deslizo mis manos por mi cabello antes de girar en la esquina.
Mark y Vittori están hablando parados cerca de la entrada, cuando me
uno.

Vittori me da una mirada como si tuviéramos un secreto juntos. Dice:

—Te fuiste por un buen rato. ¿Llevaste a la señorita Carmichael a la


cama?

¿Qué?

—¿Disculpa?

—Estaba cansada. ¿Supongo que te aseguraste de que regresara a


su habitación?
—Sí, no te preocupes —digo, más breve de lo que debería ser con él
considerando que es mi nuevo jefe. Todavía estoy confundido por estar
con Reese arriba, pero tomo una respiración profunda y exhalo, tratando
de encontrar el equilibrio que tuve antes de verla esta mañana—. Está
profundamente dormida. —Vittori luce contento con esta noticia. Mark me
está fulminado con la mirada. Lo ignoro y me concentro en el único que
está prácticamente chillando de alegría. Vittori pregunta:

—¿Supongo que tiene tu número por si necesita algo?

—Lo tiene —respondo, encontrándolo fácil de complacer.

La mirada de Mark está congelada en el mejor de los casos. Lo


descongelaré mañana al recordarle que nada pasó.

Mark responde:

—Ojalá que tenga una buena noche y esté lista para el vuelo a casa
mañana. Si hay algo que pueda hacer durante el resto de tu estancia,
tienes mi tarjeta. Siéntete libre de llamarme. —Sacude la mano de Vittori y
le desea una buena noche.

Vittori me da un guiño y se dirige hacia el ascensor después de


despedirse. Cuando Mark y yo caminamos afuera, se detiene y pregunta:

—Se honesto conmigo. No la follaste, ¿o sí?

Mientras finjo estar ofendido, recuerdo las muchas veces que la follé.
Pero desde que está actuando como un imbécil y refiriéndose a esta
noche, respondo sarcásticamente:

—Nop. Se quedó dormida entes de que pudiera.

—¿Estás jugando conmigo? Será mejor que estés jodiéndome.

Golpeándolo en el pecho, rio.

—Cálmate. No hice ningún movimiento con ella. Cuando despierte en


la mañana, solo recordará el perfecto caballero que fui… Si recuerda algo
en absoluto.

Su postura se relaja y sonríe. Bueno, tanto como Mark puede


conseguir sonreír, lo cual no es mucho.
—Es caliente.

Bajo mis defensas. Ella no es mía para sentirme posesivo por más
tiempo.

—Lo es.

—Podría haber modelado.

—¿Podría haber?

—Es demasiado mayor para estar comenzando en este negocio


ahora.

—No puedo tener esta conversación. —No sobre ella. No esta noche.
La ligereza que teníamos se ha ido—. Debo ir a casa. Estoy demasiado
cansado.

Por la forma en que sus ojos están entrecerrándose, tiene una mejilla
levantada y sus cejas inclinadas hacia abajo, está claramente
desconcertado. Al igual que yo. Por mi propio comportamiento. Es por eso
que necesito irme. Un taxi se detiene y me apresuro hacia él, necesitando
salir de aquí antes de que diga secretos que no deberían ser compartidos.

»Hablaremos pronto.

—No olvides a Vargo.

—No lo haré —respondo y cierro de golpe la puerta conmigo dentro.


Le doy al conductor la dirección de mi casa e inclino mi cabeza hacia
atrás. Mirando hacia afuera por la ventana, las luces de los negocios
parpadean hasta que llegamos a la autopista. La oscuridad es deseada.
Necesitada en realidad. Me siento expuesto. Mi corazón está sobre mi
jodida manga y no quiero que nadie sea testigo de ello.

En casa, vacío mis bolsillos, arrojando todo sobre la encimera de la


cocina y alcanzo un vaso. Me molestaría con el vaso si alguien más
estuviera aquí, pero como estoy solo, no me mentiré a mí mismo.

Con la mitad de una copa de borbón en mi mano, camino hacia la


habitación y me desvisto luego de unos fuertes tragos del líquido color
ámbar. Las sábanas están frías. Jodidamente odio las sábanas frías. Me
meto de todas formas ya que no tengo opción más que calentarlas yo
mismo. Agarrando el control remoto, abro las cortinas. No hay ninguna
vista desde aquí, pero ver las pocas estrellas que puedo ver en el cielo es
mejor que beber en la oscuridad. Las estrellas son mejor compañía que mis
pensamientos esta noche.

La botella se balancea sobre mi pecho mientras descanso allí. Lo


levanto para tomar un sorbo y lo bajo de vuelta, dejando al alcohol
calentar mi garganta y bajar por mi pecho. Cerrando mis ojos, recuerdo
demasiado… demasiado…

Mi cuerpo la inmoviliza contra la pared. Su puerta es el siguiente


obstáculo en este viaje a casa desde la fiesta. Solo la deseo a ella. La he
deseado por tanto tiempo. Me inclino hacia adelante y beso a Reese. Sus
manos apretadas sobre mis hombros, tirándome más cerca. Inclina su
cabeza hacia atrás y dice:

—Mi compañera de cuarto se ha ido.

Esto es todo. Meses de tensión acumulada nos han conducido aquí.


Siento como que estoy a punto de explotar.

—Dios, te deseo tanto.

—Yo también. —Se da la vuelta y mete su llave en la cerradura. La


habitación está oscura, pero la conocemos de memoria. Hemos tanteado
nuestro camino alrededor de este dormitorio muchas veces mientras nos
besábamos. Pero esta noche es la noche. No quiero vacilar, quiero ser
perfecto para ella y ya que mi compañero de cuarto está anotando con
una Tri-Delt, la habitación de ella es nuestra única opción.

Me guía hacia su cama tamaño queen. Nuestra respiración puede ser


escuchada hasta un distractorio nivel.

—¿Deberíamos poner algo de música?

—Claro. —Camina hasta su mesa de noche y pone una canción.

Mi cabeza se inclina hacia un lado.

—¿Esa es una boy band?


—Sí, me gusta esta canción.

—No puedo tener sexo contigo por primera vez mientras ellos están
cantando sobre piruletas y amor infantil. —Miro hacia abajo—. Ya estoy
poniéndome blando con solo escucharlos.

Se ríe.

—¿Y qué pasa con la clásica?

—Está bien, pero no Beethoven. Ningún hombre puede estar a la


altura de esos crescendos.

—No sabía que sabías mucho sobre música.

—Un poco. No mucho.

—Está bien —pregunta—: ¿y Maroon 5?

—No. No quiero competir con Adam Levine.

—¿Amy Winehouse?

—Demasiado depresiva.

—¿Barry White?

—¿Tienes a Barry White?

Niega con la cabeza.

—No, pero escuché que se suponía que es música sexy.

Tomando su mano, la tiro de regreso a la cama. Aterriza junto a mí,


toda sonrisas y oliendo maravilloso.

—No necesitamos música. Haremos la nuestra.

Besa mi mejilla y luego se sienta para sacarse la blusa. La habitación


se vuelve silenciosa de nuevo mientras la observo. He visto sus pechos
muchas veces, los he sentido, besado, pero saber que este es solo el
comienzo y no el final, cambia todo. Levantándome sobre mis codos, me
inclino para conseguir una mejor vista.
Sus botas de nieve, calcetines y jeans se van después. Sigo el ejemplo
y me quito la camisa y jeans luego de sacar mis botas y calcetines. No se
molesta en quedarse con su ropa interior, así que yo tampoco. Se recuesta,
pero esta vez encima de mí.

Mis manos recorren sus costados. Es pequeña comparada conmigo.


Delgada, pero tiene buenas curvas. Me giro, queriéndola debajo de mí la
primera vez. Comenzamos a besarnos y nuestros cuerpos se mueven el uno
contra el otro hasta que mi rodilla se desliza entre sus piernas. Está mojada
y follando mi pierna. Joder. Me reacomodo, necesitando estar dentro de
ella.

Estirándome, tomo un condón del bolsillo de mis jeans. Ella se desliza


arriba y abajo por mi pierna, su respiración errática hasta que sus ojos están
apretándose cerrados y su boca se abre.

—Danny, por favor, te necesito.

—No voy a durar.

—Yo tampoco lo haré —susurra.

Cuando se abre más, me muevo, luego me reacomodo y me pongo


el condón. Cubro su boca con la mía otra vez, mis caderas presionando
entre sus piernas. Solo sentirla envía olas de anhelo sexual corriendo por mi
cuerpo. Joder. Tengo que calmarme.

Su mano toca mi mejilla y dice:

»Ve lento, al principio. ¿De acuerdo?

Asiento, las palabras parecen imposibles. Besándola otra vez,


lentamente me empujo dentro de su acogedor calor.

Mis pensamientos están flotando, mi cuerpo envuelto por la más


increíble sensación. Quiero decirle que la amo, pero soy lo suficientemente
consiente para saber que ahora no es el momento. Retrocedo y empujo
dentro otra vez. Abriendo mis ojos, veo su bonito rostro, ruborizado con
emoción. Dice:

»Es mejor de lo que pensaba.

Me detengo.
—¿Mejor de lo que pensabas? Uhmm.

Riendo, se corrige:

—No. No. Eso no es lo que quiero decir. Solo que siempre supe que
sería increíble contigo. Es incluso mejor que increíble. —Me relajo y
comienzo a moverme otra vez. Agrega—: Como mucho mejor. Dios, esto
se siente tan bien. Te sientes tan bien.

—Tú también. Te sientes increíble. —Beso su cuello—. Esto te hace mía.

—Siempre he sido tuya, Danny.

…No estoy seguro en qué momento me termino el borbón o en qué


momento me quedo finalmente dormido, pero me despierto cuando el sol
está elevado. Fuerte. Incómodamente fuerte. Siempre he sido tuya, Danny.
Excepto que no lo fue. No ha sido mía por más de diez jodidos años.
Cerrando las cortinas, intento volver a la cama, sin molestarme en
comprobar la hora, e ignorando la urgencia que tengo de masturbarme
hasta recordar la primera vez que tuvimos sexo.

¡Que se joda!

Me hago cargo del asunto y vuelvo a la cama.

Las 9:37 me devuelven la mirada desde el reloj de la mesa de noche.


Las once. Le dije a Reese que la recogería a las once. Mientras estoy
acostado allí un minuto más, el peso de la noche anterior cae sobre mí. Mis
ojos queman, mi cuerpo pesa. Unas cuantas horas más de sueño
ayudarían, pero no perderé esta oportunidad de pasar algo de tiempo
con ella. Demasiadas preguntas continúan sin ser respondidas.

¿Cómo es que sigue soltera?

¿Por qué escogerme para este trabajo?

¿Tiene novio?

¿Cuán apegada está a Nueva York?

¿Cómo es que luce tan jodidamente increíble?


Y, la única pregunta que ha ardido dentro de mí por más de una
década. La única pregunta sobre la que estaba demasiado dañado para
enfrentarla antes… antes de ahora

¿Por qué no se había aparecido?

Me meto en la ducha, dejando que el agua corra hacia abajo por mi


cabeza. Con mi rostro bajo la regadera, me doy cuenta de que he
pensado más en ella, en nuestro pasado en las últimas veinticuatro horas
de lo que he hecho desde que la vi en Nebraska.

Éramos personas diferentes en ese entonces. Claramente no la


conocía en absoluto. Es esta vida, la única que he creado después de ella,
no pronuncio su nombre. No hago hincapié en nuestra historia. No veo las
fotos que tengo dentro de esa caja de zapatos Nike enterrada en el fondo
de mi armario. Ella no existe en mi vida, en este mundo que nació de
nuestra ruptura.

Pero ahora tengo que hacerlo. Ella está de regreso en mi vida,


exigiéndome verla debido a esta campaña, olerla, pensar en ella, tocarla
porque no puedo estar así de cerca de ella y no hacer ninguna de esas
cosas.

La balanza se siente sospechosamente inclinada a su favor. ¿Cuánto


tiempo estuvo planeando esta reintroducción en mi vida? Y si tenía todo
esto preparado, ¿por qué estaba tan distante durante la reunión? ¿Por
qué estamos fingiendo que no nos conocemos, para su beneficio, el mío o
el de ambos?

Había tenido tiempo para prepararse, para planear esta reunión, pero
yo no tuve un aviso o advertencia en absoluto. ¿Qué es lo que realmente
quiere de mí? ¿Qué espera ganar más allá de usar el nombre y reputación
que he construido en esta industria?

Estoy tan jodidamente confundido. Tal vez no quiero jugar este juego.
O, tal vez es hora de que tome el control de regreso. Tal vez empezaré a
hacer mis propias demandas.
DANNY
¡J
oder, se ve caliente!

Maldición, mírala.

Me alejo del Jeep y voy hacia ella. Su mirada está hacia


abajo mientras jala su maleta detrás de ella. Cuando la
levanta para encontrarse con la mía, una pequeña sonrisa, una que revela
más de lo que ella probablemente quiere, aparece. A esa chica le gusta lo
que ve y a mí me gusta que le guste… que yo le guste, incluso si es solo el
paquete lo que le gusta… mi paquete.

Riendo cuando la alcanzo, pregunta:

—¿De qué te estás riendo?

—Ni siquiera quieres saberlo. —Cubro su mano sobre la asa de su


maleta y no la muevo.

Preocupación cambia el color de sus ojos mientras observa los míos.

—¿Qué?

Me inclino hacia adelante y beso su mejilla. Ella no me ve cerrar mis


ojos, o se da cuenta que me quedo más de lo que debería. Se queda ahí
parada con mi frente tocando su sien. Cuando me vuelvo a enderezar,
confieso:

—Es bueno verte.

Un lado más suave se filtra en su tono, la emoción llegando a sus ojos.

—También es bueno verte. —Empieza a volverse a mover, pero


cuando yo no cedo, se detiene. Su voz es más suave esta vez—. ¿Danny?

—Dilo de nuevo.
—¿Es bueno verte?

—No.

—¿Danny?

No sé qué mosca me ha picado… o a lo mejor no estoy listo para


admitir qué.

—Sí. Una vez más.

—Danny —dice con una sonrisa.

—Extrañé el escucharte decirlo.

Se mece hacia atrás.

—Estás siendo bobo.

—Estoy siendo serio, Reese.

Una mirada en mi dirección revela que mis encantos están


funcionando con ella. Cuando sus mejillas se sonrojan, sé que lo están. La
parte ridícula es que estoy siendo honesto con ella. Jugaré a la segura y
disimularé el coqueteo para proteger a la inocente… Reese.

Saca su mano de debajo de la mía y asiente hacia el Jeep.

—Deberíamos irnos. —Cuando me vuelve a mirar, se ve que no se trae


nada bueno. Cuando añade—: Danny. —Sé que es así.

Camino hacia el vehículo y la observo subirse mientras cargo su


maleta en la parte de atrás. Cuando entro, ella dice:

»¿Pusiste el capó por mí?

—Claro que lo hice. —Enciendo el motor y nos alejamos del hotel.

Inclinando su cabeza hacia atrás, me observa. La veo en mi periferia,


y puedo sentir su mirada en mí.

—¿A dónde me llevas a almorzar?

—A la playa.

Se endereza.
—¿A la playa? ¿Es en serio?

—Sí —digo, observándola y atrapando su enorme sonrisa.

El resto del camino está lleno de plática acerca del mal tráfico, la
escena de Los Ángeles, y aparentemente que hay demasiada gente
bronceada en su opinión. Le regreso que Manhattan tiene demasiados
días nublados. Ella cierra su caso diciendo:

—A lo mejor es bueno que vivamos donde vivimos entonces.

—Oh, no juzgues tan rápido. Si tuviera la oportunidad de mostrarte el


verdadero Los Ángeles, te apuesto que disfrutarías más la ciudad.

—¿Y si te diera esa oportunidad?

—Cuando dices cosas como esas, no estoy seguro de cómo


responder.

—Es mejor si no lo haces. Algunas veces hablo antes de pensar.

—Ese es tu corazón hablando por ti.

—Cuando tú dices cosas como esa no esto segura de cómo


responder. —Descansa su cabeza en su mano, el codo colocado
firmemente en la puerta. Después de exhalar una respiración profunda,
dice—: Vamos a estar trabajando juntos. Creo que deberíamos mantenerlo
lo más fácil que podamos.

—¿Fácil? No creo que nada que valga la pena tener venga de


manera fácil. Mi misión es hacer que me extrañes para el momento en que
aterrices en Nueva York. —Se me queda viendo, sus labios rosa oscuro
abiertos, sus ojos azules asombrados mientras está sentada junto a mí. Me
estaciono en un lugar y detengo el auto—. ¿Tienes hambre?

—Danny —empieza.

Aquí viene…

»Necesitamos hablar.

Salgo del Jeep, pero me quedo ahí parado.

—Es por eso que estamos aquí.


La puerta se cierra y doy la vuelta para ayudarla a salir. Camina hacia
la arena, se detiene, se quita sus zapatos y los carga en una mano. Agarro
las cajas de almuerzo, la manta, y dos botellas de agua, y la sigo hacia el
agua. Mientras se queda ahí parada dejando que el agua cubra sus pies,
acomodo las cosas y me siento.

Se queda parada un minuto más, la falda de su vestido moviéndose


en la brisa, su cabello arremolinándose alrededor de su cabeza. Cuando
se gira para regresar, su felicidad es contagiosa.

—No pensé que conseguiría ir a la playa en este viaje. Amo estar aquí.

—Entonces a lo mejor eres un poco más de Los Ángeles de lo que


crees.

—A lo mejor —responde sentándose y luego inclinándose hacia atrás.


Con su mano ahuecando por encima de sus ojos para bloquear el sol, me
mira—. ¿Podemos hacer esto?

—Por esto, ¿te refieres a besuquearnos? Seguro —digo,


encogiéndome de hombros y sonriendo—. Si insistes. —Me doy la vuelta y
finjo que estoy por besarla.

Y como que quiero.

Más de lo que probablemente debería.

Se endereza y resopla, pero puede decir por su propia sonrisa que


está entretenida. Hasta que ya no lo está y algo más la invade, arrasando
con la alegría que estaba en sus ojos. No me aleja, sus manos haciendo lo
opuesto. Las puntas de sus dedos tocan el dobladillo de mi camisa.

—Haces que esto sea duro. —Creo que sabe lo que estoy por decir,
así que de manera juguetona me advierte—: No.

—¿No qué, bonita?

Riendo, cede.

—Bien. Dilo.

—Tú haces esto duro —respondo, mirando más abajo de mis


abdominales que están ahora expuestos por su jugueteo con mi camisa.
—Nunca te pudiste resistir.

—Una de las muchas razones por las que me amabas.

Esta vez no responde. Solo lo acepta asintiendo en silencio. No la


beso. Esta vez. Y a menos que la esté leyendo de manera equivocada,
está decepcionada. Me enderezo, ambos envolviendo nuestros brazos
alrededor de nuestras rodillas mientras miramos hacia adelante.
Manteniendo mi atención en el distante horizonte, pregunto:

»¿Estuviste casada?

Descansando su cabeza en sus rodillas, me encara.

—No. ¿Y tú?

—No.

—¿Y eso por qué?

—No encontré a la indicada, supongo. ¿Y tú? —Su pausa es


demasiado larga, así que la miro. Está viendo hacia adelante, esta vez con
su barbilla en sus rodillas. Pregunto—: ¿Me he pasado de la raya al
preguntar?

—No. —No me mira—. Solo que no estoy segura de cómo responder


eso.

Ahí es cuando me doy cuenta de lo que dije.

—No estaba hablando de ti.

Se endereza, estira sus piernas frente a ella.

—Ten cuidado, Danny, o pudiera pensar que estás diciendo que te


hubieras casado conmigo —bromea.

—Lo habría hecho.

La risa de detiene. Mientras sus ojos buscan en los míos puedo ver al
pánico elevarse.

—¿Qué estás diciendo?


Ella no sabe. ¿Cómo puede no saberlo? Le dije que la amaba, que
iba a regresar por ella, a ella, que tenía algo especial qué decirle. Tenía el
anillo. El escenario estaba todo planeado. Pero ella no apareció. Rompió
mi corazón y luego jamás me volvió a hablar. ¿Cómo puede de verdad no
saber?

—Estoy diciendo que me hubiera casado contigo. Así que cuando


dije que no había conocido a la indicada, me estaba refiriendo a después
de ti. Nadie desde entonces con quien me hubiera casado. —Lágrimas
llenan sus ojos. No esperaba esa reacción y de repente mi dolido corazón
no importa. Solo quiero hacerla sentir mejor—. Lo siento. No tenía la
intención de molestarte.

Toma la caja de comida junto a ella y la abre.

—No lo hiciste. —Cuando deja de jugar con la caja, ella me mira a los
ojos—. Lo estoy, pero no debería estarlo. No tengo derecho a estar molesta
por cualquier cosa relacionada con nosotros. Se ríe—. Esto es incómodo,
no es fácil en absoluto.

—Solía serlo. Solíamos hacerlo fácil.

—Muchos años han pasado…

—¿Agua bajo el puente?

—Océanos.

Asiento con la cabeza, pero no sé por qué. Océanos. Ella tiene razón.
Tal vez solo necesito hacer las preguntas que quiero hacer y detener toda
la demás basura que he conseguido al quedarme atascado con ella. Pero
mientras me siento a su lado, me doy cuenta que estoy haciendo lo que
considero adecuado. Me gusta coquetear con ella. Me gusta escuchar su
risa y ver su sonrisa. Me gusta ese rosa perfecto que cubre su rostro cuando
empujo sus botones sexuales. Me gusta todo. Me gusta… sobria y
borracha.

—¿Podemos colocar el trabajar a un lado, y puedo hacerte una


pregunta personal?

Ella se echa a reír.

—Todo ha sido personal, ¿por qué parar ahora?


—¿Qué hay en Nueva York?

—¿En realidad estás preguntando qué o quién?

—Me conoces bien.

—Mi trabajo base está en Nueva York.

Espero para ver si añadirá algo a eso. Cuando no lo hace, pregunto:

—¿Por qué la prisa en volver?

—¿Que sugieres? ¿Qué me quede un día o dos?

—¿Es una idea tan loca?

—Tu campaña es la más grande de mi carrera. No quiero meter la


pata y perder esta cuenta. Tengo una gran cantidad de detalles para
supervisar. Estamos pensando en dos ciudades al menos, tal vez una más.
Hay planificación envuelta que puede ser hecha desde Nueva York más
fácilmente que desde una habitación de hotel.

—Entiendo la logística, pero ¿qué quieres hacer tú?

—Danny, mi trabajo es un trabajo de sesenta horas a la semana. No es


frívolo. No puedo solo irme de forma espontánea. Mi jefe ha estado
respirando en mi cuello. Realmente no quiere perder esta cuenta.

He oído la palabra frívolo lanzada alrededor de los modelos muchas


veces. Es un término equivocado, pero no vale la pena pelear con ella. Las
apariencias pueden ser engañosas. Solo lo hacemos parecer des-
preocupado.

—Deberíamos comer. Tendremos que irnos pronto.

Estamos comiendo fresas cuando dice:

—Lo siento.

—¿Por qué?

—No creo que lo que haces es frívolo. Envidio tu libertad de elección y


tu capacidad de viajar como lo haces.
—No lo envidies. Es solitario. Siempre me estoy yendo. —La oigo
contener su respiración y miro sus ojos. Las palabras de años atrás todavía
se ciernen sobre mis recuerdos. “Siempre me estás dejando, Danny”. Ella
odiaba ser dejada atrás, pero nunca se dio cuenta de lo difícil que era
para mí.

Mirando de regreso hacia el océano, una expresión reflexiva suaviza


sus rasgos.

—Lo haces parecer emocionante —dice en voz tan baja, que me


siento como si necesitara reparar el daño que no se ve.

—Lo es, y no lo es. Es difícil de explicar. —Suena muy parecido a una


respuesta ensayada de un concursante—. Estoy agradecido por las
oportunidades que se me dan. Pero también trabajo duro para
conseguirlas. Tengo la suerte de que no me guste el dulce y que me guste
hacer ejercicio.

—Así que aquí estamos —dice seria, empujando contra mí


juguetonamente.

—¡A-ja! Sabía que te gustaba la vista.

—Sí y no estoy hablando de la playa.

—Ten cuidado o podrías hacer que te besara esta vez de verdad.

—¿Sería tan malo? —Ella se lame los labios y de repente todo lo que
quiero hacer es seguir el rastro de su lengua. Me inclino, pero mis labios
aterrizan sobre su mejilla. Ella está mirando hacia abajo—. Lo siento.

—No, yo lo siento, le contesto, sentándome hacia atrás y perdiendo el


apetito. Mirando el reloj, empaco el almuerzo de nuevo en la caja—.
Deberíamos irnos. LAX es una pesadilla. Necesitarás el tiempo si vas a llegar
a tu vuelo.

Ella no discute. Nos va a tomar horas luchar contra el tráfico y


conseguir dejarla en la terminal. Creo que hablamos de todo excepto de
lo que pasó allá atrás o incluso lo que sucedió en nuestro pasado.

Esquivando.

Ambos parecemos ser maestros en ello.


A medida que nos acercamos, digo:

»Gracias por Vittori.

—Fuiste mi elección desde el principio. Sabía que te amaría.

—¿Que pasa contigo? ¿Todavía hay alguna debilidad por mí?

—Danny. —Su respuesta es una advertencia mezclada con


resolución—. Por favor, no hagas esto más difícil de lo que es.

Asiento con la cabeza. Hemos tenido todo el tiempo del mundo y


ahora es el momento de terminar.

—¿Cómo funciona esto entre nosotros a partir de ahora?

—Nos hemos encontrado —responde, mirándome—. Aquí, esta


semana. Así que nos conocemos, pero creo que eso es lo más lejos que va
para nosotros.

El botón ha sido localizado.

—¿Estás segura de eso, bonita? Y ahora lo presiono.

—Por favor, no me llames así.

—¿Por qué?

—Porque tú sabes lo que me hace.

—¿Qué te hace, bonita? Dime.

Cruza los brazos sobre su pecho.

—Me niego a enamorarme de ti, así que puedes poner esos ojos en
otra persona. No voy a enamorarme. De nuevo.

—¿Quién dijo algo de enamorarse? No estoy aquí para enamorarte.

—¿Entonces, porque estás aquí?

—Para ayudarte a recordar.

Ella mira a la calzada.


—Profesional —susurra como si estuviera recordándoselo ahora a sí
misma.

Mantengo mi expresión neutral y mis emociones bajo control. La


ignorancia en la que he estado viviendo en los últimos diez años está
funcionando. No hay ningún punto en cambiar lo que es bueno. Si tan solo
este órgano latiendo en mi pecho estuviera de acuerdo conmigo.

—Entendido.

Retoma el tema de nuevo como si la mayor parte de nuestra


conversación nunca ocurrió.

—La mayor parte de nuestra comunicación será a través de Mark,


pero si necesitas algo, llámame. —Extiende una tarjeta de presentación.

La tomo y la coloco en el portavasos.

—No te preocupes, vamos a ser puramente profesionales alrededor


del otro. Si eso es lo que quieres.

—Gracias —dice, levantando un poco su barbilla; su rígido labio


superior en su lugar—. Creo que es lo mejor.

Cuando me detengo para dejarla, se queda en el Jeep hasta que


pongo su maleta en la acera. Con la puerta abierta, me apoyo en el
capó. Para hacérselo más fácil, tomaré el golpe en el corazón de nuevo.

—Pienso en ti a menudo.

Ella no se detiene esta vez, dándome algo sencillo.

—Yo también.

Mientras retrocedo, ella sale, encontrándose cara a cuello conmigo.

»Si no tuviera una reunión con clientes potenciales en la mañana, me


quedaría un día más.

Sonrío. Sé exactamente lo que quiere decir. La tormenta gestándose


en sus ojos la delata. La agitación emocional que siento por dentro,
también la siente. Empujando lo profesional por la ventana, deslizo mis
brazos alrededor de ella y me abraza. Con la cabeza metida en mi
hombro, susurra:
»Estoy deseando volver a verte. Ya, y no me he ido todavía.

— Siento lo mismo por ti. —Tomo una respiración profunda,


inhalándola en mi sistema y memorizando las notas que componen su
perfume, que la componen a ella, y cómo todavía encaja tan
perfectamente en mis brazos después de todos estos años.

Nos separamos y de repente se forma un nudo en mi garganta. Por lo


tranquila que está, estoy pensando que está sintiéndolo también. Se
apodera de su maleta y se aleja de mí. Meto mis manos en los bolsillos y la
veo dejar… me.

Aparte del nudo y la tonta sensación que tengo por ella dejándome,
Reese Carmichael es increíble. No me tomó mucho tiempo ver lo que me
he estado perdiendo.

Unos pocos días. Tal vez no es acerca del pasado, sino del futuro.

Una segunda oportunidad en el amor… ¿eso es lo que es esto?

Miro hacia atrás una vez más a medida que ella desaparece en el
interior.

Eso es exactamente lo que es esto.

Voy a tener dificultades para mantener las cosas profesionales


cuando ella es tan increíblemente inteligente, hermosa, y se ha vuelto…
una mujer de la que puedo enamorarme fácilmente, al igual que lo hice
con la chica. Una chica que una vez fue enteramente mía. Solo me tomó
unos pocos días para ver lo que he estado perdiéndome todos estos años.
Admiro a la mujer en que se ha convertido.

¡Joder!

Hago más que admirarla. Ya quiero que sea mía otra vez. Siempre
serás mía, Reese. Mía. Al igual que yo era suyo.

Caminando alrededor del Jeep, entro y miro hacia atrás de nuevo.


Reese Carmichael está de vuelta. El destino tiene una manera divertida de
trabajar. Sonrío para mí mismo mientras arranco el motor. Y por su aspecto,
ha vuelto mejor que nunca.

Su fuerza es para envidiarla, pero su corazón es tras lo que estoy.


DANNY
L
os días pasan y pienso en Reese, demasiado. Sin ninguna palabra
de Mark, no estoy seguro de lo que está sucediendo con la
campaña. Las cosas a veces se mueven rápido y estoy en un
vuelo esa noche. Otras se arrastran hasta el espectáculo real. Vittori es una
multimillonaria campaña publicitaria, de ahí el motivo por el que fui
contratado, así que la lentitud en el progreso no me sorprende.

Esta podría ser la primera vez que me he sentido ansioso, y no es la


sesión de fotos la que me ha hecho esto. Tengo la sesión de fotos de Vargo
en dos días, así que he estado poniendo toda mi nerviosa energía en el
entrenamiento.

Corriendo de vuelta a casa, cuesta arriba, trato de mantener el


mismo paso firme con que el corrí los últimos seis kilómetros. Una distractora
pequeña rubia está más adelante, con el culo sobresaliendo de su auto,
una alta cola de caballo en su cabeza, un montón de bolsas alrededor de
sus tobillos. De repente me siento un poco más motivado para terminar
firme.

¿A quién estoy engañando? Siempre termino firme.

—Hola, extraña.

Se escabulle del auto y una gran sonrisa se desliza a través de ese


hermoso rostro cuando me ve. Con la mano en su cadera, mi vecina a
tiempo parcial, empresaria exitosa, uno de los cuerpos más calientes de
Hollywood, y muy comprometida, Holli Hughes, dice:

—Hola, lo mismo digo.

Aunque mi respiración no se ha recuperado, pregunto:

—¿Qué te trae por aquí?


—Estoy cerca.

—No lo suficiente. —Suelto la frase con una sonrisa.

Me empuja.

—Eres tan creído y sí, yo también te extrañé, si eso es lo que lo que


estás diciendo.

—Lo hago. —Agachándome, recojo las bolsas—. Vamos. Llevemos


estas adentro.

—Podría acostumbrarme a este tipo de recibimiento.

Riendo mientras camino por el sendero, respondo:

—No me digas que la estrella de rock no te recibe así.

—Cuando está en casa, me recibe de una manera totalmente


diferente, clasificación X. Ahí no hay quejas, Romeo. —Se ríe, dándome
una palmadita en el pecho. Su risa es genuina, desde el corazón.

A veces lo extraño, la extraño a ella, pasar el rato en su balcón,


conversar sin más. Es más que jodidamente caliente y sexy, pero ese barco
zarpó hace mucho tiempo. Todo salió como se suponía. Lo creo
profundamente. Y conseguí una gran amiga con ello. Cuando miro detrás
de mí, veo la felicidad en sus ojos.

—Es bueno escuchar eso. Odiaría patear su trasero de nuevo.

Después de una fuerte risa, dice:

—Estoy segura de que felizmente debatiría esa pelea.

—El gran Johnny Outlaw puede debatir todo lo que quiera, pero esa
noche, conseguí a la chica.

Pone sus ojos en blanco cuando me pasa y abre la puerta.

—¿Qué tal si simplemente le digo que lo llamaste “gran” y lo dejamos


por hoy?

—Sí, probablemente es lo mejor. Estamos en buenos términos. No hay


necesidad de arruinarlo todo de nuevo.
Pone su bolso y computadora portátil en la encimera de la cocina y
mira en mi dirección.

—Hombre sabio. —Señalando hacia la mesa de café, ordena—:


Puedes colocar esas ahí. Gracias por la mano amiga.

—Cuando quieras.

Entrando a la sala de estar, se sienta en el sofá.

—Ha pasado un tiempo. Ponme al corriente de todo.

—Diría que no mucho, pero…

—Sabría si estuvieras mintiendo.

Nos reímos; nuestra amistad es una de las relaciones más fáciles que
he tenido, especialmente sorprendente, ya que es con una mujer. No me
he sentido así de cómodo con otra mujer desde… desde…

Reese viene a mi mente, pero no creo que sea sensato para mi seguir
viviendo en nuestro pasado. El problema es que nuestro pasado parece
que no me dejará ir, o parece que yo no puedo dejarlo ir ahora que ella
ha invadido mi presente.

—Fui contratado para la línea masculina Vittori.

—Impresionante —dice, hundiéndose en los cojines—. ¿Vallas


publicitarias, comerciales y todo el asunto?

—Todavía no estoy seguro de lo que han planeado.

—¿Estás mucho en casa? —pregunta, levantando sus pies sobre la


mesa de café—. ¿O sigues viajando todo el tiempo?

—No estoy en casa tanto como me gusta, pero tú tampoco lo estás.

Me hace un gesto con la mano.

—No seas tonto. Yo solo limitaría tu estilo de vida de playboy.

—Limitar mi estilo de vida de no molestar a mis vecinos con mujeres


gritando mi nombre en medio de la noche y fiestas ruidosas llenas de
gente hermosa que solo está buscando follar.
—Sí, no es tan divertido cuando no molestas a los vecinos. —Se ríe—.
Pero no todo está perdido. Estoy pensando en dar una fiesta cuando
Dalton vuelva a casa de la gira.

—Rebelde.

—Lo sabes. —Se pone de pie abruptamente y toma dos de las bolsas
en la mano—. Traje esto para archivar, pero realmente no quiero hacerlo.
¿Quieres tomar dos margaritas en la carretera como en los viejos tiempos,
en su lugar? —Se ve esperanzada. Demasiado esperanzada para
rechazarla.

—Sí a la bebida. No a las margaritas. Sí a la cerveza. Cerveza light


—digo, poniendo mis ojos en blanco, deseando una sólida cerveza lager,
pero conformándome con una cerveza más liviana—. Déjame ducharme.
Estaré listo en veinte.

—De acuerdo. Mientras tanto, tal vez me haré útil y trataré de


deshacerme de una de estas bolsas. Solo toca cuando estés listo.

—Lo haré.

¿Me pregunto si debería hablarle sobre Reese cuando vuelva?


Conseguir la perspectiva de una mujer en todo este lío, pero creo que esa
conversación es mejor que quede para las margaritas y la cerveza.

Un hombre es apenas fuerte. Con imágenes de Reese en esa


pequeña falda de cuero y blusa transparente provocándome, me doy por
vencido. Han pasado años desde que me masturbé pensando en ella,
probablemente desde que estaba con ella, hasta anoche y aquí estoy,
horas después haciéndolo de nuevo. La ducha ha empañado el baño y
tomo mi polla en mi mano. Apoyando un brazo contra las baldosas,
presiono mi frente contra ellas y cierro mis ojos.

Su culo.

Cuero ajustado.

Tetas grandes.

Agarrando más fuerte, bombeo más rápido.

Labios.
Lengua.

Ojos azules que recuerdan todo lo que una vez fuimos.

Jodida química, arrastrándome de vuelta a ella. Juntos, hacíamos un


as en esa clase. Nadie podría negar nuestra conexión, sexual o de otro
tipo.

No me he permitido pensar en ella en mucho tiempo por una buena


razón. Nada bueno saldría de ello. Sin embargo, aquí estoy corriéndome
con la mera visión de ella y se siente muy condenadamente bien. Así que
tal vez algo bueno puede salir de ello.

Mi mano cubre mi rostro cuando doy un paso afuera. Mi pobre intento


de ocultar la sonrisa brillando ha fallado. No puedo evitarlo. Lo que pensé
podría ser algo malo ha dado la vuelta. Tal vez el regreso de Reese a mi
vida está destinado a ser. Definitivamente destinado a ser.

Se veía bien en Spago.

Realmente bien.

Incluso mejor en la playa, natural y hermosa.

Una voz cantarina rompe mi ensueño en la carretera del recuerdo:

—Reconozco esa expresión.

Mi cabeza se endereza y veo a Holli de pie ahí en su escalón más alto.


No me molesto en ocultarle mi expresión idiota. Ve a través de mí, de todas
maneras. Pero de repente me siento tímido sobre ello, no avergonzado,
sino como si acabara de revelar un secreto y no estoy hablando de la
acción en la ducha. Porque sí, no me importa si sabe sobre eso, pero que
vea que podría estar llevando una sonrisa tonta por una chica, ahora, eso
es embarazoso.

—¡Mira hacia otro lado, mujer! —bromeo, ocultándole mi rostro.

Se ríe mientras tira de mis manos.

—No te ocultes de mí. —Cuando bajo mis manos, dice—: Debe ser
una gran chica.

—Lo es.
Mientras caminamos por el sendero, pregunta:

—¿Consigo escuchar sobre ella?

—Tengo la sensación de que no tengo elección en el asunto.

—Uh, siempre tienes elección conmigo. —Me da un codazo en la


cadera—. Pero si quieres compartir, soy toda oídos.

—Cervezas, querida Necesito alcohol para esta conversación.

Sosteniendo su billetera, la sacude.

—Lo compraré.

Nos sentamos en nuestra mesa regular, la que está junto a la ventana


donde vaciamos muchos tarros durante años. Hemos comido la mitad de
las papas fritas y la salsa se ha terminado. Principalmente porque Holli no
las sumerge. Saca cucharadas… o palas, de lo que he sido testigo. Dejé de
trata de conseguir salsa en la segunda papa.

—¿No te alimentan en esa mansión en las colinas?

Casi escupe su comida cuando rompe a reír. Lágrimas llenan sus ojos
mientras cubre su boca. Cuando recupera el aliento, toma un sorbo de su
margarita.

—He estado a dieta.

—No necesitas dejar de comer. Solo come saludable y disfruta las


buenas cosas de la vida.

—¿Cómo la salsa?

—Sí, como la salsa.

—¿Qué brujería ponen en esta salsa que le da un sabor tan bueno?


¿Chile chipotle? ¿Eso es chipotle?

La miro y me rio, burlándome de ella.

—Eres un desastre.
—Y sorprendentemente tú no. Así que cuéntame sobre esta chica que
te tiene sonriendo por razones que sé que me arrepentiré de preguntar,
pero lo hago de todas maneras. Cuéntame todo.

—Solo es eso. No hay mucho que contar. —Ni siquiera puedo


mentirme. Siento esa ridícula sonrisa regresando—. ¿Qué hay de la
verdad?

—Eso es lo que estoy esperando.

—Hay demasiado que contar del pasado para compartir y no lo


suficiente del presente. Todavía.

Una sonrisa genuina aparece, y dice:

—Me gusta el sonido de ese “todavía”, pero quiero más.

Me encantaría entretenerla con otra bebida, pero no puedo


permitirme tenerla y ella vería a través de ello.

—No estoy seguro de qué decir sobre ella.

—Dame algo honesto.

—Quiero a una mujer que probablemente nunca pueda tener. Quiero


a una mujer que ha vuelto a mi vida y la puso al revés. Deseo a una mujer
en la que duele pensar, mucho más mencionar.

—Guau. Eso es un montón de deseo.

—Si pudiera tener solo uno de ellos con ella, lo tomaría. ¿Cuán
honesto es eso?

—Muy condenadamente honesto. —Sonríe—. Y tan


condenadamente entrañable. Deja de ser tan adorable, ¿de acuerdo?

—Tomaré el adorable.

—Bien, porque es todo lo que recibirás de mí hoy. No puedo tenerte


por ahí pensando que eres un caballero de brillante armadura o algo así.

—Nop —digo, riendo—. No querría que alguna damisela en apuros


pensara eso.
—Oh, y tal vez la próxima vez que te vea, ese todavía ya se habrá ido
y tendrás a alguna bum chica guau guau para compartir.

Moviendo mi dedo hacia ella, digo:

—Tú, señora Outlaw, eres una chica sucia.

Correspondiendo mis movimientos, sus cejas se levantan y suben.

—Eso me han dicho. —Golpea las palmas de sus manos hacia abajo y
empieza a ponerse de pie—. Tengo que volver. Esos documentos no se
archivarán solos, y prometí que estaría en casa a las tres.

—¿No tienes a alguien que pueda ayudarte con eso?

—Sí, pero hemos estado trabajando horas extras durante meses. Con
nuestros plazos de entrega y proyectos realizados, todos tienen libre esta
semana. Voy con la vieja escuela como al principio y el funcionamiento de
la empresa es por mi cuenta esta semana. Es como nuestra Navidad, ya
que tuvimos que trabajar durante ella.

Lanzo cincuenta antes de que ella tenga la oportunidad.

—Me encargo de esta.

—Ayyy. Siempre fuiste demasiado bueno para mí. Gracias.

—De nada.

Cuando volvemos a casa, le doy a esa chica un gran abrazo.

»Fue bueno verte. Eres bienvenida a visitar tu casa en el momento que


desees.

Se ríe mientras me devuelve el abrazo.

—Gracias. Mantendré eso en mente. —Justo antes de que entre,


añade—: Sabes, Danny, esta chica parece buena para ti.

—Sigo tratando de decirle eso, pero no está cayendo en ello, todavía.

—No tengo duda de lo que lo hará. —Se despide con la mana y


entra.
No tengo ni una hora en casa cuando recibo un mensaje de Jody, la
asistente de Mark.

Jody: ¿Libre a las cinco?

Sonrío.

Yo: ¿Me estás invitando a salir?

Jody: ¡Ja! Mark está solicitando tu humilde presencia.

Yo: No hay nada humilde en mi presencia.

Jody: Eso es verdad. Hónranos con ella de todas maneras.

Yo: ¿Qué hay para mí?

Jody: Un gran cheque.

Yo: Estaré ahí. ¿Tú estarás?

Jody: JA. Eso pensé. Y sí, estoy atascada aquí. Para siempre aquí a
disposición de Mark.

Yo: Simplemente endulzas la olla.

Jody: Deja de coquetear conmigo. Me estás haciendo sonrojar.

Yo: Me gusta coquetear contigo. ¿Puedo llevarte algo? ¿Café? ¿Té?

Jody: *ojos en blanco* Y sí, un moca latte con leche de coco y una
pizca de canela.

Yo: Y pensé que yo era el para nada humilde. Tienes suerte de ser tan
asombrosa.

Jody: En realidad tú eres el que tiene suerte de que sea tan


asombrosa. Jaja ¡Argg! Mark me está llamando. Te veo a las 5, galanazo.

Yo: Te veo a las 5 con tu moca blah latte blah cualquier otra cosa que
estaba ahí, señorita Alto Mantenimiento. *guiño*
Coloco mi teléfono en el sofá y me siento ansioso mirando ESPN en la
gran pantalla delante de mí. Veo una repetición de un gol, tres veces
antes de darme cuenta de la hora.

Apagando la televisión, agarro mi billetera de la encimera y salgo.


DANNY
L
as puertas del ascensor se abren y Jody me recibe con una
sonrisa. Le entrego la taza de papel con café.

—Moca latte grande con leche de coco y una pizca de


canela, como pediste.

—Eres el mejor. Gracias, Danny. ¿Listo para enfrentar al dragón? —me


pregunta mientras caminamos hacia las puertas de cristal que nos llevan al
interior. Se apresura a abrirla antes de que pueda abrirla para ella.

Giramos en la equina y la sigo a través del Pit, saludando a los pocos


agentes que trabajan tarde.

—No dejes que los hoyuelos te engañen. Estoy listo para matar al
dragón. —Le envío una sonrisa a la chica nueva posicionada en el
escritorio cerca de la sala de conferencias.

—Ni siquiera pienses en ello —dice Jody—, apuesto a que no durará ni


un mes.

—Ese escritorio parece estar en bastante rotación. —Cuando la rubia


me devuelve la sonrisa, agrego—: Conozco las reglas. No fraternizar con
compañeros de trabajo o clientes. Las morenas son más de mi tipo, de
todas maneras. —La aprieto en un abrazo de lado para molestar.

Se ríe.

—Eres terrible.

—Eso escuché. —Envuelvo mi brazo alrededor de sus hombros y la


acerco. Coloco un beso rápido en su coronilla—. Al menos tú me amas,
Jods.
Apartándose, se ríe aún más fuerte. Estamos afuera de la oficina de
Mark, así que baja la voz.

—Soy una eterna fan, cosita caliente. —Vuelve a su escritorio.

—Ahora, ¿por qué eso me suena sarcástico?

Señala la oficina de Mark.

—Gracias por la estimulante tarde. Ve antes de que los dos estemos


en problemas.

—¿Eso significa que estoy en problemas? Creo que mejor prefiero la


mentira del cheque. Y siempre estoy disponible para la tarde estimulante.

Me da la espalda para tomar una llamada, pero cuando responde


todavía se está riendo, haciéndome reír. Toco la puerta.

—Adelante.

Entrando como si fuera dueño del lugar, bromeo:

—¿Llamaste?

—Deja de coquetear con mi asistente y cierra la puerta. Necesito


revisar los detalles del contrato ultimado para que Vittori nos pueda pagar.

—Me gusta que me paguen.

—A mí también. Firma aquí. —Señala una línea. Mientras firmo una


página y luego la siguiente, dice—: Estarás en Marfa, Texas. Vittori quiere
que la línea casual se fotografíe ahí. La línea de traje será fotografiada en
Nueva York. La línea formal será fotografiada en París. Han descartado
Roma.

Cuando me siento, coloco el bolígrafo en el escritorio y me acomodo.

—¿Cuál es el horario y puedo tener un corte de cabello? —Paso mi


mano por mi cabello—. Se está poniendo enmarañado.

—Dejemos que nos digan cómo quieren cortarlo. Les enviaré un


correo electrónico hoy pidiéndoles instrucciones específicas de estilo.
Tenemos que hacer esta sesión afuera del estadio de béisbol, así que no
quiero joder nada tan cerca del trabajo. Marfa es en cinco días. Nueva
York, una semana después de eso. Todavía no he recibido confirmación
para Paris. ¿Esto funciona para ti?

—Sí. ¿Aunque, no tengo otros trabajos ya programados?

—Sí, pero uno es en la semana entre Marfa y Nueva York, así que no
hay conflicto. Jody también tiene una pila de invitaciones para que revises.
Ella las responderá y se asegurará de que no haya conflictos para
cualquiera que desees confirmar asistencia, así que pasa por su escritorio
antes de irte.

Se quita sus gafas y las coloca delante de él, y finalmente me mira.

»¿Cómo estás?

—Estoy bien. —Por lo general no es así de serio conmigo—. ¿Qué


pasa?

—Nada. Solo comprobando. Sé que no estás acostumbrado a estar


tanto en casa. Solo me aseguro de que estás bien con ello.

—Me gusta estar en casa. He estado trabajando sin parar desde hace
años. —Me encojo de hombros como si no pasara nada—. ¿Estás
preocupado por mi carrera?

—No. Lo opuesto. Deberías tener menos empleos debido a tus


honorarios, pero estás siendo contratado igual que siempre. Solo me
aseguro de que estás preparado para ello, para seguir en ello. ¿Estás
buscando locaciones para alguien?

—No, tuve que poner eso en espera, por el trabajo.

Baja una pila de paquetes.

—Cinco guiones llegaron en las últimas dos semanas. Quiero


analizarlos primero. A estos tres vale la pena darles un vistazo.

—¿Cuándo son las audiciones? —pregunto, tomándolos en mano.

—De eso se trata, Danny. Dos de estos puedes tenerlos si quieres,


interpretación invisible. En el otro quieren que hagas una escena con la
actriz principal para ver si hay química.
—¿Por qué estás diciendo esto como si fuera algo malo? He hecho un
millón de comerciales.

—He pasado por esta transición antes.

Suspiro.

—Lo sé. He escuchado esta historia.

—Brad Lowe era un buen tipo. La fama puede hacer cosas


repugnantes a la gente.

—¿Crees que soy susceptible?

—No. Creo que siempre has sabido quién eras. Eso no significa que no
me preocupe. La tentación es algo peligroso.

—No soy Brad.

Se relaja y se sienta de nuevo, viéndose satisfecho.

—No, no lo eres. Solo recuerda que estás a cargo de tu futuro. No


necesitas el cine. Tienes años restantes en el modelaje.

—Me gusta lo que hago. Sin embargo, preferiría ver empleos


fotográficos antes que actuar, por ahora.

Golpeteando sus dedos sobre la superficie de cristal de su escritorio,


dice con complicidad:

—Dime la verdad. ¿Qué sucedió entre Reese y tú, la otra noche?

Riendo, me balanceo hacia atrás, las patas delanteras de mi silla se


levantan del suelo.

—Te dije la verdad. Nada. Me aseguré de que estuviera a salvo y la


dejé, totalmente vestida e inconsciente. —Veo hacia el Pit por la ventana
que nos divide.

—Pensé que estaba soportando bien su licor, pero entonces bam,


pareció golpearla todo a la vez.

—Siempre fue un peso ligero —digo sin pensar.


La conversación casual se vuelve seria. Las líneas rayando su frente se
profundizan.

—¿Qué quieres decir con que siempre fue un peso ligero?

¡Mierda!

Mi mirada se lanza de vuelta a él.

—Ehm. —Estoy en blanco momentáneamente antes de encontrar la


mentira que necesito decir—. Ella me dijo. Cuando estábamos caminando
a su habitación. Dijo que le pasa eso.

—Oh. Ya veo. —Sus líneas se suavizan—. Por un minuto —me dice,


riendo—, pensé que querías decir que la conocías.

Siendo honesto, agrego:

—Nop. Esa es la primera que me he encontrado con Reese


Carmichael, la mujer.

—Estás hablando raro. ¿Estás bien?

—Síp.

—¿Todo tiene que reventar contigo? Un sí o no bastará.

—Síp, tienes razón.

Mi plan está funcionando. Está molesto. Conseguiré que me corra en


cualquier momento.

—Vete. Tengo trabajo que hacer. Estoy seguro de que tienes alguna
mujer de la cual ocuparte.

Me rio mientras me pongo de pie.

—Creo que piensas muy bien de mí.

—¿Tú no?

—Para tu información, no tengo planes esta noche. Vargo es en dos


días, así que estoy de bajo perfil.

Una vez más se ve satisfecho.


—Bueno, esto es una sorpresa. Una buena sorpresa. Sigue cumpliendo
con tu trabajo. Descansa un poco y hablaremos pronto.

—Mi cuerpo es mi templo.

—Bien, estás exagerando un poco ahora. Solo luce bien y déjame


hacer el resto.

—De acuerdo. Te veo luego, jefe.

—Hasta luego.

Cuando cierro la puerta, Jody se da la vuelta en su silla.

—Entonces, ¿harás una película?

—Veré los guiones. ¿Mark dijo que tienes algunas invitaciones para
mí? —Me siento en una silla vacía y ruedo hacia su escritorio.

—Sí. Tienes eventos muy sofisticados a donde ir. ¿Qué tal si los repaso y
tú puedes decir sí o no, y luego pasaremos por los sí?

—Suena bien.

Cinco sí y veintitrés no después, estoy en camino a casa de Luke. La


puerta está abierta así que entro.

—Amigo, ¿ha empezado?

Su brazo está acomodado sobre el respaldo del sofá. Se gira por


encima de su hombro.

—Nop, en cinco minutos. Estás justo a tiempo. —Bebe cerveza de una


botella, y luego dice—: Agarra una cerveza. Ordené pizza.

—Jodanse tú y esa pizza. —Agarro una botella de Agua Vitaminada


del refrigerador.

—¿Qué? ¿Estás haciendo dieta, princesa?

—Tengo una sesión de fotos en dos días. No puedo comer pizza.


—Entrando, me siento en el otro extremo del sofá y me quito los zapatos
para usar la mesita del centro como un reposapiés.

—La dura vida de un modelo. Supongo que eso significa más para mí.
—Sip. Sip.

—¿Qué hiciste hoy?

—Me encontré con Holli.

—Entonces déjame adivinar, ¿te vas de tragos con ella pero no


conmigo?

Lo pateo en la pierna.

—¿Estás celoso?

—Estoy celoso de ti. Ella aun es jodidamente caliente. La vi en algún


blog el otro día.

—Hombre, no hables de ella. De todas formas, ¿estás leyendo los


blogs de chismes y tienes el valor de llamarme princesa?

—Amigo, estaba en bikini.

—Buen punto. Está bien, perdonado.

El juego comienza y nos quedamos quietos porque ver un juego


requiere de intensa concentración. Dos minutos después, Luke se levanta,
apunta al televisor, y grita:

—¡Jódete! Mierda. Si es así como el juego se va a ir abajo, debería


haber traído más cerveza.

Maldición. El equipo rival ya anotó.

—Pásame una. Puedo notar que voy a necesitarla.

El timbre de la puerta suena y me pasa una cerveza mientras va a


atender. Cuando vuelve, coloca la pizza en la mesa enfrente de nosotros,
luego me pasa una ensalada. Sonrío.

—Ay hermano, me amas.

—Amo que me compres rondas de bebidas. Y para que sigas


haciéndolo, necesito que sigas trabajando. Disfruta tu lechuga, princesa.

Lo pateo de nuevo. Solo porque sí.


No sé por qué seguimos viéndolo. Nuestro equipo tiene el trasero
pateado para el medio tiempo y se siente como si Luke y yo tuviéramos
nuestro trasero pateado también. Ambos estamos hundidos en el sofá en
nuestros respectivos lados, llenos… tan lleno como puedes estar con una
simple ensalada verde sin aderezo y pollo. Aunque la cerveza está
haciendo un buen trabajo.

—Cada una de estas botellas son quinientas sentadillas o tres


kilómetros más que tengo que correr. Mañana apestará.

—¿Vas a modelar vestidos o zapatos esta vez?

—Joder, amigo, ni siquiera quieres saber.

—¿En serio? —Ahora su interés parece que picó.

—Jeans y bóxers con una modelo de Victoria’s Secret que


contrataron. Mucha acción en la cama. Me dijeron que fuera sexy, si
entiendes lo que digo.

—Jooodeer —dice, sacudiendo su cabeza—. Te odio. Te odio


jodidamente tanto justo ahora. ¿Cómo tuviste tanta suerte?

—Padres bien parecidos. ¡Ja! —Justo entonces un golpe corta la risa y


nos volteamos como si la puerta fuera a abrirse sola—. ¿Esperas
compañía?

Se levanta para atender.

—No que yo sepa. —El juego comienza, pero el visitante sorpresa es


más interesante que este triste juego.

La puerta es abierta, y escucho:

»¿Jane?

Me siento y me inclino en un ángulo para conseguir un vistazo de la


escena que está a punto de suceder.

—Hola —le dice ella, pero sus ojos se mueven hacia mí—. Hola, Danny.

Levantando una mano, respondo:

—Hola.
—Siento mucho interrumpir. Puedo volver en otro momento.
—Comienza a retirarse de la entrada de la puerta.

Él la toma de la mano, sujetándola.

—No, ahora está bien. Podemos hablar atrás.

Ella asiente, y caminan al patio trasero. La puerta de cristal es cerrada,


cortándome cualquier oportunidad de escuchar a escondidas. Aun no
puedo evitar sino mirar mientras se mueven alrededor del otro, cada paso
una danza cuidadosa, cerca, pero no tan cerca.

Miro mi teléfono, sintiéndome culpable por mirar. Ver a dos personas


que pensaban que siempre estarían juntos actuar tan cautelosamente uno
con el otro es difícil de observar. La tensión se sentía desde aquí. Aun
cuando alzo la mirada, incluso puedo ver cuánto les importa el otro. Pero
algo, egos, otras personas, la vida o todas las anteriores se han metido en
el camino, cegándolos de lo que está frente a ellos.

Siempre me agradó Jane, pero mi amigo va a estar destrozado por


esta visita. Ella no está aquí para reconciliarse, que es el único resultado
que no lo destrozará más de lo que está por culpa de ella.

Ella comienza a llorar y Luke se apresura a sostenerla. Cuando ella me


ve a través del cristal, se gira para mirar en otra dirección. Lo entiendo, no
quiero ser testigo de esto tampoco. Puede que sea él quien esté pasando
por eso, pero está rozando la crudeza que Reese dejó detrás.

Voy a la cocina y me inclino contra la encimera para darles completa


privacidad. Entran y caminan a la puerta principal. Cuando se van, regreso
a la sala de estar y le subo el volumen al juego.

Luke regresa unos minutos después. No soy una chica así que no lo
golpeo con preguntas en el segundo que se sienta. Lo dejo ser. No
queriendo esas mismas preguntas que me lanzaron a mí. Quita el volumen
a un comercial, y dice:

—Dijo que ha estado pensando en mí.

Girándome hacia él, no agrego mi propio comentario, sus


pensamientos están probablemente añadiendo suficiente color para no
querer añadir esa confusión. Se voltea hacia mí y agrega:
»Aun la amo.

Asiento.

»Dijo que tenía que decirme que había estado pensando en mí.
¿Crees que estaba tanteando? ¿Cómo me sentía por ella?

—Tiene sentido.

—¿Me hace eso su reserva?

—No. Significa que ambos se descarrilaron. Quizás vuelvan de nuevo,


a donde se suponía que estén.

El juego comienza de nuevo y el volumen es subido otra vez, la


conversación ha terminado. Somos chicos. Somos geniales de esta
manera.

El televisor está en silencio nuevamente.

—¿Tomarías a Reese de regreso?

Así que estoy equivocado. Supongo que somos dos mujeres sentadas
hablando de nuestros ex.

—Joder. ¿Por qué estás diciendo su nombre?

—Es en serio Danny. ¿Lo harías?

Dejo caer mi cabeza en mis manos, frustrado por más que solo su
pregunta.

—No lo sé. He estado cuestionándome a mí mismo últimamente. Lucía


bien, pero ¿la sigo conociendo? No sé nada sobre su vida en Nueva York
más allá de donde trabaja. Eso no es como tú y Jane. No compares.

—Creo que estamos en el mismo bote aquí. Lo quieras creer o no.

—Aquí esta lo que no quiero. No quiero pensar en eso. Es todo en lo


que he estado pensando sobre…

—¿Ves? —Se estira hacia mí—. Aquí está tu remo. Comienza a remar.

—No estamos en el mismo bote. Ustedes han roto hace más de un


año pero se han mantenido en contacto. Reese y yo no.
Comienza a remar con un remo imaginario.

—Hasta ahora, lo que convenientemente no me habías contado.


¿Cómo estuvo la otra noche?

—Apestó. Reese lucía increíble. Es lista y graciosa y cuando bebe, se


pone toda adorable y esas cosas.

Sonríe con una sonrisa santurrona que ha sacado de su trasero para


burlarse de mí.

—Adorable, amigo, ¿en serio?

Niego con la cabeza para mí mismo.

—Estoy acabado. Ella va a destruirme dos veces.

—O quizás esta vez… quizás esta vez funcione.

—Habla por ti mismo y pon el juego de nuevo. Suficiente de la cosa


emocional y sentimental.

Bebe su cerveza.

—Sabes que tengo razón.

Me estiro para alcanzar el control remoto pero le sube el volumen así


que me siento de nuevo, con los brazos cruzados, irritado, y miro el
televisor.

»A Danny le gusta Reeeeeese —canta.

Le clavo una almohada en la cabeza y salto encima de él.


Terminamos amontonados en el suelo luchando hasta que lo tengo
inmovilizado boca abajo con su brazo detrás de su espalda.

—Detente. No más charla de Reese. ¿Entendido?

—Entendido.

—Admite que deseas a Jane.

—Deseo a Jane.

Me levanto empujándome con las rodillas.


—Entonces ve por tu chica.

Me lanza la almohada de nuevo, pero la desvío de nuevo hacia él.


Cuando le subo de nuevo el volumen, nuestro equipo anota.
Sincronización perfecta. Alzando los puños, nos levantamos y chocamos
con el pecho para deshacernos de la charla sobre nuestros sentimientos
de hace poco.

Después de un largo trago de la botella, dice:

—¿Notaste que dijiste su nombre tres veces? Sin sentir vergüenza. Sin
dudar. ¿Solo lo dijiste como si fuera un acto reflejo?

Observándolo, quiero decirle que se calle la jodida boca, pero la


sonrisa que está creciendo a lo largo de mi rostro me lo impide. Así que solo
disfruto que su nombre se sienta tan cómodo en mi lengua de nuevo.

»Quizás hay esperanza para ambos, Dan Man.

—Quizás —respondo, pensando que seis kilómetros extra mañana


valdrán la pena por las dos cervezas de esta noche.
REESE
K
eaton está de pie en el carro de bebidas en la esquina de su
oficina, de espaldas a mí. Mi corazón está latiendo con fuerza
en mi pecho. Cuando se da la vuelta, el hielo en su whisky se
estrella contra el cristal.

—¿Por qué estás tan molesta?

—Tú me diste esta cuenta a mí.

— Te di. Esa es la palabra operativa, Reese.

—Me gané esta cuenta. Me la gané por tener el mejor concepto con
mis ideas, y ganándome a Vittori. ¿Por qué estás haciendo esto?

—Es la cena con uno de mis clientes. No veo el problema.

—Eres mi jefe. ¿Cómo se ve si no puedo manejar un sencillo encuentro


para cenar? Viajé con el hombre por las últimas dos semanas. Creo que
puedo manejar la cena.

—¿Jefe? Solía ser más. —Suspira, pero soy insensible a su decepción


por mí en esta etapa.

Camino a la ventana y miro afuera. La vista es una de las mejores de


la ciudad. La vista de Central Park desde su casa rivaliza con esta. Cedo
como siempre lo hago, sabiendo que va a hacer lo que le plazca.

—Lo que sea.

—¿Qué fue eso?

Cuando me vuelvo para enfrentarme a él de nuevo, no dejo que mis


ojos se encuentren con los suyos. En cambio me quedo mirando el nudo
Windsor en su cuello con ganas de apretarlo.
—Esto no va a ninguna parte —digo agarrando mi bolso de la silla—.
Te veré a las ocho.

—Nos vemos a las ocho, cariño.

Odiaba cuan condescendiente era cuando me llamaba así mientras


estábamos saliendo, pero ahora que no lo hacemos, quiero golpearlo en
la garganta. Aprieto los dientes en su lugar, y digo:

—Estoy ansiosa. —No cierro de golpe la puerta en sí, pero mis


emociones son escuchadas en voz alta a través de la oficina vacía.

