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MUSA EN LENCERÍA

Lencería #1

PENELOPE SKY
Esto es una obra de ficción. Todos los personajes y acontecimientos retratados en esta novela son
ficticios o se utilizan de forma ficticia. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro
puede ser reproducida en ninguna forma ni por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo
sistemas de almacenamiento y recuperación de información, sin el permiso escrito del editor o autor,
excepto en el caso de un revisor, que puede citar pasajes breves en una revisión.

Editorial Hartwick
Musa en Lencería
Derechos de autor © 2018 por Penélope Sky
Todos los Derechos Reservados
Esta es una traducción sin ánimo de lucro, hecha únicamente con el objetivo
de poder tener en nuestro idioma las historias que amamos….

Si tienes la oportunidad de adquirir uno de los libros de esta autora te


animamos a hacerlo...

Cayla
1

Sapphire

ME SENTÉ SOLA EN EL BAR CON UN WHISKY EN EL MOSTRADOR


DELANTE DE MÍ. El líquido ámbar era fuerte en mi garganta, pero no muy
fuerte, lo suficiente para llenarme con el calor que necesitaba para sobrevivir
a esta pesadilla.

La casa de mi madre había sido embargada por el banco. El único activo que
heredé me fue arrebatado con el chasquido de un dedo. Ahora no tenía un
lugar para vivir, y lo que era peor aún, tuve que pagar el préstamo.

Todo por mi hermano, Nathan.

Su novia lo dejó, él se mezcló en el inframundo, hizo una apuesta que no


podía permitirse perder. Los tipos lo mataron una vez que sus bolsillos
estaban vacíos, y como Nathan tenía tanta deuda acumulada, el gobierno se
llevó la casa para pagar todo lo que debía.

No podía creer esta mierda.


La casa había sido dejada a los dos, así que los dos estábamos en la
escritura. Ya que tenía mejor crédito, yo era la más responsable de uno, el
préstamo se había hecho a mi nombre. Y ahora tuve que pagar por su
estupidez perdiéndolo todo.

Y me refiero a todo.

La casa había desaparecido. Aún le debía quinientos mil dólares al banco.


Mi ayuda financiera para la universidad había sido cancelada porque mi
crédito era una mierda. Ahora debía dinero por la educación que no podía
permitirme terminar.

Pero esa no fue la peor parte.

La pandilla en la que se metió Nathan no había sido compensada con el


dinero que se les debía. No podían quedarse con la casa porque el gobierno
se les adelantó. Knuckles (Nudillos), el líder de la organización, era uno de
los mayores capos del crimen en el mundo. Todo el mundo hablaba de él
como si fuera un mito porque no lo habían visto en persona.

Bastardos con suerte.

Era intocable para la policía porque tenía más poder de lo que cualquier
hombre debería. Lo llamaban Nudillos porque era su arma preferida- sus
propias manos.

Y yo seré su próxima víctima.


Miré fijamente el pedazo de papel que estaba puesto frente a mí.
Garabateado en tinta negra eran palabras sencillas.

Tres días, cariño.

A Knuckles le gustaba jugar con su comida antes de hacer el corte final. Me


estaba torturando, viéndome luchar sin un centavo a mi nombre. En lugares
al azar, yo encontraba estas notas, normalmente se metían en mi mochila
cuando iba en metro. Desde que era una indigente, me quedaba en los sofás
de la gente y mentía sobre mis circunstancias. Pensaban que mi casa estaba
siendo fumigada. Era una mentira tan estúpida, que no podía creer que la
gente en realidad se la creyera.

Sólo me quedaban tres días de libertad antes de que Knuckles se apoderara


de mí y me convirtiera en su esclava sexual. Prometió que habría látigos y
cadenas. Prometió que habría dolor y placer. Prometió que recibiría cada
centavo que le correspondía de entre mis piernas.

Era el castigo final para Nathan, a pesar de que él hace tiempo que se ha
fue.

Knuckles me advirtió que no me fuera, que habría consecuencias terribles si


lo hacía, que Él tenía recursos para encontrarme, y una vez que lo hiciera,
habría mucho más dolor que placer. Habría una brutal tortura junto con su
polla embistiéndome en cada agujero que poseía.

Mierda, no podía creer que esto estuviera pasando.

No estaba segura de con quién estaba más enojada. Nathan, Knuckles, o yo


misma.
Yo misma porque debería haber sabido lo que Nathan estaba haciendo. No
debería haber estado tan absorta en mis estudios y trabajo. Debería haber
tenido una pista de lo que estaba pasando a mi alrededor.

Nathan vivía conmigo.... ¿Cómo no me di cuenta?

Terminé mi whisky y me moría por otro, pero simplemente no podía pagarlo.


Uno era suficiente por hoy.

La televisión de la esquina cambió a Entertainment Tonight, y Lacey


Lockwood apareció en la pantalla. Una de las modelos más bellas del mundo,
era rubia, con ojos azules y un cuerpo que hacía que cada hombre cayera
de rodillas. Ella modelaba la lencería más lujosa creada. Era el tipo de cosas
que toda mujer quería que un hombre le comprara. Era hermosa, sencilla y
elegante. "Conway Barsetti es un genio. Todo el mundo elogia mi apariencia,
pero él es el hombre que merece sus elogios. Es el hombre más meticuloso
y brillante que he conocido. Incluso en mis peores días, me hace sentir
hermosa".

Con una talla cero y una sonrisa así, ¿qué tan malo podía ser su peor día?

La imagen cambió a la de Conway Barsetti, quien se encontraba en el


exterior de uno de sus desfiles de moda. Con un traje gris que le quedaba
como una segunda piel, se paraba frente a las cámaras con pura indiferencia.
Como si docenas de personas no le tomaran ninguna foto, el brillante destello
golpeaba sus ojos una y otra vez. Sus manos descansaban en sus bolsillos,
y sus anchos hombros contrastaban con sus estrechas caderas. Para un
hombre que diseñaba ropa, sus gustos eran muy simples. Giró un poco la
cabeza para dar otro ángulo a los fotógrafos, su intensa expresión se
endureció como si estuviera molesto.
No sonrió ni una sola vez.

Y obviamente no iba a hacerlo.

Tenía el pelo castaño oscuro que parecía negro sin que el sol lo golpeara
directamente. Los ojos verdes ardían con una intensidad vibrante. Su
mandíbula estaba cincelada como si el hueso hubiera sido moldeado de
mármol. Su cara estaba limpia y afeitada, pero era obvio que le podía salir
vello facial de la noche a la mañana. Una gran manzana de Adán sobresalía
de su garganta. En lugar de parecer el diseñador que estaba tras las
cámaras, parecía que debía ser el centro de atención de todos.

Era malditamente guapo.

Hubo algunas otras entrevistas a las modelos, todas sobre el diseñador al


que adoraban como a un dios. Tal vez estaban siendo genuinas, o tal vez
sólo estaban besando su trasero para conseguir un mejor foco de atención.
El espectáculo tenía lugar en Milán. Entonces la cámara volvió a Lacey
Lockwood.

"Conway Barsetti siempre está buscando a la mujer perfecta para lucir su


arte. Estaba sentada en una cafetería cuando se me acercó. Mi vida cambió
para siempre en ese momento, y no puedo agradecerle lo suficiente por
darme esta oportunidad". La cámara volvió a Conway, mostrándolo
estrechándose la mano con otros hombres de traje.

Mientras me sentaba allí, desperdiciando el dinero que me quedaba en un


buen trago, vi a este hermoso hombre viviendo el sueño. Rico, admirado y
con un nivel de belleza que sólo podría describirse como estúpido, lo tenía
todo. Las mujeres eran abundantes, y el dinero no era un problema. Podía
pedir tantas bebidas en este bar como quisiera. Nunca antes había estado
celosa de esta manera.

Nunca fui rica, pero siempre tuve todo lo que necesitaba. Tenía un techo
sobre mi cabeza, comida en la mesa, familia y una educación. Si me
preguntas, eso era vivir el sueño americano. Entonces, de repente, me lo
quitaron todo.

Y no había nada que pudiera hacer al respecto.

Me quedé mirando un rato más a la pantalla, viendo cómo las imágenes


cambiaban a medida que mostraban más aspectos de la vida de Conway
Barsetti. Mostró su villa italiana en Verona, rodeada de viñedos y de una
tierra preciosa. Le mostraba posando fuera de un edificio en Milán, una
bicicleta se inclinaba directamente a su lado. Cada imagen era más bella que
la anterior, y no sólo porque él estaba en ella.

Era un lugar hermoso.

Nunca había estado en Italia. Nunca había estado fuera de los Estados
Unidos. Había estado demasiado ocupada en la quiebra y yendo a la escuela
como para permitirme un viaje tan lujoso.

Pero ahora, no tenía nada. Sólo el dinero suficiente para comprar un billete
de avión.

Knuckles amenazó con lastimarme aún más si corría. En tres días, yo sería
oficialmente su posesión. Llamar a la policía no era una opción porque
mataría a todos mis amigos. Pero la idea de dejar que ese hombre me tuviera
me dio náuseas. No iba a esperar a que me pillara con la guardia baja y me
pusiera las manos en el cuello. No iba a dejar que alguien me convirtiera en
una esclava. No iba a pagar por un crimen que no cometí.

"El equipo de Conway Barsetti acaba de anunciar que tendrá una


oportunidad única especial para que las mujeres hagan una audición para un
puesto en la pasarela. Las audiciones se celebrarán en Milán..." La voz de la
reportera se desvaneció una vez que la ignoré.

Dejé algo de dinero en la mesa y cogí mi bolso del suelo. Puede que
Knuckles me estuviera observando en ese mismo momento, pero no iba a
quedarme sentada esperando que apareciera en la oscuridad. Iba a correr
como el demonio hasta que me atrapara.

Y nunca me detendría.
2

Sapphire

AUN CON SOLO UNOS POCOS DOLARES EN MI BOLSILLO, ITALIA ERA


UN LUGAR BONITO, el lugar más hermoso que jamás había visto.

Los pequeños pueblos estaban rodeados de viñedos, flores y mercados


llenos de productos frescos junto con quesos caseros. El vino era más
abundante que el agua, y los extraños no tenían problemas para compartir
con alguien que ni siquiera conocían. No tener dinero para pagar la comida
no era un problema porque todos eran muy generosos.

Si estuviera en América, parecería una mendiga en la calle.

Tomé el autobús a las ciudades vecinas de Milán y las exploré. Era fácil ser
turista cuando las vistas más bellas eran gratuitas. Dormí bajo las estrellas
porque hacía calor y me duché en los baños públicos. No fue mi mejor
momento, pero tampoco fue el peor.

Era mejor que ser una esclava.


Al principio, miraba por encima de mi hombro cada dos minutos, esperando
ver a ese horrible hombre mirándome. Pero tres días habían pasado y él
obviamente sabía que ya no estaba en la ciudad de Nueva York. Después
de una búsqueda rápida, encontraría el documento del avión en el que viajé.
No tenía ninguna duda de que me estaría siguiendo hasta Italia. Pero como
sólo usaba dinero en efectivo y no me registraba en los hoteles, no había
forma de rastrearme.

Era como si yo no existiera.

Estar sin hogar fue una experiencia liberadora.

Los federales seguían buscándome ya que debía mucho de mi hipoteca, y


no pararían hasta que me metieran en la cárcel o me tomaran todo mi salario
de cualquier trabajo que pudiera conseguir. Trabajaría cuarenta horas a la
semana sólo para ser pobre por el resto de mi vida. Ni siquiera podía
permitirme reanudar mi educación.

Empezar de nuevo en un país extranjero sonaba como mi única opción. Sólo


esperaba que nadie me atrapara.

No tenía un falso sentido de mi apariencia. Comprendí que era guapa, pero


no era material para modelo. Pero si podía pedir un trabajo haciendo otra
cosa, como coser o ser asistente, podía ganar algo de dinero. Y también
trabajaría para un hombre muy poderoso. Puede que a Knuckles le resultara
difícil tocarme. Eso fue también lo último que alguien esperaría que hiciera,
conseguir un trabajo con una persona famosa. La gente asumiría que
Conway Barsetti me entregaría, pero a juzgar por la expresión vacía de sus
ojos, no le importaría un bledo de quién estaba huyendo. Tenía cosas más
importantes que hacer, como contar su dinero y sus mujeres.
Regresé a Milán más tarde esa noche con una bolsa llena de pan, queso,
uvas y galletas. Los residentes de la aldea que conocí habían empujado más
comida a mis brazos de la que podía llevar. Comí la mayor parte cuando
estaba fresca y guardé el resto para la cena. Esa noche dormí en un hostal
y tuve una cama y una ducha de verdad después de unos días sin ese tipo
de lujo.

Mañana, iría a la audición y esperaría lo mejor. No tenía ropa bonita, pero mi


ropa no debería importar porque no quería ser modelo.

Incluso sería conserje, si me pagaran lo suficiente.

***

Tuve que registrarme como todo el mundo y me dieron un número para que
me pegara en la ropa. Todas las mujeres ya estaban en tacones y lencería,
vestidas para el papel. Hermosas, delgadas y con un pelo muy largo, todas
estaban calificadas para ser la siguiente modelo de Conway Barsetti.

Yo era la única completamente vestida, y eso me hacía sentir desnuda.

La mayoría de las mujeres levantaron las cejas cuando me miraron y luego


susurraron algo a sus amigas en italiano. Algunas incluso se rieron de mí,
como si fuera una idiota por aparecer vestida con jeans y camiseta. Mi
maquillaje y mi peinado estaban hechos, y me vestí muy bien para dar un
paseo por el parque, pero en el contexto de la audición, me veía como el
fenómeno más grande del planeta.
Se llamaban números, y las mujeres actuaban en el escenario como si fuera
algo real. Se pavoneaban, giraban, volteaban el pelo y miraban fijamente a
los hombres que estaban sentados detrás de la mesa.

Conway Barsetti no estaba allí.

Debía tener cosas más importantes que hacer que elegir su próxima modelo.
O tal vez estaba mirando, pero no podía ser visto. Estaba un poco
desanimada porque él no estaba a la vista. Un hombre hermoso como ese
era agradable de mirar.

Finalmente llamaron a mi número, 228.

Subí las escaleras y pasé a la mujer que acaba de pisar la pista. Ella no
aguantó su risa cuando me pasó, usando un sostén plateado, bragas y
tacones que eran tan altos que prácticamente estaba caminando de puntillas.

La ignoré y me acerqué a la mesa donde estaban sentados los tres hombres.


Todos vestidos con trajes, movieron sus ojos sobre mi cuerpo, contemplando
todos los rasgos con miradas experimentadas. No era la mirada que recibía
de los hombres cuando iba al centro con un vestido corto. Era pragmática,
completamente observacional.

El del medio hizo un giro con el dedo. ̶ Date la vuelta y camina.

̶ No estoy aquí para la audición para ser modelo. ̶ Mantuve las manos a los
lados y no me molesté con una sonrisa falsa. No estaba allí para
impresionarlos con mi apariencia, sino con mis gestos. ̶ Tengo muchas otras
habilidades que creo que serán útiles para la línea de lencería de Barsetti.
Puedo coser, limpiar, cocinar, organizar… cualquier cosa. Busco trabajo y
estoy dispuesta a cubrir cualquier puesto que tengan.

El hombre del medio tenía el pelo y los ojos oscuros. Tenía una pluma en la
punta de sus dedos y la giró distraídamente entre sus dedos. Sus ojos eran
oscuros como el café, con un poco de crema.

̶ Modelar es la posición que estamos tratando de cubrir. ¿Lo quieres o no?

Inmediatamente quise desafiarlo hasta que cediera y me dirigiera a alguien


que pudiera contratarme en un campo diferente, pero a juzgar por la
hostilidad en sus ojos, ya estaba harto de mí. Era improbable que alguien
hablara así a estos hombres, no cuando podían hacer realidad sus sueños.

̶ ¿Te parezco del tipo de modelo? ̶ Había aparecido en jeans y una camiseta
con sandalias planas en los pies. No era fotogénica como el resto de ellas.
No sonreía con alegría, ni ardía con mi sensualidad. Era simple y aburrida.
Yo lo sabía, y ellos lo sabían.

̶ No lo sé, ̶ dijo. ̶ Aún no has caminado por la pasarela.

̶ No creo que mi habilidad para caminar sea el factor decisivo aquí. ̶ Crucé
los brazos sobre el pecho. ̶ Mira, estoy desesperada por trabajar. Acabo de
mudarme aquí, y tengo veinte euros en el bolsillo. Puedo hacer cualquier
cosa.

̶ Entonces camina por la pasarela. ̶ Movió la muñeca e indicó al escenario


con su pluma. ̶ O vete. ̶ Me desafió con su mirada oscura, diciéndome que
su paciencia había sido oficialmente agotada. Los otros dos hombres me
miraron en silencio apenas parpadeando.
Me tragué mi orgullo e hice lo que me pidieron. Había visto a doscientas
veintisiete mujeres caminar por esa pasarela toda la tarde, así que sabía
exactamente qué hacer. Sabía cómo sostener los hombros, cómo mover las
caderas y cómo girar. Me sentí como un idiota por hacerlo vestida así, pero
estaba desesperada.

Y la gente desesperada hacía cosas desesperadas.

Caminé hasta un punto del escenario y luego me di la vuelta, caminando con


la espalda recta y en una postura tensa. No sonreí ni usé una expresión
ardiente. Ahí fue donde dibujé la línea.

El hombre del medio puso su bolígrafo en su portapapeles. ̶ ¿Cicatrices?

̶ ¿Disculpe?

̶ ¿Tienes cicatrices?

̶ No.

̶ Levántate la camiseta.

Mis ojos se entrecerraron. ̶ ¿Disculpe?

̶ Necesito ver tu piel, ̶ dijo. ̶ Manchas, acné, etc.


̶ Sólo confía en mi palabra.

Tomó notas en un pedazo de papel y luego chasqueó los dedos hacia mí.

Puse mis manos sobre mis caderas, mirándolo con una expresión fría. Algo
me dijo que esa expresión era específica para mí, y no me gustaba. ̶ ¿Te
parezco un perro?

̶ Guau. ̶ Una sonrisa de gilipollas se extendió por sus labios. ̶ Trae tu trasero
aquí y toma esto. Tiene sus instrucciones.

̶ ¿Mis instrucciones? ̶ Lentamente me adelanté, mis ojos en el pequeño trozo


de papel que tenía en la mano. ̶ ¿Qué significa eso?

̶ Significa que vas a pasar a la siguiente etapa. ̶ Puso el papel en mi mano. ̶


Muéstrale esto a los hombres de la puerta. De lo contrario, no podrás entrar.

̶ Whoa, espera. ̶ Mis ojos escudriñaron la información escrita. Tenía una


dirección y una hora. ̶ ¿Me estás considerando en serio?

̶ Sí, cariño. ̶ Todavía llevaba esa sonrisa de imbécil.

̶ No me llames así. ̶ Cada vez que oía ese nombre, sentía que el terror me
estrechaba la garganta. Knuckles fue el único hombre que me llamó así, por
lo que desarrollé una profunda aversión al horrible apodo.

Ningún hombre me llamaría así por el resto de mi vida. ̶ ¿Y estás loco? ¿Ves
a todas las mujeres hermosas que hay por aquí?
̶ ¿No te crees muy guapa? ̶ Ladeó una ceja. ̶ No importa lo que lleves puesto.
La verdadera belleza no puede ser escondida. Ahora lárgate del escenario.
Tenemos muchas mujeres que ver.

Volví a mirar el papel, sin poder creer lo que acababa de pasar. No sabía
cuánto les pagaban a las modelos, pero definitivamente era suficiente para
conseguir un apartamento y tomar una ducha caliente todos los días. Podría
ser suficiente para mí, para empezar de nuevo.

̶ Cuando dije que quería una posición diferente, no estaba mintiendo.


¿Realmente no hay nada más?

Cruzó los brazos sobre el pecho. ̶ Eres la mujer más tonta que ha pisado este
escenario. Acabas de ganar la lotería, pero eres demasiado estúpida para
darte cuenta. ¿Prefieres coser en una fábrica que ser una modelo de
Barsetti? No, tú eres el que está demente. ̶ Se inclinó hacia delante y me miró
fijamente, sus ojos ardiendo como un furioso incendio forestal. ̶ ¿Vas a
aceptarlo o no? Se supone que tenemos que repartir diez invitaciones. Si no
lo quieres, se la daré a alguien a quien le interese. ̶ Alargó la mano para
quitármela de las manos.

Mi mano inmediatamente formó un puño alrededor del papel, ocultándolo


dentro de mi palma.

Se inclinó hacia atrás y sonrió. ̶ Bien... tal vez no seas tan estúpida.

̶ ¿Sólo eliges a diez mujeres?

̶ Sí.
̶ ¿Y soy una de las diez? ̶ Había miles de mujeres alineadas en la calle, todos
vestidas con sus mejores ropas. Eran exóticas, hermosas, y entusiastas.
Aparecí con la esperanza de un trabajo de fregar el piso o coser botones y
encajes, pero me dieron algo por lo que todas matarían.

̶ Sí. ̶ Asintió a las escaleras. ̶ Ahora vete antes de que cambie de opinión.

Mantuve la invitación metida en la palma de la mano, sintiendo mi pulso


golpear alrededor de la empuñadura. Era un día soleado en Milán, y el sol
me golpeaba en la nuca. Sentí que el sudor se acumulaba debajo de mis
pechos en mi blusa. Pero esas molestias físicas palidecían en comparación
con la elección que tenía ante mí.

Lo último que quería ser era una modelo. Yo no juzgaba a las mujeres que
se quitaban la ropa para ganarse la vida, pero nunca me había interesado
ese estilo de vida. No tenía la actitud correcta, y era demasiado terca para
seguir instrucciones. Knuckles amenazó con torturarme más si corría, pero
lo hice de todos modos. Cualquiera me habría dicho que fue el error más
tonto de mi vida. pero no me importaba.

Prefiero correr que rendirme.

Modelar para Conway Barsetti no era lo ideal, pero me daría algo que no
podía encontrar en ningún otro lugar.

Protección.

Estaría rodeada de gente todo el tiempo, viviendo a la sombra de uno de los


mejores diseñadores de nuestra generación. Un hombre que valía miles de
millones tenía un poder serio. A él no le importaría protegerme, pero sin duda
le importaría su marca.

Tal vez esto era una bendición disfrazada. ̶ Estaré allí.

Sapphire

10.

Pegaron el número en el pequeño corpiño negro que me habían dado.


Estaba tan apretado que sólo podía respirar la mitad. Aunque las modelos
no usaban tangas en la pasarela, se me pidió que usara una de su línea, de
esa manera se podían ver todos los detalles de mi cuerpo.

La tanga negra combinaba con el encaje de mi blusa, y había una pequeña


flor rosada justo debajo de mi línea de escote para darle color. Nunca había
usado lencería en mi vida, así que era la primera vez que me ponía en
exhibición de esta manera.

Y tenía que usarla en una habitación llena de extraños.

Una mujer me peinó y maquilló, transformándome en una mujer a la que


apenas reconocí. El maquillaje de mi cuerpo fue frotado en mi piel,
escondiendo incluso la más mínima mancha de ser visible. Mi cabello era
tres veces más grande de lo normal, y había tanto rímel en mis pestañas que
mis párpados realmente se sentían pesados.

No podía creer que estaba haciendo esto.

¿Pero qué otra opción tenía? Cualquiera podía juzgarme por ganar dinero
con mi cuerpo, pero cuando estaba huyendo de un psicópata, no tenía
muchas opciones. No hablaba italiano, así que era difícil encontrar trabajo.
Necesitaba algo que requiriera hablar muy poco.

Y modelar no requería hablar.

Las otras nueve chicas eran perfectas para el papel. Altas, hermosas, tan
delgadas que me preguntaba si alguna vez comían. Algunas de las chicas
se hicieron amigas y ninguna de ellas pudo contener su emoción por haber
sido seleccionadas entre las diez primeras. No estaba segura de cuántas
modelos estaban buscando, pero asumiría que sólo la mitad de nosotras
teníamos probabilidades de ser elegidas.

Dudaba de que pudiera pasar a la siguiente etapa.

Pero, para empezar, no sabía cómo llegué aquí.

̶ Fórmense. ̶ Una mujer de mediana edad con gafas aplaudió y señaló al otro
lado del escenario. Estábamos dentro de uno de los estudios Barsetti, todo
un auditorio lleno de filas de asientos. Los balcones estaban decorados con
elegantes diseños italianos y se había pintado un enorme fresco en el techo.
Las chicas se colocaron en su lugar, empezando por el número uno.

De izquierda a derecha, formamos una línea. Yo era la última en la fila, y me


preguntaba si mi ubicación tenía algo que ver con mis probabilidades. Tal
vez las mejores candidatas estaban en el frente. El hombre que me había
elegido estaba en uno de los pasillos, los otros dos hombres sentados con
sus portapapeles. Se puso el teléfono en la oreja, escuchó algo y luego se lo
metió en el bolsillo.
̶ Conway Barsetti está llegando. ̶ Se sentó con los otros dos hombres,
dejando el asiento del pasillo abierto.

Se quedó en silencio el auditorio. La gente ni siquiera respiraba. Las chicas


chupaban sus estómagos invisibles e inmovilizaban sus hombros hacia atrás,
listas para impresionar a un hombre que era imposible de impresionar.

Enderecé mi postura y las imité tanto como me fue posible, pero eso no
impidió que me sintiera estúpida. No sabía cómo ser sexy. Estas mujeres
eran maestras en eso, sabían exactamente lo que un hombre como Conway
Barsetti quería ver. No tenía ni idea cuando se trataba de cosas como ésta.

Pero si no me eligiera a mí, le pediría otro trabajo. No me iría de este lugar


hasta que tuviera un sueldo. Italia era cara, y no podía confiar en que la gente
buena me diera comida gratis todo el tiempo. Tengo que cumplir con mi
deber. Limpiaría baños si eso fuera necesario.

El silencio continuó extendiéndose sin cesar, todos temían respirar


demasiado fuerte como para interrumpir la anticipación. No había visto una
habitación tan tensa en mi vida. Incluso cuando el presidente de los Estados
Unidos apareció en televisión, la gente no estaba así de nerviosa. Parecía
que estaba esperando a un rey.
Un gobernante.

Exactamente al mismo tiempo, ambas puertas se empujaron hacia adentro y


abrieron la entrada. La luz del sol entró en la habitación y apareció la silueta
de un hombre. Con un traje negro y corbata azul real, un hombre con
hombros anchos y un poder sin fin entró en el auditorio. Su presencia infectó
cada centímetro de la habitación, llenando el aire con su potente autoridad.
Lo sentí con cada respiración que tomé.

Una joven le seguía, con un portapapeles en la mano y un bolígrafo en la


punta de los dedos. Ella se quedaba constantemente unos metros detrás de
él, su cuerpo tan erguido como el de las modelos en el escenario.

Una vez que estuvo lejos de la luz del sol, su rostro fue finalmente visible. Su
barbilla estaba marcada con una notable línea de barba, pero estaba
expertamente cuidada. Sus manos descansaban en sus bolsillos, y un
brillante reloj reflejaba las luces del escenario. Se mantuvo con más gracia
que todas nosotras en el escenario.

Todos los ojos estaban puestos en él.

Lo sabía, pero no parecía estar afectado por ello.

Se sentó en la silla que tenía reservada a lo largo del pasillo. La mujer que
le seguía se sentó justo detrás de él. Los hombres que lo habían escoltado
cerraron las puertas y luego se quedaron atrás, convirtiéndose en estatuas
inmóviles ahora que no eran necesarios.

Todo un espectáculo.
La mujer que estaba en el escenario con nosotras se dirigió a nosotras de
nuevo. ̶ Ahora que Conway Barsetti está aquí, empecemos. Cuando llame a
su número, caminarán hasta el borde de la pista, posarán y luego regresarán
a su posición. Pongan la música.

Instantáneamente, surgió música de los altavoces. Las luces se iluminaron


más intensamente.

Mis ojos miraban el lugar donde estaba sentado Conway, pero no podía
distinguir mucho de sus rasgos. Sus ojos verdes reflejaban ligeramente las
luces que salían del escenario, y parecía que me miraba fijamente.

Pero eso sólo debía estar en mi cabeza.

El número uno salió y se pavoneó hasta el borde del escenario. Sus talones
chocaron contra el suelo, pero no vaciló en sus pasos.

Ella posó al final, volteando profundamente su cabello antes de darse la


vuelta y volver a caminar. Ella estaba en una tanga como yo, pero
obviamente no se sentía ni remotamente incómoda mostrando todo su
trasero a los hombres del público.

Mantuve mi postura, pero los tacones altos ya estaban matando mis pies.
Después de cinco minutos de usar las malditas cosas, estaba dolorida.
¿Cómo soportaban las modelos la incomodidad y aun así se pavoneaban
como si fueran las dueñas del escenario? Era un misterio para mí.

El número dos fue el siguiente.


Mis ojos volvieron a la figura de Conway Barsetti en el público.

Sus codos descansaban sobre los reposabrazos, y sus manos se unieron en


el centro de su pecho. Su reloj era más notorio, y llevaba un anillo negro en
el dedo índice. Su cara aún estaba escondida entre las sombras, pero ahora
no había duda de lo que estaba mirando.

A mí.

El número dos hizo su mejor trabajo y regresó a la línea, pero Conway


Barsetti se perdió toda su actuación.

En realidad, no podía estar mirándome, no cuando había nueve mejores


candidatas desfilando para él.

La número tres salió adelante.

Sus ojos verdes estaban fijos en mí, ni siquiera parpadeaban. Me miró con
una mirada intensa y casi hostil. No estaba claro si me despreciaba o si me
deseaba. Tal vez estaba enfadado porque sus ayudantes me habían
colocado entre las diez primeras. Quizás le irritaba que una mujer tan indigna
llevase uno de sus más grandes diseños.

El número cuatro fue la siguiente.

Sus ojos siguieron fijos en mí.


Aparté la vista, su mirada se volvió demasiado acalorada. De repente me
sentí vulnerable, como un antílope parado en la hierba alta del Serengeti.
Había un león mirándome. No podía verlo, pero sí sentirlo.

Me habían amenazado hombres peores, siendo Knuckles el primero.

Pero siempre devuelvo el golpe con la misma fuerza con la que ellos me
golpean a mí. Si un hombre intentaba faltarme el respeto, yo le hacía lo
mismo. Dejarme intimidar simplemente no era una opción. Vivir tu vida con
miedo era no vivir en absoluto. A pesar de aprender todas esas lecciones,
me sentí temerosa mientras él me miraba fijamente.

Sentí que él podía ver a través de mí, ver todos mis miedos y dudas. Podía
leer mi mente como palabras en una hoja. Podía sentir cada emoción como
si estuviera saliendo de mi piel. Podía sentir mi vulnerabilidad, sabiendo que
me estaba deshaciendo lentamente.

Su imagen en la televisión no era nada comparada con la real.

Puede que fuera guapo, pero maldición, era aterrador.

Estaba a diez metros de distancia de mí, pero su presencia se proyectaba


hasta ahora como si estuviera parado frente a mí.

Las luces me pusieron en exhibición, y todo lo que pude hacer fue pararme
allí y recibir su mirada. Ya estaba nerviosa por andar en tacones, pero ahora
que sus duros ojos me miraban como si fuera un par de binoculares, no me
sentía tan fuerte como antes.
Me sentí como un desastre.
Ahora, estábamos en el número seis.

Ella no llegó al borde del escenario.

Como si Conway Barsetti estuviera hablando a través de un micrófono, su


voz se proyectó por todo el auditorio, pero lo hizo sin levantar la voz. ̶
Números del uno al nueve, pueden retirarse.

El número seis se congeló en el borde del escenario, en la mitad de la pose.


Miró por encima de su hombro a la mujer mayor a cargo de la audición,
conmocionada y buscando orientación. Las otras chicas también se miraron
unas a otras, devastadas por el anuncio.

Entonces todas me miraron, furiosas.

La mujer a cargo vaciló antes de encontrar su voz. ̶ Uh, vayan detrás del
escenario, por favor... ̶ A juzgar por el miedo en su voz, esto nunca había
ocurrido antes. Conway Barsetti ni siquiera había visto a todas las modelos
antes de despedirlas.

Ni siquiera me había visto moverme todavía.

Estaba a punto de decepcionarse.

Los tacones golpearon el escenario mientras todas las chicas se alejaban,


su furia silenciosa audible en mis oídos. Se movieron detrás de la cortina, y
en pocos segundos, el sonido de sus tacones desapareció. Entonces todo lo
que pude oír fue mi propia respiración.
Y era ruidosa.

Conway Barsetti no se movió de su asiento. Todo el mundo estaba rígido a


su alrededor, esperando lo que vendría después.

¿Se suponía que tenía que hacer algo?

La mujer que nos decía qué hacer hace un segundo había desaparecido con
las otras chicas, así que no había nadie que me diera ninguna orientación.
Mantuve mi postura todo lo que pude, sintiendo que me dolían los hombros
al retraerlos con tanta fuerza. Era difícil saber exactamente qué estaba
haciendo Conway porque la audiencia se había convertido en una neblina
cuando las luces brillantes me golpearon la cara con tanta fuerza.

Luego volvió a hablar. ̶ Déjennos.

Había despedido a los demás, pero ahora, parecía estar despidiéndome a


mí.

Todos los que estaban sentados en el público se pusieron de pie y


comenzaron a marcharse.

Me di la vuelta e hice lo mismo.

̶ Tú no. ̶ Su voz se elevó un poco. ̶ Quédate.


De alguna manera, sabía que estaba hablando conmigo. Lentamente me di
la vuelta, viendo a todos los demás salir por las puertas dobles. Se cerraron
detrás de ellos, y después de ese fuerte ruido, se quedó en silencio otra vez.

Ahora estaba más silencioso que antes.

Conway se puso de pie, abotonando la parte delantera de su traje al mismo


tiempo con elegante gracia. Se dirigió al centro del amplio pasillo, sus manos
deslizándose hacia sus bolsillos. Ahora que se había alejado de las sombras
de los asientos, se le veía toda la cara.

Sus ojos nunca se vieron tan verdes.

Sus anchos hombros insinuaban el poder bajo su traje. Él estaba entre el


público y yo era la que estaba en el escenario, pero él parecía ser el centro
de atención. Para un hombre como Conway Barsetti, no necesitaba un
escenario. Él era siempre la estrella.

Crucé mis brazos sobre mi pecho, escondiendo mi estómago desnudo de la


vista. Ahora que estábamos solos, me sentía aún más vulnerable. Estaba
consciente de la forma en que la lencería empujaba mis tetas para formar
una línea de escote dramática. Era consciente de lo revelador que era mi
tanga. Mi piel desnuda se estremeció con una sola mirada suya.

̶ No te encorves.

Me llevó un momento procesar el pedido. Yo estaba acostumbrada a


responder con comentarios de sabelotodo, pero él era potencialmente mi
nuevo empleador. Así que puse las manos a los lados y saqué el pecho.
̶ Bien. ̶ Subió por las escaleras y lentamente llegó al escenario, sus fuertes
pisadas resonando debido a la acústica del auditorio.

Se me acercó por detrás, haciéndome sentir como si fuera un pequeño pez


rodeado por un tiburón. Ahora era aún más consciente de mi trasero
desnudo. Podía sentir que lo miraba fijamente. Lentamente dio vueltas a mi
alrededor, girando a mi izquierda hasta que estaba justo enfrente de mí. Sus
manos permanecían en sus bolsillos, y sus ojos peinaban mi cuerpo,
examinando la redondez de mis hombros y el hueco en mi garganta. Se
movió más al sur, viendo mi escote y luego siguió bajando.

Quería volver a cruzar los brazos sobre el pecho. Sentí fuego por toda mi
piel, el calor en su mirada. Me sentí indefensa contra este hombre, como si
no tuviera ningún poder. Ese era un tema recurrente en mi vida últimamente.
Me lo habían quitado todo, pero ahora este hombre estaba a punto de
llevarse lo que quedaba.

Una vez terminado su examen, sus ojos se encontraron con los míos. ̶
¿Nombre?

No quería tener un nombre. Quería dejar mi antigua identidad atrás y


empezar de nuevo. No quería que nadie me rastreara hasta aquí. Estaba
huyendo de las autoridades americanas y de la mafia al mismo tiempo. Mis
probabilidades de éxito no eran grandes. ̶ ¿Importa eso?

Debe haber esperado que le respondiera obedientemente porque no podía


controlar la leve elevación de su ceja derecha. Era casi un pie más alto que
yo, incluso en los tacones de cinco pulgadas que llevaba, pero aun así podía
ver sus reacciones con facilidad. ̶ ¿Prefieres que te llame Diez? ̶ El barítono
de su voz era fascinante. Tenía una habilidad hipnótica para evitar que
pensara en algo. Era como un hechizo.
̶ Llámame como quieras. No me importa.

̶ Si no te importa, ¿por qué no me dices tu nombre?

No sólo era guapo y autoritario, sino que también era inteligente. No es de


extrañar que fuera un multimillonario y el diseñador de lencería más
respetado del planeta. ̶ Diez, entonces.

Sus ojos se entrecerraron esta vez. ̶ La única razón por la que una mujer no
da su nombre real es porque huye de algo, o de alguien.

̶ No lo aburriré con mi equipaje, Sr. Barsetti. Pero sí, tiene razón.

̶ Es Conway Barsetti.

̶ Mi error...

̶ Bien, Diez. ̶ Se alejó, su colonia persistiendo en mi nariz una vez que pasó. ̶
Camina.

̶ ¿A dónde?

No me volvió a responder. Sólo chasqueó los dedos.

Mis ojos se entrecerraron inmediatamente ante la acción.


̶ No me hagas perder el tiempo, Diez. Hacia allá y de regreso.

Quería que caminara por la pasarela como las otras modelos. Me chupé el
estómago y luego hice lo que me pidió, imitando sus movimientos lo mejor
que pude. Cuando vi los desfiles de moda en la televisión, nunca entendí lo
difícil que era realmente hasta que traté de pavonearme con tacones
locamente altos. Caminé hasta el borde, posé, y luego me di la vuelta y
caminé de vuelta hacia él.

Sus ojos no se fijaron en mi cara. Observó todos mis movimientos, desde


mis brazos hasta mis piernas. Se rozó el pulgar con el labio inferior y frunció
el ceño, como si realmente estuviera pensando en lo que estaba viendo.

Volví al lugar donde empecé.

̶ Mecanismo pobre. Pierde el control. No hay suficiente confianza. Los


hombros más atrás.... amplía los pasos. ̶ Me rodeó, mirando mis piernas y
mis caderas. ̶ Necesitas mucho trabajo.

̶ ¿Necesito mucho trabajo? ̶ Me puse nerviosa. ̶ Entonces, ¿por qué no eliges


una de las otras nueve? Son impecables.

Dio la vuelta detrás de mí y luego regresó. ̶ No me cuestiones.

̶ ¿Qué no te cuestione? ̶ pregunté incrédula. ̶ Acabas de insultarme.

̶ Te critiqué. ̶ Se detuvo frente a mí otra vez. ̶ Y vas a tener que acostumbrarte


si quieres ser modelo de Barsetti.
̶ ¿Eso significa que me has elegido?

̶ ¿Estarías aquí de otra manera? ̶ Se acercó a mí y puso sus manos alrededor


de mi caja torácica, justo debajo de mis pechos.

Me tomó un segundo entender que me estaba tocando porque sucedió muy


rápido. Una cosa era mirar fijamente mi desnudez, pero otra era tocarme
como si tuviera todo el derecho a hacer lo que quisiera.

̶ Uh, ¿te importa? ̶ Le quité las manos de encima.

Su cara estaba a pocos centímetros de mi cara, y me miró con frialdad ártica. ̶


¿Siempre hace entrevistas para este tipo de trabajos?

̶ ¿Siempre asedia así a sus empleados?

Bajó las manos y retrocedió, sus ojos me tocaron aún más que sus manos. ̶
Necesito conocer tu cuerpo. Necesito sentirlo, medirlo. Si no puede tolerar
que la toque, entonces esto no va a funcionar.

̶ Podrías haber pedido permiso primero.

̶ No pido permiso, ̶ dijo. ̶ Cada modelo que usa mi lencería me pertenece.


Puedo hacer lo que me dé la gana. Ahora, si quieres trabajar para mí, tu
actitud va a tener que cambiar.

̶ Pedir que cambie mi actitud es como pedir que cambie mi personalidad.


̶ Entonces contrólala. ̶ Se metió las manos en los bolsillos y se dirigió a las
escaleras. ̶ Tenemos mucho trabajo que hacer. Llega a mi camerino mañana
a las seis de la mañana y espera que te toque. ̶ Tomó las escaleras hasta
que volvió al pasillo.

̶ ¿Seis de la mañana? ̶ pregunté incrédula. Normalmente no estaba despierta


hasta las ocho.

̶ Sí. ̶ Se ajustó el gemelo y luego miró su reloj. ̶ Empiezo el día a las cuatro.

Jesucristo. Si fuera multimillonaria, me daría el lujo de dormir todos los días. ̶


Sé que es una petición extraña, pero necesito que me paguen por debajo de
la mesa. Si eso no puede pasar… entonces no puedo hacer esto.

Una vez que terminó con sus mangas, me miró de nuevo.

Sus ojos verdes y brillantes me cortaron como si fueran cuchillos. Me miró


con gran frialdad, el hielo alcanzando cada rincón de la habitación. Podría
reemplazarme con otra mujer hermosa en cualquier momento. La gente no
hacía peticiones como la mía a menos que ocultaran algo ilegal.
Definitivamente lo hacía, y puede que no quisiera ayudar a una fugitiva.

̶ Acepto sus condiciones. Pero eso significa que es mejor que aceptes la mía.
4

Conway

USABA EL ÚLTIMO PISO DEL EDIFICIO COMO MI ESTUDIO. Tenía vistas


de la histórica catedral y del resto de la capital mundial de la moda. La ciudad
estaba a mis pies, y me gustaba asomarme sobre ella como una poderosa
estatua.

Ver salir el sol por la ventana me daba una de las experiencias más
espirituales de mi vida. Me hizo apreciar lo que tenía, apreciar lo mucho que
había conquistado en este hermoso planeta.

Llamaron a la puerta de la oficina.

̶ Adelante. ̶ Revisé mi cuaderno de bocetos en la mesa, mirando el diseño


que había estado dibujando durante la semana pasada. Un vestido push-up
gris incrustado con diamantes reales, fue hecho para una reina a punto de
ser conquistada por un rey. Sólo la mujer más rica podía permitirse una
lencería tan preciosa, o el hombre con el que estaba follando. Estaba ansioso
por sentir la tela con la punta de los dedos, para fijar el material con
diamantes reales. Cuando lo presente en el show la próxima semana, sería
la obra maestra.
Ahora sólo necesitaba a la mujer adecuada para mostrarlo.

Lacey Lockwood entró, sosteniendo dos tazas de café.

̶ Buenos días.

No aparté la mirada del boceto. ̶ Te has levantado temprano.

̶ Saldré a dar larga carrera con algunas de las chicas. ̶ Puso la taza de café
justo al lado de mi mano. ̶ Pasé por la panadería de la esquina, la que tanto
te gusta.

Cuando levanté la mirada para mirarla, la vi echar un vistazo a mi dibujo.


Sospeché que lo había visto antes. ̶ Nicole puede hacer eso por mí.

̶ No me importa. Estaba en mi camino. ̶ Su cabello estaba recogido en una


cola de caballo apretada, y llevaba leggings negros con un sujetador
deportivo de color verde azulado. Unas cuantas hebras de pelo rubio se
soltaron y colgaron alrededor de su cara.

Nunca me acostaba con mis modelos. Era una regla que me negaba a
romper.

Lacey obviamente pensó que podría hacerme cambiar de opinión. Ella quería
ser la mujer que llevara de mi brazo, para darse un festín con mi poder y mis
riquezas. Y ella quería ser mi chica favorita, la que tuviera todos los
reflectores.
̶ Debo ponerme a trabajar, Lacey. ̶ Me alejé de ella e ignoré su café. ̶ Disfruta
tu carrera.

Estaba de espaldas a ella, así que no podía ver su expresión, pero estaba
seguro de que no le importaba el rechazo. Su voz no era tan confiada cuando
habló. ̶ Gracias. Que tengas un buen día... ̶ Salió sola.

Una vez que se fue, tiré la taza a la basura.

Nicole entró un momento después. ̶ Buenos días, Conway. Tengo todo lo que
pediste. ̶ Puso las carpetas sobre la mesa y revisó los pedidos conmigo.
Necesitaba telas específicas de Turquía, y Nicole manejaba todas las cosas
importantes de mi vida.

̶ Gracias, Nicole.

̶ Y aquí está tu café de la mañana. ̶ Puso la taza sobre la mesa.

̶ Volveré con tu desayuno en un momento.

Lo agarré y me tomé un trago. ̶ Gracias.

Ella se fue, dejándome solo con mi trabajo otra vez.

Exactamente a las seis en punto, hubo un golpe en la puerta. Sabía quién


era.

̶ Adelante.
La puerta se abrió y Diez entró. Llevaba vaqueros y camiseta, más parecida
a una turista que a una modelo. Sandalias planas estaban en sus pies, y su
cabello estaba recogido en una cola de caballo holgada. No se esforzaba ni
un ápice en su apariencia en absoluto.

̶ Si quieres ser modelo, tienes que empezar a actuar como tal.

̶ Buenos días a ti también, imbécil.

Mi cuello se movió en su dirección porque no podía creer lo que acababa de


escuchar. Alguien me acaba de llamar imbécil a la cara. Nadie más tenía la
estupidez de hacer algo así, ni la valentía. Se me cayó el lápiz y la miré de
frente.

̶ Si crees que soy un imbécil ahora, deberías ver lo que haré si entras mañana
con ese aspecto.

̶ ¿Qué tiene de malo mi aspecto?

Para ser una mujer que camina por la calle, es hermosa. No se puede negar.
Me habría fijado en ella como cualquier otro hombre. Pero no aprecié su falta
de profesionalismo. Las modelos no entraban en mi estudio a menos que se
vieran lo mejor posible.

̶ Todo.
Sus ojos azules se entrecerraron inmediatamente, y sin moverse, parecía
como si se enrollara como una serpiente. Ella quería hundir sus dientes en
mí y drenarme de toda la sangre.

̶ Al menos tenemos algo en común, porque todo está mal contigo también.

Nadie me hablaba de esa manera, pero, aun así, seguí dejándolo pasar.

̶ Cuando camines por estos pasillos, espero que estés lista para subir al
escenario. Eso significa que tu cabello debe estar arreglado, tu maquillaje
debe ser impecable, y deberías estar besando el suelo en agradecimiento.

̶ ¿Agradecimiento? ¿Debería sentirme agradecida por haber sido insultada?

̶ Sí, cuando esos insultos vienen de mí.

Presionó con fuerza los labios y agitó la cabeza.

̶ Eres mucho más arrogante de lo que esperaba.

̶ Sí, y tengo todas las razones para serlo. ̶ Volví a mi boceto.

̶ Toma un poco de café y luego ponte un par de tacones. Te enseñaré algunas


cosas.

̶ ¿No pagas a otro para que lo haga?


Terminé la marca que quería hacer contra el papel. ̶ No cuando quiero que
se haga bien.

Se movió detrás de mí, caminando hacia los tacones plateados que estaban
sentados en la otra mesa.

̶ Estoy seguro de que no te importa, pero me echaron de mi hostal. No había


suficiente espacio, así que no me duché esta mañana. De lo contrario, me
habría visto mejor.

Mi lápiz se congeló contra el papel, y sentí que mi corazón se apretaba en


mi pecho. Una ola de culpa me invadió, y me sentí mal del estómago. Esta
mujer vivía en la calle, lo que significaba que apenas tenía unos pocos euros
en los bolsillos. Probablemente no cenó anoche, ni desayunó esta mañana.

̶ Tienes razón. Me importa un bledo. ̶ Cerré el cuaderno y la vi sentada en la


silla mientras tiraba de sus talones. ̶ Hay una ducha al final del pasillo.
Puedes usarla mañana.

Se apretó la correa alrededor de los tobillos. ̶ Gracias... ̶ Su palabra apenas


salió como un susurro, probablemente porque odiaba darme las gracias a
pesar de que no me faltó la compasión por completo.

̶ Para.

Tenía un zapato puesto, pero se detuvo antes de ponerse el otro.

̶ Primero quítate la ropa.


̶ No me voy a quitar la ropa. ̶ Como si mis palabras fueran gasolina, ella se
encendió de inmediato.

̶ ¿Qué te dije anoche? ̶ Crucé los brazos sobre el pecho y miré a esta mujer
malhumorada. Me ofrecí a respetar su privacidad e ignorar su pasado si
cooperaba. Le estaba dando una oportunidad que nadie más le daría. La
única razón por la que estaba aguantando esta mierda era porque tenía una
cualidad única. No podía poner el dedo en la llaga, pero era imposible no
hacerlo. Las otras nueve modelos en ese escenario eran igual de hermosas,
pero palidecían en comparación con la mujer que tenía ante mí. Incluso en
jeans y cabello desordenado, era hermosa, pero me negué a decírselo.

