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¿Qué es la unidad cristiana?

12 Junio, 2015 | John Piper

La unidad entre dos o más personas recibe su virtud completamente de algo ajeno. La unidad en sí
misma es neutral hasta que otra cosa le da bondad o maldad. De manera que si Herodes y Pilato se
unifican por su desprecio común hacia Jesús (Lc. 23:12), esta no es una buena unidad. Pero si Pablo y
Silas cantan juntos en la cárcel por causa de Cristo (Hch. 16:25), esta es una buena unidad.

Por lo tanto, nunca es suficiente llamar a los cristianos a tener unidad. Eso puede ser bueno o malo. El
voto unificado hace cincuenta años en mi iglesia en Carolina del Sur para prohibir a los negros de
asistir a los servicios no fue una buena unidad. El voto unificado de una denominación protestante para
bendecir actos sexuales prohibidos no es una buena unidad.

¿Qué hace a la unidad cristiana?

La unidad cristiana en el Nuevo Testamento recibe su bondad de una combinación de su fuente, sus
ideas, sus afectos y sus objetivos.

Su fuente

Pablo nos dice que debemos esforzarnos “por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”
(Ef. 4:3). Eso lo tomo en el sentido de que el Espíritu Santo es el gran dador de la unidad. “Pues por un
mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya Judíos o Griegos, ya esclavos o libres. A
todos se nos dio a beber del mismo Espíritu” (1 Co. 12:13).

Sus ideas

Pablo dice que los pastores y maestros han de equipar a los santos “hasta que todos lleguemos a la
unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios” (Ef. 4:13). En otras palabras, la unidad que
buscamos es unidad en la verdad. Por supuesto, la unidad cristiana es más que la verdad compartida,
pero no es menos que esto. Pablo amontona las palabras para unidad en Filipenses 2:2, “hagan
completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados
a un mismo propósito” (véase también Filipenses 4:2). Todo para que sea “conforme a Cristo”. “Y que
el Dios de la paciencia […] les conceda tener el mismo sentir los unos para con los otros conforme a
Cristo Jesús” (Ro. 15:5).

Sus afectos

Por supuesto, el amor unificador en el cuerpo de Cristo incluye un compromiso fuerte a hacer el bien a
la familia de Dios, tengas ganas o no (Gá. 6:10). Pero la experiencia de la unidad cristiana es más que
eso. Incluye un amor afectuoso, algo más que sacrificarse por aquellos que no nos agradan. Conlleva
un sentimiento de cariño. Hemos de tener afecto por aquellos que son nuestra familia en Cristo. “Sean
afectuosos unos con otros con amor fraternal” (Ro. 12:10). “Puesto que en obediencia a la verdad
ustedes han purificado sus almas para un amor sincero de hermanos, ámense unos a otros
entrañablemente, de corazón puro” (1 P. 1:22). “En conclusión, sean todos […] compasivos,
fraternales, misericordiosos, y de espíritu humilde” (1 P. 3: 8).
Sus objetivos

La unidad arraigada en el Espíritu, la unidad que manifiesta a Cristo, la unidad que atesora la verdad y
que ama humildemente está diseñada por Dios para tener por lo menos dos objetivos: un testimonio al
mundo, y una proclamación de la gloria de Dios. El apóstol Juan deja claro el primero de estos: “Un
mandamiento nuevo les doy: ‘que se amen los unos a los otros;’ que como Yo los he amado, así
también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen
amor los unos a los otros” (Jn. 13: 34-35).

Las famosas declaraciones de Jesús en Juan 17 tienen sus raíces en la profunda unidad espiritual entre
el Padre y el Hijo, y con los que Dios ha escogido de entre el mundo (Jn. 17:6). “Para que todos sean
uno. Como Tú, oh Padre, estás en Mí y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros, para que el
mundo crea que Tú Me enviaste” (Jn. 17:21). Nota que el testimonio al mundo es que los discípulos
están en el Padre y el Hijo para que el mundo crea. Esto es mucho más —profundamente más— que
estár relacionado a través de una organización común.

La unidad que brilla con gloria para que el mundo vea es la unión con el Padre y el Hijo, para que la
gloria del Padre y el Hijo sea parte de nuestras vidas. “La gloria que Me diste les he dado, para que
sean uno, así como Nosotros somos uno” (Jn. 17:22). Esa gloria se debe a esto: “Yo en ellos y tú
[Padre] en mí” (Jn. 17:23). De esta unión con Dios, y la gloria que da, brilla algo que el mundo puede
ver, si Dios les da ojos para ver. El objetivo de Dios con esta unidad verticalmente arraigada, esta
unidad horizontalmente enfocada, esta unidad que refleja la gloria de Dios, es que Él pueda “reunir en
uno a los hijos de Dios que están esparcidos” (Jn. 11:52).