La cena es tensa entre Keaton y yo. Estoy esperando que Vinnie no se


dé cuenta, pero como descubrí en Los Ángeles, es muy observador. A
Keaton no le gusta. Él no encaja en el molde de lo que Keaton elegiría
para un amigo. Otra razón por la que no habríamos funcionado. Keaton
pregunta:

—¿Cómo ha sido trabajar con Reese?

Vinnie sonríe cuando me mira, pero algo de la alegría se pierde


cuando se enfrenta a Keaton.

—Es impresionante. No solo habla francés sino que encanta a todos


los que conoce. Estoy bastante prendado de ella. Si no tiene cuidado
podría intentar robarla de Publicidad Klein.

Los ojos de Keaton se mueven hacia los míos antes de que responda:

—Es muy leal a mi familia. Estoy seguro de que no hay nada que
pudiera influirla.

Vinnie coloca en la mesa su copa de vino después de tomar un sorbo,


y corta su carne.

—Estoy seguro de que puedo pensar en algo.

Me aclaro la garganta.

—¿Podemos por favor dejar de hablar de mí como si no estuviera


sentada justo aquí?

Keaton se acerca y apoya su mano en el respaldo de mi silla. Es


totalmente inapropiado, pero sabe que no puedo discutir con él delante
de los clientes… o cualquier persona. No me gusta ser el centro de
atención, especialmente cuando se trata de drama.

—Lo siento —dice Keaton con un falso ceño de remordimiento—. Me


siento muy afortunado de tenerte a bordo. Estoy dispuesto a luchar por ti.

—Esta no es una batalla. Nadie está en guerra. —Toco la mano de


Vinnie—. Gracias. Te he estado extrañando después de estar lejos un par
de días.

Su otra mano cubre la mía.

—Fue una gran aventura, pero ahora realmente comienza la


diversión. ¿Las fechas están fijadas?

—Sí, para todo, excepto París. Avísame cuando decidas si Roma aún
es parte de la visión. Entonces voy a terminar las fechas para Europa.

—¿Qué pasa con el señor Weston?

El vino se espesa mientras trago. Evitando la intensa mirada de


Keaton, miro el rostro más amable de los dos.

—¿Qué pasa con el señor Weston?

—¿Le hemos encontrado una pareja adecuada?

Casi escupo mi bebida sobre la mesa. En su lugar empiezo a toser


desesperadamente, la garganta ardiendo mientras me esfuerzo por
recuperar el aliento. Keaton aprovecha la oportunidad que le han dado y
entra en acción, envolviéndose alrededor de mí mientras golpea mi
espalda.

Básicamente volviéndolo peor y extremadamente incómodo. Peleo


contra el impulso de golpearlo de regreso, pero recupero el aliento y le
digo que pare, reafirmándoselo hasta que se vuelve a sentar y todos los
ojos en el restaurante están fuera de mí.

Vinnie se está riendo demasiado fuerte para ser de alguna utilidad.


Pongo los ojos en blando cuando pregunta:

»¿Fue algo que dije?

Lo miro fijamente.
—¿Estamos hablando del modelo? —pregunta Keaton, pareciendo
confundido.

Vinnie responde antes de que yo pueda:

—Sí. Es absolutamente digno de hacerte ronronear, y nuestra


pequeña Reese anotó con él. ¿Correcto, Reese?

Keaton está mirando entre nosotros.

—¿Qué quiere decir con que Reese anotó con él?

Conteniendo la respiración, espero que él responda y rezo porque


diga lo correcto.

—Disculpe. Quise decir lo anotó. Ella cerró el trato.

Rápidamente añado a eso:

—Él firmó un contrato para el proyecto.

Vinnie añade:

—En cuanto a su colega en la campaña, necesitamos finalizar nuestra


elección. Voy a revisar los portafolios de las últimas tres contendientes
mañana. Te haré saber quién creo que subirá la temperatura para las fotos
con nuestro hombre principal.

Keaton escanea la habitación.

—¿Dónde está nuestra camarera? Necesito otra copa.

—Tal vez será más rápido para ti que vayas a la barra —sugiero,
queriendo algún tiempo con Vinnie.

—Gran idea. Ven conmigo. Quiero discutir algo.

—Creo que debería quedarme con nuestro invitado.

—Eh —dice, ondeando su mano hacia Vinnie—, él estará bien.

Vinnie dice:

—Adelante. Usaré el tocador.


Me pongo de pie, empujando mi silla y pongo mi servilleta sobre la
mesa. Desplazándome entre las mesas para llegar al bar, estoy en estado
de shock por el comportamiento de Keaton, por lo que mi sarcasmo se
filtra.

—¿No has tenido suficientes bebidas esta noche? Tal vez deberías ir a
casa.

—Te quiero de vuelta, Reese.

Alejándome de su mano intentando tocarme, remarco:

—Tus deseos ya no son más mi preocupación.

—¿Nadie te dijo que eres tu peor enemigo?

—Nunca me quedé cerca el tiempo suficiente.

Se ríe, pero no está divertido.

—Las palabras más verdaderas jamás dichas.

—No estoy teniendo esta conversación aquí.

—Tú nunca quieres tener esta conversación, pero estoy cansado de


esperar.

—Ya no soy más una posesión que controlas. Así que sería inteligente
que dieras marcha atrás y fijaras tu mirada en otro lugar.

—Mis ojos están fijos justo aquí. No me harás parecer un tonto. Te dejé
posponer la boda, pero es hora de que vuelvas a alinearte con lo que está
pasando.

—Yo no pospuse la boda. La boda nunca iba a suceder. Demonios, el


compromiso ni siquiera ocurrió nunca. Pero, en realidad, Keaton, ¿por qué
quieres a alguien que no te quiere? —Me río, pero no encuentro nada
divertido sobre esta situación.

El dorso de su mano se desliza por mi brazo desnudo.

—Podemos ser geniales otra vez, como lo fuimos una vez. Si solo
abrieras los ojos a la posibilidad de una reconciliación.
—Lo único con lo que voy a reconciliarme es que eres un infiel y un
mentiroso.

—Te traté muy bien cuando estábamos juntos.

—Ya sea juntos o no, rara vez pensabas en mí o en lo que yo quería.

Frotándose las sienes con frustración, dice:

—No quiero pasar por esto otra vez.

—Bueno. Yo tampoco. Debemos volver con nuestro cliente.

—Quiero que vengas a casa conmigo esta noche. Terminemos esto.


Deja el pasado en el pasado y avancemos juntos.

—Si me engañas una vez, la culpa es tuya. Si me engañas dos veces…

Sus labios se presionan en los míos. La sorpresa endurece mi cuerpo y


me empujo hacia atrás.

»¡Cómo te atreves a besarme! —Miro alrededor, presa del pánico—.


¿Qué pasa si Vittori nos ve?

—Entonces verá lo mucho que me preocupo por ti. Ven conmigo a


casa, Reese.

Estoy disgustada no solo por el beso, sino también por la suposición de


su parte de que podía salirse con la suya.

—Cuando el infierno se congele. —Empiezo a irme, pero mi muñeca


es sujetada.

Se inclina y susurra:

—Deberías cuidar lo que me dices, señorita Carmichael. —Para


cualquiera aquí, parecemos una pareja cariñosa, pero por la forma en que
está apretando mi muñeca y por cómo está apretando los dientes, no hay
intercambio amoroso—. Solo tienes este trabajo porque fui lo suficiente-
mente generoso como para dártelo. Si me pierdes, perderás todo,
incluyendo ese lujoso apartamento del que estás tan orgullosa.
¿Cómo alguna vez lo vi como algo más que el despreciable ser
humano que es? Tiro de mi muñeca, intentando desesperadamente no
hacer una escena. Pero tengo que decir algo.

—Para alguien que demanda que me quiere de vuelta, tus amenazas


hablan más fuerte que cualquiera de los arreglos florales que me has
enviado.

Los ojos de Vinnie atrapan los míos. Bajo mi mirada, avergonzada de


que él vea cualquier cosa que pudiera revelar cuan vulnerable soy
realmente. Trago saliva y levanto mi barbilla mientras camino de vuelta a
la mesa.

Vinnie se pone de pie mientras me siento.

—Es un imbécil.

—Estoy de acuerdo —digo entre dientes mientras Keaton se acerca


con otra bebida en la mano.

Vinnie interpreta la escena tal cual es y me da un respiro para


desviarse hacia Keaton.

—¿Se reunirá con nosotros en alguna de las sesiones, señor Klein?

—No, no. Dejo eso para los profesionales que trabajan para mí.

—Sí, debe estar demasiado ocupado para ese tipo de cosas —dice
Vinnie, tomando la pulla.

Afortunadamente, Keaton estaba lo suficientemente borracho como


para no notarlo. Cuando llega la cuenta, la tomo y pago… con mi tarjeta
empresarial. ¡Ja!

Cuando estamos de pie en la calle, un taxi es detenido para nosotros


y le insistimos a Keaton para que lo tome a pesar de sus protestas de que lo
comparta con él.

—Está todo bien. Me aseguraré de que el señor Vittori llegue a casa a


salvo. —No puede discutir conmigo frente a Vinnie, entonces todo sale
bien.
Tan pronto como estamos solos, enlaza su brazo con el mío, y
comienza a arrastrarme por la calle.

—Finalmente, tenemos nuestra noche de chicas. Hora de festejar.

—¿A dónde iremos?

—A un bar bajando la calle, y luego a un club. ¿Preparada para un


momento de diversión?

—Más que nunca.

Con bastantes Cosmos 6 rosados frente a nosotros, arroja el famoso


acto de diseñador italiano y mi Vinnie está de vuelta.

—¿Qué pasó entre tú y Danny el Modelo? Cuéntame todo y no dejes


fuera ningún detalle.

—No pasó nada.

—Te di el último día de nuestro viaje y no pasó nada. Es muy


decepcionante, Dulzura.

Me inclino hacia adelante y lo abrazo.

—Te extrañé, Vinnie.

Toma algunos sorbos de su coctel y luego saca su labio inferior.

—¿De verdad? ¿No pasó nada?

Luego de algunos grandes tragos de mi bebida, encuentro el coraje


para compartir lo que he querido desde que pasó.

—Me pidió que almorzáramos.

—¿Y?

—Y me llevó a la playa. Tenía comida para llevar y una manta.


Conversamos y comimos.

Finge un desmayo sin salir de su taburete.

6Cosmos: Cosmopolitan, es una bebida alcohólica preparada con vodka y jugo de frutas
ácidas, como piña y arándanos.
—Eso fue tan malditamente de ensueño, chica.

—Lo sé, ¿verdad?

—Al chico le gustas.

—El chico ya no es un chico. Es todo un hombre. Y ese hombre le


gusta a muchas mujeres. Tú has visto los harapos.

Con un suspiro derretido introduciendo sus palabras, replica:

—Tienes razón. No es un chico. ¿Mencioné los fuegos artificiales entre


ustedes dos?

—Lo hiciste. Lo entiendo. Aprecio que estés jugando al casamentero


conmigo, pero créeme, mi vida es un desastre. No puedo permitirme
enamorarme de cualquier persona, mucho menos de alguien como Danny
Weston otra vez.

—¿Otra vez?

Maldición. Ups. Deshaciendo lo dicho, trato de cubrirlo:

—No quise decir de nuevo. Quise decir de él. Solo de él. Como sea.
—Comienzo a beber mi coctel y no me detengo hasta que la copa está
vacía.

—Has dicho algunas cosas como es…

—¿Camarero? —lo llamo como si estuviera llamando un taxi,


haciendo cualquier cosa para distraer a Vinnie de finalizar su línea de
pensamiento.

Cuando el camarero se acerca, apoya ambas manos en la madera


frente a mí. Vistiendo una camisa blanca con las mangas enrolladas,
dejando al descubierto uno o dos detallados tatuajes de algo de lo que
me gustaría tener una mejor vista, un chaleco gris a rayas, bien afeitado
con su cabello negro peinado hacia atrás. Pregunta:

—¿Qué puedo traerte, hermosa?

Me rio tontamente, sip, él piensa que soy hermosa.

—Otra ronda de cosmos, por favor.


—Vienen enseguida.

Los ojos de Vinnie están pegados a la parte trasera del camarero,


pero le pego un codazo como si no se hubiera dado cuenta. Ambos
mantenemos nuestra atención justo donde debería estar. Vinnie se inclina,
y susurra:

—Lo quiero.

—Jaja. Es guapísimo.

—Lo quiero para que desfile conmigo en mi show de primavera. —Me


mira a los ojos, muy serio—. Consíguelo para mí, Reese. Por favorcito. —Es
como un niño rogando por un helado, y completamente adorable.

—No creo que sea tu chica para eso, pero ¿puedo hablar con él por
ti si lo deseas?

—Me gustaría. Me gustaría muchísimo.

Se voltea y pone las bebidas frente a nosotros.

—Las bebidas corren por mí cuenta, pero solo con una condición.

Mi labio inferior es jalado bajo mis dientes en anticipación de lo que


podría ser una condición. Tomo un sorbo de la bebida, intrigada.

—¿Y cuál podría ser?

Pone un lápiz y una servilleta blanca del bar frente a mí.

—Dame tu número.

—¿Qué pasa si no soy soltera?

—No tienes anillo. Lo que significa que si no estás casada, eres soltera.

—Podría tener un novio.

—Debería haber tomado el siguiente paso entonces. Su pérdida.

Tomando otro sorbo, pongo la copa abajo otra vez y agarro el lápiz
mientras arrastro la servilleta más cerca.

—Estás muy seguro de ti mismo.


—No creo en perder el tiempo.

Después de que escribo mi número y lo empujo de vuelta a él. Lo


estudia antes que sus ojos vuelvan a los míos.

—Encantado de conocerte, Reese. Soy Leo.

Vinnie se pone de pie en la baranda de su taburete y se estira para


estrechar su mano.

—Hola.

Riendo, lo señalo.

—Y este es mi amigo… —Miro a Vinnie, no estoy segura de cómo


debería presentarlo. Vittori es tan famoso, un icono extravagante en los
círculos de moda, pero esta noche es Vinnie. Está en un traje hecho a
medida. Su cabello tiene estilo, pero no en su forma característica.

Entiende mi debate, así que me echa una mano.

—Vinnie, soy Vinnie, Leo. Es un placer conocerte.

—Igualmente. Entonces, ¿solo una noche de fiesta? —pregunta Leo.

—Sí, estamos poniéndonos al día.

—Oh, ¿desde hace cuánto tiempo no se han visto?

Vinnie y yo intercambiamos miradas y una sonrisa.

—Cinco días. —.Pero intento explicar nuestra estupidez—. Acabamos


de pasar dos semanas viajando juntos, me he vuelto aficionada a él y lo
extrañé.

—Ayy, Dulzura, haces que broten lágrimas en mis ojos.

Leo luce perplejo.

—¿Dulzura?

—Solo un apodo que tiene para mí.

—Estoy ansioso por escuchar más sobre cómo lo ganaste. —Escanea


el bar y los clientes impacientes intentando llamar su atención. Cuando
mira hacia nosotros, se inclina y dice—: Te llamaré y te invitaré a salir.
Espero que digas que sí. Me gustaría llegar a conocerte mejor.

No está buscando una respuesta para su pregunta, y su confianza es


completamente sexy. Se aleja y atiende a otros clientes. Aun cuando
estamos aquí por otros cuarenta y cinco minutos, nunca lo veo conseguir
un número, ni lo escucho utilizando la misma línea que uso conmigo. Todas
las razones están ahí para que me sienta especial, bebidas gratuitas, rostro
atractivo, excelente contextura. Debería estar sobre la luna respecto al
interés que mostró por mí. Debería estar haciendo estallar mi correa
imaginaria, pero ahí es cuando me golpea. Danny solía hacer eso en la
universidad. El recuerdo me lleva de vuelta a él. Mientras tomo el último
sorbo de mi bebida, me pregunto si él es la razón por la que no me interesa
Leo. Todo sobre Leo es atractivo, sin embargo, nada. Incluso con el poco
tiempo que hemos pasado juntos, Danny está comenzando a sentirse
mucho como un nuevo hábito. Será interesante averiguar si es del tipo
bueno o malo.

De pie en el bar, dejo un billete de alta denominación porque los


tragos gratis significan mejores propinas. Le digo adiós, pero está ocupado.
Vinnie y yo empezamos a hacer nuestro camino a la salida, pero me
agarran y cuando me giro, Leo está allí. Besa mi mejilla.

—Te veré pronto, Reese.

Me quedo ahí un segundo, sorprendida por su asertividad.


Aparentemente, no pierde el tiempo, sino que va tras lo que quiere. Si tan
solo pudiera hacer lo mismo. Danny. El único hombre que incluso me hizo
marear viene a mi mente.

Vinnie toce.

—Adiós, Leo.

—Adiós, Vinnie. —Sonríe y vuelve al bar.

Vinnie salta alegremente.

—Hombre, es asombroso. Sin embargo, tan diferente a Danny el


Modelo. ¿A dónde deberíamos ir? Tenemos mucho de qué hablar aún.
—Eres despiadado y estas desgastándome. Estoy empezando a
cansarme.

—Vamos, Dulzura. Iremos a mi apartamento. Tengo una bañera de


hidromasaje.
REESE
N
o tengo idea de cómo me meto en estas situaciones, pero de
algún modo lo hago. Menos de una hora después, estoy
sentada en una bañera de hidromasaje en mis bragas, en la
terraza de Vinnie.

Tenemos champán y una hermosa noche llena de estrellas.


Descansando mi cabeza hacia atrás, estoy mirando en el allá azul oscuro,
cuando Vinnie dice haciendo pucheros:

—No conseguiste el número de Leo. Solo él consiguió el tuyo. Lo


quiero, Dulzura, y me fallaste.

—¿Para que camine en la pasarela para ti o para ti personalmente?

—Ambos —dice atrevidamente.

Riendo, lo tranquilizo.

—No te preocupes. Sabemos dónde trabaja. Pero estoy segura que


llamará y entonces conseguiré su número para ti.

—Bueno, ¿acaso no eres Señorita Confianza esta noche?

—Sí, cuando se trata de él. Es obvio que estaba interesado o no me


habría perseguido. De cualquier modo, los hombres son fáciles de leer.

—Excepto cuando se trata de Danny el Modelo —regresa.

—Touché. Me dejaste beber demasiado. Sabes que no puedo


manejar mi consumo de alcohol.

—Lo sé, es por eso que saqué esta botella de champán.

Me rio, pero luego estoy hablando antes de poder detenerme.


—¿Puedo contarte un secreto? —Las burbujas deben estar yendo a
mi cabeza.

Vinnie está sentado frente a mí. Afortunadamente, está vistiendo un


traje de baño.

—Puedes contarme cualquier cosa, Dulzura. Mis labios están sellados,


una bóveda de acero.

—Conozco a Danny Weston.

—Sí. Lo sé. Estaba ahí cuando lo conociste.

Levantando mi cabeza, lo miro y trago con dificultad, temerosa de


estar tomando una mala decisión al contarle este secreto. Este es el único
secreto en que he sido buena en conservar. Es por mucho el más personal
y me rompe poco a poco cuando pienso en ello, así que no pienso en ello.
Lo he enterrado. Hasta hace dos meses.

—No, lo conozco en serio.

Emocionado, se endereza de golpe y me señala, salpicándome con


agua en el proceso.

—Lo sabía. Sabía que tuviste sexo con él.

—No, no así. No lo hice. —Una imagen de la primera vez que


estuvimos juntos, la primera vez que tuvimos sexo, aparece—. Bueno lo
hice, pero no es lo que piensas.

Su decepción es palpable mientras se relaja y llena su copa de


champán.

—¿Entonces no tuviste sexo en Los Ángeles?

—No lo tuve. Pero necesito hablar con alguien y sé que puedo confiar
en ti.

—Desde luego que puedes. Ahora escupe tu secreto más oscuro y


compartiré alguno de los míos, pero eso es para otra noche porque tengo
un armario con docenas.

Vinnie me hace sonreír, algo a lo que me he vuelto adicta. Ha pasado


mucho desde que me sentí tan feliz alrededor de alguien.
—Danny y yo salimos en la universidad.

Champán cubre mi cara y pecho mientras mis manos salen para


protegerme.

—¡Oh Dios mío!

Cuando el rocío de champán se detiene, abro mis ojos solo para que
se encuentren con los ojos abiertos como platos de Vinnie.

—¿Solías salir con Danny el Modelo?

No se escucha mucho como una pregunta, sino como una reacción,


una muy fuerte y estupefacta reacción. Sin embargo, está mirándome
fijamente esperando una respuesta.

—Lo hice. —Empiezo a sudar, sintiendo una gota resbalar por mi


columna—. ¿El agua se ha puesto más caliente?

—No. —Revisa el calibrador de temperatura—. Creo que es tu


conciencia.

—Lo más probable. —De repente me arrepiento de decir algo. Esto


era mejor dejarlo enterrado, pero ahora estoy atorada en medio de mi
pasado que se siente muy parecido a arenas movedizas, enterrándome en
su lugar.

—¿Vas a hacerme que te lo saque?

Suspirando porque es muy tarde para retirar la confesión, digo:

—Salimos en la universidad. Pensé que nos casaríamos algún día.

—Esa es una relación bastante seria.

—Sí, yo también lo creí, pero no funcionó. —Yyyyyyyyyy escándalo. A


lo mejor entenderá que no hay nada más que contar.

—No. No, la historia simplemente no termina así. Necesito más. Como


¿por cuánto tiempo salieron? ¿Cómo se conocieron? ¿Qué tan grande es?
¿Y cómo terminó?

—¿Qué tan grande es? Solo lo deslizaste justo ahí, ¿no es así?
—No, pero él la deslizó en… ¿o era demasiado grande para
deslizarse?

Con ambas manos, un completo asalto de salpicadas empieza.

—Asqueroso.

—No hay nada asqueroso acerca de Danny el Modelo.

Bajando mis armas, me estiro por mi champán pensando que voy a


necesitar un montón más para atravesar esta conversación sin que la
mortificación a toda marcha se instale.

—No bromeo. —Termino la mitad de la copa y la extiendo para que la


llene hasta arriba. Mientras llena mi copa, decido que es demasiado tarde.
Yo abrí esta lata de gusanos. Así que necesito sacar todos esos gusanos,
liberarlos por así decirlo—. Nos conocimos en una fiesta cuando estábamos
en primer año en Nebraska.

—¿Nebraska? ¿Por qué es tan caliente?

—No tengo idea. —Me siento, dejando que mis piernas floten frente a
mí. Con mis codos apoyados a los costados lo dejo salir todo—. Nos vimos
a través de la habitación…

Sabía quién era él. Todo mucho en el campus sabía quién era Danny
Weston. Era alto, guapo, gracioso. No sabía esto de primera mano, por
supuesto, pero había escuchado a personas hablando acerca de él. Una
vez en la biblioteca en una mesa detrás de en la que yo tenía mis libros
extendidos por todo el lugar mientras investigaba para un trabajo de
biología con fecha de entrega al día siguiente, escuché a una chica decir:

—Él es el mejor sexo que he tenido.

Su amiga remarcó:

—Para ti, eso es decir mucho.

Me reí, pero tapé rápidamente mi boca para que no pensaran que


me estaba riendo de su conversación. Señalé sin convicción el libro frente
a mí y murmuré algo acerca de ranas de árboles siendo divertidísimas. Ellas
o no me escucharon o no les importó porque siguieron hablando, pero con
voz más baja.

—Él es enorme, como realmente enorme.

—¿Qué tan grande? —pregunta emocionada su amiga. Se pone


silencioso y luego ella añade—: ¿Caray?

Señas con las manos, está haciendo señas con las manos. Y porque
soy curiosa, mi cabeza se da la vuelta de golpe para ver a la primera
chica sosteniendo sus manos separadas. Atrapándome, hace un
comentario sarcástico:

—Disculpa. Esta es una conversación privada.

—Lo siento —respondo, mi cara ardiendo, cubierta de mortificación.


Pero mientras miro directo hacia el frente, me sonrojo por muchas razones
diferentes, el mero pensamiento de…

Vinnie está atónito.

—¡Oh mi vida! —Separa sus manos, igualando las mías. Veo su


manzana de Adán moverse de arriba a abajo y se lame sus labios—. Eso es
como una buena fo…

—¡Lo sé! Créeme. Lo sé. —Tomo un gran trago de champán. Dios,


vaya que lo sé.

—¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?

Buscando respuestas entre las estrellas, digo:

—Dos años. Como que todo se apagó.

—No hubo apagón por lo que vi en Los Ángeles. Estaba totalmente


chisporroteando.

—Chisporroteado. No apagado —resoplo riendo.

Y luego otra vez, las burbujas están haciendo cosquillas en mi


garganta.
—Cariño, puede que hayas terminado por esta noche. Por mucho
que quiero todas las respuestas a las millones de preguntas acerca de tu
mega sexo con ese pedazo de hombre, necesitas agua y una cama.

—Estoy bien. Más que bien, bien como Daniel Gran Earl Weston.

—¿Earl? Eso es un asesino de erección.

—Asesino es correcto. Era llamado Gran Earl por una razón. —Intento
guiñar pero es como un guiño doble. Estoy demasiado ebria para guiñar
de cualquier modo, así que regreso a los muy afectuosos recuerdos que
tengo del Gran Earl. —Mi vag-i jamás tuvo una oportunidad—.
Poniéndome de pie, con mis brazos en el aire, grito—: ¡Hola ciudad de
Nueva York! ¡Juuuuuuujuuuu!

—Tienes tetas espectaculares, pero te das cuenta que estás sin sostén,
¿verdad?

—Ni siquiera me importa. —Hago un poco de baile de pies con


música que solo se toca en mi cabeza.

Vinnie se para y me toma de las caderas.

—Sip, hora de ir a la cama. Vamos. Bájate de ahí antes de que te


aniquiles, Chica Dulzura. —Me siento en el borde y saco mis piernas. Él se
sale después de mí mientras camino hacia el borde para echar un vistazo,
pero viene detrás de mí, envuelve una toalla alrededor de mi espalda, y
me redirige hacia el apartamento—. Por aquí. Vas a dormir aquí.

Lo sigo por el pasillo completamente blanco, el cual parece estar en


contraste con todo lo que el diseñador Vittori representa. Incluso los
números en el reloj alarma son morados. No sé si acostarme en la cama o
correr por mi vida.

—Es muy moradoso.

—Es morado Vittori.

Me acuesto en la cama con la toalla todavía envuelta a mí alrededor


mientras él trastabilla por la habitación. Con mis ojos cerrados, deslizo un
pie en el suelo y descanso mi brazo en mi frente. Toda la ligereza ha
dejado mi corazón.
—Lo amé. Lo amé tanto.

Se sienta a mi lado, besa mi brazo, y deja caer un par de pijamas en


mi estómago.

—Puedo asegurar que él también te amaba. —La lámpara a mi lado


es apagada y lo observo en la puerta. Se detiene—. Ponte la pijama, vete
a dormir, y descansa un poco.

Hago lo que he hecho cada noche desde que me alejé hace diez
años. Intento bloquear los recuerdos, me limpio las lágrimas, y me duermo.
Pero la noche de su primera confesión acecha mis sueños…

Esa noche en la cama, observo a Danny dormir. La nieve cae afuera


en esta fría noche de invierno, pero puedo sentir el hielo formándose en el
interior. He sido ingenua. No había pensado en él besando a otras mujeres
mientras “trabajaba”. No había considerado qué más tendría que hacer a
manera de trabajo además de modelar ropa. Pero ahora lo hago. Es en
todo lo que puedo pensar.

Dejo pasar el beso, sin hacer más preguntas al respecto. No quiero


saber nada más. Mi corazón no será capaz de manejarlo. Confío en él.
Confío en nosotros.

Solo es trabajo.

Un trabajo.

Nada más.

Cierro mis ojos e imagino a la más hermosa mujer en el mundo


besando a mi novio, una belleza rubia opuesta a mí en muchas formas, tan
hermosa que lo pierdo.

Tragándome la imagen, abro mis ojos otra vez y lo observo mientras


las lágrimas nublan mi visión. El cambio está viniendo y si intento detenerlo,
me convierto en una mala persona. Si lo acepto, ¿en qué nos
convertiremos?

Nunca he sido paciente. No llegué a donde estoy sentándome y


esperando para que las cosas pasen en la vida. Voy tras ellas. Todo, desde
la universidad a la que fui hasta mis becas. La única cosa que vino fácil a
mí fue Danny y ahora se está escabullendo dentro de lo desconocido, y
odio lo desconocido.

Mis dedos bailan sobre su hombro lo suficientemente suave para no


despertarlo. Inclinándome hacia adelante, lo beso allí. Me encanta tenerlo
en casa, pero estoy preguntándome cuándo me dejará otra vez.

La Navidad pasa y Danny no va a casa conmigo. Me quedo en la


casa de mis padres hasta que decido regresar a la escuela en la Víspera
de Año Nuevo. Cansada de estar sola, recibo el año con mis amigos en un
bar local. Danny había dejado un mensaje diciendo que no volvería a
tiempo para el tradicional beso. ¿Quién necesita uno de todas formas?
Tomo otro trago pensando en cómo él estaba atrapado en la ciudad de
Nueva York, probablemente con una sexy modelo rubia que lo ayude a
celebrar Año Nuevo en su lugar.

De pie en medio del bar, en el medio de las personas festejando,


estoy sola. A las 12:01 a.m. vuelvo a mi dormitorio. No al de él. Su lugar es
suyo, y estar allí me hace sentir más sola. Su olor y su colonia se están
desvaneciendo y no puedo soportar de la idea de averiguar si ha
desaparecido. Algo que me había dado consuelo ahora me pone triste.

Por suerte, mi compañera de cuarto se está quedando con su novio


esta noche, así que tengo el lugar para mí.

El segundo mensaje que deja llega después de que tenga la


oportunidad de tomar la llamada. Alcanzo mi teléfono, pero ya se ha ido.
Escucho el buzón de voz, pero mi corazón se ha vuelto frío por toda la
celebración. Para las dos de la mañana he llorado lo suficiente que el
agotamiento se establece y el sueño llega fácil.

Me remuevo antes del amanecer y giro, directo a sus brazos. Sin abrir
mis ojos, me acurruco más cerca, su esencia aliviando el dolor en mi
cuerpo.

—Llegas tarde.

—Estoy aquí ahora.


M
i atuendo es sexy. Desde el segundo en que puse mis ojos
sobre él, tenía que tenerlo. Estaba más que dispuesta a
pagar los exagerados precios por la ropa de diseñador una
vez que me lo probé. Era impresionante y me hacía sentir más como
anoche cuando me lo puse por primera vez.

A las ocho treinta de la mañana, saliendo de un taxi frente a mi


apartamento vistiendo esto mientras todos los que se están yendo al
trabajo están llevando trajes y Chanel, ya no me siento impresionante. Me
siento barata. Solamente desearía que fuera por las razones que todos
están ideando en su cabeza mientras entro al vestíbulo vergonzosamente.

Saludo al portero, sintiendo como que me está juzgando todo el


camino hasta el ascensor cuando estoy segura que apenas me notó entre
la multitud de la mañana. Las puertas del ascensor se abren en mi piso y
me quito los tacones y camino descalza hasta mi apartamento. Tan pronto
como lo desbloqueo, me deslizo dentro y cierro tras de mí. Cuando doy
vuelta, grito, cubriendo mi boca.

No le doy la oportunidad de hablar a Keaton.

—¡Joder! Me asustaste.

Se baja del taburete y viene hacia mí.

—Maldecir es de la gente sin clase. Eres mejor que eso, Reese.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Vine anoche. —Sostiene en alto la llave que le devolví cuando


éramos felices, o estúpidamente pensaba que éramos felices. Estoy segura
de que ya estaba follando a cualquiera a escondidas—. Quería
disculparme por lo del restaurante. Me sentía mal. No me gusta en quien
me he convertido últimamente. Te extraño. Me dabas equilibrio. Me hacías
feliz.
—Nadie lo diría tomando en cuenta lo que dijiste anoche. —Camino
dentro de mi habitación, sabiendo que no se irá hasta que diga lo que
vino aquí a decir. He aprendido esa lección de la manera difícil.

—Eso es lo que quiero decir —dice, siguiéndome—. No quiero hablarte


así, no quiero tratarte así.

Coloco mis zapatos en el estante y bajo el cierre de mi vestido y lo


dejo deslizarse. Él aparece en la puerta de mi armario y salto otra vez.
Cubriéndome con mis manos, advierto:

—Deja de espiarme y voltéate.

—Es solo que te amo mucho. Todavía te amo. —Se está inclinando
contra la pared justo fuera del armario, y con mi bata en la mano, dejo de
escuchar lo que se ha convertido en una súplica. Hay algo diferente en su
voz, algo más de lo que normalmente muestra. ¿Emociones reales?—.
Quiero estar contigo. —Tan pronto como salgo envuelta en mí bata, me
dice—: Quiero casarme contigo, Reese. Soy un mejor hombre por ti.

Además de la sorpresa de su confesión, mi corazón se ablanda bajo


su desesperación, así que trato de ser honesta, pero amable.

—Keaton, no estamos hechos para estar juntos. Lo siento, pero no.


—Vuelvo a la sala de estar y abro la puerta—. Entiendo que estás herido en
este momento, pero yo estaba herida en ese entonces. Soy la prueba de
que sanarás. Me superarás.

—No voy a superarte. No lo haré. No puedo.

—Debes hacerlo. —Abro más la puerta—. Y tienes que irte ahora.

Se inclina contra la isla de la cocina, sin lucir como que se irá en algún
momento cercano.

—¿Estuviste con alguien anoche? Viniste a casa luciendo como si


hubieses sido follada. ¿Dejaste que algún tipo te tratara así?

—¿Pensé que maldecir era de la gente sin clase?

—Al igual que tú por tu apariencia esta mañana.


Y aquí vamos. Esta es la parte donde se vuelve feo, pero mantengo mi
voz tranquila, sabiendo que si grito solo irá en ascenso.

—Entonces no hay nada que te retenga aquí.

Enderezándose, cruza sus brazos.

—¿Por qué eres tan terca? Bien, tuviste sexo con alguien más. No me
importa. Pero quiero que veas cuán buenos somos juntos.

—No estamos juntos, Keaton.

—Entonces déjame mostrarte cuán buenos podemos ser otra vez.

Esta conversación me recuerda a la que tuve con Danny, la que estoy


muy segura que no fue planeada.

—Estoy tan cansada de tener esta conversación. Por favor. Estoy


cansada. Por favor vete. —Sosteniendo mi mano hacia fuera añado—: Y
deja mi llave.

Camina pasando más allá de mí.

—Creo que me la quedaré un poco más.

—Simplemente haz esto fácil y no me hagas cambiar las cerraduras.

—Vas a ver cuán buenos somos. No somos solo buenos en papel.


Podemos ser buenos juntos en la vida. Somos una pareja perfecta, Reese.

Me ofendo por esa declaración, aunque no fue dicha como un


insulto.

—Nos gustan las mismas cosas.

—No, nunca me ha gustado el ballet. A ti sí y solo para que el negocio


se realizara antes de que el telón subiera.

—Está bien, tenis. Lo jugábamos todo el tiempo.

—Porque quería tener un vínculo contigo. Pero hiciste eso imposible


por tu necesidad de menospreciarme frente a tus llamados amigos del
club.

Sus hombros caen en derrota.


—Te llevé a ver a ese cantante de música country. —Me señala
acusadoramente—. Fue solo por ti porque creo que él apesta.

—Lo hiciste. Te concederé eso, pero fue difícil escucharlo cantar por
tus constantes quejas. —La peor noche de la historia.

No toma amablemente mi observación.

—Mira, Reese. He sido bueno contigo. Más que generoso con mi


riqueza…

—Nunca me importó tu dinero. Sé que todas las mujeres en tu círculo


de vida son como tiburones, pero pueden tenerlo todo. Preferiría tener
algo real, como un…

—¿Como un yate? Lo tienes. Te compraré uno hoy y lo llamaré The


Reese.

Sacudiendo mi cabeza me doy cuenta… o más como que recuerdo,


que hablar con él en cualquier término que no entiende, tal como amor,
devoción, pasión, ninguno de ellos tiene lógica para él. Tres de las muchas
razones por las que creo que sigue soltero a los treinta y ocho años.
Emociones no registradas. En su mundo, el dinero habla, y cuando lo hace,
él siempre escucha. Algo que nunca hizo conmigo. La única cosa que mi
mamá siempre me dijo fue que buscara una pareja. Ella está muerta y es
como si hubiera olvidado las lecciones de vida que me dejó.

No más. Me rehúso a ser menospreciada por él, ser intimidada y


manipulada por sus mentiras, abro la más la puerta. Indirecta-indirecta.

—Voy a dormir, así que otra vez, estoy pidiéndolo amablemente. Por
favor vete.

Esa desesperación de antes está de regreso en su tono.

—Me iré, pero necesitas saber que protegeré lo que es mío.

—No soy tuya. —Nunca lo fui, añado silenciosamente, sin querer


pelear con él.

Su espalda está hacia mí mientras camina por el pasillo hasta el


ascensor.
—Te veré el lunes, brillante y temprano.

Cierro de golpe la puerta aunque sé que no me dará la misma


satisfacción que solía darme. ¡Rayos! No recuperé mi llave. Además de
estar físicamente cansada, ahora estoy emocionalmente agotada.
Conseguiré una referencia del portero la próxima vez que esté abajo para
un cerrajero. Tirando mi bata más apretadamente a mí alrededor, tomo un
gran vaso con agua y recupero mi teléfono de mi bolso. La decisión ya
había sido tomada, observar una serie de policías será lo primero mientras
paso el día recuperándome. Tal vez ellos me enseñarán cómo esconder un
cuerpo en Manhattan.

Dos episodios después, mi celular vibra con un nuevo mensaje.


Cuando lo agarro, me doy cuenta que me he perdido muchos. Todos de
Danny.
DANNY
—N
unca antes fuiste reacio, Danny. Bésame. —Laylah
(veintiocho años, rubia, ojos verdes, rostro
perfectamente simétrico con ojos de gato y mejor
conocida por su cuerpo asesino y modelar para Victoria’s Secret) está
clavada contra la pared, mis brazos atrapándola entre ella y todo en lo
que puedo pensar es en lo que ha estado haciendo Reese y esperando
que no se haya estado follando a nadie en lo absoluto.

¿Es muy optimista, muy pronto para querer eso?

Quizás.

Probablemente.

Definitivamente.

Beso el cuello de Laylah como el fotógrafo ha estado exigiendo. La


respiración de Laylah cubre mi oreja mientras el clic de la cámara es
escuchado, rápido, varios por segundo. Sus manos corren hacia abajo por
mi costado debajo de la estrechamente diseñada chaqueta de esmoquin
que estoy usando e inclino mis hombros para que la cámara obtenga una
toma limpia del reloj contra la seda de los pantalones de pijama. Ella
empuja la chaqueta hacia atrás para mostrar mis abdominales mientras
tratamos de parecer íntimos.

—Inclina tus caderas hacia adelante, Laylah —dice el fotógrafo—. Sí,


justo así. Danny, enseña la cara del reloj hacia mí.

Giro mi brazo, pero mi hombro se mantiene lleno de tensión.

Ella susurra:

—Relájate, Danny.
El fotógrafo sugiere:

—Quizás cambien de lugar.

Giro a Laylah alrededor y trato de meterme en ella. No está


funcionando, así que lo finjo. Una hora después, estoy inclinándome contra
una pared de ladrillos afuera mirando mi teléfono. Quizás no debí haberle
escrito a Reese el otro día…

Yo: Tengo una pregunta sobre la sesión de fotos.

Yo: Mentí. No tengo ninguna pregunta. Solo he estado pensando en ti.

Yo: El problema es que no puedo dejar de pensar en ti.

No puedo ni siquiera culpar al alcohol por enviar esos durante una


sesión de mensajes de texto nocturnos. Quizás el germen de trigo estaba
yendo a mi cabeza, haciéndome ver las cosas tan claramente. A veces es
más fácil esconderse detrás de una fachada que enfrentar la realidad. La
dieta líquida que hice por dos días pregonó claridad. Estoy viendo como
un mal efecto secundario como es el arrepentimiento se instala.

Reese no ha respondido. Debí haberla asustado. Definitivamente la


asusté. Pero maldición, no estoy muy seguro sobre nosotros. Se ha metido
debajo de mi piel. Imaginé qué sucedería si nos encontrábamos unas miles
de veces o más durante los años. Entonces sucedió y no fue como nada
de lo que esperaba. Nunca esperé todavía sentir tanto por ella en el
segundo que la vi. Tontamente pensé que algo de la rabia que había
perdurado durante los años saldría a la superficie, el dolor que sentí se
revelaría en una inmunidad adquirida por su belleza, su ingenio vivaz y
testarudez.

Nop. No sucedió.

Exactamente lo contrario sí.

Aún tengo sentimientos por ella, si son nuevos o son reminiscencias de


hace mucho tiempo, no tengo idea. Están ahí porque no puedo sacarme
a la mujer de mi mente.
Su independencia es sexy. La manera en que me mira me arrastra
dentro, capturando mi corazón como hizo antes.

El asistente del fotógrafo lanza el cigarrillo al callejón y lo pisotea.

—Deberíamos regresar. Un montaje más que hacer.

Lo veo caminar adentro, luego reviso mi teléfono una vez más. Nada.

Dando mi mejor James Dean, sostengo la chaqueta deportiva por las


solapas para mostrar el reloj de 15 quilates de oro que estoy modelando
mientras inclino mi cabeza hacia atrás para mostrar una buena mandíbula.
La cámara suena mientras el obturador se abre y cierra en una rápida
sucesión. Laylah está observando en la distancia mientras su maquillaje es
removido ya que está envuelta. Evito esa dirección. Ella es
despampanante, solo que no es despampanante al estilo Reese.

Soy contratado porque no estoy afectado. Creo en mi trabajo y dejo


que mis emociones salgan, así que trabajo el caos interno que se está
construyendo y lo muestro.

El fotógrafo lo devora.

—Más, Danny. Sí, melancólico. Peligroso. Dámelo. Justo así. Sí. Eso es.
Odia la cámara. Ama la cámara. Te acabas de follar la cámara y ahora
no quieres tener nada que ver conmigo. Hazlo sobre la cámara. Dámelo y
enseña el reloj.

Un profesional renunciando a todo durante una sesión, no tengo idea


de lo que está hablando así que lo hago a mi estilo y lo veo prácticamente
tener un orgasmo mientras me ve a través del lente.

E
ludiendo la bandeja de copas con champán, agarro una
cerveza del bar cuando caminamos dentro de la fiesta.
Encajamos aquí. En un hogar de moda en Hollywood Hills somos
solo otro grupo de modelos. Fotógrafos, diseñadores, y artistas adornan el
paisaje, inmersos tan profundamente como lo estamos en el mundo de la
moda.

Desde modelos masculinos de 2Xist hasta Abercrombie & Fitch, esta


fiesta está llena con mi competencia. No me estreso. He tenido
experiencia sobre los jóvenes. Y nunca he escuchado ninguna queja de
mis abdominales.

No pretendo que la gente no me reconozca, ya que no soy la gran


cosa. Puede que no parezca así, pero nuestra industria es pequeña y todo
el mundo conoce a todo el mundo o has escuchado los rumores. Renuncié
a mi camino elegido con un título por uno que me desvió. Por suerte pagó
bien. Gran momento. Soy una de las excepciones. Me he partido más allá
del reconocimiento facial. Tengo reconocimiento de nombre. Fama.
Siendo una excepción, me he ganado un nivel de respeto.

Vivo con unos pocos arrepentimientos, aunque a menudo me


pregunto cuán diferente sería mi vida si hubiera elegido usar mi título en
Geografía. Estaría casado. De seguro. Probablemente tendría un par de
niños. Plural. Guau. Me pregunto si Reese aun quiere niños.

—Hay un sofá libre aquí —dice Laylah, caminando junto a mí. No le


importa la atención extra. Nunca lo hizo. No le afecta al fotógrafo ser visto
con nosotros tampoco. Lanzo mi chaqueta al sofá de cuero mientras me
siento. El fotógrafo de Vargo se sienta junto a mí, su asistente y Laylah
frente a nosotros.

Su asistente señala la comida por la piscina. Fingiendo estar


hambriento, me excuso antes de que cualquier conversación me
mantenga aquí.

La manga de mi camisa es tirada. Laylah sonríe, y por un minuto veo a


esa chica de Ontario de nuevo, la que apareció patizamba y nerviosa
hace ocho años.

»Regresarás, ¿cierto?

Le aseguro:

—Regresaré.
Sonríe y se sienta de nuevo en el sofá, una larga pierna cruzando
sobre la otra. Me dirijo hacia afuera. La vista de LA es increíble desde aquí.
Luces aparecen para destellar, haciendo la ciudad mágica de nuevo. La
mayoría de las personas están dentro de la casa y encuentro extraño que
la vista, esta vista en particular, se da por sentada, pero aprecio la
soledad.

Mi teléfono vibra con un texto.

Saco el teléfono de mi bolsillo y sonrío. Es de Reese. Ni siquiera me


importa lo que dice el texto. Que yo escuche de ella se siente como una
victoria. Es como un triunfo.

Deslizando la pantalla, el mensaje completo aparece.

Reese: Tampoco puedo dejar de pensar en ti.

Mi sonrisa crece. Instantáneamente, mis dedos están en el teclado


listos para responder, pero me detengo, preguntándome si debería. ¿O
debería esperar? Odio los juegos y aquí estoy jugando uno. Reese es una
operación delicada. Un movimiento en falso y estamos sentados diez años
atrás cuando se alejó de todo lo que teníamos.

En el medio del debate maestro que estoy teniendo, recibo otro


mensaje de ella.

Reese: Estoy ansiosa por verte de nuevo.

Tenemos lo de Marfa en unos días. Ver a tu ex novia en el medio del


Oeste de Texas, ¿no es así como todas las grandes historias… todas las
grandes historias de amor, comienzan?

—¿Por qué estas sonriendo? —Laylah se acerca furtivamente a mí,


copa vacía en la mano. Cuando la miro, mantiene sus ojos fijos en mí—.
Has tenido algo en tu mente. Todo el día.
—A alguien —digo voluntariamente.

Sus ojos se ensanchan en sorpresa, pero una pequeña sonrisa


aparece también.

—¿A alguien? —Gira su mirada a la distancia y su humor se torna


melancólico—. Las relaciones no auguran nada bueno en nuestro
negocio. Incluso menos si eres un modelo en la cima. Ambos hemos estado
alrededor mucho tiempo para saber esto.

Al regresar a las luces de Los Ángeles, quiero decir que conocí a


alguien por quien valiera la pena reevaluar mis metas a largo plazo de mi
carrera. Quiero compartir los ridículos detalles de cómo Reese me hace
sentir vivo, pero también vulnerable y expuesto. Pero no lo hago, porque
ella no es alguien que recién haya conocido y no quiero meterme en un
pasado que es mejor mantener conmigo.

—¿Danny?

Entonces pienso en la mujer en que Reese se ha convertido, y sin


importar cómo sienta que pudiera conocerla, no estoy seguro de que lo
haga, y las implicaciones que vienen con eso, me hacen vacilar el
contestar. Lo hago a un lado y paso mi mano por mí cabello, liberando los
tiesos mechones.

—Está cálido esta noche.

Ella capta la señal de que no voy a dar nada, pero advierte:

—No dejes que una distracción temporal arruine el imperio que estás
construyendo, el legado que has construido. Aprendí esa lección de la
manera difícil. No te pongas para que te rompan el corazón. Voy a comer.
Muero de hambre. —Laylah me deja con ese consejo… ¿o es una
advertencia?

Muevo el teléfono en mi palma una y otra vez, queriendo leer los


mensajes de Reese una vez más, aquellos que me hacen sonreír y revelar
mi secreto. No lo hago. Meto el teléfono en mi bolsillo y voy a la barra a
rellenar mi bebida.

Una hora es suficiente para saber que no puedo estar aquí. No quiero
una fiesta; quiero sentarme en bar oscuro y perderme en la vida de alguien
más por un rato. Luke me recoge y vamos a un bar en Hollywood. Nunca
he visto una celebridad aquí, aunque he escuchado rumores de que “una
vez Matt Damon y Ben Affleck” compartieron una jarra aquí.

Los reservados de vinil están rasgados, el humo se ha filtrado a la


pared de terciopelo rojo, aunque los cigarrillos fueron prohibidos en los
bares hace algunos años. Está oscuro, la única luz natural que se filtra es
por medio de una ventana octagonal en la puerta del frente. El camarero
no nos saluda. Eso sería una pérdida de tiempo mientras limpia gruesos
tarros y los alinea a lo largo de la barra. Esto es el por qué me gusta. No hay
pretensiones en absoluto. A nadie le importo una mierda, mis problemas, ni
los de nadie más.

Luke consigue una jarra y regresa al reservado cerca de la rockola de


la que nos hemos adueñado. Mientras sirve, me quejo:

—Eso es demasiado.

Me fulmina con la mirada, así que corrijo mi oración, dándome


cuenta de cómo me he puesto una trampa.

»Aprende a servir una cerveza. Dame eso. —Tomo el vaso vacío y lo


lleno yo mismo.

—Entonces, ¿regresemos al hecho de que dejaste una fiesta llena de


modelos calientes para beber conmigo?

—¿No eres afortunado?

—¿Pero de nuevo por qué? —Esto es lo que no entiende. Piensa como


todos los demás: llevo una vida de lujos, autos rápidos, y mujeres sexys. Está
bien, tiene razón, pero me conoce mejor. Me conoce a mí. Punto. Nadie
en esta fiesta lo hace.

—Ella me está impacientando.

—Está bien, Commodus, no eres Joaquin Phoenix y esto no es


Gladiador. Así que nada debería de estar “impacientándote”.

—Si solo esto fuera una película de Ridley Scott. Podríamos luchar
contra el mal. La victoria y las mujeres serían nuestras.
—Y entonces mueres al final. Soy más de Gus Van Sant, ¿y desde
cuándo tienes problemas de chicas?

—Una vez. Pero ha regresado.

Está sacudiendo la cabeza. No hay mucho que pueda decir y yo


sueno como si estuviera de quejumbroso, así que tomo mi cerveza y luego
le digo al camarero:

»¿Puedes encender el televisor?

La jarra está vacía y tenemos una segunda medio llena enfrente de


nosotros. El canal es cambiado a una película de kung fu de los setentas,
así que me pongo de pie para revisar la rockola. Al revisar entre los viejos
álbumes cargados allí, Guns N’ Roses, Metallica, o The Rolling Stones
estarían grandiosos. Necesito música que ahogue mis pensamientos. En
lugar de eso tengo música de los cincuenta como Sam Cooke a The
Carpenters de los setentas. Ya he gastado mi dinero, así que escojo Tell It
Like It Is de Aaron Neville, sabiendo que nada en esa rockola me hará
olvidar a Reese.

Cuando me siento, Luke me está juzgando.

—¿En serio amigo?

—Cómo sea. —Yo también me estoy juzgando. Sintiéndome a la


defensiva, hago lo que cualquier otro amigo haría, se lo regreso—. ¿Hablas
con Jane?

Se muerde. Mordió el anzuelo.

—No. ¿Crees que debería?

—No creo que esté en posición de dar algún consejo ahora mismo.

—Casi la llamé. Solo seguía pensando qué tal si solo estaba teniendo
dudas momentáneas. Fue a casa con él, ¿así que qué tanto puede estar
pensando en mí?

—Creo que tienes que decirle que pare su mierda. —Se ve


sorprendido por mi brusca reacción, pero me encojo de hombros—. Lo
siento, hombre, pero te dijo todo eso y luego regresó con él. Está
jodiéndote, dejándote ahí hasta que te quiera?
—Joder, no tienes que decirlo tan crudamente. ¿No has escuchado
de “romper a alguien poco a poco”?

—Lo siento. Solo tengo mucho en la cabeza. Ni siquiera sé si Reese


está saliendo con alguien. ¿Qué tal si sí?

Chasquea dos veces los dedos enfrente de mi rostro.

—¡Oye! Concéntrate. Estamos hablando de mí. Iremos contigo


después.

Me rio, porque no puedo no reírme de él. Es ridículo. Tomo una


profunda inspiración y pretendo ser serio.

—Está bien. Entonces hablemos y resolvamos esto porque eso es lo


que dos hombres hacen. Hablan sobre sus problemas de chicas. —Lo miro
de reojo.

—Tu sarcasmo no es apreciado.

—En realidad, seguido es muy apreciado. Pero en serio, vamos a


repasar los pros y contras.

Asiente, entusiasta por resolver este embrollo.

—Pro. Estuvimos juntos por ocho años.

—Contra. Nunca sellaste el trato. ¿Por qué no?

—Ya no recuerdo. —Inclina su cabeza en su mano, el pensamiento le


pesa—. Pequeñas cosas como esa no importaron.

—Pro. Rompiste con ella desde hace un año o más, y nadie ha


logrado reemplazarla.

—Ese es un gran pro —añade—. Contra. Está en una relación. Vive


con él. Eso es malditamente muy serio.

—Pro. Vive con otro hombre y aun así vino a verte.

—Pro. Vive con otro hombre y no me importa. Haría cualquier cosa


por tener un día más, por tener una oportunidad más de mostrarle que soy
el mejor hombre.
Sonrío. Vamos, no soy despiadado. El pobre me está jalando mis fibras
sensibles.

—¿Entonces qué estás esperando?

—Una señal.

Lo golpeo en la cabeza.

—¿Eso funcionará?

—Joder. Eso dolió —se queja. Me río, porque sabe que no me


atrapará. Soy demasiado rápido, incluso después de beber—. Vigila tu
espalda —amenaza, pero se ríe.

Su teléfono está en la mesa, así que lo empujo hacia él.

—¿En este punto, qué puedes perder?

—Nada. Ya perdí lo único que importaba.

—Conozco ese sentimiento.

—Es nuestro momento, Dan Man. No nos rejuveneceremos o seremos


más atractivos. Es ahora o nunca.

—Habla por ti. —Me subo el cuello. Movimiento presumido, lo sé.

Me lanza el teléfono.

—Deja de perder tiempo en aquellas que no importan. Hazlo con la


que sí.

Que se joda, estoy escribiendo.

Yo: Tres días. Serás toda mía. Te veo en Marfa.

Podría estresarme de que la asustaré por ser tan directo, pero como
dije, que se joda. No me mantiene esperando. Lo tomo como una buena
señal. Tan solo me alegra que no pueda ver lo imbécil que luzco ahora
mismo con esta enorme sonrisa boba que se apodera de mi rostro.
Reese: Te veo en Marfa, Danny.
DANNY
E
l desierto está caliente. No es exactamente una noticia
novedosa, pero solo quería sacar eso de mi pecho, junto con mi
camisa. Me la dejo puesta, ya que estoy en público
representando a Vittori y me pagan. Así que tengo clase. Pero si se pone
más caliente, no respondo.

El conductor aparece y gracias a Dios tiene el aire acondicionado


encendido cuando me meto.

Marfa está en medio de la nada del Oeste de Texas. Hice algo de


investigación y además de una instalación de Prada y la Fundación
Chinati, no hay mucho más que ver. Mientras nos dirigimos hacia el pueblo
en donde me dicen que tomaremos la ruta escénica y pasaremos por
Ballroom, otro club de artistas destacados. Nos dirigimos por la calle
principal y nos dejan en el Hotel Paisano. El emblemático hotel hace
referencia a sus raíces de las influencias y títulos históricos españoles de lso
años 30’s. Cruzo el vestíbulo y paso una oda de los días cuando el elenco
de Giant se quedó aquí; las fotos de James Dean, Elizabeth Taylor, y Rock
Hudson están colgadas orgullosamente.

En el vestíbulo, veo a Reese parado en la gran ventana mirando el


jardín. Está en el teléfono, demasiado perdida en una conversación como
para notarme. Me siento en la silla de cuero detrás de ella y espero. No
intento escuchar, pero el estrés en su voz me atrae a escuchar, y
entrecierro los ojos en el suelo de azulejos absorbiendo en su tensión.

—Regresaré en dos días —dice y un suspiro pesado es liberado—. No


tendré esta conversación por teléfono. No puedes forzar… —Es
interrumpida y mientras estoy sentado allí, me doy cuenta de que está
enojada, encendiendo mi propia furia en su nombre. Cuando él o ella deja
de hablar, añade—: Tienes que hacer lo que tienes que hacer, Keaton. —
¿Keaton? ¿Quién es este cretino?—. No te estoy deteniendo. No te estoy
reteniendo. Tú eres el único que te retienes. No me esperes porque no
estaré allí.

Carraspeo. Cuando se da la vuelta y me encuentra sentado allí, su


rostro se acalora y entra en pánico.

—Necesito irme. Vittori está aquí. —Cuelga e intenta recuperares


preguntando—: ¿Cuándo te colaste? Esperaba poder saludarte.

—No me cole. —Me pongo de pie, acercando mi cuerpo al de ella.


Ella titubea, su respiración se profundiza y quiero besarla. No lo hago, pero
quiero—. Entré y te vi.

—¿Tuviste un buen paseo?

Manteniendo la conversación, contesto:

—Sí, ¿tú?

Una lenta sonrisa se extiende por su rostro y se sonroja, espero que


esta vez por mí.

—Sí. —Se detiene, relajando su cuerpo mientras suspira felizmente—. Es


bueno verte, Danny.

Ahora la beso. Tomándome mi tiempo, me acerco, dándole una


amplia advertencia de que me estoy acercando. La tomo de los brazos,
sus manos me agarran tentativamente, pero se queda quieta. Beso
lentamente su mejilla, apreciativamente, deseando que sean sus labios.
Tomo una respiración profunda y presiono mi mejilla contra la de ella. Con
los ojos cerrados como si nunca hubiéramos estado separados, como si no
hubiésemos dejado que diez años se escaparan. Esto es lo que he echado
de menos. Reese. Mi Reese.

Pronto. No ahora, pero justo entonces hago una promesa silenciosa


de besar su boca de la manera cómo merece ser besada.
Reverentemente. Por cómo sus manos me están apretando me hace una
promesa reciproca que no está fuera de su alcance. Incluso cuando mis
labios dejan su piel, permanece allí con los ojos cerrados. La miro,
asombrado por su belleza. Cuando sus ojos se abren, sus manos
lentamente regresan a sus costados y eso se siente mal.
Un chillido de emoción detrás de mí me sobresalta.

—¡Danny Modelo está aquí!

Vittori baja por las escaleras en todo su fervor. Vestido de morado de


pies a cabeza, estoy seguro de que el Occidente de Texas nuca ha visto a
alguien como él. Pensándolo bien, este lugar es una comunidad de arte
entonces quizá sí.

Cuando se apura hacia mí, no estoy seguro de si viene por un abrazo


o un apretón de manos. Me preparo para cualquiera.

Un abrazo, eso es.

Tiene suerte de que me agrade. No de esa manera, del tipo


pervertido.

Reese está demasiado ocupada como para ayudar a un amigo.


Palmeo su espalda antes de poner medio metro de distancia entre
nosotros.

—Qué gusto verte.

—¿Este lugar no es divino en la manera más sincera? Me encanta su


vibra de no ciudad de Nueva York.

—Definitivamente no es para nada como Manhattan. ¿Cuándo


llegaron?

Reese dice:

—A la hora del almuerzo. Suficiente tiempo para establecerse y


refrescarse. —Mira mi maleta—. No tienen botones ni elevador.

Vittori añade:

—Ni servicio a habitación ni tampoco spa.

—Está bien. Puedo cargar mi maleta y supongo que podemos


arreglárnoslas —replico sarcásticamente con una risa.

Reese sostiene una llave cobriza.

—Estás en la habitación 223. La habitación de James Dean. Pensé


que quedaba bien.
—Más de lo que crees. —Tomo la llave e intento la misma mirada de
la sesión de Vargo con ella, pero no reacciona así que me detengo, lo
cual es lo mejor—. Tenemos reservaciones para la cena a las seis. ¿Es
demasiado pronto? Nos morimos de hambre, así que pensamos en comer
antes y luego explorar.

—Está bien por mí.

—Claudia está arriba durmiendo. Puede que vaya con nosotros. Está
indecisa.

Otra mujer que solo palidecerá en comparación a la mujer enfrente


de mí.

Reese dice:

—¿Dice que se conocen? —dice la oración como una pregunta y me


pregunto brevemente si son celos lo que escucho en su voz.

—Nos encontramos un par de veces.

—Oh. —Su tono se apaga como si quisiera preguntar algo, pero no lo


hace.

El teléfono de Vittori suena y se sale, dejándonos solos. Miro a Reese.

—Supongo que debería de llevar esto arriba.

—Sí. Buena idea. —Está muy profesional, la mención de Claudia la


puso seria—. Si necesitas algo, estaré pasillo adelante en la habitación 233
y tienes mi teléfono, así que siéntete libre de usarlo.

—Está bien. —Trago más fuerte de lo que quiero. No hay manera de


que no lo haya notado. Solo lo dejo pasar para tranquilizar su mente.
Quiero a la Reese que tenía antes de que la Reese profesional
apareciera—. Nunca dormí con ella. En verdad solo la he visto en fiestas.
Nada más.

Alza las manos.

—Oh, no. No. No tienes que explicarme nada. Es asunto tuyo, Danny.

Tomando sus manos, las detengo entre nosotros.


—Quiero explicarlo. Quiero que conozcas mis asuntos, Reese.

Cuando la tensión la abandona y sus dedos se curvan alrededor de


los míos, baja la voz y dice:

—No debería querer saber.

—Me siento de la misma manera contigo.

Da un paso hacia atrás, alejándose del abismo que está entre


nosotros antes de que caiga… antes de que cualquiera de los dos caiga.

—No puedo —dice, con voz temblorosa—, por favor. No puedo. No


de nuevo. Mi corazón no puede manejarlo. —Se aleja, yendo hacia las
escaleras.

—¿Reese?

Se detiene, dándome la espalda. Con la mano estirada contra la


pared, sosteniéndose, su voz apenas se escucha cuando contesta:

—¿Si?

La recepcionista está observándome mientras le hago una súplica


desde el corazón a la única mujer que lo dañó diez años atrás.

—Te extrañé. —Te amé.

Permanece callada y estoy tentado a ir hacia ella, pero me resisto,


sabiendo que necesita tiempo para sí misma.

—Yo también —replica, mirando hacia atrás, y luego continúa


subiendo las escaleras, desapareciendo. Soy dejado con una maleta a mis
pies y una audiencia.

Con la incomodad pululando en el vestíbulo, la recepcionista baja la


mirada, repentinamente ocupada con el registro enfrente de ella. Apretujo
la llave en mi mano y tomo la maleta.

—¿Habitación 223?

—Subiendo las escaleras, señor.

—Gracias.
Mi habitación está hasta la cima de las escaleras y alrededor del
barandal. Abro la puerta y llevo mi equipaje al interior. El hotel es viejo y las
puertas parecen antiguas como los muebles. La puerta se queda abierta
hasta que la cierro. Aquí no hay cerraduras automáticas. Me siento en la
cama y luego me acuesto sobre mi espalda con los brazos bajo mi
cabeza. Al mirar el techo, el día comienza a asentarse y mi cuerpo se
relaja en el colchón.

Un suave golpe en la puerta rompe el silencio.

»Adelante.

Vittori entra y cierra la puerta como si estuviésemos rompiendo


algunas reglas imaginarias. Me incorporo. Camina con propósito al balcón.
Abriendo la puerta, sale, inspecciona la vista, entonces vuelve.

—James Dean tenía una mala vista.

—Dudo que entonces fuera la misma vista.

—Cierto. —Se deja caer sobre su estómago al pie de la cama.