Apenas ocultó su suspiro de enfado antes de que se quitase el zapato del


pie.

̶ Quítate los pantis y el sujetador.

Se puso de pie, pero aun así dudó, como si yo le estuviera pidiendo que
hiciera algo mucho peor.

La observé, viendo la forma en que su pecho se elevaba y caía


profundamente. La batalla se desataba en su rostro, la lucha por su dignidad
y su necesidad de sobrevivir. Sus mejillas estaban más pálidas que anoche,
pero eso podría deberse a que su maquillaje había desaparecido. Sus ojos
se movieron de un lado a otro antes de que finalmente pasara la camisa por
encima de su cabeza.

Quería recordarle que no tenía que hacer esto. Podría irse si quisiera. Pero
el hombre egoísta dentro de mí no quería dejarla ir. Necesitaba a esta mujer.
En cuanto la vi, supe que era especial.
Puso la camisa sobre la mesa, de pie en un sujetador negro que parecía de
una tienda de descuento típica. Las correas eran delgadas y cortadas en sus
hombros incorrectamente, y las copas eran ligeramente demasiado grandes
para su tamaño, como si hubiera perdido peso recientemente. Pero su
atuendo no podía disminuir lo hermosa que era por dentro.

Su piel realmente brillaba. Con una tez radiante y un poco de pecas, su


cuerpo era un lienzo en blanco. Ni siquiera necesitaba una base de
maquillaje en los hombros o en la espalda porque estaba libre de
imperfecciones. Era preciosa, de pies a cabeza.

Luego se quitó los vaqueros y los bajó hasta que se quedó en una tanga
negra. Su piel bronceada complementaba el encaje oscuro.

Sus piernas estaban esculpidas y tonificadas, y su trasero era grande como


una burbuja. Era una de las modelos más curiosas que había visto. Tenía
una pequeña caja torácica, pero un tamaño de pecho increíble. La longitud
de su torso era perfecta, en el sentido más largo, pero no demasiado largo.
Sus piernas eran de la longitud perfecta, y mecerían cualquier cosa con que
la vistiera.

Se sentó de nuevo y se colocó los tacones.

Me apoyé en la mesa y la miré, viendo su pelo castaño recogido en una cola


de caballo. Era largo y brillante. Me acordé de cómo se veía anoche cuando
lo arreglaron en rizos grandes.

Nicole golpeó antes de entrar. Puso la bandeja sobre la mesa donde


colocaba mi desayuno todas las mañanas. ̶ ¿Algo más, señor?
̶ No. ̶ Mis ojos se quedaron en Diez, viéndola ponerse los tacones.

Nicole entendía mis estados de ánimo mejor que nadie, así que se fue.

Cuando Diez terminó, se puso de pie y me miró. No podía ocultar la irritación


de sus ojos, pero lo hizo lo mejor que pudo. Quitarse la ropa era algo que no
le gustaba hacer, claramente.

Se acostumbraría a ello. ̶ Perfecto. ̶ Caminé hacia el otro lado de la


habitación, donde había seis metros de espacio abierto. Me volví hacia ella
y crucé los brazos sobre mi pecho. ̶ Camina hacia mí.

Dio unos pasos y todos fueron horrendos.

̶ Para.

Se detuvo en seco. ̶ ¿Qué?

̶ Camina como si no estuvieras pisando el suelo.

Su fuego estalló de nuevo. ̶ ¿Qué se supone que significa eso?

̶ Camina con gracia. Sé que puedes hacerlo. Acabas de entrar por la puerta
hace unos minutos.

̶ Pero no estaba usando esto. ̶ Señaló sus pies. ̶ He usado tacones muchas
veces en mi vida, y estos no son tacones. Estos son zapatos de la muerte.
Estoy caminando como una bailarina.
̶ Las chicas lo hacen todos los días. Tú también lo harás.

Cuando supo que yo no me movería, se lo tragó y lo hizo.

̶ Hombros hacia atrás.

Mejoró su postura.

̶ Columna vertebral recta.

Se adaptó de nuevo.

̶ Pon todo tu peso en los dedos de los pies. Eso evitará que tus tacones se
tambaleen.

Volvió a cambiar de postura, y esta vez, finalmente se veía perfecta. Se


detuvo cuando me alcanzó, su mirada aburrida en la mía.

La miré de arriba a abajo, admirando sus curvas y su hermosa piel. Me


recordaba a una muñeca, alguien tan hermosa que no podía ser real. Su
cabello estaba recogido y sus rasgos no estaban resaltados con maquillaje,
pero eso no impidió que me robara todo mi enfoque. Y que me pusiera duro
como el demonio.

̶ Date la vuelta.
Dudó antes de cooperar.

Mi mano inmediatamente agarró su cola de caballo, y tiré de la cinta hasta


que su cabello finalmente quedó libre. Se expandió por sus hombros, un
ligero pliegue en las hebras donde la cinta le había agarrado el pelo.
Ligeramente ondulado, bajó por su cuerpo hasta la mitad de su espalda.

̶ Camina.

Caminó por la habitación, incorporando todo lo que le dije. Ella se veía


elegante y suave, natural en ser la cosa más sexy del mundo. Los tacones
golpearon contra el suelo a un ritmo perfecto y su trasero se sacudió al ritmo
de sus pasos.

Mis ojos se clavaron en su exuberante trasero, admirando esas mejillas


redondeadas. Tenía un cuerpo por el que las mujeres morirían. Ella era
apretada en todos los lugares correctos, y una mujer en todo lo demás. Las
curvas entre sus caderas y su trasero eran proporcionales. El pliegue debajo
de sus mejillas me hizo querer apretarle el culo con mis propias manos. Una
mujer que luciera así de impecable haría mi arte un millón de veces más
deseable.

Haría toda la diferencia en el mundo.

***

DESPUÉS de que se pusiera la ropa, saqué la silla de la mesa.

̶ Siéntate.
̶ ¿Le das órdenes a todo el mundo así? ̶ Se arregló el pelo con las yemas de
los dedos mientras se miraba en el espejo.

Hablo con todos como quiero. ̶ Sí. Ahora siéntate.

Ella obedeció, pero con una actitud silenciosa. Se sentó y miró la bandeja
que Nicole había colocado allí hace treinta minutos.

̶ ¿Qué es esto?

̶ Desayuno. ¿Tienes hambre?

̶ Uh... ̶ Se lamió los labios instintivamente mientras miraba las claras de huevo
con el lado de col salteada, hongos y tomates.

También había una rebanada de pan fermentado y algunos trozos de


aguacate. ̶ ¿No es esto para ti?

̶ Ya he comido. Sírvete tú misma.

No se resistió e inmediatamente cogió el tenedor.

Comenzó a comer, colocándose la comida en la boca a un ritmo rápido, pero


conservando su elegancia y comiendo adecuadamente al mismo tiempo.
Apenas levantó la vista porque estaba más interesada en su comida que en
mí. Era como si yo no estuviera ahí.

Saber que estaba hambrienta y que no tenía dónde dormir por la noche me
hizo preguntarme de qué estaba huyendo. No debería importarme, así que
no tenía sentido pensarlo. Si le pregunto, no me respondería de todos modos.
No la buscaban por asesinato, eso lo sabía. Tenía una gran bocotá, pero
ningún hueso violento en su cuerpo. No parecía alguien que entraría en la
casa de alguien y le robaría. Si no, no estaría durmiendo en la calle. Estaría
en cuclillas en la propiedad de alguien. Cualquiera que fuera su ofensa, no
era peligrosa. Pero eso sólo la hizo más misteriosa para mí.

Tenía una pequeña caja fuerte en mi oficina, así que la abrí y saqué un
montón de Euros. Los metí en un sobre y lo puse en la mesa junto a ella. ̶
Esto es para ti.

Era lo único que podía hacer que dejara de comer. Masticó su comida
lentamente y se la tragó antes de meterle el pulgar y expandir la abertura. ̶
¿Qué es esto?

̶ Un adelanto.

̶ Tiene que haber dos mil euros aquí...

̶ Debería alcanzarte para lo que necesitas en las próximas semanas.

Fue la primera vez que me mostró una reacción genuina. Sus ojos se
iluminaron como si fuera la mañana de Navidad, y ella agarró el sobre con
fuerza, como si yo pudiera arrebatárselo. Pero luego lo volvió a poner sobre
la mesa y lo empujó hacia mí. ̶ No puedo aceptarlo. Yo no he hecho nada.
Todo lo que hice fue pasar unas horas contigo...

Lo empujé hacia atrás. ̶ Tómalo.

̶ No. ̶ Ella lo empujó de nuevo. ̶ Te lo agradezco... pero estaría mal.

Era difícil de creer que esta mujer fuera tan orgullosa cuando tenía tan poco.
Se preocupaba más por su dignidad y autoestima que por tomar la salida
fácil. Mostraba un tipo de valentía que nunca había visto.... nunca. Ahora
entiendo por qué le resultaba tan difícil quitarse la ropa para mí. Esta mujer
vivía bajo un código de ética diferente al de los demás.

̶ Cuido de mis chicas.

Miró el sobre por última vez antes de darse la vuelta.

̶ Mi respuesta final es no.

Quería forzarla a que tomara el dinero, pero no sabía cómo hacer que eso
sucediera. Simplemente lo depositaría en su cuenta bancaria, pero como ella
no tenía eso, no era posible.

̶ ¿Adónde irás esta noche?

Ella movía los huevos con el tenedor. ̶ Ese no es tu problema. No te


preocupes por mí.
Era imposible para mí no preocuparme por una hermosa mujer sola en las
calles. Estaba hambrienta y sucia, y se merecía más que eso. ̶ ¿Qué tal
esto? ¿Ves esa cama de ahí? ̶ Asentí a la esquina, donde había una gran
cama king size. Estaba cubierta con sábanas suaves y almohadas
decorativas.

̶ ¿Para qué es?

No importa para qué lo usaba. ̶ Duerme aquí hasta que te levantes. Hay un
baño al final del pasillo, y la sala de descanso siempre tiene comida de sobra.
¿Qué dices?

̶ Yo... no lo sé.

Mi paciencia había expirado oficialmente. ̶ Diez, te llevas uno o el otro. Ahora,


elige. Como uno de las modelos de Barsetti, eres de mi propiedad. No puedo
tener a una mujer sucia, privada de sueño y hambrienta en la pasarela. Me
estás perjudicando tanto como a ti misma. Así que elige.

Miró la cama en el rincón, con los ojos llorosos y cansados. ̶ Esto es tan
vergonzoso...

̶ No te estoy juzgando, Diez.

̶ Nunca debí decírtelo. Debería haber mantenido la boca cerrada. ̶ Se retiró


de la mesa a pesar de no haber terminado la comida frente a ella. Ella agarró
la bolsa pesada que había dejado en la puerta, y que yo ni siquiera había
considerado lo extraño que era que trajera una bolsa tan grande con ella.
Pero entonces me di cuenta de que contenía todas las posesiones que ella
tenía.
̶ Diez. ̶ No necesitaba levantar la voz para establecer mi poder. Todo lo que
había que hacer era escucharla, y sabrían que no obedecer no era una
opción. ̶ Si sales por esa puerta, estás despedida.

Tenía una correa sobre su hombro y continuó mirando fijamente hacia


adelante. Estaba fanfarroneando, pero esperaba que no se diera cuenta.

̶ Te llevas el dinero. Es un adelanto, no caridad. ̶ Tomé el dinero y me acerqué


por detrás de ella. Bajé la cremallera del bolsillo más grande y dejé caer el
dinero dentro. ̶ Ahora, vete. Tengo cosas que hacer.

Me volví hacia la mesa, donde mi boceto me esperaba para terminarlo. La


lencería era tan simple que era difícil reinventar constantemente los estilos
antiguos. Con la ropa, había una amplia gama de cosas diferentes para
elegir. Eso hacía que mi trabajo fuera más desafiante, pero lo disfrutaba cada
segundo. No era un fanático de ropa o telas. Yo era simplemente un fanático
del sexo.

Diez lentamente se volvió hacia mí, haciendo todo lo posible para ocultar la
humedad que rápidamente se acumulaba en sus ojos. Me fijé a propósito en
mi boceto para no tener que mirarla.

̶ Retiro lo que dije... no eres un imbécil.

Mis dedos agarraron el lápiz con más fuerza, más molesto por esas palabras
que contento. ̶ Sólo porque no sea un imbécil no significa que sea un buen
tipo. Y créeme... no soy un buen tipo.
5

Sapphire

TOMÉ SU DINERO PORQUE ME OBLIGÓ A HACERLO.

Pero estaba agradecida de que me obligara.

Pude conseguir una cena de verdad y una habitación en un hotel decente.


Esa noche me acosté con el estómago satisfecho y me acosté en una cama
que no había sido carcomida por las polillas. La señora loca de la litera del
lado en el albergue no me mantuvo despierta toda la noche cuando dormí
sola.

Fue realmente agradable.

Había estado viviendo mi vida así durante dos semanas, y finalmente había
alcanzado mi punto de ebullición. Era más difícil en la ciudad de Nueva York
porque la gente no era tan generosa o compasiva allí. Si pedías comida,
fingían no oírte y seguían caminando.

Si no fuera por Conway, no estaba segura de lo que habría hecho.

Dormir en la calle otra vez.

Él fue el que me insultó primero, así que no me sentí mal por llamarlo imbécil.
Pero cuando me dio comida y dinero... me preguntaba si lo había juzgado
mal. Tal vez no era el hombre frío y arrogante que proyectaba
constantemente. Tal vez tenía un alma debajo de toda esa dureza.

O tal vez sólo se preocupaba por proteger su marca.

Obviamente me quería en su alineación. No se tomaría el tiempo para


ayudarme a menos que le beneficiara de alguna manera. Así que quizás eso
era todo lo que a él le importaba. Si yo terminara muerta o fuera atacada, él
ya no podría usarme.

En cualquier caso, estaba agradecida.

Era agradable sentirse segura en una habitación de hotel... aunque fuera por
un tiempo.

Cuando entré en su edificio, las otras modelos levantaron inmediatamente la


nariz cuando me vieron. Los chismes se habían extendido rápidamente, y
todos sabían que yo fui la única mujer que se presentó a la audición
totalmente vestida. También sabían que Conway Barsetti ni siquiera se había
molestado con las otras nueve modelos porque sólo parecía estar interesado
en mí. Así que, por supuesto, todas me odiaban.

Tomé las escaleras hasta el último nivel y llamé a la puerta de su oficina.

̶ Adelante. ̶ Su voz profunda sonaba exactamente igual que ayer, poderosa y


masculina. Podía comandar un ejército entero sólo con su voz. También
tenía el aspecto de un comandante…un hombre con todo el paquete.

Entré a la oficina.

Conway estaba demasiado concentrado en el trabajo como para mirarme,


pero debe haber sabido que era yo porque no dejaba que una persona al
azar compartiera su espacio con él. Estaba en la mesa, sus anchos hombros
llenando su traje a la perfección. Tenía la espalda recta y la cabeza
ligeramente inclinada hacia adelante mientras veía su mano garabatear en
el cuaderno.

Como en cualquier otra ocasión en que estuve con él, sentí que la tensión se
asentaba sobre mis hombros. Era como estar encerrada en una jaula con
una serpiente. Había un animal violento en el mismo espacio... y estaba
preparado para atacar. No estaba claro cuándo…

Hoy no traje mi bolso porque lo dejé en el hotel. Me habían llevado servicio


de habitación, algo que no había tenido desde que mis padres me llevaron
de vacaciones hace quince años. Examiné su estudio más de cerca, viendo
los cuadros en las paredes. Todas eran modelos vestidas con su lencería,
mujeres sexys que le hacían justicia a su ropa. Algunas de ellas eran
demasiado escandalosas para publicarse, así que me pregunté si eran fotos
sólo para él…como regalo. Un maniquí estaba junto a la mesa, y un sujetador
negro estaba puesto en la figura. Estaba claramente en proceso de
construcción porque no parecía completo.

Su gran mesa era negra, así como sus paredes. El suelo de madera duro
bajo mis pies era de cerezo profundo. La cama de la esquina parecía fuera
de lugar, y me hizo preguntarme si la relación con sus modelos no era
siempre profesional.

Por supuesto que no lo era.

Lentamente recorrí la habitación, mirando la pila de alfileres de ropa que


había en la mesa, junto con los trozos de tela que se tiraban por todas partes.
Estaba desordenado pero organizado al mismo tiempo. Esperé
pacientemente a que se dirigiera a mí.

Siguió trabajando, sorbiendo su café mientras miraba su dibujo.

̶ Sabes que estoy aquí, ¿verdad?

Seguía dibujando. ̶ Y fingiré que no estás hasta que termine.

Como si ayer no hubiera pasado nada, estábamos justo donde empezamos. ̶


Hubiera seguido durmiendo si hubiera sabido que estarías ocupado.

̶ Tu tiempo es mi tiempo. Acostúmbrate a ello.

Puse los ojos en blanco y me acerqué a la mesa donde estaba parado. Miré
alrededor de su brazo y vi sus dedos dibujar un corsé y una tanga. Fue un
dibujo áspero, pero añadió muchos detalles en poco espacio. Tomó notas al
costado, anotando las telas y las gemas. Trabajó rápidamente, como si esta
idea le hubiera entrado en la cabeza cinco minutos antes de que yo entrara
por la puerta.

Cuando me acerqué tanto a él, pude oler su colonia. Olía a madera de pino
y jabón corporal. Tal vez no era colonia en absoluto, sino sólo su aroma
natural. Imaginé que el olor se aferraba a él justo después de salir de la
ducha. Cuando lo imaginé en la ducha, todo hombre, músculo y piel, alejé el
pensamiento.

Finalmente dejó su lápiz. ̶ La próxima vez, esperarás a que termine antes de


hablar.

̶ ¿Por qué?

Cerró la carpeta con un golpe seco. ̶ No tengo que dar una razón. Sólo hazlo. ̶
Volteó su cuerpo hacia mí, listo para acercarse a mi cara y decir algo más
grosero. Pero su boca se cerró, y sus ojos se entrecerraron hacia mi cara.
Asimiló mis rasgos lentamente, su ira suavizándose y una expresión
diferente apareció en su cara. Al instante, la rabia que había expresado hacia
mí desapareció por completo. ̶ Perfecta. ̶ Estaba a sólo unos centímetros de
mi cuerpo, y en el momento en que se alejó, se llevó todo el calor con él.

Como tenía una habitación de hotel, pude ducharme, usar un secador de


pelo y mirarme en un espejo para maquillarme. Obviamente se dio cuenta
del cambio y pareció un poco sorprendido.

̶ Quítate la ropa.
Ahora el momento había terminado oficialmente. ̶ ¿Debería quitarme todo en
cuanto entre por la puerta? ̶ pregunté sarcásticamente.

̶ Sí. ̶ Tomó un cuaderno diferente y una cinta métrica.

̶ ¿Por qué no oigo ropa golpeando el suelo?

Ahora que había tomado su dinero, no podía desobedecer. Estaba


comprometida con esto por obligación. Tendría que acostumbrarme a
quitarme la ropa delante de este hombre que apenas conocía. Eso sería algo
diferente si fuera gay... pero definitivamente no lo era. Me quité los vaqueros
y la camiseta y los puse en el taburete junto al espejo de cuerpo entero. Me
quede en mi sujetador blanco y mis pantis, agradecida de haberme afeitado
todo en la ducha esta mañana.

Cuando miré mi apariencia, vi a una mujer delgada con una figura de reloj de
arena y demasiada basura en el maletero. Nunca había luchado por mi
autoestima porque sabía que era atractiva. Pero ni una sola vez en mi vida
pensé que tendría el potencial para atraer al mayor diseñador del mundo. Ni
una sola vez pensé que tenía el aspecto adecuado para algo por lo que miles
de mujeres morirían.

Todavía no lo creía.

Sentí su mirada directamente entre mis omóplatos. No necesitaba ver su


reflejo en el espejo para saber exactamente dónde estaba. Su presencia era
lo suficientemente pesada, y su mirada era aún más poderosa.

̶ Date la vuelta.
Me tragué mi orgullo e hice lo que me pidió.

Se sentó en un sillón negro y apoyó el tobillo en la rodilla opuesta. Un codo


estaba apoyado en el reposabrazos con la cinta métrica en la punta de los
dedos. Suavemente giró su pulgar contra la superficie circular, sus ojos
rozando mi cuerpo como si nunca hubiera visto a una mujer en tanga.

Su mirada comenzó en mi cuello y luego se deslizó por mi cuerpo. El


prestaba más atención a mi vientre, concentrándose en él antes de mirar mis
muslos. ̶ ¿Levantas pesas? ¿Corres?

̶ Ninguno de los dos.

Sus dedos dejaron de jugar con la cinta métrica y sus ojos se entrecerraron
hacia mi cara. ̶ ¿Entonces qué haces?

̶ Nada.

Obviamente esa no era la respuesta correcta. ̶ Una mujer no tiene un culo


así por no hacer nada. ̶ Sus dedos comenzaron a moverse de nuevo sobre
la cinta métrica.

̶ Estuve de pie doce horas al día en la escuela y en el bar.

̶ ¿Eras camarera?

¿Por qué le interesaría eso a un hombre como él? ̶ Sí.


̶ ¿Cuál es tu bebida favorita?

̶ El escocés.

Sus ojos se entrecerraron con intensidad, como si esa respuesta significase


algo para él.

̶ ¿Por qué?

̶ Es simple y efectivo.

̶ Es la bebida favorita de mi padre. Mi madre lo odia.

̶ Requiere un cierto paladar. ̶ Me estaba refiriendo a las opciones de bebida


en ropa interior de la forma en que lo haría con un amante. Me sentí tan
cómoda que realmente me hizo sentir incómoda.

Sus ojos finalmente dejaron los míos y volvieron a examinarme. ̶ Eres


hermosa de pies a cabeza. ̶ Comenzó a examinarme de nuevo el cuello y
luego lentamente se puso en pie. ̶ Piel perfecta, curvas perfectas, todo
perfecto... no cambiaría nada.

No sabía si debía dar las gracias por ser observada tan


despreocupadamente, así que no lo hice.

̶ Debes decirle eso a todas tus modelos.


̶ En realidad, no lo sé. ̶ Sus ojos volvieron a los míos. ̶ Cada mujer es única.
Algunas tienen el color de ojos perfecto para complementar su piel. Algunas
tienen las piernas perfectas que se ven increíbles en felpa y ligas. Algunas
tienen los hombros perfectos para un escote en forma de corazón. Todas
tienen algo increíble aparte de ser delgadas.... pero ninguna de ellas lo tiene
todo. ̶ Sus ojos se clavaron en mi piel con su mirada acalorada, viéndome de
forma penetrante. Su mirada visceral no era de naturaleza lujuriosa, sino casi
respetuosa. Ciertamente me sentí como un cordero cuando estaba cerca de
este león, pero también me sentía como una diosa al mismo tiempo. Me
insultaba cuando no cumplía sus expectativas, pero cuando las cumplía, no
hacía nada más que halagarme.

̶ Pero tú sí. ̶ Se levantó de la silla y se acercó a mí, tirando del extremo de la


cinta métrica. ̶ Voy a tomar algunas medidas ahora. Eso es lo más cercano
a pedir permiso que vas a conseguir.

Primero envolvió la cinta métrica alrededor de mi caja torácica. Luego se


movió hacia mis caderas, ajustando la cinta a medida que me iba
ensanchando. Debió memorizar los números porque nunca los anotó.

Tomó medidas que nunca esperé, desde mi hombro hasta mi pecho, y desde
un hombro hasta el pecho opuesto. Incluso me envolvió la cinta suave
alrededor del cuello. Le tomó casi veinte minutos trazar un mapa de todo mi
cuerpo, midiendo el tamaño de mis pantorrillas y mis muslos. Cuando midió
mis piernas, midió desde la rodilla hasta la cintura y luego tomó una medida
separada de mi tobillo hasta la rodilla.

No tenía ni idea de cómo recordaba todo eso.

Caminó hacia la mesa y garabateó sus notas, la cinta métrica colocada a su


lado. Su mano masculina hizo que el lápiz pareciera aún más pequeño
debido a la diferencia de tamaño. Podía oír el roce de la punta del lápiz contra
el papel, probablemente porque estaba presionando muy fuerte contra el
pergamino.

No me puse la ropa porque supuse que me diría que me la quitara de nuevo.

Cuando terminó, dejó el lápiz y luego tomó otro trago de su café.

Estaba agradecida de que estuviera mirando hacia otro lado. Sus


callosidades en las yemas de los dedos me habían rozado la piel de la
manera más perfecta.

Me asustó, pero también me excitó. Me gustó la forma en que era tan


meticuloso con su trabajo, asegurándome de que cada medida fuera lo más
exacta posible. Tenía una expresión peculiar, una mirada dura por su
concentración. Su mandíbula era más dura, y sus ojos verdes adquirieron un
matiz más profundo. Sus cejas se arrugaron mientras estudiaba todos los
movimientos que hacía con las yemas de sus dedos. La expresión enfocada
hizo su hermoso rostro aún más cautivador. Me hizo preguntarme cómo se
vería su cara cuando se encontraba hundido en las piernas de una bella
mujer. ¿Su expresión era la misma? ¿O era aún más sexy?

Sentí que mi piel se ruborizaba con el pensamiento.

Conway se volvió hacia mí. ̶ He visto algunos de estos números antes…pero


aquí y allá. No los he visto a todos unidos a una sola mujer. Eso es bastante
increíble. ̶ Metió las manos en los bolsillos de sus pantalones y caminó
lentamente hacia mí, acercándose con una delicadeza distintiva que
contradecía la forma en que me había tocado y medido agresivamente.
̶ Gracias... ̶ Se sentía fuera de lugar decir eso, pero se sentía aún más
incómodo no decir nada en absoluto. Yo sostuve su expresión cuando se
detuvo frente a mí, mirando los ojos verdes y la barba en su cara. Mis
pezones se endurecieron dentro de mi sostén y se apretaron contra la tela.
Afortunadamente, el sostén estaba relleno, así que mi dureza no era visible.

Su mano se deslizó en su bolsillo, su pulgar enganchado por fuera.

Cuando creaba estos momentos de tensión, no parecía molesto por el


silencio severo como todos los demás. Era intimidante desde el punto de
vista natural, una habilidad que afectaba a todos los demás excepto a él. Tal
vez estaba al tanto de ello. Tal vez no lo estaba. Me negué a dejarme
acobardar, a permitir que este hombre me hiciera pararme sobre alfileres y
agujas. Pero cuando vestía una expresión tan hermosa mezclada con una
clara oscuridad, era difícil de creer.

¿Le temía? ¿O me sentía atraída por él? ¿Podrían ser las dos cosas?

̶ ¿Por qué estás incómoda?

Como si yo fuera palabras en una página, me leyó como un libro abierto. No


me gustaba ser transparente, pero tal vez no lo era. Tal vez sólo tenía una
poderosa habilidad para leer las emociones humanas. ̶ Estoy bastante
desnuda ahora mismo...

̶ ¿Y qué hay de malo en eso? ̶ Se mantuvo en una postura perfecta en todo


momento. Incluso cuando se detuvo en la mesa y miró fijamente a su
cuaderno, sus hombros seguían estando alineados. Practicaba lo que
predicaba, nunca se encorvó.
Todo estaba mal con él. ̶ No es normal…apenas te conozco.

̶ ¿No es normal? ̶ susurró. ̶ El cuerpo desnudo de una mujer es lo más normal


del mundo. Es hermoso, erótico, sensual... impresionante. ̶ Sus ojos se
deslizaron por mi cuerpo de nuevo. ̶ Nunca deberías avergonzarte de esa
hermosa piel. Ninguna mujer debería estarlo. Tienes más poder del que
crees. Hago cosas hermosas, pero sólo puedo inspirarme en algo igual de
hermoso. Tienes todo el poder en cada situación, Diez. Los hombres darían
con gusto sus vidas sólo para ver tu perfección. Cuando atravieses ese
escenario, deberías ser la dueña. Deberías arder con confianza y poder. Te
haré ver como la diosa que eres, pero tienes que ser la diosa. Nunca te
sientas avergonzada o insegura cuando te pongas así frente a mí. Creo que
eres impresionante. Apenas me conoces ahora, pero eso cambiará muy
pronto. Pronto, confiarás en mí más que en nadie en esta tierra.

Sus palabras inmediatamente cambiaron mi percepción, inmediatamente me


hicieron sentir más a gusto de pie frente a él. De repente me sentí
revitalizada, ya no estaba en exhibición. Un nuevo estallido de confianza se
apoderó de mí.

̶ Mi trabajo no es sólo hacer que una mujer luzca hermosa, sino sentirse
hermosa. ̶ Se acercó a mí, oficialmente a mi espacio personal. Era lo más
cerca que había estado de mí, su boca estaba a pocos centímetros de la
mía. ̶ Me gusta follar con mujeres, así que sé exactamente cómo quiero que
se vean cuando las follo. Sé lo que quieren los hombres. Sé qué fantasías
tienen. Así que diseño ropa interior que se ajusta a esos deseos. Cualquier
mujer que use mi ropa se sentirá hermosa, porque sabrá qué es lo que un
hombre quiere. ̶ Inclinó un poco la cabeza, mirando hacia mi cuerpo.

Sentí que me salían ampollas en los brazos, sentí que me salía una
respiración temblorosa. Era como estar de pie frente a un infierno donde las
llamas lamían mi piel. Una combinación de su poder, autoridad y confianza
me rodeó. Me paralizó. Me rozó las yemas de los dedos contra el hombro y
las arrastró lentamente por mi brazo. Se movió lentamente, deteniéndose en
el pliegue de mi codo.

̶ Me inspiras…porque sé exactamente cómo te follaría.

Conway

Dejé mi edificio y caminé por las tranquilas y oscuras calles de Milán. Los
altos edificios se proyectaban en sombras, ya que las lámparas cortas sólo
resaltaban la calle. Una pareja me pasó mientras disfrutaban de su helado.
Estaba vestido con un traje azul marino con una corbata a juego, y mi
atuendo valía miles de dólares. Si alguien estaba desesperado por dinero,
sólo mi ropa tenía el valor suficiente para cambiar su vida para siempre.

Pero nadie era lo suficientemente estúpido como para molestarme.

No sólo tenía una cara famosa, sino un poder respetado. Podía hacer que
las cosas sucedieran con el chasquido de mis dedos. Podría hacer
desaparecer a la gente si quisiera. Tenía la autoridad para cambiar el curso
del futuro, si quería.

Doblé la esquina y me acerqué a la entrada del club. El bajo de la música


golpeaba desde adentro, llegando a la calle y a la gente que esperaba para
entrar. Las mujeres se paraban afuera con tacones y lencería brillante, la
temperatura húmeda mantenía caliente su delicada piel.

Una vez que me acerqué, los hombres me reconocieron inmediatamente.


Separaron a la multitud y me rodearon como soldados protegiendo su rey.
Estaba excluido de la larga fila de hombres que esperaban pagar mil euros
sólo para experimentar un club de élite. Las mujeres me miraban como si
fuera un dios.

Las puertas se abrieron y me escoltaron dentro.

Una vez que estuve rodeado por la oscuridad y la música, me sentí como en
casa. Las mujeres estaban vestidas con mi lencería, corpiños, corsés y
pequeñas tangas que casi no cubrían nada. Algunas de ellas eran mis
modelos, y otras eran mujeres que sólo deseaban serlo.

Creé una onda invisible, y cualquiera que se interpusiera en mi camino


inmediatamente se hacía a un lado. Parecía emitir un tono de alta frecuencia
que me rodeaba por todos lados. La gente podía oírlo sin darse cuenta. Se
retiraron, dándome más espacio del necesario.

Las paredes negras estaban cubiertas con fotos de mis modelos usando la
ropa sexy. Algunas eran de diamantes y otras de encaje, pero en cada una
de las fotos, la pieza de lencería fue diseñada específicamente para ellas. Mi
trabajo era hacer el conjunto perfecto para cada mujer, tratando a cada
individuo a un nivel personal. Cada mujer tenía un tipo de cuerpo diferente,
y cada una era hermosa a su manera.

̶ Aquí está su escocés, señor. ̶ Un hombre apareció de entre las sombras con
mi bebida en una bandeja. ̶ Carter le está esperando en el segundo piso.

Tomé el vaso. ̶ Gracias.

Desapareció tan rápido como había aparecido.

Me moví a las escaleras y sentí que cada par de ojos caían sobre mí.

Las mujeres me admiraban con lujuria, y los hombres me despreciaban con


celos. Pero cada persona en ese edificio tuvo que doblegarse a mi poder.

Yo era el dueño de todos ellos, y ni siquiera se daban cuenta.

Llegué al segundo piso y vi a Carter sentado en una esquina. Una mujer


estaba debajo de cada brazo mientras él se sentaba en el asiento de cuero,
una enorme foto de Lacey Lockwood colocada en la pared detrás de él. Ella
era mi modelo más grande, la que la gente reconocía más. Tenía la confianza
adecuada y las piernas perfectas. Ella deseaba ser mi mayor estrella y la
mayoría de la gente predijo que lo sería.

Carter no me vio venir porque estaba muy ocupado con su entretenimiento


privado. La rubia de su izquierda frotó su mano contra su pecho y luego le
mordisqueó el lóbulo de la oreja. La otra mujer le frotó el muslo, acercándose
peligrosamente a su entrepierna. Ambas estaban en mi ropa interior,
brillando con pedrería y resplandor.
Me senté en el asiento de cuero frente a él, dejando mi escocés y
recostándome en el cómodo asiento. Sin revisar lo que me rodeaba, podía
sentir todos los ojos que me miraban. Pasaría menos de un minuto antes de
que un par de chicas hicieran su movimiento y se hundieran en el asiento a
mi lado. Asumirían que eran especiales, que tal vez tenían una cualidad única
que podía captar mi atención durante más de cinco minutos.

No era posible.

Toda mi existencia giraba en torno a las mujeres sexys. Las vestía con
prendas con el propósito de que me follaran. Satisfacía las fantasías de los
hombres de todo el mundo incluyéndolas en mis diseños. Vestía a mujeres
como Lacey Lockwood con el body perfecto con una entrepierna que se
desabrochaba para tener un polvo rápido. Todo en lo que pensaba todo el
día era en el sexo... con mujeres hermosas.

Me había vuelto insensible a eso.

Era imposible seguir impresionándome. Las mujeres eran todas iguales, pero
hermosas a su manera. El sexo era puramente físico, sin una sola pizca de
emoción. Lo mantuve vacío a propósito porque eso alimentaba mi
inspiración.

A los hombres no les importaba el amor, sólo la lujuria.

Así que tuve que diseñar mi lencería de esa manera.

La única excepción fue la nueva modelo que había adquirido recientemente.


Diez.

Había algo único en ella que me llamó la atención al instante. Cuando las
diez modelos subieron al escenario, las otras nueve eran desenfoques sin
rostro. Eran hermosas pero ordinarias. Eran las diez mejores opciones de
mis asistentes de confianza, pero palidecían en comparación con la mujer
sola que estaba al final de la fila.

Diez.

Yo no diría que era excepcionalmente hermosa. Su encanto era mucho más


profundo que alguna característica superficial. Pero ella poseía una cualidad
que robó toda mi atención. Ella tenía el mismo efecto en los hombres, por
eso la eligieron a ella en primer lugar. Los jeans y una camiseta no podían
enmascarar su innato atractivo sexual.

Su cuerpo era único. La proporción entre sus caderas y su estómago era


significativa, lo que hacía que sus curvas fueran aún más sorprendentes.

Tenía muslos delgados y tonificados, pero su trasero estaba regordete y


jugoso.

Era una mujer de curvas infinitas, de piel lisa y la mujer más sensual que he
visto en mi vida. La curva de su espalda era tan pronunciada que parecía el
lado cóncavo de una cuchara. Hacer ropa con sus dimensiones específicas
era un honor.
Nunca había visto a una mujer con sus medidas. Era como si estuviera hecha
específicamente para usar lencería, para ser el último símbolo de la
sexualidad femenina.

Cuando esa mujer invadió mis pensamientos, me obligué a concentrarme en


Carter.

Carter rompió el beso que estaba compartiendo con una de las chicas y dejó
caer su brazo. ̶ Necesito ocuparme de unos asuntos, señoritas.

La rubia le dio un apretón de manos a su muslo antes de irse con la otra


chica. Su ropa interior brillaba bajo las luces bajas, y sus tacones golpeaban
contra el suelo hasta que ya no estaban a la distancia auditiva. La música no
estaba alta en esta sección, lo cual fue intencional. Era el mejor lugar para
hacer negocios.

Carter llevaba un traje negro con una corbata a juego. Su cabello oscuro era
idéntico al mío, y heredó los ojos de color café de su madre. No se había
afeitado desde hacía unos días, y ahora una sombra cubría la parte inferior
de su cara. Nos veíamos tan parecidos que la gente nos confundía como
hermanos a diario. ̶ He oído que tienes una chica nueva.

̶ ¿Dónde escuchaste eso?

̶ Las chicas.

Cada modelo se había obsesionado con quien se quedaría con el mayor


centro de atención. ¿Quién saldría en la portada de Vogue? ¿Quién sería mi
gran final en el desfile de moda? ¿Quién sería la inspiración para mi próxima
pieza? Todas ellas competían por mi afecto, tratando de tocarme de la
manera correcta o de decir las palabras perfectas para captar mi atención.
Tal vez sólo intentaban avanzar en su carrera.

O tal vez sólo querían ser mi musa.

Me importaba un bledo porque no me interesaban.

Ninguna mujer significaría nada para mí.

̶ Aún no estoy seguro de lo que voy a hacer con ella.

̶ ¿Va a aparecer en el espectáculo el próximo fin de semana?

̶ Tal vez. ̶ Todavía necesitaba mucho trabajo. Su postura era mejor, pero una
vez que perdía la concentración, bajaba los hombros y se inclinaba hacia
adelante. Era un poco enigmática porque mostraba una confianza intensa
cuando me respondía o hablaba con alguno de mis hombres, pero cuando
se trataba de modelar, se cerraba más fuerte que una almeja. Cuando se
quitaba la ropa, era aún más hermosa.

Pero se sentía incómoda.

No tenía sentido.

Era la primera vez que tenía una modelo a la que le faltaba entusiasmo. A
diez no podría importarle menos la oportunidad. No besaba el suelo que yo
pisaba. No tenía problemas en llamarme imbécil en la cara.
Era un cambio interesante.

La única razón por la que estaba allí era porque necesitaba el trabajo para
sobrevivir.

Yo le importaba un bledo.

Tal vez eso fue lo que me llamó la atención.

Carter bebió su ginebra y luego encendió su cigarro. ̶ Escuché que en la


audición estaba completamente vestida.

̶ Eso es lo que me dijeron.

̶ Suena interesante.

̶ Tiene un poco de boca.

̶ Por chupar, espero. ̶ Sonrió antes de inhalar el cigarro.

̶ No ese tipo de boca.

̶ Qué lástima. Esa es la mejor clase. ̶ Tomó otro trago antes de poner el
cigarro encendido en la bandeja. Su tobillo descansaba en la rodilla opuesta,
y se inclinó hacia atrás mientras miraba a las mujeres que colgaban en el
balcón.
̶ ¿Cómo va el negocio de los autos?

̶ Sin quejas. No tan sexy como tu empresa, pero aun así genial. ̶ Carter es
diseñador y productor de coches de lujo en Italia. Vendía sus coches por toda
Europa y exportaba algunos a los Estados Unidos si la gente estaba
dispuesta a pagar el precio justo. Trabajamos en sectores de negocio muy
diferentes, pero a veces nos beneficiaba a ambos.

̶ ¿Trabajando en algo nuevo?

̶ Siempre estoy trabajando en algo nuevo. ̶ Bebió su ginebra de nuevo y se


limpió la boca con la parte posterior del antebrazo. Su traje era tan caro como
el mío, pero era tan rico que no se molestaba en cuidarlo. ̶ Pero basta de
charla trivial. Tenemos asuntos de los que ocuparnos.

Apoyé mi brazo sobre la parte posterior del sofá y apoyé mi tobillo sobre la
rodilla opuesta. ̶ Estoy escuchando.

̶ Diez millones. ̶ Se inclinó hacia delante con los codos apoyados sobre sus
rodillas. Se masajeó los nudillos mientras me miraba con sus ojos color café.
Su piel era blanca, lo que contrastaba más con su pelo y ojos oscuros. Su
sangre italiana era obvia, al igual que la mía. Esa era una de las mayores
sumas que nos habían ofrecido. ̶ ¿Quién es ella?

̶ La hija de un inversor rico en California. Supongo que su patrimonio neto es


de casi mil millones de dólares.

¿Casi? Bueno, el mío era de más de mil millones de dólares. ̶ ¿No puede
manejar esto por sí misma?
̶ Los Skull Kings están locos. Les aconsejé que no lo hicieran.

Estaban realmente locos. Ellos trajeron una nueva definición a la palabra.


Eran impredecibles y despiadados. Empezaron como traficantes de armas,
pero cuando eso no satisfizo su avaricia y sed de sangre, se dedicaron al
tráfico. Ahora capturaban a mujeres deseables de familias felices, porque se
excitaban con ello. Las vendían en el Subterráneo y ganaban una fortuna.

̶ Esto se está poniendo peligroso, Carter. Estos tipos están locos, pero no
son estúpidos. Al final se darán cuenta de lo que estamos haciendo.

̶ ¿Y qué van a hacer? ̶ preguntó incrédulo. ̶ Ambos somos intocables. ̶ Se


llevó el cigarro a la boca y se llevó una buena fumada. ̶ Y no estamos
socavando su operación. Ellos ganan el dinero. No es asunto suyo lo que
hagamos con las chicas una vez que sean de nuestra propiedad.

̶ Podrían pensar que los entregaremos.

̶ ¿Entregarlos a quién? ̶ preguntó Carter incrédulo. ̶ ¿Los federales? Ambos


sabemos que no harán nada. Esos sociópatas son intocables. Saben que no
somos tan estúpidos como para declararles la guerra. Además, esto es un
negocio para nosotros también. No estoy haciendo esta mierda por la bondad
de mi corazón. Hago esto porque es dinero fácil y está libre de impuestos.

Había mucho dinero sobre la mesa. Carter y yo habíamos dividido 50


millones de dólares en dos partes un par de veces. Como multimillonario, no
necesitaba más dinero. Pero cuando el dinero era tan fácil de conseguir, no
miraría para otro lado. ̶ Luego vas al subterráneo y pujas por ella.
̶ Sabes que no puedo. Tienes que ser tú.

Cuando compraba a las chicas, las convertía en modelos para algunos


espectáculos. Una vez que terminaban eran liberadas con sus familias. Los
Skull Kings pensaban que yo sólo tenía un fetiche extraño por las esclavas,
y que estaba exhibiendo mi propiedad ante el mundo porque pensaba que
estaba por encima de la ley.

Pero una vez que las niñas cumplían su condena, eran devueltas a sus
familias. Era la única forma de extraerlas sin arriesgar sus cuellos y los
nuestros. Los Skull Kings tenían cosas más importantes de las que
preocuparse, así que después de unas semanas, pasaban al siguiente lote
de esclavas que querían vender.

̶ Como dije, no podemos hacer esto para siempre, ̶ dije. ̶ Nuestros padres nos
advirtieron cómo eran estos tipos. No creo que debamos tomarlo a la ligera.

̶ No lo tomo a la ligera, ̶ dijo Carter. ̶ Pero tampoco soy un marica.

Terminé mi whisky, dejando que el líquido ámbar se deslizara hasta mi


estómago.

̶ Además, si no hacemos esto, ¿quién lo hará? Ya sabes lo que les pasará a


esas chicas.

Serían violadas, torturadas y luego quemadas vivas. Mujeres como esas no


se convertían en mascotas de buenos hombres. Se convertían en sacos de
boxeo de hombres que querían ejercer el poder sobre sus enemigos. Cuando
un trato fracasaba, tomar a la hija de su enemigo parecía ser la forma más
efectiva de venganza. Pero las chicas no tenían nada que ver.
̶ Creo que deberíamos tener a alguien más que haga la oferta. ̶ Teníamos
hombres leales que habían estado trabajando para nosotros durante
décadas. No hacía falta ser un genio para pujar por una mujer hasta que la
ganaran. ̶ De esa manera ya no tenemos que estar involucrados en ello.

̶ Sabes que eso no funcionará. Quieren caras. Quieren identidades de


hombres ricos y famosos. Al quitarle el anonimato, mantiene a todos a raya.
Lo mantiene legítimo. No dejan entrar a cualquiera. Si envías a alguien en tu
lugar, pensarán que es sospechoso. Y esa será nuestra perdición.

Los hombres ricos de nuestros círculos internos creían que compraba


esclavos por placer. Tenía tanto dinero que lo gastaba en cosas excéntricas,
como la gente. Vender lencería y tratar a las mujeres como objetos
complementaba esa creencia muy bien. A pesar de que era completamente
falso. Ya tenía más poder que la mayoría de los hombres. No necesitaba
comprar una esclava para sentirme poderoso. Ya era poderoso.

̶ ¿Estás dentro? ̶ preguntó Carter.

Si me negaba, esta mujer sufriría y moriría. Era una cuestión de vida o


muerte. No podía dejar que esa culpa me agobiara. ̶ Sabes que lo estoy.

̶ Genial. ̶ Sacó un trozo de papel de su bolsillo trasero y lo abrió para que yo


pudiera verlo. ̶ Anastasia Purkov. Es la hija de un inversor ruso. Fue al
supermercado un sábado por la tarde y nunca volvió a casa. Acababa de ser
seleccionada para el ballet ruso cuando desapareció. Su padre se puso en
contacto con mi gente, y así fue como recibí su mensaje. ̶ Señaló su foto. ̶ Es
una belleza. ̶ Con el pelo castaño oscuro y los ojos azules, ella era
definitivamente llamativa. Si una mujer era atractiva, era aún más probable
que fuera capturada para la trata de blancas.
̶ Su padre hizo enojar a uno de sus clientes en Budapest. Creo que ese tipo
encargó a los Skull Kings que hicieran esto.

Era asqueroso. Los hombres pagaban a otros hombres para capturar a una
mujer inocente sólo para enfadar a su enemigo. Y luego esa mujer era
vendida por otra ganancia para ser esclava. Entonces era comprada por
tercera vez por nosotros. La cantidad de dinero que se gastaba en una vida
humana era horrible, sólo por el coño entre sus piernas. ̶ ¿Cuándo es la
subasta?

̶ Mañana por la noche.

Doblé el papel y lo metí en mi bolsillo. ̶ Iré por ella.

̶ Ponla en tu alineación para el próximo espectáculo. Entonces podemos


devolverla.

Cada vez que rescataba a una esclava y les contaba lo que estaba pasando,
se mantenían en silencio y cooperaban. No hablaban con las otras modelos,
y normalmente besaban el suelo por el que yo caminaba. Cuando las
devolvía a sus familias, los padres siempre eran los que más lloraban. ̶ Está
bien.

Carter volvió a fumar su cigarro. ̶ ¿Quién iba a decir que ser un héroe nos
haría ganar tanto dinero?

̶ No somos héroes, ̶ dije fríamente. ̶ A los verdaderos héroes no se les paga.


̶ Con o sin dinero, sin nosotros, esas chicas nunca saldrían.

̶ ¿Y qué pasa con el resto? ̶ Le pregunté. ̶ Las dejamos a su suerte sólo


porque no tienen un miembro rico de la familia que las compre.

̶ Aunque lo hicieran, sabes que no podemos rescatarlas a todas. Si


compraras a todos los esclavos del lugar, los Skull Kings estarían tras
nosotros.

Salvar a una mujer inocente por un cheque no me hacía sentir como un buen
hombre. No había nada de noble en lo que hacíamos. Ambos éramos
codiciosos, y no había nada que endulzara ese hecho.

̶ ¿Mañana, entonces? ̶ Carter sabía que yo ya estaba de acuerdo con los


términos, pero debe haber captado la vacilación de mi voz.

̶ Mañana.

***

CAMINÉ a mi edificio solo en la oscuridad de la noche. No me llevé a una


mujer a casa porque no estaba de humor. Podría haber tenido a cualquier
mujer en ese club que yo quisiera, pero nada me interesó esa noche.

Hice la llamada y puse el teléfono contra mi oreja.

Inocente y hermosa, contestó ella. ̶ Es la una de la mañana, Conway.


Suspiré aliviado a pesar de que no había ninguna razón real para estar
asustado. El sonido de su voz era la mayor seguridad que necesitaba. Ella
significaba para mí más de lo que yo le decía, y la idea de que alguien se la
llevara de la manera en que tantas otras mujeres fueron capturadas me hizo
enfermarme del estómago. Era la única mujer en el mundo que me convertía
en un caballero. Sólo cuando ella estaba presente me comportaba. ̶ ¿Estás
en casa?

̶ Es la una de la mañana de un martes. Estoy durmiendo, obviamente.