El objetivo final de dicha unidad de los cristianos es la gloria de Dios. De ahí que Pablo ora, “Y que el
Dios de la paciencia y del consuelo les conceda tener el mismo sentir los unos para con los otros
conforme a Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo. Por tanto, acéptense los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para la gloria de
Dios” (Ro. 15:5-7).

¿Cuáles implicaciones hay para nosotros?

1. Busca la plenitud del Espíritu Santo que crea la unidad.

“Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu” (Ef. 5:18).
Busca ser guiado por el Espíritu y producir los frutos del Espíritu (Gá. 5:18, 22-23) pues estos son los
engranajes de las ruedas de amor. Si eres un extraño al Espíritu Santo, te preocupara poco la unidad que
Él construye.

2. Esfuérzate por conocer y difundir las verdades de Cristo y sus caminos.

Trata de alcanzar “la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios” (Ef. 4:13). Crecer “en
la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Compartir, por
todos los medios que puedas, lo que ves de Cristo. “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en
ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros” (Col. 3:16).

3. Ama a los cristianos más allá de tus fronteras teológicas.


Cultiva el afecto hacia aquellos más allá de tus fronteras teológicas que son verdaderamente tus
hermanos y hermanas en Cristo. Odia errores graves, no hermanos sinceros. Los seres humanos nunca
han sido buenos en esto. Y el ambiente filosófico y emocional de hoy lo hace que sea aún más difícil,
ya que las declaraciones de verdad solo se ven como un pretexto para lograr tener el control. Pero
considera lo que dice Spurgeon y trata de llegar a ser como él. Observa la intensidad de odio y amor:

Donde está el Espíritu de Dios ahí debe haber amor, y si alguna vez he conocido y reconocido a algún hombre como
mi hermano en Cristo Jesús, el amor de Cristo me constriñe a no pensar en él como un extraño o un extranjero, sino
como un conciudadano de los santos. Ahora, yo aborrezco la fuerte adherencia a las prácticas de la 'Iglesia Alta', de
la manera que mi alma odia a Satanás; pero me encanta leer a George Herbert, aunque George Herbert era un
denodado miembro de la 'Iglesia Alta'. Yo aborrezco su fuerte adherencia a las prácticas de esa iglesia, pero amo a
George Herbert muy profundamente, y guardo un cálido rincón en mi corazón para cada ser que sea como él. Si me
encontrara a algún hombre que ame a mi Señor Jesucristo como George Herbert lo amó, entonces no me preguntaría
si he de amarlo o no; las preguntas no cabrían, pues no podría evitarlo; a menos que pudiera dejar de amar a Jesucristo,
no podría dejar de amar a aquellos que lo aman. (Sermones del Púlpito del Tabernáculo Metropolitano, vol. XII, 6)

4. Sirve a los cristianos más allá de tu fronteras teológicas.

En aras de un testimonio al mundo, busca maneras de mostrar amor a hermanos y hermanas más allá de
las barreras; tanto el tipo de barreras que deben ser eliminadas, como el tipo de barreras que el
compromiso con la verdad (y la unidad en la verdad) te prohíbe quitar. Haz esto para la gloria de Dios.
Que Francis Schaeffer sea tu guía:

Es en medio de una diferencia que tenemos nuestra oportunidad dorada. Cuando todo va bien y todos estamos de
pie en torno a un pequeño círculo, no hay mucho para que el mundo vea. Pero cuando llegamos al lugar donde hay
una diferencia real, y exhibimos un compromiso inquebrantable con la verdad, pero al mismo tiempo un amor
observable, entonces hay algo que el mundo puede ver, algo que pueden utilizar para juzgar que estos realmente
son cristianos, y que Jesús ciertamente ha sido enviado por el Padre. (Obras completas, vol. 4, 201, énfasis
añadido)

La ambigüedad y la esperanza

Cuando todo está dicho y hecho, las ambigüedades permanecen. ¿Qué tipo de límites deben definir
iglesias, escuelas, denominaciones, conferencias, ministerios paraeclesiásticos, reuniones de oración a
nivel de la ciudad, esfuerzos evangelísticos locales? Sin embargo no estamos a la deriva. No estamos
sin timón y sin velas. Tenemos las estrellas del cielo y nuestro sextante de confianza. En dependencia
de la Palabra y el Espíritu, en humildad, llegaremos a casa… juntos.