Vous êtes sur la page 1sur 2

¿Cómo la ética del capitalismo gore configura la cultura política en Colombia?

El capitalismo gore configura al sujeto según sus correspondencias y a su paso


modifica la cultura a nivel simbólico, de ideología y de valor, esto lo hace bajo una
lógica cuyos cimientos están definidos sobre una ética basada en el deber de
consumir; del mismo modo se ha caracterizado por re-significar categorías como es
el caso del trabajo, modelando los conceptos de producción y consumo a la vez.
La concepción de trabajo entendida desde una perspectiva Marxista como ‘’principio
de movimiento humano que deviene en trasformación y en mejora de su calidad de
vida’’ con la llegada del capitalismo se ha visto tergiversada, al punto en el que su
esencia es la producción en línea, según los planteamientos del nuevo liberalismo
y las necesidades que devienen del mismo, donde el trabajo se ha venido
deshumanizando hasta el punto de reducirlo meramente a una mercancía. Así el
producir en exceso y consumir del mismo modo, se ha convertido un principio
egoísta, que ha modificado el pensamiento de las diferentes sociedades, donde,
entre más bienes materiales se posee, mas estatus e importancia como persona se
obtiene, comportamientos bajo de los cuales operan una lógica alienante, que no
permite ser conscientes a los consumidores, de todos los cambios que ha generado
este sistema en la cultura, tanto en el nivel simbólico como en el estructural.
A tal punto a incursionado el capitalismo que, negocios ilícitos como el narcotráfico,
han llegado a caracterizar la cultura, transformando conceptos como el caso de la
estética donde, cuerpos exorbitantes, alterados a través de cirugías, son sinónimo
de belleza, la literatura y el arte reconocen este problema en sus escritos o en
diversas representaciones, incluso, se crean novelas que giran en torno al
narcotráfico. Propiedades suntuosas y extravagantes se han convertido en el fin del
trabajo, creencias y rituales, se han modelado según las necesidades de quien las
usa, de allí, el ver a un narcotraficante o sicario creyente. Esto, ha transfigurado el
imaginario colectivo donde acciones, aparentemente buenas, son exaltadas por
comunidades, a pesar de que los medios para llevarlas a cabo, sean ilegales, como
fue el caso de Pablo Escobar Gaviria. Este trabajo ilícito, ha extendido sus
tentáculos hasta el estado, modificando leyes y utilizando políticos. Sociedades
enteras se ven afectadas, barrios cada vez más peligrosos, el uso de la violencia
para aterrar a los opositores y la normalización de la misma.
Negocios ilegítimos como la trata de personas, contratación de sicarios, la venta de
drogas y armas, cumplen la correspondencia del capitalismo gracias a que la
ganancia sobre pasa el 100%, modificando a su paso sociedades enteras,
subyugando a países tercer-mundistas bajo discursos que no les permiten ser
conscientes de la dominación bajo la cual operan y mucho menos de las condiciones
creadas por la misma.
Valentina Cabana Castro-20191255053