Mi hermana pequeña era una mujer adulta, pero siempre la veía como una
niña pequeña. Vivía en Milán porque estudiaba para ser pintora. Iba a una
escuela de arte con el dinero de mis padres. Como mis padres vivían en la
Toscana, estaban a cinco horas en coche. Yo era el hijo mayor de mi familia,
así que mi trabajo era cuidarla. ̶ Sólo quería asegurarme.

̶ No tienes que venir a verme, Conway. Si necesito algo, lo pediré.

̶ Eres demasiado testaruda para pedir nada. Ambos lo sabemos.

Volvió a suspirar al teléfono. ̶ ¿Puedo llamarte mañana? Tengo que


levantarme temprano.

̶ Ambos sabemos que no vas a llamarme.

̶ Bueno, llámame mañana, entonces. ̶ Colgó antes de que pudiera decir otra
palabra.
Mi paranoia sacaba lo mejor de mí, y actuaba sobre mi miedo con demasiada
facilidad. Mi hermana era una mujer hermosa, que se parecía a mi madre
con algunos atributos de mi padre. Cuando estaba creciendo, mi padre nunca
la dejaba hacer nada sola. La observaba como un halcón constantemente.
Cuando se mudó a la escuela, nunca lo había visto tan alterado. Fue difícil
para él dejarla ir. Pero me di cuenta de que era aún más difícil para mí el
hacerlo. Ahora yo era tan protector como él, especialmente en este mundo
tan cruel. Las mujeres eran tratadas como perros, a veces como monedas
de cambio. Nunca querría que ella lo supiera.

Había un oscuro inframundo justo afuera de su puerta, pero ella era


demasiado inocente para verlo.

***

DIEZ caminó por la puerta justo a tiempo, con el pelo y el maquillaje


arreglado. Llevaba jeans y una camiseta, el atuendo típico que siempre le
había visto llevar. Su cabello estaba rizado y grueso, enmarcando
perfectamente su rostro y acentuando sus rasgos.

Estaba frente a mi mesa con mi cuaderno de bocetos. Entró en la habitación


e inmediatamente se desnudó. Ni siquiera tuve que decírselo esta vez.

Levanté la vista de mi cuaderno y miré su hermosa piel. Era impecable y sin


marcas. Perfectamente lisa y pulida, tenía la piel de una muñeca. Su tez sólo
realzaba las curvas de su hermosa figura. Con una cinturita que podía
envolver con mis manos y un culo que parecía regordete, ella era nada más
que perfección. El hecho de que lograra tal belleza sin esfuerzo la convertía
aún más en una diosa. Ella era toda natural.
Tomé mi libreta y me acerqué a ella frente al espejo. ̶ Estás aprendiendo. ̶
Me paré detrás de ella y miré sus hombros. Estaban perfectamente rectos,
los músculos de ambos lados eran totalmente simétricos. Mis dedos
descansaron directamente sobre su columna vertebral, e instantáneamente,
ella respiró profundo en respuesta.

Mi mano se deslizó lentamente por su columna vertebral, siguiéndola hasta


la parte superior de su trasero. Era tan pequeña que podía sentir mi mano
extenderse por todo su cuerpo. Podía alcanzar ambas caderas con el dedo
índice y el pulgar. Ella respiraba más fuerte.

La última vez que hablé con ella, le dije que sabía cómo quería follármela.
Tal vez eso la incomodó, la asustó un poco. Ciertamente yo no sentí
vergüenza.

Mis manos agarraron sus hombros y luego me moví lentamente alrededor de


ella, tomando sus ángulos bajo la luz.

Sus ojos me siguieron. ̶ ¿Qué estás haciendo?

Mis manos rodearon sus brazos, y miré hacia abajo su cuerpo, admirando
sus rasgos. Estaba examinando el tono de su piel, la forma en que sus
bragas blancas contrastaban con su piel ligeramente aceitunada.

̶ Trabajando.

̶ Parece que me estás mirando.


Mis ojos se elevaron hacia su rostro, sus impresionantes ojos azules que
parecían joyas. ̶ Mirar fijamente es parte de mi trabajo. ̶ Si mirara a cualquiera
de las otras modelos de esta manera, estarían radiantes de orgullo. Pero no
esta mujer. A ella le importaba un bledo.

̶ Pensé que hacer ropa era parte de tu trabajo.

̶ Sí. Y quiero hacer la lencería perfecta para la mujer perfecta. ̶ Luego me


acerqué mucho a ella, tanto que podía inclinarme y besarla. Podría sentir
esos labios suaves contra mi boca, sentir su cálido aliento entrar en mis
pulmones. Pero nunca he besado a nadie, y no la besaría a ella.

Fui a la mesa de telas y tomé la tira que había dejado a un lado. La presioné
contra su piel rosada e imaginé el sostén perfecto presionando sus tetas, la
carne cremosamente hermosa bajo las luces brillantes. Si agregara una
pizca de brillo dorado debajo, añadiría un poco de textura. Con tacones de
oro, el conjunto sería una pieza provocativa.

Me senté en el sillón negro y abrí mi libreta. Entonces empecé a dibujar la


seductora pieza de lencería mientras miraba a la mujer que la inspiró. Miré
su cuerpo, determinando cómo se colocaría la provocativa prenda en su
cuerpo. Tenía un pecho grande y un torso favorecedor, así que el material
podía ser un poco más largo de lo normal. Añadí una abertura debajo del
sostén que se extendía hasta el estómago. Cuando ella caminara por la
pasarela, el material se abriría y revelaría su sexy ombligo. Después trabajé
en la tanga.

̶ ¿Quieres que pose o algo?

̶ Estás posando. ̶ Mis dedos trabajaron duro el lápiz, grabando la imagen en


el grueso pergamino. Le delineé las caderas y luego trabajé en la tanga. Yo
quería que fuera del mismo material, pero quería que hubiera una
salpicadura más profunda de oro. Quería que pareciera una joya, que
resaltara los zafiros en sus ojos. Con ese pelo oscuro y esa piel preciosa,
esos colores se verían maravillosos en ella.

Antes de terminar, se me ocurrió otra idea.

Verde azulado. Estaría preciosa en verde azulado.

Pasé página e inicié otro diseño.

***

Mi libro de notas estaba más grueso de lo normal por haber usado tantas
páginas. El constante tocar y voltear había hecho las páginas más gruesas
de lo normal, así que el cuaderno parecía estar lleno de pañuelos de papel.
Había creado más diseños en unas pocas horas de lo que normalmente
hacía en un mes entero.

Diez sabía cómo inspirarme.

̶ Puedes irte. ̶ Escribí una lista de telas que necesitaba para poder trabajar
en la fabricación de la lencería con mis propias manos.

Una vez que la tenía perfecta, enviaba todo a la fábrica para que se produjera
en masa. Era demasiado tarde para la línea de otoño, pero la lencería no era
presa de las estaciones. Se podía fabricar en cualquier época del año. Puede
que fuera demasiado tarde para el desfile de moda de la semana que venía,
pero si trabajaba toda la noche, podría llegar a tiempo.

Diez no habían dicho nada en unas horas. Se quedó allí de pie en ropa
interior, y cuando no le hablé durante mucho tiempo, practicó caminar de un
lado a otro con los tacones en los pies. Ella tiró de sus hombros hacia atrás
y sacó su pecho, mirándose a sí misma en el espejo al mismo tiempo.

Normalmente, sería una distracción. Pero estaba tan concentrado en mis


nuevas creaciones, que logré no mirar su pomposo trasero. Había mejorado
significativamente ahora que se lo estaba tomando en serio. Aceptar el
adelanto de su paga la había enderezado. Pero eso no detuvo sus
inteligentes comentarios.

Se tiró de la camisa. ̶ ¿Has terminado por hoy?

̶ No. ̶ Tomé las telas de la pila y las puse sobre la mesa. ̶ Tengo mucho trabajo
que hacer esta noche.

Se puso sus jeans sobre su bonito trasero y luego lo abotonó.

̶ ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?

̶ No. ̶ Coloqué el maniquí en el lugar donde lo necesitaba para poder sujetar


mis alfileres.

Se sentó a la mesa, como si no pensara ir a ninguna parte.

Eso me hizo mirar hacia arriba. ̶ ¿Qué?


̶ Si hay algo que pueda hacer, me gustaría ayudar. Fuiste lo suficientemente
generoso como para darme ese dinero... me gustaría ganármelo.

Agarré la cinta métrica y las tijeras. ̶ Has estado aquí todo el día.

̶ Soy como una mula…puedo quedarme mucho tiempo.

Era una comparación pobre, especialmente cuando ella era mucho más
hermosa que una mula. Si fuera una bestia, sería un majestuoso caballo
blanco.

̶ Puedo incluso limpiar si quieres.

̶ No. Tengo un uso mucho mejor para ti. ̶ La dirigí a mi lado de la mesa y le
pedí que sostuviera los bordes mientras yo cortaba y cosía.

Tener a otra persona en el lugar hizo que el proceso fuera mucho más fácil.
Por lo general, una de mis asistentes o Nicole me ayudaba con las cosas,
pero como era fuera de horario, todo el mundo ya estaba en casa por hoy.

Una vez que le cogió el truco, fue de mejor utilidad.

Luego trabajamos en un silencio confortable. A veces, cuando se movía, me


caía un poco de su pelo. De vez en cuando, su brazo rozaba el mío. Su
cabello estaba tirado sobre un hombro, y sus ojos comenzaron a
entrecerrarse fascinados por lo que estaba haciendo. Luego empezó a hacer
preguntas.
̶ ¿Dónde aprendiste todo esto?

̶ Soy autodidacta.

̶ ¿Te enseñaste a ti mismo a diseñar ropa? ̶ Cuando era ella misma, tenía
una postura naturalmente perfecta. Sus hombros estaban atrás, su estómago
estaba adentro, y tenía un arco fenomenal en la parte baja de su espalda.
Hizo que su trasero sobresaliera aún más. Tenía una elegancia que no era
falsa como cuando estaba en la pasarela. Pero esa belleza sólo se
manifestaba cuando estaba cómoda en su entorno, cómoda con la ropa
puesta.

̶ Sí.

̶ ¿No fuiste a la escuela?

̶ La escuela es una pérdida de tiempo. Si hay algo que quieres aprender,


puedes enseñarte a ti mismo.

Ella vio mis manos trabajar la tela debajo de la máquina de coser. ̶ ¿Qué te
hizo querer diseñar lencería?

̶ Ya te lo he dicho. ̶ Yo no era hablador y odiaba aún más las preguntas


estúpidas.

Ella me miró a la cara, mirándome concentrada.

̶ He estado obsesionado con el sexo desde que llegué a la pubertad. Me


encantan las mujeres, y me encanta follarlas. Sé cómo hacer que una mujer
se sienta sexy, que se sienta más deseable que nunca. Y sé exactamente lo
que los hombres quieren ver. He convertido mi adicción en una profesión.

Ella volvió su mirada a mis manos, sin hacer ningún comentario sobre lo que
acababa de admitir. ̶ ¿Eso significa que eres un adicto al sexo?

̶ No. Pero me encanta el sexo. ̶ Llevé la tela al maniquí y la coloqué en su


lugar para poder dar los últimos toques.

Cruzó los brazos sobre el pecho y lentamente rodeó la figura. ̶ ¿Eso significa
que no tienes novia?

̶ Nunca he tenido. Y nunca lo haré.

Se sentó y cruzó las piernas, mirándome. ̶ ¿Te sientes solo?

̶ Estoy rodeado de un mar de gente a diario. Y estoy rodeado de mujeres


todas las noches. No, definitivamente no me siento solo.

Sus ojos azules se movieron hacia mi cara, mirando mi expresión mientras


trabajaba.

̶ Me estás haciendo muchas preguntas. ¿Qué tal si te hago algunas?

̶ Depende de lo que quieras saber.

Una vez que las dos telas se colocaron perfectamente juntas, trabajé en la
pieza inferior. ̶ ¿Dejaste un novio atrás? ̶ No estaba seguro si ella
respondería ya que era una pregunta personal. Fui directo a las cosas
pesadas.

̶ No.

No debería importarme que no estuviera enamorada de alguien, pero una


sacudida de energía corrió por mis venas. No me gustaba la idea de que un
hombre sin rostro se la follara. Mi posesividad seguramente provenía del
hecho de que ella era una de mis modelos, pero nunca había sido protector
con ninguna de ellas. ̶ ¿Qué hay de tus padres?

̶ Muertos. ̶ Lo dijo sin una sola señal de emoción. Sin corazón y fría, parecía
como si no sintiera nada en absoluto.

̶ Lamento oír eso. ̶ Mis manos se detuvieron momentáneamente antes de


empezar a trabajar de nuevo.

̶ Fue hace mucho tiempo. Mi padre se fue hace diez años. Mi madre ya hace
cinco años que no está.

̶ ¿Hermanos?

̶ Un hermano... pero también está muerto. ̶ Tomó un profundo suspiro como


si estuviera tratando de calmar las lágrimas invisibles.

̶ Lo siento. ̶ Esa vez, mi remordimiento era real.

̶ Soy la única que queda...


Tal vez huyó a un nuevo país porque no tenía ninguna razón para quedarse
atrás. Tal vez quería empezar de nuevo cuando aún era joven. O tal vez
asesinó a toda su familia, y ahora estaba huyendo. No había indagado en su
pasado, pero no me importaba. Pero ahora empecé a preocuparme.

̶ ¿Algún amigo?

̶ Dejé algunas personas atrás…pero no les dije que me iba.

̶ ¿Se lo dijiste a alguien?

̶ No.

Le puse la tanga al maniquí y la miré fijamente.

̶ ¿Entonces de qué huyes?

Ella miró hacia otro lado, desestimando mi pregunta.

̶ Sabes, tal vez pueda ayudarte.

̶ Nadie puede ayudarme.... ̶ Se pasó los dedos por el pelo y luego caminó
hacia la mesa. Agarró algunos alfileres antes de regresar y me ayudó con los
botones. ̶ No soy tu problema, y no quiero convertirme en uno.
Cuanto más se negaba a recibir ayuda, más quería dársela. Me recordaba a
mi hermana de muchas maneras, sin miedo y terca. A veces me hacía
admirarla. Y otras veces, sólo estaba siendo estúpida.

̶ ¿Cómo te llamas?

̶ Sabes mi nombre.

̶ He estado cuidando de ti, ¿pero no puedes decirme tu nombre?

Si no fuera por mí, seguiría en la calle ahora mismo. Había muchos hombres
que se aprovecharían rápidamente de ella. En lugar de dejar que eso le
pasara, me aseguré de que tuviera lo que necesitaba. No mucha gente sería
tan generosa.

̶ Pensé que no importaba cómo me llamara. ̶ Ella cruzó los brazos sobre su
pecho, cerrándose de mí.

̶ ¿De qué tienes miedo?

No me miraba fijamente. ̶ No quiero que sepas nada sobre mí. Necesito hacer
borrón y cuenta nueva.

̶ ¿Mataste a alguien o algo así?

Se mofó, como si la mera sugerencia fuera ridícula. ̶ ¿Parezco una asesina?

̶ Sólo porque no parezcas una asesina no significa que no lo seas.


̶ No sé si eso...

̶ Bueno, ¿parezco un asesino?

Ella volvió los ojos hacia mí, insegura de si debía responderme o no.

̶ No importa si lo hago o no. No significa nada. ̶ Terminé la parte de abajo y


la armé lo suficientemente bien como para mostrarle a Nicole. Requeriría una
costura y elasticidad más detallada antes de estar lista para su confección. ̶
¿Robaste un banco?

̶ No.

̶ ¿Hiciste enojar a alguien?

Sus ojos se apartaron. ̶ Basta de preguntas.

Le quité la lencería al maniquí. ̶ Ponte esto.

No dudó en quitarse la ropa y ponerse la lencería en el cuerpo. Se dejó la


tanga por debajo y se giró hacia el otro lado cuando se quitó el sostén y se
puso la parte superior.

Disfruté de la vista mientras ella estaba de espaldas, viendo la forma en que


su cabello llegaba hasta la mitad de su espalda. Los ligeros rizos al final eran
sexy, y me imaginé cómo se sentirían esas hebras envueltas alrededor de la
punta de mis dedos.
Se dio la vuelta lentamente, con los pies apoyados en el suelo. Pero no
necesitaba tacones para que su cuerpo se viera maravilloso. Tal como
esperaba, el brillo dorado y el negro profundo le quedaban perfectos. Las
medidas del material se ajustaban a su cuerpo exactamente como lo planeé.
Única y perfecta, la hizo estar lista para la pasarela sin todo el maquillaje y
la preparación extra.

Realmente tenía talento natural.

Nunca había hecho una pieza de lencería como esta. Era simple pero
espectacular. No me había inspirado en una pieza diferente o en algo de un
sueño. La idea se formó en mi mente con sólo mirar su preciosa figura.

Ella fue la que hizo esto.

̶ Perfecto. ̶ Ahora que lo llevaba puesto, no quería que se lo quitara. Quería


que se acostara en la cama y me abriera las piernas, rogándome
silenciosamente que me deslizara entre sus muslos. Quería que la tela se
separara sobre su vientre y mostrara su piel desnuda. Quería ver ese ombligo
sexy y arrastrar mi lengua a través de él.

Instantáneamente, me puse duro.

Y no sólo un poco duro. Tan duro que realmente me dolió.


7

Conway

NICOLE ENTRÓ EN MI OFICINA A LAS NUEVE DE LA NOCHE. Por lo


general, ella se iba antes de las cinco y nunca tenía que trabajar hasta tarde,
pero esto era importante. Un mensaje de texto rápido la trajo aquí en diez
minutos.

Se ganaba la vida trabajando para mí, así que hacía todo lo que le pedía.
Podría reemplazarla con otro empleado ansioso en cinco minutos. En
realidad, en cinco segundos.

Nicole dejó su carpeta y sostuvo su pluma, lista para tomar mis


instrucciones. ̶ ¿Qué puedo hacer por ti, Conway?
̶ Tengo que llevar esto a la fábrica mañana. ̶ Coloqué la pila de lencería en el
mostrador, los siete conjuntos diferentes que había creado con sólo mirar el
exquisito cuerpo de Diez. ̶ Quiero tenerlos listos para el espectáculo, si es
posible.

Revisó el montón, examinando cada pieza con el escrutinio de un diseñador.


Ella había estado trabajando conmigo durante diez años, y vio cada diseño
que creé. Unos los adoraba, otros no le importaban. Pero ella conocía bien
mi trabajo y no tenía miedo de criticarlo.

̶ Guau... son preciosos.

Organicé todo en el mostrador porque había hecho un desastre cuando


estaba trabajando con Diez.

̶ Gracias.

̶ Hay siete aquí… ¿hiciste todo esto esta noche?

̶ Sí.

Volvió a mirar a través de ellos antes de mirarme a través de sus gafas


redondas.

̶ Es lo máximo que has hecho en un encierro.

Las infinitas curvas de Diez, sus brillantes ojos azules y el sexy hueco en su
garganta hicieron que mi imaginación se expandiera. Quería mostrar todas
las características de su cuerpo, resaltar todos sus magníficos atributos con
el tejido perfecto. Necesitaba la lencería adecuada para acentuar a la mujer,
pero también necesitaba a la mujer adecuada para acentuar la lencería.

̶ Supongo que estaba inspirado.

̶ Conway, todo esto es increíble. Es realmente notable…tu mejor trabajo.

Me apasionaba mi trabajo, tomándolo en serio cuando otros se burlaban de


él. El sexo era la cosa más bella y obsesiva del planeta. Todos pensamos en
ello todos los días. Todos elegíamos meticulosamente nuestra ropa antes de
ir a un bar con nuestros amigos. ¿Por qué no haríamos lo mismo en el
dormitorio? ¿Por qué una mujer no debía lucir bien antes de entregarse a un
hombre? Lo hacía más sensual, más erótico. No había un solo hombre en el
planeta que no amara la lencería, a menos que no supiera cómo manipular
un sostén.

̶ Gracias.

̶ Tenemos que llevar esto al espectáculo este fin de semana. Haré lo que
pueda.

̶ Gracias, Nicole. ̶ Dependía de ella para que hiciera todo por mí. Era una
mujer inteligente y una trabajadora dedicada. Nunca necesité micro
gestionarla porque confiaba en ella para que lo hiciera lo mejor posible. Sus
mejores intereses eran los míos.

̶ No has tomado una decisión sobre tu gran final. ̶ Se acercó al vestido


plateado que colgaba de la pared. Me llevó tres semanas diseñar la pieza.
No lo diseñé pensando en una mujer en particular. Esa no era la manera en
que yo diseñaba algo. Las mujeres en mi cabeza eran generalmente sin
rostro, sólo mujeres desnudas con tetas hermosas y un culo alegre. ̶ ¿Vas a
hacer que Lacey Lockwood lo utilice? Me ha estado preguntando casi todos
los días...

Lacey estaba definitivamente impaciente. ̶ No estoy seguro.

̶ ¿Tienes a alguien más en mente?

Inmediatamente se me ocurrió Diez, la mujer más hermosa que jamás había


visto. Perfecta en todos los sentidos, parecía como si alguien la hubiera
creado en una fábrica. Era demasiado hermosa para ser verdad.

̶ Shayla es otra favorita. Ella sería genial.

̶ No, no Shayla.

̶ ¿Meredith?

Agité la cabeza.

̶ Lacey es la que tiene más experiencia, y es la modelo más famosa de la


marca. No puedes equivocarte con ella.

Lacey era una veterana. Tenía una gracia perfecta, una sonrisa
deslumbrante, y sabía cómo arder para la multitud. La había usado en
muchas fotografías y actuaciones en vivo. Ella estaba en tres cuadros
diferentes en mis paredes en ese mismo instante.
Pero no se sentía bien.

̶ Quiero usar a la chica nueva.

Nicole casi nunca cuestionaba mis decisiones, pero ahora me miraba con
escepticismo. ̶ La que estuvo aquí esta mañana? ¿La morena?

̶ Sí.

Puso su pluma en su carpeta. ̶ Conway, no estoy seguro de que sea una


buena idea. No tiene mucha experiencia, y el gran final es la parte del
espectáculo que todos esperan. No me malinterpretes, es una mujer
hermosa. Pero Lacey tiene mucha más experiencia. Con ella...

̶ No. Quiero que sea ella.

Nicole cerró lentamente la boca, aceptando su derrota. ̶ Muy bien. ¿Quieres


que alguien trabaje con ella?

Necesitaba que fuera impecable, y el único que podía asegurarse de que eso
sucediera era yo.

̶ No. Yo me encargo.

***

Fui revisado en la puerta antes de entrar.


El sótano del antiguo teatro de la ópera estaba lleno de mesas circulares
cubiertas por manteles rojos. Bajas velas encendidas se sentaban en el
centro de cada mesa, creando una luz tan tenue que era difícil distinguir la
apariencia de todos los demás en la habitación. Su política de no usar
máscaras casi parecía inútil.

Me escoltaron a una mesa privada con un número en una paleta.

Me trajeron un whisky al instante, y luego me dejaron en paz.

Cada mesa estaba reservada para un solo hombre, creando espacio entre
cada competidor. A veces, cuando una mujer era particularmente bella, la
guerra de ofertas entre los hombres se acaloraba. Luego se convertiría en
un concurso de meadas, quien tenía más dinero. Había visto a los esclavos
venderse por doce millones de dólares antes, muy por encima de su valor.

Disfruté de mi bebida y no hice contacto visual con nadie. Dejé mi teléfono


en el auto porque tampoco estaban permitidos. No querían que ninguno de
nosotros fuera rastreado, y no querían que estos eventos fueran grabados.
Esperaron cinco minutos más por cualquier atrasado de último minuto.

Entonces empezó.

Una a una, las mujeres desnudas fueron empujadas hacia adelante, y


comenzó la guerra de ofertas. Hice algunas ofertas para que no fuera obvio
que sólo había una mujer que quería. Estas mujeres fueron forzadas a
pararse desnudas para que todos los cerdos en el cuarto pudieran ver
exactamente lo que estaban comprando. Pero una mujer en lencería era
mucho más sexy que una desnuda. El delgado material abrazaba
perfectamente su cuerpo, acentuando sus defectos. Hizo de su desnudez el
gran final.

La chica por la que estaba ahí se adelantó, un completo desastre. Lloró


durante la subasta, sus muñecas aseguradas detrás de su espalda. Tenía
más de dieciocho años, pero era demasiado joven para ser sentenciada a
una muerte tan horrible. Verla llorar me hizo pensar en Diez. Ella nunca
lloraría. Incluso si estuviera desnuda en una habitación llena de imbéciles,
mantendría su dignidad. Afortunadamente, nadie quería a esta chica, así que
la conseguí por un buen precio.

Cuando la sacaron del escenario, sollozó aún más fuerte. No había nada que
odiara más que un llorón.

***

Una vez que la entregaron, estaba completamente vestida, con jeans y


camiseta para no levantar sospechas en la calle. Pero una vez que los
hombres la escoltaron hasta mi coche, empezó a llorar más fuerte. No podía
decirle lo que realmente estaba pasando, así que la hice callar lo mejor que
pude.

Le di una bofetada en la cara. ̶ Sigue llorando y verás lo que pasa. ̶ Me


convertí en el monstruo que ellos creían que era. Mantuve la farsa para que
me creyeran un bastardo pervertido que no tenía ni un cuarto de pulgada de
corazón.

Se calló al instante. La puse en el asiento del pasajero y me fui.


Por miedo a que me pincharan el teléfono o el coche, no le dije la verdad.
Conduje hasta el edificio que tenía cerca de mi estudio, aparqué en el garaje
y luego la obligué a subir al ascensor hasta que llegamos a mi espacio en el
último piso.

Cuando llegamos, ya estaba llorando de nuevo. Corté sus ataduras y luego


puse mi teléfono en otra habitación. Cuando regresé, sus brazos estaban
bien apretados alrededor de su cuerpo con sus rodillas apretadas.
Obviamente esperaba que la violara en ese momento.

̶ Puedes calmarte, Anastasia. No voy a hacerte daño. ̶ Le serví un vaso de


agua y le hice un sándwich en el mostrador de la cocina.

No se movió ni un centímetro, con los ojos fijos en la forma en que manejaba


el cuchillo cuando corté el sándwich por la mitad. Volví con ella con el agua
y el sándwich.

̶ Vamos, sé que debes tener hambre.

Aun así, no lo aceptó.

Puse todo en la mesa de café. ̶ En pocas palabras, tu padre me pagó para


que te comprara en la subasta. Los Skull Kings son un grupo de psicópatas
criminales que capturan mujeres privilegiadas de sus padres ricos y las
venden por dinero.

Era la primera vez que respiraba de verdad desde que entró en mi


apartamento. Se cubrió la boca con la mano mientras las lágrimas brotaban
de las comisuras de sus ojos. ̶ Papá...
̶ Así que ahora estás a salvo. ̶ Me senté en el sofá y acaricié el asiento a mi
lado. ̶ Ahora, come.

Finalmente, se me acercó con la guardia baja y tomó un trago del vaso. ̶


Entonces, ¿significa eso que me va a recoger? ¿Vas a llevarme con él?

̶ No. Esta es la parte de mierda. Para que mi tapadera sea legítima, necesito
que trabajes para mí por un tiempo.

̶ ¿A qué te dedicas?

̶ Soy diseñadora de lencería. Necesito que modeles para mí unas cuantas


veces. Así, los Skull Kings pensarán que para eso te compré. Después de
unas semanas, se olvidarán de ti y pasarán a su próximo proyecto. Ahí es
cuando te llevaré de vuelta.

Ella agarró el sándwich con ambas manos, pero no lo mordió. ̶ ¿Cuánto


tiempo será eso?

̶ Unas semanas. Tal vez un mes.

Su felicidad desapareció inmediatamente. ̶ Oh... ¿puedo hablar con mis


padres?

̶ Por supuesto. Mañana. No es seguro hacerlo ahora mismo.

̶ Vale... puedo esperar hasta mañana. ¿Qué haré mientras tanto?


̶ Te quedarás aquí conmigo. Tengo un dormitorio extra con baño privado.

̶ Gracias.... Es muy amable de tu parte.

No quería su gratitud. ̶ Tu padre me pagó diez millones de dólares para


sacarte. No arriesgaría mi propio cuello por nada.

̶ Pero, aun así, estoy tan contenta de estar fuera de ese lugar. Esas pobres
chicas...

No quería pensar en su destino. ̶ ¿Te lastimaron?

̶ Me empujaron un poco…me golpearon un par de veces.

̶ ¿Pero ellos...?

̶ No, ̶ dijo ella inmediatamente.

Asentí con la cabeza. ̶ Sírvete lo que quieras en la casa. Te llevaré a trabajar


conmigo por la mañana.

̶ ¿Qué debo decirle a la gente?

̶ Que eres una nueva modelo que descubrí. Estabas comiendo en una
cafetería cuando te vi. Eso es todo lo que necesitas decir.

̶ Muy bien... creo que puedo hacerlo.


Dejé el sofá y me alejé de ella para darle un poco de espacio. Aunque admití
que no le haría daño, eso no significaba que estuviera cómoda cerca de mí.
Era un completo extraño, y era un hombre. No había garantía de que no
tomara el dinero de su padre y me la follara antes de devolverla. Después de
todo, la gente hacía cosas jodidas.

Encendí la tele antes de ir por el pasillo. ̶ Buenas noches.

Su débil voz me siguió. ̶ Buenas noches...

Podría ir al club de lencería que tengo y recoger a una mujer para pasar la
noche. Podría escabullirme a una esquina y conseguir una buena mamada
en la oscuridad. Ella ya estaría usando mi lencería, así que sería perfecto.

Pero el esfuerzo no pareció valer la pena.

No cuando podía masturbarme y pensar en otra persona.


8
Sapphire

Volví al escenario donde hice mi primera audición con las otras nueve chicas.
Conway estaba en el pasillo entre las dos filas de asientos. Estaba varios
metros por debajo de mí, pero seguía sintiéndose como la cosa más grande
de la habitación. Se ajustó el reloj antes de quitarse la chaqueta, revelando
su musculatura en la camisa de color crema. La tiró a la silla más cercana y
luego se metió las manos en los bolsillos. Recto, rígido y fuerte, se puso de
pie con el pecho abierto al escenario. Una corbata negra colgaba de su pecho
sobre los botones de su camisa. La ropa cubría la mayor parte de su piel,
pero la distinta formación de su fuerza se perfilaba en la forma en que la tela
abrazaba su cuerpo. Estaba apretada sobre sus fuertes bíceps y sus
hombros anchos. Era irónico que diseñara ropa para modelos cuando
fácilmente podría haber sido modelo él mismo.

Las luces estaban encendidas como la última vez, así que pude verlo entre
el público. Yo llevaba un corsé negro con un sostén de corazón y bragas
negras a juego. Un collar de diamantes fue puesto en mi cuello, y mi cabello
castaño había sido tratado para tener volumen y rizos para textura. Cada vez
que su personal me daba una paliza, tenía que admitir que nunca me había
visto mejor. Y su ropa me hacía sentir más sexy de lo que nunca me había
sentido. Al principio, me sentía incómoda de pie casi desnuda frente a este
hombre que apenas conocía. Pero una vez que vi su bondad y generosidad,
no me pareció tan extraño.

̶ No nos iremos hasta que lo entiendas bien. Así que te sugiero que hagas tu
mejor esfuerzo.

Conway Barsetti tenía cosas más importantes que hacer que cuidarme, pero,
aun así, pasaba la mayor parte de su tiempo conmigo. Me usó como base
para sus diseños, y ahora trabajó conmigo personalmente para mejorar mi
rendimiento. Este edificio albergaba docenas de empleados. ¿No pudo
conseguir que alguien más lo hiciera?

̶ ¿Por qué es esto?

̶ ¿Por qué es qué? ̶ Lentamente se acercó al escenario, su postura era


perfecta a cada paso que daba.

̶ ¿Por qué me trabajas como una mula?

̶ Porque no acepto nada menos que lo mejor. Si quieres llevar lencería


Barsetti ante el mundo, más vale que te lo merezcas. El resto de las chicas
matarían por este tipo de atención.

̶ ¿Entonces por qué no las usas en mi lugar? ̶ Era imposible para mí controlar
mis comentarios de sabelotodo. No aceptar mentiras estaba arraigado en mi
sangre. Podría hacer que me maten algún día. En vez de someterme a
Knuckles, lo desobedecí y me fui. Fue un movimiento estúpido, y si alguna
vez me alcanzaba, yo pagaría el precio. No importaba si estaba desnuda en
el escenario. Me negaba a dejar que nadie me hablara como si fuera un perro
doméstico.

Conway inclinó un poco la cabeza, mirándome con su fría mirada. El silencio


lleno de tensión, y en momentos como éste, parecía como si pudiera estar
respirando por última vez. Conway Barsetti era un hombre aterrador, pero
nunca era más aterrador que cuando se paraba en completo silencio. La
anticipación era peor que su respuesta real. Tenía más poder del que yo
había visto en una sola persona. Las modelos lo adoraban a sus pies, y todos
los demás en el mundo respetaban su increíble éxito. Pero nunca respondió
a mi pregunta, y se alejó a un lugar diferente en la audiencia.

̶ De ida y vuelta. Anda. ̶ Pulsó un botón en su bolsillo, y la música comenzó.

Enderecé mi cuerpo lo mejor que pude y luego caminé, moviéndome a través


del escenario mientras pensaba en mantenerlo todo derecho y metido dentro.
Mis manos estaban colocadas en mis caderas para poder sentir la forma en
que mi cuerpo temblaba de izquierda a derecha. Conway lentamente se
dirigió hacia la parte inferior, con las puntas de los dedos apoyadas en su
suave mentón. Se afeitó esa mañana, así que las líneas duras de su
mandíbula eran claramente visibles. Sus ásperos nudillos también se
notaban, por la forma en que las venas se extendían sobre sus manos. Todo
en él era masculino, desde la oscuridad de sus ojos hasta la punta de sus
dedos.

̶ Más recta.

̶ Esto es lo más recto que puedo llegar. ̶ Seguí caminando, imaginando mi


columna vertebral como una línea recta.
̶ Estás siendo descuidada.

̶ ¿Cómo puedo ser descuidada? ̶ Llegué al borde del escenario y me


detuve. ̶El otro día dijiste que estaba mejor.

̶ Mejor no significa perfecto. Mejor es el peor cumplido que se puede recibir.


Mejor no significa absolutamente nada. ̶ Su voz no se elevó, pero su ira se
intensificó. El sonido de su voz se hizo más bajo, pero eso implicaba más
rabia. Muy pocas personas podrían ser más intimidantes al generar menos
ruido.

Conway Barsetti lo ha logrado.

Subió los escalones a un lado del escenario, con la mandíbula más apretada
ahora demostrando que yo no era más que una molestia para él. Caminaba
detrás de mí, sus pasos golpeando con fuerza.

̶ Esto es lo que me irrita de ti.

Intenté tragarme mi orgullo antes de poder decir un insulto.

̶ Te he visto más de lo que crees. ̶ Se movió a mi lado opuesto, rodeándome


como un tiburón calculando cuándo atacaría. ̶ Y cuando piensas que no estás
siendo observada es cuando empiezas a actuar. Es cuando te mantienes con
gracia, poder y confianza. Es cuando muestras quién eres realmente. Sé que
eres capaz de hacerlo, pero eres muy selectiva cuando lo demuestras. ̶ Se
detuvo justo delante de mí. ̶ Así que, deja de ser selectiva. Muéstralo en todo
momento. En la vida, siempre estamos actuando. Siempre estamos en el
escenario, incluso cuando pensamos que nadie nos mira.
***

TRABAJAMOS POR HORAS SEGUIDAS, pero Conway nunca quedó


satisfecho. Como buen perfeccionista, ni siquiera la perfección era lo
suficientemente buena. Dejó su asiento en el pasillo y subió al escenario a
mi lado. Sin avisar, su mano desnuda se movió hacia mi espalda baja.

No esperaba el toque, así que me puse rígida. Los músculos en la parte baja
de mi espalda se tensaron inmediatamente, forzando los lados de mi cuerpo
a curvarse hacia atrás. Mis hombros se movieron hacia atrás al mismo
tiempo, e inmediatamente succioné en mi estómago. Su toque estimuló mi
corazón, haciendo que mi sangre circulara a una velocidad
exponencialmente más rápida. Mis alientos se volvieron irregulares y de
repente mis dedos se sintieron calientes. Los tacones estaban matando mis
pies, pero el dolor desapareció de repente. Cada vez que me había tocado
en el pasado, mi cuerpo reaccionaba de la misma manera. El estímulo nunca
perdió eficacia.

Conway se paró detrás de mí, su aliento cayendo en mi nuca. ̶ Perfecto. ̶ Sus


dedos calientes acariciaban mi espalda desnuda.

̶ Finge que mi mano está aquí todo el tiempo. Estás sosteniendo tu cuerpo,
cambiando tu centro de gravedad. Ahora, camina.

Lentamente me adelanté y sentí que su cálida mano se deslizaba. Caminé


hasta el borde del escenario, fingiendo que ese toque todavía estaba
presionado contra mí. El dolor se había ido de mis pies, y mis hombros se
movían naturalmente hacia atrás debido a la forma en que mi columna estaba
alineada. Todavía sentía el fuego en mi vientre por la forma en que me tocó,
porque su toque hacía cosas sorprendentes en mí. Me hacía sentir viva pero
muerta al mismo tiempo. Me hacía sentir como si un rayo me hubiera caído
de la cabeza a los pies. Estaba ardiendo viva de adentro hacia afuera.

̶ Para.

Me detuve en el borde del escenario, su mano invisible aún presionándome.

̶ A mitad de camino. ̶ Sus pasos golpearon el suelo mientras se acercaba por


detrás. Se tomaba su tiempo cuando se dirigía a cualquier lugar, porque
sabía que la gente esperaría. Vino a mi lado y me miró a la cara en vez de al
cuerpo. ̶ Esta es la parte difícil. Necesito que proyectes tu fuego a la
audiencia.

̶ ¿Proyectar mi fuego? ̶ Le pregunté.

̶ Tu presencia, ̶ explicó. ̶ Tu actitud. Tu personalidad. Pero tienes que hacerlo


sin palabras. La mayoría de mis modelos no sólo parecen reinas, sino que
se comportan como si lo fueran. Su autoestima y autoridad aportan un
atractivo adicional a la lencería. Hace que la gente asocie estas ropas con el
poder, como una corona para una reina. Esto es algo que no se puede
enseñar fácilmente, como poner una mano en la parte baja de la espalda.
Esto es algo que tienes que sacar de ti misma. Sé que lo tienes porque lo he
visto antes. Estaba sentado entre este público cuando te vi por primera vez.

Recordé ese momento, pero no recuerdo haber proyectado nada. ̶ Sólo


estaba siendo yo misma.

̶ Entonces hazlo de nuevo. ̶ Se alejó, con la mano en los bolsillos. ̶ Combina


todo junto y hazte dueña de este escenario.
̶ ¿Vas a ponerme en el espectáculo este fin de semana? ̶ Le había oído
mencionárselo a Nicole unas cuantas veces. Había diseñado siete artículos
de lencería diferentes, esta semana y se apresuró a hacer el pedido para que
los diseños estuvieran listos a tiempo para el espectáculo.

̶ Sí.

̶ Si no estás contento con mi actuación, quizá deberías ponerme en un evento


más tarde.

̶ No. ̶ Caminó delante de mí, con los brazos cruzados sobre el pecho. ̶ Vas a
ser mi gran final.

̶ ¿Qué es eso?

̶ Es la última modelo en mostrar mi pieza más venerada. Se llama La Reina


de Diamantes. Quiero que seas la mujer que se lo muestre al mundo. ̶
Examinó a la audiencia vacía antes de volverse hacia mí.

¿Quería que una novata hiciera la parte más importante del programa? Eso
sonaba ridículo.

̶ Estoy segura de que una de tus otras modelos tiene más experiencia en
algo así....

̶ No quiero que otra modelo lo haga. Quiero que seas tú.

̶ ¿Por qué?
Se enfrentó a mí, sus oscuros ojos entrecerrados en siniestra hostilidad.
Supongo que no debería haber hecho esa pregunta.

̶ No importa por qué. Lo estarás haciendo y será mejor que no me


decepciones.

***

MILÁN era una bella ciudad, llena de historia atemporal y de poder innato.
Estaba en la cima del país, cerca de las fronteras de Francia y Suiza. Sólo
había experimentado la parte más al norte del país, sin visitar lugares como
Venecia y Verona. Pero mi poco tiempo aquí me había mostrado lo especial
que era. América era veinte veces más grande que este lugar, pero no tenía
el mismo carácter.

Era fácil perderse en la belleza a veces.

Desde mi hotel, podía caminar a donde quisiera. Las aceras grandes y las
calles empedradas me llevaron a mercados, cafeterías y pequeñas tiendas
de comestibles donde podía comprar lo que necesitaba. Y la vista desde mi
ventana, aunque no daba al campo ni al río, era maravillosa.

Pero no me hizo olvidar de qué estaba huyendo.

De quién estaba huyendo.

Knuckles era uno de los criminales más despiadados de Nueva York. Era
famoso por su nombre, pero todavía intocable para la policía. Eso significaba
que tenía más poder que nadie, si no tendría que ocultar su rostro. Aunque
hubiera llamado a la policía, no habrían hecho nada. Podrían haber
presentado un informe, pero no habrían actuado al respecto. Y luego me
habrían detenido por no haber pagado los impuestos de mi casa y por no
haber pagado el enorme préstamo que tenía con el banco.

Maldito Nathan.

Me jodió a lo grande.

Casi me alegró que estuviera muerto.

Casi.

Ahora que llevaba unas semanas en Milán, sabía que tenía que abrazar esta
nueva vida. Esta era mi casa ahora. No había nada esperándome en casa
aparte de unos cuantos amigos que probablemente se preguntaban dónde
estaba.

Era modelo de lencería.

Era lo último que esperaba hacer como profesión, pero eso no importaba.
Estaba desesperada, y los tiempos desesperados exigían medidas
desesperadas. Tuve que dejar de lado mi moral y mis valores y hacer lo que
era necesario.

Así que mantuve la cabeza alta y seguí adelante.


Fui a trabajar al día siguiente, entrando en el edificio histórico que parecía
más una galería de arte que una oficina. En Nueva York, todos los
rascacielos eran iguales. Algunos eran más únicos que otros debido a su
altura, pero no eran más que un mar de ventanas que reflejaban el sol al
atravesar el cielo.

Hice un esfuerzo extra para verme increíble todo el tiempo, pero extrañaba
los días en que ponerme un poco de rímel y lápiz labial era suficiente. Los
vaqueros y una camiseta eran perfectamente aceptables. Pero ahora tenía
que pasar una hora peinándome, y mi maquillaje requería capa tras capa de
textura y color.

Cuando salí por la puerta, estaba lista para una sesión de fotos.

Caminé por el pasillo y me acerqué al estudio de Conway.

Cada vez que llamaba, él estaba ocupado trabajando en algo y apenas me


daba la hora del día, así que no me molesté en llamar esta vez.

Conway estaba parado frente a su maniquí, pero hoy no llevaba traje y


corbata. Llevaba vaqueros oscuros que colgaban bajos de sus caderas y una
camiseta negra que abrazaba perfectamente sus bíceps. Su espalda estaba
girada hacia mí, para que pudiera ver la forma en que la tela se extendía a
través de sus omóplatos. Esta ropa era mucho más reveladora que su traje,
así que pude ver la forma en que su ancho pecho se reducía a sus estrechas
caderas. Sus tríceps eran distintos y separados de sus bíceps. Sus
antebrazos estaban aún más cincelados de lo que pensaba.

Y el color oscuro de su camisa combinaba perfectamente con su tono, desde


su personalidad irritable hasta el pelo corto y oscuro en su cabeza. Con los
brazos cruzados sobre el pecho, miró la parte superior plateada del babydoll
que estaba colgado en el maniquí. Los diamantes impecables reflejaban las
luces de arte de las paredes. Sin ver el precio, sólo podía adivinar lo caro
que sería algo así.

Tan caro como la casa embargada de mi madre.

̶ Es impresionante. Cualquier mujer se sentiría hermosa vistiendo algo tan


hermoso.

Conway se dio la vuelta lentamente y me miró, esta vez sin un ápice de


irritabilidad. Siempre parecía estar enojado por algo, decepcionado cuando
las cosas no eran meticulosamente perfectas. Pero estaba de mejor humor.
O tal vez mi cumplido significó algo para él. ̶ Creo que te quedará aún más
bonito. ̶ Chasqueó sus dedos y me dirigió al lugar junto al maniquí.

Instantáneamente, mis ojos se entrecerraron por la ofensa. ̶ Conway, estoy


agradecida de estar aquí, pero no dejaré que me trates como a un perro.
Basta de chasquidos. ̶Le chasqueé los dedos para reforzar lo molesto que
era.

No adoptó una expresión fría. Sus ojos verdes parecían casi divertidos. Esta
vez, extendió su brazo para indicar dónde quería que me parara. Fue mucho
mejor que esa mierda del chasquido. Me quité la ropa porque sabía que
quería que me lo probara. Doblé mi ropa y la puse en una pila en la silla, pero
no me quité la ropa interior.

̶ Quítate la ropa interior.

̶ Entonces date la vuelta.


La comisura de su boca se levantó con una sonrisa. ̶ Veo mujeres desnudas
a diario.

̶ Bueno, no me verás desnuda a diario.

Se rió a pesar de que yo estaba hablando en serio. O quizás por eso pensó
que era gracioso. Se alejó y me dio la espalda. Su trasero se veía tan
apretado en esos jeans.

Me quité la ropa interior y me puse el babydoll sobre la cabeza. La parte


superior de la blusa era de una sola pieza, así que no tuve que atarla en su
lugar. Cayó sobre mi cuerpo, el material era tan ligero que parecía que no
llevaba nada puesto. Me puse la tanga a continuación, de repente cubierta
de diamantes. Llevaba una fortuna. Cualquiera me lo arrancaría de encima
porque era muy valioso.

̶ ¿Terminaste? ̶ Estaba de pie con las manos en los bolsillos de sus vaqueros,
su postura era perfecta incluso cuando estaba vestido de forma informal. La
definición de su físico se notaba a través de su vestimenta, la rigidez de sus
músculos y la forma en que su cuerpo encajaba en su lugar.

Me ajusté el pelo alrededor de los hombros, arreglándome antes de que


finalmente me viera. ̶ Sí.

Se dio la vuelta, y sus ojos se iluminaron con evidente aprobación. Caminó


lentamente hacia mí mientras me examinaba de pies a cabeza, viendo la
forma en que la tela contrastaba con mi piel bronceada. Su mano cubría su
barbilla, sus pensamientos perdidos en la lencería. Su camisa abrazaba su
pecho de la misma manera que abrazaba su espalda, insinuando la belleza
que había debajo de la tela de algodón. El negro era un color perfecto para
él, combinando con su áspero exterior y complementando su tono de piel.
Se acercó a mí, con las manos lo suficientemente cerca como para tocarme.
Me miró fijamente al pecho y estudió la forma en que la prenda caía sobre
mi cuerpo. Luego, alargó la mano y tocó la correa de mi hombro izquierdo.
Frotó el pulgar contra el material suave y luego sintió mi piel desnuda.

Inmediatamente dejé de respirar, inmóvil en el momento en que me tocó. El


olor de su jabón entró en mi nariz, y me pregunté cómo olía cuando estaba
resbaladizo de sudor después de un intenso entrenamiento. Sentí los callos
en las yemas de sus dedos cuando me tocó, pero me gustó la aspereza. Me
recordó a una hoja de papel de lija, rígido y duro, pero agradable al mismo
tiempo.

Sus manos partieron de ambos hombros y luego se deslizaron lentamente


hacia abajo, moviéndose por encima de mis delgados brazos hasta llegar a
mis codos. No estaba tocando la lencería en absoluto, sino estudiando mi
cuerpo con sus manos como medidor. No me miró a los ojos porque estaba
concentrado en mi cuerpo, viendo la forma en que la lencería se movía contra
mí mientras me tocaba.

̶ Respira hondo para mí.

Obedecí, aspirando el aire a mis pulmones. Mi pecho se expandió. Lo vio


levantarse mientras sostenía mis manos en las suyas. Me masajeó los
antebrazos y luego las palmas de las manos. El tacto de un hombre nunca
se había sentido tan bien.

Sus manos se movieron hacia mi pecho a continuación. No pidió permiso


antes de colocar las dos palmas sobre mis tetas, sintiendo mi cuerpo de una
manera tan íntima que se me olvidó respirar de nuevo.
̶ Respira.

Sabía que había notado mis reacciones hacia él. Sólo esperaba que no
entendiera lo que significaban. Respiré profundamente otra vez, sintiendo el
peso de sus manos presionándome. Las puntas de sus dedos se clavaron
ligeramente en mí cuando mi pecho se levantó.

Sus palmas migraron hacia abajo, pasando por encima de mis tetas y
llegando a mi vientre. Las yemas de sus dedos abrazaban mi cintura,
sintiendo la forma en que se curvaba hacia adentro después de mi caja
torácica. Sus pulgares se clavaron un poco más fuerte en mí mientras se
deslizaban hacia mis caderas.