Me incorporo, llevando mi espalda contra las almohadas apiladas


contra la cabecera. No estoy seguro si necesito recordarle que no es mi
tipo o si siempre es así de bromista con gente que apenas conoce.

—Caray qué pasa, grandote.

Se rueda sobre su espalda dramáticamente.

—¿Por qué tú y Reese luchan tanto contra esto?

—¿Con qué? —pregunto, curioso por lo que sabe.

Sus manos están en el aire, sacudiéndose.

—Hubo tanta tensión sexual en ese vestíbulo que casi me pongo un


condón para no embarazarme.

—Así no es cómo funcionan los condones.

Se pone sobre su estómago y apoya la barbilla en sus manos.

—Puf. Sabes lo que quiero decir, Danny Modelo.


—Conozco a muchos diseñadores de moda y tengo que decir, eres
único en tu tipo, Vittori el Diseñador.

Sus ojos brillan con diversión.

—Llámame, Vinnie. Mis amigos lo hacen, y Danny Modelo, he


decidido que somos amigos.

—¿Y cómo llegaste a esa conclusión?

—Porque a Reese le gustas, y si a ella le gusta alguien, sé que a mí


también me gustará.

—No parece que le guste.

—Ella solo siente demasiado.

—¿Demasiado?

—Demasiado por ti. Veo cómo te mira, pero no sabe qué hacer con
todas esas emociones. Pensé en hacerle una bolsa para ellas, para que
fueran más fáciles de llevar.

Sonrío porque este hombre está loco, pero su corazón está en el lugar
correcto.

—¿Y qué te hizo cambiar de parecer?

—Decidí que era mejor que lidie con ellas, contigo, en lugar de
ocultarlas en una bolsa personalizada de diseñador.

—¿Deberías de estarme diciendo esto? —Me río al encontrar un


aliado en la forma de un diseñador de modas amante del morado—. No
me malentiendas. Me gusta tener esta perspectiva, ¿pero ella querría que
compartieras sus secretos?

Se levanta como si ya no pudiera quedarse quieto más tiempo, su


energía es tan poderosa como para contenerla.

—Ella es intrépida y creativa, inteligente, y tiene grandes tetas. Pero


también es reservada al punto de encerrarse en sí misma.

—Muy bien, alto allí. ¿Has visto sus tetas?

Le resta importancia con un gesto.


—Por supuesto. Medio Nueva York, pero eso está más allá del punto.

—¿Cómo es que eso puede estar más allá del punto? Parece el punto
principal de esta discusión —digo, molesto por la dirección que ha tomado
esta conversación. ¿Medio Nueva York? ¿Qué carajos?

—Danny Modelo, concéntrate. El punto que intento dar es que ella es


protectora con su corazón.

—¿Por qué?

—¿Por qué alguien protegería su corazón?

—Porque han sido lastimados.

—¡Cooorrecto!

Paso por alto la locura y hago lo que me dijo. Me concentro en el


punto, queriendo más información.

—¿Quién la lastimó?

Su mirada aterriza en mí y parece debatirse, luego dice:

—Estuvo en una mala relación. Salió de ella.

¿Está hablando de mí y Reese o de ella y alguien más? Intento más


profundo.

—¿En Nueva York?

Su ceño se frunce.

—Sí. ¿En dónde más? ¿Nebraska? —Lo lanza como si bromeara, pero
mis instintos me dicen que no.

Ahora nivelo mis ojos con los de él.

—¿Nebraska? ¿Qué sabes de Nebraska?

—Sé que es la casa de los Cornhuskers7. Bueno, no sabía eso, pero lo


investigué cuando Reese dijo que fue a la escuela allí.

Cornhuskers: Equipo deportivo representante de la Universidad de Nebraska-Lincoln.


7
No digo nada, temiendo hacer algo que nos incriminará. Pero es
bueno. Muy bueno. Me desafía con su propio silencio.

Terminando la confrontación, pregunto:

—Tienen un gran equipo de fútbol. ¿Ves deportes universitarios?

—No, aunque siempre me han gustado los finales tensos.

Riéndome, digo:

—Entonces te gusta el fútbol.

—No tanto, pero he aprendido algunas cosas. Como la ofensiva,


defensiva, tacleadas, que tú y Reese solían salir, laterales, Super Bowl…

—¡Caray, caray, caray! Retrocede.

—¿A las tacleadas?

—Después de eso.

—¿Laterales?

—¿Antes de eso?

—¿Tú y Reese solían salir?

—Touchdown. ¿Qué sabes de eso?

—¿Sobre touchdowns? Nada. Sobre ti y Reese, no lo suficiente —dice,


entusiasta por más—. ¿Por qué no me pones al corriente?

No estoy seguro de qué decir. Ella le dijo. Le dijo sobre nosotros. ¿Eso
no va en contra de lo que estábamos haciendo, mantener nuestro pasado
como un secreto para que no afectara nuestro presente?

—Necesito un minuto. —Levantándome y yendo al balcón, abro la


puerta y me quedo afuera en el piso de madera recientemente
reemplazado. Me recargo en el barandal, inseguro de qué pensar o cómo
procesar lo que sabe y que no tuve nada qué decir al respecto.

Su voz es más tranquila, más cautelosa cuando dice:

—Quiero lo mejor para ella.


Me volteo y pregunto a través de la puerta abierta:

—¿Y crees que yo soy lo mejor para ella?

—Creo que eres mejor que su anterior novio.

—Eso no es exactamente un cumplido, especialmente ya que no sé


nada de su ex. —Aunque me gusta que suena como si no hubiera un novio
actual en el panorama.

Cuando camina hacia la puerta, entro a la habitación justo cuando


dice:

—Debería de dejarle algo para compartir cuando esté lista, pero veo
cómo te mira. Lo que no sé es por qué rompieron entonces y lo dejaré por
ahora. Pero tienes dos días para hacerle recordar por qué funcionaban.

—¿Entonces esto es una maquinación, un plan de emparejamiento?

—No, Danny Modelo. Esto es una serendipia.

—Esto no es un juego. Es nuestra vida. ¿Y cómo sabes si estoy


dispuesto a seguir la corriente?

Abriendo la puerta, sale, pero se queda para decir:

—Porque veo cómo la miras.


DANNY
M
ás allá del comentario sobre sus tetas, me quedo
preguntándome qué se supone que debo hacer ahora. Me
siento en el borde de la cama, pero es la última cosa que
quiero hacer. Me levanto y cierro la puerta del balcón y agarro el llavero
mientras camino fuera de la habitación.

Marcho hacia la habitación 233, pero me detengo cuando Claudia


sale de su habitación. Ella me ve y sonríe.

—Danny, hola. —Después de cerrar su puerta viene hacia mí—.


¿Cómo estás? —Intercambiamos un saludo de beso en la mejilla.

—Estoy bien. ¿Cómo estás?

—Muy bien. Este es un gran trato, ¿eh?

—Es genial.

—Estoy tan aliviada —dice, envolviendo sus brazos alrededor de mi


cuello—, de estar trabajando contigo. Siempre ha sido mi sueño y es bueno
tener un amigo aquí conmigo.

—Sí, es bueno tener una cara familiar con la que trabajar —respondo.
Por encima de su hombro, Reese sale de su habitación y nos ve. Por
supuesto lo hace en el momento perfecto.

Bajo mis brazos de Claudia y ella me libera.

—Vamos a tomar una copa. He oído que hay un bar en el restaurante


de abajo.

Reese regresa a su habitación y cierra la puerta. Claudia me está


mirando, esperanzada.
—Puedo encontrarme contigo en unos minutos.

Su expresión cae cuando no respondo de inmediato.

—Sea lo que sea puede esperar. Vamos. —Tomándome por el brazo,


sus manos se atornillan como abrazaderas—. Me niego a tomar un no por
respuesta. Yo pagaré la primera ronda.

Hablar con Reese con Claudia alrededor es imposible, así que se lo


concedo.

—Está bien.

—Yupi. —Ella comienza a hablar de nuevo, pero miro de vuelta hacia


la habitación 233, sin escuchar nada de lo que ha estado diciendo. Solo
asiento con la cabeza, estando de acuerdo y eso es lo que consigue de
mí.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero solo he ingerido un té helado


cuando Reese y Vinnie entran en el restaurante. Claudia salta y abraza a
Vinnie.

»Estoy muy feliz de estar aquí. El concepto es increíble. No puedo


esperar a ver el producto terminado.

Mis ojos se encuentran con los de Reese, pero ella mira hacia otro
lado.

—Creo que nuestra mesa está lista.

Está vistiendo oscuros y ajustados jeans con botas y una camiseta sin
mangas negra. Casual, nada como lo que llevaba en Los Ángeles, pero se
ve sexy como la mierda. La sigo a la mesa. Claudia y Vinnie todavía están
hablando de tiendas en el bar. Cuando nos sentamos digo:

—Te ves hermosa como siempre.

Con incredulidad, dice:

—Oh Dios. Estoy segura de que me veo como un completo desastre


después del viaje.

—Es la verdad, Reese.


Ese comentario finalmente obtiene su atención. Antes de que los otros
se unan a nosotros, susurra:

—Nunca fui buena con los cumplidos. Gracias. —Inclinándose, baja la


voz aún más—. Antes de que vengan los demás, solo quiero decir que
entiendo que vivimos vidas muy diferentes. No es asunto mío lo que haces
en tu tiempo libre. Solo no dejes que eso ponga en peligro el rodaje. He
trabajado muy duro para hacer que esto suceda.

Cuando sus ojos regresan a Claudia, entiendo lo que realmente está


diciendo, así que digo:

—Si mis intenciones no son claras, seré más directo.

—¿Cuáles son tus intenciones?

—Te lo dije antes. Hacer que me extrañes cuando no estemos juntos.

—Dann...

—Estoy hambrienta —anuncia Claudia mientras toma asiento frente a


Reese, entre Vinnie y yo.

Reese me mira, y luego dice:

—Yo también.

Mi apetito ha desaparecido, aunque sigo examinando el menú. La


camarera toma nota de nuestras bebidas mientras mi ansiedad crece. No
quiero estar aquí. No hay manera de que vaya a ser capaz de sentarme a
través de la cena y fingir que todo está bien cuando todo está tan
malditamente jodido. Quiero estar a solas con ella para averiguar dónde
estamos. Pierdo toda la paciencia cuando estoy con ella. Mi mente se
confunde bajo su aroma y belleza, su moderación y cara de póquer.
Quiero que estemos juntos... mierda. Maldición Luke y su sentimental
mierda femenina de la otra noche, me arrastraron a todo esto. Estoy
perdiendo mi mierda y eso nunca sucede. No desde que la perdí. Joder.
Cuando la camarera vuelve con una ronda de aguas, yo estoy de pie.

—Sigan adelante y ordenen sin mí.

Todo el mundo me está mirando, pero solo veo a un par de ojos.


Reese pregunta:
—¿Vas a volver?

—Acabo de recordar que tengo una llamada con mi agente. No


quiero hacerlos esperar. Sé que tienen hambre. Si no vuelvo me pondré al
día con ustedes más adelante.

Me alejo antes de que la mentira se vuelva más complicada.


Caminando a través de la puerta que conduce al hotel, voy a la
chimenea. Ella me tiene completamente jodido y después Vittori, poniendo
la otra mierda en mí, haciéndolo peor. Esto es ridículo. Yo solo me he
sentido de esta manera por una mujer y es la misma que me lo hace
nuevamente.

Listando un millón de pros que impulsen a Luke a tomar acciones,


tomando la oportunidad, y yendo tras Jane no ha hecho nada para
motivarme. Jodidamente apesto.

—¿Danny?

Miro detrás de mí y veo a Reese de pie en su hermosa perfección.


Toda la ira y el dolor que he sentido desde hace años surgiendo a la
superficie, transformándose en el interior. Hay un millón de contras
cruzando mi mente, pero mi cuerpo actúa sobre el instinto de uno de sus
pros… besarla.

Ella dice:

»Quería asegurar...

Mis labios cubren los de ella, cortando sus palabras. Mientras


mantengo su cara contra la mía, espero que retroceda, tal vez incluso me
abofeteé, pero no lo hace.

Hace lo contrario.

Cuando me toma por los hombros y se alza, su respiración se vuelve la


mía y la tomo, inhalándola profundamente. Mi lengua se encuentra con la
de ella y nuestros cuerpos se unen.

Pero entonces ella se ha ido y soy dejado todo perturbado. Su


espalda está contra la pared y está respirando con dificultad. Con su
mano sobre su pecho, dice:
»No puedo. No puedo hacer esto. —La expresión en su rostro oscila
entre el horror y la vergüenza antes de que se esté yendo, corriendo por la
puerta hacia la escalera.

Y entonces yo estoy corriendo.

La detengo en la cima de la escalera, tomando los escalones de tres


en tres y bloqueándola.

—No huyas de mí. No otra vez, Reese.

Con sus manos presionando contra mi pecho, me mantiene


apartado, las lágrimas llenando sus ojos.

—¿Qué está pasando?

—¿Qué quieres decir?

Ella mira hacia abajo mientras sus brazos caen a sus costados y su
mirada va al suelo. Cuando me mira, está exasperada y camina alrededor
de mí. De pie en la parte superior, se agarra fuertemente a la barandilla.

—¿Nosotros? ¿Esto? Esto no fue planeado, pero aquí estoy


precipitada de nuevo sobre ti. ¿Cómo es eso posible?

—Debido a que nunca tuvimos un cierre. —Cubro los últimos


escalones que nos separan y cubro su mano con la mía—. Y todo esto fue
planeado. Pusiste este plan en marcha cuando me sugeriste para la
campaña. Tú has hecho que esto ocurra. Tú nos has unido como si
esperaras un resultado diferente del que conseguiste.

—Mis sentimientos por ti no fueron planeados.

—Dime, Reese. ¿Qué sientes por mí?

—Hogar. Tú te siente como el hogar para mí.

Una lágrima cae por su mejilla, pero yo la aparto a besos, antes de


que pueda caer más lejos.

—Tú sabes como el hogar —le susurro contra la comisura de su boca.


Ella se gira y nuestros labios se encuentran de nuevo. Sus dedos se
entrelazan en mi cabello mientras mis manos se deslizan alrededor de su
cintura. Tomo el escalón final y la giró alrededor, caminando con ella
hacia atrás hasta llegar a mi puerta. Con su espalda contra la pared,
desbloqueo mi puerta, nuestros labios se separan, y paso al interior.
Quedamos separados por el umbral—. ¿No lo ves, Reese? siempre
estuvimos bien juntos.

—Hasta el final, Danny. Entonces estábamos mal. Muy mal. Tú eras


malo para mí.

Sus palabras golpearon como un disparo en el pecho y me sacudí en


reacción. Sus ojos azules en los míos marrones mientras aguarda por la
respuesta que espera, la respuesta que quiere. Pero no puedo darle nada,
excepto mi mano. Pondré un torniquete en mis heridas emocionales
cuando esté solo. Con toda mi fuerza, mi corazón en la línea, sostengo mi
mano hacia ella y espero a ver si la acepta.

Su cuerpo se estremece mientras traidoras emociones muestran sus


verdaderos sentimientos, y las lágrimas caen de manera constante. No
puede luchar más contra esto a pesar del valiente esfuerzo.

—Esto no nos dará un cierre, Danny.

—Este no es nuestro fin. Este es un nuevo comienzo.

Tirando de ella lentamente hacia mí por sus delicadas manos, su


cabeza está contra mi pecho. De pie detrás de una puerta cerrada,
envuelvo mis brazos alrededor de ella, frotando su espalda para aliviar el
dolor y la lucha que está pasando, la misma lucha con la que estoy
batallando. Nuestros pies se mueven juntos, ambos contentos con bailar
una canción que nunca se escuchó, sino que se reprodujo en nuestros
corazones durante años. En un momento, ella era la única por la que
volvía a casa y ella es de la canción que mi alma sigue cantando. Es la
canción de nuestro amor. Somos… nosotros. En sus brazos, estoy en el
hogar de nuevo.

Con el más simple de los actos (un beso en mi pecho, un beso en su


coronilla) y los dos lo sabemos. Los dos lo sentimos. Tan desesperadamente
quería ver sus ojos azules brillando, continuarlo donde lo dejamos diez años
atrás. Ya que no es racional, giro su barbilla hacia mí. Cuando sus bellos
ojos encontrando los míos, veo a la chica de la que me enamoré con
ahora una mujer con esa misma pasión parpadeando en el interior.
»Podrías destruirme, Reese Carmichael.

Su sonrisa es suave, empática.

—No quiero destruirte.

—¿Entonces qué quieres?

—Una segunda oportunidad para arreglar mis errores.

—Te daré lo que quieras —susurro, y me inclino para besar la comisura


de su boca—. Solo dime qué es.

—Te quiero.

—Siempre me has tenido.

Sonríe, inclinando su frente en mí. Froto su espalda y pregunto:

»¿Qué es tan gracioso?

—Lo jodí.

—Te perdonaré si me dices por qué.

—No en ese entonces... —Mira hacia arriba—. En realidad, sí, lo jodí en


ese entonces, pero también lo jodí pensando que podía verte y no sentir
nada.

Cepillado el dorso de mí mano sobre su mejilla, digo:

—Hay demasiada historia entre nosotros como para ignorarla.

—Me estaba engañando a mí misma.

—¿Estás ahí, Danny? —La voz de Claudia penetra en la puerta y


ambos giramos a la vez en esa dirección.

Pongo un dedo sobre sus labios.

—Shhh.

Reese, con sus ojos saltones, sus labios rosas recién besados, todo
debido a mí. La beso en lugar de detenernos como deberíamos,
retomándolo exactamente donde lo dejamos. Un pequeño gemido suyo
cubre mi garganta mientras acuno su rostro.
Claudia es persistente.

—¿Danny? Abre, soy solo yo.

Reese tira hacia atrás a la vez que se burla de mí mientras susurra:

—Sí, Danny, es solo ella.

Le disparo una mirada, y susurro:

—Veo que las cosas no han cambiado tanto como yo pensaba.

—No era buena en ese entonces. No soy mejor ahora.

—¿Buena en qué?

Cerrando los ojos rápidamente, niega con la cabeza. Incluso más


tranquilamente esta vez.

—Nunca he sido buena en verte con otras mujeres, incluso por tu


trabajo, sobre todo por tu trabajo.

—No tienes que estar celosa de Claudia. —A medida que su admisión


corre a través de mi cabeza pregunto—. ¿Estabas celosa en ese
entonces?

La molestia parpadea en sus ojos, pero no estoy seguro de si está


irritada consigo misma o conmigo.

—Odiaba estarlo, pero lo estaba. Lo sabes.

—No tenías que estarlo. Te lo prometo. No tiene que estarlo ahora


tampoco —digo en voz baja, tomando su mano—. Resolveremos esto
juntos.

Cuando su cabeza se inclina apartándose, odio que no pueda ver su


rostro por completo, sus ojos, sus expresivos ojos. Los labios rosas de su boca
están en una línea y todo lo que quiero es verla sonreír de nuevo.

—Solo es eso. No podemos. —Esos comunicativos ojos implorando a


los míos—. No se nos permite salir. No solo va en contra de tu contrato, sino
también contra la política de la empresa. En cuanto a mí, no puedo darle
a mis jefes cualquier munición para despedirme. Necesito mi trabajo.
Tengo responsabilidades.
Los modelos no consiguen mucho respeto. Estoy acostumbrado a eso.
Pero ¿por qué esto duele cuando lo escucho venir de Reese? Estrechando
mis ojos, me siento en la cama mientras nos alejamos emocional y
físicamente, algo que nuestra práctica nos ha llevado a dominar.

—¡Auch! Tengo cuentas que pagar. Tengo mi propio conjunto de


responsabilidades.

Cruza sus brazos sobre su pecho mientras se inclina contra la puerta.

—Sé que las tienes. No te estoy rebajando por hablar acerca de mi


situación. Es ganar o perder para mí. Así que, a pesar de que sé que tienes
tu propio conjunto de responsabilidades, puedes darte el lujo de escoger y
elegir tus trabajos. No puedo solo volar porque tengo un capricho cuando
me despierto un jueves y necesito vacaciones. No tengo ese lujo.

Podría discutir, pero puedo decir que no tiene sentido en este


momento. La puerta puede estar cerrada, pero es obvio que mentalmente
ya tiene un pie fuera. Así que me siento, escuchándola y observándola
defenderse, sus acciones, sus indirectas hacia mí.

—Tienes razón. Tengo opciones que la mayoría no tiene. He trabajado


duro para crear esta oportunidad en una industria donde es posible.
—Camino hacia ella. Por alrededor, desbloqueo el cerrojo, luego tomo la
perilla en la mano—. No trabajaré de cinco a nueve. Puede que no tenga
que tomar un trabajo o trabajar durante unos meses si no quiero. Pero
nada de lo que hago es por un capricho o hecho sin cuidado. He sido
degradado en formas que nunca creerás, por lo que cuando se trata de
mi dinero y cómo mi rostro o mi cuerpo vende un producto, sé que me
gano cada centavo que hago. —Abro la puerta, chocando con su pie.

Da un paso hacia un lado, pero sus ojos todavía están en mí.

—No quise decir que no te ganas tu dinero. —Me muevo fuera del
camino, dejando libre su salida. Da un paso hacia el pasillo—. Danny, lo
siento.

Sin importar si quiso decir eso o no, escucharla menospreciar mis


responsabilidades, cuando sabe lo duro que he trabajado para lograr lo
que tengo (lo mucho que siempre he querido esto) es simplemente
demasiado. Me siento jodidamente expuesto. Ella no me quiere. Y aunque
lo hiciera, tiene razón con respecto a los contratos. No podemos empezar
nada, mientras estemos bajo los términos. ¡Joder!

Mis ojos se encuentran con los de Claudia y Reese se gira para verla
de pie detrás de ella. Una sombra de vergüenza cae sobre su rostro
cuando mira hacia atrás.

Jugar juegos nunca me ha interesado, especialmente cuando se


trata de Reese. Sé que ella no es cruel, pero ese comentario me dolió en
mi orgullo. Estoy demasiado furioso para hablar de esto. A pesar de que
odio lo que estoy a punto de hacer, lo hago de todos modos.

—¿Claudia, quieres conseguir una bebida? Oí hablar de un bar a


poca distancia de aquí.

Destellos de ira aparecen en los ojos de Reese que aún brillan por las
lágrimas que recientemente los llenaron, pero no da batalla.

—Si me disculpan. Voy a encontrar a Vittori.

Claudia dice:

—Hazle sabwer que voy a hacerle compañía a Danny.

Reese sonríe, pero no hay nada agradable sobre ello.

—Lo haré.

Cierro mi puerta y Claudia añade:

—Estoy lista si lo estás.

Reese mira hacia arriba una última vez antes de que desaparezca por
las escaleras. Me giro hacia Claudia, y contesto:

—Estoy listo.
DANNY
N
o bebo el día antes de una sesión de fotos. Una de las reglas
de oro que me han mantenido en la cima del mundo de la
moda.

Hasta esta noche.

Reese me tiene todo torcido en el interior. Es jodido sentirse de esta


manera.

Hemos conseguido un par de cervezas en nosotros cuando Claudia se


ilumina. Soplando el humo en el aire, tiene su atención puesta en mí.

—¿Cuál es la historia contigo y la mujer de publicidad allá en el hotel?

—No hay historia.

Riendo, apoya sus codos en la mesa.

—Definitivamente hay una historia ahí, pero si quieres olvidarla,


entonces yo soy tu chica.

—¿Me ayudarás a olvidar?

—Malditamente correcto. —Toma otra larga calada. Es bonita en una


manera demasiado perfecta. Puedo apreciar la singularidad de sus ojos
muy separados y esbelto cuerpo. Su confianza es atractiva en una
flagrante expresión de la sexualidad. El atractivo de Reese es subestimado
e innegable: su cuerpo, su mente, sus palabras, la manera en que mueve
los labios cuando habla de algo que le apasiona. Todo. Toda ella. Sexy.

Girando mi botella entre mis dedos, pregunto:

—Pensé que tenías un novio, así que ¿cómo se supone que vas a
ayudarme a olvidar?
—Somos de los que fluyen.

—No tengo idea de lo que eso significa.

Me siento hacia adelante y ella se endereza.

—Significa que vamos a donde nos lleva la vida, experimentando la


vida y las aventuras que vienen.

—Yo llamo a eso ir con la corriente. —Hago una señal con la mano
colgando.

—Eres tan anticuado, Danny.

Asintiendo con la cabeza, me rio.

—Podría tener que estar de acuerdo contigo. —Me pongo de pie


para conseguir más cervezas cuando Claudia habla en voz baja—: Tu
novia está aquí.

Sigo su mirada. Vinnie y Reese están caminando hacia aquí, Vinnie


sonriendo. Reese no. Al acercarse, él pregunta:

—¿Podemos unirnos a ustedes?

Claudia acerca su silla a un lado.

—Sip. Danny estaba consiguiendo otra ronda, pero puedo conseguirlo


si quieres algo.

Él le resta importancia.

—Oh no. No. Yo lo compraré. Quiero preguntarle al sumiller qué


recomienda para ir con las bolas de paja. —Mirando a su alrededor, nos
dice—: Este lugar es tan encantadoramente desértico.

Nos reímos, y yo digo:

—Creo que esto es tan elegante como Marfa puede ser. —Ubicando
al camarero, le indico que se siente para que no se humille a sí mismo
preguntando por un conocedor de vinos en el medio de la nada—. Más
temprano, el camarero dijo que era la noche libre del sumiller.

Haciendo pucheros, se sienta de manera dramática, lanzando sus


brazos en señal de rendición.
—Bien. Tendré lo que ustedes tengan.

Reese y yo atrapamos nuestras miradas. Ella dice:

—Borbón por favor. En las rocas con una rodaja de naranja en el


costado.

Me dirijo a la barra, con las manos metidas en los bolsillos no estoy


seguro de cómo vaya a ir esta noche. Va a ser increíble o desastrosa.
Cincuenta por ciento de posibilidades de ir de cualquier manera.

Vinnie se une a mí en la barra, apoyando su pie sobre la banda para


pies como si de alguna manera fuera a mezclarse a pesar de que viste de
color morado de la cabeza a los pies.

—Estoy pensando que necesitamos la botella. —Golpea el plástico


negro en la encimera, la tarjeta de crédito golpeando con un crujido—.
¿Adivino que no fue bien?

—¿Qué? —Estoy un poco impresionado por su habilidad para leerme


tan bien.

Su cabeza gira en su cuello hacia mí.

—No hay necesidad de hacerse el tonto conmigo, Danny Modelo.


Estoy de tu lado.

—¿No estás del lado de Reese?

—Ves, eso es lo que no entiendes. Estamos todos en el mismo lado.


—Me deja con sus palabras de sabiduría, para reunirse con las damas.

Odio cuando estoy cegado por mis emociones. La nube de polvo en


mi cabeza se aclara; miro de regreso a Reese. Es tan obvio ahora. Tiene
razón, pero también la tiene ella. No podemos estar juntos. Eso sería ir en
contra de todo lo que he firmado. Sería ir en contra de lo que prometí a
Mark. Reese Carmichael está fuera de los límites. Por su bien y el mío.

Mientras tanto, todavía puedo admirar cómo de malditamente sexy


es, incluso cuando está enojada conmigo. Tal vez aún más cuando está
enojada. El pensamiento me divierte. El problema con el disfrute de una
broma interna es que la gente empieza a pensar que estás loco. Eso me
hace reír más fuerte, encontrándolo demasiado divertido para detenerme
a mí mismo.

Naturalmente, es entonces cuando el camarero finalmente llega a


tomar mi pedido. Tomo la botella, la etiqueta, y las copas de la mesa. Me
siento frente a Reese, embutido entre Claudia y Vinnie. El hielo traquetea
cuando el borbón es vertido sobre él. Una vez que tenemos un trago, los
elevamos al centro. Vinnie brinda:

—Por grandes sesiones de fotos.

Todos lo repetimos:

—Por grandes sesiones de fotos.

Termino mi copa de un trago largo. Los otros toman de a sorbos.


Mirando a Reese, silenciosamente espero que me mire a los ojos. Echo de
menos tener su mirada en mí, mirándome como si le importo.

Cuando finalmente lo hace, dice:

—¿Cómo fue tu rodaje el otro día?

—Bien.

—¿Quién era el cliente?

—Vargo.

—Ahh.

Eso es todo. Eso es todo lo que dice. Sinceramente, no entiendo qué


estamos haciendo, así que le pregunto, avanzando sobre el aburrido tema
de con qué compañía estaba trabajando.

—¿Que te mantiene en Nueva York?

Está por escupir sobre su borbón, pero no lo hace. Esa es mi chica.


Cuando la sorpresa desaparece, responde:

—Mi vida.

—¿Y si tuvieras la oportunidad de viajar sin tener que preocuparte


acerca de tu vida en Manhattan?
Ponderando cuidadosamente, no se apresura a responder. Cuando lo
hace, dice:

—Tomaría el dinero y reinvertiría en un viaje alrededor del mundo.


Quiero un café expreso en Italia y croissants en París. Chocolates en
Bélgica, y strudel en Alemania. Sueno como toda una gourmet, pero en
realidad es solo una excusa para comer todas las cosas malas. —Se ríe y es
libre de preocupaciones, el borbón se asienta en ella, bajando su
guardia—. ¿A dónde irías y qué comerías?

Claudia la mira cínicamente, entonces enciende otro cigarrillo.

—Yo no como.

¡Oh, mierda!

Reese arquea una ceja, el desafío aceptado.

—Tienes que comer. Para sobrevivir —dice y espero que el sarcasmo


goteé de ella, pero no lo hace. Habla completamente en serio con
Claudia.

—Tienes razón, pero yo no como el tipo de cosas que tú comes. Yo


picoteo alimentos a base de agua.

Reese resopla y Vinnie reacciona con una risa nerviosa. Estoy


acostumbrado a los extraños hábitos alimenticios de las modelos y lo harán
para mantenerse delgadas, pero todavía estoy encogiéndome en el
interior a pesar de que en el exterior disfruto de esta conversación más-
que-entretenida. Se dirige a territorio de confrontación. Claudia tiene sus
garras, pero la pelota está en la cancha de Reese.

Las pupilas de Reese se quedan en blanco y estoy muy familiarizado


con la expresión de su rostro. Aquí viene…

—¿Y cuando dices a base de agua, te refieres a cigarrillos y alcohol?


¿Y a qué grupo alimenticio pertenecen el tabaco y alcohol de todos
modos?

Me pongo de pie bruscamente, mi silla tambaleándose hacia atrás


antes de que los pies aterricen ruidosamente de nuevo en la piedra
debajo de nuestros pies.
—Reese, vamos a bailar.

Su cabeza se azota al lado donde algunas parejas han salido a la


improvisada pista de baile frente a un pequeño escenario.

—No sé cómo se baila la música country.

Estoy delante de ella con la mano extendida, con la palma hacia


arriba.

—Han sido un par de años, pero te guiaré.

Aceptando la invitación, se pone de pie. La pista de baile está vacía


cuando la canción cambia mientras nos dirigimos al medio. Una muestra
de su inquietud aparece cuando su labio inferior se comprime bajo la
presión de sus dientes superiores. Con los brazos rígidos, nuestros cuerpos se
alinean, recordando sus posiciones de años antes. Cuando levanta la
mirada, dice:

—Han sido varios años desde que bailamos juntos. Creo que he
olvidado cómo hacer esto.

Unas pocas notas de nuestra canción del corazón se reproducen en


mi cabeza ahogando nuestra conversación anterior. La estoy sosteniendo
de nuevo, y ella está siguiéndome de buena gana. Liderando, doy un paso
adelante y un paso hacia atrás, su cuerpo recordando.

—Déjame recordarte lo buenos que éramos juntos. —Seguimos


avanzando, nuestro ritmo sincronizado.

—Lo dices como si no estuviéramos hablando de los pasos.

Acercándola más, nuestros cuerpos presionados juntos, mi mano


recorriendo la curva de su cintura, la cabeza inclinada hacia abajo, ella
inclinada hacia arriba, su mejilla presionada contra la mía, digo:

—No lo hago.

Ella lo siente. Puedo decirlo por la forma en que su cuerpo se mueve


contra el mío, una comodidad que se encuentra en la cercanía.

—Danny, ¿por qué dices esas cosas?


Cuando la canción cambia seguimos balanceándonos con la
música, mi agarre sosteniéndola aquí conmigo. A pesar del agarre que
tiene en mí, estoy pensando que tiene la intención de quedarse tanto
como quiero que lo haga.

—¿Por qué tratas de negarlo?

Ella se inclina hacia atrás para mirarme.

—No lo hago. Ese es el problema. No estamos en posición de seguir las


tentaciones.

Es mi turno de dar un paso atrás.

—¿Tentación? Somos más que eso y lo sabes. Tengo el presentimiento


de que sabías exactamente cómo funcionaría esto cuando me metiste en
esa reunión. ¿Qué estabas tratando de conseguir con esta reunión?

—No voy a mentirte. No tenía motivos, no unos conscientes, pero he


tenido curiosidad. Eso es natural. ¿Nunca has pensado en mí?

—No puedo decir que no lo he hecho, pero traté muy duro para no
hacerlo.

—¿Por qué?

Dejando caer mis manos, estoy listo para otro trago. Me quedo ahí,
vulnerable a las emociones que había enterrado. Las emociones que me
hacen sentir en carne viva por dentro. Lo odio.

—Porque era demasiado doloroso pensar en ti. —La dejo en medio de


la pista de baile. Nunca me gustó este tipo de baile de todas formas.

Vinnie está solo cuándo tomo mi asiento.

»¿Dónde está Claudia?

—En el baño.

—¿Cuánto tiempo ha estado ahí?

—Solo unos minutos. —No parece estar alarmado por lo que me sirvo
una copa y me siento de nuevo para ahogar los sentimientos que Reese
ha convocado. Cuando Reese regresa, relleno su copa, imaginando que
lo necesitará tanto como yo.

Pregunta:

—¿Dónde está Claudia?

—En el baño —responde Vinnie. Él mira encima de su hombro hacia


los baños—. Tal vez deberías ir a comprobarla.

—¿Por qué? —pregunta.

—Porque todos parecen tan preocupados por su ausencia.

Me recargo, escuchando el intercambio, y estoy a punto de ir a ver


cómo está yo mismo cuando Reese se levanta.

—Lo haré.

Se ha ido el tiempo suficiente para que me mantenga vigilando el


pasillo que conduce a los baños cada medio minuto. Cuando finalmente
regresan, por lo menos cinco minutos han pasado.

Claudia toma su asiento de nuevo, y asiente como si nada fuera


nuevo en el mundo.

Miro a Reese por una pregunta tácita sobre qué sucedió, pero
Claudia pregunta:

—He oído que tienen un tejo8. ¿Vienes a jugar conmigo Danny?

De nuevo, mis ojos destellan hacia Reese, se ve enfadada, pero está


logrando contenerse. Me pongo de pie, no para hacer daño a Reese, sino
para estar allí para Claudia. Algo ha cambiado en su humor y quiero
asegurarme de que está bien.

Caminando lejos de la mesa, no miro atrás, luchando contra mis


instintos. Justo dentro de una vieja estructura, se destaca una larga mesa
de tejo. Claudia se desvía a la barra para cambiar su dinero y yo me
quedo con el polvo de la superficie. Regresa con el cambio e

8Tejo: Es un juego que consiste en lanzar un disco metálico a través de una cancha de
arcilla para hacer estallar las mechas que se encuentran en el bocín y así ir sumando
puntos.
encendemos la máquina. De pie en las partes opuestas de la mesa,
improvisamos ya que ninguno de nosotros sabe realmente cómo jugar.
Después del primer juego, eche un vistazo a Reese. Está sentada en la
mesa con los pies apoyados en una silla. Su espalda está hacia nosotros,
mientras habla animadamente con Vinnie. Él es todo sonrisas y risas a
cambio. Una sensación desagradable me invade. Ha pasado un tiempo,
pero la reconozco. ¡Mierda!

Estoy celoso.

No debería estarlo de Vinnie, pero lo estoy. ¿Es así como ella se sentía
al verme en las revistas, en los comerciales? ¿Este es el legado que le dejé
de nuestra relación? ¿Los recuerdos a los que ella se aferró? No me
pregunto porque jodidos se fue. Esto apesta. Quiero que me hable de esa
manera, tan libremente, tan feliz. Es agotador estar constantemente bajo
la lupa de nuestras circunstancias. Quiero su libertad con ella. Quiero
empezar de nuevo… con ella.

Claudia está callada. Casi me atrevería a decir contemplativa. Gana


y mientras se acomoda una nueva ronda, pregunto:

—¿Qué está pasando contigo?

—Nada —responde Claudia, con actitud defensiva y ruda.

Mirando fijamente sus ojos, sus pupilas se dilatan, la oscuridad


superando el verde. Me debato si debería llamarla o dejarla ir. Debido a su
estado de ánimo, siento la necesidad de hablar con ella sobre eso.

—Tienes que estar limpia.

—Estoy limpia.

—Sabes a qué me refiero. Las drogas dan la ilusión de felicidad, pero


cuando realmente te miras a ti mismo sobre ellas, has perdido la alegría
interior.

—Tú no me conoces Danny. Las tomo para hacer frente a esta vida.

—Tienes una vida increíble, un novio que se preocupa por ti, una gran
carrera. Has roto esa barrera bajo la que la mayoría de los modelos se
vienen abajo. No la tires a la basura.
Se ríe.

—A los hombres maduros se les llama distinguidos. Las mujeres se les


llama viejas. No hay esperanza para mí, así que me quedo con algo que
me ayudará a atravesar esto cuando lo necesito.

Un pozo de desesperanza vive en lo profundo de sus partes dañadas.


Lo he visto en otros, pero no tan cerca. Ella necesita ayuda. Tal vez yo
pueda.

—¿Y que necesitas? —No dejo de hablar mientras se encoge de


hombros sin pedir disculpas—. Creo que te gusta distraerte de lo que
realmente está pasando.

—No me gusta pensar sobre ello. —Su tristeza impregna el aire del
desierto—. Mi agente dice que mi carrera está terminando y debería
considerar ir a la escuela. Todo es una mierda Danny. —Abre sus brazos—.
Una ilusión de glamur y dinero.

—Tú mente te está jugando una mala pasada a causa de las drogas.

—Bueno, es una fabulosa jodida mala pasada —dice animándose—.


¿Quieres unirte a mí?

—Prefiero la realidad.

—Apuesto a que podría conseguir que tú novia se una a mí.

Demasiado cerca. Siento un rugido sordo a través de mi pecho. Hay


algo es sus ojos que es siniestro y mi guardia sube. Mis palabras salen más
protectoras que casuales.

—Déjala fuera de esto. Ella habla de un gran juego, pero no quiere


decir nada con eso.

—Entendido, entendido. —Comienza a alejarse, pero se detiene y


añade—: ¿Alguna vez has destruido una habitación de hotel, follado a
alguien en un baño público, inhalado coca solo porque quieres?
¿Simplemente vivir salvajemente y en el momento? ¿Ser auténtico?

Hago una pausa, no me siento cómodo con la conversación.

—Vivir una ilusión no es ser auténtico, Claudia. Es ser pretencioso.


—Esta ilusión es mucho más bonita que mi realidad. —Palmea mi
pecho y vuelve a la mesa. La escucho decir—: Enciéndanse, perras.
Vamos a empezar esta fiesta. —Claudia toma la botella y se inclina hacia
atrás, bajando más de un trago.

Tomo distancia y me acomodo en la mesa.

—Tenemos la sesión mañana. Quizás deberíamos irnos.

La copa de Reese está vacía y se inclina hacia atrás, mirándome.

—Acaba de empezar la diversión.

—No seas un aguafiestas, Danny Modelo —dice Vinnie, añadiendo la


odiosidad.

Compruebo de nuevo la botella. Sip, apenas queda algo.

—¿La vaciaron mientras no estábamos?

Reese se ríe y me empuja.

—Quizás. Te compraré una bebida.

Se levanta y se roza contra mí mientras pasa. Soy rápido y le impido


irse.

—Estoy bien. Creo que deberíamos irnos.

Claudia se levanta y baila detrás de Vinnie.

Reese lanza sus brazos al aire.

—Me encanta bailar.

¿Acabo de entrar en la dimensión desconocida? ¿Qué carajos está


pasando con todo el mundo?

—Creo que el aire del desierto te está enloqueciendo.

Se ríe.

—Tienes razón. Este aire limpio me está haciendo cometer locuras.

—Necesito sacarte de aquí antes de que hagas algo tonto.


—Ya he hecho suficientes tonterías para toda la vida. —Su dedo toca
mi sien y poco a poco lo arrastra hacia abajo alrededor de mi mandíbula y
me da un golpecito en la barbilla. Lame un poco sus labios, luego sonríe
solo para mí. Algo erótico, algo valiente, tal vez por la libertad que se ve en
sus ojos antes de que diga—: Ahora quiero tener un poco de diversión.

Por su bien, tiene suerte de que no estemos solos o ya estaría todo


sobre ella y esa maldita lengua tentadora.

Un vaquero curtido con una gran placa colocada en un ángulo recto


en su hombro debajo de su sombrero de ala ancha se aproxima justo
mientras alcanzo su cinturón y tira para acercarla. Vinnie lanza un aullido,
mirando al vaquero y me cruzo de brazos, de pie en mi sitio, mientras él
mira a Reese. Como si ni siquiera estuviese ahí, le pregunta:

—¿Quieres bailar?

—Me encanta bailar —responde, su dedo ahora atrapado en mi


cinturón. Su lenguaje corporal está muy claro para mí, y debe de serlo para
él—. Lo siento, pero mi tarjeta de baile ya está llena.

—Vamos, pequeña dama, deja que te lleve a dar una vuelta.

Él permanece allí, el cristal no está tan claro supongo. Así que me


enderezo y digo:

—Ella dijo que no.

Mirándola de nuevo me dándome una sonrisa come-mierda, le


ofrece su mano.

—Solo un baile.

No le gusta un no por respuesta, y no voy a discutir con él, porque no


me gusta perder el tiempo.

—Hora de irnos, Reese.

Además no, no trata amablemente a los extraños tampoco.

—Lárgate ahora y deja a los adultos en la fiesta.

Reese se apoya en mi pecho, un brazo alrededor de mí el otro


descansando en mi pecho. Ella mira hacia arriba y me sonríe, esta vez
seductora e insinuante. A medida que mis brazos se envuelven alrededor
de ella, dice:

—Gracias por la oferta, pero me voy con él.

Su murmullo se escucha cuando dice entre dientes:

—Bastardo afortunado. —Se aleja sin más quejas.

Reese dice:

—¿Escuchaste eso, bastardo afortunado?

Me rio por muchas razones, pero sobre todo porque está tan linda en
este momento. Apretándole un poco más fuerte, repito:

—Soy un bastardo afortunado. El más afortunado.


DANNY
C
laudia está en una misión para autodestruirse con un trago de
tequila en una mano y Vinnie comiendo de la otra, mientras
ella le cuenta fabulas de su vida como modelo. He terminado
de beber durante la noche. No me quiero sentir como una mierda
mañana y quiero disfrutar esta noche.

—¿Estás lista? —le pregunto a Reese.

—Lo estoy —dice y se despide.

Pongo las llaves frente a Vinnie y susurro:

—El hotel está a solo un par de cuadras. Caminaremos. No dejes que


Claudia conduzca de regreso. ¿De acuerdo?

—Está bien. Buenas noches, Danny Modelo.

Asiento con la cabeza hacia la salida y nos vamos. Las seis cuadras o
más o menos de regreso no se sienten como suficiente tiempo a solas con
Reese, pero voy a tomar lo que pueda conseguir. El aire fresco también
nos hará bien.

No queriendo perder ni un segundo, pregunto:

—¿Quién fue tu rebote?

Chocando conmigo, dice:

—Tú puedes serlo. —Cuando su risa resuena, incluyendo un bufido, sé


que debería haberla detenido de tomar ese último trago. Pero estoy
demasiado sorprendido por lo que acaba de decir para preocuparme por
su bufido o lo mucho que bebió. En su lugar las palabras “puedes serlo”
están rebotando alrededor de mi cerebro y estoy tentado a conseguir más
de su suero de la verdad, también conocido como tequila.
No podemos.

Lo sé, me recuerda a mí mismo.

Lo sabemos.

Ella es una maldita coqueta. Una maldita, tentadoramente hermosa


coqueta.

Está en el nuevo manual de Illustrious y establecido claramente en el


último contrato. Pero cuando se gira, todas sus preocupaciones se han ido
de su cuerpo. Estoy a punto de romper ese contrato y cada promesa que
le hice a Mark.

La alcanzo y cruzamos la calle juntos.

—No deberías beber. Vas a conseguir meterte en problemas.

Se ve esperanzada.

—¿Esos problemas te incluirían? Porque estoy dentro para meterme en


problemas contigo.

Creo que he abierto la caja de Pandora, o tal vez he revelado el


secreto de Victoria Secret. Chica sexy.

—Dices eso como si lo fueras a seguir cuando los dos sabemos que no
lo harás.

Se mueve frente a mí, haciéndome que me detenga. Con sus manos


en mi abdomen, pequeños y cortos movimientos me dicen que está
tomando ventaja de la situación y disfrutando de la sensación de mis
abdominales.

—¿Eso es un reto, Danny boy?

Suspiro, ella es exasperante de la manera más adorable. Está tratando


tan difícilmente para conseguir que juegue y estoy tentado. Puedo jugar
con el mejor de ellos. Pero no con ella. Esta vez está demasiado cerca de
mi corazón. Ella está demasiado cerca de mi corazón y una enorme parte
de mi historia. Agarro sus muñecas y las arrastro hacia abajo hasta que
está a punto de tocarme en donde realmente quiero sus manos, luego me
detengo y las quito del todo.
—Perderé contigo, Reese. Cada vez, sea intencional o no. Así que
este no soy yo retándote. Este soy yo reconociendo la situación por lo que
es.

Con una floritura, se gira y comienza a caminar de nuevo. Me quedo


detrás de ella, pensando que podría necesitar tiempo para pensar como
yo.

O no…

—¿Recuerdas esa ocasión en que casi nos arrestan por tener sexo en
el auto? —pregunta, su sonrisa de regreso en su lugar.

—Lo hago. Recuerdo ser esposado mientras solo usaba mis bóxers.

—Te veías caliente si eso hace una diferencia.

Riéndome digo:

—Claro, eso hace toda la diferencia.

—Bueno, lo convencí de liberarte y nunca me pagaste.

—Recuerdo muy claramente pagarte cerca de cuatro veces a lo


largo de la noche. —Le hago señas de hacerlo, guiñándole un ojo.

—No, eso no. Aunque fue una noche muy divertida.

Está ligera sobre sus pies, su felicidad abunda en cada paso. Tan
parecida a la chica que una vez conocí. La chica que me puso e cabeza.
Un dolor crece en mi pecho. Junto con los buenos recuerdos, otros me
alejan de la felicidad que una vez compartimos juntos. No digo nada. No
estoy de humor para revivirlos esta noche o para discutir. Solo quiero
disfrutar de esta noche llena de estrellas en medio de la nada y este
momento en el tiempo con una mujer de la que me he enamorado de
nuevo. Pero no podemos ir allí. Todavía.

Se lo dejo pasar esta vez.

—Yo pago todas mis deudas. ¿Qué te prometí?

—Prometiste recrear la primera noche que nos conocimos.

Es la más pobre de las escusas, pero hablo de todos modos:


—La vida se puso en el camino.

—Mucho se puso en el camino. —Ella es mucho más reflexiva está vez,


la ligereza se ha ido de sus pasos.

Caminamos la siguiente cuadra en silencio. El hotel está más adelante


y me encuentro desacelerando mi paso. No estoy listo para ponerle fin a la
noche. No tengo ganas de que se acabe así tampoco. La agarro,
sorprendiéndola y nos meto en una tienda abandonada, en un hueco que
alberga una puerta de cristal cerrada y sin testigos alrededor.

—Reese.

Ella sonríe, derribándome un poco fuera de balance por su sinceridad,


la confianza se ve tan claramente brillando en sus ojos con las luces de la
calle.

—¿Si?

Sus labios se abren y los encuentro distractores, todo lo que pensaba


decir ahora se ha ido, se desvaneció por completo de mi mente.

—No me mires así, ¿de acuerdo?

—¿Cómo? —pregunta, su sonrisa cada vez mayor, una risita


puntuándole.

—Como que soy una buen tipo.

—Oh, ¿estamos citando películas? Me encanta este juego. Mmm,


déjame pensar. Tengo la siguiente línea. No eres un mal tipo.

—Ni siquiera sé de qué estás hablando.

—Espera, no es así como van las películas.

—No voy a citar una película.

—¡Ah! Pensé que estabas citando Crepúsculo.

—Nunca he visto Crepúsculo.

—Es una película realmente buena. Deberías verla.


—¿Eh? —Niego con la cabeza, preguntándome dónde me
equivoque con esta conversación. Agito mis manos como si pudiese borrar
todo esto y empezar de nuevo—. Escúchame. No soy bueno para ti. No
funcionó cuando éramos jóvenes. ¿Por qué debería de funcionar ahora?
No lo hará. Pero estoy tan malditamente atraído por ti (tengo todo estos
sentimientos) nuevos y viejos. Viéndote sonreír y reír, estando contigo… —
Aparto la mirada, pero al igual que todas las otras veces, no puedo estar
lejos por mucho tiempo—. Voy a besarte. De nuevo.

—De acuerdo —dice, la sonrisa se fue, la sinceridad permanece.

Su espalda se presiona contra la ventana a medida que se prepara y


se inclina. Esta vez miro sus labios, tan rosas, su aliento que sale más duro
que segundos antes. Tan lista para mí. Sus ojos cerrados y los míos siguiendo
mientras nuestros labios se tocan. El dulce placer convirtiéndose en una
presión más firme. Descanso una mano en el cristal sobre su cabeza y con
la otra le toco la mejilla. Compartimos un pequeño gemido cuando
nuestras lenguas se tocan.

Necesito parar, así que retrocedo.

—No puedo hacer esto. No puedo parar contigo si esto va más lejos.

—Danny —dice, tentativamente acercándose a mí—, sé que tenemos


razones suficientes para no hacerlo, pero estar aquí contigo, bailando allí,
el beso de antes… no tengo fuerza de voluntad cuando se trata de ti.
Nunca lo hice.

—Lo hiciste una vez. Cuando más importaba, encontraste la fuerza de


voluntad. —Pasé años de duelo por nuestra pérdida.

Al mirarla, ella mira hacia el suelo entre nosotros. Ella se ve herida.

—Hay mucho que discutir todavía, todas las razones por las que no
funcionamos en aquel entonces. Tengo preguntas al igual que tú, pero no
esta noche. Esta noche, ¿podemos dejar eso en el pasado y olvidarnos de
todo lo demás?

—Si pudieras, ¿qué harías?

Ella se mueve contra mí, pecho a pecho, deslizando su mano en la


parte trasera de mi cuello.
—Te besaría y más. —Besándome, la abrazo justo donde está.

Es donde más me gusta que esté, justo contra mí. Cuando nos
detenemos, digo:

—Me gustaría más contigo.

—A mí también. Solo esta noche. Nada más importa. —Ella toma mi


mano y dice—, es mi turno para guiar.

Mientras caminamos de regreso al hotel, pregunta:

—¿Qué te excita?

Me gusta cuando ella está ansiosa, respondo:

—Cuando la cámara se apaga.

Su rápida mirada me hace sentir expuesto, pero es bueno sentirse así,


porque siento que los muros entre nosotros se están viniendo abajo.

Con un destello de una sonrisa, dice:

—Lo tendré en cuenta.

En el momento en que llegamos al hotel, la tensión sexual entre


nosotros aumenta, la posibilidad de lo que va a pasar me excita. Ella
sostiene mi mano el resto del camino, sus dedos entrelazados con fuerza en
los míos. Paramos dos veces para besarnos, nos acercamos “casi” a ser
arrestados de nuevo, así que nos damos prisa a través del patio, y
directamente a través del vestíbulo.

Subimos hasta la cima de la escalera, justo afuera de mi habitación


de hotel antes de que nos quebremos y cedamos a la tentación.

La beso, con fuerza. La beso para que sepa que no hay nadie más a
quien preferiría besar. Cuando nuestros cuerpos se unen, siento el empujón
entre mis rodillas, su suavidad acuñada contra mi dureza. Mi espalda está
contra la pared, el yeso vibrando cuando golpeo contra ella.

Las manos serpentean, ruedan sobre los músculos de mis hombros y el


cabello en mi nuca. Me tomo el tiempo para apreciar el flujo y la caída de
la curva de su cintura. Nuestras lenguas están frenéticas y giro dejándola
atrapada entre la puerta y yo.
Las lenguas se profundizan, alimentado el deseo. Mi boca va a su
oreja y lamo el lóbulo, luego susurro:

—Te deseo, Reese.

—Te deseo tanto.

Cierra los ojos y se suaviza contra mí. La beso en el cuello y trabajo mi


camino a un costado lo que la hace gemir. Los besos calientes son
sustituidos por aire fresco y la piel de gallina cubre sus brazos. Mientras un
escalofrío recorre su cuerpo, se retuerce, y se eleva lo suficiente para
atrapar mis labios con los suyos.

En un rápido movimiento, está levantando sus piernas envolviéndolas


alrededor de mi cintura. Nuestros besos se profundizan mientras camino
hacia el lado de la cama mientras tira de mi camisa. Acomodándola
abajo, me quedo de pie allí un momento, observándola mientras se mueve
al centro de la cama. Cuando me mira, pregunta:

—¿Me acompañas?

Es la mejor invitación que he tenido en años. Es también la única que


he deseado incluso por más tiempo.

—Por supuesto.

Ella me mira y dice:

—Eres conocido por tu paquete de seis, pero está claro que se ven
ocho. Buen Señor, esto es caliente. Ven aquí y déjame lamerte.

Me rio mientras me desato los zapatos a toda prisa. Ella se desliza su


blusa por la cabeza y la tira sin cuidado al final de la cama. Bajo mis
pantalones y me quito mis calcetines. Ella me ha visto un millón de veces
en ropa interior en esta etapa, por lo que olvidamos el juego previo de
desvestirnos y solo nos desnudamos.

—Válgame Dios —exclama, mirando mi paquete—. Mi memoria me


falló en esta área.

A mi polla definitivamente le gusta la atención, y me endurece aún


más.
—La mía no lo hizo, pero te has vuelto incluso más sexy si eso es
posible. —Sus pezones, rosas y más erectos para mí.

Justo cuando estoy a punto de subir a la cama, pregunta:

—¿Tienes protección?

Asiento con la cabeza, un poco con demasiado entusiasmo, así que


trato de parecer menos como un friki a punto de echar un polvo por
primera vez y más como la revista se refería a mí: Él Hombre Más Sexy de la
Tierra. Me encojo de hombros para añadir una buena medida.

—Tengo dos condones.

—¿Solo dos?

Ahora eso me hace sonreír. Le doy todo, el contenerse no está


permitido. Ella suspira feliz y se tumba de nuevo. Agarro los condones y
subo a la cama. Estábamos frenéticos antes, pero ahora, ahora quiero
tomarme mi tiempo con ella, conseguir reencontrarme con ella
plenamente.

Me inclino y beso su estómago mientras amaso sus pechos.


Elevándome, me muevo por su cuerpo y beso sus pechos, apreciando
cada uno con mi lengua. Sus dedos se entrelazan en mi cabello y ella
aprieta, el cabello tirando de mi cuero cabelludo, y apurándome. Miro
hacia arriba y ella dice:

—Aquí arriba.

—Como tú ordenes. —Me aseguro de deslizar mi cuerpo contra ella


mientras me muevo hasta que estoy colocado por encima de ella—. Dios,
eres preciosa.

Sus ojos se cierran, el cumplido pareciendo demasiado, mientras me


muelo entre sus piernas. Mi erección está resbaladiza y estoy tan cerca de
empujarme dentro de ella que me esfuerzo por parar, pero lo hago.
Bajando, la beso rápidamente y ruedo hacia un costado para poner un
condón antes de volver a la misma posición. Esta vez presiono contra
donde realmente quiero estar. Ella toma mi rostro entre sus manos, y dice:

—Te he extrañado.
Eso me hace entrar por completo. Así es como quiero esas tres
palabras pronunciadas, sus magníficos ojos en mí, mirando los míos. Cierro
los ojos y empujo hasta el fondo. Me detengo, mi aliento atrapado en
algún lugar de mi corazón.

Un instante después, mientras yacemos entrelazados juntos una vez


más. Sus manos están en mi rostro, acunándolo en su calor. Cuando abro
los ojos, ella me recuerda:

»Respira. —Siempre me dejaba sin aliento y con el recordatorio


empujo dentro, su respiración saliendo en el más sexy jodido canto que
jamás se haya pronunciado—: Danny. Danny. Danny.

La beso porque no me puedo resistir a sus labios rosa oscuro, y cuando


su boca se abre, el gesto me hace desear más. Así que salgo y entro.

—Esto. Se siente tan bien.

—Tan bien.

Descansando en mis antebrazos, la beso una y otra vez. La beso hasta


que mis besos son los únicos que ella recordará. Hacemos el amor y
cuando se empuja contra mí, ruedo sobre mi espalda y dejo que se haga
cargo. Con sus manos presionadas contra mi pecho, su cuerpo
meciéndose encima de mí, y su cabello suelto, trato de memorizar todo:
cada sentimiento, cada sensación y el aliento que se le escapa.

—Te he echado de menos, Reese —digo, tocando su cuerpo


libremente, algo que he querido hacer desde que nos reunimos.

Sus uñas comienzan a clavarse, su cabeza cayendo hacia atrás, pero


sus dedos se levantan de repente y agarra mis muñecas, por algo para
aferrarse mientras cae en la dicha. Su cuerpo abrazando el mío, el calor
inundando a mí alrededor, y el sonido de su caída arrastrando parte de mi
propio orgasmo fuera de mí. Agarro sus caderas, manteniéndola en su
lugar mientras cabalgamos hasta llegar.

Se acuesta a mi lado, frente a mí, mirando fijamente mis ojos mientras


yo hago lo mismo con ella. Eso me golpea. Estos son los ojos que debería
haber estado mirando estos últimos diez años. Aunque estoy seguro de que
solo está cansada, cuando mira hacia abajo, mi corazón comienza a
doler.
»Reese.

Levanta la mirada y veo la pasión y el deseo, pero también veo


calidez y comodidad. Veo el hogar que debería haber tenido. Aparto la
mirada brevemente, su mirada amorosa haciéndome querer decirle todas
las cosas que siento. Me levanto y me deshago del condón.

Ella habla justo cuando salgo del baño:

—No podemos decírselo a nadie.

—Por ahora.

—Tal vez para siempre. —Se da la vuelta de espaldas y se queda


mirando al techo y no me gusta la pérdida—. Esto fue cosa de una sola
vez. Causaría muchos problemas y yo perdería mi trabajo.

Salto en la cama y la enfrento de nuevo.

—Mírame.

Da un vistazo.

»No, Reese. Mírame.

Cuando se da la vuelta para mirarme, hace lo que le pedí. »Podemos


fingir que esto nunca ocurrió. Podemos fingir que somos extraños sin un
pasado. Podemos fingir que no significamos nada el uno para el otro para
el resto del mundo. Pero cuando estamos solos, no voy a fingir que no me
preocupo por ti. No puedo fingir que no tengo sentimientos por ti, o tener
sentimientos reales basados en una historia que nunca fue resuelta. No lo
haré. —No puedo.

Sus ojos se cierran y se acerca, y luego se da la vuelta para que


pueda sostenerla. Lo hago. Siempre lo haré. La aprieto contra mí y cierro
los ojos también, me gusta el tiempo que tenemos y no tener que
preocuparnos por lo que no tenemos.

Susurra:

—Está bien. No lo haré.

Sonrío pero escondido detrás de su cabello. Tenemos esta noche, y


por ahora, eso es suficiente. Estoy contento de encontrar un escape
lujurioso en un pacífico adormilado como cálido, cuerpo moldeado al mío
y la hora se acerca a la una de la mañana.
DANNY
E
l fotógrafo va hacia la enorme sombrilla para cambiar su lente. El
equipo llegó tarde la noche anterior. El fotógrafo, Bryker, voló
con el equipo contratado de LA, incluyendo a Becs
encargándose del vestuario, una maquillista, y un asistente.

Claudia es escoltada de regreso al improvisado vestuario y maquillaje


localizado al lado del edificio, sombreado alrededor de la esquina. Voy a
pararme debajo de la otra enorme sombrilla donde Vinnie está sentado en
la silla del director.

Sin mirarme, dice:

—Las fotos son increíbles. ¿Cómo te estás sintiendo?

—Se sienten bien, una buena vibra, sexy, todo lo que dijiste que
querías.

Resse viene de la esquina, empujando una hielera con ruedas detrás


de ella.

—Vi cuánta química tienen juntos. —Estoy pensando que ya no está


hablando de la sesión de fotos—. Cuando estaban bailando, fuegos
artificiales.

Bingo.

—Del tipo explosivo —respondo—. Cada vez que le recuerdo cuán


buenos éramos, ella me recuerda por qué ya no lo somos.

—Entonces continúa intentando.

—Eres un romántico incurable, Vinnie. No va a pasar. Está demasiado


determinada a seguir las reglas, mientras yo estoy dispuesto a romperlas.
—De nuevo, no debería decirte esto, pero es algo de lo que he sido
testigo, no es algo que ella me haya dicho, así que siento que puedo
compartirlo. —Se inclina más cerca y susurra—: Cuando la veo con su ex,
no reacciona ante él como lo hace contigo. Lucho para ver la atracción
que alguna vez existió entre ellos.

—¿Cómo es que los has visto juntos si rompieron?

—Él es su jefe. Hemos cenado juntos y él estaba allí en sus reuniones.

Echo un vistazo hacia ella un poco sorprendido de que saliera con su


jefe.

—¿Uh? Interesante.

—Eso es todo. No son interesantes en lo absoluto. No hay nada… ni


chispa, ni fuego, ni fuegos artificiales entre ellos. No como contigo.

—Tenemos la conveniencia de diez años suavizando los bordes de


nuestra ruptura.

—¿Por qué rompieron, Danny?

—Buena pregunta. Cuando lo averigües, avísame. —Me alejo para


tomar una botella de agua antes de continuar con el siguiente set porque
el desierto está malditamente caliente. Esta podría ser la primera vez que
he estado agradecido de modelar trajes de baño y ropa interior. De pie
junto a la hielera, bebo la mitad de la botella de un trago—. Gracias por
traer esto.

Reese agarra una botella para ella.

—Está caliente.

—Gracias. Por eso es que nos pagan tanto.

Ella ríe.

—Me refería al clima, pero también se aplica a la sesión de fotos.


Riendo, agrego:

—Mi error.
—No. Ustedes son todo excepto malos. Lucen geniales en su
perfección de modelos.

Cuando se sienta en la tapa de la hielera, me muevo para taparle el


sol.

—Subestimas el poder de la conexión. Corre mucho más profundo


que por la superficie de la piel.

—Ustedes dos lo tienen todo. La conexión, la química, la mirada...


todo está funcionando hoy. Estas fotos serán increíbles.

Arrodillándome delante de ella, su mirada me sigue.

—Dices eso, pero no has modelado.

Resopla con diversión, y tengo que decir que encuentro ese ruido
bastante malditamente adorable. Asintiendo hacia la silla que acaba de
ser sacada del set, le digo:

»Vamos. Ven conmigo.