Entonces Conway se puso de rodillas frente a mí y me exploró de la cintura


para abajo. Ahora no podía respirar. Agarró mis muslos y luego lentamente
bajó sus dedos, tocándome como un hombre acariciaba a su amante. Las
yemas de sus dedos rozaron mis rodillas y se movieron todo el camino hasta
mis tobillos. Sus ojos me adoraban con la misma intensidad. Me dolían los
pulmones cuando ya no podían aguantar más el aire. Solté el aliento y respiré
con más fuerza, incapaz de ocultar mi reacción.

Conway se puso de pie de nuevo, moviéndose lentamente mientras sus


dedos caían sobre mi piel. Se movió sobre la tela de mi tanga y me levantó
el vestido un poco al subir. Cuando estaba en su plena estatura, estaba
mucho más cerca de mí de lo que había estado hace un segundo.

Ahora su cara estaba prácticamente presionada contra la mía. Sus cálidos


alientos cubrieron suavemente mi cara. Sus manos se movieron hacia mis
caderas, las yemas de sus dedos clavándose de nuevo en mí.
̶ Date la vuelta. E
̶ l barítono profundo de su voz me bañó, tentando mis nervios
y haciéndome estremecer de debilidad. La habitación estaba tan silenciosa
que sus tranquilas palabras se sintieron explosivas en mis oídos.

No lo pensé dos veces antes de obedecerle. Volteé hacia el otro lado,


viéndolo parado detrás de mí en el reflejo del espejo. Su mano me serpenteó
la nuca hasta que cavó bajo la caída de mi pelo. Luego lo movió hacia un
lado, exponiendo mi cuello. Sus ojos bebieron mi carne mientras agarraba
mis caderas. Me empujó ligeramente hacia él, presionando su pecho contra
mi espalda.

Ahí es cuando lo sentí. La silueta distintiva de su enorme miembro a través


de sus vaqueros. Era largo, grueso y casi palpitante. No quería que mis
mejillas estuvieran teñidas de color, pero sabía que no había manera de
evitarlo.

Conway no miró mi expresión en el espejo. Sus ojos estaban enfocados en


mí justo delante de él. Se agachó y me puso un beso en la nuca. Sus labios
estaban tan calientes que me sentí derretida.

Cerré los ojos y respiré profundamente, sintiendo mi cuerpo tenso en una


reacción sensual. Sin que me diera cuenta, un gemido silencioso escapó de
mis labios. Me gustaba su tacto, me encantaba la forma en que sus labios
suaves se pegaban ligeramente a mi piel. Algo de su aliento me bañó al
mismo tiempo, el calor me hacía arder de adentro hacia afuera.

Presionó su frente contra la parte de atrás de mi cabeza. ̶ Tan jodidamente


hermosa. ̶ Sus palabras rodaban sobre mí como un toque físico. Sus manos
volvieron a agarrar mis caderas y me dio un beso en el hombro.
Yo no lo detuve. Dejé que pasara. Cerré los ojos y me incliné hacia él,
dejando que me besara con su hermosa boca y me tocara con sus varoniles
manos. No estaba aquí para ser una de las modelos que llevaba a la cama
de la esquina. Sólo necesitaba dinero hasta que apareciera algo más
apropiado. No necesitaba conocer mejor a Conway para entender que era
un mujeriego. Me dijo que nunca había tenido una novia, así que se follaba
a las mujeres y luego pasaba a la siguiente. No quería ser una mujer
cualquiera.

Luego me besó en el cuello, sus manos me empujaron más fuerte hacia él.
Sería muy fácil dejar que esto ocurriera. Quería dar la vuelta y poner esa
boca en la mía. Quería explorar su duro cuerpo que había estado mirando
todo el día. Una parte de mí quería ser otra aventura sin sentido.

Pero entonces la puerta se abrió.

Lacey Lockwood entró furiosa antes de siquiera vernos. Su cabello estaba


peinado para la pasarela, y un maquillaje de ojos ahumados estaba pintado
en sus párpados. Con tacones brillantes y un vestido negro apretado, se veía
cada parte de la modelo que era.

Conway dejó de besarme, pero mantuvo sus manos en mis caderas.

Lacey tardó menos de dos segundos en deducir lo que estaba pasando.

̶ ¿Lleva puesta la Reina de los Diamantes?

Conway bajó sus manos de mi cintura y caminó a mi alrededor. ̶ Sí.


Si pisoteara su pie, se vería como una niña en el patio de recreo. Tenía una
cara tan hermosa que parecía mal verla tan enfadada. Puso una mano en su
cadera mientras sus fosas nasales se ensanchaban. ̶ Creí que yo era la que
hacía el final del espectáculo del sábado.

Conway no se puso a la altura de su ira. ̶ Nunca dije que lo harías.

Sus ojos se duplicaron en tamaño. ̶ Ella no tiene idea de lo que está


haciendo.

̶ Y tú no tienes idea de lo que estás haciendo, ̶ dijo fríamente. ̶ Acabas de


entrar en la oficina de tu jefe para decirle cómo hacer su trabajo.

Me paré justo al lado de la confrontación, y deseaba poder escabullirme y


desaparecer. Cuanto más enojada estaba Lacey, peor sería para mí. Una
vez que Conway no estuviera, ella me destrozaría con todas las otras chicas,
y me harían pagar por lo que hacía.

̶ Yo te digo cómo hacer tu trabajo. ̶ Conway era un hombre irritable, pero se


las arregló para mantener la conversación un tanto civilizada al no levantar
la voz. Con su tipo de poder, no tenía que hacerlo. ̶ Estás en el segundo acto.
Ahora sal de mi oficina.

En vez de irse, Lacey me miró como si fuera un bicho asqueroso que


encontró en el sótano. ̶ ¿Por qué estás tan fascinado con ella? Hizo una
audición con jeans y una camiseta. ¡Jeans!

̶ Y ella seguía siendo la mejor modelo allí, ̶ contestó Conway. ̶ ¿Qué dice eso
de ti? Puede ser hermosa sin quitarse la ropa. De eso se trata el modelaje.
Fuera de aquí. No te lo pediré de nuevo.
La mandíbula de Lacey se abrió, sorprendida de que Conway la regañara
así. Yo también me sorprendí. Lacey era una de las caras más grandes de
su compañía. Cada vez que la entrevistaban, ella hablaba de lo maravilloso
que era Conway. Era la mayor besa culos del planeta.

Volvió a salir furiosa, su grueso pelo temblando de izquierda a derecha


mientras salía. Golpeó la puerta tras ella, pero era demasiado débil para
causar un daño real. Sus talones resonaron en el suelo de madera, y el
sonido desapareció cuando finalmente estaba al final del pasillo.

Me sentí aliviada de que la confrontación hubiera terminado, pero sospeché


que era sólo el comienzo de cosas mucho peores. ̶ Tal vez deberías usarla.
Tiene mucha más experiencia que yo.

̶ No la quiero. ̶ Abrió una caja negra en su escritorio y sacó un collar de


diamantes. ̶ Te quiero a ti. ̶ Lo colocó alrededor de mi cuello, sus dedos
rozando mi clavícula mientras enganchaba el collar alrededor de mi
garganta. ̶ Lo superará. Sólo ignórala.

̶ Es difícil ignorar a alguien cuando te odia.

̶ Lo hago todo el tiempo. ̶ Dio un paso atrás para admirarme, y actuó como si
no hubiera besado mi cuerpo en lugares vulnerables. Tal vez eso era algo
que hacía con todas, así que no tenía ningún sentido.

̶ Nadie te odia. Todos te quieren.


̶ Pero realmente no me conocen. Sólo saben de mi dinero. Lacey me ha
estado besando el culo desde el primer día que llegó. Ella no me quiere por
mí. Sólo me quiere por las cosas que puedo hacer por ella, y no le debo nada.

̶ Todavía no quiero causar problemas…ponme en el segundo acto. Para una


mujer como Lacey, esta es su carrera. Para mí, sólo necesito el dinero.
Significa mucho más para ella, y ambos sabemos que es preciosa.

Sus dedos se movieron por mi cuello hasta que me agarró suavemente la


barbilla. Me obligó a mirar directamente a sus ojos. ̶ No es nada comparada
contigo, Diez. Tú tienes algo que ella no tiene. Todas las modelos aquí lo
saben y se sienten amenazadas por ti. Como deben estarlo. Te pongo en mi
gran final porque es donde perteneces. ̶ Sus dedos se deslizaron lentamente
por mi cuello y hasta mi clavícula. ̶ No cambiaré de opinión.
9

Conway

MI HERMANA NUNCA ME LLAMÓ ESA SEMANA, ASÍ QUE LA LLAMÉ.

̶ Hola, Con. ̶ Sonaba apresurada, como si estuviera saliendo por la puerta


principal. ̶ ¿Qué pasa?

̶ ¿Qué vas a hacer esta noche? ̶ Anastasia se quedaría en mi casa durante


las próximas semanas, así que no estaba ansioso por estar en mi casa en
Milán. Era una buena chica, pero no quería tener una charla con ella. No
podía alojarla en un apartamento. ni dejar que ocupara mi lugar mientras
estaba en mi villa de Verona porque no debería estar sola, no después de lo
que había pasado. Pero tampoco quería verla.
̶ ¿Por qué cada conversación que tenemos parece un interrogatorio?

̶ Sólo estoy conversando. ̶ Caminé desde mi estudio hacia mi casa a unas


cuantas cuadras de distancia, pero me movía lo más lentamente posible.

̶ No, no lo haces.

̶ ¿Por qué no respondes la pregunta?

̶ Porque no tengo que hacerlo.

̶ Tal vez quiera salir contigo, ̶ me burlé.

̶ Sí, claro, ̶ dijo ella. ̶ Ni en un millón de años.

̶ No sé si eso... ̶ En realidad me gustaba mucho mi hermana. Era un poco


descarada, pero preferiría tener una hermana con actitud que una que fuera
estúpida. ̶ Entonces, ¿qué estás haciendo?

̶ Eres el hombre más rico de Italia, ¿y me preguntas qué estoy haciendo?

̶ Cuanto más evites responder a la pregunta, más preocupado estaré.

Ella suspiró al teléfono. ̶ Bien. Tengo una cita.


Me detuve en la acera, convirtiéndome en un psicópata protector más rápido
con sólo chasquear un dedo. ̶ No te va a recoger, ¿verdad?

̶ No. Tú y papá me enseñaron bien.

̶ ¿Cómo lo conoces?

̶ Escuela.

̶ ¿Es un estudiante?

̶ Sí.

̶ ¿Cómo se llama? ̶ Exigí. ̶ Nombre completo.

̶ Supéralo, Conway. Voy a colgar ahora.

Había visto suficiente mierda aterradora para saber que cualquier tipo era
una amenaza. Todo podría estar preparado para que se la llevaran cuando
bajara la guardia. Había visto mujeres desnudas paradas en un escenario
mientras un puñado de bastardos pujaban por su libertad. Las llevaban a sus
mansiones y les hacían cosas abominables. Nunca dejaría que eso le
sucediera a mi única hermana.

̶ ¿Adónde vas?

̶ Adiós, Conway. ̶ Ella colgó.


Gruñí y luego llamé a uno de mis hombres. Hice que rastrearan su teléfono,
y las coordenadas GPS fueron enviadas directamente a mi teléfono. Era una
gran violación de la privacidad, pero me importaba un bledo. Tenía veintiún
años y era inteligente, pero un solo error podía cambiar su vida para siempre.

Seguí la señal hasta un pequeño café al lado de la carretera. Tenía un patio


exterior, mesas con sombrillas para bloquear el calor del verano. Una fuente
estaba en el centro, cayendo agua mezclándose con la música italiana que
tocaba de fondo. Un hombre se levantó de su silla para saludarla. La besó
en la mejilla.

Está bien, me gustaba un poco más este tipo.

Luego le sacó la silla y se sentó frente a ella.

Me paré al otro lado de la calle y observé su cita desde un callejón. Había


muchas sonrisas y muchas charlas, así que parecía que todo iba bien. No
trató de mostrar afecto durante la cita tocando su mano o su pierna debajo
de la mesa. Llevaba una camisa con cuello y vaqueros. Parecía joven, como
un hombre joven en sus años universitarios.

Cuando llegó la cuenta, él la pagó.

Bien.

Salieron juntos del restaurante y caminaron por la calle, probablemente


regresando a su casa. Me quedé atrás, manteniéndome a una buena
distancia. A mitad de camino, la agarró de la mano y la sostuvo. La acompañó
hasta su puerta, e intercambiaron unas palabras antes de darle un beso de
buenas noches.

Miré hacia otro lado para no tener que verlo.

Y luego se fue.

Ella entró y él se dirigió hacia el restaurante.

Tal vez exageré un poco.

Me dirigí hacia mi casa, caminando unas cuantas cuadras hacia la parte


oeste de la ciudad.

Mi teléfono sonó y su nombre apareció en la pantalla.

Yo contesté. ̶ ¿Cambiaste de opinión sobre pasar el rato?

̶ Conway, vigílame de nuevo, y verás lo que pasará.

Clic.

***

ANASTASIA se pasaba el tiempo viendo la tele y comiendo lo que había en


la cocina. Ella no trató de conversar conmigo después de que yo no respondí
a la mayoría de las cosas que ella me dijo. Pasé la mayor parte del tiempo
en mi oficina, dibujando todas las ideas que me venían a la mente.

Desde que Diez entró en mi vida, no ha hecho otra cosa que inspirarme.

Cuando sentí su cuerpo en mis manos, mis labios dolían por probarla.

Quería probarla, probar su perfume en lugar de olerlo. Quería presionar mi


duro pene contra su trasero para que supiera cuánto me excitaba. Para que
supiera lo perfecta que se veía en mi ropa interior.

Sus tetas se veían firmes y hermosas en el sujetador push-up. Su trasero se


veía apretado y lleno de vida en la tanga. Cuando mantenía la postura
correcta, era más deslumbrante que cualquier reina que hubiera existido. A
diferencia de las otras mujeres de mi mundo, ella era completamente real.
No le importaba mi dinero, ni mi lencería.

Eso la hizo más hipnótica.

Y me hizo amar mi trabajo aún más.

Salí del edificio en jeans y una camiseta y me dirigí hacia el Club Lingerie.
Carter estaba allí, y ese era el lugar habitual en el que hablábamos de
negocios porque tenía ojos y oídos por todas partes. Estaba lleno de mujeres
hermosas, y no sabían que actuaban como una distracción. Ningún hombre
entraba sin ser investigado a fondo por la seguridad.

Doblé la esquina y caminé bajo las lámparas de la calle. Grupos de chicas


pasaron en sus mejores galas, listas para salir a la ciudad. Milán era una
ciudad que nunca dormía. Los cafés estaban abiertos hasta tarde, y los bares
nunca parecían cerrar. A veces la gente me reconocía, pero la mayoría de
las veces no lo hacía.

Prefería que no lo hicieran.

Mi cerebro volvió a pensar en la nueva modelo que había cambiado


completamente mi programa. Cambió la alineación, la ropa y hasta a mí.
Hace un mes, mi vida era predecible y aburrida. Pero luego me dijeron que
una mujer hizo una audición con jeans y una camiseta, y pidió hacer algo
más que ser modelo. Era la cosa más extraña que había oído en mi vida.

Pensaba tanto en ella que me imaginé que la mujer que venía hacia mí era
ella. Su cabello castaño estaba tirado sobre un hombro, y ella llevaba un
vestido azul con su bolso sobre el otro hombro. Cuando me acerqué, su
cabeza se levantó y me miró fijamente.

Sus ojos eran del mismo color azul.

Empecé a preguntarme si esta no era mi lujuriosa imaginación. Había estado


pensando en ella constantemente desde que probé su piel, así que la
imaginaba por todas partes, incluyendo mi cama. Pero ahora que estaba
cerca de esta mujer, estaba seguro de que era ella.

Se detuvo frente a mí, llevando una bolsa de plástico que contenía su ropa
sucia. Sus brillantes ojos azules se encontraron con los míos con su habitual
confianza, y ella mostró su dulce sonrisa. Pero el ligero tinte en sus mejillas
me dijo que mis besos aún estaban en su mente.

̶ Conway.
Me gustó la forma en que mi nombre salió de su lengua. ̶ Diez. ̶ Me detuve
frente a ella, pero invadí su espacio mucho más de lo que lo haría un extraño.
Era imposible para mí mantenerme a un metro de ella. Tenía que estar cerca
y ser personal. Me sentía como si fuera su dueño, no sólo porque estaba en
mi nómina y modelaba mi lencería. ̶ ¿Qué vas a hacer esta noche?

̶ El servicio de lavandería del hotel es caro, así que traigo mi ropa a este
lugar.

No podía dejar de compadecerme de sus circunstancias. Quería hacerle un


cheque gordo y hacer que todos sus problemas desaparecieran. Con otra
persona, me importaría un bledo. No estaba seguro de por qué no me
importaba un bledo con ella. En mi cultura, las mujeres hermosas siempre
deben ser atendidas. Debe haber un hombre que la provea, que la cuide.
Pero ella estaba sola. En realidad, yo era todo lo que tenía.

̶ Cena conmigo.

̶ ¿Ahora mismo? ̶ preguntó incrédula.

̶ Sí. ̶ Los planes que tenía para la noche parecían irrelevantes ahora. Me
importaba un bledo Carter y el Club Lingerie.

̶ Parecía que ibas a alguna parte.

̶ Ya no importa. Vamos. ̶ Mi mano se dirigió a la parte baja de su espalda, mi


lugar favorito para tocarla, y la guie hacia adelante.
Mis dedos automáticamente apretaron la tela de su vestido mientras me
imaginaba su piel desnuda. Había visto ese hermoso trasero en muchas
tangas, y ahora no quería nada más que tirar de esa tanga hacia abajo por
sus hermosas piernas. Y enterrar mi polla en ese precioso coño.

̶ Nunca me preguntaste si quería ir.

̶ Tienes razón. ̶ Seguí adelante. ̶ Y no voy a hacerlo.

Llegamos a un pequeño café, un lugar al que había ido varias veces a


almorzar. Nos dieron una mesa en el patio donde nadie más estaba sentado.
El personal debe haberme reconocido y quería darme mi espacio.

Diez se sentaba frente a mí con una postura perfecta. Ella debe haberse
tomado en serio mis palabras y se mantuvo como si la gente estuviera
constantemente observando y juzgando. Esa noche no llevaba maquillaje y
su cabello no tenía el mismo volumen que en el estudio. Pero me gustaba.
Sólo éramos ella y yo. No estábamos trabajando, sólo cenando juntos. Y
quería cenar con la mujer, no con la modelo. Pero todavía la quería tanto
como ayer.

Miró el menú y luego se pasó los dedos por el pelo. No se dio cuenta, pero
era naturalmente sexy sin siquiera intentarlo. Se mordió el labio inferior
cuando estaba pensando, y los ángulos de su cara se veían perfectos cuando
el sol se ponía en la distancia. El vestido azul que había elegido era un
complemento perfecto para su tono de piel. Cuando la fotografié para mi línea
de lencería tal vez la fotografié solamente así al natural.

No miré mi menú porque estaba más interesado en mirarla a ella.


Cuando sintió mi continua mirada, finalmente levantó su mirada para
encontrarse con la mía. Intrépida y segura de sí misma, me miró fijamente.
No muchas mujeres podrían resistir mi atención con tanta seguridad. Cuando
se paró en el escenario con las otras nueve modelos, supo que yo la estaba
mirando. Su mirada permaneció en la mía, pero en respuesta, se enderezó
y apretó, como si se preparara para la guerra. Ella no era el tipo de mujer
que se echaba atrás. Pero ya que era tan fuerte, ¿por qué corría? ¿O eso
significaba que tenía un enemigo serio?

Ella continuó mirándome fijamente. ̶ Puedo hacer esto todo el tiempo que
puedas.

̶ Bien. Disfruto mirándote. ̶ Puse los codos sobre la mesa y me incliné hacia
adelante, para poder verla mejor. ̶ Tus maravillosos ojos azules. La forma en
que tus mejillas se curvan.... Única. Tus labios gruesos se ven increíbles con
esa sonrisa. Tienes el tipo de rostro con el que sueña un pintor. ̶ Todo, desde
sus cejas hasta su barbilla, era hermoso. Cada mujer tenía características
hermosas que la hacían maravillosa. Pero Diez las tenía todas. ̶ Y ni siquiera
he mencionado tu cuerpo todavía.

̶ ¿Lo dices como artista? ¿O como hombre?

El arte y la sexualidad eran lo mismo para mí. ̶ Ambos.

El camarero se acercó a nuestra mesa, cortando la intensidad.

Diez pidió, y yo elegí algo al azar del menú. Trajo dos vasos de agua y una
botella de vino. Una vez que se sirvió la botella, volvimos a estar solos.

Sorbió su vino y luego se mojó los labios. ̶ Eso es bueno.


̶ Me alegra que te guste.

Giró su vaso antes de mirar la etiqueta de la botella.

̶ Viñedos Barsetti... ̶ Sus ojos se volvieron hacia mí, entrecerrando los ojos. ̶
¿También tienes una bodega de vinos?

̶ No. Mi familia lo hace.

̶ ¿Tu familia? ̶ preguntó ella. ̶ ¿Viven en Italia?

̶ Mis padres están en las afueras de Florencia. También lo están mi tía y mi


tío.

̶ Oh... eso está bien. ¿A qué distancia está eso?

̶ Un viaje de cinco horas.

̶ El vino es increíble. Deben saber lo que hacen.

̶ Mi padre empezó a hacer vino hace casi cuarenta años. Se ha convertido


en un negocio familiar. Ahora tenemos bodegas por toda la Toscana.

̶ Probablemente sabría si bebiera más vino. Soy más bien una chica de licor
fuerte.
Y me gustaba eso de ella. ̶ Adquirimos nuevos gustos a medida que
envejecemos... y viajamos.

̶ ¿Eres cercano a tu familia?

No tuve problemas para responder a sus preguntas, pero quería algo a


cambio. ̶ Compartiré mi vida contigo. Pero quiero que compartas la tuya
conmigo.

Miró su vino y se rió. ̶ Demasiado para tener una conversación normal...

̶ Podríamos tener una conversación normal, si tú nos lo permitieras. No hay


razón para ocultarme nada. Si fuera a entregarte, ya lo habría hecho. Cuanto
más te miro, más quiero mantenerte. Gracias a ti, mis ventas se dispararán.
Puedo hacer algo hermoso, pero necesito una mujer hermosa para que sea
extraordinario.

Ella agitó su vino y tomó otro trago. ̶ ¿Eres cercano a tu familia?

̶ Mucho. La familia lo es todo en mi cultura.

̶ Deben estar orgullosos de ti.

Mi padre siempre me enseñó a ser un hombre que podía valerme por mí


mismo. Me dijo que podía heredar sus bodegas cuando él falleciera, pero
que no quería que yo dependiera de ellas. Así que perseguí un sueño.

̶ Lo están. Ambos son de mente abierta, pero también es un poco incómodo.


̶ ¿Porque diseñas ropa sexual?

̶ Porque diseño la ropa adecuada que hace que las mujeres se sientan
sexys... que les da a los hombres el mejor sexo de sus vidas. No sería bueno
en lo que hago si no entendiera mi trabajo a un nivel muy personal. Eso es
lo que lo hace incómodo…para que no entremos en detalles sobre lo que
hago.

̶ Comprensible.

̶ ¿Qué estudiabas en la universidad?

̶ Negocios.

̶ ¿Y qué querías hacer con eso?

̶ Recursos humanos o marketing.

Podría verla en ese papel. Tenía la confianza adecuada para ello. Podía
dirigir una oficina sin perder el tiempo.

̶ ¿Terminaste tu educación?

̶ No. Completé dos años antes de abandonarla.

̶ ¿Piensas terminar?
̶ No. ̶ Ella agitó la cabeza. ̶ Nunca volveré a América.

La miré más fijamente, esperando que me dijera la razón por la que estaba
huyendo. Cuando miró hacia otro lado, supe que no iba a ceder nada. Me
molestó que se negara a confiar en mí, aunque no me debía nada.

̶ ¿Tienes un teléfono celular?

Obviamente no esperaba que le preguntara eso porque sus ojos se abrieron


de par en par con sorpresa.

̶ No, no lo tengo.

̶ ¿Por qué?

̶ Tengo que dar información personal para conseguir un teléfono. No puedo


hacer eso.

Esta hermosa mujer estaba sola en otro país, y no tenía teléfono... era
ridículo. ̶ Te conseguiré uno. Será un teléfono de la compañía.

̶ Ya has hecho suficiente por mí, Conway. No te preocupes por eso.

̶ No es seguro no tener teléfono. Te voy a conseguir uno, y se acabó la


discusión.
̶ Puedes sacar el costo de mi cheque de pago.

No le iba a quitar nada.

̶ ¿Lacey te ha dicho algo?

̶ No. Me está evitando ahora mismo. Espero que vuelva en sí....

̶ No podría importarme menos si lo hace. La reemplazaré por otra persona


en un abrir y cerrar de ojos.

̶ Ella es la cara de tu marca. Si ella se fuera a otra compañía...

̶ Sería un paso atrás, y no le pagarían tanto. Es una mujer muy orgullosa, así
que no tomará esa ruta.

Se apoyó en el respaldo de la silla, pero aun así mantuvo la espalda


perfectamente recta. Sus hombros se veían bien bajo el sol ardiente. Ni
siquiera necesitaba un bronceado en aerosol porque su piel era muy
hermosa. Ella brillaba con su propia luz. Lo único que cambiaría sería su
ropa. Le pediría que usara mi lencería de diamantes.

̶ Dime tu nombre de pila.

Respiró rápido ante la pregunta, pero mantuvo la confianza en sus ojos.

̶ No me parece bien llamarte Diez, especialmente cuando eres mi número


uno. Así que déjame llamarte de otra manera.
̶ Llámame como quieras.

Si estuviéramos a solas, la agarraría por el cuello y la presionaría contra la


pared. Mi mandíbula se apretó en respuesta, y entrecerré los ojos con
desagrado.

̶ Entonces llámame Uno.

̶ Te mereces un nombre mejor que ése. No entiendo por qué no me lo dices.

̶ No entiendo por qué te preocupas.

̶ Me has inspirado más que ninguna otra mujer. Tenemos una conexión, tú
también la sientes. ̶ Ella mantuvo su rigidez. ̶ Quiero saber quién eres
realmente.

̶ Has hecho mucho por mí, y te lo agradezco. Incluso pareces un buen


hombre. Pero tengo mucho en juego... no puedo permitirme dar mi nombre.
No puedo dejar un rastro. Cuando me contrataste, fui sincera al respecto.
Dijiste que estabas de acuerdo con esto. Y ahora te retractas de tu palabra.

̶ No voy a faltar a mi palabra. Sólo quiero conocerte.

̶ Me conoces, Conway. Me conoces ahora, y conoces mi futuro. Pero tú no


conoces mi pasado y quiero que siga siendo así. Es la única forma en que
viviré para ver otro día.
¿Vivir para ver otro día? ¿De quién coño estaba huyendo? ̶ Puedo ayudarte.
Soy el hombre más poderoso del mundo...

̶ Uno de los más poderosos, ̶ corrigió. ̶ Hay hombres más fuertes y crueles
ahí fuera.

Ahora mi corazón se aceleraba en mi pecho. Temía por la vida de esta mujer


cuando apenas la conocía. Se había convertido en la clave de mi inspiración
reciente. Me prendía fuego de una forma que ninguna otra mujer lo había
hecho. Ahora mis dedos me dolían por dibujar, mi mente ardía por producir
aún más. Nada de eso hubiera sido posible sin ella. No podía permitirme
perderla.

̶ No puedo ayudarte si no confías en mí.

̶ Y no confío en ti, sin ofender.

Sostuve su mirada y sentí que mi ira ardía en mis venas. Reconozco a una
mujer en problemas, pero si se niega a compartir su nombre de pila conmigo,
¿cómo puedo protegerla? Tal vez pensaba que era sólo un diseñador de
lencería, pero tenía más lazos con el inframundo de los que ella pensaba.
Conocía a más gente de lo que ella pensaba. Tenía el dinero y los recursos
para hacer que todo sucediera.

Y haría que algo sucediera.

***

̶ ¿DÓNDE ESTAS? ̶ preguntó Carter por teléfono.


̶ Me retrasé.

̶ Caíste en un coño, entonces.

̶ Se podría decir que sí. ̶ Juré que nunca me follaría a mis modelos, pero Uno
estaba haciendo difícil mantener mi promesa.

̶ ¿Qué es lo que quieres?

̶ Una de mis modelos no me dice su nombre real. Tiene un pasado oscuro, y


está huyendo de algo. Le he dado muchas oportunidades para que confíe en
mí, pero es más terca que yo.

̶ Molesto, ¿verdad?

Ignoré el comentario. ̶ Necesito que averigües quién es ella.

̶ ¿Qué sabes de ella?

̶ Cómo es ella. Y que es de Estados Unidos. ̶ Me senté en el borde de mi


cama enojado. Uno se negó a cooperar conmigo y eso me molestó porque
era muy terca. Me gustaba la lucha dentro de ella. No podía explicar por qué.

̶ ¿Tienes una foto?


̶ No. Ven a mi estudio mañana. Estará allí preparándose para el espectáculo.
Puedes tomar una foto entonces.

̶ Muy bien. ¿Crees que está huyendo de los federales?

̶ No estoy seguro. La forma en que lo describe hace que suene como si


estuviera corriendo por su vida.

̶ Hmm....hay mucha gente loca ahí fuera.

̶ Así que, te veré mañana.

̶ Sí, allí estaré.

̶ Muy bien. Adiós.

̶ Con.

̶ ¿Qué?

̶ Vanessa quería que te dijera que está enojada contigo.

La espié durante la cena e incluso la seguí hasta su casa. Fue un error, pero
lo había hecho tantas veces que pensé que podría seguir saliéndome con la
mía, a menos que ella me atrapara.

̶ Lo sé.
***

A LAS CHICAS no les gustó mi decisión de poner a Uno a la cabeza. Y no


escondieron su desagrado.

Ya habíamos terminado con el espectáculo completo, pasando por los


primeros nueve actos con la música. Las chicas conocían las cuerdas, así
que siempre daban en el blanco. Incorporé a Anastasia en el primer acto, y
la puse en la parte de atrás. Nadie se fijaría en ella, pero tenía suficiente
presencia como para cubrir mi historia.

Cuando llegamos al último acto, Uno salió por su cuenta. Todo el escenario
era suyo, y se comportó exactamente como yo le enseñé. Ese fuego que
adoraba no estaba ahí porque parecía nerviosa. Las otras chicas
probablemente la intimidaron, hablando mierda de ella una vez que
estuvieron tras bambalinas.

Uno no parecía una mujer a la que le importara, pero una persona no podía
soportar tanto. Ella hizo su caminata, su pose, y luego caminó el resto de la
pista. Llevaba zapatos que valían cien mil dólares, y su lencería valía el
doble. Era mi última pieza, la que sólo los hombres más ricos del mundo
comprarían para sus amantes. Los actos aumentaban de precio, siendo el
principio los conjuntos más baratos y al final el más caro.

Normalmente, la mejor modelo terminaba el espectáculo.

Y Uno era la mejor modelo.

Ella posó al final, haciendo todo lo posible por incorporar todo lo que le pedí.
Pero no fue del todo perfecto.

Carter vino a mi lado y silbó en voz baja. ̶ Jesucristo, carajo. ̶ Levantó su


teléfono y sacó unas cuantas fotos de ella. ̶ Con unas piernas así, ella podría
huir para siempre.

̶ Arrojaré tu cadáver al río si sigues hablando así.

Sacó otra foto y luego se rió. ̶ ¿Golpeé un nervio?

Lo ignoré, mirando a Uno dar la vuelta y volver.

Su culo fue expuesto, y era el mejor culo del mundo.

Carter volvió a levantar el teléfono.

Se lo arrebaté. ̶ No me jodas hoy.

Puso los ojos en blanco y extendió la mano. ̶ Si no puedes manejar que mire
a esta mujer, ¿cómo vas a manejar que todo el mundo la mire?

Era un pensamiento que nunca había considerado porque nunca había


tenido un apego a una de mis modelos. Los hombres hablaban de Lacey
Lockwood delante de mí, y a mí nunca me importó. Hice que los hombres se
masturbaran con las mujeres de mi alineación. No lo he pensado dos veces.
Pero en el momento en que Carter trató de tomar una foto de su trasero, yo
no estaba de acuerdo.
̶ Sólo consígueme esa información lo antes posible.

10

Conway

LA NOCHE DEL ESPECTÁCULO FUE CAÓTICA.

Había cámaras por todas partes, editores de revistas trabajando en equipo


con otros editores en el negocio. Los distribuidores trataron de llamar mi
atención, pero me fui con otra persona a la que necesitaba saludar.
Las luces parpadeaban en mi cara mientras los reporteros seguían sacando
fotos.

Tomé la atención con gracia, ocultando mi verdadera irritación. Me


apasionaba mi trabajo, pero no mi popularidad. La gente me hacía las
preguntas más tontas, como de dónde provenía mi inspiración.

Joder, era obvio.

Mi equipo me acompañó entre la multitud a lo largo de la entrada y finalmente


dentro del viejo teatro de ópera. Hombres y mujeres ricos se paraban en la
cima del campo de reunión de la mayor organización de trata de personas
del mundo.

Y no tenían ni idea.

Si alguna vez me atrapaban, mi reputación seria destruida. La gente se


preguntaba cómo trataba a mis modelos y cómo dirigía mi negocio. Cada vez
que me decía a mí mismo que iba a salir de la situación, me absorbía de
nuevo.

Me moví a la fila que estaba reservada para mí. Mis asesores de confianza
ya me estaban esperando, dispuestos a flanquearme por ambos lados para
que la gente tuviera dificultades para llegar a mí. Pero en lugar de sentarme,
me pasee entre bastidores.

Casi todas las mujeres estaban desnudas por todas partes, dando los últimos
retoques a su cabello y maquillaje y deslizando tacones altos sobre sus pies.
Algunas me agarraron del brazo mientras pasaban y me abrazaron para
calmar sus nervios. Les devolví el afecto, pero sólo para no ser un gilipollas.

Paseé hasta que encontré a Uno.

Su cabello y maquillaje estaban hechos, y ahora ella se paraba frente al


espejo en la hermosa pieza de lencería que había sido personalizada sólo
para ella. Los diamantes brillaron, y sólo una mujer tan bella como ella podía
rockear una pieza de ropa tan cara. Ajusté la tela para que se ajustara
perfectamente a sus medidas, y se veía tan bien que era difícil no mirarla.

Me acerqué por detrás de ella, fascinado por la reina justo delante de mí. Mis
manos se deslizaron en mis bolsillos para asegurarme de que no la agarrara.
Sus ojos se encontraron con los míos en el espejo. Azules y brillantes,
añadieron un toque de color a su ropa. Su pelo castaño estaba en brillantes
ondas, y su sombra de ojos tenía un pequeño brillo que combinaba con los
diamantes que llevaba puestos.

Jodidamente perfecta.

Me paré detrás de ella, con la cabeza casi un pie más alto que la suya, incluso
cuando llevaba esos tacones altos. ̶ Pareces nerviosa.

̶ Estoy a punto de modelar frente a un teatro lleno de gente. Sí.... estoy un


poco nerviosa.

̶ No lo estés.

̶ Es más fácil decirlo que hacerlo, ̶ dijo ella con una leve risita.
Mis manos agarraron sus hombros, y apreté mi boca contra su oreja. ̶ Desde
el momento en que te vi... lo supe. Eres la mujer más hermosa y fascinante
para recorrer este escenario. No te pondría ahí fuera si no creyera que
puedes hacerlo. Arriesgaré mi cuello poniéndote en el final. No haría eso a
menos que estuviera absolutamente seguro. ̶ Sentí su pulso acelerarse
debajo de las puntas de mis dedos, sentí que su respiración aumentaba con
mi toque. Su cuerpo se incendió de la misma manera que el mío. Podía sentir
la conexión entre nosotros, sentir la chispa de atracción en el aire.

Le besé el hombro, directamente al lado de la correa que sostenía la prenda


sobre su cuerpo. Me importaba un bledo si alguien me veía adorar a esta
mujer con caricias sensuales. Instantáneamente, ella respiró profundamente,
tan afectada por mi toque como yo por el suyo. Mis labios volvieron a su
oreja. ̶ Confía en mí.

***

UNA VEZ QUE EMPEZÓ EL ESPECTÁCULO, la atención finalmente


desapareció de mí. Estaba cansado de estrechar la mano, de escuchar a la
gente conversar conmigo sobre sus opiniones acerca de mi trabajo. La gente
quería tomar fotos conmigo, publicarlas en las redes sociales para que sus
vidas parecieran más emocionantes de lo que realmente eran.

Las luces se apagaron, la música empezó, y luego las chicas se marcharon.


En el momento justo, hermosas mujeres desfilaron alrededor del escenario
sin titubear sobre sus ridículos tacones. Algunos eran tan altos que parecían
zapatos de bailarina. Cada una llevaba algo diferente que yo había creado.
Algunas de las chicas practicaban usando una pieza diferente de lencería, y
yo había tenido que cambiarla por mis nuevas creaciones. Podría haber
esperado hasta el próximo espectáculo antes de estrenarlas, pero yo era un
hombre muy impaciente.
La energía de la multitud empapó directamente mi piel. Podía escuchar su
susurrada emoción, ver la forma en que la gente tomaba fotos con sus
teléfonos. Todas las mujeres en ese escenario eran impresionantes, e
hicieron mi lencería aún más hermosa.

Anastasia hizo un trabajo decente. Tuvo un papel muy pequeño en el


espectáculo, ya que permaneció en la parte de atrás y lejos del punto focal.
Pero seguía siendo una chica guapa. Le di algo más conservador para que
se pusiera, pero era la única pieza conservadora del espectáculo.

Surgieron los siguientes actos, todos ellos con un tema diferente para el
espectáculo. La lencería tenía muchos propósitos distintos, y fueron
desplegados en escenas únicas. Se utilizaron diferentes colores, a veces rojo
sangre y naranja. Otros eran más neutrales, como el blanco y negro. Luego
nos adentramos en los colores brillantes, como el azul, el verde y el verde
azulado. Hubo un fuerte aplauso por cada acto.

Nicole tomó notas a mi lado. ̶ Puedo decir que todo el mundo está
impresionado.

Escuché lo que dijo, pero me importaba más lo que vendría después. Los
accesorios en el escenario cambiaron, y un resplandor etéreo fue arrojado
por la iluminación. La música se hizo más lenta, más real. Las otras modelos
desaparecieron, dejando todo el escenario a una sola mujer, a una sola reina.

El humo se elevaba por el escenario, la música aumentaba de ritmo y de la


niebla salía con la mujer más sexy del planeta.

Pavoneándose como si fuera la dueña del teatro de la ópera y de todo el


mundo dentro de él, sus tacones golpearon el suelo con pasos decididos.
Sus caderas se agitaban perfectamente, su postura era elegante, y miraba a
la audiencia como si tuviera todo el derecho de estar allí.

No podía evitar que la sonrisa se extendiera por mi cara.

Se detuvo en la primera marca y posó. Se volteó el pelo y extendió la pierna.


Luego giró en la otra dirección, mostrando sus infinitas curvas en el material
brillante. Sus ojos eran azules, pero ardían como si estuvieran en llamas.
Ese descaro que conocí la primera vez en el público se desató.

Volvió a caminar hacia adelante.

Un mar de cámaras la bañaba en su luz, los fotógrafos luchando por capturar


la mejor imagen. La gente argumentaba que sólo les importaba la lencería
lujosa que estaba exhibiendo, pero yo sabía que ese no era el caso.

Sólo se preocupaban por ella.

Ella posó de nuevo, volteando su cabello una vez más y mirando a la


audiencia con su comportamiento fresco. Luego se dio la vuelta y se pavoneó
hacia la parte de atrás del escenario mientras tocaba la música.

El resto de las chicas salieron para terminar el espectáculo.

Mis ojos se dirigieron a su trasero.

En lugar de usar una tanga como la que yo había planeado, ella usaba
bragas de bikini que cubrían la mayor parte de su trasero. Pero no le quitó la
hermosa apariencia, la vitalidad de sus mejillas. Fue el culo más hermoso
para adornar el escenario esa noche.

Posiblemente el culo más hermoso del mundo.

El resto de las chicas se adelantaron e hicieron sus poses finales para las
cámaras. Confeti de plata cayó del cielo mientras se abrazaban, sonreían y
se reían. La música volvió a cambiar, y Uno regresó, las chicas abriendo el
camino para darle un lugar especial.

Fue entonces cuando todos se pusieron de pie y aplaudieron.

Una ovación de pie.

Me quedé en mi asiento, con las yemas de los dedos cubriendo parcialmente


la sonrisa que no podía borrar. El orgullo se apoderó de mí, el orgullo por la
mujer que era dueña de ese escenario sin una pizca de experiencia. Era una
mujer natural, la más fascinante que ha estado en mi formación.

Y ella era toda mía.

***

El AFTER PARTY se celebró en mi villa de Verona. Tenía acres de tierra,


una mansión de tres pisos con una fuente en el frente y paredes cubiertas
de hiedra profunda. El valet se encargó de los coches, y la gente entró en mi
mansión y exploró los terrenos de la parte trasera. Tenía un enorme patio
con vistas a las colinas. Estaba inundado de olivos, flores y un césped
perfectamente cuidado.
Las chicas asistieron con la misma lencería que usaron durante el
espectáculo. Eran reinas en mi fiesta, una publicidad que se extendió mucho
después de que se abrió el telón. Se mezclaron con mis invitados, ejecutivos
de revistas de moda.

Pero había una reina en la que todos estaban particularmente interesados.

Uno capturó los corazones de todos en el desfile de moda. Ella era el centro
de su atención, rodeada por un grupo en casi todo momento. Cada vez que
se movía a través de la propiedad, la seguían inmediatamente.

No la había preparado para esto.

Me moví entre la multitud que la rodeaba y la envolví con mi brazo alrededor


de su cintura. En el momento en que la toqué, se acercó a mi costado,
pegándose a mí como si no quisiera que nos volviéramos a separar.

̶ Disculpen, necesitamos un momento. ̶ Mi mano se quedó en su trasero


mientras la alejaba. Ella hizo un gran trabajo poniendo una sonrisa en su cara
y siendo el centro de atención durante las últimas horas, pero no podía
mantener el acto indefinidamente. La llevé a mi oficina en el segundo piso,
un lugar al que nadie iba a menos que fuera una de las criadas.

En el momento en que se cerró la puerta, giró la cabeza hacia atrás y


suspiró. ̶ Maldita sea...

Sus movimientos eran increíblemente eróticos. Giró la cabeza como si


tuviera una torcedura en el cuello. No había nada que quisiera más que
presionar mis grandes manos contra sus hombros y acariciarla. Me acerqué
a ella y le agarré las caderas por debajo de la brillante parte superior. Mi
frente se dirigió inmediatamente a la de ella, y sostuve a la estrella de mi
programa como si fuera toda mía. La miré a la cara y la vi respirar lentamente
tratando de volver a la normalidad.

Ella sintió el mismo consuelo que yo, sintió la misma tranquilidad bañándola.

Cuando la besara, haría que su corazón palpitara erráticamente. Cuando la


abracé suavemente, todo el estrés de su vida pareció desvanecerse.

Así que seguí sosteniéndola de esa manera, seguí adorándola de esa


manera. ̶ Estuviste increíble.

̶ Gracias....tu discurso de motivación me ayudó.

Mi mano rozó su cabello y le quité los mechones de la cara suavemente. ̶


Eres una reina. Sólo necesitabas que tu rey te lo recordara. ̶ Mis dedos
tocaron su mejilla, sintiendo la suavidad. Era suave como un pétalo de rosa,
pero no frágil como una flor. Pasé mis dedos por su cuello, sintiendo sus
suaves latidos. ̶ Y como tu rey, es mi trabajo recordarte lo impecable que
eres, como los diamantes que llevas ahora.

Inclinó la cabeza para mirarme, su lápiz labial rojo contrastaba con su bello
rostro. Sus ojos se iluminaron por sí solos, reflejando la luz de la habitación.
Sus ojos brillaban como los diamantes que adornaban su cuerpo.

Me dolía la boca por explorar la suya. Me preguntaba cómo se sentiría su


beso, cómo fluiría su aliento hasta mis pulmones. Quería sentir sus labios
rellenos temblar contra mí mientras me empujaba en su interior. Quería que
su cuerpo se hundiera profundamente en el colchón mientras la dominaba
con mi tamaño. Quería esa lengua contra la mía. Quería que sus gemidos
irrumpieran directamente en mi garganta.

Pero me recordé a mí mismo que eso era algo que nunca hacía.

Nunca besaba a alguien.

Le pasé una mano por la parte baja de la espalda y le clavé la otra en el pelo.
La apreté más contra mí, sintiendo el estallido de química en el ambiente
entre nosotros. Mi boca no estaba en la suya, pero sentía la misma
adrenalina que experimentaba en el beso de una amante. Parecía que me la
estaba follando ahora, completamente vestida.

Ella debe haber sentido lo mismo porque su pulso se aceleraba cada


segundo que pasaba. ̶ Toda esa atención... no me lo esperaba.

̶ No me sorprende. ̶ La única modelo que había sido bombardeada de esta


manera era Lacey, pero ya nadie parecía preocuparse por ella. Ahora
estaban obsesionados con esta mujer, la mujer que se había convertido en
mi musa.

̶ ¿Puedo tomar un descanso de treinta minutos? ¿Simplemente sentarme


aquí en silencio por un rato?

Quería llevarla a mi habitación y darle todo el silencio que quería, mientras


estaba desnuda y sudorosa. Mis pensamientos se centraban en escenas
eróticas en las que yo estaba enterrado en su interior. Nunca mezclé los
negocios con el placer porque eso complicaba la situación. Pero ahora los
negocios y el placer eran lo mismo. Porque nadie me puso en el camino como
ella lo hizo.
̶ Sí. Haré que alguien te traiga agua y algo de comer.

̶ Gracias. Me muero de hambre.

Le tomé la cara y la miré fijamente a la boca, viendo los pequeños dientes


detrás de esos labios gruesos. Quería mancharle la boca de lápiz labial con
mi beso apasionado. Mi autocontrol no era tan fuerte como yo quería. No
podía dejar de pensar en ello. Pero la besé en la frente.

Entonces finalmente me alejé, sin volver a mirarla de nuevo. Tenía miedo de


que, si la miraba un segundo más, me la follaría en ese escritorio, un lugar
en el que nunca antes había tomado a una mujer.

***

CARTER ESPERÓ a que terminara de hablar con Demetri Opal antes de que
se acercara con un vaso de whisky en la mano. ̶ Lo has matado esta noche.

A su lado estaba Vanessa, con un vestido negro que combinaba con su


cabello oscuro. Sus ojos de color musgo complementaban su piel olivácea.
Un collar de diamantes colgaba de su cuello, y lo llevaba con clase. Me miró
con una mezcla de ira y orgullo.

̶ Todavía estoy enojada contigo…pero no me perdería esto por nada. ̶ Se


inclinó hacia mí y me besó en la mejilla. ̶ Felicitaciones.

Vanessa me había admirado desde que éramos jóvenes. Su aprobación


significaba mucho para mí, aunque nunca se lo dijera. Mi hermana poseía la
misma belleza natural que mi madre, pero al mismo tiempo poseía la dureza
de mi padre. Ella no era como la mujer promedio. Era mucho más fuerte que
la mayoría de las mujeres que conocía. Eso me hizo admirarla, lo que me
hizo aún más protector. El único hombre que aprobaría para ella tendría que
ser un rey o un presidente, algo digno de ella. Ahora sería el momento
adecuado para disculparme con ella, pero no podía hacerlo.

Nunca me disculparía por protegerla.

̶ Me alegro de que estés aquí. ̶ Mis ojos notaron a Uno en el fondo, siendo
adorada por un grupo de hombres que insistían en tomarse fotos con ella.
Cada vez que un hombre ponía su brazo alrededor de su cintura o halagaba
su figura, me ponía los nervios de punta. Ahora ese grupo la miraba
fijamente.

Carter siguió mi mirada. ̶ Tu chica está en los titulares. La gente está


obsesionada con ella.

Eso debería haberme hecho sentir orgulloso, pero no fue así. La mujer que
consideraba como mi fuente de inspiración completa estaba siendo
disfrutada por todos los que tenían ojos. Los hombres le sacaban fotos para
disfrutarla más tarde, y fantaseaban con la mujer que alimentaba todas mis
fantasías. No me gustaba.

̶ Es preciosa, ̶ dijo Vanessa. ̶ ¿Dónde la encontraste?

Mis ojos permanecieron en Uno, mirando su trasero mientras ella continuaba


manteniendo una postura perfecta y manteniendo una conversación al
mismo tiempo. ̶ Hizo una audición el mes pasado.
̶ ¿Dónde ha modelado antes? ̶ preguntó mi hermana.

̶ Es una novata, ̶ le dije. ̶ Nunca pisó una pasarela.

̶ Para no tener experiencia, es bastante perfecta. ̶ Carter siguió mi mirada y


también la miró fijamente. Eso me enfureció. Esperaba que ella fuera el punto
culminante del espectáculo, pero ahora que todo el mundo se le echaba
encima, sentí que mi rabia se enardecía. No quería ni un solo par de ojos
sobre ella. La quería toda para mí.

Mi musa.

Vanessa vio a Nicole y se acercó a ella para hablarle. Me sentí mal por
ignorar a mi hermana, pero no estaba pensando con claridad. Ahora mismo,
un oso celoso había echado raíces en mi pecho.

̶ Conway.

Volví la vista hacia Carter. ̶ ¿Qué?

̶ Tengo la información que me pediste. ̶ Levantó un sobre blanco.

Todas las respuestas a mis preguntas serían finalmente reveladas. Quería


saber de qué estaba huyendo esta mujer. Quería saber su nombre. Quería
saber todo sobre ella, para bien o para mal. En vez de esperar hasta que
tuviera algo de privacidad, tomé el sobre y lo abrí.

Luego leí cada palabra.


11

Sapphire

NO SABÍA QUE ESTO IBA A SER UN EVENTO TAN PUBLICITADO. Y no


anticipé que yo sería el centro de todo esto.

La gente estaba fascinada conmigo, me hablaba y constantemente me


tomaba fotos. La lencería que llevaba puesta esa noche se había agotado
en la primera hora después del espectáculo. Mi imagen estaba en todos los
medios de comunicación social. Pasé de ser don nadie a ser alguien de la
noche a la mañana.

Esto era malo.

En mi esfuerzo por sobrevivir, había cometido el peor error de mi vida.

Ahora estaba aterrorizada de que Knuckles me encontrara.

Puede que tuviera suerte porque Knuckles no parecía el tipo de hombre que
prestaba atención a la esfera de la moda del mundo. Y también podría tener
suerte porque me veía muy diferente cuando me arreglaban el cabello y el
maquillaje. Como no tenía sentido para mí vivir una vida tan pública, él podría
asumir que era sólo una doble. Y no era como si mi nombre hubiera sido
publicado.

Pero eso no me impidió estar paranoica.

Y aterrorizada.

Tal vez debería correr mientras tuviera la oportunidad.

***

Fui al estudio el lunes con el corazón lleno de miedo.


Me había convertido en un componente importante de la lencería Barsetti. Mi
apariencia había causado un gran beneficio a su línea de productos. Gracias
a mí, su marca estaba alcanzando nuevas cimas. Conway me trataba de una
manera diferente a como trataba a las otras modelos. Parecía ser amable
conmigo, incluso dulce. Tal vez era así con todo el mundo.

Pero me sentí terrible por lo que estaba a punto de hacerle.

A veces era un imbécil, pero tenía un corazón debajo de esa cáscara dura.
Me dio dinero cuando no tenía que hacerlo, e incluso me ofreció un teléfono.
Me dijo que era hermosa cuando me sentía muy horrible. Y se ofreció a
ayudarme varias veces.

No estaba segura de sí podía confiar en él, especialmente porque todo mi


cuerpo se volvía loco cada vez que estaba cerca de él. Cuando sus labios
rozaban mi piel, me derretía en un charco justo a sus pies. Ningún hombre
me había hecho sentir tantas cosas con un toque tan simple. Sabía que se
enfadaría conmigo, sobre todo porque no podía ofrecerle una explicación
real.

Entré en su estudio, pero no estaba segura de que estuviera allí.

Había tenido un espectáculo exitoso, y los pedidos de sus nuevos diseños


se estaban acumulando. Si pudiera hablar italiano, podría entender lo que
decían de él en las noticias. Así que no tenía sentido que estuviera de vuelta
en el estudio.

Pero él estaba allí.

Y no era él mismo.
Estaba más irritable que de costumbre, mirándome con desprecio. Parecía
enojado antes de que yo abriera la puerta, pero su enojo parecía estar
dirigido a mí. Se paró frente a la mesa con las manos apoyadas en la
superficie. Normalmente, se quedaba mirando fijamente su trabajo hasta que
terminaba su boceto. Pero esta vez, no estaba trabajando. Parecía que había
estado esperando a que entrara por esa puerta toda la mañana.

¿Sabía que iba a renunciar?

Entré y me quedé en el lado opuesto de la mesa, fuera del alcance de sus


brazos. Este hombre me hacía derretir, pero al mismo tiempo me
aterrorizaba. Podría convertirse en un monstruo una vez que te convirtieras
en su enemigo.

Sus ojos permanecían clavados en mi rostro, esperando a que yo hablara.

¿Qué estaba pasando aquí?

Pasó otro minuto, el silencio rígido y la tensión creciente.

Finalmente cedí. ̶ ¿Qué pasa, Conway?

̶ ¿Qué pasa? ̶ Su voz salió como un silencioso susurro. Era muchísimo más
aterrador que si hubiera gritado a todo pulmón. ̶ Son muchas cosas,
Sapphire.

No pude evitar reaccionar, de sacudirme un poco por el uso de mi nombre.


Mi corazón se estrelló contra mi pecho cuando mi secreto fue arrojado a la
mesa. Sabía que estaba hasta el cuello de deudas. Sabía que me buscaban
por evasión de impuestos. Sabía que toda mi vida había sido destruida, y
ahora no me quedaba nada. Yo me sentía débil.

̶ ¿Por qué no me lo dijiste? ̶ susurró. ̶ Podría haberte ayudado.

̶ No podrías haberme ayudado, Conway...

̶ Soy multimillonario. Y todos los problemas se resuelven con dinero. ̶ Se


chasqueó los dedos. ̶ Problema resuelto.

No debe saberlo todo. Si lo hiciera, entendería que yo tenía más de un millón


de dólares de deuda porque le debía a Knuckles setecientos cincuenta mil
dólares solamente. Eso no estaba en los registros. Era una deuda de sangre. ̶
Nunca podría aceptar tu dinero. No me debes nada.

̶ Podrías haber trabajado por ello.

Incluso si pudiera modelar para él durante otros cinco años, nunca


recuperaría ese dinero. Y si me las arreglaba para pagarlo, Knuckles aún me
atraparía. Todo sería en vano. Agarró el borde de la mesa, sus nudillos se
volvieron blancos.

̶ ¿Por qué estás tan enfadado? Es asunto mío, Conway. No estoy obligada a
compartir nada contigo.

̶ ¿Por qué estoy enfadado? ̶ Su cara cincelada aún era hermosa cuando
estaba enfadado, pero estaba llena de amenazas letales. ̶ ¿Tu propio
hermano te hizo esto? ¿Él se envolvió en una mierda estúpida y te dejó a ti
para que te ocuparas de eso?

Bajé la mirada porque pensar en Nathan siempre era difícil. Lo odiaba por lo
que había hecho, pero aun así sufría por su pérdida. Mis dos padres se
habían ido, y mi hermano no era más que cenizas. Yo era la única persona
que me quedaba en el mundo.

̶ Es una maldita mierda.

Levanté la mirada de nuevo.

̶ La familia no se hace esa mierda el uno al otro.

Me dije a mí misma que había una razón para las acciones de Nathan. No
había sido intencional, y no había sido descuidado. Pero nunca lo sabría
porque no podía hablar con los muertos. ̶ Es lo que es...

Con la mandíbula apretada, agitó la cabeza.

̶ Decidí dejar América una vez que me sentí agobiada. Con tanta deuda y sin
manera de pagarla, no vi otra salida. No puedo terminar mi educación porque
ningún banco me hará un préstamo, así que nunca tendré un salario que me
dé el privilegio de pagarlo. No había salida... así que me fui.

Poco a poco, la ira se suavizó en su rostro.

̶ Te vi en la televisión y supe que estabas haciendo audiciones, así que fui a


ello. Estaba desesperada por dinero, y pensé que podría empezar de nuevo
aquí. No les di un nombre para que no pudieran rastrearme hasta aquí. Pero
después de lo que pasó este fin de semana... no puedo quedarme. Sólo será
cuestión de tiempo antes de que averigüen dónde estoy.

Bajó las manos y lentamente rodeó la mesa hacia mí.

Contuve la respiración cuando se acercó, sintiendo el ruido sordo de mi


corazón dentro de mi pecho. Aunque mi alma había sido derramada sobre la
mesa, todavía sentía la opresión en mi pecho cuando se acercaba. Sentí la
presión, la atracción.

Se detuvo frente a mí. ̶ Tengo una nueva oferta para ti.

No había nada que pudiera ofrecerme para atraerme. Ser una figura pública
sólo era arriesgar mi vida.

̶ Desde que entraste aquí, has cambiado mi vida. Mi trabajo es insólito. Mis
diseños son hermosos. Me estás inspirando de una forma que ninguna otra
mujer lo ha hecho nunca. Todo lo que creé para el espectáculo está siendo
aclamado por la crítica, eso es gracias a ti. Así que te necesito, Sapphire. No
puedo dejarte ir.

Quería dar un paso atrás porque la proximidad era demasiado. Pero no me


atreví a moverme, no me alejé del calor que irradiaba su cuerpo.

̶ Me he dado cuenta de que no quiero compartirte. No quiero que otros


hombres miren a la mujer que me inspira de esta manera... la quiero toda
para mí. Así que te pido que seas mi musa, mi musa privada.
Eso significaba que estaría a solas con él todo el tiempo, medio desnuda y
observada. Él rociaría más besos sobre mi cuerpo, y eventualmente, esos
besos se convertirían en otra cosa. Parecía que estaba vendiendo mi cuerpo
por dinero, nada mejor que una prostituta.

̶ A cambio, pagaré tu deuda.

Mis ojos se volvieron hacia los suyos, viendo el verde esmeralda que poseía
una confianza inquebrantable. Oí lo que dijo, pero necesitaba la tranquilidad
de sus ojos. Me acaba de ofrecer un regalo generoso, el más generoso que
he recibido.

̶ ¿Y qué esperarías exactamente?

Llevó su mano a mi brazo y lentamente lo arrastró hacia abajo. ̶ Todo.

̶ ¿Entonces esperas que me acueste contigo?

Las yemas de sus dedos se detuvieron en mi codo. ̶ Sí.

El dinero había sido puesto sobre la mesa, pero ahora no parecía atractivo. ̶
No estoy interesada en proveer sexo por dinero. Puede que no lleve casi
nada en el escenario, pero no soy una mujerzuela, Conway. ̶ Estaba
desesperada por dinero, pero aún no estaba tan desesperada.

Cualquiera habría aceptado la oferta porque era una gran oferta. Esto
solucionaba mi problema con las autoridades estadounidenses. Pero algo en
la oferta me molestaba. Conway me tocaba como si fuera importante. Me
besó tan suavemente, me abrazó cuando sentí más miedo. Me elogió cuando
me sentí insegura. Quizás había desarrollado sentimientos por él a lo largo
del camino. El hecho de que sólo me viera como un objeto sexual era
insultante. Probablemente me habría acostado con él de todos modos... pero
quería que significara algo.

̶ Tal vez te juzgué mal. Pensé que teníamos una conexión... pero supongo
que me equivoqué.

̶ Tenemos una conexión, Sapphire. Pero el sexo es sólo sexo para mí. Me
gusta duro y sin sentido. Me gusta lo puramente físico. Sólo quiero follarte,
sólo quiero usarte, lo siento si eso no estaba claro.

No tenía motivos para esperar nada más, pero aun así me decepcionó.
Cuando estaba rodeado de mujeres hermosas todo el tiempo, no había
ningún incentivo para que tuviera una relación. Sólo eran juguetes ante sus
ojos. Pero no quería ser un juguete... al menos no en mi primera vez.

̶ Acepta mi oferta. ̶ Me puso la mano en la cintura y me apretó suavemente. ̶


Quiero que seas mi fantasía. Quiero que cumplas mis deseos. Quiero que
inspires la línea de lencería más sexy que jamás haya creado. Y a cambio,
haré que tus problemas desaparezcan.

Incluso si me quedaba, todavía tenía un problema mayor en mis manos.

Knuckles me encontraría, y me cortaría en pedazos antes de tirarme al río


para ser alimento para peces. Era demasiado arriesgado para mí quedarme
aquí. Le debía casi otro millón a ese hombre, y no había manera de que
Conway se ofreciera a pagar por eso.

̶ No.
Conway me miró con incredulidad, su ceja derecha arqueada. Podría tener
a cualquier mujer que quisiera sin pagar un centavo. Sabía que me sentía
atraída por él, debe haberse dado cuenta de la forma en que reaccionaba
ante él. Para él, el que lo rechazara tanto a él como al dinero debió haber
sido una sorpresa.

̶ Puede que no tenga nada... pero no me conformaré con menos que eso.

***

Alejarme de Conway era más difícil de lo que aparentaba. Me había


encariñado con él en el último mes, disfrutando de la forma en que me puso
en un pedestal y me llamó reina. Me gustaba ser su fascinación, la inspiración
para una lencería tan bonita. Era uno de los hombres más guapos que jamás
había visto, y el hecho de que pensara que valía algo era increíblemente
halagador.

Sentí una conexión con él.

Me hizo sentir segura, me hizo sentir atesorada. Lo llamé imbécil en su cara,


pero nunca se enfadó por eso. Parecía más divertido por mi actitud que
molesto por ella. Y una vez que supo mi secreto, me ofreció una salida.
Básicamente quería pagar su camino entre mis piernas para poder follarme
en sus condiciones, pero como un hombre guapo como él no tenía que pagar
por nada, eso me hizo sentir especial también, de una manera retorcida. Pero
ahora no lo volvería a ver nunca más.

Ese capítulo de mi vida había terminado.


No estaba segura de cuántos capítulos me quedaban.

Volví a mi habitación de hotel para dormir por esta noche. A primera hora de
la mañana, estaría fuera de la ciudad. Aún no había decidido adónde ir.
Quedarme en Italia parecía demasiado arriesgado. Francia y Suiza estaban
cerca, ambos países a los que podía llegar en tren.

Cada uno con albergues en los que podría alojarme. Tener un teléfono me
facilitaría el viaje, pero me negaba a pedirle a Conway cualquier otra cosa.

Eso implicaba que lo necesitaba.

Podría resolver esto por mi cuenta.

Cuando entré en mi habitación, noté el papel que estaba en la cama que las
doncellas ya habían hecho. Me tensé en la entrada porque ese pedazo de
papel me parecía familiar, demasiado familiar. Amenazas silenciosas habían
sido dejadas exactamente así antes, encontrándolas en mi bolso o en los
sofás donde dormía. Me acerqué más, consciente de la sangre que palpitaba
en mis oídos. Era como una corriente en mi canal. Podía sentir el latido de
mi corazón mientras me preparaba para leer las palabras que aún
perseguían mis sueños.

Un paso más y podría leerlo. En letra masculina que reconocería en cualquier


lugar era el mensaje que más temía.

CORRE.
GUARDÉ todas mis pertenencias en mi bolso y luego salté por la ventana.
Había una escalera de incendios que conducía directamente a la calle, y me
arriesgaría a ir en esa dirección en lugar de atravesar las puertas principales.

Probablemente estaba mirándome.

Me dejé caer en el callejón y luego me dirigí hacia la calle principal. Un auto


negro estaba contra la acera, con dos hombres aterradores a su lado. Ambos
tenían tatuajes que desaparecían en sus cuellos y en sus camisetas. Los dos
llevaban gafas de sol, aunque estaba oscuro. No necesitaba reconocer sus
caras para saber quiénes eran.

Doblé hacia el otro lado y me dirigí a la siguiente calle. Knuckles era el tipo
de bastardo al que le gustaba jugar con su comida antes de que finalmente
se diera un festín. Quería verme retorciéndome y corriendo hasta que
decidiera atraparme. Tal vez todo esto era sólo un juego. Tal vez me estaba
dejando ir, por ahora.

Crucé la calle y entré en otro callejón, moviéndome tan rápido como pude sin
correr. Correr sólo llamaría más la atención.

Volví a mi camino y corté a través de diferentes negocios sólo para hacerlo


más difícil de seguirme Encontré ropa abandonada en un basurero, así que
rápidamente me cambié de ropa y me puse una gorra de béisbol en la
cabeza. La ropa era holgada, y mi pelo estaba metido debajo de la gorra.
Con suerte, nadie me reconocería.

Seguí moviéndome, tratando de perderme en una ciudad que no conocía tan


bien. Si encontraba un buen escondite y me quedaba allí el tiempo suficiente,
supondrían que había huido de la ciudad. Tal vez el permanecer perdida
dentro de un radio de diez millas podría ser lo más inteligente.
Ahora que el peligro era inminente y mi vida estaba en peligro, quería correr
a Conway. Nunca me había sentido más segura que cuando él me
observaba. Cada vez que un hombre me hacía sentir incómoda, Conway
siempre cruzaba la habitación y me rescataba. Exigía respeto a todos los que
lo rodeaban, y nadie se atrevía a faltarme al respeto en su presencia. La idea
de ser su musa se sentía como una oportunidad perdida.

Tal vez debería haber dicho que sí.

Pero si le dijera de qué estaba huyendo, tal vez no me hubiera querido de


todos modos. ¿Por qué querría un hombre respetable como él involucrarse
en el inframundo? Me deseaba, pero no tanto. No valía la pena ir a la guerra
por mí.

Así que seguí corriendo.

12

Conway

NUNCA HABÍA CONOCIDO A UNA MUJER CON TANTO ORGULLO.


Tomó el camino difícil en lugar de comprometer su moral.

Me molestó muchísimo, pero la respeté al mismo tiempo.

Hizo que la pérdida doliera aún más.

Pero no podía dejar que esta mujer testaruda saliera al mundo cruel sin un
solo recurso. Era demasiado inocente para la mierda de ahí fuera. Si no me
hubiera molestado tanto su respuesta, se lo habría dado cuando la viera en
mi oficina.

Caminé por el vestíbulo del hotel donde ella se hospedaba y revisé con la
recepción. ̶ Busco a una mujer llamada Sapphire. No estoy seguro bajo qué
nombre está su reservación. Ella es estadounidense. Muy discreta.

La mujer no me habría proporcionado esa información en circunstancias


normales, pero como me reconoció, cooperó. ̶ No registró su salida, pero su
habitación está vacía. Así que se fue.

¿Ya se había ido? Dejarme atrás obviamente no la había lastimado tanto


como a mí. ̶¿Alguna idea de adónde puede haberse ido?

̶ No.

Volví a salir y me detuve en la acera. Un coche negro estaba aparcado en la


acera, y dos hombres dudosos me observaban.

No eran parte de los Skull Kings, pero me di cuenta de que eran parte de
algo siniestro.
Tal vez fue bueno que Sapphire se hubiera ido.

Tenía veinte mil euros en el bolsillo y un teléfono para que lo usara.

Ojalá se los hubiera dado.

Ahora nunca la volvería a ver.

13
Sapphire

Me senté en el suelo con mi espalda contra la pared. El desbordante


contenedor a mi lado fue el único consuelo que tuve esa noche. Vestida con
estas ropas, con mi cara escondida debajo de mi gorra, debía mantener a la
gente alejada ya que me veía como una mendiga. En realidad, era una
mendiga. Mis rodillas estaban contra mi pecho, y cerré los ojos mientras me
perdía. Sin un reloj o un teléfono, no tenía ni idea de la hora que era. Pero
sabía que era después de medianoche. Si Knuckles supiera dónde estaba,
ya me habría encontrado. Debo haberlo despistado cambiándome de ropa y
volviendo al lugar donde estaba.

Pero no me sentí victoriosa. El fin de semana pasado, fui la estrella del desfile
de moda de Lencería Barsetti. Ahora era pobre y dormía junto a un
contenedor de basura. Tenía parte del dinero que me dio Conway, pero lo
había gastado casi todo en el alojamiento y la comida de mi hotel. Tenía que
hacer que el resto durara para poder pagar un pasaje de tren.

Estaba completamente dormida cuando sentí que mi gorra se movía sobre


mi cabeza. Alguien la giró, la apartó de mi frente para revelar mi rostro.

Mi cerebro salió inmediatamente de su estado inconsciente. No podía


permitirme el lujo de que me robaran cuando apenas tenía algo con lo que
arreglármelas. Se me abrieron los ojos y vi a un hombre unos años mayor
que yo sonriéndome en la cara. No era un vagabundo, a juzgar por su ropa
bonita y su reloj caro. Pero su sonrisa era engañosa porque no había nada
agradable en él.

Le di una patada en la rodilla y lo empujé hacia atrás. ̶ Suéltame.

Su cuerpo pesado cayó al suelo, y se llevó la rodilla al pecho. ̶ Es ella. Es la


perra del espectáculo de lencería.

Me reconocieron.

El hombre que estaba detrás de él me gritó. ̶ Hablando de un millón fácil.


Guardar mis cosas no era importante. Mi bolso me retrasaba, y mi vida era
más importante que la ropa que llevaba puesta y las fotos que traía conmigo.
Salí corriendo a su derecha, decidida a salir de allí pasara lo que pasara.

Me agarró del codo y me tiró hacia atrás. ̶ No lo creo, perra de lencería.

Le torcí la muñeca y luego le lancé la palma de mi mano contra su nariz.


Golpeé con toda la fuerza que pude reunir, la adrenalina me dio un empujón
extra. Oí el crujido y lo sentí al mismo tiempo.

̶ ¡Joder! ̶ Tropezó hacia atrás, cubriéndose la nariz mientras la sangre


salpicaba por todas partes.

Corrí de nuevo, corriendo por mi vida. En el momento en que me llamaron,


"Un millón fácil", supe exactamente lo que eran y lo que querían hacer
conmigo.

Eso no iba a pasar.

Corrí por el callejón y luego giré a la derecha hacia la calle. En cuanto llegara
con los testigos en la acera, tendría más protección. A la una de la mañana,
no habría mucha gente afuera, pero era mejor que quedarse en ese callejón.

Knuckles se cruzó en mi camino y luego se dirigió al callejón en mi dirección.


Sus hombros estaban relajados y él estaba al teléfono, así que obviamente
no esperaba que yo saliera justo debajo de sus narices.
Su cuerpo de 1,90 de altura era escalofriante, incluso a esta distancia. Era
todo músculo y carne. Construido como un monstruo porque tenía el alma
del diablo, era un toro que había sido provocado.

̶ Te llamo luego. ̶ Colgó y se metió el teléfono en el bolsillo. ̶ Hola, cariño.


¿Cómo estuvo tu carrera?

Me di la vuelta por donde venia, pero vi a mi anterior agresor. Esta vez, sus
armas estaban desenfundadas. Sospeché que estos dos grupos no tenían
conexión. Sólo era la desafortunada mujer atrapada entre los dos.

Sabía exactamente lo que pasaría si me volvía hacia Knuckles. Me violaría


de manera brutal hasta que rogara por la muerte. Me torturaría todos los días,
sacándome el máximo partido antes de aplastarme el cráneo de la misma
manera que lo hizo con Nathan. Con los otros chicos, me venderían a
alguien.

Lo más probable es que fuera mejor que Knuckles.

Así que tomé mi decisión.

***
Fui atada a un catre sucio en la esquina. Mis manos estaban aseguradas
detrás de mi espalda, y mi ropa fue arrancada. Incluso me quitaron los pantis.
Los hombres no habían tratado de forzarme todavía, afortunadamente.

Mierda, esto era una pesadilla.

Me escapé de casa con la esperanza de empezar de nuevo en un nuevo


lugar.
Pero me quedé atrapada en la misma posición en la que estaba antes. Nunca
volvería a ser libre porque siempre sería esclava de cualquier hombre que
tuviera más poder.

Tumbada allí desnuda sólo me enfureció. Me habían quitado mis derechos,


al igual que mi ropa, y mi único delito era ser atractiva. Los hombres se
aprovecharon de mí para vender lo que había entre mis piernas, aunque no
les pertenecía.

Era asqueroso.

Había estado en este catre toda la noche, sin poder beber ni comer. Ni
siquiera me dejaron usar el baño. Me trataron como a un perro a merced de
su amo. No dormí porque me negué a cerrar los ojos. La última vez que
dormí, bajé la guardia. Así fue como terminé aquí.

La puerta se abrió, y un hombre entró. De pelo castaño oscuro y ojos azul


cristalino, tenía rasgos que casi lo hacían guapo. Pero esa asquerosa sonrisa
en su cara borró cualquier atractivo que tenía.

̶ La mujer de la que todo el mundo ha estado hablando... ̶ Se movió hasta el


borde de la cama, demasiado cerca de mis piernas. ̶ Te preguntaría por qué
estabas durmiendo junto a un contenedor, pero no me importa lo suficiente
como para escuchar tu respuesta. ̶ Sus manos se movieron hasta la parte
superior de sus jeans, y empezó a desabrocharlos.

Esto no estaba sucediendo. No iba a quedarme ahí tumbada mientras un


imbécil me violaba antes de que me vendiera como a una vaca al carnicero.
̶ No te quites los pantalones y vete de mi habitación.

Dejó que sus jeans se le cayeran a los tobillos antes de reírse. ̶ Tus manos
están detrás de tu espalda, ¿pero me dices qué hacer?

Cuando volvió a sonreír, golpeé mis pies contra su verga a través de sus
calzoncillos.

Sus reflejos eran rápidos como un rayo, y bloqueó mi patada con su rodilla. ̶
Eres rápida, pero no lo suficiente. ̶ Luego bajó sus calzoncillos, revelando su
verga dura como una roca.

No lo miré.

̶ Es una tradición que los Skull Kings tienen con cada nuevo lote. Nos
cogemos a cada una de ellas, llenamos sus coños con semen, y luego
esperamos que los hombres paguen por nuestras sobras.

Esto estaba pasando de verdad. No sólo iba a follarme, sino que también iba
a empujar su semilla dentro de mí. No estaba segura de qué era más
asqueroso. Podría luchar contra él tanto como pudiera, pero eso sólo duraría
un poco más. Podría llamar a uno de sus hombres para que me abriera las
piernas. Y entonces ese tipo probablemente me follaría a mí también.

̶ ¿Realmente te acostarías con una virgen antes de venderla? ̶ No era


mentira, pero, aunque no fuera verdad, lo habría dicho de todos modos. Haría
cualquier cosa para salir de esto.
̶ Virgen, ¿eh? ̶ Me agarró de los tobillos y me tiró al borde de la cama. ̶ Una
mujer hermosa que se quita la ropa delante de millones de personas no es
virgen.

Le di una patada tan fuerte como pude.

Recibió el golpe con una mueca, pero siguió adelante. Me agarró de las
rodillas y me las arrancó mientras su polla se balanceaba a diestra y siniestra.
No podía dejar que esto pasara. Lo pateé una y otra vez, usando toda mi
energía para combatirlo. No dejaría de pelear hasta que estuviera muerta,
así que, si realmente me quería, mejor que me metiera una bala en la cabeza.

Me golpeó tan fuerte en la cara que me desmayé un poco. Mi cara se magulló


instantáneamente, y sentí que la migraña comenzaba con el impacto. Mi
cuello se desgarró cuando volé hacia atrás en la cama.

Inmovilizada, no pude evitar que me metiera un dedo. ̶ Carajo, estás


apretada.

Necesitaba unos segundos más para recuperar mi enfoque. Nunca me


habían pegado tan fuerte en mi vida. Mi cuerpo apenas recordaba seguir
respirando después del impacto. Todo mi ser se apagó temporalmente.

̶ Parece que la pequeña puta dice la verdad. ̶ Me sacó el dedo y luego


retrocedió.

Gracias a Dios.
Siempre me decepcionó no haber encontrado al tipo adecuado a quien
entregarme. Quería amor y pasión, todo lo que una conexión profunda podía
aportar. No quería una conexión sin sentido sólo para terminar de una vez.
Pero cuanto más esperaba el momento perfecto, más crecían mis
expectativas. Ahora sabía que lo real nunca competiría con mi fantasía.

Ahora la espera había valido la pena. Me ahorraría un poco más de tiempo.

***
Al igual que los ANIMALES, nos empujaron a una fila con las manos atadas
a la espalda. Y estábamos completamente desnudas, para que los hombres
pudieran ver nuestra calidad.

No se nos permitía hablar entre nosotras. Las mujeres parecían ser de


diferentes orígenes, todas exóticas y hermosas. No eran mujeres indigentes
sin nada más por lo que vivir. Eran todas limpias y bonitas.

Me hizo preguntarme dónde las encontraban los Skull Kings.

Pasamos por la puerta y subimos a un escenario. La habitación estaba a


oscuras con la excepción de algunas velas y luces bajas. Debíamos estar
bajo tierra porque no había ventanas. No estaba segura de dónde estábamos
exactamente porque estábamos drogadas durante el transporte.

En una sola fila, nos paramos en el escenario. No había ninguna posición en


la que pudiéramos pararnos para cubrirnos porque nuestras manos estaban
atadas detrás de nuestras espaldas. Cada centímetro de nuestra piel estaba
en exhibición. Podían ver mi piel afeitada entre mis piernas y la dureza de
mis pezones. Tenía mucho frío y, por mucho que odiara admitirlo, estaba
aterrorizada.
Me aterrorizaba el hombre que me compraría.

¿Sería tan cruel como estos hombres? ¿Era posible que pudiera ser peor?

Miré fijamente al mar de rostros, pero sus rostros eran difíciles de distinguir
en la oscuridad. Cada mesa tenía un solo hombre, y no había dos hombres
sentados juntos. Estaban esparcidos por toda la habitación, con manteles
rojos cubriendo sus mesas. Las camareras en topless se movían y les traían
bebidas.

Comenzó la subasta.

El hombre que intentó violarme estaba en el podio del escenario, con tatuajes
que cubrían su brazo desde la muñeca hasta el bíceps. Estaba vestido de
negro, y su asquerosa sonrisa era su peor característica. Sin corazón y frío,
lo hacía regularmente. Sólo éramos un lote nuevo para vender. Usaba ese
dinero para comprar putas, conseguir casas y autos caros... era espantoso.

Éramos gente de mierda.

̶ Aquí vamos. Todos ustedes han hecho esto antes. ̶ Señaló a la mujer que
estaba más cerca de él. Éramos cinco seguidas, y yo era la última. ̶ Tenemos
a Marissa Yaris, la hija de un diplomático francés, Charles Yaris. Después de
terminar sus estudios universitarios, viajó a Londres para realizar su primera
pasantía. Estaba con unos amigos en la ciudad. Después de un pinchazo
rápido en el cuello, la trajimos aquí. Joven e inocente, será la esclava
obediente perfecta.
¿Así es como nos describirían? ¿Después de una breve biografía, nuestro
nivel de obediencia era importante? Esta hermosa niña apenas había vivido
su vida, y ya había logrado tanto. Y sus padres deberían estar muy
preocupados.

̶ Cuando salga de aquí, te cortaré la verga. ̶ Fue una estupidez soltarlo, pero
no me importó. Había reducido el valor de esta mujer a la nada.

Se volvió hacia mí, la misma sonrisa en sus labios. ̶ Guardamos lo mejor para
el final. Hablaremos de ella más tarde. ̶ Se volvió hacia la audiencia de
hombres sin rostro. ̶ Empezaremos con cien de los grandes.

¿Cien de los grandes?

Unos pocos hombres pujaron por ella y la subieron a quinientos mil dólares.

Entonces oí una voz familiar. ̶ Seiscientos.

Reconocí esa voz porque la había escuchado casi todos los días. Sabía
cuándo estaba irritado y cuándo estaba contento. Me regañó en el momento
en que me pasé de la raya, pero cuando cooperé, él era el hombre más gentil
del planeta.

Pero no podía ser él.

Justo cuando miré las filas de asientos cuando lo conocí por primera vez,
entrecerré los ojos en la cara que me miraba. Me concentré más hasta que
mis ojos se ajustaron a la oscuridad. Y luego vi su mandíbula dura, sus ojos
verdes y su cuello con cordón.
Conway.

Estaba pujando en la subasta.

¿Realmente haría algo así? ¿Era un imbécil enfermo? ¿O estaba allí para
salvarme? La idea era emocionante, pero no vi cómo sería posible. ¿Cómo
se habría dado cuenta de que me capturaron tan fácilmente? ¿Y por qué
estaba pujando por otra mujer? El precio siguió subiendo hasta que llegaron
a un millón y medio.

Conway Barsetti acaba de comprar una mujer.

̶ Vendida. ̶ El hombre que estaba en el escenario con nosotros aplaudió y


luego pasó a la siguiente chica.

Conway no hizo otra oferta.

No había forma de que no me reconociera. Nunca me había visto desnuda o


con un moretón en la cara, pero conocía mi cuerpo lo suficientemente bien
como para saber que yo era la que estaba de pie al final.

Su cara no tenía emoción, así que no tenía idea de lo que estaba pensando.
¿O si estaba pensando en algo? Después de que las otras mujeres fueran
vendidas, me tocó a mí.

Conway, por favor, cómprame.


Debería haber aceptado su oferta cuando la extendió. Prefiero pertenecer a
un hombre como él que a Knuckles o al líder de los Skull Kings. Conway
nunca me haría daño, nunca me pegaría en la cara como hizo ese hombre.

̶ Tenemos un regalo especial esta noche, chicos. Tenemos a la famosa


modelo de lencería. Se equivocó de camino por un pasillo oscuro y terminó
en nuestra guarida. Las mujeres estúpidas siempre creen que saben cómo
llegar... ̶ Agitó la cabeza. ̶ ¿Conway Barsetti pujará por ella esta noche? ¿O
algún otro hombre afortunado podrá llevarla a casa? Es virgen, ha sido
confirmado.

Mi instinto natural era cerrar los ojos con vergüenza. Acababa de compartir
mi vida privada con una habitación llena de extraños. Ahora conocían mi
cuerpo desnudo, conocían mi pasado sexual. Me habían despojado de mi
dignidad.

Pero yo no me inclinaría.

̶ Comenzamos la puja con tres millones.

Me disgustó ver a cada una de las paletas volar en el aire.

Todos los hombres en esa habitación me querían.

̶ Cariño, estaré encantado de tomar tu inocencia. ̶ Knuckles fumó su cigarro


mientras mantenía su paleta en el aire.

¿Esto estaba pasando realmente ahora mismo? Knuckles estaba allí para
llevarme de vuelta. Huiría de él, pero si pujaba más que Conway, me
quedaría con él. Todas mis pesadillas se harían realidad. Me violaría y me
ahogaría al mismo tiempo. Me dijo que así quería acabar con mi vida,
viéndome luchar para respirar mientras su verga se metía en mi culo.

Por favor, Conway.

Le dije que no daría sexo a cambio de dinero. Pero ahora haría cualquier
cosa para pertenecerle. Era el único hombre decente que había conocido
desde que me fui de Estados Unidos. Se aseguró de que yo tuviera lo que
necesitaba y me trató bien. Si tuviera que ser esclava de alguien, lo preferiría
a él.

La puja se movió a diez millones.

Cinco hombres seguían en la guerra de ofertas, entre ellos Knuckles y


Conway.

Knuckles sostuvo su paleta en alto. ̶ Veinte millones.

No iba a dejarme ir.

Los otros tres hombres abandonaron la subasta. Pusieron sus tablas en sus
mesas, y se retiraron.

Conway levantó la suya otra vez. ̶ Veinticinco.

Knuckles se giró, llevando una mirada amenazadora que haría temblar a


cualquier hombre. Levantó su tabla otra vez. ̶ Cincuenta.
Mis ojos se volvieron hacia Conway, que mantenía la misma indiferente
compostura. Cincuenta millones de dólares era mucho dinero. No tenía
sentido que Conway gastara tanto dinero en mí, no cuando podía encontrar
otra modelo que me reemplazara. Pero Knuckles gastaría lo que fuera
necesario. Esto era personal ahora.

Conway levantó su paleta. ̶ Cien.

Cien millones de dólares.

Oh, Dios mío, joder.

Ahora Knuckles parecía furioso. Su mandíbula se apretó, e ignoró su cigarro


a pesar de que comenzó a quemarle los dedos. Marcó visiblemente a
Conway como su enemigo, enojado porque alguien me quería más que él.

̶ A la una.

Knuckles miró fijamente a Conway.

Conway me miró fijamente.

̶ A las dos.

No podía aceptar la anticipación. ¿Iría Knuckles por ello? El Skull King golpeó
su mazo en el podio.
̶ Vendido a Conway Barsetti por cien millones de dólares. La perra es tuya.

Los hombres se acercaron a reclamar sus premios.

Knuckles se quedó en su asiento, mirándome con esa mirada ardiente que


prometía venganza.

Conway apareció al pie del escenario instantáneamente, con la misma


indiferencia. Acababa de gastar cien millones de dólares en mí, así que no
le importaba tan poco, pero definitivamente parecía así. Me agarró de las
piernas y me bajó al suelo con él, tocando mi cuerpo sin sensibilidad mientras
me tiraba al suelo. Luego se quitó la chaqueta y la envolvió alrededor de mi
cuerpo.

Finalmente estaba cubierta. Finalmente tuve algo de dignidad.

Se movió detrás de mí y rompió la cuerda con sus propias manos.

Sus labios estaban cerca de mi oreja cuando habló. ̶ No hables hasta que yo
lo diga.

Él me había salvado de un destino de tortura sin fin; yo obedecí felizmente.

Ahora que mis manos estaban libres, tensé la chaqueta sobre mi cuerpo,
cubriendo toda la piel que pude. Pasó más allá de mis muslos y me cubrió el
trasero. Mis pies estaban descalzos y la mayoría de mis piernas eran visibles,
pero era mejor que dejar que mis tetas colgaran.
Conway me agarró del brazo, sin tocarme suavemente como esperaba.
Llegó a la otra mujer que había comprado, y esta vez, se desabrochó el cuello
de su camisa y luego la ayudó a ponérsela.

Luego nos dio la espalda.

Mis ojos se dirigieron inmediatamente a su cuerpo, viendo finalmente el físico


que había imaginado bajo su ropa. El costado de su torso estaba cortado con
músculos, líneas prominentes que unían los distintos músculos de su cuerpo
en una sola pieza de arte. Su estómago estaba apretado con abdominales
duros como una roca, y su espalda tenía una curva pronunciada como la mía,
pero la suya fue causada por la tensión de sus músculos. Sus brazos estaban
esculpidos y fuertes, y sus hombros eran tan anchos que no necesitaba
acolchado en sus chaquetas.

Su pecho era la mejor parte. Fuerte, ancho y sólido. Su piel bronceada sólo
lo hacía más bello. Casi me violan hace unas horas, así que no estaba tan
excitada como normalmente lo estaría. Ahora mismo, sólo quería salir de allí
y alejarme de estos hombres asquerosos, especialmente de Knuckles.

Conway nos acercó a ambas a su cuerpo y nos escoltó hasta la salida del
edificio. Al subir las escaleras, me di cuenta de que estábamos bajo tierra
como sospechaba. Pasamos por el vestíbulo e instantáneamente reconocí
el lugar.

El Teatro de la Ópera.

Llegamos a una camioneta negra. No sabía qué marca era el vehículo. Todas
las ventanas estaban teñidas de negro. Abrió la puerta trasera y ayudó a
Marisa a entrar. Luego me abrió la puerta del pasajero.
Entré y no hice ninguna pregunta.

Cuando miré por la ventana, vi a Knuckles parado allí.

Había encendido un cigarro nuevo y ahora lo fumaba como si fuera oxígeno.


Nunca pensé que estaría tan cerca del hombre, y que me sentiría tan segura.
Eso sólo fue posible gracias a Conway.

Conway salió a la carretera y empezó a conducir. Luego hizo una llamada


telefónica.

̶ ¿Cómo te fue? ̶ Una voz masculina se extendió por la línea.

̶ Hubo una circunstancia imprevista, ̶ dijo Conway con la mandíbula


apretada. ̶ Necesito que cuides a la chica durante las próximas semanas
hasta que la devolvamos a su familia. ¿Él estaba devolviendo a Marisa a su
familia?

̶ ¿Qué pasó? ̶ preguntó el hombre.

̶ No puedo decirlo ahora. Pon a Anastasia en un avión mañana por la


mañana.

El hombre no hizo más preguntas. ̶ Muy bien, Con. Pero necesito una mejor
explicación más tarde.

̶ Tendrás una.

***
Nos detuvimos en una villa en el campo, un palacio rodeado de muros de
piedra. La hiedra crecía por los lados como en la casa de Conway. Conway
acompañó a Marisa dentro y me dejó en el coche. Se fue por quince minutos
antes de volver a salir.

Luego volvió a la carretera y se adentró más en el campo, con sólo la luz de


sus faros para guiarlo. Aquí, en medio de la nada, sólo había la luz de las
estrellas y la luna. No sabía dónde estábamos Conway y yo, pero no pude
evitar sentirme segura. Después de dormir junto a un basurero y de ser
perseguida por dos grupos de psicópatas, me sentí agradecida de
aprovechar el poder que constantemente tarareaba alrededor de Conway.

Agarró el volante, sus nudillos se volvieron blancos. Pero no dijo nada.

Nunca había odiado tanto su silencio.

Quería hablar, pero sabía que hablar estaba prohibido. Había dejado tirada
una fortuna en mí, así que no me atreví a desobedecerle, no esta vez.

La radio estaba apagada, y mantuvo los ojos en la carretera, conduciendo


sin camiseta. Incluso cuando estaba sentado, su estómago estaba recto
como una tabla. Constantemente elogiaba mi cuerpo, pero él era el que tenía
el físico perfecto. ̶ ¿Cómo fuiste tan estúpida?

Pensé que me preguntaría si yo estaba bien primero. Pensé que me cogería


la mano y me besaría los nudillos. Pero él no hizo nada de eso.

̶ Sabes lo que habría pasado si no te hubiera comprado, ¿verdad? ̶ Sólo


pensarlo hizo que me saliera un aliento tembloroso.
̶ Cuando pasé por tu hotel, el personal dijo que te habías ido. Vine a traerte
dinero y un teléfono, pero ya te habías ido. Rechazaste una oferta
inmejorable y elegiste ser secuestrada por los Skull Kings.

Saber que intentó ayudarme de nuevo me hizo sentir peor.

̶ Después de toda la mierda por la que has pasado, pensé que entenderías
lo horrible que es este mundo. Pensé que entenderías lo crueles que pueden
ser los hombres. Pero tienes un falso sentido de la realidad y crees que eres
invencible. Si no te hubiera comprado, estarías siendo violada en este
momento...

̶ Para.

̶ ¿Dije que podías hablar? ̶ Volteó su cabeza hacia mí, mirándome en el


asiento del pasajero. ̶ Odio a las mujeres como tú. Crees que puedes derribar
a cualquier hombre que se te cruce en tu camino. Y cuando las cosas se
ponen difíciles, te das cuenta de lo débil que eres. Lo he visto una y otra
vez... Intenté ayudarte.

̶ Pidiendo sexo a cambio.

̶ Como si no quisieras follarme, ̶ dijo enloquecido. ̶ Nada de esto tiene sentido.


¿Por qué te fuiste, Sapphire? ¿Qué creías que ibas a encontrar ahí fuera?
No soy el mejor tipo del mundo, pero he demostrado que soy decente.

Ahora que había gastado una fortuna en mí, se merecía mi completa


honestidad. ̶ Esta es la verdad...
Se volvió hacia mí de nuevo, escuchando atentamente.

̶ Mi hermano sacó setecientos cincuenta mil dólares en préstamos para poder


jugar con esta pandilla en la ciudad de Nueva York. Cuando lo perdió todo y
no pudo devolverlo, su líder lo mató. Se llama Knuckles.

Los ojos de Conway se entrecerraron, como si reconociera el nombre.

̶ Una vez que mi hermano murió, Knuckles dijo que me llevaría como
compensación. Dijo que yo sería su esclava sexual... y contaba los días hasta
que finalmente me llevaría. Me metía notas en el bolso en el metro o en el
sofá donde dormía. Estaba jugando conmigo, llegando al clímax y
torturándome lentamente. Amenazó con herirme aún más si corría, pero no
podía dejar que pasara. No podía esperar a que me agarrara del pelo y me
arrastrara a su prisión... así que corrí.

Conway siguió conduciendo, pero su velocidad disminuyó notablemente. ̶


¿Por qué no me lo dijiste?

̶ Tenía demasiado miedo. Por eso tampoco quería darte mi nombre. Pero me
hice tan famosa en ese desfile de modas, que lo llevó directo a mí".

̶ ¿Por qué no me dijiste esto cuando te ofrecí mi trato el otro día?

̶ Porque no habrías pagado la cantidad de dinero que Knuckles quería, y yo


no habría querido que lo hicieras.

̶ ¿Pero cien millones está bien? ̶ preguntó incrédulo.


̶ Yo no te pedí que hicieras eso...

̶ Me rogabas con los ojos, Sapphire. ¿O me equivoco?

No, no estaba equivocado.

̶ Si me hubieras dicho lo que estaba pasando, podría haberte ayudado. Pero


no lo hiciste. No confiaste en mí, a pesar de todo lo que he hecho por ti. Te
ofrecí el trato de tu vida para pagar tus deudas y me rechazaste.

̶ ¿Y debería estar agradecida por eso? ̶ Me puse nerviosa. ̶ Te ofreciste a


saldar mi deuda si te follaba.

̶ Quinientos treinta mil dólares de deuda, ̶ dijo. ̶ Eso no es dinero de bolsillo,


ni siquiera para alguien como yo. No tienes ni un centavo a tu nombre, y
estás luchando por sobrevivir. Los mendigos no pueden elegir, y tú elegiste
mal. Eso era un gran trato, y lo desperdiciaste.

No fue una mala oferta. ̶ Así no es como quería perder mi virginidad...

Agitó un poco la cabeza. ̶ Bueno, ahora la compré por cien millones y tú me


la darás a mí. Me perteneces toda, de la cabeza a los pies. Te follaré cuando
quiera, te vestiré como quiera y haré lo que me dé la gana. ̶ Agarró con más
fuerza el volante y miró hacia delante, con la mandíbula tensa.

Todavía estaba cubierta con su chaqueta, y su olor me envolvía. La tela era


suave contra mi piel, y a pesar de lo que me acababa de decir, me sentía
segura. ̶ Eso es justo... ̶ Si Conway no me hubiera salvado, me habría
enfrentado a un destino mucho peor. Me salvó la vida y la dignidad. Incluso
si trabajara para él por el resto de mi vida, nunca podría pagar el dinero que
gastó para salvarme. Knuckles podría haberme comprado en su lugar, y mi
cara estaría negra y azul en este mismo momento. Conway no era un santo.
Pero tampoco era el diablo.

No tenía otras oportunidades ni recursos. No tenía esperanzas de volver a


Estados Unidos. En el momento en que dejara el lado de Conway, volvería
a ser vulnerable al mundo entero. Knuckles me llevaría en cuanto tuviera la
oportunidad. Conway nunca me daría el dinero para pagar mis deudas ahora,
y aunque lo hiciera, nunca lo aceptaría. Ya había hecho suficiente por mí.

Esta era mi vida ahora.

Yo era propiedad de Conway Barsetti.

Su prisionera dispuesta.

̶ Gracias por comprarme... ̶ Nunca había dicho las palabras en voz alta. Toda
la situación era jodida. Estaba agradeciéndole a un hombre que me compró
para follarme, pero como era el único hombre decente en la situación, estaba
agradecida. Prefiero estar atrapada con Conway que con cualquier otro. Una
vez que realmente sufrías, tu percepción de la vida cambiaba.

Conway no reconoció mis palabras. Siguió conduciendo con una mano en el


volante. ̶ Así es como va a ser. Te usaré para mis ideas y harás exactamente
lo que yo diga. No tendrás a otros hombres, sólo a mí. Te mantendré y te
protegeré por el resto de mi vida. A cambio, serás mi musa. ¿Entendido?

Yo era la única mujer con la que viviría sus fantasías. Seguiría sus órdenes
y sería exactamente lo que él quería que fuera. Mi trabajo era complacerlo,
inspirarlo. Obedecer era algo con lo que siempre luchaba, pero lo haría lo
mejor que podía. Después de lo que hizo por mí, le debía la vida. Le daría lo
que quisiera. ̶ Sí.

14
Sapphire

HABÍA ESTADO EN LA CASA ANTES, PERO FUE PARA EL AFTER PARTY


al finalizar el desfile de moda. Había gente ocupando cada centímetro de
espacio, haciendo que la casa y los terrenos estuvieran congestionados
porque había miles de personas en la propiedad.
Ahora estaba vacía.

Un muro de piedra rodeaba la entrada de la propiedad, y tuvimos que


conducir por lo menos una milla antes de llegar a la villa de tres pisos con
una fuente en el frente. Parte de su tierra estaba llena de viñedos, y la otra
parte estaba llena de arbustos y rosales perfectamente cuidados. Algo que
no había notado la otra noche era el pasto donde pastaban algunos caballos.
Un granero se ubicaba a lo lejos, y una cerca blanca mantenía a las grandes
bestias contenidas.

Estaba oscuro y era difícil de distinguir, pero la luz lejana del granero
iluminaba su contorno.

̶ ¿Tienes caballos?