Me gusta que no cuestione lo que estoy tramando o por qué, ella solo
me sigue. Confía en mí. Sonriendo, me siento en la silla y acaricio mi pierna
derecha.

»Siéntate.

—¿Qué? —Mira por encima del hombro para ver si alguien nos está
observado. Nadie lo hace.

Cuando se vuelve, le digo:

—Quiero que te sientes a horcajadas sobre mí, Reese.

—No puedo hacerlo —dice incrédula—. ¿Cómo se vería eso?

—¿Estás preguntando cómo me siento? ¿O cómo se verá para los


demás? Porque honestamente, me importa un carajo lo que les parezca a
los demás, y no puedo imaginar una mejor vista que tú encima de mí otra
vez.

Una sonrisa maliciosa comienza a aparecer, la comisura derecha,


luego la izquierda de sus labios deslizándose hacia arriba. Cuando la veo
sonrojarse, he conseguido la reacción que estaba buscando. Incluso
mejor, ella levanta su vestido en los lados y se desliza sobre mi regazo, mi
mitad entre sus piernas, mi polla en el ápice de sus muslos. Sus manos
encuentran mis hombros y sostengo sus caderas.

»Cierra tus ojos.

Lo hace, la sonrisa alejándose.

Me muevo entre sus piernas para que pueda sentir lo duro que me
pone.

»¿Sientes eso?

Asiente.

—Ella estaba en topless encima de mí, con la más pequeña de las


bragas. —Sus ojos se abren cuando termino—. Y nunca me excité, ni una
sola vez con ella. —La sonrisa de anoche, la empapada de lujuria aparece
en su bello rostro. El menor de los movimientos de su parte hace que mis
ojos se cierren momentáneamente con esa misma sensación llena de
lujuria—. Tú me afectas como nadie más. —Deslizo mi mano sobre la tela
de su vestido y luego debajo de él, pasando directamente a la parte
buena.

Está húmeda.

A través de sus bragas.

Por mí.

Sobre el hombro de Reese, veo al fotógrafo probando la luz. Mira en


nuestra dirección, pero no presta atención y continúa. Ágilmente, dos de
mis dedos eluden el borde de encaje y se deslizan debajo de la seda.
Nunca fue una chica de lencería barata, otra marca de verificación en la
columna de los pro.

Su piel es suave. Froto y su boca se abre mientras lucha por mantener


los ojos abiertos.

»No podemos hacer esto, Danny.

—Ya lo estamos haciendo y nadie está mirando.


Sus párpados revolotean cuando me deslizo dentro de ella con
destreza.

—Quiero besarte.

—No se trata de besar. Se trata de conexión y mostrarte la diferencia.


—Me muevo lentamente dentro de ella—. ¿Cómo te sientes?

Su mano se mueve hacia abajo sobre sus pechos y baja, hasta que
está encima de la mía, la que le está haciendo el amor.

—Me duele. —Toma mi mano libre, aplastando mi palma contra ella, y


la arrastra sobre su estómago y hasta su pecho—. Y aquí.

Con el corazón latiendo bajo mi palma y su cuerpo en la cúspide de


las pulsaciones, nuestras miradas se encuentran.

—Ese dolor que sientes es por mí, nena. Solo por mí. Como a mí me
duele por ti. Solo por ti.

—Maldito seas, Danny Weston. —Sus ojos se cierran, su espalda se


arquea, su cuerpo tiembla, su cabeza cae hacia atrás.

Como ella quería minutos antes, lo quiero ahora. Quiero besar sus
pequeños gemidos. Quiero lamerle el cuello como lo hice anoche. Quiero
hacer el amor con ella. Quiero follarla. Quiero todo con ella. Quiero un
para siempre. No solo momentos robados.

Su pecho sube y baja, inhala cada respiración profundamente en su


pecho, y exhala lentamente. Me mira. Su trueno, la pelea, la opinión de los
demás de la que tanto se preocupa, todo se ha ido, sustituido por una
relajada satisfacción. Pasando sus manos sobre mis hombros, las deja
descansar a cada lado de mi cuello, el gesto es probablemente más
amoroso, más suave de lo que ella es consciente.

Bryker se agacha bajo su tienda. La tensión que deja su cuerpo se ha


infiltrado en el mío. Quito mi mano de debajo de su falda y la tiro hacia
abajo.

—Deberíamos regresar.
—Está bien. —Se levanta, su cuerpo es inestable al principio. La
sostengo por el codo y ella se inclina contra mí—. Me haces hacer cosas
muy malas, Danny.

Mientras intento no alarmarla, me doy cuenta de que lo que


acabamos de compartir fue imprudente. Todo en mis instintos me dice que
no debería haberla puesto en esa posición, literal y figurativamente. Ella
está queriendo hablar, tocarnos tanto como podamos sin ser notados. De
lo que ella no se da cuenta es que hemos sido notados.

No solo notados, sino que probablemente fuimos acosados por una


cámara de gran zoom.

Mientras se acomoda su falda, miro hacia abajo a lo que sentía


cuando estaba debajo de ella. Me ha marcado. En cualquier otra
circunstancia, usaría su pasión en mi ropa interior como una insignia de
maldito honor... debajo de mis pantalones. Pero cuando la ropa interior es
la estrella de la sesión de fotos, tengo que conseguir un nuevo par.

—Vamos. Necesito cambiarme. —Me acomodo mi polla dura como


la mierda, después la tomo por el codo para bloquear esperanzadamente
a cualquier persona de ver el daño que hemos hecho.

Mirando hacia abajo, se ríe. Yo pongo los ojos en blanco.

»Sí. Sí. Ríete, nena. Ríete.

Atrapo sus ojos en mí. La primera vez la llamé nena a propósito. Esta
última vez solo salió, fluyendo naturalmente. Ella no dice nada, pero
cuando sus dedos se arrastran por encima de las hierbas, veo su sonrisa,
una no destinada para mí, sino para ella. Su felicidad me cubre como los
rayos del sol. Aparto la mirada, dejándola con su paz interior.

Nos apartamos sin palabras, siguiendo nuestros caminos por


separado. Claudia está bebiendo un refresco de cola dietética a través de
una pajita mientras retocan su maquillaje. Trato de ocultar el "lío" y pasar a
un exhibidor de ropa.

»¿Becs? —susurro de detrás de ella mientras cuelga una camisa de


cuello recién planchado.

Ella se gira.
—¿Dónde has estado? Tenemos que prepararte. —Ni siquiera me da
la oportunidad de hablar antes de agarrar la camisa y un nuevo par de
calzoncillos de bóxer de encima de su kit de costura—. Aquí. Cámbiate.

Cuando me mira de verdad, una ceja se eleva en sorpresa y se da la


vuelta.

»Espero que no tengas esa arma cargada para mí. ¿Mencioné que
empecé a salir con un chef artesanal que trabaja para Warner Brothers?

Alejándome de ella, me rio y cambio la ropa interior.

—No lo mencionaste, pero es bueno saberlo, y ya era hora.

—¿Hora del novio o del chef artesanal?

—Jaja.

Busco un lugar para tirar la ropa interior que llevaba con Reese,
aunque estoy un poco y enfermizamente tentado a dejármela. Entonces
me espabilo. Si fueran suyos, sería una historia diferente. Cuando no
encuentro un lugar para disponer de ellos, empiezo a esconderlos en uno
de los tenis que usé aquí para encargarme más tarde.

Becs pregunta:

—¿Qué estás haciendo? —Antes de que pueda detenerla se agacha


y me arrebata la ropa interior. Ahora los está agitando dramáticamente—.
Sabes que tengo que registrarlos en los usados, entonces puedo dese-
charlos. Ahora andando. Sé que los están esperando, chicos.

Girándome, quiero escapar antes de que noté algo... ya sabes,


diferente acerca de ellos en comparación con cuando me los dieron hace
una hora.

»¿Danny?

De espalda a ella, le respondo:

—¿Sí?

—La próxima vez, bésala.


Mirando hacia atrás, asiento. Su sonrisa de gato que se comió al
canario evoca la mía.

—De acuerdo.

Ella no me tortura. Ese no es su estilo. Solo vuelve a trabajar al


exhibidor de ropa, y como siempre, me cubre la espalda, no solo con la
ropa.

Doblo la esquina y encuentro a Reese sentada junto a Vinnie debajo


de la sombrilla. Ella tiene una botella de agua fría presionada a su mejilla.
Me rio entre dientes. Ella no es la única caliente, y aunque hace calor bajo
este sol de Texas, es soportable en comparación con lo que siento por ella
ahora mismo.

Voy a tomar el consejo de Becs y besar a esa mujer tan pronto como
tenga la oportunidad.

Bryker me encuentra en el siguiente set, una cama con sábanas


arrugadas. Señala el colchón y dice:

—Quiero que ella esté sentada aquí y que tú estés de pie frente a ella.
Quiero su mirada en tus abdominales. Ella va a estar tirando de la ropa
interior hacia abajo. Quiero que la mires a los ojos. Funciona a partir de allí.
Haz lo que harías naturalmente. Comienza en esa posición, luego muévete
a la cama desde allí.

—Muy bien.

Contemplando a Reese por el rabillo del ojo, se levanta, deteniéndose


frente a Vinnie, dándome la espalda. Cuando miro hacia allí, están
hablando, no puedo escuchar lo que dicen, pero parece ser serio. Claudia
se une a Bryker y a mí justo cuando Reese desaparece alrededor del
edificio. Cuando mis ojos se encuentran con Vinnie, no está sonriendo.
Tampoco está molesto. Es demasiado difícil de leer así que trato de
concentrarme en mi trabajo en lugar de preocuparme por lo que está
pasando con Reese. Necesito hacer mi trabajo.

Es hora del espectáculo.

Nos colocamos en la posición señalada. Claudia tiene un sujetador


negro y bragas a juego. Después de comprobar que Bryker está listo, ella
pasa sus manos sobre mis abdominales. La camisa está desabrochada y
una sutil brisa sopla los extremos. Mantengo mis ojos en ella aunque estoy
tentado a buscar a Reese para ver si ha regresado. Siento que no lo ha
hecho.

Trato de aclarar mi cabeza y meterme en la sesión de fotos, pero es


una lucha. Las manos erróneas están sobre mí. El color de ojos es erróneo.
Los labios erróneos son lamidos. Todo es un error. ¡Mierda!

—Estás tenso —dice.

Tomando una respiración profunda, me la quito de encima cuando


exhalo.

—Estoy bien. Hagámoslo.

Diez minutos se sienten como horas. Me muevo para prepararme.


Bryker grita:

—Haz lo que estaban haciendo en la silla. Eso fue sexy.

El descontrol mental que ocurre en mi cabeza eclipsa mi lado lógico y


estoy a punto de preguntarle qué vio, pero Claudia me tira de la camisa
mientras se mete en la cama y me dice:

—Estaba sentada así y tú estabas inclinado sobre mí.

¡Ohhhh! Eso.

Coloco mi mano sobre su hombro imitando la sesión anterior. Pero


Bryker dice:

—No lo que hiciste con Claudia.

Si un disco hubiera estado siendo reproducido, esta sería la parte


cuando la aguja patina a través del álbum y la sala se queda en silencio.
Pero no hay un disco en reproducción, ni siquiera un CD para establecer el
ánimo. Así que estoy atascado entre la confusión en el rostro de Claudia y
la esperanza en el rostro de Bryker.

Añade:

»¿Cuál es la demora? Estamos perdiendo la luz del día.


Claudia dice mi nombre. Mi vista se desplaza del colchón hacia ella.

—¿Qué?

—¿Qué sucede?

¿Qué sucede? Me empujo de la cama, prácticamente olvidándome


de Claudia en mi carrera hacia Bryker. De pie soy entre 15 y 20 centímetros
más alto que él, no puedo estar cara a cara, así que inclino mi cabeza
hacia un lado y lo miro directamente a los ojos.

—¿Qué crees que viste?

—Vi lo que querías que viera. —Él no retrocede, a pesar de que he


dejado jodidamente claro que debería.

—No es lo que crees, así que olvídate de haber visto algo.

—Parecía intenso.

—Le estaba enseñando a modelar.

Me da una media sonrisa. Es distorsionada, no es digna de confianza.

—Está bien —aplaca.

Por desgracia, no me quedan muchas opciones aquí. No puedo


poner en riesgo la campaña y estamos perdiendo la luz.

—Está bien —repito, el mío es más amenazante que su convicción.

Estoy volviendo a la cama cuando él dice:

—Claro, Danny. Lo que digas.

Lo miro a los ojos.

—No me importa lo que crees que viste. No lo hiciste. Ahora déjalo


antes de que me marche.

—Y aquí creía que eras invencible. El modelo playboy superior, pero


parece que tienes un talón de Aquiles como el resto de nosotros. Solo que
el nuestro no tiene el mismo nombre.
—Por tu bien, será mejor que no encuentre el tuyo. —Es lo suficiente-
mente inteligente como para no seguir la discusión, así que vuelvo a la
cama.

Claudia no parece en shock o sorprendida por la escena, pero las


expresiones no son su fuerte cuando modela. Ella solo está dotada de una
cara bonita y conoce sus ángulos.

Vinnie está de pie cerca mirando lo que sucede, así que necesito
conseguir las fotos por las que me está pagando. Volviendo mi atención a
Claudia, nos ponemos a trabajar.
REESE
DIEZ AÑOS ATRÁS

M
intió. Danny me mintió. Mientras observo la prueba en mis
manos, miro hacia arriba y veo por la ventana de la
biblioteca. ¿Por qué mentiría acerca de algo tan fácil de
descubrir? ¿Cuáles son sus motivos? ¿Cuáles son sus pensamientos? No
tengo ni idea de lo que está pensando. Hemos estado fuera de sincronía
por un tiempo, pero lo que yo pensaba que era un golpe de velocidad
temporal en nuestra relación, podría convertirse en un callejón sin salida.

Meto la revista en la parte de atrás de mi libreta y la cierro de golpe.


Debería regresar en cualquier momento y le prometí que lo encontraría en
su apartamento, así que empacaré mis cosas y me iré al campus.

Cuando entro, escucho la ducha. Dejo caer mi bolsa por la puerta y


me dirijo hacia el sonido del agua corriendo. La puerta del baño está
abierta, pero llamo de todos modos no queriendo asustarlo.

Empujando la cortina a un lado, mira hacia fuera.

—Hola.

Mi corazón palpita ante su sonrisa como si hubiera olvidado lo


atractivo que es. Es hermoso y me inclino contra la puerta mientras mis
rodillas se debilitan.

—Hola.

La cortina se abre más y me invita a entrar.

—Únete a mí.
Estoy tentada, pero cuando lo miro a los ojos, me pregunto qué
mentiras me dirá esta vez. Apartándome de la puerta, retrocedo.

—Te esperaré aquí afuera. —Me voy, no quiero que intente


convencerme, porque lo haré. Iré hacia él, lo he echado tanto de menos.

Consigo un vaso de agua y espero en el sofá. La ducha se detiene y


escucho atentamente mientras sale. Doblando la esquina, se detiene y
parece confundido.

—¿Por qué estás aquí afuera?

Con mi vaso entre mis dos manos sobre mi regazo, digo:

—Quería darte un poco de privacidad.

Riendo entre dientes, dice:

—No necesito privacidad de tu parte. Quiero lo contrario. Recuerda,


lo que es mío es tuyo.

—¿Cómo salió el rodaje?

—Italia fue increíble. No puedo esperar para llevarte algún día. Estaba
este pequeño bar donde podríamos pasar el rato hasta que cierre a las
tres de la madrugada. Ese bar tiene cientos de años. Fue realmente incre...

Me pongo de pie y pongo mi agua en la mesa de café, olvidando


usar un posavasos. Sacando la revista de mi cuaderno y mi bolso, me
acerco y se la doy en la mano. Vuelvo al sofá, esta vez, abrazando una
almohada contra mi pecho y observándolo mientras estudia la revista.

»¿Viste el anuncio?

—Lo hice.

La lanza sobre la mesa de café casi golpeando el vaso. Se aprieta la


toalla a su alrededor, frustrado.

—Debería vestirme.

—Probablemente.

Sostengo su mirada hasta que se gira con una pesada exhalación y se


va a su dormitorio. No espero durante mucho tiempo. Reaparece minutos
después, paseando por la esquina frotándose el cabello con la toalla. La
tira al baño y vuelve a sentarse en la silla cerca de mí.

—Obviamente tienes algo en tu mente. ¿Deberíamos hablar de ello?

—No estoy segura de que pueda hablar. Estoy molesta, pero más que
eso, estoy herida.

—Lo siento.

—¿Por qué, Danny?

—Lo que sea, lo haré mejor.

Hay algo increíblemente dulce en su sentimiento y entiendo su deseo


porque siento lo mismo. Esto no puede ser resuelto simplemente.

—Me mentiste.

—Mentí —dice, acepando sin pensar en la posibilidad de dejarlo


pasar—. Lo siento.

—Desearía que fuera tan fácil, tan directo. Pero no lo es. Ahora me he
quedado preguntándome en qué otras cosas me has mentido.

—En nada. Te lo juro.

—¿Estás diciendo que solo me has mentido esa única vez?

—La besé. Era nuevo y pensé que sería cosa de una sola vez.

—¿No lo será?

—No, Reese. No lo será.

Quería que me dijera la verdad, pero la verdad duele. Mi mente vaga


a lo que realmente está sucediendo cuando él se fue.

—¿Has besado a alguien en Italia?

—Lo hice —responde al instante, sin siquiera intentar tranquilizar mi


mente—. Y lo haré de nuevo. Pero puedo decirte que es por trabajo, nada
más. Nunca he besado a nadie fuera de la cámara aparte de ti desde el
día que nos conocimos.
Su honestidad incita a las traidoras lágrimas que pinchan las esquinas
de los ojos. Cuando caen por mis mejillas, se acerca, sentado en el borde
de la mesa de café, con sus rodillas atrapando las mías. El lugar es
estrecho, pero no hay ningún lugar donde prefiera estar que aquí, con él.

—Puedo pelear contigo por esto.

—No lo harás.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque te conozco y sabes que estoy diciendo la verdad. —


Tomando la revista, la sostiene entre nosotros—. Estas son fotos, fotos
profesionales para convencer a la gente que somos una pareja para
vender un producto. Esto nunca será nosotros. Estas fotos representan una
ilusión. —Deja caer la revista y toma mis manos en las suyas—. Somos
reales, Reese. Reales. No pueden tocar lo que tenemos. No pueden
fabricar lo que siento por ti.

Mi corazón está dividido entre el deseo de creer en él y lo que ver


esas fotos le hizo a mi confianza. Lo amo. Es así de simple. Apoyando mi
frente en su hombro, su mano frota mi espalda.

Besa mi cabeza y añade:

»Te amo. Necesito que creas en lo que tenemos.

—¿Tú lo haces? —susurro.

—Más que nada en mi vida. Te tengo. Tengo a alguien por quien vale
la pena volver a casa.

—No estoy segura de ser lo suficientemente fuerte como para lidiar


con esto.

—Lo eres. —Su voz decae—. Eres más fuerte de lo que te das cuenta.

Alzando mi cabeza, mi mirada sigue y cae sobre la suya.

—Soy fuerte cuando estamos juntos. Cuando estamos separados, no


sé qué creer.

—Cree en mí.
DANNY
EL PRESENTE

T
omo los escalones de a dos en dos, corriendo por el pasillo.
Golpeando, digo:

—Reese, abre. Soy yo.

Llamo de nuevo.

—Adelante.

Cuando abro, ella está de pie en una habitación llena de sol, pero
con lo que parece angustia en su rostro. Empujo la puerta mientras acorto
la distancia entre nosotros. A pesar de que sus manos comienzan a subir, la
beso antes de que las palabras puedan salir. Antes de que se digan los
arrepentimientos. Antes de que la historia se repita.

La beso hasta que la fe sea restaurada.

La beso hasta que recuerde lo buenos que podemos ser.

La beso hasta que ella crea en mí...

De nuevo.

De repente las cosas cambian y ahora ella me besa.

Restaurando mí fe.

Recordándome lo buenos que somos juntos.

Creyendo en mí.

De nuevo.
Sus manos están sobre mis hombros, y se está estirando para besarme.
La inclino y levanto en mis brazos. Sus piernas se envuelven alrededor de mí
y la muevo a la cama, bajándola lentamente sobre su espalda mientras se
estira donde yo quiero que esté.

El vestido que está usando me da acceso para pasar mis manos por
su muslo exterior mientras presiono mi erección contra ella. Reese se
retuerce y maniobra alrededor, colocándose encima de mí. Respira con
dificultad, su cabello es un desastre y sus labios están rojos por los besos
desinhibidos. Sus palmas me sostienen cuando todo lo que quiero hacer es
arrastrarla debajo de mí y besarla de nuevo.

La sonrisa que brilla a través de la luz del sol que inunda la habitación
es una libre de preocupación profunda. Es la más ligera que he visto
desde... desde entonces. Pregunta:

—¿Qué estamos haciendo? Dijimos una sola vez.

Agarrándola por las caderas, me levanto, dejándola descansar,


mientras la encuentro cara a cara.

—No somos del tipo de amor de una sola vez, nena.

Ella me besa, luego pasa su dedo sobre mis labios.

—¿Qué tipo de amor somos?

—Somos del tipo insaciable, del tipo que se queda mucho tiempo
después de que el otro se ha ido, del tipo que puedes negar, pero nunca
puedes dejar de sentir. Jamás.

Envolviendo sus brazos a mí alrededor, me abraza y la sostengo tan


apretada mientras estoy sentándome.

Con los labios en mi oreja, susurra:

—Hazme el amor.

—No tengo que hacerlo. Ya lo sentimos.

—¿Me amas?

—Nunca dejé de hacerlo.


Las lágrimas llenan sus ojos y sus manos tocan mi rostro. Su aliento no
es más que un suave susurro contra mis labios cuando dice:

—Tonto, hombre tonto. —Sus labios encuentran los míos y nuestras


lenguas se enganchan, una lenta danza comenzando. Nuestros cuerpos se
deslizan juntos hasta que estoy de espaldas de nuevo. Se desliza de la
cama. Con la luz haciendo un halo alrededor de su cuerpo, se quita la
ropa.

La noche es perezosa, como si tuviéramos toda nuestra vida para


pasarla en esta cama. Ambos sabemos que no es así, pero se siente bien
fingir. Solo por un pequeño instante.

El resto del mundo se desvanece. Nuestros cuerpos se encuentran el


uno al otro.

No hay principio.

Ni final.

Solo uno.

Nosotros juntos.

Reese descansa encima de mí. Desnuda. Revelando su alma sin


siquiera darse cuenta. Ella duerme con tal paz. Froto la parte de atrás de su
cabeza, deseando que sienta esa paz por tanto tiempo como pueda.
Tomaré la carga a la que nos enfrentamos cuando se despierte y la llevaré
por los dos.

A través de las ventanas, el gris, el coral y el amarillo han reemplazado


el azul brillante. Mientras el sol se pone fuera, intento hacer todo lo posible
para dejar de lado mis sentimientos por esta mujer. Dijo que es solo una
vez. Aunque puedo argumentar que rompimos su regla la segunda vez
que tuvimos sexo. Para la tercera, no tengo más nada que decir.

Dejaremos Marfa por la mañana, regresaremos a nuestras respectivas


costas y regresaremos a nuestras vidas regulares. Separados. Como si los
últimos días no importaran. Como si lo que pasó entre nosotros nunca
existió. Esto es lo que ella quiere, lo que necesita de mí. Tengo que ser
fuerte. No puedo dejar que estos pocos días entren en mi cabeza y tuerzan
mi realidad.
Cierro los ojos, mis manos quietas, y trato de encontrar algo de esa
paz que Reese ha encontrado.

U
na risa al final del pasillo se infiltra en la habitación donde la
oscuridad ha conquistado. Una farola a lo lejos, al otro lado del
cristal, nos fastidia con sombras. Mi pecho se siente vacío… por
dentro y por fuera, sabiendo que esto es todo.

A pesar de querer permanecer en la oscuridad, en una bendita


ignorancia, abro mis ojos. Girando la cabeza, Reese está recostada a mi
lado, con los ojos abiertos, una línea húmeda en la mejilla que se extiende
hasta la almohada. Ruedo a un lado y la limpio. Inclinándome hacia
adelante, la beso en donde estaba, como si eso pudiera despejar el dolor
tan fácilmente como me fue limpiarla.

Hago lo que odio hacer, pero tengo que hacerlo. Miento.

—Todo estará bien.

En mis ojos, ve más allá de la mentira. Con la mano apoyada sobre mi


corazón, siente la verdad. Pero no dice nada. Solo asiente y cierra los ojos.
Su mejilla reemplaza su mano y yo envuelvo mi brazo alrededor de ella.

M
e despierto con el sol, pero la luz no me da calor. Pasando
mi mano sobre su lado de la cama, las sábanas están frías.
Estoy solo. El silencio llena el pequeño espacio donde una
vez lo llenó con su belleza, donde una vez la llenamos con nuestro amor.
Ninguna evidencia de ella permanece.
Ella se ha ido.

Imágenes destellan a través de mi mente haciendo que mi cabeza


estalle. Besando a Reese. Haciendo el amor con ella. La intensidad de sus
ojos en mí mientras me movía dentro y fuera de ella. Su rostro rasgado de
lágrimas. La mirada en sus ojos cuando supimos que nuestro tiempo había
terminado.

Sentado, me froto los ojos y bostezo. Me visto y vuelvo a mi


habitación. Cuando abro la puerta, hay una nota en el suelo. La recojo y
me siento en la esquina de la cama para leerla.

Danny,

Siempre fuiste un buen mentiroso.

Me rio, algo del peso que se cierne sobre mis hombros se levanta, y
sigo leyendo.

Tal vez nunca tengamos Nueva York o París, pero siempre tendremos
Marfa.

Nos vemos,

Reese

Sosteniendo la nota en la mano, la cierro mientras miro a la pared. Sí,


siempre tendremos Marfa, pero quiero más.

Tres horas después, estoy sentado en un avión en El Paso, esperando


para despegar. Becs está a mi lado leyendo una revista. Tengo mi teléfono
en la bandeja delante de mí, mis auriculares conectados. Ella dice:

—Deberías llamarla o, al menos, enviarle un mensaje de texto.

—¿Qué sabes sobre “ella” cuando se trata de mí? —le pregunto, una
pequeña sonrisa tirando de mis labios.
—Tengo ojos. Todos lo hacemos.

—Podría haberlo jodido.

—¿Con ella? —pregunta sorprendida.

—No. Al abrir esa herida. Uh quiero decir, puerta.

—Herida. Puerta. Tienes mi atención. ¿Cuál es? ¿Herida o puerta?

—Puerta —le digo, tratando de convencerla de la historia que Reese y


yo inventamos en LA en ese primer viaje.

Ella se desplaza inclinándose hacia mí, así que trato de detener este
interrogatorio antes de que comience.

»No pasa nada, Becs. Solo olvídalo.

—Por la forma en que la señorita Carmichael se veía esta mañana, no


se olvidará de ello pronto. —Recoge su revista de nuevo, pulgares a través
de ella como si lo que acaba de decir no tiene sentido cuando significa
todo.

—¿Tú la viste?

—Lo hice. Bryker, Vittori y Reese estaban registrando su salida y


dirigiéndose juntos al aeropuerto.

Ella se detiene, así que la animo.

—Continúa.

—Estaba bebiendo mi café en la sala de estar del vestíbulo. Tenía una


visión clara de ellos. Estaba riendo, despreocupada. Me atrevería a decir
que feliz. Parecía relajada considerando la hora. Tal vez esto eran unas mini
vacaciones para ella. Sabes la carrera de ratas que es Manhattan.

Becs me lee muy bien.

»O tal vez cierto ardiente modelo pasó la noche haciéndola olvidase


de esa carrera de ratas.

Me vuelvo a mirar mi teléfono en la bandeja.

Su codo me empuja en el reposabrazos. Cuando la miro, dice:


»No le diré a nadie, Danny. No puedo ser comprada y no vendo a mis
amigos. Te considero un amigo. Espero que lo sepas.

Los verdaderos amigos son difíciles de encontrar. En este negocio,


alguien está siempre buscando cómo usarte de una manera u otra para
promover su carrera. Así que cuando doy mi confianza, es porque la
persona ha demostrado ser confiable en más de una ocasión. Becs nunca
me ha utilizado, o ha sido todo menos sincera conmigo.

—Gracias. También te considero una amiga.

Ella se ríe y dice:

—Ahora que somos amigos establecidos, ella estaba brillando. Era


notablemente diferente en la forma en que se movía con tanta facilidad y
se reía tan ligeramente. —Escuchándola describiendo a Reese, la imagino
en mi cabeza, y espero que la haya hecho sentir así—. Vittori incluso
comentó sobre la diferencia.

—¿Que dijo?

—No escuché la primera parte, pero cuando Bryker se fue por el auto,
Vittori le dijo que ella se veía, y cito “feliz”. Y luego agregó, “y
recientemente follada” fin de la cita.

No digo nada, pero mi sonrisa crece.

Ella añade:

»Nuestro secreto, pero si tuviera que dar una descripción a la policía,


podría usar las mismas palabras para ella. —Ella se ríe en silencio y abre la
revista de nuevo a la página donde se detuvo, no esperaba que lo
confirmara o negara. Becs me deja sentado allí, sabiendo que Reese se
fue sintiendo como me siento ahora. Sin arrepentimientos.
DANNY

S
uena mi teléfono y respondo mientras camino por mi patio.

—¿Hola?

—¿Sigues explorando o quieres la semana libre antes de


irte a Nueva York? —Mark a menudo se olvida de lo básico en
la interacción humana.

—Sí, mi viaje fue genial. El cliente está satisfecho con las fotos y
todavía tengo el trabajo en Nueva York en la agenda. Gracias por
preguntar.

Se ríe entre dientes.

—Tengo una tonelada de mierda de trabajo pendiente de hacer. Lo


siento por eso. Me llegaron noticias de la agencia de publicidad, como
debes saber, están felices. Lo que hace feliz a Vittori y por ende, me hace
feliz a mí. Ahora sobre el otro trabajo. Tengo dos ofertas para trabajar
contigo. Sé que pusiste la exploración en búsqueda de locaciones a un
lado para centrarte en el modelaje cuando el trabajo se incrementó, pero
no hemos hablado sobre que vuelvas a hacerlo o de las ofertas como
fotógrafo. ¿Quieres pasar por la oficina y revisar las propuestas?

—¿Vale la pena considerarlas?

—Creo que sí.

—¿Qué te parece en el almuerzo?

—De acuerdo. Dale a Jody la información de la hora y el lugar.

—Lo tengo.
Después de ducharme y prepararme para el día, voy al centro de la
ciudad y me detengo en una tienda en Melrose. Tienen un traje para mí.
Fue enviado por Vittori, se supone que debo usarlo esta noche en una gala
benéfica. Me lo pruebo y lo acepto. Lo adaptaron a la perfección como
una T. Puedo querer llevarlo conmigo a Nueva York.

En el auto, conduciendo al restaurante, Luke me llama. Respondo:

—¿Qué pasa?

—¿Qué tienes en marcha esta noche?

—Un evento de caridad.

—¿Tienes acompañante?

—¿Por qué? ¿Estás ofreciéndote?

—Joder no. Me reuniré con algunas chicas en un club esta noche.


Necesito un compañero.

—Es curioso cómo me pagan millones y soy actualmente el hombre


más sexy del mundo según la revista Planet y soy el compañero.

—Algunos necesitan más ayuda que otros.

Bromeo:

—Estoy pensando en conseguir ese título grabado en mi lápida.

—Estás tan lleno de ti mismo. Tienes que venir a pasar el tiempo con la
gente común para que vuelvas a tener perspectiva.

—Suena como un plan sólido. Me apunto.

—Dos chicas. ¿Estás buscando?

—Realmente no.

—¿Lo tomo como que todo fue bien con Reese?

—Me apego a la Quinta Enmienda9.

—Ningún apegarse a la mierda con tu mejor amigo. ¿Follaron?

Nadie estará obligado a responder de un delito.


9
No me molesto en contestar. Continúa de todos modos:

»¿Entonces, estás seguro con esta noche, digamos a las once?

—Podemos encontrarnos más temprano. El evento comienza a las


seis. Estaré libre a las nueve.

—Encuéntrame en Hud´s a las nueve y media.

—Hasta luego, amigo.

El valet se lleva mi auto tan pronto como estaciono frente al


restaurante. Al entrar, veo a Mark y a Jods en una mesa junto a la ventana.
Me inclino y beso a Jods en la mejilla.

»Siempre encantado de verte.

—Igualmente.

Me acerco y estrecho la mano de Mark.

—¿No es lindo verme? —bromea.

—Encantador —replico sentándose.

Pedimos antes de comenzar con los negocios. Jods me da un folder


mientras Mark empieza a repasar cada oferta, enumerando los pros y los
contras de seguir explorando.

—Ahora tienes un nombre, Danny. Esto es solo un bono. Así que si no


amas hacer esto, invierte tu tiempo más sabiamente y céntrate en el
modelaje.

Repaso rápidamente las ofertas, principalmente los montos en dinero.

—Ofrecen buen dinero.

—Buen dinero para las personas que no se llaman Danny Weston.


Haces diez veces eso en un día.

—No estoy apegado a la exploración de locaciones. Fue solo una


forma de diversificar mis actividades hace unos años. Disfruto de la
fotografía y soy bueno en ello. Sé cómo sacar lo mejor de los modelos,
pero creo que ahora mismo es más un pasatiempo que algo en lo que
quiero concentrarme para mi dinero. —Cierro el folder—. Mi respuesta a las
tres es no.

—Se los haré saber. Creo que en estos momentos es sabio para tu
carrera. Estás en la cima de tu juego y desde allí, está la estratosfera.

—La cima de mi juego me hace pensar que solo puedo ir cuesta


abajo desde aquí.

—No, eso no es lo que significa. Significa que elegimos cuidadosa-


mente nuestros próximos pasos. ¿Cómo te sientes sobre actuar?

Sacudiendo la cabeza, respondo instantáneamente:

—No estoy muy entusiasmado.

—Como mencioné en mi oficina, no tienes que hacer audiciones para


algunos de los papeles. Son interpretaciones fáciles.

—No necesito interpretaciones fáciles. Tengo bastantes trabajos.

—¿Qué pasa con el futuro?

—Podemos hablar entonces. Ahora mismo, no lo estoy sintiendo.

Sonríe.

—Está bien. Creo que es prudente. Sobre todo con Vittori. ¿Cómo va
eso?

—Bien. Me voy en dos días a Nueva York, y dos días después nos
vamos a París.

—Así que, ¿seguro quieres comerte esa hamburguesa?

Inclinando mi cabeza, estoy molesto y espero que darle una mirada


malvada haga el trabajo.

Desestima la mirada.

»¿Tienes que quitarte la camisa? ¿Jody?

Revisando su folder, pasa un dedo a través de sus meticulosas notas.


Se detiene en la trigésima cuarta parte de la página y la golpea.
—Puede que lo haga —apunta, levantando la vista con simpatía—.
Hay una cláusula que indica que sí. Es mejor ir por el lado seguro.

Como si fuera cronometrado, mi hamburguesa es servida. Esto


requiere otra mirada malvada en dirección a Mark. Empujo el plato y,
antes de que la camarera se vaya, pregunto:

—¿Puedo conseguir la hamburguesa para llevar y pedir pollo a la


parrilla ligeramente sazonado con verduras de temporada salteadas en
aceite de canola o vegetal, sin mantequilla?

Sonríe, recogiendo la hamburguesa.

—Por supuesto. Voy a poner su orden ahora.

Jody está a punto de comenzar con su ensalada, pero luce


apesadumbrada.

—Lo siento.

Mark argumenta.

—Yo no. Esta hamburguesa es malditamente buena. ¿Vas a ir al


gimnasio después del almuerzo?

—Supongo que tengo que hacerlo. Tengo que asistir a la gala


benéfica esta noche.

—Ah sí. Haznos sentir orgullosos —añade, limpiándose la boca.

En silencio, respondo con mi dedo medio expresando lo que siento al


verlo comer lo que se me antoja. Tiene suerte de que me agrade tanto y
que me consiga buenas audiciones, si no, lo echaría con patadas en el
culo ahora mismo.

Maldito suertudo.
—¿D
anny?

—Aquí.

—Mira aquí. ¡Mira aquí!

—¿Danny Weston?

—Justo aquí.

Dándoles mi ángulo izquierdo, mantengo la sonrisa al mínimo; es lo


que mejor funciona para las fotos en la alfombra roja. Inmutable, incluso si
estoy afectado, lo hago como si fuera solo otro día en la vida. Me vuelvo
de frente, metiendo la mano en el bolsillo y levantando la barbilla. Esta
pose siempre es buena en un traje bien ajustado. Muestra las líneas de mi
cuerpo y resalta mi altura. Con las dos manos en los bolsillos, le doy a los
paparazzi de mi derecha una nueva expresión facial, una leve sonrisa y
mirada de acero antes de ser dirigido a la siguiente zona para más fotos.

Los paparazzi creen que saben lo que quieren. No lo hacen. Yo sí. Les
doy lo que ni siquiera saben que necesitan hasta que se los muestro. Y
luego lo devoran... comiéndolo de mi mano.

Me detengo en la X marcada en la alfombra y repito las últimas poses.

Una vez dentro, me dirijo directamente al bar.

—Borbón en las rocas.

Sirven mi bebida y dejo una propina.

—Gracias. —Volviéndome hacia la habitación me percato que se


está llenando. Veo unos cuantos rostros familiares, pero nadie que me
incite a cruzar la habitación. Estoy jodidamente muerto de hambre, pero
no veo nada en el buffet que pueda comer antes de la sesión de fotos. Mi
mente divaga mientras miro por una de las grandes ventanas. Debería
correr por la mañana. No puedo beber demasiado esta noche. Necesito
dormir, pero definitivamente necesito al menos un trago para relajarme.

Desde que salí de Marfa, he estado fuera de mi juego. He querido


escribirle a Reese miles de veces, pero comienzo a pensar que quiere un
tiempo a solas para entender lo que sucede en su vida y con nosotros.
Me rio de mí mismo. Es gracioso suponer que tengo todo resuelto.
Todo lo que sé es que Reese Carmichael me hace reconsiderar mis hábitos
de citas. Tampoco quiero reconocerlo frente a Luke. Le dije que fuera tras
su chica, así que no puedo quedarme parado y dejarla marchar de nuevo.
Pero estoy más confundido que nunca. A pesar de lo que Becs dijo sobre el
estado de ánimo de Reese después de pasar la noche conmigo, recuerdo
su sentimental cierre:

Tal vez nunca tengamos Nueva York o París, pero siempre tendremos
Marfa.

—Hola.

Sigo la melódica voz y miro a mi costado. Una mujer, una hermosa


rubia con el cabello recogido… estilo clásico, vestido negro, bonito y no
demasiado revelador. Sus ojos color avellana iluminados por el brillante día
ante nosotros, y la confianza que viene con estar cómoda consigo misma.
Supongo que tiene más de veinte años, pero nunca se sabe en esta
ciudad donde el Botox fluye como el champán.

—Hola —saludo—. Soy Danny Wes…

—Weston. —Avergonzada baja la mirada—. Por favor, no me


consideres una acosadora. Oh, tal vez lo soy. —Ríe—. Estaba deseando
conocerte esta noche.

Volviéndome hacia la atractiva mujer, pregunto divertido:

—¿Estas acosándome ahora?

Susurra:

—Mi padre es un filántropo. Esta causa es algo personal para él, por lo
que quería que fuera perfecta, y por supuesto recaudar mucho dinero.

—Doné un cheque en la puerta.

—Oh, te doy las gracias en su nombre. Debo confesar que pedí que
te enviaran la invitación.

Estoy intrigado.

—¿Y por qué es eso?


—No puedo imaginar que mis razones sean muy diferentes a las de
cualquier otra admiradora.

—¿Eres una admiradora?

—Me siento tonta al admitirlo. Supongo que soy una admiradora no


tan secreta, ya que lo revelé.

—Así que mi admiradora no tan secreta me conoce a mí y mi nombre,


y sin embargo, no sé nada de ti aparte que tienes un gran gusto en
hombres. —Ríe y luego bebe de su champán.

Ofrece su mano y la estrecho.

—Soy Anna Collins.

—Es un gran placer conocerte, Anna Collins. —Ningún anillo. Ojos en


los míos—. Para una acosadora, no creo que estés viviendo a la altura de
la reputación.

—¿Cómo es eso?

—Eres demasiado contenida —aclaro—. No creo que te hayas


desmayado desde que me conociste.

Eso la hace reír de nuevo.

—Bueno, tal vez no soy una acosadora después de todo, pero es un


placer conocerte. —Termina su bebida—. Y me estoy desmayando por
dentro.

—Si no estuviera disfrutando tanto con tu compañía, podría estar


ofendido por tus mentiras.

—No es mentira, pero se necesita mucho para que me desmaye.

—Bueno, estoy aquí si necesitas sales aromáticas.

—Ahh, haces que las damas se desmayen y luego ayudas a revivirlas.


Eres absolutamente el hombre, señor Weston, pero supongo que ya lo
sabía. Lo que no esperaba es que fueras tan encantador.

Sonriendo, digo:

—Creo que podría desmerecer los elogios.


—Leí que eres activista en diferentes organizaciones benéficas, y
estuve impresionada. Eres guapo, y generoso con tu tiempo y dinero.
Nunca me impresionan las celebridades, pero parece que tú lo hiciste.

—Mis disculpas —replico juguetonamente. Tomo otro sorbo de mi


borbón—. ¿Así que me invitaste solo para conocerme?

—No, pero egoístamente me beneficio de ello. Al igual que la


caridad,

Me apoyo contra una columna, mi atención en ella en lugar de en los


alrededores.

—Estoy feliz de servir, señorita Collins.

Retrocediendo un paso, parece ruborizarse bajo mi atención.

—He tomado demasiado de tu tiempo con divagaciones sobre mi


pequeño enamoramiento. Debería ir y mezclarme. —Dirige su mano hacia
la habitación a su espalda—. Ha sido un placer conocerte, señor Weston.

—El placer es todo mío, señorita Collins.

Mirando por la ventana, termino mi bebida. Un golpecito en el


hombro me llama la atención. Sonrío cuando la veo.

Ana dice:

—Perdón por molestarte de nuevo, pero me preguntaba si estabas


viendo a alguien.

Mi ceja se levanta por su audacia, pero no puedo parar de reír.

—Si quieres que sea honesto, tendría que aclarar que mi situación
sentimental actual es complicada.

Exhala decepcionada y afirma:

—Bueno, valió la pena intentarlo.

—Aprecio el interés —aclaro, y porque odio dejar a la gente caer,


agrego—: Si la situación fuera diferente…

—Está bien. Y gracias. Tal vez en otra ocasión cuando las cosas sean
menos... complicadas.
—Tal vez.

Esta vez la veo alejarse, preguntándome si estoy cometiendo un error.


Estoy bastante seguro de que el error fue dejar que Reese se fuera hace
diez años. Tomo mi teléfono y decido enviarle un mensaje de texto y que
las consecuencias me condenen.

Yo: Extraño tu aroma.

Encogiéndome de hombros, no me disculpo por el fuerte tono del


mensaje. Justo cuando estoy guardando el teléfono, zumba. Leyendo la
pantalla, veo un mensaje de Reese.

Reese: ¿Me has olido?

Sonriendo, escribo:

Yo: Y más. También extraño tu sabor.

Reese: Danny...

Yo: Reese...

Reese: No deberíamos hacer esto.

Yo: Deberíamos.

Reese: No podemos.

Yo: Podemos. Dime qué extrañas de mí.

Mirando la pantalla, espero, pero nada viene. Cuando se vuelve


negra, suspiro y vuelvo al bar por otra copa. Justo cuando estoy a punto
de ordenar, la pantalla se ilumina. Haciéndome a un lado, le doy la
espalda a la multitud buscando intimidad.

Reese: Te extraño saboreándome y oliéndome. Extraño la forma en


que me saboreas y hueles. Extraño la forma en que tu aroma se adhiere a
mi piel y odio que al ducharme se vaya. Lo extraño muchísimo y no
debería.

Yo: No hay nada malo con la forma en que te sientes. Lo siento


también. No está mal. No estamos equivocados.

Reese: Podría perder mi trabajo.

Yo: Entonces no sería un trabajo que valga la pena tener.

Reese: Lo dice el millonario.

Yo: No puedo hacerte promesas cuando no crees en nosotros.

Reese: Creer en nosotros equivale a arriesgar mi carrera. No puedo


renunciar a todo por lo que he trabajado, por lo desconocido.

Yo: No soy lo desconocido. Me conoces mejor que nadie, al igual que


te conozco como ningún otro.

Reese: Nunca te faltó confianza.

Yo: Es lo que te atrajo a mí en primer lugar.

Reese: En realidad, fue tu culo. Siempre tuviste un fantastico culo, sexy


bastardo.

Riendo, me acuerdo lo buenos que éramos juntos. Demasiado


buenos. Solo necesito seguir recordándoselo.

Yo: El tuyo no está tan mal.

Reese: Supongo que tengo que conformarme con “no esta tan mal”
en comparación con tu fantástico culo.
Yo: Tienes un culo fantástico, pero no quiero que el cumplido se te
suba a la cabeza.

Reese: Buen punto. Tu ego es lo suficientemente grande para los dos.

Yo: La verdad sea dicha, podría pasar horas diciéndote lo increíble


que es tu culo, pero tengo la sensación de que no me creerías.

Reese: Podría tener que tomarte en esas horas. Quizás cuando estés
en Nueva York.

Sonriendo, escribo: ¡Anotación!

Yo: Voy a sostenerte eso.

Reese: Me gusta ser sostenida por ti. Casi tanto como me gusta tu
culo.

Yo: Siempre fuiste una chica de culos.

Reese: Mira quién lo dice.

¡Ja!

Yo: Es una cita.

Reese: No te adelantes. Dije horas.

Yo: Es todo lo que necesito.

Reese: Tan arrogante.

Yo: Hablando de...

Reese: En esa misma nota, nos vemos el lunes, Danny.

Yo: Estoy deseándolo.


DANNY
H
ud’s está abarrotado. Luke está sentado en la esquina como el
rey del castillo. Tomo asiento.

—¿Cómo conseguiste esta mesa?

—Dejé caer tu nombre.

—Naturalmente. ¿Dónde están las chicas?

—En el baño.

—Ah. Entonces, ¿quiénes son ellas y que estamos bebiendo?

—Crystal e Yvette. Representantes farmacéuticas que están en la


ciudad por una convención.

—¿Cómo las conociste y por qué no tengo una bebida todavía?

—Ya la ordené.

La camarera aparece con una bandeja de martinis. Le lanzo una


mirada a Luke y sacudo mi cabeza en disgusto.

—Está bien, 007, obviamente estás tratando de impresionar a estas


mujeres. Cuéntame los detalles antes de que regresen.

Luke le tiende su tarjeta a la camarera para mantener la cuenta


abierta. Cuando estamos solos de nuevo, se inclina sobre el borde de la
mesa y dice:

—Necesito una cita dentro de unas semanas.

—¿Qué hay en un par de semanas? ¿Y desde cuando tienes


problemas para encontrar citas?
—Agradezco el apoyo.

—De nada —digo, poniendo los ojos en blanco—. Continua.

—Hay una boda de una compañera de trabajo. La cosa es, que mi


compañera de trabajo se va a casar con este imbécil, que es amigo del
novio perdedor de Jane.

Reclinándome, el panorama está claro.

—Ahhh, así que veras a Jane ahí, pero no quiere estar sin cita.

—No quiero parecer un perdedor.

—Estás jugando esto muy mal, mi amigo.

Él bebe la mitad de su martini, luego la baja, jugando, nerviosamente


con la servilleta.

—Dime, viejo sabio.

—No aprecio las bromas sobre viejos. Y solo soy tres años mayor que
tú.

—Joder, Danny, vamos. Las chicas volverán muy pronto.

—Si vas a esa boda con alguna chica que acabas de conocer,
solamente estarás demostrando, una vez más, que no eres del tipo que se
compromete. También, estarás enviando un mensaje no verbal de que
estás bien sin ella. Cuando, seamos sinceros, eres un desastre, incluso
después de todo este tiempo sin ella.

—Mierda. Así que, ¿debería cancelar toda esta operación?

Asintiendo, le respondo:

—Si quieres que Jane regrese. Tienes que terminar con esto. Y, ¿qué
pasa con Josie?

—Janet. Eh, ella quiere algo más serio de lo que yo quería.

Esta noche, todo en él grita fobia al compromiso.

—¿Estás seguro que quieres que Jane vuelva?


—Estoy seguro. La vida es más fácil con ella.

Ahora él me tiene interesado, sintiendo la necesidad de profundizar


más en esto.

—El amor no es acerca de la vida siendo fácil. El amor es la vida


siendo mejor durante los tiempos difíciles. —Él me mira fijamente—. He
dicho suficiente, ¿cierto?

—Ay, Dan Man. Estás perdido.

Dos mujeres se aproximan desde un costado, y creo que mi


mandíbula cae abierta. Oh, no.

—Hola —dice una pelirroja con grandes ojos verdes y pecas


esparcidas sobre su nariz—. ¿Tú debes ser Danny?

Me pongo de pie, y digo:

—Lo soy. ¿Y tú eres?

—Crystal. Y esta es mi amiga Yvette.

¡Joder! La otra mujer también es hermosa. Cuando habla, escucho un


acento francés:

—¿Eres francesa, Yvette?

—Oui. Lo soy.

—He pasado mucho tiempo allí. —Sostengo la silla para ella.

Ella se sienta y me mira.

—Me encantaría escuchar acerca de ello.

Luke ayuda a Crystal y regresa a su asiento. Durante las bebidas, que


no bebería esto por nadie que no sean estas mujeres, hablamos acerca de
sus empleos, de Francia, y de la convención a la que están asistiendo.
Crystal me buscó en Google. Todos se ríen, pienso que a mi costa, hasta
que la mano de Yvette se desliza por mi muslo debajo de la mesa.

En otro momento de mi vida, en el que Reese Carmichael no hubiera


vuelto a entrar en ella, y yo no estuviera pensando aún acerca de la
conversación que tuvimos antes por mensaje, dejaría que la mano de
Yvette siguiera su curso y encontrara lo que tendría reservado para ella.

En su lugar, cubro su mano con la mía, y tratando de no avergonzarla,


le susurro:

—Eres hermosa, pero estoy viendo a alguien.

Retira su mano como si hubiera sido quemada. He descubierto que a


la mayoría de las mujeres no les importaría que dijera eso. Yvette. Ella es
diferente. Está humillada, lo cual es exactamente opuesto de como quería
hacerla sentir.

»Lo siento —agrego como si eso fuera a eliminar el rechazo.

—Lo siento. No estaba actuando como yo misma, pero pensé que


estaba en LA y debería… es estúpido. Lo siento.

—No es estúpido. Y si hubiera sido hace unas semanas, tendría una


reacción muy diferente. Así que, por favor. No te disculpes.

Asiente, incapaz de hacer contacto visual. Me pongo de pie,


necesitando tomar aire fresco.

—Por favor discúlpenme. Ya regreso.

Luke también se excusa. Cuando me alcanza, le recuerdo:

»No somos chicas, amigo. No hacemos lo del baño en grupo.

—Necesito un cigarrillo.

—Tú no fumas.

Salimos por la puerta trasera hacia el patio. Él pregunta:

—De nuevo, ¿por qué me detuve?

—Porque es malo para tu salud. —Me reclino contra una pared de


madera, deseando que no me hubiera seguido aquí. Estoy molesto con él.
Y conmigo mismo—. Amigo, regresa adentro.

—¿Por qué te fuiste?

—¿Por qué demonios me tendiste una trampa?


—¿Qué? ¿Por qué estás molesto?

—Estoy molesto porque tú sabes cómo me siento acerca de Reese,


entonces me tientas con la mujer más caliente que he visto, como una
jodida zanahoria, y esperas que no la muerda.

El estrés que residía en las líneas de su frente, se relaja, y se ríe.

—Así que, ¿de esto es de lo que se trata? ¿Tú siendo tentado?


Déjame preguntarte, Danny. ¿Qué paso en Texas que te tiene tan cerrado
a lo que parece ser una cosa segura, para ser exactos, una cosa hermosa,
sexy y segura?

Asiento, dispuesto a no dejar pasar todo tan fácilmente.

Parado junto a mí, con su cabeza contra la pared, tampoco parece


estar tan seguro de su cosa segura.

»No puedo hacer esto.

—Por esto, ¿entiendo que te refieres a que no puedes hacerlo con


Crystal?

—Sip.

—Entiendes que Jane aún está follando al cabrón, ¿cierto?

—¡Auch! ¿De qué lado estas?

Me aparto de la pared y lo encaro.

—Del tuyo. Siempre estoy de tu jodido lado, Luke, pero esta mierda ha
durado demasiado tiempo. Ve tras ella o no, pero jodidamente decídete y
no me arrastres en tu intento de obtener venganza. Voy a decirte la
verdad, hermano. Jane te mantiene a distancia, sin permitirte acercarte,
sin terminar contigo. Solo atrapado en el medio. Vas a tener que tomar la
decisión difícil. Averiguar qué demonios quieres y luego ir por ello.

Se endereza mirándome a los ojos.

—Puedo decirte jodidamente lo mismo, hermano. La diferencia es


que Jane podría estar luchando para averiguar que quiere ella, pero yo sé
lo que quiero. Eso es malditamente mucho más de lo que estás haciendo
tú.
—Tuve sexo con Reese. Dos veces en Texas. Así que no vengas
predicándome que no estoy haciendo nada. Pero a diferencia de tu
situación, la nuestra puede costarle su trabajo. Además de eso, le he
aclarado como me siento, a ella. Y eso es todo lo que importa. ¿Le has
dicho a Jane lo que sientes?

Él aparta la mirada.

»No lo creo, por lo tanto, no tienes nada que perder. Toma a Crystal,
Yvette, Janet, o a quienquiera que estés follando, mientras esperas por
Jane, que desfilen delante de ella y ve cómo reacciona. —Detesto pelear
con él y puedo decir que está consternado por esto, también—. Te digo
esto como tu amigo. Esas chicas de allí son calientes, pero no son Reese y
no son Jane. —Lo golpeo en el hombro—. Ve a casa, amigo mío. Ve a
casa solo y resuelve esta mierda. Dile adiós a las chicas. Me voy de aquí.

—Vamos, Danny. No te vayas.

Digo adiós con la mano sobre mi hombro mientras atravieso la puerta


del estacionamiento. Mi Jeep está estacionado en el lado más alejado del
estacionamiento, pero no me apresuro hacia él. Necesito aire para pensar.
Mi situación con Reese es jodida porque la jodimos hace tiempo. Él tiene
razón. No sigo mucho mi propio consejo, pero he puesto mi corazón sobre
la mesa por ella. Aún está por verse si lo recoge.

E
ntro en Illustrious para registrarme una última vez antes de salir de
LA. Mis pies se detienen abruptamente cuando miro a una de las
últimas personas que esperaba ver, mi más grande competidor
sentado frente a mi agente. Irritado, me desvío hacia el escritorio de Jody.

—¿Está en una reunión con Sebastian Lassiter?

Mirando por encima de su hombro, ella asiente.


—Sí, Mark ha estado tratando de seducirlo para que venga a trabajar
a Illustrious.

—Y yo que pensaba que el día iba bastante bien.

Hace girar su silla hacia mí y baja la voz.

—Sé que él no te gusta…

—Es un niño rico a quien no podría importarle una mierda modelar.

—Sí que está destacando en su trabajo para alguien a quien no le


importa una mierda.

Con mi mano en su hombro, advierto:

—No te dejes engañar por la buena apariencia, solo es superficial,


como su sinceridad.

—Es bueno saberlo.

Lo miro fijamente a través de mis lentes. Me devuelve la mirada,


cabrón engreído. Cuando sonríe, me quedo perplejo sobre porqué su
tarifa diaria es tan alta.

—Tal vez soy parcial, pero le causó un montón de problemas a uno de


mis buenos amigos.

Se mete con Johnny Outlaw. Él puede cuidarse por sí mismo. Se mete


con Holli, y nos tiene a Johnny y a mí para lidiar con él. Tiene suerte de que
su trasero fue pateado cuando lo hizo, o yo habría sido el que lo pateara. Y
habría quebrado más que su nariz. Cabrón. Cruzo mis brazos sobre mi
pecho y lo enfrento.

—¿Hablas en serio sobre que él firme con Illustrious?

—Sí. Mark se enteró que Sebastian dejó recientemente a su agente.


Cambió a todo su equipo desde su representante, agente, y RP. Afirma
que no le gusta el rumbo de su reputación en los medios de comunicación.

—Interesante. —Una vez más, miro de nuevo hacia atrás. Todavía


tiene esa sonrisa burlona en su rostro. El cabrón me está retando.

—Mantenme al tanto.
—Lo haré. Aquí está tu itinerario. Que tengas un buen viaje y regístrate
cuando regreses.

—Cuídate, Jods. Con Mark estando con Lassiter, he perdido el deseo


de encontrarme con él. Hoy no puedo lidiar con Lassiter, así que será mejor
que me vaya ahora antes de que me sienta aún más irritado.

Cuando llego a casa, me pongo mis pantalones cortos y mis zapatos


para correr, y golpeo con fuerza el pavimento. A unos kilómetros, estoy
empapado de sudor y todavía frustrado por todo. Para el octavo
kilómetro, encuentro una banca y me siento, tratando de recuperarme del
esfuerzo que hice. El problema es que no puedo alejar a Reese de mi
cabeza. Puedo bloquear casi todo, excepto a Reese. Está arraigada en mi
cerebro, quiero verla y tener al fin esa conversación.

Saco mi teléfono.

No más textos.

Es tiempo de llamarla.

El teléfono suena una vez, dos veces, tres veces antes de que vaya al
buzón de voz.

—Se ha comunicado al buzón de voz de Reese Carmichael. Por favor


deje su nombre y número después del tono. Gracias y tenga un buen día.

Beeeeeep

—Reese, soy yo, Danny. Si tienes tiempo, devuélveme la llamada.


Gracias. —Mi mente está feliz. Guardo mi teléfono y regreso a casa.

Voy a estar en el primer vuelo a Nueva York mañana por la mañana.

Oh, ¿a quién estoy engañando? El primer vuelo nunca va a pasar. Me


gusta dormir mucho, así que tal vez el tercer o cuarto vuelo, pero
definitivamente en un vuelo para la una o dos de la tarde. Lo más tarde, a
las tres.
REESE
L
as puertas del ascensor se cierran antes de que Keaton pueda
alcanzarme. Suelto una respiración pesada que se había
estancado en mí pecho. Todo el mundo detrás de mí tiene la
cabeza baja o están mirando a los azulejos del techo. Estoy tan contenta
de que nadie pueda leer mi mente. Sería despedida con seguridad si
pudieran. Pero nadie más hizo un movimiento para sostener las puertas
abiertas mientras él venía corriendo hacia nosotros. Muy interesante. Tal
vez no es tan popular como le gusta pensar.

¿Qué vi en él?

Sacudo la cabeza y me golpeo por esa mala decisión. Mala en


muchos niveles.

Casi tan mala como alejarme de Danny. Solo joven, tonta y no en un


buen lugar mentalmente. Ahora soy mayor y no tengo esas excusas. Solo
soy tonta, pero con patas de gallo de la que no puedo deshacerme no
importa la cara crema con la que lo intente.

Afuera en la acera, encuentro una banca en una parada de


autobuses, me pongo mis Jack Purcells10, y comienzo a caminar hacia mi
apartamento, veintiún cuadras. Keaton siempre odió estos tenis. Eso hace
que me gusten más. Odiaba más este paseo. Después de dos veces,
comenzó a tomar su auto y encontrarme allí directamente. Odio el
gimnasio así que este es mi compromiso para mantenerme en forma.
Eventualmente, dejaba la pelea y montaba en el auto con él sin embargo.
Estaba cansada de ser presionada. Nuestra relación siempre fue buena
cuando él conseguía lo que quería.

Jack Purcells: Marca de tenis.


10
Mi vida social se perdió una vez que empezó a salirse con la suya.
Debería haber visto las señales. Más allá de él siendo mi jefe, el aislamiento
que sentía debería haber proyectado más señales de advertencia de las
que hizo. Puedo hacer esta vida sin él, sin nadie.

Puedo ser fuerte por mi cuenta.

Vinnie... es del tipo de mi caballero con armadura morada. Confío en


él. No estoy segura de sí debería, pero siento que puedo. Y él ama a
Danny, por buenas razones.

Los cincuenta textos que recibo cada semana de Vinnie diciéndome


que se jodan todos y folle a Danny, son graciosos. Él tiene muchos puntos
válidos. Supongo que debo decirle que ya lo he estropeado varias veces.

Danny es muy guapo. Es ridículamente encantador. Inteligente. Me


entiende como nadie más. Él me conoce aún mejor. Incluso después de
todos estos años, él conoce mi alma casi tan bien como yo. Es real
conmigo. Y yo soy la real yo con él.

La real yo.

Él me acepta con defectos y todo. Sin él, no estaría donde estoy en


mi carrera. Él era mi mayor apoyo en ese entonces. Aún podría serlo ahora.

Cuando doblo la esquina y miro hacia arriba, sonrío viendo un rostro


hermoso y familiar. Apoyado contra mi edificio, flores en mano. La ropa
informal parece algo casual en un cuerpo tan increíble. Una gorra gris y
gafas de sol protegen su identidad de todo el mundo, pero no de mí.

Mío.

A medida que me acerco, veo que el rastrojo en su mandíbula está


funcionando. Es solo lo suficiente que si lo utiliza de la manera correcta, voy
a recordar la sensación durante días después cuando me cruce de
piernas.

Disminuyo mi ritmo, aunque todo lo que quiero hacer es correr hacia


él, tener sus brazos alrededor de mí, y besarlo.

Él no se detiene. Empujándose de la pared, sonríe entonces corre


hacia mí. Cuando me alcanza, hace lo que yo no soy lo suficientemente
valiente como para hacer, pone su corazón en la línea y envuelve sus
brazos alrededor de mí y me besa.

Y entonces arrojo mi corazón al ring y lo beso tan profundamente de


vuelta. Porque es él. Danny. Mío. Sus labios en los míos.

Las flores en mi espalda mientras él me sostiene de la manera que lo


recuerdo sosteniéndome en Marfa. Extrañé esto. Lo extrañe a él. Pensé que
sus textos eran buenos rellenos, pero mientras nuestras lenguas se acarician
de nuevo, me doy cuenta de que los textos nunca serán un sustituto de lo
real.

Nuestras respiraciones (como nuestros besos) se intercambian.


Cuando el aire se vuelve escaso, nos separamos a regañadientes. Sus
hermosos ojos marrones miran los míos y si no soy cuidadosa podría caer
bajo su hechizo y lanzar más que mi corazón en el ring. Podría estar
dispuesta a arrojar todo por lo que he trabajado por esos deliciosos
charcos color caramelos.

—Estás aquí —digo, tontamente, porque sí, él me hace perder mis


mejores sentidos.

—Estoy aquí, por ti. —Hace aparecer las flores delante de mí—. Te
traje flores.

Sonriendo, tomo las brillantes gerberas rojas de él.

—Son hermosas. No tenías que traerme flores.

—Quería traerte flores. Siempre te hacían sonreír.

—Todavía lo hacen. Gracias. —No queriendo tener esta conversación


en la calle, lo invito a subir. Caminamos dentro del vestíbulo y esperamos
juntos el ascensor en silencio. Mi portero nos saluda, pero nos deja
tranquilos.