Conway se detuvo en la rotonda y apagó el motor. Sabía que no recibiría una


respuesta. Cuando salí del auto, me envolví con la chaqueta más apretada
alrededor de mi cuerpo y sentí que la brisa de la noche se movía a través de
mi cabello. Todas mis pertenencias habían quedado atrás, así que todo lo
que tenía era esta chaqueta, y ni siquiera era mía.

Un hombre salió vestido con una camisa de cuello morado y pantalones azul
marino. Tenía un bigote gris y una piel bronceada. Debía de tener entre
cincuenta y sesenta años, y a juzgar por su forma física y su piel besada por
el sol, trabajaba duro alrededor de la propiedad. ̶ Buenas noches, Conway.
Yo llevaré el auto.

Conway le tiró las llaves.


El hombre las atrapó a pesar de que las luces del frente de la casa eran
tenues. ̶ ¿Cuáles son tus instrucciones? ̶ No hizo ningún comentario sobre la
forma en que estaba vestido Conway, el hecho de que le faltaba la camisa o
que yo estaba envuelta en su chaqueta.

Debe haber visto a Conway en este tipo de situaciones antes, medio desnudo
con una mujer para llevar dentro.

̶ Sapphire se quedará en la Gran Habitación de Huéspedes. Necesita comer


y beber algo.

Su sirviente no parpadeó ante la petición. ̶ Por supuesto, señor. Enseguida.

Conway sólo asintió con la cabeza antes de subir por los escalones de piedra
hasta la puerta principal. Lo seguí, y cuando no caminé lo suficientemente
rápido, se volvió para mirarme. Me acerqué a su lado, apretando más la
chaqueta alrededor de mi cuerpo.

Pasamos por la entrada, donde el techo se extendía hasta el tercer piso y


revelaba la doble escalera. Era una gran entrada con dos enormes estatuas
de piedra cerca de las escaleras. Ambos eran soldados romanos,
condecorados de la época de César. Tenían lanzas a los costados, y sus
cuerpos eran rígidos y duros como los de Conway.

Subió las escaleras hacia la derecha, los músculos de su espalda ondulando


y moviéndose por debajo de su piel. Sus caderas estrechas se extendían
sobre sus anchos hombros, pareciéndose a las estatuas que había erigido
en su casa.
Subimos al tercer piso y aproveché la oportunidad para admirar las obras de
arte de las paredes. Las pinturas al óleo eran todas únicas y hermosas,
añadiendo color a la casa de estilo toscano. Todas las ventanas tenían
paneles cuadrados de madera en el centro, y todas ellas se abrían hacia
afuera para permitir que el aire fresco entrara en la casa.

Conway se detuvo en una puerta doble en el tercer piso y entró. ̶ Este es tu


espacio. Tiene un cuarto de baño privado, una sala de estar, y un balcón.
Deberías tener más que suficiente espacio.

Observé la gran cama King con una colcha de color rojo brillante y naranja.
Los colores mediterráneos coincidían con los paneles de las ventanas.
Estaba oscuro afuera, así que no podía ver el paisaje, pero me imaginé que
la vista era espectacular. Todos los muebles habian sido diseñados
perfectamente para complementar la habitación. Las pinturas adornaban las
paredes, y las luces de arte individuales en el techo iluminaban las obras con
un brillo perfecto. La segunda habitación contenía la gran sala de estar junto
con el balcón. Las estanterías estaban llenas de libros, y el sofá estaba
situado frente a un televisor grande en la pared. Parecía que me estaba
quedando en la suite presidencial de un resort.

̶ Es... precioso. ̶ Incluso si no hubiera dormido junto a un contenedor de


basura, seguiría pensando que era la habitación más hermosa que jamás
había visto. No me parecía justo que hubiera gastado tanto dinero en mí, y
poder disfrutar de tales lujos.

̶ Dante puede conseguirte todo lo que necesites. Eres libre de usar el


gimnasio o la piscina. Sólo mantente fuera de mi camino durante los
próximos días.

Frío como el hielo, se alejó de mí y volvió a la puerta.


̶ ¿Por qué?

Su mano agarró la perilla, y no se molestó en darse la vuelta.

̶ Porque no quiero mirarte.

***

SU CASA ERA EXTRAORDINARIA.

Nunca la había visto a la luz del sol. Era un día sin nubes, y el cielo estaba
tan azul que parecía como si un océano se extendiera sobre mi cabeza. Mi
terraza tenía una gran vista de los establos y de los viñedos. Cuando el sol
golpeaba mi balcón, era el lugar más cómodo de la tierra.

Mi baño era casi del tamaño de mi dormitorio, con una gran bañera debajo
de una ventana que daba al frente de la casa. Había una ducha enorme y
lavamanos dobles. Si esto era sólo un dormitorio de invitados, me
preguntaba cómo era el dormitorio principal de Conway.

Exploré el terreno a pie, caminando por uno de los senderos que pasaban
por las caballerizas. Me detuve y miré a los caballos durante mucho tiempo,
admirando sus hermosos pelajes antes de pasar por la piscina y la gran
terraza donde había sido la fiesta el fin de semana pasado. Era un palacio.

No me crucé con Conway, aunque esperaba hacerlo. Dijo que no quería


tener nada que ver conmigo por un tiempo, y yo sabía que era porque estaba
enojado conmigo, enojado porque yo había sido muy estúpida. Le costé una
fortuna.

Dante apareció por detrás de mí, ̶ Sapphire, ¿puedo traerte algo?

Estaba de pie en la sala de estar más grande de la casa, el lugar lo


suficientemente grande para un salón de baile. Había tres pisos en este
lugar, y aún no los había explorado todos. "

̶ No, sólo estaba mirando.

̶ Noté que no te comiste la bandeja del desayuno. ̶ Dante estaba de pie con
una camisa de cuello y las manos detrás de la espalda. Era notablemente
frío conmigo, no le caía bien a pesar de que nunca me había hablado antes.

̶ ¿Mi bandeja de desayuno?

̶ La puse en tu sala de estar.

¿Había estado en mi habitación?

Dante debe haber notado la sorpresa en mi cara porque dijo. ̶ Hay una puerta
separada ahí dentro. Me han ordenado que le traiga el desayuno todas las
mañanas durante los próximos días.

̶ Lo siento... no lo vi.
No se molestó en cubrir su suspiro. ̶ Entonces déjame prepararte algo de
comer. Ven.

̶ No tienes que hacer eso. Puedo hacerlo yo misma.

̶ ¿No te gusta cómo cocino?

̶ Uh... nunca he dicho eso.

̶ ¿No te comiste el desayuno y ahora no quieres almorzar? ̶ preguntó


incrédulo. ̶ He estudiado las artes culinarias toda mi vida. Mi cocina es la
mejor de este gran país. Si no te gusta, entonces el problema no es con la
comida, sino contigo.

Hombre, habíamos empezado con el pie izquierdo.

Me miró con veneno en los ojos. Si mostrara los dientes, probablemente


tendría colmillos.

̶ Realmente no vi la bandeja del desayuno. Me encantaría comer algo porque


me muero de hambre. No quería molestarte...

̶ ¿Molestarme? ̶ preguntó sorprendido. ̶ Esto es para lo que vivo, Sapphire.


Quitarlo es como quitarme un pedazo de mi alma. Mi propósito es servir,
hacer de este palacio un hogar. Trato a todos los invitados de mi amo como
a la realeza.
Ciertamente no me sentía como la realeza en ese momento, sólo como un
dolor en el trasero. Ahora me miraba con expresión furiosa, como si esperara
que dijera otra cosa.

¿Qué se supone que tenía que decir? ̶ Uh...siento haberlo incomodado.

̶ Acepto tus disculpas. ̶ Pasó junto a mí, su cuerpo rígido de orgullo. ̶ ¿Dónde
tomarás tu almuerzo, Sapphire?

̶ ¿Tengo opciones?

Se detuvo y volvió a girar, sus ojos entrecerrados.

¿Dije algo estúpido otra vez?

̶ Donde tú quieras. Sólo dímelo, y haré que suceda.

̶ ¿Qué recomiendas?

̶ Es un día hermoso. ̶ Extendió su mano hacia la ventana. ̶ Soleado y cálido.


La terraza es siempre un gran lugar.

̶ Entonces tomaré mi almuerzo allí.

Aplaudió una vez. ̶ Excelente. El almuerzo se servirá en unos minutos.


Me senté en el balcón bajo la sombrilla blanca, admirando los acres de tierra
que tenía Conway. Los caballos pastaban en el prado, y el sol proyectaba la
tierra con una hermosa tonalidad. La suave brisa trajo aire caliente
directamente contra mis mejillas. El agua de la piscina brillaba bajo la brillante
luz del sol.

Dante me sirvió como a un cliente en un restaurante. Primero me trajo té


helado, una cesta de pan, y luego me sirvió una ensalada verde con vinagreta
y pollo a la parrilla con tomates asados. Eran casi las tres de la tarde, y
todavía no había señales de Conway.

Dante volvió a la terraza y recogió mis platos. ̶ ¿Lo disfrutaste?

̶ Sí, fue increíble. Gracias.

̶ ¿Postre?

¿Había más? ̶ Estoy llena, pero gracias.

Sus ojos se entrecerraron en ofensa.

̶ Quiero decir…por supuesto.

̶ Muy bien. Volveré con una taza de café y bizcochos. Acabo de hacer una
nueva tanda.

̶ Genial. ̶ No estaba segura de cuáles eran los planes de Conway para mí,
pero no podía quedarme sentada y aumentar de peso. Probablemente quería
que mantuviera mis medidas exactamente como estaban.
Dante regresó con el café y los bizcochos, colocando todo sobre el mantel
blanco junto con un pequeño jarrón con una sola rosa roja. ̶ ¿Puedo traerle
algo más? Tengo Tiramisú y pastel de limón también.

Asumí que tenía todo en su cocina. ̶ ¿Está Conway en casa ahora mismo?

Su cara se endureció inmediatamente ante la pregunta.

̶ Sólo tengo curiosidad.

̶ Está trabajando ahora mismo.

Estaba claro que Conway había ordenado a Dante que me mantuviera


alejada de él. Iba a entretenerme hasta que él estuviera de humor para tener
una conversación conmigo.

̶ ¿Puedes decirle algo de mi parte?

̶ Puedo pasar un mensaje. Pero no puedo hacer que lo escuche.

̶ Dile... ̶ No sabía lo que quería decir. Quería disculparme con él ya que fue
mi culpa que tuviera que pagar mi rescate.... Y gastar cien millones de
dólares. Pero una disculpa a través de otra persona la haría vacía. ̶ Que estoy
disfrutando de su hermosa casa.

***
Pasaron los días, y ni siquiera lo vi. Ni siquiera estaba segura de sí se estaba
quedando en la casa. Sabía que tenía un lugar en Milán, así que tal vez
estaba durmiendo allí para tragarse su rabia. Estaba disfrutando de mi
tiempo en el paraíso. En Estados Unidos, yo había sido una estudiante
universitaria en bancarrota comiendo Ramen y huevos duros todos los días.
Ahora tenía un chef profesional que me preparaba todas las comidas y me
preguntaba si quería café y postre después. Disfruté de la piscina, ya que
daba al paisaje italiano, y pude usar un gimnasio privado que era lo
suficientemente grande como para que lo utilizaran docenas de personas.

Así era ser rico, supongo.

Me senté en la terraza con una copa de vino a mi lado. Mis pies colgaban en
la piscina, y llevaba un vestido de verano que había encontrado en mi
armario. Conway debe haber enviado a alguien a comprarme ropa, dándole
mis medidas para que supiera exactamente qué me quedaba. Y todo era lo
más bello que había llevado nunca.

Como si tuviera un reino que gobernar, todos los días iba vestida como una
reina. A mi lado sonaron pasos, fuertes pisadas que sólo podía causar un
hombre pesado. No era Dante, que era delgado y ágil. Era alguien que
llevaba el peso del mundo.

Era Conway.

Se sentó a mi lado en la orilla y enrolló la parte inferior de sus jeans para


poder meter los pies en la piscina. Luego agarró mi copa y tomó un trago de
vino tinto, agitándolo antes de dejar que tocara sus labios. La puso de nuevo
entre nosotros, lamiéndose los labios cuando terminó.

El tratamiento del silencio había terminado.


El sol se puso sobre el horizonte, y las brillantes manchas naranja, rosa y
azul salpicaron el cielo. Su terraza tenía la mejor visión de la puesta de sol
más espectacular que jamás había visto y él podía disfrutarla todos los días.
Miró el atardecer hasta que el sol finalmente se ocultó bajo el horizonte.

̶ Me alegro de que lo estés disfrutando.

Me llevó un momento entender que era una respuesta directa al mensaje que
le di a Dante hace unos días. ̶ Nunca he visto nada tan hermoso. Cuando
pasé por los pequeños pueblos de Milán, vi muchas cosas bonitas... pero
nada como este lugar. Es como una escena de una película o algo así.

̶ La vida real es siempre más hermosa que la de las películas.

̶ Tal vez para ti... ̶ Un hombre rico como él sólo estaba expuesto a las cosas
lujosas de la vida. Constantemente rodeado de flores, coches caros y
mujeres hermosas, la vida era un sueño. Pero para alguien como yo, la vida
era una batalla continua. Había una lucha tras otra.

̶ La vida es lo que tú haces, cariño.

Aspiré mi aliento a través de mis dientes frontales, odiando inmediatamente


la forma en que esa palabra sonaba en mis oídos. Hizo que mi estómago se
apretara fuertemente. De repente me sentí impotente, como si Knuckles
pudiera agarrarme por el cuello de nuevo.

Los ojos de Conway se volvieron hacia mí. ̶ ¿Qué dije?


Me quedé mirando el horizonte, viendo cómo la luz se desvanecía
lentamente. Las estrellas empezaban a brillar en lo alto. ̶ Odio ese apelativo...

̶ ¿Por qué? ̶ Su voz era profunda y masculina, y siempre hablaba en un


barítono. Emitía tanta confianza con tan pocas palabras.

̶ Así es como Knuckles me llama... ̶ No necesitaba dar una explicación más


profunda que esa. No necesitaba entrar en detalles de cómo me torturaba.
Me quedaba en el sofá de un amigo, pero aun así me despertaba con una
nota de él en el pecho. Le gustaba verme correr porque le excitaba.

Tomó el vino y tomó otro trago.

̶ ¿Cómo va el trabajo?

̶ Las ventas nunca han sido tan altas. Las críticas nunca han sido tan
generosas. La gente dice que esos diseños son mi mejor trabajo... y eso es
decir algo.

̶ Me alegra oír eso. ̶ Sentí que el calor se extendía por mis mejillas porque
sabía que yo había inspirado todas esas piezas. Examinó mi cuerpo con un
ojo lujurioso y produjo las mejores piezas de lencería que el mundo había
visto jamás.

̶ Y todo es por ti.

̶ No merezco todo el crédito, Conway. ̶ Tomé la copa y me bebí un trago.

̶ Mereces más crédito del que te llevas.


Saqué los pies del agua una vez que mis dedos empezaron a arrugarse.

̶ A Dante no le gusto.

̶ Tienes razón. No lo haces.

No me importaba lo que pensara Dante, pero me decepcionaba de todos


modos. ̶ No quise ofenderlo.

̶ Pone mucho empeño en su trabajo. Si haces que se sienta necesitado,


cambiará de opinión.

̶ ¿Necesitado cómo?

̶ En todas las cosas.

̶ Bueno, no necesito que alguien me atienda de pies y manos. Soy


perfectamente capaz de tender la cama, lavar la ropa y hacerme un
sándwich.

̶ Así no es como funciona aquí. Para Dante, eso es insultante. Implica que no
lo necesitas. Le encanta trabajar aquí, y si no es necesario, entonces no tiene
trabajo. Deja que el hombre se sienta importante.

No lo había considerado de esa manera. ̶ ¿Vive aquí?


̶ Tiene un dormitorio al lado de la cocina.

̶ ¿No tiene familia?

̶ Tiene una novia a unos cuantos kilómetros de distancia. Y tiene dos hijos,
pero están fuera de casa.

̶ ¿Cuándo tiene tiempo libre?

̶ Después de cenar, es libre de hacer lo que quiera. Y la mayor parte del


tiempo, me quedo en Milán, para que no trabaje demasiado. Tiene mucho
tiempo libre.

̶ Eso está muy bien. Le debe encantar vivir aquí… en un lugar tan hermoso
como éste.

Se encogió de hombros. ̶ No se queja.

Me encantaría ser una criada si pudiera vivir en un lugar tan hermoso. ̶ Si hay
algo que quieras que haga, estaré más que feliz de ayudarte. Puedo limpiar
o ayudarte en la oficina. Llevar la contabilidad o algo así... ̶ Le debía mi vida,
así como una fortuna. Me pasaría las próximas diez vidas intentando
devolvérselo.

̶ Harás cosas por mí, pero nada de eso. ̶ Sacó los pies del agua y luego se
puso de pie. Estaba de pie con una camiseta ajustada y unos vaqueros que
colgaban bajo de sus caderas. ̶ Dejé algo en tu cama. Póntelo, arrodíllate y
espérame.

***
RECONOCÍ el corsé negro colocado en el borde de mi cama. El material
sobre las caderas era de encaje elástico, lo que permitía que mi piel clara
fuera visible a través del material. El relleno en el sostén era sustancial,
presionando mis tetas significativamente. La tanga negra tenía diamantes a
lo largo de la cintura.

Lo sentí con las yemas de los dedos antes de ponérmelo.

Mi corazón latía tan fuerte que me dolía. Cada latido era como un tambor.
Por mucho que quisiera mantener la calma, nada funcionaba. Mi corazón
sabía lo que venía, y la adrenalina se desbordó.

Me peiné con una rizadora y me pinté la cara con el maquillaje que le


gustaba. Los ojos ahumados resaltaban el color azul de mis ojos. Mis labios
estaban cubiertos de lápiz labial rojo brillante. Sus instrucciones habían sido
breves, pero asumí que me quería de rodillas al pie de la cama.

Así que obedecí.

Una parte de mí se incendió en el odio a mí misma. Estaba a punto de


acostarme con un hombre porque me compró a un hombre más cruel. No
tenía derecho a elegir mi destino. Estaba a merced de los hombres
poderosos que operaban a mi alrededor. Desde ese horrible día, me he
sentido completamente indefensa. Cuando estaba en la universidad y tenía
un techo sobre mi cabeza, sentía que todo era posible si trabajara lo
suficiente, sería el Sueño Americano.

Todo eso fue una estupidez.


No era más que un peón en un juego. No era más que un juguete por el que
se peleaban los hombres. No había nada mejor para mí fuera de estas
paredes, y realmente me sentía aliviada de estar aquí. Pero no era aquí
donde quería estar.

Aunque, ¿qué otra opción tenía?

Así que me quedé de rodillas.

Encontraba a Conway atractivo, había sentido una conexión con él poco


después de conocerlo. Tenía algunas buenas cualidades, y no era un
maltratador como los demás. Mi primera vez podría haber sido mucho peor.
Así que debería estar agradecida.

Y tratar de disfrutarlo.

La puerta de mi habitación se abrió y Conway entró.

Descalzo y con el pecho desnudo, sólo llevaba los vaqueros que llevaba
antes. Cerró la puerta tras él y luego me miró fijamente en el suelo.

Su mirada era tan oscura que era difícil saber si estaba complacido. Me miró
con los brazos a los costados, con las dos manos cerradas en puños. Sus
pies presionaron contra la alfombra mientras se acercaba a mí. Me había
tratado como a una reina, pero una vez que estuvo a cargo, me arrebató la
corona. Se tomó su tiempo, sacando al momento el mayor tiempo posible.

Me recordé a mí misma de respirar.


Conway siempre me había tocado suavemente, dándome suaves caricias a
lo largo del cuello y los hombros. Probablemente sería el mismo tipo de
amante, gentil y apasionado. Me excitaba con su toque antes de ir directo a
lo que quería.

Mi barbilla se inclinó hacia arriba mientras lo veía acercarse a mí. Mis pies
estaban doblados debajo de mí, y mis tetas se mostraban como si estuvieran
en una bandeja. Mi aliento se estremecía más y más. El corsé estaba tan
apretado que mis pulmones no podían expandirse completamente. Mi pelo
caía alrededor de mi hombro, los rizos suaves listos para que sus dedos los
tocaran.

Se quedó mirando, absolutamente quieto, como si no necesitara respirar


para vivir.

̶ Jesucristo....

Vi la consternación en su cara, la mirada enfocada que llevaba cuando


trabajaba. Pero esta expresión era más sexy, más ambiciosa. Sus ojos
ardían en mi piel, y me sentí desnuda antes de que me quitara la lencería.

̶ Musa. ̶ Mis ojos se volvieron hacia los suyos, instintivamente sabiendo que
ese era su nuevo nombre para mí. ̶ A la cama.

Estaba tan nerviosa que apenas podía ponerme de pie. Como un ciervo que
intenta aprender a caminar, me tambaleé un poco antes de que mi mano
tocara la cama. Las sábanas eran de algodón egipcio, y el colchón era la
cosa más cómoda en la que había dormido. Ahora mis manos tocaban el
suave edredón, deslizándose sobre él mientras me arrastraba a la cama. No
sabía cómo me quería, pero asumí que querría follarme por detrás.
Me agarró de las caderas y me giró sobre mi espalda. Luego me arrastró
hasta el borde de la cama hasta que mi trasero colgó por el suelo. Sus manos
apretaron mis caderas antes de jugar con la tela de mi tanga. Sus ojos
estaban sobre mí, devorándome con sólo una expresión. Agarró el encaje
antes de bajarme la tanga por las piernas. La pasó por mis tobillos y luego la
dejó caer al suelo. ̶ Cuando entré aquí, tenía algo muy diferente en mente.
Pero ahora que te estoy mirando... ̶ Me agarró de las rodillas y las separó,
revelando mi parte más íntima. Me miró sin vergüenza, como si mi cuerpo
fuera suyo para hacer lo que quisiera. Lo que era cierto.

Se puso de rodillas y me acunó en sus brazos. Presionó su cara contra mi


entrada y luego sopló ligeramente sobre mi clítoris. Me puse tensa cuando
sentí su cálido aliento. No había tenido un hombre en esta posición, tenía la
cara apretada entre mis piernas. Me recosté y miré al techo justo cuando
sentí su lengua. Mis caderas se doblaron inmediatamente al tacto sensual, y
liberé un ruido que fue tanto un grito como un gemido.

Luego me besó.

Me besó por todas partes. Su lengua rodeaba suavemente el nudo entre mis
piernas, su aliento acalorado me estimulaba al mismo tiempo. Luego se
dirigió a mi entrada y metió su lengua dentro, saboreándome como nadie
más lo había hecho.

Me quedé ahí tirada y le dejé hacer lo que quería, sabiendo que era mi dueño.
No podía decir que no. No podría detener esto, aunque quisiera. Y no estaba
segura de si quería que esto terminara.

Enganchó sus brazos bajo mis muslos, y presionó su cara contra mí. Me
besó más fuerte, más profundo. Esta lengua se volvió más agresiva. Sus
dedos amasaron mis muslos. ̶ Este coño... vale cada centavo.
Sentí que el calor subía por mi cuerpo, comenzando en mis entrañas y
bajando lentamente. Me había hecho venir antes, así que sabía lo que se
avecinaba. No podía creer que estuviera pasando ahora. Ni siquiera había
besado a Conway, y sentía que mi cuerpo me traicionaba. Había tantas
cosas malas en esta situación. Me habían comprado y vendido como
ganado.

Pero aun así me iba a venir.

La única postura que podía tomar era controlar mi cuerpo, para asegurarme
de no disfrutar de esto. Una cosa era ser su musa porque yo tenía que serlo.
Pero otra era disfrutarlo. Así que luché duro, haciendo todo lo posible para
mantener mi mente en otro lugar mientras él seguía haciendo el amor a mi
coño con su boca.

Respiré a través del placer y me concentré en el techo sobre mí,


asegurándome de que mis caderas no se movieran instintivamente. Si me
concentraba hasta que él terminara, podría mantener algo de mi dignidad.

Apartó la boca.

En el instante en que me quitó el placer, de repente sentí frío. Había estado


luchando contra la buena sensación entre mis piernas, pero ahora que me
faltaba, no tenía nada por lo que luchar. Mis manos agarraron las sábanas
mientras esperaba lo que pasaría después.

̶ Para. ̶ Su orden atravesó la habitación como una espada.

̶ ¿Parar qué...?
Se movió sobre mi cuerpo y se puso encima de mí. Con un físico apretado
que había sido cincelado de piedra, era una estatua viviente. Sus labios
estaban manchados con mi esencia, la capa brillante como brillo de labios.

̶ Deja de luchar contra ello. No estás probando nada.

Tal vez no era tan sigilosa como pensaba. Se deslizó entre mis piernas y
movió su boca hacia mi dolorido clítoris. Sus labios eran agresivos como
antes, chupando y mordisqueando ligeramente. Mis caderas se balanceaban
por sí solas, y me hundí en el colchón mientras él controlaba la reacción de
mi cuerpo. Quería tener algún control sobre mi vida, pero cuando este
hombre me besaba de esta manera, me di cuenta de que no tenía ningún
control en absoluto.

Me retorcí en la cama, la espalda arqueada y las caderas temblando. El calor


se acumuló en mis venas, y el aliento fue robado de mis pulmones. Mis
jadeos se convirtieron en gemidos, y luego mis gemidos se convirtieron en
otra cosa. Agarré las sábanas debajo de mí y sentí la explosión entre mis
piernas. Un orgasmo como ningún otro pasó a través de mí, rompiendo mis
cadenas de desobediencia y haciéndome gemir de placer. Tiré de las
sábanas con más fuerza y sentí que me hundía de la manera más placentera.

Siguió besándome hasta el final del momento, estimulando mi sensible


clítoris con su lengua. Me dio un último beso antes de alejarse. ̶ Maldito buen
coño... ̶ Se puso de pie y se desabrochó los pantalones.

Miré fijamente al techo mientras recuperaba el aliento, sintiendo la humedad


entre mis piernas, y no sólo de su saliva. Me pasé los dedos por el cabello,
tan satisfecha que no podía comprender esta maravillosa sensación. El corsé
todavía estaba apretado alrededor de mi cuerpo, restringiendo mi estómago
y presionando mis tetas hacia mi barbilla.

Chasqueó los dedos. ̶ De rodillas. Ahora. ̶ No me gustó el chasquido de sus


dedos, pero mantuve mi actitud bajo control. Ahora que él me había hecho
sentir bien, obedecer no parecía tan difícil. Me besó en un lugar donde nunca
me habían besado antes y era el cielo.

Me juzgué por disfrutarlo.

Me puse de rodillas en el suelo, doblando los pies por debajo de mí como la


última vez. Mis manos descansaban sobre mis muslos, y lo vi dejar caer sus
jeans y patearlos a un lado. Cuando estaba en calzoncillos negros, sus
muslos parecían tonificados en la tela de algodón. Era masculino en todas
partes, desde el rastro de pelo en su estómago hasta el grosor de sus
piernas. Era todo músculo y piel sin grasa. Cuando estaba en su oficina, casi
nunca lo veía comer. Ahora tenía sentido.

Dejó caer sus calzoncillos, revelando la enorme verga que estaba


orgullosamente erguida. Grandes venas se movían por el eje, y la corona ya
estaba rezumando con presemen. El vello alrededor de sus testículos había
sido recortado hasta que se veía más como piel. Pero su circunferencia y
longitud eran increíbles, incluso para mis limitados estándares. Era el tipo de
pene que había visto en un video porno, no en un hombre de verdad. Pero
su verga era tan impresionante como el resto de él.

Ahora que yo estaba de rodillas y a la altura de su cintura, sabía exactamente


lo que él quería que hiciera.
Sus dedos se envolvieron alrededor de su longitud, y se bombeó suavemente
mientras se acercaba a mí. ̶ Bésame. ̶ Se tiró hacia abajo con el eje y apuntó
con su corona a mi boca.

Estiré mi cuello y presioné mis labios contra su cabeza, besando la piel lisa
y sintiendo la pegajosidad de su excitación. Se extendió por mis labios como
lápiz labial, formando una gruesa capa que hizo que mi boca resbalara.

̶ Mírame.

Mi cabeza se inclinó para mirarlo, para ver esa misma expresión concentrada
que había visto antes. Pero había rubor en su rostro, una profunda mirada
de excitación. Su mano se movió dentro de mi pelo, sus dedos afianzándose
en los mechones suaves.

Agarró su eje y apuntó su corona hacia el techo. ̶ Empieza aquí.

Presioné mi boca contra su saco texturizado y lo besé de la misma manera


que había besado su corona. Comencé despacio, manteniendo mis ojos en
él mientras trataba de concentrarme en lo que estaba haciendo. Después de
la forma en que me hizo sentir, yo también quería que se sintiera bien. No
quería que se arrepintiera de haberme comprado, no cuando podía
venderme de nuevo a Knuckles si yo no valía el precio que él pagó.

̶ Más lengua.

Le besé los testículos como besaría a un hombre, dándole tanto lengua como
los labios. Mi saliva cubrió su áspera piel, así que mi lengua se deslizó sobre
él aún más fácilmente que antes.
̶ Chupa.

Chupé una bola en mi boca y abrí mi boca más para poder acomodarlo. Lo
besé como él me besó a mí, chupando y luego besando. Le tiré suavemente
de los testículos antes de volver a deslizar la lengua.

Su mano me quitó el pelo de la cara y me agarró por la nuca. Se envolvió los


dedos alrededor de su eje y se sacudió. ̶ Masturbarme. ̶ Apartó la mano y me
permitió tomar el control. Luego me contempló y miró.

Sacudí mi mano hacia arriba y hacia abajo y le lamí los testículos al mismo
tiempo, haciendo dos cosas a la vez. Mis ojos siguieron mis movimientos,
sabiendo que me estaba enseñando la forma en que le gustaba ser
complacido por una mujer.

̶ Mírame.

Moví los ojos hacia arriba otra vez.

Su mano fue a la base de su longitud, y me apuntó con su polla a la boca.


Sabía lo que quería. Abrí bien la boca y lo puse en mi garganta, empujando
mi lengua hacia atrás. Mi saliva lo rodeaba, y sentí el dolor en mi pecho
cuando no podía respirar. Me tiró de la nuca, obligándome a tomar más de
su longitud. Empujó hacia adentro hasta que sólo quedaban unos
centímetros fuera de mi boca. Sus dedos se clavaron en mí, tirando
ligeramente de mi pelo. Luego se retiró y se metió de nuevo dentro de mí. Su
gentileza se había ido hace tiempo, y me folló la boca como si fuera suya.

Porque él era el dueño.


Empujó y tiró de mi cuello al mismo tiempo, empujando mi garganta y
forzando que la saliva goteara por el costado de mi boca. Las lágrimas se
acumularon en las esquinas de mis ojos mientras su polla impedía que el aire
entrara en mis pulmones. Quería vomitar porque me estaba golpeando muy
fuerte y profundamente.

̶ No te atragantes.

Le miré fijamente a los ojos y agarré sus muslos musculosos para mantener
el equilibrio. Mis dedos se clavaron en él, y continué luchando por respirar.
Si no me hubiera hecho sentir tan bien, esto sería mucho más difícil. Me
estaba follando en la garganta sin consideración. Me usó como prometió que
haría. Miró las lágrimas que caían de mis ojos sin preocuparse. En todo caso,
eso lo excitaba aún más.

Su verga era enorme.

Aceleró sus empujes, follándome más y más fuerte.

No me dejé atragantar, sabiendo que él lo había prohibido.

Sus ojos se oscurecieron mientras me miraba. ̶ Mi musa... ̶ Su mano hizo que


mi pelo se torciera en un puño, y aumentó su ritmo, sin tener piedad de mi
garganta. Cuando terminara conmigo, mi garganta estaría en carne viva.

Cuando cerró los ojos por un momento y su verga se movió dentro de su


boca, supe lo que se avecinaba. Su gran verga estaba a punto de liberarse
dentro de mi boca. Con una polla así de grande, sólo podía imaginarme
cuánto iba a dispararme.
̶ Muéstrame primero. ̶ Me agarró la cabeza con ambas manos y me folló
profundamente, forzando mi mandíbula a soltarse aún más para acomodarlo
todo. Luché por respirar, luché por mantenerme erguida porque me estaba
empujando con mucha fuerza. Saliva derramada por todas partes, mis
lágrimas arruinando mi rímel.

Ahora me sentía como su posesión, un objeto con el que podía hacer lo que
quisiera. Me había hecho sentir bien, y ahora quería que se sintiera aún
mejor. Quería valer el dinero que él pagó. Pero su polla era tan grande y mi
boca tan pequeña. A pesar de mi inexperiencia, no se lo tomó con calma.
Nunca se lo tomaría con calma conmigo.

Dejó de empujar y metió la verga completamente dentro de mí, soltando con


un fuerte gemido. Su polla se movió en respuesta, palpitando de placer. El
semen arrojado en mi boca, montones de él cayendo sobre la parte posterior
de mi lengua y mi garganta. Me obligué a no atragantarme.

Dio unas cuantas sacudidas más mientras terminaba, sus gemidos


disminuyeron en volumen hasta que terminó por completo. Luego me soltó
el pelo y dejó de clavarme los dedos en la nuca. Lentamente sacó su polla
empapada de mi boca, su venida blanca se quedó quieta y se acumuló en
su punta. La saliva se estiró entre la cabeza de su pene y mi boca. Esa misma
expresión concentrada estaba en su cara, pero ahora era más oscura. ̶
Muéstrame.

Finalmente recobré el aliento, sentí más aire en mi garganta que antes. Abrí
la boca y saqué la lengua, mostrando la venida blanca que había manchado
toda mi boca. Se pegó a mis dientes y formó una malla por todas partes. Me
agarró del cuello y examinó su simiente. Eventualmente, asintió con la
cabeza aprobándolo.

̶ Traga.
Cerré la boca y me tragué el montón de semen. No pude tomarlo todo, así
que tragué un par de veces. Conway me miró, observando el movimiento de
mi garganta con el esfuerzo.

̶ Abre.

Abrí la boca y se la mostré de nuevo.

̶ Bien. ̶ Me soltó el cuello y se puso los calzoncillos en las caderas. Agarró


sus vaqueros del suelo y se los puso sobre las piernas.

Me quedé de rodillas, esperando sus próximas órdenes. Pero no hubo


ninguna. Salió de mi habitación y cerró la puerta detrás de él, sin mirarme
antes de irse. El único ruido que oí fue el clic del pomo de la puerta. Luego
sólo hubo silencio.

Me senté en el suelo con la saliva alrededor de mi boca. Mis ojos aún estaban
húmedos por las lágrimas que derramé. Esperaba que me follara, pero nunca
lo hizo. Me preguntaba si eso era intencional, o si sólo prefería las mamadas.

Sabía que así sería el resto de mi vida. Se esperaba que actuara de


inmediato.

Pero al menos yo también lo disfrutaría.


15
Conway

CAMINÉ A TRAVÉS DE LA CASA EN Bañador con la toalla sobre mi


hombro. ̶ ¿Dante?

̶ ¿Sí, señor? ̶ Apareció a mi lado, apareciendo en la esquina de la nada.

̶ Tomaré mi desayuno en cuarenta y cinco minutos. Dile a Sapphire que se


una a mí.
̶ Por supuesto. Disfrute de su baño, señor.

̶ Gracias, Dante.

Llegué a la piscina y me saqué las gafas de la cabeza. Me zambullí en el


agua e inmediatamente comencé mis vueltas, nadando de un lado a otro
para llegar a los mil metros antes de empezar mi día. Era un hermoso día de
verano, y la tierra siempre estaba caliente, aunque aún no eran las ocho.

Hice mis giros bajo el agua y luego nadé hacia atrás, estirándome para
ejercitar cada músculo de mi cuerpo. Pateé fuerte y aceleré el ritmo,
compitiendo contra mí mismo. El agua fría se movió a mi lado, suavemente
calmando los músculos calientes mientras ardían bajo la piel.

Cuando terminé mi sesión, salí del agua y dejé que las gotas corrieran por
mi cuerpo y golpearan la terraza. Me arranqué las gafas y las tiré a un lado,
sabiendo que Dante las guardaría correctamente.

Dante ya tenía la mesa en la terraza preparada para el desayuno. Un mantel


blanco cubría la superficie, y la sombrilla blanca protegía las sillas del sol
ardiente. Un pequeño jarrón contenía una sola rosa roja, recogida de la
propiedad.

Utilicé la toalla para secarme, empezando por los brazos y las piernas y luego
el pelo. Cuando estaba lo suficientemente seco, me senté a la mesa y vi la
colección de periódicos italianos y mi teléfono celular. Revisé mis correos
electrónicos mientras esperaba que mi invitada se uniera a mí.

Sapphire llegó a la terraza con un largo vestido blanco con el pelo extendido
sobre el pecho. Su maquillaje estaba hecho, y parecía lista para recibir el sol
del verano con el sombrero grande que llevaba puesto. Se sentó frente a mí
y metió su silla, sus ojos azules apenas se movían hacia mi cara.

Seguí leyendo mis correos electrónicos incluso cuando Dante nos sirvió
nuestras claras de huevo, verduras salteadas y el trozo de pan italiano.
Sapphire no esperó y empezó a comer.

Nicole me envió un montón de correos electrónicos anoche, poniéndome al


día sobre los pedidos y las apariciones programadas. Aparentemente, los
fabricantes de telas en Turquía estaban pidiendo más dinero ya que
habíamos aumentado nuestros pedidos de forma tan significativa. No me
importaba el dinero, pero me negaba a ser un ingenuo. Respondí a sus
correos electrónicos y no toqué mi comida.

̶ ¿Por qué querías que me uniera a ti si vas a ignorarme?

Mis ojos se elevaron lentamente hacia su rostro, asombrada de que me


hablara de esa manera. ̶ Eso es asunto mío, no tuyo. ̶ Miré sus feroces ojos
azules y recordé la forma en que se veían cuando estaban fijos en mi mirada.
Amaba su brillo, así como su oscuridad. Nunca había estado tan guapa como
cuando se llenó la boca con mi semen. Ahora se sentaba bajo el sol brillante,
pareciendo una mujer italiana que todo hombre querría tener en su villa.
Aunque no escogiera su ropa ni le comprara maquillaje, seguiría siendo
hermosa. Esa perfección innata realzaba la ropa que le daba.

̶ Es asunto mío cuando podría haber seguido durmiendo...

̶ Son las ocho. No deberías estar durmiendo.

̶ No todo el mundo se despierta al amanecer.


̶ No. Pero nadie debería dormir pasadas las ocho. ̶ Dejé mi teléfono a un lado
ya que ella no me iba a dejar trabajar mientras estuviera sentado frente a
ella. Además, mirarla era mucho más entretenido que mirar mi teléfono.
Agarré mi taza de café caliente y tomé un trago, dejando que la cafeína
caliente entrara en mi estómago.

̶ ¿Nadas todas las mañanas?

̶ Cuando hace calor.

̶ ¿Qué haces en invierno?

̶ Gimnasio. Pero prefiero estar afuera. ̶ Bebí mi café de nuevo y luego tomé
un bocado de mi tortilla. ̶ Espero que hagas ejercicio todos los días.

̶ ¿Todos los días? ̶ preguntó incrédula.

̶ Sí.

̶ Eso es un poco ridículo.

̶ Es bueno para ti.

Añadió un poco de crema a su café y lo removió con su cuchara. ̶ Lo haré


cinco días a la semana, pero no los fines de semana. Es lo mejor que vas a
conseguir de mí, así que no me presiones.
Cinco días era aceptable. ̶ Olvidas que yo estoy a cargo aquí. Y eso es algo
que no debes olvidar.

Anoche entré en su habitación y le follé tan fuerte la garganta que supe que
hoy estaba adolorida. Lo hice porque podía. Puedo hacer lo que quiera. Ella,
por otra parte, no tenía nada.

̶ Estás a cargo de la mayoría de las cosas. Pero no de todo.

Si ella cooperaba conmigo la mayor parte del tiempo, supongo que era
suficiente. Lo que más quería de ella era satisfacción sexual. Mientras
cumpliera, podría soportar el resto de su actitud.

̶ No quieres que te presione, pero no cometas el error de presionarme. ̶ Tomé


el periódico y miré los titulares, sabiendo que ella me miraba fijamente a la
cara.

̶ ¿Vas a Milán hoy?

̶ Sí.

̶ ¿Puedo ir contigo?

La estaba manteniendo bajo el radar por el momento. ̶ No.

̶ ¿Quieres que me quede aquí todo el día?

̶ Sí.
Miró por encima de la colina, su pelo moviéndose un poco con la brisa.

̶ Cuando vuelva a casa esta noche, cenarás conmigo y usarás la lencería que
Dante pondrá en tu cama. ̶ Levanté la vista y esperé una discusión,
preguntándome si me desafiaría. Anoche, se llevó toda mi verga dentro de
su pequeña boca, la saliva goteando por todas partes mientras luchaba
contra la necesidad de atragantarse. Nunca olvidaría la escena erótica, la
forma en que me miraba a los ojos mientras tomaba el golpeteo de la cabeza.

Ella no hizo ningún argumento. ̶ Espero que me des un mejor uso a medida
que pase el tiempo. Si me siento todo el día, engordaré.

̶ Por eso necesitas hacer ejercicio todos los días.

̶ Hacer ejercicio todos los días no es natural. No lo haré. ̶ Se bebió el café y


luego cortó su tortilla. ̶ Prefiero estar de pie todo el día haciendo algo.
Siempre puedo ayudarte en el estudio, incluso cuando no estés usando mi
cuerpo para un nuevo diseño. Soy una chica inteligente con mucho potencial.

̶ ¿Las chicas inteligentes se meten en el lío que tú hiciste? ̶ Dije con frialdad.

Sus ojos se entrecerraron. ̶ Las acciones de mi hermano estaban fuera de mi


control.

̶ Pero todo lo que vino después de eso estaba bajo tu control.

Mi mayor temor era que le pasara algo así a mi hermana. Vanessa era tan
hermosa que ni yo podía negarlo. Tenía la elegancia de una reina y la sonrisa
de una supermodelo. Cada vez que hacía un amigo mientras crecía, siempre
se enamoraban de ella. Era jodidamente molesto. Mi vida sería mucho más
fácil si fuera fea. ¿Y si un hombre la quisiera como yo quería a Sapphire y
fuera igual de malvado y controlador?

Agitó un poco la cabeza, su mirada fría. ̶ Me niego a disculparme por las


cosas que me pasaron. Me niego a ser culpada como víctima. Superada en
número y sin recursos, había muy poco que podía haber hecho. Yo no me
juzgo a mí misma, y tú tampoco deberías.

̶ Nunca dije que te juzgo. Pero tenías otra opción…simplemente no la viste. ̶


Podría hacer desaparecer cualquier problema con un chasquido de dedos.
Si ella hubiera confiado en mí, tal vez mi billetera sería un poco más pesada
ahora mismo.

̶ Mi oferta sigue en pie. Quiero ser útil en otros sentidos.

Si Dante no me hubiera servido en la última década, lo habría reemplazado


por ella. Pero no le quitaría nada. No sólo cuidaba de mi casa, sino que
también guardaba mis secretos. Esta extraña mujer vivía conmigo ahora, y
nunca preguntó sobre ella. No era asunto suyo, y él lo sabía.

̶ Si se me ocurre algo, te lo haré saber.

̶ Todavía puedo hacer de modelo...

̶ No. ̶ Volví al periódico y encontré un nuevo artículo.


La última vez que subió al escenario, despertó la obsesión del mundo. Los
hombres no podían dejar de mirarla fijamente, como si fuera un pedazo de
carne. Mi musa era especial para mí, esencial para mi trabajo. No quería
compartirla con nadie. No volvió a preguntar.

̶ ¿Eres jinete?

̶ ¿En qué contexto? ̶ El rabillo de mi boca se levantó con una sonrisa.

̶ De caballos.

Levanté la vista para verla mirando los establos y las hermosas yeguas que
estaban en el pasto cortado. Eran bestias magníficas, colecciones más que
recursos. ̶ Rara vez.

̶ ¿Entonces para qué los tienes?

̶ Porque puedo hacer lo que quiera con mi dinero. ̶ Le di otro mordisco a mi


comida.

Sus ojos se entrecerraron. ̶ Puede que te pertenezca, pero no aguantaré a


un imbécil.

̶ Y no voy a aguantar a alguien que me cuestione.

̶ No te estoy cuestionando. Sólo te estoy haciendo una pregunta. Así es como


funcionan las conversaciones…a menos que nunca hayas tenido una antes. ̶
Se llevó la taza a la boca, pero no tomó un trago. ̶ Lo que no me sorprendería.
Escondí mi sonrisa lo mejor que pude, asegurándome de que mi cara
permaneciera dura y estoica. Admiraba su actitud y su ingenio. Se quedó
atrapada en situaciones de mierda, pero tuvo el coraje para salir de ellas.
Nunca se dio por vencida y conservó toda la dignidad que pudo en el
proceso. Incluso cuando estaba de rodillas frente a mí, obedeciéndome
porque era de mi propiedad, no pude evitar respetarla. Había algo en ella.

̶ ¿Por qué tienes caballos? ̶ repitió.

̶ Me gusta mirarlos. Eso es todo.

Miró fijamente los establos y a los caballos en la hierba. ̶ ¿Puedo ir a los


establos y montarlos?

̶ Puedes hacer lo que quieras en la propiedad.

̶ ¿En serio? ̶ preguntó sorprendida.

̶ Ya he dicho eso. Marco es el encargado de los establos. Dile lo que quieres


y él hará que suceda.

Terminó la mitad de su comida y luego ocupó su tiempo mirando los caballos.


Tenía una gran variedad, desde una yegua de color negro azabache hasta
una Appaloosa. Todos ellos eran únicos y hermosos. No los mostraba en los
concursos, ni los montaba a menudo. Pero eran bonitos trofeos. Tenían un
terreno considerable para recorrer, y se les cuidaba diariamente.
̶ Siempre me han gustado los caballos, pero nunca he tenido la oportunidad
de pasar tiempo con ellos.

La vi mirar fijamente a las bestias salvajes. Había entusiasmo y vigor en su


expresión, del tipo que hacía aún más bellos sus suaves rasgos. El sol golpeó
su cara en el ángulo correcto, haciendo que sus ojos brillaran como dos
joyas.

En vez de leer mi periódico, decidí mirarla.

***

ANASTASIA se había ido, y ahora tenía el lugar para mí solo.

Había cuatro apartamentos diferentes dentro del edificio, pero los había
comprado todos para no tener que lidiar con la molestia de tener vecinos. No
quería que nadie me viera en el pasillo o en la escalera. Quería que este
edificio fuera completamente mío, cubierto con la más estricta seguridad. No
tenía muchos enemigos, pero si alguna vez tenía uno, quería estar
preparado.

Nicole me había enviado todo el papeleo de las ventas la semana pasada.


Habíamos conseguido distribuir a las naciones europeas, pero para América,
todas las piezas que vieron en la exhibición estaban en pre-orden. Pero esos
números habían aumentado. Fue la semana de más ventas de mi carrera.
Y he estado haciendo esto durante mucho tiempo.

Yo era el que creaba los diseños de los que mis clientes se enamoraban,
pero Musa fue la que despertó mi creatividad. Desde sus hermosas caderas
hasta su diminuta cintura, era más perfecta que cualquier mujer jamás
pintada sobre un lienzo. Ella provocaba deseos en mi interior, trajo una nueva
ola de sensualidad a mi cuerpo. Yo ya era un hombre sexual con un gran
apetito, pero ella me dio más hambre que nunca.

La única razón por la que no me la follé fue porque mi verga dolía por estar
en su boca. La vi sentada en el suelo en lencería, y mi verga estaba
desesperada por penetrar esos labios deliciosos. Mi lengua estaba ansiosa
por saborearla, por saber si era tan dulce como parecía.

Pero esta noche, no esperaría.

Le quitaré la virginidad porque pagué por ella.

Sonó el timbre de la puerta y supe exactamente quién me estaba visitando.

Entré en la habitación principal y abrí la sólida puerta negra.

Carter entró. ̶ ¿Tienes tiempo para hablar?

̶ Sabes que nunca tengo tiempo. ̶ Cerré la puerta detrás de él y me dirigí al


bar. ̶ ¿Qué es lo que quieres?

̶ Soy tu primo. No necesito una razón para pasar por aquí.

Le serví dos vasos de whisky y luego le di uno. ̶ Sigue diciéndote eso hasta
que lo creas.
Dio un largo trago antes de poner el vaso sobre la mesa. ̶ ¿Vas a contarme
toda la historia o voy a tener que sacártela?

̶ Lo segundo. ̶ Me senté en el sofá de cuero negro y sostuve mi vaso por el


borde.

̶ Esperaba que dijeras eso. ̶ Se cayó de espaldas en el otro sofá, vistiendo


una chaqueta de cuero negro con vaqueros oscuros. ̶ Entonces, ¿qué carajo
pasó? Envié a Anastasia a casa, y ahora tengo a Marisa alojada en mi casa.
No me importaría, pero como no puedo follármela, no sé qué hacer con ella.