Danny bambolea mi mano con la suya y mira hacia abajo. Cuando lo


miro, me sonríe suavemente. Mi rostro se ruboriza. Entramos en el ascensor,
manteniendo una distancia respectiva hasta que la puerta se cierra. Luego
me ataca, mi espalda contra la pared, su boca en mi cuello, su aliento
calentando mi clavícula, sus palabras de lujuria pura en mi oído.

—Te extrañé. Extrañaba estar dentro de ti. Te deseo, Reese.


Las puertas se abren y retrocede. Tomo su mano y lo llevo al vestíbulo.

—¿Es por eso que estás aquí, Danny? ¿Has extrañado mi cuerpo?

—No. Es solo una cosa dentro del millón de cosas que extrañé de ti.
Solo estoy luchando por expresar aquellos mientras tu cuerpo provoca una
respuesta tan ferviente del mío.

Mis pensamientos se pierden bajo mis propios deseos apasionados por


él. Abro la puerta y coloco las flores y mi bolso sobre la mesa. Cuando él
está dentro, aseguro la puerta detrás de él y me apoyo contra ella,
agarrando la perilla para mantenerme en el lugar. Mi corazón corre en mi
pecho, mi aliento profundo de deseo, mis pensamientos agitados sobre
qué hacer mientras miro la parte posterior de su cabeza. ¿Puedo poner los
frenos o avanzar? Se vuelve y sus ojos se cruzan con los míos.

Avanzar.

Avanza.

¡Avanza!

Me empujo y corro hacia él, saltando en sus brazos. Mis piernas se


envuelven alrededor de su cintura, mis brazos están alrededor de su cuello.
Nuestras bocas chocan mientras mi espalda se golpea contra la pared. Su
pelvis se inclina y me quejo. A través de mis pantalones y sus jeans, nuestro
deseo se siente duro contra suave. Necesito más, necesito que me
consuma.

—El dormitorio. —Las palabras se me escapan entre besos, mi


desesperación se escucha—. Por allá. Vamos. Danny.

Su agarre bajo mi culo es firme. Me siento segura en sus brazos y me


relajo mientras me lleva a la otra habitación. Presionándome contra la
pared justo dentro de la puerta, retrocede y dice:

—Voy a follarte contra esta pared antes de irme de Nueva York. —Me
da vuelta, me lleva a la cama y me pone sobre ella—. Pero esta vez quiero
que pienses en mí cada vez que estés en esta cama. —Se tira la camisa
por encima de la cabeza y la deja caer al suelo, con la gorra saliendo con
ella. Su cabello es un completo desastre y como si fuera posible, es aún
más caliente—. Desnúdate, Reese.
La orden en el timbre profundo de su voz se siente entre mis piernas y
me quito la ropa. Saca dos condones de su bolsillo y los tira en la cama a
mi lado.

—Viniste preparado.

—Vine preparado para hacer que te corras.

Mis muslos se aferran a sus palabras y me muevo hacia arriba de la


cama. Con la cabeza apoyada en una almohada, corro las manos sobre
el edredón mientras abro los brazos, dejando que mis piernas los sigan.

—No dejes que te demore.

—Maldita seas, mujer. Vas a ser mi perdición.

—Solo si lo hago bien. —Mi voz es repentinamente más ronca, digna


de esta conversación y el grosor de la tensión sexual llena la habitación.

Se arrodilla en la base de la cama, tomándome por los tobillos.

—No tengo ninguna duda de que lo harás bien. —Mi cabeza golpea
el colchón mientras él me jala hasta que mis rodillas están dobladas sobre
sus hombros—. Pero yo iré primero.

El rastrojo que mencioné antes... ¡Oh sí! Bendito rastrojo. Soy una
creyente. Mis ojos se cierran y mi espalda se arquea mientras toca el
interior de mis muslos, sus labios tomando posesión de mi coño como si
fuera suyo todo el tiempo.

Tal vez siempre lo fue... como otras partes de mi cuerpo.

Mis pensamientos se vuelven arena movediza, resbalando bajo mi


cuerpo que se contrae. Pasando mis uñas ligeramente por su cuello y en su
cabello, lo agarro en un puño. Sus manos están sobre mi estómago, mis
pechos, mis caderas. Me está consumiendo, su cuerpo es dueño de mí, me
hace caer en pedazos debajo de él.

Cuando se mueve, mis muslos se aprietan juntos, atrapando su


cabeza entre ellos mientras mi cuerpo reacciona a la sensibilidad en mi
euforia post-orgásmica. Sus manos se deslizan entre mis piernas y él las
separa y mira hacia arriba.
Me encojo de hombros, y aunque estoy un poco cansada, sonrío, me
siento tan bien, casi demasiado bien.

—Lo siento.

Él se ríe mientras besa el interior de mis dos muslos y luego lentamente


me quita las piernas una a una de sus hombros. Sube a la cama y toma un
condón de encima de las colchas mientras se mueve hacia arriba.

Inclinándose, sostiene su cuerpo sobre mí, permitiendo solamente el


acceso a sus labios con un beso, refrenándose, hasta que ya no lo hace.
Sus ojos están puestos en los míos y dice:

—Voy a hacerte el amor.

—Bien —respondo sin aliento, ansiando que su calor me cubra.

—Después de que te folle, Reese.

Mis ojos se agrandan y mi boca se abre.

—Bien. —Solo se necesita una palabra.

Él se apoya sobre mí mientras toma el control de mi boca, sosteniendo


mi mandíbula en su lugar mientras me cubre con intensos besos. Su cuerpo
palpita, moviéndose de maneras que convocan al mío para que coincida
con su ritmo.

Con el orgasmo que conquistó recubriendo sus labios y lengua, no


pienso, saboreo y siento, el acto sucio y crudo, visceral, y real. Danny no se
detiene. Estos somos él y yo, él y yo en nuestro estado más natural. Me
niego a sentir vergüenza por disfrutar de la intimidad que compartirnos de
esta manera.

Sentado, me da la vuelta, así que estoy boca abajo. La emoción se


agita dentro de mí y me gusta sentirme vulnerable a sus necesidades, a sus
demandas. Me gusta darle lo que quiere y ansía de mí.

—Eres tan hermosa —dice, la envoltura del condón abriéndose es lo


siguiente que se escucha.

Mirándolo, se acaricia algunas veces y luego estira el condón por su


orgullosa longitud. Me doy la vuelta justo cuando su pierna viene sobre la
mía, su polla frotándose contra mi culo. Sus dos manos se deslizan bajo mi
cuerpo, moviéndose sobre mis pechos y deslizándose hacia abajo hasta
que están sosteniendo mis caderas y me levanta. Me apoyo en mis codos
y sus manos corren sobre mi trasero y bajan. Dos dedos se arrastran sobre
mi coño y hasta que están en mi espalda baja y una desaparece.

Un golpe rápido en mi culo me sorprende, con la cabeza dando


vueltas.

—¿Estamos jugando?

—¿Quieres que lo haga? —pregunta, colocándose en mi entrada,


con la punta de su polla provocándome. La dulce presión me hace querer
sentarme sólidamente sobre su regazo, pero su agarre en mis caderas le
da la última palabra.

—Quiero que me folles como prometiste.

Él golpea hacia adelante, trayendo mi cuerpo a su encuentro en un


solo movimiento rápido. Mi cabeza cae, el peso demasiado para soportar
el poder de cada empuje. Sus dedos se envuelven sobre mis hombros para
empujarse y él cumple su promesa.

Nuestros cuerpos están manchados de sudor y el sonido de ellos


golpeando juntos es vulgar, animal, y tan jodidamente sexy. Él desliza sus
manos alrededor y agarra mis pechos, apretando mientras me folla. Bajan
sobre mi vientre. Sus empujes se hacen más lentos a medida que golpea su
pelvis detrás de mí, golpeándome más profundo mientras una de sus
manos incita mi clítoris.

»No te detengas, Danny.

—No lo haré, nena Quiero que te corras muy fuerte para mí.

—Dios, tan cerca. —Levanto mis manos justo cuando el torbellino en


mi centro se deshace, llevándome. Todo mi cuerpo tiembla y él continúa
moviéndose, haciéndolo durar más.

Mis brazos tiemblan, debilitándose bajo el placer justo mientras su


orgasmo lo golpea.

—¡Joder, Reese!
Se acurruca a mí alrededor y me acuesto, mi cabeza a un lado, mi
cabello pegado a mi rostro Maniobrando el lado que estoy enfrentando, él
saca el condón y lo desecha en alguna parte que no veo. Danny se
encuentra frente a mí. Se estira y levanta el cabello de mi rostro,
arreglándolo para tener una visión clara. Con los toques más suaves,
apoya su mano sobre mi caliente mejilla. Lo miro a través de mi estado
saciado y sonrío.

—Bienvenido a Nueva York.

—Yo diría que sí. La mejor bienvenida que he tenido en mucho


tiempo.

No puedo detener el acelerado latido de mi corazón al oír esas


palabras. Me encanta que sea su mejor bienvenida, por supuesto, y cómo
no podría saber eso después de sentir su pasión. Dos veces. Sí, me siento
bien. Lo mejor que me he sentido en mi vida.

Ya que hemos estado separados por diez años. No estoy segura de


que realmente quiera ir allí, pero no puedo dejar de preguntarme cuántas
bienvenidas así ha tenido, y lamentablemente, mi boca habla antes de
que pueda detenerme.

—¿Cuántas bienvenidas has tenido desde... desde mí?

—¿Realmente queremos ensuciar el increíble tiempo que acabamos


de tener con cosas que no importan? —Él pasa la parte de atrás de sus
dedos sobre mi mejilla y mi cuello—. Solo seamos dos personas conocién-
dose.

—Le preguntaría esto a cualquiera con quien pudiera dormir. —Las


puntas de mis dedos se deslizan sobre su pecho. Me gusta la luz que cubre
el vello de su pecho.

—No quiero que te enojes conmigo. Aún te debo el hacerte el amor.

—No me enojaré. Lo prometo.

Rodando sobre su espalda, apoya su antebrazo en su cabeza.

—No lo sé, Reese. ¿Seguro que quieres hablar de esto?

—¿Es así de malo?


—No sé qué es. Yo no soy uno de esos tipos que mantienen una
cuenta, hace muescas en los postes de la cama, o nada de eso. Si tuviera
que adivinarlo, probablemente serán unas setenta desde ti.

Me lo trago, luego repito más para mí:

—¿Setenta?

Se sienta y se inclina sobre mí mientras me acuesto de espalda.

—¿Ves lo que estás haciendo?

—No estoy juzgando. No estoy enojada. Estoy digiriéndolo.

—Mierda. Debería haber mentido. Lo sabía.

—No —le digo, mirándolo y tranquilizándolo—. Me alegra que no


hayas mentido. No me llevo bien con los mentirosos. Me alegra que fueras
honesto, más aún porque te preocupaste por mí. —Me acerco más, así
que estoy metida en su calor. Él envuelve un brazo sobre mí y su cabeza
cae detrás de la mía sobre una almohada. Con una fuerte exhalación
estoy pensando que él no cree que no estoy enojada—. No te estreses. De
verdad. Está bien. Quiero decir son como siete mujeres al año durante los
últimos diez años. Cuando lo pones así, no es mucho y eres un
supermodelo, así que podría ser mucho peor.

—Dos cosas: ¿acabas de llamarme un supermodelo? En segundo


lugar, ¿acabas de desglosar mi vida sexual en los últimos diez años?
Porque cuando lo pones así, siento que realmente he sido un flojo.

Riendo, lo empujo con mi codo.

—No lo fuiste. Simplemente no voy a asustarme por algo que no


puedo controlar. Eras un hombre libre y podías hacer lo que quisieras. ¿Y
supongo que no te gusta que te llamen supermodelo?

Me vuelvo en sus brazos así que lo estoy mirando. Él me besa y me


dice:

—Simplemente no encaja en lo que estoy haciendo y lo asocio más a


las mujeres, pero es técnicamente correcto, así que es lo que es.

—Lo siento. —Le froto el cuello—. No lo usaré si no te gusta.


Levantándome, él también se inclina y nos besamos de nuevo.
Moviéndome un poco para poder ver mejor su rostro, indago:

»No me preguntaste mi número mágico. ¿No tienes curiosidad?

—Sé que has estado con otros hombres. No soy lo suficientemente


ingenuo como para mentirme a mí mismo, pero no necesito ninguna
imagen o detalles. Estoy bien viviendo en la ignorancia cuando se trata de
tu vida después de mí.

—Si no me equivoco creo que he golpeado en otro tema sensible.


—Tomando su rostro en mis manos, muevo mi pelvis a un lado para
encontrarme con la suya, y susurro—: ¿Qué fue eso de hacer el amor?

El lado derecho de su boca se eleva en una sonrisa sexy, pero es


reemplazada con sus labios en los míos. Y la segunda ronda comienza.
REESE

H
ablamos.

Reímos.

Hacemos el amor. De nuevo.

Nos quedamos dormidos a las nueve y nos despertamos hambrientos


a la medianoche, para comer esta vez.

Danny Weston es irresistible.

Sí, es caliente. Sí, es famoso. Sí, su cuerpo es la perfección. Pero


también es adorable y muy divertido. No me he divertido tanto jamás. Él
dice:

—Está bien, esta vez, acuéstate. —Golpea la encimera de mármol—.


Desnuda.

Me rio.

—¿Por qué tengo que estar desnuda en una fría encimera de


mármol?

Sosteniendo un tazón que acaba de sacar de la nevera, como si


fuera la respuesta más obvia del mundo, dice:

—Porque quiero comer estas bayas de tu cuerpo.

—Ralamente debería decirte no de vez en cuando.

—Pero no puedes y me encanta eso de ti.

Después de sacarme las bragas, presiono mi cuerpo desnudo contra


él. Él todavía está en su bóxer que cubre mucho más de su cuerpo de lo
que me gusta.
—¿Qué más te encanta de mí?

Cualquier otro tipo se volvería serio, pero no Danny. Va con la


corriente, otra característica suya que siempre he admirado. No deja que
la vida lo derribe.

—Me gusta que comieras el pastel en la cena, cuando ninguna otra


mujer en Spago se atrevería a oler un postre, y mucho menos a comerlo.

—Ese era un buen pastel.

—Parecía que así era. ¿Sabes qué más me encanta?

—¿Qué?

—Me encanta que cuando te ríes, como esta noche, es real, desde el
corazón, o más bien desde tus entrañas. No lo haces para molestarme. Te
estás riendo por ti.

¡Encantador!

—Bueno, Romeo. Tú ganas. Me pondré en el frío mármol solo para ti.

—¡Sí! —Él levanta los puños. En un movimiento rápido, me levanta y


me apoya en la encimera.

Me siento recta, empujando hacia arriba con las manos.

—Mierda, está fría. —Balanceando mis piernas, me arrastro hacia


atrás como cangrejo—. Ayuda a una chica, ¿sí? Tráeme esa toalla.
Rápido, rápido —le tomo el pelo—. Me estoy congelando aquí.

Se acerca y agarra la toalla que cuelga de la manija del horno. La


extiende y me siento. Todavía hace frío, pero es soportable.

»Espero que tengas hambre.

—Me muero de hambre. —Coloca las bayas en lugares particulares


en mi cuerpo, admirando su trabajo a medida que avanza.

—¿Es la osa mayor11?

La Osa Mayor, también conocida como el Carro Mayor, es una constelación visible
11

durante todo el año en el hemisferio norte.


—Buen ojo. —Toma la punta de la baya del tazón y se la mete en la
boca.

Trato de no moverme demasiado, pero descanso muy


cuidadosamente la cabeza en mi brazo, dándome una mejor vista de este
hombre increíblemente sexy que está comiendo de mí. No soy tímida con
él. No me resguardo. Estoy relajada de una manera que no he estado en
mucho tiempo. Me siento cómoda al ser yo, estar desnuda, estar expuesta,
cuerpo y alma ante él como nunca antes... ni siquiera ante él. Maravillada
en esta facilidad de nuestra relación, decido que ahora es un buen
momento para preguntarle algunas cosas que he estado queriendo saber
desde que llegué a casa.

—¿Realmente volaste un día antes para verme?

Él arranca una baya de mi ombligo y la hace estallar en su boca. Con


la más grande de las sonrisas, responde:

—Lo hice.

—¿Tuviste que esperar mucho?

—No, no mucho. —La sonrisa se transforma en una sonrisa genuina,


una que hace que mis muslos se junten en respuesta, y unas cuantas bayas
salen rodando.

—Ups. —Me rio, haciendo que el resto de ellas se metan en las líneas
de mi cuerpo, enviando algunas al piso, y algunas sobre la encimera.

Se agacha rápidamente al suelo para agarrar las fugitivas y me siento


estirándome para conseguir las pocas que se escaparon a través del
mármol pulido. Mientras alcanzo la última, lo escucho.

Mierda.

Pero soy demasiado lenta para detenerlo. El cerrojo de cobre en la


puerta resuena, la perilla de la puerta se gira, y Keaton entra. Me congelo
horrorizada. Está aturdido en su lugar, justo dentro del marco de la puerta.
Jadeo. Las bayas caen de mi mano y me cubro en estado de shock. Y de
vergüenza, algo que siempre he sentido a su alrededor.
Danny se pone de pie y antes de que pueda gritar, me saca de la
encimera y me pone detrás de él con un brazo envuelto alrededor de mí,
protegiéndome de mi ex.

Keaton rompe el silencioso enfrentamiento que parece estamos


teniendo.

—¡Reese! ¿Qué estás haciendo?

—¿Qué estás haciendo tú, Keaton? —le pregunto, mirando alrededor


del hombro de Danny—. No tienes derecho a entrar en mi apartamento sin
mi permiso.

—He venido a visitarte.

—Es pasada la medianoche, Keaton. ¿Qué demonios?

Danny interviene:

—Espera. ¿Quién carajos eres?

—¿Quién carajos eres tú? ¿Y qué estás haciendo con mi novia?

El brazo de Danny vuelve a su lado, mi cuerpo frío sin él. Me mira de


nuevo. Su tono es firme cuando dice:

—Vístete. —Me da la toalla para secar los trastes porque no hay nada
más con que cubrirme.

Descartando los sentimientos inquietantes que abruman mis entrañas,


me concentro en mi ex.

—Vete, Keaton. Lo digo en serio.

Tiene los ojos fijos en Danny, con la mirada fija.

—Este es el modelo. —En lugar de irse, se acerca, su tono acusatorio


se convierte en amenazante—. Eres ese jodido modelo.

—¿Qué te pasa? —le dice Danny.

—¿Qué me pasa? Todo. Esa es mi novia con la que estás follando por
ahí. Vittori es mi cliente. —Se ríe—. Estás muy jodido. Te voy a arruinar.
Danny apoya sus manos sobre el mármol. Solo unos minutos antes, me
había sentado allí en total felicidad.

—Déjame decirte algo. No puedes jodidamente arruinar nada para


mí. Tengo una reputación que excede con mucho un trabajo. Y en cuanto
a Vittori, despídeme, pero él me contratará directamente y evitará al
intermediario. Y por último, y quiero que escuches bien y claro. Reese no es
tu novia y yo no estaba follando por ahí con ella. Yo estaba follándola.
Entiéndelo bien, idiota.

Las manos de Keaton están hechas un puño, su rostro rojo de ira.


Nunca lo he visto así y un millón de pensamientos, desde miedo a la
venganza corren por mi cabeza. Con la toalla metida bajo mis codos,
levanto mis manos con precaución, con la esperanza de calmarlo.

—Por favor, Keaton. Por favor, solo vete Podemos hablar mañana. Has
estado deseando hablar. Lo haré. Nos veremos y podemos hablar.

El suspiro de Danny es pesado, el sonido llena mis oídos. Su


desaprobación se escucha cuando dice:

—Ve al dormitorio, Reese.

—No vale la pena pelear por esto. Tienes una sesión mañana.
—Volviéndome a Keaton, le ruego—: No podemos arriesgarnos a perder
esta campaña. Vittori gastó una fortuna en la última sesión y perderemos
aún más si Danny no puede hacer esta sesión. Por favor. Vete. Hablaremos
mañana. Lo prometo.

—La escuchaste. Vete —gruñe Danny—. Esta es tu última advertencia


antes de que llame a la policía y haga que te lleven.

El miedo se hunde hasta el fondo de mi estómago cuando Keaton se


ríe de nuevo, presionando deliberadamente todos los botones de Danny.

—Tengo noticias para ti, niño bonito. —Levanta una llave—. Vengo y
salgo a mi antojo.

Necesitando que esto termine antes de que este enfrentamiento se


vuelva violento, me desentiendo de mi falta de vestimenta y camino a la
puerta con la toalla sobre el frente de mi cuerpo. Abro más la puerta.
—Quiero que te vayas ahora mismo o llamaré a la policía. No tienes
derecho a usar esa llave. —Sostengo mi mano—. Devuélvela.

Se vuelve hacia mí, mirándome hacia arriba y hacia debajo de mi


cuerpo con asco.

—Hablaremos por la mañana. —Cuando golpea la llave en mi mano,


los dientes se entierran en mi piel. Me estremezco, pero me detengo de
mostrar el dolor que experimento.

Tan pronto como sale, cierro la puerta y le pongo los tres cerrojos y
agrego la cadena. Danny ha ido al dormitorio. Él está sentado en el
extremo del colchón con la cabeza entre las manos cuando entro.
Dándole espacio, levanto mi bata y me la coloco, luego me inclino contra
la pared.

—¿Quieres hablar de eso? —pregunto, manteniendo la voz tranquila.

—No lo sé. ¿Lo hago? ¿Quiero saber de qué se trató eso?

—Creo que lo sabes.

Se levanta y agarra sus jeans del suelo.

—Sí, lo sé. —Él empieza a ponérselos y quiero detenerlo. No estoy


segura de que tenga derecho a hacerlo. Él toma su camisa y su gorra,
arrebatándolos de donde aterrizaron en nuestro frenesí sexual—. Tengo
que irme.

—Me gustaría que te quedaras. —Me pongo las manos detrás de la


espalda, impidiéndome correr hacia él y suplicarle que se quede aquí
conmigo cuando eso es todo lo que quiero hacer.

Sus ojos me alcanzan y estoy atrapada en el lugar donde estoy.

—No sé nada de tu vida. No me has dado nada excepto lo que he


descubierto porque escuché una conversación telefónica y ahora estoy
atrapado en lo que parece una pelea entre novios.

—Keaton y yo no estamos juntos, Danny. No estaría contigo si lo


estuviéramos.
—Entonces, ¿qué carajos fue eso? Tiene una llave y aparentemente la
usa cuando quiere.

—He tratado de recuperarla. No pude hacerlo antes, pero la tengo


ahora.

—La tienes porque estaba a punto de darle una paliza. —Está


frustrado tirando la gorra sobre su cabeza. Él camina a mi lado—. No
quiero pelear con él. No he estado en una pelea en años, pero te diré que
estaba cerca. Muy jodidamente cerca. Pero no me importa una mierda.
Me preocupo por ti y tampoco quiero pelear contigo.

—No lo hagamos entonces. —Lo sigo de nuevo a la cocina. Las bayas


están en la encimera, un recordatorio de lo bueno que fue hace tan poco
tiempo.

Se vuelve hacia mí, de espaldas a la puerta.

—Si me quedo, lo haremos. Necesito calmarme y no puedo hacerlo


aquí, no contigo.

—¿Qué estás diciendo, Danny? ¿Estás molesto conmigo?

—Tomado por sorpresa. No sé lo que está pasando y estoy molesto.


Así que sí, estoy molesto contigo.

—No tienes derecho a estar molesto conmigo. No le pedí que viniera.

—Necesito tiempo para resolver esto, así que no te lo quito. Estoy


siendo honesto contigo para que no lo empeore. Si me quedo, empeorará.

Mi corazón palpita de dolor y me siento traicionada. ¿Por qué bajé la


guardia por él?

—¿Honesto? ¿Ahora eres honesto conmigo? Guau —digo, mi orgullo


haciéndome hiriente.

—¿Qué significa eso?

—Sabes lo que significa. No eras honesto conmigo cuando estábamos


juntos, pero ¿ahora te preguntas sobre cuán importante es la honestidad
para ti? Bueno, me alegra que te haya crecido la conciencia.

Una mirada de incredulidad cruza su rostro.


—Me voy, eso es algo con lo que deberías estar familiarizada.

—¡Jódete!

Se vuelve y desbloquea los pernos que pensaba nos estaban


protegiendo del mundo exterior. Parece que tal vez necesitamos
protección el uno del otro. Abre la puerta y se mantiene de espaldas
mientras dice:

—Nos vemos en la sesión.

La puerta se cierra, y con completa furia golpeo contra ella con mis
dos puños. Le doy la espalda y me deslizo, cerrando los ojos mientras llevo
mis rodillas a mi pecho. Ojalá pudiera detener las lágrimas, pero hay un
lugar muy profundo en el interior al que solo Danny Weston puede llegar y
solo él puede romperlo.

De nuevo.
REESE
E
l sueño no viene. Me siento cerca de la ventana que pagué tan
orgullosamente hace un año, pero la vista ha perdido su brillo.
Estar sentada aquí con la sensación de pérdida, me recuerda la
última vez que perdí a Danny...

Mis maletas están empacadas, una maleta junto a la puerta, la


mochila a mis pies. Me llevó días poner todo en orden, todo lo cual lleva
hasta hoy. Empujo el botón de reproducción una vez más para escuchar el
mensaje de voz que envió Danny ayer, cuando estaba afuera.

—Voy a casa mañana. Tenemos que hablar. Estaré en el


apartamento a las seis. Hasta pronto.

Ningún te extraño. Ningún te amo. Solo tenemos que hablar.

El modelaje se ha hecho cargo de su vida, y mi vida se ha convertido


en un efecto secundario de la vida que dejó atrás. Yo sabía que
pasaríamos por un cambio, la transición de vernos el uno al otro durante
todo el día, todos los días, a cada pocos días o incluso una semana. Pero
nunca podría haber predicho que fuese durante todo el año pasado que
estuvimos luchando. O tal vez era solo yo quien había estado luchando.

No lo he visto en más de un mes. París, Milán, Roma. En todas partes,


pero no aquí por cinco semanas. Él ni siquiera sabe que encontré un
trabajo en la ciudad de Nueva York. Nuestro tiempo en el teléfono es muy
limitado para hablar de tales cosas que suceden en mi vida cuando su
vida es tan emocionante. Tan grande. La mía se siente pequeña en
comparación. Siento que todo es pequeño: pequeño tiempo, pequeña
ciudad, una pequeña parte de un pasado. Su pequeño pasado.

Realmente pensé que tendría que decírselo cara a cara. Sigo


queriendo ver su reacción, su orgullo. Su lo que sea por mí. Las llamadas
perdidas, horarios fuera de sincronización, y un servicio de correo
electrónico impredecible para añadir a la lista de obstáculos que nos
mantienen separados. El factor principal es Danny convirtiéndose en una
sensación en el mundo del modelaje. Ese chico de al lado, se encuentra
con el sexy alfa masculino y demás nombres por los que a menudo es
llamado. Mis manos se hacen puños y aplasto mi molestia de que pude
haberle dicho. Pero mis pensamientos no importan. No importan en ese
mundo, su mundo.

Agarro la pila de revistas de la mesa de comedor y las coloco una por


una en la mesa de café enfrente de mí. Cada una burlándose de mí con
un anuncio de él y alguna modelo o modelos en los que todos se ven muy
cómodos para mi comodidad.

Si esa fuera yo así de íntima con los modelos, él no estaría feliz. No


estaría bien viendo a otros hombres tocándome.

Estoy amargada. La vida aquí se ha hecho insoportable. Se lo


llevaron, al hombre que amo, y lo convirtieron en estrella. Las revistas no
pueden tener suficiente de él. Los diseñadores, todos lo quieren, pero yo
también. Tanto. Lo extraño. Echo de menos la forma en que pasamos el
rato y hablamos toda la noche. Echo de menos sus brazos alrededor de mí.
Echo de menos ir a la cama con él y despertar con él besando mis pechos,
despertándome del sueño.

No hay duda de que va a estar empacando sus cosas y alejándose


bastante pronto. Soy la única que lo ata a Nebraska. Es el momento de
dejarlo ir. Estoy cansada de sentirme la segunda mejor con respecto a una
carrera. Estoy cansada de la prensa rosa, y verlo en el centro de todo.
Estoy cansada de verlo con otras mujeres.

Y después, el mensaje llegó mientras yo estaba en la biblioteca.

Tenemos que hablar... Tenemos que hablar... Tenemos que hablar…


No me importa acerca de su trabajo. Me preocupo por él, pero él ha
perdido quién es y ahora está dispuesto a perderme. Tirarme.

Nuestros amigos, mi familia, todo el mundo tiene que dejarlo ir para


que pueda perseguir su sueño. Mientras que mí sueño de casarme, tener
hijos, y una carrera, son dejados de lado. Estamos en dos caminos
diferentes que van en dos direcciones diferentes. Me mudaré a Nueva York
y le daré mi dirección tan pronto como tenga una. Tal vez conmigo
siguiendo mi carrera será mejor. Tal vez me encontrará de nuevo
interesante.

Mi respiración llega rápidamente y se acorta. ¿Cómo le estoy


haciendo esto? ¿Cómo estoy dejando al único hombre que he amado?
Con la última parte de la fuerza que tengo, me pongo más erguida y cierro
la puerta. Él tiene que ver lo que se siente estar solo. Él tiene que entender
lo mucho que me ha hecho daño. Esto lo va a despertar. El me echará de
menos. Me echará de menos, simplemente lo sé. Rezo para que podamos
trabajar por esto otra vez. Conmigo en Manhattan, las estrellas se han
alineado si podemos resolverlo.

Por lo que un año después de que su carrera despegó, yo estoy en la


puerta, diciendo adiós a nuestra... su casa para siempre con su "Tenemos
que hablar" zumbando en mis oídos. Me despido de este solitario lugar y lo
dejo, al igual que él me dejó atrás.

No puedo perderlo de nuevo. Son las cinco de la mañana, me visto


para el trabajo y a las seis estoy fuera de la puerta. Decidí que prefería
perderme a mí misma en el trabajo que sentarme aquí perdiéndome por el
dolor que estoy sintiendo.

Caminando por el vestíbulo, el portero de noche, Dave, abandona su


turno, por lo que caminamos juntos.

—¿Estás trabajado toda la noche otra vez?

Él dice:

—Ralph sigue enfermo. Trabajé medio turno suyo y el mío. No es un


edificio de fiestas así que tomé un par de siestas. Pero no se preocupe, las
puertas estaban cerradas.
—Eso es bueno.

—No le diga al jefe.

Me rio.

—No lo haré.

Sé que no representa más que una conversación casual, como el


tiempo, pero cuando dice:

—Fue poderosamente agradable el detalle de su amigo que la visitó


ayer.

—Sí, lo fue —respondo, no queriendo más lágrimas en la superficie


antes de llegar a la calle.

—A juzgar por cuánto tiempo esperó y esas flores, yo diría que tiene
completamente un admirador.

Dejo de caminar justo antes de llegar a la puerta.

—Las flores fueron muy agradables, pero por curiosidad, ¿cuánto


tiempo esperó?

—No le tomé el tiempo —dice, encogiéndose de hombros—, pero


fueron unas buenas tres horas. Por lo menos.

—¿Tres horas? —Las palabras de Danny vuelven a mí. “No, no


mucho”—. Guau, eso es mucho tiempo. Yo no sabía.

—Solo pensé que se merecía el crédito. —Él sale, manteniendo la


puerta abierta para mí—. Que tenga un buen día, señorita Carmichael.

—Gracias, Dave, y llámame Reese.

—Sí, señora.

—Que tengas un buen día.

Me quedo en la calle, y cuando miro dónde estoy, estaba aquí. Justo


aquí. Hace doce horas, aquí es donde Danny cambió el rumbo. Aquí es
donde me hizo ver lo que estaba justo enfrente de mí en Nebraska, lo que
sabía en Marfa. Él me hizo darme cuenta de que ha sido la pieza que falta
para completar mi corazón otra vez. Las lágrimas vienen mientras saco mi
teléfono de mi bolso. La pantalla se ilumina cuando lo abro. Llamo a
Danny, rezando para que responda.

Mi corazón comienza a doler incluso más cuando el tercer timbre


suena. Para el cuarto, su correo de voz se activa junto con el
arrepentimiento. Tanto arrepentimiento. Nunca debería haberlo dejado
irse. Bajo otras circunstancias, colgaría. Pero esta vez, esta vez por él, voy a
tragarme mi orgullo y el dolor y dejar un mensaje para que me llame.
Después de que cuelgo, me quedo allí como si mis pies no quisieran dejar
lo bueno en el pasado.

Eso es lo que he estado haciendo todo el tiempo. Con Danny. Con


nuestra relación. Lo malo es tan fácil de recordar, lo bueno es olvidado en
los recuerdos. Pero había tantas cosas buenas. Éramos buenos. Allí de pie,
me doy cuenta de que apenas recuerdo lo malo y, sin embargo, me he
mantenido en su contra. ¿Por qué?

Fijo la mirada en mi teléfono, con la esperanza de que suene. Asumo


que está durmiendo, de alguna manera capaz de hacerlo cuando yo no
podría. Un pequeño consuelo se apodera de mí. Tendrá pensamientos más
claros. Me verá más claramente y querrá volver, volver a mí y solo... solo
estar juntos de nuevo.

Cuando miro hacia arriba me doy cuenta que sé en dónde está


reservado que se quede en este viaje. Mi brazo vuela en el aire para llamar
un taxi. A esta hora, es fácil conseguir uno. Mando al conductor a la
Novena Avenida en el Distrito de Meatpacking. Con mi teléfono todavía
en la mano, me inclino hacia atrás mientras repaso todo lo que quiero
decirle en rotación para que pueda cubrir todo lo necesario.

Le pago al conductor y me dirijo a la puerta giratoria. Todavía es


temprano, ni siquiera son las seis cuarenta cinco de la mañana El vestíbulo
está vacío de huéspedes y solo una persona está detrás del mostrador.
Con una amplia sonrisa, ella dice:

—Bienvenida al Gansevoort. ¿Quiere registrarse?

—No, estoy aquí para ver a un huésped. Danny Weston. —Mis dedos
comienzan tocando el mostrador mientras me apoyo contra él con
ansiedad—. ¿Puede llamarlo?
Su sonrisa cae.

—Nosotros normalmente no molestamos a nuestros huéspedes a esta


hora. ¿El señor Weston la está esperando?

—No, pero tengo que hablar con él de inmediato, por favor. —Lanzo
el por favor con una leve suplica, pero nada va a conseguir que haga esa
llamada. Puedo decirlo por cómo ha apretado sus labios mientras escribe
en su teclado.

—Lo siento. Su habitación está marcada como no molestar. —Pone un


bloc de papel y bolígrafo sobre el mostrador y lo desliza hacia mí—.
¿Quiere dejarle un mensaje?

—¿Puedo esperar aquí? —pregunto, señalando a la zona de estar


junto a la ventana.

—Sí.

Me acerco y me siento, dejando el teléfono sobre la mesa de café


enfrente de mí y mirándolo fijamente.

Una hora...

Dos horas…

Él esperó tres.

Estoy dispuesta a esperar más tiempo, pero suena mi teléfono y salto,


sobresaltada por el sonido. Keaton. Me trago mi decepción y me preparo
para esta conversación. Es una que tengo que tener y mientras me pongo
a pensar en ella, es una que probablemente debería tener antes de tener
una con Danny.

—¿Hola?

—Ven a la oficina, Reese.

—No me hables de esa manera.

—Como tu jefe, puedo hablarte como sea que quiera.

—Estoy trabajando desde casa hoy.


—Estás follándolo en casa hoy, olvidando que tu trabajo está
esperando para que puedas empezar el día. ¿O es que ya no te importa
tu trabajo?

—Tú sabes que me importa, Keaton. Me importa más de lo que nunca


me darás crédito.

—Eso no es cierto. Te di a Vittori, que es lo mismo que darte crédito.


Ahora ven a la oficina. Tenemos que hablar.

Tragar se vuelve difícil mientras le doy más de lo que merece.

—Dije que lo haría y lo haremos. —Mirando alrededor del vestíbulo,


que está mucho más activo y volviéndose cada vez más ruidoso, le digo—:
Te veo en tu oficina en una hora.

—Cuarenta y cinco minutos, Reese. No llegues tarde.

Se siente más poderoso tomando quince minutos de la hora de esa


manera, pero no estoy de humor para discutir. Estoy segura de que voy a
hacer un montón en los cuarenta y cinco minutos.

Me levanto y lanzo mi bolso sobre mi hombro. Caminando por la


puerta giratoria justo mientras un hombre entra en el otro lado y empuja,
miro hacia arriba. Danny. La puerta nos deja atrapados en lados opuestos
y no hay forma de salir. Mueve su dedo en el aire para mostrarme que va a
empujar. Cuando la apertura está en la acera, camino hacia fuera y miro
hacia atrás, pero ya ha llegado al vestíbulo.

Mis hombros caen mientras alza su mano para que me detenga, y


entonces sale por el otro lado, sin esperar que gire.

Antes de que pueda decir nada, hablo abruptamente.

—Lo siento.

Él se ve sorprendido.

Continúo:

»Lo siento por todo. Por mi ex apareciendo, realmente lo siento por


eso. Por no compartir más de mi vida contigo. Por hacer que sientas que
no eres tan importante como mi carrera cuando me asusta cómo lo eres
ya, y siempre lo fuiste. Lo siento por no llamar en los últimos diez años, y lo
siento por no encontrarte ese día. Podría haberte dado un millón de
razones por las que no lo hice en aquel entonces, pero hoy... hoy estoy de
pie ante ti no recordando ninguna razón que valiera el perderte, y
lamentándolo de todos modos.

—Reese, detente. —Su tono es sombrío.

Y justo así mi esperanza cae en picada.

Él no me desea más.

Dando un paso adelante, toma mi mano. Mi corazón late


dolorosamente en mi pecho.

»Reese, no tienes que pedir perdón por el pasado o el intermedio. Eso


es exactamente lo que es: el pasado. No podemos cambiarlo. Pero
anoche, no me meto en peleas. No salgo con novias o esposas de otros
hombres, a pesar de lo que los tabloides dicen de mí.

—No estoy saliendo con él.

—Lo sé. Lo sé porque tú me lo dijiste. —Su agarre se aprieta y me tira


más cerca—. Quiero que me cuentes todo sobre ti. Quiero que nos
conozcamos como antes.

Las lágrimas pinchan en mis ojos por diferentes razones esta vez.

—¿En serio?

—En serio. —Me seca las lágrimas a medida que caen—. Quiero que
conozcas al real yo, el yo de ahora. —Riéndose, dice—: Puedo ser un idiota
para todo lo que sabes.

—Puedes ser un idiota después de que llegue a conocerte también.

Su risa me saca una mientras bromeamos, bordeando las emociones


más profundas que sentimos el uno por el otro. Dejo caer la cabeza contra
su pecho y envuelvo mis brazos alrededor de él. Siento su fuerza mientras
me sostiene tan firmemente. Coloca un beso en la parte superior de mi
cabeza y cierro los ojos, inhalando.
En el fondo sé que él ya estaba allí, dentro de mi corazón todo el
tiempo.

—Lo siento por lo de anoche.

—Para que lo sepas, estaba dispuesto a patear su culo por ti.

Con una sonrisa en mi rostro, le susurro:

—Lo sé. Pero para que lo sepas, yo estaba dispuesta a patear su culo
por ti también.

Siento su pecho moverse. La sensación de su felicidad me hace feliz.


Cuando miro hacia arriba, dice:

—Lo siento por irme anoche.

—Lo entiendo.

Levanta mi barbilla, así que miro hacia arriba de nuevo.

—Lo digo en serio, Reese. No debería haberte dejado. No quiero


justificarlo, pero estaba enojado, con él, contigo, y conmigo mismo. Sabía
que la tomaría contigo si no me marchaba. Eso es lo último que quería
hacer, porque sabía que no tenías nada que ver con él estando allí.

Retrocedo por lo que podemos hablar cara a cara.

—Mira, Danny, dejamos cosas sin terminar hace diez años, pero siento
la conexión que siempre tuve contigo. Creo que sientes lo mismo…

—Lo hago.

Tenía necesidad de tocarlo otra vez, de sentir su calor envolverme,


curvo los dedos alrededor suyo.

—Cuando estoy contigo, me siento como mi vieja yo, la persona


deseo que fuera.

—¿Quién eres?

—Soy alguien que perdió su camino.

Sus dedos se aprietan alrededor de los míos.


—Encuentra el camino de vuelta a mí.

—Estoy tratando. —El reloj no se detiene. Ajusto mi bolso, y digo—: Te


deseo, tanto, pero tengo que cerrar algunas puertas antes de abrir esta.
Por respeto a ti y a mí misma.

Él me mira curioso, pero no pregunta. Él lo sabe. Cuando me abraza


de nuevo, lo sabe.

—Vuelve a mí.

—Lo prometo. Tan pronto como pueda escapar. —Me tiro hacia atrás
y empiezo a tratar de salir cuando lo único que quiero hacer es quedarme.
Malditos sean el trabajo y la carrera. Nunca tuve algo por lo que valga la
pena renunciar antes de ahora—. Adiós, Danny.

—Voy a estar esperando por ti. Estoy en la habitación 1455.

Se queda en la acera, la sonrisa en su rostro, las manos en los bolsillos,


viéndose perfectamente comestible. Doy una último adiós con la mano y
pido un taxi.

Estando de pie fuera de la oficina de Keaton con dos minutos de


sobra. Espero tres y luego llamo. Esta pequeña alegría me hace sonreír.

Cuando escucho que me dice que entre, abro la puerta y entro


sintiendo una renovada confianza en mí misma. Camino hacia el escritorio
y cuándo él extiende los dedos en contemplación, comienzo:

—Ya no somos una pareja. No me trates como si lo fuéramos, como si


tuvieras derecho a saber algo sobre mí persona. No lo haces. Tú eres mi
jefe, nada más.

—Siéntate, Reese —dice, acomodándose en su gran silla de piel.

Cuando me siento, añade:


—Como tu empleador, soy dueño de tu culo de ocho a cinco. Cada
vez que estés en el sitio que representa una de mis cuentas, me
perteneces. Si estás con clientes con mi moneda de diez centavos, me
perteneces. Tomando el informe de gastos que enviaste ayer, al parecer,
me perteneces más de doscientas horas al mes.

No me gusta a dónde va esto. Se me estanca un repugnante coágulo


en mis venas escuchándolo replantear cualquier reclamación sobre mí.

—Eso es todo lo que tienes. Nada más. No más, Keaton.

—Eso es todo lo que necesito. Hemos terminado aquí. Cierra la puerta


después de salir.

Mirándolo, su atención está de vuelta en su monitor como si yo no


siguiera aquí. Me levanto y me dirijo a la puerta sin decir nada más, no
porque estoy de acuerdo con él, sino porque no puedo ser molestada por
él. Voy a pasar esta semana enviando mi currículo.

Cuando llego a mi escritorio, hay un montón de sobres en la parte


superior. Todos ellos han sido abiertos, así que tiro del pesado montón y leo
el primero.

Keaton Klein y su acompañante están cordialmente invitados…

Lo dejo caer y abro el siguiente.

Y luego el siguiente.

Todos son lo mismo. Recogiendo el montón de invitaciones, entonces


las llevo de regreso a su oficina. Esta vez no le doy la cortesía de llamar
antes de entrar. Los dejo caer en su escritorio y muevo la cabeza.

—Tú no me puedes obligar a ir a las citas contigo. No puedes utilizar el


negocio para recuperarme o para pasar tiempo conmigo.

—¿No puedo?

—Eres un idiota.
—Estoy ocupado, corazón. Si tienes asuntos que tratar soy todo oídos.
El resto de esta basura me está aburriendo.

—No voy a ir —declaro, cruzando los brazos sobre el pecho.

—Consigue tus zapatos de baile. Escuché que la gala de esta noche


tendrá una gran pista de baile y bandas en vivo.

—No voy, Keaton. No tengo nada que hacer allí, lo que la hace nulo y
sin efecto.

Se pone de pie, apoyando las manos sobre la mesa que nos separa.

—Déjame decirle un poco sobre lo nulo y sin efecto. Tu juguete se


encuentra en incumplimiento de contrato, por lo que todas las apuestas
están apagadas y vamos a luchar contra ellos en la batalla más civilizada
a través de nuestros abogados. —Agarra un folder y lo deja caer delante
de mí—. Asegúrate de leer la letra pequeña. Especialmente la parte de no
fraternizar con cualquier persona empleada por Publicidad Klein. Por no
hablar de tu violación personal de nuestro código de conducta.

Mi ira saca lo mejor de mí. —Creo que pasas por alto que estás en una
violación también. Creo que debería archivar un informe a Recursos
Humanos.

—Klein nunca ha anulado que los empleados tengan citas entre sí.
Solo pedimos que no afecte el desempeño de su trabajo.

—Corta la mierda, Keaton. ¿Qué estás diciendo?

Se ve satisfecho de sí mismo cuando agarra el folder de nuevo.

—Estoy diciendo que vas a dejar de ver al modelo inmediatamente.


En cuanto al trabajo, no lo verás al menos que otro miembro de nuestro
equipo o el equipo de Vittori esté contigo.

—Reconozco una amenaza incluso cuando es entregada con una


sonrisa, ¿por lo tanto lo hago, o?

—O lo demandamos por incumplimiento de contrato. ¿Tan rico es tu


niño bonito?
—Eso es una venganza personal. Mantén la atención en mí y mi
desempeño en el trabajo…

—No te preocupes. Voy a estar manteniendo una estrecha vigilancia


sobre tu desempeño en el trabajo. Ahora, si me disculpas, tengo una
llamada en conferencia con mis abogados.

—Eres el error más grande que he cometido, Keaton. —Tan pronto


como digo eso sé que es una mentira. Yo sé cuál es mi error más grande y
me niego a hacerlo dos veces.

—Está bien. Puedes odiarme todo lo que quieras, pero siempre y


cuando seas empleada de aquí, me respetaras y nuestro código de
conducta. —Él baja la mirada, despidiéndome, para que me fuera.

Lo odio. Lo hago. Tanto. Camino hacia la puerta, pero antes de que


pueda abrir la puerta, escucho:

»¿Reese?

Deteniéndome, poco a poco me doy la vuelta. Con la mano en la


cadera, espero que él hable. Dice:

—Usa los Louboutin. Siempre fueron mis favoritos.

El bastardo.

—Compraste esos para la puta que estabas follando al mismo tiempo.


Siempre me comprabas Manolo. —Es un hombre despreciable, y si no
estuviera tan enfadada con él, la rabia de enterarme que me estaba
engañando haría que mi sangre hirviera. Él me humilló con una puta
Louboutin que llevo al ballet, mientras que a mí me llevaba a la ópera la
noche siguiente. En Nueva York los círculos sociales son pequeños. Giro en
mis Prada y es lo suficientemente inteligente como para dejar pasar esto.
Cuando salgo de su oficina, cierro la puerta y exhalo un suspiro ansioso.
Camino de vuelta a mi escritorio con un propósito, su advertencia y la
invitación reproduciéndose como un bucle.

Incluso con las amenazas hacia mi trabajo, mi carrera, mi vida en


general, puedo pensar en una sola cosa... o una persona para ser precisa.

Danny.
DANNY
T
an pronto como regreso a la habitación, me quito la ropa y tomo
una ducha caliente. Una noche de sexo y una caminata
alrededor de la ciudad no me hacían ningún favor.

Mi piel se siente en carne viva desde la otra noche. Era un sentimiento


que había perdido, y hace que mi mente vuelva a otro tiempo de mi vida.

Reese.

Me subo a la cama desnudo. Llámalo una ilusión, pero después de


hacerlo con Reese, mis apuestas son una cosa segura. Quiero estar listo
cuando llegue.

Cerrando mis ojos, me siento contento, otra sensación que no había


sentido antes de estar con ella. Nunca la reconocí hasta ahora. Incluso en
la oscuridad de esta habitación de hotel, sonrío, la emoción demasiado
fuerte como para detenerla. Liberada la locura de las últimas veinticuatro
horas, exhalo, largo y fuerte, y poco después, me duermo.

E
sperando dormir más, mis ojos permanecen cerrados. Músculos
cansados. Cabeza mareada. La habitación está a oscuras por
las persianas de la ventana, así que no tengo idea de cuánto
tiempo ha pasado. Mi polla, con una erección, aún está confundida por la
hora. Frotándola para calmarla, me doy cuenta que esto hará las cosas
más duras. Como el acero. Especialmente cuando la morena de ojos
azules viene a mi mente.
Tiro de las colchas y voy a orinar. Estoy a punto de subirme de nuevo a
la cama cuando echo un vistazo al reloj. 5:03. Lucho por chequear si es
a.m o p.m. Cuando lo consigo, agarro mi teléfono de la mesita de noche y
me siento en el borde de la cama. ¡Joder! p.m.

Hay muchos mensajes de textos perdidos, un montón de correos


electrónicos nuevos, pero no llamadas perdidas. ¿Dónde está Reese?
Pensé que tendría noticias de ella, pero no las tengo, y es casi la hora de la
cena. Preocupado, la llamo. Cuando no contesta, dejo un mensaje.

—Dame una llamada cuando recibas esto.

Necesitando levantarme antes de que mi día y noche estén


completamente arruinadas, me muevo y abro las persianas con el control
remoto. Luego busco en mi maleta por ropa limpia. Después de ponerme
una camiseta, me pongo jeans, sin ropa interior debajo de ellos. Camino
hasta la ventana y miro alrededor. Algo está mal.

Sacando mi teléfono del bolsillo trasero de mis pantalones, le mando


un mensaje.

¿Dónde estás?

Tratando de no preocuparme por ella, me siento y comienzo a revisar


mis correos electrónicos. Pero me preocupa lo que está pasando. Cuando
se fue esta mañana, estábamos bien. Más que bien. Sólidos. Nos dijimos
cosas que no nos habíamos dicho, y se sintió bien sacarlo de mi pecho y
escuchar su versión. Quería decirle más. Quería hablar de esa fatídica
noche. Dejarme allí sabiendo que iba a pedirle que se casara conmigo, no
era humillante. Era doloroso. Para dejarlo ir necesito saber por qué me dejó
plantado. Es el pasado lo que más me persigue.

De nuevo miro mi teléfono. Sin respuesta a mi mensaje de texto.


Agarro mi gorra y me pongo mis zapatos. Antes de dejar la habitación, me
pongo mi chaqueta. En el vestíbulo, la llamo una vez más, pero manda al
buzón de voz.
Afuera en la acera, no estoy seguro de a dónde voy, pero ya no
podía seguir sentado en esa habitación. Las paredes estaban cerrándose,
y la ausencia de Reese burlándose de mí. De pie donde la vi por última
vez, siento el impulso de ir a su trabajo. Pero no quiero hacer las cosas más
difíciles para ella. Su trabajo es importante y puedo respetar eso. Lo que no
puedo respetar es a ese imbécil ex novio. Solo puedo imaginar cómo
arremetería contra ella.

Quiero decir, no lo culparía totalmente. Si estuviera en su lugar,


también estaría enojado de encontrar a mi novia follando a un caliente
semental, extremadamente sexy y con un paquete de ocho abdominales.
Pero nunca he sentido algo tan fuerte por una mujer, excepto por una. La
misma que él. Joder. ¿Qué tan lejos está dispuesto a llegar él para
recuperarla? O, más específicamente, ¿qué tan lejos ha ido ya para
recuperarla?

Mierda.

Mis dedos están volando sobre el teclado:

Llámame.

Comienzo a caminar, mi ritmo rápido, considerando que no sé a


dónde ir. Después de cubrir cinco calles más o menos, todavía no hay
llamadas ni mensajes de texto, y tomo el asunto en mis propias manos.

La recepcionista responde:

—Publicidad Klein.

—Reese Carmichael.

—Lo siento, señor, ella ya se ha ido. Puedo redirigirlo a su buzon de


voz.

—¿A qué hora se fue?


—Estuvo trabajando fuera de la oficina casi todo el día. Se fue antes
del almuerzo para encontrarse con clientes. ¿Lo enlazaría a su buzón de
voz? —Suena ansiosa.

Cuando miro mi Fitbit12, son las 5:56. Probablemente estaba por salir.

—No, gracias. —Justo cuando estoy a punto de colgar, mi intestino


me guía a otro lugar, y hago algo que nunca hago. Dejo caer mi nombre,
usándolo como ventaja—. Espera, soy Danny Weston. —Hago una pausa
para dejar que lo capte.

Es obvio cuándo lo hace. Desaparece la ansiedad de antes, y se


escucha un ronroneo en su tono.

—Bueno hola, Danny Weston. ¿El supermodelo?

Pongo los ojos en blanco.

—Sí.

—¿Cómo puedo ayudarte?

—¿Está disponible Keaton Klein?

—No —responde casualmente—. Tiene un evento al que asistir esta


noche.

—¿Un evento?

—Sí, Publicidad Klein es un gran contribuyente de la Fundación del


Cáncer de Colon. Esta noche es su recaudación anual de fondos —
responde con orgullo, entonces, con algo más que un susurro, me dice
más de lo que espero—: la señorita Carmichael también asistirá. Tengo un
boleto disponible si quieres ir conmigo como, ¿mi acompañante?

Tentador. Muy tentador si puedo ver a Reese. Si ella aparece. Pero


algo que aprendí hace años, es que solo mi nombre abre puertas.

—Gracias. Tengo algo qué hacer, pero podría pasarme por ahí.

—Mi nombre es Amanda.

—Gracias, Amanda.

Fitbit: Es una pulsera de actividad y sueño inalámbrica.


12
—De nada.

Cuelgo y me siento en una banca cercana. Necesito pensar. Aquí es


cuando aprecio la diferencia de horario entre LA y Nueva York. Hago una
llamada.

—Oficina de Mark Warrant. Soy Jody.

—Jods, soy Danny. Necesito que me hagas un favor.

D
e pie, justo dentro de las puertas del salón de baile, me ajusto
un gemelo, luego el otro, mientras escaneo el opulento
entorno del hotel histórico.

Camino por la parte de atrás de la habitación, tratando de


mezclarme mientras busco a Reese. Se ha mantenido en silencio a mis
llamadas telefónicas, lo que es completamente inaceptable.
Quedándome en los alrededores más oscuros de la fiesta, mantengo mis
ojos atentos. No la he visto todavía, pero sé que está aquí. Lo siento en lo
más profundo de mí.

De repente me siento como un acosador, me dirijo al bar y ordeno mi


estándar. Con una bebida fresca en mi mano, salgo de la multitud hacia el
salón de baile para tener una mejor vista. Pero me paro en seco cuando la
veo. Es casi aterrador como la extrañé, vestida de largo y rojo, con
abertura en la parte delantera mostrando sus increíbles piernas, tacones
negros y cabello recogido. Sus labios son rojos a juego con el vestido. Sus
ojos destacan, su sonrisa deslumbrante.

Ella me asombra. Cómo se las arregla para verse más hermosa cada
vez que la veo, está más allá de mí, me desconcierta, pero lo hace. Mi
corazón está palpitando en mi pecho con solo mirarla.

Mi bebida olvidada en una mesa mientras voy directo hacia ella.


Cuando me aproximo, ella tiene una audiencia. Interrumpiendo, ofrezco
mi mano.
—¿Puedo tener este baile?

La mirada en sus ojos dice más de lo que se permitirá revelar en su


expresión. Pero esto es ella y yo, y sonríe mientras acepta el ofrecimiento.

—Me encantaría.

La conduzco en silencio hacia el centro de la pista de baile y tomo su


mano derecha en la mía. No es pasodoble, pero soy un hombre de
muchos talentos. Vengo repleto con muchos movimientos de baile,
incluyendo el paso caja. Pienso que acabo de ganar unos puntos con ella.
Su sonrisa es contagiosa, pero mi corazón siente la distancia que ella está
manteniendo.

—No voy a dejar que desaparezcas de nuevo. No sin una persecución


adecuada. ¿Eso es lo que estás esperando? ¿Quieres que te persiga?

—Danny, no quiero que pienses que tienes que perseguirme. No


quiero que lo hagas. Quiero estar contigo de cualquier forma en la que
pueda estar.

—¿De cualquier forma? Mmm. —Levanto la mirada y reflexiono


rápidamente—. Así que, si te persigo, ¿creerás en mis intenciones?

—¿Cuáles son tus intenciones?

—Intento mantenerte sexualmente satisfecha y dichosamente feliz.

—Esa es una tarea difícil.

—¿Lo es?

—No dudo de ti —dice, aclarándose la garganta poco después—,


puedo respaldar tales afirmaciones altivas, pero nuestros problemas nunca
involucraron tu habilidad de satisfacerme sexualmente. —Levanta la
mirada, el rosa de sus mejillas desvaneciéndose—. Y no voy a jugar al gato
y al ratón contigo.

—¿Entonces por qué no regresaste? ¿Por qué tuve que rastrearte


hasta un evento de etiqueta?

Sonríe ligeramente.

—Te ves increíble en ese smoking.


—Vittori. La nueva línea masculina.

—Él sabe mucho sobre el cuerpo de un hombre. Es un ajuste perfecto.

Me abstengo de seguir bromeando, devolviéndonos al tema real.

—Necesito respuestas, Reese.

—¿Qué puedo decir? Es talentoso. ¿Lo sabe por experiencia?

—Buen intento. No estoy hablando de Vinnie.

Dejo de moverme, plantando mis pies en el centro del salón de baile.

»¿Qué va a pasar con nosotros?

Por la manera en que está mirando alrededor, está preocupada por


los ojos y las cámaras dirigidas hacia nosotros.

—Por favor, Danny. —Asiente ligeramente con la cabeza—. No


hablemos aquí.

Caminamos hasta el bar y tomamos dos copas de champán de la


mesa con la gran fuente que tiene el líquido burbujeante. Tratando de
incorporarnos en la fiesta, nos apartamos hacia un lado, detrás de la alta
mesa, y vemos a los invitados bailar. No digo nada. Ella sabe lo que quiero
responder. Veo el rótulo de Publicidad Klein a través de la habitación y
busco la cabeza del idiota.

—Necesito encargarme de algunos asuntos —dice Reese.

—¿Ahora?

—No, antes… —Finalmente ella me mira, directo a los ojos—. Antes de


que podamos ver hacia dónde va esto.

—Esto no va. Ya estamos ahí.

Eso trae una sonrisa a su rostro.

—Me siento afortunada de tenerte de vuelta en mi vida. Por favor,


entiende eso.

Pavor se posa en la parte inferior de mi estómago.


—Esto no suena bien.

La sonrisa abandona su bonito rostro. Ojos azules bajo pestañas


oscuras me miran.

—A veces, el tiempo juega un factor…

—Tú no estás haciendo esto. No voy a dejarte. Pasó algo desde esta
mañana. Por favor no me lo ocultes. No me dejes fuera. Juntos podemos
manejarlo. ¿Es tu trabajo? —digo, echando un vistazo alrededor—, ya que
estás aquí representándolos, asumo que no lo perdiste.

—Como representante de la compañía, eso significa que estoy en mi


hora de trabajo.

Ahora ella no me mirará, y lo odio. Sigo su mirada, y lo veo de pie, al


otro lado de la habitación, observándonos. Me muevo más cerca de ella,
descansando mi mano en su espalda baja, pero se pone rígida bajo mi
toque.

—No puede tocarnos, Reese, si nos mantenemos juntos.

Da un paso atrás, y con tristeza llenando su tono, dice:

—Ya lo ha hecho. Si me disculpas, tengo que hacer mi parte.

Desapareciendo bajo mi mano, se desliza alrededor de la mesa y


camina a través de la habitación hacia él. Estoy inclinado a ir tras ella,
pero está trabajando y no quiero hacer una escena.

En realidad no me gusta el champán, así que lo dejo allí y encuentro


un mejor lugar para observar lo que está planeado.

—Hola, vaquero.

Reconociendo esa voz en cualquier lugar, me doy la vuelta.


Ciertamente no estaba respondiendo al vaquero. Nop.

—Vinnie. No pensé que lo lograrías.

—Cambié de opinión, con la esperanza de algunos fuegos artificiales.

—Me mantengo alejado del drama y tú estás disfrutando del hecho


de que estoy atrapado justo en el medio de ello.
—Es entretenido, pero vine para apoyar a mi chica.

—Ella está por ahí.

Frunce el ceño.

—No estoy seguro de lo que está pasando, pero es más de lo que


parece.

—Buena investigación ahí, Sherlock. —Me acerco, Vinnie permanece


cerca.

Reese está hablando con dos hombres y el idiota. Están cautivados


por la mujer de rojo, su completa atención en ella. Puedo entenderlo.

Mientras serpenteo a través de la multitud, su mirada se posa en mí,


justo por encima de su hombro. Se excusa y hace su camino de vuelta a
mí. Se aproxima a mí con una sonrisa sinuosa.

—Todas las mujeres en esta habitación tienen sus ojos en usted señor
Weston.

—Y yo solo tengo ojos para usted, señorita Carmichael.

Mientras pasa, secretamente me da una palmada en el trasero.

Abrazando a Vinnie, dice:

—¿Pensé que no lo lograrías?

—Vine para verte.

Sonriendo, engancha su brazo con el suyo.

—Podríamos habernos visto mañana, pero estoy feliz de verte esta


noche. —Me miran, y una vez más ella me da un vistazo—. Por cierto, no
juegas limpio.

Él se ríe.

—Envié mi mejor arma.

Perplejo por la conversación, interrumpo.

—¿Están hablando de mí?


Reese se ríe, su copa vacía ahora, lo que ayuda a explicar su actitud
relajada.

—Lo estamos.

Sosteniendo hacia afuera sus brazos, Vinnie la mira de arriba a abajo.

—Este vestido es perfección pura en ti, Dulzura.

—Me siento hermosa en él. Gracias por prestármelo.

—Es tuyo, cariño, como si lo hubiese hecho contigo en mente todo el


tiempo.

Reese echa un vistazo en mi dirección, luego responde:

—Estoy honrada. De nuevo, gracias.

Vinnie dice:

—Quiero ver como se mueve. Quizás el señor Weston llevará a la


dama a dar una vuelta.

Antes de que encantado lo complazca, ella dice:

—Ya bailamos. Desafortunadamente tengo más asuntos que atender,


así que debo irme por esta noche.

—¿Reese? —la llamo antes de que se vaya de nuevo. Acercándome


lo más que puedo mientras “parezca” apropiado, digo—: Esta mañana
acabábamos de hacer promesas de no mentirnos, de compartir nuestras
vidas. ¿Qué está pasando?

De pie a mí lado, mira a su alrededor, manteniendo una sonrisa en su


rostro, toca mi mano que está entre nosotros.

—Las cosas están complicadas. —Me vuelvo para encararla. Con esa
manera que tiene de mirarme, continúa—: Déjame manejar algo que ha
surgido.

—¿No puedes decirme?

Me estrecha la mano, las apariencias en juego.

—Estoy haciendo todo esto por nosotros.


—Déjame ayudar.

—Confía en mí, Danny. —Suelta mi mano y se da la vuelta—. Te lo


contaré todo muy pronto. Hasta entonces, no podemos ser vistos juntos. Te
llamaré más tarde.

De pie con Vinnie, la observamos alejarse. Cuando lo miro, él dice:

—Sé que su jefe tiene algo que ver con esto.

—¿Qué sabes sobre él?

—Lo suficiente. —Suspira pesadamente, y me siento de la misma


manera—. Déjala que haga lo que tiene que hacer. Si hay algo que he
aprendido acerca de Reese Carmichael, es que ella es muy capaz.

—Él ha hecho valer su rango sobre ella.

—Él ha hecho algo. —Me da una palmada en el hombro—. Haz caso


omiso. Conozco sus verdaderos sentimientos.

—¿Estás hablando de él o de mí?

—De ambos. —Se ríe y se va al bar.


DANNY
M
e quito el esmoquin. Quería que fuera ella la que lo hiciera,
pero no ha llamado, ni ha venido. No puedo relajarme
hasta que sepa que está bien, hasta que vuelva conmigo.
Lo guardo colgado dentro del portatraje. El encargado del guardarropa lo
recogerá para que pueda ser usado en la sesión de París.

Sentado en una silla, sé que necesito dormir un poco, pero mi siesta


de todo un día me dejó mal. No es bueno para la sesión de fotos de
mañana. Maquillaje estará trabajando horas extras.

Pasan treinta minutos y estoy demasiado ansioso para quedarme


quieto, así que me visto y voy al gimnasio del hotel para drenar el exceso
de energía. Con mis auriculares puestos, corro más de cuatro kilómetros,
hasta que una bonita mujer con un vestido rojo entra en mi línea de visión.
Disminuyo la velocidad del nivel siete al tres, permitiendo que mi ritmo
cardíaco se normalice. Al sacar los auriculares, la miro. Es hermosa incluso
cuando estoy frustrado con ella.

Señala:

—Es casi la una de la mañana. ¿Qué estás haciendo aquí?

—No podía dormir.

—Vamos arriba. Quizá podamos hacerlo juntos.

—¿Es por eso que viniste? —Mi mandíbula se tensa cuando la


traición comienza a roerme—. ¿A dormir?

—Vine a explicar.

Bajo de nuevo el nivel de velocidad, de manera que camino


lentamente. Se apoya en la caminadora, observándome.
—¿Explicar qué? ¿Por qué me plantaste? ¿Por qué te encontré esta
noche en el evento, atascado en medias historias leyendo entre líneas más
de lo que podías decir? —Accionando el botón, ruedo hacia atrás con la
cinta de la caminadora y aterrizo en mis pies. Tomo la toalla, pasándola
por mi rostro y cabeza para limpiar el sudor.

—Hablé con Keaton esta mañana.

Asintiendo, queda claro. Él utilizó su poder para ponerla de su lado.


Camino hacia la fuente de agua y bebo, esperando a que suelte la
bomba. Cuando no lo hace, miro hacia atrás. Se acerca lo suficiente para
tocarme, y como si no pudiera resistirse, lo hace a pesar de la posibilidad
de que ensucie de sudor su elegante vestido.

»Tienes todo resuelto en tu cabeza, ¿no? ¿No tienes fe en mí en lo


absoluto?

—Lo hice una vez. Salí lastimado.

—También salí lastimada, pero estoy tratando de no caer en esa


trampa de mantener el pasado contra ti.

—¿Y qué trampa es esa? Ninguna que yo haya puesto. —Mi voz se
levanta con ira, toda la irritación que había drenado con la carrera se
precipita de vuelta.

Su voz permanece impresionantemente tranquila bajo las circuns-


tancias.

—¿Podemos hablar arriba, en vez de hacerlo en un gimnasio


maloliente?

Ondeando la mano señalo hacia la puerta e indico:

—Después de ti.

Camina y estoy tentado a agarrarla, tocarla, tomarla contra la


pared de espejo, haciéndola ver como la follo y saco esta irritación fuera
de mi sistema para siempre. La alcanzo, pero dejo caer mi brazo, sabiendo
que llevar a cabo mis pensamientos no solucionará nada. Mirando hacia
arriba, veo la cámara dirigida a nosotros en la esquina de la habitación
Joder. Bajando la cabeza, la sigo de regreso a la habitación.
La puerta se cierra y se bloquea automáticamente. Se quita los
zapatos y voy directamente al baño a tomar una ducha. Me quito los
zapatos y me desnudo. Aparece en la puerta y se apoya contra el marco.

—No estoy con él, si eso es lo que estás pensando.

—No sé qué pensar.

—Pero tengo obligaciones que cumplir.

—¿Con Publicidad Klein o con él?

—Las líneas están borrosas.

—Eso es lo que temía, y sin embargo, me pides que tenga fe en ti.

—Aun lo hago. Fe y confianza en que quiero lo que tú quieres.

—Eso quiero.

Camina hacia la encimera, dándole la espalda al espejo para


mirarme. Uno a uno comienza a sacar los pasadores de su cabello.

—Soy tuya, Danny. Eres el dueño de mi corazón. —Poco a poco, el


cabello cae sobre sus hombros. Debería entrar en la ducha. Realmente
debería, pero no lo hago. Estoy hipnotizado por la belleza morena que me
da la espalda pidiendo ayuda—. ¿Me desabrochas?

Mis dedos encuentran la pequeña cremallera y la deslizo bajando


por su espalda. Mientras los dos lados se aflojan, su piel es revelada. Echo
un vistazo a su reflejo en el espejo. Sus ojos miran hacia abajo mientras
mueve su cabello a un lado. Se reduce a confiar en ella o no. Me inclino y
beso la piel expuesta. Estoy eligiendo confiar en la mujer que fácilmente
podría destruirme. De nuevo. Reese giime suavemente dejando caer su
cabeza a un lado, ya sea inconscientemente o a propósito, me facilita el
acceso.

Aprovecho la oportunidad y lamo su cuello, y luego soplo, haciendo


que se estremezca.

—Danny. —Sus manos se acercan para sujetarme. Pero quiero el


vestido fuera, así que me alejo solo lo suficiente para que caiga a sus pies.
Sale de él, e inclino mi cabeza para tener una nueva perspectiva.
Todo acerca de ella me atrae, me hace desearla cada día más.

—Te he dado mi corazón. Con eso, viene mi fe y mi confianza.

Volviéndose bajo mi mirada vigilante, desliza fuera sus bragas y se


quita el sujetador.

—Te he dado lo mismo. —Sin decir otra palabra, viene a mí.


Tomando mi camisa por el dobladillo, la levanta mientras me inclino y la
quita. Sus manos recorren mi cuerpo de arriba abajo, un leve brillo de
sudor, pero no parpadea dos veces. Frotando sobre mi polla, cubro su
mano con la mía y luego me quito los pantalones cortos—. Por favor,
nunca dudes de lo que siento por ti. Hice lo que hice esta noche por
nosotros.

Nuestros cuerpos desnudos se enfrentan y arrastro la yema de mis


dedos sobre sus pechos.

—¿Qué hiciste? Dime.

Estoy de pie con mi polla dura. Quiero deslizarme muy lentamente en


su interior y luego follarla rápido y duro. Quiero hacerla sentir cuánto me
hace desearla. Pero soy paciente, así que dejo que responda primero.

Responde a través de jadeos:

—Tengo que jugar su juego.

—¿Por qué? —susurro mientras tomo el lóbulo de su oreja entre mis


dientes y solo respiro.

Sus pezones están duros, su cuerpo se retuerce. Cierra los ojos como
si tuviera dolor, apretándolos. Cuando los vuelve a abrir, dice:

—Porque te arruinará si no lo hago.

—Nadie puede arruinarme. Nadie excepto tú, nena.

Sujeto sus muñecas con una mano y nuestros cuerpos gravitan más
cerca.
—Hazme el amor, Danny. —La súplica es gutural, un deseo
impulsado por el hambre y el placer erótico, que no concuerda con las
dulces palabras.

Mi agarre en sus muñecas se aprieta mientras intento luchar contra


mi propio deseo por ella. La suelto y me alejo de la encimera.

Ella parece sorprendida, infeliz.

»¿Qué? ¿Por qué lo dejaste ir?

—Porque no creí que pudiera.

—¿Te has puesto a prueba? ¿Qué? ¿Para ver si podías resistirte a mí?
—El agua se derrama en la ducha y me pregunto si debería entrar o
cerrarla, pero me quedo donde estoy a pesar de la disyuntiva. Parece
estar confundida—. ¿Quieres dejarme ir?

—No —digo—, quiero que lo dejes ir.

—Lo hago.

Sacudiendo la cabeza, miro hacia abajo.

—Quiero estar contigo, Reese. Te deseo demasiado. Te deseo de


maneras en que debería ir a la iglesia y confesar mis pensamientos
pecaminosos.

—No eres católico.

—Ese es mi punto. Creo que es lujuria lo que me atrae a ti, pero


luego estás dormida en mis brazos sin maquillaje y te ves como un ángel.
Me tienes todo jodido, pero cuando dices que tienes que jugar sus juegos,
recobro mis sentidos.

—¿Por qué?

—Porque no tienes que jugar sus juegos, estás eligiendo hacerlo.

—Tengo una hipoteca. Tengo cuentas que pagar.

La frustración me arrasa de nuevo y sacudo la cabeza.

—Tengo dinero, pero me he dado cuenta que es lo único que no te


traerá felicidad. Tienes que encontrar eso por ti mismo.
—Te encontré.

—No, solo acabas de finalmente devolver mi llamada. —Le doy la


espalda y miro hacia abajo, apoyando mis manos en la encimera.

Soy empujado. Una vez. Dos veces antes de darme la vuelta.


Argumenta:

—Escúchame. Estoy aquí. Estoy aquí aun cuando me amenazó. Estoy


aquí por ti. Así que créeme o no. Eso depende de ti, pero sé por qué estoy
aquí y no vas a torcer mis palabras.

Camina hacia la puerta pero se detiene antes de irse.

»Sé que estás acostumbrado a hacerlo a tu manera, pero esta vez,


vas a tener que confiar en que todo lo que estoy haciendo es por nosotros.
Dijiste que tengo tu corazón, fe y confianza. Ahora pruébalo.

—Me estás pidiendo que deje que ese imbécil controle tu vida
cuando ni siquiera lo quiero cerca de ti.

Volviéndose, coloca sus manos suavemente en mi pecho como si


tuviera miedo de las consecuencias.

—Te estoy pidiendo que me dejes manejar esto. Mañana tenemos la


sesión de fotos y entonces nos vamos a París por la noche. Él será un
recuerdo lejano y después de esta campaña estaremos juntos.

Tomándola por la cintura, la mantengo allí, sin querer dejarla ir nunca


más.

—Eso es pedir mucho.

—Haré que valga la pena. Lo prometo.

—Estaría loco si dejo que ese tipo se acerque a menos de cincuenta


metros de ti.

—Vittori es la culminación de todo por lo que he trabajado tan duro.


Comencé como pasante y trabajé escalando posiciones en las agencias
de mayor reputación de Nueva York. Tengo que liderar este equipo hacia
la mejor campaña posible. Entonces tendré opciones. Ahora mismo, no
tengo nada. Él mantiene todas las cartas.
Reese es inteligente y pecaminosamente sexy. Como Vinnie dijo más
temprano, es más que capaz y mucho más ingeniosa que él. Pero necesito
saber que no va a retroceder, que si va a hacer esto por su cuenta, se
mantendrá firme. Siempre he admirado su fuerza (especialmente por no
retroceder ante mí) así que necesito confiar en eso ahora. No dudo de
ella, pero seguro como el infierno que no confío en él.

—Si tiene todas las cartas, estás subestimando lo que él es capaz de


hacer. Estoy volando a ciegas por lo que está pasando y me pides que no
te ayude. Es como enviarte a la batalla sin ninguna armadura. Déjame ser
tu armadura, Reese.

La culpa parece afectarla, pero se mantiene firme en su misión.

—Lo siento. No esta vez. ¿De acuerdo?

—Simplemente no me digas que me quede aquí y me vea guapo


—digo, arqueando una ceja.

Su risa es completa, llevándonos más allá de nosotros Es música para


mis oídos.

—No lo haré. Lo prometo. Aunque eres muy…

—¡Eh! Nop. No lo digas —bromeo, y luego suspiro—. Así que estás


haciéndolo, ¿no?

—Tengo que hacerlo.

—Entonces te dejaré cometer este error y espero aprender de él.


Pero no importa qué, estaré aquí para lo que sea que necesites.

Por nosotros. Es tan jodidamente frustrante que sienta que tiene que
proceder por su cuenta. Especialmente cuando se trata de nosotros, pero
la dejaré hacer lo que siente con tanta fuerza que debe hacer y estaré
esperando. Observándola, es realmente demasiado malditamente sexy
cuando está tan decidida.

Como si leyera mi mente, dice:

—Quiero tener sexo, y quiero que me hagas olvidar esta noche.


Quiero estar felizmente inconsciente de todo, excepto del ahora, aquí
contigo.
Ya estoy sonriendo. ¿Cómo puedo negarme cuando tengo la
tentación en su forma más verdadera suplicándome que la folle? Es un
trabajo duro... como mi polla, pero puedo manejarlo.

—Siéntate aquí arriba. —La levanto y la coloco en la encimera—.


Vuelvo enseguida. Prepárate para mí.

Después de cerrar el agua, salgo y tomo un condón de mi maletín.


Cuando vuelvo, tiene los brazos envueltos alrededor de sus piernas,
dándome un vistazo de su sexy coño.

»Ábrete para mí.

Extiende sus piernas y espera más instrucciones.

»Apoya tus manos detrás de ti. —Lo hace. Después de acariciarme


mientras observo sus increíbles tetas, abro el paquete y me pongo el
condón.

Su espalda está curvada, empujando sus tetas hacia adelante, paso


mi mano sobre sus sensibles pezones.

»¿Sabes cuán sexy que eres?

—No —responde jadeante—. Dime.

—Te mostraré, pero prepárate. —Justo mientras afirma las palmas de


sus manos contra la encimera, la penetro, sosteniéndola por las caderas
empujo adentro y afuera varias veces, duro y rápido.

Su calidez hace que mis ojos se cierren, la mecha en mi interior


echando chispas a la vida. No duraré, no con ella, no así. Me estoy
acercando a la liberación cuando exclama:

—Detente. Danny, detente.

Todo mi cuerpo está alerta al sonido de su voz y me detengo.


Preocupado, retrocedo pero mantengo mis manos sobre ella.

—¿Estás bien? ¿Te lastimé?

Cada respiración insufla su pecho y cae a un corazón que late


rápidamente.
—No, se siente bien. Es demasiado y no es suficiente. —Sus manos
cubren sus tetas, burlándose de ella y de mí—. Quiero verte. Necesito ver
tus ojos en mí, en los míos.

Su placer es el mío. Tocando su mejilla, dejo caer mi mano y sonrío.

—Quiero verte correrte. —Mis dedos se deslizan entre sus piernas y


encuentro el lugar que la hace ronronear—. Mantén tus ojos en los míos.

Levanta la vista, sus pupilas están dilatadas mientras me toma. Sus


manos me están sujetando al lugar, su espalda da al espejo. Lo construyo
dentro de ella otra vez, tensando el espiral que quiero deshacer. Corro mi
pulgar sobre su labio inferior, mojándolo. Luego la beso mientras los
pequeños círculos aumentan de intensidad y se traga sus gemidos.
Cuando empieza a aferrarse a mí, me inclino hacia atrás y nuestros ojos se
encuentran de nuevo: la pasión, la adicción, la obsesión residen en la
claridad de sus profundos ojos azules y no quiero que solo sienta la parte
física de cuán profundamente siento por ella, pero lo ve.

»Siempre te he amado.

La parte posterior de su cabeza golpea el espejo, sus ojos se cierran,


y su boca se abre.

—Oh Dios, Danny. —Se estremece cuando la fuerza del éxtasis se


apodera de su cuerpo.

—Mírame, nena.

Puedo ver su lucha, pero cuando sus ojos se abren y se encuentran


con los míos, no ralentizo hasta que veo su cuerpo viniéndose abajo.
Sentada, me besa en el cuello y susurra:

—Te quiero dentro de mí.

Estoy en eso. Me posiciono, y luego entro en su calor, empujando,


corriendo hacia ese ardiente descenso. Las brasas de su orgasmo me
queman, construyendo el mío. Es rápido, demasiado rápido. Dejo caer mi
cabeza junto a la suya y me rindo, sin importarme nada más que la
sensación de explotar por dentro, llenándome, y encendiendo cada
célula de mi cuerpo. Me ha dejado entrar y me estremezco en su interior.
Mi respiración es dura, pero su mano en mi nuca es suave cuando acaricia
la piel sensible.

Esto es lo que me he estado perdiendo.

Esto es lo que me da paz.

Esto. Es. Amor.


DANNY
Y
acemos en la cama, solo nuestras manos acortando la
distancia entre nosotros. Miro fijamente hacia el techo
pensando que no puedo ver nada en la oscura habitación. Ni
siquiera a ella. La discreción me permite pensar en todo lo que está
sucediendo, en todo lo que ha sucedido.

Puedo escucharla respirar y quiero agobiarla con mi cuerpo y mis


emociones, cubriéndola hasta que ella solo me respire a mí. Ella dice:

—Deberías dormir. Tienes la sesión de fotos en la mañana.

—Tú también.

No puedo verla sonreír en la oscuridad, pero puedo escucharlo en el


tono de su voz cuando dice:

—Pero no estoy en la cámara.

—Podrías estarlo.

—Gracias —susurra, y puedo apostar que no me cree. Su mano


aprieta la mía—. Esto tiene que ser perfecto. No hay cabida para el está
bien. Necesitamos que suceda lo asombroso. Prométeme que me darás lo
asombroso sin importar lo que ellos te pidan.

El trasfondo de la conversación pesa con poca información. Todavía


no sé lo que está tramando, pero puedo pasar por alto eso porque sé que
me está eligiendo.

—Te daré lo asombroso, Reese. —Bostezo, y su cuerpo rueda hacia el


mío. Pongo mi brazo debajo de ella y la acerco. Le sigue un bostezo suyo y
luego mi mundo desaparece, intercambiado por sueños y recuerdos del
pasado que han sido enterrados desde hace tiempo.
C
laudia está de pie sobre una rejilla de ventilación, su vestido
rosa pálido soplando detrás de ella mientras mira fijamente
hacia mí. Mis manos están firmes sobre la corta pared de
ladrillo que rodea el techo donde estamos filmando. La camisa y el traje
negro que he estado modelando funcionan para este día gris. Miro a la
distancia, hacia el edificio Empire State, luego, lentamente, de regreso a
Claudia.

El clic de la cámara de Bryker se escucha sobre el ruido en las calles


de Manhattan, veinte pisos más abajo. Camino hacia ella, mantengo mis
ojos en la mujer en el vestido quien parece estar flotando mientras la falda
sopla a su alrededor. Lo estoy sintiendo, así que espero que la cámara
capture el impulso vital de lo que estamos tratando de evocar.

Claudia se estira hacia mí, y mientras tomo sus manos trato de


mantenerme concentrado en ella y no en la mujer de al lado, quien
acaba de aparecer tres horas después de mí. Tomando a Claudia por la
cintura, la giro en el aire y luego la bajo hasta que estamos cara a cara,
nuestros ojos fijos en el otro.

Bryker dirige:

—Bésala.

Nuestros ojos se cierran mientras nuestros labios se unen. Soy


cuidadoso con nuestros ángulos, muy consciente de donde está la
cámara mientras el fotógrafo se mueve a nuestro alrededor. Sosteniendo a
Claudia en su lugar, tengo cuidado de no arruinar su cabello y darle a la
cámara el mejor ángulo de mi mandíbula, manteniendo mi promesa a
Reese, darle la perfección a su sesión de fotos. Justo como ella lo pidió.

Bryker nos dice que le hagamos el amor a la cámara, que nos


hagamos el amor el uno al otro, que use los ojos, que bese sus labios, que
dejemos caer los hombros, hacia él, lejos de él, que la haga girar,
moviendo el vestido, que muestre el traje, hacer lo que se sienta natural.

Echo un vistazo y le lanzo una mirada asesina. Sé lo que quiere. Quiere


lo que cada fotógrafo quiere, capturar el momento en su forma más
cruda, encontrar el amor, lujuria, y realismo en los sujetos. Estos sujetos
(Claudia y yo) no están enamorados. Nuestro trabajo es fabricar esas
emociones a través del silencio y nuestros cuerpos, nuestros ojos, nuestra
pasión, jugar a fingir y engañar el ojo del espectador.

Pero la pasión por mi trabajo y “conseguir la toma” no concuerdan


con lo real. Miro a Reese, echando un vistazo mientras nos doy la vuelta.
Ella no está mirando. Todavía se esfuerza porque soy muy bueno en mi
trabajo, convencida de que lo que ve delante de ella es real.

Aquí es donde la fe y la confianza entran en juego, algo que estoy


siendo forzado a aceptar desde que no me permite saber cómo está
“manejando” a su ex.

Bryker nos grita:

»Hemos terminado en esta locación. Empaquen.

Claudia camina hacia el vestuario, y yo me desvió hacia Reese.

—Buenos días.

—Buenos días. Te fuiste temprano. Debes estar cansado.

—He tomado dos expresos.

Se acerca, una comodidad en la acción, pero se detiene y sostiene


sus manos frente a ella.

—Debemos ser cuidadosos.

—Nos dirigimos al apartamento. ¿Vienes?

—No. Tengo dos citas con otros clientes.

Me inclino para besarla, pero me detengo, comprendiendo su lucha


solo segundos antes.

—¿Tomarás el vuelo esta noche?


—Si. ¿Necesitas algo?

—Solo a ti.

Una amplia sonrisa ilumina mi día.

—Me tienes, Danny. Me tienes todo el tiempo.

—He desperdiciado muchos años ya.

—Ambos lo hicimos. —Ella pone más espacio entre nosotros—. Las


fotos se van a ver increíbles. La química es innegable.

—No creas en todo lo que ves.

—Tendré eso en mente, pero por ahora, me tengo que ir.

Justo a tiempo, como si planeara no tener que ver más. Lo entiendo.


No sé cómo me sentiría acerca de verla a ella con otro tipo. Si, lo sé. Sería
una jodida mierda.

—Te veré más tarde. —Me dirijo a Becs.

Reese dice tranquilamente:

—¿Oye, Danny?

Dándome la vuelta, digo.

—Oye, Reese.

Su sonrisa es genuina, detecta a la chica dentro de la mujer de pie


delante de mí. Ella dice:

—Anoche —echa un vistazo a la derecha, y luego de nuevo a mí—,


estuviste increíble.

—Estoy esperando a repetirlo en Paris.

Eso envía la sangre corriendo a sus mejillas y huye, partiendo antes


que alguien más lo note. Pero yo me doy cuenta y eso es todo lo que
importa. La hermosa chica de ojos azules es mía. De nuevo.

Me quito la chaqueta, empezando con la camisa tan pronto como


llego al vestuario. Me bajo mis bóxers antes de dar un paso detrás del
camerino improvisado. Claudia, sin sujetador, está tirando de una
camiseta por encima de su cabeza, mientras me quito la ropa interior de
Vittori y me pongo mis jeans. Ella bosteza.

—Hoy estoy tan jodidamente cansada. No puedo dormir ni mierda en


Manhattan. Nunca me gustó esta ciudad.

—¿Es la ciudad o la fiesta la que te mantuvo despierta?

Con una risa vibrante, golpea su barbilla.

—Puede que tengas un punto ahí.

Ahí es cuando lo veo.

—Límpiate la nariz.

El residuo apenas se ve, pero está allí. Se frota la nariz en su camiseta.

—¿Todo despejado?

—Todo despejado. No tenías eso mientras filmabas, ¿o sí?

—No. —Se agacha y al instante abre su bolso. La mayor parte del


frasco parece vacío. Me alegro de que esté fuera.

—¿Lo necesitas para trabajar?

—Lo necesito para sobrevivir.

Me pongo mi camisa y agarro mi chaqueta de la parte superior del


biombo.

—¿Cuándo se puso así de mal?

—La primera vez que lo probé.

—¿Cuándo fue eso? —pregunto, pensando que probablemente


debería dejarlo ir.

—Tenía dieciséis, y estaba en un rodaje en Italia. El fotógrafo quería


“ayudarme” a ponerme de humor.

Tratando de mantener las cosas casuales, empiezo a sentirme


enfermo mientras me inclino y me pongo mis calcetines y zapatos.
—¿Qué pasó? —pregunto, porque siempre hay más en una historia
que comienza de esa manera. He oído cientos de veces de modelos de
las que se aprovechan todo el tiempo. Son jóvenes, desesperados por
golpear a lo grande. Me imagino que el modelaje es muy parecido a
actuar de esta manera, ambas profesiones llenas de gente que quiere ser
la próxima estrella, el siguiente "descubierto".

Me paro frente a ella, ambos completamente vestidos detrás de una


pantalla en el centro de Manhattan en un día nublado. Ella baja la voz y
dice:

—Tomé las drogas y le di lo que deseaba.

Nuestros ojos se encuentran, una tristeza desesperada en ella que


parece que nunca se disipó. Soy reacio a decir más, pero lo hago de todos
modos.

—¿Las fotos resultaron?

—Nunca tomamos ninguna fotografía. Al menos ninguna para la


campaña que estaba filmando.

Mi estómago se hace nudos.

—¿Él te violó?

—Él diría que estuve de acuerdo.

—¿Tú que dirías?

—Yo no digo nada en absoluto.

Hay algo tan vulnerable a su alrededor, a pesar del nivel duro y


afilado en que consiguió estar. Pero bajo la superficie es algo juvenil e
ingenuo. Esta mujer tiene una parte dañada que nunca sanará. Se ha
atrofiado en una acción que la formó en quien es ahora.

La abrazo.

Ella me devuelve el abrazo.

No hay nada sexual, no hay segundas intenciones, ni juicio. Solo dos


personas que están tratando de sobrevivir en el medio del caos que los ha
criado.
Becs pregunta:

—¿Están listos? El equipo empacó.

Espero a Claudia para responder.

—Sí. —Ella pasa junto a mí como si la conversación que acabábamos


de tener nunca ocurrió. Deja la azotea y con esperanzas un poco de su
dolor detrás.

Cuando salgo, Becs pliega las pantallas portátiles de los vestidores. Se


los quito, ella toma el bastidor, y nos vamos como el resto.

En la parte trasera de la Suburban, Becs dice.

—Ella es muy bonita.

Volviendo la atención de la gente que pasa fuera del vehículo en vez


de en quien está junto a mí, estoy de acuerdo.

—Claudia dio en el clavo esta mañana.

—No estaba hablando de Claudia.

Sonriendo respondo:

—Debería haberlo sabido.

—¿Alguna actualización o vas a mantenerme en suspenso por


siempre?

Bajo mi voz para que el chofer y la maquillista no me escuchen.

—¿Qué te gustaría saber?

—Soy una romántica en el alma. Dime todo.

Me rio entre dientes.

—Probablemente debería dejar de lado algunos de los detalles


sórdidos. Podría ser arrestado en al menos dos estados si se corriera la voz.

—Maldición, esos son los mejores detalles. No los dejes de lado.

Parezco más serio de lo previsto, pero tal vez es porque mi corazón


está hablando por mí.
—Estoy perdido totalmente.

Una suave pero orgullosa sonrisa entra en su expresión. Inclinándose,


envuelve un brazo alrededor de mí.

—Ayyyyy, estarás bien. Es solo nuevo en este momento. Una vez que
te bajes del escenario y pasen tiempo de calidad juntos, apuesto a que
van a ser uno.

—¿Por qué dices eso?

—Por verlos a los dos. —Ella se sienta en su lado del asiento y refleja—.
Hay algo en la forma de moverse cuando están juntos, como si sus cuerpos
no pudieran soportar la distancia. La veo cuando no estás mirando. Te veo
cuando ella no está mirando. Tú eres de la misma manera. Temo cuando
se trata de tu terquedad, también.

—No soy terco, Becs.

—Estás estancado en tus formas y esa forma no está funcionando más


para ti. Tienes que ser honesto contigo mismo y con Reese. El resto de
nosotros no importa.

—He sido honesto con ella. Ella sabe lo que siento. Ella solo está
atrapada en los efectos secundarios de salir conmigo. —Dejo caer la
cabeza hacia atrás—. No quiero perderla de nuevo, pero no sé cómo
aferrarme a ella tampoco.

—El amor no se tiene que aferrar. Está en nuestras venas, fluye a través
de nosotros como la sangre. Es esencial para nuestra composición. Así que
no dejes que tu necesidad de aferrar algo tangible haga que pierdas lo
que hay dentro.

—Deja de ser tan perspicaz —bromeo.

—Eh, es un regalo.

Me inclino y la beso en la cabeza.

—Tú eres un regalo.

Cuando ella me mira, sus ojos están enormes.

—Eso es como llamarme imponente, ¿verdad?


—Mejor que imponente. ¿Ves? No soy tan terco.

Poniendo sus ojos en blanco volvemos a ser juguetones. Las


emociones que Reese y yo sentimos el uno por el otro, se mantendrán
escondidas hasta que nos ocupemos de ello más tarde. Tengo unas
buenas tres horas de trabajo por delante de mí y necesito ponerme en el
estado de ánimo adecuado. Entonces, más tarde, tenemos siete horas de
vuelo a París. ¿Cómo se supone que debo estar cerca de ella durante
tanto tiempo y no tocarla, no besarla o hacer el amor con ella? Esas van a
ser las siete horas más largas de mi vida.
DANNY

L
a sesión de fotos fue toda una promesa.

Pero mientras miro al ex de Reese, y jefe actual, tumbado


en el suelo frente a mí, me di cuenta que en el segundo en que
entró. Ninguno de nosotros tenía una oportunidad.

CUARENTA MINUTOS MÁS TEMPRANO.

—M
írame, Danny —dirige Bryker—. Lo quiero intenso.
Quiero lujuria. Quiero poder. Lo quiero controlado.

Miro directamente a la cámara. Mi mandíbula


tensa mientras contengo la respiración para darle todo lo que me pidió y
aún más. Cuando la suelto, miro hacia abajo y luego hacia arriba. La
cámara no se ha movido, pero yo sí, cambiando de lugar para darle algo
nuevo. Él retrocede, yendo por un gran ángulo. Rey del mundo,
interminables trescientos sesenta puntos de vista de Manhattan me
apoyan mientras me siento en la silla del escritorio. Claudia viene y con sus
manos sobre mis hombros, me hace masajes. La escena del jefe y la
secretaria se desarrolla hasta que deja de posar.

»Esto es bueno. Danny, mira a tu patio de juegos. Eres el dueño de


esta ciudad. Devora las vistas, luego a Claudia. —Le doy la espalda a la
lente, solo mi cabeza y brazos a la vista mientras miro hacia adelante.
Claudia enfrenta a la cámara, luego dirige su atención hacia mí. La
agarro, tirando de ella en mi regazo. Sus piernas suben mientras vuelvo a
girar, la escena es juguetona hasta que veo a Reese y a su ex de pie en la
puerta de la habitación. Él tiene los brazos cruzados mientras me mira con
desaprobación.

La preocupación arruga el rostro de Reese, su labio inferior metido


debajo de sus dientes superiores. Vuelvo mi mirada hacia Claudia cuando
toma mi mandíbula y me redirige.

—Mírame, Danny —susurra—, solo yo.

Tomando mi mano, la pasa sobre su pierna desnuda y más arriba bajo


el dobladillo de su falda.

»Solo yo —repite seductoramente.

Me lamo los labios y aunque quiero mirar a Reese (quiero tocar a


Reese de esta manera) redirijo el deseo hacia la modelo a la que me
pagaron por desear. Ella se inclina y me besa. Mis ojos se cierran para
bloquear a Reese, pero la oscuridad detrás de mis párpados está llena de
imágenes de ella... su rostro cuando me mira mientras la follo, la forma en
que su labio es tirado y liberado en el momento en que se corre, sus ojos
mientras me observa tomarla con mi boca.

¡Joder!

Mis ojos se abren de golpe. Claudia me mira y me pregunta:

»¿A dónde has ido?

Me levanto abruptamente, poniéndola en pie.

—Necesito cinco.

Bryker balancea el brazo en el aire.

—Todo el mundo tome cinco.

Me dirijo directamente hacia Reese, manteniendo los ojos fijos en los


suyos. Ella hace la sacudida de cabeza más minúscula y camino pasando
hacia el guardarropa, ubicado en la otra habitación.

Becs pregunta:

—¿Danny?
Sigo moviéndome por la puerta, necesitando aire, el aire del
apartamento es rancio en mis pulmones. En los ascensores, golpeo el
botón del vestíbulo. Cuando las puertas se abren, me precipito hacia la
parte de atrás y me doy la vuelta. Reese está allí. Ella entra y presiona el
botón para cerrar las puertas.

Tan pronto como lo hace, está pegada a mí, pecho a pecho. Sus
manos pasando por mi cabello mientras la sostengo por los hombros,
besándola. Besándola tan fuerte, como si pudiera desaparecer. Los pisos
pasan y no perdemos ni un segundo. Agarro sus perfectas tetas en mis
manos y aprieto, haciéndola gemir en mi boca.

El piso del vestíbulo es anunciado y volamos a lados opuestos del


ascensor. Nuestra respiración coincide, errática y pesada. Sus labios están
separados e hinchados por mis labios. Mis jodidos labios. Soy su dueño. Ese
idiota puede irse a la mierda si piensa que alguna vez va a tocarla de
nuevo.

Ella sale y la sigo en silencio, ambos nos dirigimos a las puertas


delanteras del vestíbulo. Ha estado lloviendo desde que hemos estado
arriba, el suelo está húmedo. Unas cuantas sombrillas sobre las cabezas
mientras la acera permanece llena de gente a pesar del mal tiempo.

Reese se detiene y yo estoy a su lado. Dice:

—No lo hagas.

—¿Qué?

—Sabes qué. No hagas lo que estás haciendo. Si yo puedo verlo, la


cámara puede leerlo.

Me vuelvo hacia ella.

—¿Qué estoy haciendo, Reese?

—Estás imaginando lo peor.

—Estoy imaginando tu vida antes de mí.

—Keaton y yo nos separamos hace más de un año. No era así, como


es ahora. No era posesivo.
—Yo lo soy.

—No es lo mismo. Él se ha vuelto obsesivo. Me perdió. Ahora solo soy


un premio para él.

—¿Tú rompiste con él?

—Si. Creo que soy la primera, así que no lo maneja bien.

—Si ha pasado más de un año, ¿por qué cree que todavía tiene una
oportunidad?

Se aleja del tráfico de peatones, bajo la cubierta del gran toldo verde
bosque que franquea la entrada del edificio.

—No lo hace. Créeme.

—Lanzas confianza alrededor como si eso hiciera que esta confusión


que siento por dentro se alejara, ¿acaso no ves que confío en ti? Pero ese
idiota... de ninguna manera confiaré en él.

Mi declaración trae una sonrisa a su rostro.

—Siento lo mismo. —Revisa su reloj. Tomo una respiración profunda. En


realidad, los pocos momentos con Reese son mi respiración profunda. Mi
calma—. Deberíamos regresar. Como dicen, el tiempo es dinero.

Tomando el ascensor, nos colocamos el uno junto al otro, nuestros ojos


en el otro. No hay una sesión frenética de besos. Los anteriores besos
enloquecidos provenían de una incertidumbre que necesitaba ser
reclamada. La he reclamado y ella me ha reclamado a mí. Nuestros
sentimientos fueron establecidos.

Las puertas del ascensor se abren en el piso cuarenta y dos y me


encuentro cara a cara con él. Tiene el valor de invitar a Reese.

—Me estaba preguntando a dónde habías ido. Vamos a llegar tarde


a nuestra reunión. —Sus ojos golpean en mí, y dice—. Tenemos asuntos
privados que discutir, así que probablemente deberías ponerte más
maquillaje y ponerte bonita para que te tomen fotos

Reese pregunta:

—¿Qué asuntos?
Él le susurra en el oído, su mano alrededor de sus hombros como si
tuviera derecho a abrazarla, y mucho menos tocarla. Ella sale de debajo
del brazo y sigue caminando.

—¿Ya te has olvidado? Estás en horario de Klein. Estaba pensando


que podíamos tomar bebidas en el Pueblo. Sé cómo te gusta eso de bajar
con esa muchedumbre ecléctica.

Sacudiendo una mano le dice:

—Ve. Tengo cosas que hacer aquí.

—¿Cuál sería el punto de irme solo? —pregunta él, siguiéndola—. ¿Y


qué asuntos tendrías aquí?

Los tres volvemos a entrar en la oficina de nuevo, mis manos en puños


a mi lado mientras el pestilente mosquito rodea a Reese. Bryker camina
con el medidor de luz cuando me ve.

—Párate aquí, Danny. Creo que esta será una buena toma sin que la
luz del sol entrado te ilumine.

Keaton se burla de mí.

—Sí, Danny, haz lo que te dicen y terminemos con esta sesión Tengo
una cita que parece negarse a salir hasta que termine el rodaje.

Soy empujado.

Le da un codazo a Reese, que no se ríe, y le dice:

»Gracioso, ¿no? Parece que quiere…

—Cállate, Keaton —lo interrumpe.

Becs parece incómoda y Bryker intenta ignorar la tensión que se forma


fuera del set. Claudia baja el teléfono y mira hacia arriba.

Mientras estoy de pie donde Bryker me quiere, observo cómo Keaton


toma a Reese por el brazo.

—Es hora de irnos.

Liberándose, ella le advierte:


—No me digas qué hacer.

—Alguien tiene que hacerlo.

Cuando él la toma por el brazo de nuevo, digo:

—Déjala.

Todos los ojos en la habitación se vuelven hacia mí, pero mis ojos se
quedan donde necesitan estar: en ella.

—¿Qué me dijiste?

Mi mirada se desplaza a su derecha.

—No vuelvas a tocarla.

—Los celos dan una apariencia fea y teniendo en cuenta tu


apariencia es todo lo que tienes para ofrecer, te sugiero que cuides tus
amenazas. —Sorprendiendo a Reese, envuelve un brazo alrededor de su
cintura.

Mientras ella se libera, ya estoy en movimiento antes de tener la


oportunidad de reflexionar. La cosa es que (mientras lo veo caer al suelo)
no me arrepiento de golpearlo. Solo lamento no haberlo hecho antes.

Jadeos llenan la habitación, uno de ellos es de Reese, mientras


sostiene sus manos sobre su boca. Cuando nuestros ojos se encuentran
sobre el hombre lloroso y de nariz sangrante que está entre nosotros, un
entendimiento se comparte a través de esa mirada. Veo más allá del azul
y su alma. No se trata de él. Todo lo que sentimos el uno por el otro es solo
acerca de nosotros. Solo nosotros. No importa, y ahí es cuando lo siento.
Ella me ama.

Sonrío porque también la amo. Entonces soy derribado, cayendo de


cabeza, literalmente. Golpeo el suelo aterrizando en mi culo. No, el cabrón
no lo hizo. Estoy de pie de nuevo antes de que pueda parpadear. Un giro
más rápido se conecta, enviándolo hacia abajo para el conteo.13

Él sostiene su rostro, gimiendo,

—Estas tan jodidamente muerto. ¡Pagarás por esto, niño bonito!

Hace referencia al conteo en una pelea de box.


13
—Está bien —respondo—. Valió la pena.

Se pone de rodillas, todavía amenazándome lo más fuerte que


puede.

—Voy a demandarte hasta el culo. Te veré en la Corte, hijo de puta.

Reese está de pie en estado de shock, al igual que Becs. Becs corre
para asistirme.

—¿Estás bien? lució como una mala caída. Has estado así de cerca
—dice sosteniendo sus dedos a cinco centímetros de distancia—, de
golpearte la cabeza sobre el escritorio.

Sin hacerle caso, le digo:

—Estoy bien

Claudia se levanta de la silla de cuero al otro lado del escritorio, con


aspecto aburrido.

—¿Ya no estamos rodando o qué?

Todos la miramos fijamente. Bryker dice:

—Creo que tengo todo lo que necesitamos.

Ella responde:

—Bien. Hoy es mi día para comer y me muero de hambre.

El suspiro dramático de Reese se puede escuchar mientras pone los


ojos en blanco.

—¿Puedo por favor comprarte una hamburguesa?

Claudia la mira.

—No como carne. Pero tomaré un tazón de guisantes.

El idiota está de pie.

—¿Guisantes? ¿Qué carajos? ¿Están todos locos? ¿Por qué nadie me


ayuda? Tráiganme una jodida bolsa de hielo.
Becs hace un movimiento hacia la puerta.

—Tengo una en mi botiquín de primeros auxilios. Venga conmigo.


Danny, te traeré una para tu mano.

Tan pronto como salen de la habitación, me rio. Reese sonríe. Bryker


sacude la cabeza.

Entonces él vuelve y exige:

—¡Reese! Vámonos.

Miro sus hombros caer mientras se debate. Me mira, pero sabe lo que
siento por su demanda, sin embargo insiste:

—Yo me encargo.

Sabiendo que necesita mi apoyo más que mi juicio, asiento pero sigo
enojado.

—¿Y qué sobre el vuelo a París?

—Estoy en ello. Hablaré con Vinnie y le explicaré, pero estamos


avanzando con esta campaña, ya sea que Publicidad Klein esté
involucrada o no.

La observo alejarse odiando el temor que me llena. Sé que tengo que


dejarla ir para manejar esto por su cuenta, pero no se quita el retorcijón en
mi intestino sabiendo que va a verlo. No le daría ni la cortesía de incluso
decirle que deje de fumar si yo estuviera en sus zapatos. Pero esa no es
Reese y la respeto por eso.

Becs se acerca a la puerta y curva su dedo.

—Vamos, vamos a sacarte de ese traje y espero que no haya sangre


en él.
E
stoy en la entrada del avión esperando ansiosamente. No ha
habido ningún rastro de Reese y ella no ha llamado o
contestado su teléfono. Tengo un texto diciéndome que vaya a
París aunque ella no logre tomar el vuelo.

—Señor —la azafata me da un golpecito y dice—: Necesitamos que


aborde. Esta es la última llamada de embarque.

Miro el texto una vez más:

Te veré en París. Lo prometo.

Abordo por su deseo y me acomodo en el asiento de primera clase.


Justo cuando apago mi teléfono, una ráfaga de conmoción ocurre en la
entrada del avión. Levanto la vista para ver a Reese acercándose a mí.
Ella cae en el asiento a mi lado y mete un gran bolso debajo del asiento.
Está radiante. El cabello salvaje, ojos brillantes, ropa casual. Dice:

—Renuncié.

La miro conmocionado. Y con asombro. Mi orgullo por ella inunda mi


voz.

—¿Lo hiciste?

—Lo hice. —Ella está asintiendo y exuberantemente embelesada.

—¿Y qué pasa con tus responsabilidades?

—Estoy a cargo de esta campaña. Conseguiremos las fotos que


necesitamos y luego... No lo sé. Tengo algunos ahorros. No mucho, pero
algunos. Volveré y encontraré un nuevo trabajo.

Tomando su mano en la mía, me inclino hacia atrás.

—¿Y por qué hiciste esto?

—Por mí. Por nosotros. Por mi alma. Dios, me siento tan bien en este
momento. —Me mira con una nueva esperanza a la que no he tenido
acceso desde que nos miramos el uno al otro en ese primer encuentro en
LA—. Vaya peso me he quitado.

Pero bajo el alivio que siente, en lo alto del subidón que está
cabalgando, empiezo a preguntarme cómo se sentirá cuando baje.

—¿Qué pasó?

—Se lo dije. Se lo conté todo.

—Sé más específica, Reese. —Trato de mantener la dureza fuera de


mi voz, pero a través de su esperanza, no puedo dejar de pensar que voy
a ser la razón por la que lo pierda.

La azafata nos hace pausar. Ordeno agua y Reese ordena vino. Se


vuelve hacia mí y se ríe.

—Deberías haber visto la expresión de su rostro, Danny. Habrías estado


tan orgulloso de mí.

—Ya estaba orgulloso de ti. Ahora, por favor, dime qué pasó.

—Volví a la oficina y le dije lo que realmente siento por él. Entonces le


dije que terminaría esta campaña y le daría mi notificación de dos
semanas antes de irme.

Sería fácil arrastrarse en su deleite, pero mis instintos con respecto a un


hombre como Keaton Klein están generalmente in situ 14 . Con miedo
entrando en mi estómago, pregunto:

—¿Cómo reaccionó ante eso?

—Ya ni siquiera me importa. Me ha controlado durante demasiado


tiempo. Sentí que no tenía opciones, ni salidas. Compré mi apartamento
porque tenía ese trabajo y seguridad. Pero con el tiempo me di cuenta de
que no iba a dejarme ir. Ni siquiera importaba que él no me quisiera. Yo era
solo esa cosa que él no deseaba que nadie más tuviera.

—Si te desea, no te va a dejar ir tan fácilmente.

—No tiene elección. Una vez que me di cuenta de que podía vender
el apartamento, vi que tengo opciones. No quiero estar atada por cosas

14 In Situ: En español, en su lugar, en su sitio.


cuando puedo estar viviendo una vida más plena. No necesito ese
trabajo. Puedo encontrar otro. —Se toca su pecho—. Tengo el control de
mi vida otra vez. Danny, podemos estar juntos. Puedo vivir en cualquier
lugar. Deberíamos estar celebrando. ¿No es esto lo que querías?

—Quiero todo eso. Quiero que seas feliz. No quiero que esté cerca de
ti nunca más...

—No lo estaré después de esta campaña y eso me hace feliz. Estar


aquí contigo me hace feliz. Un futuro lleno de posibilidades me asusta
como la mierda, pero estoy feliz porque necesito tener miedo. Necesito ser
desafiada otra vez. Necesito empezar a vivir mi sueño.

—¿Con qué sueñas?

—Sueño contigo.

—No tienes que soñar conmigo. Estoy aquí. Ya soy tuyo. Siempre lo he
sido. —Apoyándome sobre el reposabrazos, la beso en la frente y le aprieto
un poco más la mano—. Te amo.

—Yo también te amo. Muchísimo.

Sentándome en mi lugar cuando la azafata regresa con nuestras


bebidas, no puedo ignorar mi estómago. Esto va a volar en nuestras caras.
Si hay algo que he aprendido sobre su ex, es que no le tiene miedo a los
golpes bajos. La jodida comadreja.
REESE

E
stamos iniciando nuestro descenso.

Abro los ojos para encontrar a Danny frotándome la

— pierna suavemente para despertarme. Me muevo,


sintiéndome aturdida.

—Solo quería cerrar los ojos por un minuto.

—Ser un maldito rompecorazones toma energía.

Su sonrisa me calienta, así que alzo la mano y ajusto la salida del aire
encima de mi cabeza, con la esperanza de enfriarme antes de que lo
note. Masajear mis sienes alivia el inicio del dolor de cabeza que se está
formando.

Pregunta:

»¿Cómo te sientes? —Escucho el temor en su voz.

—Estoy bien —respondo apoyando mi mano en su muslo, deseando


tocarlo más, pero sabiendo que ahora no es el momento adecuado. Más
tarde. Definitivamente más tarde—. ¿Por qué suenas tan preocupado?
Todo con el rodaje sigue avanzando.

—No estoy preocupada por mí, Reese. Lo estoy por ti.

—¿Por qué?

—Porque creo que anoche actuaste sin medir las consecuencias.

—¿Pensé que estarías feliz? Ahora él está fuera de nuestra vida.

—Su empresa sigue a cargo del rodaje. Y Klein no parece ser el tipo
de hombre que lo deja ir. No debería haberlo golpeado. Dos veces. Pero
me provocó. Odio que perdí la paciencia. No vale la pena.
—Te estaba humillando Danny.

Se ríe entre dientes.

—No soy ingenuo. Sé cómo se sienten las personas con respecto a los
modelos. Solo miran la superficie. Sin juego de palabras. Pero me tomo mi
trabajo en serio, me ha dado una vida que no podría experimentar o
pagar. Pero más que eso, respeto a todos los que forman parte de la
industria. Conocí a mucha gente por el modelaje. Así que cuando me
degrada, está degradándolos a todos ellos. Y por eso lo golpeé. Dos
veces.

—Fue caliente.

—¿Qué? —Me mira sonriendo.

—Que lo golpearas. Fue caliente. Y lo caliente no viene del hecho de


que fue él a quien golpeaste. Fue la forma en que el traje se tensaba en
tus bíceps y cómo tus ojos estaban fijos en él. No tenía ninguna posibilidad
contra ti. Me recordó a la universidad.

—De todas las cosas que intenté que recordaras, esa no es una de
ellas. Me estoy volviendo demasiado viejo para esa mierda. Se supone que
estoy madurando.

—Oh, has madurado —afirmo, deslizando mi mano más arriba de su


pierna—. Sí, de hecho.

—¿Estas borracha?

—No —respondo, cuestionando por qué me preguntó eso—. ¿Por


qué?

Sus ojos se entrecierran, pero sus labios contienen diversión.

—Estás solo tan... no como tú.

—¿Eso es algo malo?

—No. Es bueno. Y tú eres como tú, pero no como la Reese que eres
para trabajar. La tú de los negocios.

—¿La yo de los negocio? —Ahora estoy entrecerrando mis ojos,


perpleja—. No sabía que estaba poniéndome en diferentes papeles. Lo
haces sonar como si no fuera divertida. Soy divertida. Toneladas de
diversión.

Señalando, se ríe.

»Eso. ¿Ves? Justo ahí. Toneladas de diversión. ¿Qué es eso?

—No lo sé. Solo estalló en mi cabeza y lo dije.

—Eso es lo que quiero decir. Por lo general, no dices nada a menos


que sea escrupulosamente elaborado y luego presentado con precaución
y cuidado.

—No hago lo que dices. —Espera, ¿lo hago? Maldición, puede que
tenga razón. Creo que realmente podría ser elaborado lo que digo—. No
lo hago mucho de todos modos.

Sonríe y toma mi mano delicadamente.

—Me estás poniendo duro. A menos que planees seguir directo a follar
en primera clase, vamos a dejarlo ir.

¿Por qué es tan caliente cuando jura por la frustración y la liberación


sexual? Solo todo lo sexual. Es aún más caliente cuando está jurando.

—Estoy dispuesta a seguir directo a follar justo aquí. Si así lo quieres.

—¿Tomaste drogas?

Lo golpeo, y se ríe bloqueando el segundo golpe, y aclaro:

—No, tampoco estoy drogada. Jesús, me haces sonar horrible.

Alzando el apoyabrazos, me abraza y me acerca lo más posible.

—No lo hago en absoluto. Te encuentro increíblemente sexy estés en


modo negocios o no, así que no lo tomes por el camino equivocado. Solo
he tenido vislumbres de la despreocupada Reese desde que volvimos a
vernos. La tuve completa en Marfa.

Los recuerdos de Marfa me hacen sonreír.

—Lo hiciste. —Incorporándome en el asiento mientras el avión toca


tierra—: Estoy feliz. Me siento más viva sin esa soga alrededor de mi cuello.
—Para que conste, Reese, me gusta cada faceta de tu actual sonrisa.
—Con su sonrisa de marca del millón de dólares, dice—: Y si la oferta por
seguir directo a follar aquí todavía está abierta, estoy en el juego.

El avión se detiene en nuestra puerta y me encojo de hombros


fingiendo indiferencia.

—Me temo que la oferta ha caducado.

Inclinándose, pone sus labios contra mi oreja y susurra:

—La tomaré más tarde. —Se aleja con un beso en el cuello,


aposentándose en su silla como si no hubiera enviado una oleada de sexy
electricidad por todo mi cuerpo. Lo ha hecho. Sí lo hizo.

En la reclamación del equipaje, nuestra cercanía se ha vuelto obvia


para todos: Bryker, Becs, Claudia, no nos molestamos en esconder nuestros
sentimientos. Sujeta mi mano mientras esperamos que nuestras maletas
caigan por la cinta. Lo miro, pero no alejo la mano. En lugar de eso, la
aprieto, manteniéndolo así.

Cuarenta y cinco minutos más tarde, Danny se encuentra de pie con


los demás en el vestíbulo de nuestro hotel en París mientras yo resuelvo lo
de las habitaciones. Después de dar las llaves a Bryker, Becs, y Claudia, se
van, y digo:

—Acabo de ahorrarle dinero a la compañía.

—¿Cómo es eso?

—Nos vamos a quedar juntos. Ahora estás atascado conmigo.

—No puedo pensar en otra persona con quien prefiera atascarme.

—Dice las cosas más dulces, señor Weston —respondo, sacudiendo mi


trasero para su beneficio mientras camino hacia los ascensores.

—Hablando de culos increíbles…

—No estábamos hablando de culos.

—Ahora lo estamos, y el tuyo es el mejor. Sacúdelo para mí, nena.


Lo hago. Agito el culo con descaro solo porque lo pidió. No es el
mismo culo que tuve en la universidad, así que me alegro de que le guste
tanto, y estoy feliz de complacer su deseo.

Al entrar en la habitación, me libero con una profunda exhalación, del


peso de todo lo que estaba en mis hombros y mi corazón. Se siente bien ser
libre. Se siente muy bien estar con Danny. Me acuesto en la cama y cierro
los ojos.

—Dormí, pero estoy muy cansada.

—Debemos permanecer despiertos para ponernos al día con el


desfase horario.

Giro de costado y apoyo la cabeza en mi mano. Mirándolo moverse


por la habitación, sonrío mientras pone nuestras maletas junto al armario.
Decido bromear, aunque es realmente una broma envuelta en verdad.

—Eres muy guapo. ¿Lo sabes?

—Me lo han dicho.

Estoy alcanzando la almohada para lanzársela, pero aterriza a mi


lado y atrapa mis brazos sobre mi cabeza antes de que tenga una
oportunidad.

»¿Quieres jugar? —Sé que quiere decir una pelea de almohadas,


quizás de cosquillas, ser tontos, pero hay algo en su voz que le habla
directamente a mis partes inferiores, haciendo que mis caderas busquen
las suyas. Se cierne sobre mí y no hay pelea. Lo deseo. Solamente lo hago.
Desde su cuerpo hasta su encanto, desde su mandíbula a sus bromas,
desde sus abdominales a su sinceridad… todo acerca de este hombre me
convierte en un demonio sexual. Pero más que el físico, nuestros corazones
hablan el mismo idioma.

—Me haces sentir, Danny.

—¿Sentir qué? —susurra, besando mi hombro.

—Todo a la vez.

Coloca un beso en mi cuello.


—¿Es demasiado?

—Siempre es demasiado... y nunca suficiente. —Mis ojos se cierran y


murmuro—: Nunca suficiente. —¿Cómo viví sin esto? ¿Cómo viví sin él?
Durante años después de irme, pensé que lo veía. Un hombre en la calle.
Un chico de cabello oscuro en la fila del supermercado. Pensé que
vendría. Pero parece que nuestra angustia se transformó en terquedad u
olvido. Su vida era emocionante, su fama crecía. Siguió adelante sin que
yo fuera parte de ella. Miré las revistas. Lo miré en línea. Mi vida fue un duro
y aburrido contraste con el glamuroso mundo en el que vivió. Trabajé mi
trasero durante años por los elogios más simples, por miserables aumentos
de sueldo, para construirme un nombre en publicidad.

Irónicamente, nuestras vidas han estado tan intrínsecamente


conectadas, pero nuestro amor fue disuelto, empujado al final de nuestras
prioridades. Enterrado. Me sumergí en el trabajo así el dolor y las lágrimas
no me aplastarían. Viviendo en un estado de perpetua negación, nos
negaba y a los recuerdos que me perseguían. Cerré mi corazón a esa
parte de mi alma y me mudé a Nueva York.

Mis logros fueron huecos hasta que Vittori me permitió aventurarme en


el pasado, para recordar, para permitir la apertura. ¿Cómo sobreviví sin sus
brazos a mí alrededor?, ¿sin él? Lo que estaba vacío ahora está lleno de
sentimientos: felicidad, amor, paz. Tumbada en sus brazos, me doy cuenta
de lo tonto que había sido pensar que podría estar sin él. No hay yo sin él y
por cómo me mira, no hay él sin mí.

Era la pieza perdida de mi alma.

Estará para siempre en mi corazón.

Siempre será mío.

Y yo suya.

Sus labios encuentran los míos en un giro de pasión, acaricia mis senos
mientras roba mi aliento. No hay necesidad de preliminares. Nuestras
caderas se frotan desenfrenadas, necesitando más, anhelando sentirlo
completándome de nuevo.

Mi blusa es alzada y mi sujetador bajado. Su boca cubre uno de mis


pezones, prodigándole caricias con su lengua, haciéndome gemir.
Alcanzo y tiro de su cinturón y gano la batalla antes de abordar el botón y
la cremallera. Una sombra recorre mi pecho mientras su barbilla me roza,
haciendo que mis deseos salgan a la superficie.

»Danny —susurro, demasiado débil bajo este hechizo sexual para


invocar más.

Se libera, sin ropa interior debajo de sus pantalones. Mi mano se


envuelve alrededor de la vara… suave piel sobre duro musculo. Está duro
por mí. Mi cuerpo se relaja por el suyo, bajo la influencia de cuánto nos
afectamos el uno al otro.

Mis jeans son desabrochados con la misma rapidez, la cremallera


bajada. Su mano está dentro de mis pantalones antes de que pueda
recuperar el aliento. La conversación de almohada se vuelve sucia.

—Estás tan mojada para mí. ¿Me quieres dentro?

—Sí, mucho.

Sus labios están en mi oreja. Fuertes dedos empiezan a trabajar donde


más lo quiero.

—¿Te gusta que te folle así con mis dedos?

—Sí. Así. Demasiado. —Mi cabeza se inclina hacia atrás, mi mente se


vuelve borrosa con las sensaciones.

Pero entonces se detiene, y pregunta:

—¿O quieres que te folle apropiadamente?

Solo quiero correrme. Dios. Tanto. Demasiado. Demasiado de todo


con este hombre. Con un aliento estabilizo mi mente, permitiéndome
pensar.

—¿Cómo quieres follarme?

—Desde atrás.

Si no estuviera ya acostada, seguramente colapsaría bajo su certeza.

—Quiero eso.
La comisura derecha de su boca se inclina hacia arriba. En cualquier
otra persona, la media sonrisa parecería siniestra, complaciente o tortuosa.
En Danny, no solo quiero arrancarnos la ropa, sino quemarla para que nos
quedemos desnudos así para siempre.

»Quiero eso —repito sin ninguna razón, debo estar perdiendo mis
sentidos otra vez. Él me hace eso.

—Así que para ser claro. ¿Quieres que te folle por detrás?

—Buen Señor. —Muerdo mi labio inferior—. ¿Por qué es tan caliente?

—¿Qué?

—Que me hables así.

Sus ojos están fijos en los míos. Su voz es firme y segura.

—Todos los demás te tratan como si fueras frágil. Yo te trato como te


gusta ser tratada… follable.

—Danny, fóllame. Ni siquiera me importa con qué. Solo te necesito


dentro de mí.

Se ríe entre dientes.

Inhalando profundamente en protesta, no apruebo la falta de su


toque.

Deslizándose de la cama, se desviste totalmente antes de devolverme


su atención. Descalzándome primero, y luego sacando mis jeans, me mira
mientras me quito la blusa y el sujetador. Mi respiración es más pesada de
lo que me gustaría, pero no me siento consciente delante de él. No
cuando está mirándome como si fuera el aire que necesita respirar, la
comida que lo sostiene, el agua que lo mantiene vivo. Me observa como si
nadie más que él me hubiera visto. Estoy atrapada en la cama bajo su
mirada abrasadora y el corazón late en mi pecho, golpeándolo mientras
espero.

El suspenso me hace retorcer mientras se centra en mí. El peso de su


cuerpo es una dulce presión, el mío se adapta para mantenerlo
exactamente donde está. Pregunta:
—¿Necesitamos condones? —Su pregunta no me hace pensar en las
vidas que vivimos separados. Como sería la conjetura de la mayoría. Es
genuino. Su pregunta nos protege tanto a mí como a él, sino incluso aún
más.

—Confío en ti —respondo—. ¿Confías en mí?

—Lo hago —afirma y me besa—. Confío en ti. —Reajustando su


cuerpo, sus labios se separan mientras deslizo las puntas de mis dedos
sobre el rastrojo que cubre su mandíbula.

Extendiendo mis piernas, se apodera del espacio entre ellas sin


disculparse. Mis manos se deslizan sobre sus musculosos hombros y continúo
sabiendo que nuestra conexión va a intensificarse. Antes de que tenga la
oportunidad de moverse, digo:

—Ve despacio.

Con una sonrisa, responde:

—Pensé lo que querías rápido.

—Quiero decir con nosotros.

Chispas de comprensión invaden sus ojos. Me aparta el cabello hacia


atrás y luego acuna mi rostro.

—Voy a ir tan rápido o lento como quieras, nena. Te dejaré guiar.

Su mirada es demasiado intensa, sus sentimientos se manifiestan


libremente. Desvío la mirada y me concentro en el espacio entre nuestros
pechos.

—Deja de ser tan perfecto.

—Viene naturalmente.

—Eso es lo que me preocupa.

—Reese, mírame.

—No puedo.
—Puedes. —Cuando al fin levanto la vista, me encuentro con sus
dulces, claros, brillantes y seductores ojos marrones—. No soy perfecto. No
te engañes. Pero siempre estuvimos bien juntos. Siempre fue así.

—Entonces, ¿por qué no lo logramos la primera vez?

—No estábamos listos.

—¿Listos para qué? —Contengo el aliento.

—Listos para por siempre.

Listos para por siempre.

Bajo la mirada, el impacto de sus palabras me golpea en el corazón.

Listos para por siempre.

Dios, cómo amo a este hombre. Tomo su rostro entre mis manos,
levantándome hasta que nuestros labios se encuentran. Su lujuria. Mi
determinación. Su paciencia. Mi precipitación. Estamos equilibrados en el
más simple de los placeres. Cuando nos separamos, suspiro satisfecha. Con
nuestros labios aun tocándose, exclamo:

—Voy a voltearme.

Se separa y me giro sobre mi estómago.

—Soy tuya, Danny. Mi cuerpo es tuyo. Ahora fóllame como prometiste.

Al igual que en cualquier otro momento, se toma su tiempo, pasando


sus dedos sobre mi espalda, escribiendo mensajes que no puedo
interpretar. Hasta ahora.

Te.

Amo.

Se me eriza toda la piel, mi alma desnuda ante la suya, exposición


que solo ocurre cuando nuestros corazones son honestos. Mis ojos se
cierran. Yo también te amo. Lleva sus manos por mis costillas y más abajo
en una línea serpenteante Se levanta, atrayendo mis caderas hacia él. Su
pecho está presionado contra mí y su lengua encuentra mi columna
vertebral. Lentamente, oh tan lentamente, se burla torturándome, dejando
un sendero húmedo hasta que alcanza mi espalda baja. Masajea en
círculos con los pulgares, me arqueo. Sus manos aprietan mientras su
lengua encuentra la parte superior de mi hendidura.

—Voy bajar en ti. —Me da una advertencia justa.

Es rápido. Su cabeza se desliza entre mis piernas, de espaldas sobre la


cama.

»Más despacio.

Me inclino hacia su magistral boca, pero me aparta y me sostiene en


el lugar. Descansando la parte superior de mi cabeza en la almohada
debajo de mí, abro mi boca necesitando aire. Utilizo una de mis manos
para tocarlo como pueda… el cabello, la oreja, la mandíbula y luego el
cuello. Cuando vuelvo sobre su mandíbula, puedo sentir la fuerza cuando
esta se abre y cierra, me succiona dentro de su mundo, dentro de su boca.

Como si se les indicara hacerlo, mis caderas comienzan a girar y


terminan justo donde necesitan estar.

—Justo ahí. Dios, sí, Danny.