̶ Puedes hacer otras cosas con una mujer además de follártela.

̶ No cosas divertidas.

No me acosté con Musa anoche, y fue muy divertido.

̶ ¿Y qué carajo, Conway? ¿Qué está pasando?

̶ Mi musa había sido capturada y estaba siendo vendida en la subasta. Uno


de los tipos de los Yankees de Chainsaw estaba allí, y él tenía los ojos
puestos en ella. Es un imbécil enfermo, así que hice lo que tenía que hacer
y la compré.

̶ ¿Así que compraste dos mujeres?

̶ Sí. ̶ Tomé un trago, dejando que el líquido llenara mi estómago.


̶ ¿Cuánto pagaste por ella?

̶ No importa. ̶ Lo dejé pasar, sabiendo que se volvería loco si le decía la


verdad. ̶ Ahora es mía. Ya no es mi modelo o mi empleada, sólo es mía. La
mantendré en mi casa y la usaré para diseños…entre otras cosas.

̶ ¿Como una esclava? ̶ Ladeó una ceja.

̶ Ella está dispuesta.

̶ ¿En serio? ̶ preguntó. ̶ ¿Porque eres rico?

̶ Porque no tiene adónde ir. Si corre, Knuckles la atrapará. Está tan


endeudada que no puede volver a Estados Unidos. Su única otra opción es
vivir en la calle y esperar que Knuckles no la encuentre. Ser mi esclava es
una opción mucho mejor.

̶ ¿Cuánto pagaste por ella?

Ignoré la pregunta por completo.

Sus ojos se entrecerraron. ̶ Cuanto menos respondas, más quiero saber.

̶ Porque eres un niño.

̶ Bien. ̶ Cuando puso su vaso sobre la mesa, hizo un profundo ruido sordo.
̶ Sabes que puedo conseguir esa información en otra parte y lo haré.

Ahora que no lo dejaría ir, decidí quitarle la venda.

̶ Cien.

̶ ¿Cien mil? ̶ preguntó sorprendido. ̶ Creí que la venderían por un par de


millones, al menos.

̶ No....cien millones.

Su sorpresa anterior no se comparaba con su aspecto actual. Se le cayó la


mandíbula, y sus ojos marrones se hicieron más profundos en color. Con
incredulidad en sus ojos, me miró como si no pudiera creer lo que acababa
de oír. Por primera vez, Carter Barsetti se quedó sin palabras.

̶ ¿Estás loco de remate?

̶ Knuckles me empujó.

̶ ¿Y por qué no lo dejaste ganar?

Sabía lo que le pasaría si no lo hacía. Una corta vida de brutal violación y


tortura sería todo lo que ella conocería. Una mujer así tenía tanto potencial
para ser algo más. Mi musa no merecía morir así. Era demasiado valiosa. No
podía dejar que algo tan hermoso muriera.

̶ La necesito.
̶ Hay otras mil mujeres que pueden ocupar su lugar. Está buena, pero hay
otros peces en el mar.

̶ Ella me ayuda con mis diseños. Ese desfile de moda fue el más grande que
he hecho en mi vida. Esos diseños recaudaron más de veinte millones de
dólares…en sólo la primera semana. Hay otros peces en el mar, pero nada
comparado con ella.

Se pasó los dedos por el pelo, aun procesando mi anuncio. ̶ Conway, ninguna
mujer vale tanto dinero. Se trata de algo más que de trabajo.

̶ No lo es.

̶ Sí, lo es, ̶ soltó. ̶ ¿Esta mujer significa algo para ti?

̶ Ella sólo significa algo para mi trabajo y mi verga.

Agitó la cabeza. ̶ ¿Y ahora qué? ¿Vive contigo para siempre?

̶ Me la quedo hasta que me deje de ser útil. Después de eso, no lo sé. Cuando
empiece a envejecer, Knuckles no la querrá más. Así que ella podrá irse
entonces.

̶ ¿Así que ella es tu esclava privada? ̶ dijo. ̶ Aunque toda nuestra familia se
oponga.
̶ Le hice un favor, ¿de acuerdo? Si no la hubiera comprado, habría terminado
en un lugar peor. Ella está de acuerdo conmigo. Incluso me lo agradeció.

̶ Conway, sabes que no soy un santo. Hago cosas de las que no estoy
orgulloso todas las noches. He pagado por putas, y he contrabandeado
drogas fuera del país con mis autos. Pero esto es algo que nuestros padres
nunca aceptarán.

̶ Lo sé. ̶ Mis dos padres estarían furiosos conmigo. Mi madre me abofetearía


tan fuerte que vería estrellas. Mi padre me mataría con su decepción. No
tenía que decir nada para hacerme sentir como una mierda. ̶ Por eso es por
lo que no van a saber de esto.

̶ ¿Vas a esconderlo de ellos? ¿Durante diez años?

̶ No veo por qué no.

̶ ¿Cómo vas a explicarla?

Me encogí de hombros. ̶ Les diré que es mi novia o algo así.

̶ Así que vas a hacer que tus padres se emocionen de que te hayas
establecido, aunque sea mentira.

Tomé otro trago. ̶ Mi vida personal no es asunto suyo de todos modos.

̶ ¿Vanessa? ̶ preguntó. ̶ ¿Qué pasa con ella?


Era tan honesta e inocente que mentirle me hizo sentirme mal. ̶ Mi vida
personal tampoco es de su incumbencia.

Carter finalmente dejó caer la discusión y bebió de su vaso.

̶ La verdad queda entre nosotros. ¿De acuerdo?

Bebió el contenido antes de poner el vaso vacío sobre la mesa. ̶ Bien. Pero
la probaré de vez en cuando.

Desaté una amenaza silenciosa sólo con mis ojos. Ningún otro hombre
tendría mi musa. Ningún otro hombre podría ni siquiera mirarla. Era toda mía,
mi fantasía privada.

̶ No.

̶ Si ella no significa nada para ti, ¿por qué no?

̶ Porque su coño vale cien millones de dólares y yo soy el único que puede
follarlo.

***
Esa noche volví a la villa y dejé mi coche en la glorieta para que uno de los
empleados pudiera ocuparse de él. Mi garaje seguro estaba alrededor de la
parte trasera de la propiedad, directamente debajo de la casa y con un surtido
de diferentes vehículos. Tenía SUVs, coches deportivos, una amplia
colección.

Entré en la casa y le di mi chaqueta a la criada, Beatrice.


̶ Buenas noches, señor. ̶ Colocó mi chaqueta sobre su brazo, a punto de
llevársela a la tintorería una vez que desapareciera de mi vista. ̶ Dante está
sirviendo la cena en el comedor. Su invitada ya está allí.

Mejor que esté usando la lencería que dejaron en el cubrecama. Me moví a


través de la casa al comedor grande que tenía para docenas de huéspedes.
Una gran mesa estaba en el centro, rodeada de ventanas que daban al suelo.
Las pinturas colgaban de la pared, y la araña de cristal reflejaba la luz de las
velas.

Mi musa estaba allí, sentada en el vestido de diamantes que había usado en


el desfile. Golpeó la pasarela y brilló como las docenas de diamantes de un
quilate cosidos a su ropa. Un collar de diamantes colgaba de su garganta, y
su cabello y maquillaje estaban hechos como si estuviera a punto de hacer
otra aparición en la pasarela.

Bien, ella escuchaba.

Me senté frente a ella y puse mi servilleta sobre mi regazo.

Parecía una reina de la belleza sentada perfectamente erguida. Mantuvo la


postura correcta, con las manos a los costados. Sus ojos azules se
entrecerraron por la incomodidad.

Dante llenó nuestras copas de vino y quitó las cubiertas plateadas de


nuestros platos. El salmón asado a la parrilla con romero y hierbas se colocó
en el plato junto con una ensalada y una fina rebanada de pan francés. Él se
excusó de la habitación y nos dejó solos.
Empecé a comer.

Se detuvo antes de agarrar el tenedor y el cuchillo. ̶ No quiero vestirme así


para cenar. Me hace sentir incómoda.

Corté en mi pescado, mis ojos en mi plato. ̶ No me importa cómo te hace


sentir.

̶ No quiero que Dante me vea con algo que apenas me cubre.

̶ Él nunca te tocaría. ̶ Como siempre, la cocina de Dante no decepcionó. El


pescado estaba bien cocido y los jugos estaban deliciosos. Él sabía que yo
tenía una dieta estricta, y se las arregló para incorporar deliciosas
selecciones para mí.

̶ Eso no importa.

Finalmente levanté la vista cuando me di cuenta de que no estaba comiendo.


Me quedé mirando a la mujer más hermosa del mundo, con su escote a la
vista para que lo disfrutara. Su piel rosada era perfecta contra el color
plateado, y los diamantes coincidían con su valor. Sólo una mujer perfecta
como ella merecía llevar la lencería más cara que jamás se había hecho. ̶
¿Puedes llevar eso delante de millones de personas, pero no Dante?

̶ Es diferente, y lo sabes.

̶ Come. ̶ Apunté a su plato con mi tenedor. ̶ Está delicioso.


Finalmente cogió su tenedor y miró su comida. Hizo una pausa, deliberando
antes de que finalmente diera su primer mordisco. Masticaba en silencio con
su pequeña boca, teniendo los modales de alguien de clase alta. La vi comer,
fascinado por la forma en que movía su boca. Ella no manchó su lápiz labial
rojo brillante, ni hizo ni un solo sonido con su boca. Cuando su boca estuvo
llena de mi venida, había tenido que tragar unas cuantas veces antes de
poder bajarlo todo. Era imposible para mí no pensar en ese momento cada
vez que miraba esa pequeña boca.

̶ Tienes razón. Lo es.

Los utensilios golpearon contra el plato mientras comíamos en silencio


mutuo. Nunca había invitado a una mujer a cenar aquí antes. Nunca había
tenido una mujer aquí, en realidad. Cuando recogía mujeres en la ciudad,
siempre usaba mi sitio en Milán. Aquí en el campo, era mi momento para
estar solo. Pero no quería mantener a Musa en la ciudad, no cuando no tenía
nada que hacer. Se quedaría mirando por la ventana como un gato solitario.
Aquí, ella tenía todo el mundo a sus pies.

Su bonita voz rompió el silencio. ̶ ¿Cómo estuvo el trabajo?

Pasé la mayor parte del día haciendo cálculos y repasando el programa de


los próximos meses. La tarea más difícil fue encontrar un reemplazo para mi
modelo más famosa. Ni siquiera había empezado a lidiar con esa pesadilla. ̶
Esa línea de lencería que debuté se vende en todo el mundo. No cumplimos
con el plazo de distribución para Estados Unidos, por lo que la gente sólo
tiene la opción de hacer pedidos por anticipado. Pero nunca había visto a
tanta gente pedir mis diseños antes. Mi marca ha sido impulsada a un nuevo
nivel. Es emocionante… pero un poco aterrador al mismo tiempo.

̶ ¿Cómo aterrador? ̶ Cortó el pescado y siguió comiendo. Ella usualmente


emparejaba sus bocados con un poco de ensalada. No tocó su pan.
Deslumbré al mundo con mis creaciones, le mostré al mundo una línea de
moda por la que las mujeres morirían. Con la que los hombres querrían cubrir
a sus amantes, sólo con la lencería más fina, y las mujeres querían ser
adoradas por la tela. La gente no sólo estaba obsesionada con mi nuevo
modelo, sino con todo lo que ella inspiraba. Ahora esperaban ansiosamente
mi próxima colección.

̶ ¿Cómo voy a superar eso?

̶ ¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto?

̶ Casi una década. ̶ Bebí el vino blanco, la botella que Dante me había
recomendado. Él estaba bien informado sobre todo lo que se refiere a la
comida. También era un gran administrador, asegurándose de que el resto
del personal cumpliera con sus responsabilidades a diario. Se le
recompensaba generosamente con un salario por el que la gente mataría.

̶ Entonces ya lo has hecho antes.

̶ Pero nunca he hecho este tipo de revuelo. La lencería Barsetti siempre ha


sido conocida por su lujo de primera calidad. Siempre ha sido una marca
reconocida. Si mi nombre está en él, sabes que es de calidad. Pero ahora mi
nombre es famoso en una estratosfera diferente. Está atrayendo la atención
de una manera totalmente nueva. Mis ventas han sugerido que soy más que
popular. Ahora que he aumentado las expectativas, cualquier cosa que no
sea absolutamente perfecta no será suficiente. No puedo decepcionar a mis
críticos, a mis clientes.

Terminó su pescado y luego descansó sus dedos alrededor del tallo de su


copa. ̶ No lo harás. ̶ No merecía su confianza. No me conocía lo suficiente. ̶
No lo harás porque te preocupas demasiado. No lanzas tus próximos diseños
hasta que estas absolutamente seguro de que matarán. Y puedo ayudarte
con eso. Como dije, quiero serte útil... ya que me salvaste la vida.

Me encantaba oír su gratitud. Odiaba esta situación porque le habían quitado


toda su libertad, pero al mismo tiempo estaba agradecida por ello. Sin mí, su
destino habría sido horrible. Ahora tenía una mujer obediente que ni siquiera
necesitaba encadenar. No la veía como una esclava, no cuando estaba en
deuda conmigo.

̶ Me serás útil, Musa. Puedes contar con ello.

***
Cierro la puerta detrás de mí y luego presiono mi pecho contra su espalda.

El vestido que llevaba en la parte superior revelaba la preciosa piel de su


espalda. Coloqué el pelo por encima de un hombro y besé su piel desnuda,
saboreando su dulzura. No era nada comparado con el sabor erótico entre
sus piernas, pero lo disfruté de todas formas.

Besé la concha de su oreja y lentamente moví mis manos debajo del vestido
corto que llevaba. Sentí su suave piel, mis dedos callosos acariciándola
suavemente. Me moví a través de su ombligo y luego me deslicé más arriba,
ansioso por sentir esas tetas firmes.

La había visto completamente desnuda sólo una vez. Eso fue cuando estaba
en el escenario del subterráneo. Entonces no sentí ni un gramo de excitación
porque estaba demasiado cabreado porque ella estaba allí arriba en primer
lugar.

Ella era mía.


Pero ahora éramos sólo nosotros dos.

Ella era mi musa.

Mi fantasía.

Le desaté el cordón alrededor del cuello y dejé que el vestido se soltara.

Lentamente cayó hacia delante, deslizándose por su cuerpo hasta que se


revelaron sus tetas. Mis manos se deslizaron sobre su vestido hasta que
sentí la curva de ellas. Presioné mi boca contra su oído y respiré mientras
ahuecaba cada una, sintiendo su firmeza. Mis dedos apretaban con fuerza,
sus tetas llenando perfectamente mis grandes manos. Sentí que sus
pezones se endurecían en respuesta, se formaban suaves protuberancias
en su piel blanca y cremosa. Los apreté de nuevo mientras miraba su cuerpo,
mi polla más dura que nunca.

̶ Mi musa...

Mis pulgares revolotearon sobre sus pezones, y luego besé su cuello. Ella
era jodidamente perfecta. Había mirado su preciosa figura bajo las brillantes
luces del escenario. Había estudiado la forma en que su cuerpo se movía, la
forma en que sus caderas se agitaban mientras desfilaba por la habitación
como una reina. Pero ahora ella estaba físicamente en mis manos y era de
mi propiedad.

Pasé el vestido por encima de su cabeza y ella levantó los brazos en


cooperación. Su respiración se había acelerado. Pude verlo en la forma en
que su pecho se elevaba y caía. Los músculos de su espalda estaban todos
tensos en anticipación. Sus labios estaban ligeramente separados para que
pudiera respirar más.

Dejé caer el vestido al suelo. Ahora ella estaba de pie en sus tacones y la
tanga, su culo redondo perfecto para una palmada. Mis manos bajaron por
su espalda, mi dedo sintiendo las crestas sobre su columna vertebral. Seguí
la curva empinada y llegué a su delicioso trasero. Mi dedo se enganchó en
sus bragas.

No sabía cómo la tomaría. Quería follármela de todas las maneras


imaginables, pero la primera vez, quería que fuera buena. Quería sus piernas
abiertas debajo de mí, cada centímetro de mi verga enterrada dentro de ella.
Quería darle hasta la última gota de mi venida, para quitarle su inocencia y
hacerla sentir como una mujer de verdad.

Me temblaban las manos sólo de pensarlo.

Pagar esa cantidad por ella fue un acierto, incluso para mí. Pero ahora que
la sentía temblar al tocarla, sabía que valía cada centavo. No sólo la tendría
ahora, sino que la tendría todo el tiempo que quisiera. Era un tesoro que no
compartiría con nadie más. Ella era exclusivamente mía. Le bajé los pantis,
tirando de ellos por su piel bronceada y por encima de la enorme curva de
su trasero. Lentamente, se los quité, arrastrándolos por los muslos. Me puse
de rodillas al mismo tiempo, desnudándola lentamente. Mis labios besaron
cada una de sus mejillas y la parte posterior de sus muslos hasta que la
ayudé a salir de la tanga.

Ahí fue cuando vi el jugo del coño en sus pantis.

Estaba mojada por mí.


Me levanté, con una sonrisa maníaca en la cara. Ella podía fingir que estaba
aquí porque tenía que estar, pero no podía fingir que no se sentía atraída por
mí. Luchó contra el impulso de venirse como una especie de protesta
silenciosa, pero eso no había funcionado. Su cuerpo me quería a mí tanto
como el mío a ella. Sentía la conexión cada vez que la tocaba. Y ahora que
la había rescatado, dejé un montón de cambio para tenerla, ella respetaba
mi poder.

Ahora mi verga estaba un poco más gruesa.

Poco a poco le di la vuelta, así que estábamos cara a cara, observando el


enrojecimiento de sus mejillas. La esbeltez de sus hombros dio lugar a un
cuello aún más esbelto. Su cuerpo era curvas sin fin, piel suave y belleza
pura. Podría mirarla todo el día. Poco a poco la empujé hasta la cama, mi
verga ansiosa de estar dentro de ese coño resbaladizo por primera vez. Ya
era posesivo con ella, pero sabía que mi apego sólo se intensificaría una vez
que me la hubiera follado.

Se movió conmigo, sus manos deslizándose hacia mi pecho. Una vez que la
parte de atrás de sus rodillas golpeó la cama, se suponía que tenía que
subirse al colchón. Pero en vez de eso, se inclinó para besarme.

Aparté mi cara, sin permitir que sus labios tocaran los míos. Se detuvo ante
el frío rechazo, sus ojos moviéndose hacia delante y hacia atrás, alarmada.
Sus manos se deslizaron lentamente por mi cuerpo y se detuvieron en mi
estómago.

̶ Yo no beso. ̶ Mi mano subió por su espalda, directamente sobre su columna


vertebral.

̶ ¿Por qué?
Me pasé la camisa por encima de la cabeza y la tiré al suelo sin apartar los
ojos de ella. Su busto era grande en comparación con su pequeña caja
torácica. Cada vez que respiraba, sus tetas parecían hincharse. Cuando se
sostenía con una postura perfecta, su cuerpo se volvía mucho más hipnótico.
Su cintura se curvaba hacia adentro antes de que se extendiera hacia las
caderas anchas que me gustaba agarrar. Quería arrastrar mis labios por todo
su cuerpo.

̶ Simplemente no lo hago. ̶ Agarré su culo regordete y la puse en la cama.

Ahora la expresión sexy había desaparecido de sus ojos. No me miraba con


deseo, como lo hizo cuando mi verga estuvo en su boca. La mirada que me
dio era completamente diferente, como si le hubiera succionado todo su
espíritu.

̶ ¿Por qué? ̶ Ella repitió la misma pregunta una segunda vez, exigiendo una
respuesta, aunque no podía exigirme nada.

̶ No importa. ̶ Dejé caer mis jeans y mis calzoncillos y luego me moví encima
de ella en la cama. La llevé hacia las almohadas para tener suficiente espacio
para doblarla por debajo de mí.

̶ Me importa a mí. ̶ Presionó su mano contra mi pecho, como si la acción


pudiera controlarme de alguna manera.

̶ Cuando besas y follas, es hacer el amor. Cuando sólo follas, es follar. No


hago el amor.

̶ ¿Así que nunca besas a nadie?


̶ Nunca. ̶ Me gustaba la forma en que su cabello se extendía a su alrededor,
extendiéndose hacia afuera a través de la colcha. Sus ojos azules eran
brillantes como los diamantes que acababan de cubrir su cuerpo. Estaba
tensa de miedo, y me gustaba que tuviera miedo.

̶ ¿No te gusta?

̶ Me encanta. Pero nunca quiero sentir nada. Me gusta no sentir nada en


absoluto.

̶ ¿Por qué no quieres sentir nada?

Vine aquí a follármela, a reclamar mi recompensa por salvarle la vida. No


estaba de humor para charlas.

̶ Basta de hablar.

Le abrí las piernas con mis muslos e incliné sus caderas hasta que quedó
perfectamente encorvada debajo de mí. Apenas podía mantener mi
respiración, incluso porque finalmente tenía a esta mujer extendida debajo
de mí, lista para ser follada bien y fuerte. Quería estirarla y hacerla sangrar
por primera vez.

Se puso tensa debajo de mí, la consternación se extendió por su cara. No se


movió conmigo como la otra noche. Me agarró con fuerza de los brazos para
estabilizarse. No era fluida y libre. Ni siquiera me miraba. Presioné mi corona
contra su entrada y empujé suavemente.
̶ Conway...

La ignoré y seguí presionando, tratando de empujar en su estrecha entrada.


Pero estaba tan apretada que no pude atravesarla. Haría falta esfuerzo para
que me hundiera en el interior. Pero la espera valdría la pena. Sentir su
resistencia fue sólo excitante. Intacta e inocente, su cuerpo no estaba
acostumbrado a tomar a un hombre.

̶ Yo... no quiero esto.

La miré a los ojos, viendo cómo el miedo crecía en su interior.

̶ Quiero que sea diferente. Quiero que signifique algo.

Mantuve mi verga presionada contra ella, pero no intenté empujar más


adentro. ̶ No me importa lo que quieras. Te compré y puedo hacer lo que
quiera.

̶ Conway, por favor. He estado esperando toda mi vida al tipo adecuado. Sé


que no eres tú... pero no quiero que sea así. Quiero que me toques, que me
beses, que sea suave y lento. Sé que es una estupidez.

̶ Es una estupidez. La gente cree que perder la virginidad es una experiencia


mágica. Normalmente no lo es. Es incómodo, irregular y doloroso. Nunca iba
a haber un príncipe azul para que tu primera vez fuera diferente. ¿Por qué
debería hacerlo? ̶ La veía como una posesión física, algo en lo que me había
gastado una fortuna. Ella era la clave de mi éxito, para convertirme en el
mejor diseñador del mundo. Mi lencería seguiría prosperando incluso mucho
después de que me hubiera ido.
Mantenía las piernas abiertas, pero sus ojos mostraban su desilusión. ̶ Sé
que me salvaste la vida. Sé que pagaste una fortuna por mí. Sé que debería
callarme y tomarlo... pero me tienes por el resto de tu vida. Supongo que es
sólo un favor que quiero pedirte.

̶ ¿Crees que estás en posición de pedir favores? ̶ Mi polla estaba dura, y yo


estaba muy caliente. Ya debería haberme hundido dentro de ella. Debería
estar rodeado de su calidez. Debería estar embistiéndola en este mismo
instante, disfrutando del increíble coño que sabía increíble.

La derrota finalmente entró en sus ojos. ̶ Bien... ̶ Ella ensanchó sus piernas
más, rindiéndose completamente a mí. La discusión había terminado, y ella
estaba lista para que la tomara exactamente como yo quería.

A pesar de lo duro que estaba, odiaba esa mirada en sus ojos. Odiaba su
decepción. Me dolió en formas que no pude explicar. Debería usarla como
prometí, pero algo me detuvo. No era un buen tipo y nunca dije que lo fuera,
así que no había una conciencia culpable que me detuviera. Pero no pude
hacerlo. Tenía muchas ganas de follármela. Pero no lo hice.

Gruñí en voz baja y luego la solté, todos los músculos de mi cuerpo se


flexionaron con furia. Mi excitación se había convertido en ira, y quería hacer
un agujero en la pared porque no estaba obteniendo lo que quería. Agarré
mis calzoncillos del suelo y me los puse. No me molesté en ponerme los
jeans. En vez de eso, los levanté del suelo y los tiré por encima de mi hombro.
Salí de su habitación y me dirigí a mi habitación al final del pasillo.

Golpeé la puerta más fuerte de lo que quería.

Mi dormitorio principal tenía una sala de estar con una ventana de piso a
techo que daba al resto de mi propiedad. Había una gran chimenea en la
esquina, perfecta para las noches en que la niebla se asentaba sobre la
pradera. A veces leo junto al fuego, pero la mayor parte del tiempo, sólo
bebo. Tiré mis pantalones en el sofá y me dirigí al dormitorio donde yacía mi
cama, tamaño King. También había una chimenea, un vestidor y un baño
enorme.

Mi verga estaba tan dura que pensé que iba a explotar.

A menos que me masturbara, no se iría a ninguna parte.

Me decepcioné por haber escuchado a mi esclava, por haberla tratado como


si tuviera derechos o algo así. Pero también me excitaba que tuviera un poder
invisible sobre mí. Ella tenía la capacidad de hacer peticiones cuando nadie
más lo hacía. Nadie más podría salirse con la suya. Si alguien más hubiera
sido comprado por cien millones de dólares para salvar su vida, no se
atrevería a hacer algo así.

Pero lo hizo.

Bajé mis calzoncillos de nuevo, listo para masturbarme para poder liberar la
acumulación de ira, frustración e inmensa excitación.

Pero Musa entró en mi habitación.

La lencería de diamantes estaba de vuelta en su cuerpo. Su cabello estaba


tirado sobre un hombro, y ella estaba en los tacones de cinco pulgadas que
hacían su trasero aún más firme. Sus ojos azules estaban sobre mí,
profundamente apenados.
Luego se puso de rodillas.

Justo enfrente de mí.

Apoyó las manos en sus muslos e inclinó la barbilla hacia arriba para
mirarme. ̶ Déjeme compensarlo…señor.

***
Trabajé desde mi oficina en la casa al día siguiente, y la vista desde mi
ventana mostraba los establos. Era un hermoso día afuera, y el sol era tan
brillante que mirar sobre el terreno provocaba una ligera molestia en los ojos.

Después de varias horas en mi escritorio, bajé a buscar un banano en la


cocina. Desayuné en mi oficina para evitar a Sapphire. Ella compensó su
abstinencia dándome una gran mamada, pero yo todavía estaba enojado
porque me metí en su boca en vez de en su coño o en su culo.

̶ ¿Algo más, señor? ̶ preguntó Dante.

Pelé el banano y comí algunos bocados. ̶ Sí. Quiero que un ginecólogo venga
a la casa a ver a Sapphire. Haz que suceda.

Como siempre, Dante no hizo ninguna pregunta. ̶ Por supuesto, señor.

̶ ¿Dónde está ella, de todos modos?

̶ La última vez que la comprobé, estaba en los establos.


̶ ¿De verdad? ̶ Terminé mi banano y tiré la cáscara a la basura. Cuando
desayunamos juntos la otra mañana, ella parecía particularmente interesada
en los caballos. Ahora me preguntaba si los montaba.

̶ ¿Quiere que lo lleve, señor? ̶ preguntó Dante. ̶ Puedo traer el carrito de golf.

̶ Eso no será necesario. ̶ Un paseo por el campo bajo el sol me haría bien de
todos modos. No había mejor sensación que experimentar el calor del sol en
mi piel en un día tan hermoso como éste. Mi arte se desarrollaba en
interiores, y no importaba lo grandes que fueran mis ventanas, el hecho de
estar dentro no se comparaba con la luz solar directa.

Caminé a través de la terraza y luego tomé el sendero que me guio a las


caballerizas a lo largo del exterior. Los caballos se animaron cuando se
fijaron en mí, sus orejas apuntando al cielo y sus ojos en mí. Giraron un poco
la cabeza para mirarme. Mi semental negro trotó hacia mí a través de la
hierba, su hermosa melena ondeando en el viento. Empezó a caminar
conmigo a lo largo de la cerca, con sus ojos negros del mismo color que su
profundo cabello teñido.

Me incliné sobre la valla y apoyé los codos contra la madera.

̶ Hola, muchacho.

Un silencioso resoplido salió de su nariz cuando se acercó a mí.

̶ No tengo manzanas, Carbine.


Olía mis manos mientras buscaba comida, su aliento caliente fluyendo sobre
mí en poderosas olas.

̶ Déjame ver en los establos. ̶ Froté la parte delantera de su hocico y luego lo


rasqué detrás de ambas orejas. ̶ Pero tu panza está creciendo un poco. No
estoy seguro de si lo necesitas.

Relinchaba como si me entendiera. Le di a su costado una palmadita


juguetona antes de irme. Carbine continuó siguiéndome a lo largo de la
cerca, sus pezuñas aporreando el suelo con suaves golpes. Su cola se movió
de izquierda a derecha, y un pequeño resoplido escapaba de su nariz cada
poco segundo.

Marco salió del establo con botas y un Stetson.

̶ Carbine te extraña.

Lo miré una vez más antes de alejarme de la valla y acercarme a las mesas. ̶
Es un buen caballo.

̶ Lo es cuando se separa de las yeguas, ̶ dijo Marco riendo. ̶ ¿Qué lo trae por
aquí, señor?

̶ Me dijeron que mi invitada estaba aquí abajo.

̶ ¿Sapphire?

Ni siquiera me gustaba oír a otro hombre llamarla por su nombre, pero me


tragué mi enfado. ̶ Sí.
̶ Ha estado cepillando a los caballos y alimentándolos toda la mañana. Le
gustan mucho. Y los caballos parecen estar tan interesados en ella como ella
en ellos. ̶ Agarró el borde de su sombrero y se lo ajustó mientras caminaba
a mi lado. Sus botas marrones estaban cubiertas de polvo, y sus jeans
ajustados le hacían parecer el ranchero perfecto. Me llevó a la sombra de los
establos y lejos del calor del verano. ̶ ¿Qué tal un paseo?

̶ Hoy no. ̶ Miré alrededor de los puestos y vi a Sapphire de pie al final con un
Appaloosa atado al puesto.

Ella estaba cepillando su costado con un grueso cepillo, limpiando el pelaje


exterior para mantener a la bestia más fresca bajo el cálido sol. Dante debe
haberle dado ropa para que la usara, porque llevaba vaqueros ajustados,
botas y una camisa con cuello. Era una vaquera sexy.

Levanté la mano y en silencio despedí a Marco.

Leyó la señal correctamente y caminó hacia el otro lado de los puestos.


Como Dante, no hizo ninguna pregunta sobre mi invitada. Si ella era una
prisionera o no, no era asunto suyo.

Me acerqué a Sapphire por detrás. ̶ Eres muy buena en eso.

Miró por encima de su hombro al sonido de mi voz, ligeramente sorprendida


porque no esperaba que yo estuviera allí de pie.

̶ Gracias....Marco me ha enseñado algunas cosas.


Me acerqué a la cabeza del caballo y le froté el hocico.

̶ Dante me dijo que has estado aquí toda la mañana.

Volvió la mirada hacia su trabajo, pasando el cepillo sobre el caballo. Tomó


largos trazos, desenterrando el pelo suelto y quitándolo del costado del
caballo. El caballo era sorprendentemente dócil ante el hecho de que
Sapphire no era Marco, la persona a la que estaba acostumbrada. Sapphire
era una completa extraña, pero no parecía importarle.

̶ Sí. Le pregunté si podía ayudar, y me está enseñando algunas cosas. Es


mejor que estar sentada todo el día. Además, me gustan los caballos. ̶ Ella
mantuvo sus ojos en su trabajo, probablemente para evitar el contacto
después de la tensa noche que tuvimos. Ella se había puesto de rodillas y
me había chupado la verga como disculpa, y yo permití que pasara porque
era demasiado sexy para rechazarla. Ella no se atragantó y se tragó toda mi
venida como la última vez que lo hizo.

Vi su mano atravesar la espalda del animal. Debido a su altura, luchaba por


alcanzar la cima, donde la columna vertebral del caballo se curvaba hacia
adentro. Agarré el escalón de madera del armario y lo puse en el suelo frente
a este lugar. ̶ Aquí.

Ella se levantó y fue instantáneamente un poco más alta. ̶ Wow, así que esto
es lo que es ser tú...

Yo todavía era unos centímetros más alto que ella. ̶ Casi.

Se adelantó, usando el caballo para equilibrarse mientras se estiraba para


conseguir los parches que no estaban retocados. ̶ Marco dijo que necesito
conocer a los caballos antes de montarlos. Se acostumbrarán a mí, y yo me
acostumbraré a ellos. Entonces no debería haber tantos problemas.

̶ Es una buena idea.

Terminó de cepillar a la bestia antes de bajar por la escalera. Su camisa con


cuello estaba metida dentro, mostrando su cintura sexy. Los jeans ajustados
mostraban el contorno de sus largas y tonificadas piernas. Ya fuera desnuda
o completamente vestida, se veía impresionante. ̶ ¿Puedo ayudarte en algo?

̶ Vas a almorzar conmigo.

̶ ¿Cuándo? ̶ Llevó el cepillo al fregadero y enjuagó los pelos de caballo que


se habían retirado durante el aseo. Incluso cuando tuvo que inclinarse sobre
el fregadero, mantuvo sus hombros hacia atrás y su postura perfecta. Ahora
la acción estaba programada en su columna vertebral.

̶ En treinta minutos.

̶ ¿No trabajas hoy?

̶ Es sábado.

̶ Entonces, ¿dónde estabas esta mañana?

Mis ojos se entrecerraron ante la pregunta. Como era mi esclava, no tenía


derecho a hacer preguntas. No importaba cuántas veces le dijera las reglas,
ella parecía nunca entenderlas. Así que me negué a responder a la pregunta,
mi silencio lo suficientemente claro.
Ella puso los ojos en blanco y volvió a mirar el fregadero.

̶ ¿Acabas de poner los ojos en blanco?

̶ Sí. Fue bastante claro.

Después del truco de mierda que hizo anoche, no podía creer que tuviera la
audacia de poner a prueba los límites. Tal vez no debí haber mostrado una
pizca de compasión. Tal vez debería habérmela follado sin pensarlo dos
veces.

̶ Puedo ponerte de espaldas en cualquier momento, Musa. No me provoques.

Cerró el grifo y me miró con su mirada azul. ̶ No creo que seas capaz y eso
es algo de lo que deberías estar orgulloso.

***
Se puso un vestido de sol antes de que se me uniera para almorzar en la
terraza. Dante colocó la sombrilla de modo que estábamos completamente
a la sombra. No sólo el sol estaba caliente esa tarde, sino que la humedad
era alta. Los veranos en el campo eran impresionantes, algo a lo que nunca
me acostumbraría. Pero nunca me gustaría el calor húmedo.

Mi villa me recordaba el hogar de mi infancia. Por eso la compré. Sin


embargo, no estaba situado en el oeste de la Toscana. Estaba mucho más
al norte y más cerca del este. A veces, en invierno, caía un poco de nieve.
Pero en Florencia y Toscana, la nieve no existía.
Musa sorbió su té helado y luego partió un trozo de pan de la cesta. Estaba
más hambrienta que de costumbre, probablemente porque había estado de
pie en los establos toda la mañana. No estaba paseando tranquilamente a
caballo, sino manteniéndose activa con su aseo y alimentación. Si lo hiciera
todos los días, supongo que no me importaría que no usara el gimnasio.

Tomó algunos bocados y luego volvió a beber su té helado, fingiendo que


todo estaba perfectamente bien entre nosotros dos.

La miré con mi intensa expresión, observando cada pequeño movimiento que


hacía mientras esperaba que me mirara. Mi mirada era penetrante, caliente
como una bala disparada desde el cañón. No había duda de que la sentía.
Cualquiera que estuviera tan cerca de mí la sentiría.

Finalmente levantó la mirada. ̶ Es difícil disfrutar de mi almuerzo cuando me


miras así.

̶ Bien. ̶ Ese era el punto.

̶ ¿Cómo te sentirías si te mirara así?

̶ Lo alentaría. ̶ A pesar de su confianza y elegancia, ella nunca sostendría mi


mirada con el mismo enfoque inquebrantable.

Se metió otro trozo de pan en la boca y masticó mientras levantaba los ojos
y me miraba. Ella mantuvo mi mirada con la misma confianza fría, sin
parpadear y sin desafiar. Pero eso no duraría mucho. Era fácil para mí mirarla
porque me parecía la cosa más sexualmente atractiva del planeta. Todo en
ella, desde sus gruesas pestañas hasta la plenitud de sus labios, me
excitaba. Si tuviera que pintar un cuadro de la mujer perfecta, ella sería lo
que yo pintaría. Y sus falsos intentos de intimidarme eran simplemente
risibles.

El tiempo se prolongó. Ninguno de los dos se echó atrás.

̶ Voy a follarte en algún momento de esta semana. Es todo el tiempo que te


doy. ̶ No podía darle todo el tiempo del mundo. Si le diera demasiado poder,
entonces sabría que podía presionarme. No le daba a nadie ninguna ventaja
sobre mí, y no debería haberle dado una voz en absoluto. Pero lo hice y
ahora estábamos aquí. Estaba negociando con una mujer en la que había
gastado cien millones de dólares. Era ridículo.

Finalmente rompió el contacto visual, el tema de la conversación obviamente


golpeando un nervio. Sabía que iba a ceder.

̶ Si crees que puedes seguir posponiéndolo indefinidamente, eso no va a


suceder. Tal vez no soy malvado, pero tampoco soy bueno. Mi paciencia es
muy escasa, y ya estoy frustrado por tu falta de cooperación. Parece que has
olvidado lo que he hecho por ti...

̶ Nunca lo haré. ̶ Su voz escapó como un susurro, casi tan silenciosa como la
brisa. ̶ Estoy agradecida…aunque no lo demuestre de la manera que tú
quieres.

̶ Quiero empezar a cobrar tu deuda ahora.

Tomó otro trozo de pan y lo partió en dos. Luego rompió los pedazos en más
pedazos, jugando con el pan recién horneado en lugar de disfrutarlo.
̶ Si estuviera en una circunstancia diferente, sería fácil. Pero como no lo
estoy... es un poco más difícil.

̶ Ese no es mi problema. ̶ Su falta de experiencia no tiene nada que ver


conmigo. Sólo me hacía sentir un poco menos enojado por gastar tanto
dinero en ella. Al menos ella estaba intacta. Tener una hermosa virgen no
era común.

̶ Bueno, no quiero que sea esta cosa fría y robótica.

̶ Bueno, no hago romance. Entonces, ¿qué esperas?

̶ Necesito algo más. ̶ Levantó la mirada para mirarme. ̶ Cuando trabajábamos


juntos en el estudio, me besaste en el hombro y en el cuello...

̶ Puedo hacerlo de nuevo. ̶ Y tenía la intención de hacerlo. Sabía que le


gustaba. Podía sentirla apretarse debajo de mí cuando la tocaba.

̶ Fuiste gentil y te sentiste bien. Eso es lo que quiero.

Podría hacerlo una vez. ̶ Hecho.

̶ Pero... quiero que me beses.

No esta mierda de nuevo. ̶ Dejé muy clara mi posición al respecto.

̶ Y quiero que la cambies.


Mi mano se cerró en un puño, cabreado de que me hiciera cualquier tipo de
petición. ̶ Qué lástima.

̶ No lo entiendo, Conway. ¿Puedes follarme, pero no besarme?

̶ Besarse es innatamente romántico. Definitivamente es mucho más


romántico que dos personas follando y divirtiéndose. Eso es todo lo que
quiero de ti, follarte cuando quiera, entrar dentro de ti, y luego seguir con mi
vida. No quiero hacer una pausa y tomarme el tiempo para besarte.

Su expresión se endureció lentamente hasta convertirse en molestia. ̶ Bueno,


eso no es lo que quiero para mi primera vez. No puedo follar con un hombre
sin al menos besarlo. Me hace sentir como si no te conociera. Siento algo
cuando me abrazas y me besas el cuello... pero necesito más que eso.
Actúas como si te estuviera pidiendo dinero o algo así. No estoy pidiendo
mucho.

̶ Sí, lo haces, ̶ dije. ̶ Pides mucho más de lo que crees.

̶ ¿Cuánto tiempo piensas retenerme?

Mi cuerpo se puso tenso por la mera sugerencia de dejarla ir. ̶ Hasta que
mueras.

Ella sonrió un poco, intentando no reírse. ̶ No voy a verme igual en quince


años.
̶ Tengo que sacarte hasta el último centavo. ̶ No importa cuántos diseños
nuevos lanzara, me llevaría una eternidad recuperar el dinero que gasté.

̶ Y si ese es el caso, entonces deberíamos hacer esta relación lo más positiva


posible.

̶ No es una relación. Eres de mi propiedad.

̶ ¿Y qué hay de la amistad? ¿Confianza? ¿No quieres esas cosas?

Apreté un poco la mandíbula, negándome a contestar.

̶ Te estoy diciendo lo que necesito para que esto funcione. ̶ Se inclinó hacia
delante, su largo pelo cayendo sobre un hombro. ̶ No voy a mentir, me atraes,
Conway. Te he mirado muchas veces y quiero besarte. La idea de pasar el
resto de mi vida en una mansión en Italia con un hombre guapo que me
proteja es un sueño hecho realidad en muchos sentidos…ya que no tengo
otras opciones. Es triste para mí pensarlo de esa manera, pero es verdad.
En el mundo real, no tengo nada. Nunca podré volver a Estados Unidos
porque nunca ganaré suficiente dinero para vivir. Incluso si consigo un
trabajo, el gobierno tomará mis cheques para pagar un préstamo que nunca
pagaré…más intereses. Tengo un psicópata que cumplirá su palabra en
cuanto tenga una oportunidad. Esto es todo lo que tengo. Así que prefiero
hacerlo lo mejor posible. Para que eso suceda, necesito estar conectada
contigo. No estoy hablando de enamorarse o incluso de un romance... sólo
de afecto humano. Básicamente soy tu amante…trátame como si lo fuera.

Consideré lo que ella dijo y tuve dificultades para argumentar en su contra.


Ella era mi prisionera voluntaria, así que nunca tenía que preocuparme de
que se escapara. Ella me deseaba como yo la deseaba a ella, pero
necesitaba términos diferentes. No necesitaba tratarla como a una esclava
porque no lo era. Ella era mi fantasía, una fantasía que nunca tendría que
perder. Así que también podría darle lo que ella quería para que fuera lo más
agradable posible. Porque tenía razón, era un compromiso de por vida. No
sería sólo una de las mujeres en mi cama, sino la clave de mi éxito artístico.
Cuanto más la disfrutaba, mejor diseñador me convertiría.

̶ Lo consideraré.

Ella inclinó un poco la cabeza. ̶ ¿Cuál es el problema, Conway?

̶ No puedo permitir que el sexo se convierta en algo más.

̶ ¿Porque...?

̶ Mis diseños están alimentados por la sexualidad masculina. Los hombres


sólo quieren follar, sentirse como reyes estando entre las piernas de una
mujer. No están interesados en hacer el amor o en el romance. Por eso mi
lencería es tan preciada. Habla de ese deseo innato y carnal. Así que
mantengo mis encuentros sexuales exactamente igual que nada más que
follar.

Me escuchó en silencio, con la cabeza ligeramente inclinada. ̶ ¿Y no crees


que sería inteligente ampliar más tu audiencia? No a todos los hombres sólo
les interesa follar con una mujer y marcharse. Hay algunos hombres que
están estúpidamente enamorados de la persona con la que están.

̶ Unos pocos. No muchos. Confía en mí, eso no es lo que la mayoría de los


hombres quieren.
̶ ¿Así que nunca le has hecho el amor a una mujer?

Yo sabía lo que quería en la vida a una edad muy temprana. El romance


nunca me había interesado. Había tanta belleza entre un hombre y una mujer
teniendo un encuentro puramente físico. Permitía más pasión, sabiendo que
sólo tendrían una noche juntos. Querían que durara antes de que saliera el
sol a la mañana siguiente. ̶ No.

̶ ¿Nunca has estado enamorado? ̶ preguntó incrédula.

̶ No. ̶ Tampoco lo haría nunca.

̶ ¿Cuántos años tienes?

̶ Veintiocho.

̶ ¿Y nunca has conocido a nadie que signifique algo para ti?

La única persona que me robaba toda mi atención estaba sentada frente a


mí en ese mismo momento.

̶ No.

Finalmente apartó la mirada, mirando su comida. ̶ Eso es triste...

̶ No has conocido a nadie que signifique algo para ti tampoco.


̶ Pero quiero hacerlo.

La idea de que se enamorara de un tipo me enojó de inmediato.

̶ Ahora nunca lo harás, mientras seas mía.

Sus ojos se movieron hacia arriba de nuevo, esta vez con decepción. No me
sentí mal por lo que dije. Pero por cien millones de dólares y su vida,
renunciaría a su libertad romántica.

De repente puso su servilleta sobre la mesa, su comida sólo a medias. Luego


se levantó y se fue, dejándome disfrutar de mi almuerzo solo.

̶ Siéntate.

Se detuvo en su camino, pero no regresó a la silla. Lentamente se volvió


hacia mí, sus ojos azules brillaban como el océano. ̶ Si quieres que me sienta
conectada a ti, tienes que dejar de mangonearme y tratarme con respeto.

Estaba pidiendo demasiado. ̶ Ya te respeto. Tú dijiste que no y yo escuché.


Elige tus batallas sabiamente, Musa. No puedes ganarlas todas. ̶ Puede que
fuera capaz de conseguir trozos y piezas de él, pero no todo. No era un
blandengue.

Apoyó la mano en el respaldo de la silla y luego cambió de opinión. Se sentó


de nuevo, sentándose con perfecta gracia, con un ligero fruncimiento de
labios. Obedeció, aunque no quería, pero fue una decisión sabia.

No podía tenerlo todo.


16
Sapphire

ESTABA EMPEZANDO A ENTENDER MUCHO MÁS A CONWAY. En


realidad, no era tan complicado, solo que tenía capas. Poseía una oscura
sombra que le seguía a todas partes, incluso en la oscuridad del lugar. Para
alguien tan rico y exitoso, parecía siempre sombrío. Nada le hacía feliz, ni
siquiera el beso de una mujer.

Hablaba de su familia con cariño, así que tenía gente que se preocupaba por
él. ¿Entonces por qué era así? ¿Todo esto era por el trabajo? El dinero era
importante, pero no tanto. O tal vez lo pensaba porque no tenía nada.
Pasé el día en los establos, cepillando los caballos, alimentándolos e incluso
aprendiendo a montarlos. Marco era un buen hombre y nunca me preguntó
sobre mi relación con Conway. Ni siquiera me preguntó de dónde era. De lo
único que hablamos era del tiempo y de los caballos. Lo cual estaba bien
para mí. Había seis caballos en total, y cada uno tenía una personalidad muy
diferente.

El único con el que no podía llevarme bien era Carbine, el semental negro
que tenía su propia sección de tierra. Completamente negro y con una
melena a juego, era majestuoso y aterrador. A veces sus relinchos salían de
la nada, y él poseía una presencia tenebrosa que yo podía sentir incluso
como humana.

Marco era el único que lo manejaba, y aun así, era difícil.

̶ Si Carbine es tan difícil, ¿por qué lo mantiene Conway?

̶ Es su caballo.

̶ ¿No son todos sus caballos? ̶ Me paré en la cerca y apoyé un pie en la tira
inferior de madera. Aquí en el campo, me sentía como si estuviera en un
mundo diferente. Ni siquiera había visto un auto en semanas. No se parecía
en nada a Nueva York, que estaba lleno de contaminación, gente y tráfico.
Aquí no había más que aire fresco y belleza.

̶ Sí. Pero este caballo es especial para él. Es el único que lo cabalga.

̶ ¿Carbine? ̶ pregunté sorprendida. ̶ Ni siquiera se acerca a la valla cuando le


ofrezco una zanahoria.
̶ Es quisquilloso. tiene un poco de ego como si fuera el único macho en la
tierra.

No es de extrañar que Conway lo prefiriera, tenían la misma personalidad. ̶


Tiene sentido...

̶ Y su padre le dio ese caballo.

̶ ¿Su padre monta?

̶ No sé mucho sobre el Sr. Barsetti. ̶ Marco apoyó los codos en la valla. ̶ Sólo
sé que es rico, poderoso... y un poco intimidante. No dice mucho. Las veces
que ha estado aquí, todo lo que he recibido es un asentimiento de su parte.

̶ De tal palo, tal astilla...

Marco se rió. ̶ Creo que tienes razón.

̶ Gracias por mostrarme cómo funciona esto. Es agradable estar afuera al


aire libre. Y los caballos son hermosos...

̶ No hay problema. Me siento un poco solo aquí con toda esta paz y
tranquilidad. ̶ Miró a Carbine, que mordisqueaba el césped del otro lado. En
el momento en que nos acercamos, se alejó como si lo estuviéramos
molestando. ̶ Es agradable tener a alguien con quien hablar.