Responde con un gemido lujurioso como si no pudiera conseguir


suficiente de mí a pesar de mis valientes esfuerzos para aguantar más
tiempo, sucumbo en su talentosa boca. Tan pronto como los temblores
cesan de dispararse a través de mi cuerpo, Danny se está levantado y
posicionado.

—Joder —dice, cuando la punta de su polla toca el calor húmedo en


el ápice de mis muslos—. Estás tan caliente, nena.

—Estoy quemándome viva, me haces sentir tan bien.

Su polla entra, su paciencia desaparece.

—Estás jodidamente ardiendo.

Exhalo mientras reemplaza el aire que una vez llenó mi cuerpo con el
suyo propio. Inhalándolo en mí, encuentro la paz en medio del éxtasis.

—¡Oh, Dios! —Me sacudo, otro orgasmo golpeándome con fuerza.


Se mueve más rápido, su aliento cubre mi espalda mientras nuestros
cuerpos se deslizan juntos. Cada empuje marcado con un gruñido que
viene de lo profundo de su pecho. Un canto de persuasión sale de su
lengua.

—Te amo, Reese, hermosa Reese.

Entonces se está corriendo sin barreras entre nosotros, mi cuerpo


reacciona al pulsar. Empuño las sábanas debajo de nosotros y me dejo ir,
cayendo como si ambos ya nos tuviéramos, de nuevo una vez más.
REESE
L
a sesión de fotos es la perfección, justo como esperaba. Puedo
haber renunciado, pero mi trabajo está hecho oficialmente una
vez que finiquitamos. Una escena en el exterior mañana y estoy
libre de Publicidad Klein y Keaton para siempre. Él no será capaz de
argumentar que no fui fantástica en mi trabajo. No con la campaña de
Vittori en mi currículum.

Cruzo los dedos para que él no envíe a nadie para joder las cosas, tal
como amenazó. Solo mantendré un ojo abierto por si acaso.

Apoyada contra la pared detrás de un gran ventilador, miro a Danny


y a Claudia de pie en traje formal contra una pintoresca ventana que
destaca a la Torre Eiffel en el fondo. Están fingiendo ser lo que Danny y yo
somos, enamorados. Ya no tengo ninguna duda en mi corazón o en mi
cabeza.

Él siempre fue el único.

Simplemente me desvié ingenuamente del camino correcto. Así que


viéndolos ahora, puedo decir la diferencia. La veo en su cuerpo, en la
forma en que él la mira, en la forma en que la toca. No es lo mismo que
cuando está conmigo. Él es sexy, incluso con ella, y la cámara nunca se
dará cuenta de la diferencia en su relación. Pero yo lo haré. Lo hago.

Sonrío y él me mira, atrapándome, enviándome una pequeña sonrisa


que no se ve en su boca, sino en sus ojos. Él es tan guapo, más aún en el
esmoquin que adaptaron para él. Cuando Bryker declara el final del
rodaje de hoy, encuentro a Danny en el enfriador de agua.
—Hola —le digo, como una colegiala que habla con su flechazo. Me
encojo de hombros sabiendo que soy ridícula, pero no me importa. Estoy
enamorada y él me hace sentir mareada.

Su ceja se levanta divertida.

—Hola allí, guapa. —Me consigue un cono de agua antes de llenar el


suyo. Cuando se levanta, convida—: Estás horriblemente sonriente hoy. Es
bueno verlo.

—Es bueno sentirse feliz.

—Anoche, estuvo bien.

—Lo estuvo. —Me río de nuevo, como si hubiera desencadenado el


efecto de Pavlov, solo por la mera mención de anoche.

Mete algo de mi cabello detrás de mi oreja y me besa la mejilla.


Luego susurra:

—Espera hasta que descubras lo que tengo reservado para ti esta


noche.

Lamo mis labios y trago con fuerza.

Un golpe en la puerta llama la atención del equipo.

—Pensaré en ello. —Me escabullo lejos, aunque estaba disfrutando de


ese lugar con él en la esquina. Me pregunto qué hay del otro lado de esta
puerta, ruego que no sea un espía enviado por Keaton. Cuando abro la
puerta, un hombre francés (alto y de cabello oscuro, con los labios finos
tan apretados que uno podría pensar que estaba chupando un limón)
pregunta con un fuerte acento:

—¿Daniel Weston?

Danny llega a la puerta y el hombre le entrega un sobre.

—Me han pedido que le entregue esta carta y que le diga en nombre
del remitente que se considere demandado.

—¿Qué? —pregunta Danny, tan confundido como yo me siento.


—Mis disculpas, señor. Simplemente repito lo que me dijeron que
dijera. Tenga un buen día.

—Joder. —Los ojos de Danny aterrizan en los míos antes de que él se


vuelva y abra la carta.

Mi corazón se detiene en mi pecho. Mi aliento sale cortado, atrapado


en mi garganta mientras él lee en silencio.

Su cabeza baja, sus ojos se cierran y suspira. Cuando me acerco para


tocar su muñeca, él levanta la vista y dice:

—Todo irá bien. No te preocupes.

Asentir con la cabeza parece ser lo único que puedo hacer, mi


aliento todavía está atrapado en un nudo, pero puedo oír la mentira
debajo de su tono firme, puedo verla escrita en su rostro. Está molesto y en
todo lo que puede pensar es en asegurarse de que no me preocupe. Él se
aleja y todo el aire escapa antes de que tome una inhalación profunda. Le
doy un minuto, aunque eso es lo último que quiero hacer.

Las ventanas son el único espacio que parece dar cierta privacidad,
aunque todo París está justo más allá del cristal. Mientras mira por la
ventana, me quedo ahí estupefacta observándolo mientras él saca su
teléfono y hace una llamada.

Keaton prometió venganza e hizo lo que se esperaba, doce veces. Si


no puede lastimarme, lastimará a Danny, el único hombre que he amado
realmente y ahora le he causado dolor y probablemente más.

Empiezo a caminar, pisando cables de extensión y rodear la silla de


director. Voy hacia Danny tan silenciosamente como puedo, necesitando
estar allí por él, por nosotros. Por mí. Por el rabillo de sus ojos, Danny me ve
pero se vuelve hacia las ventanas.

»Soy yo —susurra en el auricular—. Llámame tan pronto como recibas


este mensaje. —Cuando cuelga se da la vuelta—. Necesito llamar a mi
abogado.

Un paso más hacia adelante y digo:

—Lo siento.
—¿Por qué?

—Dijo que estábamos incumpliendo el contrato. Es más, insinuó que


haría esto, pero no lo tomé en serio. No hice caso de la amenaza. —Doy
un paso adelante, suplicando con las manos en su pecho—. Lo siento,
Danny. No le creí, pero debería haberlo hecho.

Sus manos cubren las mías y la tensión en su mandíbula se libera.

—No es culpa tuya. —Suspira—. Podemos negarlo, pero no quiero


hacerlo. Sería como negar un pedazo de mi alma. Lo he hecho por
demasiado tiempo. Lucharé contra él.

—No quiero causarte ningún dolor. Lo siento mucho. Puedo arreglar


esto. Puedo.

Me mira a los ojos, la incredulidad se convierte en ira.

—No vas a volver con él si eso es lo que estás pensando. Dije que
puedo luchar contra esto y lo haré. Tengo un buen abogado y un pitbull
como agente. —Refiriéndose a las pocas personas en el set, dice—: Y no
nos dejarán.

—Puedo manejar esto tranquilamente. Solo dame una oportunidad.

—Es posible que hayas dejado un trabajo, pero esto podría costarte tu
carrera.

—No creo que realmente quiera hacerme daño… profesional o


personalmente.

—Te está lastimando al ir tras de mí. Nada es indigno para él al


intentar recuperarte. Es un engaño. No juegues con eso.

—Prefiero que me cueste mi carrera que perderte... de nuevo.

Me abraza, sus manos alrededor de mi cabeza, sosteniéndome contra


su pecho.

—Puede que me cuestes considerables centavos, pero no me vas a


perder.
Más tarde esa noche, descubrimos cuánto iba a costar esta
demanda: quince millones de dólares si lo peleamos. De cualquier manera,
salimos perdiendo.

Danny termina la llamada con su abogado y dice:

»Quienquiera que diga que el amor no cuesta nada, miente.

—Quiero reír, pero no puedo. —Me acuesto en la cama mientras él


está en el balcón con las puertas abiertas. No creo que me escuche, así
que lo llamo—: ¿Danny? —Cuando él no responde de nuevo, voy hacia él.
Tocando sus hombros, puedo sentir lo tenso que esta.

Se gira lo suficiente para verme detrás de él.

—Estoy jodido, Reese.

Este no es el Danny que conozco. Su tono está mal, no encaja con el


hombre que parece mirar siempre el lado positivo. Su resignación me duele
en el corazón. Apoyando mi frente contra su espalda, cierro los ojos.

—Haré todo lo que necesites que haga.

—Mi abogado dijo que tenemos dos opciones.

Me muevo hacia el balcón, al lado de él. Sus manos están sujetando


la barandilla con tanta fuerza que sus nudillos están blancos.

—¿Cuáles son?

—Puedo pelear, pero lo más probable es que pierda porque, bueno,


hemos violado el contrato. Combatirlo en los tribunales significa que
tratamos de encontrar un jurado comprensivo que crea que el amor es
más fuerte que un contrato. Pero legalmente, el contrato es la última
palabra con el juez.

No está bien.

—¿Y la otra opción?

No me mira. Mi estómago se retuerce cuando se da la vuelta y baja la


voz:

—Nos alejamos hasta que el plazo del contrato expire.


No.

—Eso es de seis meses a un año. Quizás más tiempo. —No lo haré ni


siquiera un día—. La expiración de esas cláusulas estaba basada en que
trabajábamos juntos...

—Y los comerciales son públicos, al parecer, no solo para filmar los


comerciales.

—No.

—Sí, Reese. —Cuando su mirada me golpea es más dura, más


preocupada de lo que la he visto antes—. Mi abogado ha repasado los
contratos dos veces buscando una escapatoria. Klein no es nuevo en esto.
Ellos saben cómo decir estas cosas. Lo firmé. Demonios, jodidamente lo
firmaste.

La cláusula destella a través de mi cabeza. He estado aturdida por


Danny y olvidé mi mejor juicio en la puerta del dormitorio. Mierda.

—Lo lamento.

—No quiero que lo lamentes. Yo solo... —Entra y se sienta en el


extremo de la cama.

—Debería haberlo sabido. Sabía lo que estaba firmando y… —le digo,


apartando la mirada, dolida de haberle traído esto—. No debería haber
cruzado esa li…

Extiende una mano y dice:

—Ven aquí.

Camino hacia él. De pie frente a él, agrego:

—No quiero que me odies. No quiero perderte.

Se inclina hacia atrás, invitándome a sentarme a horcajadas. Pasando


mis dedos por el cabello alrededor de sus orejas, espero a que hable.
Agarrándome las caderas, trata de darme una sonrisa, pero en realidad no
está allí. La preocupación es profunda.

—Quiero estar contigo. No quiero perderte, no por seis meses y


definitivamente no por un año. Ya hemos perdido diez. No quiero esperar
para empezar una vida contigo. ¿Quieres estar conmigo? Aquí mismo,
ahora mismo, ¿quieres estar conmigo?

Mis ojos se llenan de lágrimas que amenazan con caer.

—Eso es todo lo que he querido por lo que se siente como toda mi


vida.

Sentado, me arrastra más cerca. Me besa la barbilla y susurra:

—Dilo de nuevo. Para mí.

—Eres todo lo que he querido toda mi vida.

Nuestros labios se encuentran en una suave caricia mientras sus


manos se deslizan por mi espalda. El beso se profundiza, se oscurece,
mientras algo más lo posee. Una necesidad. Un deseo. Una conquista. Me
vuelve sobre el colchón, mi espalda plana mientras se mueve en la parte
superior, su cuerpo instando al mío para unirse a su ritmo. Nos besamos,
pero pronto el frenesí se ralentiza, una nube ominosa se cierne sobre la
cama. Su frente descansa contra la mía, un pequeño beso es colocado en
mis labios antes de que se mueva a mi lado. Me acurruco contra él.

Tendidos allí con nuestros corazones expuestos, nuestras emociones


crudas, me siento fuera de mi cuerpo, una sensación que estaba
temporalmente perdida hasta cuando él volvió a mi vida. Ya no quiero vivir
en la oscuridad. No cuando tengo tanta luz en mi vida. Me niego a dejarlo
ir. Lucharé. Lucharé por nosotros, por esta segunda oportunidad.

El agotamiento emocional conduce al sueño y me rindo.

Despertamos en medio de la noche por el timbre del teléfono, Danny


se sienta sorprendido. Agarra su teléfono y responde precipitadamente.

—¿Qué?

Me siento y me inclino contra la cabecera de la cama mirándolo,


tratando de darle privacidad, pero su temperamento tiene un efecto
ondulante. Responde:

—No puedo hacerlo... no lo haré. —Su enojo consigue lo mejor de él, y


se levanta de la cama—. Eso no tiene sentido. ¿Quién nos creerá? —La luz
de la luna pone de relieve cada músculo esculpido en su cuerpo desnudo
mientras mira a través de las puertas francesas cerradas—. Dame tiempo
para pensar. Te llamaré por la mañana. —Cuando cuelga, me mira. Soy
atrapada por su mirada; Incapaz de leer los ojos más legibles que he visto.
Me está escondiendo algo, protegiéndome.

Puedo sentirlo.

Envolviendo mis brazos alrededor de mis piernas, descanso mi barbilla


en mis rodillas.

—¿Qué sucede?

Caminando hacia el baño, dice:

—Descansa un poco. Todavía tenemos la sesión de mañana.

—Danny, ¿qué pasa?

Se detiene en la puerta con la espalda hacia mí y dice:

—Vuelve a dormir, Reese.

Bajando mis piernas de la cama, no llego a la puerta antes de que la


cierre. La abro y mis ojos se cruzan con los suyos en el reflejo del espejo. Sus
palmas descansan pesadamente sobre la encimera de mármol, y
pregunta:

»¿Eres siempre tan luchadora?

—No. Aprendí esa lección de la manera más difícil.

—¿Qué lección aprendiste?

—Que necesito quedarme y luchar por lo que quiero.

—Es como si la historia se repitiera. Pero esta vez, tal vez no tengamos
elección.

Me acerco a la encimera, me coloco bajo su brazo y me intercalo


entre el mármol y él.

—¿Qué significa eso?

Con solo una respiración entre nosotros, responde:


—El consejo colectivo es que no te vea de nuevo.

Sus palabras me golpean en el estómago. Mi brazo cubre mi


estómago y le pregunto:

—¿Eso dice tu abogado?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque son quince millones de dólares, sin incluir los honorarios


legales.

Una pesada respiración se me escapa cuando me siento golpeada


por la realidad de que no podrá luchar por mí. Apoyada hacia atrás,
necesito perspectiva y estar tan cerca me hace perderla.

—¿Qué estás diciendo? ¿Pensé que ibas a luchar?

—Dijiste que no querías que lo hiciera.

—Quiero que lo hagas, Danny. Por supuesto que sí. Soy una mujer.
Quiero que luches por mí. Simplemente no quiero que pierdas tu dinero o
tu vida haciéndolo. Nunca podría vivir con esa culpa. Nunca me verías
igual.

Su expresión se suaviza y retrocede. Con una sonrisa maliciosa en su


rostro, dice:

—Voy a ser muy franco contigo, Reese. Tengo dinero en el banco y


contratos de patrocinios que ganaré en los próximos años. Daría cualquier
cosa para estar contigo, pero si algo fuera a suceder... —Su mano baja
señalando su cuerpo—. Esta es mi realidad. Mi trabajo se basa en mi rostro,
mi cuerpo. —Mirando brevemente, puedo ver lo mucho que esto le
preocupa—. No podría cuidarte. No como quisiera. No tengo una carrera
que me apoye para toda la vida sin ahorrar ahora mi dinero. Mi agente, mi
abogado y mi asesor financiero me dicen que no luche contra esto y que
lo resuelva fuera del tribunal.

—Si llegas a un acuerdo, ¿cuánto te costará?

—Siete
—¿Siete millones de dólares? —Trato de procesar lo jodido qué es
realmente, que nuestro amor haya causado una demanda.

El silencio se rompe cuando dice:

—Si esto fuera dentro de dos años, estaría más cómodo con los
ahorros. Un plan para hacer crecer el dinero es tener esos contratos de
patrocinios pagados. Pero ahora mismo... Quiero comprar una casa un día
y el mercado de bienes raíces en LA es una locura. —Tomando mis manos
en las suyas, me mira directamente a los ojos—. Lo dejaré por ti, Reese. Por
esta segunda oportunidad. —Me toca la mejilla—. Te perdí una vez. No te
perderé de nuevo.

—No me perderás si no luchas contra esto. Pero no puedo sentarme y


dejar que lleves todo esto por tu cuenta.

—Es mi situación para manejar. —Miro mientras regresa al dormitorio y


se mete en la cama.

Estoy justo detrás de él. Cuando me meto en la cama, él


inmediatamente me jala cerca, aunque me siento terrible, le he causado
tantos problemas.

—Lo lamen…

—No vuelvas a decirlo. No te culpo. No soy inocente en esto. No


provocaste esto más que yo.

Con mi cabeza contra su pecho, escucho su corazón latiendo con


fuerza.

—Yo soy la culpable por Keaton.

Está tranquilo. Cuando miro hacia arriba, sus ojos están cerrados.

—Duerme, bonita. Nos ocuparemos de ello a la luz del día. —Cierro los
ojos y me besa en la cabeza—. Siempre tenemos un mañana.

¿Lo tenemos?

Me han dado una oportunidad en la vida que siempre he querido, y


ahora me la están quitando. Mis latidos son débiles, la idea de perderlo de
nuevo es devastadora. Mientras él asegura tan amablemente, solo tengo
un pensamiento...

¿Tenemos un mañana juntos?


DANNY

M
añana.

Mañana.

Mañana.

¿Tendremos un mañana? Recuerdo la última vez que pensé que


tendría una vida de mañanas con Reese.

HACE DIEZ AÑOS

T
omo los escalones de dos en dos, mi mano está en mi bolsillo,
asegurándome de que la caja no se caiga de mi abrigo. La
puerta está cerrada. Odio estar una hora tarde, pero no puedo
controlar los retrasos de vuelo debido al mal tiempo.

Desbloqueando la puerta principal, entro emocionado para ver a mi


chica.

—Reese, estoy en casa. —El silencio devuelve mi saludo—. ¿Reese?


—Cierro la puerta detrás de mí. Algo está mal, pero no puedo entender
qué—. ¿Estás aquí? —Escaneo la habitación mientras camino por la sala
de estar hacia el dormitorio.

Cuando entro, me quedo de pie en la puerta.

»¿Reese? —Está claro que no está aquí. Reviso mi reloj otra vez.
Maldición. Espero que no esté enfadad porque llegué tarde. Sabe cómo
los vuelos pueden estar desfasados. No es la primera vez que me he
retrasado, incluso tuve un vuelo cancelado por completo. Siempre lo ha
entendido en el pasado. No sé por qué estaría molesta esta vez.

Es entonces cuando lo veo, o debo decir que no veo... sus cosas.


Entro en la habitación y me dirijo directamente al closet. Abriéndolo de par
en par, sus cosas, se ha ido. Girando detrás de mí, la habitación está vacía.

De personalidad, de vida, de amor.

La habitación es como era antes de conocerla.

Me precipito al baño. La encimera está despejada, los cajones que


contenían sus artículos de tocador están vacíos ahora, el botiquín está
vacío. ¡Mierda! Saco el teléfono de mi bolsillo pero encuentro el anillo en su
lugar. Entrando en la sala, me siento en el sofá y pongo el anillo, con la
tapa de la caja abisagrada delante de mí en la mesa de café. Marco su
número mientras observo el anillo.

En el cuarto timbre va al buzón de voz

»Reese, soy yo. Estoy en casa. ¿Dónde estás? Llámame. Quiero verte.
Tenemos que hablar. —Cuando cuelgo, coloco mi teléfono junto a la caja.
Ahí es cuando noto las revistas en la mesa debajo de ella. Las deslizo hacia
fuera y miro. Yo. Anuncios que he hecho. ¿Por qué están aquí? Miro hacia
atrás al anillo de diamante que brilla por la luz que entra a través de las
persianas abiertas.

Mis ojos se cierran mientras mi cabeza cae en mis manos. Mierda.


Mirando las revistas, casi todas son de mí y de otra modelo, modelos
femeninas. Y no solo de sesiones de fotos. Siempre dejé las fiestas solo, pero
sé que las fotos pueden ser engañosas.

Maldita sea, Reese. La llamo de nuevo. Cuando suena el tono de voz,


digo:

»Reese, por favor devuélveme la llamada. No sé lo que está pasando,


pero tú no estás aquí y quiero verte. Mucho. Necesito verte. Por favor.
Llámame. Te amo.

Me siento allí con el teléfono encima de una pila de revistas. Mirando


fijamente el diamante en el centro de la caja de terciopelo negro,
mientras el sol se pone fuera de la ventana, las rayas de las persianas se
deslizan a través de la pared hasta que está oscuro por dentro y por fuera.

Ella no ha llamado. Todavía en el horario de París, mis ojos se hacen


más pesados cuando miro el anillo de dos quilates corte princesa que elegí
solo para ella. Ahorré un porcentaje de mis cheques de pago para este
anillo, quería que tuviera lo mejor, lo más bonito. El anillo me recuerda a
ella. Cierro la tapa, no quiero verlo más.

Compruebo mi teléfono solo en caso de que de alguna manera


milagrosamente sonara y no lo escuché, todavía estoy perdido en lo que
está sucediendo. Me levanto, empujo el anillo y mi teléfono en los bolsillos
de mi abrigo y me largo. Tan pronto como estoy en mi auto, lo pongo en
marcha pero no retrocedo. No sé a dónde ir. Nuestros amigos más
cercanos se han graduado y se han mudado. Reese tiene un trabajo a
tiempo parcial en el campus. Decido que es mi única esperanza.

Me paro frente a la casa de los antiguos alumnos, pero lógicamente


sé que no está abierta a esta hora. Son solo las ocho de la noche. Llamo a
la puerta de todos modo con la esperanza en lo más profundo de que esto
no esté sucediendo, con la esperanza de que esté atrapada en el trabajo
y se perdió nuestra cita. Estoy de pie allí golpeando, rezando que su ropa,
sus cosas, que su desaparición es todo un malentendido que puede
aclararse.

Sin respuesta.

No solo de la puerta, sino también para todas mis otras preguntas.

Volviendo a mi Jeep, me siento allí, mirando el estacionamiento vacío,


sin saber qué hacer, a dónde ir, qué pensar. Pensé que éramos felices...

Yo era feliz.

Mi teléfono suena y salto para responder, luchando para sacarlo de


mi bolsillo.

»¿Hola? ¿Reese?

—¿Danny Weston?

Mi cuerpo se desinfla por la decepción cuando escucho una voz


masculina desconocida en el otro extremo.
—Sí —respondo.

—Esta es una llamada de recordatorio que tiene dos películas


vencidas. Lo siento, pero vamos a cargarlas a su tarjeta de crédito en el
archivo a menos que usted las devuelva.

—Cárguelas. —Cuelgo.

Pongo en marcha el auto y subo la calefacción. En Nebraska hace


demasiado frío. Mientras conduzco de regreso al apartamento, empieza a
nevar. Primera nevada de la temporada.

»Jódete, madre naturaleza.

Mis manos golpean con fuerza el volante, mi corazón crujiendo como


el camino en el que estoy. Regreso al apartamento y reviso mis mensajes.
No hay nuevos. Agarro la caja y estoy a punto de tirarla a la pared, pero
no puedo. No puedo arriesgarme a perder una llamada de ella.

Intento llamarla dos veces antes de meter el anillo en mi cajón,


ocultándolo debajo de unos bóxers. Subo a la cama y prendo la televisión.
Pasan horas y no tengo idea de lo que ha estado o incluso lo que hay en la
televisión ahora. La apago justo después de medianoche y miro al techo
mientras la nieve cae afuera, atormentándome a mí y a nuestra tradición.

Al día siguiente no tengo elección. Conduzco las tres horas de regreso


a su ciudad natal. Su padre se encuentra frente a mí explicando que su
hija se ha mudado a Nueva York, me dice que si la hubiera amado, lo
sabría. La puerta se cierra en mi rostro. No sé cuánto tiempo permanezco
ahí, pero es suficiente para que la madre de Reese la abra y salga.

»Danny, lo siento.

»Dale tiempo.

»Ella está herida.

»No quiere retenerte.

»Ha estado tan sola.

»Intentó llamarte, pero no había manera.

»Ella volverá.
No escucho el resto, mi cabeza palpita mientras tengo que
confirmarlo. Todo lo que realmente amaba ha desaparecido. Dale
tiempo... ¿Ha estado sola? Yo estaba tan solo. Puedo estar rodeado de
gente mientras trabajo, pero no por la persona que me completa. La
extrañaba cada día.

Volviendo a mi auto, me inclino contra él, incapaz de comprender lo


que acabo de escuchar, mi corazón negándose a aceptar que Reese se
fue. Me. Dejó.

Necesito alejarme de aquí, de los recuerdos, de esta vida, y de esta


jodida nieve. Cuando entro en mi auto, averiguo lo que tengo que hacer.
El viaje es largo, el kilometraje se acumula. Me detengo a buscar gasolina,
comida y el café ocasional para mantenerme despierto, pero sigo
conduciendo hasta que veo el cartel: Bienvenido a California.

Al entrar a las oficinas de Illustrious en Los Ángeles el lunes siguiente, no


me doy tiempo a cambiar de opinión.

La recepcionista sonríe y pregunto por Mark Warrant. Me lleva a su


escritorio en El Pit. Saca una silla y me siento en el pequeño espacio.

—Necesito trabajo. Tanto trabajo como pueda llenar mis semanas.

—¿Qué hay de Nebraska? Como dije antes, sería más fácil si


estuvieras en Nueva York o incluso en Los Ángeles.

—Estoy aquí ahora. ¿Puedes conseguirme más trabajo?

Él sonríe.

—Puedo conseguirte mucho trabajo. ¿Estás seguro de que estás listo


para el compromiso?

Compromiso…

—Estoy listo.

Estrechando mi mano, dice:

—Prepárate, Danny Weston. Estoy a punto de hacerte famoso.


EN LA ACTUALIDAD

P
asé tiempo extra en maquillaje. El estrés de los últimos días ha
grabado líneas de cansancio en mi rostro. De pie junto al Aston
Martin vintage, miro lejos de la cámara. Claudia está sentada
en el auto, su expresión coincide con la mía, con diferentes problemas en
su mente.

Un Papillon ladra a mis pies. Me agacho y lo cargo, con cuidado de


no ensuciar el costoso traje negro medianoche de Vittori que estoy
usando. Dejo que el perro me lama la cara y escucho a Claudia reír
mientras levanta sus gafas de sol y se levanta. Inclinándose a través de los
asientos, acaricia al pequeño perro. Es un momento capturado para uso
futuro. Incluso yo sé que es oro conseguir algo "natural" en la cámara.

Cuando pongo al perro abajo, corre con su entrenador, dejando a


Claudia mirándome a los ojos. Cuando bajo mi mirada, ella me imita y le
ofrezco una mano. Su vestido es largo y es lenta mientras se mueve con él
y se sienta en el asiento del pasajero. Me meto en el auto y finjo
encenderlo.

Nos dicen que miremos hacia atrás y nos despidamos. Cuando lo


hacemos, veo a Reese al teléfono detrás de Becs. Cumplo mi papel y
Bryker finalmente grita:

—Eso es todo. Última toma. —Da su cámara a su ayudante y aplaude


con sus manos—. Gracias. Va a ser una campaña impresionante.

Mi rostro va hacia adelante y exhalo un largo suspiro. Claudia se


queda a mi lado, mirando hacia adelante, perdida en sus pensamientos.
Me acerco y tomo su mano. Cuando me mira, le digo:

—Estuviste bien.

Una sonrisa que no suele verse muy seguido tienta su boca.

—Estuviste bien. Estuvimos bien. Creo que tendrá mucho éxito.

Asintiendo con la cabeza, pongo mis manos en el volante.


—¿A dónde te diriges ahora?

—A ninguna parte.

—¿Casa?

Se ríe.

—¿Dónde está eso otra vez? Ha pasado un tiempo.

Relativamente me río. Ella sale del auto y cierra la puerta.

»Me alegro de conocerte, Danny.

Subiendo por encima de la puerta, mi sonrisa se desvanece, su


sentimiento me toma desprevenido.

—Me alegro de conocerte también, Claudia.

Esta vez ella asiente, luego recoge la falda del vestido para que no se
arrastre y camina hacia Becs.

Reese se une a mi lado en el auto, y dice:

—A Vinnie le van a encantar estas fotos.

—Espero que sí. —No estoy seguro de qué más decir. Estoy irritado
porque no estoy seguro de qué hacer a su alrededor, o lo que puedo
hacer. Salgo del auto y murmuro—: Debo devolver este traje.

—No hagas eso. Por favor.

El temblor en su voz me golpea en lo profundo, me destripa.

—Reese, no hagas esto más difícil de lo que ya es.

Dando un paso más cerca, me toca con cautela en el brazo.

—Estás cerrándote.

Lo hago.

—No lo hago.
El cielo azul en sus ojos se nubla, y esta vez, ella me deja alejarme. La
grava cruje debajo de mis zapatos de cuero, pero la furia en mis oídos
ante la mentira que acabo de decir lo domina. Becs me ve venir.

Mi devastación.

Mi resolución.

Ella está callada mientras está detrás de mí y me ayuda a quitarme la


chaqueta del traje. Me suelto la corbata, pero está atascada. Después de
colgar la chaqueta en el estante, ella viene y me ayuda.

—Ya la tengo. —Cuando sus ágiles dedos se deslizan perfectamente


por el nudo y la saca de mi cuello, se detiene delante de mí—. Puedes
hablar conmigo.

—Lo sé.

—Confía en mí, no quieres que cante That’s What Friends Are For para
ti, soy una cantante horrible. Ahórranos el problema, habla conmigo,
Danny.

Mis ojos arden, así que los aprieto.

—No puedo.

—Deberías. Necesitas hablar con alguien y si no puedes hablar con


Reese, habla conmigo. Ayudaré como pueda.

Teniendo mis emociones bajo control, mi especialidad después de


todos los años que he modelado, pongo una sonrisa, puede que no sea la
de un millón de dólares, pero es al menos una de 10K para ella.

—Estoy pagando el precio por hacer un trato con el diablo.

Ella me conoce demasiado bien para dejar que la charada de mis


expresiones cubra las palabras que estoy diciendo. Como esperaba.
Centrándose en el verdadero problema, pregunta:

—¿Y quién es el diablo?

—Publicidad Klein.
—Ohh —dice, pareciendo entender—. ¿Así que es cierto? ¿Te
demandaron por incumplimiento de contrato?

Desabrocho mi camisa y se la doy.

—Me demandaron por dejarla marchar hace diez años. Solo estoy
pagando el precio ahora.

—¿Lo haces? ¿Vas a pagar el precio?

—Yo quiero hacerlo. Mi equipo legal dice que no.

—Bueno, tú eres quien toma la decisión final. ¿Cuánto vale el amor


para ti?

—Eso no es justo, Becs.

—¿Sabes lo que no es justo? Darle la espalda a alguien que te ama


tanto como ella.

Sigo su mirada directamente a Reese, que está de vuelta en el


teléfono y paseando detrás del auto. Está claro que está molesta. Sus
manos están moviéndose alrededor para hacer su punto ante alguien que
no puede verla. Su cabeza está hacia abajo mientras habla intensamente.

—No le estoy dando la espalda. Necesito averiguar la mejor manera


de manejar esto.

—¿Estás hablando de la demanda o de Reese Carmichael?

Me despojo de los pantalones, ni siquiera me importa no estar detrás


del biombo. Necesito salir de aquí. Advierto:

—Cuidado.

—No, no voy a tener cuidado. Somos amigos, ¿recuerdas? Así que te


puedo decir cuando lo estás arruinando. —Me arrebata los pantalones y
me lanza mis jeans—. Estás jodiéndolo, Danny.

Sosteniendo los jeans contra mi pecho, la miro fijamente.

—¿Qué mosco te ha picado?

Su irritación disminuye y dice:


—Esa mujer está lista para dar su vida por ti. ¿Puedes decir lo mismo?

—Tengo que considerar todas las opciones. —Las palabras vienen


precipitadamente—. La elegí una vez y ella se fue. —Mierda. Alejarla hace
que el dolor en mi corazón brote a través de la herida abierta, pienso
rápido y dejo a mi billetera hablar en su lugar—. Es un montón de jodido
dinero.

—¿La elegiste una vez?

Joder. Por supuesto, ella ve. Es mujer. No se pierde nada. Me subo mis
jeans y me pongo los calcetines.

—Sí —murmuro—. Estaba dispuesto a dejar todo por ella. Y me dejó.

Becs está allí, sus manos frotan mi brazo en consuelo.

—Oh, Danny. Lo siento. No estoy tratando de empeorar las cosas.


Estoy tratando de hacerte ver lo que tienes. La segunda oportunidad que
te han dado. —Miro a Reese. Ha colgado y está hablando con Bryker.
Cuando me giro, Becs dice—: El dinero nos da seguridad, pero no
mantiene el lado en la cama junto a nosotros caliente. —Se aleja,
dejándome con destellos de Reese durante toda la noche y lo bien que se
sentía, lo bien que se siente en mis brazos.

Las sábanas están calientes cuando estamos juntos. Se me ocurre que


nunca ha sido acerca de odiar las sábanas frías. Siempre ha sido acerca
de las sábanas que se calientan por la mujer correcta, por alguien que
pone mi vida al revés y luego la endereza de nuevo.

Miro hacia atrás a Reese. Ella me mira, pero mira hacia otro lado con
la misma rapidez. Esa mujer. Esa mujer allí.

Ella es mi todo.

Reese es mi todo.

Me pongo mis tenis y agarro a Becs en un apretado abrazo.

—Gracias.

Ella dice:

—¿Por qué?
—Por hacerme ver que nunca ha sido por las sábanas. —Le beso la
mejilla y hago un giro de ciento ochenta grados.

Con propósito, voy hacia ella, pasando por Bryker y Claudia, y me


dirijo directamente a Reese, que se separó del grupo y está de vuelta en el
teléfono. Ella me ve y me da la espalda. Pero me muevo y me inclino así
estoy al nivel de su mirada.

»Cuelga el teléfono.

Su bonito rostro hace una mueca y coloca su mano sobre su oreja.

—Lo siento. ¿Puedes repetir eso? Estoy recibiendo interferencia.

—Cuelga el teléfono, Reese.

Ella me mira con los ojos entrecerrados en señal de advertencia y


señala al teléfono, gruñendo:

—Esta es una llamada importante.

Saco el teléfono de sus manos y le digo a quien esté en el otro


extremo:

—Reese te devolverá la llamada. —Termino la llamada y tiro el


teléfono a la hierba cercana.

—Qué demonios estás hacien…

Agarrándola por la cintura, mis labios están sobre los suyos. Su


conmoción cede y su cuerpo se suaviza contra mí, sus manos están en mi
espalda, acercándome más. Sus labios se vuelven insistentes mientras se
pone de puntillas y envuelve sus brazos alrededor de mi cuello. La cargo y
nos hago girar. Sus pies van al aire detrás de ella mientras se aferra tan
fuerte como puede. Cuando la bajo, nos retiramos, ambos sin aliento.

Me encuentro con una sonrisa hecha de puro sol, llena de belleza.

—No me importa el dinero. Solo me importas tú.

—También solo me importas tú. Demasiado.

Alcanzándola de nuevo, veo el alivio en sus ojos que me asegura que


he hecho lo correcto. El dolor que vi antes me destrozó. ¿Pero esto? ¿Esta
mujer hermosa y feliz en mis brazos? Esto es correcto. Esto es por lo que
estoy luchando. Y lucharé.

Ella planta sus labios en los míos y sé que estoy en casa.

Esta vez cuando nos separamos, comparto mi corazón entero:

—Quiero que seas parte de mi vida. Una gran parte. Quiero que
calientes la cama conmigo. Quiero que seas mi todo. Quiero que seas mía.

—Soy todo tuya.

Esta vez mi sonrisa crece y la agarro en un apretado abrazo.

—Te amo, Reese —digo como si no pudiera mantener mis sentimientos


embotellados por más tiempo.

Como si el sol no pudiera lucir más brillante, su sonrisa florece.

—Te amo, Danny Weston.


REESE
S
entada en una mesa en la parte de atrás de un bistró al lado del
hotel, no puedo apartar mis ojos de él: mi guapo “todo”. Danny y
yo estamos en nuestra segunda botella de un vino tinto francés
recomendado, cuando escuchamos:

—Allí están.

Cuando miramos hacia la entrada había una espectacular


conmoción color morado.

—Vinnie —digo, levantándome y corriendo hacia sus brazos—. Estás


aquí.

—Lo estoy —dice, susurrando en mi oreja—. ¿Cómo estás, Chica


Dulzura?

Tomo su mano y lo miro a los ojos.

—Ridículamente feliz.

—Lo feliz te sienta muy bien. —Caminamos hacia la mesa. Danny se


pone de pie, y Vinnie pregunta—: ¿Cómo está nuestro modelo favorito?

Danny le da la mano, pero Vinnie hace una mueca y lo abraza.


Danny pone los ojos en blanco mientras Vinnie lo abraza por la cintura,
pero se ríe.

—Es bueno verte también. —Cuando Danny trata de romper el


abrazo, Vinnie permanece encadenado—. De acuerdo. De acuerdo.
Retrocede.

Nos reímos juntos. Es ligero y despreocupado, sintiéndose tan bien.


Después de sentarnos, Danny pregunta:
—¿Qué te trae a París?

—Vine a visitar a mi dúo dinámico favorito. —Toma mi vino y bebe


media copa antes de hablar—: También quería comprobar mi tienda aquí
y ver cómo fue el rodaje. Es bueno comprobar una inversión. —Mirándome,
pregunta—: ¿Cómo fue?

—Mejor de lo que podríamos imaginar.

—He recibido algunas tomas preliminares. Son mejores de lo que


planeamos. Estoy pensando en Vogue y Elle para las tomas de Nueva York
y París. GQ para las fotos de Marfa. ¿Qué les parece?

—Creo que son perfectos para esas revistas. También estaba


pensando en un collage para el comercial. Bryker dijo que tomó lo
suficiente para que eso sucediera.

—Interesante. Me gustaría ver eso. —Se vuelve hacia Danny—. ¿Cómo


sientes que fue?

—Las locaciones fueron increíbles. La ropa estuvo increíble. Me


encantó ser parte de ello.

Él toma un trozo de queso Brie de la bandeja delante de nosotros, y


mientras lo mueve de un lado a otro, dice:

—Seamos francos aquí. He oído hablar del incumplimiento de


contrato. Estoy aquí. ¿Cómo puedo ayudar?

Danny dice:

—No creo que haya algo que puedas hacer. Gracias de cualquier
manera.

—¿Qué vas a hacer? —Él pone el Brie en su boca.

—Voy a pagar. No estoy dispuesto a sentarme en un tribunal bajo


juramento y mentir acerca de lo que siento por Reese.

La sonrisa de Vinnie es contagiosa. Él toma mi mano y la besa.

—Me encanta un buen romance y el suyo es uno de mis favoritos. Vi


esa conexión la primera vez que ustedes se encontraron. Pero supongo
que fue porque no fue el primer encuentro, sino una reunión. Muy
romántico.

»No podría haber elegido un mejor partido para mi Chica Dulzura que
tú, Danny Modelo.

Danny se ríe entre dientes.

—Me alegro de que lo apruebes, Vittori Diseñador.

Vinnie se pone de pie y vuelve a juntar las manos.

—Debemos celebrar. ¿Por qué no vamos a hacer que los dos se


casen? —Sus ojos están enormes con esperanza y expectación.

—¿Qué? —saco la palabra de la boca de Danny.

Vinnie asiente con la cabeza.

—¿Eso es un sí?

—No —le respondemos al unísono.

Parándome, digo:

—Frena tus caballos. Acabamos de volver a estar juntos. Creo que


estamos disfrutando de donde estamos.

Danny añade:

—Por ahora. —Y deja dinero en la mesa.

Me siento atraída por él cuando se pone de pie, sorprendida por su


respuesta. Su mano se posa en mi espalda baja, y se encoge de hombros.

»No me opongo al matrimonio. Nunca lo hice.

Me inclino contra él.

—Acabas de hacer que mi corazón explote.

Vinnie dice:

—Ambos hicieron que mi corazón explotara. Debemos celebrar su


unión con una boda.
Mis ojos le lanzan dagas y Vinnie retrocede.

—Bien. No puedes culparme por intentarlo. Piensa en lo romántico


que sería. Solo nosotros tres y un servicio a la luz de las velas.

Danny me lleva hacia adelante.

—Vamos. Conozco un gran bar a la vuelta de la esquina. —Su


teléfono suena y él se detiene, su mano desapareciendo de mi espalda.

Me vuelvo cuando me doy cuenta de que se ha detenido.

—Vinnie. Espera a Danny.

Danny nos da la espalda y tapa la oreja opuesta a en la que tiene el


teléfono presionado. Lo escucho preguntar:

—¿Dónde estás? ¿Qué habitación? Estaré allí ahora mismo. —Cuelga


el teléfono y viene hacia nosotros con propósito.

—Tenemos que regresar al hotel.

—¿Qué sucede?

—Claudia. —Tan pronto como estamos en la acera, él sale corriendo


al hotel de al lado.

Vinnie y yo corremos tras él. Ha desaparecido por las escaleras y nos


precipitamos hacia el ascensor. Nunca podré correr esas escaleras con los
tacones que llevo.

—Conozco su número de habitación.

La puerta está abierta cuando llegamos a su habitación, el gran


pestillo del interior colgando hacia fuera. La abro lentamente y entro.
Encuentro a Danny en el suelo del cuarto baño, sosteniendo a Claudia. Su
cabeza está metida contra su pecho y su rímel se ha corrido por su rostro
de tanto llorar. Su cabello es un desastre, y cuando miro a su alrededor,
varias botellas de prescripción están en el lavabo. Trato de sofocar mi
jadeo, pero creo que no lo logré. Danny levanta la cabeza y sacude la
cabeza lo suficiente para que yo entienda el mensaje. Salgo del cuarto de
baño, tirando de la manga de Vinnie mientras me voy.

En su habitación, nos sentamos en el lado de la cama. Él susurra:


—Ella está viva y están hablando. Es una buena señal.

Asintiendo con la cabeza, miro la puerta del cuarto de baño por


cualquier señal de que saldrán. La voz profunda de Danny nos llega incluso
cuando está tratando de ser silencioso.

—Vas a estar bien. Estoy aquí para ti.

Mis recuerdos me arrastran hasta el momento en que me estaba


dejando para un trabajo, cuando estábamos juntos hace años...

Las lágrimas siguen apareciendo y mi cuerpo está lleno de sollozos. No


puedo hacerlo. No puedo verlo salir por esa puerta otra vez. Iba a casarme
con alguien que quería estudiar mapas, viajar durante las horas de trabajo,
no desaparecer por semanas a la vez. El título de Danny venía con esas
garantías. El modelaje no venía con ninguna.

—Ya no quiero estar sola, Danny. Por favor quédate.

—He tomado el trabajo. No puedo echarme atrás en el último minuto.


Es una semana. Volveré antes de que te des cuenta que me he ido.

Se ha convencido de que esto es normal. Tal vez esta sea nuestra


nueva normalidad. Odio el cambio. Odio que se vaya cada vez más.

—Ni siquiera estás usando el título para el que desperdiciaste cuatro


años ganándotelo.

Rodando sobre su espalda, se cubre los ojos con el brazo.

—Por favor, no hagas esto. No puedo retroceder ahora.

—Lo siento si mis emociones te molestan —exploto.

Volviéndose a enfrentarme de nuevo, dice:

—Amo cada una de tus emociones. Incluso las que están enojadas
conmigo. Lo entiendo. Yo también te extraño, pero quiero ganar dinero
para nosotros, para nuestro futuro.
—Has estado en casa tres días en los últimos dos meses. Esto no se
siente como una relación. Esto se siente como un amorío. Un amorío que
tienes en tu trabajo.

—Reese, estará bien. Estarás bien. Estaremos bien.

Se inclina y me besa en el hombro.

—Vamos a estar bien. Vamos a pasar por esto. Estoy seguro de que es
solo la ocupada temporada para el modelaje o algo así. Esta no será mi
vida. Tú eres mi vida.

—Prométemelo. Una semana y luego estarás en casa por lo menos


una semana.

Una gentil sonrisa que me gana cada vez, aparece.

—Te lo prometo.

…Él rompió esa promesa. Y al final, ¿para qué? ¿Ahora va a tener


que renunciar al dinero que ganó si queremos estar juntos? La única vida
que conoce, está dispuesto a sacrificarla por mí. Mis ojos se llenan de
lágrimas.

Vinnie me atrae para un abrazo lateral.

—No llores. Parece que va a estar bien.

—Es solo ese hombre. Es demasiado. Demasiado bueno.

—Eres buena. Es por eso que ustedes dos funcionan.

—Gracias. —Apoyo mi cabeza en su hombro.

En la tranquila habitación, escucho a Claudia decir:

—Él rompió conmigo para poder salir con una chica que trabaja en
Hot Topic.

—Él no te merece. Acaba de despejarte el camino para encontrar al


hombre con el que estás destinada a estar.

Ella se ríe y eso es una gran señal.


—Esperemos. Tengo mala suerte con los hombres.

—Esos chicos malos destrozarán tu corazón cada vez.

—Apesta porque siempre me gustó Hot Topic. Ahora, ¿dónde voy a


conseguir mis Funko Pops?

Se ríen, sus tonos son mucho más ligeros. Escucho movimiento viniendo
del baño, y Danny dice:

—Vamos a traerte algo de comer. Creo que necesitas algo más que
alimentos a base de agua esta noche.

—Yo también. Puedo aceptar la oferta de tu novia para una


hamburguesa.

Danny dice:

—Creo que a ella le gustaría.

Me rio bajito y me levanto.

Justo mientras salen, Danny la agarra y la abraza. Le oigo susurrar:

—No eres solo hermosa por fuera. Eres hermosa por dentro también.
No dejes que algún idiota vuelva a apagar esa belleza de nuevo. O voy a
patearle el culo y odio entrar en peleas. —Cuando se separan, él le guiña
un ojo, y añade—: Se termina mi juego si me arruinan este bonito rostro.

Claudia lo empuja en el pecho.

—Eres ridículo.

—No eres la primera en decirme eso, pero suele ser seguido por... muy
guapo. Sin embargo, me conformaré con la versión abreviada.

Cuando Claudia termina de poner los ojos en blanco, se vuelve hacia


mí y, burlonamente, pregunta:

—¿Cómo lo soportas?

—Él es la parte fácil. Es su ego lo que es imposible. —Después de


compartir una risa como grupo, veo que sus lágrimas están secas y una
sonrisa permanece en su rostro. La abrazo y ella me abraza. Estoy
agradecida de que tuviera a alguien en quien confiar. Ella no es una
amenaza. Es amiga de Danny, y eso la hace mi amiga.

Vinnie festeja.

—Mira a mis chicas. —Claudia y yo nos reímos mientras Vinnie sostiene


sus manos delante de él, sintiendo el amor. Entonces su irritación se
muestra—. Tu ex es un perdedor con una P mayúscula. Esto es lo mejor que
puede pasarte. Marca mis palabras.

Claudia responde:

—Esperemos.

Ella me mira, y yo le pregunto:

—Entonces, ¿sobre esa hamburguesa? ¿Servicio de habitación?

Es increíble lo que se puede conseguir a cualquier hora, incluso en


París, si muestras el dinero a lo grande. Los cuatro hemos compartido
nuestras cenas, risas, e historias mientras nos extendíamos en la gran suite
de Vinnie. Ha sido un final inesperado para un día lleno de
acontecimientos, pero ha sido bueno. Relajante, y no me he sentido
realmente relajada desde Marfa.

Viendo a Danny, me pregunto si cada noche con él siempre será tan


fácil, así de... maravillosa. Estoy apostando siete millones a que lo es.

Vinnie se levanta y comienza a dirigirse hacia la puerta.

—Necesito mi sueño de belleza y todavía tenemos mucho que discutir


en la mañana sobre la campaña. —Mirando el reloj, corrige—. Almuerzo.
Como son las dos de la mañana, vamos a reunirnos para almorzar.

—Llámame cuando te despiertes y dime a qué hora quieres que nos


encontremos —le digo.

Después de despedidas llenas de abrazos, amor y sonrisas, Danny y yo


volvemos a nuestra habitación.

Me cepillo los dientes y me preparo para ir a dormir, y luego


cambiamos de lugar. Estoy agotada, el día me agotó, tanto emocional
como físicamente. Mientras me acuesto en la cama, pienso en el viaje que
hemos tomado. Lo malo ha sido arrastrado por las heridas no cicatrizadas.
Pero acostada aquí, tomo un aliento liberador, liberando toda la mala
historia y respirando el futuro que nos espera.

Danny se sube a la cama a mi lado e inmediatamente moldea su


cuerpo al mío.

—Con una sonrisa como esa en tu rostro, me tienes curioso por lo que
estás pensando.

Tomando su mano, la sostengo en mi pecho, amando la sensación de


su brazo alrededor de mí.

—No pensando. Sintiendo. Siento que mi corazón late por primera vez
en años. Como realmente lo siento. Me siento viva y llena de esperanza. —
Levantando mi cabello, me besa la nuca. Susurro—: Tú eres el único que
rompió mi corazón. Tú también eres el único que podría reconstruirlo hasta
que estuviera completo y latiendo de nuevo.

—Lo siento, por romperlo. Si pudiera cambiar la forma en que se


desarrollaron las cosas, lo haría.

—Yo también. Si hubiéramos tenido el correo electrónico o Skype en


ese entonces, podríamos habernos mantenido en contacto mejor de lo
que lo hacíamos.

—Me mataban las noches cuando no podía llamarte, solo para


escuchar tu voz de nuevo. Malditas tarjetas telefónicas nunca funcionaban
bien en otros países.

—No importa ahora, de todos modos merecías algo mejor que cómo
me fui.

—Tenías un trabajo para empezar...

Dándome vuelta en sus brazos para poder enfrentarlo, le digo:

—Ningún trabajo valió el perderte. Me perdí sin ti y pensé que te


habías encontrado sin mí.

—Te equivocaste. Nunca tuve una vida sin ti. Durante años, he estado
buscando algo que estúpidamente pensé que podría reemplazar.
Con una risa ligera, descanso mi mano en su cuello.

—Te equivocaste.

—No tengo ninguna duda de que eres la más fuerte y valiente de los
dos. —Él sonríe tan suavemente que no puedo evitar devolverla.

La pasión, la determinación que se construye en el interior, no puedo


retenerla más.

—Voy a luchar por nosotros esta vez. Lo que sea, lo haré.

Me besa suavemente. Luego, con las frentes juntas, dice:

—Gracias por mostrarme el camino de regreso.

—No te lo mostré. Tu corazón te guio de regreso a mí. Siempre serás mi


hogar.

No hacemos el amor. No follamos. Nos abrazamos y susurramos


gratitud el uno por el otro. Siempre serás mi hogar. Sus palabras me
reconfortan hasta que mis párpados se hacen pesados y me quedo
dormida.

E
l almuerzo con Vinnie es fabuloso, igual que él. No puede estar
más complacida con las sesiones de fotos y no puedo esperar a
ver cómo se desarrolla la campaña. Cuando volvemos al hotel,
Claudia está saliendo. Su vuelo es antes que el nuestro. Ella corre y me
abraza, y la abrazo porque tengo una debilidad por ella ahora que he
llegado a conocerla mejor.

Con su maleta en la mano, abraza a Vinnie y le dice que lo verá en


Nueva York. Está a punto de irse, pero se asegura de decirme:

—Creo que tú y Danny son una pareja increíble. Agárrense fuerte el


uno al otro.
—Eso pretendo hacer.

—Es especial, y no solo porque es un supermodelo. —Se ríe—. No le


digas a Danny que lo llamé así. Sé cuánto lo odia.

—No lo haré —respondo, sonriendo—. Buena suerte, Claudia, y viaja


con cuidado.

—Adiós. Oh, y gracias por la hamburguesa de anoche. Fue increíble.


No me he sentido tan bien en años, pero tal vez no sea la comida, sino la
compañía.

Vinnie le da un beso y se vuelve hacia mí.

—Pagaré la penalización por incumplir el contrato.

Mi mandíbula se abre. Cuando me recupero de la sorpresa, digo:

—¿Qué? De ninguna manera. No puedes hacer eso.

—Ese dinero no es nada para mí, y lo es todo para ti. No puedo


soportar la idea de que tú y Danny Modelo luchen por su amor a través del
sistema judicial. Eso sería tan retro, bien de los dramas en la pantalla
grande a finales de los 80 / principios de los 90. Aaah, tal vez Chris
Hemsworth pueda interpretar a Danny en la película.

—Frena allí. Esperemos que esto nunca se vea ni un solo día en la


pantalla grande o realmente estaremos jodidos.

—La oferta se mantiene, y ahora estoy inclinado hacia el otro


Hemsworth, Liam, por el papel de Danny. Pero sería una lástima ocultar sus
ojos azules con los lentes de contacto. Aaah, tal vez Josh Duhamel. Es
ridículamente de ensueño.

Lo abrazo, tan agradecida de tener a este hombre en mi vida.

—Gracias por todo, incluso por hacerme sonreír. Sin embargo no


puedo aceptar tu dinero. Estoy trabajando en algo y espero que funcione.

—Estoy intrigado.

—Pronto más detalles sobre eso, pero por ahora, debemos


prepararnos para irnos. Nuestros vuelos son en tres horas.
—Sí, muy rápido entonces, y esto es importante. —Estoy delante de él
esperando para escuchar lo que tiene que decir—. ¿Quién nos interpretará
a ti y a mí en la adaptación cinematográfica?

—Mi querido Vinnie, por favor, nunca cambies.

Envuelve su brazo alrededor de mis hombros.

—Estoy haciendo todo lo posible para mantenerme igual, pero el


mundo es cambiante, mi dulce Chica Dulzura.
REESE
E
n medio del aeropuerto Charles Gaulle, trato de no llorar y ser la
ridícula mujer enamorada que no pude manejar un adecuado
adiós sin sollozos. Es tonto. Lo veré pronto. Pero no lo
suficientemente pronto. Como en los próximos diez minutos, u horas, o días
como yo quiero. De pie ante mi pasado y mi para siempre, nunca me di
cuenta que eran uno mismo. Hasta ahora.

—No me olvides —digo, arrojándome a sus brazos una vez más y


agarrándome fuerte como Claudia me dijo que hiciera.

—Nunca lo hago.

Sonrió, aunque es pequeña, todavía cuenta porque él es el único que


me hace sonreír. Después de un beso más, digo:

—Te amo.

—No te pongas tan triste cuando lo dices. Él amor solo debe hablarse
desde un corazón feliz.

—Estoy más feliz de lo que aparento. Simplemente te extrañaré.

Con su dedo bajo mi barbilla, levanta mi cabeza.

—Siempre mantén la barbilla en alto y mira el lado soleado. —Me


agarra, aferrándose a mí con fuerza como yo lo hice un minuto atrás—. Te
echaré de menos, nena.

Manos enguantadas y brazos morados nos envuelven a ambos.

—Los extrañaré también. Mi dúo dinámico favorito.

Ambos Danny yo nos quedamos donde estamos, pero deslizamos un


brazo a cada lado alrededor de Vinnie.
—Vamos. No estés triste. Reese estará a tu lado todo el tiempo.

Vinnie esnifa.

—¿Pero qué hay de ti? ¿Cuándo conseguiré estar contigo, Danny


Modelo?

Los brazos de Danny van al aire.

—¿Todo el mundo bien? Estoy bien.

Vinnie se arroja a él.

—Abrázame.

Con una sacudida de cabeza, Danny me mira. Frunzo el ceño hacia


él, y articulo:

—Abrázalo.

Él lo hace, haciéndome sonreír. Veo sus labios tirando hacia arriba a


pesar de sus mejores esfuerzos por detenerlos… hasta que Vinnie gira su
cabeza para atrapar mis ojos. Envuelto alrededor del torso de Danny,
Vinnie separa sus manos, y atónito dice:

—¡Oh, Santa María! Dulzura, tenías tanta razón sobre él. ¡Chica con
suerte!

Tan pronto como se da cuenta de lo que Vinnie quiere decir,


retrocede.

—Está bien. Está bien. Eso es suficiente. Tenemos vuelos que abordar.

Riendo, me incorporo, lo beso en los labios y retrocedo de nuevo


manteniéndolo casual como si nos viéramos todos los días. Poniendo la
vibra en el universo de que esto es lo que quiero con él. Besarlo como si lo
fuera a ver en una hora y para que se haga realidad.

Ajusto mi bolso en mi hombro y le doy un pequeño movimiento de


mano como despedida.

—Te veo pronto.

—Nos vemos pronto —dice él, manteniéndolo casual para mí, tal vez
para sí mismo.
Dando la vuelta, comienzo a alejarme porque me resisto a verlo. Pero
no puedo resistir y miró atrás, solo una vez. Hay más distancia entre nosotros
de la que esperaba y me doy cuenta que él se alejó al mismo tiempo,
probablemente por las mismas razones.

Pensé que no podía empeorar. Dejar a Danny para regresar a Nueva


York es bastante doloroso. Tratar con una demanda que le cuesta millones
por mi culpa, es horrible. La culpa me nivela hasta el suelo.

Pero cuando me siento en primera clase y pido una revista para leer, y
la azafata muestra una selección, una con una foto de ti a mitad de un
orgasmo en la portada, de repente el dinero incluso parece menor.
Agarrando el tabloide de sus manos, busco la fecha. Hoy. Eso significa que
ha estado en los quioscos en los Estados Unidos durante unos días. Mi
corazón duele, como si pudiera ir más allá, mientras miro la pequeña foto
en la esquina superior derecha de Danny y yo en Marfa.

Desierto.

Silla.

Yo a horcajadas sobre Danny

Cabeza atrás.

Boca abierta.

Joder.

Bryker. El traidor.

—Oh, Dios —cubro mi boca con horror mientras miro el llamativo


encabezado: El Modelo y la Amante.

Vinnie voltea.

—¿Qué?

Señalo, incapaz de hablar.

»¿Uh? Aaaaah —Agarra la revista y la abre de golpe en el artículo


dentro—. Hay cuatro fotos más.

—Oh Dios. —Cubro mis ojos ahora, mortificada.


—Guau, se ven geniales. ¿Alguna vez has considerado entrar al
porno? Eres realmente bonita cuando te corres.

—Nunca debemos hablar de esto de nuevo. —Le quito a revista y lo


golpeo en el brazo.

—Eso será difícil de hacer cuando se trata de noticias nacionales. Mira


como él se ve caliente. Dios, sus ojos son tan intensos, tan… viriles.

La parte posterior de mi cabeza golpea el asiento y cierro mis ojos.

—Danny enloquecerá.

—Danny debería darle copias a todos los que conoce y crear una
cuenta de Facebook para ellas. O, incluso mejor, crear una cuenta de
Instagram. Te acechare allí. Estas fotos son increíbles. ¿Cuánto quieres por
ellas? Podría vender un millón de dólares de perfume por solo agregar una
botella justo en la esquina.

—Vinnie, no estoy bromeando.

—Yo tampoco. Esto no es nada. Es una esquina con un encabezado


principal en una bolsa de basura. Todo el mundo sabe que estas revistan
inventan cosas.

Mi teléfono suena. Cuando lo tomo de mi regazo, veo el rostro de


Danny, una foto que le tomé sin camisa en Marfa y la guardé como mi
protector de pantalla.

—Hola.

—Reese, ¿has estado en el quiosco hoy?

—No. —Trago con fuerza—. ¿Por qué?

Hace una pausa.

—Tu vuelo está a punto de despegar. ¿Tienes Wi-fi en tu avión?

—Si.

—Estoy enviándote una foto. La portada de una revista. Posiblemente


desees enviar un correo electrónico a tus abogados mientras estás en el
aire. Sé que estás a punto de despegar, pero contáctame si puedes. No te
estreses. Nos encargaremos de esto juntos.

—Acabo de ver las fotos. Había una copia de la revista en mi vuelo.


Tengo que irme, pero te enviaré un correo electrónico tan pronto como
esté en el aire.

—Está bien. Te amo.

No importa lo que esté pasando en nuestras vidas: caos o paz,


siempre sonreiré cuando me diga eso.

—También te amo. Cuídate.

—Lo haré. Hablaremos pronto.

Pago el servicio de internet ofrecido, y nos enviamos varios correos


electrónicos en el transcurso del vuelo, para cuando Vinnie y yo
aterrizamos en Nueva York, no estoy estresada, no estoy asustada. Ni
siquiera preocupada. Estoy llena de un montón de no me importa. Vinnie
tiene razón. Estas fotos son calientes y me hacen sentir sexy. Si eso me hace
una zorra a los ojos de algunas personas, creo que puedo lidiar con ello.

En el viaje en automóvil, vuelvo a mirar la revista. Vinnie nos hizo


detenernos así él podía comprar una pila. Dejé de discutir con él cuando
me di cuenta que todavía iba a hacerlo si protestaba o no. Son realmente
sexys y necesito usar ese vestido más seguido. Es muy favorecedor a través
de la lente de una acosador.

—¿De verdad crees que soy bonita cuando me corro?

Vinni se echa a reír.

—La más bonita. —Saca un sobre de su maletín y me lo entrega—.


Hablando de bonita, tengo una bonita oferta para ti. Espero la consideres.

Abro el sobre, saco la hoja membretada, y comienzo a leer.


Asombrada, miro la carta.

—¿Estás ofreciéndome trabajo? —Me tomo años finalmente conseguir


una cuenta grande, y Vittori es nada más y nada menos que una de las
más grandes marcas en el mundo. Amo a Vinnie. Mi vida es mejor con él
en ella. Ahora tengo una oportunidad de mejorar mi carrera. Klein me ha
golpeado mentalmente por años, pero estaba haciendo lo que me dije
que tenía que hacer: cumplir mi condena, así se me ha concedido esta
oportunidad… Mi felicidad se abulta en mi garganta.

—No solo cualquier trabajo. Director de Mercadotecnia. Necesito uno.


Necesitas un trabajo. Funciona.

—Vinnie —digo, las lágrimas amenazando—. Estoy tan emocionada.


No puedo creer que quieras contratarme.

—Eres la mejor persona para el trabajo y creo que eres un genio


creativo. Esta campaña ha ido tan bien y me ha gustado mucho. No me
he divertido tanto en años. Mi línea está inspirada en los colores del
desierto, los grises de la cuidad, y los azules de Paris. Ya he empezado a
hacer bosquejos y creo que esta puede ser mi mejor línea. Te debo todo
eso, Chica Dulzura.

—No me debes un trabajo y no quiero tomar ventaja de nuestra


amistad.

—No lo haces. Eres la candidata más calificada que pudiera desear.

Enjugando la esquina de mi ojo cuando una lágrima se desliza, inclino


mi cabeza hacia atrás para evitar que caiga. No estoy segura que Vinnie
entienda cuánto significa su confianza en mí. Vittori, podría estar
trabajando para Vittori.

El auto se detiene en la entrada de su edificio y la tristeza de nuestro


inminente adiós se acumula en mi pecho.