̶ ¿Vives por aquí?


̶ Tengo una pequeña villa en Verona con mi esposa. Mis dos hijos ya no están
en casa.

̶ Eso está bien.

̶ Trabajé en la plantación de tomates en las afueras de Verona toda mi vida.


Consiguieron un nuevo dueño y despidieron a todas las personas que
estaban a punto de jubilarse como una forma de evitar la pensión que mi
anterior empleador había prometido. Cuando intenté luchar, me despidieron.
No sabía qué más hacer porque es difícil encontrar trabajo por aquí. Fue
entonces cuando Conway me ofreció el trabajo. Y me gusta mucho más que
trabajar en una fábrica todo el día. Tengo que cuidar de estos hermosos
corceles con una vista preciosa. Tengo mucha suerte.

Me quedé mirando a Carbine cuando la sorpresa estalló en mi interior. No


esperaba tanta generosidad de un hombre que decía ser malvado. Bailaba
al límite, oscilando entre el bien y el mal. Era ambos y ninguno al mismo
tiempo. Por un lado, me salvó la vida pagando una fortuna para mantenerme
alejada de Knuckles. Pero, por otro lado, me quitó la libertad como
compensación. No tenía mucho sentido.

̶ No entiendo a Conway.

̶ Es complicado, por no decir más, ̶ dijo Marco riendo.

̶ Se preocupa demasiado por el dinero. Creo que, si se alejara, sería mucho


más feliz.

̶ Pero parece ser lo único que lo hace feliz.


̶ No. El éxito es lo que le hace feliz. Quiere dejar una marca en el mundo.
Pero como siempre está compitiendo consigo mismo, siempre quiere
mejorar. Trabajará hasta la muerte, aunque ya sea el mejor en lo que hace.
El trabajo será su perdición.

Conway quería retenerme por la forma en que lo inspiraba. Y se negaba a


sentir ninguna conexión conmigo o con cualquier otra mujer para mantener
las cosas sin sentido. Marco conocía bien a Conway, y había hecho la misma
observación que yo.

El trabajo era lo único que le importaba.

***
TENÍA una toalla envuelta alrededor de mi cuerpo y estaba a punto de entrar
en la piscina cuando apareció Dante.

̶ A Conway le gustaría verla en su estudio.

Me agarré el pelo en un bollo para mantenerlo fuera de mi cuello y seguí


caminando hacia el patio.

̶ Estaré allí después de nadar.

̶ Uh, señorita. Espera verla ahora.

No me gustaba que me trataran como a un perro. Él daba una orden, y se


suponía que yo debía seguirla como una idiota sin sentido. No importaba
cuánto le debía, no podía quitarme de encima la irritación. Me di la vuelta y
vi a Dante parado en el pasillo con las manos juntas a la cintura.

Luego asintió hacia las escaleras. ̶ Si lo desafías, ambos seremos


responsables.

Dante parecería incompetente si no siguiera las órdenes de su amo, y


aunque no apreciaba el desagrado de Dante por mi carácter, no quería
causar problemas. Subí las escaleras. ̶ Espera, ¿dónde está su estudio?

̶ Segundo piso tiene las puertas dobles negras.

Me dirigí al segundo piso, un nivel que ni siquiera había visto antes. En uno
de los salones había un piano negro y un bar. Otra sala de estar tenía un
televisor grande. Una consola de juegos estaba allí, y me preguntaba a quién
pertenecía porque Conway no parecía del tipo de videojuegos.

Localicé las puertas dobles y entré. ̶ ¿Llamaste? ̶ pregunté sarcásticamente.

Estaba en una mesa idéntica a la de su estudio de Milán. Estaba examinando


una tela blanca con la punta de los dedos, sintiendo la suavidad entre el
pulgar y el índice. ̶ Sí. Y esperaba que respondieras más rápido.

̶ Iba a nadar.

̶ Puedes nadar en otro momento. ̶ Chasqueó los dedos sin mirarme. ̶


Desvístete.
Mis ojos se abrieron de par en par. ̶ Basta de chasquidos. Si quieres que
haga algo, todo lo que tienes que hacer es pedirlo.

Me miró fijamente, sus ojos verdes hostiles. Llevaba vaqueros negros y una
camiseta de color oliva, sus brazos cincelados se veían apretados mientras
trabajaba en la mesa. No se había afeitado esa mañana, así que la barba
estaba empezando a crecer a lo largo de su mandíbula. Nunca lo había visto
en colores más claros, sólo oscuros. Pero el oscuro tono se veía perfecto en
un hombre como él, un hombre cuyos ojos contenían el inframundo.

̶ Pensé que habíamos establecido que no tengo que pedir nada.

̶ Y pensé que habíamos establecido que nuestra relación sería mucho más
fácil si lo hacías.

Dejó caer la tela que sostenía y enderezó los hombros. Incluso con ligeros
movimientos, parecía mucho más amenazador.

̶ Desvístete. ̶ Esta vez no chasqueó los dedos, pero su mirada me dijo que
no debía desafiarlo de nuevo. ̶ Ese fui yo diciéndote, no preguntándote.

Fue mejor que el chasquido, así que se me cayó la toalla y me quité el bikini
por arriba y por abajo. Me había visto desnuda antes, así que ahora no me
sentía tan tímida. Pero en el instante en que estaba desnuda, sentí que el
calor a mi alrededor se amplificaba. Sus ojos verdes absorbieron mis curvas
como dos esponjas. Podía sentir su excitación, sentir su verga endurecerse
sin siquiera poder verla. Sentí que sus ojos me tocaban, su mirada
penetrante lo suficientemente poderosa como para presionarme.
Se movió alrededor de la mesa, con las yemas de sus dedos deslizándose
por la superficie. Los grandes ventanales permitían que la luz del sol se
filtrara y que sus diseños estuvieran expuestos a la luz natural del sol. Se
acercó a mí de costado y se detuvo una vez que su cuerpo entró en contacto
con mi hombro.

Podía sentir todo desde él, sentir como él me deseaba. Presionó dos dedos
contra la parte superior de mi columna vertebral y los arrastró lentamente
hacia abajo, siguiendo la intrincada curva de mi columna vertebral. Traté de
no respirar con más fuerza al contacto con él, pero no pude evitarlo. Mis
pulmones dolían por el aire porque la adrenalina había aumentado en mi
sangre. Se movió más abajo hasta que llegó a la parte superior de mi culo.
Él movió su boca a mi oído y sopló en mi interior, dejándome escuchar su
excitación.

Sus labios rozaron la concha de mi oreja, y me agarró la mejilla izquierda. ̶


Jesús... ̶ La apretó de nuevo antes de meter los dedos por la grieta entre mis
mejillas. Se fue acercando cada vez más hasta que rozó contra un lugar que
nunca había sido tocado.

Respiré profundamente, mis pezones se endurecieron con la extraña


experiencia. Se movió aún más hacia abajo, siguiendo la curva de mi culo, y
luego presionó sus dedos sobre mi clítoris.

̶ Ooh.... ̶ Instintivamente, cerré los ojos y sentí que mis nervios empezaban a
latir. Nunca pude tocarme como él me tocaba a mí, y lo hacía con tanta
perfección... como si supiera exactamente cómo una mujer quería ser
tocada. Lo frotó con un movimiento circular mientras continuaba respirando
en mi oído. Entonces su otra mano tocó a tientas una de mis tetas, su pulgar
moviéndose sobre mi pezón izquierdo.
Me frotó más fuerte que cuando arrastró sus dedos a mi entrada. Un solo
dedo empujó suavemente hacia adentro, explorando mi estrechez. En el
momento en que sintió lo mojada que estaba, gimió en mi oído. ̶ Jesucristo…

No debería estar mojada ahora, no cuando este hombre era el dueño de mi


alma. No debería desear venirme, no cuando se negaba a besarme. Mi
cuerpo no debería reaccionar de esta manera, no debería excitarse con sólo
escucharlo excitado por mí.

̶ Joder... ̶ Soltó un jadeo en mi boca y luego se lo tragó. ̶ No puedo esperar


para follarme este coño.

Apreté la mano en su brazo para mantener el equilibrio porque sentí que mis
rodillas se debilitaban. Sentí la pasión desenfrenada que se apoderaba de
mí, el deseo abrumador de estar con este hombre. No era romántico, pero a
mi cuerpo no parecía importarle. Se inclinó hacia abajo y besó mi hombro,
su lengua moviéndose sobre mi cálida piel en una caricia. Luego me besó en
el cuello, sus besos calientes volviendo a mi oreja.

Incliné mi cabeza para que pudiera tener todo el acceso que quería. Cerré
los ojos, sentí que se movía hacia el otro hombro, y le agarré el brazo más
fuerte para mantener el equilibrio. No debería pensar en mi situación, no
cuando no importaba. Quería estar con él y sólo debería centrarme en eso.
Cuando sentí esta conexión, realmente lo quería. Me encantaba cuando me
besaba así.

Me hacía sentir como la mujer más hermosa del mundo.

Volví mi cabeza hacia la suya, mis labios doloridos por besar al hombre que
me había tocado más que nadie. Me incliné hacia adentro, sintiendo su dedo
entrar y salir de mi estrecha entrada. Mis labios se posaron en la comisura
de su boca, y dejé que se quedaran. No se movió. Me miró con los ojos
entrecerrados, con la mirada fija en mi boca.

Mi afecto había sido rechazado de nuevo. Pero me negué a aceptar la


derrota. Si me quería, tendría que comprometerse. Si me quería a mí,
también tenía que entregarse él. Así que me incliné de nuevo, y esta vez, le
besé justo en la boca. No se alejó. Dejó que el beso ocurriera, pero sus labios
estaban inmóviles. Sus ojos estaban cerrados, y respiró hondo, su
respiración saliendo temblorosa. Su mano se apretó contra mi teta, y su dedo
dejó de moverse dentro de mí.

Como no se alejó, seguí adelante. Giré mi cuerpo hacia él y lo besé con


fuerza, teniendo toda su boca contra la mía. Mis manos se movieron hacia
sus hombros, y las puntas de mis dedos se clavaron en la tela de su
camiseta. Yo estaba desnuda, y ahora deseaba que él también lo estuviera.
Esta vez, no lo estaba tocando por él, lo estaba haciendo por mí misma.

Después de una breve resistencia, su boca finalmente respondió. Como todo


lo demás sobre él, su beso fue excepcional. Me aplastó el labio superior con
los dos suyos, usando un poco la lengua que resultó tan erótico que sentí los
pelos de punta a través de mi piel. Separó su boca antes de asfixiarme de
nuevo, su barba rozando la suavidad de la piel alrededor de mi boca.

Su mano dejó mi teta y luego se movió hacia mi mejilla. Suavemente, me


quitó el pelo de la cara, lo metió detrás de la oreja y luego deslizó su mano
hacia abajo hasta que llegó a mi cuello. Las ásperas puntas de sus dedos
pasaron por la arteria de mi cuello, sintiendo mi pulso salvaje, y luego agarró
la parte posterior de mi cuello con su mano por completo.

Me besó más fuerte.


Sus alientos llenaron mis pulmones, y su beso me electrizó. Su mano grande
todavía me apretaba el coño por el culo, y empezó a tocarme de nuevo, mi
jugo saliendo de la entrada y goteando en el suelo.

̶ Tan jodidamente mojada... ̶ Habló contra mi boca, su respiración se


intensificó. ̶ Musa... ̶ Mis brazos rodeaban su cuello, y silencié sus palabras
con mi beso.

Era lo máximo que había experimentado de este hombre. Fue lo más


conectada que me he sentido nunca. Ahora lo tenía todo, tenía su aliento en
mis pulmones y su excitación entre mis piernas. Podía sentir lo mucho que
él me deseaba, y él podía sentir lo mucho que yo lo deseaba a cambio.
Apenas conocía a este hombre, y también era de su propiedad. Pero mi
cuerpo no podía distinguir el bien del mal, no cuando se sentía tan bien. No
cuando besaba así.

Su gran mano se movió a la parte de atrás de mi cabeza, acariciándome


suavemente antes de que me diera su lengua.

Mi lengua conoció la suya, y bailaron eróticamente como lo habían hecho


antes. Movió la suya contra la mía y se alejó antes de chuparme el labio
inferior. Cada beso era intencionado, haciendo que cada abrazo durara. Se
sentía íntimo, tal y como él lo advirtió. Sentí que se me escapaba la
compostura, sentí que mis manos agarraban su cuerpo con más fuerza.

Él sacó su dedo de mi coño y frotó suavemente mi clítoris, sus dedos grandes


trabajando mi pequeño nudo agresivamente. Dio vueltas cada vez más
fuerte, sus movimientos casi violentos. Ahora apenas podía besarlo porque
todo lo que podía hacer era jadear. Mis dedos se clavaron en sus bíceps, y
gemí en su boca, sus labios suaves y rellenos me hicieron sentir cosas
maravillosas. Me habían besado antes, pero no así.
Y entonces me vine.

Metí mis dedos en sus músculos mientras gemía, montando en lo alto hacia
el olvido. Lo arañé como a un gato en un rascador, tratando de escalar una
pared invisible hacia el otro lado. Mis caderas se doblaron un poco, y me
apoyé más fuerte contra sus dedos.

̶ Conway...

Su beso se detuvo contra mi boca, y un silencioso gemido se dirigió


directamente a mi boca. El orgasmo se desvaneció lentamente, haciendo
que las puntas de los dedos de mis pies temblaran. Este hombre me había
hecho venir varias veces, pero esta vez fue la mejor. Con sus poderosos
brazos a mi alrededor y su boca abrazando la mía... realmente sentí algo.

Sentí que esto era más que un hombre y una mujer.

Sentí una conexión, algo de afecto.

Apartó sus dedos de mi clítoris y terminó nuestro beso para poder mirarme.
Sabía lo que vendría después. Cumplió su parte del trato. Ahora quería que
yo cumpliera la mía. Si eso es lo que él quería, se lo daría. Ahora que lo tenía
de una manera más significativa, cruzar la línea no parecía tan aterrador.
Cuando me miró fijamente con esos hermosos ojos y esa mandíbula rígida,
quise que su boca me cubriera de nuevo.

En vez de tirarme a la mesa o empujarme de vuelta al sofá, dejó caer sus


manos de mi cuerpo y agarró la tela blanca en la que había estado trabajando
cuando llegué por primera vez. Antes de tocar el material con su dedo índice,
se lo metió en la boca y se lo chupó. Los escalofríos se movieron por mi
columna vertebral.

Agarró el pequeño material blanco y luego lo colgó para que yo lo viera. Era
un pedazo blanco de lencería, el encaje sobre los pechos era transparente.
El resto estaba hecho de un material brillante, y era tan corto que apenas
cubría nada. Los verdaderos diamantes estaban en las correas que pasaban
por encima de los hombros, brillando con la luz del sol. ̶ Ponte esto.

Lo tomé con una mano temblorosa, insegura de lo que estaba pasando.


Acabábamos de tener el momento más apasionante que he vivido en mi vida,
y ahora estaba concentrado de nuevo en el trabajo. Demasiado aturdida por
ese poderoso orgasmo para hacer otra cosa, me lo puse.

Agarró sus alfileres y regresó a mí, una obvia protuberancia en la entrepierna


de sus jeans. Me pondría de rodillas si me lo pidiera. En realidad.... ni siquiera
necesitaba preguntar.

Se movió alrededor de mi cuerpo y fijó el material en los lugares apropiados.


Lo ajustó en ciertas áreas y luego reajustó las correas. Su mano se movió
por la parte delantera, comprobando la tensión de mi vientre y la longitud de
la prenda.

Apenas me miró a los ojos.

̶ Quítatelo. ̶ Habló en voz baja, no con ira, sino con derrota.

Lo saqué de mi cuerpo con cuidado, sin tocar los alfileres que lo mantenían
en su lugar.
Me lo quitó y lo puso en el maniquí. Me dio la espalda, sus hombros anchos
y poderosos. Nunca se dio la vuelta. ̶ No quiero verte hasta mañana por la
noche.

Probablemente era una estupidez, pero lo hice de todos modos. ̶ ¿Por qué?

Las puntas de sus dedos se pusieron a trabajar, y su espalda se expandió


mientras respiraba profundamente. ̶ Porque yo lo digo.

17
Conway

Dante me informó que el doctor había pasado y había administrado con éxito
la inyección en el brazo de Musa. Por lo general, había un retraso, pero no
era su momento del mes para quedar embarazada, así que estaba lista para
hacerlo. Todavía estaba terminando mi obra maestra.

La lencería blanca se sentía como un pétalo de rosa a través de la punta de


mis dedos. Hice que el mejor material turco llegara de la noche a la mañana
para poder hacer esta pieza especial de ropa. Nicole había conseguido los
diamantes de mi joyero favorito, recogiendo todas las gemas impecables que
podía coser en las correas pequeñas del material.
Quería que mi musa se viera más hermosa que nunca. Si quería una noche
especial, se la daría esta vez. Rompí la única regla que siempre mantuve: no
besar. Pero cuando se giró en mi boca y me dio esos labios tan suaves, se
me escapó la restricción. Sólo podía pensar en lo bien que se sentía, en lo
mucho que me dolían los labios por los suyos. Había fantaseado con besarla,
soñado con tocarla así, y una vez que ocurrió, no pude evitarlo.

Perdí completamente el control.

Hacía más de cinco años que no besaba a una mujer así. Cualquier otro acto
de afecto era un beso en la mejilla o en el hombro. Pero el beso que le di a
Musa compensó mi larga abstinencia. Fue el mejor beso que he tenido, el
más profundo y erótico. Nunca quise que terminara.

Me comí su coño, probé su piel y sentí su cálida boca a lo largo de mi cuerpo.


Pero nunca había estado tan duro como cuando la besé. Mis dedos ardían
al tocar su suave cabello. Mi respiración se volvió descontrolada, áspera y
fuera de control. Mi dedo estaba en su coño mojado, pero esa ni siquiera era
la mejor parte.

El beso fue la mejor parte.

Sentí su mutua excitación, la forma en que me agarró con sus uñas. Y su


coño.... estaba tan mojado. Podría habérmela follado entonces, y ella no me
habría detenido. Pero sabía que, si lo hacía bien, ella sería mía para siempre.
Ella me escucharía sin pausa. Ella obedecía ciegamente. Ella estaría aún
más en deuda conmigo de lo que ya estaba. Si le diera este favor, podría
resultar en toda una vida de conveniencia.

Una vez terminada la pieza de lencería, creada a sus medidas exactas, la


colgué en el maniquí. Era una obra de arte, simple, elegante y pura. Musa
era mi mujer ahora, y yo quería que se pusiera algo espectacular mientras le
quitaba su inocencia. Quería que estuviera en la cama de la forma en que
todas las mujeres querían estarlo.

Quería que se sintiera especial.

***
La esperé en la terraza junto a la piscina. El sol estaba a punto de caer, y
había una botella fría de vino de mi familia en la mesa. A pesar de la
importancia de la noche, llevaba una camiseta negra y unos vaqueros.

No veía el sentido de vestirme si me iba a quitar todo de todos modos.

Dante guio a Musa afuera para que cenara conmigo, una sola vela en la
mesa junto con una rosa roja.

Estaba en el vestido negro que Dante dejó en su cama. Lo dejó Nicole, a


quien se le ordenó que trajera algo bonito pero sexy. Era un vestido sin
espalda que estaba apretado sobre todas las curvas de su cuerpo. Mostraba
su cintura pequeña, sus tetas increíbles y sus caderas bonitas. Musa era una
mujer inteligente, así que ya debía haber conectado los puntos.

Sabía lo que pasaría cuando terminara la cena.

Esta vez, no quería decir que no.

Saqué la silla para ella, siendo un caballero por la ocasión especial. Una vez
que ella estaba en su asiento, la empujé suavemente hacia adentro antes de
regresar a mi asiento. Puse la servilleta de lino sobre mi regazo, y vertí el
vino.
Su pelo estaba en grandes rizos, y le bajaban por el pecho. Llevaba los
pendientes de diamantes que le di, así como el collar de diamantes alrededor
de su garganta. Parecía la amante con la que todo hombre soñaría, hermosa
y perfecta.

Ella era toda mía.

Me importaba un bledo la cena o la vista impresionante que podíamos


disfrutar.

Sólo había un objetivo que esperaba con impaciencia.

Ella descansó sus manos en su regazo y sostuvo mi mirada, pareciendo no


estar afectada por los planes que teníamos para esta noche. Tal vez sentía
que tenía algo de poder ahora que accedí a besarla. Tal vez eso le dio el
sentimiento de valor que necesitaba para racionalizar lo que estaba
haciendo. Esta situación era todo menos racional.

Pero era la realidad.

Ella valía cien millones de dólares y yo le sacaría el máximo provecho.

̶ Estás preciosa esta noche, como todas las noches. ̶ Tomé un trago de mi
vino, algo que Dante encontró en mi bodega, junto al garaje subterráneo.

̶ Gracias. ̶ Hablaba con voz firme, no nerviosa como antes. Ya no era tímida
conmigo. ̶ Tú también te ves bien. ̶ Bebió de su vaso, su lápiz labial dejó una
marca. Me había dejado una marca similar en la verga la última vez que me
la chupó.

Dante nos trajo la cena un momento después, chuletas de cordero asadas,


espárragos y una guarnición de batatas. Se excusó en silencio, tratando de
ser lo más invisible posible. Le dije que se apartara de nuestro camino esta
noche.

Ella sostuvo su cuchillo y tenedor apropiadamente y cortó su comida con la


elegancia perfecta. Si la llevara a una cena o a alguna otra función, le iría
bien. No sólo su belleza impresionaría a todos los presentes, sino que
también disfrutaría de sus encantos. Todos los hombres me mirarían y se
preguntarían cómo se sentiría follar con una mujer así cada noche.

Pero nunca lo diría.

Consideré conversar con ella, pero no sabía qué decir. En lo único en lo que
pensaba en ese momento era en el sexo. Mis manos temblaban al pensar
en sus rodillas presionadas contra mi cintura para acomodar mis caderas. La
adrenalina se apoderó de mí al imaginarme tratando de meter mi gran verga
dentro de ella. Sin experiencia e inocente, se agarraría a mí hasta que
terminara. Puede que llorara por el dolor, pero definitivamente se lamentaría
por el placer.

Me dolía el pecho porque estaba muy excitado.

Finalmente, podría reclamar mi premio.

En cuanto Musa entró en mi vida, fui la única persona que la cuidó. Le di


dinero cuando no tenía nada más. Le di un trabajo por debajo de la mesa
cuando nadie más lo haría. Y cuando se marchó, no sólo la dejé ir, sino que
llevaba un sobre con veinte mil euros para ayudarla. Cuando fue capturada,
fui yo quien la salvó de un destino horrible.

Si alguien merecía quitarle la virginidad, era yo.

Era lo menos que podía hacer por mí.

Ahora tendría una vida cómoda viviendo en mi mansión. Nunca más se


preocuparía por el dinero. Lo que quisiera, podría tenerlo. Una vida de
protección por uno de los hombres más poderosos del mundo era el sueño
de toda mujer. La mayoría de las mujeres darían cualquier cosa por estar
aquí en este momento. Por tenerme de la manera que nadie más lo hacía y
con mis besos.

Ella tampoco entabló conversación, su corazón probablemente se estrellaba


contra su pecho. Debía estar nerviosa, temerosa de lo desconocido. Pero no
tenía por qué. Yo la guiaría en cada paso del camino. Todo lo que tenía que
hacer era dejarme tenerla. Y yo haría que fuera todo lo que ella quería que
fuera.

Cuando nuestras copas se vaciaron, las llené. Sólo terminé la mitad de mi


cena porque no quería sentirme perezoso cuando fuéramos a mi habitación.
A Musa no parecía importarle. Se comió todo, ya sea porque estaba
hambrienta o porque estaba nerviosa.

Algunos observadores podrían decir que era incómodo cenar con alguien sin
hablar. Pero en realidad lo disfruté. Me gustó el hecho de que nuestra
relación había progresado a un cierto nivel de comodidad. Ella no hablaba
de estupideces que a mí no me importaban, y yo no llenaba el silencio vacío
con comentarios al azar.
Me gustaba así.

Normalmente, Dante salía a limpiar la mesa y nos preguntaba si queríamos


café y postre. Le dije que se saltara esa parte y nos diera privacidad. Podía
lavar los platos una vez que subiéramos. Ella se limpió la boca con la
servilleta de lino y la puso sobre la mesa.

̶ ¿Disfrutaste tu cena?

̶ Estaba delicioso... como siempre. ¿Tú?

̶ No mantendría a Dante como jefe de personal si no fuera el mejor. ̶ Dejé la


silla y le extendí la mano. La miró durante un momento antes de poner su
esbelta mano en la mía.

La levanté y la guie hacia la casa. Mis dedos se entrelazaron con los de ella,
y la mantuve cerca de mí, tratándola como una dama en cada paso del
camino. Controlé el temblor de mi mano para ocultar mi emoción. Ahora, la
parte aburrida de la noche había terminado, y podíamos llegar a lo bueno.

La noche que había estado esperando.

La llevé al tercer piso y me detuve en las puertas dobles de mi habitación. El


pulso en su muñeca se había acelerado al acercarnos a mi dormitorio. Ahora
estaba latiendo fuerte, su corazón trabajando a toda marcha. Su piel era
cálida, y sus mejillas eran de un color distinto.
Me volví hacia ella y rodeé su cintura con mis brazos. ̶ Dejé algo para ti en
mi cama. Póntelo. Estaré allí en unos momentos. ̶ Mis labios rozaron su línea
de cabello, y luego incliné mi cuello hacia abajo para besarla. Se suponía
que iba a ser un abrazo rápido, pero en el momento en que mi boca estuvo
sobre la suya, la besé más fuerte de lo que debía. Mi mano se movió dentro
de su cabello, y suavemente chupé su labio inferior. Mi lengua surgió
después, saludando a la suya.

Su pulso se ralentizó mientras nuestras bocas se movían juntas. Ella respiró


en mí más lentamente, la calma extendiéndose por todo su cuerpo. Se perdió
en mi beso como yo me perdí en el suyo. La apreté más contra mi cuerpo,
sus tetas apretadas contra mi pecho por el delgado vestido que llevaba.

Me alejé antes de follarla justo contra mi puerta. Me di la vuelta con


brusquedad, dándole la espalda porque ni siquiera podía mirarla ahora
mismo. Mis manos formaron puños, y tuve que estabilizar mi agresividad
antes de que ya no pudiera ser controlada. Si no estuviera tratando de ser
un caballero esta noche, ella estaría de rodillas en el pasillo ahora mismo. La
golpearía por detrás, con mis manos agarrando sus deliciosas mejillas.

La puerta hizo clic cuando ella la cerró detrás de ella. Me apoyé contra la
pared y me masajeé los nudillos para pasar el tiempo. A estas alturas ya
habría visto los pétalos de rosa blancos en la cama, los cientos de velas
blancas que el personal había instalado para mí. Había un plato de fresas
cubiertas de chocolate sobre la mesa, algo a lo que probablemente ni
siquiera llegaríamos.

Será la noche más romántica de su vida.

Knuckles ya se la habría follado por el culo.


Esperé cinco minutos, y ni un segundo más. Entré en mi habitación con una
erección en mis jeans. La sala de estar estaba iluminada con velas blancas,
y había una línea de pétalos que hacían de camino a mi dormitorio. Lo seguí,
quitándome la camisa y desabrochándome los jeans a medida que
avanzaba.

Mi camisa se cayó al suelo y crucé el umbral.

Ella estaba de pie en la lencería blanca, el vestido corto que mostraba las
bragas de encaje blanco debajo. Se había arreglado el pelo perfectamente,
colocándolo en el pecho. El collar de diamantes brillaba a la luz de las velas.
Los diamantes a lo largo de las correas hacían lo mismo. Su ropa interior
valía cientos de miles de dólares, y ella era la única mujer que alguna vez
usaría esta pieza única.

Mis ojos vagaban sobre su cuerpo, viendo sus duros pezones a través de la
tela. Sus pequeños hombros estaban hacia atrás, y sus largas piernas se
estiraron hasta que sus pies descalzos golpearon la alfombra junto a mi
cama. Me miró fijamente, parcialmente nerviosa y parcialmente segura de sí
misma.

La había visto en lencería antes, pero nunca se había visto tan hermosa
como ahora. La había visto caminar por los escenarios con docenas de luces
brillando sobre ella, pero nunca se había visto tan impresionante. El color
blanco complementaba perfectamente su piel bronceada. Su cabello oscuro
también contrastaba con el brillo. Sus ojos estaban sobre mí, vagando sobre
mi físico cincelado. No podía esperar a quitarle esa lencería. Se veía
exquisita en ella, pero se vería aún más hermosa sin nada puesto. Esa piel
bronceada se vería hermosa a la luz de las velas.

Crucé el espacio entre nosotros, con los pies pesados contra el suelo. Mi
corazón era anormalmente lento porque el clímax de este momento era
sorprendentemente tranquilo. Se sentía como un sueño, una fantasía que
había querido experimentar durante tanto tiempo. Desde que la vi en el
auditorio, ella sofocó mis pensamientos. Cuanto más la miraba, más me
llamaba imbécil, más crecía mi obsesión. Igual que mi verga.

Mi mano se movió hacia su cabello primero, sujetándolo hacia atrás para


tener acceso total a sus labios. En el momento en que mi boca estuvo en la
suya, estuve perdido. Aunque me dijera que parara, no lo haría. En este
punto, todo era instinto carnal. Ya no era una persona, sólo un hombre que
necesitaba a esta mujer.

Mi otra mano agarró su trasero y jugó con el encaje de sus bragas. Mi lengua
bailó con la suya y encontré el mismo entusiasmo que yo sentía. Nuestras
bocas se aferraban entre sí, se separaban y luego se volvían a juntar en un
abrazo acalorado. Podía sentir el pulso en su cuello con mi pulgar, sentir la
energía corriendo por sus venas. El olor de su perfume me hizo cosquillas
en la nariz. Le agarré la mejilla del culo y le metí el dedo en las bragas.
Lentamente se las arrastré hasta los muslos.

Sus manos me desabrocharon los jeans y los soltó alrededor de mis caderas
estrechas. Me encantaba cuando me desnudaba. Agarré la parte inferior de
la lencería y se la quité por encima de la cabeza, revelando las tetas más
firmes que jamás había visto. Algunas de las chicas de mi programa, como
Lacey, se hicieron cirugía de senos y liposucción en las caderas y los muslos.
Pero Musa era toda natural, perfecta tal como era.

La lencería cayó al suelo, y mi boca estaba sobre su cuello y hombros. La


agarré fuerte y la arrastré hacia mí, devorándola como si fuera una presa y
yo fuera el depredador.
Su tanga todavía estaba en sus muslos, así que la empujé hacia abajo
mientras me ponía de rodillas, arrastrando besos sobre sus tetas y estómago
mientras me movía. Bajé por sus largas piernas y sus rodillas, besando y
chupando su piel.

Cuando me levanté, empujé mis jeans y calzoncillos hacia abajo y los pateé.
La levanté en mis brazos, la llevé como si fuera una pluma, y la acosté en mi
cama. Su cuerpo ligero golpeó las sábanas, y sus piernas se abrieron
inmediatamente hacia mí.

Me arrastré encima de ella, con la verga dura goteando por la punta. Mi peso
golpeó el colchón, y lentamente comenzó a hundirse debajo de ella,
curvándose ligeramente alrededor de su cuerpo. Mis rodillas separaron sus
muslos, y me acerqué a ella, mi columna vertebral apretada por la adrenalina.
Mi verga no podía esperar a sentir ese coño mojado y apretado. No podía
esperar a deslizarme a través de su humedad para escucharla llorar mientras
trataba de tomar mi enorme polla.

Sus manos me agarraron por la espalda y me acercaron a ella. Las yemas


de sus dedos llegaron a la parte de atrás de mi cuello, y ella me tiró hacia
ella para darme un beso. Cuando me besó, sus labios mostraron toda su
excitación. Había lengua, aliento intenso y calor. Giró mis mechones
alrededor de la punta de sus dedos mientras sus muslos apretaron mi cintura.

Mi mano se clavó en la parte posterior de su cabello, y la agarré fuerte


mientras la besaba con más fuerza, presionándola contra el colchón. Mi
verga se frotó contra su clítoris hinchado, frotando sus nervios estimulados y
haciendo que gimiera involuntariamente. Mi cuerpo se dejó llevar porque mi
mente ya no lo controlaba. Incliné mis caderas y apunté mi verga a su
entrada. Estaba apretado desde el principio, igual que la última vez, pero
empujé lentamente.

Ella no me detuvo esta vez. Coloqué mis brazos detrás de sus rodillas y
ensanché sus piernas, separándolas para que pudiera entrar en ella un poco
más fácilmente. Podría besarla al mismo tiempo, pero quería disfrutar de sus
reacciones hacia mí. Quería saborear cada segundo de este momento,
memorizarlo.

Empujé más dentro de ella, saludando la humedad de su coño. Poco a poco


me fui adentrando más, sintiendo que su estrecho canal se resistía a mí. No
se estiraría, no importa lo excitada que estuviera. Seguí adelante,
moviéndome cada vez más lejos. Respiró profundamente al sentirme, sus
uñas clavadas en mis bíceps. A veces ella hacía un gesto de dolor cuando
la presionaba un poco demasiado fuerte. Todas las emociones estaban
escritas en su rostro, tanto el placer como el dolor.

Ni siquiera estaba a mitad de camino.

Empujé de nuevo, lentamente consiguiendo más tracción ahora que su


cuerpo se había aclimatado al mío. Me topé con una resistencia en ese
momento y supe exactamente lo que estaba bloqueando mi camino.
Presioné mi boca sobre la de ella y la besé mientras daba un rápido empujón,
rompiendo su virginidad y finalmente metiéndole la verga dentro.

Su boca tembló contra la mía mientras soltaba un gemido de dolor. Mierda,


estaba tan duro. Le chupé el labio inferior y me moví hacia adentro hasta que
llegué a la profundidad de los testículos. Todo su canal estaba tenso a mi
alrededor, apretándome como una serpiente estrangulando a su presa. Mi
mano acunó su cabeza, y la miré a los ojos. Entonces empecé a moverme.

Empecé a empujar.

La mecí en mi cama, moviéndola de un lado a otro mientras mis caderas


empujaban. Mi verga se deslizó dentro y fuera de ella, cubierta de su
excitación, así como de unas pocas gotas de sangre. La explosión de
felicidad estaba en lo profundo de mis entrañas, el lejano comienzo de un
clímax que me haría temblar de placer. Ya quería explotar porque el
momento era muy bueno.

Pero me aferré.

Mis ojos se fijaron en los suyos mientras disfrutaba de su coño, deslizándome


hacia adentro y hacia afuera a una mayor velocidad. Sus ojos se llenaron de
humedad hasta que dos lágrimas salieron de las esquinas de sus ojos. Sabía
que era el mayor imbécil del mundo por disfrutarlo. Me gustaba verla llorar,
me gustaba verla luchar para aceptar mi enorme verga. Me gustaba
reclamarla de una manera que ningún otro hombre podría. Si no le hubiera
pasado nada de esto, aún estaría en Nueva York. Se habría enamorado de
alguien y se habría entregado a él.

Pero me la llevé en su lugar. El imbécil dentro de mí estaba tan desenfrenado


como siempre, pero una parte más suave de mí aún existía bajo la superficie.
Ella sacó a relucir esa dulzura en mí, me hizo preocuparme por su dolor
cuando no debía. Así que fui más despacio.

̶ ¿Estás bien, Musa?

̶ Sólo... sólo duele un poco.

Mi columna vertebral se tensó de nuevo, la excitación se acumuló en mis


testículos. ̶ ¿Quieres que pare? ̶ Ni siquiera debería darle la opción. Debería
follármela tan fuerte como quisiera. Con el tiempo, se estiraría, y sería más
fácil. Así que ella debería lidiar con ello. Me importaría un bledo cómo se
sintiera.
̶ No....se siente bien. ̶ Sus brazos se colgaron de mis hombros. Otra lágrima
se deslizó por su mejilla. ̶ También me duele.

Besé la lágrima de su mejilla antes de que llegara a las sábanas. ̶ Duele la


primera vez…especialmente porque soy un hombre grande.

Sus tetas temblaban cada vez que la embestía, y sus dedos se clavaban en
mi pelo. Respiró a través del dolor, gimiendo a veces y haciendo una mueca
de dolor a otros. No esperaba hacerla venir, no cuando era su primera vez y
estaba luchando tanto. Pero quería hacer que lo disfrutara, para hacerla
desear la próxima vez que la tuviera. Porque me di cuenta de que en ese
momento querría follármela para siempre. Todo lo que hizo fue acostarse
allí, y seguía siendo el mejor sexo de mi vida.

Me reposicioné para que mi hueso pélvico se rozara contra su clítoris. La


golpeé con fuerza, presionando su clítoris más fuerte de lo que lo haría con
mis dedos. Los músculos de todo mi cuerpo se tensaban por anticipación, y
no podía contenerme mucho más. Deseaba venirme con fuerza, para
obtener el primer rendimiento de mi inversión.

Respiró con más fuerza, y sus lágrimas se detuvieron. Sus uñas empezaron
a clavarse en mi espalda, y ella ensanchó sus piernas más, haciendo lo que
pudo para acomodar mi circunferencia. Sus ojos se cerraron, y arqueó la
espalda justo cuando su coño se apretó a mi alrededor.

Gracias a Dios.

Ella se vino a mi alrededor, con su coño apretándome mientras arrastraba


sus uñas por mi cuerpo. Ella se vino envolviendo mi polla, y sus caderas se
doblaron automáticamente. Su boca temblaba contra la mía, y sus gemidos
eran cien veces más fuertes que las otras veces que la hice venir. Tenía
dolor, pero el placer superaba con creces la incomodidad.

̶ Conway...

Ella dijo mi nombre. No tuve que pedirle que hiciera eso. Le di a mis últimos
empujones, esta vez follándomela tan fuerte como quería. Empujé a través
de su crema y luego le metí toda mi verga dentro. Como si mi cuerpo fuera
una pistola y mi verga el cañón, una bala salió de mi cuerpo. La llené con
todo lo que tenía, derramando más de lo que mi cuerpo había producido
jamás. La agarré por la nuca y profundicé el ángulo, obsesionado con darle
todo. Quería que durmiera con mi venida dentro de ella. Quería que me
sintiera incluso después de que mi verga se hubiera ido.

Sudor y calor, nuestros cuerpos estaban satisfechos y exhaustos. Me quedé


encima de ella porque aún no estaba listo para irme. Mi polla todavía se
estaba ablandando, y atesoraba lo bien que se sentía ese orgasmo. Moví mi
boca hacia la de ella y la besé suavemente, tratando de compensar la forma
cruel en que me la follé al final.

Ella me devolvió el beso, su beso fue igual de entusiasta.

Lentamente salí de ella, sintiendo el aire contra mi verga mojada. Había una
mancha de sangre debajo de ella, pero me gustó la mancha. No tenía prisa
por cambiar mis sábanas, no cuando tenía una buena memoria como esa.
Juntó las rodillas y se quedó tumbada allí, relajándose ahora que todo había
terminado.

Le abrí las piernas y miré su coño, viendo la blanca venida acumulada en su


entrada. Le cerré las piernas otra vez. ̶ Mi venida se quedará dentro de ti
toda la noche.
Se apoyó en los codos y me miró. ̶ Vale... ̶ Me dirigí a la cabecera de la cama
donde estaban las almohadas, y luego acaricié el lugar que estaba a mi lado.

Se arrastró sobre las sábanas y luego se acostó a mi lado. Tampoco me


acostaba con mujeres, pero pensé que esta vez podría hacer una excepción.
Quería darle a esta mujer lo que ella quería ya que me dio algo tan increíble.
La apoyé contra mí, su brazo colgaba de mi cintura y mi brazo se
enganchaba alrededor de sus hombros.

Estaba agotado por la anticipación de la noche, y sabía que ella estaba


dolorida. De lo contrario, estaría follándomela de nuevo ahora mismo. Pero
no quería presionarla. Disfruté verla con dolor, pero no quería herirla más de
lo necesario.

No era tan imbécil.

***

LA ÚNICA RAZÓN por la que me desperté tan temprano fue porque mi


teléfono estaba sonando en la mesita de noche.

Entrecerré los ojos para mirar fijamente a la pantalla, apenas entendiendo el


nombre.

Dante.

Contesté y me puse el teléfono en la oreja. ̶ ¿Hmm? ̶ Me froté los ojos para


quitarme el sueño y miré el despertador. Eran las nueve de la mañana, horas
después de que normalmente estaría despierto. Me di la vuelta y miré a
Musa, que aún estaba profundamente dormida. Su pelo estaba por todas
partes, y su mano seguía extendiéndose hacia mi estómago.

̶ Siento molestarle, señor. Pero Carter está aquí para verlo.

Gruñí en el teléfono. ̶ Dile que se vaya a la mierda, Dante.

̶ Sabía que diría eso, así que se lo dije. Pero dijo que es importante.

Si Carter decía que era importante, entonces lo era de verdad. No decía esas
cosas a menudo.

̶ Estaré allí en unos minutos.

̶ Muy bien, señor.

Puse el teléfono en la mesita de noche y me aseguré de que siguiera


durmiendo. Quería que descansara todo el tiempo que necesitara para que
pudiéramos volver a follar cuando estuviera bien descansada. Tenía mucho
que enseñarle.

Me puse una sudadera y una camiseta antes de hacer la caminata desde el


tercer piso hasta la entrada.

Carter estaba de pie en jeans y camiseta, con las manos en los bolsillos y
los ojos en la pintura de mi madre en el camino.

Llegué al final de las escaleras. ̶ ¿Todo bien?


Cuando me miró, su rostro era cauteloso. Miró al otro lado de la habitación
en busca de Dante. No es que Dante fuera una persona de la que
debiéramos preocuparnos.

̶ Hablemos en la parte del frente.

Nos trasladamos al gran porche y a la glorieta llena de árboles. La puerta


había sido cerrada y bloqueada después de que Carter entrara en su Ferrari
rojo brillante y ruidoso, era el coche perfecto para llamar la atención.

̶ ¿Qué pasa? ̶ Le pregunté, queriendo terminar con esto rápidamente. Tenía


a alguien esperándome, una rosa blanca que había florecido por primera vez
anoche.

̶ Anoche oí una charla. Se dice en la calle que Knuckles está enojado.

¿Se supone que eso significaba algo para mí? ̶ Parece un tipo que siempre
está enojado.

̶ Bueno, está más cabreado que de costumbre. ̶ Metió las manos en los
bolsillos y luego caminó hacia su auto. ̶ Y he oído que es una mala noticia.
Ha reclamado el territorio oriental de los Estados Unidos durante mucho
tiempo, y se ha aferrado al dominio de maneras horribles. No es un tipo con
el que quieras cruzarte.

̶ Menos mal que no lo traicioné, entonces.

Carter me miró a mí. ̶ Lo hiciste cuando compraste a Sapphire.


̶ Tuvo la oportunidad de ganarla si ponía su dinero donde estaba su boca.
Pagué el precio más alto y la reclamé. Así es como funciona el mundo real.
Si realmente la quería, debería haber pagado más.

̶ Tal vez, pero no creo que él lo vea de esa manera.

̶ Si es invitado al Subterráneo, entonces eso significa que se adhiere a las


reglas de conducta. No puede haber violencia sobre el intercambio de
esclavos. Se respeta la oferta ganadora. No puede tomarla, ni amenazarme
por ella. Si quiere mantener su reputación, tendrá que dejarlo pasar.

Carter miró mi puerta y agitó ligeramente la cabeza. ̶ Tengo un mal


presentimiento sobre él, Conway. Es una sensación en mis huesos, sabes.

̶ Si quería ser el único follando a Sapphire todas las noches, debería haber
pagado más por ella. Él tiene el dinero. No es mi culpa que no creyera que
ella valiera la pena. Y sí, definitivamente vale la pena.

Carter normalmente bromearía con mi comentario, pero esta vez no lo hizo. ̶


La gente cree que trama algo.

̶ ¿Como qué?

̶ Algo malo. Eso es todo lo que sé. Eso es suficiente para mí.

̶ Nunca has sido intimidado por nadie, Carter. ¿Por qué estás asustado
ahora?
̶ Porque eres mi familia, ̶ dijo enloquecido. ̶ Porque en realidad me importaría
un bledo este caso.

̶ Carter, estaré bien. No le tengo miedo. Soy uno de los hombres más
poderosos del mundo. Hago mi dinero honestamente, tengo una cara
famosa. Es sólo un imbécil que se arrastra en las sombras.

̶ Y paga a todos los policías y detectives...

̶ Como si no hubiéramos hecho lo mismo.

̶ Pero amenaza a los policías de maneras que nosotros nunca


hacemos…como amenazar con matar a sus esposas e hijos. Es de otra
clase, Conway. Tal vez respete el código, pero tal vez no. Deberías cuidar tu
espalda.

̶ Siempre lo hago.

̶ O incluso venderla a él...

Esa no era una opción. ̶ No.

̶ ¿Es una mujer que realmente vale la pena?

̶ No la estoy vendiendo.

Carter finalmente lo dejó caer. ̶ Tal vez deberíamos decírselo a nuestros


padres.
̶ ¿Por qué demonios haríamos eso?

̶ Sé que no hablan de ello, pero han pasado por cosas como ésta. Podrían
tener algún consejo.

̶ No hay nada que preguntarles. Todo lo que has oído es un rumor. Y la


mayoría de las veces, los rumores siguen siendo rumores. Yo no involucraría
a mi padre de todos modos. Dejó esa vida atrás hace décadas. No voy a
arrastrarlo de nuevo a eso. Soy un hombre adulto, y no necesito a mi padre
para nada. Debería venir a mí por ayuda, no al revés.

̶ Entiendo lo que dices, ̶ dijo Carter con calma. ̶ No quiero subestimar a este
tipo.

̶ No le tengo miedo, y tú tampoco deberías tenerle miedo, Carter.

***

Cuando regresé a mi habitación, había una bandeja para el desayuno en la


sala de estar. Un plato había sido devorado, y sólo quedaban unas pocas
migajas. El café se había bebido, y ella había usado toda la crema en su
café.

̶ ¿Dónde estabas? ̶ Salió del dormitorio con una de mis camisetas,


probablemente porque no quería volver a ponerse el vestido formal. Y su
ropa interior no cubría nada de todos modos.
Verla con mi camiseta sólo la hacía lucir más sexy. Caminé hacia el
dormitorio, con las manos ansiosas por quitarle la prenda de vestir que
llegaba hasta las rodillas. Agarré el material y se lo pasé por la cabeza,
revelando su cuerpo desnudo y sus bragas blancas. ̶ No importa.

̶ Te fuiste muy rápido.

Mis brazos rodearon su cintura, y la guie a la cama.

̶ Carter vino a verme.

̶ ¿Todo bien?

La llevé a la cama, con la parte de atrás de sus rodillas tocando el colchón. ̶


Nada de lo que tengas que preocuparte.

̶ Esa no es una buena respuesta...

̶ Dijo que está preocupado por Knuckles. Escuchó algunas cosas malas
sobre él.

Todo el color desapareció inmediatamente de sus mejillas. ̶ ¿Significa eso


que viene por mí...?

En cuanto vi el miedo en sus ojos, deseé no haber dicho nada. ̶ No. Y aunque
lo hiciera, no tienes de qué preocuparte. ̶ Mi mano se envolvió alrededor de
su cuello, y la apreté hasta que pude sentir su pulso latir contra mí. Esta
mujer nunca tendrá de qué preocuparse mientras viva. Mientras sea mía,
ningún otro hombre la tocará. Yo soy el único hombre que ella tendría entre
las piernas. Podía ir a donde quisiera porque será invencible.

Eso no disipó sus temores. ̶ No lo conoces como yo...

̶ Y no me conoces como mis enemigos. Estás a salvo conmigo. Te lo


prometo.

Sus ojos se movieron de un lado a otro mientras miraba los míos, su


respiración aún seguía acelerándose.

Mi mano ahuecó su mejilla, y presioné mi boca contra la de ella, lo


suficientemente cerca como para besarla. ̶ Musa.

Sus dedos se enrollaron alrededor de mi muñeca.

̶ No hago promesas que no puedo cumplir. No puedo prometerte felicidad,


pero puedo prometerte que siempre estarás a salvo conmigo. Así que no
pienses más en él. Y nunca pienses en él cuando estés conmigo.

Las puntas de sus dedos se tensaron en mi muñeca, y sus ojos se volvieron


firmes. Me miró con un nuevo rayo de esperanza, como si finalmente creyera
la promesa que le acabo de hacer. Se levantó de puntillas para besarme.
Debería alejarme. Debería terminar con los besos ahora. Sólo lo hice para
que anoche fuera agradable para ella, pero ahora ese cuento de hadas había
terminado. Sólo estaba follando y viniéndome de ahora en adelante. Pero
cuando me besaba así, me sentía incapaz de detenerla. Quería que siguiera
besándome, que siguiera dándome su lengua mientras ella buscaba la mía.
Y quería besarla igual de bien.