»Simplemente lee la oferta y vuelve a mí cuando las cosas con la


demanda se calmen, que por cierto, aún estoy dispuesto a cubrir el pago,
si quieres.

—No. No puedo aceptar tanto dinero. Estamos tratando de resolverlo,


pero gracias. Desde el fondo de mi corazón por la oferta, pero sobre todo
por tu amistad. —Nos abrazamos mientras la puerta se abre—. Oh, olvide
decirte. ¿Recuerdas a Leo, el camarero?

Sus cejas se mueven.

—Siempre.
—Hablamos cuando estuve en París. Tengo su número y el
definitivamente está interesado en caminar por la pasarela para ti. Él es
nuevo en esto, así que le dije que estarías feliz de darle algunos consejos.

—¿Te he dicho lo mucho que te amo?

—No, pero mirando el salario que me estas ofreciendo, diría que me


amas mucho.

Él se ríe.

—Es verdad, lo hago. —Cuando sale del auto, dice—: Gracias por tu
amistad, Reese. —Sin gestos y expresiones exageradas, puedo decir que él
habla desde el corazón.

A
la mañana siguiente hablo con Danny cuando finalmente
llega a casa.

—Las fotos están allí. Ya hemos decidido pagar el


acuerdo, así que ahora no funcionarán contra nosotros en
el caso. Estamos admitiendo lo que hicimos desde el
principio.

Mi razonamiento lo hace detenerse, necesitando tiempo para


procesarlo.

—¿Estás de acuerdo con que las hayan impreso?

—No. Creo que deberíamos demandar a la revista por publicarlas y a


Bryker por venderlas, pero no quiero estresarme por esto. Preferiría que
nuestros abogados lo manejen, así nosotros podemos enfocarnos en
nuestro futuro.

Su sonrisa se escucha a través de sus palabras.

—Me gusta esta nueva Reesse. Tan despreocupada. Bueno, la parte


no demandante. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
—Tú has cambiado mi opinión, acerca de todo. Tú has hecho lo
correcto desde el principio. Estoy escogiendo mirar el lado soleado de la
vida. Está mucho más cálido allí.

—Sí, lo está. —Lo escucho exhalar, aliviado—. Sé que se supone


debemos vernos en seis días, pero ¿cómo te sientes acerca de venir aquí
antes?

Prácticamente desmayando, pregunto:

—¿Me extrañas?

—Todo el día y ni siquiera ha comenzado la noche.

—C
asi me gusta estar separados solo para que
podamos tener encuentros como este —dice
Danny, acostado de espaldas conmigo yaciendo
encima de él.

—A mí también.

Sus dedos se deslizan en mi cabello y bajan por lo espalada antes de


subir.

—Me gusta más nosotros juntos.

—A mí también. —Me siento y cuidadosamente maniobrando a un


lado de él en la parte superior de la mesa del comedor, acurrucándome
en el hueco de su brazo—. Esta mesa es dura. ¿Quieres moverte al sofá?

—¿Qué tal una ducha? La fiesta comenzó hace una hora.

—Es LA. Todo el mundo que está en la moda llega tarde.

Él se levanta de la mesa y me recoge en sus brazos.


—Me alegra que te hayas adaptado a las costumbres locales. —
Ataca mi cuello con besos, pellizcos y lamidas. Mientras estoy pateando y
riendo, él dice—: Eso significa que tenemos tiempo para otra ronda en la
ducha.

Mi risa se detiene cuando encuentro sus ojos. ¡Ah! Mi corazón


comienza a golpear en mi pecho por la intensidad revelada en el centro
color caramelo de sus ojos. El hombre es insaciable. Afortunadamente
para él, siento lo mismo.

Beso su frente y la sien, bajando contra la barba de su mandíbula, aún


más abajo hasta su cuello. Su respiración se profundiza cuando su piel se
calienta bajo mis labios.

Me lleva al baño y pregunta:

»¿Contra el espejo o en la ducha?

—Ducha.

Colocándome en el tapete, él entra en la gran ducha y abre ambos


rociadores. Los chorros a la altura del cuerpo empiezan después de
presionar el botón y el agua cae del gran panel encima haciéndome sentir
como si hubiéramos sido atrapados en la lluvia.

Cuando el agua se calienta, abre la puerta y me invita a entrar. La


puerta de cristal se nubla detrás de mí y veo la niebla arrastrase a la otra
pared de cristal. Danny está en medio de todo, gloriosamente húmedo, sus
ojos en mí, agua brillando sobre su cuerpo.

Mis dedos se deslizan de sus hombros hacia abajo sobre su pecho,


maniobrando cada duro musculo de su estómago, luego bajando. Me
agarro de su erección, la piel suave sobre su dureza. Hago trazos largos
con ambas manos, de la base a la punta, provocando que su cabeza
caiga hacia atrás, ojos cerrados. Un gemido se escucha desde lo más
profundo de su pecho.

»¿Qué quieres que haga, Danny? Cualquier cosa por ti.

Me mira con una sonrisa en su rostro, una que comparte lo que siente
en su interior: ardor, devoción, respeto. Su mano cubre mi mejilla, y el
responde:
—Crees que voy a decir alguna loca posición o tal vez incluso
meterlo en tu garganta. Pero si me preguntas lo que más quiero, mi
respuesta siempre será la misma: Tú, estar dentro de ti. Eres demasiado
temporal para mí. Eres como una tienda de campaña que es temporal y
puede fácilmente ser desecha. —Tomando mi rostro entre sus manos, me
besa con profundo afecto, por lo que mis rodillas ceden ligeramente—.
Eres mi Taj Mahal. Eres mi hogar construido de amor y pasión. Te miro y veo
la grandeza. —Con una sonrisa ligera, dice—: Eres el libro que leo cuando
quiero revivir nuestra historia.

Desde su firme confesión de sentimientos, mis rodillas reúnen la fuerza


y me acerco para besarlo. Luego, con mi propia sonrisa apasionada, le
digo:

—Tú eres mi Taj Mahal también.

—¿Qué te parece ser el Taj Mahal juntos?

—Me gusta eso. Mucho. —Un beso lleva a otro, y luego conduce a
más. Bajo y envuelvo mi mano alrededor de su longitud. Con firmeza, me
deslizo contra su sedosa piel.

Un rugido en su pecho atrae mi atención y mis ojos encuentran los


suyos.

»Date la vuelta, nena.

—Dios me encanta cuando me llamas así. —Me giro y me pongo de


espaldas a él.

Y entonces comienza la seducción.

Sus manos se deslizan por mis brazos mientras sus labios arrastran un
rastro de besos por mi hombro. Nuestros dedos se entrelazan y su lengua
encuentra la concha de mi oído. Inclino la cabeza a un lado, mi cabello
húmedo cayendo. Él lame mi cuello y detrás de la oreja antes de presionar
sus labios. Danny toma mis manos y lentamente las lleva por encima de mi
cabeza, palmas planas contras el cristal. Mi respiración se detiene,
atrapada en el momento, y él susurra:

—Eres la mujer más hermosa que he visto. Eres la mujer más sexy que
he besado. Eres la única mujer con la que quiero estar otra vez.
Mi exhalación se convierte en respiraciones aceleradas cuando sus
manos dejan las mías exactamente donde él quería. Tomándome por las
caderas, me tira hacia atrás lo suficiente como para inclinar mi trasero.

»Eres tan jodidamente preciosa, nena.

Siento su polla contra mi trasero. Aunque nunca hemos ido allí, estoy
excitada. No estoy segura si estoy lista para más, de esa manera, pero
estoy tentada. Empujándome hacia atrás lo suficiente para alentarlo a
más, sus manos se aprietan sobre mis caderas y dice:

»Paciencia.

Paciencia es lo último que siento. Me siento viva, frenética, y


despreocupada en lo peor manera sexual. Soy una mujer en el borde.

—Quiero sentirte dentro de mí.

—Lo estás sintiendo precisamente ahora.

—Lo estoy anhelando ahora mismo.

—¿Qué estas anhelando?

—A ti. —Lucho por mantener mis manos en su lugar, mis hombros


empiezan a arder, mi cuerpo está en llamas por él—. Por favor tócame.

Agarra mis pechos y los aprieta varias veces antes de mover dos
dedos entre mis piernas y correr sobre mi sensible clítoris. Mi cuerpo se
sacude por el contacto antes de buscarlo de nuevo.

Pero él se detiene y reposiciona la punta de su pene, una presión fan


jodi-tastica donde más lo deseo. Cierro mis ojos, saboreando cada
centímetro mientras me llena lentamente.

Mi cabeza se empuja contra el cristal, mis brazos estirados, mi cuerpo


tomado por el único hombre que alguna vez me ha hecho querer dárselo.
Girando mi cabeza, mi mejilla se enfría por el cristal mientras el vapor fluye
a nuestro alrededor. El agua caliente corre por nuestros cuerpos mientras él
tira lentamente afuera y adentro otra vez.

Tortura. Él me esta torturado.

»Por favor. Más rápido.


—¿Estas segura?

—Dios, sí

—Bueno, ya que lo has dicho así. —Bruscamente me empuja hacia


atrás hasta que me acerco a él, mis brazos caen y él dice—: Prepárate.

Mis manos presionan contra el cristal, tensión llenando mis brazos justo
mientras me mueve hacia adelante y golpea de nuevo, controlando mi
cuerpo. Llegó tan cerca de golpear el cristal, pero él es cuidadoso. Incluso
cuando no lo es.

Cada empuje me toca más profundo, toma mi corazón, mi alma, y


despierta todos mis músculos. Mis nervios crudos con anticipación,
continuando las sensaciones que chispean sobre mi piel, la que él
encendió antes en el comedor.

Su aliento refresca mi piel que el agua calienta. Agarrándome por los


hombros, me doy el impulso para acelerar su paso, su respiración
uniéndose a la carrera. Su gran mano cubre mi cuerpo y se presiona
contra mí, su boca en mi oreja:

»Te haré sentir bien, tan bien, nena. —Sus dedos se extienden. Presiona
suavemente mi estómago mientras se mueve a través de ello y aparta mis
piernas. Tanto. Mi cuerpo siente todo lo que él da y sin embargo, ansía
más. No toma más que algunos cuantos círculos bien calculados
directamente sobre mi clítoris para que me desmorone debajo de él. Mis
gemidos de placer lo seducen mientras cubre mis manos, arrastrándolas al
cristal hasta que él está empujando con nuestro propio ritmo y cayendo a
pedazos a través de sus propios gemidos de éxtasis.

Su cabeza descansa sobre mi hombro, nuestras manos juntas delante


de nosotros hasta que nuestra respiración se calma. Se aleja y el agua
caliente me cubre. Volviéndome, Danny está apoyado contra la pared
frente a mí. Su sonrisa maliciosa deslizándose en su lugar.

»Vas a ser mi muerte, mujer.

Acurrucándome en él, beso su pecho varias veces justo sobre su


corazón.

—Sin embargo será la muerte más dulce.


Sus brazos me rodean y me sostiene. Besando mi coronilla, suspira y
siento su cuerpo relajarse.

—La mejor muerte que pudiera desear.

Me agacho bajo el rocío de la ducha y empujo mi cabello hacia


atrás. Atrapándolo mirándome, le digo:

—No mueras estando conmigo. Voy a llegar a mi mejor momento


sexual en el camino y quiero que estés allí.

Riéndose, se une a mí, tomándome por la cintura, dice:

—No me lo perdería por nada. No quiero perder nada contigo nunca


más.

—Te amo.

—Te amo más.


REESE
A
veces ingenuamente olvido lo bien conocido que es Danny,
sobre todo aquí en la tierra de las celebridades. Cuando
entramos en la casa de otra celebridad, en una fiesta llena de
gente famosa, la atención que recibe todavía me sorprende. Cuando lo
miro, es mi Danny. El mismo chico de Nebraska de quien me enamoré
locamente, es el mismo hombre sujetando mi mano. Pero aquí, Danny
Weston es un nombre, una marca, un negocio y un Imperio.

Una vez que conseguimos bebidas del bar, él me lleva a conocer a


una de sus amigas. He oído mucho sobre ella, por Danny y los medios. Su
vida es vivida en una pecera, rodeada por mirones. Debe ser difícil.
Cuando miro a Danny, a veces puedo relacionarme.

Mientras nos acercamos a la rubia, me siento intimidada. Es más


bonita que en las fotos que he visto, sin lugar a dudas la mujer más
hermosa en la habitación. Cuando ve a Danny, su rostro se ilumina y se
excusa antes de precipitarse. Mi mano es dejada caer así la puede
abrazar. Si todavía estuviera en la universidad, una gran bandera roja de
celos volaría hacia arriba. Pero tan pronto como se separan, él envuelve su
brazo alrededor de mi espalda y orgullosamente me tira hacia él.

Holli se vuelve hacia mí con una sonrisa cálida y acogedora.

—He escuchado tanto sobre ti, Reese. Estoy tan contenta de


finalmente conocerte. —Mi mano sale y justo cuando estoy a punto de
hablar, añade—: Soy del sur original, así que soy una abrazadora.
—Avanzando, me abraza tan fuertemente como abrazó a Danny. Su
bondad es contagiosa así que me sumo al festival de abrazos y la abrazo
de vuelta.

Cuando nos separamos, digo:


—No he escuchado nada más que cosas maravillosas sobre ti. Es tan
bueno finalmente conocerte también.

Engancha su brazo en el mío y se vuelve hacia Danny.

—La voy a robar por un rato. Tenemos mucho de qué hablar.

—Solo dame la señal si necesitas rescate, bonita, y estaré allí.

—¿Cuál es la señal? —bromeo mientras nos alejamos.

Holli le da una mirada que lo calla rápidamente.

—Ignóralo. No voy a morder. Voy a chismear. —Y ahí está el toque de


malicia que me pone a gusto. Gracias a Dios. Es humana.

Nos dirigimos atrás donde la gente está nadando en la piscina estilo


laguna y holgazanea en sillas alrededor. Me libera y como si compartiera
un secreto, dice:

»Vamos por aquí para que podamos hablar.

Hay un columpio de madera con enredaderas floreciendo


curvándose sobre una pérgola. Cuando nos sentamos, nos da una buena
vista del gran patio. El paisaje da la sensación de una isla tropical.
Realmente puedo escuchar aves en la distancia. Es una propiedad muy
bonita. Nos empujamos solo lo suficiente para movernos, pero no lo
suficiente para hacernos sentir como si fuera un esfuerzo.

—Esto es realmente agradable.

—Dalton construyó la pérgola y el columpio cuando volvió de gira el


año pasado.

—¿Dalton?

—Lo siento. Johnny. Johnny Outlaw. Él es Dalton para mí.

Ooooh. La estrella de rock. Asiento.

»Él está en la construcción. —Hace una cara graciosa—. Siempre está


buscando nuevos proyectos, algo para construir. En la gira está tan lleno
de adrenalina durante meses que, cuando llega a casa, creo que tiene
que volver a una vida estacionaria, más tranquila. Me construye algo cada
vez para mantenerse ocupado, para mantener sus manos ocupadas. Este
año, construyó una casa del árbol en nuestra casa en Ojai. Es casi del
tamaño de mi primer apartamento en LA. —Se ríe, luego baja su voz—. Y
nunca me quejaré. No solo consigo estas cosas impresionantes que ha
construido, sino su cuerpo. La madre de Zeus, sus brazos y cuerpo son una
locura. Quiero decir, él es caliente de todos modos, pero Señor
Todopoderoso, comienzo a sudar solo mirándolo mientras comienza a
sudar.

La bandera roja desaparece totalmente. No es una amenaza para mi


relación. Está claro cuánto le importa su Dalton.

—Solo puedo imaginarlo. A veces Danny trabaja en el patio


delantero. Está pegado a la habitación libre de Danny. He estado
trabajando en ella y he pasado muchas horas viéndolo comenzar a sudar.
Él es todo un espectáculo.

Riendo juntas, dice:

—Mi oficina está en la misma habitación.

—Olvidé que eres dueña de la casa de al lado. ¿No estás mucho allí?

—Puedo trabajar desde cualquier lugar. A veces estamos aquí en LA.


A veces en Ojai. Paso por mi hogar natal cuando realmente necesito
concentrarme para una fecha límite. Me gusta estar cerca de la playa,
oyendo las olas en la distancia. —Me da una palmadita en la pierna—.
Suficiente sobre mí. Quiero oír sobre ti. Leí un poco sobre la demanda. Lo
siento.

Minimizándolo, digo:

—No lo hagas. Estábamos en clara violación. Es una mierda entregar


el dinero, especialmente a esa basura, pero es más fácil pagarlo para que
podamos seguir adelante.

—Estoy de acuerdo. Las demandas chupan la vida de ti. He pasado


por unas cuantas. Roban un pedazo de tu felicidad si los dejas. No los
dejes, Reese. Mantente fuerte.
Bebiendo a sorbos mi trago, miro alrededor. Holli ha hecho un trabajo
asombroso para mantener su felicidad. Se ve por todas partes y solo
mirándola.

—¿Puedo preguntarte algo personal?

—Claro.

—¿Cómo manejas a los admiradores y groupies, las mujeres que se


lanzan a él, los vídeos? ¿Cómo no te pones celosa, o lo si lo hace?

Riendo para sí misma, responde:

—Lo amo y eso es parte de su vida. Así que tuve que tomar la decisión
entre conseguir mi felices para siempre con el hombre que amo o alejarme
y arreglármelas por el resto de mi vida. Elegí amor. ¿Qué elegirás tú?

No tengo que pensar en esto y no es una pregunta con trampa.

—El amor. Elijo el amor.

—Más adelante, aprenderás a manejar la situación, después de unas


locuras más. Luego todo se calmará.

Ella está siendo tan abierta, así que planteo otro tema.

—¿Te importa si te pregunto acerca de tu negocio?

No se pone a la defensiva y no hay muros subiendo. Ella sonríe y dice:

—Por supuesto. ¿Qué es lo que quieres saber?

Con la mayoría de las mujeres, ellas sostendrían firmemente sus


tarjetas en su pecho, con miedo de cualquier competencia. Ella no. Ella es
abierta y honesta. Ya veo por qué a Danny le gusta tanto. Está
empezando a gustarme en la misma medida. Me pregunto si no será mi
nueva mejor amiga. Tal vez demasiado pronto para sacar el tema. Por
dentro rio, y luego pregunto:

—¿Cómo sabías que deseabas iniciar un negocio, que era el


momento adecuado?
—Me desperté un día y no pude quitarme la idea. Yo sabía que tenía
que perseguirla o lo lamentaría. Danny me dice que eres increíblemente
creativa y bastante gurú de la publicidad.

Mis mejillas se calientan al escuchar el cumplido de Danny desde otra


persona. Miro hacia la casa y veo a Danny hablando con un hombre
cerca de su tamaño, cabello castaño, tatuajes escondidos debajo de la
camiseta de manga corta. Ambos tienen sus brazos cruzados y miran por
todas partes mientras hablan el uno al otro. Es muy divertido verlos.

—No soy gurú, pero encabecé algunos grandes proyectos. Mi amigo


es diseñador de modas y me ofreció un trabajo desde que dejé la última
agencia. Podría trabajar para él directamente. La paga es increíble, pero
estoy pensando que tal vez quiera empezar mi propia agencia. Algo
pequeño al principio. Básicamente yo, pero creciendo desde allí. Mi
reputación personal puede ser disparada después de que las fotos de
Danny y yo fueron vendidas, pero puedo defender mi carrera.

—Las fotos se calmarán, la demanda va a desaparecer, y todo el


mundo se olvidará de ello. Pero lo que haces con tus anuncios, es tu
cartera y tu trabajo hablará por sí mismo.

—No le he dicho a Danny todavía.

—¿Por qué no?

Dejamos de balancearnos, y miro hacia atrás, a él de nuevo, mientras


que las puntas de mis zapatos se arrastran a través de la hierba.

—No quería tomar una decisión precipitada. Quería esta demanda


detrás de nosotros antes de comprometerme a algo. Pero sé en mi corazón
que no puedo volver a Nueva York sin él y viéndolo en LA, aquí es a donde
siempre perteneció. Él es feliz aquí. Sus amigos están aquí. Aquí es donde él
ha construido su vida.

Ella sigue mi mirada y sonríe.

—Su vida está contigo. Uno hace lo que tiene que hacer. Si tienes que
ir a Nueva York, va a apoyar tu decisión. Él es solo ese tipo de persona.
—Cuando se pone de pie, dice—: Pero creo que en tu corazón ya sabes lo
que quieres hacer. Y Reese, no hay nada peor que vivir una vida de
arrepentimiento.
Años de pesar cruzan mi mente.

—Sé mucho acerca de eso.

—Entonces tienes tu respuesta. Estás lista para comenzar tu propio


negocio. Si puedo ayudar de cualquier manera, solo házmelo saber.

Me levanto y tomo un sorbo de mi bebida. Danny asiente con la


cabeza, señalándome que vuelva con él. Por desgracia, también lo he
extrañado demasiado.

—¿Deberíamos unirnos a ellos?

Holli y yo nos acercamos. Danny envuelve su brazo alrededor de mi


espalda.

—Reese, este es Dex. Él es el baterista de la banda. Dex, esta es mi


novia, Reese.

Escucharlo llamarme su novia me llena el alma, se filtra en mis venas y


me da fuerza. Estrecho la mano de Dex, tratando de no hacer una gran
cosa acerca de mi nuevo título, pero mi corazón todavía salta. Finalmente
contesto:

—Es un placer conocerte.

Cuando vuelvo al lado de Danny, Dex dice:

—Estoy trabajando en algunas canciones a las que quiero regresar.


Voy a encontrar a Rochelle, para irnos. —Él se inclina y besa la mejilla de
Holli—. Te veré luego, Hols.

—Gracias por venir y maneja con cuidado. —Holli empuja a Danny—.


Impresionante. Conseguiste que dijera más de cinco palabras. Para
alguien que le gusta estar rodeado de gente, tiende a ser más introvertido
en las fiestas.

Danny se encoge de hombros.

—Estábamos pasando el rato. No hablamos de mucho. Su música.

Ella sonríe.
—A él le gusta hablar de su música. Ha cambiado mucho a lo largo
de los años. Un buen cambio. O tal vez es solo que, Danny, pones a todos
a gusto.

Inclinando la cabeza sobre Danny, digo:

—En la universidad, todo el mundo lo amaba. Nunca he conocido a


nadie que no se llevara bien con Danny.

La sala de estar detrás de nosotros está notablemente más tranquila y


damos la vuelta a partir del cambio repentino. La estrella de rock camina a
través de la fiesta, lleno de carisma, su presencia superando a todos los
demás, a excepción de una sola, Holli. Ella se encuentra con confianza al
lado de nosotros, cómoda en su propia piel, y pregunta:

—¿Has conocido a Johnny Outlaw?

Escucho a Danny exhalar ruidosamente por la nariz y reirse. Está bien,


sé que hay una historia aquí y el momento no podría haber sido mejor
planificado. Además de comenzar a sudar al ver a la famosa estrella de
rock, ahora estoy nerviosa de que podría molestar a Danny si consigo estar
demasiado excitada. Además, no quiero parecer una groupie loca
delante de Holli. Pero míralo. Oh, Dios mío. Es Johnny Outlaw. The
Resistance es una de mis bandas favoritas. Lo acecho con mis ojos cuando
llega con Holli y le dice algo al oído que la hace reír. Ella lo besa antes de
volver de nuevo con nosotros.

—Esta es la novia de Danny, Reese. Reese, Johnny.

Él alcanza mi mano e intento que deje de temblar así no me muero


de la vergüenza. Su sonrisa es tan amable que es fácil sentirse a gusto con
él. Cuando nuestras manos se encuentran, se apoya y me besa en la
mejilla.

—Así que estás con él, ¿eh?

Me río, un poco demasiado vertiginosa.

—Lo estoy.

Danny murmura:

—Jesucristo. —Haciendo que Holli se ría.


Ella toma a Johnny por el brazo, a través de la risa y dice:

—¿Es un concurso de meadas? Porque estoy segura que Reese no


aprecia ser el premio. ¿Por qué no pueden llevarse bien chicos?

Johnny habla por primera vez cuando él sonríe hacia Danny:

—Podemos. ¿Correcto, viejo amigo? ¿Qué tal si te invito una cerveza?

—Ya me has comprado un borbón —responde Danny, levantando su


copa—. Pero voy a tomar otro felizmente.

Nos movemos para entrar. Johnny palmea la espalda de Danny, y


dice:

—El pasado es el pasado. Es hora de que todos avancemos.

Palabras más verdaderas nunca fueron dichas.


36
REESE

D
e camino a casa… casa. Danny, mi casa. Reflexiono.

—Estoy rechazando a Vinnie.

—¿Lo estás? —pregunta Danny, sorprendido.

—Nunca se sintió bien debido a nuestra amistad, y aunque me


encanta trabajar con él, quiero hacer una variedad de cosas y campañas
diferentes.

—¿Estás segura?

—Lo estoy —digo con confianza—. Absolutamente positiva.

—¿Qué quieres hacer?

—Voy a comenzar mi propia agencia.

—¿De verdad? ¿Dónde? —La preocupación se escucha claramente


en la última pregunta.

—¿Qué piensas sobre que me quede un poco más, tal vez


permanentemente?

Esa sonrisa que amo cruza sus labios.

—Creo que eso sería increíble. —Mira desde el camino hacia mí—.
¿Qué piensas de estar conmigo una poco más, tal vez permanentemente?

Me estiro, pasando los dedos a través de la parte trasera de su


cabello.

—Estaba esperando que me lo pidieras pero no quería que te sintieras


presionado.

—¿Presionado? Te he querido aquí desde ese primer día de la reunión


en Illustrious. Así que demonios sí, quiero que te quedes. —Su mano está
sobre mi muslo y se inclina más cerca. Lo encuentro por encima de la
palanca de cambios y nos besamos—. Y me gusta la idea de tu propia
agencia. Podemos convertir la otra habitación en tu oficina si quieres.

—¿Harías eso por mí?

Toma mi mano y la besa.

—¿No lo sabes, Reese? Haría cualquier cosa por ti.

—Y yo haría cualquier cosa por ti, también.

E
ntramos a la reunión con Mark y el abogado de Danny. Nos han
dicho que no digamos una palabra. Ellos no querían que yo
viniera, pero Danny dijo que si él básicamente estaba
declarándose culpable y pagando al bastardo, entonces iba a “frotar esto
en su maldita cara”.

Tengo mis propias razones para querer estar aquí hoy.

Cuando entramos a la sala de conferencias, mis ojos se encuentran


con Keaton. Estoy tentada a alejarme de su mirada. Puedo sentir su odio
ardiendo a través de mí, pero hago lo que Danny siempre dice que haga.
Levanto la barbilla.

Nos sentamos, y mientras nuestro abogado revisa el acuerdo, Keaton


continúa mirándome. Su limitada gama de emociones parece haberse
agotado y está atascado en confusión.

Cuando miro a mi izquierda, Danny no está divertido. Toma mi mano


debajo de la mesa, y con nuestros dedos entrelazados, los pone justo
encima para que todo el mundo lo vea.

Los ojos de Keaton se dirigen a Danny, y escucho, justo por encima


del silencio:

—Jódete.
Aprieto la mano de Danny para calmarlo, pero también estoy
luchando para mantener la calma bajo estas circunstancias. Tan pronto
como nuestro abogado termina de leer el acuerdo, el abogado de
Keaton coloca un anexo sobre la mesa y lo empuja a través de la brillante
superficie de madera para que todos podamos ver. Hay un montón de
letras pequeñas, pero lo que destaca es la siguiente línea.

Al estar de acuerdo con este convenio, Daniel Weston, se despide de


su derecho de ver a la señorita Reese Carmichael en cualquier capacidad
profesional o social. De este modo, el dinero establecido será reducido a
$1,000,000.

Estoy de pie, palmas clavadas en la mesa.

—¡No puedes hacer eso!

El abogado de Danny me llama:

—Señorita Carmichael, yo manejaré esto. Por favor siéntese. —Se


aclara la garganta y empuja el anexo de regreso—. Esto no era parte del
acuerdo original y no aceptaremos añadirlo durante esta reunión final.

El abogado de Keaton revisa un mensaje de texto que vibra en su


celular, Keaton se sienta, cómodo en su silla, sus dedos formando un
templo delante de él.

Yo digo:

—No ganarás, Keaton.

—Ya lo he hecho, cariño. De cualquier forma, gano. Eso es lo que


consigues por joder la ayuda.

Mis pies apenas tocan el suelo cuando vuelo hacia adelante para
darle una bofetada. Danny me atrapa y me tira de regreso.

—Ahora te has pasado y la has molestado. Buena suerte, imbécil —le


advierte, con su propia sonrisa irónica.

Me hace querer escupir cuando dice:


—Puedo manejarla.

A través de mi rabia ciega, logro calmarme y encontrar la razón por la


que estoy aquí. Golpeo un cheque sobre la mesa y lo empujó hacia su
abogado. Keaton y su abogado se inclinan para mirar más de cerca. Yo
digo:

—Nunca nos separarás. No puedes separarnos. Es mucho dinero, pero


la pagaría de nuevo para estar con él.

Un cheque por siete millones de dólares está ente Keaton y nosotros.


Danny se vuelve hacia mí, y susurra:

—¿Dónde conseguiste ese dinero?

—Vendí mi apartamento. Hubo una guerra de ofertas, una venta


rápida y una oferta en efectivo. El trato fue demasiado bueno para dejarlo
pasar, y he cobrado mis inversiones y un 401K15, así que no te preocupes, el
cheque es bueno.

Danny me mira, luego dice:

—No estoy preocupado si eres buena con el dinero. No tenías que


hacer todo eso. Guarda tu dinero. No quiero que tú pagues, Reese. Quiero
pagar yo y estoy dispuesto a hacerlo.

—También estoy dispuesta a pagar. —La transición entera de vender


mi solicitado apartamento en una parte moderna de Manhattan tardó
menos de dos semanas. Con el dinero en mano, estoy dispuesta a darlo
todo por esta segunda oportunidad.

Keaton interrumpe.

—¿Qué carajos, Reese? ¿En serio estas peleando por quien va a


pagarme el dinero que él me debe por romper el contrato?

En los Estados Unidos, un plan 401 (k) es la cuenta de pensión de contribución definida
15

calificada de impuestos definida en la subsección 401 (k) del Código de Rentas Internas.
Bajo el plan, las cotizaciones de ahorro para la jubilación son proporcionadas (y a veces
proporcionalmente igualadas) por un empleador, deducidas del cheque de pago del
empleado antes de impuestos (por lo tanto, impuestos diferidos hasta retirados después
de la jubilación o según lo permitido por la ley aplicable), y limitado a un máximo pre
Contribución anual tributaria de 18.000 dólares (a partir de 2015).
Odio el sonido de su voz. Volviéndome hacia Danny, lo beso. Porque
hemos pagado nuestra deuda por el crimen que cometimos y no quiero
desperdiciar otro segundo ocupándome en esto.

Con mi espalda al lado de la mesa de Keaton, el otro abogado se


aclara la garganta esta vez. Cuando miro de regreso, Keaton está de pie
frente a las ventanas con la espalda hacia nosotros. Su abogado me
devuelve el cheque.

—No lo tomaremos. El señor Klein ha decidido retirar los cargos y


olvidar lo que paso.

—¿Y porque es eso? —pregunta el abogado de Danny.

Keaton se gira, una mezcla de ira y determinación llena su postura.

—El señor Vittori ha acordado un contrato de once millones de


dólares por un año, si detenemos el proceso.

Oh Vinnie. Miro a Keaton. Él se siente el vencedor. Piensa que ha


ganado. Pero esto prueba lo que yo sabía desde el principio. Nunca le
importé. Todas sus declaraciones de amor eran solo engaños vestidos en
costosos trajes. Esto nunca fue sobre el amor. Se trataba de propiedad.
Suya. Buena salida, Keaton Klein. Imbécil.

Sonrío. Vinnie puede estar atascado trabajando con Klein por otro
año, pero no puedes superar el sentimiento. Mirando a Danny, digo:

—Hemos terminado aquí. Estaremos juntos y mantendremos el dinero.


¿Mira quién gana después de todo?

Él me toma en sus brazos y me besa con fuerza.

—Oh, nena, fuimos los ganadores todo el tiempo. —Se levanta—.


Salgamos de aquí.

Seguimos a nuestro abogado, pero el abogado de Keaton me llama.

—Señorita Carmichael, contra mi consejo, el señor Klein ha pedido


hablar con usted

—No tengo interés en hablar con el señor Kelin.

Keaton aparece en la puerta.


—Por favor, Reese. Solo un minuto de tu tiempo.

El agarre de Danny en mi mano se aprieta, pero hay algunas cosas


que me gustaría decirle a Keaton también. Le susurro a Danny al oído:

—Estaré bien. Esto será rápido.

A regañadientes asiente y se aleja unos pasos. Camino a la esquina,


pero no de regreso dentro de la habitación como creo que él quiere.
Cuando siente que tiene suficiente privacidad, pregunta:

—¿Cómo pudiste vender? Amabas ese apartamento.

—Lo amo más a él.

—Dame un respiro. Es un modelo. ¿Cómo podría ese modelo


posiblemente ser mejor partido que yo? Quiero decir… realmente —se
burla.

—Esta es la última vez que le faltarás al respeto a mi novio.

—¿Qué puede darte él que yo no pueda?

Ahora hay una pregunta malintencionada si alguna vez escuché una.


Amo todo el gran montaje.

—Felicidad. Amor. Amor real. No soy un títere que él quiera controlar.


Su orgullo no le priva de mostrar emociones reales. Él no me trata como
una igual. Me trata mejor. ¿Y el sexo? Mejor. Sexo. Mucho mejor. ¿Puedes
verlo ahora? Él no es nada como tú. —Giro mis pies calzados en Louboutin.
Con mi mano en la cadera, estiro un tacón, así él puede ver la firma roja
en la suela—. ¿Adivina qué? Compre los míos. Creo que los usaré esta
noche mientras follo a ese modelo.

DANNY
E
sos jodidos zapatos sexys.

Los pequeños diablillos… tentándome al lado oscuro de


la habitación donde nuestra cama está esperando por un
buen revolcón. Pero Reese está al teléfono con Vinnie
agradeciéndole por el rescate. Ella lo pone en altavoz
después de que él insiste.

—Si no podía ayudarte con el dinero, tenía que ayudar como pudiera.
El amor siempre debe triunfar ante el odio. De todos modos, Reese, mi
pequeña mantequilla de maní, vas a necesitar ese dinero para tu agencia.

—¿Qué paso con Chica Dulzura? —pregunta ella, riendo, el peso del
mundo levantado de sus hombros.

—Estoy en una fase de chocolate y mantequilla de maní.

—Ah. Ya veo.

Grito desde el otro lado de la habitación.

—Gracias, Vittori Diseñador.

—De nada, Danny Modelo.

Hundiéndome más en el colchón, la adrenalina marchándose, tengo


todos mis pecados fuera de mi pecho.

—Y por cierto, guardé los pantalones de Nueva York. Ajustan en todos


los lugares correctos.

—Consérvalos. Nunca encontraré a otro modelo para llenarlos de


todos modos.

—Me pareció impresionante que nunca midieras mi entrepierna y


ajustaban perfectamente.

—Tengo buen ojo para ese tipo de cosas. Llámalo un talento.

Reese comienza a reír tan fuerte que comienza a toser. Niego con la
cabeza.

—Bueno vamos a dejar esta conversación donde nos salimos, que es


justo aquí. Gracias de nuevo.
Ella finalmente cuelga el teléfono después de un ataque de risas y
despedidas. Su vestido salió hace una hora y ella ha estado caminando en
la más pequeña de las bragas y sujetador que cubre demasiado de su
increíble pecho. Y esos tacones. Maldita sea como me gustan esos
tacones en ella.

Estoy a punto de llamar a mi mujer cuando mi teléfono suena.


Respondo porque sé que la boda era esta noche.

—Hola, Luke, ¿Cómo va la boda?

—Terrible.

—¿Sigues allí?

—Sip

—Vete si es tan malo. Nadie te obliga a quedarte si te están


torturando.

—No, no es tortura. Es terrible porque no sé qué hacer.

Me rasco la cabeza, perplejo.

—¿Qué está pasando?

—Jane bailó conmigo, pero regresó con él.

—¿Él, su novio? —pregunto.

—Sí.

—¿Ella va a regresar?

—No lo creo. Le dije que aún la amaba. Ella dijo gracias y que tenía
que regresar con su cita.

—Amigo, sal de allí. Corta tus pérdidas y vete.

—Tienes razón. Tengo que irme. —La música de la recepción es fuerte


en el fondo, pero comienza a sonar distante, hasta que está silencioso—.
¿Puedo ir?

Reese se agacha mientras busca algo en su bolso y todo lo que veo


son dos kilómetros de piernas, un gran culo, y esos zapatos. Me siento
cuando sus piernas se apartan oh tan ligeramente, centrándose donde
quiero estar mayormente.

»¿Danny? Casi estoy allí. Está bien pasar, ¿cierto?

La voz de Luke me está matando. Mi suplica silenciosa es ¡No! Mi


respuesta verbal es:

—Claro.

—Estaré allí en diez.

Suspiro cuando cuelgo, dividido entre ser un buen amigo y luchando


por no poder estar a solas con mi mujer. Ella pregunta:

—¿Qué pasa?

—Estás vestida así.

Alcanzando el tirante en su hombro, lo levanta juguetonamente,


burlándose de mí.

—Si esto es un problema, puedo quietarlos.

—Joder, te quiero follar con tantas ganas. —Balanceo las piernas


fuera de la cama y me levanto, frotando mi dureza y dispuesto a bajar.

—Dices eso como si no estuviera más que dispuesta. —Bajando sus


bragas, agrega—. ¿No he sido lo suficiente clara?

Como si mis bolas no me odiaran lo suficiente, mi voz sube una


octava.

—No hagas eso. Luke está viniendo. Y si las quitas, me importa una
mierda que mi mejor amigo esté viviendo después de tener su corazón
pisoteado esta noche por su ex.

—Ayyy. Ah nooo. —Saca sus bragas y yo lloriqueo. Sonriendo, ella


pregunta—: ¿Qué pasó?

—Esas malditas bragas pasaron.

Inclinando la cabeza y con la mano en la cadera, ella sonríe. Tan


jodidamente sexy.
—Me refería a qué le pasó a Luke.

Oh.

—Larga historia, pero él quiere pasar y no sé, consuelo o algo así. Una
vez que abrimos la inundación personal, hemos sido unos coños maricas
desde entonces.

—Mostrar emociones no te hace un marica, y ¿pensé que te gustaba


el coño?

—Comerlo. Follarlo. Hacer que se corra. Hacerle el amor. Toma tu


elección, pero actuar como uno no es atractivo.

Ella pone los ojos en blanco.

—Deshazte de esa erección y yo me vestiré.

Mientras me pongo los pantalones, le pregunto:

—¿Seguro que está bien que él pase?

Como si fuera la pregunta más ridícula, dice:

—Por supuesto. Estas siendo un buen amigo. Voy a tomar un baño.


Podemos retomarlo donde lo dejamos más tarde esta noche.

—¿Con los zapatos?

—Es por eso que los compre. Les daré a los dos charlatanes algo de
privacidad. —Sacude su trasero y entra el baño.

Luke llega poco después de que me visto y agarro dos cervezas de la


nevera. Le doy una cuando respondo a la puerta y entro a la sala de estar
con él. Sentándome, me pongo cómodo en el sofá. Él toma la silla y dice:

—No puedo entenderla.

—No creo que ella sepa lo que quiere.

Tomando un largo trago de la botella, se inclina hacia atrás.

—¿Dejo que se vaya?


—No lo sé, hombre. ¿Cómo te siente por ella? —Termino la mitad de la
cerveza mientras nos hundimos hasta las rodillas en sus emociones.

Él no duda.

—La amo.

—Allí tienes tu respuesta.

Bajando la botella, levanta la mirada, y luego frota sus manos sobre su


rostro.

—No creo que se supondría que esto sería difícil.

Sigo la dirección que está mirando y detecta el bolso de Reese.

—Si quieres que sea, difícil o no, lo será.

—Nuestro tiempo ha pasado. Nuestras vidas están fuera de sintonía.

—¿Crees que se casará con él?

—Quiero decir que no, pero no estoy seguro si ese es mi ego o el


instinto hablando.

Sonrío.

—Probablemente tu ego, conociéndote.

—Sip. Probablemente.

Me pongo de pie, coloco la botella en la mesa de café y abro mis


brazos.

Su rostro se arruga mientras me mira con un leve horror. Es como me


siento, así que lo entiendo.

—¿Qué estás haciendo?

—Vamos a abrazarnos.

—No. Siéntate como la mierda.

Manteniéndome fuerte, digo:


—Nop. Vamos a hacer esto y sacarlo del camino así nunca tendremos
que hacerlo de nuevo.

—¿Qué demonios estás fumando?

—Estoy siendo muy serio. Ven. Mis brazos se están cansando.

El niega con la cabeza. Murmura en voz baja. Pretende irse. Pero


regresa y me abraza. Nos mantenemos apretados y asegurando el
golpearnos el uno al otro en la espalda antes de alejarnos. Luke parece
confundido.

—Mierda, eso en realidad me hizo sentir un poco mejor. Tal vez las
chicas tengan razón.

Me rio.

—Si te hizo sentir mejor o no, me hizo sentir peor. Nunca más ¿de
acuerdo?

Riendo, asiente.

—De acuerdo. Y en ese sentido, estoy bien.

—¿Entonces el drama de Jane sigue vivo?

—No. Creo es hora de que siga adelante.

Mientras caminamos hacia la puerta, advierto:

—Pero no más Jenna, Jackie o Jennifer.

—Amigo, si saco a las Jennifer del juego, eso no dejará mucho.

—Eh, creo que funcionará. —Abro la puerta—. La próxima vez, quiero


que conozcas a Reese. Es tarde y está tomando un baño, así que necesitas
irte así puedo aprovecharme de mi novia desnuda.

Él sale.

—Restriégamelo. Restriégamelo, hombre. —Retrocediendo hacia el


porche, dice—: No voy a darte un momento difícil por eso. Estaría
haciendo lo mismo. Estoy feliz por ti, Danny. Mereces ser feliz después de
todo este tiempo. Solo recuerda que soy tu hombre cuando estés
haciendo audiciones para el papel de padrino de boda.
Riendo entre dientes, le digo:

—Lo tienes.

—Gracias por el abrazo —grita demasiado alto. Miro alrededor,


esperando que ninguno de mis vecinos escuche.

—Nunca vuelvas a mencionarlo.

Él está sonriendo mientras se aleja. Me siento mejor sabiendo que se


siente mejor. Si eso me hace una chica, entonces supongo que tendré que
ser dueño de ello. Ahora de regreso al programa previamente
programado. Cierro la puerta y me meto al cuarto de baño para unirme a
mi chica.
DANNY

R
eleyendo el texto, sonrío feliz. Jane finalmente lo llamó. No
tengo idea de lo que hará, pero Reese piensa que regresará de
nuevo con Luke. Las mujeres no hablan con sus ex, como ya lo
ha hecho, si no ha dejado emocionalmente al otro tipo. Estoy bastante
seguro de que Reese está hablando desde la experiencia. Luke hizo un
buen juego fingiendo que la superó, pero ha sido obvio que no. La
esperanza todavía existe. Tal vez tendrá su segunda oportunidad para
hacer las cosas bien como yo.

Me levanto del sofá y entro en el dormitorio. Esos leggins que ella


insiste en llevar, esos que llevaba en la universidad y que me volvían loco,
yacen en la cama. Cómo los pantalones con gatos fumando pipas
sobrevivieron a nuestra ruptura y yo no, nunca voy a entenderlo. Supongo
que eso es solo algo que voy a tener que dejar ir. Agarro lo que vine a
buscar aquí y giro la cabeza.

Reese está tendida en el balcón trasero. Ella está en un jodido bikini


muy distractor, cuando voy y me siento en la silla a su lado. Tengo que
detener mentalmente la mirada en sus fantásticos pechos y centrarme en
la misión. Tratando de actuar natural, le pregunto:

—¿Recuerdas cómo solíamos pasar la primera nevada del año juntos?


¿Sin importar dónde estuviéramos, nos encontrábamos el uno al otro?

—Lo recuerdo —dice quitándose sus gafas de sol y sonriendo hacia


mí—. Era nuestra tradición. ¿Qué te hizo pensar en eso?

Me encojo de hombros con indiferencia.

—¿Qué tal si revivimos esa tradición?


Ella se ríe con su magnífica sonrisa.

—Me encantaría, pero creo que se te ha olvidado que vivimos en el


sur de California. ¿Cómo propones que lo hagamos? ¿Tomando un viaje?

Ofreciendo mi mano, me pongo de pie.

—Ven conmigo. —La llevo de la mano a través de la sala de estar y al


piso de arriba. Cortamos a través de la habitación que se ha convertido en
su oficina y salimos al balcón. Abro la puerta y empiezo a salir, pero ella se
detiene, mi cuerpo se sacude en un alto. Su mano libre cubre su boca en
sorpresa.

A pesar de querer darle mi sonrisa del millón de dólares, solo soy


capaz de una completamente cursi sonrisa del tipo me-sale-el-mayor-de-
los-grandes-gestos. Sus ojos están agrandados por la alegría.

»Vamos.

Ella viene conmigo esta vez. Salimos sobre las baldosas de terracota y
mira hacia arriba mientras la nieve cae.

—Danny, está nevando. En Los Ángeles. En mayo. —A pesar de que


está descalza y vestida con un bikini, Reese va hacia la cornisa y mira por
encima. La máquina está ahí abajo, trabajando a tiempo completo para
combatir el clima de 21°C. Cuando ella se vuelve hacia mí, dice—: ¿Hiciste
esto para mí?

—Todo lo hago por ti. Ven aquí, nena.

Ella corre y salta envolviendo su cuerpo alrededor del mío, y me besa


como si este fuera el último beso que alguna vez compartimos. La beso
con la misma pasión.

—No puedo creer que hayas hecho esto. Es increíble.

Los copos de nieve caen sobre sus pestañas y ella se estremece.

—Creo que no escogí el momento oportuno. No estás vestida


exactamente para la nieve.

—Tu elección nunca ha sido mejor. Amo esto, mucho.


—¿Qué tal esto para medir el tiempo? —Me arrodillo en una rodilla, la
izquierda para ser precisos, y tiro de la caja de mi bolsillo.

Su jadeo es fuerte, ahora ambas manos están cubriendo su rostro. Me


rio y tiro sus manos suavemente hacia abajo, hasta que veo su sonrisa, con
lágrimas en los ojos.

»Quiero ver tus ojos azules cuando haga esto. —Pensé que estaría
nervioso, pero por alguna razón, debido a alguien, no lo estoy. Sosteniendo
su mano izquierda, froto mi pulgar sobre sus nudillos—. Hace diez años te
dejé ir de mi vida y no luché lo suficiente para que volvieras. Es lo único
que lamento. He vivido con la pena de no creer nunca tener la
oportunidad de rectificar. Pero aquí estoy, de rodillas ante ti, rezando en
silencio para que me des la oportunidad de hacer las cosas bien, para
estar juntos de la manera que siempre estuvo destinada a ser. Reese
Carmichael, ¿me harías el honor de ser mi esposa y compañera en esta
vida y para toda la eternidad? ¿Quieres casarte conmigo, bonita?

Abro la caja de terciopelo negro que estaba oculta en mi cajón


debajo de los bóxers en la parte posterior. El anillo de dos quilates sigue
siendo tan impresionante como lo fue hace años cuando lo compré en
París. Es perfecto para la impresionante mujer con manos temblorosas y
lágrimas corriendo por su rostro, de pie frente a mí en el traje de baño más
malditamente sexy que he visto nunca. Por un breve instante pienso en
cubrirla con mi camisa para que nadie más puede verla. Pero logro
domesticar a mi hombre de las cavernas interno... por ahora, porque
pagué mucho dinero para hacer que nieve en mayo. Estoy bastante
seguro de que ella está empezando a tener frío, pero todavía estoy
esperando a que responda, entonces puedo caer en picada hacia ella y
hacerle el amor para sellar el trato.

—No sabes cuántas veces he soñado con este momento contigo. Esto
es mejor que cualquier sueño que pude haber tenido. Pero yo habría dicho
que sí sin siquiera esto, porque te tengo a ti y tu eres mi sueño hecho
realidad.

—Entonces, ¿eso es un sí?

Ella asiente mientras las lágrimas corren por sus sonrientes labios.

—Sí. Un trillón de síes.


No pierdo un segundo. La tomo en mis brazos y corro hacia el interior.
Cierro la puerta de una patada, soy rápido a la habitación donde ese
minúsculo pequeño bikini está fuera en cuestión de segundos. Caliento su
cuerpo como caliento su alma: con mi cuerpo, con mi alma.

SEIS MESES DESPUÉS

E
stoy en todas partes.

Vallas publicitarias.

Revistas.

Centros comerciales.

Tiendas.

Paradas de autobús.

Comerciales.

Alfombras rojas.

Aeropuertos.

El Rey del Times Square.

Los posters son enormes, los anuncios ocupan páginas, y estoy en


toda la televisión. Con los anuncios fuera, Mark dice que estoy de regreso
en la cima, pero yo digo que nunca la dejé. Vittori me ha hecho un
nombre conocido. Bueno, vamos a aclarar, un famoso donde yo ya era ya
un nombre famoso.

Tengo mi selección de puestos de trabajo desde el mundo del


modelaje a la actuación. Puedo hacer y tener cualquier cosa, excepto la
privacidad que una vez disfruté. Me estoy adaptando. Reese está
haciendo un buen trabajo, aunque se quiebre bajo la lente del
microscopio del paparazzi algunos días y amenace con secuestrarme y
esconderme en Manhattan. Es adorable así, cuando se vuelve toda
protectora y posesiva. No la culpo. Siento lo mismo por ella.
Estoy contento de que tenga a Holli, para confiar en ella, para pasar
el rato. Tienen mucho en común, ambas son ambiciosas, amables, y
divertidas. Pero Reese es mucho más que yo. Ella me conoce, al verdadero
yo antes de la fama y antes del dinero. Ella conoce mi presente también, y
aun así se queda. Me rio.

Miro hacia arriba al anuncio de Illustrious mientras camino al interior.


Ha sido siempre una fuente de orgullo ver esta agencia crecer y
convertirse en un éxito internacional y saber que he sido una parte de ese
viaje.

Mark está en su oficina cuando llego. Como de costumbre, no se ve,


pero dice:

—Buen trabajo, Danny.

—Gracias —le contesto, sentado frente a su escritorio.

—Reservamos GQ. Sebastian Lassiter se ha retrasado unos meses. —Él


mira hacia arriba—. Supongo que lo conseguiste.

Hago explotar mi collar imaginario. Es bueno ser el rey.

Mark añade:

—Y porque el señor Vittori insiste en ti para su siguiente campaña, el


nuevo contrato con Vittori fue cerrado esta mañana. Ni siquiera se resistió
antes tus nuevos honorarios.

Vinnie ha sido muy generoso con nosotros profesionalmente, con los


dos, Reese y yo. En cuanto a su amistad, el hombre no conoce límites o
fronteras. Literalmente. Pero todo viene de un buen lugar. Estamos
contentos de tenerlo en nuestro rincón.

Voy a estar usando un traje de Vittori para la boda, y el diseño del


vestido de novia de Reese es de Vinnie como su regalo, como
intercambio, por dejarle planear con ella. Tengo miedo de ver el
espectáculo morado en lo que esto se convertirá, pero si los hace felices,
me hace feliz.

»Hemos trabajado juntos mucho tiempo. —Dejando su pluma, dice—:


Creo que hay una larga carrera por delante y estoy feliz de llegar a
compartirlo.
—Yo también, hombre. —Alcanzo hacia delante y le doy la mano,
pero se levanta y tira de mí en un abrazo. Con palmaditas en la espalda.

Cuando damos un paso atrás, dice:

— Jody tiene el contrato para que lo firmes. Detente en su escritorio


cuando salgas. —Y así, estamos de vuelta en los negocios.

—Está bien. Gracias por todo.

—De nada. Ahora sal de aquí. Tengo que cerrar este acuerdo para
Sebastian antes de que enloquezca por lo de GQ.

Riendo, digo:

—Buena suerte con eso.

—La necesito.

Ni siquiera puedo llegar a El Pit antes de escuchar a Lassiter, por


alguna razón, teniendo el valor suficiente para hablar conmigo. Él dice:

—Esa es una chica ardiente y caliente la que tienes ahí.

Deteniéndome, le devuelvo la mirada. Dejando que mi ceño fruncido


hable por mí, pero decide que necesita oírlo también.

—Ese es tu único pase libre. Decir lo que sea sobre ella, incluso
pronunciar su nombre hará que tu culo sea derribado.

Lassiter no toma nada en serio.

—Entonces, ¿no quieres que te diga lo que pienso y cómo voy a


contratar su hermoso culo como mi asesor y consejero personal? Estoy
seguro de que va a disfrutar de pasar horas de la noche juntos trabajando
en nues…

Mi puño está volando, pero se detiene apenas por debajo de un


centímetro de su mandíbula. Arrogante hijo de puta.

—Termina lo que estabas diciendo.

Nervioso, se ríe.

—Creo que he terminado.


Tan cerca, pero le doy una segunda oportunidad.

—Sí, me lo imaginaba. —Esperemos que no cometa el mismo error.

Mark sale corriendo de su oficina, gritando:

—¡Mierda, Danny! Él tiene un trabajo en dos días.

—Le di una advertencia.

Mark se interpone entre nosotros.

—¿Así que supongo que no estás disponible para ser su mentor?

Me rio, moviéndome al escritorio de Jods y cruzando los brazos.

—Gracias, pero no gracias. Buena suerte con eso.

—Tienes suerte de que me gustes o te habría despedido.

Jods me entrega el nuevo contrato a firmar. Desde que la campaña


de Vittori fue un éxito, mi precio inicial solo era una paga y media. Alzo una
ceja con mi sonrisa satisfecha registrada.

—Me amas demasiado.

—Amo el dinero que me haces ganar.

Me encojo de hombros mientras camino a la puerta.

—Es lo mismo. Hasta pronto. —Tomo el ascensor para bajar y pasar el


área de recepción y enviándole al guardia de seguridad un asentimiento.
Pulso a través de las puertas dobles y camino bajo las letras plateadas de
Illustrious encima del moderno toldo de acero inoxidable, me paro a
apreciar la vida que me han dado, la segunda oportunidad que he
robado de vuelta del destino.

Vivo la vida que muchos envidian, más anhelan: fama, viajar por el
mundo, grandes sueldos, mujeres calientes. Sin embargo, solo importa una
cosa y eso es lo que me provoca una sonrisa de oreja a oreja. Puede que
no sea mi sonrisa del millón de dólares, pero vale los mil millones para mí.
Ella vale más para mí.

Reese se sienta en el asiento del conductor en-la-sala-de-exposición


de los convertibles Jaguar F-TYPE de color azul zafiro. Yo lo habría llamado
naval, pero eso sería un insulto a la perfección de este tono de azul. Su
regalo de compromiso coincide con el azul de sus magníficos ojos, que se
fijan en mí ahora.

Después de saltar sobre la puerta del auto y aterrizar en el asiento del


copiloto, me pregunta:

—¿Cómo te fue?

—Bien. —No voy a entrar en los detalles morbosos de mí casi


golpeando a ese idiota arrogante. No quiero arruinar un hermoso y
perfecto día en el sur de California. Al final, Sebastian Lassiter no importa.
Me dieron el trabajo. Tengo a la chica. Tengo una muy buena vida. Guiño
y digo—: Es bueno ser yo. —Es bueno ser un modelo en la cima.

Sonriendo Reese niega con la cabeza y enciende el auto.

—¿Estás listo, Romeo?

Tomando su mano en la mía, la llevo a mis labios y la beso.

—Nací listo, nena.


TALK TO ME #2

Porque el primer amor merece una segunda


oportunidad.

U
n mes.

Una película.

Un pase a una segunda oportunidad.

Me enamoré locamente a primera vista de Jane Lewis.

La chica de brillantes ojos azules, una sonrisa bonita, y un gran culo se


adueñó de mi corazón. Pensé que estaba contenta con el status quo, pero
diez años más tarde, tontamente la dejé ir. A pesar de salir con otras
mujeres, nadie se compara con mi primer amor. Estamos destinados a estar
juntos, y voy a intentar lo imposible por convencerla de ello.

Luke Anders me engañó. El trato fue sellado antes de que supiera que
estaba detrás de él.

Estuvimos de acuerdo en ser solo amigos. Simple. Fácil. Pero no se


trata solo de que el clima es caliente en Texas. Yo fui una tonta al pensar
que podría resistirme. Él sabe cómo trabajar sus encantos y esos labios
besables. Esa mandíbula grande, y los bíceps. Estamos aquí para trabajar,
pero se ha convertido en francamente distractor.
Soy fuerte. Puedo manejar un mes de su coqueta tortura sexual. ¿Pero
si da la casualidad que caigo en la cama con ese sexy bastardo por una
noche, o tres, eso me hace débil? Buscando un amigo, por supuesto.

Creo que estoy a punto de descubrir que cuando el amor se


complica, no es solo la charla la que es sucio.
JANE LEWIS
A
pretando el volante, soplo el aliento que estuve conteniendo
los últimos segundos. Mi corazón se acelera casi tan rápido
como mi auto.

Esto es todo.

Estoy ignorando mi cabeza, volteando alrededor de mis sentimientos


heridos, y siguiendo mi corazón. Bajando la ventana, lanzo mi precaución
al viento.

Esto se siente bien.

He estado separada de la otra mitad de mi corazón por mucho


tiempo, y lo voy a recuperar.

“Voy a abrir tu cuerpo, abrazar tu alma, y convencer a la luna y a las


estrellas para brillar en el interior”.

Las palabras susurradas al oído hace muchos años, hacen que mi


corazón de un salto mortal en mi pecho. Mi largo cabello da latigazos
alrededor de mi cabeza, el fuerte viento con anticipación mientras la
emoción aumenta dentro.

Estaciono frente a la casa que compró después de lo nuestro y corro


a la puerta. Llamo dos veces, reboto sobre los talones esperando a que
responda y trato de mirar por la pequeña ventana, para ver si está en
casa. Espero que lo esté. Mis sentimientos están a punto de estallar libres
de excitación y tengo que compartirlos con él.

La conexión que alguna vez tuvimos fue descarrilada sobre


malentendidos y sentimientos heridos. En el último año, queriendo la vida
que tenía de regreso, queriéndolo de regreso me había quebrado y había
ido a verlo. No hemos hablado recientemente, pero ahora es el momento
para aclarar para decirle cómo me siento, esperando que él sienta lo
mismo.

Luke Anders es mi pasado, presente, y pronto será el futuro, todo ello


envuelto en un cuerpo atractivo, duro, y una sonrisa asesina. No puedo
esperar para asfixiarlo con besos profundos y noches acurrucados, justo
como solíamos hacer.

Alzándome, me asomo en la ventana de nuevo y resoplo cuando no


veo ningún movimiento en el interior. Compruebo la puerta y cuando la
perilla de la puerta gira, entro.

—¿Luke?

No consigo respuesta, camino más adentro y lo llamo de nuevo:

»¿Luke?

Mi burbuja feliz se desinfla mientras trato de averiguar si me quedo a


esperar o si debería irme. El espacio me atrae más adentro, la calma del
ambiente, la vida de Luke me rodea, me da paz. Sonrío, tocando la
barandilla, pasando mis dedos sobre la lisa barandilla.

—Te conozco.

Miro hacia arriba para encontrar a una mujer rubia platinada en la


parte superior de la escalera, sosteniendo la barandilla que justo estaba
tocando como una barrera a la segunda planta. Mi corazón de repente se
siente pesado y la sangre corre por mis venas, con fuerza en mis oídos.

—Estoy buscando a Luke —respondo atontada.

—Está arriba. —Señala por encima del hombro—. Puedo sacarlo.


Debería estar fuera de la ducha ahora.
La camiseta que lleva puesta... está usando su camiseta de USC16.

—¿Fuiste a la USC?

—¿Uh?

Señalo y ella mira hacia abajo y tira de la orilla que llega a la parte
superior de los muslos, y se ríe.

—Oh, no. Es de Luke. La tomé prestada.

Mi brazo cruza sobre mi estómago mientras lucho por mantener su


contenido a raya. Me quedo un momento más antes de que mis ojos
bajen y note que no tiene pantalones puestos. Tragando mis sentimientos
de dolor, decepción, y sustituyéndolos por un falso orgullo, digo:

—Dile que pasé por aquí. —Entonces giro para irme.

—¿Jane?

Me congelo. Después de una respiración profunda, me giro solo lo


suficiente para mirar por encima del hombro.

—Él es feliz.

Entendiendo su intención, pregunto:

—¿Sin mí, quieres decir?

Se reclina contra la pared, la camiseta se desliza hacia arriba por sus


largas piernas, como si quisiera que vea lo que es, una modelo en
comparación conmigo. Sus ojos permanecen fijos en mí viéndose
demasiado cómoda en su casa.

—Conmigo.

Mi corazón arde y se estrella en la boca de mi estómago y bajo mi


mirada.

—He cambiado de opinión. No es necesario que le digas que pasé


por aquí. —Voy en línea recta hacia la puerta.

Justo antes de que se cierre, dice:

USC: Universidad de Carolina del Sur.


16
—Adiós —Moliendo la sal más profundamente en mí herida a corazón
abierto.

Corriendo a mi auto, salto y cierro la puerta rápidamente,


manteniendo el mundo y todo su dolor fuera. Salgo y cuando estoy
conduciendo alejándome, me aseguro de no mirar hacia atrás.

Mi teléfono suena y echo un vistazo al identificador de llamadas. No


es la persona que quiero escuchar, pero contesto de todos modos, no
queriendo sentirme tan sola.

—Hola.

—Por favor, vuelve a casa, Jane. Siento haberle dicho eso a la gente.
—La voz de Lawrence llena el auto, ya que sale a través de los altavoces.

—Les mentiste. No estamos comprometidos.

—Tú hiciste lo tuyo.

—No debería haberlo hecho. Me pusiste en el acto. Me pusiste en la


disyuntiva de dejarme manipular o ser avergonzada. Elegí seguir el juego
para acabar con ello.

—Sé que en el fondo me amas.

—Me preocupo por ti, Lawrence, pero no estoy enamorada de ti.

—Ven a casa.

—No es mi casa.

—Lo será si solo le das una oportunidad, si me das una oportunidad,


una oportunidad real esta vez.

Me duele el corazón mientras entro en la autopista. Una hora más


tarde estoy sentada frente a la casa de Lawrence mirando las flores de
rosas que había plantado para mí.

Siempre quise una cerca blanca, una casa llena de niños, y un


asombroso esposo a quien no pudiera amar lo suficiente. Dos de tres no es
tan malo.
Tal vez pueda ser feliz con Lawrence, al igual que Luke lo es con esa
otra mujer.

—Él es feliz. Conmigo. —Luke ha seguido adelante. En realidad no es


más mío. ¿Cómo pudo seguir adelante sin mí? Me prometió que me
amaría por siempre. Mintió.

No me estoy haciendo más joven y quiero que mis sueños se hagan


realidad. Lawrence... me ama. Dice que me dará todo lo que quiero y una
vida cómoda. Cómoda. Parece que eso es todo lo que voy a tener ahora.

Luke ya no es mío. Él ha dado su corazón tomando el mío en el


proceso.

¿Quién necesita un corazón completo de todos modos?

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